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Dos textos que escribí en la playa.
a.
Despedidas las últimas olas/ el verano se recala en el vidrio ámbar de las botellas// Asomo el ojo/ haciendo ademán de caleidoscopio/ y me lleno de arena la pupila// Si el sol entra/ como veloz haz/ delgada aguja de brillo/ y se hunde en mi córnea/ vuelvo a ver el universo en el fondo de esa gota de cerveza que se evapora.// Si el sol entra como un marinero de pecho grueso/ y se instala en mi coraza de caracola humana/ quizá el olvido haya ganado esta guerra.// Toda la tarde el mar nos trata como bolas de boliche/ ahí vamos/ a dar contra los pinos de barro de nuestras cabezas/ si de polvo somos/ es probable que sea de un polvo similar a la arena// ligero/ caliente/ irretenible.
b.
Formamos con los pies pequeños pozos amorfos// La marea los llena o los vacía/ los deja secos de deseos// Nuestras huellas son luego la piscina de algún ave/ el bebedero de algún perro/ el cenicero de algún hombre/ y ya no estamos ahí/ pero estamos en lo que nos quitó el agua/ en la impureza del mar/ en la espuma jabonosa y crema/ que tragamos como deliciosos pasteles/ entre la risa y el miedo.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay!♥
Lección número dos. My funny valentine es una canción que apareció en 1937, año en que Picasso pintó el Guernica y en algún otro lado moría Horacio Quiroga. Casi sesenta años después se estrenaba en alguna sala de gringolandia "El talentoso señor Ripley" o
"The Talented Mr. Ripley" (porque eres un alienado), película basada en la novela de Patricia Highsmith.
En 1999 yo tenía 14 años, cursaba el tercero de secundaria en mi colegio de monjas españolas y la llegada de cablemágico a mi hogar me tenía un poco pegada a los canales de cine (luego de realizar las tareas de lenguaje o religión). Pero no fue sino hasta dos años después, que vi al talentoso señor Ripley darse besitos con Jude Law (que por esa época me traía arrastrando la cobija). Fue entonces que escuché esta canción en la voz de Tom Ripley, interpretado por Matt Damon (si, wacala).
Es raro cómo llegan algunas cosas a nuestras vidas. A veces es como salir a la calle sin ninguna otra intención que la de comprar el pan para el lonche y de pronto resulta que la panadería está al final de un arcoiris, o que un elefante te cede el paso antes de convertirse en corredor olímpico. La cuestión es que masomenos fue así que el jazz se instaló en mi vida. Como una breve lanza en medio del corazón, la cual no podría remover nunca más, porque de hacerlo seguro moriría. Luego algo de culpa tuvieron Cortázar y Eielson pero esa historia es para otras canciones.
La versión de Chet Baker es de lejos mi favorita. En instrumental, la de
Miles Davis gana por goleada.
Fin de la transmisión.
El jueves pasado fui a ver El sistema solar. Me morí a la primera frase pronunciada por uno de los personajes y todo lo que vino luego fue seguir muriendo. Pero de esa forma bonita de morir en la cual luego te levantas y sales caminando del teatro como un zombi. Escribí dos páginas para una nota de 300 palabras. No hay justicia en hacerle sentir a una de ese modo y luego querer ponerle la camisa de fuerza.
El sábado vi Rosa de dos aromas en un pequeño teatro miraflorino. Fue divertido pero nada más. Final predecible. Ayer por la tarde salí en mi típico recorrido dominguero. Terminé en mi malecón favorito de la ciudad. Tumbada junto a mi bici, que me gusta imaginar como el gran Falcor de la historia sin fin. Estuve un rato observando la curva del cielo y la agonía del sol, que pese a ser lo más esperado de la tarde, siempre me pone un poquito triste.
He estado comprando libretas nuevas. Una de papel blanco y otra de papel negro. Una pequeña jarra cuya etiqueta explica su destino como contenedor de jugo de limón. Yo la he puesto en mi librero y la he llenado de pequeños peces plásticos. Un cojín en forma de tigre. Algunos juguetes. Un lápiz de mina blanca.
