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Fecha Publicación: 2016-01-29T10:07:00.004-08:00
Nota de Prensa




Perro de ambiente, editor se complace en anunciar el Taller de poesía con el reconocido poeta Domingo de Ramos

El taller de Domingo de Ramos es un taller práctico de escritura, trabajo con ritmos, plasticidad y estrategias del lenguaje poético, introducción y revisión de textos  poéticos, y finalmente creación de libro cartonero.
Empieza el 5 de febrero, va los 4 viernes de febrero de 7 a 9pm, cuesta 150 soles. Las sesiones del taller serán en Grau 604 Barranco.
Informes a revistasolnegro@gmail.com o al teléfono 962769881.

“La poesía es otra realidad: Captar la velocidad de la luz, de la ciudad, su caos, sus palpitaciones y exponerlas a los ojos del lector como un todo. Que dé el efecto de un simultaneísmo, de acumulación, de tal manera que se pueda sentir esa otra realidad que ya no vemos y que es la poesía en su esplendor. Hay que corregir mucho, trabajar para buscar no solo la sonoridad sino también la plasticidad y para todo ello hay una estrategia de lenguaje: adentrarse sin miedo a lo desconocido”

SOBRE EL POETA
Domingo De Ramos (Ica-Perú, 1960). Poeta co-fundador del Movimiento Kloaka (1982-1984). Estudió Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Ha publicado los libros: Poemas (1986); Arquitectura del espanto (1988); Pastor de perros (1993); Luna cerrada (1995); Ósmosis (1996, Premio COPE de Poesía Petroperú); Las cenizas de Altamira (1999); Erótika de Klase (2004 Premio de Poesía Erótica "Carlos Oquendo de Amat"); Pastor de perros (Antología, 2006); Dorada Apocalipsis (2008); Demolido Fuego (2010); Cartas desde la azotea (2011); Lima Pop (Edición Bilingüe italiano- español, 2012). In-Sufrido Fuego / Poesía Reunida 1988- 2011 (Fondo Editorial del Congreso de la República del Perú 2014) Es autor de los Cd´s multimedia Pastor de perros Vol.1 y Erótika de Klase Vol.2.


