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Antiguos Nuevos Sueños

Estábamos en un colegio muy parecido al cual yo solía asistir en mi educación primaria. Estaban los tres patios, casi la misma distribución de áreas salvo por una pequeña diferencia: los salones de primaria, por donde se puede acceder a la puerta posterior del colegio que da a la iglesia, ya no estaban ahí. En si, toda esa parte estaba totalmente cambiada. Finalmente no era el colegio donde yo pasé mis infantiles momentos. Ahí estabas tú y tu hermana, viejos amigos que ella y yo teníamos en común y demás personas que ahora no reconozco. Todos éramos alumnos. Todos vestían ropa muy ligera, yo vestía algo formal y se podría decir que tú estabas a tono: vestías un bikini. Rojo, si la memoria no me falla. Lógicamente, vestir bikini en un colegio no suena cuerdo, pero en éste centro educativo todo era diferente: la única parte que faltaba para que se parezca a mi escuela (la zona de educación primaria) era mar, apacible y algo oscuro. Un colegio con salida al mar con cientos de escolares gozando de la tranquilidad de sus aguas.

Puede sonar a locura, pero en ese momento todo parecía normal, como si no fuera novedoso. Observabámos, desde lo alto de una especie de terraza, el sol en su apogeo, el regodeo estudiantil y el mar típico limeño que difiere de las cristalinas aguas caribeñas ya que las nacionales están cargadas de peces y demás alimento. El mundillo escolar parecía feliz saltando, corriendo, esperando el romper de las olas. Todos, ataviados con ropas de baño o vestimenta ligerísima, se divertía a lo grande en un recreo que duraba poco más de una hora. Era increíble ver como una mini-playa se posicionaba alegremente en un colegio, rompiendo todo tipo de lógica.

De cualquier forma, ellos parecían muy divertidos y nosotros también. Desde lo alto de la terraza teníamos cierto aire de sofisticación impensada. Y, mientras tu hermana hablaba alegremente con las personas que nos rodeaban, yo me acercaba a ti, me apoyaba sobre el muro en el que te habias sentado, y te rodeaba con un brazo. Podía percibir que estabas molesta conmigo a cientos de metros, pero quería arreglar todo y volver a sentir tus caricias. Y, claro, no arruinar el buen día. Tu hermana aprovecha una sonrisa para lanzarme una mirada con mensaje. "Y?, ya está?"parece querer decir. No podía responderle con palabras así que me encogí de hombros y volví a ver la felicidad reflejada en el centenar de alumnos en el mar.

De pronto, volteo a verte y, en uno de esos actos coquetones que nunca se esperan, veo algo muy parecido a un beso volado. Una puerta abierta con el mensajito de "Ven y bésame". Era la oportunidad perfecta, era como si me pusieras alfombra roja en una recepción, me dabas alas y yo me la comenzaba a creer. Un segundo, dos, cuantos más deberían pasar? Ni idea. Mi brazo, rodeando tu espalda delgada, se había quedado inmóvil. Mis ojos te recordaron antes de ponerme a tu lado: preciosa, delgada, pequeña. Me moría por ser recíproco pero tenía dudas: a que viene ese cambio repentino? Acaso te cansaste de estár molesta? No podía pensarlo por mucho tiempo, no quería divagar tanto. Tenía que ser ahí mismo. Las miradas de los demás están ausentes. Es como si el mundo hubiera conspirado para hacer realidad aquel beso que viaja por el viento hacía mi. Pero estaba atónito, no me lo esperaba. Tenía que hacerlo ahí mismo, más tarde solo sería perjudicial. El sol se puso más fuerte pero el sudor no hacía su trabajo. Decidí arriesgar.

Aun impávido por lo sucedido, decidí lanzarme al todo o nada. Total, que podía perder? No sé cuanto me querías pero quizá me querrías más. Yo solo quería volver a sentir tus labios tibios, volver a sentarme contigo y conversar, volver a lo que nunca quise dejar: a ti. 20, 21, 22 segundos. Las ganas por besarte se derramaban por mis ojos. Mojé mis labios fríos y te tomé por la cintura y me fui acercando progresivamente. Tu me mirabas como poseída, con esos ojos extraños y sempiternos, etéreos. Como los amaba. Mis labios iban en dirección a los tuyos. A punto de tocarlos, sentía como tu piel cedía ante mis impulsos idilicos. Solo pensaba en el beso profundo que te quería dar, el beso que siempre ibas a recordar. Era el beso que tú siempre quisiste para redondear noviembre y no cansarte en marzo. Pensaba en el beso, planeaba el beso. Pensé tanto en tus labios que no me di cuenta cuando apartabas tu rostro de a pocos, como quien espera un "disculpame" en susurro, cerca a los labios, como antesala de los buenos besos. De pronto, el timbre que anuncia el termino del recreo también terminó con nuestra cercanía y nos unimos al mar de gente que regresaba a sus salones para continuar con las clases. Solo se quedaba el sol, anfitrión lujoso de lides playeras.

&&&

Salí del colegio con dirección a mi casa. Me iba solo porque tú siempre andas con muy poco tiempo y apenas nos vemos poco más de 30 minutos para que tu mamá no sospeche nada. Igual, me llamaste para preguntarme si podías ir a mi casa. "No puedo, tengo que trabajar a las 2pm" respondí y, para mi sorpresa, no escuché reproche alguno. Cierto aire de tranquilidad envolvía la extraña ciudad que tenía enfrente: una arena blanca reemplazaba las rasposas y maltrechas pistas, las casas eran grandes, normalmente pintadas de blanco, y todo estaba callado. Me hacía recordar a Piura: tan calmado, lento, dormitante. La gente, algunos sentados en las puertas de sus casas, saludaban alegremente y los ancianos caminaban sin apuro, con impunidad. Parecía aburrido y pacífico. A pesar de parecerme extraño, sabía que no estaba muy lejos de mi hogar, así que no apuraba el paso.

Al llegar a mi casa, dejé mis cosas en un lugar cualquiera y procedí a ponerme ropa más cómoda. Mientras, echaba un ojo a lo que me pondría más tarde para ir a trabajar. Pantalón negro de vestir, una camisa sin planchar y una chompa color plomo claro. Era lo más pesado de mi trabajo de seis horas: tener que vestir como a uno no le gusta. Igual, con el tiempo se hacía una cuestión menor y lo olvidaba rápido porque me la pasaba bien allí. El tímbre sonó y mi madre me anuncia la llegada de un muy buen amigo. "Jesús ha venido" me dice, en tono casi bíblico. Lo invito a pasar a mi cuarto y sostenemos una de esas tertulias que no teníamos hace un buen tiempo. El tímbre había sonado unas cuantas veces más pero no me fijé en quien era por lo interesante que estaba la conversación. Jesús había traido unas gaseosas y las bebiamos a persiana cerrada, olvidandonos del mundo y su lenta rotación. Luego de tanto palabreo, me disculpé con él y le dije que no podía quedarme más porque tenía que trabajar. Jesús puso un rostro de aceptación resignada pero se quedó contento por los minutos que pasamos hablando. No era mucho tiempo, pero algo era algo. Lo acompaño a la salida y en la sala estabas tú con mi mamá y unas amigas tuyas. "Sabes que hora es?" replicó mi madre.

No podía creer lo que veía. No podía creer a aquelllas engañosas agujas! Como fiarme de aquel engranaje dudoso? no debía fallar alguna vez? Las pilas alkalinas no son eternas, eh? "Dejate de sonseras, ya?". Miré en mi celular, la hora digital no podía fallar. Pero falló y ya me parecía extraña la similitud. "Son las 6pm, hijito, yo no sé si vas a ir a trabajar o solo a hacer acto de presencia" dijo mi mamá, sorpresivamente sonriente. Solo solté unos cuantos murmullos. Giré para verte.

-Para eso me dices que no venga? -protestaste- Es que acaso ya no me quieres?

Aun boquiabierto, quería decir algo. Articular palabra alguna. Aunque sea soltar un murmullo. Quise decirte lo mucho que te amaba, que mi corazón solo se movía por ti y que nunca encontré apoyo mejor que el tuyo. Quise decirlo y acercarme, besarte, abrazarte. Todo en frente de mi vieja, tus amigas y quien más quiera verlo.

Pero no pude. Sentía como la garganta se bloqueaba. Cuando por fín sentía descongestionamiento pude ver que tu expresión no era de molestia. Solo de jugueteo, de picaronada. De "te quiero", de "te esperé", de "vine a verte". Y mientras se dibujaba tu sonrisita, aquella que siempre rogaba por ver una vez más, sentía como me regresaba el aire, las palabras. Estaba a punto de soltar una...

Pero desperté.

A media noche por las calles de Balconcillo

Escuchaba una de esas canciones antiguas que ponían en las primeras fiestas de quince años, mientras pensaba en cómo cada una tomo una dirección diferente...

Las conozco por mas de diez años y me parece increíble cómo ha pasado el tiempo sobre nosotras; de hecho ya no somos las niñas de antes, que pasaron de pelear a sufrir por hombres. Lejos ya quedaron los tiempos en que renegábamos por las monjas y nos escapábamos de clase; ahora somos grandes, somos mujeres adultas, aunque suene extraño.
Sin embargo, después de más de una década vinculadas de alguna u otra form, sigo teniendo la sensación de siempre, sigo encontrándome en la posición de garante de cuando hacíamos travesuras en la secundaria, cuando el jefe de normas nos llamaba la atención y alguien tenía que dar la cara para responder e intentar salvarnos de un castigo o citación para nuestros padres.

Hoy en día todo es diferente, ya no nos vemos con frecuencia, nuestros cuerpos, mentes y almas han variado tanto que quizá podríamos no reconocernos; pero luego de lo acontecido en los últimos meses, puedo afirmar que sigo queriendo a esas chiquillas como toda la vida a pesar de nuestros errores, y sé que puedo confiar en ellas incondicionalmente, tanto así como para realizar las locuras que se me ocurren con frecuencia.
Entonces, en estas circunstancias me pongo a cuestionar mis propios fundamentos, pues suelo pensar que nacemos y morimos solos, que la gente es descartable, accesoria y tiende a decir adiós; pero en una noche como esta tengo la esperanza de que nunca será tan terrible, nunca tanto como para quedarse absolutamente solo; y si algún día sucede, podré recordar los gratos y no tan gratos momentos que pasamos juntas cuando adolescentes; tendré en mi memoria las imágenes de quienes fuimos y ese es el único para siempre en que creo.

Tengo una sensación rara, estoy inerte. Nadie está libre de nada y de momento me siento culpable por quejarme de todo ya que en realidad siempre puede ser peor, mas esta vez tengo la oportunidad para decir que me fue mejor de lo que pudo ser, ya que no quisiera estar en la situación en la que ella se encuentra. Si lo sucedido implica finalmente un asesinato, asumiré mi proceso por instigación, pero jamás me arrepentiré.

Finalmente, agradezco al destino por haberlas puesto en mi camino porque, mal que bien, sigo queriendo demasíado a esas zorras.

Corpórea Felicidad

A Gianna L. A.


Ahora sonríes, sin dientes y con los ojos semiabiertos. Ligeramente rasgados como los mios, con el cabello tan negro y sedoso como la crin de un indomable caballo. Pero tú nada que ver con eso. Ahora bostezas tranquila entre mis kilométricos brazos. Simple, vestida de blanco y con un lloriqueo común cuando te sientes en fastidio claro. Habrá que seguirte, moverte, darte lo necesitas. Lo que sea por ver esa sonrisita.

Pero cuando tú y yo nos vímos no reíste. Lloraste al pasar por ese carnoso umbral, puente de vida, lo que separaba tu acuatica vida del mundo real. No te preocupes, todos lloramos al llegar aquí, todos. Será que uno ya siente que el reloj comenzó en cuenta regresiva y te das cuenta que en cada día más viejo te haces. Pero a ti te falta mucho. Muchísimo.