***
Sin cortes de edición:
“LA NAVIDAD ES UNA BUENA MIERDA SI UNO NO LA PASA EN FAMILIA”El sistema solar, escrita y dirigida por Mariana De Althaus, es una obra de teatro llena de detalles geniales y pequeños agujeros liberadores de tensión, por donde la luz se cola en los momentos precisos, cuando todo está a punto de estallar y convertirse en una supernova de desolación y muerte. He de confesar que me hicieron soltar la lágrima en más de una ocasión, mientras tomaba nota, sentada un sofá tan grande como una isla, observando el ensayo general a una noche de su re-estreno.
Un piano vertical, mucha cinta de embalaje para cuidar que no se levante ningún cable, un sillón rojo a manera de diván y un pequeño árbol que a duras penas llega a ser arbusto navideño, habitan el escenario circular. La sala de una casa cualquiera, donde la familia Del Solar se reúne a pasar navidad.
“Cuando yo era niña el sistema solar tenía nueve planetas” es la frase que abre la noche en voz de Edurne, interpretada con total intensidad por Katerina D’Onofrio. El asunto es el siguiente: la familia compuesta por Leonardo (el padre enfermo y en silla de ruedas), Pavel (el hijo), la ya mencionada Edurne (la hija), el pequeño Puli (hijo de Pavel) y Paula (ex novia de Pavel y futura esposa de Leonardo) se reúnen para comer pavo y panetón. Esto no sucede nunca ya que durante la velada surge una serie de revelaciones y reclamos que se intentan resolver mientras suena en la voz de uno de Los Iracundos Voy a pedirte de rodillas que regreses junto a mí.
Cosa curiosa es la fuerza e importancia de los personajes invisibles: la tortuga mordelona, “Méndez” el perro que al parecer es la reencarnación del bisabuelo de Puli y claro, el “verdadero” bisabuelo que es un retrato mal pintado, colgado en una de las paredes. Los personajes interactúan con todos estos elementos que el espectador tiene que imaginar.
El ensayo sucede de manera limpia, no tienen que parar en ningún momento, los cinco personajes están sincronizados bajo la mirada atenta de Mariana, que también observa desde un rincón. A veces la miro y parece que también sus ojos están a punto de convertirse en dos pequeñas y redondas peceras. Al terminar toda la tensión se ha diluido. Los actores por fin ríen. Afuera del lugar una pequeña fanaticada está atenta, esperando que alguno de ellos asome. Gustavo Bueno enciende el tabaco de su pipa y pasea por la casa quizá con el alivio de no tener que ser un gran Ministro en la vida real.
Actúan:
Gustavo Bueno, Katerina D´onofrio, Sebastián Monteghirfo, Valeria Escandón y Mariano García Rossel.
Cuándo y dónde: Del 5 de abril al 26 de mayo
Viernes, sábados y domingos 8:00 pm.
Centro Cultural Campo Abierto (Jr. Recavarren 560 Miraflores)
Precios: S/.40 general y S/.20 estudiantes.
Viernes populares: S/.35 general y S/.15 estudiantes.
Entradas en boletería, abierta 1 hora antes de cada función.
Para ver la nota final compre su Velaverde. Ahí con insertos de declaraciones de la directora de la obra y uno de los actores. También salgo con la nota de las ferias de arte y algo chiquito y demasiado editado de Muñoz. Luego pongo el artículo completo.
-2-
No quiero que seas la huella intacta
de un objeto perpetuado en la madera/
algo que se desvaneció con el sol/
no quiero cinco de la mañana infinito
porque luego tengo que volver
y añorarte
sin poder saber más de ti
de lo que me abres por la noche
con la luz de tu boca rosada
no quiero que te borre un plumero
ni te absorba la aspiradora
de un agujero negro que se cierra
ni que te decolore el verano/ el tiempo canalla
o la visión occidental de la conciencia.
-3-
Dormir
ser el cuerpo que tu caparazón guarda/
sentir tu dolor reducirse bajo mi palma
derecha/
la contorsión del sueño
mi transpiración en tu ropa
aquello que no hicimos
y lo que hicimos de aquello
que no solo fue una sonrisa
o una lectura en voz alta
o una invitación a atravesar el campo magnético
o un beso a la orilla de la madrugada.
pagaron. hoy me desgracio.
