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Fecha Publicación: 2013-06-29T16:41:00.000-07:00

Los operadores en los mercados están con los nervios alterados.  La decisión de la Reserva Federal de iniciar la discusión sobre cómo salir de este enorme experimento de política monetaria -reducir las tasas a cero y aumentar sin precedentes la cantidad de dinero- ha provocado semanas de intensa volatilidad.  Lo cierto es que la reacción de los mercados ha sido confusa. En realidad, tan confusa como las indicaciones de la propia Reserva Federal.  Por ello, luego de la comunicación oficial de la Reserva Federal anunciando que el inicio del retiro del impulso monetario extraordinario estaba cerca, dos Presidentes de la Reserva Federal (Saint Louis y Minneapolis) señalaron que estaban en desacuerdo con lo anunciado. Los términos en que ambos se pronunciaron mostraban un claro desacuerdo con lo señalado por el comunicado oficial y reclamaban mayor claridad para evitar esta confusión que ha agobiado a los mercados.
Cabe preguntarse qué fue lo que realmente quiso hacer el jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke, con sus declaraciones. Una de las posibilidades es que quiso empezar a mitigar el riesgo más importante que se ha generado a partir de este experimento monetario: una nueva burbuja financiera. Si uno mira los indicadores bursátiles americanos previo a las declaraciones de Bernanke, éstos ya habían superado los niveles previos a la crisis a pesar de que la economía aún seguía frágil, señal que la plata abundante no tenía donde estacionarse. Lo mismo se puede decir con respecto al precio de las viviendas. El ritmo de crecimiento de los precios ya está en dos dígitos, muy cerca a los niveles máximos que se observaron en el 2004-2005. Además, donde más subieron los precios de las viviendas es  en los estados donde los compradores lo hicieron pensando en invertir en bienes raíces. Este comportamiento de un par de activos financieros es muy distinto a lo que se observa en los mercados de bienes. La inflación no sobrepasa el 1 por ciento, y la producción industrial ha venido desacelerando su ritmo de crecimiento a niveles cercanos a los de una nueva recesión. Esta recuperación es de lejos la más lenta de todas luego de una recesión en EEUU. Lo cual ratifica que este impulso monetario ha sido ineficiente en generar una rápida y sólida reactivación.
En la mente del jefe de la Reserva Federal uno podría pensar que había el temor a que esta disparidad en el comportamiento se acentuara aún más, y una de las lecciones de la crisis es que es mejor romper las burbujas cuando están naciendo.
No me convence la otra explicación que señala que Bernanke dijo lo que dijo porque la economía norteamericana ya mostró suficientes señales de estar creciendo de manera sostenida. Los números aún son mixtos, y muchas de las mejores cifras están sesgadas por el efecto de los esteroides del impulso monetario. La riqueza de las familias mejoró mucho más que su gasto, y el gasto es lo que importa.
Es claro para todos los analistas del mercado que la FED tardará alrededor de un par de años para empezar a subir sus tasas de interés. Sin embargo, es claro que el mercado ya asumió que el período de tasas super bajas empezó a terminarse. El panorama será más claro cuando las tasas de crecimiento sean más altas en cada trimestre y la inflación empiece a mostrar la cabeza. Mientras tanto, ajústese el cinturón que turbulencia es lo que viene.

Publicado en El Comercio Junio 29, 2013

Fecha Publicación: 2013-06-15T05:37:00.004-07:00

Los banqueros centrales de los países desarrollados han utilizado todo lo que tenían en la caja de herramientas en su esfuerzo por reactivar la economía global y asi evitar caer en un escenario de depresión económica similar a la de fines de los años 20. Uno mira los balances de los bancos centrales y simplemente el impulso monetario ha sido masivo. No obstante ello, ninguno de esos banqueros centrales puede decir que la tarea está hecha. Hoy, la inflación de los países del G-7 es menos de 1 por ciento y con una tendencia declinante. Por el lado de la actividad económica, siguen apareciendo nuevas revisiones a la baja de las expectativas de crecimiento de dichas economías en lugar de señales claras que el problema ha sido resuelto. Como lo ha mostrado recientemente Japón la receta de salida sigue siendo apostar por echar más dinero a la economía.
Los mecanismos bajo los cuales debería operar satisfactoriamente este impulso monetario sin precedentes son a través del consumo, de la inversión, y del propio sistema financiero. La idea en simple es que si el Banco Central se las ingenia para bajar las tasas de financiamiento de las decisiones de consumo e inversión, ambas variables deberían repuntar y sacar a la economía de la recesión. Para esto, en tiempos normales basta reducir la tasa de referencia de corto plazo de los bancos centrales. En tiempos complicados como éstos ha sido necesario aplicar lo que se llama la expansión cuantitativa que apunta directamente a reducir las tasas de largo plazo. Y después de casi 3 trillones de dólares de expansión monetaria en EEUU, el consumo y la inversión han respondido sólo moderadamente. 
El otro mecanismo que debería ayudar en este proceso es el que opera a través del sistema financiero. Los bancos centrales han inyectado directamente en los bancos una cantidad impresionante de dinero con la esperanza de que éstos movilicen dichos recursos adicionales a tasas más baratas y de esta manera se reactiven los proyectos de inversión y no se suspendan las decisiones de consumo. El problema es que los bancos pueden optar por no prestar los fondos extra que reciben porque en su evaluación no hay buenos clientes. Esta percepción puede ser el producto de la crisis financiera misma que los ha hecho ser más reticentes a tomar riesgo. Asimismo, los propios clientes potenciales pueden ver que a pesar de que existan señales que muestran mejoras en su riqueza, como el aumento en el precio de sus propiedades, o un alza en la bolsa de valores, la falta de dinamismo del mercado laboral puede ser suficiente para enterrar su entusiasmo por endeudarse otra vez. Especialmente, si es que dicho consumidor o empresa viene cinco años en un proceso de desapalancamiento, es decir, de reducir su excesivo nivel de deuda.
El problema es que el mercado bancario norteamericano toma el impulso monetario y se lo devuelve al Banco Central en casi su totalidad. Hoy, la proporción de activos utilizados para otorgar crédito en los bancos comerciales está en su nivel mínimo de los últimos 40 años. Es clave entender las razones por las cuales estos mecanismos no están funcionando si es que realmente se quiere sacar a la economía de la recesión luego de 5 largos años, sino tendremos 5 años más de una lenta recuperación.

Publicado en El Comercio, Junio 15, 2013

Fecha Publicación: 2013-05-18T08:22:00.001-07:00

Hay pocas cosas más odiosas que pagar impuestos pero son la herramienta principal para que los gobiernos tengan recursos. Un reciente libro del Banco Interamericano de Desarrollo, editado por Ana Corbacho, Vicente Fretes y Eduardo Lora, explora la política impositiva de los países de la región. Lo interesante de este libro es que lejos de sólo preocuparse por si los impuestos que tenemos rinden o no lo que corresponde, parten de la premisa que los impuestos pueden ser utilizados como una herramienta en las políticas de desarrollo de nuestros países.
Empiezan tratando de exorcizar algunos mitos referidos a la discusión pública sobre los impuestos en la región. Por ejemplo, no es tan cierto que cobremos pocos impuestos cuando miramos economías de igual nivel de desarrollo económico. América Latina impone una carga impositiva equivalente al  17 por ciento del impuesto sobre los ingresos mientras que lo que uno debería esperar es 20 por ciento. Además, en la última década, la recaudación subió 2.7 puntos porcentuales del PBI, que no es poco. Lo que si es cierto para toda la región -en su conjunto- es que somos muy malos para cobrar impuestos a la propiedad.
Otro mito es que los impuestos son regresivos, es decir, afectan en mayor medida a las familias de menores ingresos. En realidad cuando se mide por cuanto gastan las familias el resultado dice que no hay ninguna regresividad. En realidad uno quisiera que exista progresividad pues los impuestos son una potente herramienta de política social que no simplemente no se usa.
Si hay una lección clave en la región respecto al impuesto a las ventas es que tener productos exceptuados atendiendo a justificaciones de apoyo a los más pobres (por ejemplo, alimentos de la canasta básica) no es una manera efectiva. Mejor es no tener ninguna excepción y redistribuir por programas condicionados y focalizados.
Un mito que sí es verdad es que hay abundante evasión, especialmente en los impuestos a los ingresos donde se alcanzan niveles cercanos al 50 por ciento en promedio para los diez países que se tiene información. Hay muchas opciones para hacerlo y son aprovechadas en todos los países. El último mito es sobre la debilidad de las agencias encargadas de recolectar impuestos. Lo cierto es que en muchos países se les debilita porque los sistemas impositivos son tremendamente complejos para los ciudadanos y por lo tanto a la hora de fiscalizar será muy difícil y costoso verificar su cumplimiento.
En materia de reformas los autores sugieren que lo esencial es usar la potencia redistributiva de los impuestos. En segundo lugar, se debe hacer un esfuerzo por simplificarle la vida al contribuyente que eso redundará en una mayor capacidad de fiscalización. En tercer lugar donde hay sistemas descentralizados es importante evitar que la generosidad de las transferencias del gobierno central no sea un incentivo a no recaudar recursos propios como los impuestos prediales.
Finalmente, los impuestos tienen el reto de promover el crecimiento económico, favorecer la movilidad y la igualdad social. Los impuestos pueden también ser utilizados para modificar el comportamiento de las personas hacia opciones más responsables con el ambiente. Vale la pena revisar este libro para mejorar nuestros sistemas impositivos.

