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Etiquetas: [Filosofía]  [superhéroes]  [Joker]  [películas]  [Cine]  [Cómic]  [Batman]  
Fecha Publicación: 2012-07-29T19:44:00.000-07:00


Es muy cierto que la calidad de un héroe es proporcional al poderío  del rival con el que debe enfrentarse. Pues no es lo mismo un gigante que aplasta bandidos en un camino cualquiera que Ulises engañando a Polifemo ni el capitán de un acorazado de guerra aniquilando piratas somalíes en piraguas que Miguel Grau enfrentando con su único buque a toda la armada chilena.

   

Los actos que ensalzan a un hombre por encima del arrojo patriótico o de una vulgar bravura son aquellos en que eres manifiestamente inferior a tu rival y, aún así, lo enfrentas, sabiendo que te puedes dejar la vida en ello. El heroísmo es ilógico, irracional, absurdo; es por eso que es tan escaso y tan admirado.




Si tienes todo el poder del mundo, es fácil convertirte en un paladín de la justicia como Supermán (Probablemente el personaje más plano del mundo del cómic: Justiciero mediocre, reportero mediocre y probable miembro del Tea Party) y aún así hacerlo mal, pues con todo el poder, al menos pudo acabar con la guerra en el mundo con la amenaza de sus superrepresalias (Un poco lo que hizo Iron Man, que utilizó el poder de su traje para eso y no para amedrentar carteristas que disminuyeran el valor comercial del metro cuadrado de tu zona)    




Si bien la fortaleza del rival es el requisito para convertirte en héroe, la complejidad de éstos puede lograr que seas uno interesante. Y es justo en esto, que la mayoría de películas de superhéroes fallan, pues casi siempre la historia trata sobre vencer a un supervillano cuyo único fin es el dominio mundial.




A diferencia de casi todas estas películas (y sí, también a diferencia del sobrevalorado Batman de Tim Burton), las de Cristopher Nolan se caracterizan por dotarle de enemigos a quienes no podríamos llamar simplistamente como "malos malísimos", ni siquiera como "malos" a secas, pues las motivaciones que los llevan a ser quienes son se encuentran más allá de la idea judeocristiana del mal absoluto.




En Batman Begins,  por ejemplo, el villano, Ra's Al Ghul es el líder de una sociedad secreta que tiene como fin purificar la raza humana, combatir el pecado y hacer de nosotros una sociedad global inmaculada (Pues como Josémaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, o el bueno de Mitt Romney y sus mormones),

por lo que tiene que deshacerse de aquella infecta y podrida Sodoma contemporánea que es Gotham (que ya luego le tocará el turno a ese peligro mundial que es Irán); pero a Bruce Wayne eso del genocidio filantrópico como que no le cuadra del todo, así que muerde la mano que le dio de comer y lucha contra la Liga de las Sombras completita, aún sabiendo que su triunfo significa que el mundo seguirá siendo un lugar muy malo para vivir. Cuestión de principios, que le dicen.






En Batman Returns, tenemos el regreso del mayor némesis de Batman: El Joker. Pero a diferencia de aquel interpretado por Jack Nicholson, quien no pasaba de ser un chalado maníaco y egocéntrico (como Nicolás Sarkozy disfrazado de mimo), aquel interpretado por Heath Ledger se encuentra muy lejos de aquellas pretensiones bushescas de control total y universal. Él sabe que los genes nos obligan a la perpetuación y que las leyes, las convenciones sociales, la moralidad, las reglas de cualquier tipo son nuestra rendición cobarde ante la insistencia de la biología. Somos máquinas de superviviencia, como decía Richard Dawkins. Exactamente igual a los pingüinos, el escherichia coli o el sauce llorón. ¿Y para eso somos seres conscientes? -parece preguntarse el Joker, y de pronto descubre que la única vida decente, lo único que nos puede arrancar de la gris perspectiva insectaria del trabajo de ocho horas diarias, cotilleo laboral, posterior jubilación y el vacío más absoluto en los momentos que nos quedan libres es la anarquía. Y basa el resto de su vida en eso: En lograr el desorden más absoluto. Su falta de compasión es natural: Somos seres egoístas. El asesinato de sus secuaces parece decir: La vida es efímera, disfrútala y no la desperdicies en conseguir dinero por puro gusto acumulativo



El Joker sabe que las ovejas seguirán al que haga ostentación de la mayor fuerza, así que como un Tifón renacido se lanza a destruir a Batman, el Zeus contemporáneo, a aquel que representa la esperanza del orden (pues sabe que la esperanza es el mecanismo de manipulación que tiene el conformismo para perpetuarse). ¡A la mierda los políticos y rescates financieros nos dicen sus actos! ¡A la mierda las ONGs socialistoides, los mineros y los reclamos antimineros! ¡A la mierda con todo! es lo que nos quiere decir al arriesgar su propia vida en aras del único ideal superior: Que Batman -probablemente el único hombre bueno de Gotham y del mundo- también pierda sus reglas y pase al lado oscuro.




Pero, finalmente, como no se trata de filosofía sino de ventas supermasivas, el final de ambas historias se nos endulza como sangre de diabético y, particularmente en la historia del Guasón, su plan fracasa por algo más irreal que un banquero honrado: la bondad inherente de los criminales condenados a cadena perpetua. 



