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Etiquetas: [Glenn]  [memorias]  [relato]  
Fecha Publicación: 2015-02-10T18:33:00.001-05:00



-  Glenn, what do you hide right there?   - le pregunté tímidamente

Se sonrojó, dejé de apreciar sus ojos celestes, se detuvo mirando la mochila. Hubo un silencio que pareció un invierno de largo. Pronunció algunas monosílabas que no entendí. La abrió resueltamente, introdujo su mano izquierda, rebuscó con solo tantear el contenido y de pronto, sacó un frasco de vidrio oscuro.

¿Qué era eso? ¿Qué había adentro?

- This is nothing. It’s just plain bottled wind   - lo volvió a guardar y siguió hablando.

Entendí lo que me estaba diciendo. Pero a la vez, no entendía nada. ¿Se estaba burlando de mí? ¿Un frasco con viento? Mientras a lo lejos le escuchaba que me comentaba encandilado su gusto por todo el arte oriental y lo que había gozado aquella tarde contemplando las esculturas de Gandhara, yo seguía especulando y buscando una interpretación a su extravagancia.

Han pasado ya varios días de tal develamiento. Lo he seguido frecuentando al sugestivo Glenn, Hemos salido a montar bicicleta, a tomar unas margaritas al mediodía, a ojear alguna librería al aire libre, a comer pizza vegetariana, a matar el tiempo. Estoy inquieto esperando que una de estas noches, camino de regreso a casa, cuando el aire de invierno sople frío e impetuoso, me invite una botella de su viento.


Sospecho que me regalará su mochila.   
Etiquetas: [Glenn]  [memorias]  [relato]  
Fecha Publicación: 2015-02-07T14:03:00.000-05:00





Glenn estudia en Yale. Tiene veintiún años y más que sus ojos celestes, su tenue acné en un costado de la sien y su cabello castaño oscuro, el  atributo más característico que llamó mi atención fue su mochila verde. Era como una extremidad adicional. Una extensión de su brazo derecho. Desde que lo vi, sospeché que además de su laptop algo ocultaba ahí. Nunca se despegó de ella. Por momentos, se apartaba a un lado de la conversación en la que estábamos, corría su cremallera y echaba sigilosamente un vistazo dentro, solo para asegurarse que aquello que guardaba tan celosamente, siguiera ahí.

Tenía unos ojos vivaces. Cuando hablaba, su sonrisa nunca desaparecía de su rostro muy bien perfilado. Y pensaba, si yo tuviera su edad, creo que me enamoraría en este mismo instante de su naturalidad, de su buen hablar, de ese acierto al pronunciar palabras que yo pudiera entender, de la calidez de su voz.

Esa mañana habíamos escogido el KBT Cafe para tomar algo a media mañana, antes de seguir con nuestras reuniones de trabajo. A pesar de su juventud, su locuacidad y conocimientos eran atemorizantes. Estudiaba una maestría en Psicología Cognitiva y siempre hacía referencia a sus apuntes, a clases recientes que lo habían impresionado.

Hubiera querido preguntarle en el acto, así, sin asco, de frente, Glenn, qué es lo que escondes en tu mochila verde, pero quise seguir siendo afable y no desafiarlo.

Su seguridad era impactante. No había ningún tema al que se resistiera y comentaba conservando esa sonrisa esplendorosa y campechana. Pero empecé a calcular los minutos que tenían que transcurrir hasta que echara otro de sus urgentes vistazos a la misteriosa bolsa que colgaba de su brazo.

¿Qué es lo que tenía ahí?   

Se ofreció acompañarme cuando nos desocupáramos por la tarde, a visitar la Galería de Arte, cruzar el extenso campus universitario, caminar abrigados y comentar la colección de arte asiático que exponían esa semana. Sería la oportunidad de seguir observándolo y descubrir su misterio.

Nunca descuidó su mochila ni cuando entraba al baño. Era su amuleto, su mascota, su escudo. En algunos intervalos de silencio me pareció verlo que la acariciaba y que la contemplaba como a un sagrario portátil. Empecé a mirarlo diferente, como un ser alado y mágico, una entidad de otra dimensión. ¿Sería un superhéroe que estaba a punto de hechizarme y llevarme a otro planeta?


