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Etiquetas: [música]  [CULTURA]  
Fecha Publicación: 2012-12-20T19:41:00.000-05:00
Un texto de:
 Jorge Méndez Torres

 "Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para remediarlo, entonces es rock”.
(Pete Townshend, The Who)

¿Te has Cruzado con Alí?...
Lleva una barba espesa y  bíblica, una melena encanecida de martirios y una guitarra macilenta que en sus manos puede inspirar más respeto que un fusil.  Lo  dijeron los músicos de su generación—los que empezaron a escribir  el pentagrama del rock de la ciudad—, y lo repitieron los que llegaron luego a continuarlo: “Alí es el mejor de nosotros. No hubo compositor  de rock ni guitarrista con su  brillo”. Que no te extrañe. Ese brillo, hecho de intervalos y  de  notas luminosas,a veces al margen de aquel  pentagrama,  se proyecta aun cuando su desgarbada estampa irrumpe pacífica, en  lugares donde te has detenido alguna vez y que son desde hace años su escenario y  exilio: bares,  cafés y  restaurantes del centro de la ciudad.
¿Te has cruzado con Alí? Es como cruzarte con el rock. Alí Cruzado es casi una metáfora viva del rock que  ha sido y es en Chimbote: un pulso indomable que late entre quimeras y desamparos,  un espectro vital que el mercado niega constantemente derecho de admisión pero no consigue conjurar. Con casi 50 años de marchas  a contra corriente, comas  asistidos y  resurrecciones vigorosas, el rock en Chimbote asemeja un corazón con problemas circulatorios. Absorbe la sangre de sucesivas generaciones sin  canales para expulsarla con igual fuerza. Una  diástole sin sístole que  a menudo  secan los vampiros de turno.
Alí Cruzado va con su guitara por el centro de la ciudad. Siente una  encrucijada de caminos áridos en ese breve espacio, y a veces el cansancio de haberlos recorrido todos. Ve el show bussines de hoy como un complot tramado para atarantar audiencias. Un paraíso de figurettis y no de figuras. Recuerda la primera escena rockera y piensa en Leoncio Lara, en Manolo Espinoza.En las muchas cosas buenas que se  quedaron por hacer. ¿Otro infierno  de buenas intenciones? —“Esos talentos  pudieron legarnos más historia”— dice, y luego me cita a Mariátegui—“Los artistas más puros son los menos cotizados.Se  quiere que  trabajen para un gusto mediocre”—Le doy la razón (y a Mariátegui  de paso). “Pero si él ya lo decía, la historia es bastante vieja, ¿no Alí?” —­­“Ahora es peor. Todo lo manejan las mafias,  las autoridades…o los mercados, ¿no es lo mismo?” —.
Contra lo que pudiera parecer, Alí habla sin amarguras. Con casi 10 años saliendo a “manguear”, dice encontrarse satisfecho.
—“¿Será que has adoptado la opinión romántica de los que repudian el presente en el nombre de la nostalgia del pasado?(esta vez  te cito a Mariátegui yo ¿qué tal?)”—“No,  sólo  trato de estar bien con miconsciencia” —“Ok. Nada de poses. (Te confieso  que  al primero que me hizo recordar  tu cita de Mariátegui fue  a ti)”.

"Si esto no es rock, ¿el rock dónde está?" (Charly García)
Alí recorre  los intersticios de la ciudad. Toca y canta al paso donde aún se lo permiten. “Veo las puertas cerradas y las ventanas también, ¿no será que nuestra gente está muerta?”, parece advertirnos desde un automóvil la canción  de Charly García. “No, no estamos  muertos para nada. Claro que lo escuchamos. Y le soltamos gustosos unas moneditas. Grande, maestro Alí…Siga, siga  así”-dicen los de la mesa tres-. Y “yo no quiero volverme tan loco”, pero… ¿dónde está la escena rockera? ¿Ese viejo corazón  gotea aún sangre a sus adeptos desde algún lugar? Y Alí, este rey sin reino… ¿no debería tener las  puertas de ese corazón abiertas de par en par? ¿Qué es una escena de rock? ¿Qué ha sido?
A grandes rasgos, se diría que es el espacio organizado entre público, bandas de rock e intermediarios. Y que estos  últimos, casi siempre   eventuales (es decir, no  especializados), promueven de un modo exclusivo y excluyente géneros que en un  momento dado les significan el mayor rédito.
En  esta lógica, un poder mediático mayor (radio, tv) influye negativamente en  la escena rockera cuando cierra sistemáticamente espacios en favor de otros, a modo de un “absolutismo selectivo”.  A nivel local, es obvio que  el rock  ha sacado la  parte  menos  ventajosa, pero  bussines son bussines. Y si se toma en cuenta que desde su nacimiento el rock marcha a contracorriente de las políticas conservadoras  siempre afianzadas en lo mediático, aquello  tiene sentido.Debilitado, a veces invisible en la conciencia colectiva, da la impresión  que nunca existió, o que siempre está esperando nacer. ¿Difundirlo más  lo fortalecería? Eventualmente, pero no es  el lugar  donde se tendría que consolidar. Rara vez algo arraiga  en  la cambiante marea mediática, y se  extingue cuando se retiran las aguas.
Su lugar está más del lado de la ruptura. La masificación, que no ha sido del todo esquiva, impone a los músicos de rock estándares que (sin desmerecer su buen oficio), suprimen  pretensiones estéticas y expresivas singularesen nombre de una media general en el  gusto. No en vano, Libre Expresión (1973-1974) fue el nombre de una banda local que apostó por un sonido propio, el más disidente y  elaborado de su tiempo, y fue   más ninguneado por el aparato mediático.
Pero si  al músico de rock se le pide que ya no haga rock,  la cosa tampoco funciona. La experiencia del rock en Chimbote demostró  más recientemente que si es posible remontar algunas olas en los intereses  mediáticos y  anclar una escena fecunda  sin ahogarse en el intento. Ocurrió a finales de los noventa. La llamada “escena subte” fue armada y sostenida en el tiempo por las propias bandas y su público durante aproximadamente seisaños (no se trató del público pasivo de las radiodifusoras). Los conciertos se hicieron inicialmente en casas de los propios músicos  a menudo alternando con un  solo juego de instrumentos. Contra  esas precariedades, las posibilidades de expresión y libertad creativa se repotenciaron. Estos mismos disidentes formaron luego las asociaciones Nación Suburbana (1999-2002) y Nación Alterna (2002-2003) para ampliar los espacios de difusión y autofinanciar mejores equipos y alquiler de locales.
Por supuesto, no toda creación de  espacios al margen de intereses masivos es  o está obligado a ser “subte”. Sólo remarco que entre la tensión inevitable de lo estético y lo utilitario, el  show bussines favorece lo segundo, aun a costa de lo primero (como Alí me lo puso a su modo). La escena “subte” con su ruptura, encontró espacios de creación, fortaleza e identidad expresiva tomando distancia de lo mediático y apostando por su estética.  Confirmó de paso que el público tiene la última palabra cuando se trata de preservar   esos espacios. Repasemos el rock de Chimbote en cuatro escenas (más  o menos  cronológicas y coexistentes).

Primera escena: En el principio fue… una guitarra de palo
Alí Cruzado  recuerda que tenía 12 años, cuando empezó a asistir a los festivales musicales que la Municipalidad organizaba cada fin de semana en el coliseo Paul Harris. Sus dioses locales por ese entonces eran LosFelton´s, primera banda chimbotana en registrar un disco de 45 rpm (1969) con dos temas propios. Ocurrió luego de ganar un concurso interdepartamental  convocado por Radio Programas. El logro abrió caminos y audiencias a otros grupos provincianos hacia la capital. Con un sonido próximo a la Nueva Ola, LosFelton’s: Leoncio Lara (primera  guitarra), Lucho Rojas (segunda guitarra), César Beltrán (bajo), César Bracamonte (órgano), Alberto Rodríguez (batería) y Manolo Espinoza (voz) medían semanalmente  destrezas con bandas locales como Los Beenkers de los hermanos Acuña  (en breve Pasteles Verdes), Los White Man, (primera banda propiamente rockera que presentó covers de LedZeppellin, Black Sabbath y Grand Funk),con Marco Merry y sus Golfos (tercer grupo chimbotano en  grabar un disco de 45 rpm, incluyendo su versión de Treat, de Santana) y grupos invitados de otras ciudades. Los géneros eran misceláneos, pero permitieron que esta primera escena  asomase visible y activa. El entusiasmo y constancia con que  un promedio de cinco mil espectadores se volcaban al encuentro semanal con sus grupos, ayudó a que los músicos -no solo de rock- superen sus precariedades iniciales. “Al principio no había afinador ni amplificador  y menos pedalera”— recuerda Alí—“Aparentemente se necesitaba  magia para hacer las cosas”. Y Manolo Espinoza, cantante de Los Felton’s,  puede  suscribirlo. Venía de alcanzar dos hitos que hoy se ven muy modestos, peroque fueron imprescindibles para el comienzo de esta escena. El primero, fundar Los Shaker’s (1965-1966), primer grupo  de Nueva  ola y pop creado para hacer presentaciones en vivo(la posibilidad de grabar aún era una quimera).No tenían instrumentos eléctricos ni amplificadores y se valían sólo de guitarras acústicas y armonías vocales bien logradas. No obstante,llamaron  la atención de un grupo de ejecutivos de Panamericana Televisión e hicieron  una presentación televisada. El segundo hito de Manolo fue, ya al frente de Los Milton’s (1966-1968), incorporar por primera vez en una banda local un amplificador y una guitarra eléctrica.
El sueño Felton
Pero la trascendencia del disco que grabó Manolo Espinoza  con LosFelton’s al año siguiente fue decisiva para insuflar a la escenade una pasión casi futbolística. “Quienes estábamos ahí, el público,  hacíamos de eso algo especial”, recuerda Alí.  Luego agrega “Las Águilas de Trujillo eran los más respetados. Y para nosotros eran los rivales de los Felton’s. Cuando venían, salíamos a repartir volantes. ¡Hoy canta el loco Manolo! ¡Ven a ver a Los Felton’s! …Y la gente venía, traía matracas, formaba sus barras, el coliseo rebalsaba y LosFelton’s la rompían”. Los Felton’s grabaron los  temas  inéditos Sueño de Amor (de Walter Alday) y  El Tema Felton (de  Leoncio Lara, guitarrista de la banda), con los que ganaron aquel concurso de Radio Programas.
En estos primeros años de la escena, el poder de los intermediarios no apostaba    obstinadamente por generar un exclusivismo en el gusto. La relación entre el público y sus grupos era  espontánea, simétrica, casi  coloquial. Pero, un  punto de quiebre adverso para el   rock, llegaría pronto y en  un momento claro de su despegue.
Una expresión fuera de este mundo
Alejados ya de las sonoridades nueva oleras que acunaron el fervor de los primeros años, los hermanos Lara Mejía (Javier, ex White Man en bajo) y Leoncio (ex Felton’s en guitarra) con Alberto La Torre (voz), Carlos M. (teclados) y Hugo M. (batería), dan vida a Libre Expresión. El disco de 45 rpm que graban en 1973 significa una renovación estilística importante en el sonido del rock chimbotano. La  psicodelia y el hard rock estrechan manos con una madurez compositiva y sonora equiparable a la de cualquier lugar con escenas de esta línea, pero Chimbote carecía de antecedentes. La ruptura de Libre Expresión es la verdadera piedra fundante del rock hecho en la ciudad. Es verdad que los White Man estuvieron antes y presentaron en vivo el rock más duro que se conocía en el mundo por entonces, y que en  esta  senda  continuó Alberto La Torre en los primeros años del grupo  Kung Fu (con los hermanos Alberto y Jaime Konfu). Y que también los hermanos Lara hicieron lo suyo previamente en su banda de transición Black Star. Pero la dimensión abierta a los sonidos poderosos se limitó a los covers, sin apostar por un movimiento inicial creativo. Libre Expresión graba así “Fuera de Este Mundo” y “Destrucción”, ambas composiciones de Leoncio Lara, que fueron apoyadas  inicialmente por las radios locales.
Pero una primera ola mediática adversa reorienta la atención a géneros románticos de fácil consumo -en muchos casos intrascendentes-, frenando masivamente lo que se anunciaba como un vuelo de mayores alturas. Alí frunce el ceño cuando recuerda ese episodio. “Fue como si de un momento a otro se instalase en las radios una  mafia que despreciaba el arte que se empezaba a alcanzar”. El suceso internacional de Los Pasteles Verdes-hasta hoy sin igual-, llegó poco después yreconfiguró  el formato de las propuestas musicales que  se sucedieron en adelante, hasta agotar la década de los setenta. Libre Expresión se despide de la vanguardia, conserva   el núcleo Lara – La Torre y muta a Y Griega(1975-1980). Mantienen un buen nivel compositivo,  pero dirigensu sonido hacia el pop y la balada.  Alberto La Torre se revela como uno de los  compositores más prolíficos de esos años y  simultáneamente a Y Griega, continúa trabajando hasta 1981 con Kung Fu, banda que    también  se va por  horizontes sonoros más livianos.
A mediados de los setenta, Alí Cruzado se hizo amigo del guitarrista Leoncio Lara, uno de sus mentores. Hizo su debut en la olvidada banda Ensalada de Fruta (la razón del nombre es que  hacían de todo) y  también en Markina JuniorGalaxia, esta última antecesora de su futura banda Randa- Bach (y también del futuro núcleo de Duro y Blando  y  Taxi, bandas de las que me ocupo a continuación)


Segunda escena: La voz de los ochenta 
Dicen que el epicentro fue México, país frecuentado por violentos movimientos sísmicos.   La  ola expansiva atravesó hacia el sur todo el continente, derribando a su paso  varios monumentos sonoros, convirtiendo a algunos en venerables piezas de museo y a otros  en insalvables ruinas. La nueva ola mediática surgió y alcanzó  en 1986 su estallido mayor. En nuestro país y el resto de Latinoamérica, en ciudades grandes y pequeñas, el fenómeno llamado Rock en español (orientado  más en realidad  al pop) tuvo una réplica  unánime. En  Chimbote radios  como Stereo 100 y Studio 54canalizaron    la nueva moda (las radios limeñas aun no absorbían nuestro dial). Se promovieron eventos musicales como antaño (la  iniciativa   ahora  corrió  por cuenta de las radios,  más que del municipio) Y las masas, efervescentes,  volvieron a colmar  el coliseo Paul Harris como hacía 20 años,  aunque sin la frecuencia  semanal acostumbrada. Bajo el común denominador  de rock en español  se presentaron  bandas emergentes como Río,  músicos  de trayectoria  como  Chachi Lujan, consagrados independientemente comoFrágil y las   bandas  locales  más conocidascomo Ormiga RockTaxi.
En esta década,  las bandas chimbotanas empezaron a grabar sus discos de larga duración. En algunos casos  alcanzaron records de difusión y  ventas aún sin superar.  Los  pioneros fueron Duro y Blando (el proyecto  de Alberto la Torre en aquellos años). Pero su Lp de  1982,  bastante alejado  del  estreno  del fenómeno  del rock en español,  no pasó de tener una tibia acogida  en las radios locales.
Duro y Blando tuvo una banda soporte. Esta   fue el núcleo de  Taxi (1982-1992). Sus primeros temas  los grabaron en discos de 45 rpm entre 1983 y 1985, escalando ese último año posiciones en radios de todo el país. Taxi se anticipó  por muy poco tiempo al  impacto de la nueva movida.  Para cuando  grabó  su  larga duración (1989), eran conocidos en Lima y varias provincias. Conformaron Taxi los talentosos Enrique y Manuel Alvarado Maguiña (guitarra y teclados respectivamente), Jorge Gutierrez (batería) y Daniel Cueva (voz principal y bajo), quien fue reemplazado  por Peter Espinoza en 1986. Todos los temas del Lp fueron  compuestos por el  tecladista de la banda,  Manuel Alvarado.
Ormiga Rock (OR)  fue otra banda favorecida por este   empuje mediático. Grabó un disco de 45 rpm (1985) y  un larga duración llamado Metete en la música (1988) que    fue un éxito a nivel nacional. La banda  surgió del  deseo del compositor de baladas y ganador de la OTI  Félix  Yoshida  de incursionar en  otros géneros en boga. Así, en  la misma línea pop, Yoshida  dirigió en simultáneo  a   la adolescente banda local Tu Rock,  que también ganó una atención  mediática  considerable.  Esta última,   llamada  la banda  más joven del Perú,  tuvo  integrantes  entre  los  12 y 15 años de edad tocando ellos mismos sus instrumentos. El grueso público de ambas bandas   se ubicó  en ciudades al norte del país (de costa sierra y selva), a donde salían constantemente de gira.  Se presentaron también    en vivo en Lima en festivales,  en eventos organizados por  radios como 1160 y programas musicales.
Mas allá  del aspecto  positivo que este torrente  mediático  trajo consigo (especialmente un  crecimiento  de  las audiencias sin precedente), las noticias sobre la evolución del rock porteño quedaron en la oscuridad. En cierta forma, evolución es una  palabra incómoda  en los momentos estelares del show bussines, que ven la forma de dar continuidad a lo que  ya tiene asegurado el éxito comercial.  La contraparte es vetar propuestas que innovan por fuera del estándar. Alí Cruzado, para ese entonces ya al frente de Randa Bach (1982-1989, con eventuales presentaciones posteriores), inauguraba  un curioso método de componer y grabar sus canciones en directo. Randa- Bach atraía por su virtuosismo. Su sonido oscilaba entre el   hard rock  e influencias del rock clásico. En  esta época, Alí consolida su   reconocimiento  como  compository guitarrista. Recuerda a sus compañeros de banda como  “El loco Ray (guitarra), Cachito (bajo)  y  Raul Beteta  en la batería”.
Vemos que  esta segunda escena   estuvo dominada  de una forma casi total  por sus intermediarios. El rock en español fue planeado así desde sus    orígenes,    a diferencia de su inmediato antecesor, la  Movida Madrileña  de 1980.
El caso resume dos maneras en que puede ser trascendente el rol de los intermediarios. La Movida  Madrileñasurgió  por  la decisión política del ayuntamiento  de Madrid  para impulsar  las  diferentes artes (no solo musicales), subvencionando  y promoviendo  espacios para que los artistas hallen su voz y su público, artistas que hoy en día son de culto en varios casos. Mientras ,el fenómeno del  llamado rock en español estuvo orientado básicamente al consumo. Las  discográficas y  las radiodifusoras, se percataron    de la potencialidad de meganegocio  que  había en   el pop rock  hecho  en nuestro idioma. Quizá nuestras autoridades, con algo de voluntad política, podrían recoger  algunas experiencias de  La Movida Madrileña.

