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Primera edición : 1966
Presente libro : Seix Barral, cuarta edición, 1967
No terminaba de leer la primera página de esta obra y ya me estaba rascando. Como si al abrir el libro y adentrar en la historia ipso facto me tornaba inmune a las hordas de diferentes clases de mosquitos que habitan en la selva peruana, que se turnan para picarte teniendo hasta sus propios horarios. También me hizo recordar y sentir nuevamente ese particular y sofocante calor típico de esos lares, producto de que muchas veces el sol no llega a tierra por las frondosas copas de los enormes árboles y el agua de la lluvia empozada en el suelo se va evaporando bajo los pies creando ese ambiente cálido y húmedo a la vez dejando la piel pegajosa; la naturaleza invita a descubrirse –aunque se esté a más de 40º siempre es bueno estar con camisetas de mangas largas y nada de bermudas- y los mosquitos están ahí, eufóricos, rondando.Me imaginaba a las madres de la Misión, todas europeísimas, muy blancas, blandiendo sus puños huesudos y pecosos ante cada atrocidad acometida por la gente que la apoyaba, en ese lugar donde parece que el tiempo se detuvo. Si alguna vez alguien estuvo recorriendo esos lugares le será más fácil imaginarse la selva donde Vargas Llosa ambienta gran parte de esta novela, porque muy probablemente no debe haber cambiado, hasta quizá, en este mismo momento sea igual a la descrita en esta obra, o a la de finales de los 90’s cuando yo enrumbaba hacia un caserío lejano por trece horas y media desde Nauta por el río Tigre, parte del Amazonas, y del Marañón, éste último por donde transitan los personajes de una parte de esta novela; es como penetrar en el ámbito de otra época. Pobreza extrema, donde muchas veces compatriotas de “ciudades civilizadas” llegan a esos recónditos lugares para aprovecharse de la ingenuidad y buena fe de otros compatriotas menos favorecidos; niños ventrudos, y aún así sonrientes.Así también encuentro aquí el otro calor, el desértico, el piurano, con las tormentas de arena y el singular y rico vocabulario utilizado al norte peruano, más pausado, con el clásico “guá” al final de cada frase, y llamando de “churre” a los niños, y de “piajeno” (“pie ajeno”, porque los pobladores que utilizaban este animalito transportaban su carga y a ellos mismos “con otros pies”) al burro. Gente amable y muy receptiva que prácticamente te adoptan, como en esta obra a Anselmo, quien salió de la nada y se instaló allí, haciéndose de amigos, invitando cervezas y piscos, seduciendo a su público objetivo antes de construir en medio de ese desierto la enigmática Casa Verde.Si bien en la historia desarrollada en Piura lo del acento es muy marcado en los personajes, no lo encuentro tanto en los trechos desarrollados en Santa María de Nieva, quizá porque la mayoría de personajes son foráneos, de otras ciudades peruanas, las madres europeas, y Fushía brasileño. Las jóvenes raptadas para “civilizarlas” imagino hacen suyo el acento de las tiernas –hasta cuando están enfadadas- monjitas, pues estaban acostumbradas a escucharlas, pero, ¿y los prácticos Aquilino y Adrián Nieves? ¿Y Lalita y su hijo Aquilino? El acento de estos cuatro personajes no es tan marcado, hasta pareciera nulo. Este es un detalle percibido ahora en esta relectura, ya que la primera vez que leí este libro todavía no había tenido esa aventura de viaje a la selva. Claro que ya sabía de la existencia de ese acento, motivo de injustas burlas en la capital, Lima, pero sólo tras ese viaje aquella fuerte y singular manera de hablar se me quedó grabada, y ahora no la encuentro en esos cuatro personajes, quizá en Jum, en su castellano atropellado y entrecortado, alternando escupitajos a cada sentencia para que los otros sepan que no miente -trechos muy divertidos-, pero no, Jum es un personaje que conoce algunas palabras del castellano pero no lo domina, y cuando se expresa en su lengua madre sólo sabemos a través de la traducción de otro personaje. Me parece que Vargas Llosa curiosamente no le imprimió a esos cuatro personajes aquel acento chicloso (ese término escuché que lo usaban unos mexicanos en Nagoya, y me gustó) con que cuentan las personas que nacen y viven en la selva.Y ya que mencioné al brasileño Fushía, ése es para mí ”el personaje” de este libro. Si bien que los hay en todo Brasil, pero quizá más descendientes directos de japoneses y nipones mismos hay en mayor número en São Paulo; en Londrina, Paraná; y en Campo Grande, la capital de Mato Grosso do Sul, ciudad natal de este asombroso personaje que Vargas Llosa nos lo presenta decidido, traidor, aventurero, loco, inmortal, seco en el trato cuando ya hizo suyos a otros, pero engatusador cuando quiere envolverlos para un fin de su conveniencia, y con un final tan duro, reducido a un guiñapo, que llega ser hasta conmovedor.
Edición brasileña actual, Alfaguara Brasil.
Pero lo realmente asombroso en este libro no son solo los diversos personajes e historias que van viviendo, sino cómo nos lo presenta el autor. Como si teniendo la historia completa y lineal agarrara y separara varios capítulos “desordenándolos”, barajándolos como naipes, e insiriéndolos en diferentes tiempos de la historia, así, podemos leer el futuro de un hecho que podría ser –no lo fue- incomprensible de inicio, pero con el transcurrir de las páginas conoceremos el por qué de aquello encontrado en las páginas iniciales, como la historia de Lalita, de Bonifacia, de Lituma, de Anselmo. Esta particular y ambiciosa manera de estructurar la novela ya lo había encontrado en “La ciudad y los perros”, su primera novela, mas no recuerdo que alterne dos conversaciones en un mismo sub-capítulo sobre un mismo hecho pero con diferentes personajes:- Mejor no hables de eso, hombre –dijo Aquilino-. Ya sé que te pones triste.
- Pero si empezó con eso, con no poderle a la Lalita –dijo Fushía-. Pero acaso no ves qué desgracia, Aquilino, qué cosa terrible.
- ¿No lo desperté, diga? Dijo Lalita con voz soñolienta.
- No, no me despertó –dijo Nieves-. Buenas noches. Mande no más.
(Página 154)
La segunda conversación (cómo Adrián Nieves empieza a conectarse con Lalita, mujer de Fushía) trata de lo que se aqueja Fushía con Aquilino en la primera conversa. Puede parecer confuso pero no lo es. Y como si fuera poco alternar las conversas, los hechos, los tiempos de la historia, Vargas llosa también adjudica diferentes nombres a un mismo personaje en diversos tiempos de la historia, así, Bonifacia es también “La Selvática”; Lituma es también “El sargento”; Antonia es también “Toñita” –está es la más fácil de sacar-; Anselmo es también “El Arpista”-esta tampoco es difícil el percatarse-, y como la historia no es lineal de inicio parecen diferentes personajes. Algo que creo ya mencioné en la entrada de su primera novela, un detalle que puede pasar desapercibido: Vargas Llosa no llegaba a los treinta años al escribir esta novela y la anterior. No es poca cosa.

Aunque mi primo y amigo Erick me presentara eufórico a Cortázar y a Ribeyro -y sin querer al vino, ya que hablar de Ribeyro era hablar de vino- fueron las obras de Vargas Llosa con las que me inicié, las que me abrieron un mundo nuevo, que me envolvían en una burbuja a la cual no ingresaban el volumen re-alto de la combi en que me transportaba, ni me afectaban sus frenadas salvajes y repentinas, ni el concierto de bocinazos que solo mi querida Lima sufre –imagino que hasta ahora-, o la aglomeración de gente estrujada viajando a mi alrededor. Sentado casi desde el paradero inicial desde el Rímac hasta San Borja, y viceversa, rezaba por que hubiera más tránsito para poder continuar leyendo.
Así como la primera vez el verdadero gusto lo encontré no en la gran historia que nos cuenta, sino cómo lo hace. Ese complejo enmarañado en vez de alejar envuelve, y de inicio a fin.
Viña Palo Alto
Palo Alto Reserva 2010
50% Cabernet Sauvignon – 30% Carmenere – 20% Shiraz
13,5% Grad. Alc.
Valle del Maule, Chile. Ya habíamos visto los vinos de la Viña Palo Alto en alguna vinoteca, y aunque sabíamos que es una casa que tiene alguna relación con la gigante Viña Concha y Toro nunca nos habíamos animado a coger alguna botella y traerla a casa. Con estos vinos también hay el problema de la añada: buscaba un blanco o un rosé pero la cosecha del blanco de esta misma marca era del 2009, y lo ofrecían al mismo precio que este tinto que es del 2010, y mejor no arriesgar, ya pasaron cuatro años y probablemente aquel blanco joven ya fue, como decimos en Perú (en Brasil dicen: “já era..!”); así optamos por este tinto. A la vista, de un lindo color morado, algo negro hacia el centro, de capa media, forma lágrimas de mediana intensidad. En nariz, ataca primero lo afrutado, moras, higos, sensaciones de mediana intensidad; luego hay algo de madera y también un toque especiado, sensaciones más leves. En boca, se refrenda las sensaciones afrutadas, los higos, las moras, también ese toque de madera omnipresente que no sobresale al resto de sensaciones, no afecta su elegante tanicidad; de una mediana corpulencia. De final mediano con retrogusto especiado, toques de pimienta, algo de chocolate también.
Combinó bien con una parrillada, aquí llamada de churrasco, comida clásica en Brasil. Sin comida, solo o con piqueítos -cortamos un poco de queso- no estuvo mal, pero con la carne estuvo mucho mejor. No es de los que te pidan comida pero se apreció mejor con esta.
