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Etiquetas: [la vocación]  
Fecha Publicación: 2015-02-13T10:08:00.001-05:00
Cada vez que me planteo la posibilidad de volver a escribir en este blog me asalta la pregunta, inevitable, de por qué persistir en un formato abandonado por casi todo el mundo. Esto tuvo su apogeo por el año 2008 más o menos, cuando cada hijo de vecino tenía el suyo. Hoy todos nos hemos abandonado felices a la exposición de nuestra vida privada en Facebook o a la búsqueda de la sabiduría en ciento cuarenta caracteres del twitter.

Supongo que eso se debe a la facilidad con que se publica en las redes sociales y la llegada casi inmediata que estas tienen frente a un blog o bitácora, sin mencionar las herramientas como mensajes inbox, álbumes de fotos y protocolos de privacidad o la posibilidad de compartir de forma inmediata lo que otros publican; herramientas que aquellas tienen y que no se han incorporado a éste dada su naturaleza. Lo cierto es que a medida que se fue popularizando Facebook (cosa que estuvo a punto de hacer hi5), la gente fue dejando de lado sus blogs personales. Basta con mirar mi propia experiencia para darme cuenta de ello y de cómo al inicio (allá por el diciembre de 2005) tenía publicaciones diarias; las primeras eran cortas, de unos trescientos caracteres y después se iban haciendo más largas y me demandaban unas tres horas diarias, juntas o dispersas, para elaborarlas.
Es decir, esto comenzó a demandar un esfuerzo especial para mantenerlo, en cambio lo otro se presta para una interacción inmediata y sin mediar mucho esfuerzo. Todo está concentrado en un solo espacio: cosas personales, noticias imágenes, fotos, vídeos, etc.
No se trataba, tampoco, de que tener un blog obligase a esto. El formato y el uso fueron abriéndose de forma natural camino en ese sentido. A la sazón, recuerdo blogs especializados de calidad e importancia relevantes como el del Útero de Marita o la Pizarra de Yuri, sólo por mencionar dos de los miles de blogs especializados que surgieron (y muchos desaparecieron) en la “blogósfera”. También existían casos como los de Alfredo Deza, quien llegó a publicar al menos una docena de entradas diarias. Sin duda era el precursor de lo que luego dejó la mesa servida para que las redes tipo Facebook o MySpace se abrieran camino.

Pero, volviendo a mi experiencia. Yo recuerdo que los blogs eran, en un principio una especia de signo de distinción. No cualquiera tenía o se atrevía a tener un blog. Decir “tengo un blog” te ganaba la mirada de algunas personas y, por supuesto, también la pregunta de la temática de tu blog. Y si te topabas con otros blogueros podías intercambiar una mirada como de reconocimiento de alguien que pertenece a tu manada (podría escribir una enorme parrafada sobre las reuniones blogueras, las premiaciones, los top ten que se hacían en unos blogs especializados en contar tus visitas y decirte cuán popular eras, las herramientas para tu siderbar –que en otros lados no puedes tener- o el tiempo que me pasé aprendiendo rudimentos de HTML para cambiar la apariencia de mi blog cada tres días). Hoy nadie te mira de modo especial si dices que tienes una cuenta en Facebook (pero sí te mirarán raro si dices que publicas en Google+, claro).
Y luego, como ya dije, todos nos abandonamos al facilismo del Facebook. Ahora quiero volver a sentir la necesidad de pasarme algunas horas pensando en qué escribir, quiero sentir que hay un trabajo detrás de lo que publico, ya no quiero sentir sólo la necesidad de contar inmediatamente nada (teniendo en cuenta, además, que hace ya un buen tiempo dejé de publicar sobre mi vida privada). Quiero volver a esforzarme en las letras y siento que esto me dará eso que busco. Así que, aquí estoy, en un nuevo intento por retomar el viejo camino del blog.
Etiquetas: [País con Futuro]  
Fecha Publicación: 2014-07-23T12:13:00.002-05:00
Ahora que los patriotismos y el amor por la papa a la huancayna están exaltados; ahora que todos recordamos que existe la sierra, que hay una población afrodescendiente y unos chunchitos en la selva que son la muestra de una diversidad de la que deberíamos sentirnos orgullosos (pero, vamos, cholos, negros y chunchos de mierda, cagan la raza, pues), yo quiero decir que no puedo sentir orgullo ni alegría ni nada por ser peruano. Más bien siento una enorme preocupación.