Tercera escena: Visiten nuestro bar, que los ochenta se van a quedar.
La voz de los ochenta   cesó la fuerza de  su oleaje, y volvió a reconfigurarse  la escena local. El   circuito de bares,  pubs y discotecas a donde regresó con fuerza  nunca le fue ajeno. ElClub 66’, una de las primeras discotecas de la ciudad, tenía ya  a Los Milton’s como sus estelares, pero  fue entre fines de los ochenta y fines de los noventa  que  enlazaron   casi de modo exclusivo a las bandas y su público. En realidad  llenaban   un espacio. Las emisoras  se desinteresaron   de  la escena local. La moda había pasado  y las  eventuales presentaciones de los músicos en las radios no les aseguraban ni  continuidad ni  formar parte de su programación habitual. Los eventos masivos se resintieron y otras  corrientes musicales dominadas por el idioma inglés, acapararon  el gusto general. Frente a esta  marea adversa, el circuito de locales nocturnos  significó  tierra firme y  continuidad. En un breve repaso, podemos mencionar a los video pubsde los ochentas: Happy Days, Rogers, o Two Dollar. En este último tocaron (además de la banda  homónima), For CrazyNo Hay.  Durante los noventas,  alcanzaron popularidad Camelot, El Roble, Glenn y  La Pileta, locales donde alternaron bandas emergentes como Occisos, Exodo, Sacramento o Praxis. La consigna principal   fue  mantener vigente  el culto a los hits  ochenteros. Aquello funcionó estupendamente. El público, en su mayoría   flamantes nostálgicos de los años recién idos, hallaba espacios  donde evocarlos (hoy la movida ochentera ha hecho legión en el mundo y no dejan   de abrirse  locales y emisoras radiales para ellos).  El  lugar más emblemático de esta escena  fue el bar  EL Bucanero, que desde  mediados de los noventa,  albergó a varias de nuestras   bandas más sólidas,  como  Forever, Freedom y Polvo Libre. El guitarrista Fernando Ramos (cofundador de las tres mencionadas), permaneció  hasta  cerrar  los años de mayor concurrencia al  local (alrededor de2005).
La faz negativa de estos  intermediarios fue  sin embargo  la tendencia  a  consolidar  una escena sin voz propia, a retraer   a la mínima expresión la faceta creativa de las bandas. Tener una buena banda de covers parecía ser el único modo de  permanecer vigente. Los locales además decidían el repertorio.   Recuerda Fernando Romero: “Siempre estábamos con  la  inquietud de tocar temas propios. Pero por cuestiones de mercado  lo fuimos postergando. Los clientes esperaban oír algo  conocido”. Forever sin embargo,   grabó   su tema  Adios siglo veinte,(inspiración de su guitarrista Willy Ferrer), con  acogida  en  varias emisoras locales a fines del año 2001.   Polvo Libre por su parte, permaneció tocando en El Bucanero cerca de  ocho años  ininterrumpidos. Un aporte valioso  de El Bucanero   a la diversificación de esta escena fue la inauguración de  los recitales acústicos (una manera de emular los celebrados Unpluggeds). Primero  estuvieron a cargo de Marlon Quevedo con su banda The Polvo. Se sumó luego el guitarrista Joe Urdanibia con su banda Karma. Este formato si  permitió   la alternancia  con los temas propios.
Con la idea de impulsar esta última vertiente abrió Acústica (2003- 2011) en  Nuevo Chimbote.   Pero acabó afianzando su presencia en los sonidos eléctricos,  ante las preferencias del público. De los varios grupos que acogió  este bara lo largo de ocho años,  fue el primero de ellos, Los hijos de Eva (2003-2007) quienes  lograron  repercusión nacional. Lo integraron  Joe Urdanibia (guitarra), Juan Víctor Sánchez (bajo y voz)y  Roman Corpus (batería),  reemplazado luego por Enrique Centurión. Lograron una  agradable  fusión  entre el pop, el  rock y funk. Ganaron el año 2005 un  concurso nacional  de bandas   auspiciado por una conocida bebida, tocando  sus temas propios. Dieron entrevistas en  programas de televisión  y  alternaron con varios artistas consagrados en el  estadio de la Universidad San Marcos.  Su material aún permanece inédito.  Otro  local que ha mantiene esta escena vigente los últimos años es  el Machineros, que albergó a grupos como Lp 33 (covers de rock clásico)  y recientemente Bulldog  ( covers de hard rock).

Cuarta escena Oirán tu voz
De pronto algo fluyó en otra dirección. Al principio se pensó que  su destino era el olvido. No parecía haber otro entre las arterias coaguladas del rock porteño: ser sangre prisionera,  en breve  silenciosa y estéril  como un hilo de arena. Pero aquel torrente engrosó  y su pulso se hizo trepidante y su furia desbordó sus canales.  Para latir  a su ritmo había  que ser ahora un disidente, construirse nuevas arterias, empezar de cero. Igual que ayer, una libre expresión quiso una ruptura.Algo fuera de este mundo.
Los Lemmings y la escena “subte”: El rock salta al vacío pero no se suicida
Referí al iniciar este texto los espacios que la llamada escena “subte”  creó para sí y fortaleció al margen de las cortapisas  de  los intermediarios. Revitalizargéneros derivados básicamente del metal y el punk difícilmente se hubiese logrado sin  una escena independiente.
Esta nueva escena  se  desprendió  del circuito de pubs establecido, curiosamente en  pleno vigor de la  ola alternativa(que  durante  algunos años  les fue común).  Para  1996, ya las canciones de Nirvana, Alice in Chains o Pearl Jam formaban parte del repertorio de  bandas locales  como Ocho Bolas, Sociedad Anónima, Praxis o Lemmings
Para  algunos  no fue   una moda,  sinoun catalizador querescató el viejo espíritu de  rebeldía postrado hace casi  veinte  años en elrocklocal.  Lo alternativotrajo resonanciasdeterminantes en  la  nueva camada de bandas y los  hizo legítimos herederos  en la construcción de una  escenalospróximos  seis  años.
Susdeseos de expresar  emociones (a menudo con crudeza) se impusieron a los  convencionalismos. Sus  actitudes y sonidos no eran los que se esperaba en los insertos al circuito formal. “Pero a nosotros en ese momento nos  interesaba más expresar cosas mediante la  música  que sonar como profesionales”, recuerda  Víctor L, voz de Lemmings.Por eso, cuando el espíritu y  la estética asociados  a lo alternativo empezaron  a ser domesticados y absorbidos por los canales de consumo y   sus banderas de insurgencia arriadas, estas bandas fueron  a izarlas por  parajes sonoros más lejanos aún.
Eso fue lo  singular  de  esta nueva escena: suapuesta  por el rock desde el rock mismo, no desde los cálculos  de un  intermediario. Volvía a tratarse de una ruptura, un autentico movimiento del rock. A lo largo de seis años, conquistar nuevas fronteras de sonido tuvo su parte de grito ciego y  de evolución calculada. Perotambién su parte de  salto al vacío. No hay que olvidar lo que  continua significando hoy eso último.
La primera formación de los Lemmings (1996) (con Víctor L en voz, Rolando Vásquez  en guitarra, Joe Urdanibia en guitarra, Roman Corpus  en batería y  Juan Willman en bajo),  estaba insertaen la escena del circuito nocturno. La banda se convenció que era necesario crearotra escena parala música que se proponían hacer.Ello implicó (entre otras cosas)tomar distancia y quedarse  sin piso.Quizá siendo consecuentes con la resonancia tanática  de su nombre, los Lemmings dieron el  primer salto al vacío. Y al fondo del abismoencontraron para  suerte suya, aquel torrente al que aludí. Que aun  discreto y de pronóstico reservado,  se movíadesde  años atrás en la dirección que les interesaba: En 1993, Giancarlo Mostacero y Rafael Menendez habían formado Necro Corpe, primera banda death metal de Chimbote. Ambos se hicieron pioneros también del hardcore local  con Guerrilla Urbana (1996). El torrente creció   con nuevos disidentes que luego imitaron con más frecuencia y  confianza el salto de los Lemmings. Aquellos compañeros de viaje eran disímiles en sus propuestas. Había  bandas punk como Aneurisma (1998)  e Incertidumbre (1998), también bandas hardcore como Suburbia (1999), otras  ubicadas en el Niü Metal como Contranatura (1999), o  en el grindcore como Deforme (1999). El sonido de Lemmings se alejó de lo alternativoinicial para asentarse  a plenitud  en el heavy metal. De su núcleo  aparecieron otras dos bandas paralelas: Inicuom (2001), cultores del death metal y Boreana(2001), pioneros  en el doom metal. Más adelante  engrosaron la tendencia  punk Sinamos (2001) y Andariel (2002).  Con este caudal en ebulliciónse  construyó  la nueva escena,  que encajó a la perfección en  la  ética del do it yourself (hágalo usted mismo), tan  propio  de las corrientes punk y otros  movimientos contraculturales. La escena se asentó en Nuevo Chimbote


El relanzamiento de los conciertos:
Las asociaciones que se formaron (y mencioné antes) a iniciativa de los músicos Víctor L y los hemanos Ismael y Sergio  Castro entre otros,  lograron autofinanciar  los ciclos de conciertos a razón de uno cada  mes y mediodurante tres años continuos. Se empezaron a alquilar locales cuandolascasa de los músicos  ya no ofrecían abasto (llegaron a  caber 200 personas en una casa).  El público crecía. Los fondos recaudados y las cuotas de los socios se invertían en su totalidad para el  alquiler de mejores  equipos y locales más grandes. Nunca contaron con el apoyo municipal. Se registró un record de 600 personas en el local del partido Acción Popular  el año 2001. Por su parte, la asociación ARMI (Asociación de rockeros y músicos independientes) fundada por  el guitarrista de  Praxis  “Lennin” Dominguez y Alí Cruzado, desde 1998, estaba  también  abocada al esfuerzo de  organizar conciertos en vivo y de integrar a  las bandas del rock y el pop en  la ciudad. Realizó entre  otros,  las tres ediciones del festival Maretazo  el año 2002, en la concha acústica del viveroforestal,  congregando a  más de mil personas y  con la presencia de bandas como Randa-Bach, Praxis, Lemmings y Contranatura .
Rock en la red:
Las nuevas tecnologías han permitido  a las bandas locales ampliar  sus posibilidades  de ser escuchadas. Su material se difunde  través  de la  web. Las páginas  especializadas en el rock duro como www.chimboterock.com  y   también grupos en  Facebook como Escena Chimbote Rock o Rock en Chimbote,  exponen su  actividad y propuestas en las distintas  líneas del rock y el pop. Este medioha  logrado integrar también a músicos de  diferentes generaciones. Por ejemplo,  el material del joven cantautor chimbotano Javier Salcedo, es producido y grabado actualmente por el experimentado bajista Carlos Barbaran (ex integrante  de las bandas Tu rock, ForCrazy, TwoDollar y Sociedad Anónima  entre otras). Es posible ver  un adelanto de aquel  trabajo en los grupos de Facebook mencionados.
Más aún, el contacto  a través de internet con disqueras independientes ha hecho posible  editar  material de  varias bandas  locales de rock duro como Metralla (2004, trashdeath metal), Stone Head, (2005, hard rock) Poison Death (2006 ,trash metal) y Mandrágora(2007, Steel metal)
El año pasado, la banda Contranatura (1999) logró  ubicar en el puesto 14  (de entre 100 bandas del mundo), un demo  con tres temas propios vuelto a grabar recientemente, en el  ranking del sello independiente Road Runner
Por supuesto que   se trata de  una vocación y una resistencia. El reconocimiento  siempre es esquivo. Pero insisto que una  “movida madrileña” local  nos   evitaría  dar muchos saltos al vacío. Es mucho el talento que se pierde (y además  las  probabilidades de  sobrevivir a un salto al vacío deben ser equivalentes  a las de recibir un milagro).
-¿o debemos seguir esperando Milagros, Alí?
-“No, yo creo que uno mismo debe ser el motor para hacer las cosas. Uno mismo  tiene que trabajar. ¿Milagros? No sé…Pero si alguien  puede todo, debería  estar atento a todo. ¿Por qué los gobernantes… las mafias, todos se burlan de nosotros?... ¿Dóndeestá el amor de Dios ahí?”Me quedo pensando en una  respuesta que no hallo. Mientras, el lado B de nuestro viejo disco no cesa  de girar  y crecer.

Etiquetas: [SAN PEDRITO y otras costumbres religiosas]  [CULTURA]  [Historia]  
Fecha Publicación: 2012-08-17T12:45:00.001-05:00

Guardado en una pequeña capilla ubicada en la entrada de la oficina administrativa del Desembarcadero Pesquero Artesanal de Chimbote se encuentra vistiendo un traje  rojo palidecido por el sol, con un sombrero de ala ancha,  portando una Biblia en la mano derecha y un puñado de llaves con la otra, la efigie de un San Pedro que a pesar de no contar con el visto bueno de la Iglesia Católica para su adoración popular, recibe desde 1992, el fervor de la comunidad de pescadores artesanales, quienes atribuyen a sus antepasados el verdadero origen de la Festividad de este Santo en nuestra ciudad.  


Este San Pedro - al que también podría llamársele San Pedrito por su diminuto tamaño -, a diferencia de la tradicional estatua de yeso que se pasea por la ciudad a finales de Junio, tiene la mirada dócil, de quien espera pacientemente el reconocimiento  eclesiástico que lo coloque en el sitial de los otros Santos de la ciudad. La historia de esta imagen tiene su origen en el año 1991, cuando los pescadores artesanales deciden organizarse para conformar una Asociación que los represente y vele por sus derechos laborales y colectivos ante los organismos tutelares de la pesca; pero además de las cuestiones políticas los hombres de mar buscaban una reivindicación social que les devuelva el protagonismo que tuvieron hace más de un siglo cuando eran ellos los abanderados de la fiesta  de San Pedro.  En un intento por recuperar su identidad religiosa, perdida desde que el Concejo Provincial del Santa asumió las riendas de la festividad patronal excluyéndolos del Programa Cívico, los pescadores artesanales sumaron esfuerzos y con el aporte monetario de sus asociados mandaron construir un año después su propia Imagen de San Pedro, levantaron una capilla en el Desembarcadero y organizaron un Programa Festivo sencillo, donde primaba el culto al patrón y el agasajo a los hombres de mar, con ese fervor y humildad con la que se celebraba un siglo atrás. Don Wilfredo Ascue Yepes, Presidente de la Asociación de Pescadores Artesanales en la década del noventa, fue quien solicitó de manera formal al Monseñor Luis Bambarén, Obispo de la ciudad en ese tiempo, la autorización para que el Santo pudiera recorrer las calles aledañas al Desembarcadero, pasear la imagen en altamar y celebrar su fiesta con la comunidad chimbotana. La respuesta de la autoridad religiosa fue un tajante ¡NO!, aduciendo que ya existía una figura que representaba al apóstol Pedro. La negativa de Monseñor no desalentó a los hombres de mar, quienes decidieron elaborar un Programa Festivo donde incluyeron actividades deportivas, religiosas y sociales que se realizan todos los años dentro del muelle artesanal los días 28 y 29 de Junio. Esas fechas son celebradas con mucha devoción por los pescadores, quienes participan de un Campeonato Interno de fútbol, queman fuegos artificiales, bailan al compás de grupos de cumbia y cantantes folclóricos, beben cerveza y acuden a la tradicional Misa de Honras en Honor al Patrón, todo ello sin salir de los ambientes del Desembarcadero.

Luego de la muerte del señor Ascue en el año 2007 la posta en la dirección del Desembarcadero fue asumida por Octavio Cortez, un Huaylino de 62 años que  no dudó en continuar la brega para que la imagen del Patrón de la Asociación de Pescadores Artesanales traspase las fronteras del  muelle, reciba la adoración de sus vecinos o al menos realice un pequeño paseo por altamar e impregne de su mística a la comunidad Chimbotana.  “¿Acaso esta imagen no representa también al apóstol Pedro? No pretendemos opacar o desprestigiar al tradicional San Pedrito; nuestra intención es devolverles a los pescadores el protagonismo que antes tenían en esta celebración. Las autoridades religiosas hasta ahora han sido mezquinas con nosotros. Poco a poco fueron dejando de lado a los hombres de mar; ya ni siquiera participamos en las celebraciones que ellos organizan y donde se politiza la fiesta. Los pescadores tenemos un fervor a San Pedro arraigado de nuestros antepasados, que fueron los que trajeron la imagen a Chimbote. Esperamos que el año que viene Simón Piorno se sensibilice y nos otorgue carta libre para que nuestra imagen pueda recorrer el mar, que es donde Pedro se desenvolvió con maestría, pasear en la ciudad, vivir nuestra fiesta con sencillez pero con mucho espíritu, creemos que ese es nuestro justo derecho”.
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Fecha Publicación: 2012-08-14T17:09:00.002-05:00
El pasado 04 de junio se cumplió 53 años de la desaparición de la lancha Moby Dick con sus trece tripulantes.


 Un texto de Marco Antonio Silva Mantilla

Cuando recibió la noticia se quedó petrificado, inundado por las dudas, el desconcierto y el miedo. Por un momento imaginó que se trataba de una broma, la más cruel y despiadada de todas las bromas que había recibido en su vida. “La Moby Dick ha desaparecido misteriosamente en el mar con toda su tripulación sin dejar rastro alguno”, le dijeron. La sentencia retumbaba en sus oídos. ¿Acaso era posible? De ser verdad aquello, la suerte que había tenido de no abordar la embarcación esa fría noche de mayo, a pocas semanas de celebrarse San Pedrito.

Edmundo Chinchayán Huaraz tiene ahora ochenta y dos años; apenas oye y las manos le tiemblan al hablar. Por momentos lo invade una extraña sensación de apremio que lo invita a abandonar su cama para reiniciar la inútil búsqueda de sus trece compañeros de faena, extraviados en altamar mientras pescaban en la Moby Dick, pero es consciente de que sus piernas ya no obedecen los mandatos de su cerebro ni los deseos de su corazón.

La mañana del 24 de mayo del año 1959, don Edmundo alistaba sigilosamente su indumentaria de pesca, mientras en la cocina, su esposa Isabel Infantes, quien en pocos días cumpliría nueve meses de gestación, le preparaba un desayuno a la chimbotana: pescado frito con yucas y un nutritivo chilcano. La travesía sería larga y a Chinchayán le gustaba despedirse con los inigualables sabores de la comida casera. Antes de las once de la noche debía estar en el muelle, listo para zarpar junto a una docena de tripulantes rumbo al sur, hacia donde el cardumen se había dirigido siguiendo la corriente marina. Aquella tarde la pasó acariciando la barriga de su mujer, escuchando los latidos de su vástago que se movía con más ahínco, anunciando así su deseo de ver pronto la luz del mundo. “Mi hija Cato me salvó la vida”, recuerda agradecido este vetusto hombre de mar.

La lancha Moby Dick tenía un prestigio ganado en la ciudad, no sólo por el llamativo nombre con el que había sido bautizada, sino porque, dentro de la flota pesquera de aquel entonces, era una de las más grandes y exitosas. Las veinte toneladas de peces que podía almacenar su bodega quedaban cortas para tanto cardumen que terminaba por rebalsarse en la embarcación. “Esa fría noche de mayo fue la última vez que vi a mis compañeros y a mi nave; y pensar que yo pude haberme perdido con ellos, pero Dios no lo quiso así, qué habría sido de mi mujer, de mi hija que estaba por nacer”. Un suspiro de consuelo abriga el alma de Don Edmundo. “Cuando estuve a punto de abordar la lancha, se apareció dando trancadas un vecino del barrio, en la cara se le notaba que me traía malas noticias. Apenas lo vi se me vinieron a la cabeza ideas trágicas, pensé que algo le había ocurrido a mi mujer que ya tenía las horas contadas para su parto, y era casi como lo suponía, mi hija se encontraba desesperada por salir y le produjo a Isabel fuerte dolores en su vientre que la tendieron en la cama”. En ese momento el patrón de la embarcación le dio a elegir entre zarpar o regresarse a casa. El amor a su esposa y a la hija que estaba por nacer hizo que Edmundo Chinchayán no dudara al momento de tomar la decisión de desembarcarse esa noche, sin imaginar que de ese modo le seguía el juego al destino que le estaba salvando la vida.
Antes de retornar a casa, don Edmundo escuchó el estruendo del motor encendido de la Moby Dick, la vio alejarse poco a poco del muelle, perdiéndose en una bruma espesa en medio del bullicio de la tripulación que se esmeraba con los aparejos de pesca. Jacobo, uno de los tantos pescadores venidos del norte que no tenían embarcación fija, aguardaba en el muelle la oportunidad de embarcarse en cualquier lancha. Aquel día tuvo la mala fortuna de reemplazar a Chinchayán. “De un momento a otro sentí la necesidad de dar media vuelta y allí estaba el muchacho, alzándome la mano desde la proa, mostrando una sonrisa de satisfacción por zarpar. Seguro que ni en sueños supo que el mar lo tragaría”.
  
La madrugada del día 27 de mayo, Edmundo Chinchayán Huaraz se convirtió en padre por primera vez. Su mujer, Isabel Infantes, alumbró una niña en cuyas facciones infantiles se podían notar los rasgos del orgulloso papá. A esa misma hora, la Moby Dick y sus tripulantes arreciaban en altamar, lanzando sus redes al océano. Una y otra vez jalaban el boliche, mientras la brisa marina se pegaba en sus rostros y las olas mecían la embarcación. Dos días después arribaron a Huacho, con la bodega “cachanga” (repleta) de bonito. Allí pasaron unas horas de reposo, cenaron y compartieron recuerdos de travesías pasadas. “Con esta pesca sí que vamos a tener un buen San Pedrito”. El entusiasmo se desbordaba en la mesa. Jacobo soñaba despierto con la tremenda huasca que se daría cuando estuviera de vuelta. Sin lugar a dudas que todos visitarían “La Casa Blanca”, el céntrico burdel donde los pescadores solían celebrar una buena faena.

El 31 de mayo la Moby Dick salió de Huacho rumbo al norte, en dirección al puerto de Chimbote. En un primer momento tenían planeado ir hacia Lima para vender el pescado, pero en la capital el bonito costaba un sol el kilo mientras que en Chimbote se estaba pagando un sol con veinte céntimos. Esa pequeña diferencia hizo que el patrón, luego de consultar con su tripulación, tomara la decisión de virar hacia Chimbote. Los pescadores que vieron zarpar la lancha recuerdan su tránsito imponente por el océano hasta la zona de la isla Las Hormigas; luego el viento, la niebla, el mar, Dios o algún demonio se encargaron de desaparecerla.

