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Etiquetas: [Blanca Varela]  [Literatura]  [Literatura peruana]  [Poemas]  [Poesía]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-07-11T22:03:00.000-07:00
Casa de cuervos


porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver


Blanca Varela - Casa de cuervos, del libro Ejercicios materiales (1978-1993)
Etiquetas: [Juan Gonzalo Rose]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía]  [Poesía Peruana]  [The common place book]  
Fecha Publicación: 2017-07-10T20:21:00.000-07:00
Letanía del solitario


Cada tarde te pierdo,
como se pierde el tiempo
o la esperanza.
Cada tarde,
definitivamente,
te pierdo
como se pierde la paciencia.
Cada tarde
dices no.
Mueves la cabeza y dices no.
Mueves la tierra y dices no.
No mueves los labios y tu silencio dice no.
Infatigablemente,
cada tarde,
mi café solitario obscurece el planeta.


Juan Gonzalo Rose - Letanía del solitario, del libro Simple canción (1960)
Etiquetas: [Cesar Calvo]  [Literatura peruana]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía]  [Poesía Peruana]  [The common place book]  
Fecha Publicación: 2017-07-06T21:41:00.001-07:00
Dan las campanas tu recuerdo en punto.
Afuera se pasean las dos de la mañana.
Nada pudo diciembre contra el semestre tuyo.
Nada el sol silencioso contra tu sombra hablada.
Desde el fondo de todo
lo que tengo,
me faltas.
Dan tu recuerdo en punto las campanas.
Y afuera se pasean,
de una
en una,
las dos
de la mañana.

César Calvo - Dan las campanas tu recuerdo en punto, del libro Poemas bajo tierra (1961)


Etiquetas: [Borges]  [Islandia]  [Jorge Luis Borges]  [Literatura argentina]  [Poemas]  [Poesía Argentina]  [Poesía islandesa]  
Fecha Publicación: 2017-07-04T22:30:00.001-07:00
A Islandia
De las regiones de la hermosa tierra
Que mi carne y su sombra han fatigado
Éres la más remota y la más íntima,
Última Thule, Islandia de las naves,
Del terco arado y del constante remo,
De las tendidas redes marineras,
De esa curiosa luz de tarde inmóvil
Que efunde el vago cielo desde el alba
Y del viento que busca los perdidos
Velámenes del viking. Tierra sacra
Que fuiste la memoria de Germania
Y rescataste su mitología
De una selva de hierro y de su lobo
Y de la nave que los dioses temen,
Labrada con las uñas de los muertos.
Islandia, te he soñado largamente
Desde aquella mañana en que mi padre
Le dio al niño que he sido y que no ha muerto
Una versión de la Völsunga Saga
Que ahora está descifrando mi penumbra
Con la ayuda del lento diccionario.
Cuando el cuerpo se cansa de su hombre,
Cuando el fuego declina y ya es ceniza,
Bien está el resignado aprendizaje
De una empresa infinita; yo he elegido
El de tu lengua, ese latín del Norte
Que abarcó las estepas y los mares
De un hemisferio y resonó en Bizancio
Y en las márgenes vírgenes de América.
Sé que no lo sabré, pero me esperan
Los eventuales dones de la busca,
No el fruto sabiamente inalcanzable.
Lo mismo sentirán quienes indagan
Los astros o la serie de los números...
Sólo el amor, el ignorante amor, Islandia.



















En El oro de los tigres (1972) 
Etiquetas: [Literatura]  [Literatura colombiana]  [María Gómez Lara]  [Poemas]  [Poesía]  [Poesía colombiana]  [The common place book]  [Vicente Huidobro]  
Fecha Publicación: 2017-06-26T22:29:00.000-07:00
ASTILLAS
                                     Los verdaderos poemas son incendios
                                     VICENTE HUIDOBRO



voy frotando una astilla contra otra
y es inútil

no habrá fuego
en mis restos de madera

pude rescatar del naufragio
un trozo de leña

hueco de tormenta
atravesado por tanta agua salada

lo quebré
para inventar dos trizas que se juntan
dos chispas
que no estaban
el revés de un vacío un agujero

aquí sigo todavía estrellando mis astillas

nada que encender
y te haces humo
nada que apagar
y eres ceniza

Etiquetas: [Benjamín Prado]  [Ecuador]  [Juan Ramón Jimenéz]  [Poemas]  [Poesía ecuatoriana]  [Poesía Española]  [The common place book]  
Fecha Publicación: 2017-06-21T22:15:00.000-07:00
Ecuador

Hace falta la noche para ver las estrellas.

Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón-
una verdad aún sin realidad;
busco en la tinta verde de todo lo que escribo
un planeta sin nombre o una jungla perdida.

Y hace falta la noche.

Yo me siento en las sombras,
prendo un fósforo,
tallo mis esmeraldas, construyo mis panales.
Todo es igual y todo es diferente.

La vida,
que fue un río,
es ahora un océano,
el pasado es la arena y el agua es el futuro.

Hace falta la noche.

Todo está en mí
lo mismo que un clavo en la madera:
cada paso en la nieve,
cada luz apagada,
cada piel encendida.

Etiquetas: [Borges]  [Ensayos]  [George Moore]  [Irlanda]  [Jorge Luis Borges]  [Literatura argentina]  [Maria Kodama]  [Oscar Wilde]  [Victor Hugo]  
Fecha Publicación: 2017-06-13T20:03:00.000-07:00

Irlanda

J.L.Borges
"Atlas" (1986)

Antiguas sombras generosas no quieren que yo perciba a Irlanda o que agradablemente la perciba de un modo histórico. Esas sombras se llaman el Erígena, para quien toda nuestra historia es un largo sueño de Dios, que al fin volverá a Dios, doctrina que asimismo declaran el drama Back to Methuselah y el famoso poema «Ce que dit la Bouche d'Ombre» de Hugo; se llaman también George Berkeley, que juzgó que Dios está minuciosamente soñándonos y que si despertara de su sueño desaparecerían el cielo y la tierra, como si despertara el Rey Rojo; se llaman Oscar Wilde, que de un destino no sin infortunio y deshonra ha dejado una obra, que es feliz e inocente como la mañana o el agua. Pienso en Wellington, que, después de la jornada de Waterloo, sintió que una victoria no es menos terrible que una derrota. Pienso en dos máximos poetas barrocos, Yeats y Joyce, que usaron la prosa o el verso para un mismo fin, la belleza. Pienso en George Moore, que en «Ave atque Vale» creó un nuevo género literario, lo cual no importa, pero lo hizo deliciosamente, lo cual es mucho. Esas vastas sombras se interponen entre lo mucho que recuerdo y lo poco que pude percibir en dos o tres días poblados, como todos, de circunstancias.

De todas ellas la más vívida es la Torre Redonda que no vi pero que mis manos tantearon, donde monjes bienhechores salvaron para nosotros en duros tiempos el griego y el latín, es decir, la cultura. Para mí Irlanda es un país de gente esencialmente buena, naturalmente cristiana, arrebatados por la curiosa pasión de ser incesantemente irlandeses.

Caminé por las calles que recorrieron, y siguen recorriendo, todos los habitantes de Ulysses.


