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Etiquetas: [aceptación]  [amor humano]  [cambio]  [conflicto]  [dilema]  [Identidad]  [necesidades de estima]  [relaciones]  [relaciones humanas]  [ser]  
Fecha Publicación: 2014-08-27T13:08:00.000-05:00



Difícil es el dominar ese arte de conjugar el deseo de causar siempre una buena impresión a alguien en particular y el de ser honesto con uno mismo. Ambos extremos siempre están presentes en nuestra vida a manera de un dilema que asfixia. Por un lado querer agradar y por otro soltarse tal como uno es.

Por todo lado escuchamos eso de “yo soy como soy y punto”. La gran mayoría afirma tener bien puesta su personalidad. Pero lo cierto es que cuando uno abre bien los ojos, el mundo muestra una creciente uniformización. Nos cuesta mucho ser diferentes. Los medios de comunicación señalan descaradamente cómo debemos ser, pensar, sentir y actuar para ser parte del grupo y no sentirnos desplazados y proscritos. Las mujeres tienen que usar tacones altos para ser más elegantes. Los hombres no deben desarrugar su sensibilidad si no, pierden su masculinidad.


Yo puedo hablar con autoridad sobre este tema.

Por un lado, he tenido que pasarme media vida acomodando mis piezas individuales de tal forma que pudieran encajar en el orden establecido. No podía desentonar ni en mi familia ni en mi entorno. No fue fácil adecuar mi personalidad, maneras y estilos al rompecabezas social. La batalla dentro y fuera de mí se hizo mortífera por momentos. Una vez, de niño, a manera de consejo de familia, aunque cortésmente, me instaron a que no caminara con las manos levantadas y que pensara en los soldados cuando desfilan con los brazos adheridos a los costados. Otras veces, fui recibiendo instrucciones sutiles de borrar palabras como “lindo” de mi vocabulario. Seguramente me saldría la mariconada. Asomaban rasgos naturales y esporádicos que anunciaban ya en qué me convertiría de adulto.

Por otro lado, cuando las cosas ya estaban claras, cuando había empuñado ya mi orientación homosexual y alineación personal, la cruzada continuó. El campo de batalla se trasladó a ese tedioso proceso de encontrar pareja, al momento cumbre de la aproximación a los posibles candidatos para establecer relaciones sentimentales más o menos duraderas. Tenía que causar una buena impresión. Durante las decenas de entrevistas personales, libré una guerra personal por encontrar ese fino equilibrio entre ser lo que yo era y lo que los pretendientes buscaban.

Creí que estaba obligado a engancharme a sus gustos, a sus necesidades, a sus expectativas. Habría de ser el detergente ideal para su lavadora. Si uno buscaba una futura pareja, adusta y apocada, con poca avenencia en el mundo gay, entonces proclamaba que yo era así, un chico discreto, un salido del closet que vivía en el closet. Si otro buscaba un party lover, entonces me mudaba al alma de una plumífera vedette.

Pero uno se cansa. Los años pesan. Las alas se extienden para no oxidarse. Uno se arma de valor y llega al resultado final y definitivo que es uno mismo.

¿Cuál es el punto de armonía? ¿Cuán flexible habrá que ser? ¿Qué es lo que se negocia y qué no?

Mi respuesta es simple: Ser precisamente aquello con lo que me siento a gusto a solas y con lo que todos puedan sentirse a gusto. La desafiante concordia es ese estado de fluidez que me permite enganchar con otra persona que busca lo mismo en ella sin pretender cambiar a nadie. Encontrar a quien se queda conmigo tanto como yo me quiero quedar consigo. Ser para él, lo mismo que él es para mí.





Etiquetas: [amor]  [cuento]  [escena]  [relato]  
Fecha Publicación: 2014-08-25T13:23:00.002-05:00


Saúl es portero de un edificio aquí muy cerca en Miraflores. Desde hace unos meses, está feliz con su trabajo. Es eficiente y querido. Se siente un poco el terrateniente, un poco el patriarca juguetón y responsable de todas las instalaciones y de todos los vecinos.

Su jornada comienza a las siete y se extiende por toda la noche hasta que le cede su posición por las mañanas a Eduardo, el portero del otro turno. Para él, no es una molestia ni bochornoso el tener que hacer la limpieza de las áreas comunes hasta dejarlas brillantes. Ni sacar la basura. Ni el sueño que a veces lo desafía. Ni tener que bregar de cuando en cuando con la señora Marjorie del tercer piso que es insomne y mal educada y saca su perro a pasear a las dos de la mañana todos los días precisamente cuando él está a punto de echarse una pestañeada. Como un buen pastor urbano, él aprecia el silencio de esas horas mientras todos su rebaño duerme. Prefiere no prender la radio que tiene, ni ninguna televisión que le han ofrecido prestar para que pase la noche entretenido. Su reinado no tiene precio.

