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Abbas Kiarostami es muy respetado en el mundo con su cine de rasgos mínimos que suele despertar análisis apasionados, argumentados con solvencia y bajo cierta creatividad (que por supuesto no es solo para con él sino uno puede verlo con respecto a distintos directores y películas, que es aceptable desde la libertad y subjetividad del mundo), siendo un autor al que no pongo en duda su genio ya que viendo su anterior película, Copia Certificada (2010), uno se da cuenta de que en realidad puede ser también vistosamente complejo cuando así lo quiere, sin embargo sí que la mente de ciertos especialistas argumentan de una forma “distinta” de lo que en realidad presenciamos y se debe a dos factores, uno que el espectador promedio no suele ser tan audaz, no digamos mezquinamente que no tan inteligente ya que el cine de autor por más arduo, abstracto o minimalista que anhele ser aunque necesariamente coherente en sus reglas no está hecho tampoco para Sócrates ni Platón sino para un cerebro educado pero normal, y dos que no todos sentimos el mismo entusiasmo por la misma película, lo que decide si habrá o no esa empatía que nos permite ver lo que otros no pueden o en su lugar bajo el mismo enamoramiento asumirlo mediante la apreciación ajena.
Se dice que te hace trabajar el intelecto con el implícito de que tú debes desarrollar las ideas a través de su mirada cotidiana y sencilla. Porque lo que va en pantalla, las imágenes que observan nuestros ojos siempre son algo básico, que aunque vivencial y existencial ya que atañen a la esencia, lugar y dificultades del ser humano se resumen en pocas líneas. Y la presente sigue ese orden, se trata de un hombre viejo instruido, un nipón clásico, que mediante el favor de un amigo, un ex alumno de una cátedra de muchos años atrás, le proporciona una cita con una joven y bella prostituta, que en medio de dos días de reunión, conversación y diligencias amables del solitario anciano se topa con su novio, y de ahí surge el conflicto, ante la elíptica revelación.
En el Festival de Cannes 2012 no fue recibida con aplausos la presente obra, por el contrario no obtuvo respaldo, y es que la intención de Kiarostami dista de la vieja usanza sin ser distinto tampoco en su estilo y expresión embellecida siempre por una estética preciosista en un discurrir calmado, sino la de colocar su ironía sobre lo que anuncia el título, el amor, y en esa geografía mental vemos a un viejo creyéndose sabio, vivo y comprensivo (en la madurez de la experiencia como recalca ante la posible petición de matrimonio del mecánico, en una performance corporal pacífica y encantadora de un acertado Tadashi Okuno, completo en ello y que solo rompen algunos diálogos vanidosos/falsos o reacciones adversas con la buena vecina) tratando fina y delicadamente a una prostituta como si se tratara de su verdadera nieta o un amor platónico e ideal con la que solo quiere compartir un poco de vino, una sopita de su ciudad natal, algún diálogo intrascendente, unas sonrisas educadas, sanos e inocuos consejos que no hieran ninguna susceptibilidad, un poco de compañía que rebata su soledad y su necesidad de interrelación femenina ante su vejez (en la devoción de la belleza), mientras paga su tiempo (sexual en el papel que se quiere afectivo) con dinero, lugar que nunca se menciona ni se ve pero que es obvio (al servicio del propósito), revestirse de un aura de inocencia y de hipocresía, de dulzura, de cierta timidez y recato salvo cuando la historia nos permite ver quien es ella realmente aunque de forma sutil (cuando le pide al traductor, escritor, catedrático y sociólogo que la caliente en la cama medio en juego y pidiéndolo como en ruego amistoso o cuando teme que le haya contado de su oficio a su crédula aunque tensa pareja). Y todo el filme es un canto de burla enmascarada hasta el final apoteósico donde el sarcasmo es altisonante e ineludible, revelador, dominante aun viendo que en lo que precede la historia se vive seriamente. Mandando al demonio toda la mentira y no digo ante la desilusión porque el tono predominante debe tenerse por “dolidamente” jocoso como el de la música de fondo (del mismo nombre de la realización en un canción de Ella Fitzgerald) que choca contra la verdad de los hechos presenciados haciendo de acertado contraste para lo que implica el desenmascaramiento del leit motiv del filme. Ante una piedra en la ventana (ese es el clímax que algunos no ven o que es atípico a nuestras convenciones visuales, la secreta filosofía que suele eludirnos o no sintonizamos en algunas oportunidades, como ese inmanente destino del poblador iraní que bajo el yugo del absolutismo esta condenado a la derrota, individual, ante el poder y el amor) en ese hombre que yace exaltado y enajenado como en la imitación simbólica de un Jack Torrance (mención especial de un tercer puntal talentoso en el actor Ryo Kase) que grita que le abran la puerta, que nada va a pasar, que no hay que temer y todo anuncia violencia y dolor, que se esconden en el metraje, en esa sutilidad, en ese recurso mínimo que hace del cine de Kiarostami su identidad y que no puede ser más idóneo para revelar esas convenciones, esos eufemismos y ese romanticismo tan pasado de moda en nuestra contemporaneidad desde la que parece solo una anécdota o un retrato de la vida misma de tanto cariz universal donde como dictamina el título aún obras como Tabú -sin ser todas malas sino como la de Miguel Gomes en buena parte destacada- seducen a la crítica, que en lugar de reír con esta propuesta se desconcierta o se niega a golpear un poco al ideal y a la ensoñación, a aceptar un poco el ridículo en cierta interpretación amorosa, y confieso que yo desde mi humildad –porque ha sido uno de esos días de afinidad- lo he hecho como nunca más que con cualquier comedia superficial, efímera, alevosa e infame. Sino con un Kiarostami que puede ser corrosivo sin ser tan flagrante (no hasta el desenlace), en su esencia, en sus límites siendo inteligente y mostrando arte, lo que puede ser un pretexto para explayarse en una crítica contra cierto romanticismo y vacuidad. Toda una película ralentizada enfocada en un encuentro de dos días ambientada en Japón, con partes como el trayecto hacia la estación donde aguarda la abuela, el instante melancólico, momentáneamente auto-reflexivo y auténtico del conjunto que parece engañarnos (una escena larga hermosa con la máxima expresión del rostro emotivo de la actriz Rin Takanashi), que nos despista para llevarnos hacia el cadalso del ideario general. Donde caímos rendidos (aplaudiendo).
En enero del año pasado, el 2012, murió Theo Angelopoulos, cineasta que fue un intelectual del arte, a la altura de Tarkovsky o Bergman, y yo diría que a veces hasta más complicado de ver. Su cine siempre despierta ideas, utiliza una forma de expresión que en parte se vuelve críptica o nos hace trabajar para darle un significado. En esta oportunidad escribimos sobre una película que le valió la palma de oro de 1998.
Como es común en él se trata de un viaje, ya que el cine de Angelopoulos nunca dejar de ser nómade, es una continua búsqueda ante la realidad del siglo XX. Y versa en el contexto de su patria, Grecia, y se asume desde la contemporaneidad pero utilizando abstracto y externo al filme el pasado glorioso de la otrora civilización origen del occidentalismo para vivir lo que sucede actualmente con su nación, de la que se dice vivir una próxima muerte, es decir un deterioro con un rumbo anunciado, como la enfermedad terminal de Alexander (nombre que no parece casual, griego por antonomasia en la historia universal) quien remite a su sociedad, a su cultura en particular, quien alega serle complicado amar, mientras se anhelan nuevas formas de expresión, todos rasgos de nuestro director entre manos, un afecto ineludible pero fuertemente autocrítico sobre su patria y un deseo notorio y notable sobre nuevos análisis y arte introspectivo, próximo, filosófico.
Anímicamente como nota el niño, el huérfano albano perdido en las calles de Grecia, hay una melancolía oculta, pero el ánimo del filme es como nos comunica el poeta de otro siglo, la vida es dulce, y ese espíritu es al que se afianza la trama, y la forma, aun estando sometido el protagonista a la fuerza del dolor y la nostalgia, de mirar en el pasado y sentir nuestros más profundos afectos porque en el hoy nos han abandonado en cierta parte, y es que sin embargo mañana es la eternidad, el mundo no acaba (la muerte no es el final). Y la confabulación secreta de un vecino repitiendo la música que nos gusta, la alegría de la ama de llaves viendo casarse a su hijo o conocer y compartir, ayudar, a un niño solitario, reflejo de nuestra realidad también solitaria, solo que yacemos en el final cuando él es el comienzo de un viaje nuevo, otro distinto pero con ciertas semejanzas, ya no hacia la expiración sino a la vida, ambos desconocidos y que como se dice provocan miedo, es hallar ese dulce existencial y general, esa nueva expresión, como los músicos tocando en el ómnibus mientras afianzamos la felicidad tan efímera para con el padre putativo y su vástago, mientras vemos cansado a una activista político (lo dejamos de lado en ese momento).
Bruno Ganz es Alexander, un poeta que no suele terminar nada y que no quiere ir al hospital a escuchar su sentencia, un soñador que se identifica con un héroe romántico pero decidido que vuelve a su tierra a generar el cambio aun sin saber el idioma, a arengarlo poéticamente, porque ama su país, porque como expresa Alexander solo vive en él aunque los seres humanos seamos extranjeros de todo lugar, extraños en la existencia. Ganz no articula la tristeza en su rostro, más bien predomina un aire neutral si se quiere, y aunque muchas veces yace apagado o meditativo, su sonrisa brilla más que cualquier otro sentimiento y se impone aunque sea solo en apariencia. Como cuando ve a su madre (la que aparece constantemente y puede ser un sucedáneo de la historia clásica de Grecia) o a su mujer que le pide un día de atención (que puede ser que simplemente viva), la que ahora conscientemente es su vida, de la que sabemos poco en realidad, de su desenlace, pero porque subyace en la perfección de su memoria cuando ya no le queda casi nada, cuando ella lo ha sido todo. La película es también una bella historia de amor y de recuerdos.
La obra de Angelopoulos tiene de simbolismo, intelectualiza bastante, tiene varias lecturas, pero también conmueve, está cargada de cariños, la relación entre el poeta y su patria, la de Alexander y su mujer que es su temple, o con su progenitora y su niñez, o la de esa familia numerosa que visten de blanco que remite a la pureza del recuerdo en un bello paisaje, la playa, otra esencia transparente, viva. Como a su vez la de la trama central que despierta bastante sensibilidad, la del pequeño recogido por Alexander quien no puede dejar de ver por su bienestar, darle un camino, o la del mismo chiquillo con su amigo muerto atropellado al que le dedican un ritual afectivo en medio del fuego y la dolida declamación.
El filme no solo es sabio y noble sentimentalmente sino tiene poética, el bardo griego de otra época que compra palabras para rellenar sus necesarias arengas muy fáciles de entender y de reflejarse, los flashbacks vestidos en luz, en gestos, en colores, en alegrías, la “intromisión” del tiempo pasado en el presente o viceversa en su unión en el vehículo (como dos hombres que son él mismo) o en las múltiples apariciones del viejo Alexander en ese día de playa, de lluvia y de refugio. Como de otra inevitable participación a la que se enfrenta el relato, la del sufrimiento, la de la verdad viviente, no obstante en el ecran se hace menos de lo que invoca, pasando a ser más una cavilación sutil. Y es el trabajo más visto y entendible de Angelopoulos pero que ostenta su esencia, su continua elucubración, su estilo, debajo de una más empática historia.
Recrear la historia del poeta anterior a Alexander es algo sumamente creativo y sin perder el hilo de la forma que se ha elegido, siendo algo sencillo pero completo, que agrega al conjunto. Que nos permite conocer al protagonista que vive arraigado al pasado, tanto con su hija como su esposa y que debe esperar el fin, con la continuidad que pervive en la tierra en la acción para con el niño, que se pierde en la ilusión del comienzo y de lo diáfano. El hombre mira el mar, el amor llama. Es la conclusión de una etapa, como los muchos hombres que se suceden, los dos poetas, ahora es el turno de vivir del pequeño (el país también se renueva). Un temprano actor que en un momento explica una anécdota y lo hace con solvencia, que demuestra talento ya que parece mucho que recordar para un niño y este lo hace con la recreación emotiva pertinente, en la misma expresión de Ganz, pacífica y controlada. Que en la película nos hace pensar en la calma de la trama sin faltarle el ritmo sino más bien esta vez es más digerible, y no es como acostumbra el director al que nunca le fastidió el tiempo en sus propuestas. Y es que su arte y entrega es absoluta, y por ende Theo Angelopoulos es inmortal, es el mañana, la eternidad y un día, un hombre y un genio.

Película que corre el peligro de pasar desapercibida pero que es muy atractiva y que no resulta complicada aun llevando una notable reflexión sobre la vida, en un aura bastante entendible como suele ser el cine americano, y este aunque es escocés lleva toda la esencia del cine anglosajón mundialmente popular que se suele o se quiere imitar, y se hace destacadamente por medio del talento y audacia del director británico David Mackenzie en una propuesta sencilla y con actores conocidos que despiertan simpatía, que pueden contener las distintas emociones que se requieren, que son sensuales, convincentes en representarnos en general y exudan química natural. Una buena conjunción, de lo más idónea para acarrear un público que no sea exigente, tranquilo, y dejarle pensando, apreciando más la pequeña fortuna de lo que damos por hecho, los privilegios que no solemos notar y que hacen tan fantástica la existencia, porque a pesar de una realidad que por lo general golpea a todos de alguna forma existir es tan grande y es algo que debemos valorar. En el filme no se usa ningún mensaje de estilo fácil en conmover y sacudir la mente pero el resultado es ese, sino más bien se fusiona la verdad del mundo, dolor y placer, amor y odio, mientras acaece un sentimiento muy humano pero en estado extremo, el miedo, el hambre, la rabia y la pasión, luego se pierde un sentido, el olor, el gusto, el oído, la vista. Lo “particular” de padecer esta extraña enfermedad que anuncia el fin de la humanidad, tema muy repetido en la actualidad, es que al poco tiempo de sufrir una perdida se intensifica el anhelo de subvertir esta ausencia y volver a empezar, renacer y buscar nuevas formas que suplan el sentido ido, siendo en parte algo normal el aura de sobrevivencia, de la naturaleza que se amolda a continuar, pero que ostenta una alegría especial que rejuvenece, que busca y encuentra nuevas aristas y que brilla incluso un poco más ante la noción de que se sigue vivo y hay que remontar la caída. Un optimismo notorio que se mueve bajo la catástrofe, digamos que la realidad, que no teme ser dura y que combina tragedia y efímera pero significativa felicidad de manera que suele ser difícil de afrontar pero que se hace. Un mensaje muy sano y poderoso que llega gracias al empaque, menos naif que lo que se acostumbra, menos ilusorio, y es que aunque no se puede negar su noción de fe a prueba de todo tantas veces eludido por un descreído espectador contemporáneo, destila melancolía, algo muy humano sea dicho también. Explayando sensibilidad pero junto con ambigüedades, complejizando y exhibiendo algún grado de malicia.
El filme es romántico, hay una importante historia de amor en la trama que se absorbe dentro de una filosofía mayor que engloba el paradigma y leitmotiv de la película en las relaciones afectivas no solo entre seres humanos sino que simboliza el nexo con todo lo tangible del mundo, cómo afrontar/ver la vida. Una bella epidemióloga, mujer independiente y muy contemporánea, solitaria frustrada por varios pasados novios que la han abandonado y un bien parecido, seguro y exitoso chef que es medio bastardo como se le dice ante su frialdad en las relaciones en donde manipula a las mujeres pero no las llega a querer o hacerse responsable se enamoran mientras juntos son sacudidos por la epidemia. En su relación chocan los sentimientos naturales de todo lazo serio amoroso pero visto desde la ciencia ficción que más es un recurso para cavilar, descubrir la realidad tal cual en algunas lecturas hermanas, una básica y trascendental es desde la dificultad de relacionarse con una pareja, como mantener la pasión, confiar en el otro, jugar y disfruta del amor, vencer los miedos, ser fuerte y transparente, abrirnos, mejorar, sentar bases firmes aunque no sea fácil, aunque se tienda a una cierta derrota futura, y se hace a través del énfasis de algo atípico que hace lo mismo que haría el tiempo o la incomunicación entre otros en otras circunstancias. Por ejemplo los gritos en la ira que dicen verdades dolorosas o la representación de las cambiantes necesidades que van acercándose, sea el desnudar el alma para seguir alimentando la percepción, el aire de entusiasmo, o gozar y compartir cierta superficialidad tan importante.
Otra lectura valiosa se da en el entorno, en ver como gira el planeta luchando contra lo caótico y desesperante, como se comporta la gente frente al que parece el lento apocalipsis, o al menos el fin de los tiempos conocidos, su adaptación, su multiculturalidad, su resolución, su pesimismo y su revitalización. El filme nos enseña dos tipos de ser humano, el que destruye y engrandece el abismo ante la desilusión o la dureza y el que construye en los embates de la existencia. Hay una bella retahíla de imágenes retenidas de tipo artístico que enumeran el placer, como a su vez otro grupo pero móvil en estados de violencia, muy fidedigno y evocativo, muy subyugante y realistas en su propia clasificación. Después hay un aura chocante e histriónica en cómo se dan algunas exaltadas emociones producto del padecimiento epidémico, como en el caso de la gula en que se comen flores, se toma aceite de cocina o se tragan pescados/carnes crudas de forma grotesca hasta inducir el vómito. Sin embargo los hay más inicialmente sutiles y graduales como el enojo y el amor ya que el miedo es toda una novedad y llega completamente como una sorpresa, y estos hasta se confunden con la relación de pareja que sobrellevan Susan (Eva Green) y Michael (Ewan McGregor), es la superposición del conjunto que ya entendemos de que va, y del que nos queda un bello y poético desenlace, en la influencia positiva o no de lo que nos rodea en lo que no deja de ser una historia atrapante que se puede disfrutar además mucho de forma directa.
Un rasgo también del filme, aún muy a pesar del mundo, del dolor, es que sobrevive la nobleza y cierta invocada inocencia, aunque el pesimismo sea tan poderoso. Y es que mientras viva si el hombre quiere nunca estará vacío, como en el filme, aun perdiendo la batalla contra los sentidos. La oscuridad no es el fin. En una distopía que termina despertando el ideal.
Si no eres romántico podrás absorberlo desde una necesidad que invoca en la historia presente el disfraz de la espectacularidad salvaje y enigmática en un devenir que implica la tergiversación de la pasividad, porque serlo como se puede ver en el filme está en toda esencia, en el lugar correcto o menos pensado, y no hay que rehuirle.
El director inglés Peter Strickland ha hecho un filme de terror poco convencional, al punto de que si nos pasamos esperando una trama de horror con un asunto por resolver/enfrentar se nos irá la película. Es una propuesta que gira totalmente sobre un estudio que pone sonido a un giallo de los 70s, para lo que se contrata a un especialista británico, de personalidad tímida y muy bien educado, Gilderoy (Toby Jones), un típico hijo de su patria, pero que colinda con la locura fundiendo su vida con la de su trabajo.
El filme de estilo psicológico nos permite conocer casi didácticamente como se realizan los efectos de sonido de una película de terror al estilo popular italiano en un contexto donde se está elaborando una historia salvaje con ritos satánicos, asesinatos, brujas y demonios, que aunque no nos deja ver un ápice de sangre nos imbuye en sus parámetros, sugiriéndonos todo el panorama (durante el metraje casi podremos armar toda esa película “elíptica”). La que ostenta un realismo que parte del poder de la imaginación, en un estado de consciencia inducida. Pero tratándose de algo leve en sus efectos para con el espectador distraído, que si nos concentramos puede ser hasta perturbador, ya que hay que vivir a través de Gilderoy, compenetrarnos con pequeños momentos del filme. Dentro de que mejor prueba de que la música se asemeja al cine, según palabras de Tarkovsky. En un estado de despertar el sentido de nuestro oído, viendo el artificio con lechugas, sandias o algún recurso audaz que imita hechos concretos que son muy duros de experimentar como de los cuales salir indemnes. La trama subyace en el miedo sensorial.
En la película hay un estado de inquietud a veces discreto que es la mayoría y a otras más flagrante –en donde se palpa aparte de lo anecdótico, o el rumor, a través de la vivencia de lo común dentro del estudio- que se da sin dar ningún golpe violento visual, en que no solo se nos brinda a través del personaje que limita con la demencia sino bastante por medio de detalles, cotidianidad perdida en el limbo (casi sin tiempo), en parte en lo onírico, y bajo la composición parcial, siempre de piezas constitutivas que van armándose hasta robar el alma de la existencia del protagonista convirtiendo en un hecho la fantasía. Dentro de un conjunto sutil en un ambiente que es lo más importante de la película, los gritos de las actrices, el espacio claustrofóbico del estudio, su perenne oscuridad, el hogar mental de Gilderoy, que a un lado parece estar en su casa y luego yace en el lugar que dicta el título, viéndose incluso dentro de la proyección del giallo que están haciendo. De lo cual ya no distinguimos uno de otro, apoderándose el filme de su cerebro. La (temida) araña que pasa de una mano a otra muy pacíficamente, la carta evolutivamente decadente de la madre sobre unos gorriones (ultimo bastión de cordura), el someterse a la luz de las velas, la tensión entre los compañeros, los abusos sexuales impunes, la desconfianza general, la pasión de los participantes que creen demasiado en lo que hacen.
Lo que plantea Strickland es un homenaje en toda claridad al giallo desde la paradójica noción de hacer lo opuesto en lo que en si es. Contrarrestando sus defectos como la exageración, su sencillez, efectos baratos, el mal gusto o la brutalidad en un filme inteligente, austero y en cierta forma elegante. En donde pesa o exalta artificios sugestivos como en ese aviso luminoso de silencio, como quien augura que ya viene el pánico en una constante promesa incumplida, que yace generando intriga frecuentemente. La expectación es un alarde del filme, pero sin agotarnos.
La presente realización puede entenderse como una argucia argumental explicativa que se basa en la forma complementaria. Se podría tratar sencillamente de un tratado revelador de cómo hacer un filme determinado si no fuera porque asume las características de relato de horror. Con un Toby Jones que implica en su apariencia ambigüedad, inseguridad y maleabilidad, atributos que revelan ser parte del dominante ambiente, el verdadero jefe de la trama, él y la atmósfera son uno, los dos grandes personajes de la propuesta.
Si uno espera algo extraordinario vendrá la decepción, no va de explícito o algo claro, y es que este terror se mueve en lo mínimo, principalmente en lo discreto o en lo indirecto. Si nos engañamos esperando algo enfático en lugar de poner de nuestra parte no apreciaremos el filme que a su modo es especial, funcionando en el artificio constante del detalle que es indisoluble del conjunto, que es el conjunto.
El maltrato de Gilderoy y de su entorno es como la historia de una crónica de una muerte anunciada, es la alimentación de vivir en un lapso de rareza, la pasividad que lo absorbe todo. Y es cuando le dicen que se abra, en un rato significativo, cuando es demasiado tarde, lo que sale es la secreta esquizofrenia, estando atrapado en la película. Dice un personaje que lo que están haciendo se basa en algo verídico, que ha pasado, y que hacen historia, que la perennizan en pantalla, que no es solo un cuento de terror. Que mejor explicación de lo que es el filme en cuestión. En un cine dentro del cine, en una cámara de espejos.
