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Etiquetas: [País con Futuro]  
Fecha Publicación: 2014-07-23T12:13:00.002-05:00
Ahora que los patriotismos y el amor por la papa a la huancayna están exaltados; ahora que todos recordamos que existe la sierra, que hay una población afrodescendiente y unos chunchitos en la selva que son la muestra de una diversidad de la que deberíamos sentirnos orgullosos (pero, vamos, cholos, negros y chunchos de mierda, cagan la raza, pues), yo quiero decir que no puedo sentir orgullo ni alegría ni nada por ser peruano. Más bien siento una enorme preocupación.

No puedo sentir orgullo de una nacionalidad porque yo no la logré, no me costó nada. Quizás a mis padres, por quienes siento admiración y respeto. Pero ¿por el país o por mi nacionalidad? Vamos, peruanos orgullosos, con la mano en el pecho ¿cuántos de nosotros no hemos deseado o deseamos en este mismo momento no haber nacido en este rincón del mundo sino en otro lugar más bonito? Peor aún ¿cuántos de nosotros no queremos transformar este país de cholos en, al menos, un país de blanquitos importando gringas "para mejorar la raza"?
Los nacionalismos (y patriotismos) me parecen sentimientos dañinos. El discurso que pone por delante la bandera y las fronteras han causado más daño que bien a la gente. Me parece buena su existencia sólo por una cuestión administrativa. Nada más. 
No puedo dejar de reconocer la inclinación gregaria del hombre, como la de la identificación, pero para eso ya tenemos el mundial de fútbol y las olimpiadas, sanas actividades (si no pensamos en la FIFA, claro) que pueden ayudarnos a aplacar nuestro instinto. Más allá de eso, en la exaltación de identidades y patriotismos tienen como consecuencia cosas tipo bombardeos en franja de Gaza (sí, viste, estás en contra de una guerra que tiene su origen en el nacionalismo, eso mismo que en estas fechas quieres exaltar).

Felicidad por ser peruano, menos. Algunos dicen que tenemos cosas buenas como gente trabajadora que se saca la mugre por salir adelante. Sí, pero, es que, caray, si no tienes plata ¿qué te queda? Sacarte la mugre por salir adelante y que tus hijos no sufran lo que tú has sufrido (lo mismo que quisieron tus padres alguna vez respecto de ti). Si no trabajas, no comes. Simple. Pero, si no basta con eso para desbaratar un argumento tan soso, pienso en que por cada peruano pobre que "chambea duro para salir adelante" hay un peruano que tiene plata y que hace todo lo posible porque ese otro peruano se quede donde está y/o trabaje para él, con el menor sueldo posible, en las condiciones que menos costo le produzca. Por cada uno de esos peruanos trabajadores, hay otro que está en el gobierno esperando que la plata le llegue sola; otro robando pero haciendo obra; otro decretando leyes como aportes obligatorios a una empresa privada bajo el engañoso argumento de que se preocupa por tu futuro; por cada peruano trabajador hay uno que a conseguido una pequeña cuota de poder, como una máquina con cuatro ruedas, y no duda en usarlo para conseguir lo que quiere (salir adelante ¿No?) atropellando normas y personas. Por eso, más que orgullo por la gente que se saca la mugre, siento pena por ellos.

Eso sin enumerar otras perlas como ser un país:
- Que reelige al peor presidente de su historia;
- Cuyo más delincuencial presidente aún tiene una legión de seguidores;
- Piensa reelegir autoridades locales que no tienen ni siquiera concepto de moral o escrúpulos;
- Que está lleno de empresarios que no asumen responsabilidades frente a sus propias negligencias (¿vieron el reportaje de Panorama sobre el derrame de petróleo en la selva?);
- Cuyos ciudadanos no saben que son las leyes (¿luz ámbar? Hay que acelerar ¿Paraderos? ¿Qué es eso? ¿Que no puedo vender en la vereda? ¡No nos dejan trabajar!);
- Cuyos medios de información han sido tomados por una banda de vendidos que encima se indignan cuando se ven en un vídeo a nivel nacional recibiendo plata de un delincuente;
- Que repite los discursos cargados de odio de un tipo con sotana;
- Que le da tribuna a ese tipo con sotana cuando llama "mercadería averiada" a un grupo de personas;
- Que niega derechos al 10% de su gente bajo argumentos de ¡leyes naturales!;
- Que es profundamente racista;
- Que sólo se acuerda de los "ciudadanos de segunda" cuando sirven o para ponerlos en una vitrina, para alimentar su chauvinismo o para matarlos por estar "en contra del progreso".
- Que combate la delincuencia con teatrinas mal montadas;
- Lleno de gente que considera esas teatrinas una verdadera solución;
- Con ciudadanos que desprecian la educación porque les enseñaron que estudiar es aburrido, que leer es un castigo;
- Con profesores mal pagados en la última escala de la valoración nacional;
- Con un presidente que firmó miles de acuerdos para hipotecar cinco años de gestión gubernamental;
- Con una presidenta en la sombra que traicionó completamente sus más airados discursos juveniles;
- Lleno de gente que no se da cuenta de que la solución a todo eso está en sus propias manos ¡demonios!;
- Y un etcétera conteniendo: jueces que alquilan la justicia; barras bravas orgullosas de sus delitos; ferias que te cobran por mirar las tapas de los libros.

