Te encuentras en la páginas de Blogsperu, los resultados son los ultimos contenidos del blog. Este es un archivo temporal y puede no representar el contenido actual del mismo.

Comparte esta página:

Etiquetas: [Kitbook]  [Poesía peruana]  [Carlos García Miranda]  
Fecha Publicación: 2011-12-28T05:04:00.000-08:00
La editorial Kit-Book de Barcelona acaba de publicar la antología Relatos de tus poemas, donde reunen poemas y cuentos seleccionados a través de un concurso convocado por esa misma casa editora, en la cual incluyen un breve poemario mío titulado Girasoles rojos y otros poemas. Aquí les cuelgo la portada y uno de los poemas editados.  



Mar


Hay un mar más allá del mar
Sin peces sin vientos

Un mar sin sol, sin sal, sin barcas

Su inmenso fondo metálico
No refleja lunas ni estrellas ni dioses

Un mar que se extiende inabarcable
Como el lomo gris de una ballena
Ardiendo en el desierto
Etiquetas: [microrrelatos]  [Narrativa española]  [Narrativa peruana]  [Carlos García Miranda]  
Fecha Publicación: 2011-11-21T02:31:00.000-08:00
Nuevamente la Editorial Irreverentes ha tenido a bien invitarme a participar en su última selección de microrrelatos. El cuento que les envié es una versión revisada de uno que dio título a mi primer libro (Cuarto desnudo), publicado en Lima en 1996. Trata de unas hormigas, una pareja en una bañera y un cuadro de Seurat. Agradezco a Miguel Ángel de Rus y Vera Kukharava, editores de la antología, por incluirme en su publicación.






Nota de prensa

En Microantología del microrrelato III se presenta una brillante selección de relatos divertidos, sorprendentes, intimistas o humorísticos, terroríficos o fantásticos; sobre el amor y desamor, reflexiones sobre la muerte y la vida; de misterio, ciencia ficción o históricos. En todos los casos, la brevedad va unida al impacto y la sorpresa, de un mundo a otro, de un sentimiento al contrario. Al pasar cada página hay una nueva sensación.

Microantología del microrrelato III es el libro ideal para quienes tienen siempre prisa, quienes van a tomar un nuevo tren, para aquellos que no aguantan interrupciones en el cine o el teatro, para aquellos que piensan que un año es una eternidad y, especialmente, para los amantes de la buena literatura, porque la brevedad y la excelencia pueden ir unidas.


Relatos y Autores selecciones

A la sombra del edificio del Congreso. Miguel Angel de Rus; Adoquines. Julio Fernández Peláez; Aromaterapia. Teresa Dovalpage; Autorretrato. Juan Vivancos Antón; Bestia. Ambrose Bierce; Bienes muebles. Patricia Esteban Erlés; Carne argentina. Gustavo Valle; Chorizos y pringaos. Joseba Iturrate; Condena. Claudia Cortalezzi; Crímenes literarios. Elena Marqués; Cuarto desnudo. Carlos García Miranda; De noche. Franz Kafka; Desfile patriótico. Villiers de L'Isle Adam; Despertar. Víctor M. Bórquez Núñez; Digo que no. Arquímedes González; El alma de la máquina. Baldomero Lillo; El antídoto. Isaac Belmar; El combate. Harold Kremer; El culto a la patria. Alphonse Allais; El deseo. Francisco José Segovia Ramos; El espejo. Aurelia María Romero Coloma; El fiscal. Iván Teruel; El hombre que tenía algo en el ojo. Jules Jouy; El inicio. Eduardo Berti; El niño malvado. Antón Chéjov; El peluquero. Karl Kraus; El tren borracho. Mijail Bulgakov; En el país de los Ticos. Manuel Cortés Blanco; Encuentro. Félix Díaz; Equivocación. Karel Capek; Escritor suicida. Víctor Montoya; Ese toro enamorado de la luna. Carlos Ortiz de Zárate; Extinción. Ariel Dorfman; Hindi kayong lahat ay malilini. Luis Marcelo Pérez; Juro que soy inocente. Irene Comendador; La alhaja. Jules Renard; La espera. Ainhoa Bárcena; La filósofa y el matemático. Salvador Robles; La navaja inglesa. Konstantín Paustovskiy; La persistencia de los recuerdos. Francisco Legaz; La pobreza. Mijail Zóshchenko; Las cerezas de Düsseldorf. Álvaro Díaz Escobedo; Las frutas del amor. José Luis Alonso de Santos; Las mismas razones para la muerte. El Vizconde de Saint-Luc; Limitado albedrío. Juan Manuel Ortiz Taberna; Los desalmados. Sergio Gaut vel Hartman; Los dos hombres. Jorge Majfud; Los recortes. Pablo Vázquez; 1000 dedos. Paloma del Palacio; Moscú, 1952. Joaquín Leguina; Mujer lechuza. Susana Corcuera; No sólo de tecnología vive el hombre. Nelson Verástegui; No todas las historias son de película. Cristina Ruberte-París; Nochebuena infernal. Juan Aparicio Belmonte; Orfeo y Eurídice. Leopoldo Lugones; Parlamentarismo. Guillaume Apollinaire; Psicopatología feminista. Melanie Taylor Herrera; Reflexiones en horas de trabajo. Juan Patricio Lombera; Rescoldos. José Enrique Canabal; Solo en casa. Javier Fernández Jiménez; Striptease sangriento. Andrés Fornells; Último beso. Mary A. Rum; Una noche de niebla. Jesús Yébenes Montemayor; Viejas cayendo por la ventana. Daniil Jarms; Vudú 1. Diego Muñoz Valenzuela.