El Teatro Larco presenta esta obra teatral de Woody Allen, en la dirección de David Carrillo. Cuenta con 6 actores, dos del taller que dirige Carrillo, Plan 9. Una, Emily Yacarini, en su debut sobre las tablas como la esposa del protagonista, de Allan, y la otra Vania Accinelli, en su segunda incursión teatral como las muchas mujeres que se quieren conquistar. Sumando en el elenco, Manuel Gold, Alina Ferrand, Joaquín de Orbegozo y Pietro Sibille.
Como comedia de Woody Allen no se explaya con facilismos efectistas pero no rehúye la broma clara y directa pero en general inteligente, que gira en derredor al que puede ser un alterego del mismo autor, un tipo neurótico que tiene dificultad para relacionarse con el sexo femenino y que tiene de perdedor redimido. De superhéroe del tipo nerd que se burla de su esencia culta y que solo quiere adaptarse al mundo. Allan Felix (Manuel Gold) es nuestro tipo, que al ser abandonado por su esposa, se ampara en dos de sus amigos, un matrimonio, Dick (Joaquín de Orbegoso) y Linda (Alina Ferrand), para tratar de rehacer su vida sentimental, sin embargo en el trayecto Allan descubre muchos parentescos con Linda, la cree su alma gemela, con la que se entiende, se relaja y es tal cual pudiendo mostrar sus cualidades, y aunque con reticencias propio de su temor al rechazo y viendo la situación especial, más por casada que por el vínculo de amistad con su marido, decide revelarle su atracción hacia ella, con la particularidad de que quien le da consejos de hombría, seducción y lo anima es el famoso actor Humphrey Bogart (Pietro Sibille).
Estamos ante una obra que tiene buena comedia pero de forma tranquila, puede parecer incluso que carece de chispa que no es así, salvo de esa común que todo lo ve intensidad y hasta vulgaridad, pero que tiene buen ritmo, fuerza aun sin explayarse con vehemencia. Aunque Manuel Gold en especial le pone mucha consistencia y para ello requiere explotarse a sí mismo, casi agotarse, y poner entusiasmo si bien los personajes de Allen padecen de una falsa apariencia de desánimo ya que en su interior ocultan mucha energía y a la postre hacen mil piruetas y actividades de las que se creían dispuestos.
El gancho es Bogart y es más eso. Imitarle aunque le funciona a Sibille con esa voz engolada de autosuficiencia con la palabra hembra como en un noir a tiro de gatillo (constante) y su facilidad a abofetear a las damas embrutecidas por la pasión amorosa que él destila, no es lo espectacular que podría uno pensar.Es un añadido intrínsecamente resaltante pero visualmente siempre tiende a fallar, entre comillas, siendo más simple de lo que uno se cree, pero es algo natural, ya que en el filme de Herbert Ross sobre la adaptación de esta obra también pasaba lo mismo, dándole a la oscuridad de las facciones el realismo y símbolo que evocaba el icónico actor de Casablanca. Llegando un momento en que pasa a ser algo muy secundario y es lo que se intuye se quiere ya que fluye la historia sin él en muchos casos, mostrando más la personalidad del principal que es la verdadera sustancia o aporte del conjunto. Se trata de un Allen usando a Bogart para brillar, para que se pongan en acción sus cualidades intelectuales, a través de la broma ligera del cuerpo desgarbado, con lentes y contrario a lo atlético, algo tangible, que pasa y se ve literalmente, pero que también es una idea que subyace por debajo. Donde en su historia predomina el sueño romántico de vivir la experiencia de Casablanca, de convertirse en ese seductor que nace de un tipo realmente poco agraciado físicamente como era Bogart, el que relucía en la personalidad y seguridad de sus heroicos y audaces papeles. Es imitar el ente de reflejo y matar al padre en una nueva creación, el anhelo global del arte que cambia de representantes o que los diversifica. Y en ello hay redondez, perfección en colocar lo indispensable recurriendo a la repetición o derivación de la esencia del personaje, en moverse en sus cuadrantes con firmeza. Una nota en que Allen demuestra estar muy consciente de sí mismo y que exhibe un ingenio gigante cuando se bromea con los lugares comunes de un neurótico dando el conocimiento de un mundo nuevo para el espectador pero que se prevé se mueve en aguas conocidas en el relajarse con su propia idiosincrasia. Pero se hace de una manera sutil y sin carga de ningún tipo, como quien no se lo cree y es seguramente una desnudez discreta. Y de lo observado que muchos quieran ser de esa forma, sentirte una especie de extraño héroe dentro de la sociedad contemporánea, un antihéroe urbano sin más drama que tus propios dilemas e interrelación humana, y eso que si vemos con atención Allen muestra dificultades que son como para desanimarse (cuando en una cita destruye todo alrededor), sin embargo todo ese llegar a un fondo es como un trampolín hacia el cielo, porque tras la caída, lo que viene siempre es ganar y a qué medida.
El escenario es el de un apartamento, el de Allan. Después los sueños o hipótesis del protagonista aportan solvencia. En especial algunos efectos muy ingeniosos, como el de Nancy la esposa con un “nazi”. También un aporte es que hay mucha belleza en poco espacio, seductoras figuras femeninas en estado natural y otras más cómicas, en donde se lucen bonitas piernas. Alina Ferrand en especial aun interpretando un solo papel – que claro también lo hace bien Vania Accinelli en una soltura multifacética elogiable- que tiene pocas obras en su haber pero demuestra entrega, simpatía, atractivo y una decente actuación. Como Orbegoso que no solo tiene buen aspecto físico sino que tiene su toque de talento y hasta resulta gracioso, notorio en un momento cuando hace un berrinche. Mientras lo del dedo en señal de positivo se hizo constante como marca de identidad o tic de comedia fácil pero no funcionó en absoluto, una reiteración bastante boba. Sibille tenía un papel complicado, asumir a Bogart, pero se manejó bastante bien en lo posible siendo a vista de todos y sin caer en la caricatura. Gold sobrellevó toda la obra, no será una luminaria como actor pero su naturalidad para la comedia es indiscutible, no teme ser tonto y lo hace bien. Para la presente tiene un cierto nivel. Ostenta además imán para hacerse estimar, sobre todo cuando no quiere pretender ser atrevido o lo es de forma inocente. Le sirve cuando roza pero no traspasa el límite, cuando se contiene y en esta obra sencilla, calmada acierta bastante; va con el fondo y no le queda grande la obra, la sostiene aun siendo Allen un tipo relajado que en su estilo no es pretencioso. Yacarini cumple, lo ha hecho muy bien pero sus intervenciones son menores, todavía pasan un poco desapercibidas en general aunque el papel tampoco es que sea jugoso en realidad sino algo funcional en lo visual, más pegado a lo abstracto o a lo que significa donde es el objeto mental a superar y rebatir, el que incita a pensar en la derrota y en la proclividad a ella.
Ha sido una obra entretenida, de eterna juventud, que dura hora y media sin interrupciones en un tiempo que uno lo pasa felizmente, muy bien, y que resulta altamente refrescante, lo cual de vez en cuando se agradece bastante.
El orden del mejor cine moderno coreano va primero con Kim Ki-duk, seguido a continuación de Park Chan –wook y en tercer lugar a la par vienen Lee Chang-dong con sus sublimes dramas, Bong Joon-ho con su originalidad y Kim Jee-woon en el atrevimiento de abordar distintos lugares. Este último cuenta con siete películas y 2 segmentos en colaboraciones grupales.
The Quiet Family (1998)
Su ópera prima es entretenida, de espíritu joven, francamente salvaje, cómica en un humor negro ácido pero fácil de asimilar; la cual le saca la vuelta al terror burlándose y rompiendo todo género (incluso el amor se presta para el juego como en un posible romance que se convierte en un intento de violación que desencadena risa y violencia), llegando a explotar un lado dramático pero siempre irreverente, con lo que se nos entrega el arranque y el descubrimiento de alguien audaz a quien seguir indefectiblemente. Sobre una familia que tiene un albergue de campamento en las montañas y que tras la desesperación inicial de querer y no tener clientes finalmente los consigue pero implican suicidios y homicidios que deben ocultar perennemente. Cuenta con dos figuras muy importantes del cine coreano, Song Kang-ho y Choi Min-sik que por entonces andaban en el comienzo de sus carreras.
The Foul King (2000)
Su segundo filme no sería tan genial como el anterior pero sigue siendo sumamente entretenido. Sobre un tipo atormentado por su jefe que descubre el deporte de la lucha profesional, con la que remonta su cariz de perdedor ganándose la admiración del entorno, como de su padre que lo menosprecia, aspirando con mayor facilidad a una novia y sintiéndose personalmente mejor. En un motivo de vida que visto con gracia se disfruta con una cálida sencilla reflexión. Song Kang-ho en su natural simpatía, tontería y soltura sería el protagonista. La película no se toma muy en serio y esa constante extravagancia y espontaneidad de su trama funcionan logrando cautivar sin mayores pretensiones.
Three (2002)

Cuenta con tres segmentos sobre el género de terror, el más flojo aun en un contexto exótico y folclórico bastante atractivo, por culpa de darle un tono de telefilme con escenas sobreactuadas, insípidas y melifluas es el del tailandés Nonzee Nimibutr. El de Peter Chan es el más ingenioso aunque tenga una que otra falla, como con el atropello donde a leguas se ve que es un muñeco el cuerpo arrollado o pensando que mantener un cadáver en buenas condiciones durante mucho tiempo suena imposible, sin embargo asumir desde un inicio un contexto de rapto, desaparición, necrofilia y resurrección paga y mucho el visionado. Después nuestro director, Kim Jee woon trabaja sobre una historia bastante conocida que se engrandece con su arte y creatividad dándole un toque críptico, denso y complejo a una marcada ausencia, en que se crea un enigma continuo hasta un final redondo. Estéticamente tiene detalles terroríficos y un tono lúgubre oscuro (tirando a un cromatismo verdoso/azulado a ratos) manidos que se agregan a un centro como artificios que brindan sobresaltos que yacen bien ejecutados pero son algo arbitrarios (hermosamente macabra la caída de los dedos amputados en el lavabo). Se trata a todas luces de explotar algo pequeño, y el resultado aunque denota la intención artística de sus elementos complementarios que no la trama en que se quiere confundirnos está bastante bien.
A Tale of Two Sisters (2003)
Experimentado el género de terror en su participación anterior lo aborda ahora solo, con vasta solvencia pero con su infaltable y a un grado inefable atrevimiento. Uno que se ajusta a lo psicológico y de una forma complicada, oscura, densa, nuevamente con algunos artificios muy propios del cine asiático y el horror en general que buscan inquietarnos en medio de una trama ardua e intrincada de definir en su argumento y que busca ser ambigua a propósito mostrando mucha inteligencia, y seguro aburriendo a algunos que sientan que se hace difícil entender sus vueltas de tuerca, su enrevesamiento, el esquivar dar respuestas sino más bien buscar lo contrario, desconcertarnos. En un relato que se mueve en el odio de una madrastra hacia una niña que siente entre otros nebulosos sentimientos culpa por la pérdida de una hermana.
Descoloca en buena medida el tiempo de sus partes, parece no ser lineal, y es que es un recurso e intrepidez esencial de la obra, no quiere el director ser en ese sentido claro. Son como las piezas de un rompecabezas que no se limitan en la libertad visual de como contar una trama, rompiendo nuestra lógica de observación. Hay solo datos parciales en una aparente unidad que aun así no llegan a verse desordenados e insalvablemente incompleto como conjunto (yo diría que hay más de una historia posible), que frustra en buena parte pero provoca resolverse en la mente, abstraernos en una búsqueda interpretativa. En donde se juega con lo onírico, con la pesadilla y la “proyección” de asesinato (la estética de Kim Jee-woon en el terror aparte de ingeniosa en su trama es sublime, como la escena del saco con el cadáver) aunque más con el recuerdo y la distorsión mental.
A Bittersweet Life (2005)
Una película en que predomina la adrenalina, la intensidad –los sentimientos que son parte de ello, al más puro estilo del mejor Hamlet- y la acción sin complejos pero aun así en la sabiduría de lo llano. Empieza suave con esa calma engañosa del mundo asiático o que solemos asumir como intrínseca a ellos. Un lado clásico que domina nuestra impresión general. Como la “falsa” tranquilidad que esconde al poderoso mar. Sin embargo pronto una deslealtad y un rasgo nuevo de humanidad en el trabajo de guardaespaldas y asesino de nuestro protagonista, Sun-woo (Lee Byung-hun, otro ícono del cine coreano), pondrá en movimiento toda la infernal matanza que tejen las mafias y los comercializadores de armas tras un individuo de hierro, un antihéroe silencioso y sumiso desprovisto de personalidad hasta el día en que se enamora y simplemente la belleza de una mujer le infringe piedad, un error que le costará caro en un mundo de fríos gángsters en donde el deber no se cuestiona, solo se obedece, sin pero que valga.
Nuestro personaje pregunta que ha hecho para merecer semejante humillación, menosprecio y sentencia a costa de olvidar todo el gran servicio casi ciego que ha tenido hacia su trabajo y su lugar en éste hasta el punto de levantar envidias, y aunque es en parte cínico y en otra se entiende su sorpresa anta la ingratitud más despiadada, él sabe que sí es culpable aunque fue por algo impoluto y platónico, que lo llevó a perdonar la infidelidad de una Elena de Troya en éste moderno drama griego.
A razón de un sentimiento exógeno a una acostumbrada esencia anulada éste ser invisible simplemente cambia de dueño, por él mismo y pone la máquina de muerte en ejecución. Y con ello tenemos cuatro frentes implacables, en un tres contra uno que no merma un ápice de su intrépida actividad en el ecran, ya que el filme vive para la espectacularidad, desde ese ajuste de cuentas salvaje que trata de poner fin a Sun-woo quien es más peligroso y atómico que cualquier otro sujeto, como se espera y se le atribuye es más duro y temible que el peor de los hombres. El filme vive en el acribillamientos atroz, de un individuo contra el mundo, uno detrás de otro como en una épica de muerte, bajo la grandilocuencia del asesinato, rápido, fácil y directo sin perturbación ni engolamiento. La historia de un outsider vengador que invoca dignidad haciendo pagar el mal a su enemigo y antiguo jefe, que se cree omnipotente por encima del resto, pero que desconoce la ira de la justicia en la propia ley. Poética y rabiosa a más no poder. Su fuego a sangre fría es como un canto frenético en que nos sumimos en el entretenimiento, es lo básico del instinto que nos acerca y nos confabula con la historia, muy simple, y que suma gracias a sus elementos estéticos dulces, sus detalles, en la musa de tantos, del asesino y del padrino, la que le da sentido y motivo al conjunto, como en el momento de la última memoria, del sueño, de creer en la vida paradójicamente ante la muerte.
Una obra de arte en el aspecto más embrionario de nuestra humanidad en medio de nuestra naturaleza violenta. Esa única chispa por la que constantemente creemos que el mundo es mucho mejor de los que es, y eso en carne viva lo representa nuestro protagonista en toda magnitud como una radiografía compacta y simbólica de la realidad, en el evocativo, emotivo y duro Lee Byung-hun. Y todo desde la claridad del mejor cine de acción que no se contiene en absoluto ni tergiversa su personalidad, tantas veces menospreciado y que a muchos les parece ya todo conocido. Por más increíble que suene.
El bueno, el malo y el raro (2008)
Un filme que es como un homenaje al spaguetti western y en especial a Sergio Leone en un título y subgénero que alude claramente. Que tiene bases muy atractivas, en donde yace como contexto Manchuria en la época del dominio japonés, y eso pone sobre la mesa a chinos, japoneses y coreanos, lo cual enriquece la trama. Los tres personajes principales son jugosos, el bueno es el caza-recompensas (Jung Woo-sung, que ganó un premio por este papel), el malo el asesino a sueldo (Lee Byung-hun) y el raro un ladrón (Song Kang-ho).
La trama mezcla la tendencia de cómo se expresa el cine coreano moderno normalmente, con un toque personal de Kim Jee-woon aunque no es que sea tan creativa la película en realidad para lo que uno puede atribuirle en el papel o lo que podría esperarse, sin embargo es suficientemente entretenida para tenerla en cuenta que es lo que quiere ser.
Desde el comienzo es notorio que lleva una vocación relajada, de tomárselo muy ligero, en asumir como se va a desenvolver toda la historia, que estilo va a recorrer, y no le va a faltar acción ni aventura. Hay buenas luchas, escapes, tiroteos, persecuciones, asaltos a tren y ansiados enfrentamientos. Habiendo tomas mayores al respecto, estados de mucha combatividad y explosividad. Por lo que lleva bastante comedia, y es que al cine de Corea nunca le falta, pero en esta en particular lo lleva de forma constante y en ello Song Kang-ho cuando se requiere es un especialista. Que colinda con la simpatía y cualidad de guapo literal y metafóricamente de su compañero momentáneo, Park Do-won, el bueno, que sin querer pasa a ser bastante inocuo en su alcance formal como personaje fuera de que sea heroico, como que demasiado bondadoso que cae en lo plano. Y tercero está el malo que es el más elaborado del grupo, porque tiene como quien sobreactúa a propósito, que no se cree la interpretación seriamente y que le da un toque de caricatura. Lee Byung-hun demuestra sutilmente que puede ser gracioso o jugar con el estándar de su figura. En sí, estamos ante un filme de los rescatables para pasar el rato, que era la esencia y voluntad del western mediterráneo, y que Kim Jee- woon asume en emulación (no tan gloriosa sea dicho pero sin duda curiosa entre sus virtudes), continuidad y vocación de buen anfitrión.
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Doomsday Book (2012)
Viendo algunos fotogramas del filme me llene de mucha expectativa para con éste pero una vez visto no ha sido lo que esperaba, sin embargo entendiendo que subyace la libertad creativa, el amor al cine y el juego en las secciones del director Yim Pil-Sung se hace más que aceptable, a la par del mejor segmento de los tres en una destacada participación de Kim Jee-woon en esta antología cinematográfica que sigue el patrón del fin del mundo.
Yim Pil-Sung es un nombre interesante a descubrir en el séptimo arte coreano, no es que sea una eminencia pero tiene algunos buenos atributos, especialmente en su primer filme Antarctic Journal (2005) que para quien escribe le parece una obra maestra, pero de esas al estilo de A Tale of Two Sisters (2003), de las que podemos no entender buena parte, que pueden ser algo tramposas, que imprimen su personal estilo de visualizar una historia, que son muy libres y arbitrarias tanto que rompen la lógica del entendimiento normal, del ser siempre lógico y querer saberlo todo, que buscan la ambigüedad y se saltan las explicaciones claras. Que juegan con el artificio imprimiendo tensión y atención. En dicho filme siempre subyace la inminencia de algún peligro pero la realidad es que más es la psicología del hombre, de una manera de pensar. El filme recarga muchas ideas y las deja en el aire, hay mucha elipsis. Se trata del transcurrir de una expedición coreana a la Antártida en que la voluntad férrea se distorsionará negativamente. El espíritu conlleva la muerte de la mano de un capitán Choi Do-hyung (Song Kang-ho) que quiere romper una marca.
El segundo filme de Yim Pil-Sung, Hansel and Gretel (2007) es una buena idea, muy poderosa y sugerente, la que te atrapa inmediatamente. Más que todo cuando guarda el misterio, cuando no vemos nada claro aún ni sabemos de qué se trata en realidad, en ello hay tensión y curiosidad, y es al inicio que maneja muy bien sus fichas. Cada extrañeza y acto fantástico alimenta nuestra expectativa y por buen rato no decae aun siendo repetido y difícil de sobrellevar argumentalmente el no poder salir de la zona sin perder lógica. Y es que en ningún momento quiere tener sentido normal, eso lo notamos una vez que yace palpable que esta es una historia irreal y que sus personajes ya lo saben. Pero luego peca de demasiado alucinante, se vuelve empalagosa en varios sentidos, su reflexión pesa y fastidia, no conmueve como quiere hacerlo y la resolución que encaramos disuelve y mata la buena predisposición, después se llena de un toque de melodrama vacío que quiere justificarse demasiado mientras los actos fantásticos en toda presencia no llevan la fuerza de lo oculto, de lo sugerido o enigmático, como el de la mujer convertida en muñeca. Y no toda explicación es mala (la del cuento de hadas sobre la vida del protagonista y toda la escena en el jardín es bastante exitosa porque mezcla fantasía y realidad) pero el desenlace es bastante poco ingenioso, autodestructivo y el filme decae, se hunde. Siendo a partir de la puerta en el bosque, otra gran idea desperdiciada en parte, que se da mayormente un tropiezo tras otro hasta el final. Aparte de cierta arbitrariedad con respecto al título –aunque no sea tan importante- que parece otra promesa incumplida una vez que se halla la casa de colores. Y no es una película tampoco desechable agradeciendo buena parte de su metraje pero está bastante lejos de su antecesora.
Entonces llegamos a esta antología, Doomsday Book. El primer segmento se llama “Un mundo feliz”, perteneciente a Yim Pil-Sung. Que no está mal aunque versa sobre un lugar muy gastado y no menos divertido, la epidemia de zombies. El amor y re-encuentro de dos de ellos de los que parte el filme luce como una escena que vale bien toda la propuesta. A su vez como otra en la hermana sentada ocupada en el baño teniendo encima una muerte segura con el zombie empujando la puerta, ensangrentado mientras ella se defiende y a la vez se deja llevar por sus necesidades. Y es ahí que uno refrenda que el autor tiene una valiosa imaginación muy a pesar del alcance conjunto. Que se ampara en los detalles, unos más acertados que otros, la trama viene a ser un detalle de la transformación del virus que permite la película sin pena ni gloria pero el de los vómitos, los de la cámara próxima, la erección o el escupitajo están bastante demás, son molestos más que aporten realmente algo. Aunando que toda la trama se da con bastante soltura y resulta entretenida.
El segundo segmento tiene el rótulo de “Criaturas celestiales” y es de Kim Jee-woon, es el mejor del grupo. Y es bastante claro pero no rehúye literalmente algo de filosofía sosteniéndose además en un existencialismo muy seductor, la destrucción del mundo pasa por el nirvana de los “autómatas”. Un robot que parece la reencarnación de Buda dispersa el pánico por la empresa que los construye y quieren destruirlo, pero la comunidad budista pide clemencia por él mientras un técnico descubre mucho de sí a través de éste. Una película que permite muchas lecturas de forma diáfana, que como buena arte es un cantico de reflexión. Es el lado inteligente del autor puesto al servicio del entretenimiento con mensaje. Se deja ver muy bien, es una historia ágil y sencilla y si uno es observador su temática intrínsecamente da para mucho jugo, y es que la decisión escogiendo un relato también importa y mucho.
El tercer segmento es de Yim Pil-Sung denominado “Feliz cumpleaños” y aunque uno se lo pasa bastante bien debo confesar que sentí vergüenza ajena contándoselo a un ser querido. Y lo dejo a la libre interpretación. Se trata de una niña que asustada por defraudar a su padre al malograrle una bola de billar solicita un reemplazo en internet y ese mensaje desata que un meteorito vaya a impactar contra la tierra, ¿saben que es? La bola 8 gigante enviada por extraterrestres. El filme es estoico y afronta toda la payasada con un aire de comedia (las peleas en el noticiero) pero dejándose ver suficientemente serio para aceptar su relato. La famosa actriz coreana Doona Bae participa en el desenlace. Estamos ante una tontería con algo de gracia. Pero nada más.