El día en que nos conocimos, yo llevaba una cámara para grabar cada instante. Cada momento en que tu te vieras involucrada y lloraste y te ví igualita a mi. El círculo sigue dando la vuelta, pensé. Todo tiene su razón. Ese mismo día, cadetes pasaron corriendo por la Av. Salaverry, como saludo marcial de tu llegada. Los veía mientras esperaba en fríos pasillos de asientos oscuros que apenas viste con tus obnubilados ojos. Apenas me viste a mi, claro, y no recordarás mi apariencia en aquel día, mi inusitada barba, mi cabello largo, mi rostro ajado por el tiempo. Pero yo si te recordaré, pequeña y grande a la vez.

Tú llegaste ese día, pero yo ya te esperaba hace varios meses, quizá otras personas más. La tierra gira y nosotros no sentimos cuando se mueve. Igual, observas hacia el cielo y recuerdas cuando te conté, secretamente, que Álvaro Vargas Llosa había dicho que el cielo limeño no tiene arreglo y que yo estaba totalmente de acuerdo.

Quizá, mas adelante, mires al cielo y también te des cuenta que no tiene arreglo, pero mirarás la tierra y entenderás que todo lo demás si. Y que cuando salgamos a caminar bajo la lluvia, lo primero que te diré es: deja que se mojen con las gotas tus palabras. Será lo único que te diré, luego de darte un lapicero y un papel.

y si fuera mas egoista??

un reciclado de hace tiempo q aun sigue siendo cierto..
Quizás no se romperían todos mis sueños, quizás la esperanza se contendría tan sólo en los límites de mi universo y, de este modo, la fustración no se adueñaría de mi alma. Sería posible que mi felicidad ocupara mi horizonte, podría tender mi mano sin encontrar sólo el vacío, podría ver en los ojos de los otros un reconocimiento, huiría el atrevimiento, la osadía, el abuso, porque serían incapaces de burlar mi corazón, un corazón ocupado solo por mi ególatra punto de mira desde donde enfocaría al mundo.

En el fondo me parece un pensamiento horrible, pero quizás el egoísmo preserve, quizás impida el derrumbe, incluso puede que me haga mejor persona si consigue que llegue a quererme.

Detestaba el egoísmo, me parecía una versión disfrazada del mal pero me doy cuenta que es necesario para la supervivencia para evitar la aniquilación de mis sueños, de mi alegría, de mi anhelo, si consigo un egoismo controlado y racional, equivalente a mi entrega, sin prescindir del reconocimiento a los demás, con prudencia, comedido, algo tímido incluso pero firme, como mi sentir hacia los demás, un egoísmo que me refleje y contenga también a todos, que los preserve, que no los toque con mi decepción, porque siendo yo egoísta quizás podré entender el egoismo de los demás.
Por q si hay algo q he aprendido es que nadie es como yo, nadie siente igual que yo, y nadie trata a los demas igual que yo, tal vez siendo mas egoista pueda entender por que ?? no crees???

regresa, dime que suba y me siente a tu lado*

Casi las nueve de la noche en el paradero de la universidad, esperaba con paciencia, porque el tiempo no importa, un vehículo que me conduzca a casa nuevamente.
Debo reconocer que fue extraña la sensación que se apoderó de mi por unos segundos. Dirigí mi mirada hacia lo alto del nuevísimo edificio de la PUCP y por primera vez pensé en el viento helado que se debería sentir al lanzarse desde el piso 12; consideré también que quizá sería conveniente tener siempre una muda de ropa preparada o por lo menos prevista para verme decente en mi funeral.
Jamás en la vida había imaginado mi cuerpo dentro de un ataúd, pero tampoco había planeado mi fin; ya que pobrecita mi madre al quedarse viuda y encima sin hija en menos de un mes!, y entonces me percaté también que ni siquiera existe una palabra que se refiera a la madre cuyo hijo/a fallece pues aparentemente no es lo normal.

Dejé de leer un capítulo sobre derechos reales para sentarme frente a esta pantalla y hacer todos los test de depresión que encontré online. No hubo sorpresas, gracias a Dios porque no me agradan. Supuestamente sufro de depresión severa, y claro, es compresible, no? Mi viejo falleció hace menos de un mes y de hecho debo estar dolida, la gente no es de hierro y menos una persona tan vulnerable como yo; sin embargo, hay un pequeño, casi milimétrico detalle: todas las respuestas son casi iguales a lo que habría dicho hace un año o quizá dos.
Pero a final de cuentas, mantuve la calma, ahora es fácil porque estoy casi inerte. Tomé decisiones en mi vida, y a pesar de ser tierra árida desde hace mucho, abrí el blog para decir ese casi nada que tengo para expresar.

Finalmente, me acordé de la persona que en un inicio me agregó aquí y de momento traté de ver el lado POSITIVO de mi afortunada vida (seee hay un lado positivo siempre, a pesar de que necesite medicación). Luego de hacer 20 test o más, puedo reconocer que aún me mantengo en mis casillas como para determinar lo que haré sin dificultad, sin sentir dependencia ni volverme incapaz de sobrevivir (Véase Distimia); además, sigo siendo una persona inevitablemente sincera y honesta (Véase diferencia semántica también) y que luego de estos días, meses o años (aunque ese viejo diga que no aprendí nada, que soy una persona seca y poco cariñosa), pude alguna vez dejar de llorar o de no hacer absolutamente nada, para pasar a reconocer que parte de este infierno está en mi cabeza y que tal vez tenga solución.


* porque efectivamente no soy metálica y aún te extraño, Santiago.

Nos vemos pronto, Santiago

Y vi el rostro de mi padre apoyarse en el pecho de ella mientras la tomaba violentamente por la cintura, con la última fuerza que su frágil cuerpo conservaba, como una explosión de adrenalina que duró un segundo, su último segundo.
Luego de aquella imagen, la incertidumbre se apoderó de mi, porque una parte creía que sólo era una desmayo, que no se iría; después tomé su mano y noté la falta de pulso. Ya no estaba.

Comencé a considerar que los últimos meses fueron una especie de pesadilla de la cual saldría algún día, y me pregunto entonces si ese día ya llegó, pues es difícil describir esta situación ahora, cuando han pasado menos de 48 horas, cuando sus cosas están tal cual él las dejo; ahora que mi hermana pasa el día llorando y yo con una sensación extraña dentro.
Es uno de esos momentos en los que ninguna canción parece adecuada porque hay miles de sentimientos encontrados, y tengo la impresión de que así como la vida continúa, también podría empeorar.
Tengo miedo de absolutamente todo, y esta vez no me cuesta admitirlo, porque sé que ahora llegará la noche, iré de regreso a mi habitación y no estará él cerca como impedimento de mis lágrimas; tampoco habrá el motivo para levantarme en las mañanas cada día y ahí veo la avalancha venir.

Vómitos citadinos


Luz. No la puedes evitar aun si le das la espalda. Persianas abiertas y la modorra que dicta quedarse en cama. Pero no, mis legañosos ojos ceden y se paran frente a la ventana para correr las persianas un poco. Las calles. Estas calles son las mismas. Tus calles, mis calles. Sentido de pertenencia. Tu las recorres, yo viví cerca toda mi vida. Así es la vida. Lima es mia y tuya. Y, claro, de todos los demás. Ésta es solo una parte de la cícatriz. San Juan de Miraflores, señores.

Harto de la ventana. Tomé un café, me lavé la cara y mude la ropa. Las llaves al bolsillo y el sonoro "Ya vuelvo" se habían vuelto una constante en el éxtasis de mi adolescencia. Siempre volví tras esos pasos. Por eso, ya me encontraba en la puerta de fierro, verdosa, un día fue negra. Las cosas cambian, aparentemente. Pero aquellas calles no suelen cambiar. Las piso. Jirón Torres Paz. Caótico, mi jirón, tu jirón también. Cruzo la pista. Av. Buenaventura Rey. Y vuelvo al jirón. De lejos, ya viste todo plomo y la principal no es excepción. Av. Los Héroes. Te das cuenta de que llegaste por que está agrietada, vieja ya. Delante, inservibles rieles del útopico Tren Eléctrico se alzan. Plomos. Da pena. Las columnas que la sostienen son improvisados paneles del cual afiches cuelgan como noticias en periodico mural. Idea de algún ávido publicista kitsch, quizá.

Cruce de Jr. Torres Paz con Av. Los Héroes. Detras mio subsiste un pequeño puesto de vigilancia. Siempre está vacío. Su principal tarea es organizar los paraderos en las avenidas. Es decir: dejar que tipos como yo no tomen ningun automóvil en esa cuadra. De más está decir que no se cumple la meta y, ocasionalmente, sirve como punto de acopio de policias y demás fuerzas del orden. Aquel puesto es amarillo pero cede al color de la ciudad y se torna plomizo, como seco. Antes de aquel inservible cubil de centinelas, el alcalde pensó que; ante tanto smog, era necesario oxigenar pulmones con forestación. Colocaron cuatro o cinco débiles y delgadas plantas. Murieron al día. Nadie las extrañó así como nadie extraña a los policías que deberían ordenar el insano tráfico. Estiro la mano. Paró un bus color mostaza. Línea 76.

Luego de pagar pasaje, me senté en una de esas sillas que miran en sentid contrario al volante. Muchos tranvías de gran capacidad los tienen y la 76 es uno de ellos. Observé como se mantenía el smog y el colorido plomizo, los graffitis en pared. Unos jóvenes artistas urbanos tocaban melodías serranas que, desgraciadamente, desconozco por entero. La gente sonreía por las quenas, guitarras y antaras. Frente a mi, una graciosa nikkei. Su tez blanca contradecía orientales rasgos delatados por sus rasgados ojos, su rostro pequeño y delgado, su cabello lacio y negro. Me miraba, curiosa, y volteaba a la ventana. De pronto; entre música, murmullos y miradas, comenzó a oler a alcohol.

"Vayaaanse, vayaaanse, ustedes no saben nada" se dirigía al grupo de música. Era un tipo que aparentaba 60 años. Vestía un saco negro rotoso, un gorro polvoriento y cargaba un saco grande y oscuro con el contraste de un morral azul eléctrico. De su rostro grasiento destacaba algun problema en el ojo que le obligaba a tenerlo cerrado, como un guiño eterno. "Yo les enseñaré que es música" vociferaba, con voz rasposa de alguien ahogado por alcohol. Los jóvenes artistas se callaron. "Yo les enseñaré que es un artista buenazo. No se dejen engañar por estos vagos, yo soy conocido, un artista buenazo, he salido en la televisión. Tocaré para ustedes como hacía en Huancayo, ya verán" decía, una y otra vez, por varíos minutos. Se tambaleaba y no por baches en las pistas. Finalmente, decidió sacar del saco un gastado violín. "Ya verán lo que es un artista buenazo" dijo, por última vez.

Muchos artistas, conocidos o no, rozan la desgracia por diferentes razones. Mucho o poco éxito, mucho o poco dinero, muchas o pocas ideas. Cualquiera sea el motivo, este individuo se refugió en el alcohol. Aun así, el talentoso demuestra su arte aun si toca la armónica mientras se inyecta heroína. La pelota no se mancha, decía Maradona. "Tiene pinta de ser maestro" pensé. El viejo prometía un bolero y un huayno de su Huancayo natal (sic), emplazó el violín al hombro y cogió el arco para posarla sobre las cuerdas y desprender finos sonidos. La vara se meneó unas cuantas veces antes de que se froten contra aquellos guresos hilos afinados.

