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Fecha Publicación: 2014-05-13T11:21:00.000-05:00
hasta luego
:)

Etiquetas: [entrevistas]  
Fecha Publicación: 2014-04-22T17:48:00.001-05:00


UNA VERDAD
 

EN FORMA DE PINGÜINO

Hace dos semanas Liniers retornó a Lima para compartir una noche de acrílicos y dibujos transformados en aviones de papel junto al talentoso cantautor argentino Kevin Johansen. Antes de arribar hacia el concierto, conversamos un rato sobre su timidez perdida, los hijos, los libros y la felicidad. 

[ ENTREVISTA: KARINA VALCÁRCEL ]
¿Qué es lo que más ha cambiado desde que comenzaste a hacer giras junto a Kevin?
Bueno, yo cambié. Es lo que más cam­bió [risas]. Cuando empezamos a hacer los recitales con Kevin yo era bastante más tímido, e inclusive no me subía al escenario, sino que dibujaba escondi­do con el sonidista y el iluminador, y al final Kevin decía: “Y bueno, estuvo dibujando con nosotros Liniers”, y con el tiempo me fui cansando de la com­putadora y le pedí a Kevin si es que podía hacer los dibujos con acrílicos, mancharme un poco más la mano, y él respondió: “Bueno, si lo querés hacer así, tenés que hacerlo en el escenario”. Al principio, medio aterrorizado, me subí al escenario a ver qué onda.Des­cubrí que me divertía, para sorpresa mía, porque yo pensaba que la iba a pasar muy mal, pero le fui tomando el gustito.
Y así como Kevin suele tener invita­dos con los cuales versiona temas, se ha dado que invites a algún amigo dibujante o pintor.
Sí, cada tanto hacemos eso. De hecho, ahora que lo pienso, hubiera sido lin­do invitarlo a Fito Espinosa. Lo hemos hecho en México, Buenos Aires, Rosa­rio, con algunos compañeros. Me voy cruzando con algunos que no conozco todavía y me llaman la atención. Aho­ra me regalaron un libro de El Cuy de Acevedo, por ejemplo.

¿Tienen pensado hacer algún otro pro­yecto en forma de libro?
De hecho, está por salir el segundo, que se va a llamar Bis. El nombre se le ocu­rrió a Kevin. Y estamos así, juntando el material, y también está por salir un DVD grabado en México. Siempre hay muchos proyectos. Hice hace poco una serie de televisión que te recomiendo, muy bien actuada por mí [risas]. La hi­cimos con un chico llamado Esteban Menis, que es el director. Son nueve capítulos de 10 a 15 minutos, somos 4 personajes. Una especie de The Office, si querés, medio buenosairoide. Apa­recen algunos invitados: Drexler, Ke­vin, todos los amigos que teníamos a la mano y que no nos iban a cobrar [risas].



¿Cómo surge lo de La Editorial Co­mún?
La escena de la historieta te da la sen­sación de que todo está por explotar, ¿no? Pero nunca llegamos a armarlo totalmente, y a mí me da rabia y lás­tima, porque vas a España y ves una cantidad de libros que acá no llegan o, si llegan, son muy caros; inclusive hay dibujantes argentinos que publican en España, Italia, Francia… Pero no en Buenos Aires, así que la idea de la editorial era poner un granito de arena para que cambie eso. Empezamos en el 2008 publicando los Macanudos, como motorcito fuera de borda para empu­jar la salida de los otros libros, que, si bien son más difíciles de vender, son mejores [risas].
¿Y eso cómo funciona? Acá se da mu­cho lo de la autogestión.
Sí, a mí me da mucha rabia porque no entendés por qué los libros de autoayu­da, que son una basura absoluta, están tan ubicuos por ahí, y que libros que guardan formas de narrar muy lindas y muy conmovedoras sean tan complica­dos de sacar. Afuera hay un boom muy grande, y el género de la historieta se sacó de encima un montón de prejui­cios no solo de los editores y los lec­tores, sino además de los artistas. Los dibujantes muchas veces pensamos: “Bueno lo nuestro es un género menor, qué vamos a hacer escribiendo sobre temas importantes”, y a partir de Maus, de Art Spiegelman, finalmente se des­trabó de eso. Pero América Latina aún sigue como que un poquito atrás.
foto: Sandra Enciso
Se cumplieron diez años de Macanu­do. ¿Qué ha sido lo más rico de esa experiencia?
Que me sigue gustando hacerlo [ri­sas]. Cuando empecé a dibujar, la verdad que 10 años era como un hito muy grande, Mafalda duró diez años, Los Beatles duraron diez años y mu­chas cosas que me gustan tenían esa especie de frontera. Yo no quería que me pasara eso, entonces pensé en an­ticiparme al futuro problema y quise que Macanudo fuera una historieta en la que valiera todo, todos los tipos de humor que quisiera. Por ejemplo, Ma­falda terminó porque no había hacia dónde más moverse, y de golpe vos ves que cuando Quino se dedicó a las pá­ginas apareció un humor mucho más surrealista que el que podía hacer con Mafalda. Quise que no pasara eso, y fue así que en Macanudo valió todo. Todo lo que se me pasa por la cabeza entra.
¿Cómo ha influido en tu proceso de trabajo el ser papá?
Ahora hago historietas con bebitos en­cima [risas]. El otro día hice una con una de mis hijas en mi regazo y me salió como dibujada con el codo, pero en la historietase explica la situación. Lo bueno de mi trabajo es justamente que estoy en casa, entonces no me pier­do el ver crecer a estos seres humanos que vinieron a acompañarnos [risas]. Es muy lindo sentir eso. Tengo amigos que trabajan en horarios de oficina y los ves que sufren. Yo solo me los pier­do unos días cuando hago estos viajes, pero por suerte no son muchos. Igual es difícil convencerlas a ellas de que estoy trabajando: me ven dibujando y vienen y me dicen: “Papá, vamos a jugar”, y les digo que estoy trabajando y me miran como diciendo: “Nosotros podemos hacer lo mismo que vos, no me digas que esto es trabajo, hermano”.