Su momento de recreo, el esplendor de su día y por qué no decirlo, el sentido de su vida, es ahora subirse a las cinco y media de la mañana a la azotea del edificio, justamente cuando la atmósfera se empieza a cambiar de vestido y la luz empieza a despuntar cumplidora y delicadamente. Desde el piso ocho, vislumbra el amanecer. Para Saúl, no existe mejor espectáculo que ese. Aprecia con atención y asombro cómo esa oscuridad empieza a desvanecerse como si fuera un chorro de tinta en una fuente de agua cristalina y toda esa parte de la ciudad comienza a despertar de lo que ella llama descanso. El cielo a esas horas sintetiza la sensación que gran parte de los hombres busca en sus vidas, esboza ese proceso de ir encendiendo débilmente lo que el tiempo fue apagando y exhibe esa magia ante los ojos, producida grandiosa y a la vez humildemente, de convertir la noche en día.




Podría asegurar que Saúl está enamorado del sol, pero su amante es la luna. Es de esos hombres que no quiere pensar con cuál quedarse. No le pidan escoger. No le compliquen con amores profundos ni compromisos. Se toma el tiempo para cada uno. Reparte su vida, su mirada, sus mimos, su éxtasis, su alimento con los dos.

Pero es plenamente feliz en ese preciso instante cuando los primeros rayos luminosos silban su llegada, en que ambos acarician su vida, sin reclamos ni celos. Es el breve encuentro, el veloz cortejo, la conjunción hechicera y primorosa de los tres que prometen un romance hasta que dure la eternidad.


Saúl, no vive en ese edificio, no trabaja ni reina. Saúl, pertenece al cielo.  


Etiquetas: [eucaristía]  [oración]  
Fecha Publicación: 2014-08-18T17:00:00.000-05:00
Pasé de frente. A pocos metros estabas Tú, expuesto y escondido a la vez, en un trocito de pan. No quise entrar al santuario para estar contigo. Algo se rebelo dentro de mí. No quise cruzarme contigo ni cruzar palabra.

Los hombres que somos tan complicados, que vamos tan enrevesados por las calles mordiéndonos las entrañas y evitando los valles de viento fresco, pasamos de frente. No queremos trocitos de pan, buscamos banquetes. No queremos bocanadas de oxígeno, preferimos el aire contaminado de nuestras cavernas.

Hoy, yo no te quiero. Hoy es de esos días en que me basto a mí mismo aunque después vaya apresurado por tu auxilio. Todavía hay algo de corrientes de aire en mis pulmones, polvo delicado en mis pensamientos y fibra en mis piernas. El desierto es espeso pero no dura toda la vida.


No me esperes Señor que pronto me tendrás a tus pies, refrescando mi rostro inclinado. Ahí estaré. 














Etiquetas: [Miraflores]  [Pardo]  
Fecha Publicación: 2014-08-15T01:10:00.001-05:00
6 pm

Apenas dejo mi casa y me arrojo a la calle, se inicia una huida extenuante e inmisericorde. Tengo que abrir mares y cortinas de humo rojo. Caminar por el centro de la Avenida Pardo es como un desfile sin ritmo. Los árboles orgullosos me van mostrando la ruta, las hojas secas y pérfidas van señalándome el rumbo. El sol tímido y saltarín no dice nada, se va a dormir.




El día se traga toda mi energía. Saborea mis esforzados pasos. Y me deja ahí, en medio de esa gente que no existe. Miro en trescientos grados. Es el mismo mundo de ayer pero con otro aire que no se puede respirar. Me desoriento con cada semáforo, con cada bocina lejana.


Quién sabe donde he ido. Dónde está ese círculo que empecé y que debo continuar eternamente. Cuándo estuviste tú, cuándo estuve yo. 
Etiquetas: [amor]  [dinero]  [felicidad]  [relaciones]  [relaciones humanas]  [salud]  
Fecha Publicación: 2014-08-14T12:25:00.002-05:00


En varias partes de Latinoamérica, apenas uno estornuda, si hay alguien cerca, te desea, primero salud, después, dinero y al final, amor. Esto lo he escuchado toda la vida. Aparentemente es un gesto de educación pero lo que no hemos caído en la cuenta es que hemos repetido e instalado un paradigma en nuestras mentes.



Por un lado, nos recuerdan que esas son las tres condiciones únicas para ser feliz o que son los tres mejores deseos que alguien puede tener hacia los demás. En segundo lugar nos deslizan delicadamente cuál es más importante y qué orden de prioridades han de tener.

“La salud ante todo”. Es bastante cierto. Nuestro cuerpo necesita de un cierto nivel de funcionamiento para ser felices. Nadie puede negarlo. Pero ¿qué sucede en todos esos casos que conozco de personas que adolecen de enfermedades crónicas o que han crecido a pesar de tener graves defectos congénitos? ¿Jamás podrían ser felices?

