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Lo sorprendente del nuevo Papa no es que sea latinoamericano sino que, precisamente por serlo, se haya convertido casi de inmediato en blanco de las iras progresistas de toda la región, sin duda la más poblada por delirantes predicadores de la sociedad perfecta. Los primeros en mostrarle los dientes al nuevo Papa Francisco han sido los propios argentinos, seguidores embobados del patético régimen populista que conduce (es un decir) Cristina Fernández. Han sido especialmente los viejos progresistas, los revoltosos y guerrilleros del ayer, quienes de inmediato sacaron su libreta negra para buscar el nombre de Jorge Mario Bergoglio. Allí estaba. Marcado con tres aspas por supuestamente haber entregado a dos sacerdotes a la dictadura y por haber callado ante los gobiernos de facto.
El tema no es nuevo y probablemente no será la última vez que se escuchen esta clase de acusaciones por parte de una élite que hasta hoy se siente protagonista de la época más gloriosa de la izquierda regional. Se trata de los residuos que dejó la Guerra Fría y la triste época del auge del comunismo latinoamericano en el siglo pasado. Una época que no ha sido adecuadamente evaluada debido a que la mayoría de quienes se ocupan de escribir sobre aquellos años fueron precisamente protagonistas de esa época demencial. No me refiero a los que se atrevieron a empuñar las armas y enrolarse en aquel ejército de desquiciados que pretendía transformar el mundo mediante la violencia revolucionaria, las balas y la dinamita, sino a quienes se mantuvieron en la comodidad del trabajo académico, dando soporte ideológico y justificando ese salvaje accionar en libros y artículos. Es decir, esa casta de intelectuales "progresistas" que santificaba la violencia, justificaba las muertes y pergeñaba las bases teóricas del mundo quimérico que debía primar.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras por los derechos humanos y acusan de las peores atrocidades a las dictaduras de los 70 y 80, olvidan que ellos mismos fueron quienes ayudaron a engendrarlos. Para uno que ha vivido la segunda mitad del siglo XX, resulta por lo menos indignante escuchar hoy a estos señoritos de la libertad, haciendo gala de cinismo al condenar a las dictaduras que emergieron precisamente para contener la brutal aparición del comunismo continental promovido desde Cuba por la URSS. En los hechos pudimos observar que quienes decían oponerse al imperio de las clases dominantes, no hicieron más que reemplazar esas clases por otras, ya que la gigantesca clase burocrática del Estado y el partido, junto a su red de soplonaje barrial, se constituyeron en la nueva clase privilegiada. En Cuba pudimos además apreciar que la lucha contra una dictuadura derivó en el establecimiento de otra dictadura, pero más totalitaria y absolutista, cuya única actividad política consistía en el adoctrinamiento de la gente para que aceptara la miseria del nuevo régimen con "dignidad" anti imperialista. La propaganda comunista se convirtió en el nuevo alimento diario para los pobres cubanos que aprendieron a vivir en una fantasía mientras la realidad se venía abajo.
Entonces solo quedaba sonreír cuando el progresismo hablaba de "dominación yanqui" y se consumía atacando al "imperialismo norteamericano". El discurso del progresismo se basaba en una vergonzosa miopía que no le permitía reconocer la "dominación soviética" y el "imperialismo ruso" al que aspiraban. Para los pueblos de la América Latina quizá daba lo mismo ser sojuzgados por unos o por otros. Aunque en el caso cubano es obvio que la dominación del comunismo soviético solo le ha traído infortunios y miserias. En Cuba no hubo más que el reemplazo de un dictador por otro aun peor, pues se quedó al mando más de medio siglo! No hay moral que justifique eso. Los revolucionarios barbudos que supuestamente liberaron al pueblo cubano de la dominación yanqui y derribaron a las clases dominantes, enseguida se convirtieron en la nueva casta de privilegiados que impusieron su dominación al pueblo. Para el cubano el cambio de régimen solo significó la pérdida de su libertad junto a una creciente miseria y la entrega de su patria a la dominación soviética. La supuesta "dignidad y soberanía" predicada por el Partido Comunista Cubano se dejó de lado para convertir a toda Cuba en una lanzadera de misiles nucleares soviéticos, mientras que por otro lado se reclamaba por la base de Guantánamo.
Luego de escupir en contra de la dominación yanqui, Cuba se convertiría en base para la invasión del comunismo soviético al subcontinente latinoamericano. No solo fue el Che, abandonado más tarde en Bolivia. Los movimientos insurgentes de inspiración castrista se replicaron en todo el continente. Hoy mismo quedan aun vestigios de esa vil plaga comunista en movimientos como las FARC y el ELN en Colombia. Pero en los años 60, 70 y 80 Latinoamérica se desangraba en guerrillas criminales que no dudaron en apelar al terrorismo más despiadado, tal como ocurrió en Perú con el Partido Comunista Sendero Luminoso y el MRTA. Nunca pues Latinoamérica padeció tanto como en la nefasta época de la demencia revolucionaria de la izquierda comunista. Y hoy, los representantes de aquella época de sangre y dolor tienen el cuajo de denunciar a quienes asumieron el deber de defender la institucionalidad, la democracia y la libertad de cada pueblo.
La situación no fue distinta en Argentina, convertida en un polvorín, donde el izquierdismo enfermizo afloraba en todas las manifestaciones patológicas posibles. Podría decirse que el izquierdismo argentino nace como una afloración bacterial sobre el cadáver del peronismo. Gracias a las políticas populistas de Juan Domingo Perón quien, a la manera de un Hugo Chávez de mediados del siglo XX, se dedicó a despilfarrar la inmensa riqueza argentina ofreciendo dádivas al pueblo, surgió una masa de parásitos habituados y esperanzados en vivir mamando la teta del Estado, considerando que esos eran sus "derechos". No hace ninguna diferencia entre los "derechos" que la aristocracia real asumía como muy naturales de su clase y los "derechos" que la masa popular empezó a asumir como muy propios de su condición, cuando un líder mesiánico decidió que podía regalar los dineros del Estado para proporcionar felicidad. Como bien diría Margaret Thatcher años despues: "el socialismo termina cuando se acaba el dinero ajeno".
La izquierda argentina ha sido una de las más conflictivas del sub continente. Luego de idolatrar a su líder Juan Domingo Perón por dos décadas, durante su ausencia cada quien se dedicó a interpretar a su manera el peronismo. A su regreso al poder los más radicales exigieron las típicas "transformaciones profundas" que en buena cuenta era convertir a la Argentina en un anexo del comunismo mundial. Los cuestionamientos a la dirigencia sindical por parte de los más delirantes del ala radical llevaron al mismo Perón a echarlos de su movimiento llamándolos "imbéciles" durante una manifestación en la Plaza de Mayo. Muchos de los concurrentes bajaron las pancartas y se marcharon compungidos. Pero el mal del izquierdismo estaba ya asentado en la mente de muchos argentinos, y de muchas formas, pero todas ellas bajo el común denominador del "peronismo".
La aparición de un Papa argentino removió los recuerdos de lo que significó la Iglesia Católica frente al comunismo mundial, y en particular en la Argentina. Se ha vuelto a recordar el papel de Pio XII frente al comunismo, el rol de Juan XXIII como transformador de la Iglesia para adecuarla a los tiempos modernos, se ha vuelto a criticar a las misiones de ayuda a los más pobres como maniobras para disminuir la acción y prédica del comunismo. Pero la identificación de la Iglesia con los más pobres llegó a confundirse con el discurso comunista, siendo la escusa perfecta para mezclar el credo cristiano con la prédica marxista. La Iglesia Católica no pudo quedar al margen de la influencia del comunismo cuando varios jóvenes sacerdotes se sintieron atraídos por el marxismo tan de moda. Fue en este período cuando el capellán auxiliar de la Universidad Nacional de Colombia, Camilo Torres Restrepo unió el fusil con el evangelio para enrolarse en el movimiento guerrillero colombiano Ejército de Liberación Nacional.
Pese a que el papa Paulo VI reabrió el Concilio Vaticano II para renovar el debate sobre el rol de la Iglesia en el nuevo escenario mundial, no pudo impedir que la infección marxista diera sus frutos en la Iglesia con simpatías claras hacía el comunisno, así como el surgimiento de la "Teología de la Liberación" como doctrina de una iglesia marxista. El convulsivo escenario de Latinoamérica en los años 70, época durante la cual se desarrolló el mayor avance de guerrillas comunistas en toda la región, empezando en Centro América, fue propicio para que la Iglesia entrara en contacto con el comunismo al tener que tomar partido a favor de los más pobres y en contra de la brutal represión que los gobiernos ejercían ante la infección comunista. Por lo general se trataba de gobiernos despóticos en manos de dinastías corruptas que manejaban a su antojo sus países. Las guerrillas comunistas, que ciertamente no ofrecían un futuro mejor, se presentaban como la gran esperanza de redención del pueblo oprimido. Sin embargo, en los contados casos en que el comunismo logró llegar al poder no hicieron ninguna diferencia para el pueblo, pues los pobres solo vieron el reemplazo de una dictadura por otra, igual de déspota y hasta más brutal.
Tuvo que llegar Juan Pablo II para echar al tacho las pretensiones del ala roja de la Iglesia, amonestando severamente al sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, en frente de las cámaras de televisión, en clara señal de que no permitiría una desviación hacía el comunismo en la Iglesia. Otro sacerdote católico que utilizó la causa de los pobres para confundirla con el marxismo imperante fue el salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, quien llegó a invocar a los soldados a que desobedecieran las órdenes de sus superiores cuando se trataba de enfrentar a su propio pueblo. Su asesinato fue parte de la turbulencia desatada por la guerrilla marxista, unida a las simpatías que la Iglesia mostró hacía quienes se presentaban como redentores de los pobres. Fue quizá un gesto de inocencia y candidez por parte de una generación de sacerdotes que creyeron en la bondad del marxismo. Pero muchos acabaron luego decepcionados, como le ocurrió al propio Ernesto Cardenal, quien finalmente renunció al FSLN y acabó como una marioneta usada por el progresismo para ser exhibida en eventos internacionales.
Muchos especulan con el rol que jugó Juan Pablo II en la caída del comunismo soviético y su secuela fatal para el comunismo en el resto del mundo. Lo cierto es que el comunismo cayó por su propio peso y como resultado de sus propia inconsistencia. El comunismo es sencillamente inviable a largo plazo. Al momento de la debacle soviética, casi el 70% del presupuesto estaba siendo destinado a la seguridad, es decir, a las aventuras bélicas que desde la posguerra mantuvo la URSS frente a los EEUU y sus aliados. Nunca llegaron a igualar los avances científicos y tecnológicos en el campo aeroespacial y militar. La URSS apeló al robo y el espionaje para copiar la tecnología de Occidente, como era evidente en productos como el avión supersónico TU-144, fallida copia fiel del Concorde, o el trasbordador espacial Burán, imitación visible de la tecnología de los trasbordadores norteamericanos. El toque final lo puso Ronald Reagan cuando impulsó su llamada "Guerra de Galaxias", un proyecto que empujó a la URSS al suicidio presupuestal y a su caída final. La pérdida de poder que sintió Gorbachov frente a las fortalecidas naciones que retomaron su rol, en especial cuando Boris Yeltzin asumió el control de Rusia, fue la gota que derramó el vaso.
Cuando llega el papa Benedicto XVI el mundo ya era otro. Su papel se concentró en reorganizar la Iglesia y limpiarla de los malos elementos que habían carcomido sus cimientos. Hizo frente a las críticas de pederastía y pretendió reformar la doctrina de la fe pero para hacerla más conservadora. Su repentina renuncia fue causa de muchas conjeturas en torno a su fortaleza para enfrentar los graves problemas de la Iglesia, no ya frente al mundo sino al interior de sí misma. Frente a ello la designación del obispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, debería considerarse una acertada decisión por parte del Vaticano, pues no hay duda que le permitirá recibir una andanada de aire fresco, y una perspectiva muy distinta de la misión de la Iglesia.
Pero esto es lo que precisamente ha despertado el resquemor de la vieja militancia marxista, no solo en la Argentina sino en toda Latinoamérica. Los sobrevivientes de la plaga marxista de los años 70 han hecho memoria rápidamente para recordar el papel del sacerdote Bergoglio frente a la junta militar de Rafael Videla. Han rescatado fotos del archivo para mostrarlo junto al ex presidente Rafael Videla durante la dictadura militar (1976-1983) dándole comunión al militar que fue acusado de la desaparición de 30,000 personas, según las abultadas estadísticas de la izquierda. El periodista argentino Horacio Verbitsky pone en duda en su libro “La mano izquierda de Dios. La última dictadura (1976-1983)” las actuales declaraciones de Francisco sobre su desconocimiento sobre la represión durante la dictadura militar.
El sacerdote Bergoglio fue acusado de ser colaborador en la represión militar a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics quienes le imputan haberlos entregado a los militares, así como la desaparición de varios catequistas que trabajaban en la villa miseria de Flores en 1976. Debido a esta denuncia el cardenal fue llamado a declarar en la “Causa ESMA” ante el Tribunal Federal № 5. Yorio y Jalics sostienen que Bergoglio les quitó la protección de la Compañía de Jesús al negarse ellos su orden de abandonar el trabajo social. Según la versión que propala la izquierda, los dos fueron secuestrados en 1976 al perder el apoyo eclesiástico y fueron torturados en la ESMA durante seis meses. Posteriormente los habrían drogado y abandonado en un descampado a las afueras de Buenos Aires. Los dos lograron sobrevivir su martirio pero nunca perdonaron al provincial de la Compañía de Jesús su traición.
Esta historia, sin embargo, ha sido desmentida por el propio Bergoglio. Pero no importa. La maquinaria acusadora y de definformación de las ONGs de izquierda ya se echó a andar, no solo por los hechos del pasado sino por el presente inmediato, pues Bergoglio es considerado un crítico y opositor del régimen actual, presidido por Cristina Fernández viuda de Kirchner. El frente progresista que respalda a brazo partido a la presidenta de tendencia "socialista del siglo XXI", ya puso a Bergoglio en la mira. Sin embargo, en esta ocasión la guerra sucia no será tan fácil tratándose de un sacerdote tan carismático que además se ha ganado el apoyo y la admiración de los argentinos. No es difícil avizorar uno que otro choque en el futuro entre el Papa Francisco y CFK.
Lo ocurrido recientemente en Venezuela a raíz de la enfermedad del presiente Hugo Chávez nos da un excelente ejemplo para graficar el extraño mundo del socialismo, aun el del siglo XXI. Como se recordará, tras el viaje de Hugo Chávez a La Habana para someterse a la cuarta intervención quirúrgica por un cáncer severo en la zona pélvica, los acontecimientos propios de un mundo socialista se han sucedido como si siguieran un libreto de Hollywood, más aun cuando incluye el viaje apresurado del famoso actor Sean Penn a La Paz, Bolivia, para participar de una vigilia por la salud el presidente venezolano.
Casi detrás del avión presidencial de Venezuela, el lujoso Airbus A319CJ, más conocido como FAV-1 o el Air Force One Bolivariano, aterrizó en La Habana el más modesto avión presidencial del Ecuador, un jet ejecutivo Embraer Legacy 600 recientemente adquirido en Manaos. Se trataba del presidente ecuatoriano Rafael Correa llegando en un súbito y dramático viaje que buscaba demostrarle su solidaridad al agravado líder continental bolivariano, de quien dijo "ha cambiado la historia". Mientras tanto, en Venezuela, el canciller Nicolás Maduro se dirigía a la nación para afirmar, con lágrimas en los ojos y voz quebradiza, su profunda devoción y lealtad inquebrantable al presidente Hugo Chávez Frías, incluso "más allá de la muerte".
Desde luego no es la primera vez que un presidente cae gravemente enfermo. Hay una larga lista de presidentes que incluso cayeron muertos en pleno ejercicio de sus funciones, tanto por dolencias propias como a manos de un asesino. Entre los más famosos presidentes fallecidos en funciones están Franmklin D. Roosevelt, muerto de cáncer cerebral mientras trabajaba sentado en su escritorio. También está John F. Kennedy, asesinado a tiros en Dallas, Texas. En el Perú tuvimos los casos del presidente Manuel Candamo muerto al año de su investidura por alguna extraña enfermedad no determinada, y el del comandante Sánchez Cerro asesinado a tiros en el hipódromo de Santa Beatriz.
En otros países se han dado casos como los de René Barrientos en Bolivia y Jaime Roldós en Ecuador, muertos ambos en accidentes de aviación. En Brasil murió el presidente electo Tancredo Neves antes de asumir el mando. También hay que mencionar la muerte de Juan Domingo Perón en la Argentina mientras ejercía su tercer mandato. En ninguno de los casos señalados se produjo la terrible sensación de catástrofe cósmica que hoy invade el mundo bolivariano. Ni siquiera con Perón. La muerte de Kennedy provocó gestos multitudinarios de dolor e indignación, perfectamente comprensibles, pero en ningún momento hubo la exaltación de una persona a los niveles de delirio colectivo que hoy se observan en Caracas. Estos gestos masivos de histeria y culto por la persona son propios del socialismo. Se vieron recientemente en Corea del Norte tras la muerte de Kim Jong Il y se asemejan a los vistos en Moscú a la muerte de Lenin y Stalin.
Todo este recuento previo nos permite señalar que la muerte no es ningún acontecimiento notable sino más bien un hecho cotidiano. Incluso la muerte de un presidente. Tal es precisamente una de las razones por las que suele designarse un vice presidente o incorporar en la ley una linea de sucesión del mando. Todo está previsto. No hay pues razones para sentir que el mundo llega a su fin con la muerte de un ser humano. Sin embargo esta es la atmósfera que se respira en el mundo bolivariano. Existe la sensación de que, muerto el líder, el experimento bolivariano y el socialismo del siglo XXI pasarán al tacho de la historia como un fracaso más de la izquierda latinoamericana. Más adelante veremos el legado de miseria que dejará Chávez. Por ahora tratemos de describir las características de este mundo de ficción colectiva que es el socialismo.
No importa lo que digan los textos y los teóricos sobre el socialismo. Importan los hechos. A partir de lo visto y vivido como socialismo en el mundo podemos señalar que se trata siempre de una dictadura personalista. Incluso si se oculta tras la escenografía de una democracia electoral, pues otra de sus características es la capacidad para engatusar a las masas mediante el discurso inflamado del líder, los gestos efectistas y las promesas de bienestar muy concretas para los más necesitados. Todo socialismo de fachada electoral se apoya en el poder de la retórica, la consigna y la fe ciega, sostenida con obsequios a los sectores pobres, quienes pasan así a conformar la base electoral de fanáticos del régimen. El arte discursivo es fundamental para construir aquellas imágenes de grandeza que tan solo existen en las mentes de los fieles seguidores. El lenguaje del socialismo se fundamenta en palabras muy sonoras y recargadas de simbolismo extremo, empezando por la mítica y manoseada palabrita "revolución" y la no menos trajinada "pueblo". El vocabulario revolucionario es muy especial; incluye palabras clave y contraseñas que permiten reconocer a los miembros de la secta: comandante, camarada, venceremos, patria o muerte. En el mundo socialista abundan los adornos semánticos que recubren el paisaje ficticio escenificado en las mentes colectivas tales como justicia social, soberanía, independencia, dignidad, igualdad, solidaridad, etc. La verborragia socialista derrocha frases cargadas de conceptos idealistas creando formas literarias propias de la ficción política de izquierda.
Ciertamente, en el mundo socialista el vocabulario revolucionario forma parte de la estrategia de gobierno. Tan importante como es para el capitalismo construir plantas de generación eléctrica, en el socialismo resulta fundamental crear una infraestructura discursiva que sirva de soporte al transcurrir del pensamiento general, una ruta lógico-verbal que facilite las fórmulas explicativas y las respuestas ante cualquier eventualidad, permitiendo tener bien identificados de antemano a los enemigos públicos y culpables de todos los males: el capital, los empresarios, la oligarquía, los grupos de poder, el imperialismo, la CIA y los EEUU. Asimismo nada es tan importante como generar una parafernalia de conceptos estratégicos levantados como monumentos en las plazas públicas del ideario popular: adelante, unidos, construyendo el socialismo, etc.
La importancia del verbo se hace patente en el líder de la revolución socialista, quien suele ser un orador consumado. Fidel Castro figura en el libro de Records Guiness con el discurso más largo de la historia de la ONU cronometrado en 4 horas y media. Pero aun eso resulta nada comparado con las 9 horas y media empleadas por Hugo Chávez para dirigirse al Parlamento en enero del 2012 dando cuenta de su gestión. El líder revolucionario suele emplear los medios con regularidad para dirigirse a la nación con su programa propio, en el que habla hasta agotarse. Pero si decidiera repentinamente dirigirse al país, todos los medios están obligados a enlazarse en cadena nacional para que el mensaje revolucionario llegue a la nación. En el discurso socialista se hace gala del lenguaje revolucionario, empleando las palabras clave y los conceptos míticos que dibujan el país de fantasía en el que todos viven inmersos como en un dulce sueño. Los "enemigos del pueblo" son señalados con aspereza, sin consideraciones diplomáticas de ninguna especie. Se celebra cada insulto como si fuera un gol y se alienta el repudio popular hacia los enemigos de la revolución dentro y fuera del país.
La diplomacia del líder socialista no se distingue por sus frases inteligentes, elegantes y capciosas como las de Winston Churchil o Ronald Reagan dirigidas al comunismo. Por el contrario, las expresiones de todo líder socialista se caracterizan por los malos modales y el insulto artero a sus opositores de turno, aun cuando sean presidentes. La imagen de Nikita Kruschev golpeando con su zapato el atril de la ONU queda como una pecata minuta ante los desaforados insultos que Fidel Castro y Hugo Chávez han propinado a diestra y siniestra no solo en presentaciones informales sino incluso en discursos oficiales en la ONU y otros eventos. Han sido víctimas de su artillería verbal los presidentes de EEUU, secretarios de estado, embajadores, candidatos, sacerdotes y gobiernos enteros como los de España e Israel. Hugo Chavez llegó a decir, desde la seguridad que le da su posición de tirano: "Maldito seas Estado de Israel". A los obispos venezolanos que se pronunciaron pidiendo democracia en Venezuela los llamó cobardes, cínicos y trogloditas, antes de pedirle a su canciller que revisara los convenios con el Vaticano.
El abuso del lenguaje revolucionario no se limita al discurso en plazas públicas sino que es parte de las formas oficiales del gobierno. En Venezuela no dudaron en cambiar de nombre al país para ajustarlo a los tiempos modernos llamándolo "República Bolivariana", aunque nadie sepa exactamente qué significa eso. En Bolivia llamaron al país "Estado Plurinacional" pero oficialmente suelen denominarla también como "Autonómico, Comunitario, Productivo y Solidario". Los ministerios en Venezuela adquirieron el formato pomposo y grandilocuente de "Ministerio del Poder Popular". Pero más allá de la febril pasión por la retórica llamativa y el verbo incandescente, también en los hechos se asumen gestos cargados de gran connotación simbólica. Por ejemplo se crearon ministerios para cada concepto o tarea significativa dentro de la mentalidad revolucionaria: la cultura, el deporte, la juventud, la mujer, las comunidades, la autonomía. Algunos tan específicos y extravagantes como el "Ministerio del Poder Popular para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas".
Pero el simbolismo no termina en la ampulosidad retórica, ni en las denominaciones estrambóticas, ni en las simples pero significativas ocupaciones elevadas a niveles ministeriales. Alcanza también a las personas. Resulta importante que el gobierno sea una variopinta expresión de la diversidad cultural y étnica. Antes que un equipo técnico eficiente, el gabinete debe ser una especie de museo de la etnicidad nacional donde se halle representada la gran riqueza cultural del país, así como todos los sexos y edades. En este demostrativo empeño revolucionario por la igualdad y la representatividad suelen adquirir mayor relevancia las mujeres y los indígenas, pero tan solo por su valor simbólico. De este modo se asume el concepto de igualdad y representatividad de manera literal, llevándola hasta sus últimas consecuencias. Acá ya no se trata de tener en la política una representación cabal de las principales ideas y voluntades públicas, sino que más bien se trata de representar físicamente a las etnias, procedencias, colores, sexos y edades. Un concepto revolucionario de la representación política, sin duda.
El socialismo es el regreso a las formas tribales de existencia, cuando toda una comunidad confiaba su destino en las manos de un líder carismático. Si bien en aquellos tiempos el líder era elegido por sus dotes de guerrero, su valor o astucia en la batalla, como ocurrió con el Rey David, en el socialismo es elegido por sus alardes mesiánicos, su extravagancia retórica o por la simple debacle de un sistema de partidos clásicos que no le dejó al electorado más alternativas que saltimbanquis e improvisados, fundadores de una nueva izquierda basada en la retórica y en nada más. Algunos llegaron al poder luego de que oleadas de protestas indígenas desestabilizaran el Estado de Derecho, como ocurrió en Ecuador y Bolivia. Una vez instalado el socialismo, todo el poder se concentra en la persona del líder. La estructura del poder político del Estado se vuelve piramidal y vertical. La división de poderes es apenas un formalismo administrativo inoperante ya que en los hechos no existen contrapesos reales al poder central concentrado en el líder. El gobierno se ejerce mediante un despotismo digno de épocas imperiales. El gobernante asume una autonomía tiránica donde su voz es la ley. Nadie hará nada sin consultar su opinión y conocer su voluntad. Pasará a la historia del despotismo socialista del siglo XXI el día que Hugo Chávez paseaba por la Plaza de Bolívar, en Caracas, preguntándole al alcalde "¿De quién es ese edificio?" para luego sentenciar: "¡Exprópiese!".
En tal estado de cosas nadie se atreve a oponer resistencia a la voluntad imperial del déspota socialista. Cualquiera que se atreva a interponer siquiera la ley o la Constitución es inmediatamente expurgado del sistema y señalado como traidor a la revolución, vendepatria o "pitiyanqui", neologismo empleado por Hugo Chávez para estigmatizar a sus enemigos. Es claro en lanzar advertencias: "Los pitiyanquis deberían dar gracias a Dios porque esta revolución es pacífica. Porque somos muchos y si fuera violenta, no quedaría rastro de pitiyanqui alguno en esta tierra". Son pocos pues los que se atreven a pararse en la oposición. Por el contrario, lo que emerge como por encanto son los seguidores e incondicionales al tirano. Gente dispuesta a matar por el líder de la revolución. Tienen paciencia para sentarse a escuchar sus peroratas durante horas, festejar sus bromas y aplaudir sus ocurrencias, extasiados por la voz iluminada de su líder ante quien se arrastrarían de rodillas si este se los pidiera. Viven orgullosos de vestir el uniforme rojo que distingue a los seguidores de la revolución.
La maquinaria de propaganda de la revolución se ocupará de elevar la imagen del líder a niveles sagrados y divinos. Aunque no todo es obra de la propaganda. Por sí solo en el socialismo se produce una conexión mística entre el líder y sus seguidores, tal que estos llegan a la dependencia, al fanatismo y la enajenación. El líder se torna así indispensable. Sensación que es compartida por el propio líder quien no tiene ningún reparo en aspirar a varias décadas de gobierno. Después de todo están inspirados en Fidel Castro y su tiranía de medio siglo. No hay líder socialista que no anhele retener el cargo indefinidamente. En el siglo XXI los socialismos asumieron el poder por la vía electoral a causa de la debacle de la democracia, pero luego de montar el escenario de la revolución han procedido -sin excepción- a cancelar lo poco que quedaba de democracia elaborando una nueva Constitución a la medida, que facilita la permanencia indefinida del tirano y consagra su estilo de gobierno personalista sustentando el poder en las masas y las consultas populares. La Constitución de Bolivia cancela expresamente la democracia representativa, la cual es definida por el gobierno como una "mafia de partidos", casi copiando los argumentos de Cuba. Desde luego, cada Constitución socialista del siglo XXI es una pieza perfecta de retórica frondosa y exuberante, repleta de frases líricas y evocaciones fabulosas donde los derechos adquieren ribetes de promesa bíblica.
En el nuevo escenario político montado por el socialismo todos los críticos son tratados como "enemigos del pueblo", y muy en especial la prensa. La relación entre el socialismo y la prensa es una de las más conflictivas que hay en este mundo tan especial. Desde Venezuela hasta Argentina, pasando por Ecuador, la prensa ha sido objeto predilecto de insultos por parte del poder tiránico, quien no duda en apelar a acciones de intimidación, cierre o expropiación, cuando no en el auto exilio de periodistas o dueños de medio. El poder totalitario socialista no tolera ningún atisbo de libertad. Cualquier segmento social que esté fuera de su control y se desenvuelva con soltura es visto con sospecha. Los que no están con la revolución están contra ella, por tanto son estigmatizados y perseguidos. Cualquier crítica es recibida como afrenta y respondida con insultos y advertencias. Los seguidores y defensores del régimen se ocuparán de las acciones de ablandamiento e intimidación. Toda la estructura del Estado está a disposición de las acciones que el líder socialista disponga, desde la fiscalía hasta los jueces. Una de las claves del poder es el compromiso comprado a los altos estamentos de las Fuerzas Armadas a quienes se les dispensa una gran variedad de prebendas, permitiéndoles incluso manejar sus propios negocios sucios, lo cual es un arma de doble filo que le garantiza lealtad pero puede ser -y será- usado por el tirano para cortar cabezas en el momento justo. El déspota suele rodearse, dentro de su círculo más cercano, de personas mediocres que brillan no por sus capacidades intelectuales ni su sapiencia sino por su obsecuencia servil y su fanatismo al líder, lo que este suele llamar "su compromiso con la revolución". El equipo de gobierno en un Estado socialista suele ser una colección variopinta de gente mediocre que compite por recibir la bendición del tirano y la caricia de su mano. El encargado de cada ministerio se preocupa más de complacer al gobernante que en resolver problemas.
A diferencia del socialismo clásico del siglo pasado, el socialismo latinoamericano del siglo XXI carece de fundamentos ideológicos claros. Mientras la revolución rusa -y aun los revolucionarios latinoamericanos del siglo XX- discutían los alcances del marxismo, una tesis sumamente ambiciosa, abarcadora y totalizante, los revolucionarios de hoy divagan en una serie de ideas confusas que el comunismo dejó flotando en el aire tras la caída del muro de Berlín. Lo único que sobrevive es el odio al capitalismo y a los EEUU. Mientras el capitalismo es una forma de vida fundada en el trabajo y la creación de riqueza, el socialismo es una doctrina política fundada en el odio al capitalista. Tal odio deriva de la tesis de Marx según la cual el capitalista consigue su riqueza de la plusvalía, es decir, de un supuesto trabajo no pagado, definiendo al capitalismo como un sistema esclavista y explotador. Semejante disparate es una forma equivocada de entender el capitalismo, incluso en esa época. Pero sobre ese disparate se edificó el socialismo. A causa de esta manera tan equivocada de entender la realidad, la vida humana, la economía, el trabajo, la empresa y el mercado, el socialismo asume que la solución es eliminar el afán de lucro, cancelar el mercado y encargar el manejo de todo al Estado. Por su puesto, el principio es cancelar la propiedad privada. Esto significa que a las personas se les privará incluso del producto de su trabajo para que el Estado actúe como el único gran administrador de todos los recursos bajo un principio de equidad. Esta idea hipnotizó por décadas a muchísima gente. Vieron allí la luz del amanecer de un nuevo mundo donde todo sería justicia. Pocos lograron discernir el error implícito en esa idílica visión.
El otro absurdo heredado del marxismo es concebir que el mundo está diseñado por el capitalismo con el oscuro propósito de preservar el esquema de esclavitud, de modo tal que todos los resortes de la vida bajo este modelo son elementos perniciosos que deben ser destruidos. Con tales prejuicios ideológicos en mente, no se puede esperar del socialismo otra cosa distinta que la ruina y la debacle total de un país, pues teniendo por misión la destrucción del mundo pervertido y el combate a los creadores de la riqueza, nada hay que pueda soportar las bases de una vida civilizada. Sin embargo esta crisis material es contrarrestada con una profusa propaganda oficial que, mediante el mágico lenguaje revolucionario y sus artes retóricas, convence a la población de vivir en un mundo mejor donde los beneficios son insustanciales e intangibles, tales como la dignidad, la soberanía, la independencia, la solidaridad, etc. Paralelamente se glorifica a la patria y a la gran revolución para transmitir la idea de que cualquier disconformidad o queja con el sistema es atentar contra la patria. El bombardeo publicitario se sustenta en los ideales que deben defenderse, ideales que suelen vincularse con algún héroe magnánimo convertido en el símbolo supremo de la nacionalidad, el icono de la patria, el dios protector ante cuya imagen se debe desfilar glorificándolo. Puede ser el Che Guevara, Martí, Bolívar, Túpac Amaru, Túpac Katari, Perón o Evita. Cualquiera sirve.
Del mismo modo en que los logros revolucionarios son básicamente entelequias idealistas en medio de la creciente miseria material, los problemas que preocupan al socialismo siguen siendo entelequias. Lo que se combate son monstruos idealizados, enemigos del pueblo, traidores de la patria y agentes del mal. En el campo de la economía se lucha contra la especulación y el afán de lucro, contra los monopolios, oligopolios y terratenientes. Peor aun, se lucha contra lo que el régimen considera "injusticia". Puede ser injusto que alguien tenga algo que vender cuando los otros no lo tienen, o puede que el precio sea lo injusto. No hay parámetros para definir lo justo. Todo queda en manos de la burocracia revolucionaria. Además la mentalidad progresista reposa en la idea de que el Estado puede manejar la economía por decreto y resolver la pobreza repartiendo dinero. Se cree, por ejemplo, que la clave de la ciencia y la tecnología es la creación de un Ministerio que de ocupe de esos temas. En general, en el socialismo apreciamos una marcada tendencia a ignorar o menospreciar la realidad para preferir el espejismo de las ideas, donde el mundo perfecto está ya definido, y donde los obstáculos para llegar al paraíso se superan únicamente con buena voluntad. El poder que encarna el gobernante deriva en el convencimiento de que el Estado es todopoderoso, y a partir de tal ficción se desarrolla la lógica de que un decreto apropiado resuelve cualquier problema. Los fracasos serán atribuidos a la ineficiencia de los encargados o al sabotaje de los enemigos.
Este es pues a grandes rasgos el extraño mundo del socialismo. Un mundo delirante que, pese a sus contraproducentes resultados a lo largo de la historia, mantiene una larga fila de devotos. Un fenómeno de masas que por momentos alcanza niveles de exaltación patológica, digna de estudio desde las ciencias clínicas, pues se trata de salud mental colectiva. Por desgracia aun la ciencia no ha ingresado en los dominios de las perturbaciones mentales colectivas generadas por ideas políticas. Apenas hemos tocado las generadas por ideas religiosas. Pero hay una estrecha conexión en la forma de concebir el mundo real como algo secundario y negativo para aspirar a un nuevo mundo fantástico, más allá de este y a pesar de este. A partir de semejante perspectiva de base, la lógica necesaria para la concepción de la vida o de la política o del Estado cambian radicalmente.
Introducción
La paradoja y la anécdota son quizá los componentes más recurrentes de la realidad humana. Una mirada a la historia nos revela que a pesar de todos nuestros esfuerzos por diseñar un mundo mejor -y a despecho incluso de los grandes conocimientos acumulados por la humanidad en el último siglo y medio- las sociedades humanas siguen en una marcha incontenible hacia las crisis. Nada de lo hecho parece servir sino para cambiar el escenario de la crisis y otorgarle un nuevo sentido a la experiencia del fracaso. Peor aun, a menudo las instituciones creadas para protegernos de los males acaban siendo nuevos males. Algo de esto es lo que ha ocurrido con las organizaciones internacionales como la ONU y sus satélites, decididas a impartir directivas de buen gobierno a todos los países. Pero también ha ocurrido esto con las entidades creadas para defender los Derechos Humanos, diseñadas para actuar en determinada coyuntura y que hoy se enfrentan a escenarios muy distintos. Aunque el mundo ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años, estas instituciones permanecen ancladas en el pasado, pues su estructura e ideología jurídica obedecen a un mundo que ya no existe.
Lo mismo ocurre con las ONGs creadas para defender los derechos humanos, que no en pocas ocasiones han servido para defender a quienes atentaron contra los DDHH en la época de las guerrillas y el terrorismo de izquierda. De hecho, algunas de estas ONGs responden a las necesidades de defensa de determinados grupos de izquierda, y están hoy manejadas por activistas de izquierda, interesados más en proteger a sus miembros, reivindicar sus acciones y abrirle el paso a su doctrina con un nuevo barniz de defensa de los derechos y del ambiente. En el Perú estas organizaciones se agrupan en la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, CNDDHH, encargada de llevar diligentemente los casos contra el Estado peruano ante la Corte IDH y juzgar a militares en procesos sin fin. Es fácil advertir que existe un extraño apasionamiento en la forma en que estas ONGs viven enfocadas en la persecución de militares y en la búsqueda de reparaciones para terroristas y sus familias.
Una perversa circunstancia que se deriva de la historia hace que la Corte IDH esté focalizada únicamente en el juzgamiento a los Estados y que toda sentencia conlleve una reparación económica a la víctima. Este último hecho alienta una abierta búsqueda de recompensas en las ONGs de DDHH, las que han pasado así a convertirse prácticamente en agencias de cazarrecompensas. Pero además, la circunstancia citada las limita a ocuparse solo de cierto tipo de casos, descuidando una inmensa cantidad de situaciones en que los derechos de las personas se vulneran de diferentes modos y por distintos agentes. Hay pues en todo este escenario de justicia internacional muchos aspectos que trasgreden una real justicia de DDHH, en especial tratándose de eventos que corresponden a vivencias históricas excepcionales como las que atravesó el Perú en la década de los 80 y parte de los 90. A continuación revisamos la situación de los DDHH y sus ONGs.
Perspectiva histórica
El interés por los DDHH surge en la posguerra, luego de haber sido testigos de las masacres humanas más atroces de la historia, no solo de parte de los nazis sino también por el comunismo. Los procesos de Núremberg sentaron las bases para una nueva forma de percibir las acciones de guerra. De ellos nacieron las ideas para formar más tarde las bases de una jurisprudencia internacional, entre ellas la Declaración de los Derechos Humanos establecidas como norma internacional. Debemos recordar que en el siglo XX se asesinaron más seres humanos que en toda la historia anterior de la humanidad. La mayoría de estas masacres se produjeron extrañamente en búsqueda de una quimera llamada "justicia social", en manos del comunismo. Estos homicidios estuvieron a cargo de gobiernos totalitarios inspirados en doctrinas utópicas y encarnadas por líderes que apelaban a las masas para sustentarse, instándolas a defenderse de un supuesto peligro que amenazaba su integridad como nación, clase o religión; promoviendo al mismo tiempo un cierto tipo de ideología del odio dirigido a los que consideraban enemigos. Estos podían ser igualmente una raza, una religión, un pueblo, país o una clase social. Como producto de esas doctrinas fundadas básicamente en una ideología del odio sectario se desataron dos guerras mundiales y posteriormente diversas otras masacres de exterminio brutal por cuenta de estados totalitarios comunistas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo no alcanzó la paz sino un nuevo estilo de violencia política de dimensiones internacionales. Por un lado el antagonismo político y militar establecido entre las dos nuevas superpotencias mundiales, los EEUU y la URSS, fue trasladado por este último al plano ideológico. Ya no se trataba de cuidar la paz del mundo sino de ganar la hegemonía mundial a través del adoctrinamiento de las personas enseñándoles a odiar al enemigo de clase: el imperialismo norteamericano. Rápidamente los países latinoamericanos fueron invadidos por toneladas de material literario procedente de países comunistas, el cual era distribuido gratuitamente en las universidades a los jóvenes, quienes sintieron recibir un llamado divino para luchar por la tierra prometida de la justicia social.
Durante los años 60 y 70 Latinoamérica se vio inflamada por el marxismo. El triunfo de la revolución cubana atizó los entusiasmos de una generación de jóvenes que soñaban con el paraíso del socialismo, donde todo sería justicia e igualdad pues no habrían ni ricos ni pobres. Para empeorar el escenario ya efervescente, China surgió como una nueva potencia mundial que proponía un nuevo estilo de comunismo. La mayoría de países dominados por el comunismo trataban de exportar su propio modelo con literatura de propaganda. Incluso Albania exportaba en lujosas revistas su modelo de socialismo agrario. En todas estas publicaciones se exhibía un culto delirante a la persona del líder. El marxismo repentinamente se puso de moda en nuestra cultura y fue asumida ingenuamente como la gran solución a todos los males de la humanidad, en especial de la pobreza. Por desgracia se trataba de una ideología del odio. Un odio dirigido a los enemigos de clase.
La propaganda marxista penetraba Latinoamérica culpando al capitalismo y al imperialismo norteamericano por todas las desagracias del mundo, incluso las que existían desde siempre. Varias generaciones de jóvenes creyeron incautamente la propaganda comunista de la justicia social y emprendieron el activismo político de izquierda alentados por el ejemplo cubano. Toda una generación se convenció de que había que alcanzar el poder por las armas e imponer la justicia a la fuerza. Más que ejemplo, Cuba se había convertido además en la plataforma latinoamericana de adoctrinamiento y entrenamiento guerrillero marxista. Había un plan muy concreto para desatar una ola de revoluciones marxistas en todo Latinoamérica. Este plan provocó a lo largo de los 60 una penosa serie de organizaciones y actividades orientadas a la acción subversiva en varios países, la mayoría de las cuales acabaron en inútiles derramamientos de sangre. No solo Cuba exportó guerrilleros sino también Chile y Argentina, cuyos montoneros sirvieron de soporte a la guerrilla nicaragüense y hasta asesinaron al ex dictador Anastasio Somoza en Paraguay.
La reacción natural de los países y gobiernos de Latinoamérica ante la ofensiva comunista fue defenderse. Acción que estuvo a cargo básicamente de las FFAA de cada país, contando en muchos casos con el apoyo de los EEUU. A principios de los 80 la mayoría de estas acciones subversivas en Latinoamérica empezaron a perder fuerza, siendo finalmente derrotadas, incluyendo el marxismo electoral surgido en Chile, luego de que Salvador Allende lograra la presidencia de la República gracias a ciertos acuerdos políticos en el Congreso. Allende había recibido apenas el 36% de los votos en las elecciones de 1970, pero tras una serie de acuerdos partidarios el Congreso lo nombró presidente. Una vez en la presidencia, Salvador Allende no tuvo reparos para emprender una arriesgada y apresurada política de transformaciones radicales trasgrediendo los límites de la Constitución. El resultado obvio fue una crisis política, social y económica sin precedentes. Allende había viajado a la URSS y a Cuba, estableciendo pactos para convertir a Chile en la nueva plataforma sudamericana del comunismo mundial. Como triste consecuencia de la aventura comunista en Chile se dio el cruento golpe de Estado del general Augusto Pinochet y el suicidio de Salvador Allende. Al mismo tiempo se inició la diáspora de comunistas chilenos por todo el mundo.
En el Perú la historia de la agresión comunista se prolongaría hasta finales de los 90. Las exiguas guerrillas de los 60 fueron fácilmente derrotadas por el ejército. Luego los guerrilleros serían amnistiados y más tarde se incorporaron a la vida política conservando un aura especial por un tiempo. Al cabo de un extenso período de adoctrinamiento universitario en la década de los 70, la efervescencia del marxismo cobró vida nuevamente en los 80 pero esta vez con ribetes de genocidio salvaje. Ocurrió cuando el país había iniciado una nueva etapa de vida democrática. La versión marxista que emprendió la última aventura comunista de "guerra popular" se llamó Sendero Luminoso, inspirada en la revolución maoista. Pese a que el maoismo ya había caído en desgracia en China, Sendero Luminoso emprendió su propia versión andina de la revolución cultural rechazando el giro político de China mediante perros colgados en los postes, con carteles que llevaban el nombre de Deng Xiao Ping. Este gesto ya anunciaba el nivel de desvarío y perversión mental que caracterizaría a estos nuevos revolucionarios de la izquierda latinoamericana.
La carnicería desatada por Sendero Luminoso mediante el aniquilamiento selectivo así como colectivo, junto a sus acciones de sabotaje, obligaron al gobierno a incorporar a las FFAA a la lucha antisubversiva. Es necesario reconocer que el escenario que enfrentaba el Perú en los 80 desbordaba los cauces previstos en la Constitución. Toda Constitución se elabora pensando en superar la experiencia directa reciente que ha vivido el país. La Constitución que se redactó en 1978 se enfocó en proteger la democracia del acecho de los militares. Sin embargo, lo que vino después fue algo completamente nuevo y diferente. Hubo que llamar a las FFAA para defender la democracia atacada por un grupo de civiles enajenados con una ideología que se descomponía en el basurero de la historia. Había pues una abierta discrepancia entre el texto constitucional y la nueva realidad peruana. Incluso las FFAA estaban frente a una situación novedosa para la cual no estaban preparadas. Su doctrina de guerra se fundaba en otros escenarios y supuestos. De este modo tanto las FFAA como la clase política y el Estado en su conjunto se vieron sin sustento legal para enfrentar el acoso de una banda de asesinos fanáticos. Hubo pues que improvisar en medio del desconcierto. La realidad del Perú estaba fuera de las previsiones del marco constitucional.
Una paradoja de la historia fue que la Constitución de 1978 tenía como premisa la defensa de los DDHH. No empezaba definiendo a la República, como había sido el formato de las constituciones previas y como se espera que debe ser la constitución de un país, es decir, definiendo qué es lo que se constituye. En cambio, su título primero estaba dedicado a la declaración de los DDHH. Declara a la persona humana como el fin supremo de la sociedad y del Estado. Sin embargo, bajo el imperio de esta humanista Constitución el Perú vivió la época más perversa de su historia, signada por el atropello a todos los derechos que la persona humana puede tener empezando por la vida. La paradoja de nuestra historia fue que bajo la Constitución más perfecta y lírica en cuanto a derechos humanos el Perú acumuló su mayor cuota de sangre y muerte. Evidentemente las constituciones no protegen a la sociedad solo por acumular más retórica sobre los DDHH ni sobre la democracia. Además de exuberancia retórica alrededor de los DDHH la Constitución del 78 incorporó medidas para evitar los gobiernos inconstitucionales y de facto.
Detener el baño de sangre en el que se había sumergido el Perú en los 80 obligó al presidente Alberto Fujimori a salir del marco constitucional. Perpetró así un golpe de Estado el 5 de abril de 1992 cerrando el Congreso y adoptando medidas extraordinarias destinadas básicamente a enfrentar el terrorismo mediante acciones realistas y efectivas. Este golpe de Estado contó con la aprobación mayoritaria de la sociedad que no simpatizaba con el ambiente conflictivo y demagógico propio del Congreso, actitud que se mantiene hasta hoy como disconformidad con la democracia formal y sus instituciones básicas. Fujimori activó medidas efectivas contra el terrorismo como juicios sumarios en el fuero militar y jueces sin rostro. Luego ordenó el ingreso de las FFAA en las universidades. Solo así se pudo detener el adoctrinamiento y se impuso el orden en los claustros, convertidos en centros de reclutamiento de la subversión. También se impuso el orden en las prisiones, donde los terroristas actuaban libremente al haber convertido las cárceles en talleres, imprentas y escenarios de propaganda para la prensa internacional. Evidentemente Fujimori no podía mantenerse con aprobación internacional gobernando sin una Constitución ni instituciones democráticas. En consecuencia convocó de inmediato a elecciones para conformar un Congreso Constituyente que redactaría una nueva Constitución.
Esta situación puede ser definida como la necesidad de enfrentar situaciones extraordinarias con medidas extraordinarias. La realidad peruana había sobrepasado largamente todos los supuestos contenidos en la Constitución de 1978, elaborada pensando en defender la democracia de los golpes militares. La enumeración extensiva de los derechos humanos desde el título primero iba dirigida a imponerle al gobierno y al Estado el respeto de los individuos y de las instituciones democráticas como premisa fundamental. Sin embargo, la realidad fue exactamente al revés. En los años 80 los gobiernos fueron democráticos pero el desprecio a la vida y a los derechos humanos se manifestaba en la sociedad misma, se desarrollaba como una acción civil que desafiaba al Estado de Derecho y al propio gobierno. Estábamos pues ante un escenario no solo imprevisto sino completamente opuesto al que sirvió de base para diseñar la Constitución de 1978.
La última actuación del terrorismo en el Perú estaría a cargo del MRTA en 1997, cuando un comando liderado por Nestor Cerpa Cartolini capturó la residencia del embajador japonés. Su objetivo era liberar a sus presos. La lista empezaba por Nancy Gilvonio Conde, esposa de Néstor Cerpa, y los chilenos Jaime Francisco Castillo Petruzzi, María Concepción Pincheira Sáez, Lautaro Enrique Mellado Saavedra y Alejandro Astorga Valdés, todos ellos integrantes del MRTA. La osadía del grupo terrorista acabó con una acción militar en la que murieron todos sus integrantes. Tal vez podemos considerar este episodio como el último de los acometidos por el marxismo en el continente. Desde los primeros combates en la Sierra Maestra de Cuba, a cargo de la guerrilla castrista, hasta la muerte de los integrantes de la también castrista MRTA en la residencia del embajador del Japón en Lima, hay 41 años de historia en actividad subversiva a cargo del comunismo. Actividad extendida por toda la región, desde Centro América hasta Argentina, con resultados sangrientos y diferente suerte.
La adopción de la Corte IDH y las leyes antiterroristas
El Perú forma parte de la Convención Americana de DDHH desde el 28 de julio de 1978 y aceptó la competencia contenciosa de la Corte el 21 de enero de 1981. El Estado peruano suscribió la Convención el 27 de julio de 1977 cuando el Gobierno Militar venía preparando el retorno al sistema democrático y había convocado a la Asamblea Constituyente que sancionó la Constitución Política de 1979, en cuya décima sexta disposición final ratificó la Convención y declaró su sometimiento a la competencia de la Comisión y de la Corte. El depósito de la ratificación lo hizo el Perú, oficialmente, el 28 de julio de 1978 y presentó el instrumento de reconocimiento de la competencia de la Comisión y de la Corte, como obligatoria de pleno derecho y sin reserva alguna, el 21 de enero de 1981, luego de instalado el Gobierno y el Congreso elegidos en 1980.
Está claro pues que el Perú pasa a formar parte del Sistema Interamericano de DDHH bajo un escenario muy diferente al que le tocaría enfrentar en la siguiente década. Las intenciones política de formar parte del sistema era defender la democracia y el abuso de poder por parte de las dictaduras militares que habían sido una constante en toda la región, pero también dotar a la sociedad de un instrumento de justicia supranacional que le garantice la protección de sus derechos ante la ineficacia de un Poder Judicial a menudo sojuzgado y comprometido con el poder político de turno. A continuación el Perú cambia de régimen político y empieza una vida democrática con diferentes retos políticos que exigieron la elaboración de nueva legislación, pero también enfrentó situaciones extremas que plantearían decisiones también extremas de supervivencia.
La violencia terrorista desatada por dos grupos de izquierda -el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru- afectó gravemente la vida de la sociedad peruana motivando la promulgación de leyes especiales que tipificaron el delito de terrorismo y establecieron penas paulatinamente más severas, dotando a las fuerzas policiales y militares de recursos y facultades que les permitieran una mayor eficacia en la lucha antiterrorista. Sometieron el enjuiciamiento de los terroristas a los jueces y tribunales de la jurisdicción ordinaria. Sin embargo, los problemas típicos de la justicia peruana tales como la dilación de los plazos, la sobrecarga procesal, la falta de capacitación de los jueces ante un nuevo escenario que requería nuevos criterios jurídicos, así como la descoordinación permanente con instituciones como la policía y la fiscalía, hacían que el trabajo de enfrentar legalmente a la sedición fuera imposible. A lo anterior hay que sumarle la corrupción y la constante amenaza en que vivían los jueces por parte del terrorismo.
No había pues un escenario apropiado para enfrentar el fenómeno del terrorismo con las armas de la ley. La burocracia jurídica así como los instrumentos legales nunca estuvieron a la altura de las circunstancias tan graves que enfrentó el Perú en la década de los 80. La clase política aun discutía sobre la naturaleza del fenómeno y el Congreso se entrampaba constantemente en debates extensos y estériles, concentrados más en investigar casos concretos, buscar responsables políticos y castigar a los agentes militares y policiales que enfrentaban el terror. Había una lucha desigual. Por un lado las fuerzas del orden se hallaban vigilados y con la responsabilidad legal y política sobre su accionar, mientras que al frente tenían enemigos que actuaban sin cuartel ni ley. Las FFAA además encaraban una situación nueva y desconocida en su formación, pues habían sido capacitados para pelear frente aun enemigo externo en escenarios muy diferentes. No tenían pues ni una doctrina de guerra apropiada ni una capacitación adecuada para el escenario que enfrentaban.
En 1990 el terrorismo había alcanzado un significativo avance y ramificaciones. No sólo había asolado el campo sino que además se había introducido en las ciudades y la ciudad de Lima se encontraba, realmente, en una situación de emergencia. El Gobierno se vio, entonces, en la imperiosa necesidad de enfrentar la violencia terrorista con una estrategia que jurídicamente se sustentara en una normativa sumamente severa e intimidatoria que, aunque dirigida a la protección ciudadana y a la cautela de las instituciones, podía colisionar con la Convención de los DDHH al mermar garantías y derechos ya consagrados en ella.
Por la gravedad de la situación política interna, el 5 de abril de 1992 el Presidente de la República Alberto Fujimori decidió disolver el Congreso y procedió a convocar de inmediato a elecciones para que un Congreso Constituyente dotara al Perú de una nueva Carta Política. De este modo, el Poder Ejecutivo asumió la función de legislar mediante decretos-leyes. El 7 de mayo de 1992 se puso en vigencia el Decreto-Ley No. 25475 que estableció una nueva tipificación del delito de terrorismo y de figuras delictivas conexas; las penas aplicables, entre ellas la de cadena perpetua; normas para la investigación de las actividades terroristas, que la puso a cargo de la Policía Nacional; normas para la instrucción y juzgamiento de los terroristas bajo la competencia de la jurisdicción ordinaria, aunque con reserva de la identidad de los magistrados y fiscales; normas para el ejercicio de la defensa; normas para la ejecución de las penas; y, por último, para el régimen de visitas.