Etiquetas: [Borges]  [Jorge Luis Borges]  [Poemas]  [Poemas místicos]  [Poesía Francesa]  [Victor Hugo]  
Fecha Publicación: 2017-06-08T20:59:00.001-07:00
Ce que dit la bouche d'ombre (II)

Espérez ! espérez ! espérez, misérables !
Pas de deuil infini, pas de maux incurables,
Pas d'enfer éternel !
Les douleurs vont à Dieu, comme la flèche aux cibles ;
Les bonnes actions sont les gonds invisibles
De la porte du ciel.

Le deuil est la vertu, le remords est le pôle
Des monstres garrottés dont le gouffre est la geôle ;
Quand, devant Jéhovah,
Un vivant reste pur dans les ombres charnelles,
La mort, ange attendri, rapporte ses deux ailes
A l'homme qui s'en va.

Les enfers se refont édens ; c'est là leur tâche.
Tout globe est un oiseau que le mal tient et lâche.
Vivants, je vous le dis,
Les vertus, parmi vous, font ce labeur auguste
D'augmenter sur vos fronts le ciel ; quiconque est juste
Travaille au paradis.

L'heure approche. Espérez. Rallumez l'âme éteinte !
Aimez-vous ! aimez-vous ! car c'est la chaleur sainte,
C'est le feu du vrai jour.
Le sombre univers, froid, glacé, pesant, réclame
La sublimation de l'être par la flamme,
De l'homme par l'amour !

Déjà, dans l'océan d'ombre que Dieu domine,
L'archipel ténébreux des bagnes s'illumine ;
Dieu, c'est le grand aimant ;
Et les globes, ouvrant leur sinistre prunelle,
Vers les immensités de l'aurore éternelle
Se tournent lentement.

Oh ! comme vont chanter toutes les harmonies,
Comme rayonneront dans les sphères bénies
Les faces de clarté,
Comme les firmaments se fondront en délires,
Comme tressailleront toutes les grandes lyres
De la sérénité,

Quand, du monstre matière ouvrant toutes les serres,
Faisant évanouir en splendeurs les misères,
Changeant l'absinthe en miel,
Inondant de beauté la nuit diminuée,
Ainsi que le soleil tire à lui la nuée
Et l'emplit d'arcs-en-ciel,

Dieu, de son regard fixe attirant les ténèbres,
Voyant vers lui, du fond des cloaques funèbres
Où le mal le pria,
Monter l'énormité bégayant des louanges,
Fera rentrer, parmi les univers archanges,
L'univers paria !

On verra palpiter les fanges éclairées,
Et briller les laideurs les plus désespérées
Au faîte le plus haut,
L'araignée éclatante au seuil des bleus pilastres
Luire, et se redresser, portant des épis d'astres,
La paille du cachot !

La clarté montera dans tout comme une sève ;
On verra rayonner au front du boeuf qui rêve
Le céleste croissant ;
Le charnier chantera dans l'horreur qui l'encombre,
Et sur tous les fumiers apparaîtra dans l'ombre
Un Job resplendissant !

O disparition de l'antique anathème !
La profondeur disant à la hauteur : Je t'aime !
O retour du banni !
Quel éblouissement au fond des cieux sublimes !
Quel surcroît de clarté que l'ombre des abîmes
S'écriant : Sois béni !

On verra le troupeau des hydres formidables
Sortir, monter du fond des brumes insondables
Et se transfîgurer ;
Des étoiles éclore aux trous noirs de leurs crânes,
Dieu juste ! et par degrés devenant diaphanes,
Les monstres s'azurer !

Ils viendront, sans pouvoir ni parler ni répondre,
Éperdus ! on verra des auréoles fondre
Les cornes de leur front ;
Ils tiendront dans leur griffe, au milieu des cieux calmes,
Des rayons frissonnants semblables à des palmes ;
Les gueules baiseront !

Ils viendront ! ils viendront, tremblants, brisés d'extase,
Chacun d'eux débordant de sanglots comme un vase,
Mais pourtant sans effroi ;
On leur tendra les bras de la haute demeure,
Et Jésus, se penchant sur Bélial qui pleure,
Lui dira : C'est donc toi !

Et vers Dieu par la main il conduira ce frère !
Et, quand ils seront près des degrés de lumière
Par nous seuls aperçus,
Tous deux seront si beaux, que Dieu dont l'oeil flamboie
Ne pourra distinguer, père ébloui de joie,
Bélial de Jésus !

Tout sera dit. Le mal expirera ; les larmes
Tariront ; plus de fers, plus de deuils, plus d'alarmes ;
L'affreux gouffre inclément
Cessera d'être sourd, et bégaiera : Qu'entends-je ?
Les douleurs finiront dans toute l'ombre ; un ange
Criera : Commencement !



Les contemplations
Etiquetas: [icelandic ljóð]  [Islandia]  [Poemas]  [Poesía alemana]  [Poesía islandesa]  [Vikingos]  
Fecha Publicación: 2017-06-05T21:08:00.000-07:00
Stirt um stef     

Mér er orðið stirt um stef
og stílvopn laust í höndum,
í langnættinu lítið sef,
ljós í myrkri ekkert hef,
kaldur titra, krepptur gigtar böndum.

Húmar að mér hinsta kvöld,
horfi eg fram á veginn,
gröfin móti gapir köld,
gref ég á minn vonarskjöld
rúnir þær er ráðast hinumegin.


Hjálmar Jónsson frá Bólu
1796 - 1875


- brot úr kvæði -

En mi ultima noche humana, 
miro hacia adelante, 
me resguardo del frío en mi tumba,
y en el escudo de mi esperanza 
Grabo las runas que serán oídas en el más allá
Etiquetas: [Caretas]  [Cesar Hildebrant]  [Entrevista]  [Juan Gonzalo Rose]  [Literatura peruana]  [Periodismo]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-05-27T17:00:00.000-07:00
Entrevista de César Hildebrandt al poeta Juan Gonzalo Rose. Publicada en Caretas, Lima el 10 de marzo de 1980.

