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Fecha Publicación: 2011-12-29T13:50:00.000-08:00


El amor es la excusa ideal que tiene la vida para convencernos de la importancia de  la reproducción y crianza de vástagos, como lo vimos en el post anterior. Por ello, otra característica diferenciadora de éste es que, una vez cumplidos sus propósitos de propagación genética, muta sustancialmente. 



En el caso femenino, suele  trasladarse directamente a los descendientes,  por lo que el antiguo depositario de sus fervientes pasiones pasa a ser completamente prescindible en el plano emocional, que no en el económico, que es, justamente, la manera en que evoluciona el amor femenino: Si tienes los medios económicos para brindarle a ella y a sus retoños el nivel de vida que sus atributos le merecen, convertirá esa antigua pasión en un amable desprecio, en una dulce costumbre, que te recompensará con sexo ocasional y regalos baratos por tu cumpleaños.





En caso del hombre, el amor no se trasladará, sino que se hará extensivo a sus herederos en primer grado, por quienes sentirá un ansia de protección proporcional al sentimiento que mantenga por su amada. A veces, el sentimiento de "superviviencia post-mortem" hará que se refleje en el niño y cree un sentimiento diferente por él, pero, por lo general, amará, cuidará y atenderá a los niños mientras su amor no se desvíe a una nueva (y generalmente más joven) fémina, en cuyo caso, el cariño por sus crías se irá agotando poco a poco (Y llegaría a desaparecer en caso la nueva pareja le obsequiara un nuevo hijo, por quién sintiera la identificación mencionada).


En Blue Valentine, la historia de amor se da entre un hombre que no cumple con los requisitos de macho reproductor de alta jerarquía:

Pobre, sin profesión, sin "objetivos" (que es la disposición que tiene uno para esclavizarse en cualquier labor para obtener dinero futuro), músico, romántico (que es la disposición que tiene uno para creer en la calidad de las novelas de Paulo Coelho) y que, por lógica, debió terminar casado con una white thrash cualquiera, cargándose de hijos quienes a su vez se reproducirían antes de terminar la adolescencia; con una college girl leída, humanista, de altas expectativas (que es la disposición a convertirse en médico o abogado en países desarrollados o en ingeniero de minas, político o narcotraficante en el tercer mundo), guapa y talentosa (Es decir, el maniquí perfecto para el mismo Obama).





¿Pero cómo puede llevarse a cabo una relación entre dos seres cuya relación evidente, si la hubiera, sería la de empleado y patrona? ¿Es posible, quizás, que todos los principios antropológicos apenas explicados hayan quedado en simples conjeturas banales como si se trataran de recetas socialistas para un mundo mejor? Pues no se engañen, queridos lectores, todo lo aquí afirmado tiene la misma validez de la Teoría General de la Relatividad para explicar los procesos físicos macroscópicos. Lo que sucede es que el dechado de virtudes que compone el personaje de Michelle Williams tiene dos pequeños defectos que la llegan a hacer asequible para su contraparte masculina: 





1. Ha disfrutado desde tierna edad de una vida sexual ... disipada, por decirlo navideñamente; y, 

2. Fruto de sus últimos devaneos carnales ha terminado embarazada, con lo que el componente reproductivo de su amor es sustituido, de urgencia por una necesidad de protección sentimental que, naturalmente, un artista de medio pelo -o hasta un redactor de blogs sin publicidad-, con el cerebro embotado de admiración, buenrrollismo profético y canciones de Silvio Rodríguez- podría llenar tranquilamente.





Entonces, lo imposible sucede: A diferencia de 500 días (en que el héroe termina abandonado y la heroína se casa y embaraza de "un hombre de verdad"), el perdedor interpretado por Ryan Gosling desposa al "amor de su vida" (Negando de paso un aspecto importantísimo del hombre, que es el reconocer como propios la menor cantidad de hijos posibles y sólo entre aquellos que compartan tu carga genética). El amor idealizado (a la fuerza y artificialmente, huelga decirlo) que siente por su amada, se ve reflejado en la niña, a quien ama con la misma pasión y por la que abandona cualquier expectativa laboral (que de cualquier manera no era muy abundante) y se dedica, a tiempo completo, a la labor de madre de familia. 





Un hombre que se preocupe por los hijos, que los cuide, que se interese por sus actividades, que juegue con ellos, que vaya a sus recitales, que converse con ellos, alguien en quién los niños confíen y quieran, incluso, más que a su madre, puede ser el sueño teórico de cualquier mujer, pero en la práctica todo ello es nada, si no viene acompañado de un trabajo fijo y un sueldo abultado. Por eso, mientras Dean se envuelve en su papel familiar cada vez más, aflora en Cindy  el sentimiento obvio y postergado de desprecio hacia él se hace cada vez más fuerte. 





Dean, aunque insista en que cree en hadas y duendecitos y destinos compartidos, sabe la verdad. Recordemos que es un romántico, no un estúpido (aunque muchas veces los conceptos se confundan) y simplemente se concentra en negar la realidad con terribles esfuerzos (lo que se nota en su tabaquismo compulsivo, alcoholismo incipiente y calvicie prematura) confiando (y en este razonamiento es que ya podríamos calificarlo como estúpido) que con un poco de paciencia las cosas volverán a ser como antes, cuando es evidente para cualquiera con dos dedos de frente (y él tiene varias manos) que no habrá ningún regreso pues su relación anormal se basaba en circunstancias excepcionales, que -con el tiempo- han dejado de tener valor.





La escena que grafica de manera más terrible la situación no es la del desprecio sexual por parte de Cindy (utiliza el orificio hasta que hayas terminado, no pretendas arrumacos y apaga la luz al salir, parece decir con su actitud) sino aquella en que se encuentra con el hombre que originó toda la historia y empieza a coquetear descaradamente con él y luego, para excusarse a sí misma (y probar, de paso, su superficialidad, que la haría merecedora del amor de Cristiano Ronaldo) le dice a Dean que aquel está gordo y que no se sienta mal (como si hablara de un noviecito adolescente sin mayor trascendencia en sus vidas).





La forma en que se narran los últimos días de una relación más destrozada que la médula ósea de los rescatistas de Fukushima es apasionante, no sólo por la crudeza de la historia, sino por aquellos momentos en que aún son capaces de expresar ternura ante el otro y, por tanto, sembrar dudas (y esperanzas inútiles) sobre si todo está realmente terminado, impidiéndoles acabar de una buena vez con un cadáver que apesta desde el primer minuto de metraje, al punto de hacernos respirar -casi aliviados. cuando las circunstancias desencadenan el final inevitable (que, por supuesto, no es el "vivieron felices para siempre". 



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Fecha Publicación: 2011-12-27T15:58:00.000-08:00
Ya en "500 Días de Verano" intuíamos que las historias de amor suelen ser más un fruto de la persistencia de uno de sus protagonistas (el poseedor del cromosoma Y, por las razones que expondremos en unos instantes) empeñado en superlativizar la relativa vulgaridad de un encuentro cualquiera con un miembro femenino de la misma especie, cuyo mayor atributo suele ser el hecho de haberle hablado cuando, en circunstancias normales, hubiera seguido de largo sin brindarle, siquiera, una mueca de desprecio. 



Esa cierta familiaridad (extraordinaria, es cierto; pero que no va más allá de la que pueda sentir por un cachorro feo) trastoca la psique de nuestro héroe, exigiéndole idealizar las cualidades mortales de su amada y, por tanto, divinizar el camino que debe recorrer para conquistar su corazón (entendiéndo corazón como órganos sexuales, aunque nuestro pobre bufón ardería rubicundo ante la sola mención de la carne). 


¿Pero qué pasa cuando lo consigue? ¿Cuando la historia no termina en un clásico "No eres tú, soy yo", o en un "Tú mereces a alguien mejor que yo"? sino en un matrimonio civil-religioso de plena validez, de los que brindan indubitables derechos sucesorios al consorte superviviente?


Eso es, justamente, lo que nos narra Triste San Valentín (Blue Valentine) y nos confirma que el único amor eterno es el amor de verano, por su imposibilidad de culminación práctica. Pero, para entender la evolución de los hechos narrados por la película, debemos hacernos la pregunta de toda la vida ¿qué es el amor?. Ahora mismo se lo explicamos, pues gracias a Ryan Gosling y Michelle Williams, por fin nos ha quedado claro. Y, como siempre, queremos compartir nuestra sabiduría recién adquirida, con ustedes:


Como ya Darwin nos lo ha metido por las narices, la vida -en cualquiera de sus presentaciones- hace hasta lo indecible por mantenerse allí. Entre otras cosas, actuando como previsor agente de inversiones, distribuye el riesgo en diversos productos: Mamíferos, reptiles, aves, insectos, etc. Así que, si a algún meteorito se le ocurre estrellarse contra la superficie del planeta y cambiar las reglas de juego climático, pues se extinguen unos miles de especies, se da la posta de la supremacía a otro filos y listo, aquí no ha pasado nada.





Pero en algún momento, por sus ansias diversificadoras, alguna especie se le sale de control y empieza a aniquilarse lindamente a sí misma y a varias otras, por lo que utiliza sus propias debilidades para hacerles volver al redil, al objeto final de su existencia, que es simplemente: "Mantenerse y procrear".





Y cómo engañar a un organismo cuyo único mecanismo de protección es la inteligencia, sin destruirla y, por tanto, condenarla a la extinción que pretende evitar? Pues sencillo: Transforma sus impulsos primarios en nobles ideales y tendremos que hasta el más emo de los homínidos se sentirá alguna vez enamorado, lo que le brindará alguna posibilidad de sexo, que a su vez podrá traducirse en reproducción y ya, el ciclo se mantiene y los pobres monos, además, pensarán que lo hacen por voluntad propia.





El amor es, entonces, un simple mecanismo evolutivo de supervivencia, y como tal, no funciona de la misma manera en ambos géneros de la especie. Puesto que la mujer es quién genéticamente tiende a proteger a los vástagos y a alimentarlos, el amor lo que debe buscar, en su caso, es convertirla en un ser lo suficientemente restrictivo en su aceptación carnal, como para tener cachorros sin taras hereditarias y el acceso a recursos suficientes para su desarrollo físico e intelectual (que les permitirá, en su momento, mayores posibilidades de procrear, ellos mismos), lo que se traduce en que, por lo menos, nueve de cada diez mujeres tenderán a enamorarse de millonario guapos. 





Ante una oferta exigua de varones acomodados, viriles y atractivos, la vida (como hemos visto, obsesionada por la cantidad y no por la calidad de sus especies) no puede dejar sin aparearse a la inmensa mayoría de hombres que no poseen alguna o ambas condiciones. Entonces utiliza las reglas del mercado -que son tan antiguas como las de la física- y logra que cada mujer luego de un periodo adolescente irracional (que les permite, a veces, lograr mejoras genéticas embarazándose de hombres fuera de su nivel a costa del peligro de un futuro estable) establezca, subconscientemente, su valor de mercado y deje de enamorarse de príncipes azules si son gordas y de gerentes de banco si son feas. Gracias a la sabiduría de la vida, casi cada mujer terminará aspirando románticamente a aquello que en la práctica pueda obtener. O, como en el caso de la protagonista de la película, resignándose a alguien inferior para brindar seguridad a su cría, sin renunciar, por supuesto, a confundir el instinto animal con amor del puro. 





En resumen, a falta de hombre perfecto, y de acuerdo a sus propios atributos, la mujer amará al que tenga más dinero, mejor trabajo, cuerpo poderoso (resabio genético donde la supervivencia dependía en gran medida de la fuerza), un rostro atractivo, o que sea hombre.





En el caso de los hombres, el amor tiene una naturaleza diferente. Ya que su posición natural es la de proveedor, difícilmente sentirá atracción por el poder o la riqueza (le interesarán, probablemente, hasta se apareará por ello, pero siempre tendrá claro que no hay ningún sentimiento en esa transacción comercial). Su interés se centrará, como es predecible, en conseguir una mujer de contextura adecuada para resistir los rigores del parto y la lactancia posterior y un sentimiento maternal exacerbado, que le permitirá criar a los hijos a los que él no se molestará en identificar y a administrar los recursos excedentarios que tenga a bien entregarle para el futuro. O lo que es lo mismo: Culos, tetas y ternura. 





De la misma manera, como todo bien es escaso, el hombre económica y físicamente mejor dotado se decantará originalmente por las dos primeras características (o dígamente si, aparte de Federer, conocen un millonario con una esposa fea) y luego por la mujer dulce y futura madre perfecta. Finalmente, por cualquiera que se mueva y que, de preferencia, posea una vagina.





(CONTINUARÁ)   










Etiquetas: [soledad]  [relaciones]  [películas]  [Cine]  [desamor]  [Zoey Deschanel]  
Fecha Publicación: 2011-12-27T08:59:00.000-08:00




La película en Latinoamérica tiene el miserable título de “Quinientos días juntos”. Lo menciono sólo para cuando la vayan a pedir en su videotienda legal favorita, pues no pienso perder tiempo en repudiar semejante desatino y voy a tratar de superar la dificultad de escribir con la bilis que me sale por los ojos al haber reventado mi hígado de furia e iré directamente a lo que todos los lectores de Periódico de a China esperan ansiosos: que les cuente el final de la película.





Pues todo se resume en que no, el perdedor esta vez no se queda con la bella damisela. Aunque cabe aclarar que para hacer una cierta concesión a la audiencia, el protagonista termina buscando un trabajo decente que le permita algún día llegar a ser -al menos- miembro supernumerario del Opus. Fuera de este guiño a los viejos valores judeo-cristianos de toda película de bien (perdonable, por otra parte, puesto que se tiene que vender, y el hecho de mostrar a un fracasado que no tiene intenciones de cambiar es casi tan escandaloso como fumar en un filme hollywoodense contemporáneo), la película refleja fielmente la triste realidad emocional de la gran mayoría de varones pertenecientes (no cronológica, sino actitudinalmente) a la nefasta generación X.





Óiganlo bien: ¡Los hombres también creen en princesas azules! (Y no, no estoy hablando nuevamente de Avatar). A pesar del mito del macho latino que sólo ve a la mujer como un pedazo de carne, la realidad nos muestra que son muchos los hombres que realmente se pasan la adolescencia (es decir, el periodo comprendido aproximadamente entre los 13 y los 45 años) buscando al “gran amor de su vida”. Es cierto que tales personajes no suelen ser aquellos que están destinados a regir los destinos de la humanidad sino, más bien,frikis de toda calaña con distintos niveles de desadaptación social -como jugadores de Age of Empires, autistas o escritores.







Quizás por estas taras socio-emocionales, nuestros héroes (o el héroe de la película, que es de quien estamos hablando) suelen pensar o esperar que al encontrar a esta contraparte femenina sus vidas lograrán enrumbarse hacia el Edén de los placeres sentimentales (que no carnales). Al ser incapaces de optar por los placeres eróticos de la Bolsa de Valores o de la especulación inmobiliaria, estos pobres seres tienden a enamorarse perdidamente como quinceañeras del vampiro Pattinson.