“Buen caballero es don dinero”. Parece ser que es nuestra máxima más afianzada. Pongámonos de acuerdo ¿da o no la felicidad el dinero?. Pues muy posiblemente nuestra respuesta dependerá de cuánto tengamos en la billetera o de cuán satisfechas están nuestras necesidades más básicas. Pero lo que es cierto, probado científicamente, es que aquellas personas que se sacaron la lotería, después de la euforia y embriaguez del golpe de suerte que dura alrededor de unos 6 meses, vuelven a ese mismo punto de origen, a sus mismos niveles de insatisfacción personal.

“Love is all that matters”. Se dice por todo lado, se canta, se piensa, se escribe: el amor es todo. Si es así ¿por qué lo colocamos al final de nuestros deseos? Y también, apelando a nuestras experiencias, podemos concluir que eso de “contigo, pan y cebollas” no es muy realista ni venturoso.

Si yo estornudara solo una vez y por tanto, tuvieran que desearme solo una cosa, que sea el estar siempre en relación con los demás. La Felicidad no es un estado de ánimo, ni una forma de vivir. La Felicidad es una forma de convivir. Y no hablo de relaciones amorosas porque ¡vaya uno a definir lo que es el amor! Sencillamente hablo de relaciones con otras personas (sean amigos, parejas, familiares, compañeros, correligionarios, etc.) donde los componentes sean la espontaneidad y amabilidad, intimidad y cercanía, respeto y sinceridad, generosidad y grandeza, consuelo y dulzura, correspondencia, calidez y confianza.


Con relaciones personales así, puedo enfrentar cualquier otra carencia o adversidad que la vida pueda imponerme. Los momentos más infelices de mi vida serán siempre aquellos en que me enfrente desguarnecido y solo ante la desgracia. 




Fecha Publicación: 2014-08-14T00:56:00.000-05:00
-Quiero verte
-¿Ahora mismo? Es que estoy por irme a dormir- argüí
-Sí, estoy saliendo del trabajo. En media hora me desocupo y mejor te encuentro en el tercer óvalo de Pardo.
-Hmm. Bueno. Me daré un duchazo, me peino, me perfumo..,
-No. No lo hagas. Me gusta el olor humano.
-Sonso

Después de saludarnos, con algunas gotas de la pileta que salpicaban la noche, de manera extravagante comenzamos a hablar de la caverna de Platón y el mundo de las apariencias, algo de lo que había escrito recientemente.

El cafetín donde pensábamos ir, ya estaba cerrando, así que optamos por ir a caminar por esos atajos de tierra que conducen al barranco. Ahí, con todo la inmensidad del océano como espectador, hablamos impúdicamente de cómo nos sentíamos. Él prendió un cachito de marihuana y yo, mi cigarrillo de la noche para entibiar el aire y el conmovedor encuentro. A medida que nos íbamos contando pasajes de nuestra vida reciente, empezó el proceso de desnudarnos el alma.   

-Vamos a mi casa, que hace frío

Pusimos algo de música. Una canción él, una yo, desde nuestros celulares hacia el bluetooth. Fue al baño. Regresó a los minutos y antes de volver a su ubicación en el sofá, se acercó intempestivamente y sin ningún reparo me dio un beso en la boca.


Podría describir esas milésimas de segundos antes, durante y después,  en cuatrocientas páginas seguidas de una próxima novela: desde que fue aproximándose veloz y resueltamente, centímetro a centímetro, mientras  yo, observando y sin saber qué es lo que estaba disponiéndose a hacer con tanta cercanía, hasta que de pronto, abriendo y cerrando los ojos, aprecié la textura de sus labios, esa humedad, ese sabor, esa súbita y cruda intimidad, esa mirada cómplice, ese temblor, esa evidencia del impulso.

Y lo que pensé y sentí después del beso. Mi reacción química. Y lo que sucedió dentro de mi pecho, por todo mi torrente sanguíneo, en mis suspendidos nervios. Y la sinapsis que fue entorpecida sin saber qué es lo que ahí estaba sucediendo a pesar de tener cabalmente mi boca contra la suya. Ese tiempo detenido. La confundida sensación de estar ahí con la de haberme evaporado o de haberme convertido en algún intrigante y etéreo personaje de mis relatos de ficción.

- ¿Ah? ¿Ah? ¿Qué fue eso? tartamudee
- Eso, se llama beso



Etiquetas: [frases]  [Hojas verdes de Vicho]  [libro]  [pensamientos]  [respuestas]  
Fecha Publicación: 2014-08-13T12:42:00.000-05:00
Las mejores respuestas a mis grandes preguntas, no me las dan otros hombres. Las mejores respuestas las obtengo de la Realidad.

Las mejores explicaciones, no las oigo, las veo. 












Etiquetas: [comunicación]  [lenguaje]  [mirar]  
Fecha Publicación: 2014-08-11T13:27:00.001-05:00
Se pasaron media hora vociferando palabras entrecortadas. Escupían insultos. Relataban discusiones pasadas. Eran los conocidos trapitos al aire. Cada afirmación era más virulenta que la anterior. Estoy harto de ti. Cada día te soporto menos. Por mí, muérete. Hasta un Vete a la mierda. La habitación se llenó de calificativos hirientes, letales como la diseminación de un gas mostaza sobre un campo de batalla. Solo querían incapacitar al enemigo.

