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Etiquetas: [fascismo]  [hitler]  [marx]  [mussolini]  [nacionalsocialismo]  [socialismo]  
Fecha Publicación: 2014-10-31T14:35:00.000-05:00
Por Carlos Aurelio Caldito Aunión
Fuente: Fórum libertas
 
Es muy frecuente, frecuentísimo, que en las conversaciones y debates acerca de la problemática social, de la política y de la economía, haya quienes recurran a etiquetar, a tildar de "nazis" o "fachas" a quienes osan cuestionar, o se oponen a quienes se hacen llamar “de izquierdas”, es un recurso propagandístico muy manoseado por parte de los seguidores del marxismo en general, desde que el mismo empezó a dar sus primeros pasos; la intención, obviamente, es descalificar, inmovilizar, aislar, condenar al ostracismo a quienes se muestran insumisos, a quienes no se pliegan a sus dictados, y más a quienes osan poner en duda su supuesta “superioridad moral”.
 
Pese a que la propaganda izquierdista diga lo contrario, el fascismo, el nazismo y el marxismo-leninismo poseen las mismas bases filosóficas, todas estas ideologías son igualmente liberticidas, intervencionistas, colectivistas, totalitarias.
 
Tanto la doctrina fascista como la nacionalsocialista, no están nada lejos del marxismo-leninismo, muy al contrario, guardan íntimas afinidades y semejanzas, poseen las mismas idénticas raíces.
 
Los regímenes totalitarios –lo mismo da que sea el modelo nazi-fascista que el marxista-leninista- no le conceden a las personas ningún derecho frente a la colectividad, todos ellos pretenden que los ciudadanos estén sujetos al Estado omnipotente, omnipresente.
 
El Estado socialista (sea el “estado nacional-socialista”, el “estado socialista marxista-leninista”, sea el “estado corporativista-fascista” siguiendo el modelo mussoliniano…) invade todas las áreas de la actividad humana –pretende imponer su presencia en todos los ámbitos- a la vez que limita la libertad individual. El Estado es entendido como lo principal y las personas apenas como lo accesorio, que sólo vale en cuanto se “desindividualiza” y se somete a lo colectivo. En cualquier clase de “estado socialista”, que habría que llamar sin tapujos “dictadura”, la persona carece de autonomía, y su dignidad es aplastada por el Estado, para que ésta pueda cumplir con las obligaciones que la comunidad le exige; lo importante para el Estado es cumplir sus objetivos (los objetivos que ha programado la vanguardia revolucionaria, los nuevos gestores de la moral colectiva) sea como sea, no importan los medios, aunque los “medios” sean personas a las que se les ha arrebatado su dignidad como tales.
 
Veamos a continuación algunas características que corroboran las coincidencias de ambos tipos de regímenes políticos, del marxista-leninista y del nazi-fascista:
 
- Ninguno de los dos sistemas reconoce derechos individuales superiores al Estado. El Estado absoluto absorbe todas las libertades fundamentales.
 
- Ambas ideologías promueven una forma de “estatolatría”, y en la práctica promueven una especie de “Dios-Estado” ante el cual se sacrifican los derechos individuales y las libertades fundamentales.
 
-  El poder del Estado, además de absoluto, es ilimitado. Los órganos de gobierno, la burocracia estatal, la administración del Estado, están caracterizados por una completa arbitrariedad, sus competencias apenas están reguladas por norma legal de ninguna clase; todo lo contrario que el Estado de Derecho.
 
- En ninguno de estos regímenes existen “grupos intermedios” con autonomía legítima, y transforman a todo organismo empresarial o laboral en instrumento del régimen totalitario (el fascismo lo hizo con las corporaciones manejadas por el Estado y el nazismo a través del Frente Obrero Alemán, de modo análogo al de los soviets en la URSS.)
 
- Régimen de partido único sin oposición política. Tanto en el Tercer Reich como en la Dictadura del Proletariado, teniendo al frente un Presidium, o al Duce o al Führer, se combate a sangre y fuego toda eventual forma de organización que no se someta al dogma oficial.
 
- Gobierno “de fuerza”, todo lo contrario de los "gobiernos de opinión" que son aquellos que se apoyan en el consentimiento de la población libremente expresado. El nazi-fascismo y el marxismo-leninismo promovieron un verdadero culto a la violencia sin detenerse ante ley divina, natural o humana. Sin escrúpulos de ningún tipo, aplicaron los más brutales métodos de acción.
 
-  Se basan en alguna clase de mito o de ficción. Así sucede con la "liberación del proletariado" en el marxismo; o la supuesta superioridad de la raza aria en el nazismo; o la idea exacerbada de nación en el fascismo mussoliniano.
 
-  Militancia atea del Estado-gobierno-partido con profunda hostilidad hacia las religiones en general y la confesión mayoritaria de la nación de que se trate, en particular. Aplicación de lo dicho por Lenin: "Dios es el enemigo personal de la sociedad comunista" (‘Carta a Gorki’, dic.1913, Le marxisme-leninisme, J.Ousset, p.132). Hitler dijo: "No queremos más Dios que Alemania" (Bayrischer Kurier, del 25 de mayo de 1923).
 
Es bueno destacar, y recordar, que la Iglesia Católica condenó, en sendas Encíclicas del Papa Pio XI, al fascismo y al nazismo. Al primero, en 1921 (Non Abbiamo Bisogno) y al nacional-socialismo, en 1937 (Mit Brennender Sorge). En cuanto al comunismo, las Encíclicas condenatorias son varias pero destacan fundamentalmente las de Pio XI, Quadragesimo Anno, en 1931 y Divini Redemptoris, en 1937.
 
Hitler y Mussolini tenían como objetivo llevar a la práctica la doctrina marxista:
 
Aunque se resistan a creerlo los repetidores de eslóganes, Hitler se consideraba a sí mismo "el auténtico realizador del marxismo" (H. Rauschning, en Hitler me ha dicho, De. Cooperation, Paris, 1939, p.112) y nada menos que Goebbels fue quien confesó que "El movimiento nacional-socialista tiene un solo maestro: el marxismo" (Kampf um Berlin, p.19).
 
Por su parte, y para no ser menos elocuente, Mussolini se complace en afirmar que Marx es su padre espiritual. (Mussolini y el fascismo Ed. Que sais-je, p.31).
 
Recuérdese, además, la muy elocuente célebre afirmación de la estatolatría pagana de Mussolini: "Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado". (Discursos de 1928 a la Cámara de Diputados, 9 de diciembre de 1928, p.333).
 
Goebbels -coincidiendo con ideólogos marxistas- afirmó que "El socialismo es la concepción del mundo del porvenir que sólo podrá realizarse en el Estado Socialista" (Die Zweite Revolution). Y agrega: "Nosotros somos socialistas y enemigos mortales del sistema económico capitalista" (Der Nationalsozialismus, Die Weltanschaung des 20 Jahrhunderts).
 
Todo lo descrito y relatado nos lleva a la conclusión de que nazi-fascismo y comunismo tienen una misma paternidad ideológica; es consustancial a ambas ideologías la misma perversión, aunque con distintos ropajes; son, al fin y al cabo, partícipes de idéntico veneno colectivista y totalitario, aunque utilicen una jerga diferente en cada caso. Fascismo y nazismo fueron versiones relativamente diferentes de un mismo pensamiento socialista y constituyeron regímenes estatalilstas y liberticidas casi idénticos.
 
Nunca se olvide que Hitler y Mussolini militaron en el socialismo antes de fundar sus propios partidos.
 
Marxistas y nazi-fascistas no se han contradicho en aquello que sus doctrinas tienen en común, en lo que coinciden fundamentalmente, y mucho menos en sus perversos, crueles y genocidas métodos.
 
Durante el pasado siglo XX, acontecieron sucesos que condujeron a una entusiasta colaboración entre ideologías aparentemente rivales, y que son especialmente sintomáticos, elocuentes: A modo de ejemplo, basta citar el pacto germano-soviético de 1939 entre Stalin y Hitler, que dejó las manos libres a la Alemania Nacionalsocialista para invadir Polonia y permitió a la Unión Soviética la anexión de Estonia, Letonia, Besarabia y el ataque a Finlandia.
 
Por todo lo expuesto debe rechazarse esa falsa antinomia que la propaganda marxista pretende imponer como cierta. La verdad irrefutable es que nazi-fascismo y comunismo son doctrinas aparentemente opuestas pero que, en realidad, resultan semejantes, afines, análogas.
 
Quien defiende los principios y valores propios de la Civilización Occidental debe de tener una clara y rotunda actitud antitotalitaria, anticolectivista, y -si se aspira a ser coherente y consecuente- debe uno definirse, tanto anticomunista como antinazifascista.
 
Nazi-fascismo y marxismo-leninismo son -tal como vengo exponiendo- las dos caras de la misma moneda, dos fauces de la misma fiera totalitaria y liberticida.
 
Etiquetas: [Colombia]  [farc]  [militares]  [proceso de paz]  [terorrismo]  
Fecha Publicación: 2014-10-31T12:52:00.000-05:00
Tras haber pasado casi doce años secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y haber sido testigo de la sangrienta toma de Mitú a manos de ese grupo, el Brigadier General Luis Mendieta es hoy un hombre libre que expone libremente sus opiniones y sin pelos en la lengua, como se dice vulgarmente. Hoy, cuando revive todos esos acontecimientos que vivió después de ser liberado por el Ejército Nacional, mantiene un cierto escepticismo acerca del proceso de paz que vive el país.

Por: Ricardo Angoso
Fuente: periodismosinfronteras.org
Octubre 26 de 2014

Ricardo Angoso:¿Cómo ve el proceso de paz con las FARC, cree que las negociaciones están avanzando?

Luis Mendieta: No vemos grandes gestos por parte de las FARC. Recordemos que ya han sido varios gobiernos los que les han hecho concesiones y esta organización no muestra un verdadero espíritu diálogo. No olvidemos que hace unos años el presidente Andrés Pastrana les cedió una zona de despeje de 42.000 kilómetros, en el Caguán, que fue una concesión enorme a los terroristas, y sin embargo siguen con el mismo discurso que cuando yo estaba en mi cautiverio. Cuando yo estaba secuestrado siempre me repetían que llevaban cincuenta años combatiendo para llegar al poder y que podían estar otros cincuenta más para conseguir ese objetivo, entonces, en ese orden de ideas las FARC no han cambiado y siguen con el mismo discurso.¿Qué esperanzas puede tener uno si sigue escuchando lo mismo?
Obviamente, yo sigo siendo escéptico con respecto a este proceso y con este estado de cosas. Nosotros, como todos los colombianos, estamos muy interesados en que haya paz en Colombia para nuestros hijos y nietos puedan vivir en un país normal, pero desafortunadamente las FARC no han dado el primer paso ni muestras de que lo vayan a dar en el sentido de que quieren la paz. No se ve ese deseo o ese anhelo por su parte, sino más bien lo contrario.
Brigadier General Luis Mendieta, ex rehén de las Farc

R.A.:¿Cree que usted la FARC tienen voluntad política para negociar ahora el fin del conflicto?

L.M.: Seré repetitivo con lo que fue mi situación de cautiverio y siempre repetiré las palabras de cuando estuve allá, secuestrado, en manos de las FARC. Las FARC siempre nos dijeron que cualquier concesión que les haga el gobierno nacional, la utilizarían al máximo para avanzar en sus objetivos. Cada paso que el gobierno ceda en sus pretensiones, ellos lo aprovechan pero sin ceder en nada y sin dejar la violencia. Así llevamos muchos años.
Y en estos treinta meses que se llevan de aproximación a las FARC, vemos que el gobierno cedió mucho y les dio muchas alas y expectativas en la sociedad internacional. ¿Y qué decir de los diálogos de La Habana? El gobierno se ja jugado mucho para levantar órdenes de captura, para crear las condiciones para que los integrantes de las FARC puedan ir a Cuba…Incluso se han levantado algunos operativos en varias zonas del país para permitir que los cabecillas de las FARC puedan viajar hasta La Habana y seguir con ese proceso de paz. Pero, nuevamente, me pregunto, como todo el pueblo colombiano, ¿cuándo van a mostrar la FARC que tienen voluntad de avanzar hacia la paz y hacer verdaderos gestos para lograrla? De momento, desde luego, no lo han hecho.

R.A.:Le pregunto a usted como víctima:¿qué papel deben tener las víctimas en el proceso?

L.M.:Las víctimas deben ser la parte central. Desafortunadamente, en este proceso de paz las FARC pretendieron que no se les diera visibilidad a las víctimas que habían generado por sus hechos terroristas, es decir, querían que el pueblo colombiano y la comunidad internacional les viera a ellos como víctimas y no como verdugos, que es lo que realmente son. Al no reconocer a las víctimas que ellos mismos han ocasionado en estos cincuenta años largos de conflicto, pues en ese mismo momento se ve que no hay sinceridad por su parte, ni arrepentimiento, ni contrición. Cuando reconozcan algún día a las miles de víctimas que han dejado a lo largo y ancho del país, pues estaremos dando un mínimo paso para avanzar en ese proceso de paz.
No olvidemos que hay reclamos de muchos sectores que han padecido el conflicto en Colombia, tanto por razones sociales, políticas y económicas, y que han sido víctimas de todo tipo de violencias y conflictos. Se tiene que atender a todo el mundo, incluso a los que fueron víctimas de los paramilitares, pero creemos que ese capítulo se cerró cuando se negoció con estos grupos y se les dio una salida judicial. Tendrá, eso sí, que haber una reparación por parte de los tribunales a las víctimas del terrorismo paramilitar, pero es un caso muy distinto a las víctimas de las FARC.

El problema es que las FARC no quieren reconocer a las víctimas que han creado por sus hechos violentos, pretenden obviarlas, dejarlas fuera de juego. Cuando fui a La Habana incluso he llegado a escuchar que a los miembros de las Fuerza Pública que han detenido pretenden tratarlos como prisioneros de guerra. Y que a los líderes políticos secuestrados por ellos, como Ingrid Betancourt, fueron tratados como prisioneros políticos. Tratan mediante argucias demostrar que no han cometido ningún delito desconociendo todas las normas del derecho interno e internacional, al no reconocer los tratados internacionales que ha firmado el gobierno nacional y el Estatuto de Roma. Buscan la impunidad ignorando todas las normas de derecho, y ese punto es inaceptable.

R.A.:¿No le parece aberrante que quien cuestiona el proceso de paz sea tratado por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos como  “enemigo de la paz”?

L.M.: Sí, hay términos que se utilizan no muy afortunadamente en un país que ha sufrido tanto con la violencia. Se tratan de ver las cosas como blanco o negro, pero resulta que no es así. Pienso que si hay gente que aporta una versión diferente sobre como avanza el proceso, es bueno, son distintas visiones y perspectivas. Creo que se aportan nuevas luces y eso es positivo, conseguimos construir propuestas conjuntas que nos permitan avanzar. Tachar a unos de amigos de la paz y a otros de enemigos, como se hace veces desde el poder, es un despropósito no adecuado. No se puede demonizar a nadie porque tenga otras ideas. Cada una reclama sus legítimos derechos. Colombia es una democracia y se tiene que escuchar a todo el mundo en igualdad de condiciones.

R.A.:¿Piensa que en La Habana se negocia o se escenifica, hay otros negociadores detrás de este proceso?

L.M.:Hay dirigentes políticos que quieren intervenir en el proceso y que no ponen las cartas sobre la mesa. Para mí está claro que allá no solo negocian los cabecillas de las FARC, sino otros líderes políticos que quieren influir en los resultados. Y que orientan y dictan cátedra y doctrina de cómo se tiene que negociar. Se busca condicionar unos resultados. Deberían expresarse las universidades y expertos acerca del proceso, también sobre los conceptos y doctrinas de cómo conducir el proceso. También las cortes de justicia deberían pronunciarse acerca del alcance del proceso. Luego pienso que se debía de haber dicho a las FARC cuáles eran las condiciones y los límites en el proceso de paz para seguir negociado bajo unas premisas mínimas aceptables para la sociedad colombiana.

R.A.:¿Comparte la opinión del Procurador General de la República, Alejandro Ordoñez, acerca de los viajes de “Timochenko” a La Habana?

L.M.:Es una decisión que compete exclusivamente al Presidente de la República, Juan Manuel Santos, al que todos los colombianos votamos para que cumpla su papel y actúe en el beneficio general. Yo pido a Dios que dé sabiduría al Presidente y a todos los miembros de su gobierno para que actúen de acuerdo a los intereses del país y para que se tomen buenas decisiones. Pero ese asunto le compete a él, no puedo juzgar ese asunto. Nosotros le hemos votado para que conduzca el país de una forma adecuada, pero también para que tome las mejores decisiones en lo relativo al proceso de paz. Si tiene que facilitar esos viajes, y lo hace porque piensa que lo tiene que hacer, le dejo en sus manos que tome esas decisiones y no quiero juzgarle.

R.A.:¿Cree que los miembros de las FARC que están en La Habana controlan a toda la organización en todo el país?

L.M.:En principio, creo que sí. Y lo digo porque cuando estaba en cautiverio los miembros de las FARC, tanto los mandos medios como los cuadros bajos, decían que obedecían a su Secretariado, que es el que ahora está negociando en La Habana. Dicen que son obedientes. Si ese Secretariado toma decisiones, creo que el resto de las estructuras las acatarán.

El problema radica en que hay algunas estructuras están dedicadas al lucrativo negocio del narcotráfico y tienen ingentes cantidades de dinero, viven muy bien y tienen enormes privilegios a través de esta actividad ilícita. No sé cómo esas estructuras van a aceptar de la noche a la mañana entrar en un un juego político en que tendrán que dejar esos negocios y aceptar determinados compromisos, va a ser muy díficil, y ahí va a radicar uno de los grandes problemas de este proceso de paz. Luego está el asunto de la geografía, pues estos grupos operan en zonas inhóspitas y de imposible acceso, ¿quién va a controlar esos territorios? Ni siquiera la fuerza pública podría llegar hasta allí y dar fe de que realmente cumplen sus compromisos.

R.A.:¿Hay malestar en las Fuerzas Armadas por la forma en que se está llevando a cabo el proceso de paz?

L.M.:Cada persona, cada grupo, parece querer imponer sus ideas y propuestas al proceso, imprimiendo al mismo lo que piensa, y descalifican las ideas de otro. Creo que hay muchas ideas y criterios y tenemos que escuchar a todos para llegar a conciliar puntos en común que permitan grandes acuerdos. Tenemos que reflexionar y debatir para llegar a puntos en común que sean los más acertados para concluir un acuerdo.

R.A.:¿Usted cree que se pueden derrotar militarmente a las FARC?
L.M.:Los cincuenta años de guerra les ha dado una gran fortaleza. Luego el narcotráfico, la extorsión y la industria de los secuestros les ha dado una gran fuerza y dinero que no se deben desdeñar. La geografía también les ha ayudado mucho para recibir materiales y pertrechos militares y nutrir su intendencia. También nuestra sociedad tiene muchas gentes con grandes necesidades que nutren, a veces recibiendo un sueldo, a las FARC y que son vulnerables de ser reclutadas por estas fuerzas u otras similares.

Por las condiciones nuestro país, como ya he dicho, la guerra puede seguir para largo. Pero, cuando yo estaba en cautiverio, observamos cómo durante el mandato del presidente Uribe las FARC sufrieron mucho y se debilitaron enormemente. Se dieron cuenta que podrían desaparecer y así nos los hicieron saber. En ese momento de debilidad, parecían dispuestas a negociar y buscar acuerdos con el gobierno. Los últimos meses antes de mi rescate los guerrilleros nos decían que podrían negociar con Uribe. Cree que hoy en día sí se les puede derrotar porque la tecnología ha avanzado mucho y se les puede localizar y neutralizar. Por supuesto, que seguirán matando y colocando bombas, haciendo mucho daño, pero pueden ser  derrotadas, al menos así lo pienso yo.

R.A.:¿No cree que el principal problema ahora es que las FARC dejen el negocio del narcotráfico?

L.M.:Sí, claro, pero no solo con las FARC. Sino que creo que este problema del narcotráfico también atañe y afecta al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que nutre sus finanzas del dinero del narcotráfico, y las bandas conocidas como BACRIM. Hay muchas organizaciones dedicadas al narcotráfico e incluso tienen estructuras organizadas a nivel regional. Las FARC van a seguir en este negocio, junto esos grupos que digo, porque esta industria genera muchos recursos y dinero fácil de ganar. Seguirán con su accionar terrorista y es muy difícil que dejen el negocio de la droga.

R.A.:¿Considera que a los militares colombianos se les debe dar un trato judicial distinto por el hecho de estar inmersos en un conflicto militar?

L.M.:Por ejemplo, los Estados Unidos no permiten que sus militares sean juzgados en ninguna circunstancia y les han dotado a sus soldados de un fuero especial porque participan en muchas misiones internacionales. Protegen a sus militares para que no sufran acciones jurídicas y acaben en la cárcel. Lo mismo tiene que pasar en Colombia que sufre una larga guerra de más de cincuenta años y donde los terroristas han empleado todos los métodos y medios para acabar con los hombres de la fuerza pública, de la misma forma que lo han hecho con miles de civiles. Las FARC incumplen el derecho nacional y el internacional, sin cumplir ninguna norma, cometen crímenes y nadie les juzga. Por eso, digo, hay que proteger a los soldados y policías que luchan contra los terroristas en esta guerra. Nos enfrentamos a un enemigo implacable, en las selvas y en los montes, no en las oficinas, y tenemos que hacer frente a una guerra. Tenemos que dejar que los soldados puedan hacer frente a situaciones de combate sin que sientan el miedo de que van a ser juzgados por enfrentarse a los terroristas. Nos enfrentamos a terroristas implacables y muy crueles.

R.A.:¿Cómo examina esa tendencia continental de juzgar a los militares  por haber luchado contra el terrorismo en las últimas décadas?

L.M.:Hay una estrategia a nivel internacional, pero sobre todo de las organizaciones comunistas o los grupos cercanos a ellos, para llegar a imponer por la vía política lo que no consiguieron por la fuerza. Y cuando llegan al gobierno esos grupos juzgan a quienes les han imposibilitado llegar al poder por la fuerza y también a sus enemigos, en este caso me refiero a los militares y policías que les hicieron frente. Seguramente hubo algunos excesos en el pasado, no lo voy a negar, y quienes los cometieron tendrán que responder por los mismos, pero hay una parcialidad total por parte de algunos líderes políticos que, llevados por la venganza, buscan en estos juicios la revancha. Se pretende llevar a la cárcel a militares que les hacieron frente con las armas y les derrotaron.

R.A.:¿Cómo acabará el proceso de paz de Colombia, se parecerá a los de América Central en su momento?

L.M.:No puedo compararlo con otro. Cada país, cada proceso de paz, es distinto en sí mismo, tiene sus propias peculiaridades, como ocurre con el de Colombia. El nuestro es muy complejo porque el mismo problema del narcotráfico imposibilita muchas cosas. Llegar a una solución final, resolviendo todos los problemas y asuntos pendientes, no será muy fácil. Se habla, incluso de legalizar la droga, pero ese ya de por sí en si mismo es un problema muy complejo. Colombia tiene luego una geografía muy compleja y es muy difícil verificar los acuerdos que se puedan lograr. El proceso de paz para que concluya será un camino largo y complejo, no veo soluciones fáciles y en el corto plazo.