¿Qué es lo que más te gusta de hacer lo que haces?
Lo que más me gusta, mirá que linda pregunta….Lo que más me gustó fue que armé como una especie de lengua­je, un idioma personal donde consigo decir cosas que me interesan, y que eso llegue a gente que no conozco. Es como romper un poco la barrera de la timidez. La historieta es una manera de comunicarte con la gente en don­de podés hacer eso de antemano. Me gusta encontrar como unas verdades chiquitas, las pequeñas verdades, una verdad en serio… Entonces la escon­dés en forma de pingüino o de gatito. A mí me gusta esa forma de arte. Yo miento todo el tiempo, pero dentro de todas esas mentiras hay pequeñas verdades escondidas. Me gusta mu­cho Mafalda por eso. La gente viene y te dice “Qué genia que es Mafalda, tiene ocho años y sabe un montón de Vietnam”, pero Mafalda es un señor que tenía cuarenta años en ese enton­ces, usaba anteojos, se estaba quedan­do pelado [risas]… Es como hacer un truco de magia, fabricar una suerte de vehículos donde ciertas cosas no se corrompen. Elegí lo que quieras: Ali­cia en el país de las maravillas, Shakes­peare, Lennon, Chaplin, Quino, Mark Twain, ¿viste? Esos son como mis hé­roes: alguien que consigue hacer algo que no solamente entretiene, sino que además te hace mejor persona. Si ves todas las películas de Chaplin eres como que 0.7 mejor persona, y así si lees Mafalda quizá te vuelves 0.4 mejor, y va sumando.
Etiquetas: [Carlos Dávila]  [César Vallejo]  [entrevistas]  [Vallejito]  
Fecha Publicación: 2014-04-01T11:52:00.000-05:00
AYUDAR A REÍR AL QUE SONRÍE…


…dice un verso de uno de los ‘Poemas Humanos’ del más universal  de nuestros vates: César Vallejo. Carlos Dávila (o Lavida, según la ocasión) ha decidido partir de la poesía del padre César y además se le ha ocurrido convertirlo en niño. Como resultado está próximo a publicar ‘Vallejito’.

[ ENTREVISTA: KARINA VALCÁRCEL ]


Lavida no es una figura nueva en el ámbito del humor gráfico peruano. Desde hace ya algunos años podemos gozar de sus viñetas en El Otorongo e incluso ha pasado por las páginas de esta revista sin clase. Fuera de su trabajo con el humor político, ha publicado dos novelas gráficas: ‘Las moscas no vuelan de noche’ protagonizada por uno de sus personajes más populares (el carismático asesino Ed Hibert) y recientemente ‘Tren de ficción’.  Este año, a fines de febrero, lanzará un nuevo libro y pronosticamos varias rasgadas de vestiduras por parte de la crema y nata de la intelectualidad lorcha.

VALLEJO Y LA VIDA
¿Cómo nace Vallejito?
Hace mucho tiempo me invitaron a un colectivo literario llamado ‘Cadáver exquisito’ para publicar algo de mi producción en un blog que ellos habían creado y que se actualizaba con cierta frecuencia  y bueno, pensé en un personaje que tuviera que ver con la poesía para estar a tono con el contenido de la página. Creo que no le di muchas vueltas, dije: puede ser un Vallejo niño. Hice unos bocetos y pegó, entonces empecé a colaborar con la bitácora dos veces por semana. Luego el blog cerró, el grupo se separó y a mí me quedó el personaje. Eso fue por el 2009. Creo que es algo nuevo en cuanto a formas de representar a una figura literaria.

No te parece que es muy arriesgado tomar la figura de César Vallejo para caricaturizarlo, a él y a sus poemas
Al contrario. Es un niño, no hay pretensión de ofensa, los chistes son inteligentes de algún modo. En algunos casos, no podrás entender las situaciones que planteo si no has leído a Vallejo. A mí me satisface mucho el resultado, él es uno de los autores  que más he leído, digamos que siendo uno de los más conocidos y queridos. Me imagino que tendré algunos problemas, de hecho habrá algunos indignados. Espero que comprendan la imagen y la intención del chiste, estamos casi últimos en comprensión lectora, ¿cómo andaremos en comprensión de imagen?

¿Cómo se justifica la parte del libro de ‘Encuentros’ donde Vallejito juega con escritores de distintas épocas y lugares?
Eso es lo bueno de la caricatura y el humor, te permite crear encuentros que son imposibles en la vida real. Por ejemplo en el humor político, puedo hacer que se protagonicen una viñeta tanto el personaje de una película con un deportista o un presidente y eso le añade un plus de humor. En el caso de la segunda parte del libro, Vallejito juega con otros escritores como Jorge Eduardo Eielson, Borges, Cortázar e incluso con su famoso personaje Paco Yunque. La idea es jugar.


¿Cómo ha sido el proceso de armar el libro?
Estaba buscando algún sello que se interese por el humor gráfico, ya que los dos anteriores libros que tengo son historieta, pero acá carecemos de editoriales que se dediquen al humor gráfico, es decir no existe ‘La Flor’ como en Argentina. Fue difícil encontrar una editorial, hasta que llegué a Altazor, que si bien no es una editorial especializada, me ofrecieron la publicación en color y en un papel de buena calidad, y eso en nuestro medio es valioso. En cuanto al libro en sí, pues para la primera parte he ordenado los versos en orden cronológico y la parte de encuentros la he colocado hacia el final.

Lo de ‘Vallejito’ también es arriesgado en el sentido de que existe una forma establecida de lo que genera la risa ¿no? El humor aprendido, la fórmula
Claro, pero tengo fe en que revestir las situaciones reales y convertirlas en un arma de expresión humorística puede funcionar. Yo soy muy mal intencionado también, pero eso es parte. Por ejemplo, los memes son una forma de hacer humor, cualquier puede hacer un meme y eso es chévere pero además es empírico ¿no? Y funciona muy bien en redes sociales pero que no es algo que trascienda más allá. A diferencia del humor gráfico que creo tiene una veta más profesional, que no siempre busca la risa sino también el comentario o la reflexión de algún tema. Yo evito el molde, prefiero trabajar
según la situación.