Pocos días después, el 17 de mayo de 1992 se puso en vigencia el Decreto-Ley No. 25499, denominado Ley de Arrepentimiento, que dispuso la reducción de las penas, su exención y aún remisión en favor de quienes habiendo participado en la comisión de delitos de terrorismo contribuyeran a combatirlo. Ya instalado el Congreso, por Ley No. 26220 del 19 de agosto de 1993, se pusieron en vigencia normas complementarias a las de la Ley de Arrepentimiento y, por Ley No. 26345, puesta en vigencia el 31 de agosto de 1994, quedó fijado el plazo hasta el 1 de noviembre de 1994 para que los terroristas se acogieran a la Ley de Arrepentimiento. No obstante estas medidas el terrorismo continuó intensificándose y tuvo su eclosión, en el mes de julio de 1992 en el atentado perpetrado en la Calle Tarata del Distrito de Miraflores.
El 14 de agosto de 1992 se puso en vigencia el Decreto No. 25659 que, bajo en nomen iuris de delito de traición a la patria, tipificó la figura del terrorismo agravado, aplicándole la pena de cadena perpetua y disponiendo que su juzgamiento, a partir de la antes indicada fecha, correspondía a la competencia de la jurisdicción militar desde la etapa de instrucción. Dispuso, además, que en ninguna de las etapas de la investigación y del proceso eran procedentes las acciones de garantía. Es del caso indicar que por Ley No. 26248, vigente desde el 26 de noviembre de 1993, se repuso la acción de hábeas corpus en favor de quienes estaban imputados de la comisión del delito de traición a la patria.
Mediante el Decreto-Ley No. 25148, vigente desde el 11 de septiembre de 1992, se dispuso que el juzgamiento del delito tipificado por el Decreto-Ley No. 25659 se tramitara por el procedimiento sumario establecido por el Código de Justicia Militar, imponiéndole al juez instructor un término máximo de 10 días naturales para expedir sentencia y precisando que era procedente el recurso de nulidad ante el Consejo Supremo de Justicia Militar. A mediados del mes de septiembre de 1992 fue capturado el ideólogo y jefe de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, con lo que esta organización terrorista comenzó a declinar en sus actividades criminales. Sin embargo, lo mismo no ocurrió con el MRTA que intensificó sus acciones terroristas con atentados y secuestros, manteniéndose en actividad pese a la detención y juzgamiento de varios de sus líderes. El MRTA fue el autor de la toma de la residencia de la Embajada de Japón en Lima y del secuestro de varios centenares de personas que habían asistido a la recepción con motivo de su Fiesta Nacional, en diciembre de 1997.
Concluidas las labores del Congreso Constituyente y sometida a referéndum, la Constitución Política de 1993 entró en vigencia el 30 de diciembre de ese año. Al igual que la Constitución de 1979, su cuarta disposición final reafirmó la adhesión del Perú a las normas de la Convención de DDHH. La Constitución de 1993 diferencia, como delitos, la traición a la patria del de terrorismo, previendo para ambos la pena de muerte (art. 140) pero cuidando de no apartarse de los tratados de los que el Perú es parte y manteniendo para ellos la competencia de la jurisdicción militar (art. 173). Esta diferencia permite calificar dentro del delito de terrorismo, como figura genérica, la modalidad de terrorismo agravado que queda comprendida dentro del delito de traición a la patria.
En agosto de 1996, mediante la Ley No. 26655, se dio creación a una Comisión que tiene por encargo evaluar, calificar y proponer al Presidente de la República la concesión de indultos y la conmutación de penas, en favor de quienes se encuentren condenados por delitos de traición a la patria, en base a elementos probatorios insuficientes que permitan presumir, razonablemente, que no habrían tenido ningún tipo de vinculación con actividades u organizaciones terroristas. Esta Comisión funcionó hasta el 31 de diciembre de 1998 y en virtud de sus propuestas se pudo reparar errores en los procesos que dieron lugar a condenas pero también indemnizar a quienes sufrieron indebidamente las consecuencias de la lucha antisubversiva.
Como se puede apreciar en esta narración sucinta, el Perú atravesó un período muy especial y atípico de su historia, el cual tuvo que enfrentar con medidas especiales. Pero queda también muy claro que, pese a las urgentes y enérgicas medidas que se adoptaron, hubo en todo ese proceso un esfuerzo genuino por generar un campo jurídico apropiado a la situación de emergencia, sin dejar de incorporar mecanismos de revisión y reparación de excesos por parte de las fuerzas del orden y de las drásticas leyes aplicadas. No se puede pues exigir menos a un gobierno que asume la imperiosa obligación de defender a la sociedad, del ataque de grupos terroristas que secuestran, amenazan y asesinan empresarios, comunidades y a la sociedad en pleno. Es deber de todo Estado y gobierno adoptar las medidas necesarias para cumplir el fin último de la defensa de la nación. Nada hay de reprochable en la conducta del Estado peruano que al final pudo restablecer el orden y devolverle al país la paz. Es obligación de todo buen político saber tomar las decisiones necesarias y enfrentar el proceso de la historia, antes que el de los políticos rivales.
El origen de las ONGs
Las ONGs hacen su aparición en el Perú en los años 60 bajo la influencia de las políticas de apoyo promovidas por iniciativas de ayuda global como el Plan Marshal y la Alianza para el Progreso. Sin embargo las principales ONGs serían creadas a fines de los 70 y principios de los 80 por parte de la cúpula de asesores marxistas que actuaron durante el gobierno militar, especialmente en el velascato. Al dejar el poder este selecto grupo de intelectuales de izquierda poseía el bagaje necesario tanto en lo organizacional como en los vínculos que les facilitó pasar cómodamente de la gestión burocrática estatal directa a la de sus ONGs, para seguir por este medio cumpliendo labores de asesoría al gobierno, entre otras funciones políticas y académicas.
Al iniciarse el accionar de grupos terroristas como Sendero Luminoso y el MRTA en los 80, y con ello la respuesta policial y militar del Estado, surgieron ciertas ONGs como una afloración natural cuyos intereses se centraban en la defensa de los presos acusados de terrorismo. Algunas emergieron directamente desde los propios abogados vinculados a grupos terroristas como la "Asociación de Abogados Democráticos" dirigida por Martha Huatay. Sendero Luminoso y el MRTA no descuidaron ningún flanco en su lucha armada y tenían, dentro de su estructura orgánica, grupos orientados a tareas específicas como la cura de los heridos, el manejo de las finanzas, las relaciones internacionales y, desde luego, la defensa legal de sus militantes, incluyendo agrupaciones de apoyo a sus presos, a quienes proveían de alimentación especial. En añadidura manejaban sus propios órganos de expresión a nivel de la prensa escrita tales como Cambio y El Diario de Marka. Es decir, estamos hablando de organizaciones complejas que no descuidaron ningún aspecto de su estrategia de lucha. Existían diversas organizaciones vinculadas de manera directa o soterrada con los grupos terroristas. Así fue como aparecieron organizaciones paralelas como el Movimiento Femenino Popular de Ayacucho y algunos de los famosos frentes de defensa regional. La policía detectó y desarticuló varias organizaciones como Socorro Popular y la academia César Vallejo.
Sin duda los grupos terroristas también formaron sus propias ONG usando el camuflaje de la defensa de los Derechos Humanos. La vinculación estrecha de algunas ONGs de DDHH a determinados grupos terroristas es hoy más que evidente, pues existen expresiones públicas que lo demuestran. De manera indirecta también han realizado gestiones interesados en mejorar las condiciones carcelarias de los presos por terrorismo, investigar los casos más emblemáticos en los que la policía o las FFAA debelaron de forma cruenta motines carcelarios de los terroristas y, sobre todo, en conseguir nuevos juicios en instancias internacionales con el logro de indemnizaciones de parte del Estado. Adicionalmente se han movilizado para organizar a los familiares de las víctimas del accionar anti subversivo de las FFAA, sirviendo de asesores en la constitución de frentes muy activos que nunca dejan de estar presentes en cuanto acto público se presente como ocasión.
Es necesario observar que la última ola de ONGs llegó al Perú a fines de los 80 y principios de los 90, luego de la debacle mundial del comunismo. Tras la caída del muro de Berlín y el colapso del comunismo, los diversos partidos políticos de izquierda se quedaron en el limbo político y financiero, por lo que no tuvieron mejor alternativa que asumir el formato de una ONG, con lo cual podían seguir actuando políticamente y recibiendo subvenciones. Mejor aún, se integraban a la sociedad con la fachada de un organismo legal y con el perfil adecuado para realizar prestaciones académicas y asesorías. La gran mayoría de estas organizaciones se enfocó en los temas jurídicos, los DDHH y el ambientalismo. Con este panorama queda claro que las ONGs en el Perú, desde sus inicios, han estado directamente vinculadas a la izquierda, siendo además el refugio laboral de la gran cantidad de sociólogos, antropólogos y abogados que egresan a raudales desde la PUCP y la UNMSM, víctimas todavía de una moda cultural del Perú desde los años 70. Todas estas ONGs han constituido en los últimos 30 años una implacable maquinaria de publicaciones de izquierda, principalmente de estudios que se ocupan del escenario político y social desde la visión típica de la sociología marxista, tanto en la selección de los problemas como en el enfoque de sus análisis. Una de las más reputadas maquinarias de publicación de esta clase de libros es el Instituto de Estudio Peruanos (IEP).
En la actualidad la principal organización de ONGs es la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos que agrupa a más de 70 organizaciones vinculadas a la defensa de los DDHH. Cabría preguntarse ¿por qué de pronto se ha extendido tanto el espacio de los DDHH en el Perú? ¿Cómo es que la defensa de los DDHH suscita tanto interés que ya podemos hablar del boom de ONGs de DDHH? ¿Cuáles son sus objetivos en medio de una democcracia renovada como la que vive el Perú desde el 2001? En seguida comprenderemos cómo y por qué estas organizaciones que viven aparentemente dedicadas a la defensa de los DDHH han tenido semejante profusión en nuestro medio, cuál es el verdadero negocio detrás de las apariencias y por qué tal actividad ha desatado una especie de fiebre del oro.
La era de las ONGs de DDHH
Tras la caída del gobierno de Alberto Fujimori el Perú volvió a ingresar a un limbo constitucional, es decir, a una situación en que la realidad trasciende lo normal y termina fuera de cualquier supuesto o marco previsto en la Constitución. Entonces la vida empieza a ser regida por decisiones arbitrarias que se sostienen apenas sobre un frágil consenso temporal logrado a base de emociones colectivas coincidentes. El presidente Fujimori prácticamente había fugado del país al asistir, en plena crisis de gobierno, a una inocua reunión en el lejano oriente. Luego se dirigió al Japón y envió su renuncia. Eso fue demasiado para un pueblo que acababa de ver las evidencias de la corrupción del régimen. Incluso en las filas del fujimorismo pudo verse el rostro de la consternación, la decepción y la vergüenza, al punto que no ofrecieron ninguna resistencia ante la ola de indignación que los barrió de la política por varios años. Pero esa ola vino con varias cosas más que solo indignación. Muchos se treparon a la ola para recuperar el terreno perdido, especialmente la izquierda.
En aquellos días la realidad se tornó volátil, las noticias cambiaban tan rápido que los diarios se hacían inservibles apenas comenzando la mañana. La clase política y la sociedad habían llegado a los límites de la tolerancia frente a los escándalos de corrupción y ante las evidencias de abuso de poder del régimen. La indignación era tal que el orden constitucional de sucesión fue simplemente dejado de lado. En buena cuenta se les obligó a renunciar a todos. Nadie tuvo la osadía de invocar la Constitución. El primer vicepresidente Francisco Tudela ya había renunciado mucho antes, pero tampoco le permitieron asumir la presidencia al segundo vicepresidente Ricardo Márquez. Luego en el Congreso hubo una especie de motín que exigió la renuncia inmediata de la mesa directiva presidida por la fujimorista Martha Hildebrandt. Enseguida, con una rapidez inusitada se eligió como Presidente del Congreso a un oscuro congresista de escasa votación y miembro de un partido minoritario, quien finalmente fue ungido Presidente de la República. En esos días el Perú transitó sin rumbo ni autoridad alguna hasta la juramentación del nuevo e improvisado presidente designado por el Congreso: Valentín Paniagua. Era el 22 de noviembre del 2000.
El nuevo régimen surgió de la nada y transitó sin rumbo teniendo un techo de apenas 7 meses de gestión. Su misión fundamental fue convocar a elecciones generales para volver al cauce de la normalidad constitucional. Sin embargo en esos pocos meses cambiaría radicalmente la historia del país, teniendo como eje de giro el campo jurídico. Paniagua convocó para formar gabinete a Javier Pérez de Cuéllar, quien juró como Premier. El gabinete incluyó al jurista Diego García-Sayán Larrabure al frente del Ministerio de Justicia, solapado genio y artífice del cambio de rumbo del país. La clave fue colocar al Perú bajo la jurisdicción absoluta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sin ninguna clase de reservas. El segundo paso fue la conformación de una Comisión de la Verdad, una especie de Inquisición que investigaría la violencia de los últimos 20 años para señalar a los responsables, como si nadie lo supiera. Todo esto dio inicio a la era de las ONGs de DDHH.
En el campo jurídico el Perú dio un viraje a la izquierda eliminando el paraguas que protegía al Estado del accionar contencioso de los grupos de izquierda organizados en ONGs de DDHH. Si bien el país era parte de la Comisión Interamericana de DDHH, mantuvo en reserva con mucha cautela su política antiterrorista por considerar que el escenario que enfrentaba estaba fuera del esquema habitual que sirve de marco a la jurisprudencia sobre DDHH. No era lógico aplicar al Estado peruano en su lucha contra el terrorismo, los criterios establecidos para juzgar el accionar de los estados en tiempos regulares. La Corte IDH sólo enjuicia estados. El Estado peruano, junto con la sociedad peruana, era víctima de los grupos subversivos de izquierda cuyo accionar alcanzaba grados superlativos de violencia, llegando al genocidio y al terrorismo. Todo el esquema jurídico de la CIDH está diseñado y preparado para enjuiciar la actuación de Estados y no para defenderlos. Hubiese sido contraproducente que el Perú tuviese además a la Corte IDH como otro frente ante el cual defenderse de la izquierda.
Pero esta posición coherente y digna del Estado peruano fue súbitamente cambiada por el flamante Ministro de Justicia Diego García-Sayán, un burócrata internacional formado en la PUCP, vinculado a la Corte IDH y miembro propietario de la "Comisión Andina de Juristas", ONG vinculada a los Derechos Humanos. Es decir, el ministro de Justicia García-Sayán era ya parte del sistema de ONGs que lucran con los DDHH en la modalidad de asesorías, estudios y publicaciones de carácter jurídico. La primera consecuencia del allanamiento total del Estado ante la CIDH fue recibir la orden de volver a juzgar a toda la cúpula terrorista en pleno siguiendo los estándares regulares de la justicia típica, rechazando la existencia de "jueces sin rostro". Afortunadamente para entonces el terrorismo había sido ya derrotado y en cierta forma se pudo repetir el juicio bajo los estándares de una justicia regular sin mayores dificultades. Estos juicios no hicieron más que ratificar las sentencias. No era pues necesario llegar a tal punto de inflexión. El Perú es -o al menos era- un Estado soberano. Pero ese fue apenas el inicio de lo que luego sería la gran marea de los juicios contenciosos por los DDHH organizada por la colección de ONGs de DDHH que encontraron en la Corte IDH una puerta abierta para fustigar al Estado peruano por su actuación contra la subversión. En los hechos pudimos asistir a la defensa abierta de terroristas y a la persecución implacable de militares que combatieron a los grupos subversivos. Como recompensa, dos años más tarde Diego García-Sayán sería nombrado presidente de la Corte IDH.
La actuación de las ONGs
El primer acontecimiento que motivó a las ONGs de DDHH a organizarse fue la masacre de Uchuraccay ocurrida el 26 de enero de 1983, cuando los comuneros de esa zona dieron muerte a seis periodistas y su guía al confundirlos con terroristas. Casi como un acto reflejo, la izquierda culpó de la masacre a los policías y militares. Fue por la necesidad de coordinar esfuerzos en este sentido que nació la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), agrupando a las ONGs de izquierda en su tarea de combatir al Estado. Desde entonces la CNDDHH tiene como una de sus principales misiones la persecución judicial de militares, la defensa de terroristas, el seguimiento judicial de sus causas y el logro de reparaciones para sus familiares. De hecho es la CNDDHH el principal agente acusador del Estado peruano ante la Corte IDH. Además se ocupan de buscar víctimas del Estado. Si estas no se sienten agraviadas son convencidas de ser víctimas, se les ofrece asesoría gratuita con promesa de beneficios futuros, luego son organizadas en asociaciones de víctimas diversas, aleccionadas y paseadas en foros para que narren sus historias dramáticas, como es el caso de Georgina Gamboa, campesina que es llevada a cuanto foro se organiza y presentada para narrar con detalle cómo fue violada por siete "sinchis".
La primera sentencia de la Corte IDH contra el Estado peruano se dictó el 20 de enero de 1995, haciéndolo responsable de la desaparición de tres internos terroristas durante la debelación de un motín en la isla penal de El Frontón. Un motín que fue parte de las acciones concertadas por el grupo Sendero Luminoso, dueños en la práctica de los principales penales de la capital, donde existían centenares de reclusos por terrorismo. En junio de 1986 Sendero Luminoso ejecutó una acción concertada de lucha contra el Estado, teniendo como uno de sus frentes el amotinamiento de sus militantes en los penales de Lima: Santa Bárbara, el Frontón y Lurigancho. En las acciones emprendidas por el gobierno de Alan García para retomar el control de los penales murieron 300 terroristas internos. La Marina de Guerra fue encargada de retomar la isla penal del Frontón, lo que cumplieron mediante acciones de guerra, no sin antes conminarlos a rendirse. Como consecuencia murieron 152 internos amotinados. Las ONGs de DDHH nunca cejaron en su empeño por enjuiciar y lograr sanciones penales contra los miembros de la Marina de Guerra y el presidente Alan García por tales hechos, reabriendo el caso numerosas veces.
Con el inicio del gobierno de Alejandro Toledo en julio del 2001, Diego García-Sayán siguió en el gabinete como ministro de Relaciones Exteriores y consiguió que el nuevo gobierno ratifique la Comisión de la Verdad, el que fue ampliado para disminuir las voces discordantes y acabó llamándose Comisión de la Verdad y Reconciliación, conocida como CVR. Su conformación fue muy discutida pues fue arbitraria y sin coordinación política alguna. Se cuestionó también su real sentido, pues en el Perú no existía ninguna verdad por descubrir; pero las objeciones iniciales se centraron en sus miembros, pues casi todos eran reconocidos integrantes de izquierda, incluyendo compañeros y amigos de Abimael Guzmán y ex militantes de grupos radicales como Carlos Tapia, integrante del MIR en los 60. Además no podía faltar la representante de la CNDDHH, la Sra. Sofía Macher. En los hechos la CVR fue una comisión de izquierda. Fue la comisión más costosa del mundo, ya que alcanzó a gastar US$ 19 millones de dólares, también fue la más numerosa con 12 comisionados y 500 empleados. El trabajo de la CVR fue realmente un gran negociado para las ONGs y para un selecto grupo académico relacionado con la PUCP.
Luego de publicado el informe final de la CVR, que no tenía carácter vinculante con el Estado, las ONGs de DDHH lo usaron como sustento para materializar acusaciones contra militares ante el Poder Judicial y la Corte IDH. Sin embargo, en el transcurso de los juicios muchos testimonios fueron desmentidos y cambiados, descubriéndose que los integrantes de la CVR indujeron a los testigos a acusar a las FFAA. El interés principal de la CVR estuvo orientado a descubrir y revelar las estrategias antisubversivas de las FFAA y conocer la identidad real de sus integrantes en la lucha contra el terrorismo. Su informe final dio inicio a la cacería implacable de militares y policías que tomaron parte de las operaciones contrasubversivas. Solo años después, cuando el prestigio y credibilidad de la CVR cayó a sus niveles más bajos, la Sra. Sofía Macher reconocería que fue un error no convocar también a los militares.
Entre las últimas acciones emprendidas por la CNDDHH está la acusación a los integrantes del comando Chavín de Huántar, responsables de la liberación de los rehenes cautivos en la residencia del embajador del Japón por parte del grupo terrorista MRTA en Abril de 1997. Otro capítulo negro de las ONGs de DDHH ha sido el montaje del psicosocial llamado "esterilizaciones forzadas" que busca culpar al régimen de Alberto Fujimori de 300,000 supuestas esterilizaciones forzadas. Toda la batería de izquierda se orientó a generar el gran psicosocial según el cual Alberto Fujimori habría diseñado una política de Estado, de estilo nazi, destinado al exterminio de campesinas mediante su esterilización forzada. En realidad se trató de una política de población emprendida en coordinación con la ONU y el auspicio de agencias internacionales, incluyendo algunas ONGs feministas. El objetivo era brindar apoyo a las mujeres más pobres -y especialmente indígenas- en estrategias de control de natalidad. El programa brindaba información sobre todo tipo de métodos, entre ellos la "Esterilización Quirúrgica Voluntaria". Según la información oficial, el MINSA implementó el Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar entre 1996-2000 ofreciendo métodos anticonceptivos a 850,000 familias al año, siendo la EQV (ligaduras) el 13% del total de métodos usados. De acuerdo a la encuesta ENDES 2000, el 81% de las mujeres que se sometieron a una EQV estaban satisfechas con su decisión. El 94.4% de la población rural declaró saber que era un método permanente.
Evidentemente el programas tuvo fallas en casos muy contados, propios de cualquier sistema de salud de gran alcance. La Defensoría del Pueblo investigó el programa emitiendo 4 informes, donde encontró algunas irregularidades como fallas en métodos anticonceptivos, consentimientos firmados en formato distinto al establecido por la norma, ausencia del periodo de reflexión en EQV, maltrato del personal médico, fallecimiento y EQV sin consentimiento. El Informe 69 (2002) analizó 773 quejas, 35 por esterilizaciones sin consentimiento entre 1996-2000 (10 declaradas infundadas). Ocurrieron 18 muertes y cerca de 150 casos donde, en efecto, médicos irresponsables realizaron EQV sin consentimiento. Estos representan el 0.05% del total de las EQV realizadas. El Congreso realizó su propia investigación durante el gobierno de Toledo, en plena fiebre anti fujimorista -y sin existencia de congresistas fujimoristas- concluyendo en archivar el caso. Lo mismo hizo la Fiscalía y el Tribunal Constitucional. Sin embargo, las ONGs de DDHH no han dejado de repetir la mentira de las "esterilizaciones forzadas", utilizándola como uno de sus psicosociales favoritos. Fue uno los infundios más repetidos en la campaña presidencial del 2011 para dañar la imagen de Keiko Fujimori, a quien le cargaron todo el peso de los errores de su padre. Un conocido periodista de izquierda, César Hildebrandt, llegó a publicar un infame artículo titulado "La hija del ladrón".
Otro caso que pinta de cuerpo entero la forma de proceder y las verdaderas intenciones de las ONGs de DDHH agrupadas en la CNDDHH, es el del asesinato del dirigente sindical Pedro Huilca, ocurrido el 18 de diciembre de 1992 a manos de Sendero Luminoso, tal como ellos mismos lo reivindicaron en su momento y lo estableció la policía. Sin embargo, en los meses posteriores surgieron supuestos testigos responsabilizando al Grupo Colina, un cuerpo de militares que actuaba clandestinamente contra focos subversivos específicos. Las contradicciones se hicieron más patentes cuando los propios senderistas asumieron como estrategia culpar al Grupo Colina. La CVR en su informe final expresa que no pudo hallar la verdad sobre este caso. Pese a ello, la CNDDHH ha asumido culpar a los militares convenciendo a las hijas de Pedro Huilca, ya mayores, para declararse víctimas del Estado. La actual dirigencia de la CNDDHH a cargo de Rocío Silva Santisteban no tiene reparo alguno en manipular a las jóvenes huérfanas llevándolas a eventos donde las insta a reclamar por justicia y "reparaciones" al Estado.
Sería largo enumerar las muchas campañas mediáticas emprendidas por estas ONGs de DDDHH que en más de una ocasión han hecho causa común con sus pares ambientalistas, las cuales no son más que nuevas versiones de partidos comunistas revestidos de ONGs ambientalistas. Sus campañas han estado orientadas a crear psicosociales referidos al peligro ambiental de los nuevos proyectos mineros, como la escasez del agua (en un país donde este recurso sobra) y otras formas alarmistas, con la finalidad de impedir las inversiones extranjeras, como siempre ha sido la consigna histórica de la izquierda. Dentro de tales campañas no han dudado en atribuirle a la actividad minera los males eternos y propios de la burocracia del Estado peruano. Tampoco han dudado para instigar a las comunidades a la violencia, al paro, a las marchas, las tomas de carretera y el vandalismo en todas sus formas. Las ONGs de DDHH han servido como escudo protector de los activistas y vándalos antimineros, y acusadores, una vez más, de las fuerzas del orden. Por último no debemos perder de vista que la vieja alianza internacional del comunismo sigue vigente, pero hoy en la forma de asociaciones ambientalistas y de DDHH que actúan a nivel de Latinoamérica y el mundo, prestándose los argumentos y los predicadores. En esta tarea son apoyados por inocentes y no tan inocentes instituciones internacionales dedicadas a preservar el movimiento socialista mundial en todas sus formas.
Este es pues el escenario general en cuanto al papel que juegan hoy las ONGs de DDHH en el Perú. A diferencia de las que actúan en otros países como en Venezuela, donde defienden al ciudadano común de las acciones del Estado, en el Perú se hallan enfocadas en el pasado, y particularmente en el período del gobierno de Alberto Fujimori. Se trata en los hechos de agrupaciones de izquierda bien organizadas con el fin de perseguir al régimen de Fujimori, a los militares que actuaron contra la subversión terrorista de izquierda, acosar al Estado con juicios ante la Corte IDH en búsqueda de reparaciones económicas, buscar y organizar a las "víctimas" del Estado para montar psicosociales políticos en sus medios y, por fin, exigir las reparaciones prometidas por la CVR. Adicionalmente se han constituido en los hechos como un frente político de izquierda, con una maquinaria implacable, bien organizada y mejor financiada, de desprestigio del fujimorismo y oposición tenaz a la política económica liberal.
Conclusiones
La defensa de los derechos humanos surge en un mundo amenazado por totalitarismos de Estado. Por un lado el nazismo y por otro el socialismo fueron dos expresiones política nefastas que provocaron la mayor cuota de muertes de la historia de la humanidad. Si bien el nazismo fue derrotado durante la Segunda Guerra Mundial, el socialismo continuó su expansión durante la Guerra Fría dominando la Europa del Este y llegando hasta Latinoamérica, donde se generaron diversos focos guerrilleros y terroristas que buscaban asaltar el poder por las armas con el objetivo de constituir una dictadura de Estado, es decir, un Estado comunista. En esta tarea gozaban del apoyo de superpotencias como la URSS y China, entre otros, utilizando como plataforma a Cuba, donde ya se había instalado una dictadura comunista.
La elaboración del esquema jurídico de defensa de los derechos humanos tuvo como escenario político el enjuiciamiento de los nazis derrotados, junto a un desinterés total respecto del accionar comunista. Esto fue una completa falta de visión de la amenaza que significaba para la humanidad la prepotencia de los estados comunistas en el mismo instante en que se discutía sobre DDHH. Mientras que en Latinoamérica los grupos de izquierda asumían diversos formatos como guerrilleros, secuestradores, extorsionadores y terroristas, el esquema jurídico de los DDHH se encuadraba tan solo en el enjuiciamiento de Estados. Para entonces, los Estados totalitarios en Latinoamérica asumían la forma de gobiernos militares temporales que asaltaban el poder llevados por el liderazgo mesiánico de personajes propios del foclore y cultura de la región. Varios de ellos retratados por la literatura en obras famosas como "El otoño del patriarca" de García Márquez, "Yo el Supremo", de Augusto Roa Bastos, "La fiesta del Chivo" de Mario Vargas Llosa, entre otros.
Preocupados apenas por el abuso del Estado dictatorial, el esquema jurídico de defensa de los DDHH se elaboró sin atender el accionar indirecto de estados comunistas lejanos que tenían el poder para intervenir más allá de sus fronteras, financiando la actividad de grupos civiles armados, que emprendían campañas de violencia letal con el objetivo de instaurar estados totalitarios de opresión, como luego ocurrió en Cuba. Paulatinamente Latinoamérica recuperó la democracia pero fue víctima de grupos armados de izquierda que eran representantes de estados totalitarios y actuaban bajo su amparo e inspiración. Estos grupos civiles (armados y desarmados) quedaron como los únicos o principales perpetradores de atentados contra los DDHH cuando el Perú recuperó la democracia en 1980. Luego resultó que el accionar legítimo del estado democrático en defensa de su sociedad, la democracia y del Estado de Derecho, acabó siendo condenado por esta ciega estructura jurídica. De este modo el Estado y la sociedad peruana sufrían por un lado las agresiones brutales de grupos de izquierda como el Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso y el MRTA, pero por otro se hallaba atada de manos por el accionar de la Corte IDH, que actuaba en los hechos en favor de estos grupos subersivos. Si bien esto ocurrió en el Perú en la etapa final del comunismo mundial, en otros países sucedió más temprano y la vinculación de estos grupos de izquierda con los estados totalitarios comunistas era más evidente. Sin embargo nunca se los juzgó como agentes reales de estados totalitarios lejanos. Tan solo el Estado víctima de sus acciones estaba bajo la mira de la Corte.
Por su parte los grupos de izquierda, al perder la subvención de los estados comunistas luego de la debacle mundial del comunismo, sufrieron una mutación asumiendo el formato de ONGs de DDHH, así como también ambientalistas y de otros tipos. A partir de esta metamorfosis de los grupos extremistas, las ONGs de DDHH emprendieron -como antes- la guerra contra el Estado peruano pero desde el plano jurídico, procurando maniatarlo frente al accionar subversivo y cobrándose la revancha por las derrotas sufridas. También asumieron la defensa de subversivos y sus familiares reclamando reparaciones al Estado. Por último, utilizan los casos más emblemáticos como propaganda política. Además forman parte de una maquinaria implacable que defiende las causas de izquierda atacando a sus enemigos sin dejar de lado ninguna herramienta de lucha, incluyendo el montaje de psicosociales plagados de mentiras, para lo cual cuentan con una amplia red de medios de difusión. Han convertido la memoria en emblema, el rencor en insignia y la vendetta, en programa. En la última década, las ONGs de DDHH han tenido a la Corte IDH como un aliado muy eficaz en sus acciones contra el Estado peruano, lo que ha generado las sospechas de varios sectores de la sociedad peruana al punto de exigir el retiro del Perú de dicha Corte.

Lo que más distingue al intelectual de izquierda es su tendencia natural a enmascarar la verdad con una nube de justificaciones retóricas maniqueas, apelando a la típica verborragia chapucera y a sus inconfundibles piezas de palabreo efectista, donde se ensalzan los valores de la moral y la justicia por encima de cualquier hecho y razón. Gracias a esta jerigonza dialéctica tergiversan la realidad a tal punto que el culpable resulta inocente y la víctima, condenable. La realidad queda sepultada bajo toneladas de palabras hábilmente escogidas para referirse a un paraíso idílico, fabricado con expresiones de delirio ensoñador que resuenan como una bella canción de amor, repleta de frases cautivadoras como justicia social, igualdad, derechos, dignidad, soberanía, que siempre van dirigidos al pueblo, a los más pobres y los más necesitados, etc. La manipulación ideológica alcanza de este modo ribetes de estafa inetectual en la pluma de muchos escritores de izquierda. Es como el arte de convencimiento que tiene un pederasta frente a un niño.
Este arte chapucero lo encontramos siempre en la prensa de izquierda para defender los disturbios callejeros, incluyendo el vandalismo de los jóvenes en sus marchas, donde pintarrajean paredes y estatuas en medio de su gesta revolucionaria. Se ha puesto de moda ponderar y enaltecer a los "indignados", colocados ya en el altar de la izquierda como representantes modernos y espontáneos de una generación que rechaza el status quo. No me sorprende en lo absoluto encontrar artículos de intelectuales de izquierda que, frente a las muestras de irracionalidad y salvajismo colectivo, e incluso frente a las muestras de censura sobre tales actos, terminan condenando la condena, relativizando la moral de los reporteros, burlándose de la indignación general y desacreditando los íconos culturales que han sido agredidos. Hacen defensa tenaz de la masa "indignada", de los marchantes y vándalos justificando la barbarie llamándola “derecho de protesta”, “rebelión legítima”, “fundamental aprendizaje juvenil de transgresión a las normas impuestas por un sistema que rechazan”, entre otras estupideces de igual calibre, siempre sin un mínimo de crítica racional.
Todo esto nos enfrenta a una muestra permanente de la clásica hipocresía y doble moral de izquierda. No solo debemos soportar masas histéricas, manifestantes delirantes, agitadores y oradores irracionales que carecen de propuestas concretas, sino que al final de toda esa lacra apocalíptica vienen los intelectuales de izquierda escribiendo laudatorios a las marchas y movilizaciones con sus consabidos conceptos idealistas sobre derechos del pueblo, justicia social, defensa de la vida, etc.
Sería largo enumerar las diversas expresiones de maniqueismo, hipocresía y deshonestidad exhibidas por los intelectuales de la izquierda peruana. Por desgracia las carreras de Ciencias Sociales están dominadas por la izquierda. Universidades como la UNMSM y la PUCP han sido por décadas centros de adoctrinamiento de izquierda en las carreras de Ciencias Sociales y Derecho. No es por casualidad que la gran masa de intelectuales de izquierda esté conformada por sociólogos. Esta circunstancia ha generado que la mayoría de artículos en las revistas de CCSS tengan un clarísimo sesgo de izquierda. Por supuesto, debemos también incluir en este punto el infausto "Informe Final" de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la CVR, confeccionada enteramente por intelectuales de izquierda con un nítido sesgo marxista, al punto de exculpar a Sendero Luminoso y acabar culpando de la violencia terroristas a la situación de miseria de los Andes. Lo cual no les impide reconocer, desde luego, que Sendero Luminoso inició el conflicto y carga con la mayor responsabilidad de muertes, aunque por poco le asignan tan solo la mitad de las muertes.
No es difícil hallar gente desprevenida que cree ciegamente en el Informe Final de la CVR, e incluso en una supuesta "neutraildad" de ella debido a que le carga una mayor cuota de muertes a Sendero Luminoso, como si este solo detalle fuera una prueba de neutralidad en su enfoque. No lo es. El análisis central de la CVR con relación al fenómeno terrorista vivido en el Perú es netamente marxista. Por ello existe un amplio sector que ha denunciado ese informe. Y por eso mismo se impone la necesidad de que exista otro informe y otra Comisión que aborde el fenómeno desde una perspectiva no marxista. Pero esto es algo que los medios de izquierda rechazan, tergiversando el debate ideológico para mostrar las discrepancias como una conjura política. Hay pues una evidente deficiencia en la forma de entender la realidad desde los sectores de la academia. Mientras que los profesionales de CCSS sigan siendo, más que formados, adoctrinados en el enfoque marxista de la realidad, nunca podremos tener una visión objetiva de la realidad.
Se requiere un estudio riguroso de esta situación de evidente desequilibrio de enfoques en el análisis de las realidades sociales y políticas del país y de toda Latinoamérica, porque este fenómeno se repite en casi toda la región. Los estudios que abordan diversos aspectos y fenómenos de nuestra realidad social ofrecen un claro sesgo hacia la izquierda por la predominancia del enfoque marxista en las carreras de CCSS. Uno de los mayores esfuerzos por desmitificar a los intelectuales de izquierda es sin duda el magistral libro de Karl Popper “La sociedad abierta y sus enemigos“, sazonado incluso con calificativos de grueso calibre que, a mi juicio y gusto, están no solo justificados sino merecidamente bien puestos. Pero necesitamos esta clase de análisis y confrontaciones en otros niveles y en el presente. Ojalá que pronto podamos ver artículos que no solo confronten estas visiones de izquierda sino que aborden el análisis sin los amaneramientos mentales de los intelectuales de izquierda. Algo como lo que sí ocurre en la economía, donde se aprecia un equilibrio más ponderado de enfoques.
Realmente hacemos poco para contrarrestar la verborragia de los intelectuales de izquierda. Aun cuando en medio de la ignorancia muchos de estos son absurdamente elogiados y tenidos como sabios, y permitimos que tengan éxito en su retórica y doble moral. Peor aún, sus textos son usados por la academia, tal como ya se está enseñando el informe de la CVR. Incluso gran parte de la historia que se enseña en las escuelas es una absurda tergiversación idealista de la historia perpetrada por intelectuales de izquierda, como por ejemplo la exaltación vaporosa de la Revolución Francesa, un acto de masas completamente irracional que se caracterizó por la violencia descontrolada a cargo de muchedumbres histéricas que asaltaban todo lo que hallaban a su paso, asesinando autoridades para luego decapitar su cadáver y pasear su cabeza clavada sobre una picota en medio de júbilo.
El salvajismo criminal de las masas se extendió como una epidemia de enfermedad mental por todo Francia. Al cabo de quince días de masacres que tiñeron de sangre el Sena, la Asamblea aprobó ciertas reformas por temor a esas muchedumbres exaltadas, mejor dicho, se anuló todo lo vigente, incluyendo el calendario. Luego de la barbarie del populacho, producto de la pérdida de racionalidad con efervescencia emocional colectiva, aparecieron los clásicos intelectuales de izquierda para transformar la carnicería salvaje en heroica gesta del pueblo en busca de libertad, igualdad y solidaridad. Más aún, esa muestra de insanía colectiva fue señalada como el inicio de una nueva Era en la humanidad: La Edad Contemporánea. Desde entonces los intelectuales de izquierda nunca cesaron de elogiar a las masas hasta la idolatría, procurando hallar fórmulas para aprovechar su fuerza brutal.
Por supuesto, existen versiones más realistas que muestran que en esa famosa “revolución francesa” hubo de todo menos inteligencia y humanismo, y que nunca hubo grandes ideales en ejecución. Pero se vende más la versión romántica. Eso es lo que le gusta a la gente. Los historiadores novelistas que transforman la barbarie en gestas románticas son los que han tenido mayor éxito. Y esa escuela sigue vigente. Lo leemos a diario en las columnas de la prensa. Son los que tienen más seguidores en el botón “me gusta”. Esa es precisamente la especialidad de los intelectuales de izquierda: cambiar la verdad de los hechos apelando al sentimiento y a una aparente moral superior que todo lo justifica en aras de la "justicia social". Son expertos en engatuzar a la gente evitándoles la difícil tarea de razonar para hechizarlos con la simple mención de palabrítas mágicas como justicia, solidaridad, dignidad, soberanía, defensa de la vida, etc.
A pesar de todo, no es nada difícil comprobar que la realidad y la razón contradice el discurso de izquierda. Siempre ha sido así. Allí están las pilas de cadáveres que desde la revolución francesa se han ido acumulando a lo largo de la “Edad Contemporánea” en países como Rusia, China, Camboya, Cuba y… lamentablemente también en el Perú, entre otras naciones que siguieron o padecieron las recetas socialistas. Todo ello es muestra evidente de la profunda estupidez que conllevan las ideas de izquierda. Pero a pesar de las manifiestas pruebas de la falsedad del discurso de izquierda, estas siguen cautivando a las masas ignorantes y desprevenidas, y muy especialmente a los jóvenes, como siempre ha ocurrido. Nada es más fácil que montar un reality show en las calles o narrar una telenovela social donde fluye la pasión, el odio, la venganza y se sueña con el triunfo de la justicia y el amor. Para ello se requiere identificar a los buenos y los malos, los ricos y los pobres, los que más tienen y los que menos tienen, los poseedores y los desposeídos, etc. Muchos intelectuales de izquierda no son más que réplicas políticas y académicas de Corín Tellado y Delia Fiallo, escribiendo los mismos argumentos una y otra vez para la satisfacción de las masas incultas y apasionadas, y para los consumidores de sueños y quimeras.
Sin duda muchas conductas humanas son difíciles de explicar. Incluso imposibles. Por ejemplo, alguna vez todos hemos tratado de explicarnos por qué la chica más bella del barrio elige al muchacho más idiota del grupo. En esta ocasión hacemos esfuerzos por comprender por qué el pueblo de Venezuela insiste en elegir al que, sin duda alguna, es el político más impresentable de la región y, peor aun, el que está hundiendo a Venezuela en una situación que se hace cada vez más difícil de manejar, aun con el inagotable recurso petrolero que al final arregla todo presupuesto.
Usualmente las mujeres que siguen eligiendo a sus verdugos se aferran a la idea de que son amadas, y que toda la violencia y miseria que atraviesan por culpa de ese verdugo son solo muestras de su amor profundo. El supuesto amor lo justifica todo para ellas. Es preferible una vida de sufrimiento con amor que una vida de larguezas sin amor. Esto lo vemos a diario. Y seguimos preguntándonos ¿cómo se concilia el amor con el dolor, el sufrimiento y la miseria? Los psicólogos tenemos una explicación muy compleja de este fenómeno pero no es el caso exponerla aquí. Desde luego, no se parece en nada a las explicaciones que nos dan los más conocidos psicoanalistas de programas radiales.
Pero es importante señalar que en todos los casos existe un marcado énfasis en la relación retórica. Más allá de los hechos y circunstancias reales están las imágenes mentales de una fantasía de ensueño, en las que se apela a un futuro de felicidad, un más allá de gloria, a un paraíso, una tierra prometida, al triunfo final de la revolución o del amor. En este discurso se invoca al sufrimiento, a la necesidad de atravesar toda clase de retos y penurias "con honor y dignidad" para ser merecedores del cielo o la justicia.
El pueblo venezolano ha actuado ayer como las mujeres que defienden a sus agresores convencidas de que los golpes que reciben son golpes de amor, y que al final habrá un cambio, "va a cambiar" es la típica expresión de estas mujeres. Ayer el pueblo venezolano ha apelado casi a esta expresión. Han dicho que solo falta consolidar la revolución para llegar al cielo de la justicia. Ese es el "cambio" por el que siguen apostando. Vale la pena soportarlo todo por ese futuro cambio y por la esperanza de un mundo mejor.
Unos dirán que cualquiera que sabe esto podría emplear semejante estrategia y hacerse de un país. Cierto. El caso es que no todos reúnen las suficientes dosis de vesanía, estupidez, hipocresía, irresponsabilidad, megalomanía y capacidad retórica farfullera como para emprender semejante aventura con todo un país. Los hay poco, afortunadamente, aunque a causa de la crisis de institucionalidad democrática en nuestros países cada día parecen aparecer con más recurrencia.
Se requiere un líder que, en primer lugar, crea en su propia demencia. Sería fácil darse cuenta de que alguien que no está loco nos pretenda vender una fantasía de locura. Tienen que ser alguien convencido de sus alucinaciones como Adolfo Hitler, Salvador Allende, Fidel Castro o Hugo Chávez. Alguien que además tenga una retórica incontenible como arma, incluyendo grandes dosis de palabras gruesas para dirigirlas no a sus enemigos sino a los "enemigos del pueblo". Alguien que tenga la capacidad para hablar por horas sin aburrir al auditorio, combinando el mensaje político con las anécdotas y la cháchara amical. En otras palabras, tiene que ser un auténtico vendedor de sebo de culebras.
La estrategia de estos vendedores de ilusiones es siempre la misma. En primer lugar inventan un dios al que el pueblo pueda adorar. Este dios simboliza lo más sagrado de la patria. En el caso de Cuba fue incialmente Martí pero pronto llegaría la figura estilizada del Che. En Venezuela se erigió con mañosa habilidad la figura de Bolívar, elevado a la divinidad por Hugo Chávez, quien ha convertido todo en "bolivariano", incluyendo al propio país, declarado "república bolivariana". Traicionar la "revolución bolivariana" sería una traición a Bolívar. Hay pues una hábil identificación del país con el "bolivarianismo" convertido en esencia misma de la revolución chavista.
No importa pues que todo sea un desastre en Venezuela. Los alimentos básicos escasean, la corrupción se ha apoderado de la administración pública, la inflación golpea aunque todavía sea manejable con un 30%, la cada vez más grande carencia de fuentes de empleo es sustituida por una cada vez más creciente burocracia, que a su vez alimenta una sociedad cada vez más dependiente del gobierno. No hay agua ni energía eléctrica y la inseguridad ciudadana es dramática. Los que pueden ya han salido de Venezuela. Hay casi un millón de venezolanos emigrados en los últimos diez años. Hasta las empresas se han ido y las que se quedaron han sido nacionalizadas. Hay que estar loco para invertir en Venezuela. Lo que ha obligado al gobierno a iniciar relaciones con gobiernos lejanos y excéntricos como el de Rusia, Irán y China.
La dependencia absoluta que la gigantesca administración pública tiene de la voluntad de Hugo Chávez se ve graficada en la empresa Venirautos, creada por los gobiernos de Chávez y Ahmadineyad para producir autos y que nunca alcanzó los niveles de producción previstos. Las enormes distancias que separan ambas naciones (Venezuela e Irán) hacía muy lenta la provisión de las piezas. Pero lo más grave se reflejó este año en que Chávez tuvo que pasar varios meses de tratamiento en Cuba. Hasta julio de este año Venirautos no había iniciado la venta de los modelos 2012 porque Hugo Chávez no había aprobado la lista de precios.
Las aventuras empresariales del Estado venezolano están guiadas no por el mercado sino por la voluntad de Hugo Chávez. Y lo peor de todo es que nadie mueve un dedo hasta que Chávez lo apruebe. Las cifras que ofrece Venezuela son aterradoras para cualquier economista. La avalancha de petrodólares no parece ser suficiente para cubrir todos los problemas. Incluso la empresa petrolera PDVSA, el único surtidor de ingresos que tiene Venezuela, ha bajado considerablemente su productividad y hoy es un peligro ecológico porque sus accidentes ambientales se han incrementado en 250% en los últimos diez años. Su planilla sigue creciendo ya que es una de las empresas que absorbe artificialmente la creciente desocupación laboral.
Pero nada de esto parece ser suficiente para el pueblo venezolano. Siempre es mejor aspirar a un sueño, un paraíso y una ilusión. Total, Chávez sigue siendo un excelente vendedor de sebo de culebras. El voto del pueblo venezolano equivale a las expresiones de una mujer golpeada por su pareja: es por amor, pero todo va a cambiar porque me ama.
Foto: Ceremonia de entrega del informe final de la CVR en Ayacucho
Análisis del capítulo “Explicando el conflicto armado interno” del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación
Nueve años después de finalizada la labor de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) persiste el debate sobre su razón de ser, pero sobre todo sobre su trabajo. Algunos sectores han edificado todo un mito alrededor del informe final de la CVR, elevándolo a la categoría de Obra Prima. Han regado con gran habilidad una sombra de dudas sobre sus críticos, deslizando con insistencia maliciosa la idea de que no hemos leído el informe. El presidente de la CVR, Salomón Lerner, respondiendo las críticas nos ha recomendado que leamos el informe. A todo esto debemos añadir las reticencias gratuitas que un sector de jóvenes mantiene frente a las críticas a la CVR, convencidos ya por la prensa de izquierda que se trata de un "documento fundamental", esgrimiendo como curiosa defensa que los críticos del informe buscamos la impunidad. Parece pues que el debate se ha salido de sus cauces. Lo mejor sería abordar el informe final de una manera directa y muy concreta para analizarlo párrafo por párrafo, a fin de echar de una vez por tierra la tesis de que no ha sido leído, y para probar que las críticas no solo están bien fundamentadas sino que nada tienen que ver con anhelos de impunidad y sí con ansias de verdad.
En este trabajo analizaremos el capítulo medular del informe de la CVR. Según el Decreto Supremo de su creación, la CVR tenía como misión primordial
"Analizar las condiciones políticas, sociales y culturales, así como los comportamientos que, desde la sociedad y las instituciones del Estado, contribuyeron a la trágica situación de violencia por la que atravesó el Perú"
Es decir, la principal misión de la CVR era analizar y exponer por qué se dio la situación de violencia en general. Aunque ya hemos analizado en otro momento la impertinencia de semejante encargo, debemos asumir que lo que se pide acá es una visión amplia del fenómeno, tal que estudie a todos los actores. Al momento del DS, ya existían alrededor de medio centenar de libros sobre la violencia vivida en el Perú desde 1980. Hay que suponer pues que lo que se pedía era un trabajo mayor que el ya existente, algo que solo la Historia podría haber hecho bien a su debido tiempo. Obviamente nos topamos con una pretensión mayor y bastante apresurada, lo que la cubre de sospechas. Uno de los comisionados dijo antes de suscribir con reservas el informe: "hemos pasado de testigos a investigadores, con la carga de subjetivismo que ello conlleva... considero que el veredicto definitivo lo dará la historia. El informe (de la CVR) deberá ser contrastado con la verdad que la historia oportunamente encontrará". Este razonamiento es correcto y elemental. Por ello resulta inevitable suponer que en la apresurada creación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación hubo otros motivos, antes que conocer una verdad ya conocida y que, en todo caso, solo la historia podría ampliar y mejorar.
Aunque su principal encargo fue explicar las causas de la violencia, la CVR le dedica apenas 30 páginas de su voluminoso informe a este propósito. Como sabemos, el informe tiene 9 tomos y uno de anexos que deben llegar fácilmente a 7 mil páginas en conjunto. ¡Pero tan solo 30 páginas corresponden a la misión principal! Los otros encargos eran esclarecer los hechos de violación de DDHH, elaborar propuestas de "reparación", y recomendar reformas institucionales para prevenir hechos similares. Pero lo cierto es que la CVR se ocupó básicamente de recoger testimonios y reconstruir las historias más emblemáticas ya conocidas, sin añadir nada fundamental. Ahora los propios comisionados reconocen errores de metodología y de enfoque.
En tanto que según la norma de su creación, la tarea principal de la CVR era explicar las causas de la violencia, esto es lo que concretamente analizaremos enseguida. Revisaremos el capítulo I del tomo VIII titulado "Explicando el conflicto armado interno". Notemos ante todo que no dice "de la violencia", como lo hace el Decreto Supremo, sino del "conflicto armado interno". Esta ya es una transformación notable del lenguaje. Lo que ahora se expresa parece más una guerra civil. Algo muy diferente a lo que ocurrió, pues lo que todos vimos fue que la policía y las FFAA iban tras la captura de una banda de criminales que atacaban a la sociedad. No al Estado y ni siquiera a las FFAA sino a la sociedad, y en especial a las comunidades más pobres e indefensas. Entonces ¿de dónde sale la expresión "conflicto armado interno"? Cuando nos referimos a policías y soldados persiguiendo un grupo de delincuentes no hablamos de un "conflicto armado interno". Eso es un claro insulto a la verdad o una intención de maquillarla. Pero esa es apenas la primera muestra de manipulación de la verdad y del enfoque sesgado a la que apelará la CVR a lo largo del capítulo.
En lo que sigue citaremos textualmente los párrafos más destacados de este capítulo para que el lector compruebe el nivel de la redacción y sus expresiones de corte netamente marxista. Es importante tomar nota de la lógica marxista que se despliega en el análisis, ya que en varios aspectos coincide con Sendero Luminoso. Además quedará en evidencia que hay un cúmulo de afirmaciones totalmente gratuitas y hasta antojadizas que carece del mínimo sustento. Leamos pues este capítulo. Las negritas serán siempre nuestras en las citas.
"Como producto de ese análisis, la CVR encuentra que la causa inmediata y decisiva para el desencadenamiento del conflicto armado interno en el Perú fue la libre decisión del PCP-SL de iniciar una denominada «guerra popular» contra el Estado, a contracorriente del sentir abrumadoramente mayoritario de millones de peruanos y peruanas que hacia fines de la década de 1970 canalizaban sus anhelos de transformación profunda de nuestra sociedad por otras vías, principalmente a través de la proliferación de organizaciones sociales de todo tipo (federaciones campesinas y sindicales, organizaciones barriales, de mujeres, de pequeños y medianos empresarios); de movilizaciones sociales fundamentalmente pacíficas; de la participación electoral que se mantuvo alta desde que se reinstauró la democracia en 1980".
Se empieza con un señalamiento a la decisión del PCP-SL de iniciar una "guerra popular contra el Estado". Pero lo que hubo en realidad fue un ataque directo a la sociedad civil. No al Estado y ni siquiera a las FFAA. Los ataques senderistas se iniciaron en poblados indefensos, y quienes más murieron fueron civiles. Hubo destrucción de fábricas, minas, almacenes, maquinaria, torres de alta tensión, etc. Desde el principio Sendero Luminoso inició un ataque a la sociedad. ¿Por qué entonces hablar de una “guerra contra el Estado”? Así pues la CVR empieza mal, con un juego retórico sospechoso al señalar el inicio de una "guerra popular contra el Estado". Pero nada de eso es casual ni gratuito. Lo que veremos a lo largo del capítulo es una vil estrategia destinada a convertir todos los actos criminales de SL en "acto político". Los crímenes horrendos de SL no merecen elevarse a la categoría de "acto político". Eso es rechazable.
Además resulta extravagante ese señalamiento cándido y subjetivo de que iba "a contracorriente del sentir abrumadoramente mayoritario de millones de peruanos y peruanas". No solo eran millones ni mayoritario sino "abrumadoramente mayoritario" y además eran redundantemente "peruanos y peruanas". Esta es apenas una muestra de la redacción amanerada que tendremos que soportar a lo largo de todo el capítulo. El término "peruanos" es neutro en ese contexto, y por tanto se refiere a hombres y mujeres. La mención forzada y redundante de "peruanas" obedece a un amaneramiento mental que pretende "visibilizar" a la mujer, pero lo único que se consigue es convertir un documento académico en un panfleto sexista. Una muestra del activismo sectario que orienta al informe.
Lo más importante es destacar el pensamiento comunista que subyace en el texto cuando dice que a fines de los 70 los peruanos ya "canalizaban sus anhelos de transformación profunda de nuestra sociedad por otras vías". ¿De dónde saca la CVR que los anhelos del pueblo peruano eran de una "transformación profunda de nuestra sociedad"? Este es el lenguaje propio y tradicional de los panfletos de la izquierda marxista, incluyendo a los de SL, que propugnan una transformación radical del mundo según su plan maestro que conduce al paraíso comunista: "una sociedad sin explotadores ni explotados". No se necesita mayor evidencia para exponer el pensamiento marxista de la CVR. Dice además que ya se usaban otras vías como "proliferación de organizaciones sociales" y señala una gran variedad de ellas que sirven supuestamente para "canalizar los anhelos de transformación profunda de la sociedad" y agrega que además existían ya "movilizaciones sociales fundamentalmente pacíficas". Con lo que deja en claro que estas no eran necesariamente pacíficas. De hecho eran violentas y agresivas, como lo siguen siendo hasta hoy. Pero lo curioso es que se deja en último lugar el hecho más importante que ocurrió antes del terrorismo senderista, y que fue la restitución plena de la democracia. Parece que esto no es tan importante.