Por la noche en la misma cafetería, perturbado y maniático ya no aguantaba más. Tenía que preguntarle concisamente qué había ahí adentro. Ya había llegado a la extraña conclusión de que tenía que ver con el origen de su gracia y encanto personal. ¿Habría descubierto el santo grial de la simpatía y del sortilegio? 


Etiquetas: [religión]  [sexo]  [superstición]  
Fecha Publicación: 2015-02-06T13:24:00.001-05:00

Así como no tengo ninguna vergüenza de narrar mis experiencias y remembranzas sexuales, igual, no tengo ningún reparo en proclamar a todos los vientos que soy un hombre religioso. A pesar de toda la tendencia occidental por señalar su inutilidad y arcaísmo, la Religión hace mucho más bien al mundo y a los hombres de lo que se cree. La Religión no me resuelve la vida, no me da razones a lo que me pasa, me da sentido de orientación. Me robustece por dentro y traza una línea recta con lo trascendente para no sentir que vivo deslizándome en la rutina y la aflicción. El solo hecho de creer fervientemente que soy hijo de un Dios, me da la valoración y dignidad que necesito para confrontar el mundo frío, superficial y utilitario.




La Religión debe ser básicamente liberación, por tanto, tal como ella actúa a menudo, merece dos críticas:

1.    Esa obstinación de siglos por inmiscuirse en la vida sexual de los hombres, esa insistencia en creer que una vida sexual ejercida y suelta puede ser un peligro para relacionarse con la divinidad. El que yo despliegue voluntaria e intensamente mi sexualidad y genitalidad no tiene por qué hacerme menos hijo de Dios. El placer sexual no me aparta de sus caminos. No tengo que ser penitente y casto para tutearme con el Cielo.

La Religión debe liberarse y liberarnos de ese reiterado carácter prohibitivo de lo sexual. Si la Religión quiere formar parte de la vida de los hombres, tendrá que quedarse con lo más esencial, que es, “re-ligarme” con Dios.

2.    Esa superstición que convierte la religión en antinatural e irracional, que convierte en miedo exagerado todo lo incierto, en peligro todo lo futuro e inventa relaciones mágicas entre las cosas y los acontecimientos. Así, Dios no es una presencia liberadora y esperanzadora sino una entidad maléfica que vigila el incumplimiento de ritos y prácticas repetitivas para castigarlas.

Conozco cientos de buenas personas que viven esclavizadas a culpas innecesarias porque disfrutan como animales en la cama y conozco a cientos que aún temen a las brasas del infierno porque no asistieron a un rito con regularidad. Todas ellas lamentablemente se pierden las enormes cualidades que la religión ofrece para que sus vidas sean libres para amar y ser amados y para ensanchar su humanidad hasta los límites mismos de la divinidad.

Todo lo que escribo tiene precisamente esta motivación, la de poner el acento donde debe estar, con sexo y placer, con libertad y sin supersticiones.

  
Etiquetas: [cambio]  [crecer]  [mejorar]  [ser]  
Fecha Publicación: 2015-02-05T22:30:00.000-05:00


Gran parte de mi vida me he aconsejado que sea yo mismo. Ciertas palabras han sido repetitivas: aceptación, identidad, personalidad, autoconfianza, etc.

Ahora, el mantra “sé tú mismo” necesita una reformulación. Ahora mi máxima tendrá que ser “sé más de lo que eres”. Por la sencilla razón que aquello que he sido hasta ahora me ha traído a donde estoy y soy. Ahora quiero ser más, quiero hacer cosas diferentes, ampliar la persona que he sido hasta ahora.




Prefiero terminar siendo el peor de los mejores a ser el mejor de los peores. Simplemente, quiero ser más.  
Etiquetas: [bien común]  [egoísmo]  [familia]  
Fecha Publicación: 2015-02-05T11:29:00.000-05:00


Bien dice Ken Wilber "Por si acaso, los nazis también amaban a sus hijos". No es suficiente amar, servir o ser bueno con los nuestros. El desafío es mayor, no sólo amar mi ombligo y mi familia.

Toda esta corrupción e inmundicia de la política y de nuestros gobernantes deriva precisamente de que el otro y el bien común, me importa un carajo.