OTRAS VAINAS
¿Cómo empiezas en esto del humor gráfico?
Yo siempre he dibujado y siempre he pintado. Cuando salí del colegio se me ocurrió que podía ser pintor, como mi tío, y pensaba: bueno, de repente me liga, me voy a París y me cago en plata (risas) Estuve en la pre de Bellas Artes pero no llegué a postular, de ahí me puse a estudiar diseño gráfico… ahora ¿por qué hice el cambio? Pues, la verdad, necesitaba estudiar algo que también me diera un soporte económico. Era el año 2003 o 2004 y tenía muchos amigos pintores que paraban misios y había problemas en la Escuela, entonces me fui al lado oscuro. Estudiando diseño gráfico me di cuenta de dos cosas: no necesitabas materiales cuyo uso te demandara invertir mucho tiempo, como el óleo y el lienzo, además que nada me mancharía las manos –no soporto tener las manos manchadas, me las lavo cada cinco minutos- fue así que me empezó a agradar. Con el óleo no tenía nada que decir, así que luego de aprender los programas, saqué un blog y experimentando un poco empecé a hacer cosas que cada vez más se relacionaban con el humor, sobre todo el humor negro.

¿Qué pasó con  Ed Hibert?
Ed Hibert nació a raíz de la creación de un blog, era este personaje ácido, un asesino es cierto, pero siempre en situaciones tragicómicas, lo que aligeraba un poco el peso visual de la sangre. Recuerdo que después de estar publicando la tira durante algunos meses murió mi papá, entonces los chistes sobre la muerte empezaron a ser cada vez más recurrentes. No sé, quizá fue mi forma de afrontar la situación. Justo en esa época me cambié el apellido a ‘Lavida’, porque Carlos Dávila era el nombre de mi viejo, ese era su nombre, no el mío. Ahí creo que me di cuenta que podía hacer cosas graciosas, empecé a voltear un poco las situaciones.



Tienes chambas que son muy distintas entre sí, ¿Te propones ser versátil o es algo que se da de forma casual?
Yo creo que salté de las viñetas chiquitas a la novela gráfica porque lo que tenía que decir se volvió más extenso y ya no me bastaba el soporte de la viñeta única o la tira cómica. Lo que pasa es que para vivir necesito un trabajo y no soy Liniers pues, tengo que seguir las tendencias y acá, en nuestro país, se hace mucho humor político. Creo que me adapto bien y que siempre conservo el humor. Lo de Vallejito es algo que me nace del corazón, pero también del corazón me nacen cosas aberrantes como Super Freaks. No sé, quizá estoy mal de la cabeza (risas). Dentro de todo siempre conservo el eje de lo sarcástico.

Siempre hay texto en tus dibujos, como complemento
Sí, por ejemplo la última novela gráfica parte un poco de los cuentos que antes escribía. Siento que el texto cierra lo que quiero comunicar. A pesar de que no me siento con la facultad total para decir qué es lo que está bien y qué lo que está mal, yo creo que a la mayoría de dibujantes les falta un guionista. Yo me considero un guionista con facilidad para el dibujo, ni si quiera soy un buen caricaturista y me respaldo mucho en el trasfondo del chiste. Me trato de pulir en el camino.

Volviendo a lo de Vallejito, ¿dirías que es para niños o para adultos?
Mientras hacía Vallejito, mi sobrino que vive cerca a mi casa se iba a jugar a un parque vecino y siempre venía por gaseosa. Uno de esos días pasé por el parque y estaba jugando futbol, entonces lo faulearon y exclamó: ‘Hay golpes en la vida…’ creo que puede ser para chibolos como para adultos, Vallejo lo enseñan en la escuela, no creo que sea muy complicado identificarse. Desde el principio mi público objetivo fue personas que gusten de la poesía, pero creo que es amigable con todo tipo de lector. Si lo compran los niños, espero que este libro los acerque a Vallejo, en eso el humor quizá ayude un poco.

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Publicado en la edición N. ° 51 de la revista Velaverde
Etiquetas: [entrevistas]  [Nereida Apaza]  
Fecha Publicación: 2014-02-04T20:54:00.000-05:00

EL ARTE DE BORDAR UNA PINTURA
El amor, el tiempo, la niñez, la naturaleza y la muerte son los temas que rondan por los pinceles y las agujas de la artista arequipeña Nereida Apaza.

Años atrás, cuando descubrí su existencia gracias a sus maravillosos libros de artista, algo quedó latente. Una curiosidad por su mundo pero más aún el interés por la versatilidad de su obra: pintura, animación, video-arte, instalación, accionismo y la mixtura de todo lo ya nombrado. Estaba frente a una artista como pocas: total y sensible, cuidadosa, pulcra, coherente, honesta. Gracias a las bondades de la comunicación virtual hemos podido conversar, he aquí un pequeño testimonio sobre su vida y su trabajo.

[ ENTREVISTA: KARINA VALCÁRCEL / FOTOS: CORTESÍA DE LA ARTISTA ]


"De niña leía unas historietas llamadas Joyas de la Mitología Griega, una edición mexicana que me introdujo a la lectura de imágenes, a un mundo de mitos y leyendas, que actualmente influyen mucho en mi obra, tengo una serie de animaciones titulada Las Parcas inspiradas en ese mito. Mi madre es costurera, estudio corte y confección y en casa siempre tuve muchas telas e hilos para jugar y actualmente casi todo mi trabajo es con telas e hilos. Mi padre era profesor de secundaria, escribía poemas y tocaba el charango, actualmente en mi trabajo hay muchas cosas escritas, letras, poemas. Tenía una biblioteca en la cual buscaba a escondidas libros, de allí parte mi gusto por hacer libros y dejar que la gente encuentre en ellos lo que probablemente necesite. Como creadora ahora solo voy recordando y haciendo las cosas que hacía desde niña como coser, escribir."


¿En qué momento decides estudiar arte de manera formal?
Lo decidí después de pasar por un instituto de informática, de trabajar dos años y de ingresar a la universidad a estudiar ingeniería, y sentir al primer mes  de esto que me estaba asfixiando sino me dedicaba al arte. Ingresé como alumna libre a la escuela de arte a un taller de acuarela yal mes siguiente tomé la decisión de dejar trabajo y universidad e ingresar a la escuela de arte a la especialidad de pintura, esto a los 22 años.


¿Cómo fue ese primer encuentro con el arte académico?
De la escuela de arte en Arequipa solo me quedan los amigos quienes les agradezco su compañía, lecciones y paciencia. Juntos fuimos aprendiendo. La escuela en Arequipa desde hace años atraviesa una crisis educativa y burocrática.