Es obvio que bajo la mentalidad marxista de la CVR los cambios políticos y sociales no ocurren con la democracia y mediante la ley en un estado de derecho sino por las movilizaciones sociales de organizaciones de base, semilla de una gran revolución violenta. Hay pues una visión equivocada de lo que son y deben ser los cambios sociales. La sociedad se va transformando de manera natural y gradual por su propia dinámica y no por la acción de un partido iluminado que encarna los supuestos anhelos de “transformación profunda de la sociedad”. Eso es ideología y discurso marxista. Pero mejor sigamos. Hay mucho más.
"Sin embargo, el PCP-SL resultó estratégicamente derrotado por la respuesta militar y policial, pero fundamentalmente porque nunca pudo ganar apoyo de sectores importantes de peruanos, menos aún de los más pobres y rurales, que terminaron enfrentándosele organizados como Comités de Autodefensa. Terminó, por tanto, como comenzó: aislado, condenado a ejercer cada vez más el terror y con su cúpula cayendo finalmente sin disparar un tiro".
Este párrafo resulta escalofriante pues parece lamentar la derrota de SL porque no pudo ganar el apoyo de "sectores importantes de peruanos". Deja en claro que SL no fue derrotado por una acción eficiente del Estado y las FFAA sino porque fundamentalmente no pudo ganar el apoyo popular. Más parece una especie de reproche a SL. ¿No hay además en esta frase algo de discriminación? ¿Cuáles son los "sectores importantes" de peruanos? En la mente de un comunista son los campesinos y los obreros, además de los estudiantes que actúan como guías del pensamiento iluminado. Luego la CVR se lamenta y reprocha al PCP-SL de que "menos aun pudieron ganar el apoyo de los más pobres y rurales". Es una crítica directa al accionar de SL señalando sus fallas dentro de la estrategia marxista; pero además es una crítica con sorna, pues remarcan que cayeron "sin disparar un tiro". Estas puyas son las mismas que ya se apreciaban en los años 70 durante los debates políticos en las aulas universitarias entre sectores marxistas. Nadie podrá negar pues que esta redacción no es ni formal ni mucho menos que se diga "científica". Es más bien panfletaria.
Así llegamos al primer título del capítulo: "Decisión del PCP-SL de iniciar el conflicto". ¿Conflicto? La CVR llama así a lo que antes llamó la decisión de iniciar la "guerra popular" contra el Estado. Ahora se habla del "inició del conflicto". Es como si un parte policial dijera que el ladrón que entró a robar a mi casa, al que sorprendí y con quien luché para capturar, no entró a robar sino que "inició el conflicto". ¿Se puede hablar así? ¿Por qué no habla claro la CVR? Es obvio que la CVR hace un peligroso juego retórico para transmutar las acciones de Sendero Luminoso. ¿Alguien tiene una duda? Veamos pues lo que sigue.
Según muestra la experiencia histórica, no hay violencia con propósitos políticos sin una voluntad que la organice y la ponga en práctica. En el Perú, esa voluntad estuvo encarnada en el PC del P (SL), en cuya configuración confluyeron distintas tradiciones.
Esta es la frase que revela de manera más evidente las intenciones de la CVR de transformar el accionar criminal de Sendero Luminoso en "acto político". No se le asigna el carácter de acciones terroristas ni criminales sino de "acciones políticas". En todo este capítulo apenas se menciona en una sola ocasión que las acciones adquirieron "potencial terrorista y genocida". Pero el trato general es de "acciones políticas", tal como se aprecia en este párrafo y siguientes. Además, se soslaya la responsabilidad exclusiva y directa del PCP-SL al incorporarla en un contexto en el que existen otros factores que también influyeron en el fenómeno: "en cuya configuración confluyeron distintas tradiciones". O sea que ahora ya no fue la "decisión libre del PCP-SL" sino que hubo algo más que lo motivó.
Aquí se explican las bases ideológicas del pensamiento senderista dejando en claro que se inspiran en la revolución cultural china. O sea, muy lejos de la realidad peruana. ¿Entonces de qué tradiciones peruanas nos hablan? Sin embargo de inmediato dejan en claro que Sendero Luminoso se inscribe también en una "tradición radical peruana". ¡Sorprendente! Primero afirman que SL se compró una patente china para hacer la revolución proletaria, pero luego dicen que se inscriben en una tradición peruana. Es el camino para exculpar a los senderistas, como veremos enseguida.
"Vemos así que, mucho más que esa tradición radical, comprensible en el contexto de discriminación social, exclusión política y gobiernos dictatoriales de la mayor parte del S.XX, pesó otro aspecto de nuestra tradición autoritaria, más antiguo y más ampliamente compartido: el caudillismo".
De este modo los terroristas de Sendero Luminoso no son asesinos inspirados en la perversa ideología maoista responsable de millones de muertos en China; en realidad son parte de una "comprensible tradición radical de los peruanos" por la situación de discriminación social del siglo XX. ¿Qué les parece? Al final hay que admirar a los senderistas porque son luchadores sociales.
Luego tenemos una breve descripción sobre los orígenes sociales de Abimael Guzmán definiéndolo como un misti, tomada sin duda de alguno de los diversos estudios publicados por Carlos Iván Degregori o algún otro, aunque no se hace mención alguna, y mucho menos exhibe la fina y elegante prosa de Carlos Iván Degregori. Personalmente hubiese preferido que copiaran sus textos. Luego se señala que fue el espacio académico el lugar donde se forjó el PCP-SL. Que es el mismo lugar donde hoy sigue renaciendo SL, y frente al cual la CVR no planteó ni una sola recomendación, tal como era su obligación según el DS. Con esta mención se pretende suponer que el senderismo fue una creación original surgida en el suelo peruano. Así es como nos manipulan.
"El abandono de la educación pública por parte del Estado permitió que el espacio educativo se convirtiera en lugar de encuentro donde germinó esta propuesta: universidades / institutos superiores / institutos pedagógicos".
Es bastante relativo hablar del "abandono de la educación pública por parte del Estado", pues más importante que ese supuesto abandono fue la invasión de la ideología marxista que nos llegaba por toneladas en libros que eran repartidos gratuitamente en las universidades, además del activismo de grupos extremistas financiadas por potencias comunistas extranjeras. Nada de eso se dice. Tal parece que eso no existió. ¡Qué tal análisis más desconectado de la realidad! No basta con identificar el escenario y el estilo de los mensajes sino el origen de los mismos. ¿Por qué ese mensaje comunista de “guerra popular” tenía tanta fuerza en esos días? Más adelante se menciona apenas el contexto mundial pero la decisión de exponer "factores" de una manera aislada impide que todos ellos sean correctamente vinculados. Más parece que tratan de ocultar esa vinculación.
El PCP Sendero Luminoso ofrece para ello, antes que nada, un discurso con pretensiones de ser absolutamente coherente. La «reconstitución» del PCP-SL es, en un principio, la articulación de un «gran relato» de pretensiones totalizadoras. Este, presentado como una ideología científica, «todopoderosa porque es verdadera»15, proporciona una comprensión simple y aparentemente coherente no sólo del país sino del universo todo; y un universo moral simple, en blanco y negro, que da sentido a las vidas de quienes lo comparten16.
La culminación del gran relato totalizador es una utopía, el comunismo: «La sociedad de la ‘gran armonía’: «la radical y definitiva nueva sociedad hacia la cual 15 mil millones de años de materia en movimiento, de esa parte que conocemos de la materia eterna, se enrumba necesaria e inconteniblemente...Única e insustituible nueva sociedad, sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores, sin clases, sin Estado, sin partidos, sin democracia, sin armas, sin guerras».
Este relato deja de lado el hecho de que semejante modo de entender la realidad era el fundamento del raciocinio de toda la izquierda que predicaba en los patios y aulas universitarias durante los 70. No fue tan solo SL el que tenía una doctrina de este tipo. Era común en toda la izquierda. Las diferencias se centraban más en la estrategia para llevar a cabo la revolución. El factor decisivo fue que SL tuvo un líder con las agallas para iniciar la tan anunciada "guerra popular". Los demás se quedaron agitando los puños y anunciando su lucha armada en los patios universitarios. Pasemos ahora a revisar el acápite titulado "Contexto histórico".
En la década de 1970, una segunda oleada de ocupaciones de tierras conmovió al país en plena aplicación de la reforma agraria más radical de América del Sur. La movilización no fue tan amplia como en la década previa, pero la organización campesina alcanzó su pico más alto luego de la reorganización de la Confederación Campesina del Perú (CCP) y la creación de la Confederación Nacional Agraria (CNA) en 1974.
Se cae aquí en el error de considerar que los sucesos organizados y dirigidos por determinados caudillos de filiación comunista, como Hugo Blanco, fueron auténticos "movimientos campesinos". No lo fueron. La aparición de guerrillas y ciertas movilizaciones campesinas fueron acciones muy específicas emprendidas y dirigidas por determinados líderes comunistas, eventos que desaparecieron con la captura de estos líderes, tal como ocurrió con SL.
Mientras tanto, las ciudades del país vivían desde 1976 una efervescencia social sin precedentes, que se traducía en movilizaciones y paros obreros, magisteriales, regionales, que desembocaron en los paros nacionales de julio de 1977 y mayo de 1978. El primero de ellos tuvo incidencia directa en la apertura democrática que se inició pocos días después, cuando el régimen militar convocó a una Asamblea Constituyente para el año 1978.
No se señala que tal efervescencia fue producto de la grave crisis económica en la que nos dejó la dictadura velasquista, que deprimió la producción en todos los sectores. Es errado señalar que estas movilizaciones forzaron a la dictadura militar a la apertura democrática. Lo cierto es que el general Morales Bermúdez Cerruti tomó el poder con la determinación de devolverle al país su vida democrática. El paso previo que juzgó necesario fue la estabilización económica del país, lo cual consiguió hasta un punto mínimo para iniciar la transferencia del poder.
Así acaba esta rápida y descuidada revista por la circunstancia histórica previa al inicio de la violencia terrorista de SL. Apenas un breve recuento de los muertos que se cosecharon en los conflictos políticos previos. Al final se afirma que la nueva Constitución parecía ofrecer a los peruanos un gran futuro. Por eso, dicen, sorprendió a todos que se iniciara una violencia inusitada.
No es de extrañar, entonces, que el inicio del conflicto armado interno tomara por sorpresa al conjunto del país. No es de extrañar tampoco que su extensión y brutalidad nos sigan sorprendiendo. Resulta por tanto indispensable preguntarse por las causas del conflicto.
Nótese el esforzado empeño en señalar que lo que se inicia no es el accionar terrorista de SL sino el "inicio del conflicto armado interno". ¿No hay acaso una deliberada intención de emplear esta expresión para eludir el señalamiento de lo que en realidad inició SL? Poco a poco iremos descubriendo que la intención final es disminuir la responsabilidad de Sendero Luminoso, cubrirla con un manto de explicaciones históricas y sociológicas mañosamente urdidas. Así es como empezamos con el siguiente acápite titulado: "Factores históricos o de largo plazo". ¿Hacía falta esta visión retrospectiva de la historia? No, para nada. Lo que se pretende es arrojar paja sobre la realidad cubriéndola con una causalidad historicista. ¿Cómo aplacar la culpa de Sendero Luminoso? Pues justificando sus acciones con la intención de buscar una mejor sociedad por sobre la miseria.
El conflicto armado se inició en Ayacucho, uno de los departamentos más pobres del país, y fue allí donde produjo el mayor número de víctimas. De acuerdo a los testimonios recogidos por la CVR, la violencia golpeó principalmente a los habitantes más pobres en las áreas más pobres del país. Sin embargo, como esos mismos testimonios indican, la pobreza no explica por sí sola el estallido de violencia sin precedentes que vivió el país. Es más preciso verla como uno de los vectores importantes que contribuyó a encender el conflicto y como el telón de fondo sobre el cual se desarrolló este drama.
Así es como la CVR emprende el esforzado trabajo de trasladar el foco de la responsabilidad y de la culpa fuera de Sendero Luminoso hacía otros factores históricos y culturales. Primero nos repite que se inicia el "conflicto armado" y no el accionar terrorista de Sendero Luminoso. En segundo lugar, pretende engañar al incauto lector tratando de hacerle creer que la pobreza es "uno de los vectores más importantes" que aunque "no la explica por sí sola" sí explica algo el inicio del "conflicto". Es decir, la justifica. En tercer lugar pretende ignorar que Ayacucho es el sitio donde trabajó y vivió Abimael Guzmán y otros líderes senderistas, y donde se hallaba el Cuartel General del PCP-SL que fue la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. No es pues por pura casualidad que las acciones de SL se iniciaran en Ayacucho. Y menos fue por la pobreza, como nos quieren hacer creer. Así es como se apela al gran mito de la pobreza como el fundamento de la violencia política, que es el credo básico que toda la izquierda marxista siempre ha repetido y sigue repitiendo. Pero aun hay más sobre este mismo tópico.
Contra ese telón de fondo, adquieren un papel muy importante en la explicación del conflicto las múltiples brechas que atraviesan el país. La más visible y dramática es la que separa a ricos y pobres. Tanto o más que la pobreza misma, importa la inequidad, las abismales diferencias entre los que más tienen y los que sobreviven. Recordemos que el Perú tiene una de las peores distribuciones del ingreso en América Latina y en el mundo.
Lo que sigue son tres páginas donde se señalan las "brechas" que separan el mundo rural y empobrecido del interior del Perú. Se menciona la "brecha generacional" y la "brecha de género" y finalmente se afirma que todo esto condujo a la existencia de "capas sociales sensibles a propuestas de ruptura radical con el orden establecido". Es decir, los terroristas de SL encarnan a capas sensibles de nuestra sociedad debido a las diferencias entre ricos y pobres. Eran pues una especie de Robin Hood de los Andes. Con esto se deja de lado lo que fue una estrategia bien trazada por Sendero Luminoso, basada en su ideología marxista-leninista-maoista, para incursionar precisamente en los lugares más abandonados del país y generar sus bases y "zonas liberadas" allí donde era más fácil. Y aun así nunca lo consiguieron pues fueron rechazados por la población.
Por otro lado, es obvio que el discurso de ruptura con el orden establecido siempre encontrará oídos en una generación de jóvenes. No olvidemos que el discurso senderista se dirigía a los jóvenes y que la gran mayoría de los integrantes de SL fueron jóvenes y hasta adolescentes. No hace falta pues apelar ni a la pobreza ni a las "brechas" ni salir del plan concreto de una banda de fanáticos ideologizados con un paraíso terrenal socialista, que tomaron como modelo la carnicería de la revolución cultural china. Todas estas líneas de la CVR son burdos intentos de justificar la existencia del senderismo y maquillar su actuación criminal tornándola en acción política. Pero allí no queda todo, pues lo que sigue es más de lo mismo, o incluso peor, pues ingresamos a revisar "Los factores institucionales".
La Guerra Fría redobló este cuestionamiento. La lucha entre las superpotencias agudizó los conflictos en toda América Latina, reubicando las viejas tradiciones militaristas del continente en un nuevo contexto y enmarcándolas dentro de una nueva doctrina de seguridad nacional, impulsada enérgicamente por los EE.UU en la región. En la estela de la revolución cubana (1959), una oleada de movimientos subversivos armados sacudió América Latina. La respuesta fueron golpes militares y dictaduras represivas. En el medio quedaron legítimas aspiraciones de transformación y democratización. (...) En nombre de los valores «occidentales y cristianos», los regímenes dictatoriales del Cono Sur –Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay- actuaban concertadamente para reprimir y eliminar violentamente a sus opositores, alentando de este modo las respuestas violentistas en la región.
Este es un tratamiento bastante descuidado del efecto directo que tuvo la Guerra Fría en la existencia de una verdadera plaga de agrupaciones radicales de izquierda en el Perú y Latinoamérica. La lucha por el predominio mundial alentó la invasión ideológica del comunismo en Centro y Sud América. Varias agrupaciones de izquierda contaban con entrenamiento y financiamiento del comunismo mundial por parte de potencias como la URSS, RDA, Checoslovaquia, Yugoslavia, Cuba, China, etc. Tampoco se menciona la grotesca invasión de material comunista que llegaba a raudales para ser repartida a los estudiantes de forma gratuita. Durante los 70 en las universidades se regalaban libros de Marx, Engels, Lenin y Mao como hoy se regalan biblias. Así se implantó una moda y un aura intelectual alrededor de la izquierda, pues en apariencia se mostraban como sumamente lectores y conocedores de una misteriosa ciencia social infalible. Ciertamente sus discusiones llegaban a ser bastante anodinas. Siguiendo el juego de los países comunistas, los estudiantes alienados por el marxismo provocaron varios conflictos en diversos países de la región, cuyo efecto obvio fue la reacción de las FFAA para controlar la situación y defender el orden. Aunque los fanáticos de izquierda ya idiotizados por el marxismo insisten en afirmar que se defiende el “orden injusto”. El caso del Perú fue muy especial debido a su tardía aparición. De hecho el maoismo ya estaba en desgracia en la misma China cuando SL inició su lucha armada. En pocos años más llegaría el fin del comunismo mundial. Lo que habría hecho falta en ese momento histórico era crear una Comisión de la Verdad en la ONU para investigar los crímenes del comunismo mundial. En el Perú el atraso también se experimentó en un maoísmo retrógrado que recién se ponía de moda en los 80.
Fue por esta falta de ejercicio ciudadano democrático, que en ciertas zonas del país la instauración vertical de un «nuevo poder» senderista impuesto desde arriba y que construía sujetos (e incluso siervos) en vez de ciudadanos, no apareció como algo insoportable. Más aún si ese «nuevo poder» imponía en un primer momento un cierto orden y ejercía a su manera «justicia».
Se trata de una afirmación bastante arriesgada que carece de sustento real. La frase se refiere al sufragio y las escasas ocasiones en que la gente había ejercido su voto. Las personas no pueden ser conscientes de lo que carecen si nunca lo han tenido. Además la democracia no es algo que se ejerce solo con el voto, se trata más bien de un estilo de vida ciudadano donde el individuo participa en la vida de su comunidad. Como se aprecia, es una inútil enumeración de "factores" tratando de "explicar" por qué sucedió el mañosamente llamado "conflicto armado interno". Así pasamos a abordar los siguientes "factores" que son "Los factores coyunturales". Esto es de lo más interesante:
B. Vacíos relativos de poder en amplias zonas rurales, sobre todo andinas. Como parte del fracaso del proceso de Reforma Agraria, el gobierno del general Morales Bermúdez procedió a la desactivación del Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS), el aparato estatal que de alguna forma había cubierto el vacío dejado por los poderes locales tradicionales. Conforme el estado se replegaba del campo, las empresas asociativas —SAIS, CAPs— creadas por una Reforma Agraria colectivista, que revirtió la tendencia a la parcelación de la gran propiedad y el avance de la economía campesina y la mediana propiedad, quedaron como desperdigados islotes desmoralizados (con frecuencia debilitados desde dentro por administraciones incapaces o corruptas) y acosados desde dentro o desde los márgenes por quienes deberían haber sido sus beneficiarios.
Este es probablemente el único factor real que podría haber generado un descontento en el campo tal que haya servido como catalizador del resentimiento y la agresividad contra el Estado. De hecho la crisis en el campo desatada por el desastre de la Reforma Agraria de Velasco produjo grandes oleadas migratorias a la ciudad, desmembrando familias y dejando pequeños núcleos aislados en las zonas más deprimidas de la sierra, así como cinturones de miseria alrededor de Lima. Otro factor que se menciona es la desaparición de los partidos políticos y el repliegue de los agentes de izquierda que durante la dictadura de Velasco tuvieron mucha actividad en el adoctrinamiento de campesinos. Enseguida llegará la nueva Constitución y la nueva era democrática.
...para el PCP-SL era muy importante iniciar su lucha armada antes de las elecciones y de la instauración del nuevo régimen, para deslegitimarlo y negar las transformaciones de las cuales éste era expresión.
Esta es una de las dos frases en que se menciona la lucha armada del PCP-SL. No era pues un “conflicto armado interno” sino el inicio de la lucha armada del PCP-SL, lucha que se tradujo en ataques a la población civil. Así es como tendría que expresarse una Comisión de la Verdad. Esta es sin duda una Comisión de Maquillaje de la Verdad. Y así es como acaba la larga enumeración de los famosos "factores concurrentes" con los que se trata de explicar el accionar senderista. Enseguida viene la pregunta "¿Por qué duró tanto?".
Los mencionados gobiernos y las FF.AA. desconfiaban de líderes izquierdistas como Hugo Blanco, que alcanzó la segunda votación más alta para la Asamblea Constituyente de 1978, después de Haya de la Torre; de partidos marxistas como el PCP, la UDP o el UNIR, que conformarían poco después Izquierda Unida y tenían fuerte influencia en organizaciones sociales como la CGTP, la CCP o el SUTEP, que vivían por entonces sus años de auge. Recuérdese que esos partidos seguían proclamando la legitimidad de la vía armada para la captura del poder.
Es interesante el señalamiento de que toda la izquierda, incluyendo la "electoral", seguía proclamando la legitimidad de la vía armada para capturar el poder e instaurar una dictadura comunista. Ese era pues el gran objetivo de todos los grupos de izquierda, de modo que nunca vieron mal las acciones de Sendero Luminoso. De hecho, lo apoyaron, aunque poco a poco fueron censurando sus entusiasmos ante la evidente maldad del accionar senderista y el masivo rechazo que provocaron. Pero también recuerda la CVR que varios grupos de izquierda eran violentistas, por lo que SL pasó inicialmente desapercibido:
Actuaron confundidos entre otros actores (de izquierda) que, compartiendo un discurso violentista, estaban desarrollando otro tipo de acciones.
Por un lado, el PCP-SL y en mucho menor medida el MRTA se convirtieron en magnetos que atrajeron a minorías descontentas desgajadas de los grupos de izquierda que a fines de los setentas habían dado un viraje, en muchos casos no del todo coherente, del discurso de la lucha armada a la participación electoral
Hay una clara incoherencia en el hecho de referirse vagamente en pocos párrafos a la "lucha armada", que fue el predicamento de toda la izquierda, y sin embargo preferir ampliamente en el documento la expresión "conflicto armado interno". ¿Qué fue finalmente? ¿Fue el inicio de la tan ansiada lucha armada? ¿O fue el inicio de un conflicto armado entre dos bandos que se disputaban algo y que por tanto se suscitó en forma de conflicto bilateral desde el principio? Esto no fue lo que ocurrió. Lo que SL inició fue la lucha armada desde la doctrina de la izquierda marxista y bajo una estrategia de terror dirigida a la sociedad. Eso fue lo que pasó concretamente. ¿Por qué la CVR insiste en llamarla "conflicto armado interno"? Y lo más extraño de todo: ¿por qué en la explicación de este supuesto "conflicto armado interno" solo se intenta explicar el accionar de SL? ¿Y qué pasa con el otro frente, si lo hubo? ¿Dónde está la explicación de las acciones del MRTA? Nada, pero absolutamente nada se dice del MRTA. Y menos de las FFAA. Toda la “explicación” es sobre el accionar de Sendero Luminoso.
Todos los factores hasta ahora mencionados, tampoco hubieran bastado para explicar la duración e intensidad de la subversión, si las elites políticas hubieran estado a la altura del desafío. SL se alimentó de los gravísimos errores cometidos por el Estado y los partidos políticos, más allá del justificable desconcierto inicial. Estos errores configuraron un proceso que hemos denominado «abdicación de la autoridad democrática». Este se inició con la rutinización de los estados de emergencia; los poderes excesivos otorgados a los comandos político-militares; la estrategia contraproducente de las FFAA a partir de 1983, inspirada en la doctrina de seguridad nacional, que postergó la ruptura entre el campesinado ayacuchano y SL; la incapacidad del poder judicial, que propició la impunidad; la ineficacia del Poder Legislativo para legislar eficazmente sobre terrorismo y para investigar las violaciones a los derechos humanos; la inexistencia de una política penitenciaria en relación a los subversivos presos, que llevó a que los penales fluctúen entre las fugas y las masacres; el recurso a grupos paramilitares y escuadrones de la muerte; hasta culminar en el golpe de Estado de abril de 1992.
Lo interesante de este párrafo es sin duda que el recuento de todos los errores del Estado que permitieron la prolongación de la subversión acaba súbitamente en el golpe de Estado de abril de 1992, cuando Alberto Fujimori cierra el Congreso y asume el control total del país. Hay que recordar que en ese momento Sendero Luminoso ya estaba actuando intensamente en Lima. Fue el año en que el miedo se sintió en cada esquina de la capital y cuando ocurrió el alevoso asesinato de Maria Elena Moyano, el atentado contra el canal 2 y el criminal atentado en la calle Tarata, entre muchos otros coches bomba que explotaban por la ciudad. Todos recordarán las calles desiertas en las fiestas patrias del año 1992 en que la gente tenía miedo de salir de sus casas. Se sentía la presencia de Sendero Luminoso en las calles y se temía un atentado en cualquier momento. Todo esto hizo que el pueblo apoyara firmemente el golpe de Alberto Fujimori en contra de un Congreso que precisamente era la representación fiel de aquel Estado ineficiente y pasmado que este párrafo de la CVR describe muy bien. Tampoco se explica la necesidad de ese golpe que permitió instaurar una política antiterrorista radical que a la larga fue el factor clave para la derrota de SL.
El siguiente título pretende responder "¿Por qué el conflicto fue tan cruel?". Como en el título anterior, también en este hay un exceso de palabrería hueca. El punto central desemboca en la siguiente frase:
En las bases filosóficas, políticas e incluso psicológicas de la acción subversiva, especialmente del PCP-SL, se constata un decisivo punto ciego: SL «ve clases, no individuos». De allí se deduce la falta grosera de respeto por la persona y por el derecho a la vida, incluyendo la de sus militantes pues para mantener la cohesión del partido la dirección exacerbó en ellos una vena tanática -«llevar la vida en la punta de los dedos», «cruzar el río de sangre»- que se convirtió en un sello de identidad, un desafío a todo el orden existente y tiñó el proyecto senderista de potencialidades terroristas y genocidas.
Hay dos cosas que añadir a esto. En primer lugar SL no es el único proyecto comunista que termina en una carnicería macabra. Esa es la característica de todo movimiento comunista. Por algo el comunismo tiene el récord mundial de muertos con más de un millón de cadáveres acumulados en el siglo XX, aunque la izquierda se ha pasado la vida condenando tan solo al nazismo y al fascismo. Sendero Luminoso apenas aportó su modesta cuota de 23 mil muertos a la gran carnicería mundial del comunismo. No es pues algo que compete a SL sino que es propio del comunismo como ideología y praxis. La izquierda marxista en general solo ve clases, masas, colectivos y no ciudadanos ni individuos. En segundo lugar debemos señalar que este es el único lugar donde se señala que "el proyecto senderista se tiñó de potencialidades terroristas y genocidas". No es muy claro al señalar el carácter netamente terrorista de SL. Más bien se apela a una retórica cursi: "se tiñó de potencialidades". Este es al final el único lugar donde aparece la palabra "terrorista" vinculado a Sendero Luminoso. Luego todo el tratamiento de SL es como partido político y su conducta es enmarcada como acción política.
A esto se añade, por un lado, la influencia de la doctrina de seguridad nacional, que enmarcó las represiones a los grupos subversivos en el Cono Sur y América Central e implicaba un alto costo en vidas humanas. Por otro, el poco enraizamiento de las doctrinas de DD.HH., que recién comenzaban a transformase en instrumentos legales y a ser sancionadas en tratados internacionales incorporados en la legislación nacional y posteriormente también en la formación de las FF.AA.
Este y el que se cita abajo son los únicos párrafos en donde se intenta dar una especie de explicación de la respuesta violenta de las FFAA al accionar terrorista.
En los primeros años de su intervención, (las FFAA) se comportaron con frecuencia como un agente externo a la región.
Entender esto no es muy difícil ya que las FFAA están preparadas para actuar contra un enemigo exterior. Estas menciones que se hacen muy de pasada dejan en claro que las FFAA actuaban siguiendo doctrinas de defensa que no pertenecían al Estado peruano sino a una escuela militar extendida por toda la región. Las FFAA tenían en mente el modelo de Vietnam, pensaban en enemigos externos, carecían de táctica y de marco legal para actuar dentro del país. Pero en realidad estos párrafos no están tratando de explicar nada. Nunca se hace el intento de entender el accionar de las FFAA. Son simples menciones casuales. Es interesante que al final también se haga mención de la violencia brutal ejercida por las propias comunidades en sus comités de autodefensa.
Las rebeliones contra SL fueron también brutales. La violencia latente en cualquier comunidad, especialmente pobre y en buena parte preciudadana, se entremezcló con conflictos familiares, generacionales, de linderos, y se desbordó. Los comités de autodefensa, en muchos casos, fueron más allá de su función de autodefensa y se convirtieron también en pequeños ejércitos agresivos que «barrían» con gran violencia territorios que consideraban enemigos o prosenderistas
Por desgracia, la CVR no aprovecha las cartas que ha echado para descubrir que el juego de la violencia es un todo perverso que se desata a partir de la primera quiebra del respeto por el orden y por la vida iniciado por SL. De una vez que las estructuras mentales de la realidad humana han sido rotas, esta se desborda en violencia instintiva. De paso quiero añadir que no existe la más mínima visión de una perspectiva psicológica social. Así llegamos al último título que procura explicar "¿Por qué los grupos subversivos fueron derrotados?". La mayor parte de este título se ocupa en demostrar que el proyecto senderista era políticamente inviable, carecía de sentido de realización práctica y que chocaba con la realidad y la dinámica de las comunidades.
La existencia de prensa independiente, que documentaba horrores, incluso en las zonas directamente afectadas por la violencia, fue también un factor que contribuyó a frenar la brutalidad de las acciones contrasubversivas y a crear un clima contrario a los grupos subversivos... los grupos subversivos nunca llegaron a tener aceptación entre sectores importantes de la población.
Existieron, además, organismos fiscalizadores desde la sociedad civil, que cuestionaron los crímenes y violaciones a los DDHH, tanto del Estado como de los grupos subversivos: organismos de DD.HH., sectores importantes de la iglesia católica y de iglesias evangélicas.
Tampoco las organizaciones sociales populares, obreras, campesinas, magisteriales, sindicales en general, fueron ganadas por los proyectos subversivos. El PCP-SL se convirtió más bien en un «antimovimiento social»...
De este modo Sendero Luminoso acabó siendo un apestado social que se quedó cada vez más aislado. En el contexto internacional tuvieron poco apoyo porque el comunismo se derrumbó y los movimientos guerrilleros y terroristas de izquierda quedaron en el aire, ya no como románticos luchadores en busca de justicia social sino como esperpentos anacrónicos de un modelo fracasado. Pero no fueron estos los principales factores de la derrota de Sendero Luminoso.
El texto de la CVR curiosamente no hace ninguna mención a la estrategia seguida por el gobierno de Alberto Fujimori para enfrentar al terrorismo. Estrategia que permitió capturar a todos los mandos de Sendero Luminoso luego de imponer el orden en los penales, cortar el adoctrinamiento en las universidades y, sobre todo, evitar esa coladera de terroristas que era el Poder Judicial, y que la misma CVR reconoce, trasladando los juicios al fuero militar con jueces sin rostro, copiando el modelo exitoso aplicado en Italia. En la “explicación” de la CVR sobre la derrota de los grupos subversivos no hay una sola mención a la política antisubversiva de Alberto Fujimori, revelando su sesgo político y falta de compromiso con la verdad histórica. No hay pues casi nada de verdad en este informe.
Conclusiones
1.- Como hemos podido apreciar, este capítulo dedicado a explicar lo que se ha dado en llamar "el conflicto armado interno", en realidad tan solo trata de explicar el accionar de Sendero Luminoso. No hay casi ningún análisis sobre los demás actores de este “conflicto”.
2.- Desde el principio se observa un diligente empeño de la CVR por otorgar a las acciones de Sendero Luminoso la categoría de una “acción política”. Ya desde el nombre otorgado al capítulo se habla de un “conflicto armado” desvirtuando el verdadero carácter subversivo y terrorista de SL. Es sorprendente el tratamiento mesurado que se le dispensa a SL, sobre todo porque contrasta con la actitud áspera que la CVR muestra ante el gobierno de Alberto Fujimori al que califica de “autoritario y corrupto”, sin ninguna reserva protocolar. En cambio no hay un solo calificativo semejante para Sendero Luminoso.
3.- Se reconoce que el PCP-SL se inspiró en una doctrina marxista de orientación maoísta, pero se añade que se sustenta en una tradición radical peruana muy explicable por el contexto de miseria de nuestra realidad. Se pretende justificar el accionar terrorista de SL por la pobreza y miseria de Ayacucho, soslayando las verdaderas razones por las que SL inició sus acciones en esa región, y las causas estratégicas por las que eligió actuar en las zonas más alejadas e indefensas. Es evidente el intento de apelar a la pobreza como verdadero origen de la violencia.
4.- En la explicación de la derrota de SL se deja completamente de lado toda la estrategia antiterrorista adoptada por el gobierno de Alberto Fujimori, sugiriendo que SL cayó derrotada básicamente porque no pudo ganar el apoyo popular.
Comentario final
Hemos dejado en evidencia las clamorosas deficiencias del capítulo central del informe final de la CVR. No se puede afirmar con seriedad que esta sea una forma de explicar la historia de violencia de nuestro país con un enfoque de veracidad y neutralidad. Como hemos apreciado, se trata de un enfoque sesgado y de un estudio apresurado y deficiente, con una redacción pobre. Volvemos pues a la pregunta de fondo: ¿cuál fue el verdadero interés por montar una Comisión de la Verdad? Solo podemos tomar en cuenta las evidencias que tenemos al frente.
Por todo lo visto y vivido hasta hoy, la activación de una CVR parecía destinada básicamente a montar un gran negociado a cargo de las ONGs de DDHH, dentro de un círculo virtuoso cercano a la PUCP. Estas ONGs tuvieron una gran participación durante y después de la labor de la CVR, y lo siguen teniendo hoy. Es necesario mencionar que varios comisionados eran y son dueños de algunas ONGs, incluyendo al creador de la CVR, Diego García Sayán. Nadie negará que esta situación se parece mucho a una asociación ilícita para negociar con el Estado. Como consecuencia, la CVR concentró sus esfuerzos en la búsqueda de víctimas, pero no de cualquier víctima sino principalmente víctimas del Estado, pues estas serían luego las beneficiadas con las reparaciones. Hoy se tiene una larga lista de beneficiados con reparaciones que según se va descubriendo está llena de infiltrados. No es pues casual que la CVR haya anunciado una cifra tan exatravagante de víctimas: 69,280.
La CVR parece más un montaje destinado al lucro de las ONGs. El proyecto acabó concentrado en una ansiosa búsqueda de víctimas, a las que incluso se les abrió un espacio público inusual, dejando totalmente de lado a otros actores centrales del escenario de violencia como los militares. Entender el fenómeno de la violencia no fue el principal interés de la CVR. Se basaron en los textos ya conocidos, con el enfoque tradicional de la izquierda académica marxista, y con el enfoque exclusivo de una sociología marxista trasnochada. No solo no hay nada nuevo en lo que se dice sino que se dice muy poco y mal.
Por último debemos considerar que de las 4 áreas sobre las que la CVR plantea recomendaciones, tres de ellas son más trabajo para las ONGs. Estos son:
1. Reformas institucionales necesarias para hacer real el Estado de Derecho y prevenir la violencia.
2. Reparaciones integrales a las víctimas.
3. Plan Nacional de Sitios de Entierro.
4. Mecanismos de seguimiento de sus recomendaciones.
Como se aprecia, las 3 últimas recomendaciones no son más que negocio redondo para las ONGs. Incluso dentro del primer aspecto encontramos negocio para las ONGs, como es la capacitación de los jueces en DDHH. El Congreso peruano debería iniciar la investigación de quiénes son los dueños de las ONGs que se beneficiaron con el trabajo de la CVR, empezando por su gestor: Diego García-Sayán Larraburre.
Lima, 21 de setiembre del 2012------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
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Un estudio del informe final de la Comisión de la verdad y Reconciliación
Durante siglos hemos tratado de entender el mundo que nos rodea. Hemos aprendido mucho acerca de este mundo, e incluso de otros, pero muy poco de nosotros mismos, es decir, acerca del hombre y sus sociedades. Tal vez las mejores teorías relacionadas con el comportamiento humano han sido las que versan sobre una de las principales conductas humanas: la economía. Los estudios de economía han ganado el mayor respeto posible en el ambiente académico y social, y han sido incluso seguidas estrictamente, aunque a veces con poca fortuna, es cierto. Sin embargo no ha sucedido así con los estudios sociológicos, psicológicos o antropológicos, los cuales siempre son vistos como una tarea puramente académica y, a veces, excéntrica. No se otorga ningún Premio Nóbel en estos campos específicos, por ejemplo. Tal parece pues que el estudio del hombre mismo no fuera importante, o al menos no tan importante como otros temas.
Debemos admitir que gran parte de los estudios realizados sobre el hombre y sus sociedades no han alcanzado el grado de certeza que hay en otras áreas. Tal vez sería más apropiado decir que no han proporcionado el grado de satisfacción que dan otras áreas del conocimiento. El hombre siempre espera que el conocimiento le otorgue ventajas sobre lo que conoce, específicamente una capacidad predictiva y de control sobre ese mundo conocido; pero esto no se da en las áreas del conocimiento que competen al propio ser humano. Como dice Jaspers, el horizonte humano está siempre más allá del sujeto conocedor. Pero además de las dificultades epistemológicas que nos impone la filosofía del conocimiento, una de las razones por la que esta situación de disconformidad se ha producido es que casi todos los estudios del hombre han pretendido abordarlo como si se tratara de un elemento más de este mundo y, en tanto, no han dudado en aplicarle el afamado "método científico". La lógica simple nos indica que si tal método ha sido efectivo para descubrir los misterios de la naturaleza, debe servir también para hacer lo propio con el ser humano. Sin embargo esta lógica simple no ha funcionado. La ciencia tradicional, con todos sus métodos y técnicas, no ha podido hacerse cargo del ser humano. Y cada vez que iniciamos la lectura de un estudio del hombre que se presente como rigurosa ciencia objetiva apoyada firmemente en el método científico, ya podemos empezar a desilusionarnos. Lamentablemente, alejarse del método científico por estos días todavía es algo muy parecido a una herejía del siglo XVI. Sin embargo no nos ha proporcionado ayuda alguna sobre la cultura y sociedad. La epistemología de las ciencias humanas empezó a edificarse con Dilthey y Windelband pero fue inmediatamente atacada por un enjambre de cientificistas que defendieron le ciencia naturalista como la única ciencia verdadera. Esto no ha permitido que las ciencias humanas progresen adecuadamente, y hoy todavía nos movemos en medio de bastante incertidumbre.
El estudio de la conducta humana debe partir de sus formas de pensamiento, y estas de su origen en la racionalidad que prima en su cultura. La idea central es que toda conducta sigue un pensamiento y que todo pensamiento se acomoda a una forma o a una estructura lógica diseñada por su cultura. En tal sentido, debemos identificar las formas vigentes o los modelos sociales de pensamiento que son el referente obligado del comportamiento individual en la sociedad.
La humanidad ha tenido básicamente dos tipos de conducta a lo largo de su historia: económica y religiosa, en cualquier orden. Ambas han conducido a otra forma de conducta permanente: la bélica. Pero lo básico ha sido siempre la actividad económica y religiosa. La primera es una conducta productiva y la segunda, con el perdón de la palabra, una conducta improductiva. La economía está vinculada a la vida, a la situación del hombre en la tierra y su permanencia en ella, mientras que la otra se vincula más a aspectos metafísicos, extra terrenos, anteriores al nacimiento y posteriores a la muerte. En otras palabras, estas han sido conductas contrapuestas y simultaneas, como dos caras de una misma moneda. Mientras una se ocupa de la vida en la realidad cotidiana, la otra se ocupa de la muerte y de aspectos ajenos a este mundo. La conducta humana vinculada a la economía tiene que ver con la producción de bienes de toda especie y de servicios diversos destinados al mejor estar sobre este mundo, lo que ha impulsado la creatividad y la libertad de pensamiento como condición esencial de dicha creatividad. Por otro lado, la conducta religiosa se vincula más bien con el supuesto destino del hombre más allá de la muerte, su preocupación está centrada fuera de esta vida, y por su propia naturaleza necesita la restricción del pensamiento y la sumisión a una serie de dogmas. Para no seguir mencionando diferencias, diremos simplemente que bajo un análisis muy simple, todas las sociedades han podido diferenciarse a lo largo de milenios en función de la predominancia de estos dos tipos de pensamiento, de su alternancia y de cómo se ha resuelto la interacción entre el mundo de los hechos y el de las ideas, entre el pragmatismo y el idealismo. En cada una de ellas han surgido variantes y se han producido guerras para conseguir imponer los cambios, tanto en lo económico como en lo religioso. Por un lado, aquellas sociedades en las que prevaleció la conducta religiosa como una actividad regida por un pensamiento unitario, compacto, monolítico, llegando incluso al control del gobierno, hoy son los países más atrasados de la Tierra. En el otro lado, las sociedades en donde la actividad religiosa por diversas razones se fragmentó sin llegar a controlar el gobierno de manera directa, dejando espacio a una actividad económica más amplia y activa, y por tanto, a un pensamiento más libre, son las que hoy muestran el mayor desarrollo en todo el planeta, sin dejar de ser sociedades religiosas, claro está. Estas dos formas de pensamiento han prevalecido siempre.
Hubo además algunas otras actividades humanas muy reducidas como la ciencia y las artes, pero nunca llegaron a ser predominantes. Aunque en los últimos 200 años la ciencia ha invadido el pensamiento humano, lo ha hecho en la forma de ideas y propaganda, antes que en actividad real. Nos basaremos aquí en las dos principales actividades humanas ya descritas: economía y religión. Diremos algo también acerca de la ciencia y de cómo esta afectó el pensamiento humano para llegar a convertirse en un nuevo modelo de pensamiento vigente aún sin practicarse. Visto entonces de manera general, este es un artículo que aborda la política, ya que ella es el resultado de la actividad de control social enfocado desde los dos aspectos básicos de su conducta: economía y religión. No es pues, por tanto, un artículo de economía ni de religión, en el sentido estricto de las palabras, sino de la presencia de ambas en la política y en el comportamiento social general de las personas sobre la estructura lógica de pensamiento diseñada por estos dos referentes. El foco de nuestro verdadero interés es el pensamiento que conforman las ideas políticas generales de la sociedad, es decir, aquellas con arreglo a las cuales se desenvuelve. Se comprenderá entonces lo difícil que resulta en este momento tratar de definir el espectro que abarcan nuestros análisis. Tal vez por esta causa sea mucho más fácil escribir libros de economía o de religión que de psicología social.
La realidad que nos rodea es algo sumamente complejo y está más allá de las capacidades sensorio-perceptivas de los seres humanos, y –muy posiblemente- aun mucho más allá de sus capacidades comprensivas. Sin embargo, a los seres humanos nos parece todo lo contrario. El primer error del pensamiento humano es creer que la realidad es todo aquello que podemos percibir o descubrir de alguna manera evidente. En otras palabras, el hombre vive convencido de que la realidad es eso que su cerebro le proporciona como tal. Ya allí tenemos un craso error. De hecho, asumir que aquello que se nos representa en la conciencia como realidad, es la realidad tal cual es un engaño humano. Pero es eso lo que nos ha permitido construir toda una cultura fundada tan solo en las ideas que subsisten en cada cerebro humano. Esto significa que gran parte de la actuación humana parte de un error fundamental, o de dos. El hombre es un organismo que tiene la curiosa y única capacidad de fabricar su propia realidad –algo fabuloso- en aquello que conocemos como “conciencia”. La conciencia, en términos simples, es un taller en donde se lleva a cabo la construcción de la realidad humana, es una fábrica de realidades. En términos de Baars, es un teatro en el que se escenifica nuestro mundo. Y en términos de Dennett, es una máquina de imprenta que compagina una realidad en cada instante. Lo cierto es que el hombre moderno ya no vive en su medio ambiente ecológico como fuente primaria de su realidad. No respondemos tan solo a dicha realidad ambiental. Esta ha sido suplantada. A través de la evolución del pensamiento humano, los elementos con que se componen la realidad humana en la conciencia han pasado a ser elementos de su propia fabricación, es decir, básicamente ideas. La realidad humana está conformada hoy básicamente por conceptos complejos como justicia, igualdad, democracia, derechos, etc. De modo pues que lo acontecido en los últimos 10,000 años ha sido la transición del hombre de su medio externo a su medio interno, o sea que ha pasado de vivir en la realidad ambiental a vivir hoy en su realidad psicológica interior. Lo que hoy predomina en el pensamiento humano son ideas, conceptos, valores sociales más que hechos o circunstancias objetivas. Y como todo camino evolutivo, este es un camino de no retorno. Hoy el hombre vive sumergido en un inmenso océano de conceptos que configuran su mundo moderno. No se orienta movido por su medio físico, ya no depende enteramente de él, puede incluso controlar los factores ambientales: ya no tiene que pasar largos períodos de hambre ni de frío ni de calor, ni detenerse por un río o un brazo de mar o una montaña. El medio externo ya no controla al hombre sino que es al revés. Incluso el medio ambiente ha pasado a ser hoy un nuevo y moderno concepto que despierta determinadas conductas. Ya no somos organismos actuantes solamente en estrecha dependencia con los factores del medio externo sino que actuamos orientados por ideas, conceptos, pensamientos y, en cierto modo, hasta con un grado bastante grande de desprecio hacia nuestro medio externo, lo que ha tenido serias repercusiones en el presente, como todo el mundo sabe hoy.
Nadie, supongo, duda que el mundo moderno, o sea, ese que nace a partir de las grandes guerras de independencia y después de la Revolución Francesa, es un mundo dominado por ideologías. Desde la aparición de la famosa “Declaración de Derechos del Hombre”, este es un mundo que se maneja en función de ideas. Ideas de izquierda, de derecha, conservadoras, liberales, económicas, religiosas, moralistas, realistas, idealistas, etc. En un mundo como el de hoy, saturado de conceptos, se ha vuelto fundamental el concurso de los medios masivos de comunicación que son los que llevan no solo las noticias sino también las ideas. En realidad el mundo empezó a cambiar poco antes de las grandes revoluciones del siglo XVIII y XIX. Empezó a cambiar de una manera menos dramática unos cien o doscientos años antes. Nadie se dio cuenta porque tales cambios no ocurrían en el mundo exterior sino en las conciencias colectivas y de una manera paulatina. Empezaron cuando la imprenta permitió la difusión de las ideas de forma escrita y masiva. Esto fue realmente la verdadera causa de todos los cambios en la humanidad. Así fue como llegaron las ideas. Fue ese el inicio de la segunda gran etapa de cambios evolutivos en el desarrollo del pensamiento humano, el cual se había iniciado milenios antes con el lenguaje.
La imprenta fue el inicio de la revolución de los medios que hoy permiten comunicarse a la humanidad entera no ya en la forma de textos únicamente sino con imágenes, sonidos y videos, con documentos de diverso formato y una gran variedad de productos mediáticos. Esta dramática revolución en los medios de comunicación repercute directa e inevitablemente, en la evolución del pensamiento, lo que no quiere decir que la mejora, sino simplemente que la cambia o altera. Hoy el pensamiento humano está guiado y determinado por los fragmentos de realidad que ofrecen los medios de acuerdo a sus formatos y características. En segundo lugar, ofrecen no una sino diversas interpretaciones de la misma realidad, lo cual genera confusión, y al ser en sí mismas realidades que conllevan realidades, acaban configurando un cuadro realmente caótico, incrementan la entropía y el caos. Siguiendo la lógica que ha tenido la evolución de la especie humana, podemos admitir que los medios son una nueva instancia en la que se lleva a cabo la creación de lo que llamamos “realidad humana”. Esta sería una instancia que se desarrolla a cabo fuera de la conciencia individual pero en algo que podemos llamar “conciencia colectiva”. Visto de este modo, podemos considerar la existencia de una realidad física exterior al hombre (su medio ambiente), una realidad psicológica individual fabricada por la conciencia humana, donde habitan sus elementos religiosos, por ejemplo; y una realidad psicosocial estructurada a partir de las imágenes de los medios, donde priman los conceptos ideológicos modernos como derechos y justicia.
En particular cuando se trata de la realidad política, que es la más compleja de todas. Entonces ya no hablamos tan solo de lo que ocurre en el mundo, (ciertamente nunca hablamos de lo que ocurre en el mundo) sino de lo que llega a construirse en nuestras conciencias alimentadas diariamente por fragmentos mediáticos que nos muestran siempre una realidad selectiva, distorsionada y fragmentada. Ya no hablamos del mundo sino de nuestras ideas respecto de ese mundo que acaba siendo un vago referente para nuestra recargada realidad mental. Esto es lo que alimenta la crisis social presente. Es una crisis del ambiente político pero también es una crisis de las conciencias colectivas incapaces de formarse una realidad homogénea. Ya no estamos seguros de dónde se origina esa crisis. En cierta forma podemos afirmar que toda crisis es una crisis del comportamiento humano. En ocasiones la crisis es el hecho de no poder obtener aquello que la cultura nos ha obligado a buscar, por ejemplo educación o empleo asalariado. ¿Existe la crisis como una realidad objetiva o sentimos la crisis porque la vemos en los medios, que son asumidos como un reflejo cabal de nuestra realidad, y luego ellas desencadenan conductas que acaban en crisis? ¿Podemos considerar que los medios estructuran diariamente una metarrealidad que es la que finalmente alimenta las mentes de la sociedad? ¿De dónde entonces obtienen las personas una conciencia de su realidad? Hoy los seres humanos tenemos que transitar entre una realidad primaria que nos rodea de manera inmediata, y otra forma de realidad social, secundaria, que nos involucra como parte de una comunidad, pero que es comunicada a través de los medios masivos, los que actúan no solo como canal sino como filtro y codificador.
Este es un trabajo que pretende meditar en el campo epistemológico y psicológico, entendiendo que la meta principal es lograr explicar lo que puede ser la realidad, nuestra realidad humana, el origen de todo y que es elaborado sobre la base de noticias e ideas. Podemos advertir que los caminos evolutivos en el pensamiento humano pueden estar conduciéndonos a un callejón sin salida. La situación del Perú como la de muchos otros países latinoamericanos se define casi siempre con la palabra crisis. Sobre todo crisis política. Más aun, se habla de “crisis institucional”, lo cual significa que son las instituciones quienes están en crisis. De manera que no parece tratarse de una situación episódica, coyuntural, y menos generada por agentes externos. Por el contrario, las circunstancias externas han ayudado no solo a paliar nuestra crisis sino a sobrevivir. Se trata de una crisis cuyos orígenes pueden rastrearse durante décadas hacia atrás, a veces hasta el inicio mismo de la República. Y en el caso del Perú, podríamos afirmar, sin temor alguno, que esta crisis empieza justamente en aquellos días ya lejanos de la independencia. No ha habido desde entonces ni un solo día sin crisis política, salvo pequeños espacios de serenidad y marasmo. Desde aquellos días hemos venido tratando de explicarnos la crisis, y en este esfuerzo nos hemos alimentado con ideas que lejos de esclarecer nuestro panorama lo han encubierto con una densa ideología, llena, casi siempre, de falsedades admitidas oficialmente. Con el tiempo no solo hemos acumulado una serie de falsas ideas sino que, peor aun, hemos insistido en vivir conformes con ellas, bien porque se trataba de ideas muy agradables, bien porque provenían de personajes muy renombrados, o porque empezaron a formar parte fundamental del concepto de patria y patriotismo que hoy nos sustenta como nación y se volvieron intocables. Lo cierto es que bajo un análisis elemental, es fácil reconocer una serie de incoherencias entre lo que la gente cree y su propia realidad histórica. Tendremos que admitir entonces que en buena cuenta vivimos engañados. Pero si esto es verdad con referencia a conceptos históricos, no es menos cierto que convivimos en todo rato con una serie de conceptos equivocados, según los cuales determinamos nuestra conducta política actual. Estamos saturados de conceptos como derechos humanos, igualdad, justicia, inclusión social, etc. Todo eso no son más que palabras que reflejan ideas vagas difíciles o imposibles de materializarlas en hechos, pero que nos guían la existencia cotidiana con una fuerza brutal.
El estudio de nuestra crisis nos conduce hacia un recorrido histórico solo para comprobar que se trata exactamente de la misma crisis, la misma enfermedad que nos aqueja como nación y que ha sido diagnosticada: falta de instituciones. Esta carencia fundamental nos ha empujado a la creación casi desesperada de toda clase de entidades burocráticas, como si ellas pudieran llenar ese angustiante vacío, confundiendo en el acto una cosa con la otra. Las entidades no son más que expresiones corporativas de las instituciones, que son en esencia, un espíritu social que se materializa por la acción popular. Las instituciones están en el pueblo, en el vivir cotidiano de la gente, en sus mentes, en su diálogo, en sus acciones. Las entidades tan solo adquieren la forma de ese espíritu popular, las interpretan y las siguen. No obstante, la creación incesante de entidades burocráticas que no representan a ninguna institución social ha sido una constante a lo largo del tiempo, y muy en especial en los últimos tiempos, siguiendo una especie de maldición ineluctable que orienta el accionar político. Por supuesto, la crisis no solo continúa y va en aumento sino que hay algo peor: no parece haber más alternativas de solución a la vista si no es la creación de mayores entidades, dando como resultado algo paradójico: a más entidades, más crisis. Hoy ya no solo se trata de una crisis social, ahora nos enfrentamos a un estadio superior: crisis de entidades. Llamada también "crisis de institucionalidad". Una crisis que se visualiza gracias a las entidades burocráticas ineficientes y corruptas.