Usted ha dicho, desgarradoramente, que las fuerzas creadoras lo han abandonado, pero que todavía espera  un milagro
Es una manera de expresar una esperanza, dictada sobre todo por el sentimiento. Porque, racionalmente, yo me doy cuenta de que mis posibilidades de creación están agotadas.
Yo me he preguntado muchas veces, Juan Gonzalo, qué fue lo que lo quebró. En un poema de Las comarcas usted dice: «pero el gran desamor, sólo noches oscuras acarrea…». ¿Fue eso? ¿Fue la soledad?
Sí, en parte… Pero hay otros factores. En primer lugar, naturalmente, el tiempo: tengo 52 años. Luego, esa soledad a la que nos hemos referido y que en mi caso es muy especial… Porque desde hace cuatro años yo padezco de depresión. Esta depresión me conduce a encerrarme en mi cuarto, y pasan semanas y semanas y yo no converso con nadie. De tal modo que, faltándome la experiencia, no hay material para la creación. Toda creación se nutre de vivencias…
El país, Juan Gonzalo, nuestra realidad, ¿tienen que ver con su tristeza?
Creo que es posible. Sin duda el clima político influye.
No sólo el clima político. Me refería al maltrato sistemático que este país administra a sus poetas, a sus músicos, a lo mejor de su gente en muchos casos…
Sí, El sentirse no estimulado, el sentirse siempre prescindible, esta especia de ofensiva muchas veces silenciosa, tienen que ver con mi depresión pero también influyen otros factores. Por ejemplo, el doctor Mariátegui me decía que a mí me hace mucho daño no tener ninguna seguridad económica. Esto es cierto… He llegado a la edad que he llegado y yo vivo mantenido por mi madre… Mi madre me da techo y comida, pero a eso no se puede reducir la existencia. De tal manera que me ayudo con esporádicos artículos periodísticos… Y mi madre ya es una mujer que ya tiene sus 80 años. Desgraciadamente, no va a ser muy largo el plazo de su vida…
¿Usted fue despedido del Instituto Nacional de Cultura, ¿verdad?
Sí.
¿Durante la gestión del señor Abril de Vivero?
Así es.
¿Por qué lo despidieron?
No me dieron ninguna explicación.
¿Cuánto ganaba?
Diez mil soles.
Usted ha nombrado el insomnio de varias maneras en su poesía: los embarcaderos del insomnio, las candelas azules del insomnio, las altas guaridas del insomnio. ¿Sigue siendo, ahora, un malestar?
En la actualidad tomo pastillas para dormir… Me surten algún efecto… Pero hace tres meses que sufro de un dolor muy agudo a los pies. Es una neuritis… Yo quisiera aprovechar esto para manifestar mi gratitud a algunas personas como Tania Libertad, y a su esposo, el poeta Francisco García, que me está pagando un tratamiento de acupuntura… También quiero agradecer a Chabuca Granda, que me está ayudando mucho moral y materialmente…
Todos quienes han seguido su itinerario poético han observado el paso de esa poesía social y militante de sus comienzos a la poesía confesional y padecida de su época madura. ¿Recuerda cuando escribió: «continúa el partido su vigilia cual un hermano pensativo y grande…»
Sí. Recuerdo…
Me pregunto su el gesto de haber dejado creencias y partido en el camino no tiene que ver con su melancolía…
Yo creo que sí. Como usted sabe, en mi juventud yo adopté una posición política de combate…
¿Por qué la abandonó?
Lo que motivó mi incursión a la política fue, más bien, un espíritu romántico… En realidad, nunca me atrajo la vida partidaria, que suele ser burocrática…
¿Usted fue comunista, verdad?
Sí.
Y antes había sido aprista…
Bueno, eso no. Lo que pasa es que fui elegido miembro de la Federación de Estudiantes del Perú con votos apristas. Pero no milité en el APRA…
¿Es definitivamente cierto aquello de que Haya le dijo alguna vez: «Usted fue aprista» y usted le respondió: «Y usted también…»? Creo que ocurrió en México, ¿o me equivoco?
Ocurrió en Lima, en el local de Alfonso Ugarte…
¿Y cómo reaccionó Haya?
Comenzó a hablar de otra cosa, un poco molesto… Haya no tenía mucho sentido del humor. Yo lo traté en cuatro o cinco oportunidades…
¿Qué recuerdos conserva de él?
Desde lejos, visto desde la perspectiva de los mítines, exhibía otro tipo de virtudes. Pero, de cerca, en una conversación, transmitía una imagen de bondad… Claro que no era el gran conversador que dicen. No suscitaba el diálogo. Era, más bien, monologante. Y nunca hablamos de política. El tema principal de estas charlas, a las que me introdujo Carlos Tosi, era una cuestión esotérica…
¿Qué era aquello?
Haya vivía obsedido por la existencia del alma. Él decía que el alma no abandona al cuerpo una vez producida la muerte sino que ella subsiste, teniendo conciencia de identidad, durante un tiempo, que puede ser corto o largo – y esto depende de la densidad del alma –. Y decía que hay almas que demoran mucho en percibir que ya no tienen identidad y que cuando adquieren esta conciencia de su no identidad recién es que se disuelven del todo… Al principio me pareció que Haya hacía de esto un tema atractivo de conversación, pero después me convencí de que él pensaba seriamente en estas cosas. Contaba mucho de su viaje por el Tíbet y, en realidad, estaba fascinado por todas esas cuestiones esotéricas…
Usted se afirma hoy como cristiano pero hay en su poesía palabras tan duras contra esta eclesiástica herencia española y, si no me equivoco, en algún poema, usted imagino la posibilidad de una catedral hecha para los que no oyeron… ¿Qué clase de refugio es el cristianismo?
Es difícil creerlo… Uno puede, a la edad que tengo, ser víctima de espejismos… No creo, sin embargo, que el cristianismo sea sólo como la tabla de salvación de un náufrago. Es algo más sereno… Alguna vez yo le hice para Caretas precisamente,  una entrevista a Fellini y le pregunté respecto a Dios y él me dijo que la condición natural del hombre frente a Dios la duda. Así es. El cristianismo tiene momentos de vacilación. No es la fe del carbonero…
Hablemos algo de su poesía. ¿Por qué desestimó a «La luz armada» del tomo de su poesía completa? ¿Le pareció una poesía social demasiado fácil?
Muy ingenua, sumamente ingenua…
Y usted suele ser desleal con esa ingenuidad que algunos estimamos… Usted depuró aquel poema «Las cartas secuestradas», que ahora tiene, por eso, dos versiones. ¿Por qué lo hizo?
Creo que sólo he cambiado las líneas finales. En la antigua versión, decía: también de palomar se muere un hombre cuando sabe vivir por una carta…
¿Por qué lo cambió?
Porque me parecía un poco cursi…
Quizá sea usted el único poeta de su importancia que pueda hablar con tanta irreverencia de su propia obra. ¿Ha escrito otras cosas que ahora considere cursi?
Parte de Las comarcas tiene mucho de cursilería. Hay una exuberancia verbal que no me gusta…
En un hermoso programa hecho para la televisión, y por supuesto hostilizado por algunos comerciantes, Tania Libertad le pregunta a usted quién fue Marisel. Y usted no responde. ¿Podrìa responder ahora?
Es que Marisel no es una persona concreta. Es la amada ideal que todos tenemos. No es un ser de carne y hueso…
Pero hubo amadas de carne y hueso. Usted tuvo una hija…
Sí. Ella vive en México.
¿La ve?
No. Nos hemos escrito alguna vez.
¿Es usted, como ha escrito Mario Vargas Llosa, el hombre que trata de rescatar al niño desesperado y jubiloso que alguna vez fue?
En algunos versos sí hay, en efecto, algo de nostalgia por la adolescencia perdida,  por la niñez perdida…
Pero quizá más que de edades podríamos hablar de inocencia…
Exactamente…
Porque en su poesía su infancia no aparece sino como la imagen de un chico melancólico que se internaba por ciertos arenales. Es decir, no creo que usted haya sido un niño feliz…
Tiene usted razón…
¿Alguna vez ha sido usted feliz, Juan Gonzalo?
No. No he conocido lo que es la verdadera felicidad.
¿No la buscó?
Todos la buscamos. No he tenido la oportunidad de encontrarla.
¿Cómo la hubiera encontrado?
En compañía de alguien que me entendiera.
¿Nunca llegó ese alguien?
No.
¿No es una visión muy deprimida?
La verdad es que en lo amorosa nunca pudo alcanzar una verdadera estabilidad. Fue mi juventud extremadamente bohemia…
En un poema destinado a León Felipe usted lo invoca: si a cantar, cantador, nos enseñaste, enséñanos, varón, cómo se calla. Es hermoso que usted persista en no callar…
Callar es en ese poema sinónimo de morir.
Y usted tiene una relación familiar con la muerte…
Sí, es una de mis obsesiones, una de mis obsesiones crepusculares.
¿Alguna vez intentó matarse, Juan Gonzalo?
Sí. Una vez… Tomé una cantidad de barbitúricos que considere que iba a ser suficiente…
¿En qué momento de su vida ocurrió?
Eso fue cuando trabajaba en Expreso… Vivía una gran soledad, alejado de mis padres; tenía un pequeño departamento en el edificio Ritz… Había tenido una ruptura sentimental…
Tomaba mucho en esa época, ¿verdad?
Bebía mucho, sí. Yo he tenido una juventud alcohólica, de la que felizmente he logrado alejarme. Fue una batalla bastante dura.
¿Ha pensado que la dependencia emocional respecto de sus padres contribuyó a sellar su carácter, a fomentar su fragilidad?
Sí. Yo creo que esa dependencia lo hace a uno poco inerme. Yo he tratado de librarme de esa dependencia viviendo solo cada vez que he podido, viajando…
Comparando a la luciérnaga con el hombre, usted ha escrito: «Pues caso estimable es el bicho, que más alumbra cuanto más se muere… Y no del hombre, que se opaca a pocos y es mucho más obscuro cuando dura…». Suena terrible, la verdad…
Sí, efectivamente: es el verso más amargo que yo he escrito en mi vida. Es un rechazo a la vejez sobre todo…
¿Qué es lo que más rechaza de la vejez?
Nos hace demasiado conscientes… Yo estaba acostumbrado, en mi juventud, a dejar ue el azar participara de mi vida. Se pierde el sabor de la aventura. Todo es tan meditado. Se aproxima así uno a la muerte… Y conste que yo no soy una persona que piensa en la muerte como la tentación del descanso. No tengo miedo a la muerte. No voto en contra de la muerte…
Habla usted de descansar. ¿Qué es aquello de lo que más quisiera descansar, Juan Gonzalo?
De la monotonía en la que se ha convertido mi vida, del estar encerrado en mi cuarto… Yo soy una persona curiosa: no voy al cinema, no veo televisión, no escucho música, no leo, no escribo. Yo no sé qué hago con mi tiempo, es totalmente un vacío… Todo me molesta, me repele…
¿Le molesta estar en este momento hablando de sí mismo como lo está haciendo?
No… Porque es una catarsis…
¿Teme algo de especial manera?
Sí… Me da miedo que , de agravarse este círculo de circunstancias adversas en que me muevo… Tengo pánico de retornar al alcoholismo. Sé que sería irremediable…
¿No le gustó el éxito alguna vez, no lo gratificó? Es decir, ¿también le disgustó el éxito?
No me disgustó… Lo que pasa es que se produce una suerte de desdoblamiento. Pareciera que es otra persona la que recibe esos éxitos y no uno. Yo lo he sentido siempre así. Los éxitos me daban alguna satisfacción pero yo notaba que mi verdadero animal estaba un poco distanciado de ese otro triunfador…
¿Por qué no se aceptó un poco? ¿Por qué se combatió tanto?
Creo que, en lo fundamental, yo me acepté a mí mismo. Lo que pasa es que no estoy conforme con el papel que me ha tocado en la comedia…
¿Cómo definiría ese papel?
Me hubiera gustado ser alguien más útil… Con toda sinceridad, yo siento, ahora que el arte es algo totalmente inútil, que no tiene ningún sentido: la poesía, la música… Al único arte al que le sigo guardando respeto es al teatro…
¿Pero usted cree que su poesía no sirve? ¿Usted cree que no conmueve, que no enriquece? Como lector le diría, cordialmente, que usted está diciendo una barbaridad…
Tal vez, pero nos leen tan pocos… En un tiempo yo tomaba parte en muchos recitales. En ese tiempo sí sentí que estaba haciendo algo por los otros… Pero con los libros el contacto con la gente es nulo… Además hay otras objeciones. El poeta tiende a hablar demasiado de si mismo…
O a ocultarse…
O a ocultarse. Pero yo creo haber hablado bastante de mí mismo…
Pero de varios Juan Gonzalos: del derrotado y del esperanzado, del depresivo, del eufórico…
Mi poesía es tan heterogénea, ¿no?
Hay mutaciones…
Así es.
¿En qué mutación anda ahora, Juan Gonzalo?
Ahora estoy inmutable…
No puedo creer que usted no conserve alguna esperanza…
Solamente extraterrena. Aquí el mundo… no tengo ninguna esperanza. Quizá suene cursi, pero lo único que espero es la salvación de mi alma… Yo soy un cristiano convencido. Creo en la compasión de Dios…
No cree en la de los hombres, ¿verdad?
No.
Me pregunto si usted sería tan triste si no hubiera conocido el exilio y la soledad, Es decir, me pregunto si su vida afectiva podría haber sido otra de no mediar algunas circunstancias…
Indudablemente hay circunstancias que influyen mucho y aquella del exilio, es cierto, fue importante para mí. Pero yo creo, más bien, que en la semilla, que en el espíritu, está la derrota esperando. Las circunstancias trabajan una arcilla ya hecha, ya cuajada. En esa arcilla ya estaba escrita la derrota… Yo nací para ser derrotado. En mis encierros me he preguntado muchas veces por qué, pero la verdad es que no he podido nunca encontrar una respuesta…
Creo que usted debe haber escrito estas palabras durante uno de sus encierros voluntarios: estoy tan triste ahora que si alguien se acercase, me amaría…
Sí, eso pertenece a Retorno a mi cuarto. Lo escribiría de nuevo…
Etiquetas: [Cesar Calvo]  [Javier Wong]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-05-24T21:40:00.000-07:00
Otro recado para Javier Wong