Publicado en El Comercio, Mayo 18, 2013

Fecha Publicación: 2013-05-04T09:00:00.000-07:00

En un país de surfistas sobre olas y de surfistas sobre presupuestos familiares todos deberíamos comprender la importancia y el valor del equilibrio y de la persistencia. Cada acción que tomamos parados en la tabla, cada decisión sobre nuestras finanzas familiares tiene un impacto en el equilibrio. Corremos el riesgo de caernos al agua, o caer en bancarrota si es que nuestras acciones son demasiado violentas, radicales, impensadas. Puede que eso nos lleve a que nos cataloguen a que llevamos una vida aburrida o que nos falta ese poco de atrevimiento e imprudencia para ser más como Sofia Mulanovich. Lo cierto es que inclusive ella sabe cuando vale la pena intentar algo más atrevido sobre la tabla y cuando simplemente va a conducirla al agua.  Debemos actuar basados en saber el costo y el beneficio de nuestras potenciales acciones.

Pero el segundo concepto está ligado al primero. Así como es crucial en la vida de una familia y de un surfista aprender a controlar su equilibrio, también es fundamental aprender el valor de persistir. De nada le vale a una familia administrar sus finanzas de manera impecable un año para el siguiente desbandarse en gastos que en realidad no podrán ser financiados.  Ese desvío de un año lo más probable tendrá un impacto no sólo en ese año forzando a la familia a recurrir a recortes en otros gastos que inicialmente no hubiesen querido aceptar, también tendrán un impacto en los años sucesivos. Por ello, la prudencia en las finanzas personales no es algo que debe hacerse ocasionalmente, el verdadero valor está en ser siempre prudentes, en la perseverancia. Eso es lo que nos permite tener un riesgo crediticio muy bajo, y nos permite darnos gustos a precios más cómodos. La perseverancia y el equilibrio están estrechamente relacionados entre sí. El surfista sabe que a pesar de haberse caído en la última ola, debe levantarse y volver a intentar para que su lectura de las olas sea el más cercano a permitirle tomar esos riesgos controlados. De nada le valdría al surfista cambiar de playa cada vez que las olas de una playa lo tiran al mar más de lo que el quisiera.

En el último reporte de la Oficina del Economista Jefe para América Latina del Banco Mundial se plantea la necesidad de que la región debe entender que ahora ya no se crecerá con viento de cola, sino que le toca remar si quiere seguir creciendo. Es decir, la región debe esforzarse más en emprender esas reformas que hagan sus economías más competitivas. Hoy no sirve confiar en que la inercia de la demanda mundial o de las reformas hechas en el pasado sean suficientes para sostener las tasas de crecimiento. Tampoco se puede confiar en que el mercado, inversionistas y consumidores estarán tranquilos o pasarán por alto tanto la inacción de los gobiernos como acciones claramente inesperadas. Los gobiernos tienen un margen de acción mucho más estrecho que el que quisieran. Están bajo constante monitoreo. Cualquier acción que rompa el equilibrio de lo esperable o deseable o cualquier falta de perseverancia serán tomadas en cuenta y serán la base para las decisiones de inversión.  Cuando no hay olas cualquiera se puede parar sobre una tabla. Ese escenario hace rato ya no está disponible para los gobiernos de la región.

Publicado en El Comercio Mayo 4, 2013 

Fecha Publicación: 2013-04-20T09:01:00.000-07:00

Esta semana el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) son anfitriones de los presidentes de Bancos Centrales y Ministros de Finanzas de todo el mundo para compartir un espacio de reflexión y análisis de la coyuntura mundial.

Quisiera traer un tema que me parece de suma importancia y que aparecerá, en dos semanas, en el reporte que el FMI hace sobre la región. El FMI revisa que es lo que la región ha hecho en esta década de abundancia, debido a los altos precios de los commodities, en comparación con otros episodios parecidos.

Lo primero que encuentra es que en realidad esta ha sido una década a todas luces excepcional. Nunca se tuvo tan buenos precios de todos los commoditiesque la región exporta por tanto tiempo a la vez.

Lo segundo es que este aumento sin precedentes en la riqueza ha agregado en promedio a la región algo más del 12 por ciento del PBI anual por diez años.  Es decir en una década y sin hacer mayor esfuerzo en promedio los países de la región recibieron el valor de un poco más de un PBI anual. Esto es el promedio, hay países que recibieron 2, 3 y hasta 5 veces su PBI en el lapso de una década. 

Lo tercero es que este aumento de la riqueza puso a estos países en la difícil decisión de gastárselo pensando en que era permanente, o ahorrar la mayor parte porque asumieron que en realidad era algo transitorio. Cuando uno gana la lotería es claro que no volverá a ocurrir, pero en este caso es muy difícil confundir lo transitorio con lo permanente. La mayor parte de los países optó por gastárselo en mayor proporción que en episodios anteriores. Esta vez la región ahorró menos.

En cuarto lugar, este aumento de la riqueza no sólo se dio por buenos precios de los commodities, sino también por el impacto de las tasas de interés que los países pagan por su deuda externa, las cuales han estado en sus niveles mínimos. Este efecto combinado permitió que la región mejorara significativamente indicadores como niveles de endeudamiento, o el peso del pago del servicio de la deuda en los presupuestos.  

En quinto lugar, todo esto permitió que en medio de la crisis global de 2008 la mayoría de los países se aventurara a poner en práctica política fiscal contracíclica, es decir, los gobiernos gastaron más con la justificación que se podía parcialmente contrarrestar la falta de demanda externa con algo de demanda interna adicional.  Esta política por naturaleza debería ser transitoria sin embargo en la mayoría de los países de la región los estímulos no se retiraron nunca. Esto provocó que la reducción de la deuda se detuviera y en algunos países aumentó.

Las lecciones que sacamos son: (i) no podemos confiar que los gobiernos siempre escogerán ser fiscalmente disciplinados, (2) los gobiernos que enfrentan un aumento en la riqueza en lugar de cerrar las brechas de infraestructura encontrarán peores alternativas para gastar esos nuevos recursos (por ejemplo entrar a negocios previamente privatizados, política asistencial para quienes no la necesitan, etc). De repente, se debería volver a discutir en la región si debemos introducir más reglas de cumplimiento forzoso en vez de confiar en la prudencia de unos pocos a la hora de decidir si se debe seguir la opción más difícil: pensar en el futuro.  

Publicado en El Comercio, Abril 20, 2013

Fecha Publicación: 2013-04-07T09:03:00.000-07:00

Un amigo me envió un borrador de un trabajo de investigación que es muy interesante compartir con ustedes dada la preocupación por la popularidad de la pareja presidencial.  El trabajo trata de responder una pregunta que casi todos, incluidos los presidentes, nos hacemos respecto a nuestras decisiones, ¿fue mi culpa o fue mi suerte?

Una forma imperfecta de medir el desempeño del gobierno es preguntarle a la gente a través de encuestas de opinión. Esa medida es imperfecta por muchas razones. Para empezar, el gobierno puede ser un pésimo comunicador de las extraordinarias cosas que hace; o el desempeño del gobierno no es homogéneo en todos los temas. Además, las percepciones pueden tener sesgos muy grandes.

Otra opción es buscar indicadores de desempeño económico y restar lo que podría deberse a factores que no están bajo el control del gobierno. Por ejemplo, el mayor crecimiento económico podría deberse a altos precios de nuestras exportaciones. El reto es calcular que parte del crecimiento se debe al efecto de los mejores precios de exportación y restar eso del número original. 

Con esa idea en mente Cruces y Garcia-Cicco (2012) utilizan los precios de las acciones de las firmas de cada uno de los países de la región entre 1980 y 2011. Con estos precios construyen un indicador del retorno que se puede obtener de un portafolio de acciones de cada país. La razón de usar precios de acciones y no el crecimiento del PBI es que este último recoge efectos rezagados de las acciones del gobierno, mientras que los precios de las acciones no sólo reaccionan más rápido a las acciones del gobierno sino que además reaccionan a las futuras acciones que aún no ha tomado el gobierno.

Sin embargo, se necesita un punto de comparación. Para ello los autores construyen un portafolio gemelo global que tiene la misma estructura de empresas que el índice de cada país. Esto es fundamental porque si nuestra bolsa es mayormente minera deberíamos compararnos con un portafolio de empresas globales mineras y no con un portafolio de empresas de retail.