Cuarto desnudo




Las hormigas. Extraño a las hormigas, a sus patitas intentado ingenuamente acercarse a mi mano, sus lomos grises, el crujido de sus vientres al reventarse entre mis dedos. Extraño esa espantosa indiferencia ante la muerte. Arlén solía regañarme por hacer eso. Siempre le pareció repugnante y sucio eso de andar por ahí, buscando hormigas entre los zócalos y las hendiduras de las puertas. Ella no entendía eso me mueve, me incita al goce epidérmico de tomarlas delicadamente entre mis dedos, de aplastarlas y sentir, una vez más, esa rara acidez en mi boca húmeda. Arlén nunca entendió que eso de matar hormigas era en verdad una morbosa anunciación.

necesitaríamos una bañera larga y honda (mientras se quitaba la blusa)

(mirándola fijamente desde el umbral de la puerta) tienes razón, así podríamos ocultarnos de todos, incluso, podríamos pasar días, meses, en fin, hasta años ahí adentro, sin que nadie nos perturbe


Aquella primera vez Arlén estaba sentada sobre unas gradas. Fumaba y miraba absorta un punto en el espacio (esa imagen suya es la que siempre me persigue, alcanza, suprime). Pero mucho antes estuvo aquella noche llena de gente, con muchas luces y estrellas. Y yo ahí, cabizbajo, en pleno Paseo Colón, mirando la vereda sucia y grasosa, sintiendo a mis espaldas la desnuda soledad de los semáforos. Luego huí, como tantas otras veces, y escribí innumerables historias, todas inútiles: esa insoportable sensación de angustia sorda y dura seguía ahí, en mi bolígrafo, mi mano, mi rostro reflejado en la ventana, ahí, contenida en mí como dentro de una piedra. Al día siguiente, desperté tendido en el piso, ebrio y desnudo, sobre cientos de cuartillas, mirando con ojos alucinados los zócalos renegridos, al fondo de la habitación. Tiempos después apareció Arlén sentada en aquellas gradas polvorosas, fumando, contemplando ensimismada sus vacíos interiores.


tal vez, pero eso no estaría bien, o mejor, con el tiempo se volvería aburrido, y creo que hasta comenzaríamos a odiarnos ¡imagínate tú! meses enteros metidos dentro de una bañera ¿qué haríamos durante todo ese tiempo? (se quita el jean, el brassier y la braguita manchada con restos de su última menstruación)

(ella le arroja la braguita, él lo huele, luego ríe y la deja sobre el piso)

A veces he sentido la necesidad de ser otro, ser un foco, un meteorito o una estrella, algo que cuelgue del cielo, que permanezca ahí, suspendido, mirando el mundo como si fuese una enorme naranja. Muchas veces he salido a las calles con esta idea y he ido así entre la gente. Pero cuando he regresado a la pensión y he descubierto a Arlén desnuda, recostada sobre la cama, esa necesidad de ser otro perdía sentido, se tornaba difusa. Entonces todo se reducía a la imagen de Arlén sobre la cama, y yo ahí, acurrucado a su vientre, acariciando sus senos flácidos y tibios. Nunca he podido desprenderme de su intenso olor a lilas muertas. Pero, a pesar de todo, Arlén nunca pudo entender mi manera, tan lúcida, de abrir las puertas, de aferrarme a los pasamanos, de contemplar el mundo desde tan adentro.