El 04 de junio de 1959 las autoridades dieron oficialmente por perdida a la Moby Dick. Su búsqueda continuó por muchos años más, sin embargo nunca se pudo encontrar rastro alguno de la lancha. Hay quienes aseguran, como Don Edmundo, que en altamar vieron a la embarcación extraviada  tambaleándose hacia los costados, pero cuando trataron de acercarse a ella desaparecía como si fuese un fantasma. “La historia de la Moby Dick acaparó la atención de la prensa nacional e incluso internacional, inspiró a escritores e intérpretes musicales”, recuerda Chinchayán, quien ha vuelto a revivir sus años mozos de pescador y se anima a tararear el vals La Moby Dick de Roger Padilla,  interpretado por Pancho Jiménez:

Hace tiempo/que entre el cielo y el mar/se perdió una lancha/la lancha Moby Dick.
A bordo iban trece pescadores peruanos/dejando una herida en nuestros corazones/los esfuerzos por buscarlos fueron en vano/porque en altamar quedaron para siempre.
San Pedrito, Patrón de los pescadores/te imploro por favor/tú que fuiste pescador/no dejes que naufraguen otros tripulantes/ellos son consuelo de sus seres queridos.
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Fecha Publicación: 2012-08-05T14:40:00.003-05:00



La historia de Chimbote en una breve ficción.

 Amanece el sol radiante en la bahía. Es otro día para ir de pesca. Siempre voy con papá Aurelio. Un viejo dedicado a lo suyo, a su familia. Nada mejor que su frente amplia y ojos serenos para irradiarnos esa bondad capaz de conmover al corazón más áspero. La gente del pueblo lo admira. Ahora está jalando un par de enormes robalos con el chinguillo desde el mar y me lo muestra con alegría:



- Hay que ser solidarios siempre, hasta con el mar. Nunca le quites más de lo necesario, así el mar siempre será bueno con nosotros.

Al fin llego a casa después de una dura faena. Qué dicha siento al poner los pies en mi morada  y encontrar el almuerzo listo. Mamá es buena preparando el jugoso. Mi hermana, Sara, pese a que se la pasa hablando de los chicos de la aldea y haciendo alarde de sus bondades, es muy atenta con mi madre, cualidad que no tiene mi hermano pequeño, que sigue fregando a los demás.

¡Excelente! Este día estoy probando el mejor plato de mamá. Nunca lo había hecho tan bueno, a veces se le pasa la sal, o el limón, y mi padre comienza a gritar como si tuviera el demonio dentro. Pero esta vez le salió como San Pedrito manda.

Alguien llama a la puerta, y justo a la hora de almuerzo. ¿Quién será? ¡Qué inoportuno! Tenía que estropearse mi clímax con el jugoso.
-Sara, anda ve quién es – ordena mi padre.

Una figura negra se observa desde el umbral, tan negra como la espina que me trae este hombrecillo alto de espaldas anchas, con pantalón de vestir caqui y camisa estrujada.

-Buenas tardes, amigos. Disculpen la molestia, acabo de llegar de un viaje largo y me animé a tocar su puerta atraído por el agradable olor que se desprende desde aquí. Hice un trayecto pesado y necesito reposar un momento, les ruego me den algo de comer, les pagaré por la comida.

-No se preocupe, hombre. Siéntese, en esta casa nunca falta la comida, pero eso sí le advierto que si usted pretende quedarse luego de probar las exquisiteces que prepara mi mujer, cama sí no tenemos. Ja, ja, ja, ja.

Me incomodan bastante los extraños, pero a mi padre les vienen muy a bien. Dice que siempre traen cosas qué enseñar, y que son una gran oportunidad para mostrarles a otras gentes no sólo la belleza del mar sino la bondad de nuestro pueblo.

- ¿Cómo se llama? – le lanza la pregunta mi padre.
Germán Rodríguez – responde el hombre sin vacilar.
El forastero tiene una voz áspera que retumba en las paredes. Dice ser otro tipo de pescador, uno más sofisticado que conoce las modernas técnicas aplicadas en grandiosas faenas de pesca  y que nosotros como él, podemos mejorar nuestro nivel de vida gracias a esos artilugios. Nos habla de cosas sorprendentes, algunas raras que nunca he oído; va gesticulando con sus manos mientras explica que existe estudios realizados en algún laboratorio de libros donde se detalla la manera de explotar nuestra fauna marina en beneficio de la aldea. “Ustedes podrían convertirse en una ciudad del primer mundo, disfrutar las maravillas de la modernidad”.  Sus palabras nos venden ilusión, más a mi padre que se ha quedado petrificado oyéndolo. La verdad que yo no sé a qué pendejadas se refiere con eso de ciudad del primer mundo, si para mí éste es el paraíso. Pero a papá Aurelio le parece muy buena la idea. Le cuenta que siempre hemos vivido de los peces, y que si hay alguna manera más eficiente de hacerlo, enhorabuena. Yo me rehusé a participar.

***

Día a día nuestra aldea empieza a ser invadida por centenares de extranjeros. Todos los foráneos se entienden muy bien con Germán. Sus nuevas costumbres me atolondran. La poesía del mar ya no es la misma, la voz de la suave brisa ha sido espantada por el duro parloteo de los inmigrantes que hormiguean en los alrededores. Son una plaga.

Mejor sigo caminando. No puedo creerlo, Sandrita ya está embarazada. Y tanto que me gustaba. Seguro es de Jacinto, él y yo nos disputábamos su amor. ¡Qué! Pero tampoco es de él, sino de un imbécil extranjero, un yugoslavo, me dice Sandra.  Ahora parece ser que cualquiera te viene con el sermón de la tierra de promisión y a la mierda con todo. Empiezo a detestar a esos cojudos inmigrantes.

***

Amanece el sol no tan radiante en la bahía. Antes los días en las calles solían ser sosegados, el tiempo marchaba lento, ahora cada día es más agitado que el anterior. Sólo basta ver a mi padre y mi hermano salir de la casa más temprano que de costumbre y regresar mucho más tarde aún. Qué carajos, ¿se supone que así este negocio va a traer más felicidad a nuestra aldea? Ni cagando.

-Todo gran negocio merece un gran sacrificio - me dijo el presumido de Germán.

Sólo basta ver cómo son los tiempos ahora. A la llegada de cada forastero se arman tremendas fiestas, el alcohol, la cerveza, se han convertido en compañeros inseparables de los pescadores. Antes bebíamos alguno que otro trago traído de fuera, pero ahora es una norma empinar el vaso para celebrar cualquier cojudez. Mejor voy a mi casa, al menos ahí puedo encontrar calma, algo de tranquilidad. ¡No puede ser! Mi casa es la histeria del caos. Hay mujeres venidas de otros sitios, vestidas y pintarrajeadas como rameras, y el bonachón de mi padre lo consiente. Las dotes oratorias  de Germán Rodríguez han terminado por seducirlo. Mi casa ya no es mi casa. Es un puto burdel.

***

El litoral se ha llenado de embarcaciones. Sacan y sacan peces. Es un acto incontrolable.  Nunca se cansan. A ratos me pongo fiero y quisiera correrlos a todos pero sé que solo no podré. Ya nadie pesca como yo. Soy el único en su chalana esperando una buena presa. Me rehúso a utilizar esas cojudeces. Recuerdo las palabras de papá cuando decía que ello es un vano desperdicio, aunque él ya lo haya olvidado. La unión familiar parece esfumarse, todos andan ocupados en los proyectos expansionistas de Germán. ¡Por nuestro Santo Patrono! Qué diablos es eso. Una gran construcción me dicen. Una enorme fábrica de pescado.

***

Ya es de noche. A papá Aurelio lo noto preocupado. No tiene el entusiasmo de antes en su mirada. Algo habrá pasado en eso que ellos llaman trabajo. En fin, cosas de él. Todos han libado más de la cuenta y quizá sea algún tipo de estrago del alcohol. De pronto mi padre se ha puesto de pie para tomar la palabra.

-Germán…eh…somos felices por un lado, porque ahora eres el esposo de mi hija. Pero hay algo que quería decirte con todo el respeto del mundo…y… en realidad lo tengo atragantado aquí en mi garganta, no sé cómo decírtelo, pero tengo que decírtelo. No me gusta lo que quieres hacer con la pesca en la aldea. Yo, mi mujer, mis hijos, hemos sido felices por el mar, sus paisajes, los fregados pelícanos, eso nos hace felices…eh…los problemas de familia, pequeños problemas que no faltan, los hemos solucionado. Jamás nos faltó qué comer en la casa. Pero tú quieres que seamos esclavos del trabajo, y nunca lo hemos sido. Tú quieres que pesquemos hasta por gusto…y yo no, no estoy de acuerdo. No me parece correcto.

-¿Y a estas alturas lo viene a decir? La pesca artesanal es para los flojos, los de mentalidad pobre, no hacen nada más que ir con sus lanzas, unas redes y a pescar. No son capaces de ampliar su visión para encarar al mundo. ¡Son inútiles!, ¡sin imaginación! Las grandes civilizaciones se han desarrollado por hombres que se esforzaron para transformar el mundo a su antojo, y nunca por pescadores como ustedes. ¡Jamás por pescadores!

-Lo siento hijo, ya lo hemos conversado con los señores…y todos están de acuerdo. ¡Debemos parar esta locura!

-¡Viejo estúpido!

No aguanto más. Toma este dulce puñete en tu linda cara.

¡Bien! Se desató la bronca. Sólo puedo escuchar los gritos. No importa. Estoy enardecido. Le doy otro golpe más, me responde, caigo al piso, y veo una botella reventar sobre mi cabeza. Ya no veo nada, no veo nada. Creo que me voy a desmayar.

***

¡Qué terrible dolor de cabeza! Dónde estoy. Dónde me quedé. Estoy en mi cama. ¿Y esos llantos? No quiero creerlo. ¡No! Tampoco puedo contener el llanto. ¡Papá Aurelio ha muerto! Murió dormido, dice Germán. El corazón se le detuvo sin su consentimiento.

El recuerdo de mi padre tiene dos facetas. La primera es afable, al lado de su familia, pescando conmigo en altamar. La segunda se volvió turbulenta, metido en esa fábrica del demonio que no lo dejó vivir sus últimos días en paz. Germán tiene la culpa de todo. Él la tiene. Imbécil. Su llegada sólo prometía lágrimas a nuestra casa. Nada más que lágrimas.
***

Ahora he de caminar sólo por las calles, trayendo la pesca del día. Bueno, desde que apareció Germán, empecé a hacerlo, sentí por primera vez el peso de la soledad en el alma. Pero ahora que mi padre se ha convertido en una dolorosa ausencia, me siento mucho más desolado que antes.

-Jacinto, qué pasó. ¿Por qué lloras? - pregunto.

-Mi padre ha muerto, Alipio.

-¡Cuánto lo siento, hermano! El mío también ha muerto hace poco.

-Dicen que murió de un infarto. Murió dormido.

-¿Estás seguro?

-Sí, eso dijo el médico que se casó con mi hermana. Viene de fuera y sabe de esas cosas…

No quiero seguir escuchando, empiezo a tener sospechas abominables, conturbadoras. Debo visitar a mis amigos. ¡Por nuestro Santo Patrono! Cada uno me cuenta que su padre ha muerto de un infarto. Esto no es obra sino de Germán y esa plaga de inmigrantes. Ellos tienen la culpa. Sé que son ellos, ellos. Intento alertar a la gente, pero me miran como a un loco.  Qué impotencia tengo, pero debo probarlo antes de que yo también me convierta en una víctima.

***

Este día veo la muerte del sol, como la muerte de mi pueblo, ante la vorágine mercantilista de esos buitres extranjeros. Esta noche debo saber qué pasa realmente. Sé que el padre de la familia Nolasco aún sigue vivo. Entraré como sea a la casa y me quedaré cuantos días sea necesario bajo su cama.

Cada noche que paso debajo de la cama del señor Pedro Nolasco mi corazón late más rápido, se acelera, a veces pienso que puede estallar en cualquier momento y me quedaré hecho un charco de sangre aquí dentro. Pasan los días y nada extraño sucede. Quizá esté enloqueciendo. Llevo dos noches sin dormir, y nada de nada. Al menos puedo robarme alguna que otra fruta para calmar el hambre. Hum, qué rico está este plátano. El anciano llega como de costumbre a su cuarto. Se retuerce antes de echarse. Duerme solo. Es viudo. Lo bueno de todo es que jamás me siente cuando hago un ruido ligero bajo su cama. Ya le anda fallando el oído. Bueno, a empezar otra vez la vigilia.

Ruego tanto que suceda algo extraordinario. Cualquier cosa que transforme esta realidad monótona. Un momento. Puedo escuchar un ruido. Un hombre acaba de ingresar. Veo sus enormes zapatos de cuero. Son hermosos. Me gustarían unos así.

-Hola hijito, qué se te ofrece, mhhhhhummmmuuummm

Siento que una voz sorda se estremece sobre la cama. Es un grito ahogado, desesperado. De pronto sólo se escucha el grito más fuerte: El silencio.
¡No! Entonces era así. Estos hijos de puta fornican, primero, con nuestras hermanas y ahogan, luego, a nuestros padres. Nos quieren muertos…como yo a ellos. Debo salir de aquí. Debo salir.
Debo llegar a mi casa pronto. Tengo que matar a ese infeliz. Pero qué le pasó a Chimbote, hay muchas casas horribles, coloridas y desordenadas que han invadido las calles. Necesito tomar aire…¡Ag!, siento tanta traición en mi corazón, que me parece que todo huele a mierda. Quizá sea el nuevo olor nauseabundo de la ciudad, la gran ciudad, tal como lo quiso que fuera esa gentuza. Mi tierra, ya no es mi tierra. Mi tierra es un charco donde bailan los cerdos.

Hogar, dulce hogar. Dios mío. ¿Por qué? ¿Por qué a ellos? ¿Por qué a todos? Voy a desfallecer. Me siento caer. No. ¡Vamos, pescador! Debes resistir, debes vengar la muerte de tu familia. Desgraciado. Voy a esperarte detrás de esta puerta. Te esperaré.

La puerta se abre. Es Germán. Bien, no te muevas mucho, camina despacio. ¿A dónde te diriges? Te satisface ver a mi familia muerta. Vamos, camina un poco más, un poco más. ¡Toma! Es resistente. No basta con romperle una botella en la cabeza y clavársela en el pecho. ¡Oh!, me disparó. Sólo fue en el vientre. No es nada. Vamos, quítale la pistola. Ya no hay pistola. Nuestros puños son las únicas armas. Sólo nuestros puños. Los míos y los de él. Cualquiera puede caer. A lo lejos escucho los gritos de la muerte. Parecen venir de alguna lejana casa donde también se disputan la vida a golpes. Ya no resisto, la sangre chorrea por la herida. Cada vez me pongo más débil. Debo escapar. Una patada en las bolas es más que suficiente para ganar tiempo.

Ahora sólo debo correr. Las calles ya no son las mismas de hace un tiempo atrás. Todas están pavimentadas. Quizá lo imagino. Estoy moribundo. En mis ojos se delinean las siluetas de muchas prostitutas, hay muchos bares, cantinas, nunca había visto tanta perdición. Mi mar está lleno de basura. Mi mar, ya no es mi mar. Mi mar es un depósito de caca y mierda por todos lados. Germán aún me persigue. Es de noche, y pese a ello, veo cómo el cielo se tiñe de humo y un olor nauseabundo. Sigo corriendo, y aparecen a mi paso ladronzuelos que hacen un festín en las calles con los inocentes transeúntes. Mis pies se aceleran en medio de una turba de pandillas enfrentadas con verduguillos y tramperas. Corro, no dejo de correr y me topo ahora con un grupo de gente carbonizando llantas mientras sus voces se encienden con el grito de ¡Justicia! ¡Justicia!. Ya no puedo correr más. Me encuentro en un callejón sin salida. No sé cómo llegué aquí. No sé cómo llegamos aquí. Don Germán Rodríguez está a mis espaldas y me dispara. Estoy a sus pies, agonizando, muriendo. Lo observo desde el piso y ya no creo ver a Germán sino la imagen de un hombre con casco, levantando una gran llave de acero con su mano.  Quizá sea en este callejón, que vuelva a ver mi mar, el mar cristalino que conocí.

-Es el inicio de una nueva era, la era de la Pesca y el Acero - palabras de Germán.

Fotofrafía: Renzo Lomparte Sánchez
Etiquetas: [SAN PEDRITO y otras costumbres religiosas]  [CULTURA]  
Fecha Publicación: 2012-08-05T14:16:00.000-05:00

Pedro fue martirizado igual que su maestro. A diferencia de Jesús, su crucifixión fue bocabajo y se produjo en el año 67 D.C. En nuestro puerto, su imagen, representada por una estatua de yeso, es un ícono de religiosidad que tiene miles de adeptos. En la capilla que lo cobija y que lleva su nombre, San Pedro está ataviado de una indumentaria peculiar. En la presente nota, el Padre Héctor Herrera nos explica el significado de las vestiduras del Patrón.    

Acá, en la iglesia San Pedro hay 20 pelícanos artísticamente definidos en sus muros. Todos de pie  -mejor dicho, de patas-. Estos pelícanos nunca morirán. Nunca aparecerán tirados en la orilla de ninguna playa como sí les ocurrió a más de 4450 animales de esta especie el mes pasado. Existirán cientos de años y a lo mucho el color se les desgastará por el tiempo, se volverán opacos, craquelados y hasta azules si alguien pinta de ese color la fachada de la capilla San Pedro. Aunque lo dudo, el azul es un color olvidado en Chimbote.


Adentro, Héctor Herrera, padre de esta capilla, se ha sentado a medio metro de mí y me cuenta que antes de saber de la vestimenta de San Pedro debo saber quién fue Pedro. Resumo: “Nuestro Santo, de origen también azul (marino) -en sí de origen galileo- se llamaba Simón. En el Nuevo Testamento se le conoce como Shimón Bar Loná y algunas líneas del evangelio de Mateo 16 aseguran que fue el más certero respondiendo a Jesús quién era él (como hijo de Dios) y por lo tanto galardonado con el seudónimo de Piedra/Cimiento de la Iglesia que surgiría a su responsabilidad. Fue, también, el que más representó lo Humano, con los errores propios del miedo (negando a Jesús) y su carácter hosco y gallardo (llegando a cortarle la oreja a un soldado). Pero, sobre todo, y lo más resaltante: el apóstol que más amó a Jesús”, me cuenta el Padre.

Mientras escucho a Herrera me doy cuenta de que San Pedro nos mira  -o bueno, la estatua-. Para no ser descorteces, decidimos acercarnos, a conversar reunidos en torno a él. “La estatua llegó a Chimbote traída por doce familias huanchaqueras, hace como más de tres siglos. Nuestros pescadores, en su mayoría católicos, se identificaron rápidamente y lo asumieron como Santo. Al principio Pedro llegó con el cuerpo de piedra y la cabeza de madera, ésta última, por su misma consistencia orgánica se deterioró y tuvimos que sustituirla con otra.  El escultor Eunófenes Colchado Lucio, hermano  del escritor Oscar Colchado, fue quien confeccionó en el año 1985 la que ahora tiene,  ya de piedra.”, prosigue Herrera. De su vestimenta se puede saber que el atuendo rojo es propio del martirio que vivió en manos romanas, de su entrega y pasión; que la ropa blanca asienta su alegría, porque Pedro siempre fue un hombre de gozo y que la biblia y el báculo en sus manos es el recuerdo vivo de él como pastor. También acompañan su indumentaria una cuerda de pescar que cuelga entre sus piernas, a manera de cíngulo litúrgico, una mitra, una pechera dorada y una chalina roja que hace la vez de palio sacerdotal. Todos estos símbolos litúrgicos jamás usó Pedro en vida. La mitra data en el uso papal desde el siglo IV,  que se supone es proveniente de la vestimenta sacerdotal persa, y dentro, todo, de una estética oriental. El manto que lleva, los colores de las perlas y las formas florales bordadas son circunstanciales, pero siempre mantienen el fondo rojo. “Es el arte de los artesanos el que explica sus formas, no hay trasfondo místico o simbólico en especial”, me confirma Herrera mientras detiene la vista reflexivamente en la estatua y continúa. “Si Pedro estuviera vivo diría: Teníamos una hermosa bahía, hoy tenemos un desastre de bahía por la ambición y la codicia de aquellos que explotaron el mar pero que no invirtieron en mejorar las condiciones de vida ni de los pescadores ni del medio ambiente, hoy tenemos jubilados sin pago. Chimbote, en su onomástico debería pensar más en la depredación de las especies marinas, en su bahía. Recordar a Pedro en su sentido Cristiano de amor al mundo y no sólo en su imagen como símbolo de comercio”.

Salgo de la capilla al lado de Herrera, él entra al otro lado, a las oficinas. Su despedir es cálido y amable. Desde afuera trato de ver a la estatua de nuevo, adentro ya todo está oscuro.