Maravillosa semana de pequeños dolores musculares, en la lengua, en el plano ruinoso de mi pecho, en la sonrisa que articula cada surco de mi rostro, en los pies y en los brazos, que bien podría obsequiarte de convertirse finalmente en tu parte favorita de mi cuerpo. Los músculos se resienten es cierto, pero el cerebro al final equilibra todo con su capa de tejido neuronal, su capa de superhéroe fetal y adormecido que todo lo puede, que nada lo puede, que nada.
No es el café lo que altera tu sueño. No es una línea en medio de la palma de mi mano lo que te hace creer que quizá soy yo el norte. Es el encuentro nervioso de la noche, en una calle con nombre de mes octavo, una casa que nos mira, un perro que pasa, un árbol que cojea, una brizna que decapita nuestro tiempo. Yo puedo ser esa aceleración que te empuja a escribir, pero no lo es todo, siempre puedo ser mucho, mucho más. Aunque me agite, aunque tiemble.
Algo que aprendemos con el paso del tiempo es que la vida es una buena mierda. Pensé en escribir: "algo injusta" (obviedad) Pero en este preciso instante me nace decir que es una buena mierda.
Esto es algo que entendemos a la perfección Edward Scissorhands y yo. Pero esa historia es ya sabida.
Pobre muchacho, a poco de que le fabricaran las manos se muere el viejito Vincent Price. Y claro, cagado pero mal, se queda con esas afiladas cuchillas como dedos. Cuchillas que jamás podrían sentir la textura de la tela del delicado vestido de Kim, mucho menos comprobar la temperatura de sus mejillas ruborizadas. Lo que si podían, en cambio, era atravesar a un patán por el estómago de un solo puñetazo y tallar bellamente en hielo querubines o en arbustos, dinosaurios. Haciendo el balance y considerando mi actual visión del amor, pues a la mierda tus putas mejillas Kim y viva el instinto escultórico del buen Edward.
En un escenario ni tan lejano ni tan ficticio, esta tarde fui a recortarme el cerquillo. Fui con mi madre, porque ir a la peluquería es una de esas cosas que no puedo hacer sin su compañía. Las peluquerías me dan miedo y siento que entrar con ella por la puerta es casi llevar un dragón que impone respeto y por supuesto, atemoriza a la multitud. Mi mamá es una chica ruda, supongo que por eso yo también soy algo así como la versión juvenil de Rambo (cuando me lo propongo). Sin embargo hoy, caminando por las calles vecinas, me dice con una sonrisa en los labios: - Hasta las piedras me traicionan- refiriéndose a una rampa resbaladiza por la cual cruzamos.
Yo sé mamá que no te has dado cuenta de lo que has dicho, ni tampoco te has dado cuenta que me acabas de patear el cerebro y de chalaquita le has dado al corazón; pero veo tu sonrisa tranquila al decir aquella frase y hallo la prueba de que indefectiblemente la vida es una buena mierda, pero que ese no es hecho suficiente para que de cuando en cuando algo nos haga creer que las cosas pueden ser distintas aunque no lo percibamos, y que esa aparente certeza, no es hecho suficiente además, para dejar de sonreír, caminar o recortarse el cerquillo.
quisiera poder decir algo. pero tengo que correr a toda velocidad.
a toda velocidad.
A mitad del sueño extendiste un mapa.
La ciudad estaba disociada de la gran masa verde
que podía ser un bosque o un campo radioactivo/
de ser un bosque,
dejaríamos envejecer nuestras pieles/ engrosaríamos la corteza
pero dentro, no tendríamos problema de alojar a una familia de mapaches
podría tumbarme horas sobre el pasto que tú imagines o traces con destreza arquitectónica
urbanista de deseos
me hace sonreír y ocultar la brújula bajo mi camisa
Si alguna vez te pierdes
yo puedo prestarte una veleta
si el viento sopla multidireccional
o el liquen indeciso de las lomas no te sirve
porque la geografía no basta
porque la zoología no basta
porque la botánica no basta...