Este tipo de amor suele incluir un par de circunstancias extraordinarias al momento de conocer a la mujer en cuestión (como por ejemplo encontrarla en la sala de tu casa porque te espera para hacerte una auditoría y en lugar de entregarle tus estados contables haces un anillo con la platina de tu caja de cigarrillos y se la entregas al tiempo que le pides que se case contigo y ella, en lugar de denunciarte a la SUNAT por ser claramente un evasor de impuestos, reacciona con una sonrisa benévola) que llevan a pensar al pobre tipo que el destino le ha mostrado, por fin, los números ganadores de la tinka y que este momento estaba escrito hace milenios en una página perdida de la Toráh o en las profecías mayas, justo entre la anunciada venida de Cobain y el fin del mundo del 2012.





Sin embargo, casi siempre la predestinada no tiene las mismas sensaciones metafísicas hacia el predestinado y sencillamente lo ignora, o peor aún, lo convierte en “el buen amigo” (oprobio peor que la muerte, pero que para el obnubilado héroe es como el paso previo al amor eterno que surgirá apenas ella se canse de llorar amantes y descubra que a su lado se halla lo que siempre esperó -como en El Amor en Tiempos del Cólera, pero de preferencia con mayor prontitud).





El asunto da para mucho pero de lo que trata la película es del raro caso en que la mujer de los sueños de nuestro héroe, no sólo cumple con sus requisitos ideales: bonita, divertida, inteligente y con la capacidad de entibiar el Ártico con su sonrisa. Sino que esta vez se encuentra sinceramente atraída por él, al punto -incluso- de iniciar una relación. En este caso el convencimiento que llega a tener el héroe sobre la predestinación llega casi al nivel de la megalomanía de Alan García.





Al principio son sus cualidades de perdedor las que atraen a la damisela hacia él. Son esos atributos de genio potencial y de fracasado evidente los que le parecen geniales y hacen que le vea tan diferente a los demás hombres que ha conocido en su vida y hacen que ella también se sienta enamorada (sin predestinaciones ni eternidades, simplemente enamorada). Si en ese momento les diera un paro cardiaco a los dos y salieran los créditos y una musiquita empalagosa, sería el final perfecto de cualquier comedia romántica. Pero en este caso, la película recién empieza y como una relación predestinada de amor absoluto suele ser sorprendentemente parecida a cualquier otra y, como todas, pasado el efecto inicial de ceguera amatoria aparecen los típicos problemas de pareja.





El protagonista empieza a ver defectos en la heroína, como su terrible necesidad de aceptación social -así lo disfrace de mil maneras-, pero no permite que dichas ideas crucen el umbral del raciocinio y aunque a veces tiene grandes intenciones de matarla, no hace más que obligarse a pensar que es perfecta e idealizarla con mayor ahínco. Luego del filtro de la censura interior -tan efectivo como la que se ejerce en el APRA sobre las propiedades ocultas del dos veces Presidente- regresa del limbo con su amor fortalecido y el convencimiento de que los hados no se han equivocado.





Ella, por su parte, sabe que él es muy diferente a todos los tipos que ha conocido en su vida, pero también descubre poco a poco que dichas particularidades se le hacen intolerables y sus conflictos interiores e incapacidad para ser un ente productivo y satisfecho, que al comienzo le habían parecido tan encantadores, se le hacen insufribles. “Para almas atormentadas me basta y me sobra con los Cullen” -seguramente pensará. Y como toda mujer, empieza a añorar seguridad: emocional, económica, intelectual, incluso sexual. En ese momento terminara su relación esperando, naturalmente, que él siempre esté enamorado de ella.





El héroe siente, entonces, que el mundo se le acaba. El sufrimiento es infinito, de acuerdo a la infinitud de su amor. Quizá se siente un poco liberado pero eso le hace sentir aun más culpable porque está traicionando la rotundidad de sus sentimientos, pero no hay problema: siempre encontrará nuevas maneras de sufrir. Entonces el héroe se dedica con ahínco y fervor a penar durante gran parte del metraje esperando volver con la heroína -por lo de la predestinación, ya saben- y cuando se la encuentra por casualidad en la calle y ella le mira con esa miradita de ternura con la que siempre le ha mirado y le invita a su casa, naturalmente el sabe que ya, que estuvo bueno de pruebas divinas, que la Sarita Colonia es poderosa y que ahora sí le escucho los rezos. El futuro lo siente claro y piensa que ahora sí serán felices, que los créditos saldrán en el momento justo y que el amor triunfará como en las canciones de RBD. Y realmente triunfa, porque ella se casa con otro (a pesar de haberle dicho durante toda la película que no cree en relaciones serias. Ya saben, la constancia de las mujeres es proverbial) y el protagonista descubre, por fin, que de repente eso de la predestinación es como la democracia participativa: puede sonar muy bonito pero en el fondo es pura mierda imposible.





En ese momento, el héroe da un paso adelante en pos de la rehabilitación de su especie y descubre que por muchos paisajes espectaculares que tenga Avatar nunca será una gran película y que, por muchos momentos inolvidables que haya tenido con Summer su verdadera relación nunca estará al nivel de lo que quiso pensar que fue. Y eso no hace menos bella, divertida e inteligente al objeto de su amor tortuoso. Tampoco quiere decir que pensará que en realidad la que estaba predestinada para él estaba por llegar y que sólo había sido un caso de mala apreciación de su parte el sentimiento por Summer. Deja de obligarse a amar porque “estaba escrito” y eso se muestra justamente al final de la película cuando -ya curado de su cáncer sentimental- en una entrevista de trabajo (la concesión a la platea de la que hablaba) conoce a Otoño.





Podrían pensar, agudos y sufrientes lectores que han llegado hasta aquí, que si una era Verano y la siguiente mujer que conoce (y con la que aparentemente saldrá) se llama Otoño, pues todo lo aquí dicho tiene el mismo sentido que los balbuceos de Alejandro Toledo hablando de cuestiones tan complejas como el número de dedos de su mano izquierda y que la predestinación es evidente. Pues déjenme decirles, que yo lo veo más bien del siguiente modo (y como sabrán en Periodico de a China difícilmente nos equivocamos): Summer -o Verano- representa la niñez emocional; los castillos de arena; la playa: el sol; la emoción extrema y a la vez fugaz; el ardor pasional; el momento de la vida en que piensas que meterse hasta donde revienta el tumbo es lo más importante en el Universo. Otoño representa algo que quizás pueda ser tan fuerte, tan pasional y profundo que pueda llegar a convertirse en una especie de Primavera (o sea algo importante, no mariconadas de florecitas y maripositas, que ésta es una metáfora de lo más varonil), o no ser nada espectacular y terminar en un Invierno cualquiera. Donde el momento inicial no determina nada, que no tenemos un destino mágico esperando por nosotros y que, probablemente, las relaciones más importantes de nuestras vidas sólo sean producto de la más pura casualidad, como le pasó al Perú con Fujimori. Habrá quizás mil fracasos o un éxito rotundo (esto último en caso de los redactores y lectores del Periódico de a china, que podemos decir -sin temeridad. que somos todos unos ganadores) pero de cualquier manera todo será culpa o virtud de las mismas relaciones y no de la comedia romántica de final meloso que nos forjamos en la mente.






Etiquetas: [navidad]  [Jesús]  [Religión]  
Fecha Publicación: 2011-12-16T20:06:00.000-08:00
Que Jesús haya sido una figura histórica real, es tan probable como que Humala vaya a implantar Pensión 65 de manera universal o que Nike cambiara esclavos por trabajadores en el Lejano Oriente. Sin embargo, ante la cercanía de las Pascuas nos adscribiremos al sentir popular y celebraremos el nacimiento de un tipo que, adelantado dos mil once años a su tiempo, llegó a hacer con su vida exactamente lo que yo quisiera hacer con la mía, pues, salvo por la regla de "Only boys", que no me tiene particularmente convencido (ya que aún no siento particular atracción por el amor que no hace distingos entre cromosomas X o Y), es absolutamente tentador pasarse la vida hablando de lo que te venga en gana (con alguna pequeña moralejilla final) para que tu grupo de seguidores -hambrientos de conocimiento pero analfabetos- piense que realmente tu compañía les esté sirviendo como un sustituto bastante competente de la educación regular. Porque claro, tú también eres un autodidacta de conocimientos variados en campos tan variados como la agricultura, la pesca,la artesanía en barro o los misterios teológicos del Padre. A cambio de tal dechado de cultura práctica, a tus discípulos no les importa perder sus mejores años dentro de la población económicamente activa, para dedicarlos a seguirte por el mundo viendote contrabandear licor en vasijas de agua y alimentando con un par de pescados y varias migajas a miles de hambrientos, como toda una Madre Teresa de Calcuta o una ONG cualquiera, justificando así todas las donaciones que no disfrutarán jamás -que ¡caramba!, tú eres el jefe y no vas a estar yendo por allí dando explicaciones-. 





Por si fuera poco, cuando te encuentres en viajes de representación para reforzar tu imagen de marca, no necesitarás utilizar siquiera centavos en los gastos de alojamiento y manutención de tu numerosa cohorte pues siempre habrá alguien que te acoja gustoso pensando que tu palabra podrá reconfortarle más que la masturbación mañanera acompañada de suave crema de manos. 





Vender esperanza es algo que no pasa de moda y -como la pornografía o los libros de autoayuda- siempre nos permite soñar con un mundo mejor. El efecto es aún más dramático si les ofreces un mundo luego de este mundo. Aún más, será el equivalente espiritual del gol de Maradona contra los ingleses si aseguras a tus seguidores que su fealdad es una virtud, que sus cuerpos contrahechos son regalos divinos y su estupidez borreguil, aquello que más place al  Señor. Luego de eso, fingir tu muerte y a echarse a disfrutar del fruto económico de tu divinidad, como el mismo Elvis. Y si alguien te llega a ver, caminando despistado por un terral galileo o en un paraíso tropical por medio del omnipresente Facebook, bastará con montar una resurrección de tres días y todo olvidado. Entonces, ¿Existe un destino mejor que el de Mesías?






Etiquetas: [amanecer]  [Vampiros]  [películas]  [Cine]  [hombres lobos]  [crepúsculo]  [bella]  
Fecha Publicación: 2011-11-21T21:29:00.000-08:00
El cambio nos aterra como especie. Muchos de nosotros no hemos cambiado de novia en la vida, no por amor, sino por simple miedo a lo que pueda suceder luego. Las transformaciones las aceptamos de mala gana y, si de nosotros dependiera, las sufriríamos poco y nunca. Esta verdad universal se aplica en las relaciones de pareja, en tu vida laboral, en tus aficiones, en tus amistades de toda la vida y hasta en el lado de la cama que escoges para dormir.





Pero parece ser que esto está cambiando a pasos agigantados, pero ¿Cómo es que nuestra raza ha logrado tantos progresos en un período relativamente corto de tiempo de la historia? ¿Es que hemos evolucionado al del homo sapiens al homo soyunmachusaventurerusquemecagoentodus, para quién lo nuevo y lo desconocido son las más irresistibles feromonas?







La respuesta, evidentemente, es negativa: Seguimos siendo igual de pusilánimes que siempre y el gusto popular por el reguetón lo confirma. Pero el progreso, como todos sabemos, no es producto de nuestros propios e indomables impulsos intelectuales. Nosotros nos movemos, y nos alejamos de las plantas, exclusivamente, gracias a nuestra diferenciación sexual o, lo que es lo mismo: Si hacemos algo, es para impresionar al sexo opuesto. Esa es la verdadera motivación de los héroes, de los científicos, de los luchadores de la WWE, de Novak Djokovic y de Periódico de a china.Y es eso mismo lo que impulsa a un nutrido grupo de hombres hechos y formados en la cultura del clásico de fútbol a hacer interminables colas para alcanzar un boleto para ver el estreno de "Amanecer" de la mano de quién en ese momento pensará que "somos tan sensibles" por asistir sin pestañear al galimatías vampírico-hombre lobuno que esconde la comedia romántica de toda la vida, claro que con puntos sólidos que la diferencian de una vulgar Bridget Jones cualquiera, como son:





- El regreso a los valores clásico del macarthismo anticomunista más recalcitrante, que nos enseñaba ya desde el cine sin color que el sexo puede ser tan bueno como una película porno, siempre que se practique dentro de los límites del matrimonio, que fuera no es más que pura perversión que nos deja vacíos y al borde de un ataque existencial que aterraría al mismo Kurt Cobain.





- Que como en aquel macarthismo, la censura puede ser hábilmente burlada con un poco de ingenio, como pasa en Amanecer (y la saga completa), que tras la ñoñez evidente, esconde depravaciones que van desde la pedofilia hasta el bestialismo y la obsesión amorosa a lo Glen Close en Atracción Fatal, pero con automutilaciones.





En suma, una película que se saca la vuelta a sí misma. Truculenta y estúpida por partes iguales. Simplona como Britney artista y desgarradora como Britney humana. Ficción, terror, aventura, comedia, y veintisiente géneros más que se me escapan, contenidos en apenas dos horas (y dos después, que de algo tienen que comer los pobres estudios cinematográficos) hacen que me pregunte ¿Vale la pena haber escrito tanto adjetivo vacío sólo para impresionar a una potencial lectora a quien no veré en mi vida?





La película, claro, no la he visto, pero como este post lo confirma, ya me leí el libro hace mucho y sí, Bella se convierte en vampira.



Etiquetas: [John Kennedy Toole]  [Louisiana]  [La Conjura de los Necios]  [Libros]  [país de las maravillas]  
Fecha Publicación: 2011-11-18T18:55:00.000-08:00
En la colonial y siempre afrancesada Louisiana (aunque el francés sólo lo hablen turistas) un extraño gordo con orejeras y un espíritu antisocial rayano en lo patológico, se ha convertido en uno de los símbolos más reconocidos de la región. El tipo, abyecto por demás, merecería el oprobio de la sociedad en su conjunto, de no ser por la particularidad de no haber existido más que en la FANTÁSTICA (y aquí, como sabrás buen lector, en este periódico de a china, "mediocre" ya suele ser un calificativo positivo) novela "La conjura de los necios" de John Kennedy Toole, otro tipo raro (este sí muy real), de quién uno piensa que jamás salió de su estado natal (ni de su casa, en realidad) como una especie de Lovecraft, pero que sin embargo llegó, incluso, a vivir en Puerto Rico cuando servía para el ejército. 





El bueno de John no tenía mucha tolerancia a los fracasos, así que cuando su novela fue rechazada por un puñado de editores, no se le ocurrió mejor idea que matarse.





