Se ha dicho, sobre esta película, que es una especie de "Club de la Pelea" para el siglo XXI; que lleva la hiperviolencia a extremos nunca vistos; que "trata de dos tipos armados hasta los dientes que aguardan con ansia un cataclismo global para hacerse con el control de la Tierra"; que es una reflexión desoladora sobre el amor. En suma, un filme que, tranquilamente, podría estar firmado por el mejor Park Chan-Wook.
Es por eso que, temeroso de que su visionado me causara, por lo menos, un par de aneurismas cerebrales, me decidí a contratar un equipo médico lo suficntemente capacitado para salvaguardar mi salud al momento de disfrutar de tamaña joya del cine y, acompañado de mi eficiente staff médico, le dí al play. En pocos minutos, empecé a tener serias sospechas sobre la veracidad de los comentarios anteriores. Desde las primeras escenas ya se desarrollaba frente a mí, una comedia romántica indie (que se distingue de la tradicional en que los personajes son proletarios, los white trash de toda la vida, y no "exitosos y jóvenes empresarios que no encuentran el amor") cuyo mayor mérito era la falta de metas a la usanza ortodoxa de los protagonistas (Lograr que un lanzallamas casero sea utilizable es, para ellos, el equivalente más cercano a la esperanza de conseguir una beca para realizar un MBA en el primer mundo, para el usuario común del Facebook).
Un automóvil con servidor automático de whiskey, un concurso para comer cucarachas en un bar, que es ganado por el personaje principal femenino y un road trip para buscar el restaurante de carretera más asquerosos son el inicio de una historia de amor tan melosa que fácilmente hubiera sido protagonizada por la Meg Ryan pre botox.
Sin embargo, luego del primer beso, no pasa nada (que no pase en la vida real) que merezca algún tipo de atención por un aproximado de 68 % de metraje. En ese momento, la joven y bella protagonista ya se encuentra hasta las narices del adorable y rebeldoso protagonista y retoma antiguas costumbres como acostarse con su casero, sólo que esta vez en la cama del soñador enamorado y minutos después de que éste saliera de casa.Un yuppie del siglo XXI, hubiera alquilado otro departamento para evitar que se le pegaran las ladillas, habría contratado los servicios de una puta cara y algunas drogas sintéticas después, el episodio estaría olvidado. Un hard core de bien, los hubiera matado allí mismo y aprovechado las provisiones de los amantes para prepararse un almuerzo copioso. Un emo hubiera sufrido en silencio y soledad, acompañado de sus otros emos, éste nuevo desengaño al que lo enfrenta la terrible sociedad.
Pero nuestro entrañable protagonista, como perdedor a la vieja usanza, opta por el recurso clásico de la venganza. Sin embargo, puesto que la ex novia no sólo tiene facilidad para el sexo colectivo sino también es una white trash de alma y corazón, es que a cada ataque, ella replica de manera desproporcionada, lo que termina convirtiéndose en un ir y venir revanchístico que, obviamente, sólo podría acabar trágicamente.
La pelicula pasa así de una buddy movie a filme tipo Disney XD, a un Katherine Heigl en toda regla, para acabar en un Kramer vs. Kramer cyberpunk, que es la parte más interesante de la película. Lamentablemente, parece que el resultado final les pareció muy excesivo para una posible comercialización masiva, así que optaron por el mismo y ridículo final justificativo acerca de "lo que no es y lo que parece ser, pero que tampoco es". Así que si apagamos el reproductor 6 minutos antes del fin y nos concentramos en que no vamos a ver una fantasía futurista, el resultado es bastante aceptable.

Independientemente de su raza, condición social, filiación religiosa o red social a la que pertenezca, el varón heterosexual, de manera global, centra su realización personal en la consecución de dos objetivos: Culos y tetas. Y para conseguirlos, el hombre se basa en dos técnicas:
1. Cuando es joven: En sus condiciones personales. Ya sean, estas, físicas (como un cuerpo de abdominales marcadísimos o un rostro "tierno y a la vez masculino"); o espirituales (un sentido del humor de guionista de "Saturday night live" o la imagen de "rebelde duro que en el fondo sólo espera encontrar algiuen a quien amar" y a quién las mujeres desearan, infructuosamente, cambiar)
2. Cuando ya no se es joven o cuando se es joven pero se carece de las cualidades anteriores: Dinero.
Como todos envejecemos, finalmente, la única posibilidad de tener sexo -de manera, al menos, bilateral- sólo se alcanzará por medio de billetes (de preferencia divisas convertibles de alta denominación). Ya sea si la transacción es directa y de contraprestraciones inmediatas (como en la prostitución), o mediante un contrato a largo o mediano plazo (como en el matrimonio), la satisfacción sexual será directamente proporcional a la suma invertida.
Como todo hombre aspira, en el fondo, a ser un macho alfa (y no pagar jamás por sexo), dicha transacción le es, casi siempre, insatisfactoria una vez que la polución seminal ha sido realizada. En estos casos, la esposa suele ser una bruja; la amante, una puta; y, la puta, una vulgar portadora de gérmenes venéreos. Lo único que se mantiene constante es el vacío. Afortunadamente, la naturaleza ha tenido la prudencia de hacer que la carga de espermatozoides se renueve constantemente y, con ella, el deseo y la esperanza de trascendencia a través de la carne apetecida.