yo soy Ariadna en todas las calles donde un laberinto se ahorca de pena
porto el ovillo infinito debajo de mi lengua
y si digo "ave" crecen nidos en las ingles de todos los muchachos
y si digo "pienso" el país es declarado en estado de emergencia
y si pienso "siento" es que mis sentidos se están multiplicando estúpidamente
para hacerme sentir cuando quiero pensar
-malditos traidores sinestésicos-
Por esta calle que no existe y que sospecho
has trazado con ayuda de una regla
caminamos de cabeza agarrados de los pies
cruzamos un puente colgante
bajo el cual hierve un plato gigante de sopa,
no dejamos que el temor nos paralice
y en cambio saltamos los tablones
meciendo el camino como una hamaca
pero quisiste ver mi ombligo y entonces fue un campo radioactivo
que nos iluminó los rostros
y vimos la ciudad derretirse lentamente
excitados como niños que saben que en algún momento les llegará el castigo
pero que ahora ríen ríen ríen
ríen ante los restos
inhalando los vapores de la muerte.
(K.V.C)
Trato de escribir mi última nota antes del cierre. Es sobre Poeta en Nueva York. Me va así: escribo una línea y la borro. Escribo otra línea y la borro. Escribo dos párrafos y me quedo con una línea. Busco sinónimo para "coqueto" y encuentro "lechuguino". De rato en rato entro a la página de
Max Grünfeld y me quedo mirando sus ilustraciones por largos minutos. Quisiera, al menos esta tarde, vivir en uno de sus cuadros. Fin de la transmisión.
A veces me siento fuerte como una caja fuerte. A veces sé de algo que me vuela todas las cerraduras y me deja drenando la sangre como una lluvia de billetes de baja denominación. Escucho a menudo canciones que ahora me resultan tontísimas porque el olvido es algo que no se puede resumir en un track de tres minutos. Porque
nothing compares to you habla de una ausencia de apenas 17 días y la tipa parece que fuera a morir. No creo que mi situación sea estoica, pero vamos, dos semanas es el tiempo que la chela tardará en ser procesada o rechazada por tu organismo, sobretodo si las botellas verdes y ámbar se han convertido en tus nuevos binoculares. Okey, eso es mentira.
Debo admitir que esta es la experiencia de desamor y decepción más sobria de mi vida. Creo que ya no le encuentro gracia a ese tipo de autodestrucción. Lo supe luego de pasar toda la noche y madrugada bailando y desgañitándome a mocos con los amigos. Mi único deseo a las cinco de la mañana fue quedarme dormida en plaza San Martín y que una bala atravesara mi sueño.
Además de considerarlo poco efectivo, dañino para mi economía y de alguna forma bastante estúpido, me molesta falsear un estado de alegría solo para evitar que mis hermanitos y hermanitas me den un abrazo grupal y me soplen el rostro.
El otro día vino A. y con la boca llena de sanguche me aconsejo que me deje morir.
En eso estoy, pensé para adentro. En aceptar mi tristeza así como acepto que mis tetas son chiquitas o que mis brazos son peludos. Claro, esto tiene la desventaja del desgano y el riesgo de ponerme a llorar en los lugares menos apropiados. Igualito que el poema de Girondo pero elevado a la millonésima potencia. El llanto es la parte más shokeante de la pena, además que agota físicamente y no contribuye a mi estética general. Pero a la mierda.
Volviendo al tema de las canciones, hoy me tocó escuchar veinte veces
Fix you, esto mientras escribía mi nota sobre Oscar Muñoz. Me tiré toda la mañana y luego de pasársela a mi editor me dice que la recorte a informativa y no a crónica. Ahí nos vamos al hoyo más negro dije, mientras metía violentamente cucharadas de papita con carne a mi boca. Fix this Chris Martin (inserte pinga gigantesca aquí).
Dicho esto me voy a seguir chambeando. Me falta terminar una nota sobre Domingo de Ramos y si no la cierro hoy me va a caer la tombería.
♫ And I will not try to fix anyone ♫
Yo soy un niño canibal y nadie me quiere a mi
no me quedan amiguitos por que ya me los comí,
No tengo padre ni madre, tampoco tengo hermanitos
No tengo tíos ni tías... tengo muy buen apetito
Nunca me río nunca juego, vivo alejado de la gente
Ni abro la boca ni sonrío estoy cambiando los dientes.
Cuando me comí a mi abuelo me castigo una semana
Mi abuela que es una vieja gruñona y vegetariana,
Si un día se la comieran con todas su verdolagas
Pero es tan insoportable que la tribu no la traga
Nunca me río nunca juego, vivo alejado de la gente
Ni abro la boca ni sonrío estoy cambiando los dientes.