En Lima no es muy distinto
Sí, es un problema de la educación en todos los niveles. Lo bueno es que ese casi abandono nos permitió consolidar un grupo, que sabía que tenía que trabajar y trabajar, pasábamos muchas horas en taller trabajando  sin un profesor que nos guiara, esa libertad nos hizo encontrar muchas posibilidades en la creación.

Siempre se postula a la escuela de arte con una expectativa y una vez dentro terminas confrontando una realidad que generalmente se aleja de lo esperado, ¿Cómo pasó contigo? ¿Qué pensabas y esperabas en aquella época en la que ingresaste a la escuela?
Primero pensaba que podía dedicarme a pintar cuadros y vivir de esa forma. Esperaba profesores – creadores; esperaba aprender el oficio. Nada de eso sucedió.
Paso que con todas la libertades empezamos a crear, es que creo que así ocurre con la mayoría las cosas: no te las enseñan, uno las va descubriendo.



COSER UN VERSO
¿Cómo así se transforma la idea de vivir pintando cuadros y empiezas a combinar técnicas?
No tenía dinero para comprar oleos, entonces recurrí a lo que tenía en casa: telas e hilos. Fue como encontrar una veta: las texturas, los colores, hasta los olores de las telas guardadas muchos años me gustaba. El hilo lo usaba entonces como un lápiz y  lo asociaba al mito griego de las parcas, una extensión de hilo que contiene un inicio y un final como la vida misma de cada persona. Lo usé entonces para dibujar líneas con una máquina de coser a pedal, para hacer animaciones stop motion, para bordar letras y bordar dibujos. A mano los usaba en los libros de artista. Estudié pintura pero ahora soy una costurera.

¿Cómo ha ido cambiando tu proceso de creativo y de trabajo?
Durante el proceso de creación de una obra, esta va cambiando, siempre es diferente a lo que uno ha imaginado. Se aproxima a lo bocetado, a lo pensado. Hago apuntes de ideas, aproximaciones a las formas que tendrían ciertas emociones, ciertos estados del individuo, las anoto en cuadernos, pero siempre me sorprende y me alegra ver cómo todo se transforma. Al final todo se transforma incluso cuando pensamos que el proceso ha concluido pues un espectador dirá de nuestro trabajo las cosas más  inesperadas.

Cuéntame lo de tus libros de artista
La idea de hacer libros de artista parte del recuerdo de la biblioteca de mi padre, de hurgar en los libros y encontrar objetos: plumas, billetes antiguos, apuntes, postales, recortes de periódicos, estampillas. Me preguntaba quién habría dejado ello en ese libro y por qué en esa página… era un momento mágico. Me gusta darle esa sensación a las personas, que  hurguen en mis pensamientos y sentimientos plasmados en mis libros. Me gusta que la obra no sea sagrada y puedan tocarlas y sentir sus texturas, ver sus  detalles, no está prohibido tocar.

¿Qué pasa con los libros que haces cuando la muestra termina?
Los tengo en mi taller, los presto a amigos que me visitan y se interesan en ellos. He regalado uno… es que esos libros no se pueden vender, tampoco me los han pedido.

¿Y los textos? ¿Escribes además de pintar/dibujar/bordar/animar/ etc.?
Sí, desde la escuela escribo, ahora mismo estoy trabajando un libro de artista titulado Silencio, son poemas bordados sobre tela con hilos rojo y azul a manera de cuaderno escolar cuadriculado, con mayúsculas, tildes, puntos y comas en rojo. Los he ido bordando en espacios públicos, sometida a la furia del entorno.

¿Solo el bordado o también la creación del texto?
Ambas cosas.

¿Y por qué lo has titulado Silencio?
Porque necesito del silencio en esta etapa de mi vida para escuchar mi respiración, la de otros... cada poema se llama Silencio.
¿Cuál es tu interés y vínculo por y con la poesía?
Escribo como si dibujara imágenes con palabras, mis poemas son así: dibujos. Me gusta la palabra como imagen. Mi padre escribía, él cantaba en aymara, hermosa lengua que tiene un ritmo y un sonido peculiar, tal vez por eso escribo.

EL TESTIMONIO DE LA ROPA
Entre tus trabajos encontré uno donde haces una versión de un cuadro de Frida
Esa obra es parte de una serie de vestidos que vengo haciendo hace un buen tiempo. Es una interpretación de la obra Las dos Fridas de Frida Kahlo, que alude a dos orígenes culturales. Como en mi caso, mis padres de origen puneño quechua y aymara, que migraron a Arequipa en los años 50 aproximadamente, entonces me siento muy cercana a esta obra y a mis vínculos con mi pasado que finalmente es lo que moldea mi presente: la ciudad de Arequipa con todas sus costumbres occidentales y mi origen aymara y quechua. A través de la ropa cualquiera podría ponerse en esos dos vestidos, cualquiera que lo sienta así.
Los vestidos que vengo elaborando son como de muñeca, pequeños, como de juguete, en algunos casos sugiero la forma en la que somos educados, de

En la edición pasada de Art Lima vi una chamba tuya donde había varios uniformes escolares chiquitos
Sí, representaba mi salón de clases. Estudié en un colegio solo para mujeres y las vi en esa época y pensé: qué pasó con las niñas de ese tiempo, éramos más sinceras....
El texto que acompaña es un fragmento de un texto de Jorge Basadre que alude al tiempo, a la historia, al cambio. Creo que en ese cuadro pueden verse muchas generaciones de peruanas. Podríamos preguntarnos ¿qué ha cambiado en tantos años?

¿Qué dirías que es lo más difícil de dedicarse al arte en Perú?
Lo más difícil es darse cuenta que uno mismo tiene que hacer las cosas, sin esperar.  Cuando sucede, pues empiezas a trabajar y es posible que a cambiar. Cambiar esa realidad de la que muchos se quejan.



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Publicado en la edición N.° 47 de la revista VelaVerde
Etiquetas: [Abelardo Sánchez León]  [entrevistas]  
Fecha Publicación: 2014-01-11T01:10:00.005-05:00

PARTIR DE LO VISIBLE 
PARA HABLAR DE LO INVISIBLE


De esta forma explica Balo su quehacer en la poesía. Es así como piscinas, andariveles, trampolines, saltos y -sobretodo- agua, aparecen en su último libro: Grito bajo el agua, publicado recientemente por Paracaídas Editores.