Frente a eso ¿Qué son el ceviche y las invadidas líneas de Nazca?

Es más, ni siquiera sé por qué celebramos la fiesta nacional el 28 de Julio cuando nuestra independencia como país (¡¿para esto nos idependizamos?!) se selló tras una batalla algunos años después, cuando capitularon los españoles, no cuando San Martín puso a un negrito a gritar de un lado a otro una bonita proclama.
Celebramos una independencia que nos regalaron, una independencia que no nos costó, una independencia con la que muchos estuvieron en desacuerdo, una independencia de la que hasta hoy no nos sentimos verdaderamente orgullosos, una independencia que no hemos sabido valorar, una independencia que hemos arrendado a plazo indeterminado y con cláusulas draconianas a capitales extranjeros. Una independencia que parece no servirnos para nada.


No, no tengo el orgullo de ser peruano. Esto, en verdad, no me hace adormecidamente feliz.
Etiquetas: [Mucha pendejada]  [mío de mí]  [no hay derecho]  
Fecha Publicación: 2014-01-16T22:46:00.001-05:00
Iba a poner que este post responde a uno de mis propósitos de año nuevo, uno de esos tipo: este año prometo ser mejor persona. Pero, no. No prometo ser mejor persona. Hay cosas imposibles de superar. Sólo responde a que ya me llegó mantener una mentira durante tantos y tantos años sin razón ni beneficio algunos.
No voy extenderme en lo perjudicial de la mentira, aunque sea una blanca y piadosa, como le llaman a esas que sirven para que tu viejo no te desmadre por alguna travesura o para hacer “feliz” a algún incauto manteniéndolo al margen de una verdad que podría romperle el corazón… o hacer que te desmadre (como cuando después de un viaje por las playas de Brasil por dos años tu novio viene y te dice: “amorcito, te he sido fiel hasta con el pensamiento” o cuando una “mujer de la vida” te dice “te quiero, papi” poco después de pagarle, ya sabes).

Pero, me estoy desviando del tema. Decía que ya no quería mantener esa mentira que me ha perseguido como un karma durante años. En verdad a ratos hasta disfruté viviendo en ella, pero, de un tiempo a esta parte ya no. Es más, me molesta y cada cosa que me lo recuerda casi logra irritarme. Por eso, debo confesarlo, he mentido: A MÍ NO ME GUSTA FEY y nunca me gustó. Tampoco me disgusta, pero de ahí a decir que soy fan de Fey, nada de nada.

La historia comenzó una noche en un bar donde algunos cuenteros nos reunimos en un intento por incrementar el número de K-latos (no lo logramos. Eugenio, su carro y su chica con su tremendo escote no nos quisieron volver a ver, mucho menos al Bebe Nakasone quien se moría por hacer de la novia una calata, literalmente, y al parecer esa fue la razón principal para que esos dos muchachos no aceptaran volver a reunirse con nosotros nunca más. Por otro lado, debo confesar, ellos eran de reunirse en lugares tipo The Corner, una esquina en la Av. Larco y nosotros más bien amigos de chupar en una esquina de Quilca y terminar compartiendo chancays en la vereda. No hicimos match. Pero, esa es otra historia). En aquella reunión hablamos de placeres culpables, no recuerdo a santo de qué, pero, recuerdo claramente al Bebe Nakasone, saliendo un poco de la ensoñación del escote, diciendo que todos teníamos uno y hasta debió confesar el suyo y alguno más debió aventurarse también. Sólo eso explicaría que yo, un figureti de aquellos que no puede quedarse callado aunque de eso dependa la paz mundial y la conservación de los pandas, buscara en mi mente algún placer culpable, ya saben, cosas como comerse el moco o que te gusten los libros de Cohelo, pero no encontraba ninguno. Entonces me inventé uno, ya dije, para no quedarme fuera de tan grandioso tema (si no me creen lo de grandioso, atrévanse a preguntar a sus amigos sobre los suyos y ya verán cómo la pasan tan bien, claro, hasta el momento confesar los suyos): a mí me gustaba Fey.
A la distancia lo pienso y tal vez hubiese quedado mejor diciendo que me comía los mocos. Total, quién no lo ha hecho. Pero, no. Yo quería entrar en el mundo de la gente con placeres culpables por la puerta grande. Y así fue como me hice la fama de ser el único fan de Fey sobre la faz de la tierra.

