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Fecha Publicación: 2016-05-01T03:10:00.001-05:00
Cuando abrió los ojos todo había terminado. Había estado muerto durante la noche y sus piernas, automáticas, sólo conocían una dirección. En su mente no existían los recuerdos del ayer y no entendía la razón de su paradero. Desorientado, sucio, y con unas ganas terribles de consumir cualquier elemento líquido, así fuera sangre, se tambaleaba por entre la pista y la vereda, en un zigzagueo desesperado por encontrar una explicación. Las personas lo miraban extrañados y evitaban cruzarse en su camino. Su apariencia era atroz, el rostro desencajado, las manos sucias y un botón arrancado de la camisa. Sin saber cómo dio a parar en aquella calle notó que la conocía, había pasado cientos de veces por allí y concluyó que alguna fuerza extraña lo guió y lo puso a buen recaudo. Revisó sus bolsillos. Su mundo había cambiado desde aquel instante silencioso, se dio cuenta que a pesar de su estado moribundo, sin celular ni billetera, era un sobreviviente.

A pesar de que en su cabeza sólo existían dolor y confusión, al primer sorbo de Coca Cola pequeños retratos se dibujaron en su dañada memoria. Todo fue demasiado rápido, la música, el reencuentro con viejos amigos, la decisión de ir a libar a cualquier disco de la avenida La Marina. Una boleta en su bolsillo le dio la primera pista: Big Bar. Poco a poco recordó el taxi, la entrada a la disco, el licor pagado con la gastada tarjeta de crédito Visa. Una mujer lo había mirado con lascivia invitándolo a bailar. Él se acercó. Su amigo de borrachera, cogiéndolo del hombro le dijo: "Huevón, ten cuidado, es el Big Bar, está lleno de peperas". A Naldo no le importó y a ritmo de Víctor Manuel empezó con su torpe y etílica danza: "Por ella por ella, por ella por ella, por ella por ella... Por ella por ella, por ella por ella, por ellaaaaaa". Stop. Una hora más tarde, Isaac, su amigo y consejero, se movía, ebrio y con las manos en alto, al ritmo de Ricky Martín: "Go go go, alé alé alé, go go go, alé alé alé, arriba va, el mundo está de pie, go go go, alé alé alé". Eran pues, dos hombres en juerga, con dos desconocidas que ya estaban en su mesa y bebiendo de sus cervezas servidas en jarras de veinte soles.

Sin noción de su tiempo y dirección, Isaac y Naldo salieron del Big Bar. Los vigilantes los vieron: "Van allí dos zombies, sin saber a dónde, ni cuándo, ni cómo, ni por qué". Detrás de ellos salieron sus eventuales acompañantes, le entregaron algo de plata a los vigilantes y se fueron sin remordimientos. Momentos antes una pastilla había caído adrede en los vasos de Naldo e Isaac. Una inodora y peligrosa dosis para olvidar y caer en la inconsciencia. Los amigos se separaron sin darse cuenta, sin norte fijo, drogados sin querer, y bolsiqueados en sus propias y borrachas narices feromínicas. Naldo nunca supo cómo apareció en aquella conocida calle, tan cerca de su casa. Fue un zombie durante una madrugada, y milagrosamente, un vivo al amanecer. Una semana después Isaac le contó que tampoco recordaba nada: "Son cosas que pasan en el barrio fino, ya fue". Un año después de estos acontecimientos, Naldo volvió sobre sus huellas. Sentado en el Big Bar con un amigo medio loco reconoció a las culpables de esta historia: "Manya brother, esas son las flacas, las peperas". Pero esa es otra historia, y algún día será contada.

En la vida real el Big Bar cerró sus puertas, y sus peperas, se dice, migraron en manada a las discotecas allende la pista, la cual, los fines de semana, se puebla de cadáveres que caminan, sin un norte fijo, sin saber dónde, ni cómo, ni cuándo, ni por qué. Paz para estas pobres almas en pena que hasta hoy siguen pululando por ayuda y que con el cambio de las modas, caen rendidas con el fondo musical del "Baile del totó", canción fúnebre que retumba en sus cabezas, cuando al revisar sus bolsillos, se dan cuenta del ultraje de sus pertenencias y de su falsa hombría de borrachos seductores.


Una década después Naldo ya no acude a estos templos del exceso, e Isaac, según palabras del más allá, deambula por salsódromos de La Victoria. "Son cosas, pues, que pasan en el barrio fino", cree, será su epitafio al final de sus verdaderos días. "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios". Buenas noches.


Etiquetas: [House of cards]  
Fecha Publicación: 2016-04-17T11:43:00.001-05:00
El mundo es un lugar hermoso habitado por seres infames. Esa es la conclusión a la que llego luego de terminar la cuarta temporada de House of Cards, una conocida serie de Netflix donde se desnuda la forma de hacer política de los Estados Unidos de Norteamérica, y por qué no, también de la peruana, con sus intrigas palaciegas y negociaciones por debajo de la mesa. Frank Underwood y su esposa Claire son los protagonistas de este drama político. Juntos forman una dupla indisoluble y maquiavélica, y llevan a cabo los más bajos y viles métodos para llegar cada vez más arriba, en una escalada meteórica que emprenden sin detenerse hasta sentar a Francis, como ella lo llama, en la Sala Oval de la Casa Blanca y ser el hombre más poderoso de la Tierra, y ella, la Primera Dama de la Nación.

El catalizador de los eventos se dio en el 2013, cuando este fue dejado de lado en la formula presidencial del Partido Demócrata de EE.UU. El presidente electo le había prometido ser Secretario de Estado, pero desde que asumió el poder, prefirió dejar a Francis como un elemento negociador y de control en el Congreso, dados sus conocidos antecedentes y la facilidad que tenía para convencer a sus opositores, sea para conseguir votos para modificaciones legislativas, traicionar ideales partidarios o conseguir adeptos en desmedro de promesas electorales.

Sus creadores no pudieron pensar en un personaje más siniestro sentado en aquella histórica sala. Francis es un bisexual que en el pasado alquilaba jovencitos de bajos recursos para satisfacer sus reprimidas necesidades sexuales; no tiene remordimientos para asesinar a sangre fría a los que se interponen en su camino; soporta que dos artistas seduzcan a su esposa, a tal punto que uno de ellos, un laureado escritor, se acueste con ella en la mismísima Casa Blanca para terminar, cínicamente, sirviéndoles el desayuno; no reparó en practicar un trío sexual con ella y su guardia de seguridad, un joven patriota que llegó al extremo de dar su propia vida por él y por su investidura; y en el paroxismo de sus pútridos excesos, utilizar la muerte inducida en secreto de su suegra para impulsar a Claire como su vicepresidenta, quien una noche antes le había proporcionado las gotas letales en su propia boca. Son, sin lugar a dudas, aguas servidas del mismo buzón.

Y es que Francis Underwood siempre consiguió lo que quiso a cualquier precio. Los ideales de libertad que propugna la democracia aquí son pisoteados y utilizados para asegurar los intereses de transnacionales y líderes políticos corruptos. Rusos, chinos, sirios y demás transitan en este oscuro acertijo de relaciones internacionales, pozos petroleros, centros de operaciones militares y terrorismo global. La muerte como arma de control social y catalizadora de adeptos, la vigilancia interna de los ciudadanos, los abusos del poder político y la extorsión a otros políticos y militares son sus métodos preferidos para detentar ese poder omnímodo que da la presidencia de la primera potencia mundial. Por su oficina desfilan periodistas, empresarios, republicanos, operadores políticos y hasta su antiguo cocinero de nombre Freddy, el único que se atreve a llamarlo por su nombre e increparle que ve a las personas como objetos de su propiedad, mandándolo a la mierda dentro de la propia Casa Blanca.

Si bien es un relato ficticio, hay una verdad innegable: la política es el terreno perfecto para satisfacer las necesidades megalómanas de los seres humanos más ambiciosos. No hay lugar más adecuado, las relaciones más recomendables, ni los premios más deseados y jugosos que en la política. Así ha sido desde los albores de la civilización, cuando el primer sacerdote descubrió que prediciendo los movimientos de los astros obtenía el poder sobre los hombres, hasta los pasillos de la Casa Blanca, donde se dictan las políticas que mueven los hilos del mundo occidental contemporáneo.

“Vamos a crear terror” es la frase final de la pareja Underwood, quienes en la cima del mundo, quieren más. Nada raro siendo seres humanos, nosotros, siempre queremos más, y por eso gozamos tanto de sus logros. Así digamos en nuestra hipocresía que los aborrecemos, en el fondo, estoy seguro, que muchos los estamos envidiando. Quedo a la expectativa de la quinta temporada. Mientras seguiré viendo nuestra propia producción nacional, nuestra serie política de terror, aquel drama político de la vida real, en la cual, la hija del más grande corrupto de nuestra historia tiene las preferencias electorales para llegar a la presidencia de la República del Perú, su hermano, probablemente sea el Presidente del Congreso, y su bancada, la de mayoría en el Parlamento de la Nación. Como ven, estimados lectores, la realidad supera largamente a la ficción.

Tengan un buen domingo, y almuercen sin vomitar.



Fecha Publicación: 2016-03-10T19:23:00.001-05:00
Un sábado cualquiera. A las siete la oscuridad reinaba en el cielo del Callao. La canchita acogía a los futbolistas de losa, que embriagados la utilizaban como baño público. Transcurría así la eterna jornada de licor sabatina. Los tíos del barrio, viejos oficiales de la Marina retirados, habían empezado con la "chancha", como llamaban a recolectar el dinero para la compra de cerveza. Eran cuatro antiguos referentes de la comunidad, cuyos funerales serán, seguramente, apoteósicos. Dos cajas vacías y abandonadas quedaron varadas en la tribuna de la canchita de Proción, su barrio, a la espera de que el guachimán las recoja al día siguiente.

Uno de ellos le dijo: "Naldo, vao' a seguirla a otro lao' ". Compraron seis Pilsen y se fueron a una esquina. Al viejo zorro le decían "Turbo", porque según sus compañeros de promoción naval, se llevaba con total desparpajo la gasolina que debía administrar durante sus años de oficial. "Tienes que aprovechar sobrino, la vida se acaba y los hijos crecen". Naldo encontraba en Turbo y en los demás viejos una conversación interminable y etílica. Le gustaba escucharlos discutir de política y renegar de los rojos, de los cholos, de los choros, de las mujeres de la vida, y verlos caer uno a uno, por el avance del alcohol en su sangre. Él, sin embargo, con un cuerpo treintañero, duraba hasta el final y casi siempre terminaba en otro lugar rodeado de gente más joven, hasta las últimas consecuencias.

Fue aquel día. Los viejos, así como los niños, ya estaban en sus camas. Él, avanzado de copas, fumaba un cigarrillo en la puerta de su casa revisando los mensajes de su celular. Su amiga Jadiel, una mujer de casi su edad lo abordó: "Naldo, por qué tan solo, vamos donde mi yunta, hay música, casa sola y trago gratis". En unos minutos ya se encontraban en su vehículo. Ella manejaba a gran velocidad, pasando justo por el frente de la comisaría de la Ciudad del Pescador. "Acá chambea un punto que me levanto así que normal, por eso no me paran los tombos", dijo ella. A Naldo no le sorprendió porque todos en el barrio sabían que Jadiel era la culpable de que sus hermanos, dos prontuariados delincuentes, no estén en la cárcel, gracias a que se acostaba con un alto oficial de la PNP.