Etiquetas: [cuento]  [miedo]  [psicología]  
Fecha Publicación: 2015-02-03T09:38:00.000-05:00

Etiquetas: [castillos]  [realidad]  [sueños]  
Fecha Publicación: 2015-02-02T13:11:00.001-05:00
"Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos". 
George Bernard Shaw


Es cierto, hay gente extraña a nuestro alrededor que es muy propensa a desdeñar nuestros sueños, a criticar con desparpajo la fragilidad de nuestras fantasías. Nos dicen que estamos locos y perdiendo energía, tiempo y posibilidades concretas. No entienden que para vivir algunos necesitamos volar por el cielo con alas invisibles y resbalarnos en el arcoiris de la imaginación. Esa gente, conservadora y cuerda quiere dispararnos directo al nervio y devolvernos violentamente a la chatura de la realidad. Son los francotiradores de sueños.


Los que construimos castillos en el aire, somos una amenaza, unos alienígenas, una raza perdida, unos bandoleros del paraíso perdido, unas mariposas venenosas.


Lo que no saben ellos, los prudentes y realistas, es que somos arquitectos de la novedad, que edificamos la vida de arriba hacia abajo, que comenzamos por el cielo y terminamos por las raíces. No saben que al final de la jornada, ellos también cohabitarán, gustosos y colmados, los castillos que hemos construido.  

Fecha Publicación: 2015-01-31T13:28:00.004-05:00






















La alegría es amarilla. Como el sol del mediodía, calienta y enardece la existencia que a menudo es pálida y congelada. La alegría es una emoción básica y vital que nos lanza hacia fuera, que derrite nuestros tapones de acero, que explaya nuestras energías para compartirlas con los demás. Cuando estamos alegres queremos ir al encuentro físico del otro, queremos hablar y cantar, salir y bailar, rodearnos de más vida y celebrarla.

Cuando estoy alegre, los efectos más evidentes son, además de mi risa instalada en el rostro y mis súbitas y estruendosas carcajadas, una necesidad apremiante por encontrar contextos de luminosidad, de calor humano, de intercambio de entusiasmos  y de cierta locura personal buscando alegrar a como dé lugar a los que se cruzan por mi camino.

¿Bonito, no? Pero mi experiencia me dice que no es suficiente decidir estar alegre. No depende de mi voluntad. Es más bien una reacción espontánea a una amplísima variedad de circunstancias reales, una suerte de termómetro de mis sucesos, donde quepo yo mismo, mi entorno y el mundo entero. Ahí está su función de la alegría, en informarme cómo estoy parado en ese instante de mi vida.

Con la lectura de este libro puedo circular por los diferentes tipos de alegría que van desde la euforia hasta esa alegría sosegada, retraída y sutil. Unas alegrías que estallan en la noche como un orgasmo delirante y otras que se palpan como una tarde silenciosa en una ermita escondida. Unas que se perciben a kilómetros de distancia como avisos de neón y otras que se acurrucan en mi pecho flaco. Unas veces es cómplice del placer y otras del amor expuesto. Unas veces está acompañada de confeti y otras de lágrimas tímidas, La alegría es una galleta caliente con chispas de chocolate amargo.


Intentaré, línea a línea, dibujar las mil caras de mi alegría.
Etiquetas: [metas]  [recuerdos]  
Fecha Publicación: 2015-01-16T19:39:00.004-05:00


Por una extraña razón, hoy he recordado a Lucho, un amigo de mi hermano en sus épocas de adolescente. Tenía pelo frondoso y castaño, ojos verdes como dos limones expuestos al sol de mediodía, una voz ronca y una risotada estridente que hacía sacudir los cubiertos de la mesa cuando se quedaba a almorzar. No puedo recordar en este momento si en ese entonces lo miraba con ojos epicúreos o si me atraía su ejemplo de desenfado y espíritu de libertad.


En una oportunidad nos contó en tono grave y jocoso a la vez que cuando se imponía alguna meta a corto plazo y cuando desconfiaba que pudiera ser preso de la pereza, la distracción o de su propensión a postergarlo todo, se obligaba a no cambiarse el calzoncillo. Así, cada día su reveladora fetidez, ese color amarillento y sucio le recordarían que aún no cumplía con su cometido. Había encontrado su táctica de auto exigencia, su recordatorio, su propia motivación.