El último desafío (2013)

Debo decir a boca de jarro que me gustó este filme y eso que esperaba lo peor (alguna cantidad considerable de extranjeros se han adaptado a Hollywood y hasta se han quedado en Usa pero demasiados también –más yo diría- lo han hecho pésimo). Y no es que tampoco no haya disfrutado con Arnold Schwarzenegger, porque ahí está Terminator (1984), Depredador (1987), Total Recall (1990) y Terminator 2: el juicio final (1991) que digan lo que digan con imperfecciones o siendo sumamente comerciales son obras maestras del séptimo arte. Total Recall también aun en sus efectos especiales y maquillaje tan primitivos, clásicos de serie B. Pero claro Arnold ya está viejo para hacer de héroe y cada nueva participación de los antiguos ídolos del género son como estados de anacronismo. Sin embargo el filme está consciente de ello y prepara todo para la gran intervención del austriaco nacionalizado americano. Que yace en medio de la modernidad que imprime este as del cine coreano actual.
Si notamos, su momento se reduce al desenlace (aparte de algo de presencia breve anterior), a los últimos cuarenta minutos. Después es mostrarnos cuan terrible puede ser este capo del narcotráfico Gabriel Cortez (un acertado Eduardo Noriega), lo cual juega a favor de este sheriff testarudo que lo espera en la frontera. Él hará lo imposible, y se debe al trabajo de grupo en una atmósfera de ligereza, no yendo con la solemnidad de antaño, tanto que incluso una anciana se deshace de un asesino, y es que la broma, la sencillez y la frescura permiten la acción del otrora Terminator.
Haciendo un descargo habría que pedir que no le den cameos tan feos a Harry Dean Stanton, primero mismo abuelo tierno en un desconcertante basurero en The Avengers y ahora de campesino obstinado que al no tranzar lo aniquilan salvajemente de un disparo. Aunque rescato la ocurrencia de poner a pelear a Arnold y Noriega muy contemporáneos aunque uno sienta que yacen fuera de su elemento. Y la persecución de astucia en el maizal, o las tomas aéreas del veloz auto deportivo en la carretera. Sin embargo hay muchos aspectos que no salen de lo común y no seducen tanto (no se llega a poner toda la magia del cine coreano que lo haga especial), como el caso de no ser fácil dominar la comedia absurda y la acción trepidante en un solo personaje sin descreer de su papel como hacen tantas veces los coreanos por lo que no se le exige nada a Arnold (aunque se le explota un lado activo no intenso pero decente para el tipo) como debiera ser sino Johnny Knoxville y Luis Guzmán asumen esa ausencia, relajando directamente el ambiente pero sin que sea nada del otro mundo. Al final estamos ante una película para comer pop corn, abrazar a la pareja y entretenerse sin complicaciones.
El teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional ante el éxito precedente repone esta obra perteneciente al galo Laurent Baffie, en la dirección del joven talento Juan Carlos Fisher. Una obra muy entretenida que en la sala donde pude asistir fueron de constantes risas. Con un público absorbido por completo en la broma fácil, muchas bastante coloquiales, otras simplemente inocentes. Encabezada por Renzo Schuller quien llevaba la batuta y era tal cual como lo identificamos públicamente, ese personaje que lo reconocemos muy irreverente y relajado pero buena onda, ante todo simpático. En esa frescura tan suya. Tan atrevida. Y a quien no le faltaron los chistes subidos de tono en derredor a lo sexual, lo de la explicación corta del coito de un paso a otro posiblemente sea el punto más alto de su repertorio cómico y el que más alegría comunitaria logre y es que es sorprendente la rapidez con que el espectador promedio reacciona favorablemente. Fácil como se diría pero efectivo.
Los aplausos y la fiesta eran muy notorios, a flor de piel, seguidos uno de otro como en una ola expansiva. Y hay que reconocerle inmediatamente a Schuller que estaba totalmente inmerso en su papel, efusivo, hiperactivo, suelto, corporalmente expresivo, parecía un frenesí de comedia que se retroalimentaba con un público comprometido con la superficialidad, porque de eso trata Toc toc, por más que refiera al tema del trastorno obsesivo compulsivo y nos quieran decir muy “filosóficamente” que el grupo sana, y que la risa es terapéutica. Y lo es claro, para quien cree muy levemente tener un problema de aquellos que no nos hacen sufrir, ni nos asume como tipos que debemos enfrentar un peso continuo que merma nuestra normalidad.
¿qué mujer no revisa el bolso cien veces por si olvidó algo en casa?, ¿Quién no tiene algún amigo o familiar que limpia todo como si fuera lo más indispensable del mundo?, ¿quién no resulta a cierta edad hipocondriaco?¿quién no se persigna compulsivamente un par de veces al día?¿quién no conoce a alguien muy pegado al cristianismo y que no puede más que asumirlo todo desde la religión?, ¿a quién no se le ha ocurrido alguna locura momentánea como seguir un patrón simétrico como una especie de cábala o juego?, etc., y es que hay vasos comunicantes con nuestra realidad, sin embargo si no podemos controlarlo y es más poderoso que uno el contexto es otro, y seguramente no será tan agradable que se echen a reír de algún defecto psicológico que ineludiblemente se piensa múltiples veces tratando de ser enfrentado (nuevamente se pone en pie el “ingenio” de la obra, no nos miremos el ombligo nos dice y no es que no haya verdad en ese consejo sino que no sería un problema si fuera tan sencillo de resolver) o que alguien se moleste y halla que explicarle la vida íntima, y así a todo el mundo. Sí, la obra entretiene pero su profundidad es la del tipo que suma todo instantáneamente y se rasca la entrepierna amenazando con tocar con esa mano a una obsesiva del aseo, no obstante es algo inocuo también, no es para tanto, dirigido al entretenimiento de la mayoría.
Un tipo diciendo insultos como si de reflejos se tratara (síndrome de Tourette), alguien repitiendo imparable todo lo que habla u otro incapaz de pisar una línea son personajes como salidos de una dimensión desconocida, algo muy lejano e improbable en nuestra realidad, y está bien verlo desde su alcance ligero para contrarrestar la tensión del día a día, porque efectivamente la risa es terapéutica y la amistad hace de la existencia algo más llevadero, más feliz. Y visto de esa manera, Toc toc funciona perfectamente, sirve, y viendo lo que es no es nada reprobable, sino más bien su tono jocoso alcanza cuotas de éxtasis que la convierten en una comedia exitosa y como tal no debe perdérsela. Sin embargo no hay que pasar por alto que Osvaldo Cattone y Alex Otiniano hacen lo mismo a su estilo (“preveo” desde lo alterno ya que no los he visto y al final nunca se sabe, más Cattone que Otiniano, que no es que sean idénticos) en ese lugar común tan aplaudido, y como en todo es cuestión de gustos. No nos romperemos las vestiduras diciendo que no nos acercamos a la comedia superficial, que no podemos ser ni tenemos un lado básico, todos los seres humanos lo tenemos y lo alimentamos, lo necesitamos, es saludable en cierta dosis (nos genera curiosidad aunque menor también cine muy discutible y polémico que solo sirve para desternillarse de risa), pero preferimos más algo como la película Habemus Papam (2011) de Nanni Moretti, y no es frecuente, ya que hay un estigma con la comedia inteligente, no suele funcionar, nunca al alcance masivo de otra más rápida y simple de identificar. Y pues es lanzarse a menudo al abismo. Toc toc no es que no tenga audacia, la tiene, pero al servicio de lo dulcemente efímero, con una inteligencia por encima que solo adorna, siendo llana aunque tiene de contención, ostenta un poco de pudor, aunque a ratos se vaya de emociones y no se diferencie de las demás, que al final no está mal abordar distintos lugares y porque el teatro tiene a su vez la necesidad de atraer al público.
Los actores estuvieron bastante bien, sin contar a Alfonso Santisteban la mayoría son popularmente conocidos fuera del circuito de teatro. Y lo hizo él muy bien aunque parece que no se aleja mucho de lo que debería o suele hacer, al igual que el personaje de vieja de Wendy Ramos, que no les quita desde luego el talento para rendir a tope, de asumirse por completo en el papel. El chiquillo atlético, Bruno Ascenso, también estuvo muy idóneo. Mención especial de sus gritos que suelen ser muy graciosos. Su performance y movimientos me sugieren el de superhéroe de versión peruana al estilo de Kick Ass (2010). Mientras Gianella Neyra hay que mencionar que es una mujer muy hermosa (de la que no se me borrará jamás de la mente cuando era muy voluptuosa y yace sobre Santiago Magill en Ciudad de M -2000-, en una escena donde más sensual y provocativa no puede estar). Ella nos proporciona una de las interpretaciones mayores del conjunto sino la que más, aunque de cierto modo juega un rol manido y su caracterización se solventa en ello. Y ya que mencione antes a Schuller, cerramos con otra gran interpretación, la de la dulce Melania Urbina, otra de las mejores de la obra, donde uno ve integrado la figura en su persona, se adopta muy naturalmente sobre lo que uno puede imaginar en ese rol, aunque peca de lugar común en su forma.
Todo el grupo fue muy solvente y entregado, que no es extraño ya que todos son actores de vasta experiencia en cine, tv y/o en las tablas. Lo mismo de Juan Carlos Fisher que ha hecho una obra no en verdad profunda aunque lo hubiera querido y no faltará quien crea que lo sea, pero tampoco irrespetuosa (no es maliciosa aunque si gusta de lo ajeno pero salvando mucho que lo hace suyo en otra medida), y que es bastante entretenida, relax, contemporánea, y que si uno va y lo toma sin pretensiones ni tan seriamente como ocurre y ocurrirá saldrá sumamente satisfecho.
Aunque estaba cansado, con sueño, antes de ver el filme en cuestión en una de las tres o cuatro únicas salas donde se exhibía, había que verla a toda costa antes de que la saquen de cartelera y se vuelva (por costumbre) luego cerca de lo inhallable, aun con toda la parafernalia en favor de ella, ya que en las empresas de cine no se andan más que con la realidad y la aceptación general. A lo que se espera alguna excepción, y desde este pequeño lugar no lo vemos tan claro. Y es que esta era -o parece será- la mejor película peruana de este año, si es que Chicama de Omar Forero no llega a competir en la salas comerciales. Esperando se pueda ver y muchos podamos dar nuestro veredicto personal.
El director Adrián Saba ha ganado una mención especial en el apartado de Nuevos directores en el Festival de Cine de San Sebastián 2012 por ésta su ópera prima y ya está buscando luz para su segundo largometraje “Donde sueñan los salvajes”.
El limpiador tiene un tempo lento que pues me lo hizo complicado de cara al ecran ante mi agotamiento, no obstante me despertó el interés como obra conjunta y entre un ojo que se cerraba y otro que se abría fui entendiendo y apreciando lo que veía. Su minimalismo y su precisión en sugerir fueron dos puntos clave que podemos atribuirlo como de más que decente solvencia creativa. El asumir a Lima como una ciudad pos-apocalíptica a la vera de una misteriosa e incurable epidemia que ha aniquilado a la mayoría de la población y sigue destruyéndola hasta comulgar con el vacío, ese que lleva nuestra protagonista, Eusebio (Víctor Prada) y que cambia con la llegada de un niño huérfano, conmueve, te deja en buena parte perplejo y a la vez antecede muy buena habilidad, y es que no es necesario más que ubicar la cámara en sitios de realce masivo como estadios, playas o algunas calles de tránsito común despoblados para dar la sensación de ausencia aunando una panorámica estática y mínima en todo sentido, algo tan fácil en realidad pero que no a muchos se les ocurre (y nuevamente viene a colación que más que grandes cantidades de dinero se trata de ser más ingeniosos aunque suene a cliché de libro de autoayuda).
La perspicacia de Saba es notoria y constante en el metraje recurriendo a utilizar el artificio de la forma más clara y práctica pero efectiva y no menos audaz. Estamos inmersos de lleno en ese clima de soledad que juega un doble papel en la trama, el físico y el espiritual. Removido con la esperanza y la humanidad interior de un solo hombre, porque es uno pero todos dentro. La bondad y la fe por medio del amor enfrentados a un descreimiento que refleja el de toda negatividad frente al optimismo y la buena voluntad intrínseca (el instinto en un inicio evita la responsabilidad en la cotidianidad de su derrotismo, intenta Eusebio huir como si de un fantasma se tratara). Léanse la infinidad de valores que se desprenden de alrededor gracias a querer ayudar a un niño. El que lo adopta en poco tiempo –en un lapso y transición vital- como un padre, como alguien que debe pensar más que en sí mismo, lo cual podemos visionarlo como un proyecto de grupo sin siquiera anunciarlo que yace y punto, ajeno a nuestro egoísmo y a nuestra decadencia. El fin altruista permite alentar el esfuerzo aun a costa de la derrota y la muerte. Nada importa más que el ente de afecto, el motor que articula esa globalidad humana (aunque de antemano Eusebio ejerce la limpieza pública no es hasta que cree realmente en lo que hace –para el caso cuidar del niño- que remedia algo en sí y en su entorno), de ese otro ajeno a mí, sin vínculos de sangre, una representación, que mueve la inanidad, monotonía y vacío del protagonista, ese en que no cree más que en un trabajo muerto. El limpiador simplemente recoge y continua detrás de la muerte, pero ese pequeño implica un cambio, un reto contra esa voluntad externa, una evolución anímica que lo enfrenta contra el destino observable, base de toda fuerza humana, en que se da nuestro libre albedrio aun en la penuria y el abandono que se logra vencer en una acción específica que ya relata un movimiento, que yace en la frase del “dame un punto de apoyo y moveré el mundo”.
Instalado el motivo, todo funciona alrededor de detalles. Darle seguridad a quien no la tiene con algo íntimo y significativo más que funcional (una caja de cartón o un casco de motocicleta, como con la cabaña de esos cuatro palos ante el fin de los días en Melancholia, pero en esta oportunidad como un punto de partida y no como última opción calmante ante lo inevitable), brindar cariño a quien se le ha arrebatado su cobijo afectivo y prodigar un mañana aun cuando no sé ve ninguno como población, y hay que poner énfasis en la expectativa del todavía porque se llena la historia de un aura que contrarresta la frialdad adyacente del mundo. La simple presencia de buscar al familiar del chiquillo es la necesidad que saca de lo pasivo al personaje principal y hallarlo fabrica un camino en medio de la nada. Algo básico que se mueve como un sencillo cuento, el niño o símbolo perdido que es salvado y entregado a una continuidad, que choca con esa otra de la epidemia.
El relato es muy chiquito, directo y transparente, sin dificultad de asimilar, fácil en toda voluntad sino fuera por su ritmo. En una ausencia de clímax o intensidad a pesar de tener siempre en contexto a la epidemia, de tenerla perenne en la mente que esa es el agua por la que se mueve el nexo paterno-filial de resonancia existencial. En medio de una estética y atmosfera que imprime mucha soledad (centro del filme y que remite a un espíritu a rebatir, una esencia que derrumbar, que es universal y sumamente manida hay que decir, tergiversando desde la propuesta la energía de la grandes capitales absorbidas por su vida caótica, como si le sacáramos la piel y la dejáramos en sus vísceras, en lo que esconde), pero que no exuda melancolía y que subyace en una sensación de neutralidad en la tragedia, de estar tan sumido en el asunto que caes en la inconsciencia y aceptas a ciegas lo que sucede, de ser parte “inamovible” de todo ello. Llegando a pecar de demasiada sequedad en ese aspecto.
Víctor Prada que aun a pesar de sí mismo o mejor dicho a razón de sí logra imprimir personalidad a su papel, el de la calma, el de la inexpresión (mejor porque no es que sea un camaleón emotivo), no llega a familiarizarse por fuera con la tristeza aunque sin duda vive en ella. Lo que genera un contraste ante su relación con el niño que cae en lo abrupto aunque no del todo, sus diálogos austeros confabulan con lo que se quiere de él y su acercamiento denota algo de trabajo pero poco, sin embargo resulta extraño, un poco improbable. Y esa transformación suya es algo endeble. O es que él es como una hoja que la lleva el viento, sin ninguna consistencia, lo cual no parece si se quiere dar forma a su vínculo y es que hasta el final su preocupación es casi la de un santo a partir de alguien robotizado y, por lo que podemos injerir, vacío. Debió reforzarse un poco su pasado de alguna forma – aunque entendemos que no se quiera dar ningún referente precedente de la realidad que se vive- y su atribución emotiva, para hacerlo más coherente en su adaptación o entenderlo mucho más ya que casi no se llega a tener rasgos formales de él. Infringe un poco de incongruencia esa devoción total muy prodiga en una anulación individual (que solo es en parte convincente ante la desproporción de la muerte que lleva un sentido de proyección), y seguir creyendo que su personalidad es la de los gestos mínimos, las conversaciones apenas balbuceos o la rigidez de sus acciones. No pega del todo esa fusión en su persona, el gran corazón en una apariencia supuestamente dura, y es que en lo que vemos se vuelve como de gelatina el concepto. Pero bueno, puede ser una persona a fin de cuentas débil en una labor implacable. Y lo dejo a medias ya que todo el filme recurre a evitar afirmarse en la tragedia que es elíptica en varios niveles, en darnos información y en el dolor. Se entiende que se llena del niño, pero requiere más que lo implícito sino de alguna elaboración y eso resulta muy lógico como de autor, pero también requiere ese otro atrevimiento, el de poner sustancia a varios objetos de identificación, y no dejar tanto velado a la imaginación.
Me dirán que el filme no quiere ser demasiado positivo o sentimental, pero lo segundo está demasiado presente aun notando algo de evasión, el tipo no puede ser más amoroso dentro de sus posibilidades, aun siendo supuestamente rígido por su verbo y su inexpresividad, y son sus fichas, no es que el director no quiera mostrarlo de esa manera sino donde lo hace y eso es relativo si convence o no. Y positivo ¿qué más lo puede movilizar?, salvo que sea algo mecánico o más simple de lo que se puede creer, la llana indefensión de una criatura, y tampoco es una opción desechable, pero en mi atribución sería mejor el filme si el sujeto en cuestión tuviera mayor fondo en su accionar y tanto compromiso nos hace pensar ello, aunque hay oscuridad, pero quiera o no, implica un movimiento y de éste la salvación de la humanidad. Y en su humildad el mensaje es poderoso y la película atractiva aun en su carestía –indiscutiblemente talentosa en la forma sin que se ampare en nada impresionante- y su clasificación indisoluble de cine de autor en que hay aciertos y otros pocos no, porque se mueve en cortos y ajustados recursos en su desarrollo argumental, en una claridad parcial en lo que ha querido dar que colinda con la elipsis y la conjetura del espectador. Con un fácil de estimar y dulce Adrián Du Bois como el niño indefenso que puede cambiar la visión del mundo, a través de un limpiador que llega para el espectador a limpiar el alma de los hombres en medio del abismo.
Uno de los cines más atractivos del planeta u otro al que hay que tener en la mira es el séptimo arte de Rumania, que está pasando por una nueva ola o un auge que provoca entusiasmos. Como no podía faltar ahí estamos husmeando como buenos sabuesos, siguiéndole los pasos. De los más reconocidos yace Cristian Mungiu que con Beyond the hills (Dupa dealuri, 2012), su última película se alzó con mejor guion y mejores actrices (Cristina Flutur y Cosmina Stratan) en el Festival de Cine de Cannes 2012. Mungiu tiene 4 filmes y un segmento en una concentración de cortos en una película coral junto con 5 directores más de otros países de Europa del Este.
Occidente (2002)

Su debut fue uno muy auspicioso y exitoso. Siendo una comedia con tintes melodramáticos sobre la difícil vida en Rumania. En donde algunos personajes esperan huir hacia lo que ellos llaman occidente, Holanda, Italia, Francia, entendiendo que no se consideran como tales, no en el tiempo en que se contextualizan. Gente en condiciones precarias, mujeres sin oportunidad de casarse con alguien con dinero o simples e inocentes huérfanos sueñan con una mejor vida afuera. Algo muy natural en cualquier lugar al que uno sienta vetada la oportunidad de llevar una vida complaciente. Sin embargo a muchos el fin les da por aceptar “sacrificios”, y es cuando entra a tallar nuestro protagonista, Luci que desprovisto de suerte y sin ningún trabajo decente se le escapan de las manos los amores. No es que no haya querido irse sino que le ha tocado quedarse y perder, arrimado a una vieja tía de la que espera le deje su apartamento cuando muera (el amigo le da azúcar o dulces tratando de acelerar el proceso) y subsistiendo con el disfraz de botella publicitaria (un gag muy manido pero efectivo/directo al punto y es que es parte de cualquier realidad. Una virtud del filme es su fácil identificación universal). Lo suyo es ser un loser en una tierra sin facilidades. Todo visto desde la ligera crítica más al pie de la sonrisa, de la cara de tonto pasivo de Luci abocado a aceptar lo que se le viene. Una buena forma de ver la realidad sin amargarse aunque sufriéndola discretamente en medio de una trama que se divide en tres partes y que en cada una va uniendo cabos, repitiendo algunas partes y agregando hasta consolidar una imagen completa. Técnica que implica ángulos tanto cinematográficos como dentro de su historia. Con la audacia de ser impredecible yendo al cambio de sus desenlaces, sobre las damas, Sorina (Anca-Ioana Androne) y Mihaela (Tania Popa) que remiten al pobre y bonachón Luci. Una buena estética en una alturada comedia a la que no le faltan las simplezas tampoco pero con tino y buena onda, los niños escupiéndose todo el tiempo en la impresión de un salvajismo nacional a rebatir o la muñeca inflable usada como flotador en el cruce hacia otro país. Y entre ello no faltan verdades o razonamientos culturales. Hay que decir que no parece la película de un novato, es una muy buena película, muy cuajada y clara con un toque reflexivo tranquilo.
4 meses, 3 semanas, 2 días (2007)

Como se podía anticipar con su ópera prima Mungiu era un aventajado en el arte y pronto lo demostraría contundentemente. Su segunda película tras su segmento “the turkey girl” (2005) ganaría la palma de oro en Cannes ese mismo año, junto con el fipresci. Este filme brilla por una trama muy sencilla pero desplegada con notoria y envidiable habilidad. La estética, la estructura, el tiempo y el desarrollo todo confabulan y nos van mostrando desde la cotidianidad de sus protagonistas la Rumania del dictador Nicolae Ceausescu y su gobierno comunista, recordando que ejerció el poder durante más de 20 años y que marcó a su país, a muchos rumanos. El tema es sobre una chiquilla universitaria, Gavita, que desea practicarse un aborto. Con la ayuda de su mejor amiga, Otilia (Anamaria Marinca) lo llevan a cabo con el riesgo que implica al ser ilegal en las condiciones que enlazan el contexto histórico y práctico. El filme gira completamente sobre ello y se ampara principalmente en sus dos actrices, mucho más en Marinca que es el ente activo/ fuerte del asunto con una Gavita temerosa y débil. El cariño, la lealtad de Otilia no tiene precio, se las juega absolutamente por ella. Una gran persona que se pone a discusión implícitamente en la mesa de la familia de su novio, todo muy sugerente ya que el tema central plantea más la observación y a un grado razonable la neutralidad, no hay nada que te esté tratando de decir flagrantemente, sin embargo deja un panorama muy rico en diálogo, que propone un escenario complejo y desprovisto de sentimentalismos o posiciones dogmáticas de cualquier índole. Al final uno sacará sus conclusiones. Y es que el filme opta por una sensibilidad estable, espontánea y más discreta, un nombre afectivo como Gavita, las acciones valientes, el soporte y no las palabras, todo ello nos hace pensar en generosidad y preocupación, atributos de lo que implica amar o apreciar a alguien más que cualquier forma superficial. El tema es polémico pero la ejecución en la dirección es limpia, impecable, una lección de cine de pies a cabeza. En donde uno vive la tensión del ambiente a cada segundo. Concretamente te atrapa y luego te abstraes indiscutiblemente con la historia.