@ricardoangoso
Etiquetas: [abimael guzman]  [CAPITALISMO]  [HERNANDO DE SOTO]  [liberalismo]  [MRTA]  [SENDERO LUMINOSO]  [terrorismo]  
Fecha Publicación: 2014-10-28T19:00:00.000-05:00
El remedio capitalista contra el terrorismo

Como lo demuestra el caso de Sendero Luminoso, hay que promover reformas que integren a los pobres a la economía de libre mercado

Autor de imagen Edel Rodriguez


Autor:    Hernando De Soto*

A medida que Estados Unidos entra en una nueva etapa de la guerra contra el terrorismo, se perderá su mejor oportunidad para derrotar al Estado Islámico y a otros grupos radicales en Medio Oriente si no emplea un arma crucial pero poco utilizada: una agenda enérgica de fortalecimiento económico. En este momento, solo escuchamos hablar de ataques aéreos y maniobras militares, lo que es previsible cuando se enfrenta a matones empeñados en producir el caos y la destrucción.

Sin embargo, si el objetivo no es solamente degradar lo que el presidente Barack Obama llamó acertadamente “la red de la muerte” del Estado Islámico, sino hacer que sea imposible que los líderes radicales recluten a terroristas en primer lugar, Occidente debe aprender una lección sencilla: la esperanza económica es la única forma de ganar la batalla por los grupos que abastecen a las organizaciones terroristas.

Hace una generación, buena parte de América Latina era presa de los disturbios. Para 1990, la organización terrorista marxista-leninista Sendero Luminoso había tomado el control de la mayor parte de mi país, Perú, en donde serví como el principal asesor para el presidente. La opinión de moda en ese entonces sostenía que quienes se rebelaban eran los esclavos asalariados pobres o subempleados de América Latina, que el capitalismo no podía funcionar fuera de Occidente y que las culturas latinas no comprendían a cabalidad la economía de mercado.

La opinión generalizada estaba equivocada. Las reformas en Perú otorgaron a emprendedores y agricultores indígenas el control de sus activos además de un nuevo marco legal más accesible para dirigir empresas, realizar contratos y obtener crédito, lo cual impulsó un alza sin precedentes en los estándares de vida.

Entre 1980 y 1993, Perú obtuvo la única victoria contra un movimiento terrorista desde la caída del comunismo sin la intervención de fuerzas armadas extranjeras o un significativo apoyo financiero externo para sus fuerzas armadas. Durante las dos décadas siguientes, el Producto Nacional Bruto per cápita creció el doble de rápido que el promedio del resto de América Latina y su clase media lo hizo cuatro veces más rápido.

Hoy, escuchamos el mismo pesimismo económico y cultural sobre el mundo árabe que predominaba sobre Perú en los años 80. Pero sabemos que no es cierto. Tal como ocurrido con Sendero Luminoso, los terroristas pueden ser derrotados por reformas que creen un electorado a favor de estándares de vida más altos en Medio Oriente y el Norte de África.

Para hacer realidad esta agenda, los únicos requisitos son un poco de imaginación, una dosis sustancial de capital (inyectada desde abajo) y líderes de gobierno capaces de desarrollar, agilizar y fortalecer las leyes y estructuras que permiten que el capitalismo prospere. Como cualquier persona que ha caminado por las calles de Lima, Túnez y El Cairo sabe, el capital no es el problema, sino la solución.

Esta es la historia de Perú en breve: Sendero Luminoso, dirigido por un ex profesor llamado Abimael Guzmán, intentó derrocar al gobierno en los 80. El grupo inicialmente atrajo a algunos agricultores desesperadamente pobres en las zonas rurales, que compartían con ellos una profunda desconfianza en la élite. Guzmán se presentó como el salvador de los proletarios que habían languidecido durante demasiado tiempo bajo los abusivos capitalistas de Perú.

Lo que cambió el debate y, en última instancia, la respuesta del gobierno, fueron las pruebas de que los pobres en Perú no eran trabajadores o agricultores desempleados o subempleados, como mantenía la opinión generalizada. La mayoría eran pequeños emprendedores que operaban en la economía “informal”, es decir no estaban inscritos ni pagaban impuestos. Representaban 62% de la población peruana, generaban 34% del Producto Interno Bruto y habían acumulado unos US$70.000 millones en inmuebles.

Esta nueva manera de ver la realidad económica condujo a grandes reformas constitucionales y legales. Perú redujo en 75% los trámites burocráticos que bloqueaban el acceso a la actividad económica, proporcionó defensores y mecanismos para presentar quejas contra los organismos públicos y reconoció los derechos de propiedad para la mayoría. Un solo paquete legislativo otorgó reconocimiento oficial a 380.000 empresas informales, sacando de las sombras entre 1990 y 1994, unos 500.000 empleos y generando unos US$8.000 millones en ingresos tributarios.

Tales medidas dejaron a los terroristas sin un sólido grupo de apoyo en las ciudades. En las zonas rurales, sin embargo, eran implacables. Para 1990 habían asesinado a 30.000 agricultores que se resistieron a ser llevados a comunas masivas. Según un estudio de Rand Corp., Sendero Luminoso controlaba 60% del territorio y se disponía a apoderarse del país dentro de dos años.

El ejército peruano sabía que los agricultores podían ayudar a identificar y vencer al enemigo. Pero el gobierno se resistía a entablar una alianza con las organizaciones informales de defensa que los agricultores habían establecido para protegerse. La suerte nos ayudó en 1991 cuando el entonces vicepresidente estadounidense, Dan Quayle, que había estado siguiendo nuestros esfuerzos, gestionó una reunión con el presidente George H. W. Bush en la Casa Blanca. “Lo que me están diciendo”, apuntó el mandatario, “es que esta gente común y corriente realmente están de nuestro lado”. Lo entendió.

Esto llevó a un tratado con EE.UU. que alentaba a Perú a formar una fuerza armada popular de defensa contra Sendero Luminoso y, al mismo tiempo, comprometía a EE.UU. a apoyar las reformas económicas como una alternativa a la agenda del grupo terrorista. Perú rápidamente desplegó un ejército voluntario de clase cuatro veces más grande que la fuerza anterior y ganó la guerra en poco tiempo.

Lo crucial para este esfuerzo fue nuestro éxito en persuadir a los líderes y políticos estadounidenses, al igual que figuras clave en la Organización de las Naciones Unidas, a ver la zona rural de Perú de manera distinta: como un caldo de cultivo no para la revolución marxista, sino para una nueva economía capitalista moderna. Estos nuevos hábitos mentales nos ayudaron a vencer el terror en Perú y pueden hacer lo mismo en Medio Oriente y el norte de África.

Se sabe ampliamente que la Primavera Árabe fue desatada por la autoinmolación en 2011 de Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante tunecino de 26 años. Pero pocos se han preguntado por qué Bouazizi sintió el impulso de suicidarse, o porqué, dentro de 60 días, al menos 63 otros hombres y mujeres en Túnez, Argelia, Marruecos, Yemén, Arabia Saudita y Egipto se inmolaron, enviando a millones a las calles, derrocando a cuatro gobiernos y conduciéndonos a la agitación que impera hoy en el mundo árabe.

Para comprender los motivos, mi instituto se unió a Utica, la mayor organización empresarial de Túnez, para ensamblar un equipo de investigación compuesto por unos 30 árabes y peruanos, que se dispersaron por la región. Durante dos años, entrevistamos a las familias y asociados de las víctimas, al igual que a otra docena de personas que sobrevivieron la autoinmolación.

Descubrimos que estos suicidios no eran súplicas de derechos políticos o religiosos o mayores subsidios salariales, como algunos han argumentado. Bouazizi y los otros que se quemaron eran emprendedores extralegales: constructores, contratistas, banqueteros, pequeños vendedores, etc. En sus declaraciones de muerte, ninguno mencionó la religión o la política. La mayoría de quienes sobrevivieron a sus quemaduras y aceptaron ser entrevistados nos hablaron de “exclusión económica”. Su mayor objetivo era “ras el mel” (el término árabe de “capital”), y su desesperación e indignación surgía de la expropiación arbitraria del escaso capital que tenían.

Los aprietos de Bouazizi como pequeño emprendedor pueden representar la frustración que millones de árabes siguen experimentando. El tunecino no era un simple trabajador. Era comerciante desde los 12 años. Cuando cumplió 19 manejaba los libros contables en el mercado local. A los 26, vendía frutas y verduras de diferentes puestos y sitios.

Su madre nos contó que estaba en camino a formar su empresa y soñaba con comprar una camioneta para trasladar sus productos agrícolas a otras tiendas minoristas y expandir su negocio. Pero para obtener un préstamo y comprar la camioneta necesitaba un aval, y no reunía los requisitos.

Los inspectores del gobierno le hicieron la vida imposible, tratando de conseguir sobornos cuando no mostraba permisos que eran (a propósito) virtualmente imposibles de obtener. Se hartó del abuso. El día que se suicidó, los inspectores habían incautado su mercancía y su báscula electrónica. Hubo un forcejeo. Una inspectora municipal le dio una bofetada. Se dice que esa humillación, junto con la confiscación de sus posesiones de un valor de apenas US$225, llevaron al joven a quitarse la vida.

Le pregunté al hermano de Bouazizi, Salem, si creía que su difunto hermano había dejado un legado. “Por supuesto”, respondió. “Creía que los pobres tenían el derecho de comprar y vender”.

Los árabes comunes y corrientes quieren encontrar un lugar en la economía capitalista moderna. Pero cientos de millones de ellos han sido incapaces de hacerlo debido a restricciones legales frente a las cuales los líderes locales y las élites de Occidente a menudo son ciegas.

Para sobrevivir, han improvisado cientos de arreglos discretos y anárquicos, a menudo llamados la “economía informal”. Por desgracia, ese sector es percibido con desprecio por muchos árabes y expertos occidentales de desarrollo, que prefieren los proyectos de caridad bien intencionados como proporcionar redes antimosquitos y suplementos nutricionales.

Pero las autoridades se están perdiendo de vista lo que está realmente de por medio: si la gente común en Medio Oriente y el norte de África no puede actuar dentro de la legalidad —a pesar de sus sacrificios heroicos— serán mucho menos capaces de resistir una ofensiva terrorista, y los más desesperados podrían ser reclutados a la causa del yihad.

En conferencias en toda la región en el último año, he presentado nuestros hallazgos a líderes empresariales, autoridades públicas y la prensa, mostrando cómo millones de pequeños emprendedores extralegales como Bouazizi pueden cambiar economías nacionales.

Claro, los estados árabes tienen leyes que permiten que los activos se apalanquen o se conviertan en capital que pueda ser invertido y ahorrado. Pero los procedimientos para hacer esto son impenetrablemente engorrosos, especialmente para quienes carecen de educación y contactos.

En una conferencia reciente en Túnez, le dije a un grupo de líderes: “No tienen la infraestructura legal para que la gente pobre entre al sistema”.

“No necesitas decirnos esto”, afirmó un empresario. “Siempre hemos estado a favor de los emprendedores. Su profeta expulsó a los comerciantes del templo. ¡Nuestro profeta era un comerciante!”.

EE.UU. debería apoyar a los líderes árabes que no solo resisten el extremismo de los yihadistas, sino también obedecen al llamado de Bouazizi y los demás que dieron su vida para protestar contra el robo de su capital. Bouazizi y los que son como él no son seres marginales en el relato de la región. Son sus protagonistas.

*De Soto es el fundador del Instituto Libertad y Democracia en Lima, el autor de “El Misterio del Capital” y el presentador del documental “Unlikely Heroes of the Arab Spring”.
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Fecha Publicación: 2014-10-28T17:01:00.000-05:00

Autor:    Dr. Sergio Tapia T. 

La ideología marxista es un modo de pensar y de actuar que produce trastrocamientos en todas las realidades en las que se aplica. Esta perturbación del orden, también se denomina subversión.

Es por ello que, es usual, referirse a los que se alzan en armas y producen atentados terroristas, como los “subversivos”. Es decir, se les señala que son alteradores del orden en el que toda la persona que vive en sociedad –con los demás– debe de respetar. De otro lado, debe tenerse presente que, el terrorista, es un delincuente ideológicamente motivado. El marxismo lo hace delincuente.

Pero, no sólo el marxista que toma las armas, es alterador del orden. Todos los marxistas son subversivos, cualquiera que sea el oficio que desempeñen: profesor de colegio, catedrático universitario, fiscal o juez, miembro de la CIDH o juez de la Corte Interamericana.

Tras la ola de violencia armada que los grupos marxistas desarrollaron en cada uno de los países de América, desde los años cincuenta hasta nuestros días. Desde hace ya unos 20 años los marxistas vienen ensayando novedosas iniciativas, una de ellas ha sido usar el sistema democrático para “conquistar” el poder y no soltarlo después (Chávez-Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, el PST en Brasil). Porque la octogenaria pareja fraterna de Fidel y Raúl Castro en Cuba, no son de origen democrático sino de guerra civil. Siendo la Unidad Popular de Salvador Allende la primera experiencia socialista-marxista de acceso al poder por la vía electoral, con la frustrada intención de permanecer en el poder mediante un proyectado auto-golpe de Estado.

Hoy el marxismo ha descubierto que el Poder Judicial es un “poder”, y lo han asaltado, usurpando algunas de sus funciones, como la de juzgar a sus propios camaradas de ideología (los terroristas) y a sus enemigos frontales (los militares).

La reciente sentencia penal de condena en el caso “Pucará” contra la que ya se interpuso el recurso de nulidad, y la muy publicitada a inicios de la presente semana de una pasada resolución incidental de primera instancia en el caso “Frontón III” declarando infundada la prescripción de la acción penal. Son un par de “botones” de muestra del grave perjuicio que se está produciendo para el resto de los peruanos, en el cuerpo de los militares que combatieron hace 20 a 30 años la subversión terrorista de los marxistas.

Porque trastocar los límites que la República ha puesto a los gobernantes de turno para que respeten las garantías en la punición de los delitos, no sólo perjudica a los militares, ponen en riesgo a todos los ciudadanos del país, en un futuro cercano.

Hay que leer los modelos de sentencias contra los militares, y constataremos que la no observancia de la tipificación penal mediante ley previa y expresa, el debido proceso, el derecho del Congreso a otorgar amnistías, la indefensión de los verdaderos interesados en los procesos conducidos por la Corte Interamericana, así como el ejercicio de funciones penales de las que ella carece. Ponen en peligro a todos los ciudadanos.

Esto es la subversión jurídica.


Publicado en el diario “La Razón”, Lima, viernes 24 de octubre de 2014, pág. 6

Fecha Publicación: 2014-10-26T00:16:00.000-05:00
Por  Agustina McWhite *

Cuando el Cardenal Jorge Bergoglio fue elegido Sumo pontífice de la Iglesia Católica, muchos argentinos se alegraron, festejaron y otros más sensibles lloramos. Unos veníamos siguiendo el proceso de elección más de cerca y tuvimos una corazonada de que el Papa sería el argentino Bergoglio.
La idea general fue que “nos ayudaría” a librarnos de las injusticias que se cometen en el país, no es necesario nombrar cuáles son. Estábamos desesperados para que hiciera alusión a los gobiernos déspotas como los de Argentina y Venezuela, pero sobre todo de Argentina porque Bergoglio es uno más, “es nuestro”. ¿Quién mejor que un compatriota para identificar los problemas y hacer alusión al respecto desde la Cabeza de una Institución con más de 2 mil años?
Los meses fueron pasando y los ánimos comenzaron a caldearse. Sobre todo cuando recibió por tercera vez a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner: “Una vez es protocolar; dos veces es alarmante; tres es complicidad”, sintieron y pensaron algunos indignados.
Aquellos sentimientos de amor y de esperanza comenzaron a extinguirse de las mentes y del Alma de los argentinos. Comenzó a reinar en ellos una sensación de desamparo, de injusticia y empezaron a catalogarlo como “cura tercermundista; marxista, afines del gobierno”, todas cualidades en contraste con San Juan Pablo II. Sin recordar que Bergoglio, en su tiempo cuando era Arzobispo de Buenos Aires, declaró ante el Tribunal de la Diócesis de Roma al inicio del proceso de Beatificación y Canonización del Papa polaco, que él fue “testigo ocular de  su Santidad“.  Sin embargo, exhortar que Francisco y S. Juan Pablo II, sean iguales y tomen las mismas medidas papales, sería un deseo descomunal, pues Francisco, -y esto hay que tenerlo muy en claro-, es Jesuita.
No podría negar que cuando me enteré de la tercera visita de Fernández de Kirchner a Ciudad Vaticano, me alertó. Mentiría si dijera que me pareció “normal” o que, eventualmente, era lo que “esperaba”. Todo lo contrario. Pero mi intelecto, en ese momento espantado y sorprendido, se sosegó al recordar que cuando menos lo esperaba, Francisco, se atrevió a hacer diversas declaraciones respecto de temas coyunturales que yo esperaba fervientemente y que, cuando había comenzado a desilusionarme, de repente, sin recato ni disimulo, hizo.
Vatican Pope
Había aludido sobre la “Violencia política de los setenta”: “Nosotros en América Latina hemos tenido experiencia de un manejo no del todo equilibrado de la utopía, y en algún lugar, en algunos lugares, no en todos, en algún momento nos desbordó, y al menos en el caso de la Argentina podemos decir ¡cuántos muchachos de la Acción, por una mala educación de la utopía, terminaron en la guerrilla de los años ’70!”.
El párrafo que acabo de citar, a mí no me quita la esperanza y me deja dormir tranquila por la noche. En mis fueros íntimos, pienso: “se animó y lo dijo. Hizo alusión cuando pensé que no haría ninguna o que se tomaría más tiempo para hacerlo”.
El tiempo, ese juez insobornable que da y quita razón, es una de las claves para entender el pontificado de Francisco. Tener paciencia es el segundo elemento que necesitamos y no desanimarnos, es por necesidad, una obligación. Muy útil sería recordar que sólo lleva un año de gobierno religioso, no podríamos pretender o exigir, o en dicho caso, sería demasiado pretencioso de nuestra parte, que en un año pueda solucionar lo que la Iglesia o Argentina no ha solucionado en décadas. Asimismo, sería una utopía colosal conminar que “desde Ciudad Vaticano se dirija o gobierne Argentina”.
El hecho de que nosotros, como ciudadanos comunes y corrientes nos impregnemos y nos desbordemos de pasión –que las pasiones son buenas mientras se cuide el exceso-, nos alteremos y queramos que las cosas sucedan de un día para el otro; que una foto pueda sacar lo peor del ser humano; que un recibimiento, o dos, o tres, puedan convertirnos casi en compinches del Diablo, no significa que debamos suponer, o peor aún, exigir que el Papa se contagie de nuestra euforia del Animal Político que todos llevamos dentro.
Cuando resultó elegido Papa, para sorpresa de muchos y desencanto de otros, él sabía en lo que se estaba metiendo. El primer Papa Latinoamericano. ¡Vaya misión! Sabiendo de los distintos tipos de barbarie que azotan al Continente del Sur. Sería todo un desafío poder ayudar a ese respecto. Y así como sabía de las problemáticas de América Latina, también sabía de quiénes las producían: nombre y apellido de cada uno de los Presidentes y las decisiones políticas y económicas de estos.
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Si te vi, no me acuerdo.
¿Se imaginan a la Cabeza de la Iglesia eligiendo con quién tomarse fotos y con quién no? ¿Negándoles un acercamiento o un regalo a quien fuere? Aunque si bien pueda imaginarlo, mi raciocinio me lo niega. "¡Las puertas de Ciudad Vaticano no están abiertas para vos!”, sería otra canallada imaginativa.  Entonces, si sabemos que sólo son deseos y pasiones de un Animal Político; simpleza o grandeza de todo aquello que pudiera provenir del acto de imaginar, y de todo cuanto la “Libertad” que tenemos como ciudadanos nos permite (no usar remera de “La Cámpora, elegir si comprar o no el informe “Nunca Más”, quemarlo o desencuadernarlo, enaltecer las investigaciones de Jorge Lanata o criticar su pasado, etc)  ¿por qué establecemos, casi por Convención Social, que así debe ser? ¿Por qué exigimos de la misma manera de quienes protestamos por sus actos de autoritarismo? Autoritarismo, que, como amantes de la Libertad repudiamos.
No se trata de hacer “propaganda a los corruptos” o insinuar que expreso lo que expreso porque mi “calidad de católica” no me “autoriza” a ver más allá de lo que esta proporciona. Pues, si bien mi religión es la misma que profesa Francisco, yo tengo mis discrepancias personales en muchos aspectos, y son esas discrepancias las que me diferencian de los empedernidos fanáticos; son esas divergencias las cuales me permiten que la religión, -cualquiera sea-, no me absorba y así identificar diversas situaciones y elaborar un pensamiento crítico.
oveja
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, ¿no deja las noventa y nueve en los montes, y va en busca de la descarriada? Y si sucede que la halla, en verdad les digo que se regocija más por ésta que por las noventa y nueve que no se han descarriado. Así, no es la voluntad del Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos. Mt. 18:12- 14

Francisco puede y debe recibir a todos
. No se puede negar a nadie, su cualidad de Universal lo amerita y es una exigencia. Las puertas de Ciudad Vaticano deberán, con o sin defecto, estar abiertas a cuantas personas de diferentes banderas políticas sean.  Todos ellos libres de llevar el regalo que quieran y crean conveniente. Cada político argentino sabrá si está o no haciendo campaña utilizando al Sumo pontífice y eso recaerá en sus conciencias –si es que las tienen- Sólo Francisco sabe qué hará con dichos presentes, eso nosotros no lo podremos conocer nunca, como así tampoco sabremos de qué hablaron con Cristina Fernández en sus almuerzos privados: quedará a merced en la mesa donde almorzaron. Sólo ellos y Dios sabrán lo que pretende el uno del otro.

*  Agustina McWhite es Periodista Profesional recibida en C.U.P
Etiquetas: [Bolivia]  [Crecimiento económico]  [evo morales]  [milagro económico]  
Fecha Publicación: 2014-10-25T18:23:00.001-05:00
Fuente: semana.com

Evo Morales es percibido solo como un apéndice del populismo autocrático chavista. Sin embargo, gracias a su equipo económico lo que ha logrado en su país es prácticamente un milagro.

Como dirían en el fútbol, Evo Morales tiene aire en la camiseta. En medio de juegos pirotécnicos y del alboroto popular, el presidente boliviano proclamó su triunfo en La Paz la noche del domingo 12 de octubre, mientras sonreía y levantaba los brazos. Sin duda fue una victoria con altura, por goleada, gracias al 60 por ciento de los votos. Evo maneja la cancha con confianza, y a pesar de las críticas de una oposición más bien dividida, el mandatario pasa por su mejor momento, lo cual se debe al boom económico que vive Bolivia en la actualidad. ¿Qué explica que un presidente sin mucha preparación académica, cuyo principal atractivo es pertenecer a la etnia mayoritaria, esté protagonizando un milagro económico?

Según dijo a SEMANA Raúl Peñaranda, periodista y analista político boliviano, “la economía está en uno de los mejores momentos de la historia debido sobre todo a que el fisco tiene mucha liquidez gracias a la venta de gas a Brasil y Argentina, que ha utilizado en amplios planes de construcción de obras públicas y en distribución de bonos a sectores empobrecidos”?. El mérito, cuenta Peñaranda, tiene que ver con que Evo ha sabido rodearse bien, y tiene en sus filas al ministro de Economía Luis Alberto Arce, que se mantiene en el cargo desde 2006. Con su dirección, el gobierno ha consolidado un sistema que poco se ha endeudado y que ha crecido en los últimos años. Tan sonado es su desempeño, que el diario The Wall Street Journal le dedicó hace poco un elogioso artículo. 

El último boletín del Fondo Monetario Internacional anunció que el PIB de Bolivia crecerá el 5,2 por ciento a final de año, muy por encima del crecimiento de América Latina, cuyo promedio se estima en 1,3 por ciento, una de las cifras más bajas de los últimos años. Bolivia, considerado como uno de los países más pobres de la región, tendrá ahora la cifra más alta de crecimiento económico en Sudamérica y la segunda en América Latina después de Panamá. 