El viejo seguía tambaleandose mientras su unico ojo que parecía funcionar trataba de ver bien. Esperaba con ansias la melodía del violín puesto que me gusta aquel instrumento aunque nunca pude aprender a tocarlo. Desafortunadamente, nada clásico llegaría a mis oídos, pero es bueno para olvidar la extraña Lima. La nikkei sigue frente a mi y me observa. Le devuelvo la mirada, se cruzan. Flirteo pasajero de pasajeros de la 76. Alguien habrá conocido a su novia, amante o futura esposa en un bus? Improbable, cuando uno viaja en el transporte urbano sólo quiere descansar, alejarse totalmente. Cada uno vive en su mundo y voltea el rostro hacia la ventana o su acompañante pero ésta descendiente japonesa parecía interesada en algo que no iba a pasar: hablarle. El viejo borracho se cae tapando nuestras miradas. Olía a pisco. El violín que sostenía no le permitía sostenerse a si mismo.

Apoyado sobre un asiento, el viejo volvía a lo suyo. El arco por fin besa las cuerdas. Dwiii. Un chirrido extraño. Chirrido. Chirrido. "Está practicando" pensé, afligido. Dwiiiii Dwiiii. Golpeó el arco contra las cuerdas. De nuevo un chirrido. No podía creer como jodía el fino arte de tocar violín, como asesinaba demencialmente las cuerdas. La japonesa sonrió y yo no era el chiste, menos mis palabras. "Ésta fue para la señora, ahora tocaré un huayno de mi tierra" dijo, orgulloso. 25 segundos más de chirridos insanos. Mi cabeza estaba a punto de explotar. Pobres cuerdas. Perdónalo, Stradivarius, el alcohol nos idiotiza a todos.

Terminado su acto, repartió volantes amarillos que llamó "regalos" para promocionar algun bar de mala muerte. La gente lo compadecía, otros sólo lo miraron con rabia. Muchos ni lo miraron. "Uno a veces no sabe donde comprar (cerveza), ahí les doy este volante, tiene dirección y teléfono" decía muy serio, sin ironizar sobre su situación. Con el descaro de su borrachera pidió dinero en alguna putrefacta bolsa celeste. Pocas monedas sonaron. Cuando pensaba se bajaría, se sentó en uno de los asientos del fondo y recostó la cabeza. Probablemente, el chofer no le dijo nada para no discutir con borrachos. El problema de no contar con cobradores, supongo.

Mi destino estaba sólo a unas cuadras y el frio golpeaba hasta los huesos. Me paré y observaba el sitio al que recurrí los últimos dos años casi religiosamente. No volteé a ver la reacción de sus ojos rasgados japoneses, me dirigí directamente a la puerta del fondo y toqué el timbre. El borracho yacía ahí, con su enorme panza en desproporción con el asiento. El frío martillaba mi organismo el cual, días atras, había salido airoso de una batalla con la fiebre. El viento y las calles que no cambian. Este sitio era más seguro y el frío más insistente. El peso del invierno y yo regreso del infierno.

Devaneos Nocturnos*

*Acontecido en la madrugada del sabado 12 julio, minutos despues de salir de la casa de Claudia, entre las 2am y las 6am.

De nuevo en la calle. La huaca se erigía como un camino obnubilado por el follaje y las paredes que daban paso aquella cárcel de animales que lleva a los niños al regocijo (y a los de PETA al llanto). La huaca no marcaba el paso, menos las avenidas, capicúas calles que ahora vemos apretando los párpados y no logramos mantener el paso firme. El futuro se torna incierto y el dinero escasea en las billeteras, casi tan efímera como siempre. Jesús, Giancarlo, David y yo. Todos borrachos. Todos con sed.

"Vamos acá donde unos patas" exclama Jesús con la timbre de voz que solo un beodo podría tener. David se quería ir con la única moneda que contaba en su bolsillo, mientras miraba todos los autos pasar, apretaba la moneda entre sus manos, último pasaje a la puerta de su casa, donde podrá suspirar con tranquilidad. Otra pitada a mi cigarro, otra mirada perdida, otra razón para irme. Igual, todos subimos al taxi con Jesús, rumbo a cualquier sitio.

Bajamos en un parque al cual no le reconocí ni las raices. Igual, me sentí cómodo y acepté el ron que tres extraños me alcanzaban. "Ya estás borracho, Jesusito?" dice uno de los extraños, "Aún no se ha convertido?" agrega otro. Sonoras sonrisas que despertarían a media mundo, pero hoy el mundo parecía dormir y nosotros aprovechabamos la coyuntura del momento. "Tranquilo nomás, chino" me dijeron "serenazgo no pasa por aquí". Nos fuimos a comprar cigarrillos. Terminamos en otra avenida principal, esperando otro taxi.

David no aguantó la presión de su unica moneda y decidió darle la vida que él mismo había planeado: la plantó en la mano bacteriosa de el cobrador de un carro que la borrachera me impidió identificar. Por eso, solo tres viajabamos en el taxi ahora. Yo, sentado adelante, escuchaba el presunto destino. "Aduana". Callao. Ni el cinturón de seguridad me salvará.

Luego de sacar dinero de algun cajero fantasma, nos dirijimos a un bar mugriento, de mala muerte. El piso, esparcido de barro y agua, era trampa mortal para borrachos devaneantes. La cerveza era la reina de la noche y ni el frío impedía que esta se adentre en nuestross organismos. Las mesas de afuera estaban llenas con risas y cervezas. A esa mesa le faltan los platos, pensé. Jesús se quería ir mientras descubría su herida en la mano y escuchaba confesiones de Giancarlo. Mientras, yo me enteraba que la chica que nos surtía de cerveza se llamaba Beatriz y estaba cansada de borrachos. "Menos de ti, porque eres nuevo" finalizo, para dejar más cerveza. Un guiño hizo que le siguiera el rastro con la mirada, pero me quedé inmóvil. Prefería el exilio a alguna aventura con la primera mujer que muestre interes. Se aparecieron más personas ávidas de cerveza. Hora de irnos.

Quedaban 6 cervezas, nos llevamos las botellas. Fuimos hasta la av. Tomas Valle para cuidar a Jesús y dormir todos en casa de Giancarlo. Borrachos a más no poder, Jesús quería irse a su casa y Giancarlo insistía que "en su casa todos estaríamos bien". Me senté y me encontré con un tipo. Le pregunté que opinaba de mi amigo y, con sinceridad, lanzó la frase: "ya está en la sartén loco, ya está lista esa presa". Pero desistío porque somos tres y él comienza a trabajar hoy: Cobrador de la S. A ver si me recuerdas y no me cobras pasaje, le dije. "No te pases, compare...guarda que tu pata se va". El rastro de Jesús cruzando la av. Tomas Valle y nada más. "Lo perdimos, huevón".

"Yo lo tenía que cuidar, madafaca. Que le voy a decir a Claudia?". Ya fue, bro. Lo perdimos. "Ahí está mi viejo". Teníamos las 6 botellas y, abrazados, tratamos de hacer equilibrio y caminar bien.

-Señor, buenas noches
-Buenos días, querras decir. Y esas botellas?
-Usted sabe...
-Tienen suerte de que no les haya pasado nada.

Fue ahí donde les soltamos nuestra frase preferida: "Los tunantes nunca mueren porque están llenos de vida".

Lejos de aquí

A la negra Claudia, en su cumple

Encontré dos morenas sonrisas camufladas con la oscuridad de una bombilla inutilizada. A su derecho, un alcoholizado compañero esperaba que el vaso circule rápido para saciar su inacabable sed por aquel rubicundo brebaje. Desiree, la de mensajes de texto controladores, me recibía con abrazos usuales. "Yo sabía que vendrías". Era el tema: te esperabamos a las 2.30 pm. Eran cerca de las 6pm. Ay Gianfranco.

Sentada en un mueble de innumerables batallas cobradas con alcohol yacía Claudia. "Peque" o "Negra", para los amigos. Su tez oscura se escondía bien entre las penumbras de la casa de Giancarlo. Entre besos y abrazos sonrió, aunque sin cervezas en su mano, la sonrisa denotaba felicidad debida. Era su cumpleaños, todos tenemos el derecho.

Cervezas habían, iban y venían. Aquel rubicundo brebaje con efectos increibles ahora pasaba por mis manos. Garganta refrescada, reloaded. Salud David, veo que acabas de llegar. Somos 5, terminemos de tomar que aun nos falta un lugar. Salimos.

El tiempo tiene ruedas

Fue a las 2:30pm la cita en algun punto preciso de Plaza San Miguel. No pude ir. "Desi, hasta que hora puedo ir?" y la respuesta me llevó al Callao. 4pm. "Todo Benavides, Larco, Pardo, Salaverry" gritaba un escuálido cobrador, camisa azul asquerosa por algun aceitoso liquido. La línea S es una combi, auto de proporciones tan pequeñas que resulta cruel para los individuos con más de 160cm o un gentío que solo quiere regresar a su casa. Resulta difícil para el desplazamiento, para sentarse o para escapar de olores incomodes. Para el cobrador resulta difícil cuando quiere desalojar algun avezado pasajero que solo quiere pagar un 1 sol hasta el Callao, desde Surco y sin carné universitario. Sentado adelante, el pasajero no parece querer ceder. Luz roja. "Ya pe' compare, bajate, te crees pendejo?". Aprovecho para subir.

Las calles limeñas son como anacondas de concreto, serpenteantes y agrietadas. Y, como una anaconda, estas calles te devoran sin importar tus problemas o el tiempo que tienes para resolverlo. A medida que el auto me transportaba por diversas calles me daba cuenta que era excusa perfecta para justificar mi tardanza. "Hasta las 6.30pm estaremos en el Callao, despues ya vemos. Te esperamos". Clic Clic Clic. Cierro el celular. Desde Surco hasta el Callao, de un extremo de Lima al otro.

"5pm" en la pantalla del celular y la Av. La Marina se erigía con la fastuosidad de una avenida principal. Mientras cierro el celular me pregunto si a Kristin Kreuk, a quien solo reconozco por su papel de Lana Lang en Smallville, le gustaría saber que le está haciendo promoción a una peluqueria ignota del tercer mundo, sin contrato firmado. El peluquero, ansioso sentado en la puerta, podría responder con arañazos para el despiste de rigor. 30 minutos más tarde y llego a territorio chalaco. Al Callao se le reconoce desde que uno lo pisa, será el olor de la tierra.

"Donde estas?". Sonrío cuando dos perros me abordan con sendos ladridos intimidantes. Tony Montana es más enfatico, quizá renegado de estar relegado por la correa perruna en vez de gozar de los millones de su tocayo. "Abranme la puerta". En vez de eso, abrieron dos cervezas.

San Miguel

San Miguel no es un extraño para mi. Ya nos hemos encontrado antes, alguna vez con cervezas de por medio. Otras, para amar a una pequeña marciana bajo el sol. Era la primera vez que iba acompañado, a bordo de un taxi. Mi vejiga a punto de explotar y el chofer explotando al máximo su station wagon blanco. Esos son los momentos en que el cinturón de seguridad presiona y los segundos son horas. Y, claro, San Miguel podría ser Venus o Plutón.

Llegamos a una calle tranquila, callada, adornada por un parque con restos de alguna Huaca historica que data de tiempos pre-incaicos. Un lujo: sale Claudia a su ventana y se topa con historia nacional. Abrimos la puerta con el disimulo de quien llega tarde, escondiendo la cara nueva por ingesta de alcohol. Tipos alegrones nosotros.