No puedo sentir orgullo de una nacionalidad porque yo no la logré, no me costó nada. Quizás a mis padres, por quienes siento admiración y respeto. Pero ¿por el país o por mi nacionalidad? Vamos, peruanos orgullosos, con la mano en el pecho ¿cuántos de nosotros no hemos deseado o deseamos en este mismo momento no haber nacido en este rincón del mundo sino en otro lugar más bonito? Peor aún ¿cuántos de nosotros no queremos transformar este país de cholos en, al menos, un país de blanquitos importando gringas "para mejorar la raza"?
Los nacionalismos (y patriotismos) me parecen sentimientos dañinos. El discurso que pone por delante la bandera y las fronteras han causado más daño que bien a la gente. Me parece buena su existencia sólo por una cuestión administrativa. Nada más. 
No puedo dejar de reconocer la inclinación gregaria del hombre, como la de la identificación, pero para eso ya tenemos el mundial de fútbol y las olimpiadas, sanas actividades (si no pensamos en la FIFA, claro) que pueden ayudarnos a aplacar nuestro instinto. Más allá de eso, en la exaltación de identidades y patriotismos tienen como consecuencia cosas tipo bombardeos en franja de Gaza (sí, viste, estás en contra de una guerra que tiene su origen en el nacionalismo, eso mismo que en estas fechas quieres exaltar).

Felicidad por ser peruano, menos. Algunos dicen que tenemos cosas buenas como gente trabajadora que se saca la mugre por salir adelante. Sí, pero, es que, caray, si no tienes plata ¿qué te queda? Sacarte la mugre por salir adelante y que tus hijos no sufran lo que tú has sufrido (lo mismo que quisieron tus padres alguna vez respecto de ti). Si no trabajas, no comes. Simple. Pero, si no basta con eso para desbaratar un argumento tan soso, pienso en que por cada peruano pobre que "chambea duro para salir adelante" hay un peruano que tiene plata y que hace todo lo posible porque ese otro peruano se quede donde está y/o trabaje para él, con el menor sueldo posible, en las condiciones que menos costo le produzca. Por cada uno de esos peruanos trabajadores, hay otro que está en el gobierno esperando que la plata le llegue sola; otro robando pero haciendo obra; otro decretando leyes como aportes obligatorios a una empresa privada bajo el engañoso argumento de que se preocupa por tu futuro; por cada peruano trabajador hay uno que a conseguido una pequeña cuota de poder, como una máquina con cuatro ruedas, y no duda en usarlo para conseguir lo que quiere (salir adelante ¿No?) atropellando normas y personas. Por eso, más que orgullo por la gente que se saca la mugre, siento pena por ellos.