Debido a esa decisión alocada de juventud, la humanidad hubiera corrido el riesgo de no haber disfrutado jamás de las aventuras de Ignatius J. Reilly, pero la constancia de su madre (la señora Toole, no Reilly, que también era una madre ejemplar) le permitió alcanzar la gloria póstuma (que muy poco le importará al escritor pero que tanto bien nos hace a los demás) y, sobre todo, nos permitió disfrutar de una de las obras cumbres de la humanidad, mucho más importante para ésta que las ridículas figuras geométricas egipcias o esa patética estructura de fierros entrecruzados que afea Paris.







La Conjura de los Necios no inauguró la literatura que narra las historias absurdas de un grupo absurdo de personajes dentro de un entorno manifiestamente absurdo, pero sí llevó este conjunto de absurdidades a un paroxismo de perfección que difícilmente será alcanzado alguna vez (ni siquiera el Autoestopista Galáctico de Douglas Adams podría hacerle un poco de sombra). Por eso, luego de semejante novela, el recurso de crear una historia mezclando despropósitos sociales, personajes caóticos, critica social y chispazos autobiográficos siempre nos dejará un gusto a poco.





Pero hay momentos en que la culpa no es de La Conjura de los Necios, sino del mismo libro que tenga a mal leer, pues a pesar de mi fanatismo por lo disparatado, existen historias que al terminarlas me dejan tal sabor a hiel en la garganta que me veo tentado a quemar mi Sony Reader PRS T1 y regresar a la prehistórica lectura en papel, para darme el impagable gusto de limpiarme el culo con las páginas de una bazofia monumental como la que nos regala el prolífico Alberto Vásquez-Figueroa luego de las primeras cuarenta páginas de su libro "Alí en el país de las maravillas". Ya el nombre me decía que no debía leerlo, pero que se puede hacer, la tentación por la estupidez y por las minifaldas me ha puesto en miles de aprietos a lo largo de la vida y ya estoy muy viejo para cambiar ahora. La historia trata de un beduíno idéntico a Bin Laden (q.e.p.d) quién es raptado por una agencia de inteligencia norteamericana para tenerlo como el back up del terrorista, en caso tenga la desdicha de morirse y arruinarle la fiesta conquistadora a Bush, al dejarlo sin MacGuffin, pero un accidente hace que se les pierda en el desierto de Nevada, cerca a Las Vegas y termine viviendo en Beverly Hills, como concubino de una famosa y calenturienta estrella de películas de acción. 





El comienzo de la novela es bueno, el humor es justo, ni exagerado ni ausente, pero se va diluyendo hasta convertirse en un tronco durísimo y panfletario, muy digno de cualquier libro de autoayuda o de Coelho. Las útimas 28 páginas son probablemente lo más repelente que haya leído en los últimos años, si descontamos las leyes anti tabaco, por supuesto.



Etiquetas: [Sociedad]  [Religión]  [superhéroes]  [Informática]  [Mac]  [Steve Jobs]  [Linux]  [Apple]  
Fecha Publicación: 2011-10-12T14:16:00.000-07:00
Luego de dos mil años, el mundo está preparado para un nuevo Mesías. Dios no tuvo un hijo, sino dos y uno de ellos acaba de elevarse al cielo rodeado de iPhones que no paran de realizar alabanzas a su grandeza. Y ya que la sangre divina corría por las venas de Steve Jobs, es lógico pensar que su legado cambiará el mundo desde los cimientos y que, futuras generaciones hablarán de un antes y un después de su llegada cuando se refieran a la cronología del mundo. Es casi seguro que cuando, en el futuro se hable de la evolución, se tenga presente la verdad absoluta del diseño inteligente de las iPads2 de uno de cuyos apps, se dice, se originó la consciencia del ser humano.
Claro que si no vienes de un país primermundista o tu condición socio económica te cataloga estadísticamente en un sector diferente al A o B, es muy probable que no tengas la menor idea de quién es la persona de la que estamos hablando. Sin embargo, hay que reconocer que su Altísima Gracia, Steve, ha gozado de mejor prensa que su hermano mayor, Jesús (pues, aquel ni siquiera figura en los libros de historia judíos de su época) ya que un buen porcentaje de seres vivos (incluyendo esponjas y frikis) ha escuchado, al menos alguno de los nombres que toma la suprema deidad, cuya característica común es la existencia de una "i" minúscula antes de la palabra (iPhone, iTunes, iMac, iDiot).


"Su influencia está en todas partes, ¿o es que eres tan estúpido de no verlo? -me dice un converso de tantos, que como todo religioso, pío y devoto, ha alcanzado la gracia del conocimiento sin mácula a través de un puñado de medias verdades manipuladas astutamente (no por el incauto fiel, claro, que de él se exigen menos sutilezas intelectuales  y más trabajo de campo, como aceptar ciegamente "la palabra", consumir el producto y esparcir "la buena nueva" entre los amigos de ingresos medios a altos.


"Él ha inventado el ordenador" -insiste mi amigo, el appletoniano -"Sin él estaríamos en la edad de las cavernas, tipeando este post en una prehistórica máquina de escribir Olivetti y tratando de publicar la historia en una revista de barrio". "¡¡¡¡Y el resto de sus inventos!!!!" -termina, obnubilado del genio de esa figura que ya está en la sepultura. 


Y, francamente, ante la pureza de su fe, no tengo corazón para decirle que la Apple I la inventó Steve Wozniak y el otro Steve sólo se ocupó de decirle: "¿Y qué te parece si la vendemos para agenciarnos un par de porros?; que la Macintosh 128k era la primera computadora con un sistema operativo gráfico, pero tan ineficiente, que nunca tuvo trascendencia alguna y que las Mac sólo pudieron importar en el mercado cuando se empezó a construir el concepto de "belleza tecnológica", que de éste tipo de marketing, Su Divinidad si sabe, y mucho; que el iPhone y el iPad no son inventos revolucionarios, sino télefonos celulares y reproductores multimedia portátiles de buena calidad (y alto precio, por tanto); que el éxito de las iPads es la prueba irrefutable de que los alimentos transgénicos han causado oligofrenia colectiva en la humanidad; que su sistema operativo es fiable porque esta basado en UNIX y como todas las distribuciones de Linux, que son igual de fiables, pero además libres, abiertas y casi siempre gratuitas; y que el hardware de las Macs es, en la actualidad, idéntico al de las PC's.


La gran diferencia entre los productos de Apple con los demás, radica en que aquellos no tienen el logo de la manzana mordida que es el cáliz de la alianza nueva y eterna, que nos permite una íntima comunión espiritual con los principios mercantilistas de Su Divinidad Steve  y nos acerca un poquito, al menos, a los placeres del Cielo, donde se halla sentado a la derecha de ... ¡A la derecha de nadie! Que Steve Jobs ya ha debido ser nombrado CEO del paraíso -en este momento álgido para la religión- con la esperanza de que logre popularizar al Opus Dei como la opción metafísica de los progres, utilizando para ello su insuperable estrategia de "elitismo para las masas" que tantos éxitos de ha dado en vida.



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Fecha Publicación: 2011-10-09T13:08:00.000-07:00
Nos había quedado claro que el humor cumple, aún, un papel importante en la perpetuación de la especie  (o en el conjunto de actos que llevan a tal perpetuación, que es lo que, al final, nos importa).



Pero no malinterprete, buen lector, el real potencial de la risa. No deje que la esperanza se apodere de su alma y se refleje en ese gesto de satisfacción que empieza a aflorar en su rostro y que amenaza con llegar de una oreja a la otra. El humor, mi buen amigo, es considerado sexy, dulce, encantador, interesante, agradable y hasta masculino, pero  siempre y cuando provenga de las cuerdas vocales de un hombre, al menos, medianamente atractivo.


Olvídese, entonces, de comprar su colección de "Condorito de Oro", su "Manual de Chascarrillos ilustrados" o la última edición de "Sarcasmo para Dummies", con el propósito de convertirse en una especie de James Bond del buen humor. A lo mucho podrá, dolido lector, aspirar a ser el amigo gracioso, infaltable en toda reunión social; o, a trabajar como guionista para el Comedy Central.



Es duro decirlo, pero como elemento de conquista, lo único que suple (y con creces, si me permiten) a una imagen atractiva, es el dinero. Todo lo demás, incluyendo nuestra capacidad para hacer reír a la más agraciada de las féminas, no tiene la menor utilidad si no viene acompañado de unos abdominales de acero o de unos grandes ojos azules.
Pero, si además del dinero, se posee una genética corporal privilegiada y un agudo sentido del humor, tendríamos -ahora sí- al especímen ideal, aquel a quien toda mujer, que se precie de tal, llevaría a la cama, con la tortuosa esperanza de convertirlo en su marido. 


Claro que, para quien cumpla con esos requisitos, el matrimonio no será algo que le quite de ninguna manera el sueño (como quizás le pase a usted, que ve en dicho sacramento, la esperanza de realizar practicas amatorias con alguna frecuencia. Es curioso, de cualquier manera, que el hombre perfecto para el matrimonio no esté interesado en él, salvo que ya se acerque al medio siglo de vida (con lo que su perfección ya dista bastante de serlo).



Puesto que conseguir sexo para él no sería algo difícil, podría evitar, sin demasiados aspavientos, practicar el rol de "hombre con sentimientos y de familia" que la inmensa mayoría debe interpretar para encajar socialmente (con el ánimo de conseguir o mantener activa la parte carnal de la vida) y canalizar las energías perdidas en esa vana actuación de supervivencia hacia actividades realmente trascendentes (cuando tu cromosoma es Y, con mayúscula) como son: El juego, la ingesta de sustancias psicoenergizantes (como el alcohol), la comida grasosa, los deportes por televisión y, claro, la degustación de infinitas cantidades de superficie epitelial femenina antes y después de cada comida.
Imagine, entonces, las inmensas posibilidades cómicas de una serie de la típica familia disfuncional, cuyo personaje principal cumpla con tales requisitos (Charlie Harper), que sea interpretado por alguien exactamente igual en la vida real (Charly Sheen) y, que además, tenga como contraparte a un perdedor de estirpe clásica (Alan Harper) y a su hijo gordo y tendremos un éxito asegurado, como lo confirman las varias temporadas de la serie "Two and a half men" como una de las más vistas en los Estados Unidos.


El humor que practica la serie es más escatológico que woodyallenesco, pero -como Los Simpsons- es lo suficientemente ingenioso como para agradar al profesor universitario, a su amante adolescente, al futbolista que quiere ser su novio y a la madre de éste. Aunque, debemos reconocer, que la serie resulta mucho más atractiva para hombres que para mujeres, puesto que Charlie (Sheen o Harper) es el tipo que todos quisiéramos ser, el que tiene el éxito que todos quisiéramos lograr, ya que -con una mano en el bolsillo y la otra en el corazón- son muy pocos los varones que sueñan con ser importantes ejecutivos de Apple, si ello implica algún tipo de abstinencia física. 


Comer, dormir, intoxicarse y tener sexo, todo en ello en abundancia. Esos pequeños placeres que disfruta Charly (el hombre y el personaje) son inalcanzables para esa mayoría de hormigas  que conformamos la sociedad, esos pobres seres cuadriculados a la fuerza, que jamás tendremos la posibilidad de pasar el día en shorts y camisas a rayas. Y por eso, justamente, es que se ha convertido en el ícono subterráneo del macho amaestrado. La esperanza secreta y culpable de emularlo -que no se le confiesa a la novia- permite que veamos la llegada a los cuarentas con un cierto optimismo que, por sí solo, ya es suficiente para considerar su pérdida como un evento muchísimo más importante para la sociedad actual que la muerte de Steve Jobs; y su legado, infinitamente más importante que el de éste.


Ashton Kutcher reemplazará a Sheen en la novena temporada, que vaticino la última pues, aunque el ex de Demi Moore es más atractivo y su personaje más rico que el de Charly, el gran pilar de la serie era ese grado de cinismo blanco que Kutcher, dificilmente, alcance. 



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Fecha Publicación: 2011-09-22T18:43:00.000-07:00
Todo ser vivo ocupa la mayor parte de su vida en conseguir, fundamentalmente, dos cosas a lo largo de su vida: Comida y sexo. Ni siquiera las planta escapan de ello y, por eso, se desviven por complacer a quienes les servirán de órganos sexuales externos, como son los insectos, a quienes brindan, solaz, esparcimiento y, sobre todo, comida; pues, ambas necesidades van íntimamente relacionadas. Quien tiene la posibilidad de satisfacer las necesidades alimenticias propias y ajenas con mayor abundancia, es quien termina teniendo mayor éxito en el amor. Esta regla se aplica para la margarita, para el dromedario y para el humano, casi sin distinción. Sin embargo, éste último, ha reemplazado, a lo largo de siglos de evolución intelectual, el uso de aptitudes personales (como la fuerza, la rapidez) por algo mucho más efectivo, como el dinero. Aún hay quien duda que el dinero dé felicidad, pero nadie, en su sano juicio, se atrevería a negar las propiedades afrodisíacas de éste.  
Pero la moneda ha ido aún más allá, a un plano casi mágico, y ha logrado transformar las taras genéticas de su poseedor para hacerlo apetecible sexualmente ya no sólo por sus atributos económicos: Ahora puedes cambiarte la nariz, tratarte la piel, reconstruir tus pómulos, usar viagra, ir al gimnasio o hacerte un bypass gástrico. No hay casi nada que el dinero no pueda transformar y casi todo lo demás lo puede comprar. Entonces, el rico ya no tiene sólo a las mujeres, sino también las cualidades que las atraerían para el sexo ocasional, con lo que la parte de la especie humana que no posee tarjetas de crédito platinum está, casi irremediablemente, condenada a la extinción por abstinencia. 


Sin embargo, no todo está perdido para las huestes de los perdedores. Hay algo que ninguna tecnología, ninguna cirugía y ninguna mutación ha logrado cambiar aún. El último bastión de humanidad (entendida como nuestra característica primordial no modificada) aún se mantiene incólume ante el embate constante del vil metal y sigue siendo un atributo que nos diferencia unos a otros y, por tanto, sigue siendo un arma efectiva (como una piedra, al menos) en la batalla constante que es la búsqueda del amor carnal. Estamos hablando, señores, del humor.


La capacidad de hacer reir sigue siendo una característica atractiva al sexo opuesto, lo que no deja de ser sorprendente, pues, es una cualidad bastante inútil a la hora de conseguir resultados prácticos, porque, seamos sinceros, el humor ni te sirve para luchar contra un tigre furioso ni para asegurarte una pensión de jubilación digna. Es cierto que la mayoría de mujeres se sentirán atraídas temporalmente al poseedor de un agudo sentido del humor y que muy pocas de ellas pensarán en formar una familia con ellos, pero ¿Eso no es también otro motivo para sonreir?


CONTINUARÁ (Ahora sí hablando de Two n' a half men)



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Fecha Publicación: 2011-09-17T14:51:00.000-07:00
Aunque el progre sudaca promedio considere al Capitán América un héroe del capitalismo, cuya única función es incentivar el libre mercado, el colonialismo y el imperialismo extremo porque ¿Qué otra cosa podría esperarse de un tipo con ese nombre y enfundado en un traje que parece una elegía a la bandera estadounidense?