Historias de la edad de oro (2009)

Es una película ómnibus en la que Mungiu dirigió junto con 4 compatriotas más. Esta vez involucra sus dos precedentes, la comedia y la historia. El filme gira alrededor de seis leyendas “urbanas” rumanas en la etapa llamada en derredor del gobierno de Ceausescu. Como este influye en la vida de sus habitantes. Todo lo que conlleva el comunismo y la figura del líder en cuestión. Todas siempre ligeras, sencillas pero desarrollando pensamientos, mientras yacen cargadas algunas de drama y de ironía dependiendo cual. La más reveladora en nuestra composición humana es la del camionero que transporta pollos, que tiene mucha inteligencia en su diafanidad. La de los fotógrafos es hasta cuan ridículo –en lo que confabula el miedo- puede llegar a ser la manipulación y la ostentación del poder absoluto. La de la visita del representante público en la comunidad que agasaja al “emperador” es bastante risible, como aprovechan algunos debajo de las filas de una ideología. Nuevamente induce la conveniencia o el temor, el no quedar otra que acatar y ser hasta diligente. Su final es el mejor de todo el filme, que aunque puede ser cantado es perfecto. Hay que agarrar la metáfora y que bella fotografía en dicha alusión. No falta la inocente comicidad, se juntan sutilmente tragedia y sonrisas. La leyenda del policía tacaño se intuye enseguida aunque no en el instante exacto y es de risa bastante fácil, igual se asume como complementario a la esencia general y es que hay una buena paradoja, ¿no se trata el comunismo de compartir? Luego está la del profesor que cree tiene una misión dentro de la ideología comunista y es que huele a frustración desde el inicio. La tontería intensifica la crítica. Y está bastante comprensible en alguna simbología, en la de los regalos en lugar de alfabetización. Por último la leyenda de los vendedores de aire que es la que abre el conjunto. Muy jugosa si cogemos el punto, entre el romance y la necesidad económica que hay que decir que es algo muy propio de toda sociedad en sus desigualdades y materialismos, solo que aquí la mayoría es pobre y debe ingeniárselas aun a costa de ir a la cárcel. En ella sobrevuela la sombra del filme Occidente como en la historia del conductor y los pollos.
Más allá de las colinas (2012)

Un filme también como antecede muy comprensible, que juega sobre una premisa y una lucha muy común y no menos atractiva. La religión y la vida laica enfrentadas en lo correcto o en lo mejor para nosotros. Dios en lugar del pecado del lesbianismo, que se puede desprender en la realización o inclinación sexual de una vida moderna sin espiritualidad a un dogma algo arcaico, sin embargo la protagonista que se asume en su esencia carnal y en su enamoramiento llega hasta la obsesión, la locura, es decir la creencia que suele rebatir clásicamente el derecho a la homosexualidad aunque aquí parte del rechazo, de la ausencia del objeto amado, de la falta de concretar sus afectos, habiendo una proximidad hacia esa postura y una cierta tergiversación o excepcionalidad de la esencia de la pasión gay que no es muy común en el concepto general o que se moviliza dentro de un excesivo romanticismo. Y es como siempre un estado de sutil recreación aunque podemos inclinarnos a ver una parte de barbarie mística. Esta vez hay mayor claridad en la postura aun concediendo o siendo algo (poco en realidad) indulgente el director con la iglesia ortodoxa rumana en sus buenas intenciones, sus donaciones, su asilo o su amable convivencia que termina rota por la injerencia de un outsider, cuando alguien pone en tela de juicio lo que ellos viven.
Otra característica que rehúye audazmente la figura de lugar común aun abordando un tema muy conocido es que a lo ojos ajenos está velada la atracción de Alina (Cristina Flutur, de ahora en adelante se espera sea un referente del cine rumano) y la fuerza de las convicciones de Voichita (Cosmina Stratan, el otro referente gracias a Cannes) que quiere creer, cree, escucha, repite y admira al sacerdote. Y eso lo apreciamos y se hace un juego único para el espectador, es como quería Hitchcock, que uno vea y entienda más allá de los personajes y disfrute de una compenetración mayor, ponerse en el lugar de los principales actores, convertirse en sus cómplices o refutar sus ideas. Lo cual implica a su vez complejidad, ya que nadie se salva de caer en el exceso, otra hábil creación que supura vacíos interiores (la intrínseca soledad –nacemos solo, morimos solos pero vivimos buscando algún tipo de compañía- y la inclemencia del mundo que nos induce a buscar cobijo, sea en la religión o en el amor), un toque existencial que nos hace dependientes de otros, siendo ingenioso poner al amor como ente de destrucción, lo cual es patear toda idea preconcebida o menos buscada en nuestra imaginación. Algo que refuta esa definición en parte absurda de que todo yace escrito, que todo ya está hecho, y no, vemos que se enaltece la aun todavía viva libertad y la creatividad en el filme de Mungiu y como él “tantos” otros que también ostentan alguna obra maestra. Porque esta lo es en una transparencia que articula muchas ideas partiendo de un inteligente y claro panorama, sin la necesidad de simbolismos como creía Tarkovsky. Una honestidad y sencillez digna de elogio aun componiendo sobre un orden eclesiástico que se le representa para no confiar en este (y se dice de boca directa en el personaje de una doctora), que ante todo rescatamos debe ser discutible, y es que tenemos que verlo como una reforma, como un medio de elucubración y reflexión, no algo inamovible ni definitivo ni ninguna muerte sino paradójicamente como en el desenlace en el vehículo de la policía ¿y ahora qué viene?, ¿dónde está la culpa? la vida continua y seguiremos solos, ya que es ante todo como podemos notar una historia, una dramatización y una específica contextualización pero de ahí hay que dialogar con las imágenes y sacar propias conclusiones. En que se nos dice que uno es quien decide, pensando que la pasividad no ayuda ni tampoco apasionarse o embrutecerse de ninguna forma, se debe buscar el equilibrio, no hay a fin de cuentas unanimidad en el camino. Más allá de las colinas dice el título del original Dupa dealuri, es decidir salir de ese cuadrante (como con el tipo que pregunta a Voichita por un lugar y ella refrenda el rótulo), ver lo que se oculta, crecer, enfrentar al mundo, dejar de ser tan básicos y sobre todo congeniar con nuestra libertad.
Me he enganchado por completo en televisión a series animadas japonesas como Los Caballeros del Zodiaco, Super Agente Cobra, Astroboy, Supercampeones, Mazinger Z, Meteoro, Gatos Samurai y Lady Oscar, que son mis favoritas y les guardo mucho cariño. Pero a su vez recuerdo mucho mi primer anime en largometraje de cine. Alita, ángel de combate o Gunnm en el original. Lo vi en 1996, el último año de colegio, gracias a un compañero de clases que era fanático del anime y me recomendaba este filme de 1993. Lo vi y fue amor a primera vista, me gustó mucho, sin embargo lo dejé como una sensación aislada y personal, digamos que única sin sobredimensionarlo empalagosamente, y no seguí buscando hasta más de una década después por lo menos. De ahí que sea tan especial para mí aunque claro todo se debe a sus atributos intrínsecos sino no sería lo mismo. Lo acabo de ver nuevamente. La sensación sigue en su lugar, me ha fascinado aunque seguro de otra forma.
Se trata de tan solo 52 minutos de metraje e historia la que nos ofrece el director Hiroshi Fukutomi basándose en el manga de Yukito Kishiro, refutando todo aire arcaico en una apuesta impecable desde lo que quiere dar a conocer. Tiene unos toques estéticos que tiran a un cromatismo colorido, o a veces de morados o azulados y otros más mesurados con blancos y grises, es decir el color es una fuente de plasticidad y vida en el ecran aunque se perciban algunos ratos opacos. Hay que acotar que aunque hay sangre (el descuartizamiento del perro es atroz), desnudos en escenas sexuales y explosiones lleva en lo visual un aire más calmo aunque aún así atrevido por su propia naturaleza y menos exhibicionista para lo que se suele ver actualmente, lo que le proporciona un poco de toque clásico o predecesor que se hace respetable sin que llegue a desplazar su vanguardia, lujuria o salvajismo, obteniendo personalidad pero dentro de la identidad que lo define en el género puesto en el país nipón. Para la época es bastante irreverente qué duda cabe si bien el dibujo japonés no se ha hace demasiados problemas con el realismo y la hipérbole. Sin embargo recalcamos que se presenta con justificación. Sea en la mujer capaz de todo por su sueño o el asesino demostrando su inclemencia y amenaza. Aunque resulta implacable, no teme ser crudo, los órganos en la promesa.
Lo que le sobra al filme es personalidad, solo que formada desde sus propios cimientos en el uso de las características que reinan en el anime, es como explotar un lugar común para hacer algo nuevo y original. Que fluye con intensidad, y es que en menos de una hora tenemos una trama llena de vaivenes y dramas. Posee una trama solvente llena de sustancia. Todo alrededor del sueño de ir a un satélite o una ciudad unida a la tierra por cables, en donde viven los privilegiados y los indispensables, mientras el planeta está contaminado y sirve de vertedero de basura o para suministrar todo lo que necesiten los de arriba en ese lugar especial conocido como Zalem.
Este relato cyberpunk en un mundo post apocalíptico empieza raudo de lleno con el descubrimiento de un cyborg por el doctor Daisuke Ido, el más destacado reparador electrónico de la tierra, que pone su sensibilidad, convicción, valentía y valores en ese organismo y máquina, le da su nombre y la cría como un padre. Sin embargo en el camino se descubren novedades, el cuerpo menudo de esa bella niña esconde una guerrera y asesina, la que pronto adoptará su esencia en el segundo trabajo de Ido.
Proporciona además una simpática y melancólica historia de amor (o mejor dicho dos pero una es muy sórdida), lo que le da esa amplitud y cuasi perfección a este relato. Potente desde una estructura fuerte y un desarrollo con un despliegue de acción que entretiene. La acrobacia de Alita le da rasgos de autenticidad, incrementa el efecto de la destrucción que provoca, dándole presencia. En ello conjuga bien apariencia con proyección (aparte de violencia y dulzura), una dualidad que la hace a ella audaz como figura, un ente particular que amparado en la ciencia ficción obtiene un papel contundente en el quiebre de su físico gracias a que es en buena cantidad mecánica. Mientras el ingenio de la construcción de cada creador repercute, lo cual obra diciéndonos que ha debido provenir de un gran propósito, junto con un combate trascendental que la lleva al vertedero, léase la oportunidad de un nuevo capítulo en el futuro. El misterio de quien es realmente le da a su vez esa capa de absoluta libertad que podemos ver en su forma de combatir. Que se entiende en la base de algún programa y que oculta una gran curiosidad detrás, la cual se suele revelar en el cine, pero aquí es una elipsis importante que termina insólitamente aportando y funcionando pero dejando muchas conjeturas y un aura de vacío pendiente por revertir. Algo sencillo (la amnesia, que en una frase se le entiende por el bien de olvidar sucesos demasiado dolorosos, y es que quien lo dice los lleva en ese sentido, otra de las pequeñas sub-tramas muy bien coladas en el conjunto) que tampoco tiene de demasiado desconcierto porque el filme no se ampara en reglas razonables sino juega con la creatividad, lo improbable y lo excesivo.
El filme suele buscar ser completo, los cabos los maneja bastante bien y los une aportando en el momento indicado, exceptuando el background de Alita, la que deja saber que ante cada reto, para el caso el aniquilamiento de cyborgs, siente yace su espíritu y su entusiasmo. Y es con ella que sentimos y nos trasmite ese fondo a nosotros como público sin descuidar que el verdadero atractivo de la propuesta proviene de los contornos de cómo llega a esa situación.
Buscando por el cine del mundo uno se olvida de barrer para la casa cuando te topas con que estás dejando de ver películas importantes. Del que hablamos es del séptimo arte hecho en Latinoamérica. Al cual espero poder entregarle mucha más atención. Uno de los directores que con tan solo 2 películas ha cimentado una buena reputación es quien nos compete, el director mexicano Michel Franco. El que ha sabido sacarle mucha virtud a su protagonista, a la actriz novel Tessa Ia, una chiquilla muy guapa y decentemente natural. Junto con el que hace de su padre, el actor Hernán Mendoza y el resto de niños que torturan a Lucía.
El filme se centra en el bullying, un tema que no debe pasar desapercibido –especialmente para las autoridades y los padres, con la ayuda del entorno directo, los adolescentes o niños- ya que siempre está presente en el colegio y puede significar la destrucción de la psicología de un ser humano. La humillación, el menosprecio y el deterioro emocional están en juego, hasta la agresión y la proclividad hacia el homicidio o el suicidio. Un sufrimiento innecesario que nace de la naturaleza pervertida de la dominación del más débil, para el caso a causa de perderle el respeto al sujeto en cuestión, la niña tachada de puta en una doble moral, además de producto de intereses personales (el desearla o el sentir celos de ella). A razón de los que se aferran a la coerción del grupo, que produce la fuerza en acción en una justificación engañosa y vacía que conlleva el as bajo la manga para sentir que el blanco escogido lo merece o no tiene derecho a defenderse.
Expuesto el tema, estamos ante una argumentación reflexiva en toda realidad. Que no queramos verla o disminuyamos su repercusión es otro asunto. En el filme se llega a límites escalofriantes. No es uno sino todo el salón y ex -grupo de amigos los que ejecutan el abuso. El desarrollo empieza con la tranquila contextualización de quien es Lucía y su padre, de donde vienen, quienes son, cuáles son sus personalidades (se hace énfasis en que están bastante unidos y aunque sea él muy moderno/permisivo representa su responsabilidad velar por la chiquilla, aparte del cariño y los sentimientos que llegan a esconderle la verdad del martirio mientras éste mentalmente está en otra parte, dos razones –pena y vergüenza principalmente- muy exigentes que se ciñen a la indispensable distancia en la trama) y qué están sufriendo (esa debilidad infunde un cariz momentáneo de atrevimiento a la jovencita). El daño psicológico es algo perpetuo en el padre y en la hija, la pasividad engendra diferentes resonancias, en distintos ratos. Recordando que existe más de una tragedia en la película.
La víctima no es ninguna boba ni alguien superficial, que tampoco es ninguna excusa (nada lo es para el maltrato y no trato de pretender santidad, pero lo que vemos es inaudito y con una frialdad implacable, que no se puede ser indiferente), sin embargo eso hace del escenario mucho más profundo. Conociendo a Lucía, su sensibilidad, coherencia, normalidad e inteligencia se nos dibujan las circunstancias mucho más especiales aún. El eje se convierte en uno mayor. Ella comete errores, recordemos su edad, la proclividad de la juventud a las drogas, el alcohol y un despertar sexual cada vez más agresivo en esa etapa. Pero su proceder no sale de ningún orden general y lo podemos constatar más adelante en el filme, ya que sus compañeras hacen lo mismo y a vista de todos los implicados.
El filme va muy lento al inicio, hace que aguardemos bastante por el enmadejado y la esencia de la propuesta hasta la gran explosión, y eso lo hace más hondo, le otorga individuos a su historia. Gana muchos puntos si tenemos paciencia, si nos comprometemos y realmente no es difícil porque la cotidianidad lleva personalidad, ya lleva drama. Y para cuando llega el conflicto central todo surge muy natural, se da y se entiende, es preciso pero suelto. Se juntan cuatro estallidos de un meollo (los papelitos, los chicos obscenos en el pasadizo, los muchachos en el baño yendo al acto violento sexual, las chicas y el vestido transparente en la consolidación de la soledad). Donde cobran importancia los detalles y hace del motivo algo potente desde ese ambiente calmado que es parte del conjunto. Luego ya está hecho el precedente, cada quien ha tomado participación, el estado es crítico, fluye y se afianza la idea, el resto llega sin más. Toma volumen y lo creemos. Hasta aceptar el descontrol y el notorio exceso. Pero llevando en el devenir la mesura y consistencia necesaria para no desvirtuar el poder compararla con la vida misma aun siendo algo a todas luces muy trágico, rotundo y demasiado grave. Para más tarde finalizar volviendo a su característica de historia. Sin desmentir lo anterior ni mucho menos perder su reflexión. Solo que asume un estado de creatividad cinematográfica, de ejemplo y representación artística en la ficción. Y hay que decir que lo hace bastante bien. Pudiendo seguir creyéndole a la trama aun en algo “espectacular”, que se debe al manejo del específico aglutinamiento (el ensañamiento indolente) y a un acto excepcional expresado en el ecran con suma sencillez. Aunque queda la elipsis de ¿qué viene después? Y esa ya es otra historia.
De Jorge Luis Borges
Doomsday
Será cuando la trompeta resuene, como escribe San Juan el
Teólogo.
Ha sido en 1757, según el testimonio de Swedenborg.
Fue en Israel cuando la loba clavó en la cruz la carne de
Cristo, pero no sólo entonces.
Ocurre en cada pulsación de tu sangre.
No hay un instante que no pueda ser el cráter del Infierno.
No hay un instante que no pueda ser el agua del Paraíso.
No hay un instante que no esté cargado como un arma.
En cada instante puedes ser Caín o Siddharta, la máscara o el
rostro.
En cada instante puede revelarte su amor Helena de Troya.
En cada instante el gallo puede haber cantado tres veces
En cada instante la clepsidra deja caer la última gota.
Elegía
Tuyo es ahora, Abramowicz, el singular sabor de la muerte, a nadie negado, que me será ofrecido en esta casa o del otro lado del mar, a orillas de tu Ródano, que fluye fatalmente como si fuera ese otro y más antiguo Ródano, el tiempo. Tuya será también la certidumbre de que el tiempo se olvida de sus ayeres y de que nada es irreparable o la contraria certidumbre de que los días nada pueden borrar y de que no hay un acto, o un sueño, que no proyecte una sombra infinita. Ginebra te creía un hombre de leyes, un hombre de dictámenes y de causas, pero en cada palabra, en cada silencio, eras un poeta. Acaso estás hojeando en este momento los muy diversos libros que no escribiste pero que prefijabas y descartabas y que para nosotros te justifican y de algún modo son. Durante la primera guerra, mientras se mataban los hombres, soñamos los dos sueños que se llamaron Laforgue y Baudelaire. Descubrimos las cosas que descubren todos los jóvenes: el ignorante amor, la ironía, el anhelo de ser Raskolnikov o el príncipe Hamlet, las palabras y los ponientes. Las generaciones de Israel estaban en ti cuando me dijiste sonriendo: je suis très fatigué. J’ai quatre mille ans. Esto ocurrió en la Tierra; vano es conjeturar la edad que tendrás en el cielo.
No sé si todavía eres alguien, no sé si estás oyéndome.
El hilo de la fábula
El hilo que la mano de Ariadne dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el hombre con cabeza de toro o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedra y volver a ella, su amor.
Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el del tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.
El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.
De Jorge Luis Borges
La plaza San Martín
A Macedonio Fernández
En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.
Con fino bruñimiento de caoba
la tarde entera se había remansado en la plaza,
serena y sazonada,
bienhechora y sutil como una lámpara,
clara como una frente,
grave como un ademán de hombre enlutado
Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de los árboles
jacarandas, acacias cuyas
piadosas curvas
atenúan la rigidez de la imposible estatua
y en cuya red se exalta
la gloria de las luces equidistantes
de leve luz azul y tierra rojiza
¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!
Abajo
el puerto anhela latitudes lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.
Sala vacía
Los muebles de caoba perpetúan
entre la indecisión del brocado
su tertulia de siempre
Los daguerrotipos
mienten su falsa cercanía
de tiempo detenido en un espejo
y ante nuestro examen se pierden
como fechas inútiles
de borrosos aniversarios.
Desde hace largo tiempo
sus angustiadas voces nos buscan
y ahora apenas están
en las mañanas iniciales de nuestra infancia
La luz del día de hoy
exalta los cristales de la ventana
desde la calle de clamor y de vértigo
y arrincona y apaga la voz lacia
de los antepasados.
La vuelta
Al cabo de los años del destierro
volví a la casa de mi infancia
y todavía me es ajeno su ámbito.
Mis manos han tocado los árboles
como quien acaricia a alguien que duerme
y he repetido antiguos caminos
como si recobrara un verso olvidado
y vi al desparramarse la tarde
la frágil luna nueva
que se arrimó al amparo sombrío
de la palmera de hojas altas,
como a su nido el pájaro.
¡Qué caterva de cielos
abarcará entre sus paredes el patio,
cuánto heroico poniente
militará en la hondura de la calle
y cuánta quebradiza luna nueva
infundirá al jardín su ternura,
antes que vuelva a reconocerme la casa
y de nuevo sea un hábito!
Cercanías
Los patios y su antigua certidumbre,
los patios cimentados
en la tierra y el cielo.
Las ventanas con reja
desde la cual la calle
se vuelve familiar como una lámpara.
Las alcobas profundas
donde arde en quieta llama la caoba
y el espejo de tenues resplandores
es como un remanso en la sombra.
Las encrucijadas oscuras
que lancean cuatro infinitas distancias
en arrabales de silencio
He nombrado los sitios
donde se desparrama la ternura
y estoy solo y conmigo.
El cine netamente africano –con perdón de las producciones europeas en el continente negro, ayuda que nunca esta demás y no falta, o cierta predominancia de Sudáfrica- no suele conocerse, es casi invisible, salvo para la gente que se esfuerza en buscarlo o por medio de los pocos que llegan a descubrirse gracias a la luz de algunos festivales internacionales (el último que se pudo ver fue el egipcio Yousry Nasrallah con after the battle en Cannes 2012). Siendo un séptimo arte poco difundido pero que como todos tiene algo que aportar. Y viendo al que tenemos presente, a Idrissa Ouedraogo, uno de los más famosos, nacido en Burkina Faso, uno puede decir que su obra tiene carisma, identidad, historias, dramas y por supuesto profundidad.
No vamos a mentir tampoco y decir que el cine que tenemos entre manos es de suma complejidad o posee las actuaciones más verídicas, justamente no es así, son relatos bastante sencillos y los actores ostentan muchos defectos. Sin embargo estamos ante una idiosincrasia muy definida y propia, antropológica y culturalmente atractiva, especial y digna de llevarse a la gran pantalla y poder conocerla y alimentar al espectador con un arte particular que a la vez remite a nuestra innegable e ineludible universalidad, y es que toda arte la busca, la procesa, la exhibe y la analiza. En ambos filmes tratados vemos la esencia primigenia de nuestra humanidad, nuestro acercamiento con la naturaleza y el lado primario de poder vernos reflejados. Destila inocencia, transparencia en una forma clara y directa, y como en toda nuestra estructura humana no le faltan estados de conflicto, despertando la instintiva crueldad, como también no se exime naturalmente del amor. Y en esas coordenadas se mueven los pobladores africanos bajo su territorio, sus costumbres y su diario vivir. Estamos ante una aclimatación total, fiel a lo que se puede denotar la existencia rural africana, las casas de esteras o adobe, los burros como transporte, la artesanía de uso personal, el tejer con métodos oriundos al país, los curanderos y las creencias supersticiosas, los torsos femeninos descubiertos, la precariedad, los pies descalzos, usualmente en túnicas o a veces en simples calzoncillos, el baile autóctono bajo el toque de la flauta, o los enormes cantaros de barro llevados sobre las cabezas. Moviéndose en un terreno árido y con escasa vegetación, bañándose en ríos. Todo encantadoramente típico sin explotar ninguna artificialidad o efectismo de cara a la cámara. No se trata más que de reflejar la realidad. Muy propio de un pueblito tradicional perdido en el tiempo (Yaaba es de 1989 y Tilai de 1990), lejos de las necesidades de la modernidad tecnológica y urbana de las grandes capitales, un canto de simplicidad en la felicidad de su idiosincrasia y su cosmovisión aborigen, claro con su personal problemática (la anciana marginada y tildada de bruja en Yaaba o el padre casado con la prometida de su hijo en Tilai). Por lo que ostentan sus pasiones, predominando el sexo (aunque no hay nada explicito ni por asomo, todo muy limpio y extremadamente sano en pantalla), el amor, los celos, la infidelidad, el alcoholismo, la violencia, las venganzas, el honor mancillado. Un sinfín de motivos compartidos por todo ser humano en el planeta.