Fecha Publicación: 2016-01-24T17:58:00.001-08:00

Home » Sin categoría » EL ARCÁNGEL CON CABEZA DE NEÓN

EL ARCÁNGEL CON CABEZA DE NEÓN

25 enero, 2016Publicado por jmaldonado under Sin categoría
Después de varios años de amistad y de visitarlo en su casa de la calle O’Higgins, de Cañete, nos volvimos a encontrar con el poeta Enrique Verástegui, o “Jarry” como le dicen familiarmente en su casa. Fue a mediados de los noventa cuando le hicimos una entrevista para un canal de televisión de UHF, donde el poeta se atrevió a cantar una ópera y contarnos que nos gustaría recitar sus poemas en el cielo*. El tiempo ha pasado, Enrique ha publicado más de una treintena de libros, y hoy encontramos al poeta de hierro, en su nuevo domicilio de la avenida Brasil, para seguir conversando de literatura, artes y todo lo que es su reino natural.
Quizás esta conversa no sea “políticamente incorrecta” porque, nos pareció, había otros temas del cual ocuparnos, como su salud y su opinión necesaria con respecto a lo que viene sucediendo en el mundo, y, claro, cómo no, el trabajo de otros poetas y escritores reconocidos que, en cierta forma, han copado los medios periodísticos. Es curioso que Enrique Verástegui, el aedo que dedicó toda una vida a la poesía y que sacrificó, incluso, su familia, y su entorno más cercano, ahora se encuentre prácticamente olvidado y hasta cierto punto negado por los nuevos letratenientes y demás prensa encargada de imponer un canon a base de amigos, cercanos o tributarios de necedades. Sin embargo, la voz de Enrique Verástegui permanece inamovible, lejos de toda mezquindad. Acerquémonos, pues, al maestro.
 Por Rodolfo Ybarra
—RY: Muchas cosas han pasado desde que te mudaste a La Molina y ahora estás viviendo en Jesús María, ¿qué pasó,Enrique? Cuéntanos sobre esta situación nómade…
—EV: Sigo estando en Lima, aunque yo estaba en ciertos distritos que no colindan con el centro de Lima y ahora estoy en Jesús María dedicado a leer, a escribir, a cuidar y a conversar con mi mamá, que este año cumple 99 años y de la cual estoy muy orgulloso no solo porque es una gran madre, sino también porque es una gran intelectual, gran artista y escultora. Yo paso mi vida dedicado a pensar, dedicado a producir, que es lo que hago, que es lo que he hecho durante toda la vida.
—RY: Sigues escribiendo entonces, porque muchos jóvenes te siguen y quieren saber en qué anda E.V., y, claro, muchos, mal hablados, también dicen que ya dejaste de escribir, a eso se suma lo que tú una vez dijiste, que ya no escribías poesía…
—EV: No, no, no…
—RY: …tú lo anunciaste a unos medios en unas entrevistas, ¿qué pasó?
—EV: Fueron unos anuncios desproporcionados, no quise decir eso.
—RY: Ok.
—EV: Porque nunca he dicho que he abandonado la poesía, sino que estaba en un momento de descanso del efecto de los anteriores libros que había escrito. No abandono la poesía, sino lo que abandono es el poema, que es otra cosa, porque la poesía es el ideal, el numen, el goce de la vida; el poema vendría a ser el continente, el que contiene a todo ese ideal que es la vida y que es por ejemplo o podría ser el orgasmo que uno alcanza con la mujer luego de pasarse toda una noche haciendo el amor sin eyacular, conforme recomiendan los sacerdotes tantras tibetanos.
—RY: Y ese orgasmo, digamos, ¿no se aminora con el paso de los años? O sea, me refiero a que uno alcanza la maestría a la vez que entiende que el cuerpo envejece y deja de ser lo que era. A esto hay que sumarle los distintos planos del tantrismo kundalini en sus niveles de tantrismo negro, gris y blanco, que es más o menos tu línea de monje asceta y dedicado a la poesía.
—EV: Tú me entiendes…
—RY: Y estamos hablando en el plano de la poeiesis y en el plano físico también, pero ya las fuerzas decaen a cierta edad, ¿cómo consigues mantener la fuerza poética de los primeros años de “Los Extramuros del Mundo”?
—EV: Acabo de terminar un libro que se llama “La Partitura Peruana” que es sobre el Perú y sobre lo mejor que tiene el Perú desde el punto de vista de un poeta del siglo XXI que se alegra por eso, que hayamos llegado al siglo XXI sobre todo que nos proyectamos hacia el siglo XXII, hacia el siglo XXX, hacia el L y de aquí a mil o dos mil años.
—RY: Esa es una proyección…
—EV: Una proyección, claro.
—RY: Y tú como te reconoces un poeta solitario…
—EV: Sí.
—RY: …a veces aliado a un grupo como Hora Zero, que fue tu grupo inicial, pero, generalmente, te has mantenido solo en estos tiempos. Quiénes podrían ser aliados de E.V. o, si lo quieres de otra forma, qué poetas crees que se emparientan con Verástegui o, de repente, que te causen algún tipo de admiración…
—EV: Que yo admire… o que no admire. Lo que admiro es a la gente que se entrega a la poesía, que entrega su vida a la poesía, que pasa días, décadas y décadas  inmensas dedicadas a escribir poesía aunque a veces no tenga la suerte de encontrar un editor, pero si se encuentra a alguien así, por suerte, entonces estén seguros de que ese poeta está reconocido. Y ahora que me haces esta pregunta, acabo de recordar a un poeta de veras fascinante, es un poeta de los “Poetas del Asfalto” de Lima que han tomado las calles y los bares de la plaza San Martín para dictar una vigencia de la poesía desde el punto de vista de la sensibilidad que ellos encuentran en Bukowski, por ejemplo, que puede responder, con autorización, a las embestidas del capitalismo, entonces ese poeta cuyo apellido no me acuerdo, y que tiene unos bellísimos poemas, que creo es una afición suya sobre el Albatros, que es el pájaro de Baudelaire, y eso, sí, creo que es un gran poeta de nuestros tiempos.
—RY: ¿Y es de Poetas del Asfalto?
—EV: Es amigo de Poetas del Asfalto.
—RY: ¿Será Ángel Izquierdo Duclós?
—EV: Sí, él es a quien yo admiro mucho, a Izquierdo Duclós, él es el poeta a quien yo me refiero y admiro y quiero mucho.
—RY: Excelente porque también es un librero que vende textos en La Parada donde la vida no vale nada…
—EV: Porque lo que ha valido y va a valer siempre es el poema…
—RY: Ya, claro, claro. Y en la tradición peruana, en la tradición poética peruana quién te parece rescatable, digamos de todos estos años que has vivido y que has leído.
—EV: Baudelaire, cuando yo tenía 23 años…
—RY: Pero es francés y quien además acuña el término modernidad o modernité, como diría él. Creo que todos empezamos por el simbolismo…
—EV: Este otro poeta rescatable es Wolgfang.
—RY:¿Wolfgang Borchert?
—EV: Wolfgang, sí, quien es famoso y te podría interesar, un poeta de los años 30 sobre quien escribió Toro Montalvo. Toro Montalvo es un muy importante poeta, pero creo yo, digamos, que el lugar al que correspondería es el lugar expectante siempre…
—RY: Y Enrique Verástegui se encuentra sobre los 60 años…
—EV: 65 ya mismo, el 24 de abril.
—RY: El 24 de abril, claro, ya viene tu cumpleaños, no se me puede pasar este año.
—EV: Vas a venir, ¿no?
—RY: Habrá que venir de todas maneras, me comprometo.
—EV: No puedes faltar.
—RY: Así, en estas décadas que han pasado, ¿cómo ves tú la poesía? Muchos dicen que has alcanzado un tope. ¿Estás en la cúspide de tu carrera, de este viaje que es vivir? En fin, digamos, nuestro cuerpo físico decae y el espíritu viaja, trasciende. Cómo ves tú esto, te quita el sueño, te perturba, piensas en eso o simplemente lo dejas así nomás.
—EV: Es una reflexión interesante.
—RY: Nos explicas.
—EV: Nunca lo había pensado así. Nunca había pensado en el asunto de la muerte para empezar. Para hablar de estas cosas siempre hay una cosa, que Cristo solucionó el problema de la muerte y los poetas solucionaron los problemas de la vida; no solucionamos los problemas del amor, que eso sí te golpea en las espaldas…
_RY: …con látigos de cilicio…
_EV: …para liberarnos a nosotros del pecado original. Ahora la muerte es la vida, que es lo que me has planteado.
—RY: Sí en el sentido platónico, pero también está la propuesta de Savater quien pensaba que la propia muerte era lo más importante en comparación a la muerte del resto. A esto hay que añadirle que para Epicuro solo pensar en la muerte era horrible…
—EV: Yo creo que la vida es una preparación para el encuentro con la muerte y en esa relación vida – muerte podemos encontrar un camino hacia un cuerpo, hacia una muerte que se manifiesta feliz de pensarse como tal, esto es eternamente, que es el alma. Que interactúa con el mundo sin mala conciencia, que es a lo que se relaciona tu pregunta. El problema de la muerte no es de la muerte, que es el problema del caos, tenemos miedo a morir porque somos pecadores.
—RY: Y relacionado con esto, hablando un poco de religiones, qué opinión tienes sobre… -tal vez, suena un poco raro esto que extrapola lo que estamos conversando-, pero me interesa lo que está ocurriendo en el mundo, no importa que estas ideas entren de contrabando…
—EV: Sí.
—RY: El Estado Islámico que quiere conquistar Europa, que está avanzando, es una guerra fratricida. Žižek dice que los islamistas se consideran inferiores frente a la sociedad de consumo y que esta sería una de las causas de los ataques a Occidente, a lo cual remata con unos versos de William Butler Yeats: “Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores están llenos de intensidad apasionada…”
—EV: Ya.
—RY: …esa imagen del islam que también es una religión, digamos, y que también podría llamarse una guerra de forma antipoética, qué opinión tienes tú sobre esto en la coyuntura del mundo, la “hora cero” del mundo. Estamos viviendo una mundo bastante diferente, digamos unipolar, tenemos a China, Rusia, tenemos la crisis europea, tenemos que se acaba el agua en el 2025, tenemos la crisis mundial, contaminación ambiental, invasiones, guerras de rapiña, etc, etc., pero con todo esto tenemos la cuestión de los países árabes. ¿Qué visión tienes tú sobre todo esto?
—EV: Tengo televisión por cable. No leo periódicos, entonces estoy desinformado sobre ese asunto, pero hay algo que me llama la atención sobre una cosa y yo quisiera que tú me respondieras, si la palabra ISIS -que es el E.I.- se escribe en inglés así o en castellano es ISIS.
—RY: ISIS es un acrónimo de Estado Islámico de Irak y Siria, pero en sus siglas en inglés.
—EV: Lo que entiendo es que Estados Unidos está fracasando porque da la guerra y no la paz en los mundos. En Siria por ejemplo se mató o lo mataron -no me interesa- a Gadafi y hasta siguen en plena guerra civil. Yo veo por fragmentos la televisión por cable, porque me niego a ver los periódicos que siempre tienen que traer sangre en sus páginas y yo estoy harto de sangre. Viene desde los años 60, o sea más de 50 años con accidentes aéreos, con accidentes automovilísticos, fallas en la producción de las fábricas que se llenan de sangre y que se empapan de sangre.
—RY: Generalmente siempre se tiene una idea del poeta que mira la luna, pero tú eres el poeta que escribía o que escribe mirando su realidad, su entorno, porque en tus textos primeros, y en los posteriores, hay una necesidad por no desprenderse de la realidad y a esto se suma el dominio de la técnica, la magia, los recursos, asumiendo todo lo que te toca vivir.
—EV: Sí, pues, ¡claro!
—RY: Eso me hace pensar que este mundo que estamos viviendo de repente ha influido también en tu nueva poesía o ha cambiado, no lo sé. Yo me acuerdo que con los poetas del centro de Lima, cuando hablábamos de E.V., siempre nos referíamos al ángel Enrique, el arcángel con cabeza de neón…
—EV: Mira, a quien le haces esta entrevista es el más importante pensador peruano, fundador de la filosofía en el Perú con mi “Albus” y en todos mis libros de ensayos filosóficos, físico y matemático. Entonces, mira tú, te diré una sorpresa, hace aproximadamente un año o dos años terminé mi libro “Splendor” que tiene mil páginas y hace poquito, hace un mes, acabo de terminar un libro de poesía también, pero que no está en verso ni en prosa, no poema en prosa sino poesía en prosa… Bueno ya me perdí…
—RY: Ya, ya, no importa, luego retornaremos sobre eso.
—EV: La poesía en prosa para expresar la calidad de ser peruano. Se dice algo: que E.V., en un momento determinado, pasará a la inmortalidad con la “Partitura de la Literatura Peruana”.
—RY: ¿Pero tú no crees que eso de que la poesía al querer imponer un mensaje filosófico…
—EV: Ya…
—RY: …pierde en su forma, en su estética, que acaso no es mejor hacer un ensayo de filosofía que escribir un poema filosófico?
—EV: Las dos cosas son válidas, aunque el problema filosófico nadie lo escribe y solo se escribió a comienzos de la civilización occidental, Parménides, por ejemplo.
—RY: Parménides, que es el fundador de la metafísica occidental, y sin embargo de él solo han llegado algunos versos y pedazos o retazos de pensamientos con los que se ha construido el pensamiento occidental…
—EV: Escribió un problema filosófico, donde dice que “el pensar es el ser”, en razón a eso he escrito también un libro de ensayo que espero publicar alguna vez, si se puede este año, y que trata de estas cosas.
—RY: Entonces, si este uno, el ser, niega al otro, el pensar…
—EV: No, al contrario, lo enriquece y yo sigo luchando hace años, y tú me comprendes, porque tienes un nivel altísimo de análisis, que quiero unificar de una vez la gramática con los números, la poesía con las matemáticas, es lo que he tratado de hacer siempre y lo he hecho, pero y esto ¿por qué hago esto? Porque yo vivía en un mundo sangriento y no me encontraba feliz, porque no estoy involucrado con nadie, para llegar a la libertad pienso que la poesía perdió su prestigio que era sustentado por la clase obrera que estaba en el poder. Fracasó el comunismo, los poetas caímos por esas cosas del pecado original, caímos en el desprestigio, cosa que yo trato de vivir haciendo matemáticas.
—RY: La poesía moderna, la poesía de estos años es como un commodity.
—EV: Ya.
—RY: O sea es como un negocio, como una mercancía…
—EV: Ya, claro.
—RY: …hasta como una empresa. Los jóvenes poetas en España, por ejemplo en la revista “Qué Leer”, son jóvenes que más parecen modelos de televisión que los poetas de chalina de los 70.
—EV: Sí, pues.
—RY: Entonces mi pregunta es: ¿qué reflexión tiene Verástegui con respecto a los jóvenes de ahora que de repente quieren intentar alcanzar la fama antes de escribir un buen verso? Es decir, para ellos es necesario ser reconocido como poeta o tener el aplauso de las multitudes en vez de escribir un gran poema como fue tu caso cuando eras joven.¿Qué opinión tienes de ellos, de esta nueva generación que se ha trastocado con el neoliberalismo, los vicios de la “aldea global” y sus aparatos de alienación o, de repente, simplemente, no entienden la poesía?
—EV: Yo siempre defiendo el proyecto que se ha hecho de buena voluntad, así sea la locura, entonces si se ha hecho de buena voluntad yo apoyaré esto porque hace bien a todo el mundo. Como decía un texto de Wittgenstein: en la filosofía encontró él su terapia, yo digo que en la poesía encontraremos nuestra terapia mental, por tanta angustia que nos causa las malas relaciones que hay entre las personas de esta civilización, que es tan capitalista y que lo quiere ser aún la civilización occidental, que lucha además por una proyección de la totalidad de los derechos humanos en todo el mundo, en todo el planeta.
—RY: Otro tema que siempre preguntan los jóvenes, muy interesados en E.V., es si E.V. está bien de salud, seguro porque te han visto un poco demacrado, de repente algún mal neurológico o los mitos que se hablan en el centro de Lima, que E.V. es un poeta alucinado o de la alucinación.
—EV: La gente me ve delgado.
—RY: Sí, te ven delgado; entonces quisiéramos que tú nos digas cómo te sientes de salud para dejar en claro los aspectos de tu estado físico.
—EV: Yo me siento bien de salud, pero el peso, como se dice, mi peso ha bajado. Ok y no sé si eso sucede por la dieta que hago o porque estoy con cáncer, ¿no? Pero cáncer no tengo, todavía no me duele ninguna parte del cuerpo.
—RY: Ok.
—EV: No me duele nada
—RY: Y el habla, tienes un problema en el habla.
—EV: Sí, sí, pequeño problema, ya.
—RY: Y eso de qué se trata exactamente.
—EV: Mal tratamiento en el psiquiatra que he tenido.
—RY: ¿Te han recetado pastillas malas?
—EV: Ya, a propósito lo han hecho.
—RY: Ya, claro.
—EV: En algún momento van a estar detrás de ti.
—RY: Digamos, te han saboteado la salud…
—EV: Sí, pues.
—RY: Pero, ahora, ¿estás tomando pastillas?
—EV: Sigo yendo al hospital.
—RY: Pero, disculpa el posible morbo, solo es una sana preocupación: ¿qué pastillas tomas?
—EV: Diazepam, pues. En el psiquiatra estoy…
—RY: ¿Diazepam? ¿Carbamazepina?, ¿Largactil?, etc.
—EV: Ya ni me acuerdo.
—RY: Y estás yendo continuamente al psiquiatra.
—EV: Sí, estoy yendo continuamente.
—RY: Otro asunto que nos interesa es: ¿tú no tienes una relación con los poetas de tu generación?
—EV: Pero es que ellos no se llevan bien conmigo.
—RY: Pero, ¿por qué crees tú que no se llevan bien contigo?
—EV: No sé pues, porque yo no he hecho nada en contra, al contrario yo siempre he dado mi apoyo en todo lo que ellos han querido. Y estoy orgulloso de ser amigo de ellos. Creo que ellos piensan otras cosas, tienen demasiados celos. De repente, creo que estoy equivocándome en las respuestas, porque Pimentel tiene celos de que a mí me trata bien la burguesía y a Pimentel todo el mundo lo trata mal, entonces, por unas razones, yo me opuse a Pimentel y él me mandó a la mierda, entonces tuve que oponerme a Pimentel (risas) porque así son las cosas de la gente, o es blanco o es negro.
—RY: Ok. Pero a ti la burguesía te trata bien, te reconoce, es más, te aplaude.
—EV: Sí, pues.
—RY: Y te aplauden de pie.
—EV: Eso es consecuencia de mi política, hay algo de mí que viene de mi familia, la expresión del catolicismo cuyo motor es el amor, como quería Juan Pablo II y los sacerdotes del Opus Dei que creen que estoy bien, estoy más o menos bien.
—RY: Tú vivías en Cañete, recuerdo que te visitaba en esa casa muy bonita, una casa antigua en la calle O’Higgins.
—EV: Sí, ya se derrumbó.
—RY: A eso iba. Y yo fui una vez, en las épocas del terremoto, y se había caído…
—EV: Sí, pues.
—RY: Y la casa se había destruido y el Estado no te reconoció nada.
—EV: No ha reconocido nada a nadie.
—RY: ¿No te ayudaron en nada? A eso quería llegar, si tú tuvieras al presidente frente a ti (y esto lo vamos a hacer llegar como sea a palacio de gobierno), si tú tuvieras al presidente aquí sentado, ¿qué le dirías?
—EV: Le diría que está gobernando bien, usted y su esposa, ¿y nosotros qué somos? (risas). Y diez horas después, borracho, le diría ponme mi casa. (Risas).
—RY: Ok, ok, le dirías que te regale una casa. E.V. no tiene una casa, la verdad es que E.V. vive en la casa de sus familiares, sus hermanos…
—EV: Mis hermanas.
—RY: Sí, tus hermanas, y así has vivido todos estos años.
—EV: Así, tal cual.
—RY: Pero tampoco tienes una pensión.
—EV: Una pensión, tampoco.
—RY: No tienes un seguro, mejor dicho.
—EV: Seguro tengo.
—RY: ¿Y cómo te otorgaron el seguro?
—EV: Por Carmen.
—RY: Entonces tu esposa Carmen Ollé te extendió su seguro.
—EV: Sí.
—RY: Pero casa no tienes.
—EV: Casa no tengo y comida tampoco. Mi familia tiene casa pero yo soy el que no tiene casa.
—RY: Pero el Estado debiera darte una, tú eres un poeta grande, que ha llevado a las letras peruanas a un nivel de reconocimiento en el extranjero, o sea, lo lógico es que el Estado, por lo menos, te diera una casa.
—EV: Sí, pues, normal, a la Kina Malpartida le dieron un departamento.
—RY: Sí, es que el asunto del boxeo, como el fútbol, es mediático y forma parte de la regla: “pan y circo”.
—EV: Y se ganó su medalla sacando pecho, luchando como un hombre, y, mira, ahí tiene su casa propia.
—RY: Verástegui es un soñador también, un combatiente en la poesía y también creo que eres una especie de visionario y algunos reconocen a los poetas como videntes. Tú qué auguras en este país a los artistas o a este país en general, qué auguras a este país Perú 2016, lo que nos viene de acá…
—EV: Hay un despertar hoy día en la juventud movida por las fuerzas productivas, el auge de la maquinaria que avanza en el mundo favoreciendo a los jóvenes, aunque los jóvenes no tienen una hoja de ruta, que será una nueva poesía, si se trata de hablar de poesía, porque la poesía siempre va a hablar de otros temas y estos otros temas darán una visión a un planeta que ya está globalizado. Ya no podrá haber un espacio para la microcomercialización, sino una especie de razón en el mundo que tenga en cuenta la defensa de la calidad de vida y la defensa de pensar la vida, están en el deber y la necesidad de hacer literatura en un país, en un mundo que necesita una nueva literatura.
—RY: Se supone que tú con “Ética” concluiste un trabajo.
—EV: Se llama “Splendor”.
—RY: Pero se llamaba “Ética”, ahora se llama “Splendor”, y con esto concluiste un trabajo acromegálico, elefantiásico…
—EV: Claro.
—RY: Un trabajo que te ha tomado toda tu vida.
—EV: Sí, pues.
—RY: A partir de allí se inicia otro trabajo, es como una especie de renacimiento. ¿Estás construyendo otra obra similar a “Splendor”?, a eso me refiero.
—EV: Tengo otros libros publicados, como “Los Extramuros del Mundo”, y mil páginas más de poemas ya publicados. Ahora lo que quiero publicar es un libro de prosa, mi diario y cuentos que se han perdido con el pavoroso terremoto de Pisco.
—RY: ¿Qué fue exactamente lo que se perdió?
—EV: “Se perdieron” entre comillas, han sido secuestrados o están escondidos o están perdidos, pero no están en mis manos y el diario no es un diario poético, es existencial, hago una prosa que a mí me gusta y que es la prosa que yo hago, y también mi libro de cuentos, que ojalá puedan aparecer algún día, y tengo otras cosas nuevas que no sé cómo sacarlas, pero bueno, así es.
—RY: Eso, digamos, no está, esos diarios tú no los tienes, se perdieron en todo caso…
—EV: Se perdieron o una mano se los ha llevado.
—RY: Pero, ¿tú no tienes un nombre? O sospechas de alguien.
—EV: Me da miedo decirlo, porque de repente es el SIN.
—RY: Entonces es una posibilidad de que el SIN se haya llevado tus textos.
—EV: Mi libro y mis cuentos.
—RY: Eso será de la época de Fujimori o algo así.
—EV: De la época del terremoto de Pisco.
—RY: Ok. Ok. A Verástegui también lo buscan los poetas jóvenes, muchos poetas jóvenes de las universidades preguntan por Verástegui o buscan tus libros. Es más, tu libro “Los Extramuros del Mundo”, en su primera edición, es muy cotizado y lo venden a 200 soles en internet.
—EV: Eso está bien, ¿no?
—RY: Ese es un libro que alguien lo pone en internet y lo compran inmediatamente. Tu relación con los nuevos vates, ¿a qué crees que se debe que los jóvenes te idolatren y te busquen?
—EV: A no haber perdido la inocencia de mi vida, seguir viendo la vida con los mismos ojos con los que la vi a los 15, 19 años, y a mis 65 años conservo esa inocencia de vida que es energía, es movimiento, que es el sustento de la acción de la eterna vida.
—RY: Recuerdo cuando una vez viajamos por Cañete en un taxi y no sé exactamente por dónde nos llevó en la carretera, y tú estabas muy feliz de estar en el auto y en ese tiempo estábamos tomando vino, celebrando a Baco. ¿Ya no consumes bebidas espirituosas?
—EV: Siempre me dan ganas de tomar.
—RY: Entonces todavía existe el deseo en su sentido más freudiano.
—EV: No, no, antes me daban ganas, ahora se me han ido las ganas de tomar.
—RY: Porque a ti te gustaba mucho el vino, eras prácticamente un enólogo.
—EV: Sí, me gustaba el vino, pero ya no me dan ganas de tomar licor.
—RY: Y fumabas también.
—EV: Me enorgullezco de haber dejado el vicio del cigarrillo, dejé de ser adicto al cigarrillo gracias a unos parches que me trajeron de Australia y me quitaron ese vicio.
—RY: ¿Cuánto estás pesando, Enrique?
—EV: ¡Uy! Yo creo que entre 60 y 63 kilos.
—RY: Estás delgado.
—EV: Antes pesaba 80 y ahora estoy light.
—RY: Muy bajo de peso.
—EV: Engordo y bajo de peso, el que tiene diabetes, ¿engorda o baja de peso?
—RY: Hay dos tipos de diabetes, el que engorda y el que baja de peso.
—EV: Ah, ya ves.
—RY: Otra pregunta, también se relaciona con el extranjero, porque en el extranjero de alguna forma siempre brota el nombre de Verástegui.
—EV: Ya.
—RY: O sea, hacen antologías o preguntan, la referencia es E.V. Hace poco leí que ibas a estar invitado al Caribe.
—EV: En la República Dominicana.
—RY: Sí, perdón, en República Dominicana. Eso es cierto, por ejemplo.
—EV: Es cierto.
—RY: Cuándo va a ser eso, cuéntanos.
—EV: Del 27 de abril al 4 de mayo de este año, o sea, son seis días o siete días en los cuales voy a estar ahí, yo y mi hermana Isabel que me va a acompañar. Tenemos que estar ahí.
—RY: ¿Es un homenaje o qué es?
—EV: No sé exactamente qué cosa es, es una feria del libro en la que tengo que leer un poema y tengo que leer un ensayo y voy a tener que hacerlo en solo 15 minutos.
—RY: Bueno, es ya un reconocimiento de los años que tú tienes y que, de alguna forma, es también un homenaje, cualquier invitación al extranjero termina siendo un homenaje. Por cierto, qué recomiendas a los jóvenes escritores. Yo veo, retomando la pregunta anterior sobre los jóvenes, que en general los escritores jóvenes tienen una necesidad de reconocimiento, creo que es por el mismo sistema de mercado que establece pautas del triunfo inmediato del “american way of life” de los Estados Unidos, quieren triunfar rápidamente, pero a costa de la escritura, la escritura es como un pretexto de “éxito” en la vida. ¿Qué les recomendarías a estos jóvenes?, ¿qué opinión les darías a ellos?
—EV: Creo que es una cuestión del mercado y que están siendo injustos con los escritores cuando al escritor le dan el 10% de un libro publicado, como dice la ley, y nos dan eso frente al 90% del editor, ahí todo está mal. Desde ese nacimiento absurdo, está formado el mercado, no solo peruano sino en toda la lengua castellana y, por lo tanto, los jóvenes deben responder una pregunta fundamental: ¿por qué escribo? y ¿para qué escribo? Si ellos ven que pueden ganar plata con eso, pues bienvenido sea, si pueden o si quieren hacer revolución, pues bienvenido sea. Yo veo una cosa que empiezan a ver los jóvenes en México, y es que la escritura ha perdido su sentido en pleno siglo XX, porque no tiene sentido entregar la vida a algo que no tiene valor, que es la vanguardia desde el punto de vista cero, que es el proceso del conocimiento que te puede hacer producir una gran ola y que como toda gran ola, como todo efecto en el mercado, va a buscar, va a ser recibido por una demanda, los lectores de tales países por donde editan los libros.
—RY: Porque ahora el sistema de mercado, volviendo a los libros, por ejemplo: hay libros que no te dicen mucho, no te dicen nada como “Harry Potter” o el libro “50 Sombras de Grey” que ha vendido 40 millones de ejemplares, que son 40 millones de libros que contienen una historia que no te cuenta nada más que las relaciones de un hombre con una mujer, en las cuales el hombre somete a una mujer a golpes o el sistema masoquista, el bondage, el sistema moderno del trato sexual entre los hombres y las mujeres, pero se olvidan para siempre del súmmum de lo que tú siempre hablas, del súmmum de los libros, del súmmum de la creación, ya no importa nada. Estamos viviendo tiempos en los que el conocimiento no se valora y los que quieren escribir sobre ese conocimiento terminan en la indigencia o segregados y apartados, es una lucha a contracorriente, que es también la lucha de muchos contra la máquina falogocentrista y la sociedad del patriarcabro, pero no tenemos, digamos, o no tiene esta gente un algo de qué cogerse. Entonces cuál es la respuesta, Enrique Verástegui, que tienes más de 60 años, 65 años, y que has persistido y para muchos eres como un héroe, qué palabras exactas les darías a estos jóvenes que están ahí, atrapados en una lucha a contracorriente y no tienen a qué acogerse, ¿qué palabra les darías?
—EV: Yo me remito al testamento de Marcuse que se llamó “La Dimensión Estética” donde dice que las civilizaciones se juegan su destino en la necesidad que tienen de producirla y no el mamotreto que gobierna el mundo hasta ahora. El destino de la civilización occidental está en que se haga un arte y eso implica libertad, que es un pretérito de que las obras son necesarias o no son necesarias.
—RY: Este mundo es de violencia, vivimos en un mundo violento en el que el más fuerte somete al más débil, las fábricas de armas son grandes negociados, no solo las fábricas de armas sino también los grandes laboratorios farmacéuticos que inventan enfermedades y con “chemtrails”, que es también una teoría de conspiración, segregan, inventan bacterias y virus y los lanzan a la gente del pueblo para que la gente del pueblo se enferme y pague por esos medicamentos.
—EV: Sí, pues.
—RY: La libertad del hombre está aniquilada por el lado económico y por el lado político militar del sistema. Cómo alcanzar la libertad en un sistema como este, o sea cómo E.V filósofo avizora  este mundo así, digamos un mundo tipo “Mad Max” que alucinaban en los años 80 y que es en mundo al cual estamos llegando, porque hay un país dominante que está destruyendo la naturaleza y a la poesía; entonces cuál es la visión de E.V., filósofo, sobre este mundo que te ha tocado vivir en esta edad de madurez.
—EV: El filósofo es alguien opuesto a Mario Vargas Llosa porque yo puedo dar la sustancia de lo que significa el concepto mismo de libertad, cosa que hasta ahora no ha podido hacer MVLL, y que es sencillamente una palabra clave: la felicidad. Si no se lucha por la felicidad no tiene sentido la libertad. Apoyándome en esta tesis de buen sentimiento te puedo responder que lo que tienen ganas de hacer los muchachos es ser felices o, como dirían The Rolling Stones, “Satisfaction” con la libertad.
—RY: Y tú qué opinas de otros poetas peruanos, por ejemplo, Mario Montalbetti, el poeta que escribió “Perro Negro”, “Fin Desierto”, “Llantos Elíseos”, etc. Qué opinión tienes de él, porque también es un filósofo chomskyano.
—EV: Yo de chibolo he hecho un mejor trabajo sobre Chomsky que Montalbetti.
—RY: Explícanos eso.
—EV: Claro, he hecho un trabajo extenso sobre Chomsky, Chomsky y su relación con las computadoras, la lingüística y las computadoras.
—RY: Y poéticamente.
—EV: Yo soy mejor poeta y mejor filósofo que Montalbetti.
—RY: Entonces tú te consideras mejor que Montalbetti.
—EV: Sí, en todo caso. Poética y filosóficamente también. Y ahora todo el mundo se va a estudiar la filosofía…
—RY: Perdón, no te entendí.
—EV: Yo entré en la filosofía y ahora se va todo el mundo a estudiar la filosofía (ríe) y tanta gente ahora me van a sacar de ahí.
—RY: ¡Ah! te van a sacar de ahí y eso no puede ser, caracho.
—EV: No puede ser (ríe).
—RY: ¿Qué opinas del neobarroco?
—EV: Es algo interesante y complejo porque en los 60 Cuba perseguía a Lezama Lima.
—RY: Bueno, estaba Lezama Lima y, poco después, como que hay un bloque histórico ahí, Urteaga Cabrera, Severo Sarduy, quien murió de sida. Y habría que sumarle a Reynaldo Arenas…
—EV: En los 70 Cuba aceptó a Lezama Lima y el entorno de Cuba latinoamericano, y los países del entorno de Cuba que aceptaban a Lezama Lima en los 60, no son los latinoamericanos que aceptaban a Lezama Lima en los 70, entonces…(silencio), ya me pierdo…
—RY: Ok, ok, no hay problema.
—EV: Defendía a Lezama Lima por la libertad, en nombre de la libertad. Cuando Castro opina que Lezama Lima debe ser leído como tal, entonces todos, derecha e izquierda empiezan a pensar en la revolución, empiezan a pensar en Lezama Lima, eso es lo que quería decirte, que era una situación interesante.
—RY: Porque en tus poemas de “Los Extramuros del Mundo” aparece Lezama Lima: O como dice tu poema: “…y tú no hacías nada por mí, viejo Lezama, estás ya viejo, pero te guío por estos sitios…”, etc.
—EV: Aparece Lezama, claro, es un saludo a Lezama.
—RY: En todo caso, Lezama estaba vivo.
—EV: Estaba vivo.
—RY: Y de los poetas de Kloaca, qué opinas tú de Roger Santibáñez, Dalmacia Ruiz Rosas, Mariela Dreyfus…
—EV: Me gustaría opinar de ellos, pero no puedo porque nadie de ellos se me acerca ni yo me acerco; entonces sería mentir respecto suyo, si son subterráneos, si son punks… Desde los poetas de mi generación hasta los más jóvenes no puede haber conversación porque no me entregan sus libros.
—RY: Entonces, no los has leído.
—EV: No los he leído porque no puedo, no me dan sus libros.
—RY: No te han alcanzado sus libros…
—EV: No me los han alcanzado, ni me los han recomendado, quiero conocerlos, me duele mucho, no puedo opinar porque no me dan sus libros.
—RY: Y de los poetas de los 60, aparte pues ya de las típicas polémicas que hubo cuando apareció Hora Zero y el parricidio que ustedes acometieron en esas épocas, desde ahora, desde esta visón de la madurez, ¿qué opinas de esta generación del 60? Bueno, Cisneros murió, relativamente, hace poco.
—EV: Cisneros murió. Y con Cisneros murió la ilusión pues del foquismo del Che Guevara, los que quedaron, los sobrevivientes, esos que se embarcaron en la larga marcha de Mao Tse-Tung hacia la conquista del poder…
—RY: Y la polémica, ésa que hubo de Rodolfo Hinostroza con respecto al poeta guerrillero Javier Heraud, ¿qué opinas de eso?
—EV: No me gustaría pensar mal de Hinostroza ni pelearme con Rodolfo.
—RY: En todo caso, ¿qué opinas de la poética de Hinostroza?
—EV: No tengo nada que opinar, porque creo yo que no ha hecho nada. Ha hecho un librito de 100 páginas “Contranatura” y nada más. Y 50 años después, ¿qué ha publicado?
—RY: Ha intentado con la novela, con “Fata Morgana”.
—EV: Dramaturgo también. Y cocinero, aunque en eso le ha ido mejor.
—RY: De estos otros poetas que han aparecido, bueno ya son del 90, digamos que son poetas que te admiraban a ti antes, yo me acuerdo de varios…
—EV: Me admiraban…
—RY: Sí, te admiraban. Bueno, de todos ellos, se han armado otros grupos de poetas que están asociados a la cátedra…
—EV: Ya.
—RY: Y tú qué opinas de eso, son poetas pero son catedráticos universitarios.
—EV: Cuando Enrique estaba en Estados Unidos así era, contrataban a los poetas para que  dicten clases de poesía, pero cuando un líder eliminó esto en Estados Unidos condenó al poeta a sobrevivir y ya no sé cómo estarán los poetas en los Estados Unidos y estaba muy bien visto cuando Estados Unidos apoyó a los poetas.
—RY: En todo caso, cuál es la profesión ligada o asociada a la poética para que el escritor pueda vivir bien, porque sabemos que el poeta no vive de lo que escribe, aunque debiera hacerlo, o sea, las editoriales debieran pagarte por escribir y las editoriales debieran pagarte muy bien por cada libro que sacas, pero como eso no ocurre, cuál sería la profesión accésit al poeta.
—EV: El periodismo.
—RY: Me has hecho recordar cuando en La República te pagaban con latas de atún.
—EV: Que es lo que hemos hecho toda la vida, trabajar como periodistas, obtener un salario que permita tener un hogar, porque no hay nada más hermoso en la vida que un poeta se case, tenga su esposa, tenga sus hijos y vaya todos los fines de semana a comprar al minimarket, así creo yo que es en los Estados Unidos: comprar en los supermercados los fines de semana.
—RY: Con respecto a la crítica literaria, siempre ha sido muy, digamos, no voy a decir blanda, pero siempre ha asentido mucho tu obra, es decir González Vigíl te ha hecho muy buenos ensayos, te reconoce como uno de los más grandes poetas de este siglo en el Perú y siempre está al tanto de tu obra, siempre la defiende. La mayoría de críticos no han hecho una crítica negativa de tu obra, yo creo que es porque tu obra en sí tiene un peso tal que impide que pueda haber una crítica, digamos, maliciosa.
—EV: ¡Maliciosa!
—RY: Pero con respecto a tus últimas obras, este poemario que sacaste con el título de “Tratado sobre la yerbaluisa”, por ejemplo, muchos hablaron mal, muchos críticos o seudocríticos incluso se atrevieron a ponerte nota y  “desaprobarte”.
—EV: (Risas).
—RY: ¿Que les dirías a estos señores?
—EV: No estoy informado, no le hago caso y no me interesa saber.
—RY: No sabes de quién o quienes estoy hablando.
—EV: No sé ni quién es, ni me interesa saber lo que ha escrito.
—RY: En todo caso, tú no escribes para la crítica…
—EV: Cuando empiezo a conversar con gente del público o con un escritor como tú, siempre converso con gente de buena voluntad, siempre digo que yo produzco para la gente de buena voluntad.
—RY: En todo caso, defiendes tu obra “Tratado sobre la yerbaluisa”, para ti es tu obra…
—EV: Yo no tengo por qué defender, eso está publicado, si quieren lo reeditan, o si quieren no lo reeditan, si quieren lo leen o no lo leen. Ni siquiera tengo necesidad de pensar el Perú y al Perú viviente, como la yerbaluisa, que es, por ejemplo, una de sus plantitas más tiernas y más pobres del campo, esa bebida que la sirven los hombres y mujeres de la sierra en sus fiestas, en sus noches, en sus días, genera conciencia que esa plantita sea bebida en un protocolo elegante por las mayorías de mi país.
—RY: Recuerdo una entrevista que te hicieron en el diario “Gestión” o en “Expreso”, no recuerdo bien, publicaron una foto que te tomaron en una pista sentado en un mueble y tú hablabas o pedías invadir Chile o algo así. Recuerdas o no, hablabas sobre Chile en una entrevista, y decías hay que invadir Chile. ¿Sigues opinando lo mismo?
—EV: No, ya fue.
—RY: Bien, entonces, una cosa simple, me interesa saber un día normal de E.V., que nos cuentes un día tuyo…
—EV: ¿Quieres que te cuente cómo era mi día con Carmen?
—RY: Si gustas.
—EV: O ¿cómo son mis días hasta ahora?
—RY: Lo que gustes. Es tu entrevista, somos librepensadores.
—EV: Muy joven me casé.
—RY: Sí.
—EV: Era levantarse todos los días a las seis de la mañana y acostarse a las doce de la noche, de seis de la mañana hasta las doce de la noche no hacía más que escribir, escribía y escribí incansablemente, décadas sobre décadas, hasta que produje, ya pues, la  visión del mundo de un poeta, de un joven intelectual limeño que vivió su adolescencia en la provincia de Cañete y que vuelve a Lima para cambiar su destino a través de sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que es mi alma mater y a la cual me debo.
—RY: Siempre hay conversaciones en relación con Roberto Bolaño. Bolaño es muy admirado en Chile, México y aquí por parte de los escritores jóvenes también, pero creo que Bolaño no te trató muy bien a ti…
—EV: ¿En la novela?
—RY: Sí, en la novela “Los Detectives Salvajes”. Puedes hacer un descargo, no sé qué opinión te merece eso, aparte que Bolaño es visto como una especie de factótum de la literatura joven en Chile y aquí en Perú también tiene admiradores y seguidores. Cuéntanos algo mejor de Bolaño contigo, de las experiencias que tuvieron en París, cómo era tu relación con él.
—EV: Yo no sé si estuve con Bolaño en París, creo que fue en Barcelona, que es lo que ocurrió.
—RY: Lo que pasa es simple, él te puso a ti en la novela y te maltrató en su novela,
—EV: Claro.
—RY: Ya, pero eso creo que es por una rencilla, que él se cobraba o vengaba de algo.
—EV: No sé de qué se pueda vengar, no sé.
—RY: Da la impresión.
—EV: De celos, de celos políticos, porque ahora que me acuerdo, me ataca porque soy admirador de Octavio Paz, eso revienta su hígado.
—RY: Ok, te ataca a ti por ser admirador de Octavio Paz.
—EV: Sí, por ser admirador de Octavio Paz.
—RY: Y eso ¿en qué le molestaba a él?
—EV: Supongo yo, me ataca por ser “revisionista”. Yo no tengo la culpa de que Rusia elija el mejor destino que quiera elegir, ¿no? Era cochino como novelista  y no porque yo acepte o no acepte a Bolaño, tampoco voy a aceptar a MVLL. Vargas Llosa, en su novela, ataca a un autor por hacer la revolución sexual y Bolaño me ataca a mí por ser y por vivir en la época que vivía que era la política rusa.
—RY: Recuerdo que hace más de 20 años -entre el 92 o 93, han pasado 23 o 22 años-, tú declamabas poemas sin leerlos, te acordabas.
—EV: ¡Ah, sí!
—RY: ¿Puedes acordarte de un poema y declamarlo?
—EV: Puedo tratar de declamarte un poema a mi madre.
—RY: Dale.
—EV: Si quieres.
—RY: Para recordar los viejos tiempos.
—EV: “Madre tu nombre viene lento como la música sublime y de tus manos vuelan palomas, mi recuerdo te viste siempre de blanco como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante…”. (Silencio).
—RY: Bien, Enrique. ¿Alguna cosa que quisieras decir para cerrar esta entrevista?
—EV: En estos momentos no tengo un representante a la vista, ¿no? Porque toda mi vida escribí para sentirme bien y publicarlo para sentirme mejor. Yo soy el culpable de que mis cosas sean aceptadas o sean rechazadas, en la medida de lo posible quiero que mis cosas sirvan de algo y para que la gente sea feliz. Ahora, si no son aceptadas o inclusive no gane nada tendré que retirarme de la literatura y dedicarme a los negocios para ser más millonario de lo que ahora ya soy.
(Risas).
—RY: Y algunas palabras más, si estuviera MVLL acá, ¿qué le dirías?
—EV: ¡Hermano!, ¡hermano! No sé qué le diría.
—RY: Es un premio Nobel, pues. Es uno de los grandes escritores del siglo XX, que ha hecho casi cien libros, creo que no hay ningún escritor peruano que pueda ni siquiera acercársele o superarlo…
—EV: Superarlo en qué si todavía no ha hecho nada bueno.
—RY: Por lo menos “Conversación en La Catedral”, “La guerra del fin del mundo”, “La Casa Verde”…
—EV: (Risas).
—RY: Ya, ya, ok. No quieres hablar de MVLL.
—EV: No, no, por favor, yo lo he querido tanto a MVLL que ya no quiero hablar más de él.
—RY: Ya, ya claro, pero tú una vez comentaste que él había escrito unas palabras sobre ti.
—EV: El tótem de la literatura peruana, latinoamericana y mundial…
—RY: Y Oswaldo Reynoso, ¿qué te parece?
—EV: Es un gran narrador que, a la vejez, está escribiendo bien, creo que en su juventud no escribió bien. Por ejemplo “En Búsqueda de Aladino”, ahí encuentras una absoluta belleza en ese texto que yo no sé si es la sonrisa de Aladino o es la sonrisa de Reynoso, no sé de quién es la sonrisa, es tan buen narrador como Miguel Gutiérrez.
—RY: Miguel Gutiérrez.
—EV: E Higa.
—RY: Higa, sí, cómo no, desde su “Final del Porvenir” hasta sus últimas ‘nouvelles’: “La iluminación de Katzuo Nakamatsu” y “Gaijin”.
—EV: Son un grupo de gente que apostó por la prosa y lo han logrado.
—RY: Y Ampuero, Niño de Guzmán y Bryce Echenique, ¿qué te parecen?
—EV: Por delante de todos los que has citado está Ampuero, Ampuero delante de MVLL. Y Bryce también me gusta.
—RY: Thays
—EV: Thays no, no lo he leído, no sé.
—RY: Y algún filósofo peruano que te importe acá de los profesores universitarios
—EV: Giusti.
—RY: Giusti, sí, justo lo acabo de ver hace poco hablando sobre las problemáticas del futuro dentro del pensamiento clásico de Hegel…
—EV: Giusti es un filósofo que también me ha leído.
_RY: Muy bien, Enrique, eso es todo, un saludo especial y te veremos pronto en tu cumpleaños.
*Una parte de esa entrevista se extravió, pero aquí se puede ver la parte inicial:https://www.youtube.com/watch?v=yLphPRDQxro

