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Fecha Publicación: 2013-04-03T16:14:00.000-05:00
Temía abrir los ojos y encontrarla abriendo los suyos.

Estaba nervioso y deseoso.
Alguien pateaba un golazo dentro de su pecho.
Miles de almas coreaban y saltaban dentro del estadio de su abierto corazón.
Vibraciones, barras bravas, emociones a todo galopar.

Un temblor solo interno.
Lamentablemente aquel momento no sería sempiterno.

Le era tan grato, tan dulce, tan rico. Pero finalmente se detuvo.
- Que feeeo va a ser cuando te marches - Ella dijo.
- Juré que dirías "Que feeeo... besas".

No lo dijo, pero tampoco lo refutó.
Y fue el último beso que le dio.






Virú
(08/02/13)

Etiquetas: [Poemas para nadie]  
Fecha Publicación: 2013-03-21T16:28:00.002-05:00
Aún siento escalofríos
al recordar esa mirada,
sus pupilas dilatadas.
Me estremezco de pensarlo

Que más da...

Caí en un pozo inacabable
ahogándome entre sus memorias;
creándose una nueva historia
que hoy recuerda al despertar

Mil sonrisas,
que más da...

Aún siento el bochorno
al pensar en esa noche:
esas horas de derroche
esos nervios, esa paz

Solo tiemblo
que más da...

Y es que no sé si fue algo cierto
o un vago recordar
Si fue solo un camelo:
su lento respirar,
su cabello, ese andar

O sus ojos bien abiertos.
Sus pupilas, que más da...



Lima
(20/03/2013) 

Etiquetas: [Poemas para nadie]  
Fecha Publicación: 2013-03-09T11:07:00.003-05:00

Desperté en medio de ascuas
Y sin más me extinguí
Solo quedaron cenizas
No quedó más ya de mí

Las cálidas lenguas de fuego
Eran un tibio cobertor
Pero ahora este triste siervo
Ha sucumbido ante el dolor

El fuego por el fuego
El llanto y estupor
Las llamas me encendían:
Una eterna combustión

Quién habrá sido el culpable
De esta perdición febril?
Quién habrá sido partícipe
De este vulgar ardid?

Y a pesar de las cenizas
De las que desaparecí
Hubo un viento muy solemne
Un chispazo, un frenesí

Hoy he vuelto, encandecido
Solo un baño fue de mí
Fuego al fuego, viento al cielo
Como un fénix renací


Lima
(Febrero)

Fecha Publicación: 2013-03-01T10:57:00.000-05:00
"Una sonrisa lo fue todo". Pero las miradas lo fueron aún más.

Son sus ojos, que hablan sin hablar. Penetran y desnudan mi alma, incrementando el hechizo, con cada pestañear.


Háblame solo con tus ojos y estoy seguro que entenderé el resto. Háblame con esos ojos y desvela sus secretos; pues en lo profundo de tu aura se esconde un dulce canto antiguo, una promesa y mil anhelos.

Sé que adoras cerrarlos e imaginar la noche callada. Sé que adoras sepultar la pobre luz de madrugada. Sé que adoras besarme y sempiternizar cada dingolondango con las ventanas cubiertas, a puertas cerradas y con el candado puesto, para no permitir que nuestros espíritus se mezclen con el viento.

Pero ábrelos. Ábrelos y dejame entrar en tu mirada, fusilar mis añoranzas, renovar el ser que vivo. Ábrelos y deja caerme en la nada, abrigarme junto a tus mejillas sonrojadas y cantar una alabanza.

Deja la vida volar, deja el alma partir. Deja que esta sea una con el aire, el aire que respiras y se marcha con el viento; junto a cada hoja marchita que ves alejarse de a pocos, llevando consigo cada una de mis noches, cada uno de mis sueños.

Pero sé que volverán, y las verás pasar muy lento. Pues esos faros luminosos saben bien que cada hoja solo le pertenece al viento.

Lima
(14/02/2013)

Fecha Publicación: 2013-02-23T08:56:00.000-05:00
Las cortinas estaban abiertas y afuera la noche estaba siendo custodiada por una inmensa luna llena que otorgaba la única luz en la habitación.

Cerró la puerta al pasar detrás de ella y no supo que más hacer. Las manos le sudaban. Su pecho reventaba.

«Te deseo... Te deseo tanto...» Sus ojos imploraban por él.

Ella se recostó sobre la cama. Se soltó el cabello y lo miró fijamente. Pareció una eternidad hasta que pestañeó. No sabía cuanto tiempo más él iba a estar allí parado.

«Te deseo... Te deseo demasiado...»