Jadiel no era una mujer guapa, pero era dueña de un cuerpo voluptuoso. Sus senos proporcionados y redondos, cintura pequeña y grandes nalgas la hacían dueña del perfil chalaco de la "jerma rica", como para un vacilón. Llegaron a la casa de su amiga. Un hombre moreno de dimensiones gigantescas les abrió la puerta. "Habla batería, a ver ese culo", dijo dándole vuelta a Jadiel, como en un baile de salsa. "Oye pendejo, deja de joder a mi causa. Habla polilla, te dejas ver a los años", dijo su acompañante femenina que salía de un cuarto muy oscuro. Era de anatomía también privilegiada pero de un rostro más agraciado que el de Jadiel, convertida en polilla (mujer de mal vivir) gracias a ésta. Una lata de cerveza en la mano derecha y un cigarro Lucky convertible en su izquierda delataban que habían empezado la encerrona sin ellos. A Naldo le pareció conocida.

El hombre se acercó a Naldo y le preguntó si era un "soplón". En lenguaje vulgar, un soplón es sinónimo de policía. Naldo, envalentonado por el alcohol ingerido le respondió violentamente: "No soy huevón, si fuese tombo no vendría a tu jato". El sujeto lo miró contrariado. "Causa, tú no me conoces, pero por lo visto eres rata", le dijo. "Brother, no hay que ser adivino para saber a qué te dedicas, tu fierro está sobre la silla, me gustaría saber tu nombre, el mío es Naldo". Y cogiendo un cigarrillo le pidió fuego. "Llámame Matán. Rata, ese fierro es mi herramienta de trabajo, imagino que lo sabes". "Lo intuyo", respondió.

Las mujeres bailaban con sus latas en la mano, la radio emitía Sorpresas de Ruben Blades, aquella olvidada segunda parte de Pedro Navaja. Matán miraba con lascivia a su mujer, que en un descuido dijo su nombre: Francesca. Ella, bien entrada la madrugada sacó un cuadro de su habitación. Era su imagen semidesnuda, con hilo dental y un sostén diminuto estampada en la última página del diario El Trome. "Yo he sido una Malcriada", dijo orgullosa inflando el pecho. Naldo se lo pidió, lo miró de cerca, y efectiva pero inexplicablemente recordaba aquella contraportada. Según la fecha, había aparecido cerca de un año atrás, por ello la sensación familiar que experimentó al ver el rostro medio "apirañado" de la ebria que tenía al frente. "No la mires mucho causa, no seas muy rana", dijo Matán, tomando un gran sorbo de cerveza.

Ya era demasiado tarde, la luz entraba por la rendija de la única ventana de la casa. Los había sorprendido un triste amanecer invernal. El negro Matán había confesado su precio. "Mil soles causita y no la cuentan. Yo tengo los contactos y me gano mi comisión a veces, avisa nomás y salgo a chambear, yo también he quemado a varios punteros, pa' mi la vida no vale nada, business son business rata, la calle está dura". Y sin previo aviso, intempestivamente, se lanzó sobre Francesca y la empezó a besar, como si el hablar de asesinatos a sueldo lo hubiese exitado, la cargó y la llevó al cuarto oscuro que les servía de nido de amor. "Este es mi macho carajo, llévame a tirar", dijo ella entregándose al placer mañanero alcoholizado.


Naldo, exhausto, dejó a Jadiel dormida en su auto, emprendió su solitario retorno, y tambaleándose logró llegar a su cama, después de sortear peligrosas calles y avenidas. La gente lo miraba y se apartaba de él dado su evidente borrachera, los ojos reventados, las manos amarillas de tanto fumar. El domingo lo despertó cerca del mediodía. Jadiel pasó con su auto por su calle y lo saludó al paso, al parecer había dormido tranquila debido a que su tombo la acompañaba de copiloto. Sus recuerdos eran borrosos, revisó sus llamadas perdidas y entre sus contactos encontró un nombre: Matán. Un escalofrío estremecedor le recorrió la piel. Borrando el peligroso número de su celular se quiso olvidar del sicario y su malcriada, quienes siguen viviendo en el Callao y en el plomo alojado en el interior de sus inocentes víctimas, muertas a destajo por cobardes que no se atreven a disparar con sus propias manos.


Etiquetas: [El renacido]  [Mad Max]  [Misión rescate]  [Puente de espías]  
Fecha Publicación: 2016-02-07T18:37:00.001-05:00
Contrariamente a otros años, de las ocho nominaciones a mejor película para el Oscar, he visto cuatro. Y es que al seleccionar películas no me guío de las carteleras dominadas por la industria hollywoodense, sino de consejos de personas que considero inteligentes y que sé, no me harán perder el tiempo comprando un DVD, o peor aún dinero, yendo al cine a hacer mi colita y a comer pop corn en costosos combos. Puedo decir que del batallón de películas vistas en el año que ya expiró, resalto cuatro que también están nominadas para el controvertido premio de la Academia: Mad Max, Misión rescate, Puente de espías y El renacido. Cada una tiene lo suyo y en lo sucesivo expondré las razones, pero no los argumentos, por los que a mi parecer, las anteriormente mencionadas deben ser vistas para que puedan dormir tranquilos.

Mad Max, una distopía ochentera: Mad Max, una nueva versión de un mundo distópico y violento, de rock y veloces motocicletas, de extraños justicieros solitarios y princesas secuestradas. Un mundo donde se lucha por los recursos más básicos y donde la manipulación tiránica de las poblaciones hambrientas hace recordar al nuestro. Contiene más elementos adrenalínicos que la cinta protagonizada por Mel Gibson que no permiten despegarse de la pantalla ni un minuto, pero la sensación de emoción de la hormona no llega a alcanzar el cielo de lo mejor del año. De todas formas es una película que todo amante del cine de culto debe tener en cuenta por cultura general.

Misión rescate, sobreviviendo en Marte: Podría escribir hojas enteras sobre este film. Particularmente soy un fiel aficionado de la astronomía y de su historia. Así que si son amantes del universo y de los límites de la humanidad para sobrevivir en él, esta película les caerá como anillo al dedo. Es un film eminentemente pedagógico narrado por el protagonista que resulta ser botánico, conocimiento que le permitirá sobrevivir en territorio marciano, al ser dejado atrás por su tripulación que lo creyó muerto. Aquí no encontrarán filosofía, sino ciencia dura, aunque algunos críticos le atribuyen cierta cuota de especulación teórica dado que aún ningún ser humano ha llegado a Marte y por ende no sabemos lo que en la realidad podría suceder de “naufragar” en estos desconocidos océanos.

Puente de espías, salvando vidas en la Guerra Fría: Tom Hanks y Steven Spielberg, una receta muy difícil de no digerir con placer. Donovan, un exitoso abogado de seguros envuelto en un lío mediático de espionaje termina siendo protagonista de una negociación internacional secreta para salvar la vida de tres individuos. La expresión “un abogado defiende la justicia” se ve personificada en él, quien en una lucha personal y en contra de su gobierno, se juega la integridad para salvar la vida de la mayor cantidad de seres humanos posibles. Muestra cómo una persona puede ser juzgada por lo que venden los medios de comunicación, de héroe a villano y viceversa. Una constante de los individuos consecuentes con su filosofía de vida.

El renacido, con Di Caprio, el actor mudo. Una película salvaje que explora los instintos humanos más profundos, como aquellos producidos por la venganza y la supervivencia. De pocos diálogos y con una cuota violenta que coincide con el paisaje hostil y con el periodo histórico en el que se desarrolla, no deja de sorprender el realismo de las escenas y la armonía del guión con la inmensidad de los escenarios, todos dominados por la naturaleza y su inocente crueldad. Una osa que ataca para defender a sus crías, una catarata que cae y que arrastra a un hombre malherido, un caballo desbarrancado, el clima gélido, los indígenas norteamericanos defendiendo su honor y a sus mujeres de las violaciones y asesinatos. En fin, un film de paisajes salvajes y de una actuación de Di Caprio que se puede calificar como tal. Le toca el Oscar al gringo, ya no lo jodan.


De todas ellas, me quedo con Misión rescate, dado mi gusto astronómico por los grandes misterios del universo.



Fecha Publicación: 2016-01-12T22:59:00.001-05:00
Una vez más fumando en la habitación, pensando en las Grushenkas de la vida, con sus insoportables alientos licorosos. Leyendo adormecido a Wilde, no puedo conciliar el sueño, y arranco con furiosos movimientos la hoja dedicada. Una copa de ron reemplaza los somníferos y prepara el cuerpo para la futura pesadilla. No importa cuánto busque la paz, porque siempre doy con la batalla. Miro al cielo y encuentro oscuridad, no hay estrellas a quien mentarles su puta madre. Cerrando la noche por el suelo, doy vuelta en la memoria. La cama que no existe, es la única que soportará mi peso.




Fecha Publicación: 2016-01-12T00:40:00.001-05:00
Sus pasos abandonaron la vieja calle, que en otros tiempos se llamó de Mercaderes. La Catedral alumbraba la pileta, mientras esta lloraba incesante sus pequeños chorros. 

La vio y apresuró su andar. 

El sonido del río, aún lejano, susurraba una encantadora melodía, mientras su silueta, cortada por la luz de los faroles, empequeñecía su sombra recatada. 

Cuando la tuvo en frente la abrazó, mientras observaba un carruaje evocador de tiempos relegados. 

Caminaron hacia la antigua estación convertida en casa de lectores y se detuvieron en el bar. Sentados y en silencio se observaron lacrimosos. 

Habían transcurrido, sin olvidarse, cincuenta años.








Fecha Publicación: 2016-01-06T08:59:00.001-05:00
Con el 2015 a punto de expirar apareció un gato en nuestro balcón. El susodicho se encontraba flaco y muy pulgoso, sin contar que emanaba un olor desagradable, como de basura, lo que produjo que mi hermano, debilucho y sentimental ante estas escenas, lo introdujera mas acá de nuestras puertas. Era un gato pequeño, atigrado, que había estado pululando sin rumbo conocido por las calles peligrosas. Al investigar a qué nos enfrentábamos nos dimos cuenta que era hembra, he ahí la razón de su abandono. Los integrantes de mi hogar, emocionados por la tercera mascota, la bautizaron con el nombre de Rosemary. La pequeña gatita, incapaz de maullar con fortaleza y tan débil que no podía saltar ni bajar escaleras, pasó el año nuevo con nosotros, acalorada por los mimos de sus adultos y humanos protectores, en una pequeña caja que le habilitaron para que durmiera abrigada en el tercer piso, en una habitación sin salida. Hasta que llegó el día fatal.

Cuatro de enero, me había levantado temprano para ganarle la ducha a los demás. El dia anterior había padecido de insomnio, como casi todos los domingos. Ruidos extraños provenían de la cocina aquella madrugada y una sombra tenebrosa me acompañó mientras veía la última película dominical, que me obligaba a no mover mi mirada de la pantalla por el temor a encontrarme con alguno de los espectros que me atormentan por las noches. Fue aquella una madrugada pesada y los malos presentimientos se apoderaron de mí una vez más. Habían pasado pocos meses desde el episodio paranormal de la mano peluda, aquella que mantuvo en vilo a todos los integrantes de los Chavez Lara, mi familia, por sus terroríficas travesuras e inesperadas apariciones. Pensé que quizá había tenido el descaro de regresar después del trauma que nos inyectó y la maldije en voz baja con una frase lisurienta: "Maldita mano peluda del demonio, ándate a la mierda".

