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Etiquetas: [Caretas]  [Cesar Hildebrant]  [Entrevista]  [Juan Gonzalo Rose]  [Literatura peruana]  [Periodismo]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-05-27T17:00:00.000-07:00
Entrevista de César Hildebrandt al poeta Juan Gonzalo Rose. Publicada en Caretas, Lima el 10 de marzo de 1980.

Usted ha dicho, desgarradoramente, que las fuerzas creadoras lo han abandonado, pero que todavía espera  un milagro
Es una manera de expresar una esperanza, dictada sobre todo por el sentimiento. Porque, racionalmente, yo me doy cuenta de que mis posibilidades de creación están agotadas.
Yo me he preguntado muchas veces, Juan Gonzalo, qué fue lo que lo quebró. En un poema de Las comarcas usted dice: «pero el gran desamor, sólo noches oscuras acarrea…». ¿Fue eso? ¿Fue la soledad?
Sí, en parte… Pero hay otros factores. En primer lugar, naturalmente, el tiempo: tengo 52 años. Luego, esa soledad a la que nos hemos referido y que en mi caso es muy especial… Porque desde hace cuatro años yo padezco de depresión. Esta depresión me conduce a encerrarme en mi cuarto, y pasan semanas y semanas y yo no converso con nadie. De tal modo que, faltándome la experiencia, no hay material para la creación. Toda creación se nutre de vivencias…
El país, Juan Gonzalo, nuestra realidad, ¿tienen que ver con su tristeza?
Creo que es posible. Sin duda el clima político influye.
No sólo el clima político. Me refería al maltrato sistemático que este país administra a sus poetas, a sus músicos, a lo mejor de su gente en muchos casos…
Sí, El sentirse no estimulado, el sentirse siempre prescindible, esta especia de ofensiva muchas veces silenciosa, tienen que ver con mi depresión pero también influyen otros factores. Por ejemplo, el doctor Mariátegui me decía que a mí me hace mucho daño no tener ninguna seguridad económica. Esto es cierto… He llegado a la edad que he llegado y yo vivo mantenido por mi madre… Mi madre me da techo y comida, pero a eso no se puede reducir la existencia. De tal manera que me ayudo con esporádicos artículos periodísticos… Y mi madre ya es una mujer que ya tiene sus 80 años. Desgraciadamente, no va a ser muy largo el plazo de su vida…
¿Usted fue despedido del Instituto Nacional de Cultura, ¿verdad?
Sí.
¿Durante la gestión del señor Abril de Vivero?
Así es.
¿Por qué lo despidieron?
No me dieron ninguna explicación.
¿Cuánto ganaba?
Diez mil soles.
Usted ha nombrado el insomnio de varias maneras en su poesía: los embarcaderos del insomnio, las candelas azules del insomnio, las altas guaridas del insomnio. ¿Sigue siendo, ahora, un malestar?
En la actualidad tomo pastillas para dormir… Me surten algún efecto… Pero hace tres meses que sufro de un dolor muy agudo a los pies. Es una neuritis… Yo quisiera aprovechar esto para manifestar mi gratitud a algunas personas como Tania Libertad, y a su esposo, el poeta Francisco García, que me está pagando un tratamiento de acupuntura… También quiero agradecer a Chabuca Granda, que me está ayudando mucho moral y materialmente…
Todos quienes han seguido su itinerario poético han observado el paso de esa poesía social y militante de sus comienzos a la poesía confesional y padecida de su época madura. ¿Recuerda cuando escribió: «continúa el partido su vigilia cual un hermano pensativo y grande…»
Sí. Recuerdo…
Me pregunto su el gesto de haber dejado creencias y partido en el camino no tiene que ver con su melancolía…
Yo creo que sí. Como usted sabe, en mi juventud yo adopté una posición política de combate…
¿Por qué la abandonó?
Lo que motivó mi incursión a la política fue, más bien, un espíritu romántico… En realidad, nunca me atrajo la vida partidaria, que suele ser burocrática…
¿Usted fue comunista, verdad?
Sí.
Y antes había sido aprista…
Bueno, eso no. Lo que pasa es que fui elegido miembro de la Federación de Estudiantes del Perú con votos apristas. Pero no milité en el APRA…
¿Es definitivamente cierto aquello de que Haya le dijo alguna vez: «Usted fue aprista» y usted le respondió: «Y usted también…»? Creo que ocurrió en México, ¿o me equivoco?
Ocurrió en Lima, en el local de Alfonso Ugarte…
¿Y cómo reaccionó Haya?
Comenzó a hablar de otra cosa, un poco molesto… Haya no tenía mucho sentido del humor. Yo lo traté en cuatro o cinco oportunidades…
¿Qué recuerdos conserva de él?
Desde lejos, visto desde la perspectiva de los mítines, exhibía otro tipo de virtudes. Pero, de cerca, en una conversación, transmitía una imagen de bondad… Claro que no era el gran conversador que dicen. No suscitaba el diálogo. Era, más bien, monologante. Y nunca hablamos de política. El tema principal de estas charlas, a las que me introdujo Carlos Tosi, era una cuestión esotérica…
¿Qué era aquello?
Haya vivía obsedido por la existencia del alma. Él decía que el alma no abandona al cuerpo una vez producida la muerte sino que ella subsiste, teniendo conciencia de identidad, durante un tiempo, que puede ser corto o largo – y esto depende de la densidad del alma –. Y decía que hay almas que demoran mucho en percibir que ya no tienen identidad y que cuando adquieren esta conciencia de su no identidad recién es que se disuelven del todo… Al principio me pareció que Haya hacía de esto un tema atractivo de conversación, pero después me convencí de que él pensaba seriamente en estas cosas. Contaba mucho de su viaje por el Tíbet y, en realidad, estaba fascinado por todas esas cuestiones esotéricas…
Usted se afirma hoy como cristiano pero hay en su poesía palabras tan duras contra esta eclesiástica herencia española y, si no me equivoco, en algún poema, usted imagino la posibilidad de una catedral hecha para los que no oyeron… ¿Qué clase de refugio es el cristianismo?
Es difícil creerlo… Uno puede, a la edad que tengo, ser víctima de espejismos… No creo, sin embargo, que el cristianismo sea sólo como la tabla de salvación de un náufrago. Es algo más sereno… Alguna vez yo le hice para Caretas precisamente,  una entrevista a Fellini y le pregunté respecto a Dios y él me dijo que la condición natural del hombre frente a Dios la duda. Así es. El cristianismo tiene momentos de vacilación. No es la fe del carbonero…
Hablemos algo de su poesía. ¿Por qué desestimó a «La luz armada» del tomo de su poesía completa? ¿Le pareció una poesía social demasiado fácil?
Muy ingenua, sumamente ingenua…
Y usted suele ser desleal con esa ingenuidad que algunos estimamos… Usted depuró aquel poema «Las cartas secuestradas», que ahora tiene, por eso, dos versiones. ¿Por qué lo hizo?
Creo que sólo he cambiado las líneas finales. En la antigua versión, decía: también de palomar se muere un hombre cuando sabe vivir por una carta…
¿Por qué lo cambió?
Porque me parecía un poco cursi…
Quizá sea usted el único poeta de su importancia que pueda hablar con tanta irreverencia de su propia obra. ¿Ha escrito otras cosas que ahora considere cursi?
Parte de Las comarcas tiene mucho de cursilería. Hay una exuberancia verbal que no me gusta…
En un hermoso programa hecho para la televisión, y por supuesto hostilizado por algunos comerciantes, Tania Libertad le pregunta a usted quién fue Marisel. Y usted no responde. ¿Podrìa responder ahora?
Es que Marisel no es una persona concreta. Es la amada ideal que todos tenemos. No es un ser de carne y hueso…
Pero hubo amadas de carne y hueso. Usted tuvo una hija…
Sí. Ella vive en México.
¿La ve?
No. Nos hemos escrito alguna vez.
¿Es usted, como ha escrito Mario Vargas Llosa, el hombre que trata de rescatar al niño desesperado y jubiloso que alguna vez fue?
En algunos versos sí hay, en efecto, algo de nostalgia por la adolescencia perdida,  por la niñez perdida…
Pero quizá más que de edades podríamos hablar de inocencia…
Exactamente…
Porque en su poesía su infancia no aparece sino como la imagen de un chico melancólico que se internaba por ciertos arenales. Es decir, no creo que usted haya sido un niño feliz…
Tiene usted razón…
¿Alguna vez ha sido usted feliz, Juan Gonzalo?
No. No he conocido lo que es la verdadera felicidad.
¿No la buscó?
Todos la buscamos. No he tenido la oportunidad de encontrarla.
¿Cómo la hubiera encontrado?
En compañía de alguien que me entendiera.
¿Nunca llegó ese alguien?
No.
¿No es una visión muy deprimida?
La verdad es que en lo amorosa nunca pudo alcanzar una verdadera estabilidad. Fue mi juventud extremadamente bohemia…
En un poema destinado a León Felipe usted lo invoca: si a cantar, cantador, nos enseñaste, enséñanos, varón, cómo se calla. Es hermoso que usted persista en no callar…
Callar es en ese poema sinónimo de morir.
Y usted tiene una relación familiar con la muerte…
Sí, es una de mis obsesiones, una de mis obsesiones crepusculares.
¿Alguna vez intentó matarse, Juan Gonzalo?
Sí. Una vez… Tomé una cantidad de barbitúricos que considere que iba a ser suficiente…
¿En qué momento de su vida ocurrió?
Eso fue cuando trabajaba en Expreso… Vivía una gran soledad, alejado de mis padres; tenía un pequeño departamento en el edificio Ritz… Había tenido una ruptura sentimental…
Tomaba mucho en esa época, ¿verdad?
Bebía mucho, sí. Yo he tenido una juventud alcohólica, de la que felizmente he logrado alejarme. Fue una batalla bastante dura.
¿Ha pensado que la dependencia emocional respecto de sus padres contribuyó a sellar su carácter, a fomentar su fragilidad?
Sí. Yo creo que esa dependencia lo hace a uno poco inerme. Yo he tratado de librarme de esa dependencia viviendo solo cada vez que he podido, viajando…
Comparando a la luciérnaga con el hombre, usted ha escrito: «Pues caso estimable es el bicho, que más alumbra cuanto más se muere… Y no del hombre, que se opaca a pocos y es mucho más obscuro cuando dura…». Suena terrible, la verdad…
Sí, efectivamente: es el verso más amargo que yo he escrito en mi vida. Es un rechazo a la vejez sobre todo…
¿Qué es lo que más rechaza de la vejez?
Nos hace demasiado conscientes… Yo estaba acostumbrado, en mi juventud, a dejar ue el azar participara de mi vida. Se pierde el sabor de la aventura. Todo es tan meditado. Se aproxima así uno a la muerte… Y conste que yo no soy una persona que piensa en la muerte como la tentación del descanso. No tengo miedo a la muerte. No voto en contra de la muerte…
Habla usted de descansar. ¿Qué es aquello de lo que más quisiera descansar, Juan Gonzalo?
De la monotonía en la que se ha convertido mi vida, del estar encerrado en mi cuarto… Yo soy una persona curiosa: no voy al cinema, no veo televisión, no escucho música, no leo, no escribo. Yo no sé qué hago con mi tiempo, es totalmente un vacío… Todo me molesta, me repele…
¿Le molesta estar en este momento hablando de sí mismo como lo está haciendo?
No… Porque es una catarsis…
¿Teme algo de especial manera?
Sí… Me da miedo que , de agravarse este círculo de circunstancias adversas en que me muevo… Tengo pánico de retornar al alcoholismo. Sé que sería irremediable…
¿No le gustó el éxito alguna vez, no lo gratificó? Es decir, ¿también le disgustó el éxito?
No me disgustó… Lo que pasa es que se produce una suerte de desdoblamiento. Pareciera que es otra persona la que recibe esos éxitos y no uno. Yo lo he sentido siempre así. Los éxitos me daban alguna satisfacción pero yo notaba que mi verdadero animal estaba un poco distanciado de ese otro triunfador…
¿Por qué no se aceptó un poco? ¿Por qué se combatió tanto?
Creo que, en lo fundamental, yo me acepté a mí mismo. Lo que pasa es que no estoy conforme con el papel que me ha tocado en la comedia…
¿Cómo definiría ese papel?
Me hubiera gustado ser alguien más útil… Con toda sinceridad, yo siento, ahora que el arte es algo totalmente inútil, que no tiene ningún sentido: la poesía, la música… Al único arte al que le sigo guardando respeto es al teatro…
¿Pero usted cree que su poesía no sirve? ¿Usted cree que no conmueve, que no enriquece? Como lector le diría, cordialmente, que usted está diciendo una barbaridad…
Tal vez, pero nos leen tan pocos… En un tiempo yo tomaba parte en muchos recitales. En ese tiempo sí sentí que estaba haciendo algo por los otros… Pero con los libros el contacto con la gente es nulo… Además hay otras objeciones. El poeta tiende a hablar demasiado de si mismo…
O a ocultarse…
O a ocultarse. Pero yo creo haber hablado bastante de mí mismo…
Pero de varios Juan Gonzalos: del derrotado y del esperanzado, del depresivo, del eufórico…
Mi poesía es tan heterogénea, ¿no?
Hay mutaciones…
Así es.
¿En qué mutación anda ahora, Juan Gonzalo?
Ahora estoy inmutable…
No puedo creer que usted no conserve alguna esperanza…
Solamente extraterrena. Aquí el mundo… no tengo ninguna esperanza. Quizá suene cursi, pero lo único que espero es la salvación de mi alma… Yo soy un cristiano convencido. Creo en la compasión de Dios…
No cree en la de los hombres, ¿verdad?
No.
Me pregunto si usted sería tan triste si no hubiera conocido el exilio y la soledad, Es decir, me pregunto si su vida afectiva podría haber sido otra de no mediar algunas circunstancias…
Indudablemente hay circunstancias que influyen mucho y aquella del exilio, es cierto, fue importante para mí. Pero yo creo, más bien, que en la semilla, que en el espíritu, está la derrota esperando. Las circunstancias trabajan una arcilla ya hecha, ya cuajada. En esa arcilla ya estaba escrita la derrota… Yo nací para ser derrotado. En mis encierros me he preguntado muchas veces por qué, pero la verdad es que no he podido nunca encontrar una respuesta…
Creo que usted debe haber escrito estas palabras durante uno de sus encierros voluntarios: estoy tan triste ahora que si alguien se acercase, me amaría…
Sí, eso pertenece a Retorno a mi cuarto. Lo escribiría de nuevo…
Etiquetas: [Cesar Calvo]  [Javier Wong]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-05-24T21:40:00.000-07:00
Otro recado para Javier Wong