Más allá de las risas que nos provocó y la exacerbación de nuestro sentido del olfato cada vez que aparecía por casa, Lucho se quedó en mi memoria como un chico extravagante pero mitológico también, como un simbólico personaje de uno de mis cuentos a escribir.


La libertad, con sus mil artimañas y utilidades, también puede servirnos para eso, para manejarnos hacia donde queremos ir. Cada quien debe ejercer sobre sí mismo, sus propias normas de vida y disciplina. Con locura, creatividad y agallas, creo que se puede llegar más lejos.



No sé qué será de su vida. Lo último que supe de él fue, que con hijos adolescentes, ahora reside por una ciudad del sur de Texas. Algún día me animaré a buscarlo y visitarlo, con la única intención, curiosa y antropológica, de corroborar qué logros ha conseguido en su vida y cómo huele su casa. 
Etiquetas: [soberbia]  
Fecha Publicación: 2015-01-15T12:28:00.000-05:00
-  ¿Qué me puede enseñar la vida de ese fulano? Creo saberlo todo. Tengo mi propia experiencia ya. Creo tenerlo todo lo necesario para esta vida… 


Lo escuché apenado. No me disgustó su soberbia, pero me preocupó su vacío enmascarado, su rendición, su conformismo, su pereza ante tantos nuevos continentes por explorar. Se perdería tesoros y recursos que otros descubrirán. No querer saber, era negarse a ganar. Y a seguir viviendo. 

Etiquetas: [Las hojas azules de Vicho]  [leer]  [libro]  
Fecha Publicación: 2014-12-05T13:59:00.003-05:00


Fecha Publicación: 2014-11-27T12:32:00.002-05:00


Fecha Publicación: 2014-11-03T14:56:00.001-05:00

Etiquetas: [emociones]  [estado de ánimo]  [llorar]  [tristeza]  
Fecha Publicación: 2014-10-27T01:06:00.003-05:00



Hay una razón por la que me niego a llorar en público. De ninguna manera es por un temor a que descubran mi vulnerabilidad o exacerbada sensibilidad. No, eso me tiene sin cuidado, además, todos ya saben que soy vulnerable. Es porque me disgusta que prematuramente crean que lloro por ese tipo de tristeza llana, fofa y aguachenta. Suelo llorar a solas por un millón de razones, como aguas diáfanas que fluyen a las superficies intempestivamente o como aguas estancadas en los bosques encantados. Es más, no siempre lo hago por mis razones, sino por esas lágrimas que otros no pueden soltar.






Esta mañana lloré y lloré. Algunas lágrimas eran saladas y misteriosamente, otras sabían dulce. Estoy seguro que todas esas personas que me aman, al verme así, hubieran corrido a abrazarme o a mojar sus dedos acariciando mis mejillas. Y de pronto, todas ellas se hubieran confundido, porque al mirarme, se hubieran encontrado con una tenue sonrisa en mi rostro. Lloro sonriendo. ¿O sonrío llorando?


Me calan las húmedas glándulas del sentimiento: esas escenas románticas de algún video pop, las recónditas impotencias anímicas de otros, tan parecidas a las mías; la generosidad de algunas personas que cruzan por el frente de mi calle empedrada, la gratuidad de ciertos regalos que solo yo aprecio, la fortaleza de los débiles, de los solitarios, de los enamorados, de los prisioneros. Todo se mezcla en una sola lágrima. Todos juntos avasallan mis compuertas, remueven muebles y recuerdos, músculos y frenos y me hacen simplemente, llorar.

Creo que lloro por amor. Por ese que agolpa la luz y la oscuridad. Por ese que vence la dureza de la muerte y de la vida misma.



Lloro. Simplemente lloro.  



This Year's Love by David Gray on Grooveshark
Etiquetas: [amantes]  [amor]  [amor de pareja]  [musito]  [pareja]  [parejas del mismo sexo]  [rocoquería]  [romance]  
Fecha Publicación: 2014-10-23T10:00:00.000-05:00



No hay distancia, no hay diferencias, no hay manías. Menos la sombra de los egoísmos. No hay nada que pueda desmantelar el amor que hemos construido cada tarde, en la calle, en la cocina, en la cama.  

