Ultimos post del blog Desmitificando la minería en el Perú | ¿Quién me enlaza?
(BETA)

Aunándose a los paÃses miembros observadores : TurquÃa y Marruecos; la posibilidad de la incorporación de Brasil como Miembro Observador del Parlamento Andino fortalecerÃa el proceso de integración sudamericana y contribuirÃa al cumplimiento de las funciones del Parlamento Andino, en particular las de armonización legislativa,
promoción del desarrollo sostenible, integración económica, cooperación cientÃfica y tecnológica, asà como la consolidación del sistema democrático regional.
En este contexto, esta opción se encuentra alineada con la misión del Parlamento Andino de promover la integración regional, fortalecer la cooperación polÃtica y legislativa, contribuyendo al desarrollo integral de los
pueblos de la región.
Diversos argumentos enfocados en las funciones y objetivos propios del Parlamento Andino dan sólido sustento a esta posibilidad, aunados a los fundamentos comerciales que por sà solo se explican para diversos sectores económicos.
Brasil representa cerca del cincuenta por ciento del territorio, de la población y del producto bruto interno de América del Sur, por lo que su participación enriquecerÃa el debate parlamentario y permitirÃa impulsar iniciativas conjuntas en materias de interés común como infraestructura regional, corredores bioceánicos, transición energética, seguridad alimentaria, protección de la AmazonÃa, lucha contra el cambio climático, innovación tecnológica, transformación digital, educación, salud y seguridad fronteriza.
Asimismo, Brasil comparte fronteras con tres paÃses miembros de la Comunidad Andina : Perú, Colombia y Bolivia, lo que genera desafÃos comunes relacionados con el comercio, la gestión ambiental, la conectividad, la migración, las economÃas ilegales y otros delitos transnacionales.
La participación de Brasil permitirÃa desarrollar recomendaciones y marcos legislativos coordinados para atender
estas problemáticas.
De otro lado, su incorporación como Observador fortalecerÃa el diálogo entre el Parlamento Andino y el MERCOSUR, favoreciendo la
convergencia entre ambos mecanismos de integración regional y promoviendo una agenda sudamericana más articulada.
Finalmente, la experiencia brasileña en áreas como bioeconomÃa, investigación cientÃfica,desarrollo industrial, innovación, agricultura tropical, energÃas renovables y polÃticas públicas enriquecerÃa el intercambio de buenas prácticas y contribuirÃa al diseño de propuestas normativas orientadas al desarrollo sostenible e inclusivo de los paÃses andinos: Chile, Ecuador, Perú, Colombia y
Bolivia.
 |
| La integración natural de los Andes y la AmazonÃa erigen el sustento de la adaptación de los pueblos |
Los parlamentarios andinos electos por Perú, entre titulares y suplentes, para el periodo 2026-2031, juraron a sus cargos hoy lunes 27 al mediodÃa, en una ceremonia realizada en el Hemiciclo del Palacio Legislativo. El Dato
Juraron cinco (5) parlamentarios andinos titulares y diez (10) parlamentarios andinos suplentes :
Fuerza Popular:
Titular: Luis Fernando Galarreta Valarde
Suplentes: Rosario de las Nieves Guevara Badillo y Pedro
Carlos Casanova Saavedra
Partido CÃvico Obras
Titular: Jahn Clerk Nicanor Toledo Palomino
Suplentes: Ernesto Raúl León DÃaz y Constantino Loa Ortiz
Renovación Popular
Titular: Maali Olga Betty Del Pomar Saettone
Suplentes: Guillermo Humberto Valdivieso Méndez y Leoncio
Carlos Merino Durán
Juntos por el Perú
Titular: Paul Percy Fernández Bravo
Suplentes: Rosario del Carmen Mori Isuisa y Jorge Eusebio
Manco Zaconetti
Partido del Buen Gobierno
Titular: Marcio Marino Bendezu EchevarrÃa
Suplentes: Pamela Erilka Osorio Espinoza y MarÃa Luisa
Ñañez Millones.
Durante décadas hemos hablado de capital humano, capital financiero, capital fÃsico e
incluso de capital institucional como pilares del desarrollo. Sin embargo,
existe un activo fundamental que pocas veces forma parte del debate público y
de las polÃticas económicas: el capital natural.
En lo que va del siglo XXI, este concepto se perfila como uno de los principales indicadores
para medir la riqueza de las naciones y la sostenibilidad de su
crecimiento.
El capital natural comprende el conjunto de activos que la naturaleza proporciona
y que generan bienestar, productividad y desarrollo económico. Incluye los
bosques, el agua, los suelos, los minerales, la biodiversidad, los ecosistemas
marinos, los recursos pesqueros y las fuentes de energÃa renovable. Desde esta
perspectiva, la naturaleza deja de ser considerada únicamente como una fuente
de recursos para convertirse en un patrimonio estratégico que, cuando es
gestionado responsablemente, produce beneficios económicos, sociales y
ambientales de manera permanente.
Esta visión representa un cambio profundo respecto del modelo tradicional de
desarrollo. Durante gran parte del siglo XX, el progreso de un paÃs se evaluó
principalmente por el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), el volumen
de inversiones y la infraestructura construida. Las carreteras, puertos,
centrales hidroeléctricas, fábricas y ciudades conformaron el denominado
capital producido, mientras que la educación, la salud y el conocimiento dieron
origen al concepto de capital humano. En las últimas décadas, organismos
internacionales como el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE), la FAO y las Naciones Unidas han ampliado esta
visión al señalar que la riqueza de una nación depende de la adecuada gestión
de cuatro grandes capitales: el capital producido, el capital humano, el
capital institucional y el capital natural.
El capital natural del Perú
Pocos paÃses en el mundo poseen una dotación de capital natural tan extraordinaria como el Perú.
Su territorio alberga una de las mayores concentraciones de biodiversidad del
planeta, extensos bosques amazónicos, abundantes recursos hÃdricos, importantes
reservas minerales, ecosistemas marinos altamente productivos y un invaluable
patrimonio cultural estrechamente vinculado con la naturaleza.
Esta riqueza
constituye una ventaja competitiva excepcional y representa una oportunidad
histórica para construir un modelo de desarrollo basado en la competitividad,
la innovación, la inclusión social y la sostenibilidad.
No obstante, este patrimonio también enfrenta importantes amenazas.
Entre los años
2001 y 2024, el Perú perdió aproximadamente 2,8 millones de hectáreas de
bosques. Tradicionalmente esta cifra ha sido presentada como un indicador
ambiental. Sin embargo, desde la óptica de la economÃa moderna representa,
principalmente, una reducción del capital natural del paÃs.
Este cambio de enfoque transforma la manera de comprender la relación entre
crecimiento económico y conservación ambiental.
Durante años se ha planteado un
falso dilema entre proteger el ambiente o aprovechar los recursos naturales. En
realidad, ambos forman parte de un mismo patrimonio. La minerÃa moderna y
responsable, la agricultura sostenible, el manejo forestal, la conservación de
cuencas, la pesca, la infraestructura resiliente y el turismo de naturaleza no
son actividades incompatibles; por el contrario, constituyen distintas formas
de gestionar inteligentemente el capital natural.
El verdadero desafÃo no
consiste en escoger entre conservar o producir, sino en lograr que el
aprovechamiento de los recursos naturales mantenga e incremente el valor de ese
patrimonio para beneficio de las generaciones presentes y futuras.
Entre todos los componentes del capital natural, los bosques ocupan un lugar
estratégico.
Más allá de producir madera, regulan el ciclo hidrológico,
capturan y almacenan carbono, estabilizan el clima, protegen los suelos,
conservan la biodiversidad, favorecen la polinización de los cultivos y
sustentan actividades económicas como el ecoturismo, la investigación
cientÃfica y el aprovechamiento sostenible de recursos genéticos. Mientras
permanecen en pie continúan generando beneficios económicos diariamente,
aunque gran parte de ese valor permanezca invisible en las cuentas nacionales. En este escenario, la economÃa ambiental ha desarrollado metodologÃas para valorar
económicamente los servicios ecosistémicos que brindan los bosques. El objetivo
no es ponerle un precio a la naturaleza, sino estimar el costo económico que
asume la sociedad cuando esos servicios desaparecen como consecuencia de la
deforestación.
Una aproximación al costo económico de la deforestación en Perú
Aplicando metodologÃas ampliamente utilizadas por el Banco Mundial, la FAO, la iniciativa
The Economics of Ecosystems and Biodiversity (TEEB) y la Plataforma
Intergubernamental CientÃfico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios
de los Ecosistemas (IPBES), es posible realizar una estimación conservadora del
valor económico asociado a la pérdida de bosques en el Perú.
Bajo este enfoque, la deforestación acumulada durante el perÃodo 2001-2024
representarÃa una pérdida potencial cercana a diez mil (US$ 10 000) millones de dólares anuales en
servicios ecosistémicos. Es importante precisar que esta cifra no constituye un dato oficial, sino una
estimación técnica elaborada a partir de metodologÃas internacionales de
valoración del capital natural. Su principal utilidad consiste en dimensionar
económicamente aquello que normalmente no aparece reflejado en los indicadores
macroeconómicos tradicionales.
La mayor parte de esta valoración corresponde a la regulación hÃdrica. Los bosques
amazónicos funcionan como una inmensa infraestructura natural que capta agua,
alimenta acuÃferos, regula caudales y disminuye el riesgo de inundaciones y
sequÃas. A ello se suma su función como uno de los principales sumideros
naturales de carbono del planeta, contribuyendo a la mitigación del cambio
climático y generando oportunidades de financiamiento mediante los mercados
internacionales de carbono. La estimación también incorpora el valor asociado a
la protección de los suelos, la conservación de la biodiversidad, la
polinización, la producción forestal sostenible, el turismo de naturaleza, los
recursos genéticos y el patrimonio cultural de los pueblos indÃgenas.
Una aproximación para la Comunidad Andina
Cuando este análisis se amplÃa al ámbito regional y se consideran conjuntamente Perú,
Colombia, Bolivia, Ecuador y Chile, la magnitud del capital natural adquiere
una dimensión aún mayor. Sobre la base de estimaciones conservadoras, la
pérdida acumulada de bosques durante el periodo 2001 al 2024 en el presente siglo XXI, representarÃa una
disminución superior a US$ 50 mil millones anuales en servicios ecosistémicos.
Esta realidad confirma que la conservación y el aprovechamiento sostenible de los
bosques constituyen uno de los mayores desafÃos compartidos por los paÃses
andinos. Al mismo tiempo, abre una oportunidad para impulsar una agenda
regional basada en el monitoreo satelital de los bosques, los pagos por
servicios ecosistémicos, la restauración de ecosistemas degradados, el
fortalecimiento de los mercados de carbono y el intercambio de conocimiento
cientÃfico y tecnológico.
El dato
Quizá el principal aporte de este análisis seria el concepto de capital natural que permite superar la recurrente confrontación entre desarrollo económico y
conservación ambiental. AsÃ, una mina que opera con altos estándares ambientales,
una cuenca hidrográfica protegida, un bosque manejado sosteniblemente, una agricultura
eficiente en el uso del agua y una ciudad resiliente forman parte de una misma
estrategia de desarrollo orientada a preservar y potenciar la riqueza nacional.
Comparto con ustedes una sÃntesis de mi reciente exposición sobre residuos sólidos municipales vinculado con la transición energética:
Tras denodados esfuerzos de largo aliento, pudimos demostrar en Perú - un paÃs por antonomasia Minero - que muchos de los problemas ambientales no se resuelven satanizando actividades extractivas y productivas, sino aplicando conocimiento cientÃfico,
innovación tecnológica y polÃticas públicas responsables.
Ese fue el caso de la
minerÃa moderna, donde la incorporación de estándares ambientales, economÃa
circular, cierre de minas, reutilización del agua y energÃas renovables ha
transformado positivamente esta actividad en el paÃs.
Hoy en dÃa, esa lÃnea de pensamiento debe extenderse a otro desafÃo que afecta directamente
la calidad de vida de mas de 34 millones de personas que viven en el paÃs de los Incas: la gestión responsable de los residuos sólidos
municipales.
AsÃ
como durante décadas del siglo pasado se difundió el mito de que la minerÃa solo generaba
contaminación, en lo que va del tercer milenio, también se ha instalado la idea respecto a que la basura es un problema
sin solución, cuyo único destino posible son los vertederos, botaderos a cielo abierto o los rellenos
sanitarios.
La experiencia internacional demuestra exactamente lo contrario: la denominada coloquialmente basura constituye un recurso estratégico capaz de producir energÃa, reducir
emisiones, generar empleo y liberar importantes recursos públicos para ser destinados a otros sectores estratégicos como son la salud
y la educación.
La
nueva minerÃa urbana
Considerando que la
minerÃa generalmente conocida extrae recursos del subsuelo, la nueva minerÃa urbana recupera recursos contenidos en los residuos
generados por las ciudades; habida cuenta que cada
tonelada de residuos sólidos municipales contiene entre otros: energÃa quÃmica
aprovechable en el material orgánico; metales reciclables; plásticos; papel, cartón , vidrio y minerales reutilizables.Por consiguiente, los residuos sólidos urbanos constituyen una auténtica mina sobre
la superficie, cuya explotación tecnológica resulta mucho más sostenible
que continuar enterrándolo. Esta
visión coincide en todos sus extremos con los principios de la economÃa circular
promovidos por la OCDE, la Unión Europea y diversos organismos multilaterales.
El
desperdicio económico en los paÃses Andinos
En
Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia y Chile se cuenta en total con 138,8 millones de habitantes que generan conjuntamente en la actualidad el orden de sesenta (60) millones de toneladas anuales de residuos sólidos municipales. La
mayor parte termina en: botaderos ilegales; vertederos a cielo abierto y rellenos
sanitarios que se encuentran próximos a terminar su vida útil.
Paradójicamente, ingentes cantidades de dinero del tesoro público continúan destinándose únicamente a: recoger
basura; transportarla; enterrarla; construir nuevos rellenos sanitarios o remediar
la contaminación ocasionada por una disposición inadecuada. En estricto, esto equivale económicamente a invertir permanentemente en
ocultar un recurso con valor energético, en lugar de transformarlo en un activo
productivo.
Waste
to Energy (WTE) para producir electricidad a partir de la basura
Los
paÃses más desarrollados del planeta comprendieron hace décadas atrás que los residuos no deben
enterrarse. Por
ello implementaron sistemas integrados basados en: selección en la fuente y reducción en la generación
de residuos; reciclaje; compostaje y valorización energética.
La
tecnologÃa WTE permite convertir la fracción no reciclable de
los residuos en: electricidad; vapor industrial; calor para calefacción
distrital; combustibles alternativos; materias primas secundarias, entre otros. Asimismo, lejos
de representar las antiguas incineradoras, las plantas modernas operan con
estrictos sistemas de control ambiental y cumplen rigurosos estándares
internacionales de emisiones. Actualmente, múltiples paÃses del mundo entre los que se encuentran : Suecia, Dinamarca, Alemania, Japón, Suiza, Austria, Francia,
Singapur y Corea del Sur; valorizan energéticamente una parte importante de sus
residuos, reduciendo al mÃnimo la disposición en vertederos o rellenos sanitarios.
La basura puede contribuir decididamente a la transición energética
Cuando
se habla de transición energética generalmente se piensa en: energÃa solar; energÃa
eólica; hidrógeno verde; electromovilidad o similares; Sin
embargo, pocas veces se menciona que los residuos sólidos municipales constituyen una
fuente de energÃa renovable parcialmente biogénica y gestionable, capaz de
generar electricidad de manera continua, complementando otras tecnologÃas
renovables. Para
la Comunidad Andina, ello representa una oportunidad extraordinaria a los efectos de : diversificar la matriz energética; fortalecer la seguridad energética; disminuir
emisiones; asi como impulsar la economÃa circular.
Menos
rellenos sanitarios, más hospitales y mejores escuelas
Una
de las mayores ventajas económicas del modelo WTE consiste en reducir
significativamente la dependencia de nuevos rellenos sanitarios. Construir
un relleno sanitario implica: adquirir grandes extensiones de terreno; elaborar el expediente técnico, ejecutar costosas
obras de ingenierÃa; operar sistemas de impermeabilización; tratar lixiviados; captar
gases; monitorear el sitio durante décadas. Todo ello demanda enormes recursos
públicos. Si
una parte importante de los residuos es valorizada energéticamente, disminuye
el volumen destinado a disposición final, se prolonga la vida útil de los
rellenos existentes y se evita la construcción de nuevas infraestructuras de
alto costo. Los recursos liberados podrÃan orientarse a prioridades sociales como: hospitales; centros de salud; infraestructura educativa; investigación cientÃfica; innovación tecnológica; agua potable y saneamiento; conectividad digital y otros. De esta manera la polÃtica pública deja de resolver a medias un problema de gestión y morosidad que se va acumulando en el tiempo , para financiar el desarrollo autónomo.
La
minerÃa y la valorización energética: una alianza para el desarrollo
Desde
la perspectiva del desarrollo sostenible, minerÃa y WTE no son compartimentos estancos o aislados. Por el contrario, ambos son susceptibles de complementarse. La minerÃa aporta: cobre; litio; plata; molibdeno; tierras raras; otros minerales
crÃticos indispensables para la transición energética; en tanto que el
sistema WTE aporta: energÃa firme; reducción de emisiones; recuperación
de metales; aprovechamiento eficiente de recursos urbanos. Juntos
forman parte de un mismo modelo económico basado en la eficiencia de los
recursos y la descarbonización.