Como dije, por algún tiempo lo había disfrutado, pues, miren, a mí me gusta mucho que la gente se ría. La risa es muy buena para la vida, la alarga, reduce el estrés, y ayuda a segregar endorfinas, esa droga natural producida por el cerebro. Y ya se imaginan la cara de mis amigos cuando yo o algún amigo decía que a mí me gusta Fey y remataba diciendo que me sé todas sus canciones (para hacer la mentira más creíble me las terminé aprendiendo, a despecho mío en muchos casos) y hasta sus coreografías (sólo me aprendí y a medias la de Azúcar Amargo, total, es la única que la gente debe recordar y a medias, por su puesto. Intenté con las demás, pero, demonios, la dignidad no le permite a uno hacer ciertas cosas ni a solas). Así pues, la razón por la cual he mantenido esa mentira tanto tiempo y hasta me he esforzado en mantenerla es una bastante altruista. No me pueden culpar por eso ¿Verdad?
Además, me sirvió para hacer más pintoresco ese personaje que una ex decía poder diferenciar de mí yo verdadero. Ella llamaba Flú al personaje y a mí verdadero yo lo llamaba Miguel. Y claro, al despistado y bufonesco Flú le quedaba muy bien eso de ser fan de Fey, en cambio a Miguel, ese tipo anodino, aburrido y pesado que veo en el espejo cada mañana cuando me visto para ir a trabajar, eso no le debía encajar ni a martillazos. En honor a la verdad, y ya que andamos con ánimo de sinceramiento, esa diferencia hecha por mi ex de esos dos personajes cohabitantes en mí escaso cuerpo casi casi me crean problemas psicológicos conductuales, pues, anduve por un tiempo con la duda terrible de sufrir de doble personalidad con la agravante de poder recordar una lo que hacía la otra y viceversa. La cosa de las personalidades se agravó cuando otra ex me salió con que tenía más personalidades, esta vez literarias, dentro de mí. Ahora bien, del modo en como ella me lo pintó la cosa sonaba bastante divertida, pero, hubieron momentos en que no sabía quién demonios era yo. Tenía varias personalidades, y ninguna era la mía. Quizás ellas fueron las culpables de terminar siendo yo ese tipo medio sin personalidad, medio sin cuerpo que he ido cargando por este valle de lágrimas.
(Para no ponernos dramáticos debo también decir que ahora más que nunca ando en busca de reconstruirme. Las circunstancias y emociones actuales lo exigen y ameritan, porque vamos, uno no puede ir por el mundo siento tantas cosas y no siendo nadie, eso en algún momento debe perder su gracia ¿no? Así que ahí ando, remendando mi interior con lo que me haya quedado de servible de todo lo que fui, y ser fan de Fey no es una de esas cosas.)

Pero, si se lo piensan un poco, no sé cómo se han podido creer que me gustaba Fey en verdad. Es decir, si en mi lista de cantantes favoritos están Silvio Rodríguez, Calamaro, Sabina, Serrat, The Cramberries o los Arcade Fire ¡¿Cómo demonios podrían gustarme las amelcochadas cursilerías de una mexicana sintética y empaquetada y, además, es una reverenda mentirosa?! ¡Nos engañó a todos con su carita de chibola la maldita chiquivieja! Estafado me sentí cuando supe su edad. Yo que casi me hubiese vuelto su fan de tanto darle vuelta a sus discos para hacer creíble mi mentira. Decía, cómo van a asumir que me gusta el pop-juvenil-sabor-cereza cantado por esa chica. NO-HAY-FOR-MA.


Dicho esto, ya puedo ir olvidándome de sus canciones y liberar medio Gb de espacio en mi computadora y ustedes de andar jodiéndome la vida con eso de ser fan de Fey.
Etiquetas: [Dicho como por un crítico]  [la vocación]  
Fecha Publicación: 2014-01-06T18:22:00.002-05:00
El primero de enero desperté y lo primero que pensé fue: Ya mucho hueveo, carajo. Debo al menos intentar ser el mismo de antes, no puedo seguir haciendo nada de mi vida. Así que, retomaré mi blog.
Ha sido la decisión más responsable que he tomado en los últimos meses. Y aquí me tienen. Dispuesto a escribir, a pesar suyo.

