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Etiquetas: [deseo]  [entrevista]  [escribir]  [preguntas]  [vicho]  
Fecha Publicación: 2014-04-19T01:55:00.000-05:00
Erick, un amigo querido, me hizo las siguientes preguntas como parte de una tarea de su curso de Periodismo digital.


¿Por qué hablas tanto de lo gay?

Porque soy gay. Sé que a muchos la palabreja les puede sonar muy esnob o impropia. Pero todos entendemos bien qué es ser gay. Y yo especialmente lo entiendo, porque lo soy. Como parte de mi naturaleza, como si hablara de mis piernas flacas o mi voz ronca, igual, hablo de lo que me caracteriza, especifica y conforma.

Sin embargo, de la misma manera como no me paso la vida hablando de mis piernas flacas, tampoco me comprimo únicamente a ese rasgo de mi persona. Hablo de lo gay, como de los sacramentos de la religión católica, de las cucharas de madera, de los colores al atardecer, del arte del contrapunto de Bach, de la neurociencia y demás perlas de la humanidad.

¿Y hacia dónde vas?

Si te refieres a cuáles son mis aspiraciones personales, te digo que no deseo nada más que ser lo que tengo que ser. Necesito muchas cosas, pero deseo poco. Gran parte de mi aprendizaje personal ha estado dirigido justamente a diferenciar qué es lo que existe en este mundo para mí y qué para los demás. Me quedo con lo mío y lo ajeno, lo suelto.

Soy una flecha disparada que no persigue un blanco. Apenas he reconocido quién maniobra el arco, no soy yo.

¿Y qué necesitas?

A mi cuerpo con alma y a mi alma con cuerpo. A mi noche que espera el amanecer y a mi día que se prepara para el ocaso. A mi blanco y a mi negro, transitando con delicadeza por todas sus tonalidades de gris. A mis adentros y a mis afueras. A mis partidas sin regreso y a mis retornos sin haber salido nunca antes.

¿Y qué has necesitado antes que ahora ya no necesitas?

Ya te lo dije, a mis deseos. Ellos aparecen, pero soy yo quien decido si se quedan o si los dejo pasar. Ellos tienen vida propia, quieren imponerse, alzan su voz, se entremeten y a veces los dejo que permanezcan por una temporada dentro de mí, otras veces se van solos.

Los deseos hacen daño cuando son causados por emociones violentas y negativas, pero si provienen de un sentimiento provechoso y vital, son bienvenidos a quedarse. Si mi razón me advierte con nitidez que la consecuencia del deseo será destructora, cierro mi puerta, blindo mis accesos para que no entren.

Me suena un tanto ególatra todo lo que dices…

Si me estás preguntando si soy narcicista, te digo que no. Afortunadamente mi casa tiene pocos espejos y muchas ventanas de cristal que dan a la calle. El aprecio desmedido, no es precisamente algo que me caracterice. Todo lo contrario, te diría que mi autoestima no es muy alta que digamos. No creas todo lo que ves, o lees de mí…

Ok, gracias Vicho.
  

                                                                           

Fecha Publicación: 2014-04-18T00:25:00.002-05:00

Padre, a tus manos 
encomiendo mi espíritu
Lucas 23

Mil veces he encomendado mi espíritu al Padre. He agachado la cabeza. He cerrado los ojos ante Él. Acomodé mis músculos maltrechos de dolor y mordí mi limitada humanidad para liberar y dar paso a su misericordiosa divinidad.


Aprender que Dios es Dios y no nuestra patita de conejo de la suerte o nuestro analgésico, aprender que hasta nuestro espíritu que creíamos invencible tiene un tope, es una tarea para emprender todos los seres mortales. Tarde o temprano aprendemos la lección. Abajo se quedan nuestros envalentonamientos. Llega la Cruz a nuestras vidas y cuando ya no podemos respirar, sólo nos queda un poco de oxígeno para que precisamente esa voz apagada pueda apenas pronunciar: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

¿Y qué viene después?

No, no es la muerte como muchos pueden pensar. Para Jesucristo no es el anuncio fúnebre de que se aproximaba el fin o que sus fuerzas se habían acabado. No. Jesús conocía de su poder y podría haber bajado de la cruz si lo quería, con sólo haber movido su dedo meñique. Encomendarle su espíritu al Padre fue una proclamación más de su Evangelio. Era el anuncio una vez más de que una buena noticia se acercaba.

La noticia es simple: Que Dios Padre llega ciertamente ante el clamor de su hijo. Que Dios empieza a ser más Dios cuando el hombre termina de ser hombre y se deja a las manos de su creador. El Amor de ese Padre es presto. Apenas un hijo amado le dice que ya no puede más, Él convierte el escenario de dolor y muerte en uno de Esperanza.

En el momento más negro del calvario, en el preciso instante en que aceptamos nuestra fragilidad y extenuación, en que tiramos la toalla de nuestra suficiencia, de nuestra escondida arrogancia, de nuestros estúpidos engreimientos, Dios nos recuerda delicadamente la próxima Resurrección.

Ahí, al final de la Cruz, aparece la Esperanza de que hay más vida después de eso que ha dejado de ser vida. Se abren los ojos ante la tormenta y aparece el Padre de brazos extendidos, de mensaje redentor, de dulce acogida para bajarnos de la Cruz. Y así llega la Luz.

Aunque andaré en valle de sombra de muerte, 
no temeré mal alguno 
Salmo 23




Fecha Publicación: 2014-04-17T02:35:00.000-05:00



Jueves Santo: Podría recordar una lejana cena a media luz con pan y vino al centro de la mesa, a Jesucristo al lado de sus más queridos amigos, dedicándoles un gesto inusual: lavarles humildemente los pies. Sí, me podría quedar en eso, en una evocación, en un gesto lejano, en un relato enternecedor.

Pero algo ha sucedido en mí para que no me limite sólo a eso. Es mucho más. Es inimaginablemente mucho más.

Hoy se institucionaliza la Eucaristía, que es simplemente el acto más incomprensible y esplendoroso que podemos experimentar aquellos que hemos sido beneficiados con el don de la Fe. En ella no sólo representamos una escena. No es mero teatro. Es un acto presente y actual, efectivo y real. Es la entrega en la mesa de la vida de Jesús. Es la crucifixión misma sobre mantel blanco convertida en alimento para quienes nos cuesta vivir. Es la ofrenda de su Carne y de su Sangre, de su martirio y primordialmente la muestra de su Amor.

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Dar la vida voluntariamente no es cualquier cosa. No se puede entender con un cerebro pagano e insensible. Es la demostración más grande de lo que un hombre puede hacer. Cuánto quisiera yo ofrendar mi vida por aquellos que amo. Cuánto quisiera tener la oportunidad y la generosidad de imitar a Jesús. Tener esa dimensión de Amor en mi vida diaria.