Confieso que durante muchos años pensé lo mismo: "El Capitán América es el superhéroe de los yanquis, y a los yanquis hay que odiarlos porque representan todo lo de malo que tiene la humanidad, y sin ellos ya no habría guerras, ni maldad, ni odios fratricidas ni asesinatos alevosos (que las luchas tribales africanas o los atentados terroristas en Perú o en Suecia son todos culpa de los gringos genocidas)". Así que, en mis juegos infantiles, ni siquiera me molesté alguna vez en desfacer el menor entuerto enmascarado con la estrella y armado del escudo circular del odiado reaccionario del suero supersoldadiano.


Pero con los años, descubrí la verdad de Steve Rogers. El pobre hombre, a diferencia de Superman o del patético Spiderman de las películas de Sam Raymi, no es alguien que utiliza sus superhumanos y casi ilimitados poderes para realizar labores de guardia ciudadana e impedir atracos vulgares y enfrentar ocasionalmente a algún supervillano. Él, en cambio, siente que sus poderes (que apenas es uno: Fuerza superior a la de un humano común, ¡Ni siquiera superfuerza!) son un regalo que debe utilizar para defender los principio libertarios que representan los Estados Unidos. 


¡Pero un momento! ¡No se burle, aún, de mi! El Capitán América nace como un producto propagandístico, pero a diferencia de quienes crean las estrategias de marketing patriótico emocional para manipular humanos como corderos, él, como producto, está obligado a CREER en esos ideales. Es más, él es la materialización del espíritu norteamericano que durante décadas nos han machacado desde Hollywood: El hombre libre, respetuoso de la libertad ajena. 


El Capitán América es, en verdad, representante de la minoría culta y bien intencionada del noreste de Estados Unidos, para quienes el derecho a opinar, al libre albedrío, es tan o más importante que la seguridad (al contrario de Supermán, quien representa al inmigrante de segunda generación -o a alguien perteneciente a una minoría racial, criado por red necks de Texas- que, más papista que el Papa, se vuelve líder comunitario del Tea Party y aboga por la sumisión total a los controles oficiales.
Pero la verdadera contraparte del Capitán no es Supermán -quién grande, fuerte y descerebrado, como jugador de fútbol americano, siempre será un títere de alguien más- sino que lo es el acaudalado Tony Stark, mejor conocido como Iron Man. El representante de los ricos industriales en el Universo Marvel, sabe que la igualdad y la democracia son conceptos caducos en el mejor de los casos y que, la única manera de evitar la recesión y la destrucción de la creencia en los "valores americanos", la guerra y la pobreza, es la represión. Es por eso que en la Guerra Civil Marvel, acepta sumisamente la extensión al mundo de los superhéroes de ese documento monstruoso que es la Patriot Act.


Lógicamente, hay héroes (o personas comunes) que no aceptan ser pisoteados tan tranquilamente con leyes represivas o con cánones y protecciones infinitas a los derechos intelectuales. Uno de ellos, el subvalorado Capitán América, se rebela contra la injusticia hipócrita que suele disfrazarse como "nuestro propio bien" y se enfrenta a Iron Man, a la mayoría de superhéroes y, sobre todo, al gobierno estadounidense, aún a costa de su propia, vida pues para el viejo idealista, la esclavitud nunca será una opción tolerable. 


¿Pero en qué momento hablará de la película? -se deben estar preguntando. Pues, no hay mucho que decir, salvo que es una larguísima e innecesaria introducción para la megaproducción Los Vengadores.



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Fecha Publicación: 2011-09-08T13:37:00.000-07:00
Siguiendo una sana tradición de Periódico de a China (que nos permite saber los finales definitivos de las historias antes de que lleguen las segundas partes de las trilogías) hablaremos sobre "Déjame Entrar".


Pero no nos referiremos a la película sueca del 2008, dirigida por Tomas Alfredson ni a su versión light norteamericana del 2010 (Que a pesar del edulcoramiento, espantaría a muchos). Hablamos directamente (y sin pasar por ese intermediario llamado cine, al que sólo nos acercamos cuando la existencia de un guión original nos obliga a pagar tarifas ridículamente altas, para ver imágenes en movimiento envueltos en la tenue nube que forma la grasa del pop corn) del libro "Låt den rätte komma in" de John Ajvide Lindqvist.


La novela, utiliza el trillado recurso del vampiro enamorado para crear una historia de suspenso; aunque, a diferencia de la joya monumental por la que será recordada la humanidad cuando ya no estemos aquí como es Crepúsculo, éste no es un héroe metrosexual sufriente mitad emo y mitad Lady Gaga, sino el clásico demonio asesino, sediento de sangre, en la piel de una dulce pre adolescente.




Es, entonces, que la historia se encuentra mucho más cerca del oscuro anonimato y las obsesiones (homo)sexuales rayanas en la pedofilia de "Entrevista con el Vampiro" de Anne Rice, que del realismo mágico para adultos de True Blood. Incluso, ¿la? protagonista es una especie de híbrido entre el inocente y torturado (por dudas existenciales de las de verdad, de las de antes de los emos  y no por amoríos de high school y castidades que deban esperar al matrimonio) Louis y la pequeña desquiciada, Claudia (cuya versión cinematográfica, que tanto prometía, terminó por convertirse en la olvidable obsesión platónica de Peter Parker).


Eli es un personaje misterioso, aún más de lo que sería razonable para una vampiresa de aparentes trece años, por variadas razones, pero quizás la más importante el que no sólo se haga amiga del loser del barrio (Y pareciera ser, de Suecia en general), sino que se siente atraída por él, lo que no sería raro sino, incluso, de rigor en cualquier comedia romántica; pero, ni en la historia más desquiciada, este niño sería un gordo, a quien obligan a chillar como cerdo (a lo que accede sin muchos remilgos, debido a su inexistente valentía) y que colecciona noticias de asesinatos mientras destroza la corteza de un árbol, imaginando que se convierte en una especie de Dexter para el bullying escolar (a diferencia tuya, buen lector o de tu hijo, que sueña/s con ser algún día como Messi, tal vez). Para ponerle la guinda al pastel, el niño utiliza una bola de esponja para que pase desapercibida, en la escuela, su incontinencia urinaria. Por eso, para él, convertirse en el consorte de un ser de las tinieblas supone más bien un contundente ascenso en la escala social. Como no podía ser de otra manera, el niño es adecuadamente adelgazado en ambas versiones fílmicas, pues se sabe acá y en Marte mostrar grasa corporal en pantalla, hablando de un protagonista, es -moralmente. más censurable que mostrar a un bebé de pecho chutándose heroína por el ojo. 


La historia tiene sus puntos flacos, como los ocasionales flashbacks que pretenden explicar el origen de Eli, pero que, en honor a la verdad, aportan tanto a la historia como "Yo soy el Diego de la Gente", de Maradona, a la literatura universal. A pesar de ello, y sin ser tremendamente original, la novela aporta un poco de esperanza al género de vampiros, que en lo que va del siglo se había convertido en una especie de Real Madrid,cargándose de metrosexualidad y catenaccio, resignado a ser la comparsa de los zombies, género que cada día juega mejor.



Etiquetas: [Cine]  [Clásicos del Futuro]  
Fecha Publicación: 2011-08-19T17:07:00.000-07:00


Lo primero que debe destacarse de Transformers III, es que nos hallamos ante un film clásico, tanto en su estilo narrativo -plano y lineal- que no cae en baratos y efectistas recursos televisivos como son la profundidad de caracteres o las tramas complejas. En Transformers, como en Rocky III, los buenos son buenos y los malos, muy malos y el guión va de: "El bueno bueno pasa conflictos existenciales porque está de perdedor por un mundo mezquino que no le reconoce la superioridad moral y humana que le corresponde, hasta que los problemas que amenazan a la humanidad (no, no son las burbujas financieras, ni la recesión ni la crisis de la balanza de pagos estadounidense, ni la hambruna y sequía en Somalia, ni el calientamiento global. Son los Decepticons, por supuesto) hacen que los demás se orinen en los pantalones mientras él  se encumbra como "el héroe next door" que siempre fue y, ciegos nosotros, nos negábamos a reconocer. Es así que, junto a su grupo de amigos espaciales y estadounidenses, también buenos buenos, enfrentarán mil y un penurias para combatir a los malos malos, quienes -como siempre- tendrán todo a su favor y no lo sabrán aprovechar (Como los latinoamericanos con los consejos económicos del FMI en los ochentas). Finalmente, se quedará con el triunfo y con la damisela", pues en la vida real, los buenos buenos siempre ganan y este filme, como tantos otros, no hace sino confirmar una realidad ineludible y que me permite ir todas las noches a la cama con la tranquilidad de que los sufrimientos de los pobres de espíritu (y me imagino que de dinero también) son en realidad crisis temporales para fortalecer su carácter y reafirmar sus virtudes.



Otro punto a destacar en la película, es que nos muestra el alto sentido moral y solidario del norteamericano promedio, quien no duda en enfrentar las más temibles amenazas, por amor a su mujer, a su nación y a su bandera (y, por añadidura, al mundo, pues saben que éste se partiría si los Estados Unidos no estuvieran aquí para cuidarnos, así le hayan bajado la calificación de riesgo los binladianos de Standard n' Poors ).


Por si fuera poco, la historia es, también, un homenaje a un personaje icónico por donde los haya en el universo fílmico estadounidense, el representante máximo del American Dream: El loser. Éste, como ya sabemos los que alguna vez hemos ido al cine  -así como cualquier nerd, geek y marginados varios- tiene un poder de adaptación supervivencial, que le permite pasar de ser un inepto y descoordinado semi paralítico, capaz de destrozarse la cabeza saltando en una cama elástica, a convertirse en el más valiente luchador contra amenazas ante las que palidecería el mismo Rambo, y todo ello por la pura fuerza de su voluntad sin tener, siquiera necesidad de tomar el menor tipo de entrenamiento militar básico para lograr realizar hazañas de coordinación motora fina y gruesa que ni siquiera un marine -de los de antes, de los de la guerra frìa-,  podría.


Es destacable, también, la actitud de estos últimos (O de cualquier militar, miembro de la CIA o del FBI) para ceder al nerd en cuestión, la organización y dirección de cualquier plan que involucre la seguridad nacional o global (pues ya se sabe que para los militares, las jerarquías son algo intrascendente), dejándose guiar ciegamente con las capacidades atléticas y tácticas del perdedor de turno -quien, por lo general, lleva escondido un Alejandro Magno, tras las gafas de pasta.


Podríamos hablar de las virtudes de la película por semanas, pero vamos a restringirnos a lo esencial, como son la capacidad que tiene de mantener el interés de niños de hasta siete años por, incluso, un cuarto de hora completo; o, la monocromía de los superrobots, que hace que apenas los fanáticos extremos de la serie puedan reconocer algún personaje aparte del insoportable Bumblebee o el ologofrénico que descubre, por fin, su tendencia al sadismo maquinil: Optimus Prime. 


Mención aparte merece la espectacular modelo de Victoria's Secret, Rosie Huntington-Whiteley, quién demuestra, una vez más, que para ser actriz o tenista profesional no hace falta mayor talento que tener todo en el lugar preciso, y aunque la Rosie no sea una Megan Fox, es innegable su capacidad para hacernos sentir que se encuentra desfilando en una pasarela hasta en los momentos más ¿tensos? de la película. El personaje, o ¡porqué no decirlo, caramba, que aún vivimos en democracia (al menos hasta que Ollanta decida lo contrario)! ¡La misma Rosie haciendo de ella misma nos muestra los miles de registros con que puede poner la boca en forma de corazòn, como quien chupa un limón! Y para dejar en claro que la belleza nunca va reñida con la inteligencia, la buena Rosie se encarga de timar al mismimo malo entre malos, aquel que dió lecciones de maldad a Saurón y a Voldemor, aquel cuya astucia nos recuerda al mismísimo Luzbel: El eternamente vejado por los guionistas mancos de la trilogía, Megatrón.


Para algunos, ésta puede, tranquilamente, pasar a engrosar la selecta lista de peores películas de todos los tiempos. Yo pienso, más bien, que estamos frente a una joya fílmica tan digna de codearse con otros clásicos como "Retroceder Nunca, Rendirse Jamás", "Karate Kid III" y "La Mala Educación", y que prueba, contundentemente, que aunque no estemos al borde de la extinción como especie, bien que lo merecemos.



Etiquetas: [Sociedad]  [malvados]  [Cine]  [pitufos]  
Fecha Publicación: 2011-08-14T18:42:00.000-07:00
Para ti, buen lector, que has sumado un buen puñado de años en tu último aniversario, seguramente Azrael es sólo el nombre del gato de Gargamel y supondrás que su única relación con la muerte, es la obsesión que comparte con su dueño por cazar pitufos. 


Si de niño tuviste que sufrir con la inexistencia de la televisión de pago y con la homogeneidad de preferencias culturales a la que nos obligaba una señal pública de, apenas,  dos o tres canales; recordarás con nostalgia a los Thundercats, a Mazinger Z, He Man, Robotech y tantos otros, entre los que no podrían faltar los "suspiritos azules", a quienes mencionamos hoy.


Si aún disfrutas como porcino en barro de la sosería guionística de aquellos "cartoons para dummies", habrás llegado al cine cargado de melancolía, pop corn y la estúpida certeza de que saldrías del cine incorporando la preposición "pitufi" a las ya pocas palabras de tu vocabulario.


En cambio, si has cometido la imprudencia de revisionar aquellos bodrios en el Youtube; sabrás que probablemente tengan mucho de culpa en tu irremediable conversión en oligofrénico; y si, aún, tienes algo de sangre limpia circulando alrededor de tus meninges, es probable que jamás hubieras considerado la posibilidad de ir al cine a ver Los Pitufos, sabiendo lo infinitamente más edificante que es el ponerte a contar los dedos de tu mano izquierda mientras esperas a que el pañal contra la incontinencia empiece a gotear.




Pero si hubieras terminado asistiendo a a esa masacre azulina de materia gris por culpa de ineludibles obligaciones paternales (que te hacen considerar una y otra vez la importancia capital del condón en nuestra civilización), quizás no terminaras tan emocionalmente destrozado -como suponías- con ese previsible festival de lugares comunes y moralizantes enseñanzas familiares que era todo en lo que consistía el dibujo original. 


Es cierto que el esperadísimo gangbang de Pitufina -con absolutamente todos sus hermanos de raza- no se hace, una vez más, realidad, y que el guión probablemente haya sido elaborado a cuatro manos entre Posh Spice y Paris Hilton; pero a cambio, gozamos de un buen puñado de gags bastante atinados, una crítica aguda y mordaz a dos problemas cruciales de la civilización contemporánea como son: La inutilidad de la corbata (que ya era tiempo que alguien la hiciera) y la falta de música en el trabajo; y, sobre todo, a un Gargamel impecable, infinitamente superior a cualquier malvado de blockbuster de los últimos tiempos (incluyendo a Cráneo Rojo y a la niñata de Megatron), que nos lleva a pensar, cuando se encienden las luces, en la gran película que hubiéramos podido haber visto, de haber obviado en la historia a esos subalimentados habitantes de Pandora.