Es mucho más intenso en boca que en nariz, aunque la fruta es lo que más recordamos –y valoramos-, esta no eclipsa otras sensaciones como lo especiado, la leve madera: todo este conjunto está en gran armonía.
José María Da Fonseca
Periquita Tinto 2010
Castelão 74% - Trincadeira 14% - Aragonez 12%
13% Grad. Alc.
Azeitão, Península Setúbal, Portugal.
Esta cosecha 2010 trae una nueva etiqueta, y también un precio mayor: de los RS 22,90 (11,50 dólares aprox.) de antes ahora se encuentra por RS 27,50 (14 dólares aprox.). Lástima que la línea Reserva –de etiqueta negra- de ese clásico tinto portugués llegue a más del doble de ese precio, cuando por ese monto se encuentran mejores opciones argentinas y/o chilenas.
A la vista, de capa baja, translúcido, granate cardenal hacia el centro, ribetes violáceos, forma lágrimas muy pequeñas. En nariz, frutas rojas, frambuesas, fresas, toques de vainilla. En boca, muy leve; lo afrutado es una sensación discreta; de una rica y equilibrada acidez, de suave sensación tánica, también equilibrada; de final medio con retrogusto no tan leve –sin llegar a ser tan marcado- a café.
Primero, antes de la comida resultó muy leve, sensación de vino aguado, ya con la comida -unas costillitas en olla a presión, con guarnición de arroz- mejoró, sin llegar a emocionar. Aun al precio que por aquí se ofrece sigue siendo de una buena rpc, un vinito honesto para cualquier momento.

Evangelos Tsantalis
Metoxi X Chromitsa White 2010
50% Asirtiko – 30% Sauvignon Blanc – 20% Athiri
12% Grad. Alc.
Monte Athos, Grecia.
Ya habíamos probado el tinto de una línea menor de esta variedad llamada Metoxi Chromitsa, y éste ejemplar con una enorme X entre las dos palabras que forman su nombre es una línea superior, quizá un gran reserva aunque no lo indique, cuya botella –vacía- debe pesar un kilo, y la hendidura en la base es lo suficientemente profunda como para cubrir dos falanges. Puedo estar equivocado pero tengo esa idea de que cuanto más profunda es la hendidura en la base de la botella el vino es de mejor calidad, y si esta bendita oquedad es poca o casi plana el vino está muy probablemente para ser un ingrediente más al momento de cocinar. Claro, el precio –al menos por aquí- ya es otro indicativo.
A la vista, es de un dorado intenso, denota mediana corpulencia. En nariz: en la primera copa se percibe más las notas minerales y también las herbáceas, ya en la segunda copa y restante hay notas afrutadas, cítricas, en ambos casos es de una intensidad que va creciendo conforme pasa más tiempo en copa. En boca, de una densidad mediana, llena la boca; de una marcada y rica acidez; sensaciones afrutadas como de peras, limones, alternan perfectamente con las notas minerales. De final largo e intenso, con retrogusto cítrico.
Mientras por aquí en esta semana santa pareciera que todos corren atrás de bacalao y de los benditos huevos de chocolate, nosotros, como el salmón, vamos siempre en contra, y no hacemos nuestras esas costumbres de moda por aquí así que nada de bacalao sino corvina para un ceviche, y éste ejemplar griego es otra opción para nuestro plato bandera, aprovechando las características de la cepa griega asirtiko –predomínate en este vino- y del sauvignon blanc, ambas de buena acidez. Estuvo soberbio.
Título original : A coleira do cão
Año de publicación : 1965
Presente edición : Companhia das Letras, 1995
La sensación tras leer los ocho relatos que trae este segundo libro publicado por Rubem Fonseca es como el de ser el encargado de limpiar los vidrios de un edificio y poder conocer, ver y escuchar los variados universos que existen en las diferentes personas que habitan en cada departamento. Estos relatos se caracterizan por la construcción minuciosa de sus personajes, desde lo más profundo de cada uno de ellos, desnudándolos completamente, tornándonos a nosotros lectores muy íntimos de ellos, como por ejemplo en “Os graus” (“Los grados”), donde estamos ante un hombre que se lamenta no haber tenido de joven las mujeres suficientes, y que ahora en su vejez, al tenerlas, no tenía el vigor de antaño para satisfacerlas, y satisfacerse.
En “O grande e o pequeno” (“El grande y el pequeño”) dos primos adolescentes, tocayos; el menor verá en su primo mayor lo que probablemente hará su futuro, desde fumar hasta hacerse de una mujer y hacer prevalecer su voluntad a pesar de la rotunda negativa de su familia portuguesa por que la elegida es de raza negra. Aquí esa costumbre enraizada en muchas familias –inclusive hasta en nuestros días- donde por ser descendientes de europeos los hace sentirse algo superiores e intentan no mezclarse e imponer esa costumbre en las nuevas generaciones. En ambos relatos no parece haber un inicio y un fin, ingresamos a ellos en una historia ya iniciada y, tras conocer las peculiares situaciones abandonamos los relatos con la sensación de que esas historias continúan.
“Madona” nos presenta a un adolescente, aparentemente con una familia feliz, pero que está totalmente vacío, solo, y tal vez a la deriva.
Y estos tres relatos son los que menos disfruté, no por considerarlos malos sino que pertenecen a un conjunto donde los otros cinco ofrecen realmente un disfrute mayor.
En “A opção” (“La opción”) una junta médica barajará cuál es la decisión correcta a ser tomada para un paciente de nueve años morfológicamente masculino pero gonádicamente femenino. Las dudas y contrariedades están a flote, guerra de egos entre los colegas, presenciamos la busca de ese pequeño goce de ser quien tiene el poder de decidir qué sexo tendrá en adelante aquel niño, como jugar a ser Dios, mientras el niño está ahí, inerme, esperando que decidan su futuro.
En “Relatório de Carlos” (“Informe de Carlos”) Fonseca nos hace entrar a la rutina de un influyente abogado y el difícil trato que éste lleva con su amante quien literalmente hace lo que quiere con él. Interesante la comparación al inicio que hace el personaje principal con su padre quien también se las traía, teniendo algunas amantes por ahí que luego aparecieron para llorarle en su entierro delante de toda la familia y amigos. “No quiero hablar de ventaja, pero en eso (y en otras cosas) superé a mi padre, pues Norma no es una mujer cualquiera.” Por lo visto el personaje guarda desde hace mucho el ansia de superar lo que su padre haya hecho, y en todo ámbito, aunque no perciba que, por ejemplo, las amantes de su viejo lo amaban, ya la de él lo usa cuando y como quiere. Es el relato más largo, quizá una nouvelle.

“A força humana” (“La fuerza humana”) es el relato que abre el libro, y desde la primera frase se percibe la impotencia del narrador, un probable campeón de box quien tendrá la mala suerte de encontrar y llevar al gimnasio (donde entrena, trabaja y vive) a un bailarín de samba sin ninguna experiencia pugilística pero con una agilidad felina y un biotipo único, quien poco a poco lo irá desplazando del gusto del entrenador, perdiendo inclusive parte de su comida pues el otro la aprovechará mejor. Fonseca utiliza jergas y el lenguaje del mundo boxístico –él fue boxeador de joven- transmitiendo muy bien cada respiro, cada golpe, cada desilusión de nuestro narrador.
“O gravador” (“El grabador”) está construido con la meticulosidad que debe tener un arquitecto. El autor nos presenta primero a Jorge Vale, un tipo que conoce a una mujer por medio de una encuesta telefónica. Esta mujer –Alda- se rehúsa inicialmente a conocer a Jorge pues dice ser casada, curiosamente su esposo también se llama Jorge. A la vez el mismo tipo recibe constantes llamadas de su madre, quien lo trata como a un niño. Las conversas son separadas por capítulos haciéndonos creer que son cuatro los personajes, cuando en realidad tanto Jorge y Alda tienen un juego de doble personalidad: la esposa es amante (o prospecto) y madre a la vez, y Jorge es un conquistador y un niño introspectivo necesitado de protección al mismo tiempo.
El que cierra es el que da título al libro, “A coleira do cão” (“El collar del perro”), un relato policial tan vertiginoso que parecemos estar en el patrullero a toda velocidad sondeando las inextricables favelas de algún morro carioca. Aquí también el manejo del lenguaje utilizado por los policías y soplones es tan verídico y certero –además de boxeador, Fonseca también fue policía- que nos grafica perfectamente cómo es aquel mundo corrupto y viciado donde ni los periodistas se salvan. Vilela es la antítesis de todos ellos: culto, honrado, metódico, pero ante todo justo, y esto hace que choque frecuentemente con sus propios subordinados, como en la decisión de cómo interrogar al sospechoso, entre la técnica violenta y dolorosa –e interesante- de Washington y la del uso de la psicología de Vilela, contrario a cualquier tipo de tortura. Pero Fonseca nos revela también al policía-torturador como un hombre bueno, pero curtido y atento a no dejarse timar. Con muchos trazos de humor negro éste es un relato con mucha acción enmarcado en la tristeza de la seguridad de que nada cambiará ese caos que por allá, lamentablemente, es rutina.
En todos los relatos de este libro se percibe que cualquier tipo de esperanza es mera ficción pues aquí se respira la crudeza de la realidad. Del conjunto, estos cinco últimos relatos -según fueron nombrados en esta entrada- fácilmente pueden ser considerados como obras maestras, muy bien estructuradas, donde todos los personajes que aquí el maestro Rubem Fonseca nos presenta parecen estar libres pero en realidad hay algo que los ata, que los mantiene hundidos en esa miseria que sólo ellos conocen -y nosotros, tras leer la obra-, aquella miseria que es parte de su cotidiano, y a la que parecen estar condenados.
