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No cabe duda que desde que comenzó este siglo, a diferencia de DC que solo ha podido llevar a Batman a la pantalla con éxito comercial y de crítica, Marvel ha colocado a casi todo su panteón de superhéroes con mayor o menor grado de reconocimiento. Desde personajes menores y poco interesantes como Ghost Rider (2007) o Elektra (2005), hasta quizá su mayor logro (sobre todo comercial) con The Avengers (2012) luego de un trabajo bastante elaborado con cada uno de los vengadores en pantalla para darlos a conocer al público en general. Ante la vorágine de películas con tramas similares, era evidente el temor a la repetición y de allí, estar un paso más cerca al hartazgo.
Más información »De los trabajos de Xavier Gens, había visto la cumplidora pero nada especial
Hitman (2007) y luego la muy interesante aunque no tan original
Frontière(s) (2007). En esta última, aún cargando la evidente herencia de
The Texas Chain Saw Massacre, Gens logra sobre claves de horror encontrar una voz propia al poner sobre el tapete la crisis de una sociedad enfrentada a sí misma, por la xenofobia e intolerancia racial y cultural. Es claro la huella que dejó los conflictos en los
banlieues parisinos del 2005 para que Gens nos entregue una obra de horror, pero horror humano y de odio hacia el diferente.
Frontière(s) fue de cierto modo, una manera de rescatar a este director y ponerle más atención a sus futuros trabajos.
Así, llegamos a The Divide (2011), la cual nos habla de una Nueva York víctima de un ataque nuclear. Como frente a la muerte, dicen que el tiempo se alarga, eso da tiempo para que en un edificio un puñado de individuos tenga el tiempo suficiente para esconderse en el sótano de Mickey (Michael Biehn), un paranoico conserje que había construido convenientemente un bunker. Entre los sobrevivientes nos encontramos con Eva (genial performance de la siempre guapa Lauren German) y su novio, el intelectual Sam (Iván González). Además, los hermanos Josh (cumplidor Milo Ventimiglia) y Adrien (Ashton Holmes), un amigo de estos, Bobb (estremecedor Michael Eklund, de lo mejor del film), Marilyn (Rosanna Arquette) y su hija Wendi y Devlin que tiene cierta desconfianza sobre Mickey. El motivo del ataque es irrelevante. Casi toda la historia se va a desarrollar en este sótano contemplando la interacción entre los personajes así como su reacción al encierro. De hecho, este factor es su mayor virtud aunque su mayor contratiempo, ya que para poder construir o mejor dicho, destruir a los personajes, se necesita un periodo de tiempo que inexorablemente aletarga la acción. Sin embargo, debe ser tolerado y comprendido para ver el magnífico pero aterrador desenlace donde la soledad, el miedo, el hambre, la paranoia y el temor a la muerte, terminen por tirar al suelo el rostro de humanidad con el que cada uno de estos individuos había entrado a una habitación que nunca los iba a salvar de la muerte.
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Debo comenzar por reconocer que el único motivo para haber buscado esta película, fue conocer un poco más del trabajo de Nikolaj Coster-Waldau a quien ya había visto en
Mama como quizá su perfomance más conocida, como Jaime Lannister en
Game of Thrones, no cuento ni a
Kingdom of Heaven ni a
Black Hawk Dawn porque de verdad no me acuerdo haberle prestado atención. Así que este film era de cierto modo ver un poco más de su trabajo y por supuesto, salir de las producciones de Hollywood. Lo curioso es que al terminar de verla, Nikolaj Coster-Waldau me confirma que es un excelente actor de reparto porque quien se roba el show, y de qué manera, es Aksel Hennie. Tanto es así, que ahora la tarea es buscar más de este magnífico actor.