Y comprobé lo falsa de aquella frase que he escuchado tantas veces de que “hablando se entiende la gente”. Atestigüé en aquella escena que hablando también se mata la gente. Yo desde mi silencio y a un lado de las hostilidades, abaleado con tal feroz conversación puse especial atención a sus gestos, a los mensajes que habían detrás de tanta rabia desatada. Sus lenguajes corporales los delataron. Ambos estaban tristes y desconsolados. Ese amor del que les hablaron y del que siempre disfrutaron, que es comprensivo, servicial, paciente y que no busca el mal les estaba pasando una pésima jugada, ese amor se había corrompido y deformado hasta convertirse en un monstruo salvaje. Eran dos almas reclamando el amor perdido, dos niños a los que el ogro feo del cuento, les había quitado su pedazo de pastel. Uno al otro, desde lo primitivo de su existencia pedía el retorno de lo dulce del pasado. Ambos, conteniendo sus lágrimas, con las palabras que encontraron más a la mano y con las frases como proyectiles rebuscaban en la nada, su otrora tierra prometida.

No siempre el fidedigno mensaje sale de nuestras bocas.  No hay que escuchar las palabras ni los ruidos que emitimos. Olvidemos las descargas de sonidos. Mirémonos más. Los ojos que hablan en silencio, que no saben de lenguajes, que no piensan, que son honestos podrían resolver gran parte de nuestros problemas.   


Mirándose, se entiende la gente. 
Etiquetas: [aventura]  [encuentro]  [noche]  [placer]  [Salvador]  [sexo]  
Fecha Publicación: 2014-08-08T12:26:00.000-05:00
Estoy en Lima, ¿no quieres que nos veamos? Puede ser, le dije. Mira que me quedaré por solo un par de días y estoy seguro que nadie te da lo que yo te doy, es tu gran oportunidad de pasear una vez más por ese recinto al que nadie te lleva, ven, ven. Pero ya son las casi una de la mañana, es muy tarde, me trate de disculpar. Ven, ven, tómate uno de esos taxis que te recogen en la puerta de tu casa y si quieres vente en pijama, la cosa es vernos, ven.

Ya tenía encendida la lamparita al pie de mi cama como preámbulo de la oscuridad. Había fumado mi infaltable último cigarrillo. Quise apagar mi celular para forzarme a no leer más sus mensajes pero se había abierto la compuerta esa que temo tanto, esa tan amenazante, esa tan incitante, esa que me borra los archivos de la sensatez. El cuerpo me empezó a temblar y el corazón a hacer toc toc toc toc. Esa región confusa que parece ubicarse en la entrepierna pero que se extiende por toda la piel, ya había comenzado a ponerse en voz de alerta. La sirena sin sonido que solo yo escucho, anunciaba la emergencia.

Una invitación así. Era Salvador pues. El que me trata como el último sobreviviente de su perdido planeta. El que habla ese idioma que solo yo conozco. El hábil piloto que busca su único copiloto. ¿Cómo resistir a su convocatoria para viajar con él y salir de mi atmósfera obstruida?

Miré de reojo. La pantalla del celular anunciaba su notificación. Te espero en la esquina de siempre. ¿Está bien? Abrígate que la noche está muy fría.


Crucé media ciudad. El chofer era amable y reservado, yo en su lugar hubiera querido despejar mi curiosidad y preguntar qué hace alguien tomando un taxi a esas horas, un día martes, cuando todos duermen y huyen de la llovizna y por las calles quedan solo los hombres solos. Durante el camino quise oír las diferentes voces que me hablaban, unas alertándome y condenando mi audacia, otras como risitas que me alentaban a vivir, a vivir lo que nadie vive. Traté de relajarme y asegurarme que la pasaría bien, que no había nada de malo en ir a recoger las provisiones para resistir un poco más en este mi mundo despoblado. Si siempre acudo presto al llamado del deber, ahora me tocaba responder al llamado del placer. 


puede ser que continúe
Etiquetas: [reflexión]  [sexo]  
Fecha Publicación: 2014-08-07T13:57:00.002-05:00
Creo que sería apropiado borrar -o por lo menos cuestionar- ciertas palabras del diccionario porque a la hora en que se contrastan sus significados consignados, con la realidad, se comprueba que hay una total incongruencia. Una cosa es  el contenido teórico de los términos y otra muy diferente son sus dimensiones prácticas.

Eso sucede con la palabra Sexo. (Del lat. sexus).
1. m. Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas.
2. m. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino.
3. m. Órganos sexuales.
4. m. Placer venéreo.