Una
propuesta para la Comunidad Andina
La
Comunidad Andina podrÃa liderar una Iniciativa Regional de Valorización
Energética de Residuos, con objetivos como: eliminar
progresivamente los botaderos a cielo abierto; reducir la disposición final de
residuos; armonizar normas técnicas y ambientales; promover asociaciones
público-privadas para plantas WTE; acceder conjuntamente a fondos climáticos
internacionales; desarrollar un mercado regional de bonos de carbono vinculados
al sector residuos; crear un Centro Andino de Investigación en EconomÃa
Circular y WTE; intercambiar experiencias regulatorias y
tecnológicas entre los cinco paÃses, asà como incorporar lecciones aprendidas de paÃses desarrollados bajo el enfoque de la contribución a la energÃa y economÃa, asi como con el debate medioambiental y normativo.
Una
estrategia regional permitirÃa reducir costos, atraer inversión, compartir
capacidades técnicas y acelerar la transición hacia un modelo de gestión más
eficiente.
El Dato
►Entre el 2001 y 2025, la población conjunta de Perú, Colombia,
Ecuador, Bolivia y Chile pasó de 103,5 millones a 138,8 millones de habitantes,
lo que representa un crecimiento de 35,3 millones de personas (34,1 %) en lo que va del siglo XXI. Este
incremento demográfico genera un mayor volumen de residuos sólidos
municipales. En este sentido, la valorización energética de residuos mediante
tecnologÃas WTE se convierte en una oportunidad estratégica
para transformar un problema ambiental en una fuente sostenible de energÃa y
avanzar hacia una economÃa circular en la región andina.
â–ºLa evidencia internacional demuestra que la tecnologÃa WTE no reemplaza la reducción, la reutilización ni el
reciclaje; las complementa dentro de una gestión integral y puede transformar el rápido e insostenible crecimiento demográfico de las ciudades que producen residuos sólidos municipales en una fuente de energÃa, empleo, salud y bienestar.
Los ciudadanos libres e independientes del Perú, saludamos hoy 4 de Julio al pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica por sus 250
años de independencia lograda en 1776.
Esta celebración tradicional desde 1777, un año después de firmada la declaración de Independencia dieron lugar a imperecederas frases
vinculadas a la libertad y la unidad nacional dichas por ilustres personajes.
AsÃ, trascienden en el tiempo frases como: "La libertad, cuando comienza a echar raÃces, es una planta de
rápido crecimiento". "La verdadera libertad radica en la capacidad de ser
auténticos y vivir con integridad".
Hoy hacemos un brindis por la libertad
y por todos los que la hacen posible.
Mediante el Decreto Supremo N° 097-2026-PCM publicado este 02 de Julio del 2026 en el diario oficial El Peruano, 91,7 % de las regiones del Perú fueron comprendidas en la declaratoria de emergencia (22 de 24) y asimismo 42,1 % de los distritos del paÃs fueron declarados en Estado de Emergencia (796 de
1,891).
 |
| El retroceso de glaciares y deforestación contribuyen a profundizar la emergencia climática |
Esta emergencia fue declarada por el peligro inminente ante intensas precipitaciones pluviales asociadas al Fenómeno El Niño 2026 - 2027, por el plazo de sesenta dÃas calendario, para la ejecución de medidas y acciones de excepción, inmediatas y necesarias, de reducción del muy alto riesgo
existente, asà como de respuesta y rehabilitación que correspondan.
Estas cifras reflejan que la declaratoria tuvo un alcance territorial muy amplio, cubriendo más de nueve de cada diez regiones y más de cuatro de cada diez distritos del paÃs.
La magnitud de la situación identificada, debido a la continuidad de El Niño Costero y el desarrollo de El Niño (PacÃfico ecuatorial central) ante la próxima temporada de lluvias, demanda la adopción de medidas
urgentes que permitan a los Gobiernos Regionales de Amazonas, Ãncash, ApurÃmac,
Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica, Huánuco, Ica, JunÃn, La Libertad,
Lambayeque, Lima, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Pasco, Piura, San MartÃn,
Tacna, Tumbes, Ucayali, la Provincia Constitucional del Callao y a los
Gobiernos Locales involucrados, con la coordinación técnica y seguimiento del
INDECI y la participación del Ministerio de Salud, del Ministerio de Educación,
del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, del Ministerio de Vivienda,
Construcción y Saneamiento, del Ministerio de Defensa, del Ministerio del
Interior, del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, del Ministerio de
EnergÃa y Minas, del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables y del
Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social y demás instituciones públicas y
privadas involucradas, en cuanto les corresponda, ejecutar las medidas y
acciones de excepción, inmediatas y necesarias, de reducción del muy alto riesgo existente, asà como de respuesta y rehabilitación que correspondan; siendo necesario asimismo, autorizar la continuidad de las acciones inmediatas y necesarias de reducción del muy alto riesgo asà como de respuesta y
rehabilitación, iniciadas en el marco de las declaratorias de estado de
emergencia prorrogadas con los Decretos Supremos Nº 065-2026-PCM, Nº
066-2026-PCM, Nº 067-2026-PCM, Nº 068-2026-PCM, Nº 074-2026-PCM, Nº
081-2026-PCM, Nº 087-2026-PCM y Nº 094-2026-PCM.
En una ceremonia pública realizada hoy 25 de junio del 2026 en el auditorio del Colegio Médico de Lima - Perú, el
presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo Bermejo,
hizo entrega de las credenciales a los senadores y parlamentarios andinos
electos para el perÃodo 2026-2031, acto que formaliza su condición de
representantes elegidos por voluntad popular.
La ceremonia contó con la
presencia del actual presidente de la República del Perú, José MarÃa Balcázar.
Entre las autoridades acreditadas se encuentra el parlamentario
andino electo Jahn Clerk Nicanor Toledo Palomino, quien ha sido invitado
a participar como expositor en el foro análisis y evaluación de la
importancia del proceso de formalización de la minerÃa en el Perú,
organizado por el Colegio de Ingenieros del Perú – Consejo Departamental de
Ãncash, evento que se desarrollará el próximo 7 de agosto de 2026.
La participación del parlamentario andino reviste especial importancia debido a que la formalización minera constituye uno de los principales desafÃos para el desarrollo sostenible de los paÃses andinos.
En este contexto, los aportes y conclusiones que surjan del foro podrán ser
contrastados con las experiencias y realidades de los demás paÃses integrantes
del Parlamento Andino: Ecuador, Colombia, Bolivia y Chile, promoviendo asà el
intercambio de buenas prácticas y el fortalecimiento de polÃticas regionales
orientadas a una minerÃa responsable, formal y ambientalmente sostenible.
La formalización minera representa una herramienta fundamental para
mejorar las condiciones laborales de miles de trabajadores, incrementar la
recaudación fiscal, reducir los impactos ambientales derivados de la minerÃa
informal e ilegal, y fomentar una actividad extractiva alineada con los
estándares internacionales de sostenibilidad y gobernanza.
Desde este espacio , saludamos la participación de las nuevas autoridades
andinas en el debate técnico y académico sobre uno de los sectores más
importantes para la economÃa nacional y regional, destacando la necesidad de
construir soluciones integrales que permitan compatibilizar el aprovechamiento
de los recursos minerales con la protección del medio ambiente y el bienestar
de las poblaciones involucradas.
Desde una perspectiva regional, El Niño representa un recordatorio de que la
competitividad minera ya no depende únicamente de la calidad de los yacimientos
o de los precios internacionales de los minerales. La resiliencia climática se
ha convertido en un factor estratégico para la sostenibilidad de las
operaciones.
La capacidad para gestionar riesgos hidrológicos, proteger
infraestructuras crÃticas, asegurar el abastecimiento de agua y mantener la
continuidad logÃstica será cada vez más determinante para la industria minera
andina.
Las grandes operaciones mineras cuentan actualmente con estudios hidrológicos,
sistemas de drenaje, reservorios, protocolos de emergencia, monitoreo
meteorológico permanente y planes de continuidad operativa diseñados para
responder ante eventos climáticos extremos.
Estas inversiones no eliminan
completamente los riesgos, pero sà reducen significativamente la probabilidad
de interrupciones prolongadas o impactos severos sobre la producción.
En este contexto, la experiencia acumulada por los paÃses andinos durante los
eventos de 1982-83, 1997-98, 2017, 2023 y 2026 demuestra que la adaptación al
riesgo climático constituye hoy una ventaja competitiva tan importante como la
propia riqueza geológica.
Impacto heterogéneo
Los efectos de El Niño sobre la actividad minera no son homogéneos en la región
andina; aunque el fenómeno tiene un origen común en el PacÃfico ecuatorial, sus
manifestaciones climáticas varÃan significativamente entre paÃses debido a
diferencias geográficas, altitudinales e hidrológicas. Precisamente por ello,
la minerÃa de cada paÃs enfrenta riesgos y oportunidades distintas ante un
mismo evento climático.
En el caso del Perú y Ecuador, los efectos suelen traducirse en temperaturas
superficiales del mar superiores a lo normal, mayor humedad atmosférica y estar
asociados al incremento de precipitaciones y a la ocurrencia de inundaciones,
deslizamientos y activación de quebradas. Resulta importante recordar que la
mayor parte de la producción minera se desarrolla en la sierra, donde los
efectos de El Niño no necesariamente se manifiestan de la misma forma que en la
costa. Mientras algunas zonas pueden registrar precipitaciones por encima de
sus valores normales, otras pueden experimentar impactos mucho más moderados.
Por ello, generalizar que un evento El Niño afectará por igual a toda la
minerÃa constituye una simplificación que no refleja la diversidad geográfica de
la región.
Estas condiciones pueden afectar corredores logÃsticos, puertos, carreteras, lÃneas
de transmisión eléctrica y otras infraestructuras crÃticas para la operación
minera. Dado que ambos paÃses mantienen una importante vinculación de sus
actividades económicas con la costa del PacÃfico, los impactos sobre la
conectividad y el transporte suelen constituir uno de los principales factores
de riesgo.
Bolivia presenta una situación más compleja. Dependiendo de la región, El Niño puede
generar tanto precipitaciones intensas como déficits hÃdricos. En el altiplano
boliviano, donde se concentra una parte importante de la actividad minera
vinculada al estaño, zinc, plata y litio, los periodos de sequÃa pueden
convertirse en un factor de preocupación debido a la creciente competencia por
los recursos hÃdricos entre la minerÃa, las ciudades y las actividades
agropecuarias.
En Colombia, por el contrario, El Niño suele manifestarse mediante
una reducción de lluvias y un incremento de las temperaturas. Este escenario
genera presiones sobre la disponibilidad de agua y sobre el sistema energético,
altamente dependiente de la generación hidroeléctrica. Para la minerÃa, ello
puede traducirse en mayores costos operativos asociados al consumo energético,
restricciones hÃdricas y mayores exigencias para garantizar la continuidad de
las operaciones en determinadas regiones.
Para el caso de Chile, la mayor parte de su producción minera se desarrolla en zonas
áridas y semiáridas del norte del paÃs, donde predominan sus operaciones de
cobre y litio. Históricamente, los eventos El Niño suelen incrementar las
precipitaciones en algunas zonas del desierto de Atacama y en sectores de la cordillera, generando riesgos asociados a aluviones, afectación de caminos y
alteraciones en la infraestructura. Sin embargo, el principal desafÃo
estructural para la minerÃa chilena continúa siendo la gestión eficiente del
agua, razón por la cual la industria viene desarrollando sus capacidades para el uso de agua desalinizada en labores mineras.
El Dato del RONI según NOAA y ENFEN
A medida que evolucionen las condiciones del PacÃfico durante los próximos meses, el seguimiento de los
informes de NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y ENFEN (Comité Multisectorial en Perú encargado del
Estudio Nacional del Fenómeno El Niño) será fundamental para adoptar decisiones
informadas.
Uno de los indicadores relevantes para monitorear El Niño es el RONI (Relative Oceanic Niño Index), adoptado por la NOAA como referencia oficial desde febrero de 2026 para el seguimiento del fenómeno ENSO (El Niño Oscilación del Sur).
El RONI permite determinar la intensidad de El Niño o La Niña comparando la temperatura del PacÃfico
ecuatorial con la del resto de los océanos tropicales. Para interpretar este
indicador se deben considerar dos aspectos fundamentales: el valor del Ãndice,
que confirma la presencia de El Niño cuando supera +0,5 °C durante cinco
perÃodos trimestrales consecutivos, y la respuesta de la atmósfera al
calentamiento oceánico, ya que no todo incremento de temperatura genera los
mismos efectos sobre el territorio.
En su último Diagnóstico ENSO,publicado el 11 de junio de 2026, la NOAA confirmó oficialmente que las
condiciones de El Niño ya están presentes y que se espera un fortalecimiento
progresivo durante los próximos meses. Por su parte, el Comunicado Oficial
ENFEN N° 11-2026, emitido el 15 de junio, coincide en señalar que el
calentamiento del PacÃfico ya se encuentra en desarrollo y que continuará
durante el resto del año.
Asimismo, el ENFEN, mantiene el estado de Alerta de El Niño Costero e indica que el evento iniciado en marzo de 2026
podrÃa prolongarse hasta el verano de 2027.
Las proyecciones señalan una mayor
probabilidad de alcanzar una magnitud fuerte entre junio y septiembre, para luego
disminuir gradualmente hacia fin de año.
Para el verano 2026-2027, la
probabilidad de un evento fuerte alcanza el 48 %, mientras que la de un evento
moderado llega al 46 %.
La alerta temprana de los pronósticos de NOAA y ENFEN resulta relevante porque plantea un escenario en el que podrÃan
coexistir simultáneamente un Niño Costero y un Niño de alcance global,
situación que históricamente ha estado asociada a los mayores impactos
climáticos en el paÃs de los Incas.
Esto no significa que el fenómeno
carezca de relevancia ni que deban minimizarse sus posibles efectos. Por el
contrario, el escenario proyectado por NOAA y ENFEN exige un seguimiento
permanente y la adopción de medidas preventivas oportunas.
Sin embargo, tampoco
resulta correcto asumir que la sola presencia de El Niño implicará una
paralización generalizada de las operaciones mineras o una reducción inevitable en la producción nacional.
El principal desafÃo para el sector minero no es la existencia del fenómeno en sà mismo, sino la capacidad de anticiparse a
sus efectos y gestionar adecuadamente los riesgos asociados. En ese sentido, la
preparación, la planificación y la inversión en infraestructura resiliente
continúan siendo las herramientas más eficaces para enfrentar un contexto
climático cada vez más variable y recurrente.
El Ministerio de EnergÃa y Minas (MINEM) y la Confederación Suiza suscribieron un
Memorando de Entendimiento (MOU) para promover una minerÃa artesanal y
de pequeña escala (MAPE) de oro más responsable, inclusiva y sostenible en el
Perú.
La iniciativa busca generar mayores oportunidades para la formalización
minera, fortalecer la trazabilidad del mineral y facilitar el acceso de los
productores a mercados internacionales que exigen estándares de producción
responsable.
El acuerdo fue firmado por el ministro de EnergÃa y Minas, Waldir Ayasta Mechán, y
el embajador de Suiza en el Perú, Paul Garnier, en representación de la
SecretarÃa de Estado para Asuntos Económicos de Suiza (SECO).
Esta cooperación constituye una alianza estratégica destinada a promover mejores prácticas
ambientales, sociales y de gobernanza en toda la cadena de valor del oro.
El programa se desarrollará hasta el año 2028 y contempla tres componentes estratégicos.
El primer componente, actualmente en ejecución, consiste en la implementación de
un fondo concursable destinado a cofinanciar proyectos innovadores que
contribuyan a mejorar el desempeño ambiental, social y de gobernanza de las
operaciones de minerÃa artesanal y de pequeña escala. La primera convocatoria
culminó el 29 de mayo de 2026 con el cierre de la recepción de propuestas,
contando con la participación del sector privado.
El segundo componente prevé un trabajo articulado entre el MINEM y la SECO para
impulsar espacios de diálogo y coordinación polÃtica que fortalezcan la
interacción entre el Gobierno Nacional, los gobiernos regionales y los
distintos actores vinculados a la pequeña minerÃa. Entre los temas prioritarios
se encuentran la formalización minera, la trazabilidad del oro y el diseño de
incentivos que promuevan una producción responsable y sostenible.
Por su parte, el tercer componente estará enfocado en la gestión del conocimiento.
Para ello se impulsará la elaboración de estudios técnicos, la sistematización
de experiencias exitosas, la difusión de buenas prácticas y la participación en
espacios internacionales de intercambio de conocimientos y lecciones
aprendidas.
Asimismo, el MOU contempla la provisión de asistencia técnica para
el desarrollo de reformas normativas priorizadas por el MINEM, el
fortalecimiento de las capacidades institucionales de las entidades
involucradas y la generación de información especializada que contribuya a
mejorar la gobernanza y sostenibilidad del sector minero artesanal y de pequeña
escala.
Esta iniciativa representa un importante paso en los esfuerzos por promover una MAPE formal, competitiva y alineada con los
estándares internacionales de sostenibilidad, contribuyendo al desarrollo económico de miles de productores y al fortalecimiento de la gobernanza minera en el paÃs.