Ya que no puedo, me queda al menos el sentido de ésta, la Eucaristía. A pesar de mis limitaciones para amar y perdonar, de lo raquítico de mi corazón, tengo el regalo de participar cada domingo -o los días que quiera- en esta ofrenda que es fiesta y unión, que es
regocijo y gracia. Comunión y alimento.

El Amor se tiene que celebrar. Puede convertirse en pan humilde que calma hambres y soledades. La Eucaristía está para esto. Para que yo sea testigo y me quede alguito de su inmensidad: que el mismísimo Dios se haga hogaza tibia y nutritiva para atravezar desiertos y caminos sin luz.



Gracias Señor, por ser Pan del Cielo traído a éste mi mundo.





Etiquetas: [empatía]  
Fecha Publicación: 2014-04-15T13:19:00.002-05:00

La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando. No es magia. No es una habilidad extrasensorial. No se trata como algunos creen, sentir lo mismo que el otro. Eso es imposible. Ser empático es observar al otro, leer minuciosa y naturalmente todos los lenguajes que están ahí, frente a nosotros: desde el rostro y la mirada, la entonación de la voz y el vocabulario utilizado, el movimiento de las manos y la forma de desplegar el cuerpo.  
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Fecha Publicación: 2014-04-11T01:05:00.002-05:00





Por nuestra parte, aquí estamos, buscando y rebuscando nuestro lugar preciso dentro de la sociedad. Hemos ido conquistando también, como las mujeres, a través de las últimas décadas, nuevos espacios, diáfanos y aireados, siendo lo que somos, libres de condenas y miradas feas. Luchamos contra la discriminación, la inequidad y contra cualquier acto público o privado que constriña el derecho que tenemos a realizarnos como personas integrales desde y con nuestra orientación sexual.  

Avanzamos en el reconocimiento de nuestros derechos civiles. Medio mundo ya acepta el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, penaliza la segregación y promueve la equiparación de oportunidades.

Hoy, como nunca lo ha sido en la historia del hombre, salir del closet es un asunto de dignidad, libertad y respeto. Claro, aún falta mucho pan por rebanar. Estamos muy lejos de ese paraíso de tolerancia. Las creencias siguen atornilladas y rígidas. Las mentes, incluso las nuestras, la de los mismos homosexuales, siguen auto-arrinconándose. Aún muy recónditamente, sin darnos cuenta, no nos auto-valoramos.

Y al no haber apreciación y autoestima, nos castigamos con miles de modalidades: desde la clandestinidad como ámbito de convivencia hasta el exhibicionismo desenfrenado, desde la negación hasta frivolidad extremada, desde el endiosamiento del placer como único recurso de supervivencia hasta la castración voluntaria.

Aun me cuesta y me seguirá costando sangre, semen, sudor y lágrimas el viaje pendiente arriba hacia la liberación personal. Aún prefiero las catacumbas y los calabozos. Aún tengo miedo de ser todo lo que soy. Aún miro desde la ventana a los transeúntes que van camino a sus propias vidas. Aún prefiero la comodidad de mi cama y todo el activismo que desarrollo en ella. Aún me pierdo torpemente entre la piel y las sensiblerías, en vez de dar la cara y el pecho para que me vean como un ser integrado. Aún me falta trabajar con mi propia libertad.

Porque la Libertad no es un fin último. No es cacarear bulliciosamente ni protestar para con ella sentarse en la cúspide de la montaña y mirarse al espejo. Es un medio sagrado para ser uno mismo y luego, salir al encuentro de los demás. Porque una libertad sin florecer y sin convertirse en bienestar, sigue siendo una prisión. Yo decido, aspiro y trabajo por la Libertad. No me la regalan ni me la encargan. Es el resultado de mi propia búsqueda de identidad, de vocación y reafirmación personal.

Mujeres y homosexuales, vamos juntos en esto. Pero vamos a destinos separados. Cada uno con su libertad, cada uno llegará a dónde quiere llegar.   
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Fecha Publicación: 2014-04-10T00:15:00.001-05:00
1. Sé que con la liberación femenina se consiguieron logros trascendentales, entre otros, el voto, la igualdad ante la ley y los derechos reproductivos. Allá por los inicios de la Ilustración, ya la mujer cuestionaba su condición de dominación y violencia. Se reasignaron lentamente nuevos roles dentro de la sociedad.

¿Cuál es su situación actual? En realidad, ¿Cómo se encuentra con respecto a sus libertades de género? Para muestra dos botones: diariamente y cada vez más, se incrementan feminicidios y maltratos físicos por un lado, y por otro, sus salarios persisten en un estado de patriarcado donde se discrimina y se le diferencia.

Antes, (apenas unas décadas atrás) todos sus comportamientos culturales y rituales estaban fuertemente encaminados a “conseguir marido”. No había mujer más afortunada que aquella que era “pedida” en matrimonio. Los hombres tenían la capacidad de elegir quién, cómo y qué atributos habrían de tener las madres de sus hijos.

Hoy las mujeres se sienten liberadas. Se llevan a la cama a quién quieren. Son libres sexualmente hablando. Si desean, permanecen solteras y sin el ejercicio de su maternidad.



Pero, me pregunto. Con toda esta proliferación de cánones, rutinas, modas e industrias que insisten en mujeres estereotipadas, ¿son de verdad libres? Lo que yo escucho, son mujeres literalmente esclavizadas con dietas, laceados y depilaciones, cirugías invasivas y no invasivas, maquillajes diarios y perennes, tratamientos dolorosos, auges y actualizaciones, modelos y mil procedimientos estéticos más. El otro día revisé una revista Vogue y me dio dolor de cabeza con todos los productos y servicios que se publicitaban ahí para que ella pudiese ser la mujer que se espera. Nunca en toda la historia de la humanidad, la mujer ha querido ser tan bella como ahora, nunca en la historia de la humanidad la mujer ha sido más obediente y sumisa a las reglas que otros le imponen del concepto de belleza.

¿Y quién le dice, quién le propone, quién le persuade a que tenga esas características? ¿Quién la convence que tiene que ser sexy, joven, flaca, lozana, seductora, sana, elegante, regia, fina y carismática? ¿Quién? ¿Otras mujeres? No lo creo…

¿Es eso lo que querían conquistar con la revolución feminista? ¿De verdad se han liberado? ¿Saben de verdad lo que es ser libre?

2. Ahora, ojeemos qué ha pasado con los homosexuales. Los colectivos LGTB, ¿de verdad hemos logrado liberarnos con sólo salir del armario? ¿Vamos camino a la anhelada emancipación con sólo adueñarnos de derechos civiles? ¿Nos basta esa formalización legislativa?
  