-Entrevista publicada en la revista Lima Gris nro. 10.

Fecha Publicación: 2015-12-22T08:12:00.001-08:00






La casa roja 2

La casa roja es un poema:
Tuve un esposo que se fue a la guerra
Trajo cosas de ella
Cosas antiguas de un saqueo
Entre ellas un libro de Anna
Anna Ajmátova
Todo estaba en ruso
Él sabía ruso
Era la época
Todos querían estar en la guerrilla
Escribir poemas
Hacer una película irse a Moscú
Yo no hice ninguno
Bueno a veces escribía poemas
Pero me fui a los Estados Unidos
A Nueva Inglaterra
Con gran culpa después de todo

En las calles de mi juventud
Las paredes decían “Yankeesgo home”
Esa era la consigna
El inglés machacado a la fuerza
El francés fue mi lengua
El uniforme plomo de escuela mi traje de batalla
Y los sueños de la Comuna mi bandera

No hice la guerra
Ni aprendí ruso ni llegué a Moscú
Pero leí a Anna Ajmátova

Hablaban francés en San Petersburgo
Ciudad de derroche y refinamiento
Allí empezó la revolución

(Allí también me perdí con Roxana en la estación del metro
En camino a la casa de Dostoievski
El alfabeto cirílico me mareaba)

La familia de Anna fue perseguida
Asesinado su esposo
Se pasaba horas al pie de la cárcel
Para visitar a su hijo en Leningrado
Igual le pasó a Marina
Marina Tsvietáieva
Los hijos muertos
El esposo deportado

Yo escribo ahora después de un siglo
La poesía ha muerto
Mi esposo ha muerto
Y la casa roja está llena de cosas antiguas
Objetos de guerra
Objetos de vida & poesía
Mi inglés es absurdo
Y los dueños del mundo ya no nos temen




Rompecabezas de mí

He regresado a Lima y estoy montada sobre una bicicleta rosa
Alguien me dijo a la volada que la poesía había muerto
Y yo me sonreí
Porque era como decir que yo también estaba muerta
O que todo lo que me acontecía era falso

Yo seguí pedaleando
Siempre por las veredas o por los parques
Porque me recuerdan mi infancia
Aprender a montar bicicleta
Tener fe ciega en aquel que va detrás de ti
Y mantiene tu equilibrio
Y tú sigues y sigues pedaleando hasta que te das cuenta
Que ya nadie te sostiene

Exactamente en ese punto es cuando caes a tierra

La poesía ha muerto
Volví a escuchar sus palabras
Ya nadie me sostenía
Era una mujer independiente
Y me derrumbé en la puerta de la casa familiar
Y mis vecinos se rieron al verme caer

Hay caídas que son graciosas
Hay gente que ríe sobre los caídos
Y gente también que llora

Recogí mis partes y metí mi bicicleta a casa
Allí va tomando el color del óxido
Secretamente se resiste a salir
Porque el futuro está lleno de sentencias de muerte en las calles
De automóviles que pasan raudos a tu lado
De escritores que alguna vez soñaron con escribir

La poesía ha muerto
Repiten
Aquellos que cambiaron
un paseo en bicicleta

por la fama





Fecha Publicación: 2015-12-20T09:57:00.000-08:00
Desde Islas Canarias-España nos llega esta excelente reseña sobre Matagente, del polígrafo y gran conocedor de las letras contemporáneas, Juan Carlos De Sancho. Todo un honor. 

Matagente (Rodolfo Ybarra). El sufrimiento contra el sufrimiento - por Juan Carlos de Sancho


"Ha pasado el tiempo y me encuentro en  la Feria Internacional del libro de Lima con el escritor  peruano Rodolfo Ybarra...".
lacasademitia.opennemas.com20 de Diciembre de 2015 (08:24 h.)
  
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Rodolfo Ybarra
Matagente (Rodolfo Ybarra). El sufrimiento contra el sufrimiento - por Juan Carlos de Sancho *
Cuando era muy joven me compré “Del asesinato considerado como una  de las Bellas Artes” , de Thomas de Quincey. No me lo leí entero, pero me fascinaba esa visión de las raíces del horror que no había pensado antes. Más tarde leí una frase de Alejandra Pizarnik  donde expresaba que “ si nombras al fantasma , lo matas “. Leía entonces biografías de escritores suicidas e incluso  me acerqué  a un comentario de Tadeus Kantor donde aconsejaba al escritor/ creador tener mucho cuidado con el proceso de creación ya que podría conducirte a una lenta destrucción. El poeta japonés Takuboku escribía que todos llevamos en nuestro corazón un prisionero escondido . El mal me acechaba por todas partes , el dolor confuso e inescrutable del vivir.
Andaba entonces buscando los pormenores del sufrimiento humano, la imprevisible e ineluctable metamorfosis, la que indefectiblemente podemos experimentar por culpa de un aciago descuido, una virulenta infancia, un suceso trágico e inesperado, una mente desparramada o un gran extravío existencial. Yo sufría entonces más de la cuenta y no sabía por donde escapar. Creía que leyendo sufrimientos de otros, perdería el mío.
Ha pasado el tiempo y me encuentro en  la Feria Internacional del libro de Lima con el escritor  peruano Rodolfo Ybarra. Escucharlo en una de sus intervenciones me llevó a descubrirlo rápidamente como un escritor con pensamiento penetrante, fuera del contexto banal y entretenedor en el que se mueve la literatura actual. Proveniente de la contracultura, o sea Cultura sin amarres oficialistas ( como debería ser siempre ) Rodolfo Ybarra es un hombre torrencial, vital, bien informado y leído, con conciencia crítica, un ser  extrovertido y amable, atento a todo lo que se unifica y difumina al mismo tiempo.
Leer su novela Matagente es leer en varias bandas de frecuencia. El pensamiento se mueve entre atmósferas delirantes, poéticas,  con descripciones profundas de los personajes, las situaciones y los pensamientos que siempre emergen. En un previsible paraíso cinematográfico y literario donde se impone  a menudo la acción continua y la falta de argumento, Rodolfo Ybarra se rebela ante esta precariedad  del pensamiento reinante con un libro trangresor,  innovador y satírico.
Ybarra mata en Matagente cualquier prejuicio literario y nos conduce por los tenebrosos caminos del dolor cotidiano y la ignominia social pero siempre aprovechando la circunstancia literaria para desparramar su sabiduría natural, su conciencia lúcida, lúdica y bien documentada. No desatiende el humor tostado, y toma distancia recomendable de los estereotipos manidos de la novela negra. Su discurso es más amplio que la acción  detallada y profusa , su debate es filosófico, desde lo más despiadado a lo más destilado.
Escribo esta crónica mientras escucho la Séptima Sinfonía de Sibelius, que me arrastra irremediablemente  a los extremos laberintos de Matagente, un libro para leer con pausas y reflexionar sobre lo despiadado del ser humano pero al mismo tiempo descubrir el irremediable y esperado claro del bosque donde reposar el dolor y los daños descritos, la palabra restauradora entre tanto crimen y desasosiego, quizá la función de la escritura como lenitivo a nuestras continuas batallas cotidianas. Ybarra acierta de pleno, con una escritura pródiga y catártica, reflejo de la vida intensa y prolífica del autor .
Confiesa el escritor peruano que Matagente es una novela que dispara hacia arriba, pero el lector cómplice debe andarse con mucho cuidado porque el personaje de la novela es un nihilista sádico, homofobo, un depredador sin piedad, un asesino en serie. Mientras te adentras en la lectura pareces entrar de lleno  en un manual de oficio que te podría convertir en un asesino al uso, aunque Ybarra salva el obstáculo con un literatura que disecciona el mundo, para que aprendamos a saber lo que no sabemos de lo más oscuro del ser humano. Novela gore, novela hiriente pero esclarecedora.
Avanzada la lectura de Matagente, Rodolfo Ybarra escribe….     ” Como se apreciará, son muchas las formas en que uno puede perderse, mimetizarse y ser parte de la “ normalidad” hasta encontrar el lugar y el momento adecuado para volver a coger el arma homicida y volver a ser el mismo de siempre. Cuestión de tiempo. Cuestión de habilidad “. Es Matagente una novela sinfónica, con varias oberturas engarzadas en un laberinto que conduce a un tema central, la condición humana, la dualidad del ser, lo atávico del vivir individual y social. Matagente, según declara el autor, es una especie de aparato crítico de una sociedad llena de prejuicios.
Me voy con Matagente a la otra esquina del planeta herido de muerte. Me quito el disfraz cotidiano mientras leo el envés de todos los asuntos reales  e imaginarios. Vivir es inventar, escribía Nietzsche.  Me encuentro con Rodolfo Ybarra en el interior  de su caverna, encendiendo la Filosofía.
Islas Canarias, 19 Diciembre, 2015
http://www.lacasademitia.es/articulo/cultura/matagente-rodolfo-ybarra-sufrimiento-sufrimiento-juan-carlos-sancho/20151220082408049552.html 


Fecha Publicación: 2015-12-12T09:10:00.000-08:00
         
      

                         Maldita, entre todas las malditas
Pedro Novoa

¿Vienes del cielo profundo
o surges del abismo,
Oh, Belleza?
Charles Baudelaire

Maldita seas por caótica, por lucir el cabello en constante tempestad, por regurgitar mis recuerdos y flores encarnadas como los crepúsculos. Maldita por no regalarme magnolias y solo prodigarme espejismos y desiertos entre mis dedos.
Maldita por ser la única langosta de mis plagas, por ser melodía nefasta, reptante y sorda. Piano que se hundió en este pantano sin orilla que es la devastación, los delirios y tu pelo. Maldita sea tu imagen y la bestialidad de tu imagen; tus colmillos, tu baba caliente, tus serpientes tibias.
Maldita por tu colección inacabable de puñales, por tu sevicia pura, por bailar desnuda en las matanzas y por no haber tenido nunca dulce la boca ni los sueños.
Maldita por la cal viva que arrojaste a mis ojos, por acumular los desvelos en un cenicero y dibujar mis ojeras negras en los espejos. Maldita por no haber llorado mi muerte y ni siquiera mi vida, por haber arrojado mis órganos y mis manos al vacío como pañuelos. Maldita por no permitir que nadie te toque la tristeza que pintarrajeas en tus uñas. Por la música entrecortada de los grillos, por tus relinchos azules, por tener permanentemente el corazón y el ánimo, agitados y en pie de lucha.
Maldita por tu sexo de nutria, por tu mitología y su guarida de flores. Por los albatros, los cuervos, los cisnes degollados, por toda la sangre que resbaló encima y dentro de tus senos.
Maldita seas, entre todas las malditas, por haber tintineado las cuerdas más frágiles de mi alma, por haberme perdido y por haberme encontrado con la misma melodía, en el mismo abismo de siempre. Maldita por cantar quebrando cristales, paradojas, silencios; por haber perturbado mi tranquilidad, mi paz, esa delgada inmovilidad que separaba tus labios  de mis infiernos.  
Maldita seas por haberme tomado como un utensilio, por haberme usado mal, incluso, por no haberme usado con mayor frecuencia. Maldita, mil veces maldita, por la costumbre de apuñalar milagros y hacer picadillos a la esperanza.
Por último, maldita por la furia que me llenó de nubes los ojos y tormentas las manos; por tus tatuajes de iguana, por tu lengua de sable, por tu ombligo infinito, y por haber dejado tantos gorriones muertos entre mi almohada, la nostalgia y tu pecho.