Nosotros hemos hecho ,
de dìa en dìa
el tiempo.

Todo el tiempo.

De làgrima
en làgrima
y de viento
en viento:
los mares
los planetas.

De hoja en hoja
los libros
y los bosques.

Nosotros hemos hecho, de nada
en nada ,
todo.

Porque lo hicimos
juntos , distantes
pero juntos
y lejos del olvido.

No hemos hecho las calles
de este mundo
para que el tiempo pase
sin recuerdos.


Cèsar Calvo
En Barcelona el 16 de Diciembre de 1998
Etiquetas: [Generación del 60]  [Javier Heraud]  [Marcel Proust]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-05-22T22:03:00.001-07:00
L: ¿DÓNDE ESTÁ COMBRAY?*
                                                            J: En el jardín de Swann, en otoño.
Son hojas que recogí del jardín de Swann
un ocho de octubre en Combray o Illiers,
 da lo mismo.
Habíamos tomado el tren hacia Chartres
 Lucho, Rachel, yo y Amaranta.
Allí hacía mucho frío,
pero nos consoló una lluvia
que nos obligó a tomar unos coñacs.
Claro, y también estaba la catedral
mostrándonos claras estampas,
 sucios laberintos y blancos campesinos
(no pagamos nada por ellas y aún las conservo.)
No había tren para Illiers
pero estaba el autobús esperándonos.
Y mucho frío también en Combray,
pero había un hotel de la imagen
con cuartos perfectos y edredones de plumas.
Y la paloma aquella que comimos,
y el vino tinto de la aldea,
y el queso natural que allí fabrican,
y el claro pan y el postre de manzana.
Sí, son hojas que recogí del jardín de Swann,
sobre una colina, sobre un puente pequeño
y un arroyo navegable,
pero Lucho se mareaba en la barca y no subimos.
No sé si el pueblo era hermoso,
pero allí estaban la casa de Marcel,
y la magdalena de la tía Leonie,
y la foto de Francisca la dulce,
y el acostumbrado libro de Ruskin,
y Enrique el olvidadizo de Prusia.
¿Qué más había?
Tal vez un retrato de Proust,
tal vez una ventana con vidrios de colores,
tal vez una azucena, un huerto,
un rosal, algunas rosas y estas hojas.

 (1961)

*Antes de dejar París, Javier tuvo una gran satisfacción. El había realizado un paseo de dos días a un pueblito al sur: Illiers, donde vivió uno de los escritores que más admiraba: Marcel Proust. Durante ese viaje corto, Javier escribió este poema.
  
Etiquetas: [Cesar Calvo]  [Generación del 60]  [Literatura peruana]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  [The common place book]  
Fecha Publicación: 2017-03-11T20:08:00.000-08:00
AQUEL BELLO PARIENTE DE LOS PÁJAROS - César Calvo

Aquel bello pariente de los pájaros
que escondía su sombra de la lluvia
mientras tú dirigías
sobre ardientes cuadernos el vuelo de su mano.
El niño que subía
por el estambre rojo del verano
para contarte ríos de perfume,
cabellos rubios y país de nardos.
Tu niño preferido -¡si lo vieras!-
es el alma de un ciego que pena entre los cactus.
Es hoy el otro, el sin reír, el pálido,
rabioso jardinero de otoños enterrados.

¿Y sabiendo esto lo quisiste tanto?
¿Lo acostumbraste al mar,
al sol,
al viento, para que hoy ande respirando asfixias
en un pozo de náufragos?
¿Para esta pobre condición de niebla
defendiste su luz de enamorado?

Poesía, no quiero este camino
que me lleva a pisar sangre en el prado
cuando la luna dice que es rocío
y cuando mi alma jura que es espanto.

Poesía, no quiero este destino.
Llévate tus sandalias.
¡Devuélveme mis manos!