Nosotros hemos hecho ,
de dìa en dìa
el tiempo.

Todo el tiempo.

De làgrima
en làgrima
y de viento
en viento:
los mares
los planetas.

De hoja en hoja
los libros
y los bosques.

Nosotros hemos hecho, de nada
en nada ,
todo.

Porque lo hicimos
juntos , distantes
pero juntos
y lejos del olvido.

No hemos hecho las calles
de este mundo
para que el tiempo pase
sin recuerdos.


Cèsar Calvo
En Barcelona el 16 de Diciembre de 1998
Etiquetas: [Generación del 60]  [Javier Heraud]  [Marcel Proust]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-05-22T22:03:00.001-07:00
L: ¿DÓNDE ESTÁ COMBRAY?*
                                                            J: En el jardín de Swann, en otoño.
Son hojas que recogí del jardín de Swann
un ocho de octubre en Combray o Illiers,
 da lo mismo.
Habíamos tomado el tren hacia Chartres
 Lucho, Rachel, yo y Amaranta.
Allí hacía mucho frío,
pero nos consoló una lluvia
que nos obligó a tomar unos coñacs.
Claro, y también estaba la catedral
mostrándonos claras estampas,
 sucios laberintos y blancos campesinos
(no pagamos nada por ellas y aún las conservo.)
No había tren para Illiers
pero estaba el autobús esperándonos.
Y mucho frío también en Combray,
pero había un hotel de la imagen
con cuartos perfectos y edredones de plumas.
Y la paloma aquella que comimos,
y el vino tinto de la aldea,
y el queso natural que allí fabrican,
y el claro pan y el postre de manzana.
Sí, son hojas que recogí del jardín de Swann,
sobre una colina, sobre un puente pequeño
y un arroyo navegable,
pero Lucho se mareaba en la barca y no subimos.
No sé si el pueblo era hermoso,
pero allí estaban la casa de Marcel,
y la magdalena de la tía Leonie,
y la foto de Francisca la dulce,
y el acostumbrado libro de Ruskin,
y Enrique el olvidadizo de Prusia.
¿Qué más había?
Tal vez un retrato de Proust,
tal vez una ventana con vidrios de colores,
tal vez una azucena, un huerto,
un rosal, algunas rosas y estas hojas.