Pero, como no todo en la vida es color de rosa, y a veces hasta es color de hormiga, el problema vino por los temas. Por alguna extraña razón (la edad dicen algunos. Pero, yo respondo que son rumores) no he tenido una sola fuckin idea para escribir, ni tampoco me han pasado cosas tipo que un alguien me pregunte en medio de una fiesta qué es la sinécdoque o que me quieran sacar desnudo a las cinco de la mañana y con la bolsa de la basura. Demonios, que esas cosas a uno dejan de pasarle apenas cumple los treinta y dos. A uno ya no le pasan cosas como, por ejemplo (y de eso me di cuenta hoy) que un día digas que tiene demasiado “trabajo de campo” (cosas tipo dejar escritos, verificar alguna dirección o cosas de ese tipo que son el trabajo de campo de un asistente legal de medio pelo como yo) y sales vestido como quien trabaja de pájaro frutero en un mercado de cono (que es más o menos como me visto siempre que no debo disfrazarme para venir a la oficina. Esas cosas si no se van tan fácilmente con los años) y justo ese día te encuentras con todos tus ex compañeros de la universidad, que van tan bien vestidos para enfrentrar la vida que te dejan sintiendo que no vas vestido ni para enfrentar el ridículo, en todos los lugares que visitas ¡Qué demonios! Pero, cuando me toca ir en traje y corbata no encuentro a nadie. Sí, sí, eso me ha pasado siempre. Nunca me encuentro con nadie cuando voy vestido como alguien que ha terminado la carrera de derecho y trabaja en un estudio de abogados. Pero, por mucho que la cosa esa me parezca curiosa, la verdad es que no da para un post completo. Sólo lo comentaba al vuelo y trataba de darme una excusa para no haber escrito en este terco y absurdo blog durante tantos y tantos días.

Además, no estoy en forma (no física. Ahí nunca estuve en forma, a lo más de una pita con nudo, como suele decir mi hermana sobre mi actual condición física. Sobran explicaciones). Debo calentar, hacer algunos ejercicios y renegar un poco de mi malhadado destino profesional ha servido para el arranque (que ha sido como correr una cuadra y estar al borde del infarto, porque hasta los hombros me duelen de estar tecleando… ¡una mierda llegar a viejo!).


Ya no reniego más y me quedo pensando en qué demonios podré escribir la próxima vez que el procrastinar no me gane.
Etiquetas: [amistad]  [Mucha pendejada]  [no hay derecho]  [Y entonces sucedió]  
Fecha Publicación: 2013-08-25T22:22:00.000-05:00
Siendo un domingo tan familiar y ocioso he tenido tiempo para revisar algunas cosas que alguna vez escribí y me topado con unas notas que me hicieron recordar una anécdota de hace ya bastante tiempo. La cosa va así:
Una noche de tantas de mi pasado salí con una amiga. No éramos frecuentes, pero había gancho y la pasábamos bien cada que nos íbamos por un café o unas copas. En alguna de esas ocasiones en que quedamos para vernos terminamos yendo a su casa porque se nos apetecía tomar algo, pero no ir a un bar... La verdad es que estábamos misios y con sed y en su casa se gastaría menos. La cosa estaba como siempre, ya saben, música, buena conversación sobre un montón de cosas, que enterada la chica es, no hay que robarle más virtud. La noche avanzaba y nuestro estado de embriaguez también, nos pusimos a bailar, a tomar fotos, que he perdido para bien de todos y, bueno, ella ebria, yo ebrio, la soledad de la casa y nos terminamos arrejuntando en su pequeña cama.