El final de la historia lo dirán las estrellas
y las hojas que cubren mi sueño sepultado.
Etiquetas: [Eduardo Chirinos]  [Generación del 80]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2017-02-22T19:39:00.000-08:00
Raritan Blues - Eduardo Chirinos 

Para Margarita Sánchez

Aquí no hay bulla ni miseria,
sólo un bosque de árboles mojados y cientos de ardillas
correteando vivaces o escarbando una nuez.
A lo lejos un puente
una interminable fila de automóviles retorna a sus hogares
y nubes balando ante un perro pastor y amarillo.
¿Eres tú quien camina en las riberas del Raritan?
Recuerdo un río triste y marrón donde las ratas
disputan su presa con los perros
y aburridos gallinazos espulgándose las plumas bajo el sol.
Ni bulla ni miseria.
El río fluye educado como en una tarjeta postal
y nos habla igual que hace siglos, congelándose y
descongelándose,
viendo crecer a sus orillas cabañas, iglesias, burdeles,
plantas refinadoras de petróleo.
Escucho el vasto rumor del Raritan, el silencio de los patos,
de los enormes gansos salvajes.
Han venido desde Ontario hasta New Brunswick,
con las primeras nieves volarán al sur.
Dicen que el río es la vida y el mar la muerte.
He aquí mi elegía:
un río es un río
y la muerte un asunto que no nos debe importar.


Etiquetas: [CARLA BADILLO CORONADO]  [Ecuador]  [Poemas]  [Poesía ecuatoriana]  [Premio Loewe]  [The common place book]  
Fecha Publicación: 2017-02-06T20:24:00.000-08:00
LA DULCE VENGANZA DE JOSEF HASSID

(a partir de La meditación de Thaïs)
A Iván Brull

La luz sólo es quebrada / por quien encuentra belleza
en medio de las sombras.
Una puerta a medio abrir es mi cerebro,
por eso escucho la voz que ilumina el temblor de los ciegos.
Los sonidos son la perpetuación de la vida,
como una ola gigante que en la orilla no muere.
Y sube y baja la marea del instinto
mientras el violín lo toca aquel que murió a los 26,
luego de que le abrieran el cráneo en una lobotomía.


¿Pero qué sale del cerebro de un genio?
¿Pus dorada?
¿Embriones de pájaros extintos?
¿Humo con olor a azufre, a jazmín, a brea?
¿Qué brota de alguien que sólo nace cada 200 años
para darnos a los mortales un poco de belleza?
Y un poco de dolor, desde luego,
porque todo lo bello duele.
Por eso un genio viene cada 200 años
y se venga de los doctores del Tiempo
haciéndoles lobotomía a través de la música.
Y ya con la tapa del cráneo abierta
les susurra muy bajito al oído:
No dejes de respirar los sonidos,
No dejes de sentir, no dejes de sentir,
que todavía estás vivo.
Etiquetas: [Juan Gelman]  [Poemas]  [Poesía Argentina]  [Poesía comprometida]  [Poesía social]  
Fecha Publicación: 2016-11-30T19:38:00.000-08:00
CONFIANZAS

se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

Etiquetas: [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía latina]  [Poesía Nicaragüense]  [Rubén Darío]  
Fecha Publicación: 2016-11-23T17:00:00.000-08:00
El olímpico cisne de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.

De la forma de un brazo de lira
y del asa de un ánfora griega
es su cándido cuello, que inspira
como prora ideal que navega.

Es el cisne, de estirpe sagrada,
cuyo beso, por campos de seda,
ascendió hasta la cima rosada
de las dulces colinas de Leda.

Blanco rey de la fuente Castalia,
su victoria ilumina el Danubio;
Vinci fue su varón en Italia;
Lohengrín es su príncipe rubio.

Su blancura es hermana del lino,
del botón de los blancos rosales
y del albo toisón diamantino
de los tiernos corderos pascuales.

Rimador de ideal florilegio,
es de armiño su lírico manto,
y es el mágico pájaro regio
que al morir rima el alma en un canto.

El alado aristócrata muestra
lises albos en campo de azur,
y ha sentido en sus plumas la diestra
de la amable y gentil Pompadour.

Boga y boga en el lago sonoro
donde el sueño a los tristes espera,
donde aguarda una góndola de oro
a la novia de Luis de Baviera.

Dad, condesa, a los cisnes cariño;
dioses son de un país halagüeño,
y hechos son de perfume, de armiño,
de luz alba, de seda y de sueño.

Etiquetas: [Literatura norteamericana]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía norteamericana]  [Sandra Cisneros]  
Fecha Publicación: 2016-10-24T22:28:00.000-07:00
UN ÚLTIMO POEMA PARA RICHARD

24 de diciembre y seguimos otra vez.
Esta vez para bien, lo sé porque no te
eché - y de todos modos nos saludamos.

Sin zapatos. Sin portazos.
Doblamos la ropa y nos fuimos
por caminos separados.

Te fuiste con esa camisa de franela
tuya que me gustaba pero recordé tomar
tu cepillo de dientes. ¿Dónde estás esta noche?

Richard, es Navidad otra vez
y el viejo fantasma vuelve a casa .
Estoy sentada junto al árbol de Navidad
preguntándome dónde nos equivocamos.

Bueno, no funcionamos, y todos
los recuerdos, la verdad, no son buenos.
Pero a veces hubo buenos momentos.
El amor fue bueno. Me encantaba tu dormir chueco
a mi lado y nunca soñé con miedo.

Debería haber estrellas para grandes guerras
como las nuestras. Debería haber premios
y mucho champagne para los sobrevivientes.

Después de todos los años de humillaciones,
el fracaso de varias vacaciones,
debería haber algo
para conmemorar el dolor.

Algún día olvidaremos ese gran desastre en Brasil.
Hasta entonces, Richard, te deseo lo mejor .
Te deseo amoríos y mucha agua caliente,
y mujeres más amables que como te traté .
Me olvidé la razón, pero te amé una vez,
¿te acordás?

Tal vez en esta época, borracha
y sentimental, estoy dispuesta a admitir
que una parte de mí, enloquecida y kamikaze,
está lista para la anarquía, ama todavía.


(Traducción al castellano de Hugo Zonáglez)


ONE LAST POEM FOR RICHARD


December 24th and we’re through again.
This time for good I know because I didn’t
throw you out — and anyway we waved.

No shoes. No angry doors.
We folded clothes and went
our separate ways.

You left behind that flannel shirt
of yours I liked but remembered to take
your toothbrush. Where are you tonight?


Richard, it’s Christmas Ever again
and old ghost come back home.
I’m sitting by the Christmas tree
wondering where did we go wrong.

Okay, we didn’t work, and all
memories to tell you the truth aren’t good.
But sometimes there were good times.
Love was good. I loved your crooked sleep
beside me and never dreamed afraid.

There should be stars for great wars
like ours. There ought to be awards
and plenty of champagne for the survivors.

¿
After all the years of degradations,
the several holidays of failure,
there should be something
to commemorate the pain.

Someday we’ll forget that great Brazil disaster.
Till then, Richard, I wish you well.
I wish you love affairs and plenty of hot water,
and women kinder than I treated you.
I forget the reason, but I loved you once,
remember?

Maybe in this season, drunk
and sentimental, I’m willing to admit
a part of me, crazed and kamikaze,
ripe for anarchy, loves still.

(de My Wicked Wicked Ways, 1987)

Sandra Cisneros (n. Chicago, 20 de diciembre de 1954) es una escritora, novelista y poeta de los Estados Unidos. Es mejor conocida por sus novelas La Casa en Mango Street y Caramelo, publicada esta última en 2002 por Knopf. Su herencia mexicana tiene una influencia importante en su obra.

Etiquetas: [Caretas]  [Cesar Hildebrant]  [Fernando Ampuero]  [Gustavo Faveron]  [Ivan Thays]  [Literatura peruana]  [Maribel De Paz]  
Fecha Publicación: 2016-09-30T16:31:00.000-07:00
Demasiado Ampuero

Puta linda, una prosa con Parkinson

Por Maribel De Paz

Temblorosa, débil e insegura. Así es la pluma de Fernando Ampuero en Puta linda, su última novela editada por Planeta que, de tanta promoción, no necesita mayor presentación. Ya se sabe: la historia de la joven prostituta Noemí convertida en musa de un aspirante a escritor.
Abundante en justificaciones propias de un falso provocador que no quiere caer en lo políticamente incorrecto, Ampuero incomoda al lector desparramando excusas a lo largo del libro. Como la colocada en boca de uno de los protagonistas para explicar la propia existencia de la novela que le da vida y a la que califica como "una historia de pedofilia y de incesto, que si bien es algo común en los sectores populares, a decir de los sociólogos, resulta poco edificante en términos de valores humanos". Como si el mundo no se hubiera sorprendido ya con la historia de Nabokov describiendo la caloricidad de Lolita y sus muslos cubiertos de cardenales.
¿Pretendió Ampuero mimetizarse con sus protagonistas, escritores incipientes, recurriendo a la prosa que estos podrían lograr? Pareciera, pues recurre a salidas fáciles e inverosímiles para dar un vuelco a la historia al mejor estilo de aquellas series norteamericanas en las que los libretistas se deshacen de personajes incómodos con un viaje repentino, un coma o una muerte súbita.
En suma, un libro donde, más que a los protagonistas, se percibe al propio Ampuero, un libro en el que el escritor aprovecha para promocionar a sus amigos, colgando cuadros de Tola y Llona de las paredes del departamento de una ya distinguida Noemí.
Se reconoce el morbo cautivante. Sin embargo, difícil no asfixiarse con Ampuero en cada página, difícil sumergirse en la trama, difícil creerla, difícil sentirla. Finalmente, difícil no asociar el empeño del aspirante a buen escritor con el propio esfuerzo de Ampuero.