Le pido a los Reyes Magos un poco de caracú
y algunos exploradores para cambiar el menú,
Y pido para mi abuela arroz y harina a su antojo
Para que cuando se muera se la coman los gorgojos
Nunca me río nunca juego, vivo alejado de la gente
Ni abro la boca ni sonrío estoy cambiando los dientes.
Ahora trabajo en un piso quinto. En el ascensor hay cámara de video, por lo cual no puedo levantarme la falda para acomodarme la blusa. En la redacción siempre hay café y si la espalda se pone muy tensa, pues bajamos por un cigarrillo. Y si la panza se pone ruidosa, también por un pan con asado. Si la tristeza me cae como un kamikaze, ya no puedo encerrarme en el baño o hacer público el llanto. Tengo que controlarme e hiperventilar en la escalera de emergencia.
Ahora es (nuevamente) inspeccionar la zona para conseguir un lugar decente para almorzar y sentirme cómoda. Moverme entre desconocidos. Ayuda mucho que el lugar esté rodeado de múltiples posibilidades y que alguna vez pueda ir a comprar libros o a mirar al mar. Aunque el verano se haya ido. Aunque no necesite usar el baño del Mc Donald's. Aunque the boy that's driving me mad is going away.
Me gusta mucho lo que hago. Ojalá pueda conservarlo. Hoy publican por primera vez un artículo mío en la
revista. Búsquenla y me dicen qué tal.
cuatro imágenes de mi serie fotográfica "El desierto marino".
Flojera infinita empezar a contar todo. Cosas que he aprendido estas últimas semanas:
- L. maneja bici lentito. Quizá es porque es pequeñita y sus piernas son cortas o quizá sea cierto que soy la Natalia Málaga del ciclismo y me haya excedido gritándole durante todo el camino y matándome de risa. Vamos, con fuerza carajoooo!!! Pero por las huevas. Cada tanto me tenía que detener y esperar a que L. apareciera en el horizonte... horizonte trasero si se quiere. Me hizo sentir como una salvaje solo por hacer el recorrido típico a Miraflores. Eso que paramos un buen rato a reposar en el Olivar y luego a comprar botellas de agua en aquella bodeguita tan paja que hay en Los Laureles.
- S. le teme a los perros y al mar. Yo en cambio soy el teniente Dan de Forrest Gump en el día más brutal de la tormenta y me dejo violar incansablemente y espero la muerte como a mi mejor amiga pero nada. La hija de puta solo juega conmigo. Me revuelca, me deja los pies morados, me lame los senos, pero (para variar) no se queda conmigo ni llega a presentarme a Hades.
- S. le teme a los perros y al mar, pero no a mi pose de cucharita ni a mi cara de dragón contento de las mañanas. Le leo en voz alta dos cuentos de Guillermo Niño de Guzmán e instantáneamente nos vamos a la mierda, como si irse a la mierda fuera el nuevo nado sincronizado. Llevo mis libros en la mano porque ya no entran en mi maleta y los pobladores se quedan mirando, no sé si nuestros vestidos, nuestras manos que se toman para caminar o quizá los libros que están a punto de estrellarse en la vereda de tierra.
- Puedo superar la vergüenza y usar conchudamente un bikini... claro, quizá haya colaborado que la playa esté desiertísima. Así debería ser la playa siempre carajo.
- El cebiche de pota en carretilla siempre será el cebiche de pota en carretilla y parece que soy inmune a él.
- Lima siempre será mi ciudad favorita. Aunque afirme eso desde el desconocimiento total de cualquier otra ciudad del mundo. Es inexplicable, magnético, es como sufrir de un enamoramiento infinito e invariable.
He escrito algunos poemitas que no sé si compartir. Quizá deje uno por acá en algunos instantes. O quizá no. Tengo muchas fotos por editar y seleccionar. Tengo que ir a la oficina por el cierre de edición y eso es algo de lo que también les hablaré al rato. Muchas cosas han cambiado por aquí dentro.