En los inicios de la república eran las personas quienes se enfrentaban y se disputaban el poder político a balazos; hoy son las entidades las que pugnan por hacer prevalecer su poder sobre la sociedad. Hay una lucha permanente entre el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, en el mayor escenario, pero que se reproduce también a menor escala con todas las entidades. En ese panorama incierto podemos observar cómo las entidades se enfrentan mutuamente tratando imponerse y de anularse unas a otras, se desautorizan, se acusan, se cancelan y se vacan, en un espectáculo surrealista y vergonzoso. Actualmente el Perú cuenta con casi 200 entidades públicas de todo tipo y nivel encargadas de gobernar y manejar casi todos los aspectos de la vida del país, sin tomar en cuenta a los gobiernos regionales y municipales; no obstante esto, el Estado no existe en gran parte del territorio, la mayor porción de la economía se desarrolla al margen de las regulaciones del Estado, muchas leyes que este promulga son prácticamente ignoradas o no surten mayores efectos por la incapacidad del propio Estado y sus entidades para hacerlas cumplir. Una de las principales preocupación del Estado hoy es materializarse de algún modo en la vida de los ciudadanos, para lo cual no tiene más reflejos que generar otras entidades y producir más leyes. Para cada problema que se encuentra o se conceptualiza surge una entidad. Por ejemplo para el diálogo o la lucha contra la corrupción. Hoy el Estado debe preocuparse también de sí mismo y gastar en la publicidad para mejorar su imagen porque, pese a su frondoso organigrama, es inocuo para la vida de las grandes mayorías. La impresión que nos da es que con cada movimiento el Estado se hunde más en la arena y desaparece poco a poco en medio de una estrepitosa agonía. Deberíamos empezar a descubrir las causas que originan esta situación antes de proseguir en el intento infructuoso de salir de la crisis con los mismos mecanismos que la generaron.
El excesivo número de entidades, lejos de garantizar un manejo más eficiente del país ha provocado un efecto exactamente opuesto: la crisis ha dejado de ser un fenómeno social y se ha expandido al nivel de las entidades. Donde antes opinaba uno, hoy intervienen muchos y no es fácil determinar quién tiene la última palabra. Siempre es posible interponer un recurso en otra entidad, apelar a otra instancia, ingresar en un juego peligroso que acaba siempre enfrentando a las propias entidades entre sí. Una de las consecuencias de tal situación es que los procesos nunca terminan y se trasladan de una entidad a otra para volver a comenzar, y en esos interminables recorridos van transformándose de causas ganadas en perdidas, de positivas en negativas, de justas en injustas, y viceversa. El país desfallece en medio de cientos de entidades burocráticas que diariamente pierden su credibilidad y autoridad, y entre miles de leyes que lejos de ofrecerle eficiencia a la sociedad la paralizan y confunden. El esquema consume además una cifra considerable del presupuesto y provoca la anemia perniciosa que socava al país. Finalmente, el Estado bajo estas características, se convierte en una seria traba para el desarrollo, cuesta mucho y no beneficia a nadie, excepto, claro, a los que medran del Estado, los mismos que son quienes tienen el poder de decisión para cambiar tal situación, creando un dilema y una paradoja insalvable.
Es verdad que hasta aquí no hemos dicho nada sorprendente. El lector puede, con todo derecho, pensar “justo lo que nos hacía falta: uno más quejándose del Estado”. En realidad no se trata de una queja, es el inicio para investigar qué hay detrás de este comportamiento social que pide más Estado aunque no deja de quejarse del Estado. ¿Qué clase de pensamientos movilizan a estas personas por este rumbo y qué les impide ver otra clase de soluciones? La pregunta fundamental a responder es ¿porqué la gente hace lo que hace, pero desde el punto de vista social y político? Sin duda, lo que hace es seguir sus ideas. Pero si todo lleva a una crisis, ¿por qué no cambiar esas ideas? Si analizamos todo ese panorama descubriremos que muchas cosas tienen su origen en simples malentendidos de la historia, teorías equivocadas y esquemas de lógica cultural improductivas, con un sustrato final en el pensamiento religioso.
Mientras que unas naciones del planeta se preocupan por asegurar su futuro construyendo gigantescas obras que desafían a la naturaleza, o se ocupan de la conquista del espacio, o se dedican a investigar nuevas fuentes de energía, desarrollar más y mejor tecnología, emprender enormes proyectos que les asegure una existencia más cómoda, por el contrario, algunos países como Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela después de doscientos años de existencia, todavía siguen inmersos en el debate interminable de su Constitución y de sus leyes básicas, reinventando sus mismas instituciones; no han logrado siquiera establecer sus organismos fundamentales y, pese a ello, se ocupan solo de crear más entidades que, igualmente, no funcionan. La pregunta lógica que cualquier analista debe hacerse es ¿qué impulsa a estas naciones a actuar de este modo específico? Por supuesto, esta es una pregunta que involucra a la psicología social, con repercusiones muy amplias en la antropología y también en la historia, a la que tendremos que acudir pero con una actitud diferente: en busca de las piezas faltantes para comprender este escenario.
Se trata pues de comprender la conducta social de estas naciones. Entender por ejemplo su extrema fijación con la normatividad y la ley, aunque no para cumplirla. Ansían una ley para cada gremio y actividad, para cada segmento social, etc. Y en busca de la norma perfecta transcurren su existencia discutiendo las mismas leyes, y prácticamente toda su estructura jurídica y orgánica permanece siempre en debate. Al igual que la creación de leyes propugnan la creación de entidades para cada problema en la vana creencia de que ellas serán la solución, como si se tratara de templos mágicos con un poder divino. Sin embargo, lo que más debería sorprendernos es que pese al permanente desengaño, no hay ningún cambio de actitud, no hay un cambio de ideas. Parecen sumidos en una ineludible vorágine de ideas que los lleva hacía el mismo vórtice del fracaso, sin escapatoria. Incluso las propuestas de solución siguen el mismo derrotero. Para nuestro punto de vista, lo más sorprendente es que el fracaso de este esquema no nos conduce a modificar la lógica de nuestro pensamiento, sino que se insiste en las mismas fracasadas fórmulas políticas y sociales, incluso en aquellos que se pretenden radicalmente opuestos al sistema, es decir, en aquellos que se creen revolucionarios. Las soluciones que plantean son exactamente las mismas: cambios de Constitución y de leyes, creación de nuevas y mayores entidades estatales, etc. Detrás de todo existe la ilusión de que es posible controlar a la sociedad, manejar cada segmento de la vida y así construir un mundo perfecto.
Todo esto nos lleva a reconocer una de las principales características de estas sociedades subdesarrolladas, algo que podríamos llamar “incoherencia intrínseca”. Se manifiesta en forma de conductas contradictorias y contraproducentes, producto de creer que tanto los males como las soluciones están en una entidad abstracta llamada Estado. Otra característica muy típica es la incapacidad para confrontarse con la realidad y aprender de ella, en lugar de esto se insiste en fórmulas ideológicas. Hay un sustrato de pensamiento mágico en la idea de que el Estado (ese conjunto gaseoso de entidades y leyes) es capaz de manejar la vida y la existencia de cada persona y de la sociedad. En realidad el Estado nunca nació con ese propósito, pero la gente ha trasladado sus creencias místicas hacia el Estado. Antiguamente se invocaba a la acción de los dioses y había un dios adecuado para cada problema y segmento de la vida, a quien se le edificaba un templo y se le ofrecían oraciones y sacrificios. Hoy no hemos progresado mucho. Las cosas apenas han cambiado porque los dioses han sido reemplazados por entidades burocráticas, por ministerios y otras oficinas de menor rango, a quienes se les clama y reclama. Incluso en algunas sociedades Dios ha sido sustituido por el líder que gobierna el Estado. No importa si es un perfecto idiota. Mientras encarne la imagen del dios todopoderoso que derrama sus bendiciones a la gente, será idolatrado. Tampoco importa si los conduce al fracaso y la miseria. Es el dios y seguirá siendo seguido y adorado incluso hasta la muerte.
Como se ve, las preguntas que debemos plantearnos para entender el problema son diversas: ¿Por qué insistir en fórmulas que fracasan? ¿Qué impide que estas sociedades cambien su enfoque? ¿Están destinadas por algún tipo de maldición divina a patinar en el fango eternamente debatiendo las mismas leyes, revisando sus constituciones, creando más entidades para que se ocupen ya ni siquiera de la sociedad sino de otras entidades? ¿Seguirán sin tomar en cuenta el tiempo perdido? ¿Seguirán ignorando los temas básicos que impulsan a otras naciones como el desarrollo tecnológico y científico?
Hay una mentalidad que mueve a las personas, una forma de pensar que les confiere cierta lógica en sus ideas y conclusiones, una regla de pensamiento según la cual analizan y juzgan la realidad, una fórmula que determina lo que resulta correcto o incorrecto, admisible e inadmisible. Es esta mentalidad la que nos conduce a diario y nos da los argumentos para plantear críticas y soluciones. Se trata de una forma de pensamiento que nos caracteriza, de la misma forma en que nos distingue el color de nuestra piel y la forma de nuestro rostro. El hecho de empeñarse a vivir con un Estado rebosante de entidades inoperantes, y seguir planteando el mismo tipo de soluciones fracasadas sin más alternativas, obedece a cierto tipo de mentalidad que otorga características conductuales típicas a ciertas regiones como la andina o latinoamericana. Ahora, el desafío intelectual que debemos emprender es descubrir cómo se forjó semejante mentalidad, qué características específicas alcanza, y si es posible transformarla. Lo haremos próximamente.
Sobre el origen y propósitos de la CVR en el Perú
El siglo XXI fue el inicio de nuevas dificultades para el Perú. Se recuperó la democracia capturada por un régimen a su vez capturado por la perversión y la corrupción de Vladimiro Montesinos, pero al mismo tiempo se abrieron las fuerzas opuestas y empezaron a actuar con un signo marcado de odio, venganza y mezquindad. Probablemente nada simbolice mejor ese nuevo estilo de acción política que la llamada "Comisión de la Verdad y Reconciliación", sin duda el organismo más cuestionado y deteriorado en su imagen pública, junto con las famosas ONGs de DDHH. Esta comisión fue creada sorpresivamente por la gestión transitoria de Valentín Paniagua y su Ministro de Justicia, el jurista Diego García Sayán, verdadero artífice y padre de la criatura. La CVR se creó en junio del 2001, entre gallos y media noche, con el nombre inicial de "Comisión de la Verdad", al igual que sus pares de otros países de la región. Pese a las voces que pedían mayores luces sobre la inesperada iniciativa, Alejandro Toledo decidió ratificarla en el primero de los muchos gestos cándidos que caracterizarían su errático gobierno. Toledo apenas hizo unos añadidos para calmar las dudas sobre la CV, tales como ampliar el número de sus miembros de siete a doce y agregar la palabrita "reconciliación" a su nombre, burdo maquillaje que obviamente no aplacó los crecientes cuestionamientos a la extraña y repentina iniciativa.
Cabe destacar que nunca hubo ningún tipo de consulta, discusión o coordinación para emprender semejante proyecto, pese a su evidente gravitación política. Nunca se conversó ni se discutieron los nombres de los integrantes de la famosa comisión, cuando lo más sensato hubiera sido coordinar con las fuerzas políticas o dejar el asunto en manos del Congreso para lograr transparencia democrática. Nada de esto ocurrió. Fue más bien una imposición arbitraria y escandalosa que pasó por alto las formas democráticas mínimas, como una simple coordinación y consulta, algo que, sin embargo, suele ser el permanente reclamo de los políticos de izquierda. Pero apelando una vez más a su ya clásica y tradicional doble moral, esta vez la izquierda aplaudió entusiasmada la idea, especialmente desde que se enteraron de sus miembros iniciales. Lo que más sorprende e indigna hoy es que según las evidencias (1) el Ministro de Justicia Diego García Sayán solo habría coordinado la conformación de la Comisión de la Verdad con Abimael Guzmán Reynoso, el máximo líder terrorista del PCP-SL, a través de emisarios. No nos olvidemos además que durante su gestión, los primeros actos de Diego García Sayán estuvieron orientados a liberar terroristas. Apenas instalado en su cargo a fines de noviembre del 2000, las primeras resoluciones de liberación de terroristas empezaron a emitirse el 2 de diciembre (11 terroristas indultados), el 5 de diciembre (8 terroristas liberados), el 10 de diciembre (11 terroristas indultados), el 22 de diciembre (4 terroristas indultados), y la lista sigue hasta superar el centenar de terroristas liberados, además de los nuevos juicios conseguidos para otros terroristas como Pacífico Castrellón, comando del MRTA. En suma, la conformación de la famosa Comisión de la Verdad fue uno de los mayores logros de Diego García Sayán en favor del terrorismo, como veremos luego. ¿Qué esperaba lograr Diego García Sayán con esta comisión? Lo único que sabemos a ciencia cierta es que el mismo año que la CVR entregaba su informe final, Diego García Sayán era llamado a integrar la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y hoy es su presidente.
Los objetivos aparentes de esta comisión se expresan en el DS. N° 065-2001-PCM de su creación:
Artículo 2°.- La Comisión tendrá los siguientes objetivos:
- a) Analizar las condiciones políticas, sociales y culturales, así como los comportamientos que, desde la sociedad y las instituciones del Estado, contribuyeron a la trágica situación de violencia por la que atravesó el Perú;
- b) Contribuir al esclarecimiento por los órganos jurisdiccionales respectivos, cuando corresponda, de los crímenes y violaciones de los derechos humanos por obra de las organizaciones terroristas o de algunos agentes del Estado, procurando determinar el paradero y situación de las víctimas, e identificando, en la medida de los posible, las presuntas responsabilidades;
- c) Elaborar propuestas de reparación y dignificación de las víctimas y de sus familiares;
- d)Recomendar reformas institucionales, legales, educativas y otras, como garantías de prevención, a fin de que sean procesadas y atendidas por medio de iniciativas legislativas, políticas o administrativas; y,
- e) Establecer mecanismos de seguimiento de sus recomendaciones.
La comisión debía investigar los hechos ocurridos desde mayo de 1980 hasta noviembre del 2000. Lo curioso de esto es que gran parte de tales hechos ya habían sido objeto de numerosos estudios, dentro y fuera del país, y estaban publicados en diversos libros y medios, tanto de la época entera del terrorismo como de casos específicos como La Cantuta, Barrios Altos, incluyendo la toma de la residencia del embajador del Japón y muchos otros, que fueron incluso escrutados por la prensa nacional e internacional. También hubo una comisión especial del Congreso de la República en el período 1985 - 1990 que investigó la violencia, además de la que formó el gobierno de Belaúnde para el caso Uchuracay. En suma, comisiones de investigación, así como estudios y publicaciones sobre los hechos de violencia ocurridos en el Perú entre 1980 y 2000 habían de sobra. Existen incluso documentales fílmicos y hasta películas. Sin ninguna duda, no existe período de la historia peruana más estudiado que ese. Y es que además nunca hubo en el Perú dificultad alguna para que los medios, universidades y cualquiera que quisiera pudiese investigar y publicar. Los hechos de violencia en el Perú perpetrados por una banda de criminales de la izquierda comunista ocurrieron en plena democracia y con vigencia total de la libertad de expresión y prensa. Nunca hubo pues necesidad de una "Comisión de la Verdad" como pudo haber sido el caso de otros países que sufrieron violencia a manos de dictaduras oscuras.
Si no era pues encontrar una verdad ¿cuál podría haber sido entonces la verdadera intención de conformar esta "Comisión de la Verdad y Reconciliación" en el Perú, acto por demás audaz y sorpresivo de una gestión transitoria y de un jurista de reconocida filiación izquierdista? De hecho no era investigar a Sendero Luminoso y al MRTA, pues el detalle de sus actos ya eran públicos. Si prestamos atención al mandato preciso de la Resolución Suprema en su primer objetivo, y a la luz de los resultados, parece evidente que se perseguían los siguientes propósitos:
- Fabricar una verdad oficial acerca de por qué ocurrieron los hechos de violencia terrorista, de modo tal que no solo el Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso, el MRTA y toda la izquierda peruana en su conjunto (cómplices en mayor o menor grado de la violencia terrorista, por omisión o simpatía), limpiaran su imagen ante la historia, como de hecho ocurrió.
- Iniciar la cacería indiscriminada de militares y policías que actuaron contra el terrorismo, y no solo de quienes cometieron excesos y abusos, tal como de hecho ocurrió y sigue ocurriendo hasta hoy, como un acto de escarmiento y de amedrentamiento para el futuro.
- Ahondar mediante la vía de una comisión oficial dotada de poderes especiales, en la investigación de agentes del Estado, mandos militares, estrategias de operaciones contra terroristas, especialmente las ocurridas en el gobierno de Alberto Fujimori, que dieran pie a la desarticulación de tales servicios y la identificación, juzgamiento y condena de sus miembros, como de hecho ocurrió.
- Mellar la imagen pública de las FFAA y Policía Nacional como agentes de opresión al servicio de un poder, siguiendo la lógica de la ideología marxista.
- La restitución de la izquierda en el escenario político nacional con una nueva imagen vinculada ahora a los derechos humanos, la ética, la moral y la democracia, como de hecho ocurrió.
Basta con leer el encargo específico dado por el Decreto Supremo cuando dice "Analizar las condiciones políticas, sociales y culturales, así como los comportamientos que, desde la sociedad y las instituciones del Estado, contribuyeron a la trágica situación de violencia por la que atravesó el Perú". Es decir, ya en este párrafo se sugiere que la violencia no es culpa directa de un partido político de izquierda, ejecutando un programa de guerra popular y conquista del poder mediante la violencia, que fue el predicamento de toda la izquierda peruana desde fines de los años 60. Ya en estas líneas se sugiere que las causas fueron condiciones políticas, sociales y culturales. De hecho, el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación recoge este planteamiento manipulador de la verdad, atribuyendo las causas de la violencia a las condiciones de pobreza, miseria y marginación. No dice una sola palabra sobre la actuación de la izquierda peruana en los años previos al inicio del terrorismo senderista ni su papel frente e este, no dice nada de la influencia de la ideología marxista en la formación de los partidos de izquierda y en la mentalidad de los jóvenes universitarios. En este caso deja solo al PCP-SL como si este hubiera sido el único partido en seguir y defender tales ideologías. Pero ya hablaremos del informe más adelante. Solo debemos dejar en claro las oscuras intenciones que hubo detrás de la creación de esta Comisión de la Verdad y Reconciliación, que lejos de reconciliar a los peruanos generó una nueva época de confrontación, un nuevo modelo de violencia política basada en la más pura vendetta, utilizando para ello los estamentos jurídicos nacionales e internacionales, pues gracias a otra maniobra bien urdida por Diego García Sayán, el Perú se allanó frente a la CIDH sin reservas. Así fue como la izquierda inició su feroz cacería de militares y policías en la que no solo se perseguía al autor del delito sino a todo el pelotón o a todo el destacamento, incluyendo, por último, al mismísimo Presidente de la República, acusándolo de ser "autor mediato".
A causa de esta nueva modalidad de abuso legalizado, de venganza disfrazada de justicia, muchos militares purgaron cárcel injusta y debieron esperar varios años para salir libres, sin condena alguna. Algunos, como el general Walter Chacón, al cabo de 11 años de encierro injusto y sin proceso ni condena, pudo salir en libertad gracias a una resolución del Tribunal Constitucional. Estas cobardes acciones encabezadas por una jauría de ONGs de DDHH y jueces con aspiraciones históricas, han sido vistas por la mayoría del país con náusea e indignación. Una nueva época de cacería de brujas fue emprendida por una moderna forma de Santa Inquisición que, dejando de lado el contexto histórico en que sucedieron los hechos, olvidando la realidad crítica que atravesó la nación en su desesperada defensa contra la agresión terrorista de izquierda, solo se abocó a la insulsa defensa de una abstracción llamada Derechos Humanos, para juzgar y condenar a quienes salieron justamente en defensa del orden constitucional, la ley y la sociedad. En última instancia, la izquierda utilizó nuestras propias leyes y todo el sistema jurídico nacional e internacional para defender a los terroristas, conseguirles nuevos juzgamientos y hasta resarcirlos económicamente. Toda esta época perversa de tergiversación del sentido real de la ley y la justicia, empezó con la creación de la CVR.
Si con lo dicho hasta aquí aún no ha quedado en evidencia la verdadera intención de la CVR, luego de ver a sus integrantes no quedará ya la menor duda. Como se dijo, inicialmente los comisionados iban a ser siete, pero luego se amplió su número hasta doce. Sin embargo, los siete iniciales son la clave de toda esta comisión, pues se trata de personajes que tienen una clara vinculación con la izquierda peruana, algunos incluso con trayectoria partidaria radical, y hasta camaradería compartida con Abimael Guzmán. Tales son los casos de Carlos Tapia, Enrique Bernales y Carlos Iván Degregori, colega y compañero de Abimael Guzmán en la UNSCH. Además se incorpora a Alberto Morote, rector de la UNSCH (Universidad San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho, sede y origen de Sendero Luminoso) y padre del líder terrorista Osmán Morote. En general, la composición de la CVR estaba a cargo de miembros vinculados a la academia (principalmente una argolla de la PUCP) y a ONGs con orientación de izquierda, incluyendo a la nefasta Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, asociación que agrupa a muy activos y fervientes defensores de terroristas, como APRODEH, órgano del MRTA. De hecho la CNDH está convertida hoy en la principal agencia de persecución de miembros de las FFAA y PN, y dedicada básicamente al enjuiciamiento del Estado ante la CIDH en busca de reparaciones económicas para terroristas y otros.
Desde su origen viciado y su composición absurda, la CVR nunca logró ganar el consenso y el respeto de los peruanos. Ni siquiera en Ayacucho donde fue vista con mucho recelo porque sus integrantes eran ya muy conocidos debido a su paso por la UNSCH. Al final los ayacuchanos mostraron un rechazo mayoritario a la ostentosa y aparatosa ceremonia de entrega del informe final en la Plaza de Armas (véase la foto más abajo). Además de sus vinculaciones de izquierda y su amistad con líderes terroristas, algunos miembros de la CVR ya habían publicado sendos estudios sobre el fenómeno senderista, pues lo conocían de cerca y desde adentro, como fue el caso de Carlos Iván Degregori, principalmente, de modo que su posición ya era bastante conocida. Pero hubo también muchos otros integrantes de segundo nivel en la gran argolla caviar de la CVR, que aportaron y publicaron estudios a lo largo de los 80. No iban pues a la CVR a hacer nada nuevo. Simplemente reprodujeron sus estudios previos. La mayor parte del tiempo lo dedicaron a recoger testimonios, especialmente de las víctimas de las FFAA. Es conocido que en Ayacucho se regó la noticia de que quienes denunciaran los abusos de los militares recibirían una compensación económica, las llamadas "reparaciones" que ya el Decreto Supremo autoriza como mecanismo de "dignificación" de las víctimas. Así fue como se recopilaron más de 17 mil testimonios, entre ellas unas 400 sobre violaciones atribuidas mayoritariamente a las FFAA. Desde luego, en todo el proceso el espectáculo estaba garantizado. Se tuvo mucho cuidado para montar el escenario de la teatralización del drama buscando sin duda sensibilizar a la población para ponerla en contra de los militares y policías, preparando de este modo el escenario para la cacería. No nos olvidemos que el Decreto Supremo encarga a la CVR identificar las responsabilidades.
Muy al margen de lo que pretenden distinguidos personajes de la izquierda peruana, es hora de reconocer que la actuación general de lo que candorosamente llamaron Comisión de la Verdad y Reconciliación ha sido contraproducente y de poco provecho para la sociedad. Cosa que no debe sorprenderles a ellos puesto que la CVR nunca se pensó para el provecho de la sociedad sino de la izquierda. No se puede negar que la CVR mereció la duda o el rechazo mayoritario del país desde el principio debido a su existencia viciada, inconsulta, sorpresiva, sospechosa y prepotente. En seguida este sentimiento creció a causa de su trabajo teatral y, finalmente, por el contenido central de su Informe Final que al margen de un par de datos increíbles, no aporta absolutamente nada nuevo como historia. Peor aún, es un hecho irrefutable que tal informe no contiene la verdad en su esencia, es decir, en su explicación de las razones de la violencia. Más aún, procura ocultarla, disfrazarla. Eso ha generado el repudio mayoritario de la sociedad peruana, pese a la prepotencia con que la izquierda pretende imponerlo como una verdad única. Si bien la mayor parte del informe está dedicada a la narración detallada de casos, lo medular se concentra en la explicación de lo que mañosamente llaman "conflicto armado interno". Allí es donde, como veremos luego, está el germen de la mentira y el engaño que la izquierda pretende pasar de contrabando.
Sin duda la CVR nació ilegítima. Nunca hubo lo que llamaron “un clamor de la sociedad por conocer la verdad”. Falso. Esa fue la retórica que usaron en el informe para justificar un proyecto que nació de la mente de Diego García Sayán, apoyado por un grupito menor de intelectuales de izquierda allegados suyos; fue pues un proyecto con claros intereses de grupo. Además de las coordinaciones nunca aclaradas que se habrían hecho con el mismo Abimael Guzmán Reynoso, algo que aun está pendiente de investigar y que merece ser esclarecido. Tal como ya se ha dicho, la Comisión de la Verdad necesita una Comisión de la Verdad. Pero pasemos ahora a examinar más de cerca su trabajo.
El Informe Final de la CVR
La CVR se conformó en un momento político inoportuno, pues en el ambiente se respiraba aún el humo de las barricadas callejeras, y estaba vivo un fuerte sentimiento de rechazo a los aspectos negativos que significaron la caída del fujimorismo y del militarismo que caracterizó su gestión. No era pues prudente iniciar una investigación en ese momento de pasiones desbocadas. La prueba tangible de esto se lee apenas en la introducción del Informe Final de la CVR cuando dice:
“En el año 2000 el Perú inició una nueva transición a la democracia. Se retomaba así una promesa muchas veces defraudada en la historia del país. Este nuevo intento empezó después de la caída de un gobierno autoritario y corrupto“.
Esta muestra de lenguaje panfletario que es poco digna de un documento oficial del Estado Peruano y más bien propia de un pasquín de izquierda, se repite en varias páginas del voluminoso documento, demostrando la clara inclinación e intencionalidad política que domina todo el Informe Final de la CVR. No estamos negando acá que el gobierno de Fujimori haya sido corrupto, o para ser más preciso, quizá más corrupto que otros, por lo menos ante las evidencias fílmicas poco usuales en nuestra historia. En cuanto a si fue autoritario, ese es apenas un estilo de gobierno tan aceptable como cualquier otro, y a veces muy necesario, especialmente en épocas como la que tuvo que enfrentar Fujimori. Sin embargo nada de eso viene al caso en el Informe de la CVR. Su misión -por lo menos oficialmente- no era juzgar al gobierno de Fujimori. Por ello esto deja en evidencia que dicho informe no es objetivo ni imparcial y que esconde unas intenciones, como ya veremos.
No era misión de la CVR calificar al gobierno de Fujimori sino simplemente mostrar los hechos que le atañen. Pero esa muestra de lenguaje apasionado y hasta procaz revela el fondo de su verdadera misión. Uno podría preguntarse legítimamente ¿cómo es posible que una comisión llamada de "reconciliación" se exprese así de un gobierno, sobre todo sabiendo que representa, aunque no les guste, a cerca del 30% de la población? ¿Con quién era que se buscaba esa supuesta "reconciliación"? Pues es evidente que la CVR solo buscaba la reconciliación del país con la izquierda. Ese es en realidad todo el meollo del asunto. El documento de la CVR, además de recopilar testimonios y narrar hechos hasta un nivel de detalle por demás insulso, expone una honda preocupación por “explicar” la violencia de Sendero Luminoso. Una explicación que resulta siendo más una burda justificación de la barbarie senderista, apelando a las condiciones de marginación y a la pobreza. Es decir la clásica teoría marxista según la cual la pobreza no solo genera la violencia sino que la justifica en la búsqueda de un cambio mediante la conquista del poder. Un disparate que se ha venido repitiendo insistentemente en todos los textos de izquierda, incluyendo documentos oficiales del Estado. Ese es el dogma que quieren imponer los artífices de la CVR y la izquierda en su conjunto a nuestra sociedad, es decir, que la única culpable de la violencia es la pobreza y que el culpable de la pobreza es el capitalismo. Según la visión ideológica de los autores del informe, conocidos seguidores además del marxismo, lo que ocurrió en el Perú no fue más que el desarrollo de hechos históricos que no se podían evitar pues estaban encuadrados dentro de la lógica del curso ineluctable de la historia. La violencia vivida por el Perú en manos de Sendero Luminoso y del MRTA fue tan solo el producto del curso natural de la historia del Perú debido a sus condiciones económicas. Esta es la clave de la magia retórica de la CVR. De hecho es exactamente la fórmula de Marx: capitalismo -> pobreza -> revolución.
Pero más allá de apelar a la teoría marxista para interpretar la historia de la violencia y justificarla, hay otros elementos curiosos de manipulación de la verdad, tales como equiparar ambos frentes de la violencia, dando así la impresión de que, en efecto, existía una guerra civil. Hay una clara intención de establecer la tesis de la guerra civil, desde que se emplea el concepto "conflicto armado interno". La tesis de fondo es que existían dos frentes de batalla en igualdad de condiciones y a los cuales hay que darles el mismo rango y trato de combatientes. Los terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA estaban pues, según la CVR, al mismo nivel que las FFAA y PN. Esta manera de enfocar el asunto busca también, evidentemente, conseguir un tratamiento jurídico especial para los terroristas, pues las leyes peruanas los consideran simples delincuentes. Es parte de la "reconciliación" que busca la CVR cambiar ese estatus de delincuentes y elevarlos a la categoría de combatientes, y por lo tanto, con derechos especiales en su juzgamiento.
En contraparte a las amplias consideraciones sociológicas que se dedican a comprender el accionar terrorista, no existe en el informe de la CVR ningún interés ni esfuerzo por explicar la acción de las FFAA. No hay la más mínima reflexión, solo señalamiento, adjetivación y condena de sus faltas. No se indica, por ejemplo, que luego de doce años de dictadura militar las fuerzas armadas y policiales carecían de formación cívica y democrática, desconocían además las maneras de actuar en un escenario como el que les tocó enfrentar al terrorismo. Nunca tuvieron un entrenamiento apropiadao para dicha tarea. Tuvieron pues que improvisar. Tampoco la legislación peruana estaba preparada. El informe no dice nada sobre la ausencia de una doctrina de guerra interna en las FFAA. Ni siquiera se intenta apelar a los conocidos procesos traumáticos que generan las situaciones bélicas. El muy pobre análisis psicológico se concentra apenas en el miedo de las víctimas civiles, como si los soldados no viviesen igualmente un escenario de amenaza a su propia integridad. No hay pues ninguna consideración con las FFAA y policiales. No podemos dejar de mencionar el hecho vergonzoso que los oficiales de las FFAA -y solo algunos- fueron llamados a testificar ante la CVR cuando ya había acabado su labor y el informe estaba en imprenta. El testimonio de los oficiales no fue incluido ni en la página web de la CVR, ni por cortesía elemental. Un hecho que pinta de cuerpo entero lo que fue la CVR. Cabe preguntarse ¿qué clase de verdad es la que se fabrica con los testimonios de las víctimas pero no de las FFAA? Por otro lado, si bien se escucharon a algunos miembros de la izquierda, estos no contribuyeron en nada pues se limitaron a hacer apología de su ideología. ¿Cómo pues entonces puede entenderse lo ocurrido? Una vez más debemos reconocer que la CVR no estaba interesada en investigar nada pues sus miembros ya habían publicado sendos estudios y no hicieron más que replicarlos. Ya daban por descontado el conocimiento del fenómeno. Lo habían publicado en varios libros desde hacía mucho tiempo. Todo lo que hicieron fue escuchar a las víctimas que buscaron afanosamente, especialmente a las víctimas de las FFAA y policías. Esa fue toda su labor, además de fabricar una explicación fabulada y de mostrar el conflicto como el producto de la confrontación de dos frentes iguales.
De otro lado -y de manera descarada- se soslaya por completo la responsabilidad directa de la izquierda nacional, que con su prédica permanente de violencia política, su invocación constante a la guerra popular y sus llamados a la lucha armada durante los años 70 fueron el factor determinante y directo para el origen de la violencia en el Perú. Es cierto que se señala a Sendero Luminoso como el iniciador de la violencia. Si bien la historia de la izquierda -y particularmente de SL- está presente como narración de sucesos en el informe de la CVR, en cambio no se le considera como el factor determinante y directo de la violencia. Más bien se tiende a sacar a la izquierda y a SL del foco del análisis ulterior para trasladarlo a las condiciones históricas de los Andes y perderse en inútiles análisis sociológicos, tratando de atribuirle las causas de la violencia a la marginalidad y la pobreza. Resulta obvio pues que ese es uno de los fines principales de la CVR: soslayar la responsabilidad directa del PCP-SL y de toda la izquierda peruana en su conjunto. Hay que reconocerlo. Al final Sendero Luminoso queda como un grupo equivocado, pero en busca de la justicia social.
El informe pretende presentar como prueba de su aseveración el hecho de que la mayor cantidad de muertes se presentó en Ayacucho, “el departamento más pobre del Perú”. Incluso se atreven a afirmar que esto es una prueba de racismo. Algo que revela su intención manipulativa, pues si hubo más muertes en Ayacucho fue porque Sendero Luminoso surgió allí, y no precisamente por la pobreza sino por la presencia de la UNSCH y de Abimael Guzmán en sus aulas. Sostener que hubo racismo porque la mayoría de muertos fueron andinos quechuahablantes es olvidarse que esa es precisamente la población mayoritaria de las zonas que Sendero Luminoso eligió para desarrollar su guerra popular. No se puede ser pues tan falaz.
En el análisis de las condiciones históricas, sociales, políticas y económicas, el informe tampoco menciona en lo absoluto la situación crítica en que la Reforma Agraria de Velasco Alvarado dejó el campo, provocando no solo la miseria de los campesinos sino la gran ola migratoria hacía la costa, y especialmente hacía Lima. Tampoco se dice nada de los predicadores de izquierda que el gobierno de Velasco envió al campo como una plaga de langostas, con la intención de adoctrinar a los campesinos instándolos a rebelarse contra los hacendados, sembrando así la semilla del odio de clase y la receptividad ideológica del mensaje ulterior de Sendero Luminoso. No hay que olvidar que Velasco sembró por todo el país sendos carteles que decían "Campesino: el patrón no comerá más de tu pobreza". Un mensaje que se repitió como consigna durante mucho tiempo, sirviendo incluso como inspiración para canciones vernaculares y criollas. Nada de esto se dice. Todo, absolutamente todo lo que afecta a la izquierda se soslaya convenientemente en la explicación de la violencia.
El informe de la CVR debe ser convenientemente analizado para demostrar sus falencias. Se necesita una comsión del Congreso que investigue el origen real de la CVR y estudie su informe para verificar que es copia de otros estudios y además totalmente sesgado. Solo se ha añadido un cúmulo de testimonios con los que rellenan sus capítulos, entrando en el detalle minucioso de los casos. Un documento de análisis debería alejarse del nivel de detalle de los testimonios directos para desarrollarse en un nivel superior, donde surge el panorama general y se obtiene visión del escenario. Esto no sucede. La mayor parte transcurre al nivel de la narración directa de testimonios concretos.
Por todo esto no nos equivocamos al afirmar que la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú fue el timo colectivo más grande que se haya perpetrado en la política peruana, y un verdadero escándalo político urdido por la izquierda para lavarse la cara. El resultado final de la CVR fue un fracaso rotundo. Nunca sirvió para saber la verdad ni para la reconciliación sino todo lo contrario, además de engañar mediante una explicación sesgada de la historia, encendió la cacería de militares y policías, preparando el ambiente para la condena de Alberto Fujimori por "crímenes de lesa humanidad", sin prueba alguna y apelando tan solo a una teoría jurídica. Es decir, quien derrotó al terrorismo de la izquierda y detuvo el baño de sangre en el que este nos hundió, es quien acaba sentenciado por crímenes de lesa humanidad. Son las paradojas de la errática historia peruana. ¿Cuál ha sido el mayor mérito de la CVR? Que haya recogido más de 17 mil testimonios resulta francamente irrelevante. La mayor cantidad de casos no cambia la comprensión del fenómeno. Su misión era entender el fenómeno y no recopilar casos. Eso es solo acumulación de datos. Más bien nos preocupa la forma en que pudieron procesarse tantos testimonios en tan poco tiempo. ¿Hay otro mérito? La recomendación de otorgar reparaciones ya estaba en el Decreto Supremo de su creación. No hacía falta armar todo ese circo para iniciar la inscripción de denunciantes y programar sus pagos.
Por todo lo dicho hasta acá es obvio que la intención principal detrás de la CVR fue cambiar la historia y enseñarla, porque eso es lo que se pretende ahora. Sería inconveniente y contraproducente que se pretenda imponer por fuerza la enseñanza del Informe Final de la CVR como si fuera la verdad oficial y la única visión de los hechos. Pero hay un fanatismo curioso en torno al informe de la CVR. Parece que algunos quieren convertirlo en una especie de Biblia y ya han empezado a rendirle culto como “documento fundamental”. Una cosa es el informe y otra es la verdad. No se trata solo de la narración de ciertos hechos sino de entender por qué ocurrieron, pero sobre todo quién carga con la responsabilidad histórica. Evidentemente hay ciertos sectores muy interesados en que el informe sea aceptado como una verdad incuestionable, y ahora están tratando de mostrarlo a la sociedad como si fueran las sagradas escrituras. Desde luego, son sectores de izquierda.
A los legos en materia de lectura y a los iletrados funcionales que hoy abundan, hay que explicarles que el informe de la CVR no fue escrito por periodistas, o sea no es la simple crónica de unos hechos. En gran parte quizá lo sea, pero no en las partes fundamentales donde se “explican” las causas. Allí es donde un lector avisado se da cuenta de que se despliegan una artes mágicas, un trabajo de albañilería semántica, un afán por construir una verdad antes que simplemente mostrarla. Ese es un trabajo de sociólogos y antropólogos acostumbrados a fabricar realidades, tal como lo hacen frente a unas ruinas, unos cerámicos y unas osamentas. No es pues un trabajo inocente, como muchos creen. Se necesita cierta base intelectual para leer ese informe como corresponde. No es un cuento de hadas pero podría funcionar así.
En un examen de forma, el informe de la CVR deja mucho que desear. Muchas cosas se repiten en varios capítulos y, lo peor de todo, hasta se contradicen. El informe es excesivamente extenso, tiene una inútil amplitud de escenarios que en nada contribuyen a la cuestión central. En varias páginas simplemente divagan. Tiene vicios de redacción. Recuerdo haberme reído con una nota al pie que decía “Véase las reflexiones de Plejanov”. Me recordó los panfletos de San Marcos en los 70. Eso ya nos da una idea del sesgo que tienen los redactores.
En realidad grandes partes del informe -si no todo- tienen el típico sesgo de la redacción sociológica, pero de las malas. No es pues una obra literaria. Concedo que resulta valioso en su balance final si se le valora como fuente de información reunida de primera mano, es decir, de testimonios de participantes directos y documentos originales. En ese sentido, y solo en ese sentido, puede ser valioso. Aunque también es cierto que existen otras fuentes igual de buenas como reportajes periodísticos, investigaciones fiscales y policiales, debates del Congreso, panfletos, atestados judiciales, libros, etc. O sea, como he dicho siempre, la CVR nunca fue indispensable en el Perú porque la agresión terrorista sucedió en democracia y en vigencia plena de la libertad de prensa y expresión. Incluso muchos casos fueron descubiertos y revelados por la prensa, y existen varios libros sobre casos puntuales. Nunca hubo pues ninguna “verdad” que descubrir en el Perú. Todo estuvo siempre a la luz.
A diferencia de lo ocurrido en otros países como Argentina, Chile o El Salvador, donde los conflictos sucedieron durante y por causas de una dictadura, este no fue el caso del Perú y por eso una Comisión de la Verdad no tenía ningún sentido acá. Pero lamentablemente somos copiones de todo y no pudios evitarlo. Tenemos una casta de intelectuales snobs a quienes les fascina seguir modas internacionales. Además de las razones ocultas que ya hemos expuesto para la creación de la CVR, podemos añadir la típica debilidad de ciertos personajes de izquierda, conocidos como caviares, por figurar y hacer cartel político a costa de causas nobles. De hecho tienen también un gran interés crematístico. Así crearon la CVR con la finalidad de darnos supuestamente “la verdad” acerca de la violencia, incrementar su perfil, ganar prestigio (luego Diego García Sayán sería nombrado Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos) y de paso armar un excelente negocio al rededor de una selecta argolla cercana a la PUCP y las ONGs. Cabe decir acá que la CVR es de lejos la más costosa de todas las comisiones de la verdad que se crearon en Latinoamérica, y la que menos credibilidad ha conseguido, además de ser la que peores resultados generó en la sociedad con su trabajo. Toda una hazaña de la izquierda caviar.
Pero demos una mirada más de cerca al informe final de la CVR. Vamos a centrarnos en un solo capítulo crucial. El capítulo 1 de la segunda parte (Tomo VIII) titulado “Explicando el conflicto armado interno“. En principio debería usarse la expresión “agresión terrorista” y no “conflicto armado interno” ya que acá no hubo un conflicto armado, en el sentido en que se entiende esto normalmente, es decir, el enfrentamiento de dos sectores sociales beligerantes que toman las armas y se enfrentan, o sea, una guerra civil. Lo que hubo en el Perú fue una agresión terrorista de parte de dos grupos políticos de izquierda, que atacaron a una sociedad indefensa. Era obvio pues que tales grupos tuvieran que ser repelidos con la fuerza pública de un Estado democrático. Eso no corresponde al concepto de “conflicto armado interno”. Sin embargo ese es el término de uso general en todo el informe, y es una muestra de cómo se juega con el idioma para ir construyendo una realidad y una “verdad”.
El uso de los términos es importante porque tratándose de una comisión nombrada por el Estado peruano, su documento adquiere el carácter de documento oficial y sus implicancias jurídicas son gravitantes. Bajo la denominación de “conflicto armado interno” los terroristas pueden alcanzar el estatus de presos políticos. Así que la CVR comete allí su primer gran error, y no lo hace inadvertidamente porque sus integrantes no son tontos sino zurdos. Así como uno examina la calidad de los ladrillos cuando construye una casa, debemos vigilar el lenguaje y las palabras porque acá se está construyendo una realidad hecha con palabras.
Más allá del título este capítulo empieza bien, va directo al grano identificando a los delirantes integrantes de Sendero Luminoso como los causantes de la masacre. Pero acto seguido viene el truco de magia en que la responsabilidad y la culpa de SL desaparecen bajo la manga. Veamos.
Después de describir las características mesiánicas y caudillistas de Sendero Luminoso, dejando claro que se trató de una secta de fanáticos idiotizados por una absurda ideología que pretendía una sociedad perfecta a costa de un baño de sangre, el informe se pierde inmediatamente en la vaguedad para empezar a enumerar las condiciones históricas del Perú a principios de los 80. Y es en ese momento cuando se empieza a deslizar la idea de que hay “otros factores” que explican la violencia tales como la pobreza, la desigualdad, el centralismo, la brecha de género, la crisis del Estado, etc. Allí comienza una enumeración cansada de las características del Perú como si todo ese escenario fuera el responsable de la violencia. Eso es lo estúpido de este informe. El verdadero responsable ya acababa de ser señalado directamente al principio del capítulo. ¿Para qué darle más vueltas? Para lavarle las manos, obviamente.
Este informe se pierde en vaguedades con un solo propósito: tratar de eludir la responsabilidad directa de Sendero Luminoso. En una parte lo dice, pero luego le echa paja para que ese señalamiento quede oculto tras un cúmulo de condiciones precarias que, en efecto, tiene nuestro país desde que fue fundado, y aun conserva. En general este informe da muchas patinadas alrededor de los mismos tópicos pero descuida cuestiones gravitantes en su análisis. Por ejemplo, no aborda las condiciones históricas mundiales durante la Guerra Fría, las cuales incidían en la existencia de partidos políticos de izquierda en nuestro país, y que fomentaban las divisiones en torno a Moscú y Pekín. Más aún, algunas eran financiadas desde el extranjero.
Tampoco hace mención de la situación de precariedad institucional en que nos dejó la dictadura militar. El velasquismo generó una época de cuestionamiento de los valores tradicionales, estableciendo el enfrentamiento al sistema, al orden y a la autoridad como los nuevos valores de la sociedad. Tampoco dice nada de la absurda actitud del Estado para considerar la “autonomía universitaria” como una especie de zona liberada, donde se instaló una especie de Vaticano comunista en el que se formaban los terroristas, cancelando la educación superior sin que el Estado hiciera absolutamente nada. Se mencionan ciertos hechos pero no se consideran como elementos en la formación de esa “explicación”. Tampoco se aborda para nada el papel de la izquierda parlamentaria en esos años, que impedía un accionar contundente y se mostraba sensible a toda alusión a la izquierda porque inmediatamente se victimizaban. No hay un capítulo dedicado a ellos, cuando merecen tenerlo.
El capítulo dedicado a la Universidad Mayor de San Marcos es decepcionante porque empieza en los 80 y llega hasta el 92. ¿Qué pasó con los años 70? Fue en los 70s cuando se gestan los partidos fundamentalistas de la izquierda. Es el período cámbrico de la izquierda peruana. Nada de eso se aborda, como si no tuviese nada que ver en la génesis del Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso. Como si la izquierda no se hubiese pasado toda esa década pregonando, alentando y anunciando el inicio de la guerra popular, la lucha armada del campo a la ciudad, la conquista del poder mediante la violencia. Nada, absolutamente nada se dice de aquella época embrionaria de la violencia política en el Perú, y de la cual fueron parte la mayoría de los comisionados. Por otro lado, tampoco se toma en cuenta la situación de postergación y precariedad en que quedaron las fuerzas policiales luego del maltrato recibido de parte del gobierno militar, hecho que le dio enormes ventajas iniciales a Sendero Luminoso, más aún cuando en medio de la agresión terrorista Alan García decidió torpemente reorganizar las FFPP unificando las tres escuelas. Tampoco se considera la situación psicológica y cultural del policía y del militar que después de doce años de dictadura militar quedaron con una actitud muy poco cívica.
Así pues, mientras que la CVR despliega todo su esfuerzo en hallar “factores concurrentes” que justifiquen el accionar senderista, no hace lo mismo para explicar las formas de respuesta que tuvo la acción policial y militar. Hay allí un grave sesgo y una diferencia grosera en el abordaje y tratamiento de ambos frentes de la violencia desatada. No es claro en señalar las responsabilidades de Sendero Luminoso. En este punto es necesario señalar el truco. Es cierto que señalan a Sendero Luminoso como el principal responsable, pero inmediatamente después dedican varias páginas a lavarle las manos apelando a las condiciones históricas del Perú. Dice por ejemplo que SL se nutre de una tradición peruana en el radicalismo, que “resulta muy comprensible en el contexto histórico de discriminación y exclusión social”. ¿No es una manera de lavarles las manos?
En realidad el informe hace una inútil arqueología histórica en busca de causas en las condiciones históricas del Perú, cuando no hace ninguna falta porque SL no se basó en las condiciones históricas del Perú sino en un programa político que copió de la Revolución Cultural de Mao. El informe también reconoce esto, incluso reconoce que se trataba de fanáticos delirantes, prácticamente dementes. Pero a pesar de ello se insiste en recorrer la historia del Perú en busca de justificaciones al accionar terrorista. Apela a cuestiones completamente accesorias para levantarlas como “factores concurrentes”. Por ejemplo, la pobreza de Ayacucho. Es decir, estos creen que todos somos tontos. Y encima está mal redactado. Hay partes que tienen un lenguaje verdaderamente informal y poco elegante, por decir lo menos.
Hay varios capítulos en los que se pueden discutir sus apreciaciones pues no son muy objetivos. Por el contrario, hacen gala de enjuiciamientos muy subjetivos, sesgados, guiados por un afán sociológico de pintar un escenario complejo donde todas las condiciones, incluyendo el clima, son “factores concurrentes” que ayudan a explicar el fenómeno. Eso es simplemente estúpido. No tienen una ponderación equilibrada de sus criterios y eso obliga a que los temas sean tratados sin una clara prioridad y sin un sentido de coherencia.
Como si fuera la cereza del pastel, el capítulo final dedicado a la "Reconciliación", no es menos tendencioso. Allí se plantea que quien debe reconciliarse con la sociedad es nada menos que el Estado y las FFAA. En primer lugar se impone la idea de que el informe de la CVR es "la verdad" y que debido a ello constituye una herramienta para la reconciliación. Dice así: "El proceso de la reconciliación es hecho posible, y es hecho necesario, por el descubrimiento de la verdad de lo ocurrido en aquellos años −tanto en lo que respecta al registro de los hechos violentos como a la explicación de las causas que los produjeron−, así como por la acción reparadora y sancionadora de la justicia". Sin duda el informe es en gran medida una recopilación de testimonios y narración de hechos, sin mencionar que muchos de esos hechos y testimonios fueron falsos, tal como ya ha probado el Gral. EP (R) Alejandro Murgueytio Yañez, a quien la CVR acusa de muertes inexistentes y menciona nombres de personas vivas.
En suma, para la CVR quien tiene que pedir perdón finalmente por toda la violencia es el Estado y las FFAA. Nadie más. Y lo dice así: "En tal sentido, la reconciliación comprende tres niveles: 1) en el nivel político, es una reconciliación entre el Estado −incluyendo a las Fuerzas Armadas− y la sociedad". Lo demás son cosas idílicas como que la sociedad debe reconciliarse consigo misma. Lo que queda claro es que en primer lugar es el Estado y las FFAA los que deben agachar la cabeza y pedir perdón. No hay ninguna mención a los grupos terroristas, salvo que se les incluya en la mención a los "partidos políticos", lo que parece ser la intención de la CVR. Al final, la famosa reconciliación se convierte en un gran negociado a cargo de las ONGs de DDHH en busca de las reparaciones que sugiere la CVR a favor de las víctimas.
Podemos olvidarnos del informe final en su conjunto y dedicarnos tan solo a las “Conclusiones Generales Finales“. Hay 171 conclusiones. En casi todas ellas la CVR se dedica a constatar hechos que ya todo el mundo sabía. Toda su enumeración es una lista de verdades vox populi, incluyendo la vergonzosa actitud de ocultamiento político de los apristas respecto de los excesos que cometían las FFAA, y que fue parte del desgobierno total que vivió el país durante la primera gestión de Alan García, cuando el país estaba librado al caos en todo sentido. La única aportación de la CVR es la cifra espeluznante de muertos, una cifra que nadie le cree, pese a su exactitud matemática: 69,280.
En resumen, los factores del fracaso de la Comisión de la Verdad y Reconciliación fueron estos:
a) Su creación inesperada, sorpresiva e inconsulta. No contó con el consenso político ni social, y su gestión fue prácticamente una imposición a cargo de un segmento político allegado al nuevo régimen.
b) Su conformación no contó con el requisito indispensable de la imparcialidad de sus miembros. Todo lo contrario, la mayoría de sus miembros tuvo un marcado tinte ideológico y político muy conocido y, además algunos incluso tenían ya trabajos publicados sobre la materia a investigar.
c) La rapidez de su conformación, apenas después del cambio de gobierno ante la caída del régimen de Alberto Fujimori, no solo lo hizo sospechoso sino que el matiz de sus miembros confirmó la intención de centrar su investigación en este régimen, lo que se confirma desde el inicio de su informe. Todo eso le otorgó al accionar de la CVR el carácter de vendeta política de la izquierda.
d) El contenido ideológico del informe final tiene un claro sesgo marxista en todas las partes en que aparece un análisis sociológico, por lo que finalmente centra su enfoque en la miseria y la pobreza de los Andes que todo lo justifica.
e) El accionar de la CVR dejó en evidencia un maltrato sistemático a los miembros de las FFAA y polícía. Por el contrario, hay un abandono casi total del análisis sobre el accionar histórico de la izquierda nacional en el período inmediato anterior a la aparición de Sendero Luminoso. Se descuida el estudio del ambiente ideológico que predominó en los 70, época en que los incontables grupos de izquierda alentaban, pregonaban y alistaban la guerra popular del campo a la ciudad, la lucha armada y la conquista del poder por la violencia. Y de esos grupos no solo salió Sendero Luminoso sino incluso los miembros de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Sobre la CVR en Ayacucho
Uno de los últimos estudios publicados sobre la CVR es el del historiador Antonio Zapata Velasco, titulado “La Comisión de la Verdad y Reconciliación y los medios de comunicación. Ayacucho – Lima”, IEP, 2010. La lectura de este documento de trabajo resulta harto interesante porque nos revela los entretelones del ambiente social ayacuchano frente a la CVR, tanto ante su creación como durante su accionar, y finalmente frente a la aparatosa entrega de su informe en la Plaza de Armas de Huamanga, en medio de un gigantesco estrado en forma de retablo que cerró el tránsito por diez días para ofrecer un colorido espectáculo, y acabó desatando la ira de muchos por su exceso de fatuidad.
Trataré de citar literalmente los párrafos más significativos de este documento que se basa en un análisis de los medios. En sus preámbulos nos permite apreciar que la creación de la CVR no fue una demanda social, como su informe pretende hacernos creer, sino que surgió en los entornos del poder.
La iniciativa para la creación de la Comisión de la Verdad partió de la elite política limeña, específicamente del grupo que asesoraba al presidente Paniagua. No fue una demanda originada en Ayacucho…
Hoy sabemos que fue Diego García-Sayán el maquinador, promotor y verdadero autor de la “Comisión de la Verdad”. Pero además se percibe el momento inoportuno de su creación, justo cuando acababa de caer el régimen de Alberto Fujimori y existía un ambiente recargado en contra del fujimorismo y las FFAA. La creación abrupta de esta “Comisión de la Verdad” como el primer reflejo del Gobierno de Transición resultó muy sospechosa, pues se parecía mucho a un macartismo. Esto es algo que podemos comprobar muy fácilmente al leer el informe final de la CVR. Apenas en sus primeras lineas dice:
En el año 2000 el Perú inició una nueva transición a la democracia. Se retomaba así una promesa muchas veces defraudada en la historia del país. Este nuevo intento empezó después de la caída de un gobierno autoritario y corrupto.
Este es tan solo el inicio de una reiterada prédica panfletaria de descalificación absoluta del régimen fujimorista a lo largo de sus páginas. Algo que sin duda festejan algunos, pero que resulta fuera de lugar en un documento oficial del Estado peruano y en una comisión que tiene por misión lograr la reconciliación. No olvidemos que el fujimorismo tiene un amplio respaldo popular y representa a más del 35% de los peruanos. Sin duda esta es una de las razones del fracaso de la CVR. Pero hay otras muchas que se revelan en este documento.
Al conocerse en Ayacucho la decisión del Gobierno de crear una Comisión de la Verdad, se inició un «estallido de memorias». Durante este primer instante, toda la sociedad ayacuchana hablaba del asunto. Los medios de comunicación no estuvieron ausentes del debate sino que lo alentaron. Si bien aceptaron —como la mayoría de los ayacuchanos— la formación de una Comisión encargada de esclarecer el proceso de violencia, los hechos ocurridos y las responsabilidades correspondientes, cuestionaron, en cambio, la idoneidad de sus integrantes.