Por Rhazú Vásquez Chuchón

Etiquetas: [cine]  [CULTURA]  
Fecha Publicación: 2012-08-03T14:53:00.003-05:00
Se convoca a los interesados en ser seleccionados para actuar en el largometraje " La Virgen Fosforescente", una producción a ser filmada en Chimbote, a participar en el primer casting.

Los interesados pueden ser hombres y mujeres y deberán tener entre 7 y 70 años. La cita será para este Sábado 4 de Agosto, llamar al 96 94 90 105, *130528, preguntar por Luis Vásquez.


Etiquetas: [COLUMNAS]  [Fingerpass]  [gastronomía]  
Fecha Publicación: 2012-07-29T03:16:00.002-05:00

“El que recibe a sus amigos
y no presta ningún cuidado personal
a la comida que ha sido preparada
no merece tener amigos”
J.A Brillat-Savarin

En el Perú somos más de 29 millones los habitantes que acostumbramos dividirnos en grupos, ya sean estos deportivos, religiosos, ideológicos, políticos u otros. Pero en lo que sí no nos dividimos es en un buen plato de comida, y hasta podemos llegar a sentarnos con quien sea y donde sea con tal de saborearlo. No por nada en nuestro país un fraile dominico hizo comer de un mismo plato a un perro, un gato y un ratón. 



Es que en nuestro país el tema de la comida está en boca de todos. Y ha hecho que el año pasado 30 mil personas se unieran en una campaña denominada Cocina Peruana Para el Mundo cuyo fin era involucrar aún a más personas para un posible reconocimiento gastronómico de la cocina peruana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Este año el World Travel Awards lo nominó como uno de los posibles países a la mención de Mejor Destino Gastronómico de Sudamérica, al parecer como favorito. Y es que, como ha dicho Bernardo Roca Rey, nuestro viceministro de cultura, nuestra gastronomía es una de las manifestaciones culturales más sensibles en el Perú y tal vez la que mejor nos representa. 

Su reconocimiento ha residido desde tiempos remotos: En la mitología Inca la diosa de la comida era la Mama Sara, entiéndase Madre del Maíz; en la mitología China fue Zao Jun, dios de la cocina, quien al probar unos tallarines hasta volvió a recobrar la vista que había perdido y conocer el amor de su esposa; en la mitología japonesa se dice que la diosa Uke-Mochi-No-Kami, tradujese Genio de la Comida, preveía la comida a través de la muerte. De esta última hasta existe un mito donde interviene la comida como explicación de la separación del sol y la Luna.

Tomando conciencia de todo lo que involucra y despierta el tema es propio imaginar posibles alternativas de desarrollo cultural desde sus vertientes. De una u otra forma, de la comida vivimos y por comer es que nuestra especie desarrollo su cerebro allá en África, donde se cazó el primer pescado que se sumaría a otros más, todos alimentados de un zooplancton especial que se nutría a su vez de fitoplanctons ricos en omega 3 y 6; unos de los únicos ácidos grasos esenciales que según Sacha Barrio Healey hicieron posible el desarrollo cerebral y la mitosis que trajo consigo la comunicación y el pensamiento ordenado. 

En Chimbote o fishland, entiéndase tierra del pez, quizás también podamos encontrar en la gastronomía y en la alimentación una de las aristas que pueden ser el baluarte del desarrollo, del turismo o la cultura. Tierra de Chimus, antigua cultura a la que se le atribuye el cebiche, plato bandera peruano; para nosotros, plato bandera de ciudad. Tierra también donde se han desarrollado sus variedades hasta servirlo con crema Huancaína o prepararlo con mango, donde se mantiene una inconciencia de todo su potencial sociabilizador y cultural, que es una pena no se le considere en la ruta gastronómica de Gastón Acurio, y peor aún que no se haga nada por exponer sus resaltos. En esta tierra, creo que ya es hora de que todos pongamos las manos al fuego por cocinar concretamente de estos olvidos un buen plato.

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Fecha Publicación: 2012-07-02T20:54:00.001-05:00
Al pescador Pedro Nolasco Díaz y su esposa doña Cayetana Benegas, oriundos de la Villa de Santa, muy bien podría considerárseles como los primigenios de la gastronomía en Chimbote. Según el historiador ancashino Dr. Félix Álvarez Brun, en su obra “Sierra de mi Perú”; Díaz y su familia comprendida por su esposa y sus hijos Pedro, Bartola y Francisco se afincaron en Chimbote allá por el año 1760, convirtiéndose en los primeros pobladores de lo que era por entonces una hermosa playa. “Díaz adoptó la resolución de quedarse con su mujer y pequeños hijos en esta playa, formando casa estable, la que fue necesario aumentar y dividir en hogares, a proporción que crecía su familia y de este modo, entre sus hijos y algunos forasteros, que se casaron con sus hijas, más sus nietos provenientes de estos matrimonios constituyeron el primer grupo humano asentado en lo que devino después en ciudad y puerto de Chimbote”, cuenta Brun.



El lugar era propicio para vivir en él, porque desde tiempos inmemoriales los recursos del mar favorecían la pesca, que se convirtió en fácil y cómodo medio de subsistencia. Al parecer Díaz siguió la línea del hombre prehistórico, cuya  vivienda, por lo general, se encontraba cerca de fuentes de agua, buscando la proximidad de un río, un lago o una fuente que le calmara la sed, pero es de suponer que más tarde, esta misma agua fuera utilizada también para lavar los alimentos y posteriormente para cocerlos.

La gran cantidad de especies marinas de la prodigiosa playa (Chimbote) no sólo servían para abastecer a la Villa de Santa sino también a pueblos distantes que por temporadas llegaban hasta aquí para proveerse de pescado. Díaz solía intercambiar peces como el Mero, Lenguado, La chita (que hoy son poco accesibles para el poblador común debido a su elevado precio en los mercados), por granos de maíz, lentejas o animales que traían los forasteros. Cayetana Benegas, ama y señora de la cocina se encargaba de transformar los peces traídos por Pedro Díaz  en humildes potajes que tenían el agradable sabor del pescado fresco.  Ese sencillo acto de abrir el pescado, lavarlo y quitarle las vísceras,  para luego cocerlo al compás de una fogata o calcinarlo con limón sin agregarle otro ingrediente fue el punto de partida de la gran variedad gastronómica marina con la que hoy cuenta el puerto de Chimbote. 

Para el año 1870, transcurridos más de cien años de la llegada de Pedro Díaz, Chimbote seguía siendo un modesto caserío de pescadores que apenas contaba con 21 ranchos de caña, habitados por 39 hombres y 31 mujeres. La historia cambiaría  a partir de finales de 1871 y comienzos de 1872 cuando el señor Juan Gilberto Meiggs compra las Pampas de Chimbote al Estado, elaborando el famoso plano de las sesenta manzanas de la ciudad, que luego sería aprobado por el gobierno de José Balta.  A partir de allí se desató un flujo constante de inmigrantes que veían en Chimbote a la “tierra prometida”. En febrero de 1872 se colocó la primera piedra para la construcción del ferrocarril (en cuya estación empezaría a venderse luego la incomparable causa de pescado). Durante  los cinco años posteriores se terminó la primera sección que comprendía 52 kilómetros de rieles que llegaban hasta la zona de Suchimán, al Noreste de Chimbote.  “Este tramo permitió recoger los productos alimenticios del valle del río Santa, así como el algodón de  Suchiman y Vinzos, además se traía el azúcar de la hacienda Puente Seco o Palo Seco de Dionisio Derteano”, escribe Fernando Bazán en su obra: “Chimbote en el curso de la Historia. Síntesis Cronológica”. La llegada de nuevos ingredientes puso a disposición de las cocineras mejores recursos para elaborar comidas que antes no se habían visto en la zona. La actividad culinaria se diversificó y el pescado empezó a servirse acompañado de yucas, camotes y alverjas.  Aparecieron también platos con el inconfundible sabor serrano como el picante de papa con cuy, las pachamancas, el mote, el locro, los chicharrones, el choclo sancochado y muchos otros potajes que se vendían en las esquinas de las calles, en los primeros mercadillos que se habían abierto, en casas de los foráneos que se instalaron aquí y se dedicaron a vender las comidas de su tierra; Chimbote en sí se convirtió en una gran feria gastronómica.  Así se dio origen a la fusión de sabores, empezó a unirse los espíritus de la gente serrana con la costeña, edificando platillos que hoy nos identifican y hacen de nuestra comida una de las ricas y diversas del Perú.

Los rieles del tren debían seguir su peregrinaje por la serranía ancashina; ese era el gran proyecto de Meiggs, que soñaba con unir la costa y la sierra para propiciar un intercambio comercial que generara progreso y prosperidad. Para hacer realidad tamaña empresa se necesitó la mano de obra calificada de extranjeros. Los chinos (culíes), intervinieron en el primer tramo del tren. Luego los ingleses a través de la Peruvian Corporation construyeron el trecho hasta Tablones, donde se colocó una estación. La presencia de estos foráneos no sólo quedó registrada en su labor mecánica, sino que llegaron portando dentro de sus maletas costumbres, estilos de vida, el sabor y modo de preparación de sus  comidas.  Una vez instalados en la ciudad, su arraigo se fue haciendo notorio en locales  y establecimientos con nombres raros que tenían procedencia extranjera. La presencia de estas razas permitió que se integraran a la cartelera gastronómica la comida china, las pastas, las parrillas, entre otras novedades culinarias.

Cuando se creó la Corporación Peruana del Santa el 4 de Junio de 1943  Chimbote experimentó una revolución industrial que atrajo forasteros de todos lados. La ciudad se vio atiborrada de norteños provenientes en su mayoría de La Libertad, Piura, Chiclayo y Paita; llegaron también  gente de la zona centro del país, capitalinos ansiosos de hacer fortuna en esta prominente tierra que le abría las puertas a todo aquél que deseaba unirse a las labores de la pesca o ser parte del ardoroso trabajo de construcción emprendido por la Corporación. Para entonces la ciudad triplicó su población, alcanzando varios miles de habitantes. El rápido incremento demográfico ocasionó una convulsión social en el puerto, lo que despertó el interés del escritor José María Arguedas, quien se instaló en la ciudad y dio vida a su obra maestra: “El Zorro de arriba y el zorro de abajo”, en la que escribe: “Chimbote es una olla enorme donde se ha echado de todo. Una de esas parihuelas que preparan los pescadores, y está hirviendo y no se sabe qué va a salir ni qué sabor va a tener”.

Las palabras de Arguedas son enteramente ciertas, aunque es una pena que él haya renunciado tempraneramente a saborear las maravillas culinarias que han brotado de la “Olla enorme” y que son reconocidas a nivel nacional. El ceviche chimbotano, plato insigne de la ciudad, es catalogado por muchos, como el mejor del país, así como se aprecia también la popular causa y el combinado, la jalea, el jugoso,  el caldo de jeta, la leche de tigre que se vende en las esquinas, los añorados tiraditos de raya y  la reciente innovación del Tacuchaufa, además de postres como el dulce de higos, de trigo, las cachangas y las entrañables cocadas de la desaparecida Morena.  De haber probado alguna de  estas delicias, seguro que a José María le hubieran entrado de nuevo las ganas de vivir.

La historia nos relata que después de la Corporación llegó la Siderurgia; la pesca alcanzó su pico más alto en la década del setenta, siendo reconocidos como el Primer Puerto Pesquero del Mundo; Chimbote siguió creciendo, ramificándose desordenadamente por sus extremos, más allá de las 60 manzanas que  Meiggs diseñó, recibiendo el apelativo de un gran “Pueblo Joven”. La explosión barrial de los setenta trajo consigo la aparición de una nueva cartelera gastronómica, reinventada en función de las necesidades de las grandes mayorías. “La riqueza gastronómica de la provincia del Santa  tiene su origen en la larga tradición de mariscadores y pescadores del litoral junto a los agricultores de los valles, además de los aportes de los migrantes de las provincias serranas de Áncash y de otros lugares del país. Sus cocineros aprovechan esa riqueza para preparar jaleas, jugosos, picantes, sudados, sopas, chilcanos, parihuelas, cebiches, escabeches, guisos o chicharrones, que definen la espléndida cocina del litoral ancashino’, escribe Marcela Olivas Weston, arqueóloga e investigadora, directora del Museo Nacional Chavín, en su reciente publicación “Ancash, la cocina tradicional”, libro que fue presentado en octubre del año pasado y que sin duda es un compendio fundamental para entender la importancia de la gastronomía en el fortalecimiento de nuestra identidad.

Con la industrialización de la pesca, el apogeo de la Siderúrgica y la expansión del comercio, Chimbote inició un proceso de modernización que, aunque mal diseñado, generó expectativas sociales en todo el país, atrayendo un mayor número de inmigrantes. Pasamos en dos siglos, de ser una pequeña caleta de pescadores a convertirnos en una ciudad como la llamaría Tovar de “promisión”; sin embargo a pesar de la bonanza económica, la población creció con un marcado agrietamiento, formándose una comunidad de gente adinerada y otra, que se desperdigaba rápidamente, de marginales. Ese panorama clasista impulsó un variopinto estilo de sabores y mezclas culinarias, mucho más curioso de lo que ya venía siendo en décadas pasadas. Aparecieron restaurantes, cafés, bares, con un estilo refinado donde acudían industriales pesqueros, gerentes  y la clase política; de estos recordamos el Café, Heladería y Dulcería Rebachinni, que acaba de cumplir  treinta años y funciona en la quinta cuadra de Espinar; el Venecia Restaurant de la familia Venegas en Bolognesi, el restaurant del Hotel de Turistas, para mencionar a algunos de los que aún siguen en vigencia; habría que hacer una mención especial al Restaurante “Tila”, por donde han pasado los personajes más importantes de nuestra ciudad,  ya que el año pasado recibió el reconocimiento en Mistura 2011 al preparar uno los tres mejores Sanguches de chicharrón del país.  Al otro lado de la mesa, haciendo gala del ingenio y creatividad para saciar el hambre de las grandes mayorías, una legión de cocineros y cocineras, expertos en el arte de las mezcolanzas culinarias no tuvieron mejor idea que unir platillos amontonando comidas, en su mayoría sobrecargadas de carbohidratos. Aparecieron a finales de los setenta una docena de triciclos adaptados para la venta de almuerzos y cenas, que se instalaron frente al muelle artesanal, pero que luego ganaron las avenidas y jirones de diferentes puntos de la ciudad.  Para comer en ellos había que sentarse en unos pequeños banquitos, lo que obligaba al comensal a tener que agacharse, de allí nació el sobrenombre de “los agachados”; en estos peculiares establecimientos de comida se podía saciar el estómago más voraz con apenas un par de soles.  El plato típico que se servía allí era  “el morro”, una rara combinación de guisos, chaufa y tallarín chino, que rebalsaba el plato. Otro de los lugares que se volvió un clásico en los ochenta fue el quiosco de nombre “El Menú de Gastón”, que ofrecía un sabroso “estofado”, tan rico que noche a noche llegaban más de un centenar de personas hasta la segunda cuadra del jirón Tumbes, donde se había instalado este negocio que ahora cuenta con un moderno local al costado de Plaza Vea. Además aún conservan su tradición añeja las parrillas “El Chauchi”, el caldo de Jeta de la “Tía Pito”, la cevichería “El Gonzalito”, cuyo propietario dio un salto astronómico, pues pasó de ser un cevichero de la calle a convertirse en un empresario del rubro de comidas;  recordamos con nostalgia la época de oro de “La Parihuela”, los inicios del “Recreo Patricia” y sus domingos festivos; el restaurante “El Palmero”, el desaparecido recreo “Leticia” en la tercera cuadra avenida Balta, entre muchos otros,  pues si continuamos por el sendero de la memoria, la lista se haría interminable.
Las manifestaciones culturales, entre ellas, la gastronomía, son la mejor manera de conocer un pueblo, una ciudad, una región o un país entero. Chimbote tiene una gastronomía variada y muy particular. Ello, como ya lo mencionamos, producto de la diversidad de sus recursos, su suelo y su mar. Así que no queda más que saborearla. ¡Adelante!
Cerrando esta remembranza, que resulta ínfimamente corta para tanta tradición culinaria, el historiador Fernando Bazán Blas rescata de las marañas del pasado a dos peculiares e inéditos personajes entregados a satisfacer las exigencias culinarias de pescadores y forasteros en los sesenta.   

LA RAYITA SANCOCHADA DE DOÑA LEANDRA
En el antiguo barrio de Miramar, a la altura de la cuadra 13 de la avenida Pardo radicaba por la década del sesenta una mujer menuda, de cabellos lacios, piel cobriza, que con facilidad alcanzaba medio siglo de vida. Su nombre era Leandra y tenía ese dejo norteño típico de los hombres y mujeres que llegaban diariamente al puerto, procedentes de Piura, Paita o Chiclayo. Algunos forasteros, como ella, decidían finalmente quedarse en esta tierra que les ofrecía un aliento de prosperidad difícil de alcanzar en su terruño.  Su morada era humilde, hecha de abobes y caña; tenía en su entrada una ramada de esteras sostenida por cuatro palos de bambú. En una de las vigas se colgaba un letrero de madera escrito con tiza que decía: Se vende chicha de Jora.  A diferencia de otros puntos de venta de chicha en la ciudad, allí se vendía la chicha de jora colorada, típica de los pueblos de Chiclayo. Hasta la casa de Doña Leandra llegaban un buen número de pescadores para libar la bebida ancestral y jugar “cachito” (dados). Por entonces ya comenzaban a pulular en la ciudad las picanterías y cevicherías; sin embargo la gente concurría hasta el rancho de Miramar porque era uno de esos huequitos caseros en los que se podía beber sin piedad y degustar algún piqueo que la ama servía. La especialidad de Doña Leandra era  “la raya sancochada”, sin más decoro que un roción de ají amarillo, sus gotas de limón y una poca de sal. Este platillo se  acompañaba con yucas o camotes y servía para amenguar el hambre de los pescadores y sostenerlos en su beber empedernido. Actualmente este potaje ha desaparecido de las mesas chimbotanas, esto se debe a que luego del terremoto del setenta, la popular Leandra decidió abandonar Chimbote asustada por las constantes réplicas del sismo, y nunca más se supo de ella. 

LA COLONIA DE PAITEÑOS Y LA SEÑORA GUERRA
Otro personaje del quehacer culinario en Chimbote fue la señora Guerra, quien  llegó a esta tierra por el año 1963, formando parte de una comunidad de paiteños. Los hombres venidos de Paita se dedicaban a la pesca grande de pez espada, atún, mero, ojo de uva y se habían instalado en la cuarta cuadra de la avenida aviación, conocida por ese tiempo como “El Zanjón”. Doña Guerra, en cambio, vivía en un callejón a mitad de la cuadra 11 de prolongación espinar donde se alquilaban habitaciones; y vino a Chimbote, como muchos, en busca de fortuna. Esta mujer norteña hizo gala de sus artes gastronómicas durante muchos años preparando jugosos, ceviches, tiradito de raya, entre otras sabrosuras a base de pescado que  se acompañaban con chicha de jora blanca y clarito. Luego, cuando los años se trajeron abajo sus ímpetus la Paiteña abandonó el negocio de las comidas y compró una casa en la urbanización El Trapecio, donde actualmente radican sus hijos; pero el sabor exquisito de sus potajes  aún es recordado por los pescadores de antaño. 
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Fecha Publicación: 2012-06-25T19:30:00.000-05:00

Marcos Cancino López (Jimbe) es un ejemplo de superación y fortaleza. A los 18 años llegó a Lima en busca de alcanzar el sueño de convertirse en Chef y vaya que hasta ahora ha dado pasos agigantados en su cometido. Fue segundo lugar en Mistura 2010, lo que le valió aparecer en un comercial y documental de Coca Cola, además ha participado como invitado en un conocido programa de televisión. En la siguiente entrevista conozcamos un poco más de esta prometedora aparición de la gastronomía peruana.


Han pasado dos años desde que obtuviste el reconocimiento en Mistura 2010, cuéntanos ¿cómo están marchando las cosas ahora?
Sí, ya casi se han cumplido dos años desde mi participación en mistura donde ocupé el segundo lugar a nivel nacional en el concurso “Joven Cocinero”. Fue una linda experiencia sin duda, pues aprendí y entendí mucho mejor mi carrera y lo que quiero para mi vida. Después del concurso me ha tocado vivir cosas impensadas, como grabar un comercial para Coca Cola y que además hagan un documental sobre mi historia, donde cuentan cómo empecé a luchar por este sueño que es convertirme en un gran Chef. Ahora trato de aprender de los chef más reconocidos de Lima. Estoy feliz a la espera de que me entreguen mi título, trabajando en un restaurant importante de la capital y dando lo mejor de mí todos los días.