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A estas alturas del partido, los seguidores de Quentin Tarantino sabemos que su obra se basa en la reconstrucción y actualización de los géneros cinematográficos. Tanto el cine de mafiosos (Pulp Fiction), blaxspotation (Jackie Brown), artes marciales (Kill Bill), slasher (Death Proof), y el de nazis (Inglorius Bastards) han sido reformulados por el director estadounidense. En dichas cintas los personajes subalternos adquieren un protagonismo que huele a venganza contra el género y la sociedad misma. Django Unchained no escapa a la propuesta ya exhibida por el director.La cinta empieza con las señales propias de un western. Un solitario ajeno al lugar, el dr. King Schultz (Christoph Waltz), llega para imponer justicia donde las autoridades no pueden hacerlo. Schultz, pese a no ser estadounidense, sigue la tradición de los personajes que ya hemos visto en las cintas de este tipo. Es un duro, de gatillo fácil pero con un corazón de oro. No dudará en dejar de pensar en su beneficio con tal de hacer justicia. Más información »Hace un mes se confirmó la noticia que el estudio Lakeshore Entertainment, productora de
Æon Flux,
Crank, la saga de
Underworld, etc., había adquirido los derechos para adaptar
The Sword (2007) la fantástica novela gráfica de los hermanos Joshua y Jonathan Luna. Teniendo a
Underworld como referente, no me sorprendería que el estudio esté planeando también una pequeña franquicia con
The Sword, lo cual no estaría tampoco mal dada la naturaleza de la novela. Por tanto, me animo a desempolvar esta pequeña joya que como casi todo producto que no sea de Marvel o DC, no ha tenido la repercusión que se merece.
Más información »Entre las muchas riquezas del cine, es que este siempre pueda refutar lo que tú des por sentado. En mi caso, hace poco escribía que la importancia y fuerza del cine de horror, residía en sugerir mas que en mostrar. Y sigo pensando que evitarnos ponernos inmediatamente frente a lo monstruoso, permite potenciar esa angustia y temor a lo desconocido pero que sabemos que está presente acechándonos. No obstante, debo admitir que hay formas de darle la vuelta a esta idea, y exponer al monstruo sin que se destruya la carga libidinal de esta amenaza, abriendo otras posibilidades de lectura.
Hace un tiempo, tuve la suerte de ver
el perturbador corto del argentino Andrés Muschietti (2008) del cual parte este film. Al saber que iba a expandirse en una película completa, con la producción de Guillermo del Toro, las expectativas sobre
Mama (2013) eran altas. Y antes de intentar un análisis, debo aclarar una pequeña y muy importante diferencia entre ambos productos. Es evidente que del corto al largometraje no solo se habla de una extensión en tiempo y argumento, sino que hay un notorio cambio de registro. El corto está enraizado en el horror sobrenatural bajo elementos comunes como personajes y un escenario de clarooscuros y claustrofóbico. El film por el contrario, no solo rompe con el lugar terrible
[1] y su parafernalia, sino que además transita entre el horror y la fantasía gótica. Entonces, ¿
Mama no es una película de horror? Claro que lo es, y muy buena, pero al tener al fantasma como eje, era imposible no revelarlo en algún momento. Y al hacerlo, evidentemente la potencia del monstruo iba a ceder. ¿Cómo reacciona el film de Muschietti (seguro que con influencia de Del Toro)? Llevando al fantasma a un registro donde pueda seguir funcionando sin resultar incongruente.
Más información »Personalmente, no tengo duda que el mejor cine de horror contemporáneo viene de Europa. La nueva ola de horror francés no solo está ofreciéndonos productos brillantes sino que su riqueza también parte por no repetirse, dada su variedad en ofertas y posiblidades. Por ejemplo, la genial
Haute Tension de Alexandre Aja, camina por los registros del cine slasher pero potenciada al resemantizar la furia psicosexual del asesino. Cuando veíamos
Martyrs de Pascal Laugier, nos preguntábamos hasta cuánto más podemos tolerar en pantalla, haciéndonos participes de una experiencia brutal y salvaje. Y al otro extremo podríamos colocar la intensa
Ils (Ellos, 2006) de David Moreau y Xavier Palud, donde el horror juega con lo invisible y la participación del espectador.