Como si todo le diese igual, se sacó el suéter lentamente. Su falda también desapareció en segundos que parecieron siglos.

«Me está volviendo loco»

Parecía que el mundo comenzaba y se terminaba en ella. Sonreía, como si todo fuera perfecto. Ella lo era. 

«Te deseo... Te deseo enfermamente...»

Se quedó exhibiéndose no más que con el sujetador... hasta que se lo soltó y se cubrió con los brazos. Las bragas seguieron el mismo camino. El brillo de la luz lunar evidenció la malicia en su mirada, la picardía en su sonrisa; una tensión inevitable.


No lo soportó más. En un impulso inaudito, se tumbó sobre ella y empezó a consumir su deseo.

Ella era demasiado.



Trujillo
(Algún día de febrero)

Fecha Publicación: 2013-02-12T16:12:00.000-05:00

«No puedo creer que nos deje así sin más. Sé que es por su futuro, pero va a ganar muy poco. ¿Valdrá la pena? Debería quedarse al menos unos meses más en el negocio de Pepe y después buscar algo mejor.  ¿Quién le va a lavar? ¿Quién le va a planchar la ropa? Me cuesta creer que por fin se hará un hombre. Es el último que tuve y el último que me deja. Supongo que tiene que ser así. Bueno... el ya está grande y sabe lo que hace.»


«Yo también he sido joven y he tomado decisiones precipitadas. Algunas buenas, algunas malas. Comprendo su emoción y toda su energía para estar dispuesto a hacerlo, pero debería colocar en la balanza la experiencia de los que ya vivieron y las personas que lo quieren. No quiero cortarle las alas, no quiero truncar su futuro o las oportunidades que tenga, pero no quiero que se aloque. Las cosas no se hacen así. En fin, no me queda de otra más que apoyarlo...»


«Toda esta maraña ha sido demasiado complicada pero por fin lo logré. No sé si mis viejos algún día me lo perdonarán, pero es algo que tengo que hacer. Ya no soporto trabajar en la tienda del tío Pepe. Este poco tiempo ha sido demasiado frustrante y nuevos aires son lo que necesito. Esto no es para mí. Ya tengo el dinero del depósito, ya tengo mi valija y todo lo que necesito. Sin embargo, aún tengo temor de que descubran que en vez de irme a trabajar a la Capital, me voy a mochilear por la Argentina...»


Virú
(02/02/2013)


Fecha Publicación: 2013-02-08T11:25:00.001-05:00
Me pregunto a donde se fueron todos esos momentos...

La tibia leche con chocolate que me preparaba la Nené, las suaves caricias de la Martha. 

Kokomo. La arena blanca entre mis dedos y correr ante el temor a las olas viniendo. Las lluvias de otoño y los largos paseos a triciclo en un patio trasero que parecía interminable.

Arrancar la hierba y ensuciarse las manos. Beber del caño y rasparse las rodillas. Siete años después comenzaría a jugar billas.

Patalear de vez en cuando. Reírme a borbotones. Pegarle a mi primito, y llorar ante mi padre al decir que no lo hice.

Zafarme de los besos de mis tías y no hacer más que sonrrojame ante los osados besos de la vecinita de a lado, tras empujarla en los columpios.



Las caídas del sube y baja. El trepar la reja del parque. La no vergüenza de bailar sin saber hacerlo y la felicidad plena sin consternación alguna. Preocupación: ninguna.

Me pregunto cuando fue que crecí...


Virú
(31/01/13)

Fecha Publicación: 2013-01-27T18:42:00.002-05:00
A pesar de llevar tres horas sentado en el tren, el cúmulo de pensamientos que abordaba su cabeza le habían hecho olvidar que aquella noche era noche vieja. El reloj marcaba las once y ya todos se habían bajado en la estación de Leipzig. Aparentemente no había ni un alma más en el vagón.

No había mayor sonido que el de las ruedas sobre los rieles, y juraba que se encontraba solo y pasaría el año nuevo viajando en un lúgubre tren, hasta que unos fuertes ronquidos lo alertaron de que él no era el único en la sala. Un anciano de mirada melancólica dormía plácidamente junto a la ventana de emergencia. Su escaso pelo cano y las arrugas de su rostro mostraban los vestigios de muchas batallas libradas en las guerras de la vida. Emanaba un aura mística, y a pesar de la soledad, prefirió no molestarlo.