"Mi mamá hará ají de gallina" dijo Claudia en el Callao. Ahora en San Miguel, me relamía esperan aquel potaje que es de mi preferencia. Mientras, conversabamos. Tres visitantes nuevas llegarían a la casa. Claudia, Lucía, Rosa. La equivocación induce aprendizaje. Ávidas de alcohol y lamentandose por el veto impuesto, solo atinamos a conversar o fumar algun cigarrillo. Era un tatuaje el culpable de la falta de cerveza en la casa. Un tatuaje que no se dejó ver en un tiempo para caer a los ojos impunes de los padres de la negra Claudia en una reunión familiar. Resultado: castigada sin poder tomar. Los perjudicados? beodos y amigos. Todos estábamos ávidos de alcohol, no mentiré. El reclamo se veía dibujado en David, quien se rascaba la garganta. Aprobaba Rosa. "Algo tenemos en común" se dijeron.

Giancarlo y yo salimos por unas cervezas. La garganta se reseca y eso nunca es bueno. David se nos unió luego. Al regresar, me encontré con 4 mujeres en un pequeño paracosmos alejado de la sala, cerca a la cocina. Olor a ron, pero solo había vestigios de coca cola. Inocentes a primera vista. Fueron los momentos en que cogí la cámara para inmortalizar bailes y rostros desviados por altos grados de alcohol. Se ve mejor el mundo cuando estas borracho.

Se fueron sus amigas, Lucía dejaba de ver su celular, Rosa de bailar y Claudia solo dejaba una representante de aquel nombre en la casa. Se iban ellas, se iba el ron. Acto seguido, nos dimos cuenta del gentío en la sala: tíos, primos, y demás consanguíneos de Claudia. Cervezas faltaban, cervezas tendriamos. Jesús se convertiría en nuestro alíado.

La gracia de Jesús

Jesús es alto, lacio y morocho. No sabría que es familia de la negra Claudia si ella no me lo dice. Tan ávido de cerveza como nosotros, hicimos un trato, una jugarreta de juventud: compramos y las camuflamos. El se encargaría de alejar los ojos familiares, quitar los moros en las costas. Fue así que llegaron 6 cervezas heladísimas, necesitadísimas, queridísimas.

Eran palabras que intercambiamos, siempre con el amparo de aquellos heladas bebidas alcoholizadas. Sabiamos que serían de las ultimas

Abordados por el canto de un Happy Birthday, quedamos alejados de aquellas rubias, aun sin destapar. 11 de julio: día mundia de la población. Quien lo recuerda? para nosotros 11 de julio siempre será el cumpleaños de la negra Claudia.

Cerca de las 2am. Las últimas cervezas son las que marcan la despedida y ahí estaba la negra Claudia, sonrisa de estrellas blancas y bucles brillantes. Borracho de agradecimiento, solo me quedaba la sonrisa sincera y un beso en su mejilla para la posteriedad. "No te olvides lo que te dije". "Si", me dijo ella, "yo le haré llegar tu recado".

Últimos paraderos

Ya era poco más del mediodía y me despertaba el sabor amargo de mis labios y una ligera resaca traducida en leve dolor de cabeza. Nada grave. El Callao me vió despertar y, sin tribulaciones, avancé hacia el baño. Acepté el almuerzo que me ofreció el papá de Giancarlo y salí presto a mi casa, al otro extremo de Lima.

Tomé la 76, lo suficientemente espacioso para albergar 40 Gianfranco's sin problema alguno. El embotellamiento y toma de desviadas rutas hicieron que desee dormir un poco para apaciguar el dolor de cabeza. No dormí. En cambio, volví a ver a Kristin Kreuk en alguna peluqueria de San Martín de Porres y me volví a preguntar si habría recibido dinero por dicha gracia.

Me dí cuenta que el auto avanzaba sin problemas ahora y era una nueva razón para sonreir. Lejos de aquí, donde ahora me siento, recuerdo que aquel dolorcillo de cabeza, sabor amargo de boca y risa post-sueño me hacía entender una sola cosa: cada borrachera con la negra Claudia es inolvidable.


El parque, donde no vuelves más

Escrito originalmente el 27 de junio. 2008.

Cigarro. Blanco, filtro color marrón claro. Posado sobre mis labios ahora. Solo un artilugio de relajación, desvanece los nervios que el mismo tabaco me da. Cosas del destino. Aquello es invariable: uno siempre está sujeto a diferentes cambios, diferentes situaciones que se dan en medianos o largos tiempos. Aunque uno no lo sepa: cuando ocurre algo, inclusive un día es demasiado para superarlo. No soy quien para juzgar, no soy ejemplo: yo tardé más tiempo.

Fue un 22 de junio en que me dijo, en otras palabras, que era mejor no recordar lo que pasó entre ella y yo. Fue simple: ya no eres parte de mis recuerdos...pero sí de mis amistades. Caray! ahí no había justicia, o quizá si. No me dolió, pero si me seguí perdiendo en sus recuerdos. Las tardes que nosotros profesaban con el sol cayendo ante sus parpados. Al escribirle, desde el cielo llovía a cántaros. Al terminar de escribirle ya me daba cuenta de lo inútil que era: el asunto quedó ahí, donde ella decidió dejarlo: el albúm del olvido.

Olvido? el Diccionario de la Real Academia Española lo define como la cesación de la memoria o afectos que se tenía. Afectos? sentimientos, cariño, amor y demas drogas adictivas en modo superlativo. Siempre desconfié de aquellos sentimientos, pero igual me dejaba llevar. Perdemos en batallas, guerras y demás arenas, pero siempre llega la recuperación. Palabra mal usada: recuperación. Nunca fui un portador de enfermedad terminal ni operado en cuidados intensivos.

Soy de Lima, ciudad sin imposiciones que se pegan, pero cuando llegas no despegas de acá. En esta ciudad, donde estuve junto a ella, logré ser el favorito entre sus cejas. Pero ahora de mi lengua estoy viviendo y ya con mi fiel tristeza desaparecida, recuerdo con las sonrisas que a uno le sale cuando momentos felices aparecen en la mente. Allá lejos, donde el mar se deja ver, le había dejado mi corazón, un beso y varios versos.

No, no he descubierto cosas nuevas. Tan solo he regresado a las viejas. A los días anteriores a dos escenas especiales: besos bajo las estrellas en una mecedora y aquellos osculos bajo el sol, en un parque donde no vuelves más.

De casi el fin del mundo

Una vez, mi profe de Bases Romanistas, luego de llegar con 40 minutos de retraso, nos dijo para justificarse que la vida es injusta y que el tiempo es relativo.
Semanas después, en el día de hoy comprobé que por más triste y pesimista que suene, era verdad; pues pude vislumbrar que una vez más, nada está en nuestras manos y que quizá no valga el esfuerzo.

Mañana el rumbo de mi vida cambiará por completo, pero qué va, no sólo la mía. Estamos hundidos en el fango un buen grupo de personas, muchas buenas, otras tal vez no, por el fruto de nuestra desidia porque por lo menos mi error ha sido del tipo vencible y únicamente me restaría asumir las consecuencias de una manera responsable.
Quedan 14 horas para las 8 de la mañana del sábado 5 de julio en el que el destino y otras influencias no tan cósmicas guiarán nuestra existencia; las frustraciones se están apoderando de mi y no tengo cara para pedirle a Dios que me ayude si de plano creo que ya no puedo contar con él.
Entonces, crucemos los dedos, no durmamos esta noche, y que la fuerza nos acompañe para llegar a los cursos de 2do ciclo sin ver la cara de Arce nunca más.

Corre

-Hey, parate ahí conchatumadre!
-Corre, huevón, corre


10.15 pm. Rostro al espejo donde observar la crecida barba y los despeinados cabellos que pedian atención a los ojos. Morral al hombro, lleno de cuadernos con bocetos de dibujos y letras estramboticas y sonó el portazo. A partir, raudo, al sitio acordado. La av. Arequipa, adornada por vallas de seguridad y aslfato destrozado, era el escenario. Cruce con la av . Pardo de Zela: la esquina donde conviven vendedores de sanguches y griferos. Estudiar la zona es crucial: dicha avenida principal estaba cerrada por reparaciones y un gentío se agrupaba en esas zonas con tramos carentes de luz. A 20 metros, un grifero, mameluco azul con naranja y gorro hacia atras, se frota las manos y no por avaricia. A lo lejos, con buzo, se apareció Fofone. NTV para estas ocasiones.

Esquina. Un cigarro Pall Mall. Una lata con amplio recorrido en el pintarrajeo digno de paredes arroja un sonido timbresco. Tin Tin Tin. Un tin por paso. Esperamos al tercero, Macfonsi de san Martín de Porres, graffitero y buen dibujante. Apareció entre tenebrosos pasajes de la av. Arequipa disculpandose por el tráfico. La casa de NTV nos acogió mientras esperabamos que las calles sean solo nuestras. 11pm. Medianoche. Un búho nos sigue a la lejura, como insigne testigo vip de la escena. 1.30 am. Se guardaron todos, es hora de sumergirse en los tramos apagados de la av. Arequipa. Av. Wilson es la meta.

"Jamás supe la verdadera intención del graffitero promedio. Será que mi atención siempre estuvo en las rimas y décimas que se enreversan en el hip hop en vez de apreciar autenticas obras de arte. Superlativos dibujos pictóricos se alzaban sin permiso ante mis ojos y ya era hora de probar un poco de esas mieles. No era muy ducho en el asunto pero ya tenía algo de experiencia impregnando mi firma en código pandilleresco en impresentables paredes y desvencijados portones. Igual no pensaba quedarme mucho en el bussiness por eso venía con una idea que podía darme algo de inmortalidad o, tal vez, mero reconocimiento urbano. La idea era esta: Poesía. Un Gráfico con poesía. Una frase que te haga suspirar o envalentonar. Todas de mi cabeza, producto original. Nos sentamos los tres y nos pusimos a pensar. Ahí nació Encéfalos de Concreto. EdC Crew pa' que nos recuerdes."

Av. Wilson aun estaba a varias cuadras de distancia. Este era el plan: Av. Arenales serviría de desfogue a nuestros dedos. Se produjo la conjunción: Latas en mano - Trazos en las paredes. Un pato, un globo ocular, una bomba con patas, un muñeco cúbico, "tu olor, malsano e impertérrito", IV Franch, etc. Los dibujos dependían de la improvisación del momento y sendas cuadras de dicha calle de Lince quedaron adornadas por dibujos insólitos, todos firmados con nombres inubicables para el humano común, pero reconocibles para el graffitero normal.

Ah! Av. Wilson, donde la Av. Arequipa pierde su nombre. Donde púlulan humanoides que solapan su desgracia con ropajes negros y peinados estrambóticos y desorientados personajes que solo quieren regresar a sus respectivas casas para dormir y comenzar el mismo día por varios años. Monotonía, como dicen algunos. Igual avanzan por las calles del centro de Lima, entre el escape y la redención.

Algunos dedos manchados y risas altisonantes. Algunos pandilleros se acercan. Algunas chicas nos miran con curiosidad. Las latas sonaban en una mochila negra y las palabras se combinaban con ellas, en alegre comparsa. He ahí el sitio. "Tú trabaja el border y yo hago el bombing. Tú vigila y nos turnamos." Broder, mira ahí, por acá pasa mucha gente. Pasó una Pathfinder, un patrullero de la policía, y las latas atras. Desapercibidos. "Pintemos acá". Un cerebro, una frase. Súbitamente, dos guachimanes, macana en mano. "Parate ahí, conchatumadre". Corre huevón, corre! Dos cuadras. Tres. "Ya no nos siguen". Las latas a la mochila, yo safo broder. No fofone, quédate. Patrullero detras. "Quedense quietos nomás muchachos, ya fueron".