Esto se debe a las políticas de Morales. Según dijo a esta revista Jeffery Webber, especialista en temas de América Latina del Queen Mary University of London, “el crecimiento económico boliviano se debe al alto precio internacional de las materias primas que exporta el país, especialmente el gas natural. Entre 2006 y 2009 el gobierno aumentó impuestos a las multinacionales en el sector del gas lo cual generó grandes ingresos al estado”. 

Además, el analista y politólogo boliviano Lizandro Coca Olmos explicó que “Morales ha evolucionado su estilo de gobierno, desde una posición tremendamente radical en lo indigenista, antiimperialista, anticapitalista y antineoliberal, hasta una política en que todo eso se mantiene en el discurso, pero que en los hechos concretos se ha transformado en pragmatismo absoluto, planteando propuestas modernizadoras en el campo de la industrialización, la tecnología, la ciencia, la productividad, la innovación y la educación y dejando de lado el libreto del socialismo del siglo XXI”. 

En efecto, el gobierno boliviano maneja un discurso de intervencionismo estatal, y el ministro Arce defiende la redistribución de las riquezas. Pero al mismo tiempo que sus leyes consolidan el papel del Estado, ofrecen incentivos a las empresas extranjeras con seguridad judicial y normas tributarias favorables. Todo ello no solo ha promovido la llegada de empresas como Petrobras, Repsol, British Gas, Canadian Energy, Starbuck´s, Hard Rock Café, KFC y TGI Friday´s, sino que le han permitido reconciliarse con el empresariado de Santa Cruz de La Sierra, el bastión opositor, donde por primera vez ganó en las elecciones. Según escribió en el diario El País Miguel Ángel Bastenier, “la Bolivia de Morales ha conocido en la última década la racha de mayor expansión capitalista de su historia”. Pero no puede descuidarse ante los imprevistos. 

El principal riesgo para Bolivia, según varios expertos, es su dependencia de la exportación de materias primas, como el gas natural y el estaño, lo cual siempre implica una moneda al aire. Un eventual estancamiento económico de China, Argentina o Brasil podría perjudicar las exportaciones bolivianas. Coca dijo además a esta revista que “con las demandas de gastos crecientes y los ingresos estancados, Evo Morales podría tener dificultades económicas para su tercer mandato”. 

Por su parte Marcelo Arequipa, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid , contó a SEMANA que “el panorama en términos económicos al parecer sigue siendo alentador en Bolivia, más aún cuando la propuesta del candidato Morales es, en sus palabras, dejar de sembrar cemento (o sea de construir infraestructura) para pasar en los siguientes años a sembrar producción” Y mientras las vibras políticas no son las mejores y varios analistas temen que Evo manipule la Constitución para perpetuarse en el poder, por lo pronto la bonanza económica pone los argumentos en su contra en un segundo plano y le da más fuerza que nunca.
Etiquetas: [gobiernos locales]  [reeleccion]  [reforma de las AFPs]  [sistema privado de pensiones]  
Fecha Publicación: 2014-10-24T14:27:00.000-05:00
Por: Iván Budinich Castro

La propuesta de los economistas de la Universidad del Pacifico, Bruno Seminario y Juan Mendoza, de destinar el 10% de la recaudación del IGV para crear una pensión previsional mínima para la población es una alternativa que merece considerarse a la luz del escaso nivel de trabajadores formales que existen en nuestro país. Debemos recordar que entre el sistema de AFP´s y la ONP apenas el 20% de nuestra población se encuentra cubierta  por algún tipo se seguridad para su vejez.

El sistema de AFP´s requiere ser repensado para que su rentabilidad alcance siquiera la de los ahorros bancarios, otros actores privados como bancos y cajas de ahorro deben entrar a competir en el mercado para beneficio del aportante.  Necesitamos un shock de creatividad para solucionar el problema y mucho menos dogmatismo de parte de los adoradores del mercado y el Estado respectivamente.

No se trata de eliminar el sistema privado de pensiones como si el estatal fuera un éxito, de hecho una de las ventajas del sistema de las AFP´s es proteger los ahorros previsionales de la voracidad del Estado que miraba a los ahorros de toda la vida de los ciudadanos como si fueran de su propiedad y por tanto podían ser dispuestos a su antojo. Se entiende que los políticos populistas de izquierdas y derechas sueñen con poner sus manos sobre los ahorros de peruanas y peruanas, no se entiende sin embargo la gentil colaboración de la ciudadanía en esta tarea.

El congreso como siempre opto por la salida más fácil al eliminar la reelección inmediata de alcaldes y presidentes regionales, con ello ha pulverizado también las expectativas e incentivos de muchos para realizar una buena gestión. Cierto es que no podemos permitir ni un día más la creación pequeños feudos en la democracia donde las autoridades se reeligen por años y hasta décadas, pero lo correcto en este caso hubiera sido reducir el mandato a tres años como ocurría en los gobiernos locales antes de que a Fujimori se le ocurriera cerrarle el paso a Andrade ampliando la gestión a cuatro con los cual contribuyo decisivamente a agudizar la crisis de liderazgo político al reducir la rotación de las elites locales y por otro lado establecer un límite de dos gestiones (ni una más) para las autoridades locales y regionales impidiendo la formación de argollas y repartijas.


Con solo cuatro años por delante y sin incentivos siquiera para cubrir las apariencias, no es mucho lo bueno que podemos esperar de nuestras autoridades locales y  regionales.  
Etiquetas: [derecha]  [izquierda]  [marxismo]  [socialismo]  
Fecha Publicación: 2014-10-23T20:55:00.000-05:00
Fuente: Alerta 360 Internacional
 
 
A nadie le gusta sentirse estafado y menos aún que le mientan. Pese a lo que transmiten las noticias y los discursos de los formadores de opinión (prensa, políticos, analistas, opinadores, etc.) el público ni es pasivo ni es tonto. Por el contrario, está descontento, se indigna, repudia y rechaza. O ridiculiza a los estafadores.
 
En tiempos electorales - y fuera de éstos -, el problema de los políticos que en teoría ofrecen  una alternativa al suicidio socialista es que suelen traicionar tanto a sus ideales como a sus electores. Es frecuente, dolorosamente frecuente, ver a sus principales figuras utilizar los eslóganes lanzados por la izquierda como si fuesen propios. O incluso la ceguera y estupidez política de intentar “camuflarse” de rojos para captar un electorado supuestamente “indeciso” o incluso de centro-izquierda... que jamás votaría por lo que representa “la derecha”. 
 
Si un votante de izquierdas tiene que optar por un candidato, quien se presente de derecha pero de izquierda se convierte en un ser ridículo y poco creíble. No deja de ser de derechas, sea en el campo que sea que milite como tal. La izquierda jamás se presentaría como de derechas... en tanto y en cuanto no pueda engañar a incautos con promesas que nunca cumplirá. Sus concesiones son siempre oportunistas o prácticas, generalmente de orden económico, pero una vez instalada en el poder omnipotente, la izquierda repetirá una y otra vez los mismos resultados que se pueden esperar a sus siempre iguales principios: pobreza, represión, fin a la libertad de expresión, clima de enfrentamiento social, muerte a las libertades de iniciativas o creencias, etc.
 
El “Red Complex” tiene relación con aquellos políticos, líderes de opinión, prensa o bien opinadores acomplejados por los eslóganes de la izquierda que, sintiéndose avergonzados de sus principios, los adoptan como propios, con la jerga, términos e iniciativas. Podemos reconocerles utilizando – sin entender hasta dónde conducen las ideas en la práctica – términos como equidad, justicia social, igualdad, redistribuir, separatismo o democratizar, por ejemplo.
 
No es preciso ser expertos en política o historia para comprender que en términos rojos “justicia” significa aplicar la doctrina marxista, pues lo “justo” no es para ellos sino marxismo: es combatir a los que tienen más ingresos e igualar por abajo a la sociedad con condiciones mínimas de vida para evitar el “aburguesamiento”. Igualdad no significa una dignidad común sino el exterminio de todo lo que no sea socialista militante. Democratizar significa dar el poder absoluto al “pueblo”, que en otras palabras no es sino al socialismo organizado, etc.
 
En definitiva, el complejo rojo deriva del absurdo de querer contentar a todos o, por consecuencia, no contentar a nadie. Nada es más impopular a la hora de escoger un representante de ideas – eso es un político – que aquel que no tiene más ideas que las ajenas y las cambia como quien muda de ropa según el clima.
 
Otro aspecto ignorado por los acomplejados rojos es el sentido popular, o la psicología del pueblo. El contacto con el pueblo real, cotidiano, lejos de respuestas dadas en encuestas, demuestra que es mucho más conservador en sus opiniones personales. Naturalmente los eslóganes de la izquierda hacen huella y en grupos se tiende a “no quedar mal” y, por consecuencia, se adoptan los grandes temas rojos como propios. E incluso es probable que la insistencia de los formadores de opinión modifiquen ciertas ideas. Sin embargo, frente a los hechos concretos toman partido por lo conservador: un atentado terrorista, caos social, una amenaza real de guerra, relaciones familiares, políticas económicas o fiscales en su aspecto personal, etc. hacen que la población opine de forma conservadora. En crisis, un buen líder conservador que supiese transmitir los temores y expectativas de la población probablemente obtendría un respaldo electoral enorme... siempre y cuando no pretendiese al mismo tiempo contradecirse con la ideología roja.
 
Sin embargo, el lector podría levantar una objeción legítima: “si esto es así,,, ¿por qué se reelige a los corruptos y traidores?”. La respuesta es simple pero dura: porque no dejan otra opción a los electores. El sistema partidista presenta al electorado a rojos de distinta tonalidad y... ¡a los acomplejados rojos haciéndoles el juego!
 
Etiquetas: [Agustina McWhite]  [argentina]  [cuarto poder]  [delincuencia]  [PRENSA]  
Fecha Publicación: 2014-10-23T18:04:00.001-05:00
Por Agustina McWhite *

Sabemos que la prensa es el “Cuarto Poder” que rige o acompaña al mundo: cuando un hecho sucede por más efímero que sea, tras llamar a emergencias o a la policía, también se suele llamar a la prensa. Se busca el número del noticiero y como si fuera un servicio vital –que dicho sea de paso, la información es alimento espiritual para el ser humano- se llama al canal noticiero para que estos envíen un móvil al lugar de los acontecimientos y así lograr que “sean escuchados”.
Las problemáticas donde más se suele llamar a la prensa para obtener respuestas, son los hechos de inseguridad, que van de la mano con los hechos de injusticia; de quienes meten la mano en la lata –donde cada vez queda menos dinero a pesar de que los impuestos sigan subiendo por el ascensor-; que a su vez van de la mano con la ineficiencia de los distintos poderes.

Si bien en Argentina el Estado ha adquirido dimensiones elefantiásicas y se ha desbordado por completo, invadiendo los ámbitos que son propios de la sociedad civil, al mismo tiempo y paradójicamente, tenemos un Estado Ausente de aquella función que le es connatural por definición: garantizar la seguridad y la Justicia en la sociedad.
“¡Yo no quiero bajar del poste, llamen a la prensa, si no la llaman, me tiro de cabeza!” grita un suicida en potencia porque le hipotecaron su casa, su mujer no quiere más pasar su vida junto a él y acudirá a la justicia para que nunca más vea a sus hijos, por ejemplo. Es ahí cuando la prensa es esa garantía necesaria, si los funcionarios no atienden el pedido: la prensa se hace presente para que la sociedad acompañe al desamparado y el caso tome estado público con todos los beneficios que eso significa.

Un turista canadiense paseaba por la ciudad de Buenos Aires cuando de repente fue interceptado por una persona que iba en moto, por esas casualidades armada, y decidió ponerle fin a la libertad de la propiedad privada del transeúnte queriéndole quitar la mochila que este tenía, a punta de pistola. Palabras más, palabras menos, mientras el turista se resistía porque no comprendía qué solicitaba esta persona armada, más nervioso se ponía el “excluido social”. El hecho terminó con que el canadiense no tuvo que entregar nada, se ganó un buen susto y seguramente nunca más volverá a invertir sus dólares en nuestro país, ni él, ni su familia y allegados.  ¡Punto a favor para la economía argentina!
El accionar de la prensa, en lugar de solidarizarse con el turista, condenar los hechos del sujeto armado e increpar o pedir las explicaciones correspondientes a los funcionarios que fueron elegidos para que no haya inseguridad o para que esta se reduzca, se dedicaron a invitar al programa al motorizado para saber qué fue lo que le llevó a él a querer robarle la mochila a un sujeto. “¿Qué te pasó en la vida que actúas así? ¿Cuáles son tus injusticias que justifiquen tu accionar? ¿Cómo podemos hacer para ayudarte?”  Fueron algunas preguntas -psicológicas más que periodísticas- que realizó la prensa argentina. La culpa la tenían todos menos quien realizó el acto de hurtar. La culpa es nuestra, es tuya y de ellos, menos del “excluido social” que sale a robar porque se aproxima el cumpleaños de su hijo y debe recibir como es debido año a año un regalo. El problema no está en que el niño reciba o no reciba el regalo es decir, el fin en sí mismo, el problema radica en cómo su padre adquirió ese dinero, es decir el medio.
Como en el país lo que es excepción suele ser la regla, en este caso, los medios justifican al fin, aunque eso, en este preciso caso, pudo haber derivado en la muerte de algún inocente, quien no tenía ni medio ni fin y nunca lo va a tener porque no es un “excluido”.
La prensa puede ser un arma de doble filo.  Si así no fuera, “la víctima social” que sale a la calle armada a la buena de Dios, no hubiera podido contar su historia de vida, llorado ante las cámaras y ganarse el respeto y amor de los mass media. Si así no se hubieran registrado los hechos, en ese orden, el “excluido” nunca hubiera podido acceder a un plan social, que tan gentilmente le otorgó la agrupación política: “La Cámpora”, y no pudiera percibir unos pesitos mensuales para comprarle todos los regalos de cumpleaños y de no cumpleaños a su hijo. Si analizamos el hecho de que se apiadaron de él y le otorgan un beneficio o ayuda económica por mes, estamos dando por sentado que, además de que el asunto haya tomado estado público, como más arriba dijimos respecto del ejemplo del suicida en potencia, no obtuvo el juzgamiento que merecía por parte de la Justicia. La policía no lo detuvo; el Fiscal no realizó una investigación; no pasó una sola hora detenido; y el Juez no tuvo el cien por ciento de certeza que se necesita para condenar a una persona.
"La prensa puede ser un arma de doble filo"
Que la prensa sea la piedra del zapato de los políticos, esa piedrita que tanto molesta y que no queda otra que quitarse el calzado para sacarla, es una garantía que tienen los ciudadanos comunes y corrientes para que los mandatarios rindan cuentas. Que la prensa investigue e ilumine a cierta parte de la población y les advierta que le están robando, paralelamente de los impuestos, es otra garantía del papel de los periodistas. Pero que la prensa apoye, acompañe, apañe, cubra o respalde el ataque a  las libertades de unos sobre otros, es una canallada siniestra, pues para ello ya está el poder turno y todos aquellos actores que con los años se han ido corrompiendo.
Habrá que volverse a preguntar, repensar la frase de un periodista teórico en la materia: “Para ser Periodista primero hay que ser buena persona” dice el polaco, Ryszard Kapuscinski. Y pues, por Convención Social, otra vez, volver a definir qué es bueno y qué es malo; ¿cuándo se es víctima y cuándo victimario? y eventualmente analizar las inclinaciones, como en una balanza, que el “Cuarto Poder” sea capaz de realizar y cuáles han sido los costos.

* Agustina McWhite es Periodista Profesional recibida en C.U.P.
Fuente: Agustina McWhite Blog.
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Fecha Publicación: 2014-10-20T16:17:00.002-05:00
Muy interesante esta columna de Jorge Ribadeneira sobre el ex presidente Alberto Fujimori publicada en el diario El Comercio de Ecuador. La compartimos con todos ustedes:

Fujimori y sus altibajos


Autor:   Jorge Ribadeneira
Fuente: Diario El Comercio (Ecuador)

Cuando, sorpresivamente, se viró la tortilla y el peruano-japonés Alberto Fujimori derrotó al postulante favorito -el afamado novelista Mario Vargas Llosa- con un 60% de los votos y ganó la presidencia del Perú, en 1990, hizo tres ofertas muy difíciles de cumplir. Nada menos que derrotar a la temible guerrilla de Sendero Luminoso, arreglar la economía destrozada por las barbaridades del presidente Alan García y firmar la paz con Ecuador, luego de más de un siglo de rabiosa enemistad y de confrontaciones armadas. 

¿Cómo le fue? El 12 de septiembre de 1992, la fuerza pública peruana apresó al temible Abimael Guzmán, jefe de Sendero Luminoso, un grupo subversivo maoísta que en 1980 dio paso a una serie de audaces ataques en pos de acabar con el Estado peruano. La prensa dijo que fue “la captura del siglo” y Guzmán fue sentenciado a cadena perpetua, acusado de 37 000 muertes. Sigue preso. En 1997 otro grupo terrorista, Túpac Amaru, sufrió un golpe mortal luego de que tomó un centenar de rehenes en una Embajada. Misión cumplida en ese tema.

El presidente aprista Alan García llegó al poder en ambiente de ilusiones pero su manejo económico fue fatal. La inflación superó el 3 000% y se fue a la nubes, el Estado se declaró en bancarrota, la balanza de pagos acusó 581 millones de saldo negativo y, finalmente, García quiso estatizar la banca. 

La oposición encabezada por Vargas Llosa le frenó. Terminó en el desastre. Para dar paso a la recuperación, Fujimori hizo lo bueno, lo malo y hasta lo feo. Pero cumplió. 

En el problema secular con el Ecuador, Fujimori tuvo un papel preponderante en el camino hacia la solución, actuando como el único presidente peruano. Por el Ecuador dieron su aporte Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, Abdalá Bucaram, Fabián Alarcón y, en la firma de la paz, Jamil Mahuad. 

Fujimori dio un primer paso visitando Quito, por invitación de Borja, y fue recibido no solo con buena voluntad sino con entusiasmo. Sixto Durán viajó a la ciudad peruana de Trujilllo y sucedió lo mismo. El “bisabuelito” ecuatoriano fue aplaudido apoteósicamente. Los dos países querían, pues, la paz, que se firmó en Brasilia el 26 de octubre de 1998. Misión supercumplida. 

Pero la historia de Fujimori no terminó allí. Con alzas y bajas gobernó dos períodos y en el segundo lo hizo cerca de un personaje negativo y acusado de corrupción, Vladimiro Montesinos. 

Don Fuji quiso un tercer período y cayó estrepitosamente. No solo eso. Luego fue juzgado y acusado gravemente: asesinatos con alevosía, secuestros, cohechos, culpable intelectual de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, apropiación indebida de 450 millones de dólares. Finalmente, sentenciado a 25 años de prisión. Sigue en la cárcel, como Abimael. Pero el fujimorismo no murió y su hija Keiko estuvo cerca de ganar la presidencia. Un apreciable porcentaje de peruanos está por la amnistía. Con sus 77 años, Alberto Fujimori cree que fue acusado con odio y los comentaristas lo consideran un caso polémico y espectacular.


Etiquetas: [crisis del sistema de partidos]  [partidos políticos]  [política]  
Fecha Publicación: 2014-10-19T16:39:00.000-05:00
Por: Iván Budinich Castro

Pasa algo muy curioso en nuestras elecciones, resulta que tenemos candidatos por montones 13 en el caso de Lima Metropolitana y se supone que al menos igual número deberíamos tener por cada uno de los 49 distritos que la conforman sin contar a los candidatos de los movimientos vecinales.

En teoría deberíamos tener la notaria presencia de los acólitos de cada candidato recorriendo con evangélico fervor las calles de las tres veces coronada villa en pos de convencernos de las bondades de sus respectivos candidatos.  Sin embargo no están, es licito preguntarse entonces ¿Habrá escasez de militantes en medio de la superabundancia de partidos y movimientos políticos? Y en el caso de que esta exista ¿Cuáles serán los motivos?

Para explicarnos la situación, nunca va a estar demás recordar la crisis que afecta nuestro sistema de partidos desde fines de los 80´s con el agotamiento del modelo de desarrollo populista y el fracaso de los partidos políticos más importantes del país para afrontar los retos de la sociedad peruana de aquel entonces. Ello llevo a la emergencia de la figura del outsider, aquel personaje por fuera de la partidocracia que representaba el hartazgo de la población contra el fracaso de la partidocracia.

Tras de Ricardo Belmont como alcalde de Lima y Alberto Fujimori de presidente de la república, quedo la sensación de que los partidos políticos son apenas una mera formalidad para llegar al poder del Estado y cualquiera o casi cualquiera puede acceder a este.

Añádase a este desprestigio de la clase política peruana que ocurre justo en el medio de las crisis de las ideologías de los 90´s, nos lleva directo a un gran consenso sobre la cuestión pública. Ajena ya a los grandes conflictos de visiones (salvo algunos recalcitrantes con grandes flujos de petrodólares)  la política es solo cuestión de gestión pública, marketing y acceso al poder.

Convertido el acceso al poder en una suerte de lotería a la que cualquiera puede acceder, se observan dos fenómenos bien claros. Por un lado prolifera el incentivo para que unos pocos puedan asumir los riesgos de un proyecto político propio, pero al mismo tiempo disminuyen los incentivos para la militancia en la gran mayoría de los posibles interesados. 

En este punto hay que saber que la vocación política como la llamaba el sociólogo Alemán Max Weber, puede tener múltiples móviles que se entrelazan con el deseo del acceso al poder. La vocación política no es para nada excluyente como el discurso oficial pretende algunas veces con la política vista como oficio, de hecho en las sociedades contemporáneas, la figura del político profesional que vive de y para la política es una figura que contribuye a la institucionalización del sistema de partidos.

Un sistema de partidos con opciones reducidas ofrece oportunidades de alternancia con ello acceso a recursos públicos y la consiguiente movilidad social para la militancia comprometida a lo cual hay que agregar  un grado de certeza en los escalafones partidarios; todos ellos incentivos necesarios para la formación de una militancia expectante y los cuadros partidarios que conforman el grueso de la clase política donde se recluta y da el soporte necesario a la elite política. 

Por el contrario en un sistema de partidos disperso con decenas de opciones todas al menos en teoría con iguales oportunidades de alcanzar el poder, se reduce al mínimo los incentivos para generar una militancia comprometida. Al convertirse el acceso a los recursos propios del poder político en una suerte de lotería, solo los que dispongan de mayores recursos propios (humanos, ideológicos, sociales y económicos) podrán seguir sus inclinaciones y dispondrán de una motivación lo suficientemente poderosa como para movilizar su compromiso hacia la acción política. Para los demás, en vista de la imposibilidad de profesionalizar su acción, simplemente los costos asociados a la militancia serán considerados como demasiado altos frente a la incertidumbre de las recompensas asociadas al desarrollo de una carrera política.


El resultado de esta situación nos lleva a un estado de crisis de militancia, entendida esto como la proliferación de organizaciones que cumplen los requisitos legales mínimos para ser aceptados como partidos u organizaciones políticas locales y regionales que carentes sin embargo de la masa critica necesaria para la vida institucional no son capaces ni en la teoría ni en la práctica de ejercer las funciones básicas de intermediación política, por lo cual forzosamente acaban rindiéndole tributo a la farandulización de la política o pasando sin pena ni gloria al historial de las muchas siglas que ya nadie recuerda en la historia electoral peruana.
Etiquetas: [Agustina McWhite]  [Agustín Laje]  [Ceferino Reato Miami Censura Libertad de expresión Kirchner]  [Nicolás Márquez]  
Fecha Publicación: 2014-10-18T17:34:00.002-05:00
Por Agustina McWhite *

Contacto: agusmcwhite@gmail.com




En Argentina la Libertad de Prensa, está cada día más recortada. Hace falta coincidir y alimentarse del relato oficial; ser sus servidores; ser genuflexos y aplaudidores del gobierno de turno para que uno pueda expresar sus ideas libremente.
No así el caso de Nicolás Márquez, autor de más de diez libros, quien se encarga de desenmascarar a los personajes más nefastos que América Latina pudo parir.