Hoy 26 de mayo de 2026 se conmemora 57 años de la firma del Acuerdo de
Cartagena, instrumento que dio origen al proceso de integración andina y sentó
las bases de uno de los proyectos de cooperación regional más importantes y
duraderos de América Latina.
A lo largo de casi seis décadas, la integración andina ha evolucionado
desde un mecanismo orientado principalmente a la cooperación económica y
comercial hacia un sistema integral que incorpora dimensiones polÃticas,
sociales, ambientales, culturales y de ciudadanÃa regional. Este proceso ha
permitido construir instituciones supranacionales, fortalecer la cooperación
entre los paÃses miembros y generar beneficios concretos para millones de
ciudadanos.
Los orÃgenes de la integración andina
La historia de la integración andina comenzó el 26 de mayo de 1969,
cuando Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú suscribieron el Acuerdo de
Cartagena en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Mediante este
instrumento se creó el denominado Pacto Andino, concebido como un mecanismo
destinado a promover el desarrollo económico y social de sus miembros mediante
la integración regional y la cooperación entre sus economÃas. Posteriormente, el 10 de marzo de 1996, con la entrada en vigor del
Protocolo de Trujillo, el Pacto Andino adoptó oficialmente la denominación de
Comunidad Andina (CAN), dando paso a una nueva etapa caracterizada por una
institucionalidad más sólida y una visión integral del proceso de integración.
El Parlamento Andino: la voz
democrática de los pueblos andinos
Uno de los hitos más importantes en la construcción institucional de la
integración regional fue la creación del Parlamento Andino el 25 de octubre de
1979 en la ciudad de La Paz, Bolivia.
El Parlamento Andino constituye el órgano deliberante y representativo
del Sistema Andino de Integración. Su naturaleza es comunitaria y democrática,
ya que representa a los pueblos andinos mediante parlamentarios elegidos por
sufragio universal y directo.
Asimismo, cuenta con personalidad jurÃdica internacional y capacidad de
ejercicio de conformidad con el ordenamiento jurÃdico supranacional andino.
Actualmente está integrado por representantes del Estado Plurinacional de
Bolivia, la República de Colombia, la República del Ecuador y la República del
Perú. Asimismo, Chile participa activamente en diversos mecanismos de
integración andina en calidad de paÃs asociado.
El Parlamento Andino cuenta además con miembros observadores permanentes,
entre ellos el Reino de España, el Reino de Marruecos y la República de
TurquÃa, fortaleciendo asà los vÃnculos de cooperación interregional.
De un acuerdo comercial a una
comunidad de ciudadanos
La integración andina representa uno de los procesos más relevantes de
cooperación regional en América Latina. Su evolución demuestra cómo un acuerdo
inicialmente concebido para facilitar el comercio pudo transformarse
progresivamente en una comunidad polÃtica, económica y social dotada de
instituciones propias, normas comunitarias y mecanismos de concertación. Entre sus principales logros históricos destacan: La creación de instituciones
supranacionales permanentes; el establecimiento del Tribunal
Andino de Justicia. la consolidación del Parlamento
Andino como órgano democrático de representación regional; la eliminación progresiva de
barreras comerciales; la construcción de una zona
andina de libre comercio; la libre circulación de personas; la cooperación en materia
ambiental, educativa, energética y digital y el fortalecimiento de una
identidad regional andina compartida.
Principales hitos de la integración
andina
1969: Nace el Pacto Andino
Con la firma del Acuerdo de Cartagena se inicia formalmente el proceso de
integración andina, con el objetivo de impulsar el desarrollo económico y
social mediante la cooperación regional.
1970: Inicio de la CAF
Comienza a operar la Corporación Andina de Fomento, hoy CAF - Banco de
Desarrollo de América Latina y el Caribe, entidad que se convertirÃa en una de
las principales fuentes de financiamiento para proyectos de integración y
desarrollo en la región.
1973: Incorporación de Venezuela
Venezuela se integra formalmente al proceso andino, fortaleciendo el peso
polÃtico y económico del bloque regional.
1976: Retiro de Chile
Chile se retira del Pacto Andino debido a diferencias respecto al modelo
económico impulsado por el bloque. Décadas más tarde retomarÃa su vinculación
como paÃs asociado.
1978: Creación del Fondo Andino de
Reservas
Se constituye una institución destinada a fortalecer la estabilidad
financiera de los paÃses miembros, antecedente directo del actual Fondo
Latinoamericano de Reservas (FLAR).
1979: Consolidación institucional
Se suscribe el Tratado Constitutivo del Parlamento Andino y se crea el
Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, fortaleciendo significativamente
la arquitectura institucional del proceso integrador.
Década de 1980: Resiliencia y
fortalecimiento
Pese a las crisis económicas que afectaron a América Latina, la
integración andina logró preservar sus principales instituciones y continuar
desarrollando mecanismos de cooperación regional.
1990: Nace el Consejo Presidencial
Andino
Los Jefes de Estado institucionalizan sus reuniones periódicas, otorgando
mayor conducción polÃtica al proceso de integración.
1991-1994: Apertura económica
Se consolida la Zona Andina de Libre Comercio, se aprueba el Arancel
Externo Común y se implementan diversas medidas destinadas a facilitar el
comercio intrarregional.
1996: Nace la Comunidad Andina
La suscripción del Protocolo de Trujillo marca una profunda reforma
institucional. Surge oficialmente la Comunidad Andina y se crea el Sistema
Andino de Integración (SAI).
2001: CiudadanÃa andina
Los ciudadanos de los paÃses miembros comienzan a viajar utilizando
únicamente sus documentos nacionales de identidad, fortaleciendo la movilidad
regional.
2006: Reencuentro e
internacionalización
Chile retorna al proceso como paÃs asociado y el Parlamento Andino
participa activamente en la creación de la Asamblea Parlamentaria
Euro-Latinoamericana (EuroLat), ampliando la proyección internacional de la
integración andina.
2010-2018: Modernización institucional
La Comunidad Andina impulsa polÃticas vinculadas con infraestructura,
transporte, integración fronteriza, movilidad humana y fortalecimiento
institucional.
2019: Medio siglo de integración
La Comunidad Andina celebra sus primeros cincuenta años de existencia.
Los presidentes andinos reafirman su compromiso con el fortalecimiento del
proceso integrador y destacan avances en comercio, movilidad e integración
fronteriza.
La nueva etapa: una integración
orientada al ciudadano
A partir de 2020, la integración andina ingresó en una nueva fase
caracterizada por una visión más cercana a las necesidades de la ciudadanÃa. La pandemia del COVID-19 evidenció la importancia de la cooperación
regional y aceleró el desarrollo de iniciativas vinculadas con salud pública,
conectividad digital, migración, educación, medio ambiente y transformación
tecnológica.
2020: Cooperación frente a la pandemia
La Comunidad Andina aprobó una Estrategia Andina frente al COVID-19 e
impulsó iniciativas destinadas a fortalecer la cooperación sanitaria, económica
y social. Ese mismo año se aprobó la Carta Ambiental Andina, considerada uno de los
instrumentos ambientales más ambiciosos de la región, incorporando compromisos
relacionados con cambio climático, biodiversidad, sostenibilidad y protección
de ecosistemas estratégicos.
2021: Estatuto Migratorio Andino
La entrada en vigor del Estatuto Migratorio Andino constituyó uno de los
mayores avances en materia de integración ciudadana. Este instrumento facilitó la residencia, circulación y regularización
migratoria de millones de ciudadanos andinos, consolidando una visión regional
basada en derechos.
2022: Integración digital
Se implementó progresivamente la eliminación de los costos de roaming
internacional entre los paÃses andinos, permitiendo una conectividad más
accesible para millones de usuarios.
2023: Reactivación económica
Los paÃses andinos impulsaron iniciativas orientadas a fortalecer las
cadenas regionales de valor, la facilitación aduanera, la seguridad alimentaria
y la cooperación energética.
2024: Agenda ambiental y desarrollo
sostenible
La Comunidad Andina profundizó sus esfuerzos en materias como lucha
contra la minerÃa ilegal, protección de la AmazonÃa, gestión hÃdrica,
transición energética y adaptación al cambio climático.
2025: Fortalecimiento del Parlamento
Andino
El Parlamento Andino consolidó su papel como órgano democrático del
Sistema Andino de Integración, impulsando iniciativas relacionadas con
educación, derechos humanos, ciberseguridad, democracia digital, participación
ciudadana y cooperación universitaria.
2026: Una integración con visión de
futuro
Al cumplir 57 años de existencia, la Comunidad Andina se mantiene como el
proceso de integración más antiguo y con mayor grado de institucionalidad
supranacional en América Latina. En este contexto histórico, la cooperación
regional no constituye únicamente un instrumento económico, sino también una
herramienta para promover el desarrollo sostenible, fortalecer la democracia,
ampliar oportunidades y construir un futuro compartido para los pueblos
andinos. AsÃ, los principales retos y desafÃos para esta nueva etapa, vinculadas a la transición energética,minerales crÃticos,seguridad alimentaria,infraestructura regional,desarrollo sostenible, entre otros, incluyen: Fortalecer la libre movilidad de
los ciudadanos andinos; Consolidar la integración digital
regional; Incrementar el comercio
intracomunitario y la competitividad económica; Profundizar la cooperación frente
al cambio climático; Impulsar la interconexión
energética regional; Combatir las economÃas ilegales y
la minerÃa ilegal; Fortalecer la seguridad
alimentaria; Promover la educación, la
innovación y la movilidad académica.
Durante décadas, los residuos sólidos
municipales fueron entendidos en América Latina únicamente como un problema
sanitario asociado al crecimiento urbano. Las ciudades crecieron, el consumo
aumentó y, junto con ello, millones de toneladas de residuos comenzaron a
acumularse diariamente en botaderos a cielo abierto, vertederos y rellenos sanitarios. Sin
embargo, el contexto actual obliga a replantear esa visión tradicional. Lo que
antes era considerado basura hoy empieza a ser visto como un recurso
estratégico capaz de influir en la seguridad energética, la sostenibilidad
ambiental y el desarrollo económico de la región andina.
En cinco paÃses : Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, se generan el orden de cuarenta (40) millones de toneladas anuales de
residuos sólidos municipales; y más del 50 % de éstos corresponde a materia
orgánica susceptible de ser valorizada mediante tecnologÃas de biodigestión
anaeróbica, captura de biogás o sistemas Waste to Energy (WTE); por
consiguiente, una parte importante de aquello que hoy se entierra podrÃa
convertirse en electricidad, fertilizantes y nuevos recursos aprovechables.
Paradójicamente, gran parte de este potencial continúa enterrándose diariamente
en rellenos sanitarios o, peor aún, terminando en botaderos informales sin
ningún tipo de control ambiental.
 |
| Por la gran magnitud de botaderos a cielo abierto, éstos pueden observarse satelitalmente. |
El principal problema estructural de estos paÃses continúa siendo la persistencia de un modelo lineal basado en extraer,
consumir y desechar. Este esquema ha generado una presión creciente sobre los
sistemas de disposición final, obligando a los municipios a destinar enormes
recursos económicos únicamente para recolectar, transportar y enterrar
residuos. En muchos casos, los gobiernos locales apenas logran sostener
servicios básicos de limpieza pública, sin capacidad financiera suficiente para
invertir en tecnologÃas modernas de valorización, reciclaje o recuperación
energética.
La situación es más complicada en zonas rurales, ciudades intermedias, territorios amazónicos y regiones
altoandinas, donde la limitada infraestructura sanitaria dificulta el manejo
adecuado de residuos. AsÃ, millones de toneladas continúan llegando a botaderos
a cielo abierto, afectando ecosistemas y servicios ambientales al provocar contaminación
de rÃos, degradación de suelos, emisiones de metano y afectación directa sobre poblaciones
vulnerables.
El cambio climático agrava aún más esta problemática, debido a
lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos que dinamizan los lixiviados. incrementando
los riesgos ambientales asociados a sistemas precarios de disposición final.
Esta posibilidad adquiere enorme relevancia para estos paÃses donde la minerÃa constituye uno de los principales
motores económicos y, simultáneamente, uno de los mayores consumidores de
energÃa eléctrica.
La minerÃa moderna requiere crecientes cantidades de
electricidad para procesos de trituración, molienda, bombeo, ventilación,
procesamiento metalúrgico y automatización industrial. A medida que los
yacimientos se vuelven más profundos y complejos, la demanda energética minera
continuará incrementándose de forma sostenida.
La transición energética global depende directamente de minerales
estratégicos producidos en la región andina.
Los vehÃculos eléctricos, las energÃas renovables, las redes
inteligentes y las nuevas tecnologÃas requieren minerÃa, para lo cual se debe construir modelos mineros cada vez más sostenibles, eficientes y articulados
con procesos de economÃa circular.
En este contexto, la valorización energética
de residuos sólidos municipales podrÃa convertirse en uno de los grandes puntos
de convergencia entre desarrollo urbano, transición energética y minerÃa
sostenible.
PaÃses desarrollados del planeta han demostrado que es posible reducir drásticamente la dependencia de rellenos
sanitarios mediante sistemas integrados de reciclaje, biodigestión y generación
eléctrica a partir de residuos. En varias ciudades europeas, la basura dejó de
ser vista como un problema para convertirse en una fuente complementaria de
energÃa y desarrollo tecnológico.
La Comunidad Andina todavÃa enfrenta enormes desafÃos para avanzar hacia
ese escenario. La baja segregación en origen, la informalidad del reciclaje,
las limitaciones presupuestales municipales, la débil planificación regional y
la falta de infraestructura tecnológica continúan siendo barreras importantes.
A ello se suma la necesidad de fortalecer marcos regulatorios, desarrollar
capacidades técnicas y promover educación ambiental ciudadana.
El Dato
►La región andina posee abundante materia orgánica aprovechable, creciente demanda energética y una expansión
industrial y minera que requerirá nuevas fuentes de electricidad durante las
próximas décadas. Bajo una adecuada planificación, los residuos sólidos podrÃan
transformarse simultáneamente en una solución ambiental y en un recurso
energético estratégico para el desarrollo regional.
►La verdadera discusión de futuro ya no
deberÃa centrarse únicamente en cómo eliminar residuos, sino en cómo
transformar aquello que hoy enterramos en nuevas oportunidades de energÃa,
innovación y sostenibilidad.
En términos sencillos, y respondiendo a una inquietud frecuente de mis discÃpulos de la región
andina, conviene precisar que El Niño no debe entenderse únicamente como una lluvia intensa o una emergencia temporal,
sino como un fenómeno climático complejo que forma parte de la dinámica natural
del océano PacÃfico y de la atmósfera.
Cuando se habla de “El Niño†en sentido
general, se hace referencia al proceso climático recurrente asociado al
calentamiento anómalo de las aguas del PacÃfico ecuatorial, capaz de alterar
lluvias, temperaturas, sequÃas, actividades productivas y ecosistemas en varios
paÃses de América del Sur, especialmente en Perú y Ecuador.
En cambio, cuando
ese fenómeno se presenta en un periodo determinado y con caracterÃsticas
concretas, los especialistas suelen hablar de un evento El Niño, como ocurrió
en 1982-1983, 1997-1998 o durante el Niño Costero de 2017.
Esta diferencia
puede parecer trivialmente académica, no obstante ayuda a comprender mejor por qué la minerÃa, la
agricultura, la pesca, el turismo y la infraestructura andina reaccionan de manera distinta
frente a cada episodio.
No todos los eventos tienen la misma intensidad ni
generan iguales consecuencias. Algunos producen lluvias extraordinarias e
inundaciones en la costa peruana y ecuatoriana; otros alteran la disponibilidad
hÃdrica, afectan carreteras, incrementan la erosión o modifican la
productividad pesquera asociada a la corriente de Humboldt.
Por ello, entender
a El Niño como fenómeno y a cada ocurrencia especÃfica como evento permite
analizar con mayor rigor técnico los impactos económicos, sociales y
ambientales que periódicamente enfrenta la Comunidad Andina.
Asi, el fenómeno El
Niño suele ser presentado en el Perú como un evento estrictamente climático,
una anomalÃa del océano que, de manera casi inexorable, desencadena lluvias,
inundaciones y pérdidas económicas.
Sin embargo, esta explicación resulta
insuficiente para entender la magnitud real de sus impactos. La recurrente experiencia demuestra que los efectos del Niño no dependen únicamente de la
temperatura del mar, sino de una red más compleja donde interactúan el
clima, la estructura económica y, de manera decisiva, la calidad de la
gobernanza.
En ese contexto, el escenario que en el lapso 2026-2027 se perfila como una eventual posibilidad de acople entre el Niño global y el Niño costero, obliga
a replantear el análisis desde una perspectiva preventiva más integral.
El
Perú se encuentra en una posición particularmente sensible frente a este
fenómeno. A diferencia de otros paÃses, su costa está directamente expuesta al
calentamiento de la región Niño 1+2, lo que hace que los eventos costeros
tengan efectos inmediatos sobre el territorio. Pero cuando este calentamiento
se sincroniza con un Niño global en la región 3.4, el fenómeno adquiere una
dimensión distinta, reforzándose la interacción entre océano y atmósfera, se
prolonga la duración del evento y se intensifican las precipitaciones.
En consecuencia, no se
trata de una suma de efectos, sino de un proceso de amplificación.