Se limitó a observarlo calladamente. Su chaqueta estaba echa jirones y entre los brazos atesoraba una bolsa de papel que contenía solo Dios sabe qué. Nunca supo cuanto tiempo lo estuvo contemplando, cuando sin previo aviso, el vetusto abrió los ojos para mirarlo fijamente y esbozando una extraña sonrisa se levantó de su asiento. Trató de desviar la mirada pero fue demasiado tarde. El anciano ya había ocupado el asiento que se encontraba frente a él.

- Disculpe si lo ofendí por mirarlo mientras dormía. Pasa que no hay nadie más aquí...
- Estuve dormido, pero sentí tu presencia y no pude evitar notar que llevas muchas heridas en el corazón muchacho.
- Yo... yo solo busco empezar una vida nueva. «empezar desde cero, en nuevo lugar.»
- ¿Y por eso te diriges a Budapest? Vaya ciudad para encontrar nuevas oportunidades.
- Mañana es año nuevo. «Es la mejor oportunidad que tengo para empezar desde cero, ¿qué sabes tú, viejo idiota?»
- En diez minutos lo será. No sé qué es lo que te haya ocurrido ni que pecados habrás hecho, pero si quieres empezar desde cero, tendrás que sepultar todo eso. Empecemos las celebraciones. 

Abrió la bolsa de papel que llevaba entre los brazos y sacó una botella empolvada. A pesar de su edad, el movimiento de sus manos era limpio y sin temblores, y tras descorcharla, la alzó en el aire en señal de brindis.

- Por tu nueva vida
- Yo no bebo. - Le dijo con un atisbo de desconfianza. «Mucho menos de la botella de un desconocido»
- Si vas a comenzar una nueva vida, por lo menos debes atreverte a probar nuevas cosas y vivir ciertos riesgos. Esto es solo un poco de Bikavér. Cuando llegues a Hungría lo tendrás por todos lados.

El reloj justó marcó las doce y el anciano se echó un largo trago, tras el cual se limpió la boca con la manga de la chaqueta y le tendió la botella.

- No es solo tu nueva vida. Es un nuevo año muchacho.

No le quedó más que aceptar el trago. Faltaban aún cinco horas para llegar a Budapest y por cinco horas más tendría que soportar al viejo. A través de las ventanas del vagón se veía una oscura noche blanca, y el presagio de un incierto porvenir lo mantenía intranquilo.

Pasaron las horas, y poco a poco fue maravillándose con las historias del viejo. Nunca le preguntó su nombre, y él tampoco le dijo el suyo; pero allí lo sentía, como un viejo amigo al cuál debió ver hace varios lustros. La botella del tinto hace mucho se había terminado, y cuando ya empezaba a amanecer, el viejo soltó un bufido.

- En unos minutos cruzaremos esa puerta y tú y yo no volveremos a vernos nunca, pero créeme que a pesar de eso, jamás te olvidarás de mí.

... y nunca lo olvidó.


(27/01/2013)

Fecha Publicación: 2013-01-21T11:37:00.000-05:00
A la Chata

No hacía ni frío ni calor, la temperatura era perfecta. Estaba todo tan cómodo, tan suave, tan rico. Sin darme cuenta, abrí los ojos en un breve suspiro, cuando me sorprendió con un beso húmedo y lo confirmé: tras tanto tiempo en el purgatorio de la vida, había llegado una vez más… al Paraíso.

Mucho tiempo pasó desde la última vez que anduve por esos lares. Era un sitio decente, y a pesar del precio pagado, podrías disfrutar de muchas comodidades por al menos cinco horas. El colchón no era de plumas, pero era buenísimo. La tele no era plana, pero no importaba; uno no iba allí a ver televisión.



El Paraíso quedaba a dos cuadras del instituto, sin embargo, todas las veces que fui nunca me topé con nadie. Todos decían que tenía una alianza estratégica y hasta daba tarifas corporativas para los del instituto. No eran más que bromas y mitos, ante la gran acogida que tenía entre los estudiantes, pero ya hubiese querido yo tener una Premium Card.

Cruzando el parque vivía el tío Perico, pero en cada una de esas desventuras quijotescas, jamás lo vi, ni si quiera por casualidad. Ojala él tampoco me haya visto, aunque seguro si lo hizo, se lo contó a mi viejo, y se cagaron de la risa.

Me consideraba afortunado ya que en todo este tiempo siempre pasé desapercibido, alejado de las miradas que podrían llevar a convertirme en víctima del chisme o indiscreción. Lo suyo era de uno, y de con quién compartía el Paraíso, de nadie más.

Inexorablemente y por cosas del destino, mi fortuna se vio desparramada cuando antes de dejar la habitación vi un mensaje de texto que hace algunas horas había recibido:

-Cholo, estoy en la 203, te vi entrando a la 202. Bien ahí aaaaaaah.