A pesar de las concesiones a la tribuna para conseguir una calificación lo menos restrictiva posible, Batman en sus dos primeras entregas nos habla de temas que usualmente no se tocan, pero con parábolas y metáforas para que la censura no se cebe contra estos filmes; aunque las matanzas que origina el "buen" Estado norteamericano por la libertad que tienen sus ciudadanos para conseguir armas, ensucie con publicidad basura la última entrega del superhéroe.    
Etiquetas: [Euro 2012]  [Barcelona]  [fútbol]  [Pirlo]  [marketing]  [Xavi]  [Italia]  [injusticia]  
Fecha Publicación: 2012-07-01T10:17:00.000-07:00


Cualquiera que haya jugado el Pro Evolution Soccer en los últimos diez años sabía -antes del súbito reconocimiento de la prensa- que Pirlo es un jugador espectacular, pero no sólo eso, pues en el mundo hay muchos de esos. 




Lo que hace diferente al italiano  es que su capacidad para mejorar el juego del resto de sus compañeros: Italia juega bien porque Pirlo juega bien; y, en un deporte colectivo, eso es mucho más valioso que las 25 bicicletas que pueda hacerte un Neymar cualquiera. Esa clase de jugadores es verdaderamente rara y -curiosamente- Italia "the master of catenaccio" ha tenido algunos de los motores más talentosos de la historia, como Roberto Baggio, Del Piero o Gianni Rivera.




Ese nivel de talento potenciador no está, por supuesto, al alcance de cualquier "fenómeno". Ninguno de los Ronaldos, ni el "Religioso", ni el Borrachín ni el "Shemale lover"lo han tenido. Ellos necesitan de un equipo que juegue para ellos, o, al menos, jugar solos y eso sólo crea leyendas individuales y, jamás, equipos legendarios.




Hay otro tipo de jugadores que parecen estar muy cerca de ese nivel pues su talento reside en el juego de toque más que en la gambeta personal, lo que necesariamente hace que dependan de los demás para desplegar su creatividad. Sin embargo, si ellos no tienen una genialidad, sencillamente pasan desapercibidos por grandes extensiones de tiempo en cada partido. ¿Ejemplos? Zidane y en menor -mucho menor - medida, Iniesta




Y hay otros a quienes la prensa, la fanaticada de un equipo popular y los programadores del PES interesados en ampliar sus mercados inventan poderes sobrehumanos y fabrican injustas glorias a jugadores apenas cumplidores y cuyo mayor mérito es ser lo suficientemente regulares como para no cagarlas cotidianamente. Son jugadores que basan su juego en el toque intrascendente, en demorar la pelota, en dormirla, en volver tan aburrido como el softball a un juego que se supone vertiginoso. Son jugadores que nunca se han dejado crecer el pelo y probablemente jamás hayan probado drogas ni ido de putas. Tienen vidas planas como su juego y eso, unido a ocasionales pelotazos con criterio en espacios vacíos, les generan ese aire de estar por encima de la humanidad que tan bien utiliza la prensa, deseosa de modelos intachables para vender camisetas sin miedo a escándalos maradonianos, para convertirlos en figuras. El ejemplo más evidente: Xavi. 





Curiosamente, en los últimos años, la presión extradeportiva lo ha idealizado al punto de ningunear a verdaderas figuras como el grandioso Pirlo. ¿Que Xavi es el mejor volante central de las últimas dos décadas? ¡Por favor! Qué facil es jugar a un toque con Ronaldinho o Cesc, o habilitar a un Messi a quién sólo basta con ponerle la bola a unos cuarenta y cinco metros de distancia para que llegue a ella con comodidad y meta no uno, sino dos goles a la vez. ¡Pero a ver intenten hacer lo mismo con el Pipo Inzaghi o Luca Toni!




Y sin embargo ¡Se ha llegado a decir que el verdadero talento del Barza no es Messi sino Xavi! 




Mientras la realidad nos demuestra que el Barcelona sólo gana con el argentino en cancha (y por eso lo hacen jugar de titular hasta en los entrenamientos con la sub 15 ¡no vaya a ser que nos ganen y quién agarra esa papa caliente!) y que España basa sus éxitos en la solidez defensiva, en su destreza en los penales y en matar de aburrimiento (que en eso sí, Xavi es un grande), Pirlo brilla en un equipo considerado injustamente como defensivo  como el italiano y con su calidad impresionante le acaba de dar un nuevo título a la Juventus (que se ahogaba en el mar de la mediocridad antes de su llegada).




¿El partido con España? Pues, en vista de mis desastrosos pronósticos en el Mundial (100 por ciento de desacierto), no aventuraré un resultado. Sin embargo, si existe un Dios, Italia gana 2 a 0 y Pirlo es elegido Balón de Oro del campeonato.




Finalmente, en honor del buen Xavi, tengo que decir que no considero que sea el jugador más sobrevalorado del mundo. Ni siquiera lo es de España. Ese gran honor ya lo tiene Valdez. Y si hacemos extensivo a los técnicos ese reconocimiento, pues Guardiola es indiscutible.





Etiquetas: [Sociedad]  [racismo]  [nazis]  [encuestas]  [perros]  [tests]  
Fecha Publicación: 2012-05-17T13:16:00.000-07:00


A pesar de vivir en un mundo donde la corrección política ha convertido a la sinceridad en un esperpento contranatura y donde la ecología y la ecoamistad se alzan como los nuevos baluartes de la política internacional, aún existen, ¡sorpréndase, usted!, algunas (muy pocas, apenas unos cientos de millones) personas para quienes el "diferente" sigue siendo un ser inferior que merece ser protegido o eliminado, de acuerdo al nivel de brutalidad al que llegue esta buena gente.