Estas somos L. y yo, antes de que a L. se le desprendieran las piernas
E. como ya dije antes, es un divino. Esa chica de ahí, sin nariz y con generosas pero irreales curvas, mirando sospechosamente un paquete de maíz, soy yo en su trazo. Pienso que ha capturado totalmente mi esencia y eso me sume en nerviosos y prolongados ataques de risa. Dicho esto, me voy a sabadear.
Voy a entrar a robar un supermarket.
Les he dejado varios posts por si me capturan, adminístrenlos sabiamente.
Se pudrió todo. Esta tarde estuve en Ibero y me compré La abundancia de Derek Walcott, un libro recomendado por V. M. Luego me senté en mi café favorito de Miraflores y me morí. Qué bonito libro carajo. Este es el que llevaré para el camino. Este y los otro cinco.
Voy a extrañar desafinar en el asiento de copiloto y reprimir las ganas de estrellarte aviones de papel en el brazo. Hacerte latir la herida de la nuca. Tambalear la sonrisa, hablar de las naves y de la etapa étnica de los extraterrestres. El olor a trementina. La paleta del mundo que reposa en aquel vagón que arrastras para aterrizar algunos sueños. Pero luego volveré como Godzilla y me comeré esta puta ciudad que mata pobres corazones, pero que los revive al rato.
la ciudad irá tras de ti.
El último día de trabajo dije: esté será el último libro que compraré en mucho tiempo.
A la rosa de Martín Adán, de la colección El manantial oculto que dirigió Ricardo Silva-Santisteban para la PUCP, ejemplar número 97. Incluso le dije a mi dealer: no me verás la cara hasta dentro de algunos meses.
Al poco tiempo el desgraciado puso a la venta
Pez de Mariela Dreyfus. Vamos a permitirnos una canita al aire. Nos encontramos en el parque de por mi casa para hacer el pase. Trajo además la primera edición de
Valses y otras falsas confesiones de Varela. Me fui al carajo. Ya, dámelo todo, maldito Pablo Escobar de la literatura.
Con un poco de culpa y con un montón alegría retorné a casa. Me repetí: estos serán los últimos libros que compraré en mucho tiempo... y a los dos días chaaazzz!
Colección reunida Underwood y
Poesía completa de Cavafis en Visor editores (que por cierto, tiene mejor traducción que la edición del fondo editorial de la PUCP) todo el crimen en confabulación con P. que además me hizo su descuento de trabajador. Putamadre... putamadre...
Este mediodía le he mostrado a S. una de mis librerías favoritas del centro de Lima. Queda en jirón de la unión, pero no en la franja aquella donde venden calzones y triángulos de pizza, sino más bien al ladito de la estación de bomberos. La fachada está abarrotada de libros de autoayuda, pero si ingresas encontrarás pequeñas pepitas de oro flotando entre tanta mierda. Me gusta esta librería porque hace de la compra de libros una búsqueda del tesoro, una actividad de extracción minera sin contaminantes. Me he llevado de este hermoso lugar una edición de Plaza Janés de dos cuentos de Chéjov, el papel de la portada es bellísimo, como la diagramación, el papel interior, el puntaje y tipo de letra, la estética en general es uuufff y además es Chéjooov carajo! y bonitamente traducido además. Si, totalmente excitada con el librito. También he adquirido
Caballos de medianoche que es un libro de Guillermo Niño de Guzman que no se encuentra así como así y que está prologado por el amigo Mario VLL. Cierra el libro este cuento maravilloso llamado Carta a París.
Finalmente,
Poesía impura de Iván Tubau, también de Plaza Janés, librito con un atado de espárragos en la portada.
Abre el libro el
poema Patria, que dice así:
Nací
en un tiempo triste y en un triste país
donde las cosas bellas tenían nombres feos
donde pecado
era el nombre que daban al amor y donde
tristes gentes hablaban de la guerra y se tocaban
el sexo en las tinieblas y con prisas furtivas
en la noche del sábado tras haber contraído
matrimonio buscando
patrimonio y remedio
a la concupiscencia o a la sífilis.
Nací en un tiempo triste
y en un triste país
donde la gente iba vestida
de negro casi siempre
y llevaba bigotes cuadrados en el alma. Donde
ya no servían los nombres de las cosas
porque las cosas estaban prohibidas
o eran obligatorias: levantar el brazo
con la mano extendida
para que los brazos no pudieran
abrazar y las manos
llegaran siempre tarde a la caricia.