                                 

Fecha Publicación: 2015-12-01T19:16:00.001-08:00

LA FABULOSA CASA DEL CARACOL, DE JUAN CARLOS DE SANCHO

I

Juan Carlos de Sancho es un tipo raro, lo que los conspiranoicos llaman un “viajero en el tiempo” o una especie en extinción, y, como tal, no cuadra en los moldes psicologistas o caracterológicos que definen a las personas y que mucho ayudan cuando un escritor se pone a perfilar sus personajes. Pero eso no importa, porque nuestro amigo De Sancho –“el canario sin jaula”, como le gusta que le digan– ha venido para quedarse, plantar sus textos en librerías ultraterrenas, izar sus banderas libertarias y sobrevivirnos con sus teorías.

Este señor no se anda con rodeos porque todo para él es ir al grano, pero empezando por la gallina que fue antes que el huevo que fue antes que el gallo, etc., etc. O “cómo el pez que para saber que es pez tiene que salir del agua…”, etc. Y así uno se puede pasar toda una tarde con él conversando de autores, de filósofos, de libros o de ciudades, porque siendo un canario español ultramontano (Islas Canarias quedan a solo 95 kilómetros de África) lo que más está haciendo, en estos días de crisis inmobiliarias, caos y violencia generalizada, es viajar, conocer los extraños mundos que Verne no pudo visitar por falta de tiempo o de amigos y que Borges –disculpen el atrevimiento–no pudo imaginar por seguirle la cuerda a María Kodama.
Y así es como lo conocimos, en la última feria internacional del Libro en Lima, en una presentación de textos, ahí sentado y esperando el momento oportuno para abrir la boca y lanzar lo que en periodismo conocemos como “pepa”. Pues, así es nuestro amigo, y Juan Carlos de Sancho tiene una entrevista inédita con Julio Cortázar, una entrevista grabada en carretes y guardada bajo siete llaves y en las que incluso hay una réplica y una corrección. Aprovecho entonces para hacerle una propuesta deshonesta, pues tengo un ensayo sobre el gran Cronopio y esa entrevista podría levantar cualquier plan editorial y ponernos, en primera línea, en la máquina offset manchapapeles. Pero De Sancho no suelta prenda y sigue arrojando más luces sobre esa joya: “Tú sabes que Cortázar me escribió para que corrigiera unas palabras suyas que él no las sentía muy correctas…”. Y yo creo que es un crimen o una afrenta contra el mundo no publicar esa entrevista.
Y mientras entrechocamos los vasos y mi propuesta se devalúa rápidamente casi hasta convertirse en un saludo a la bandera, De Sancho me saca a Nietzsche de un bolsillo de su pantalón, habla de Schopenhauer como si hablara de una lata de sardinas, y así, junto a nuestros compatriotas novelistas, Walter Lingán y Carlos Rengifo, haciendo y cumpliendo a cabalidad lo que las leyes de la bohemia indican, subimos a un taxi que nos llevará por la Colonial, lugar que, por cierto, está al otro lado de donde tengo que ir, pero igual subo. No tengo nada que perder. El carro cochambroso avanza contra el tráfico, pasando luces rojas, zurrándose en las reglas de tránsito, llevándonos a cualquier abismo. La seguridad para cuatro autores furibundos no significa nada.

II
El caracol es un gasterópodo convertido en celebridad en numerosos cuentos para niños donde se habla del “hilo de plata” y las huellas que va dejando a su paso; es también un gran productor de Helix Aspersa, una especie de mucosidad transparente que borra las cicatrices, las arrugas y todos los males visibles del envejecimiento. Y esto lo digo con mucha propiedad porque conozco a un amigo cercano que se dedica a exportar Helix Aspersa y tiene un criadero de caracoles a los que les hace escuchar música clásica e incluso los estimula con perfumes, aromas exóticos y con una alimentación, dizque, balanceada y más potente que la que consumen los astronautas en Cabo Cañaveral.
Pues, entonces, no es gratuito que este libro de Juan Carlos de Sancho se titule La Casa del Caracol. Y cualquiera puede estar pensando que el caparazón, coraza o concha, es aquí el habitáculo del caracolillo, un armatoste que lleva sobre su propia espalda, pero de repente es, exactamente, al revés: uno no lleva a la casa sino que la casa lo lleva a uno. Y esto es quizás lo que pasa con nuestro amigo De Sancho, siempre preocupado en llevar el mensaje literario a donde lo inviten o las entrevistas que va dejando a su paso, ya sea en algún pueblito perdido en Perú, México o Alemania (porque Alemania también tiene sus pueblitos perdidos; sino, habría que preguntarles a los hermanos Grimm).
Y es que La Casa del Caracol funciona también como una caja de Pandora o como un cajón de sastre, cuando no, siguiendo con esto de los pueblitos perdidos, un país de las maravillas con o sin Alicia. Situaciones inverosímiles se hacen realidad y hacen cuestionarnos nuestro orden aparente, donde los pintores, escritores y filósofos muertos murmullan, se comunican, no por psicofonía sino por la inmensa creatio que tiene De Sancho. Un escritor que sabe contar las cosas, que no pierde el humor así lo azoten, no pierde la risa así lo embutan de picantes o “cebiches a lo macho” y más bien entiende que el mundo no camina si primero no se ríe, y mientras (se) ríe el mundo aprende, se hace sabio, madura y nos hace más tolerantes.
Pero, ¿qué es, en realidad, La Casa de Caracol? Pues, un libro de ensayo, un libro que ha recogido artículos perdidos en el tiempo y que no se podían perder por ningún motivo, un libro con pensatiempos (un neologismo para decir pensamientos en el tiempo o tiempo de pensamientos), con retruécanos, frases interesantes, citas que nos hacen dudar de nuestras propias lecturas y, sobre todo, esa “consciencia archipiélago”, de las personas que habitan las Islas del saber y donde a veces es necesario estar físicamente aunque sea cerrando los ojos, por algo Miguel Ángel Asturias decía que antes de ir a Latinoamérica había que ir a Islas Canarias.

III
Hace unas semanas, De Sancho me mandó un inbox para preguntarme qué me parece su texto La Casa del Caracol y le prometí que escribiría un poema, un ensayo o quizás un tratado y que no importa si garrapateo una línea, cien o mil, que lo importante es que su libro me ha gustado más que la visión política de Slavoj Žižek o que las piernas de la jefa del FMI, Christine Lagarde, que, según el poeta Enrique Verástegui, “tiene las mejores pantorrillas de la escena política”. Y aquí estoy empezando a revisar cuántas horas de vuelo hay entre Lima e Islas Canarias o entre Islas Canarias o México DF o Colonia-Köln ist ein Gefühl, donde ahora está o estará De Sancho presentando su nuevo libro: Diccionario del Mono leído, pero eso ya es otro tema. Después de todo, el caracol avanza, se escabulle, se desliza, entre la lluvia o la hojarasca, cruza océanos y se adentra, en los desiertos de la razón, hacia su destino infinito.
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Fecha Publicación: 2015-11-28T13:16:00.002-08:00





En un punto sensible de mi frente en donde se plantea el poema,
inscribo este canto de todo un pueblo, de nuestros
astilleros extrayendo inmortales carenas
Saint-John Perse

(Tango)

Herido de muerte el baile
danzaba en los funerales del general
con su rito de máscaras antiguas
con la quilla casi hundida en la arena
las barcas gemían la muerte del general
sus mascarones de proa ardiente iban
a la zaga enlutados hasta la sentina
veintiún generales entorchados con
galones y charreteras se descubrían
para despedir al general
el baile quedó suspendido en un hilo…

Las primeras avanzadillas del poema
empezaron a tocar fondo en París
Ciudad-Flor/ con su hálito a espliego
de grande cielorraso con su luna europea
y un tango malevo
hizo olvidar los saraos de otrora
un tango eran las calles que hervían
de lemas y barricadas,
                                “Prohibido prohibir”
aullaban los carteles en mayo del 68,
y en las manifestaciones en un campo
de concentración para nudistas
se mordía la pólvora;
y los muchachos en la Florida
querían tener novias, jugaban
casino en las esquinas del Wembley
adornada de rosas y lupanares
y el amor corría por las calles en
un concierto erótico en verso azul
con las partituras extraviadas
y yo perdido
en la vermouth del domingo, solo,
en las últimas butacas suspirando por
el amor de Marilyn, viendo la misma
película del siglo revolviéndose en su jeta,
rayando el disco de acetato a mis doce
mientras los muchachos se deleitaban
entre colchas y frazadas

también tuvimos nuestro Mayo/
                     Mayo del 70 en La Florida
cuando la historia abrió el pico en la
implacable rueda de las asambleas
el proceso revolucionario de los
no alineados/ de los desalienados
la marcha universal del pueblo
que hizo temblar la tierra dura
-partida en dos con un cuchillo-
pero vinieron nuevos cambios
el frondoso ciclo de los charlatanes
con sus toscos aparejos discursivos
los huecos accesorios el poema,

y herido de muerte el baile
empezó a girar vertiginosamente
en los funerales del general invierno
mil barcas que cubrían la playa
de proa a popa contrastaban
con los trirremes del otoño
y fue enterrado entre las olas
el brazo invicto del general
como una guitarra trunca
la pierna doliente del general
y un tango en París tango
en La Florida tango en el ocaso
el poema dispara a diestra y siniestra
instrumentalísimo toque a discreción
esta es una grabación
una grabación
una grabación
una grabación
una grabación…






Fecha Publicación: 2015-11-24T08:53:00.000-08:00


“Al poeta o al narrador le va bien escribir en lugar de preocuparse por cojudeces”


Por Robert Jara

L
uego del retiro voluntario, o quizá obligado por las circunstancias, Cromwell Castillo, autor de los poemarios Estética de las revelaciones y Estados de coma, entre otros, vuelve a la escena cultural dispuesto a patear el tablero.

El fundador del Grupo Literario Signosvuelve, también, decidido a recuperar el espacio que verso a verso, libro a libro,  había edificado con solvencia. Sus textos, recordemos, han sido publicados en diversas revistas impresas y virtuales de Perú y el extranjero (Venezuela, Chile, Argentina, Colombia, México, Brasil, Estados Unidos, España y Francia).  

Cromwell, ¿cómo fue tu acercamiento a la poesía?
Todo acercamiento a lo desconocido es perturbador. En poesía, el asunto no es distinto. Uno se lanza a tientas tras ese universo que no conoce, se vuelve presa de la oscuridad y el asombro, y en medio de la ingenuidad iniciática se van sintiendo las pulsiones del desencanto. Luego nacen las primeras rebeldías: deseas, por ejemplo, no dejar de escribir jamás, y empieza tu maldito viaje a contracorriente. ¿Qué seríamos sin indagaciones, cuestionamientos e insatisfacciones? Con el tiempo he aprendido que en poesía uno no puede proponerse nada, no existen certidumbres, por eso reafirmo que poesía es resistencia. No estoy declarando mi fe, solo propongo una amenaza dentro del trayecto que vivo. 

¿Cuáles son tus referentes literarios?
Honestamente no me gusta hablar de referentes porque no sé si deba creer en ello.

Resulta un tanto absurdo mencionar autores de gran valía literaria y suponer forzadamente que se deba cantar su influencia para sentir importancia colectiva. Yo pienso que vivimos influenciándonos de todo y de todos. Si hasta los “malos autores” refuerzan esa suerte de proceso literario que proponemos. Por otro lado, si bien suelen haber lecturas recurrentes, es mejor saber marcar bien la escena del crimen. Pues, si yo releo a Leopoldo María Panero, Octavio Paz o a Jorge Eduardo Eielson, no es porque quisiera llegar a escribir como ellos. El acto de relectura solo puedo compararlo con un asesinato en serie, en donde en realidad se quiere agotar la estética del autor hasta matarla, y eso implica entenderla, asumirla y dejarla volar dentro de uno mismo.   

¿Cómo describirías tu proceso creativo? 
Yo suelo pensar que los libros deben contener una tensión irremediable, una manifestación de salvajismo que nos golpee los sentidos. Cuando los poemas tienen naturaleza instintiva hacen brotar su fuerza ciega. Pero los resultados también dependen del trabajo arduo. No significa que los poemas deban sacarse del horno como pan caliente, todos los días. Ante todo hay que ser cómplice del silencio y el ritmo. La lectura, el estudio y el razonamiento harán lo suyo para completar el desmadre. De ese proceso deviene la columna vertebral del libro: su eje temático. Luego, que el tiempo no importe, tampoco los propósitos, las presunciones o los desafíos sobrehumanos. El libro tiene que ser un acto revolucionario de resistencia y contenido. 

¿Qué buscas en/con tu poesía, Cromwell?
El arte, en general, busca humanizar. La poesía en sí misma tiene ese efecto. En lo personal, no suelo pensar qué busco en y con mi poesía, quizás porque me rehúso a darle un sentido utilitario. Si el lector le asigna alguna bondad y cree que sirve, entonces el favor se hace suficiente. Solo el tiempo le hace justicia a un libro.

¿Trabajas mucho un poema o te conformas con lo que la inspiración te dicta?
La inspiración no es suficiente. No puede dejársele a un falso plumazo la responsabilidad de cortar la fruta prohibida. Hacer arte requiere de factores importantes que convergen y se funden en el espacio-tiempo de creación. A mí, por ejemplo, me gusta leer por la noche y escribir de madrugada, lo cual hace que la actividad literaria sea más intensa y gozosa porque es un horario en el que también me gusta hacer el amor con mi mujer. El amor para mí representa un factor esencial. Escribo en mi cama, junto a Herica. Ella es mi impulso desde hace catorce años, toda mi vida está llena de ella, incluso los momentos en los que no estuvo. Mi poesía, mi pintura y todo lo que nunca me he atrevido a publicar le pertenece. Herica me incita, me pregunta, me cuestiona, me despoja y me devuelve al arte con una facilidad increíble, por eso nos fundimos en la misma fragua. Me ha devuelto la disciplina con tanta determinación como me enseñó el amor un día, hasta hoy, con toda justicia. 

¿Consideras obligación del poeta asumir una postura social y/o política?
Vivir en sociedad significa asumir una postura social y política, y sobre todo creer que eso es una emergencia que parte de un derecho fundamental. El poeta es ciudadano, Hombre y ser humano a la vez, dispuesto a revelar y rebelarse sin mediar mojigaterías. La poesía como contenido-mensaje siempre ha tratado de soportarlo todo. La poesía política aunque valida una cierta ideología, corre el riesgo de desvirtuarse a lo panfletario; el que no me parezca  –porque crea que la poesía debe de ser apolítica–, no significa que sea incierta o desatinada. 

Cromwell, se suele decir que “la poesía no vende”. ¿Cuánto influye esta sentencia lapidaria en la percepción que la gente tiene de la poesía?
El contexto actual dicta que la desidia debe estremecernos con ternura, por eso lo cultural “no vende”. Vivimos bajo la opresión del rostro de la injusticia. Digámoslo claro: el Perú es el país de la incertidumbre, la gente tiene miedo reconocerse en medio de sus vacíos e indolencias, por eso no lee ni se informa adecuadamente. Debe ser vergonzoso, terriblemente doloroso mirarse a un espejo y saber que no se tienen respuestas. Verás por qué todavía respiran esas cloacas partidarias llamadas aprismo y fujimorismo. Nuestra democracia es la estupidez. 

¿Cuál es el estado de la crítica literaria local y/o regional?
Aunque en Lambayeque no exista crítica literaria especializada, no dejo de sentir cierta sospecha por el ejercicio de esta en cualquier parte del mundo. Lo que se desarrolla comúnmente por estos lares es la reseña, cultivada por poetas, narradores y, en algunos casos, docentes, que respaldan sus criterios en la practicidad de su lectoría habitual. El riesgo que se corre es alto cuando escuchamos o leemos a alguien intentar juzgar un texto o una obra, pues está claro que el amiguismo, los favores o las rivalidades le restan confiabilidad y rigor al análisis. ¿Nos podríamos obligar a creerles a todos estos abanderados del buen juicio? En realidad, tanto la impertinencia o la razón de cualquier crítico importa poco ante la presencia de un lector atento, cuya agudeza lo hará responder firmemente ante toda falta de claridad. 

Es probable que muchos críticos literarios sean escritores fallidos. Ese es otro polvo que deberíamos sacudir bien de nuestros libros.

¿Cómo percibes el panorama literario local y/o regional?
La escena literaria lambayecana tiene voces que confirman el desarrollo creciente de excelentes propuestas estéticas, algunas con libros notables, otras con un trabajo que empieza a surgir y otras inéditas que merecen tomarse en cuenta por su nivel literario. Dentro de estas voces resaltan, en poesía: Ernesto Zumarán (poeta representativo de la generación del 90, que también destaca en narrativa), César Boyd, José Abad, Stanley Vega (responsable de Ediciones Prometeo Desencadenado), Luis Boceli, Marcoantonio Paredes, Matilde Granados (presidenta de la Asociación Cultural “Kaypi Kani”, subdirectora de “AgendaCIX” y organizadora del Festival de Poesía y Arte “Festival del Diantre”), Ronald Calle, Ernesto Facho y Ángel Centurión (director de la revista de Literatura y Pedagogía “Jarchas”). En narrativa cito a Harold Castillo, Wilson Vera-Recoba, Gerardo Carrillo (director de Locheros.com, Política y Cultura de Lambayeque), Gustavo Carbonel, Alex Neira (presidente de la Asociación Civil Cultural “Sócrates”) y Alex Miguel Castillo. 

Es oportuno hacer mención del importante trabajo que realizan el poeta Juan José Soto (director de “AgendaCIX” y organizador de “Ciclón de Poesía”) y el narrador Nicolás Hidrogo (responsable de “Conglomerado Cultural”), ambos con proyectos e iniciativas vitales que fortalecen nuestro panorama literario. 

¿Con qué “taras” del mundillo literario has tenido que convivir como poeta? Has sentido el ninguneo, por ejemplo…
A pesar de que muchas veces se quiere combatir el ninguneo, el silenciamiento y la mezquindad desde diferentes trincheras, lo único que se logra es robustecer más las argollas literarias. Hay que decirlo claro: al poeta o al narrador le va bien escribir en lugar de preocuparse por cojudeces. El temporal guarda en sus entrañas súbitos derribos que los castillos de arena o naipes jamás esperan. Las taras o “pendejadas” no duran porque cansan y este instinto de sobrevivencia (literaria) que tienen algunos innombrables, pronto se convierte en un canibalismo sin remedio.


POEMAS DE CROMWELL CASTILLO

De Estética de las revelaciones

Agua
7
Si estoy aquí
es por el agua.
¿Cómo no
transfigurarla más
cuando desciende?
Esta vez
discurre desde mí
bajo la forma
de lágrimas.


Fuego
3
Llegar a la luz elemental.
Llegar a la orilla donde arena húmeda
sostiene nuestra incertidumbre.

La ventaja de emigrar al fuego
es no prescindir del ruido de sí mismo.

En medio de nosotros, la fogata
fragmenta la oscuridad inicial
y entiniebla los rumores del agua colindante.

Respuesta es superficie iluminada:
No temamos al origen de un reino variable.

La más reciente manifestación de tragedia
ahora es gozo y mística de resistencia.

El viaje al fuego es un conocimiento radical y llano.

Aunque secreto y sonoro es el mensaje del agua
las llamas han alcanzado elevación de cántico silvestre.

Nuestra condena no es ligereza natural,
es sonido voraz que la vida debe decir para siempre.

Desde aquí hemos merecido los giros del propio ruido.

En el día nuevo, todo mensaje es un desplome:
La espaciosa agua no pudo llevarse nada.

Hay brasa y ceniza en todo intento de fuego:
Todo está intacto.

Es que somos nada.


Tierra
1
Espera de agua.
Ruptura de fuego.
Dicotomía del trayecto.
La tierra provee equilibrio en su estación cardinal: Prolonga raíces y prodigiosos ramajes que adhieren frutos al azar de cara a la muerte. Pero el origen de ese desprendimiento no concibe integridad única: La bondad de la semilla ramifica su portento en la labranza, donde cada pensamiento sacude preguntas profanas bajo el sol desde una cabeza mal herida por el sueño. Somos rastro de todos los orígenes, por eso nuestro límite siempre será camino reducido. Paso en falso, infinitud o paso esquivo. La memoria no podría ser la vida que vivimos. Nada en teoría es muestra disponible. Superficie conductora de cráneos prematuros. Fe maldita: Coger el fruto y mordernos la mano.