Son dos años en que toda palabra pronunciada y vibración y convulsión y silencios han hecho crecer una muralla de resguardo contra las embestidas del día a día. Estoy loco, quizás; pero no tengo miedo a que esto termine como antes me pasaba. No es ilusión, es mágica certeza de que has llegado para quedarte.


Y no es soberbia el saber que nadie te amaría así, como yo. Porque si te amé con casi nada de mí, cómo no voy a amarte con todo. Yo puedo ser poco, pero mi amor es completo. Te amo así, a lo grande, a lo mío.  
Etiquetas: [anécdota]  [olores]  
Fecha Publicación: 2014-10-22T13:33:00.000-05:00
Algunos ya saben que el olfato es uno de los sentidos que me más placer me provee. Un aroma puede ser la puerta perfecta de ingreso a mis mejores deleites. Un buen olor, no necesariamente un perfume, puede causarme las mejores de las erecciones. Mi nariz y su sensibilidad es el anexo de mi pene, ostenta la vicepresidencia de mi eroticidad, es mi órgano sexual visible.

Pero también, literalmente, me hace llorar. Es que cuando huelo algo extremadamente desagradable, me salen lágrimas de asco.

Siempre fui nauseoso. Ir al mercado los sábados cuando era niño y cruzar la zona de pescados y mariscos de la mano de mi madre, hacía que tuviera que cerrar los ojos, respirar hondo para no tener que vomitar. El olor me producía arqueadas, salivaba, lloraba y emitía un sonido con la boca que parecía ser el preámbulo para arrojar el estómago completito.

Recuerdo aquella vez que como copiloto del hermano de mi amigo, iba yo sentado apenas a un metro de distancia. Se trataba de un muchacho regordete, de piernas cortas y con un cuello tan grueso como el de un paquidermo. Estábamos en pleno verano. Serían las tres de la tarde y el susodicho transpiraba como si estuviera en algún recodo de la sabana tanzana. Conducía por la ciudad y no había ningún lago cerca donde él pudiera sumergirse y aplacar ese olor fétido. Yo empecé con mi cuadro de desfallecimiento, a punto de suplicarle que se estacionara discretamente cerca de algún árbol donde pudiera vomitar. Desde aquella vez, nunca más, pude estar cerca de un hombre obeso y sudoroso.



Ayer por la tarde, camino a Vivanda, me encontré en el camino con mi cartero. Detuvo su bicicleta. Se me acercó cortésmente y en cuestión de segundos, una ola vaporosa y violenta atacó fieramente mi nariz. Me extendió la mano y las lágrimas ya habían empezado a recorrerme las mejillas y me era imposible pronunciar palabra alguna. Solo pude balbucear porque todas mis fuerzas estaban convocadas para contener las nauseas. El buen hombre expelía un olor a desmonte, a flores podridas, a espectro maligno. Sonreí, solo sonreí y acerté a mover la mano en señal de una despedida honrosa y educada.

Si Dios me manda al infierno, ya sabe cómo y con quién me pone en la misma celda.

    
Etiquetas: [anotaciones]  [familia]  [sociedad]  [vicho]  
Fecha Publicación: 2014-10-20T13:18:00.001-05:00

El lado paterno de mi familia suele convocar entusiastamente  a todos los miembros para celebrar ocasionalmente. Hay cumpleaños, misas de difuntos y matrimonios y demás.

¿Cómo decirles que a mi no me interesan sus vidas? ¿Cómo decirles que lo que ellos celebran, para mí no es motivo de celebración?

Ayer, la hermana de mi padre cumplía 90 años. Y la verdad es que me importó un carajo asistir.

La sangre o el apellido son atributos que ya han perdido vigencia. Son condiciones que a mí, ya no me condicionan. Una tía es menos que una vecina. Un primo es poco menos que un transeúnte de una avenida contigua a la de mi casa.

Algo sucedió en mí que me distanció de todos ellos. Siempre me gustó, y ahora más que nunca,  tomar control de mis afectos y rodearme solamente de ellos. Hoy, detesto lo impreciso de un parentesco. Con pequeños actos y actitudes he seccionado todo vínculo. Me he convertido en un apátrida de la historia familiar, un expatriado de mis raíces. Me he divorciado de toda mi genealogía. Perdonen, pero, a la mierda mis ancestros.