Etiquetas: [fútbol]  [Deportes]  
Fecha Publicación: 2011-07-24T17:59:00.000-07:00
Aunque para la prensa comercial, esa que endiosa a Justin Bieber y a Cristiano Ronaldo, el partido importante era el de la final; los hinchas del verdadero fútbol (ese que tiene como objetivo que once jugadores por lado toquen aquel objeto redondo con las piernas, para lograr introducirlo en el arco rival, y no esa especie de boxeo tailandés con balón, que practican los ---guay, con el Para--- con mayor grado de brutalidad) sabemos que el partido esperado era el del tercer puesto, el de las cenicientas, el de los campeones morales, el de los equipos revelación, el de los perjudicados por los árbitros, el que jugarían el peor equipo histórico de la región, con el peor de la última década.


Venezuela hizo lo suyo: Tiene mejores jugadores y un planteo más organizado para ello; pero la mayor de sus limitaciones es el peso de la historia. Cuando nadie da nada por ellos, se matan por el triunfo; pero cuando empiezan a pensar que pueden lograr algo significativo, pues ... llegó el momento de comprar los pañales para la incontinencia. Lo sabemos bien, pues Perú tiene una larga tradición haciendo lo mismo, pero la diferencia es que ...
ahora está Markarián, y ha logrado que ese grupo de vuvuzuelas -que es la selección peruana- suene como una orquesta de barrio y eso -para el Perú, que viene, en la última eliminatoria, de asegurar cómodamente el último lugar, a falta de tres fechas para su culminación- es tan meritorio como si Puyol le hubiera hecho un par de bicicletas y tres caños consecutivos a Pepe.
Por eso, hoy nos adscribimos a la emoción generalizada y, además de un pequeño análisis del desempeño de los estandartes del equipo, nos atrevemos a sugerir unos fichajes indispensables, que deben realizarse en favor de mejorar el espectáculo del fútbol internacional:


- Juan Vargas: Un lateral, volante, extremo  o lo que quiera usted imaginar -siempre que sea por izquierda-, que de haber sido brasileño hace mucho hubiera hecho olvidar a Roberto Carlos y a Branco, pues su potencia hace ver a aquellos como un par de Barbies delicadas, con el tono muscular de un par de físicos cuánticos. Cualquier equipo del mundo podría ser un buen destino. Sin embargo, el Barcelona sería la mejor opción, pues Abidal tiene el talento de un Chigrinski cualquiera frente al gran loco y, sobre todo, sería una delicia para los ojos ver un derby ante el Real, que a su vez contrataría a...


- Paolo Guerrero: Delantero recio, duro, cargado de tatuajes y con peinado inconfundible. A pesar de la poca suerte que le otorgó la genética en cuestiones de belleza, compensa todo ello con una metrosexualidad a la Sergio Ramos, que le convertiría en titular indiscutible en el Madrid, cuya mayor falencia ofensiva es no carecer de un acompañante para Ronaldo, capaz de sincronizar mimos al cabello y gestos amaneradamente sensuales mientras van apilando rivales.


- William "El Periquito" Chiroque: La máxima promesa del fútbol peruano. Su talento ha explotado en la Copa y sería una inversión segura -brindando una buena cantidad de años de fútbol de gran nivel - para equipos (como el Milán o la Juventus que ganaba campeonatos) cuyo promedio de edad se encuentra unos cinco o seis años por encima de los 31 que tiene el novel jugador. Además, los años trajinando en equipos de media tabla del campeonato peruano, lo han fogueado para cumplir a cabalidad ese gran reto.


- Raúl "Supermán" Fernández: Arquero prolijo, seguro, sin miedo a arriesgar su integridad por evitar una anotación rival. Tiene casi todos las virtudes de un atajador clásico y muy pocos de sus defectos. La figura con la que más se le relaciona, al verle atajar, es Casillas, y como tal, sabe que rendir a la perfección en todos los encuentros haría que se le viera apenas como un portero regular, y que las maravillas sólo son tales cuando son ocasionales. Es por eso que regaló los dos goles que llevaron a la final a Uruguay. El Chelsea sería un buen destino, y permitiría, por fin, descansar al buen Petr Cech, que desde esa caricia que le partió la cabeza, no volvió a ser el prodigio bajo los tres maderos que fue en su temprana juventud.


Para terminar, debemos hablar de la Final: Ganó Uruguay, lo que era lógico, teniendo en cuenta que lo único bueno que ha mostrado Paraguay en la Copa, ha sido a Patty Orué y a la inacabable Larissa RIquelme.



Etiquetas: [fútbol]  
Fecha Publicación: 2011-07-18T21:22:00.000-07:00
Si hay algo innegable en este mundo -además de la relación entre el poder económico y el Opus Dei, en países de habla hispana- es que yo no soy el pulpo Paul. Mi absoluta incapacidad para predecir resultados electorales o deportivos ya me ha llevado a realizar un ridículo mayúsculo en el Mundial, y no contento con ello, seguí lanzando vaticinios que me hubieran convertido en el hazmerreír de cualquier cofradía de profetas secretos de baja estopa. Sin embargo, tozudo y persistente -como defensa paraguayo- mantuve hidalgamente el arte de adivinar el futuro, aún a riesgo de perder la poca credibilidad que me quedara y sí, en esta Copa América volví a hacerlo, con el cien por ciento de inefectividad que me caracteriza.


Sin embargo, debo decir a mi favor, que hice hincapié en las pocas virtudes de los "eternos favoritos" Argentina y Brasil en la inocente creencia de que el peso histórico aún significa algo en el fútbol, cosa que -desde Sudáfrica- sabemos que no existe más. Si España ha llegado a campeona del mundo, pues no sería mayor sorpresa que Venezuela hiciera lo propio en esta parte del mundo.


Así que ahora, en lugar de decirles quien ganará (para que salgan corriendo a apostarle al contrario, con la garantía que brinda la perfección de mis fallas), me limitaré a analizar a los protagonistas, dejando, buen lector, a tu libre albedrío la predicción de los resultados (Actividad a la que he renunciado, por lo menos hasta el US Open)




Paraguay: Un equipo de fútbol exquisito, cuyos referentes nos recuerdan a aquellos artistas del balón que se consagraron en la histórica Eurocopa del año 2004. Definitivamente, Estigarribia o Lucas Barrios no tienen nada que envidiarle a aquellos prodigios como Charisteas o Seitaridis.


Pero Paraguay quiere dar un paso más en la refundación histórica del fútbol, elevándolo al olimpo de la técnica y la pulcritud, por lo que ese Dream Team se ha propuesto lo impensable: Ganar la Copa sin ganar un solo partido. Aunque tamaña empresa pueda parecer imposible, nada lo es para estos valientes guaraníes. Y si se puede lograr sin realizar un solo ataque de peligro, mucho mejor, como ya lo hicieron en el partido con Brasil. En definitiva, sólo faltan dos de seis partidos, aunque el obstáculo más complicado: Venezuela, se lo cruza ahora mismo.


Uruguay: De no ser por Paraguay, los charrúas serían el equipo más prolijo de la Copa. Unos cuartos de final en los que, al igual que los paraguayos, vencieron por penales a uno de los dos grandes del continente, no hacen más que confirmar la calidad incontestable de Forlán y compañía, quienes, sin embargo, atacaron hasta tres veces, incluso alguna de ellas con peligro, actitud que va en contra de toda la filosofía deportiva de los equipos ---guay.


Aunque en semis, se enfrentan a su bestia negra, Perú (Que suele ganarles en rondas iniciales, para, por su parte, caer por goleada en instancias más altas), tienen a favor el hecho de no haber perdido en su primer enfrentamiento, por lo que llegan fortalecidos. No está de más señalar que vencer a Argentina les ha brindado una inyección anímica, que les permite creer firmemente en la posibilidad de ganar el partido por penales, que es como los grandes equipos deben triunfar en la vida.


Venezuela: La vecina buenorra que todos querían tener a mano, por lo fácil que resultaba el sexo contranatura con ella, ha madurado. Ya no es más la veleidosa adolescente que entregaba, alelada, sus posaderas hasta al disparo más débil. Ahora hablamos de una selección que se ha hecho mayor, que escoge a sus amantes con cuidado y no pierde la ocasión de aprovecharse inmisericordemente de ellos, con la promesa de un encuentro amatorio que nunca llega, y si  llega, la tiene de protagonista activa, mancillando la hombría de la que se jactan todos aquellos que se le acercan "para hacerla gozar" caribeñamente.


Venezuela es un equipo que gana y no se avergüenza de sus partes pudendas, que de ser la Cenicienta, ahora se ha hecho una operación al más puro estilo "transformista brasileño" y la "sorpresa" que puede ofrecer a sus rivales no sólo es enorme sino que mira para el cielo.


Perú: Hubo un tiempo en que el peruano era sinónimo de fútbol atildado, poético, danzante y cálido como una mañana de verano. Claro que son pocos los menores de 74 años que pueden dar fe de esa mágica época del balompié incaico; pues, por lo menos durante los últimos 30 años, el Perú parece haber sido víctima de un Chernobyl emocional, que nos ha convertido en el contexto universal del balón en algo más parecido a una bola compacta de materia fecal, que a un equipo competitivo. Venezuela crecía y se hacía fuerte, mientras Perú envejecía y, como todo anciano, vivía recordando las "buenas épocas de la juventud", mientras se orinaba encima.


Naturalmente hubo chispazos, en los noventas, que hicieron pensar en una resurrección peruana, pero como Ataucusi, el milagro no llegó a realizarse y nuestro fútbol siguió muriendo, sin triunfos, sin espectadores en los estadios, sin un campeonato local decente, sin clubes que no estuvieran quebrados. De no ser por el Barcelona de Messi y por el PES 11, es probable, que hubiesemos renegado, como judíos con Baal, de la divinidad del deporte rey y hubiéramos concentrado todas nuestras energías en el voleibol femenino de menores; pero, llegó Markarian, cogió un puñado de sapos y en pocos meses los convirtió en un grupo de jugadores ¡Sí, han leído bien, JUGADORES de fútbol! Hizo de ese Stephen Hawking deportivo que era el Perú, un luchador que compensa su falta de atributos con esfuerzo y constancia más propios de países germanos que de la más colonial de las ex colonias hispánicas. Es por ello que nadie puede decir que el hecho de que se encuentre entre los cuatro mejores del continente sea cuestión de suerte. El Perú, (El de verdad, no Perú-Nebraska) ha empezado a jugar sin complejos y eso, para un país cuyos últimos presidentes han sido Alan García, Alejandro Toledo y, ahora, Ollanta Humala, es como que se nos hubiera aparecido la virgen. 


Sería, sin embargo, mezquino restarle méritos en la campaña al mejor jugador de la actualidad: Juan Vargas, ante quien palidecen Maicons y Robinhos, Messis y Alexis Sánchez, pues la técnica (que no el esfuerzo) peruano, se resume a lo que pueda hacer él en compañía de 10 piedras, sin contar a los suplentes.





Etiquetas: [fútbol]  [Deportes]  [Perú]  
Fecha Publicación: 2011-07-05T10:30:00.000-07:00
El Mundial de fútbol es a ese deporte, lo que la ONU a la paz mundial: Mucha representación global, mucha pluriculturalidad, pero a la hora de las decisiones, son los mismos de siempre, quienes las toman. Es impensable imaginar una final entre Corea del Norte y Bahamas. Ni siquiera entre Japón y Costa de Marfil. El fútbol, como el sexo permitido por la Iglesia, es cosa de dos, (En este caso: América y Europa) y los invitados que no pertenecen a estos continentes son como los extras de una película: A nadie le importan.


Pero el Mundial, a diferencia del cine comercial, se ha convertido en una especie de festival exótico, donde el colorido y la infinidad de tradiciones se mezclan para regalarnos un espectáculo donde el deporte es lo menos importante. Apenas las últimas rondas, cuando ya los invitados se fueron a sus casas, cobra algo de interés lo que suceda en la cancha.




Es por eso, que el verdadero campeonato del mundo está, en realidad, dividido en dos: La Eurocopa y la Copa América. Trágicamente, la FIFA, que es la dueña del circo y la que recibe el dinero del Mundial, no permitiría un partido definitorio entre los dos campeones para definir al verdadero mejor equipo, es por ello que, al final, recibimos como placebo, adefesios como la Copa Confederaciones, que sufre el mismo defecto de la sobrepoblación de insignificantes, de la que ya hablabamos. Por eso s{olo nos queda conformarnos con los dos segmentos continentales, que constituyen la {unica y verdadera esencia del fútbol.


Entre las dos Copas reales, la que corresponde a América, es la de menos brillos, pero, a la vez, la más pareja, pues Brasil será un monstruo de proporciones globales, pero a la hora de enfrentar a Bolivia, es, apenas, un bulldog grande, que , con un poco de suerte, puede que no te arranque un brazo. No es que el nivel futbolístico sea parejo; lo que sucede es que de tanto estar cerca, de vernos con frecuencia, se pierde el miedo ancestral que causa la sola mención de nombres como Messi o Neymar, en la actualidad -o Maradona y Pelé entre los antiguos. Los mitos no son tan legendarios en su propia tierra (o aledañas) y eso permite que, los jugadores no se concentren sólo en conseguir el autógrafo de las estrellas más rutilantes del equipo contrario y, hasta consigan empates impensados en otras latitudes, como los que ha logrado la ya mencionada Bolivia o Venezuela, contra los dos grandes: Brasil y Argentina. Esto permite disfrutar de eso, tan escaso en los Mundiales, que se llama fútbol, incluso desde la primera ronda. Aunque, es hidalgo reconocer que el final siempre es el mismo: O la Copa la ganan aquellos dos, o lo hace Uruguay.


Por ello, causa vergüenza ajena escuchar a la mayoría de analistas deportivos ¡Que reciben un sueldo por ello! aventurarse a "dar como favoritos" a esos tres equipos "por el momento que están viviendo", cuando la verdad es que son los únicos favoritos de ahora y siempre y eso lo saben, incluso, mis buenos amigos de Bangla Desh, donde luego del Islam, el culto al fútbol sudamericano es la religión más importante.




Pero como,a veces, es necesario crear expectativa, algunos periodistas se aventuran a dar como "posibles sorpresas" a Chile y a Colombia. Al primero, por haber participado en el Mundial y tener a Alexis Sánchez en el equipo, y a Colombia porque ... Falcao fue goleador de la UEFA. Sin embargo, lo que no se menciona mucho, es que ninguno de los dos equipos ha hecho méritos, recientes y suficientes, para que se les pueda colgar ese cartel. A excepción de Perú, que pudo haberse llevado la Copa con la facilidad de un Djokovic en la temporada de cemento, de no haberse lesionado ocho titulares y algo de media docena de suplentes (Con lo que, el equipo que el equipo que se ha enviado, está formado por voleibolistas sobrevivientes de Seúl 88 reforzadas con Kina Malpartida y Sofia Mulanovich).