Árbol / savia / nudo tensando historias. 

[Mi cruenta peregrinación]: Prohibido tragar estaciones.


Aire

1
¿Y si el aire falsea designios
y nos va disgregando por dentro?

Las palabras traducen
su impulso de náufrago.
                                               Y no es evasión
                                   ni huída ni alarido interminable
preguntar apariencias en terreno baldío.

Yo que lo he visto conmoverse 
en su agitada modestia
de pronto        asomo a las ventanas mi desencanto
y siento                     a bocanadas
el otoño que trae entre sus hojas.

Estamos fuera de lugar.

Nuestra orientación posee perfil desconocido:
                        Innegable rastro o elevación de astro girante:
No en vano toda caída libre ostenta arrogancia de cosmos.


De Estados de coma

IV
El imperio del terror afianza su próxima conspiración:
No tenemos derecho al sueño ni a la vigilia.

Pero su impulso atroz nos duerme en la torpeza
y nos hace tragar perfidias en nombre de todas sus vanguardias.

El horizonte es el filo de un presentimiento
del que tira la oscuridad sobre nuestra cabeza.

Yo canto con mis hermanos para apartar la niebla del camino.

Un pueblo canta y el silencio no integra más
la partitura clásica del mismo lenguaje.

Las fronteras no sólo resguardan peces muertos.

Perros guardianes, buitres rígidos,
desplazamiento de rapiñas como impresión de ávida mordedura.

Estados Unidos de Norteamérica:
La emboscada acecha entre arbustos y desiertos.

Como sueño de barca perdida que el aire sacude raudamente
a tierra firme llegaremos
y cortaremos tu apareo incesante de bestia salvaje.

Aunque tu proyectil sepulte sordidez en nuestro pecho.
Aunque tu persecución sea el próximo puerto
a donde anclen opresiones.

Resistirá nuestro clamor como raíz insondable
para que no crezca el desasosiego y se restauren murallas
sobre los cuerpos abatidos…

Desde su celda un prisionero agónico ve sangrar la luna
mientras recuesta su oreja en una piedra
que afronta fuego propio.

No elude burdamente la alegoría de su temprana muerte:
                       
Él siempre se escuchará latir.






Fecha Publicación: 2015-11-23T12:29:00.001-08:00


FLUYEN SEÑALES DE IDEOLOGÍA y comportamiento bufo
al llevar la oración en la boca y la imagen borrosa también
de un crucifico en el pecho donde recordamos ejecuciones
el cuadro de  Herskovitz arriba o el Perú
como un corazón sagrado de Jesús o imagen popular
& se levanta y rueda desde la inmovilidad
el motivo de una religión entre desarmes escritos como esperanza
la imagen objetora del progreso alumbra nuestra vida nueva
jalamos ese acto desconcertante de la fe desde la historia de su libertad
aquí dentro
libertad que paga con dolor si pensamos que la política aguza
todo cuanto se amó después de las transfiguraciones &
la reconstrucción ahora en marcha

MASSACRE COMO EN LA ISLA del frontón masacre Bagua la i-
noída de los ríos profundos
masacra peruano con goles y autos robados para verte
pacha hermano masacra la selva
biológica reza masacre aunque digamos tu nombre
aunque no te ame des-
pués de la masacre tengo miedo & escapo
al fondo un pretexto para no volver la sangre al fin confunde mi cuerpo
confunde mi canto confunde mi sexo
seco sobre mí todo vuelve a nosotros sino falta el amor
de primer cielo o campos a la intemperie
arman algo para destruir
el lenguaje con el que vivo
casi fotografías
de cuerpos que cubren el Perú
y parecen borrachos mira tiemblan ante el sur-
gimiento del paisaje           tiemblan
sta. chusma                         vencida
no tengas miedo

AMO DEL SER O LANZA MI DESDICHA al desafío de paz
aunque toda oposición a la oscuridad jala lámparas
en cuclillas sientes aire vicioso de capilla
rodean línea de paz como un campo lejos digno del ganado
regocijo pavas esmeraldas carne escabechada delante de la bodega
o mezquita de santos al cumplir la promesa
habrá encuentros para servir mirar considerar el punto de vista
de los que siguen parados en ese campo
sin paz sin distancia de la emancipación de mujeres
en sus tiendas de antiguas peinadoras con ruleros
amor entrando por la puerta naranjos afuera
prende la belleza a tajos surtidores del goce
de arcos para el esqueleto de fachadas republicanas
con arcángeles de San Rafael del porvenir en la maratón
con algunos dones y el triunfo sobre el puente el único peruano
hecho mierda en los aires viciosos remodelando a vista & paciencia
tu belleza en primera fila de ciclistas y patinadores
con esquelas de la celebración de paz
un acto que envuelve al fin


ESCENAS CON FURIASdesde Benavides & un océano atrás
líneas periferias grises cerrados y
una proporción de país al lado de sus marcas vandálicas
desde el horizonte sin explicación
figuras de alacranes y serpientes después
la puerta principal o la inclemencia de Szyszlo
similares a los negros de Huarcaya
atados a la confección
así mirada rota de aquello que no sabemos
un país vuelto de la otra margen redefinido
una guerra espacial nuestra
al recorrer las calles de los ficus
la media vida también


SEGUIR LA LÍNEA DE PENSAMIENTO moderno es también
<>
el mundo lo resiste con su escriba al fin barriendo el misterio de la lengua
aquí habrá una distancia una historia de huacas de momias
de algo vivo aunque no lo creas
un agraciado maestro que finalizará con el Perú
certificando la muerte y la resurrección de nuestros héroes
en un comedor donde todos en clorhidrato de cocaína
los recordarán a viva voz
y dirán a cualquier comisión de velas encendidas:
la disposición de esos cuerpos no era de un mando de capataces
se sabe de estos campos muertos como una casa de las ficciones aún
de la cena en el jardín de los sátiros y la diablada puneña
para olvidar nada más somos finalmente un monto de hacienda
una reunión de piedras
y fue borrado el río de una noche con ramitas de algo sucio
y todo fue discreción
un movimiento al fin de ataque hasta Europa
donde las costumbres al acecho desconocían mi piel dicen el ritmo
con algo de parsimonia también para la oración
y más tarde todo lo metimos en un manto blanco o bolsas negras:
manos ojos cuerpos amores despedidas
ahí nuestras manos alcanzaron una alcancía
de soles peruanos para la pachamanca que se sirve después del mediodía
entre ajíes como escribió Mesías Evangelista
y se supo de la papa huayro como un cuerpo celestial de nada al fin
de la papa rosada y los dientes y las llaves hasta el carbono catorce
de las habas negras que fueron las palabras después
lágrimas desde Huachipa por no decir esos huequitos del cuerpo
tienen el tiempo de un lunar de un tatuaje de un beso con balas
y olor a kerosene
aunque más claro ahora son otros campos como plantea Migliaro
al crear un océano de escritura deshecho
soledades del Perú y un sol en las manos mira
al probar otros deseos urbanos
sensaciones en gracia por los dones
olvidamos ese sueño de intranquilidad y danza migratoria
hasta cuando conversamos con alguien que elige sus espacios
hay un doble juramento
& ya no podrá más mi alma si se ocupa de esto si construye si destruye
transformado en su multitud
y hacia allá han construido un boulevard de pisa-seres:
mujeres cada día más bellas más entusiastas
y una carrera de hombres más solemnes más blancos
más cholos más afectados
ah signado por el poder uno se divide y goza su honor
en el fondo la cultura es oscura
viste la vanidad
a este lado hacia arriba
ahora de Abancay de Lima de Huancayo de Tacna
nudos atados por la celebración & extensión del Perú en láminas negras
el espectáculo es otro barrio de palabras a un retorno pasado
y el agraciado maestro cobra y marca la sensación de futuro
la estación de la república de Basadre

DESDE LAS EXPOSICIONES de ayar manco a la cumbia tropical
de raudal en raudal la hacemos en escuelas militares
a un paso de los andes al donar los soles
si responde la tolerancia de saber que tienes belleza
no la división al vestir de primavera un país
ya cualquiera intenta saltar no ser una provincia
porque al crear sobrantes vaticinas otra destrucción
de relatar la historia del Perú al fondo de la oscuridad
porque al hablar huacos se forma el tiempo de un cuerpo
fardo moderno al levantar cortinas no más
prohibir cualquier denuncia de coser bolsas hace 20 años &
desaparecer el estado de la representación heterogénea
hace 10 años valía era solo cuidar una forma política
hasta llamar al orden todo tipo de mal gusto y curar valles
primero de los signos pero no de cambiar de negar
toda semejanza con el resto

BORRAR TODA ESA CONFUSIÓN de las hormigas faraonas abajo
el cerdo salvaje corre con su propia dentellada
deformación de ríos pestilentes
de nuevo tumba como hace veinte años
olor a kerosene entre los platanales al iniciar la operación
viste la decapitación de un ejército salvándose entre la humedad
de un escondite con afanes para nuestro nuevo terrorismo
la serpiente de oro se tiñe de sangre
nuestros campos de coca forman un octogonal de ruina moderna
y el ofrecimiento es una empresa saneada sobre papel
y para ti la ligadura la tenaza la mordedura de serpiente
o el éxodo en motocross hasta llegar a la otra margen
si el desplazamiento de cierto terrorismo sutil prospera
pero es tarde para dejarlo todo como está
surge el estado y crea sus rehenes a este lado desierto e inoido
(Poemas publicados en la página Huamansuyo)

Fecha Publicación: 2015-10-02T22:28:00.001-07:00

Rodolfo Ybarra. Secreto de Estado. Lima: Arteidea, 2012. 100 pp.


Rodolfo Ybarra. Secreto de Estado. Lima: Arteidea, 2012. 100 pp.

Rodolfo Ybarra (Lima, 1969) es quizás el secreto mejor guardado de la narrativa peruana contemporánea. Ybarra está sumergido en la contracultura limeña, la estética punk y en el activismo político. Si bien posee una larga labor poética desde los años 90 en adelante, el paso de la poesía a la narrativa ha dado frutos notables: la novela Matagente, texto paródico sobre un asesino en serie, además de colaboraciones en antologías en los que sus textos destacaban del conjunto respectivo. Secreto de Estado es una novela breve o “nouvelle” en la que vuelve a sorprender. Y llama la atención por la casi nula recepción.

La novela se inserta dentro del ciclo de la “violencia política”. Ybarra construye la voz artificial de un ex miembro de las fuerzas armadas que da testimonio a un periodista extranjero sobre los horrores de la “guerra” y sus métodos de tortura. Este punto es clave por cuanto Ybarra propone una mezcla entre la novela política y el relato de horror, que apela a referentes de la cultura pop. Es decir, por un lado, cuestiona el accionar militar; por otro, desvirtúa o mengua el horror a través de estas menciones.

Si el horror es irrepresentable y obsceno, Ybarra se vale del “falso testimonio” para dar cuenta del horror en su dimensión física. Pero no crea el lector que la novela es cómoda por este artificio, pues al final se incluye un apartado titulado “Off the record” en el que se incluyen fragmentos “reales” sobre el caso. Así, realidad y ficción quedan imbricados en un diálogo eterno por cuanto no puede saberse con certeza qué es verdadero y qué es falso.

La teoría de la conspiración, la necrofilia, son también parte de esta trama, con un final teatral, en el que la voz asesina controla totalmente el escenario. Secreto de Estado es una novela que enriquece el ciclo narrativo de la “violencia política” y pone en cuestionamiento la “mimesis” con la cual se ha tratado el tema desde la literatura, pues potencia la ficción sobre la realidad, sin dejar de aludirla.

 

Elton Honores

Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Publicado por en  

Fecha Publicación: 2015-09-30T10:25:00.001-07:00


Fecha Publicación: 2015-09-24T23:05:00.002-07:00

LA VOZ EN OFF, DE MANUEL VILLANUEVA


El poeta que se suicidó por una reseña de Marco Aurelio Denegri

Conocí a Manuel Meza a inicios de la década de 1990. Era un flaco, larguirucho, con algunas pecas y el cabello ensortijado; solía estar acompañado de su viejo amigo, el poeta Percy Hinostroza, con quien formaba una mancuerna litigiosa y bastante controversial cuando se trataba de disquisiciones, charlas o reuniones catárticas.
Fue así como empezamos nuestra amistad en el local del Museo de Arte, en una de las clases del profesor Baldeón, que se atareaba en enseñar las técnicas del subverso, la cultura helenística y el bermaniano “todo lo sólido se desvanece en el aire” a un grupo de bardos que encabezaba la musa utópica Milenka O’Brien.
Fui yo quien los invitó a formar parte de una asociación de poetas que funcionaba dentro de la desparecida ANEA, un grupo de intelectuales, pintores y amantes de las letras que editábamos la revista Aedosmil(AE2000), único órgano de difusión y propaganda de la Asociación de Poetas Dos Mil –esa era la única esperanza en aquella época: llegar como sea al segundo milenio– y de la cual llegué a ser su presidente en 1991. Mientras tanto, el poeta Manuel Meza –al que, en ese tiempo, llamábamos así y que, luego, por un asunto personal, devendría en Manuel Villanueva– solo vivía para escribir. Alguna vez me pasó sus textos para que los leyera y le diera mi opinión. Su lírica era bastante delicada, y sus versos y él mismo buscaban, anhelaban la perfección apolínea.
Alguna vez trabajamos juntos por unos días en la casa de un amigo que tenía una computadora 286, en la que teníamos que turnarnos para escribir, digitar por primera vez nuestros poemas en una CPU. La meticulosidad de Manuel lo hacía rodearse de libros de consulta, diccionarios, tratados, vademécums, y siempre se mostraba temeroso ante cualquier posible error o duda. Recuerdo que, después de patalear en el teclado y en sus, entonces, raros botones, leíamos, unos a otros, los primeros poemas cibernéticos. Pero Manuel insistía en la corrección y dudaba de la sugerencia que la máquina hacía sobre las palabras mal escritas: “La poesía viene del espíritu, y el espíritu es quien escribe nuestros textos. Hay que dudar de la máquina y hay que dudar de nosotros. Hay que dudar de todo”.
Quizás, por ello, se tardó muchos años en publicar su primer libro: Voz en off, que vio la luz recién en 2003 por la editorial Tránsito, a cargo de los escritores Julio Fabián y Claudio Ogosi, la misma que vino con un exordio del académico Marco Martos: “[…] solo un intenso amor por la palabra, solo una dedicación sin desmayos puede dar un fruto temprano y ya maduro como Voz en off, hermoso conjunto, del que se puede decir al bondadoso lector, como lo hizo Carlos Oquendo de Amat: abra el libro como quien pela una fruta”. Y es que Martos daba en el clavo con la primera expresión, pero el fruto no era temprano, era una planta con raíces, hojas y flores que le brindaba cierto camuflaje al autor; de ahí el título y los versos que arrancan con “Sí, a veces me he sentido una sombra/que persigue su cuerpo, su momento y su/camino…”, y la ausencia de datos del autor en la contratapa, solo esas palabras justas y a la medida de la austriaca Ingeborg Bachmann y que, por cierto –he ahí un guiño de atmósfera citadina–, había usado C. Rengifo en su cuentario urbanófoboCriaturas de la sombra: “Los datos personales siempre son aquellos que menos tienen que ver con uno mismo”.
Nuestra amistad en la desaparecida ANEA se incrementaba por los libros que intercambiábamos o recomendábamos unos a otros. Todos los viernes eran las reuniones en el viejo cafetín del fondo a la derecha en el jirón Puno 421 del Centro de Lima. Entonces, más de treinta poetas, narradores, pintores, filósofos, sofistas, etc., compartíamos una mesa larga como la de un buffet. Entre los comensales, estaban los jovencísimos Julio Aponte, Apu Runco, Juan Benavente, Ángel Izquierdo Duclós, Retamozo, César Días, Alfredo Cárdenas, Víctor Bradio, etc., y los pintores Galagarza, Theo, Ackerman, etc. El poeta Meza era tímido, en público solo hablaba lo necesario, pero, cuando se trataba de opinar sobre poesía, no dudaba en dar su crítica, siempre fraterna y aguda cuando el caso lo exigía.
Un tiempo se organizaron recitales internos, y todos escuchábamos la lectura de poemas como si fuera un mensaje presidencial o psicofonías de algún personaje famoso. Pero Manuel Meza siempre optaba por la autoexigencia y no se permitía errar en sus versos y mucho menos en alguna opinión que se intersecase con la poesía. Recuerdo que, cierta vez, cuando organizamos una exposición de poesía visual en la galería Pancho Fierro, el poeta inventó ciertas triquiñuelas para leer su texto vedado, para lo cual había que apertrecharse de un espejo y, mirando de espaldas, en ciertos grados longitudinales, el poema se manifestaba en su verdadera expresión. Y es que siempre estaba buscando nuevas formas de expresarse, nuevas formas de entender la poesía, su poesía. Las exposiciones que se hicieron luego en la galería El Túnel, en la UNI, en 1992, y las de la misma ANEA tuvieron cierta acogida, no fueron cantos en el desierto –como se pensaba en los cenáculos de entonces–, e incluso varios diarios, como La República o El Comercio, venciendo sus diletancias, hicieron reportajes y notas informativas en los que destacaban el trabajo que unía la poesía con las artes plásticas y la música de aquel grupo de rapsodas, que, con el tiempo, irían tomando diversos rumbos.
Un día los Aedosmil decidieron que era tiempo de salir a pregonar los poemas en la calle, declamar los textos en La Parada, “a voz en cuello”, como decía el vate y librero Ángel Izquierdo Duclós; o ir de campamento a la playa solo y exclusivamente a escribir y leer poesía e intentar vivir como poetas aunque sea una semana. Fueron días felices para Manuel, quien no se perdía ninguna de estas salidas, que no eran planificadas al milímetro, sino que sucedían casi espontáneamente; por eso, la vez que estuvimos en Trapiche, ese pueblito que queda rumbo a Santa Rosa de Quives, tuvimos que dormir pegados unos a otros, porque nadie había llevado una carpa o una bolsa de dormir y la gélida noche nos agarró con lo que teníamos puesto; pero fácil hubiera sido regresarnos y perder esa hermosa Luna que empezaba a relumbrar en nuestras cabezas. Además, yo los alenté diciendo que el mejor hotel del mundo, el hotel de mil millones de estrellas era ese, el que se nos presentaba al aire libre y el que había que disfrutar solo con nuestras ropas puestas, leyendo poesía, inventando versos, cantando canciones, conversando del Conde de Maldoror, de Bretón o de los Black Mountain, de los surrealistas, los nadaístas, los situacionistas, labeat generation, los herméticos, etc.
Manuel reía y bailaba sobre los peñascos; escribía versos en la arena; le declamaba poemas a las olas, a los peces, nereidas o monstruos marinos. Por ratos se quedaba contemplando el horizonte. Su mirada se perdía en la inmensidad. El parnaso, la verdadera patria de los poetas, estaba muy lejos, pero tenía que seguir a pie y sin zapatos; el camino sería largo, tedioso y lleno de cambrones, pero la recompensa sería mayor.
La poesía valía la pena, y tendría que intentarlo aunque sea una vez. Era una de sus metas. Me lo dijo una noche mirando cómo se mecían unos barcos en altamar, una noche de esas en que uno habla dormido o duerme hablando: “Ybarra, querido amigo, no sirvo para nada más que para escribir versos, no sé si estará mal esto, lo siento por mi familia, pero es lo único que sé hacer bien o creo hacer bien. ¿Sabes lo que significa eso? Tengo que publicar mi primer libro de poesía”.
Cuando la ANEA perdió su local por un juicio con la Municipalidad de Lima y la Beneficencia, Manuel recaló junto a todos los sobrevivientes y náufragos del barco hundido –o secuestrado– en el jirón Quilca, en lo que, en ese tiempo, se denominaba “Bar Las Rejas”, en el Queirolo, o en los altos de don Lucho, más conocido como “La Rockola”, donde continuaban las reuniones como si fuera nuestro propio espacio. Incluso se pasaba lista, se firmaba un acta, y la lectura de poemas no dejaba de hacerse por ningún motivo. Los brindis y las conversaciones se alargaban hasta la madrugada. No obstante, el poeta no se sentía a gusto, había algo que no terminaba por convencerlo: lo dionisiaco no era lo suyo, el poeta no se sentía parte de. Algo dentro de él lo hacía irse temprano, alejarse del grupo, extraviarse en la noche.
Fue entonces que empezó a retraerse, ya no salía de casa, no le interesaba mucho el mundo. Los estados de depresión lo empezaron a asaltar en todo momento. Muchos años después, nos enteramos, por sus propios familiares, de que Manuel tenía cuadros severos de melancolía y angustia y de que se encerraba en su cuarto días de días para hacer la vida de un asceta o ermitaño; quería que lo dejaran solo. Sus familiares cercanos lo ayudaban, lo sosegaban, pero lo que tenía Manuel era una tristeza del mundo que se había hecho carne y uña con la poesía. Y solo la poesía lo podía regresar a la realidad. Él lo sabía, pero parece que nadie más.
Tarde nos enteramos de que Manuel ya había intentado varias veces quitarse la vida y, por cuestiones fortuitas –o porque “no era su hora”, según reparó una de sus hermanas–, lo habían auxiliado, y el susto no había pasado a más de un par de muñecas cortadas, ambulancias, el hospital y luego pastillas para la depresión: Frisium, Valium, Fluoxetina, para sentirse bien, y mucha atención de los que le rodeaban y, cómo no, de sus amigos. Aun así, esa gran ancla o palanca de la poesía seguía anidando en su espíritu, y Manuel le tenía mucho respeto, mucho amor; quizás por eso trató de alguna manera de alejarse, de comportarse y ser una personanormal, sin nada literario que decir y quizás con mucho que hacer. “Lo manual le podía ayudar a entender lo espiritual”, manifestó alguna vez, moviendo la cabeza como si fuera una verdad incondicional que tuviera que aceptar sin mayores reclamos.
Un día lo visité en su casa de Canto Grande, junto con el economista Javier Parra y el novelista Carlos Rengifo, y mayúscula fue nuestra extrañeza cuando Manuel, una de las más notables promesas poéticas que había tenido la ANEA-AE2000 en sus última fase, había decidido renunciar a las letras y convertirse en mecánico de carros, siguiendo la profesión de su señor padre. Cuando lo vimos con su overol manchado de grasa, la camisa arremangada rezumando el aceite quemado de mil motores, sentí la misma sensación cuando los canales de televisión mostraron al ajedrecista Julio Granda arando a puño limpio su chacra en Camaná, requintando a este mundo miserere que no podía entender a un iluminado. Ahí estaba Manuel, el que discutía de Hegel, el que podía hablar fluidamente de la poesía de Eliot o Ezra Pound, el que construía poemas con sistemas de relojería y entendía a Leonardo, a Tesla, a Baudrillard, a Todorov, a Roland Barthes y a todos los estructuralistas y posestructuralistas.
Simplemente, se había dejado ganar por el mundo. Había subido un poco de peso y, contradictoriamente a lo que cualquiera de nosotros pudiera pensar, se mostraba feliz. Era el vivo ejemplo del yo es otro rimbaudiano, de la metamorfosis kafkiana, del homus novis de Mariátegui en El alma matinal. Esa tarde comimos y brindamos. Tratamos de no hablar de poesía, tampoco queríamos hablar de fierros y motores Perkins, Cummins o Volvo; conversamos de la vida, un poco de política y del tiempo, que es el tema en el cual todos podemos echarle la culpa de nuestras penas a ese organismo estéril que es el Senamhi y fingir una sonrisa, un “salud” con tintinear de copas rebosantes de vino cuitado. Antes de irnos, Manuel nos confesó que estaba de amores con una linda chica, una Maga morelliana,y, al parecer, el asunto iba para mayores. “Blasfemia”, “profanación” y “anatema”, fueron las palabras que Manuel había establecido para definir su actual situación. No lo dijo ese día, pero se sentía en el ambiente, era tácito, y todos tratamos de ignorarlo.
Por ese entonces, me crucé varias veces con él, abrazado de su musa, acompañándola por las calles de Lima, entrando a un fast food, al cine o a comer algunos bocadillos en ese viejo cafetín republicano que funcionaba al frente del cine Le Paris. No sabíamos si a su Nadja le gustaban las artes o era amante secreta de la poesía. Lo que sí sabíamos era que Manuel, Manuelito –como le decíamos– estaba cada vez más lejos de las letras. Su mundo se había vulgarizado, el amor había echado por la borda todos esos años de trabajo secreto, todas esas amanecidas de lecturas obligadas y de escritura cuasi automática por la poeisis, por todo lo que él consideraba sagrado.
Unos años después, y cuando ya imaginábamos a Manuel como un obeso mecánico apretando las tuercas de una llanta con una llave inglesa o metido para siempre debajo de esos armatostes, manejando tecles y gatas hidráulicas, al lado de una esposa exigente y convencional que le lavaba las ropas y le servía los alimentos, nos dimos con la sorpresa de que nuestro amigo había ingresado a la Universidad San Marcos y asistía puntualmente a las clases del taller de poesía que amable y solícitamente dirigían y dirigen Marco Martos y Hildebrando Pérez Grande. Ahí terminó por perfilar y darle forma a su primer libro: Voz en off, y regresar otra vez al redil.
Una tarde de invierno, por la avenida Colón, cuando salía de un conocido cineclub, me alcanzó su libro y me hizo una rápida dedicatoria. En una revisada a vuelo de pájaro, mientras conversábamos de los viejos tiempos y eludíamos a la masa de estudiantes presurosos que salían de las academias, quedé confundido por no haber incorporado ninguno de los textos que le había leído en las épocas de la ANEA. El nuevo Manuel Villanueva –ese era su nombre ahora– se había encargado de sepultar alantiguo Manuel Meza. Los poemas de Voz en off no eran tan largos, no había retruécanos o vallas ni triquiñuelas que eludir. Todos sus nuevostextos habían sido pasteurizadoshomogeneizados y pasado por un control de calidad ISO, que incluía a varios profesores universitarios. Pero, aun así, aun después de publicado su libro, Manuel seguía teniendo serias dudas. Su espíritu inconforme volvía a torturarlo. Recuerdo que, cuando puso el libro en mis manos, me pidió que lo leyera varias veces y le diera mi opinión sincera, que no le perdonara ningún error o falencia, así sea este de carácter de imprenta. Le dije que lo haría, que no se preocupara y que no se dejara llevar por los decires y menos si esos provenían de un “crítico literario” o de algún letrateniente a sueldo fijo. Reímos de esto a carcajadas y nos despedimos en la avenida Wilson con un gran abrazo.