Entré a la ducha y puse una canción de Facundo, "No soy de aquí, ni soy de allá". Y como buen tión la canté: "Supe del Diablo la noche que al hambriento dije no, también esa noche supe que el Diablo es hijo de Dios". Salí. Miré la caja que servía de cama a Rosemary y estaba vacía. La busqué por todas partes. Desperté a mi madre y a mis hermanos. Mi padre, a pesar de los llamados, nunca respondió. Empezamos a mover muebles, refrigeradora y a rebuscar cualquier posible escondite o trampa en la que podía haber caído, pero todo fue en vano, la gata, simplemente se esfumó, ya que no había ninguna salida posible. Solo nos faltaba buscar debajo de la cama de mi padre, tocamos su sagrada puerta interrumpiendo su sagrado sueño y no contestó. Asustados irrumpimos en sus dominios y sus cosas se encontraban alborotadas, pero no había rastros de él. El cuarto vacío hizo que trasladáramos nuestra preocupación hacia su paradero. Yo mismo le había dado las buenas noches y cerca de las dos de la mañana lo había visto caminar como un sonámbulo hacia el baño, sin percatarse siquiera de mi presencia.

Vergüenza me da confesar que en ese momento pensé que esto era obra y gracia de la mano peluda porque me resultaba demasiado inverosímil, pero la duda sembrada provenía de la injuria que había cometido con ella tan solo unas horas antes de estos extraños acontecimientos, al insultarla y expulsarla excrementalmente de nuestra humilde morada, que por lo visto le parece acogedora. Cuando reaccioné y recuperé la noción de mi raciocinio abrí las puertas de la calle y allí estaba él, al lado de su auto recientemente comprado. Estaba en pijama, desaliñado y portaba un desarmador. Nos miraba con ojos enloquecidos, como si la rabia lo estuviera dominando, con ganas de asesinar. Le preguntamos qué pasaba y no respondía, solo miraba el arma blanca que tenía entre sus manos y con un paso muy rápido empezó a subir asustándonos con su sospechosa actitud. Cuando llegó se detuvo frente a nosotros. "Me han robado", nos dijo. "Alguien abrió mi carro y se ha llevado mis cosas, solo dejaron esto". Y nos enseñó la herramienta. Temerosos asociamos los acontecimientos de ese fatídico día con la reaparición de la esquiva mano peluda. Era un hecho, dado nuestros inesperados infortunios, que ella estaba de vuelta.

Fue durante la noche, la gata observaba aterrada la extraña figura. El chillido de una puerta en el piso inferior rompía el desesperante silencio y el sonámbulo se movía sin sus habituales zapatillas. La alarma del auto empezó a lanzar su insoportable y estruendosa melodía. La gata desaparecía entre las sombras. La puerta del baño se cerró. El auto dejó de sonar y su interior amanecería vacío. Nadie nunca vio nada y los sonidos se perdieron entre los sueños y pesadillas de los habitantes de la casa. No hubo huellas ni testigos. La mano culpable cumplió su macabro objetivo, aterrorizar a todo aquel que le faltara el respeto, aunque esta vez, llegamos al consenso, de que se le pasó la peluda y mortífera mano desgraciada.

Hoy, siendo las dos de la madrugada, al sentir su presencia maligna, hice las paces nocturnas. "Maldita mano de mierda, aléjate de mi casa y deja dormir. Regresa al infierno del que saliste y nunca vuelvas, ya deja de joder carajo" y pensé en traer un cura armado de agua bendita. Mas tarde ella, aunque no lo crean, al verme con frío y dormido se apiadó de mí, cogió mis sábanas y cubriéndome apagó mi televisor, yo la vi mientras ejecutaba su espeluznante movimiento y volteaba mi rostro para no seguir siendo partícipe del demoniaco ritual. Desperté despejado en este dia nublado y la pequeña Rosemary maullaba detrás de la puerta de la calle. Había vuelto. Cómo subiría la escalera es otro enigma. Le abrí y entró, estaba limpia y despulgada, al parecer una "mano" amiga nos hizo ese pequeño favor. Con respecto al auto, aun descansa en la calle, y el desarmador encontrado por mi padre, nunca lo volvimos a ver, quizá su dueño vino por él, o quizá, puede ser, nunca existió. Siento que esta fue su despedida. Extrañaré a la mano peluda, me gustaba más siniestra que redimiendo sus fechorías, pero lo peor, nunca pude estrecharla ni saber quién movía esas satánicas falanges podridas. Hubiera sido todo un placer conocer al artífice de tanto miedo y de las historias que en este momento, recién, podemos decir, podrán descansar en paz.

Fecha Publicación: 2015-11-01T02:18:00.000-05:00
Hay historias que no deberían contarse, mucho menos a estas horas de la madrugada, cuando la silente oscuridad hace pensar que uno está siendo más que acompañado. Y es que escribo estas líneas con temor, porque siento que un fantasma me observa, o peor aún, me acecha para ahorcarme en mi descuido. Miro hacia atrás y solo veo a una de mis gordas gatas, encrespada y con la mirada fija en un punto vacío al lado de la puerta, esperando el momento para lanzar un zarpazo a una imagen invisible. Evito sus brillantes ojos, aterrado por no conocer lo que ella sí.

Relato, lo admito, con un poco de licor en mi dura cabeza, esta nebulosa narración. Y lo hago con la convicción de que hoy no dormiré en paz, porque una terrible pesadilla me despertará unas horas más tarde. Hace poco, buscando un poco de arte visual, di con unas viejas pinturas de íncubos y súcubos. Esas antiguas representaciones satánicas y oníricas revelaron que no estaba equivocado y que entre las horas que nadie vive, los demonios hacen de las suyas.

Y es que puedo asegurar que he sido víctima de sus nocturnas travesuras en más de una ocasión. Muy seguidamente mi padre se levanta asustado por culpa de su hijo mayor que lleva su mismo nombre, ese hijo soy yo, que de madrugada, en medio del silencio sepulcral de la casa que nos acoge, lanza un desgarrador grito. Él mueve mi cuerpo para ver si algo me pasa, o para descubrir la razón de mi supuesto dolor. Yo me muevo mirando a mi eventual salvador y con rostro somnoliento lo tranquilizo con mi clásica frase: “Lo siento papá, solo fue una pesadilla”.

Él se vuelve a dormir, mientras mis ojos no cierran sus párpados a la espera de que mi atacante vuelva a perpetrar su asfixiante castigo sobre mi cuello. Es muy probable que a muchos le haya pasado, cuando entre ronquidos uno se siente ahorcado y siente la impotencia de no poder lanzar un grito rogador de auxilio. Es una sensación atroz, cuando en la tranquilidad del descanso y de improviso sentimos esa terrible conmoción del estrangulamiento o del sexo productor de eyaculaciones nocturnas.

Los psicólogos lo llaman “parálisis del sueño” y se produce cuando la víctima inmovilizada, no puede respirar estando dormido. Esto ha ocurrido durante siglos y fue así que en la mentalidad religiosa y mágica de los creativos aparecieron los íncubos y súcubos, demonios que se visten de mujer o de hombre y que nos atormentan por las noches o producen que nuestros libidinosos líquidos manchen los pantaloncillos que utilizamos de pijama. Hasta allí entiendo los efectos psicológicos producto de la dureza de las distintas vidas y que hacen sufrir alucinaciones a los espíritus más vulnerables y temerosos como el mío.

Pero cuento un caso especial que se está presentando en mi hogar en las últimas semanas, la aparición de una misteriosa y terrorífica mano peluda. Lector, si le parece ridículo este post, pues deje de leerlo en este momento, porque aunque no lo crea, me ofendería que alguien, ahora sí, se atreva a cuestionarme, porque a pesar de mi eterna y terca incredulidad, he sido testigo de sus fechorías al igual que casi toda mi atormentada familia.

El primero en ver la mano peluda fue mi hermano menor de nombre Gianfranco. Estaba él saliendo del baño y vio una extraña figura sobre su hombro, una larguirucha mano de apariencia pútrida que lo llamaba sin ningún cuerpo que la sostuviese. Como es de esperarse se metió despavorido a su cuarto y cerrando la puerta escuchó, totalmente asustado, como unos dedos la golpeaban, insistiendo para que la abran. Días después mi madre la vio en la cocina, ella también se espantó con aquella manifestación de ultratumba. A mi hermana Meryjean le cerró la puerta del baño, para luego presentársele de amanecida haciendo un ademán de saludo. A mí me cambió la música que emanaba de mi celular cuando este se hallaba encima de la tabla de planchar. No había nadie en ese lugar y para cambiar la melodía que tengo grabada en su memoria, hay que seguir varios pasos, más aún cuando se quiere cambiar a frecuencia modulada.

Aquella desconocida mano ha sido producto de bromas entre los miembros de mi familia y cuando lo comentamos con amigos cercanos somos el centro de las burlas, pero cada vez que hablamos de ella nadie quiere ir a dormir solo porque tememos que vuelva a aparecer y nos coja sin confesarnos. Yo ya estoy harto de que los espectros me atormenten. Hace muchos años era tanto el acoso fantasmal que tuvimos que traer un sacerdote católico para que literalmente exorcice nuestra morada. El sacerdote, al entrar a nuestra sala, no dudó en persignarse e inmediatamente echó agua bendita para ahuyentar a nuestros parásitos demonios.

Me causa intriga esta envejecida mano, es posible que sea algún alma pidiendo ayuda, y tanto sufrimiento tuvo que padecer en vida, que solo materializa una parte de su extremidad porque no llega a ser brazo. Sea como sea su presencia se nos ha hecho cotidiana y cuando la vemos o sentimos su compañía procuramos ignorarla, aunque confieso que me gustaría estrecharla, quizá jalándola pueda ver el cuerpo completo de nuestro indeseable huésped y poder reclamarle por qué perturba nuestra poca tranquilidad.

Es más, me parece muy extraño haber escrito este espectral post en tan pocos minutos, veinte para ser exacto, pero tengo dos hipótesis. La primera es que estoy sintiendo tanto miedo que el apuro me ha obligado a hacerlo, y la segunda es que sea la mano la que lo está haciendo por mí, pidiendo ayuda a través de mi escritura porque no puede apoderarse de mi cuerpo entero pero sí del movimiento de mis endebles dedos.

Iré a dormir esta noche con la televisión prendida y espero conciliar el sueño porque en el mundo de los seres metabólicos tenemos que trabajar los lunes para poder vivir. Si la televisión amanece prendida es que la mano me ha dado tregua esta madrugada, pero si solo veo oscuridad en la pantalla, es porque ella, y nadie más que ella, se ha dado el trabajo de apagarla por mí.


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Fecha Publicación: 2015-09-28T14:48:00.002-05:00


Solo en dos ocasiones he aceptado que otros autores invadan esta vitrina. Esta será la tercera vez. Las dos primeras lo hicieron bajo seudónimo helénico; en esta con ningún remoquete. Acepté porque se trata del CEHIS y por ende de la escuela de Historia de la UNMSM. No distraigo más, los dejo con el anónimo escritor y sus interesantes conclusiones.