Más información »Si bien es cierto que el comic de superhéroes (norteamericanos) es el género predominante en la industria, de vez en cuando es importante darse un respiro y buscar alternativas que eviten esta saturación. Por suerte, una amiga me recomendó
Blacksad de la editorial francesa Dargaud, de la cual y también por la misma persona, ya había leído
Le Scorpion, una genial historia acerca de conspiraciones religiosas y políticas en el siglo 18 con una dosis de ácido humor. Con esa referencia, busqué de inmediato
Blacksad, escrita por Juan Díaz Canales y con el arte de Juanjo Guarnido y me llevé una sorpresa al ver en la carátula a un gran gato negro.
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A principios de los 90, más allá de las noticias de los hooligans, conocí el fútbol inglés cuando me compraron un video juego llamado Manchester United Europe. Y a partir de ese momento, me volví un fanático de los Diablos Rojos tratando de seguir a este club a partir de noticias y revistas como el Gráfico. Muchos años después, al fin en Perú empezaron a televisar la Premier League y resultaba imposible no quedar maravillado por uno de los torneos más entretenidos y sin lugar a dudas, el mejor presentado del mundo. Pero resulta inocente creer por completo en la belleza de este producto, pensando en la exportación, sin tener en cuenta qué se halla escondido en los intersticios de la pulcra y cuidada imagen de la Liga Premier. Un síntoma de ello lo vimos hace poco en el derby de Manchester con una agresión de parte de los fanáticos al defensor Rio Ferdinand. Precisamente, allí entra a tallar The Football Factory (2004) de Nick Love, la cual a partir del punto de vista de un grupo de fanáticos del Chelsea, trata de dar luces sobre la violencia intrínseca al hooligan (barra brava) y los lazos de estos sujetos con la sociedad.
Más información »Existe un chiste recurrente cuando uno habla del gran Sean Bean y es llamarlo the walking dead, o la muerte que camina. Es verdad, uno puede creer que solo cuando su personaje muere –normalmente de la manera más cruel posible- puede Bean entregar esa matiz épico y trágico que pareciera ser su sello personal. Pero quedarnos en esa anécdota evita que enfoquemos no solo la real dimensión de muchas de sus performances sino también mermar la valoración que se pueda dar a las películas en las que actúa. Por ello, es importante rescatar una muy interesante película como Black Death (2010), la cual no ha tenido mayor repercusión a pesar de ser bastante buena y contar con muy buenas actuaciones. Sospecho que parte de la culpa radica en estar mal catalogada pues la encontré en una recomendación de películas de horror cuando siento que está más cercana al drama o al misterio.
Más información »Hace un par de semanas, el Instituto Peruano del Deporte y la Defensoría del Pueblo, sacaron al aire un par de
spots publicitarios que cuentan con la presencia del futbolista peruano Paolo Guerrero. El tema de esta publicidad es condenar el racismo que se mantiene como un lastre en nuestra sociedad hasta el punto de demostrar algunas frases y expresiones ya enraizadas en nuestro subconsciente (“negro tenías que ser”) que denota nuestra animadversión por lo diferente. Guerrero por supuesto ha recibido muy buenas críticas por su participación y uno puede albergar hasta la inocente esperanza de ser testigos de la maduración de nuestra sociedad para barrer las taras que seguimos arrastrando. Esperanza que luego choca contra el suelo al ver comerciales como el del
Panetón Herbi.
Resultaría ocioso intentar analizar el racismo que sigue presente en nuestra televisión, porque es algo tan burdo y explícito, ni tampoco pienso entrar en las cínicas justificaciones que negrito o cholito son expresiones comunes que en el fondo denotan cariño. Si hay algo que estos comerciales me han dejado claro, y que es el propósito de este artículo, es pensar un poco la función ideológica de la televisión y cómo se piensa la identidad nacional. Esto es, cómo la tv (la publicidad) construye el mundo, cómo se piensa lo peruano y quién lo piensa, y a partir de hacer nuestra y propia esa fantasía buscar soportar la realidad.