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Fecha Publicación: 2014-04-08T22:40:00.000-05:00
o tristeza post coital


Los hombres por naturaleza derrochamos mucha más energía que las mujeres durante el coito. Bueno, es lo que se suele saber. De ninguna manera se trata de una regla. Y yo, como se imaginarán, al comparar ambos géneros en su desempeño sexual, no soy precisamente una autoridad para afirmarlo o negarlo.

Sólo sé que por diferentes razones, propias de nuestra configuración, los hombres después de la eyaculación, entramos a un estado de inacción y hasta de pereza. Nos provoca estar a solas y luego dormir. Está en nuestra sustancia, ese bajón. Es una suerte de descompensación emocional y hasta química. Así funciona nuestra biología masculina, quedamos despojados de endorfinas.

Fito Paez, cantó eso del “amor después del amor” para referirse a la emoción post coital. Pero he escuchado contar a muchas amigas que se sienten durante ese momento, más sensibles y desatendidas por sus parejas y que no encuentran, la respuesta a su inmediata necesidad de afecto y cobijo físico. Se quejan. Sospechan una falta de amor en la relación. Se molestan. Y también, se resbalan a un grisáceo estado de soledad y tristeza.

Un amigo hace unos días me preguntó: ¿Y tú, cómo te sientes en ese “después”? ¿Vacío?


Debo reconocer que por mucho tiempo, con parejas relativamente estables tanto como en esos revolcones furtivos, no solo me quedaba postrado y en silencio, como dopado. También, me asaltaban sensaciones muy peregrinas e insistentes de culpa, de vacío recóndito, de irritación y hasta de suciedad. La escena de salir corriendo de la habitación hacia el baño en búsqueda de un duchazo, representaba muy bien mi sentir. Necesitaba yo abandonar ese aposento donde se suponía que  recién acababa de complacer y de ser complacido. Tras la eufórica satisfacción aparecía la insatisfacción.

Debo confesar que ahora ya no me pasa. Todo lo contrario. Si quieren, búrlense de mí, pero ahora, después del coito, me gusta orar. Entro repentinamente en un estado de serenidad. ¿Mística? Agradezco en silencio a Dios por concederme el don de gozar con mi cuerpo porque muchos no pueden hacerlo, de aligerar mis músculos -y mis rigideces- con breves espasmos, de comunicarme con otro cuerpo que como el mío, busca un exilio fuera de este mundo contradictorio, de hallar un recodo, una evasión a mi condicionada humanidad, de elevar temperaturas, de tocar otra piel que oculta un alma, de abrazar aislamientos físicos, de alegrar desiertos, de acariciar un miocardio a través de una extensa y dócil epidermis.

Discúlpenme una vez más si les sueno procaz, flemático, impetuoso, retorcido, raro, descocado. ¡Qué se yo! No. De ninguna manera quiero ponerme triste después de un coito que, como un relámpago en la noche oscura, ilumina mi tantas veces mustia existencia. ¿Quién me puede asegurar que Dios no está ahí? Entonces ¿Por qué estár triste?
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Fecha Publicación: 2014-04-06T22:21:00.000-05:00
Si conocen a alguien así, seguramente se enamorarán como yo. Esto es ser hombre. 

Etiquetas: [argumentos]  [cultura]  [homofobia]  [homosexualidad]  [matrimonio gay]  [sexualidad]  [unión civil]  
Fecha Publicación: 2014-04-05T13:48:00.000-05:00
Navegando en uno de esos foros de internet, encontré estas “joyas”. Son comentarios, debo suponer, de respetables ciudadanos peruanos que están en contra del proyecto de ley que plantea la Unión Civil de las personas del mismo sexo.
                                                                                 

Tengo que advertir tres cosas. (1) que he tenido que hacer algunas correcciones sintácticas y ortográficas, de lo contrario, no se entenderían. (2) que son absolutamente reales, de personas reales, de mentes reales. (3) son abundantes los que opinan en esos términos

Juzguen ustedes los siguientes argumentos.

·        “Así como piensan los gays, en un corto tiempo también querrán casarse entre padre e hijas, madre e hijo, entre hermanos. Y ¿qué dirían? -sí podemos tener hijos, nos amamos es nuestro derecho- Pero la mente humana debe saber diferenciar entre lo malo y lo bueno...Dios nos ayude.

·        “Podríamos también proponer la unión entre una vaca y una persona. Muchas personas que consideran a sus mascotas tan igual como uno mismo con capacidad de amar, inteligencia e incluso mayor fidelidad que la de muchas personas. Abramos la mente, Libérate, sé humano y piensa por ti mismo, esto no daña a nadie. Por qué no unirse con un perrito o una hormiga si el amor no tiene barreras, hace poco una persona se casó con un árbol. Debería permitirse que uno se case con una piedra también”

·         “Estoy totalmente en contra del homosexualismo, creo que el amor y el placer se debe dar sólo en parejas heterosexuales. Pero también estoy a favor de la ley de Unión Civil, es cuestión de derechos. En mi congregación la gran mayoría piensa así”


·        “Ésto no es más que genitalidad de la más obscena”


·        “Cuidado, laico no es tener licencia para cometer aberraciones…la retórica del invertido es: como hay malos heteros, se me da, licencia de contrabandear mis perversiones. La sociedad de primer mundo está enferma de valores, aquellos que desconocen la trama de los invertidos, caen en su juego, por ende subsumen el imaginario de los "progres"


·        “Lo hetero, es natural porque preserva la especie humana, está más allá de la religión y de tú anticlericalismo, lo invertido no. No se puede confundir género, etnia y bio-tipo, con desviación, en esa lógica, un zoofílico, un pedófilo te pedirán su reivindicación. Y esos que dicen que estamos atrasados, es según como se mire, los países del primer mundo están en crisis moral y sus taras quieren contaminar a tus desatentos incondicionales de militancia”

·        “… el PECADO esta en nosotros, un poder que nos lleva a pecar, de hecho o de pensamiento, y nos hace CARNE: el cuerpo más el pecado. Revisa lo que pasó con Sodoma y Gomorra y lo que pasa hoy en E.E.U.U. y Europa con el aumento de la homosexualidad: destrucción de las familias, personas materialistas, amantes de sí mismas, del dinero y de los placeres”


·        “Ni la lógica ni la democracia comandan este mundo. En algún momento San José Maria Escriba prevalecerá en tu espíritu sobre La Ética a Nicómaco”.

·        “Imagínate si el mundo pensara como los activistas gays, cuánto tiempo le daríamos a la raza humana. no es que estemos en contra de la homosexualidad, porque si existe es por una distorsión de la realidad, lo que no debemos es hacer apología sobre ella”.


·        “Tu exhortación a que seamos humanos es totalmente errada, querrás decir seamos inhumanos porque el término humano, que se deriva de homínido, se refiere a una especie que por millones de años ha actuado en función a sus instintos naturales, dentro de los cuales no se encuentran los matrimonios gays”.