¿Eso es Sexo? ¿Una condición, un conjunto de seres, un órgano, un placer? Lo cierto es que cada uno de nosotros, por un lado, concebimos mentalmente algo distinto cuando pronunciamos esa palabra. Y por otro, sabemos que encierra un significado abstracto, denso, ambiguo y limitado. Lo que yo quiero decir con “sexo” es algo muy distinto a lo que tú quieres decir con “sexo”.

Por ningún lado en el alcance propuesto por la Real Academia de la Lengua Española aparece su ángulo moral, cultural, singular, su formidable extensión subjetiva. Dado que puede incluirse en millones de contextos y que está sometida a millones de interpretaciones, podríamos concluir que una palabra como esta no basta para abarcar todo aquello que viene a nuestra cabeza cuando la escuchamos o la pronunciamos.


Hay veces que ni siquiera podemos usarla con libertad. Últimamente, me han estado preguntando acerca de qué temas escribo en mis libros. Cuando les respondo enumerando las variadas temáticas y les menciono la palabra Sexo, inmediatamente veo que el gesto les cambia, a algunos se les recorta la respiración, titubean otros, les acomete la curiosidad y la sorpresa. El Sexo suscita reacciones diversas porque tiene diversos sentidos.

Por tanto, yo escribo sobre mi Sexo, sobre cómo él ha cincelado mi vida, sobre cómo me deslió y reformuló hasta convertirme en un hombre integrado consigo mismo. El Sexo no es un tabú ni una actividad meramente fisiológica. Es un espejo que proyectó mi tercera dimensión y mi perfeccionada identidad. Es un piano que yo aprendí a tocar con dedos y fragmentos de alma. Es un trampolín a mí mismo. Una fiera que duerme la siesta conmigo, un guante de seda que acarició mis heridas, un escalón más cerca del infinito, un taxi al cielo, una gota de rocío en tiempos de sequía, un ofertorio donde dos nos sacrificamos voluntariamente, un chispazo de medianoche, una presencia indefectible de Dios y la nada, un dibujo en el vacío, una cortina movida por el viento, una orquídea en la podredumbre, un misterio revelado, un vuelo alrededor de la Luna, una clase magistral sobre la existencia humana, una lamida de mar, un discurso sin palabras, un instante, una eternidad.


El Sexo es una palabra más en mi diccionario personalizado. No tiene tiempo ni modo ni género. No es verbo ni sustantivo. No acepta reglas de conjugación. Su uso es exclusivo. Su fondo y su forma son mis propias entelequias. Llego y provengo de él. Yo no tengo Sexo, él me tiene a mí.   
Etiquetas: [besos]  [escribir]  
Fecha Publicación: 2014-08-05T14:58:00.000-05:00





Desde niño me preocupé callada y obsesivamente por llegar a ser un buen besador. Mientras me aburría en las clases de matemáticas, mientras borroneaba y coloreaba lienzos con chorros de témperas y mientras miraba películas en blanco y negro los sábados por la noche, mi mente imaginaba la textura, la humedad y los movimientos de mi boca en otros labios. Besar se convirtió en mi vocación y en mi asignatura irresuelta. Besé espejos, peluches, mi propia mano, maniquíes, marshmellows, fotografías y borrachos. Hasta que un día besé el alma de quien me miró y susurró mi nombre.

Espero haberme graduado con honores. Hoy mi boca guarda el sabor de mil bocas que fueron mis maestras y mis alumnas. Mis premios al mejor esfuerzo quedan por ahí, circulando entre mi sangre y mis recuerdos. Beso con amor y sin amor. Beso con éxtasis y fatiga. Beso muy vivo y muy muerto.


Ven aquí, acerca tus labios, cierra los ojos y aprende conmigo. 















Etiquetas: [escribir]  [palabras escribir]  
Fecha Publicación: 2014-08-03T01:20:00.005-05:00


























Etiquetas: [Hojas verdes de Vicho]  [lectores]  [libro]  
Fecha Publicación: 2014-08-02T01:18:00.002-05:00

Etiquetas: [invierno]  [Lima]  [miseria]  [pobreza]  
Fecha Publicación: 2014-08-01T00:41:00.000-05:00


En Lima no llueve. En el invierno que vivimos ahora, como en todos los años, nos arrolla una persistente garúa que dura horas de horas y que lentamente empapa las calles. Al caminar bajo el cielo gris y borrascoso, el rostro se endurece, duelen los oídos y la ropa se  oscurece de tanta humedad como el alma de un náufrago. El frío adormece los músculos, entumece los huesos y congela toda energía para mover hasta los dedos.

Muchos de mis amigos dicen que prefieren este clima aparentemente apacible e inofensivo antes que el verano que altera los nervios y tuesta la piel y enceguece la mirada con tanta luz solar. Ellos odian el calor.

Yo que tengo las células nostálgicas, que me gusta hibernar con el corazón arrebujado debajo de mis recuerdos y miedos de todas las estaciones pasadas, prefiero rotundamente el verano por varias razones, además de las mías que son congénitas. Por su desnudez de los cuerpos bronceados, por sus colores en las playas, por toda su sangre celeste y más ligera de sus cielos... 