Eso sin enumerar otras perlas como ser un país:
- Que reelige al peor presidente de su historia;
- Cuyo más delincuencial presidente aún tiene una legión de seguidores;
- Piensa reelegir autoridades locales que no tienen ni siquiera concepto de moral o escrúpulos;
- Que está lleno de empresarios que no asumen responsabilidades frente a sus propias negligencias (¿vieron el reportaje de Panorama sobre el derrame de petróleo en la selva?);
- Cuyos ciudadanos no saben que son las leyes (¿luz ámbar? Hay que acelerar ¿Paraderos? ¿Qué es eso? ¿Que no puedo vender en la vereda? ¡No nos dejan trabajar!);
- Cuyos medios de información han sido tomados por una banda de vendidos que encima se indignan cuando se ven en un vídeo a nivel nacional recibiendo plata de un delincuente;
- Que repite los discursos cargados de odio de un tipo con sotana;
- Que le da tribuna a ese tipo con sotana cuando llama "mercadería averiada" a un grupo de personas;
- Que niega derechos al 10% de su gente bajo argumentos de ¡leyes naturales!;
- Que es profundamente racista;
- Que sólo se acuerda de los "ciudadanos de segunda" cuando sirven o para ponerlos en una vitrina, para alimentar su chauvinismo o para matarlos por estar "en contra del progreso".
- Que combate la delincuencia con teatrinas mal montadas;
- Lleno de gente que considera esas teatrinas una verdadera solución;
- Con ciudadanos que desprecian la educación porque les enseñaron que estudiar es aburrido, que leer es un castigo;
- Con profesores mal pagados en la última escala de la valoración nacional;
- Con un presidente que firmó miles de acuerdos para hipotecar cinco años de gestión gubernamental;
- Con una presidenta en la sombra que traicionó completamente sus más airados discursos juveniles;
- Lleno de gente que no se da cuenta de que la solución a todo eso está en sus propias manos ¡demonios!;
- Y un etcétera conteniendo: jueces que alquilan la justicia; barras bravas orgullosas de sus delitos; ferias que te cobran por mirar las tapas de los libros.

Frente a eso ¿Qué son el ceviche y las invadidas líneas de Nazca?

Es más, ni siquiera sé por qué celebramos la fiesta nacional el 28 de Julio cuando nuestra independencia como país (¡¿para esto nos idependizamos?!) se selló tras una batalla algunos años después, cuando capitularon los españoles, no cuando San Martín puso a un negrito a gritar de un lado a otro una bonita proclama.
Celebramos una independencia que nos regalaron, una independencia que no nos costó, una independencia con la que muchos estuvieron en desacuerdo, una independencia de la que hasta hoy no nos sentimos verdaderamente orgullosos, una independencia que no hemos sabido valorar, una independencia que hemos arrendado a plazo indeterminado y con cláusulas draconianas a capitales extranjeros. Una independencia que parece no servirnos para nada.


No, no tengo el orgullo de ser peruano. Esto, en verdad, no me hace adormecidamente feliz.
Etiquetas: [Mucha pendejada]  [mío de mí]  [no hay derecho]  
Fecha Publicación: 2014-01-16T22:46:00.001-05:00
Iba a poner que este post responde a uno de mis propósitos de año nuevo, uno de esos tipo: este año prometo ser mejor persona. Pero, no. No prometo ser mejor persona. Hay cosas imposibles de superar. Sólo responde a que ya me llegó mantener una mentira durante tantos y tantos años sin razón ni beneficio algunos.
No voy extenderme en lo perjudicial de la mentira, aunque sea una blanca y piadosa, como le llaman a esas que sirven para que tu viejo no te desmadre por alguna travesura o para hacer “feliz” a algún incauto manteniéndolo al margen de una verdad que podría romperle el corazón… o hacer que te desmadre (como cuando después de un viaje por las playas de Brasil por dos años tu novio viene y te dice: “amorcito, te he sido fiel hasta con el pensamiento” o cuando una “mujer de la vida” te dice “te quiero, papi” poco después de pagarle, ya sabes).

Pero, me estoy desviando del tema. Decía que ya no quería mantener esa mentira que me ha perseguido como un karma durante años. En verdad a ratos hasta disfruté viviendo en ella, pero, de un tiempo a esta parte ya no. Es más, me molesta y cada cosa que me lo recuerda casi logra irritarme. Por eso, debo confesarlo, he mentido: A MÍ NO ME GUSTA FEY y nunca me gustó. Tampoco me disgusta, pero de ahí a decir que soy fan de Fey, nada de nada.