(completamente desnuda) ¿sabes qué? pienso en los muchachos, en la manera cómo nos miraron cuando te toqué la entrepierna frente a ellos ¡asqueroso! definitivamente no entienden nuestros lazos

(sonriente, avanzando hacia ella) ¿ves? si tuviéramos la bañera que te digo no necesitaríamos de ellos, ni de nadie, y ahí podrías tocarme todo lo que quieras, no habría nadie, sólo nosotros dos (se desviste lentamente, se mete en la cama y apaga las luces)


Estábamos hablando de Seurat, recuerdo. Ella me explicaba los contenidos neo impresionistas de su “Modelo de cara”. Decía que detrás de su aparente afán intuitivo se escondía un desmesurado racionalismo. De pronto todo comenzó a expandirse, a difuminarse como el humo de la mariguana que Arlén fumaba lentamente. El cuarto comenzó a llenarse de tonalidades fantásticas, como salidas de un cuadro de Kandinsky. Entonces Arlén comenzó a gritar cosas que en verdad nunca debió gritar. Y la vi ahí, tirada sobre el piso, bañando su cuerpo desnudo con ron, pidiéndome, desesperada, que mordiera despacio sus rodillas, que escribiera frases obscenas sobre su vientre y que trazara líneas surrealistas en sus senos agitados. “Hazlo, estúpido, hazlo”, decía Arlén mientras se tiraba de los cabellos y miraba a todos partes como una bestia en celo. En ese instante pensé en las hormigas. Imaginé que tenía cientos de ellas en mis manos, que las tomaba una a una y las devoraba con violencia: nuevamente esa indiferencia ante la muerte. El humo seguía expandiéndose por toda la habitación y una multitud de imágenes flotaban sobre alucinantes plataformas líquidas. Nunca antes me había sentido tan confundido, tan distante y extraño a todo, percibiendo apenas partes sueltas del mundo: uno de mis manuscritos flotando en el espacio, la cama lejanísima, inalcanzable, y Arlén ahí, en medio de todo, tan ebria y sucia, tan desnuda.

[el cuadro es de George Pierre Seurat, "Modelo de Cara"]






Etiquetas: [Editorial Irreverentes]  [Narrativa peruana]  [Bob Dylan]  [Carlos García Miranda]  
Fecha Publicación: 2011-09-25T04:04:00.000-07:00


Hace un par de meses acepté la invitación de Editorial Irreverentes a participar en esta peculiar selección de relatos sobre rock and roll. Presenté un breve relato dedicado a Bob Dylan, leyenda viva del tipo de rock con el cual sobreviví mis años universitarios en los duros años noventa en Lima. El relato es una versión revisada de un texto que aparece en mi novela Las puerta (Lima, 2002), donde también incluí otro sobre Jim Morrison, el rey lagarto del rock. Bajo la nota de los editores, posteo el relato y una foto mía de esa época, tomada en uno de los cafés de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima.      




"Demasiado viejo para el rock and roll, demasiado joven para morir" es el título de la canción más conocida de Jethro Tull y el de este libro que reúne relatos en homenaje a una música que cambió la forma de vivir de muchísimos adolescentes a partir de la década de los 60 del S.XX.

En esta antología de relatos nos encontramos con las canciones que nos hicieron soñar de Asfalto, Serge Gainsbourg, Trust, Barón Rojo, Pink Floyd, Bob Dylan, Elvis, U2, Frank Zappa, Héroes del Silencio, Mark Knopfler, y con estilos como el reggae, el rocanrol guitarrero y liviano de los escenarios provisionales de la España de los 70 o los sonidos más góticos y obscuros de actualidad; con los enfrentamientos generacionales entre padres e hijos con distintos gustos y formas de ver la vida, con las salas en las que comenzamos a escuchar música en la adolescencia y que siguen siendo nuestros escondrijos treinta o cuarenta años después. También hay quien medita sobre la pérdida de aquellos años y aquellos ritmos y cómo el espíritu queda vacío y no hay más ganas de vivir. El rock es parte de nuestras vidas y tras sus acordes cabe todo, también la nostalgia.