El ejercicio crítico es una de las prácticas fundamentales a lo largo de la carrera de Historia, esta no solo debe ser efectuada a partir de la lectura de fuentes o bibliografía, sino debe servir como método de interpretación de la vida misma, desde las coyunturas nacionales, hasta las realidades más inmediatas. Para vincular la Historia a la sociedad, debemos empezar por creernos que nuestra carrera también sirve para interpretar nuestras propias vidas. El Centro de Estudiantes de Historia de la Universidad San Marcos (CEHIS) en un esfuerzo admirable puso a la disposición de las redes sociales un video de algo más de dos minutos en el que se comparte imágenes por el aniversario de la institución, casi medio siglo. Sin embargo, fuera de las buenas intenciones, que no se dudan, hay algún problema en la idea que este Cehis tenga 49 años.

Sucede que es muy difícil creer que esta institución cumpla casi 50 años de manera ininterrumpida, y a partir de una única tradición, si bien esto no se menciona, se da a entender ello. El CEHIS estuvo cerrado durante la intervención militar, y solo a inicios del año 2000 se podía volver hablar de Juntas Directicas. Pero no solo es un problema de años o fechas. ¿Qué relación hay entre el CEHIS que aparecía con la caída de la dictadura con aquel de los años sesenta?, en realidad ninguna. Al parecer se comete un error entre los jóvenes estudiantes al tratar de establecer un contínuum entre dos tradiciones radicalmente distintas, de dos instituciones que aparecieron en contextos muy diferentes, con preocupaciones muy disimiles.

Quizás esta aparente continuidad, esta tradición del CEHIS de 50 años se deba a un único elemento, la revista. Más que los discursos, las propias imágenes hablan. El video muestra la única referencia visual de la herencia de ese CEHIS del sesenta, la portada de la revista Historia Peruana, y luego una gran cantidad de imágenes donde se ve a personas trabajando por la organización del CEHIS, pero son fotografías muy actuales, algunas no deben tener más de cinco años, es decir, hablamos del Centro de Estudiantes de los últimos años, ¿Dónde está la conexión con la tradición organizativa de décadas pasadas?. Quizás los editores de este video debieron darse cuenta de este gran salto temporal, e incluyeron algunas fotografías antiguas de, en ese momento, estudiantes de Historia para tratar de encadenar las distancias de tiempo, pero el uso de estas imágenes son descontextualizadas, son fotografías personales de ciertos actuales profesores, algunos saliendo de clases, algunos con sus profesores de ese entonces, poco o nada tenía que ver el CEHIS ahí, algunas son de los noventa, se supone que el Centro de Estudiantes ya estaba cerrado. Entonces ¿Cómo se explica esa idea de generar una tradición orgánica de casi cincuenta años?. La única explicación es la revista.

El mejor aval de esta tradición es Francisco Quiroz, que cuando era Director de Escuela por los años 2011, y aún 2012, escribió una presentación a la nueva revista del CEHIS, llamada en ese entonces Heraldos. Unas pequeñas líneas, un poco contradictorias de por sí, hablan del “Inicio de una experiencia novedosa”, y luego menciona algo de una “trayectoria de cuatro décadas”. ¡Qué inicio tan largo!. ¿Hay alguna relación entre Historia Peruana y Heraldos (actual Diacrónica), hay algún vínculo entre ese CEHIS del sesenta y el actual?. No, no hay ninguna relación, solo el nombre de la institución a la que se adscribían: Centro de Estudiantes de Historia, desconocemos si en esos lejanos años se usaba el sigloide CEHIS. No entendemos porque Francisco Quiroz menciona que Heraldos es “continuidad” de Historia Peruana.

El video circulado es bastante claro, no hay nexos temporales, a falta de documentos, las imágenes que son el fruto de percepciones muestran claramente que el contínuum tiene un problema de conexión. El Centro de Estudiantes de Historia de los sesenta es radicalmente distinto al que nació a inicios del 2000. Aquella institución de 1968 se reclamaba como una “entidad ajena a toda actividad política y religiosa”. Mientras que fue la política el principal elemento que permitió la reactivación de todos los centros de estudiantes en la facultad, era imposible imaginar al CEHIS de los primeros quince años de este siglo sin la política, era su elemento constituyente y dinámico, la política alejó y atrajo a estudiantes de Historia en grandes cantidades. La coyuntura era distinta; sobre todo el ´68 (año de la edición de Historia Peruana) era un año de efervescencia política a nivel mundial, Praga, Tlatelolco, Paris, fueron escenarios de movimientos sociales y represión y masacres desmedidas, la muerte de Ernesto Guevara, la dictadura en Brasil, las represiones en el Chile de Eduardo Frei, Centroamérica era centro de invasiones imperialistas, las experiencias guerrilleras del MIR, la Revolución Cultural, el régimen velasquista, San Marcos era centro de la política, este era el elemento denominador de la vida social y cultural de esos años, hubo una generación con el apelativo “del ´68”, ¿Cómo se explica que haya aparecido un Centro de Estudiantes , que por lo menos nominalmente, mantenía distancia de la política?. Para ellos, y a diferencia de lo que pensaba Jacques Le Goff, la política no era el esqueleto de la Historia. Por el contrario, el 2000 iniciaba con los rezagos de una dictadura represiva y autoritaria, toda una década bautizada por Carlos Ivan Degregori como de la “antipolítica” brotó a movimientos muy politizados que no solo contribuyeron en la caída del régimen, sino que rápidamente se insertaron en San Marcos, y la organización estudiantil no tardó en aparecer, en este periodo aparece el CEHIS, su primer Estatuto conocido de esta época es del 2002.

Los adscritos al Centro de Estudiantes del ´68 pertenecían a la Sección Doctoral de Historia, ¿Qué quiere decir ello?, No, no lo sabemos. El Cehis de inicios del 2000 estuvo conformado por estudiantes de Pregrado, de la Facultad de Ciencias Sociales, que recién fue construida y usada en los ochenta; décadas atrás, Historia solo era un Departamento de la Facultad de Letras, por lo visto muy vinculados a los docentes, como en realidad debería ser, pero el Cehis de inicios del 2000 planteó un antagonismo radical (muy extremo en algunos casos) entre estudiante y docente. Hay una gran diferencia de naturaleza, orientación y fines, ¿Cómo puede establecerse una tradición así?. El “Cehis” del ´66 tiene una parafernalia muy distinta, la crónica publicada en Historia Peruana, menciona la juramentación de una primera mesa directiva en la que participó el Director del Departamento, Alberto Tauro del Pino. Cuando el Cehis de inicios del 2000 se reactivó era deslegitimado (como la mayoría de centros) por las autoridades de turno, un desconocimiento que no solo se basaba en el papel, sino también en los espacios. El Cehis recién adquirió el local actual años después, producto de constantes gestiones. ¿Existe un contínuum?. Es más obvio que no, hay naturalezas distintas, orientaciones y fines disparejos. La necesidad de crear un órgano de investigaciones, una revista, no puede ser un único indicador para señalar una tradición. Crear revistas, la necesidad de publicar ha sido un elemento gravitante en muchos colectivos de estudiantes, sin que por ello haya necesidad de una conexión o tradición organizativa. Hay innumerables casos que bajo ese concepto podrían sumarse a esta tradición pero no, más bien la aparición de Heraldos/Diacrónica podría entenderse como el resultado de una eclosión editorial que durante el 2000-2011 apareció en la Escuela de Historia por parte de ciertos grupos de estudios.  

Entonces ¿cómo se puede explicar esta idea de tradición organizativa?. Es muy difícil creer que por solo la presentación de Francisco Quiroz, me parece que el elemento esencial es el historiador Wilfredo Kapsoli. Él abandonó la facultad de Ciencias Sociales hace varios años y pasó a la Universidad Ricardo Palma, él fue miembro de la primera Mesa Directiva del Centro de Estudiantes de Historia en 1966 como Secretario de Cultura, indudablemente supo de Historia Peruana, él mismo publicó ahí un trabajo titulado “La primera huelga general en el Perú”. Sin embargo este historiador estuvo un poco olvidado por los estudiantes de Historia hace algunos años atrás, un cuidadoso análisis de los programas de las Semanas de Historia nos muestran un hecho evidente, su ausencia. No se encuentra su nombre en el reparto de conferencias durante el 2008, ni el 2009, ni aún en el 2010, recién aparece programado para noviembre del 2011 con la conferencia: “El historiador frente a los retos del siglo XXI”[1], pero hay un antecedente anterior, también aparece en una Mesa Magistral del II Congreso Internacional de Estudiantes de Historia (CIEH) en junio del 2010, con la conferencia “El impacto social de la Ley de vientres”. ¿A dónde va todo ello?. ¿Hay algún nexo entre Wilfredo Kapsoli y Heraldos/Diacrónica?, Sí, su primer director: Guillermo Fernández, el Cv académico que acompaña a su artículo en Heraldos, lo presenta como Presidente del Comité Organizador del II CIEH y Director de Heraldos (durante la gestión del 2011 que organizó la Semana de Historia ya comentada),  justo los dos eventos en los cuales Kapsoli empezó a aparecer. En realidad la relación académica que existe(ió) entre ambos es conocida, y totalmente natural. No hay nada de malo en ello. Pero, quizás (y pensamos en voz alta), la idea de esta tradición entre ambos centros de estudiantes, entre ambas revistas pudo nacer de esta fuente.  Pero el “Quizás” aquí no vale.

Es el mismo Comité editorial de Heraldos que manifiesta esta idea, Wilfredo Kapsoli (también Comité evaluador) ayudó a encontrar la revisa Historia Peruana, quizás el cariño de este insigne historiador por este centro sesentero se deba a que en 1969 este mismo “Cehis” también publicó un libro suyo titulado Luchas obreras en el Perú por la jornada de las 8 horas (1969), el Comité editorial las juzga como las dos únicas publicaciones en la historia del Centro de Estudiantes de Historia. La idea de esta tradición entonces sí proviene de esta fuente, estos mismos editores mencionan que “los orígenes y los primeros años de nuestra organización estudiantil […] se remonta a un 19 de septiembre de 1966”. Justamente la idea que planteamos repensar un poco más. Los mismos editores en una nota de pie de página evidencian algo fundamental, hasta el 2012 no se conocía la fecha de fundación del Centro de Estudiantes de Historia ni sus publicaciones. Eso es totalmente cierto.

La reactivación del Cehis actual no tiene sus orígenes en ese gremio de la década del sesenta, imposible plantear una continuidad cuando hay una interrupción (la intervención), los actores de la organización de estudiantes de Historia durante los primeros años del 2000 no conocían nada de ese gremio de la época de Kapsoli, (quizás algunos si), ¿Heraldos/Diacrónica se habrán inspirado en Historia Peruana, y planeaba continuar su tradición?. La respuesta es no, no se conocía la revista como atestiguan los editores de su primer número. ¿Cómo puede establecerse una tradición así?. Lo único que se comparte es el nombre institucional, ello no significa la continuidad en principios, organización, ni naturaleza. El Cehis actual, continuidad del que apareció con la caída de la dictadura, no tiene que ver nada con ese Centro de Estudiantes del año ´68. No solo estas líneas lo dice, lo mencionan los propios cultores de esta inicial idea, no se sabía la existencia del gremio sesentero en años anteriores, ¿Por qué buscar los orígenes tan lejos?. Las diferencias temporales son evidentes, no solo visual como muestra el video, también documental. Una comisión de estudiantes elaboró en el 2011 un documento llamado “Guía del Archivo del CEHIS” en base a un inventario del patrimonio documental que se tenía hasta ese entonces[2], las referencias más lejanas correspondían al 2001, es decir, post-régimen fujimorista, el conocimiento de Juntas Directivas se remonta al año 2002 (si no la primera, una de las primeras), con estudiantes de la “Base” 1997 en los cargos más representativos, estudiantes de sexto año para ese entonces. El local actual del CEHIS según ese documento es del 2004. De esta forma ¿Qué tradición se piensa implantar?. No hay ningún vínculo con ese gremio de los sesenta, ¿por qué entonces celebrar “49 años”?.