La historia comenzó una noche en un bar donde algunos cuenteros nos reunimos en un intento por incrementar el número de K-latos (no lo logramos. Eugenio, su carro y su chica con su tremendo escote no nos quisieron volver a ver, mucho menos al Bebe Nakasone quien se moría por hacer de la novia una calata, literalmente, y al parecer esa fue la razón principal para que esos dos muchachos no aceptaran volver a reunirse con nosotros nunca más. Por otro lado, debo confesar, ellos eran de reunirse en lugares tipo The Corner, una esquina en la Av. Larco y nosotros más bien amigos de chupar en una esquina de Quilca y terminar compartiendo chancays en la vereda. No hicimos match. Pero, esa es otra historia). En aquella reunión hablamos de placeres culpables, no recuerdo a santo de qué, pero, recuerdo claramente al Bebe Nakasone, saliendo un poco de la ensoñación del escote, diciendo que todos teníamos uno y hasta debió confesar el suyo y alguno más debió aventurarse también. Sólo eso explicaría que yo, un figureti de aquellos que no puede quedarse callado aunque de eso dependa la paz mundial y la conservación de los pandas, buscara en mi mente algún placer culpable, ya saben, cosas como comerse el moco o que te gusten los libros de Cohelo, pero no encontraba ninguno. Entonces me inventé uno, ya dije, para no quedarme fuera de tan grandioso tema (si no me creen lo de grandioso, atrévanse a preguntar a sus amigos sobre los suyos y ya verán cómo la pasan tan bien, claro, hasta el momento confesar los suyos): a mí me gustaba Fey.
A la distancia lo pienso y tal vez hubiese quedado mejor diciendo que me comía los mocos. Total, quién no lo ha hecho. Pero, no. Yo quería entrar en el mundo de la gente con placeres culpables por la puerta grande. Y así fue como me hice la fama de ser el único fan de Fey sobre la faz de la tierra.

Como dije, por algún tiempo lo había disfrutado, pues, miren, a mí me gusta mucho que la gente se ría. La risa es muy buena para la vida, la alarga, reduce el estrés, y ayuda a segregar endorfinas, esa droga natural producida por el cerebro. Y ya se imaginan la cara de mis amigos cuando yo o algún amigo decía que a mí me gusta Fey y remataba diciendo que me sé todas sus canciones (para hacer la mentira más creíble me las terminé aprendiendo, a despecho mío en muchos casos) y hasta sus coreografías (sólo me aprendí y a medias la de Azúcar Amargo, total, es la única que la gente debe recordar y a medias, por su puesto. Intenté con las demás, pero, demonios, la dignidad no le permite a uno hacer ciertas cosas ni a solas). Así pues, la razón por la cual he mantenido esa mentira tanto tiempo y hasta me he esforzado en mantenerla es una bastante altruista. No me pueden culpar por eso ¿Verdad?
Además, me sirvió para hacer más pintoresco ese personaje que una ex decía poder diferenciar de mí yo verdadero. Ella llamaba Flú al personaje y a mí verdadero yo lo llamaba Miguel. Y claro, al despistado y bufonesco Flú le quedaba muy bien eso de ser fan de Fey, en cambio a Miguel, ese tipo anodino, aburrido y pesado que veo en el espejo cada mañana cuando me visto para ir a trabajar, eso no le debía encajar ni a martillazos. En honor a la verdad, y ya que andamos con ánimo de sinceramiento, esa diferencia hecha por mi ex de esos dos personajes cohabitantes en mí escaso cuerpo casi casi me crean problemas psicológicos conductuales, pues, anduve por un tiempo con la duda terrible de sufrir de doble personalidad con la agravante de poder recordar una lo que hacía la otra y viceversa. La cosa de las personalidades se agravó cuando otra ex me salió con que tenía más personalidades, esta vez literarias, dentro de mí. Ahora bien, del modo en como ella me lo pintó la cosa sonaba bastante divertida, pero, hubieron momentos en que no sabía quién demonios era yo. Tenía varias personalidades, y ninguna era la mía. Quizás ellas fueron las culpables de terminar siendo yo ese tipo medio sin personalidad, medio sin cuerpo que he ido cargando por este valle de lágrimas.
(Para no ponernos dramáticos debo también decir que ahora más que nunca ando en busca de reconstruirme. Las circunstancias y emociones actuales lo exigen y ameritan, porque vamos, uno no puede ir por el mundo siento tantas cosas y no siendo nadie, eso en algún momento debe perder su gracia ¿no? Así que ahí ando, remendando mi interior con lo que me haya quedado de servible de todo lo que fui, y ser fan de Fey no es una de esas cosas.)