Pero por sobre todo, desprecio el invierno porque hace más espeluznante e inaguantable la pobreza material en esta tierra de hombres pobres. Sus ropas llevan años de años guardándose para el año siguiente. Sus casas no tienen más calor que el de sus frágiles esperanzas. Sus techos gotean acribillando su indigencia. Sus paredes a medio construir, sus ventanas esqueléticas y sus camas enclenques dejan entrar inhumanamente por las noches los tumbos de frío y miseria.


Mi mamá decía que el invierno es cruel para los pobres. Y no le faltaba razón. El hambre y la soledad se guarecen debajo de los puentes. Los parques se desocupan al mediodía como en el llamado de una alarma que anuncia un bombardeo de hielo. Los zapatos se deterioran. La muerte en todas sus formas, asoma entre la niebla del amanecer.

El invierno de Lima, reclama disimuladamente nuestra solidaridad como se requiere una taza de chocolate caliente. Los hombres pobres esperan más de nosotros los hombres abrigados. Este frío invita al amor hacia el más débil, hacia el más infortunado. El invierno es la estación para dar vida.  


Etiquetas: [ser]  
Fecha Publicación: 2014-07-30T18:34:00.000-05:00
En verdad, a este punto del camino, no sé bien si lo que quiero es ser único o ser uno más entre los únicos. Lo que sí sé es que no quiero tener esa obcecación de ser original o excepcional hasta caer en lo ridículo, en lo chusco o intrascendente. Finalmente por querer ser tan impar entre los pares, uno termina siendo una  ecuación que nadie puede resolver.


Etiquetas: [morbo]  
Fecha Publicación: 2014-07-30T13:02:00.004-05:00



No tengo problema en reconocer que soy morboso. Aquel que aún esté en esa etapa de creer que es un defecto horripilante, pecaminoso, o enfermizo, aun no ha entendido nada eso de ser un ser humano.


Ir por la calle y encontrarse con una pareja de novios enfrascada en una pelea a voz en cuello invita a que nos detengamos mirando el cielo o el celular para tener la posibilidad de escuchar todos los insultos que se arrojan mutuamente. Querer saber detalles del suicidio de Kurt Cobain. Tener tendencias voyeuristas con una vecina. Querer conocer pormenores ocultos de la vida de tu compañero de trabajo. Navegar por páginas sórdidas o hasta obsesionarse con novedosas categorías sexuales. Y más... no son solo situaciones de extrema o aislada curiosidad, tampoco de graves desórdenes mentales; son acciones que de una u otra forma nos revelan de lo que estamos hechos todos los humanos: de materia fina, pulcra, ordenada y primorosa, pero también, de una sustancia gruesa, oscura y tosca. Dentro de nosotros combaten la vida y la muerte, la belleza y la desproporción, la luz y las sombras.

Tengo que decir que la Internet me consagró y graduó como un hombre morboso. Me sumergí e invité a conocer todo lo que de otra forma no hubiera podido descubrir y conocer desde mi vida aburrida y siempre nivelada. Exploré vidas insólitas, costumbres turbias, subsuelos y claustros morales. Crucé linderos. Desdibujé mis criterios de lo prohibido. Quise mirar sin cansarme y lo que es más aún, sin horrorizarme.

Dicen que lo morboso se despierta. Yo diría que nunca duerme. Lo que sucede en mi caso es que crecí con cientos de letreros de acceso restringido, con medidas, llamadas de atención, orientaciones e imposiciones, pautas y parámetros, regulaciones y llamados a la moderación. Lo asumí disciplinadamente, me comporte de acuerdo a ellos pero el mundo y su descarnada humanidad, regresó insistentemente con todas sus furias y fuerzas. Mi apetito por lo morboso de esta vida me salvó de ser un reprimido, desvencijado y falso tótem.

Dicen que lo morboso, vende. Claro que sí. Pero también, nos confiere una dulzona, sutil y gratificante forma de vivir, tanto como ingresar gratuitamente a un extendido parque de diversiones. Una vida sin morbo nos convertiría en efigies enmohecidas y reflejas de lo que no somos, en entes sin cabeza ni instintos, en criaturas apagadas y tristes.


Y todo aquel que se ha acercado a mis escritos, se ha acercado con morbo. Bienvenidos sean. ¡ Morbosos del mundo, despertémonos y vendámonos juntos! 



Etiquetas: [amor de pareja]  [caminar]  [gay]  [musito]  [romance]  
Fecha Publicación: 2014-07-26T01:11:00.001-05:00



Me tomaste de la cintura. Cerré por tres segundos los ojos para regocijarme con tu cercanía y con la exquisita presión de tus dedos, que parecen saber con exactitud dónde tocarme para emprender un vuelo hacia un cielo eternamente desconocido. Me gusta sentirme ciego cuando me conduces por las veredas, cuando subimos las rampas del atardecer, cuando vamos directamente a los pasadizos sin salida.