Viñedos Terranoble S.A.
Terranoble Gran Reserva 2010
70% Riesling – 30% Sauvignon Blanc
12% Grad. Alc.
Valle de Casablanca, Chile.
Los vinos de la casa Terranoble no son tan conocidos por esta ciudad, la linda y ordenada capital paranaense, y esto por la sencilla razón de que difícilmente se les ve en los estantes, no sólo de súper mercados –presencia nula-, sino también de la mayoría de vinotecas que por aquí hay; no es una marca que se recuerde en la mente, a menos que hayamos tenido la suerte de experimentar alguno de sus caldos. De esta línea Gran Reserva ya habíamos degustado el de la cepa insignia vecina, el carmenere, y ahora abrimos este corte con sauvignon blanc pero con predominancia de riesling.
A la vista, es de un amarillo pajizo de buena intensidad, denota mediana corpulencia. En nariz, hierbas, pasto cortado, también algo floral; lo afrutado aparece después, en la segunda copa y siguientes, también hace recordar algo así como la ralladura de la cáscara de limón. En boca, lo herbal y floral se refrendan, sensaciones más destacadas que la afrutada; hay un toque como de almendrado; tiene una buena acidez, también una mediana corpulencia. De final mediano con retrogusto mineral.
Deja una sensación mineral en el paladar que tras la comida torna la experiencia muy fresca, fría; acompañó muy bien un risotto de salmón y mariscos, y estuvo perfecto para celebrar -todavía- el gol de Farfán. La experiencia que ofrece este vino es más que recomendable.
Ganamos con más ganas que técnica. Premio para quien probablemente fue el que más corrió, el que más la luchó todo el partido, Jefferson Farfán: ¡¡gracias foquita!! Eso sí, Sampaoli demostró más agallas que Markarián al meter a Castillo y Fernández, aunque creo que nos hizo un favor en sacar a Aránguiz, ya Markarián demoró en meter a Yordy Reyna, haciéndolo ingresar faltando once minutos más descuentos, y nosotros éramos los locales. Aún estamos al fondo pero hasta junio, cuando nos visiten los vecinos norteños, el sufrimiento y el sueño continúa, y la ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Foto tomada de Peru.comVídeo subido por ALFMEDIA2012 Arturo Bertona
Monte Cinco, Malbec 2007
14% Grad. Alc.
Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina. A raíz del nuevo Papa argentino, Nádia, una amiga brasileña comentó en su facebook: "en adelante los vinos de las misas pasarán a ser malbec argentinos"; una muy buena idea, y aquí una sugerencia:
Al iniciar el año, y al igual que con otros segmentos (electrodomésticos, electrónicos, ropa, etc) las vinotecas e importadoras –ni todas- con las nuevas cosechas llegando comienzan a ofrecer ofertas de algunos ejemplares. Muchos como el Finca El Origen Reserva Torrontés 2010 y el vino de la presente entrada nos eran desconocidos hasta encontrar dicho paquete de ofertas. Ya nos habíamos deparado con el Monte Cinco petit verdot de llamativa etiqueta celeste, pero el precio tan elevado nos hacía pasar recto. Ahora, con casi 40% de descuento estaban aquel y este malbec.A la vista, es de un púrpura muy concentrado que hacia el centro es casi negro, forma lágrimas intensas, denota una corpulencia mediana a más. En nariz, es muy afrutado, ciruelas y moras maduras, el aroma se va abriendo con el transcurrir del tiempo emanando luego aromas tostados, madera, vainilla; aroma cargado. En boca, es de una densidad muy rica, corpulento; lo afrutado se refrenda así como también las notas tostadas y la vainilla, la madera es discreta, en ningún momento incomoda; de una tanicidad muy equilibrada. De final medio con retrogusto a chocolate. La sensación achocolatada del final no es ese bitter, parece más a ese chocolate de leche, suave, cremoso. Otra sensación llamativa es la madera: está lejos de ser un tablazo, aquí es un toque sutil, y por último la buena corpulencia del caldo, llena la boca, algo untuoso. Armonizó bien un guiso de carne con yucas y arroz. Esta y otras ofertas se encuentran en las tiendas "Vino!" de Curitiba, en especial la del Mercado Municipal que es adonde solemos acudir, muy variada y siempre con una atención de primera. A sus RS 55 (US$ 22,50) de ahora, y aunque no es el famoso y premiado “Oak” de esta casa –del que hablaban en la vinoteca-, éste malbec está para reverenciarlo al estilo musulmán, con las disculpas del Papa.
Título original : さようなら、ギャングたち
Año de publicación : 1982
Presnte edición : Ediouro Publicações, 2006
Traducción : Jefferson José Teixeira. Fue una grata sorpresa el encontrar una edición brasileña del primer libro publicado por Genichiro Takahashi (1951), escritor que hace poco tiempo se llevara el Premio Tanizaki 2012 por su obra “Sayonara, Christopher Robin”; por lo visto guarda cierto gusto por utilizar la palabra “adiós” al momento de titular sus obras. Si hasta ahora tenía la idea de que la literatura nipona se caracterizaba por la sutileza, que a veces la puede hacer ver incluso como austera; la pulcritud, tornándola en muchos momentos etérea, aquí Takahashi se sale del padrón desde las primeras líneas, entregándonos una escena bien gore –la explosión de la cabeza del presidente de los Estados Unidos al masticar un sospechoso chicle Nabisco a los que era viciado, en medio de toda su seguridad, obra qué duda cabe, de los gangsters- que es nuestra bienvenida a la historia. Historia que en realidad no versa sobre gangsters en sí, sino en la vida de un simple profesor de poesía (¿existían profesores de poesía?) de una escuela de poesía, en un lugar donde la gente carece de nombre y donde cada quien puede elegir a la persona que le bautizará. Tras una sesión de conversas intercaladas con bastante sexo con la mujer con quien este profesor tiene una relación más o menos libre, llegarán a algo mejor que pasar a una relación en serio (aunque quizá al final signifique eso): se bautizarán; así, ella pasa a llamarse “Song Book de Miyuki Nakajima” (*), Song Book para los amigos, dueña y ama del gato llamado “Enrique IV”, lector compulsivo que gusta sorber su leche con vodka; Song Book devolviéndole el gesto a su amado amante lo llamará “Sayonara Gangsters”, nombre que hacia el final de la obra cobrará sentido.
Los gangsters aparecerán en la vida del profesor hacia el tercer y último capítulo: el gangster gordo, el gangster callado, el gangster bajito y el gangster guapo, me recuerdan a Mr. White, Mr. Blue, Mr. Pink, Mr. Orange, y Mr. Brown de “Reservoir Dogs (1992)”, pero el recuerdo es solamente por lo llamativo de los nombres. Los gangsters de la novela son casi inmortales, pueden llevar varios tiros en el cuerpo y tras una breve caída se levantarán, solamente son aniquilados si alguien consigue volarles la cabeza (como al presidente norteamericano del inicio del libro. ¿El mayor gangster?), detalle que me remite a “Highlander (1986).” Esos cuatro gangsters develarán a uno más, sorprendiéndonos tanto a nosotros como a nuestro narrador. Takahashi con esta historia parece quejarse sobre el ritmo de vida siempre apurado, sin tiempo para detenerse a observar, a escuchar, a leer (y eso que a inicio de los 80’s no había ni celulares, ni internet), pues pareciera que de hacerlo el motivo cambia, la idea muta, en donde el cotidiano significa el estar envueltos en una gran confusión, y a la vez preocupados por cosas nimias, información que nos la ofrecen como importante pero que en verdad no nos hacen crecer como personas. El libro está dividido en tres partes en las que el autor deja claro su singular manera de narrar: hace uso de pequeños y simples dibujos atribuidos al narrador para acentuar lo que éste está diciendo, también hay dos páginas con diseños tipo manga, y lo más llamativo es que hay muchos capítulos de pocos párrafos, inclusive de una sola línea, tan elocuentes que no se siente la falta de más palabras para entender la acción que está desarrollándose. Pero los capítulos extensos también rinden buenas páginas aunque sean alucinaciones tan estrambóticas como la prolongada reunión y charla con Virgilio, Ovidio, Empédocles, Hesíodo, Alceo, Anacreonte y Aristófanes discutiendo sobre poesía y la “Vieja Guardia”; todo tiempo pasado fue mejor.

Genichiro Takahashi abandonó los estudios de la Yokohama National University, siendo en su época estudiantil un activista político radical, llegando incluso a pasar seis meses en prisión. Es autor de “John Lennon contra los marcianos” y “A*D*U*LT*O”. En la actualidad es profesor de literatura en la Meiji Gakuin University y es colaborador del Asahi Shimbun. Esta singular manera de hacer literatura me hace recordar a obras del inglés Will Self y del brasileño Ignácio de Loyola Brandão, con esa escrita ácida y atropellada, que pareciera sin sentido, hasta desordenada, difícil en muchos momentos, lúdica en otros, pero en realidad meticulosamente siguiendo un padrón, el que Takahashi quiere imprimir; hay que tener mucho coraje para mandarse un debut literario con una obra como ésta; la vanguardia es así, como dice el maestro García. Ojalá y se animen a traducir al castellano y/o portugués, y editar más obras de Genichiro Takahashi, que no sólo de Murakami vive el mundo.(*) Miyuki Nakajima 中島 みゆき (Sapporo, 1952) es una de las cantautoras más conocidas en la isla. Para los que viven allá o alguna vez vivimos, es frecuente depararse con temas suyos. Particularmente, y después de estar algún tiempo por allá, en el grupo donde están Aretha Franklin, Mercedes Sosa, Chavela Vargas, Nina Simone, Eva Ayllón, Susana Baca, Elis Regina, Björk, y Cesária Évora también está Miyuki Nakajima. Domaine Sigalas
Sigalas Asirtiko Athiri 2011
75% Asirtiko – 25% Athiri
13,9% Grad. Alc.