Más información »Antes de sentarme a comentar
Sinister (2012) de Scott Derrickson, quiero aclarar que de toda la gama de los subgéneros de horror, el horror sobrenatural, o lo que concierne a fantasmas y posesiones, nunca me ha gustado del todo. Quizá cuando el énfasis está más en el suspenso, para mí funciona mejor, por ello puedo rescatar a
The Others,
The Sixth Sense o
El Orfanato. Pero cuando hablamos de horror, las encuentro poco satisfactorias e incluso me atrevería a decir, que muy frustrantes. Y esto porque este subgénero me anula cualquier posibilidad de catarsis, de encontrar un equilibrio al orden ficticio de la sociedad, en pocas palabras, de ver al asesino castigado
[1].
Más información »Hace unos años, mientras escribía mi tesis, uno de mis profesores me sugirió que al escribir debía hacer visible al enunciador, es decir yo y mi relación con el objeto que analizo. Y es cierto, no existe una posición neutra desde donde escribo ni desde donde miro cine. Así, debo decir que tengo 30 años, tengo un trabajo de morondanga, no tengo una relación estable, tengo buenos amigos y principalmente, soy feliz con mi vida. Sin embargo, viene una amiga de Alemania e increpa al grupo de amigos por tener 30 años y no tener hijos ni familia. Inmaduros, nos dice entre líneas. La pertinencia de esta micro biografía, es encontrar las razones de mi empatía hacia
Ted (2012) de Seth MacFarlane, una comedia que si bien me gustó, me costó un par de días encontrar el motivo y sobre todo, el saber explicarlo.
Partamos del hecho que el cine sostiene una cultura determinada, y cultura entendida como el modo de vivir, como las prácticas sociales que regulan al sujeto dentro de la sociedad y su interacción con los otros. En breve, es la manera como el ser humano se constituye como tal. Por tanto, el cine permite dar forma a lo irreconocible, a aquellas coordenadas que regulan al sujeto dentro de su sociedad. Entonces, es válido preguntarse qué es lo que puede decir el cine sobre el amor y el sexo y qué puedo encontrar yo, teniendo en cuenta mi escaso background sobre comedias (románticas). Ted cuenta la historia de John Bennett (Mark Wahlberg), un hombre que creció junto a su oso de peluche, Ted, quien gracias a un deseo mágico cobró vida y se convirtió en su mejor amigo. No obstante, ya adulto, el vínculo entre John y Ted, causa fricciones con las responsabilidades adultas. Es decir, el trabajo y sobre todo la relación de John con Lori (Mila Kunis) quien debe soportar que su novio se comporte aún como un niño.
Más información »La escena del horror latinoamericano es aún incipiente, si la comparamos con el descomunal aparato hollywoodense o las producciones europeas, pero no necesariamente escasa de buenos títulos. Si realizáramos un catálogo, tanto Argentina como México han sido las cabezas de lanza de un mapa de horror aún en construcción. En los últimos años, sin embargo, se han sumado producciones periféricas como
La Casa Muda de Uruguay y
Baby Shower de Chile, que crean la saludable ilusión de un terror emergente desde Latinoamérica. Y en ese espacio en ebullición, se adhiere Colombia con
El Páramo (2011), una muy buena película de Jaime Osorio Márquez.
Más información »En el libro El Tercer Reich. Una nueva historia de Michael Burleigh, se afirma que Heinrich Himmler prohibía el ateísmo entre los rangos de la SS. Himmler estaba convencido que el ateísmo era una forma de egoísmo que colocaba al individuo en el centro del universo, idea totalmente opuesta a los principios y fundamentos con los que se adoctrinaba a miembros de la SS en donde se valoraba más lo colectivo sobre lo individual. Hoy en día, el concepto de colectivo, y en ocasiones hasta la misma noción de comunidad, tienden a ser vistas como ideas coercitivas a la libertad del sujeto. Si bien es cierto que la experiencia del mundo con los terribles y criminales regímenes fascistas de principios del siglo XX, son un motivo pero no la razón única para que el sujeto se distancie de la ficción colectiva.