"La primera vez que entré a una comisaria fue en una gresca descomunal estudiantil entre colegios que profesaban enemistad de antaño. Aquí, en San Juan, eso es tener un grado, un reconocimiento entre los matones de la zona. Aquellos galones hacen la diferencia entre una vida asustada y una de confianza, donde ni el más avezado de los ladrones osa robarte. Nunca me robaron y quizá ni lo hagan. Aquel día solo me gané una medalla de concreto y una resondrada policíal. Ahora sueno duro, pero este fue un acontecimiento cualquiera: en mi barrio y en mi grupo, yo era el más sano, el más apegado a la responsabilidad, el más tranquilo. Nadie se metía conmigo y viceversa. Aquella vez la saqué barata: éramos decenas de chicos detenidos sin pruebas y nos detuvieron solo para asustarnos. Algunos estaban ensangrentados, otros impecables. Yo estaba bien uniformado. Pedí hacer una llamada. Mi tío me sacó de aquel sitio y se llevó el secreto a España. Antes, claro, me dijo que por hoy me la pasaba por que soy chibolo y porque me falta calle, pero la próxima el del discurso sería mi viejo. Por suerte, es un hecho que ya ni rastros tiene."

Comisaria Alfonso Ugarte. 3am. El Policía toma nota de las fechorías: Graffitis en paredes. "Para que hacen huevadas pues". Grita otro uniformado. "Ya jefe, aqui fue" no tan rápido chibolo. Llama a tus viejos. Aló, mamá, estoy en la comisaria. No, no me hicieron nada. No, no he robado. No, no fue por marihuana. No mamá, no es la primera vez que me pasa. Si, ya les dije que mis tíos son policías pero ellos quieren ganar algo de dinero. No mamá, no tengo plata. Chau. "Así que Languasco, no? yo conozco a tu familia, es apellido alemán no?" No me floree, señor, es italiano. "Mira hijito, aquí en la comisaria nos faltan muchas cosas. Traeme algo y este parte de denuncia se pierde para siempre" dice, entre Pentium's I y maquinas de escribir sin teclas. Sentado en su silla marrón de espaldar rotoso, el Técnico Curazco sabía que podía exigir aun más. "Son chibolos" pensará. "Ya se enderezarán".

6 am. Claroscuro en la calle. Libre. Tranquilo, a bordo de un stationwagon blanco, a regresar a la unica prisión de la que tengo la llave. Oswaldo escucha mi relato como si recordara las palomilladas que él también hizo en su adolescencia. El tiempo pasa. Todo pasa. Hace ya un mes que sucedió. Aventuras de aerosoles y correteadas policíales. Teníamos, realmente, encéfalos de concreto.

"Quien iba a pensarlo. En mi infancia ya me gustaba escribir, pero también viví mi época de rebelión. Mi viejo me dejo vivir y ahora entiendo todo y no sé cómo agradecerle. Cuando se enteró de esta bienllamada 'payasada del mes', solo atinó a decir "chibolo, eso te pasa por no heredar la sapiencia de tu padre". Obviamente, no se refería al hecho de ser lo suficientemente inteligente cómo para dejar de lado esos callejeros actos. Se refería, claramente, a que si él hubiera estado en mi situación, en la vida lo hubiera atrapado. Aun me falta calle por recorrer."


Pararrayos

"Bésame con ese pésame de las tragedias"

Junio. Vacaciones cerca y yo terminando trabajos con ojeras, secuelas de largas y tediosas noches imsomnicas. Es natural en mi sufrir esos desvaríos: dormir es un lujo para mi y me lo puedo dar con ayuda de alguna pastilla relajante o fuera de tensiones. Este no es el momento ni la hora. Tengo mucho trabajo y dormir es secundario. Igual, si me echara ahora mismo y cerrara mis ojos, no dormiría. Mi cabeza está en otro lado, no muy lejos.

Fue en noches imsomnicas donde recibí la descarga electrica y su rostro, con cerquillo refinado, apareció en mi mente. Sin razón ni proposito. Me sentía extraño. Callado, taciturno, naufrago de ideas. Era ella: la sonriente damisela que me hizo pasar excelentes momentos y es una de las pocas con la que estuve un tiempo y me arrepiento de no haber arriesgado más...aún cuando podía desatarse la hecatombe.

Madrugada fría y triste, la pena en ristre y yo sin lustre. De pronto, recordé algunos momentos felices que pasé con ella: Ella me esperaba afuera de su colegio y nos ibamos caminando hasta el paradero, tomábamos el carro y le daba un par de besos sublimes. Nos ibamos a nuestro parque secreto por treinta minutos o un poco más porque "mi mamá me mataría si llego tarde". Yo la miraba y sonreia con sinceridad. 30 minutos se pasan volando pero ella se iba conmigo en el auto de regreso, solo que en mi mente.

Dificil olvidarme la primera vez que la ví salir del colegio:
se le veía guapisima enfundada en un uniforme escolar impecable, con blusa afuera y la chompa de talla más pequeña disponible...solo que a ella le quedaba grande. El sol sobre su rostro, el cerquillo a un lado, los aretes de estrellita, libros en su mochila grande. Sus ojos mirandome, esperandome. Un beso mio. Un beso suyo. La vida no es fácil pero sus besos eran mis analgesicos.

Ella era frágil, de espalda femenina y pequeña, cintura colegial, ojos que martillan y aretes de astros. Ganchos de colores adornaban su cabello como cereza en el pastel. Sonrisa amplia cuando nos sentamos a conversar, ojitos de tristeza cuando me abrazaba en las despedidas. Voz que provoca, me arrepiento de no haberla abrazado lo suficiente.


Recuerdo cuando le pedí que se arriesgue por mi y ella aceptó con los ojos brillosos y su cabello negro resplandeciente. Me enamoré de ella. Descubrí la alegria detras de sus besos, entre sus manos pequeñas confundidas con las mias. El cielo fue testigo de nuestro secreto y lo sellamos con un beso. El que falló fui yo: mis problemas me ganaron la batalla.Es increible como el tiempo te juega triquiñuelas para que, tal vez, trates de enderezar tu vida. Lo unico malo es que la situación es más complicada y solo te toca aprender de los errores.

Cuando me fuí me prometí que iba a volver y, timidamente, se lo dije. Ella me prometió q me iba a esperar. Cuando llegue a casa me di cuenta que esta vez yo si cumpliré lo que dije y que ella quizá no. Pisé tierra: No soy el único hombre en su vida, no puedo pretender serlo para siempre.

Ya no la veo, solo tengo la estela de su recuerdo rondando por aquí. Los tiempos han cambiado, la gente mira hacia otros horizontes. Hoy solo quise recordar que fue ella para mi, a quien dediqué escritos, besos y viajes largos solo para verla.

Ahora soy un pararrayos que recibe descargas de su presencia, la recuerda en madrugadas, enamorado solo en silencio y consciente de la lejanía existente. Ojala todo hubiera sido diferente.

Código de Barras

Las barras bravas son un problema constante que aqueja a las grandes potencias mundiales como a la más pobre y pequeña de las naciones. La pasión del fútbol es así: enamora, enloquece y rompe corazones. Entre esos desvaríos surge el fanatismo por una camiseta, pero este deporte no es el único culpable. Cada país tiene su historia y en Escocia, por citar un ejemplo, la lucha entre los dos equipos más populares de Glasgow (y de la nación), el Glasgow Rangers y el Celtic Glasgow, tiene su orígen en el plano religioso: Los azules de Rangers tradicionalmente son protestantes, totalmente odiados por sus vecinos del Celtic, historicamente catolicos. Pero en Reino Unido no solo se pelea por religión: En Inglaterra conviven los terribles Hooligans, ultra fanaticos altamente peligrosos, presentes en los partidos más atrayentes de la Champions League (Liga Inglesa de Fútbol). Igual, el fútbol siempre ha sido asociado a la violencia desde sus orígenes, paradojicamente, en la antigua Inglaterra.

El sentimiento es el mismo, por eso el Perú no difiere de las realidades en los diferentes estadios del mundo. Todos recuerdan el incendio del Estadio Nacional en los años 60, la bengala que mató a un niño en Cerro de Pasco y, cómo no, los constantes ataques (no solo verbales) a los futbolistas de diversos equipos. La barra exige y por eso se le respeta. Los perjudicados? Los vecinos cercanos a la zona del estadio.

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La Banda y una tonada conocida

Cubierto por un pañuelo en la cabeza y sentado sobre la banca de un parque sin pasto, “Viruta” espera paciente la noche para acordar con sus compinches en que matar el rato. “Viruta” se llama Víctor y ha pedido que no se mencione su apellido, quizá porque sus ondulados cabellos, tez clara y su metro 85 de estatura ya son descripción suficiente para ubicarlo en cualquier esquina de San Juan de Miraflores. Pero ahora él está en Pamplona Baja, donde también opera “La Banda”, barra brava del club Universitario de Deportes, uno los equipos de mayor arraigo en Perú y Lima.”Viruta” no es problemático, menos cuando una cerveza acompaña la conversación y logra sentirse en confianza. La gente, al verlo, lo reconoce: su familia nunca hizo daño a nadie. Lo miran con respeto inusitado a pesar de sus 22 abriles. “Es el efecto de pertenecer a una pandilla” confesaría luego, a la luz de la luna y a espera de sus secuaces.

Los integrantes de La Banda son tan extraños como sus seudónimos: “Lobito”, “Gato”, “Camello Flaco”, “Zorrón”. Todos por su nombre. Si queremos generalizarlos les diríamos animales, pero Doña Carmen Barbagelata uso dicha palabra para referirse a ellos. “Animales! me rompieron dos vidrios y a mi hijo le robaron su celular” vocifera, imponente, con la potencia que una mujer morena como ella puede tener. No es la unica, el sitio no queda cerca a un estadio pero, pierda o no el equipo, los vecinos pagan pato. O, por lo menos sus paredes, ahora adornadas por escrituras poco ortodoxas tan grandes como la pared se lo permite.

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Choches de por vida

“Bolsita no cambia” dice su madre, quien parece haber olvidado que el verdadero nombre de su hijo es Miguel Angel, tan escurridizo como pasional por eso camiseta blanquiazul (blanquimorada en octubre). “Cuando dijo que mataba por su Alianza, yo pensé que lo decía por emoción hacía su equipo…ahora lo creo capaz” cuenta, afligida, doña Eliana Guerra. ‘Bolsita’es inubicable pero su rastro está intacto: importante miembro de Los ChocheGrones, barra brava que comparte terreno con sus rivales de La Banda. San Juan de Miraflores es el escenario. La zona “K”, son los cuarteles de los fanaticos blanquiazules. Sereznago los ha cogido un centenar de veces, pero el grupo se acomoda a las pérdidas. Los ChocheGrones no son más que un brazo sanjuanino del temido Comando Svr, barra brava con lazos interminables en diferentes distritos limeños. Los destrozos que llevan su marca son considerables y varios integrantes tiene un rimbonbante prontuariado.

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“Deben ser tratados como problemas sociales”

Un estudio hecho para la institución TIPACOM (Talleres Infantiles Proyectados A la Comunidad) remarcó tres causas principales en el proceso de formación del pandillaje juvenil: Ambiente Social, Necesidad de Pertenencia y la Desintegración familiar. Estas tres influyen en el adolescente, sobretodo la Necesidad de Pertenencia donde, al verse solitario y excluido de cierto espacio, ecuentra refugio exitoso entre vándalos y demás personajes. Mientras más desintegrada una familia, más riesgo. Inluye, también, el ambiente en que se crezca y la educación o los ejemplos que pueda recibir de el entorno.
Dicho estudio propone que el problema del pandillaje y barras bravas sea tratado como un problema social porque la solución va más allá del ámbito familiar.

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Los vecinos reclaman pero su voz no es escuchada: en San Juan, cualquier cosa puede pasar. Ver peleas en las calles y hasta disparos pueden ser categorizados de “normal”. Los mismos guardias de serenazgo que patrullan la av. Los Héroes dicen: “esto siempre fue su campo de batalla”. Agravan su voz solo para agregar que “aun siendo hinchas de cualquier equipo rival, no merecen este tipo de destrozos” y quien lo merece? Ahora sus voces son plomas y se caen con el viento para darle pasos a ruegos, tal vez, para que la noche sea tranquila.