Oia, Santorini, Grecia.
Hace algún tiempo frecuento la vinoteca del importador Decanter en la Av. Visconde de Guarapuava –atrás del Hospital Santa Cruz- en el centro de Curitiba, y las veces que por ahí caía siempre encontraba agotado este vino, hasta ahora que les llegó la cosecha 2011.
Este blend griego con predominancia de asirtiko y un pequeño aporte de athiri –uvas autóctonas griegas- tiene buena fama por aquí, y, aunque lleguen más caros de lo que es ofrecido afuera parece que igual llegan a venderse todos. El motivo debe ser el que éste en particular ha recibido buenos comentarios de revistas especializadas gringas, y a su vez está a un precio algo menor que sus hermanos mayores, aunque siga siendo caro.
A la vista, es de un dorado concentrado, con reflejos algo verdes, denota mediana corpulencia, forma lágrimas medianas. En nariz: cítrico, como a cáscara de limón siciliano (ese grande y amarillo que pareciera un adorno de cera), cáscara de toronja, hay toques minerales. En boca, es muy fresco, lo mineral resalta, ya lo afrutado -lo cítrico- se deja percibir como una brisa, es como una sensación paralela al frescor mineral; de corpulencia mediana, llena la boca; de buena acidez que equilibra su alta graduación. De final mediano con retrogusto floral.
¡Este ejemplar es un vinazo! Es muy fresco, con una marcante mineralidad. Centrándonos específicamente en el vino es una excelente experiencia que acompañó perfectamente nuestro sashimi de salmón.
Qué se puede decir sobre rpc cuando por aquí es ofrecido a un precio muy elevado en comparación a mercados de otros países.
Nosotros pudimos conocer tres vinos de esta casa Sigalas, las tres fueron muy gratas experiencias, resta en el futuro buscar los vinos de esta casa en el extranjero, de haber nuevamente la oportunidad; comprarlos nuevamente aquí en Brasil –como a todos que no son chilenos, argentinos y uruguayos- no creo.
Año de publicación : 1918 Presente edición : Editorial Losada, 1989
Si hay un lugar donde lo fantástico e imaginativo se desarrolla fácilmente ése lugar es en el esplendor de la selva, en este caso aquí -relativamente-, cerca a la frontera, bordeando el río Paraná, y de la mano del uruguayo Horacio Silvestre Quiroga. Los ocho relatos infantiles que trae esta obra fueron escritos durante su aventura y estadía en San Ignacio, Misiones, a donde se mudó con su familia y donde incluso naciera su hija Eglé.
En todos estos relatos encontramos a los animales cavilando y decidiendo como personas, preocupándose por la salud de sus seres queridos -otros animales como ellos-, o incluso de algún hombre a quien consideran y estiman, también la muerte rondará, instalándose alrededor de los variados personajes, todo con un lenguaje fácil y con la arquitectura del léxico habitual del lugar, explicado a pie de página.
"La tortuga gigante" es el que abre el libro, y su inicio no podía ser mejor: "Había una vez..." Esa clásica frase es desde ya el primer disfrute de este libro. En este primer relato se puede encontrar ya ese afán -que más que fantástico parece utópico- de enlazar hombre y animal en una ayuda mutua.
"Las medias de los flamencos" es uno de los que más disfruté, entre otras cosas porque Quiroga no pinta a las víboras y serpientes de malvadas, reputación que cargan desde hace poco más de dos mil años cuando algún escritor anónimo plasmó a este inocente animalito ofreciendo una prohibida manzana a una mujer. Aquí está excenta de esa injusta mala fama, aunque hacia el final del relato desarrollen un sentimiento de venganza hacia los bobos flamencos.
"El loro pelado" es otro cuento muy bien logrado. También resulta muy divertido por el resultado inicial que obtiene el lorito -el ser desplumado- del título, producto de su inocencia en acercarse tanto a un animal tan peligroso como el tigre, y el final donde este pequeño ser increpa a lo que resta de su otrora rival. Aquí también nace un deseo de venganza del pequeño plumífero, y también se da esa simbiosis entre animal y hombre, muy común en la mayoría de relatos del libro.
En "La guerra de los yacarés" la simbiosis se da entre los yacarés del título y un surubí, uniendo fuerzas para defenderse de la destrucción que causa el hombre. También encontramos la disposición del pez que no guarda rencor -los yacarés en el pasado se habían almorzado a otro pez pariente suyo- y se anima en ayudar a estos reptiles, hecho que consiguen basado en la amistad de un viejo yacaré con aquel viejo surubí. Es uno de los relatos más extensos y algo más violentos.
"La gama ciega" es quizá el que menos disfruté, puesto que me cuesta asimilar que un cazador esté presto a ayudar a una gama. Lo resaltante de este relato es la conocida amistad del viejo oso hormiguero con el hombre; también las enseñanzas que la madre pasa a su cria, a quien Quiroga la esboza inquieta, curiosa y desobediente, como los niños; y finalmente, el eterno agradecimiento de la gama mamá para con el cazador, a quien constantemente le llevará plumas de garza. El final es muy light, hasta para un niño.

"Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre" nos trae también un paralelismo entre las crias, su comportamiento similar, curioso y travieso, que lleva en este caso al coatí menor a caer en la trampa destinada a la comadreja. Tanto la madre como los hermanos del coatí verán el buen trato que le brindan en su cautiverio teniéndolo como mascota, y, al enterarse de la muerte del coatí por una mordedura de serpiente, planearán cambiar el cuerpo muerto por el hermano más cercano del coatí para no causar tristeza en los niños del granjero.
En "El paso del Yabebirí" las rayas, en agradecimiento al hombre, que prohibió pescar con dinamita a otros hombres, lo defenderán cuando manadas de tigres lo acechen y él esté herido en la orilla. Las rayas aquí son capaces de elaborar estrategias para no dejar pasar a los felinos a través del río, decidiendo incluso morir para salvar al hombre. Es uno de los relatos más intensos del grupo, y también más violento.
"La abeja haragana" es quizá el que llame más la atención desde el título, pues desde niño uno sabe que las abejas -así como las hormigas- trabajan duro y en equipo. La del título es la antítesis de todas ellas y tendrá que aprender a comportarse como sus hermanas ,aunque para ello tenga que arriesgar su vida.
Estos relatos aparecieron primero editados en revistas bajo el título "Cuentos de la selva para mis hijos", sólo en 1918 se agruparon ganando su edición definitiva con el título conocido. Existe la probabilidad de que éste sea el primer libro de cuentos para niños en Latinoamérica
Todos los relatos, aunque escritos con un lenguaje simple, tienen como caracteristica una bella descripción que invita a explorar ese peculiar lugar que es la selva. Es fácil percibir el mensaje dejado en estos cuentos a través de los diversos comportamientos que el autor imprime en los animales, protagonistas de estas historias. Poder leer estas historias a mi hija, dando un énfasis diferente a cada personaje: serpientes sibilantes, tigres roncos, el lorito de habla atropellada y repititiva, y así; este clásico no pudo llegar en mejor momento.
Bodega Luigi Bosca Finca La Linda Malbec Rosé 2012 13,7% Grad. Alc. Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina.
Aunque C me contradiga estoy casi seguro que es la primera vez que nos traemos un vino rosado a casa, así que este Finca La Linda Malbec Rosé se convierte en nuestra primera experiencia con esta variedad de vinos. Aprovechando que vivimos en un país tropical -aunque por el sur, cuando es temporada el frio se deja sentir- el beber tanto vinos blancos como ahora los rosados son buenas opciones para acompañar las comidas, pero -al menos por aquí, en la capital paranaense- no es tan fácil encontrar ejemplares que animen a hacerse de alguno. Sí, hay varias opciones en el mercado, el problema son las cosechas: te deparas con añadas del 2010 para atrás, problema que también se da -en menor medida- con los blancos. El colmo fue encontrar un Casillero del Diablo chardonnay de la cosecha 1998 y al mismo precio del 2010: sería interesante abrirlo y ver cómo está, pero no pagar para saber, si hay que pagar mejor no arriesgar -en blancos jóvenes, así como con los rosados- con más de dos años de diferencia. Así que el encontrar este rosado del 2012 fue motivo suficiente para su adquisición.
A la vista, es de un rojo muy vivo, concentrado, brillante, formó pequeñas lágrimas; parece leve, denota poca corpulencia. En nariz, la sensación afrutada ataca rápidamente. En boca, aquí también las fresas aparecen aunque en menor medida, hay otras frutas rojas también, frambuesas quizá; tiene una rica astringencia y una buena acidez; hay un toque de clavo de olor; de poca corpulencia, es leve, sin llegar a sentirlo aguado. De final corto con retrogusto levemente especiado.
Cuando se aprecia el marcante color rojo del vino en copa pareciera que estamos ante un vino dulce, pero no, es algo abocado pero se lo adjudicamos a lo afrutado; está lejos de ser un vino dulce.
De buena rpc (RS 29,90, casi 15 dólares) para los padrones locales. Es un vino fresco y a la vez elegante, quizá le faltó algo más de cuerpo, pero es esforzado y cumplidor. Acompañó bien unas croquetas de atún, mientras veíamos al Corinthians perder ante el Tijuana; esta vez Paolo no la metió. Allesverloren Wine Estate Allesverloren Touriga Nacional 2009 13,5% Grad. Alc. W.O. Swartland, Sudáfrica.