Pero, si se lo piensan un poco, no sé cómo se han podido creer que me gustaba Fey en verdad. Es decir, si en mi lista de cantantes favoritos están Silvio Rodríguez, Calamaro, Sabina, Serrat, The Cramberries o los Arcade Fire ¡¿Cómo demonios podrían gustarme las amelcochadas cursilerías de una mexicana sintética y empaquetada y, además, es una reverenda mentirosa?! ¡Nos engañó a todos con su carita de chibola la maldita chiquivieja! Estafado me sentí cuando supe su edad. Yo que casi me hubiese vuelto su fan de tanto darle vuelta a sus discos para hacer creíble mi mentira. Decía, cómo van a asumir que me gusta el pop-juvenil-sabor-cereza cantado por esa chica. NO-HAY-FOR-MA.


Dicho esto, ya puedo ir olvidándome de sus canciones y liberar medio Gb de espacio en mi computadora y ustedes de andar jodiéndome la vida con eso de ser fan de Fey.
Etiquetas: [Dicho como por un crítico]  [la vocación]  
Fecha Publicación: 2014-01-06T18:22:00.002-05:00
El primero de enero desperté y lo primero que pensé fue: Ya mucho hueveo, carajo. Debo al menos intentar ser el mismo de antes, no puedo seguir haciendo nada de mi vida. Así que, retomaré mi blog.
Ha sido la decisión más responsable que he tomado en los últimos meses. Y aquí me tienen. Dispuesto a escribir, a pesar suyo.

Pero, como no todo en la vida es color de rosa, y a veces hasta es color de hormiga, el problema vino por los temas. Por alguna extraña razón (la edad dicen algunos. Pero, yo respondo que son rumores) no he tenido una sola fuckin idea para escribir, ni tampoco me han pasado cosas tipo que un alguien me pregunte en medio de una fiesta qué es la sinécdoque o que me quieran sacar desnudo a las cinco de la mañana y con la bolsa de la basura. Demonios, que esas cosas a uno dejan de pasarle apenas cumple los treinta y dos. A uno ya no le pasan cosas como, por ejemplo (y de eso me di cuenta hoy) que un día digas que tiene demasiado “trabajo de campo” (cosas tipo dejar escritos, verificar alguna dirección o cosas de ese tipo que son el trabajo de campo de un asistente legal de medio pelo como yo) y sales vestido como quien trabaja de pájaro frutero en un mercado de cono (que es más o menos como me visto siempre que no debo disfrazarme para venir a la oficina. Esas cosas si no se van tan fácilmente con los años) y justo ese día te encuentras con todos tus ex compañeros de la universidad, que van tan bien vestidos para enfrentrar la vida que te dejan sintiendo que no vas vestido ni para enfrentar el ridículo, en todos los lugares que visitas ¡Qué demonios! Pero, cuando me toca ir en traje y corbata no encuentro a nadie. Sí, sí, eso me ha pasado siempre. Nunca me encuentro con nadie cuando voy vestido como alguien que ha terminado la carrera de derecho y trabaja en un estudio de abogados. Pero, por mucho que la cosa esa me parezca curiosa, la verdad es que no da para un post completo. Sólo lo comentaba al vuelo y trataba de darme una excusa para no haber escrito en este terco y absurdo blog durante tantos y tantos días.

Además, no estoy en forma (no física. Ahí nunca estuve en forma, a lo más de una pita con nudo, como suele decir mi hermana sobre mi actual condición física. Sobran explicaciones). Debo calentar, hacer algunos ejercicios y renegar un poco de mi malhadado destino profesional ha servido para el arranque (que ha sido como correr una cuadra y estar al borde del infarto, porque hasta los hombros me duelen de estar tecleando… ¡una mierda llegar a viejo!).


Ya no reniego más y me quedo pensando en qué demonios podré escribir la próxima vez que el procrastinar no me gane.