Eric Hobsbawm y Terence Ranger cuando hablaban de la “tradición inventada” mencionaban que eran un grupo de prácticas de naturaleza simbólica que buscaban inculcar determinados valores o normas de comportamiento a través de la repetición[3]. Una invención tiene como referencia un pasado histórico, los autores mencionaban que la práctica de inventar tradiciones es ante todo un proceso de formalización y ritualización caracterizado por la referencia al pasado. ¿Esto está sucediendo en el contemporáneo Cehis?, quizás. El hecho de ubicar el aniversario de la institución en un 19 de septiembre y conmemorar con un video esos largos años nos puede decir algo, ubicar a Historia Peruana como antecedente de Heraldos/Diácronica también pueden indicar algo, la respuesta dependerá sobre todo en la aceptación inconsciente por parte de la comunidad de historiadores sanmarquinos, estudiantes, egresados y profesores, sobre si el Cehis actual realmente hunde su pasado e historia en aquel centro de estudiantes de los años sesenta, una premisa que como vimos merecería ser un poco pensada.

Pero la invención de tradiciones como reseñaba Manuel Burga no son inocentes productos de las inconscientes practicas colectivas, sino que pueden ser inventadas y diseñadas conscientemente[4]. Es decir, hay una intencionalidad, que pueda quizás remitirse a años inmediatamente anteriores. La necesidad de buscar los orígenes del actual Cehis hace más de cuatro décadas pueda deberse tal vez a esa necesidad de buscar legitimación en el tiempo, en la antigüedad, quizás en el pasado glorioso, incluso el planteamiento de una línea de historiadores que ubique a Wilson Reátegui, Wilfredo Kapsoli y Alejandro Reyes (miembros del “Cehis” del 60) en correspondencia con los actuales, e inmediatos anteriores jóvenes de la carrera, es una formula muy conocida en nuestra historia. Quizás la idea de representar, tener, participar en un Cehis que tenga la mitad de un siglo suene de forma rimbombante, pero no es del todo exacta; pero aún estas explicaciones son bastante comprensibles, es decir, obtener legitimidad y reputación en base a la historia. Lo que quizás si sea un poco más problemático es el olvido de ciertos procesos. El fallecido historiador francés Pierre Vidal-Naquet decía que la memoria no es la historia[5]. El proceso de selección en ambos es distinto, y se puede olvidar o recordar ciertas cosas de forma muy intencionada. ¿Por qué se pretende recordar, conmemorar, ritualizar, el aniversario del Cehis hace casi 50 años?, y al mismo tiempo dejar en el olvido la reactivación del Cehis después de la caída de la dictadura de Fujimori, actores que en los primeros años del 2000 consolidaron y erigieron un Cehis, que es antecedente directo del actual, en todos los niveles: espacial, documental, estatutario, etc. Quizás porque los primeros años de ese Cehis eran eminentemente políticos, un gremio politizado en una época donde defender los derechos de los estudiantes no era una abstracción era ante todo una realidad concreta y permanente, que se basaba en la lucha por la gratuidad, por la libre organización y contra la represión, todo ello se consiguió a través de largos años y generó las condiciones pacificadas de la actual facultad de Ciencias Sociales. Quizás también porque es conocido que el Cehis, en esos primeros años, estuvo gestionado por espacios políticos con denominaciones claras, y posiblemente porque en esos primeros años el sector predominante en el Cehis era un grupo de estudiantes que ahora son estigmatizados por la política en la facultad. En fin, pero eso fue lo que pasó, negar estos orígenes directos del Cehis actual es obnubilar el pasado, de esta forma “memoria” más que una categoría de análisis, se vuelve sobre todo una moda intelectual de ONG. Si los jóvenes estudiantes de Historia pretenden buscar los orígenes de su centro de estudiantes en los desconocidos años de los sesenta, pueden hacerlo, es válido, pero deberían ser conscientes que esa tradición organizativa es inventada y ficticia.






[1] Puede revisarse el video de la conferencia gracias a la grabación de Jorge Moreno Matos, del blog El Reportero de la Historia, http://www.reporterodelahistoria.com/2011/12/wilfredo-kaposli-el-historiador-frente.html
[2] Puede revisarse el documento en el siguiente enlace https://es.scribd.com/doc/91332731/Guia-Del-Archivo-Del-CEHIS-2011.
[3]Eric Hobsbawm y Terence Ranger (eds.). La invención de la tradición. Barcelona: Crítica, 1983, p. 8-10.
[4] Manuel Burga, “Desconocidos inventores de tradiciones” en Márgenes, Año 1, N° 1, 1986, p. 176.
[5] Pierre Vidal-Naquet, Los asesinos de la memoria. México: Siglo XXI, 1994, p. 14.
Etiquetas: [abogados]  [archiveros]  [Archivo]  [historia]  
Fecha Publicación: 2015-08-27T19:17:00.000-05:00
Frankfurt, Alemania, 1958. El fiscal novato Johann Erdmann trabaja en la Fiscalía de la ciudad y se ve inmerso en el descubrimiento de una lista de ex – oficiales de las SS hitlerianas que sirvieron al partido nazi en el campo de concentración de Auschwitz. El joven fiscal, al igual que la mayoría de la juventud alemana, asumía que los criminales de guerra fueron juzgados en los juicios de Núremberg y desconocía las atrocidades que se cometieron durante la II Guerra Mundial. Es por esto que al conocer estos documentos emprende una cruzada legal a fin de dar con los responsables de los innumerables asesinatos que va rastreando a lo largo de investigación y que aún permanecían en libertad.

Durante sus indagaciones se topa con gente que le aconseja no despertar aquellos fantasmas del pasado dado que el poder aún protege a muchos personajes de la antigua oficialidad nazi, asimismo, muchos de ellos aún gozan de privilegiadas posiciones políticas y sociales. Nuestro personaje realiza entrevistas y visita un Centro de Documentación donde los estadounidenses custodian la preciada información. Son pues, los guardianes de la memoria cautiva. Es así que después de mucho batallar logra hurgar en los registros históricos y logra desenmascarar a supuestos buenos ciudadanos alemanes, llevándolos al poco recordado episodio de los “Juicios de Frankfurt”, procesos a través de los cuales la jurisdicción alemana juzgó a 22 antiguos oficiales de las SS. Hasta aquí el argumento del film.

Los amigos críticos tienen opiniones encontradas sobre esta película, sin embargo, aquellos que nos encontramos en el negocio del Derecho, de la Historia o de la Archivística identificaremos otros tópicos que van más allá del premio Oscar al mejor sonido. El compromiso ante la ley, la investigación y los archivos son elementos recurrentes y se verán reflejados a lo largo de sus escenas. Veamos:

-          La política y el acceso a la información: La Alemania de 1958 es un país con una democracia en pañales, es por ello que las autoridades evitan que el pasado salga a la luz. No se permite que la juventud conozca el pasado de sus padres, muchos de los cuales fueron integrantes del Partido Nazi durante el periodo de 1939 a 1945. Cuestionable proceder del gobierno alemán el cual debió dar a conocer el pasado, precisamente para no repetirlo. ¿Algo así viene sucediendo en el Perú con el caso del terrorismo? Los archiveros tienen una responsabilidad muy grande, y los historiadores docentes también. Otro ejemplo del limitado acceso a la información se hace evidente cuando el protagonista solicita un libro y una bibliotecaria le indica que lo tendrá, pero dentro de 6 meses, ¿en el contexto actual podríamos esperar tanto por la información?

-          Criminales y educación: Un hombre es profesor de escuela en esta Alemania. Un día cualquiera es reconocido por un ex – prisionero de Auschwitz, quien lo sindica como un criminal de guerra. Era aquel un sujeto cualquiera, infiltrado en la sociedad a pesar de sus incontables y horrorosos crímenes. El largo brazo de la justicia nunca había tocado su puerta hasta ese día fatal. Esta pequeña historia que transcurre en el film debería poner en alerta sobre lo que sucede en nuestras instituciones de educación públicas, donde muchos de los acusados por terrorismo se pasean campantes por pasillos colegiales educando al futuro de nuestra sociedad. Los Poderes del Estado deberían reformar sus intestinos y no dejar que se escapen estas despreciables flatulencias.

-          La recopilación de testimonios y la Historia Oral: ¿Qué rol cumple un abogado durante un proceso de investigación en el que debe entrevistar a testigos, víctimas o acusados sobre un hecho particular?, ¿no es el mismo que ocupa un historiador cuando practica lo que se conoce en el argot académico como “historia oral”?, ¿no se parecerán sus técnicas? Es probable que ambas disciplinas estén mirando el mismo escenario pero desde diferentes espejos. Un abogado hace Historia sin querer, pero un historiador no siempre hace Derecho queriendo. Ambos revisan documentos buscando una verdad, o quizá, por qué no, una mentira bien argumentada.

-          Los archivos como guardianes de la memoria: ¿Cuál es rol de un archivista en todo este engranaje?, ¿no depende de él que la información se encuentre disponible y que la ciudadanía y los investigadores (en el caso puntual de la película un abogado) accedan a ella? La memoria de una sociedad se conserva en los documentos, sean físicos o digitales, que en su devenir genera. El Centro de Documentación de la embajada de Estados Unidos, desde donde se extrajo casi toda la información para juzgar a los ex – oficiales nazis, es el vivo ejemplo que cuando la información está organizada se pueden realizar valiosos descubrimientos, no solo de crímenes de guerra, sino de corrupción y otros ilícitos penales. Así, no solo se descubre “Historia” en este el “ambiente natural” de los historiadores, también es fuente primordial para la administración de la justicia y de la transparencia.

No es una película audaz ni arriesgada, sin embargo transmite el mensaje: Una sociedad no puede desconocer su pasado. Una cruz pesada que caerá sobre historiadores y archiveros, y que seguramente un abogado acusará en el futuro por nuestra silenciosa complicidad.


Etiquetas: [Juan Velasco Alvarado]  
Fecha Publicación: 2015-08-25T02:46:00.002-05:00
Introducción:


La redacción era un hervidero de sensaciones, sus pasillos se presentaban laberínticos y el suelo como un cementerio de colillas. El joven periodista era ahora un circunstancial mensajero de la muerte y sorteaba a sus viejos colegas para empezar con la leyenda, quienes lo miraban pasar raudo, presagiando el contenido de aquel sobre cerrado. Es la madrugada del 24 de diciembre, ad portas de la Navidad del año 1977. La portada de aquel día no traerá impresa villancicos, sino un rostro achinado de porte militar. La amanecida promete ser intensa, hay que redactar una edición extraordinaria y publicarla a las 10:30 antes meridiano. Deben dar la primicia: esta vez no es un “perro” el que ha muerto, se trata de un General.

Corría la segunda fase del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas y Juan Velasco Alvarado yacía inerte en una sala de hospital. El comunicado había llegado veloz. Su mito nacía de esta forma, después de abdicar ante un Francisco Morales Bermúdez que se había hecho del poder a sus expensas y que abrazaba el sistema neoliberal. El país pasaba por una crisis que hasta hoy parece crónica y se elegía una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución. La democracia se anunciaba para 1980, cuando las Elecciones Generales nos devolverían, en teoría, a la verdadera democracia, la misma que aún seguimos esperando.