 (1961)

*Antes de dejar París, Javier tuvo una gran satisfacción. El había realizado un paseo de dos días a un pueblito al sur: Illiers, donde vivió uno de los escritores que más admiraba: Marcel Proust. Durante ese viaje corto, Javier escribió este poema.
  
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Fecha Publicación: 2017-03-11T20:08:00.000-08:00
AQUEL BELLO PARIENTE DE LOS PÁJAROS - César Calvo

Aquel bello pariente de los pájaros
que escondía su sombra de la lluvia
mientras tú dirigías
sobre ardientes cuadernos el vuelo de su mano.
El niño que subía
por el estambre rojo del verano
para contarte ríos de perfume,
cabellos rubios y país de nardos.
Tu niño preferido -¡si lo vieras!-
es el alma de un ciego que pena entre los cactus.
Es hoy el otro, el sin reír, el pálido,
rabioso jardinero de otoños enterrados.

¿Y sabiendo esto lo quisiste tanto?
¿Lo acostumbraste al mar,
al sol,
al viento, para que hoy ande respirando asfixias
en un pozo de náufragos?
¿Para esta pobre condición de niebla
defendiste su luz de enamorado?

Poesía, no quiero este camino
que me lleva a pisar sangre en el prado
cuando la luna dice que es rocío
y cuando mi alma jura que es espanto.

Poesía, no quiero este destino.
Llévate tus sandalias.
¡Devuélveme mis manos!

El final de la historia lo dirán las estrellas
y las hojas que cubren mi sueño sepultado.
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Fecha Publicación: 2017-02-22T19:39:00.000-08:00
Raritan Blues - Eduardo Chirinos 

Para Margarita Sánchez

Aquí no hay bulla ni miseria,
sólo un bosque de árboles mojados y cientos de ardillas
correteando vivaces o escarbando una nuez.
A lo lejos un puente
una interminable fila de automóviles retorna a sus hogares
y nubes balando ante un perro pastor y amarillo.
¿Eres tú quien camina en las riberas del Raritan?
Recuerdo un río triste y marrón donde las ratas
disputan su presa con los perros
y aburridos gallinazos espulgándose las plumas bajo el sol.
Ni bulla ni miseria.
El río fluye educado como en una tarjeta postal
y nos habla igual que hace siglos, congelándose y
descongelándose,
viendo crecer a sus orillas cabañas, iglesias, burdeles,
plantas refinadoras de petróleo.
Escucho el vasto rumor del Raritan, el silencio de los patos,
de los enormes gansos salvajes.
Han venido desde Ontario hasta New Brunswick,
con las primeras nieves volarán al sur.
Dicen que el río es la vida y el mar la muerte.
He aquí mi elegía:
un río es un río
y la muerte un asunto que no nos debe importar.


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Fecha Publicación: 2017-02-06T20:24:00.000-08:00
LA DULCE VENGANZA DE JOSEF HASSID

(a partir de La meditación de Thaïs)
A Iván Brull

La luz sólo es quebrada / por quien encuentra belleza
en medio de las sombras.
Una puerta a medio abrir es mi cerebro,
por eso escucho la voz que ilumina el temblor de los ciegos.
Los sonidos son la perpetuación de la vida,
como una ola gigante que en la orilla no muere.
Y sube y baja la marea del instinto
mientras el violín lo toca aquel que murió a los 26,
luego de que le abrieran el cráneo en una lobotomía.


¿Pero qué sale del cerebro de un genio?
¿Pus dorada?
¿Embriones de pájaros extintos?
¿Humo con olor a azufre, a jazmín, a brea?
¿Qué brota de alguien que sólo nace cada 200 años
para darnos a los mortales un poco de belleza?
Y un poco de dolor, desde luego,
porque todo lo bello duele.
Por eso un genio viene cada 200 años
y se venga de los doctores del Tiempo
haciéndoles lobotomía a través de la música.
Y ya con la tapa del cráneo abierta
les susurra muy bajito al oído:
No dejes de respirar los sonidos,
No dejes de sentir, no dejes de sentir,
que todavía estás vivo.
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Fecha Publicación: 2016-11-30T19:38:00.000-08:00
CONFIANZAS

se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

Etiquetas: [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía latina]  [Poesía Nicaragüense]  [Rubén Darío]  
Fecha Publicación: 2016-11-23T17:00:00.000-08:00
El olímpico cisne de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.

De la forma de un brazo de lira
y del asa de un ánfora griega
es su cándido cuello, que inspira
como prora ideal que navega.

Es el cisne, de estirpe sagrada,
cuyo beso, por campos de seda,
ascendió hasta la cima rosada
de las dulces colinas de Leda.

Blanco rey de la fuente Castalia,
su victoria ilumina el Danubio;
Vinci fue su varón en Italia;
Lohengrín es su príncipe rubio.

Su blancura es hermana del lino,
del botón de los blancos rosales
y del albo toisón diamantino
de los tiernos corderos pascuales.

Rimador de ideal florilegio,
es de armiño su lírico manto,
y es el mágico pájaro regio
que al morir rima el alma en un canto.

El alado aristócrata muestra
lises albos en campo de azur,
y ha sentido en sus plumas la diestra
de la amable y gentil Pompadour.

Boga y boga en el lago sonoro
donde el sueño a los tristes espera,
donde aguarda una góndola de oro
a la novia de Luis de Baviera.

Dad, condesa, a los cisnes cariño;
dioses son de un país halagüeño,
y hechos son de perfume, de armiño,
de luz alba, de seda y de sueño.

Etiquetas: [Literatura norteamericana]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía norteamericana]  [Sandra Cisneros]  
Fecha Publicación: 2016-10-24T22:28:00.000-07:00
UN ÚLTIMO POEMA PARA RICHARD

24 de diciembre y seguimos otra vez.
Esta vez para bien, lo sé porque no te
eché - y de todos modos nos saludamos.

Sin zapatos. Sin portazos.
Doblamos la ropa y nos fuimos
por caminos separados.

Te fuiste con esa camisa de franela
tuya que me gustaba pero recordé tomar
tu cepillo de dientes. ¿Dónde estás esta noche?

Richard, es Navidad otra vez
y el viejo fantasma vuelve a casa .
Estoy sentada junto al árbol de Navidad
preguntándome dónde nos equivocamos.

Bueno, no funcionamos, y todos
los recuerdos, la verdad, no son buenos.
Pero a veces hubo buenos momentos.
El amor fue bueno. Me encantaba tu dormir chueco
a mi lado y nunca soñé con miedo.