¿Cuánto ha crecido profesionalmente Marcos Cancino, desde que te paraste en el podio de Mistura?
Yo creo que bastante, porque a veces uno puede tener muchas ideas en la cabeza pero si no las aplicas de nada sirve. Después de mistura creció mucho la confianza en mí. Siempre doy el cien por ciento en todo lo que emprendo. Estoy feliz de lo que hago aquí y lo más bonito es cuando la gente que conoce de gastronomía te reconoce y eso te motiva a seguir aprendiendo nuevas cosas. El mundo de la gastronomía es bien amplio y complejo porque un cocinero tiene que saber comprar, preparar, y sobre todo vender lo que uno produce.

¿En qué etapa de tu vida te diste cuenta de que lo tuyo era la gastronomía?
Cuando era pequeño me gustaban dos cosas: el fútbol y la cocina. Mis pasatiempos favoritos eran darle a la pelota y ayudar a preparar las comidas a mi madre; ella junto a mi abuela son excelentes cocineras y han sido los modelos que siempre he querido imitar. Desde los trece años comencé a ayudar en la cocina del internado de Moro, donde estudiaba la secundaria; en casa también observaba a mi madre cuando preparaba los platillos, hasta que me vine a Lima y me puse a trabajar como ayudante de cocina en un restaurante porque mi intención era convertirme en Chef. Poco a poco me fueron dando la confianza para sacar los platos con mi sazón. Así estuve trabajando hasta que empecé a estudiar la carrera y creo que el estudio afianzó este amor por la cocina que tengo desde niño, tanto que ahora todas las cosas que hago están relacionadas con la gastronomía.

No debe haber sido fácil dejar Jimbe, tu tierra natal, y enfrentarte al monstruo capitalino para lograr tus sueños. ¿Cuál fue el obstáculo más difícil que sorteaste?
No fue fácil porque crecí en la chacra junto a mi familia en un hogar muy unido; pero ya a los 12 años los tuve que dejar para ir a acabar la secundaria en Moro, donde estudié Mecánica Automotriz sólo por complacer a mis padres. A los 18 años decidí venirme a Lima a corretear este sueño que era la cocina; trabajé como ayudante en un restaurant, al principio tuve que arreglármelas solo para sobrevivir en una ciudad tan grande como la capital, con los riesgos y peripecias que eso implica; pero luego hablé con mi familia y ellos decidieron apoyarme. Estoy muy agradecido con mis padres y todo este éxito alcanzado hasta ahora se lo debo a ellos. La mejor manera que he encontrado para retribuirles su amor ha sido ocupar el primer lugar en mi clase, lo que permitió que mi profesor Chef me recomiende a un prestigioso restaurant de comida internacional donde ahora trabajo.

Te vimos como invitado en el programa televisivo "Oh! Diosas". ¿Te gustaría conducir, más adelante, un espacio gastronómico en la televisión?
Sí, estuve en el programa Oh! Diosas, un programa de Cable en la secuencia de gastronomía y fui entrevistado por el Chef Javier Ampuero. Preparé dos platos: una entrada y un plato de fondo. La invitación me la hicieron a raíz de mi participación en el comercial de Coca Cola. Sólo puedo decir que hablar y cocinar en vivo no es fácil, y con la cámara tan cerca mucho menos, pero bueno disfruté mucho la experiencia. Respecto a lo de conducir un programa, la verdad no he pensado en esa posibilidad aún, pero como digo la vida es de retos y si me toca más adelante conducir una secuencia de cocina bienvenida sea.

Coca Cola elaboró un Vídeo donde se cuenta tu historia de éxito. ¿Sientes que eres un modelo a seguir por otros jóvenes que persiguen sueños como tú lo hiciste?
Luego de mi logro en mistura Coca Cola me eligió para realizar un comercial y a raíz de eso grabamos también un documental donde cuento cómo fue mi historia de superación. No me considero un modelo a seguir porque cada uno es responsable de lo que le pasa en la vida. Asumo con mucha humildad y sencillez este buen momento y trato de sacarle el máximo provecho a cada experiencia. Si alguien se identifica con mi manera de ser, con la fortaleza que le pongo a cada cosa que realizo, pues lo tomo como un halago y una gran satisfacción porque todos podemos ayudar a mejorar la condición de nuestros pueblos si somos mejores personas, si alcanzamos nuestros sueños.

¿Está dentro de tus proyectos futuros poner algún negocio de comida en Chimbote o en tu natal Jimbe?
Claro. Estoy convencido de que hay mucho que hacer en el valle donde pasé mis primeros años. Pero por ahora debo afianzarme en la capital y seguir aprendiendo. Yo le debo mucho a mi pueblo y a mi provincia, lo justo sería devolverle un poco de todo lo que me dieron allí. 

¿Desde tu propia perspectiva qué se debería hacer para potencializar la riqueza gastronómica de nuestra región? 
Yo creo que a veces pecamos de sumisos y nos falta creer más en nosotros mismos. Si otros pueden hacerlo porque nosotros no. He aprendido que uno tiene que ser diferente. En Lima hay muy buenos platos y la verdad aquí se prepara exquisiteces que no tienen nada que envidiar. Nuestra provincia es una zona agrícola, producimos muchos ingredientes, además tenemos el mar y eso es mucha ventaja con respecto a otras regiones, sólo falta ser más creativos, innovar en la cocina para conquistar al comensal. También se necesita mayor preparación de las personas dedicadas a la cocina, educar a nuestra gente en la buena comida. 

Unas cortitas para cerrar la entrevista…
Bueno dale.
¿Dónde se prepara el mejor Ceviche?
Sin duda en Chimbote. Yo lo comí y lo como cada vez que voy.
¿Tú mamá Elena?
Mi todo. Mi me mejor amiga, mi fuerza y mi inspiración.
¿Un buen libro de cocina?
Arte y ciencia de la preparación culinaria de Jerald W. Chesser. 
¿La comida Internacional o la Comida Peruana?
La comida peruana siempre.
¿Iván Thais?
Un resentido.
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Fecha Publicación: 2012-06-20T07:00:00.000-05:00

- Lloro por todo. He llorado mirando la Sirenita, el Rey León y Pocahontas. – Camila escondió su carita con su bolso, creo que se sonrojó.

- Yo lloro cuando estoy enamorado, no sé bien por qué. Pero lloro. Busco refugio en el mueble o debajo de la cama y sólo lloro. – René no escondía su cara, pero le fijaba sus ojos en los de Camila, y se notaba que era muy adrede, pues buscaba como sea sus ojos y tenerlos allí

- Caminar por aquí es hermoso. ¿No lo crees? Es una pena que la noche no pueda ser azul, que no llueva, que pateamos más latas que cartones, que no huela mucho a comida, que haga tanto frío. ¿Por qué no me recoges en tus brazos y me abrazas? – Camila, luego de dicho esto, se hace un lado, baja la cabeza, se rasca el cabello. Una sonrisa menuda dice – Tengo Caspa, mucha caspa.

René, la tomó de los dedos con su mano, se adormeció, se estrujo, estiró su cuello y cultivó sus ojos en el retrato de una estrella. De repente lo cursi, lo romántico se extendió entre los zagales, que tuvieron hoy el espacio a solas, entre citas con el azar se llevaban de la mano, subían las escaleras de un sosegado parque, tenían ella un cofrecito que lo presionaba dentro de los bolsillo de su chaqueta, esperando así aliviar sus nervios .

La timidez de René es de todos los días, aun así, siempre anda buscando como cortejar a alguien, puede que no lo haga bien, pero dentro de lo buen tipo es un mal conquistador, no sabe mucho de mujeres, intenta mostrar seguridad mientras las piernas y los cuadernos en la mano le tiemblan. No sé por qué cuando está con una mujer salta, y lo vuelve hacer, se bambolea, se coge las rodillas, le pica todo, habla en diferido e instantáneamente guarda un sospechoso silencio, saliendo con otro tema que más que raro, queda como un tonto. 

Camila habla mucho de la noche, es inquieta, meliflua cuando habla y te dice: “allí hay un gato, vamos a verlo”. Suele ser ocurrente y si te da un regalo no esperes más que comida, algunas veces es ella la que prepara y en otras ocasiones la compra y sí está muy deliciosa dice que lo preparó con ternura. 

Las manos de Camila se sorteaban entre el aire helado de la noche y la mano tibia de René. Se rascó la nariz, le miró las pestañas y él sólo observaba hacia el frente como un soldado en paso marcial, intenta asimilarlo, por fin le sucedió, por fin una chica para él, y tartamudeando le dijo al oído: 

- Estás bonita, Sirenita. - Esto último lo dice con una larga musicalidad que se asemeja al bostezo de un cachorro. 
- ¿Quieres que llore? – Lo dice Camila decidida, llana. Sin dejar en sus pupilas ese trazo nostálgico que le caracteriza. 
- No quiero que llores…. ¿y por qué llorarías? 
- Estoy feliz, pero también me siento muy triste. 
- Te ha pasado algo, dije cosas feas. – Le dijo con la amabilidad entre las manos rosando sus blancas mejillas. 
- Qué rico……quiero camotes fritos – Gritó Camila, emocionada. 
- ¿Qué me has dicho? 

La caminata fue extraña, ver a dos muchachos envueltos en el paisaje colorido de la ilusión manceba, dos bisoños en el amor, señalando cada tejado que ven, cada gato en el techo, cada árbol grande. Después de muchas postergaciones se logró la primera cita, a escondidas de sus amigos del colegio, del barrio. Pero Camila entre sus saltitos, sus puntapiés, su largo vestido celeste de primavera y anteojos de yo sé mucho de matemáticas, abría las persianas de su corazón para que le ceda paso a nuevas sensaciones. 

- Me encanta la noche de hoy, no es de un sólo color y es muy femenina. – Camila acarició la mano de René con paciencia y observaba los alrededores. 

René estaba contento, dejando traducir en cada leve gesto una sonrisa que no sólo mostraba sus dientes sino el rubor de sus años, lo frágil de la felicidad 

- Siempre me has gustado. – Dice René 
- Me gustas, René. – Respira Camila sus palabras. 
- ¿Entonces… nos gustamos? - Pregunta Camila. 
- Sí y mucho. Te gustaría… – Camila le interrumpe. 
- Quiero camotes fritos. – Repite otra vez, con los ojos con charquitos de agua – Quiero camotes fritos no entiendes René. – Camila llora con tranquilidad, se aleja cuando René abre sus brazos para darle una parcela de afecto. - Quiero camotes fritos, René. 
- Puedo ir a mi casa y prepararlos. Claro vamos en moto taxi. Tranquila, pero no llores, por favor Camila. 

Los brazos de Camila se acercaron al cuello del muchacho, apoyó su cabeza en él. Repentinamente cuando René le iba decir algo. Ella lo calla poniéndole dos dedos en su boca y sobre ellos lo besa con prisa y rabia. La prisa de sus labios se detiene y empieza a moverlos lentamente, quita sus dedos y le da un medio beso y se va corriendo cabizbaja. Detiene un vehículo, se sube en el asiento trasero de inmediato y no dice nada al ingresar, tan sólo llora y llora; y continúa llorando. René no entiende mucho, se queda quieto, paralizado por el beso. Tocando el aire, no sabe cómo reaccionar, se acomoda en el asiento de uno de los parques y empieza a llorar. 

- Quiero camotes fritos Camila – Dice Ara, pálida, triste y también feliz. 
- ¿Quieres camotes fritos, Ara? – Camila, le sonríe. 
- Con lo que nos gusta los camotes fritos a las dos y me preguntas. 

Se ríen juntas, se divierten en la habitación con los cuadernos, los peluches de animales que de golpe en golpe han ido perdiendo su forma, almohadas revoloteándose, sábanas con oficio de vuelo, y toda la fragilidad que al humano lo hace feliz. 

- Sabes Camila hay algo que me gusta mucho, mucho más que los camotes fritos. 
- ¿Qué hermanita? – Pregunta Camila 
- René, el chico que vive en la manzana W, me gusta muchísimo. 
- Prefiero los camotes fritos. 
- Es una pena que me vaya a morir – Dice Ara dulcemente. 
- ¡No vuelvas a decir eso! 
- Es la verdad tengo leucemia, es sólo tiempo, Cami. 
- Ara, te quiero y pronto vas a estar bien y llenándole de besos a ese feo de René. 
- A mí me parece guapo. – Lo dice convencida Ara. 

Camila llega a su habitación, coge fuertemente la fotografía de su hermana Ara, llora y sus lágrimas se persiguen una a otra en su cara. Se echa en su cama, patalea la colcha, la sabana, muerde impulsivamente su almohada. 

- A mí también Ara me gusta René, me gusta más que los camotes fritos. 

Edward Rodríguez Ríos

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Fecha Publicación: 2012-06-18T18:55:00.003-05:00

“Si no comen causa en Vinzos no pueden morir tranquilos”
Advertencia comercial del pueblo.

A una hora de Chimbote, camino a Chuquicara, hay un pequeño pueblo donde nació la mejor causa de la provincia. Y es muy probable que si alguno de nosotros ha viajado por ese camino se ha detenido a observar a unas mujeres que desde una tienda, cesta de canastas en manos, ofrecen un bulto verde a voz en viento. Una de ellas es la más antigua causera de la zona, la única que ha seguido una tradición culinaria de familia; su madre también vendía causas, y fiel al ambiente en el que vivió, continuó la costumbre. La historia que relato habla un poco de ella y la causa, que en resumidas cuentas, son lo mismo.


El reloj marca las siete de la mañana y Julia Acero de la Cruz aún se encuentra en su casa, terminando de envolver las últimas causas que debe llevar al Locutorio, una tienda frente a la pista central de su pueblo por donde suelen transitar todos los autos. En ese lugar vende el plato convertido en insignia de Vinzos, y que cocina desde hace más de 20 años. Ahora Julia está preocupada, se ha hecho tarde. Ha despertado media hora después de lo acostumbrado, a las 5:30, y ya tiene que estar en la tienda. Recoge dos canastas donde ha estado depositando las causas, ya otra le espera en la tienda, y sale. Afuera un combi la aguarda para llevarla ladera arriba.

Apenas llega se topa con tres chicos, todos subidos en una sola moto. La moto tambalea mientras ellos juegan, la reconocen y automáticamente empiezan a decir “causa”, “causa” con una voz tal cual como en Chimbote llamamos al panadero. Julia les despacha y a los minutos llega una jovencita, que aparece tan rápido como se va, llevándose antes, ocho causas para su hogar. Y es que en Vinzos comer causa es como en Chimbote comer tamales, me indica Julia. Pasan otros minutos y llegan ocho ingenieros que van camino a Cabana, estos compran doce. Una camioneta, detenida un puesto después, retrocede y también las pide. Mientras que ya en una mesa de la tienda, Luis Mariños, un fotógrafo Chimbotano que también ha venido a conocer este famoso potaje, está entusiasmado tomándole fotos al platillo. Luis ya se ha comido dos causas, pero compra tres más para llevarles a sus amigos. En menos de una hora Julia ha vendido aproximadamente 100 causas. “El movimiento de ventas más continúo se produce entre las 8 y las 9 de la mañana”, me dice la señora Acero. “Luego las otras causas se van vendiendo lentas, pero seguramente, en el resto del día.” Hoy es un día domingo y el porcentaje aproximado de ventas alcanza las 350 causas. Julia trabajará hasta las 8:00pm, único día donde también se queda de tarde. Entre semana disminuyen las ventas a la mitad, quizás sea porque sólo trabaja hasta el mediodía. Como Julia ya se había hecho tarde no llegó a envolver todas las causas, por eso llama a su madre para que le ayude con las que restan aún en su casa. Sólo ella y su progenitora lo pueden hacer, porque, a pesar de que parezca sencillo, tiene un truco difícil de aprender. Lisssete, su hija, que suele ayudarla junto a otra chica en las ventas, y conoce todo el proceso y preparado de causa aún no puede hacerlo. La maña es difícil, confiesa. En cambio, Victoria Córdova de la Cruz, su abuela, y quien le enseñó a su hija Julia todo lo referente a las causas lo hace sin problemas. Cocinar ya no puede, a más de 80 años de edad le sería muy trabajoso, pero no imposible. Esta cocinera habría sido una de las primeras causeras del ferrocaril, quien contaba a su hija que para variar la receta los domingos se solía preparar causa con Chita frita. Hoy Julia trabaja con jurel, también suele hacerlo con cabrilla pero está muy cara. 

Esta es la segunda vez que visito a Julia, la primera la encontré en el hall de su casa viendo, con algunos de sus familiares, finalizar la tarde. Y es que de lunes a viernes deja todos los ingredientes ordenados de 3:00 p.m. a 5:00 p.m., para que cuando se despierte en la madrugada el proceso sea más rápido. Luego, descansa el cuerpo y espera que anochezca para acostarse temprano. “Suelo tirarme en el sillón y mi esposo me hace masajes”, me cuenta riéndose. Es que la jornada es pesada. En la mañana siguiente, al despertarse, lo primero que hace Julia es sancochar las yucas, tiene que ser yuca huairo para que salga rico. Luego, también sancocha el pescado salpreso, pero desaguado de un día a otro. El ají escabeche y el aceite bajo el batán forman un aderezo especial e indispensable, la cebolla sudada se combina con ellos y ya está listo el aderezo (Cebolla blanca Israel, ojo, no otro tipo). Al final, Julia aja las hojas de plátano con la candela y las corta para envolver con eso todo lo anterior. Anteriormente también se hacía con hojas de maíz seco, costumbre adaptada de la causa de hoy ante los difíciles tiempos donde los hacendados prohibían el uso de las hojas de plátano (para que estos no perdieran la fuerza y oxígeno). “Mejor queda en la hoja de plátano, la de maíz le da otro sabor al contenido”, me dice la experta. 

La primera vez que vine a Vinzos lo hice con una curiosidad preocupante. Ya habiendo probado la causa en Chimbote (que tiene los mismos ingredientes y que algunos afirman es típica del puerto) estaba desilusionado de su sabor, el salado siempre me había sido muy sensible y no suelo soportar el salpreso. De otro modo, mi preocupación iba con que quizás podría juzgar con prejuicio un sabor para la mayoría inapelable, sólo por cuestiones personales del inconsciente o del gusto. Pero, cuando esa tarde, después de pelar las hojas de plátano ágilmente acomodadas, me di con la sorpresa que el plato que había empezado a comer sí me gustaba; es más, me envolvía extrañamente en un placer que sólo te causa lo sorpresivo y lo absoluto, asumí que estaba ante una verdadera causa maestra, sino genuina, excelente (las investigaciones serias aún no ha definido científicamente su origen). Las yucas, cruzadas como muslos blancos perfectos, bajo el abrazo jugo del aderezo. Ya el pescado entre ambos, bien desaguado para permitir a la lengua pasearle en los dientes. Una combinación matemática, ciertamente. Exacta. Ese día también fui con Luis Mariños, quién se comió dos platos, como ahora, que no pudo quedarse sin probar otro y, mientras está guardando su cámara, carga en su mano con mucho cuidado y afecto las causas que ha comprado para sus amigos, las que viajarán a Chimbote para mantener vivo el recuerdo que la mejor causa que hemos probado en nuestras vidas se halla en este pueblo pequeño.


Datos extras:

A la semana Julia compra 200 kilos de pescado. Pero en el momento que le visitamos había comprado 250 kilos más, parte de la suma de pescados que irá reservando como abasto para semana santa, a fin de no elevar el precio de su producto. 

Ella, como muchos pobladores orgullosos de la causa de Vinzos, quisiera llevar su producto a Mistura. El año pasado Julia Acero tuvo una tentativa, pero está segura que el 2012 se concretizará. 

Lissete, hija de Julia, está segura que la causa es de Vinzos, porque la mayoría de los productos que intervienen en la receta, como el escabeche y la yuca, se cultivan allá y no en Chimbote. Y le parece lógico que se haya gestado en su pueblo, porque el salpreso es el resultado de un proceso que recibe el pescado destinado a la sierra para su conservación natural, y no para un puerto. 

Algunos transportistas llevan causas frescas a Cabana, allá las venden unos niños huérfanos a los que se les conoce como Los Zorritos, ellos venden la misma causa de vinzos, a un sol más a modo de ganancia. Los transportistas que les llevan las causas no les cobran nada.

Rhazú Vásquez Chuchón
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Fecha Publicación: 2012-05-31T06:00:00.000-05:00
Con corvina o chita, puede ser con lenguado sino tramboyo, por qué no con cabrilla.

No crea que estamos de compras. A uno de estos pescados se le puede cortar transversalmente, salpimentarlo, adobarlo con chicha de jora, hojas de culantro y ajos molidos. No hace falta adivinar. El jugoso de pescado es uno de los potajes más requeridos en la ciudad de Chimbote, tiene variopintas formas de prepararse de acuerdo a los productos que se usa, que van desde la clase de pescado, la maicena, el chilcano, la chicha o la cerveza. ¿Cómo es que llegó a nuestra ciudad?