La golpeada oligarquía celebraba a puertas cerradas y algunos círculos militares se reunían en homenajes secretos. Los corresponsales llegaban desde todas partes a cubrir los inminentes funerales y la población se preparaba para ser protagonista de este capítulo mortuorio. No pretendo escribir un epitafio glorioso de su figura, pero sí reforzar el argumento de que la Historia es escrita por las masas, cuyas fuerzas guían desde este momento mis endebles manos. Este es el relato del proceso de su muerte y del significado que adquirió la misma. Repasemos los acontecimientos.


La Navidad de luto:

Sin duda la navidad del año 1977 es recordada por muchos peruanos debido a la defunción de un indiscutible líder revolucionario, el cual llevó a cabo reformas que despertaron y seguirán despertando pasiones y furibundos debates periodísticos, políticos e historiográficos. Este personaje fue el general Juan Velasco Alvarado, un hombre cuya carrera empieza con su ingreso al Ejército como soldado el 5 de abril de 1929 y culmina con la toma del poder el día 3 de octubre del 1968 a través de un golpe militar dirigido contra Fernando Belaunde.

Nadie puede negar el cambio radical que quiso llevar a cabo en esta primera fase del llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, en la cual, según el discurso adoptado por sus líderes, se realizaron importantes reformas orientadas a disminuir el poder de la oligarquía y del imperialismo en pos de acortar la brecha de la desigualdad. Es por ello que la figura histórica de este personaje resulta relevante ya que no existió jamás proyecto más ambicioso. Con él se ganó el odio visceral de varios grupos económicos poderosos, así como el favor de las clases menos favorecidas, quienes precisamente fueron las que exteriorizaron masivamente su pesar ante su desaparición.

En este breve ensayo relataré el proceso de fallecimiento de Juan Velasco Alvarado y el significado que adquirió el mismo para las grandes masas de ciudadanos que lo acompañaron hasta su última morada en contra de lo dictado por el gobierno de Francisco Morales Bermúdez.



El proceso mortuorio:

El comienzo del final de su vida se da el 14 de diciembre, fecha en la cual el general Velasco es intervenido quirúrgicamente en el Hospital Militar debido a un dolor en el estómago. Debido a su rápida recuperación se le trasladó de la sala de cuidados intensivos a una habitación en el cuarto piso, siempre resguardado por un oficial de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP) y acompañado de su esposa Consuelo González de Velasco, de sus hijos y de amigos personales.

Esta intervención  estuvo precedida de otras operaciones que se le realizaron, lo que fue percibido por la población como una recaída, es por eso que, paralelamente, en el exterior de dicho nosocomio se aglutinaban grandes cantidades de hombres de prensa que indagaban por obtener alguna novedad acerca de la salud del ex mandatario. El día 19 su salud se resquebraja nuevamente, el análisis médico dice que su presión arterial disminuyó debido a una hemorragia abdominal que le hizo perder 6 litros de sangre por lo que debe ser operado nuevamente el día 20.

Recuperando la conciencia por momentos, le informan que en el exterior del hospital hay una figura conocida que lo visitará, la del Monseñor Luis Bambarén Gastelumendi (Obispo Auxiliar de Lima), el cual se apresura en ingresar al mismo con dirección al cuarto piso donde se encuentra internado el célebre paciente. En el interior se encuentra toda la familia reunida, hijos, nietos y esposa, a la cual observa cansada y meditabunda debido a que comparte con su marido la larga agonía. Al final de la tarde del día 23 la infección evolucionaría generando una fatal septicemia.

A las 10 de la noche, el ex secretario de Prensa de la Presidencia y el general (r) Javier Tantaleán emiten declaraciones al numeroso grupo de periodistas ubicados en las puertas del hospital y argumentan que el estado de Velasco es muy delicado y que quedan muy pocas esperanzas para él. Se sabe que la infección es incontrolable debido a un boletín emitido por el hospital. Además, la presencia del Vicario General Castrense, Monseñor Alcides Mendoza Castro, hace correr el rumor de que se le dará la extremaunción.

Cerca de la 1 de la madrugada del día 24 de diciembre se confirma la presencia del Premier Guillermo Arbulú Galliani, en calidad de representante del gobierno, el cual abandonó el hospital por el pabellón de Emergencia. Asimismo el general (r) Aníbal Meza Cuadra pulula entre los pasillos preocupado y a la vez consolando a la esposa quien en estos instantes, según testimonios cercanos, mostró una gran fortaleza a pesar de ver el estado de su esposo agónico, Durante toda la noche seguían llegando personalidades de su gobierno así como personalidades ligadas a la segunda fase de la revolución, es decir, ministros y allegados a Francisco Morales Bermúdez.

Los últimos momentos del general Velasco Alvarado se dieron entre el ajetreo exterior y la paz proporcionada por el Monseñor Bambarén (según versiones de la propia familia). Posteriormente el Director del Hospital Militar General Eduardo Santamaría, hace público y de conocimiento para la nación de que la vida del general Velasco se había extinguido a las 8:10 a.m. muriendo a los 67 años de edad. El primer diario que sacó a la luz la noticia fue “El Comercio” a través de una famosa edición extraordinaria que hoy se conserva en distintas hemerotecas de la capital.



Los otros protagonistas:

El Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas se había preparado con anterioridad a este desenlace, es así que para ese momento las diferentes redacciones de los diarios ya tenían las instrucciones que debían seguir. El día 25 de diciembre aparece en distintos medios el Decreto Supremo Nº 026-77-PM el cual informa que el general Velasco Alvarado recibirá honras fúnebres de Presidente de la República, que el día 26 de diciembre en que se realizarán las exequias será declarado día de duelo nacional, y que el Pabellón Nacional permanecerá izado a media asta en el Palacio de Gobierno, edificios públicos, bases, cuarteles y buques de la Marina y de Guerra. Asimismo se le exhortó a la población a mantener el orden en los funerales.

El cuerpo inerte del general Velasco fue embalsamado y vestido con su uniforme de gala de General de División y fue entregado por el Ejército a las 5:45 p.m. a la familia, luego fue trasladado a la capilla del Hospital Militar. Según lo que cuenta Augusto Zimmermann hubo negociaciones entre el Gobierno y la familia debido a que la viuda no permitiría la presencia del Presidente de la República en las honras oficiales que el Estado había impuesto, pero a lo que sí accedió fue que asistiera el Jefe de la Casa Militar, el General de División Enrique Falconi Mejía en representación del Jefe de Estado. Curiosamente ningún diario de los que revisé toma nota de este acontecimiento, prueba del intervencionismo del Estado en los titulares y editoriales de la prensa peruana de la época.

Amigos y enemigos del general Velasco se daban cita en dicho recinto. En una sala se encontraba Juan Velasco Gonzales, hijo del difunto, el cual recibía las condolencias de todos estos, que posteriormente pasarían a la capilla ardiente donde se encontraban los restos del ex mandatario del Perú. Mientras tanto en los exteriores miles de personas se amontonaban para rendirle el último adiós al General que se había ganado apelativos como “Juan sin miedo” o “chino Velasco”.

El día 25 de diciembre el líder campesino Avelino Mar, en el local de la Confederación Nacional Agraria (CNA), en conjunto con otras organizaciones populares aprueban por unanimidad dar plazo al Gobierno del Perú hasta las 5 de la tarde del día lunes como feriado no laborable para darle oportunidad a la población  obrera y campesina a asistir al entierro del “general de los pobres”. Es así que el día 26 de diciembre aparece publicado un Comunicado Oficial en el cual se declara día no laborable en provincia de Lima y Callao.

El entonces Ministro del Interior, general Luis Cisneros Vizquerra sería el encargado de las medidas de seguridad en el traslado del cuerpo hasta el cementerio el Ángel, pero él no sabía que existían planes para boicotear lo establecido por la oficialidad, la cual pretendía introducir el ataúd en una carroza fúnebre y así evitar las manifestaciones de afecto que se darían irremediablemente si es que el pueblo llevaba en hombros el cuerpo del general Velasco que en este momento se hallaba en la Iglesia del Sagrario.


Entre las figuras del Gobierno había inquietud por si el pueblo se salía de control ante las medidas tomadas, es por eso que el ministro Cisneros envía un Comunicado Oficial con el cual se quiere disuadir a la población de alterar el orden y argumenta que debido a la supuesta presencia de elementos subversivos se han implementado una serie de medidas para que el ceremonial se lleve a cabo de la manera establecida. Una de estas medidas era que el ataúd solo sería llevado en hombros hasta la Plazuela de San Francisco y de allí en una carroza hasta su última morada, donde tomarán la palabra el premier Guillermo Arbulú Galliani y el general Meza Cuadra. Tampoco Avelino Mar participaría en representación de las organizaciones populares, en su lugar se designa a Guzmán Rivera, pero al instante en que se dispone a ingresar es detenido en su intento por la policía.

Se llevó a cabo la misa de Honras Fúnebres presidida por el Cardenal Primado de la Iglesia, Juan Landázuri Ricketts en la Catedral de Lima, mientras que en el exterior, en la Plaza de Armas se estaban congregando miles de personas para rendir el último tributo al general Velasco, entre ellos estudiantes, profesionales, obreros, campesinos, los cuales vitoreaban su nombre en señal de agradecimiento por su intento de transformar el Perú a través de la denominada “tercera vía”, duramente criticada y a la vez alabada por diversos sectores de la población.

Al terminar la ceremonia, el féretro fue sacado al exterior y la multitud lanzaba gritos de dolor y euforia reclamando llevar en hombros a su líder fallecido. El catafalco fue trasladado por la calle Pescadería acordonado por la Guardia de Servicios Especiales y seguido por el regimiento Escolta (a caballo) hacia la Plazuela de San Francisco. Es aquí donde se produciría el relevo final, cuando 8 oficiales del Ejército llevan el ataúd hacia la carroza y lo introducen, pero al querer encenderla no se ubica la llave y se procede a hacer contacto directo para arrancarla y trasladar el cuerpo de una vez por todas.


Debido a la presión de la multitud la carroza varía su dirección y por acción del destino el coche de Consuelo Gonzales de Velasco también se descompone. La situación se está escapando de las manos debido a la muchedumbre que rodea el féretro, la cual sigue con su reclamo en pie. Es por este motivo que la sufrida viuda insiste en que se haga caso al reclamo popular por ser este el deseo de su difunto marido. Al no tener otra salida, el general Arbulú da la orden de terminar con el Ceremonial Oficial y dar paso a la población a que cargue el féretro del ex mandatario hasta su tumba.

Llantos, gritos, episodios de asfixia y grandes manifestaciones de afecto se hacen visibles en todo el recorrido que duró según el diario “La Crónica” cuatro horas y media. Líderes de todas las tendencias políticas se dieron cita a darle el último adiós y cargar su ataúd durante el cortejo fúnebre. El recorrido estuvo acompañado por la Banda de la Guardia Republicana y por altos mandos militares impotentes y contrariados ante el clamor popular. Prosiguió el cortejo por el Jirón Junín, la Avenida Abancay, el Parque Universitario, la Avenida Grau y la Avenida de Los Incas hasta el cementerio El Ángel después de 5 km de comenzado el cortejo.