Es por eso que cuando veo esos reencuentros eternizados en fotografías y esas sonrisas y esos ritos, se me escarapela la piel y vuelvo gloriosamente a mi socavón personal. No hay más clanes artificiales en mi vida. Ya no cazo en manada. Conscientemente, de un homo-sapiens, me he convertido literalmente, en un homo-antisocialis
Etiquetas: [amor]  [amor de pareja]  [amor humano]  [reflexión]  [relaciones]  [relaciones humanas]  
Fecha Publicación: 2014-10-18T13:32:00.000-05:00


Por más que pasa el tiempo, en realidad aún no hemos aprendido de qué va el amor.

Estamos enredados en mil concepciones de él, en nuestras experiencias personales y en nuestras limitadas teorías. Cuando alguien te dice -te amo- habría que preguntarle qué es lo que concretamente entiende y quiere decir con esa afirmación. Mejor dicho, habría que preguntarle qué es lo que podría hacer o dejar de hacer, gracias al amor que le tiene a quien dice amar.

Esa creencia romántica de que se trata de un espasmo en el corazón o un vuelo colectivo de mariposas en el estómago son lo que más problemas han traído a nuestras relaciones amorosas. Las han convertido en baratas, problemáticas, erráticas e insuficientes. Reducir el amor a un sentimiento, es como decir que una playa del caribe es el océano entero. Creer que es un trueque emocional es como creer que el mundo es una juguetería a la que vamos con nuestra tarjeta de crédito a comprar osos de peluche.  




Mis años de vida y observación, me han demostrado que el amor, ese puro y medular, no tiene que ver mucho con los lazos afectivos y sensibleros. El amor que latentemente reclama nuestra existencia más básica, del que provenimos evolutivamente y al que de manera vehemente queremos regresar es un impulso que solo puede desembocar y consumarse en actos concretos y visibles.


No me importa mucho el amor, me importan los actos de amor. 
Etiquetas: [musito]  
Fecha Publicación: 2014-10-15T12:32:00.001-05:00
Mi Musito es -no lo digo yo, unánimemente lo dicen mis amigos- muy guapo. Y hay noches, mientras se pone a ver esos sus programas futurísticos que tanto me aburren, en que yo lo observo de reojo y me pregunto dónde exactamente reside su belleza tan explícita, si en su rostro simétrico, en su nariz recta, en su barba tupida y sedosa, en sus ojos color butterscotch, en su dentadura esculpida por Fidías, en su piel…




Nada de eso, el Musito no está hecho para mirarlo. Tampoco para escucharlo, porque él tiene como yo, sus persistentes episodios de silencio. Él está hecho para sentirlo como la brisa marina en un día soleado de playa, como un punto de azúcar en un platillo de la dieta mediterránea, como una vibración de medianoche en una calle desierta.

Con él, no quiero usar más la palabra belleza. Con él, ese concepto cobra un significado y una vida diferente y pierde su carácter abstracto y estético. Me quedo con su presencia certera, acogedora, invisible, detenida, mía.  


Sí, su belleza es mía.  
Etiquetas: [aceptación]  [filosofía]  [sentido de la vida]  [vida]  
Fecha Publicación: 2014-10-13T11:28:00.001-05:00



Hay quienes han tenido la vida más difícil que otros. No es mi percepción. Es un hecho objetivo. Podría muy bien, recoger evidencias para demostrar esta afirmación.





Unos hombres, desde su nacimiento han resbalado como por un tobogán lubricado, directamente a cultivar sus frutos. Otros han tenido que luchar durante toda su existencia contra la gravedad de sí mismos, contra la geografía de sus cumbres y lo desfavorable de sus entornos sociales. ¿Por qué unos simplemente dejan caer sus cuerpos y terminan llegando donde quieren, mientras que otros, tienen que entrenarse cada segundo, alinear sus músculos, alzar sus cervices hacia cumbres por escalar y que difícilmente coronarán?

Unos la tienen más fácil. Unos nacen con estrella, otros, estrellados.

Por más psicología positiva que haya, por más compendios y compendios de literatura motivacional y evangelios y ejércitos de optimistas y trovadores y vendedoras de flores, unos, parece que no han venido a este mundo para vivir, sino, para intentar vivir.