Caminar a tu lado será el resumen de nuestro apenas estrenado coqueteo y de nuestra imprudente aventura. Hay algo de novela sin escribir y de hazaña sin descubrir. Mirarte de reojo, compartir la impresión de que estamos perdidos en medio de una ciudad sin nombre, aquietar la ansiedad, ponerle nombre a las calles, emocionarme de esa renovada complicidad.


Tómame, condúceme, vamos. Donde sea. No me importa llegar. 



Etiquetas: [Hojas verdes de Vicho]  [libro]  
Fecha Publicación: 2014-07-24T01:12:00.001-05:00


Etiquetas: [escribir]  [Hojas verdes de Vicho]  [libro]  [ventas]  [vicho]  
Fecha Publicación: 2014-07-17T18:52:00.000-05:00




No me gusta la Publicidad. No me gusta vender nada. Dudo que pudiera venderle mi alma al diablo porque nunca he sabido poner precio a nada, regatear, ofrecer o insistir sobre la voluntad de nadie. Menos sobre algo que tiene un valor intrínseco y que me pertenece solo a mí, como es el caso de mi vida misma.

Desde que empecé a recibir propuestas para publicar mis memorias, siempre me resistí. Cuando me animaban a obtener un lucro de mi modesto escribir, siempre terminaba con un definitivo no.

Hasta que ya saben, acepté que mis vivencias y ocurrencias se convirtieran en una saga de ediciones físicas que pudiese distribuirse a todo el mundo. Algo me llegó a convencer: la posibilidad de que más personas, mientras me leyeran, pudieran hacerse  las mismas preguntas que a lo largo de mis años me formulé en mi mente enmarañada y después ellas, a solas, encontraran sus propias respuestas. Mis libros serían útiles para algo muy efectivo: comunicar un mensaje definido y descarado a todos los hombres: que seguimos siendo hombres a pesar de nuestras escabrosidades de todo tipo; totalizar nuestra humanidad, aunque diversa y evolucionada, porque todos tenemos un meollo en común, un mismo punto de partida y de llegada.


Mi primer libro, sin muchas expectativas, salió a la venta a principios de este mes de Julio. Una editorial apostó por mí y Amazon me acogió generosamente como canal de distribución comercial. Me temblaron las piernas. Me cruzaron las palabras “éxito”  y “fracaso” por la cabeza. Me sentí inseguro. Pero ya estaba decidido y hecho, se había lanzado mi primer título de la colección. “Las hojas verdes de Vicho” conocieron la luz.

Durante la primera semana, apenas unos amigos míos, prestos y solidarios, hicieron su compra virtual. La segunda semana, sorpresivamente, se triplicaron las ventas y la tercera, decenas y decenas de compras online se produjeron día a día desde varias partes del mundo.

Van tres semanas y acabo de revisar el reporte de compras y ya van 293 ejemplares entregados a domicilio. Es mucho, mucho más de lo que me imaginé.

Nunca había experimentado este grado de satisfacción y gratitud. Compruebo que no solo me gusta escribir, sino que hay algunos desorientados por ahí que están dispuestos a comprar lo que yo escribo. Sin estrategias de marketing, sin community managers y sin grandes ambiciones, estas hojas verdes del modestito escribidor que empiezo a ser, son acariciadas por cientos de fieles lectores.


Viene bien, un “muchísimas gracias”.


Links de compra online:
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Fecha Publicación: 2014-07-16T20:35:00.002-05:00

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Fecha Publicación: 2014-07-16T00:12:00.001-05:00
Por una extraña relación con mi vivencia personal, por un eco de mi infancia, por una similitud a cómo me sentí gran parte de mi vida, este vídeo es importante para mí, compartirlo aquí 





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Fecha Publicación: 2014-07-15T17:23:00.000-05:00



Los platos habían quedado vacíos. Sobre la loza blanca, las tenues manchas verdes evidenciaban que se había comido la pasta con pesto de todos los sábados. Todo en aquella mesa era impecable, desde el mantel, que creo que era de lino, el mismo que la madre cuidaba tanto  de las salpicaduras de vino, hasta los diálogos entrecortados e inofensivos sobre el mundial y el endemoniado tráfico de Lima. Habían acabado de almorzar juntos, cuando en los segundos de sobremesa, mientras Javier revisaba su teléfono y se dirigía a su dormitorio para cumplir con su inexcusable siesta diaria, su padre, con el tono de voz que utiliza para pedir que le alcancen el azucarero, también blanco, soltó el comentario:

- No sé por qué tienes que ponerte esos pantalones tan ajustados. Aún no comprendo por qué te sigues vistiendo así, como si fueras un adolescente y…

- ¿A qué vienen esas preguntas? ¿También quieres decirme qué ropa debo usar?