Como un signo de interrogación en las camisetas de los filósofos

Y mientras mis botas se ensuciaban con el barro de la lluvia de una mañana más nublada que nunca, recordé las pocas horas que había dormido la noche anterior y el increíble sueño que tuve.
Ya no solía darle importancia a ese tipo de afloramientos de mi inconciente puesto que esta vida no me permite estar en los brazos de Morfeo hasta el medio día como solía hacer tiempo atrás, sino que con las justas descanso y oigo conceptos constitucionales en mis labios al despertar.
Pero fue extraño, un completo desconocido, a quien por algún motivo vinculo con un profesor que ni siquiera me enseñó, me resumió lo que debía hacer con mi vida en pocas palabras, simplemente en un instante efímero, el cual trato de recordar con impaciencia pues así son los sueños, aparecen como un flash de un momento a otro y luego resulta desesperante cuando comienzan a borrarse de la mente por más que no haya la intención de olvidarlos.
Únicamente me queda la sensación de que algo inesperado se avecina porque dentro de la anormalidad cotidiana, creo que los sucesos se extralimitan. Nunca pensé que sería posible perder el sentido del gusto ni que estuviera a punto de desaparecer.

"Vaaaamos!"" (como cuando salimos de los exámenes más optimistas que nadie)

En días como los últimos, tomé en consideración que las amistades son como esas botellas de vino que están dentro de una caja enorme con un sello de FRÁGIL, se pueden destruir muy fácilmente y volver atrás es simplemente imposible....y al parecer llegué a la conclusión de que no puedes tener las mismas que se rompieron, pero sí conseguir nuevas. Sin embargo, hoy sentí por primera vez, eso que la gente suele decir con seguridad: "Nunca es demasíado tarde" y algunas botellas son irremplazables.


Yo soy de esas personas que siempre dudan, de las que piensan que definitivamente puede suceder algo terrible, por más que el presente sea color de rosa; soy de las que piensan que la vida es la pérdida permanente de objetos e individuos; soy una pesimista pues tengo la manía de intentar llenar una especie de vacío que me enloquece cada día más a pesar de estar conciente de su insatisfacibilidad.
Generalmente no creo en la gente, pero por experiencia.
Me es placentero vivir en un drama sobreactuado para no aburrirme, y eso trae como consecuencia una serie de "problemitas"...aunque al final, no suelo arrepentirme de lo que hago o dejo de hacer. Esta vez fue distinto.

En una tarde soleada como la de este mismo momento, tuve la certidumbre de que podría reconstruir una amistad. Tal vez porque siempre consideré que era una de las pocas cosas con las que me sentía a gusto, y aunque me haya costado algo de orgullo, decidí volver a comenzar, dialogar e iniciar un nuevo capítulo.
Hoy, si el destino lo permite, comeré una "banana colorida" y reiniciaré una de las pocas relaciones que he mantenido por un tiempo considerable.
Esta noche será como un 2 de enero del 2006. Comienzo a escribir un prólogo, como en ese verano prometedor, en el que conocí a muchas personas increíbles. Ese verano,quizá el mejor.

Mi super yo me recuerda que siempre supe que no hay peor pecado que perder una amistad por un hombre.

Así que..:

1.Parece que me encontraste o soy yo que, de momento, veo fantasmas por doquier
2.La felicidad no existe, y tu lo sabes bien
3.Sin afán de ofender, te digo de frente, que quien necesita de veras un psicólogo eres tú. De eso estás conciente sin duda. A mí no me sirvió
4.Me pregunto por qué la gente no tiene el valor de poner su nombre cuando escribe algo, manda cartas, mails, etc...
5.Ojalá borres de tu mente lo poco o mucho que hayas leído, pues no queda un ápice de lo que fue, y cada letra constituyó únicamente una crónica de mi temporal irracionalidad que no cuenta, ahora, con fundamento alguno después de que logré contemplar la verdad
6.Vacío absoluto. NO hay más que decir

Saltimbanqui


Busco un par zapatillas con cuenta kilometraje y ropa que cueste un beso. Cual anti-materialista pensamiento que predomine y que los colores en la vestimenta no sean primordiales. Que las zapatillas no me digan por donde caminar pero si cuanto caminé. No evadir el camino incorrecto, solo pasarlo sin saber si es malo o bueno, solo que me explique, que me enseñe sin advertirme que sus vías espinosas son dignas de malignas profanaciones. Que mi beso me confiera los mas insulsos ropajes que, por mas rasgados o sucios estén, nadie ha de ver.

Busqué el amor un oscuro día de sol semi-apagado. Lo busqué y el muro de concreto mas grande del mundo se postró ante mi. Acto seguido, murmullos venenosos nuevemesinos se colaron entre el espeso concreto erigido frente mi. La vida es tan extraña de este lado del mundo que no entiendo porque aquel muro lo pueden pasar todas las personas menos yo.
Las pocas mujeres que se atrevieron a venir y quedarse conmigo hoy son solo huidizas mujeres de esta realidad que no soportaron que aquel muro gris les degrade la vida. Las entiendo desde aquí, no estoy solo pero no estoy contigo, corazón.

Busco su cabello fragoroso entre mis dedos arrugados por coger el lápiz en horas donde solo los búhos osan estar despiertos. Busco y busco tras despertarme repentinamente una madrugada otoñal en Lima, donde el sol aún lucha por quedarse, terco e insano ya. Busco y encuentro sus ojos fulgurantes, anónimos, sempiternos, acorralados por la inocencia que supone su adolescencia escondida en su traje de niña incorruptible. Busco su ondeante cabellera y no me explico porque sus manos son tan atrayentes a las mías ¿porque su sonrisa despierta en mi el mas sensible de los toques nerviosos? Y de pronto, se desvanece todo con la niebla limeña de las seis de la mañana que, cual reloj, me recuerda que tarde llegaré a estudiar.
La busco a ella, con todo lo que supone y mis ojos recorren sitios inadvertidos antes. Lo siento, amigo, hoy no te escucho. En mi cerebro, como prisionera adinerada, está ella.

Me busque a mi un tiempo y me encontré desgarbado y con una barba incipiente que rodeaba mi cara. Ojos cuarteados que ya no tienen arreglo, cuadernos con manchas de café que tampoco volverán a ser los mismos. Estupideces lanzadas por mi boca que nunca se dijeron realmente, solo en mi cabeza reposaron como presas de pollo en humeantes sopas de restaurantes populares.

Me busque un tiempo y me vi. Me parecí familiar, saltimbanqui, sonriente sin razón, alegre por casualidad, depresivo por error.

Me encontré y me invite a tomar un café. "Saltimbanqui"-me dije-"quédate conmigo, aquí es donde perteneces".

"Gracias por todos los momentos compartidos conmigo" (Tardíos párrafos desubicados)

Callao. Arde el atardecer apocalíptico. El sol no estuvo tranquilo ni apacible, no jugó a mi favor. Hace tiempo que no volvía a pasar por aquí: mismo sol, mismo escenario, mismo protagonista, diferente misión. Me senté en una de esas bancas de parque desde donde todo lo puedes ver y me puse a esperar. Ahí estaba todo como lo deje: calles angostas, la iglesia y la municipalidad. La banca donde nos sentamos aún conserva su pintarrajeada existencia, el borracho todavía deambula por ahí. Aún me acuerdo cuando una vieja canción de Llakta escuchaba y su rostro saltaba a mi imaginario.

Algún día de noviembre. 2007. Mismo escenario y diferente persona. Era difícil olvidar algo que fue breve pero bueno. Difícil. Como verla a los ojos y no saber que decir. Darle paso a la risa estúpida y vergonzosa antes de entrar en un silencio incomodo. Fue noviembre cuando todo pasó y fue en noviembre donde todo se quedó. Ahí la supe querer y tuve que decirle adiós. Ella sabe porque.

Algún día caluroso de Marzo. 2008. Las cenizas de esa relación aún sobrevuelan por esas calles donde alguna vez nos encontramos, solo que está vez quedan menos, barridas por el tiempo o porque la memoria es frágil y sabe olvidar inconscientemente. Aún se guarda en las estadísticas su dirección IP con la que ingresaba a leer este blog y que, tal vez, ya olvido. Por ahí se mantienen algunos rezagos de su presencia. Sus huellas aún se ven en las veredas, aún se asusta con el indigente que le pidió dinero, pero ya no se aferra a mi brazo.

San Juan de Miraflores. 11.00am. Un esguince en el tobillo me mantiene en mi casa, preso, arrebatado, sin poder caminar más de 5 pasos. El doctor me dice que no me enyesara, que guarde reposo, que luego trate de caminar normal. Yo, cabello corto despeinado y rostro de quien duerme poco, protesto cual loro enjaulado. Mi única ventana de salida es el internet y me refugio en sus kilobits de transferencia. Uso el Google Earth para encontrar una calle que no conozco y me doy con nuestro viejo centro de encuentro. Y recordé el largo periplo, las avenidas angostas que me acogieron como hijo, el policía de la esquina, la zamba uniformada que custodiaba la entrada de la municipalidad, la panadería. La gente del callao, tan barrio, tan simples.

Callao. Tarde apocalíptica que ya se acaba. Diviso, a lo lejos, a mi contacto. Vienen todos y se van. Todo esta en su lugar, pero ella ya no llegará y eso lo sé desde hace un par de meses. La imagine dando vuelta a la manzana, cargando su mochila, con aretes de diferente color, la despreocupación que tanto amé en ella. Las llamadas por teléfonos prolongadas cuando estaba solo en mi casa mientras me fumaba un cigarrillo y solía imaginarla entre mis brazos.

Abril. 2008. Me place verla feliz, tranquila, con alguien que se ajusta a lo que ella merece. Ahora puedo ser una imagen cada vez más lejana en su mente, pero no me molesta. Ella me ayudo cuando mi voz melancólica le contaba mis problemas con un personaje que no es necesario recordar, cuando mi soledad me apuntalaba el cerebro y hubiera sido así por un buen tiempo. Lamentablemente, el destino tenía diferentes caminos para ambos. Será en otra vida, "cuando ambos seamos gatos"...

La nueva voz (virtual) de escritores anónimos

Un click en internet te puede llevar a muchos sitios. Así es como Melissa Ramírez Guerrero ingresó a lo que hoy llamamos “blogósfera”, parnaso de blogs (o weblogs, según el gusto del usuario) interconectados por enlaces (o links). Esta comunidad ha ido creciendo de un modo inusitado en el mundo y el Perú no fue la excepción.

Pero ¿Qué es un blog? Rebecca Blood, en su libro “Universo del Weblog”, lo define como “ ’una conversación de café’ en la que sus autores ofrecen referencias necesarias (en formas de enlaces) para apoyar sus argumentos”. Agrega que en el 2005 ya se contaban más de 50 millones de blogs circulando en la web y la cifra crecería a 70 millones el próximo año. En el Perú, el fenómeno es relativamente nuevo pero su crecimiento se da a pasos gigantes.

La pagina web Blogsperu.com se autodefine como “un directorio de Bitácoras del Perú creado con la intención de ser el punto de encuentro de los bloggers peruanos”. Según estadísticas de la web, existen 4388 blogs peruanos registrados y 203 extranjeros. Otra web dirigida a ser directorio de bitácoras es Perublogs.com, perteneciente Blogalaxia (directorio latino-hispano de blogs) y de mayor arraigo, que arroja la nada despreciable cifra de 9617 registros, esto sin contar blogs no registrados o que están en directorios de menor arraigo.