No es necesario entrar en detalles. Un polvo es un polvo y al menos yo me lo pasé bien. Ella, no lo sé, quizás sí, o eso parecía, pero con las mujeres nunca se sabe. Además, hay que agregar que yo follo peor de lo que escribo, así que quizás mi amiga no quiso hacerme sentir mal. Nunca hemos hablado del tema otra vez y para qué. Igual, no tenemos ganas de repetir la hazaña, así que tema cerrado. Claro, cerrado ahora, porque antes hubo que superar un par de cosas.
Me explayo. Ella despertó y se encontró a su servidor en pelotas a un lado de su cama  roncando plácidamente y ella sin lo que llevaba puesto hacía un par de horas. Se vistió, lo escuché, porque al levantarse hizo tal aspaviento que si no se despertaron los vecinos quizás fue porque a las cuatro de la mañana todos están muy entregados a la tarea de soñar. Me terminó de destapar, soltó un grito ahogado de sorpresa y yo un gemido de fastidio, estaba tan calentito ahí y de pronto me encontraba con las vergüenzas al aire ¡que se me van a resfriar las pelotas, caray! dije y ella me preguntó que qué hacía yo ahí exhibiendo las partes pudendas sin pudor, que me levante en el acto y me vaya de su casa.
A la niña le había entrado el remordimiento. Si por ella hubiese sido me habría sacado a la calle y tirado mis cosas por la ventana, pero no se lo permití ¡No me voy hasta que encuentre mis calzoncillos y ya puedes llamar a la policía si quieres, pero yo no salgo así a la calle! ¡LOCA! y ella erre con erre que me vaya en el acto, que te vas y te vas y yo que no, que no.
Por fin encontré todo lo que llevaba puesto la noche anterior y dije que ya, que estaba bueno, soy pésimo en la cama, pero eso no te da derecho a tratarme de ese modo y me largo indignado y preocupado, que a esa hora aún no pasan micros y a ver si nos dejamos de vainas, la verdad, que ganas de caminar hasta mi casa no tengo, y si tanto te jode compartir la cama a ver si me quedo en el mueble este y buenas noches los pastores ¡Que no, he dicho! ¡Vete, ahora mismo! ¡Vete ya! No hay forma, dije, esta no me dejará terminar mi sueño. Pues está bien, me voy ¡De mejores camas me han botado! Estaba por salir, por fin de su casa y de liberarme de los aullidos de damisela ofendida de la chica esta cuando me detiene para decirme dos cosas, la primera, que no la llame ni la busque, esto no ha pasado nunca y nos olvidamos para siempre, yo aprobé, al fin de cuentas, no pensaba hacerlo, digo, no estábamos para ponernos románticos, menos a las cinco de la mañana y con el frío que hacía; y, la segunda cosa, que ya que estaba por salir a la calle, a ver si me haces el favor de llevarte las botellas vacías y esta bolsa de basura que me olvidé de sacar anoche y el camión pasa muy temprano y con este frío no hay que salga, la dejas ahí al pie del arbustito, por favor. Mi cara debió ser un poema en ese momento, pero ella ni se enteró, preocupada como estaba porque ya pasaba el camión y yo me demoraba ahí parado hecho el tonto en lugar de salir de una buena vez. Volvió a recordar su honra mancillada y retomó las recriminaciones por lo que YO HABÍA HECHO, me echó una última mirada que iba entre el arrepentimiento, la vergüenza, el sueño y la cólera porque me seguía demorando y cerró la puerta. Le quise preguntar algo más, pero no hubo forma, sólo escuché sus pasos alejándose, así que hice lo propio, dejé la bolsa de la basura ahí donde me había indicado y eche a andar hacia mi casa pensando que esto no se le hace a un poeta... pero a un bloguero, pues, mira que sí.
Etiquetas: [La Negra]  [Mucha pendejada]  [no hay derecho]  
Fecha Publicación: 2013-08-14T12:53:00.000-05:00
- ¿Aló?
- ¡Negra!
- ¡¿Enano?!
- Sí, Negrita.
- ¡Mierrrrrrrrrrrrrrda, Enano, estabas vivo!
- Sí, Negrita y tengo novedades.
- ¿Qué ha pasado, Enano?
- Tengo novia.
- ¡Puta madre!
- Gracias, Negra, te conozco y sé que es tu forma de…
- ¡Puta madre, pobre chica!
- …
- No jodas, Enano ¿cómo chucha vas a tener novia?
- Pero… Negra… ¿Qué tiene…?
- Jajajajajajajajajaja
- …
- Jajajajajajajaja
- ¡Qué demonios!
- No deja de preocuparme la pobre chica, pero, me alegro por ti Enano.
- Puta madre, Negra, no has cambiado.
- Espero que tú sí, Enano.
- Ya extrañaba tu enorme apoyo a mi autoestima Negrita.
- Como empieces a hablar de mi culo te cuelgo.
- Cha que me cortas en una. Pero, no importa, Negra, tu culo ya no me pone.
- Hablas cojudeces. Mejor sigue contándome de tu novia.
- Hay mucho que contar, Negrita y no tengo tanto saldo.
- No has cambiado, misio e’ mierda.
- Jajajajajaja.
- Ya, qué chucha. Pero ¿Estás contento?
- Mucho, Negrita, mucho.
- ¡Qué bueno, Enano! Me alegro por ti. Además, ya era tiempo que tengas novia.
- Negra, no me vayas a salir con eso de soltero maduro…
- ¡Qué maduro vas a ser tú, oe, Enano! Igual tiras para maricón.
- Negra, dudo que a mi novia le agrade saber que me has dicho eso.
- Que venga ella y me lo diga.
- Jajajajajajajaja.
- Jajajajajajajaja.
- Negra. Ya te conté de mí, aunque hay más cosas, pero, qué me cuentas de ti ¿Qué novedades?
- Muchas, Enano, pero, como eres un misio y no tienes saldo, mejor no te cuento.
- Pero, Negri…
- Chau.
- ¡Negra!
- Tututú