Es por eso que el equipo de Periódico de a China ha confeccionado un completísimo cuestionario para ayudarle a definir, si aún no lo tiene muy claro, si es usted la nueva encarnación del Dalai Lama o se acerca, más bien, al activismo genocida de un Himmler redivivo. Aquí vamos:



1. ¿Piensa usted que la pureza racial es el factor determinante del porvenir individual?

2. ¿Está usted de acuerdo en que la pureza racial debe ser probada mediante certificados genealógicos y no sólo mediante la apariencia pues, como ya sabemos, ésta nos puede engañar?

3. ¿Piensa que la educación especializada en potenciar las características conductuales de cada raza unida a la segregación entre ellas para evitar algún tipo de contaminación fenotípica, es la que mejores resultados prácticos rinde?

4. ¿Piensa usted que el valor individual debe sustentarse en la pureza genética y no en los méritos propios?

5. ¿Considera usted que los mestizos son unos pobres seres que no tienen la culpa de ser tan feos y que hacinarlos en albergues para evitar que nos los encontremos en las calles es un gran acto de compasión?

6. ¿Consideras que la libertad es un bien innecesario si se te brinda toda clase de atenciones y caprichos, así no los pidas, a cambio de que cuando seas grande te reproduzcas de manera excluyente con alguien que sea racialmente igual a ti?

7. ¿Considerarías factible realizar frecuentes paseos por competitivas pasarelas para demostrarle a un grupo de voyeuristas el nivel de pureza de tu sangre?

8. ¿Crees que contestar positivamente las preguntas anteriores es abominable si se trata de humanos, pero absolutamente razonable y natural si hablamos de perros porque ¿Cómo es posible que tu schnauzer tan fina se vaya a aparear con ese miserable y ceniciento perro callejero?

9. ¿Crees que los perros son especiales, dulces, inocentes, más buenos que los humanos pero los tienes encerrados, los alimentas con porquerías industriales que no saben a nada (castrando sus instintos cazadores) y los vistes como a muñecos?

10. Amas a los perros, te conmueves por su sufrimiento y si desfiguran a un niño en la calle serás el primero en protestar por la crueldad contra los animales.






- Si contestaste SI a la mayoría de preguntas, es que eres un degenerado, un sádico pervertido que disfraza sus tendencias misántropas con el culto racista asolapado del Kennel Club. Tu nivel de humanidad es el mismo del virus H1N1 y tu desprecio hacia los humanos (y hacia ti mismo) es directamente proporcional a la calidad de los certificados genéticos de tus esclavos animales.




- Si contestaste NO a la mayoría de preguntas, y a pesar de eso tienes una mascota, eres simplemente un hipócrita.




- Si contestaste NO a todas las preguntas y tampoco tienes una mascota, no sonrías orgullosamente con aire de superioridad, que probablemente tampoco seas mejor que los anteriores (Aunque al menos, quizás seas un hijo de puta sólo para humanos) 
Etiquetas: [Computadoras]  [Sociedad]  [Anti windows]  [Linux]  [Sistemas Operativos]  [Ubuntu]  
Fecha Publicación: 2012-04-25T12:20:00.000-07:00


A las legiones de usuarios de Ubuntu y otras distribuciones Linux, no es necesario recordarles nada sobre lo que es el Precise Pangolin. Sin embargo, en deferencia al puñado de AÚN usuarios del añejo y avinagrado Windows y otros sistemas operativos aún más restrictivos (popularizados por los amantes de la libertad, gracias al genio de Steve Jobs quién nos demostró talentos manipulativos comparables al de un maestro como Goebbels), diremos, como introducción, que el nombrecito aquel se refiere a la nueva versión de Ubuntu, que verá la luz el día de mañana (y a quien espero, como padre ilusionado a su primogénito).




¿Y qué es Ubuntu, en el nombre del Señor? -preguntarán algunos, para quienes Microsoft fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo para regir nuestros ordenadores hasta el día del Juicio (por derechos de autor, supongo)...

Pues Ubuntu es un sistema operativo, buen lector. ¿Y, qué es un sistema operativo? -preguntarás, igual de confundido, inocente usuario de Office. A ti, perdido en las nebulosas promesas de los dioses de la informática, te digo que un sistema operativo es el software que permite que tu computadora funcione. Que permite que funionen los programas por medio de los que ves películas, escuchas música, navegas en internet y haces todo lo que se supone que puedes hacer frente a la pantalla de la que me lees (ordenador, smartphone, tablet, libro electrónico). Vamos, lo que hace tu Guindous, pero también la Manzanita o incluso el Android que tiene tu teléfono (que, ¡oh, sorpresa! es, en realidad, una especie de distribución de Linux adaptada a celulares).






A pesar del uso masivo de Windows y del éxito reciente de los sistemas de Apple, es indiscutible que Android es uno de los dominadores del mercado en aparatos que no son PCs. ¿Las razones de su éxito? 




La primera: El apoyo de un gigante de la informática como Google. Probablemente el único (junto al Feisbug, claro) que puede hacer frente a los dos anteriores.




La segunda, pero creo que la más importante, ya la dije antes: Está basado en Linux, y como tal, estamos hablando de un sistema operativo seguro, fiable, rápido, fácil de utilizar (porque, aunque muchos no lo crean, Linux es muy fácil de utilizar) y con características muy flexibles a la hora de compartir, distribuir o adaptar, lo que permiten que la mayoría de aparatos puedan hacer uso de él.