Los resultados muestran que los países que mejor lo han hecho son Colombia y Perú. Colombia logró triplicar el retorno de su portafolio gemelo, mientras que Perú logró multiplicarlo por un poco más del doble.  El trabajo además compara que gobierno logró un mejor desempeño y quien tuvo suerte. Prefiero que lo lean ustedes para que nadie se enoje conmigo. Lo cierto es que en ambos países durante la mayor parte de las últimas dos décadas se tuvo “viento de cola”. Así que el mensaje del trabajo es que no basta con subirse a la ola del crecimiento mundial para decir que uno hizo su trabajo, es mucho más que eso.

Publicado en El Comercio, Abril 7, 2012 

Fecha Publicación: 2013-04-06T09:11:00.000-07:00

No hay duda que vivimos en tiempos sin precedentes en lo que a economía se refiere. Si ustedes escucharan al presidente de un Banco Central anunciar que va a duplicar la cantidad de dinero emitida en sólo dos años porque quiere conseguir más inflación sin duda le provocaría insultarlo. Sin embargo, la reacción de los mercados japoneses a este anuncio hecho por el flamante presidente del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda ha sido una de júbilo. La bolsa subió más de 2 por ciento el día del anuncio. Es importante entender el contexto para valorar la agresiva decisión del Banco de Japón que se ha comprometido en lograr llegar a una meta de 2 por ciento de inflación. Esta receta curiosamente fue sugerida por el Presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, hace 10 años. En Europa que está en peor estado, el Banco Central Europeo no termina de convencerse que necesita seguir esta ruta con igual determinación.
La economía japonesa nunca se terminó de recuperar después de su masiva crisis financiera en los noventa. Salió de ella con una deflación endémica, recesiones recurrentes y un stock de deuda que no ha dejado de crecer y ya es igual a dos veces su producción anual. Esto se explica en parte por el creciente costo de atender en salud y seguridad social a una población crecientemente mayor. De todas las economías desarrolladas Japón es la que muestra el peor pronóstico respecto a su población en edad de trabajar.  Japón tendrá en el 2050 la misma población en edad de trabajar que un siglo atrás (1950). Por el contrario, Estados Unidos la habrá multiplicado por casi 2.5 veces y Francia por 1.5 veces.
El anuncio es muy interesante porque se rompe una tradición de indecisiones sobre la política económica que había sido la constante en las autoridades japonesas. Lo típico había sido anuncios que luego eran mediatizados o completamente revertidos. Sin embargo, para que la economía japonesa vuelva a ser un motor de la economía mundial hace falta mucho más. Para empezar se debe atacar más agresivamente el desafío de reducir el nivel de deuda. Para ello Japón tiene la ventaja que es una de las economías desarrolladas con menor presión tributaria (16 por ciento del PBI) porque tiene un impuesto al valor agregado (nuestro IGV) de sólo 5 por ciento, cuando el promedio de los países desarrollados está cerca al 18 por ciento. Un reajuste en esta tasa podría iniciar un proceso de ajuste fiscal que permita mayor flexibilidad en la gestión macroeconómica de mediano plazo, y así impedir un mayor deterioro de las finanzas públicas que termine en una sucesión de reducciones en la calificación crediticia soberana.
El anuncio provocará un yen más depreciado y eso ayudará a la maquinaria exportadora japonesa, pero existen otras cartas que pueden servir de manera más fundamental a mejorar la competitividad de su economía de manera más permanente. Para empezar, la participación de las mujeres en la fuerza laboral aún está por debajo del promedio y se puede volver a promover la inmigración para resolver el problema de una fuerza laboral cada vez menor. Lo cierto es que Japón parece otro con estas nuevas autoridades. La prueba está en lograr lo que se ha anunciado. La economía mundial estará mejor si se tiene éxito en este esfuerzo.

Publicado en El Comercio, Abril 6, 2013 

Fecha Publicación: 2013-03-23T09:10:00.000-07:00

A lo largo de la historia los países han resuelto sus problemas de exceso de endeudamiento con algún tipo de incumplimiento de sus deudas. De ese modo se resuelve casi aritméticamente el problema. No siempre es tan fácil como suena porque se tiene que elegir a quien se le administra el veneno, es decir, a quien no se le paga. Lo más usual es que se haga por la vía de mayor inflación. La ventaja de esta alternativa es que la inflación es un impuesto que no se legisla. Mayormente los afectados terminan siendo quienes viven en el país. 
Otra opción es concretar un recorte sobre el valor de la deuda del país. Esto típicamente es complejo porque nadie de buena gana aceptará que le pagan menos por su dinero. No hay formas ordenadas de hacer esto y estas restructuraciones siempre resultan un largo y costoso proceso de negociación. Por ello, es que muchos autores sugieren que los contratos de deuda incluyan cláusulas explícitas donde se anticipe un mecanismo de restructuración si es que alguna contingencia muy mala ocurre en el país.  Estas son las llamadas cláusulas de acción colectiva que permiten que múltiples acreedores estén forzados a ponerse de acuerdo ante un incumplimiento de pagos. Esto actúa como un seguro para el país y para los acreedores pues se establece de antemano como se resolverá la disputa y se evita soluciones arbitrarias como la impuesta por Argentina bajo el presidente Nestor Kirchner. 
En el caso de Chipre, miembro de la Unión Europea,  se ha buscado que el fondo necesario para estabilizar la economía no sólo provenga del mecanismo que tiene el Banco Central Europeo sino que una (tercera) parte del paquete sea provenga de un impuesto a los depósitos bancarios de alrededor del 15 por ciento. La racionalidad de esto es que estos depositantes se han beneficiado de retornos por encima de lo normal al tener en sus balances deuda griega. Las tasas de interés que ofrecían los bancos griegos eran mucho más altas que el resto de bancos de región y eso indicaba que eran más riesgosos.  La salida era vista con buenos ojos por muchos porque 40 por ciento de los dueños de esos depósitos eran rusos que no están pagando nada del costo del ajuste europeo. Sin embargo, la medida fue tan mal diseñada que también incluía a los depositantes con montos menores. Tal como era de esperarse el Parlamento chipriota rechazó esta semana imponer una expropiación pura y dura sobre los depositantes.  Los parlamentos se crearon para evitar que los gobiernos crearan impuestos de naturaleza expropiatoria como el que se propuso.
La pretendida solución ahora traerá nuevos problemas y mayor necesidad de financiamiento pues tras el largo feriado bancario los depositantes preferirán esperar con su plata en la mano y no con la angustia que la nueva solución incluya parte de sus ahorros en el sistema financiero. Chipre tiene un sistema financiero que es enorme para su economía (7 veces su PBI y no 0.4 como en Perú). Mientras más se prolongue el problema mayores serán las necesidades de financiamiento, mayor el riesgo de una estampida de depósitos y de un colapso del sistema de pagos. ¿Se imagina una semana sin bancos?  Las alianzas se rompen en los eslabones más débiles de la cadena: hoy ese es Chipre. Este error puede ser muy caro para el futuro del Euro.

Publicado en El Comercio, Marzo 23, 2013

Fecha Publicación: 2013-03-09T09:09:00.000-08:00

A fines del año pasado dos investigadores del Banco Mundial, Maloney y Lederman, publicaron un libro muy valioso para nuestros países pues responde a una pregunta crucial para el diseño de políticas industriales: ¿importa lo que uno exporta?
Este es un tema complejo pues existe una visión bipolar sobre el tema. Unos sugieren que lo único que deben hacer los gobiernos es enfocarse en políticas de tipo horizontal. Es decir, políticas sin pensar en un sector en particular, sino para toda la economía en su conjunto. Por ejemplo, mejoras en infraestructura.  En la otra esquina están quienes sugieren que los gobiernos deben hacer apuestas por algún sector específico, esté o no desarrollado. Uno puede pensar en un sector que de repente uno sueña que podría ser un boom mundial, digamos la quinua, ahora que está de moda.
Lo cierto es que el apuro por tener políticas industriales típicamente aparece en países con muchos recursos naturales pues pareciera el remedio para quienes sienten que exportar minerales en bruto nos condena al subdesarrollo. Para este grupo, se requiere poner recursos públicos detrás de políticas industriales activas pues de otro modo las fuerzas del mercado no logran superar  esta potencial vulnerabilidad.
Los autores hacen un énfasis muy especial en que lo que realmente importa no es qué bienes se producen sino cómo se producen estos bienes.  Pensemos en que uno quisiera que en el país se produzcan bienes manufacturados de alta tecnología, digamos tabletas electrónicas que hoy están de toda moda. El Estado puede subsidiar esta actividad para que en efecto se establezcan plantas ensambladoras. ¿Eso era lo que realmente queríamos? Claramente no. Cuando uno busca que se produzca ese tipo de bienes es porque confía en que el beneficio de tener ingenieros pensando en cómo desarrollar esos  productos permitirá producir otras cosas similares que también tienen alto valor agregado. Sin embargo, cómo llegamos al objetivo de producir esos bienes importa muchísimo. Este tipo de atajos nos conducen a situaciones no deseables.  
Por más que algunos señalen que la explotación de los recursos naturales genera problemas de administración de esa riqueza, o puedan ser una fuente de corrupción, igual deben ser explotados por aquellos países que los tienen. No tiene sentido dejar de hacerlo porque resulta complejo enfrentar los problemas que pueden venir asociados a su explotación. Hay que concentrarse en mitigar esos problemas y la mayor volatilidad macroeconómica que puede venir por tener un único motor de crecimiento o de atracción de capitales. Los autores no encuentran evidencia de una maldición de recursos en el sentido que afecte de manera significativa al desarrollo del resto de sectores.
Asimismo, los autores concluyen que sigue siendo una mejor alternativa que el Estado promueva políticas de tipo más horizontal (para todos los sectores por igual) que aquellas que exigen  escoger un sector específico.  
Finalmente, los autores sugieren que los gobiernos tienen un rol grande en estas tareas. Es mejor que no dediquen su esfuerzo en escoger bienes o tareas ganadoras. Pero es indispensable que estén ocupados en la provisión de infraestructura, estableciendo redes comerciales, así como la acumulación de talento humano. 