Y participan tres músicos con sus propuestas aberrantes. César Strawberry, líder de Def Con Dos, medita sobre el poder del reggae y las rastas como afrodisíaco; el cantautor y prestigioso compositor Joaquín Lera nos conduce en un viaje alucinógeno de más de dos décadas a través del rock que hemos vivido y que nos ha hecho gozar, y cierra el libro el cantante de Siniestro Total, Julián Hernández, que nos aconseja que no empecemos a chuparnos las pollas todavía. Rock radical, conceptual, espiritual, festivo y agresivo, sin respeto por todo lo respetable, llena las páginas de este libro que nace con la finalidad de invitarte a leer un relato mientras cambian los instrumentos en cualquier macroconcierto, o en la tranquilidad de la noche, cuandorecuerdas aquellos tiempos en que fuiste un hijo del rock and roll.

Autores:
Miguel Ángel de Rus, Julio Fernández Peláez, Carlos García Miranda, César Strawberry, Violeta Sáez, Carlos Ortiz de Zárate, Carolina Sánchez Molero, José G. Cordonié, Eva María Cabellos, Josebe Iturrate, Paloma Hidalgo Díez, Leopoldo F. Espínola, Cristina Ruberte-París, Joaquin Lera, Tomás Pérez Sánchez, Andrés Fornell, Julián Hernández.  


ENCUENTRO CON BOB DYLAN





BOB ESTABA AL OTRO LADO DEL BAR TOCANDO SU PANDERETA. De lejos se veían las luces sobre su frondosa cabellera judía. Estaba deseoso de llegar hasta él y decirle que tenía toda su discografía. Pero esas muchachas pintadas de azul impedían cualquier aproximación. Desistí de intentar llegar hasta él. Fui al fondo del bar y pedí una cerveza. Bebí rápido. Alguien se sentó a mi lado.

-¿Tienes cigarrillos?, balbuceó.

- No amigo, yo sólo fumo cuando me invitan, dije.

El tipo sonrió y se largó. Al rato apareció otro. Dijo que era poeta y que además era mi amigo.

-¡No tengo amigos poetas, sólo tengo amigos!, grité.

El tipo, un negro flaco y desgarbado, me miró con sus enormes ojos de sapo, balbuceó algo, creo que un verso, y también se largó. En verdad yo estaba con bronca. Me reventaba no estar al lado de Bob. Me sabía todas sus canciones. No era justo, yo debería estar ahí y no esas ladillas azules. Seguí bebiendo mientras todo se tornaba agitado y violento. ¡Mierdas, ustedes no saben nada de Bob!, volví a gritar desde mi rincón. ¡Malditas putas, lárguense y déjenme solo con Bob!, insistí. Pero nadie me hizo caso. No importa, balbuceé, ya nos encontraremos, viejo tamborilero, y esta vez no habrá ni luces naranjas ni muchachas azules entre nosotros. Así seguí en esa noche soleada, hasta que Bob apareció delante de mí.

-¡Hey tú, muchacho! –gritó. ¡Soy Bob!

-¿Bob? ¡Diablos! Yo te conozco –dije-, tengo toda tu discografía, un amigo me inició en tu música.

-¿Ah, sí? Bueno, muchacho, yo sólo vine a decirte que dejes de gritar, que estás cagando la función. ¿Vas a dejar de gritar, amigo?

-Claro, no faltaba más.

-¡Qué buen muchacho!

-Así dicen, pero es porque no conocen mis zonas oscuras.

-No digas, es difícil de creer.

-Sí, hice algunas cosas feas hace un tiempo de las cuales no quiero hablar.

-Bien, sea como quieras, pero sólo recuerda que siempre habrá una canción mía en tu corazón.

-Sí. Eso lo sé desde que escribí un poema escuchando Mr. Tambourine Man.

-Ah, lo hiciste.

-Sí.

-Fenomenal chico. Pienso que de eso se trata todo este asunto.

-Oye Bob, ¿no te cansas de tocar para esas estúpidas muchachas azules?

- ¿Y qué quieres amigo? Es el sistema, ¿no? Además, yo soy judío y estoy acostumbrado a esto.