En Ayacucho se había generado un ambiente de hostilidad contra las ONGs de DDHH que habían estado actuando en los últimos años. Las ONGs eran vistas como mercaderes que se hacían ricos haciendo negocios con la desgracia del pueblo ayacuchano. Por ello exigían que los miembros de la CVR no tuviesen nexos con las ONGs. Se abrió una discusión local liderada por el Frente de Defensa para designar miembros, pero las desavenencias, acusaciones y tachas impidieron una propuesta seria, consensuada y, sobre todo, a tiempo. Al final los integrantes de la CVR fueron decididos por Lima con miembros y asesores de ONGs.
De acuerdo con el destacado periodista local Mario Cueto Cárdenas, el fondo del problema de la composición de la CVR no era el origen regional de los comisionados. En su opinión, el punto era que parte de ellos tenían una interpretación previa y bien fundamentada de la guerra interna. No eran pues neutrales. Esta previa toma de posición hacía que el trabajo de la Comisión fuera una simple confirmación de ideas anteriormente establecidas. Según Mario Cueto piensa hoy día, la realidad confirmó sus temores. El Informe final es la puesta al día de las antiguas posiciones de algunos comisionados que habían estado en Ayacucho durante la década del 1970.
Desde luego, otros periodistas opinan que Tapia y Degregori, a quienes se sindicaba como colaboradores de las odiadas ONGs de DDHH, no tuvieron mucha gravitación en el informe final. Lo cual, sabemos que es una opinión equivocada porque Degregori fue uno de los principales redactores del informe, y sus libros sobre la violencia publicados con antelación nutrieron gran parte del informe.
Reacción ayacuchana
A partir de entonces, la mayor parte de medios de comunicación de Ayacucho reaccionaron en contra de la Comisión de la Verdad, calificando al grueso de sus miembros como «limeños», vinculados a ONG «que lucran con el dolor del pueblo» o «pseudo intelectuales». (…) siempre hubo un grupo de periodistas que apoyaron de alguna manera a la Comisión … Pero era evidente que la opinión mayoritaria en los medios era contra la Comisión.
Acá se cita textualmente el editorial del diario La Calle, del 9 de julio de 2001:
[…] con excepción de uno o dos de sus integrantes, a quienes conocemos muy poco, de los otros podemos afirmar lo contrario; los conocemos demasiado. Así, por esta razón, podemos recordar que, mientras los peruanos del Ande nos debatíamos en medio del conflicto armado, algunos de los actuales miembros de la Comisión se entretenían escribiendo en sus perfumadas oficinas artículos analíticos sobre lo que ocurría en nuestras tierras, en base, además, a informaciones de segunda mano que recibían de sus felipillos propinados, tergiversando la realidad en no pocas ocasiones. Y del odio destilado por alguno de ellos contra uno y otro frente en conflicto, también lo sabemos, porque recordamos sus clases, sus incendiarias polémicas en aulas y patios cristobalinos…
No es pues poca cosa lo que se dice allí. Se refieren básicamente a Tapia y Degregori. Ambos eran conocidos, habían sido militantes del MIR en los 70 y profesores de la UNSCH junto a Abimael Guzmán y sus huestes universitarias. Fueron pues parte del ambiente y del entorno donde surgió el senderismo.
Por dudar de la neutralidad y credibilidad de estos comisionados, La Calle y los otros medios de comunicación de Ayacucho empezaron a designar a la Comisión de la Verdad como «Comisión de la mentira», rótulo que algunos periodistas ayacuchanos utilizan hasta el día de hoy cuando se recuerda la labor de este grupo de trabajo.
Se decía que Degregori y Tapia iban a utilizar su posición en la Comisión para reafirmar sus previas posiciones ideológicas, elaboradas en la polémica contra el senderismo en los años setenta. Es decir, que el viejo debate entre izquierdistas volvía a abrirse, solo que en esta ocasión Tapia y Degregori aparecían como representantes de una iniciativa estatal, mientras que sus antiguos polemistas senderistas estaban derrotados y confinados en prisión. De acuerdo con este parecer, la labor de la Comisión estuvo teñida por un diálogo desigual, vertical, deshaciendo la antigua horizontalidad que había primado en los debates de la década de 1970.
Los cuestionamientos empezaron a arreciar aun más cuando Toledo decidió incrementar los comisionados a 12 y cambiarle de nombre con el rótulo “reconciliación”. Las demandas adquirieron un fuerte carácter regionalista exigiendo que sean profesionales ayacuchanos los que intervinieran en la labor.
La sede regional de la CVR en Ayacucho
Como responsable de la Sede Regional de Ayacucho fue nombrado el antropólogo José Coronel Aguirre, ex docente de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. (…) Formó un grupo de trabajo mixto, integrado por abogados, periodistas y científicos sociales, tanto ayacuchanos como provenientes del resto del país y un extranjero. (…) Este equipo se encargaría de cumplir con las tareas prioritarias de la CVR en la región, como el recojo de testimonios y la construcción de una base de datos, la elaboración de la historia regional de la violencia, la exhumación de las fosas comunes y la realización de audiencias públicas.
Aquí hay una curiosísima cita textual de un boletín de la CVR según el cual los testimonios se recogían “para enriquecer la investigación, ampliar el espacio público y la agenda nacional, y crear oportunidades de sanación“. Francamente, más allá de “enriquecer la investigación” lo demás no lo entiende nadie. Claro que eso de “enriquecer la investigación” tampoco deja de ser meramente retórico, pues la acumulación de más expedientes no cambia en nada el entendimiento de los hechos históricos. Y eso de crear “oportunidades de sanación” es parte de la actitud mística y mesiánica con que la CVR asumió su labor.
Para la prensa local la CVR se había equiparado con las ONGs. Los comisionados eran vistos como izquierdistas que rivalizaban ideológicamente con Sendero Luminoso y que por ello tenían un carácter de “juez y parte” en el proceso. Por su lado las ONGs eran muy mal vistas porque habían excedido los espacios de su actuación invadiendo otros fueros que no les correspondían. Incluso, aprovechando su lucrativo financiamiento internacional, actuaron en las comunidades compitiendo a veces con el clientelismo de los programas sociales del gobierno.
Las audiencias públicas de Ayacucho y Huanta fueron ácidamente criticadas por la prensa local. Algunos periodistas (como el mesurado Carlos Condori Castillo) señalaron que estas fueron un «show» donde se volvieron a ver «llantos, dolores de un pueblo necesitado de autoconsuelo», mientras que otros periodistas recogían la opinión de algunas instituciones (como los Comités de Defensa Civil de la zona rural de Huamanga) y cuestionaban la selección de los casos mostrados en las sesiones públicas. Las audiencias generaron un clima de exasperación y confrontación.
La narración deja en evidencia que las audiencias fueron muy difíciles de conducir. En algunos casos se producían mítines en la calle. Se despertaron enormes expectativas en la población ya que muchos estaban convencidos de que bastaba hablar ante la CVR para recibir una reparación o que quienes no hablaran en las audiencias no serían sujetos de reparaciones. Ya desde entonces se había venido hablando de futuras reparaciones. Por todo ello, Zapata concluye en que “esas elevadas expectativas dificultaron un análisis más sereno del trabajo de la CVR“.
La presentación del informe
Al día siguiente (29 de agosto del 2003), en la Plaza Mayor de Ayacucho, la CVR presentó el Informe Final en medio de un complejo ritual iniciado por el alcalde que presentó la ceremonia; luego fue el turno del presidente regional, el dirigente del PAP Omar Quesada, quien tuvo una intervención básicamente firme y de orientación netamente política. Finalmente, tomó la palabra el presidente de la Comisión, Doctor Salomón Lerner, cuyo mensaje fue traducido simultáneamente en quechua por José Coronel. A esa hora, miles de personas se congregaban en la Plaza Mayor de la ciudad.
Con respecto a lo primero, muchos periodistas coincidieron en señalar que la presentación pública del Informe, en un gigantesco escenario instalado en la Plaza Mayor de Ayacucho, había sido un «derroche de dinero». En opinión de algunos, una «cachetada a la pobreza ayacuchana», completamente inadecuada para una ciudad en la que la mayoría de sus habitantes vive en una situación de necesidad. Este debate comenzó con la instalación en la Plaza de Armas de Huamanga de un estrado concebido como gigantesco retablo. Días antes de la presentación del Informe, los ayacuchanos ya comenzaban a debatir sobre el carácter aparatoso del estrado. Además, el espectáculo artístico montado por Yuyachkani fue percibido como artificial. Ambos puntos se mezclaron y, como resultado, algunos ayacuchanos salieron disgustados de la Plaza de Armas.
A partir de la lectura del Informe Final de la CVR se dio inicio a un debate extenso entre la prensa local, donde todos procuraban hacer prevalecer sus propios puntos de vista frente al conflicto, desvirtuando el parecer de la CVR. Se trataba pues de un análisis con el que casi nadie estaba de acuerdo. Más aún, parecían surgir distintas lecturas del Informe pues unos la criticaban por algo que los otros le negaban. Surgían interpretaciones divergentes.
Para este punto de vista, lo importante era averiguar ¿por qué Sendero Luminoso había logrado simpatía y sostener una larga guerra?; si hubieran sido unos dementes ¿habrían sido arrasados en pocos meses? No lo fueron, sino que el movimiento prendió y se extendió por todo el país. ¿Cuáles podían ser las causas? La respuesta sólo podía ser una: las condiciones objetivas estaban maduras para un estallido de violencia. La culpa no era de Sendero, sino del hambre y la dominación.
Lo cierto es que el Informe Final de la CVR inició un debate que no tenía ningún destino útil. No había manera de conciliar los pareceres. Incluso subsistían quienes pensaban que la CVR había convalidado el informe de la Comisión Vargas Llosa sobre Uchuacay por no contradecir al ilustre escritor. En resumen, el Informe Final de la CVR, al cabo de tantos aparatosos despliegues, testimonios, exhumaciones, no fue capaz de asumir un perfil de credibilidad y transparencia intelectual. Siempre fueron vistos como una continuación de las ONGs de DDHH tan cuestionadas y detestadas, con miembros comprometidos ideológicamente y con militancia política que los desacreditaba como miembros de una Comisión de la Verdad.
Los cuestionamientos a la CVR nunca cesaron y fueron de distinta índole. Para mucha gente era simplemente absurdo, inútil y hasta peligroso volver a abrir las heridas de unos hechos tan dolorosos. “En muchos círculos de ciudadanos simples se escucha decir que esos hechos fueron espantosos y que felizmente ya pasaron, que con mucho esfuerzo han podido voltear la página y olvidar para seguir viviendo. (…) Según este razonamiento, el trabajo de la CVR es inútil y hasta peligroso, quieren abrir heridas sin saber cómo podrán volverlas a cerrar. (…) En esta interpretación la CVR habría dramatizado para conseguir un efecto y este no habría sido otro que el interés de las ONGs de seguir lucrando con la desgracia.“.
Incluso el periodismo tuvo sus razones para dudar de la misión de la CVR.
Mario Cueto Cárdenas, quien gracias a su amplia trayectoria periodística es una reconocida personalidad gremial, relata que fue entrevistado por la CVR en forma apurada y que luego sus opiniones no fueron tomadas en cuenta.
Y se trataba nada menos que de un periodista que estuvo reportando la violencia día a día. Esta es una acusación que se repetirá muy a menudo entre diversos personajes que sienten que fueron manipulados y utilizados por la CVR solo como parte de una formalidad, pero que al final el Informe de la CVR no contempla ninguna visión ni apreciación de sus testimonios. Esto es más patente en torno a la perspectiva de las FFAA cuyos testimonio solo se recogieron al final del proceso y ni siquiera fueron incluidos en la página web. El Informe Final ha recibido pues toda clase de críticas. Se le critica por ser un texto pretencioso que procura mostrar una interpretación “científica y verdadera” del conflicto.
Para terminar, está claro pues que el Informe Final de la CVR, por diversas razones, no cuenta con la aprobación mayoritaria del pueblo peruano. Tampoco el proyecto general de la CVR obtuvo la aprobación mayoritaria del pueblo peruano. Vale decir que se le impuso una idea y un proyecto concebido por intereses subalternos. Como conclusión final debemos decir que resultaría contraproducente que se pretenda imponer este Informe a la sociedad, y peor aun, instaurarlo como documento oficial de aprendizaje obligatorio de nuestros escolares.
Los dejo con una reflexión del diario ayacuchano La Calle:
… Lo primero que tenemos que reconocer es el derecho que tienen los peruanos del mundo, a pensar con libertad sobre el Informe, a elogiar sus aportes si es que los tiene, a criticar sus deficiencias, a cuestionar sus intenciones, a opinar integralmente sobre el Informe! […] Nadie, pues, tiene la patente de corso o autoridad absoluta, sobre el parecer que tiene cada quién acerca del Informe, o para obligar a que se piense de una manera o de otra, sobre un documento que, efectivamente, es público, instrumental, estudiable y debatible, por lo tanto sujeto a ser visto desde diferentes ópticas. Actuar de modo contrario a nuestra diversidad constituiría caer, dentro de la denominada sociedad democrática peruana, en los callejones oscuros de la dictadura, a la que tanto criticamos, o en el fanatismo anticientífico que tanto daño hizo a sus practicantes. (La Calle, 30 de agosto de 2003)
Una pregunta final: ¿Valió la pena montar todo ese circo ilegítimo de la CVR? Si los proyectos grandes como Conga requieren de una “licencia social”, sin duda que proyectos tan pretenciosos como la CVR también lo requieren. No lo obtuvieron. Por tanto, son ilegítimos. Como se dice en el texto anteriormente citado, todo sigue en debate, tanto el informe de la CVR como la propia historia. ¿Para qué entonces se montó la CVR? Obviamente fue un intento de maquillar la historia por parte de la izquierda peruana y de lavarse las manos por la violencia, desviando toda la responsabilidad hacia el Estado y las FFAA. Hoy es la principal ocupación de la izquierda.
Respuesta a Diego García Sayán
Al margen de los acontecimientos cotidianos y repentinos que suelen ganar las primeras planas de los diarios y ocupar varios minutos en los noticieros, con reportaje dominical incluido, pocos temas se mantienen incólumes como vigas maestras en el debate nacional. Quizá el mayor de todos sea el informe de la CVR. Hay toda clase de opiniones, versadas y no, honestas y no, valientes y no. Pero lo importantes es que se trata de un documento claramente cuestionado.
Sería deseable abordar el debate con argumentos realistas en busca de una salida al problema, tal como ha hecho León Trahtemberg, por ejemplo, proponiendo una comisión especial para que examine ese informe. El otro extremo es el de persistir en las mismas posturas, apelando a melifluas argumentaciones e invocando a los pobres y excluidos de siempre en busca de simpatías. Es el caso de los ya conocidos caviares. Un caviar es alguien que se sienta al borde de su piscina con un dayquiri en la mano y escribe una columna rosa a favor de los pobres y marginados. Son los consabidos pobretólogos de la izquierda progre.
Apelando a sus indudables dotes de dramaturgo, Diego García Sayán nos regala hoy una pieza de tragedia hindú para defender, una vez más, el dichoso informe de la CVR. Más allá del drama de los campesinos pobres su lógica resulta incomprensible. Es cierto que la mayoría de muertos fueron campesinos empobrecidos debido a que Sendero Luminoso llevó su cobarde accionar a la sierra más pobre del país, siguiendo su estrategia. ¿Y eso justifica que enseñemos el informe de la CVR en las escuelas? Mejor citemos a nuestro Shakespeare de buffete: “Todo ello ha dejado una huella muy grande y profunda que llevará años reparar y resarcir. Y en ello el Estado tiene una responsabilidad histórica frente a este reto nacional”.
Es curioso que hoy la izquierda se muestre hipersensible ante la violencia y el sufrimiento de las víctimas, algo que no mostraban en los años 70 cuando se dedicaban a promover la revolución armada y la guerra popular. Esos mismos delirantes de izquierda que ayer anunciaban el inicio de la lucha armada en los patios de las universidades, hoy son los que nos acusan de ser insensibles al dolor que causaron sus propias ideas.
Sin duda, nuestro ilustre jurista e inventor de la CVR muestra ahora una sensibilidad muy especial y una visión dramática de las cosas. Reconocer que se vivió una tragedia no implica asegurar que “ha dejado una huella muy grande y profunda que llevará años reparar y resarcir“. Creo que hay allí un deseo claro de teatralización que ya ha sido muy evidente para muchos. Toda tragedia se supera, salvo casos muy contados que pasan al terreno clínico. Muchos pueblos han pasado tragedias enormes de todo tipo, incluyendo guerras atroces como las de la Segunda Guerra Mundial, donde hubo una raza entera perseguida, vejada, torturada y humillada en busca de su exterminio. También nosotros hemos pasado por grandes desastres naturales, como el terremoto del 31 de mayo de 1970 que dejó más de 70 mil muertos, medio millón de desamparados y una capital provincial borrada del mapa. Las tragedias son consustanciales a la existencia humana. No necesitamos hacer drama sobre la tragedia.
Por otro lado ¿acaso rechazar el informe de la CVR significa cerrar los ojos al pasado, como dice nuestro dramaturgo jurista? García Sayán parece haber renunciado a una argumentación inteligente para apelar a la telenovela sensiblera, a la retórica efectista cargada de adjetivos dolientes y adverbios graves. Así nos dice que “la urgencia irrenunciable de la memoria sobre lo que nos pasó” es necesaria para asegurarnos de que algo así no se repita. Francamente nunca he entendido a los charlatanes cuando dicen esta clase de cosas porque no sé a qué se refieren exactamente cuando habla de “memoria”. ¿Será un USB? La verdad no entiendo.
La memoria de un pueblo se transmite mediante libros y películas. Gracias a ellos tenemos hoy “memoria” de la Guerra de Troya y de la crucifixión de Cristo. De hecho los libros de historia del Perú e incluso los de historia universal, ya incluyen el fenómeno del terrorismo en el Perú. Así que hay que pedirle al jurista dramaturgo que no se preocupe tanto por la “memoria”. Esta no se va a perder ni pasa necesariamente por el informe de la CVR. Debería relajarse. Pero tampoco es cierto que tener “memoria” garantiza que no repetiremos la historia. Eso es falso. Para no repetir la historia se precisan leyes y cambios institucionales y culturales. Pero más importante que todo eso es dejar de infectar el cerebro de los jóvenes con marxismo, pues mientras sigan con esa prédica nefasta siempre tendremos el riesgo de que la tragedia de Sendero se repita. Y nadie podrá negar que en el informe final de la CVR hay un fuerte hedor a marxismo.
García Sayán está convencido de que “para esos bolsones de peruanos pobres la ´memoria´tiene un contenido dramático que no es otro que esperar una reparación muy concreta: que, después de años, se encuentre en alguna fosa común a sus familiares desaparecidos y presumiblemente muertos para darles cristiana sepultura. Miles aún lloran a seres queridos en muchos rincones del país y claman por “inclusión” –hoy parte de la política oficial– y ser destinatarios de ella“. Parece que nuestro dramaturgo jurista tiene una especial afición por los entierros y resulta ser más cristiano que el mismísimo Cardenal.
Ignoro si García Sayán posee algún conocimiento especial que lo lleva a tales extremos en torno a los entierros. No sé si es psicólogo y tiene la certeza científica de que solo así se logra la tan ansiada y preconizada “reparación”. No sé de dónde saca eso ni a qué se refiere exactamente. Al parecer pretende una comisión de desenterradores de fosas a nivel nacional. Yo creo que se trata, una vez más, de una treta en busca de nuevos contratos con el Estado. Mamadera que le dicen. No creo que toda esa palabrería sea solo “sensibilidad por los pobres”. Hace tiempo que dejé de chuparme el dedo.
Los seres humanos tenemos muchos mecanismos para superar las tragedias. No se tiene que pasar por un desentierro, una ceremonia, una misa y una “cristiana sepultura” para que la “reparación” sea cumplida. Tampoco es cierto que se puedan identificar a las víctimas. Nadie ha explicado cómo se logra determinar que una tibia corresponde a Seferino Mamani y no a otro. Allí hay poca seriedad científica y mucho tecnicismo teatral. Pero al margen de eso, existen muchos casos en que los seres humanos debemos asumir un luto sin ver un cadáver. Por ejemplo cuando ocurre un accidente de aviación. Los parientes se conforman con arrojar una corona de flores en el mar, velar su ropa, construir un espacio en la casa con sus fotos, etc. He visto muchas maneras de velar y recordar a un desaparecido.
Así pues, en nada ayudan estos artículos recargados de drama y sensiblería. Tal vez convenzan a los tontos que gustan del floro. Pero acá no estamos para telenovelas. Tenemos que buscar soluciones realistas y no divagar con melodramas. Darle vuelta al tema de la CVR no es olvidar lo que pasó. Es dejar que otros temas más actuales y urgentes ocupen su lugar. No podemos seguir discutiendo eternamente sobre el informe de la CVR. Lo concreto es que ese informe tiene un rechazo mayoritario por sus desatinadas formas de explicar el fenómeno del terrorismo validando la violencia por la pobreza. No es algo que podamos enseñar en las escuelas.
García Sayán nos expone algunas luces sobre el sesgo del informe cuando dice “distinto es –o sería– un debate con ideas y propuestas concretas que apunten a enriquecer una explicación rigurosa de lo ocurrido, sin soslayar, por cierto, responsabilidades estatales“. Es evidente que Dieguito está más interesado en destacar las faltas del Estado que en la de sus amigos de izquierda. El tono y el remarcado es revelador, pues si habla de “explicación rigurosa de lo ocurrido”, con eso basta. Pero destacar que deben incluirse las responsabilidades estatales está demás y es evidente que su subconsciente lo traiciona. Sin duda estamos de acuerdo en ese debate. Pero es algo que ya debería emprenderse.
Otro detalle revelador es afirmar que el informe de la CVR se basa en el testimonio de 17 mil víctimas. Le hago unas simples preguntas al lector: ¿usted cree que hacían falta 17 mil testimonios? ¿Usted cree que alguien leyó todos esos testimonios para redactar el informe? Suponiendo que cada testimonio tome solo una hora, el manejo de esa cantidad de testimonios, tanto en su registro como en su procesamiento, excedería largamente el tiempo que duró la CVR, aun con todo el personal que contaban. Sin duda es una cifra bastante exagerada, aunque hubo de hecho muchos testimonios. Sin embargo no hacía falta el testimonio de 400 violadas para establecer el hecho de que hubo violaciones. Hay en todo eso un problema metodológico y además un error en la concepción de la misión. Por todo ello algunos hablan de “mucha teatralización”. Además no nos olvidemos que los miembros de la CVR se prestaron a ser parte de ceremonias públicas, misas, etc.
En resumen, no podemos enseñar en las escuelas un documento que es cuestionado por la mayoría de nuestra sociedad. No podemos enseñarle a los niños que la pobreza genera violencia o que la violencia está justificada cuando hay pobreza, exclusión y marginación. El credo marxista ya nos hizo demasiado daño para consagrarlo como partre de la educación de nuestros niños. A los niños hay que enseñarles que solo el trabajo, la innovación, la creatividad y el empeño es lo que nos saca de la pobreza. Es tiempo pues de dejar el drama y la pobretología marxista para abordar ese informe de una vez por todas. Debemos apoyar la idea de que se forme una comisión de amplio consenso que estudie el informe y corrija sus errores de perspectiva y su lenguaje.
Notas:
1.- Artículo publicado el 23 de julio del 2003 en la página 2 y 3 del Diario La Razón en el que se revelan algunos audios en los que se grabó las conversaciones de Javier Ciurlizza Contreras, emisario del Ministro de Justicia Diego Garcia Sayan, con los líderes de Sendero Luminoso y del MRTA a espaldas del Ex Presidente Paniagua , el día 29 de marzo del 2001 en la Base Naval del Callao.
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Versión para descargar. (No incluye la respuesta a Diego García Sayán).
La verdad sobre la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú
Por Nicolás Márquez
Cuesta entender cómo tras el fracaso mundial en el que ha incurrido el socialismo (derrota formalizada y simbolizada con la caída del Muro de Berlín en 1989), sus adherentes, en vez de efectuar un riguroso acto de constricción y reflexión mudando de tan horrorosa ideología hacia aquellas que han demostrado eficacia y vigencia, prosiguen aferrándose al colectivismo y sus derivados a modo de masoquismo intelectual o espiritual.
De todos modos y a pesar de su insistencia en permanecer en el desacierto, existe en los numerosos prosélitos de este espectro ideológico una notable gama que va desde aquella izquierda rabiosa (conocida como comunismo), hasta aquella otra cuya militancia se presenta ante la opinión pública con un tinte presuntamente moderado y académico conocido como “progresismo”, o de manera mas orillera y festiva también se la denomina como “proyecto nacional y popular”.
A estos ingeniosos apodos aplicados a las diferentes versiones y/o matices de la izquierda contemporánea, para sintetizar nosotros unificaremos de manera indistinta el mote llamándolo “socialismo del Siglo XXI” (el cual es igual que el socialismo del Siglo XX pero mas aburrido, porque ya conocemos su desenlace).
En cuanto a la izquierda furiosa y de impronta radicalizada, según lo describe la fastuosa pluma del Profesor Antonio Caponnetto, la misma está compuesta por variados grupos que “Ideológicamente hacen gala de anarquismo y marxismo explícitos, de guevarismo y comunismo directo y brutal, y de una forma mentis signada por la promiscuidad, el hampa, la roña moral y física, y el odio a todo lo que represente la más elemental noción de autoridad humana o divina. Son en sentido estricto, irrecuperables hordas rojas, llámense quebrachos, polos obreros, corrientes clasistas y combativas, izquierdas unidas o delincuentes rejuntados”. (1)
En tanto, el “progresismo” (versión izquierdista de apariencia civilizada), no osa confrontar o cuestionar de manera abierta el Derecho de Propiedad (aunque se lo relativice) ni la Economía de Mercado (aceptada como medicina amarga) e incluso han virado el debate hacia un costado menos economicista haciendo hincapié en aspectos culturales o morales. Los objetivos de sendos grupos suelen ser los mismos. Los métodos, distintos.
Siguiendo la pluma del citado profesor Caponnetto, a este último espectro, lo componen por igual “funcionarios y piqueteros, periodistas y legisladores, partidócratas y punteros de comité, abortistas y manfloros, sedicentes defensores de los derechos humanos y esa inmensa ralea en la que tanto cabe el cantautor como el comunicador social, el universitario progresista, el marginal salteador, el atildado dirigente oficial, el curerío apóstata, los jueces garantistas y la turba juvenil o senil a la que han llenado el alma de resentimientos e historias mendaces”. (2)
Complementando esto, el pensador y sociólogo Juan José Sebreli nos define al progresismo argentino como una <<franja compuesta por un sector de la clase media semiculta de los grandes centros urbanos, agrupada bajo la denominación vagarosa de “progresismo”… Sus principios confusos y contradictorios, mezcla de ingenuidad e hipocresía, de contestación y conformidad con las bogas vigentes y beata devoción por las “buenas causas”, asemejan a los progresistas de hoy a los “idiotas útiles” de los tiempos dorados del estalinismo. Los progresistas inciden en la opinión pública, ya que muchos son profesores, escritores, periodistas, psicoanalistas, artistas, comunicadores sociales, a los que se suman ricos con sentimiento de culpa, o gente exitosa en el mundo del espectáculo, el deporte o los negocios. Para muchos de ellos, el progresismo, en la acomodada madurez, representa la fidelidad al ultraizquierdismo cultivado en su juventud.
Rasgos característicos del progresismo son la confusión entre la moral y política, entre moral y economía, el rechazo por toda forma de realismo político, la sustitución de los análisis concretos por la denuncia y la lamentación, el reemplazo de propuestas viables por la sujeción a principios abstractos, a bellos deseos imaginarios, una obstinada negación a ver la cruda realidad y una memoria histórica maniquea y distorsionada…
La indignación del progresismo es una actitud moralista y sentimental que, en abierta contradicción con el marxismo clásico, consideran reaccionaria la preocupación por los datos de la economía, por los fríos y deshumanizados números… El progresismo, que nada aprende, repite eternamente los mismos errores y su arrogancia no le permite admitirlos, prefiere creer que fue traicionado por estos partidos aunque las expectativas no cumplidas solo estaban en su propia imaginación y no en la voluntad de los dirigentes políticos; el engaño será siempre posible mientras existan quienes desean ser engañados y necesitan engañarse a sí mismo”. (3)
¿Y por qué a pesar de los hechos concretos de la realidad se prosigue en esa tozudez irreflexiva consistente en sostener y defender una posición comprobadamente inútil y fracasada?
Sin excluir otras causas, notamos que por regla general se puede ser “socialista del Siglo XXI” por tres factores concretos:
A) Por error ideológico y/o doctrinal. Algo relativamente frecuente, así como de fácil corrección en las personas de buena fe que abrazan ideas de izquierda suponiendo que en ellas está la prosperidad y solución a los males. Tanto sea por sana pedagogía, contacto con bibliografía de contenido sensato, por corrección fraterna de algún amigo o allegado, por madurez psíquica o por mantenimiento del contacto con la realidad, el desvío ideológico puede y suele ser subsanado en el corto o mediano plazo sin demasiados inconvenientes.
B) Por resentimiento. Esto es mucho más difícil de solucionar y ha sido analizado extensamente por pensadores de la talla de Robert Nozick y Von Mises. Este último, nos enseña que ¨Está uno resentido cuando odia tanto que no le preocupa soportar daño personal grave con tal de que otro sufra también. Gran número de los enemigos del capitalismo saben perfectamente que su personal situación se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico (…). Cuántas veces oímos decir que la penuria socialista resultará fácilmente soportable ya que, bajo tal sistema, todos sabrán que nadie disfruta de mayor bienestar!¨ (4).
Es dable aclarar que el resentimiento del individuo no debe ser visto como una consecuencia necesaria del fracaso personal (todos los mortales en mayor o menor medida tenemos frustraciones y objetivos inconclusos) puesto que los hombres rectos y desprovistos de esta perturbación pueden perder y aceptar con hidalguía la adversidad.
El resentido, en cambio, ante la incapacidad para tolerar sus infortunios se refugia en los anestésicos y embriagantes desvaríos socialistas para aminorar la angustia interna provocada por sus naufragios. En esta situación, y como bien lo define el ensayista Enrique Arenz, el izquierdismo se constituye en un “retardo madurativo” (5).
En este acápite, a diferencias del punto “A”, ya no se trata sólo de presentarle al izquierdista argumentos razonables y lógicos para recuperarlo del error, ya que la lógica y la razón se estrellan ante la ceguera proporcionada por el dogmatismo ideológico que además le sirve de alivio para apalear su malestar interno. Por ende, la tarea de reencauzamiento ha de ser minuciosa, prolongada en el tiempo y con no pocas probabilidades de fracaso.
C) Por conveniencia patrimonial. Ya que siendo socialista se abren inacabables puertas para “trabajar en política”, en secretarías burocráticas, obtener cátedras, cargos en O.N.G.s “humanistas” (muchas veces subsidiadas por el Estado), facilidades para llevar adelante actividades “artísticas”, periodísticas, impunidad ante la comisión de determinados delitos, premios literarios otorgados precisamente por “academias” o institutos conformados por izquierdistas que se aplauden entre ellos y obviamente, generosos espacios en los medios de comunicación social. Al presentarse alguien en sociedad como “izquierdista”, de inmediato se posee la presunción de que sus actividades (en la materia que fueren) son de gran valor y profundidad intelectual.
La izquierda, comprobadamente no sirve ni nunca ha servido para nada (excepto para engendrar daño). Si existen tantos militantes al servicio del error empíricamente ratificado, además de las aristas expuestas, cabría agregar un dato más:
Las ideas de izquierda no se suelen juzgar en función de sus infructuosos resultados, sino en función de la aparente bondad de sus objetivos. El problema, además, radica en que los objetivos son tan aberrantes como los resultados mismos de sus acciones. Pero ello ya es harina de otro costal.
Notas:
(1) Kirchner Jefe y Garante del delito – Antonio Caponnetto –oct/nov 2005
(2) Estado de Descomposición – Antonio Caponetto -marzo abril 2004-
(3) Crítica a las Ideas Políticas Argentinas – Juan José Sebreli – 2003).
(4) La mentalidad Anticapitalista, Ludwig Von Mises –edición Bolsa de Comercio 1979)
(5) Definido por Enrique Arenz en reportaje concedido a Roberto Cachanosky en su ciclo televisivo en canalP&E en el año 2004 al presentar su libro “El Error de los intelectuales”.
Fuente original: La Popular | Edición 122 | Lunes 9 de Julio de 2012
Gracias por permitirnos la copia.
Hace falta echar una amplia mirada a la actual izquierda peruana a fin de ubicar a sus miembros con exactitud. Por desgracia no hay muchos estudios sobre la izquierda peruana, y los que hay han sido escritos por los propios izquierdistas. Esto sin duda es un agujero negro en la sociología peruana, que también se encuentra tradicionalmente dominada por la izquierda.
Ocurre que los izquierdistas provienen típicamente de la Facultad de Letras de San Marcos, que ha sido durante décadas el alma mater de la izquierda peruana. Ellos han copado las publicaciones con mayor facilidad porque se desarrollan mayormente en ambientes académicos y en ONGs que publican mucho, como el IEP o DESCO, han tenido numerosos órganos de difusión y sus académicos escriben muy bien. En cambio los profesionales de derecha tienden a desarrollarse en carreras productivas y ambientes empresariales. Incursionan poco en el campo académico y escriben con un lenguaje nada amigable. Ocasionalmente prestan su pluma a algunos medios, y en la mayor parte de los casos, para dar opiniones profesionales muy concretas y elaboradas. De manera que es falsa esa impresión de que solo la izquierda tiene intelectuales. Se trata de una impresión engañosa por el hecho de que los de izquierda permanecen más en la vitrina mediática y son más fáciles de entender. En todo caso la izquierda tiene muchos intelectuales repetidos.
Sabemos que las facultades de Letras y Derecho de la UNMSM fueron las escuelitas del terror de la izquierda durante los años 70 y 80. Algo similar ocurría en otras universidades nacionales, como La Cantuta y San Cristóbal de Huamanga, de donde salieron las huestes de Sendero Luminoso. El terrorismo fue la consolidación académica y política de esa época de dominación izquierdista que se originó después de la posguerra, debido al impulso internacional que impusieron rusos y chinos compitiendo por dominar el planeta, en especial los países del Tercer Mundo y, en particular, Latinoamérica. A ello se sumó el efecto de la revolución cubana a principios de los 60. Entonces parecía que el socalismo era el pensamiento correcto y el destino final de la humanidad. Los románticos y los ilusos se enamoraron de la propuesta de justicia social y reivindicación popular que prometían los comunistas, aunque su mensaje no escondía su camino de violencia criminal mediante la lucha de clases y la conquista del poder por las armas. Peor aún, la izquierda alentó un culto por la violencia con lemas como "El poder nace del fusil" que se lució en lo alto de la Facultad de Letras de la UNMSM por tres décadas, mientras que en la puerta de ingreso una estatua del Che cargando un fusil recibía a los estudiantes. El camino a la tierra prometida de la izquierda pasaba pues, inevitablemente, por una revolución sangrienta y terminaba en una dictadura absolutista. Curiosamente, miles se enamoraron de esa aberración.
Con esa ideología se formaron los jóvenes de los 60, 70 y 80 en las universidades peruanas. Ellos, los de la foto, fueron realmente los primeros “pioneritos”. En aquellos días prácticamente no habían más que universidades nacionales. Las privadas aparecieron tímidamente en Lima a mediados de los 60 pero con muy contadas facultades y escasa capacidad. Sin embargo algunas también se infectaron rápidamente de izquierdismo, con raras excepciones como la U. de Lima y la del Pacífico que siempre se mantuvieron ajenas a la política y muy orientadas a la empresa. En cambio la Pontificia Universidad Católica del Perú, la universidad privada más antigua, estaba ya inmersa en la ideología de izquierda. Toda esa juventud de los 60, 70 y 80 que leía a Marx, Lennin y Mao, y se adoctrinaba con extensos mamotretos ideológicos para la gran revolución armada, de pronto se sintió bastante desorientada cuando el general Juán Velasco Alvarado les ahorró el baño de sangre al tomar el poder mediante un golpe de Estado en octubre de 1968 e iniciar una revolución de corte socialista. Sin embargo, entre la variopinta izquierda nacional hubo, como siempre, sectores que condenaron al gobierno militar por revisionista, reformista y otras exquisiteces retóricas bastante retorcidas.
La izquierda siempre fue un sector dividido y divisionista. En medio de una ferviente mitosis los grupos se partían en facciones múltiples alegando desviaciones a la doctrina o buscando la mejor vertiente del marxismo con la mejor interpretación de los textos sagrados. Los clásicos izquierdistas de universidad andaban siempre con un libro marxista bajo el brazo, por lo que se ganaron el apelativo de "sobaco ilustrado". En esos tiempos era muy fácil encontrar libros marxistas porque abundaban y hasta se repartían gratuitamente como biblias gracias al apoyo de la URSS y otras potencias socialistas. También circulaban revistas con el estilo LIFE pero de origen socialista, como la famosa "Albania Socialista", donde se ilustraba con amplias fotos el supuesto progreso del socialismo bajo la égida gloriosa de Enver Hoxha. Durante los 70 en la UNMSM convivían alrededor de medio centenar de agrupaciones políticas de izquierda, con curiosos apelativos como moscos, troskos, albaneses, pukallactas, etc., todas delirantes y revoltosas. Un chiste de aquellos días preguntaba “¿cómo murió el último trotskista? Se partió en dos”. Algo de aquellos días se narra en las novelas de Mario Vargas Llosa "Conversación en la Catedral" y quizá mejor aún en "Historia de Mayta".
Entre todos los grupos de izquierda se acusaban, criticaban y hasta combatían, provocando frecuentes enfrentamientos en los patios, los que muchas veces acababan a balazos. Se peleaban por dominar el comedor o la residencia para controlar a los provincianos, por apoderarse de las paredes y las vitrinas para predicar, y apoyaban las protestas sindicales de toda índole para infiltrarse y gritar sus propias consignas y reventar petardos. Es totalmente falsa la aseveración de la izquierda que sus protestas callejeras forzaron al gobierno de Morales Bermúdez a convocar a elecciones. Esta entró desde el principio con un cronograma electoral de restauración de la democracia. Más tarde, en medio de ese caos de la izquierda apareció Sendero Luminoso, precisamente con el renacimiento de la democracia y durante la vigencia de una nueva Constitución Política que puso los derechos humanos por delante. La aparición de Sendero Luminoso fue pues inoportuna y anti histórica. Tanto en el ambiente nacional como en el mundial, se evidenciaba el fracaso de las tesis marxistas. Sin embargo los 80 fue la década del más sangriento fervor revolucionario urbano en toda Latinoamérica. Aunque en el Perú se vivió la versión más irracional y cruel.
Si bien la izquierda no supo cómo asumir el gobierno de Velasco, tampoco supo cómo asumir el accionar de Sendero Luminoso. Velasco había hecho las reformas socialistas pero sin una “dictadura del proletariado”. Aunque contaba con numerosos asesores de izquierda en la burocracia, no había un Partido Comunista en el poder. Velasco pretendió sustituir esta carencia con el SINAMOS e inició la prédica sobre una “democracia social de participación plena” cuyo objeto era eliminar la tradicional democracia representativa y a los "viejos" partidos políticos. Fue allí cuando comenzó la destrucción sistemática de la democracia peruana y de los partidos políticos, y no con Fujimori, como afirma hoy la izquierda. Por el contrario, Fujimori fue la primera expresión de la crisis manifiesta de los partidos tradicionales y del papel perturbador de la izquierda en la democracia, pues al no tener opción electoral se inclinaba siempre por llevar su contrapeso hacia el candidato que competía con la derecha liberal, sin importar quién fuera.
La aparición de Sendero Luminoso en los 80 fue francamente tardía e impertinente. El mundo ya no estaba para esa clase de revoluciones ni el Perú, después de la revolución velasquista, se hallaba en la situación teórica imaginada por los senderistas. La Unión Soviética se desgastaba y desangraba en la absurda guerra de Afganistán, incapaz de competir con los EEUU de Ronald Reagan y su Guerra de las Galaxias, ni con toda su novedosa tecnología espacial de trasbordadores reusables. Los soviéticos quedaron fuera de competencia no por incapacidad tecnológica sino económica. La primera víctima del desastre económico soviético fue Cuba, pues se quedó sin la abundante ayuda que los mantuvo con vida durante casi treinta años. De inmediato Cuba empezó a desfallecer. Por otro lado en China la Banda de los Cuatro había sido apresada y Deng Xiaoping impulsaba reformas abriendo la economía china al mundo, acercándose al libre mercado. Mientras que los lunáticos de la izquierda en el Perú se pasaron tres décadas debatiendo el inicio de la lucha armada, ya el mundo había cambiado, el socialismo estaba en crisis y las evidencias del fracaso se apreciaban con mucha cercanía en Cuba. Lo cierto es que no hubo necesidad de esperar tantos años para comprobar el fracaso del modelo socialista. Desde el principio el socialismo fue un modelo detestado por la gente. Por ello tuvieron que recurrir a la vergüenza de construir con apuro el tristemente célebre muro de Berlín para detener la huida masiva de la población hacia la libertad. Lo mismo ocurrió con los cubanos que se lanzaban al mar para escapar hacia los EEUU, haciendo famoso el término “balseros hacía la libertad”. En 1980 diez mil cubanos invadieron la embajada del Perú en La Habana tratando de escapar de la isla. Muchos de ellos llegaron a Lima y fueron alojados en carpas en el parque zonal Túpac Amaru, donde permanecieron por años. La caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 significó el fin definitivo de un sistema insostenible. Sendero Luminoso operó en la década de la agonía final del socialismo en el mundo, sin líderes históricos ni guías espirituales ni apoyo económico ni modelos que seguir. Había empezado un accionar completamente fuera de lugar, desfasado del contexto mundial y sin sustento histórico. En el Perú se había iniciado una nueva etapa de democracia con una Constitución que proclamaba los Derechos Humanos en su primer capítulo. En general la izquierda peruana fue incapaz de analizar la nueva realidad del mundo y del Perú, no supieron procesar las evidencias ni modificar su doctrina. No lo han hecho aún. Siempre estuvieron ajenos a la realidad nacional por insistir en su adoctrinamiento a base de textos ideológicos extraños y empeñados en perseguir una quimera teórica. Siguieron repitiendo sus consignas a lo largo de los años 80, y así fue como los encontró el derrumbe mundial del socialismo. Pocos años después, con el apoyo de la izquierda y en firme oposición a Mario Vargas Llosa, tomaría el poder Alberto Fujimori. En apenas dos años las facciones radicales de la izquierda peruana serían derrotadas definitivamente, y sus líderes apresados.
En el siglo XXI, luego de la caída del fujimorismo, la izquierda peruana resurgió lentamente pero convertida en una variedad de nuevas formas. Básicamente los partidos se habían extinguido para dar paso a una nueva variante política menos evidente conocida como ONGS, vinculada al accionar académico y mediático de la nueva clase política de izquierda, los llamados “caviares. Estos se distinguían por pertenecer a una clase académica cultivada, con un pensamiento no necesariamente marxista pero muy críticos del libre mercado y a favor de las nuevas preocupaciones de la izquierda: los derechos humanos y el medio ambiente. Ambas se volvieron las nuevas causas de moda y se usaron políticamente para perseguir a los militares como para oponerse a los proyectos de desarrollo. Fue una moderna prédica continental liderada y apoyada por los organismos internacionales como la OIT y la OMS, que ya habían sido infectados por los rusos en los años 70 y 80. Estos organismos han sido los rectores de la implantación de nuevas políticas a nivel de los países del tercer mundo, pues la mayor parte de ellos son muy proclives a firmar los acuerdos y convenios que se promueven en las conferencias mundiales.
La nueva izquierda peruana se alineó fácilmente con las nuevas corrientes continentales. La razón no es muy difícil de adivinar, pues en todos lados se vivió el renacer de ONGs que eran alimentadas por las mismas instituciones y para los mismos fines. Es decir, el color del dinero determinó las tendencias de todas estas ONGs, Si bien Marx fue escondido en el baúl y las palabras "socialismo" y "comunismo" adquirieron una acepción negativa para la sociedad, y con justa razón, por lo que fueron retiradas del vocabulario habitual, la izquierda renació con un nuevo lenguaje dedicado al medio ambiente y a los derechos humanos. Ya no se hablaba de la lucha de clases sino de la defensa de los derechos humanos, y estos empezaron a multiplicarse de manera sorprendente. Casi todo fue declarado un derecho. Ya no se hablaba de derrotar al capitalismo y al imperialismo yanqui sino de defender el medio ambiente. La ecología pasó a ser el nuevo discurso con el que se oponen radicalmente a cuanta empresa transnacional penetre el país. Más aún, empezaron a hablar de democracia y libertad de expresión, por lo menos a hablar, pues no se ha visto que la respeten en los hechos cuando llegan al poder.
El nuevo escenario de la izquieda en el Perú del siglo XXI nos permite identificar claramente al menos tres sectores, a los que siempre me refiero como rojos, progres y caviares. Daremos algunos estereotipos.
Los "rojos" son los comunistas marxistas declarados, convictos y confesos, que no han cambiado en lo absoluto y permanecen con las mismas consignas y programas de mediados del siglo pasado. Siguen declarándose comunistas y mantienen el nombre de Partido Comunista o Socialista. Por lo general son escritores panfletarios, amantes de las banderas rojas, dispuestos a la acción directa y violenta de tipo subversivo, y aparecen siempre detrás de todo conflicto laboral o regional. Es gente poco cultivada que exhibe su intransigencia y extremismo como su mayor valor político. Se agrupan en partidos radicales como Patria Roja y sus derivados, con sus diversas expresiones sindicales como el SUTEP y la CGTP. Debido a que la sociedad no los tiene a bien ver, tienden a camuflarse en cada elección bajo nuevas denominaciones y organizaciones de fachada electoral. Esto les ha permitido generar una gran cantidad de organizaciones que carecen de estructura partidaria pero sirven como feudo personal a determinados líderes.
Los “progres”. Diminutivo de “progresistas”. Son comunistas reciclados que ya no invocan su marxismo pero mantienen su filiación ideológica intacta. Se desenvuelven en el campo académico y político, sirven como asesores y burócratas, muchos de ellos tienen una historia de violencia y hasta carcelería purgada, pero están reformados a la vida civil con maquillaje de oficinistas envejecidos. Cargan una larga historia de vida partidaria a lo largo de los diversos grupos políticos que la izquierda radical de los 70 llegó a formar, y hoy todavía viven soñando con el partido único de la izquierda peruana. Podemos extender el término a algunos jóvenes marxistas, pero estos son muy escasos. Ya nadie lee a Marx. O simplemente ya nadie lee.
La política progresista se hace orientada siempre a objetivos sociales, con altas dosis de idealismo teórico y bajo el empleo de numerosos y novedosos conceptos de dudoso origen, siendo los más importantes de todos el de la “redistribución equitativa de la riqueza”, la "inclusión social", la "justicia distributiva" y la famosa “equidad”, entre muchos otros conceptos confusos. Los progresistas han abandonado el camino de la lucha armada resignándose a la participación electoral. Sin embargo no dudan en apoyar toda clase de manifestación popular que se presente enfrentándose al gobierno y desafiando el Estado de Derecho. Están definitivamente siempre a favor de las protestas y los marchantes, sea cual fuera la causa. Hasta sirven como soporte ideológico y jurídico de los rojos en su accionar violentista. Los progres mantienen todavía cierta debilidad sentimental hacía el caos social, la violencia y la anarquía, a la cual se refieren con otro de sus conceptos especiales: “democracia participativa y popular”.
Los caviares o la izquierda caviar.- Son sin duda los más mentados por ser los más criticados. Se trata de personajes muy especiales pertenecientes a la alta sociedad, muy bien educados en buenos colegios y universidades de prestigio, siempre con estudios en el extranjero y numerosos grados académicos. Viven por lo general dedicados a la vida académica y sirven eventualmente como asesores o ministros o acceden a cargos importantes en algún organismo internacional. Practicantes impenitentes del fariseismo, a menudo condenan la clase social a la que pertenecen y critican el estilo de vida que profesan, pero siempre mirando la paja en el ojo ajeno. Condenan retóricamente la discriminación social pero no dudan en practicarlo, sobre todo cuando es menester destacar sobre sus críticos, para lo cual apelan a sus títulos académicos cual modernos títulos nobiliarios que los eleva por encima de toda crítica. Son señalados básicamente por su doble moral e hipocresía social, pero también por su exquisita afectación y debilidad hacía algunas causas nobles y muy mediáticas como la de los gays, los niños especiales o los animales. Están siempre dispuestos a emprender jornadas de lucha que consisten en acciones tan simbólicas como insulsas, por ejemplo: conciertos por la paz, maratones en favor del SIDA, lavados de bandera, vigilias con velas, bicicleteadas en favor de los niños Down, chalinas de la esperanza y cosas por el estilo.
Si bien los caviares son personajes de alcurnia y clase social distinguida, han decidido abrazar la causa de izquierda porque sienten que eso les añade algo de caché a su perfil de intelectuales. Están convencidos que toda causa noble es una causa de izquierda. Hipersensibles ante cualquier muestra de sufrimiento y dolor, sienten que deben apoyar todas las causas a favor de los pobres y desamparados, así como de los animales en cautiverio, en peligro de extinción o atormentados en las corridas de toros o experimentos médicos. Desde luego no son ajenos a la sensibilidad frente al medio ambiente. No es extraño que sean dueños de alguna ONG dedicada a estas misiones de paz y caridad. Están además dedicados al estudio de problemas sociales que publican permanentemente, y son, obviamente, infaltables columnistas de los principales medios. Erigido sobre su propio pedestal dorado, el caviar se muestra como la conciencia ética y moral del país. Su palabra y opinión es fácil de adivinar. Son repetitivos y predecibles.
Los caviares nunca dudan en firmar cuanto comunicado en favor de alguna causa noble se publica. Pueden tomar parte de elegantes marchas pacíficas donde exhiben su compromiso social. Promueven el activismo social, las conferencias e iniciativas políticas. Respaldan toda acción de lo que llaman "la sociedad civil" y se comprometen con causas de buen gusto y exquisito nombre, como un "museo de la memoria". Conquistan a los jóvenes con mensajes llenos de cursilería progresista y esnobismo cultural, apelando a canciones de la nueva trova o poemas de protesta, con mensajes que aluden a la paz y el amor.
La izquierda populachera.- Son la cara opuesta a los caviares. En general carecen de toda preparación en la política y pueden tener una extracción muy humilde. No tienen ninguna preparación ideológica y a veces ni siquiera académica. Es simplemente gente que aspira a ingresar a la política y presiente que levantar las banderas de una izquierda populachera y demagógica es el camino más efectivo, por lo tanto se funda en toda clase de ofrecimientos a la sociedad o en la encarnación de toda forma de protesta y malestar social. La gente identifica la protesta con la izquierda. Por tanto, quienes aspiran a representar el descontento popular sobre cualquier causa, tienden a presentarse como representantes de izquierda. No se trata de una izquierda ideológica con grandiosas metas sociales y políticas de largo plazo sino una izquierda reivindicativa social muy concreta. Todo aquel que cree que la política es ofrecerle cosas concretas a la gente, siente que es de izquierda. Esta es la izquierda a la que pertenece Ollanta Humala, quien no se cansa de ir por el Perú regalando de todo como un Papá Noel de la política. Es una izquierda que ha convertido la política en una permanente acción de beneficencia social. Para esta izquierda la política es una tarea dedicada a ayudar a los más pobres.
La izquierda peruana en general representa a una ideología errática y confusa, y deriva siempre hacia una praxis política fracasada. Todavía tenemos entre la izquierda a terroristas activos, agitadores sociales, académicos confusos, dinosaurios que sueñan con el ayer, románticos y soñadores, etc. La mayoría de ellos son sobrevivientes de una clase política derrotada por la propia realidad, pero que persisten en sus ideas sin mostrar ningún aprendizaje. Todavía son estatistas, socialistas, demagogos, siguen con sus condenas a la prensa libre, a los famosos “grupos de poder” y a todos los fantasmas a los que se han pasado la vida combatiendo a tientas. Se complacen señalando la "crisis del capitalismo", el fracaso del sistema neoliberal, y todas esas cosas en que sueñan desde hace medio siglo. No han cambiado nada, desgraciadamente.

En los últimos quince años la izquierda latinoamericana ha sufrido una transformación sorprendente, y hasta ha recobrado el protagonismo perdido luego de la caída del muro de Berlín. Pero esta vez no se trata de nuevas fuerzas guerrilleras o renovados movimientos terroristas. Más aún, ni siquiera se trata de partidos comunistas enfrentados entre sí por la pureza de su credo y por la subvención de las potencias extranjeras que hoy ya no existen. No. Nada de eso. Por el contrario, hoy tienen un credo mucho más fácil y unificado, con un camino más corto hacía las adhesiones de jóvenes incautos y comunidades ingenuas. El comunismo latinoamericano ha sufrido una metamorfosis radical para adoptar el formato de inocentes movimientos defensores del medio ambiente y de los derechos humanos. Ese es hoy el nuevo empleo que han encontrado los ex guerrilleros, terroristas y agitadores de antaño. Pero no es que hayan abandonado sus ideales políticos y sociales, ni sus ansias de poder, ni sus instintos violentistas, ni sus sueños utópicos para dedicarse al cultivo de flores y a dar mensajes de amor al prójimo. No. Se trata de una novedosa estrategia de infiltración social y de manipulación de conciencias que ha empezado a cobrar cada vez mayor fuerza en toda la región. La defensa del medio ambiente y de los derechos humanos es pues el nuevo rostro del comunismo continental. Es hora de reconocerlo, señalarlo y darle una mirada más cercana a este novedoso fenómeno social que ha empezado a extenderse como una plaga peligrosa.