Publicado en Marzo 9, 2013 

Fecha Publicación: 2013-02-23T09:08:00.000-08:00

Un reciente libro (McLean, 2013) discute no sólo porqué Australia prosperó hace algo más de 150 años sino por qué nunca dejó de ser una economía desarrollada a pesar de que sus altos ingresos se debieron a la abundancia de recursos naturales.  Australia siendo aún la colonia penal británica tuvo un ingreso por habitante mayor al de cualquier economía en el mundo luego del boom de la lana de oveja y el descubrimiento de enormes yacimientos de oro.  No obstante, lo interesante del caso australiano es que si bien muchos países tienen abundantes recursos naturales la mayoría no ha podido salir del subdesarrollo, mucho menos sostener su nivel de riqueza. ¿Qué lecciones ofrece Australia a los países de América Latina que tienen abundantes recursos naturales pero que aún ninguno figura en la lista de los países desarrollados?
Una primera lección mirando su historia es que Australia casi siempre creció cuando la economía mundial creció, gracias a estar comercial y financieramente integrada al mundo. Aprovechó cada uno de los vientos a favor.
Una segunda lección es la importancia de las instituciones en la promoción del crecimiento. Australia pudo haber iniciado su historia concentrando en manos de pocos los beneficios del boom del oro. Por el contrario, se optó por tener pequeños lotes (6  metros cuadrados) para que muchos accedieran a la posibilidad de encontrar oro. Como los descubrimientos de oro fueron de tipo aluvial no se necesitaba más tecnología que una pala y un cernidor. Esto permitió que el modelo de pequeñas parcelas pudiera ser rentable. Mucho tiempo después este sistema convivió con grandes empresas con mejores tecnologías.  En ese momento tuvo un Estado que supo cobrar impuestos y redistribuirlos.
Una tercera lección fue que la minería no fue el único motor del crecimiento australiano. Tan importante como el oro fue la actividad asociada al ganado ovino. A lo largo de los años, Australia tuvo siempre la capacidad de ajustarse a mejores condiciones externas para uno u otro producto.
Una cuarta lección es que el gobierno invirtió las ganancias de la explotación del oro no sólo en cosas que brindaran bienestar en el presente, sino que al hacerlo en infraestructura permitió que la bonanza se compartiera con las generaciones futuras. Es decir, se aumentó la productividad de los futuros emprendimientos en todos los sectores de la economía.
Australia también aprendió por el camino del error lo costoso que es para una pequeña economía cerrarse al mundo a través de altos aranceles y supo desmontarlos para aumentar su productividad. Supo aprovechar el boom de la postguerra,  el renacimiento de Japón y el reciente boom producto de China. Supo construir una mayor flexibilidad y resiliencia frente a las crisis externas.  Para esto fue clave sus reformas pro-competitividad así como su manejo macroeconómico impecable.
Finalmente hay elementos de instituciones políticas que son críticos a este exitoso proceso. Para empezar, ningún grupo económico tuvo control absoluto de la política y eso permitió un crecimiento más balanceado en todo sentido.  No hubo apropiación exagerada de las rentas ni una falta de preocupación por el futuro. Los australianos siempre fueron conscientes que esta riqueza es solo un regalo transitorio.

Publicado en El Comercio, Febrero 23, 2013 

Fecha Publicación: 2013-02-09T09:06:00.000-08:00

América Latina vive una prosperidad sin precedentes y por ello hoy se discute cuál es la mejor forma de administrar dicha abundancia. En la última década, los precios de nuestros commodities se multiplicaron –en promedio- por cuatro. Y como si ese impulso no bastara, la región ha enfrentado las tasas de interés más bajas de toda su historia. Si uno considera ambos aspectos, no es difícil entender los flujos masivos de capitales que llegan a la región. A pesar de que algunos países tienen una retórica muy negativa hacia los capitales privados o una situación política compleja, igual han podido emitir bonos soberanos en los mercados internacionales de capitales.
El problema está en qué hacer con dicha riqueza. Empecemos diciendo que dependiendo de la organización institucional de cada país esa riqueza terminará alojada en el gobierno o en el Banco Central. En algunos países está en ambos lados. Algunos países de la región han optado por gastar cada dólar que entra en temas que pueden ser considerados como esenciales para incrementar la productividad de toda la economía en su conjunto. Por ejemplo, han mejorado la red de transporte o la generación de energía eléctrica. Para ello, han decidido que sea el propio Estado el que se encargue de la obra pública dejando poco espacio para el sector privado. Otros en cambio se han apoyado más en el sector privado limitando de esta manera los recursos que el Estado destina para esta tarea, y también limitando el riesgo para el propio Estado.
En otros casos, se han hecho apuestas muy agresivas en ciertos sectores y se han otorgado recursos públicos para alguna actividad en particular con la justificación de que dicha actividad es estratégica o porque es una oportunidad que no se puede desarrollar si el Estado no lo hace.
Otros países en cambio, han optado por actitudes más conservadoras frente al boom. Parte de los recursos los han ahorrado. Dichas autoridades no creen que estemos frente a un escenario donde los precios de nuestros commodities siempre serán más altos, sino que eventualmente esos precios que se multiplicaron por cuatro en la última década, pueden caer a niveles menos ventajosos. Lo cierto es que en la región hay quienes han ahorrado sabiendo donde, y a qué plazos invertirlo; y otros, que han ahorrado un poco por incapacidad en la ejecución de dichos recursos. En la mayoría de los casos no es para nada claro que en caso de necesidad de gastar dichos recursos se tenga claridad respecto a cómo hacerlo de manera efectiva. Otros menos conservadores han seguido la estrategia de utilizar un mismo paraguas para varios riesgos, con el consiguiente debilitamiento de la protección del paraguas.
¿Cuál es la mejor estrategia para administrar la abundancia? ¿Confiar en la capacidad estatal para llevar adelante proyectos en temas tan complejos como exploración y explotación de minería, gas, y petróleo, o dejar que los incentivos de una potencial alta rentabilidad hagan que el sector privado desarrolle proyectos de alto riesgo? ¿Qué tanta prudencia es suficiente ante la incertidumbre de la duración de los años de vacas gordas? Lo cierto es que esta abundancia no será permanente. En los próximos años volverá a ser más difícil crecer y resolver los problemas que dejemos pendientes.