Este caldo sudafricano es totalmente desconocido por aquí, pertenece al grupo que vino de afuera junto con el AC/DC shiraz, el Montes Alpha pinot noir, el Bonterra cabernet sauvignon, y otros que ya aparecerán. En aquel momento se buscaba un vino sudafricano y otro comprador que por ahí pasaba recomendó "cualquiera de esa bodega", mientras se llevaba un shiraz. Al momento de elegir este ejemplar pesó el hecho de ser trabajado con la uva insignia portuguesa, la touriga nacional, y aunque también había un varietal de tinta barroca al final se optó por este. Por aquí se ven pocos vinos sudafricanos y ninguno con esas uvas, hasta me atrevería a decir que no hay de ese distrito, Swartland (el "W.O." del título se refiere a "vinos de origen"), uno de los seis que conforman la región de El Cabo, siendo el más conocido -al menos por aquí- el distrito de Stellenbosch.
"Allesverloren" significa "todo está perdido", y tras ese singular nombre la bodega tiene una linda historia. Por 1704 esas tierras eran habitadas por gente humilde quienes tenían que recorrer duros caminos hasta Stellenbosch para poder abastecerse. Al retornar de uno de esos viajes los habitantes del que ahora es aquella finca encontraron su casa y granja devastada por el fuego -pensándolo bien, la historia no es tan linda- quedando con ese nombre la hacienda que luego ahí se construiría. Las primeras cosechas de la nueva hacienda datan de 1806, y hacia finales de aquel siglo -1872- son adquiridas por Daniel François Malan quien se aventuró a comenzar el cultivo de vides y la producción de vino, cuando inicialmente las tierras fueron recomendadas para cultivar trigo. En la actualidad es Damiel Malan, perteneciente a la quinta generación de esta familia quien se dedica al cuidado de este negocio y la pasión heredadas.
La historia no la conoceríamos si el vino no hubiera rendido, por lo menos, una buena experiencia; fue mejor que eso, de ahí a conocer sus otras variedades para estar atentos en una probable nueva salida, y claro, su historia.
El vino: de un color negro hacia el centro, con bordes violáceos, de capa baja a media, forma lágrimas intensas. En nariz, frutos rojos, cerezas maduras, hay también un toque de vainilla. En boca, es leve, pero no llega a ser aguado; de una tanicidad marcante, algo fuerte; la madera se deja sentir lo justo, sin sobresalir a la fruta; de una acidez compleja, rica; hay un toque de frutas secas, como de pecanas, algo resinoso, rico; de final medio, con retrogusto a tabaco, y a frutos rojos de mermelada.
Tiene una personalidad diferente, sus taninos son equilibrados pero a la vez más vivos, muy persistentes; es un caldo muy sabroso. De excelente rpc 18,90 dólares (RS 38 al cambio de aquí, aunque no es vendido en Brasil, de serlo costaría cuatro veces más). Se agradece la recomendación de aquel tío, ojalá en el futuro podamos encontrarnos con otros ejemplares de esta casa. Título original : Midnight’s children, 1981 Título en portugués : Os filhos da meia-noite Editora Companhia das Letras, 2006 Traducción de la introducción : José Rubens Siqueira Traducción de la obra : Donaldson M. Garschagen.
Salman Rushdie supo invertir muy bien las setecientas libras que recibió como adelanto por su primera novela, “Grimus” (1975) –que hasta donde sé no ha sido editada en castellano, ni por aquí en portugués- yéndose de aventurero, de mochilero –quizá- por la India, optando por quedarse en pequeños hostales y viajando de ómnibus, conociendo aún más ese rico universo que debe ofrecer un país tan extremo como aquel, y alternando experiencias adquiridas en el transcurso de ese viaje con ideas que ya tenía abortado años atrás nace esta novela, donde el realismo mágico se amalgama perfectamente con una realidad que en muchos momentos, para nosotros occidentales, puede parecer ficción pura, aunque no lo sea.
En esta obra de Rushdie encontramos cómo el 15 de agosto de 1947 la India no sólo obtenía su independencia, también nacían 1001 niños a la medianoche de ese día, dos en particular, los más cercanos a esa hora exacta, uno de familia musulmana y otro de familia hindú, quienes son intercambiados por la enfermera que se encargaba de ellos en ese momento, cambiando así también el destino de esos niños y de esas familias. Tiene sentido este paralelismo, tanto la India como Salim Sinai y los otros mil niños que nacieron en esa primera hora de libertad estaban en pañales.
El autor a través de nuestro narrador, Salim Sinai, uno de esos dos niños intercambiados en aquella fecha histórica, nos presenta diversas historias que él mismo va develando a su ahora esposa Padma en una narración nada lineal, con constantes saltos en el tiempo, regresando al presente, a veces incluso llevándonos a un desenlace futuro de algún personaje, para luego retornar rápidamente al pasado donde se desarrolla la acción de los hechos. La trama puede parecer algo confusa por momentos, más aún cuando en las primeras líneas encontramos a un narrador que no sabe cómo comenzar a develar su historia, encontrando luego la manera adecuada de hacer conocer a Padma –y a nosotros- su singular y enreverada historia. Rushdie es tan seguro de su argumento, tan bien articulado, que se arriesga a entregarnos un dubitativo narrador; Rushdie es un gran titiritero que sabe el momento exacto para jalar las cuerdas de sus variopintos personajes perfectamente perfilados, envueltos en una trama por momentos tan caótica como debe de ser cuando un país obtiene su independencia, con todo lo bueno y malo que esto acarrea: grupos políticos peleándose por el poder, subdivisiones, mala administración, crisis internas, matanza de gente inocente, guerras, y todo esto puede resultar súper aburrido si no fuera por las diversas pinceladas –en verdad, brochazos- de realismo mágico que el autor sabe dosificar a la dura realidad.
Aquí, por ejemplo, el optimismo es una temible enfermedad de proporciones pandémicas. Por otro lado, tanto Salim Sinai como Shiva, los niños que fueron intercambiados a la hora de nacer, tienen poderes especiales: el primero, más humanista, comienza a cultivar la telepatía, ya el segundo, es más práctico y subversivo, quiere guerra, y usar a “sus hermanos” para ese fin, ambos pelean el liderazgo de todos los niños nacidos en esa hora por ser ellos los primeros en ver la luz exactamente a la medianoche de ese día; y los otros niños también descubren tener poderes tan diversos que pareciera una versión india de los X-Men: uno domina las perdidas artes de la alquimia, otro puede mudar de sexo al sumergirse en el agua, otro puede viajar a través del tiempo yendo al futuro o regresando al pasado pero con un gran problema de comunicación -ah…, si lo escucharan-; y una en particular: Parvati, la iluminada, poseedora de los dones genuinos de la hechicería, nacida tan sólo siete segundos después de Salim y Shiva.
Cuanto más cerca de la medianoche han nacido mejores poderes desarrollarán. Salim comienza a comunicarse telepáticamente con los otros niños instándolos a ayudar a su prójimo, ya Shiva los quiere usar para obtener poder, todas estas discusiones realizadas a partir del décimo cumpleaños de los 581 niños que sobrevivieron –de los 1001 que nacieron- llegando a esa edad.
Con estos recursos Rushdie nos entrega esta saga familiar remontándose a la génesis de Salim Sinai, con una escrita pulcra, y para este caso, una traducción a la altura de tamaña novela y tremendo autor, hay que reconocerlo, pues aunque no haya ni ojeado alguna versión en su idioma original he podido leer un libro de Rushdie en castellano (“Los versos satánicos”) y tanto en aquel, como ahora con éste en portugués guardan esa pulcritud en la prosa, consiguiendo en ambos casos mantenerme enganchado al libro y a la trama. 
Rushdie critica duramente, a los ingleses, por ejemplo, por la masacre de más de dos mil indios en Amritsar por parte de los soldados del general Reginald Dyer en 1919; y a los indios, pues cuando obtuvieron su tan ansiada independencia no demoraron mucho en hacer ver a los suyos que no estaban preparados para tal cambio: los diversos grupos políticos se peleaban el poder; se defendieron con más fuerza las diversas lenguas que por allá se hablan, casi instintivamente, como para diferenciarse; se subdividió la India en nuevos estados y territorios administrados por el gobierno federal; enfrentamientos directos entre hindúes, musulmanes y sijs; poco más de un mes después de obtener la independencia se desata la –primera- guerra Indo-Pakistaní: todo lo que las autoridades de aquel tiempo hacían y planeaban sólo conseguía separar aún más a los indios, generando el caos en esa sociedad, y claro, más muertes.
Critica en especial el mandato de Indira Gandhi –y que no tiene nada que ver con Mahatma Gandhi, quien también aparece en la trama- y su participación directa en aquella guerra, cuyos resultados acabarían por ver el nacimiento de un nuevo país, Bangladesh, el alfil de la India.
Rushdie nos hace ver a aquellos hijos de la medianoche como una esperanza –“De Esperanza no tenía más que el nombre…” (*)-, y tras poco años de independencia, la pérdida de esta –“…como toda esperanza se esfumó.”(**)-; ellos son como todo lo bueno que se esperaba para la India y sus habitantes, pero que estaban muy lejos de obtenerlo.
Y aunque es un drama, con muertes por doquier y todo eso, por varios momentos reí mucho. Claro, no por esos hechos en sí, sino por la forma cómo está escrita, con un fino humor que disimula de gran manera los diversos momentos de tragedia que hay en esta historia; sólo me faltó que al pasar alguna página salten de ésta algún grupo de indios bailando eufóricamente alguna afiebrada coreografía.
Todos esos fantásticos personajes mezclados con hechos reales de la historia reciente del país donde el autor nació confieren a la novela la estructura de un complejo entramado, siendo el humor el recurso utilizado como un camino de migajas para no perderse entre tanto caos.
