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Etiquetas: [excombatientes]  [igualdad ante la Ley]  [Justicia Transicional]  
Fecha Publicación: 2016-05-05T15:25:00.004-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 12
Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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Cedo hoy el espacio que dedico a mis columnas  para copiar textualmente, sin modificar ni una coma, ni un acento,  'Guerrilleros y Paramilitares', publicada el 5 de mayo de 2016, en KienyKe.com, firmada por Sergio Araújo. Dejo constancia que tengo coincidencias abundantes con lo abajo escrito, y manifiesto además que le auguro a esta columna una trascendencia que no dudo merece y aplaudo. Quien ha seguido ininterrumpidamente mis columnas (256) (todas disponibles en este blog) desde marzo de 2005 puede dar fe que la PAZ DE COLOMBIA siempre ha sido el norte de todas y cada una de ellas, así como la necesidad histórica de reconocerle a todos los excombatientes, de todos los bandos, igualdad ante la Ley, en la medida que cumplan a cabalidad y hasta sus últimas consecuencias las leyes correspondientes de Justicia Transicional, con satisfacción de las víctimas y compromiso sagrado de no repetición.

Así la veo yo.

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5 de mayo de 2016
KienyKe.com
http://www.kienyke.com/kien-escribe/guerrilleros-y-paramilitares/
Guerrilleros y Paramilitares
Por Sergio Araújo

Criminales de primera y de quinta

¿Es éste un país de hipócritas? Quizá. Dicen que en el gobierno Samper, Santos fue a visitar a Carlos Castaño y la cúpula paramilitar dizque “para ambientar la salida de Samper”. Pura paja. Estaban fraguando un golpe de Estado y era tal el poder de los paras, que consideraron necesario pedir anuencia al jefe de los 30.000 hombres ilegalmente alzados en armas contra la subversión al amparo de amplios sectores de las fuerzas armadas y la dirigencia nacional. Esa es la verdad. Pero como el protagonista pertenece al olimpo bogotano y hoy es el dueño de la autopista a la impunidad de la guerrilla… eso no es nada.

En esa época había cuatro clases de congresistas en Colombia: Los de núcleo electoral urbano de grandes ciudades, exentos de contacto con guerrillas o paramilitares. Los amigos de los guerrilleros. Los amigos de los paramilitares. Y los que a pesar de todo hacían resistencia civil, con opinión, en ciudades y campos colombianos, sin someterse a los armados y exponiendo sus vidas.

El proceso de la Parapolítica, que no fue penal sino político, revolvió a todos, y solo los clasificó como Uribistas y no Uribistas; a los Uribistas los decapitó el aparato judicial sin contemplaciones, animado por una vendetta personal de algunos magistrados con frustraciones burocráticas, y a la oportunidad no desperdiciada de la izquierda armada mimetizada en fundaciones y corporaciones civiles, que elige parlamentarios posa de izquierda civil, pero son miembros jerárquicos de las guerrillas.
Esa unión de intereses usó la justicia, torció la ley y arrasó todas la garantías procesales, cambiando jurisprudencias, violando el principio de cosa juzgada y todos los tratados internacionales. Masacraron al Uribismo y revolvieron inocentes con culpables. Eso sigue, y la JEP con su Unidad de Investigación y Acusación pretende hacer el epílogo de la tarea.

Es impactante ver como la sociedad toda, asiste muda a la repartija de impunidad sin acordarse que antes hubo otro proceso de desarme y desmantelamiento de un aparato armado de fuerza devastadora, que fue desvertebrado por decisión propia, ante la oportunidad dispuesta por el gobierno Uribe, y me refiero por supuesto a lo que para desmovilizarse se autobautizó -a la carrera- como AUC, que  no fue otra cosa que la unión de todos los grupos de autodefensa del país, que a cambio de una oportunidad y sin que el Estado disparara un tiro, se entregaron a la espera del perdón de la sociedad. ¿Querían conservar riquezas ilegales? Sí. ¿Querían algunos Narco-Paramilitares mimetizarse como combatientes? Sí. ¿Querían pagar poco precio por sus crímenes terribles? Sí. ¿Querían lavarse ante la historia? Sí. Exactamente igual a lo que quiere hacer y está logrando la guerrilla.

Pero a los paras nadie les perdonó nada. El gobierno Uribe los extraditó a pesar de que se había comprometido a no hacerlo. La prensa los satanizó sin reconocer mérito alguno a la voluntad de auto-acabarse, la izquierda armada y sus mil ONG aún no terminan de hundir y sacudir la pica en los ojos de los protagonistas del paramilitarismo… Como si fuera poco la memoria histórica le encargaron escribirla a la izquierda, contraparte de los paras, y a partir de ahí, los paramilitares quedaron -a solas- como los más viles y terroríficos asesinos de la historia de la humanidad, sobre un relato de acciones según el cual jamás ninguna de sus víctimas fue guerrillero ni criminal ni nada, y todos los muertos de las autodefensas fueron solo víctimas inocentes.

Que hipocresía la de tanta gente de este país que se apoyó quince años en la protección paramilitar para poder trabajar mientras empresarios de la ciudad y regiones miraban para otro lado, cuando con sus métodos atroces –copiados fielmente de la guerrilla- hacían las veces de ese Estado que nunca garantizó la vida ni la seguridad a nadie.

Ahora, estamos ad portas de que nos entreguen a las FARC. Desde el Presidente para abajo, todo el estamento oficial se apresta a facilitar la entrega física, casi sexual, de la institucionalidad, a una guerrilla de criminales tan atroces en sus acciones como sus imitadores los paramilitares. Aunque solo con las centenas de miles de abortos forzados, ya haya una diferencia abismal.

Nos tienen “ambientados” y listos para entregarles toda la impunidad, no tocar su plata, meterlos a la dirección del estado, darles elegibilidad, verlos como personajes en todos los festivales de música, foros, universidades, discotecas, restaurantes, y hacer de cada hampón de esos un Mandela, sin acordarnos del resto, y sin tener el pudor de dar las mismas garantías de elegibilidad y perdón a los que les combatieron durante las casi dos décadas que el estado se arrodilló cobarde ante la guerrilla cuando ya casi entraban por La Calera hasta la plaza de Bolívar.

La Jurisdicción Especial para la Paz puede ser un concierto para delinquir, igualito al Pacto de Ralito, pero ya elevado a la categoría de acuerdo de paz, ahora con insólitas pretensiones de tratado internacional, no es sino una claudicación de la soberanía jurisdiccional, aunque también sea un exabrupto, y una bomba nuclear dada en las manos a la guerrilla a cambio de la meliflua “dejación” de armas a las que se les invita con susto.

Las encuestas dicen que Colombia no quiere, sin embargo, nos la van a hacer tragar. Nos van a zampar ese supositorio de alambre de púas, porque así es la dinámica de la cobardía que se esconde en la ignorancia. Y porque la mediocridad, la codicia y la voracidad material de los parlamentarios que respaldan al gobierno en su absurda entrega no representa a quienes les eligen.

Pero, ¿es justo que el nuevo esquema de justicia transicional y la nueva jurisdicción no sustituya del todo la de Justicia y Paz? ¿Es equitativo que los beneficios para los guerrilleros no sean los mismos que los dados a paramilitares? El pretexto de que está vigente Justicia y Paz otorga a unos el 100% de impunidad y olvido, mientras a los otros les deja con la condena de la historia y el asco de las generaciones venideras.


Para empezar a ser justos, de una vez digo que estoy totalmente de acuerdo con que venga Ricardo Palmera, a quien Colombia conoce como Simón Trinidad, y forme parte de la iniciativa de inserción a la sociedad. Pero también, con la autoridad de haber sido, por solicitud oficial del gobierno, quien facilitó su desmovilización y desarme, (Cómo Piedad Córdoba o Álvaro Leyva facilitan la de la guerrilla) propongo la repatriación de Rodrigo Tovar Pupo, a quien la Justicia norteamericana, al parecer no ha podido probar cargos de narcotráfico, para que se someta a la misma justicia transicional, participe en el debate, igual que los otros ex AUC que ya pagaron sus 8 años, y como colombianos, todos tomen parte en la elegibilidad y en la búsqueda del respaldo democrático, a ver si esta paz a las que nos convocan si es nacional, si es justa, y si es sincera para todos y de parte de todos. ¿Qué dicen señores de las FARC?


Etiquetas: [Autodefensas]  [consensos]  [estado]  [guerrillas]  [paramilitarismo]  
Fecha Publicación: 2016-04-14T14:32:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 12
Es hora de ir al grano y al fondo de los problemas

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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No es hora de ideologismos ni retórica propagandística. Es hora de ir al grano y al fondo de los problemas. Sin eufemismos, sin ambigüedad, sin grandilocuencia, y ante todo sin cinismo.

El posconflicto será políticamente conflictivo y es natural que así sea. Pero, para dar el gran paso colectivo de Colombia hacia la paz, ninguna parte del conflicto armado debe negar el derecho a las otras partes para que den su propio paso hacia adelante a fin de que todas las partes enfrentadas puedan dar conjuntamente el salto decisivo y trascendente de la enemistad a la reconciliación.

El meneado asunto del ‘paramilitarismo’ hoy parece destinado más a torpedear el camino hacia los acuerdos en La Habana (y ahora también Quito) que a ser tratado con la seriedad que reclama la coyuntura histórica.

No hay peor ciego que el que no quiere ver y en el caso del ‘paramilitarismo’ la ceguera afecta a las dos partes negociadoras. Una porque teme auto-incriminarse y untarse con ‘agua sucia’ y la otra porque no admite ni reconoce más derecho a la rebeldía que el suyo, ni más ‘pueblo en armas’ que el suyo.

El Gobierno sabe –el mundo sabe- que ha sido política de Estado en Colombia ‘paramilitarizar’ a la sociedad –en particular los sectores más violentados por las guerrillas- y ‘paramilitarizarse’ como Estado para combatir a la insurgencia guerrillera y presentarle batalla en todos los frentes y por todos los medios, y hasta la última hora del último día del conflicto armado. O dicho en lenguaje de estos días: “hasta que todo esté acordado entre las partes en conflicto”. Esta verdad de a puño ha sido convertida por los insurgentes en arma política e ideológica, jurídica y mediática,  por uso y abuso de las guerrillas en su combinación de todas las formas de lucha.  

Las guerrillas saben –todo el mundo sabe- que la razón primera, la causa más propiamente objetiva de la ‘paramilitarización’ del Estado y la ‘autodefensa’ de la sociedad, ha sido el efecto combinado y perverso de la guerra desatada por ellas mismas – ¿parteras de la historia? - y la incapacidad manifiesta del Estado y sus instituciones para garantizar su vigencia sobre toda la extensión del territorio nacional y dotarlo de la debida seguridad ante la violencia revolucionaria.

Sobre lo anterior caben todas las aristas de opinión y son cuestiones debatibles hasta la saciedad y desde todos los ángulos. Pero si el flagelo del ‘paramilitarismo’ –y ahora también sumado e imbricado con él, el de las Bacrim- “subsiste, persiste y no desiste”, al punto de poner en riesgo los valiosos avances de los diálogos de paz ¿no será acaso que llegó el momento preciso, la oportunidad gigantesca, de dejar de lado el panfleto y la propaganda, la exclusión y el ninguneo y convocar a la mesa de discusión nacional a quienes han sido reconocidos por el propio Estado y su marco legal como actores principales, combatientes y negociadores de paz, en representación  de las organizaciones de autodefensa?

Porque si éstas fueron parte del problema - ¡y qué problema! – e intentaron luego, al desarmarse y aceptar ser conducidos a la cárcel constituirse en parte de la solución pacífica -de allí el proceso de Ralito, de allí Justicia y Paz, de allí el fundamento primero e incontrastable de la Justicia Transicional en Colombia- ¿qué propósito y sentido práctico admite continuar ignorando su acumulado de conocimientos y experiencias vividas durante su participación en el conflicto armado, sus proyectos visualizados para el trazado y construcción de un país sin conflicto armado, sin paramilitarismo, sin autodefensas, sin bandas criminales ni guerrillas?

Haber avanzado hasta tan lejos en el camino de la paz con las Farc, haberse decidido finalmente a iniciar un proceso similar con el Eln, crea las condiciones propicias e impostergables, de naturaleza ética, humanitaria, social y política, para convocar al servicio de los altos intereses de la nación a los máximos referentes desmovilizados de las exAUC a fin de sumar su vocería y trabajo, su palabra y sus conocimientos, con el único e insoslayable propósito de arribar a las mejores soluciones y consensos que hagan posible aterrizar la paz y la reconciliación en todo el territorio nacional.

La vida nos provee la inteligencia y la voluntad, y también la vida se encarga luego de darnos las oportunidades. No las dejemos pasar delante de nuestras narices sin atinar asirlas y aprovecharlas en beneficio del clamor nacional.

Si en el camino de la paz hemos llegado tan lejos como nunca antes, no nos contentemos con una paz a medias, intentemos todo, hasta lo imposible.


Así la veo yo.


Los 255 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están

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Etiquetas: [Trinidad Mancuso 40]  [Ralito ex AUC FARC ELN]  
Fecha Publicación: 2016-02-11T16:06:00.000-05:00
La paz en Colombia.blogspot.com
ASÍ LA VEO YO - Año 11
“De eso no se habla” o la cuestión “Ralito”

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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Si el presidente Santos persigue la paz definitiva, estable y consolidada, asentada sobre el territorio –y hay buenas razones para creer que sí la quiere y se ha propuesto alcanzarla- la estrategia diseñada no se agota ciertamente en lo que han puesto sus negociadores sobre la mesa en La Habana, ni sobre lo que sus áulicos dejan trascender a través de la prensa. El presidente Santos –tan avezado conocedor como lo es del conflicto armado- no puede sino tener entre sus movimientos próximos al menos estos dos temas de impacto: el descontado inicio inminente de negociaciones formales y directas con el Eln –sobre lo cual suficiente material hallamos a diario en los medios- y la aproximación mucho menos descontada pero previsiblemente ya delineada y transversal con la cuestión que aquí denominaremos ‘Ralito’.

Sobre el Eln a estas alturas no hay nada que no se haya dicho, y solo cabe esperar que el asunto caiga por su propio peso y nos desayunemos así con el inicio de la fase pública de las negociaciones.