En internet y otros medios circula la información que este suculento plato nació en la ciudad de Chimbote, exactamente en el pueblo joven San Pedro. En los 60, años de oro para la pesca, nuestro puerto fue centro de migraciones, que mayoritariamente proveían del norte litoral del país. La gente que llegaba traía consigo entre tantas cosas, su variada cocina; así fue como se nos apareció el jugoso.


En el pueblo joven San Pedro se asentaron muchos de los norteños, en su mayoría chiclayanos y piuranos, quienes llegaron y abrieron picanterías en las faldas del cerro, convocando a los pescadores que frecuentemente se reunían a degustar todo lo que se podía en productos marinos. Uno de estos platos fuertes fue y sigue siendo el jugoso de pescado. Del norte vino con el nombre de Sudado (Para muchos proveniente de Catacaos –Piura); se dice que la fusión ocasionó la variación en su nomenclatura. Si ahondamos en el pasado el antecedente más remoto de este plato lo encontramos en el Perú prehispánico, donde su elaboración es a base de pescado trozado y marinado en una chicha de alto contenido alcohólico.

En el libro de la arqueóloga Marcela Olivos Weston, “Ancash, la Cocina Tradicional”, encontraremos una receta recogida por Víctor Hugo Álvitez, que reúne las características más similares en la preparación del jugoso de pescado de los diferentes locales de la ciudad. Aquí se sugiere que el pescado sea preferiblemente blanco por su sabor al momento de la cocción, el resto lo deben conocer y puede resultar cálido decirlo: calentar el aceite y freir el ají y los ajos; añadir la cebolla cortada en racimos, el tomate picado y el ají escabeche sin pepas; poner el pescado a cocinar a fuego lento y esperar que el pescado sude bien para que se sirva.

El aroma del jugoso es capaz de convertir nuestro olfato en una especie de catador; salta a la vista el arrobamiento de sus colores y un sustancioso caldo que nos invita a una celebración de gustos. La yuca sancochada, la cancha, compañeros fieles del delicioso plato; el tomate que da espesor (algunos usan la maicena, pero se dice que nada supera al toque que ofrece el tomate); la ebullición del ají escabeche, el ají limo junto con la chica de jora; la cebolla en gajos. Esta unidad de sabores pueden hacer que esta delicia forme parte de la alta cocina, sin embargo le falta aún la popularidad de otros platos para situarlo en el boom gastronómico que se ha generado en los últimos años en nuestro país.

Chimbote es uno de los lugares donde el jugoso tiene un sabor privilegiado, su variedad en pescados permite encontrar diversidad de propuestas para satisfacer a los paladares más exigentes. Lo que se use para la preparación claro que importa, y aquí tenemos lo mejor. Si luego de leer este artículo la boca se le hace agua por probar un majestuoso jugoso, no nos culpe por ello y salga en busca del lugar apropiado para saborearlo. ¡Buen provecho!

Edward  Rodríguez Ríos   
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Fecha Publicación: 2012-05-29T20:26:00.000-05:00
Ilustración: Amarildo Obeso
Allá por a los años sesenta, cuando el primer Camal Municipal funcionaba entre las intersecciones del Jirón José Olaya y la Avenida Gálvez, los matarifes de aquél entonces iniciaban su faena muy temprano, mucho antes del amanecer. Aquella era una rutina de trabajo fatigante en la que debían seccionar reses, chanchos, carneros y otro tipo de animales, que luego se distribuían entre los mercadillos de la ciudad. La séptima cuadra de Olaya donde se había instalado por entonces el pequeño Camal era una zona muy transitada y concurrida, debido a la presencia de varios negocios dedicados a la venta de comidas como el Restaurant “Los Olivos” cuyo dueño era un señor de apellido Olivos (de allí la procedencia del nombre), el Café “Mikado”, propiedad de una ciudadana de origen japonés; la “Anticuchería Tradición” de Javier Henríquez, pionero en lo que a preparación de potajes a la parrilla se refiere; además se encontraban el Bar “Las Brisas” (uno de los más antiguos de Chimbote), atiborrado los fines de semana por pescadores y comerciantes; dos puestos de refrescos ubicados frente a frente en cada una de las esquinas de la calle, atendidos por sus peculiares dueños, un jovencito homosexual y una extravagante mujer apodada “La Bandida”. También funcionada por entonces, en un callejón a mitad de cuadra, el negocio de caldos de la familia Gozzer, cuya especialidad eran los caldos de gallina, hasta que un buen día, en uno de esos idas y vueltas cotidianos que Don Gozzer hacía al camal para comprar las aves, se le acercó un matarife venido de la sierra liberteña y le contó que en su tierra se preparaba unos suculentos y reparadores caldos a base de las orejas de cerdo, que se acompañaban con trigo morón, frejoles y lentejones que eran muy consumidos luego de las tremendas borracheras que se pegaban en las fiestas costumbristas de su tierra. La charla terminó con el compromiso de que Don Gozzer agregaría a su cartelera el potaje serrano. Sin embargo la curiosidad del ahora octogenario lo llevó a escudriñar entre los restos de las reses que por entonces se desechaban en el viejo camal. “Si de las orejas del chancho podía prepararse un buen caldo, porque no de la cabeza o la jeta de la res”, recuerda con beneplácito este hombre que se atribuye de buena manera la creación de esta sopa.

Cuentan los viejos chimbotanos, aquellos que aún sobreviven a la masacre del tiempo, que el poder reconstituyente del caldo de jeta no tiene comparación con ningún otro platillo de esta índole. En esta parte de la vaca se concentran una gran cantidad de grasas y carbohidratos, que acompañados del nutritivo mote, su buena porción de papa, aromatizado con culantro y perejil, se convierte en un suculento “levanta muertos”, como es llamado popularmente este platillo. En este tiempo la comercialización del caldo de jeta se ha extendido a los diferentes mercados de la ciudad, además se vende en algunos restaurantes especializados en la preparación de sopas; pero es sin duda la “Tía Pito” o “Tía Pitu”, la abanderada de este potaje al que suele recurrirse para aliviar las heridas de una buena tranca.

El Caldo de Jeta de la Tía Pito sí pone.
En la segunda cuadra de la avenida Buenos Aires funciona uno los establecimientos de comida más populares de la ciudad: El Local de la “Tía Pito”. Este pequeño local dedicado exclusivamente a la venta de caldos de gallina y de jeta, recibe diariamente a varios centenares de comensales que llegan incluso a duplicarse los fines de semana, días en los que la gran mayoría de personas consumen alcohol y acuden hasta este lugar para “curar” su borrachera, con los poderes reconstituyentes de las sopas.

La Tía pito es una mujer rechoncha, de piel cobriza, mirada impositiva y cabello hecho una cola que no concede entrevistas y suele hablar muy poco de su quehacer gastronómico. Quienes la conocen de cerca afirman que heredó la receta del caldo de jeta de sus ancestros y que no la ha compartido con nadie más. Todos los días a partir de las tres de la tarde empieza su ardua faena. Usualmente prepara dos inmensas ollas de sopa, una de gallina y otra de jeta; pero los viernes y sábados la ración se duplica, cantidad que fácilmente bastaría para alimentar un pelotón del ejército. Antes de las siete de la noche ya está sentada a la entrada de su local, sobre un diminuto banco de madera que soporta su inmensa anatomía. Ella misma se encarga de servir la sopa. “Lo ha hecho desde que se inició en este negocio y lo hará hasta que se muera”, nos cuenta su hija mayor quien la ayuda diariamente, pero al igual que su madre habla poco y ahora menos que antes. “La gente cree que tenemos dinero, pero nosotros somos gente humilde que se gana la vida cocinando”, dice esto previniendo a aquellos que pensarían que a lo largo de los años amasaron fortuna. Lo cierto es que para beneplácito de sus fieles clientes, la Tía Pito sigue igual de humilde, lacónica y servicial como lo ha sido desde sus inicios a finales de los setenta. Su rutina acaba cuando la madrugada empieza a despedirse, con los últimos hombres y mujeres que regresan a casa trastabillándose después de haber “curado cabeza” con su buen caldo de jeta.



Fuentes:
http://papisanchez.bligoo.pe/content
Personajes anónimos de la calle.
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Fecha Publicación: 2012-05-28T08:00:00.000-05:00
Es común apreciar en los principales restaurantes de Chimbote, así como en las guías turísticas, la variedad de platos que se ofrecen al público local y visitante. Se promueven como “platos típicos” de nuestra ciudad el picante de cuy, cebiche de pato, cabrito, shambar y el delicioso cebiche, entre otros potajes. Sin embargo, es bueno precisar que si bien los platos mencionados se preparan de muchas maneras y con la mejor sazón, ellos no son platos originarios de Chimbote. El picante de cuy es un plato netamente de las serranías de nuestro país; el delicioso cebiche de pato es el plato bandera de Casma; el shambar también es natural de las serranías y considerado como plato típico de Trujillo; mientras que el cebiche y el cabrito son potajes netamente norteños. 

Si tendríamos que hablar de platos típicos de Chimbote, desde mi punto de vista debemos referirnos al combinado.

En 1970, después del terremoto, dos señoras – cuyas casas estaban una junto a la otra, en la segunda cuadra del jirón Casma, frente al Colegio Nacional San Pedro- decidieron competir con los productos tradicionales que se ofrecían a la hora de recreo: mazamorra morada, arroz con leche, frejol colado, diversos pasteles, pan de manteca, maní en cáscara y maní confitado, así como el tradicional y delicioso cebiche de machete. Para los sampedranos, acostumbrados a los productos mencionados, nos llamó la atención que estas señoras introdujeran un nuevo alimento al mercado escolar. Una de ellas, recuerdo, era la señora Blasiana Santillán de Chunga. Este platillo consistía en la mezcla de dos platos tradicionales: tallarín y ajiaco de papa. El tallarín lo consumíamos solo o con papa sancochada o también con papa a la huancaína; mientras que el ajiaco de papa normalmente acompañaba a un bisteck, pollo frito, pescado frito o cualquier fritura o guiso. Pero juntar ambos platos era toda una incógnita y vaya que resultó siendo un verdadero suceso. 

El tallarín en salsa de tomate con el ajiaco de papa era el plato que consumíamos más de la mitad de los sampedranos. A la hora de recreo, por los huecos de la celosilla que cercaba al colegio, se ofrecía este platillo a cincuenta centavos la porción. Se servía en un plato chico de plástico, de manera que después de consumirlo habría que devolverlo a sus dueñas, pero los sampedranos lo hacíamos de una forma muy singular: los platos eran lanzados al aire como si fueran un búmeran, obligando a que las señoras salgan hasta la calle para recogerlos. Era todo un espectáculo ver volar los platitos. Este potaje, cuyo nombre fue sencillamente tallarín con papitash, así como lo leen, es el inicio de lo que con el tiempo sería el combinado. 

Fue en los años 80, cuando las vendedoras de cebiche que se ubicaban en la tercera cuadra de Manuel Ruiz, en el perímetro del mercado Modelo, deciden introducir dos nuevos ingredientes al tradicional cebiche que se expendía en la zona. Así nació el plato bandera de Chimbote: el famoso combinado, mezcla de cebiche con su tallarín y la aguosa papa a la huancaína. Antes se consumía el cebiche solo, el tallarín con la papa a la huancaína o el tallarín con chanfainita, hasta que alguien tuvo la genial idea de juntar estos tres platos que dio como resultado el delicioso y extravagante combinado, potaje típico de nuestro Chimbote y que ahora se consume en diferentes lugares y por todo tipo de público. Incluso en la capital, donde el paladar de la gente es mucho más exigente. 

El combinado inicial: cebiche, tallarín y papa a la huancaína, con el tiempo ha ido incrementando su composición debido a la demanda de sus consumidores que cada vez exigen una nueva innovación. Es así que nace el combinado siete sabores: cebiche, tallarín, papa a la huancaína, chanfainita, cau cau, arroz verde y su porción de cancha saladita. Este plato se consumía en la cuadra tres de la avenida José Gálvez, cerca de la esquina con José Pardo, donde antes funcionaba la empresa de transportes Sudamericana, durante muchos años el lugar preferido por los amantes de esta variopinta y peculiar combinación. Sin embargo, este tipo de combinado no alcanzó la acogida esperada entre las grandes masas, por lo que actualmente sólo se le ha incluido la rica chanfainita. 

Si de algo tenemos que sentirnos orgullosos los chimbotanos es de haber aportado a la cultura culinaria este popular plato, que tampoco es un invento; es simplemente la conjunción en uno de cuatro potajes: el cebiche, el tallarín, la papa a la huancaína y la chanfainita. ¡Provecho con el combinado!

Segundo Tadeo Sánchez Sánchez
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Fecha Publicación: 2012-05-17T08:32:00.002-05:00
“la fotografía es una enfermedad que te atrapa desde dentro y tienes que seguir y seguir adelante, los fotógrafos son como los pingüinos, cogen una piedra y la ponen acá, cogen otra y la ponen allá, hasta que tienen un nido; los fotógrafos hacen lo mismo.”
Sebastião Salgado


Epímaco Mejía, presunto primer fotógrafo de Chimbote
Debió haberse sentido más solo que un barco en medio del desierto. Él no lo dijo, pero quizás lo pensó. Epímaco Mejía, el primero de los fotógrafos en ejercicio registrados en la memoria de nuestro puerto, viajaba desde Caraz (su tierra natal) hasta Chimbote para trabajar en temporada de verano. Percy Robles Guibovich supone que subido en una mula llegaba hasta Huallanca y que luego, en esa ciudad, tomaba el tren hacia Chimbote. Cuando lo hizo por primera vez —valga la rima— fue en 1923.

De Epímaco también se sabe que fue quien abrió el primer estudio fotográfico y el ilustró el libro Tierra de Promisión: Chimbote de Enrique Tovar, que por cierto —a modo de publicitarlo en su interior— es el único documento que lo preserva dentro de la Historia; luego no se sabe más, como tampoco se tiene registro de los fotógrafos que posteriormente pisaron, vivieron y viven en nuestra bahía; aquellos que prosiguieron su oficio y cuya historia se ha desordenado en el tiempo. Algunos de ellos, aún vivos, conservan, utilizan o recuerdan románticamente sus viejas cámaras analógicas, el proceso cuidadoso y técnicas manuales que debían seguir para efectuar el revelado. Porque antes todo era a pulso. Ahora eso ha quedado atrás, como ellos, en un pasado sólo existente en la memoria oral. Quizás, como al fotógrafo danés Lasse Hoile, realmente a los fotógrafos no les gusta estar delante de la cámara (o la Historia), prefieren estar al otro lado.

Lo que haré a continuación será tratar de rescatar del olvido a los que he considerado más importantes en la fotografía o espejo con memoria, como fue llamada en sus inicios por el poeta Wendell Holmes.

 Fotógrafos de cámaras analógicas, la primera generación 


“Las paredes y los zócalos cambiaron continuamente de un color a otro, verde olivo y granate, marrón con concha de vino, hasta blancas y el zócalo plomo. Toda la casa era de madera, antigua, muy preservada” es la descripción que Víctor Chávez Toledo, el fotógrafo más antiguo de Chimbote, hace del segundo más antiguo estudio fotográfico de Chimbote: Comercial Foto Merchán, un centro de revelado y tienda (de las pocas existentes en esa época) ubicado en la Av. Francisco Bolognesi 671, lugar donde Chávez aprendería durante 16 años las bases de la fotografía. Su propietario, Bolívar Merchán Cantos, fue un fotógrafo ecuatoriano que se había instalado en Chimbote con su familia a inicios del siglo XX. Nadie sabe con exactitud las razones, sólo que su mujer provenía de Chiclayo. Merchán no sólo instauró un sólido taller fotográfico, también era vendedor de electrodomésticos, hasta mandó a industriales japoneses construir máquinas de coser con su marca “BOLMERCH”, iniciales de sus dos apellidos.

Víctor, ahora ya de 75 años, recuerda que ingresó a trabajar allí el 28 diciembre de 1951, a sus 11 años, ganando cinco soles diarios. No imaginaría que a los tres meses ya ganaría 30, y que al medio año, luego de aprender las técnicas básicas de revelado y encuadre, ese sueldo se duplicaría a 60. “Yo ganaba mucho dinero, no me puedo quejar, con eso ayudé a mantener a mi familia, a mi madre y mis hermanos”, recuerda con orgullo. Pero así como vino el tiempo de las vacas gordas, también llegó el de las flacas. En la época del gobierno de Alan García, cuando Víctor ya trabajaba independientemente, habiendo fotografiado a SiderPerú desde sus pruebas de terreno antes de construirse, y pasando los exámenes académicos y técnicos de un concurso de selección para plazas de trabajo, ya elegido, fue despedido arbitrariamente por no poseer carné de afiliación al partido aprista. “Yo no podía tenerlo, ni del APRA ni de ningún partido; mi profesión no me lo permitía, por último era apolítico”.

Años atrás había conocido a Remberto Guzmán Marrufo. Él fue su ayudante cuando Chávez tenía 16 años, los separaban sólo cinco años; de ese modo Remberto (o Rember, como sería conocido más adelante) aprendió el oficio que lo convertiría en otro de los más destacados fotógrafos de Chimbote. Según palabras de Víctor Chávez: “Había aprendido tan bien la fotografía y se hizo —a mi par— uno de los mejores fotógrafos de ese tiempo”. Ambos se dedicaron a los paisajes, aunque, a modo de sustento, Chávez vivió de la fotografía industrial, y Remberto, de los eventos sociales. De ese tiempo, en una oportunidad, Víctor voló en una avioneta comanche desde Coishco por todo el cielo chimbotano para tomar fotos aéreas a una empresa pesquera; allí aprovechó para capturar las fotografías que adornan, a modo de gigantografías, algunas paredes del Hospital EsSalud Cono-Norte.

Miguel Koo Chía recuerda que, para hacer fotografías, Chávez tenía demasiada entrega “En plena extracción de muela, Víctor se enteró de que el barrio de El Acero se estaba incendiando, como tenía su cámara consigo salió disparado hacia el lugar a mitad de la extracción, dejándola inconclusa. Así logró las fotos que obtuvo, pero por poco pierde la vida; esa misma noche le dio una hemorragia y fue atendido recién a la mañana siguiente”. Probablemente por esa y muchas razones más en 1999 la revista Actualidad, de la Federación de RR.PP del Perú, lo premió como EL MEJOR FOTÓGRAFO DE LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS. Es que Chávez no sólo se había dedicado a satisfacerse con el dinero ganado, sino que incursionó en distintos géneros fotográficos, entre ellos la fotografía abstracta y periodística, tal y como proclamaba el fotógrafo estadounidense Aaron Lee Fineman: “El arte de la fotografía es insolentemente promiscuo; no pregunta al fotógrafo a qué dedica las horas de su jornada, sólo requiere unos momentos, a veces unos segundos sólo, de apasionada atención, de captación de una imagen que por alguna de las miles de razones que transforman a algo en fotogénico se presentan ante él con un halo de singularidad que merece ser retenido”.

Así como Chávez, contemporáneos suyos fueron Luis Gutiérrez y Toribio Electo, ambos fotógrafos de prensa de distintos diarios y revistas como La gaceta, La Industria de Chimbote, El Faro, El Tiempo, entre otros. Gutiérrez actualmente se sigue dedicando a la fotografía, pero ahora desde un estudio fotográfico de carnés. Este reportero gráfico en 1999 llegó a ganar el primer lugar del I Concurso de Fotografía “Miradas Chimbotanas”, organizado por el Centro Federado de Periodistas de Chimbote, y, hace dos años atrás, el segundo lugar del I Concurso de Fotografía “La foto más antigua de Chimbote”, organizado por el Centro Cultural Centenario. Toribio Electo, en cambio, ahora se dedica esporádicamente a la fotografía, ya no como antes. Actualmente su pasión está encausada en tratar de entablar contacto espiritual con ovnis. En esa búsqueda, diez años atrás, cuando regresaba del campo en bicicleta, fue embestido por un auto. Como él siempre andaba con su cámara al cuello, en plena caída, la sostuvo y apenas cayó logró hacer una fotografía que captó la placa y huida del automóvil. Al día siguiente esa foto fue publicada en el Diario de Chimbote, denunciando la agresión. De esto Josué Ibarra comentó: “A través de la fotografía, en este caso, es que se llegó a capturar al culpable”.

De esas antiguas épocas muchos negativos han quedado eternamente perdidos en la basura o los escombros: tal fue el caso de Víctor Chávez, quien perdió gran cantidad de sus rollos en el terremoto del 70; Manuel Arellano, activo periodista gráfico de El Diario de Chimbote, quien con la lluvia de la corriente del niño perdió todos los suyos por la humedad; y el caso de Toribio Electo, cuyos negativos se han extraviado por motivos desconocidos.
 