 

[ ENTREVISTA Y FOTO: KARINA VALCÁRCEL ]

Una vez delineados los elementos, se hablará del pasado, de la muerte y de un futuro que se avizora breve (según el autor). Nos enrumbamos en el peligroso ejercicio del recuerdo, es el último lunes del 2013 y la tarde discurre tranquila.

¿Qué escribías al principio, cuando no publicabas nada?
Bueno, mamarrachos ¿no? Era pues un chico de doce años, qué se yo, no era Mirko Lauer  (risas) el poeta precoz. Mi primer poema lo publicado estuvo justamente en HARAUI, la revista que dirigía Paco Carrillo. En los setenta comienzo a tener una preocupación mayor por los elementos formales de la poesía. Coincido con los poetas del 70 y aprendemos a escribir un poco juntos, pero cada quién con su tema y su estilo. Había un aprendizaje compartido, de intercambio de lecturas y poemas, ahí es cuando comienzo a afianzarme.

En qué momento empezaste a escribir con conciencia literaria
Creo que en ningún momento (risas). La poesía en esas épocas entre muchachos era algo mal visto, una cosa más bien femenina o sentimental, siempre jugué fútbol para contrarrestar (risas). Ya en el 69 publico mi primer libro, conversaba con algunos amigos, tenía 22 años y lo publiqué con la edición de Javier Sologuren y lo festejamos en el ‘Bar del Triunfo’ en Surquillo. Después escribí otro en el 72. Quisiera juntar ambos y publicarlos este año. Después viene cuatro años de silencio, de trabajo y sale Rastro de Caracol, que creo que es un momento de poesía más lograda y de mayor conciencia.
Pero tú me preguntas en qué momento creí que era literatura, y yo creo que siempre, el hecho de escribir, tomar distancia, volverlo a vivir, vivir por segunda vez, como dice Philip Roth: 'los que escribimos vivimos dos veces'. Escribir es un acto de tomar conciencia, cada quien tiene sus parámetros. Juan Gonzalo  Rose decía que los malos poemas no se botan, porque pueden tener algo de bueno.

Claro, pero cada quien tiene cierta expectativa al momento de escribir un texto y también al publicarlo ¿cierto? ¿O por qué publican los poetas?
Por qué publicas tú también, qué tal raza (risas) Bueno yo creo, como dice Pablo Neruda – me respaldo en los poetas- 'No hay poeta bueno inédito'. Yo creo que los poetas escriben para publicar. El escritor construye una vida paralela a la vida social. Este es un aspecto de mi vida, el de la literatura, donde están mis fantasmas, mis traumas, mis alegrías, lo inconfesable, lo oscuro,  todo eso es parte de mí también. No le encuentro sentido que ese otro mundo se quede conmigo, hay que sacarlo.

Empiezas tu carrera de escritor como poeta ¿En qué momento saltas a la narrativa y por qué?
Son registros que uno puede tener. Yo he hecho mucho periodismo, que es una especie de puente, ese fue un vínculo con la narrativa. Creo que mi poesía es también narrativa. Entonces no me era tan difícil pasar de uno a otro. Pasé porque creí que ya había cumplido un ciclo con mi poesía, con los temas, también me agitaba ese tipo de poesía tan desaforada que yo escribía y dije: voy a escribir novelas. Muchas veces hablas de las mismas cosas y solo cambias el género, entonces resulta ser algo completamente distinto. Este último libro, Grito bajo el agua, le hace un guiño a la novela La soledad del nadador, las lees y no son lo mismo, para nada, pero hay un piso común. El tema vuelve porque es para mí algo importante. Todo escritor debe ser leal a sus temas, a sus preocupaciones.

¿Y cuáles son tus temas?
La imagen paterna, la infancia, el ingreso al mundo adolescente, las dificultades de convivir en un mundo social. Esos han sido creo yo mis temas.

¿Cuál dirías que es el tema que prima en este último libro?
Luego de un silencio de 12 o 13 años de poesía, ya me agarra en otra edad, entonces predomina más una mirada hacia el pasado y hacia un futuro más pequeño. Un poco la muerte, aunque no sea un poemario sobre la muerte, ronda también  el tema de la decadencia del físico y la desnudez. Toma como pretexto la piscina, el agua, una disciplina como la natación, pero estoy seguro –y ojalá fuese así- quiere decir otras cosas más. Un lenguaje más sosegado y reflexivo… bueno, ya es hora de que sea más reflexivo ¿no? (risas)

De todos los géneros por los que has transitado, en cuál te sientes más cómodo
En todos me siento cómodo, soy una persona que estudió sociología, para escribir poesía, literatura… he trabajado para ordenar una estructura mental y psicológica que creo que se ve un poco en mis libros. A mí me preocupa mucho la estructura de un libro, entonces en verdad me siento cómodo con los tres: periodismo, poesía y narrativa, aunque en periodismo he sido más que nada un cronista. Soy una persona medio rara, siempre prefiero hacer A para hacer B, parar con los sociólogos para escribir poesía, siempre he sido así, medio sacavueltero (risas) lo importante es saber en cuál de los tres se está escribiendo. Julio Ramón Ribeyro me decía: ‘escribe en el género que quieras, pero cada género tiene sus reglas’. Entonces si hago periodismo no me voy a poner a escribir poesía, aunque en las columnas a veces me permito un tono poético.