Publicado en Caretas
Etiquetas: [Caitlin MacNamara]  [Cartas]  [Cartas de amor]  [Dylan Thomas]  [Literatura inglesa]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía inglesa]  
Fecha Publicación: 2016-09-24T21:41:00.000-07:00

Linda, adorable, lejana Caitlin querida,

¿Estás mejor? Le pido a Dios que no estés triste en ese horrible hospital. Cuéntamelo todo, cuándo saldrás otra vez, dónde estarás en Navidades y que piensas en mí y me quieres. Y cuando estés de nuevo en el mundo seremos personas prácticas, andaremos por ahí, haremos cosas, nos comprometeremos con Aquella Gente, buscaremos un lugar con baño y sin cucarachas en Bloomsbury, y seremos felices. Es esto -pensar en las pocas, sencillas cosas que queremos, y saber que las vamos a conseguir a pesar de que tú ya sabes Quién y de sus humores y rencores- lo que nos mantiene con vida, creo. Me mantiene con vida. No te quiero para un día (a pesar de que le vendería el alma al diablo para verte ahora mismo, mi cielo, aunque solo fuera un minuto, para besarte una vez, y ponerte una cara graciosa): un día es lo que dura la vida de un mosquito. Yo te quiero para toda la vida de un animal loco y grande como un elefante. No he salido en toda la semana; he tenido un resfriado horrible, con tos y ojos llorosos, demasiado cargado de flema y aspirinas para escribirle a una chica en el hospital, mi carta habría sido triste y desesperada, e incluso la tinta habría transmitido gripe y tristeza.



¿Tengo que entristecerte, cariño, cuando estás en cama tomando arroz hervido en Marlborough Ward? Tengo tantas ganas de mirarte otra vez. Ahora eres unas semanas más vieja, ¿tienes el pelo gris? ¿Te arreglaste el pelo y pareces una persona adulta de verdad y no esa chica hermosa y alocada como una auténtica hermana de Dios? No tienes que tener un aspecto demasiado adulto, porque si no vas a parecer mayor que yo, y tú nunca -yo no te dejaré- tienes que crecer y hacerte razonable, y yo nunca -no debes permitírmelo- creceré y me haré razonable; siempre seremos jóvenes sin juicio y estaremos juntos. Supongo que hay, a ojos de los Otros, una especie de dulce locura entre tú y yo; una especie de loco desconcierto y de asombro inconsciente entre los Antipáticos y los Tacaños. Eres la única persona, desde luego que lo eres, de aquí a Aldebarán, ida y vuelta, con la que soy enteramente libre, y creo que es porque eres tan inocente como yo. Oh, ya sé que no somos santos, ni vírgenes, ni lunáticos; nos sabemos todos los chistes de alcoba y de retrete, y conocemos a la mayor parte de los pervertidos, podemos tomar el autobús, contar el cambio, cruzar la calle y decir frases auténticas. Pero nuestra inocencia llega tremendamente más hondo, y nuestro vergonzoso secreto es que no sabemos nada en absoluto, y nuestro horrible secreto interior es que no nos importa. Acabo de leer un libro irlandés titulado Rory y Bran. Es un libro malo y encantador: el inocente Rory se enamora de la inocente Oriana y aunque los dos son poco serios y hablan del secreto del lenguaje de las colinas, y aunque Rory venera la Luna y Oriana se desliza por su jardín escuchando a las aves legendarias, no están tan locos como nosotros ni son tan inocentes. Te quiero más de lo que nunca seré capaz de decirte; me da miedo decírtelo. Siento tu corazón en todo momento. Los estribillos de canción siempre tienen razón: te quiero en cuerpo y alma; y supongo que «cuerpo» significa que quiero tocarte y estar contigo en la cama, y «alma» significa que puedo escucharte, verte y amarte en cada minúscula cosa de este mundo, dormido o despierto.

Dylan X

Quería que esta carta estuviera llena de noticias, pero no hay ninguna. Es una carta llena de lo que pienso sobre ti y sobre mí. Tú no estás vacía del todo ahora mismo, ¿verdad? ¿Tienes algo de amor para mandarme?

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Fecha Publicación: 2016-09-22T20:15:00.001-07:00

Cuando no estás me faltas como si me faltara un brazo, daría un brazo por no sentir esta falta… daría un brazo, pero no el brazo con el que escribo. El brazo con el que es­cribo no se lo doy a nadie, si me deshiciera de este brazo moriría atragantada. Este brazo es el que aprieta mi vientre, el que hunde su mano en mi garganta para que las palabras salgan, porque mi brazo sabe que las palabras son como trozos de carne que me atoran, si no tuviera este brazo tampoco podría hablar, porque este brazo es mi lengua, con este brazo puedo decir lo que la lengua se calla, podrían cortarme la lengua pero no el brazo, por eso no siento ningún miedo cuando tengo la lengua dentro de tu boca, porque aunque la arrancaras me quedaría este brazo. Con este brazo me sostengo, con este brazo lucho cada día. Cuando me pierdo es este brazo quien me encuentra, cuando me desespero es este brazo quien me calma, este brazo es mi memoria, este brazo es quien me saca a flote, quien jala de mí, quien me aturde para arrastrarme hasta la orilla, este brazo se compadece de mí más que nadie, me saca el agua que he tragado, me golpea el corazón para que ande, si no fuera por este brazo no sé qué sería de mí, por eso sigo a mi brazo, porque este brazo es capaz de encontrar lo que yo no hallo, por eso es él quien escribe, porque si escribiera yo, no encontraría las palabras necesarias, en cambio mi brazo es exacto, porque mi brazo sabe que si no soy capaz de resistir, que si me agoto de ver todo el tiempo lo mismo, que si me canso de escuchar las mismas pa­labras idiotas, que si me harto de ver a la misma gente como en un cinematógrafo de barrio, que si me aburre ver con mis ojos sus ojos pajes desesperados de fama, de una fama gris de estrella de cinematógrafo de barrio, porque mis ojos se cansan de ver tanto, todo igual, repetido, mi ojos se hartan tanto que se harían sal si vieran que algo nuevo pasara, porque esta ciudad se detuvo antes que llegáramos yo y mi brazo, esta ciudad sombría ya no se desempaña, esta ciudad es inalterable, esta ciudad quisiese ser rubia, esta ciudad quisiese beber whisky cuando se muere de hambre y si este brazo no fuera fuerte nos habrían arrancado medio pedazo, pero a mi brazo nada de esto lo derrumba porque mi brazo es ciego, mi brazo es sordo, mi brazo sólo escucha la sangre de él. Sabe que cuando no dé más deberá tomar la empuñadura y rajar la muñeca de mi otro brazo, sabe que aunque son pares sólo él puede hacerlo, sabe que él será el último en abandonar, lo sabe, como sabe también que será capaz de dejar de escribir porque escribir me daña a veces, mi brazo sabe que escribir daña porque es él quien escribe, cuando mi brazo escribe sabe que está doliendo, quemando, sabe que me revuelvo toda, por eso mi brazo dejaría cualquier cosa para calmarme. Es este brazo quien te olvida, no yo, porque mi brazo sabe que estando juntos somos capaces de resistir tu falta, que podemos trazar tu recuerdo, en cambio si me faltara este brazo yo me quedaría muda, me quedaría postrada, no podría resistir, no podría, por eso no te doy este brazo ni se lo daría a nadie, porque este brazo es el único capaz de librarme de mí.