Publicado en El Comercio, Febrero 9, 2013

Fecha Publicación: 2013-01-26T09:05:00.000-08:00

Sólo una pequeña minoría sabe de lo que voy a hablar en esta columna pero déjenme hacer el intento de explicar a qué me refiero. Esta semana en Davos, Suiza se reúnen los líderes mundiales en una suerte de retiro anual para pensar cómo arreglar los problemas del mundo. La frase que ha sido escogida para representar el momento en que se dan estas discusiones es algo que en inglés suena mejor pero que traducida sería algo así como “dinamismo resiliente”. En sencillo, se busca que los países mantengan el 2013 un dinamismo a prueba de muchos obstáculos. Como dijo la Jefa del FMI, es necesario que se mantenga el movimiento, se ha evitado la recaída pero no hay espacio para el relax. O como diría Nassim Taleb, el autor de Antifragile, se busca que las economías no sólo resistan los golpes sino que salgan fortalecidas de ellos.
El 2013 es un año de transición. El piso de los problemas parece estar más atrás que adelante aunque la lista de riesgos a enfrentar es más larga que la lista de regalos de un niño engreído en Navidad. El año empezó con una generalizada revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento para todas las economías. Sin embargo, la sensación que es que los riesgos mayores se han evitado o será posible evitarlos. No es que la economía haya mejorado mucho sino que la política no ha tenido más remedio que responder a los hechos. Pero estamos muy lejos de pronosticar un año sin problemas. No es claro como Europa saldrá de sus angustias fiscales sin mejorar sus proyecciones de crecimiento, o qué tan factible es que los tres principales bloques mundiales pretendan salir de la crisis exportando más.
Mi sensación es que los problemas continuarán y se harán aún más intensos antes de que la situación económica mejore. Tampoco me parece que la imprescindible cooperación de la que se habla como una necesidad y no un lujo sea tan fácil de conseguir. Tenemos en frente una larga lista de problemas que requieren una acción colectiva. Pero, los beneficios de tomar una decisión que resuelva el problema no se perciben como concretos y de rápido acceso, sino más bien se tiene la sensación que los costos muy concretos e inmediatos superan con creces cualquier potencial beneficio que pueda darse a lo largo del tiempo.
Estas son situaciones donde es típico ver que frente a una montaña de problemas se hace poco o nada. Muchas veces la solución simplemente es un parche “mientras tanto” y no una verdadera solución al problema. Es más fácil patear los problemas para después, que sentarse con la convicción de resolverlos.
Esta idea de dinamismo resiliente implica que sería más fácil si es que todos hacen girar la rueda. Para que esto suceda se necesita coordinación y evitar que algunos giren en el sentido opuesto al resto. Pero es muy cómodo ver como el resto hace el esfuerzo mientras uno simplemente no hace nada. Ese es el riesgo que aún está muy lejos de disiparse en la economía global.  Por eso Roubini habla de un mundo G-0 en lugar de G-20 o G-7. Ningún país se esfuerza en cooperar a pesar de que la postergación de los problemas debilita a todos. No olvidemos que es más fácil cooperar cuando el peligro es inminente, pero la falta de resolución e incertidumbre tienen costos en la economía real para todos.

Publicado en El Comercio Enero 26, 2013 

Fecha Publicación: 2013-01-12T09:03:00.000-08:00

Escribo esta columna desde Santiago donde el año ya está teñido por la elección presidencial que se realizará en Octubre. La discusión estará muy marcada por las demandas estudiantiles que enmarcadas en la exigencia de educación gratuita van mucho más allá. Esto se discutió de manera muy interesante por Patricio Navia, Profesor de Ciencia Política de la Universidad de Nueva York,  y Roberto Zahler, ex presidente del Banco Central de Chile, en el seminario en el que estuve. La discusión es claramente importante para países como Perú y otros de la región.

Lo que está detrás de las protestas estudiantiles en realidad es algo mucho más grande. A más de tres décadas de las reformas económicas en dos tareas centrales del Estado como la provisión de salud y educación hay cada vez mayor convencimiento en Chile que aún hay tareas pendientes pues esas reformas no han logrado el difícil objetivo de ser suficientemente inclusivas o proveer eficientemente estos servicios públicos básicos. Hay una sensación que las reformas pro-mercado terminaron siendo más pro-business, es decir, han creado áreas muy lucrativas de negocios pero no se ha cumplido con la premisa básica que debe existir un esfuerzo por la igualación de acceso a las oportunidades.

El resultado de estas reformas y sus modificaciones a lo largo de los años no han servido el propósito de la manera como inicialmente se planteaba. Cuando se permitió la provisión privada de los servicios de educación y de salud como alternativa a la provisión pública se suponía que las fuerzas del mercado harían su trabajo en la construcción de una eficiente provisión de estos servicios. En la práctica, lo que ha habido es que dichos mercados han producido resultados que pueden caracterizarse como regresivos, pues se segmentó el mercado. Había buena provisión de servicios de salud y educación si es que tenías los recursos, si no los tenías entonces sólo podías aspirar a malos servicios. El problema se potenciaba porque los buenos servicios sólo alcanzan a una minoría de la población.

Dentro de la lógica de este tipo de provisión de servicios se partía del supuesto que cada falla de mercado se podía corregir con algún otro esfuerzo regulatorio. Diferentes esfuerzos regulatorios de dichos mercados no han resuelto los problemas de exclusión. En ese sentido uno puede señalar que las reformas han sido más pro-business que pro-mercado.

El reto es grande no sólo por los fuertes lobbies que se deben enfrentar para intentar aprobar reformas en esos sectores, sino porque probablemente la discusión se enfocará en la necesidad de tener una reforma impositiva que aumente los impuestos a los individuos de mayores ingresos para financiar dichas reformas. Lo cierto es que la desigualdad sólo se reduce con la combinación de impuestos más progresivos como gastos más progresivos.

Como señaló Patricio Navia, no hay ejemplos duraderos de democracia en el mundo con grandes niveles de desigualdad. El reto es aún mayor porque aún consiguiendo aprobar dicha reforma y por lo tanto el acceso a los fondos, nada garantiza que la implementación de la reforma corrija las actuales deficiencias en la provisión de servicios tan importantes como salud y educación.   

Publicado en El Comercio Enero 12, 2013

Fecha Publicación: 2013-01-02T09:25:00.001-08:00
La tan esperada calculadora de la SBS que debía servir para orientar a los actuales afiliados que pagan comisión por flujo para saber si les convenía o no migrar al nuevo sistema de cobro (comisón por saldo) que incluye un periodo de transición por una comisión mixta (flujo y saldo) ya salió. Aquí está el link: La Calculadora de la SBS

Pero la verdad le recomiendo no entrar porque SIEMPRE le saldrá que es más barato el nuevo sistema. Es decir, la SBS se la ha arreglado para "orientar" a los afiliados de manera unánime. Espectacular muestra de profesionalismo de la SBS. ¿No me cree? Entre y compruébelo. A esto, la SBS le llama supuestos razonables.

Insisto con lo dicho en un post previo. El rol del regulador en medio de la reforma al sistema es fundamentalmente ORIENTAR a los afiliados. No convencerlos de que lo hecho SIEMPRE es mejor cuando NO ES ASI. El riesgo del esquema escogido es justamente que las AFP pueden subir sus comisiones escudadas en que es muy complejo calcular y comparar seriamente sus comisiones mixtas con respecto a sus comisiones por flujo.

Si uno pudiera (pero no se puede) poner en la calculadora de la SBS por ejemplo que sus aportes serán menos de 50% de su vida laboral, o si esta falta de aportes está concentrada en la parte final de su vida laboral, entonces podría salir que el nuevo sistema no le conviene. Pasaría lo mismo si pudiéramos poner rentabilidades más altas, pero no se puede.

Lástima que la SBS confunda la calculadora orientadora con un bombo promotor.


Fecha Publicación: 2012-12-26T20:01:00.001-08:00
La segunda pregunta clave posterior a la subasta era:

2. ¿Qué tanto reaccionarán las antiguas AFP a la amenaza de un precio sustancialmente más barato ofrecido por AFP Habitat?

Hoy creo que la mayoría esperaba anuncios de comisiones sustancialmente más bajas. Ya mostramos que salvo casos muy particulares eso no es así respecto a su propia historia.Veamos que tan caras quedaron respecto a AFP Habitat.

En el siguiente cuadro muestro el escenario con rentabilidades de 10%. Las actuales AFP son entre 50% - 100 % más caras cuando se toma en cuenta lo que un afiliado pagará en comisiones a lo largo de su vida laboral.

AFP Prima 100%
AFP Integra 62%
AFP Profuturo 58%
AFP Horizonte 106%
Promedio 81%
              
Queda pues mucha diferencia entre la nueva AFP entrante y las actuales AFP. Será para otro post entender primero qué se puede hacer desde el regulador y segundo entender porqué han tomado esta decisión de ser sustancialmente más caros que el nuevo competidor.

Fecha Publicación: 2012-12-26T19:34:00.004-08:00
La exitosa subasta de afiliados ilusionó a muchos pero en realidad las cosas no terminaron de salir como se esperaba.

En el siguiente cuadro contestamos la primera pregunta clave:

1. Cuánto más cara (o barata) es la comisión mixta que la anterior comisión por flujo de la misma AFP.  Es decir comparamos cada una consigo misma. Esto es importante porque una de las cosas que había advertido en una columna de opinión era que las AFP podían utilizar las comisiones mixtas (flujo y saldo) para terminar cobrando más.
El cálculo implica suponer ingresos fijos del trabajador, una tasa de descuento para poder comparar los dos esquemas, una rentabilidad anual fija y obviamente que no se vuelvan a cambiar las comisiones. Bajo esa premisa y suponiendo dos niveles alternativos de rentabilidad los resultados son como sigue:
                        Rentabilidad anual 
       AFP               10%            5%
AFP Prima            49%          12%
AFP Integra          18%           -4%
AFP Profuturo        8%         -12%
AFP Horizonte      38%          11%
 Promedio              28%            2%

En efecto sólo Profuturo e Integra serían más baratas que hoy siempre y cuando la rentabilidad anual sea relativamente baja (5%). Si la rentabilidad fuera de 10% todas serían más caras que hoy.