Has dicho alguna vez que uno debe de ser un marginal, un desubicado respecto a la literatura
Bueno, no está de moda ser un marginal ahora, esto se ve en los jóvenes. Las actitudes frente a la literatura han ido cambiado. El libro de Jeremías Gamboa, por ejemplo, es el elogio de alguien que busca integrarse a un establishment literario existente y eso encaja dentro del héroe  discreto de MVLL que es un emprendedor, y eso está en el discurso de Ollanta Humala, la inclusión, ahora todos quieren pertenecer y no estar al margen. La idea del marginal pudo haber sido una idea valorada por algunos escritores que vienen de una estirpe romántica, dejar el centro hegemónico para tener una actividad más auténtica, no sujeta a las presiones del mercado. Hoy sabemos todos, desde el cine al teatro a la novela y a la poesía –en ese orden- que hay un condicionante en el mercado, en la audiencia, en el gusto y que el artista tiene que hacer algunas concesiones. Una novela que tiene 500 páginas, bueno necesitará un apoyo logístico para su publicación. Entonces yo me he sentido más cómodo fuera de una lógica de mercado, pero sé que los tiempos que corren se van adaptando. Pero la poesía no tiene mercado (risas) entonces está feliz de la vida, la poesía es gratuita, sin embargo tiene un prestigio social, en los premios, en los reconocimientos, como decía Toño: ‘El poeta Cisneros alimenta al ciudadano Cisneros’. Él logró 3 buenos premios no como el ciudadano, sino como el poeta. Eielson era un gran marginal, vivía fuera del Perú, habitaba un espacio sofisticado en Milán y Cerdeña, sin embargo siempre encontraba la maña para salir publicado, por ejemplo El cuerpo de Giulia-no  es una novela marginal en el amplio sentido de la palabra, era un verdadero marginal pero integrado – porque así tiene que ser- a la distribución de su obra. Entonces yo me siento cómodo más en la oscuridad que en el mundo de los reflectores, pero es algo que va de acuerdo a mi personalidad, no digo que así tengan que ser todos.

¿Qué crees que es lo más importante al momento de escribir poesía?
Lo más importante es que te salga (risas). Hay momentos en que fluye el poema y tú estás en una balsa, en un rio caudaloso o tranquilo y vas, no te ahogas. Pero puede ser un río que va cayendo entre las piedras. Hay otros poemas que logro recuperar, que son más costosos, que se escriben en varios días… que no traen la plenitud de escribirlo de un porrazo. Cuando era más joven a veces escribía los poemas así.

¿Cómo es tu proceso ahora?
Escribo a mano, luego los paso a máquina, luego los corrijo. Hay distintos momentos de los poemas, entonces vas viviendo con un libro, lo vas corrigiendo, lo imprimes, lo vuelves a corregir, te acompañan un tiempo y he aprendido a tratar de que no hayan palabras que sobren.

¿Cómo tienes esa certeza de que un libro ya está listo?
Cuando considero que los poemas que seguiría escribiendo son una repetición de lo que ya escribí. Lo ideal es terminar un libro que te permita abrir otro, esos resquicios que te lleven a otros poemas. Yo doy por terminado un libro cuando la atmósfera ya ha sido totalmente abordada. Uno tiene que tener confianza, creer en lo que haces, sobretodo en una novela, estás metido en ella cinco años ¿cómo no vas a creer? Pero también hay que distanciarse un poco, volver a ella, leer algunos libros que sirvan para tal propósito.

¿Qué es la poesía para ti?
La poesía son esos silencios de los que está hecha la vida. Es decir las cosas de una manera distinta, no es narración – puede haber una poesía narrativa, una balada, una canción, una historia- pero lo dice de una manera que suena distinta. La poesía es esencial en la medida que va de frente al grano, una economía del lenguaje, una abstracción.

De todo lo que puede haber cambiado desde la vez primera que publicaste un libro hasta hoy, ¿Cuál ha sido el cambio más representativo en tu forma de ver la poesía?
Yo creo que la sigo viendo igual, como una mujer joven, subyugante, misteriosa y que se aleja de ti apenas la abandonas. Yo creo que a la poesía hay que alimentarla. Qué ha cambiado… bueno, ahí hay gente que sabe decirlo mejor que yo, Yrigoyen ha dicho que hay momentos mejores y momentos más bajos en mi poesía y en la de muchos ¿no? Pero mi visión de la poesía es misma de la que tuve desde el comienzo.

Finalmente ¿Qué querías ser cuando eras chiquito?
Lo que soy. (risas prolongadas) Escribir fue mi manera de expresarme, yo no hablaba tan bien, entonces, no tener facilidades en el habla hizo que me refugiara en la palabra escrita. La valoro, la quiero, la cuido. Escribir y hacer libros, míos y de otros, revistas, es lo que siempre quise hacer.

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Publicado en la edición N.° 45 de la revista VelaVerde
Etiquetas: [entrevistas]  
Fecha Publicación: 2013-11-03T15:47:00.000-05:00
foto y entrevista: Karina Valcárcel 

  NI ESCRITOR FANTASMA,
NI FANTASMA QUE ESCRIBE


Carlos Calderón Fajardo preparaba su última cena y esperaba el fin del mundo con gesto apacible en su casa de playa. Le parecía romántico que el Apocalipsis se lo llevara en el gran abrazo de una ola en Punta Negra. Pero pasó el 2012 y acá estamos, entonces, no nos queda más que escribir. O convertirnos en almas que penan.

Acaba de publicar “El fantasma nostálgico” novela que quedó finalista del premio Tusquets en el año 2006. En su juventud, anduvo por las calles de París, departiendo entre vino y papeles con nuestro querido Julio Ramón Ribeyro. Calderón Fajardo es uno de nuestros escritores más prolíficos y versátiles, en los últimos años su obra ha sido difundida con fuerza.

Hasta hace algunos años te considerabas un autor leído solo por cierto grupo ¿Sigues pensándote como un escritor marginal?
Lo fui hasta el 2006, año en el que pasaron dos cosas: publiqué mi novela “La segunda visita de William Burroughs” y quedo finalista del premio Tusquets. Hasta ese momento yo era un escritor oculto, caleta como se dice (risas) publicaba un libro cada cinco o seis años, trabajaba en la universidad y hacía un tipo de vida de perfil muy bajo. A partir de ese momento mi vida cambia, no sé por qué, y empiezo a publicar uno o dos libros por año y eso no ha parado desde esa época. Es decir, los últimos 7 años. Creo que dejé de ser un escritor oculto, para ser un escritor dicen que de culto, es decir, me borraron la “o” (risas).
Esto viene a coincidir con el advenimiento de la época del internet, el mundo de los blogs, el Facebook y todas esas cosas. Ahora no creo que pueda decir que soy un escritor oculto, soy más bien un escritor que tiene muchísima figuración, presento libros, participo de congresos y siempre estoy conectado con lo que sucede. Soy un tipo de escritor diferente al que fui durante muchos años.