Y así fue como me di cuenta de que la Negra no ha cambiado en nada.
Etiquetas: [Sin relación alguna]  
Fecha Publicación: 2013-04-21T21:50:00.004-05:00
A cierta distancia de mi casa hay una fiesta electrónica. El sonido llega amortiguado y sólo se sienten retazos del monótono bum bum que me permiten escuchar a un gato arrecho que se ha apoderado de los techos de esta manzana. Antes habían más gatos por aquí. Ahora sólo quedan unos cuantos que se han hecho más grises aún tras la desaparición de sus congéneres. Había uno un poco gordo, blanco y muy peludo que a veces se dejaba ver desde lo que debería ser el jardín de la casa cuando vivíamos en el primer piso. Debe haber muerto, pues hace mucho no lo veo. O quizás lo castraron y ahora anda arrastrando sus penas por la casa de la gente que lo alimenta.
La verdad es que no lo hecho de menos.
Nunca me he encariñado mucho con los gatos porque siento que ellos no se encariñan con nadie, no al menos de la forma desinteresada en que sí lo hacen los perros, por ejemplo. De todos modos esos bichos tienen sus defensores. No me cuento entre ellos, tampoco es que quiera que desaparezcan, pero, no me pidan que haga una performance disfrazado de gato para evitar que los maten en el parque Kennedy.
Ahora que he escuchado a ese gato maullar como un amante solitario y ebrio en medio de la madrugada me he puesto a pensar en la forma de follar de los gatos. He querido escribir algo sobre eso, pero, no he podido. Sucede que yo nunca he visto follar a los gatos (tampoco los he visto ensuciar nada con sus orines). Dicen que son animales muy pudorosos. Lo único que sé de los gatos y el sexo es que apenas termina el gato debe salir huyendo de la escena porque la gata sufrirá dolor cuando el complacido amante de turno saque la verga de su interior y lo correteará para sacarle la madre. Eso me parece horrible ¡Quién demonios puede correr ni siquiera dos metros apenas echado un polvo! Es demasiado. Claro que le podría ir peor, como los mantis religiosos o los machos de la viuda negra, que sólo echan un polvo en su vida, el último, porque inmediatamente terminado el apareamiento serán devorados por la hembra. Si creo que ya es horrible salir corriendo después de un polvo (no salgo a correr ni si quiera después de ocho horas de sueño), eso de morir por follar es el colmo.
Digresión: Eso de ser víctima de violencia marital apenas echado el polvo, ya sea que termine en lesiones o muerte, debe llevar a los machos de esas especies a escoger muy bien con quien van a descargar el deseo acumulado en una vida. Claro, los gatos tienen la esperanza de ser más rápidos que las hembras, pero a los otros dos bichos, no-hay-for-ma. Ahora, no sé cuáles sean los criterios de cada uno de ellos para escoger a sus compañeras, pero ¿se imaginan si eso pasase con los seres humanos? Mejor no continúo para no caer en la tentación del machismo y la discriminación.
Pero el gato tiene que hacerlo. Pobre. Tal vez por eso desapareció el gato aquel que se dejaba ver por el jardín. Era un poco gordo y tan peludo y blanco el pobre que creo no había forma de que pudiera huir con éxito después de un polvo o al menos poder ocultarse entre las sombras y alguna gata experta en violencia marital post coital le debe haber hecho dar cuentas de sus días y ahí no más quedó. Ahora que lo pienso, quisiera que haya sido así. Me parece una muerte bastante digna, más digna por lo menos que terminar viejo, achacosos y encima sin pelotas tumbado en alguna pelada y fea alfombra después de una disipada vida de gato techero.
Etiquetas: [cursilada]  
Fecha Publicación: 2013-03-31T16:45:00.001-05:00
Yo no entiendo este afán de la humanidad por el fin del mundo. Que si el año 2000, que si el 666, si los Mayas, el papa negro, los marcianos nos vinieron a llevar o un chinito que le anda haciendo amagues de bronca a los chinitos de más al sur. Fin del mundo para todos los gustos.
Claro, eso de creer en la pelotuda mal interpretación del calendario maya no se compara a que en verdad se desate la guerra entre las Coreas y que metan sus narices los gringos, que gustan de meter primero la nariz en cualquier parte y luego el culo para dejarlo todo completamente cagado, y los rusos, que parece que aún le tienen bronca los gringos por eso de que al final el capitalismo le dejó el ojo morado al socialismo y abajo el imperialismo yanqui. Pero, caray, qué afán con eso de bajarse a todos, todos y cada uno de nosotros que vivimos como si nunca nos fuésemos a morir y vamos gastando los días en cosas como quejarnos de los lunes porque hay que volver a un trabajo que no nos gusta y hacer mil cosas que nos desagradan para que nos paguen una mierda de sueldo que no alcanza para comprar todo lo que nos quieren vender ¡Una mierda de vida, señores, que se acabe de una vez!
No puedo negar que sí me da cosas eso de morirme algún día y no saber si el cuento de la vida eterna sea cierto y si, siendo cierto, me iré al cielo a tocar una lira en pelotas por la eternidad o si el Diablo me correteará por todo el ardiente infierno pinchándome el culo con un obsceno tridente. Pero, qué caray, si igual me moriré un día y si es en mancha, pues, no sé si mejor o peor, al final, si nos morimos todos, nos morimos y no más valle de lágrimas. La única diferencia será que no habrá quien nos cubra las vergüenzas y entierre nuestros cuerpos, tampoco historiador que nos señale como la generación estúpida que se plació en eliminarse a sí misma, ni, por supuesto, periódico amarillista que nos saque en primeras planas con las tripas regadas alrededor de nuestros cráneos.
No es que no me importe o no le tema a la catástrofe y no quisiera que se evite (lástima que en mis manos no esté eso de hacer o evitar las guerras, porque si eso pasara agarraba a todo el mundo y los ponía a jugar Age of Empires y al que gane le daba su medalla y su caja de chelas y a la mierda la guerra), pero, puesto a contemplar por la ventana el posible escenario de nuestra desaparición, pienso en cómo diablos me gustaría llegar a ese día, qué haría si me entero que al fin llegamos al punto máximo de imbecilidad y apretamos todos los botones rojos de todas las bases militares del mundo. No saldría, como muchos, a rezar en medio de la calle, a gritar desesperado que Dios me perdone de nada, porque creo que Dios o nos perdona todo si no lo hemos hecho con mala leche o nos manda a todos a tomar por el culo por idiotas; no saldría corriendo a la calle a llorar desgarrándome la ropa porque nos morimos en mancha y Diosito aplaca ten piedad de nosotros. No, mucho drama por gusto. Lo que lo haría, creo, es abrazar a mi familia, decirles que los amo y que no importa cuán jodidos hemos sido algunas veces el uno con el otro, son geniales y espero verlos en el más allá; enviaría unos cuantos mensajes de texto a algunos de mis mejores amigos para agradecerles el haberme hecho bullying buena onda y a ver si nos buscamos donde quiera que vayamos después de que nos despanzurren las bombas. Luego saldría de mi casa con dos libros en la mochila, creo que “El Principito” y “No me esperen en abril”, iría hasta la casa de mi enamorada, jugaría con su hijo algunas horas, las suficientes para tener tiempo para lo que sigue, lo dejaría dormido para que el fin de todo lo encuentre en la tranquilidad que abandonó cuando tuvo que salir de la panza de su madre. Luego me iría con ella caminando tranquilamente de la mano hacia un hotel, me metería a la cama con ella, haríamos el amor como si no hubiera mañana ¡Qué idiota! No habrá. Y finalemente abriría uno de los libros en cualquier página y me pondría a leerle algunos párrafos hasta que por fin llegue el fin.
Etiquetas: [la vocación]  [Y entonces sucedió]  
Fecha Publicación: 2013-01-22T21:44:00.000-05:00
Estoy intentando escribir un cuento. Debo reconocerlo, estoy oxidado en el oficio de escribir y avanzo con la velocidad de un caracol cansado. Pero, bueno, no puedo andar diciendo por ahí que soy un escritor y no intentar si quiera un par de párrafos, al menos para mantener tranquila la conciencia. Además, debo terminar al menos un cuento para la reunión de este sábado. Confieso: no me daré a la tarea de escribir uno nuevo, eso sería como levantarse una mañana y pretender correr como Forest Gum sólo porque hace dos décadas te entrenabas para la maratón de Nueva York y ahora te ha entrado la nostalgia por el deporte. Claro, escribir un cuento no es la maratón de Nueva York, lo sé, aunque a veces puede llegar a parecerlo y, claro, en verdad no escribo tan sólo hace algunos meses, pero ¡Vaya meses! En fin, creo que me entienden.