El
antecedente del año 2017 resulta ilustrativo, pues a pesar de no haber estado plenamente
acoplado a un Niño global fuerte, el Niño costero generó daños equivalentes a
más de 1.6% del PBI peruano.
 |
| Evento registrado por la NASA en El Niño del año 2017 |
Eventual escenario de acoplamiento y en medio de una crisis polÃtica
¿Qué
ocurrirÃa si un evento de esa naturaleza se produjera en condiciones de
acoplamiento pleno y en el contexto polÃtico que viene atravesando el paÃs?.
Para responder a
esta interrogante es necesario abandonar la idea de que el impacto económico
del Niño es solo una función directa de su intensidad climática.
En estricto, el
efecto final puede entenderse mejor como el resultado de una interacción entre
tres factores: la magnitud del evento, el nivel de exposición de la economÃa y
la capacidad del Estado para gestionar el riesgo.
Estos elementos no actúan de
manera independiente; se potencian entre sÃ. AsÃ, un evento climático de
similar intensidad puede generar consecuencias radicalmente distintas
dependiendo de la calidad institucional del paÃs que lo enfrenta. En el caso
peruano, esta variable adquiere una relevancia crÃtica. La fragilidad polÃtica
que ha caracterizado al Perú en los últimos años introduce un factor de
vulnerabilidad adicional. La alta rotación de autoridades, la fragmentación del
sistema polÃtico, la debilidad en la ejecución del gasto público y la persistente
descoordinación entre niveles de gobierno configuran un escenario en el cual la
capacidad de respuesta del Estado se ve seriamente limitada.
En estas
condiciones, los problemas no se originan únicamente en la naturaleza, sino en
la forma de acción o inacción en que el aparato público reacciona frente a
ella. Las obras de prevención se postergan, la planificación pierde continuidad
y la respuesta tiende a ser reactiva antes que preventiva. El resultado es
que el daño económico no solo ocurre, sino que se amplifica.
Es en este punto
donde el análisis del sector minero suele verse distorsionado por percepciones
simplificadas. Existe una narrativa extendida que tiende a asociar la minerÃa
con la vulnerabilidad frente a eventos climáticos, cuando en realidad su rol es
mucho más ambivalente y depende del contexto en el que opera.
En un entorno de
gobernanza relativamente funcional, la minerÃa puede desempeñar un papel
estabilizador, toda vez que sostiene las exportaciones, genera divisas, contribuye a la
recaudación fiscal y ayuda a mantener la estabilidad macroeconómica en momentos
de crisis. Bajo estas condiciones, lejos de agravar el problema, actúa como un
amortiguador frente al shock.
No obstante, cuando el mismo fenómeno ocurre en
un contexto de debilidad institucional y, además, bajo un escenario de
acoplamiento climático, la situación cambia de manera sustancial. Las
interrupciones en la infraestructura logÃstica, la paralización de operaciones
por eventos extremos, la deficiente gestión de conflictos sociales y la
limitada capacidad de supervisión ambiental pueden convertir a la minerÃa en un
canal adicional de transmisión del impacto económico.
En este caso, no es la
actividad minera en sà la que genera el problema, sino la incapacidad del
entorno institucional para sostener su funcionamiento en condiciones adversas.De este modo, la minerÃa deja de ser un amortiguador y pasa a formar parte del
mecanismo de propagación del shock.
Este análisis adquiere una dimensión aún
mayor cuando se observa desde la perspectiva de la Comunidad Andina. Aunque los
paÃses de la región comparten ciertos rasgos estructurales, sus niveles de
exposición climática, dependencia económica y calidad institucional varÃan
significativamente.
El Perú destaca por la combinación de alta exposición al
Niño costero, fuerte dependencia de la minerÃa y una marcada inestabilidad
polÃtica, lo que lo convierte en el paÃs más vulnerable ante un escenario de
acoplamiento.
Ecuador enfrenta riesgos climáticos similares, aunque con menor
capacidad de amortiguación económica, mientras que Colombia y Bolivia presentan
dinámicas distintas, con impactos más asociados a variaciones hidrológicas o a
debilidades institucionales especÃficas.
Esta heterogeneidad no elimina, sin
embargo, la necesidad de una respuesta coordinada. Por el contrario, refuerza
la idea de que el Fenómeno El Niño debe ser abordado como un riesgo sistémico
regional. En este contexto, instancias como el Parlamento Andino adquieren una
relevancia particular, no solo como espacios de deliberación polÃtica, sino
como plataformas para impulsar estrategias conjuntas en materia de prevención,
infraestructura resiliente y estabilidad económica frente a shocks climáticos.
La articulación de sistemas de alerta temprana, la coordinación de polÃticas
públicas y el fortalecimiento institucional a nivel regional podrÃan marcar una
diferencia sustantiva en la forma en que estos eventos son enfrentados en el
futuro.
El dato
►El Fenómeno El Niño no puede seguir
siendo interpretado únicamente como un evento natural. En el Perú, su impacto
es también el reflejo de las condiciones polÃticas e institucionales del paÃs.
►Cuando un evento climático de gran magnitud se encuentra con un Estado débil,
sus efectos se potencian y pueden traducirse en pérdidas económicas que
comprometen varios puntos del producto interno bruto. Para el caso peruano, se aproximaron a veinte por ciento de su PBI en tres eventos estimados para los años : 1982-1983 (11,6 %) ;1997-1998 (6,2 %) y 2017 (1,6 %).
 |
| Tres eventos extremos de El Niño 82/83;97/98 y 16/17 comprometieron aprox 20% del PBI peruano |
â–ºResulta prioritario avanzar hacia una comprensión más realista de los desafÃos que enfrenta el Perú y la región andina en un contexto de creciente incertidumbre climática y fragilidad polÃtica.
 |
| TSM/Datos procesados por el IGP-Mayo 2026 |
 |
| TSM/Datos procesados por IMARPE-Abril 2026 |
Los planes de gobierno presentados por el cúmulo de candidatos presidenciales en
estas últimas elecciones generales de 2026 en Perú, dejan plasmado nÃtidamente
que la discusión sobre la minerÃa está cargada de percepciones ideológicas y,
en no pocos casos, marcado de una profunda desconexión con la realidad.
En particular, se evidencia la percepción errónea de que
toda forma de minerÃa genera impactos similares y que la diferencia entre
minerÃa formal e informal es simplemente administrativa. Nada más lejos de la verdad.
El elector percibió correctamente este desacierto, asà una mayorÃa significativa
de planes de gobierno expuestos por los partidos participantes fueron
desechados, pues mostraron baja representatividad efectiva, traducida en su
incapacidad de superar umbrales mÃnimos de votación.
Análisis comparado
Al contrastar experiencias emblemáticas de minerÃa informal, como Serra Pelada en
Brasil, La Pampa en Madre de Dios y Pataz en la sierra liberteña peruana,
frente a operaciones formales como Yanacocha y Pierina en el Perú, permite deshacer
varios mitos insostenibles, revelando que no toda minerÃa es igual, y las
diferencias son estructurales, no marginales.
 |
| Labores de la minerÃa de oro en la sierra de la Libertad-Perú |
La minerÃa informal demostró históricamente una capacidad significativa de
producción. Serra Pelada, en la AmazonÃa brasileña, produjo el orden de sesenta
(60) toneladas de oro en escasos años durante la década de 1980. Más
recientemente, el Perú enfrenta un fenómeno con mayor complejidad: la minerÃa ilegal
en la AmazonÃa y en zonas altoandinas.
Se estima que el paÃs produce y exporta aproximadamente
100 toneladas de oro informal al año, una cifra para nada deleznable si se considera
el factor incremental y acumulativo desde inicios del presente siglo XXI.
Sin embargo, detenerse únicamente en el volumen producido supone un error analÃtico
profundo. La minerÃa informal no es solo una forma menos eficiente de
producción, es un sistema económico radicalmente distinto, caracterizado por su
fragmentación, transparencia opaca y, cada vez más, por su vinculación con
economÃas criminales.
El caso de La Pampa es ilustrativo. No se trata de una mina, sino de un territorio
devastado. La deforestación supera ampliamente las 300 mil hectáreas acumuladas,
habiéndose registrado 10% de esta cifra entre enero de 2021 y marzo de 2024, con
un uso intensivo de mercurio dejando secuelas de contaminación en ecosistemas y
servicios ambientales.
En Pataz, por su parte, la minerÃa ilegal ha
evolucionado hacia esquemas de control territorial por parte de organizaciones
criminales, con presencia de sicariato, extorsión y economÃas paralelas. A
diferencia de Serra Pelada, que representó un caos social desbordado con la
participación de más de cien mil personas, el fenómeno contemporáneo en Perú
muestra un salto cualitativo hacia estructuras organizadas de ilegalidad.
Frente a ello, la minerÃa formal presenta caracterÃsticas completamente distintas.
Yanacocha, ha producido más de 800 toneladas de oro desde 1993, con picos
anuales de hasta 100 toneladas. Pierina, por su parte, superó las 260 toneladas
durante el periodo 1998-2020 de su vida útil. Estas cifras no solo superan largamente
a los enclaves informales históricos, sino que lo hacen bajo esquemas de eficiencia
técnica, trazabilidad productiva y regulación ambiental.
Aquà emerge un punto central que suele ser ignorado en el debate público: la minerÃa
formal no elimina el impacto ambiental, pero lo transforma en un fenómeno
medible, gestionable y sujeto a fiscalización. La minerÃa informal, en cambio,
externaliza sus costos de manera absoluta: no hay control, no hay remediación y
no hay responsabilidad.
La diferencia es aún más evidente en términos económicos e institucionales.
Mientras la minerÃa formal genera canon, regalÃas, empleo formal y
encadenamientos productivos, la minerÃa ilegal no solo termina evadiendo estos
aportes, sino que erosiona la capacidad del Estado.
Regiones como Madre de
Dios, pese a su intensa actividad aurÃfera, reciben niveles marginales de
ingresos fiscales, configurando una paradoja extrema: abundancia de recursos
con ausencia de desarrollo.
Este contraste permite desmontar otro mito frecuente: que la minerÃa informal es una
alternativa de subsistencia frente a la gran minerÃa.
Si bien en sus orÃgenes
puede haber tenido validez ese componente, hoy en muchos casos opera como una economÃa
extractiva de alta rentabilidad capturada por redes ilegales, donde los costos
sociales y ambientales son asumidos por la colectividad.
La evidencia comparada es contundente. La minerÃa informal puede generar volúmenes
importantes de producción, pero lo hace con una huella ambiental
desproporcionada, altos niveles de violencia y nulo aporte al desarrollo
institucional. La minerÃa formal, en cambio, concentra mayores niveles de
producción con menor impacto relativo por unidad extraÃda y contribuye al
sostenimiento del Estado.
En resumen
El problema de fondo en el Perú, por tanto, no es la minerÃa en sà misma, sino la
coexistencia de dos modelos radicalmente distintos: uno que construye
institucionalidad y otro que merma la gobernanza y gobernabilidad del paÃs.
Ignorar esta diferencia no solo distorsiona el debate, sino que impide diseñar
polÃticas públicas efectivas.
Desmitificar la minerÃa implica, precisamente, reconocer estas asimetrÃas. No se trata de
idealizar la minerÃa formal ni de negar sus desafÃos, sino de entender que, en
ausencia de Estado y regulación, la alternativa no es un modelo más sostenible, sino un escenario de salvaje depredación acelerada por los elevados precios históricos que viene alcanzando el oro.
Por consiguiente, el desafÃo para el Perú y los peruanos no es menor. Formalizar,
controlar y reconducir la actividad minera informal no es solo una cuestión
económica o ambiental, sino una condición necesaria para preservar de cara al
futuro la viabilidad del Estado en vastas zonas de su territorio.
El desarrollo de las elecciones generales del Perú 2026 confirma la consolidación de una crisis
estructural del sistema polÃtico. No se trata de un episodio coyuntural, sino
del resultado de una dinámica acumulativa a lo largo del siglo XXI, donde la
fragmentación, la debilidad de los partidos y la baja legitimidad de origen se
han convertido en rasgos permanentes.
Esta fragilidad institucional no es un fenómeno aislado. En la
última década, el Perú ha tenido una alta rotación de presidentes, ministros y
funcionarios públicos de otros niveles, reflejo de un sistema polÃtico incapaz de generar
estabilidad en la conducción del Estado. Esta volatilidad coexiste, sin
embargo, con una realidad contradictoria: una macroeconomÃa
relativamente sólida.
En efecto, el Perú presenta indicadores que, en términos
comparados, son favorables. La inflación se mantiene controlada alrededor del
2%, dentro del rango meta del Banco Central . Las reservas internacionales
netas bordean el
25% del PBI, lo que constituye un sólido respaldo frente a influencias externas .
Asimismo, la deuda pública se sitúa en torno al 35% del PBI, un nivel bajo en
comparación con estándares internacionales.
A ello se suma la estabilidad de la moneda y un desempeño
económico que, pese a la inestabilidad polÃtica, ha logrado sostener tasas de
crecimiento positivas impulsadas en gran medida por el sector minero,representando un 10% de su PBI .
Sin embargo, esta fortaleza macroeconómica convive con
debilidades estructurales profundas. La informalidad sigue siendo elevada estimada
en el orden del 18% del PBI y se expande junto con economÃas ilegales como la
minerÃa informal . A ello se suma un contexto de creciente criminalidad y baja presencia
estatal para hacer cumplir la ley en territorios identificados.
El resultado es una macroeconomÃa que funciona razonablemente
bien sobre una base institucional frágil. Esta es la paradoja peruana:
estabilidad económica sin estabilidad polÃtica.
En ausencia de reformas que fortalezcan la representación
polÃtica, el patrón observado de la cadena : fragmentación, baja legitimidad e
inestabilidad, no solo persistirá, sino que tenderá a profundizarse.
En este contexto, el impacto sobre el sector minero resulta
particularmente crÃtico. La minerÃa, por su propia naturaleza, requiere
estabilidad jurÃdica, predictibilidad regulatoria y un Estado con capacidad
efectiva para gestionar conflictos. Ninguna de estas condiciones se fortalece
en un entorno polÃtico fragmentado como el que se presenta en el marco del
proceso electoral del 2026.
Un gobierno con respaldo electoral limitado tiende a privilegiar
decisiones de corto plazo. Ello se traduce en cambios regulatorios frecuentes,
retrasos en proyectos y señales contradictorias que erosionan la confianza de
los inversionistas. La incertidumbre deja de ser un fenómeno transitorio y pasa
a convertirse en una condición estructural del sector.
Asimismo, la debilidad del sistema polÃtico reduce la capacidad
del Estado para gestionar los conflictos sociales vinculados a la actividad
minera. En ausencia de mecanismos eficaces de intermediación polÃtica, las
tensiones territoriales en sus 159 cuencas tienden a escalar, afectando tanto la continuidad de
las operaciones como el desarrollo de nuevos proyectos.La posibilidad de impulsar reformas estructurales en el sector se
ve limitada.
Temas crÃticos como la formalización minera, la gestión del canon
o la regulación ambiental requieren consensos polÃticos amplios, difÃciles de
construir en un sistema altamente fragmentado.
Las elecciones de 2026, en este sentido, no solo reflejan una
crisis polÃtica, sino que configuran un condicionante estructural para el
desarrollo económico y, en particular, para el sector minero.
El Perú enfrenta asà una paradoja persistente: cuenta con un
sector minero competitivo y de relevancia global, una macroeconomÃa ordenada y
fundamentos sólidos, pero carece de un sistema polÃtico capaz de sostener estos
logros en el tiempo mediante reglas claras, estabilidad institucional y
capacidad de gobierno.
 |
| Un sistema polÃtico débil no contribuye a tener una adecuada gobernanza y gobernabilidad del paÃs. |
Detalles del proceso electoral 2026
El proceso electoral se desarrolló con 35 candidatos efectivos a
la presidencia, sobre un padrón de 27,325,432 ciudadanos. Este escenario,
marcado además por episodios de inestabilidad institucional que derivaron en la renuncia
del jefe de la autoridad electoral ONPE, evidenció un claro desbalance entre la
participación ciudadana y la capacidad real de representación polÃtica.
Con el 93.894% de actas contabilizadas (87,102 de 92,766), los
resultados reflejan con nitidez la magnitud de la fragmentación. El partido que
ocupa el primer lugar alcanza apenas el 17% de los votos válidos, mientras que
el segundo obtiene el 12%. Estas cifras no solo muestran objetivamente la dispersión del
voto, sino también la ausencia de mayorÃas polÃticas mÃnimamente consistentes.
El hecho de que ninguna fuerza supere el 20% confirma que la
segunda vuelta no serÃa una excepción, sino una consecuencia estructural del
sistema. Más aún, el 77% de los partidos no alcanza siquiera el 2% de los
votos, lo que evidencia la proliferación de organizaciones sin base social
efectiva.
El padrón electoral, por su parte, revela un paÃs complejo y en
transición. La coexistencia de una población joven significativa con un bloque
creciente de adultos mayores introduce tensiones en la agenda pública. No
existe una demanda predominante capaz de ordenar el debate polÃtico, lo que
contribuye a la dispersión electoral.
En términos territoriales, el paÃs mantiene un fuerte centralismo
en Lima, que concentra alrededor del 37% del electorado. Sin embargo, las
regiones del norte y del sur andino continúan siendo decisivas, especialmente
en una eventual segunda vuelta.