Ningún equipo va a ser la "revelación", a menos, que se lo considere como tal, por el dudoso mérito de llegar a semifinales. Y el partido definitivo, se llevará a cabo, entre las huestes de Messi y el ballet afabelado de Neymar. Pero hasta que llegue ese encuentro, ¡Qué dificil se la van a poner todos!, ¡Casi como Lichtenstein o San Marino a España o Alemania!


Como en el Periódico de a China hemos fracasado en cuanto vaticinio hemos realizado, sabemos que, dificilmente, el azar va a dejar paso a la razón por lo que nuestras predicciones dudosamente llegarán a ser verdades irrebatibles. Por eso, no vamos a predecir un campeón, pero sí vamos a dar las razones por las que ninguno de los dos merecería serlo:


1. Brasil: El equipo pentacampeón no tiene centro delanteros de calidad. Apenas tiene a Fred, cuyo mayor mérito fue haber sido un jugador del montón en el Olympique de Lyon. Robinho es el peor "prospecto y/o promesa de jugador excepcional", de los últimos 20 años y Pato se dejó endulzar por las mieles berlusconianas en Italia, cayendo en un hoyo de mediocridad que lo equipara a su compañero de equipo. Neymar podría desbancar Robinho en el podio de los peores "prospectos y/o promesas de jugadores excepcionales". Las condiciones para fracasar en cualquier equipo ya las tiene (divismo, amor por la noche  poco aprecio por el esfuerzo físico), sin olvidar que su juventud le hará intentar cada que toque el balón, la jugada de la consagración absoluta, tornándolo aún más ineficiente. Sobre el resto del equipo, hay que reconocer que es mucho más parecido al Brasil de los últimos 30 años (Técnico, fuerte y de poco brillo) que a la Grecia sudamericana que se encargó de conjugar Dunga en el Mundial. 


En suma: Un equipo mediocre, digno de cualquier final de estos tiempos de eco responsabilidad que corren.


2. Argentina: Su equipo fracasó el Sudáfrica por las mismas razones por las que no juega a nada en la Copa: Siguen insistiendo en querer ser un equipo cuando la idiosincrasia del argentino no le permite más que el trabajo individual o la adhesión fiel y ciega a un caudillo (Perón, Maradona, Charly García). Cabe recordar que los mejores momentos de su selección se vivieron cuando todo el equipo se dedicaba a pasarle la pelota "al Diego". En Sudáfrica, aunque se contrató a éste justo para acabar con cualquier vestigio de juego en conjunto, Maradona terminó por alejar a Messi del área rival y convertirlo en un armador, lo que implicaba que tenía que pasar la pelota a los demás. Los cuatro goles de Alemania parecieron hacer despertar a Argentina, ¡Fuera, Diego, que quisiste jugar como si tu cerebro no estuviera medio muerto por las drogas y traicionaste la esencia que te convirtió en el más grande!, pero Batista, ha optado por que "Messi sea un elemento importante en el esquema táctico" y no en convertirlo en el esquema táctico, como hábilmente lo hace Guardiola en el Barcelona. 
Sobre Guardiola, hay que reconocer sus enormes cualidades, al construir un equipo con suficiente talento para mantener la pelota en movimiento lateral durante tiempos que parecen infinitos, hasta que llegue el momento de entregársela a Messi. Todos trabajan para lo mismo. Incluso las "estrellitas" Xavi e Iniesta saben que sólo deben amagar o intentar patear al arco si es que Lionel está muy lejos o muy marcado.
El Reader's Digests tuvo hace varias décadas, un especial sobre "El Cuerpo de Juan" en el que cada parte del organismo, explicaba la manera en que ayudaba a su bienestar: "El corazón de Juan", "El cerebro de Juan". Los diez acompañantes son "El cuerpo de Messi" y todo funciona a la perfección allá por Catalunya.


Argentina no es el Barsa, eso se ha dicho millones de veces. Nadie duda que este último es una sinfónica cuyo solista es Messi y, así, se han convertido en el mejor equipo del mundo (Que, indubablemente, no lo sería, de no existir Lio). Alcanzar ese grado de compenetración zen en pos de la grandeza colectica en manos de un solo individuo es algo que requiere años de práctica y Argentina sólo puede practicar unas semanas.


Por ello, los rioplatenses deben mutar a Messi, ronaldizarlo y convertir a Argentina en una especie de Real Madrid, donde la consigna "Pásala a Messi" no se vea opacada por el fútil intento de hacer fútbol. la función del equipo debe ser patear tobillos cuando no se tenga la bola y dársela a Messi para que haga lo que tnga que hacer mientras los demás se toman un mate. De esa manera, Argentina se convertiría en el indiscutible campeón de la Copa, de la Confederaciones y del Mundo. Como eso no va a suceder, seguirán los titulares del tipo "La solución es Agüero" o "Tévez, centrodelantero", y seguir con la arraigada costumbre del sufrimiento.



Etiquetas: [Sociedad]  [Cine]  
Fecha Publicación: 2011-06-13T11:50:00.000-07:00
Los experimentos genéticos en el siglo veinte -cuando aún eran parte de la ciencia ficción- se realizaban en las películas, con el fin de crear súper hombres, o súper especies afines a él, con el sano objetivo de conquistar al mundo o al Universo. El componente ético del asunto era tan irrelevante como el que podíamos encontrar en los viajes en el tiempo o en las películas de aventuras ambientadas en el Vietnam.


Sin embargo, con los años, el hombre fue creando una civilización más respetuosa con las formas (aunque en el fondo seguíamos despreciando al diferente con el mismo tesón que los antiguos sumerios), por lo que matar animales por placer (como los toros) o por alimentación sibarita (para preparar sopa de aleta de tiburón, por ejemplo) o dejar a los perros en la azotea y alimentarlos con las sobras de la casa,  se convirtieron en actividades condenables que podrían merecerte el ser desollado vivo en una plaza cualquiera, si tuvieras el infortunio de encontrarte con un grupo de activistas y cometieras la imprudencia de hacer público tu desacuerdo con sus ideas de altísima catadura moral.




Ni qué decir con los humanos. ¡Ay de quién se atreviera a maldecir al delantero que falló un gol cantado, apelando al color de su piel! Ni qué decir de los no natos o de los incapacitados. ¡Pobres espartanos si intentaran, en la actualidad, aplicar sus técnicas de mejoramiento fenotípico!


Y en estas circunstancias, en que la corrección política se amanceba con el "librepensamiento", la manipulación genética y la clonación saltan la valla de la ficción. Apenas se clonó a la oveja Dolly, se pusieron sobre el tapete importantísimas preguntas de actualidad como ¿Se puede clonar el alma? ¿Puede haber dos almas diferentes en dos cuerpos idénticos? ¿Cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler?


Y como todo agnóstico sabe, los seres humanos no podemos truncar los procesos de meiosis que puedan ocurrir en el cuerpo femenino, pues es malo ante los ojos de Dios, como lo es aún peor autorizar mi duplicación para tener un hígado sano que implantarme y no morir de cirrosis.


Por ello, los Estados Unidos -adalid de la libertad y las buenas maneras, como sabemos- y, por ello, la mayoría de países desarrollados del mundo, han prohibido la manipulación genética del genoma humano. Y si los Estados Unidos lo dice tan categóricamente, es lógico suponer que la violación a la prohibición puede causar conflictos, por lo menos, devastadores en la relación del hombre con su propia naturaleza.


Es por eso que, hasta que se descubra un filón altamente comercializable que permita argucias legales suficientes para permitirlo, y de esa manera, cambiar radicalmente su percepción pública, la experimentación con genes humanos seguirá siendo muy mal vista por ONGs, intelectuales progres y la industria cinematográfica de toda la vida.


Por tanto, Splice no crea polémica, sino que refuerza la convicción popular sobre las terribles consecuencias que puede acarrear el jugar a ser Dios. Es la inmortal historia de Frankenstein pero reactualizada a nivel cromosomático.


A pesar de su componente moralinoso, tan en boga, la película finaliza con un claro guiño a aquella otra moral republicana, añeja y fascistona, al darnos a entender que un buen hijo de Dios, es un Wasp nacido de vientre materno, y de preferencia por parto natural; y, que, los otros, seguramente se han cambiado de sexo sólo para aprovecharse de la bondad inherente a la raza aria y violar a sus mujeres. 



Etiquetas: [Política]  [Miscelánea]  
Fecha Publicación: 2011-06-03T08:05:00.000-07:00
Hace mucho tiempo empecé a tener reparos frente al activismo humanitario, hacia la corrección política y hacia los movimientos sociales que propugnan la igualdad. Y no es porque el cinismo se haya apoderado de mis convicciones y considere que el deterioro del medio ambiente, el maltrato desmedido a los animales, el racismo o la miseria -entre muchos otros-  deban ignorarse y que deba mirar para otro lado mientras disfruto las mieles de mi egoísmo. 


Hablamos mucho de evolución pero parece que, por lo menos la mitad del mundo, se hubiera detenido en el tiempo. Es lamentable que mientras, luego de millonarias campañas publicitarias, un puñado de neo yuppies esperen ansiosos la llegada de la IPad 2 a las Apple Stores, para ser los primeros en disfrutar del nuevo capricho tecnológico mientras que, para un quinto de nuestra población, el tener un cuaderno y un lápiz son lujos tan asequibles como el agua Evian. Ni hablar del asco que me produce esa otra campaña que asegura "que todo peruano por el solo hecho de serlo, tiene derecho a comer rico" y, por tanto, se llevan al más famoso cocinero nacional, Gastón Acurio, a prepararle una pachamanca a los estadounidenses de Perú-Nebraska, mientras en el Ande, verdaderamente, peruano, miles se mueren de hambre y de frío. 




Las injusticias existen y son evidentes. La corrupción, igual. La discriminación es tan antigua como el mismo ser humano y el abuso del fuerte sobre el débil es casi la marca indeleble del Homo Sapiens (Al punto de haber sido capaces de extinguir a nuestros primos hermanos, los Neanderthales, cuando aún aún eramos unos niños de pecho, históricamente hablando). 


Sin embargo, la solución de los millones de problemas del hombre no es una e indiscutible. No es sencillo acabar con todo lo que está mal con una fórmula mágica, pues -de lo contrario- ya alguien lo hubiera hecho. Somos nosotros mismos quienes hemos creado nuestros conflictos (entre humanos y contra el entorno) y tendríamos que cambiar casi genéticamente, para deshacer nuestros entuertos. 


No por ello debemos resignarnos y decir "A la mierda. Si todo está mal, que siga mal y yo vivo mi vida". Pero es mucho peor, optar por soluciones simplistas, bien intencionadas, manipuladas o interesadas cuyo único fin (Y por eso deberíamos sentirnos avergonzados) es acallar nuestras consciencias. 


La mayoría de personas suelen aferrarse a promesas de cambio con extrema facilidad, y cambiar de vagón cuando sabe que el tren que ha tomado no le conduce a ninguna parte y así, una y otra vez,  ses les pasa la vida, entre decisiones erradas que les permiten decir: "Fue culpa del otro, pues me engañó con sus ofrecimientos de palo". Total, culpar a otros de mis propios errores me permite sentirme mejor y -sobre todo- no verme obligado a hacer nada por mi mismo.


Pero hay otro grupo, divido en corpúsculos ortodoxos, que creen que sí pueden cambiar las cosas y hacerlo ahora mismo, sin más armas que "sus voluntades de acero". Como existe una amplia gama de conflictos humanos, se decantan por una rama cualquiera, pero -para legitimarse ante ellos mismos- deciden que objetivo escogido es la base, la raíz de los problemas dela civilización y que todo lo demás es sólo una consecuencia de aquello que han decidido extirpar.


Entonces aparecen en escena los fundamentalistas. Los religiosos son los más comunes; y, aunque algunos de ellos son mal vistos (especialmente si tienen largas barbas y filiación musulmana), otros son considerados "ejemplos para la humanidad" y, junto a sus seguidores, logran hacer del mundo un lugar un poco peor para vivir. Desde creadores de sectas católicas como el Opus Dei u orientales místicos que predican "el amor", como Sai Baba, tenemos como único resultado real de sus "acercamientos a la divinidad", su propio enriquecimiento, el de sus seguidores más cercanos, el abuso (físico, mental, pero sobre todo, económico)  sobre los débiles de espíritu que los toman en serio (y que llevan milenios esperando el reino de los cielos) y la exclusión y marginación de quienes "no aceptan la palabra como verdad absoluta".
Pero no sólo por  religión lucha el hombre. La protección del medio ambiente y de los animales también ha tomado proporciones insospechadas, pero no con políticas efectivas y racionales para su cuidado, sino con movimientos extremistas y violentos para quienes la vida de un perro o de una ballena valen tanto o más que la de un ser humano. Pero los defensores de esos seres que son nuestros iguales tanto como lo son una sandía o una cucaracha, no toman en consideración que con el dinero que el "mundo desarrollado" gasta en sus mascotas, se podría alimentar sin problemas a gran parte del África subsahariana. Es aún más patético el caso del grupo de antitaurinos, que discuten los éxitos de su propaganda alrededor de un suculento bife de vacas "matadas humanitariamente y con fines alimenticios".


Y terminemos la reflexión del mes, hablando de política. De las promesas electorales que apelan a la falta de juicio y a la ignorancia de los votantes. De los partidos o movimientos que se construyen sobre los cimientos paralelos de la necesidad y de la ignorancia. Hablemos de esos insignes (o infames) héroes de cuarto de hora (o de cuarto de siglo) que te ofrecen "arreglar el mundo que conoces, a cambio de tu confianza ciega". Hablemos de aquellos "prometedores" que aprovechan cualquier coyuntura para saltar sobre la yugular de los "prometidos" mientras ellos se preguntan, como siempre: ¿No me había dicho que era mi salvador? y rematan con un "Él me falló, pero mi próximo mesías sí será el de verdad". Y terminemos mencionando a aquellos con mucha suerte que logran, sin muchos méritos propios algunas veces, trascender el espacio de la promesa y azuzar el resentimiento, el racismo y la ignorancia para crear un grupo homogéneo de zombies dispuestos a cometer las barbaridades más insensatas en aras de "sus ideales" (Mussolini en Italia, Ollanta Humala en el Perú, por nombrar sólo a un par).


Es por  eso que no creemos en salvadores, ni en formulas mágicas de felicidad, ni en dignidades a prueba de raciocinios. Estamos convencidos que el mundo es una mierda, y que hace falta una buena dosis de escepticismo para no empeorarlo.