Por más que traten de convencerme de que en toda vida hay gloria y derrota, cal y arena, claroscuros, viernes y domingos, arcoíris y tormenta, cumbre y llanura; mi deducción final es que hay dos especies distintas: los hombres que nacieron para vivir como hombres y los que nacieron para morir como hombres.   
Etiquetas: [comunicación]  [divorcio]  [intransigencia conflicto]  [niñez]  
Fecha Publicación: 2014-09-25T13:26:00.001-05:00

Ella es una mala madre. Ella es una interesada. Ella es una ridícula. Ella es una insoportable. Ella es una egoísta. Ella es una intratable. Ella es una acomplejada. Ella es una loca.


Él es un mal padre. Él es un interesado. Él es un ridículo. Él es un insoportable. Él es una egoísta. Él es un intratable. Él es un acomplejado. Él es un loco.







He sido testigo de la intransigencia. Es decir, ese estado de inamovilidad de posiciones sobre algún tema que proviene de creer que solo yo tengo la razón y que es el otro quien debe cambiar su forma de pensar y su comportamiento. Seguidamente, se dedica a juzgar y calificar a quien no concuerda y no se aviene a esa razón.

No habría problema que la gente sea testaruda, si no hubiera en el medio, personas que sufren las consecuencias de esa resistencia. Como es el caso de los niños con padres divorciados. Es patético. Es penosísimo. Es injusto. Es cruel. Es todo un drama ver cómo todos los perjuicios recaen en aquellos, mientras que los padres no ceden ni un ápice en sus actitudes y punto de vista. Cada una de las dos facciones cree tener la razón absoluta sobre qué es lo que le conviene a los niños, sobre cómo deben ser criados y orientados, con qué valores, con qué normas y con qué recursos. Es entonces que se inicia el fuego cruzado donde las responsabilidades, culpas, compromisos, insultos y reproches impiden llegar a acuerdos, a conciliar, a hallar armonía.

La intransigencia no tiene su origen en una idea que se defiende tenazmente. Es el fiel reflejo de una emoción negativa arraigada contra el otro. No cede, no escucha, no considera al otro, desacredita su posición como mecanismo de violencia. No quiere convencer, quiere herir. Ejerce las cuotas sobrantes de poder que aún mantiene sobre el otro. Su irritación, su rabia, su animadversión, su resentimiento se libera con las ideas que no quiere cambiar ni abandonar. No quiere ganar, quiere que el otro pierda, aunque tengan que perder todos.


La flexibilidad no se exige, se practica. Cuando empiezo a cambiar yo, cambiará el otro. 
Etiquetas: [personaje]  [personajes]  [piel]  [relato]  
Fecha Publicación: 2014-09-24T12:42:00.001-05:00
El problema de la señora Rosales es su piel oscura. Siempre la odió, desde que en el jardín de infancia, la pequeña Helen, le gritó -india-. La señora Rosales podrá amar a sus dos poodles marrones y a sus nietos, podrá amar a su madre anciana, la que posa en esa foto tan bella, al lado del piano;  pero cuando de reojo se compara con otras, como sus vecinas; cuando su piel queda expuesta después de un baño caliente, cuando se la seca envuelta del vapor y la toalla blanca, ella odia a sus antepasados que le dieron esa sangre, ese gen, ese color.

¿Qué tanto puede importar la raza? Para la Señora Rosales, la vida misma. Se ofrendaría gustosamente a algún dios escandinavo por poseer un velo de seda rosado cubriéndole el alma que ha cultivado, sin nubes grises, sin esa tonalidad que parece una sombra eterna, sin esa vellosidad oscura, sin esos contrastes. Sus ángeles son rosados, sus vajillas son del color de la nata hirviendo, sus sábanas de ese lavanda suave, su cielo, su automóvil y su cotidiano éxtasis.

Su piel le recuerda la muerte y sus señuelos, sus duelos y sus amores frustrados. Ha vivido desencantada con la luz del día que revela  su imperfección. Nunca pudo verse reflejada ante un espejo como ella se sentía por dentro. En su pasado, desde que tomó consciencia, solo existió la luna colgando del espacio, pero sobrevivió enamorada del sol prohibido. La señora Rosales odió que solo la noche la abrazara.  