Ya en el cementerio dieron su conciso discurso el general Arbulú, representante del Gobierno y el general Meza Cuadra, que había sido propuesto por la familia. El cuerpo fue enterrado a las 4:30 p.m. de este día en una tumba sencilla cuyo único ornato fue la gran cantidad de arreglos florales que se le brindaron, últimos compañeros de su recorrido hacia la eternidad.


Post mortem:


En 1980 Fernando Belaúnde regresaría al poder. Morales Bermúdez, al dar un paso al costado, cerraba un ciclo más de gobiernos militares. El recuerdo del general Velasco permanecería como trauma para algunos, ora como resurrección de un esperado Inkarri para otros. Su figura representa autoritarismo y libertad, o dictadura y tierra. Un personaje que vivifica antagonismos y los trae a la mesa de la casa.

Fuentes:

1. AMES, Rolando / BÉJAR, Héctor / FRANCO, Carlos. El Perú de Velasco. Lima, CEDEP, 1986.
2. GUERRA, Francisco. Del Estado Oligárquico al Capitalismo de Estado. Lima, CEDEP, 1983.
3. ZIMMERMANN, Augusto. Los últimos días del General Velasco. Lima, Editora Humboldt, 1978.
4. El Comercio. Diciembre 1977.
5. Correo. Diciembre 1977.
6. Expreso. Diciembre 1977.
7. La Crónica. Diciembre 1977.
8. La Prensa. Diciembre 1977.
Etiquetas: [La ciudad y los perros Mario Vargas Llosa]  
Fecha Publicación: 2015-08-06T01:19:00.001-05:00
Totalmente ebrio de literatura y aún resaqueado por su párrafo final escribo mi testimonial sobre la experiencia de haber podido terminar de leer la novela fundacional de una vida de éxitos, “La ciudad y los perros”, del Nobel peruano Mario Vargas Llosa. Me pasé años enteros esquivando la película, porque la experiencia me dicta que es mejor ir a las causas que a las consecuencias, y esta vez no ha sido la excepción porque confieso que inmediatamente terminé de leerla me senté a contemplar el universo de Lombardi. Ver personificadas las invenciones del escritor en la pantalla emociona y en ocasiones conmueve, más aún cuando se tiene fresco el recuerdo de sus líneas, sin embargo, a pesar de ser catalogada como una de las mejores películas peruanas, me quedo una vez más con la creación impresa.

El contexto, un colegio militar y un grupo de jóvenes cadetes, cada uno representativo de un sector social, económico o racial del Perú. Encontramos pues al serrano Cava, al negro Vallano, al charapa llamado Boa, o, entre los blancos, al Poeta. De la misma forma, se configuran los estereotipos como el del cholo salado, el del blanco abusivo (Jaguar) o el del militar autoritario representado por el Teniente Gamboa. Sin importar la condición, todos terminan compartiendo cuartel y como en toda relación social donde se conforman grupos, existe el líder con su séquito (el Rulos y el Boa) y los subordinados, quienes son sometidos a abusos y vejaciones, como es el caso del Esclavo o los cadetes de años inferiores.

Narrada desde distintos personajes, la novela abusa armoniosamente del flashback, avanzando y retrocediendo para dar forma a un relato que navega entre la calle y la escuela, entre el amor juvenil y el sexo sucio de una prostituta, entre experiencias homosexuales y episodios zoofílicos, entre hogares disfuncionales y asaltos de casas miraflorinas. Lo real y lo ficticio de la vida de tres jóvenes protagonistas unidos por una sola muchacha, Teresa, que personifica lo que todos anhelamos, el amor.

La historia principal es archiconocida y gira en torno al robo de un examen de química y el supuesto asesinato de uno de los cadetes. Lejos de este su argumento principal, entre sus páginas se pueden rescatar algunos otros elementos. Uno de ellos es la descripción de la Lima y del Callao antiguos. Se respira aquel aire de nostalgia que embarga a los amantes del pasado perdido. La descripción de un viejo burdel victoriano en la calle Huatica, con la “Pies Dorados” como máxima expresión putañera, objeto de deseo de cadetes arrechos que salen cual animales a gastarse los pocos soles que pudieron juntar para poder asistir al encuentro de la mítica meretriz. El espíritu juvenil, la experimentación sexual, la vergüenza de la enamorada fea, el honor, la disciplina o las travesuras de este grupo de adolescentes remiten al lector a su propia vida y obliga a pasar revista a los actos propios cometidos en los años de mocedad.

En alusión a esto, recuerdo por ejemplo el licor escondido en la mochila de algún compañero, los lapos que recibían los más “pavos” cuando no existía la palabra bulling, la circulación de revistas porno (y las pajas de los más atrevidos) en el salón de clase, los apanados con sillazos incluidos, y otro muy particular, el tráfico de cartas de amor redactadas por escritores anónimos, actividad que el Poeta practicó hace más de medio siglo y que confieso orgulloso haber realizado en mi juventud. Fueron también mis manos las autoras de líneas poetizadas que casi siempre terminaban con un agarre y que vendía para sustentarme cigarrillos baratos que fumaba portando mi chompa colegial. Este libro tiene la genialidad de ser un pedazo de la biografía de todos.

Mario Vargas Llosa supo retratar la esencia de la etapa de la adolescencia y proyectar sus características hacia la esfera social del Perú de los años sesentas. A través de ella pudo reflejar los prejuicios, el racismo, la corrupción y su crítica hacia la vida militarizada en un contexto democrático, sin descuidar las pulsiones que todo adolescente experimenta ante los diferentes estímulos y experiencias que lo van configurando como ciudadano. La cualidad máxima de la novela radica precisamente no en el retrato crudo de un felatio colegial y pedofílico, sino en haber podido exponernos como sociedad, con todos nuestros fantasmas develados. Metáfora perfecta y pocas veces identificada es la de la vicuña maltratada a pedradas por los jóvenes cadetes, ¿es así como tratamos al símbolo de nuestra riqueza animal reflejado en nuestro escudo nacional?, estoy seguro que Vargas Llosa quiso que alguien lo notara, pero lamentablemente no fue así. 

No me queda nada más que recomendar su lectura, porque si se quedan con la película nunca se enterarán de aquellos detalles que hacen de esta obra una de las mejores de la literatura en habla hispana. Descansen nomás cadetes, que nos les voy a dar una fotografía mía calato.

Etiquetas: [Fedor Dostoievski Los hermanos Karamazov]  
Fecha Publicación: 2015-05-02T16:53:00.000-05:00
Ebrios, en medio de un bacanal de cigarrillos, mi culto compañero, burlándose de mis gustos literarios me dijo: “Huevón, déjate de leer a esos poetas maricones que se dicen “malditos”, si quieres leer una obra maestra cuyo contenido sea verdaderamente grotesco, cómprate Los hermanos Karamazov, en ella encontrarás la vileza, el amor y la sangre en su estado más natural. Hazme caso, deja a los francesitos en paz, ya es tiempo de que conozcas al ruso y cómo calatea y echa a la calle a la humanidad con sus vergüenzas diminutas”.

Entusiasmado y aún con resaca acudí al librero que espera paciente la salida de los sanmarquinos por la puerta que da hacia la avenida Universitaria. Estimado, le dije, quiero Los hermanos Karamazov. Tenía veinte años cuando la compré. Aquel sábado abrí su primera página y Dostoievski me habló descarnado. Cuando culminé el prólogo presentí que me estaba aventurando en una duradera introversión, a fin de comprender al autor y los cientos de páginas que tenía por delante y entre mis manos. No me equivoqué, aquella guerra contra el libro duraría más de diez años, con dos batallas perdidas y una finalmente ganada.

A mis veinte añitos no pude terminarla de leer, sus pesadas líneas no sumaban a mi ya desordenada existencia, era una lectura atroz y desalmada que me dejaba triste y sin esperanzas de seguir adelante, me tentaba a “licorar” y a inventar sustantivos sin sentido como ahora. Preferí leer otras novelas y postergar su lectura para después de cinco años, “para ese momento mi estabilidad emocional no se verá tan afectada”, pensé ingenuo. Falso. La retomé un día en que me encontraba peor, su recuerdo y ubicación en mi estantería me resultaba odiosa, tenía que deshacerme de su karma terminándola a cómo de lugar.

Sin embargo, con varios capítulos avanzados la abandoné de nuevo. Cogí aquel libro maldito y en una noche de auto ultraje, lo deposité en una vieja caja con otros de su misma condición. Tuve que curarme el alma con una buena dosis de trago, cuidándome de los alucinógenos. Así pasaron cinco años más y al cumplir treinta me hice una promesa, no leer ningún libro hasta dar por terminada esa relación tormentosa que tenía con sus páginas. Y al fin lo logré. Conocí más profundamente a Aliosha, el personaje que más me marcó, sin restarle crédito a los demás hermanos, hijos de puta cada uno a su manera.

Un parricidio corona la trama y el camino de la redención de los culpables. Obra maestra difícil de consumir, imposible de releer, y no la recomiendo como lectura de medianoche porque provoca pesadillas y que aparezcan los súcubos que ahorcan con sus dañinas garras de madrugada. Me confieso tonto y enamorado como Fiódor, de Grushenka, que sabiéndola ficticia, encarna la fantasía erótica de cualquier hombre que sea de verdad un hombre. La imagino bailando en aquel bar maloliente, con un faldón que se levanta ondulante, con su aliento a vodka barato y sus labios extremadamente rojos. Recién puedo entender la pasión desenfrenada del viejo desgraciado por sus carnes y comprendo los sueños húmedos que le provocaba esta musa.

Hay algunos que se quedarán en la portada, tan gris que puede repeler, y nunca podrán siquiera imaginarse su final. Es una carga pesada que arrastrará al lector, como a mí, a una batalla de cinco meses, que es lo que demoré en terminarla. Es bastante tiempo para una novela y si valió la pena o no, lo dejaré al juicio de los que saben entender de gustos por lo profano.


Etiquetas: [televisión basura]  
Fecha Publicación: 2015-02-23T17:29:00.000-05:00
Hace unos días, haciendo zapping televisivo me topé con la aburrida cara de Marco Aurelio Denegri. Infiel como soy, a mis convicciones morales, solo lo aguanté cinco minutos, esperando que lanzara una frase que me conectara con las elucubraciones nocturnas de alto contenido sexual a las que nos tiene acostumbrados. Me aburrí y opté por cambiar de canal. Más tarde, aturdido por los adelantos de los noticieros que se transmiten por la noche, solo vi venir sangre, dolor y miedo en aquellos pérfidos titulares. Fue inevitable, tal como todos los días, que me preparase para observar en mi pantalla un cuerpo o dos cubiertos con periódicos, víctimas de un atropello o de una ráfaga criminal de balas disparadas con armas de guerra en el centro de la ciudad. “Dos muertos en el Callao”, narró con una inmensa sonrisa la peinada y estilizada lectora del teleprompter. “Totalmente sádico” pensé, mientras comía tranquilamente una hamburguesa y una limonada helada.

De pronto decidí que ya no quería más sangre a la hora de mi lonche y al cambiar nuevamente de canal, el inmenso y contorneado trasero de Melissa Loza se pegó, como un cachete a una ventana, al otro lado de mi monitor, proyectándose, en toda su extensión, hacia las cuatro esquinas de la pantalla led o smarth o como se llame que adorna mi habitación. Una celebración gloriosa manifestada en la puesta en primer plano de un derrier costoso y marketero, un punto ganado para las Cobras o para los Leones, qué más da, es la diosa Melissa, la mujer más deseada del Perú, regalándonos su intimidad, permitiéndonos entrar a través de la fantasía y de guiones armados, en sus más intrigantes y excitantes jirones corporales. Rating para los productores, publicidad para los comerciales y dinero para sus bolsillos, una sociedad perfecta.