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Fecha Publicación: 2014-04-03T07:00:00.000-05:00
Querida María:
El otro día fui a visitar el templo donde en mi juventud te llegué a conocer a cabalidad y con intimidad. Sabes bien que en aquel altar hay una imagen tuya muy bella que  representa tu aparición a Santa Catalina de Labouré. Cuando la vi, después de muchos años, inmediatamente pensé en ti. Pensé que no te gustaría mucho verte con esa corona dorada que han te han colocado recientemente.

¿Por qué tantos de tus devotos insisten en ponerte esas prendas y galas como si hubieses sido una suntuosa reina? Ya sé, ya sé que lo hacen como muestra de exultación y aprecio, que quieren obsequiarte con joyas y con sus propias expresiones de este nuestro mundo material. Ya sé que es una cuestión cultural, que no le debo dar tanta importancia…

Pero es que eso no eres tú. Me fastidia un poco. Te han convertido en un ser que no es de este mundo. Poco les falta para instalarte dos alas por la espalda o acompañarte con dos esclavos a los costados para que te abaniquen durante las tardes calientes.
                                                                                           

Para mí, tú eres precisamente todo lo contrario. Lo que me prendó de ti es todo lo inverso que veo en tus estampas y efigies. Nada de altares ni esplendores. Eres una mujer de pueblo, de vida difícil, una de carne y hueso que sufrió también los dolores al parir un hijo y que presenció su muerte desangrada. Eres como esas miles de madres que hoy ven cómo asesinan a sus hijos inocentes en las calles por unas cuantas monedas de porquería. Eres una de esas madres bravas y solteras que advierto por las calles, trabajando arduamente por amor a su familia, transpirando, con vestidos viejos y fuera de la moda. Eres pobre. Eres humilde. Eres una madre con los pies llenos de barro y sin pedestal de mármol que resistió los actos de humillación contra su hijo, quizás igualito a esas madres que conozco muy de cerca, que en silencio se requiebran de impotencia cuando insultan a su hijo gritándole -maricón muérete-

Tú representas la fortaleza ante la denigración humana y la crueldad. Pero sobre todo, representas la esperanza para quienes sufrimos al borde de los desiertos urbanos. Tú personificas a todos los que marchamos cuesta arriba, no a los que se creen superiores. Tú sabes lo que es sangrar a mediodía. Tú no eres una resentida, tú contemplas con bondad a los pequeños, a los ignorantes y a los que se equivocan de camino. Tú sabes lo que es decir Sí y aceptar sus consecuencias aunque pesen toda una vida. Tú no arrastras los sufrimientos, tú animas a vivirlos. Tú no tienes el gesto fruncido por las infamias ni las injusticias, tú caminas y caminas sin rencor. Tú no miras desde arriba, tú miras de frente a la cara.


Te amo María porque eres de las nuestras. Porque amas de cerca, con tu humanidad por delante. Porque amas con carencia, paciencia y fidelidad, con la misma piel que abrazamos todos, tus hijos hoy y siempre.
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Fecha Publicación: 2014-04-02T05:00:00.000-05:00
Con el aumento de los automóviles, los accidentes de circulación crecían de una manera alarmante. La gente estaba preocupada y angustiada. Pero un día un inventor afortunado ideó el espejo retrovisor, que permitía ver los coches que vienen por detrás, cosa que disminuía mucho el número de accidentes y de víctimas.

La gente se puso muy contenta y empezaron a instalar en los automóviles el espejito bienhechor.

Pero llegaron los moralistas y dijeron que los ojos están hechos para ver lo que hay delante y no para ver lo que está detrás. Que, por consiguiente, el uso del espejo retrovisor era contrario a la naturaleza y, por tanto, inmoral.

Gran tribulación y grandes discusiones.

Para salir del embrollo, acuerdan todos acudir a la reina. La reina nombra una comisión de expertos filósofos que estudien el asunto. Comienzan sesiones interminables. La gente espera y desespera. Pero los señores de la comisión no logran ponerse de acuerdo.
Entonces uno de los comisionados se arriesga a preguntar:

—Pero, vamos a ver, ¿alguno de los que estamos en esta comisión se ha puesto alguna vez al volante de un auto?

Silencio.

—¿Y no sería mejor dejar a los que conducen automóviles que nos digan lo que ellos piensan del espejito retrovisor?

Tomé esta historieta de humor del libro “Teología. En broma y en serio”. Me dejó pensando mucho y recordando a tantos de mis amigos sacerdotes que a menudo hacen las veces de consejeros sexuales, además de ser consejeros espirituales. Los aprietos en los que se meterán...

Sé del ánimo que les puede motivar para ayudar, consolar, guiar por los caminos de la santidad a sus feligreses, pero aquí hay un error práctico. Si yo quiero ser un especialista en carnes para la parrilla, creo que es un absurdo que pida consejo a un vegetariano. 


Eso me pasó cuando fui a preguntarle, a mi querido Padre Domingo, excelente teólogo y mejor sacerdote, sobre mis intrincadas tendencias homosexuales. Entre la confusión, la desinformación, y su sorpresa ante mi inesperada confidencia, en un arranque de autoridad, me ordenó que olvidara el "asunto", que descartara mis emociones y sensaciones como uno se deshace de libros viejos que estorban. Tú, de ninguna manera eres un homosexual, sentenció.
                                                                           
A pesar de que habría escuchado tanto en los confesionarios, era a todas luces, imposible que se imaginara siquiera de lo que yo experimentaba en ese momento. No era un psicólogo. No era un sexólogo. No era un homosexual. No era un hombre sexualmente activo -que yo sepa- ¿Cómo podría decretar una salida así tan rotunda y simplista a mi orientación?

A veces no basta la empatía para conocer lo que el otro puede estar viviendo por dentro, por debajo y por detrás, como era en mi caso.

Zapatero a tus zapatos. Desde aquella experiencia, comprendí que mis admirados, queridos y siempre acompañantes sacerdotes, están para tenderme otros tipos de puentes hacia Dios. Son hombres y como hombres, limitados. Son mis pastores en otras praderas. Son las manos atentas de un Dios que quiere estar vigente en el mundo material y actual como un ágape eterno. Pero no pueden más que oírme con paciencia de padre o hermano, amarme en mi individualidad, respetarme en mi dimensión erótica y nada más, en lo que a mi homosexualidad respecte. 
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Fecha Publicación: 2014-04-01T02:00:00.002-05:00

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Fecha Publicación: 2014-03-31T07:00:00.000-05:00
Che, ese tonito que llevás siempre, como compadeciéndote de todos los que vas conociendo por la vida, ya me está jodiendo demasiado.  

Escuché esa frase en el diálogo de una serie argentina y tuve que anotarla para no olvidar comentarla por aquí. 