Debería haber estrellas para grandes guerras
como las nuestras. Debería haber premios
y mucho champagne para los sobrevivientes.

Después de todos los años de humillaciones,
el fracaso de varias vacaciones,
debería haber algo
para conmemorar el dolor.

Algún día olvidaremos ese gran desastre en Brasil.
Hasta entonces, Richard, te deseo lo mejor .
Te deseo amoríos y mucha agua caliente,
y mujeres más amables que como te traté .
Me olvidé la razón, pero te amé una vez,
¿te acordás?

Tal vez en esta época, borracha
y sentimental, estoy dispuesta a admitir
que una parte de mí, enloquecida y kamikaze,
está lista para la anarquía, ama todavía.


(Traducción al castellano de Hugo Zonáglez)


ONE LAST POEM FOR RICHARD


December 24th and we’re through again.
This time for good I know because I didn’t
throw you out — and anyway we waved.

No shoes. No angry doors.
We folded clothes and went
our separate ways.

You left behind that flannel shirt
of yours I liked but remembered to take
your toothbrush. Where are you tonight?


Richard, it’s Christmas Ever again
and old ghost come back home.
I’m sitting by the Christmas tree
wondering where did we go wrong.

Okay, we didn’t work, and all
memories to tell you the truth aren’t good.
But sometimes there were good times.
Love was good. I loved your crooked sleep
beside me and never dreamed afraid.

There should be stars for great wars
like ours. There ought to be awards
and plenty of champagne for the survivors.

¿
After all the years of degradations,
the several holidays of failure,
there should be something
to commemorate the pain.

Someday we’ll forget that great Brazil disaster.
Till then, Richard, I wish you well.
I wish you love affairs and plenty of hot water,
and women kinder than I treated you.
I forget the reason, but I loved you once,
remember?

Maybe in this season, drunk
and sentimental, I’m willing to admit
a part of me, crazed and kamikaze,
ripe for anarchy, loves still.

(de My Wicked Wicked Ways, 1987)

Sandra Cisneros (n. Chicago, 20 de diciembre de 1954) es una escritora, novelista y poeta de los Estados Unidos. Es mejor conocida por sus novelas La Casa en Mango Street y Caramelo, publicada esta última en 2002 por Knopf. Su herencia mexicana tiene una influencia importante en su obra.

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Fecha Publicación: 2016-09-30T16:31:00.000-07:00
Demasiado Ampuero

Puta linda, una prosa con Parkinson

Por Maribel De Paz

Temblorosa, débil e insegura. Así es la pluma de Fernando Ampuero en Puta linda, su última novela editada por Planeta que, de tanta promoción, no necesita mayor presentación. Ya se sabe: la historia de la joven prostituta Noemí convertida en musa de un aspirante a escritor.
Abundante en justificaciones propias de un falso provocador que no quiere caer en lo políticamente incorrecto, Ampuero incomoda al lector desparramando excusas a lo largo del libro. Como la colocada en boca de uno de los protagonistas para explicar la propia existencia de la novela que le da vida y a la que califica como "una historia de pedofilia y de incesto, que si bien es algo común en los sectores populares, a decir de los sociólogos, resulta poco edificante en términos de valores humanos". Como si el mundo no se hubiera sorprendido ya con la historia de Nabokov describiendo la caloricidad de Lolita y sus muslos cubiertos de cardenales.
¿Pretendió Ampuero mimetizarse con sus protagonistas, escritores incipientes, recurriendo a la prosa que estos podrían lograr? Pareciera, pues recurre a salidas fáciles e inverosímiles para dar un vuelco a la historia al mejor estilo de aquellas series norteamericanas en las que los libretistas se deshacen de personajes incómodos con un viaje repentino, un coma o una muerte súbita.
En suma, un libro donde, más que a los protagonistas, se percibe al propio Ampuero, un libro en el que el escritor aprovecha para promocionar a sus amigos, colgando cuadros de Tola y Llona de las paredes del departamento de una ya distinguida Noemí.
Se reconoce el morbo cautivante. Sin embargo, difícil no asfixiarse con Ampuero en cada página, difícil sumergirse en la trama, difícil creerla, difícil sentirla. Finalmente, difícil no asociar el empeño del aspirante a buen escritor con el propio esfuerzo de Ampuero.

Publicado en Caretas
Etiquetas: [Caitlin MacNamara]  [Cartas]  [Cartas de amor]  [Dylan Thomas]  [Literatura inglesa]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía inglesa]  
Fecha Publicación: 2016-09-24T21:41:00.000-07:00

Linda, adorable, lejana Caitlin querida,

¿Estás mejor? Le pido a Dios que no estés triste en ese horrible hospital. Cuéntamelo todo, cuándo saldrás otra vez, dónde estarás en Navidades y que piensas en mí y me quieres. Y cuando estés de nuevo en el mundo seremos personas prácticas, andaremos por ahí, haremos cosas, nos comprometeremos con Aquella Gente, buscaremos un lugar con baño y sin cucarachas en Bloomsbury, y seremos felices. Es esto -pensar en las pocas, sencillas cosas que queremos, y saber que las vamos a conseguir a pesar de que tú ya sabes Quién y de sus humores y rencores- lo que nos mantiene con vida, creo. Me mantiene con vida. No te quiero para un día (a pesar de que le vendería el alma al diablo para verte ahora mismo, mi cielo, aunque solo fuera un minuto, para besarte una vez, y ponerte una cara graciosa): un día es lo que dura la vida de un mosquito. Yo te quiero para toda la vida de un animal loco y grande como un elefante. No he salido en toda la semana; he tenido un resfriado horrible, con tos y ojos llorosos, demasiado cargado de flema y aspirinas para escribirle a una chica en el hospital, mi carta habría sido triste y desesperada, e incluso la tinta habría transmitido gripe y tristeza.



¿Tengo que entristecerte, cariño, cuando estás en cama tomando arroz hervido en Marlborough Ward? Tengo tantas ganas de mirarte otra vez. Ahora eres unas semanas más vieja, ¿tienes el pelo gris? ¿Te arreglaste el pelo y pareces una persona adulta de verdad y no esa chica hermosa y alocada como una auténtica hermana de Dios? No tienes que tener un aspecto demasiado adulto, porque si no vas a parecer mayor que yo, y tú nunca -yo no te dejaré- tienes que crecer y hacerte razonable, y yo nunca -no debes permitírmelo- creceré y me haré razonable; siempre seremos jóvenes sin juicio y estaremos juntos. Supongo que hay, a ojos de los Otros, una especie de dulce locura entre tú y yo; una especie de loco desconcierto y de asombro inconsciente entre los Antipáticos y los Tacaños. Eres la única persona, desde luego que lo eres, de aquí a Aldebarán, ida y vuelta, con la que soy enteramente libre, y creo que es porque eres tan inocente como yo. Oh, ya sé que no somos santos, ni vírgenes, ni lunáticos; nos sabemos todos los chistes de alcoba y de retrete, y conocemos a la mayor parte de los pervertidos, podemos tomar el autobús, contar el cambio, cruzar la calle y decir frases auténticas. Pero nuestra inocencia llega tremendamente más hondo, y nuestro vergonzoso secreto es que no sabemos nada en absoluto, y nuestro horrible secreto interior es que no nos importa. Acabo de leer un libro irlandés titulado Rory y Bran. Es un libro malo y encantador: el inocente Rory se enamora de la inocente Oriana y aunque los dos son poco serios y hablan del secreto del lenguaje de las colinas, y aunque Rory venera la Luna y Oriana se desliza por su jardín escuchando a las aves legendarias, no están tan locos como nosotros ni son tan inocentes. Te quiero más de lo que nunca seré capaz de decirte; me da miedo decírtelo. Siento tu corazón en todo momento. Los estribillos de canción siempre tienen razón: te quiero en cuerpo y alma; y supongo que «cuerpo» significa que quiero tocarte y estar contigo en la cama, y «alma» significa que puedo escucharte, verte y amarte en cada minúscula cosa de este mundo, dormido o despierto.