Se configura asà un escenario en el que las elecciones se definen
en múltiples espacios polarizados, con intereses diversos y, en muchos casos,
contrapuestos.
El voto en el extranjero, que alcanza aproximadamente 1.2
millones de electores, añade una dimensión adicional. Su magnitud lo convierte
en un actor relevante en contiendas estrechas, incrementando la complejidad del
sistema electoral y la necesidad de mecanismos de representación más adecuados
a la realidad del Perú profundo de todas las sangres.
El resultado agregado de estos factores es un sistema polÃtico sin la capacidad de procesar adecuadamente la diversidad social del paÃs. Existe pues un
desalineamiento evidente entre una sociedad cada vez más compleja y un sistema
de partidos cada vez más precario.
Como vengo sosteniendo hace décadas en diversos foros, desmitificar la minerÃa en el Perú implica ir más allá del
debate ligero sobre su impacto ambiental o económico, ya que el principal
propósito es evidenciar que el verdadero desafÃo es humano e institucional.
En el modelo peruano, se ha asumido que la abundancia de recursos naturales y su redistribución vÃa presupuesto público
serÃan suficientes para impulsar el desarrollo tanto en zonas urbanas como en
rurales. Sin embargo, tanto la persistencia de la migración del campo a la ciudad, anemia,como el limitado
acceso y disponibilidad de agua para consumo humano de millones de personas prueban
todo lo contrario.
Es en ese sentido que el paÃs no
enfrenta un problema de falta de recursos, sino de incapacidad de gestionarlos
y transformarlos poniéndolos en valor para generar bienestar.
No basta con tener cobre, oro, plata,
zinc, minerales crÃticos para la transición energética o abundante agua dulce.
Sin una estrategia que coloque al capital humano en el centro, que fortalezca
el estado de derecho y que promueva la iniciativa privada, estos recursos
seguirán siendo oportunidades perdidas.
Es necesario construir un Perú donde la riqueza natural no continúe siendo una
ilusión de desarrollo, donde el presupuesto público se traduzca en resultados
concretos y donde el verdadero motor del progreso sea la persona humana.
 |
| Pérdidas con el RRHH por desconexión entre generación de riqueza y uso del gasto público. |
El proceso seguido en el periodo 2001-2026
A inicios del siglo XXI, el Perú era un paÃs centralista en términos polÃticos, económicos y fiscales.
Su capital, Lima concentraba el orden del 50% del PBI nacional y hasta el 75%
del presupuesto público. El resto del paÃs giraba alrededor de una estructura
donde la generación de riqueza y la toma de decisiones estaban concentradas en la capital.
veinticinco años después, el discurso oficial sostiene que el paÃs avanzó hacia la descentralización. Sin embargo, un análisis comparativo entre la participación regional en el PBI, el uso del presupuesto público y la evolución de indicadores sociales crÃticos como la anemia infantil revela una realidad compleja y contradictoria.
En términos de producción económica, el paÃs experimentó cambios importantes, pero no necesariamente estructurales. Lima sigue concentrando alrededor del 45% del PBI nacional, lo que evidencia una leve desconcentración, pero no una transformación del modelo. Algunas regiones incrementaron su participación, impulsadas principalmente por actividades extractivas y la agroexportación.
Es decir, el crecimiento territorial del PBI no ha sido producto de una diversificación económica, sino de la expansión geográfica del patrón primario exportador.
La participación de Lima en
el gasto nacional ha caÃdo significativamente. Este cambio responde al proceso
de descentralización con la creación de gobiernos regionales y la transferencia
de recursos a través de mecanismos como el canon minero y gasÃfero.
En
apariencia, esto sugerirÃa un avance hacia un paÃs más equilibrado, sin
embargo, la evidencia demuestra que la descentralización fiscal no ha ido
acompañada de una descentralización productiva ni de capacidades de gestión en
los territorios.
Es al incorporar un indicador humano básico donde la paradoja se vuelve más evidente.
A inicios del siglo XXI, alrededor del 72% de la población peruana era urbana y cerca del 28% residÃa en zonas rurales. Para el año 2025, esta proporción se modificó a más del 80% de la población viviendo en áreas urbanas, mientras que la población rural se redujo por debajo del 20%. Este proceso refleja una migración sostenida desde el campo hacia las ciudades, impulsada por la falta de oportunidades económicas, servicios básicos y condiciones de vida adecuadas en zonas rurales. Este despoblamiento rural es una evidencia de la frustrada construcción de economÃas territoriales sostenibles. Las zonas rurales, muchas de ellas ricas en recursos naturales no logran retener a su población, las cuales se desplazan hacia ciudades que, a su vez, crecen de manera desordenada, presionando servicios básicos e incrementa las brecha entre producción y gasto, lo cual debilita su desarrollo armónico.
A inicios del siglo XXI, la anemia infantil en el Perú afectaba aproximadamente al 50% de los
niños menores de tres años. Dos décadas después, pese al crecimiento económico
sostenido, al incremento del presupuesto público y a la descentralización
fiscal, la anemia sigue afectando a cerca del 40% de los niños a nivel
nacional, con niveles crÃticos en regiones con tradición minera como es el caso
de Cajamarca.
El paÃs ha crecido, ha gastado más y ha redistribuido recursos,
pero no ha logrado resolver uno de los problemas más elementales de desarrollo
humano.
Sin embargo, existe una paradoja aún más profunda y menos discutida que es el agua. En el contexto global, el agua
es considerada el petróleo del siglo XXI, un recurso estratégico para el
desarrollo, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.
El Perú, es un paÃs
privilegiado en disponibilidad de agua dulce a nivel global; no obstante,
millones de peruanos aún carecen de acceso y disponibilidad adecuados al agua para consumo humano. Gran parte del recurso hÃdrico se pierde por falta de
infraestructura, mala gestión, contaminación y ausencia de ordenamiento territorial. AsÃ, un paÃs con abundancia hÃdrica convive con escasez en sus
ciudades y zonas rurales.
Esta paradoja del agua no es distinta a la de los recursos minerales.
El Perú, pese a poseer importantes reservas de cobre, oro y
minerales crÃticos que serán fundamentales para la transición energética
global, sin embargo, por la experiencia demostrada en las últimas décadas, se acredita que la
sola existencia de estos recursos no garantiza su desarrollo sostenible. Al igual
que ocurre con el agua, la riqueza potencial no se traduce automáticamente en
bienestar para la población.
Al cruzar las variables de PBI, población, presupuesto, anemia y acceso al agua, el caso peruano muestra precisamente la
ausencia de este enfoque integral.
Por un lado, existe un Perú productivo,
representado por regiones que generan más riqueza de la que reciben en
presupuesto público. Por otro lado, un Perú dependiente, conformado por
regiones donde el gasto estatal supera la capacidad productiva, pero sin lograr
traducirse en bienestar tangible. Y en ambos casos, la persistencia de la
anemia y las brechas en acceso al agua evidencian que ni la generación de
riqueza ni el incremento del gasto han bastado para mejorar las
condiciones básicas de vida.
Un caso ilustrativo es
el de las regiones con canon minero o gasÃfero, como Ãncash y Cusco. Estas
presentan un aparente equilibrio entre producción y presupuesto, pero con
niveles de anemia y limitaciones en acceso a servicios básicos que evidencian
una desconexión entre recursos disponibles y resultados sociales.
Esto confirma
que la riqueza natural, ya sea minera o hÃdrica, no garantiza desarrollo si no
está acompañada de instituciones sólidas y gestión eficiente.
En ese sentido, corresponderÃa mejorar el modelo vigente garantizando procesos electorales transparentes que garanticen la construcción de gobernabilidad y gobernanza con capacidades reales de transformar recursos en bienestar y mejora de calidad de vida en un paÃs que cuenta con un legado
histórico y un futuro prometedor.
Han pasado 24 años desde que, en 2002, el Perú inició el proceso de formalización minera con la
Ley N° 27651, orientada a la pequeña minerÃa y minerÃa artesanal. Una década
después, en 2016, el Decreto Legislativo N° 1293 declaró de interés nacional
dicha formalización. Más recientemente, el 26 de diciembre de 2025, la Ley N°
32537 extendió este proceso hasta el 31 de diciembre de 2026, o hasta la
entrada en vigor de la futura Ley de la Pequeña MinerÃa y MinerÃa Artesanal
(MAPE) y su reglamento.
A pesar de este largo recorrido normativo, el paÃs llega a las elecciones generales del 12 de
abril de 2026 atrapado en una controversia que se repite sin mayor evolución.
El debate sobre la minerÃa ha sido reducido, durante años, a una falsa
dicotomÃa: minerÃa sà o minerÃa no; agro sà o mina no; agua sà u oro no. Este
enfoque simplista ha condicionado propuestas igualmente limitadas, que no
logran diferenciarse en lo sustantivo y que, en la práctica, han contribuido a
ralentizar el desarrollo nacional durante casi un cuarto de siglo.
El problema de fondo es que se sigue intentando responder a fenómenos complejos, como la expansión
de la minerÃa ilegal, con soluciones fragmentadas, lineales y desarticuladas.
El resultado es evidente: el crecimiento exponencial de esta actividad ilÃcita,
frente al cual los esfuerzos del Estado, especialmente desde el sistema de
justicia, resultan insuficientes.
Sin embargo, incluso este diagnóstico se queda en la superficie.
El verdadero problema estructural
que el Perú no ha querido enfrentar es otro: sigue operando bajo una lógica
de cadena productiva primaria, cuando el desafÃo
real es construir una cadena de valor minera.
El Perú es, sin duda alguna, una potencial potencia minera, vinculado a lo históricamente demostrado
como uno de los principales productores mundiales de cobre, oro, zinc y plata.
Pero esa fortaleza encierra una paradoja: exporta grandes volúmenes de
recursos, pero no captura plenamente la riqueza que estos pueden generar.
Extrae minerales, pero no maximiza su valor.
La razón es conceptual y estratégica. Perú estructuró la minerÃa como una cadena
productiva: un proceso lineal que comienza con la exploración, continúa con la
extracción, pasa por un procesamiento básico y culmina en la exportación.
En
este esquema, el paÃs participa fundamentalmente en los eslabones de menor
valor agregado.
Las consecuencias son conocidas: alta dependencia de la fluctuación en los precios internacionales, escasa
diversificación productiva, limitada generación de empleo calificado y una
creciente percepción social de que la minerÃa no deja beneficios suficientes en
los territorios donde opera.
Frente a ello, cobra relevancia el concepto de cadena de valor,
desarrollado por Michael Porter. No se trata solo de producir más, sino de
producir mejor, integrando actividades que generen valor en cada etapa del
proceso.
Aplicado a la minerÃa, esto implica ir mucho más allá de la extracción. Supone apostar por
investigación geológica avanzada, innovación tecnológica, fundición y
refinación dentro del paÃs, desarrollo de industrias aguas abajo, servicios
especializados de clase mundial, generación de conocimiento y formación de
capital humano calificado.
En suma, transformar la minerÃa en un
verdadero motor de desarrollo integral.
El Perú, sin embargo, aún no ha dado ese salto. Sigue básicamente exportando concentrados en
lugar de metales refinados. Dependemos de tecnologÃa importada en vez de
desarrollarla. Los encadenamientos productivos locales son débiles y las
regiones con tradición minera permanecen, en gran medida, desconectadas de
procesos industriales más complejos.
Esto no es casual. Es el resultado de décadas sin una polÃtica clara de industrialización minera.
Mientras tanto, otros paÃses de las Américas han avanzado en esa dirección. No
solo exportan concentrados de commodities, sino que ha construido un ecosistema de proveedores mineros, generando valor más allá de la extracción.
Pero el desafÃo no es únicamente económico. Es también social, ambiental y polÃtico.
Muchos de los conflictos
vinculados a la minerÃa responden a una percepción legÃtima: que la riqueza no
se distribuye de manera equitativa. Una minerÃa basada únicamente en la lógica
de cadena productiva tiende a reforzar esa percepción. En cambio, una minerÃa
articulada como cadena de valor puede generar empleo local, dinamizar economÃas
regionales y construir legitimidad social.
 |
| Una mirada a los servicios industriales de la marina-SIMA,puertos y cadena de valor |
Por ello, el debate que el Estado peruano necesita no es si debe o no explotar sus recursos
minerales, sino cómo hacerlo de manera inteligente. No se trata de estar en contra
de la minerÃa abandonándola o dejando aislada a la inversión privada, sino de
transformarla y acompañarla en el proceso de cambio.
En un contexto electoral como el que se encuentra el paÃs a escasos dÃas de elegir a su
mandatario de un abanico de treinta y cinco candidatos presidenciales, marcado mayormente
por discursos polarizantes, propuestas simplistas que llevan a discusiones
bizantinas, resulta imprescindible pedir a los candidatos una visión más ajustada
a la realidad que exige el paÃs : ¿Qué plantean para que el Perú deje de ser un
exportador de materias primas agotables y se convierta en un generador de
valor? ¿Cómo piensan articular la minerÃa con la industria, la tecnologÃa y el ordenamiento territorial? ¿Qué estrategias concretas proponen para cerrar esta
brecha histórica?.
El paÃs no puede seguir postergando esta discusión, siendo que al año 2026 la minerÃa representa
cerca del 10% del PBI peruano y es uno de sus pilares económicos por ser motor
de exportaciones y generador de empleo. La cuestión de fondo es si seguirá
siendo una actividad extractiva tradicional o si estamos dispuestos a
convertirla en una verdadera plataforma de desarrollo sostenible.
La diferencia entre cadena productiva y cadena de valor no es meramente académica. Es, en esencia,
la diferencia entre un paÃs que exporta lo que extrae y otro que construye
riqueza a partir de lo que posee.
Y esa decisión, más que técnica, es profundamente polÃtica.
! Dios bendiga al pueblo peruano e ilumine a sus gobernantes !
Dr. Msc. Ing. Javier Prado Blas
DNI N° 08186048
CIP N° 38874
En el Perú existe una paradoja altamente sensible: mientras el presupuesto público
se ha incrementado de manera sostenida desde inicios del siglo XXI, la
inversión en infraestructura mayor de almacenamiento de agua, ya sea represas,
reservorios y sistemas de regulación hÃdrica no ha seguido el mismo ritmo.
Este desfase no es menor. Es, en realidad, uno de los principales factores que
explican la creciente vulnerabilidad del paÃs frente a una eventual crisis
hÃdrica y energética.
El paÃs cuenta con más de 700 presas inventariadas por la Autoridad Nacional del
Agua, construidas a lo largo de casi un siglo. Durante décadas, especialmente
entre 1960 y 1980, el Estado peruano entendió que el agua era un factor clave
para el desarrollo y promovió grandes proyectos de irrigación y regulación
hÃdrica. Posteriormente, entre 1980 y el 2000, se consolidó una etapa de
expansión hidroeléctrica y de proyectos multipropósito.
Sin embargo, en lo que
va del siglo XXI, este impulso se ha diluido en simultaneo con la recurrente crisis polÃtica del paÃs.
Existen esfuerzos singulares como el Proyecto Olmos, pero no una polÃtica sistemática
ni sostenida de almacenamiento de agua en espacios estratégicos a escala
nacional.
Lo más preocupante es que esta desaceleración ocurre en un contexto diametralmente
opuesto al del siglo pasado. Hoy enfrentamos los efectos del cambio climático,
con periodos de sequÃa más prolongados, mayor variabilidad en las
precipitaciones y un acelerado retroceso de los glaciares andinos.
Es decir,
cuando más necesitamos capacidad de almacenamiento, menos estamos invirtiendo
en ella.
El argumento de falta de recursos ya no es válido. El presupuesto público peruano
ha crecido significativamente en las últimas dos décadas, impulsado por el
crecimiento económico, la recaudación tributaria y los ingresos provenientes de
actividades extractivas. Sin embargo, ese mayor gasto no se ha traducido en
infraestructura estratégica que garantice la seguridad hÃdrica. Se ha
priorizado, en muchos casos, el gasto corriente o proyectos de impacto
inmediato, dejando de lado inversiones de largo plazo cuya rentabilidad social
es incuestionable.
Consecuencias de la inacción
En primer lugar, afecta la seguridad alimentaria. La agricultura en la costa, donde se concentra gran parte de la producción y fomentar la cadena de valor, depende crÃticamente de
sistemas de almacenamiento y regulación. Sin ellos, el agua de las lluvias se
pierde en el mar durante los meses húmedos y escasea durante los periodos
secos.
En segundo lugar, compromete la seguridad energética. El Perú mantiene una alta
dependencia de la generación hidroeléctrica. Sin reservorios adecuados, la
producción de energÃa queda sujeta a la disponibilidad inmediata de agua, lo
que incrementa el riesgo de déficits en años secos y obliga a recurrir a
fuentes térmicas más costosas y contaminantes.
En tercer lugar, incrementa la conflictividad social. La falta de infraestructura
hÃdrica exacerba la competencia por el recurso entre agricultura, consumo
humano, industria y minerÃa. En este último caso, el debate suele centrarse en
la supuesta competencia por el agua, cuando en realidad el problema de fondo es
la ausencia de sistemas de regulación que permitan gestionar eficientemente el
recurso.
AsÃ, el Perú enfrenta una triple vulnerabilidad: hÃdrica, energética y económica. No
porque carezca de agua, sino porque carece de capacidad para almacenarla y
gestionarla estratégicamente.