Por esos tiempos también existieron otros fotógrafos conocidos como “fotógrafos minuteros”. Primero rondaban el mercado Modelo, tomando retratos, fotos familiares y de pareja; luego fueron trasladados a la plaza 28 de Julio (hoy Plaza Grau), y, al final, por reubicación del concejo municipal, a la Plaza de Armas. Los minuteros trabajaban con una especie de caja cuadrada, oscura, apoyada en tres patas largas; revelaban fotos en blanco y negro al instante.
La mayoría de la memoria gráfica de ese tiempo aún se preserva en negativo, es triste imaginar que quizás allí quede. “Yo quiero hacer un libro de Chimbote, sólo que ahora no tengo dinero; hacer una loa más a la fotografía de este puerto. Es fundamental que se haga un documento gráfico de la historia de Chimbote; pero en buen papel, de buena calidad, poca literatura; porque literatura ya se ha escrito en varios libros, las imágenes no” dice Chávez mientras ojea Libro del Centenario de Chimbote, que, dicho sea de paso, publicó varias de sus fotografías, la mayoría de ellas cortadas y manipuladas para que sirvan de ornamento al formato ya definido de texto.
Fotógrafos digitales, segunda generación, a ellos no les llegó la época desde la era digital, pero sí la recibieron con los dedos abiertos.
Seguro que por allí has visto unos paisajes con definidos colores, donde cerca del ángulo, o al medio, se encuentra una pareja o una chica en solitario fundida con el fondo en uno solo. Y seguro también que no has visto la foto de quien las ha tomado, que si te encuentras en la calle, o hasta en su propia oficina, no sabrías si es él o no. A Yonnel Bonilla le gusta permanecer así, detrás de la cámara. Tal vez no sea el fotógrafo más conocido de todos los que, por así decirlo, integran una segunda generación de fotógrafos, pero sí es uno de los que ha incursionado más en las distintas facetas de la fotografía. Desde fotoperiodismo y fotografía de paisajes hasta fotografía de bodas y quinceañeros: ganador del I Concurso de Fotografía “Puertos del Perú”, en el 2006; I Concurso de Fotografía “Personajes de mi tierra”, el 2003; y Tercer lugar en el I Concurso de Fotografía Turística Regional, en 1997 (Trujillo). De este último concurso el ganador fue Eduardo Ávila Alvarado, fotógrafo chimbotano que actualmente radica en Lima. Ellos dos, junto a un tercero, Gregorio Rosales Turiarte, ganador del I Concurso de Fotografía “Oportunidades de inversión del desarrollo turístico de los humedales de Villa María”, el 2002, salían a capturar paisajes hace 10 años atrás. Emprendían pequeñas visitas panorámicas y se acompañaban.
Otros que se suelen acompañar, pero en su trabajo, son Eric Sánchez y Luis Mariños; los dos más evocados a la fotografía comercial de bodas y quinceañeros. En este rubro también encontramos a Alexander Zúñiga Camacho, quien data de algunos años más que los dos anteriores; Hammer Shuber, de Universal Producciones y Alberto Gonzales, de Bethos Producciones. Este último fue quien en el 2004 innovó en el mercado fotográfico comercial chimbotano con los paquetes prebodas, postbodas y quinceañeros; adopciones propias de la enseñanza que recibió en un taller organizado por IPAD (Instituto Peruano de Arte y Diseño) 
En Fotoperiodismo, que según Juan Bonilla es el género más prolífico ya que “Un ciudadano medio que lea la prensa y dé un paseo por el centro de su ciudad ve alrededor de ciento ochenta  fotografías diarias” el más destacado es Josué Ibarra, quien según Yonnel Bonilla  vendría a ser el mejor fotógrafo de prensa de nuestro puerto, actualmente editor fotográfico de La Industria de Chimbote y ganador de un reconocimiento especial de la revista National Geographic a la mejor fotografía periodística de la corriente del niño,  publicada y reproducida en distintos medios internacionales como Life, Corriente della Sera, entre otros.  Ibarra, que también fue el ganador de un concurso fotográfico para un programa de seminarios de tres años de duración del Word Press Photo y el Instituto Gaudí en 1998, desde La Industria de Chimbote, enseñó fotografía periodística a Yonnel y Paul Meza. Paúl empezó con la fotografía el 2005,  ahora ya es editor fotográfico de Correo en Chimbote y profesor de fotografía en la UCV. Su compromiso con la fotografía, y su difusión, se ha visto claramente reflejado en la exposición  fotográfica  “Nuestra Mirada”, proyecto suyo donde, desde la galería Iván Orlic del Centro Cultural Centenario, sus alumnos expusieron trabajos fotográficos al público. 
En la fotografía de modelaje Luis Mariños recuerda que David Mertz fue el iniciador. Él había empezado haciendo tomas caseras a sus amigas de colegio. Un aliciente en este tipo de fotografías, en el pasado, fue la revista Yanbal que coleccionaba su madre y que veía con entusiasmo junto a otras, todas con mujeres hermosas. Más adelante adoptaría esos recuerdos como parte de su trabajo profesional. Actualmente David se dedica más a la fotografía comercial, aunque también a la de cerámicos y patrimonios históricos “Hubo un tiempo en que iba a fotografiar modelos con Pedro Miranda y que era difícil tomarles fotos, las modelos no querían. Ya cansado un día le dije a Pedro, como en broma, mejor hay que ir a fotografiar huacos, y así lo hicimos, así empecé a fotografiar cerámicos
Fotógrafos de Chimbote con el objetivo apuntando desde otros sitios 
Víctor Chávez ha dicho “La fotografía es la vértebra del mundo”, y por el mundo también se han ido otros fotógrafos de esta ciudad; Ricardo Arroyo Guevara es uno de ellos, estudio dirección de fotografía en cine en Europa. Luego, ya en Perú, fue director del proyecto televisivo Perú Milenario trasmitido en TNP y realizador de fotografía antropológica y foto reportajes. Actualmente radica en Lima. En Fotoperiodismo destaca Mayu Mohanna, quien laboró en El Comercio e hizo la curaduría del trabajo fotográfico expuesto por la CVRN (Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional). De ella, Josué Ibarra ha dicho que es una excelente periodista gráfica, como también lo ha dicho de Tati Quiñones, que, al igual que Mohanna, trabajó en El Comercio y actualmente, en España, es editora general de fotografía en la revista deportiva Don Balón.
 Por último tenemos a Juan Carlos Bedriñana quien, como Arroyo y Ávila, se mantiene en Lima. Él se ha dedicado a desarrollar la fotografía a través de un trabajo más personal, íntimo y artístico.
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Fecha Publicación: 2012-05-13T08:01:00.000-05:00


Tuve la oportunidad de conocer de cerca a Dolores Domitila Gutiérrez Colchado, la popular “Morena de las Cocadas”, pues para el deleite de mi paladar desde que llegó a Chimbote proveniente de Zaña (Chiclayo) en el año 1981, decidida a reencontrarse con José Barboza - el amor de su vida y padre de sus dos hijos - eligió como lugar de afincamiento el Pueblo Joven Pueblo Libre, mi barrio.

Sus primeros años en esta tierra fueron de sosiego, ya que arribó anidando en el vientre al primero de sus retoños (Joseph Paúl) y pocos meses después de haber alumbrado a su vástago volvió a quedar embarazada, trayendo al mundo, esta vez, una mujercita a la que bautizó como Karla. En el año 1986, cuando sus hijos hubieron abandonado su seno materno, obligada por la difícil situación económica de su familia, “la morena” dio rienda suelta a sus artes culinarias, heredadas de una legendaria tradición de cocineras y dulceras allá en la cálida Zaña.

Su carta de presentación fueron unos higos bañados en miel que rellenaba con manjar blanco; esta dulcísima combinación encantó a sus amigos y vecinos de Pueblo Libre, quienes se volvieron fieles clientes de su dulce de higos. En poco tiempo el rumor de que “La Dolores” - como era conocida en el vecindario - preparaba exquisitos postres, se propagó a otros barrios, reclamándose su presencia culinaria en fiestas infantiles, cumpleaños y otras celebridades. La mazamorra, el arroz con leche, los tamales, un suculento cabrito y una sabrosísima frijolada de pato, hechos con sus magistrales manos, no podían faltar en los banquetes. Ese olorcito sabroso de sus comidas fue propalándose poco a poco por toda la ciudad y pronto pasó a ser noticia de la gente más poderosa e importante de Chimbote. Armadores pesqueros, empresarios, gerentes de bancos, oficinistas, incluso las autoridades municipales llegaron a saber de una morena venida del norte, que tenía el prodigio de hacer de las comidas una exquisitez. Así empezó a escribirse la historia gastronómica de esta mujer, que aunque no nació en Chimbote, fue adoptada como hija predilecta de esta tierra.

Pero qué tenía de especial esta morocha de voz clamorosa, cabellos ensortijados y sonrisa desbordante que se paseaba con dos azafates repletos de dulces por las avenidas y jirones del centro de Chimbote, y concurría los fines de semana futboleros al estadio Manuel Gómez Arellano pregonando su inconfundible anuncio de ¡Cocadassssss! ¡Cocadassssss!. Su carisma y el aprecio de la gente la hizo ganarse un lugar en las Ferias de San Pedrito, además de ser requerida por empresarios, gerentes de bancos y políticos, fieles clientes de sus bocados. Amiguera como ninguna Dolores Gutiérrez fue una mujer emprendedora y solidaria que hizo de sus comidas recuerdos inolvidables en el paladar de los chimbotanos. “Las cocadas” son el más recordado de sus manjares, su plato de bandera dirían hoy. Gracias a esta delicia “La Dolores” se ganó el apelativo de “la morena de las cocadas”, con el que alcanzó popularidad, llegando a ser mencionada en el tema de los Mojarras: “Si pasas por Chimbote”.

En la intimidad de mis recuerdos, persiste la morena de buen corazón que ayudaba a los desamparados y que año tras año reunía panetones, leche, chocolates y regalos para la navidad del niño; la cocinera que movía la masa de sus postres en inmensas ollas con tal de dar vida a sus suculencias. Alguna vez compartimos protestas en contra de las truculencias del mundo y sentí ese temple de luchadora social que pocos conocieron. Así fue la “morena de las cocadas”, mujer dulce y sabrosa como sus comidas. Por eso cuando Dios decidió llevarla tempraneramente a su regazo el 25 de Abril del año 2004, apenas a los 53 años de edad, cientos de personas la acompañaron en su morada los dos días del velatorio. La mañana de su entierro la ciudad se fue deteniendo a su paso, para despedirla entre aplausos mientras su cuerpo recorría las calles donde antes había desbordado su pregonar de ¡Cocadassssss! ¡Cocadassssss!.


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Fecha Publicación: 2012-05-12T01:24:00.000-05:00


Han pasado más de 2 años desde que Chimbote en Blanco y Negro publicó la primera fotografía que formaría parte de los más de 4 mil archivos gráficos de la historia de Chimbote entre los años 40’s y 60’s; más de 720 días desde que su portal brinda la posibilidad de recibir, vincular y comunicar chimbotanos desde todas las vertientes del mundo. No menos de 1 semana desde que publicaron las últimas fotografías.

El resultado ha sido óptimo si de identidad se trata; se ha llegado a exponer en Chimbote, Nuevo Chimbote y Lima. Pero, de todas las exposiciones, la que se hizo en la capital llegó a organizar el I Encuentro de Chimbotanos Residentes en Lima, con motivo de la inauguración de la muestra.
Lo que sí preocupa es que, a pesar la evidente respuesta positiva de la ciudadanía, hasta la fecha, la Municipalidad Provincial del Santa no se suma a la crucial tarea de rescate, clasificación y difusión de la identidad gráfica de nuestra provincia. Algunas ciudades que ya le han dado un fondo particular a este tipo de proyectos son; no hace más de 1 mes, Huaraz, que a través de su municipalidad provincial ha puesto en desarrollo la Fototeca Digital Ancashina; Cusco, con una Fototeca Andina que conserva imágenes en blanco y negro entre 1870 y 1950; Lima, con su archivo fotográfico histórico Courret, entre otras.

La importancia que debe tener un registro histórico gráfico de nuestro pasado podría ser traducido culturalmente en la repercusión psicológica de internalización entre el sujeto y su realidad. Afianzando los vínculos, haciendo que las cualidades plásticas de la imagen acerquen a cada receptor con su ciudad, proceso y alternativas de desarrollo; esto, a su vez, con el documento gráfico organizado de la realidad social, paisajística, marina, sindical, policial, arquitectónica, etc. Porque, como decía la fotógrafa estadounidense Berenice Abbott: “Una fotografía no es una pintura, un poema, una sinfonía, una danza. Es o debe ser un documento significativo, una declaración penetrante.”

La labor que ha venido haciendo Chimbote en Blanco y Negro es constante y ya tiene más de 7 482 seguidores. Pero no es el único proyecto de los mismos organizadores; también está Chimbote a todo color, Los años maravillosos 70’s, 80’s y 90’s que ya tiene alrededor de 2 500 seguidores, lástima que la Municipalidad no aspire a que estos sean suyos.
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Fecha Publicación: 2012-05-06T03:21:00.000-05:00

Cada vez que asoma el mes de Mayo en el calendario, me siento amenazado por un tenaz bombardeo mediático que intenta filtrarse en mi conciencia para convencerme de que la mejor manera de agradecer y premiar a mi madre por todas las bienhechoras obras que ha hecho en mi vida (siendo éstas infinitas se hacen imposibles de contar), es regalándole un sofisticado horno microondas, una moderna refrigeradora con múltiples compartimientos, el último modelo de celular táctil con conexión ilimitada al Facebook u  obsequiándole algún otro producto de la variopinta cartela de artículos que se ofrecen con el slogan de “Haz Feliz a Mamá en su Día”.



Hace unos años sucumbí ante la perspicaz oferta comercial y abandoné a la mitad el entonado poema que le escribía a mi madre, el mismo que debía leer durante el almuerzo familiar del segundo domingo de mayo. Aquella vez me deshice de los ahorros anuales y cambié mi abnegado hábito poético por la compra de una ágil lavadora de cinco velocidades que además de ello centrifugaba la ropa, dejándola lista para el tendedero. Desde luego mamá se sorprendió al ver ingresar la enorme caja que contenía el electrodoméstico. Tan pronto descubrió su regalo me clavó una mirada que yo descifré como: “Ya, ahora puedes leerme el poema hijito”. Esa tarde la sentí como una impostora celebración del Día de la Madre. La expresión de la mujer cuyo amor tiene como fecha de caducidad: PARA TODA LA VIDA era distinta a la del pasado, lucía más fría, apagada, hasta podría decirse que con un aire desconsolado. Para aliviar mi conciencia esa misma noche busqué entre mis antiguos escritos un poema de los tiempos de la escuela. No era gran cosa, pero recordé que mamá se había emocionado hasta las lágrimas cuando lo leí en la actuación del colegio. Antes de la media noche fui a buscarla en su habitación y la encontré dormida junto a mi padre. Sin que notara mi presencia dejé en su mesita de noche un sobre que contenía mis versos escolares. Además le escribí  la frase: “Sé que este poema te encanta. Te amo Mamá”.

La mañana siguiente, mi madre, fiel a su costumbre despertó a las 5:00 a.m. (madrugada para mí y muchos mortales), encomiada para realizar los quehaceres de la casa. Limpió, preparó el desayuno y se esmeró realizando su deporte favorito: dejar impecable la ropa sucia. Cuando aparecí en la cocina para desayunar antes de irme al trabajo, ella con una voz paciente me preguntó cómo se encendía el aparato nuevo. “Aprietas aquí para prenderla y con estos botones cambias la velocidad”. Mamá asintió dándome a entender que las instrucciones le quedaron claras. “Ese poema siempre sonará lindo para mí. Estaba segura de que no te olvidarías de darme uno este año”. Aunque yo sabía que decía  eso  para aliviar mi culpa, me sentí peor luego de escucharla. Por un instante había asumido que todos sus desvelos, su entrega inagotable, el amor que desafiaba tiempo y espacio podían ser pagados con un aparato que aunque sofisticado nunca podría igualar a las mágicas manos de mi madre.

Para el próximo Día de la Madre terminé con dos semanas de anticipación mi poema maternal. Luego de leerlo en el tradicional almuerzo dominical del segundo domingo de mayo, mamá me abrazó emocionada y me susurro al oído unas palabras que han resultado inolvidables para mí. “Como siempre te quedaron hermosos los versos. Quiero que sepas que cuando me toque partir, lo único que quiero llevarme conmigo son tus poemas”.



MADRE

De qué pozo volcánico proviene ese inmenso amor
que se desprende
de tus manos.
A media noche te has crucificado
para sanar mis heridas;
por ti he crecido
bebiendo la vida de tus pechos.
¡Oh Diosa terrenal
que tantas veces
venciste por mí el sopor
del sueño!
Sigues aquí cuando
todos ya se han ido,
arropándome con tu manto,
siendo la luz de este oscuro camino.
Tus palabras no envejecen,
tienen en su aliento
la fragancia eterna de los cielos.
Voy a ir a tus brazos,
a correr en ellos como
lo hace la liebre en el campo;
Madre, voy a ir por tu mano,
esa que sabe curar
todo lo que en mí ha tocado.
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Fecha Publicación: 2012-05-05T16:35:00.002-05:00


Por Luis Antonio Vásquez Coronel

Flash que arranca con poderosa luz los frescos de una vida
Oquedada por la ceguedad arrolladora que hace imposible el vernos
Tal cual, nosotros mismos sin embauques, sin ambigüedad.
Ornamentábamos a los demás para consolarnos con un pálido reflejo de lo que éramos
Garabateamos desde siempre otros rostros, otros cuerpos  tras del nuestro,
Revelados, entonces, fuimos desde un rollo en el que nos era  brindada la verdad,
Acontraluz, anteponiéndose el negativo, nos cuajó con intensidad el disparo violento,
Fuimos paridos, desmentidos, cual  hijos de la luz logrados de la oscuridad,
Ínfimos nos develamos  cuando el lente adquirió memoria en la actualidad,
Así realmente nacimos, cuando al fin pudimos observar con nuestros propios ojos,
que de nuestros recuerdos no nos podíamos desovillar.
Etiquetas: [fotografía]  [narrativa]  [dedicadas a Chimbote]  [La hora del cuento]  
Fecha Publicación: 2012-05-03T19:51:00.001-05:00

La tarde yacía fría y melancólica. Una ligera garúa acompañaba a los tres pobres diablos que compartían - sentados en el piso de la vieja estación ferrocarrilera - un plato con frijoles que parecían ser de varios días atrás. Fue una sorpresa hallar en medio de ese trío a Dante, ex - compañero de la universidad, que era otro tipo con su vestido harapiento y un olor a “perro vagabundo” que no ha recibido un baño en muchísimo tiempo. Eso es lo que parecía sin exagerar Dante, un “perro vagabundo”. Se me vino entonces a la mente la imagen de aquél muchacho alto y fuerte que conocí una lejana mañana de abril en la interminable cola de un banco, al que ambos – coincidentemente - acudimos para pagar nuestro derecho de matrícula universitaria. La cola era tan larga que traspasaba la puerta de ingreso del local y se extendía varios metros por la céntrica avenida Bolognesi. Casi al final de la fila yo bostezaba de aburrimiento, mientras que Dante,  parado delante de mí, leía un diario deportivo. Cuando vi que dobló su periódico y lo guardó en el bolsillo  trasero de su pantalón, me animé a pedírselo prestado. Sin inconveniente sacó el diario y lo puso en mis manos, recomendándome en tono sarcástico que no olvidara devolvérselo. Ese Dante había sido un gran platicador, al toque me hizo la conversación y como a mí nunca me gustó quedarme atrás, le seguí el hilo de la plática, hasta enterarnos que en unos días seríamos compañeros de clase en la escuela de periodismo. La estancia del “zapatón” – apelativo con el que se hizo conocido en la universidad  por el exagerado tamaño de sus pies –  duró apenas un par de años. A mitad de la carrera su silueta, repentinamente, dejó de pasearse por el pool de la escuela. Nadie nunca más, hasta esa friolera tarde en que volví a verlo, supo de aquella promesa del periodismo que pudo ser pero que nunca fue. Jamás hubiese podido imaginar que aquel pitillo de marihuana que probó una noche, con el pretexto de aliviar así el estrés que le producía la abrumadora carga académica y liberarse, además, de las broncas con su padre, sería la excusa para terminar en el miserable personaje que tenía frente a mis ojos. ¡Carajo! ¡Qué mal se veía Dante junto a esos pordioseros!