La tercera y, quizás, la más importante: La capacidad de haber desligado su nombre del de su madre. Es  muy raro que alguien asocie su Samsung Galaxy o su e-Reader Sony con algo tan "geek", tan dificil de comprender y manejar, tan poco atractivo visualmente como casi todo el mundo aún piensa de Linux. 




Es, justamente, esta última razón la que me ha abierto los ojos ante una gran interrogante que me acosaba desde que Ubuntu cambió su tradicional entorno visual, de Gnome a Unity (desarrollado por Canonical, a su vez, creadora de Ubuntu). Me preguntaba en terribles momentos de desvelo porque había abandonado algo tan arraigado a buena parte de comunidades linuxeras para crear un entorno completamente diferente, aunque con características similares a las del nuevo Gnome 3. ¿Pelea de amigos? ¿Lucha de egos? ¿Capricho de millonario, por parte de Mark Shuttleworth?




La respuesta estaba allí, clara como agua de glaciar perpetuo. Ubuntu, como Android, ya no quiere ser Linux. Quiere divorciarse (al menos en apariencia) de algo que es una tara permanente en su permanente intento de crecimiento comercial. Mientras la gente siga pensando en Ubuntu como una forma de Linux, los prejuicios harán el trabajo de una bomba de hidrógeno publicitaria y su introducción en el mercado seguirá siendo reducida, sencillamente porque muy pocos le darán siquiera la oportunidad de probarlo (como seguramente hubiera pasado con Android si hubiera empezado como Android Linux, por ejemplo). 




Al crear un nuevo entorno gráfico, Ubuntu ha marcado distancia con el resto de distros. La adopción de Unity ha hecho que Ubuntu pierda una gran cantidad de fieles de toda la vida. Se arriesgó a ello a sabiendas, ya que era un entorno muy limitado cuando fue utilizado de manera oficial, por primera vez hace ya un año. Pero ahora ha madurado mucho y está listo, no para recuperar a linuxeros activistas (patéticos, como todo activista).  Ha decidido que la pelea por el reconocimiento dentro del campo del software libre ha terminado y ha llegado la hora de enfrentarse a los Goliats informáticos. Pero, para al menos tener alguna chance de vencerlos, la actitud cuenta mucho y no es lo mismo que la piedra la cargue David, a que lo haga Pulgarcito. 




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Etiquetas: [Sociedad]  [Borroughs]  [Cine]  [Libros]  [Hulk]  
Fecha Publicación: 2012-04-05T19:18:00.000-07:00
A finales del siglo XIX , el espacio exterior era un lugar mucho más fascinante de lo que puede ser ahora. La inexistencia de cualquier tipo de industria aeroespacial permitía que las historias extraterrestres más delirantes pudieran tomarse como ciertas y exacerbaran la imaginación popular. Desde autores de ficción como H.G. Wells con su "Guerra de los Mundos" hasta astrónomos como Percival Lowell en “Marte como morada de la vida”, eran muchos los que aseguraban la existencia de vida inteligente en el planeta rojo y, casi siempre, se daba por descontado que la suya era una civilización mucho más avanzada que la nuestra.





Eran tiempos más inocentes (al menos el ciudadano de a pie, que como estudiante de postgrado de humanidades contemporáneo  y progresista, creía en la bondad natural del ser humano), anteriores a las dos guerras mundiales,  en los que empezaba a desarrollarse la idea de "occidente" como el conjunto de valores conocidos y representante de las verdaderas "virtudes humanas" y en donde los Fukuyamas del momento seguramente irían por calles y plazas prediciendo el "fin de la historia".



Sin un enemigo real o, al menos, tangible, la idea de "nosotros" corría el riesgo de resquebrajarse y como aún no se había inventado al "demonio comunista" como depositario de todos los males y perversiones del mundo, tuvimos que recurrir al espacio exterior para importar un enemigo inmensamente poderoso y amoral cuyo único móvil era el beneficio económico, sin importarle el destino de las cultural "inferiores". Esos Estados Unidos de la maldad, fueron, por supuesto, los marcianos.





La misma premisa se utilizó cien años después, luego de la caída de la URSS y la venida de ¡ahora sí el original! Fukuyama. Sin enemigos evidentes para para la ya madura "sociedad civilizada", echamos mano del espacio nuevamente con un boom de películas de aliens cuyo aterrador pico se alcanzó con la infame "Día de la Independencia", hasta que la tragedia del 11 de setiembre se encargó de definir como el nuevo engendro del mal al islamismo, absolutamente dispuesto a acabar con nuestra democrática civilización

    

Pero volvamos a aquellos tiempos pretelevisivos y veremos que uno de los autores más importantes del momento, Edgar Rice Borroughs -el J.K. Rowling de la época victoriana y creador de Tarzán para mayores señas- no podía quedar al margen de la moda espacial, por lo que, no sólo adelantándose sino también superando a la madre de Harry Potter y sus exiguas cinco entregas, legó para la humanidad diez (sí, leyeron bien: diez) historias marcianas, las que tuvieron como uno de sus personajes principales a un ex soldado de la guerra civil estadounidense del lado confederado (o sea los retrógradas que querían mantener la esclavitud sin entender que el futuro iba por los asalariados a remuneración mínima) de quien no se sabía mucho más, salvo quizás una probable inmortalidad y su capacidad para aparecer en pleno planeta rojo sin sorprenderse más que si le hubieran cambiado el horario a un par de series de la Fox.





Es este personaje el que rescata Disney (probando su ya conocida originalidad) en la película que se titula, como no: "John Carter" y que se basa, casi en su totalidad, en la primera  entrega de la ¿decalogía? de Borroughs: "Una princesa guerrera". 