Es la paradoja de un paÃs con abundantes recursos
hÃdricos que, sin embargo, no logra convertirlos en seguridad ni en desarrollo
sostenible.
Lo que está en juego no es solo la gestión del agua, sino la capacidad del Estado
para planificar el futuro.
Seguridad HÃdrica como eje central de la polÃtica pública
La seguridad hÃdrica deberÃa ser un eje central de
la polÃtica pública, articulando inversiones en infraestructura gris, pudiendo ser represas,
reservorios, trasvases y otras opciones con soluciones basadas en la naturaleza, como la
siembra y cosecha de agua.
Asimismo, se requiere promover esquemas de
financiamiento innovadores, incluyendo la participación del sector privado en
proyectos multipropósito que beneficien a múltiples usuarios.
Persistir en la inacción tiene un costo creciente. Cada año que pasa sin ampliar la
capacidad de almacenamiento es un año en el que el paÃs se vuelve más
vulnerable frente a sequÃas, más dependiente de condiciones climáticas
inciertas y más expuesto a crisis que podrÃan evitarse con planificación.
 |
| El paÃs requiere retomar la polÃtica de almacenar agua para que no se pierda |
El Perú no necesita descubrir nuevas fuentes de agua, tampoco necesita de masivos costosos
proyectos de desalinización de agua de mar, necesita, con urgencia, aprender a
almacenar la que ya tiene, asà como tratar las aguas residuales para darle
valor en diversos usos.
Esa es la verdadera base de la seguridad hÃdrica y,
también, una de las claves más importantes para garantizar su desarrollo en el
siglo XXI.
A escasos 24 dÃas de
las elecciones generales del próximo 12 de abril, en las que el paÃs de los
Incas elegirá presidente de la república, senadores, diputados y representantes
al parlamento andino y, en términos prácticos, una nueva conducción del Estado
peruano, resulta importante poner en agenda uno de los problemas estructurales
más graves y persistentes de América Latina y particularmente en Perú: la
gestión de los residuos sólidos municipales - RSM.
Durante
el periodo 2001–2026, el Perú ha experimentado un importante crecimiento
económico, acompañado de una expansión urbana acelerada y altamente fragmentado
territorialmente con 196 municipios provinciales y 1890 municipios distritales.
Sin
embargo, este crecimiento no ha sido respaldado por un fortalecimiento
equivalente del Estado, generando una crisis silenciosa pero profunda en la
gestión de RSM.
Hoy
enfrenta una realidad crÃtica en la que cada vez genera más residuos sólidos
mientras la responsabilidad de su disposición final recae en sus 196
municipalidades provinciales que, en su mayorÃa, no cuentan con capacidades
técnicas ni financieras suficientes, lo que ha derivado en la persistencia de
vertederos o botaderos a cielo abierto en gran parte del paÃs y en el
desaprovechamiento de la posibilidad de generar energÃa eléctrica a partir de
estos residuos.
A ello
se suma la alta morosidad ciudadana en el pago de arbitrios, lo que debilita
aún más el sistema, asà como la corrupción en gobiernos locales que ha
contribuido a decisiones que agravan el problema. Uno de los aspectos más
graves y menos discutidos es el enterramiento de residuos en zonas inundables
de la costa norte peruana, justamente donde son recurrentes eventos como el
Fenómeno El Niño y el Fenómeno El Niño Costero.
Estas prácticas han generado la
dispersión de residuos durante inundaciones, la liberación de lixiviados
altamente contaminantes y la consecuente contaminación de agua, suelos y zonas
habitadas, afectando directamente a la salud de la población más vulnerable.No
es casualidad que, en contextos crÃticos como la pandemia de COVID-19, las
zonas con mayor precariedad ambiental y competencia municipal hayan registrado
niveles dramáticos de morbimortalidad, lo que evidencia una relación directa
entre mala gestión pública, degradación ambiental y vulnerabilidad sanitaria.
A
pesar de que el paÃs cuenta con un marco normativo claro, como el establecido
en la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos, que obliga a priorizar la
valorización de los residuos antes de su disposición final, la realidad en los
196 municipios provinciales del paÃs muestra un incumplimiento sistemático de
estas disposiciones. Este no es un problema aislado ni técnico; es una
expresión directa de las debilidades estructurales de las polÃticas públicas
que arrastra el Estado peruano sujeto a una alta rotación de los tomadores de
decisión en este extremo que amerita un serio debate con algunas ideas fuerza
expresadas seguidamente:
La primera, que debe quedar claramente establecida, es
que existe una brecha crÃtica entre la norma y la realidad, producto de una
combinación de limitaciones presupuestales, falta de capacidades técnicas y
ausencia de planificación de largo plazo. Para muchos gobiernos locales,
enterrar residuos sigue siendo la alternativa más sencilla y menos exigente en
el corto plazo, aun cuando ello comprometa la sostenibilidad ambiental, la
salud pública y la economÃa futura. La valorización, que implica reciclaje,
compostaje y reaprovechamiento, requiere inversión, conocimiento y gestión
eficiente, elementos que no han sido priorizados en la mayorÃa de las municipalidades
provinciales.
La segunda, es la debilidad institucional del sistema de control
y fiscalización. Entidades como el Organismo de Evaluación y Fiscalización
Ambiental y la ContralorÃa General de la República no han logrado generar
mecanismos efectivos, continuos y disuasivos que obliguen a los gobiernos
locales a cumplir con la normativa vigente. La falta de supervisión oportuna y
de sanciones ejemplares ha permitido que el incumplimiento se normalice.
La
tercera, es la ausencia de un mercado sólido y formal para la valorización de
residuos. Sin cadenas de valor estables para los materiales reciclables, los
municipios carecen de incentivos económicos para apostar por sistemas de
reaprovechamiento. A ello se suma la persistencia de la informalidad en el
reciclaje, que, si bien cumple un rol importante, no ha sido adecuadamente
integrada en modelos formales e inclusivos de gestión.
La cuarta, es la débil
cultura ciudadana en materia de segregación en la fuente. Sin participación
activa de la población, cualquier esfuerzo de valorización se vuelve más
costoso y menos eficiente. Este componente, fundamental para el éxito de
cualquier sistema moderno de gestión de residuos, ha sido históricamente
relegado.
Una quinta idea fuerza que no puede seguir siendo omitida: la
corrupción estructural que atraviesa la gestión de residuos sólidos en el paÃs
y que alcanza, en mayor o menor medida, a los 196 municipios provinciales. La
contratación de servicios de recolección, transporte y disposición final, asÃ
como la ejecución de proyectos de infraestructura como rellenos sanitarios o
plantas de tratamiento, representan espacios altamente vulnerables a prácticas
corruptas.La transparencia opaca en los procesos, la colusión con proveedores,
la sobrevaloración de proyectos y la falta de rendición de cuentas han
convertido a la basura en un negocio antes que en un servicio público. Esta
realidad distorsiona completamente los incentivos, desincentivando soluciones
sostenibles como la valorización, que suelen ser menos rentables desde una
lógica corrupta.
Nos encontramos, por tanto, ante una crisis sistémica que
combina fallas institucionales, debilidad financiera, corrupción, mala
planificación territorial, pérdida de oportunidades económicas como la
valorización energética de residuos y graves impactos ambientales y sanitarios.
En sÃntesis, objetivamente me reafirmo en la convicción que el crecimiento
económico y el aumento sostenido de los RSM no han sido acompañados por un
fortalecimiento del Estado. La asignación de responsabilidades a
municipalidades sin capacidades, sumada a la morosidad, la corrupción y
prácticas no sanitarias como el enterramiento de residuos en zonas inundables,
ha generado una crisis estructural que incrementa la vulnerabilidad de la
población y desperdicia oportunidades de desarrollo.
En este
contexto, resulta indispensable que los múltiples candidatos a la presidencia,
al Congreso y a los distintos niveles de gobierno se pronuncien de manera
clara, técnica y verificable sobre cómo enfrentarán este problema.
No basta
con declaraciones generales; el paÃs necesita propuestas concretas que aborden
el financiamiento de la valorización, el fortalecimiento de capacidades
municipales, la reforma de los sistemas de fiscalización, la formalización de
los recicladores, la educación ciudadana y, de manera central, la lucha frontal
contra la corrupción en la gestión de residuos sólidos municipales.
! Dios
bendiga al pueblo peruano e ilumine a sus gobernantes !
Dr. Msc.
Ing. Javier Prado Blas
DNI N°
08186048
CIP N°
38874
El directorio ejecutivo del Banco Mundial aprobó un nuevo proyecto para respaldar
al Perú en aumentar la competitividad, transparencia y sostenibilidad del
sector minero, sentando las bases para la creación de más y mejores empleos.
Destacó que la minerÃa representa cerca del 10% del PBI peruano y constituye
uno de los principales motores de exportaciones y generación de empleo.
En el año 2025, las exportaciones mineras alcanzaron USD 61.849 millones, reflejando
un crecimiento interanual significativo.
Asimismo, advirtió que la inversión minera se ha desacelerado en los últimos años debido
a factores como: cuellos de botella regulatorios, demoras en la aprobación de
permisos y desafÃos de gobernanza en el sector.
El proyecto busca modernizar la capacidad geocientÃfica del paÃs y fortalecer
la gestión institucional del sector minero. Entre las medidas previstas se
incluye la generación y difusión de datos geocientÃficos de última
generación, lo que permitirá mejorar el conocimiento del potencial mineral del
paÃs.
Asimismo, contempla la creación de: una Litoteca Nacional de Testigos de Perforación, un
laboratorio de geocronologÃa de última generación y la implementación de una
Ventanilla Única Digital para agilizar la aprobación de permisos mineros.
Ante el honor que me hacen mis pares, colegas y discÃpulos al consultarme sobre el próximo proceso electoral a realizarse en Perú el 12 de abril del presente año, comparto con ustedes algunas reflexiones asi como la opinión personalÃsima del suscrito sobre el particular:
 |
| Escenario electoral en Perú para las elecciones generales del año 2021 |
En toda democracia el voto es un derecho. Pero en determinados momentos de la
historia de un paÃs, ese derecho adquiere también la dimensión de una
responsabilidad moral.
El Perú atraviesa hoy uno de esos momentos. La
fragilidad institucional, la desconfianza en la polÃtica, la polarización y los
constantes conflictos entre poderes del Estado han debilitado la confianza
ciudadana.
En ese contexto, votar pensando en el imperio de la ley deja de ser
solo una preferencia polÃtica y se convierte en una obligación ética, de tal manera que las reglas se aplican por igual a todos,
que las autoridades están sometidas a la Constitución y que ninguna persona o colectividad polÃtica está por encima de la ley.
No se trata de una consigna abstracta; es la
base que permite que las instituciones funcionen, que la economÃa genere
confianza y que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos con plena seguridad.
Cuando
el imperio de la ley se debilita, las consecuencias son visibles: proliferan la corrupción, la arbitrariedad, la captura de instituciones y el uso del poder
para intereses particulares, primando los crematÃsticos en el paÃs que fue un modelo de desarrollo con el floreciente imperio de los Incas.
La historia reciente del Perú ofrece suficientes
ejemplos de cómo la erosión institucional termina afectando no solo a la
polÃtica, sino también al crecimiento económico, la inversión y la estabilidad
social.
Un
indicador particularmente dramático de esta crisis institucional es el hecho de
que varios presidentes de la República en las últimas décadas han sido
investigados, procesados e incluso encarcelados por delitos de corrupción. No estuvieron ajenos a seguir estas vicisitudes los funcionarios de los otros niveles de la gestión pública del Estado.
No escapa al conocimiento público que en los últimos 10 años la crisis e inestabilidad polÃtica ha hecho que 8 presidentes de la república se sentaran en el sillón de Pizarro, de los cuales solamente dos (2) fueron electos en elecciones generales y el resto ocuparon el espacio por sucesión constitucional o gobiernos de transición tras renuncias o vacancias, donde el balance de poder se concentró en la representación nacional del Congreso de la República.
Asà las malas prácticas en democracia llegaron a su clÃmax con el último referendum nacional realizado el nueve de diciembre de 2018, cuando la propuesta de restablecer la bicameralidad del congreso contemplando senadores y diputados, fue rechazada por amplia mayorÃa en una cantidad superior al noventa por ciento de electores de la población peruana.
Sin perjuicio de la primacÃa de la voluntad popular, en el proceso electoral a realizarse este 12 de abril del 2026, se impuso vÃa reforma constitucional a la bicameralidad, manteniendo el status quo mediante un poderoso senado.
Esta
situación no solo daña la imagen presidencial como piensan algunos, sino lesiona la percepción de todo el paÃs, revelando una falla profunda
en los mecanismos de selección polÃtica y en la cultura de la libertad respecto al extremo de la consciencia pública.
La
corrupción no empieza necesariamente con grandes escándalos, diezmos o millonarios
sobornos. Comienza antes, en un acto más sutil pero igualmente
grave: aceptar un cargo público para el cual no se tiene la preparación, la
experiencia o la integridad necesarias.
Cuando alguien asume una función
pública sin la capacidad para ejercerla adecuadamente, se debilita la calidad
de las decisiones públicas y se abre la puerta a la improvisación, al
clientelismo y a la captura de instituciones.
Las
consecuencias de esta práctica son visibles en la vida cotidiana del paÃs. La
falta de preparación y de visión de Estado suele traducirse en las recurrentes
crisis polÃticas, inestabilidad gubernamental y debilitamiento institucional a que hago referencia.
Los patriotas que se atreven a enfrentar a estas malas prácticas, son neutralizados de diversas formas y en el caso de militares y policÃas simplemente son invitados a pasar al retiro.
El accionar de los operadores de justicia son ralentizados mediante el argumento presupuestal.
A
ello se suman crisis sectoriales recurrentes que afectan directamente a la población, como
los problemas del deterioro en la seguridad ciudadana, la seguridad en los servicios de salud, la seguridad energética y las crecientes tensiones en torno a
la disponibilidad y gestión del agua justamente en la costa peruana, allà donde se localiza la mayor población de peruanos.
Cuando
las decisiones públicas se toman sin conocimiento técnico, sin planificación y
sin respeto por las instituciones, el paÃs pasa de administrar problemas
estructurales a vivir permanentemente en estado de urgencia y plagado de la informalidad en su vida cotidiana.
Lo que deberÃa
gestionarse con polÃticas públicas de largo plazo termina convirtiéndose en
emergencias cÃclicas tanto de origen antropogénico como natural, con un alto costo social, económico y humano para
millones de personas instaladas en territorio nacional.
Por
ello, frente a cada proceso electoral, los ciudadanos deberÃamos hacernos una
pregunta sencilla pero fundamental: ¿qué candidato cuenta con la trayectoria, el equipo y planes de administración de la cosa pública que garantizan realmente el
respeto a la ley y a las instituciones? Más allá de ideologÃas, promesas o
discursos demagógicos, el criterio mÃnimo para evaluar a quienes aspiran a gobernar deberÃa
ser su compromiso con el Estado de derecho, la independencia de poderes, la
transparencia y la rendición de cuentas.
Votar
pensando en el imperio de la ley no significa apoyar a un partido especÃfico.
Significa algo más profundo: defender las reglas que hacen posible la
convivencia democrática. Sin instituciones fuertes, cualquier programa polÃtico sea económico, social o ambiental,termina siendo inviable.
Bajo estas consideraciones, muchos partÃdos polÃticos y sus candidatos experimentados en lides electorales no pasarÃan con éxito una auditorÃa de gestión y por consiguiente la valla electoral.
Estas
reflexiones las hago mirando todo el paÃs, incluyendo porsupuesto al Perú profundo, al paÃs real que vive
más allá de los cÃrculos del poder polÃtico y de los debates coyunturales de la
capital Lima, la ciudad tres veces coronada villa.
Conocer el territorio en sus cuencas hidrográficas, sus regiones, sus recursos y las dificultades
que enfrentan millones de peruanos respecto a las brechas existentes en los servicios básicos, permite comprender que el paÃs no puede
seguir repitiendo las mismas fórmulas, ni los mismos rostros polÃticos que
fracasaron rotundamente en el pasado. Persistir en los mismos errores solo prolonga los
ciclos de crisis y frustración colectiva.
En
ese sentido, resulta fundamental que las nuevas generaciones asuman su rol ante
la historia. Los jóvenes peruanos no solo representan el futuro del paÃs;
también tienen la responsabilidad de renovar la polÃtica con ideas,
preparación, ética pública y compromiso con el bien común. Sin su participación
activa y consciente, será difÃcil romper con las prácticas que han debilitado dramáticamente la gobernanza y gobernabilidad del paÃs.
En estas elecciones generales, la cédula electoral que es considerada la más grande en la história electoral del pais, presenta el desafÃo de llenar una matriz con filas de múltiples organizaciones polÃticas y 5 columnas donde en la misma cédula se eligirá al Presidente y vicepresidente de la República (columna 1), senadores nacionales que representan a todo el paÃs (columna 2), senadores regionales que representan a cada región del paÃs (columna 3), diputados a nivel regional (columna 4) y representantes al parlamento Andino (columna 5). Ante la complejidad de las 5 elecciones en la misma cédula, el tiempo estimado para votar que tiene el elector, podrÃa constituirse en un cuello de botella para definir los votos validamente emitidos en ciertas jurisdicciones electorales de un paÃs multidiverso.