Salman Rushdie acaba de lanzar al mercado su autobiografía “Joseph Anton”, mientras tanto yo redescubro a un autor muy popular por su obra “Los versos satánicos” y la fatwa decretada a raíz de esa obra. Imagino que la mayoría de lectores inician a conocer la obra de Rushdie a través de aquel libro, como en mi caso, por la curiosidad y el morbo que despierta tanta publicidad que le hacen los iraníes, pero el leer esta novela me dejó con más hambre de Rushdie; él es más que aquel libro. Debería ser imprescindible, como Borges, como García Márquez, como Machado de Assis, como el respirar.
(*) (**) Aquellas dos frases son del décimo tema, “Más guapa que cualquiera”, del cd “Enemigos íntimos” de Fito Páez y Joaquín Sabina. La canción no tiene nada a ver con la presente obra, pero recordé esas partes del tema mientras escribía esas líneas. Canción cantada a tres voces, junto a Andrés Calamaro: ¡mejor que Los Panchos!, aunque a mi viejita no le hubiera gustado tal afirmación. “Enemigos íntimos” fue uno de los cd’s que me llevé a la isla, por cierto, nada desierta. Bodega Luigi Bosca
Finca La Linda Viognier 2011
12,8% Grad. Alc.
Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina.
Finca La Linda es otra marca que se fue postergando hasta ahora que nos hicimos de un ejemplar (en verdad dos) del numeroso abanico de variedades con el que cuentan.
Esta marca es la “línea de entrada” de la bodega Luigi Bosca, y aunque ya habíamos probado un par de copas de algún tinto nunca nos habíamos traído una botella a casa.
A la vista, es de una linda tonalidad dorada con ribetes algo verdes, denota una mediana corpulencia. En nariz, desde el descorche es muy aromático, aunque su intensidad va disminuyendo pero sin llegar a desparecer: floral, herbáceo, es lo primero a percibirse, en la segunda copa hay algo afrutado pero es en poca intensidad, como a peras; hacia la tercera copa hay un toque de vainilla. En boca, no refrenda la corpulencia de la fase visual, pero tampoco llega a ser aguado; las sensaciones florales y herbáceas aparecen también aquí siendo más notorias que lo afrutado; de una rica acidez, de final corto con retrogusto algo mineral.
Es muy fresco, de buena acidez y una rica astringencia. A veces siento en los blancos que cuanto menos corpulentos mejoran su acidez, y bueno, éste fue así. A sus RS 29,90 (casi US$ 15) tiene una buena rpc. Este viognier frio y fresco armonizó bien con un risotto de salmón. A ese precio un vino más que correcto.
Herdade do Esporão
Esporão Tinto Private Selection 2007
Alicante Bouschet - Aragonez
14,5% Grad. Alc.
DOC Alentejo, Portugal.
Este Private Selection tinto de la añada 2007 tiene grandes diferencias en comparación con su hermano del 2005 degustado hacia finales del año pasado, y estas son perceptibles desde el momento de cogerlo del anaquel. Como dijo Jack el destripador, vamos por partes:
Lo obvio es el cambio de diseño: para esta serie de cuatro vinos la encargada del arte en las etiquetas es la artista plástica Joana Vasconcelos (al igual que en el blanco Reserva de la cosecha 2009 el cual olvidé hacer mención: el sapito de aquella etiqueta llamado “O príncipe” lo aprecian aquí.
Joana Vasconcelos tiene desde el 2007 hasta el 2012 una serie de “Toros”, y en la etiqueta de este vino no se aprecia bien pero aquí se puede ver una cabeza de toro forrada con telares de diferentes diseños, y nombres, incluso hay uno del 2008 llamado “Manolito”, porra..!!
El siguiente cambio es la botella: la del 2005 era más delgada y más tubular, esta del 2007 es más ancha y mucho más pesada. El papel utilizado en la etiqueta parece diferente (la botella del 2005 ya fue, así que no tengo cómo comparar), de una textura más porosa, con el torito y las letras del nombre y añada en alto relieve. Desde ahí ya se ve que no dejaron ningún detalle al azar.
Nos hicimos de una pierna de cordero uruguasha que maridamos dos días antes con sal, pimienta rallada, ajinomoto –me gusta ese polvo-, hartas hierbas secas: romero, orégano, alecrín, hasta un par de hojas de coca que quedaban del último té también fueron para adentro, pimienta roja y blanca en bolitas, todo mezclado con harto aceite de oliva y un chorrito generoso de aceite de ajonjolí, y a una bolsa –de esas que dan en la vinoteca, de plástico grueso- bien amarrada por dos días y medio y guardada en la refri’ para ahora asarla a 250º en una bandeja forrada con papel aluminio y la pierna también “tapada” con el mismo papel para no perder los jugos. Los últimos 15 minutos se saca el papel que cubre la pierna y se enciende el dorador. Guarniciones de papas -cómo extrañamos la papa amarilla andina, las habas, el choclo de grano blanco y grande…!!!- y arroz, siendo el momento justo para abrir y armonizar con este ejemplar portugués.
Al vino: a la vista, es de un granate negro hacia el centro, y violeta oscuro en los bordes, forma enormes lágrimas que demoran en caer por las paredes de las copas; es denso, denota una corpulencia mayor a lo habitual. Oído, ¿oído…? Bueno, este vino suena diferente al salir por el cuello de la botella y al caer en copa, hace un cloc, cloc cloc más macizo, más sonoro al salir, más seco al caer. En nariz, es una explosión de frutas negras y rojas, hay frambuesa, ciruela, moras, es muy persistente, esta sensación no disminuye en las posteriores copas mas sí acrecenta otras: en la segunda copa hay madera suave, tabaco; en la cuarta copa hay sensación de humo, tostados, y toques especiados. En boca se refrenda la corpulencia mayor, las notas de tabaco y tostado, con un toque de vainilla; en la tercera copa hay sensación a humo, pero lo que más resalta al igual que en la fase anterior es lo afrutado; sus taninos son rebeldes, es un vino muy potente, nunca se mostró cálido a pesar de sus 14,5 de graduación. De final largo con retrogusto algo floral.
La experiencia con la añada 2005 fue de aquellas memorables, pero el orgasmo obtenido con este camaleónico 2007 fue todavía más intenso. Este ejemplar ofrece aún más, es más potente, con la abundante fruta y la madera muy bien integradas. Es un vino portentoso que acompañó muy bien nuestro almuerzo-cena. A gozar sabroso, como canta el bueno de Micky Gonzalez.
Finca Del Enlace
Tracia Syrah 2011
13% Grad. Alc.
Valle de Tulum, San Juan, Argentina.
Segunda botella de los vinos Tracia que nos hicimos aquella vez y que su descorche se fue postergando hasta hoy, no debería siendo éste un vino joven, para ser bebido lo antes posible, aunque hay ejemplares que parecieran contradecir esa máxima.
A la vista, de un granate oscuro hacia el centro, algo opaco, de bordes violáceos, de capa de baja a media, denota poca corpulencia aunque no parece aguado. En nariz, lo afrutado aparece primero, es algo alcohólico sin incomodar; de aroma muy discreto. En boca, primero: no hay esa sensación de aguado, es leve, sí, pero un punto a más en esa leve corpulencia sin llegar a alcanzar una densidad media; lo afrutado aparece en mayor medida –sin ser una explosión de fruta, no, nada de eso- que en la etapa olfativa, ciruelas negras maduras, pasas; es cálido, con un toque leve de dulzor que lo antecede, no es nada empalagoso, es sólo un toque; de suave tanicidad, con un punto de un rico amargor; de final corto con retrogusto algo especiado.
Un vino que en la fase gustativa se redime –e incluso sorprende- de las dos anteriores que no entusiasman, y si recuerdo momentos antes del descorche, aquel corcho negro que trae…, desde ese momento no entusiasma, pero si bien un producto es el resultado de un todo, lo más importante es el caldo. No llena la boca pero acompaña muy bien la comida, unas tortillas de carne y aceitunas verdes. Y digo “sorprende” porque hay que considerar su precio: RS 12,30 (US$ 6), o sea de muy buena rpc, es más barato que cinco pasajes de bus local. A estos ejemplares los llaman de “honestos”, este creo que supera ese adjetivo.La "
Feira do Largo da Ordem" es uno de los puntos fijos para llevar a alguien que llegue de visita a la ciudad, ya sea nacional o extranjero, si su estancia coincide con algún domingo en la capital paranaense, Curitiba. Pero también siempre es una opción muy atractiva para los que vivimos aquí, más si hay un niño en casa. Es un gran mercado de pulgas al aire libre donde se encuentra de todo, o casi todo: artesanías, antigüedades, lp's, cd's, libros, ropa, juguetes, comida y bebida, artículos para el hogar, estampillas, monedas y billetes, y un interminable etc. Son como ocho cuadras (quizá más) donde cada domingo, así llueva, truene, caiga granizo -por lo menos una o dos veces al año cae-, o con el sol fuerte de esta temporada, los tradicionales vendedores cierran las calles y ocupan esa parte del centro de la ciudad. Y si contamos con los establecimientos alrededor de esta feria las opciones aumentan aún más. Esta feria es un buen ejemplo de lo que es Brasil, un país multicultural: aquí se reúnen los descendientes portugueses, alemanes, italianos, ucranianos, polacos, japoneses, bolivianos, argentinos, chilenos, peruanos, pudiendo encontrar productos, ropas, música, comida y bebida, típicas de estos lugares. También los brasileños de otros estados llegan aquí ofreciendo productos típicos de otras regiones de este país-continente. Y entre tanto barullo, tanto comercio, y tanta conversa -y tantas mujeres..., que por que uno esté a dieta no significa que no pueda echarle un vistazo al menú: esas rubias descendientes de Europa del este, pero con ritmo y sabor latino, mamita querida....-, hay una calle reservada para la exposición gratuita de coches antiguos, tan bien conservados que parecieran recién haber salido de fábrica, la mayoría datan de la mitad del siglo pasado, muchos de antes. Ya habíamos estado el año pasado en la Convención de Volkswagen Escarabajos denominada "
Dia Nacional do Fusca" que se realiza todos los años aquí en la ciudad, pero en esta feria no sólo hay "escarabajos". Si alguien tiene un coche de estos es sólo llegar y estacionar y así nosotros, los transeúntes, podemos apreciar estas joyas, sacar algunas fotografías, e incluso conversar con los dueños acerca de los detalles de la nave que manejan, todos muy cordiales y atendiendo a las infinitas preguntas que hacemos, sobre todo de niños, que no están acostumbrados a ver autos como estos por las calles. Es tanta la cantidad de personas que llegan que es muy difícil fotografiar las naves sin alguien parado al lado, y el ir a preguntar sobre marca, modelo y año resulta una tarea difícil más cuando, como en nuestro caso, hay una niña queriendo ir atrás de algo, así que no podré dejar detalles de los diversos autos que conseguí capturar. Muchos llevan el año en la placa, pero no todos.


















