Virú
(14/01/2013)


Fecha Publicación: 2013-01-10T08:51:00.001-05:00
Desde que dejé el Charles de Gaulle aquella mañana de otoño hace cuatro años, La vie en Rose no dejó de sonar en mi cabeza acompañándome a cada segundo en mi nueva vida parisina.

Solía caminar junto al Senna y oir los acordeones sonando dulcemente. Las parejas se besaban sin pudor alguno en las calles, siendo un acto para nada indecente. Aquí simplemente, no le importaba la gente. La torre Eiffel se imponía y desde lejos manifestaba su majestuosidad en el centro de esta maravillosa ciudad. Sin embargo, lo más hermoso siempre fue la Noche Estrellada, que cada vez, al salir del Les Deux Moulins ya pasada la medianoche, abrigaba mis sueños y enardecía mi locura con su grandeza.



Era nuestro sitio favorito. No sé que le ponían al café que nos estimulaba tanto. Antes de darnos cuenta, eramos una más de esas parejas que compartían su desvergonzado acto amoroso bajo los astros de la ciudad luz.

Pero todo eso se acabó una mañana de enero. La vida dejó de ser rosa y los acordeones terminaron su canción en mi maravilloso mundo. Un terrible vacío desgarraba mi alma y la profunda decepción me invitaba a dejar el exilio.

Las noches en Paris no volvieron a ser las mismas.

Las estrellas se apagaron desde que ella se fue.


Virú 
(09/01/2013)

Fecha Publicación: 2012-11-13T23:30:00.000-05:00


Los campos de arroz eran bañados por un furioso sol que todo lo enardecía, solo allí debajo de los aún verdes platanares había algo de fresco. El celeste cielo nunca estuvo más hermoso y Julieta, la dulce niña de mi corazón nunca estuvo tan serena, tan sublime. No sé como pude ser tan malvado para arrancarle la inocencia.

Nunca pensé que lo haríamos en la camioneta del establo, allí, aparcada en medio de los arrozales donde no había ni una sombra. El intenso calor solo encendía aún más nuestros cuerpos que empapados en sudor maltrataban el desgastado asiento trasero de la vieja Chevrolet en la que llevaba las canteras de leche.

Ella no soltó ni un solo gemido a pesar del profundo dolor. Solo esbozaba una leve sonrisa como susurrando un perdón. Pero no había nada que perdonar. El calor de su cuerpo, su aliento, su interno sol, solo animaban más mis ganas, mi loca intención.

Tras minutos de goce nos encontró el patrón. Venía con Don Rigoberto, el capataz, padre de Julieta.

No volví a verla nunca más, se aseguraron de eso.

No volví a verme nunca más.

Me arrancaron los ojos.


(06/11/2012)

Fecha Publicación: 2012-11-06T22:43:00.000-05:00
Hacía años que la Doncella de York había muerto, sin embargo eso no implicó que aquella tarde Sir Franzigard viviera uno de los momentos más profundos como nunca antes lo hizo en su desdichada vida.


Fue la tormenta más fuerte que jamás se vio en todo Yorkshire. Los truenos resonaban sin cesar. El agua caía a chaparrón y las criadas apuradas sacaban sus cazuelas para poder captar el agua dulce de la manera en que pudieran. Sir Franzigard estaba seguro que a pesar de la nostalgia y los dudosos recuerdos, era la primera vez que llovía tanto desde que la doncella se marchó. 

El cielo se había hecho negro en plena tarde y fue allí  cuando cayó en cuenta que a pesar que los robles y castaños rechinaban sus ramas con el caer del aguacero, y el tremendo relampaguear asustaba a los bebés que sollozaban sin cesar, en aquel momento nada sonaba más fuerte que el intenso latido de su viejo corazón.

Un sinfín de rosas blancas era arrastrado por una corriente de aire y Sir Franzigard supo que era ella quien le hablaba. Le hablaba a través del agua que caía estrepitosamente, le hablaba a través del fortísimo viento. La doncella había vuelto a la vida, y pese a las lágrimas, sus palabras no eran más un lamento.



A orillas del Rió Momón, Loreto
(01/11/2012)

Etiquetas: [Poemas para nadie]  
Fecha Publicación: 2012-10-04T15:11:00.001-05:00
Ella sola es un poema,
una dulce y tierna canción,
una caricia serena
que tocó mi corazón

Sus ojos dorados me miran,
inmovilizan mi pestañear.
Mis dedos pasan por su rostro,
no hay nada mejor que tocar

Es un anhelo añorado
que ilumina mi triste mundo,
mi furioso lado iracundo
Apaciguándolo

La he contemplado por horas,
custodiado sus sueños nocturnos
En cada respiro, soltado un suspiro
en cada caricia, un delirio

Pero pasan los días y dudo de ella
¿Puede existir alguien tan bella?
¿Es una quimera esta situación?
Todo apunta a una simple ilusión



(25/09/2012)

Fecha Publicación: 2012-09-27T00:17:00.000-05:00
En el Boayacu las aves nunca dejaban de cantar.