Es muy cierta: muy real y habitual encontrar esas personas que van sintiendo lástima por todos. Son una suerte de Cruz Roja Internacional, siempre al servicio de los heridos de grandes guerras mundiales de todo tipo, unos bomberos con la manguera siempre extendida para apagar los incendios de corazones ajenos.

He tenido de eso. ¡Me van a decir a mí! He sido de uno de esos que actúan movidos por la tristeza, surtiendo con chorros de consuelo a mis posibles candidatos sentimentales. ¿Qué quieres de mí, amorcito? ¿Quieres que me inmole? Les ofrecía mis plumas tibias de gallina vieja para que los pobres pollitos solitarios viniesen a cobijarse debajo  -sí muy debajo- de mí.

Y por supuesto, las consecuencias eran nefastas: una secuencia de sujetos aprovechándose de mi siempre dizque “bondadoso y dispuesto” corazón. Porque si hay algo que abunda son hombres que piden a gritos, en silencio y en lenguajes inimaginables, que los amen como ellos quieren ser amados. Y por supuesto, por el otro lado, pululamos también aquellos que esperamos siempre que el otro nos diga  cómo amarles: queremos ser y somos los eternos complacientes.

Uno llega al romance cual chapulín colorado: a rescatar al otro pobrecito hombre, al menesteroso ese sin cariño que se acaba de conocer. Uno es un campeón, un superpoderoso que atiende cuitas, llena vacíos y sacia todos los tipos de sed.


Esa manía tan destructora y ridícula de pasar por la lástima antes del amor; la compasión como paso previo del amor de pareja. Algo así como: -te amo porque me das pena, porque mereces mi amor salvador-

¡No! ¡Nada de eso! No era yo ningún rescatador. O nunca lo llegué a ser. En verdad, en el fondo era yo el que buscaba urgentemente y como en las películas del viejo oeste, un rescate del siglo, uno de mi propia vida, de mi anodina existencia. Buscaba alguien que llene mis huecos y huecos, que me haga sentir útil en el amor, que le dé sentido y fecundidad a mis  días escasos de afecto. Yo me engañaba y engañaba a otros incautos mostrando un personaje colmado de amor por dar. Pero era todo lo contrario:  era yo con lenguajes contradictorios quien imploraba que me amen. Mis entrelineas no siempre eran decodificadas y se generaba un círculo vicioso, el juego de un roto con un descosido, un remedo, una caricatura del amor.


Y ahora, después de haber remado muchísimo, puedo decir que me he ido curando poco a poco y liberando de ese síndrome del rescatador empedernido. Ahora, no quiero consolar ni recibir consuelos. Solo quiero amor, del maduro, del libre, del que se da y recibe sin arreglos bajo la mesa, del que no está compuesto por un mártir y un indefenso. Un amor donde ninguno se sienta jodido. 
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Fecha Publicación: 2014-03-23T02:32:00.000-05:00
Estate en paz contigo mismo

Hay días en que un instante se convierte en un compendio recién estrenado de toda tu vida. Una imagen o un color o una brevísima melodía asoman como finos expositores de tus emociones habituales. O una voz ajena suena como tu propia voz: la que callas, la que no tiene ningún eco.  


Es lo que me ha sucedido con los tres minutos de este bellísimo vídeo de la canción compuesta e interpretada por Bill Fay, quien ha sido durante este fin de semana, mi amable compañía y fiel traductor de todos mis mensajes mudos.





At the end of the day
aint nobody else
gonna walk
in your shoes
quite the way
you do.
So be at Peace with yourself
and keep a spring in your heel
and keep climbing that hill
and be at Peace
with yourself.


In the cold winter chill
when the wind blows like hell
theres a way
where theres a will
dont cry over
milk that spilt.


At the end of the day
aint nobody else
gonna walk in your shoes
quite the way that you do
so be at Peace with yourself
and keep a spring in your heel
and keep climbing that hill
and be at Peace with yourself

(At the end of the day
aint nobody else
gonna walk in your shoes
quite the way that you do
so be at Peace with yourself.
keep a spring in your heel
keep climbing that hill
and be at Peace with yourself)

Etiquetas: [contracorriente]  [contracultura]  [reflexión]  [revolución]  [romper moldes]  
Fecha Publicación: 2014-03-21T09:00:00.000-05:00
Después de que por décadas asumí deberes de manera voluntaria y también -¡mucho veces!- de manera impuesta, poco a poco me ido quedando con muy pocos de ellos. O quizás con uno solo: con el deber de obedecerme a mí mismo. Quiero decir con esto que mi más fuerte imperativo se ha reducido a atender mis llamadas morales más apreciadas, esas que tienen origen más incierto, esas que se reconocen con el intelecto pero que se cumplen con la intuición.

Hoy, rebelarme es una acción entrañable e incierta, pero urgente. La contracultura me resulta tentadora y convincente. La ordenanza de hallar nuevos caminos de expresión y autodefinición, más allá de los cánones sociales, ha ido creciendo dentro de mí como un monstruo hambriento. Hoy mi deber no es menos que desplegarme yo y mi propia bandera hacia nuevas tendencias y formas de ser. Un nuevo aire está por volar.

En una época de borreguismo, la contracultura es la obligación de todo ser pensante. En un mundo uniformizante y pautado, lleno de moldes e hipocresía, es imperioso rescatar tu propia individualidad por muy imprudente que ésto pueda llegar a ser. Destruir lo dominante es, dramatizando la figura, un destruir a los demás para no destruirse a sí mismo.

Necesito sobrevivirme. Ya han hecho mucho conmigo. Ya han tratado de imponerme guiones de masculinidad, de asignarme roles sociales, de decirme qué decir, cómo vestir y madurar, cómo hallar placer -y con quién y con qué partes de mi cuerpo hacerlo- qué mostrar y qué esconder, con qué coro cantar, cómo andar y cómo detenerme dentro de la multitud, esa que llamamos Sociedad.  


No es un capricho mío, ni una moda pasajera. Es un insondable llamado a la conservación personal. Una obligación de autorizarme y definirme. Es mi deber sagrado, mi labor de hoy. Porque lo esencial, lo escribió Sartre, no es lo que han hecho del hombre, sino lo que el hombre hace con lo que han hecho de él.

Esto que quisieron hacer conmigo es precisamente lo que me estimula hoy a ser diferente, es mi acicate más eficaz, es mi bebida energizante del momento.

Ahí voy. Como el salmón con su fino olfato reconociendo su río natal para luego remontar la corriente. Como el niño inquieto y revolucionario que se niega a conducir su bicicleta por las aceras y en cambio prefiere la experiencia de esos caminos no trazados. Como mi vecina del tercer piso que a sus setenta años ha decidido volverse a casar.


Hay algo que ha caducado en mis valores y mis costumbres, en mis rutinas y mis creencias. Hoy me estoy atreviendo a un nuevo sistema de felicidad. He abandonado las calles y mis libros de consulta, los magazines y mis ídolos de carne para convertirme en mi propia versión reeditada.