Pero cuando el sexo empieza a escasear, o se te exije más dinero por él, se hace más dificil lograr alguna satissfacción duradera. Es por ello que inventamos el amor, para dotar (al menos en apariencia) de cierta seriedad, de algo de certidumbre y venerabilidad social a un acto que tiene no gran parte, sino todo de animal o, incluso, pretendemos sustituirlo con el poético sentimiento (cuya utilidad real es la misma que la de la poesía) como si de tofu genital se tratara (Y por ello el amor es más fuerte en la primera adolescencia y en adultez previa a la senectud, que es cuando más urgentes y escasos son los actos carnales).
A pesar de todo intento de disfraz, mientras más te acercas a la vejez, ya no puedes esconder la realidad: Nadie te tocara más que por dinero. Ni siquiera tu esposa si la tienes, pues: o bien ya no tendrán contacto físico o tu necesidad de carnes jóvenes te impedirá lograr siquiera un disfrute mediocre. Eso no es tan terrible si no lo tienes, puesto que tus otros problemas ocupan tu tiempo; pero, si lo tienes ya jamás podrás quitarte la sensación de que ese cuerpo que está debajo del tuyo sólo va a disfrutar del encuentro cuando termine y pueda comprarse algo con lo que le has entregado. Y después está el vacío. La certidumbre de que te has pasado la vida tratando de tener éxito porque inconscientemente sentías que eso te permitiría disfrutar de los placeres femeninos a perpetuidad como el macho alfa del que acabamos de hablar. Lograste todo para ser admirado y lo único que se te admira es el contenido de la billetera.
Eso lo ha entendido muy bien el escritor francés Michel Houellebecq y en casi toda su obra literaria-si es que podemos considerarla como tal- es más bien la escritura por capítulos de un enorme ensayo filosófico en tono de ficción sobre la soledad sexual de la vejez y el solitario camino que te lleva hacia allá.
Houellebecq propone que el origen de toda tragedia humana se encuentra en la íntima relación entre el sexo y la mortalidad y que nada podemos hacer para cambiar esa condición salvo la manipulación genética de nuestro desamparo y la desaparición de nuestra especiea tal como la conocemos. En algunos casos, como en "Las partículas elementales" la solución es vagamente esperanzadora -al menos para esa raza nueva; pero, en otros, como en "La posibilidad de una isla"; el resultado resulta increíblemente opresivo y mucho más aterrador que nuestras actuales vidas, cortas y sufrientes.
Si hay algo peor que la religión en sus más variados fanatismos, es, sin asomo de duda, la cultura de la motivación: La superación personal, los libros de autoayuda, los seminarios de reingeniería y centenares de actividades más cuyo objetivo evidentes es convencerte de que no es que el mundo este cubierto de mierda, sino que tu pésima actitud te impide darte cuenta de que en verdad es chocolate. y, por eso, en lugar de quejarte tanto, deberías coger una cuchara, disfrutar el manjar con que te embarran y dar las gracias.
En el libro "Fuckowski: Diario de un Ingeniero", uno de los pocos éxitos literarios originarios de la internet en español, Alfredo de Hoces narra la historia de un informático torturado por la agobiante sensación que te causa el tener la lucidez suficiente para comprender que la materia fecal no es el mejor complemento de las fresas, por mucho benchmarking, empowerment o calidad total.
Lo que nos dice esta pequeña novela (que en realidad no es tal, pues si sus capítulos fueran, apenas más cortos, podríamos hablar, más bien, de un conjunto de aforismos) es lo que cualquiera con dos dedos de frente ya sabe, aunque se niegue aceptarlo: El nacer en el seno de una familia acomodada -o verdaderamente rica- es lo único que te garantiza un futuro brillante.

Los MBAs internacionales, los contactos o"relaciones" profesionales en su más alta expresión jerárquica son los que te llevarán a ocupar los cargos directivos en empresas transnacionales, a conseguir los puestos más atractivos de la administración pública. A ser parte del grupo de quienes deciden el destino del mundo (sin saber muy bien, o en absoluto, como hacerlo), tal como lo hicieron tus padres y tus abuelos, rodeándose de sus iguales y a lamentar con ellos lo difícil que se está poniendo este mundo, donde los esclavos exigen bonos navideños y vacaciones y la ciencia no ha avanzado lo suficiente para tener robots completamente funcionales.
Es una élite que permite, sin embargo, fisuras voluntarias y ocasionales, para mantener viva la esperanza -o la idiotez- del pueblo. - "Si Toledo, que era lustrabotas, llegó a Presidente peruano, eso significa que el fracaso es, solamente, producto de nuestra pereza" -pensamos alegres y esforzados mientras planificamos nuestra campaña electoral para el 2021 y sonreímos ante tan halagüeñas perspectivas, sin que nos importe demasiado que en el mismo gobierno -o en el actual- más del 90 por ciento de puestos clave del Estado -y del sector privado- se repartan entre personas que cumplen con las características mencionadas. Es que se lo han ganado con esfuerzo -argumentamos. - Se lo merecen porque son los más capacitados -reafirmamos, porque la inteligencia o cualquier tipo de habilidad no tiene punto de comparación con una hoja de vida, gorda y A1, como miembro de actor porno.
El éxito de la gran masa se resume, entonces, en conseguir un trabajito donde se haga mucho y se reciba poco y el sueño perpetuo de alcanzar, algún día y por la gracia del Señor, lo que es la normalidad para los verdaderos afortunados
Ser consciente de esta realidad no le hace bien ni al empleado -que se vería así condenado a admitir el sabor excremental del bombón que forman sus labores cotidianas - y, mucho menos, al empresario exitoso e innovador que no podría enfrentar a esa masa de chacales que sólo piensan en su salario sin preocuparse del progreso de la empresa y, por añadidura, de la humanidad. Es que así son esos proletarios egoístas. ¡Y dicen algunos que tienen alma!
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::(Continuará):::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::