El prolífico escritor argentino Agustín Laje Arrigoni (25) fue invitado a Estados Unidos por el Instituto Interamericano por la Democracia, (InterAmerican Institue for Democracy) a dar una conferencia  sobre los caóticos años setenta y su distorsión histórica por parte del gobierno argentino de la mano de Néstor y Cristina Kirchner.

El panel de conferencistas estaba conformado por Agustín Laje, los escritores Nicolás Márquez, Ceferino Reato y Mariano Caucino. Todos invitados a la feria del libro estadounidense donde brindarían su  disertación.
Sin embargo, -y para pruebas un botón- Márquez, antes de abordar el vuelo que lo llevaría al país de las libertades, fue interceptado en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires por el área de Migraciones (aparato infectado por la Cámpora) así lo relata el mismo afectado: “Me impidieron arbitrariamente salir del país alegando una supuesta resolución judicial que nunca exhibieron, la cual según ellos contenía una restricción hacia mi persona para cruzar las fronteras del país.
Ante mi asombro por tamaña injusticia, acudí en queja a Gendarmería quienes con posterioridad ellos confirmaron la inexistencia de dicha restricción (Migraciones me retuvo a las 12 de la noche y Gendarmería que abrió sus puertas administrativas a las 8 de la mañana desmintió a Migraciones a las 12 del medio día), de modo que estuve toda la noche en vela soportando esta injusta situación.
Quiero aclarar que Gendarmería me trató en todo momento con cortesía y diligencia ante tan injusta maniobra, y fueron precisamente ellos quienes me otorgaron el certificado rubricado que contradice el ardid de Migraciones, el cual avala al fin mi razón.
El "error administrativo" de Migraciones me privó de compartir un simposio sobre los años 70´ en Miami junto a personalidades de primer nivel Agustín Laje ArrigoniMariano Agustín CaucinoGuillermo Lousteau y Ceferino Reato).
Tras haber viajado mucho en esta actividad, es la primera vez que me pasa algo similar, y esto es coincidente o concomitante con el durísimo discurso mío en Plaza San Martín la semana pasada (jamás creo haber sido tan rotundo en una alocución) en homenaje a los muertos por la subversión”.
A pesar de la trampa que el gobierno argentino le realizó a Márquez, el escritor estará viajando en breve para poder realizar aquello que se le fue negado. Nada más y nada menos, que, poder expresar sus ideas y pensamientos, conocido según la Constitución Argentina, como Libertad de Expresión.

Asimismo, Agustín Laje, fue invitado al programa que conduce Felix Guillermo llamado “A mano limpia” (junto con Nicolás Márquez) transmitido por el canal 41 de Miami (América TV), donde se debatió sobre las dictaduras en América Latina; el terrorismo setentista; la nueva visión de los oligarcas; la censura a Nicolás Márquez, entre otras cuestiones.



*Agustina McWhite Periodista Profesional argentina recibida en el Colegio Universitario de Periodismo.

Fuente: Agustina McWhite Blog.
Etiquetas: [grandes pensadores]  [jhonn locke]  [liberalismo]  [libertad]  [pensamiento político]  
Fecha Publicación: 2014-10-18T16:22:00.001-05:00
"Por mucho que hablen los aduladores para distraer el pensamiento de las gentes, ello no debe impedir que los hombres se den cuenta de las cosas
(John Locke, Segundo tratado sobre el gobierno civil)

Autor: Luis A. Balcarce
Fuente: liberalismo.org
La más importante pregunta que enfrentó la sociedad del siglo XVII en Inglaterra fue qué política adoptar de acuerdo a aquellas personas que se negaban a atender los oficios religiosos de la Iglesia Anglicana. Era un problema político y legal. ¿Qué hacer con quienes desobedecen la ley? ¿Tiene el magistrado la autoridad de juzgar sobre comportamientos privados? ¿De dónde le viene esa autoridad? En otras palabras, son las mismas preguntas planteadas por Hobbes sobre los derechos del rey y el parlamento, las persecuciones religiosas y los límites de la obediencia individual a las leyes y los gobiernos pero que tendrán respuestas muy opuestas.

Todas las discusiones de la sociedad inglesa entre 1660 y 1690 giran en torno al tema de la tolerancia religiosa. Aunque Charles II había prometido impulsar la libertad de culto al momento de restaurarse en el trono en el año 1660, la presión de su entorno hizo que tal promesa no pudiera cumplirse. Después de 1662, todo aquel que manifestara públicamente su rechazo a la religión anglicana podía ser multado, confiscado y encarcelado.
A principios de 1660 John Locke era un desconocido tutor en Oxford y dos escritos suyos sobre el tema, curiosamente, hablaban a favor de la postura del clero anglicano y de reforzar la represión contra los disconformistas, como se los llamaba. Pero en 1667 conoce a Anthony Ashley Cooper, posteriormente nombrado conde de Shaftesbury, una de las mentes más brillantes de su época y uno de los líderes de la oposición a la monarquía. A partir de este momento Locke cambiará de postura y afirmará con tenacidad que los magistrados no tienen autoridad para interferir con las decisiones individuales de las personas quienes eligen sus propios caminos a la salvación eterna. Las creencias religiosas y las prácticas para el credo religioso tienen “an absolute and universal right to toleration”. Niega por tanto que la libertad de culto degenere en libertinaje y rebelión, mucho peores son las consecuencias nefastas que conlleva la persecución religiosa.
En 1670 la Iglesia Anglicana lanza una feroz represión contra los disidentes religiosos, desatando una verdadera caza de brujas que culminará con una quema y censura de libros, cientos de prisioneros y muchos rebeldes enjuiciados, torturados y asesinados. Para la monarquía gobernante era intolerable pensar que los individuos podían ser vistos a los ojos de Dios como libres y responsables y, por lo tanto, que podían actuar según su libre albedrío. Aquí comienza la lucha de John Locke: en la fundamentación del principio de libre credo religioso (excluidos los católicos) como derecho natural del individuo, el cual precedía y era independiente a la instauración de todo gobierno. El Estado, según Locke, tenía como fin, únicamente, proteger los intereses civiles de los ciudadanos y no interferir en sus creencias religiosas.
Subyace a esta cuestión el tema central de la modernidad: la división entre conocimiento racional y conocimiento revelado, al vez que se discute por primera vez la separación de la religión del Estado, la relación entre derechos naturales y derechos civiles y los límites del poder del gobierno. En este contexto, Locke comienza a escribir elEnsayo sobre el Conocimiento Humano donde defiende que el individuo puede pensar por sí mismo con la clarividencia que le presentan sus sentidos antes que “tragarse” todo lo que promulga la propaganda del poder eclesiástico. Desde el momento en que defiende el libre albedrío y la acción voluntaria, el pensamiento de Locke defiende la tesis de los disidentes que postulan que uno debe actuar según lo que le dicte su conciencia en situaciones donde solo “el conocimiento probable” es posible. Otros de los postulados que defendían los Disidentes eran que Dios creó a los individuos iguales y libres respecto a otros; que los individuos son parte de una comunidad que se funda en lo moral y es gobernada por leyes naturales, conduciendo sus actos por los dictados de la razón; que las disputas deberán ser resueltas bajo provisión de evidencia, argumentación y discusión; y que, a pesar de ser seres corrompidos, los individuos son capaces de vivir en paz entre ellos, gracias al consenso y el acuerdo.
En relación al terreno epistemológico en el cual se apoya su obra, Locke tiene una visión mecanicista y racionalista del mundo en el cual cree percibir una armonía global supuestamente evidente por sí misma. Como destaca Joseph Colomer con elocuencia, “la existencia de un Dios creador, un ser eterno, todopoderoso, omnisciente y bueno, es un axioma ampliamente compartido por su audiencia. (...) De Dios sólo pueden conocerse sus “características accidentales”, nunca su esencia, a través del designio de las leyes naturales. La de Locke se acerca a la concepción calvinista de la divinidad como un gran relojero, es decir, como una voluntad omnipotente que lo dirige todo: orden celeste, tierra, vidas humanas, pero cuya última razón se les escapa a la razón humana”.
El otro aspecto importante de su enfoque epistemológico tiene que ver con su doctrina de los derechos naturales, la cual consiste en sostener que hay ciertas reglas de la naturaleza que gobiernan la conducta humana y que pueden ser descubiertas con el uso de la razón. Esto sería asumir con Locke derechos naturales innatos que provienen de la ley natural, impresas en el “corazón de los hombres”. Al decir de Tomás Várnagy, “la ley natural es una ley eterna para todos los hombres, incluidos los legisladores, cuyas leyes positivas tienen que ser acordes a las leyes naturales, dotadas así de un poder coactivo para obligar a quienes no las respetan”.
Este punto es crucial para entender la dimensión política del individuo poseedor de derechos naturales –la vida, la libertad y la propiedad- que fundamentan los cimientos de la sociedad civil. Los derechos naturales son para nuestro autor la guía para que los hombres actúen con el fin de preservar su mutua seguridad. Son la condición moral “anterior a su reconocimiento por los ordenamientos legales positivos”, y, sumado la condición racional de los hombres, tenemos a los dos componentes básicos del pensamiento moral y político lockeano: el supuesto de derechos anteriores a la formación de todo gobierno y la hipótesis de que el hombre ha nacido libre por ha nacido racional y por lo tanto puede disfrutar de una convivencia pacífica con otros hombres en el marco de un estado de naturaleza.
Tolerancia y religión
Todo el trasfondo del pensamiento político y epistemológico de Locke hay que buscarlo en los argumentos a favor de la tolerancia religiosa y de la defensa de una minoría, los Disidentes. Para nosotros la idea de tolerancia religiosa se ha convertido en un lugar común pero esto no era así para los contemporáneos de Locke. Así también, la idea de que un individuo puede rechazar obedecer una ley civil –piedra sustancial de movimientos modernos como los pacifistas, el feminismo, los abolicionistas y los defensores de derechos humanos- les era totalmente extraña. La Inglaterra de la Restauración se desgarraba por sus conflictos religiosos y la idea de que personas de diferentes cultos pudieran vivir en armonía les parecía descabellada. Por esta razón, la obra de Locke fue la de un fugitivo marginal, radical y revolucionario, escrita por un hombre que vivió gran parte de su vida oculto en el exilio y dando sus obras a imprenta sin firmar.
Ninguna pluma sería capaz de describir y hacernos comprender la inseguridad de la vida y la propiedad que tuvieron que soportar los hombres de esa época. Un hombre independiente como Locke, que amara la verdad, tenía que estar dispuesto a huir o a morir todos los días por culpa del deseo irrefrenable de sangrías y furia que despertaban las pasiones religiosas. Como escribió Dilthey , “sólo los ignorantes se pueden reír del acento sagrado que para los hombres del siglo XVII tuvieron las palabras religión natural, ilustración, tolerancia y humanidad. En ellos respira el aliento agónico de un mundo que sucumbe bajo el peso imponente de las confesiones”.
Si tanta sangre ha sido derramada, pensaban los disidentes, que se a favor de la libertad religiosa. De eso hablan las obras de Tomás Moro, Juan Bodino, Francis Bacon o Thomas Hobbes: de la independencia de la conciencia religiosa, de la emancipación de las comunidades de la esfera papal, del pensamiento empírico y científico unido al progreso de las artes y la afirmación alegre de la vida. La Europa inundada de sangre y castigada por el odio y las persecuciones, desea la tolerancia y la paz a cualquier precio. No extrañaría imaginar a un Locke ensimismado con la idea de no soportar nunca más el abuso de poder curas y aristócratas.
Por eso decimos que John Locke es heredero de la tradición renacentista que rompe con los estatutos marcados por el orden feudal eclesiástico. Sus ideas, propias de la modernidad política, emanan el perfume de la Reforma, que volvió a la actitud religiosa al ámbito de la conciencia. Recuerdan a Maquiavelo, a Grocio, a Descartes, a Spinoza -quien restauraró sobre la base del estoicismo la autonomía de la razón moral y científica- a los héroes dramáticos de Shakespeare y Marlowe, a las figuras de bronce de Donatello y Miguel Angel, a la dinámica de Galileo... Locke, un hombre que leyó el designio de su época, apuesta por la transformación vital de los hombres de la misma manera que los hicieron Petrarca, Montaigne, Erasmo, Rabelais y todo el movimiento humanista italiano.
Vale recordar que fue en Europa donde nacieron las argumentaciones autocríticas para impulsar el fin de las intolerancias. La tolerancia, escribe Fernando Savater, es “convivir con personas cuyas ideas o costumbres desaprobamos. No es indiferencia ni tampoco idolatría de la diferencia ... debe distinguir entre el respeto a la autonomía personal y el respeto a las tradiciones culturalmente diferentes, entre el respeto a las personas (inviolable) y el respeto a las ideas o creencias (que no son vacas sagradas y pueden ser criticadas y discutidas aun acerbamente)”.
Una obra en el exilio
El 1679 se produce una histeria anti católica que derivará en más sangre y represión. Un supuesto intento católico de destronar a Charles II fue el detonante y los hechos condujeron a que su hermano, el católico Jaime, duque de York, asuma el poder. Los miedos protestantes ante una monarquía católica exigieron a Charles II devolver todo el poder al Parlamento pero éste respondió disolviéndolo y llamando a nuevas elecciones. Es entonces cuando el conde Shaftesbury organiza el primer partido político en pro del parlamento, los Whigs, y gana tres elecciones sucesivas que le otorgan la mayoría en la Cámara de los Comunes. El rey respondió disolviendo el Parlamento nuevamente y Shaftesbury organiza con la complicidad de los escoceses el asesinato de ambos hermanos Estuardo pero fallas en la organización ocasioanan que deba exiliarse en Holanda, donde muere meses más tarde. Locke continúo organizando la insurrección pero algunos miembros fueron apresados y condenados a muerte, entre ellos su admirado Algernon Sydney, autor de Discourses Concerning Government, lo que lo obligó a permanecer en Holanda con otros cientos de insurrectos.
La “sed” de Locke, como escribe Jean-Jacques Chevallier, es el anti-absolutismo, el deseo violento de la autoridad contenida, limitada por el consentimiento del pueblo, por el derecho natural, a fin de eliminar el riesgo de depotismo, de arbitrariedad, aun exponiéndose a una brecha de anarquía. Esta sed es la que lo lleva a escribir en contra del derecho divino y de cierta teología cristiana y anglicana que “recubre con el manto divino los peores excesos de la autoridad”. En este contexto, Locke escribe sus dos tratados políticos. El primero, es una refutación de los argumentos de Robert Filmer y su libro Patriarca, que justificaba el poder divino de los reyes y que su alcance no podía ser limitado por ninguna ley humana, es decir, promulgada por el Parlamento. Era, en síntesis, una argumentación a favor del poder absoluto. Locke argumenta que, de seguir las recomendaciones de Filmer, el país terminaría en la anarquía y la guerra civil. El primer tratado fue escrito en 1680-81 como parte de la campaña Whig a favor de un gobierno de monarquía constitucional limitado por el Parlamento.
La estrategia de los Whigs fue argumentar que era el rey el que había violado el contrato con sus súbditos que éstos ya no tenían obligación de seguir su mandatos al haber disuelto el Parlamento. Y que ahora los ingleses eran libres de elegir el tipo de gobierno que quisieran. Esto era lo argumentaban tanto Locke como Sydney. En términos de coyuntura política, los tratados de Locke son el manifiesto de la revolución planeada por Shaftesbury. En términos de filosofía política, son un complejo bagaje de conceptos que moldearán las constituciones políticas que surjan en los tres siglos subsiguientes. Como escribe Tomás Vánagy, “al argumento de Locke contra Filmer apunta fundamentalmente a no considerar el Estado como una cración de Dios, sino como una unión política consensuada y realizada a partir de hombres libres e iguales”.
Según la visión de Locke, una revolución es un acto colectivo en defensa de los abusos de un individuo (el rey) quien ha puesto sus propios intereses por encima del bienestar de la comunidad en su conjunto. El principal objetivo de esta revuelta popular no es otro que reinstituir un sufragio libre y el gobierno representativo. El poder político, si existe, es poder soberano, poder popular, nunca individual, además de ser entendido como bien común, bienestar general, y nunca como parte de intereses particulares de elite.
La concepción del poder soberano reside en la idea de derecho natural que pregona nuestro autor. La ley natural es una ley divina pero que se expresa a través de la facultad racional que tienen los individuos para elegir qué es lo más beneficioso para ellos. Muy lejos del estado de guerra anunciado en la obra de su antecesor Thomas Hobbes, los individuos tienden en el estado de naturaleza a la paz, a la cooperación y al orden armonioso. Este punto es esencial para entender la libertad en Locke: todo hombre que pueda ejercer su facultad de decidir racionalmente es libre. La razón le otorga la posibilidad, a su vez, de obrar moralmente, lo cual lo independiza de cualquier ley divina o código rector eclesiástico. Si Locke será el autor más citado por los revolucionarios franceses y norteamericanos es, precisamente, porque a partir de esta premisa se puede comprender el sustrato del contenido político del credo liberal y sus proclamas de sufragio popular, gobierno limitado y representativo y libertad de culto y pensamiento en base a derechos individuales anteriores a la formación de todo gobierno.
Trabajo y Propiedad
El pensamiento sobre el derecho a la propiedad en Locke aparece bien delineado en su ataque a la obra de Filmer en dónde insiste en que no existe relación entre la propiedad y el ejercicio del poder político. Filmer decía que sí con el objetivo de darle legitimidad al poder monárquico pero Locke le hace una pregunta crucial: suponiendo que uno sea propietario de un territorio, ¿qué es lo que hace que este derecho le haga también dueño de la vida de otra persona? Con esto Locke desarticuliza los presupuestos monárquicos según los cuales los poseedores de riqueza y tierras convierten por extensión en sus súbditos a quienes las habitan. Es por eso que Locke resalta que el poder político descansa sobre el consenso, no sobre la posesión de riqueza. Suponer un “primer patriarca” sería admitir que los hombres no nacieron libres y que en virtud de su subordinación natural, absoluta y arbitraria, tampoco podrán serlo nunca.
«La razón, que es donde radica dicha ley, enseña a todo el que quiera consultarla que todos los hombres deben ser iguales e independientes y que no debe dañarse ni la vida, ni la salud, ni la libertad, ni las posesiones de los demás.»Para Locke no existe jure divino, sujeción natural, sumisión de nacimiento a la monarquía porque el hombre es libre por naturaleza y no existe nada que lo convierta en un súbdito de algún poder terrenal, excepto su propio consentimiento. El fin principal y la causa de que los hombres cedan parte de sus libertades al gobierno es porque creen que este medio de convivencia es el idóneo para «la mutua defensa de sus vidas, libertades y pertenencias, de todo aquello a lo que yo doy el nombre general de propiedad».
El otro elemento esencial en su teoría de los derechos de propiedad es el trabajo. En su origen la propiedad era común, todo era compartido por todos, pero cada vez que el hombre mezclaba trabajo con bienes comunes delimitaba derechos de propiedad. Por lo cual se entiende que el trabajo es para Locke el origen de la propiedad. La tierra es de todos pero yo le aplico mi esfuerzo, mi talento y al sembrarla y cultivarla la hago mía. Pierre Manent lo puntualiza así: “¿Qué distingue las ciruelas cosechadas de aquellas que quedaron en el árbol? Las primeras fueron transformadas por el trabajo del individuo, pues allí ha mediado la obra de sus manos. De ahí que Manent destaque que para Locke, a diferencia de Aristóteles, el hombre no es un animal político sino un animal propietario y trabajador.
Locke le da al término propiedad un significado polisémico que abarca “la vida, libertad y hacienda” y, en un sentido más restringido, bienes derecho a heredar y la capacidad de acumular riquezas. El especialista en la obra de Locke, Hugo Aznar Gómez, señala que se debe situar a la propiedad en un espacio normativamente protegido contra la interferencia del poder político. Tampoco, agrega este autor, se puede enfocar el tema de la propiedad solo desde una perspectiva sociológica sino que debe prestarse atención a sus ideas religiosas y al contexto el cual fueron escritas. “Cuando Locke situaba la defensa de la propiedad en el centro mismo de la función política no es que estuviera abogando por un gobierno convertido en gestor y protector de los intereses de la clase propietaria. Cuando Locke convertía la propiedad en un derecho natural tampoco es que buscase salvaguardar el sistema económico por encima de todo. Lo que Locke tenía en mente era la defensa de la propiedad contra un poder arbitrario y absoluto. Era esta amenaza la que equilibraba su insistencia, como en parte su designio de explicar la propiedad como un derecho natural junto a los de la vida, la salud y la libertad”.
Pero estas son sólo débiles aproximaciones al polémico Capítulo V del Tratado. Todo aquel que haya abordado la teoría del propiedad en Locke habrá encontrado que está plagada de lagunas que no hacen más que aportar incertidumbre e incoherencia a su obra. Karen Vaughn ha dicho en su estudio sobre este tema que “Locke parece plantear más problemas de los que resuelve y uno no puede evitar preguntarse no sólo qué es lo que quiso decir sino que es lo que en realidad dijo”. De la misma manera, Robert Nozick, entre otros, ha puesto en duda muchas de sus afirmaciones y hoy en día son pocos los que toman las teorías del derecho de propiedad de Locke al pie de la letra. Así todo, queda manifiesta la intención de Locke de situar al hombre como responsable moral de sus acciones y liberarlo del yugo de la tradición absolutista. A partir de Locke, el hombre será dueño de sus actos y su propiedad deberá quedar normativamente protegida frente a la violencia coercitiva del gobierno.
La Revolución Gloriosa de 1688
En junio de 1688, Jaime II anuncia el nacimiento de su hijo y el espectro de una monarquía católica –recordemos que para los ingleses, incluido Locke, el catolicismo era la expresión más brutal de represión y persecución religiosa- convence tanto a Tories (monárquicos) como a Whigs (defensores del Parlamento) de organizar una rebelión contra los Estuardos. Su libertador será el holandés Guillermo de Orange, yerno de Jaime II, quien entra a Inglaterra casi sin oposición. Un mes después Jaime II tiene que fugarse a Francia y Guillermo restablece la soberanía del Parlamento. A esto se le llamó la “Revolución Gloriosa”, llamada así porque aseguró la hegemonía protestante y parlamentaria sin derramamiento de sangre.
Guillermo y Maria asumieron el trono inglés bajo los términos constitucionales engarzados en la famosa Bill of Rights o Declaración de Derechos (1690). Específicamente, estipulaba que la corona no podía imponer impuestos sin el consentimiento del Parlamento, ni mantener un ejército en épocas de la paz; también condicionaba a los católicos a no ser soberanos ingleses (en esos días el catolicismo era más que una religión; era una manera por la cual los extranjeros podrían intervenir en los asuntos de Inglaterra). Incidentemente, la Bill of Rights no enumeraba los derechos de los ingleses, pero confirmó dos muy importantes, especialmente en el contexto de cualquier conflicto que pudiera presentarse entre un rey tiránico y los representantes del pueblo, por ejemplo, comenzando con conflicto que dio lugar a la Revolución Gloriosa en primer lugar. Resaltó dos derechos que son bastiones contra un régimen tiránico: el derecho de levantarse en armas y peticionar; y el derecho de enjuiciar ante un agravio mediante una corte de la ley.
En 1696, Locke es nombrado Comisionado de la Cámara de Comercio, encargada de regular del comercio de Gran Bretaña con sus colonias. Duró en el cargo cuatro años y luego se retiró a vivir apaciblemente en las afueras de Londres. En 1720 falleció a la edad de 72 años.
Poco después sus ideas eran popularmente recibidas y difundidas a través de panfletos revolucionarios, ensayos y artículos periodísticos. Las Cato Letters, publicadas por los radicales John Trenchard y Thomas Gordon son un compendio de las ideas de Locke y tendrían una influencia determinante en la obra de los Padres Fundadores de la Revolución Americana de 1776. Al mismo tiempo, Voltaire popularizaba sus ideas en Francia y Montesquieu hacía lo propia perfeccionando su concepto de separación de poderes. Las ideas de Locke sobre los derechos naturales de los individuos serán esenciales para desencadenar la Revolución Francesa, aunque sus premisas acerca de los derechos de propiedad y la separación de poderes no tendrá mucho asidero en tierras galas. El Terror instaurado luego de 1789 explica en gran medida la poca recepción que tuvieron sus ideas.
A partir de aquí la influencia intelectual de Locke se desvanece. Los gobiernos monárquicos y de corte autoritario que dominaron el siglo XIX comienzan adquirir más y más poder para robar, confiscar, encarcelar y asesinar masivamente en nombre del bien común. El reinado intelectual de Locke había terminado. Pero su pensamiento había demostrado ser imperecedero; sus raíces, bajo tierra, esperan una próxima primavera.