Marco Aurelio Denegri. Foto: El Comercio.
Quizás por esa inseguridad que funcionaba como un autoflagelo, Manuel decidió alcanzarle su texto al polígrafo Marco Aurelio Denegri, a quien veía todos los fines de semana y a quien escribía secretamente al correo que aparecía en la pantalla del televisor, aun cuando nunca recibía respuesta; de repente, escucharle decir alguna palabra celebratoria, algún aliento o venia de aceptación hubiera sido un espaldarazo para él.
Pero pasó lo que tenía que pasar y cierto viernes en la noche, cuando Manuel encendió el viejo televisor, ilusionado por una crítica que lo empujase hacia delante y continuar así el camino trazado, Marco Aurelio cogió el libro, como una mantis religiosa coge a su víctima, y se despachó una de las peores reseñas a un libro de poesía, que terminó por sepultar a gargajos no solo un buen primer texto, sino todo un futuro que podría haber sido brillante.
Manuel entró en crisis, sus amigos cercanos, que sabíamos lo que había pasado, tratábamos de darle aliento. Le dijimos, lo que es verdad, que el señor Denegri no es ninguna autoridad en poesía, que no entiende las metáforas, que no sabe nada de imágenes ni de figuras literarias y que quiere aplicar un racionalismo cartesiano protofascista a algo que solo puede entenderse a través de los sueños o de las quimeras. Además, cómo es posible que MAD crea que una paloma no puede hincarse porque no tiene rodillas, o que el sol, astro regente, no tiene fauces y no se puede tragar a un hombre, o que es imposible hacer poesía con coprolalia, escatología o con elementos salidos de una teoría de los esfínteres, etc. Pero nada funcionó.
Manuel empezó a sentir que el mundo no tenía sentido, que si él no podía aportar siquiera un buen verso a esta realidad decadente, pues, entonces nada tenía razón de ser y que, sin poesía, no había futuro y todo estaba perdido, al menos para él, que había vivido para la poesía durante años, que había renunciado al mundo feliz de Huxley, a la felicidad convencionalde El secreto y del casa-mujer-auto-perro y que, en estos momentos en que empezaba a dar sus primeros pasos, no tenía mayor opción que agarrarse a los versos y caminar hacia la luz, seguir intentando el logos, lahybris desencadenante, o apagar el interruptor.
Cierto día, aprovechando que había pocas personas en casa, Manuel cerró con llave la puerta de su cuarto, sacó su deshojado cuaderno de apuntes, que guardaba debajo de su colchón, y se puso a leer; las lágrimas le empezaron a caer por el rostro y lloró como cuando era niño, lloró hasta sentir que sus ojos estaban secos como un desierto. Lloró y lloró hasta encontrarse con la risa o con la desesperación. Y, entonces, quizás cuando veía solo su fracaso como poeta –porque eso es lo que había dicho ese viejo aristarco de la televisión en cuyas opiniones confiaba ciegamente– sacó una filuda cuchilla, le pidió perdón a todos los dioses de las letras, la música y las artes, Apolo, Bragi, Ganesha, etc., y se hizo unos tajos profundos en los antebrazos, unos cortes estudiados y perfectos, como para que nadie pudiera hacer nada por él. Y se sentó a escribir, ahora sí seguro, sin dudas y sin trastabilleos, lo que sería su último e insondable poema.
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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.
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Fecha Publicación: 2015-09-18T00:02:00.003-07:00

MAGALLANES O LA HIPOCRESÍA DE LA CLASE MEDIA

Magallanes es una película de la productora Tondero (Asu Mare 1 y 2A los 40, etc.), dirigida por Salvador del Solar, en la que se cuenta los devenires de una postviolación y otros hechos sucedidos durante la guerra interna en Ayacucho. Un coronel sometió y vejó, durante un año, a una joven, Celina –papel correctamente interpretado por Magaly Solier– y esta logró escapar dejándose violar por otro soldado raso. Pasado los años y ya en la ciudad capital, el soldado, convertido en taxista, se encuentra casualmente con Celina o “Ñusta”, su antiguo nombre impuesto en el cuartel, y empiezan los sentimientos de culpa y los ires y vaivenes de un militar atormentado para remediar crematísticamente un hecho pretérito, situación que lo lleva incluso a la extorsión y a la búsqueda de la justicia por las propias manos.

La película es lenta y, por ratos, aburrida; al principio, la trama no logra definirse bien y tenemos a un Harvey Magallanes (Damián Alcázar) tratando de husmear en la vida de Celina/“Ñusta” en un neorrealismo donde abundan los bares de mala muerte, los sicarios que ajustan a sus clientes o una ciudad desteñida donde puedes agarrar a golpes a cualquiera sin que nadie diga o haga algo. Las escenas son entrecortadas, solo buscan ser efectistas y apoyarse en una especie de hechos amarrados o sucesos increíbles que van a ir desde la “casualidad” de Magallanes de hacerle una carrera a Celina/“Ñusta”; Magallanes hecho un sirviente del coronel violador (Federico Luppi), a quien lleva a ver el mar o a comer helados y que, para mayores datos, no se acuerda de nada porque es viejo y sufre de Alzheimer o algún mal parecido. Y el hijo del coronel, Adrián Ormache (Christian Meier), que, en su propio vía crucis, llega a ser ultrajado por otro militar y, encima, con afán justiciero puede desprenderse de miles de soles con tal de evitar el escándalo y que no se sepa de la actividad de su padre en Ayacucho.
Se ha dicho, con razón, que esta película no logra o no busca ninguna verdad y solo relativiza un hecho grave como una violación y cuyo producto es un “hijo monstruo”, un ser que apenas habla, que tiene problemas psicomotores y que padece, desde su encierro, todo este circo romano que es la sociedad criolla y formal, la lucha por la sobrevivencia, los estafadores, los prestamistas o usureros y, cómo no, el poder judicial con su accionar torpe y ciego. Por cierto, ninguno de los personajes está de acuerdo en decir su verdad. Ni la ultrajada o pharmakói (o sacrificada, según la visión griega), ni el violador que ya no recuerda nada, ni los testigos, ni el soldado, también abusador o el hijo del militar corrupto, hecho un abogado de éxito y también vejado por otro soldado con el síndrome de Vietnam y que, de alguna manera, justifica a su padre aceptándolo como “un hombre enfermo”.
La película está basada en el cuento La Pasajera, de Alonso Cueto, que ha sido publicado después de la película y donde se muestra un hecho que ya había sido trabajado en la novela La Hora Azul donde un militar corrupto es redimido por su propio hijo. Cabe resaltar, que esta trama, la del chofer vengador, ya ha sido motivo de discusión en ciertos espacios virtuales donde se ha llegado a decir que el guion corresponde al exministro del Interior, Daniel Urresti, quien como sabemos, y por propia declaración ante la CVR, ha sido taxista durante siete años y tiene un testimonio parecido con la trama de Magallanes.
No obstante, y a pesar de lo errático de este film, caviarizado y puesto en bandeja supuestamente para criticar el olvido de la sociedad peruana, la escena que más ha conmovido es la de Celina increpándole al jefe policíal, al exmilitar Magallanes y al hijo del coronel violador, que no le importa reclamar nada, pero todo este discurso lo hace en quechua y sin traducción, motivo por el cual, lo que se desprende de esta escena es supuesto o tiene que ver con la interpretación gesticular que el espectador o cinéfilo haga del personaje de Celina. Curiosamente, la escena tiene que ver con el dinero y hace un par de días la página del banco BBVA Continental, que también auspicia la película, junto a DirecTV y la cervecera Cristal, posteó, en su cuenta de facebook,  la traducción de esta escena. Conflicto de intereses que le dicen:
Dinero, plata, en la cabeza de ustedes sólo dinero, sólo dinero. ¿Dándome esto ustedes van a curarme de todo lo que me han hecho? A mi padre, a mi madre ¿Van a hacerlos vivir con este dinero? Desde el inicio, ustedes han hecho lo que les ha dado la gana con mi persona.”
“Mis derechos los han pisoteado. ¿Para qué estoy aquí? ¿Ah? ¿Para qué estoy aquí? ¿Hasta cuándo voy a esperar? Están pisoteando mis derechos. Ya no siento miedo de ustedes, ni de ti, ni de él, ni de nadie.”
Con todo, Magallanes sería el tipo de películas hechas para calmar o suavizar las conciencias de las clases medias (las que pueden ir al cine o, dizque, disfrutar del “vive ahora y paga mañana”) que prefieren olvidar o mirar para un costado cuando se trata de tomar posición o reclamar justicia, pues, como se sabe, los crímenes por derechos humanos y la lucha contra la impunidad, no tienen fecha de vencimiento, no prescriben, y no son archivables. Lo otro, es que seguimos creyendo que el cine étnico o “exótico” con condimentos de problemática social, nos va a asegurar un éxito de taquilla o algún triunfo en algún festival de cine donde primen los sociodramas, los “elementos reivindicativos” o la supuesta búsqueda de alguna “justicia”, aunque sea en formato celuloide o virtual para ver, a oscuras, mientras chacchamos maíz pop corn y nos atragantamos con Coca Cola.
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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.
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Fecha Publicación: 2015-09-18T00:01:00.002-07:00

PROMETEO ENCADENADO O LA OTRA VERSIÓN DE LA LIBERTAD

Después de casi un año de intenso trabajo y laboratorio, el grupo Aroma de Octubre, dirigido por la actriz y activista: Fabiola Alcázar, nos presenta Prometeo Encadenado, una versión libre y vanguardista de la obra griega de Esquilo, en la que el destino de los dioses o semidioses conspira por la libertad y el sino de los hombres, a partir de una afrenta o desafío, el cruento castigo y posterior libertad a manos de otro elegido: Hércules.

La obra inicia con un baile a tres cuerpos y al unísono de “Sorba, el griego”, las voces se juntan, los brazos se enlazan, es el pueblo que habla por la boca de estas mujeres, además luchadoras sociales, heroínas de un tiempo ido que puede ser el actual y en la que el preámbulo no solo es la “caída” de una deidad –al fin y al cabo, una metáfora– sino el transcurrir de la historia, de los hechos que se desencadenan a partir de una acción aparentemente réproba o equívoca: el robo del fuego de Zeus o, lo que es lo mismo: el conocimiento, el valor y la fuerza otorgada o “devuelta” a sus verdaderos dueños.
Prometeo es el elegido que, en vez de seguir la profecía y los designios divinos, se rebelará contra toda norma, apoyará la moción de libertad y el conocimiento de los hombres; es el hermano mayor que velará los sueños de una humanidad dormida o adormecida. En las tablas, Prometeo es Miguel Blásica, performer, líder de la emblemática banda ochentera Masoko Tanga, quien nos va relatando su dolor y sus quejas en un mundo coaptado por un poder regente.
Los personajes se desdoblan, salen de sí, se convierten en Hefesto, Fuerza y Violencia, un niño esclavo da de beber a los invitados, estallan carcajadas, palabras que son versos vuelan de uno a otro lado. Cabe resaltar que esos diálogos, monólogos y frases sueltas que se integran al discurso, son textos sacados de libros de César Vallejo, Manuel Scorza, Khalil Gibran, etc., seleccionados especialmente para darle una atmósfera poética a una obra que en sí es un poema, un artefacto que se va desplegando alrededor de una hora y que mantiene la atención del espectador quien, en determinado momento, deberá cuestionarse si lo que está presenciando es un mito o la exposición de la realidad.
A esto hay que agregar las impecables actuaciones de Rina Corzo haciendo de una musa helénica vestida de blanco; Diana Véliz o la princesa guerrera cuya firmeza no admite dudas ni cavilaciones; y la misma Fabiola Alcázar explayándose con maestría en el controvertido papel de Hefesto. Las luces que, como un fuego psicodélico, acompañan cada acción, las cadenas que se despliegan del “cielo”, la roca que a su vez son varias sillas superpuestas y en las que Prometeo es sometido y asegurado para que no vuelva a “errar” el camino. Nótese o escúchese el bombardeo, el sonido de la metralla y los aviones de guerra, y el trabajo de los cuerpos con una manta de varios metros que se transmuta en cobijo, protección y mortaja.
Al final, ese Prometeo que luchó al lado de los hombres, es liberado por las masas cerrando el círculo de la historia, la misma que solo se puede repetir ya no como tragedia ni como farsa, como diría Marx, sino como un aprendizaje necesario para retomar el destino que nunca debió caer en otras manos que no sean las nuestras.
PD: No dejen de verla. Al final, siempre hay un after party para conversar con los actores e intercambiar opiniones, ideas, propuestas, etc. Imperdible.
Info necesaria:
Sábados: 05, 19 y 26 de setiembre – 8.00 pm.
Domingos: 6, 13, 20 y 27 de setiembre – 7.00 pm.
Viernes: 25 de setiembre – 8.00pm.
Lugar: La Cámara Negra
Calle Burgos 178 Psje. Central 104, Lince
Altura cuadra 2 de Prescott
Telfs. 972 269 954 / 941 093 542 / (01) 676 2883
Entradas: general: S/. 25.00, estudiantes: S/. 15.00, promocional: 2 x S/. 40.00
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Fecha Publicación: 2015-09-17T23:59:00.002-07:00
Cerrar la Biblioteca Nacional para usarlo como un lupanar para la gente del FMI y del Banco Mundial, no tiene ningún sentido. Ollanta y Nadine, y demás "nacionalistas", deben estar felices por esta tremenda burrada.