Fecha Publicación: 2014-03-20T14:21:00.002-05:00
Para los miopes, resistentes al cambio, intolerantes, haters, ignorantes, prejuiciosos que se pasan la vida rajando de la Iglesia Católica y machacando y criticando los temas de siempre, con todo mi aprecio y respeto les recomiendo este vídeo. 

Sería bueno que sepan que habemos católicos que la pasamos disfrutando de la vida, con los pies bien puestos en la tierra y con el corazón lleno de Dios.

Con ustedes: Suor Cristina Scuccia. Ella es uno de los nuevos santos de nuestro tiempo.

Etiquetas: [aborto]  [anti aborto]  [derechos]  [madre]  [prejuicio]  [reflexión]  [sufrimiento]  [vida]  
Fecha Publicación: 2014-03-20T12:32:00.001-05:00
A raíz de la “Marcha por la Vida” que han organizado diversos grupos y colectivos vinculados a la religión católica, quiero hacer algunas consideraciones:

Aunque me acusen de ser un relativista moral, no me importa; en la discusión de defender  o no la vida desde la concepción hasta su fin natural, soy hombre que va a tientas, escuchando posturas y testimonios, que no afirma ni niega nada. En otras palabras, soy renuente a quedarme con una sola verdad o un punto de vista con validez universal.

No hay una línea recta -como algunos se empeñan en creer- que separe los buenos y los malos. Los que defienden la vida del que está por nacer a toda costa y que propugnan los peligros del aborto, no son los únicos buenos; y por otro lado, los que en líneas generales, defienden los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, su salud y su futuro, tampoco son los únicos buenos de la película. La verdad y/o bondad de estas posiciones, no tienen un carácter absoluto.

El extremismo no ayuda en nada. Si queremos valorar la vida humana de verdad, pues habremos de extender conceptos y ampliar alcances de este problema. Habrá que abandonar creencias y discutir hechos concretos, consecuencias y aristas.

Pienso mucho en el concebido y sus derechos, aun en los casos de que éste sea el fruto de una siniestra violación. Pero con la misma dedicación, reflexiono sobre todo lo que rodea a la madre embarazada de un hijo no deseado, en sus problemas e intereses. Ambas partes, merecen mi total respeto, mi delicado análisis, mi compasión y consideración.

Yo tuve hasta hace poco, en líneas generales, una posición primariamente anti-abortista. Hasta que un día, mientras unos alumnos en clase de Ética, eligieron exponer su posición conservadora y vigilante, doctrinal y contraria sobre el Aborto. Yo, que estaba sentado cerca de la puerta del aula, me percaté de la salida intempestiva de una muchacha. Mientras la exposición continuaba con argumentos e imágenes crudas que habían seleccionado los alumnos de cómo se practicaba un aborto, me levanté y le di el alcance afuera. Le pregunté si se sentía mal. Con un semblante desencajado, tembloroso y humedecido por sus lágrimas, me contestó: -disculpe profesor, este tema es muy hondo para mí- y se retiro. No necesité más detalles.


De vuelta a la clase, no pude conducir finalmente el arribo a conclusiones ni pedir otras opiniones. Acabé convencido de la complejidad y sensibilidad del tema, que cualquier despliegue de razones del tipo que sean, a favor o en contra del aborto, no llega ni llegará a solucionarlo ni a comprenderlo como se merece.  

Me prometí nunca más ser parte de una polémica simplona y apresurada, como las que predominan en los medios de comunicación.

El aborto voluntario, como muchos otros temas, no es cuestión de consciencia o legalidad. De vida o de muerte. De derechos o de condenas. Es de sublime empatía, de esa que nos falta tanto como Sociedad y que desde mi vivencia personal, solo Dios, el mismo Creador y Padre nuestro, puede acertar. Todo lo demás, me suena a riñas callejeras, ignorantes e incompletas.  



Etiquetas: [amor]  [ayuda]  [burroughs]  [dolor]  [resistir]  [sufrimiento]  
Fecha Publicación: 2014-03-19T16:01:00.001-05:00
Les propongo algo. Visiten una sala de emergencia en un hospital cercano en donde llegan pacientes aquejados con intensos dolores físicos de todo tipo. En la mayoría de los casos, llegan acompañados de sus seres queridos. Unos los toman de la mano. Otros, oportunamente permanecen abrazando o sirviendo de apoyo, para poder mantenerlos en pie. Por otro lado, ¿Cómo será vivir algo así estando a solas ? ¿Se resistirá igual el dolor?

En un escenario como este, se resume la historia de la humanidad o el natural acontecer que significa vivir. Vamos siempre, una y otra vez, cayendo en situaciones de emergencia en donde el sufrimiento asalta nuestra existencia. Hoy quiero llamar a estas situaciones, conflictos humanos. Salir, caminar, tropezar, trabajar, emprender, vincularnos, acarrean conflictos, que nos agotan, nos deja sin aliento y desaniman.

¿Qué será lo mejor para enfrentar estos momentos difíciles que a todos en algún momento nos tocará enfrentar? ¿Cómo lidiar con nuestras emergencias? ¿Cómo sobrellevar nuestros conflictos?

Respondo: con una mano que nos sostenga. Así de simple. Con un alguien que nos ame.

De manera veloz, recorro con la memoria los varios sucesos tristísimos que he tenido que vivir. La muerte de mi mamá, es uno de ellos. Y sin duda, reafirmo que no los hubiera podido resistir sin esos, mis seres amados -los verdaderos y reales- que me mostraron su mano abierta y entregada. Sólo el amor, algo que está científicamente probado, reduce nuestra sensación del dolor y las amenazas ante el peligro.


He recordado a un poeta, William Burroughs que hace mucho tiempo atrás, decía a la letra: No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. Sólo conflicto. Y la única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. Amor.


Etiquetas: [chisme]  [reflexión]  [relato]  
Fecha Publicación: 2014-03-18T12:20:00.001-05:00
Entre las múltiples ventajas de estar a puertas de publicar un libro, está el que esas personas que dicen preocuparse por mi vida, ya no me preguntan cuándo me caso, si pienso tener un hijo o si al menos estoy “saliendo” con alguien. Ahora, que creen estar más informadas de mis circunstancias, me preguntan ¿Cuándo sale tu libro?

Esa tía Telma, tan impertinente ella. Esos amigos de mis papás que levantan la ceja cuando me preguntan cómo estoy. Esos extraños-conocidos que se me acercan escrutándome el tic-tac del corazón y el despacho de mis genitales; el día de hoy, tienen un tema más para su interrogatorio.