Notas


Biblografía utilizada en este trabajo: 



Ashcraft, Richard, Locke’s ‘Two Treatises of Government’, Allen & Unwin, Londres, 1987. 
Aznar, Hugo Gómez, “La cuestión de la propiedad en John Locke”, Revista El Basilisco, Nº 7, 1991;
Colomer, Joseph, Historia de la Teoría Política, Vol. 3, Alianza, Madrid, 1997; 
Jean Jacques Chevallier, Los grandes textos políticos, Aguilar, Madrid, 1952; 
Manent, Pierre, Historia del pensamiento liberal, Emece Editores, Buenos Aires, 1990; 
Várnagy, Tomás, “El pensamiento político de John Locke” en Filosofía política clásica, AAVV, Clacso, Buenos Aires, 1999; 
Vaughn, Karen, La teoría de la propiedad de John Locke, Revista Libertas Nº 3. 



Bibliografía de consulta: 



Para el análisis del contexto intelectual en el período relacionado con nuestro autor, véase: 
Carlyle, A. La libertad política, Fondo de Cultura Económica, México, 1982; 
Crossman, R., Biografía del Estado moderno, F.C.E., México, 1965; 
Dujovne, León, La Filosofía de la Historia desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII, Ediciones Galatea, Madrid, V. 2, 1961; 
Ebenstein, William Pensamiento político moderno, Ediciones Taurus, Madrid, V. 2, 1961; 
Hazard, Paul, “El pensamiento europeo en el siglo XVIII”, Revista de Occidente, Madrid, 1946; 
Touchard, Jean, Historia de las ideas políticas, Editorial Tecnos, Madrid, 1977. 
Para el análisis general del ideario lockiano, e interpretaciones del mismo, véase las obras de Hugo Biagini:
“El Liberalismo Lockiano”, Revista de Estudios Políticos, Madrid, Nº 194, marzo-abril, 1974, pp 225-257;
“Las primeras ideas políticas de Locke”, Revista de Estudios Políticos, Madrid, Nº 211, enero-febrero, 1977, pp 247-254;
“El Ius resistendi de Locke”, Revista de Estudios Políticos, Madrid, Nº 2, marzo-abril, 1978, pp 153-160. 
Además, Simon, Walter, “John Locke: Philosophy end political theory”, American Political Science Review, XLV, junio 1951, pp 386-399; 
Viano, C., John Locke, Einaudi, Turín, 1960. 
También Sabine, George, Historia de la Teoría Política, F.C.E., México, 1963, p 390. Para tener una visión global de la propiedad en la tradición del derecho natural, véase el artículo de Gonzalo Izquierdo: “Algunas consideraciones en torno a la propiedad como derecho natural”. 
Cuadernos de Historia, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile, Nº 4, julio 1984.
Véase Catlin, George, Historia de los filósofos políticos, Editorial Peuser, Buenos Aires, 1956, p 323. 



Escritos de John Locke consultados para este trabajo: 



Laslett, Peter, Introducción a la edición de los Two Treatises de John Locke, Cambridge University Press, Cambridge, 1988; 
Locke, John, Dos ensayos sobre el gobierno civil Espasa, Madrid, 1991. Edición de Joaquín Abellán y traducción de Francisco Giménez Gracia. 
Esta correcta edición incluye lo que aquí denominamos como Primer tratado y Segundo tratado, en lugar de “Ensayo”, pues la obra de Locke en inglés se denomina Two Treatises [tratados] of Government y consideramos más adecuado el término “tratado”. 
Locke, John 1991 Segundo tratado sobre el gobierno civil (Madrid: Alianza).



Traducción, prólogo y notas de Carlos Mellizo.



Locke, John 1993 Political Writings (New York: Penguin/Mentor 1993). Edición de David Wootton.
Etiquetas: [humalismo]  [seguridad ciudadana]  [sicariato]  [Urresti]  
Fecha Publicación: 2014-10-15T14:58:00.000-05:00
Por: Iván Budinich Castro

Para el inevitable sociólogo alemán, Max Weber y con él para el grueso de los científicos sociales,  lo que define al Estado moderno no es otra cosa que el monopolio legitimo de la violencia: “Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama para sí el monopolio de la violencia física legítima. Lo específico de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en que el Estado lo permite. El Estado es la única fuente del “derecho” a la violencia.” Weber, Max; La política como vocación.
Imagen: Perú21

De esta formulación podemos entender que cualquier  intento de privatizar la violencia por grupos ajenos y hasta con intereses contrarios a los del Estado y la sociedad, deviene en la deslegitimación automática del Estado y la consiguiente anarquía.

Que todo un ministro del interior minimice la plaga del sicariato porque el 90% de sus víctimas lo son por causa de ajustes de cuentas entre delincuentes es no solo insultar al 10% de victimas restantes, es lanzar por la borda toda la labor de construcción del Estado peruano avanzada desde que el presidente Augusto Leguía logro instaurar el monopolio de la violencia del Estado peruano exterminando el fenómeno del bandolerismo en la  segunda década del siglo pasado. 

La falta de norte del gobierno en el tema de la seguridad nos ha devuelto directo y sin escalas a la premodernidad en el Estado peruano. Nos están ofreciendo el siglo XIX en toda su miseria.  Entre el ministro celebrando que el sicariato afecta más a los delincuentes que a la gente decente y el presidente culpando a la globalización, queda clara la abdicación del actual gobierno frente a los problemas que nos afectan.

No estamos frente a un gobierno sin rumbo en cuanto a la seguridad, el rumbo está muy claro, hacia atrás y sin frenos, esa es la consigna. 
Etiquetas: [anarquistas]  [atentados terroristas]  [chile]  [extremistas]  [terrorismo]  
Fecha Publicación: 2014-10-11T17:00:00.000-05:00
Autor: Brenda Fiegel
Fuente: Dialogo Américas
Imagen: urgente24

Desde el 2005, grupos anarquistas han detonado artefactos explosivos en zonas no pobladas dentro de Chile durante las madrugadas en al menos 198 ocasiones, según el periódico español El País. Debido a la hora y la ausencia de población civil durante dichos ataques, no se registraron víctimas fatales. Sin embargo, los recientes atentados que tuvieron lugar en julio y septiembre de 2014 se desviaron del patrón original, ya que ocurrieron en la estación del Metro de Santiago, un sistema de transporte público que utilizan aproximadamente 2.500.000 personas por día. Y aunque los ataques en el Metro no tuvieron como resultado víctimas fatales, dejaron en claro que células extremistas de grupos anarquistas están dispuestas y son capaces de perpetrar ataques terroristas a gran escala con el objetivo de provocar múltiples víctimas fatales a cualquier hora del día.

Los atentados del 2014

El 13 de julio de 2014, el último tren del metro de la noche se detuvo en la parada Los Dominicos en la Estación de Metro Santiago. Por protocolo, un empleado del metro comenzó a inspeccionar los vagones uno por uno para asegurarse de que todos estuvieran vacíos, momento en el cual encontró una mochila debajo de un asiento en el primer vagón. En el interior de la mochila había un extintor lleno de pólvora y un reloj unido al artefacto con cables. El incidente se reportó de inmediato a la seguridad del metro y a la policía. En respuesta a la amenaza, se evacuó la plataforma de metro y al poco tiempo, el dispositivo explotó antes de que las autoridades pudiesen mirarlo. Información difundida por la agencia de noticias chilena Emol indicó que no se registraron heridos a raíz de este atentado. Sin embargo, fue la primera instancia en la cual presuntos anarquistas se atrevieron a detonar un artefacto explosivo en un lugar público con ciudadanos presentes.

El 8 de septiembre de 2014, grupos de personas acudían a almorzar en un restaurante de comida rápida ubicado próximo a la estación de metro Escuela Militar en la comuna de Las Condes en Santiago, Chile. A las 14:05 se produjo la explosión de un extintor de fuego lleno de pólvora, dejando 14 heridos. Tras este atentado, el periódico peruano El Comercio informó que al menos dos de las víctimas sufrieron amputación de sus extremidades, pero al igual que en el primer atentado, no se registraron víctimas fatales. Horas después del incidente ocurrido en septiembre, la Conspiración de las Células de Fuego (CCF) emitió un comunicado en línea adjudicándose la responsabilidad por ambos atentados en el metro. Luego culparon a las autoridades por las lesiones provocadas a los civiles, manifestando que su objetivo no era la población civil, sino las “estructuras, propiedades y esbirros del poder”.

Con la realización de ambos atentados en el metro del país, la CCF no solamente socavó a los grupos anarquistas legítimos dedicados a crear cambios sociales duraderos, sino que también resaltó su potencial de realizar posibles atentados terroristas a gran escala. Pero la interrogante continúa siendo, ¿cómo logró un grupo pequeño coordinar un posible atentado terrorista con múltiples víctimas fatales y quién pudo haberlo ayudado?

Del anarquismo al anarquismo extremo

El anarquismo en Chile ha sido utilizado durante décadas para luchar contra las injusticias del capitalismo, pero hasta el 2014, nunca había sido utilizado para atacar a civiles inocentes. Al contrario, los grupos anarquistas chilenos son conocidos por utilizar la incursión política para engendrar reformas políticas, fiscales y educativas. Hoy en día, estos grupos continúan luchando por las reformas pero las diferentes visiones sobre cómo alcanzar objetivos finales han tenido como resultado la separación de grupos; algunos de los cuales ahora tienen vínculos internacionales con grupos extremistas violentos europeos. Se estima que estos mismos grupos europeos guían y apoyan a células extremistas en Chile.

Este sería el caso de la CCF. Este grupo es originario de Grecia, pero tal como lo evidencian los ataques en el metro de Santiago, la CCF tiene al menos una célula en Chile integrada por chilenos. También parece que la célula chilena puede haber seguido indicaciones establecidas por la CCF en Grecia de utilizar objetos cotidianos para crear artefactos explosivos. Esta idea queda en evidencia por el hecho de que tanto en el atentado de julio como en el de septiembre se utilizaron extintores de fuego llenos de pólvora.

La afiliación de la CCF en Chile es preocupante, porque según las autoridades griegas y según información difundida por el sitio web de noticias The Perfect Storm, la estructura horizontal y flexible de la CCF integrada por células individuales hace que sea difícil combatirla. También es preocupante el hecho de que algunos expertos en seguridad han descrito a este grupo como una serpiente mitológica en el sentido de que una vez que se corta una de sus cabezas, surge otra. Si este fuera el caso y si existen más células de la CCF operando en Chile, es necesario erradicar a los integrantes restantes para evitar futuros atentados.

El País también publicó información indicando que anarquistas extremistas radicados en Chile tendrían vínculos con grupos terroristas en España. El año pasado, dos anarquistas chilenos que fueron sometidos a juicio y absueltos en conexión con los atentados en Santiago fueron luego detenidos en España, donde fueron acusados de colocar una bomba en una iglesia en Zaragoza. Además, al menos nueve terroristas españoles visitaron Chile para apoyar directamente atentados explosivos de pequeña escala en los últimos años. Por estos motivos y por muchos otros, los vínculos de chilenos con violentos grupos extremistas internacionales son una preocupación, ya que pueden servir como influencia para atentados de más alto perfil.

Los anarquistas extremistas chilenos responsables de los atentados terroristas en el metro de Santiago dejaron en claro que están dispuestos y que son capaces de atacar recintos densamente poblados a plena luz del día. Posibles futuros ataques también son una preocupación, pero el gobierno de Chile está determinado a frustrar todos los intentos y a juzgar a los infractores mediante la sanción de una ley antiterrorista utilizada por primera vez durante la época de Pinochet. Dicha ley permite la utlilización por parte de la fiscalía de testimonios de testigos anónimos y un importante aumento de las condenas. Al aplicarla, el gobierno chileno seguramente espera desmantelar pequeñas células extremistas con probables vínculos internacionales, y al mismo tiempo restablecer la paz y la tranquilidad en las calles de Santiago.
Etiquetas: [análisis político]  [elecciones 2014]  [electorado]  [peru]  [Steven Levitsky]  
Fecha Publicación: 2014-10-11T14:57:00.001-05:00
Autor: Steven Levitsky
Fuenter: larepublica

Los peruanos no son estúpidos.  Ni en Cajamarca ni en San Juan de Lurigancho.  Ni siquiera en San Isidro.  Pero lamentar la “ignorancia,” la “falta de memoria” y hasta la estupidez del electorado peruano se ha vuelto una práctica común.  El rey de los lamentos es Aldo Mariátegui, que saca del closet su concepto del “electarado” cada vez que se elige alguien que a él no le gusta (o sea, con frecuencia).   

Pero Mariátegui no está solo.  Y el desprecio hacia el electorado peruano no se limita a la derecha.  Aunque sean más sutiles, muchos comentarios progresistas sbre los que votan por candidatos que “roban pero hacen obras” revelan el mismo desdén.  

Despreciar al electorado es poco democrático.  Implica que algunos ciudadanos (casi siempre, de menores ingresos) no son competentes para votar –el argumento utilizado en siglos pasados para justificar las restricciones al sufragio.  Además, es poco liberal.  El liberalismo reconoce que siempre existirán diversos intereses y opiniones, y que estas diferencias son legítimas.

Puedo no compartir las preferencias electorales de un conservador de Texas, pero al llamarlo tarado estoy diciendo que hay una opción electoral objetivamente “correcta” (la mía), y que la de mi compatriota no es legítima.   

En vez de despreciar al electorado peruano, sería mejor estudiar por qué la gente vota como vota.  Como no ha habido mucha investigación sobre el comportamiento electoral peruano, sabemos muy poco.   Sin embargo, hay algunas características del voto peruano que vale la pena señalar. 

Primero, el electorado peruano es diverso.  Perú es un país heterogéneo y bastante desigual, con grandes diferencias sociales, culturales, y regionales.  Esa diversidad influye sobre el voto.

La experiencia de crecer y vivir en Huancavelica, Ilave, Yurimaguas, o San Isidro genera distintas identidades, expectativas, e intereses, y, por supuesto, ideas políticas. Además, varias investigaciones muestran que nuestras redes familiares y sociales –la gente con quienes hablamos todos los días– influyen mucho sobre el voto.  Como el círculo social de un votante rural en Cajamarca es tan diferente que los de mis amigos de la PUCP o el de Madeleine Osterling, y como estos círculos no se cruzan nunca, no debe sorprender que sus preferencias y prioridades electorales son distintas también.   Vivir en San Isidro y concluir que los ciudadanos de Cajamarca o Moquegua son tarados porque tienen preferencias electorales distintas sería, bueno, tarado.

Otra característica del Perú contemporáneo es la irracionalidad del voto programático.  Para muchos, el voto programático –votar por el candidato que propone implementar las políticas públicas que uno quiere– es lo más racional e inteligente.  Pero en el Perú es casi imposible.  El voto programático requiere que el electorado (1) tiene información creíble sobre las diferencias programáticas entre los candidatos y (2) confía que el ganador cumplirá con su programa.

 Estas condiciones no existen en el Perú.   Primero, hay demasiada incertidumbre.  El votante peruano enfrenta un enorme cantidad de candidatos (16 en Puno, 19 en Áncash).  Casi todos son personalistas, sin partido o programa claro.  Y como la mayoría de los “partidos” son nuevos y nunca han gobernado, el electorado no sabe cómo gobernarán. Ante 19 candidatos sin trayectoria partidaria o programa coherente, el votante enfrenta mucha incertidumbre. Siente como si estuviera lanzando dardos en la oscuridad.

Otro factor que mina al voto programático es la desconfianza.  Los peruanos no creen que los candidatos vayan a cumplir con sus programas.  No porque sean desconfiados por naturaleza, sino por una razón muy sencilla: los candidatos no cumplen con sus programas.  En las últimas décadas, la relación entre lo dicho en campaña y lo hecho en el gobierno ha sido casi nula. Las políticas implementadas por los gobiernos de Belaunde (1980-85), Fujimori (1990-95), García (2006-11), y Humala tuvieron poco o nada que ver con sus promesas electorales. Para muchos peruanos, entonces, el voto programático ha sido totalmente devaluado.  La experiencia les ha enseñado que el voto no sirve para cambiar las políticas del gobierno.

Lo mismo ocurre con la corrupción.   Los candidatos que prometen “hacer las cosas bien” ya no son creíbles.   ¿Por qué?  Tal vez porque los últimos tres presidentes de la República han sido condenados (Fujimori) o denunciados (García, Toledo) por corrupción y 22 de los 25 presidentes regionales actuales afrontan denuncias por corrupción.

La extrema desconfianza afecta al comportamiento electoral.  Cuando los ciudadanos no creen que los candidatos vayan a cumplir con sus promesas, el voto programático deja de ser racional.  Por qué buscar al candidato con el mejor programa si ese programa no se va a cumplir?  Sería inútil.  Sería irracional. En un contexto así, ¿por qué no utilizar el voto para otros fines? ¿Cambiarlo por algo (clientelismo)? ¿Utilizarlo para expresarse o mandar un mensaje de frustración (voto anti-sistema)?  

En vez de denigrar a los ciudadanos cuyo comportamiento electoral no entendemos, sería mejor tratar de entenderlos.   Por ejemplo, en vez de contentarse con la floja explicación mariateguista (el “electarado”), la derecha debería estudiar por qué un sector del electorado en el interior sigue votando por candidatos radicales antisistema.  Según Carlos Meléndez, uno de los pocos que ha investigado el tema, el voto antisistema del interior es producto de la desconfianza generada por la experiencia de los ciudadanos con un estado débil.  

Y si la izquierda quiere volver a ser viable en el Perú, debería estudiar por qué los sectores populares urbanos la abandonaron –y por qué votan (a veces masivamente) por el fujimorismo o por Castañeda.  Explicaciones como “el clientelismo de Fujimori” o una cultura de “robo pero hace” no bastan.    Son votantes cuyo nivel de vida mejoró muchísimo en las últimas dos décadas, pero que sigue siendo vulnerable.   Tener tanto que perder podría ser una fuente de conservadurismo bastante racional.

Concuerdo, entonces, con Carlos Meléndez: el votante peruano no es ni irracional ni estúpido. La gente vota por muchas razones, basado en diversas identidades, intereses, y expectativas. Podemos no compartir las preferencias del electorado en Cajamarca, Puno, o San Isidro, pero negar la legitimidad de estas preferencias choca con los principios básicos de la democracia.
Etiquetas: [campos de concentración]  [Carlos Romero Sanchez]  [Cuba]  [fidel castro]  [hitler]  [Laogai]  [marx]  
Fecha Publicación: 2014-10-09T17:33:00.000-05:00
Por Carlos Romero Sánchez
Octubre 8 de 2014


El sistema de campos de concentración ha sido uno de los habituales retoños de los regímenes marxistas. Lenin inició esta práctica en 1918. En Alemania, otro socialista, Adolfo Hitler, imitó al líder bolchevique. En China, Mao Tse Tung, con la colaboración atenta de los camaradas del PCUS bajo la dirección de Stalin, levantó el Laodong Gaizao, más conocido como Laogai. Y, por supuesto, Fidel Castro también edificó su propio sistema concentracionario: la Unidad Militar de Ayuda a la Producción, UMAP. (Ver Libro negro del comunismo: http://www.defenderlapatria.com/el%20libro%20negro%20del%20comunismo.pdf).

No obstante, para la izquierda esto no ha sido óbice para pregonar con brío las noblezas de los dictadores marxistas y las bondades eternas del socialismo. Hasta se conformaban comisiones para recibir a las delegaciones totalitarias. En 1971, en la capital del departamento del Valle, la secta marxista y por ende extremo izquierdista Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, aprovechó la realización de los juegos Panamericanos de Cali para conmemorar un año más de la revolución cubana. El camarada Carlos Valverde Rojas, en nombre del MOIR, presentó sus respetos a sus colegas comunistas y extendió su solidaridad al dictador Fidel Castro. (Ver: http://tribunaroja.moir.org.co/HOMENAJE-DEL-MOIR-A-LA-REVOLUCION.html). 

A pesar de la barbarie comunista los principales capos criollos de la criminógena ideología marxista persistían en implantar un sistema totalitario en Colombia. Así lo aseveró en 1971 uno de los más férreos defensores del marxismo y fundador del MOIR, Francisco Mosquera: “En marzo de 1871 el proletariado de París, empuñando el fusil, derrocó a la burguesía, destruyó la maquinaria burocrático-militar e implantó su dictadura: la Comuna de París. Su formidable lucha por establecer y defender el primer poder obrero en la historia constituyó un gran salto adelante de la revolución proletaria mundial. Allí se forjaron principios que ‘se manifestarán una y otra vez hasta que la clase obrera consiga la liberación’ y que, heredados y desarrollados por Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse Tung, son la segura guía para la acción del proletariado y los pueblos en su combate contra el imperialismo norteamericano y todo sus lacayos, y para la construcción del socialismo y el paso al comunismo”. (Ver: http://tribunaroja.moir.org.co/LOS-PRINCIPIOS-DE-LA-COMUNA-GUIAN.html). 

La coherencia antidemocrática de Mosquera Sánchez y sus compinches, además de alentar a empuñar el fusil e imponer una dictadura, jamás perdió su rumbo. Hacia 1994 Francisco Mosquera y sus camaradas renovaron su profesión de fe vaticinando el triunfo definitivo del totalitarismo socialista y de sus máximos teorizadores: “Las verdades de Marx y Lenin, lejos de marchitarse, cual lo pregona la burguesía que carece de respuesta para los interrogantes de la actualidad, volverán a ponerse de moda. Parece que el socialismo, al igual de lo acontecido al sistema capitalista, adolecerá de tropiezos y altibajos durante un interregno prolongado, antes del triunfo definitivo”. (Ver: http://tribunaroja.moir.org.co/HAGAMOS-DEL-DEBATE-UN-CURSILLO-QUE.html). 

Causa estupor que nos quieran engatusar con la farsa de un Francisco Mosquera “demócrata”. Nos preguntamos: ¿cómo se puede ser demócrata encomiando a Marx, a Engels y a reconocidos dictadores y genocidas marxistas como Lenin, Stalin y Mao?

Tanto las desgarradoras crónicas de las víctimas de los diversos campos de concentración marxianos como las denuncias de los crímenes de los regímenes comunistas fueron publicadas por las más importantes revistas y diarios del mundo. Colombia no fue la excepción. Una gran cantidad de relatos fueron divulgados en las páginas de los diferentes diarios colombianos que defendían con ahínco la democracia liberal.

A continuación transcribimos la inhumana experiencia concentracionaria de un prisionero cubano que logró escapar del Laogai cubano. Publicada en junio de 1965 por el diario conservador La República, esa espeluznante descripción dio la vuelta al mundo.

