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Fecha Publicación: 2021-06-18T21:43:00.012-05:00

Pensé que sentiría también algo de lo que el célebre poeta chileno, tras visionar la imponente construcción incaica al empezar una reciente y primera visita a Machu Picchu; es decir, que fui partícipe de la construcción del más importante legado de la mayor de las civilizaciones peruanas antiguas, según las Memorias de este chileno universal titulada Confieso que he vivido, donde confiesa además que fue en ese viaje que nació su poema "Alturas de Machu Picchu" sobre la mayor herencia arquitectónica de los incas.


Aparente intrascendente montaña al inicio
de mi visita a Machu Picchu.

Ignoro en que momento de su visita llegó Neruda a dicha conclusión, seguramente al final. En mi caso, tras la primera vista de las ruinas solo segundos y metros después de traspasar la puerta de entrada al santuario, pensé que quizá venía exagerando un poco la humanidad la trascendencia de Machu Picchu; de forma atrevida y evidentemente errónea pues conforme me adentraba ascendiendo física e intelectualmente -merced a las explicaciones del guía- en el mundo en torno a esta herencia peruana considerada justificadamente una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, dicha percepción rectificó.

El secreto de Machu Picchu


Porque basta solo con saber que las hoy roídas piedras fueron laboriosamente trabajadas antes de colocarse como eslabones de las construcciones que, en su conjunto, constituye una de las mayores atracciones turísticas del mundo contemporáneo; que existe un sistema de drenaje de los andenes o espacios de las inmensas montañas preparadas para la agricultura, que bien podrían todavía utilizarse porque siguen sin inundarse con las lluvias gracias al ingenioso y efectivo método de construcción empleado.


Camino y vivienda de la ciudadela
de Machu Picchu.

Que el sistema de traída de agua desde las montañas circundantes sigue tan efectivo hoy como hace más de 500 años, al igual que los caminos que se conservan como en los días que lo pisoteaban los hombres y mujeres grandes y pequeños que crecían, educaban y vivían en la pequeña ciudad de Machu Picchu. En momentos en los que, por lo demás, el gran Imperio Inca se extendía hasta territorios del actual Panamá y Chile, de la mano de las hazañas de sus líderes sobre la base de esencialmente tres normas: no seas haragán, mentiroso ni ladrón; cuya necesidad, sigue evidentemente vigente.


El otro legado de Machu Picchu y los incas


Lo cual nos enseña que no existe otro secreto para el éxito y el reconocimiento eternos, que el trabajo con el pertinente nivel de esfuerzo e ingenio; que todo lo que el hombre realiza debe estar conforme con el entorno natural que no solo lo alberga, sino que además lo complementa; y que los ciudadanos del Perú pueden llegar nuevamente a elevados niveles de organización y desarrollo social como ya lo hicieron sus antepasados, al igual que los territorios que antaño albergó a mayas y aztecas, a egipcios o persas, pasando por griegos y romanos.