Yaaba y Tilai no es que quieran mostrar el espacio envuelto en ignorancia, sino son propuestas desde dentro hay que recalcar y eso las provee de una autenticidad envidiable aun en sus alcances tan discretos, es más bien adaptarse al contexto de su sencillez interpretativa y de pretensión acerca del mundo y sus extraños designios, como la enfermedad. Aunque también influye viendo Tilai (la ley), y al notar lo que el título define, las reglas tradicionales que derivan en acontecimientos negativos tales como el fratricidio o el suicidio a razón del honor perdido, en un contexto que permite la poligamia o el forzar el casamiento por medio de los padres. De ello que Saga (Rasmane Ouedraogo) decida robar y huir con Nogma, enfureciendo al padre de él y esposo de ella, con la consabida venganza y confabulación del pueblo. Ya que las represalias ante la falta hacia un integrante de la comunidad se dan en colectividad, hay un sentido de reunirse y ejercer el castigo en forma grupal. Hasta el punto de permitir el ajusticiamiento o en el caso de Yaba el exilio.
En Yaaba, que significa abuela, como llama el pequeño Bila (Noufou Ouédraogo) de diez años de edad a una vieja de nombre Sana que es repudiada por el pueblo al ser tildada de bruja por justificaciones de su nacimiento y su temprana orfandad, una niña, Nopoko (Roukietou Barry) cae presa del tétano por un corte en una pelea pendiendo su vida de un hilo ante la superstición de su gente que cree es un maleficio. Sin embargo tras la comprensión del travieso y alegre chiquillo que termina en la consiguiente unión con Yaaba, pronto la cura llegara de quien menos se cree. No antes habiendo actos enajenados contra la indefensa y pacifica mujer. Como se ve en la película, resumir la trama es muy fácil, todo fluye con solidez y en la llaneza más flagrante, pero yacen ambas propuestas bajo la sensación de estar despiertas, con una amplia carga de simpatía de la que se revisten de pies a cabeza. Hay en esas actuaciones con diálogos apresurados, escupidos o declamados como quien cree que solo basta decirlo, una alegría detrás de sus roles. Las sonrisas y las bromas naif llegan al punto. Habiendo buena distribución del drama y optimismo a partes iguales. Aun sin apostar necesariamente por el desenlace feliz.
Tilai y Yaaba a la vez que difunden su geografía en estado puro, su forma de existir a flor de piel con miles de detalles y presencias que nos dan rasgos de su africanidad (de una parte, como la tienen todos los países en zonas primigenias o de campo desde su cultura), su cotidianidad más desnuda y sin ningún complejo, orgullosas de su entorno, de su quehacer y discurrir normal, con una honestidad y tranquilidad que el neorrealismo italiano tendría que admirar, poseen pequeñas sub-tramas independientes. Saga, celoso de un errante hombre subido en un burro cree ver algún enamoramiento de su pareja. Esto pasaría desapercibido y hasta se vería mal resuelto – de manera rauda y tal como llega superficial- sino fuera que en Yaaba, un año atrás, se exhibe una infidelidad con notorias semejanzas, y valga la acotación el personaje engañado lo interpreta el mismo actor, Rasmane Ouedraogo, que en su papel de Noaga sufre de impotencia por alcohólico teniendo a su esposa descontenta, la que siente tiene una razón para dejarlo y lo grita a los cuatro vientos bajo el apoyo de la féminas. El filme lo deja claro en su mensaje, incluso de boca de algunos personajes que lo dicen con toda convicción. Y eso remite a la importancia del sexo en este ambiente, no muy distinto a otros más próximos. Hay comedia al respecto, en sí esta subyace muy ligera en las dos, sutilmente, siempre rozando la ñoñez o siendo indulgentes lo buena onda.
No podemos subestimar el cine de Idrissa Ouedraogo, no solo porque Yaaba obtuvo el fipresci y la especial mención del premio ecuménico del jurado en el Festival de Cine de Cannes de 1989, mientras Tilai ganó el Grand Prize of the Jury en el mismo festival en 1990, o porque son dos de los mayores referentes de Burkina Faso y del séptimo arte africano, sino porque su frescura, sencillez argumental y robusta gracia, suman –se pliegan- a un escenario único, distinto, que nos permite observarnos. Esencialmente estamos inmersos, en una geografía y costumbre no tanto exótica –aunque algo leve en realidad tiene de eso- sino con una personalidad detrás que apreciar, que no nos será indiferente ni vacía o repetitiva si bien es lo más sencilla a fin de cuentas. Tal que nos llega en la forma de Ouedraogo que nos acostumbra a la identidad de su gente, de sus actores y representantes naturalistas, creíbles aun en sus carencias. En un metraje donde al rato de que nos comprometa como espectadores (“increíblemente” pasará, ténganlo por seguro) uno ya ni nota la rapidez de las voces, alguna involuntaria sonrisa en medio de un parlamento serio, una mirada perdida al despedirse o uno que otro grito con atisbo de falsedad sino la luz de la cara de la talentosa niña Roukietou Barry jugando a las apuestas con el protagonismo de Bila, los reproches de esta hacia Nogma (ensoñada en un aluvión de absoluto romanticismo), la lograda escena del sudor de la muerte en Yaaba, el cariño que articula en su rol Noufou Ouédraogo hacia su abuela ficticia y su mejor amiga (actores de pocas películas), y toda la maravillosa espontaneidad de la que exuda la comunidad entera en ambos filmes aun recriminándoles algo de su performance.

Jean-Francois Laguionie tiene 4 largometrajes de animación y varios cortos. Su primer filme, Gwen, le livre de sable (Gwen, o el libro de arena, 1985) es una aventura sobre un mundo post apocalíptico. Para ser exacto el planeta es ahora un gran desierto donde de lo que queda de la humanidad se han vuelto tribales y nómades, a excepción de una ciudad por descubrir. Hasta que un día nuestra protagonista Gewn y su compañera, una anciana bruja, deciden rescatar a un jovencito medio salvaje y misterioso que ha sido secuestrado por una entidad indefinida, la que tiene que ver con unos enormes objetos caseros de la vida pasada que aparecen intempestivamente por arte del sueño. Es una historia surrealista, extravagante pero con un toque de identidad comunitaria tradicional. Hay una noción de administrar tan solo algunos detalles que bastan y sobran para generar un clima de incertidumbre y extrañeza pero en un espacio consolidado, de propia autonomía sin que por ello pierda sentido. La ilustración tiene la particularidad de usar el pintado por medio del Gouache, muy similar a la acuarela pero más opaca. La imaginación de la historia la hace muy atrapante con un relato sugerente, de poca argumentación pero inteligentemente desplegado para generar un estado de sorpresa y concatenación en donde la atención de cada pieza separada nos dará un mosaico redondo.
Su segundo y tercer filme, Le chateau des singes (una historia de monos, 1999) y L'ile de Black Mór (la isla de Black Mor, 2004) son películas más convencionales, con historias que son fáciles de comprender, identificar y recordar, o comparar con antecesoras. Una sobre un mono salvaje (uno típico, aunque puede hablar con sus congéneres que son los habitantes del planeta) que al no creer en supersticiones cae en un bosque prohibido. Y por esa valiente casual intromisión conoce un castillo gobernando por simios más avanzados que visten con ropa, bailan, tienen una corte, estudian y ocultan sus orejas por educación. Este los liberará de algunos tabúes enviándolos paradójicamente hacia la evolución. Regresando además la paz que necesita el trono. El otro es sobre piratas y tesoros.
El cuarto filme es el que más nos compete. El cuadro (le tableau). Y nuevamente se trata de algún héroe visionario que se enfrenta a lo impuesto que es retrograda o limitador por culpa de la pasividad o la ignorancia. Evitando temer a lo desconocido y siendo progresista como en la mejor esencia francesa. La aventura versa sobre el reto de conquistar lo inhóspito y nuevo. Nuestra protagonista en realidad es Lola, una morocha, aunque pueda parecer que es la historia de Ramo y su amada, o la de Plume y Gom, y se trata de los tres relatos interconectados en un mismo contexto con la noción de que la curiosidad es la principal ventaja por sobre el resto. Agregando una sub-trama más que se rige al concepto general o que repite el axioma, la del soldado infeliz con su idiosincrasia.
La trama es la de figuras de pinturas que se dividen en tres clases sociales diferenciadas y rivales desde la desigualdad de la “arbitraria” superioridad que se atañe al color, al que unos sean bocetos (Plume y Gom), otros falten por terminar el pintado (Lola) y los poderosos porque traslucen esa perfección que atribuyen a la concreción pictórica, el estar completamente coloreados (Ramo). Éste último enamorado irá contra las convenciones de su gente guiado en su ruta por el atrevimiento de nuestra heroína. Junto a sus distintos amigos saltará de cuadro en cuadro, incluyendo al mundo real, en busca del pintor que ha abandonado algunas obras que aguardan por él. Ese pintor, creador más que artista, parece un sucedáneo de Dios, articulando una simbología apegada a leerse o no como tal (de ahí que se desprendan ideas muy cautivantes y reflexivas), ya que puede verse solo como un mundo alterno imaginario donde objetos inanimados cobran vida y se rigen a sus leyes naturales, bajo su leitmotiv, el quedar pintados o no y vivir en derredor de ello. La lucha de clases es la clave del asunto. Generador de egoísmo, soberbia, marginación o guerra (léase a su vez la precisa simplificación en el cuadro con los ejércitos rojo y verde que una vez pintados del mismo color no saben ya a quien enfrentarse). En cambio la simbología nos combina a pensar en el apocalipsis, en la sutil frustración de Dios, en la humanidad imperfecta, en el libre albedrio o en la sencillez y heterogeneidad del mundo. Yo apostaría por ambos. Aunque al final, el desenlace se “desliga” de las complicaciones, se vuelve literal en lo fantástico, o mejor, compañero en lo parcial de otras lecturas, en un estado tranquilo. En ese lugar yacen los dos Laguionie pero que subsisten próximos, separados por matices, ya que parten de la misma unidad que es el autor. El que es más complejo e intrincado, con un aire hasta filosófico o místico, y el que tergiversa o crea la realidad en un mundo nuevo tras alguna conquista trascendental o existencial. Sin embargo el autor juega con sus motivaciones y constantes, no es que se auto-limite en absoluto y eso habla de una coherencia refractaria. En Gwen, le livre de sable podemos ver que los gemelos “sacerdotes” que leen a los seguidores de su ciudad una especie de biblia que en verdad es entre una enciclopedia y un catálogo de artefactos muestran un camino de la trascendencia equivocado o inmanejable, en que más importa la sencillez argumental del rescate y vivir en el amor más llano. Mientras en Le chateau des singes hay un terrible fracaso en la ruta de vencer las supersticiones. O en Le tableau simplemente el mundo no deja de girar. Las preguntas no se agotan aunque toma noción el espectador de que la razón de cierta rebeldía progresista nunca debe faltar en la humanidad. Para crear un planeta más justo y más próspero. La civilización puede ser (irónicamente) el hacer algo que no resulta útil pero que produce goce personal como se desprende del diálogo con el maestro en Le chateau des singes con respecto al deporte y al laberinto de hierba. Sin embargo vale más por su reinterpretación de la vida para hacerla más hermosa en sus aspectos más indispensables, igualdad, humanidad, respeto, libertad. En su capacidad de introspección para resolverse mucho mejor, en dar un paso hacia adelante. Y en la convivencia del mandato del pueblo (Kom, el mono salvaje es un claro representante) con su representación gubernamental, en la asertividad de sus líderes, y en la apología de la individualidad en una colectividad horizontal aun con un orden de poder encima.
Notable el manejar varios caminos en tan corto tiempo (1 hora y 16 minutos de película), con tanto control de lo que se articula. Se debe también a que muchas ideas son compactas y completas en su introducción. Si bien hay nociones centrales, inconformismo, la búsqueda del cambio, e ideales humanistas a poner en práctica. También su toque de rareza, le tableau lo tiene en justa medida. Entre otros pensamientos, la copia resulta efectiva, es decir el mensaje se puede distribuir si sigue el patrón (el pintor y su autoretrato). O el caos que genera en primera instancia tener algo selecto al alcance de todos, para luego verlo como una promesa cumplida que funciona. El filme sigue al expresionismo y hace gala como infundiendo personalidad visual -aparte de la profundidad ideológica de su historia bajo dicha exhibición- en el color que remite a Henri Matisse, André Derain o Paul Gauguin. Le tableau es una animación madura que no perjudica la esencia de su género. Destinado a quienes amamos el dibujo animado inscrito en el más audaz, claro e inteligente séptimo arte.
De Mario Salazar
Amor
Para Vanessa
Te amo desde que te vi pasar entre las nubes
y supe que eras mi sed y mi voluntad
Desde que sentí que eras mi lecho de flores
en este mundo terrenal, tan cruel y tan artificial
porque Dios supo escuchar mis ruegos
de darme a alguien a quien amar hasta el final.
Eres la flor que el viento arrulla
y yo la abeja que recorre tu figura
También la mar soplando floreciente
las olas del sueño impenitente
suave vaivén de encanto, amor y fuego candente.
El aroma de tu olor tierno me embriaga
y me adormece en las burbujas de la felicidad
irradias de tu alma el sol que nace para mi existencia
al ser que goza por ti desde el alba hasta el ocaso del día
por ser más que tiempo y estar encallada en lo imperecedero siendo vida.
Son tus ojos el brillo que me hace amanecer
Comulgar a la luz azulina de tus lunas llenas en tu natural belleza
el amarte con la locura de quien obtiene la miel del canto
de recitarte cuatro versos encendidos
de amor a fuego tendido.
Despertar durmiendo el sueño eterno
al escuchar tu palpitar de amor correspondido
en tus labios nace el edén
el cielo, el paraíso, diga Dios un nombre a ese bendito sitio.
Conquistando a paso lento un mundo entre los dos
Dejando los lamentos en la trampa de la melancolía
siempre ocuparas la mitad de mi corazón
¡Tú, alma mía!
Por la fuerza de tu convicción
la que me trasmite tranquilidad y firmeza
Mi pareja en este mundo de azares y embestidas
La estrella que guía sin duda
mi rumbo en esta vida.
La muerte de un toro
Un toro ha muerto en la arena
Su bravura ha perecido bajo el abuso de la desventaja
Sin lealtad ni partido limpio le han dado muerte
Su lomo corpulento y sus patas firmes dan vueltas alrededor
Valiente y altanero trata de defenderse de un destino firmado
Violento y solitario para el demonio rechazado
Las espadas se llenan de sangre y no desiste
El hombre en el traje de brillos sonríe y se pavonea
Miserable combate entre una bestia designada al infierno
Como los animales salvajes gigantes ha de ser libre
pero el imperio de cemento no le da oportunidad alguna
este es otro mundo ya sin edenes y libertades para una bestia indomable
es la sangre derramada en el ruedo bajo el suave y lento fuego del dolor
La existencia es cruel manifiesto de locura y sin razón
Los hombres y sus juegos han quebrado la voluntad de los seres fuertes
Las flores caen del cielo quiere pensar y no puede
En el ocaso moribundo de su suerte
Los hombres de poca osadía gritan al asesino que termine con el martirio
La vida ese camino sin salida más que para ir de bruces hacia la tierra
Siempre puede ser peor dice el seco contemporáneo ante lo que destruye
La sangre resbala y débil abstraído en su mutismo cae y muere.
Platónico
Sopla el viento fuerte hacia las alturas
y aúlla el lobo en la montaña
le aúlla a la luna su eterna compañera
su amante platónica y distante
le llora sus penas y le cuenta sus alegrías
le muestra su coraje y su fortaleza
ella brilla redonda y su luz lo delinea como si lo acariciara
se regocijan mutuamente en el amor perfecto
el con la mandíbula filuda deja caer su lengua y luego le silba
como un tenor una bella canción
ella se mueve leve y le mira dulce desde arriba como una princesa
distintos el uno del otro pero tan unidos por un aullido profundo
que aspira la transmisión de lo que siente en la oscuridad de una noche tibia
El animal solitario a la luna bendita, su dama, su musa, su idolatría
Paisaje hermoso en un mundo lóbrego donde solo ellos se entienden
Dos almas románticas y salvajes a la medianoche
Sube en luna llena el lobo a aullarle
Su fuerte voz a ella le rinde homenaje, la seduce, la complace
El amor de un peligroso y solitario animal que a su belleza hipnotizado anhela
A su luna distante y silente que al salvaje romántico desvela
Aúlla por ella en la noche soñándola cerca
Pero el secreto es la imposibilidad de tenerla,
Sin tocarla con un silbido le hace el amor con su alma entera
Esperando que alguna vez se junten y se sientan.
Jesucristo
Son tus llagas virulentas
Es tu soledad en el martirio
De los clavos sangrantes
por la osadía y vanagloria de un imperio decadente
Es tu corona espinas de estirpe sublime
Cargas una pesada cruz sobre una espalda castigada a latigazos
Hombre probo y valiente que mueres por un ideal
Sufres por la humanidad
Cuando ella te da la retaguardia
Es tu asfixia dolor puro en esencia
Tu rostro compungido humilde te ve brillar en el espejo del héroe
Del profeta, del regente del cielo todopoderoso
Descendiste a morir a manos del hombre
Del carnicero vanidoso que atravesó en lateral tu cuerpo con una lanza
Sucumbiendo en la penuria del amor humano
Por gritar los pasos a la libertad del alma,
A la gloria eterna y a la bondad máxima
Caminaste largo y agotado ante las miradas de rechazo siendo luz
En el camino de cualquier cristiano
Y en tu último aliento pediste misericordia
No por ti como hubiera hecho cualquier cobarde
Sino por la raza que te perforo las manos y los pies
Bajo un cartel que se burlaba de tu naturaleza
De Dios en la tierra.
Y en el tiempo se dieron cuenta que eras Jesús de Nazaret
Cuando el mundo se derruía
Recordando la “muerte” del padre rey.

El anterior filme del director coreano Yun Jong-bin que tiene tres, Beastie Boys o también llamado The Moonlight of Seoul, versaba sobre los anfitriones sexuales en su país, que son buscados por damas jóvenes, guapas, algunas salvajes, adineradas y no siempre solteras emocionadas por su belleza y galantería. Viniendo a cuento la notoria broma de los filmes coreanos de que un tipo es o no guapo (es que el pobre es tan feo dicen antes de pasar a mencionar algunas virtudes). En su segunda película se aborda el tema seriamente y de forma directa, mostrando dos casos interconectados, uno de un puto y vividor endeudado que se aprovecha de las parejas que tiene y otro del dueño de un lugar de este tipo de servicios que se enamora -como atrapado por el karma- de una atractiva y discreta prostituta de alto vuelo. Un filme que en su conjunto resulta un poco apagado, demasiado calmo y seco en ciertas partes, pero con algunos giros y problemáticas muy bien desarrolladas a pesar de ello. Predominando mucho el drama personal. Lo mismo pasa con su última película, que no llega a ser redonda pero sigue siendo suficientemente valiosa para tenerla en cuenta.
Se trata de la relación de un peligroso y violento joven gángster, Choi Hyung-bae (Ha Jung-woo) y un familiar lejano al que llama padrino, Choi Ik-hyun (Choi Min-sik). Tras encontrar el segundo un fuerte cargamento de heroína por lo que entablan negocios y desarrollan un vínculo afectivo que los lleva a trabajar juntos. El más viejo quiere las gollerías y ventajas de los mafiosos, pero aparte de producir dinero no tiene esa sordidez e inmisericordia que se necesita, aun con los grandes contactos en las altas esferas ministeriales y policiales. De fondo yace la lucha contra la criminalidad desde un fiscal en particular que mediante flashforwards interroga a Choi Ik-hyun como su principal acusado o delator.
Como es costumbre no falta la comedia ni una cierta frescura para narrar la historia, y en ese trayecto el famoso actor Choi Min-sik es objeto de cuanto vejamen y golpes se le ocurre al director, no falta el maltrato ni el compromiso con el papel. Más que respetar su intocable aura de superioridad artística, parece empujado a hacer mayores méritos para sostener su notoriedad. No luce como un tipo serio sino medio bobo y padece bajo esa imagen, solo que enfrentado a un contexto temible donde acuchillarse, enterrar vivos a los que nos descontentan o masacrar a botellazos a algún rival es muy propio del mundo al que se adscribe. Mientras en la otra orilla, el actor Ha Jung-woo invoca el poder de la fuerza, con ese aspecto de estar por encima del resto, ostentando seguridad y maldad a partes iguales pero sin caer en el estereotipo. No le faltan a estos personajes humanidad y sencillez cotidiana, no es que no caigan en alguna broma o relajo. Como el que proporciona en su abuso de confianza su contraparte protagonista sobre él. Sin embargo hay una característica principal en cada cual, y uno juega con el ridículo y el otro con lo temible.
Un problema del filme es la larga duración de su metraje, más de dos horas en que parece sobreexplotarse la trama, inflarla sobre algunas circunstancias manidas solo que descritas al son del cine coreano, más libre, espontaneo y atrevido que lo antes visto, junto con la buena actuación de sus protagonistas en un tono en parte de farsa, exagerado y al vez irrespetuoso. No podemos desestimar la imaginación que da un toque de atractivo en éste séptimo arte. Pudiendo ser a su vez convencional con la ambientación del mundo del hampa que tenemos en mente. Y es que juega con esas dos caras. Como de los tiempos, a través de los años, la delincuencia y los arrestos. En un proceso de la destrucción de las mafias por el quehacer policial, el que queda en segundo plano aunque simbólicamente termina siendo el ejecutor y el que se lleva la gloria.
Pesa mucho la contextualización en la trama, a favor que hay su infaltable originalidad en la forma pero a su vez es como si la temática, los gángsters (como antes la prostitución masculina) predominara por encima de la historia en sí, en su particularidad, no siendo en ello algo verdaderamente especial. No en su trama especifica. Y eso suena a un gancho, a ampararse en algo que suele seducir al público y que uno lo identifica con el nuevo cine de Corea, salvando que resulta todavía muy novedoso, a diferencia de las mafias americanas que yacen muy bien popularizadas y son sumamente conocidas (y que por ser parte de un género cinematográfico nunca dejara de verse en pantalla ni de buscar la excelencia).
La propuesta peca de abundancia reiterativa aunque se mueve en la sugerencia de los elementos más que en su abarrotamiento en determinado momento. Tanto alrededor de un eje que cae en la disminución de su potencial, por culpa de su falta de atractivo argumental. Lo mejor, sus dos monstruos de actores que se amoldan a sus personajes. Choi Min-sik da más de lo que uno espera, afín a su buena fama y talento en donde su solo nombre nos crea expectación. Junto con Ha Jung-woo que lo secunda magistral y le da el vínculo necesario para fomentar el relato. El que aprovecha y predomina en Min-sik.