Melissa Ramírez dirige el blog “Fue Antes o Después de un Día como Hoy” (http://antesdehuir.blogspot.com/) y se podría decir que entra en la categoría de “videoblog musical”. Piensa que el boom de los blogs en nuestro país se debe a la necesidad de desintoxicarse de los medios de comunicación “porque desinforman a su gusto” y lo dice con justa razón: en su bitácora, ella se siente libre de poner lo que mas le interesa, dejar la música y escribir algún arrebato pensado súbitamente o levantar la voz, virtualmente hablando, en contra de los odiados “reproductores automáticos” de música que muchos blogs tienen. Pero no todas son quejas en el discurso de Melissa, quien considera saludable que los periódicos participen en la blogósfera, pero lamenta que los blogs “de investigación” no logren la repercusión debida, aunque no tarda en asentir cuando se le pregunta si la movida blog en el Perú aun es “tierra virgen”, lo cual deja la puerta abierta para avances y mejoras.

El boom de los blogs explotó hace unos años en Perú y existen múltiples servicios que brindan la posibilidad de tener voz en la web. El más popular en estas tierras (y gran parte de Latinoamérica) es Blogger.com y bastará con registrarnos para acceder al beneficio de la bitácora propia, siempre bajo el dominio “.blogspot.com”. Muy de cerca está Wordpress que tiene mayor cantidad de diseños para aplicar a la bitácora y un contador propio de las personas que concurren a tu bitácora. La lista que sigue es larga pero el servicio el mismo; afortunadamente, la estructura y manejo de los blogs es simple: básicamente, consta de “entradas” o”posts”, en la cual el dueño del blog podrá expresar la temática que decidió dar a conocer; estas “entradas” se mantienen a base de “comentarios” publicadas por algún visitante que se aventure a leer el contenido. Además, un blog cuenta con una barra lateral derecha (o izquierda, según el diseño) donde se pueden colgar todo tipo de artilugios o “widgets”, desde animaciones y fotos hasta audios o videos.

Aunque parezca una comunidad apacible, la blogosfera también tiene su “punto débil”. Y Melissa lo lanza al aire como si fuera otra protesta virtual: “Trolls”, anónimos personajillos que buscan desviar temáticas importantes a base de insultos y, finalmente, el asunto que expone el post termina convirtiéndose en un tema trivial y olvidado. Los Trolls opacan lo que ha de ser uno de los puntos fuertes del blog: el debate directo entre el autor y sus lectores. El gusto de preguntar, el deleite de ser respondido; algo que no te permite un diario (ni la edición online ni, mucho menos, la edición impresa).

Los blogs se expanden rápidamente por el Perú y, para la mayoría, es una grata sorpresa. Lamentablemente, a mayor cantidad de blog se reduce (en cierta forma) la audiencia. Aun así, Melissa cree que la comunidad de blogs han generado espacios de interés y dialogo, alternativos a los que puedan ofrecer los medios de comunicación, pero se lamenta que su bitácora aun no tenga mucha acogida. “Quizá porque es personal e inconstante” agrega, rápidamente. Porque un click en internet te puede llevar a muchos sitios, aunque Melissa Ramírez espere que te lleve a su blog.

El mundo donde no vivimos

Estaba en alguna calle del Centro de Lima. Solo y a oscuras. Abrí mi celular y constate que algo de alumbrado debíamos tener. No entendía como llegue ni que hacia ahí, perdido entre el gentío que se preguntaba lo mismo que yo: ¿Porque demonios esta todo oscuro? ¿No era, acaso, lo suficientemente temprano para disfrutar de algunos rayos del sol? ¿Estábamos, tal vez, ante el agotamiento de la luz solar? Saque mi celular (otra vez) y se convirtió, automáticamente, en la fuente de luz mas potente. "A buscar un vehículo para llegar mi casa" me dije.

No soy un hombre-mapa, pero conozco el Centro de Lima (lo suficiente como para no perderme) y, haciendo gala de mi don de ubicuidad, comencé a cortar caminos por pasadizos y callejas que me ponían en calles paralelas que no había visto nunca, pero que recorría confiadísimo en mi conocimiento citadino.

Llegue a un óvalo donde las combis y coasters se disputaban a los ágiles y potenciales pasajeros. Era de día, pero todo estaba opacado por un manto negro, así que el transporte urbano era poco visible. Aun así, sabia que por ahí ningún carro me llevaría al paradero de mi hogar. Seguí caminando hasta que comencé a escuchar una voz que me decía "¡siete y treinta de la mañana!". Extrañado como ninguno, voltee y no encontré a nadie. Sentí miedo, pero me armé de valor al saber que cualquiera lo pudo haber dicho.

De pronto, comenzó a llover. El cielo soltó una garúa tenue e interrumpida por algunas pausas, no muy cortas. Era un día extraño, torcido, sazonado por ladridos fuertes de perros y gatos que maullaban en armonía inaudita.

Cansado de andar, me senté en uno de esos desvencijados asientos que hay en los parques. Acosado por el cansancio, resolví reposar horizontalmente con la mirada al cielo, sintiendo las pocas gotas que caían. Cerré los ojos.

Súbitamente los abrí de nuevo y vi un reloj inmenso señalando 7.40am y sostenido por mi vieja, con el ceño fruncido y soltando algunas palabras desopilantes. "Puta madre, llegaré tarde a estudiar". Con razón la voz que escuche se me hacia tan conocida. Con razón llovía en mis sueños, lo supe desde q vi a mi vieja sostener una jarra entre sus manos…


EL DUEÑO DE TU SUEÑO

Una peyorativa extra de Francisco Sánchez Consiglieri (A.K.A Fofo)


Son interesantes las formas en que maquina la mente de uno, a veces en simples actividades de la vida cotidiana, como lavar un plato, pasear al perro o gritarle a tu hermano por que se puso tu pantalón mas chévere dentro de tu pequeño guardarropa, pero de seguro la más enigmática de todas es la actividad inconciente que produce el cerebro al momento de cerrarse los ojos: el sueño. Ya sea que producto de alguna hierba alucinógena o algún licor clandestino, el soñar se presenta como la más sutil forma de escapar de la realidad y, al menos para mí, la mejor manera de pasar el tiempo ya sea despierto o dormido.

Pienso, y de repente al igual que muchos, que el placer del soñar no solo radica en el simple hecho de acostarse y cerrar los ojos para luego despertar una mañana de un lunes tomando jugo de papaya y desemperezándose para después chapar tu combi en la cual estarás fuera de la puerta de dicho transporte, ¡pues no!, no confundamos términos, una cosa es el placer de dormir (el cual por cierto, en mi opinión, le gana por mucho al del soñar) y otra cosa muy diferente es el gozo de soñar. El soñar va más allá que las sencillas frases expulsadas por un deseo, el soñar tiene su razón de ser en el subconsciente, ya sea que estés despierto o casi babeando desde tu asiento en el colectivo, siempre uno sueña y nadie lo puede negar, todos soñamos y eso es la parte bonita de tirarse una buena “siestecita”.

En mi caso en particular, no sueño mucho, pero cuando lo hago se me aparecen las más rayadas formas y colores, personajes que jamás he visto y otros que forman parte de mi entorno y hechos raros que solo pueden ocurrir en una mente ocupada por el ocio(o flojera llámalo como quiera). Por ejemplo, una vez soñé que me caía de un edificio de interminables pisos, no en salto bungee, tampoco con paracaídas ni mucho menos, simplemente caía y en mi sueño gritaba como loco hasta que de pronto toque suelo pero convertido en un Mario Bros, si en el popular Mario el personaje predilecto de la compañía Nintendo, y bueno mi sueño terminó en una vista panorámica de mi yo convertido en Mario y saltando por un jardín. OKEY ¿Qué relación pudo existir ahí entre mi aparentemente muerte súbita y mi repentina metamorfosis en uno de los personajes mas queridos de mi infancia? Quizá simplemente en esos tiempos quería un Nintendo 64 y soñaba con jugar Mario Bros, o tal vez era que me afané con ese video, del popular rapero gringo Eminem, llamado “The way I am” en donde sale este cayendo de un edificio, quizá era la combinación de los dos, quizás no, quizás en ese entonces me quería suicidar tirándome de un edificio mientras jugaba Mario Bros, o de repente fue un simple malentendido en mi psique distorsionada por los tragos de mas. Quien sabe, pues nadie y creo que ni un psicólogo lo sabría explicar bien (por cierto, yo no creo en ellos) y justamente ahí radica la verdadera belleza de los sueños, en no poder explicarlos del todo.

Claro, acabo de contar una de mis experiencias oníricas más desquiciadas, por así decirlo, pero también está la vez que soñé que se derrumbaba mi casa gracias a un terremoto un poquito más peligroso que el del pasado año ocurrido en Pisco, y la vez que soñé que era Goku (no se burlen todos hemos soñado alguna vez que éramos Goku) y podía hacer el kame-hame-ha sin ningún problema y matar a mis más odiados “compañeritos” de clase, pero claro todo estos pensamientos ocurrieron en un momento en que mi cuerpo, mis ojos y mi alma se encontraban en total reposo espiritual, o mejor dicho, me encontraba “jato”, pero ¿Qué pasa cuando uno esta despierto y soñando al mismo tiempo? ¡AJA! Esa es otra cosa, ese es otro tipo de sueño, del cual yo sufro mucho y muy seguido por cierto, ese sueño es el que hace, a veces, que la gente se choque en los semáforos o que los hombres se queden jadeando ante un buen escote (como Dios manda) dejando rienda suelta a su imaginación, digamos que ese tipo de sueño es mas peligroso en la realidad por que en cualquiera de los dos casos uno puede salir perdiendo, en el primero obviamente te cae un multaza y fácil hasta algo peor y en el segundo te puede caer un cachetadón de 360º por sapo, ergo nunca está de más esta modalidad de sueño que, en muchos casos, se manifiesta en una forma más pacifica y segura. Por ejemplo, varias veces me ha pasado que sueño despierto mientras escucho música, sueño con ser el baterista, el guitarrista o hasta el cantante, todo al mismo tiempo, yo mismo soy en todo mi esplendor tocando todos los instrumentos, fácil hasta me voy más allá y sueño con que también soy el V.I.P o que formo parte del público en mi propio concierto dado únicamente por mí, ese pensamiento solo dura unos segundos pero son los segundos mas interesantes del día a día y son momentos claves en el ocio diario, un ocio chiquito pero ocio al fin y al cabo.

Así son los sueños y como dijo Pedro Calderón De La Barca en “La vida es sueño”, los sueños solo sueños son y nada más, ¿Qué acaso sin el sueño el placer del dormir estaría incompleto? Pues creo que si, y creo que ya estoy hablando demasiado, de repente a lo mejor estoy soñando, de repente a lo mejor estoy durmiendo o, quien sabe, todos estamos locos dentro de un mismo sueño.



De "amar" y "matar amores"

Se cumplen mis profecías con las mujeres. Eso de tener un buen recuerdo y un terrible presente. No es que sea una constante en mi, pero si se trata de un circulo por donde mi historia da vueltas hasta encontrarse con los mismos obstáculos ¿Acaso estoy haciendo mal y, en vez de superar el obstáculo, opto por el mínimo esfuerzo? Es un problema renuente, salvo algunas ocasiones.

Soy un tipo buena gente (ni más, ni menos) pero con determinaciones precisas. Es por eso que, en alguna relación, cuando digo “no” siempre significara “no” (a menos que me encuentre en un error y deba rectificarme). Sin opción a reclamo ni devolución. Eso es algo fatal para la romántica y soñadora peruana promedio. No las culpo: telenovelas y tradiciones machistas solo podrían terminar en una especie de culto hacia el hombre que aman, por muy cavernícola que resulte el afortunado.

Las mujeres, también por tradición, tienen el poder de sacarle la ventaja al hombre solo con unos minutos de seducción. Esa arma nunca falla, pero queda en desuso cuando las féminas sienten “mariposas en el estomago”, o cualquiera de los adjetivos cursilones que existen para decir que estas enamorado.