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Fecha Publicación: 2016-09-17T22:00:00.000-07:00
(La Primera) Lavadito con Ña Pancha
El capo Tavito estaba convencido de que era el Vladimir Nabokov de la calle de las pizzas, el Guillermo de Torre del Haití, el Harold Bloom del cómo es y el Dámaso Alonso de un Neruda de repetipuá, que eso era lo que en verdad le correspondía.
Siempre consideró que arrastrarse era una dulce obligación, que rampar era un arte marcial y que apoyar a sus amigos aun a costa de la verdad tenía un contenido casi moral.
Por lo general, sus amigos escribían cosas suaves y entretenidas, charcutería digesta para pasar el rato, y a él le daban el encargo difícil:
–Encuéntrale trascendencia –le ordenaban al capo Tavito, que de capo, en verdad, no tenía nada porque recibía órdenes hasta de los grafómanos pandilleros.
Y allí estaba Tavito con su lupa de entomólogo, es decir de autobiógrafo, encontrando la trascendencia de la vaina y la reverberancia ontológica de la cojudez.
Era tan talentoso en el arte de la invertebración que siempre encontraba algo: una medallita milagrosa, una mata con geranios que podía salvarse, una historia chueca que sólo había que enderezar para poder quedar bien y luego recibir palmaditas en el hombrito.
Y se ponía a escribir como sólo pueden hacerlo los que saben que de ellos depende una reputación, con la seriedad del arquitecto que levanta un segundo piso en un suelo blandengue. Y lo hacía de primores. Para eso sí servía Tavito: para decir que algo, que era una vulgar sopa de letras, era faisán al horno, lluvia de Beluga, ostras en el Palace junto al Reina Sofía.
–Te pasaste, compadre. No sé cómo agradecerte esta reseña –le decía un pirañita caminando al sexenio.
–No me agradezcas nada –decía Tavito, con su voz en la mayor, siempre en la mayor–. Hice lo que hacen los amigos.
Cuando alguien que no era de la mancha escribía algo, cuando un provinciano se atrevía a merodear por la Casacor de las letras, cuando una tipa que no había pasado por el taller de Thays lanzaba al triste mercado de lectores de Lima algo talentoso, peligrosamente talentoso, endiabladamente talentoso, cuando un campesino venía con su “arguedismo trasnochado” y sus rabias arcaicas, tan arcaicas como sus utopías, entonces Tavito se ponía la ropa del huachimán Pacheco, el que no aguanta ni un queco, y salía a lanzar silbatazos y tortazos para poner orden en las páginas pertinentes, restaurar la jerarquía en la república de las letras y disolver con gases lacrimógenos, es decir sus reseñas, a los sublevados.
Por ejemplo, cuando una periodista se atrevió a cuestionar como lectora las ridiculeces impresas de uno de sus amigotes –el que le dio chamba y lo hizo conocido por canje–, Tavito se puso cruel y bizantino y llamó a la ladrería para que lo acompañara: había que disolver, di-sol-ver, a niña tan atrevida.
Todos los pitbull del apañe salieron como bestias a morderla y hasta salió el venerable perro de chacra de Perú 21, a quien Mulder pretendió quitarle el nombre sin ningún derecho, para babear tras su fondillo (el fondillo de la niña) y morderlo con encías, ya que hace tiempo dejó la dentadura en un vaso del Melody, no el de Miraflores sino el de Surquillo.
Así era Tavito, que había hecho de una cierta elegancia a la hora del charleo el escudo con el que pretendía ocultar las procesiones internas que lo devoraban, la culpa que en el fondo lo mortificaba por ser tan débil, tan poquita cosa, tan ninguna cosa en un mundo donde, por lo menos, no faltaban el carácter y las peleas a puño limpio.
Porque, al final de cuentas, el pobre Tavito se había convertido en lavador de libros, Ña Pancha de medianías e insultador “ofendidísimo” en los blogs del ambiente cuando alguien se atrevía a recordarle lo que era y el triste papel que tenía en el mundillo literario de Lima City.
Tavito, por ejemplo, decidía, por sí y ante sí, quién podía ejercer la crítica literaria, qué requisitos había que reunir, cómo debía ser esa hoja de vida de respaldo. Y,claro, según los términos de la licitación planteada, sólo Tavito y los ángeles de Charlie, es decir Thays y sus diversas lenguas viperinas, podían criticar porque sólo ellos poseían el fino instinto de la calidad, el tercer ojo de Lobsang Rampa y el quinto elemento que sólo son capaces de tener aquellos que Dios tocó (lo que me reafirma en el agnosticismo).
–La señorita Maribel de Paz no está preparada para criticar libros –clamaba, doctoral, Tavito.
–Hildebrandt es un calumniador, un rastrero y un mezquino –protestaba en su blog Loro.
–Y Beto Ortiz cree que todos somos de su misma catadura –reseñaba.
Y así eran sus críticas personales, que, como las otras, estaban siempre dictadas por flujos biliares y regurgitaciones imposibles de describir.
Pero lo que no decía es qué clase de Clemente Palma era él, a quién le había ganado, cuáles eran sus “decisivas contribuciones” al pensamiento crítico ya no del mundo, ya no de América Latina, ya no de la subregión ni del Perú, sino de Chucuito, donde nació para desgracia de la limpieza y gloria de los falsarios.
Y lo que no decía es qué le parecía, en realidad, la huachafería insufrible que con tanta justicia había criticado Maribel de Paz. Así era de honesto y transparente Tavito, el crítico más temido de la comarca. Más temido por sus inferiores, es decir nadie.

Fuente: https://cesarhildebrandt.wordpress.com/2006/11/16/lavadito-con-na-pancha/

Etiquetas: [Jaime Gil de Biedma]  [Joaquin Sabina]  [Poemas]  [Poemas de amor]  [Poesía Española]  
Fecha Publicación: 2016-07-23T06:32:00.000-07:00

Canción de aniversario


Porque son ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía;
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece hoy partidario de la felicidad,
cantemos, alegría!

Y luego levantémonos más tarde,
como domingo. Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.

El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro del corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?

La realidad -no demasiado hermosa-
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.

La vida no es un sueño, tú ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no más, un si es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
-mientras que tú y yo nos deseamos
feliz y larga vida en común-, estoy seguro
que no puede hacer daño.
Etiquetas: [Borges]  [Jorge Luis Borges]  [Literatura argentina]  [Poemas]  [Poesía Argentina]  
Fecha Publicación: 2016-07-19T23:06:00.000-07:00
Junio, 1968

En la tarde de oro
o en una serenidad cuyo símbolo
podría ser la tarde de oro,
el hombre dispone los libros
en los anaqueles que aguardan
y siente el pergamino, el cuero, la tela
y el agrado que dan
la previsión de un hábito
y el establecimiento de un orden.
Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,
reanudarán aquí, de manera mágica,
la lenta discusión que interrumpieron
los mares y la muerte
y a Reyes no le desagradará ciertamente
la cercanía de Virgilio.
(Ordenar bibliotecas es ejercer,
de un modo silencioso y modesto,
el arte de la crítica.)
El hombre que está ciego,
sabe que ya no podrá descifrar
los hermosos volúmenes que maneja
y que no le ayudarán a escribir
el libro que lo justificará ante los otros,
pero la tarde que es acaso de oro
sonríe ante el curioso destino
y siente esa felicidad peculiar
de las viejas cosas queridas.

Jorge Luis Borges

da “Elogio de la sombra”, Emecé Editores, Buenos Aires, 1969
Etiquetas: [Jean Fanchette]  [Literatura mauriciana]  [Mauricio]  [Poemas]  [Poesía Francesa]  [République de Maurice]  
Fecha Publicación: 2016-07-12T22:45:00.000-07:00
à Yvonne et Robert Ganzo


Les pulsations d'un paysage
Vibrant dans les veines de l'arbre,
Le rocher frère et ses présages
Furent appris en ce matin
Porté vers moi du fond des âges.

Le même oiseau de rive en rive,
Rythme la raison des éclairs.
La même barque à la dérive
Rêve aux vertiges des déserts
Aux silences d'eau et de pierre.

L'orage éclate et l'arbre enfant,
Lové dans la paume du vent,
Comprend notre fraternité
Scellée dans le sang des étés.
Fus-je mélèze ? après ? avant ?

Dans les forêts de la mémoire,
L'homme plante ses territoires
Et l'arbre enfant, né des orages,
Découvre l'âme du feuillage
Blottie au cœur serré des soirs.

L'arbre se souvient de l'amande,
De la nuit lente des racines,
Des forêts d'ombre et de résine,
Jusqu'au cri du premier oiseau
Par-delà des siècles d'attente.

Et moi l'enfant d'une seconde,
Parmi l'or mouvant des genêts,
Je veille cet instant que fonde
L'angoisse de millions d'années
Dans le désordre clair du monde.

Tous ces oiseaux dans ma mémoire
Et tous ces mauves dans mes yeux.
Pour transmuer en feux et moire
Les paysages jamais mieux
Définis qu'en dehors du lieu.

L'arbre que j'appelle mélèze,
Se transforme en jacarandas,
Flamboyants, pourpres floraisons
Éclatant dans mon sang qui pèse
Le poids de toutes ces saisons.

Le loriot dans le cerisier,
Le colibri dans le manguier,
Moi écartelé par vos cris,
Moi soudain découvrant le prix
De vivre et d'accomplir deux vies.

Montagnes de quelle mémoire ?
Je vendange votre prescience.
J'atteins enfin aux transparences
Du minéral. Brève lumière
Où je découvre cette main,
Tendue entre l'arbre et la pierre.

Et le sable redevient algue
L'âme innombrable du corail
Palpite, prise dans les mailles
De l'eau. Le charbon se souvient
Des forêts, de l'enfance du feu...
Tout dans l'éclair d'une seconde !



Jean Fanchette
L'Ile Equinoxe
Stock, 1993

www.jeanfanchette.com
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Fecha Publicación: 2016-07-09T23:29:00.001-07:00
PEREGRINA PALOMA IMAGINARIA

Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores
peregrina paloma imaginaria.

Vuele sobre la roca solitaria
que baña el mar glacial de Los dolores;
haya, a tu peso, un haz de resplandores,
sobre la adusta roca solitaria...

Vuele sobre la roca solitaria
peregrine paloma, ala de nieve
como divino hostia, ala tan leve...

Como un copo de nieve; ala divino,
copo de nieve, lirio, hostia, neblina,
peregrine paloma imaginaria...