Dylan X

Quería que esta carta estuviera llena de noticias, pero no hay ninguna. Es una carta llena de lo que pienso sobre ti y sobre mí. Tú no estás vacía del todo ahora mismo, ¿verdad? ¿Tienes algo de amor para mandarme?

Etiquetas: [Literatura chilena]  [Malú Urriola]  [Poemas]  [Poesía Chilena]  
Fecha Publicación: 2016-09-22T20:15:00.001-07:00

Cuando no estás me faltas como si me faltara un brazo, daría un brazo por no sentir esta falta… daría un brazo, pero no el brazo con el que escribo. El brazo con el que es­cribo no se lo doy a nadie, si me deshiciera de este brazo moriría atragantada. Este brazo es el que aprieta mi vientre, el que hunde su mano en mi garganta para que las palabras salgan, porque mi brazo sabe que las palabras son como trozos de carne que me atoran, si no tuviera este brazo tampoco podría hablar, porque este brazo es mi lengua, con este brazo puedo decir lo que la lengua se calla, podrían cortarme la lengua pero no el brazo, por eso no siento ningún miedo cuando tengo la lengua dentro de tu boca, porque aunque la arrancaras me quedaría este brazo. Con este brazo me sostengo, con este brazo lucho cada día. Cuando me pierdo es este brazo quien me encuentra, cuando me desespero es este brazo quien me calma, este brazo es mi memoria, este brazo es quien me saca a flote, quien jala de mí, quien me aturde para arrastrarme hasta la orilla, este brazo se compadece de mí más que nadie, me saca el agua que he tragado, me golpea el corazón para que ande, si no fuera por este brazo no sé qué sería de mí, por eso sigo a mi brazo, porque este brazo es capaz de encontrar lo que yo no hallo, por eso es él quien escribe, porque si escribiera yo, no encontraría las palabras necesarias, en cambio mi brazo es exacto, porque mi brazo sabe que si no soy capaz de resistir, que si me agoto de ver todo el tiempo lo mismo, que si me canso de escuchar las mismas pa­labras idiotas, que si me harto de ver a la misma gente como en un cinematógrafo de barrio, que si me aburre ver con mis ojos sus ojos pajes desesperados de fama, de una fama gris de estrella de cinematógrafo de barrio, porque mis ojos se cansan de ver tanto, todo igual, repetido, mi ojos se hartan tanto que se harían sal si vieran que algo nuevo pasara, porque esta ciudad se detuvo antes que llegáramos yo y mi brazo, esta ciudad sombría ya no se desempaña, esta ciudad es inalterable, esta ciudad quisiese ser rubia, esta ciudad quisiese beber whisky cuando se muere de hambre y si este brazo no fuera fuerte nos habrían arrancado medio pedazo, pero a mi brazo nada de esto lo derrumba porque mi brazo es ciego, mi brazo es sordo, mi brazo sólo escucha la sangre de él. Sabe que cuando no dé más deberá tomar la empuñadura y rajar la muñeca de mi otro brazo, sabe que aunque son pares sólo él puede hacerlo, sabe que él será el último en abandonar, lo sabe, como sabe también que será capaz de dejar de escribir porque escribir me daña a veces, mi brazo sabe que escribir daña porque es él quien escribe, cuando mi brazo escribe sabe que está doliendo, quemando, sabe que me revuelvo toda, por eso mi brazo dejaría cualquier cosa para calmarme. Es este brazo quien te olvida, no yo, porque mi brazo sabe que estando juntos somos capaces de resistir tu falta, que podemos trazar tu recuerdo, en cambio si me faltara este brazo yo me quedaría muda, me quedaría postrada, no podría resistir, no podría, por eso no te doy este brazo ni se lo daría a nadie, porque este brazo es el único capaz de librarme de mí.