El verdadero ambientalismo surgió como un nuevo interés de la ciencia y la política en los años 70, como corolario final de las primeras leyes de protección ambiental que aparecieron en los EEUU y Canadá desde los 60. La creación del EPA (Environmental Protection Agency) -con rango ministerial- fue seguida por la aparición de nuevas especialidades académicas y una serie de interesantes innovaciones tecnológicas que atenuaban los impactos ambientales de la industria, por ejemplo en la aeronáutica y la automotriz (motores más eficientes, catalizadores de gases, combustibles más limpios, etc.), además del inicio de programas científicos de investigación de la capa de ozono, los mares y las especies en peligro, la creación de zonas protegidas, entre muchas otras iniciativas verdaderamente ambientalistas, que significaron el incremento del presupuesto del gobierno de los EEUU en un 45% en 20 años. En cambio, el actual ambientalismo de izquierda tiene muy poco o nada de ambientalismo real y mucho de escandaloso ruido. Se basa fundamentalmente en una recargada y vaga retórica general acerca del medio ambiente, untada con una gran dosis de teatralidad y dramatización. Al igual que sus viejas peroratas marxistas, también el discurso ambientalista de izquierda rebosa en consignas efectistas y frases repetitivas donde se mezclan algunos conceptos ambientales, siempre muy generales, con las típicas expresiones del socialismo latinoamericano, sin ocultar para nada el propósito radical de combatir y eliminar al capitalismo industrial.
Como siempre, los intelectuales de izquierdas han creado todo un vocabulario novedoso en el que resaltan frases sugerentes, mezclando hábilmente conceptos ambientales y político sociales, como "justicia climática y social", "responsabilidad socioambiental", "derechos ambientales", "soberanía alimentaria", "modelo social de crecimiento sostenido", etc. Los documentos y discursos ambientalistas, propios de la izquierda ecológica, son piezas magistrales de la ambigüedad y la hipocresía, porque antes que preocupaciones ambientales destacan más sus propósitos de cambio del sistema político y económico, exigiendo un "nuevo orden económico mundial", que es la más vieja de las consignas remanentes del comunismo soviético. Esta fue la consigna que el comunismo soviético empezó a plasmar en medio de la Guerra Fría en cuanto documento y evento se organizaba en entidades como la ONU, la FAO, la OMS y otros, que luego se han repetido en foros regionales de Latinoamérica. Mucha gente joven ya ni siquiera sabe de dónde viene esta frasecita: "nuevo orden económico mundial". Lo que en realidad significaba era la propuesta de cambio del capitalismo por el socialismo. Lamentablemente ya sabemos que el socialismo es un fracaso total, en todas sus versiones. Pero la humanidad suele tener mala memoria y repetir la historia.
¿Cómo es que el comunismo mundial acabó convertido en ambientalismo? La historia es bastante simple. Al caer el muro de Berlín a fines de 1989 empezó el desplome mundial del comunismo, cuyos modelos empezaron a rodar unos tras otros cual fichas de dominó, hasta que en 1991 la poderosa y arrogante URSS dejó de existir, dejando un pestilente recuerdo de crímenes y horrores humanos desatados en nombre de la justicia social. Sin duda el comunismo es un insuperable ejemplo de la estupidez humana en busca del bien, y una muy triste muestra del nivel al que se puede llegar en la degradación humana por imponer unas ideas. Al fracaso de la URSS y sus satélites, debemos añadir los cambios ocurridos en China desde el apresamiento de la Banda de los Cuatro, a mediados de los 70, hasta la muerte de la viudad de Mao, Jiang Qing, en 1991, lo que significó la desaparición definitiva del ala dura del comunismo chino y el reforzamiento de las transformaciones que ya había iniciado Deng Xiaoping, liberalizando la economía y abriéndose al mundo. Fue la época en que Sendero Luminoso colgaba perros en los postes de Lima con carteles de "Muera el traidor Deng Xiaoping". Todo este panorama dejó sin piso y sin financiamiento a los partidos comunistas del mundo, acostumbrados a medrar de las ayudas económicas de estas potencias comunistas, incluyendo a la República Democrática Alemana y Cuba.
Ya sin financiamiento, ni guías, ni líderes, ni modelos que seguir los comunistas se quedaron pasmados. Solo les quedó un acabado Fidel Castro y una quebrada y miserable Cuba, junto a una humillante y vergonzosa Corea del Norte. Pero el estupor les duró pocos años. Los izquierdistas latinoamericanos acostumbrados ya a medrar del dinero ajeno, deambularon por Europa hasta que su gran olfato les permitió olisquear los enormes fondos que diversas instituciones mundiales destinan a financiar ONGs, esas organizaciones que canalizan las ayudas a los países del tercer mundo sin pasar por las burocracias estatales. Esa fue la única puerta abierta que encontraron. De inmediato el comunismo se alineó con dos clases de ONGs que les caía muy bien a sus fines políticos: la defensa de los derechos humanos y la defensa del medio ambiente. Por un lado tenían la oportunidad de emprender la defensa de los guerrilleros, terroristas y activistas de todo fuste e incluso llegar a instancias internacionales que ya existían en Latinoamérica, gracias al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el cual fue establecido básicamente para controlar las tropelías de las dictaduras militares que se constituyeron en una plaga regional durante casi todo el siglo XX, pero que en muchos casos aparecieron como respuesta a la agresión del comunismo internacional mediante la guerrilla urbana y el terrorismo. Esto fue una constante impuesta por el comunismo a nivel mundial desde el inicio de la Guerra Fría hasta la caída del Muro de Berlín, y afectó principalmente a los países del tercer mundo, y básicamente a Latinoamérica. No hubo un país de Latinoamérica libre de la plaga del comunismo y su criminal accionar. El Perú fue sin duda la víctima principal de este accionar del comunismo a nivel regional entre los 70 y 80.
La defensa de los derechos humanos le permitió a la izquierda llevar a los tribunales a los gobiernos que los enfrentaron con las armas y, más aún, exigir reparaciones económicas y volver a la sociedad como víctimas. Por otro lado el ambientalismo le dio a la izquierda latinoamericana el pretexto perfecto para cambiar su mensaje de odio de clase, sin dejar de combatir al capitalismo y a las grandes empresas transnacionales, tan odiadas dentro de la perversión mental de la izquierda. Pero más aún: les facilitó el contacto directo con las comunidades y el apoyo de estas, cosa que jamás consiguieron durante su versión guerrillera o terrorista. Además resulta mucho más fácil llegar a los indígenas con un mensaje ambiental que con grotescas tesis político sociales que nadie entiende. No tienen pues ya que adoctrinar a las masas en la lucha de clases, ni trabajar en la formación de su conciencia social, ni ninguna de esas delirantes tareas que antaño ocupaban la mente retorcida del progresismo.
Ahora el mensaje es más simple. Basta con apelar a las viejas técnicas de convencimiento universal, tan bien utilizadas por la religión durante milenios: el miedo. No solo llenan de miedos a los indígenas sino también -lógicamente- les ofrecen el camino de la salvación. Hoy los modernos predicadores de la izquierda ambientalista convencen a los campesinos de que les arrebatarán sus tierras, envenenarán sus fuentes de agua, los arrojarán de sus comarcas, contaminarán hasta el aire enfermando a sus hijos. Cosas que, en parte, desgraciadamente son ciertas en muchos casos. Nadie lo duda. Y en gran medida por la ineficiencia e irresponsabilidad del Estado que incumple su función de supervisión ambiental porque no tiene el presupuesto para hacerlo. De modo que el comunismo tenía no solo el discurso perfecto sino las pruebas de su acusación. Aunque la acusación era solo dirigida a las grandes empresas y no al ineficiente Estado inoperante. Obviamente, la "solución" que plantea la izquierda, y el plato de fondo del discurso ambientalista es el consabido "cambio de modelo económico" o "nuevo orden mundial", que adopta el nombrecito de "economía verde". En otras palabras, un socialismo agrario.
El problema es que la solución del ambientalismo ecocomunista significa la instauración de un socialismo agrario en el que deberemos convertirnos en vegetarianos y olvidarnos de todas esas "sucias industrias contaminantes", lo que prácticamente significa el regreso a la Edad de Piedra. Ni siquiera podemos hablar de la Edad de Bronce, ya que para eso se necesita extraer minerales, y el ambientalismo ecocomunista se opone a toda forma de actividad "extractivista", pues erosiona los suelos y contamina las aguas, entre otros maleficios ecológicos. En realidad, dentro del ecocomunismo no existe ninguna idea clara de lo que ven como opción razonable. Se oponen prácticamente a todo, incluyendo carreteras, represas, hidroeléctricas, industrias que consuman energía fósil, etc., sustentados básicamente en una crítica radical y persistente de lo que denominan "el actual modelo de desarrollo extractivista primario exportador". Todo lo que se puede leer como propuesta suena más a paraíso idílico ingenuo.
"Lo que necesitan los pueblos y el planeta es una transición justa y sostenible de nuestras sociedades a un modelo que garantice el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas, y entregue un planeta más fértil y vidas más plenas a las generaciones presentes y futuras. Una transición basada en los principios democráticos de la solidaridad, en particular con los más vulnerables, la no discriminación, la igualdad de género, la equidad y la sostenibilidad; que reconozca que somos parte de la naturaleza, a la que amamos y respetamos".
Es imposible no advertir que el activismo ambientalista de izquierdas se sostiene en poco más que una visión infantil del mundo, sin propuestas serias que vayan más allá de la retórica y la poesía idealista. De hecho no les importa mucho el sustento serio de sus acusaciones ambientales, pues basta el efecto que produce en la gente. Han dejado de lado los argumentos técnicos y científicos, tanto en el análisis real de los problemas concretos como en la elaboración de las propuestas objetivas. Después de todo, si el mensaje tiene efecto ¿a quién le importa si es verdad? Basta con que la gente lo crea. Solo hay que repetir el mensaje una y otra vez. A los indígenas se llega con el mensaje del miedo y desconfianza por la actividad minera, y a los jóvenes con el mensaje de amor por la naturaleza y la vida. No hay forma de perder. Los discursos y mensajes son una cansina sucesión de consignas, sus documentos no pasan de ser una recopilación de los mismos conceptos maniqueos y pre fabricados, y todo eso se repite exactamente igual en cualquier contexto, en todos los países y en cada conflicto ambiental que generan los agitadores entrenados por las ONGs de izquierda, que cuentan además con folletos y manuales que se descargan de la web. Latinoamérica se ha llenado de estas organizaciones ambientalistas de izquierda como si se tratara de una epidemia. También la web se ha llenado de páginas ambientalistas de todo nivel, repitiendo los términos comunes de la defensa de la Madre Tierra o la Pachamama, apelando de una manera efectista a los mitos indígenas. Además suelen emplear un lenguaje tremendista y aterrador, incluso metiendo en un mismo saco fenómenos que tienen distinto origen.
"El desequilibrio del sistema climático da lugar a fenómenos extremos, más acusados y frecuentes de calor y lluvias, ciclones tropicales, huracanes y tifones, inundaciones y sequías intensas, pérdida de biodiversidad, corrimientos de tierras, aumento del nivel del mar, escasez de agua potable, periodos vegetativos mas cortos, menor rendimiento, deterioro o pérdida de tierras agrícolas, menor producción agrícola, pérdidas de ganado, extinción de ecosistemas y agotamiento de los caladeros, entre otros. Estos fenómenos dan lugar a crisis alimentarias, hambruna, enfermedades, muertes y desplazamientos, así como a la desapareción de formas de vida sostenibles. A esto se suma la introducción de los transgénicos, los monocultivos y la industrialización de la agricultura, fuertemente promovida por empresas transnacionales que suponen una grave amenaza para la estabilidad y diversidad de los ecosistemas. Además, esto acarrea la marginalización y el empobrecimiento de los pequeños campesinos y socava su soberanía alimentaria. La agricultura industrial tiene por objeto dar respuesta a la demanda mundial que procede del consumo excesivo, en particular en los países del Norte, y no a las necesidades básicas locales. Lo mismo puede decirse de las industrias pesqueras modernas, la silvicultura intensiva y la minería, que destruyen los ecosistemas, disminuyen la biodiversidad y arruinan la vida y los medios de subsistencia de las comunidades locales".
Este apocalipsis mundial, según los ambientalistas de izquierda, se debe al excesivo consumo de sociedades opulentas en los países del norte, abastecidas por inescrupulosas empresas transnacionales que, hambrientas de lograr mayores ganancias, deforestan bosques, empobrecen tierras y perjudican la "soberanía alimentaria" de las comunidades originarias. Esta incesante competencia por satisfacer los crecientes mercados de consumo irracional ha llevado a los países a imponer tratados de libre comercio para facilitar seguir humillando a las comunidades y empobreciendo a los campesinos. Hay que cortarles el suministro a los ricos para que el mundo se arregle y cesen todos los males del clima mundial. ¿Cómo se logra esto?
El modelo de desarrollo que promueven estas instituciones no es sólo cuestión de “economía”. El paradigma económico imperante está directamente relacionado con un sistema de pensamiento que se basa en una imagen del ser humano como “ser económico”. Esta ideología la apoyan los grandes medios de comunicación y las empresas de mercadotecnia que promueven el egoísmo, la competencia, el consumo material y la acumulación ilimitada de riqueza personal sin prestar atención a las consecuencias sociales y ecológicas de tal comportamiento. Este sistema de pensamiento está íntimamente ligado a las corrientes de patriarcado y paternalismo. Si realmente queremos hacer frente a esta crisis, necesitamos entender que la especie humana forma parte tanto de la naturaleza como de la sociedad, y que no puede existir sin ellas. Por tanto, si queremos que la humanidad sobreviva, tenemos que respetar la integridad de la Madre Tierra y tenemos que esforzarnos por conseguir la armonía con la naturaleza y la paz dentro y entre las culturas. Somos, al mismo tiempo, ciudadanos de diferentes países y de un sólo mundo. Todos compartimos la responsabilidad por el bienestar presente y futuro de la familia humana y de todos los demás seres vivos. El espíritu de solidaridad humana y de parentesco con toda forma de vida se refuerza si vivimos de acuerdo con el principio de “Uno entre muchos”.
Parece evidente que este movimiento ambientalista se ha extraviado en un ensueño de opio, y que su prédica se parece más a la de una nueva religión de fanáticos adoradores del ambiente que a la de un organismo político serio y con ideas claras. También está en evidencia la inspiración marxista de su mensaje. Al final la gran mayoría de movimientos ambientalistas de izquierda hace gala del mismo nivel de perturbación mental característico desde la izquierda de viejo cuño guerrillera y terrorista. El problema es que los modernos ecocomunistas viven carentes de un guía o gurú que los lleve por el sendero luminoso del ambientalismo, tal como antes lo hacían Marx, Lennin y Mao en su macabro recorrido hacia el comunismo totalitarista. Hoy los ambientalistas de izquierda navegan por su cuenta en el océano de la retórica iluminista en busca del Paraíso del Socialismo Verde, convertido ahora en el sueño de la pureza de la Madre Tierra, sin empresas devoradoras que la exploten, sin industrias maléficas que extraigan su petroleo, su gas o sus minerales, para satisfacción de una sociedad perdida, consumista y pecadora. Hoy los perturbados chicos buenos de la izquierda ambientalista sueñan con una nueva Edad de Piedra del futuro.
Dante Bobadilla Ramírez
1) Las citas fueron obtenidas del sitio:
“El capitalismo moderno ha llegado al final de su camino. No es capaz de sobrevivir como sistema,” ...“Lo que estamos viendo es la crisis estructural del sistema. Una crisis estructural que comenzó en la década de los setentas del siglo XX y que mantendrá sus nefastos estertores por diez, veinte o cuarenta años. No es una crisis a resolver en el curso de un año o un momento. Se trata, pues, de la mayor crisis de la historia. Estamos en la transición a un sistema nuevo y la lucha política real que se ha desatado en el mundo con el repudio de la gente, no plantean el nuevo curso del capitalismo, sino sobre el sistema que habrá de reemplazarle”. Inmanuel Wallerstein
El capitalismo es el "sistema económico" que más veces ha sido declarado muerto o sin futuro, y sin embargo nunca ha dejado de estar vigente. Hasta cierto punto ya resulta ridículo escuchar los anuncios de muerte del capitalismo cuando incluso los ex países socialistas han ingresado al capitalismo y ahora les va mucho mejor. A decir verdad lo que han hecho es volver a la realidad, porque aquello que conocemos como "capitalismo", más que un "sistema económico", es la vida común y corriente en un mundo natural y libre. El socialismo, por su parte, es un mundo de ficción gobernado por una ideología. Nunca pudo ser declarado sin vida porque se murió antes de que nos diéramos cuenta. Es cierto que muchos vaticinaban su extinción debido a que era materialmente insostenible a largo plazo. Finalmente colapsó bajo el peso de sus propias contradicciones. Las versiones modernas de socialismo, que van desde la socialdemocracia hasta el "socialismo del siglo XXI" y que han abandonado ciertos aspectos políticos e ideológicos clásicos, pero que siguen el mismo derrotero económico fundado en un rígido control estatal del mercado, haciendo del Estado el principal agente económico y convirtiéndolo en una gran Beneficencia Pública que proporciona servicios gratuitos a toda la sociedad indiscriminadamente, han vuelto a colapsar, todas ellas, tal como lo vemos hoy en Europa y empezamos a ver en Latinoamérica.
Más allá de la retórica catastrófica de los progresistas que vaticinan la muerte del capitalismo, lo que nos interesa es ver la realidad de los hechos. Estos son los que cuentan. Y estos hechos demuestran que el capitalismo siempre es fuerte aunque a veces tenga que atravesar algunas crisis, pero sigue firme llevando a las naciones al progreso; mientras que los socialismos de cualquier marca terminan invariablemente en el fracaso y en la miseria de las naciones. ¿A qué se debe esta insólita situación del capitalismo que aparenta estar en crisis y de pronto resurge con más bríos, mientras que los socialismos -incluso los más moderados- acaban siempre en el fracaso total e irremediable? Esto es lo que debería ser motivo del análisis, en lugar de andar vaticinando la muerte de un sistema natural, surgido de la vida misma de las personas en su tarea de intercambio de bienes y servicios mutuos. El capitalismo es, en última instancia, un nombre sobrepuesto a la realidad, así como "mercado" es una etiqueta sobrepuesta a la sociedad. No existe ni capitalismo ni mercado como entidades diferenciadas del mundo libre y de la sociedad. Son lo mismo.
Hay que tener en cuenta que muchas de las actuales crisis económicas le son atribuidas equivocadamente al capitalismo siendo en realidad el resultado de medidas socialistas, basadas en la teoría de la "redistribución equitativa de la riqueza" mediante la prestación de servicios públicos masivos y gratuitos por parte del Estado, realizados con el soporte de una gran burocracia. Este es un sistema adictivo ya que se sustenta con deudas. Por muy largos plazos que tengan estas deudas, tarde o temprano hay que pagarlas. Y es entonces cuando el gran sistema de fantasía social colapsa para volver a una dramática realidad. Este no es un sistema capitalista. Tampoco es culpa de los bancos. Es más bien consecuencia de un sistema socialista que se basa en la irresponsabilidad de políticos populistas, quienes no dudan en contraer deudas a largo plazo creyendo que algún día se resolverán solas. Estas deudas tratan de cubrir las brechas cada vez más grandes entre sus gastos y sus ingresos. Algo inevitable porque el socialismo siempre está combatiendo el mercado, que es el único generador de riqueza, mientras que por otro lado pretende repartir una riqueza que se agota cada vez más rápidamente. Es una fórmula sin sentido. La crisis actual no es pues del capitalismo ni de la banca sino de un populismo de izquierdas que no cree en el mercado, ni en un mundo libre con economía abierta sino que viven convencidos de que es misión divina del Estado combatir "la voracidad y el afán de lucro desmedido de la empresa privada", a la vez que montan un paraíso de servicios públicos gratuitos, pues no creen en las responsabilidades individuales de los ciudadanos. No hay ninguna manera de sustentar ese mundo tan contradictorio donde se ataca el mercado y a los empresarios, para luego ofrecer todo gratis a los ciudadanos, incrementando constantemente los gastos del Estado y afectando cada vez más al mercado. Es un mundo de esquizofrenia total.
Ese mundo de ficción donde el Estado se hace cargo de todo es simplemente insostenible. Es la razón de que el socialismo fracase siempre y que el capitalismo sea fuerte porque reposa en la libertad individual del ciudadano libre. Mientras que el socialismo apuesta a una sola carta -el Estado- el capitalismo le apuesta a muchas: los ciudadanos libres dotados de poder de decisión. Lo peor es que el socialismo le apuesta a una carta podrida, porque el Estado siempre acaba carcomido por la corrupción, la irresponsabilidad y la negligencia de los burócratas. No hay manera alguna de que el Estado funcione mejor que el libre mercado, pues en la sociedad abierta existe una competencia individual y corporativa por el éxito, mientras que en el Estado solo hay inmovilidad, conformismo burocrático sin responsabilidades ni expectativas personales. Esto es algo tan simple de entender que deberían enseñarlo en las escuelas, así nos evitaríamos la pena de tener más tarde estos progresistas iluminados que pretenden utilizar al Estado como su varita mágica para crear lo que llaman "justicia social". La "justicia social" asumida como concepto para ser administrada por el Estado es simplemente una aberración.
En esencia, la crisis presente de los países de Europa son derivadas de una larga mentalidad eurocomunista surgida en la posguerra (pero con raíces muy viejas) y asentada en el ideario y el discurso político que da sustento al "pensamiento correcto" del progresismo. En particular la crisis que afecta a España y Grecia, es una crisis del tamaño del Estado y de los abultados presupuestos que exige su funcionamiento. Es el Estado el que ha resultado ser una carga demasiado grande para la sociedad. No hay manera racional de solventar sus gastos, y fundamentalmente el peso de su deuda. Hay un punto en el que ya resulta imposible seguir sustentado la ficción de un mundo feliz. La necesidad de superar esta crisis exige volver a la realidad y hacer recortes en el Estado, es decir, achicarlo. Los recortes han tenido que darse desde los sueldos y pensiones hasta las prestaciones de salud, así como el cierre de oficinas públicas. ¿Es eso la crisis del capitalismo? No. Es más bien la crisis del progresismo. Una crisis que podríamos llamar también de "adicción", porque el Estado es adicto a la deuda y los ciudadanos son adictos al Estado. Al final esta droga les permite vivir en un mundo de ficción en donde todos se engañan; pero algún día hay que volver a la realidad: el día en que se te acaba la droga porque ya no tienes dinero para seguir comprándola. Y la realidad es que cada quién tiene que hacerse cargo de su existencia y que la sociedad tiene que aprender a solucionar sus problemas por sí misma. Esa es la realidad. El Estado actuará para legitimar el orden natural y acudirá a cubrir las brechas; pero no es papel del Estado (en última instancia el gobernante) diseñar una sociedad y un mundo según su visión, y someter a todos a ella. Aunque lo intente con la mejor de las intenciones, su destino final es siempre el fracaso.
En otros casos la crisis se atribuye al papel jugado por la banca. Esto es comprensible si se tiene en cuenta que la banca simboliza al capitalismo hasta en las tiras cómicas. Cada vez que se pretende dañar la imagen del capitalismo o "matarlo" se tiene que llegar a la banca, considerada el corazón del capitalismo. Pero gran parte de la crisis financiera ha sido producto del exceso de confianza o de la irresponsabilidad o corrupción de funcionarios. Todo el sistema bancario y financiero reposa en un manto de confianza, tanto en el sistema como en las personas. El exceso de confianza y de expectativas lleva a períodos de crisis por una especie de "sobre explotación", pero también genera vacíos en el sistema que son aprovechados por los corruptos. En principio, el sistema financiero bien manejado, funciona. Y de hecho es la base del capitalismo. Por eso mismo resulta lógico que los gobiernos acudan al rescate de la banca en medio de una crisis. Los enemigos del capitalismo han puesto el grito en el cielo por el rescate bancario, creyendo ver en ello un pecado del liberalismo. Pero acá hay una diferencia notable. La intervención se hace para rescatar al sistema, y se le rescata porque es esencial. No hacerlo sería peor, incluso para los países socialistas que son los que más se endeudan. Pero se ha tomado nota de la crisis y algo se hará al respecto. Sin duda algo surgirá, así como surgieron en su momento el Banco Mundial y el FMI. Hace tres siglos que este sistema se viene perfeccionando de diversas formas. El capitalismo es en realidad producto del ingenio humano para crear riqueza y hacer que las ofertas y demandas se encuentren mutuamente, de manera que todos los agentes involucrados en la operación obtengan un beneficio. No hay nada que sea intrínsecamente malo en ese sistema. Por el contrario, este es el motor del desarrollo de las naciones. No estamos haciendo alarde ni fantasía. Son expresiones respaldadas por hechos históricos y pruebas tangibles. Cualquiera que dude, si esto es posible, solo tiene que estudiar el éxito de los emporios del capitalismo a lo largo de la costa asiática, empezando por Hong Kong.

El capitalismo se funda en el libre mercado y esa es la mejor fórmula para el progreso social. Gracias al libre mercado, que no es otra cosa que la misma sociedad libre, los ciudadanos encuentran múltiples fórmulas y soluciones para hacer que la economía funcione. El capitalismo permite que cualquier individuo tenga la posibilidad de obtener beneficios de sus ventajas o capacidades, ya sea para crear y ofrecer bienes o servicios, directos o indirectos, o para administrar algún aspecto de ese mercado ofreciendo sus artes o servicios orientados al mejor flujo de la información, las mercancías, los capitales, los clientes, o todo eso al mismo tiempo. No hay pues forma de que exista un sistema mejor. No confundamos las crisis que derivan del crecimiento del sistema. A medida que el capitalismo incrementa su complejidad mediante el empleo de más instrumentos financieros, aparecen escenarios desregulados donde las cosas pueden fallar. Pero esta es una crisis del crecimiento y la complejidad. Tarde o temprano se tendrá que reparar y el sistema recobrará sus bríos nuevamente. Las crisis suelen ser parte de la evolución del sistema. Cada crisis da lugar a nuevas reglas de juego y al nacimiento de nuevas instituciones. Es parte de la evolución del capitalismo. Y el papel del Estado es precisamente garantizar el funcionamiento de este libre mercado mediante una regulación que se orienta a impedir el juego sucio. En otras palabras, el papel del Estado en el mercado es el mismo que en la sociedad: perseguir a los rufianes. Y uno de los rufianes del mercado suele ser el propio Estado cuando cae en manos del progresismo. Todas las experiencias negativas sobre el mercado han permitido crear reglas de juego e instituciones que garantizan una constante evolución del capitalismo.
Esto es algo que no ocurre con el socialismo. Es decir, el socialismo no evoluciona. Y no lo hace porque es fundamentalmente una teoría. Es decir, no se basa en la realidad sino en las ideas. Y para colmo, en ideas malas, que parten de prejuicios y de fantasías. Mucho peor aun, se basa en ideas que ya han probado su fracaso no una sino varias veces. El socialismo no tiene fórmula de solución. Está siempre condenado al fracaso. Y es que el socialismo carece de fuerzas dinámicas propias que lo impulsen al desarrollo. El esquema es muy pobre debido a que se basa en las ideas de unos pocos que manejan el gobierno y controlan el Estado. Si en el capitalismo existen millones de ciudadanos libres intentando fórmulas de éxito, en el socialismo suele haber solo un genio iluminado que es el profeta máximo y líder absoluto tratando de resolver todos los problemas de la sociedad con un interés general muy político, puesto en la fidelidad del sistema y la doctrina antes que en el ciudadano libre. La visión es muy general, no hay ciudadanos sino sociedad. Esta visión castrante de la realidad humana es el impedimento para que se active el caldo de cultivo que es el libre mercado. En el socialismo todo transcurre en la monotonía de la doctrina del bien común, cuyo único responsable es el Estado. La consecuencia lógica de este sistema es la miseria y la pobreza. No hay manera de que un sistema socialista genere una sociedad de progreso. Nuevamente no estamos expresando simples opiniones sino afirmaciones que están probadas por la historia y cuyas evidencias están a la vista. Veamos el caso cubano. En Cuba se ha vivido ya más de medio siglo ininterrumpido de socialismo bajo el mismo régimen castrista. Una continuidad política de la que no ha gozado ningún país de Latinoamérica. Y lo que Cuba muestra hoy solo puede llamarse crisis, miseria y fracaso. No tienen ninguna escusa. Viven en la misma crisis hace décadas, y como fórmula de salvación han empezado a hacer lo mismo que todos los países socialistas cuando les llega la hora final: reducir el Estado. Acaban de echar un millón de trabajadores estatales a las calles para que sobrevivan por cuenta propia, trabajando en un capitalismo de pequeña escala.

Los únicos peligros del sistema capitalista están del lado de la corrupción, pero esto sí es parte intrínseca de la humanidad, por lo que afecta a cualquier sistema económico. No obstante, afecta con peor intensidad a los sistemas socialistas que concentran poder gratuito, es decir, no producto de una capacidad de manejo de mercado sino simple poder político con capacidad de decisión arbitraria sobre el mercado. Es muy difícil que en un sistema capitalista la corrupción se mantenga indefinidamente sin alterar la dinámica básica del funcionamiento de una economía. En el capitalismo esto suele ocurrir en esclusas independientes que al detectarse no repercuten en el sistema general. Ocurre muy seguido y nadie más allá del cluster afectado se entera. Pero en el socialismo la corrupción suele ser una especie de cáncer permanente que corroe las entrañas de todo el sistema sin que nadie lo perciba hasta que el sistema total colapsa, como ocurrió con el comunismo soviético y como está ocurriendo hoy con los países super burocratizados de Europa.
Muchos de los que pronostican el fin del capitalismo tienen una idea muy equivocada de lo que es el capitalismo. Incluso es curioso ver cómo estos "indignados" gritan consignas en contra del mercado. ¡Pero si el mercado son ellos mismos! Todos y cada uno de los miembros de la sociedad conformamos el mercado. Le damos vida a diario. Apenas nos levantamos y abrimos la llave de la ducha ya empezamos a consumir, empezando por el agua y el jabón. El mismo acto de untar el pan con mantequilla es una decisión de mercado. Salir a trabajar o quedarse en casa afecta la economía. No podemos renegar del mercado sin renegar de nosotros mismos. ¡Nosotros somos el mercado! ¿A quién le echamos la culpa? ¿No somos nosotros los que tomamos las decisiones a la hora de comprar, pedir una hipoteca, aceptar una tarjeta de crédito, firmar un contrato, etc.? Entonces ¿a qué mercado le estamos reclamando? ¿Quién quieren que tome las decisiones? Solo en la mente de los progresistas existe este divorcio artificial entre el mercado y la sociedad. Cuando decimos "mercado" nos estamos refiriendo a la sociedad en sus acciones y decisiones que toma sobre la economía, ya sea al consumir, vender, comprar, alquilar, ofrecer, etc. Resulta cómico pues leer a los progresistas satanizando al mercado y defendiendo a la sociedad. Es parte de la esquizofrenia progresista. Esto significaría que los ciudadanos son muy buenos cuando nos referimos a ellos en términos de "sociedad", pero son una escoria cuando nos referimos a ellos en términos de "mercado". ¿Quién entiende a los progresistas?
Hay muchos mitos regados en torno al capitalismo. Algunos parten de tesis totalmente equivocada, como por ejemplo, que el beneficio del capitalista reside en una diferencia entre el valor del trabajo y el sueldo que paga. Es decir, que para obtener beneficios el capitalista debe pagar siempre por debajo del valor real del salario. Eso es simplemente una aberración. El valor del trabajo lo decide otra vez el mercado, es decir, los trabajadores cuando aceptan o rechazan un empleo basados en el salario. Hay casos en que los salarios se disparan porque de pronto hay un requerimiento exagerado de cierta mano de obra, como la que ocurrió en Lousiana luego de Katrina. Los sueldos de los obreros de construcción se triplicaron. Es la demanda de empleo la que hace que los sueldos suban y que las condiciones de trabajo mejoren.
A lo largo del tiempo se han levantado mitos en contra del capitalismo. Han enfrentado absurdamente al empleador y al empleado, graficando esta relación como una especie de esclavitud. Han cifrado las ganancias en la plusvalía. Nada es más equivocado que esa idea. En el capitalismo se han producido las más diversas formas de lograr utilidades mediante la inventiva, administrando de diversas formas los bienes, las ofertas y las demandas. Incluso muy pocos llegaron a entender la dinámica del capitalismo financiero. En su libro "El dinero", John Kenneth Galbraith nos hace una narración de los inicios de la banca que son muy ilustrativos. En ella veremos que las crisis son consustanciales al sistema, y que estos siempre se corrigen. En estas líneas veremos cómo resulta sorprendente el ingenio del capitalista para crear riqueza. Y eso que estamos hablando solo de los inicios de la banca. En apenas un siglo se llegarían a generar diversas variantes que le darían forma al complejo mundo de las finanzas como la aparición de los numerosos títulos valores, los conglomerados comerciales, las sociedades anónimas, las bolsas financieras, las franquicias, los trust, los holdings, las corporaciones, etc. Veamos cómo empezó toda esta magnífica historia de creatividad.
"El proceso de creación del dinero por los Bancos es tan simple que repugna a la mente. Tratándose de algo tan importante pareciera que un mayor misterio sería lo más adecuado. Los depósitos del Banco de Amsterdam que acabamos de mencionar estaban sujetos, según las instrucciones de sus dueños, a transferencias a otros para liquidación de cuentas. (Esto había sido, desde hacía tiempo, una facilidad ofrecida por los Bancos). La moneda en depósito no servía menos como dinero por el hecho de estar sujeto a transferencia por el rasgo de una pluma.
Inevitablemente se descubrió -en realidad por los ciudadanos conservadores de Amsterdam, al verlo reflejado en sus propias necesidades como Directores de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales- que otro plumazo bastaba para que otro prestatario del Banco, no acreedor del primitivo depositante, obtuviese un préstamo tomado del primitivo e inoperante depósito. El depositante podía saber que su depósito sería empleado para este fin... y tal vez cobrar por ello. El depósito original seguía siendo acreditado por el depositante primitivo. Pero ahora había un nuevo depósito producido por los réditos del préstamo. Ambos depósitos podían ser empleados como dinero para hacer pagos. De este modo se había creado dinero. El descubrimiento de que los Bancos podían, de este modo, crear dinero, se produjo muy pronto en la evolución de la Banca. Había este interés a ganar. Y con la perspectiva de esta recompensa, en el hombre afloraba un instinto natural de innovación.
Pero había otra posibilidad alternativa: la de los billetes de Banco, que habría de ser maravillosamente explotada en la futura república americana. Consistía en dar al prestatario no un depósito sino un billete convertible en dinero efectivo colocado en el Banco gracias al primitivo depósito. Con este billete, el prestatario podía hacer su pago; el receptor de este pago, en vez de convertir el billete en dinero, podía emplearlo para sus propios pagos y así ad infinitum. Mientras tanto, el Banco iba cobrando intereses por el préstamo primitivo. Tal vez un día el billete sería devuelto y cobrado en dinero efectivo del depósito original, pero entonces el prestatario habría pagado ya su débito, también en dinero efectivo. Todo habría ido bien, y se habría ganado un interés.
También había la posibilidad de que el billete siguiese circulando de mano en mano sin hacerse jamás efectivo. El préstamo que había dado lugar a su emisión ganaría intereses y a su debido tiempo sería pagado. Mientras tanto, el billete seguiría circulando, y nunca se reclamaría el dinero primitivo que había permitido el préstamo original. En los años de 1960, Mr. George W. Ball, eminente abogado, político y diplomático, abandonó sus funciones públicas para ingresar como socio en la gran empresa Lehman Brothers, de Wall Street. Apenas se hizo cargo de sus nuevas funciones preguntó: "Bueno, ¿y por qué no me habían hablado antes de la Banca?"...
La maravilla de los Bancos en relación con el dinero -la maravilla de crear depósitos o emitir billetes para este fin- pendía de un hilo finísimo. Este era la necesidad de que los depositantes o tenedores de billetes acudiesen en un número bastante reducido a cobrar el dinero que el Banco estaba obligado a pagarles. Si lo hacían todos a la vez, el Banco no podría pagarles...
Así, al desarrollarse la Banca y a partir del siglo XVII se desarrollaron también, con la ayuda de otra circunstancia, los ciclos de euforia y de pánico. Su duración dependía a grosso modo del tiempo que tardaba la gente en olvidar el último desastre, del tiempo en que tardaba el genio financiero de una generación, hundida y desacreditada, en ser sustituidos por nuevos artífices capaces de hacer que el público les atribuyera las dotes de Rey Midas".
John Kenneth Galbraith, "El dinero", 1975
Dante Bobadilla Ramírez

Estamos nuevamente en una discusión sobre la “Ley del Cine”, que nada tiene de nueva ni de original. Y me refiero tanto a la discusión como a la ley, pues esta famosa nueva Ley del Cine es casi copia fiel de la que existe en otros países, lo cual prueba que la mentalidad progresista se extiende por todo Iberoamérica y Europa. En consecuencia, lo que diremos acá es aplicable a cualquier escenario, pues en casi todos lados hay gente convencida de que el Estado debe apoyar al cine nacional, bien sea financiando sus producciones o secuestrando salas de cine para obligarlas a exhibir sus películas. Solo falta que obliguen a los ciudadanos a verlas, y creo que están a un paso de proponerlo, pues no ven más alternativa para "competir" con las producciones de Hollywood y otras de igual calidad en lo que ellos llaman "igualdad de condiciones". La ley del cine es un excelente ejemplo para apreciar lo negativo que resulta la intervención del Estado en el mercado y las argumentaciones a las que apela el progresismo para lograr controlarlo mediante leyes autoritarias.
El primer truco del progresismo es jugar con el lenguaje buscando recrear un mundo artificial donde existen buenos y malos, peligros atroces, monstruos malvados y valientes profetas que señalan salidas milagrosas. Hay que tener mucho cuidado con el lenguaje progresista porque es la flauta con que seducen y encantan a sus incautas presas. Por ejemplo la nueva ley del cine tiene un inicio espectacular que llega a tocar las fibras más sensibles del ciudadano común: “proclamar el Derecho al cine propio como un derecho inaliebable”. Este es el tipo de redacción amanerada que caracteriza al progresismo, y una de sus manías más recurrentes que consiste en convertir todo en un "derecho", de modo que al final la cuestión acaba convertida en una lucha por la conquista de los derechos. Y no de cualquier derecho sino de un "derecho inalienable". ¿Alguien puede oponerse a un derecho inalienable? Gracias a la magia progresista hoy tenemos este novedoso "derecho al cine propio".
La ley reposa en el clásico pensamiento progresista que ya ha probado infinitas veces su fracaso en todos los países donde se han aplicado leyes de este tipo. Bastaría revisar la situación del cine en los países que tienen leyes similares, con el mismo impuesto a la taquilla destinado a financiar a un grupo de escogidos que tienen el privilegio de hacer realidad el sueño del cine propio. O mejor dicho, el derecho. Ya sabemos que los magos del progresismo nos sacan un derecho de la manga cada vez que quieren hacer su truco favorito: sacarle dinero al Estado. Aunque en esta ocasión el robo no es al Estado sino directamente al ciudadano. Como es obvio, el asalto se disfraza de impuesto. Se llama nada menos que “Impuesto Extraordinario para el Fomento, Promoción, Preservación y Desarrollo de la Cinematografía Nacional” y corresponde al 10% de la entrada al cine. A lo que debe añadirse el 1% de la facturación de la TV por cable. Más allá del aparatoso nombrecito del impuesto -parte de las conocidas manías lingüísticas del progresismo- lo que significa finalmente es esto: robo sin pistola.
La nomenclatura del impuesto está cuidadosamente diseñada para disfrazar el robo y conseguir el engaño colectivo. Ni siquiera es “extraordinario” porque en este país el robo institucionalizado al Estado o al ciudadano es cada día más ordinario. En general, esta ley del cine, como todas las leyes que pretenden promocionar y desarrollar algo propio de la sociedad y la cultura, reposa en una serie de falacias teóricas destinadas a justificar la intervención del Estado, haciéndonos creer que el Estado tiene el poder mágico de: fomentar, promover, preservar y desarrollar la cinematografía nacional. Sería bueno que a los niños les enseñen en las escuelas que el Estado no es un Dios al que se le puede pedir milagros como desarrollar el cine, el arte o el deporte. Así tal vez evitaríamos la constante estupidez del progresismo que siempre anda tratando de utilizar al Estado para intervenir en actividades que la sociedad ha descuidado, generalmente porque no tiene un mercado adecuado que la incentive o porque no es parte de su idiosincracia cultural. Por lo común se debe a que no resulta atractivo ni rentable, o no existe la tradición cultural y por tanto se carece del amplio y variado entorno de soporte que una actividad compleja requiere. El Estado no puede cubrir estas deficiencias de la sociedad obligando a la gente a realizar tales actividades, y tampoco obligándolas a apoyar a quienes desean realizarlas. Eso es simplemente autoritario, artificial y contraproducente.
La ley del cine es un perfecto ejemplo de los permanentes intentos de intervención en el mercado por parte del Estado. Siempre hay una noble intención detrás de tales intentos, como proteger la industria nacional o los empleos, pero lo real es que existen grupos que desean ingresar al mercado con privilegios. Se sienten incómodos con la competencia porque no encuentran manera de alcanzar sus estándares. Lo más fácil para ellos es conseguir que el Estado los apoye. Esto puede hacerse impidiendo el ingreso de la competencia, por ejemplo, algo que en el caso del cine sería muy escandaloso pero que en otros rubros se produce con frecuencia, como en los textiles. Para conseguir este apoyo los interesados forman un lobby muy activo que actúa a dos niveles, por un lado generan ideas favorables en la sociedad apelando al patriotismo, al nacionalismo y a la preservación de la cultura y de la industria nacional; y por otro, presiona al gobierno para sacar una ley que consagre el atropello del mercado. Todo esto se hace con una puesta en escena que saca a la luz las aparentes maravillas de la ley, empezando por su nombrecito exótico, asegurando un aumento del empleo, el rescate de un "derecho inalienable" y otras paparruchadas por el estilo. Los interesados en el negocio del cine tienen motivos para festejar pues han conseguido dinero fiscal para sus proyectos y un mercado cautivo, aunque sea menor.
¿Tienen los ciudadanos motivos para celebrar? No lo creo. Ellos tendrán que solventar con su dinero las aventuras fílmicas de unos cuantos que, para colmo, tienen en su mayoría sus propios criterios de cine, con una visión muy particular de la misión que esta debe cumplir para la sociedad, la cual dista mucho del sentir de la mayoría de los ciudadanos amantes del cine. En añadidura, casi les obligarán a ver sus películas porque las salas de cine tendrán que ponerlas en cartelera a la fuerza, aun cuando no sea un negocio para los exhibidores debido a la escasa convocatoria que tienen en el público. A los progresistas esta situación les parece una maravilla y lo califican como "igualdad de condiciones".
Al final esta ley pretende que los ciudadanos financiemos los proyectos cinematográficos de un grupito de elegidos, y elegidos por otro grupito de elegidos, creando con ello un perfecto círculo de argollas que acaba siempre en rivalidades y corrupción, como es ya historia conocida. Pero ¿por qué tendríamos que financiar todos nosotros estos proyectos privados? No lo sé. La verdad es que no tienen ninguna razón. Ni siquiera diré “una razón válida”. Simplemente no tienen ninguna razón. Todo lo que tienen son escusas y mentiras disfrazadas de Grandes Verdades, muy típicas del “pensamiento correcto”, tributario de un progresismo que apela a la cultura para disfrazar lo que es llanamente un negocio. La estrategia es disfrazar el cine de "producto cultural" para solicitar apoyo -ya no al negocio de ellos sino- "a la cultura". Justifican la importancia de este apoyo asegurando que "el cine es vital para formar la conciencia ciudadana”. En otras palabras el apoyo es para su "cine-cultura", y no para lo que todo el mundo entiende por cine: un negocio del entretenimiento.
Para los fines que perseguimos acá, que son defender el libre mercado y señalar las consecuencias negativas de la intervención del Estado, carece de sentido ingresar al debate progresista sobre el cine, la cultura, la sociedad y su mutua relación, alejándola artificialmente de sus otros aspectos como el negocio, la empresa y hasta la frivolidad. Sin embargo, podemos abordar este argumento del cine-cultura tan solo para demostrar que se trata de un disfraz. El concepto de cultura al que aluden los propulsores de la ley es elitista. El cine más bien busca todo lo contrario: no ser elitista sino masivo. El cine-arte, que si bien existe, es bastante reducido, llegando a veces a la extravagancia, y es apreciado por un reducido grupo de conocedores y exégetas que por lo general se concentran en los cine-clubs. ¿Es este el cine que la gente quisiera apoyar? No lo creo. El cine real y masivo no encaja en los conceptos usados por los progresistas. Ellos manejan sus propios conceptos elitistas, maniqueos y artificiales para vender la tesis de que su actividad es una necesidad vital para la cultura y la sociedad. Se trata de un exclusivo grupo que no quiere ir a competir en el mundo real sino vivir protegido en el seno del Estado y succionando la mamadera fiscal. Por otro lado, ya sabemos lo peligroso que resulta poner la cultura en manos del Estado. Al final veremos lo que un grupo de iluminados cree que debemos ver. Y el cine seguirá en la misma mediocridad, tal como ha ocurrido en todos los países en donde leyes igual de estúpidas se han perpetrado.
Los ciudadanos apoyamos la cultura de una manera muy simple y directa, sin necesidad de lobbys ni de leyes especiales. Lo hacemos cuando compramos una producción discográfica o fílmica, cuando asistimos al teatro, al cine, a los conciertos, etc. Así es como se apoya la cultura y como se diferencia lo bueno de lo malo: por el apoyo del público. No se necesita una “comisión de expertos” que decida lo que es bueno y lo que la gente debe ver. Nadie puede ni debe reemplazar al mercado. Los intentos de suplantar al mercado (o sea a la realidad) fracasan siempre. No se debe hacer lobbys para exigir el apoyo de la gente por la fuerza. Como tampoco deberían hacer lobbys para vetar una expresión cultural de mayor arraigo que el cine, como son los toros. No debemos torcerle el brazo a los ciudadanos para que vean o para que no vean algo. Eso es prepotencia totalitaria.
Debemos defender siempre la libertad del ciudadano a su libre elección, y rechazar cualquier proyecto que pretenda obligar a la gente a apoyar con su dinero una actividad lucrativa como es el cine, o a impedir que vea una manifestación cultural de largo arraigo como los toros. No importa qué argumentos "nobles y justos" nos presenten como escusas. Los ciudadanos deben ser siempre libres de elegir. Las leyes totalitarias que intentan imponerse al gusto de la gente y anular su poder de decisión deben ser rechazadas. El único poder que tiene la gente en una sociedad libre es su capacidad para decidir qué comprar y a dónde acudir. Ese es el único derecho inalienable que hay que defender. El cine nacional debe aprender a respetar los gustos y decisiones de la gente, aprender del mercado y la realidad, y no tratar de imponer sus gustos y criterios a la sociedad. En un país que carece de la cadena productiva que da sustento a la capacidad fílmica, tienen que salir necesariamente a establecer acuerdos y proyectos conjuntos en el exterior. Y si lo que buscan es sustentar su trabajo a largo plazo tienen que dejar de ver la sociedad local como mercado y olvidarse de los nobles supuestos culturales que sustentan su ley.
No me impresionan las argumentaciones que contiene la ley del cine. Son las típicas del entorno burocrático progresista y maniqueo, que además copia a otras leyes similares de otros países. Prefiero pasarlas por alto y enfocarme en los argumentos que esgrimen quienes defienden esta ley. Son los progresistas que nos repiten lo mismo de siempre, como por ejemplo que “la realidad está distorsionada”. No me sorprende. Para todo progresista la realidad está mal, es injusta o “distorsionada”. Así es como ven el mundo y por eso andan siempre tratando de hacer revoluciones o leyes arbitrarias que "arreglen" el mundo a su peculiar forma de entender la vida. Las personas sensatas empiezan reconociendo la realidad tal cual es, y aprenden de ella. Un verdadero revolucionario es aquel que cambia la realidad introduciendo novedades mediante su creatividad e ingenio. Tenemos muchos ejemplos de estos visionarios y revolucionarios que cambiaron el mundo: Henry Ford, Tomas Alva Edison, Bill Gates, Steve Jobs, Walt Disney, etc. La otra clase de revolucionarios solo causaron genocidios y miseria.
Lo que el progresista intenta decir es que "la realidad está distorsionada” porque hay una predominancia del cine de Hollywood. Esto es tan ridículo como afirmar que la naturaleza está equivocada porque hay más insectos que humanos. Hay razones perfectamente lógicas y naturales que explican por qué las cosas están como están. Pero en la mentalidad de un progre la realidad debe ser igualitaria porque toda desigualdad es injusticia. Ese no es un problema de la realidad sino de la mente progre. En el mercado del cine quien manda es el consumidor. Es el ciudadano que elige libremente qué ver y a qué cine ir. Es una elección libre. Pero los progresistas viven convencidos de que el mercado está manipulado por "las Majors" y que son estas quienes deciden “monopólicamente” lo que se exhibe en las salas. Por ello el progresismo afirma que los enemigos del cine nacional son “las Majors”. Pero realmente no es así. Quien decide al final siempre es el público. Los dueños de cine están haciendo un negocio y les conviene exhibir lo que la gente quiere ver y paga por ver. De lo contrario perderían dinero. El capitalismo progresa porque las empresas buscan maximixar sus ganancias ofreciéndole a los ciudadanos más y mejores productos. Así es como todos ganan. Así que todo ese odio progresista a "las Majors" no tiene ningún sentido.
Víctimas de sus errores ideológicos, los progresistas no solo sospechan de las empresas sino que pretenden un "mercado igualitario", donde las producciones nacionales compitan “en igualdad de condiciones” con las extranjeras. Para corregir el mercado "distorsionado" el Estado debe obligar a los exhibidores a reservar una cuota de pantalla para las películas nacionales. Pero no creo que la igualdad deba estar referida tan solo a cuotas de pantalla. ¿Y qué hay de la calidad? No me refiero tan solo al empleo de sofisticada tecnología, grandiosos escenarios, vestuarios, libretos, música y afamados actores, sino principalmente a la sintonía con los gustos del público. ¿Hay igualdad en ello? ¡Casi nunca! Al progresismo le tiene sin cuidado la opinión del mercado, es decir, el gusto del público, al que finalmente desprecian. Los progresistas quieren que la gente vea lo que producen porque se sienten elegidos, iluminados, dueños de una verdad trascendental que le hacen bien a la sociedad. La gente debe ver sus producciones porque consideran que es un arte especial que lleva "un mensaje social", porque "refleja la realidad", porque toca "fibras sensibles" y porque así lo han decidido ellos. Pero el mundo no funciona así. Por lo menos el mundo libre. Si quieren que la gente vaya a ver sus películas, lo único que tienen que hacer son buenas películas, o sea, acorde con los gustos y expectativas del público y no acorde con los criterios progresistas sobre el buen cine. Lo que pretenden con su “igualdad de condiciones” es simplemente gozar de privilegios mediante el abuso de poder. Una ley que exige cuotas de pantalla sí distorsiona la realidad, la falsea, hace perder dinero y al final nos engañamos todos y perdemos todos.
Antes de recurrir a leyes autoritarias, lo que deberían indagar los cineastas es ¿por qué fracasan sus películas? ¿Por qué no son atractivas para el público? Un progresista nos lo explica así: ellos no hacen películas para el gran público sino para un “público selecto”, amante del “buen cine”, para aquel que considera al cine “una expresión artística que contribuye a formar ciudadanos críticos de sus circunstancias, cada vez más conscientes y libres. Y lo hacen con películas que señalan las cosas que creemos que merecen ser cambiadas“. De esto se trata: los progresistas quieren imponerle a la sociedad su concepto de cine-cultura y utilizarlo como plataforma de adoctrinamiento ideológico y lucha política. ¿Y nosotros tenemos que financiar esos despropósitos? ¡No faltaba más!
El cine es fundamentalmente un medio de entretenimiento. Eso es lo que busca la gente cuando va al cine y para eso paga su plata. Por su parte, para el Estado el cine debería ser básicamente una industria y un negocio. Así es como debería verse. Únicamente para el lobby que anda detrás de la famosa “Ley del cine”, del dinero fácil y la comodidad de una sala secuestrada, el cine es exclusivamente “cultura”, y una “cultura progre”. Aunque este argumento solo se sostiene para pasar la ley, porque una vez que esta rige, lo que se aprecia es una variedad de producciones que incluso lindan con lo vulgar y el mal gusto. La comisión burocrática oficial encargada del cine explica que han apoyado estas malas producciones por falta de otras y para evitar perder el dinero de las subvenciones. Es decir, un absurdo descomunal, porque significa que los ciudadanos acaban financiando las producciones basura. Y encima nos la tenemos que bancar!
Lo peor de todo es que ya hemos comprobado muchas veces lo nefasto que son estas leyes de supuesta y aparente promoción. Han fracasado en todos los países. Cada vez que el Estado ha intentado promover una industria asegurándole la preferencia artificial del mercado, lo único que se ha conseguido es su postergación, atraso y mediocridad, además de grandes corruptelas. Esto ya lo sabemos de memoria. ¿Por qué se insiste siempre en la misma clase de errores? ¿Es que nunca vamos a aprender que la competencia sana es lo único que permite desarrollar cualquier actividad?
Dante Bobadilla Ramírez
Amigo lector: las recomendaciones que damos a continuación te permitirán perfilar una carrera política exitosa, sobresaliendo en tu medio hasta ser considerado un hombre inteligente y sabio, pudiendo incluso, si tu constancia es suficiente, acceder a la presidencia. No es broma. Las fórmulas que presentamos en este post han sido probadas repetidas veces y han demostrado su valía para llegar a la presidencia, más allá de lo científicamente demostrable. Van pues nuestros tips o recomendaciones para ser un progresista de éxito.
En primer lugar tienes que mostrar un pensamiento sumamente progresista. ¿Cómo se logra esto? Es muy simple: solo tienes que pensar igual que las grandes mayorías. Como buen progresista debes interpretar o asimilar el pensamiento generalizado de las masas y luego repetirlo como si fuera tuyo. Esto te asegurará que las masas se identifiquen de inmediato con tus planteamientos, colocándote en el pedestal de la fama. Serás admirado por tu sabiduría y por tus irrefutables ideas, pues provienen de la lógica aplastante de las masas. Si ellas creen que los cerdos vuelan, no te hagas problemas, tu deber es afirmar que ello es cierto. Y no solo eso: promete que siempre habrá suficientes cerdos volando para cubrir el cielo.