Llegan también muchos motociclistas, pero a diferencia de los carros las motos las dejan tan juntas que no se pueden fotografiar a no ser en grupo, pero así no se aprecia del todo. Una excepción fue esta chopper con sus arañas.
Acompaño a mi esposa a ver ropa, luego ella me acompaña a la librería de viejo, para luego los tres caer al puesto de una familia boliviana que hacen empanadas de pollo, de bacalao, de carne, y que la ofrecen con rocoto (opcional): riquísimas, con su clásico "caldo de cana" ("extracto de caña") del puesto vecino. Las joyas de encima siempre están ahí, cada domingo, para recordarnos, o hacernos saber, que un carro también puede ser una obra de arte.
Viña Tarapacá
Tarapacá Gran Reserva Etiqueta Negra 2008
87% Cabernet Sauvignon – 13% Cabernet Franc
13% Grad. Alc.
D.O. Valle del Maipo, Chile.
Luego de algunas experiencias con diversas variedades de la línea gran reserva de la Viña Tarapacá ahora probamos el gran reserva etiqueta negra, cabernet que está una línea arriba del gran reserva normal y dos líneas abajo del vino top de la vinícola, el Tara.Pakay.
El cabernet sauvignon utilizado para este caldo proviene de siete diferentes cuarteles del Alto Maipo y de la región costera de Maipo.
De un granate vivo, de bordes violáceos, de capa media, forma lágrimas intensas. En nariz, muy afrutado, moras, guinda, pasas, en la segunda copa hay algo de madera y vainilla; en la cuarta copa toques de tabaco. En boca, lo afrutado se refrenda, las moras y guinda; hay un toque de nueces; es algo licoroso, no incomoda; de mediana corpulencia; de final largo con retrogusto a madera, tabaco y algo de especiado.
Este caldo tiene que respirar para poder apreciarlo mejor, nosotros lo dejamos cerca de una hora, estuvo perfecto para armonizar carne y chorizos a la parrilla. En boca aunque de cuerpo mediano no llena del todo, pero su sabor es realmente agradable. Fácilmente aguanta –a buen recaudo- unos 4 ó 5 años, y quizá más. Una muy interesante experiencia.
Vinícola Franco ItalianoFranco Italiano Moscatel7,5% Grad. Alc.
Colombo, Paraná, Brasil.
Esta pequeña vinícola está relativamente cerca de casa de la cual ya habíamos experimentado algunosvinos suyos, ahora fue la vez de este espumante -regalo de los padrinos de la bebé: se agradece- de única fermentación en tanques de inox y elaborado con el método Asti.
A la vista, es de un amarillo paja que coquetea con el dorado, de burbujas pequeñitas y muy persistentes. En nariz, es muy afrutado, manzanas, peras, hay una sensación dulce pero no de miel, parece de la misma sensación afrutada. En boca, se refrenda la fruta, sobre todo la sensación a manzanas; de un dulzor relativamente suave que no empalaga.
Aunque no llega a ser cremosito, es un espumante correcto, estuvo bien para la conversa post almuerzo.
Bodegas y Viñedos La EsperanzaFinca El Origen Reserva Torrontés 201014% Grad. Alc.
Valle de Cafayate, Salta, Argentina.
Otro vino salteño que encontramos y que hasta el momento de depararnos con la botella desconocíamos. No recuerdo haber visto algún Finca El Origen antes de este ejemplar, ahora ofrecían dos variedades, éste torrontés que estaba de oferta a RS 29 (US$ 14,5 –dólares-), y un malbec que creo estaba por los RS 39. Probablemente la línea tenga más variedades pero los malbec y últimamente –con la temporada- los torrontés son los que más se encuentran entre los argentinos.
Amarillo paja pálido, denota poca corpulencia. En nariz, es más floral que afrutado, jazmín, melocotones y un toque del amargor –en positivo- de la cáscara de toronja. En boca, la sensación floral se refrenda, de leve corpulencia, de final mediano con retrogusto cítrico, toronja, lima.
Muy fresco, jovial, está muy bien trabajado, de buena rpc (RS 29), otro salteño, menos conocido -al menos por estos lares- que su afamado vecino Colomé; diferente, que nos deja conocer un poquito más de lo mucho que debe tener por ofrecer la provincia de Salta. Título original : Ópera dos mortos
Año de publicación : 1967
Presente edición : Editora Civilização Brasileira, 1970.
Hace poco más de cuatro meses los diversos medios de comunicación brasileños informaban lamentando el deceso, a los ochenta y seis años, de Autran Dourado (Minas Gerais,, 1926 – Rio de Janeiro, 2012), autor fecundo, cuya máxima obra es la de la presente entrada.
Dourado nos presenta en nueve intensos capítulos la historia de una familia grande, rica e importante en una ciudad de Minas Gerais a través de sus descendientes, desde el patriarca Lucas Procópio Honório Cota, misógino, de un oscuro pasado, padre del coronel João Capistrano Honório Cota, hombre correcto que incrementará aún más la fortuna de su padre, y que a diferencia de éste – que no congeniaba con casi nadie- tendrá literalmente a la ciudad en su casa, y acabará por aceptar intervenir en la política local. Aunque era muy sociable siempre se las ingeniaba para diferenciarse del resto, ya sea por su modo elegante de vestir o por su manera refinada al actuar. Todo se irá al tacho al morir su mujer doña Genu (se pronuncia “yenú”), abstrayéndose del mundo en su cuarto y maldiciendo a la ciudad entera, como alguna vez lo hizo su padre.
Dourado alterna un narrador omnisciente por momentos y por otros a los mismos personajes de los cuales a través de sus diálogos y cavilaciones irán desenvolviendo la historia, hasta llegar a la hija de este coronel Honório Cota: Rosalina, el personaje principal de esta historia, así el capítulo dos es en donde interrumpe su narración linear para llevarnos al pasado de la familia de esta mujer, y poder entender el por qué de su extraño comportamiento en los capítulos posteriores.
Sin embargo, en el inicio de esta novela aquel narrador nos presenta primero la enorme casa que a través del tiempo alberga a esta familia. La casa es como un personaje más, inicialmente nueva, cuidada, arreglada, para que en tiempos de Rosalina estar abandonada a la intemperie, al polvo y al musgo. La casa no habla pero dice mucho del estado anímico de sus habitantes en los diferentes momentos de esta historia.
Rosalina es una mujer que adoptó la postura del padre –luego de la muerte de su madre- y del abuelo, recluyéndose en su caserón y teniendo como único contacto con el mundo a su ama, Quinquina, mujer muda pero de gestos y ademanes grandilocuentes cuando se lo propone, por ella conoce de la curiosidad externa por saber qué sucede al interior de ese enorme recinto y claro, le interesa un bledo congeniar con el gentío. Quinquina al ser muda envuelve la auto-reclusión de Rosalina en el absoluto silencio.
El autor nos describe a Rosalina guapa, madura, en la mejor edad, pero con un grave problema de sociabilización, llegando a odiar a los de la ciudad aún sin tratarlos desde su juventud. Desliza una cierta debilidad hacia Emanuel, hombre honesto y trabajador, quien le propuso matrimonio en su momento llegando a ser rechazado por no pertenecer a la misma clase social. Él es el encargado de los negocios de la familia y es a quien Rosalina acude para pedir dinero conforme lo va necesitando. Su soledad es amenizada con la bebida diaria y nocturna de vino de madeira. Ella también respeta la tradición familiar de tener parado un reloj por cada familiar muerto, cada cual a la hora en que cada uno falleció.
Pero ese silencio será quebrado con la llegada de José Feliciano, también conocido por Juca Passarinho (el nombre se pronuncia “yuca”, el apodo siguiente significa “pajarito”), quien llega a la ciudad de un pueblo alejado. Él es un tipo zafio y taimado que habla hasta por los codos, mezclando realidad con mentiras con la facilidad con la que otros respiran. Utiliza su labia fácil para hacerse de favores, así como de oficios menores huyendo de trabajos pesados. Al conocer la historia del caserón y de su intrigante dueña se las ingeniará para ingresar a trabajar ahí.