Su piel no es su piel, es ella misma.  


Etiquetas: [consuelo]  [duelo]  [melancolía]  [tristeza]  
Fecha Publicación: 2014-09-18T12:54:00.000-05:00


No es fácil vivir días como este en que se mezclan en un solo recipiente el pasado, el presente y el futuro. Uno no sabe si lo que se está pensando es un recuerdo o una ilusión. La respiración se convierte en expiración. Los ojos permanecen abiertos pero solamente se dirigen hacia dentro, como observando una danza taciturna y pausada que se dispone en las rugosidades del alma. Baila la vida. Bailan las vidas.

Si no se abrazaran los días como hoy, si no se confesaran, si no se escribiera sobre ellos, habría vencido la muerte. Asumir que aparecen la tristeza y los dolores en la vida, es un acto humano de valentía y humildad; pero sobre todo, es una declaración de paz ante la guerra, una abierta invitación a las próximas mañanas de eternidad y una ración de aire para tomar aliento.




Después de acariciarme y consolarme, me pongo de pie y continúo mi camino. Ha escampado, el día ha cedido su paso a otros días.
       
Etiquetas: [arte]  [creatividad]  [límites]  [ser]  
Fecha Publicación: 2014-09-17T12:53:00.001-05:00

Recuerdo que hacia los cuatro años, cuando ya estaba en “colegio grande” la profesora de entonces, como a todos los niños, me obligaba a no salirme de la raya al momento de colorear figuras. Llegué a dominar el pulso, a ser escrupuloso con los espacios y a diferenciar dónde intervenir con mis colores y dónde no.

Pero un día, decidí liberar mis impulsos, extender mis trazos, llevar el lápiz de color más allá de los bordes. Mis manos transportaron mis genios embotellados. Por mucho tiempo, una energía había sido controlada esforzadamente. Desconocí los límites impuestos y mis dedos se perdieron en el espacio abierto e infinito.


Para mi sorpresa, el resultado fue inimaginable. Del dibujo aparecieron estrellas, rayos, chorros brillantes de color en cielos desconocidos, figuras mitológicas con rostros desiguales, astros y florestas, un universo disuelto y nuevo a lo largo del lienzo blanco.


Ahí estaba yo, sin demarcaciones ni cercas. Captado y libre. Se desplegó una ignorada creación de mí mismo. La obra empezaba.  
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Fecha Publicación: 2014-09-16T12:33:00.002-05:00


Nunca he dejado de ser niño. No lo digo como reproche ni como justificación. A pesar de ser un tío que empieza a tener sus años, aún me entretengo las tardes de los sábados con mis juguetes de cartón, me quedo un buen rato deslumbrado mirando mis zapatos nuevos, dibujo avioncitos, me dan rabietas que concluyen a solas y con la puerta cerrada del cuarto de baño, ensucio las medias cuando camino por toda la casa descalzo, imagino castillos de cristal y árboles de chocolate…

Pero lo aflictivo es no haber llenado mis vacíos de infancia, esas ansias de que alguien descifrara mis dibujos siempre redondeados y multicolores que hacía a escondidas, de que alguien se quedara conmigo a cultivar habichuelas en el jardín y a cazar mariposas, en lugar de ir a jugar un partido de fútbol al parque. Lo que aún duele es que nunca me bastó el amor de mis padres ni hermanos, de compañeros de escuela, ni de tíos ni primos. Siempre fui flaco de cuerpo y corazón. Tuve una anemia que nunca conocí. Mi voracidad fue secreta, porque ningún afecto fue suficiente y nadie lo supo. Alguna parte de mi estómago siempre se mantuvo con hambre de abrazos, de caricias tontas, de simplísimos tequieros, de escuetos todovaestarbien. Fueron tupidas hiedras las que fueron convirtiendo mi desierto en selva. Crecieron por dentro y en segundos y en años, me aplastaron como los personajes en los dibujos animados.


Fui un niño que no fue niño. Pero hoy, soy un adulto que se quedó siendo niño. Aún permanezco en ese mundo donde no importa crecer, concebir ni proyectar, solo defenderse y seguir coloreando figuras abstractas. Sigo inventando historias para contarlas algún día a quien se siente a mi lado.