En ese instante, Bob me mostró su larga cara pecosa. Era Bob, no había duda. Luego se marchó a seguir tocando. Y yo seguí bebiendo. Ya no sólo por todas esas cosas que me pasan, sino también por Bob, que tampoco puede hacer nada contra el sistema. Casi al amanecer levanté la vista y vi que Bob seguía en su rincón dándole a la pandereta. Las chicas azules se habían largado. Sólo algunos tipos estaban tirados en el suelo ebrios hasta el culo. Me acerqué a Bob. Su figura delgada dibujaba una débil sombra en la pared. ¡Hey, Bob, soy yo! No respondió. Seguía tocando su pandereta. Cuando estuve a un par de metros volví a llamarlo, pero igual no respondió. Luego supe el motivo. El pobre Bob estaba encadenado a su micrófono. Su pálido rostro se deshacía de cansancio. ¿Es el sistema? Él levantó débilmente la mirada. Inmediatamente entendí que era todo lo que había que ver. En la calle sentí náuseas, quise golpear a mucha gente, pero me contuve, y traté de olvidar todo esto lo más rápido posible. Hasta ahora sigo intentando olvidar para siempre esa cara de judío pecoso tocando su pandereta, pero es difícil, muy difícil, sobre todo cuando de algún lugar me viene los acordes de Blowin` in the wind.

De la novela Las puertas (Lima, 2002)




Carlos García Miranda. Foto tomada por Manuel Huapaya en un café
del campus universitario de la UNMSM (Lima) en 1990.
Etiquetas: [Narrativa peruana]  [Carlos García Miranda]  
Fecha Publicación: 2011-09-02T11:36:00.000-07:00


Etiquetas: [Ediciones Irreverentes]  [VIII Premio Sexto Continente de Relato Breve]  [Ruido Adentro]  [Carlos García Miranda]  
Fecha Publicación: 2011-08-25T01:50:00.000-07:00
Nota de prensa
Los ganadores del VIII Premio Internacional Sexto Continente de Relato Breve, elegidos entre los 214 relatos llegados de 28 países, son: Melanie Taylor Herrera, de la República de Panamá, por Psicopatología feminista, una versión radical de las Mil y una noches; e Iván Teruel, de España, por El fiscal, una historia impactante sobre la pederastia en la Iglesia. Los finalistas han sido Julio Fernández Peláez Mención especial del jurado (España) por Adoquines, relato sobre la necesidad de la indignación; Carlos García Miranda (Perú) por Ruido adentro; Aurelia María Romero Coloma (España) por El espejo; Kalton Harold Bruhl (Honduras) por El predicador; Salvador Robles (España) por La filósofa y el matemático; Pilar Zapata (España) por La recompensa; Juan Manuel Ortiz Taberna (España) por Limitado Albedrío; Mariana Enriqueta Pérez (Cuba) por Los diablos se reúnen los jueves. Las dos obras ganadoras serán incluidas en el libro de Ediciones Irreverentes Microantología del Microrrelato III. Una vez más, la editorial quiere felicitar a los alrededor de 50 autores que han enviado relatos publicables por su calidad. Es sorprendente la gran calidad de los microrrelatos, si se compara con la mayoría de textos (800 originales en 2010) que llegan al comité de lectura http://ediciones-irreverentes.blogspot.com/2011/08/los-2-ganadores-del-premio-sexto.html 



RUIDO ADENTRO



EN LA MADRUGADA ELLA SINTIÓ UN RUIDO tras la puerta de su habitación. Un ruido en el corredor. Esperó unos segundos arropada en su cama. El ruido continuaba ahora en la sala. Estaba segura de que era en la sala. Entonces se levantó. Fue hacia la puerta. Se apretó contra ella. El ruido seguía. Esta vez en la cocina. Ella volvió a su cama. Sin éxito buscó algo en su velador. Insistió debajo de su cama, su almohada, entre sus sábanas. Nada. Luego, se quedó mirando largamente la puerta. Al otro lado, el ruido proseguía en toda la casa.

POR LA MAÑANA ELLA ESTABA EN LA COCINA. Sorbía lentamente su café. Sorbía mientras miraba al otro untar un pan con mantequilla.
- Ya no quiero seguir aquí -dijo ella mirándolo por sobre la taza de café.
-No te asustes, ya pasará – trató de calmarla el otro.

Ella sintió su café frío. Puso la taza sobre la mesa húmeda y grasienta. El otro dejó de untar más mantequilla en su pan. Dio un mordisco. Desde la ventana caía un rayo de sol. El rayo llegaba hasta los pies de la muchacha.
- Tal vez podríamos rentarla - dijo el otro mordiendo su pan.
-¿A quién?
- A cualquiera.
- ¿Y los ruidos?
- No diremos nada.