Soy un cubano que ha logrado sobrevivir a cuatro años de cárcel como prisionero político de Fidel Castro. Ahora me siento feliz de estar vivo y que los Estados Unidos me hayan otorgado asilo. Todavía estoy muy enfermo del corazón. En este mismo momento [1965] por lo menos 60.000 compatriotas hermanos míos están muriendo en esos huecos de podredumbre donde viví esos largos e interminables años de prisión. Es imperativo que el mundo se despierte y se enfrente a esa cruda y espantosa realidad.

Las cárceles de Cuba
Cuba tiene alrededor de unas 48 cárceles, centros de detención y campos de concentración específicamente destinados para aquellos hombres o mujeres que han tenido la osadía de protestar contra el régimen de [Fidel] Castro. Todas se encuentran atestadas, infectadas y sin contar con ninguna ayuda en médicos, ni medicinas. En los pantanos, por ejemplo, de las costas cubanas se han improvisado numerosas cárceles donde los prisioneros agonizan vencidos por el hambre y la humedad.

A pesar de este inhumano trato, las cárceles están sometidas a un reglamento inflexible y los comunistas no olvidan que, por lo menos, cuatro horas diarias deben ser dedicadas a la indoctrinización. Cualquiera de los que contravengan una de las órdenes del reglamento -por ejemplo, durmiéndose durante las conferencias de propaganda comunista que debe atender- es sacado y amarrado a una estaca, obligándolo a dormir en una pantano, mientras es víctima de día y de noche de los mosquitos y los zancudos. Durante una noche, cualquier prisionero sometido a este castigo regresa con fiebre, delirio y más cercano a la muerte que a la vida.

La disciplina comunista
Para los cubanos, el más leve signo de espíritu “contra-revolucionario”, tal como el de evitar dedicar “voluntariamente” sus tardes del sábado a cortar caña de azúcar puede significar el encarcelamiento. Un elaborado sistema de vecinos espías mantiene  al gobierno minuciosamente informado de todas las actividades y pensamientos de los ciudadanos y este sistema de delación ha llegado a tales extremos que hasta los niños incitados por las autoridades delatan a sus propios padres. Así como el racionamiento de los alimentos y las condiciones sociales son más duros cada día, la regimentación y la represión se hacen más y más severas para poder mantener a la población bajo el más estricto control.

Yo fui uno de los primero que sufrí la experiencia de este sistema organizado de terrorismo. Pero mi propia experiencia es apenas una muestra de lo mucho que sufren miles de cubanos sometidos a este régimen castro-comunista.

Para fines del año 1950 de mi finca ganadera situada en la Provincia de Oriente, para sostener el movimiento contra el dictador [Fulgencio] Batista, entregaba fondos y alimentos para suministrárselos a los guerrilleros. Tres meses después de que [Fidel] Castro tomó el poder en 1959, sin embargo, llegué al convencimiento de que [Fidel] Castro era un traidor a nuestra causa y me uní al movimiento subversivo y clandestino contra [Fidel] Castro y contra el comunismo.

La traición comunista
En la noche del 6 de agosto de 1959 se había planeado un levantamiento. Los principales dirigentes del movimiento secretamente acordamos reunirnos a las 9:30 de la noche en La Habana. Cuando el último de los hombres llegó, uno de nuestros hombres apuntó su ametralladora directamente a mi sien. “Usted está arrestado”, me dijo. Este hombre de nuestro grupo, acompañado por otros tres, había traicionado el movimiento.

De allí fuimos trasladados a un campo cercano de concentración donde durante el día y la noche fuimos sometidos a largos y torturantes interrogatorios. Después de 15 días fuimos transferidos a la fortaleza de La Cabaña, allí miles de cubanos y muchos norteamericanos hemos aprendido a conocer parte de las “maravillas” del sistema castrista. Yo fui destinado a la galera número 13, una estrecha cueva construida en un túnel. Antes de que [Fidel] Castro llegara al poder, en ese mismo hueco se obligada a vivir como animales a 30 hombres, ahora en forma indescriptible se hace vivir allí 150 hombres. ¿Cómo puede ser posible esto?

Todos los que fueron puestos presos conmigo fuimos condenados a permanecer en la galera número 14, el estercolero destinado a aquellos que debían morir. Pero, probablemente debido a que en el exterior se había levantado una gran campaña contra [Fidel] Castro debido a las ejecuciones que venía realizando su gobierno, suspendieron nuestra sentencia. Después de un juicio masivo del pueblo ejercido por un tribunal de cinco jueces pertenecientes a las milicias castro-comunistas, se nos dictó sentencia entre 5 y 30 años de prisión. La dictada en mi contra fue de nueve años.

La realidad cubana
Fue entonces cuando nosotros comenzamos a saber lo que realmente significaba ser un prisionero del comunismo, cada día fuimos sometidos a dos o tres vergonzosas requisas. Por lo menos una vez semanalmente durante las horas de la noche entraban sorpresivamente a nuestra galera los soldados con bayoneta calada, obligándonos a salir completamente desnudos y manteniéndonos afuera en el frío durante tres o cuatro horas. Mientras tanto nuestras pobres y escasas propiedades como fotografías de nuestros familiares, nuestros cepillos de dientes y jabones nos eran robados.

Durante una mañana gris del mes de abril de 1960 llegaron los guardias y en voz alta dijeron los nombres de 200 de nosotros. Inmediatamente fuimos sacados en camiones y luego llevados a un aeropuerto donde nos ordenaron subir a unos aviones de transporte. ¿Nuestro destino? La penitenciaria de Los Pinos. Irónicamente esta cárcel se encuentra construida en medio de una bellísima pradera verde que mira a un mar deslumbrante que se descompone en una infinita gama de hermosísimos colores. Su sección principal está compuesta de cuatro grandes edificios de ladrillo de seis pisos. Cada piso contiene 80 celdas designadas para una persona, pero ahora cada una de ellas da albergue a cuatro prisioneros.

El zumbido de centenares de voces en esta colmena humana fue el recibimiento que se nos hizo en esta cárcel donde deberíamos vivir durante varios años. Luego, las ventanas de nuestras narices fueron afectadas por el espantoso olor a excrementos y orines, ya que las celdas era imposible mantenerlas limpias por la completa falta de agua corriente.

Las cárceles del comunismo
Después, como mejor recepción, era natural que las autoridades de la penitenciaria desde un principio trataran de quebrantar nuestra moral, procurándonos choques emocionales y físicos. Una de sus armas más empleadas es el hambre. A las 6:30 [a.m.] nos entregaban lo que ellos llaman el desayuno: un tambor de 50 galones de agua con un poco de azúcar, destinado a servir para la ración de 100 hombres. A las 10:00 a.m., [nos entregaban] otro nuevo tambor con un agua espesa de mal olor a la cual llaman sopa, porque allí se encuentran algunos vegetales. A las 2:30 p. m., más sopa, un poco diferente a la anterior porque nos entrega[ba]n un pequeño pan de dos onzas y un platillo con unos macarrones.
  
Muy pronto nosotros supimos la consecuencia de esta dieta. La desnutrición nos llevaba rápidamente hacia la tuberculosis. La disentería era una enfermedad común. Solamente cuando uno de nosotros estuviera ya al borde de la muerte era llevado al hospital de la prisión.

Una noche, Nicolás Barrera, un ingeniero de 28 años de edad, me dijo a media voz. “Gustavo, tengo un horrible dolor de muelas. Trata de volverme loco el dolor… creo que no puedo resistirlo más”. Al día siguiente ante la desesperación de Barrera, uno de los prisioneros que tenía alguna experiencia en odontología ayudado de una cuchilla de afeitar y una pita le sacó la muela dañada. Uno de los guardias que sorprendió la operación ordenó que el prisionero fuera llevado inmediatamente al hospital y allí le sacaron todas las piezas del maxilar superior, aunque estaban buenas para que ¡no volviera a sufrir caries dentales!

La falta de agua era nuestro mayor castigo. El agua de tomar se traía en un camión de una laguna cercana. Cada mañana éramos puestos en fila y en un vaso de zinc, se nos daba la ración del día. Lo que se nos daba por agua era un líquido amarillo, la cual, los que llegaban como nuevos prisioneros al principio se negaban a beber. Esta agua era la causa de todas nuestras infecciones intestinales. Con esa pequeña porción de agua y barro teníamos que calmar la sed y bañarnos.

La intranquilidad constante
A toda hora debíamos estar alerta para las intempestivas inspecciones que eran llevadas a cabo de día o de noche a cualquier hora, las cuales eran llevadas a cabo por 200 o 300 guardias que de repente aparecían con sus bayonetas caladas y nos sometían a toda clase de vejámenes. Nosotros manteníamos guardias que con la palabra ¡ronda! nos avisaban y procurábamos esconder nuestros pequeños y miserables objetos que, para nosotros, tenían un gran valor y los cuales, sin misericordia alguna nos los robaban o destruían en su afán de mortificarnos.

Debíamos mantenernos en completo silencio. Todo ruido o movimiento era considerado como un quebrantamiento del reglamento y el prisionero era llevado a dormir afuera. A menudo alguno de los prisioneros de más edad era víctimas de un acceso histérico. El prisionero era llevado afuera  y muchos de ellos jamás volvieron a la celda.

Estas celdas eran pequeños compartimientos de mampostería con una puerta de hierro y un canal a través del cual de vez en cuando fluía agua para arrastrar todas las porquerías. Los hombres duermen tirados al suelo, desnudos, por periodos que alcanza algunas veces a varios meses dependiendo de la bondad del comandante de los guardias. Durante mi prisión vi numerosos prisioneros que tuvieron que dormir por más de un año desnudos y en el suelo, [para luego] salir convertidos casi en cadáveres con incurables enfermedades en los pulmones o con parálisis de las piernas.

Bondadosos visitantes
Esta es la vida rutinaria y bárbara que se obliga a llevar a los presos políticos en la cárcel que nosotros llamábamos la Isla del Diablo. Después de 18 meses, durante los cuales perdí 30 libras de peso, un jefe comunista vino a visitarme en la misma forma en que lo hizo con un gran número de prisioneros. El visitante fue muy cortés y amistoso. Me ofreció cigarrillos y hasta un pocillo de caliente y aromático café. Él sabía todo lo que se refería a mi prisión.

“No le estamos pidiendo que se convierta en un comunista” me dijo melosamente. “Todo lo que deseamos es ayudarlo. Permaneciendo usted aquí, sólo se está arruinando moral y físicamente. ¿Por qué no se une usted a uno de nuestros programas de rehabilitación? Uniéndose a este programa, usted podrá fácilmente visitar a sus familiares y amigos al mismo tiempo que llevará una vida menos penosa y podrá disfrutar de muchas de las comodidades de que aquí carece”.

Finalmente, el bondadoso visitante me dijo: “Usted ha sido totalmente olvidado por todos. Nosotros realmente somos los únicos que estamos preocupados por usted y pensamos en su futuro. Si los enemigos de [Fidel] Castro y los norteamericanos son realmente sus amigos, ¿dónde están ellos?”.

Por varias horas durante media docena de visitas estuve discutiendo con mi oficioso visitante y pronto las autoridades renunciaron a convertirme en uno de sus adeptos, pero de acuerdo con su política continuaron observándome en forma muy cuidadosa para esperar una oportunidad más propicia y nunca perdían ocasión en recordarme su frase: “Nadie se acuerda de usted, los yanquis imperialistas le han olvidado”.

Los sistemas dominantes
La mayoría de nosotros conocíamos perfectamente el sistema empleado por los castro-comunistas para su llamada “rehabilitación”. Un prisionero en nuestras condiciones se encuentra siempre dispuesto a todo por ver a su familia y por ese deseo llega hasta aceptar el tal programa, pero luego si como resultado de sus observaciones dudan de la sinceridad de su espíritu de cooperación, es regresado a la Isla de los Pinos donde es tratado con mayor dureza que antes.

Dos meses más tarde volvió mi visitante y resuelto a jugar un albur resolví aceptar el tal programa de rehabilitación.

La primera a obligación que le imponen al prisionero es asistir a unas conferencias de indoctrinización marxista, obligación que resulta bastante bien ya que ello significa dejar atrás la espantosa cárcel y comienza uno a disfrutar de un poco de comodidades. Luego se me permitió visitar a mi esposa y niños una vez por semana. Luego comienzan las pruebas.

“Para continuar en esta posición” -se me dijo- “usted deberá dictar algunas conferencias marxistas a otros prisioneros”.

Este es un paso muy importante en la indoctrinización comunista, pues ellos entienden que cuando un hombre trata de convencer a otros se ha logrado un total dominio sobre él ya que se ha obtenido su total destrucción moral. Su familia y sus amigos le perderán todo respeto y uno mismo comienza a despreciarse. Pero esto es muy superior a intentar regresar nuevamente a una cárcel. El sistema comunista ha minado a los hombres y no solamente les obliga a perder su fuerza espiritual sino su fuerza física. El comunismo hace cuanto quiere con uno. En sus manos los hombres nos convertimos en [un] peón de ajedrez.

La única esperanza
Pero ésta en la única esperanza para obtener la libertad. Para mediados de 1963 caí gravemente enfermo a consecuencia de lo mal nutrido y virtualmente comencé a quedar ciego. En esta situación fui transferido al hospital prisión “El Príncipe” en La Habana. Allí me encontré con un médico anti-castrista a quien le conté mi situación y decidió ayudarme diciéndole a las autoridades que mi caso era sumamente grave.

Repentinamente fui puesto en libertad condicional y en el mes de marzo de 1965 obtuve una visa para ir a México con el objeto de hacerme operar de los ojos.

Este es el fin de mi historia. Algunos pueden creer que exagero acerca de la situación de los miles de cubanos que están actualmente presos en las cárceles de [Fidel] Castro, pero no. Todo cuanto he referido es estrictamente cierto y lo declaro bajo mi palabra de hombre honrado y patriota que está listo a jurarlo ante cualquier autoridad que lo estime necesario.

Etiquetas: [crisis de los partidos políticos]  [elecciones 2014]  [gobiernos locales y regionales]  
Fecha Publicación: 2014-10-07T12:11:00.000-05:00
Por: Iván Budinich  Castro 

La victoria de Castañeda ha sido el resultado esperable de la gestión Villaran luego de cuatro años de no atinar pie con bola en sus obras, demostrar una soberbia del tamaña del estadio nacional frente a los que estábamos y estamos en desacuerdo con ella y más que nada haber victimizado al exalcalde Castañeda queriéndolo convertir en un icono nacional de la corrupción y no poder demostrarle nada de nada.

Cornejo también le debe mucho a Villaran, mención aparte de los meritos del candidato y la solvencia de su plan de gobierno, los acólitos de la alcaldesa le hicieron el inmenso favor de ayudar a levantar su candidatura en un intento de bajarle la llanta a Castañeda. En una demostración más de su ineptitud, lo único que consiguieron fue ver a su candidata relegada a un humillante tercer puesto.

Puede que el segundo lugar de esta elección no sea una gesta de victoria del APRA como apuntan muchos analistas, pero si es una gesta que demuestra que un aprista puede inspirar confianza y que el aprismo puede servir como maquinaria generadora de liderazgos a pesar de Alan y sus muchos anticuerpos.

No todos son rosas por cierto, a nivel nacional el APRA es uno de los grandes derrotados como casi todo el sistema de partidos, incluso han terminado de perder el otrora solido norte. A pesar de todo, Alan García y el aprismo en su conjunto tienen motivos para sonreír, ya tienen una cabeza de playa en Lima o quizás debería decir con más propiedad un bigote.  

Por su lado el PPC está pagando cara su ambivalente postura frente a Villaran, su acercamiento a la izquierda que incluso le ha llevado a una alianza con el etnocacerismo en Tacna, ha terminado de hundir a la otrora fuerza dominante de Lima Metropolitana. Pero no olvidemos algo, el PPC es un partido y los partidos se pueden recomponer. Veamos que pasa en los próximos meses.

Gana Perú demostró que no existe más allá de los esposos Humala - Heredia. 

El fujimorismo de Fuerza Popular por su lado no empieza con tan mal pie en la lucha municipalista. Los errores de su cúpula pueden haber sido gigantescos en designar a sus candidatos, pero al menos ya entraron al ruedo.  

Una sorpresa es la Alianza para el Progreso de Acuña y cia. Habra que ver como evolucionan. Aunque a titulo personal, me resisto a considerarlos como un partido político por el momento. 


Sobre la victoria esperable de Santos en Cajamarca, es triste que la derecha haga gala de las mismas manías de la izquierda descalificando moral e intelectualmente a los que no asumen el mismo paradigma. Cabria preguntarnos qué es lo que está pasando para que una región tan rica en metales como Cajamarca se hunde en la pobreza luego de tantos años de explotación minera. La derecha tradicional está visto que ha claudicado ante el fracaso estruendoso en Cajamarca, se va haciendo la hora de que otra derecha, una nueva popular y libre de prejuicios asuma la obligación de entender que pasa en Cajamarca y actuar para cambiar la situación ¿Existirá esa otra derecha? ¿Puede existir?
Etiquetas: [crisis]  [fuga de talentos]  [socialismo]  [venezuela]  
Fecha Publicación: 2014-10-04T14:10:00.000-05:00
Autor: Antonio Maria Delgado
Fuente: elnuevoherald
Cerca de 1.5 millones de venezolanos han abandonado el país para escapar de la Revolución Bolivariana, más del 90 por ciento de ellos portando títulos universitarios y un 40 por ciento con estudios de maestría, reporta una investigación sobre la sostenida pérdida de capital humano registrada en el país.

La emigración masiva de venezolanos, tendencia que no tenía precedentes en la historia republicana de la nación, es motivada principalmente por la inseguridad personal, la inseguridad jurídica y la falta de opciones para progresar bajo el régimen bolivariano.

“Entre el 4 y el 6 por ciento de la población venezolana está fuera. Eso, para los estándares venezolanos desde que se creo la República, ya es un dato que sorprende”, comentó el sociólogo Tomás Páez, profesor de la Universidad Central de Venezuela y coordinador general del estudio La Comunidad Venezolana en el Exterior. ¿Una Nueva Modalidad de Exilio?

Pero además de preocupar el volumen de venezolanos que se han ido del país también preocupa la calidad del talento.

“Hay fuga de inversionistas, hay fuga de empresarios, hay una fuga de médicos, hay una fuga de comunicadores sociales, hay fuga de ingenieros de la industria petrolera. Es realmente impresionante”, comentó.

El estudio, que tiene previsto ser publicado en octubre, fue realizado a través de verificación de datos oficiales en el exterior, y la realización de cientos de encuestas realizadas a venezolanos que han decidido salir del país.

Páez dijo que aún cuando la decisión de salir del país es muy personal y las motivaciones varían de persona en persona, gran parte de ellas terminan estando relacionadas con el tema de la inseguridad del país, la falta de libertades y de protección de derechos derivados del modelo político aplicado por el chavismo, además de la desesperanza generada por la falta de oportunidades para progresar.

El tema de la inseguridad personal, que se ha agravado con el correr de los últimos años hasta convertir a Venezuela en uno de los países más peligrosos del mundo, lleva ya algunos años motivando a los venezolanos a emigrar.

Pero la situación se ha agravado ante el marco de políticas públicas adoptadas desde que el fallecido presidente Hugo Chávez llegó al poder en 1999, para implantar su Revolución Bolivariana.

“Desde ese momento, se ha comenzado a crear un tramado de leyes que han hecho que la inversión privada en Venezuela sea la menor de la historia y ha dejado a la propiedad privada en estado de vilo”, comentó Páez.

“El 88 por ciento de nuestra gente afuera se explica en los últimos 15 años”, agregó.

Eso ha dejado al venezolano sin saber a ciencia cierta si sus posesiones serán respetadas, porque sabe que en cualquier momento el chavismo puede decidir quitarle lo que tiene argumentado “razones estratégicas”, explicó.

Y además el venezolano sabe que no puede contar son un sistema judicial que le defienda de los abusos del Estado.

“El venezolano sabe que a la hora de un juicio, lo tiene perdido de antemano porque no hay separación de poderes en Venezuela”, relató.

Ante ese grado de inseguridad, muchos venezolanos en condiciones de hacerlo han decidido iniciar una nueva vida en otros países.

Y ya, en las últimas olas de emigrantes, ha comenzado a surgir un nuevo fenómeno, dijo el profesor.

“Cada vez más en la emigración más reciente, aparecen el tema de la imposibilidad de desarrollarse económicamente como persona, porque aún trabajando, es muy difícil y se necesitan muchos años con salarios mínimos poder comprar un apartamento, o poder comprar un vehículo”, comentó.

La situación se ha estado viendo agravada en los últimos meses con la agudización de la crisis económica por la que atraviesa Venezuela, marcada por la tasa de inflación más alta del mundo y una crisis de desabastecimiento sin precedentes.

Estados Unidos es el país que ha recibido el grueso de los inmigrantes venezolanos, con proyecciones que les colocan cerca de los 260,000, y siendo el sur de Florida el lugar donde se encuentra la mayor comunidad.

Otros de los grandes polos de atracción de venezolanos incluye España, con un total de 200,000, Italia con otros 150,000 y Portugal con docenas de miles.

En América Latina las mayores comunidades de venezolanos se encuentran en Panamá, Colombia, Perú, Costa Rica, Chile, México y Argentina.

A la lista también se suma Canadá.

En el caso de España, Italia y Portugal, el gran volumen de venezolanos que se encuentran allí se deben a que estos tienen raíces en esos países europeos.

Sus padres habían llegado a Venezuela décadas atrás para iniciar una nueva vida, y ahora están enviando a sus hijos de vuelta a su países de origen, en gran parte debido al terrible fenómeno de la inseguridad personal.

“Estamos viendo cómo los padres y los abuelos les están diciendo a sus hijos y nietos que se vayan. Esto les rompe el corazón, pero el peso de la inseguridad es tan grande que muchos de ellos prefieren tener a sus hijos lejos pero vivos, que vivir con la incertidumbre de tenerlos cerca pero corriendo el riesgo de que les pase algo”, dijo Páez.

Según una encuesta de Gallup publicada la semana pasada, la percepción de inseguridad personal es más alta en Venezuela que en cualquier otro país del mundo.

Etiquetas: [derecha]  [pensamiento político]  [política]  
Fecha Publicación: 2014-10-03T12:21:00.000-05:00
Autor: Krishna Avendaño 

Hundida bajo el peso de su propia medianía, la derecha contemporánea, más deslavada que nunca y temerosa de sí misma, parece tener más connotaciones míticas que auténticas. Los medios, los intelectuales y los políticos no dudan en invocar su nombre, todos menos los que, supuestamente, se encuentran ubicados en ese sector de las ideologías. A la luz pública es mejor negar cualquier filiación con ella y quienes, ingenuos, creen que desafían al sistema y se arrogan la investidura del conservadurismo o del libre mercado tardan muy poco en parchar su discurso, prestos en todo momento a hallar la salida retórica más rápida. Entonces aparecen varias palabras cuya sola mención ya nos revela la tragedia: derecha moderada, centroderecha, economía social de mercado, capitalismo popular o con rostro humano, etcétera. Términos que denotan la necesidad patológica de los supuestos derechistas contemporáneos de desligarse de sus raíces y de querer mezclarse, hasta quedar indistinguibles en esencia, con sus congéneres de la izquierda deslactosada que se presenta ante la sociedad como la única opción viable en estos tiempos. 