¿Cómo tomas ese cambio?
Una cosa que tiene de bueno el ser viejo, es que ya no le das tanta importancia a ciertas cosas, la rivalidad o la competencia. Suponiendo que por algún milagro, de esos que suelen pasar, como le pasó a Ribeyro, hubiera tenido una fama internacional, no creo que ahora me emocione mucho, claro que si mañana deciden darme el Premio Nobel no me molesto (risas).
Siento que soy un escritor para lectores jóvenes, eso me entusiasma mucho, que sintonicen con lo que escribo me hace sentir fresco, vigente para esta sensibilidad nueva. Porque eso significa que probablemente algo de mí se mantiene joven aún.

Claro, eso no es algo que planeas
El acto de la literatura es un tanto irracional, en realidad los libros nos escriben, los personajes hacen lo que les da la gana. Uno empieza a escribir una novela con un plan. En un determinado momento los personajes, la misma novela, toman el control de la historia y se la llevan, y a ti solo te queda obedecer. Algunos dicen que antes de escribir uno debe tener y seguir un plan, yo no lo hago.

Hace un momento mencionaste a Ribeyro, en sus diarios él también te nombra, con mucho cariño además, fue uno de tus primeros lectores cuando comenzaste tu carrera literaria ¿Cómo fue tu relación con él?
Lo conocí cuando tuve 17 años y vivía en París, a Arguedas también lo conocí en esa época, pero mi amistad con Ribeyro fue mayor. Fuimos cercanos hasta que falleció en Lima. Tuvo mucha importancia en mi vida como escritor, él dice en uno de sus diarios: Yo de repente a Carlos no le he enseñado muchas cosas literarias, pero sí, muchas cosas humanas; y es cierto, eso me ha emocionado siempre.
Era no solo un gran escritor sino un excepcional ser humano. Lo tomé como modelo.

Además de Ribeyro, cuál otro modelo mencionarías
Más que modelos, he tenido grandes amigos, sobretodo poetas más que narradores, los poetas de la generación del 60 y 70, Toño Cisneros, Armando Rojas, Rodolfo Hinostroza. En Lima, la gente del grupo Narración, aunque no formé parte, hasta ahora soy amigo de todos ellos.

Algo que diferencia a la poesía de la narrativa en el aspecto social, al menos acá, es que los narradores no tienen esa tendencia a la colectividad, como es el caso de los poetas
Será porque nosotros hacemos una vida más privada, por el sistema de trabajo.  Yo siento que la poesía es pensada para ser leída en público, entonces ustedes los poetas se organizan en recitales, en eventos, congresos, festivales. El narrador generalmente no puede leer en público, por el tema de la extensión de sus textos. Eso hace que lo nuestro sea más bien el trabajo individual. Pero creo que sí escribimos dentro de la colectividad, estamos muy pendientes del trabajo del otro, nos conocemos, conversamos, intercambiamos, salvo excepciones de aquellos lobos esteparios, no sé, de repente Prochazka, por citar un ejemplo.
Generalmente tratamos de ser escritores de nuestro tiempo.

Eres uno de los escritores que ha sido muy publicado por las editoriales independientes peruanas ¿Has tenido alguna mala experiencia con ellos?
No, he tenido bastante suerte. Bueno, con Casatomada he publicado un solo libro. Con Altazor he publicado seis y con Borrador-Animal de Invierno, van dos. Me gusta mucho las editoriales independientes, en primer lugar porque generalmente están formadas por jóvenes escritores, con los cuales existe una relación más directa entre escritor y editor, que no creo que haya en las grandes empresas editoriales. Segundo, que pienso que no están tan abocados a lo comercial como sí a lo artístico, le ponen énfasis a lo literario y lo que más me importa es sobre todo el público al que llegan estas editoriales. Generalmente llegan al tipo de lector que a mí me gusta, estudiantes universitarios, jóvenes, escolares, eso me agrada. Mi experiencia en general ha sido bastante buena, no tengo porqué quejarme.


"Lo que me preocupa es tener fuerza todavía para hacer los proyectos que quiero hacer. Tengo la suerte de ser un viejito al que no se le ha apagado la mecha, tengo mucho por decir."

¿Todos los días escribes?
Sí, me levanto a las seis de la mañana y escribo hasta el mediodía. Luego almuerzo y por la tarde descanso, o atiendo a entrevistas (risas). Toda mi vida he escrito todos los días. Desde que me jubilé me dedico exclusivamente a esto.

Como creador ¿Te quedas con el cuento o con la novela?
Las dos cosas. La que no me interesa mucho es la novela de largo aliento, esas novelas de 800 o mil páginas que escribe Murakami por ejemplo, no me interesa ni creo que lo vaya a hacer. Soy de la idea de que una novela no debería tener más de 400 páginas, más es abusar del lector, un exceso. Me gustan las novelas cortas, esas que justamente están entre el cuento y la novela, tiene que ser redondita.

LA PRESENCIA DE LA AUSENCIA

Quedas finalista del premio Tusquets en el 2006 con “El fantasma nostálgico” ¿Cómo así recién te animas a publicarla este año?
Francamente, como había salido finalista de ese premio, entre aproximadamente 500 novelas a nivel latinoamericano, que había pelado la final (según me contaron) con el ganador, yo pensé que iba a recibir una propuesta del mismo Tusquets en primer lugar, Almudena Grandes al parecer pidió eso; y después quizá de alguna editorial española. Nunca llegó. Fue una experiencia muy extraña, me sentí decepcionado y no entendía qué cosa pasaba, porque si esta novela había resultado finalista de un premio tan importante, con un jurado de primera, ¿por qué no recibo la propuesta de nadie? Hasta que un día, Animal de invierno me hace la propuesta, me dicen: estamos formando este nuevo sello y queremos seleccionar muy bien nuestro catálogo y quisiéramos que tú seas de los primeros. Dije: entonces que salga, mejor tarde que nunca.
Seguir después de una experiencia de este tipo requiere de muchísima vocación.

¿Quién es Valentín López? ¿Cuál dirías que es el tema eje de El Fantasma Nostálgico?
Es el personaje central de El Fantasma  Nostálgico. La novela trata sobre la búsqueda del padre. Un obrero relativamente joven ha perdido a su padre en la época de la violencia política. Para buscarlo, hace un viaje imaginario, todo regreso al pasado es de alguna manera un viaje. Al mismo tiempo, resulta que es imposible regresar al pasado, porque en realidad buscas en el presente. Se convierte en un juego de tiempos. Valentín descubre que su padre está muerto pero no está muerto. Todos los muertos están presentes. Y son nostálgicos.
Todos tenemos que vivir con esos fantasmas, porque de lo que pasó nadie se libró. La novela es eso, una novela sobre la violencia política, de post guerra, de luto, de lo que sienten las personas dentro de sí mismos como rezagos.