Filme que entretiene pero que le falta sustancia aun siendo aparatoso o aparentemente profundo o intrincado y que pierde por ello, sin embargo sobrevive por sus tantas otras cualidades, actores, temática o por seguir las características del típico cine moderno de su país. Irreverencia, soltura, sorpresa, en una “re-invención” de lo que conocemos por gángsters. Y por lo tanto, habrá valido la pena verla.
Aunque en el Perú llamar a un cine en particular como independiente como se le suele atribuir al presente suena algo extraño ya que aquí los realizadores todos lo son en realidad ya que se buscan sus propios recursos, no habiendo ayuda de ninguna industria, esta denominación viene más por formar parte de una filosofía que se lleva detrás, la que se aleja de lo comercial o de lo establecido –intuyo más que refiere a lo foráneo siendo exacto de Hollywood ya que nuestro cine, el que sea, siempre está sufriendo por atraer a los espectadores- por un mensaje personal y más artístico, buscando ser un trabajo de autor y por amor al séptimo arte como fuente de conceptos e identificación de trascendencia intelectual o sensorial.
Ante la pregunta de si cumple con tener voz propia, la tiene, pero de ahí a ser el camino a la transformación que pide el público nacional -y la mejor llegada de los cineastas- definitivamente no lo es, pero como fuente de variedad en nuestra cultura cinematográfica como algún alterego del director Eduardo Quispe suele decir está bien y es su elemento, ser un cine minoritario. Un complemento a nuestra cinefilia; de la que notablemente exuda nuestro compatriota. Y que yace en su criatura, en su yo cinematográfico, vinculada con las relaciones amorosas, el meollo del asunto, tratada incluso como discusión entre los protagonistas que a la vez viven la práctica de su teoría en un fondo apretado y dócil que adolece de mayor recurso visual para incrementar la potencia de algunos pensamientos entre manos.
"Uno" no es para despreciarle o no tenerle en cuenta aunque a muchos les parezca (y en buena parte ese rechazo es bastante entendible), porque derrocha honestidad y tiene sentido. En ese interior que pervive aún bajo una estética tan pobre. Poseedora de tantas fallas técnicas, cortes abruptos, sonidos dispares, algunas voces ininteligibles, movimientos de cámara que denotan una insípida espontaneidad que molesta y luce artificial, encuadres que no se funden por completo o no realzan sino simplifican la intervención de los personajes viéndose muy novato el filme, intromisión de ruido ambiental en los diálogos o mala iluminación (salvando algunas buenas ideas con algunas tomas de detalle, el reflejo en el espejo del bar entre feo, simpático y curioso, o la mano jugando con la cucharita de la taza de café). Y todo porque esos defectos son constantes y flagrantes, se ven a simple vista. Como lo de su presencia. No obstante una vez acostumbrados a la estética podemos decir que resulta una fuente de identidad de ese cine llamado independiente, como si el feísmo fuera una declaración de guerra, de principios, como si siendo más llanos y más austeros estuviéramos diciendo que lo importante es el mensaje. ¿Y qué de él? "Uno" retrata tres encuentros, tres citas de una posible futura pareja. Vemos desde que se levantan en su habitad natural hasta que deciden encontrarse. En adelante se trata de sus conversaciones. El director Eduardo Quispe es el chico que demuestra mucha soltura escénica, mucha naturalidad, y sus explicaciones y conversaciones son fluidas, “cotidianas” pero inteligentes. Proponiendo varias ideas en ellas. Son puntos de vista desde una persona cualquiera pero bastante bien educada, que no contradice la atmósfera de clase media baja en la que se mueve sino la hace ver atractiva intelectualmente.
Escuchamos dentro de la variedad de comentarios en la charla de pareja que él entiende el machismo (uno de sus floridos y exóticos devaneos, siempre puesto en contexto pero libre como quien trata de atrapar la atención del receptor, ella y nosotros), y lo fundamenta audazmente sin quitarle su carácter negativo. Explayándose en observarlo más detenidamente, bajo una capa de relajo y sorpresiva comprensión. Y es que tampoco nos engañemos, somos una sociedad con muchos rezagos machistas. Esto es bueno, porque toma riesgos y logra caer de pie aun no teniendo todo nuestro respaldo en su opinión. Sus conversaciones son el alma del filme y nos brindan ese rescatable sabor de no estar ante algo desechable, sino por ello a darle valor como séptimo arte. Uno artesanal y en la posibilidad de muchos. Que no ha de extrañar que surjan otros autores parecidos aunque su exhibición sea una quimera en salas comerciales.
Es loable que los diálogos aun siendo algo complejos pero claros se vean sin esfuerzo o eviten caer en lo falso. Ayuda que la locuacidad de Quispe duda sin que se vea un vacío, espera la interacción (aunque a su lado la dama sea mucho más pasiva), usa palabras neutras o simplemente no se da tanta importancia. Trata de entretener, de contagiar a la chica y crear un ambiente acogedor aun no pudiendo contener su exuberancia verbal. Mientras ella es puro detalle corporal, cierto toque de nervio, inspirando inquietud aunque controlada. Parece llevar dentro intensidad, y si bien no pierde su seguridad ostenta mucho movimiento esquivo a la cámara. Hay en ella una cierta anti-naturalidad soportable, digamos que baila en medio de la credibilidad y la sensación de ocultar la molestia de ser filmada. Quizá, pensamos, es un tipo de personalidad, y facilita esa opción su simpatía. Ambos son carismáticos, la muchacha denota ser una buena persona, alguien muy común que suaviza el ambiente. Disminuye la carga de Quispe haciendo un contrapeso que flirtea con el diario vivir, con el romance, sino de ellos de sus palabras. Él roza la carga del que se complica y aunque en la vida real puede ser un poco pesado, alimenta el filme, lo sostiene, es lo mejor de él gracias a su contraparte. Logrando salir a flote sin perecer en el asunto ni convertirse en el cliché que tanto rehúye el cine al que se ampara.
Quispe lleva cuatro filmes, todos denominados por orden numérico, del uno al cuatro, y ha dicho que le gustaría llegar a hacer 33. No suena difícil la meta. Solo esperemos que siga poseyendo ese magma rescatable del que hablamos. Suficiente como para atreverse uno a seguir ojeando su arte, y quien sabe, algún día pueda hacer una obra de arte como el mejor cine independiente.
Brandon Cronenberg lleva los genes de su padre, en cuanto a su primer estilo, pero teniendo mucho que aportar desde su mundo y propia arte. Su primera película es un portentoso debut. Vemos más que el apellido famoso del progenitor, aun con ciertos desequilibrios naturales de quien está lleno de aportes y entusiasmos, no obstante destaca en su atrevimiento y extravagancia una muy buena estética que recoge el camino maduro de su antecesor. Es como si se alimentara de lo mejor de él para hacer algo novedoso. Entre ligeras comillas, porque parece seguir la ruta que iniciara en el pasado David Cronenberg, solo que más limpio, con buena asesoría y ya un legado familiar detrás, que por supuesto aún le queda grande, sin embargo vaya arranque.
El filme parte de una premisa muy original, la gente vive idolatrando a las celebridades y tan grande es su adoración que se venden los virus de las estrellas, para componer la búsqueda de la compenetración con sus ídolos, de sentirlos cerca, o coger un poco de su luz especial. Cronenberg desarrolla muy hábilmente su guion. Una clínica en la que trabaja nuestro protagonista, Syd March (Caleb Landry Jones), se reviste de una impoluta blancura (una falsa calma), que contrasta con un lado oscuro de gozar con el dolor, con el padecimiento de la enfermedad. Sudores violentos, vómitos de sangre, ardores internos, manchas y marcas en la piel son la droga de estos fanáticos y clientes, y Syd aprovechando su empleo experimenta con todas ellas. Su exótica presencia, extrema palidez, cabello pelirrojo, delgadez y pecas sirven de fermento y reflejo idóneo del síntoma de la atracción por la superioridad de la fama, su sola presencia es como un espejo, su rostro parece el de un hombre que induce a creer que siente asco de su entorno, solitario y engullido en él, su admiración es ciega. El negocio de los virus lo tiene en la obsesión general solo que este “maneja” esos hilos, los prueba, los anticipa y los estudia. Vende al mercado negro, mientras consume para su propio beneficio.
El culto al placer en el acopio y apropiación del otro (mayor) no tiene discusión. Se quiere ser esa estrella pero ante la incompetencia y limitación del yo y del mundo se opta por la sumisión y el enaltecimiento ajeno (la pasividad del anonimato), que se ampara en la pseudo perfección. Recordando que Hannah Geist (Sarah Gadon) de impresionante belleza, una canadiense escultural que invoca toda esa magnificencia (muy bien tratada en la publicidad que vemos en la trama), no tiene vulva, es en el fondo “secretamente” imperfecta. No queriendo asumirse la realidad sobre ella que lo deja como un rumor que raya en la indiferencia frente al culto que se ciñe sobre esa rubia de labios encendidos escarlatas bajo su presencia totalizante que contiene la identidad de la ciudad. Nada importa más que ella, y su última enfermedad en venta. Dándose la trama entre la ambición y el hedonismo colindante en donde su existencia se une a la de Syd, que sufre todo tipo de golpes no siendo el héroe típico, ni por asomo.
Ciencia ficción inquietante que se convierte en un trepidante thriller donde se dan muchas persecuciones y casos algo intrincados en una atmósfera de rareza y normalizado exceso futurista. Medio freak e inusual como nos luce el personaje de Arvid (Joe Pingue, secundario de secundarios), un pirata de la comercialización de virus y células cultivadas de estrellas que sirven de alimento en su tienda para fanáticos. No hay que obviar que esta propuesta es atípica, solo que bastante coherente desde sus lineamientos. Para ello Brandon ha optado por un buen toque de transparencia, de buena explicación y sustento, sin embargo los giros son tan rocambolescos y tan impremeditados a ratos, terminan por ser demasiados, que uno puede perder ciertos datos, sin embargo el conjunto cumple con su cuota básica sin que uno sienta que ha entrado en un laberinto sin salida. Todo porque el concepto no cambia, se repite en varias oportunidades y yace bastante explotado. El leit motiv es seguir proveyendo el hedonismo sin juicios (no existe ninguno más allá de las reflexiones globales que podemos extraer de la trama, el culto vacío y desenfrenado al ídolo, la auto-invisibilidad y la carencia de la personalidad propia), el goce continuo e insaciable de poseer nuevas formas de robarle un poco el alma al objeto de placer. El artificio y la compra de un sentido superficial. La trama no es que pretenda más allá de algo claro y particular en el fondo sencillo, pero articula muy bien sus piezas, no deja de sobresaltarnos, de generar la misma tensión y padecimiento del protagonista. Si Michael Haneke te hace pensar el dolor como si fuera tuyo, los Cronenberg te hacen sentirlo físicamente logrando Brandon un quiebre audaz en subvertir la esencia de la salud viendo que la pasión convierte el sufrimiento en éxtasis.
Visualmente sea dicho la estética está en todas partes, teniendo control de la ambientación destinada a los inteligentes pocos detalles. Algunas tomas parecen de mural (la que abre sobre todo). Está el cuarto con los carteles de Hannah Geist en la clínica, más cerca del manicomio, son esa unión malsana de una nueva creación salida de la mente de nuestro director que se afianza a su innovación hasta componer mucha acción y sorpresa a manera de seguir el misterio sobre una muerte que nunca llega en realidad, que se da y se suspende eternamente, como quien no quiere perder su privilegio hedonista, y vive en el deseo inamovible de la comunidad. El ente de amor es en la mente ajena como el motor de sentido que no poseen naturalmente. Los personajes son funcionales, arquetípicos y desiertos en su biografía, no obstante son los correctos para la historia. Se mueven en el golpe de efecto. Como el profuso y hermoso desagradable rastro de sangre que va dejando Syd en lo blanco de la ambientación que permuta la historia hacia ratos de terror en el cuerpo martirizado, a puertas de una probable transformación (como desde la escena de la espalda del protagonista), que luce inminente y cae en las garras de la fijación del guion. La adquisición de los virus y a una hora cuatro minutos de metraje entrando a tallar el antiviral, algo casi elíptico, en el thriller en toda carrera.
La muerte no se teme, solo se sufre y se alimenta en el organismo, como un juego. Una mirada bastante curiosa tratada muy levemente para beneficio de la trama. Y es que hay una aclimatación desde la juventud que elude el proceso final del hombre. Razonable viendo la edad del director, nacido en 1980. Y su vocación de entretenimiento, que lo es sobre todo. El cuerpo, bastión de transito pierde su espiritualidad por completo –incluso el Dr. Abendroth (Malcolm McDowell) implica el sobrenombre de Dios en el ser humano, una atribución que no podemos dejar de verla manida a falta de complejizarla aunque se trata con ello de justificar algo más que la arbitrariedad del lugar de privilegio. Se halla entre las pulsiones más pedestres, solo que acogida por la elegancia del autor que nunca cae en feísmos aun siendo explícito en el devenir de las dolencias auto-infligidas.
Antiviral es un contundente retrato que ostenta la intensidad y vigor de lo que se llamó la nueva carne, pero sin la capacidad de impacto de antaño ni el caparazón definitivo de marginal, aunque se deparará indudablemente para una minoría. Si bien fue celebrada en el Festival de Cine de Toronto (TIFF) con el galardón de mejor opera prima canadiense.
De Antonio Cisneros
La araña cuelga demasiado
lejos de la tierra
La araña cuelga demasiado lejos de la tierra,
tiene ocho patas peludas y rápidas como las mías
y tiene mal humor y puede ser grosera como yo
y tiene un sexo y una hembra –o macho, es difícil
saberlo en las arañas- y dos o tres amigos,
desde hace algunos años
almuerza todo lo que se enreda en su tela
y su apetito es casi como el mío, aunque yo pelo
los animales antes de morderlos y soy desordenado,
la araña cuelga demasiado lejos de la tierra
y ha de morir en su redonda casa de saliva
y yo cuelgo demasiado lejos de la tierra
pero eso me preocupa: quisiera caminar alegremente
unos cuantos kilómetros sobre los gordos pastos
antes de que me entierren,
y ésa será mi habilidad.
De un soldado
Después de la batalla, no había sitio donde amontonar
a nuestros muertos, tan sucios y ojerosos, desparramados
en el pasto como sobras de este duro combate.
los héroes hinchados y amarillos se mezclan entre piedras
o caballos abiertos y tendidos bajo el alba: es decir,
los camaradas muertos son iguales
al resto de otras cosas comestibles después de una batalla,
y pronto
cien pájaros marrones se reproducirán sobre sus cuerpos,
hasta limpiar la yerba.
Tercer movimiento (Affettuosso)
Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la
muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se
achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de
las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como
un techo
y entonces
la muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas,
Es difícil hacer el amor pero se aprende.
Una visita arqueológica
No sé por qué razón, pero él estaba afanado en que mostrara
un miedo pavoroso ante la vista de ese cerro naranja, creci-
do y arrumado como un caballo muerto entre los arrozales.
“¿No sientes que te devora el alma?”, me decía y yo atina-
ba apenas a decirle que no y protegerme de los rayos del sol
y la ventisca que viene de los fardos funerarios. Después,
bajamos a la playa y dimos cuenta de un plato de cangre-
jos, mientras él insistía en sus rituales, más bien aparatosos,
despojados de toda compasión. Y no cejó, hasta la hora calma
de los tumbos que se anticipa a las mareas altas. Los muertos,
sin embargo, seguían en su sitio, holgados, bien dispuestos y
armoniosos. Mi pobre alma inmortal, a pesar de las salmo-
días y el bochinche, permanecía intacta como el sol o un
cactus venenoso. Una moto veloz brilló, de pronto, entre
los algarrobos negros de la noche.
Estando a cinco días de la 85va Ceremonia de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas Americanas doy mi apunte personal sobre las nominadas, junto con mi veredicto de la que considero ganará una estatuilla dorada la noche del Oscar 2013 habiendo visto todas las presentes (excusándome solo de tres documentales). En negrita va mi voto.
MEJOR PELÍCULA
El filme más redondo y rotundo del grupo es Zero Dark Thirty teniendo a Argo siguiéndole los talones como bien se ha podido ver en cuanto a los pequeños galardones que se han ido disputando en Estados Unidos. Argo es menos que la película de Kathryn Bigelow porque ha buscado cierta espectacularidad clásica y primaria a comparación de una vocación verídica de ZDT mucho más potente en cuanto a su tramo culmen siendo la frialdad de Bigelow más efectiva que la tensión artificial de Affleck, aunque los dos son filmes de alta calidad y Argo viene de ganar el Bafta a mejor película. Los Miserables aunque no está entre los favoritos al premio es un filme grande y ambicioso que uno debe tener presente, a pesar de resultar un musical con altibajos, viéndose un pico apasionante en el dramatismo de Hathaway o en las escenas de Jackman como en la iglesia o las galeras, y una caída en el aspecto romántico de Cosette y Marius. Y no se puede evadir el hecho de faltarle un cierto equilibrio sobre las sensaciones que experimentamos y es porque no logra mantener en todo el metraje el mismo trágico sentimiento de cara al espectador, aunque sea leve y muy común la falta de provocar cierta indiferencia. Para mayor análisis pueden hacer click sobre el título respectivo y cotejar la crítica de cada uno de los nominados de forma independiente.
MEJOR DIRECTOR
"Amour" Michael Haneke
"Beasts of the Southern Wild" Benh Zeitlin
"Life of Pi" Ang Lee
"Lincoln" Steven Spielberg
"Silver Linings Playbook" David O. Russell
Spielberg luce como el claro ganador ante la ausencia de tres directores que lo han hecho mucho mejor que él, Ben Affleck, Kathryn Bigelow y Paul Thomas Anderson. Y yo hubiera escogido a P.T. Anderson aunque Affleck está en su gran momento y no se le hubiera podido ignorar (salvo por la seguridad y alcance del Oscar que está por encima de todo). Sin embargo, viendo quienes están, debe ser Spielberg que ha demostrado mucha inteligencia y ha aceptado el reto de hacer una obra política de pies a cabeza aunque sacrificando ritmo y jugando con el cansancio del público. Con Zeitlin debió ser solo a mejor película ya que eso con justicia le abre las puertas a él (bien que el Oscar no lo haya obviado) siendo suficiente y a la vez no le quitaría tampoco un lugar a alguien más competitivo en la nominación a director ya que es novel aún y le falta. Ang Lee ha hecho un buen filme pero en comparación a Lincoln es menor aun siendo más entretenido, no ha tomado ningún riesgo en su estructura (que se entiende porque no lleva estrellas de cine y ya es mucho en contra en un filme importante hollywoodense). Además la biografía de un mítico personaje se impone por grande a una fábula aunque simpática.
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Naomi Watts por "Lo Imposible"
Jessica Chastain por "Zero Dark Thirty"
Jennifer Lawrence por "Silver Linings Playbook"
Emmanuelle Riva por "Amour"
Quvenzhané Wallis por "Bestias del sur salvaje"
La verdadera lucha está entre Lawrence y Riva, pero como la joven americana tiene todavía muchas oportunidades por delante aun repitiendo notablemente momentos de talento en el mismo filme con una contundente performance, el concretar el deterioro de su personaje y la sensibilidad que desprende sin maniqueísmo salvo los necesarios y coherentes dentro de un drama de estas condiciones me apuntan a escoger a Riva. Chastain lucha, remonta y refuta ser frágil como naturalmente parece pero siempre yace detrás la sombra de esto y al final lo logra pero en comparación a la virtud de Lawrence y a la precisión en todo sentido de Riva se queda lejos. Pero ya será el momento de Chastain, trabaja duro y es buena actriz. Watts es visceral desde la convalecencia, emocional desde lo físico, nadando en el dolor de lo visual, pero se queda en solo ello, en algo sumamente primario. Y se parece a Riva pero esta última profundiza más en sus emociones, y tiene mayor alcance conceptual gracias a Haneke.
MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Daniel Day-Lewis por "Lincoln"
Denzel Washington por "Flight"
Hugh Jackman por “Los Miserables”
Bradley Cooper por "Silver Linings Playbook"
Joaquin Phoenix por "The Master"
El último del grupo debe ser Cooper que todavía requiere tiempo para sus interpretaciones, pero hay que dejar expreso que ha crecido mucho, quien diría que es el pesado novio de Rachel McAdams en los Rompebodas (Wedding Crashers, 2005) en donde se mofan de su personaje. Washington es el cuarto y es talentoso pero no hace nada del otro mundo para sobresalir. El tercero es Jackman, porque se ha esforzado, ha hecho algo más allá de lo que uno esperaría de él, lo ha hecho muy bien, convincente y creo que en adelante merece ser más que Wolverine (aunque lo haga muy bien). Y eso nos deja con dos. Uno de mis actores favoritos a quien admiro y siento hasta cariño por él es Joaquín Phoenix, desde su Commodus (Gladiador, 2000) estoy enamorado de sus actuaciones, sin embargo Day Lewis es para todos sus compañeros actores siempre alguien muy grande, en un top 5 no faltaría, es uno de los mejores actores de la actualidad y eso se puede ver en su Lincoln, por ende debe ganar.
MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
Sally Field por “Lincoln”
Anne Hathaway por “Los Miserables”
Jackie Weaver "Silver Linings Playbook"
Helen Hunt por "The Sessions"
Amy Adams por “The master”
Yo adoro a Jackie Weaver desde Animal Kingdom (2010), la que ese año me pareció la mejor por encima de la ganadora del 2011 Melissa Leo, y estoy feliz de que tenga mucha más presencia, no obstante su nominación me parece increíble, creo que no ha hecho nada para estar nominada. Tuvo un papel muy anodino y casi invisible en Silver Linings Playbook. Después no suelo notar mucho a Sally Field que verla en Lincoln me ha sido muy grato pero de todas formas la creo por debajo de Hathaway, Adams y Hunt. En tercer lugar dejo a Helen Hunt que sin duda hace lo que el guion manda y logra dominar a su personaje, lo mejora siendo su soltura sumamente envidiable, rasgo de virtud en alguien talentosa que aprovecha la experiencia que tiene. Segunda yace Adams que aunque con poca presencia en The master logra dejarse ver plenamente al doblegar su presencia, su belleza y fragilidad, denotando una solvencia que hubiera querido un poco Chastain. Y en primera opción nos quedamos con Anne Hathaway (deliciosa como gatúbela sea dicho además), que a todas luces sorprende con Los Miserables. Es la mejor. Y es que quien pedía de ella seriedad ha recibido lo máximo de su última participación, logrando saltar de la banalidad a la efervescencia escénica. Es ahora una actriz en toda palabra y habría que premiarla.