Fecha Publicación: 2015-09-17T23:58:00.001-07:00
Vamos por la tercera reimpresión de M A T A G E N T E que, sin querer, se ha convertido en lo que llaman 'best sellers'.
Ya somos miles, gracias por la fuerza y por leer a este humilde servidor. Seguimos.



Fecha Publicación: 2015-09-17T23:56:00.002-07:00

EL PAPEL DEL TRABAJO EN LA TRANSFORMACIÓN DEL HOMBRE EN CUY

Walter Lingán, es un escritor peruano radicado en Alemania, que se dedica también a la tecnología médica. Ha publicado diversos títulos como El amor también es subversivo (poesía, Lima, 1986), Por un puñadito de sal (novela, Lima, 1993), El lado oscuro de Magdalena (novela, Trujillo, Perú, 1996), La danza de la viuda negra (Lima, 2001 y 2008), Oigo bajo tu pie el humo de la locomotora / Ich höre unter deinem Fuß den Rauch der Lokomotive (Bonn, 2005), etc. En esta oportunidad nos entrega Un Cuy entre Alemanes, un texto fantástico entre La Metamorfosis de Kafka (La Transformación decía Borges) y  el Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, pasando por El Increíble Hulk, El Hombre Elefante (Merrick) y El Jardinero de Jersi Kozinski.

El personaje, debido a ciertos problemas económicos y/o políticos (crisis de los ochentas, desastre belaundista y alanista), logra viajar a Alemania para hacerse de un futuro, estudiar y tener un trabajo y, si es posible, tener una pareja con la que formar una familia o tener algún happy end. En este trance, mientras se acomoda en su nuevo entorno social, una casa para estudiantes, nos va narrando su vida y sus lecturas literarias, sus autores, su visión social comprometida, sus analogías entre su ciudad natal, Lima-Collique y Alemania en la década del ochenta, siempre en primera persona, en sentido autodiegético,  con mucha fluidez y, por ratos, pinceladas nostálgicas, estro poemático y cuestionador.
La realidad es vista a través de la lupa de la literatura, es así como nuestro personaje va, poco a poco, convirtiéndose en un cuy, un cobayo o, “equívocamente”, un “conejillo de indias”. Esto, quizá, como artilugio, sirve para opinar desde el metatexto o de rebote: ver, por ejemplo, las barriadas limeñas vía Patíbulo para un Caballo, de Cronwell Jara, o ver la gran minería vía Redoble por Rancas, de Manuel Scorza, incluso la corrupción en su estado más prosaico, vía el Ciudadano Alberto Fujimori, la construcción de un político, de Jochamowitz, etc., y, por largos tramos, con ciertos altibajos, logra el efecto deseado: instalar un interés en el lector por los libros y temas que el posible cuy va despachándose mientras fornica con todas las alemanas que le aparezcan en el camino, ya sea como ser humano o como roedor.
El cuy se come, no se integra, el cuy no tiene “hijos”, tiene prole, camada que va a alimentar la máquina de consumo. El cuy es un roedor inofensivo, doméstico o domesticable y siempre presa de otros animales carroñeros; en el Perú se le come, es beneficiado en suculentos platos gastronómicos y sirve también para incentivar algún tipo de seudonacionalismo politiquero (PPKuy) o incluso el ahorro: (“el Cuy Mágico”, del BCP); en Europa es una mascota (no se le considera intimidante siendo un roedor), y, como tal, solo quiere comer, ser tratado bien y reproducirse y, claro, si antes no se le castra.
Por otro lado, también podemos decir que Un Cuy entre Alemanes es, quizás, una novela entre el marxismo consecuente (no hay que perder de vista las disgregaciones del cuy sobre la izquierda peruana ilegal o legal y su activismo en Europa), la literatura, la disparidad social (Alemania-Perú, Europa-tercer mundo) y la libido y el desenfreno. O, parafraseando a Engels, el papel del trabajo o acomodo social en la transformación del hombre en cuy, donde podemos deducir que no es que el hombre-narrador quiera convertirse en cuy sino que es obligado por las circunstancias y porque así es mejor enfrentar un mundo para el cual no se siente preparado ni física ni mentalmente: la perfección urbana, las costumbres germánicas, el respeto del otro, y, principalmente, el trabajo integrador o visto como un ejercicio eucarístico o “humano”.
La parte final de Un cuy entre Alemanes nos trae una versión renovada de lo que sería El Jardinero de Kozinski, el que después de vencer sus propios miedos o taras sociales (¡el migrante puede encarnar al mal?), encuentra una forma de redención vía la fama o la aceptación mediática (la televisión también homogeniza y pasteuriza y convierte en héroes a villanos o humaniza a monstruos o los convierte en ciudadanos dignos de respeto), pues el hombre –léase el migrante– mientras se animaliza, entiende mejor el mundo y es finalmente asimilado, tragado por la sociedad; aunque quizás eso le desagrega el suspenso o la expectativa al cuy-hombre u hombre-cuy. No obstante, la novela no pierde su ritmo y se mantiene invicta hasta el final.
Aquí pueden leer un fragmento de la novela que gentilmente la editorial Eclipsa ha colgado en la net :http://www.eclipsa.com.es/fragmentos/Un_cuy_entre_alemanes_fragmento.pdf
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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.
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Fecha Publicación: 2015-09-03T11:10:00.001-07:00




Un niño ha muerto huyendo de la guerra en Siria. Un niño que no podrá jugar ni soñar con un mundo al final del arco iris. Un niño que ni siquiera pudo morir bajo un techo o en una cama. Un niño al que las naciones civilizadas le aventaron bombas de racimo para que arrullen su llanto y calmen su hambre y su sed. Un niño que ni siquiera aprendió las vocales o a decir oraciones completas, un Padre Nuestro, un shaharit o un salat. Un niño que en vez de tener un sonajero o una pelota, le dimos balas, tanques, aviones de combate y granadas de guerra. Un niño que en vez de leche materna tuvo que ahogarse en calostro de sangre y dolor. Un niño que no pudo ir a la escuela ni convertirse en un “hombre de bien” o “para bien”. Un niño que los poderosos de la OTAN, los G-8 o los G-4, dicen que no vale nada porque es de un país pobre o caído en desgracia. Un niño que nació sin presente, sin pasado y sin futuro. Un niño que es el símbolo de esta especie fallida que llamamos “humana” y que calificamos como “sapiens”.  Un niño que pudo ser el hijo de nuestro vecino, nuestro pariente o nuestro hijo. Un niño que nos hace recordar que no hay cielo ni paraíso y que ardemos en esta realidad de pesadilla que nos carcome el alma. Un niño que nunca supo que había un poco de amor para ayudarle a dar sus primeros pasos, hacer sus primeros garabatos y a tararear su primera canción. Un niño que no tuvo un parque ni árboles ni un lugar para hacerle creer que había tranquilidad y armonía para él y para los suyos. Un niño cuya muerte no podremos explicar ante ninguna justicia, en ningún país del mundo, bajo ninguna religión y en ninguna lengua o dialecto de hombre, porque es  un niño que es el mismo mundo, este viejo armatoste que se cae a pedazos, se desploma, se derrumba y nos sepulta, porque ese niño muerto huyendo de la guerra, ese niño que, seguro, apenas aprendió a decir “papá” o “mamá”, somos todos y ya es tarde para cualquier cosa, cualquier argumento, reflexión o comentario, solo llorar y abrazar con fuerza al pequeño cadáver: nuestro pequeño cadáver abandonado en una playa y al que ni siquiera le pudimos enseñar a morir en paz.

Fecha Publicación: 2015-08-25T00:27:00.004-07:00
RESPUESTA A LA CARTA ABIERTA DEL POETA JUAN CRISTÓBAL SOBRE LA PRECANDIDATURA DE VERÓNIKA MENDOZA

CARTA A JUAN CRISTÓBAL


Primero, muchas gracias por la carta abierta, antes que nada quiero saludarlo y manifestarle mi aprecio a su persona y a su obra literaria. Dicho esto, paso a darle mi respuesta, que es también la respuesta a otras cartas de amigos y de no tan amigos, sobre este mismo tema: la precandidatura de Verónika Mendoza.

Opinar, divulgar información, estar al tanto de lo que sucede en nuestro país, no puede calificar como “ataque”. ¿Ataque a quién? Esa es exactamente la manera con que se defienden los burócratas y el poder instituido cuando señalas sus errores o cuando los pones en evidencia de alguna falta. Lo cierto es que no tengo nada personal contra nadie ni soy financiado por la ultraderecha o por la ultraizquierda como sugieren maliciosamente por ahí. Asimismo, señalo lo que me parece un despropósito y una falta de coherencia dentro de la candidatura de Verónica Mendoza. Antes que nada, porque no tiene una carrera política, solo hay que recordar que llega al congreso porque era amiga personal de Nadine Heredia en Paris, y, si revisan bien los spots de su candidatura, se darán cuenta que tenía el mismo discurso de Ollanta Humala, incluso nos prometió bajar el precio del gas y sugirió un nacionalismo alejado de las transnacionales:https://www.facebook.com/244373448928388/videos/1031433510222374, pero resulta que, en algún momento de su ejercicio congresal, derivó en defensa del aborto al lado de las oenegés de capitales extranjeros que invierten y no regalan su dinero (revisar caso Suiza y sus 250 casos de oenegés cuyos activos proceden de empresas que venden armas).  Lo que hay que revisar también son sus propuestas de ley:http://www.veromendoza.pe/index.php/2014-08-14-07-02-29/leyes. En la que tiene varios proyectos sobre asuntos ambientales, pero, también, proyectos que podrían ser importantes en otro escenario, solucionando, primero, por ejemplo, cuestiones de economía social o de seguridad ciudadana, sin embargo se prefirió apostar por los siguientes: “Proyecto de Ley de Alternancia de Género”, “Ley contra el acoso callejero”, “Leyes por acceso a educación y salud sexual y reproductiva”, etc. (Revisar este artículo sobre la mesa tripartita y el papel nefasto de ciertas organizaciones feministas en las esterizaciones forzadas en la época de Fujimori, organizaciones que, por cierto, se han lavado la cara y ahora se presentan como baluartes en la defensa de la mujer: http://www.limagris.com/la-mesa-tripartita-ongs-feministas-y-esterilizaciones-forzadas ). Y las que VM apoyó de forma tangencial, si a alguien le importa, puede abrir este pdf  del 23 de marzo del presente añohttp://www2.congreso.gob.pe/Sicr/TraDocEstProc/Contdoc03_2011.nsf/0/beea999d4f1fc20b05257e1100669d18/$FILE/PL0434720150323.–.pdfy ahí encontrará que mientras nuestro país necesita de urgente seguridad ciudadana, mientras hay hambre, miseria, convulsión social, etc., Mendoza estaba, junto a “Vitocho” García Belaúnde, tratando de quitarle el título nobiliario de “prócer” de la batalla del 2 de Mayo a Mariano Ignacio Prado, hecho que llevó a toda una lucha y una pérdida de tiempo entre abogados, parientes y congresistas abocados en esta causa que podría ser justa o no, pero no en tiempos en que hay otras urgencias. Eso se llama NO tener sentido común. (Ver firma de VM al final del documento).
El otro asunto que nos preocupa, es que VM haya firmado para el ingreso de tropas en nuestro país, noticia que sus adláteres, allegados y oportunistas de turno, han querido negar diciendo que no son 3200 soldados sino solo 46, siguiendo la lógica de “matamos menos”, hecho que condice cualquier sentido de inviolabilidad e intangibilidad territorial. Recordemos que esas prácticas militares tuvieron como escenario a Lima, Junín, Loreto, Pasco, Cuzco y Ayacucho, lugares todavía convulsos en que el estado tiene poca presencia o se ha generado un vacío de poder. (Ver documento del congreso donde aparece la firma de VM, pág. 27:http://www2.congreso.gob.pe/sicr/RedacActas/Actas.nsf/ActasPlenoAct/05256D7B0075044305257A9C000364EB/$FILE/19-18.oct.2012.pdf ).
Por ello, considero que es imposible pretender un frente con personas que guardan un perfil dudoso, al menos para un movimiento que se dice de izquierdas y en el que se puede comprobar a gente honorable y bases que esperan no ser, otra vez, llevadas al desvío. No es mi posición la de políticos clásicos de izquierda, como el tal Breña Pantoja, que prefieren no decir nada y seguir mirando a un costado dizque para no ahondar la diferencias contra las otras izquierdas (ver:https://www.facebook.com/UnetePeruOficial/videos/792072667556214/?__mref=message_bubble ). A pesar de todo, he optado por hablar en voz alta y señalar las diferencias con los activos y los pasivos que ello conlleva. Gracias por la amistad. Siempre,
CARTA DE JUAN CRISTÓBAL

ESTIMADO RODOLFO: creo que tus posiciones respecto a Veronika Mendoza tienen dos elementos de respuesta: la positiva y la negativa. Comenzaré por la primera. Es bueno recordar todas las promesas y compromisos y actitudes que tuvieron cada uno de los políticos o (en este caso) precandidatos para las futuras elecciones, es bueno porque entonces sabremos quiénes son y qué incumplieron (o traicionaron, como dices tú, lo que me parece excesivo para el caso que mencionas, pero cada quien es dueño de sus palabras y decisiones), y también es bueno para saber a quién debemos elegir como precandidatos y a quienes no. En cuanto a la segunda situación. Tu permanente ataque a Verónica Mendoza me parece excesivo y deja posibilidades para que la derecha nos deje (a los de la izquierda) sin candidatos. Y también es excesivo porque el problema no es una persona, sino que grupo o partido colectivo es quien la respalda y postula, en todo caso tus señalamientos deberían ser a ese grupo o partido.
Ahora, en términos generales, siguiendo tu línea de conducta tendríamos que aceptar que la izquierda, todos los grupos que se dicen de izquierda, no hay una sola persona o político que pueda realmente ser capaz de darnos la confianza que necesitamos, todos están manchados por zigzagueos y arribismos personales. Pero esa es nuestra izquierda que tenemos y esa es a la que hay que aceptar, pero pedirle, desde el lugar que estemos, honestidad y rectitud.
Por eso es imprescindible exigir (y no atacar a una persona, a no ser que haya tenido una actitud abiertamente vergonzosa, que no es el caso de Verónica Mendoza, a quien no conozco, pero si de una persona que fue embajadora y ahora esta de nuevo en uno de los frentes como si nada hubiese sucedido, ya sabrás a quien me refiero), digo, hay que exigir que en primer lugar se forme un FRENTE UNICO DE IZQUIERDA y luego exigir que tenga un PROGRAMA ANTINEOLIBERAL, ANTICAPITALISTA Y ANTIMPERIALISTA, en ese Frente pueden ir desde los propios grupos de izquierda hasta cristianos o militares progresistas, pero la clave de todo esta en el PROGRAMA. Esto quería decirte y no pretendo abrir un debate sobre esto. Solo que tomes en cuenta lo que te digo, que sepas lo que pienso a propósito de tus puntos de vista, y si no estas de acuerdo, así son las contradicciones en el campo de la política. Un saludo.
Juan Cristóbal.
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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.
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Fecha Publicación: 2015-08-23T14:16:00.001-07:00

LA IZQUIERDA O LA MISMA MIERDA

La izquierda que te promete hasta por los codos, la que te jura y rejura que no volverá a fallarte, que esta vez sí será como te viene diciendo hace 30 años, que esta vez, por tu madrecita, sí habrá cambios de verdad, solo tienes que confiar, solo tienes que bajar la cabeza, ponerte de rodillas y abrirle los brazos a la esperanza.  (¿Alguien se acuerda del gas barato? ¿Alguien se acuerda del respeto a los ríos, lagos y lagunas? ¿Alguien se acuerda de mejor educación, mejor salud, mejores “niveles de vida”, etc., etc.?)

La izquierda que te habló hasta por los codos de nacionalismo y te dijo al oído que no ingresarían tropas norteamericanas a territorio patrio porque eso no lo iban a permitir, que el “Plan Colombia”, que los yankees hijos de puta, que el Perú es un país digno que no se presta para los juegos geopolíticos de terceros, etc., etc., y, al final, cuando te descuidaste, y a escondidas, se hizo todo lo contrario.
La izquierda que no habla claro: no sabe si apoyar a Maduro o rechazar a Maduro, no sabe si mostrarse  “revolucionaria” o complaciente. No sabe si coquetear con la concentración de medios o hacerse la cojuda y faranduleando en todas las entrevistas que le dan, hablando a media voz, diciendo y no diciendo, trabalengueando, usando palabras técnicas o recursos de oradores de la plaza san Martín para que no entiendas o para que no te des cuenta que nada pasará y todo seguirá igual o peor.
La izquierda que solo busca entornillarse en el poder, medrar en algún ente burocrático y chuparte la sangre como un ectoparásito viviendo del erario nacional y de tus impuestos, con sueldos estratosféricos que son, a todas luces, un insulto a la clase trabajadora y a las familias pobres de este país.
La izquierda que se quiere mostrar como los “Superamigos”, “todos por una buena causa”, “todos para salvar el país”, “vamos juntos por el cambio” y en realidad son unas “súper-ratasas” que están más preocupados en cómo transar con el gran capital y asegurar sus cuentas bancarias y un futuro con una casa rodhesiana, autos de lujo, ropa de diseñador y comida gourmet, lejos de todos estos “resentidos”, menesterosos, parias y “ciudadanos de segunda y de tercera clase”.
La izquierda zombi cuyos muertos vivientes se comen tu cerebro cada cinco años.
La izquierda putrefacta que dizque te invita a construir un “país diferente” y un “futuro diferente” cada vez que puede o cada vez que te dejes.
La izquierda leprosa que se recicla hasta en el desagüe y se adapta, se recompone, se metamorfosea y se vuelve a ofertar al gusto del cliente y al gusto de la gran patronal.
La izquierda que te quiere “sacar adelante” parándose sobre tu espalda y sobre tu trabajo.
La izquierda oenegienta que sigue agendas extranjeras que te imponen a la fuerza y con carácter de urgencia o nos extinguimos todos: dizque “aborto”, dizque “géneros”, dizque “igualdad de sexos”, etc., etc., cuando en realidad te mueres de hambre, peor educado, sin seguro, sin estabilidad laboral, con una constitución ilegal impuesta a sangre y fuego, con una inseguridad ciudadana con más muertos y más terror que la guerra interna, con un narcoestado que se debate entre aceptarse como tal o seguir fingiendo un “estado de derecho”, y con índices de desigualdad económica que son un escándalo hasta para la ONU y para el Fondo Monetario Internacional.
La izquierda con cabeza de ánfora que te quiere cojudear como siempre, hacerte dueño de promesas y cagarse de risa cuando vayas como un autómata a darle tu apoyo, a firmar tu sentencia y ponerte las cadenas en el cuello y seguir siendo el esclavo feliz que traga comida chatarra, mira fútbol, “Combate” o “Esto es Guerra” y se duerme en la combi para despertar en su centro de trabajo o en su misma cama, y volver a hacer esto ad infinitum hasta que te jubiles y, como un perno inservible, te desechen para siempre porque ya no eres “funcional”, ya no eres parte de la “cadena productiva”, ya no le haces falta a nadie ni siquiera para entregarles tu miserable voto.
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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.
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Fecha Publicación: 2015-08-02T12:10:00.000-07:00
Sobre una novela de Walter Lingán






Walter Lingán es un escritor peruano radicado en Alemania que se dedica también a la tecnología médica. Ha publicado diversos títulos como El amor también es subversivo (poesía, Lima, 1986), Por un puñadito de sal (novela, Lima, 1993), El lado oscuro de Magdalena (novela, Trujillo, Perú, 1996), La danza de la viuda negra (Lima, 2001 y 2008), Oigo bajo tu pie el humo de la locomotora / Ich höre unter deinem Fuß den Rauch der Lokomotive (Bonn, 2005), etc. En esta oportunidad nos entrega Un Cuy entre Alemanes, un texto fantástico entre La Metamorfosis de Kafka (La Transformación decía Borges) y  El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, pasando por El Increíble Hulk, El Hombre Elefante (Merrick) y El Jardinero de Jersi Kozinski.