La
democracia no se sostiene solo con elecciones; se sostiene con ciudadanos que
comprenden que su voto tiene consecuencias para el futuro institucional del
paÃs.
En el Perú de hoy, ejercer ese voto con responsabilidad implica priorizar
el respeto a la ley por encima de la coyuntura polÃtica o de las simpatÃas
momentáneas.
En
tiempos de incertidumbre, la defensa del imperio de la ley no es solo una
opción polÃtica. Es, ante todo, un compromiso con la democracia, con la
integridad de las instituciones y con el futuro del paÃs.
En consecuencia, soy de la opinión que el ciudadano peruano , este en territorio peruano o en el extranjero, debe ir a votar en estas elecciones generales de abril y defender su voto para lograr el bien común de ésta y las futuras generaciones.
Por estas consideraciones mi voto será para la alternativa que reuna las calificaciones antes mencionadas y será consecuente con lo que muy probablemente pensarÃan mis colegas y amigos que formaron parte de ese 99% de los fallecidos por COVID-19 en el Perú que estaban en edad de votar.
! Dios bendiga al pueblo peruano e ilumine a sus gobernantes !
Dr. Msc. Ing. Javier Prado Blas
DNI N° 08186048
CIP N° 38874
Hoy 4 de marzo, en el dÃa mundial de la ingenierÃa para el desarrollo sostenible comparto las siguientes reflexiones en momentos en que diversos gobiernos locales a nivel nacional del paÃs de los Incas se encuentran en emergencia para fortalecer la respuesta del Estado ante intensas lluvias y a escasos 39 dÃas para las elecciones generales de una nueva administración de la cosa pública en Perú.
Administración pública en 482 años
La administración pública en los tiempos del virreinato del Perú como máxima entidad territorial y administrativa duró oficialmente 282 años, pues después de crearse el virreinato en 1542, se activó administrativamente con el primer virrey en 1544; por
lo que su duración administrativa efectiva fue de 280 años, comprendiendo total
o parcialmente en su máxima extensión territorial (siglos XVI–XVII) a los
territorios de seis paÃses actuales en la región andina de sudamérica y a partir del siglo XVIII, su territorio se
redujo ante la creación del virreinato de Nueva Granada (1717) y el virreinato
del RÃo de la Plata (1776).
Desde
entonces, la administración pública del virreinato del Perú quedó concentrado principalmente en los
actuales Perú y Bolivia, hasta su desaparición en 1824.
Constituye un hito la conmemoración de los 200 años de la independencia peruana su declaración de independencia en 1821 y la consolidación de su libertad en 1824; motivo por el cual se estima en libertad hasta la actualidad la vigencia de 202 años en que esta fase de la administración pública participó en el proceso de crecimiento y desarrollo del paÃs.
Periodos de retorno de los eventos climáticos
Registros históricos arqueológicos y sedimentológicos de efectos climáticos ocurridos en el periodo colonial sobre la costa peruana asociados con el fenómeno El Niño, caracterizado por intensas lluvias, grandes avenidas e inundaciones, fueron anotados en apuntes no instrumentales desde el año 1578, seguidos en 1607–1608; 1619–1620;
1630–1631; 1650; 1671; 1687 ; 1701;1720;1728;1761;1784–1785;1791.
Durante el periodo republicano temprano (siglo XIX), se registraron en los años: 1803–1804; 1828;1844–1846;1857–1858;1864;1871;1877–1878;1884–1885;1891.
Asimismo en el periodo instrumental temprano (1900–1950) se suscedieron en los años : 1902;1905–1906;1911–1912;1918–1919;1925–1926; 1930;1932;1939–1941 y en el periodo instrumental moderno (1950–2000) las anotaciones datan de : 1951;1953;1957–1958;1965–1966;1969–1970;1972–1973;1976–1977;1982–1983;1986–1988;1991–1992;1997–1998.
Al llegar el Siglo XXI , con el soporte de equipos e instrumentos de alta confiabilidad cientÃfica se obtuvieron registros en los años : 2002–2003;2004–2005;2006–2007;2009–2010;2014–2016 ;2017–Niño Costero; 2018–2019;2023–2024, 2026.
De la misma manera, eventos extremos de sequÃas constituyen una caracterÃstica repetitiva del espectro climático peruano durante milenios, habiéndose registrado en el último medio siglo, eventos con intensidades de moderada a extremadamente seco en departamentos andinos para los años : 1982,1983,1985,1987,1988,1990,1992,2004,2005 y 2016; considerando que su impacto está en función a la capacidad de gestión del agua.
 |
| Registro histórico y sedimentológico de efectos climáticos en el desierto de Nazca |
Entrando en contexto, es una verdad irrefutable que en territorio peruano, tanto en la antigua como en la nueva administración pública , tuvieron que gestionar los impactos climáticos y en la medida del avance cientÃfico, es posible establecer rangos de ocurrencia y patrones probabilÃsticos que hacen posible que la administración pública no actúe reactivamente ante intensas lluvias o sequÃas severas , ya que es perfectamente posible prevenir y gestionar el riesgo de ocurrencia con rangos aceptables para los eventos extremos.
Gestión del recurso agua
En la época preinca, los mecanismos utilizados para captar agua de la escorrentÃa subterránea en rÃos estacionales de la costa desértica fue mediante puquios, reservorios y canales; en tanto que en la zona alto andina de la sierra, fueron usadas las qochas,amunas,waru waru y andenerÃa. En la época Inca se perfeccionaron las terrazas agrÃcolas con andenes, la siembra y cosecha del agua mediante amunas, el uso de reservorios alto andinos y camellones o waru waru, asà como los sistemas de drenaje; todos ellos en el marco de un modelo de gestión de riesgo climático integrado a la estructura polÃtica y administrativa del Estado.
AsÃ,en el tahuantinsuyo al gestionar sistémicamente la ecuación tierra y agua, se relacionaba con el clima anticipándose a eventos extremos,distribuyendo su impacto territorialmente,de tal manera que el suceso producido se amortiguaba y compensaba socialmente.
Durante el virreinato, la gestión del agua pasó del modelo territorial integral andino a un modelo jurÃdico productivo colonial, convirtiéndose en un recurso económico estratégico, regulado y su uso concentrado en haciendas y centros mineros.
En la época republicana, la gestión del agua discurrió de un modelo agrÃcola-sectorial hacia un modelo legal, institucional y técnico especializado integrado por cuencas.
AsÃ, los instrumentos jurÃdicos y normativos se dieron a través del código de aguas de 1902, la ley general de aguas de 1969 y la ley de recursos hÃdricos de 2009; los instrumentos institucionales que cuentan con las empresas prestadoras de servicios supervisadas por el organismo regulador, los consejos de recursos hÃdricos de cuenca y la autoridad nacional del agua; los instrumentos técnicos y de planificación con los planes de gestión de recursos hÃdricos por cuenca, estudios hidrológicos y económicos ; los instrumentos de infraestructura hidráulica mayor conformado por los proyectos de trasvase e irrigación como Choclococha de Huancavelica-Ica (1950), Chira-Piura (1970), Majes-Siguas (1980), Olmos del rÃo Huancabamba al rÃo Olmos (2000).Un tratamiento especial se identifica en la infraestructura de trasvase alto andinos de Marcapomacocha para la capital del paÃs - Lima.
Los precitados proyectos de trasvase fueron acompañados entre otros por represas y reservorios para la costa como : San Lorenzo (Piura-1958), Tinajones (Lambayeque 1968),Poechos (Piura-1978), Condoroma (Arequipa-1985), Gallito ciego (Cajamarca-1988),Chavimochic (La libertad-1997),Limón (Lambayeque-2009).
A lo largo de este proceso, la administración pública coadyuvó en los esfuerzos para controlar avenidas y sequÃas; regular caudales, mantener el caudal ecológico, expandir la frontera agrÃcola, general energÃa, entre otros y en estricto gestionar el riesgo climático mitigando los fenómenos meteorológicos,atmosféricos e hidrológicos que se presentan a nivel nacional en sus 159 cuencas hidrográficas.
DesafÃos de la nueva administración pública
La gestión de la nueva administración pública en Perú,supone grandes desafÃos con agenda pendiente por atender frente a los eventos climáticos extremos que las sociedades prehispánicas desarrollaron en armonÃa con la naturaleza.
Pese a que en la modernidad se cuenta con una combinación de avances cientÃficos,tecnológicos y de gestión que permiten monitorear,predecir y mitigar el cambio climático asi como a los fenómenos el niño, el niño costero, la niña, entre otros; la desatención del impacto climático combinado sobre el crecimiento del PBI peruano en el periodo 2001-2026 es en el orden del 9 % del PBI acumulado.
Abona a obtener esta realidad la recurrente crisis polÃtica que influye directamente en la suficiencia del Estado, donde la inestabilidad institucional incrementa los impactos económicos y sociales derivados de la reducción en su capacidad de resiliencia climática.
A través de los tiempos, el recurso agua se convirtió en una de las fortalezas que acompañó el crecimiento y desarrollo de los pueblos localizados en America latina y particularmente en la superficie donde floreció el imperio de los Incas y que en la modernidad, en parte cubre el territorio peruano, donde el acceso y la disponibilidad del recurso hÃdrico ostentan una paradoja estructural: el Perú cuenta con abundante recurso hÃdrico a escala nacional, sin embargo la mala distribución natural, el cambio climático y las limitaciones en la gestión pública, producen importantes brechas con agenda pendiente por resolver.
Para lograr ello, pese al sincretismo del agua en el Perú, este recurso atravesó por un proceso que tras evidenciar la sabidurÃa hidráulica pre inca e inca, aspira a que actualmente fuera progresiva y adecuadamente distribuida para sus diversos usos.
Entre los años 200 a.C. y 600 d.C
Asi, en la época preinca se tiene como registro los acueductos de Cantalloc en Nazca como parte del sistema hidráulico subterráneo que permitió a la cultura Nazca dominar el desierto, toda vez que les permitÃa captar y conducir agua de consumo humano, también para irrigar sus campos de cultivo y de esta manera permitir el asentamiento de centros poblados establecidos en zonas extremadamente áridas.
 |
| Sistema de ingenierÃa hidráulica subterránea de Cantalloc_ Cultura pre inca Nazca |
Entre los años 1200 d.C. y 1533 d.C
Durante el imperio Inca se aplicó el modelo sostenible de gestión integrada del agua basado en un riguroso planeamiento territorial y enfoque participativo, donde el trabajo comunitario daba cuenta de su cosmovisión sistémica, incorporando sinérgicamente agua y tierra.
En el Tahuantinsuyo los procesos productivos y cadenas de valor, consideraron al agua como elemento integrador para el desarrollo de los sistemas de andenes y sistemas de distribución del agua; en el marco de diversos climas, pisos ecológicos, cuencas; conectando los cuerpos de agua según la estacionalidad que presentaba el ciclo hidrológico dentro de su territorio que en su máxima expansión abarcó seis paÃses de la actual latinoamérica. De esta manera, el agua fue considerado como un elemento sagrado,recurso estratégico del Estado y bien común.
 |
| Sistemas de distribución del agua en el imperio Inca. |
 |
| La gestión integrada del agua evitó la erosión en adenes, permitiendo la agricultura en grandes pendientes. |
Entre los siglos XVI y XVIII
Durante el periodo del Virreinato del Perú, el agua fue tratada como un recurso estratégico controlado por el poder polÃtico de la corona española. En esta época colonial el recurso hÃdrico fue gestionado priorizándolo para el uso minero, en molinos, fuentes y acequias que abastecÃan a ciudades coloniales; para el riego de haciendas agrÃcolas y en comunidades indÃgenas.
 |
| Las edificaciones y camino inca se construÃan en partes altas evitando inundaciones por lluvias. |
Entre los siglos XIX y XX
Lograda la independencia peruana en 1821, el Estado asumió el rol que tenÃa antes la corona y la joven república en forma limitada reconoció al agua como bien público,sin embargo, prosiguió con el modelo colonial de gestión del agua en una primera etapa hasta 1902, fecha considerada como un punto de quiebre con el Código de aguas al marcar un hito en la polÃtica hÃdrica republicana. Esta regulación declaró al agua como un bien de dominio público,introduciendo el sistema de concesiones y licencias; sin contar con el ordenamiento territorial que permitiera contemplar un enfoque de cuenca.
 |
| En la costa desértica peruana prima el ecosistema de oasis impactado por eventos climáticos extremos |
En el transcurso del siglo XXI
Entre los años 2001 y 2026, el Perú pasó de una gestión sectorial del agua a una gestión integrada por cuencas, el acceso universal y la sostenibilidad ante el cambio climático.
En el 2008 fue creada la Autoridad Nacional del Agua , institución que regula el uso del agua en el marco de la Ley de Recursos HÃdricos promulgada el año 2009; norma que suplió a la Ley General de Aguas de 1969.
El año 2014 se promulgó la Ley N° 30215 sobre el uso de mecanismos de retribución por servicios ecosistémicos - MERECE, vistos como instrumentos para generar,canalizar e invertir en acciones orientadas a la conservación, recuperación y uso sostenible de los ecosistemas, como fuente de servicios ecosistémicos, a través de acuerdos voluntarios entre contribuyentes y retribuyentes.
 |
| Con el ilustre congresista César Yrupailla Montes, tras la aprobación de iniciativa MERECE |
El acceso al agua para el consumo humano se integró en la Constitución PolÃtica del Perú en el año 2017 mediante Ley N° 30588 , reconociendo el derecho de toda persona a acceder de forma progresiva y universal al agua potable.
Bajo estas consideraciones se promueve un enfoque climático fortaleciendo la gobernanza con mayor inversión a los efectos de cerrar brechas y mejorar la calidad del agua.
Agenda pendiente
Al efectuar una disección ambiental sobre el proceso evolutivo de las polÃticas públicas para la gestión del agua, se pone en evidencia la agenda por desarrollar de cara al futuro :
Poner en valor el recurso agua para diversos usos.
 |
| La norma peruana considera uso primario,poblacional,productivo,recreativo y medicinal. |
Reforzar la polÃtica de prevención en la gestión pública
Cerrar brechas de infraestructura
 |
| Incluye problemas de retroceso de glaciares andinos,contaminación,conflictos entre usuarios |
Por consiguiente, los retos y desafÃos que enfrenta el paÃs pasa por contar con una gestión integrada por cuencas hidrográficas ; inversión en infraestructura de almacenamiento y tratamiento ; protección de fuentes naturales de agua, reducción de desigualdades territoriales en acceso al agua ; y fortalecimiento de la gobernanza del recurso hÃdrico.
Comparto una sÃntesis de las reflexiones sobre el contexto que abarca la prorroga del estado de emergencia en la capital de la república peruana dispuesto por el DS N° 006-2026-PCM sobre el control del orden interno, con apoyo de las Fuerzas Armadas, para hacer frente a la criminalidad y otras situaciones de violencia, y su correlato con sendos decretos supremos que declaran emergencia ante intensas precipitaciones pluviales en diferentes localidades del paÃs:
«Este año 2026 se realizan elecciones democráticas en Perú, alcanzando cifras históricas de una oferta electoral con 36 grupos polÃticos y más 3 alianzas electorales reconocidos como habilitados por el Jurado Nacional de elecciones para presentar 36 candidatos presidenciales que pretenden ocupar el sillón de Pizarro, sin embargo, resulta paradójico que en el marco del pluralismo polÃtico demostrado, la gran mayorÃa de ellos cuentan con planes de gobierno que lindan con propuestas extremadamente demagógicas, muy distantes de su compleja realidad; algunas de sus caracterÃsticas fueron bien descritas por el pretigioso conferencista andrés oppenheimer en su anotación «El milagro peruano: El paÃs modelo que América Latina se niega a copiar».
El modelo económico
Pese a la presencia de nocivos polÃticos desorientados, el paradigma peruano mantiene una macroeconomÃa estable que le da predictibilidad económica a una sociedad que funciona independientemente de quien gobierne el paÃs.
Expertos en el mundo se preguntan en un escenario de volatilidad económica mundial, cómo es posible que en este paÃs con corrupción endémica en contratos públicos, inestabilidad polÃtica, desigualdad y gasto público descontrolado que erosionan la confianza de la población; pueda sostener una economÃa estable.
Ciertamente no son suficiente los recursos naturales que ostenta,también es necesario considerar a una población de emprendedores que en un marco de informalidad, mantiene una disciplina de desarrollo, demostrado con cifras que llaman a reflexión : La deuda pública peruana representa en torno al 34 % de su PBI sitúandolo entre los niveles más bajos de la región latinoamericana, asi mismo sus reservas internacionales bordean los 90 mil millones de dólares cerrando el 2025, cifra que está en el orden del 28 % de su PBI, uno de los niveles más altos de su história en términos absolutos. En lo que a inflación se refiere, ésta se mantiene dentro del rango meta del banco Central de reserva del Perú (BCRP) y reporta 2.8 % anual.
Perú mantiene un cuello de botella dinámico con las economÃas ilegales que incluyen actividades como minerÃa ilegal,tala ilegal,entre otras; representando en un rango amplio el orden del 4 % de su PBI.
Estos números que se registran actualmente le sucede a un Estado poco menos que fallido como se catalogaba al Perú por los años de 1990, donde mostraba una inflación de 7650 % anual y reservas internacionales negativas.