Al comenzar el día, Don Roberto Céspedes, vetusto hombre de prensa,  fundador de la Asociación Pro Defensa del Patrimonio Histórico de Chimbote y Director de la revista “La Garza” - medio informativo donde realizaba mis prácticas como reportero gráfico - me encomendó la misión de retratar la vieja estación ferrocarrilera, ubicada en el límite de la zona céntrica de la ciudad, y de la que apenas quedaban unas cuantas estructuras oxidadas y retorcidas y no más de cinco metros de rieles que poco a poco iban desapareciendo en manos de desconocidos; sin embargo todo ese montón de chatarra que los comerciantes del mercado “Las Malvinas” (aledaño a la estación) y un grupo de drogadictos y raterillos convirtieron en un muladar, escondía detrás de sus restos fósiles un invaluable pasado, pues allí, durante la década del setenta, abordaban el tren que tenía como destino la ciudad de Huallanca, los personajes más importantes de la política de aquellos años, prósperos empresarios, comerciantes e infinidad de turistas y aventureros que colmaban los vagones alentados por el goce que ofrecía recorrer el majestuoso paisaje del valle del Santa, ruta por donde los rieles se extendían hasta llegar a su destino.
- ¡Hey muchacho! – Me habló ofuscado Don Roberto esa mañana - Necesito que le tomes fotos a la estación ferrocarrilera. Esos cojudos del Municipio quieren vender los terrenos a unos inversionistas para que construyan allí un Centro Comercial, a pesar que en la Asociación llevamos tiempo pidiéndole al Alcalde que firme la resolución que declare a esa zona como monumento histórico de la ciudad. ¡No vamos a permitir que se venda carajo! La estación es parte de nuestra historia, de la cultura de nuestro puerto… Pero qué va a saber ese “burro” del Alcalde  si no ha nacido aquí.
Me había detenido justo en el agujero perpetrado al muro que cercaba la vieja estación ferrocarrilera. Desde allí podía mirarlo todo sin que los pordioseros se dieran cuenta de mi presencia. Ni siquiera el golpe cada vez más intenso de la garúa los distraía de su ritual alimenticio. Bolsas de basura en todos lados, cartones viejos tendidos en el suelo simulando ser colchones, rastros de orín y caca en los rincones. Los restos de la estación se habían convertido en un embarcadero hacia la muerte. En una covacha de drogadictos dejada a la suerte de esos miserables.
            Dante fue el primero en pararse cuando el platillo estuvo vacío. Tenía unos diez kilos menos desde la última vez que lo vi, pero mantenía la mirada chisposa de sus tiempos mozos; conservaba, además, sus enormes zapatos Caterpillar de color marrón,que fueron los únicos que le vi usar en la universidad y que lucían tristemente desgastados. Caminó medio encorvado hasta un rincón, eructó de manera grave y se bajó el cierre del pantalón para orinar. Los otros tipos permanecían sentados, inmóviles, con la mirada perdida en el vacío; protegidos de la garúa por una cubierta armada con cartones y plástico, sostenidos por cuatro palos que hacían las veces de columnas. En ese momento dudaba entre traspasar el hoyo y acercarme a Dante para hablarle, o tomar las fotos y desaparecer lo más rápido posible antes de que los tipos se dieran cuenta de mi presencia y me atacaran. “¿Acaso el zapatón se habrá olvidado de mí?… No lo creo. Si con este huevón pasamos las de Caín en la universidad. A veces no teníamos ni para el pasaje y había que caminar diez cuadras desde el campus hasta llegar a la casa del “loco” Javier, quien nos prestaba veinte céntimos a cada uno para venirnos al centro de Chimbote en “Ramón Castilla”, esos ómnibus destartalados que saltaban como canguros todo el trayecto. No, no creo que Dante me haya olvidado, después de tantas amanecidas haciendo tareas, y las pichangas de los sábados, y las borracheras que nos metimos en cada cumple de los  patas del salón…
Lentamente abrí el pequeño bolso que cruzaba mi espalda y saqué la cámara fotográfica, una Zenit semi profesional modelo 112 fabricada en Rusia. No tendría tiempo para hacer tomas de prueba. La acción demandaba una precisión y rapidez  tal que asegurase cumplir con mi trabajo sin que Dante y los otros tipos se dieran cuenta que los había fotografiado, luego escondería la cámara en un cilindro de lata que estaba cerca y así podría acercarme a hablar con “el zapatón” sin poner en riesgo mi equipo. Él se acordaría de mí, estaba seguro de eso.
Dentro de la vieja estación ferrocarrilera, el olor a orín era intenso. Avanzaba con cuidado, temiendo resbalar con alguna cáscara o residuo de caca, atento para no pisar una lata oxidada u otro objeto que produjera un ruido que me delatase. Cuando estuve en la posición correcta, me pegué a uno de los muros derruidos y apunté la cámara en dirección de los tres pordioseros. Transpiraba frío. Sabía que cualquier error me obligaría a huir. La luz tenue del día gris no iba a permitir obtener una buena imagen sin emplear el flash, así que activé el reflector y lancé el primer y único disparo de aquella tarde. El destello de la luz cayó justo en la cara de los pordioseros, un mal cálculo que los alertó de mi presencia. En pocos segundos estaba acorralado en un rincón, asfixiándome con los olores fétidos que se desprendían del cuerpo de los tipos abalanzados sobre mí. “Hay que tumbar a este pendejo”, dijo uno ellos. “Aquí te mueres conchatumare”, gritó otro mientras me hincaba peligrosamente un verduguillo en el cuello. Ese mismo tipo se dirigió luego a Dante: “Ya, quítale de una vez la cámara y saquémosle la entreputa a este payaso”. El zapatón estaba quieto, como hipnotizado ante mi imagen temblorosa y pálida. De pronto rompió su silencio con una voz impositiva. “No pasa nada. Este huevón es mi pata”; luego me tomó del brazo y ante la sorpresa de sus compinches salimos caminando en dirección hacia la calle. “Esto te va a costar un billete ‘copita’ ”, fue lo único que me  dijo en el trayecto. Hacía muchos años que nadie me llamaba por el apodo con el que fui conocido en la universidad. “No te preocupes, también podemos ir a comer algo o a mi casa para que te des un baño y hasta te puedes quedar allí si quieres” le respondí. Pero Dante no pronunció una sola palabra más, sólo estiró la mano para recibir el dinero y una vez que lo tuvo se volteó groseramente emprendiendo el retorno hacia el fondo de la estación.
La mañana siguiente, cuando le mostré la foto a Don Roberto, éste me felicitó por lo dramática de la imagen. Rebosante de alegría mencionó que el retrato reflejaba el olvido y la desolación de un lugar histórico de la ciudad, resaltando además la miseria humana acogida en ese ambiente, por lo que se convertía en una evidencia gráfica ideal para consolidar su artículo. Una semana después, la fotografía fue portada de la edición número 55 de la revista “La Garza”. El revuelo que se armó en la ciudad por el respaldo que le dieron todos los diarios y programas radiales al tema de la vieja estación ferrocarrilera puso en aprietos al Alcalde, quien se vio obligado a desistir de sus intenciones de ceder el terreno a los inversionistas y firmó, finalmente, la resolución que declaraba a la zona como patrimonio histórico de la ciudad. Unos meses después, sobre los cimientos viejos y retorcidos de la estación, se colocó la primera piedra de lo que sería más adelante la sede de Instituto Nacional de Cultura de Chimbote.
Durante semanas recorrí los sitios más paupérrimos de la ciudad tratando de ubicar al “zapatón”, pero no lo hallé en ningún lado. Llegué incluso a visitar la casa de su madre en busca de algún dato que me ayudara a saber de él; sin embargo ella tampoco conocía el paradero de su hijo, al que sólo había vuelto a ver en la portada de la revista. Dos años después, al fin tuve noticias de Dante en la bandeja del correo electrónico. Era un mensaje extenso en el que narraba el periplo que pasó desde que se vio obligado a abandonar la vieja estación hasta llegar a España, donde radica actualmente: “Gracias a ti me quedé sin casa en Chimbote, así que me decidí a abandonar ese país de mierda y busqué la manera de venirme a España. No fue fácil llegar, pero carajo sí que valió la pena. Aquí estoy bien, tengo un trabajo y hasta mujer española he conseguido. Gracias por todo “copita”, tú siempre fuiste de puta madre”, terminaba diciendo.   
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Fecha Publicación: 2012-05-02T00:26:00.003-05:00
Chimbote, es una ciudad que tiene mucha contaminación, tanto por aire y mar; definitivamente las industrias pesqueras nos han dejando marcado el grave problema en nuestro medio ambiente, pero también hay otros agentes que se unen sin querer a seguir contaminando nuestro habitad.



Nuestro Vivero Forestal de Chimbote, es quizás uno de los pocos, por no decir el único lugar donde se puede ver vegetación, arboles, respirar aire puro y distraerse a la vez, a tan solo unos pocos minutos de nuestra ciudad Chimbote; pero hay otro lugar que por no recibir el apoyo ofrecido en su momento no ha podido consolidarse como Proyecto original: El Centro Recreacional EcoTurístico "Tangay Point".

Es en junio del año 2003, que con todo el entusiasmo Don Rafael Lulichay Murga y su familia inaugura el Centro Recreacional “Tangay Point”, todo ello motivado también por apostar por el Turismo y de darle un Centro de esparcimiento natural a los neochimbotanos, y que un ex - alcalde de ese momento se comprometió también apoyarlo, pero finalmente nunca lo hizo como lo manifiesta Don Rafael. 

Es así, como se animó la familia Lulichay a invertir en sus hectáreas de terrero; un lugar en sus inicios dedicado al sembrío de productos clásicos por esa zona, a transformarlo por un lugar para el Eco Turismo y la Recreación. Podemos mirar la figura en donde nos muestra todas las virtudes que tuvo alguna vez dicho centro, como: Una piscina natural, Cancha de Mini Fútbol, Botes para pasearse en una laguna natural, subir al Cerro Calavera (Indoamérica) para divisar la Bahía de Chimbote y parte de la ciudad de Nuevo Chimbote y Chimbote, degustar un rico plato de guiso de pato o cuy cocinado a base de leña, pasear en caballos, y otros

Y como se llega a Tangay Point, por el distrito de Nuevo Chimbote existe un camino (ver mapa de la figura), a pesar que Tangay abarca también Chimbote, uno puede ir caminando (50 minutos), en bicicleta (25´), mototaxi (10´) o en auto, como ven un sitio cerca para ir a visitarlo siempre. 

Pero la realidad actual, es que hasta el mes de diciembre del 2011, se encontraba inundado por el riego indiscrimado que hay por esa zona, y que ha hecho que este centro recreacional se pierda, a pesar que en estos meses ya del año 2012, la familia Lulichay realiza todo el esfuerzo posible para reactivar este punto EcoTurístico, pero realizando un labor titánica de invertir por el Turismo y la buena recreación. Entonces, ojalá no se pierda este Centro Recreacional.




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Fecha Publicación: 2012-05-01T18:07:00.000-05:00
Fotografía: Paúl Meza
Texto: Marco A. Silva Mantilla


A una hora y media de navegación, partiendo desde el muelle de ENAPU, siguiendo la ruta en dirección al oeste de la Isla Blanca, se encuentra uno de los pocos parajes naturales de la Península de El Ferrol donde la mano del hombre no ha causado mella. Con la apariencia de un eslabón perdido, las “Loberas de El Ferrol”, representa un ecosistema interesante y atractivo para el turismo como lo es la Bahía de Paracas.


La travesía hasta Las Loberas es un recorrido majestuoso. Mientras la embarcación se va acercando al destino esperado, las aguas del mar recobran su color cristalino y  puede apreciarse a las aves guaneras, guanayes, piqueros y pelícanos volando al ras de las aguas. Es una vista que encandila a los amantes de la naturaleza y la fotografía.


Antes de llegar a las Loberas se aprecia una inmensa ventana conformada por peñascos, conocida como “El Hueco de la Vela”, a través de la cual puede mirarse el mar del otro lado. Una vez en Las Loberas la presencia de los lobos marinos de tipo chusco y los machos alfa nos otorgan una vista dinámica. Para no alterar la tranquilidad de los animales, la embarcación es anclada a unos cien metros de distancia, desde donde se puede apreciar la convivencia de los lobos en todo su esplendor. Las manadas, tendidas en la roca reposan mientras que los más inquietos juguetean a sus anchas brindando un curioso espectáculo; algunos mamíferos se sumergen en el mar para refrescarse o en busca de su alimento (peces). La presencia de intrusos no altera el ritmo de vida de esta especie animal que ha podido preservarse a mansalva del depredador humano. Sin duda alguna Las Loberas merecen un reconocimiento público para su explotación turística, cuidando siempre de no congestionar este hábitat natural, para asegurar su preservación.




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Fecha Publicación: 2012-04-30T14:50:00.001-05:00
Josué Ibarra en sus inicios como Fotoperiodista



Reportero gráfico hace más de una década, Josué Ibarra ha vivido experiencias dramáticas en su labor, captando impactantes imágenes que han recibido el reconocimiento internacional. En la actualidad se desempeña como Fotoperiodista en el Diario la Industria y colabora con la Agencia de noticias France Press (AFP). Una de sus fotos, tomada durante el Fenómeno del niño en 1998 y que casi le cuesta la vida, fue portada de la revista Time de EE.UU. De esto y más nos habla Ibarra en la siguiente entrevista.

Por Marco Antonio Silva Mantilla



¿Qué significa para Josué Ibarra ser fotógrafo?
Ser fotógrafo (Fotoperiodista) es para mí una pasión. Registrar en imágenes los acontecimientos del día a día para que el público lector tenga una visión objetiva de los hechos noticiosos, es una responsabilidad que me satisface. En muchas ocasiones esta labor puede resultar arriesgada, pero es lo que me apasiona y no me imagino realizando otra cosa.

Recuerdas la escena más dramática o difícil que te ha tocado fotografiar
La experiencia más difícil que me ha tocado vivir como fotógrafo aconteció durante el fenómeno del niño en el año 1998. El caudal del río Huambacho se había rebalsado por las constantes lluvias y parecía estar endiablado arrastrando a su paso troncos, maleza y montículos de barro de gran tamaño. La gente que iban de sur a norte y viceversa tenían que pasar obligatoriamente haciendo trasbordo a través de las convulsionadas aguas del río, soportando la fiereza de la corriente con el riesgo de ser arrastrados. Recuerdo que para hacer las fotos tuve que adentrarme en el río Huambacho y sufrí el golpe de un tronco de árbol que el río llevaba por debajo de sus aguas. Perdí el equilibrio y estuve a punto de caer y perderlo todo: mi cámara, equipo, incluso mi vida. Durante esos días que cubrí la dura travesía de los viajeros hice muchas fotos. Una de ellas, la que tomé a un efectivo de la PNP salvándose de las iracundas aguas fue la portada de la revista policial del MINTRE. Otra toma en la que una mujer era rescatada del lodo, por los pasadores, quienes eran voluntarios que ayudaban a la gente a realizar su trasbordo, fue portada de la revista Time de los EE.UU. 
 



Sientes nostalgia o le guardas un cariño especial por alguna de tus fotografías.
Por supuesto que hay nostalgia en algunos registros tan dramáticos como el que te acabo de narrar. En otras circunstancias difíciles donde me ha tocado graficar la pobreza o miseria humana también puedo decir que las emociones acechan. Sin embargo para el reportero gráfico primero está su misión. Las imágenes deben mostrar el hecho tal cual es, no importa lo cruel o desgarrador que pueda ser. La recompensa se encuentra cuando aquella imagen que tomaste se publica y sirve como prevención, educa y hace reflexionar o sensibiliza al público lector. 

Tú te desenvuelves en el campo del periodismo, recibiste un reconocimiento por una foto que ha sido portada de una importante revista de los EE.UU., pero ese trabajo es conocido por pocos. No crees que se hace necesario la creación de un museo de la fotografía? 
La idea de un museo de la fotografía resulta alentadora para todos aquellos que desean mostrar su trabajo, sin embargo existen pocas experiencias de museos dedicados a la exposición de fotoperiodismo. Si alguien se anima a materializar esta sugerencia bienvenida sea. Tocando el tema del reconocimiento que recibió la fotografía que tomé y que hasta hoy sigue publicándose en el Magazine Kids Discover de los EE.UU. con un tiraje de 550 mil ejemplares, es algo que me llena de satisfacción y me entusiasma para seguir mejorando en mi trabajo y bueno ahora la publicarán en su revista y la gente podrá valorar la imagen.

Cuán importante es la recopilación fotográfica para contar la historia de un pueblo?
No sólo recopilando fotos se puede contar la historia de un pueblo. La convivencia cotidiana llevando un registro diario del lugar y su gente, adentrándose en su existir con la confianza de un amigo, permite que vayas contando diariamente a través de tus fotos la historia. 


En Chimbote se ha desarrollado un sinnúmero de exposiciones fotográficas, la promoción virtual de imágenes locales se incrementó con la aparición de las redes sociales. Ha contribuido toda esta difusión al fortalecimiento de la identidad local.
No lo creo, pues no todos tienen acceso a las redes sociales para ver fotos de Chimbote o de registros de hechos noticiosos. Una mejor fórmula sería realizar más exposiciones y concursos de fotografía, así como la ejecución de talleres de fotoperiodismo en las universidades y escuelas e ir compilando estos trabajos para conformar un material didáctico que pueda distribuirse y al que tengan acceso las mayorías.


Ya casi cerrando esta entrevista, algún tip o consejo para aquellos que se están iniciando en el camino de la fotografía.
A quienes sienten afición por la fotografía les dejo esta frase: “Fotografía se aprende fotografiando”.


¿Cuál es el peor pecado que puede cometer un fotógrafo?
No estar atento a lo que acontece a su alrededor y dejar escapar una buena toma. El buen fotógrafo siempre está concentrado, atento, listo para disparar la cámara.
Etiquetas: [fotografía]  [destinos y turismo]  [CULTURA]  
Fecha Publicación: 2012-04-27T03:15:00.000-05:00
Edgar Asencios (1972 -), fotógrafo, conservador y restaurador de bienes culturales, pallasquino, asentado en Lima, viaja por todo el país con el interés de hacer un registro y banco de imágenes del patrimonio que va generando una comunidad. En su paso por Chimbote (marzo, 2009) capturó estas escenas escenas paisajísticas (icluyendo la fotografía de portada del 1er número de la revista OF), las cuales llegaron a ser publicadas en el cuarto número de la Revista Médica Peruana ALMENARA, donde trabaja como Editor de Fotografía.

Fotografía de Portada del Primer Número de la Revista OF

Playa de Coishco

Plaza Mayor de Nuevo Chimbote

Muelle Artesanal de Chimbote

Etiquetas: [fotografía]  [CULTURA]  [Historia]  
Fecha Publicación: 2012-04-26T16:00:00.002-05:00
LA ZIZI Y EL HOTEL DE TURISTAS (1949 APROX)
Hasta el momento no se conoce al autor de esta foto, sólo se sabe que-como lo destaca Unyén en su libro Ancash, un viaje por la historia,- Teodore Nitztawicj (Suiza), contrató a un fotógrafo para promocionar el puerto, y luego de hacer varias tomas seleccionó esta imagen como la postal; prontamente la mandó a imprimir en la empresa Magicolor, Fallsburg de Nueva York, a todo color. Los veleros que destacan en el primer plano son la "ZIZI" y la "ZIZI II", construidas por el maestra Julio Arellano Nanja.


TREMENDA LAGUNAZA (1954)
"Tremenda Lagunaza" era lo que decían los inmigrantes de la sierra al llegar a las costas de Chimbote, da cuenta de esta imagen el Sr. Víctor Chávez, autor de la fotografía. Por aquél entonces Chimbote, debido al boom pesquero, era el DORADO MARINO - afirma el coleccionista de fotos Koo Chia-o el "sueño americano" de los inmigrantes a esta tierra.

INCENDIO EN EL ACERO (1957)
Es esta fotografía, la que resalta el profesionalismo y la difícil labor de un fotógrafo. Víctor Chávez, se encontraba en el dentista cuando ocurrió el incendio; comprometido con su profesión, abandonó la clínica dental para acudir al siniestro. El costo de esta fotografía, fue una hemorragia al anochecer, que casi le cuesta la vida.

LA BALDOSA (1957)
Conocida como "las pistolitas", debido a que todos los niños salen en escena como Dios los trajo al mundo. La fotografía es de Luis Gutiérrez, quién a sus 17 años hizo esta toma para La Industria. Con esta imagen obtuvo el 2do lugar en el concurso La foto más antigua de Chimbote, organizado por el Centro Cultural Centenario (C.C.C.) en el año 2010. Según la palabras del autor, "esta acequia era la única piscina de Chimbote, que también servía como lavadero para las amas de cada los dines de semana, quienes desmugraban allí sus ropas". También aseguró que los niños "que se tiraban la pera", se "bañaban calatos" para no llegar con la ropa mojada a sus hogares.


Juan Antonio Alvarez Gavidia