La película, aunque pensada claramente en contentar a un público muy infantil, no es tan mala como uno esperaría, especialmente luego de estos cien años en que la mayoría de prepúberes saben que el pequeño planeta vecino tiene tanta vida como destinos turísticos, Afganistán. Curiosamente lo clásico no se siente rancio a pesar de mantener la parte de la historia ambientada en la Tierra en el tiempo de la novela (cosa que no hacía, con pésimos resultados, el bodrio de "War of the Worlds" de Tom Cruise) y, a pesar de lo largo del metraje, se hace llevadera (Quizás ayude un poco a tal objetivo, la buena cantidad de piel que muestra constantemente cierta roja princesa).





A pesar del resultado pasable (que cuando se habla de Disney ya es decir mucho, y sí, me refiero también a Pixar aunque me caiga el Universo culturoso encima), es necesario decir que existe una adaptación previa mucho mejor lograda y con un personaje que calza mucho mejor en la piel de John Carter. Estoy hablando, si alguien aún no se ha dado cuenta, de Planet Hulk, la adaptación definitiva de aquella historia.
Etiquetas: [Sociedad]  [drogas]  [Televisión]  [Breaking Bad]  [Series]  
Fecha Publicación: 2012-03-29T20:35:00.000-07:00
No hay mucho que decir sobre Breaking Bad que no se haya dicho antes. Se trata de una de las series más impactantes, no de los últimos tiempos, sino de la historia de la televisión en general. Más adictiva que la metanfetamina azul de Walter White o que la gran final de American Idol.





Como lector típico de Periódico de a china, estoy seguro que usted ha visto, al menos, tres temporadas de la serie. De no ser así, vaya inmediatamente a descargar su torrent pues el resto de la entrada no va a hablar más de la serie, sino de la enorme confusión que suele darse acerca de la evolución del personaje central.





Se suele aceptar, sin mayor escepticismo, que el personaje de Walt, conforme avanzan las temporadas, el cáncer y su inmersión en el mundo del narcotráfico, se va deshumanizando, alcanzando, en caída libre, los márgenes de la sociedad e incluso rebasándolos. Sin embargo, lo que Heisenberg hace, en realidad, es reubicarse hacia arriba; pasar del pueblo llano a la élite de los negocios corporativos y, acorde con su nuevo estatus, se desentiende de los problemas vecinales. Le ha pasado a Mark Zuckerberg y a Bill Gates; a Steve Jobs, a Mc Cartney y a Roman Abramovich. Incluso le ha debido pasar a Tongo.







Lo que sucede, es que los seres humanos nos vamos imponiendo cadenas -o nos las van imponiendo- casi desde que nacemos. Desde el primer pañal hasta el saludo cordial en la cola del supermercado, hasta el día de nuestra muerte deberemos aceptar infinidad de restricciones en aras de una mejor convivencia social; pues, por sobre todo, nos debemos al grupo. Todos cumplimos un papel en el hormiguero, nos guste o no.





Una gran mayoría acepta, sin pensar casi en ello, la inexistencia de su existencia. Son ellos quienes formarán el necesarísimo grupo de "buenas personas" como el mismo Walter White antes del cáncer. Estudiarán, se casarán, trabajarán, tendrán hijos, se jubilarán, viajarán (de viejos) y morirán. Así de simple, sin presiones extras. Hormigas con cable e internet. Miembros de una iglesia, de un club social o de un partido político.





Ellos -nosotros- forman la fuerza laboral y productiva del hormiguero pero ¿Para qué hacer miel sin reinas que la disfruten? ¿De qué sirve la explotación si no es para beneficiar a unos pocos?





Por ello, la misma maquinaria destina ingentes recursos a todo nivel para hacernos comprender que el camino recto no sólo es necesario, sino la única manera de alcanzar la felicidad. Pero allá. muy lejos, al final del túnel está la luz: El éxito. Y de ese edénico "algo" nos habla "El Secreto" y cualquier otro libro de autoayuda. Pero para llegar a él hay que ser bueno y competitivo. Trabajar horas extras sin cobrarlas porque "el jefe sabrá recompensarnos en su momento". "Ven hasta los domingos y en pocos años todo esto será tuyo, hijo mío".





Pero cada escalón que subimos es lo mismo. Incluso las grandes cúpulas son parte del todo y, como la abeja madre, pueden disfrutar de la riqueza hasta saciarse, pero cumpliendo con su propia condena. Un capo de la mafia o el CEO de Apple están obligados a explotar, a utilizar infantil mano de obra barata para el bienestar del resto de la colmena. Un bullyer que no golpea a otros niños, terminará, por fuerza, por ser reemplazado. Un dictador que no viola y tortura, será cambiado por uno que si lo haga en el siguiente golpe de Estado.