Yo tengo la capacidad de poner concentrarme aún con ruido al rededor. Desarrollé esa capacidad en mis afanosas lecturas en los micros y combis. Creo que eso de abstraerme o distraerme, en mi caso es lo mismo, me ha venido de nacimiento. No importa. El hecho es que si mi padre está haciendo bulla con un aparato indescriptible allá en la sala y tiene además el televisor encendido no me afecta y yo podría continuar escribiendo sin mayores problemas. Además, puedo ponerme los audífonos y escuchar cualquier canción guardada en la computadora, como en efecto lo he hecho y ya está, fuera del mundo real y a escribir. Pero, y justamente por eso me he puesto a escribir esto, hay un tipo, el vecino de la casa a espaldas de la mía, que hace como media hora intenta tocar el Cóndor Pasa con su flauta dulce. Y repito, lo intenta, no es tocar ¡Joder, el tipo hace que el instrumento ese suene como un Ewok tratando de imitar a Rumy Ñahui! El tipejo ese está arruinando terriblemente este momento, su flauta, el Cóndor Pasa, a los Ewoks y a Rumi Ñahui. Se está cargando el mundo sin remordimientos el muy cabrón y lo hace con un ahínco desesperante. Ni siquiera refugiarme en mi habitación ayuda, pues está en la parte posterior de mi casa y mi ventana, que debo mantener abierta si no quiero terminar cocinándome en mi propio sudor, da sin reparos ni estorbos, a la casa del fulano, y que tampoco es su casa, sino la casa de una vivienda universitaria.
Esa casa no siempre está habitada por las mismas personas. La universidad nos manda un vecino nuevo cada seis o doce meses. La mayoría, la verdad sea dicha, pasan desapercibidos, sobre todo en verano cuando todos se largan sabe dios a dónde. Pero, a veces se esmeran y nos envían tipos que tocan flautas dulces como si estuviesen licuando piedras. Claro, podría ser peor. Como el año pasado, por ejemplo. Nos enviaron a unos jovenzuelos esmeradísimos en hacer notar su presencia. Los tipos tenían las clásicas reuniones para estudiar todos los fines de semana, ya saben, esas largas sesiones nocturnas de cigarrillos, alcohol, música, canto, peleas y sexo. Aunque esto último era peor, porque era de casi todos los días. Peor que peor, pues, como recordarán, el año pasado ya iba yo por el tercer año consecutivo de soledad y pajas casi absolutas y eso de follar me sonaba a cosa que le pasa a los otros y nunca a uno, entonces la tipa que vivía abajo se esmeraba terriblemente en joderme la noche haciéndome recordar cómo suena una mujer mientras está tirando y yo me revolvía en mi cama tratando de conciliar el sueño sin sucumbir a la necesidad de otro pajazo para aliviar las penas. A estas alturas del párrafo me ha entrado la duda de qué es peor, si la flauta mal tocada o la chiquilla informando a todo Salamanca de sus orgasmos.
Decido por la flauta. Total, gente follando siempre habrá, pero tipos insufribles que destruyen flautas al soplarlas, sólo cuando uno intenta escribir un cuento.