¿Para qué tener a esta gente en tu vida? En verdad, para nada. Es axiomático: ni me interesa sus vidas ni quiero que les interese la mía. Por eso, evito todos los eventos “familiares” en los que se espera mi asistencia.  Evado invitaciones en las que no esté muy claro el motivo de celebración, reencuentros; y hasta los funerales: hace mucho que muchos, ya están muertos...

Mi mamá me decía en tono de reclamo que yo no tenía más familia que mis amigos. Y le contestaba que sí, que ahora sólo compartía mi vida y el tiempo de mi vida con aquellos con los que yo decidía compartirla. Porque una cosa es querer saber, consistente y habitualmente, los pormenores y marchas de alguien que amas; y otra muy distinta es el chisme disfrazado de cariño y la búsqueda de la comidilla como práctica social.   


Esos preguntones, esos curiosos, esos cotilleros, esos que dicen interesarse en mi devenir personal por cariño y devoción, tendrán que ser los primero compradores de mi próximo libro. Ahí encontrarán todas las respuestas que quieren. 
Etiquetas: [bisexual]  [bisexualidad]  [consejos]  [gay]  [honestidad]  [infidelidad]  [lealtad]  [parejas]  [relato]  [salir del closet]  [sexo]  [traición]  
Fecha Publicación: 2014-03-14T13:20:00.000-05:00
Con qué descoco me contó que tenía novia, pero, que buscaba casi con desesperación un hombre con quien verse de manera periódica y a escondidas o para salir por ahí, a hacer “cosas de hombres”. Si el candidato tenía una novia, era mejor aún.

Cuando escucho una declaración de este tipo, me quedo en silencio. No sé nada, no opino nada.

El asunto aquí no es la bisexualidad de este singular individuo. Tampoco la inminente infidelidad. Esas son dimensiones humanas que no me escandalizan a estas alturas de mi vida. Lo que de cierta manera me hiela la sangre es ese desdoblamiento tan evidente, esa aparente liberalidad que disimula una inseguridad, un miedo a ser lo que de verdad se es.

¿Podrá haber amor -ese genuino- donde se esconden deseos irrefrenables por otro? ¿Cómo pasarla bien con alguien sabiendo que otra, a quien dices amar, vive permanentemente engañada? ¿Cómo sobrevivir y convivir, compartir y gozar con quien no te conoce a cabalidad?

Y recuerdo que él me propuso intentarlo conmigo. A lo largo de la conversación se desplazó delicadamente al terreno de la seducción. Creyó que me cautivaría esa complicidad o ese velo de lo prohibido,


Para él, su vida y su directa convocatoria era una manzana roja y apetitosa. Estaba extendiéndome grácilmente su mano para que yo la asiera y me dejara conducir hacia los pasillos subterráneos de su escindido circuito.

En otros tiempos, cuando para mí, ser y vivir significaban residir en catacumbas, quizás podría haber accedido. Pero ahora, ya no. Hoy por hoy, amo con las ventanas abiertas. Mis sentimientos y deseos sexuales pueden aparecer temerariamente en primeras planas. Ya no podría condenarme así. Ya no me maltrato ni dejo que me maltraten. O respiramos juntos aire puro o nada. Los balones de oxígeno los reservo para los moribundos, no para mis amores.


Esa manzana ofrecida como suculenta y jugosa, sin duda, guarda un gusano por dentro que crece y al ser ingerido emponzoña y mata lentamente. Ya no estoy para morir de amores, estoy para vivir de amor. 
Etiquetas: [amor]  [amor de pareja]  [entrega]  [musito]  [orgasmo]  [placer]  [relato]  [sexo]  [sexualidad]  
Fecha Publicación: 2014-03-11T01:42:00.000-05:00
Hay instantes en mi vida amorosa/sexual que no sé cómo describir, porque son situaciones límite de mi turbulenta humanidad y de mi siempre persistente razonamiento. Las palabras no alcanzan. A pesar de ello, intentaré hacerlo:

Me quedo mudo cuando veo la dedicación de mi Musito por proveerme de placer al momento de hacerme el amor. Su mirada, sus latidos y sus poquísimas frases entrecortadas me revelan su entrega absoluta a mi satisfacción. Él se pierde, a fin de que yo me pierda en el éxtasis. En ese instante, toda su voluntad queda enfilada unidireccionalmente para que yo consiga el más fuerte orgasmo. Vigila cada porción de mi cuerpo. Estimula cada uno de mis poros.


Hasta me preocupo en ese sagrado instante de que se consagre tanto a mí gozo. Musito no pide nada a cambio, sólo el verme trepar y llegar a la excelsa cumbre. Cuando terminamos, al final de mi dulce estallido, me llega a agradecer por permitirle complacerme así. Y yo, me quedo confundido, sin poder comprenderlo.

Me cuesta mucho explicar lo que sucede en él. Mi deducción es precisamente lo que me deja así, perplejo, bendecido, feliz: Él quiere surtirme con esa delicia que condensa el sexo practicado, simplemente, porque me ama. Por los conductos de mi cuerpo, él ingresa apasionadamente y me contiene por dentro y por fuera, para conducirme al infinito por segundos y ahí, quedarse a solas conmigo como si fuera para siempre.  

Su recompensa es amar mi placer y su placer es amarme. Y así, sin pensar, sólo sintiendo, ofrendado, fascinado, enceguecido y resuelto, queda plenamente feliz.

Amar, hace feliz a uno.
Hacer el amor, hace feliz a dos. 
                                          
Etiquetas: [carisma]  [consejo]  [magnetismo]  [marilyn]  [portero]  [sonreír]  [sonrisa]  
Fecha Publicación: 2014-03-10T13:12:00.000-05:00
Cuando uno llega, él está sentado en su modernísimo y pulcro escritorio. Se pone de pie. Abre las puertas. Acompaña hasta el ascensor. Suele preguntar: -a quién busca usted-  Siempre acompaña sus movimientos, palabras y labores con una sonrisa.

Es el portero del edificio donde vive mi amiga Corchis.

Ya lo he mencionado a varios de mis amigos que vamos de visita. Éste muchacho tiene un no sé qué. ¿Será un magnetismo aprendido o será natural?

Podría asegurar que no ha sido entrenado para tener ese trato con los propietarios y visitas. Es lo que se llama, un don natural. Un evidente carisma.

Tener carisma (charis) para los griegos era tener un favor o un regalo. Más adelante, éste concepto fue incorporado por los cristianos como un don gratuito que concede Dios a un individuo para el beneficio de la comunidad.


Lo cierto es que hoy por hoy, es un concepto difuso. Escuchamos la palabra en el uso cotidiano, en las ciencias políticas, en los medios de comunicación y en el multifacético universo de nuestras relaciones sociales.