Ricardo Jaimes Freyre (Tacna, 12 de mayo de 1868 - Buenos Aires 8 de noviembre de 1933) fue un escritor,poeta, historiador y diplomático boliviano naturalizado argentino. Es considerado uno de los referentes del modernismo latinoamericano.
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Fecha Publicación: 2016-07-06T22:07:00.001-07:00
Jorge Luis Borges
(19 de diciembre de 1978)
Primera pregunta: ¿va a hacer usted conmigo lo que suele hacer con todos los periodistas?
—¿Y qué hago?
Tomarles el pelo sin ninguna misericordia.
—Jamás he hecho eso en mi vida. Sucede que yo siempre he contestado sinceramente. Y todo el mundo prefiere suponer que esas contestaciones mías son bromas o ironías. Yo soy una persona educada, no le tomo el pelo a nadie. Y espero que no me lo tomen, tampoco.
¿Sigue insistiendo en esa delicia de frase: la democracia es un espejismo de la estadística?
—Es un abuso de la estadística. Eso es verdad, es evidente.
¿Por qué evidente?
—Porque si se tratara de un problema matemático nadie su¬pondría que la mayoría de la gente puede resolverlo. En polí¬tica, sin embargo, sí se supone que la mayoría tiene la razón. Eso se vio en mi país, cuando el que sabemos obtuvo nueve millones de votos…
El que sabemos… ¿Perón, verdad?
—Sí.
Su odiado Perón… Borges, usted lo llamó cobarde y rufián.
—Bueno, podría haber empleado palabras más duras…
¿Pero le parece justo eso? ¿Ahora que él está muerto y han pasado algunos años?
—Un rufián muerto sigue siendo un rufián. Y un cobarde muer¬to no es un valiente. La muerte no beneficia tanto. Aunque yo en una milonga digo: no hay cosa como la muerte para mejorar la gente.
Usted dijo alguna vez: «Yo siempre le pido a Dios —que no existe— el privilegio de dudar hasta que muera». ¿Sigue us¬ted dudando, Borges?
—No. Yo ahora estoy seguro de que no hay otra vida y que no hay Dios. Es una certidumbre que me satisface, me tranqui¬liza. Saber que todo esto pasará, que yo me olvidaré, que seré olvidado… Yo soy un hombre ético pero no religioso.
Ha dicho también, Borges, que considera un bochorno vi¬vir tanto y que quisiera morirse. ¿Esa proximidad a la muerte no lo conduce a Dios?
—No. Me conduce a la esperanza de que no haya Dios y que no haya otra vida. Desde luego, las Sagradas Escrituras, lla¬mémoslas así, aconsejan vivir hasta los 70 años. Yo he cumplido 79. Recuerdo cuando mi madre cumplió 98 años —ella murió a los 99— y me dijo: «¡Caramba, se me fue la mano!».
Usted es para muchas gentes tan edípico, Borges…
—¿Por qué?
Su relación con su madre fue siempre tan intensa, tan ob¬sesiva… ¿No cree que había algo de edípico en ello?
—Bueno, como dijo Chesterton lo único que sabemos de Edi¬po es que no padecía del complejo… Yo tengo un recuerdo tan puro y tan grato de mi madre. Ella ha muerto hace tres años. Yo no he querido cambiar nada de su pieza. Y cada vez que vuel¬vo a casa me asombro de que ella no esté esperándome. A la sirvienta, que es mujer del pueblo y que habla guaraní aparte del castellano, le pregunto: ¿Usted no la siente a madre? Y ella me dice: «Pero claro que la siento. La señora está aquí». No me lo dijo para alarmarme sino, al contrario, para tranquilizarme. Y entonces le hice otra pregunta: ¿Si usted la viera a mi madre en su cuarto, sentiría miedo? Y esta muchacha, la correntina, me dice: «¿Por qué miedo? Si no le tenía miedo cuando vivía, ¿por qué ahora habría de sentir miedo?».
Borges, usted ha cultivado una sorprendente modestia en torno a la estimación de su propia obra…
—Bueno, es que yo quiero ser olvidado…
Pero usted sabe que es un gran escritor.
—No creo. Yo no tengo obra. Mi obra es…
Una miscelánea…
—Una miscelánea, una ilusión óptica lograda por la tipografía.
Me está tomando el pelo, Borges. Usted no puede pensar eso de su obra.
—Claro que sí. Lo que me parece raro es que la gente sea tan indulgente conmigo. A mí no me gusta tanto lo que yo escri¬bo. Claro que eso le pasa a todo escritor. Se han escrito libros sobre mí y yo no he leído ninguno. Alicia Jurado escribió un libro sobre mí, que me aseguran que es muy bueno, y yo le dije: «Alicia, tú sabes que leo todo lo que escribes pero en este caso no voy a leer tu libro porque se trata de un tema que no me in¬teresa o que, quizá, me interesa demasiado».
Como se lo recordó un periodista hace algún tiempo, Car¬pentier dice de usted que sus opiniones políticas son incalifica¬bles…
—No conozco a Carpentier. En cuanto a mis opiniones políticas, no creo que tengan importancia. Cuando escribo trato de prescindir de mis opiniones. La literatura es una operación mis¬teriosa. Recuerdo aquí algo que dijo uno de mis autores preferidos, Kipling: «A un escritor le está permitido componer fábulas, pero no puede saber cuál es la moraleja». Es decir, un escritor no puede sa¬ber cuál será el resultado de lo que escribe en la mente de otros. Y eso le sucedió al propio Kipling, que, a pesar de ser inglés, demues¬tra en sus obras una evidente simpatía por la India y cuya casa na¬tal, en Bombay, es ahora un museo. Las opiniones son generalmente superficiales, cambian…
Y usted ha cambiado ¿verdad? Fue comunista, fue radical, hoy es conservador.
—Sí, pero ser conservador es una forma de ser escéptico. Cuando me afilié al partido conservador dije algo que molestó…
Que solo los caballeros siguen las causas perdidas.
—Sí. Porque me preguntaron: «¿Usted va a afiliarse? Pero es¬ta es una causa perdida». Y yo dije: «A un caballero solo le in¬teresan las causas perdidas». Y después dije otra cosa que los molestó: que el partido conservador tenía la ventaja de no poder provocar ningún fanatismo.
¿Nunca se ha sentido irresponsable cuando habla de polí¬tica?
—Yo tengo mi conciencia clara. Nadie puede tomarme por comunista, por fascista, por nacionalista…
Usted fue condecorado por Pinochet…
—Sí. Yo creo que Pinochet es un buen gobernante. Ese es el único Gobierno posible, así como el de Videla es el único Gobier¬no posible en Argentina. Estoy hablando de determinados países en determinadas épocas. ¿Pero por qué importan tanto mis opinio¬nes políticas?
Porque usted es, aunque no lo quiera, un líder de opinión y lo que usted dice se toma con respeto…
—Pero no tiene por qué aceptarse. Yo mismo no estoy muy seguro de lo que digo.
Claro que no tiene por qué aceptarse. A mí me parece inaceptable lo que dice. Estamos de acuerdo.
—Si estamos de acuerdo, podemos cambiar de tema… Yo tengo mi conciencia cívica limpia. Por ejemplo, yo era director de la Biblioteca Nacional, que es un cargo no bien rentado pero muy visible. Cuando supe el resultado de ciertas elecciones, renuncié. Mi madre me dijo: «No podés servir a Perón decorosa¬mente». Claro que no, le dije yo.
¿Esa fue la última vez, verdad? Porque la primera…
—La primera vez yo era simplemente bibliotecario…
¿Y es cierto que los peronistas lo nombraron inspector de precios?
—No, no. Me nombraron inspector para la venta de aves y huevos, para que yo renunciara. Yo comprendí e inmediatamen¬te renuncié. ¿Qué sabía yo de venta de aves y huevos en los mer¬cados? No poseía la erudición necesaria. Y la verdad es que les agradezco a los peronistas. Porque si esto no sucede yo hubiera seguido en esa pequeña biblioteca de barrio, ganando 240 pesos mensuales. Dos o tres meses antes de que ocurriera aquello yo fui a una reunión con unas señoras inglesas. Y había una de ellas que leía el porvenir en las hojas de té. Me dijo que iba a hablar mucho, que iba a viajar, que iba a ganar dinero hablando. Yo nunca había hablado antes en público. Pero así sucedió. Me echaron de ese cargo y tuve que resignarme a dar conferencias, cosa que me aterraba.
Usted ha dicho que de sus obras tal vez se puedan resca¬tar seis o siete páginas. ¿Cuáles?
—Es que si nombro una quizá me dé cuenta de que no es res¬catable… A ver… Hay un poema que se titula «Otro poema de los dones»…
¿Es posterior a «Elogio de la sombra», verdad?
—No recuerdo bien la cronología de mis obras… Hay un poe¬ma sobre mi bisabuelo, el coronel Suárez, que comandó la carga de caballería peruana en la batalla de Junín. Tenía 26 años.