Todo tu discurso deberá girar siempre sobre el mismo tópico: el pueblo. Si pretendes ser más específico, menciona a los más necesitados. También puedes utilizar otros términos como pobres, marginados o excluidos. Ese debe ser tu tema central. No te preocupes por abordar otros temas de la política que ni tú ni el pueblo entienden. Sólo ocúpate de lo que el pueblo quiere escuchar. Debes mostrar mucho interés por los pobres, ya que eso te garantiza un perfil de gran sensibilidad social y porque significan muchos votos. O sea que eso es muy importante para tu imagen y para tu caudal electoral. Una manera de mostrar este interés es ofreciendo toda clase de ayudas al pueblo. Obviamente, no de tu bolsillo sino de parte del Estado, pero eso no se notará. Aunque no estaría mal si dices que llevarás al Estado adonde no ha llegado. Esto es contradictorio porque los que te escuchan son votantes y poseen su DNI, pero nadie cuestionará si afirmas que el Estado los tiene abandonados. Ofrece ayuda del Estado por donde vayas: a los pescadores, artesanos, artistas, camioneros, etc. Ofrece créditos, pensión, sanidad, etc. Lo que se te ocurra. No tienes que preocuparse de nada. Tú solo ofrece.
Paralelamente no olvides renegar del sistema. Culpa al "sistema" y al pasado de todos los males del presente y anuncia una nueva era. Preséntate como el mesías que cambiará la historia. Por eso tu mensaje debe girar alrededor del cambio. Haz del cambio una consigna. Si quieres aparecer con mayor contundencia habla de una revolución. Deberás incluir en tu discurso tópicos más modernos y elaborados conceptualmente como la inclusión social y la lucha contra la pobreza. Es exactamente lo mismo pero con otro lenguaje más rebuscado. Ah! y no olvides ser contundente en la lucha contra la corrupción. Afirma que todos los que pasaron por el poder son unos corruptos y que tú los meterás en la cárcel. Esto causará el delirio de las muchedumbres. Consigue asesores progresistas. No es nada difícil porque son los que abundan. Ellos te prepararán estos mensajes llenos de contundencia combativa. Tendrás que agregar algunos conceptos misteriosos de imposible elucidación tales como la "redistribución equitativa de la riqueza". Otra vez, no te preocupes de lo que significa. Eso va dirigido a tus enemigos políticos que así tendrán en qué pensar y de qué escribir. Pero digan lo que digan, ignóralos y sigue repitiendo tus consignas. Recuerda que una mentira muchas veces repetida se convierte en verdad.
Es muy importante emplear un discurso recargado de palabritas sumamente elocuentes y sonoras. A la gente le encanta el floro y algunas palabras producen un efecto mágico. Abusa sin reparos de palabras como dignidad, igualdad, equidad, soberanía, reivindicación, justicia, derechos, pueblo. Hazte una lista de estos términos mágicos que causan un efecto contundente en las masas, y en especial entre los más jóvenes, quienes sin duda te apoyarán ciegamente con canciones y poemas. Marcharán con sus pancartas: "por más justicia y dignidad" y crearán incontables redes sociales con nombrecitos como "juventud rebelde" o "juventud por el cambio". Ah! y no olvides convertir todo en un derecho. Es fundamental hablar de derechos. Acá tienes que ser creativo: inventa derechos. Por ejemplo, derechos para los pequeños comerciantes, derechos para los usuarios de bancos, derechos para los viajeros, etc. Todos pueden tener algún tipo de "derecho". Recuerda que "derecho" es una de las palabritas mágicas. Promete leyes que garanticen estos nuevos derechos. Hasta puedes prometer Ministerios. Nadie podrá superarte si prometes un Ministerio de los Derechos Humanos. Y no olvides el tópico de moda: el medio ambiente. También puedes prometer un Ministerio del Medio Ambiente, si es que ya no se te adelantaron con la idea. Es cierto que al pueblo le tiene sin cuidado el medio ambiente, y menos si se interpone en su actividad predadora informal. Así que no seas tan meticuloso en este punto. Ataca a las grandes empresas mostrándolas como explotadoras y promete su regulación para que los precios y los salarios sean más justos. Justicia y dignidad para el pueblo. Ese será tu lema. Definitivamente con eso alcanzarás el grado máximo de progresismo y podrás llegar a la presidencia.

Ya en la cima presidencial puedes actuar como un dios y tratar de controlar la economía por decreto fijando precios y tipos de cambio a tu antojo, siempre en beneficio del pueblo. A esto llamarás con el pomposo nombre técnico de "planificación de la economía por parte del Estado soberano", con lo cual rechazarás ponerte al servicio del mercado. Acuña el mensaje "el mercado al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio del mercado". Bajo esa consigna podrás manejar la economía a tu antojo. O por lo menos darás esa impresión gracias a los subsidios que aplicarás en varios servicios y productos para evitar que suban de precio. Cada vez que algún precio empiece a subir, aplicarás un subsidio y de este modo nadie percibirá lo que ocurre, pensarán que, efectivamente, tienes el control de la economía. Paralelamente trata de crear un enjambre de licencias para que los empresarios no actúen libremente y dependan casi para todo del Estado (en última instancia, de ti). Poco a poco irás manejándolo todo con subsidios y regulaciones y el mundo parecerá un paraíso administrado por ti. Adicionalmente no olvides maquillar las estadísticas. Esto es muy importante. Con todo esto tus niveles de aprobación en las encuestas subirán. No lo dudes. Hasta podrás ganar una reelección sin hacer trampa.
Busca en el entorno a otros progresistas como tú, pues nunca faltan, al menos en Latinoamérica, África y algunos países del Asia islámica. Visítalos o invítalos a visitarte, o ambas cosas, y tómate fotos con ellos para mostrarlas como "apoyo internacional". Cuando alguien cuestione estas alianzas asegura nuevamente que son parte de las "decisiones soberanas de un pueblo independiente" y que tú no sigues los dictados del "imperio". Luego trata de formar con ellos un club de países progresistas. No tendrán nada que intercambiar salvo palabras, pero eso será lo más importante en sus cumbres: los discursos grandilocuentes donde anunciarán el advenimiento de un nuevo orden mundial, derrotando a los enemigos eternos de los pueblos oprimidos. Siéntanse fuertes y reten al mundo. Aprovecha estas cumbres para atacar sin reservas a cuanto rival político internacional tengas, y muy en especial al "imperio", es decir, al presidente de los EEUU, pues eso te dará definitivamente un perfil de progresista revolucionario valiente. Trata de usar palabras fuertes de grueso calibre. La diplomacia progresista no se supedita a la cortesía ni a la buena educación. Eso no lo entiende el pueblo. La diplomacia progresista revolucionaria se basa en gestos retadores al imperio, desplantes y bravuconadas. No dudes en expulsar al embajador del imperio si emite alguna opinión que no te gusta, y hasta puedes acusar al imperio de cualquier desgracia natural como una sequía o un terremoto. Si te aqueja alguna enfermedad, acusa al imperio de atentar contra tu vida. Usa tu imaginación para dejar al imperio en ridículo.
Si eres algo sensato quizá estés sospechando que hay una gran cantidad de contradicciones y falacias en todo este programa progresista que te recomiendo. ¡Pero eso qué importa! Tal vez ya sepas que es imposible para cualquier Estado soportar el servicio de tanto bienestar social, que eso es como una pirámide que tarde o temprano colapsará. Pero eres progresista y eso no debe preocuparte. No escuches las críticas, no analices el pasado ni otras experiencias. Ante cualquier observación sobre la economía responderás que es obligación del Estado repartir la riqueza. Nunca retrocedas, al contrario, persevera y avanza más en las reformas. Afirma que aun no se le han cobrado los suficientes impuestos a los más ricos, y que podemos evitar que las empresas extranjeras se lleven nuestras riquezas. Dicho esto podrás subirle los impuestos a los más ricos. También podrás nacionalizar algunas empresas como si hicieras ofrendas al pueblo en medio de una ocasión especial y siempre con un ritual patriótico, y el clásico discurso progresista que asegura haber recuperado la soberanía y la dignidad. Y si deseas mostrar más dignidad puedes ignorar la deuda externa o comprarla a su valor devaluado de mercado, deshonrando la palabra del Estado y defraudando a los inversionistas que apostaron por tu país. Pero esas son consideraciones ajenas al progresismo. Tú podrás afirmar sonriente que aprovechaste las condiciones del mercado para beneficio del pueblo.
Sentirás que el dinero se te acaba cuando ya hayas empleado todas las Reservas Internacionales mediante el control del Banco Central, que obtuviste mediante una ley autoritaria o un amañado cambio constitucional. A esto apelarás solo después de haber echado mano de las pensiones de jubilación, cosa que harás solo después de haberte apropiado de las divisas extranjeras de los bancos, acto que será presentado como un control estratégico de la fuga de divisas. Enseguida las empresas no podrán importar libremente, lo que te llevará al siguiente nivel de la planificación progresista estatal de la economía que es el control de divisas extranjeras, que en su grado extremo implica permisos para la gente que quiere viajar fuera del país, los que obviamente no son los más pobres ni los más patriotas, así que... ¡a quién le importan!
Prepárate para ser cuestionado. El progresismo no se puede detener por las críticas. Enfrenta a la prensa convirtiendo a los opositores en enemigos del pueblo, aliados del capitalismo y de los poderes fácticos. En cualquier momento aprovecha una acusación infundada para enjuiciar al medio, clausurarlo o negarle la renovación de su licencia. Trata a todos tus críticos como enemigos del pueblo y agentes de la CIA. Traza tu lema: a más críticas más socialismo. Mantén bajo amenaza a tus críticos, utiliza el Poder Judicial para enjuiciarlos y apresarlos, expropia sus empresas bajo la sospecha de acaparamiento y especulación, y asegúrate de tener el control de todos los poderes mediante la coerción, el chantaje, la usurpación, la destitución arbitraria y el cambio constitucional. De hecho, puedes mandarte hacer una nueva constitución progresista, con lo cual todas tus acciones tendrán legalidad.

A medida que surjan los problemas económicos acrecienta tu progresismo, expropia más, controla más la economía, aumenta los sueldos y fija la estabilidad de los precios por decreto, convierte en delito el acaparamiento y aumenta las penas por contrabando. Cuando las mercancías desaparezcan de los escaparates no te dejes amedrentar, crea tu propio sistema estatal de distribución de productos con un nombre como "Mercados del pueblo". Tendrás que asumir la importación masiva de alimentos ante la inevitable disminución de la producción. Con todo ese panorama de control férreo de la economía y de la sociedad, consolidarás tu imagen y perfil de progresista. Nunca dejes de ser un progresista exitoso, aunque todo el sistema creado colapse sobre tu cabeza. Recuerda que la culpa de los males y problemas siempre será de otros. Prepárate para culpar a la oligarquía, al capitalismo y al neoliberalismo, a los poderes fácticos, a los grandes intereses de las transnacionales, a la CIA y a los EEUU, al "imperio", etc. El progresismo nunca pierde. Después de que alguien arregle el desastre, siempre se puede volver a empezar.

El típico idiota latinoamericano quedó retratado para la historia por Alvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo y Carlos Alberto Montaner, cuando publicaron su famoso librito “Manual del perfecto idiota latinoamericano”. Allí caricaturizaban a ese clásico personaje que reniega del mundo al cual considera imperfecto e injusto, y detesta lo que llama “el sistema”. Vive además convencido de que el planeta está manejado por una mafia, por unos poderes ocultos que mueven los hilos de la historia interesados en que los pobres sean pobres y que nosotros seamos subdesarrollados. El perfecto idiota cree que “el sistema capitalista” es un juego de monopolio real, diseñado perversamente para que “ellos” ganen y nosotros perdamos. En suma, el típico idiota es un acomplejado que cree que la suerte de nuestros países depende exclusivamente de los EEUU y del “sistema” que ellos han montado para dominar el mundo.
En consecuencia, el perfecto idiota latinoamericano las emprende contra todo ese mundo imperfecto, injusto y contra su sistema caduco. Está dispuesto a volarlo todo en mil pedazos, literalmente, con todo y gente. En medio de su estupidez cree que el mejor camino para arreglar el mundo es destruirlo para construir un "nuevo orden económico mundial" a partir de la nada, lo cual incluye un “nuevo hombre” que será educado desde su niñez con el catecismo del idiotismo socialista. Bueno, todo eso fue la versión mayoritaria del típico idiota latinoamericano en el siglo pasado. Hoy tenemos una versión más ligera, menos genocida, incluyendo algunos “vegetarianos”, y todos parecen estar algo más alejados del apocalipsis revolucionario, son menos tanáticos y venenosos, pero no menos idiotas. Eso sí.
Luego de la debacle universal del socialismo en la última década del siglo pasado, muchos tuvieron que esconder a Marx en el baúl de los recuerdos, pero se quedaron con el cerebro enajenado. Los perfectos idiotas latinoamericanos del siglo pasado han resucitado de la tumba y, luego de renovar ligeramente su discurso, han emprendido nuevamente su lucha por las mismas quimeras del ayer. Todavía creen que la pobreza es culpa de los ricos, que el capitalismo es un sistema nefasto y caduco que debe ser liquidado para dar paso al nuevo sistema económico mundial donde ya no habrá el nefasto mercado. El perfecto idiota no cae en cuenta de que eso ya no sería un sistema económico. Pero ese es el paraíso socialista con el que sueña todo idiota.
Los nuevos idiotas del siglo XXI han dejado de invocar a Marx y la lucha armada, y apenas mencionan el socialismo pero “del siglo XXI”. Ya no están interesados en reventar el mundo sino que ahora intentan modificarlo por la vía electoral, aunque sin abandonar la consigna de construir el paraíso socialista donde no haya ni ricos ni pobres, y donde la vida transcurra en medio de una bucólica mediocridad colectiva, sin rastros de competencias individualistas, tan solo un colectivo impersonal, una sociedad parásita alimentada por el Estado, una sociedad de seres iguales que se mueven guiados únicamente por la solidaridad, sin más objetivos que el bien común, y sin aspirar a ninguna fatuidad inútil de este mundo, como una casa propia, un automóvil del año o una simple conexión a Internet, lacras del capitalismo individualista.
Desde luego que la vía electoral es solo el medio para llegar al poder. En tal sentido el típico idiota no es tan idiota. Se ha dado cuenta que no hace falta ir a luchar al monte cuando es tan fácil embaucar a las masas mediante promesas de salvación. Han aprendido a usar los medios y las ONGs para capitalizarse. Además, han sabido aprovechar las deficiencias legales del sistema, pues la mayoría de sistemas electorales son tan burdos que permiten que cualquiera postule, aun teniendo credenciales antidemocráticas. Para mejorar las cosas, algunos países -como el Perú- han adoptado el voto universal y obligatorio, lo cual garantiza que una gran masa ignorante se vea obligada a votar sin tener ni interés ni opinión política, y acaba votando por el mayor de los demagogos, que es siempre uno de los típicos idiotas latinoamericanos. Es así como han llegado al poder y no se han demorado nada en desmontar el sistema democrático y cambiar la Constitución asegurándose un ambiente a la medida de sus planes, y asegurándose la continuidad de su régimen.
El perfecto idiota latinoamericano del siglo XXI aspira pero no habla de socialismo. Hay que ser un idiota mayor como Hugo Chávez para seguir haciéndolo, pero incluso este se refiere a un neo socialismo llamado “del siglo XXI”, donde Marx ya no tiene cabida. Ha sido reemplazado por Bolívar. El idiota moderno ya no se circunscribe a la acción saboteadora y subversiva, ni a las guerrilla, ni al terrorismo, aunque los apoye calladamente. Ahora están dispuestos a respetar el modelo democrático, al menos en sus formas electorales, aunque sus modales siguen siendo autocráticos y totalitarios. Después de todo, sus aspiraciones conducen siempre a dictaduras totalitarias, pues no hay otra forma de controlar el mundo.
Cuando el perfecto idiota latinoamericano llega al poder se esfuerza por ser el matón del barrio. Elije las peores juntas del planeta tratando de armar su pandilla global de chicos malos, y sus discursos están siempre cargados de condenas y amenazas a los EEUU y a toda entidad financiera que amenace cuadrarle las cuentas. No ha dejado de detestar la libertad de prensa, y sigue acusando a los medios de estar al servicio de los intereses económicos. Porque, claro, el clásico idiota sigue pensando que el interés por la economía es un pecado mortal. Para un "progresista" no hay peor insulto que el de estar al servicio de los intereses económicos. Desde la visión del típico idiota el único interés válido es el que se tiene por los pobres o por “los más necesitados”, o sea, por lo que llaman la “justicia social”, la cual identifican con la "igualdad" y algo misterioso que denominan la “repartición equitativa de la riqueza”, que en los hechos nunca ha pasado de ser más que el asalto de las arcas fiscales bajo el noble pretexto de ayudar a los más pobres.
Esa es la línea mayor de la beatería política que profesan los típicos idiotas latinoamericanos, y con la que han convertido a la política regional en una falsa ocupación de beneficencia pública. Todo buen idiota es un filántropo consumado, pero lo es a costa del Estado. La filantropía del idiota pasa invariablemente por las arcas fiscales y les tiene sin cuidado la cuestión económica porque, hay que recordarlo, el interés por la economía es un pecado. Todo el interés del perfecto idiota empieza y termina en la repartición de la riqueza. Más allá nada. Cuando sobreviene la crisis económica es el momento de echarle la culpa a los poderes ocultos y de nacionalizar empresas.
El perfecto idiota latinoamericano no ha dejado de ver al Estado como una gran vaca lechera a la que puede ordeñar de mil formas, empezando por incontables programas sociales y terminando por las consabidas subvenciones. Sus gobiernos suelen ser enormes farras fiscales. Precisamente por eso el buen idiota es un perpetrador constante de los mayores disparates que pueden concebirse en la economía. No han aprendido nada del pasado. No hay idiota que no sea un estatista consumado. Todo buen idiota emplea el erario público cual tarjeta de crédito sin límite. Y cuando se encuentra con la cruda realidad de la falta de fondos, es cuando ya ni siquiera quedan reservas en el Banco Central, debido a que este es siempre la primera víctima del atraco socialista.
Cuando al fin la situación generada por la errática política del perfecto idiota altruista deriva en una crisis económica insalvable, es el momento de culpar a los fantasmas de siempre: los poderes fácticos, los intereses económicos, los grupos de poder, los EEUU, la CIA, el FMI, etc. A continuación el buen idiota no tiene ningún reparo en engullir cualquier empresa privada. En tal sentido, la ética “progresista” considera justo el despojo, o sea, el robo, para decirlo de manera simple y clara. El “robo progresista” asume el nombre de “nacionalización”. El perfecto idiota está convencido de que esto difiere del robo que perpetran las bandas callejeras porque la realiza el Estado “en nombre del pueblo” y de la “justicia social”. El robo se encubre con una buena dosis de demagogia patriotera que hace delirar a todos los idiotas.
La tradicional demagogia progresista tiene su propio vocabulario, donde algunas palabras resuenan como campanas de libertad, por ejemplo “soberanía” y “solidaridad”. Y no olvidemos la "dignidad". El moderno idiota latinoamericano ignora que el mundo ya no es el mismo, y que hoy esa clase de despojos tienen consecuencias jurídicas internacionales. Si bien los idiotas no han cambiado en ese aspecto, el mundo sí lo ha hecho porque ya los conoce. Y esto es algo que debe haber aprendido últimamente Rafael Correa, quien ha llevado a su país a enfrentar numerosos juicios y embargos por sus despojos progresistas. Es algo que sin duda muy pronto aprenderá Cristina Fernández.
El perfecto idiota nunca aprende que las empresas en manos del Estado terminan en fracaso. Las razones son muy simples: nadie es dueño de nada y a nadie le importa nada. Citar excepciones raras de eficiencia no viene al caso. Vayamos por la regla general. Pero además las empresas públicas son el mejor escenario para la corrupción en todos los niveles, desde el obrero más básico hasta los amplios directorios. Y allí sí que no hay excepciones. Aunque el primero en estropear las empresas públicas suele ser el propio idiota en el poder, ya que les obliga a vender con precios artificialmente bajos para alimentar su perfil de benefactor de los pobres y ampliar su base electoral. Eso sin considerar que usan las empresas públicas para dar empleo indiscriminado debido a que la brillante economía idiotista o neo socialista suele deprimir el mercado laboral, gracias a benefactoras leyes que supuestamente favorecen a los trabajadores.
Por ello las empresas públicas acaban superpobladas de trabajadores parásitos que son utilizados al mismo tiempo como bases partidarias de apoyo al tirano y fiel clientela electoral. Todo es un círculo vicioso de la mafia socialista, la incompetencia y la corrupción. Los países que gracias a la genialidad de algún típico idiota han pasado a ser ejemplos del neosocialismo, donde el Estado tiene el control de la economía con numerosas empresas públicas, son los mayores antros de corrupción en este planeta. No hace falta citar el clamoroso ejemplo de Venezuela, puesta al nivel de un país africano gobernado por caníbales uniformados. Los idiotas no acaban de entender que a mayor Estado mayor corrupción, a mayores controles burocráticos mayor ineficiencia, a mayor control del mercado mayor informalidad, contrabando y fuga de divisas, a mayores beneficios laborales mayor contracción del empleo y mayor sub empleo y más informalidad. Todo esto son leyes económicas del mundo real que el perfecto idiota desdeña por seguir su doctrina. Son pues idiotas, al fin y al cabo.
Los discípulos de Hugo Chávez no han escatimado esfuerzos en alcanzar la grandeza bolivariana. Bolivia, Ecuador y ahora Argentina se han sumado con pasión a la insana tarea de desfalcar las arcas públicas con infinidad de programas sociales, subvenciones y empleos parásitos, dilapidar sus reservas, (incluso, en el caso argentino, dilapidar las pensiones y defraudar a medio mundo ignorando su deuda externa) para acabar finalmente atacando a las empresas privadas, nacionalizarlas y convertir al Estado en el regente absoluto de la economía, y en un esperpento burocrático repleto de ministerios con nombres rimbombantes. Todo lo que hace un idiota para salir de la crisis que provoca tan solo empeora las cosas.
En el Perú no estamos libres de estos males. Tenemos también una amplia legión de idiotas, entre clásicos del pasado y los modernos, pero cortados igualmente sobre el mismo molde de la estupidez socialista. Todos comulgan con esa misma beatería altruista y han convertido a la política en un concurso de ayuda a los más pobres. Hoy la política dominada por el "progresismo" es una especie de Teletón, una competencia de generación de programas sociales para ver quién es el más bueno de la película y a quién se le ocurre el mejor programa social. Los idiotas andan empeñados en mostrar su altruismo como el signo positivo de su posición. Son los chicos buenos, dispuestos a repartir el dinero del Estado como Augusto Ferrando: arrojando dinero desde un helicóptero sobre los barrios más pobres.
Los típicos idiotas son víctimas de una ideología que no se sustenta en la praxis, es decir, en la realidad, pero están dispuestos a “morir por sus ideales”. El problema es que al final morimos todos. Ignoran la historia y desprecian las pruebas del fracaso de sus ideas, justificándolos mediante conspiraciones de la oligarquía. Vivimos pues rodeados de estos neo idiotas del siglo XXI que siguen detestando al “sistema”, o sea, al mundo, y viven denigrando al empresario, atacando a la empresa privada, odiando a los EEUU, y hoy han añadido a su altruismo la defensa del medio ambiente para oponerse a las actividades extractivas.
El perfecto idiota latinoamericano del presente sigue soñando con un mundo regido por un gran Estado benefactor, donde no exista el nefasto mercado, “donde todas las mercancías adquieren un valor mientras el ser humano se denigra” (Che), y aspiran a un mundo sin mercado y sin competitividad, donde tan solo reine la buena voluntad de un noble tirano que los alimente con su mano bondadosa, mientras la sociedad sucumbe en la más asfixiante mediocridad y servilismo, alejada del mundo y dominada por un vetusto tirano o su vergonzosa dinastía.
Dante Bobadilla Ramírez

IntroducciónLa pobreza es el argumento más utilizado por la izquierda, tanto para legitimar su doctrina y accionar como para desprestigiar al capitalismo. Según la perspectiva de izquierda, los pobres son una prueba del fracaso del "sistema capitalista". Ellos defienden el socialismo, un sistema que garantiza la inexistencia de pobres, un paraíso de igualdad donde no habría ni ricos ni pobres. Sin embargo, hay varios elementos y hechos reales que demuestran la precariedad de las visiones de izquierda y lo iluso de sus aspiraciones. En este trabajo veremos, en primer lugar, cómo la pobreza es un concepto muy manoseado por las ciencias sociales y por los políticos. En segundo lugar, consideraremos las pruebas que ya la historia nos proporciona sobre las posibilidades reales de las tesis de izquierda aplicadas a los hechos. Luego mostraremos cómo el capitalismo es el sistema que ha logrado sacar de la pobreza a varias naciones en el último medio siglo, mientras que el socialismo hundió en la miseria a varias otras. Por último, aprenderemos que la política no consiste en construir un mundo especial sino en manejar la existencia humana en un ambiente de libertad y de respeto por los seres humanos, que son en sí mismas las metas más preciadas que la política puede garantizar.
La política de la pobrezaPara comenzar aclaremos una primera diferencia entre ambos sistemas en cuestión. Si bien empleamos el concepto "sistema" para referirnos al capitalismo, es necesario dejar en claro que no existe un "sistema capitalista" en el mismo sentido en que existe un "sistema socialista". El capitalismo no es un sistema que haya sido concebido teóricamente por alguien, con el objetivo explícito de solucionar los problemas de la humanidad, y el cual debe ser montado en la sociedad e impuesto por la fuerza siguiendo los planos teóricos, con sus respectivos controles rigurosos para impedir cualquier desviación. Así funciona el socialismo; pero no el capitalismo. En tal sentido, el capitalismo no es un sistema sino la expresión conceptualizada de un mundo libre, regido por el intercambio de bienes y servicios en un ambiente de libre mercado. En otras palabras, estamos hablando de algo que ha existido de manera natural y de diferentes formas a lo largo de miles de años en la humanidad. Por ello, mientras que la libertad es consustancial al capitalismo, no ocurre igual en el socialismo, donde predominan las restricciones. Actualmente, en muchos países, incluyendo el Perú, existe una situación anómala donde ambas nociones se mezclan un poco, mostrando sectores con muchas restricciones, como el campo laboral, junto con sectores de mucha libertad, como las inversiones y la banca. Hecha esta precisión, vayamos ahora a hablar de los pobres.
La izquierda acostumbra "denunciar" la pobreza, señalando a los pobres como prueba de que el sistema capitalista o "neoliberal" no funciona. Cada vez que señalamos el éxito del Perú en los últimos veinte años con una política de libre mercado, la izquierda refuta de inmediato afirmando que aún hay mucha pobreza. La pregunta que deberíamos plantearnos es si estamos en busca de erradicar la pobreza. ¿De eso se trata realmente? No. Para ser honestos, la política no consiste en eso. Aunque los políticos parecen haberse quedado en esa percepción, pues todos aseguran gobernar para los más pobres, la política en realidad no trata de los pobres. Eso es lo que nos ha hecho creer la izquierda con su retórica centrada en la pobreza, y mostrándola como una prueba del fracaso de la política. Tanto nos han señalado a los pobres como prueba de fracaso que los políticos ya solo piensan en "gobernar para los más pobres". Pero se trata de un error. Uno de los muchos errores a los que la izquierda nos ha llevado con su retórica llena de falacias. Mucha gente ha caído víctima de las confusiones teóricas generadas por la izquierda, y hoy nos movemos en medio de una sociedad confundida, manejada por políticos confusos y repletos de falsos conceptos que ya forman parte de lo "políticamente correcto".
La política no consiste en erradicar la pobreza sino en generar posibilidades que permitan crear riqueza. Sería mejor dar un ejemplo simple. La política es como organizar una fiesta para que todos puedan divertirse. Podemos hacer eso, pero no podemos garantizar que todos se divertirán y, mucho menos, que lo harán en un mismo grado de igualdad. Siempre habrá quienes no se interesen por la fiesta, además de gente que por creencias religiosas tiene impedido divertirse, por ejemplo. Pero ¿eso prueba el fracaso de la fiesta? ¿Estamos obligados a que todos se diviertan por igual o simplemente a dar una buena fiesta en la que cualquiera pueda divertirse, si lo desea? En la política ocurre lo mismo. Debemos crear buenas condiciones para que todos puedan aprovecharlas, pero no podemos garantizar que todos lo harán, y menos en igualdad de condiciones, y mucho menos en igualdad de resultados. Hasta allí no llega la responsabilidad ni las posibilidades de la política. Existe una distancia saludable entre la vida de los ciudadanos y los alcances y posibilidades de la política de un Estado. Debemos respetar, exigir y defender esa distancia. No podemos obligar a la gente a tomar decisiones para su propio beneficio. Nadie está obligado a crear riqueza y a integrarse a la dinámica económica del mundo. Podemos ofrecer educación, pero no garantizar que todos aprenderán igual. Podemos ofrecer servicios de salud, pero no evitar que sean negligentes con su salud. Podemos ofrecer créditos, pero no impedir que sean malgastados. Podemos ofrecer seguridad bancaria pero no obligar a la gente que use los bancos. Hay una gran distancia entre lo que la política puede hacer y las decisiones que las personas deben tomar. Por lo demás, la vida humana tiene muchos matices y formas de existencia, y debemos entender y respetar todos esos matices y formas de desarrollar la vida. Una cierta forma de pobreza y de riqueza es parte de esos matices que tiene la vida. La existencia humana se basa en la variabilidad y no en la igualdad.
La pobrezaNo estamos hablando obviamente de una pobreza endémica, apoderada de una nación entera, creando condiciones que hacen imposible el despegue autónomo del país, como es el caso de Haití. Nos referimos a los matices que se dan en un país en donde existen posibilidades reales de generar riqueza y esta existe visiblemente. Desde luego que puede haber también una pobreza generalizada y derivada directamente de las condiciones políticas y económicas que rigen a un país, como observamos en Cuba. Pero por otro lado, lo que solemos llamar "pobreza" en términos generales es también un conjunto de diversas formas de vida que se generan por diferentes razones. Incluso el calificativo de "pobreza" responde a una cierta forma de ver y entender el mundo, antes que a una condición específica real. Hay "pobreza" desde el punto de vista de la economía, pero referida a veces a comunidades que tienen ciertas condiciones culturales propias, no derivadas de la política de un Estado. Podríamos diferenciar a la pobreza por el grado de vinculación que tiene una comunidad con el Estado. Muchas viven al margen de las influencias de la política y del Estado.
La pobreza más cercana a las políticas del Estado es la que se genera alrededor de las grandes ciudades como cinturones de miseria, consecuencia también de características culturales (migración, crecimiento familiar descontrolado, invasiones de tierras, etc.) o debido a fenómenos coyunturales (catástrofes naturales, violencia política, etc.), pero estas formas tienden a ser temporales y los pobres llegan a salir de esa situación si hay buenas condiciones políticas. Lo hemos visto en Lima, en todo el cono norte que hoy es el foco del poder económico, pero que treinta años atrás eran zonas de miseria. También lo hemos visto en el emporio comercial de Gamarra, creado por migrantes pobres que se iniciaron en la venta ambulatoria. Por eso usamos la simpática palabra "emergentes" para denominar a esos ex pobres que con su esfuerzo y trabajo lograron construir un destino de prosperidad, gracias a un ambiente de libertad y de derechos que ofrece un régimen capitalista.

Pero hay muchos otros tipos de "pobreza" mal conceptualizados, como el que se observa en comunidades nativas de la sierra y la selva. No podemos violentar el estilo de vida de estas comunidades para alcanzar nuestros estándares occidentales de riqueza. También existe una pobreza endémica, propia de regiones que, pese a sus riquezas naturales, viven marginadas por la falta de vías de comunicación. Existe otra pobreza de tipo postal, que permanece igual por la propia naturaleza de su afincamiento, como la que observamos en los cerros más próximos de Lima, donde vive gente que habiendo acumulado riqueza suficiente no cambia su régimen de vida o la mejora en ese mismo espacio, como lo evidencian las construcciones de material noble. El caso es que esa postal de "pobreza" siempre la veremos como parte del paisaje, aunque sea una imagen engañosa. En suma, tenemos muchas formas de "pobreza", incluyendo la ficticia, aquella que se simula solo para poder alcanzar los beneficios sociales del Estado. Una buena parte de la estadística estatal es de ese tipo. Pero al final de todo, los órganos del Estado nos ofrecen estadísticas de pobreza muy simplificadas que no nos explican de qué clase de pobreza hablan. Solo nos dicen 35% de pobreza. Esa manera de mostrar y entender la pobreza nos parece sumamente ineficiente e irreal.
La izquierda y la pobrezaComo acabamos de ver en este rápido y apretado análisis, existen muchas formas de "pobreza" y ninguna de ellas es consecuencia del capitalismo. Al contrario, el capitalismo permite que muchas formas de pobreza sean una condición temporal, y ofrece la oportunidad de emerger o salir de ella. En cambio los regímenes de izquierda ayudan al pobre pero no les permiten escapar de esa condición. Más allá de esto, la relación de la izquierda con la pobreza es paradójica. No hay político de izquierda que no haga campaña a favor de los más necesitados, y que no pretenda erigirse en el redentor de los pobres, el mesías que conducirá a los desposeídos hacía la tierra prometida, liberándolos de la miseria; pero lo cierto es que la izquierda no les permite emerger ni salir de su pobreza. Hoy el discurso de izquierda habla de "incluir" a los pobres. La frase de moda es "inclusión social" pero en el plano político es simple asistencialismo estatista. Se ha entendido la "inclusión social" como una forma de llevar el accionar del Estado a zonas que no han sentido su presencia, pero lo que han hecho es llevar ayuda. Esa no es la clase de inclusión que los pueblos necesitan y reclaman. El Estado debe llegar con carreteras, redes eléctricas, tuberías de alcantarillado y agua potable, seguridad, etc. La ayuda temporal del Estado solo debe llegar cuando hay emergencias, y la permanente debe estar focalizada en sectores realmente vulnerables como ancianos, huérfanos, etc.
No hay duda que los pobres son el público objetivo de los políticos de izquierda. Es una actitud que se recubre con valores altruistas como solidaridad y "sensibilidad social". Todo esto hace que la izquierda sea vista como la opción correcta. Los de izquierda se muestran como los seres más sensibles y nobles del mundo, pero detrás de esa aparente sensibilidad por los pobres, practican una doctrina del odio y la violencia. Lo curioso es que pese a esta pasión y dedicación por los pobres, en todo el siglo XX y hasta el presente, la izquierda es la clase política que más pobres ha generado, llevando incluso a países enteros a la miseria más agobiante. Y es que no basta hablar de los pobres para que estos dejen de serlo. Tampoco da resultados ir hacia los pobres con ayudas directas, convirtiendo al Estado en una gran beneficencia, como el Estado cubano o venezolano, repletos de programas sociales asistenciales y permanentes, que a la larga se pervierten de diversas formas, entre ellas, la corrupción. Eso no funciona. La política no puede reducirse a la ayuda a los pobres. Eso es perder de vista los objetivos generales que persigue la política como la gran tarea de construir una nación. Una tarea que no la hace solo el Estado sino básicamente los propios ciudadanos a quienes el Estado debe garantizar la libertad, ofreciendo seguridad y soporte real traducido en recursos, infraestructura y formas complementarias de sostener el accionar de la gente, como el acceso rápido y eficaz a la justicia. La política entendida como ayuda a los pobres se reduce a una simple misión asistencialista y clientelista, que no crea fortalezas entre los ciudadanos. En muchas ocasiones la ayuda que los regímenes de izquierda ofrecen se convierte en un premio a la pobreza, lo que alienta a seguir en dicha condición.
Durante el siglo XX la izquierda socialista mundial se caracterizó por crear regímenes de pobreza y miseria. Aunque en este siglo el socialismo marxista ha desaparecido, hay una nueva versión de socialismo populachero que no ha producido resultados muy diferentes, como podemos observar en los países dominados por esta nueva izquierda, tales como Venezuela y Argentina, donde los regímenes de Hugo Chávez y Cristina Fernández han incrementando notablemente el número de pobres, pese a las grandiosas ayudas estatales. La pobreza crece al margen de los fabulosos ingresos que tienen estos países por la venta de sus commodities, lo que solo se refleja en el crecimiento estadístico de su economía, pero que va paralela a su degradación social. Otros países, como Brasil con Lula, han conseguido que las estadísticas no contabilicen tanta pobreza, pero no porque los pobres hayan superado su condición sino porque gozan de programas asistenciales que evitan su contabilización. Al menos es un truco mejor que el de Cuba que falsea sus estadísticas o simplemente las niega.
A estas alturas de la historia ya no es ningún secreto que los regímenes de izquierda generan pobreza, mientras que los de derecha generan progreso y riqueza. Los ejemplos más claros y contundentes son los cuatro tigres del Asia: Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwan. Estos tres últimos escaparon de la miseria en menos de treinta años, orientando sus exportaciones al mundo y convirtiéndose en economías globales. Por su parte, regímenes de izquierda como los de Cuba y Corea del Norte solo han generado miseria y degradación humana, en medio de regímenes cerrados, totalitarios y vergonzosos.
¿Cómo explicar que quienes más dicen preocuparse por los pobres acaban generando más pobreza y miseria? Peor aún: ¿cómo es posible que después de comprobarse el fracaso de los planteamientos de izquierda a lo largo del mundo entero, todavía existan políticos insistiendo en estos planteamientos, y gente dispuesta a escucharlos y seguirlos? Podríamos preguntarnos incluso ¿cómo es posible que la izquierda latinoamericana, responsable de miseria, muerte y destrucción, a causa de regímenes de opresión como el de Cuba, terrorismo genocida como el de Sendero Luminoso, guerrillas criminales y despiadadas como las FARC, y otras formas perversas de política basadas en la violencia y el desprecio por la ley, tenga todavía audiencia en la juventud actual? Una respuesta simple y fácil podría ser: la infinita estupidez humana. Pero creo que incluso la estupidez merece explicación.
La ideología del odio social
Vamos a pasar por alto el hecho de que muchos políticos hablan de los pobres y se ocupan de ellos tan solo en términos populistas y clientelistas, vale decir, en busca de votos. Este tipo de actitudes lejos de resolver el problema tiende a mantener la pobreza y, peor aun, a premiarla. Pero vamos a dejar a los clientelistas como Hugo Chávez y a ocuparnos de la teoría de la izquierda en torno a la pobreza. No hay una teoría oficial que explique la pobreza pero la izquierda sugiere que es el resultado de una estructura social y de un esquema económico. La teoría social nos habla de clases dominantes que oprimen a las clases débiles. Es decir, que los ricos son ricos a costa de los pobres. La teoría económica nos habla de la propiedad de los medios de producción y de la plusvalía. Es una especie de explotación de los trabajadores por parte de los empresarios. A partir de estas concepciones de base, la izquierda genera su prédica de odio de clases y de revolución en busca del cambio del sistema económico.
Bajo esta perspectiva, la izquierda fue a lo largo del siglo XX la fuente de una nueva violencia mundial, que reemplazó a las tradicionales guerras entre naciones para pasar a guerras intestinas a cargo de guerrillas y terroristas enfrentadas al Estado por la conquista del poder, inspiradas en la revolución francesa y bajo los mismos lemas de justicia, igualdad y solidaridad. La izquierda ha sido el sector político encargado de sembrar el odio de clase, el odio a la empresa privada y la animadversión de los trabajadores contra sus patrones, con el objetivo de crear las "condiciones históricas y sociales" necesarias para su revolución. La izquierda ha sido la fuente de todos los odios que han alimentado la política nacional a lo largo del siglo XX, y lo sigue siendo hoy. Culpar de la pobreza a otros ha sido la estrategia para sembrar el odio como principal ingrediente de la agitación social. En el Perú, la revolución de Velasco llenó el país con carteles que decían "Campesino: el patrón no comerá más de tu pobreza". Parte de ese encono social sería aprovechado más tarde por Sendero Luminoso para desatar su guerra genocida.
Esta prédica sistemática de odio en contra del sistema capitalista, contra las empresas, los empresarios y las "clases dominantes", así como contra ciertas entidades y países como el FMI y los EEUU, y prácticamente contra toda la cultura occidental como los responsables de todos los males del planeta, ha hecho de la izquierda el sector más delirante y peligroso de la política a nivel regional. Los líderes de izquierda suelen ser evidentes desequilibrados mentales que predican el odio, y que no dudan en insultar a otros presidentes, políticos o instituciones que no gozan de su aprobación. Tampoco dudan en emprender acciones criminales y genocidas, como ya hemos visto tantas veces. Mediante la prédica del odio a los supuestos "enemigos del pueblo", procuran reclutar adeptos a su causa. Promueven acciones de repudio, revueltas sociales y agitación política escudados en una pretendida nueva forma de democracia, a la cual llaman "democracia participativa y popular", opuesta a la tradicional y real democracia representativa, fuente de toda civilización, pero a la cual detestan y combaten. En realidad su "democracia participativa y popular" no es más que una etiqueta con la que justifican sus acciones de violencia social y desestabilización política.
Lo que debemos preguntarnos es si el interés de la izquierda por los pobres es genuina. No nos referimos a su interés por utilizarlos como combustible de su revolución sino para sacarlos de la pobreza. No lo creo. Primero porque no les conviene eliminar la pobreza ya que perderían toda su razón de ser y existir como opción política, y segundo porque tampoco saben cómo hacerlo. No hay duda de que sus tesis sobre el origen de la pobreza son equivocadas. La pobreza no se origina a causa de una estructura social o de un sistema económico. Hay un componente cultural implícito en muchas formas de pobreza. No siempre la pobreza es aquello que entienden los políticos, los burócratas y los economistas. Hay una tendencia a la medición económica para determinar la pobreza, pero eso no basta. Hay ambientes donde los ingresos no se miden en dinero porque el dinero no existe o no es tan importante, tampoco lo es el acceso al crédito bancario o el empleo de ciertos electrodomésticos. De hecho, las condiciones de vida no tienen por qué equipararse o medirse según los estándares de una sociedad occidental moderna y tecnificada. De modo que primero habría que entender lo que es la pobreza como fenómeno cultural complejo y variado.
Pobreza y cultura
Hay diferencias notables para entender la pobreza urbana y la rural, así como para calificar a comunidades aisladas que viven siguiendo su propia idiosincrasia. Ya está comprobado que la pobreza no es una cuestión económica. Familias y comunidades asistidas económicamente subsisten en su condición de pobreza. Hoy se habla de asistirlos de otras formas, con capacitación y "empoderamiento", por ejemplo. Pero no somos muy optimistas con estas nuevas formas de asistencia, pues al fin y al cabo son asistencias, y esto solo produce resultados artificiales en el afán de cambiar estilos de vida. La pobreza es en muchos casos una manera de ver a comunidades que simplemente son diferentes. El subdesarrollo es también consecuencia de una manera de entender la vida y de actuar frente al mundo con ciertos valores propios de una cultura. Sabemos que la religión es un gran componente cultural que aporta la cosmovisión básica de un pueblo y tiene una gran influencia en el proceso social.
Obviamente no es casual que los países más prósperos tengan una religión protestante y mantengan una clara separación entre el Estado y la Iglesia, mientras que los países menos desarrollados o atrasados son católicos o islámicos o de otras religiones de menor influencia, con escasa o ninguna separación entre la Iglesia y el Estado. Tampoco es casual que los países donde existe mayor libertad hayan alcanzado el desarrollo más rápido, especialmente la libertad de pensamiento, lo cual exige precisamente una cierta distancia de la Iglesia o de la religiosidad popular, pero también de creencias ideológicas. Es evidente que los países donde se han mezclado la religión y la ideología de izquierda, son lugares explosivos, causantes incluso de la nueva plaga de la humanidad: el terrorismo. Todas estas cuestiones no se evalúan con la necesaria profundidad a la hora de analizar la pobreza, y se tiende a proponer explicaciones facilistas, como la falta de inclusión social. Parece persistir una visión generalizada en la que el Estado es el gran responsable de la vida de los individuos. Cosa que es falsa.
El típico discurso izquierdista alrededor de la pobreza lleva a creer que la pobreza es una especie de enfermedad que puede ser erradicada con algún tipo de tratamiento por parte del Estado, lo que conduce a hablar en términos de "lucha contra la pobreza", traducida en programas de asistencia social. Parecen estar convencidos de que la pobreza es un mal aislado y definido, casi un objeto material, que puede ser trabajado y cambiado con acciones directas. Desde luego, toda esa concepción es equivocada.
En las zonas urbanas donde suele concentrarse la pobreza como un manto que se esparce alrededor de la ciudad, se trata de una condición inicial muy natural. El hombre nace pobre, por decirlo así, y debe hacer algo para salir de esa pobreza. Si no hace nada persistirá en su condición de pobreza. Pero si toma las decisiones acertadas puede escapar de la pobreza al cabo de unos años. Pruebas de esto hay a montones, y ya hemos señalado algunos ejemplos. Pero para mayor abudamiento, mencionaremos que en la lista de los hombres más ricos del planeta tenemos buenos ejemplos de gente que empezó en la pobreza y hoy cuenta su riqueza por miles de millones. Hay biografías ilustres como la de Aristóteles Onasis. No son cuentos de hadas sino realidades. Pero para que esto pueda ocurrir se precisa un ambiente político y económico de libertad, donde se valore el trabajo y la creatividad individual, y se respete la propiedad. Ese es el ambiente que garantiza el capitalismo.
En resumen, no precisamos de las revoluciones sangrientas ni de los discursos de odio que promueven las izquierdas de latinoamérica si lo que deseamos es salir del atraso, el subdesarrollo y la pobreza. La solución es harto conocida. Solo tenemos que seguir el ejemplo de los países que lograron salir de la miseria. Hay ejemplos en Latinoamérica, como Chile, que luego de superar el desastre que significó el gobierno de izquierda de la Unidad Popular y Salvador Allende, ingresó a una etapa de refundación del Estado, con una visión moderna de la economía, que hoy ha llevado a esa nación a los umbrales del desarrollo. Desde luego, tampoco necesitamos que estas transformaciones sean hechas en dictaduras. Aspiramos a que nuestros países se desenvuelvan dentro de la democracia representativa y del Estado de Derecho. Pero para esto, me temo que debemos enfrentar a la izquierda cavernaria y violentista de inspiración marxista, y a las modernas versiones de neosocialismo extravagante de izquierda populachera. Adicionalmente, debemos enfrentar las posturas tibias e improductivas de los "políticamente correctos", lo que significa eliminar la hipocresía de la política.
(c) Dante Bobadilla Ramírez
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Ningún libro merece sobrevivir su propia época. A menos que se trate de una obra literaria como las tragedias griegas, o incluso la Biblia, que al final no es más que un poco de historia combinada con mitología y poesía. Todos los demás libros, pero especialmente los de ciencia sociales, merecen ser quemados al final de sus tiempos, pues más allá de ese momento solo generan confusión en las próximas generaciones. Claro que el problema radica en precisar esos tiempos. ¿Cuándo un libro deja de ser útil como referencia válida del mundo y herramienta para entender nuestra realidad?
Siempre queda un hilo conductor que conecta cada generación, residuos de una época que permanecen en el tiempo, pero la realidad siempre se transforma, igual que el lenguaje. Aparentemente hablamos el mismo idioma de Cervantes pero "en realidad" ya no es el mismo. Ya no hablamos así. El lenguaje y el pensamiento se transforman junto con el mundo que nos rodea. Sin embargo, algunos libros tienen la curiosa pretensión de ser eternos. Ni siquiera la Biblia puede serlo, pues a esta se la lee y se la entiende hoy de una manera diferente que hace unos siglos.
Al margen de lo difícil que puede resultar precisar el momento en que un libro deja de ser el reflejo de una realidad, es un hecho que los libros de ciencias sociales son los que caducan más rápido. Después solo pueden servir para proyectos de investigación que indagan en las formas que tenía el mundo en el pasado, y en las formas que tenía el pensamiento humano para entenderlo y explicarlo. Por desgracia, algunos de estos libros alcanzan fama y son, al igual que ha ocurrido con la Biblia, ensalzados y adorados, colocados en el altar, y glorificados por una secta de fanáticos idiotizados con "la verdad" de sus páginas.
Esto es lo que ocurre con los seguidores del marxismo en general. Mucha gente de izquierda vive convencida de que Marx y Mariátegui son aún vigentes. Sendero Luminoso se edificó estudiando los textos de Mariátegui y asumiéndolos como una descripción actual del Perú. Sin embargo, Mariátegui miraba el Perú del siglo XIX y se iba hacía atrás, hasta la Colonia. El Perú sufrió cambios muy importantes en el siglo XX, y en especial en la misma década en que Sendero Luminoso se formaba mirando al pasado. Mientras Abimael Guzmán y su secta se encerraban para estudiar a Mariátegui, en el Perú se producía la revolución socialista del general Juán Velasco Alvarado, que cambió radicalmente las estructuras políticas, económicas y sociales del país.
Más grave aún es asumir realidades ajenas. La actual izquierda peruana, en general, se formó en la década de los años 70 estudiando a Marx, Lenin y Mao, además de otras fuentes similares. La consecuencia lógica fue que vivieron desconectados de la realidad nacional. Toda su lógica y su discurso correspondían a textos desfasados de la historia y de la realidad. Estaban empeñados en ver lo que no existía y en describir formas que apenas vislumbraban teóricamente en sus mentes, lo cual los llevaba a discrepar permanentemente entre ellos mismos, y a subdividirse en incontables versiones, cada cual más pura y correcta desde el punto de vista meramente teórico. La realidad era completamente secundaria y hasta desdeñable, incluyendo a los seres humanos. Nada importaba más que la ficción descrita en los textos.
Gran parte de la responsabilidad la tiene el propio Marx, sin duda alguna, pues vendió la idea de que había descubierto "el método" para analizar la historia de una manera científica. Muchos ingenuos le creyeron y lo siguen haciendo hoy. Todavía existen los que creen que el marxismo es "el método" para entender cualquier época de la historia. Pero nunca ha existido tal método, ni siquiera en las ciencias naturales. Más allá de los textos ideológicos, filosóficos y económicos que han rebatido directamente las tesis de Marx en estos campos concretos, existen los estudios de antropología cultural que nos explican las formas de pensamiento social de toda una época. Solo así podemos descubrir los errores de racionalidad que se escondían en los análisis de tal época, guiados siempre por una moda cultural.
Un típico error de racionalidad cultural del siglo XIX fue creer en la existencia de un "método científico" y, por consiguiente, lanzarse afanosamente en su búsqueda. El método fue una especie de piedra filosofal que se quería encontrar en los días en que emergía la ciencia con sus primeros descubrimientos. Había una especie de ansiedad en el ambiente científico para desentrañar los misterios de la naturaleza. ¿Cómo era posible llegar a la ciencia? ¿Cómo era posible desentrañar los misterios de la naturaleza? La respuesta común a estas interrogantes era la de conseguir el "método científico". Esto sería lo que permitiría los grandiosos descubrimientos de la ciencia. Los poseedores del "método" tendrían pues en sus manos las llaves del conocimiento. Así fue como se erigió uno de los mitos más generalizados y equivocados de la historia reciente del pensamiento humano: el método.
Pero lo cierto es que jamás existió un "método científico" que sirviera como llave para hallara la verdad. Al final, lo que pomposamente llamaron "método científico" en el siglo XIX no fue más que un burdo procedimiento de correlación de variables realizadas siguiendo técnicas estadísticas. Sin duda este fue un método extremadamente útil porque permitió el procesamiento de muchos datos. Tales técnicas se usaron principalmente en las nacientes ciencias naturales desde mediados del siglo XIX, pero jamás hubo un método semejante en las ciencias sociales, lo que no impidió que muchos acogieran ese mismo método estadístico para hacer ciencias sociales. Todo aquello fue un problema que tardó un siglo en revelarse y dilucidarse, y todavía hoy no les queda claro a muchos, afectados por el cientificismo que dominó gran parte del siglo XX. Todavía seguimos escuchando hablar del "método científico". Fue Wittgenstein el primero en dudar del método a principios del siglo XX, pero sería Paul K. Feyerabend quien llegaría a demostrar fehacientemente que jamás había existido ningún "método científico" milagroso.
Marx pertenece a esa época en que las ciencias empezaron a aflorar en la humanidad y cuando se buscaba y se creía en "el método". Pero Marx desarrolló su pensamiento en la antesala de la ciencia, maravillado básicamente por la gran revolución industrial de Inglaterra, con su naciente capitalismo. Su primer contacto con algo semejante a un "método" fue la filosofía de Hegel, donde la "dialéctica" ocupa un lugar importante. Los jóvenes hegelianos alemanes asumieron la dialéctica como "el método" de la filosofía. Hegel estaba de moda a principios del siglo XIX y Alemania se rendía a sus ideas. Finalmente, Marx, junto a Engels, recusaría la filosofía metafísica de Hegel pero se apropiaría de este método para estructurar su "materialismo dialéctico", un método aplicado al estudio de la realidad y con el que sus seguidores analizarían el discurrir de las ciencias de su época, en especial la teoría evolutiva. Pero Marx y sus seguidores van más allá, en la búsqueda de un "método" que permita el estudio "científico" de la historia. De este modo, la cultura del siglo XIX se caracterizaría por la búsqueda incesante de un método que sirva para abrir las puertas de todos los misterios, ya sea en la filosofía, la historia, la ciencia, etc. Para mediados del siglo XIX se habían consagrado ya los principales métodos en la cultura, y la humanidad empezó a rendirles culto y tributo.
Como se dijo, Marx fue recusado en todos los campos en los que escribió, pero nadie ha recusado el método del materialismo dialéctico o del materialismo histórico. Es verdad que ya nadie se ocupa de ellos. Tanto la ciencia como la epistemología de la ciencia pasaron por encima sin hacerles caso alguno, pero quedaron como referentes políticos. Los marxistas siguieron pensando que tenán "el método" para entender la historia y la realidad. Sin embargo no se ha señalado con claridad que tales métodos nunca fueron en realidad lo que dijeron ser. Ninguno lo fue. En primer lugar no hay un método que nos abra las puertas de la realidad, conducirnos hacia su intimidad y revelarnos la verdad. La pretensión de querer entender cualquier aspecto de la realidad con la simple aplicación de un método surgió de la ingenuidad cultural y de la inexperiencia científica del siglo XIX, pero acabó siempre en un fracaso. Incluso en la ciencia naturalista de corte metodologista, como fue el caso del conductismo en la psicología norteamericana. Pero donde sin duda han causado mayor daño a la humanidad es en la esfera social y política, cuando pretendíeron interpretar la realidad aplicando el materialismo histórico como método consagrado. Esta pretensión absurda nos ha costado millones de muertos.