Qué mejor para el progresismo cultural y sus líderes que esto suceda. No habrá de qué preocuparse mientras la derecha sea mantenga mansa —un poco gruñona, no importa— y deseosa de participar de un juego político que perdieron antes de que sonara la primera campanada. Cabe preguntarse si fueron tan brillantes los progresistas o tan idiotas los de esa derecha timorata que poco ha logrado y que no consigue echar cimientos firmes. Mientras que los primeros han sido exitosos al momento de construir un relato aceptado y deseado por grandes sectores de la sociedad, los segundos son culpables no solo de ser incapaces de combatirlo sino de caer en la trampa propuesta por sus adversarios.  

De allí que muchos aboguen hoy en día por el punto medio, tan de moda en estas fechas donde correrse al centro parece la decisión más sensata, toda vez que la tibieza es la zona preferida de los perezosos y la que tanto seduce a jóvenes apáticos y de cortas ideas, más ansiosos de un discurso ecléctico que de un programa sin ambigüedades. Y ya que la batalla cultural se va perdiendo de calle, los modernos izquierdistas, al menos los que tienen esa amigable fachada de la institucionalidad y que se prestan siempre a la alternancia, no tienen por qué alarmarse cuando la derecha parece ganar algo de fuerza. Esa calma radica en un hecho muy simple y de suyo trascendente: no existen condiciones para que esa derecha que por momentos goza de los favores de la gente se enraíce en los niveles más profundos de la sociedad, a no ser que haya algo que detone un cambio cultural significativo; y esto no parece un escenario probable, no hoy cuando la derecha tiene miedo a ser llamada derecha, cuando el conservadurismo es el peor de los epítetos y cuando los capitalistas no quieren ser capitalistas.

Habrá que acusar de insalvable ingenuidad a quien no haya previsto el estado actual y raquítico de la derecha, tanto a los alarmistas tontos de la izquierda que ven en cualquier rastro de libre mercado la derrota a su utopía, pero sobre todo a los derechistas bobalicones que creyeron que una privatización o un muro hecho escombros bastarían para asegurar la permanencia de los valores liberales. Esta naïveté, propia de una generación que de tan iluminada por los destellos de los nuevos tiempos terminó por deslumbrarse, habría de devenir estertor y derrota.  Nunca fueron más vigentes las palabras que en 1953 el preclaro teólogo y filósofo Francisco Canals pusiera por escrito en una de sus más memorables piezas: El derechismo y su inevitable deriva izquierdista. 

Mientras la izquierda proclamaba que nada le parecería demasiado revolucionario, la derecha se esforzaba siempre por poner de relieve lo “moderado” y “prudente” de su actitud antirrevolucionaria, y se gloriaba por ello de poder mostrar, como testimonio de su amor a la libertad y al progreso, que no dejaba de ser considerada ella misma como revolucionaria por los “extremistas de la derecha”, por los “reaccionarios”.
El resultado necesario de esta situación fue el constante desplazamiento hacia la izquierda, no sólo de la opinión y de los partidos, sino de la norma de valoración con que se juzgaba del derechismo y del izquierdismo de tal o cual actitud.


No sorprende en modo alguno que muchas banderas que antes eran propiedad exclusiva de la izquierda, ahora también son asumidas por los políticos e ideólogos de la derecha. La excusa no podría ser más conveniente, aunque no por ello sensata, y es que «tenemos que ajustarnos a los nuevos tiempos» —y con ello su fatal corolario: rendirse a la fatalidad de que no queda más opción que recoger gran parte del discurso progresista—. No anticiparon estos personajes que la derecha iría con un rezago y que los electores verían en estas actitudes una mala calca de lo que los políticos progresistas ofrecían. 

La genialidad de Canals radica en el hecho de que, mucho antes de que este fenómeno empezara a ser tangible, en una época en la que hoy en día se asume que el sector político al que él pertenecía y criticaba tenía una actitud bien definida e inamovible ante ciertos temas, supo identificar que el problema de la derecha era estructural, que no estaba acotado por un momento histórico y que este no detendría su marcha en un futuro previsible. A Canals no le faltaba razón. Una vez dentro del juego del progresismo, nada evitaría el desplazamiento poco a poco hacia la izquierda. Y, por supuesto, en una sociedad donde el pensamiento cultural está formado por los intelectuales orgánicos del igualitarismo, parece poco probable que liberales y conservadores tengan la capacidad para dar una auténtica batalla. Máxime si los primeros gastan sus energías en tratar de convencerse inútilmente a sí mismos y a los pocos que los escuchan de que no son de derecha —de ahí, mal que les pese, la insistencia de este texto de incluirlos en este espectro—, o si los segundos insisten en sumarse a la carrera del estatismo. 

Queda como premonición la frase de cierto presidente de trágica memoria y líder de una nación al sur de los Estados Unidos que, siendo identificado como una figura de la derecha tradicional y de esa quimera que han dado a llamar el neoliberalismo, afirmara en su campaña que «rebasaría a la izquierda por la izquierda».  Enferma, temerosa de sí misma, de lo que fue y de lo que se supone que debería ser, la derecha ha dejado ya de competir en un campo parejo. Tanto así que asistimos, cada vez con mayor frecuencia, al espectáculo ridículo de los otrora liberales y conservadores queriendo mimetizarse con el buen progre.
Etiquetas: [igualitarismo]  [Kirchnerismo]  [nicolas marquez]  [socialismo]  
Fecha Publicación: 2014-10-02T09:47:00.000-05:00
Autor: Nicolás Márquez

Tras diez años de mentira generalizada emitida desde el deficitario Estado kirchnerista, ni la inflación ha sido la del INDEC ni la inseguridad ha sido una “sensación”. Pero un dato mucho más alarmante todavía que los mencionados, lo constituye el ominoso resultado que el régimen decadente nos deja en el rubro educativo. En efecto, tras una década de embrutecimiento sistemático, el conocido informe del Programa PISA de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) publicado semanas atrás comparó la performance de 65 países, de entre los cuales la Argentina kirchnerista obtuvo el indecoroso y bochornoso puesto N: 59º, acompañado sólo de países latinoamericanos, los cuales que aparecen recién a partir del 51° lugar. Vale decir, tras diez años de “inclusión” y de “recuperación del Estado”, somos casi lo peor de lo peor: nuestro país quedó sexto de entre los ocho países de la región analizados y como si esto fuera poco, cayó  un lugar respecto de la última evaluación elaborada por el citado organismo en el año 2009.

¿Este desastre fue producto de una política bienintencionada pero ineficaz o de una malicia eficazmente aplicada para envilecer el nivel intelectual o cultural del ciudadano?. Interesa la pregunta puesto que un pueblo cultivado no vota por demagogos ni se deja condicionar por el clientelismo dadivoso y feudal.

El interrogante se nos intensifica a medida que advertimos las medidas que el kirchnerismo intenta llevar adelante para pretender “revertir” la horrorosa situación educativa en la que ellos mismos nos instalaron. En efecto, ahora la banda que detenta el poder del Estado en la Provincia de Buenos Aires (que alberga al 40% de la población argentina) no tuvo mejor idea que seguir nivelar para abajo abrevando en una desopilante medida consistente en suprimir los aplazos y así, arrasar con toda noción de esfuerzo, mérito y responsabilidad personal, no encontrando mejor solución que aplicar la política de “aprobaciones a la marchanta” en el marco de un deletéreo igualitarismo demagógico signado por el facilismo y por lo que para el kirchnerismo constituye su más indecorosa marca registrada: “el paratodismo”, suerte de slogan proselitista el cual sugiere que todos, lo merezcan o no, tienen derecho a reclamarle al Estado (es decir al resto de sus conciudadanos) que estos les satisfagan sus necesidades, sean estas esenciales como alimentarse o meramente banales como financiar transmisiones de partidos de fútbol. Todo cabe en la misma bolsa demagógica, desde entregarle al vulgo sonajeros en vez de libros (equiparando al instruido con el iletrado), planes sociales en vez de trabajo (nivelando al perezoso respecto del laborioso), garantismo penal en vez castigos ejemplares (asimilando al delincuente con el ciudadano honesto) y ahora promoviendo aprobaciones escolares indiscriminadas (igualando al vago con el estudioso), generando en todos los ámbitos una disolvente atmósfera igualitaria de inequívoco tinte comunizante.

Si el que cumple y el que no cumplen tienen siempre el mismo premio, a la postre no cumple ninguno, y cuando ninguno cumple ninguna norma eso significa que salimos del Estado de derecho para ingresar en el estado de anomia. Pareciera ser este el último legado en el que nos pretende dejar un régimen dirigido por protervos que están pegando sus últimos manotazos de supervivencia política, desmoronamiento económico y corrupción ideológica.

Visto todo este entristecedor panorama desde la óptica de los intereses del oficialismo, ninguna duda cabe que ellos supieron hacer bien su trabajo. Justamente, nada mejor que haber fomentado el clientelismo político, la vagancia laboral y ahora el embrutecimiento escolar, para luego tener a su merced a un improductivo ejército de votantes desprovistos de toda habilidad, motivación y ambición personal que no sea la de venerar al caudillo de turno a cambio de una limosna de fin de semana. El problema es que encima ya no alcanza ni la limosna, porque esta es automáticamente carcomida por la inflación, pero eso ya forma parte de otro asunto para analizar en otro momento.

Casi 200 años atrás Juan Bautista Alberdi sobre la cuestión aquí abordada disparó: “La ignorancia no discierne, busca un tribuno y toma un tirano. La miseria no delibera, se vende”. No creemos que los jerarcas de la pandilla que nos gobierna hayan leído alguna vez al destacado pensador tucumano, pero todo indica que involuntariamente vuelven a darle la razón a muchas de sus perennes reflexiones. 
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Fecha Publicación: 2014-10-01T17:00:00.000-05:00
Autor: Alejandro Ezcurra Naón

A medida que se van conociendo las horrendas masacres perpetradas por los terroristas del autodenominado "Estado Islámico" y congéneres contra cristianos del Asia Menor y África, crece la indignación en la opinión de Occidente. Y muchos comienzan a preguntarse si no debería convocarse una nueva Cruzada en defensa de esos pueblos, víctimas de una inédita guerra de exterminio en nombre de Alá.

La palabra “Cruzada” puede causar escalofríos a liberales, como también a católicos picados por la mosca del relativismo progresista. Unos y otros han procurado estigmatizarla asociándola al abuso, a la codicia, al afán de dominio político, etc. Pero felizmente el intento ha sido vano.

Si bien hubo cruzados indignos de ese nombre, el prototipo del Cruzado es uno solo: el Caballero cristiano, cuyo idealismo y virtudes mil veces comprobadas lo convirtieron en un paradigma, un modelo de hombre de honor perfecto y acabado, inigualado en la Historia.

Y de tal manera la gesta de las Cruzadas quedó asociada a los valores de la Caballería, que hasta hoy perdura en el imaginario de Occidente aureolada de merecido prestigio. Al punto que el mayor elogio que se puede hacer de las cualidades morales de un hombre es decir: “Fulano es un caballero”.

En el origen de las Cruzadas, la defensa de los cristianos oprimidos


Al contrario de lo que se quiere hacer creer, las Cruzadas nacieron como defensa de las poblaciones cristianas en situación de debilidad, frente a las agresiones, abusos y vejámenes sin cuenta cometidos contra ellos por los musulmanes (en todo similares a los que comete hoy el "Estado Islámico").

La noticia de esos abusos movió al Papa Urbano II a convocar en 1095 el Concilio de Clermont, al que asistieron 300 obispos y miles de nobles. Allí, el relato de la terrible situación de los peregrinos y habitantes cristianos de Tierra Santa, agredidos y oprimidos por el poder musulmán, y de las profanaciones contra los lugares santos, determinó que al grito de Deus vult! (“¡Dios lo quiere!”), un viento de coraje y decisión recorriese las filas de los caballeros presentes, y se propagara enseguida por Francia y Europa.

Miles decidieron hacer un voto de Cruzada y partir para Tierra Santa. Nació así la primera Cruzada, que culminaría victoriosamente en 1099 con la conquista de Jerusalén, arrebatada a los egipcios por el legendario Godofredo de Bouillon y la flor de la nobleza francesa.

Una gesta impulsada y protagonizada por santos de la Iglesia

Los críticos de las Cruzadas, ávidos de encontrarles defectos, olvidan que lo esencial de esa gesta fue la justicia de su objetivo, servido por la santidad de sus impulsores y protagonistas. Santo fue el propulsor de la Primera Cruzada, el Bienaventurado Urbano II; santo fue el Doctor Melifluo, San Bernardo de Claraval —a quien se debe la bellísima oración del “Acordaos...”—, que les dio la regla de vida a los Caballeros Templarios, incluyendo el famoso voto de no retroceder en el campo de batalla; santos fueron los reyes Cruzados San Luis IX de Francia (¡que comandó no una, sino dos Cruzadas!) y su primo español, San Fernando III de Castilla, que con ímpetu arrollador recuperó en pocos años media España a los moros, incluyendo Córdoba y Sevilla.

Santo fue también el heroico fraile franciscano San Juan de Capistrano, llamado “el padre piadoso”, que a riesgo de su vida alentó a los cruzados en pleno campo de batalla y contribuyó decisivamente a la victoria contra los turcos en Belgrado (1456); santo fue asimismo el Papa San Pío V, organizador de la gran cruzada naval que, en el Golfo de Lepanto, en 1571 quebró definitivamente el poderío naval de los turcos; santo fue igualmente el Bienaventurado Inocencio XI, que convocó la Cruzada contra los turcos que asediaban Viena (1683). Con él cooperó en la empresa otro beato franciscano, Marcos de Aviano, quien ayudó a organizar el victorioso ejército cristiano que, tres veces inferior en número (60 mil contra 180 mil), derrotó a los turcos y acabó para siempre con la amenaza terrestre otomana sobre Europa central.

Podríamos citar aún muchos otros santos con espíritu de cruzados, como el caritativo San Vicente de Paul, que impulsaba un proyecto de Cruzada al norte de África para acabar con los piratas y secuestradores magrebinos, cuando le sorprendió la muerte.

San Francisco de Asís defiende las Cruzadas e insta al sultán a convertirse

Alguien podrá objetar: "No entiendo a Juan de Capistrano y a Marco de Aviano. ¿Cómo es posible que pacíficos santos franciscanos se envuelvan en una Cruzada? ¿No es contradictorio con su vocación de hombres de paz?".

Respondemos: ¡de ninguna manera! Estando la Cristiandad en peligro, ¿qué más lógico que defenderla y apoyar a los que la defienden? Tanto es así que el mismo San Francisco de Asís dio el ejemplo a sus frailes: él acompañó al Rey San Luis en la séptima Cruzada y tuvo el coraje de proclamar su legitimidad... ¡delante del propio sultán de Egipto!

Este lance de santa osadía ocurrió en 1219, cuando el sultán Malik al-Kamil recibió a San Francisco en Damieta. Así narra el episodio su compañero de incursión, Fray Illuminato:

“El Sultán le presentó [a San Francisco] otra cuestión: «Tu Señor enseña en los Evangelios que no se debe devolver mal por mal, y que incluso no debes negar el manto a quien quiera quitarte la túnica. Por tanto, ustedes los cristianos no deberían invadir nuestras tierras».

“A lo que le respondió el Beato Francisco:

«Me parece que no has leído todo el Evangelio. En otros pasajes, en verdad, está dicho: ’Si tu ojo te es ocasión de pecado, arráncatelo y arrójalo fuera de tí’. Con esto Jesús quiso enseñarnos que en el caso de haber un hombre o pariente, por más querido que sea para nosotros, aunque fuese tan querido como la niña de nuestros ojos, si nos tentara para apartarnos de la fe y del amor de nuestro Dios debemos estar resueltos a separarlo, a alejarlo, a erradicarlo de nosotros. Por todo esto, los cristianos obran según la justicia cuando invaden vuestras tierras y les combaten, pues ustedes blasfeman del nombre de Cristo y porfían en apartar de la religión de Él a todos los hombres que pueden. Sin embargo, si tú quieres conocer, confesar y adorar al Creador y Redentor del mundo, te amaré como a mí mismo».

“Todos los presentes quedaron tomados de admiración por su respuesta” [1].

Los Santos son propuestos por la Iglesia como modelos a imitar. Cuando hasta el mismo San Francisco de Asís justifica plenamente, en nombre del Evangelio, la Cruzada contra quienes utilizan la violencia para arrancar de las almas la fe de Jesucristo, nada impide en principio que los católicos lo imitemos. Es lo que nos enseñan la doctrina de la Iglesia y el ejemplo de sus santos.

Siendo así, ¿no será una Cruzada lo que Dios pide en este momento a las naciones occidentales y aún cristianas, para atajar el extremismo islámico y evitar al mundo males mayores?

[1] “Fonti Francescane”, Sección Tercera, Otros testimonios franciscanos, N° 2691, disponible en http://www.ofs-monza.it/files/altretestimonianzefrancescane.pdf
Etiquetas: [análisis]  [derecha peruana]  [Historia del Perú]  [política peruana]  
Fecha Publicación: 2014-10-01T15:07:00.000-05:00
Autor: Plinio Esquinarila
Fuente: asideclaro
En la vida hay momentos en que debemos tomar distancia de la actualidad inmediata para visualizar nuestra realidad cotidiana en una perspectiva histórica. Para tal caso, nos permitimos echar mano a esa frase dolorosa “en qué momento se jodió el Perú” del escritor Mario Vargas Llosa. Con su extraordinaria sensibilidad, el aún joven Mario estampó esas palabras en Conversación en la Catedral, no precisamente en un paréntesis pesimista de la vida peruana, sino cuando las fuerzas del cambio, mensajeras de tiempos nuevos, despedían a la llamada República Oligárquica en los años sesenta del siglo XX. Pasados los años, las tomaremos prestadas del flamante premio Nobel para un ejercicio de cuándo es que se jodió la derecha peruana. Reflexión imperativa a propósito de los resultados de las elecciones ediles en Lima en que Lourdes Flores Nano, de la alianza PPC- Unidad Nacional, ha enfrentado sin éxito a la representante de la izquierda, Susana Villarán de la Puente.

Los antecedentes de esta sucesión de jodederas nos ubican en los años que siguieron al triunfo de las guerras de la Independencia, en la batalla de Ayacucho, cuando las elites guerreras y civiles de la naciente República –durante 15 años, entre 1824 y 1839- se dieron la tarea de definir nuestro perfil de Estado nación.

Fue un debate entre quienes querían circunscribir el Perú a los linderos y mutilaciones dejados por Simón Bolívar, que separó el Alto Perú de su hogar madre, poniéndole incluso una derivación de su apellido –Bolivia-, posición ésta enfrentada a los partidarios de la restauración de los antiguos dominios del Perú, ya prefigurados en el imperio inca, pero alterados no tanto por España cuanto por los temores de Bolívar que prefería la “gran Colombia” a un eventual y poderoso Estado confederado andino cuyo epicentro sería obviamente el Perú.

En tan difícil dilema, en los años de la “anarquía militar”, solo dos hombres tuvieron una idea clara del destino de sus pueblos: El general Andrés de Santa Cruz, boliviano de nacimiento y peruano de corazón, y el mercader chileno Diego Portales. El primero organizando la Confederación Perú-boliviana, en medio de incomprensiones que estallaron en las guerras entre 1835 y 1839. El segundo, destruyendo y derrotando, en la batalla de Yungay (1839), este primer gran proyecto nacional cuya realización nos hubiera ahorrado años y años de luchas fratricidas entre la costa y la sierra.

No es que los peruanos Ramón Castilla, Agustín Gamarra y otros exiliados, que participaron encabezando la expedición chilena, hayan sido unos traidores. Eran unos caudillos erráticos que no tenían ni idea de que Portales había diseñando el futuro de su propia nación en 1836, trazándose la meta de impedir el embrionario Estado confederado pan-andino. Eso está en blanco y negro en la conocida carta dirigida al almirante Blanco Encalada, jefe de la primera expedición:

“Va Usted, en realidad, a conseguir con el triunfo de las armas la segunda independencia de Chile (…) La posición de Chile frente a la Confederación es insostenible. No puede ser tolerada ni por el pueblo ni por el gobierno porque ello equivaldría a su suicidio. No podemos mirar sin inquietud y la mayor alarma la existencia de dos pueblos confederados y que, a la larga, por la comunidad de origen, lengua, hábitos, religión, ideas, costumbres, formarán, como es natural, un solo núcleo”.

Eran tiempos en que no se hablaba de derecha ni de izquierda, términos que se hacen globales después de la revolución francesa de 1848. Para entonces el Ejército libertador estaba liquidado y sus principales cuadros –Gamarra y Castilla- exiliados en Santiago. Francisco Xavier de Luna Pizarro y sus liberales, se sumaron a la causa confederada sólo en un inicio, mientras los aristócratas con criterio de pertenencia, es decir de Patria, tras los pasos de José de la Riva Agüero, fueron partidarios consecuentes, y a ella ofrendaron su vida, a diferencia de la otra aristocracia, la de los mercaderes, que prefirió escudarse en las bayonetas chilenas, apenas husmearon que el nuevo eje de desarrollo del Perú haría peligrar sus intereses comerciales en la Ciudad de los Reyes. Este es el primer momento en que se jodió el Perú republicano, en medio de mofas a la procedencia india de Santa Cruz.

LA DERECHA SE JODIÓ CON EL CIVILISMO

Y el primer momento en que la derecha peruana se jode es con el civilismo que toma el poder en la República Autocrática, con Manuel Pardo y Lavalle, líder del Partido Civil, en 1872. Antes, el negocio del guano y el salitre había enfrentado encarnizadamente a dos grupos ferozmente antimilitaristas, a saber: 1) los mercaderes ligados al capital nacional limeño, encabezados por el referido Manuel Pardo, y, 2) los pioneros pro transnacionales liderados por Nicolás de Piérola.

¿Por qué el civilismo pardista no cuajó en un partido arraigado y orgánico? Porque, al igual que las primeras autocracias de la joven República, no logró superar la debilidad caudillista, menos aún trocarlo por una institucionalidad secular capaz de generar entusiasmos y lealtades en torno al Estado, a partir del respeto a la libertad común y las instituciones que la sustentan.

Esa ausencia articuladora, responsabilidad principal de los voceros de los mercaderes guaneros y salitreros, fueron también los que destruyeron el Ejército en la década de los setenta del siglo XIX, en medio de una crisis fiscal en que los recursos fueron mal usados entre negociados y deudas, exponiendo a la Patria a la indefensión, y, por ende, a una nueva mutilación de sus territorios en la aciaga nueva guerra con Chile (1879-1894).

Éste fue el segundo momento en que se jodió el Perú, motivando el retiro momentáneo del poder de la plutocracia guanera, dejando la carga inicial de la reconstrucción nacional al héroe de La Breña, el general Andrés Avelino Cáceres, del Partido Constitucional, hasta que nuevamente civilistas y gamonales de la sierra ganados a esta causa, una vez muerto su jefe Manuel Pardo, convocaron a un viejo enemigo, Nicolás de Piérola, del Partido Demócrata, quien entró con sus victoriosas montoneras a Lima en 1895.

Piérola cerraba con esa contrarrevolución el ciclo de la República Autocrática para dar pase a lo que se ha venido a llamar la República Aristocrática (1895-1930) basada en el mercantilismo costeño agro-exportador y los enriquecidos gamonales serranos.

Pero, mal que bien el Perú convaleciente se recompuso de las pesadas cargas de la guerra, y las ilusiones y sueños nacionales “iban a la par con la libra esterlina de Londres”, y por donde se mire había esperanza y recursos, aunque las plutocracias retornarían ávidas al asalto de las arcas de la hacienda pública. Fue Víctor Andrés Belaunde el que con más precisión definió a los tres nuevos poderes fácticos de entonces: La plutocracia costeña, el caciquismo serrano y la burocracia militar.

El historiador Jorge Basadre ha tratado de ubicar, en estos años, la concreción de una fuerte institucionalidad del Estado, pero la realidad lo contradijo, no sólo por el caos y las interminables rencillas entre lo estertores del civilismo, el pierolismo y el cacerismo, sino porque un civilista rebelde –Augusto B. Leguía- asumió el poder en 1919, dando al traste con esa etapa aristocrática.