Y el prólogo a Lugones…
—¡Ah, sí! Yo creo que eso es lo mejor que he escrito. Vamos a condenar todo lo demás y vamos a salvar ese prólogo, ¿qué le parece?
Ese texto es absolutamente magistral pero no puedo estar de acuerdo en que sea lo único salvable… Es extraño, sin em¬bargo, oír de usted palabras generosas sobre algo de su obra.
—Hay también un poema que se titula «El otro tigre». Es lin¬do también, la verdad… Mis amigos me dicen que soy un in¬truso en la poesía. Yo creo que no. En todo caso, mi poesía es más inmediata y más íntima que mi prosa. La prosa siempre ha sido un objeto que yo he fabricado. Pero tengo la impresión que la poesía es algo que sale directamente de mí. Ahora, ¿qué haríamos sobre ese prólogo a Lugones? ¿A usted qué le parece? ¿Es poesía o es prosa? Creo que la diferencia es formal. De al¬guna manera es poesía también, ¿no?
Eso creo yo también… Sin embargo, usted tiene una ima¬gen, digamos pública, de escritor cerebral, casi glacial a veces.
—No soy frío. Desgraciadamente, soy incapaz de pensamien¬tos abstractos. He leído a los filósofos, pero me dejo llevar por la belleza de una frase. «Peregrina paloma imaginaria / que enar¬deces los últimos amores / alma de luz, de música y de flores / peregrina paloma imaginaria…». Que no quiere decir absoluta¬mente nada, pero que es muy linda… El otro día encontré esta metáfora, que es tan hermosa: «Si no me hubieran dicho que era el amor yo habría creído que era una espada desnuda». ¿No es lindo y terrible? «Si no me hubieran dicho que era el amor yo habría creído que era una espada desnuda».
¿Dónde la halló?
—En una página de Kipling. ¿Increíble, verdad? No parece de Kipling. Cuando un verso es muy bueno ya no pertenece a nadie ¿no? Se diría que cuando un verso es característico del au¬tor ya no es excelente.
¿Alguna vez ha sentido el impulso de plagiar?
—Continuamente… Aunque, en verdad, la palabra plagio es errónea. El idioma es una serie de plagios, de convenciones. En la escultura, por ejemplo, todas las estatuas ecuestres serían pla¬gios de la primera estatua ecuestre. Todos los cuadros de la Vir¬gen y el Niño se parecen. Y en literatura hay tan pocos temas.
Borges, usted ha dicho varias veces de sí mismo que es un desdichado. ¿Pero sabe una cosa? Ni en su obra ni en su ros¬tro hay desdicha.
—Sí es cierto… Creo que nuestro deber es no ser desdicha¬dos. Yo he escrito muchas letras de milongas y en una de ellas, que trata de un compadrito al que lo mataron, digo: «Entre otras cosas hay una, de la que no se arrepiente nadie en la Tierra; esa cosa es haber sido valiente. Siempre el coraje es mejor, nunca la esperanza es vana. Vaya pues esta milonga para Jacinto Chi¬clana». Jacinto Chiclana se llamaba el compadrito. Tengo otra sobre otro compadrito que se llamaba Alejandro Albornoz, que peleó contra muchos y entre muchos lo mataron a puñaladas. La milonga concluye así: «Un acero entró en el pecho: ni se le movió la cara; Alejo Albornoz murió como si no le importara»… Yo estaba buscando una frase para que él la dijera. Pero creo que así quedó mejor, ¿no?
Usted admira la valentía pero siempre ha dicho que no ha sido valiente.
—Que lo diga mi dentista… La verdad es que en cualquier destino uno puede ser valiente o puede ser cobarde. Un hom¬bre, por ejemplo, que acepta que una mujer no lo quiere es valiente a su manera.
Usted dijo alguna vez algo que me pareció terrible: que tanto su padre como su abuelo virtualmente buscaron la muerte, por valientes; y que usted no se atrevería a hacer lo mismo…
—Sí, mi abuelo, el coronel Borges, se hizo matar en la bata¬lla de Laverde, en 1864, durante una revolución que organizó Mitre y que fracasó. Por razones políticas, mi abuelo decidió ha¬cerse matar. Se puso un poncho blanco, montó un caballo tordi¬llo, avanzó al trote hasta las trincheras enemigas y le metieron dos balazos. Mi padre sufría de hemiplejía y él me dijo: «Yo me hubiera debido meter un balazo. No te voy a pedir a ti que lo hagas, pero me las voy a arreglar, no te aflijas». Efectivamente, rehusó todo alimento, toda medicación, solo tomaba agua y se dejó morir. Fue un suicidio poco escénico. Yo escribí un soneto sobre eso: «Te hemos visto morir con el tranquilo ánimo de tu padre ante las balas…».
Borges, usted no lee desde 1955…
—Sí, pero tengo amigos que me leen. Seis o siete amigos buenos que me visitan siempre y que me leen…
Así conoció a García Márquez…
—Claro, un gran escritor, aunque creo que el principio de Cien años de soledad es mejor que el final. Pero es normal. Al final el autor se cansa.
García Márquez es casi el único escritor latinoamericano de hoy sobre el que usted emite una opinión…
—No. Hablando de argentinos, por ejemplo, le diría que Ma¬llea es un excelente escritor…
¿Cortázar?
—No. Cortázar se ha perdido en juegos formales.
¿Por qué sigue comprando libros, tantos libros?
—¡Qué raro! Es un poco de superstición, ¿eh? Acabo de ad¬quirir una enciclopedia alemana que quería tener desde hace muchos años. No puedo leerla pero sé que está ahí y es esa presen¬cia lo que importa.
Quizá, Borges, si hubiera leído a Sartre, como no lo ha he¬cho…
—No, lo he leído…
…Se habría sentido tan próximo cuando él habla en Las palabras de ese fetichismo por los libros que sintió desde niño. Porque es eso, ¿no?
—Es el objeto del libro, sí… Si me hablan de un libro sagra¬do, lo entiendo. Pero si me hablan de una revista sagrada, o de un disco sagrado, ya no. Quizá dentro de 500 años se hable de discos sagrados y de periódicos sagrados.
Hablando de discos y periódicos sagrados, ¿por qué fue us¬ted tan duro con Estados Unidos?
—Es que viví cuatro meses ahí. Y me encontré con un gran país hecho de individuos muy mediocres. En la Universidad de Michigan hay un curso, para estudiantes que tienen de 25 a 30 años, de conversación en inglés. Y yo le digo a la profesora: ¿Qué les enseña? Y me dice: «Bueno, yo les digo que un buen método para agilizar el diálogo es hablar del tiempo: se puede decir que ha nevado, que ha dejado de nevar, que nieva o que va a ne¬var». Bueno, los estudiantes tienen que aprender esa miseria y tomar notas… ¿No le parece triste? Otro día hablaba con unos estudiantes a los que solo les faltaba la tesis para ser doctores en letras. Yo cometí el error de mencionar a George Bernard Shaw. «¿Who’s he?», me preguntaron. ¿Qué les parece? Es espan¬toso.
¿Sigue pensando que la literatura española no existe?
—Creo que fuera de tres o cuatro libros podría prescindir de la literatura española. La literatura española comenzó admirable¬mente. El romancero es admirable. Fray Luis de León es un gran poeta. San Juan de la Cruz también. Y luego… Garcilaso repite lo que había hecho en Italia. Y con Quevedo y Góngora todo se vuelve rígido, ya empieza lo barroco. De todo esto se salva El Quijote, sobre todo su segunda parte. Lo demás de Cervantes es horroroso.
Borges, de su desdén por las multitudes…
—No es que las desdeñe, es que no existen, son abstracciones…
Bueno, de ese desdén surge su convicción de que el fútbol o el tango son algo estúpido ¿verdad?
—A mí me gustan algunos tangos. Me gusta «El choclo», por ejemplo. Me gustan los tangos viejos. Lo que pasa es que con Gardel se inicia la decadencia. Ahí empieza el sentimiento. El tango no puede ser sentimental. Nace en los prostíbulos y las pri¬meras letras son muy obscenas.
¿Por qué no ha escrito una novela, Borges?
—Yo no soy lector de novelas. ¿Por qué voy a ser escritor de novelas? La novela no me gusta, es un género que me desagrada.
¿Por qué?
—Porque está lleno de ripio. En un cuento de Kipling, o un cuento de Henry James, todo es esencial. En las novelas hay mucho de inservible. Tienen que ponerle paisajes, digresiones, in¬tervienen las opiniones del autor.
¿Y la poesía?
—Sigue siendo lo más importante. Esa convicción la tengo con toda el alma y con todo el cuerpo. Es mi mayor necesidad…
Borges, lo está llamando su secretaria…
—Bueno, lo siento, tenemos que terminar, lo siento… Discrepamos de muchas cosas, ¿verdad? Pero eso está bien. Porque entenderse es una miseria.
Caretas 551