Lo que la enfermedad hace con Walter, es volverlo consciente del precario lugar que ocupar el hombre-hormiga en el ránking de superviviencia cuando las cosas se ponen difíciles. Eso es todo. Más o menos lo que pasa con el post-grunge fumador de hierba cuando lee "Padre rico, padre pobre" y decide afeitarse, lavarse concienzudamente las vergüenzas y hacer un MBA. Cuando trabaje en el banco le importará una mierda la suerte del color púrpura el la pintura contemporánea. Del mismo modo, Walt trata de mantener sus valores pequeño burgueses pero su propio ascenso le fuerza a cambiar sus parámetros. No es una cuestión de narcotráfico ni de crimen, pues a cualquier político de éxito no le temblaría la mano para hacer bestialidades más graves que las de nuestro héroe. Lo suyo es simple adaptación a los códigos empresariales. Y ya sabemos, por Darwin, que en este mundo del Señor, quien no se adapta, muere.
Etiquetas: [Vampiros]  [cuentos de hadas]  [Anne Rice]  [Bella Durmiente]  [Libros]  [homoerotismo]  
Fecha Publicación: 2012-03-26T09:27:00.000-07:00


Anne Rice es una escritora de Lousiana (que no es como decir estadounidense, por el fuerte componente franco africano de aquel pueblo), que, aprovechando la rica mitología popular de su tierra y sus propias obsesiones sexuales -en particular el homoerotismo-, brindó a la humanidad una vuelta de tuerca a la figura del vampiro (el que se encontraba anquilosado en la figura del famoso conde creado por Bram Stoker) dotándole de elementos tremendamente novedosos como el desconcierto ante la inmortalidad, la búsqueda de su lugar en un mundo sobre el que se ha elevado tremendamente, la soledad multiplicada del desarraigo, la paradoja del cuerpo eternamente joven que no detiene el envejecimiento del alma, la condena, el placer, la crueldad de unos monstruos que simplemente son como seríamos la mayoría de nosotros si no tuvieramos miedo de la ley, la liberación en el abandono, la búsqueda metafísica y la renuncia a una humanidad que se mantiene en la consciencia como la sensación del miembro ausente en el mutilado.



Hablamos, por supuesto, de el libro: "Entrevista con el Vampiro" (no de la película de nefasto recuerdo que, además nos legó para la posteridad el meloso e insoportable rostro de Kirsten Dunst). 





Posteriormente, y queriendo alargar al infinito el éxito de la novela, se decantó por una serie liderada por el vampiro Lestat (que de pérfido y atormentado bullyer pasó a superhéroe galante de nobles sentimientos aunque algo ostentoso) llamada "Crónicas Vampíricas", las que dieron origen a toda aquella literatura de ficción romántico-adolescente-fronteriza mezclada con algo que alguna vez fue terror cuyo apogeo se vive con las aventuras de Edward y Bella.





Sin embargo, no es sólo sobre vampiros que escribió la buena de Anne. Durante los ochentas, mientras incendiaba su hemisferio izquierdo en busca de aventuras cada vez más exageradas para Lestat, decidió tomarse un respiro de los no muertos y bajo el seudónimo de A.N. Roquelaure escribió "El rapto de la Bella Durmiente", a la que siguieron el castigo y la liberación del personaje, en sendas historias. 







La historia comienza como la mayoría de nosotros, pasada la pubertad, la hemos imaginado: El príncipe entra al palacio encantado, se dirige a la alcoba de la bella, quien sufre un sueño de cien años y, en lugar del casto beso que la despertaría, utiliza un método bastante más efectivo y placentero. Luego de ello, en lugar de desposarla y vivir felices para siempre, llevará a Bella desnuda junto a su corcel, para ser una esclava del placer en la corte de su madre. Bella será azotada por el 99,9 por ciento de personajes de la trilogía y violada por apenas una fracción menor de ellos. 




Sin embargo, contra lo que pudiera parecerle a las buenas almas educadas en la corrección política que no dudan en llamar "hijo de puta" a Vargas Llosa por su apoyo a las corridas de todos, a ella le encanta el rol de la sumisión absoluta. Es más, se vuelve adicta a su esclavitud, por lo que asistimos, durante las tres novelas, a su camino particular de superación en el duro y competitivo mundo del sado masoquismo, del bondage y del vasallaje sexual.





Anne Rice no es Sade, y no pretende serlo, por lo que su universo -de sexo y tortura sempiternos- no es tan opresivo como el de aquél. Es por ello que, si bien, luego del primer libro, aún se siente el impulso natural de la indignación hacia los vejámenes que sufre Bella y la esperanza de que la autora castigue como es debido a los culpables (mandándoles un vampiro asesino a masacrarlos, por ejemplo), conforme va avanzando la historia, asistimos a una inversión de los valores tradicionales, donde la violencia es indesligable del amor verdadero y la penetración de tus posterioridades por parte de batallones enteros de soldados que te azotan sin misericordia mientras te poseen, es infinitamente superior a la terrible monotonía que sufren aquellos condenados a las reglas tradicionales (y a las marchas contra el calentamiento global, me atrevería a decir).




Es por eso que los esclavos de la historia no buscan su libertad, o la buscan más bien en lo profundo de su miseria. Llegan, incluso, a rebelarse cuando sus condenas se han cumplido o resquebrajan las normas de su servidumbre para poder ser torturados de maneras más novedosas por amos cada vez más tierno y crueles. 




Bella, ardorosa como pocas, caerá hasta lo profundo del abismo sin dejar jamás de acariciarse la entrepierna,haciendo que odiemos aún más, si se puede, a la otra Bella. Incluso el happy ending de su historia será "bastante inquietante" por decirlo de una manera que la censura del blogger me acepte.
Etiquetas: [Sociedad]  [películas]  [parejas]  
Fecha Publicación: 2012-03-13T09:43:00.001-07:00
Se ha dicho, sobre esta película, que es una especie de "Club de la Pelea" para el siglo XXI; que lleva la hiperviolencia a extremos nunca vistos; que "trata de dos tipos armados hasta los dientes que aguardan con ansia un cataclismo global para hacerse con el control de la Tierra"; que es una reflexión desoladora sobre el amor. En suma, un filme que, tranquilamente, podría estar firmado por el mejor Park Chan-Wook.