La cuestión ‘Ralito’ tiene tanto de largo como de ancho y profundo. El hermético silencio que encapsula este asunto revela que todo conflicto armado dura hasta que termina, y mucho más si nada está acordado hasta que todo esté acordado.  No solo fue la izquierda la que extremó su sensibilidad hacia lo que se negociaba en ‘Ralito’ y se ocupó de sumar y sumar condicionamientos a lo que se negaron a reconocer como un proceso de paz tan legítimo como el de hoy en La Habana. Fue sobre todo la derecha, la derecha en el Gobierno de entonces, pero también y sobre todo la derecha por fuera de aquel gobierno la que puso su grito en el cielo ante el más mínimo intento de quitar del escenario del conflicto armado la maquinaria de guerra que proveían las ex AUC. Por los desaguisados a izquierda y derecha aquel proceso naufragó pero sus sobrevivientes, sus desertores y sus amigos son piezas del rompecabezas que el presidente Santos ha de resolver si quiere dar principio de solución a la famosa cuestión del paramilitarismo tan meneada por las Farc en estos últimos meses.

Y esto porque donde abundaron las zonas de influencia de los actores armados del conflicto necesariamente ha de asentarse la paz territorial si Colombia quiere hacer viable y sostenible el posconflicto que se habrá sabido ganar. Para ello el realismo ha de primar sobre las ideologías, y la inclusión derrotar el sectarismo y la exclusión.

Los desmovilizados ex jefes máximos de las autodefensas han comenzado a salir de las cárceles –tras ocho y más años de reclusión- y en los Estados Unidos sus penas comienzan a ser pagadas en su totalidad, o lo serán en tiempos no muy largos, o acaso aún lejanos según los casos. Justicia y Paz se ha constituido en la pionera piedra basal de la justicia transicional en Colombia, y no solo la CPI ha sabido validar  positivamente su necesidad histórica y su antecedente insoslayable a tener en cuenta por su vigencia y resultados a la vista.

Colombia no ha logrado aún desentrañar ni política ni judicialmente la madeja de lo que constituyó el paramilitarismo de Estado, por un lado, y el fenómeno de las autodefensas, por otro. Intereses políticos de todo tipo y prejuicios ideológicos tan extendidos como falaces en ocasiones han logrado confundir las percepciones y alterar el equilibrio de las representaciones que se han establecido sobre los actores del conflicto. Hay quienes sostienen la existencia de dos actores, Estado y guerrillas; mientras que no faltan quienes han visto y considerado a las autodefensas como un tercer actor autónomo, independiente del Estado y obviamente enemigo declarado de las guerrillas.

Si a todo esto tan de por sí complejo e inextricable le sumamos el abismo político que en cuestiones de La Habana separan la visión del presidente Santos –negociador en La Habana- con la visión del ex presidente Uribe –negociador en Ralito- comprendemos mejor por qué la cuestión ‘Ralito’ ha permanecido al margen de toda discusión en los años recientes, a pesar de ser uno de los elementos de la trama de la guerra y de la paz que urgen ser desentrañados, resueltos y puestos a trabajar en aras del posconflicto y el asentamiento de la paz territorial en los vastos ámbitos geográficos donde el conflicto armado tuvo lugar y sigue hoy generando contradicciones y animadversión que contaminan el tejido social y enrarecen el clima de la paz y la reconciliación.

Está por verse si antes de acometer el último round de la lucha -¿o más bien disuasión?- contra el narcotráfico –combustible financiero que lo fue de todos los actores ilegales del conflicto armado, rebeldes y contrainsurgentes- el presidente Santos querrá ‘darse la pela’ de sentar a manteles sobre el ajedrez de la paz a las cabezas visibles de los fenómenos guerrilleros y de autodefensas con el único y loable propósito de hacer las paces entre ellos de una vez y para siempre, con las debidas e incondicionales garantías que solo un Estado auténticamente democrático, libre de paramilitarismo y de veleidades revolucionarias puede dar a toda su población, piense como piense en términos políticos e ideológicos.

Es un lugar común en los mentideros políticos colombianos de estos días argumentar sobre cómo se logrará finalmente reunir las posiciones de Santos y de Uribe para darle a la paz con las Farc un sustento popular del que hoy carece.

Por razones que fuera de Colombia son difíciles de comprender no se ha puesto el mismo empeño en acercar las posiciones de quienes se enfrentaron con dureza y trágicas consecuencias sobre la población civil, asumiendo unos su condición de guerrilleros y otros –a contrario sensu- su condición de autodefensas. Hasta hoy, y esto resulta cada día más fuera de lugar “de eso no se habla”  parece ser la consigna –implícita y compartida- del gobierno y de las Farc.

Sin embargo, no dudo que el presidente Santos –siempre que el Tío Sam dé su venia- también para esto de ‘guerrillos y paras’ tiene su táctica y su estrategia de distensión. Al modo de Mario Benedetti, “construir con palabras un puente indestructible”.  Un puente de generosa calzada por donde, y es solo un ejemplo, asomen codo con codo, “Trinidad” y Mancuso, o si quieren “Trinidad” y “40”. Sería solo un comienzo, pero qué comienzo...


Así la veo yo.


Los 254 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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Etiquetas: [Autodefensas]  [Frente Nacional]  [La Habana]  [uribismo]  
Fecha Publicación: 2015-12-17T16:05:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11
Las grietas que estamos llamados a reconocer y evitar que proliferen

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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Por fuera del Gobierno y de las Farc que negocian en La Habana –más simpatizantes y aliados de unos y de otros de la Mesa- ‘terceros’ somos todos. Y con los terceros habrá que contar si aspiramos construir una paz digna, sin exclusiones. Democracia sin tercerías no es democracia. Tercerías sin representación, sin voz ni voto vuelven la democracia un simulacro, una caricatura. No es democracia la dictadura de lo blanco y negro, los pupitrazos, oprimiendo los matices, las tonalidades.

Los acuerdos de paz  –a partir de su firma en La Habana- significarán el fin de la lucha armada de las Farc. No del Eln. Tampoco el fin de las farcrim ni de las bacrim. Subsistirán el narcotráfico y las mil caras de delincuencia organizada y común, también política. Subsistirán las causas y efectos de la violencia, causas objetivas y subjetivas.

Proseguirá la violencia, el conflicto armado y las amenazas terroristas. La insurgencia y la contrainsurgencia. La rebeldía y la autodefensa. Todo esto lo sabemos y resabemos, pero preferimos mirar hacia otro lado.

Promover y mediatizar el plebiscito como si lo fuese entre paz y guerra no tiene lógica ni sustento algunos en este contexto y con actores legales e ilegales dentro y fuera de los acuerdos. Lo obvio y manifiestamente útil sería consultar a los colombianos si estos acuerdos son los que deben ser o debe arribarse a otros. Aunque lleve su tiempo. La paz debe quedar bien hecha, a la medida de todos, no a la medida e intereses de los firmantes.

No debería el país ser constreñido a responder la pregunta que no es, solo por evitarse la necesidad de convocar nuevos y decisivos actores a la Mesa. A menos que...

A menos que la intención de quienes integran este exclusivista “neo-Frente Nacional” sea precisamente ahondar aún más las grietas que separan la “Unidad Nacional” del uribismo, el uribismo de las izquierdas, y todos los anteriores con las ‘autodefensas desmovilizadas’. Pero entonces ¿de qué paz y reconciliación estamos hablando?

Dos grietas son particularmente llamativas. Se originaron ambas de procesos de paz. El proceso de Ralito derivó en una grieta política hasta hoy insalvable entre quienes negociaron y fracasaron en el intento desde ambos lados de la Mesa, uribistas y autodefensas. El proceso de La Habana abrió otra enorme grieta, entre la Unidad Nacional y el uribismo. Las autodefensas desmovilizadas hacen esfuerzos silenciosos pero constantes por dar a conocer al país que apoyan decididamente el proceso de paz de La Habana. Se diferencian en esto diametralmente de sus antiguos interlocutores en Ralito. Pero no por este gesto de apoyo a la paz con las Farc reciben las autodefensas desmovilizadas el reconocimiento político que esperan por parte del Gobierno y las Farc. Por el contrario, a la grieta que desde Ralito las separa del uribismo, se les ha sumado la grieta que los excluye de todo reconocimiento político por parte del Gobierno y las Farc.

¿Es políticamente razonable que el neo-frente Nacional se intente fundar sobre cimientos de exclusión tan flagrantes? ¿Resistirá Colombia tamañas grietas políticas sin dar pie a la proliferación de nuevos conflictos sobre las cenizas aún humeantes de antiguos e irresueltos conflictos? ¿Tiene lógica y sentido común someter la voluntad de paz de la inmensa mayoría de colombianos a los intereses políticos de minorías centralistas que pactan con ‘ideologías extremas que atrasan 50 años’?

Son interrogantes que cabe hacerse en estos días de final de año y comienzos de 2016. Y hacerse estos interrogantes sin renegar de la causa de la paz, sino precisamente para afirmar su necesidad, su urgencia, su prioridad.

El Estado no puede ni debe ser un botín de guerra, pero tampoco ha de ser un botín de paz, que celebre el pacto de dos minorías organizadas, en contra de otras minorías que permanecerán desorganizadas apenas el tiempo suficiente para percibir que han sido excluidas y condenadas al ostracismo y la inopia, y Dios nos libre también la represión a poco de andar.

Cualquier intento restringido de inclusión –donde funcione el veto como factor discriminador-  que signifique la exclusión de actores del conflicto, de sectores sociales y políticos, lejos de significar el fin de los conflictos sociales y armados inaugurará frentes de resistencia y rebeldía que estamos aún a tiempo de evitar si no queremos que la realidad nos estalle en la cara.

Bienvenida la dialéctica de los contrarios, porque la diversidad enriquece y la democracia auténtica finalmente consiste en eso, pero cuidado... la dialéctica que no conduce a nuevas y superadoras síntesis, condena a las tesis y antítesis que fluyen incesantemente a vivir condenadas a ser las partes irreconciliables de nuevas y peligrosas grietas.

Grietas que estamos llamados a evitar si queremos ser un país de iguales y de libres.


Así la veo yo.


Los 253 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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Etiquetas: [plebiscito gancho ciego ISIS espacios vacíos]  
Fecha Publicación: 2015-12-01T15:04:00.000-05:00
La paz en Colombia.blogspot.com
ASÍ LA VEO YO - Año 11
En los tiempos de ISIS no se admite pecar por ingenuos

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«El voto por el SÍ A LA PAZ es un voto cantado y gozoso» (Así la veo yo (251), 13 de noviembre 2015)

Voto porque previo a plebiscito los negociadores de La Habana se sinceren con Colombia y expliciten al derecho y al revés, a dos voces y cuatro manos, el alto, largo y ancho de los acuerdos, sin pretender que colgados del umbral amén de tragar sapos con ‘alias’ y apellidos todos bien conexos,  también ‘cerremos’ los ojos y hagamos como que no vemos pasar delante de las narices gatos por liebres. Ni todas las concesiones son inevitables, ni todas las exigencias deben ser aceptadas. Si las guerrillas quieren la paz también ellas deben hacer concesiones a la sociedad, también ellas deben saborear exquisitos sapos de civilidad y democracia.

En las condiciones de Colombia hoy, aquí y ahora, el SÍ A LA PAZ no admite discusión. Solamente insisten con su movilización armada en el SÍ A LA GUERRA, los guerrilleros de FARC y ELN que pretenden revolucionar el sistema político, social y económico combinando el poder de las armas y los ardides de la política. Y por los laditos allí donde abundan los espacios vacíos de Estado y de guerrillas los disidentes de las exAUC que esperan el llamado a manteles para ocupar su lugar en la Mesa junto a sus antiguos jefes ya desmovilizados y resolver en conjunto con el Gobierno el intríngulis que quita el sueño a las FARC: ¿cómo desmontar de una vez y para siempre el paramilitarismo?

Es cierto que las organizaciones guerrilleras mencionadas adelantan y exploran con variadas estrategias, negociaciones de paz. Pero mientras adelantan diálogos se mantienen armadas, en pie de guerra, con o sin cese de hostilidades, y no se conoce pronunciamiento oficial de sus dirigentes donde mencionen expresamente que su decisión de abandonar la lucha armada está tomada y sea definitiva. Con distintos matices condicionan la entrega de armas a una serie de condiciones que el Estado habrá de cumplir satisfactoriamente a sus exigencias.

Se requiere apelar a sofismas ideológicos de la más variada especie y a recursos literarios de dudosa validez para interpretar que la sociedad y el Estado han tomado la iniciativa de declarar la guerra en Colombia. La guerra a las guerrillas ha sido en Colombia una respuesta de la sociedad y el Estado a las acciones de guerra de las guerrillas. Bastaría que tal declaración de guerra por parte de las guerrillas se anulara para que la paz estallara de inmediato, hoy mismo, ya. Se trataría de la paz elemental definida como ausencia de guerra, no del sentido tan amplio de paz que excluye violencias de todo tipo, incluidas las llamadas violencias sociales, o lisa y llanamente delictivas comunes, o del crimen organizado. Porque si de tal paz se trata no hay lugar en el mundo que la conozca.

Resulta entonces esencial a las consideraciones del plebiscito que se nos anuncia que no se pretenda estigmatizar el NO  como si no existiese la duda razonable, la prevención extendida y comprensible acerca de que detrás del promovido plebiscito entre guerra y paz se nos quiere disfrazar la intención aviesa de hacer pasar gato por liebre.  

En realidad se trata de tres interrogantes que si no se presentan por separado inducirán al error.

1. ¿Guerra o Paz?

2. ¿Negociaciones para acabar la guerra?

3. ¿Estos acuerdos en concreto le satisfacen?

Cualquier encuestador está en condiciones de aseverar que en la Colombia de hoy, aquí y ahora, la respuesta por el sí al primer interrogante sería abrumadoramente mayoritaria en favor de la paz. Es una respuesta a lo Pambelé, mejor ser rico que pobre.

La respuesta por el sí al segundo interrogante estaría apenas un tris por debajo del primero, porque no son despreciables ni guerreristas quienes sostienen que el Estado podría negociar en mejores condiciones tras asestarle a las guerrillas poderosos golpes adicionales. Sin embargo, hay conciencia generalizada, estadísticamente mayoritaria, que las guerrillas aun derrotadas estratégicamente podrían también generar hechos terroristas adicionales de fuerte impacto y así el número de víctimas se incrementaría. La victoria del sí al segundo interrogante también está garantizada con creces hoy, aquí y ahora.