Así como la ciencia progresó muy al margen de lo que dictaba el materialismo dialéctico, la política tendría que haber progresado adecuando el razonamiento humano a cada época y circunstancia histórica. También es cierto que la ciencia progresó a pesar de creencias bien establecidas. Esto dio paso a la formulación de los paradigmas de Kuhn en su "Estructura de las revoluciones científicas". La ventaja de la ciencia es que se trata de un campo más exclusivo, su campo es más estable (permanece igual por miles de años) y sus teorías son comprobables. En cambio las sociedades humanas cambian cada año y varían con frecuencia, al punto de tener escenarios exclusivos, y no hay teoría capaz de reflejar una realidad social, pues apenas esta se publica la realidad cambió. Eso hace quizá más rentable la idea de un "método" aplicable a cualquier período de la historia, pero por desgracia los métodos eluden el razonamiento. Las partes que se consideran como elementos del método o bien ya no existen, o tienen un peso diferente en el escenario, o han cambiado el tipo de sus relaciones, o se han transformado en diversas variantes.
Por otro lado, y sin ir muy profundamente en el análisis filosófico, debemos señalar que Marx traiciona la dialéctica cuando recusa el idealismo de Hegel para convertirse en un materialista pleno. Tendría que haber asumido que la dialéctica funciona perfectamente teniendo al materialismo y al idealismo como contrapartes. El fracaso de Marx se debió a su empeño de entender la realidad social y económica mediante el análisis exclusivo de ciertos hechos objetivos "reales". Incluso cuando se refiere a "conciencia de clase" debió notar que tal conciencia no existe si no es en el idealismo humano. Lo que llamamos "realidad humana" es en "realidad" una doble expresión material e ideal, pues primero se escenifica y se transforma en la conciencia humana y luego en los hechos, o viceversa. Conciencia subjetiva y realidad objetiva son interdependientes en el mundo humano. Todo análisis de la realidad humana debe hacerse no solo sobre las circunstancias objetivas sino además sobre la conciencia subjetiva, pues finalmente de ella deriva todo, incluyendo el paraíso socialista. No se puede hablar propiamente de una estructura social, económica y política si no se ha entendido que tal estructura deriva de la conciencia subjetiva humana y de otras condiciones de la naturaleza humana, tales como las creencias, gustos, intereses, ambiciones, etc., que no se pueden dejar de lado por no ser materiales. El razonamiento marxista de la sociedad se hace sobre un esquema falseado y pobre de la realidad humana, donde faltan muchos componentes vitales.
En verdad no se podía esperar más de una teoría ambiciosa pero que corresponde a una época en que la ciencia aún no aparecía. Para la época en que Marx escribía sus tratados, el escenario científico permanecía dominado por el antecedente de Newton (1720). A pesar de todos los esfuerzos, la ciencia moderna se iniciaría recién con la publicación de la teoría evolutiva de Darwin a fines de 1859, aunque sus ideas no se esparcieron plenamente hasta finales de la década de los 60. Casi de inmediato llegarían los hallazgos de la química (tabla periódica, 1869) y de la física atómica (1897). Más tarde aun llegaría la revolución de la física teórica, y solo después sucedería el inicio tardío de las ciencias sociales (Max Weber) hasta llegar a los hallazgos de la arqueología. En paralelo aparecieron las nuevas teorías económicas desarrolladas sobre un mundo emergente, surgido al cabo de las revoluciones políticas y sociales del siglo XIX. De modo pues que podemos considerar tranquilamente al marxismo como un producto de una época pre científica y propia además de la etapa final de un mundo a punto de colapsar, solo con reminiscencias parciales de lo que sería más tarde el mundo moderno capitalista.
Finalmente, debe quedarnos claro que no podemos confiar en métodos de ninguna clase para hacer ciencia, filosofía, ni política. Desde luego, tampoco es apropiado emplear viejos análisis de la realidad, en especial de una realidad que ya no existe. La mejor manera de demostrar que la visión del socialismo es errada, está en la propia historia de la humanidad de los últimos cien años en que el socialismo ha permanecido como idea y doctrina en uso. El fracaso mundial del socialismo debería llevarnos a abandonar esas ideas en el archivo. No nos referimos tan solo al fracaso de los países socialistas sino al fracaso evidente de las tesis marxistas. Si no se ha abandonado el marxismo no es porque siga vigente como tesis sino porque el marxismo, a pesar de todos sus errores intrínsecos y desfases históricos, representa no solo una idea sino un sentimiento muy humano: el de detestar este mundo, con su cuota de dolor y sufrimiento, para soñar con el paraíso y creer en la redención.
Más allá de las ideas de Marx debemos analizar su personalidad. Marx era un tipo disconforme con todo lo que le rodeaba. Se confrontó con todo lo que encontró a su paso, empezando por la filosofía de Hegel y la de Proudhon. Vivió la época del naciente capitalismo salvaje y de la efervescencia de una ciencia por nacer, precisamente en Inglaterra. Ambas cosas lo impactaron. Su inquietud intelectual lo había hecho transitar por la filosofía, el derecho y la economía. Era un tipo ambicioso intelectualmente y, pese a su doctrina, sumamente idealista. También tuvo un gran impacto en él la revolución francesa de 1848 y la instauración de la Segunda República. Era el fin de los grandes imperios y el surgimiento de las nuevas repúblicas. Desde la muerte de Luis XVI en 1793 hasta la de Nicolás II, en manos de los bolcheviques, en 1918, el mundo vivió un siglo de revoluciones violentas. Esta situación desembocaría en las dos guerras mundiales que transformaron el mundo, al punto que se alcanzó finalmente la paz. Marx vivió en medio de esta época de convulsión y llegó al convencimiento de que la violencia era parte de la historia y que jugaba un papel ineludible en la transformación del mundo. Un grave error de Marx fue atribuir a la violencia la calidad de instrumento del cambio. Por ello en el siglo XX, el marxismo sería la nueva fuente de la violencia mundial.
Con su tesis, Marx desarrolló el germen de una nueva violencia en el mundo. A mediados del siglo XIX, era un hecho que Europa hervía en revoluciones. Cuando Engels le habló a Marx de las condiciones laborales de los obreros ingleses en 1849, Marx atisbó allí el germen de la próxima gran revolución. Creyó ver las condiciones básicas que regían aquel mundo capitalista y trató de establecer los principios de las relaciones en tal escenario. Aplica su dialéctica para entender el mundo como una situación inestable y próxima a una situación final inevitable. Esta sucedería con el accionar de los obreros y el fin del capitalismo, lo que vendría necesariamente con una inevitable dosis de violencia. Su lógica dialéctica le dictaba eso, pues en la estructura del capitalismo naciente atisbaba los elementos de tal colisión. Era la misma lógica del escenario mundial de los grandes imperios, aplicada a la empresa. Entonces fabrica su tesis para explicar y anunciar este futuro inminente. En verdad, si uno lo mira bien, tiene muy poco de original. Pero, como ya es sabido, la historia transitó por otros caminos, el capitalismo evolucionó y la tecnología alivió el trabajo. Hoy, las empresas más rentables del planeta tienen a los trabajadores más felices, tal como ocurre en Microsoft, Google, Ferrari, Nokia, etc. El origen de la riqueza resultó ser la creatividad y el ingenio. Pese a todo, no pudimos salvarnos de la violencia marxista.
En suma, la historia nos ha enseñado que la mecánica metodológica no sirve en ningún escenario. Ningún libro de ciencias sociales, es decir, ninguna visión del mundo de los humanos, sobrevive su época. El materialismo histórico, con toda su pompa cientificista, no es suficiente para entender y explicar un mundo complejo y cambiante que evoluciona fundamentalmente bajo el impulso del ingenio y creatividad del ser humano. No hay condiciones eternas ni escenarios constantes. Tampoco hay leyes de la historia. Estamos condenados a andar y a aprender en el camino impredecible de la historia.
(c) Dante Bobadilla Ramírez

El regreso de la izquierda
A pesar del estrepitoso fracaso del comunismo mundial regentado por la URSS durante más de 70 años, hasta la caída del muro de Berlín el 10 de noviembre de 1989 con el consiguiente colapso de la Europa del Este, y pese al desprestigio absoluto en el que hoy sobreviven vergonzosos regímenes de miseria y opresión como Cuba y Corea del Norte, la izquierda en Latinoamérica se mantiene imperturbable. Peor aún, parece crecer y fortalecerse con nuevas versiones que apenas disimulan su entusiasmo por el socialismo. Aunque en el plano formal son regímenes que surgieron de los votos gracias a una democracia debilitada y desvirtuada por la demagogia populista, se trata de líderes de izquierda que mantienen el mismo mesianismo y delirio de los tradicionales dictadores comunistas de antaño. Desde luego, tampoco ocultan su admiración por el déspota cubano Fidel Castro, a quien van a rendirle pleitesía cada vez que pueden. Además predican abiertamente un neosocialismo, quizá menos violento y rígido pero igual de autoritario y controlista que el trasnochado modelo soviético. ¿Cómo es posible explicar el retorno remozado de un modelo tan nefasto y fracasado?
Más allá del discurso clientelista y la cosecha de votos prácticamente comprados a base de ayudas directas e indirectas a los sectores populares, hay un amplio segmento de jóvenes que cae fácilmente embelesado con las ideas de izquierda. Se trata pues de un fenómeno social que carece de sustento en la realidad de los resultados, además de las evidencias históricas. Es decir, no hay razón alguna para creer en ellas. Más aún, hay razones para detestarlas, pues todos los regímenes de izquierda hacen gala de autoritarismo procaz, arbitrariedad, intolerancia, confrontación y abuso contra la empresa privada, y coerción de la libertad de expresión. Entonces no cabe duda alguna de que este respaldo popular y juvenil nada tienen que ver con los resultados económicos y sociales que muestran las diversas izquierdas latinoamericanas. Debemos buscar la explicación en otro lado. Esto es lo que nos proponemos hacer a continuación.
¿Por qué el discurso de izquierda tiene tanta acogida popular y juvenil? Es un hecho ya comprobado por la ciencia cognitiva que la conducta cotidiana de la gente tiene muy poco de racionalidad. Es decir, no se sustenta en evidencias sino en creencias. Por lo general las conductas tienen su fundamento en emociones, ilusiones y expectativas diversas, todas ellas muy alejadas de la razón y la lógica de un pensamiento coherente fundado en conocimientos, experiencia y datos de la realidad. Algo de esto tiene que explicarnos la amplia acogida de los discursos de izquierda.
Nuestra tesis apunta al hecho de que el discurso de izquierda se parece mucho al discurso religioso, en el sentido de que se trata de un mensaje fácil, al alcance de todos, que ofrece una explicación simple y eficaz de la vida, y que proporciona diversas ventajas, como veremos luego. Pero además, el discurso de izquierda nos promete la salvación y la redención, es decir, el paraíso. Y lo mejor de todo: ¡sin esfuerzo alguno! El paraíso ofrecido por la izquierda es un lugar en el que solo se goza y se reciben los beneficios del sistema, mientras reina la justicia y la igualdad, y donde todo será dicha y felicidad. Tiene que ser así porque de lo contrario carecería de sentido criticar a este mundo. El paraíso de la izquierda es un nuevo mundo donde se han superado todos los males. Evidentemente se trata de una quimera, una utopía, un espejismo que exige ciertas características mentales para creer en él. Se trata pues a todas luces de una estafa intelectual de la misma calidad que todos aquellos que nos ofrecen panaceas para el dolor y la mala suerte y otra clase de cosas fabulosas. Ciertamente hay gente que cree en ellas.
El discurso de izquierda, aún con todo su despliegue de cientificismo marxista, no pasa de ser una gran estafa intelectual, una carnada para cierto tipo de mentalidades. Deberíamos acaso ser indiferentes con él, tan igual como frente a otros tipos de estafa, tales como el chamanismo y el esoterismo en todas sus formas. Pero lo peligroso de la izquierda es que suele cobijar a creyentes fanáticos que odian al mundo y su "injusto sistema", y están dispuestos a volarlo todo en mil pedazos para construir un Nuevo Orden Universal, un paraíso que exige incluso un nuevo tipo de seres humanos. Construir este paraíso socialista solo puede lograrse por la fuerza y, a menudo, mediante una violencia genocida que es plenamente justificada por sus nobles ideales. Debemos pues analizar con cuidado este fenómeno de la izquierda que va desde el romanticismo de unos cuantos jóvenes ilusos, hasta la vesania de alienados que apelan a todo tipo de violencia social, incluyendo el terrorismo. Veamos sus características paso a paso.
Explicación de la vida
En principio, las tesis de izquierda presentan un mundo definido como "injusto". Esta injusticia radica en la desigualdad. Desde luego, se trata de una tesis gratuita. La desigualdad no tiene que significar injusticia per se. Pero dejemos esto por ahora. El caso es que nos muestran un mundo que es malo por naturaleza. Por lo tanto nos plantean una meta que es trasformar el mundo imponiendo una justicia, la cual está basada en la igualdad. Obviamente, tal propósito es imposible de alcanzar si no es por la fuerza, de modo que hay allí una invitación y justificación implícita hacía la violencia, tanto en su forma de estrategia política para alcanzar la utopía, así como en su estilo de gobierno para garantizar que la condición de justicia sea un estado permanente. Sin embargo, la gente que simpatiza con la izquierda generalmente no se percata del componente implícito de violencia y coerción que significa pretender imponer un modelo de justicia. Simplemente persiguen la utopía de la justicia, que es muy similar a la justicia divina; es decir, nadie sabe en qué consiste exactamente pero cada quién se imagina lo que prefiere, y al final acaba siendo la voluntad del dictador de turno que actúa como un gran Dios benefactor.
El "mundo injusto", desde la visión de la izquierda, es el resultado de un diseño malvado efectuado por unos poderes oscuros que manejan el mundo. Esta estructura injusta del mundo no tendría otro objetivo más que el de asegurar los beneficios de aquellos sectores poderosos en perjuicio de otros. La prueba evidente de esto, dicen, es que hay unos cuantos pocos ricos y una gran mayoría de pobres. Lo curioso de esta tesis es que los ricos y los pobres son consecuencia de una estructura del mundo, diseñada así por quienes se favorecen de él, es decir, los ricos. No tiene mucho sentido esto. Haría falta un creador anterior para que la idea calce. Además hay pruebas de que esto no es así; pero a la izquierda le tienen sin cuidado las pruebas, evidencias y hechos del mundo real. Ellos desprecian la realidad y creen tan solo en su doctrina. Con ella la izquierda nos señala a nuestros enemigos, los demonios que controlan el mundo. En suma, para alcanzar la "justicia social" debe lograrse una igualdad social, cuyo único camino es combatir a esos demonios que controlan el mundo y, desde luego, eliminarlos.
Es una explicación tan simple y eficaz de la vida que cualquiera puede entenderla. Su tesis básica es que el mundo está mal y debe ser destruido para edificar un nuevo mundo mejor y más justo. No importa cuantas palabras, páginas o libros enteros se utilicen para expresar esta tesis. Al final es la que acabamos de sintetizar en una sola línea. La ventaja de ser una tesis simple hace que pueda distribuirse fácilmente añadiéndole el grado de retórica que el caso requiera. Por ejemplo, los enemigos y agentes del mal pueden ser los EEUU, los empresarios, la oligarquía, las trasnacionales, el FMI, las compañías mineras o cualquier otro que convenga a la ocasión. Incluso nosotros mismos pasamos a convertirnos en "agentes de la CIA" o "lacayos del imperialismo". Cualquier entidad que ocupe una posición de poder es un enemigo natural de la izquierda, para quienes solo el Estado debe tener el poder. Con este discurso que identifica a los "enemigos del pueblo" gozan de una gran receptividad debido a que la estructura mental de la gente está ya preparada para esta clase de fórmulas explicativas gracias a la religión. Ambos, izquierda y religión, apelan a las mismas estrategias y ofrecen casi la misma explicación de base: vivimos en un mundo malo, rodeados de pecado y gobernado por el Mal, con tentaciones que nos hacen pecar porque somos carne débil. Es necesario rechazar este mundo del mal y aspirar al paraíso procurando santidad. La religión católica, en particular, ha preparado las mentes con su discurso de rechazo a las riquezas de este mundo y su apología de la pobreza. ("Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos"). Con este discurso queda claro quiénes son los demonios a los que debemos odiar y combatir, y quién es nuestro Dios y salvador.
Si bien no existen pruebas de que el paraíso religioso no existe, en cambio tenemos pruebas numerosas y definitivas de que el paraíso socialista es imposible. Todos los intentos por alcanzar la tan añorada igualdad han fracasado sin excepciones. No hace falta siquiera intentar la construcción de semejante disparate. Basta con el conocimiento científico del ser humano y sus sociedades. Sin embargo se han hecho diversos intentos por construir ese paraíso socialista, consiguiendo invariablemente llevar al fracaso a sociedades enteras, no sin antes conducirlos por un camino de padecimientos atroces como jamás se han visto en la historia de la humanidad, incluyendo esclavización y genocidio bajo regímenes donde los seres humanos pierden todo vestigio de su condición humana. Según la experiencia histórica de la izquierda, la igualdad solo se consigue llevando a todos a la miseria; aunque al final siempre existe una desigualdad porque hay un sector social privilegiado que es el de la gigantesca burocracia comunista. Esa sociedad "igualitaria y justa" de la izquierda se impone a costa de otros vicios que envilecen a la sociedad de peores formas, tales como la ociosidad, el conformismo, la falta de motivación, la degradación social y la corrupción. Es una sociedad donde se ha eliminado el factor de la competitividad individual, por tanto carece del motor que moviliza a las naciones hacia el progreso.
A pesar de todos sus fiascos históricos, sus resultados nefastos aún visibles, y a la comprobada falsedad de sus tesis, la izquierda sigue siendo una idea muy atractiva para millones de personas. Obviamente nada es más eficaz que una promesa de salvación: pero hay todavía otros factores.
Una mentira muy repetida se hace verdad
Toda afirmación, correcta o no, repetida muchas veces tiende a establecerse como una verdad. Aunque esto no es una estrategia diseñada por la izquierda sino más bien una característica negativa de la comunicación humana, ha sido aprovechada perfectamente por manipuladores como Joseph Goebbels y el comunismo mundial. Esto es lo que ocurre con la falacia según la cual toda desigualdad es una injusticia. Se ha repetido tanto esta falacia que ya parece verdad. Cualquier análisis simple de este axioma de izquierda revela su total falsedad. Pero se repite tantas veces que ya ha pasado a formar parte del discurso positivo de la política correcta. La tesis de que la desigualdad social es sinónimo de injusticia se ha repetido tanto que ha llegado a afectar la lógica común y hoy es parte del raciocinio colectivo. Pero es una falacia.
El ser humano se caracteriza por su diversidad, como es fácil comprobarlo a simple vista. Una sociedad está compuesta por personas, y las personas somos diferentes. Hay quienes tienen mayores ambiciones, quienes pueden obsesionarse con un objetivo, existen los que emprenden proyectos y los que no, están los que ahorran y los que no, existen aquellos que se arriesgan y los que no, etc. Hay pues diversidad de personas y el resultado de sus vidas está en función de sus particularidades como individuos, de su coyuntura social y, por último, de sus decisiones o la falta de ellas. Por lo demás el mundo está gobernado básicamente por el azar, por circunstancias aleatorias que nadie puede controlar, que están más allá de cualquier poder, y que garantizan el dinamismo y la diversidad de la existencia. Es pues materialmente imposible que cada persona tenga la misma suerte y el mismo destino. En la realidad cada quien tiene el producto de su esfuerzo, de sus decisiones y de otros factores completamente aleatorios. No dependen de ningún "diseño del mundo" ni de un destino forzado. Por tanto, afirmar que la desigualdad que presenta el mundo de los humanos es "injusto" no pasa de ser más que una forma de manipulación mental y fruto de un raciocinio sumamente pobre. En realidad este famoso axioma de izquierda se adopta solo por costumbre social y convencimiento forzado, a base de repetirlo y repetirlo. Pero es un disparate.
En un sistema donde prevalece la libertad, que es el mejor bien que puede tener el ser humano, y donde además las garantías de respeto al fruto del trabajo individual están dadas, no es factible esperar ningún tipo de igualdad. El que trabaja más cosecha mayores beneficios. No es el caso de sistemas feudales donde una casta se enriquecía a costa de la explotación fiscal de otros. Tampoco sería posible en un régimen de izquierda donde el fruto del trabajo es confiscado por el Estado. Estos dos casos constituyen para nosotros modelos de injusticia. Más adelante nos ocuparemos de la justicia socialista.
De modo que no hay absolutamente nada de cierto en la tesis "desigualdad = injusticia". Toda igualdad a la que se puede aspirar en un sistema político está del otro lado de la ventanilla, o sea, desde el tratamiento del Estado hacia la sociedad. Pero incluso esto es imposible porque el Estado debe tratar a cada quien según sus propias condiciones. Por ello tenemos leyes para niños, para ancianos, para mujeres, para gestantes, etc. En realidad, en cuanto se refiere a los seres humanos, toda igualdad forzada es una injusticia. Aspiramos a que el Estado le de más a los que más necesitan y les cobre más a los que más tienen. Este es el modo en que el Estado puede y debe compensar el desbalance natural de las sociedades. Precisamente esa es una de sus funciones dentro de una sociedad abierta. Pero para cumplir esta necesaria y esencial función del Estado, no hace falta apelar a falacias ni estigmatizar la desigualdad. La "desigualdad" es parte intrínseca de la realidad por donde se la mire. Toda homogeneidad es una ficción construida por el cerebro.
En resumen, nada es más absurdo que la tesis según la cual la desigualdad es injusticia. Es falso.
Una tesis liberadora
La explicación de la vida basada en poderosos intereses que dominan el mundo manteniendo una estructura injusta para perpetuar la pobreza de algunos, presta grandes beneficios psicológicos. En primer lugar nos libera de un sentimiento de culpa y de vergüenza por el estado de pobreza al atribuirle la causa a unos poderes siniestros. Esto convierte a los pobres en víctimas de un sistema perverso. Así se simplifica una vez más la explicación de un fenómeno social muy complejo y diverso. La pobreza es un monstruo de varias cabezas y a cada una de ellas se la entiende y se la explica de manera diferente, y se la mata con armas distintas. Pero el simplismo de izquierda es muy conveniente porque crea enemigos que combatir, genera miedos y odios que son el combustible necesario para alimentar la revolución, y -sobre todo- libera de responsabilidad a los pobres convirtiéndolos en víctimas de un sistema perverso que debe ser destruido. Con ello los insta a apoyar la causa de la "lucha social" que busca enfrentar a esos poderes siniestros para lograr la igualdad y la justicia. De este modo se ofrece la idea de que alcanzar el bienestar solo depende de derrotar a un monstruo. Una vez derrotado, el bienestar llegará automáticamente sin hacer ningún esfuerzo adicional.
Como se ve, el mensaje es simple y tiene ademas la ventaja de ser agradable y prometedor. Pero sobre todo es liberador, pues la culpa de la pobreza, la miseria, la marginación y de todos los males la tiene otro: el sistema, los poderes fácticos, el imperialismo, la oligarquía, etc. La izquierda tiene muchos monstruos en su galería del espanto. Trabaja igual que la religión también en este sentido porque llena de odios, miedos y temores a la gente, señalando a los enemigos que se deben derrotar para solucionar todos los males. Pero también tiene un mensaje para los intelectuales, a quienes les hablan al nivel de una "estructura de poder", "sistema económico" o "diseño social", que no pasan de ser alegorías idealizadas de una doctrina obsoleta, antes que un examen realista y cabal de un mundo complejo que se desenvuelve afectado por la confluencia azarosa de múltiples fuerzas y condiciones globales. Por ejemplo, la economía es algo que cambia cada año y siempre nos ofrece un panorama diferente que debemos volver a afrontar para entenderlo. No hay pues, como cree la izquierda, un saber universal que lo explica todo eternamente.
Sin duda la tesis de izquierda también resulta liberadora porque al presentarse como la explicación "científica" de la historia, nos releva de la necesidad tediosa de tener que entender la realidad a través del análisis y el estudio permanente. Para un izquierdista es muy cómodo seguir congelado en los principios del marxismo y en las tesis de José carlos Mariátegui. Pese a que el mundo se ha transformado radicalmente en el último medio siglo, no han vuelto a examinar la realidad. Sienten que su verdad sigue vigente. Abrazan sus manuales doctrinarios abreviados, al igual que los religiosos lo hacen con la Biblia, seguros de que la verdad ha sido ya escrita y solo hay que repetirla y seguirla ciegamente. Desde luego, es muy liberador.
La tesis de la izquierda no solo nos libera de toda culpa y pecado por la miseria sino que promete el estado de bienestar sin compromisos ni esfuerzos. Basta una oración para recibir las bendiciones del cielo en el caso de la religión. En un régimen de izquierda basta inclinar la cabeza ante el Estado para recibir sus bendiciones. No tienes que hacer nada. El Estado se ocupará de ti. El Estado es la fuente inagotable de beneficios. No hay pues nada más liberador para un ser humano que dejar de sufrir en este mundo y ponerse en las manos salvadoras de Dios y del Estado. La izquierda nos ofrece el paraíso acá mismo sin mayor esfuerzo, tan solo hay que aniquilar a los poderes siniestros del averno capitalista. Desde luego, se requiere cierto grado de ingenuidad, ignorancia y estupidez para creer en todas estas ideas. Pero resultan tan gratificantes y fáciles de entender que muchos creen en ellas ciegamente, en especial porque comprometen sus ideales y sus emociones. Veamos esto.
Manipulación de las emociones
Una de las estrategias más usadas por la izquierda es su descarado manejo de los sentimientos humanos al vender sus tesis envueltas con etiquetas rosas como "justicia", "dignidad", "derechos", "solidaridad", "igualdad", etc. El marketing político de izquierda está repleto de palabras lindas con alto contenido emotivo y simbólico. La izquierda ha patentado casi todas las palabras positivas del diccionario y las ha vinculado a su prédica. Ellos se presentan como defensores de prácticamente todas las virtudes humanas. Son los campeones de la justicia social, de la lucha por los derechos, de la reivindicación de los pobres y marginados, etc. Y últimamente además han incorporado ya a su discurso la defensa del medio ambiente y de los animales. Casi no queda nada defendible que no esté en el plan de salvación de la izquierda. Aunque en el fondo nada de eso les importa realmente. Ellos solo quieren el poder.
Los líderes de izquierda se presentan ante los jóvenes como una especie de super héroes que visten trajes con la imagen del Che y salen a volar gritando "a luchar por la justicia". Ellos son los buenos, los que pregonan todas las bendiciones que puede recibir este mundo como regalo del cielo. Un cielo que es asociado al Estado. La lucha contra el mal y sus representantes implica la utilización del Estado como el Palacio de la Justicia Universal. La lógica implícita en la izquierda es que al poder del mal debemos oponer el poder del Estado. En el Estado están todas las fuentes del bienestar que se espera alcanzar. Todos los poderes distintos del Estado son malos. Hay que combatirlos.
Además el lenguaje de izquierda está fabricado con puros eufemismos que esconden la verdadera naturaleza maligna de los elementos de izquierda para convertirlos en bondades celestiales. Por ejemplo, los revoltosos y agitadores son llamados "luchadores sociales"; los que permanecen anclados en el socialismo fracasado del siglo pasado se llaman "progresistas". Los reclamos por mayores beneficios no son negociaciones sino "luchas reivindicativas". Han inventado una infinita lista de "derechos" que defienden o reclaman. Incluso nos hablan hoy de los "derechos de la naturaleza" con los cuales se oponen a las actividades extractivas. Todos los derechos inventados por la izquierda son cargas para el Estado. El mensaje "reivindicativo" de la izquierda no tiene límites en las exigencias al Estado, por un lado, y de promesas desbocadas a su clientela electoral, por el otro. Es pues la demagogia y la irresponsabilidad política hecha sistema. No es nada extraño que las personas -y especialmente los jóvenes- sucumban ante estas prédicas que comprometen sus emociones, sentimientos, valores, esperanzas, ambiciones y anhelos. Todo lo bueno parece provenir de la izquierda. Pero eso no es más que un espejismo, un engaño, un caramelo que se le ofrece a los jóvenes incautos. Estos simplemente sucumben al escuchar palabras como justicia, dignidad, igualdad. Al abrazar las causas de la izquierda, los jóvenes no adivinan que solo han comprado una bonita etiqueta. La mayoría cree en esa retórica de palabras bellas y conceptos huecos, y en la poesía de promesas al pueblo. Realmente creen que la pobreza se puede eliminar por decreto y que el Estado es la fuente inagotable de beneficios que hay que abrir como si fuera un caño.
El problema radica en que los conceptos de libertad, democracia, justicia, derechos, dignidad y otros por el estilo tienen un significado muy especial y diferente en el diccionario de izquierda. En Cuba, por ejemplo, la dignidad significa morir de hambre antes que cambiar su fracasado sistema socialista; la democracia es la obligación de elegir al mismo único partido, los derechos se limitan a lo que el Estado decide que son tus derechos, y casi lo mismo pasa con la libertad. La izquierda tiene también sus propios conceptos de progreso, desarrollo y libertad de prensa. Casi todo lo tiene arbitraria y convenientemente definido según sus intereses. De modo pues que la exuberancia de etiquetas hermosas en el discurso de izquierda es solo un engaño retórico para convencer a los idealistas. Una dulce carnada.
Quizá la más descarada forma de manipulación sentimental de la izquierda es su utilización de la pobreza. Son los pobretólogos que han hecho de la pobreza el núcleo central de su discurso y el pretexto perfecto para señalar el fracaso de lo que llaman "el sistema capitalista". No hay tal "sistema". La pobreza es un fenómeno que obedece más bien a factores culturales, geográficos, psicosociales, etc. Pero hay que reconocer el descaro de la izquierda para criticar la existencia de pobreza en el mundo libre, sin decir nada del vergonzoso hecho de que el socialismo no es más que pobreza. Ese sí que podría llamarse el "sistema de la pobreza general". Pese a todo esto, la pobreza es el caballito de batalla de la izquierda para combatir al capitalismo. Por último, no tienen reparo alguno en autoerigirse como los "defensores del pueblo". El discurso de izquierda está plagado de referencias al "pueblo", aunque electoralmente ese pueblo suele ignorarlos siempre. Precisamente, el constante fracaso electoral de la izquierda los ha llevado a preferir la agitación callejera directa y permanente, así como el sabotaje y el chantaje como arma política. De ese modo tratan de imponer por la fuerza lo que no pueden conseguir por el camino de la ley.
La aparente preocupación por el pueblo y la pobreza lleva a la izquierda a llenarse de grandiosas promesas que carecen de sustento real. Veamos.
Simplismo económico
Otra característica muy curiosa de la izquierda es que se saltan continuamente todas las cuestiones económicas referentes al mercado. Ellos no creen en el mercado así como se puede no creer en un dios. El único inconveniente radica en que el mercado es una realidad. Pero la izquierda no cree en ella. Así de simple. La izquierda vive convencida de que el mercado se puede manejar por decreto. Según su tesis, luego de eliminar a las empresas privadas y convertir al Estado en el único dueño de todo, manejarán un monopolio que no necesitará preocuparse por los detalles del mercado. Por tanto, tienden a ignorar al mercado, y sus mensajes ofrecen beneficios directos, bienes concretos, sueldos altos y precios bajos. Ni siquiera se molestan en explicar el financiamiento de todos los enormes beneficios sociales que ofrecen. Para ellos la respuesta es obvia: por decreto y echando mano del Estado. Están convencidos de que el Estado es una fuente inagotable de bienestar. Es el cielo de donde caerá el maná.
A diferencia de la derecha liberal que propone condiciones jurídicas y económicas para favorecer el emprendimiento individual, ya sea para fundar empresas, contratar trabajadores, adquirir bienes de capital o hacer exportaciones, por ejemplo, únicos medios reales de crear riqueza y bienestar en la sociedad, la izquierda se salta a la garrocha todos estos detalles y se va directamente al ofrecimiento de beneficios tangibles a la población. Todo su fundamento radica en su confianza no en el mercado sino en el poder del Estado. La izquierda cree que el bienestar se logra con la simple buena voluntad del gobernante que maneja un Estado poderoso.
La fantasía de poder que genera en la izquierda el control del Estado y del aparato burocrático, los vuelve negligentes con las condiciones reales de la economía de un país. La izquierda vive convencida de que los precios suben y los bienes escasean porque hay una confabulación de los poderes oscuros, de los poderes fácticos, de la oligarquía, etc. Luego, las medidas económicas de izquierda consisten en luchar contra ellos. Es cuando desenvainan su espada y firman decretos que bajan los precios, confiscan empresas y expulsan a otras. Todo esto sobre un escenario de grandes discursos que resaltan la defensa de los intereses populares. Es obvio que la gente apoya esta clase de delirios. Pero todo esto no es otra cosa que cavar la tumba de una nación. No nos debe extrañar pues el constante e invariable fracaso de las izquierdas socialistas de carácter estatista, que se confrontan con el mercado y sus agentes económicos. Ante el fracaso de su gestión, la izquierda apela al siguiente truco mágico: la negación de la verdad. Veamos esto.
Manipulación de la verdad
Ningún régimen político manipula tanto la verdad como la izquierda. Y la manipulan de todas las formas posibles. Ya nos hemos referido a sus propias definiciones arbitrarias y su lenguaje cargado de eufemismos, pero la más grosera manipulación de la verdad es sin duda su insistente prédica sobre la falacia de la desigualdad social equivalente a injusticia. Esta es una tesis absurda ya que no existe ninguna razón ni fundamento para creer en, o esperar que, el mundo de los humanos sea igualitario o tenga que serlo. La naturaleza humana se basa precisamente en la diferenciación individual. Las condiciones de existencia social, y sobre todo la libertad, garantizan tal grado de aleatoriedad social que ese es el fundamento de la diversidad.
Ahora bien, si los seres humanos poseemos diversidad y diferenciación individual como parte esencial de nuestra naturaleza, ¿cómo es que se puede esperar una sociedad igualitaria en un escenario social aleatorio? Tal tesis pues carece de sentido alguno. Es un absurdo total. Una fantasía ideológica. De allí que todo el entramado ideológico de la izquierda repose sobre un fundamento deleznable, sobre una falacia. Por tanto, todo lo demás deviene en falso: su visión de una sociedad igualitaria no es más que una quimera. La falsedad endémica de la ideología de izquierda conlleva irremediablemente al fracaso, y a su vez esto obliga a los regímenes de izquierda a tratar de sostener su mundo de fantasía mediante la manipulación de la verdad. Por ejemplo, mediante la tergiversación de cifras oficiales así como el montaje de psicosociales permanentes que ensalzan las virtudes del régimen, las bondades del líder, e invocan al patriotismo para luchar contra los enemigos del pueblo, etc. Por esta misma razón los regímenes de izquierda no toleran la libertad de expresión. Son enemigos de la prensa libre por antonomasia.
Otra de las mentiras más perversas que pregona la izquierda es que el sistema de empresas privadas es un régimen de explotación. La empresa es mostrada como un centro de explotación de trabajadores. Esta idea se defiende apelando al hecho de que los dueños se enriquecen cada vez más mientras los trabajadores permanecen en la misma situación de miseria. Ese es el único enfoque de empresa que maneja la izquierda. Un enfoque sesgado y pobre, que deja de lado el gran papel de motor de la economía nacional que tienen las empresas privadas, los riesgos que asumen los empresarios, los empleos que dan, los impuestos que pagan, los beneficios directos e indirectos que aportan a la sociedad, etc. Además está el hecho de que cualquier ciudadano libre es potencialmente un empresario que puede emprender un proyecto en cualquier momento. Tampoco se dice que todos los trabajadores independientes son empresarios de hecho, y que en cualquier momento contratan a alguien, dan empleo y empiezan a crecer. En una sociedad libre cualquiera puede empezar un proyecto en su garage y acabar con una empresa extendida a lo largo del mundo. Sin embargo, el ataque sistemático a la empresa privada es parte de la manipulación de la verdad que emprende la izquierda, con el propósito de eliminar el poder económico de las empresas y concentrar todo el poder en el Estado, es decir, en una sola mano, la del dictador de turno.
De modo pues que la primera mentira de la izquierda es pregonar que una sociedad desigual es injusta. Hay, desde luego, ciertas igualdades que se esperan pero que tienen que ver con las condiciones que ofrece el Estado y no con la vida. Por ejemplo, la igualdad ante la ley, que también es muy relativa, pues la ley no puede ser igualitaria en un mundo esencialmente desigual. Por ello hay leyes para mujeres, para niños, para misnusvalidos, para gestantes, etc. En la medida en que las leyes pretenden ser más igualitarias, tanto más injustas son. No hay nada más absurdo y peligroso que una "ley general". La realidad es sumamente diversa y esencialmente compleja, por ello no existe forma de que podamos atraparla en una "ley general". Son vanas las ilusiones de tener una "ley general" que sea eficiente y útil.
Sin embargo, un vicio de la política que fue adoptado desde las estrategias de izquierda es ofrecer a la gente la ilusión de que los problemas se solucionan con simples leyes. Hoy las leyes son parte del psicosocial del Estado, especialmente en los regímenes de izquierda. Un gran ejemplo de esto es la reciente "Ley de Costos y Precios Justos" promulgada por Hugo Chávez, donde explica a su manera el origen de la inflación y la escasez de alimentos, y establece tarifas únicas para tratar de controlar la inflación. Es obvio que tal ley no solo no controlará la inflación sino que afectará toda la economía negativamente.
Cuando el fracaso de los regímenes de izquierda empieza a aflorar, la primera reacción es de negación. Se llega a manipular las cifras oficiales y a negarlas a los organismos internacionales. Se cierran las fronteras a los observadores y peritos extranjeros. Se condena a los medios que dan malas noticias. Se montan psicosociales que avivan el sentimiento de unidad y patriotismo, se crean enemigos públicos, se condena al imperialismo norteamericano y a las transnacionales, y la sociedad entera vive alimentada de mentiras. De allí la gran importancia que le da la izquierda al control de los medios.
La justicia socialista
Uno de los espejismos más importantes que emplea la izquierda para engatuzar a los incautos es la idea de la "justicia social", la cual, como se sabe, está vinculada a la igualdad. Es obvio que en una sociedad libre es materialmente imposible ninguna igualdad porque quienes más trabajan obtienen mayores beneficios, y las empresas más eficientes logran mejores dividendos. Lo bueno de las sociedades libres es que la dinámica propia del sistema hace que el escenario cambie, pues el mercado nunca es estático: los gustos cambian, las modas pasan, la tecnología avanza, etc. Todo está en movimiento. Una persona pobre puede dejar de serlo, como también un rico puede dejar de serlo. No hay pues forma de que exista nada parecido a la igualdad. La realidad es simplemente heterogénea y dinámica. No se trata de un sistema ni de un diseño ni de una estructura. Nadie es el creador de esto. No hay ningún diseño. Es solo la realidad, la azarosa realidad de la que tenemos que aprender todos los días.
No obstante, persiste la insidiosa idea generalizada de que la desigualdad es injusticia, y que esta proviene de una estructura del mundo diseñada por los poderes ocultos. Es obvio que hay mucho ocultismo y simplismo en esta tesis. Pero esta es la tesis central de la izquierda y por lo menos ellos están convencidos de que eso es una verdad. Por lo tanto, su propuesta es imponer una justicia social basada en la igualdad. El problema es que la igualdad solo se hace posible enajenando a las personas del producto de su trabajo. No existe otra manera. Acá es donde toda la poesía de la izquierda empieza a convertirse en drama para terminar finalmente en tragedia humana. Es una historia bien conocida.
Desgraciadamente, la gente que apoya las ideas de izquierda no es consciente de lo que significan finalmente tales propuestas. Ignoran que esa soñada "justicia social" basada en la igualdad solo se consigue arrebatándole a las personas el producto de su trabajo y enajenándolos a favor del Estado. Esa es la única manera de evitar que las personas logren la natural diferenciación como producto de su esfuerzo individual. Solo así, al evitar la propiedad privada o individual de los frutos del trabajo se impide la desigualdad. El Estado pasa a ser el único propietario del esfuerzo humano.
Esta situación condena a las personas a vivir en una miseria constante y a depender enteramente del Estado y de la voluntad de un dictador que asume las veces de un Dios bienhechor, que vela por la igualdad y la justicia social, entregando dádivas al pueblo. Tal es la justicia social del socialismo. A su vez, este sistema obliga a las personas a la sumisión ante el poder. Por ello no es extraño que exista una gran masa popular que adore al dictador idolatrándolo como a un Dios. No es extraño que mucha gente se conforme con eso y que incluso lo prefiera. Mucha gente experimenta un gran miedo muy profundo frente a la libertad. Para muchos no hay nada más angustiante que la libertad. Prefieren ser dirigidos como ovejas, buscan un pastor, un líder, un Dios que se haga cargo de sus destinos. Ya Erick Fromm nos explicó el fenómeno de la alienación colectiva frente al autoritarismo en su ensayo "El miedo a la libertad", donde revela las razones inconscientes del frenesí colectivo y la fascinación popular frente a Adolfo Hitler y J. Stalin.
Todos estos sectores de izquierda que pregonan el paraíso socialista, inventando enemigos y monstruos para luego ofrecerse como los salvadores del mundo, están conformados por personas profundamente perturbadas. Estamos pues en la obligación moral de denunciarlos y combatirlos. Como defensores de un mundo libre, especialmente libre de estos alienados y salvadores mesiánicos, debemos enfrentarlos en todos los terrenos rechazando sus desbocadas propuestas y sus aberrantes esquemas. Y más aún siendo conscientes de sus estropicios a lo largo del último siglo. Esta es una defensa auténtica de los valores humanos, empezando por la libertad.
Conclusión
En suma, las ideas de izquierda tienen aceptación popular por su facilidad, simplicidad y encanto. Liberan a la gente de su responsabilidad individual atribuyendo las causas de su pobreza a otros, y los convierte en víctimas de un sistema perverso. Les ofrece la redención eliminando a los que controlan el mundo y les promete un paraíso donde solo recibirán beneficios sin hacer nada. Los adoctrinan llenándolos de "derechos" que deben exigirle al Estado. Todo esto convence fácilmente a las personas. A despecho de los numerosos ejemplos de progreso y superación que se encuentran por doquier, la gente prefiere creer que su mala suerte depende de otros factores y que, por ello mismo, su bienestar también dependerá de otros, es decir, del Estado. Para ello es menester que el Estado asuma el poder total eliminando a los otros, es decir, a la empresa privada, pero además, la propiedad individual, única forma de asegurar la igualdad social.
La izquierda simplifica su mensaje al extremo, pasando a ofrecer beneficios directos a la gente. Todo se reduce al poder del Estado benefactor que reemplazará a los otros poderes fácticos, los que solo buscan sus intereses particulares. El Estado, en cambio, velará por el pueblo. Eliminado el enemigo, el bienestar será distribuido a todos como una lluvia de bendiciones. Por ello el discurso de izquierda se caracteriza por estar recargado de ofrecimientos grandiosos al pueblo. Es la clara muestra de la demagogia. Ese es todo el discurso de la izquierda y la razón de su popularidad.
Como hemos demostrado, toda la ideología de izquierda es básicamente un cuento infantil que debido a su estructura narrativa simple y liberadora, transmitida con palabras encantadoras, conquista a los jóvenes ilusos y a las mentes menos preparadas; pero sus resultados reales son siempre catastróficos.
(c) Dante Bobadilla Ramírez
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Hace noventa años una turba de bolcheviques irrumpió en el Palacio de Invierno, en San Petersburgo, arrestaron al gobierno provisional e instalaron una "dictadura del proletariado". Aunque la revolución rusa ya no es muy popular (ni siquiera para los rusos, que ya no conmemoran la Revolución de Octubre sino la expulsión de los polacos de Moscú en 1612), sentí que era importante señalar la ocasión. En honor al aniversario de la Revolución de Octubre, volví a leer "Diez días que estremecieron al mundo", la famosa narración de la revolución rusa escrita por John Reed. Luego volví a leer la semana pasada los informes de prensa del reciente encuentro entre Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, y Naomi Campbell, la famosa supermodelo británica.
Tal como lo recordaba, el libro de Reed transmite magníficamente toda la energía que se respiraba en el otoño de 1917 - "Era una aventura, una de las más maravillosas aventuras que un hombre jamás haya emprendido: entrar a la Historia encabezando las masas proletarias"- así como su propia fascinación y aprobación de la violencia que veía a su rededor. Después de asistir a un funeral masivo, explica por qué los rusos ya no necesitan la religión: "Ellos están construyendo en la Tierra un reino más maravilloso que el que cualquier cielo podría ofrecer, y por el cual morir sería un gran honor". En cambio se siente avergonzado cuando tiene que explicar que en los Estados Unidos la gente trata de cambiar las cosas mediante la ley -una situación que sus nuevos camaradas rusos encuentran "increíble".
Avanzo rápidamente 90 años y, sorprendentemente, poco ha cambiado. Es cierto que la revolución rusa en sí ya no se admiraba mucho, ni siquiera por los herederos de Reed en la extrema izquierda. Pero aquel impulso que llevó a Reed a San Petersburgo sigue existiendo. La debilidad occidental de la violencia revolucionaria de los otros, la creencia en el glamour y la benevolencia de los dictadores extranjeros, y la insistencia en ver ambos a través del prisma de los debates políticos occidentales, está todavía muy presente entre nosotros.
La prueba A es, por supuesto, Naomí Campbell. Aunque es más conocida por su gusto por los zapatos que por sus opiniones sobre la economía de América Latina, sin embargo, la semana pasada en Caracas lanzó un discurso sobre el "amor y coraje" que el presidente Chávez vierte en sus programas de asistencia social. Usando lo que un periódico venezolano llamó "un exquisito y revolucionario vestido blanco de la prestigiosa casa de moda Fendi", elogió al país por sus "largas cascadas". Por supuesto, Campbell no mencionó las manifestaciones anti-Chávez celebradas en Caracas la semana anterior a su visita, ni la propuesta de cambios constitucionales diseñados para permitir a Chávez mantenerse en el poder indefinidamente, o el hostigamiento de Chávez a dirigentes de la oposición o medios de comunicación.
Pero entonces no era ese el motivo de su visita, al igual que no lo fue cuando el actor Sean Penn, un radical autoconsciente y enemigo declarado del presidente estadounidense, pasó un día entero con el Presidente Chávez. Juntos recorrieron el campo. "He venido aquí en busca de un gran país. Y me encontré con un gran país", declaró Penn. Por supuesto, se encontró con un gran país. Penn quería un país donde podía ganar adulación por sus puntos de vista sobre la política de EEUU, y el presidente venezolano se lo proporcionó con mucha felicidad.
De hecho, para los descontentos de Hollywood, la academia y las pasarelas, Chávez es un aliado ideal. Al igual que los simpatizantes extranjeros a quienes Lenin llamaba "tontos útiles", ya que proporcionaban amplio apoyo a Rusia en el extranjero, sus equivalentes modernos proporcionan al presidente venezolano legitimidad, atención y buenas fotografías. Él, a su vez, les ayuda a superar la frustración que John Reed una vez sintió: la frustración de vivir en un aburrido país no revolucionario donde la gente prefiere cambiar las cosas a través de la ley. A pesar de su brillantez, Reed no podía llevar el socialismo a Estados Unidos. A pesar de su riqueza y fama, el acceso a los medios de comunicación y el poder de Hollywood, Sean Penn no pudo sacar a George W. Bush. En cambio, presentándose ante la compañía de Chávez, puede al menos obtener mucha más atención por sus opiniones.
En cuanto a la política venezolana o el pueblo venezolano estos no importan en lo absoluto. El país está simplemente jugando un papel enterrado en el pasado por Rusia. Pero es junto a Cuba y Nicaragua una expresión de ese sistema anacrónico, y que además resulta por este momento el único aceptable. Es evidente que Venezuela es más fácil de idealizar que Irán y Corea del Norte. Aunque la actitud de Chávez hacía las mujeres no conduce hacia modelos de pasarela, siendo además francamente hostil a Hollywood. Venezuela es además un país cálido, relativamente cercano y un país de hermosas cascadas.
Después de todo, no solo al líder de Venezuela le desagrada el presidente de Estados Unidos -también lo hacen la mayoría de los otros jefes de Estado- pero Chávez se refiere al presidente de EEUU como "el diablo", un "dictador", un "loco" y un "asesino". A quién le importa lo que Chávez hace en realidad cuando Sean Penn no está mirando? Noventa años después de la tragedia de la revolución rusa, Venezuela se ha convertido en el "reino más brillante que cualquier otro el cielo podría ofrecer" una nueva generación de compañeros de viaje. Mientras el petroleo les dure.
Traducción: Dante Bobadilla
Entrando a la segunda década del siglo XXI hay una gran inquietud en amplios sectores sociales, especialmente entre los jóvenes que no hallan un espacio para las ideas que persiguen, tales como la libertad y el desarrollo. Se oyen voces de indignación y hasta de condena debido al abandono de estas posiciones por parte de los intelectuales de nuestro país. Este blog trata de compensar la pérdida de tales espacios. Es una tribuna abierta para difundir los ideales del liberalismo en el Perú.
Nuestro país ha vivido una evolución social desordenada y desigual en el último medio siglo. A partir de los años 60, luego de la revolución cubana, se vivió el auge del comunismo en toda Latinoamérica, con expresiones de todo tipo, incluyendo guerrillas y terrorismo. El Perú no fue ajeno a esa realidad. Fuimos víctimas del accionar de grupos guerrilleros en los años 60, que cobraron la vida de numerosos jóvenes valiosos que inmolaron sus vidas detrás de los absurdos ideales que les inspiraba el marxismo. Tal vez la vida más valiosa perdida en esos alocados días haya sido la de Javier Heraud, notable poeta, de los pocos.
Pero a la par de las incursiones guerrilleras en el campo, la izquierda se infiltraba en la vida intelectual a través de las aulas universitarias. La falta de una tradición democrática en el país, constantemente interrumpida por golpes de Estado a lo largo del siglo XX, impidió el desarrollo de partidos políticos democráticos y, con ello, la formación de cuadros políticos que pudieran tomar la posta en cada generación. Como consecuencia, las aulas universitarias fueron los únicos ambientes de adoctrinamiento político, y este adoctrinamiento fue eminentemente de izquierda marxista, que además estaba en pleno auge mundial.
A lo largo de los 60 y 70 la juventud peruana sería inevitablemente adoctrinada con el catecismo marxista, debido a que se había convertido en materia obligada en todas las carreras, con especial énfasis en las de letras y ciencias sociales. Esto condujo luego a la aparición caótica de docenas de partidos de izquierda disputándose la verdad y la pureza ideológica, y todas ellas surgieron desde las universidades. Podríamos llamar a los años 70 el período cámbrico de la izquierda peruana, y a la universidad, el lecho donde tuvo lugar tremenda multiplicación de especies marxistas.
El accionar de la izquierda en el Perú se consolidó plenamente cuando el general Juan Velasco Alvarado tomó el poder en 1968 bajo un discurso anti imperialista, imponiendo un gobierno de corte socialista, con su acostumbrada secuela de abusos en contra de las libertades más elementales como el de propiedad, expresión y prensa. En su intento por transformar drástica y rápidamente a la sociedad peruana produjo un deterioro general del aparato productivo, desde el agro hasta la industria, incrementó el tamaño del Estado con más de cien empresas públicas deficitarias, y por último, llegó incluso a la manipulación ideológica de la sociedad a través de organizaciones populares. Además instituyó cambios severos en la educación, garantizando la enseñanza de las ideas de izquierda en las escuelas. Con todo eso la izquierda peruana casi monopolizó las ideas políticas en los medios, las escuelas y la universidad.
Al finalizar los años 70, y luego de dos décadas de prédica marxista ocurrió lo que tenía que ocurrir: cobró vida Sendero Luminoso, la expresión más nefasta, diabólica y sanguinaria de la izquierda peruana. Aunque el accionar criminal de Sendero Luminoso durante los 80 acaparó la atención, los otros cuadros de izquierda nunca dejaron de lado su actividad y actuaron en el mismo sentido de la lucha de clases pero bajo sus propias estrategias. Algunos grupos de izquierda radical (nunca hubo otros) capturaron el magisterio y los sindicatos. Desde el SUTEP y la CGTP dirigían sus acciones de sabotaje contra el sistema mediante la agitación social, siempre tras un discurso reivindicativo que incluía infaltablemente exigencias de política general. Por su parte, la camarilla de intelectuales de izquierda anquilosados en las universidades prosiguieron silenciosamente su labor de adoctrinamiento, tanto mediante la cátedra como por las publicaciones. Así fue como la sociedad peruana respiró marxismo durante tres décadas.
Las ideas liberales apenas se asomaron tímidamente al final de los 70, cuando el general Morales Bermúdez permitió algo de libertad de prensa. Pocos años después, durante los 80 vivimos la hecatombe de Sendero Luminoso por un lado, y la agitación callejera de la otra izquierda por el otro. El accionar político radical de la izquierda impidió el debate y el surgimiento de ideas frescas. La urgencia por sobrevivir en medio de la crisis profunda del país impidió consolidar los proyectos liberales a fines de los 80, cuando Mario Vargas Llosa intentó el poder. Mucha gente vivió amenazada y prefirió salir del país dejando el campo abierto a los agitadores y predicadores de la izquierda, así como a políticos criollos improvisados y saltimbanquis.
Sin duda todo ese escenario ha cobrado algunas consecuencias para el presente. Hay al menos tres generaciones de peruanos que no conocen más que prédica marxista. En el presente siglo, tras el fracaso del socialismo mundial en los 90, la izquierda marxista se ha camuflado de diversas formas cambiando ligeramente el énfasis de su discurso. Los viejos partidos de izquierda se han transformado en ONGs ambientalistas y de DDHH. Pero las universidades no han dejado de ser centros de adoctrinamiento de la izquierda. Aunque ya no existan los cursos de marxismo de antes, aun quedan en la cátedra numerosos intelectuales que fueron parte de la generación de jóvenes lobotomizados por el marxismo. Sus publicaciones muchas veces son las únicas que se exhiben en las vitrinas y son referentes obligados en los cursos. Además tenemos una gran plaga de izquierdistas ocupando cargos públicos importantes, incluyendo muchos jueces.
Vivimos pues una realidad desequilibrada en el Perú, con un crecimiento desproporcionado de la izquierda en todos sus matices. A partir del presente siglo el espacio liberal del Perú ha tenido algún impulso tímido, pero todavía se tiene la sensación de que el carbón del liberalismo no enciende. Creamos este espacio virtual para ayudar a encender la fogata del liberalismo peruano a fin de que pueda proporcionar luz a las generaciones venideras.