Impulsado por aquella imagen sublime y algo grotesca a la vez, decidí indagar los motivos por los cuales tantos jóvenes y adultos siguen este programa repleto de cuerpos perfectos, competencia feroz y amoríos mediatizados. Asimismo, preguntarme por qué sus más ácidos detractores se quejan de la decadencia moral de la juventud al invertir o perder sus tiempos viendo a estos Sansones y Dalilas bailando y saltando en diminutas y sugerentes prendas y exponiendo su vida personal en señal abierta. En el camino de estas superficiales reflexiones no pude evitar remontarme a la historia, una vez más y esta vez fiel, a la madre de todos los vicios recurrentes a todas las generaciones. Me vi escupiendo al cielo y secándome la cara, dado que al ser uno de los que pensaban en la decadencia moral de la juventud, yo también fui parte de ella, así como muchos de los que leen estas líneas sin un sentido existencial aparente.

Antes de continuar quiero mandar un saludo, con micro en mano, a mis queridos amigos intelectuales que también pertenecen a nuestra farándula, los mismos cuyas vestiduras están rasgadas porque no pueden dejar de ver y leer en los medios, diariamente, sobre el último cacho de Pavón o la foto de Gutty calato. Un abrazo a todos ellos, mis amigos que al verse desvestidos, cubren sus vergüenzas con las banderas de la democracia, de la libertad de expresión y bla bla bla bla bla…

Ellos sí son librepensadores, ellos pueden pensar en ganar dinero exponiendo sus ideales, el resto, no, si no se alinean a su erudición y sofisticación deben ser satanizados por distraer al populacho de los grandes debates nacionales. ¡Claro!, ellos sí participan, ¿cierto?, ellos tienen la verdad, ellos y su gran vanidad que desborda más que la cola para participar en “Esto es Guerra Teens” (programa por demás tragicómico). Sin embargo, es un escenario ficticio que solo está pintado en sus cerebros porque yo no los veo escribiendo (con contadas excepciones) sobre cómo hacer para reeducar a un público que gusta de lo mediato, lo carnal y lo violento como distracción. ¿Qué le daba el Emperador a los habitantes del Imperio Romano?, resuena en mi cabeza la palabra circo, así como imágenes de cuerpos despedazados por fieras salvajes hambrientas de carne, al igual que el ansioso público que acudía al espectáculo, tal como hoy lo sigue haciendo frente a su televisión.

Dicen ser demócratas, pero no respetan la decisión de otros; dicen ser tolerantes, pero no soportan el éxito de estos chicos fornidos y bellos de acuerdo a los moldes estéticos actuales, moldes impuestos sí, pero finalmente un producto que vende, y que vende bien. En su “ideario” democrático dicen respetar a la empresa, pero no respetan la libertad otros de establecer un negocio rentable, en expansión y que finalmente ellos no tienen por qué consumir. Sean más sinceros estimados colegas y salgan de sus escondites, no son tan democráticos como dicen ser. Yo no lo soy. Por mí fuera ni televisión hubiera y las señales tendrían otros fines. Si quieren atacar a la madre del cordero piensen en educar a sus familias, a sus hermanos, o incluso a sus propios padres. En lugar de poner una televisión en el comedor o en la sala, sean ustedes un monitor transmisor de reflexiones y de sabiduría. Habiliten un lugar para la lectura, manifiesten y materialicen en sus propios hogares lo que desean para todo el país.

Los más jóvenes siempre querrán comer grasa y depende de nosotros alimentarles sanamente con vegetales, aunque un poco de carne siempre cae bien y nos genera anticuerpos que nos ayudarán inevitablemente en el futuro a soportar la dureza del mundo en que vivimos y que repito, siempre estuvo en “decadencia” por causa de los jóvenes, sino recuerden nomás las fiebres que alocaron a las antiguas generaciones: el rock and roll, Menudo, la tecnocumbia, Salserín y ahora los guerreros nacionales que todo chico desea en el fondo ser.

Si son tan democráticos como dicen serlo, combatan con mejores ideas que los que actualmente manejan los medios de comunicación, o en todo caso, lleguen al poder y conviértanse en tiranos (yo los apoyo), porque desde sus escritorios, en un café, saliendo a marchar para cambiarle el chip a los empresarios, o desde su muro de Facebook nadie los escuchará, y peor aún, seguirán contribuyendo a lo que tanto critican, es decir, a la reproducción y establecimiento de nuestra despiadada sociedad de consumo. Mientras tanto seguiremos viendo las cuitas y travesuras de Milett Figueroa, los coqueteos de Susy Díaz y el Mero, los destapes de Tilsa y su trasero, las broncas callejoneras de Angie Jibaja, las piernas selváticas de la Gladys, o las escapadas del sensual “vecino del 301” a regar la Flor que Néstor no supo mojar.

Atte.

Carne y Morbo Producciones E.I.R.L.


Etiquetas: [Distopía]  [Perú]  
Fecha Publicación: 2015-01-25T20:07:00.002-05:00
¿Es democrática la naturaleza del hombre?, me preguntaba una olvidada tarde de otoño, cuando acompañado del silencio de mi sala, intrigaba mentalmente sobre nuestro presente, claro está, intentando recordar el pasado. Mi sillón de tres, que en noches tremebundas me sirve de cama, soportaba el peso de tres horas de inútiles divagaciones que navegaban entre lo filosófico y lo socialmente aceptable. Aquel día había terminado de ver, extasiado, el clásico cinematográfico titulado Metrópolis, de Fritz Lang, y la imagen de un ejército de obreros caminando a su cadalso laboral se me quedó impregnada como un tatuaje en la retina. ¿Por qué los seres humanos peleamos tanto por la libertad y por los bienes si nunca los tendremos?, si estudiamos, trabajamos, nos reproducimos, y morimos llevándonos solo nuestras ropas, y nada material. Sin embargo, siempre peleamos por más, y cuando lo conseguimos, queremos, sino todo, una parte más de la tajada. En ese momento pensé en la distopía que terminaba de proyectarse en la pantalla de mi televisor smart que había desplazado al viejo con cola y pude notar que varios elementos de estas creaciones absurdas que tanto me atraen son parte de nuestra cotidianidad y que pasaban desapercibidos a nuestros endebles sentidos.

Una distopía es, en términos sencillos, una sociedad ideal a la inversa, es decir, si pensamos en igualdad, derechos humanos o libertad, pues en ellas no encontraremos esas delicias que creemos soberbiamente poseer. En una distopía el poder pertenece a una élite, es decir, el tipo de gobierno se puede definir como uniclasista y autoritario, la reproducción es selectiva, o sea, la élite gobernante decide quién nace, cómo nace y cuándo nace. Por lo general una sustancia o actividad mantiene a la masa subordinada en la ignorancia, oprimida o distraída de lo que sucede en sus narices. La gente vive y muere sin pensar siquiera que el mundo podría ser diferente, y si alguno se atreve a cruzar esa frontera siquiera en pensamientos, es eliminado por el bien de las grandes mayorías y del establecimiento del orden social, aquí la historia no avanza, todo siempre es igual, nada cambia. Mientras recordaba todo esto gracias a las películas y libros que habían pasado por mis manos se me vino a la mente que no estamos muy lejos de vivir en una distopía.

¿De quién es el Perú?, pensé, ¿es verdaderamente el Perú, de todos los peruanos?, inmediatamente me remití al Congreso y a sus lobistas, y al concepto de democracia que nos enseñan. ¿Son democráticos los partidos que lo integran?, pues todos sabemos que no, que aquel que “invierta” en la campaña se hará acreedor de su escaño, como si fuera un negocio. Entonces me di cuenta que sí, vivimos gobernados por una élite, una élite económica disfrazada de política. Fue allí que intenté indagar más. Reparé en la segunda característica de las distopías y recordé a Alberto Fujimori y su campaña de control de la natalidad en los Andes. Todo apunta a que sus métodos de esterilización tenían un objetivo, evitar la reproducción del hombre andino, contaminado, según su concepción, por el bicho de los insurrectos terroristas que amenazaban su imperio de corrupción y narcotráfico. Luego fui más atrás, y empezaron a resonar en mis oídos los gritos desgarradores de las masacres del año de la barbarie en Trujillo, cuando Sánchez Cerro, cuyo nombre vergonzosamente lleva una avenida, asesinó de forma despiadada a sus opositores integrantes del partido de la estrella, obligando a muchas mujeres embarazadas, entre ellas mi fallecida bisabuela, a parir en cuevas como si fueran animales.

Luego, disconforme y sin creerlo todavía, queriendo quitarme de la cabeza la idea de que vivimos dirigidos por personas como aquellas, recordé que también nos repartieron soma, y un programa de televisión, sin ser una sustancia, nos sirvió de alucinógeno: Laura. Me imaginé a millones de personas sentadas frente a la TV víctimas de la creación de Huxley, cuya reencarnación había tomado el nombre de Vladimiro. Pero no solo era eso, empecé a notar que diariamente nos siguen repartiendo esa droga imperceptible a través de otros medios: periódicos amarillos, Esto es Guerra, Al fondo hay sitio y Magaly, por mencionar algunos. “¡Se destapa escándalo en el Gobierno!”, y la gente hablando del regreso de Joel con Fernanda o de la cuestionada “Milechi”, cuya vida personal es el tema de portadas y titulares de varios medios de comunicación, mientras allegados de la pareja presidencial acusados de peculado se pasean por Bolivia pidiendo asilo político. Imaginé al peruano promedio caminando hacia una reja, como lo muestra la imagen, idiotizado, apolítico y seducido por lo mundano, ajeno a lo realmente importante, mal educado por su colegio nacional, un ser humano totalmente dominado, incapaz de pelear, subordinado a su suerte, borrego de las abiertas señales que nos hacen llegar, disfrazadas, oscuros personajes cuyos nombres no sabremos.

Por último e incrédulo, logro divisar a un individuo que se resiste a la sujeción, el peligroso pensador, un nuevo bicho, como siempre los hubo en toda la historia, y es apaleado, mojado, vapuleado, lanzado por los suelos y finalmente arrestado por defender lo que él denomina justicia. Pobre equivocado, la justicia, jovenzuelo, está en el Poder Judicial, órgano que la administra, tú solo eres un sublevado al que se le puede criminalizar por alterar el orden público que tanto se debe defender en pos de consolidar el estatus quo al que también perteneces (y aportas). Falta un poco más de opio para el pueblo. Edúquenlos, señores autoridades elegidas en las urnas, en religión y fútbol, es una buena receta, sino pregúntenle a Marx, él lo notó en el siglo XIX.

Horas después, al finalizar estas elucubraciones pensé, “¿una distopía llamada Perú?, no lo creo”, si especulé así, estoy casi seguro, debió ser producto de algún soma “natural” que consumí, voluntariamente, en aquella infeliz ocasión. Igual, todos sabemos que no es muy difícil conseguir esta sustancia, ¿o es que tampoco lo sabían? Ya es tiempo de dormir, mañana debemos desfilar de nuevo al trabajo, a seguir aportando en la construcción y crecimiento de “nuestro” querido país llamado Perú y de paso escribir un capítulo más de nuestra aburrida novela de ficción.