Es cuando llegamos al tercer nivel de interrogante, sobre los acuerdos en sí, en detalle, donde la posibilidad del NO se vuelve grande y podría ser mayoría en el plebiscito. Y esto último no porque el uribismo lo promueva sino porque socialmente existe manifiesta repugnancia social a responder SÍ sobre aspectos que en conciencia se repudian.

Todo dependerá entonces de cómo se plantee el interrogante, y si se implicará o no en la pregunta (o las preguntas) el dilema de conciencia, personal y político que existe y bien fundado por cierto. Por ejemplo, el valor de la Justicia suele estar socialmente considerado como superior al valor de la Paz. No en vano las guerrillas prefieren la guerra a la injusticia social. No es éticamente lícito abusar de la disyuntiva guerra o paz, cuando se excluye la disyuntiva igualmente poderosa entre justicia o paz. O injusticia o guerra.

La problemática que asoma tras el plebiscito  no es solo por el tamaño de los sapos que habrá que tragar, sino por la indignación social que vaya a producir el tamaño del gato que se pretenda pasar por liebre. ¡No nos crean tan pendejos!  Si ambos efectos se realimentan y se irrigan por el censo electoral ya el problema para el Gobierno no será alcanzar el umbral sino que el umbral se superará con holgura pero no por el SÍ A LA PAZ que se pretende sino por el NO A LOS ACUERDOS que indignen. Poco importará que la pregunta solo mencione lo del sí o no a la paz, si donde el Gobierno lee sí o no a la paz, los que voten ‘leen’ sí o no a los acuerdos.

Si el NO triunfa –no porque gane el imposible no a la paz, no porque gane el inverosímil no a la negociación como método de resolución del conflicto armado- cabalgando sobre las condiciones que se juzguen desmesuradas por las concesiones a otorgar a las guerrillas... habrá que volver a la Mesa y hallar acuerdos que sí pasen el filtro de otro plebiscito. ¿Será el Presidente Santos quien lo convoque o será el nuevo Presidente a partir de 2018?

¿Habrá entonces condiciones de conciencia personal, de ánimo social y de voluntad política que lo permitan?

¿Habrá, en aquel hipotético aquí y ahora de las guerrillas de entonces decisión de seguir negociando en otras condiciones, con otros alcances, en otro contexto y con otro Presidente y otras mayorías parlamentarias presumiblemente diferentes?

El sapo habrá brincado de la Mesa y de puro instinto habrá huido lejos, bien lejos e inalcanzable. Nunca habremos llegado tan lejos y a ninguna parte.

Será tarde para lamentarnos... y además, será inútil que lo hagamos, a nuestras puertas estará el terror asomando.

En los tiempos de ISIS pecar de ingenuos es un pecado que no nos podemos permitir.

Más vale FARC conocidas que ISIS por conocer. Más vale paras y exparas conocidos que ISIS por conocer.

Y experticia en territorios vacíos sí que tienen guerrillas y paras, es con ellos que hay que acordar, y hacerlo en conjunto.

No hacer como antes se hacía de acordar entre Establecimiento y paras dejando las guerrillas por fuera, ni como los negociadores de La Habana pretenden ahora, que acuerden Establecimiento y guerrillas, dejando los paras por fuera, y el Presidente de garante, y el Congreso como notaría. Y lo peor de todo, la población como 'gancho ciego'.

Todos en la cama, o todos en el suelo. Y todos son todos, no algunos.

Los espacios vacíos abundan, no solo en Colombia, también en Siria e Irak, sin ir más lejos.


Así la veo yo.


Los 252 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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Fecha Publicación: 2015-11-13T12:37:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11
Tanta sangre derramada hoy se rebela y vota SÍ A LA PAZ

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla» (Eleanor Roosevelt)


El voto por el SÍ A LA PAZ es un voto cantado y gozoso.

A decir verdad no faltan peros... pero ningún pero puede más que nuestro SÍ A LA PAZ.

Decirle SÍ A LA PAZ, no es decirle en todo sí a Santos, y menos decirle sí a las FARC.

Tampoco, nuestro SÍ A LA PAZ es decirle en todo no a Uribe.

Nuestro voto por el SÍ A LA PAZ léase como un NO A LA GUERRA, o mejor, como un NO a esta guerra, degradada y vil como pocas, que de revolucionaria no tiene nada, y de inevitable mucho menos.

Si por millones de nosotros fuera evitaríamos la campaña por el sí y mucho más la campaña por el no.

El SÍ A LA PAZ en el que creemos no merece que tanto politiquero lo promueva, ni mucho menos que lo alaben quienes han hecho de la guerra, hasta hoy mismo, su negocio político, comercial o ideológico.

Si no creemos en las campañas por el SÍ A LA PAZ mucho menos creemos en las campañas por el NO.

El SÍ A LA PAZ quede claro y sin ambages, es SÍ a la Vida, SÍ a la Justicia y SÍ a la Libertad.

Y también el SÍ A LA PAZ, es no, no a la muerte, no a la injusticia, no a la pérdida de la libertad.

Que el SÍ A LA PAZ necesite una campaña por la paz solo se entiende por la mala conciencia de tanto oficialismo y tanto opositor que aspiran  que detrás del SÍ A LA PAZ, o peor del no a la paz, se asocie en letra grande o pequeña, sí a mis políticas, no a las políticas de mis adversarios, no menos culpables que yo por tanta guerra inútil, por tanta sangre derramada.

Por esto nuestro voto por el SÍ A LA PAZ es un voto cantado y gozoso.

También, un voto innecesario por lo obvio, un voto que tristemente recordará por siempre a las generaciones futuras, que hubo una Colombia inmensamente mayoritaria que jamás mereció la guerra, pero que tuvo que padecerla por décadas y décadas lóbregas e infames, por las ambiciones locas de locos revolucionarios y las ambiciones dementes de dementes políticos que de la locura y la demencia hicieron festín con la sangre ajena.

Sangre que hoy se rebela y VOTA SÍ A LA PAZ, y no rotundo y definitivo a todo un sistema bien publicitado y aceitado de maquinarias políticas y maquinarias de guerra que, a izquierda y derecha, produjeron el efecto combinado y perverso de hacer hoy imprescindible un plebiscito absurdo por la obviedad de la pregunta y la respuesta, pero que habrá que tolerar y soportar pacientes y políticamente correctos porque los mismos que nos mantuvieron en guerra, hoy ven un mejor negocio político, comercial o ideológico con la paz, y necesitan votos, millones de votos para convertirlos en capital político que si antes les sirvió para la guerra mañana les sirva igualmente para la paz.

Allá ellos, a pesar de ellos y contra ellos, de nuestro SÍ A LA PAZ no nos baja nadie, piensen como la piensen los Santos, los Márquez y los Uribe.

No nos vengan, fariseos de un lado, y fariseos del otro, con argumentos por el SÍ y menos por el no. Colombia entera quiere la Paz y no necesita que la convenzan. Lo obvio no requiere intermediarios y mucho menos merece hipocresías , lagarterías y fatuidades.

Todo está dicho, SÍ A LA PAZ... y va nuestro voto. Háganle Royes, Álvaros, Armandos, Timoleones y Fernandos, procedan, háganle. Estoicismo no nos falta. Firmen lo que haya que firmar y a otra cosa, mariposas.

Los ‘sí, pero’ tendrán larga vida asegurada pero eso viene después, eso es política, y de política se seguirá hablando, pero con las Farc a bordo de la democracia, sin armas, sin violencia, sin chantajes.

Basta de retóricas demagógicas y revolucionarias, basta de muerte, con las armas a buen recaudo, y si por nosotros fuera su destrucción inmediata es la consigna. Que La Habana vuelva a ser solamente y cuanto antes la capital de una isla encantadora, que no ocupe ya las primeras planas ni las agendas de nuestros Presidentes o ex.

Colombianos y Cubanos nos merecemos otra vida, en paz, libertad y democracia, justa y soberana.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [AUC FARC ELN]  
Fecha Publicación: 2015-10-27T14:35:00.000-05:00

ASÍ LA VEO YO - Año 11
“Vendrán tiempos mejores”, ¿pero cuándo?

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«Espero no echarme encima a los astrólogos ni a los historiadores, pero como me fascinan los retos, acepté éste solamente por lo que iba a aprender mientras lo escribía» (Mauricio Puerta Restrepo)

A quienes me preguntaron durante el último mes y medio acerca del ‘silencio’ de estas columnas y sus razones me tocó responder –siempre por línea privada- que había entrado en zona de reflexión y análisis sobre la validez o no de continuar expresando en público mis opiniones sobre paz y política.

Quienes me conocen más a fondo saben que soy un juicioso y consecuente defensor de causas perdidas y que nada más lejos de mí que el exitismo ni la obsecuencia. No vivo pendiente de la aceptación ni tampoco del rechazo que tal o cual frase produce en los lectores. No es indiferencia, no, ¡es respeto!, profundo respeto por la opinión propia y ajena.

Haber dedicado más de diez años de mi vida a opinar periódicamente sobre paz y política colombiana merece hacerme y responderme el interrogante sobre si continuar o no abordando esta temática por diez años más. Sobre todo, abundando temas que también me atraen, me seducen y me inquietan.

Ni yo mismo conozco la respuesta a la hora de escribir esta, la columna número 250 de ‘Así la veo yo’.

Solo sé que ni la paz está tan cerca (ni el posconflicto tampoco) ni la política ha dejado de ser sectaria y excluyente. Esto constituye por sí mismo suficiente razón para insistir en la trocha abierta entre tanta maleza, donde a derecha e izquierda se cuecen habas y el centro ni es tan democrático ni tan cuerdo.

“Vendrán tiempos mejores” es mi credo mejor estructurado. Mi inamovible más sólidamente cimentado. Esto significa que el presente es perfectible, sin entrar a juzgar si es bueno o malo. Y también me recuerda que la esperanza es siempre la última en morir. Si acaso muere o deja de ser necesaria más allá de esta vida.

Una cosa es cierta para quien esto escribe: Santos no será recordado como el Presidente que intentó (y no logró) hacer la Paz sino como el Presidente que logró hacer de la Paz la razón de ser (y parecer) de su Gobierno. Que no es lo mismo ni es tan altruista. Si el Presidente hubiera intentado hacer realmente la paz no hubiese comenzado por las FARC sino por donde Uribe la dejó botada: en Santa Fe Ralito, Córdoba. Hubiese comenzado Santos invitando a los desmovilizados AUC a recoger desde las cárceles los restos de autodefensas “regados y en armas” por todo el país. A cambio les hubiese ofrecido no extraditarlos, repatriar a los que ya han sido extraditados y abrirles el juego político bajo ciertas condiciones, tan claras como exigentes, en iguales condiciones para ilegales desmovilizados por derecha y por izquierda. Sí, no lo eludo, para esto tendría Santos que haber ‘negociado’ antes con Obama. Pero no, prefirió acordar con Chávez... y Chávez, todos sabemos quién era Chávez. Y si ya lo han olvidado algunos, allí está Maduro para recordárnoslo.

Algunos me dirán: pero los ‘paras’ presos y extraditados ¿tenían la capacidad (y la voluntad) de recoger los ‘paras’ regados y en armas por todo el país, los que se sintieron ‘conejeados’ por Uribe y prefirieron seguir a Vicente Castaño y no a los Mancuso y ‘Báez’? Mi respuesta es: Santos debió haber hecho ese intento desde el primer día de su Gobierno, y hacerlo de cara al país y de cara a Uribe. El paso de Santos con las FARC debió darse pero no debió ser el primer paso sino el segundo. Tan debió haber sido el de las FARC el segundo paso que no tardarán las FARC en poner sobre la mesa, con todas las letras y sus bemoles, el espinoso asunto del “paramilitarismo”. Y para quienes dudan sobre esto allí está Maduro cerrando las fronteras con Colombia... precisamente por lo que él llama “paramilitarismo colombiano”. Y si Maduro apunta allí, al paramilitarismo, es porque las FARC apuntan precisamente allí. Todos los caminos conducen no a Roma, en este caso, sino a los ‘paras’ los mismos que presos y extraditados, comienzan a salir de la cárcel tras haber cumplido con Justicia y Paz, con la Justicia Transicional, con su pasado a cuestas y su derecho al futuro.

Insisto, mi optimismo es grande y a toda prueba. Por el bien de Colombia y de todas las víctimas.

Pero Santos no comenzó por donde debió haber comenzado. Lo que no hizo en cinco años puede (y debe) hacerlo en los escasos poco más de treinta meses que aún faltan, desde ahora y con el sol a sus espaldas.

Leyendo prensa y escuchando oráculos de la política uno oye que el segundo paso se quiere dar a partir de diciembre con el ELN... es decir, que lo que debió ser la secuencia AUC, FARC, ELN se pretendería hacer FARC, ELN, AUC (en el mejor de los casos) porque hay quienes del tema AUC prefieren ni mencionar, ni afrontar ni mucho menos resolver, ni ahora, ni mañana, ni nunca.

No soy el dueño de la bola de cristal, ni hago del escepticismo una profesión de fe pero no me parecen necesarios dos dedos de frente para cuestionar que se pretenda haber puesto en la agenda el asunto de la Paz sin considerar uno a uno, al derecho y al revés, y en la secuencia correcta, todos los actores, todas y cada una de las causas y consecuencias de un conflicto armado, social y político que lleva más de medio siglo y que... así como se intenta demostrar que se quiere resolver me animo a pronosticar que durará aún siglo, siglo y medio más, siendo optimistas, muy optimistas, claro. Narcotráfico de por medio, además.

Mientras las FARC desconfían hasta de su sombra, Juan Manuel consulta las encuestas y Germán que llega.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [Papa Francisco Vaticano Diplomacia]  
Fecha Publicación: 2015-09-21T09:36:00.004-05:00

Caracol Radio, de Bogotá

El padre Echeverry no descartó la posibilidad de un nuevo encuentro de la Iglesia con los voceros de las Farc en La Habana.


AUDIO:

http://caracol.com.co/programa/2015/09/21/6am_hoy_por_hoy/1442839141_968751.html


El padre Dario Echeverry destacó las palabras del papa Francisco, frente a la búsqueda de la paz en Colombia. Dijo que el santo padre no improvisó y que su discurso fue profundo y espera que deje huella.