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Fecha Publicación: 2011-05-25T08:08:00.000-07:00
Es imposible fijar un hábitat específico donde podamos hallar al tonto útil. Se encuentra cómodo en casi cualquier entorno natural o artificial. Me atrevería a asegurar que es una especie endémica, pero, quizás, con una mayor densidad poblacional entre adolescentes, políticos y credos religiosos.


El tonto útil está, siempre, dispuesto a sacrificarse por "elevados ideales" que, a cualquiera a quien no se le haya extirpado el gen del realismo, harían partirse de risa como diciendo: ¿Realmente me consideras tan estúpido como para siquiera tomar en serio aquello que me estás proponiendo?. No hay empresa imposible para él. Ni actos irracionales, inútiles o superficiales. Para el tonto útil cualquier momento es bueno para ser un héroe o para sacrificarse por amor o para apoyar a un militar golpista que asegura que lo hace para defender la democracia.
El tonto útil, aunque es frecuente, no siempre sufre de debilidad mental. Su mayor problema es, en realidad, una inocencia visceral, implantada en su médula como el adamantium en la de Wolverine, que le impide comprender cuando está siendo, descaradamente, utilizado. Peor aún, cuando lo descubre o, al menos lo intuye, no cambia su actitud pues "sabe" que un "poder superior" (No necesariamente Dios, puede llamarlo también justicia, destino, ley natural, o cualquier otra cosa) se encargará de enmendar los entuertos en los que se ha visto forzado a participar (De manera tácita o activa). El tonto útil tiene una actitud ante la vida, similar a la que tendría un ser humano normal que ha sido forzado durante sus más tiernos años a ver capítulo tras capítulo de la familia Ingalls en "La Pequeña Casa de la Pradera" o ue ha esperado gran parte de su infancia que Candy encuentre a su verdadero amor.


Algunos ejemplos, clamorosos, de tontoutilismo aplicado:


- El fiel amigo de la niña buenorra y suelta de huesos "que busca amor" y para encontrarlo no halla mejor método que acostarse con todo lo que se mueva. Claro, menos el amigo tontoútil, quien, o le presenta nuevos ejemplares que catar, o la espera cuando ya ha sido utilizada por el personal y no tiene con quién llegar a su casa de lo borracha que está o, sencillamente, siempre está allí cuando ella necesita hablar con alguien. El extremo del tontoutilismo llega cuando, completamente ebria y sin haber podido aquietar sus deseos con desconocidos, ella le propone un encuentro físico. Naturalmente, él se negara en redondo con la frase: "No sabes cuanto me gustaría, pero no puedo aprovecharme de tu estado". Por supuesto, obvia el hecho de que cualquier otro sí aprovecharía ese estado, y que ella quiere ser aprovechada. Cuando esté en sus cabales, es lógico, ella ni soñará con hacerle una mínima caricia. Un buen ejemplo de este tonto útil, nos lo da nuestro querido Emo Oliente.




-  Otro ejemplo de tonto útil nos lo entregan los fanáticos religiosos cuyo pastor les ha asegurado que se acaba el mundo esta semana, así que deben entregarle todos sus bienes materiales  para que sea más fácil que Cristo  les escoja para ser salvos y acompañarles en el paraíso, por lo que ellos lo hacen sin dudar, y al descubrirse que ¡Oh, sorpresa! el mundo sigue igual, no reaccionan iracundos e intentan hacer justicia con sus propias manos -prendiéndole fuego como mínimo- sino que argumentan que "Dios nos ha birndado una prueba de su existencia, postergando el Juicio Final", ¿Y el profeta? Pues, muy bien librado, ya que no sólo se libra de la pira, sino que ni siquiera es tratado como mentiroso, sino como abogado sagaz, que ha conseguido alargar un juicio casi perdido para poder conseguir nuevas pruebas de nuestra inocencia.


- Por si fuera poco, podríamos mencionar también el caso de un ex comandante golpista que al saber que su discurso fascista, neoindigenista, pseudo reivindicativo, xenófobo y homofóbico no le alcanza para ganar unas elecciones, jura sobre la Biblia que defenderá la democracia, con lo que se granjea el aprecio y admiración de un buen puñado de tontos útiles de la intelelectualidad de un pueblucho bananero perdido en los recónditos Andes, liderados por el máximo tonto útil que uno pueda imaginar: El ganador del Nobel, Marqués de Vargas Llosa, quién, por su parte, cree que el candidato es el verdadero tonto útil, que le está permitiendo -por fin- una añorada venganza contra aquel oriental que le impidió ser Presidente ya hace más de dos décadas, actitud que hacen suya un buen puñado de acólitos literarios.



Casos de tontoutilismo hay millones. Tú mismo puedes estar haciendo el papel de tal y sólo éste Periódico de a China ha logrado abrirte los ojos permitiendo que dejes de ser  como Di Caprio -que se autoproclama rey del mundo para luego inmolarse "por amor" en las gélidas aguas de su naufragio-, o como los del Nobel que le regalan el Premio de la Paz a Obama para legitimarlo porque "es nuestro amigo y tiene tan buena onda".



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Fecha Publicación: 2011-05-20T18:56:00.000-07:00
En realidad, los verdaderos finalistas son mucho peores;  pues, al menos, el seboso ¿políglota? que les presentamos hoy, causa risa y, no sólo, vergüenza ajena, cosa que no podemos decir de Ollanta Humala o Keiko Fujimori. Como no queremos que las desgracias del Tahuantinsuyo interrumpan nuestro deber de brindar solaz al mundo, la sección de política peruana se ha mudado al Cuarto de los Marginados, por lo que terminaremos diciendo que si Tongo fuera presidente, "Al Perú, no lo para nadie".
No es el todo ilógico pensar que mi infausta esperanza, podría convertirse en realidad, puesto que este bizarro personaje ya postuló al Congreso en las elecciones pasadas, por lo que no sería raro, ante la oscuridad que se avecina para los próximos cinco años, que en un futuro no tan lejano, veamos como se ajusta la banda presidencial mientras nos regala uno de sus inigualables pasos de baile.


No escribamos más y, con ustedes: ¡La pituca en inglés! (Que igual podría ser esperanto o arameo, pues es imposible entender lo que trata de decir). ¡Además tiene subtítulos!









Fecha Publicación: 2011-05-11T07:47:00.000-07:00
En lo que va de siglo, Lady Gaga se ha convertido en la reina indiscutible del pop. Su indudable talento para crear pegajosas canciones que se apoderan, inmediatamente, del ciberespacio y se hacen indispensables en clubes y discotecas (Que, en la posmodernidad, son los caminos oficiales a la gloria) sumado a su calculado toque de polémica sexual y religiosa (Por demás trillada, pero aún muy efectiva) han logrado encumbrarla a lo más alto de la realeza de la música (tan poco amante de la democracia en gustos populares, como siempre). Es innegable que Gaga es la actual y verdadera reina del pop (Recuerden que la pobre Britney nunca pasó de princesa) y, con los años, se le recordará en el mismo nivel decadente glam de su precursora y reina madre: Madonna.



Pero que Lady Gaga sea la lidereza monárquica de las preferencias populares, no significa que el resto del mundo de la ¿música? no tenga una pléyade de nobles cortesanas, dispuestas a alegrar la retina y las páginas de los tabloides por igual. Entre ellas, una de las más destacadas es, por supuesto: Katy Perry.


Katy es muy atractiva -como corresponde a toda estrella pop, pero se diferencia de la mayoría de sus congéneres astrales en que su imagen no es "estudiadamente sexy", como la ya nombrada Britney o Beyonce ni "estudiadamente natural", como las insoportables "princesitas" Hanna Montana-Cyrus, Selena Gómez y tantas otras.  Katy tiene esa imagen de tonta que irradia sexualidad -y que recuerda mucho a la "Calabacita" Kelly Bundy de "Married with Children"- pero, a la vez, se nota claramente que la estupidez no es uno de sus atributos, pues sientes que, en el fondo, se está conteniendo para no cagarse de risa del ridículo papel que representa el ser una "estrella", lo que no quita que lo disfrute increíblemente además.


Es ese poco tomarse en serio lo que la hace encantadora, pero también lo que la condena a estar varios metros atrás de las verdaderas profesionales de la fama como Gaga.


Finalizamos esta erudita entrada con dos temas: El primero para observar la delicada anatomía de Katy (noten la expresión burlona de su mirada) y el segundo para disfrutar de una sabia reflexión sobre la complejidad sentimental de los emos en relaciones con humanas vulgares que no los comprenden.









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Fecha Publicación: 2011-05-04T09:21:00.000-07:00
La nostalgia ha transformado a los ochentas en una época, por lo menos, mágica. La música, la vestimenta -hasta las zapatillas Converse- han hecho un exitoso retorno a la moda. La joven Madonna ha vuelto a la vida convertida en Lady Gaga y los revivals y conciertos de reencuentro causan furor por donde se presente. Los remakes fílmicos y televisivos de viejos hits, son cotidianos y hasta Stallone se mantiene vigente con sus infinitos Rockys y Rambos


Uno de los factores de la gran acogida popular de aquella "colorida" década en las nuevas generaciones, es la existencia de héroes para todo el público. Esos modélicos personajes se acostaban con cientos de hermosas mujeres sin protección de látex alguna -y aunque las amaban durante todo un capítulo, no se comprometían; eran capaces de destruir ejércitos completos de malos muy malos, sin rasguñarse siquiera; no tenían castrantes fijaciones metrosexuales (ni siquiera Fast o Michael Knight desperdiciaban su tiempo en gimnasios o su dinero en cremas antiarrugas);
Eran fuertes; decididos; no tenían conflictos morales ni crisis existenciales; no cuestionaban su lugar en el mundo ni si sus métodos de impartir justicia dañaban la capa de ozono; eran buenos buenos y sus enemigos, malos malos, sin mucho más que elucubrar; ninguno hubiera tenido adicciones químicas, neurosis o agorafobia.


Eran, en suma, personajes dignos de admirar y todos lo hacían. No cabía la posibilidad de pensar que, quizás, Mac Gyver violaba múltiples derechos de propiedad industrial con sus inventos, puesto que no pagaban regalías al autor de las patentes. Hannibal Smith no se moría de cáncer ni pensaba en dejar los inmensos habanos de cada capítulo. Marty Mc Fly siempre tendría un Biff Tanen en cualquier época de la historia y las gemelas Olsen no pensaban ser millonarias y disfuncionales sino, una sola niña dulce rodeada de familiares sin un gramo de maldad en sus seres.


Incluso los líderes políticos alcanzaban alturas mitológicas, como la Dama de Hierro: Margaret Tatcher o el Actor-Presidente: Ronald Reagan. Tiempos en que la voz cantante en política la tenían personas como Lech Walesa y otros, como Bono, era cantantes a secas. 


En la música, el glam se había apoderado, incluso, del metal y parecía que "el mundo libre" se encaminaba a una era de prosperidad indiscutible, donde hasta el triunfo contra los demoníacos soviéticos era posible.


Pero llegaron los noventas. La caída del muro y de la Unión Soviética, dejaron a Occidente sin enemigo colectivo. Hasta los violentos genocidas de Sendero Luminoso y otros grupos guerrilleros latinoamericanos fueron controlados y el libre mercado campeó a sus anchas por el tercer mundo, pero la gente no bailaba en las calles coreografías improvisadas sino que se seguía muriendo de hambre. África se hacía más pobre y más violenta. Se recortaban derechos laborales para alcanzar una enorme productividad para "seguir progresando" ¿Y a quién se podía culpar al no haber enemigo común? La muerte de Cobain reafirmó que la fama y la fortuna no dan felicidad y, peor aún, parece que las drogas tampoco. 


La televisión y el cine reflejaban el desencanto que se empezaba a vivir en las calles. ¿Contra quién luchamos? Nadie tenía una respuesta. -Luchamos contra nosotros mismos -nunca es una respuesta que alguien quiera escuchar. Casi sin darnos cuenta, el mundo se volvió cínico. Hasta los superhéroes empezaron a conflictuarse, a dudar de sus motivaciones altruístas. 


De pronto, los niños ya no tenían valores claros. El viejo -y efectivo- modelo tradicional de adquisición moral que se resume en: "Eso es bueno porque sí" y "Eso es malo porque yo lo digo", empezaba a fallar. Incluso se plantearon custionamientos tan antinaturales (hasta para los hippies y comunistas ortodoxos) como ¿Vale la pena? ¿Existen realmente el bien y el mal? ¿Tendrán sentido nuestras vidas?, lo que lleva a pensar cosas del tipo: "Lo que me ofrecer puede que sea tan malo como lo que ya tengo, así que me da igual", con lo cual la presencia del ser humano como especie dominante en la Tierra, se ponía -por primera vez en miles de años- en duda. 
Pero llegó el nuevo milenio, y el hombre -sabedor de su fragilidad ante la ausencia de modelos éticos y sociales- decidó buscar paradigmas de emergencia: "Los musulmanes son los malos malos y los cristianos los buenos buenos", "El estado de bienestar es comunista", "Obama es tan bueno e inteligente que se merece un Premio Nobel de la Paz así haya hecho sus propias y personalísimas aportaciones a las diversas guerras estadounidense en el mundo", "hay que santificar al Papa peregrino, pues ha viajado mucho y de  joven era portero de un club de fútbol y tenía mucho talento y eso demuestra su cercanía a Dios", "America's Next Top Model" nos dará íconos de moda, que dejarán en vergüenza a las Claudias Schiffers del ayer". "El Opus y/o el celibato son opciones de vida razonables".


Y es así, que en pleno siglo XXI, cuando Asimov y tantos otros ya nos tenían colonizando el espacio, seguimos emocionándonos con la "Boda Real" de toda la vida; seguimos lanzando cohetes mientras nos abrazamos jubilosos ante la muerte de "el enemigo de la humanidad número uno de turno", asesinado a la vieja usanza de la CIA y se regalan premios Nóbeles y reelecciones a quienes las ordenan. 


Es que -por mucho desarrollo y evoluciones varias- el mundo necesita héroes, esperanzas, enemigos, aliados, grupos a quienes hay que envidiar y otros a quienes hay que compadecer. Y, claro, un grupo de personas con quienes chismorrear sobre otras personas (Cortesía de las redes sociales). De lo contrario terminaríamos por darnos cuenta de la intrascendencia de nuestras vidas, e incluso optaríamos por la pastilla roja de Matrix, y hasta nos atreveríamos a pensar.



Etiquetas: [Televisión]  [Series]  
Fecha Publicación: 2011-04-24T12:44:00.000-07:00
Hubo un tiempo en que las series de televisión eran sencillas excusas para pasar un rato con el cerebro en posición de stand by. No había necesidad de analizar complicadas tramas. No te quedabas pensando en las razones que llevaban a una isla a cambiar constantemente de ubicación, ni perdías valiosas noches de sueño intentando descifrar la compleja dicotomía que presenta el comportamiento del protagonista de la serie de las nueve. Las historias eran sencillas; duraban lo justo: un capítulo -o cuanto mucho un "continuará" la alargaba por uno más; siempre sabías que los buenos lo eran por actitudes y por estética, y los malos, siempre serían feos y muy malos. 