En todo caso, lo innegable es que actualmente somos testigos que el sujeto contemporáneo ha dejado totalmente de lado el concepto de deber-ser del individuo para la comunidad a favor de potenciar su deseo individual, de un goce hedonista por encima de metas colectivas. Nos encontramos ante una imposibilidad de creer en una comunidad homogénea y sin fisuras. Crear lo colectivo, a partir del sacrificio individual, es una noción que está por siempre perdida. Está totalmente manchada y bajo sospecha.
Más información »En 1971 se filma el musical Willy Wonka & the Chocolate Factory, adaptación de la novela de Roald Dahl de 1964, en donde un niño atravieza una serie de peripecias al interior de una extraña fabrica de chocolates. En 2005 Tim Burton revive la historia incorporando sus propios componentes narrativos y haciendo explicito el mensaje sociopolítico detrás de la historia de Dahl.
Charlie Bucket (Freddie Highmore), es un niño muy pobre en alguna ciudad industrial-futurista de Norteamérica, que vive muy cerca de la fábrica Wonka, un complejo fabril inmenso en donde se prepara el mejor chocolate del mundo. Si en el pasado la fábrica Wonka funcionó como una organización típica de la división del trabajo capitalista –numerosos trabajadores realizando tareas especializadas-, en la actualidad, Willy Wonka, el excentrico dueño, ha despedido a todos los empleados para evitar que puedan robar sus recetas secretas. La fabrica cierra momentáneamente hasta que un día, sin que nadie en la ciudad lo note, comienza a funcionar nuevamente. Nadie entra ni sale del recinto, pero la producción y la distribución se mantienen estables. Se comienza así, a producir mitos sobre quienes operan las maquinarias, y sobre la locura de Wonka. De pronto, millones de volantes anuncian un mensaje de Willy Wonka. Este ha decidido esconder cinco premios (boletos dorados) en cinco barras de chocolate que serán distribuidas en todo el mundo. Los cinco niños que encuentren los chocolates premiados, podrán pasar un día en compañía de sus padres (tutores) en la fábrica, guiados por el mismo Wonka.
Más información »Va a cumplirse casi un lustro, desde que el diario
Perú21 apostó por revitalizar el mercado de comics en el país
[1], con los productos de las dos editoriales más fuertes de Estados Unidos como son Marvel y DC Comics, empresa que luego fue seguida por la
Editora Vuk y la
Editora SketchBoy. El mercado nacional había tenido en la última década dos proyectos de lo que consideran los intentos más importantes por hacerse de un lugar propio. Estos eran el proyecto
Solar Lord [2] que Perú-comic importó y tradujo. Y por supuesto, uno de los intentos más importantes fue
El Capitán Leo de la editorial Wau
[3] que aún con una salida intempestiva del mercado, con 42 números marcó un hito en la industria nacional.
Cabe preguntarse el motivo de estos dos fracasos de la industria del comic nacional previos al aparente actual repunte de la escena local. En distintos blogs dedicados al tema, uno de los primeros argumentos rechazados es que estos productos no hayan tenido un consumidor deseando adquirirlos. Efectivamente, la hasta ahora exitosa propuesta de Perú21 y las otras editoras, no sólo pone en claro que existe un mercado
[4] para esta oferta, sino que el tamaño de éste no sólo está compuesto por un novel público generado por las adaptaciones de los blockbusters hollywoodenses, sino que engloba tanto a una generación huérfana de ofertas como la de los 90, así como a la afortunada que creció con las publicaciones de la editorial mexicana Novaro que introdujo no sólo a Perú sino a casi toda Iberoamérica en esta industria.