“Es un mensaje muy bonito, ojalá lo asumiéramos en profundidad y así impedir que se vaya a trivializar”. 
Explicó el Padre Darío Echeverry, Secretario General de la Comisión de Reconciliación, de la Conferencia Episcopal. El alto jerarca también dijo que el papel del papa Francisco y la diplomacia del Vaticano serán vitales para el momento histórico que vive Colombia.
“El Vaticano lo va pensando, lo va investigando, si la mesa de negociación, si el Gobierno Nacional le pide al papa, el papa está disponible, muy dispuesto a realizar la sabiduría que de tantos siglos de diplomacia del Vaticano”.
El padre también señaló que el papa Francisco tiene el carisma para unir y no para dividir y que espera que esa característica para concitar la voluntad de todos, se haga presente en Colombia.
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Etiquetas: [sociedad política odio]  
Fecha Publicación: 2015-09-11T13:07:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11
La sociedad tendrá finalmente la última palabra
  
Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«El fenómeno decisivo es el representado por las formas de odio abstracto, el odio hacia lo que no se conoce y sobre lo cual vienen proyectadas todas las reservas de odio que los hombres parecen poseer en el fondo de sí mismos» (Raymond Aron)


Con referendo o sin referendo, la sociedad colombiana tendrá la última palabra.

A las Farc históricamente no les ha preocupado el odio que generan en la mayor parte de la sociedad. Tal vez, porque nunca han contado con la tal sociedad sino para someterla cuando llegase el momento. Y sin embargo, se consideran y se las considera ‘políticas’.

Del otro lado del río, a los Castaño y los Mancuso, a las autodefensas en general sí llegó el momento en que les preocupó y mucho, el odio que generaban sus acciones en la sociedad. Advirtieron que había llegado el momento de decir adiós a la violencia, a las armas, pero sobre todo, adiós a la condena social que comenzaba a convertirse en su peor enemiga pública, y por ende política, más aun que las guerrillas. Cuando comenzaron las negociaciones de Ralito reclamaron con vehemencia que el Gobierno colombiano debía disponerse a asumir enteramente su responsabilidad de defender la sociedad de la arremetida guerrillera. Que no contaran más con ellas. Que ya basta.

Y tan consecuentes fueron con su decisión política de entregar las armas que ni el ‘conejo’ recibido ni la prisión, ni extradición, las apartó de su camino de afrontar el proceso de Justicia y Paz, con todas sus consecuencias. Si la voluntad y el compromiso de las autodefensas en Ralito con Colombia no se hubieran manifestado con tamaña elocuencia y determinación la sociedad no tendría hoy ningún elemento de comparación, ninguna referencia cercana, a la cual tener en consideración cuando de juzgar –y todo juicio es finalmente comparación- el proceso de La Habana se trata. Y hay quienes insisten en no querer ver el componente político que sentó a las autodefensas en Ralito. Y ya se sabe: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Lo anterior viene a cuento sobre las resistencias que generan en la sociedad las circunstancias, actitudes y declaraciones que rodean las negociaciones con las Farc. El desencanto y el escepticismo mayoritarios tienen mucho que ver con aquella despreocupación de las Farc por el odio que han sembrado en al ánimo social. Más aún si todavía hoy, tras los más de  tres años de negociación no se las ha oído decir que su decisión de abandonar la lucha armada es definitiva y no hay marcha atrás que pueda sobrevenir. Ello le suena a chantaje a buena parte de la sociedad colombiana. Y bajo el chantaje poco podrán obtener de la sociedad las Farc de su extensa lista de exigencias. Esto Santos lo entiende, porque es demócrata pero las Farc no, porque las Farc son las Farc.

Vuelvo ahora a aquello de que las Farc son consideradas políticas, mientras que a las Autodefensas, ya desmovilizadas, se las sigue considerando apolíticas, y no solo eso, sino que todavía –a esta altura de la historia- no está claro para sus ex integrantes a través de qué mecanismos legales se habilitará su tránsito –que permanece interrumpido- entre su guerra que ya fue y su reinserción social y política que permanece en el limbo de la indefinición. ¿O es que el Estado pretende negarle la totalidad de sus derechos ciudadanos?

El antiguo debate sobre si las guerrillas son más políticas que terroristas, más políticas que sola expresión militar, o que en la orilla opuesta, las autodefensas han sido más crimen organizado que expresión político-militar de resistencia anticomunista, es un debate que seguramente historiadores y estudiosos del Derecho, seguirán alimentando acuciosamente.

Sin embargo hoy, en este presente preciso, aquí y ahora, donde alcanzar la paz sigue siendo el norte más preciado y necesario, urge quitarle al desespero de la sociedad, al sentimiento atribulado de la sociedad, sus aspectos más perturbadores, sus desconfianzas más arraigadas.

En los momentos más duros de Ralito, se lo escuchó a Mancuso, jefe negociador, manifestar a viva voz que su adiós a las armas era definitivo, y a los máximos líderes de las autodefensas de entonces asegurar que no volverían bajo ninguna circunstancia al monte.

No faltaron entonces en la contraparte del Gobierno quienes vislumbraron en estas definiciones eminentemente políticas una debilidad estratégica de la cual aprovecharse. Craso error de interpretación que llevó el proceso de paz a derivaciones insólitas y finalmente desestabilizadoras de la mesa. Todo terminó como hoy lamentamos. Sin embargo, los individuos que integraron las autodefensas sí se desmovilizaron, sí afrontaron la Justicia Transicional, sí aceptaron pagar cárcel y allí están todavía, en Colombia y en Estados Unidos también.

¿No habrá llegado la hora de reconsiderar la especificidad y el rol de unos y de otros actores ilegales del conflicto armado? ¿La hora de no seguir alimentando la discriminación entre unos y otros? ¿El momento de cerrar todos los circuitos de riesgo que pueden llevar más adelante a la reapertura de heridas que han comenzado pacientemente a cerrarse sin haber cicatrizado del todo? No se trata tanto que arriben a la Justicia Transicional por el mismo camino sino que pasen por el filtro de la Justicia Transicional y lleguen a la sociedad con los mismos derechos y obligaciones. Ni uno más ni uno menos que los demás ciudadanos, ni uno más ni uno menos, los unos y los otros excombatientes. Así de claro, así de sencillo.

Preocupa que la sociedad no termine de digerir los sapos de La Habana. Preocupa que las Farc sigan en la nube de considerar que las causas objetivas solo actuaron sobre ellas, y sobre todo que sigan sin admitir que ellas a su vez han sido causas objetivas del fenómeno de las autodefensas, entre otras consecuencias dolorosas pero inevitables que su decisión de alzarse en armas provocó. Y todo ese acumularse y retroalimentarse de causas y consecuencias ha golpeado brutal e inmisericordemente a la sociedad.

La sociedad tendrá finalmente la última palabra. No pretendamos hacer como que no existe, y peor, como que no pesa.

La sociedad pesa y cómo pesa, negociadores de las Farc, negociadores del Gobierno.

No se trata de que el referendo sea o no un suicidio, se trata de algo más importante: el sentimiento de la gente pesa más, mucho más que las intenciones y estrategias de ambas partes de la mesa.

Y el sentimiento de la gente, el corazón de la gente... hace y deshace la política.

La sociedad colombiana, con referendo o sin referendo tendrá la última palabra.

¿Lo queremos entender o no lo queremos entender?


Así la veo yo.


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Etiquetas: [Maduro Farc Ralito paramilitarismo]  
Fecha Publicación: 2015-09-03T11:17:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11
La historia no tiene por qué repetirse

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas » (Bertrand Russell)


Vuelve y juega el ‘cuentico’ del paramilitarismo.

Ahora, a propósito de la crisis en la frontera colombo-venezolana.

Dicho esto a sabiendas que una cosa es la tragedia, y otra bien distinta, el ‘cuentico’.


 Usan y abusan del concepto los Maduro y las Farc. Lo hacen para sus fines políticos y están en su derecho de equivocarse. Sin embargo, oh paradoja, ni Maduro ni las Farc se han ocupado de tomar al toro por las astas y llamar al teléfono y concertar una cita con los Mancuso, los Báez, que bien podrían explicarles de primera mano, de qué se trata el fenómeno y cómo lidiar con él. Nunca es tarde para comenzar ese diálogo pero mientras tanto no insultemos la inteligencia de colombianos y venezolanos pretendiendo chivos expiatorios allí donde no hay diplomacia ni voluntad para identificar soluciones y racionalizar y administrar de modo inteligente y respetuoso de los derechos humanos la vida y los flujos migratorios y comerciales en las fronteras.

El gobierno de Venezuela acompaña el proceso de La Habana pero no ha movido un dedo por conocer con los directamente implicados –hoy ex autodefensas, desmovilizados y declarados partidarios de la paz y del proceso de La Habana- en qué consistió y qué se perseguía con la Mesa de Paz de Ralito, allá por comienzos de este siglo. Igualmente, puede decirse de las Farc, las cuales utilizaron el tema paramilitar para bloquear y patear el tablero cada vez que se les ocurrió durante las negociaciones del Caguán. Y que aun hoy insisten e insisten –y hacen bien- en llamar la atención sobre ese punto, pero omiten y omiten –y en esto hacen mal- en sentarse a tratar el tema con quienes lideraron las negociaciones de Ralito y cumplieron –y siguen cumpliendo- su parte con la Justicia Transicional.

La historia no tiene por qué repetirse. Donde hubo errores pueden caber las rectificaciones. Pero reincidir y reincidir en la equivocación revela obcecación y cerrazón de mente.

Mientras tanto la historia sigue adelante y quienes hoy ocupan las primeras planas transitarán inevitablemente su ciclo del cenit al ocaso. Permanecerán los problemas y sus consecuencias sobre las espaldas de quienes hoy y siempre han padecido la ceguera de los oficialistas y opositores de turno. Es a partir de esos problemas y de esa humanidad doliente que cabe no agachar la cabeza ni cerrarse al llamado de la imaginación redentora.

Cuando los falsos mesías hayan dejado sus huellas maliciosas sobre la tierra, asomarán lozanos nuevos bríos y aires refrescantes que intentarán conseguir aquello que antes no se pudo.

A no bajar los brazos, ni de este ni del otro lado de la frontera, física o ideológica, que ni la paciencia es una enfermedad ni la persistencia en el acierto un afán inútil.

A quienes les encanta el papel de provocadores nada los atortola más que el desdén y la indiferencia.

La firmeza en favor de las buenas causas puede más que responder el insulto con el insulto.

El agua es la que horada la piedra, y no al revés.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [cese unilateral Papa Francisco Justicia Transicional]  
Fecha Publicación: 2015-08-20T16:04:00.002-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11
Las Farc deciden: o se abrazan a los acuerdos o se suicidan en el monte

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se esconde, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio.» (Papa Francisco, Exhortación Apostólica, Evangelii Gaudium)



El cese unilateral de las Farc esta vez sí es el fin del fin del conflicto armado colombiano. Las Farc, como organización política, no tienen otra opción política que recorrer mansas y tranquilas el camino que lleva hasta la firma de los acuerdos. Esto aunque los acuerdos finalmente no las dejen totalmente satisfechas. La macabra andanada de terrorismo salvaje que precedió la declaración del cese unilateral vigente ha sido el último estertor de las Farc como actor político militar de un ‘conflicto armado’.

Podrán las Farc romper el proceso y volver al monte pero están notificadas por la sociedad y el mundo que si vuelven a empuñar las armas contra el Estado y la sociedad ya no será en calidad de actores de un conflicto armado sino como organización criminal y terrorista. Solo así considerado se entiende que para el Gobierno ya estemos transitando el posconflicto. Se acabó el margen de las Farc para pretender extender el conflicto armado. Ya no cabe marcha atrás. O caminan hacia adelante y se disponen juiciosas a un regreso honorable y desarmado al seno del campo democrático y constitucional, o se regresan al monte y serán consideradas –a todos los efectos- una banda criminal más.

Esta vez sí el santismo y el uribismo convergen estratégicamente. Todavía no políticamente porque ni Santos ni Uribe han terminado de procesar hacia el interior de sus propias fuerzas el significado del momento inédito e irrepetible en el cual hemos desembocado. Ya no queda espacio histórico para una insurgencia que pretenda ser considerada delincuencia política. Como tampoco existe ya desde la desmovilización de las autodefensas espacio jurídico para considerar la contrainsurgencia un fenómeno político. Dentro del Estado y la Constitución toda la rebeldía y todo el conservadurismo. Se acabaron definitivamente –y esto el Eln debe asumirlo sin más demoras- los márgenes de tolerancia políticos y jurídicos que hicieron posible el florecimiento de la justicia transicional que nació al calor del conflicto armado y que morirá inevitablemente con los últimos guerrilleros reintegrados a la vida civil y las últimas autodefensas puestas en libertad.

La antigua discusión de si las Farc y el Eln son delincuentes políticos o no, si las autodefensas lo fueron o no, ya no tendrá más sentido práctico ni eficacia jurídica, en una Colombia donde el conflicto armado ha sido superado por la marcha de la historia. Y no porque se vayan a acabar los rebeldes, ni los sediciosos, ni los que toman la justicia en sus propias manos, ni los amigos de la ley del talión. Sencillamente, no hay ya –hoy mismo- margen posible para coartadas ni leguleyadas que pretendan legalizar los crímenes y el terrorismo de cualquier naturaleza bajo el manto de la revolución o la contrarrevolución. La conexidad –laxa y perdonavidas- llegó hasta Ralito y todavía hoy hasta Cuba –donde negocian el Gobierno y las Farc- y Ecuador –donde ‘negocia’ el Gobierno con el Eln- pero ya no más. Hasta aquí llegó el conflicto armado, llámese esta estación terminal ‘Congresito’ o como se llame este pasaje del infierno al limbo, y del limbo al paraíso.

Las Autodefensas captaron –hacia dónde iba la historia- en 2003 cuando se allanaron a iniciar su proceso de paz con Uribe. Las Farc me auguro ya lo hayan entendido de tanto escuchar a sus asesores legales, sus amigos europeos y hasta yanquis. El camino que condujo a las autodefensas a Ralito era tan sin retorno como el que condujo a las Farc a Cuba, al Eln al Ecuador. Precisamente por esto, tienen tanta necesidad de hablar entre sí guerrilleros y autodefensas, así como fue necesario que comenzaran a dialogar con sus víctimas, a entenderse con el Gobierno, los políticos y la sociedad.