El intenso calor del ambiente y ese delicioso vaho exótico me llevaron a buscar el oeste y ver un sol que tímidamente comenzaba a nacer. Nunca me enamoré tanto de un sitio como este. Era todo un paraíso a pesar de las incontrastables sensaciones que producía entre día y noche; a pesar del tremendo frío cuando el cielo se apagaba, pues incontables estrellas me seducían tiritantes y ante mí, lo majestuoso se tendía como una piscina eterna que reposaba en plena madrugada.

Nunca me enamoré tanto de una mujer, así como me enamoré de Micaela. Fueron solo treinta y nueve horas las que estuve a su lado, pero bastaron. El desvío de sus ojos hacia otra parte en el preciso momento que se encontraba con los míos, era deshauciante; sin embargo, cuando menos me di cuenta, la tuve entre mis brazos y el aroma de sus cabellos me hicieron sentir suyo.

Fueron treinta y nueva horas y cuando solo quedaban minutos, la tuve frente a mí en aquella vieja locomotora que rogué nunca llegara a su destino, pero llegó. Había algo allí afuera, algo que la distraía y enfocaba su mirada en la ventana alejándola de mí. Fueron esos últimos instantes donde ya no me sentí suyo, o tal vez, ella nunca se sintió mía.

Nunca me quedé tan desolado por irme de un sitio tan hermoso como el Boayacu. La luna con su eterno resplandor ya no estaba allí para acompañar mi melancolía, ni liberar mis torturas, o apaciguar mis sospechas. Solo quedaban unos ojos cansados, que andaban resignados intentando brillar.

De repente, muy lejos de allí, en el Boayacu las aves ya no volvieron a cantar.


Albuquerque, NM
(14/07/2012)
Etiquetas: [Monólogos]  
Fecha Publicación: 2012-09-19T19:31:00.000-05:00
Por qué el 90% de las canciones que existen hablan sobre el amor? 


Amor correspondido, amor no correspondido, amor imposible, amor traicionero, olvidado, por olvidar, amor eterno, desamor, etc. Acaso somos tan susceptibles a caer enamorados y a morir por amor? No existen acaso sensaciones o sentimientos que puedan tener mayor protagonismo?

Es raro que discuta sobre esto, cuando el 85% de las canciones de mi banda favorita también hablan de lo mismo, sin embargo, es porque hay un no sé qué que no acaba de convencerme. All you need is love dicen... frase que resulta más intensa aún si la ves en el sticker de un micro, justo después de que te rompieran el corazón... pero por qué? Acaso hubo demasiado amor? Sí, a veces hostiga.

Considero que si bien el amor es necesario, nunca será suficiente. No se puede vivir del amor, por más que sea la sensación más hermosa y extraordinaria que se pueda llegar a sentir; y que adicionalmente, por temporadas nos embobe hasta el rídiculo (ya lo saben: Silly Love Songs). De todos modos, este no basta para la autorrealización.

Asumo que la clave está en el amor propio. Ese debe ser el punto de partida; lamentablemente, son pocas las canciones que hablan sobre ese tipo de amor, razón por la cual muchos lo desconocen aún, y dejan de lado al ser más importante para sí: sí mismos.

En fin. Qué les puedo decir? Contradictoriamente a lo que sostengo, a veces siendo estúpido, sí se puede llegar a ser feliz.


(08/12)
Etiquetas: [Fueron Canciones]  [Poemas para nadie]  
Fecha Publicación: 2012-09-05T00:17:00.000-05:00



Faltan siete minutos para las diez.
Suavemente has descendido
y con tu dulce arrullo
te he sentido a lo lejos

Lechuza del alba mía
reina del cielo nocturno
frente a un espejo taciturno
he olvidado mis tormentos

Oculta estás entre las sombras
y la luna del manto oscuro
parece eclipsarse con la luminosidad
de tu rostro embellecido

Eres como un sueño de Abril
concebido en Noviembre
entre cielos celestes
y abrazos sinceros

Vagas entre los árboles
ululando una esperanza
canciones eróticas e insólitas
Solo me sirven frases breves

No hay como tu dulzura
que ha velado mis noches,
mis fantasías fugaces
con un suave y leve candor

Siempre.