¿Porqué la SBS dice que se cobra menos? La única manera de entender eso es sólo tomar en cuenta los dos primeros años de pago de comisiones. La SBS puede argumentar que al cabo de dos años en efecto habrá una nueva licitación y por lo tanto no se puede suponer que esos precios seguirán. Tiene razón. Pero para poder comparar correctamente si se bajaron o no los costos de las comisiones se debe hacer una simulación sobre todo el periodo laboral y no sólo mirar los dos primeros años. No hacerlo es confundir a quienes se debe orientar.


Fecha Publicación: 2012-12-26T12:20:00.000-08:00
Cuánto más caras son las nuevas comisiones de las AFP respecto a la oferta con la que ganó la subasta AFP Habitat.

Como puede que esté ocupado a la hora en que la SBS publique la información de las nuevas comisiones de las viejas AFP he preparado este cuadro que le permitirá a cualquiera saber que tanto más caras o baratas son dichas comisiones. Esas nuevas comisiones vendrán en formato de comisión mixta (90% sobre el flujo, 10% sobre el saldo administrado). Como punto de comparación he puesto el punto (0.50, 1.25) que fue muy cerca a lo que AFP Habitat utilizó para ganar la primera subasta.

Saludos, cualquier duda a mi twitter @lalomoron



Entonces, si esta tarde alguna AFP anuncia que bajó significativamente sus comisiones y ahora nos cobrará 1% como comisión por flujo y 1%  como comisión por saldo, sabemos que eso es 28 por ciento más caro que la oferta de AFP Habitat.




Fecha Publicación: 2012-07-14T09:22:00.000-07:00

Dicen que la mejor manera que un niño aprenda a no meter la mano en los enchufes es que lo haga. La experiencia es tan traumática que difícilmente la querrá repetir. Uno estaría tentado a pensar que lo mismo debería ocurrir con las crisis económicas. Aquellos países que han pasado por crisis deberían curarse del trauma. Pero la historia está llena de ejemplos en que eso no ha pasado. La pregunta obligada es por qué algunos países no aprenden o no quieren aprender. La explicación más simple es que en el experimento en que el niño mete un clavo al enchufe, el único perdedor siempre será él. En cambio, en una crisis económica no necesariamente todos pierden, y por lo tanto algunos siempre tendrán incentivos a repetir el experimento.
La solución al problema no está en prohibir acciones riesgosas que pueden conducir a crisis o confiar en que las autoridades regulatorias evitarán las siguientes crisis. La solución a estos problemas está en lo que los economistas llaman en inglés “bail-in” en contraposición a “bail-out”. Un bail-outes un rescate donde alguien más paga la cuenta del desastre ocasionado. Un bail-in es cuando dicho desastre es pagado por quien ocasionó el desastre. De esta manera quedan claros los incentivos a tomar decisiones que pueden ser muy rentables para unos pero con unos grandes riesgos para otros. En palabras más sencillas es decirle al borracho que pague su propia cuenta y que no espere que alguien más lo haga por él.
Por eso cuando uno analiza la crisis europea y la compara con el ajuste en Estados Unidos después de la quiebra financiera del 2008 sorprende que en el caso de Europa no hay más de una decena de bancos quebrados mientras que en Estados Unidos van más de 100. Es claro que en Europa hay alguien pagándoles las cuentas a algunos países que no vieron la necesidad de hacer ajustes en su momento.
La semana pasada estuvimos discutiendo sobre la estabilidad financiera de la región y un destacado profesor de la Universidad de Berkeley, Barry Eichengreen, mencionó que antes de la adopción del Euro se pensó que la propia integración comercial que se daría entre los países europeos llevaría naturalmente a que se busquen y se adopten los mecanismos de estabilidad financiera para proteger dichos flujos de comercio. Evidentemente eso no fue lo que pasó.
Si miramos a nuestra región, lo real es que nos venimos integrando comercialmente cada vez más en las últimas décadas a pesar de unas pocas excepciones. Hasta ahora la construcción de seguridades financieras ha sido una tarea más individual y heterogénea que colectiva y coordinada. La experiencia europea enseña que coordinar acciones en medio de la crisis es casi imposible a la velocidad que se requiere. En la región ya hemos recorrido el camino de los escaldados, es decir, los que nos hemos quemado los dedos en el enchufe varias veces deberíamos fortalecer la red de seguridad financiera regional. En la región hemos visto como la CAF, pasó de ser una pequeña entidad de muy pocos socios a ser un auténtico banco de desarrollo de toda la región. Ahora nos falta construir sobre las bases del Fondo Latinoamericano de Reservas. La semana pasada se anunció el ingreso de un octavo país, Paraguay, ahora falta convencer a Brasil, Chile y México.

Publicado en El Comercio, Julio 14, 2012

Fecha Publicación: 2012-06-30T09:21:00.000-07:00

No es raro que en muchos mercados en nuestro país tengamos situaciones donde no existe una competencia sana e intensa. Cuando esto pasa típicamente el beneficiado es quien provee el servicio, no el consumidor. En parte, esto es el producto de que nuestra economía aun no es tan desarrollada o integrada al resto del mundo. Si los mercados estuvieran poblados por una gran cantidad de potenciales consumidores que pueden con libertad migrar de proveedor del bien o servicio sería otra cosa. Pero piensen en la cantidad de elementos que bloquean este tipo de comportamiento que como sabemos disciplina a los participantes de un mercado. Por ejemplo, si una panadería se le ocurre variar sus recetas para ahorrar costos y ahora nos ofrece unos panes más pequeños al mismo precio que antes, lo más probable es que una buena parte de su clientela le haga saber su inconformidad votando con los pies, es decir, yendo a otra panadería. Si el gobierno pusiera una restricción que impida poner una panadería a dos kilómetros a la redonda, lo más probable es que muchos de esos clientes molestos no les quede otra salida que seguir comprando en dicha panadería. Esa es una típica barrera burocrática que reduce la competencia, y permite comportamientos o decisiones que van en contra del bienestar de los consumidores.

Pero las barreras burocráticas que traban la sana competencia están por todos lados y asumen muchas formas distintas. Acabamos de ver que finalmente después de muchísima discusión se aprobó una norma que exige a las instituciones del sistema financiero a publicar una tasa que permita comparar cual es la opción más adecuada cuando se trata de una tarjeta de crédito. Este ejemplo es muy interesante porque hay muchos productos cuyo “precio” es una mezcla de varios precios. Esto de por si complica el proceso de competencia, pues el consumidor que quiere comparar cual de dos productos le conviene más termina mareado con la multiplicidad de precios que conforman el precio de dicho producto o servicio.

Imaginen que están en una subasta por un servicio pero en lugar de que cada uno de los posibles ofertantes nos den un único precio por sus servicios, uno de ellos nos lanza 10 precios que componen su oferta, otro de ellos nos dice que en realidad tiene 10 precios aunque no corresponden a los mismos 10 servicios ofrecidos por el primero, y así sucesivamente hasta que para cualquiera de nosotros sea imposible comparar.  Por eso que los reguladores a veces deben ayudar a que prospere la competencia evitando que los actuales proveedores de un mercado en particular protejan sus posiciones detrás de una manera confusa de ponerle precio a sus servicios.

Según los modelos teóricos, lo ideal en una subasta es extraerle a cada uno de los ofertantes el verdadero valor de lo que están dispuestos a aceptar por sus servicios, de esa manera el beneficiado es el consumidor que no tiene porqué pagar un precio más  alto que lo que pagaría si hubiese auténtica competencia.  Para que eso pase, se necesita que la subasta se base en una oferta simple de entender, no una mezcla de precios detrás de un servicio. Sin embargo, a veces nuestros reguladores no parecen entender algo tan simple como esto.

Publicado en El Comercio, Junio 30, 2012

Fecha Publicación: 2012-06-16T09:20:00.000-07:00

Los países en desarrollo como el Perú viven discutiendo como seguir creciendo en medio de los nubarrones externos.  Hace unos meses Daron Acemoglu, profesor de MIT, y James Robinson, profesor de Harvard, publicaron un libro que es muy interesante leer en estos tiempos. El libro se llama: ¿Por qué las naciones fracasan? Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Los autores discuten cuáles son esas razones que a lo largo de la historia han permitido que las naciones progresen. Luego de descartar contundentemente que la cultura o la geografía sean las razones que impiden que las economías continúen su camino a la prosperidad, los autores construyen el caso para sugerir que lo que realmente importa son las instituciones.