Paradójicamente y contra todo pronóstico, las autodefensas están hoy más cerca de ejercer la política en la legalidad que las Farc y el Eln. Esto no debe sorprendernos porque si algo es esencial e inherente a la Justicia Transicional es la verdad, la justicia y la reparación, obviamente también el compromiso de no repetición. También es igualmente esencial e inherente a la Justicia Transicional que quienes se sometan a ella recuperen íntegramente todos aquellos derechos civiles y políticos –derechos humanos al fin- que los combatientes perdieron en ocasión de su participación en el conflicto armado.

Y combatientes son aún hoy las Farc y el Eln como ayer lo fueron las Auc. Combatientes  y excombatientes que combatieron, mataron y murieron, por razones políticas. Razones políticas de izquierda y de derecha que chocaron como chocaron y victimizaron como victimizaron en un conflicto armado interno cuya conexidad se extendió por todo el país y todo el código penal.

Acierta Freddy Rendón Herrera, ‘el Alemán’, cuando a poco de salir en libertad declara que no le desea a las Farc la cárcel y que las ex autodefensas apoyan decididamente el proceso de La Habana.

Acertarán igualmente las Farc cuando acepten el brazo tendido por sus antiguos y encarnizados enemigos y manifiesten su intención de encontrarse con los ex autodefensas, si no por estos días en Cuba, muy pero muy pronto, libres y en paz, en la discusión civilizada y pacífica de las toldas políticas y democráticas de la Colombia nueva y reconciliada. Entonces sí y para siempre, estarán dispuestos a echarse lengua y no balas, a controvertir y acordar, por los votos, por el liderazgo y el bienestar de la gente.

Esta vez sí los tambores de guerra han comenzado a cesar definitivamente.

Felices los que trabajan por la paz, nos recuerda a diario el Papa Francisco.

Alguien tan cercano a Dios, como Su Santidad, sabe por qué lo dice, cuándo lo dice y a quiénes se lo dice.



Así la veo yo.


Los 247 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
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Fecha Publicación: 2015-07-14T14:23:00.002-05:00
La W Radio, de Bogotá
El papel del papa Francisco es fundamental para el proceso de paz: Gianni La Bella
El administrador de la comunidad de Sant’ Egidio de Roma afirma, en diálogo con Julio Sánchez Cristo, que la Iglesia puede ayudar para que acabe el conflicto en Colombia.
Audio:

http://www.wradio.com.co/escucha/archivo_de_audio/el-papel-del-papa-francisco-es-fundamental-para-el-proceso-de-paz-gianni-la-bella/20150714/oir/2850378.aspx

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Etiquetas: [Pastor Alape Iván Márquez Clemencia Perdón]  
Fecha Publicación: 2015-06-01T14:53:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11

Llegó la hora de mirarnos al espejo y dejar de ver espejismos
Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad» (John F. Kennedy)


Un pueblo noble y digno, a la vez humilde y generoso, como es el colombiano, jamás estará dispuesto a someterse al chantaje y la extorsión de la violencia y la arbitrariedad, pero siempre dejará abierta la puerta para ejercitar la clemencia y el perdón con quien asume sus equivocaciones, enmienda y rectifica. Si el Gobierno y las Farc –y también el Eln y las Bacrim- comprenden esto y actúan en consecuencia sabrán darle al proceso de paz la dimensión y los alcances que urge concretar para conducirnos de la guerra a la paz, de la exclusión a la inclusión. Si en cambio el Gobierno y las Farc –y también el Eln y las Bacrim- continúan obstinados en querernos hacer creer que se creen sus respectivas mentiras seguiremos condenados a cien años y más de un conflicto armado cada vez más generalizado y atroz.

Las recientes entrevistas de ‘Pastor Alape’ e ‘Iván Márquez’, publicadas este fin de semana, abren un minúsculo aunque innegable ‘rotico’ de cielo azul -de racionalidad y realismo- allí donde los cielos de La Habana y de Colombia continúan exhibiendo nubarrones negros y presagio de borrascas.

No está claro aún si la incipiente evidencia insinuada allí significa que la ‘real politik’ mate ideología en la mente de las Farc pero su sola manifestación permite albergar optimismo sobre que el proceso de paz podría no tener que permanecer indefinidamente bloqueado y ‘pataleando en el barro’.

Si el sabio refranero popular hizo suyo aquello tan viejo y conocido acerca de “que siempre que llovió paró” ¿por qué no imaginar aquí que cabe vislumbrar ahora que también en el caso colombiano aplica aquello de que siempre que hubo guerra la guerra terminó acabando?

El contexto reclama que también resulta necesario considerar, contemporáneamente, que ‘la vaina se calentó’. No en balde regresaron los bombardeos, los atentados, las masacres de lado y lado. Pero a diferencia de otros tiempos lucen anacrónicos como atavismos violentos ‘mandados a recoger’ cuya duración auguro no pasará de unas pocas semanas, suficiente para saciar el hambre de las aves carroñeras que pululan a un lado y otro de la mesa, y por fuera de ella.

Las Farc parecen haber aceptado finalmente y a regañadientes que su contraparte negociadora –ni digamos ya la opinión pública- las considere ‘derrotadas’, irremisiblemente ‘derrotadas’ en el campo militar. Y que la brecha vigente entre el Gobierno y la opinión pública no gira ya en torno a si guerra o paz, sino entre la amplitud y calidad de los hechos de clemencia a otorgar a los ‘vencidos’ como prenda de paz. O dicho de otro modo. ¿Hasta dónde cabe estirar el ancho, largo y alto de los caminos, puentes y puertas a través de los cuales los ‘vencidos’ podrán dignamente y sin padecer revanchismos –ni venganzas- reingresar a la vida civil, social, política y económica?

Lo que hasta aquí fue visto como concesiones exageradas y sin sentido, comienza a percibirse como un precio costoso –o más bien una inversión- en pos de conseguir algo tan necesario y valioso como la paz. Al menos la paz con las Farc, que aun no siendo toda la paz, no es poca cosa, considerando los males que ocasiona la prolongación del conflicto.

Las Farc comienzan a dar tímidos indicios de aceptar verse como realmente son y no como ellas siempre se han imaginado y relatado a sí mismas. No esperemos que lo admitan públicamente –no todavía- ni se den golpes en el pecho. Pero van en el buen camino de la conversión interior y hay que alentarlas en ese derrotero para que persistan a esta altura de sus vidas en una vía que aun siendo política es también y sobre todo esencialmente humana y humanista.
El giro de la negociación política a una política humana y humanista producirá el milagro que sus legítimas pretensiones no sean ya vistas por la sociedad como un chantaje al cual someterse a las malas sino como la oportunidad de ejercitar el arte de la clemencia y la hospitalidad con el ‘hijo pródigo’ dispuesto a volver a casa no como vencedor –tampoco como vencido- sino como hijo de la misma sociedad a la cual pertenecemos todos, incluidos políticos, empresarios, guerrilleros, militares, paramilitares, etc. etc. con los cuales un buen comienzo será el de incluirlos como invitados activos para la solución definitiva de los males de violencia y exclusión que todos padecemos, pecado social de una sociedad enferma y que enferma. Una sociedad que así como va, va moribunda, y así como muere también mata y remata, por acción y por omisión.

Dicho esto se comprenderá mejor la razón por la cual a las Farc no le interesa ya tanto lo que se vaya a acordar sobre lo divino y humano sino lo que se vaya a cumplir de lo acordado. Para que cuando entreguen las armas no les vaya a suceder lo que les sucedió a los ‘paras’, y que todos sus enemigos se abalancen sobre ellos, y a más del escarnio y la violencia, los sometan al vejamen y la injusticia.

No nos extrañe entonces que quieran influir decisivamente en la escogencia del próximo Fiscal de la Nación, del rumbo que tomen los poderes de la Justicia y la futura composición del Congreso y la escogencia del Presidente que suceda a Santos en 2018. Todas sus inquietudes al respecto son genuinas y atendibles y merecen respuesta dentro y fuera de la mesa de negociaciones. Razones de más por las cuales las propias Farc están llamadas a ensanchar y ponerle color más intenso al azul del ‘rotico’ en el cielo habanero al cual hicimos referencia al comenzar. Un decisivo y elocuente gesto en esa dirección sería declarar cuanto antes y con énfasis reconciliador y pacífico la reanudación del cese unilateral de hostilidades considerándolo esta vez como la piedra angular sobre la cual seguir avanzando en la construcción del cese bilateral y definitivo.

Sí señor, se ‘calentó la vaina’, pero esta vez también la sociedad y los mismos actores del conflicto, los que están en armas y los ya desmovilizados están llamados a pronunciarse en el sentido que así como la mesa está servida también los comensales están dispuestos a compartir su lugar en la mesa con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que tras incontables equivocaciones y malos tratos y malos entendidos han renunciado definitivamente a victimizar al prójimo, a excluirlo de las soluciones y a someterlo a la arbitrariedad y la segregación.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [Política Paz Guerra]  
Fecha Publicación: 2015-05-21T16:46:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11
Ni ángeles, ni demonios: políticos negociando

Por Juan Rubbini
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Por favor, no olviden inspirar y espirar cada pocos segundos para no causar problemas sanitarios. Gracias.  


Las Farc siguen sin dar señales concretas, públicas y diáfanas, sobre cómo imaginan dar el salto del monte a la democracia. Me refiero al qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo, y dónde hacerlo. Su silencio al respecto puede tener que ver con una estrategia de negociación pero también cabe la posibilidad de que en su fuero interno nunca hayan considerado seriamente que llegue ese momento. Sea porque no lo consideran conveniente para sus planes revolucionarios, sea porque nunca han creído que verdaderamente el Estado les abra las puertas de la legalidad democrática. Esto no significa que no ambicionen hacer política. De hecho, política han hecho toda la vida. Y lo siguen haciendo, ahora desde La Habana.

La izquierda no necesita de las Farc para hacer política en Colombia. Por el contrario, seguramente las ideas de izquierda tendrían mayor receptividad y eco electoral si no estuvieran las guerrillas de por medio. Las Farc tampoco necesitan de la izquierda democrática para hacer política desde el monte, desde La Habana o desde Caracas. Sencillamente, porque una cosa es la política democrática y otra la política revolucionaria. Y las Farc, igual el Eln, militan por la revolución. Su meta es el poder político, ¿qué duda cabe?, pero no el poder en el contexto de una democracia. Calificar el régimen cubano de sistema democrático suena más a cinismo que a análisis riguroso y serio. Igual podría decirse del régimen chavista. Por nombrar dos modos de regirse políticamente una sociedad que lucen como referentes simbólicos de los afectos y la simpatía de las guerrillas colombianas.

Lo que dio alas y hoja de ruta al comienzo del proceso de paz en La Habana ha sido la necesidad de legitimación que tanto el Estado colombiano como las Farc sostienen como imprescindible para seguir adelante con sus respectivas políticas. Con la consecuencia fáctica que tanto unos como otros estén hoy interesados en mantener vivo el diálogo político tanto como les resulte redituable para sus propios fines. A ambas partes les interesa que se califique sus diálogos políticos, como diálogos de paz. Que lo sean políticos no me cabe la menor duda. Que lo sean de paz esto está por verse. Por sus frutos los conoceréis. Pero si quieren saber mi opinión, la paz es apenas uno de los frutos posibles, pero no el único, ni necesariamente el más importante que se persigue. Harta tinta se ha gastado en endilgarle a las Farc toda clase de perversas intenciones al utilizar los diálogos de paz como instrumentos de una política de guerra. Pero lo mismo podría decirse de las intenciones del Estado. Si lo que está en juego es el poder eso es lo que debería esperarse de ambas partes enfrentadas: que utilicen el diálogo como arma de guerra. Y en todo caso la mentira como instrumento de persuasión del enemigo para que caiga en las propias redes.

Cada semana que pasa es más evidente que ni las Farc negocian porque se sienten derrotadas, ni mucho menos Santos. Y precisamente porque ninguna de las partes se considera derrotada es que ninguna de las partes aceptará someterse a las reglas que pretende imponerle la otra. Ni las Farc aceptarán someterse a la ‘maleza jurídica’ ni Santos aceptará renunciar a la utilización de la ‘maleza jurídica’. Ambas partes saben esto, ambas partes lo sabían desde un comienzo, y si aceptaron sentarse a la mesa de La Habana es porque aun sabiendo que las posiciones son irreconciliables –y no solo en materia de aplicación de justicia- la ganancia política y estratégica de las partes justifica con creces dialogar, dialogar y dialogar. No solo es una decisión éticamente irreprochable sino que también es políticamente correcta. Tan es así la cosa que el impagable costo político de levantarse de la mesa impedirá por mucho tiempo que cualquiera de las partes dé por terminado el diálogo unilateralmente. Así las cosas los diálogos podrían durar más que los cincuenta años de conflicto armado que hasta aquí llevamos echando bala. A partir de La Habana echaremos bala y echaremos lengua, en un coctel explosivo y sin embargo políticamente redituable para ambas partes.

¿Hasta cuándo?

Hasta que una de las partes admita que ha perdido la guerra y alce la bandera blanca no en señal de paz sino en señal de rendición. Y se someta a discutir los términos de la rendición, que no será incondicional, pero casi... un sometimiento que más que al enemigo será ante la realidad incontrastable de los hechos.

Y allí, solo entonces, quien haya ganado la guerra podrá ser todo lo generoso y clemente con el vencido que las circunstancias permitan y el buen sentido recomiende. Pero no antes. Esto parece haberlo entendido en estas últimas semanas antes Uribe que Santos. Y tal como van las cosas va en camino de entenderlo antes Obama que Maduro. Chávez a estas alturas también lo habría entendido, y los Castro hace rato lo entendieron ya.

No es que las Farc y Santos no quieran la paz. La guerra entre el Estado y las guerrillas no es porque ambas partes no quieran la paz. Ni estúpidos que fueran.

Tal vez la única coincidencia entre Santos y las Farc es que ambos quieren derrotar al enemigo. Y no cesarán en el intento hasta haber ganado o perdido la guerra, en un campo de batalla o una mesa de negociación, pero obtener la victoria es la única victoria posible.

Suena a Perogrullo pero es tan sabido y conocido que hasta resulta tonto decirlo:

“La mejor guerra es la que no se hace, pero la peor guerra es la que se pierde.”


Así la veo yo.