Las mujeres se quejan de la poca fidelidad del hombre. Cuando quieren conocer a uno, esperan que tenga el rotulo de “cariñoso”, “sincero” o “romántico”. Y si esas cualidades vienen en un solo paquete con el agregado de un buen físico, podríamos estar ante “el hombre perfecto” ¡Pamplinas! Siempre he creído que hay un hombre perfecto (o tal vez más) para cada mujer. Mi punto es: ¿Qué tan perfecta es una relación con un amor al tope (no enfermizo, pero mayor al “simple gusto”)? He llegado a pensar que no es perfecta para nada ¿Qué pasa si quieres terminar la relación? Vienen los argumentos tipo “yo te amo”, “sin ti me muero”, “te necesito” y, según mi punto de vista, viene el deterioro de la relación post-emocional/amical. Una mujer promedio no perdona los desaires, aunque diga lo contrario. Menos si se trata del ex “amor de su vida”, ahora nuevo enemigo, rotulo que logra ostentar solo por querer estar solo o cambiar su vida. Siempre creí en las relaciones “no pegajosas” en las que la “enamorada” no limita y termina siendo una especia de intima no-dependiente que algunos añoran.

Por cierto, yo no tengo nada contra las mujeres ni contra el amor arduo que ellas profesan. Yo pienso, realmente, que ellas ven el amor de una forma más pura y correcta que el hombre, visión que solo un cerebro maduro puede tener. Pero, de igual manera, pienso que es un tanto perjudicial amar así porque generan expectativas que, tal vez, nosotros los hombres no podremos cumplir o porque, quizá, vivimos una verdad algo diferente a lo que solíamos pensar. Entonces nos vemos obligados a cambiar y no siempre eso incluye a todo lo que nos rodea.

Una vez me dijeron que ser mujer es difícil. Inmediatamente, una compañera complementó diciendo que los hombres son la causa de esa desgracia femenina aludiendo que ellas maduran mas rápidos y varios de nosotros seguimos “siendo niños”. Yo les respondí lo mismo que le digo a todos: ¿Por qué, en vez de formar parte del problema, no forman parte de la solución?

Pd: se que muchas mujeres no estarán de acuerdo con lo que digo y eso se respeta. En este espacio fomentamos la libre expresión y no tenemos reparos en leer las diversas diatribas (o algún elogio, quizá) que lleguen aquí.


Más de 10 años después

A mi tío Oswaldo

Llegó a la casa, pero no como de costumbre. Siempre risueño y conversador, dejaba de lado su mal carácter cuando estaba en mi casa. Por cosas de la vida, a mi tío Oswaldo le toco una vida difícil lo cual le llevo a aceptar todo tipo de trabajos. Hoy tiene menos de 40, pero es más eficiente que 5 hombres juntos. Es increíble como una persona aprende por necesidad, pero más increíble es como se mantiene en su lugar, sin perderse en los senderos de la vida.

Pero hoy llegó extraño. Cabizbajo y meditabundo, jugaba con mis perros como quien se acuerda de algo que ha perdido y no regresará. Apenas se reía y casi ni hablaba, era un ermitaño que se exiliaba en su angustia y parecía no salir de ahí. Para alguien que ha perdido más amigos que dinero no ha de ser fácil. En los barrios marginales, los animales son mejores amigos que los muchachos del barrio. Aun así, mi tío Oswaldo tenia dos amistades imprescindibles: El 'chino' y su perra Lulú.

Con el 'chino' siempre se habían conocido. Amigos de la infancia, compañeros de juegos, socios en majaderías, su amistad era a prueba de balas. Salían a todos sitios y nunca los vi peleados, era el perfecto ejemplo de una amistad, pero nada dura para siempre. Un día del lejano 2004, el 'chino' regresó a su casa (muy cerca a mi casa y a la de mi bisabuela, donde vive Oswaldo) con unos tragos encima. En mi casa estaba conversando con mi madre y mi hermana, un familiar llego de pronto a soltarnos la mala nueva: "el 'chino' se ha lanzado desde el 3er piso de su casa" dijo, sollozando. Era de madrugada, un día de verano negro.

Dijeron de todo ese día. Le echaron la culpa a la cerveza, otros dijeron que el 'chino' estaba presionado por su familia, muchos se aventuraron a decir que era por problemas monetarios. Nunca olvidare su cuerpo inerte en el pavimento, con el cráneo destrozado, aun no lo habían tapado como suelen hacerlo. Ese no era el 'chino' o, por lo menos, queríamos que no fuera. El hombre que no faltaba a ninguna fiesta/reunión en la casa de mi bisabuela, el que era considerado uno mas de mi familia (mi propia bisabuela, la matriarca, lo consideraba) estaba ahí tendido, sin la sonora risa que lo caracterizaba, sin siquiera la chispa que todos recordamos de el. Ese día, Oswaldo solo se limitó a verlo queriendo ocultar, tal vez, las lagrimas que de seguro brotaron en soledad.

Hoy vino a mi casa con ese rostro, el rostro de quien se le fue alguien más. Ayer, su perra, Lulú, no resistió una operación y un ataque al corazón termino por mandarla al paraíso perruno. Ese mismo día le recordó a todo el mundo el maltrato que le daban a su mascota. Pero no lloró. Quizá sus lágrimas sean solo para soltarlas en soledad.

Hoy estuvo con la mirada pérdida y solo respondió con la rabia de quien quiere regresar al tiempo para resolver las cosas y no poder. Sabe que si el hubiera tenido tiempo para estar en su casa e impedir maltratos a su perra, la tendría un tiempo mas. Y su mente soñaba, como sueña ganar en las peleas de gallos y mejorar su posición económica.

Sueña que esta en la puerta de su casa con su amigo de toda la vida conversando y, de repente, Lulú lo reciba con el cariño acostumbrado. Sueña y, de repente, se despierta y esta en mi casa, masticando la rabia de saber que su pasado fué mejor que ahora.



Hechizo de Medusa

TRANSICIÓN DE "ENAMORADO" A "PETRIFICADO"

Pasa el tiempo y me doy cuenta que las relaciones sentimentales no son cosa mía. Las considero una carga que no me gusta llevar. No es que no me guste compartir mis cosas con alguien, es solo que tengo el corazón más frio que Groenlandia. Y, aunque no les parezca, estoy orgulloso.

Las últimas mujeres que pasaron por mi vida nunca pudieron aceptar terminar conmigo, es por eso que sus lágrimas brotaron hasta casi deshidratar sus cuerpos. Salvo algunas excepciones, ellas me prometieron muchas cosas pero lo único cierto era que yo no quería promesas. Solo quería estar un momento solo.

Paso mucho tiempo y me di cuenta que las relaciones sentimentales no son cosa mía. La mujer ama demasiado, y quizá yo también pueda, pero no me nace. No es que no la quiera (tampoco soy un monstruo), pero me doy cuenta que a mi se me pasa rápido "la magia". Me doy cuenta que, pasado un tiempo, no es lo mismo y que en mi suele ser un tiempo muy corto.

No puedo decir que me he enamorado. Ahora me doy cuenta que fueron cuestiones del momento. Que, si quizá lo hubiera estado, no hubiera terminado con alguna ellas. Me doy cuenta que fui el infeliz mas grande en sus vidas, luego de ser el hombre al que le juraron amor duradero. El amor es algo tan sutil que nunca sabes a quien dañaras después de darte cuenta que la persona a la que amabas tanto, pasa a ser una mas del montón. El amor es como una guerra biológica, donde el que pierde puede tener secuelas de una grave enfermedad.

Por eso ya no quiero meterme en esos caminos amorosos. Soy consciente de que me vienen bien las relaciones cortas y quizá muera en mi ley. Soy consciente, también, que muchas personas (en especial mujeres) me dirán que soy un "insensible", "jugador" y hasta "infeliz". Otras quizá se aventuren solo a mirarme mal. Supongo que el resto entenderá que lo mío responde a una actitud que tiene que ver con mi personalidad y que hace peligrar la idea de que llegue al altar. Cosa que me importa tanto como la muerte de una hormiga.

Va a pasar mucho tiempo y me daré cuenta que el amor no es una mierda (como dicen algunos) pero que si es un arma punzocortante difícil de cargar y que por eso se necesita la ayuda de un complemento capaz de aceptar (no creo que entender. Finalmente el ser humano no se entiende a si mismo asi que no creo que se gaste en entender a otra persona) al 100% todos tus movimientos. Me di cuenta que lo que cargaba era una simple necesidad de estar acompañado y pasarla bien, lo que nunca quise hacer es dañar a la gente. A pesar que "las lesionadas", piensen que el daño fue adrede.

Pasara aun mas tiempo, y yo me daré cuenta que la vida da vueltas y, así como el hechizo de medusa me petrificó, me tocará conocer a la mujer que acepte aguantar un tipo como yo (aunque no me ilusiono con la idea). Y ustedes se darán cuenta (en especial las mujeres) que como enamorado, soy un buen amigo.



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La Aristócrata de la Zambocracia

GIANFRANCO LANGUASCO, LA NEGRA CLAUDIA, LA CRISIS DEL '70 Y UN POST ESPERADO

A la negra la conocí un día de marzo. Lo recuerdo bien, se sentaba al fondo con gente que ya no frecuentamos y alguna que ella no quiere recordar. Pero de seguro que si se acuerda de aquel día donde también había una edición de El Comercio, porque alguien se empeñaba en ganar algo en un juego sobre el Código Da Vinci (¡increíble!).

Ella se debe acordar mejor que yo, mi memoria (con más hoyos que las pistas de san Juan) no da para tanto. Me acuerdo que las hice reír (y yo no se de que se reían porque no hacia ningún chiste) y que, por esas artes del destino, acabamos saboreando las agrias (pero placenteras) mieles del lúpulo amarillento, brebaje que mortales y otras criaturas vivientes llamamos Cerveza (con mayúscula y negrita, como Claudia).

Apodada "Peque" por su tamaño, nunca pensé que su devoción a "la cristalacea" fuera tan ardua. Aquella vez nos encontramos en aquel bar/antro preferido por universitarios vagabundos que, extenuados por los estudios, buscan refugio entre las incomodas sillas de aquel lugar también llamado "hueco". Desde entonces siempre la vi junto a la rubia. Era una combinación interesante: una especie de yin-yang social, con toques fiestero-alcohólicos. Un yin-yang donde, en vez de blanco, haya una rubia imponente (y heladita, claro).

Así es como nació nuestra amistad: por la cerveza. Si, es cierto: La cerveza une gente. A mi no solo me unió con ella, también con el madafaca Giancarlo (madafaca del mes de enero) y la negra Desiré (otra "vampira" de cerveza). Juntos, los tres forman un triunvirato de negros borrachosos (pero buena gente).

La negra Claudia, ahora, no anda en mi salón. Lo mas cerca que estoy de ella es cuando me sale un cuadrito en la parte inferior de la esquina derecha de mi monitor diciendo: “Clau Girl se ha conectado”. Las visitas son cada vez menos frecuentes y los bucles coloniales que luce ya no se observan entre los pasillos universitarios. Su pequeña estatura y voz de volumen bajo tampoco se hacen notar. Algunos ya la hemos comenzado a extrañar.

Si, de seguro ella se acuerda, aquella tarde apacible (y calurosa) de marzo donde ellas usaban faldas y pantalones frescos y ellos usaban shorts... y pantalones frescos también. Fácil se acuerda y no me atrevo a preguntar, temo que me tilden de mal amigo por olvidar ciertas escenas de aquel magno evento. La negra Claudia lo sabe muy bien: aquí la esperamos, el día que decida volver. Y claro, escuchar que no recuerdo algunas cosas, y es que bebo para olvidarme que estoy perdiendo la memoria.



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