El personaje, debido a ciertos problemas económicos y/o políticos (crisis de los ochentas, desastre belaundista y alanista), logra viajar a Alemania para hacerse de un futuro, estudiar y tener un trabajo y, si es posible, tener una pareja con la que formar una familia o tener algún happy end. En este trance, mientras se acomoda en su nuevo entorno social, una casa para estudiantes, nos va narrando su vida y sus lecturas literarias, sus autores, su visión social comprometida, sus analogías entre su ciudad natal, Lima-Collique y Alemania en la década del ochenta, siempre en primera persona, en sentido autodiegético,  con mucha fluidez y, por ratos, pinceladas nostálgicas, estro poemático y cuestionador.

La realidad es vista a través de la lupa de la literatura, es así como nuestro personaje va, poco a poco, convirtiéndose en un cuy, un cobayo o, “equívocamente”, un “conejillo de indias”. Esto, quizá, como artilugio, sirve para opinar desde el metatexto o de rebote: ver, por ejemplo, las barriadas limeñas vía Patíbulo para un Caballo, de Cronwell Jara, o ver la gran minería vía Redoble por Rancas, de Manuel Scorza; incluso la corrupción en su estado más prosaico, vía el Ciudadano Alberto Fujimori, la construcción de un político, de Jochamowitz, etc., y, por largos tramos, con ciertas gibas, logra el efecto deseado: instalar un interés en el lector por los libros y temas que el posible cuy va despachándose mientras fornica con todas las alemanas que le aparezcan en el camino, ya sea como ser humano o como roedor.

El cuy se come, no se integra, el cuy no tiene “hijos”, tiene prole, camada que va a alimentar la máquina de consumo. El cuy es un roedor inofensivo, doméstico o domesticable y siempre presa de otros animales carroñeros; en el Perú se le come, es beneficiado en suculentos platos gastronómicos y sirve también para incentivar algún tipo de seudonacionalismo politiquero (PPKuy) o incluso el ahorro: (“el Cuy Mágico”, del BCP); en Europa es una mascota (no se le considera intimidante siendo un roedor), y, como tal, solo quiere comer, ser tratado bien y reproducirse y, claro, si antes no se le castra.

Por otro lado, también podemos decir que Un Cuy entre Alemanes es, quizás, una novela entre el marxismo consecuente (no hay que perder de vista las disgregaciones del cuy sobre la izquierda peruana ilegal o legal y su activismo en Europa), la literatura, la disparidad social (Alemania-Perú, Europa-tercer mundo) y la libido y el desenfreno. O, parafraseando a Engels, el-papel-del-trabajo-o-acomodo-social-en-la-transformación-del-hombre-en-cuy, donde podemos deducir que no es que el hombre-narrador quiera convertirse en cuy sino que es obligado por las circunstancias y porque así es mejor enfrentar un mundo para el cual no se está (o no se siente) preparado ni física ni mentalmente: la perfección urbana, las costumbres germánicas, el respeto del otro, y, principalmente, el trabajo integrador o visto como un ejercicio eucarístico o “humano”.

La parte final de Un cuy entre Alemanes nos trae una versión renovada de lo que sería El Jardinero, de Kozinski, el que después de vencer sus propios miedos o taras sociales (¡el migrante puede encarnar al mal?), encuentra una forma de redención vía la fama o la aceptación mediática (la televisión también homogeniza y pasteuriza y convierte en héroes a villanos o humaniza a monstruos o los convierte en ciudadanos dignos de respeto), pues el hombre –léase el migrante– mientras se animaliza, entiende mejor el mundo y es finalmente asimilado, tragado por la sociedad; aunque quizás eso le desagrega el suspenso o la expectativa al cuy-hombre u hombre-cuy. No obstante, la novela no pierde su ritmo y se mantiene invicta hasta el final.



Aquí pueden leer un fragmento de UCEA que, gentilmente, la editorial Eclipsa ha colgado en la net:



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Fecha Publicación: 2015-06-08T11:34:00.001-07:00

POBRE PERÚ PUTREFACTO

Un grupo de colectivos acaba de pedir la vacancia presidencial por razones de corrupción desatada e incumplimiento de promesas. El maremágnum de protestas antimineras crece día a día, cunde la desesperación, el clima de desconfianza y la desaceleración de la economía, y el peruano de a pie está entre dos realidades: la de seguir soportando y bajando la cabeza o la de hastiarse y unirse al descontento generalizado.

Lo cierto es que este país putrefacto y vendepatria, herencia de todas esas gavillas de delincuentes que se auparon en el poder desde 1821, tiene que cambiar desde sus estructuras y desde sus ciudadanos, sobre todo esos que han pescado a río revuelto o los que han asociado el poder económico al poder político (lobbistas, testaferros, empresauros, etc.) y se han convertido en ese uno por ciento que tienen todo en desmedro de las grandes mayorías olvidadas y desnutridas (más del 60 % de la población peruana se encuentra con desnutrición moderada y uno de cada tres niños menores de cinco años presenta desnutrición crónica. INEI).
Paralelo a esto hay que señalar que el poder legislativo tiene a 130 congresistas y hay, en la actualidad, 14 “padres de la patria” que están siendo procesados por corrupción, esto es más del 10 % de parlamentarios elegidos por el pueblo, burócratas que emplean a más de dos mil personas y que están más preocupados en servirse a ellos mismos que al prójimo. ¿Y cómo así, un país que solo tiene al 20 % de su PEA aportando al estado puede seguir adelante? Los tentáculos del narcotráfico hace tiempo que han hecho mella en la economía del país que se niega a reconocer que somos un “narcoestado”, el mayor exportador de cocaína en el mundo: 350 TM al año que a su vez necesita de 35 mil TM en insumos (ácido sulfúrico, óxido de calcio, kerosene, acetona, gasolina,  etc.) que en su mayoría son provistas por el mismo estado o por el ejército.
Finalmente, el caso Nadine Heredia (y el caso Belaúnde Lossio) rebasa cualquier tipo de cuestionamiento, sobre todo porque ellos, Nadine y Ollanta, prometieron y juraron de rodillas servir al pueblo y hacer la “Transformación”. Al final, la transformación solo sirvió, y sirve, para llenarse los bolsillos, ganar estatus social y codearse con la hight life society. Quizás es hora de pedirle cuentas también a Vargas Llosa por ser el garante de ese mamarracho llamado “Partido Nacionalista”. Y Nadine que siga arreglándose el pelo o que monte una peluquería con dinero de su amiga Rocío Calderón Vinatea –la que es también directora del Organismo Supervisor de las Contrataciones del Estado (OSCE) y asesora del despacho presidencial– y que deje a los peruanos gobernarse a sí mismos.
PD 1: La periodista Maruja Valcárcel sorprendió a todos esta semana con denuncias que develan la miseria humana dentro del clan Humala. No podemos dejar de ver este vídeo sin arcadas o ganas de ir al wc.:
PD 2: Rocío Calderón Vinatea, la amiga y socia de Nadine Heredia, acaba de ser denunciada por el Ministerio Público ya que no puede justificar cómo ha podido gastar la friolera suma de 354 mil dólares entre enero del 2011 y marzo del 2015. Así que el asunto con NH no solo se trata de cafés, bolsos o peinados de moda.
PD 3: Nadine Heredia, como era obvio, ya dio sus descargos y se limpió de polvo y paja y, de yapa, dijo que se encuentra “verificando” con la SUNAT alguna declaración de impuestos incompleta. Lo que no dijo es que la titular de la SUNAT es su prima Tania Quispe.
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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.
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Fecha Publicación: 2015-05-10T14:28:00.000-07:00

CARTA DE KROPOTKIN A LENIN.

IV. La experiencia soviética de la guerra civil a la Segunda Guerra Mundial

Escrita el 4 de marzo de 1920.
“Estimado Vladimir Illich Lenin:
Bastantes empleados del Departamento Postal y Telegráfico han venido a mí con la petición de que ponga a su atención la información sobre su desesperada situación. Puesto que este problema no solo concierne al Comisariado de Correos y Telégrafos únicamente, sino también a la condición general de la vida cotidiana en Rusia, me he apresurado a transmitir su demanda.
Usted sabe, por supuesto, que vivir en el Distrito de Dmitrov con el salario que estos empleados reciben es absolutamente imposible. Es imposible siquiera comprar un kilo de papas con él; sé de esto por mi experiencia personal. A cambio, ellos piden jabón y sal de los que no hay nada. Desde que el precio de la harina subió, es imposible comprar ocho libras de grano y cinco libras de trigo.
Resumiendo, sin recibir provisiones, los empleados están condenados a una muy real hambruna. Entre tanto, paralelamente al alza de precios, las magras provisiones que los empleados de Correo y Telégrafo han recibido del Centro de Abastecimiento del Comisariado de Correo y Telégrafo –las mismas fueron acordadas en referencia al decreto del 15 de agosto de 1918: ocho libras de trigo por empleado y cinco libras más por cada miembro de la familia incapaz de trabajar– no han sido enviadas de dos meses a la fecha. Los centros locales de abasto no pueden distribuir sus provisiones, y la petición que los ciento veinticinco empleados del área de Dmitrov han hecho a Moscú continúa sin respuesta. Hace un mes, uno de los empleados le escribió a usted personalmente, pero hasta ahora no ha recibido respuesta.
Considero un deber el dar testimonio de que la situación de estos empleados es verdaderamente desesperada. Eso es obvio al ver sus rostros. Muchos se están preparando para dejar su hogar sin saber adónde ir. Y entre tanto, es justicia señalar que realizan su trabajo conscientemente; se han familiarizado con su trabajo, y perder tales trabajadores no será útil para la vida de la comunidad local en ningún aspecto. Solo añadiré que todas las categorías de empleados soviéticos en otras ramas del trabajo se encuentran en la misma desesperada situación.
En conclusión, no pude evitar mencionar algunos aspectos de la situación general al escribirle. Vivir en un gran centro como Moscú imposibilita conocer las verdaderas condiciones del país. El conocer verdaderamente las experiencias comunes implica que uno viva en las provincias, en contacto directo y cerca de la vida cotidiana con las necesidades y los infortunios de los famélicos adultos y niños que se acercan a las oficinas a demandar siquiera el permiso para poder adquirir una lámpara barata de queroseno. No tienen solución todas estas desventuras para nosotros ahora.
Es necesario acelerar la transición a condiciones más normales de vida. Nosotros no continuaremos de esta manera por mucho tiempo; vamos hacia una catástrofe sangrienta.
Una cosa es indiscutible. Aun si la dictadura del proletariado fuera un medio apropiado para enfrentar y poder destruir al sistema capitalista, lo que yo dudo profundamente, es definitivamente negativo, inadecuado para la creación de un nuevo sistema socialista. Lo que sí es necesario son instituciones locales, fuerzas locales; pero no las hay, por ninguna parte. En vez de eso, dondequiera que uno voltea la cabeza hay gente que nunca ha sabido nada de la vida real, que está cometiendo los más graves errores por los que se ha pagado un precio de miles de vidas y la ruina de distritos enteros.
Sin la participación de fuerzas locales, sin una organización desde abajo de los campesinos y de los trabajadores por ellos mismos, es imposible el construir una nueva vida.
Pareció que los soviets iban a servir precisamente para cumplir esta función de crear una organización desde abajo. Pero Rusia se ha convertido en una República Soviética solo de nombre. La influencia dirigente del “partido” sobre la gente, “partido” que está principalmente constituido por los recién llegados –pues los ideólogos comunistas están sobre todo en las grandes ciudades–, ha destruido ya la influencia y energía constructiva que tenían los soviets, esa promisoria institución. En el momento actual, son los comités del partido, y no los soviets, quienes llevan la dirección en Rusia. Y su organización sufre los defectos de toda organización burocrática […].
Con camaradería y afecto.”
  Primera edición en Zvezda, nº 6, 1930. Tomado de Marxists Internet Archive

PEDRO KROPOTKIN (1842- 1921)








PEDRO KROPOTKIN (1842- 1921)








Kropotkin nació en el seno de una familia de la nobleza y fue formado para la carrera militar. Al terminar sus estudios, eligió un destino en Siberia, donde pasaría cinco años, durante los que hizo importantes observaciones geográficas. Cuando abandonó el ejército en 1867, se estableció en San Petersburgo y trabajó para la Sociedad Geográfica Rusa. A pesar de sus logros profesionales, se cargó de dudas sobre el camino a seguir. En su autobiografía recuerda: “Mis pensamientos estaban cautivos por una idea recurrente que me atraía mucho más que la geología […] ¿qué derecho tenía yo a estos elevados placeres cuando todo a mi alrededor era pobreza y lucha por un triste pedazo de pan?”.
De regreso en Rusia, Kropotkin entró a formar parte del Círculo de Chaikovsky, uno de los grupos de intelectuales populistas que trataban de llevar sus ideas de transformación social a los campesinos y obreros mediante la circulación de autores socialistas y la organización de experiencias educativas. En 1874 fue detenido y encarcelado en la Fortaleza de Pedro y Pablo, de donde se escapó dos años después en una “sensacional huida”.
A partir de entonces vivió en Inglaterra, Suiza y Francia, donde sufrió varios años de encarcelamiento. En el exilio fundó el periódico revolucionario Le Révolté y participó en la organización del movimiento anarquista. Regresó a Rusia en 1917, después de la revolución de febrero. Se entusiasmó con la creación de soviets obreros y campesinos, pero más tarde el carácter autoritario del gobierno bolchevique lo llevó al distanciamiento y la crítica. En la carta dirigida a Lenin en diciembre de 1920 escribió:
“¿Es que realmente no hay nadie cerca de usted que recuerde a sus camaradas y les persuada de que tales medidas representan un retorno al peor período de la Edad Media y de las guerras religiosas, y es totalmente decepcionante de gente que se ha echado a cuestas la creación de la sociedad en consonancia con los principios comunistas? Nadie que ame el futuro del comunismo no puede lanzarse a lograrlo con tales medidas.
¿Es posible que nadie le haya explicado lo que realmente es un rehén? Un rehén es aprisionado no por castigo a algún crimen. Es detenido para chantajear al enemigo con su muerte […].
Con todo y estas muy serias deficiencias, la Revolución de Octubre ha traído un enorme progreso. Ha demostrado que la revolución social no es imposible, cosa que la gente de Europa occidental ya había empezado a pensar y que a pesar de sus defectos está trayendo algún progreso en dirección a la igualdad.
¿Por qué entonces golpear a la revolución empujándola a un camino que la lleva a su destrucción, sobre todo por defectos que no son inherentes al socialismo o al comunismo, sino que representan la sobrevivencia del viejo orden y de los antiguos efectos destructivos de la omnívora autoridad ilimitada?”.
Su multitudinario funeral celebrado en Moscú en 1921, autorizado expresamente por Lenin, fue la última concentración anarquista importante permitida en la Unión Soviética.
Entre sus principales obras se encuentran: Palabras de un rebelde (1885), Campos, fábricas y talleres (1899),El terror en Rusia (1909), Ética, origen y evolución (1924) y la autobiografía Memorias de un revolucionario(1906); quizás su libro más conocido y más importante para el pensamiento anarquista sea La conquista del pan (1888).


Fecha Publicación: 2015-04-13T23:25:00.003-07:00

SARAVÁ O EL HOMBRE ELEFANTE QUE NUNCA SE QUITÓ LA MÁSCARA

Para el asombro de la teleaudiencia, ese hombre bien hablado, que reconocía ser un mujeriego y jaranero que recorría los barrios más picantes del Callao, La Victoria, Barrios Altos o el Rímac, tenía una malformación facial que -a muchos cinemeros- les hacía recordar al ‘Hombre elefante’, la gran película de David Lynch.

Mr Saravá. El Búho. Diario Trome 4/4/2015


El viejo refrán de “no hay muerto feo ni hijo malo” se podría aplicar perfectamente aquí, pero la belleza siempre termina siendo un estado del alma o una expresión pura del subjetivismo. En todo caso, trataremos de ser lo más objetivo posible: Ha muerto Luis Delgado Aparicio, un conocedor de la salsa, que no llegaba a erudito ni mucho menos podría equipararse a Dámaso Pérez Prado, que lo ridiculizó en público, en 1964, cuando Luis Bedoya Reyes, alcalde de Lima en ese entonces, y el cardenal Juan Landazuri, prohibían el baile del Dengue por considerarlo “obsceno”. Y la “Foca” le decía a los cerebroduros de la salsa: “¿Qué es el Dengue? No saben. Esto es una mezcla de ‘mambo’, ‘twist’, ‘bossa nova’ y ‘cha cha chá’”, dejando boquiabierto a nuestro malogrado Saravá.
Pero, ¿quién fue en realidad Delgado Aparicio? Cómo es que hizo de suhobby una forma de hacerse conocido. Y así como Belmont fue el inventor de ese monstruo mecánico llamado Laura Bozzo, asimismo fue Mario Vargas Llosa, con su programa La Torre Babel, quien lo presentó en televisión abierta, con el capítulo  “La salsa de Puerto Rico, del África a Surquillo, pasando por Nueva York”, en los tiempos, inicios de los ochentas, en que “Saravá” ejercía la abogacía con mano dura y era el defensor de las patronales y hábil asesor de la Sociedad Nacional de Industrias. Miles de maltratados jubilados, con pensiones de hambre, lo recuerdan, tan bien como esos pasitos tuntún que dio en el set de televisión al lado del hoy premio nobel de literatura. Hasta ahí se pueden decir muchas cosas, a favor o en contra, pero “Saravá” no tenía ningún interés en defender sindicatos o abogar en defensa del pueblo. Él tenía claro lo que quería ser y hacer. Y terminó recalando, de forma natural, en el partido del corrupto y asesino Alberto Fujimori. Por eso, cuando a Vladimiro Montesinos, el juez le pregunta por don Delgado Aparicio, el socio de Fujimori responde afablemente: “mis relaciones con Luis Delgado Aparicio eran fluidas y cordiales”. Más claro, ni el agua.
Quizás el caso Utopía, en el que murió su hija Verónica, lo haya alejado, de forma discontinua o intermitente, del entorno del fujimontesinismo, pero es imposible olvidar que Delgado Aparicio, que no pudo meter en la cárcel a Azizollahoff (representado, cómo no, por otro inefable energúmeno, Alberto Químper) ni acorralar al millonario Fahed Mitre (socio sátrapa de Utopía), fue peón y servidor de uno de los criminales más corruptos en la historia del Perú. Pues Saravá tuvo un hobby por el cual se le recordará (o lo recordarán los que pueden separar, dizque, “arte” de “política”), pero tuvo una profesión y un cargo congresal desde el que no hizo nada o muy poco por el pueblo que dijo representar. Ese gran vacío pesará sobre su recuerdo y más de 4800 fosas comunes y miles de muertos y desaparecidos que dejó la guerra interna; y, en especial, ese gobierno que se hacía llamar Cambio y que terminó –eso queremos pensar–cambiándolo a él. O, quizás, no fue así y Luis Delgado Aparicio, como se apunta arriba, siempre fue lo que quiso ser: el hombre elefante que nunca se quitó la máscara anaranjada.


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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.
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Fecha Publicación: 2015-04-13T23:22:00.001-07:00




En la última entrevista que le hacen al escritor y editor Walter Villanueva Azaña​, en la Revista Caretas, se puede leer que Iván Thays viene brindándole asesoría en su novela sobre la guerra interna (). No se trata de 'la dialéctica del amo y el esclavo', de Hegel; tampoco se trata del perdón ecuménico o de "alianzas estratégicas". La literatura es metafísica o lucha de clases y, también, cómo no, una forma de construir un país. Ergo, la literatura es un país, un país donde las diferencias suman y no restan.