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Etiquetas: [Jubileo política transicional justicia transicional]  
Fecha Publicación: 2015-05-12T16:44:00.000-05:00

ASÍ LA VEO YO - Año 11

Que la paz quede bien hecha y signifique para todos un nuevo comienzo

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«Si cierras la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará afuera» (Rabindranath Tagore)


Que la paz quede bien hecha. Que la paz signifique un nuevo comienzo. Que no solo haya justicia transicional sino que también exista una política transicional.

Una transición que no solo habilite pasar de la guerra a la paz sino también de una política de exclusión a una política de inclusión, en particular en los territorios donde se desarrolló el conflicto armado; allí donde la ley de facto fue la coacción violenta del grupo armado predominante, guerrilla o paras.

Una política transicional mediada por la justicia transicional donde los armados ilegales no dejen las armas para ingresar a una cárcel sino que se 'desencarten' de las armas para dedicarse a la política, o si prefieren a la vida civil a secas.

Una política distinta con nuevos actores políticos, provenientes de las guerrillas, de los ‘paras’ o de los militares participantes del conflicto. Con ‘parapolíticos’ a bordo y  también compañeros de ruta que lo fueron de las guerrillas y los 'paras' a cara descubierta o no. Esto exige un rediseño de la justicia pero también nuevas reglas políticas a establecer.

Más cerca de un Jubileo universal que de los tribunales de Nüremberg. Y no solo para beneficiar a los guerrilleros sino también a militares y paramilitares.

Con un régimen político-jurídico de transición más dirigido a levantar vetos  y prohibiciones que a establecer cercos y vallas.  La reconciliación no ha de ser impuesta sino promovida.

La paz no se alcanza adjudicando prebendas a diestra y siniestra ni construyendo ghettos donde se perpetúen resentimiento y discriminación.

Si de refundar el diseño institucional se trata nada mejor que adelantar su definición en el marco deliberativo situado en el umbral del posconflicto.

Si arribados a 2018, Uribe y Santos han creado las condiciones que sucesivamente produjeron sus cuatro periodos presidenciales y determinaron que ‘paras’ primero y guerrillas después hayan cesado definitivamente sus hostilidades y crímenes contra el Estado de derecho y la población civil esto abre perspectivas inéditas e impensadas. Si el Estado ha recuperado a este punto el monopolio de la fuerza bien podrán entonces oficialismo y oposición democráticas allanar el camino para que sean los Vargas, los Montealegre y los Ordoñez, quien lleven las riendas del Ejecutivo y de las mayorías en el Congreso para conducir y aplicar las políticas de transición con el apoyo y la participación también de aquellos que habiendo sido actores del conflicto aspiren ahora a constituirse en factores de paz y reconciliación del tejido político y social.

Esto solo será posible si desde ya comienzan a tenderse los puentes de confianza y a construirse las vías de interlocución, a entretejerse las redes de interacción y los canales de acceso que permitan proponer e interactuar no solo a los negociadores de La Habana, sino también a los antiguos ‘paras’ a paz y salvo con Justicia y Paz, y también los elenos y demás irregulares dispuestos a sumarse a los esfuerzos de paz, reconciliación y justicia social.

Son estas energías disímiles, contradictorias y sujetas de ideologías y perspectivas diferentes y enfrentadas, las que están destinadas a converger y compatibilizarse no solo con las luces y realidades políticas que encarnan Santos y Uribe, sino también y con visión de futuro al calor de las iniciativas de los Vargas, los Montealegre y los Ordoñez, entre otros.

Tanta energía no debe ser dilapidada en proyectos antagónicos ni estimuladores de la continuación del conflicto armado, con toda su sevicia y degradación, sino ponderada y armonizada en síntesis superadoras con la participación de la sociedad. Que no se peque por derecha ni por izquierda, ni por ultrismos de uno y otro signo, sino que seamos capaces de trazar anchos caminos por donde transiten de la mano todos los conjurados por la paz, vengan de donde vengan.

No será un Jubileo universal pero ha de resultar lo más parecido a ello.

Con la bendición del Papa, los Obama y los Castro, ni más faltaba.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [faras bacrim Cauca]  
Fecha Publicación: 2015-04-21T17:15:00.001-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 11

A desgranar la mazorca, a separar la paja del trigo

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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«La esperanza es paradójica. Tener esperanza significa estar listo en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida» (Erich Fromm)


La consecuencia de ‘desescalar’ las hostilidades nunca puede ser la indefensión de las fuerzas militares ni el abandono de los civiles a la ‘ley del monte’. Ni tan ingenuos ni tan cínicos. Así como no se puede estar ‘un poco embarazadas’ tampoco se puede estar ‘un poco en guerra’. O se está en embarazo o no se está. O se está en guerra o no se está. No propiciemos otra masacre del Cauca en cuerpo ajeno.

La tragedia humana en la vereda La Esperanza más que violación del cese unilateral por parte de las antiguas Farc es el bautismo a pura candela de una nueva expresión criminal, los ‘faras’ colombianos.

Así como las bacrim hunden sus raíces en las fuentes de financiación que nutrieron a las autodefensas que enfrentaron a las Farc, las ‘faras’ son la quinta columna engendrada en el seno de las finanzas de las Farc cuyos hilos no se mueven al compás de La Habana sino a pesar de La Habana y no lo dudemos en contra de La Habana.

De nada sirven las explosiones de ira ni las amenazas con ultimátum por parte del Gobierno. No se trata de castigar a los negociadores de las Farc sino de combatir y en todo su alcance y por todos los medios lícitos a las tales ‘faras’ de las cuales el Secretariado más debiera cuidarse que de las fuerzas militares del Estado colombiano.

Los ‘faras’ le han declarado la guerra al Gobierno y a las mismas Farc. No quieren admitirlo los negociadores de las Farc en La Habana porque pretenden utilizar la muerte de soldados colombianos como instrumento de presión para obtener más concesiones políticas y territoriales de parte del Gobierno.

Ni lo uno ni lo otro, ha de ser la consigna. Ni ruptura de las negociaciones, ni ‘desescalamientos’ que no regresarán tras volar por los aires dinamitados por las ‘faras’.

Ya resulta imposible distinguir sobre el terreno de la ilegalidad cuando las Farc son ‘faras’, y cuando las bacrim son reductos de las antiguas autodefensas.

Si las Farc en vez de hacerle el juego a la confusión se distinguen nítidamente de su ala narca podrán obtener reconocimiento político, justicia transicional y un tratamiento benigno en cuestiones penales. Si persisten en mezclar peras y manzanas y en encubrir con su silencio el avance descarado de los ‘faras’ acabarán implosionando y lo peor de todo –para Colombia- abortarán el proceso de paz, lo harán día a día menos viable. Del camino tortuoso pasaremos al callejón sin salida, y del callejón sin salida al final sin remedio, sin concesiones y sin perdón.

No se trata de ponerles plazos a las negociaciones en La Habana, sino de profundizar y acelerar en los temas de la agenda.

No se trata de volver a cesar los bombardeos sino de saber utilizarlos allí donde no exista otra posibilidad de defender con mejores armas a las fuerzas militares leales a la democracia y la constitución.  

No se trata de criminalizar aun más a las Farc sino de separar la paja del trigo, y esto vale para las mismas Farc pero sobre todo para el Gobierno.

La vereda La Esperanza no ha de significar el comienzo del fin del proceso de paz, sino el comienzo del definitivo sinceramiento del proceso de paz. Sinceramiento que exige de las partes someterse a la autocrítica y desnudar sus reales intenciones sin pretender que aquí los culpables de las crisis del proceso están en la oposición de izquierda y de derecha que no tiene ni arte ni parte en los desaguisados que cometen Gobierno y Farc cuando caen y recaen en el pecado favorito del ‘demonio’: la vanidad, la auto-referencialidad, el sobarse el ombligo creyéndose unos y otros los ‘chachos del paseo’.

Puede que más adelante, desmovilizadas las Farc  como ya lo fueron las autodefensas,  encuentre Colombia el modo de incentivar a ‘faras’ y bacrim para que se sometan a la Ley y retornen a la vida en sociedad, pero mientras tanto, a desgranar la mazorca, a separar la paja del trigo, y a echar bala contra quienes echan bala, y a dialogar con quienes alzan bandera blanca y se avienen a conversar.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [Papa Francisco]  [Perdón]  
Fecha Publicación: 2015-04-16T16:54:00.000-05:00

ASÍ LA VEO YO - Año 11

Por sobre las armas, la política. Por sobre la política, la ética.

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“El todo es superior a la parte... siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos” (S. S. Francisco, Exhortación Evangélica Evangelii Gaudium)


La anunciada visita de Su Santidad el Papa Francisco a Colombia puede obrar el milagro de la paz que difícilmente logre la política si se la deja sola. Las armas no son la solución, lo sabemos, pero la política anclada en ideologismos e intereses politiqueros tampoco. Sin embargo, no será la cara del santo la que produzca el milagro –ni siquiera la de Francisco- sino el convencimiento de unos y de otros sobre que no hay solución mejor aunque no resulte para ninguna de las partes la mejor solución.

Lo repetirá de seguro Francisco hasta el hartazgo: no hay otra solución posible que empezar por el final, por el perdón. Y una vez manifestada la voluntad de perdonarse entre el Estado y las Farc, prolongar el perdón hacia los extremos de la derecha y de la izquierda, pasando por todos los centros de poder y todas las periferias del territorio. Hagamos del final del proceso su comienzo, admitamos que no habrá cárcel ni penas privativas de la libertad, para nadie, para absolutamente nadie que haya participado del conflicto armado, por acción, por omisión, directa o indirectamente. Hasta aquí lo más parecido a un Jubileo universal.

Primera  contrapartida de acogerse al perdón universal: no dejar de reconocer y reparar una sola víctima. El ‘paganini’ último de cada reparación económica será un fondo financiado y administrado por el Estado, que será el encargado de distribuir las cargas entre la sociedad entera –con excepción de las víctimas- y todos y cada uno de los victimarios, no necesariamente en dinero. Aquí se aplica aquello “de cada quien según su capacidad a cada quien según su necesidad”.

Segunda contrapartida: no repetición, absolutamente y sin excepción ninguna, no repetición de actos violentos.

Tercera contrapartida: integrar Comisiones de la Verdad con el propósito que fluya una verdad social del conflicto armado, una verdad social no dirigida a estigmatizar sino a sanar, sanar a víctimas y victimarios, sin derivaciones judiciales ni políticas.

Los victimarios tendrán que vivir la experiencia de trabajar codo con codo junto a sus enemigos y sus víctimas de ayer. Trabajar en proyectos que deriven en beneficios tangibles y espirituales para la sociedad. Establecer un postconflicto alimentado solidariamente a modo de socialismo libertario donde los valores de igualdad y libertad puedan crecer y desarrollarse derramando sus frutos no solamente sobre las víctimas, también sobre los victimarios y la sociedad en su conjunto.

La visita del Papa Francisco a Colombia no tiene aún fecha establecida pero podemos situarla, con margen de error no significativo, a un año vista, cuando 2016 esté transitando su primera parte. Digamos que falta un año. Que no nos coja desprevenidos sino con casi toda la tarea hecha. Y esto quiere decir que el perdón tiene que haber avanzado un trecho que resulte irreversible, no como ahora que solo balbuceamos términos como justicia transicional sin saber a ciencia cierta de qué se trata y cómo se aplicaría.

La paz y la reconciliación solo será posible si estamos dispuestos a perdonar y pedir perdón. Y perdonar y pedir perdón no son hechos políticos aunque tengan consecuencias políticas. No son tampoco, perdonar y pedir perdón, patrimonios exclusivos de tal o cual religión. Perdonar y pedir perdón son derechos de la humanidad, no una carga ni obligación.

La tragedia de estos días en el Cauca nos ha hecho padecer como sociedad una regresión hacia las fronteras de la guerra sin cuartel y el escalamiento de las hostilidades. Nada más extemporáneo, nada más ilógico y retardatario que querer regresarnos allá donde nos habíamos jurado no regresar.

Es en este contexto donde la figura del Papa Francisco y la necesidad del perdón adquieren una dimensión gigantesca ofreciendo luces sobre el camino que lleva a la paz y la reconciliación.

Permítaseme una recomendación a los negociadores en La Habana, extensiva a los movimientos políticos y sociales, a los demás actores que son y lo fueron del conflicto: no seamos cómodos espectadores dispuestos a situarnos en el papel mendicante de quienes esperan que Francisco haga por Colombia lo que los colombianos no hemos sabido ni querido hacer por Colombia.

Por el contrario: salgámosle al encuentro al Papa con una propuesta consensuada fundamentada sobre la centralidad y primacía de la voluntad de perdonar y pedir perdón. No solo un perdón que estreche lazos entre víctimas y victimarios, sino también entre victimarios y victimarios, entre víctimas y víctimas.

Tomemos la iniciativa señores y señoras del Gobierno, de la oposición, de las guerrillas, de los paramilitares. No lo esperemos todo del Papa, allanémosle el camino a sus luces sobre la paz y la reconciliación.

Por sobre las armas, la política. Por sobre la política, la ética.

Y por sobre todas las cosas amor, amor del bueno. No hay mejor revolución, que la de vivir en paz, ni mejor gobierno, que el que siembra solidaridad y reconciliación.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [Obama Aronson Che Guevara]  
Fecha Publicación: 2015-02-26T14:41:00.000-05:00

ASÍ LA VEO YO - Año 10

Algo cambió en un proceso que comenzó con Hugo Chávez y ¿concluye? con Bernie Aronson

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“En una revolución se triunfa o se muere, si ésta es verdadera” (Ernesto ‘Che’ Guevara)

Los comandantes de las Farc habrán pensado y repensado durante los meses recientes la frase del ‘Che’ no sin padecer ante tal crudo realismo largas noches de insomnio y ser sometidos por su conciencia revolucionaria a tertulias interminables. Es que negociar en las condiciones que Santos les propone –las únicas que Colombia y el mundo tolerarían- hace conscientes a las Farc que su revolución no triunfó ni triunfará jamás. Y si llegaron a este punto, paradójica e inevitablemente, es porque los comandantes en La Habana, y en el monte, están vivos. Ni derrotados ni victoriosos, pero vivos que es lo que de veras cuenta a la hora de examinar sus conciencias y decidir su futuro.