En particular, su argumento es que hay dos configuraciones en las instituciones económicas y políticas que son fundamentales. Se refieren a cuál es la forma como se organizan los incentivos económicos en los distintos mercados y cómo se distribuye el poder. Los autores clasifican a las instituciones económicas y políticas en inclusivas o extractivas. En el caso de las instituciones económicas inclusivas se menciona la defensa de la propiedad privada y la competencia en los mercados. No están hablando sólo de mercados libres sino de mercados inclusivos. Se dice que son inclusivas porque el esfuerzo personal es recompensado directamente a quien lo realiza, pero todos los ciudadanos tienen oportunidades porque el Estado se preocupa de proveer un piso parejo. Estas instituciones son fundamentales para la innovación, un elemento indispensable en la transición al desarrollo para las economías de ingresos medios. No se puede esperar que haya innovación donde quien hace el esfuerzo no puede apropiarse de las rentas que genera dicha innovación. Para eso se necesita que la propiedad privada se garantice y eso requiere no sólo reglas económicas predecibles sino un sistema judicial que no deshaga sesgadamente los derechos de cada parte involucrada.

Pero el problema está en que para tener instituciones económicas inclusivas se necesita tener instituciones políticas que también sean inclusivas y no extractivas. En estas últimas, el poder se utiliza por unos pocos para provecho propio sin que nadie ponga algún balance o freno a sus decisiones. Estas élites se benefician y sus niveles de ingreso pueden ser como los de las élites de los países desarrollados pero a costa de imponer un freno al resto de la sociedad y de la economía. Ejemplos abundan en la historia y en el presente: desde los conquistadores españoles hasta Carlos Slim en México. Este tipo de instituciones políticas imponen barreras a la competencia y se apropian los recursos de la mayoría gracias a su poder.

Es interesante reflexionar si nuestras instituciones políticas tanto a nivel nacional como descentralizado son inclusivas o extractivas. Claramente la actuación reciente de muchos gobiernos descentralizados pareciera ignorar lo que beneficia a la mayoría de sus poblaciones. Además, lo más preocupante es que no pareciera que hubiera nada a nivel central o descentralizado que ponga algo de balance frente a presidentes regionales que optan por imponer obstáculos al progreso de sus poblaciones. 

Publicado en El Comercio, Junio 16, 2012

Fecha Publicación: 2012-06-02T09:17:00.000-07:00

El Presidente colombiano también estuvo de gira por Asia como el presidente Humala y en medio de su visita se filtró en la prensa el probable contenido de una reforma tributaria que el Ministerio de Hacienda colombiano estaba afinando. El punto más critico según el diario que publicó la noticia fue el intento de poner impuestos a la comida, es decir, IGV a los alimentos. Esto hizo que un grupo saliera vigorosamente en contra de la reforma.  Cosa curiosa porque muchas veces la oposición a los paquetes de reforma tributaria en realidad esconden las verdaderas intenciones de quienes se oponen. Es decir, es mucho más eficaz evitar todo el paquete de reforma tomando algún punto que pueda ser muy fácilmente cuestionable aunque los argumentos sean falaces.

En efecto, en la presentación del Ministerio de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, el ministro detalló que dicho aumento de impuestos a los alimentos sería compensado con subsidios focalizados en los estratos de más bajos ingresos. Con eso, el efecto quedaba totalmente neutralizado.

Pero eso no fue lo más importante de la presentación del Ministro Echeverry. A mi juicio, lo más interesante fue presentar que la intención de la reforma tributaria era corregir el hecho vergonzoso de que Colombia es la séptima economía más desigual del mundo. Esto es nada más que la combinación de una política tributaria que hace pagar pocos impuestos a quienes más tienen, y muchos a quienes menos tienen. Además, una política de gasto fiscal que ofrece privilegios excesivos a quienes más tienen en vez de focalizar el esfuerzo fiscal en atender a quienes menos tienen. La tarea se tenía que acometer en ambos frentes no sólo en lo tributario.

Lo otro que más me impactó de su presentación fue lo que motiva el título de esta columna. Lo usual en nuestros países es que se busca dar un régimen tributario especial a las pequeñas empresas. Y nos olvidamos que en realidad nadie debería querer que estas empresas se queden pequeñas. Por el contrario el objetivo debería ser que crezcan. El problema es que la diferencia que se establece es tan grande no sólo en tasas sino en obligaciones tributarias que ninguna de las empresas pequeñas que en efecto crecen sienten que crecer formalmente es casi misión imposible.

El Ministro dijo que la reforma tributaria incluiría una reforma del impuesto a la renta de las empresas que estuviese inspirada en como vuela el cisne y no como vuelan los pájaros más pequeños. Estos últimos apenas despegan tratan de tomar altura de manera casi vertical. Por el contrario, el cisne lentamente va tomando altura haciendo que la transición sea casi imperceptible. Eso es lo que quisiéramos para las empresas. Lo ideal sería que las empresas vayan creciendo y que vayan pagando más impuestos sin que esto sea algo traumático. Otra parte de la propuesta de reforma tributaria planteaba que la autoridad tributaria actuara como en beisbol. No se trata de castigar a la primera falta o error involuntario frente a la autoridad, sino más bien debería suponerse que hay buena voluntad de parte del contribuyente y sólo a la tercera oportunidad debería multarse al infractor. Evaluemos lo que otros países están haciendo ahora que estamos armando una reforma tributaria.

Publicado en El Comercio, Junio 2, 2012

Fecha Publicación: 2012-05-19T09:16:00.000-07:00

Esta semana Colombia debió festejar el inicio del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, pero un criminal ataque terrorista contra un ex ministro fue la portada del dia. Después de una dura y prolongada negociación Colombia logró poner en marcha este tratado que explica buena parte de este boom que vive una economía que se estuvo preparando para este momento.

Sin embargo, y esto no es para aguar la fiesta aún más, lo cierto es que los países que buscan ser abiertos al mundo ya no son una minoría sino una mayoría y las ganancias por reducción de aranceles son mucho menores a las que años atrás podrían haberse obtenido.

Estos tratados sirven para que los consensos pro-apertura se vuelvan permanentes y eso es fundamental para la promoción de mayor inversión en nuestros países donde la estabilidad jurídica está tan mal tratada. Además, los tratados de libre comercio no sólo reducen aranceles sino que promueven mejores prácticas laborales, ambientales, entre otras cosas.

Pero el punto que quisiera hacer es que cada vez que logramos una meta hay que inmediatamente pensar en cual es la siguiente meta a alcanzar. A mi juicio, la siguiente meta está íntimamente ligada a temas de comercio, pues finalmente es otra forma de arancel. Me refiero a los costos de transporte. Un producto que debe pagar un alto arancel deja de ser competitivo y por eso no se comercializa en otros mercados. Un producto que para comercializarlo enfrenta unos costos elevados de transporte no llega a un precio que puede competir en los mercados de destino. Esos costos de transporte tienen el mismo impacto que un impuesto. Hacen menos competitivo el producto en el mercado de destino y por lo tanto desincentivan el comercio y reducen la inversión en dichos sectores.

Pero los costos de transporte no son igual de importantes para todos los productos. Lo que importa es el ratio precio a peso. Si el producto vale muy poco relativo a su peso, excesivos costos de transporte harán que dicho producto no pueda ser comercializado de manera rentable. Piensen en casi cualquier producto saliendo del VRAE. Es tan caro el transporte que salvo cosas como las drogas pueden ser suficientemente rentables para afrontar los enormes costos de transporte.

Los gobiernos de la región necesitan iniciar en serio un programa de puesta a punto de nuestra infraestructura para reducir significativamente esos costos de transporte. Uno de los resultados que muestra la experiencia internacional es que los países que tienen altos costos de transporte no pueden diversificar su oferta. Termina siendo un freno importante a algo que es fundamental para no sólo mejorar nuestro desarrollo sino hacerlo menos volátil.  Dada nuestra oferta limitada oferta de productos (en términos relativos a los países desarrollados) hace falta un trabajo decidido para impulsar la construcción de infraestructura necesaria para hacer rentables un sin fin de proyectos empresariales que hoy simplemente no es posible hacerlos.

Para la mayoría de los países de la región ya no es un problema de falta de recursos lo que impide que se cierren las brechas de infraestructura. Inversionistas interesados y recursos no faltan. Los gobiernos de la región no parecen estar a la altura del problema por ahora.

Publicado en El Comercio, Mayo 19, 2012

Fecha Publicación: 2012-05-05T09:15:00.000-07:00

Imagine una familia con una deuda por pagar que es equivalente al doble de su ingreso anual total. En principio ese monto podría no ser problema. Por ejemplo, puede ser que la tasa a la cual crecen los ingresos de esa familia sea digamos 10% al año, con lo cual esa cifra no parece tan complicada de manejar porque esa familia duplica su nivel de ingreso cada siete años. Pero uno podría genuinamente preocuparse si nos dijeran que la tasa de interés que paga por esa deuda es cercana al 10%. Si fuera así más vale que los ingresos crezcan a velocidad similar o sino pronto la familia deberá 3 veces su ingreso anual.