- No sé por qué…

- ¿Vas a comenzar con tu misma cantaleta? Lo siento, pero yo ya he terminado y…

- Dijiste, me prometiste que no cambiarías en nada y resulta que ahora te veo más…

- ¿Maricón? ¿Sí? ¿Me ves más maricón? Algún día lo entenderemos...


Pasaron varios años, tantos que ya se pierde la noción del tiempo, cuando a Javier, de pie al lado de su padre recostado en una cama de la clínica, acariciándole el poco cabello encanecido que le quedaba, cubriéndole los hombros desnudos con la sábana tan blanca, iluminados apenas con una luz indirecta que apuntaba a la pared, de pronto, una frase le cruzó la mente, se le removieron súbitamente los recuerdos y soltando un aire comprimido que rompió el silencio, se atrevió a convertirla en el epílogo de su vida:


- Papá, sí, ahora entiendo todo, hemos sido distintos, muy distintos, pero nunca, nunca hemos sido distantes. 


  

Fecha Publicación: 2014-07-13T19:44:00.001-05:00

Con el alma al aire y las palabras que puedan ayudarme, quiero agradecerte por lo que me has dado gratuitamente en este último año: tu lluvia que ha abierto mi tierra para seguir sembrando, las ilusiones, las fuerzas para levantarme a trabajar, las horas de carcajadas y los descansos, mi cama abrigada, la mesa siempre servida y compartida con Enriqueto, los tropiezosy mil sabores nuevos, aun las lágrimas, los placeres que explotan y también los sencillitos, las puertas abiertas y las que se clausuraron no sé por qué todavía, el saldo en azul de mis pérdidas y ganancias, las medicinas de todo tipo, las calles de este mundo y tu promesa del Cielo aquí en la tierra, tu presencia tan fiel y certera, mis planes que se encaminan y mis problemas que se diluyen, el cariño que di y que me devolvieron multiplicado, mis inspiraciones y motivaciones más íntimas, mis victorias lentas y más desconocidas, la pasión y los condimentos, mis afectos palpables y claro, mi Fe. 



Gracias por convencerme que vivir con amor, es de verdad vivir y en abundancia. 
¡Feliz cumpleaños a mí!
¡Que vengan muchos años más! 
¡ Y gracias amigos por estar y leerme!


Etiquetas: [encuentro]  [escribir]  [lectores]  [salir]  
Fecha Publicación: 2014-07-09T00:59:00.001-05:00
Escribir a diario se trata de un acto muy parecido al de salir a la calle. Por el motivo que sea, siempre hay que hacerlo con la ilusión flotando en la mente de que es probable encontrarse con alguien especial que puede cambiarte casualmente la vida. Por tanto hay que estar preparado para ello. Engalanar la fachada y el alma. Resaltar tu presencia. Arrancarte la soledad. Nunca se ha de salir sin peinarse o con los zapatos sin lustrar. Hay que ensayar la mejor sonrisa sobre el filo de la puerta. Algo debe brillar en la mirada cada vez que uno se asoma al mundo exterior.


Lo mejor que me ha pasado en la vida es traspasar cada día mis propias paredes, gruesas y selladas por años, lanzarme a la calle más transitada del universo y toparme de manera puntual con hombres de manos extendidas y corazones exquisitos, pobres y ricos, ansiosos y despejados, abiertos y obstruidos. Todos fueron peatones en la misma acera que cruzaron sus miradas con la mía. Llegaron con sus vidas a quedarse en mi vida.


Y ahora continuamos caminando por el mismo barrio. Habitamos la misma casa. Y cuando nos quedamos a solas, cuando nos despertamos por la mañana, no hace falta repasar nada ni mirarse antes en el espejo. Basta sabernos que no hemos partido nunca, que hemos llegado siempre y regresaremos con la eternidad.  
Etiquetas: [preguntas]  [sentido de la vida]  
Fecha Publicación: 2014-07-06T01:49:00.001-05:00


¿Por qué esa sensación de que me queda poco tiempo de vida para contarla? ¿Por qué el sabor de lo dulce que no llego a tragar? ¿Por qué ese sobresalto de medianoche cuando las calandrias van lamiendo el cielo? ¿Por qué mis dedos buscan persistentemente clavarse sobre mi frente húmeda? ¿Por qué la magia no me sorprende? ¿Por qué esa prisión cada vez que abro una puerta? ¿Por qué hay sangre debajo de mi almohada? ¿Por qué esa balada estrellándose contra mis mejillas descubiertas? ¿Por qué el frío cuando enciendo el último cigarrillo del mundo? ¿Por qué tan ciego y tan sordo? ¿Por qué el tiro que sale por la culata? ¿Por qué me agita la lluvia? ¿Por qué regresa aquello que nunca se ha ido? ¿Por qué no hay sombra ni arenal? ¿Por qué cierro los ojos cuando todos miran todo? ¿Por qué esa carcajada estúpida? ¿Por qué esas señales?
Bring On The Rain (Acoustic Version) by Gavin Mikhail on Grooveshark