A la propuesta de Gaviria (ambiciosa y oportuna, equitativa y justa, y que tal vez por su misma compleja conjunción de sensatez y utopía luce impracticable) le siguió la designación de Bernie Aronson como enviado especial del presidente Obama a la mesa de negociación de La Habana. Si las Farc no dan puntada sin hilo, qué no hacen los EEUU cuando de sus intereses se trata. Y si de los intereses de los EEUU se trata la clave está en la nueva situación geopolítica del Caribe y del continente americano inaugurada con la muerte de Chávez.

Algo va de un proceso de paz comenzado a gestar –allá por 2010- por el impulso (y el interés de Chávez) a un proceso que ahora (2015) sin Chávez (y con los Castro negociando con EEUU) recibe el espaldarazo de Obama, a través de Aronson, partícipe de los procesos de paz en Centroamérica pero también notorio hombre de relaciones públicas de los inversionistas norteamericanos en esta parte del mundo. Las Farc no pueden sino recibir con beneplácito (más por alivio que por auténtica alegría) la designación de Aronson (pensando ellas en sus pedidos de extradición, y también en ‘Simón Trinidad’). Dan por sentado que con los EEUU por los laditos de la mesa y públicamente involucrados en el proceso de paz recibirán de EEUU las garantías que exigen para soltar las armas.

Aquél es un modo de ver la cuestión.

Pero también puede verse en la decisión de Obama un modo de condicionar a Cuba para que haga lobby con las Farc y las haga jugar (a las Farc) el partido que los EEUU quieren que jueguen (tomando distancia de lo que estén pensando Maduro y los chavistas hacer para sostenerse en el poder en Venezuela).

Con los EEUU metidos de lleno en el proceso de paz el riesgo de las Farc de ser ‘negociadas’ por Cuba es mayor que nunca antes (como todo país, más que amigos lo que Cuba tiene son intereses). Cuba podrá recordarles sin ruborizarse a las Farc la frase del ‘Che’ con la que comenzamos este escrito y agregar: “Para mal de la revolución ustedes no han triunfado, pero para bien de ustedes y de todos no han muerto en el intento. Lo mejor entonces, es decirle adiós a las armas, desde ahora y para siempre, no se arrepentirán. Fidel, Raúl y Cuba se lo agradecen."

El objetivo a corto plazo de Obama –de cara a las presidenciales del año próximo- es acabar con el ‘chavismo dictatorial’ en Venezuela, obtener garantías democráticas para la oposición venezolana y que Cuba le suelte la mano al ‘régimen de Maduro’, para entonces sí restablecer relaciones plenas y provechosas con la isla y también con Venezuela. Con las Farc el interés de Obama es que acuerden su desmovilización con Santos recibiendo de los EEUU todo lo que EEUU esté en condiciones de ofrecerles. Que no es poco. La clave aquí estará en la frase final: “por única y última vez se lo decimos, señores de las Farc: o lo toman o lo dejan pero ya, sin dilaciones” y las palabras infaltables: “no reincidencia, no repetición, conducta impecable.”

El dilema para las Farc es que sin Chávez naufragó el proyecto estratégico que las habría enfrentado irremisiblemente y hasta las últimas consecuencias con EEUU, y que con un acuerdo con EEUU en La Habana cortarán de un tajo el ‘nudo gordiano’ de sus cuentas pendientes por narcotráfico y terrorismo, pero ya no estarían en condiciones de alentar (mucho menos apoyar con sus armas y combatientes) una dictadura en Venezuela como la que Maduro está pretendiendo instaurar. Les toca decidir entre EEUU y Cuba, por un lado, o Venezuela y la Revolución, por otro. Así de sencillo, así de difícil.

En la nueva coyuntura internacional que en parte está en acto y en parte se está aún gestando a las Farc se le van recortando notablemente sus posibilidades de volverse atrás, y su destino parece estar marcado: o se desmovilizan los que quieran seguir adelante con el proceso de paz o se vuelven ‘bandas criminales’ sin ningún reconocimiento político – nacional e internacional- quienes quieran seguir con el ‘cuentico’ de la revolución.

Teniendo en consideración la situación presente y los dos hechos más notables de las últimas semanas: a) Propuesta de Gaviria y b) designación de Aronson, los postulados a Justicia y Paz (que los hay de las ex autodefensas pero también de las guerrillas, incluso de las Farc) deberán aprovechar esta coyuntura, histórica, inédita y tal vez irrepetible, para concluir de la mejor manera y cuanto antes sus procesos en Justicia y Paz, obtener las condenas y la libertad.

En el peor de los casos y por más que el proceso de La Habana no llegue a ningún Pereira, siempre habrá una cierta cantidad de ex comandantes Farc dispuestos a no volver al monte, y que como hicieron quienes se desmovilizaron en Ralito y otros sitios del país, sigan adelante hasta firmar los acuerdos avalados por Colombia, EEUU y la Comunidad Internacional asumiendo ante sus conciencias y ante la Historia que su adiós a las armas es definitivo y nunca más reincidirán en el uso de la violencia. En esto (hay que reconocerlo) una década atrás Mancuso y los suyos fueron pioneros, se la jugaron por la opción correcta, aun a costa de cárcel y extradición, y hoy pueden ‘decirle al oído’ a las Farc: “si la guerra nos puso en bandos enfrentados, la oportunidad de la paz nos pone a todos a jalar para el lado que es, el de la reconciliación. Apostemos por la Paz. Hagamos las Paces. Colombia nos necesita libres, desarmados y luchando por nuestros ideales, sin claudicaciones pero sin violencia.”

La propuesta de Gaviria y la designación de Aronson abren un panorama impensado e impensable hasta semanas atrás. Claro que nunca es de buen augurio ‘ensillar las bestias antes de traerlas’. Sin embargo, y esto también hay que decirlo: los signos de los tiempos preanuncian un favorable realineamiento de los astros en dirección de la paz.

Quién nos quita la íntima esperanza –y el pleno derecho- de estar en Colombia y en toda el área americana ad portas de tiempos fundacionales, no solamente inmersos en una época de cambios, sino asistiendo y participando –Dios lo quiera así- de un cambio epocal.

Como acertó Obama: “En las Américas somos todos americanos.”

Como predijo Perón: “El 2000 nos encontrará unidos o dominados.”


Así la veo yo.


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Etiquetas: [César Gaviria La Habana Ralito Justicia Transicional]  
Fecha Publicación: 2015-02-19T16:38:00.000-05:00

ASÍ LA VEO YO - Año 10

‘Ciertamente’ no se equivoca, que no se equivoque Colombia

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“No pienso detenerme ante un obstáculo porque entonces pierdo el camino hacia el que me dirijo.”
(Daniela Rivera Zacarías, El poder de las palabras)


La Propuesta de Gaviria dio en el blanco. Acertó en el ‘Punto G’ del proceso de paz. En su parte más sensible.

Quiera Dios que algo bueno se concrete de tan oportuna iniciativa. Pero atención, la propuesta a poco de andar podría volverse impracticable al ser tantas y tan filosas las aristas del asunto que dejar satisfecho a todo el mundo y resolver el problema judicial de un universo tan vasto y variopinto luce a priori imposible de lograr.

Una de dos, Gaviria vio en el horizonte –o debajo de la alfombra- algo que Santos no acertaba a vislumbrar o detectar, o ambos están de acuerdo desde bastante tiempo atrás y solo ahora comparten que el momento es ya, porque mañana es tarde. Si Santos está de acuerdo habremos ganado un tiempo valioso, pero aun así a correr, que camarón que se duerme lo lleva la corriente.

Si lograr los acuerdos políticos con la oposición de Uribe no será sencillo, y ‘vender la idea’ a los grupos de presión de los DDHH necesitará cintura y paciencia, trabajarle al marco jurídico será de titanes, porque no se trata solo de conciliar internamente sino de no salirse del bloque de constitucionalidad que nos vincula con el mundo. O en todo caso, si se transita por sus bordes no correr el riesgo de despeñarse.

Lo que prima facie sorprende es que las Farc se hayan mostrado dispuestas a coincidir con la propuesta de Gaviria, lo que da al traste con sus ínfulas ‘autorreferenciales’ de hasta hace muy poco tiempo atrás. Rememeber Oslo 2012, por ejemplo. No solo se mostraban decididas las Farc a imponer su solución a todo el mundo, sino que para sus enemigos ‘paras’ y el Estado ‘criminal’ no habría otra solución que cárcel y exclusión.

El gran mérito de la propuesta de Gaviria es que ubica el proceso de La Habana en un contexto mayor, notablemente más amplio y abarcador, donde las Farc no son ya el ‘ombligo del mundo’ ni el único nudo a desatar, sino apenas una de las manifestaciones prominentes del fenómeno histórico conocido como ‘conflicto armado colombiano’ donde interactúan y confluyen no solamente diversos actores sino múltiples intereses y en consecuencia una gran variedad de implicados, judicialmente llamados a declarar y políticamente obligados a responder.

Colombia, está claro, no puede quedar como paria del mundo sembrando amnistías e indultos a diestra y siniestra. Sería un antecedente que la CPI no podría permitirse tolerar. Esto no resistiría el cuestionamiento internacional.

Sin embargo, el solo hecho que César Gaviria esté poniendo de relieve el ‘almendrón’ del conflicto armado y su solución política y judicial significa que semejante bulto de anzuelos ocasiona a estas alturas un enredo de tamaña magnitud que, o se sinceran las cosas y se ponen todas las cartas sobre la mesa o apague y vámonos de La Habana.

Si Santos ha metido su cabeza en algo por donde su cuerpo no puede avanzar, el problema político se vuelve inmanejable frente al uribismo que no da el brazo a torcer y, por el contrario, siente que va ganando la pulseada. Es cierto que las encuestas reflejan en estos días una mayor adhesión por la solución negociada que por la salida militar, pero también esas mismas encuestas comienzan a comprar mayoritariamente el argumento de los Uribe y los Ordoñez: paz sí, solución negociada sí, pero sin impunidad, con condenas y penas alternativas si cabe, pero siempre y en todo caso sin negociar la agenda del País solamente con las Farc.

Cuando Santos aseguraba que la negociación sería de meses y no de años, intuía que si el proceso se pasaba de su ‘cuarto de hora’ y demoraba en el horno saldría chamuscado, imposible  de masticar y digerir; imposible entonces de ‘vender’.

La paradoja de todo esto es que Justicia y Paz emerge ahora como lo que siempre ha sido y no se ha querido reconocer, ni en Casa de Gobierno ni en La Habana: el hito fundacional en Colombia de la Justicia Transicional y como tal comenzará a ser valorado en su justa medida aun por quienes denostaron de él y jamás pensaron que todo el lodo echado sobre Justicia y Paz ahora comenzaría a dificultarles el caminado también a ellos. No olvidemos que Justicia y Paz terminó siendo aceptada por la Comunidad Internacional y la misma CPI, no como la panacea pero seguramente sí como un bien tolerable y aceptable si de avanzar hacia la Paz de Colombia se trataba.

Las Farc, conscientes del riesgo que empiezan a correr han salido a aplaudir la propuesta de César Gaviria, cosa que no habrían hecho jamás apenas un poco de tiempo atrás cuando pensaban que tenían todavía la sartén por el mango. Ahora ven que si no hay solución política y judicial para todos no la habrá tampoco para ellos, y que si el paz y salvo no es para todos, tampoco ellos lo obtendrán.

E incluso así, una propuesta como la de Gaviria es casi un imposible que termine satisfaciendo a todo el mundo, pero mientras las Farc obtendrán mucho menos que lo que pretendían, los demás actores y sus ‘colaboradores’ obtendrán algo en su favor que sin las Farc de por medio tampoco obtendrían. Como dice el refrán “Definitivamente, nadie sabe para quién trabaja”.  

Maldita la gracia que les hará a las Farc tener que sumarse a iniciativas como la de Gaviria o similares que abundarán de aquí en adelante, por la necesidad de salvar algo de su ‘lista de mercado’ inicial.

En esta coyuntura sumamente complicada que amenazaba encallar en un callejón sin salida es una bendición que Justicia y Paz haya seguido en pie, que a partir de hace diez años atrás la Justicia Transicional haya desembarcado y echado a andar en el país y que con la inminente libertad de los ex comandantes y mandos medios ‘paras’ lo que quedó mal hecho en Ralito se pueda recomponer y poner al servicio de los acuerdos específicos de paz que en La Habana se están adelantando con las Farc. No olvidemos que tras los acuerdos que pongan fin al conflicto con las Farc nada impedirá que farianos y autodefensas puedan unir sus esfuerzos con el Estado y el País entero en pos de implementar sobre el territorio nacional –sin excepciones ni exclusiones- la construcción de la paz.

El proceso de Ralito es un proceso inconcluso, no un proceso roto, y la voluntad de llevarlo a buen puerto permanece intacta, en el corazón de quienes fueron sus artífices, y hoy están en las cárceles o en la oposición democrática. Ojalá que pese a todos los obstáculos el proceso de La Habana logre sus propósitos y que no tengan las Farc y sus víctimas que pasar por el via crucis que han pasado las autodefensas y sus víctimas, en todo caso siempre será mejor que reciban penas alternativas y no prisión, entre otras cosas porque la prisión tras un conflicto armado huele a ley de talión, a venganza, y poco y nada ayuda a la resocialización, la reconciliación.

César Gaviria no se equivoca en su Propuesta, pero sí sería un tremendo error que Colombia no entendiera y por no entender no apoyara que la iniciativa de César Gaviria tomase cuerpo, se materializara y recorriese todo el camino que ha de recorrer si queremos realmente llegar al final del trayecto que desde la guerra nos conduce a la paz.

Bienvenidos al futuro, y si es de paz, es el único futuro que lo merece todo, de todos.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [Uribe Santos Ordoñez]  
Fecha Publicación: 2015-02-05T15:30:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 10

Para el lado de la paz

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“Nuestra guerra más prolongada, la guerra de los Cien Años, no ha sido más que una disputa judicial, intercalada con episodios de armas.”
Paul Claudel




El ‘caso Uribe’ ha vuelto a calentarse y estar en el ojo del huracán, por la detención de María del Pilar Hurtado, obvio, y también por aquello de la ‘masacre del Aro’ en sus tiempos de Gobernador de Antioquia; también más indirectamente por el caso ‘hacker’ en la campaña de Zuluaga. Son dardos al corazón de Uribe y del Centro Democrático. Fácil asociar que las razones judiciales ‘estén contaminadas’ de razones políticas. Uribe ha sido no solo el enemigo público N° 1 de las Farc sino también el mayor opositor de Santos y de su ‘proceso de paz’. Además, Uribe no solo es un senador de la República, sino jefe de un partido político, el Centro Democrático, que le ha ganado la primera vuelta presidencial a Santos, y en la segunda vuelta cosechó siete millones de votos, muy cerca de la mitad del total de votos.