MEJOR ACTOR SECUNDARIO
Christoph Waltz por “Django desencadenado”
Philip Seymour Hoffman por “The master”
Robert De Niro por “Silver Linings Playbook”
Alan Arkin por “Argo”
Tommy Lee Jones por “Lincoln”
Enseguida uno ve que el papel de Arkin es menor, muy pequeño tanto que podríamos abordarlo de mil formas, pero con su ironía y frescura, atípico en un hombre de su edad, su toque de personalidad, uno entiende su nominación, sin embargo le queda lejano el premio en cuanto a Waltz y Hoffman, y un poco en cuanto al resto. Yo lo dejo en quinto lugar. Jones tiene un papel destacado pero de poco encanto, muy como luce él si no sabes de su alcance y esfuerzo camaleónico que hacen de él un actor mejor de lo que aparenta, y se queda ahí en cuarto lugar, todavía distante a la espera de un papel como el de No es país para viejos (2007). Tercero, De Niro, actor magnífico del cual lo vemos en parte gastado – tanto nos ha dado que ya lo conocemos demasiado- y que con un papel enriquecido nos lo han traído de nuevo a la palestra, pero que es menos de lo que se habla como para darle el premio. Waltz es un actor gigante de esos que todo lo hacen ver muy fácil pero desde la complejidad esencial, teniendo el don del actor de élite pero bajo la capa de la discreción, además de que tiene feeling con el público, tiene encanto, es un tipo simpático y por esa natural virtud hace de su cinismo un arma cautivadora en Django unchained. Sabe imbuir a su Dr. King Schultz de esa riqueza del personaje inteligente y ambiguo que uno adora ver en la pantalla, aunque se queda detrás del primer puesto pero por poco. Siendo lo de Hoffman un papel especial, por quien interpreta, el maestro de una secta. Y esa dificultad conceptual de la que desprende no hace más que ganarse la reverencia del observador, y es que muchos ven que el actor es la trama en su participación en The master y es porque se apodera de ella. No es un actor que me suela maravillar (aunque sé que es capaz), por ello creo más meritorio lo que ha hecho. Una actuación digna de una obra maestra.
MEJOR GUION ORIGINAL
Flight
Zero Dark Thirty
Django desencadenado
Amor
Moonrise Kingdom
Si algo es original -hay que decirlo en un dos por tres- es una obra de Tarantino valga la exaltación y seguridad de estas palabras, por ende que mejor que hacer de la reivindicación de un esclavo afroamericano dentro de un spaguetti western la ganadora de la imaginación que yace viva en la contemporaneidad.
MEJOR GUION ADAPTADO
Lincoln
Argo
Silver Linings Playbook
Bestias del sur salvaje
Life of Pi
Ver toda la magnificencia de la magia del cine salida de alguna novela no puede ser otra que la película de Ang Lee y aunque parece que se hace algo discreto captar algunos detalles del libro en que se basa, la fotografía, los efectos especiales y los fotogramas tienen propia personalidad en el ecran.
MEJOR FILME EXTRANJERO
“Amour” (Austria)
“No” (Chile)
"A Royal Affair" (Dinamarca)
“Kon-Tiki” (Noruega)
“War Witch” (Canada)
Que La cinta blanca de Michael Haneke no ganara el Oscar el 2010 en esta categoría fue una sorpresa para quien escribe. Era a todas luces la mejor película de las nominadas aunque la originalidad y exotismo de La teta asustada, la dureza y audacia delictiva de Un profeta y la ambición de El secreto de sus ojos representaban una buena competencia. Y es que la sección de película en habla no inglesa siempre es un manjar de séptimo arte en esta gala. Es de un alto nivel. Y sigue esa tradición. Ahora, siendo flagrante el triunfo del austriaco desde lo oficial, por justicia a destiempo aparte de las actuales virtudes de la propuesta, si bien Haneke ya no está con una obra maestra entre manos, aunque sigue siendo un filme destacado y a mi ver el mejor. De temática siempre actual, con un estilo duro, y una esencia muy humana. ¿Qué es el hombre sin el amor?, ¿y qué sin prepararse para la muerte?, a la que todos iremos inevitablemente. Seguido por No de Pablo Larraín con un filme impecable y muy inteligente, un canto racional de orden quirúrgico que aun así no es frío sino muy natural, y versando -¡diablos!- sobre política, que asume porque de eso trata pero sin quedarse ciego por las pasiones, lo cual es muy propio de un director talentoso. Tercero dejo a War Witch, filme sobre el África sub-sariana en donde se ve la vida terrible y dura de una niña de 12 años reclutada violentamente para formar parte de una guerrilla. Filme poderoso bajo subyugantes ráfagas de fuego abierto, amor arduo, salvajismo, brujería y fantasmas. Sumamente atrapante y bien hecho pero menor al alcance de las anteriores. Cuarto,
A royal affair. Y quinto, Kon-Tiki, que falla irremediablemente con esa escena del tiburón subido a la barca para luego parecer un filme de Bond (por lo fantástico) al caer en el agua un tripulante, teniendo además algunos momentos muy pre-fabricados o telegrafiados a distancia (cuando se lanzan al océano los cables que sirven para unir las tablas y que equivalían a destruir el sueño de la investigación), aunque es elogiable la capacidad para poner en riesgo la expedición noruega con hasta cinco retos y crear la sensación de hazaña, que lo es en la búsqueda de la demostración de una conquista peruana de la cual uno no puede evitar sentir cierto entusiasmo, no solo por lo nacional sino por la épica humana a la que es fácil adscribirse.
MEJOR DOCUMENTAL
"5 Broken Cameras"
"The Gatekeepers"
"How to Survive a Plague"
"The Invisible War"
"Searching for Sugar Man"
Aquí todo apunta a Searching for sugar man que ganó el Bafta, pero podría ser tranquilamente 5 broken cameras también. Las otras parecen no estar entre las favoritas aunque muchos críticos eligieron How to survive a plague como parte de lo mejor del año 2012, y hay que echarle un ojo aunque es improbable que gane. Lástima que aún no la he podido ver.
MEJOR ANIMACIÓN
“Frankenweenie”
“Pirates”
“Wreck it Ralph”
“Paranorman”
“Brave”
La calidad del grupo es indiscutible, ha habido años en donde ha sido penoso el Oscar en este apartado, hoy vale darse el gusto de verlas todas. Y hay una de Tim Burton, que se basa en su propio cortometraje de 1984, precedente que era tierno pero en parte empalagoso, por lo que lo ha limado para bien del espectador, sin embargo aunque es bueno que Burton (a quien adoramos y haga lo que haga tiene cierta complicidad de nuestra parte) se tome un tiempo para respirar con algo seguro –aparte de su estilo, que es terminante- ante tanta “originalidad en búsqueda” todavía esperamos algo de creatividad futura. Creyendo que puede darnos mucho más. Compite además un filme,
ParaNorman, muy en homenaje a Burton que estando él no le vemos como ganador, no da para tanto aunque es bastante simpático y entretenido. Brave no está mal, yo diría que bastante bien, sobre todo cuando había cierto vox populi de que Pixar estaba decayendo. Nada más lejos de la verdad si bien empieza a asentarse en nuestra costumbre y le cuesta sorprender, y de eso va, no es que invente la dinamita pero lo del contexto de los osos es una sobredimensión protagónica muy ingeniosa. Quedándonos el pensamiento de que se está buscando en lo difícil cuando todavía se puede explotar lo conocido, claro que con creatividad de por medio. Por otro lado, Pirates empieza medio soso pero termina empujando el carrito con fuerza, aunque la broma a veces no pega y el capitán y sus tumbos existenciales en pos de reconocimiento van y vienen, atrapa y también abruma. Se reconoce un buen aire de imaginación aunque en lo visual no sea tan vistoso, que tampoco es malo sino que pudo ser mucho mejor. Y llegamos a la elección ganadora, Wreck it Ralph, que brilla en el mismo sentido de Pirates pero lo hace con el original ambiente de los videojuegos, siendo rompedor en sus imágenes (deliciosamente chocantes), a la saga de lo kitsch y dando vigor al argumento que termina siendo noble y entretenido (los “malos” también se deprimen y al menos en los videojuegos son muy necesarios). Buena propuesta, bastante audaz y sin perder camino, accesible y particular a partes iguales, con forma atrevida, arriesgada, sacrificando estética a favor de la novedad justificada.
MEJOR CORTO ANIMADO
"Adam and Dog" Minkyu Lee
"Fresh Guacamole" PES
"Head over Heels" Timothy Reckart and Fodhla Cronin O'Reilly
"Maggie Simpson in "The Longest Daycare" David Silverman
"Paperman" John Kahrs
Parece unánime, va a ser Paperman, es un corto perfecto, muy bien hecho, lleno de sentimiento hasta llegar a lo cursi pero agradable, y es que es muy típico (donde brilla la frase del destino confabula para tu felicidad, cosa que resulta una “utopía”, ya que el mundo es todo menos hermoso), y de ahí que todo encaje y sea de nivel, ya que solamente refina la fórmula de siempre, la saca a la luz nuevamente, con un bello blanco y negro, con romance e inocencia y una ciudad que se repite hasta la saciedad, más bella todavía ubicada en el ambiente clásico que se utiliza, y Dios bendiga la facilidad con que algunos le venden lo suyo al resto, quisiéramos que Lima fuera New York ya que todos mueren por pasear por la gran manzana. Mucho gracias al cine. Sin embargo no es solo eso, hay parecido con un cortometraje australiano llamado Signs (Señales), perteneciente a Patrick Hughes y que es célebre, el cual remite a un deprimido oficinista que persigue el amor al sentirse vacío y solitario. Hasta el día en que se topa tímida y casualmente -como no puede ser de otra forma- con la mirada de una chica sentada al frente de su alto edificio de trabajo, en su cubículo de labor, y empieza a comunicarse con ella mediante papeles. No es lo mismo y pues no es que algo nos impida hacer nuestra versión - o tergiversar- sobre recursos universales dentro de la imaginación, no obstante tampoco es que Disney peque de creativo y eso emana en esencia de Paperman. Le falta novedad. Sin embargo su nivel parece no tener comparación, con excepción de Head over Heels que es menos simpático que este, solo que vigorosamente más maduro, siendo más duro de asimilar aunque como todo corto animado implica suavidad visual, solo que intrínsecamente no se trata de eso, sino de algo muy humano, el desgaste de la relación de pareja (atípico al tener ancianos de protagonistas, a los que no solemos recurrir en dicha imagen, como si no importara en ellos), y se usa la metáfora del hombre de pie sobre el suelo y la mujer caminando en el techo, incomunicados, hasta que el ingenio y un pequeño gesto -al comienzo mal interpretado- les facilita una bonita segunda oportunidad. Igual de ñoño que Paperman pero más complejo por el tema que aborda, yendo a ser más identificable en la vida tal cual, sin ilusiones. Aunque es una pequeña historia y durante 11 minutos se deambula sobre el mismo lugar, lo que es normal porque los cortos por regla general todos son sencillos y unidimensionales. O son libres e inclasificables como Fresh Guacamole en donde el arte predomina pero el sentido se diluye bajo el juego. Mientras, Adam and Dog carece de carisma fuera de lo obvio, es seco y manido. Un perro se topa con un primitivo y se hacen compañeros (¡oh vaya!) y a un tiempo se trastabilla la amistad cuando él se distrae con una mujer, pero luego... sin más. Poca cosa en realidad. Además de innecesariamente extenso y sin la aseada calidad de Paperman o la complejidad de Head over heels. Y por último, The Longest Daycare, un corto audaz en cierta medida pero que finalmente queda como solo divertido, habiendo ópera, acción y cine mudo con Maggie Simpsons de protagonista.
MEJORES EFECTOS ESPECIALES
"The Hobbit: An Unexpected Journey"
"Life of Pi"
"The Avengers"
"Prometheus"
"Snow White and the Huntsman"
MEJOR MAQUILLAJE
"Hitchcock" Howard Berger, Peter Montagna and Martin Samuel
"The Hobbit: An Unexpected Journey" Peter Swords King, Rick Findlater and Tami Lane
"Les Misérables" Lisa Westcott and Julie Dartnell
Muchos creían que la realeza aparte del privilegio que poseía se sostenía de un aura de divinidad, pero la realidad era que eran tan humanos como cualquiera, con la ventaja de poseer el poder y todo lo que conlleva ello, la inteligencia. Sin embargo para el siglo XVIII este emergía de una clase estudiosa e intelectual, profesional, que estaba inmersa en medio de las mayorías pobres y la alcurnia tratando de liderar el mundo. Pronto ellos desarrollarían sus ideas y las difundirían, sería la ilustración francesa, igualdad, libertad, reformas. Se estaba gestando la democracia como la concebimos actualmente, la separación de la injerencia política de la iglesia y la representación del derecho y voluntad del pueblo y ya no de la monarquía. Y en ese contexto y características se adscribe nuestra historia bajo el velo de una aventura, el amorío de la reina de Dinamarca con el doctor, consejero real y mano derecha del rey.
El director danés Nikolaj Arcel primero parece abrupto en su propuesta dándonos enseguida un quiebre que justifique una infidelidad. Nos pone en escena a un monarca joven bastante inmaduro, tosco, bobo, distraído y aficionado a las prostitutas (un desengaño de expectativas), aunque amante de la literatura y con la última palabra en la boca, que tuvo muy poco tiempo embelesada a su futura consorte que siente atracción por el arte (pasión dominante que la moviliza y que representa el germen de lo que se avecina y asimilará) y que la inclinaba al comienzo hacia su marido. Ilusión que desaparecerá como un soplo implacable en un grupo de actos exagerados del cónyuge. Pero pronto esa impresión del espectador sobre el accionar del director empieza a cambiar al tomar forma la historia dándonos cuenta que se trata de un avistamiento descriptivo. Llega el rumor, el rey está loco, de donde poco a poco iremos entendiendo hasta solventar esa pequeña rendija de personalidad que parecía una falla, para pasar a tener entre manos a un personaje completo, definido, logrado, cuando recorramos todo el metraje. El filme se encargará de incrementar miles de detalles, provocar cada vez más el afinamiento de esa imagen hasta dejarla en la desnudez de su realidad. Y aunque definitivamente no se convertirá en quien más nos infunda admiración será el eje de todo lo que vendrá en la trama. Siendo un protagonista capital y una construcción que requería una importante aclimatación ya que da la argumentación de los hechos, los solventa. No obstante nuestro héroe político y romántico condenadamente seguro y atrevido capaz de aprovechar las deficiencias, errores y maleabilidad del monarca Christian VII (Mikkel Boe Følsgaard, oso de plata por mejor actor en el Festival de cine de Berlín 2012, compartiendo la película el premio a mejor guion en la misma gala), a razón de seducir y conquistar el amor de su mujer, Caroline Matilda (Alicia Vikander) y controlar Dinamarca enfrentándose a la aristocracia clásica y convencional con ideas revolucionarias que transforman el mundo conocido, es Johann Friedrich Struensee (Mads Mikkelsen) quien por más fantástico que parezca realmente existió e hizo lo que se nos cuenta, lo que no suena descabellado decir de que hizo lo que le dio la gana por un buen tiempo remeciendo las bases de los privilegiados, lo que le acarreó el odio de estos que propiciaron finalmente su caída. La gestión de Struensee decide eliminar la tortura, quitar las subvenciones a los patricios, permitir la libertad de expresión en medios escritos, invertir en los derechos de los campesinos que solían estar bajo la omnipotencia y abuso de los nobles, entre otros cambios liberales y visionarios para la época.
El arranque de la introducción de la vida de Struensee luce funcional –Arcel no se hace problemas con lo que cuenta teniendo la labor de llenar vacíos históricos y proporcionar interpretaciones imaginativas pero razonables en muchas partes de la historia en que se muestra en conjunto efectivo-, escogiendo ser simple, así como la ascensión al poder se da fácil en pantalla (que son lugares importantes en la trama), de donde se le derriba de la misma manera pero de forma amplia y desarrollada, bajo los mismos personajes. El doctor alemán que según vemos sirve humildemente al pueblo, con quien se identificaría siempre por la fascinación que sentía por la novedosa y tan evolucionada filosofía gala (más tarde pensador y ejecutor de esa práctica reformista), de ser un desconocido y un don nadie, por una intervención médica de un conocido suyo pasa a servir en la corte como doctor personal del rey. La recomendación de este descontento, ambicioso y arribista noble curtido en deudas y despilfarros le permite dar el primer paso a ese lugar en la historia universal como el máximo orden de poder del reino danés.
El filme parece poseer dos caras, una simplista y violenta que en el caso del rey luego toma el lugar del detalle, y otra más lenta y extensa, el personaje de Mikkelsen se cose en ese estilo en su enamoramiento al igual que en su derrocamiento conspirativo. Su papel es el de un hombre inteligente, leído y valiente, pero también pasional e idealista al punto de no temer ganarse enemigos en sus políticas, estando encuadrado en marcar un hito de cambio por sí y esto lo ciega un poco, y lo encamina o le requiere la manipulación del rey. Su interpretación nos hace confirmar el premio del Festival de Cine de Cannes 2012 de donde mereció el galardón por mejor actor como uno de los más interesantes que tiene actualmente Europa. Le da un realce que solo el cine puede otorgar en el talento, le da porte y lo vuelve mayor en su figura exterior, en sus ademanes y expresiones que son dignas de crear un mito detrás, solemne y seguro. Y no deja de ser humano, pero con mucho mayor espectacularidad (seca y natural, normalizada) que los de su alrededor, ni la reina siquiera le hace competencia y está muy lejos de su presencia escénica (hay una porción de carencia de virtud visual en los actores que hacen de reyes pero se sobreponen a ello porque exigen defectos reconocibles que se derivan tranquilamente a sus figuras externas, la reina aunque inteligente los posee sutilmente, parece un poco perdida como dispuesta a dejarse convencer por el ideario y la personalidad del tipo audaz, estando endeble ante la desilusión matrimonial, el rey llega hasta el ridículo, impagable la imagen de arriba para abajo agarrándole la mano al negrito), y es que a todos les cae el guante de una monarquía pedestre e imperfecta, pero no nos confundamos porque él se equivoca, se apasiona, se enceguece pero bajo una iluminación que lo realza, que lo hace denotar especial aun siendo llano, transparente. Y es un acierto del director porque lo que genera y en lo que se involucra implica necesariamente esa apariencia, no exagera sino justifica los hechos. Y cuando lo vemos padecer nos brinda otra parte de su ser, que es muy verídica sin quitarle la otrora majestuosidad, aun destruyéndole el espíritu y viéndolo agachar la cabeza a algunas de sus ideas, aparte del golpe que genera el rechazo “traidor” de la gente.
Las personalidades de los tres principales están muy bien desplegadas. Es un filme arrolladoramente atrapante que con su sencillez hace de los acontecimientos muy procesables y emocionalmente identificadores. Y eso degenera paradójicamente en que el complot aunque luce representativo parece un poco insuficiente, no porque no se toma el tiempo de concretarlo sino porque parece muy cinematográfico en el sentido menos elogioso y más masivo, requiriendo de mayor profundidad, y se debe a ese espíritu general de llegar al espectador menos exigente. La ambición de la propuesta global es palpable, la recreación material y argumental no parece poca cosa pero le falta épica, un poco de grandilocuencia, de exaltación, no mucha que anule el realismo pero por lo mismo hechos como este parecen ser más complicados (y habrá quien diga que en la simplificación puede esconderse la autenticidad ya que la realidad puede ser menos de lo que uno imagina en cuanto a seriedad y actos notables en general pero mínimo un equilibrio o una dosis considerable de acercamiento en cuanto a lo que se consigue), y con ello habría que sacrificar la vocación de entretenimiento. No se consigue plasmar lo suficiente sobre la madre del rey Juliana Maria (Trine Dyrholm) y el futuro primer ministro de Dinamarca Ove Hoegh-Guldberg (David Dencik) que cuando uno lee de ellos se imagina mucho más de lo que el filme refleja que parecen muy inferiores a su accionar conspirativo, personalidad y legado. El ingenio debe concebir una mezcla esencial de acuerdo al tipo de película, ambiciosa e históricamente relevante, se alaba la espontaneidad del filme (la irreverencia de las reuniones en el comedor del palacio o la desmelenada aventura carnal de la reina regresando a su “adolescencia”) pero ha optado por serlo demasiado requiriendo como en Struensee conciliar esos dos mundos, reconocernos y a la vez elevarlo a una posición de distinción.
Nos ha acercado un monumental momento de la historia de Dinamarca y aunque no lo percibamos del todo es un hito de la humanidad, ya que paso a paso el mundo ha ido cambiando, y cada lugar ha ido entregando su vinculación a una nueva era y visión, que sin ello no se hubiera consolidado. Struensee fue el pensador que decidió seguir y poner en práctica a Rousseau, de quien se emociona con una carta suya mucho más que con cualquier acto que venga del trono o del consejo a quien no respeta, poniéndose por debajo de pensadores como Voltaire y a la realeza en ello. Esa sencillez brilla porque sabemos de sus actos (la figura no es tímida en cuanto a su distinción, y se le hace ver un tanto demasiado bonachón limando un lado lujurioso, egocéntrico y manipulador que se logra ver -aunque poco- o intuir, como cuando le quiere confesar al rey su infidelidad lo cual solo se puede permitir en la locura de este). No ha debido ser solo él aunque se entiende que la inteligencia ya no le pertenecía a la nobleza sino a los intelectuales de la ilustración, y ese es el sentido seguido.
La lectura tiene injerencia en la trama acarreando dos vertientes, una es la de la superficialidad y la vacuidad, el rey Christian VII sigue esa senda por sí mismo, mientras otra es de intelectualidad pero llevada a la práctica, y crea un ideario a seguir que se vincula con el mundo.
No se le va a quitar a lo exhibido que es una apuesta de buen cine, directo, claro y trascendente aunque pecando de muy humilde en ciertas características (los escenarios o el vestuario no lo son por supuesto), que remonta algunos errores en un satisfactorio conjunto, ya que se goza en muy buena medida y es digna competidora del Premio Oscar a película en habla no inglesa que pone a Arcel como un competente y por elección exquisito y valioso director de cara al aplauso internacional y multitudinario.

Documental competidor en los Premios Oscars 2013 y que al igual que Searching for sugar man es pequeño pero de espíritu gigante, con un dominante, auténtico y subyugante toque artesanal, casero, hecho por los propios protagonistas, arreglado apenas, levemente solamente para darle un obligado tono unificador, selecto (por los años de filmación más que por crear alguna falsa subjetividad, que tiene una personalidad pero se ampara en la denuncia justificada de un pueblo) y supone de mayor calidad visual que enrumbe una historia conjunta –que la hay intrínseca- que está guiada por una gran naturalidad que va de la mano en el tiempo con el crecimiento de los hijos de uno de los directores en recuerdo de una lamentación o mal sabor en la memoria que aqueja al territorio, a la patria y su más desnuda cotidianidad, y como expresa el título, en relación de cinco cámaras de video que han servido para la documentación (y sigue con la sexta en proceso), nacida de la práctica más simple y directa, y que toma el riesgo en pleno conflicto, en medio de la turba de la lucha pacífica de lugareños, vecinos y compatriotas.
Es un filme que a pesar de la precariedad de las herramientas, sencillas cámaras de video, no llega a tener una estética conjunta paupérrima –loable lograrlo a través de una transparencia ejecutora viendo que cierto cine profesional no puede evitarlo, aunque no rehuye exhibir algunas fallas que son como heridas de guerra y forman parte de la estructura e historia que narra- pero que se adscribe al realismo de las tomas que compenetran al espectador y le otorgan un sentido poderoso bajo los hechos en cuestión que expresan casi sin necesidad de artificialidad o elaboración un mensaje, anclado a la base de la defensa natural del hombre, su tierra y su vida. Recordando que la mejor arma del documental, su esencia misma, es la veracidad y el alcance reflexivo tal cual de sus imágenes.