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La noción de la mirada enamorada, consta de tres elementos. La fuente, el blanco y el filtro. Las dos primeras no ameritan mayor explicación, y el filtro condiciona la relación entre las dos primeras instancias, casi siempre ponderando sus virtudes y obturando sus defectos. Es decir, el filtro es el interés de la fuente en el blanco, de verse reflejado o ver proyectado algo de su individualidad y cómo se involucra libidinalmente en aquello que mira. Algo similar me sucede con el cine de ciencia ficción de los 80 y principios de los 90, películas con las que crecí y aprendí que el frenesí de las imágenes no solo estaba para cautivar al espectador sino que permitía un espacio que debatiera las inquietudes del sujeto en la época, cuestionamientos hacia su naturaleza contrapuestos a su tiempo, su historia, su espacio, etc. De la mano de la experiencia visual, iba una expresión. Y entre esas películas a las que siempre puedo regresar y encontrar algo nuevo, están
The Terminator (1984),
RoboCop (1987) y
Total Recall (1990).
Más información »En el libro
The Art and Making of The Dark Knight Trilogy, el director Christopher Nolan escribe una carta despidiéndose del superhéroe al cual estuvo ligado por los últimos 7 años. En dicha carta, Nolan confiesa que nunca planeó hacer una secuela de
Batman Begins (2005) ni mucho menos llegar a una trilogía. La verdad sea dicha, más que una película (o tres en el caso de Batman) lo que Nolan ha hecho es construir una idea. La trilogía del Caballero Oscuro no trata sobre un personaje de comic, sino que es la justificación de la propia existencia de un superhéroe más allá del papel y la pantalla.
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En 1973, William Friedkin filmaba “El Exorcista”. Durante años fingía que la veía cuando la pasaban en la televisión; pero la realidad es que con un ojo abierto y otro cerrado, con ojos de niño miedoso, nunca pude con ella. Es sólo a finales de los noventas cuando la Warner Brothers decidió re-estrenar sus clásicos que tuve el privilegio de ver esta película en el cine. La historia del film, basada en el libro de William Peter Blatty, es harto conocida, la niña Regan MacNeil (Linda Blair) es poseída por una entidad que proclama ser el mismo diablo. Su madre, Chris MacNeil, una actriz famosa interpretada por Ellen Burstyn, tras recurrir a todos los medios posibles para determinar el mal que aqueja a su hija, termina entregándose a la fé. La familia MacNeil se ha mudado de California a Washington D.C., a la ciudad de Georgetown, donde Chris trabaja en una película en compañía de su amigo y director Burke Dennings (Jack MacGowran). Basados en las instalaciones de la famosa Universidad Jesuita (Georgetown University), filman una escena de una revuelta estudiantil en la que Chris actúa como una profesora defensora de los derechos civiles, el encuadre se aleja del área de filmación y nos muestra dentro de los espectadores al padre Demien Karras, quien disfruta junto a otros mirones del revuelo que la producción ha llevado a la Universidad. Este inicio enfatiza este momento (MacNeil y Karras) porque por aquí es donde se muestra un antagonismo central en la propuesta discursiva de “el exorcista”.
Más información »En uno de los clásicos chistes de Mafalda, ella ve correr a su hermano Guille alocadamente y le pregunta a dónde se dirige tan apurado. Él le responde que no sabe, pero que hoy en día no hay tiempo que perder. Tomar un ejemplo como ese para hablar de una película de zombies, pareciera jalado de los pelos, sin embargo, tiene un sentido. Esa es la misma sensación que me dejó haber visto la adaptación de Zack Snyder de
Amanecer de los Muertos, donde la velocidad de estos, la compulsión por el movimiento iba en detrimento al espacio dedicado a la razón, a pensar el entorno, el contexto y las consecuencias de cada acción tomada. No es gratuito que entre los fans del cine z, el género de zombies, exista un debate que genera posiciones encontradas respecto a los muertos vivientes. Entre el caminante (el walker original de George Romero) y el corredor (el runner de Snyder, Steve Miner, etc.)