 (Escrito entre 11/2008 - 09/2012)

Fecha Publicación: 2012-08-30T23:20:00.001-05:00
El olor del cannabis, el tremendo frío y los champignones que nos comimos nos habían hecho sentir más locos que nunca. Cuando por fin llegamos al refugio no lo podíamos creer. Si bien reinaba la oscuridad y traíamos los ojos como platos, la tímida noche nos invitó a contemplar su desnudez.

Era un paraíso. Las montañas rocosas, muy a lo lejos, adornadas por viejos pinos cubiertos de nieve; eran solo un ornamento del majestuoso paisaje nocturno que se engalanaba ante nosotros. El cielo pintado con un millar de astros que siempre nos fueron negados, resplandecía como nunca, incendiando nuestras almas.


Cuando por fin nos despojamos de nuestras ropas y entramos en las aguas termales, el contraste de temperaturas solo incrementó nuestra locura, dejando de ser aventurera para volverse pasional. No había nadie más en el refugio. La noche era para nosotros dos. El gélido clima exterior se congeló de repente, pasando a hervirnos la carne y algo más. 

Ella tenía miedo, yo no paraba de reír. Las estrellas no dejaban de caer y fundirse con el agua caliente, incitando una guerra. Nos sumergimos dando inicio a una batalla que pareció eterna. Sin embargo, el combate tuvo fin en medio de un frenesí, donde ambos bandos cedieron mutuamente, izando sus banderas blancas, misturándose entre sí. El frío y el calor se detuvieron. Un éxtasis total embriagaba los cuerpos y por primera vez, me sentí en el limbo.

Nunca la amé tanto como aquella noche.

(14/08/2012)

Fecha Publicación: 2012-07-30T14:33:00.004-05:00
La habitación era tan confortable que nunca quise pararme y dejar aquel sillón junto a la chimenea. La cálida sensación del momento, se incrementó cuando ella entró, y dando sorbos a una diminuta taza de café negro, me sonrió tiernamente. Yo solo la miraba fijamente, cuando sin previo anuncio se sentó en el sillón del frente e inició su historia sobre los antiguos amores imposibles, y de cómo la esencia del amor se mantiene, por más distintas que sean las épocas vividas.

Afuera la ventana se empañaba por el frío y las primeras nevadas de la temporada comenzaban a caer dando paso a un invierno inevitable. Sin embargo, de pronto el clima comenzó a abrigarse, y fue entonces que la vi, muchísimos años más joven, sentada en la cima de una colina. Más hermosa que nunca, tenía el pelo bien peinado con un jazmín como tocado, y junto a ella, un apuesto joven que recientemente estaba terminando su adolescencia, la tomaba de las manos. Ambos estaban de espaldas, mirando hacia el horizonte donde un inmenso sol se escondía entre las montañas, mientras que detrás suyo, un sinnúmero de hojas de arce caían de los árboles coronando la tarde otoñal.


Cuando finalmente el sol se puso, todo se oscureció, y de repente un relámpago iluminó su rostro. No tendría más de treinta años. Estaba sentada en el asiento de copiloto de un viejo Thunderbird rojo, y a su lado, un rostro adusto fruncía el ceño, concentrado en la carretera en medio de la tormenta. Afuera el calor era insoportable, pero eso no impedía que las terribles tempestades de verano arruinaran los más gratos paseos domingueros. Cuando el siguiente relámpago estalló, un par de lagrimas se dejaron escapar por sus mejillas, y la profunda indiferencia, lo enmudeció todo de nuevo.

Una esencia fascinante llenó la habitación. Muchas flores podían respirarse en el ambiente, pero ninguna como las lavandas. Sentada en una banca, bajo la sombra de los abedules, y rodeada de esa armonía primaveral, ahora traía un bebé en brazos y le cantaba una dulce canción de cuna. Sus cabellos estaban un poco maltratados, mostrando ciertos tonos canos. Había arrugas incipientes en su frente, pero cada cana y cada arruga solo eran un pequeño guiño a todo lo que le había tocado vivir. Los años no habían pasado en vano. 

Se quedó dormida sobre el sillón, con la diminuta taza vacía entre los dedos. El fuego de la chimenea seguía vivo, pero de todos modos cogí una cobija y la abrigué, y dándole un suave beso en la frente, comprendí que la esencia del amor, por más distinto amor que sea, no había cambiado.


Santa Fe, NM
(30/07/12)


Fecha Publicación: 2012-06-08T18:55:00.002-05:00

Perdí aquel papel donde escribí todos mis sueños.
Mi desgaste de memoria me hace imposible recordarlos
y el insomnio tan maldito,
solo impide que vuelva a soñarlos.