Etiquetas: [Articulos]  [Beto Ortiz]  [Cesar Hildebrant]  [Gustavo Faveron]  [Ivan Thays]  [Literatura peruana]  
Fecha Publicación: 2016-09-17T22:00:00.000-07:00
(La Primera) Lavadito con Ña Pancha
El capo Tavito estaba convencido de que era el Vladimir Nabokov de la calle de las pizzas, el Guillermo de Torre del Haití, el Harold Bloom del cómo es y el Dámaso Alonso de un Neruda de repetipuá, que eso era lo que en verdad le correspondía.
Siempre consideró que arrastrarse era una dulce obligación, que rampar era un arte marcial y que apoyar a sus amigos aun a costa de la verdad tenía un contenido casi moral.
Por lo general, sus amigos escribían cosas suaves y entretenidas, charcutería digesta para pasar el rato, y a él le daban el encargo difícil:
–Encuéntrale trascendencia –le ordenaban al capo Tavito, que de capo, en verdad, no tenía nada porque recibía órdenes hasta de los grafómanos pandilleros.
Y allí estaba Tavito con su lupa de entomólogo, es decir de autobiógrafo, encontrando la trascendencia de la vaina y la reverberancia ontológica de la cojudez.
Era tan talentoso en el arte de la invertebración que siempre encontraba algo: una medallita milagrosa, una mata con geranios que podía salvarse, una historia chueca que sólo había que enderezar para poder quedar bien y luego recibir palmaditas en el hombrito.
Y se ponía a escribir como sólo pueden hacerlo los que saben que de ellos depende una reputación, con la seriedad del arquitecto que levanta un segundo piso en un suelo blandengue. Y lo hacía de primores. Para eso sí servía Tavito: para decir que algo, que era una vulgar sopa de letras, era faisán al horno, lluvia de Beluga, ostras en el Palace junto al Reina Sofía.
–Te pasaste, compadre. No sé cómo agradecerte esta reseña –le decía un pirañita caminando al sexenio.
–No me agradezcas nada –decía Tavito, con su voz en la mayor, siempre en la mayor–. Hice lo que hacen los amigos.
Cuando alguien que no era de la mancha escribía algo, cuando un provinciano se atrevía a merodear por la Casacor de las letras, cuando una tipa que no había pasado por el taller de Thays lanzaba al triste mercado de lectores de Lima algo talentoso, peligrosamente talentoso, endiabladamente talentoso, cuando un campesino venía con su “arguedismo trasnochado” y sus rabias arcaicas, tan arcaicas como sus utopías, entonces Tavito se ponía la ropa del huachimán Pacheco, el que no aguanta ni un queco, y salía a lanzar silbatazos y tortazos para poner orden en las páginas pertinentes, restaurar la jerarquía en la república de las letras y disolver con gases lacrimógenos, es decir sus reseñas, a los sublevados.
Por ejemplo, cuando una periodista se atrevió a cuestionar como lectora las ridiculeces impresas de uno de sus amigotes –el que le dio chamba y lo hizo conocido por canje–, Tavito se puso cruel y bizantino y llamó a la ladrería para que lo acompañara: había que disolver, di-sol-ver, a niña tan atrevida.
Todos los pitbull del apañe salieron como bestias a morderla y hasta salió el venerable perro de chacra de Perú 21, a quien Mulder pretendió quitarle el nombre sin ningún derecho, para babear tras su fondillo (el fondillo de la niña) y morderlo con encías, ya que hace tiempo dejó la dentadura en un vaso del Melody, no el de Miraflores sino el de Surquillo.
Así era Tavito, que había hecho de una cierta elegancia a la hora del charleo el escudo con el que pretendía ocultar las procesiones internas que lo devoraban, la culpa que en el fondo lo mortificaba por ser tan débil, tan poquita cosa, tan ninguna cosa en un mundo donde, por lo menos, no faltaban el carácter y las peleas a puño limpio.
Porque, al final de cuentas, el pobre Tavito se había convertido en lavador de libros, Ña Pancha de medianías e insultador “ofendidísimo” en los blogs del ambiente cuando alguien se atrevía a recordarle lo que era y el triste papel que tenía en el mundillo literario de Lima City.
Tavito, por ejemplo, decidía, por sí y ante sí, quién podía ejercer la crítica literaria, qué requisitos había que reunir, cómo debía ser esa hoja de vida de respaldo. Y,claro, según los términos de la licitación planteada, sólo Tavito y los ángeles de Charlie, es decir Thays y sus diversas lenguas viperinas, podían criticar porque sólo ellos poseían el fino instinto de la calidad, el tercer ojo de Lobsang Rampa y el quinto elemento que sólo son capaces de tener aquellos que Dios tocó (lo que me reafirma en el agnosticismo).
–La señorita Maribel de Paz no está preparada para criticar libros –clamaba, doctoral, Tavito.
–Hildebrandt es un calumniador, un rastrero y un mezquino –protestaba en su blog Loro.
–Y Beto Ortiz cree que todos somos de su misma catadura –reseñaba.
Y así eran sus críticas personales, que, como las otras, estaban siempre dictadas por flujos biliares y regurgitaciones imposibles de describir.
Pero lo que no decía es qué clase de Clemente Palma era él, a quién le había ganado, cuáles eran sus “decisivas contribuciones” al pensamiento crítico ya no del mundo, ya no de América Latina, ya no de la subregión ni del Perú, sino de Chucuito, donde nació para desgracia de la limpieza y gloria de los falsarios.
Y lo que no decía es qué le parecía, en realidad, la huachafería insufrible que con tanta justicia había criticado Maribel de Paz. Así era de honesto y transparente Tavito, el crítico más temido de la comarca. Más temido por sus inferiores, es decir nadie.

Fuente: https://cesarhildebrandt.wordpress.com/2006/11/16/lavadito-con-na-pancha/

Etiquetas: [Jaime Gil de Biedma]  [Joaquin Sabina]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía Española]  
Fecha Publicación: 2016-07-23T06:32:00.000-07:00

Canción de aniversario


Porque son ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía;
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece hoy partidario de la felicidad,
cantemos, alegría!

Y luego levantémonos más tarde,
como domingo. Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.

El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro del corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?

La realidad -no demasiado hermosa-
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.

La vida no es un sueño, tú ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no más, un si es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
-mientras que tú y yo nos deseamos
feliz y larga vida en común-, estoy seguro
que no puede hacer daño.
Etiquetas: [Borges]  [Jorge Luis Borges]  [Literatura argentina]  [Poemas]  [Poesía Argentina]  
Fecha Publicación: 2016-07-19T23:06:00.000-07:00
Junio, 1968

En la tarde de oro
o en una serenidad cuyo símbolo
podría ser la tarde de oro,
el hombre dispone los libros
en los anaqueles que aguardan
y siente el pergamino, el cuero, la tela
y el agrado que dan
la previsión de un hábito
y el establecimiento de un orden.
Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,
reanudarán aquí, de manera mágica,
la lenta discusión que interrumpieron
los mares y la muerte
y a Reyes no le desagradará ciertamente
la cercanía de Virgilio.
(Ordenar bibliotecas es ejercer,
de un modo silencioso y modesto,
el arte de la crítica.)
El hombre que está ciego,
sabe que ya no podrá descifrar
los hermosos volúmenes que maneja
y que no le ayudarán a escribir
el libro que lo justificará ante los otros,
pero la tarde que es acaso de oro
sonríe ante el curioso destino
y siente esa felicidad peculiar
de las viejas cosas queridas.

Jorge Luis Borges

da “Elogio de la sombra”, Emecé Editores, Buenos Aires, 1969
Etiquetas: [Jean Fanchette]  [Literatura mauriciana]  [Mauricio]  [Poemas]  [Poesía Francesa]  [République de Maurice]  
Fecha Publicación: 2016-07-12T22:45:00.000-07:00
à Yvonne et Robert Ganzo


Les pulsations d'un paysage
Vibrant dans les veines de l'arbre,
Le rocher frère et ses présages
Furent appris en ce matin
Porté vers moi du fond des âges.

Le même oiseau de rive en rive,
Rythme la raison des éclairs.
La même barque à la dérive
Rêve aux vertiges des déserts
Aux silences d'eau et de pierre.

L'orage éclate et l'arbre enfant,
Lové dans la paume du vent,
Comprend notre fraternité
Scellée dans le sang des étés.
Fus-je mélèze ? après ? avant ?

Dans les forêts de la mémoire,
L'homme plante ses territoires
Et l'arbre enfant, né des orages,
Découvre l'âme du feuillage
Blottie au cœur serré des soirs.

L'arbre se souvient de l'amande,
De la nuit lente des racines,
Des forêts d'ombre et de résine,
Jusqu'au cri du premier oiseau
Par-delà des siècles d'attente.

Et moi l'enfant d'une seconde,
Parmi l'or mouvant des genêts,
Je veille cet instant que fonde
L'angoisse de millions d'années
Dans le désordre clair du monde.

Tous ces oiseaux dans ma mémoire
Et tous ces mauves dans mes yeux.
Pour transmuer en feux et moire
Les paysages jamais mieux
Définis qu'en dehors du lieu.

L'arbre que j'appelle mélèze,
Se transforme en jacarandas,
Flamboyants, pourpres floraisons
Éclatant dans mon sang qui pèse
Le poids de toutes ces saisons.

Le loriot dans le cerisier,
Le colibri dans le manguier,
Moi écartelé par vos cris,
Moi soudain découvrant le prix
De vivre et d'accomplir deux vies.

Montagnes de quelle mémoire ?
Je vendange votre prescience.
J'atteins enfin aux transparences
Du minéral. Brève lumière
Où je découvre cette main,
Tendue entre l'arbre et la pierre.

Et le sable redevient algue
L'âme innombrable du corail
Palpite, prise dans les mailles
De l'eau. Le charbon se souvient
Des forêts, de l'enfance du feu...
Tout dans l'éclair d'une seconde !



Jean Fanchette
L'Ile Equinoxe
Stock, 1993

www.jeanfanchette.com