Es por eso que, temeroso de que su visionado me causara, por lo menos, un par de aneurismas cerebrales, me decidí a contratar un equipo médico lo suficntemente capacitado para salvaguardar mi salud al momento de disfrutar de tamaña joya del cine y, acompañado de mi eficiente staff médico, le dí al play. En pocos minutos, empecé a tener serias sospechas sobre la veracidad de los comentarios anteriores. Desde las primeras escenas ya se desarrollaba frente a mí, una comedia romántica indie (que se distingue de la tradicional en que los personajes son proletarios, los white trash de toda la vida, y no "exitosos y jóvenes empresarios que no encuentran el amor") cuyo mayor mérito era la falta de metas a la usanza ortodoxa de los protagonistas (Lograr que un lanzallamas casero sea utilizable es, para ellos, el equivalente más cercano a la esperanza de  conseguir una beca para realizar un MBA en el primer mundo, para el usuario común del Facebook).





Un automóvil con servidor automático de whiskey, un concurso para comer cucarachas en un bar, que es ganado por el personaje principal femenino y un road trip para buscar el restaurante de carretera más asquerosos son el inicio de una historia de amor tan melosa que fácilmente hubiera sido protagonizada por la Meg Ryan pre botox.





Sin embargo, luego del primer beso, no pasa nada (que no pase en la vida real) que merezca algún tipo de atención por un aproximado de 68 % de metraje. En ese momento, la joven y bella protagonista ya se encuentra hasta las narices del adorable y rebeldoso protagonista y retoma antiguas costumbres como acostarse con su casero, sólo que esta vez en la cama del soñador enamorado y minutos después de que éste saliera de casa.

Un yuppie del siglo XXI, hubiera alquilado otro departamento para evitar que se le pegaran las ladillas, habría contratado los servicios de una puta cara y algunas drogas sintéticas después, el episodio estaría olvidado. Un hard core de bien, los hubiera matado allí mismo y aprovechado las provisiones de los amantes para prepararse un almuerzo copioso. Un emo hubiera sufrido en silencio y soledad, acompañado de sus otros emos,  éste nuevo desengaño al que lo enfrenta la terrible sociedad.





Pero nuestro entrañable protagonista, como perdedor a la vieja usanza, opta por el recurso clásico de la venganza. Sin embargo, puesto que la ex novia no sólo tiene facilidad para el sexo colectivo sino también es una white trash de alma y corazón, es que a cada ataque, ella replica de manera desproporcionada, lo que termina convirtiéndose en un ir y venir revanchístico que, obviamente, sólo podría acabar trágicamente.









La pelicula pasa así de una buddy movie a filme tipo Disney XD, a un Katherine Heigl en toda regla, para acabar en un Kramer vs. Kramer cyberpunk, que es la parte más interesante de la película. Lamentablemente, parece que el resultado final les pareció muy excesivo para una posible comercialización masiva, así que optaron por el mismo y ridículo final justificativo acerca de "lo que no es y lo que parece ser, pero que tampoco es". Así que si apagamos el reproductor 6 minutos antes del fin y nos concentramos en que no vamos a ver una fantasía futurista, el resultado es bastante aceptable.
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Fecha Publicación: 2012-03-02T09:44:00.001-08:00
Independientemente de su raza, condición social, filiación religiosa o red social a la que pertenezca, el varón heterosexual, de manera global, centra su realización personal en la consecución de dos objetivos: Culos y tetas. Y para conseguirlos, el hombre se basa en dos técnicas:





1. Cuando es joven: En sus condiciones personales. Ya sean, estas, físicas (como un cuerpo de abdominales marcadísimos o un rostro "tierno y a la vez masculino"); o espirituales (un sentido del humor de guionista de "Saturday night live" o la imagen de "rebelde duro que en el fondo sólo espera encontrar algiuen a quien amar" y a quién las mujeres desearan, infructuosamente, cambiar)





2. Cuando ya no se es joven o cuando se es joven pero se carece de las cualidades anteriores: Dinero.





Como todos envejecemos, finalmente, la única posibilidad de tener sexo -de  manera, al menos, bilateral- sólo se alcanzará por medio de billetes (de preferencia divisas convertibles de alta denominación). Ya sea si la transacción es directa y de contraprestraciones inmediatas (como en la prostitución), o mediante un contrato a largo o mediano plazo (como en el matrimonio), la satisfacción sexual será directamente proporcional a la suma invertida.





Como todo hombre aspira, en el fondo, a ser un macho alfa (y no pagar jamás por sexo), dicha transacción le es, casi siempre, insatisfactoria una vez que la polución seminal ha sido realizada. En estos casos, la esposa suele ser una bruja; la amante, una puta; y, la puta, una vulgar portadora de gérmenes venéreos. Lo único que se mantiene constante

 es el vacío. Afortunadamente, la naturaleza ha tenido la prudencia de hacer que la carga de espermatozoides se renueve constantemente y, con ella, el deseo y la esperanza de trascendencia a través de la carne apetecida.





Pero cuando el sexo empieza a escasear, o se te exije más dinero por él, se hace más dificil lograr alguna satissfacción duradera. Es por ello que inventamos el amor, para dotar (al menos en apariencia) de cierta seriedad, de algo de certidumbre y venerabilidad social a un acto que tiene no gran parte, sino todo de animal o, incluso, pretendemos sustituirlo con el poético sentimiento (cuya utilidad real es la misma que la de la poesía) como si de tofu genital se tratara (Y por ello el amor es más fuerte en la primera adolescencia y en adultez previa a la senectud, que es cuando más urgentes y escasos son los actos carnales).