Así es, todos quieren hacer su novela de la guerra interna, de la violencia política, del terrorismo, incluso los de generaciones que no vivieron esa época
Sí, pero, cuando piensas en las obras de Homero, está  La Iliada que es la novela de la guerra y yo creo que todos han estado escribiendo La Iliada, desde Vargas Llosa hasta Colchado. La Odisea, que es lo que sucede después de la guerra, el regreso; esto sería una especie de Odisea entonces. ¿Qué está pasando con nuestro espíritu? Luego el lector podrá hacer su propia lectura, pero el sentimiento es ese.

¿Cómo se te ocurren las historias? ¿De qué nutres tus textos?
De muchas cosas. Primero de ese almacén inagotable que es tu infancia, tu propia vida, eso es algo que hacemos todos los escritores. Luego de otras cosas que he vivido, experiencias importantes para mí, pero que maduran durante largo tiempo. Esta novela, por ejemplo, ha madurado en mí veinte años.
Usualmente escribo micro relatos sin saber qué va a pasar, a veces se terminan convirtiendo en cuentos, a veces en novelas cortas, generalmente las novelas son universos que te habitan. También hay cosas imaginarias, por ejemplo la trilogía que escribí sobre Sara Ellen, yo era un lector de novelas góticas y de pronto me entero que había una vampira en Perú; era algo que no podía dejar de lado. Para mí era fantástico y yo soy muy sensible a lo fantástico, tanto de lo que sucede en la vida real, como en la literatura. Entonces he transitado por muchos estilos, desde lo social, hasta lo real maravilloso y la fantasía.

¿Qué crees que te falta escribir?
Hay una que estoy escribiendo, no sé en qué terminará, es una novela de espías. Resulta que nosotros hemos tenido espías de la KGB en el Perú, un ruso que vivía acá y estuvo casado 35 años con una peruana, estaba siendo preparado para ser implantado en los Esados Unidos. Tengo un capítulo terminado. Siempre me gusta enfrentar nuevos retos, no me gusta repetirme. Cada tipo de novela tiene un juego narrativo que me gusta probar, aplicar los códigos propios de cada especie según la ocasión.

Finalmente, ¿Qué crees convierte a un escritor en escritor?
La vocación. En última instancia te das cuenta que es lo que te hace feliz, la literatura le da sentido a tu vida. Yo pienso que los escritores nacen con un destino. Entonces tienen que asumir ese destino, les guste o no. A veces se sufre más de la cuenta, bebemos, nos emborrachamos, tenemos amores locos, todo  para acallar el monstruo, pero nada lo acalla tanto como escribir.

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Publicado anteriormente en la edición n.° 33 de la revista VelaVerde



Etiquetas: [entrevistas]  
Fecha Publicación: 2013-10-08T21:12:00.000-05:00


Mañana empieza el IV Festival de Poesía de Lima
esta nota salió la semana pasada en la revista, se las dejo por acá
Etiquetas: [Arturo Corcuera]  [entrevistas]  [poesia peruana]  
Fecha Publicación: 2013-09-30T11:30:00.000-05:00
esta entrevista salió publicada en el número 30 de la revista VelaVerde, por cuestiones de espacio no entró el párrafo donde Arturo cuenta la historia de su poema sobre Tarzán, así que se los dejó por aquí, al final de las imágenes



CUÉNTAME LA HISTORIA DE TARZÁN Y EL PARAÍSO PERDIDO*
Esa es un historia muy interesante. En la década del sesenta se me metió en la cabeza escribir un libro sobre los artistas de cine. Hasta ensayé un nombre provisional: “Pantalla Panorámica”. Entonces, hice una lista de todos los artistas de los cuales iba a escribir, ahí estaría Tarzán, por supuesto con Chita y Jane; Drácula, El llanero solitario… en fin, hice una larga lista y empecé a investigar sobre sus vidas. Descubrí muchas cosas sobre los artistas, hasta de Popeye y luego escribí una balada contra Popeye. Algo que tengo que confesar es que mi adolescencia la pasé enamorado de Jane, soñaba con ver a una enamorada de esa época vestida a la usanza de Jane, caminando por el parque San Isidro (risas)… y entonces, descubrí sobre Tarzán muchas cosas, tenía todo el material y no sabía cómo empezar. Un día que estaba en el periódico “Hoy” (trabajaba ahí en ese entonces) nos llegó un cable que daba la noticia de que Tarzán se había vuelto loco, eso me hizo escribirlo de un solo tiro, el poema que menos he corregido. Tendrá 3 o 4 correcciones. Pero bueno, descubrí por ejemplo que Tarzán nunca había gritado, el grito había sido una mezcla de laboratorio, de los gruñidos de un cerdo y las notas de un tenor. Que Chita no fue una, sino varias monas. Es un poema que ha tenido mucha difusión. Una vez me pasó algo curioso: en Venezuela me hicieron repetir su lectura, lo leí dos veces, es con el único poema con el que me ha sucedido. Otra vez, en Ecuador, terminé un recital y en la recepción se me acercó una dama y me dijo que le había emocionado mucho el poema de Tarzán; a su vez me confesó que ella había estado enamorada de Tarzán, que había conocido a Johnny Weissmuller, el verdadero. Ahí estábamos, ella hablándome de los brazos musculosos de Tarzán y yo, de las delgadas piernas de Jane, le dije: ¿Cómo no supimos? Podríamos haber salido los cuatro (risas)… parecíamos dos amantes abandonados conversando de nuestros amores perdidos: de Jane y de Tarzán.

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 * “Tarzán y el paraíso perdido” es un poema que no está incluido en Noé Delirante, pero aparece en los libros “Puerto de la memoria” y “Breviario de Santa Inés”
Etiquetas: [entrevistas]  
Fecha Publicación: 2013-08-09T01:16:00.001-05:00
pececito, vuelve pronto

Etiquetas: [entrevistas]  [Mario Montalbetti]  
Fecha Publicación: 2013-07-21T22:16:00.003-05:00

Entrevisté a Mario
:)

(click sobre las imágenes para leer)