Otra cosa a mencionar es que la flauta dulce no muy de mi agrado, la verdad, muy dulce y todo, pero que le den por el culo a todos los flautadulcistas del mundo, no me agrada. De ser por culpa las chiquillas flautistas del colegio. Verán, el colegio donde estudié se preciaba de tener una banda escolar destacada. Lo que estaba muy bien, en verdad. Total, tenían un montón de premios que nosotros lucíamos con orgullo cada que nos daban oportunidad para envidia del colegio rival. Pero, la banda tenía muchos instrumentos: de viento, percusión, hasta un guitarrista había. Una cosa simpática la banda. Pero, cosa aparte eran estas chiquillas flautistas. Las desgraciadas eran unas fanáticas de andar con la cosa esa de arriba para abajo y se juntaban en grupos de tres o cuatro para ensayar en cualquier rincón del colegio que era bastante pequeño, la verdad, sobre todo cuando se acercaba alguna presentación en cualquier lado, que era casi todo el año ¡Qué afán, carajo! Entonces uno andaba escuchando ese sonido por todos lados y vamos, eso llegaba a cansar. Haciendo memoria, la razón por la que no soporto a los sicuris es la misma. Si has estudiado en San Marcos, me entiendes, sino, hazte la idea. Era lo mismo.

El vecino este ya se calló, menos mal. Creo que podré continuar con mi cuento.