Así como con la historia familiar de Rosalina, Dourado hará una pausa en su trama para llevarnos a otro punto de Minas Gerais y encontrarnos con este tipo que es el lado opuesto de Rosalina, hasta su llegada a la ciudad y la decisión de pedir trabajo en el caserón.
Rosalina lo acepta porque ve en él la posibilidad de tener con quién poder conversar, tener alguien a quien escuchar, no era de la ciudad así que su indiferencia no lo alcanzaba. Ya instalado Juca Passarinho llenará la casa con sus historias y sus preguntas, animando a Rosalina y también a los de la ciudad que tendrán en él la oportunidad de saber de primera mano lo que sucede al interior de ese recinto. Pero él, hombre sencillo, nunca imaginará descubrir en su patrona a una bella mujer escondida bajo esos largos y pomposos vestidos, y menos aún que ésta intente seducirlo.
Dourado describe con maestría los encuentros furtivos y nocturnos de estos dos personajes tan opuestos, pero a la vez tan carentes. Mientras que por las noches Rosalina, animada por el vino, esperaba el regreso de Juca Passarinho para conversar sin hablarse, tan sólo valiéndose de gestos, roces, miradas, y aunque el silencio reinaba la comunicación llegaba a ser fluida. Ya de día ella volvía a su marasmo y seriedad, dirigiéndose a él sólo para dar órdenes. Podemos apreciar en la doble vida de estos personajes los pequeños detalles que van carcomiendo a ambos, tanto durante el día como por la noche, los pensamientos confusos de Juca Passarinho por no poder controlar a esa mujer, resignándose a la sumisión diurna, y al nerviosismo nocturno por presenciar el drástico cambio de Rosalina por las noches. Su confusión es tal que los vecinos llegan a creerlo enfermo por lo callado que se torna. También Rosalina inicialmente se siente sucia en mezclarse con un pueblerino, un sirviente, pero espera su llegada por las noches para reiniciar todo.
Es curioso no sólo ese hecho: ella piensa que no debe estar con él por ser de una clase social menor, y él pensar que no puede estar con ella por ser su patrona, de alta alcurnia, y para colmo un mujerón. No sé si esto aún se dé, pero antiguamente ese pensamiento era muy común.
El autor cuando recurre al narrador omnisciente hace uso de un portugués castizo (si es que acaso es válido este término. “Más puro” quizá quede mejor), palabras que difícilmente son usadas en la actualidad, muchas de ellas son poco usadas (al menos por aquí en Paraná, no sé en Minas Gerais, pues mucho cambia) y algunas hasta deben haber caído en el olvido. Ya cuando son los personajes los que comparten sus sentimientos e ideas encargándose ellos de la narración utiliza (el autor) la manera y costumbre de hablar de esa región, su campo semántico, intercalando jergas típicas de ese estado en aquel tiempo, y entre los personajes también es fácil reconocerlos por su manera de expresarse: Rosalina, Emanuel, João Capistrano Honório Cota por ejemplo hacen uso de un léxico más culto, ya Juca Passarinho y los pobladores tienen un vocabulario más coloquial, y Quinquina también –cuando piensa, ya que es muda-, sumándole ese peculiar estilo que tenían (o tienen) las personas de raza negra al hablar, que incluso varía de acuerdo a su estado anímico, muchas veces musical, y en otros momentos algo beligerante –lo sabemos por sus ademanes y chillidos, uno hasta se la puede imaginar desorbitando los ojos-, todo esto enriquece la historia, aunque es algo más trabajoso –pero la encuentro sabrosa- leer esta obra que alguna otra más contemporánea y ambientada en nuestros días. ¿Cómo será la traducción al castellano? Pues existe una edición en nuestro idioma de Ada Korn Editora.
El chisme, la muerte, y la soledad son temas recurrentes aquí. La curiosidad por saber qué pasa con Rosalina, qué piensa acerca de ellos, queda claro en los pobladores y vecinos de la ciudad. También Quinquina no esconde su curiosidad por saber cómo actuará Rosalina, ligeramente ebria ante Juca Passarinho. Rosalina quiere saber –aunque lo niegue- por Quinquina –que sale a vender las flores de tela y papel hecha por ellas- qué hablan de ella afuera de sus muros, pero esa curiosidad muere con ellos, nadie se atreve a hacer algo por saciar su hambre de información.
Los muertos están presentes no sólo en el recuerdo de Rosalina –con los relojes parados, recordándolos-, de Quinquina y de los pobladores, ellos mismos, aunque respiren, en su marasmo son los muertos a los que el título parece referirse.
La soledad no sólo de Rosalina, etérea, en su mansión, llena de recuerdos y de el silencio que se tornó absoluto en el caserón por vivir con Quinquina, que aunque tenga mucho qué decir al sentir las burlas de la gente se retrae, refugiándose en la única amistad que considera tener, Rosalina. Juca Passarinho, un total parlanchín, habla con todos, recuerda a muchos, pero al final él mismo repara en su triste soledad.
Tras leer esta obra el título resulta hermoso. No debe ser coincidencia el año en que se editó (1967), en pleno “boom latinoamericano”, cuyos rostros y nombres vienen rápido a la mente: Cortázar, García Márquez, Fuentes y Vargas Llosa, pero hay muchos que están al lado de esos cuatro, y que están todavía por ser descubiertos –como Roa Bastos, del que increíblemente se habla/escribe poco-; el brasileño Autran Dourado demuestra con esta obra que es uno de ellos. Los Domados S.A.
Domados Zaino Grand Reserve 2008
100% Malbec
14% Grad. Alc.
La Consulta, Valle de Uco, Mendoza, Argentina.
Ya habíamos probado la añada 2006, y ahora probamos este 2008, de nueva etiqueta y confirmando la buena imagen que dejó en aquella oportunidad.
De un granate oscuros y bordes violáceos, de capa media, forma lágrimas de mediana intensidad. En nariz, lo afrutado ataca inicialmente, ciruelas; hay un tostadito también, en la tercera copa hay algo de vainilla. En boca, lo afrutado se refrenda, las ciruelas maduras; de mediana corpulencia, de taninos muy bien integrados; llena la boca; de final largo con retrogusto especiado.
De una excelente rpc (RS 38 / US$ 19 -dólares-), armonizó perfectamente con una carne a la parrilla con espárragos y tomates, especialidad de los padrinos de la bebé.
Por favor, que ningún experto o revista especializada le ponga un puntaje alto o le haga alguna mención en particular que corre el riesgo de que suba el precio. Este sabroso caldo argentino ofrece realmente una experiencia de aquellas a un precio muy accesible.
P.D: ¡Qué difícil estuvo subir la entrada! Tuve que escribirla nuevamente aquí, no me aceptaba el copiar mi texto del word pues aparecía todo en blanco; los misterios de Blogger. Miolo Wine Group
Vinícola Ouro Verde
Terranova Brut Rosé De Noir
100 % Garnacha
12% Grad. Alc.
Vale do São Francisco, Bahía, Brasil.
Sin la menor duda este vino espumante trabajado con la uva garnacha ha sido al que más tiempo le hemos dedicado en la fase visual por su color totalmente diferente de lo que hasta ahora hemos experimentado.
¿Saben qué tiene que ver ese color violeta leve de la capucha y de la parte inferior de la etiqueta con el color del espumante? Nada. El espumante es de un rojo muy vivo, como cuando diluyes gelatina de fresas en agua caliente, así de rojo; de perlage pequeñito y muy persistente. En nariz, lo afrutado aparece en toques de fresas, aunque es algo discreto. En boca, hay una leve sensación de levadura, lo afrutado de la fase olfativa se refrenda, fresas; de una leve acidez, rica, también tiene un puntito de dulzor que antecede a la acidez, muy leve; de final corto con retrogusto a levadura.
No es un espumante sabroso, de esos que vas a recordar por su variado abanico de características organolépticas, no. Por otro lado es muy fresco, de una simpleza que agrada y deja conforme, más si se degusta en esta estación veraniega, de hecho su diferencial está en esa cromaticidad que tiene. Una agradable sorpresa llegada de la tierra de Jorge Amado, Bahía. Bonterra Vineyards
Bonterra Cabernet Sauvignon 2009
13,5% Grad. Alc.
Mendocino and Lake County, California, U.S.A.
Primer vino estadounidense que bebemos juntos. Es extraño el poco -en verdad nulo- consumo de vinos yankees con la buena fama que tienen los californianos, pero no lo es pues, ya que así como con la mayoría de europeos, los vinos de la tierra de Obama llegan por aquí re-caros.
Este vino orgánico fue una experiencia totalmente diferente, generando en nosotros tanto buenas como no tan buenas sensaciones.
A la vista, de un rojo vivo, de capa baja, inclusive algo translúcido, denota leve corpulencia, forma lágrimas intensas. En nariz, ciruelas negras, moras, frambuesas, es muy persistente la sensación afrutada, después de una hora hay una sensación a madera. En boca, de leve corpulencia, no llena la boca, lo afrutado en esta fase no es tan intenso pero está ahí; hay también un toque de clavo de olor; de final mediano con retrogusto a té negro.
Considerando que por el precio que tiene (US$ 21,90 -dólares-) uno consigue vinos de otras regiones y terruños que sabemos que no defraudarán (el Montes Alpha syrah estaba a US$ 25 -dólares-) este Bonterra tiene una mala rpc.
Agradó el sabor que tiene, lo afrutado –aunque es más intenso en nariz que en boca-, su sensación tánica algo rústica que no incomoda, pero no agradóla leve corpulencia que tiene, hasta lo encontramos aguado –y es un varietal de cabernet sauvignon-, y eso que estamos con comida, tortillas de carne, aceitunas verdes y champignones. Extraño que un mismo vino deje las dos sensaciones al mismo tiempo. Experiencia diferente.