Ya ni si quiera puedo soñar despierto.
Mi déficit de atención fue corregido, revocado
siendo incapaz de divargar ya ni un momento

Necesito descansar, una profunda narcosis
Pero sobre todo necesito...
una buena dosis.




(08/06/2012)

Fecha Publicación: 2012-03-22T20:29:00.003-05:00

La carnicería siempre había sido un misterio. De cuando en cuando solía ver a algunos seres peculiares vestidos con batas blancas ensangrentadas cual Masacre en Texas; preguntándome siempre qué era lo que en realidad sucedía en aquel lugar por el cual rondaban. De un momento a otro, me vi perteneciendo a ese mundo, siendo todo totalmente distinto a lo que podía haber imaginado. Nunca tuve tantos cortes en las manos.

Cada uno de los trabajadores era todo un personaje. Troy, el jefe, poseía una inmensa barriga y un rosáceo rostro los cuales daban la impresión de que pertenecía a la familia de aquellos cerdos que colgaban muertos desde el techo. Su pésimo humor y su escaso rubio cabello me hicieron pensar que se trataba de un padre de familia divorciado y acabado, cuando en verdad tenía solo 25 años y aún vivía con sus padres. Nunca olvidaré cuando lo vi devorándose el tocino crudo, tal cual Pascual.

John, un inofensivo cincuentón que poseía una ligera cojera y cuya cana barba reflejaba mucha experiencia; era el primer cortador. A pesar de ser mucho mayor que Troy, estaba por debajo de este solo por ser de orígenes latinos. Esto nunca le importó, y finalmente lo entendí cuando meses después me enteraría que su verdadero nombre era Juan y que en la carnicería solo buscaba ganarse la vida limpiamente tras haber sido uno de los principales capos de la mafia mexicana en su vida anterior. Su notable cojera era producto de una bala perdida, y quien sabe cuantas cosas más.

Además estaba Morris, el segundo cortador, quien por su gran tamaño, poblada barba y enormes manos se ganó el apelativo de Brother bear. A pesar de su apariencia de carnicero feroz, era la persona mas tranquila del mundo y gustaba cantar canciones de Madonna haciendo ridículos falsetos, y contar historias graciosas de cuando consumía ciertos raros champiñones de dudosa procedencia.

Finalmente: yo, no era tan raro como ellos, pero estaba allí después de todo, formando parte del mundo de la sangre y de la carne; la rojísima carne. Hoy tras tantos meses de pertenecer a ese circo, aún me pregunto cómo pude soportar trabajar en ese sitio… siendo vegetariano.

Steamboat Springs, CO
(Escrito entre 03/2011 - 03/2012)

Fecha Publicación: 2012-01-27T14:04:00.005-05:00

A A. Pastor

Hace algunas semanas que retomé mis viejas pasiones literarias (los cuentos de JRR), no pude evitar recordar a Sandra tras finalizar "El Libro en Blanco". La historia no es muy diferente a lo que tuvo que soportar aquel invierno del 94. Fue una de las temporadas más heladas que jamás se vio en Montana, tanto como para impedir que cualquiera salga de su casa, y Sandra, o "Néstor" como la solíamos llamar dado su apellido; fue tal vez la persona más golpeada por el destino durante aquel invierno.

Nunca supe si alguien confabulaba contra ella o si simplemente era mala suerte, pero a Néstor le pasaron los peores infortunios durante aquellos meses; y nadie, por más vidrios que hubiese roto, podría comparar su desdicha con la suya. Recién llegada al pueblo, aquella hermosa morena de cabello ensortijado y profundos ojos verdes, cayó enferma por cerca de 3 semanas ante el intenso cambio de temperaturas. Los mocos la ponían de un humor terrible que le impedía preparar la cena. ¡Oh sus maravillosos guisos y estofados! En la cocina Néstor mandaba, sin embargo eso no fue suficiente para evitar que a los pocos días de haberse recuperado, resbalase en el hielo de la entrada cayéndose hacia atrás y casi rompiéndose la espalda. Vagamente recuerdo ciertos gemidos y aullidos de socorro que escuché a lo lejos, pero a los cuales nunca atendí a causa de la resaca y creer que se trataba de un perro parlante, dentro de alguno de mis extravagantes sueños.