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Fecha Publicación: 2016-07-02T17:56:00.000-07:00
Dice Miguel Gomes lo siguiente, en su trabajo sobre el psicoanálisis y la política en la poesía de Óscar Hahn: En la segunda parte de la ‘Autobiografía del inconsciente’ se perfila la pureza salvadora de lo que el analista quiere expropiar...

SIGMUND FREUD, POR SALVADOR DALÍ. Freud (1856-1939) fue o quiso ser el gran deshollinador de la psique. Dalí (1904-1989) lo trató una sola vez, pero guardó de él una impresión imborrable.


Por Marco Aurelio Denegri.
Dice Miguel Gomes lo siguiente, en su trabajo sobre el psicoanálisis y la política en la poesía de Óscar Hahn:
“En la segunda parte de la ‘Autobiografía del inconsciente’ [uno de los poemas de Hahn] se perfila la pureza salvadora de lo que el analista quiere expropiar y acaso constituya la última esperanza para quienes anhelen escapar de la ‘razón’ omnipotente que rige el presente.
“No se olvide que la ciencia –en cuyos territorios se erige el psicoanálisis– ha sido la gran aliada desde más o menos las mismas fechas en que la sociedad burguesa se impuso. Tampoco perdamos de vista que en Hahn no son nuevas las acusaciones contra la ceguera social del cientificismo moderno y las catástrofes que ocasiona:
“ ‘Todas las noches saco a pasear a mi inconsciente / Sucede que se ahoga que no respira bien
“ ‘Tiene unas pesadillas horribles / Sueña con Frankenstein con Drácula con la Momia
“ ‘Pero apenas ve el Sol se pone a chillar como un cerdo / y quiere regresar a mi cuerpo otra vez
“ ‘[...]
“ ‘Hoy día mi inconsciente se fue de paseo a la playa / y se tendió frente al mar con su traje de baño de los años 20
“ ‘Los deshollinadores quieren entrar en mi inconsciente / matarme las hormigas limpiarme los pelos
“ ‘sacar el hollín que se acumula / desde que estamos en el vientre materno
“ ‘Pero sin hollín mi inconsciente no es nadie / Es un hoyo en el vacío un esqueleto sin huesos
“ ‘No me toques el hollín oye / Mi inconsciente es una iglesia en llamas
“ ‘con sus curas sus beatas y el altar / que es una cama donde arden como locos’.” (*)
La labor del psicoanálisis, o mejor dicho, el propósito, ya que la labor la cumple el psicoanalista; el propósito, la finalidad del psicoanálisis es desenmierdar a los pacientes. Los pacientes están sucios por dentro; algunos muy sucios; otros, no tanto; pero todos tienen alguna cantidad, mayor o menor, de mierda dentro. Entonces acuden al psicoanalista y éste les aplica la terapia del desenmierdamiento.
Ahora bien: Óscar Hahn, uno de los grandes poetas contemporáneos de Chile, considera que este proceder es completamente erróneo, porque en muchos casos la mierda es la razón de ser de los enmierdados, los cuales si valen algo, es por el hollín que tienen y la basura que amontonan, guardan y conservan en su fuero íntimo. Deshollinarlos, desenmierdarlos, limpiarlos, equivaldría a reducirlos a la nada. Dicha limpieza es por otra parte dificilísima y hasta imposible por el hecho incontestable de ser muy adictiva la basura y archifascinante el muladar. La adicción a la suciedad más atroz es tan indesarraigable como el alcoholismo. El encanto de lo bajo y la fascinación que ejerce el lodo tientan permanentemente a los seres humanos.
(*) Miguel Gomes, “Psicoanálisis y política en la poesía reciente de Óscar Hahn”. En: El Arte de Óscar Hahn. Edición de Pedro Lastra. Lima, Ediciones El Santo Oficio, 2002, 51-52.

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Fecha Publicación: 2016-06-29T23:22:00.002-07:00
Curriculum Vitae

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.

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Fecha Publicación: 2016-06-19T19:15:00.001-07:00
Los dos reyes y los dos laberintos [1]
(El Aleph (1949)

         Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan complejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y sustancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso.”
          Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquél que no muere.



[1] Ésta es la historia que el rector divulgó desde el púlpito. Véase la página [...«Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto», párrafo 12: “Nuestro rector, el señor Allaby, hombre de curiosa lectura, exhumó la historia de un rey a quien la Divinidad castigó por haber erigido un laberinto y la divulgó desde el púlpito...”]
Etiquetas: [Poemas]  [Poesía inglesa]  [Poesía irlandesa]  [William Butler Yeats]  
Fecha Publicación: 2016-06-06T15:48:00.000-07:00
NAVEGANDO HACIA BIZANCIO

I
Aquel no es un país para hombres viejos. Los jóvenes
Tomados del brazo, las aves en los árboles
- Las generaciones que mueren - cantando,
Las cascadas de salmón, los mares repletos de atún,
Peces, animales, aves, encomian todo el verano
Todo aquello que se produce, nace, y muere.
Atrapado en esa música sensual todo ignora
Monumentos de intelecto que no envejece.

II

Un hombre viejo no es más que una cosa miserable,
Un abrigo andrajoso sobre un bastón, a menos
Que el alma aplauda y cante, y cante más fuerte
Por cada arruga en su traje mortal.
Ni hay otra escuela de canto que el estudio
De monumentos de magnificencia única;
Y por eso he navegado los mares y he venido
A la santa ciudad de Bizancio.
III
Oh sabios que estais en el fuego sagrado de Dios
Y en el dorado mosaico de un muro,
Venid del fuego sacro, girad hasta mí,
Y sed los maestros de canto de mi alma.
Consumid mi corazón; enfermo de deseo
Y atado a un animal agonizante
No sabe ya lo que es; y llevadme
A la ilusión de la eternidad.

IV

Una vez fuera de la naturaleza, no he de tomar
Mi forma de ninguna cosa natural,
Sino una forma como la que los herreros griegos hacen
De oro repujado y esmalte dorado
Para mantener despierto a un somnoliento Emperador;
O ponen en una rama dorada para que cante
A los señores y las damas de Bizancio
Sobre lo pasado, lo presente, o lo por venir.



Sailing to Byzantium

That is no country for old men. The young 
In one another's arms, birds in the trees, 
—Those dying generations—at their song,
The salmon-falls, the mackerel-crowded seas, 
Fish, flesh, or fowl, commend all summer long 
Whatever is begotten, born, and dies. 
Caught in that sensual music all neglect 
Monuments of unageing intellect. 


II 

An aged man is but a paltry thing, 
A tattered coat upon a stick, unless 
Soul clap its hands and sing, and louder sing 
For every tatter in its mortal dress, 
Nor is there singing school but studying 
Monuments of its own magnificence; 
And therefore I have sailed the seas and come 
To the holy city of Byzantium. 


III 

O sages standing in God's holy fire 
As in the gold mosaic of a wall, 
Come from the holy fire, perne in a gyre, 
And be the singing-masters of my soul. 
Consume my heart away; sick with desire
And fastened to a dying animal 
It knows not what it is; and gather me 
Into the artifice of eternity. 


IV 

Once out of nature I shall never take 
My bodily form from any natural thing, 
But such a form as Grecian goldsmiths make 
Of hammered gold and gold enamelling 
To keep a drowsy Emperor awake; 
Or set upon a golden bough to sing 
To lords and ladies of Byzantium 
Of what is past, or passing, or to come.

W. B. Yeats, “Sailing to Byzantium” fromThe Poems of W. B. Yeats: A New Edition,edited by Richard J. Finneran. Copyright 1933 by Macmillan Publishing Company, renewed © 1961 by Georgie Yeats. Reprinted with the permission of A. P. Watt, Ltd. on behalf of Michael Yeats.
Source: The Collected Poems of W. B. Yeats(1989)



Etiquetas: [Javier Sologuren]  [Poemas]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2016-05-20T17:41:00.000-07:00

Árbol que eres un penoso relámpago...


Árbol que eres un penoso relámpago,
viento que arrebatas una ardiente materia,
bosques de rayos entre el agua nocturna;
¿he de decirles que para mí se está forjando
una pesada joya en mi corazón, una hoja
que hiende como una estrella el refugio de la sangre?

Ignoro otra mirada que no sea como un vuelo
reposado y profundo, ignoro otro paso lejano,
ola que fuese más clara que la vida en mi pecho.

Sepan que estoy viviendo, nubes, sepan que canto,
bajo la gloria confusa de la tarde, solitario.

Sepan que estoy viviendo, que me aprieta el cielo,
que mi frente ha de caer como lámpara vacía
a los pies de una estatua que vela tenazmente.
Etiquetas: [Antonio Cisneros]  [Literatura peruana]  [Poesía Peruana]  [Poesía religiosa]  [Poesía social]  
Fecha Publicación: 2016-05-16T23:07:00.000-07:00
A CRISTO EN EL MATADERO

Cuando hablaste
del amor y repartías
la paz y los pescados,
se acercaban
para amarte, Señor
amable y sabio.
Un buen día, aburridos
de milagros,
hartos de caminatas,
decidieron
cambiar tu cabellera
y tus sandalias
por unos cuantos reales.
Lleno de clavos
tu cuerpo fue enterrado
junto al vientre
de las ratas. Tus palabras
se hicieron estropajos,
tambores pellejudos
que anuncian
negocios y matanzas.

Etiquetas: [Antonio Cisneros]  [BerlinGrunewald]  [Deutschland]  [Poemas]  [Poesía alemana]  [Poesía Peruana]  
Fecha Publicación: 2016-05-03T23:15:00.000-07:00
Cantiga del Grünewald

Agua de ajos tu sangre
una alameda
de tilos florecida
un verdulero turco
un edificio
de piedras en salmón
o lúcuma o melón
donde nadie responde
o bien
de la estación
al lago
a trote por el bosque
Grünewald
ardillas comadrejas
donde nadie otra vez
y siempre igual
el teléfono envuelto
en una manta
al fondo del cajón
encerrado con llave
entre ese closet
(                       )
te ofrezco un matrimonio
maronita
la bufanda escocesa
o un cerdo de Ceylán.

De "Propios como ajenos" Antología personal
Editorial Inca, Lima, Perú 1989