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Para aquellos que alguna vez se han parado enfrente de un grupo de estudiantes tratando de asumir la complicada posición de la verdad y la autoridad, Detachment (2011) de Tony Kaye es un film imperativo. ¿Qué cosa es ser un maestro en un momento en que los jóvenes parecen abdicar cínicamente de cualquier referente de orientación paternal? ¿Cuál es la función de un profesor en el contexto de la orgía de la información virtual globalizada? ¿Cómo generar confianza y ejemplo en un contexto en el cual la representación esta en crisis y las nuevas generaciones autoafirman radicalmente sus identidades?
Henry Barthes, es un profesor substituto en una escuela pública Norteamericana. El hecho de que sea un profesor temporal, que va de una escuela a otra no es un detalle menor, y le sirve a Kaye para introducir la idea de que el sistema educativo formal esta petrificado. Durante el film se nos muestran las típicas presiones del sistema burocrático educativo y el grado de aletargamiento al que llegan los profesores permanentes, atados a un “puesto” y a un “salario”. Entre las presiones del sistema educativo norteamericano por aumentar las medias en las notas y los ingresos a universidades y el mundo inmobiliario que prefiere levantar condominios derruyendo escuelas públicas, los maestros deben avanzar a trompicones enfrentándose a seres humanos que se manejan en otra frecuencia, en otra sensibilidad.
Más información »En Junio del 2009, luego de la promulgación de una serie de decretos legislativos por parte del Estado Peruano, que buscaban allanar el camino a la inversión privada en la región amazónica, sin pasar por el Congreso ni tomar en cuenta el Acuerdo 169 de la Organización Internacional del Trabajo, estalló un trágico conflicto en Bagua que dejó como saldo no sólo víctimas en la población civil y la fuerza policial, heridos y desaparecidos, sino también desnudó la fragilidad democrática de nuestro país, la escasa representación como ciudadanos de este sector en conflicto y sobre todo, la incompatibilidad e intransigencia del modelo económico y de desarrollo que impulsa el Gobierno frente a cualquier posición divergente.
Es en este marco, donde todos los antagonismos ocultos que hasta ese momento sostenían nuestra ilusión de sociedad se hacen palpables, que se trata de pensar cuál es la razón de este problema social. Y es allí donde aparece el proyecto de Hernando de Soto y su institución, el Instituto Libertad y Democracia (ILD) que
realizó un documental que intenta no sólo dilucidar las razones de este conflicto sino además trata de construir propuestas de inclusión y desarrollo para la región amazónica. Ello bajo la premisa que el problema reside en el territorio y la propiedad sobre éste.
Más información »El impulso a reencontrarse con la naturaleza se ha vuelto en la última década en un mandato ético frente al desastre ambientalista que ha producido el capitalismo y su lógica productivista-consumista, que enfrenta a la sociedad humana a su hábitat, poniendo en duda su propia reproducción. Innumerables programas de T.V. y viajes, documentales, políticas públicas, cruzadas globales, plantean la necesidad de internalizar la lógica verde y sus imperativos cívico-ciudadanos, empujando a las personas a informarse –a hacerse concientes- de sus actos y consecuencias frente al planeta.
Más información »Cerca a una década antes de los eventos del 11 de Setiembre y que Paul Greengrass llevara de manera acertada al cine con
United 93, en diciembre de 1994, una célula de la GIA (Groupe Islamique Armé o Grupo Islámico Armado) secuestró un avión de Air France en Argelia con la intención de hacerlo explotar en Paris. El gobierno francés, cuando el avión aterrizó en Marsella para llenar combustible, envió a su fuerza elite, la GIGN (Groupe d'Intervention de la Gendarmerie Nationale) que acabó con los terroristas salvando a la mayoría de pasajeros secuestrados en una de las operaciones antiterroristas más exitosas de la historia.
Este es el argumento de El Asalto (2010) de Julien Leclercq, cuya obra por trama puede ser comparada por obvios motivos con la de Greengrass. Sin embargo, tanto en formato como en la manera como desarrolla el argumento, Leclercq toma distancia y ofrece una película muy buena, impactante y con una identidad propia.
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