Lo único que podía reconfortarla era su paga. De los cuatro que compartíamos aquella vivienda en las faldas de la Colina Azul, ella era la más beneficiada; y no era para menos, su trabajo en el taller era el más pesado. Lamentablemente y para sorpresa de todos, tras venir recibiendo por más de un mes un jugoso salario, le llegó una notificación donde se le acusaba de robo por haber "manipulado" los cheques de pago. Resulta que su generosa paga realmente le correspondía a Sandra Núñez, quien con un trabajo menos pesado resultó ganando mucho más. Este suceso casi le costó el despido, pues a pesar que no era su culpa, se le cobró una penalidad y tuvo que pagar la diferencia a su suertuda tocaya.

Casi al finalizar la temporada, su lista de infortunios incluía el rechazo de 4 pretendientes, un walkman nuevo y estropeado a los dos días de uso, una muy mala primera y última experiencia esquiando, una asquerosa conjuntivitis que le costó una gigante cuenta en el hospital, y hasta la terrible noticia de la muerte de su tía abuela, lo cual la hundió en una nefasta depresión que solo la hacía añorar más y más, su cálido hogar en Chosica, a miles y miles de kilómetros de distancia.

A dos semanas para volver al Perú le propusieron echarse un viaje para alejar las malas vibras y visitar la majestuosa Nueva York. Juraría que sería un viaje genial que enmendaría los destrozos de la temporada; no hasta enterarme que por azares del destino al hacer una parada para observar el Empire State, su cámara de estreno fue sustraída por algún hábil ladronzuelo de Manhattan.

Mucho daño debió de hacer en su vida pasada, pues el karma la persiguió hasta tal punto que al llegar al JFK, ya lista para volver, le dijeron que sus boletos de avión habían sido adelantados y su vuelo estaba perdido. Nunca supe como logró volver.

Lo curioso es que hoy, tras más de diez años de aquel funesto invierno, recibí una postal con la imagen de un hermoso mar azul. Reconocí su caligrafía de inmediato. Se casó con un inversionista extranjero y hoy anda radiante de felicidad disfrutando de su luna de miel por las Islas Griegas. Y yo, que desde hace meses ando tan mal y sucumbo en la desgracia, me pregunto… ¿en qué momento me pasó su “Libro en Blanco”?

(26/01/12)

Fecha Publicación: 2012-01-11T19:27:00.007-05:00
Era solo una botella de whisky. ¿Qué tanto podría pasar? ¿Qué tan lejos se podía llegar? Había tomado tantas de esas en su vida, que no tenía nada de sorprendente. Sin embargo, nunca había tomado una, ofrecida por aquella chica que tanto lo tentaba, en la soledad de su departamento.
No recordaba como había llegado hasta allí. Solo sentía una ligera conmoción, que lo hacía sentirse fresco a pesar de saber que estaba empapado por dentro. Era como recién bajarse de un achicharrante avión y sentir el aire acondicionado del aeropuerto refrescarle la nuca.

Con un andar más que seductor, Thalía trajo dos vasos largos y una cubeta de hielo.

- ¿No lo tomas con Red Bull?
- ¿Para qué arruinar un escocés de 12 años con Red Bull? Así solo toman los chiquillos que quieren verse cool. ¿Tú no eres así, verdad?
- No, solo decía.



Tomando asiento y lanzándole una mirada de reproche le dijo:
- Y bueno, ¿no me vas a servir?
- Sí, sí, claro. Estoy sorprendido. No sabía que tenías tan buen gusto por los finos tragos.
- Me gusta lo mejor, y solo lo mejor.
- Ya lo creo, tu sala es simplemente genial. Me encanta este sofá.
- Gracias, presiento que habrán muchas otras cosas en este lugar que te gustarán.

Tragando saliva, dio un sorbo a su bebida para hacer tiempo. Ella bebió también, sin dejar de mirarlo. Estaba excitado y asustado a la vez. Era una de las mujeres más atractivas que había frecuentado, pero su posición tan dominante y misteriosa terminaban por darle un toque espeluznante a la situación. No tenía ni idea de como proceder, y antes de que pudiera hacer algo, ella dijo.

- ¿Qué tal te pareció?

Y al dar un segundo sorbo al brebaje, se dio cuenta que algo era diferente. No sabía mal, al contrario, sabía mejor que el primer trago... sabía mejor que cualquier otro trago que hubiese probado nunca. ¿Qué había ocurrido?

Atónito, puso el vaso en la mesa. Había sido exquisito, pero también sospechoso. Ella se puso de pie y acercándose a él le tendió la mano.

- Basta de alcohol. Creo que es hora de mostrarte otras cosas que te dejarán más sorprendido.

Y dando unos cuantos pasos sutiles hacia el dormitorio, lo único que hizo fue voltearse ligeramente e indicarle con el índice que lo siguiera.


(11/01/12)