Es así como la pequeña pantalla se convirtió en infaltable elemento de nuestras vidas. Era tan simple como encenderla y dedicarte a hacer cualquier cosa mientras captabas el par de ideas suficientes como para saber de qué iba esta vez el capítulo de tu serie. No era sólo una manera de perder tiempo, sino también de utilizar lo menos posible las interconexiones neuronales generando un descanso integral que era mucho más profundo y reconfortante que el mismo sueño.
Pero llego la manoseada crisis del cine y la ya conocida migración de talentos a la televisión. De pronto, se tenía claro que la inspiración se había mudado a las series y la pantalla grande había sido relegada a la categoría de divertimento menor y vil excusa para vender pop corn.

La TV gastaba fortunas en producción, no escatimaba esfuerzos en conseguir los mejores guionistas y les daba un enorme espacio de libertad para experimentar con novedosas fórmulas. Mientras el cine tenía como bastiones  de originalidad a las películas animadas de Píxar; la televisión ofrecía al mundo productos como Los Soprano, Six Feet Under, Carnival, Rome, House, Breaking Bad o Lie to Me. De no haber existido Sex and the City, la diferencia a favor de la televisión hubiera sido absoluta.
Ante este panorama, en el que la ex caja boba se encontraba plagada de ingenio, los consumidores optaron por una vía alterna para satisfacer sus anhelos sub intelectuales: Los reality shows. Porque, y esto debe quedar claro, la mayoría de televidentes, al momento de apretar el botón de On del control remoto, sólo esperaban alcanzar un nivel de actividad cerebral similar al que tendrían durante un proceso de criogenización.
Fue así que se llegó a lindezas del tipo: "Keeping up with the Kardashians" o "The Simple Life" de la activista por los derechos de las debutantes adictas: Paris Hilton. Estos programas permitieron mantener un balance a favor de la estupidez, que no sólo era rentable, sino que, al constituir el espíritu original de la TV, no podía, ni debía, ser erradicado por pretenciosos artistas recién llegados.
Uno de los programas de mayor éxito fue American Idol. Tenía todos los elementos de la televisión clásica: Suspenso, maldad, héroes, amigos de los héroes, humor fácil, lágrima rápida, emociones primarias por doquier. Y, por si fuera poco, música.


Pero a pesar de las varias temporadas, son muchos los que sentían que le faltaba algo para llenar el lugar que alguna vez ocuparon Dinastía o Alf. Nadie tenía muy claro lo que era. Pensaron que quizás una insinuación sexual o una actitud rebeldona funcionarían para cerrar el círculo, por ello se contrató a Jennifer López y Steven Tyler. Pero tampoco era eso.


De pronto, alguien vio el error. Algo que, de evidente, había pasado desapercibido para todos y había impedido el paso de "programa muy exitoso" a "mayor hit de todos los tiempos": Faltaba predictibilidad. En "Los Magníficos" se sabía que la sufrida actriz invitada se enamoraría de Fast, que Murdock enervaría a Baracus y que el astuto plan de Hannibal acabaría con los malvados. En Baywatch, en Friends, en Mc Gyver, uno nunca se sobresaltaba, o si lo hacía, jamás sucedía por mucho rato.


¿Pero cómo podría el público saber, de antemano, quién ganaría el concurso, dándole tiempo a identificarse con sus penurias y esfuerzos, sin que se sintiera que nos estaban estafando?


La respuesta, amigos lectores, es: Glee. Con muchos "Idols" para que diferentes colectivos logren identificación (Nerds, deportistas, cheerleaders, luchadoras. Sin olvidar al público homosexual), mejores versiones y coreografías de los temas e incluso un cierto esbozo de guión dramático del que carece American Idol y que, definitivamente, encumbrará a Glee como el fenómeno que eclipsará, para siempre, a series como Lost o The Surreal Life.


Para quienes no han visto, jamás, la serie, les dejo con esta versión del éxito de Train, que, al menos para el equipo de redactores de Periódico de a China, suena muchísimo mejor que la original: Hey Soul Sister 





Etiquetas: [Sociedad]  [Especiales]  [mujeres]  
Fecha Publicación: 2011-04-18T07:33:00.000-07:00
Aunque haya quien considere que el origen de la moderna mujer urbana se halla en los remotos años sesenta, en la liberación sexual y en la quema de sujetadores; nada más lejos de la tribu que hoy nos ocupa que aquella ilusa fémina que predicaba la ruptura de ataduras morales, el sexo colectivo y sin falsos pudores o la comuna en reemplazo de la familia. Pretender una relación de ascendencia entre estas dos especies, es tan equivocado como suponer que el homo sapiens proviene de los  neandertales o que el modelo económico chino ha evolucionado a partir del maoísmo.



Podemos hallar el verdadero origen histórico de tan peculiar especie, en las postrimerías del siglo veinte y los primeros años de este nuevo siglo. La tragedia contemporánea Sex and the City, fue un punto de inflexión en la forma de percibir, y percibirse, al mal llamado sexo débil. A partir de la serie, y sus posteriores,  e inolvidables, películas, millones de mujeres en la Tierra descubrieron lo que ya era una verdad a gritos: Las ocupaciones tradicionales del género femenino como criar hijos, atender maridos y dedicarse a los quehaceres domésticos o, cuando mucho, tener una carrera complementaria a la de aquél, se hallaban desfasadas. La mujer había alcanzado un punto de desarrollo en el que, no sólo debía de renegar de esas ocupaciones indignas -que ahora pasaban a ser labores de inmigrantes -o del proletariado. en el mejor de los casos- sino que debería atender a su desarrollo individual por encima de todo.





Es así que la Mujer Moderna aparece en escena. No al nivel de un hombre; sino, mejor. Esta especie (a quién -seguramente- la abuela de antaño no invitaría un trozo de pastel recién horneado) posee peculiares características evolutivas que la convierten en el epítome de los logros humanos, tales como:





- Dedicación y fanatismo laboral: Los eventos y situaciones de su carrera ocupan en sus vidas el espacio que, en la de sus madres, ocupaban los pañales sucios y el precio del azúcar.



- Intereses sociales ligados al trabajo: Los chismes de ventana, el cotilleo de vecinas y el conocimiento exacto del número de veces que entra al baño el hijo, ese drogadicto, de la Juana de la esquina; son reemplazados por un comadreo mucho más profesional, que se centra en situaciones de alta trascendencia, como la homosexualidad del hijo del gerente de marketing o el enredo tormentoso entre la practicante casi adolescente del departamento de ventas  y el gordo cuarentón del supervisor de piso.
- Alto sentido de su individualidad: La mujer moderna se reconoce como alguien única y diferente. Y, como tal, lo muestra al mundo con el uso de una variada gama de prendas y accesorios que, aunque ocupen gran parte de su presupuesto mensual, permiten demostrar, fehacientemente, lo especiales que son. 


- Profunda preocupación por su salud: Ha diferencia de su abuela -que se mataba fregando, lavando, planchando y criando hijos, lo que la avejentaba en poquísimos años- la Mujer Moderna sabe que no se puede ser una buena madre sino se está radiante. Un niño no necesia compañía o diálogo (que para eso están las nanas) sino sentirse orgulloso de lo bien que se ve mamá. Ese orgullo es lo único que le puede crear una fuerte autoestima y, es por ello, que las representantes de esta tribu, sacrifican -con mucho dolor, seguramente, tiempo con sus hijos para poder utilizarlo en gimnasios, sesiones de baile, tai chi, spas y demás actividades, que -junto a un nutrido arsenal de cosméticos y productos de belleza- lograrán poner a lo sufrida madre en condiciones adecuadas para que su hijo se nutra, plenamente, de esta admiración indirecta, tan, comprobadamente, saludable.


- Puede ser madre y profesional, a la vez: En contra de lo que digan las asexuadas feminisas del ayer, la maternidad es inherente a la mujer. Permite su desarrollo espiritual y las completa como seres humanos. Eso lo tiene entendido la Mujer Moderna y por ello, no tiene reparos en aceptar el llamado de la naturaleza, así éste diste algunos años (De diez a veinte) del momento en que su cuerpo se encuentra en estado óptimo para ello. Al cabo, con la tecnología médica, se superan los problemas genéticos y de salud. Con respecto a la educación, pues ya hablamos de las nanas, así que no pretendemos ser repetitivos.



- Plena consciencia de su sexualidad y del papel del hombre en su vida:  La Mujer Moderna entiende que la sexualidad en parte integral de su ser y no duda en realizarlo sin tabúes ni anacrónicas vergüenzas. Es por ello que si la situación lo amerita, lo usará de manera tradicional: Como arma de asunción profesional o de manipulación masculina. O, de maneras menos ortodoxas como el puro placer carnal. Eso sí: Es muy diferente el sexo por placer (Qué puede realizarse indiscriminadamente, siempre que luego sea recreado de manera explícita en la infaltable conversación entre amigas, dejando en claro que -a pesar de todo- una no está lo suficientemente satisfecha) que el "amor". Pues -y esto hay que entenderlo claramente- la Mujer Moderna no ha renunciado a tan noble sentimiento y, a pesar de la imagen de seguridad y éxito, en el fondo, nunca deja de ser esa niña romántica y tierna que sueña con la boda perfecta, a la que irá vestida de blanco y será lo suficientemente cara, con un novio lo suficientemente perfecto y con un anillo lo suficientemente grande como para que sus amigas se mueran de envidia por un buen tiempo. Pues la Mujer Moderna no olvida que todo, absolutamente todo palidece ante "el gran día de la boda".



Para terminar, el afortunado que piense en tener una relación seria con una de ellas, debe cumplir con uno o dos requisitos, que -insensatos nosotros- no tienen que ver con el cariño sino cosillas más prácticas como una buena cuenta bancaria, un trabajo mejor que el suyo (Ni sueñen varones que una Mujer Moderna los va a mantener, así gane fortunas. Tengan en claro que ese es SU dinero. El vuestro, es el de la familia. Es por eso, que -prágmáticas ellas- jamás se casarían con un pelele que sólo es gerente de sección, cuando ella es la gerente general), un miembro viril de proporciones épicas (recuerden que ya ha probado el sexo por placer y no se va a conformar con pequeñeces, a menos que ya acepten de antemano que les serán infieles) y que sea muy romántico (lo que equivale a gastar dinero, para ella, en cosas absurdas e inútiles), así como ser un bune padre (No olviden que ustedes sí deben conseguir tiempo para atender a sus hijos, que las nanas no pueden ser también modelos masculinos). Si cumplen con estas condiciones, puede que la suerte los favorezca, y sean aceptados como envidiados consortes de la Mujer Moderna.     



Etiquetas: [Especiales]  [Cine]  [Clásicos del Futuro]  
Fecha Publicación: 2011-04-13T13:27:00.000-07:00
Hay peliculas que agreden tu dignidad como el más feroz conchatumadre. Y no hablo de las sosas comedias románticas estadounidenses (Que serán malísimas, pero ya sabes a lo que te enfrentas cuando decides verlas, pues engañarte, no lo van a hacer jamás), ni a películas basofia que te dejan un regusto a ternura como la inmortal “La Maldición de los Ccarjachas”, (una de las películas de terror más desternillantes de todos los tiempos).


Me refiero a esas películas que hieren susceptibilidades de abuela (incluso de nieta) para suplir sus carencias, que buscan impactar para esconder su pauperrimidad y tienen la concha (y la de su madre) de hacerse pasar por obras de arte. Esos filmes que nos obligan, mientras salimos embaucados del cine, a hablar de nuestro encuentro personal con el último demonio exorcizado por el geniecillo de turno quien nos ha hecho descubrir los complejos recovecos del alma humana, al mismo tiempo que sabemos, íntimamente (pensamiento que seguirá en la clandestinidad hasta que una borrachera de esas con diablos azules de sinceridad nos desenmascare) que hemos contemplado una completa y absoluta mierda.




El budín de pan al que me refiero esta vez, le pertenece al políglota estafador y amo absoluto del melodramón en pantalla gigante: Almodovar.  “La Mala Educación” trata de un chico que ama a otro chico, al que conoció en el internado religioso, donde los curas eran homosexuales pedófilos. Uno de los niños protagonistas  descubre la prostitución (a modo de sacrificio en nombre del amor) y, ya puesto en tan rentable negocio, sigue inmolándose con regularidad (por unos euros y a nombre del amor, por supuesto) hasta que lo matan. Esta situación es descubierta, años después, por el otro protagonista, ya adulto. Éste, en nombre del amor, se hace director de películas, como un homenaje al directos favorito de Almodóvar (el mismo Almodóvar) El hermano menor del primero se hace pasar por él para aprovecharse de su luminosa carrera detrás de la cámara, por lo que se coloca, luego de rápidos escarceos, detrás de aquél en su cama. Se lo tira por odio (perdón, hace el amor ¿por odio?) cuando descubre sus maldades, y se sigue acostando con él toda toda la película (porque sí) y cuando todo es bonito y parece que el niñito Gael ya se arrepintió de sus pecados, el famosojovenyprometedordirector descubre que el muy fratricida de su amante era la clase de lacra monstruosa que uno piensa sólo puede existir en el mundillo fundamentalista árabe y llora muy metrosexualmente (u homosexualmente, que aquí si corresponde, sin salirnos de la línea políticamente correcta que pretendemos seguir). Es entonces que decide recluírse en su cómodo chalé veraniego para “pensar” y “sufrir” como sólo saben sufrir los que han sido bendecidos con la malditez conjunta de ser artista y ser homosexual en este mundo machista que nada sabe de sentimientos. 


Este argumento, que podría lograr que Lucía Mendez y Verónica Castro se levanten aplaudiendo de sus tumbas (ya no hacen telenovelas, así que da igual que sigan vivas) y exclamen al unísono: “Esta es una historia de la vida real”; se encuentra matizado -como no puede ser de otra manera tratándose de Almodóvar- con una buena dotación de sexo explícito que ya quisieran para sí los irreductibles fanáticos de John Holmes y Nacho Vidal. 


La escena en que Gaelito lubrica con saliva sus dedos para poder facilitar el tránsito viril al interior de la última porción de su intestino es, al cine almodovariano, lo que la tortuga asesinada y eviscerada en pantalla de Holocausto Caníbal es al cine mondo: Una ruptura de lo establecido; un cagarse en los tabúes de la sexualidad o de la vida animal; no dar un paso, sino tres saltos con garrocha hacia adelante con el único fin que el arte más puro valida: La publicidad. 


Y eso es todo. No hay más historia, no hay más construcción de personajes, ni nada (Casi como "Volver", otra joya del maestro).


“La Mala Educación” es, en definitiva, como si a la viejísima telenovela “El derecho de nacer” se le editara para poder verle  el calzón a la mamá de Cristian Castro.


Así culminamos la reseña de otro par de horas perdidas de muchas adolescencias.