Sin duda, es un conjunto indefinido de muchos rasgos en la personalidad del individuo que se exterioriza en su comportamiento,

En mi vivencia personal, ha sido un criterio fundamental a la hora de congeniar o no con las personas. Es una medida subjetiva que utilizo cuando en poco tiempo tomo contacto con alguien por primera vez. Detecto si para mí, lo tiene o no; y seguidamente, reacciono de acuerdo a esa detección. El carisma de mi interlocutor, condiciona mi respuesta. A cómo distingo, contesto.

He desarrollado una teoría, una fórmula, una propuesta práctica para rescatar desde lo profundo de nuestra naturaleza aquella cualidad de gracia y atractivo personal que eventualmente todos tenemos escondidos. ¿Cómo ser carismático en una sola lección? ¿Qué es lo que me puede convertir consiguientemente en una persona carismática?

Mi conclusión es sonreír. Sonreír -no reír- en todo y siempre: cuando hablamos, cuando regañamos, cuando nos quejamos, cuando sabemos y no sabemos, cuando pedimos, cuando negamos, cuando elogiamos, cuando preguntamos, cuando criticamos, cuando saludamos, cuando venimos y nos vamos, cuando exigimos, cuando discutimos, cuando atendemos, cuando desafiamos, cuando nos defendemos, cuando atacamos.

La sonrisa es la válvula de ese aire fresco que llamamos Carisma. Ella hace magia en nuestras relaciones. Aligera la atmósfera. Suaviza y acaricia. Y es que todos, sin ninguna excepción, tenemos un corazón ansioso -a veces lesionado- que aguarda una gota de rocío del otro que viene en forma de sonrisa.

Sonríe. Inténtalo aunque alguien te engañó diciendo que no tienes encanto. Sonríe, complace con tu sonrisa a los demás y recogerás sus frutos. 
Etiquetas: [amiga]  [amistad]  [honestidad]  [infidelidad]  [lealtad]  [seducción]  [traición]  
Fecha Publicación: 2014-03-06T13:15:00.000-05:00
Qué churro es tu esposo, amiga mía- le dije con naturalidad

Y mi amiga se fue molesta, indignada conmigo. Creo que nunca más me dirigirá la palabra. Desde ese mi supuestamente inofensivo enunciado, ella me trasladó a su lista negra, me impuso la tajante etiqueta de competidor, quizás, de enemigo.


Dicen por ahí que hay cosas que no se deben de decir, que es políticamente incorrecto, que es mejor callar.

Pero, pensé que era mi amiga, que me conocía bien y que sabría que yo jamás haría nada malo en contra de ella, de su afianzada relación. Fue una honrada exaltación de la belleza externa y masculina de su esposo. Nada más, nada menos: como si le elogiara el ramo de flores frescas que colocó en el jarrón de su casa.

Además, no tengo el poderío ni la anatomía para competir con otra mujer. Tampoco soy un come-hombres, ni un interesado en comprar mercadería separada. No soy un ladrón de maridos. No soy traidor.

Y menos, en el supuesto negado de que el susodicho pateara con los dos pies, no soy un imbécil ni descarado para inmiscuirme con un turbio estafador.

No, ex-amiga, estate tranquila. Cuando como un suculento y jugosos churrasco, nunca lo comparto ni con mis amigas. No dejo sobras para nadie.

Etiquetas: [cuaresma]  [cuaresma 2014]  [Dios]  [espiritualidad]  [reflexión]  
Fecha Publicación: 2014-03-05T01:45:00.000-05:00
Se inicia la Cuaresma y yo...

Muchos, además de no saber bien de qué se trata este periodo litúrgico que conduce al mundo cristiano hacia la Pascua de Resurrección, la tachan porque prefieren que no exista un tiempo de reflexión. Sólo agendan en su año días como el de la primavera, de los enamorados, de las brujas, de la cerveza, pero nada que tenga que ver con la interiorización. Aquello que invite a recogernos o recorrernos por dentro o que nos invite a descender a nuestros socavones  más tenebrosos y reprochables, es mejor ignorarlo.


Vivimos una cultura de la evaporación, de perdernos en medio de la multitud, del bullicio, de la epidermis. Nos escapamos de las heridas que sangren a escondidas, de recuerdos ingratos, de faltas cometidas voluntariamente, de infracciones profundas. Y por eso, la Cuaresma apesta, porque inspecciona en nuestras propias pestilencias.

No es por dármela de chico bueno. No es porque me crea un ser alado. Pero cuando inicio este periodo, siempre comienzo por aquellas cosas que no hago. Mis omisiones son las que más me pesan. Apenas reviso mis últimos tiempos de vida, me aparecen en la memoria, las veces que mi amor ha sido anémico, que mi generosidad ha sido calculada, que mi caridad se ha quedado en puras buenas intenciones, que mi mirada fue vacía, que callé cuando debí acariciar o denunciar con palabras, que excluí a Dios de mi vida cotidiana.

En mi vida, la imperfección humana precisamente se evidencia como ausencia del amor humano. Aunque suene incomprensible, cuánto más me aparto de Dios, menos hombre soy. Por eso, asumir las impurezas que disimulo y evado, es como podar amablemente un arbusto una vez terminada la temporada de cosecha.

Sin duda, quiero ser mejor. No sé cuánto más podré ser. Pero comienzo en este tiempo de Cuaresma con un breve repaso humilde y honesto de todo aquello que me falta.

 "Venid, pues, dice El Señor; y razonemos juntos"
Isaías 1:18


Etiquetas: [Dios]  [llamado]  [responder]  [salir]  [salir del closet]  [vicho]  [vocación]  
Fecha Publicación: 2014-03-01T00:20:00.000-05:00
Estoy a punto de dar un salto. No es un salto al vacío. Casi podría decir que no es un salto voluntario. Es una reacción refleja a un conjunto de estímulos que la Vida, poco a poco se ha encargado de enrostrármelos.

Desde el comienzo de este año, una inquietud me movilizo el ánimo y la mente. Apareció una insatisfacción por todo lo poco o lo mucho que he conseguido hasta este momento en el ámbito profesional. Algunos le llaman un llamado interior. Yo más bien, lo describo como una seductiva convocatoria del mundo externo, del Cosmos, del Infinito, de Dios.

Como un manso resorte, yo sólo respondo a un proceso físico. Un pequeño empujón y una voz silenciosa me han sacudido y ordenado a que camine hacia otros rumbos.

Tu tiempo ha llegado. Es tu hora. Camina. Trota. Busca tu velocidad…


Ni me atrevo a preguntar hacia dónde iré. He aprendido a obedecer confiadamente. Sólo sé que el destino final será el remate congruente y el desenlace de esta inédita novela que es mi vida. No sólo cumpliré esa tarea para lo que estoy preparado, sino para lo que simplemente estoy creado.

Pronto, muy pronto dejaré de ser solamente el Vicho que escribe, el de recintos pequeñas, el de auditorios a media luz, para tener un nombre y apellido.

Deséenme suerte.