Santos, para concluir con éxito su proceso con las Farc requiere ‘asociarse’ con Uribe o liquidarlo políticamente. Y en el segundo caso que Uribe y el Centro Democrático dejen de suscitar apoyo popular masivo, además que sus tesis sobre el terrorismo y conflicto armado no hagan eco en la Comunidad internacional, en particular en el interior de la CPI. Ni digamos ya sobre la derecha del Partido Demócrata y los Republicanos muy cercanos a las posiciones de Uribe, así como el Procurador Ordoñez y su creciente influencia ‘política’ sobre la derecha colombiana y el Partido Conservador.

La consigna de Santos parece ser, o hundir a Uribe, o acercarlo al proceso de paz. Y para hundir a Uribe nada mejor que lograr ‘sin mover un dedo’ que la Justicia lo condene, sea por el asunto del DAS y las ‘chuzadas’, sea por ‘la masacre del Aro’, o algo relacionado con el ‘paramilitarismo’ o la campaña de Zuluaga.

Si Uribe está en graves problemas con lo anterior, también Santos corre el riesgo de perder liderazgo sobre los colombianos por su ‘ensañamiento’ con Uribe. Buena porción de la izquierda y todo el antiuribismo visceral son parte de la cruzada de Santos contra Uribe, pero hay todo un caudal político y un margen de ciudadanos muy amplio que desde la derecha llega a los umbrales del centro y se solidariza con Uribe no tanto porque éste tenga toda la razón y no se haya equivocado nunca, sino por un sentimiento de compasión (¿se dice así?) hacia quien observa perseguido hasta extremos poco justos. Y poco sensatos, agrego yo. Además, el abrumador peso mayoritario de los ‘antifarc’ aunque no se identifique con Uribe, si lo ponen a escoger entre Farc y Uribe, escoge a Uribe. Por esto digo que la maniobra de Santos es delicada, de destino incierto y le puede costar más dolores de cabeza que ganancias en términos políticos.

En el medio de esta controversia, la figura del Procurador Ordoñez ha ido creciendo, y este personaje, sin salir a defender a Uribe, ha entrado a influir cada vez más sobre la opinión con sus críticas al modo como Santos está conduciendo el proceso con las Farc, ubicándose muy cerca de las posiciones de Uribe, aunque haciéndolo con independencia del ex presidente y mostrándose abierto al diálogo con Santos para discutir con el actual presidente sus puntos de vista. Esto sucederá hacia mediados de febrero. Así que si Santos ha enfrentado hasta aquí a un solo peso pesado, Uribe, a partir de ahora, tendrá otro contrincante, que como el Procurador, nadie descarta podría lanzarse al ruedo presidencial en la campaña de 2018.

Llegados a este punto lo que quiero mencionar sobre el impacto en Justicia y Paz de la coyuntura actual es que la presión para obtener desde los postulados pronunciamientos y denuncias sobre Uribe se va a ir incrementando en la medida que el ‘caso Hurtado’ y el caso ‘el Aro’ arroje leña al fuego donde se pretende ‘asar’ al expresidente y llevarlo a la cárcel. Porque el primer caso cuestiona su presidencia, pero lo del Aro cuestiona su gobernación, así que toda la vida política de Uribe –como gobernante- se intenta una vez más judicializar.

Desafortunada coincidencia ésta de pretender, por un lado, unir todo el país detrás del consenso hacia el proceso de paz con las Farc y sus condiciones de legitimidad y viabilidad, y por otro y al mismo tiempo, desatar la ‘persecución’ a Uribe y al Centro Democrático.

No olvidemos que también Uribe, en su momento, pretendió hacer coincidir la negociación política con las Autodefensas con su agresividad verbal contra la izquierda democrática y la ofensiva contra las guerrillas, y todo ello en el medio del debate por sus veleidades reeleccionistas. Uribe entonces y Santos ahora repiten la historia y el imperdonable error de pretender hacer la paz con unos al tiempo de la mayor tensión y enemistad con los otros. Olvidando ambos que si la paz es el camino, no puede simultáneamente predicarse las bondades del diálogo por una parte y por otra lanzar misiles, convirtiendo la siembra de paz en un campo minado.

Ad portas de su libertad y al cabo de un largo periplo judicial los postulados de Justicia y Paz viven a esta hora las angustias de haber quedado en medio del fuego cruzado de quienes pretenden castigarlos de por vida y en cuerpo ajeno por no poder cobrársela a Uribe, y quienes acarician sueños de venganza en contra de ellos por haber dicho más verdades sobre lo criminal de la guerra y sus vericuetos en sus ocho años de proceso que en toda la entera historia del conflicto armado.

Para comenzar a revertir lo mal andado y comenzar a quitar las castañas del fuego bien haría el Presidente (y también el Fiscal) en no quedar envuelto entre la turba que pretende arrasar con Uribe, con todo su legado –incluido Justicia y Paz- y todo lo que huela a Centro Democrático. Y bien haría el ex presidente en aceptar la invitación de dialogar en Palacio, no para someterse a proyectos que no comparte sino para lanzar al país, al mundo y también a las Farc una señal poderosa, crucial en las actuales circunstancias: ningún sacrificio político se dejará de hacer en aras de conseguir la paz. Hace falta grandeza y no solo grandeza, también humildad. ¿Las tendrá Uribe? ¿Las sabrá valorar Santos? ¿Obrarán en consecuencia las Farc?

Entonces, sólo entonces, el camino hacia la paz lucirá despejado. Nada será sencillo. Pero al menos, jalaremos todos para el mismo lado, el lado de la paz.


Así la veo yo.


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Etiquetas: [altruismo egoísmo justicia]  
Fecha Publicación: 2015-01-30T13:17:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 10

No es lo mismo diálogo que monólogo entre dos

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“De Amós a Ezequiel, de Isaías a Jeremías, la convocatoria profética en la tradición judía ha sido siempre un llamado a vivir en el marco de la ley. La ley, enseñan los profetas, exige combatir la corrupción, considerar al prójimo, concebir como propios los ideales de quienes aspiran a convivir con equidad y respeto recíproco. La ley, enseñan los profetas, exige enfrentarse al delito, apartarse del desenfreno que implica la riqueza mal habida. La ley, tal como la entendieron los profetas, concibe la política como indeclinable ejercicio de responsabilidad cívica y al poder como un atributo sujeto a la ley. La ley recuerda sin cesar, en boca de los profetas, que ella solo existe si no se convierte en un recurso a disposición de las ambiciones sin límite de quienes gobiernan.”
Santiago Kovadloff, En el último adiós al fiscal Nisman



Dividir a los colombianos entre amigos y enemigos de la paz no solo es un error político, es también una colosal estupidez. Y de ñapa, una mentira.

Para llegar a la paz hay que abrir el diálogo, no entre dos partes, ni tres o cuatro. Dialogar entre todos los involucrados, todas las víctimas, todos los victimarios, todos los dolientes.

El diálogo no dará frutos de paz si se utiliza para estigmatizar a los que piensan distinto, tampoco si está al exclusivo servicio de posiciones ideológicas y políticas, mucho menos si se convierte en una mesa de póquer donde la simulación reina y el cañazo gobierna.

Mucho se habla del ‘conflicto armado’ pero ¿acaso alguien lo ha definido con precisión, lo ha contextualizado con objetividad, lo ha puesto blanco sobre negro en cuanto a sus actores, principales y secundarios, conexos y cómplices, sus promotores, sus beneficiarios, sus simpatizantes?

Seguimos aguardando el juez imparcial, probo e incorruptible, -por sobre todo justo- que nos ilustre a los ciudadanos, a tirios y troyanos, sobre las causas objetivas y subjetivas del conflicto armado, sobre el uso y abuso que se le da al altruismo y los ideales cuando se los pone al servicio de la violencia y el crimen, cuando la razón que debiera iluminar los entendimientos y pacificar las voluntades convierte a los humanos en monstruos que se devoran entre sí obnubilados por el poder, o alienados por no tenerlo. Los crímenes por políticos que sean, no dejan por ello de ser crímenes, recordémoslo, incluso los crímenes de Estado, finalmente crímenes son, sobre los cuales no cabe ensayar vanas justificaciones, mucho menos apologías a diestra y siniestra.

Ningún criminal, político o no político, merece eludir el recto juicio de la justicia. Dicho esto, Colombia merece, su población merece, vivir en paz y en justicia, social y de la otra. Condenas sí caben para el delincuente, político o no político. Sin embargo, si la solución política pronta y definitiva del conflicto armado así lo exige, las penas alternativas a la prisión también caben, y son bienvenidas no como el supremo bien, está claro, sino como el mal menor, como el precio que la sociedad acepta pagar por culpas propias y ajenas, por errores y omisiones, de los que solo muy pocos están exentos en 50 años de guerra.

Ni las Farc ni el presidente de Colombia pueden ni deben darse el lujo de excluir el aporte que terceros, desde dentro y desde fuera del conflicto armado, estén dispuestos a hacerle a la construcción de la paz y la reconciliación. No solo todos deben ser invitados sino todos deben participar, no se trata solo de derechos sino fundamentalmente de obligaciones para con la república y su democracia. El ámbito para diseñar y construir la paz es toda la nación y todo el pueblo. No tiene ninguna lógica ni cabe en ninguna cabeza que por un lado se acuerde entre las Farc y el Gobierno la repartición de áreas geográficas y ámbitos de poder, y por el otro se someta al resto de la población al dilema de aceptar a la brava lo acordado o inaugurar nuevas rebeldías y violencias.

Si pretendemos con manipulaciones y sesgos torcer el pescuezo de quienes piensan distinto y planteamos equivocadamente el camino hacia la paz no habrá premios nobel que nos consuelen como nación de habernos rendido ante las exigencias de lo fatuo, lo banal y apenas formal sin consultar lo más ancho y profundo del sentimiento nacional que no renuncia a su dignidad por conveniencia y comodidad, ni se somete ante los criminales, porten estos banderas revolucionarias o encarnen ‘dignidades’ del Estado, orgánicas o ‘paralelas’.

En vez de insistir con la falacia de ver altruismo y sensibilidad social allí donde prima el egoísmo y la hipocresía, y en vez de hacer de la paz una ilusión que aceita las autopistas del poder, no estaría de más que le pusiéramos un ‘tatequieto’ unilateral e indefinido a quienes lo justifican todo con tal de montarse sobre el sitial de mando, para una vez instalados allí pontificar sobre lo divino y lo humano, condenándonos a vivir y padecer sus extenuantes monólogos y sus ofensivos silencios, cuando no sus flagrantes contradicciones, cabalgando sobre nuestras espaldas y azotando nuestros costados exhaustos de tanta palabra hueca, mesianismo y frivolidad.

“Al que le quepa el sayo, que se lo ponga”.


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Etiquetas: [derechos políticos reparación verdad cese multilateral]  
Fecha Publicación: 2015-01-15T14:28:00.000-05:00
ASÍ LA VEO YO - Año 10

Bienvenido el unilateral de las Farc pero, sin cese multilateral, la Paz nada que llega

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia... Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar”
S.S. Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium



La muerte de Chávez, el desplome inexorable de Maduro, la agonía in extremis de la economía venezolana, las deserciones incesantes de los combatientes farianos, la primavera habanera que anticipa los acuerdos sucesivos y progresivos que llegarán a no dudarlo entre EEUU y Cuba, la condena mundial del terrorismo tras la masacre de París, son todos puñales –no los únicos-  que están haciendo mella en el espíritu combativo de las Farc. La suerte está echada, ni sus negociadores de posiciones más irreductibles podrán ocultarlo por demasiado tiempo más.

Sin embargo, no es momento de endurecerse ante las Farc, ni en el terreno militar ni en los acuerdos que faltan de la negociación. Condenas sí, serán inevitables, pero las penas deberán ser suaves, muy suaves, todo lo suaves que Colombia permita y el mundo tolere. El campo abierto a sus aspiraciones de participar en política ha de ser total, amplio y sujeto a iguales normas que todo el arco político ya en ejercicio. Incluso, la circunscripción electoral para ex combatientes desmovilizados ha de cobijar con favorabilidad no solo a quienes pelearon por derecha, sino a todos quienes lo hicieron por izquierda, con la única condición que no reincidan en la violencia.

Llegó el momento del cese multilateral de fuego, no solo entre las Farc y el Estado, sino del Eln y los residuos de las autodefensas y otras guerrillas, incluso de las bacrim organizadas exclusivamente en los linderos del crimen organizado. Aunque podamos suponer que no todos responderán afirmativamente al llamado al cese de fuego y hostilidades, todos sin excepción deben ser invitados e involucrados. Para todos ellos una solución aunque no fuese para todos la misma solución.

En tres asuntos sí no puede ni debe existir ‘tu tía’ ni discriminación: en la obligación de reparar a las víctimas, en el compromiso con la verdad histórica y en la recuperación plena y sin cortapisas de los derechos políticos. Hay también unos pocos pies de página: mientras la reparación ha de ser colectiva, del grupo victimario a sus víctimas, mientras el compromiso con la verdad histórica es de cada grupo e individual a la vez, la recuperación de los derechos políticos ha de ser individual, como la cédula de identidad. Esto porque en la guerra la responsabilidad hacia las víctimas y el compromiso con la verdad ha de ser fundamentalmente colectiva, incluso del Estado, pero los derechos civiles y políticos dentro del universo de los derechos humanos se corporiza de modo intransferible en la persona humana, en su libre conciencia y determinación.

El cese unilateral de las Farc es bienvenido y se agradece pero no tiene viabilidad en el tiempo y hasta podría resultar contraproducente si no va acompañado de un cese multilateral de fuego y hostilidades. El cese bilateral de las Farc con el Estado no solo sería insuficiente sino que además de someter al Estado constitucional a la renuncia de sus obligaciones en derecho, sumiría a Colombia en el fuego cruzado de todas las violencias supérstites procurando adueñarse de los espacios vacíos y el reclutamiento de los ya desmovilizados.

Acabaríamos un conflicto para iniciar otro, la paz 'no daría un brinco'.


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