Ella dejó de mirarlo. Sonrió. El rayo de sol encendía ahora su larga cabellera castaña.


EL OTRO LA MIRABA MIENTRAS SEGUÍA MORDIENDO SU PAN. Ambos se miraban. Lo hacían para dominarse. Ella no quería ceder, pero él continuaba insistiendo. A ratos era como un ruido en su cabeza. Un ruido que iba de un lado a otro, como aquel ruido de la madrugada anterior.
-¿Eras tú, no? –dijo ella.
-¿Qué?
-No te hagas, eras tú el de los ruidos.

Un poco turbado, el otro dejó de morder su pan. Lo dejó a medio consumir sobre la mesa. Lo dejó y salió. Ella lo vio a cruzar a través de la puerta. Sintió sus pasos en el corredor, la sala, su habitación, el baño, nuevamente la sala, el corredor...


HABÍA LLEGADO LA NOCHE Y ELLA SEGUÍA EN LA COCINA. Estaba sola y temblaba. Sola y mordiéndose los nudillos. Mordiéndolos como si fueran un pan. Un pan ensalivado y lleno de mocos. Ella mordía sin dejar de mirar hacia la puerta. Detrás, el ruido, otra vez incesante, se escuchaba en toda la casa.

De Superfícies 
Etiquetas: [Editorial Irreverentes]  [Antología del relato negro III]  [Narrativa peruana]  [Carlos García Miranda]  
Fecha Publicación: 2011-03-18T01:15:00.000-07:00
Antología del relato negro III

(Narrativa, 87)


Comparto con Uds. la nota de prensa que da cuenta de la publicación Antología del relato negro III (Madrid, Editorial Irreverentes, 2011), donde incluyen mi cuento "Balada del asesino romántico", uno de los ganadores del IV Premio Sexto Continente de Relato Negro Ediciones Irreverentes y el programa Sexto Continente, de Radio Exterior de España.

Nota de prensa

La Antología del Relato Negro III no se ciñe al arte novelado de matar ni al mundo del crimen profesional, ni siquiera tiene mucho que ver con los textos que originalmente se publicaron en la revista Black Mask de EEUU y en la colección Série Noire francesa.
Ediciones Irreverentes hace una propuesta vanguardista de la Serie Negra presentando las nuevas tendencias que ofrecen los escritores más actuales: fusión de relato negro con erotismo, con realismo social, crímenes en serie, el relato negro influido por los medios de comunicación, perversiones psicológicas, además de incluir una amplia selección de jóvenes autoras que presentan sus respectivas visiones del género.
Ediciones Irreverentes ha reunido a escritores de España, Argentina, México, Perú, Nicaragua y Honduras. Junto a los nuevos valores, están presentes en esta antología clásicos actuales como Francisco Nieva, Horacio Vázquez-Rial, José Luis Alonso de Santos o Joaquín Leguina, entre otros. Un lujo para los amantes de la buena literatura.
Esta obra se une a las Antologías del Relato negro I y II, anteriormente publicadas por Ediciones Irreverentes, conformando una amplísima selección del relato negro hecho en los últimos cien años, incidiendo en esta ocasión más en las vanguardias.
Los amantes del género negro tienen en esta selección de textos la seguridad de disfrutar durante un buen número de horas de las historias más tétricas, oscuras y criminales.


AUTORES QUE HAN PARTICIPADO:
• Sasi Alami • Joaquín Lloréns • Fabricio de Potestad • Horacio Vázquez-Rial • Andrés Fornells
Carlos García Miranda • Rodrigo Pardo Fernández • Kalton Harold Bruhl • Manuel A. Vidal • Teresa Galeote
• Jaime Palacios • Carolina Sánchez Molero • Francisco José Peña Rodríguez • Joaquín Leguina • Isaac Belmar
• Manuel Villa-Mabela • Álvaro Díaz Escobedo • María Zaragoza • Cristina Padín • Eva Díaz Riobello
• Rosario Martínez • Alejandro Ruiz • Salvador Robles • Mario Cuenca Sandoval • Daniel Barredo
• Joseba Iturrate • José Luis Alonso de Santos • Elena Marqués • Arquímedes González
• Carlos Augusto Casas • Mila Guerrero • Thais Nadal • Francisco Nieva • Miguel Ángel de Rus

Carlos García Miranda (En Salamanca, España, haciendo el brindis de rigor)