A pesar de todo intento de disfraz, mientras más te acercas a la vejez, ya no puedes esconder la realidad: Nadie te tocara más que por dinero. Ni siquiera tu esposa si la tienes, pues: o bien ya no tendrán contacto físico o tu necesidad de carnes jóvenes te impedirá lograr siquiera un disfrute mediocre. Eso no es tan terrible si no lo tienes, puesto que tus otros problemas ocupan tu tiempo; pero, si lo tienes ya jamás podrás quitarte la sensación de que ese cuerpo que está debajo del tuyo sólo va a disfrutar del encuentro cuando termine y pueda comprarse algo con lo que le has entregado. Y después está el vacío. La certidumbre de que te has pasado la vida tratando de tener éxito porque inconscientemente sentías que eso te permitiría disfrutar de los placeres femeninos a perpetuidad como el macho alfa del que acabamos de hablar. Lograste todo para ser admirado y lo único que se te admira es el contenido de la billetera.


Eso lo ha entendido muy bien el escritor francés Michel Houellebecq y en casi toda su obra literaria-si es que podemos considerarla como tal- es más bien la escritura por capítulos de un enorme ensayo filosófico en tono de ficción sobre la soledad sexual de la vejez y el solitario camino que te lleva hacia allá.


Houellebecq propone que el origen de toda tragedia humana se encuentra en la íntima relación entre el sexo y la mortalidad y que nada podemos hacer para cambiar esa condición salvo la manipulación genética de nuestro desamparo y la desaparición de nuestra especiea tal como la conocemos. En algunos casos, como en "Las partículas elementales" la solución es vagamente esperanzadora -al menos para esa raza nueva; pero, en otros, como en "La posibilidad de una isla"; el resultado resulta increíblemente opresivo y mucho más aterrador que nuestras actuales vidas, cortas y sufrientes.
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Fecha Publicación: 2012-01-26T18:19:00.000-08:00
Si hay algo peor que la religión en sus más variados fanatismos, es, sin asomo de duda, la cultura de la motivación: La superación personal, los libros de autoayuda, los seminarios de reingeniería y centenares de actividades más cuyo objetivo evidentes es convencerte de que no es que el mundo este cubierto de mierda, sino que tu pésima actitud te impide darte cuenta de que en verdad es chocolate. y, por eso, en lugar de quejarte tanto, deberías coger una cuchara, disfrutar el manjar con que te embarran y dar las gracias.
En el libro "Fuckowski: Diario de un Ingeniero", uno de los pocos éxitos literarios originarios de la internet en español, Alfredo de Hoces narra la historia de un informático torturado por la agobiante sensación que te causa el tener la lucidez suficiente para comprender que la materia fecal no es el mejor complemento de las fresas, por mucho benchmarking, empowerment o calidad total.


Lo que nos dice esta pequeña novela (que en realidad no es tal, pues si sus capítulos fueran, apenas más cortos, podríamos hablar, más bien, de un conjunto de aforismos) es lo que cualquiera con dos dedos de frente ya sabe, aunque se niegue aceptarlo: El nacer en el seno de una familia acomodada -o verdaderamente rica-  es lo único que te garantiza un futuro brillante. 


Los MBAs internacionales, los contactos o"relaciones" profesionales en su más alta expresión jerárquica son los que te llevarán a ocupar los cargos directivos en empresas transnacionales, a conseguir los puestos más atractivos de la administración pública. A ser parte del grupo de quienes deciden el destino del mundo (sin saber muy bien, o en absoluto, como hacerlo), tal como lo hicieron tus padres y tus abuelos, rodeándose de sus iguales y a lamentar con ellos lo difícil que se está poniendo este mundo, donde los esclavos exigen bonos navideños y vacaciones y la ciencia no ha avanzado lo suficiente para tener robots completamente funcionales.


Es una élite que permite, sin embargo, fisuras voluntarias y ocasionales, para mantener viva la esperanza -o la idiotez- del pueblo. - "Si Toledo, que era lustrabotas, llegó a Presidente peruano, eso significa que el fracaso es, solamente, producto de nuestra pereza" -pensamos alegres y esforzados mientras planificamos nuestra campaña electoral para el 2021 y sonreímos ante tan halagüeñas perspectivas, sin que nos importe demasiado que en el mismo gobierno -o en el actual- más del 90 por ciento de puestos clave del Estado -y del sector privado- se repartan entre personas que cumplen con las características mencionadas. Es que se lo han ganado con esfuerzo -argumentamos.  - Se lo merecen porque son los más capacitados -reafirmamos, porque la inteligencia o cualquier tipo de habilidad no tiene punto de comparación con una hoja de vida, gorda y A1, como miembro de actor porno.


El éxito de la gran masa se resume, entonces, en conseguir un trabajito donde se haga mucho y se reciba poco y el sueño perpetuo de alcanzar, algún día y por la gracia del Señor, lo que es la normalidad para los verdaderos afortunados 


Ser consciente de esta realidad no le hace bien ni al empleado -que se vería así condenado a admitir el sabor excremental del bombón que forman sus labores cotidianas - y, mucho menos, al empresario exitoso e innovador que no podría enfrentar a esa masa de chacales que sólo piensan en su salario sin preocuparse del progreso de la empresa y, por añadidura, de la humanidad. Es que así son esos proletarios egoístas. ¡Y dicen algunos que tienen alma!


::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::(Continuará):::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::