UNA OLIGARQUÍA QUE APRENDIÓ DE SUS ERRORES DE ANTAÑO

El siglo XX, tan rutilante en cambios e influencias propiciadas por las revoluciones mexicana y rusa, y por la gradual primacía internacional de la economía norteamericana en reemplazo de la inglesa en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, trajo la modernización de una Lima siempre más cercana a los perfumes y modas parisinas que al “Perú profundo”, así definido por José Carlos Mariátegui.

Si el crack de la bolsa de Nueva York en 1929 ayudó a legitimar el nacimiento del aprismo y el comunismo, ¿cómo es que la oligarquía, basada en las mismas fuerzas mercantiles del antiguo régimen aristocrático, no logró constituir un partido raigal? ¿Por qué el Apra, con toda su fuerza auroral, tampoco forjó la siempre esquiva institucionalidad del Estado? ¿Qué pasó con la tercera fuerza, el Ejército?

Al exportar los métodos violentos y anarquistas de la Europa de entreguerras, el Apra fracasa en la sangrienta revolución de Trujillo de 1932. Y comete contra el Ejército un crimen que lo marcó de por vida: el asesinato del caudillo de las armas, el general Sánchez Cerro. Esto lo llevó a la clandestinidad y las catacumbas, de las que salió por tiempo efímero allende 1945, en la ola democratizadora posterior a la Segunda Guerra, para después sublevarse nuevamente contra el gobierno del Frente Nacional que había ayudado a forjar y triunfar con José Luis Bustamante y Rivero a la cabeza.

Estos hechos anidaron un odio irreconciliable, anulando a las dos fuerzas populares –el Apra y el Ejército- en el desarrollo de sus proyectos nacionales, dejando a la oligarquía el campo abierto para su accionar. Alguien dijo que la nueva oligarquía habría aprendido de sus errores de antaño, apareciendo incluso con mayor realismo político, por su condición minoritaria, negándose en todo momento a constituir un partido político, prefiriendo actuar como una red invisible de intereses y favores de clientela, ejerciendo una labor de equilibrio y fiel de la balanza entre el Apra y el Ejército.

Luego, fue el gobierno del general Oscar R. Benavides uno de los que la oligarquía usó para tales fines. Un Benavides policiaco, sin embargo, trató de insuflar un régimen de estabilidad jurídica que se proyectó, como una razón de Estado, en el gobierno civil de José Luis Bustamante y Rivero, quien administró el país entre 1945 y 1948, hasta que el caos y la algarada aprista coadyuvaron para un nuevo retorno del poder militar de facto con el general Manuel A. Odría, que instauró el famoso ochenio hasta 1956.

PRADO, EL BANQUERO DEL DESPEÑADERO

Este es un año -1956- clave para el destino manifiesto de la derecha peruana. La República Oligárquica daba signos de cansancio con la entrada a la escena de nuevas fuerzas, como la del arquitecto Fernando Belaunde (Acción Popular) y la Democracia Cristiana. Mientras, el aprismo proscrito ya había entrado en conversaciones, primero con Odría, para la liberación de su jefe Víctor Raúl Haya de la Torre de la embajada de Colombia, luego con la flor y nata de la bancocracia oligárquica encabezada por Manuel Prado Ugarteche.

Estas tratativas legítimas, por ser políticas, primero se hicieron alianza, de la mano de Ramiro Prialé y Armando Villanueva del Campo, luego convivencia, al derrotar juntos al arquitecto emergente. Convivencia que le permitió al Apra recuperar su legalidad y salir de las catacumbas para, con sus multitudes heroicas aun con olor a celda de prisioneros, darle el triunfo, en las elecciones de 1956, a la fracción más adinerada de la oligarquía, el imperio Prado, que tenía en el Banco Popular el sostén financiero de sus 110 empresas y como su vocero mediático al diario La Crónica.

Hijo del general Mariano Ignacio Prado, Manuel Prado Ugarteche, tuvo un primer mandato entre 1939-1945, en cuyo gobierno no supo, en plena II Guerra, cuando los productos de exportación, en especial los minerales, se cotizaron a precios astronómicos, impulsar el ahorro público, siendo el inaugurador de las políticas inflacionarias en el siglo XX. En su segundo gobierno (1956-1962) Prado echó mano a los empréstitos y a las consabidas “consolidaciones”, que no eran otra cosa que emisión inorgánica de papel moneda. Resultaba pues sintomático que un gobierno de banqueros llevara al país al despeñadero de la maquinita, la inflación y nuevos impuestos para la empleocracia.

Este fue otro momento en que se jodió la derecha peruana. Pocas veces se ha visto, en la etapa moderna del Perú republicano, ejercer la actividad política como una prolongación directa del interés económico, sin mediación alguna, es decir la dominación patrimonial, si usamos la vieja pero siempre nueva categoría sociológica de Max Weber. Para muestra un botón: Tuvo como primer presidente del Consejo de Ministros a Manuel Cisneros Sánchez, quien también era presidente del directorio del diario La Crónica y del mismo Banco Popular.

Este ejercicio del poder en los apachurrantes años cincuenta y comienzos de los sesenta seguía basada en el caudillo, sea civil o militar, y no en un partido o una institución, mientras la oligarquía jugaba sus descuentos, en ese rol de fiel de la balanza, sin tener idea cabal de la necesidad de una institucionalidad secular moderna, sea en una visión patriótica, donde el valor principal es la República y la forma de vida libre que ésta permite; o en la visión nacionalista e ilustrada, donde los valores primordiales son la unidad espiritual y cultural de un pueblo.

La oligarquía había rodeado y mimado a Odría, pero siempre receló de su acercamiento al pueblo, para luego asumir directamente el manejo del poder con Manuel Prado, hasta que fue depuesta al finalizar su mandato por un sui géneris “golpe institucional” de la Fuerza Armada que vetó el triunfo estrecho del Apra en las elecciones de 1962.

Los generales Nicolás Lindley y Ricardo Pérez Godoy inauguraron esta atípica forma de golpe cerrando el itinerario de más de treinta años de la República Oligárquica, con dos ramificaciones claramente definidas. Un conocedor del tema, Fernán Altuve-Febres Lores lo clarifica:

“El caso del Perú en la segunda mitad del siglo XX es una evidencia de la inconsistencia de la derecha burguesa, pues en nuestro país las dos figuras más relevantes de esa derecha, el liberal Pedro Beltrán Espantoso (1897-1979) y el democristiano José Luis Bustamante y Rivero (1894-1989) se conformaron con postular políticamente un “orden económico”, el primero, y “orden jurídico” el segundo, sin entender que las doctrinas políticas deben ser principios integrales y no solo programas parciales (…). La falta de visión de estos caballeros, y de sus discípulos, impidieron la consolidación de una verdadera derecha peruana y la condenaron a no ganar una sola elección después de la victoria del conservador Manuel Prado Ugarteche (1889-1967) en 1956”. (“La democracia fuerte”, Lima, 2006, pág. 81).

Enterrados los sueños de los legionarios de la Independencia, de los héroes ecuménicos de la guerra con Chile y de los que sintieron al Perú como suyo en los recurrentes conflictos con el Ecuador, de pronto era evidente que las clases adineradas, en el ocaso de la República Oligárquica, no sólo habían olvidado la ilustración y obligaciones de lo mejor de sus predecesores, sino que ya estaban convertidas en cerradas amistades frívolas que, poco a poco, fueron cambiando el París de la Belle Epoque por el cercano Miami tropical de Estados Unidos, de donde había retornado el mismo Manuel Prado para postularse a la presidencia en 1956.

Es más, ya no hacían política con la multitud silenciosa o tumultuosa, pacífica o violenta, sino que los locales partidarios de tiempos heroicos habían sido trocados por el Club Nacional, donde sesionaba el Movimiento Democrático Pradista, o por el Waikiki. Patética la disolución de los sentimientos patrióticos de una clase.

EL POPULISMO Y EL DESBORDE DE LAS MASAS

El nuevo rumbo creado por el “golpe institucional” de 1962 también fue obra, en su versión civil, de Acción Popular y la Democracia Cristiana, que, bendecidos por los militares, previo veto al Apra en la frustrada elección de ese año, habrían de gobernar el Perú después de las elecciones de 1963, a partir del “Pacto de la Avenida Salaverry” .

Así es como nació la República Populista. El golpe del general Juan Velasco Alvarado de octubre de 1968 se limitó a darle sepultura indigna al antiguo régimen oligárquico y superar las supuestas inconsecuencia del populismo civil, por ejemplo, en materia de reforma agraria.

Ese populismo militar velasquista, ese culto por el colectivismo y el estatismo, cimentó las nuevas ilusiones inoculadas a un pueblo ávido de redención y justicia que, en sus versiones extremistas, había recurrido a las guerrillas de 1965.

Pero, en perspectiva serena, este nuevo paréntesis del siglo XX fue un error estratégico. Y es que mientras en otras latitudes del planeta el estatismo estaba de salida, en el Perú se lo presentaba como novedoso y revolucionario. El balance final, al margen de la liquidación de cierto gamonalismo impresentable y de los llamados barones del algodón y del azúcar, no podía ser otro que el fortalecimiento de un nuevo capital financiero y transnacional y de una tecno-burocracia que hasta hoy influye en la hacienda pública.

Agotado el populismo militar, volvía, una vez más, el populismo civil del “arquitecto de la lampa” el año 1980. Fernando Belaunde trajo una colosal inyección de optimismo a un alma nacional cada vez más pesimista y vallejiana. Pero tal estado de ánimo duró poco. De la tragedia del primer Belaunde (1963-1968) pasamos a la parodia del segundo Belaunde (1980-1985). Al margen del terrorismo senderista que se inicia en mayo de 1980, con la asonada en la comunidad de Chuschi, Ayacucho, nada interesante ni nuevo hubo en su gobierno, donde la semidifunta Democracia Cristiana dio pase a su hijastro, el Partido Popular Cristiano, para un cogobierno insípido.

Por lo que está claro que no había que ubicar el nuevo rostro del Perú en la política o en la maraña jurídica que la reviste. Había que ubicarla en la sociedad, en las migraciones del campo a las grandes urbes, que José Matos Mar lo describe como la contradicción entre el Perú formal y el Perú informal (Desborde popular y crisis del Estado, 1984). Por una parte, el Estado, el Congreso, el Poder Judicial, su ente recaudador de impuestos, la banca, la Iglesia, su cultura. Y por otra la economía informal, los ambulantes, los talleres clandestinos de maestritos que han aprendido en las fábricas modernas, la justicia por manos propias, la música “chicha” que baja de los cerros con “Chacalón y su nueva crema”, las beatas y santos no canonizados que compiten con los cultos formales.

Ya no era evidencia sino demasiada realidad para soslayarla porque son otro mundo los migrantes de la primera, segunda y tercera generación no insertados al mercado formal. No son ciudadanos, con sus deberes y derechos, en la acepción occidental del término. Son masas apolíticas y pragmáticas que deciden, cada vez con más fuerza, por encima de los poderes fácticos, en especial los medios de comunicación, qué outsider debe ser el nuevo inquilino de Palacio de Gobierno.

Así como el golpe de Velasco Alvarado rompió los últimos diques de las compuertas embalsadas del Estado Oligárquico, así el Estado Populista había puesto en evidencia, en toda su crudeza, la ruptura definitiva de la marginación de las nuevas masas informales que han irrumpido con fuerza en la economía y la sociedad, amenazando con tomar el control de la política.

Es cuando por primera vez observamos, en nuestro doloroso itinerario, el diseño de facto de un Estado mestizo o cholo, al estilo de México, y el eventual cierre del largo parto formativo de nuestro Estado nación, entendido como suma de identidades, posibilidad y realidad visualizada por Carlos Franco en esos años ochenteros de violencia y terror.

Esas masas pendulares sin ideologías ni credos políticos, sin las antiguas ideas fuerza del antiimperialismo, o la lucha por la tierra, ya no cabían en los ropajes encorsetados de la democracia representativa y del viejo Estado tradicional. Multitudes famélicas dispuestas al asalto y al golpismo, como ya viene sucediendo en América latina. Mareas humanas incomprendidas por una casta política que tiene fijaciones patológicas por el reparto de escaños parlamentarios, fajines ministeriales y embajadas, según Javier Valle Riestra.

Desde un prisma liberal, ese mismo desborde se ha clarificado en la economía con El otro sendero (1986), de Hernando de Soto, Enrique Ghersi y Mario Ghibellini, en ácida crítica al populismo de derechas e izquierdas en extinción y al “mercantilismo” abusivo de las clases adineradas. Este credo libertario y pro-privatista saltó a la política cuando Mario Vargas Llosa se enfrentó a la estatización de la banca del primer gobierno aprista (1985-1990) de Alan García Pérez, dando lugar a la formación del FREDEMO, frente derrotado por un desconocido llamado Alberto Fujimori en las elecciones de 1990.

LA LARGA MARCHA DEL DESARROLLO ECONOMICO

Los postulados económicos del nuevo credo libertario –no los políticos, por cierto- se aplicaron a partir del gran viraje de la economía de 1992, por obra de Carlos Boloña Behr, nuevo curso que cierra el ciclo del Estado Populista, con una participación determinante de la Fuerza Armada, sobre todo en la pacificación nacional, dando inicio a la larga marcha del desarrollo económico que dura hasta nuestros días.

Ningún partido o corriente populista, sea de derechas o de izquierdas, sea militar o civil, con la solitaria excepción del Apra, ha logrado cuajar, en la etapa que nos ocupa, como partido representativo y duradero de sus intereses económicos y sociales. Tampoco la izquierda marxista, que en los ochentas diera forma a su logro más importante, Izquierda Unida, frente diluido de inmediato en medio de discusiones estériles sobre la actitud a asumir respecto de la secta maoísta Sendero Luminoso y el tipo de participación en la democracia representativa antes catalogada de burguesa.

La versión moderada de esa izquierda (gauche caviar), ante la progresiva deslegitimación de estalinismo ortodoxo y la posterior caída del Muro de Berlín, se adelantó en aggiornarse, aceptando la economía de mercado que había vituperado, sumándose a la nueva tecnocracia formada en este interregno. Para nadie es un secreto la participación de algunos de sus cuadros en la primera fase del fujimorismo, luego en el gobierno transitorio de Valentín Paniagua y su rol de cogobierno en la administración Toledo.

Posteriormente, para legitimarse ante la opinión pública se auparon a las ONGs, principalmente de derechos humanos, que años atrás también habían vituperado, haciendo política desde la “sociedad civil”, para, en una suerte de neo-civilismo, jugar en la era post Fujimori el papel vengador que el Partido Civil había tenido para con el Ejército en el siglo XIX.

Un pretendido balance de la derecha política en este periodo sería una pérdida de tiempo. Al margen del populismo aprista, el único intento persistente de la derecha peruana ha sido el del PPC que, más que un partido orgánico, ha sido y es una agrupación de estudios de abogados limeños tras una representación parlamentaria y el control de municipios capitalinos.

Disipados los cenáculos libertarios del FREDEMO, tras su episódica estela de cometa Halley finisecular, fenómeno de marginalidad que comparte con la izquierda marxista, sin lograr ninguno de ellos una raigambre estructural en el Perú de los desbordes, aquel balance debería subrayar que la nueva burguesía financiera y trasnacional insiste en mantenerse como una red invisible de intereses y favores de clientelismo, aupándose al gobernante u outsider de turno, ora con Fujimori, ora con Toledo, ora con el segundo García. Al parecer está condenado a no tener partido propio. O simplemente no le interesa, en la praxis fenicia que todo lo puede comprar con su dinero, ideas incluido.

Algunos dirán, desde la izquierda jacobina, que esta visión es desmentida por la incursión de Susana Villarán y su Fuerza Social en las últimas elecciones municipales de octubre del 2010. No. Olvidan que el Perú ha aguantado de todo, pero también se cansa de todo. No se dan cuenta de su cansancio para con un sistema de partidos endebles que cada cierto tiempo suplica, desesperado, los votos necesarios para mantenerse en vigencia. Esta nueva ilusión de promesas legalizadoras de las drogas o del matrimonio gay no es más que eso: una nueva ilusión, un estado de ánimo que se rebela en las ánforas contra el stablismenth partidario que administra el Perú en la era post Fujimori.

Finalmente, ¿qué nos está expresando los resultados de las referidas elecciones ediles?: El desencuentro entre el pujante desarrollo económico del Perú que colisiona con un sistema político que ya no representa a toda la sociedad. Dicho de otra forma, asistimos a la contradicción entre el giro liberal de la economía, que viene desde 1992, que afinado en sucesivos gobiernos ha logrado colocar a un Perú, el moderno y capitalista, en la vitrina internacional de los países que se acercan al primer mundo. Pero éste rumbo colisiona con un régimen político y las nuevas clases adineradas que desde el Estado medran del boom económico en perjuicio del otro Perú, el de los marginados, quienes ya no se sienten representados por un sistema de partidos atacados por el mal de la falta de renovación y de raigambre.

Conclusión, la agrupación que solucione esa contradicción puede llenar el vacío de la falta de un partido de derecha en el Perú. Superar el caudillismo, la fragmentación partidaria y los problemas de marginación y violencia creados por los desbordes, ésa es la tarea venidera para coadyuvar nuestro pujante y envidiable desarrollo económico y superar la pobreza. Cuando esa hora llegue, los tímidos flash de felicidad actual se harán luz perenne, y los poetas ya no cantarán el verso ése de que nuestra Patria es una isla doliente donde el mar no llega. Cuando esa hora llegue, nuestra historia de caos y debilidad institucional será eso: historia.
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Fecha Publicación: 2014-09-29T17:19:00.000-05:00
Autor: Iván Budinich Castro


El pánico parece cundir entre los acólitos de Susana Villarán y su collera a juzgar por su reacción en las redes sociales ante la performance lograda por Enrique Cornejo en esa suerte de exposición de motivos que hemos dado en creer que es un debate político.
Imagen: larepublica

No es para menos, si  el candidato aprista logra remontar hasta el segundo lugar en los resultados electorales, automáticamente las expectativas de Villarán como símbolo, carta presidenciable y activo político de la izquierda limeña se verán desvanecidas en el aire irremisiblemente. Peor todavía para las izquierdas que verían aparecer el escenario de sus pesadillas, el APRA como organización saldría no solo fortalecida, sino hasta con una nueva figura presidenciable y con la idea bien puesta en la ciudadanía y más importante todavía en el pueblo aprista que un futuro post Alan es posible. 

En estos momentos los estrategas de Villarán que ya han digerido la imposibilidad de la victoria sobre Castañeda, andan buscando consolidar el segundo lugar con miras al 2016. El tío bigote es su mayor obstáculo para lograr ese objetivo tras el estancamiento en que ha caído el candidato Moisés Heresi.  

A título personal jamás pensé en votar con convicción por un aprista. Marque la estrella en 2006 por optar el mal menor frente al summum malum que era Ollanta Humala en aquel entonces.  Sorpresa de sorpresas, Alan García resulto no ser el cretino ideológico de su primer periodo y la vida bajo su mandato no fue aquel infierno de mis recuerdos de infancia.  AGP y el APRA a diferencia de la izquierda demostraron ser capaces de evolucionar con los tiempos; es por eso que estoy dispuesto a darle el beneficio de la duda a un candidato del aprismo sin que medie una calamidad de por medio y al menos por esta vez, podre marcar con verdadera convicción la estrella aprista.

Etiquetas: [amenaza terrorista]  [MRTA]  [SENDERO LUMINOSO]  
Fecha Publicación: 2014-09-27T09:37:00.000-05:00
Autor: Martha Meier M.Q.

Lima vive en una burbuja si cree que Sendero Luminoso y el MRTA no atacarán nuestra capital. Parecen los 80, cuando nadie creía que el terrorismo rodearía la capital, como efectivamente ocurrió. Cosa rara, pues desde 1983 empezaron los atentados a fábricas, sedes de partidos, el secuestro y asesinato  de empresarios y personajes notables. Entre bombas, muertes y apagones, como París, Lima era una fiesta. Para algunos, “la cosa no era para tanto”.

Ya a fines del Virreinato, el barón Alexander von Humboldt –en carta al gobernador de Jaén, don Ignacio Checa– le escribe: “Un egoísmo frío gobierna a todos y lo que no sufre uno mismo, no da cuidado a otro”. Y lo que notó el sabio alemán seguía vigente a fines del siglo XX, como lo sigue hoy. 

Recién en 1992 Lima abrió los ojos cuando Sendero Luminoso asesinó y dinamitó el cuerpo de la icónica lideresa popular María Elena Moyano, frente a sus vecinas y pequeños hijos, aquí nomás, en Villa El Salvador. Moyano, treja y valiente, organizó una marcha contra el terror y su brutal asesinato fue la respuesta de la banda carnicera de Abimael Guzmán. Luego un carro-bomba destruyó la calle Tarata, en pleno corazón de Miraflores. La muerte y el dolor tocaron a amigos, familiares y conocidos, y los limeños comprendieron que esto no les pasaba a “los otros”, sino a todos los peruanos. Quizá ese terrible día se comprendió mejor la palabra “nosotros”.

La destrucción y el dolor  generados por las hordas senderistas (de inspiración marxista-leninista-maoísta) y del MRTA (castro-guevarista) no son comprendidos por las nuevas generaciones. Los jóvenes usan polos con la cara del asesino Che Guevara (‘El Carnicero de la Cabaña’, por los cientos de fusilamientos de opositores a la revolución castrista que ordenó y ejecutó). Esta juventud de ideología confusa “demócrata-inclusiva-caviar” se rasga las vestiduras y lloriquea por la “violación de derechos humanos” durante el fujimorato; clama por la “inclusión social”, mientras venera al Che, ese fulano que sostuvo que los indígenas mexicanos eran “la indiada analfabeta de México”, y que los campesinos bolivianos eran “animalitos”. Ok, ahora, ¿pueden quitarse ese polo? Gracias.

En días recientes fue liberado uno de los cabecillas senderistas, el arquitecto Incháustegui, quien fue capturado en la casa donde se escondía el criminal de criminales, Guzmán. Incháustegui ya cumplió sus 22 años de condena y en prisión se dedicó a la cerámica, desarrollando una bonita colección de cerdos voladores. La pregunta es: ¿Dejó de creer en la lucha armada? ¿El gobierno está en capacidad de hacer seguimiento a los terroristas que están siendo liberados?

Es un hecho que Sendero y el MRTA se reorganizan a vista y paciencia de las autoridades. El año pasado un informe de “Correo” dio cuenta sobre el entrenamiento de niños (de 6 a 15 años) “para participar en acciones terroristas” y “enfrentarse a las fuerzas del orden”. Son los llamados “pioneritos”. Milicianos no les faltarán a los terroristas liberados.

Una pregunta a los padres de familia: ¿Tienen idea cuál es la ideología de sus hijos e hijas? ¿Les han contado la verdad de lo ocurrido en los 80 y 90? ¿Podrían caer, por idealistas, y seguir a alguno de estos liberados que pululan por Lima?

María Elena Moyano
“Sendero está en contra del pueblo”
— “Al atemorizarse la izquierda, Sendero ha avanzado [...] están en contra del pueblo, están en contra de nuestras organizaciones”, dijo María Elena Moyano en una entrevista. El día de su asesinato, en 1992, Moyano estuvo con sus hijos Gustavo y David. 

Senderista Incháustegui
Una enorme deuda con la memoria del país
— El senderista Carlos Incháustegui, quien escondió a Abimael Guzmán hasta su captura, salió libre el 11 de setiembre tras cumplir una condena de 22 años por el delito de terrorismo. Incháustegui debe S/.4 millones al Estado por reparación civil.