También sería motivo de preocupación si el repago de esa deuda estuviera muy concentrado en el año actual o en el siguiente.  Otra razón para preocuparse sería si los gastos de esta familia superaran en mas del 10% sus ingresos, y dicha diferencia se financiaran con más deuda.

Esta discusión informal muestra los elementos centrales de un ejercicio estándar de sostenibilidad fiscal que los bancos de inversión hacen cotidianamente para evaluar la salud financiera de los países o de las empresas.

Este ejercicio muestra que tan dinámica debe ser una economía que parte de un cierto nivel de deuda para no enfrentar presiones excesivas de pago de sus obligaciones que lo fuercen a tomar acciones que pueden tener consecuencias exactamente opuestas a las previstas. Es decir los ajustes severos pueden reducir el ritmo de inversión y crecimiento y al final se termina recaudando menos y con una mayor presión por mayor financiamiento.

Si los miembros de esta familia que anda con problemas financieros se sienta a la mesa y deciden que lo mejor es que todos hagan ajustes en gastos y busquen otras formas de generar ingresos, uno estaría tentado a decir que pronto (aunque con sacrificio) estarán en una mucho mejor situación. Pero, ¿qué pasa si no hay coordinación y no todos cooperan? Entonces, el esfuerzo no es creíble y no sirve para mucho.

Hoy Europa cambia políticas y cambia líderes y a pesar de ello le falta caminar juntos en un decidido camino de salvación del proyecto de integración. Mientras menos hagan unos, los otros se verán forzados a adoptar políticas de austeridad que ninguna población esta dispuesta a tolerar.

Si una economía adopta ajustes fiscales es porque quiere demostrar que está decidida a reducir sus necesidades de financiamiento. Pero la prudencia fiscal no crea crecimiento si no hay la capacidad de que el mercado crea en que se está en un camino virtuoso. Si los mercados no creen en nuestras acciones nos exigirán más de lo que quisiéramos dar, incluso más de lo que es aconsejable.

A mi juicio Europa debe aceptar lo inaceptable y sorprender al mercado optando no por más recursos via impuestos sino por menor necesidad de financiamiento vía restructuración de la montaña de deuda en la cual están sentados. Economías como Grecia, Portugal o Italia no pueden salir de esta situación sólo con austeridad fiscal. Junto con ello tendrán que implementar programas agresivos para poner sus economías en forma para competir no sólo con Alemania sino con Asia. Otras economías como España y Francia eventualmente seguirán el mismo camino.  Europa tiene que construir este Pacto Fiscal si quiere que el esfuerzo de integración no termine mal.

Publicado en El Comercio Mayo 5, 2012 

Fecha Publicación: 2012-04-21T09:05:00.000-07:00

Una idea que ha sido incuestionable en la región desde hace más de 3 décadas es la necesidad de las políticas sociales.  La justificación ha ido cambiando en el tiempo pero siempre ha habido forma de promoverla.  En un comienzo fue para aliviar los costos de los ajustes para salir de la inflación, luego el discurso fue más redistributivo, y ahora es la inclusión y la necesidad de fortalecer la democracia. Como fuere,  el mandato es que el presupuesto para políticas sociales debe ocupar un gran espacio en el presupuesto público.  

Santiago Levy, vicepresidente del BID, y padre del programa de transferencias condicionadas en México escribió hace unos años un libro que debería ser de lectura obligatoria para todos aquellos que se ponen fajín ministerial. El libro se llama “Buenas intenciones y malos resultados” . El libro en una frase muestra cómo muchos gobiernos se equivocan completamente al adoptar políticas sociales sin preguntarse cuáles son las consecuencias en otros sectores de la economía de esas políticas que parecen tan bien intencionadas.  

Un ejemplo típico es la seguridad social. Estos programas nacieron en la región después de la posguerra (para los más jóvenes, después de la segunda guerra mundial). Era el boom de los sectores industriales en nuestros países y empezaban a ser más visibles en las ciudades las masas de trabajadores dependientes.  Europa continental ya había adoptado estas políticas varias décadas antes y era más que una conquista social una señal de progreso. En la mayoría de los países los trabajadores, las empresas, y el Estado pagaban de manera conjunta este beneficio que permitiría atender a una creciente masa de trabajadores. Hasta ahí las buenas intenciones.

El problema de esta decisión es que este beneficio no tenía el carácter universal a pesar de ser financiado (en parte) con impuestos que todos pagaban. Entonces, este beneficio aparentemente bien diseñado con el corazón pecaba de ser muy inequitativo. Se estaba redistribuyendo exactamente al revés de lo que uno quería.  Pero ese no era el único problema. Sin pensarlo mucho, el gobierno había establecido una diferencia entre el costo salarial de un trabajador formalmente empleado y uno informalmente empleado. Para la empresa de tamaño medio o pequeño se abría la posibilidad de querer contratar a esta persona de manera informal confiado en que los gobiernos pueden fiscalizar medianamente bien a las empresas grandes pero es casi imposible hacerlo a empresas más chicas.  Lo cierto es que ahora había un incentivo para demandar más trabajadores informales. Ese es un resultado que no lo quiere el Ministro de Economía, ni tampoco el de Trabajo o inclusive el de Salud.
Lo que corresponde es dar ese beneficio de manera universal pero financiarlo con impuestos generales. Hoy, los países de la región están muy lejos de este ideal. El financiamiento de muchos de estos programas está asociado a ser trabajador dependiente. Es decir, cada programa adicional hace más y delgado al sector formal. Es decir, se promueve la informalidad, las firmas más chicas y por tanto más improductivas.  ¿Están los gobiernos dispuestos a reducir significativamente el costo de ser formal? 

Las políticas sociales mal diseñadas terminan segmentando el mercado laboral, es decir, promoviendo informalidad y baja productividad. Como dice Levy, la informalidad cuesta, nos empobrece.

Publicado en El Comercio, Abril 21, 2012

Fecha Publicación: 2012-03-24T09:01:00.000-07:00

Empezaré aclarando que esta columna no significa que proyecte mi próxima muerte  sino sobre el optimismo excesivo que muchas veces es un virus con efectos mortales en los empresarios, y en general en quienes toman decisiones. Esta columna es sobre proyectos que mueren. Mejor diremos sobre proyectos que fallan para quitarle el drama al asunto. En el fascinante libro de Daniel Kahneman que sigo leyendo con mucho entusiasmo (Thinking, fast and slow) el refiere a un trabajo junto con Gary Klein sobre algo que es muy común en los proyectos empresariales: el optimismo excesivo.
Cuando un empresario tiene una idea de un nuevo negocio lo más común que se encuentra en los estudios que se han hecho sobre el tema es que abunda el optimismo más allá de lo aconsejable.  La gente que emprende negocios cree que va a ser exitosa y no quiere escuchar que en promedio 70 por ciento de los nuevos negocios a los tres años habrán cerrado. Este exceso de optimismo hace que tomemos decisiones erradas. Nuestra condición de promotores de la iniciativa nos impide tener una mirada desapasionada de las proyecciones y nuestro entusiasmo prima sobre las dudas.  Para esta situación, estos dos autores proponen un ejercicio (el premortem) que es una suerte de ducha fría de realidad que puede evitar perder no sólo la ilusión de un buen negocio sino también los ahorros de una vida.
El ejercicio del premortem exige que los responsables del proyecto piensen en la decisión que se está a punto de tomar.  Deben suponer que ha pasado un año y en efecto la idea se puso en marcha pero fue un rotundo fracaso. Los responsables deben de escribir en 5 ó 10 minutos una pequeña historia sobre lo que ellos creen provocó el desastre. Es mucho mejor hacer un premortem que equivocarse en la realidad y hacer un postmortem donde se recojan las razones por las cuales el proyecto efectivamente no funcionó.
Este simple ejercicio sirve para hacer visibles algunos temores que más tiene pero no quiere hacer público para no ser el aguafiestas o parecer poco comprometido con la idea.  Además, rompe la marea incontenible que muchas veces representa una idea que madura dentro de un equipo, y donde las dudas iniciales no son aceptadas con tanta apertura y por lo tanto muchas quedan sin ser siquiera consideradas.
Así que ya sabe, la próxima vez que esté a punto de tomar una decisión empresarial importante o que un funcionario público acepte el diseño de una reforma, exija a su equipo hacer un premortem. Muchas de las ideas que surjan seguro servirán para mejorar el plan de negocios o la propuesta de política. Es común olvidarse que la competencia responderá, que la última línea del proyecto depende demasiado de una regulación que podría ser modificada, o que esa innovación dejó de serlo hace meses y no somos los únicos detrás de la misma idea.
Sea cual fuere la posible razón del anticipable fracaso de su proyecto sería mucho mejor enterarnos ahora y poder evitarlo pidiéndole a su equipo hacer un serio ejercicio de escribir un premortem, que luego escribir un postmortem con olor a autopsia de una idea que algún día pareció brillante, y con una billetera doliente.
Publicado en El Comercio, Marzo 24, 2012