Se trata de la grabación de un poblador de una zona limítrofe con Israel en la villa de Bil'in ante la expansión ilegal de un muro foráneo sobre tierras palestinas de cultivo de aceitunas, y que yace en litigio en la corte suprema de Jerusalem, solo resuelto hasta el desenlace del documental. El camarógrafo y gestor del filme se llama Emad Burnat, que lo co-dirige con un israelí de nombre Guy Davidi. Y es un hombre común que siente que la cámara le protege y le vincula en favor de una lucha justa por los derechos de su gente ante la invasión judía que ostenta el poder militar por sobre simples agricultores musulmanes como él. Padre de 4 hijos que vive humildemente de sus siembras, y que expone a su más pequeño vástago –a Gibreel de unos 5 años de edad por el final del visionado- a observar el abuso y enseñarle que la piel debe ser fuerte, aunque de esa forma le quite la inocencia viendo violencia sobre sus seres queridos.
Los soldados lanzan bombas de gas, rompen a veces las cámaras, arrestan a familiares, a los que ellos creen por sospechosos o porque protestan (incluso a menores de edad que lanzan piedras), evitan las marchas, controlan el pase de los cercos limítrofes, imponen el control, y aunque hay muchos civilizados hay algunos agresivos y hasta producen fallecimientos. En el filme muere Bassem Abu-Rahma conocido como Phil, el elefante, amigo entrañable de Emad, de un disparo fortuito y anónimo que viene al parecer del ejército judío (ya que son los únicos con armas de fuego), y se debe decir que ante el homicidio la inactividad y resistencia pasiva luce inaudita y se ve proclive a que la rompan con una respuesta igual de atroz ya que no es cuestión de valentía, aunque existe superioridad bélica del contrario y una parte de cansancio crónico alrededor de este hecho y de tantos (pensando que han habido dos intifadas, rebeliones armadas, llamados al pueblo palestino a la ofensiva). La emotividad e indignación salta a la vista, al punto que lo que vemos en reacción no parece suficiente realmente. Si de esa forma continúan es muy natural que ocurran represalias musulmanas del tipo que el mundo cree ver solo en ellos como si fuera una nación de salvajes y enajenados radicales, como si solo fueran terroristas, cuando se debe en parte a un deterioro de su dignidad y al maltrato, como mucho a sentirse sojuzgados y abusados, y pasa de una generación a otra, como Emad inculcándole a su hijo lo que sucede quien tan pequeño con ojos abiertos y sorprendidos se implica en un odio visceral entre dos naciones que desde la antigüedad han compartido el territorio y que hoy en día deben definir una convivencia razonable que desarrolle paz y tranquilidad para alcanzar la ya de por si inefable y escurridiza felicidad.
El filme es orgulloso, no busca ser sentimental, hay un estoicismo muy potente en el ambiente, pero ineludiblemente despierta sentimientos. Le pasa hasta a Emad que como sus hermanos y amigos es arrestado en protestas “inservibles” pero tenaces y continuas, y en una oportunidad llega a cometer una enorme locura, choca bajo una dudosa accidentalidad su vehículo contra un cerco, y tiene que ser auxiliado de emergencia clínica a Tel Aviv donde solo podían salvarle dado la austeridad de su villa. El enardecimiento logra manejarle y casi le cuesta la existencia. Esto le acarreara una deuda económica grande. No se le reconoce como un acto de sacrificio revolucionario ni nada por el estilo, y por ende no hay autoridades buscando votos o aclamaciones que por ello quieran solventar su intervención, hay cierta indiferencia de ellas hacia casos como Bil'in, también seguramente porque son muchos los acontecimientos de queja, e inefectividad, y hay temor a ese enemigo adjunto con el que deben compartir el espacio geográfico pero además porque hay una burocracia, diplomacia y política detrás que inhibe mayores movilizaciones. Y es por eso que son los pobres pobladores, los hombres de a pie los que se levantan, tratan de defenderse aunque con tretas, como edificar en zonas ajenas a ellos para contrarrestar las invasiones (es contra la ley israelí destruir el cemento, entonces se amparan en lo mismo y se improvisan construcciones), hacen reuniones públicas, buscan sensibilizar a los soldados con diálogos humanitarios, llevan y exponen a su hijos (algo trágico). Una propuesta cinematográfica tan diáfana que duele pero a su vez crea consciencia, y permite ver que del lado palestino también se padece – no solo son ataques terroristas u hombres bomba- y merecen nuestra atención. Esperemos que un día llegue la solución salomónica y definitiva.
Alabada hasta la extenuación en el Festival de Cine de Venecia 2012 en que ganó dos de los premios más importantes, la copa Volpi compartida entre sus dos protagonistas y el león de plata a su director. Se hizo un embrollo en su jurado conducido por Michael Mann (Heat, 1995) y en donde participaban reconocidos directores como Matteo Garrone, Ari Folman, Pablo Trapero y Ursula Meier entre otros bajo su presidencia, que le dieron el león de oro y luego por una regla en el certamen que impedía que una sola película albergue todos los galardones, se volvió a deliberar y dieron a Pieta de Kim Ki-duk como vencedora. El Oscar no le ha dado la nominación a director a Paul Thomas Anderson ni a mejor película por su obra como debió ocurrir y se ha quedado con 3 para sus actores, Joaquín Phoenix, Philip Seymour Hoffman y Amy Adams. La crítica en general la ha alabado aunque tuvo un revés en Estados Unidos donde se impusieron Argo y Zero Dark Thirty en las premiaciones.
Y así llegamos hasta esta crítica. Paul Thomas Anderson, uno de los más atractivos directores que posee Norteamérica nos presenta una película sobre la pertenecía a una secta místico filosófica que utiliza la regresión de vidas en el tiempo mediante lo que parece la hipnosis buscando domesticar las emociones y desarrollar un orden científico. Muchos creen ver que alude a la Cienciología pero la historia busca más que la especificidad, el análisis de lo que es vivir a través de una. Y para eso, coloca a un acolito y paciente muy reacio a las normas e ideas en general pero dispuesto a encontrar su camino, por la presente historia por medio de la Causa, como se hace llamar la organización de su orador, difusor, argumentador y líder Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman). El hombre escogido para demostrar las leyes de ese nuevo sistema que cree ser la verdad a difundir y que quiere colonizar a la sociedad es un oficial de la naval que tiene varias condecoraciones (para él intrascendentes ya que su comportamiento lo rige y no es el más apto), pero también problemas psicológicos producto de secuelas de su participación en la segunda guerra mundial. Una proclividad hacia la violencia, una furia muy similar -y que ostenta- del impulso sexual, por eso se busca entre los métodos el re-ordenamiento de su conducta mediante esa característica, muy dominante en la cultura angloamericana. El marino Freddie Quell (Joaquín Phoenix) es el contrapeso de lo que se intenta, de la práctica que se quiere imponer como una de tantas opciones que creen ser la única vía y el resultado argumental del filme puede entenderse como el del nihilismo que se ampara en la libertad total como decisión. E ahí la metáfora de la moto en el desierto, uno va hacia un punto, toma la velocidad que desea, es libre como el viento mientras vive la aventura de la existencia, y en ese lugar puede escapar o continuar una senda.
El filme es muy claro, P.T. Anderson no ha dejado hueco suelto y nos ha permitido reflexionar sobre ese buscar en lo exógeno, en el mundo, a través de un amo como dice el maestro refiriendo que nadie puede evitar no tener uno, el hombre se inclina necesariamente hacia una filosofía de vida, tiene un anhelo innato de dirección, de sentido, de esa eterna pregunta ancestral y central, y esta no la tenemos y por ende salimos a encontrarla con nuestra percepción y aceptación de lo que nos rodea. Es por eso que Quell, un tipo a todas luces primario, salvaje, sexual, indómito, pero perdido, caótico, voluble, limitado de cierta forma, cae como inevitable ejemplo, sin embargo sí que es audaz su elección (el temor familiar y verlo como un borracho, un incapaz de entender o alguien agresivo carnalmente es algo vastamente a la vista, parece un caso perdido), porque no es dócil aunque representa el futuro logro de la concepción del ideal (hombres como él son los que yacen afuera en gran proporción y en el fondo gritan por rumbo). Quell parece capaz de ser domesticado por cierta simpleza y agradecimiento que se intuye en él, sin embargo no deja de ver desnudas a sus compañeras en las celebraciones caseras y convencionales, no puede contener su enfado llevado a los golpes, ni eludir beber bebidas alcohólicas exóticas, y esto puede ser el sentido anárquico del hombre, su rebeldía invendible, un alegato abierto de ese amparo por la absoluta libertad, por la incapacidad de la búsqueda (queremos y a su vez no podemos obtener la verdad aunque irremediablemente escogeremos a donde ir, en el personaje es la playa, el cuerpo, las sensaciones, el regocijo de la “nada”, algo pequeño por contraposición a esas grandes revelaciones), y aunque entiende, llora en un momento cuando se le promete la enemistad si se retira del grupo, no puede dejar de ser él, ese tipo derrotado pero aun así feliz (la mujer que ama la deja escapar, y sigue sonriendo en otras experiencias casuales).
El filme posee muchos simbolismos pero desde lo tangible, evita el vacío y la precariedad de los elementos en discusión, porque donde hay una elipsis temporal, luego aparece una explicación. Y es ante todo una historia que va detallada de un punto a otro, completa desde un lapso en donde nuestro eje es Quell, dentro de un cuadro enmarcado que más tarde abre la puerta de la introspección, y aunque yace bajo parámetros están suficientemente enriquecidos para proveer distintas ideas. Puede ser algo muy simple o visto con detenimiento algo en que complicarse (mucho menos potente en su literalidad vista así, siendo muy solvente y transparente). P.T. Anderson resulta honesto, directo y también profundo, complejo. Estamos ante una obra maestra, redonda, precisa y a su vez densa. No es gratuita en ningún momento, parece muy consciente de lo que narra, es rotundamente inteligente sin alardes, y a su vez no crea heridas ni es acérrima en su postura, pero la tiene, y está en la resolución de su protagonista.
Joaquín Phoenix nos recuerda a Daniel Day Lewis, le impone gestos y estética a su papel, lo reviste de una figura, y le imprime emociones constantes, llora y ríe con una facilidad pasmosa, envidiable, posee una naturalidad a ratos insolente, palpable, que puede ser hasta estúpida y no deja de crear esa indispensable seriedad que requiere. Sí que se ciñe a una apariencia pero lo hace desde lo que significa, de lo que requiere su idiosincrasia. Es un actor terriblemente talentoso que sabe ser efectivamente el centro de atención. Como lo es también Philip Seymour Hoffman, que ha estado en cinco de las 6 películas de P.T. Anderson, y todas demostrando ser un camaleón, un ser de barro que toma la fisonomía que busca el artesano, desde un homosexual de aspecto medio adolescente, a un tipo insoportable en el juego a un matón furibundo. Esta vez es la coherencia, la iluminación, pero con un aire relajado, normal, el tipo bromea, se identifica con el marino, lo cual no es tan típico, bebe también, se excita. Su concepción en su personaje es uno muy humano, más que el de Phoenix que recurre a cierta restricción de forma. Esta bastante enriquecido, y sirve mucho porque su papel debe ser el de alguien especial sin que deje de ser reconocible o humilde como les gusta a los norteamericanos, ambos en realidad lo son (excepcionales) pero desde distintas coordenadas. Hay un trabajo notable en la fusión de lo que debió explicarle el director del argumento y lo que es en pantalla, ambos son indisolubles, la trama gana con sus actores y ellos con lo que dice el relato. Amy Adams también cae en ese ángulo, esquivando una mirada pobre aun en un estado bastante identificable, la del fanático y compañera activa del guía, ella es fuerte, de convicciones y su determinación se sobrepone a su belleza y por ende fragilidad y superficialidad. Cuando lo masturba es algo sugerente y sin ver nada algo muy concreto en nuestra mente.
Retoma y da una predominancia a lo que ya vio en Pozos de ambición (2007), otro desarrollo aunque bajo el mismo pensamiento detrás, demostrando mayor madurez. P. T. Anderson es una apuesta segura de estupendo séptimo arte. Desde Hard Eight, Sidney (1996) en una pequeña cinta debut que aunque aún tímida y en parte predecible muy bien articulada, con diálogos bastante naturales y atractivos por su identificación sin buscar ninguna anormalidad, ricos tal cual. Sacando lo mejor de sus actores, exprimiéndolos en las tramas que los llenan de sustancia. Que mejor que ver la cinta de Philip Baker Hall por antonomasia hecha por él. Boogie Nights (1997) y Magnolia (1999) son cintas ambiciosas, corales, entretenidas, vivenciales, referenciales, hondas, su gran marca de fama y talento, ya con su toque de autor. Y Punch-Drunk Love (2002) su visión de la comedia (que la tiene y prueba de ello es que está casado con la comediante Maya Rudolph con la que tiene tres hijos), que lleva un toque atípico y particular en su broma, inteligente nadando en lo romántico y en lo que siempre es ligero, con un Adam Sandler que dejaría su impronta, su extravagante violencia y su ausencia de histrionismo en la comedia, su contradicción visual-verbal. P.T. Anderson recurre a cierta brutalidad y sexo pero les da sentido, lo contextualiza creando una lectura, de ahí su ingenio, le saca la vuelta a su banalización, y la mejor prueba de ello está en The master, que lleva un contundente filtro de la naturaleza humana, se llama la lectura de lo concreto y en ello valga la redundancia ya sabemos cómo llamarle.
David O. Russell regresa dos años después de the fighter (2010) a competir en los Oscar, ostenta 8 nominaciones, 1 más que su anterior participación en la que su película logro alzarse con 2 estatuillas, una para Christian Bale y otra para Melissa Leo en actores de reparto. Esta vez los 4 puestos a interpretaciones están convocados y es una hazaña que se repite tras treinta años que no sucedía, desde Reds (1983) de Warren Beatty.
El filme es una comedia romántica que no evita serlo desde luego, y sería una mala crítica decir que trate de no seducirnos con algo de sencillez, buena onda, algo de comedia ligera y afecto que son los atributos generales de este subgénero, sin embargo para hacer la diferencia logra no regodearse en el lugar común mientras es efectiva en su idiosincrasia, es lo que tiene que ser pero con más ingenio, cierta originalidad, buena estructura y un valor rescatable de complejidad de lo que se acostumbra y por ello que la tengamos postulando a los premios de la Academia. Su primera hora está bastante creativa (desde lo identificable) y atractiva hacia un paso más allá de ser solo para románticos y asiduos al actual entretenimiento light por antonomasia, con un tipo al que conocemos como Pat (Bradley Cooper) que es bipolar y atraviesa ciertos conflictos en su vida, es un perdedor que trata de resarcirse y tomar camino (en lo más primario e indispensable, pareja, optimismo o amor por existir y estabilidad emocional), estando desempleado (no es tampoco que sea un tipo con muchas ambiciones), tratando de manejar problemas mentales de adaptación social (a los que él mismo parecía no reconocer y estar en un estado con algunos exabruptos y alteración, pero después vemos que sí, la carta que escribe al final nos lo confiesa, sobre un tiempo que tiene pensando en su estabilidad afectiva de la que parten todos sus problemas y desequilibrios, así lo enfoca y resuelve el filme) y con una orden de restricción de no acercarse a su esposa a la que hallo teniendo sexo en la ducha con otro hombre al que golpeó naturalmente enardecido, y eso le llevó a ser recluido por 8 meses en una institución mental por mandato de un juez.
El filme luego inevitablemente pierde fuelle, no se vuelve insoportable pero pierde el encanto primigenio y ya no asume el estado bipolar, lo simplifica bastante, y es que el filme lo ve de forma bastante superable y es una opción que tampoco resulta desestimable (no es un filme trágico ni dramático recordemos), al final es algo que se trata de que uno se recomponga en una introspección personal y asumida, cambie dirección, encuentre nuevos motivos, se calme y sea más pacífico y vea el lado bueno de las cosas como reza el título en español. Los miedos psíquicos no son abordados con la profundidad necesaria –aunque la canción es lo que alude a ello solamente- y la medicación es superflua –la toma cuando le da la gana-. La salida es el amor, en ello yace el vínculo con una mujer, Tiffany (Jennifer Lawrence) que también tiene problemas de sociabilización que la han llevado a recibir pastillas pero en ella es algo menos conflictivo, muy cool como se luce en el diálogo en la mesa (parecen dos freakys que se echan el chiste de su extravagancia), y se resuelve también con bastante sencillez, una muerte muy íntima implica un pequeño trauma, que le acarrea a ella volverse una especie de adicta al sexo casual, se acuesta con 11 hombres de su trabajo, y cuando ve a Pat no parece la excepción (qué valiente él, resistirse a esta completa belleza, joven pero madura e inteligente, sumamente guapa, de cuerpo atlético y segura de sí aunque eso no lo vea aun al tener una obsesión –no tan lógica vista con detenimiento y eso el filme permite verlo-). Y del rechazo nace una secreta –y no tanto para el espectador- atracción y una personal reflexión que también le redirige y le permite salir de su atolladero, una unión en que se siente pronta a ser valorada (una constante en un mundo donde amplifica lo sexual), algo que no halla con facilidad. Aparentemente ella parece ser una mujer del montón, un buen polvo eso sí pero de una noche (o de un par), sin embargo es su desequilibrio emocional el que oculta lo maravillosa que es como persona, y en su compenetración y conocerse (tranquilos, mediante trotes diarios, diálogos punzantes por ambos lados –el por enfermedad, sin la gracia y el filo audaz de As good as it get (1997) dejemos en claro aunque se viene a idea, y ella por inteligencia- y el pretexto de un concurso de baile, no es que tampoco Russell reinvente la comedia romántica debemos acotar pero pues juega bien sus fichas; junto con lo importante de que hay química, nada complicado con Jennifer Lawrence que es extremadamente espontánea y dotada para la película). Todo se va gestando gracias al buen tacto y visión de Tiffany que sabe lo que quiere una vez que siente el flechazo (el que le digan que no), y es entendible, la nueva mujer de siglo XXI -si me permiten la falta de pudor en el habla- son más de acción y practicidad que de otra cosa. Y lo ve como el príncipe que le va a llenar el vacío que siente, la va a complementar, sin esfuerzo, muy natural aun no siendo del todo fácil lograrlo, es la otra mitad como espeta el cliché, aunque no sean los típicos ejemplos al uso, y esa rotunda imperfección fuera de que sean muy atractivos los dos es la que los acerca –aparte de la ironía, que no es para tanto y creo que es flagrante en su inocencia, de que él la ve más loca a ella- y los hace verse en el contrario, ella lo anticipa, los defectos son como heridas de guerra. Tiffany lo busca pero parece que él la necesita más, y realmente están a la par.
Es un filme muy simplificador, muy alegre a fin de cuentas, sí, la bipolaridad ya está presentada y adaptada al contexto (ya es una rasgo de esa personalidad que relacionamos con el protagonista), que recurrir a ella continuamente o sobreexplotarla explícitamente cambiaría el sentido del filme, recordemos siempre el título que es muy determinante en lo que encontraremos, y se busca movilidad, pero eso de todas formas hace que pierda el poder de su trama para ir a otra parte (que hay que decir que yace dentro de su propia coherencia). De llegar a ser golpeado por su padre tras derribar accidentalmente por una mala reacción a su madre o de gritar alterado en medio de la madrugada por una nimiedad –que comparto sin enardecimiento por supuesto, el desenlace de Adiós a las armas de Ernest Hemingway es lo más ilógico que uno puede imaginar, léase la metáfora del filme, no estamos para ese tipo de desasosegantes e inesperadas tragedias- pasa a ser casi invisible a comparación de su primera mala e imprevisible conducta, a verse como un sujeto bastante estable, capaz de pensar dos veces sobre las consecuencias de su conducta (algo en cierta medida razonable pero claramente insuficiente, aunque la existencia es impredecible por lo que démosle el beneficio de la duda, porque es un caso especial y ha pasado por mucho, viniendo de un procesamiento mental), y bueno el filme termina usando momentos menos impresionantes en su segunda parte, el hermano llamándole perdedor en contraposición de sí como triunfador no es del todo inverosímil pero parece una carta demasiado abierta, la apuesta que luego se normaliza (y resulta mejor así) está bien pero va sobre agua muy conocida (pero es tan perspicaz el director que echa a bromear con el resultado de la calificación, de ese penoso 5, y ahí uno recuerda Pequeña Miss Sunshine (2006), no tan loser y desenfadada en su escena de baile pero igual de limitada en cuanto a sus cambios de ritmo musical). Russell en algunos momentos claves trata de zafarse de ello y resulta innecesario en parte, naciendo la pregunta, ¿hasta qué punto la originalidad ataca la naturalidad? y esa será siempre una lucha eterna, un requerimiento del éxito de que una película sea vista como obra maestra, y habrá cosas que no se puedan evitar como otras que transformar. El padre explicando que debe ir por ella o él diciendo que su amor no es de golpe sino ya lo sentía y lo veía de un tiempo atrás, como sería en la realidad.
En el filme hay tres tipos de locura, la de Pat que hay que curar, desde enfocar la vida más que observarla como una enfermedad, que es lo que hace el relato, la de Tiffany desde la que todos aceptan y quieren hasta emular, y la del personaje de Robert De Niro, que es la que a él mismo no le importa, que es tal cual, que ni le pasa por la cabeza algún arreglo, y parece más común de lo que creemos, sus supersticiones y sus arrebatos de violencia los siente muy justificados, pero el fanatismo por su equipo es bastante irracional. La escena en que Tiffany explica con estadísticas que estar en compañía suya es algo que brinda suerte más que lo contrario es de las más curiosas y audaces que alguien puede darle a un tipo raro, como jugar con sus propias reglas. Para ello Lawrence es lo mejor del filme, ella se empapa en su interpretación, resulta fuerte, atrevida y debajo destila sensibilidad y carisma; lo contiene en repetidas oportunidades. Vuelve a lograr el mismo nivel superior de actuación precedente en la trama en cada intervención, como si fuera un alarde de contundencia, de asimilación, nada de migajas ni de contados estados sublimes, ella es fehaciente, y sin duda esa persona de la que se reviste no sería ni la mitad de encantadora en la vida real sino fuera por su compenetración y su participación. Su enojo y reacción en el café, otro punto potente del filme, memorable, la colocan como una de las mejores actrices que Hollywood tiene para ofrecer.
Chris Tucker siempre me ha parecido insoportable, su voz chillona y su comedia me hacían creer que su mejor actuación era la de Jackie Brown (1997) donde solo sirve para que lo metan en la cajuela de un carro y le metan dos tiros, sin embargo parece reivindicarse con un papel simpático en este filme, y sin dejar de ser afroamericano pero uno mejorado. En cambio Jacki Weaver a la que como no adorar en Animal Kingdom (2010), para quien escribe la mejor actuación de las nominadas en su categoría ese año, está muy endeble, no entiendo que le ha hecho yacer nuevamente nominada. No ha hecho nada. De Niro está bastante bien pero mucho menor de lo que se suele mencionar, tiene un papel secundario peculiar y visible pero nada del otro mundo en realidad. Y Bradley Cooper bastante mejor cada vez, más que cumplidor y si sigue en esa forma se convertirá en un estupendo actor, que todavía se siente que le falta, aunque definitivamente ya es una estrella.
El filme es típico americano, pero enarbola una cotidianidad gringa de la que suele convertirnos en cómplices, casi sin darnos cuenta (incluso habiendo football americano, algo que no ha calado en el mundo, que no se suele practicar como deporte en general pero que es muy nacionalista). Arte del que solemos alimentarnos en una cultura universal aprendida desde sus canteras cinematográficas, porque suele entretenernos ya que lleva todo lo que suele tocarnos como seres humanos, romance, felicidad, superar problemas, vivir la familia (algo más latino) y no preocuparnos tanto, y poder ver el lado positivo de las cosas, ya que ciertamente para males la vida misma.