Fenómeno de transición en dos décadas
En diecisiete años consecutivos, Perú creció el orden del 5,3 % anual para el periodo 2002-2019, previamente blindando de las sucesivas fluctuaciones en las administraciones de turno desde 1993 al BCRP , institución cuya credibilidad constituye un importante activo con que cuenta el pais de 35 millones de habitantes, donde se incorporaron progresivamente el orden de 1,6 millones de venezolanos en la última década. Siete presidentes de la república peruana dieron cuenta de la inestabilidad polÃtica en el periodo 2001-2024 , de los cuales cuatro enfrentan cargos de corrupción o están en prisión.
En el periodo 2005-2019 Perú recibió más de 120 mil millones de dólares en inversión extranjera en los sectores minero, telecomunicaciones, energÃa, servicios financieros, agricultura de exportación, entre otros; siendo la minerÃa el sector estrella.
Los tratados de libre comercio (TLC) apoyaron enérgicamente, particularmente con China, que es el principal socio comercial del Perú desde el año 2009; mismo año en que entró en vigor el TLC con USA e hizo lo propio con Japón en el 2012 y con la unión europea en el 2013.
El crecimiento económico desordenado en el territorio peruano, dio paso al urbanismo acelerado con el incremento de problemas multidimensionales alentados por la desigualdad, pobreza,informalidad y falta de oportunidades en espacios geosociales excluidos altamente vulnerables, donde los estereotipos de organizaciones criminales afectan directamente la vida cotidiana hasta orillarlos a estados de emergencia.
Para el periodo 2021-2025 se estima en veinticinco mil millones de dólares la salida total de recursos desde Perú hacia cuentas o inversiones en el exterior, que pudieran incluir utilidades de empresas extranjeras, depósitos de no residentes,entre otros.
Riesgos significativos
El crecimiento macrocefálico de la burocracia en el aparato público, hace que se ralentice en sus reflejos asi como en la capacidad de respuesta necesarios que requieren los desafÃos actuales y futuros demandados por las 159 cuencas del paÃs; quienes para la gestión nacional,regional y local, cuentan con más de 6 mil organismos públicos con 19 ministerios, 196 municipios provinciales y 1694 municipios distritales, los cuales en su gran mayorÃa presentan problemas en calidad y cantidad del gasto público, los mismos que se ven distorcionados desde el momento de su aprobación presupuestal destinada una parte importante a gastos corrientes.
AsÃ, fortalecer la gobernanza y gobernabilidad del paÃs pasa no solamente por reducir sus barreras burocráticas, niveles de corrupción e inseguridad ciudadana; sino que aplica el fomento de la diversificación productiva con gran potencial en sus regiones naturales: costa,sierra y selva amazónica, sin dar la espalda al mar.
Para fortalecer ello, es imprescindible mantener además de la estabilidad macroeconómica, las condiciones atractivas para que la inversión de capitales , tanto nacionales como extranjeros , puedan participar y conquistar los mercados existentes en el mundo; donde su indicador riesgo paÃs se ubique en un nivel competitivo.
Asi, es importante promover un concenso polÃtico transgeneracional a los efectos de mantener flujos comerciales dinámicos, sin subordinarse necesariamente a determinado cluster que lidere un paÃs hegemónico.
Lecciones aprendidas a partir de la crisis climática
En este contexto, es importante no volver a repetir las etapas de crisis vividas con programas del estado para la reconstrucción,seguidas por la reconstrucción con cambios; de tal manera que pueda promoverse el cierre en la brecha existente de infraestructura con visión de innovación y desarrollo que modernize un estado al servicio de la nación.
Como antecedentes en este paÃs megadiverso, los eventos extremos de prolongadas sequÃas y grandes avenidas generaron pérdidas equivalentes a 11,6 % del PBI con el fenómeno extraordinario de El Niño de 1982-83; 6,2 % del PBI con el fenómeno extraordinario de El Niño de 1997-98; 1,6 % del PBI con el fenómeno de El Niño costero de 2017; con la pandemia de COVID-19 basicamente en el extremo de la inoperatividad por confinamiento y aspectos ambientales, el Perú cayó 11,1 % del PBI en 2020 en comparación con el año anterior; asà se estima que la mayor frecuencia de estos eventos crÃticos recurrentes restan anualmente alrededor de 2% al crecimiento del PBI como resultado de la contracción de sectores estratégicos que influyen al crecimiento y desarrollo del paÃs.
Necesario control polÃtico
La función de control polÃtico que tiene el congresista como parte de la representación nacional en Perú, consiste en fiscalizar y supervisar la actuación del poder ejecutivo y de los demás organismos del estado a efectos de que éstos actúen conforme a la Constitución, las leyes y el interés público ; y en ese sentido se evidencia la necesidad de reforzar con una educación de calidad y el sistema nacional de control en diferentes regiones del paÃs, a fin de mejorar la gestión integral de la conectividad a través de infraestructura impactada por la crisis climática que lleva a recurrentes declaratorias de emergencia como las establecidas mediante decretos supremos en el periodo 2023-2026 : DS N° 028-2023-PCM;DS N° 029-2023-PCM;DS N° 035-2023-PCM;DS N° 033-2024-PCM;DS N° 032-2024-PCM;DS N° 012-2024-PCM;DS N° 043-2025-PCM;DS N° 038-2025-PCM;DS N° 033-2025-PCM;DS N° 026-2025-PCM;DS N° 021-2025-PCM;DS N° 024-2025-PCM;DS N° 007-2025-PCM;DS N° 005-2026-PCM;DS N° 003-2026-PCM.
Un tema conocido y acreditado palmariamente en el proceso explosivo del crecimiento de las ciudades - además del evidente perjuicio económico derivado - es el daño ambiental ocasionado por la inadecuada gestión integral de los residuos sólidos municipales, los que en épocas de inundaciones, colmatan los sistemas de drenaje, generan lixiviados altamente contaminantes y afectan a la salud pública.
 |
| Ciudades del Perú en costa,sierra y selva, impactadas por mayor frecuencia de crisis climática |
El nuevo congreso de la república, que será elegido en 75 dÃas, tiene la gran tarea de legislar sobre temas crÃticos como es el dejar de construir vertederos o rellenos sanitarios en zonas sujetas a recurrentes inundaciones o la Ley MAPE; que permitan seguir creyendo en el resurgimiento del milagro peruano. »
El Dato
En los siguientes tÃtulos publicados por el suscrito, se trataron temas afines donde se incorporan con algún detalle aspectos antes mencionados:
Responsabilidad de los Estados frente al cambio climático.
Crisis en Formulación y Evaluación de Proyectos Ambientales
: El caso Peruano.
Transformando basura en energÃa.
Cierre de minas en Perú.
Transición energética & problemas ambientales.
PolÃtica integral o sectorizada en materia de Residuos
sólidos.
Estados de emergencia por metales pesados en agua de consumo
humano.
Medidas urgentes para pasivos ambientales mineros en Perú.
Desarrollo de sistema informático para pasivos ambientales
mineros.
Pasivos ambientales y agua de fuentes subterráneas.
Experiencia peruana en gestión de pasivos ambientales
mineros.
Pasivos ambientales & LMP.
Activo & Pasivo minero.
Gestión de sitios contaminados en Perú.
PolÃticas públicas sobre pasivos ambientales que gatillan la
crisis ambiental.
Transición energética & problemas ambientales.
Bioacumulación como incremento de morbimortalidad en Perú.
Cambio climático en Perú: Pasivos ambientales & arsénico
en Salud pública.
Proyectos ambientales con rentabilidad social en Perú.
Riesgo por sobreendeudamiento & pasivos ambientales en
Perú.
Estado, pasivos ambientales mineros y remediación.
Agenda pendiente de pasivos y daños ambientales.
Estado, pasivos ambientales y conflictos sociales.
El Proyecto 51 es una iniciativa binacional de cooperación estratégica entre el Perú y
Chile, firmado en septiembre de 2025, con una visión de futuro y el propósito de
incrementar la participación de ambos paÃses en el mercado global de la
industria del cobre, incluyendo no solo en la producción de este mineral, sino
también en su industrialización y valorización.
En ese sentido, la sinergia aplicada
permitirÃa suministrar el 51% del cobre que se consume a nivel mundial de cara
a los próximos quince (15) años.
Este proyecto no solo busca incrementar la producción, pasando de un modelo
competitivo a colaborativo en el mercado del cobre , sino también cambiar la
forma en que ese cobre se comercializa y transforma; transitando de la
tradicional forma de exportar materias primas (concentrados y cátodos) a producir
y vender productos de cobre con valor agregado requerido por las industrias de
alta tecnologÃa, como es en el caso de la automotriz, aeroespacial,
electromovilidad, electrónica, entre otras.
Basándose en la complementariedad geológica, minera, logÃstica y
empresarial de Perú - Chile, el Proyecto 51 marca un hito frente a la creciente demanda
global de cobre asociada a la transición energética y la expansión de la
electromovilidad existente en el planeta.
Coordinaciones en marcha
Con el precio internacional del cobre en máximos históricos, la reciente visita al
Perú del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, resultó oportuna para abordar
temas clave de cooperación bilateral con autoridades y empresarios peruanos.
Entre los puntos desarrollados en la agenda, se destacó la lucha conjunta contra el crimen
organizado y la minerÃa ilegal, asà como la importancia de coordinar polÃticas
mineras y energéticas entre ambos paÃses.
El dato
Dentro de 88 dÃas se tiene previsto las elecciones generales en Perú, donde se elegirá al presidente y a representantes al Congreso de la República para un periodo de 5 años; los mismos que tendrán el reto de priorizar proyectos vinculados al sector minero, entre los cuales destaca el Proyecto 51.
Instituciones de la sociedad civil como la Asociación Peruana de VehÃculos Eléctricos y Alternativos - APVEA en Perú y sus pares en Chile, se encuentran atentos para coadyuvar en los esfuerzos conjuntos que realizan los Estados democráticos para asistir en proyectos de avance tecnológico en el sector minero.
Lo mejor está por venir en Perú , es la expresión de esperanza y optimismo que como una declaración de sentido pleno, transmito a mis pares, colegas, amigos y discÃpulos, en este año electoral 2026 donde la democracia se verá fortalecida.
Algunos miles de ellos inicialmente escépticos ante los conocidos problemas de gobernanza causados por la corrupción, ineficiencia en la gestión de la cosa pública, insuficiente planificación para distribuir el presupuesto público; los cuales conllevan retos socioeconómicos en términos de desigualdad, pobreza, informalidad, falta de acceso y disponibilidad a servicios básicos de agua, salud, educación y vivienda; todos se encuentran conectados sistémicamente a los problemas ambientales y en parte generados por actividades ilegales de actividades extractivas como es en el caso de la tala de bosques, minerÃa, pesca y otros , dando cuenta de una presumible inacción que alcanzarÃa a quienes desarrollan función pública.
Las dudas sobre alcanzar el progreso en cercano periodo se desvanecen, cuando objetivamente se demuestra que el Perú es un paÃs milenario donde la modernidad convive con su rica cultura ancestral y cuenta con valiosos recursos humanos además de potenciales recursos naturales en su territorio, permitiendo ver el futuro prometedor que en democracia tiene para alcanzar su crecimiento y desarrollo sostenible.
Conservar esta democracia en el tiempo ha sido posible gracias al histórico legado ciudadano asà como el aporte de ilustres patriotas que el Estado desde el año 2007 reconoce con la «Medalla al Defensor de la Democracia».
Reconocimiento a los Defensores de la Democracia
La parte considerativa de la Resolución Suprema N° 001-2026-PCM difundida por el diario oficial El Peruano con fecha jueves ocho de enero de 2026, establece lo siguiente:
Que, mediante el artÃculo 1 de la Ley Nº 29031, Ley que instituye los DÃas de los Defensores de la Democracia y crea condecoración, se instituye el 22 de abril y el 12 de setiembre de cada año como DÃas de los Defensores de la Democracia en homenaje a los miembros de las Fuerzas Armadas, PolicÃa Nacional del Perú, a los Comandos integrantes del Operativo Militar ChavÃn de Huántar, a los miembros del Grupo Especial de Inteligencia de la Dirección contra el Terrorismo de la PolicÃa Nacional del Perú, a los integrantes de los comités de autodefensa y ciudadanos que fallecieron, quedaron heridos o discapacitados como resultado de la lucha contra el terrorismo, asà como a militares, policÃas, licenciados de las Fuerzas Armadas y ciudadanos que en la lucha contrasubversiva prestaron eminentes servicios a la Nación;
Que, asimismo, el citado artÃculo señala que constituyen Defensores Calificados de la Democracia los mineros y personal auxiliar que participaron en la construcción de los túneles subterráneos que posibilitaron el Operativo Militar ChavÃn de Huántar, asà como los rehenes que contribuyeron con acciones de inteligencia al Operativo Militar ChavÃn de Huántar.
Adicionalmente, señala que la norma se aplica también a los miembros de las Fuerzas Armadas, licenciados de las Fuerzas Armadas,
miembros de la PolicÃa Nacional del Perú y comités de autodefensa que participaron en operaciones de lucha contra el terrorismo, que pusieron en riesgo su propia integridad fÃsica aun cuando no resultaron heridos ni discapacitados;
Que, según lo dispuesto en el artÃculo 3 de la Ley Nº 29031, el Consejo de la Condecoración “Medalla al Defensor de la Democracia†está conformado por el Presidente del Consejo de Ministros, quien lo preside; el Ministro de Relaciones Exteriores; el Ministro de Defensa; el Ministro del Interior; y el Ministro de Justicia y Derechos Humanos;
Que, a través del artÃculo 4 de la Ley Nº 29031, se crea la Condecoración “Medalla al Defensor de la Democraciaâ€, a que se concede mediante resolución suprema, en la que consta el nombre de los ciudadanos que hayan destacado en la lucha contra el terrorismo, quienes son designados de acuerdo a los requisitos y procedimientos que se determinen en el Estatuto, el cual es aprobado por el Consejo de la Condecoración “Medalla al Defensor de la Democraciaâ€(...)
Cuellos de botella a superar
La inestabilidad provocada por la recurrente crisis polÃtica que sufre el paÃs percibida desde inicios del presente siglo XXI, constituye el efecto de los sistemas complejos subsumidos en la dimensión ambiental.
Es preciso entender que los problemas ambientales son sumamente complejos pues no tienen causas simples al estar formadas por redes neuronales de causas, donde los efectos secundarios, daños potenciales, tiempo respuesta, entre otras consecuencias y capacidades se encuentran conectadas por el producto de sus interacciones.
Puedo citar a modo de ejemplo, el problema de los residuos sólidos municipales en Perú, que para entenderlo es necesario ver múltiples indicadores, asà como las propiedades emergentes del manejo y su gestión en la totalidad de la cadena de valor, no de los componentes individuales.
Este problema crÃtico de gestión de residuos sólidos municipales, se fue agudizando hasta hacerse crónico a partir de las polÃticas públicas que no contaron con el soporte de una adecuado ordenamiento territorial o instrumentos de gestión como en el caso de la zonificación ecológica económica, hecho que permitió la explosiva urbanización, especialmente de ciudades en la franja costera, con el consecuente detrimento de las zonas rurales, las cuales tras la atomización tienden a despoblarse. De esta forma la mayor presión demográfica, determina mas requerimiento de agua, alimentos, energÃa (...) y un inexorable incremento en la producción de residuos sólidos municipales que demandan una adecuada disposición final.
El hecho objetivo es que en el paÃs, los actuales 196 municipios provinciales y 1694 municipios distritales no han sido lo suficientemente eficientes en la gestión de los residuos sólidos municipales , pese a contar con el soporte de la Ley orgánica de municipalidades manteniendo disonancias económicas, financieras y limÃtrofes en su división polÃtica ; asÃ, desde un prolijo análisis de la Ley N° 23853 del año 1984 y la vigente Ley N° 27972 del año 2003, se colige que las causas y efectos de las deficiencias encontradas se encuentran disgregadas tanto en tiempo como en espacio.
La desatención en la dinámica de los cuellos de botella encontrados, restringieron a las distintas administraciones de turno para mirar solamente a los efectos inmediatos que durara sus respectivas gestiones, atacando los sÃntomas y mas no las causas subyacentes.
En el presente siglo XXI, continúan los esfuerzos legales para ordenar el territorio, mediante la Ley N° 32279 ( 2/4/2025) y su reglamento el DS N° 153-2025-PCM (6/1/2026), los mismos que adecuadamente implementados podrÃan coadyuvar en los esfuerzos desplegados por los gobiernos locales a efectos de resolver los impases subsistentes en materia de residuos sólidos municipales y otros que involucran a los tres niveles de gestión de la administración pública.
EnergÃa eléctrica que impulse el desarrollo minero
La actividad económica que consume más energÃa eléctrica en Perú es la minerÃa y en el marco de la transición energética, el paÃs de los incas cuenta con fortalezas para impulsar la generación y el uso de energÃas renovables que apoyen al sistema eléctrico interconectado nacional, motivo por el cual la alternativa de contar con electricidad a partir de los ubérrimos residuos sólidos municipales en las grandes ciudades del paÃs, constituyen una opción latente que a partir del 28 de julio el equipo de la nueva administración del Estado debiera considerar en consonancia después del 4 de octubre con las renovadas autoridades municipales electas para los gobiernos locales.
Para más post del autor visite Blogsperú - Desmitificando la minería en el Perú - Naturaleza/Animales