Nací en un tiempo triste y en un triste país
donde los niños se llamaban flechas
o pelayos cuando eran ya mocitos
y llevaban camisa
azul y la cabeza
rapada por la parte de dentro y por defuera:
mitad monje y soldado les decían
que tenían que ser cuando crecieran
y hubieran de avanzar gallardamente
por Dios hacia el Imperio o viceversa.
Nací en un tiempo triste y en un triste país
donde las niñas
se llamaban Begoña y aceptaban
mansamente un futuro
de monjas o matronas gordezuelas
cuando la superiora colocaba
duros sostenes sobre sus tetas tiernas
y más duros aún sobre la parte
más tierna del cerebro para que las ideas
no desbordaran nunca el límite preciso
de su destino de mujer: virgen o madre
y si fuera posible las dos cosas.
Nací
en un tiempo triste y en un triste país:
abjuro para siempre
jamás de aquella patria
donde un millón de muertos velaban el cadáver
de los supervivientes.
Si comprar libros siempre fue de alguna manera un placer culposo, ahora es un acto suicida. Pero en serio, no compraré más libros, por la Sarita que estos son los diez últimos...
Me preguntaste qué hacer con tu amor. Guárdalo en frascos-te dije- es lo que yo hago.
Algunos como conservas dulces, frutos hinchados que duermen en almíbar; otros como hijos no natos, fetos arrugados como guindones; tumores u otros males extirpados. Algunos como miles de canicas, canicas como ojos que te miran; guárdalos en frascos transparentes, deja que el amor te observe desde su encierro.
Almacena estos frascos, en alacenas, roperos, cómodas, botiquines, pero también deja algunos al borde de la ventana, propicia que se rompan, uno a uno, porque el amor cuando lo sacas de tu cuerpo sufre o ya no sirve. Grita como un pequeño alien recién nacido.
Yo arrojo alguno de estos frascos contra la pared, sé que no debería, pero no soporto acumular tantos, son demasiados. He tenido que volcar un poco en botellas vacías de gaseosa, mezclarlo con medicamentos vencidos, incluso dentro de mis zapatos. ¿Qué hago con tanto amor ahora? Qué hago para que no se acumule dentro de mi cuerpo como la leche que endurecía mis pezones, que manaba caliente sin llegar a tu pequeño estómago. El amor como la leche necesita un destinatario, sino mastitis, fiebre, escalofrío. Piel enrojecida, delirio nocturno, trepanación.
Qué hago con todo este amor que me sobra y que tiene tu nombre. Mi amor es como una agenda de 1999 en el 2013. Todas las páginas en blanco, no te servirá ahora porque allá era un lunes pero acá es un jueves. Desincronización de los deberes. Celebraciones a destiempo.
Convierte ese frasco en una bomba molotov. Mi amor es incendiario. Que sirva de algo ahora, que sirva al menos para hacer ruido o calentar una calle donde su llama atraiga a los mendigos neoyorquinos. Vamos por más frascos, te voy a enseñar lo que es sellado al vacío. Te voy a enseñar la diferencia entre el agua destilada y el formol.
Te voy a enseñar querido, y vas a aprender, te juro que vas a aprender.
E. es un divino. Ayer trajo una bolsa llena de cuadrados de cartulina, minas, acuarelas y estilógrafos. dice que debo dibujar.
he perdido, entre otras cosas, el cariño por mis dibujos. E. me lo está devolviendo, pero yo ando escéptica, mirándolo de reojo y tratando de comerme las pastillas de acuarela como gomas de mascar. hoy empecé, hice un dibujo raro y uno menos raro. por la noche vino y me trajo al hombre de acero. me siento como Jerry Seinfeld.
E. dice que pueda que un día venga un jeque y me lleve para contarle Las mil y una noches. si eso sucede, aplicaré mis técnicas avanzadas en karate y le patearé las bolas al jeque. quizá nunca te cuente Las mil y una noches, pero te puedo hablar horas y horas de poesía sentados sobre alguna alfombra. si te duermes, también podría cantar, algo chiquito no más porque me vence la vergüenza.
Estos son los dibujos que hice esta mañana: