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Etiquetas: [olivo]  [paraíso]  [Perú]  [pisco]  [poema]  [poemario]  [poeta]  
Fecha Publicación: 2015-07-24T01:58:00.000-07:00
Voces del valle que irrumpen en el desierto
camino de rostros enmascarados
en busca del tesoro acholado
del mar, una uva
y del cielo, un fragor
luce la hacienda su emoción
saltan en la tierra los peones morados
con los sueños pintados
los pies descalzos
y en la sangre una nación.

Duermen en las reservas del poderoso sol
gotas del néctar cristalino
y el tiempo se fermenta
en tinajas de alcohol
la fruta lanza su rumor,
afina el mosto que revienta
en cada aroma de locura
entre cantos de levadura
su sabor me alimenta
su aliento es mi pasión.

Se vuelven etéreos los rocíos de mi voz
hierve en el alambique mi patria
su espíritu emerge de la paila
añeja dulzura destila
cae en la alberca con pretensión
y en el cuello del cisne desfilan
parras del olivo
gotas de vino
el vapor se vuelve sentimiento
pisco peruano de corazón.


Etiquetas: [afasia]  [grito]  [poema]  [poesía]  [voz]  
Fecha Publicación: 2015-06-17T09:02:00.001-07:00
Mis palabras son como balas imparables
de paz, de justicia, convicción,
mi voz es ciega y sorda, rebelde
nunca vencida, siempre indomable,
atiborrada de energía y de expresión.

Mis frases, defensoras de sus ideales,
prometen cambiar quien soy
quien fui, o quien fuese
volverán a mí, ¡hablen!
arma letal ¡dispara hoy!

Si confieso, olvido ser amigable
pues universal es mi corazón,
más ahora, cuando aparecen
fantasmas de gritos labiales
y una incierta resignación.

Si mis palabras son balas intolerables
¿por qué aquí mudo estoy?
no hay sonido que conteste
mi partida es probable
ofuscado yo me voy.

Mis palabras son balas imparables,
proyectiles con silenciador.


Etiquetas: [derma]  [piel]  [poema]  [poesía]  [sexo]  
Fecha Publicación: 2015-06-03T01:01:00.000-07:00
Mis versos eyaculan en los surcos de tu frente
dejando huellas de pecado en tu piel
dejan llagas color pastel
escribo en el abismo que se orilla en tus labios
gruta que traga cada llanto que emano.
Me vengo en tu seno derecho
y me voy como Dios satisfecho,
tócame
tócame
que este día he de penetrar tu vientre blando
y aferrarme a la vida que destila muerte
se escuchan rugidos detrás de mi cierre
y un canto meretriz,
bajo mi pantalón está la fiera
antes en celo y hoy de fiesta
y está entre tus piernas
su anhelada caverna.
Soy feliz
por fragancias de tabaco y colorete
por los sudores de este falo demente.
Se masturba mi corazón
lloran tus nalgas de dolor
viajas conmigo al infierno del paraíso
y hasta la luna gime tu murmullo,
celebra el fuego de tu hechizo
placer de verme dentro tuyo
locura que arde hembra morena
me quema, me quema
toco el éxtasis de tu santa vagina
tus uñas cruzando mi culo desierto
y brinca Venus en tu agitada colina
sus polvos recojo con mi lengua afligida
acaricio los poros dilatados de tu cuerpo
la carne en llamas
y el velo que encierra el ardor de tu alma
abierto el cielo
corteza que clama
que se libera de mi realidad
piel que sangra en silencio
piel que grita en la noche,
piel erosionada
mancillada
profana
quebrada
¡goce!
Piel de puta en donde bailan mis manos
máscara impura que se deja mancillar,
en la alcoba la cópula de dos paganos
y en tu rostro el desnudo de este sexo falaz.
Etiquetas: [crónica]  [mujer]  [noche]  
Fecha Publicación: 2015-05-14T19:14:00.001-07:00
La noche está cargada de silencio, y mis oídos gimen de miedo. Desconocía el color de las paredes en medio de la oscuridad. Todo estaba borroso, difuso, negro. Todo era negro, y era vacío también. Recuerdo que esa madrugada, Julián, el primo que había llegado de provincia, y yo habíamos estado tomando un par de botellas de whisky en un bar de la Plaza San Martín, celebrando el placer de volvernos a ver luego de 10 años. Y tomamos solo esas dos botellas, hasta que el loco se hartó de mi compañía y me abandono en la mesa, pues prefirió el culo de una puta que lo engatusó, y se lo llevó, tranquilamente, a un hotel de mala muerte, donde seguro ahora están pasándola bien.
Entonces me había quedado solo. En la mesa, ebrio, abandonado, y con hambre. Llamé a la muchacha de la barra, y cual delincuente se robó de mi billetera los últimos billetes que tenía. Me dejó desnudo y miserable. Así que me alejé de ahí, maldiciendo al whisky, a la mesera, al bar, al forajido de mi primo, y a su nueva amante. Maldito suertudo, y maldita mi suerte.
Y así, como decía, me había quedado dopado en medio de la plaza. Avancé por las calles adyacentes, y parecía un muerto fresco, tieso por el frío, con un aliento de vida que se estaba apagando como la llama tímida de una vela. Como decía al inicio, mi vista se limitaba al silencio y a mi miedo. Yo avancé sin saber a dónde iba, no tenía dinero, ni fuerzas, y mucho menos valentía. Eran las 3 o acaso las 4 de la mañana.
Mientras andaba con el alma descalza y con la mente perdida, encontré en una de las esquinas por la que tuve inevitablemente que cruzar, a una mujer solitaria, sucia, abandonada, desprotegida, pero aun feliz. Me llamó la atención las sonoras carcajadas que lanzaba en medio de la noche. Yo pensé que se burlaba de mi desgracia, pero ¿cómo se enteró de mi azarosa vicisitud? Estaba tirada en la vereda, con unos trapos oscuros cubriéndole su delicado cuerpo, al costado había cartones y gatos, que al parecer, compartían su felicidad. Joder-me dije-esta indigente la pasa peor que yo, y está feliz.
No dudé ni un segundo y me acerqué. Mi miedo me mojó los pantalones y se marchó, y llegó la valentía acompañada de la curiosidad. Me ganaron las fuerzas. Quería que aquella loca, me contara sus chistes. Quería reír, pues. Tan pronto me vio, noté que su actitud cambió. Su alegría desbordante ya no asomaba en su rostro serio. Creo que estaba invadiendo su espacio, y creo que esto de hacerme su amiga, era una malísima idea.
Los segundos posteriores fueron decisivos. Me voy o me quedo. Estaba confundido. Nos miramos y sentí la tensión. De pronto, uno de los felinos que la acompañaba tomó la iniciativa. Se acercó pausado a oler mis zapatos, y sintió que no quería hacer daño alguno. Entonces me di cuenta que no era tan mala idea sentarme un momento a charlar con aquella inquietante mujer.
Con un ademán pedí el permiso para sentarme al costado suyo. Ella me miró sonriente, y dijo mi nombre: Jorge, ¿cómo has estado?
-Bien… espera, ¿cómo sabes mi nombre?
-Adiviné
-No entiendo
-No es necesario, Jorge.
No sabía qué hacer. La miré nuevamente, y asomó en mí el vago pensamiento de que aquella no era sino una bruja. Caray, una bruja en medio de la calle, en medio de la oscuridad, y yo cayendo en su juego. Ojalá me convirtiera en sapo. Pero caray, que linda era. Pero seguía mirando mi rostro, sonreía, y penetraba mi mente. Quizás leía cada espacio de mi cerebro, y sabía claramente la percepción que yo tenía de ella, y la verdad, no me importaba mucho. Carpe diem, y ya.
Luego de que le contara brevemente de lo que me había ocurrido esa noche (estaba ebrio, sin dinero, y mi primo se había ido con una puta), empezó a contarme algunas historias, algunas creíbles, otras inverosímiles, algunas me llenaban de emoción, otras me hacía morir de la risa. Estaba ebrio, y lo mejor que podía pasar es que amanezca. Pero ya.
Mientras pasaban las horas, me sentía más en confianza con ella, y me pareció mucho más amena la conversación. Y no sé en qué momento olvidé que ella era una indigente, una callejera, una hembra de la calle. No sé porque lo hice. Me acerqué lentamente a su rostro, cogí sus mejillas heladas, acerqué su boca a mi boca. Y tan pronto hice eso, caí en un sueño profundo. Cuando desperté, estaba en mi casa, en mi cama, desnudo, y con una explosión inacabable en la cabeza, que se dejaba confundir con el brillo de un sol ardiente y furioso.
Lo único que hice fue correr a la ventana de mi habitación de donde se veía parte de la ciudad. Buscaba con la mirada su figura en medio de la mañana que ya asomaba. Miré mi rostro en el espejo, mis manos, mi cuerpo, miré a mi costada. Ya no estaba, ni conmigo, no estaba en ningún lado.
Esa misma noche fui a la esquina en donde la encontré la madrugada anterior. Lo único que encontré fue su ausencia, y un par de gatos que merodeaban el lugar. Se había ido. No busqué justificar la situación. Si pues, estaba ebrio, pero aun pude darme cuenta que aquello fue real.


Etiquetas: [guerra]  [lucha]  [Perú]  [política]  [violencia]  
Fecha Publicación: 2015-04-25T00:25:00.000-07:00
¿Hacia dónde voy?
Hacia la fosa común
Donde reposan
Sin alma los cuerpos de mis hermanos
Hacia donde fueron sepultados
Heridos de muerte, primero
Y luego al vacío oscuro lanzados.
Voy hacia el cementerio profano
Aguardo
El rostro de los esclavos
Víctimas del sueño dorado
Pobres mis hermanos
Y pobres los humanos
Que cual bestias devoradoras de carne
Les arrancaron las entrañas
Cobardes
Que absorbieron sus almas
Tristes los que fueron mis hermanos
Y miserables mis plegarias que no alcanzan.

¿Hasta dónde quiero llegar?
A la colina de metal
Donde descansan sus quiméricos sueños
Aunque sin alas
Vuelo
Sobre el río que del llanto se formó
Voy por las calles de la perdición
Tragando soledad y desconsuelo
Saciando mi sed donde lloró Dios
Lamento
El día que se deja violar por la noche
Para que tan pronto el rey del cemento
Abra los ojos y se enoje
Lanzando pólvora en el pavimento
Maldito soberano falaz
Que para comer le quitas al pobre
Eres fuego y eres gas
Y eres la llaga que hiere en tu nombre.

Pobres mis hermanos lucharán
Y sin más armas que su arenga morirán
Y seguirán muriendo
Pues valen lo mismo vivos que muertos
Y seguirán muriendo
Más que la tierra vale el dinero
Y seguirán muriendo
Por otros aciagos y sombríos momentos.

Y siendo más penas en el desierto
¿Quién más podrá luchar?

Etiquetas: [dama]  [muerte]  [mujer]  [pobreza]  [puñales]  [siete]  [violencia]  
Fecha Publicación: 2015-04-03T22:20:00.000-07:00
Se ha dormido
entonces sus ojos de llorar descansan
siente la paz que ahora le abraza
ha guardado el sufrimiento
le dijo adiós a las lágrimas
al menos por hoy
y por este momento
cuánto lo siento
y siento también por ser humano
pues no ha valido la pena su injusta vida
esa pobre mujer ha vivido el engaño
y no ha podido nunca ser querida,
es Alicia en el país de las pesadillas
y ahora duerme
saboreando su derrota invernal
bañada en su caverna de hormiga
oliendo a pobreza, suplicando caridad
y ha sido su piel rosa
el alimento preferido de su yugo
mancillada mariposa
de cuyo amor se mofó el verdugo
muere, lentamente
y ya no verá la luz
no despertará
el amor por hoy está ausente
se fuerte
vuelve libertad a su mente
vuelve que son siete
los puñales de su muerte.
Etiquetas: [carta]  [cólera]  [mundo]  [odio]  
Fecha Publicación: 2015-03-02T22:18:00.000-08:00
Hoy es martes. Como siempre, martes, sangrante, estúpido martes, y yo, sangrante. Me sangran los ojos de abrirlos, y verte, mundo ponzoñoso y necio. A pesar que te escondes en la esquina de mi habitación logro observar toda tu desgracia, a pesar que estás sollozando al pie de mi cama, mis oídos lacerados, logran escuchar tu maldito lamento. Levántate del fango que está en mi suelo, mundo maricón, enfrenta mi mano y discute conmigo, refuta mis palabras que a mi vista, hieren tu honra y me imploran perdón.
Harto de tu llanto, y de verte siempre al pie de la carretera listo para disparar, hoy te vengo yo a matar. Desaparece con toda tu mierda, mundo pretencioso, mundo del ayer, mundo pecador, mundo arrogante, mundo de mi vida, y a la misma vez, espacio de mi futura muerte.
Únete a la tierra para que luego mi esencia te vuelva carne de mi carne, y luz de mi oscuridad. Libérate del universo para emprender tu propio viaje hacia lo desconocido, a lo que no existe, muere al amanecer en la entrada del Edén o en la salida del infierno, pero muere ya.
Mundo reflejado en cada llaga abierta que me viste la piel. Padre de los animales más imperfectos que engendró el averno. Defensor del capital, del sexo, de la avaricia y de la sinrazón. ¿Qué esperas, por piedad, para terminar con la creación? Lo digo, arrodillado, aquí y ahora, mientras el ladrón toma de mi pecho mi ingenua alma y la arroja al abismo. Lo digo en este, mi momento de angustia eterna, cuando del cielo llueven granadas de una guerra que por odio, el amor batalló. Lo digo, y así también lo he dicho siempre, y lo diré hasta el fin de mi tiempo. Lo digo porque mi boca sedienta de conciencia, aún puede las palabras articular, y preguntarse, ya a punto de la desesperación ¿Quién así y de tan torpe manera, con mi vida jugó?
Entonces, harto de cavilar y de justificarte, mundo perverso, mundo ingenuo, juzgo que sólo te hace falta soñar, para siempre, y no despertar. Hundirte en el fondo de la contaminación, y ahogarte en polución. Ser el cristal que con la pasión del temblor, sus espacios quebró. ¿Cuántas lágrimas más del cielo han de caer? Ojalá y tuviese en mi mano el poder que tiene Dios, para apuñalar tu vientre, comerte las entrañas, y destrozarte el corazón.
Etiquetas: [amor]  [Febrero]  [querer]  
Fecha Publicación: 2015-02-12T06:36:00.000-08:00
Hoy no estoy para insistir
hoy no estoy para rogar.
Ya no quiero más fingir
ya no quiero más llorar.

Ya no quiero recorrer
los caminos de tu piel
ni pensar una vez más
que tu boca tiene miel.
Amor, no te quiero amar
no te quiero más querer.
Amor, me duele amar
y me duele más perder.

Ya no quiero perecer
en tus brazos cual rehén
cada noche naufragar
en el abismo de tu ser.
Amor, odio tanto amar
no quiero volverte a ver.
Amor, no te puedo amar
y no te quiero más tener.

Ya no quiero más beber
del veneno del ayer
y no quiero despertar
en tu alcoba de placer.
Amor, me niego amar
no te quiero pertenecer.
Amor, no más amar
y no más en ti, mujer.

Hoy no estoy para escribir
hoy no estoy para pensar.
Ya no quiero más vivir
ya no quiero más amar.


Etiquetas: [apesta]  [ciudad]  [Lima]  [limeña]  [nocturno]  [relato]  
Fecha Publicación: 2015-01-19T06:33:00.000-08:00
PRIMERA PARTE

La ciudad apesta.
Me gusta su desierta belleza. Los espacios que se vuelven míos y que apenas se dejan acariciar.
Me gusta su mirada perdida en el cielo mañanero cubierto del vapor que se escapa de nuestros pulmones.
Me gustan sus mascotas que tragan a toda hora su miseria desde la alcantarilla maloliente, hasta la vereda de enfrente.
Me gustas tú, cuando vagas inerte por la pista deslizando tu figura de limeña, justo unos minutos antes que una combi endemoniada te ponga a volar.
Me gustan sus mercados putrefactos, que renacen moribundos al alba, y que adornan de noche con sus cantos lastimeros la oscuridad.
Me gusta tu locura cada sábado por la madrugada, cuando liberas tu alma pagana. Y tan en cambio al día siguiente muestras tu velo de redención. Cada domingo pides perdón, a las 12, después de misa, y antes de irte en coche, tan de prisa. Te miro desde la ventana porque Dios te perdona la vida, puritana.
Me gustan tus calles agobiadas a la hora exacta, cuando los vehículos hambrientos del humo maligno que despide el viento, se agrupan apilados ocupando el paisaje de cemento.
Me gustan tus hijos, espurios e inocentes, salvajes e inclementes, que toman, sembrando el temor, lo que de ellos no es propiedad. Sangran ignorancia y mueren, y  a veces matan, a la luz de la desgracia, la misma luz que hoy se apaga.
Me gusta el vuelo de cuchillos en los barrios que conforman tu piel, y que dejan en violencia los rostros más feroces y en llanto las voces más reprimidas.
Me gusta tu gente, que anda tus caminos con las heridas más profundas en el corazón, y que por hipócrita, sonríe a su pesar.
Me gusta tu cielo perdido en el espacio, alumbrado por un sol melancólico y el colchón de tus nubes plateadas, que no le permiten brillar.
Me gusta la manera en la que tu dueño guarda el oro para su provecho en sus calzones, mientras su cuchara intenta alimentar de trigo barrigas desnutridas a las que les debe sus millones.
Me gusta tu puente, y tú río. El punto de encuentro entre uno y otro. El límite entre el paraíso perdido y el limbo de muchedumbres. Dos espacios hermanos que se miran y se escupen.
Me gustan las olas que bañan tus costas, cuál lágrimas de ese mar testigo, tan viejo y tan víctima de tanto castigo.
Me gustan las montañas de metal que adornan el centro de la ciudad, en cuyo interior habitan prisioneros aquellos que edifican torres y destruyen bosques, por orden del capital.
Me gusta la cruz con la que nos encara tu colina, altiva mira desde la cima el trajinar del día a día de aquello a lo que llamamos vida.
Me gustan las celebraciones del cuerpo bañado en alcohol, las fiestas en las que vuela el vinagre y baila contenta la guitarra coqueteando con el cajón. Me gusta que el sonido de tus calles sea cantado por tu gente de puro corazón.
Me gusta tu mesa hambrienta que a pesar de la escasez me alimenta, gracias al ingenio de las manos bendecidas, tanto de la dueña, como de la sirvienta.
La ciudad sigue apestando
a olores de rosas miraflorinas
y yo sigo pensando
sobre esta roca meditando
que fumaré siempre en la esquina
pues aun me gustas tanto
y tantas veces, Lima.
Etiquetas: [prostituciòn]  [relato]  [señorita]  [Venecia]  
Fecha Publicación: 2014-12-08T06:30:00.000-08:00
La señorita que de noche tiene la piel, se envenena con el labial de rojo carmesí, que le dibuja de tan vivo color los labios, y los polvos le embriagan la carne, pues es, por hoy, y por este momento, sólo eso, carne. Su vestido la protege de la vergüenza, le cobija el alma tan pura y tan santa, y a la misma vez, tan puta que encanta.
La corona invisible le adorna la mente y decora su rostro que al despertar luce lozano y fresco. Más al terminar la noche se deja sonrojar por el escarnio, y la furia de la pasión que emanan de las manos recias de algún forastero. Se viste en medio de fragancias florales, para luego desvestirse al compás de canciones denigrantes.
Empieza el día altiva, inocente y celestial, para cerrar los ojos entre rosas negras y gotas de sal. Sueña, acomodada en el sillón de hojalata, volverse mariposa y alzar vuelo para rozar el firmamento convertido en paraíso.
Se mira en el espejo y ve a la dama más hermosa del mundo. Se acaricia los cabellos y se aprieta el pecho.
Ahora es su momento.
Camina a la luz de la sensualidad con sus pasos rosados, toma la cartera ajena llena de cigarrillos, y cruza la puerta que la vuelve la diosa del placer prohibido.
Emprende el viaje que la vuelve inmortal, acorta la distancia entre su vientre y la mano de su admirador, con la ferviente esperanza, y el pudor en el bolsillo. Se deja mancillar, pero aun así avanza, bailando al ritmo de sus caderas por calles, plazas y avenidas. Hace la venia que anuncia su llegada, para luego ingresar por la puerta grande.
La reciben los bufones con bombos y platillos, y la acompañan hasta el sillón dorado donde descansa el hombre que la anhela.
Saluda a su protector, a su sol, a su Dios, y vuelve la mirada hacia su mano derecha, en ella está el pendiente de perlas que solicitó la noche anterior. Ese es su banquete, su satisfacción, pero a su vez, su perdición. Roza él su cuello con la joya y la desnuda a la vista del día que ya no alcanza. Toca su cuerpo ardiente, transita sus manos por su piel de seda. La besa en los labios, acaricia el cielo, eso es pasión, y a pesar de todo, es amor.
Es el momento de la gloria para los dos.
Etiquetas: [canción]  [música]  
Fecha Publicación: 2014-11-12T06:28:00.000-08:00

Etiquetas: [grito]  [muda]  [mujer]  [sangre]  [venganza]  [violencia]  
Fecha Publicación: 2014-10-23T06:25:00.000-07:00
Su voz que había callado durante mucho tiempo, harta hasta el cansancio de la paz que guardaba en la calma de su mirada, y en la tempestad de sus curvas. La lluvia que mojaba sus cabellos bañaba sus pensamientos, sus ideas, su amor, y el odio del amor.
Era la madre que había recibido de noche el abandono de la luna, y que de día se tragaba el desayuno frío de la indiferencia. Lloraba a solas pues sus vástagos animales fueron, y volaron, y saltaron, y corrieron por los caminos que les daba el mundo.
De su odio y de su amor, ahora vivía, callada, tímida, y amenazada, a la luz de una vela que apenas su yugo había permitido alumbrar, y si acaso, preferiría la penumbra y el llanto de su amada, de su desalmada amada, la culpable de su ignorancia, o de verse envuelto en desgracia.
Tenía vergüenza ella, y lujuria él. Tenía, y pudieron haberlo tenido todo, pero nada a la vez.
Entonces, saturada de rencor, cierto día que en el calendario de la vida de su rey sin corona marcaba el último, se levantó de la cama a donde las bofetadas y patadas de su acompañante la habían llevado y se sacudió la dignidad, como el polvo de cocaína que no se quería ir y que se aferraba a su nariz, la misma que a kilómetros de distancia reconocía su olor, y a su lengua, la que tantas veces lamió el suelo así como su piel cobriza, por amor; y se miró en el espejo. Idiota, tonta, pobre ilusa. Acabada. Sonrió, luego soltó una sonora carcajada.
Tocaron la puerta. La abrió. Como aquel 26 de Noviembre cuando le abrió su corazón. Estaba él, y estaban también sus ansias de sangre. La que hasta entonces había callado la voz, y que había aguantado en silencio el dolor, estaba frente a frente al hombre que más amó, y que tantas veces la maltrató. Más ahora, harta del sufrimiento, meditó un aciago momento antes que su amado, bañado en alcohol le lance el primer puñete de cemento, o la mande a volar cerca de las nubes de su oscuro firmamento.
Ella corrió a la cocina, tomó la tetera en donde había estado hirviendo sus lágrimas, y quitándoles la sal. Tras de ella su señor. La empujó contra la cocina, para hacerla caer y cual cobarde patearle el vientre en el suelo. Ella trastabilló un poco. Volteó, y con un grito desafiante y estruendoso que hizo llorar a los ángeles, camufló su rabia en el veneno del líquido elemento. Lo echó en el rosto de su amado tormento. Lo siento.

Su piel ardió de locura, y corriendo con los ojos sangrando por el calor, se tiró por la ventana. Una víctima más del desconsuelo que caía del cielo, para estrellar sus sueños y sus sesos contra el pavimento. Él murió. Ella calló su lamento. Se sintió satisfecha. Y el amor, se volvió otro cuento.


Etiquetas: [relato]  [soledad]  [texto]  [webtext]  
Fecha Publicación: 2014-09-05T01:06:00.000-07:00
Y se fueron. Corrieron huyendo de mis pesadillas, todos. Ingratos inmisericordes que no pudieron aguantar mi lamento, y darme la mano para levantarme del charco. Se fueron porque no querían sufrir más. No querían oír más mis plegarias al anochecer y aún por la mañana cuando el sol se pone en la línea perpendicular que lo une a mi mente. No quisieron seguir bebiendo del agua con la que a diario preparaba el desayuno, que luego se empozaba en el cerebro de esta miserable criatura que habitó la perdición. ¿Dónde están ahora aquellos que juraron tener la piel de león? ¿A dónde, por el miedo, su incierto destino llevó?
Ya no están. Ya se fueron. Todos los rostros que habitaron alguna vez mi palaciega casa. Me dejaron sólo, como al nacer lo hizo mi padre, como al crecer lo hizo mi madre, como al perecer lo estoy haciendo yo. Quisieron marcharse a veinte cuadras de mí, quisieron evitar mis lágrimas de bestia arrepentida y mancillada. Quisieron ser la almohada que durmió sobre mi cama, más se volvieron los recuerdos del soñador que atormentan mi alma, que sin calma marcha sin vida en medio de mi dolor.
Y entonces hoy que se fueron ¿A qué faldas me iré a dormitar? Es más, se fueron y se llevaron mi soledad, que me nacía del pecho y que hoy no me acompaña más. Se fueron volviendo su vista a prisa para custodiar mi rendición. Y no quise pedir clemencia que ya en vida fue mi petición predilecta. Y no quise mirarlos con desprecio pues se acostaron junto a mis llagas y me enseñaron a comer el pan. Hice con ellos los días y nos bañamos en la inmensidad del mar. Pero todo esto, hoy es memoria, pues se fueron encerrando en mi mansión sin compasión cada línea de mi historia.
Y se fueron, y se fue también mi corazón.
Etiquetas: [historia]  [poema]  [poesía]  
Fecha Publicación: 2014-08-07T14:20:00.000-07:00
Es un grito
que se pierde
en tus sentidos.
Se acerca desde lejos a besarme un ángel
me desnuda
y con sus labios, la sal.
Estás ahí?
Mientras no estás aquí conmigo me siento demasiado inseguro.
Estás ahí?
Dónde estás?
Es un grito
que se pierde
entre mis gemidos.
Lo que quiero
no está tatuado en tu piel.
Lo que quiero
es prohibido
Lo que quiero
no es tu ser.
No eres tú
es el ángel.
Es tu compañía
es la noche que se asoma en tu ventana
para verte dormitar.
Estás ahí?
Escúchame
me endulza con su tentación
las alas y tan pronto, volar
es un ave que me incita al pecado
a la perdición.
Pero, hay algo, no eres tú.
Lo siento, no eres tú.
Estás ahí?
Lo que quiero no eres tú.
Es tu ángel.
Déjame morir
no te pertenezco
no.
Aléjate pronto
yo no te quiero soportar.
Aléjate que más tarde
el cielo y su misterio
me han de tragar.
Y hay un grito
que se cuela
entre mis huesos
y los vuelve sal
perdón
aléjate de mi vida.
Aléjate ya.
Estás ahí?
Etiquetas: [justicia]  [pastor]  [relato]  [salvaje]  
Fecha Publicación: 2014-07-15T02:32:00.000-07:00
“No te mientas amor, las diferencias entre los dos no existen. Cuando el sentimiento es puro y verdadero las diferencias, no existen. No le hagas caso a tus pensamientos, hazle caso a tus sentimientos. Imagina que mi edad no es un pretexto en contra de lo nuestro. Imagina que mi experiencia es un punto a nuestro favor. Tú eres bella, muy bella, y desde que te vi en la iglesia aquella mañana no he podido borrarte de mi mente. Te llevo junto a mí en cada momento, no hay paso que dé sin que tú estés presente. La noche pasada cuando viniste a verme, me dijiste que eras muy pequeña para amarme, me dijiste que tus padres se molestarían contigo, me dijiste que era un pecado. Yo sólo sé que después de esos indecisos minutos, tu alma y mi alma se convirtieron en una, tus labios y mis labios se enredaron, y nuestros cuerpos experimentaron el milagro más grande que pueda existir; el amor. Yo estaba muy contento aquella noche, pero mucho más contento estuve en la mañana, cuando desperté junto a ti, mi bella mujer, la que me amaba, yo estoy seguro que así es, yo sé que tú me amas, estoy seguro que me amas, confío en ti, como confío en Dios, y confío en que él verá con muy buenos ojos nuestro idilio, para el cuál, como te repito, no existen diferencias. No existe edad, ni color.Para amar basta con ser dos, no hace falta nada si yo te amo, si tú me amas, sólo te pido que este sea un secreto entre los dos, un dulce secreto, yo te quiero, te amo y te adoro…”
La misiva estaba sobre una mesa central, una siniestra sombra rodeaba la escena. El ambiente oscuro se dejaba alumbrar por una pequeña linterna que el visitante tenía en la mano derecha. Luego de leer la carta se ocultó tras un mueble. Se escuchó la puerta. El dueño de la casa, y de los amorosos versos impresos en el papel estaba de vuelta. Quizás había salido para encontrar un poco de inspiración en la romántica y misteriosa noche que acaecía. El cielo estaba iluminado de estrellas, y su mente, por un haz de amor. No presagiaba lo que sucedería.
El anciano dejó la biblia que traía consigo junto a la carta y encendió las luces. La preocupación por continuar la carta dedicada a su musa le impidió reconocer que sus pertenencias no estaban tal como las había dejado. Subió a su dormitorio de dónde sin demorar cogió una bella pluma que llevaba con cautela. Al descender las gradas notó que había un invitado sentado en uno de sus sillones.
-Buenas noches Pastor.
El anciano sorprendido ocultó su pluma en uno de los bolsillos de su camisa y preguntó:
-Buenas noches joven. ¿Quién es usted? ¿Cómo ingresó a mi casa? Por favor le pido amablemente que se retire antes que llame a la…
-¿A quién?
-A la policía
-¿A la ley?
-Sí, a ellos
-¿Para qué? ¿Acaso usted cree en la ley del hombre? ¿Y la ley de Dios? Veo sobre su mesa una biblia ¿No cree usted que la ley de Dios es la ley verdadera?
-No discutiré eso contigo ahora. Hijo, por favor, sal de mi casa…
-Me iré, sí. Pero antes quiero felicitarlo por su conquista…
-¿A qué te refieres?
-A nada. Bueno, ya me voy.
-¡Espera!
-¿Sí?
-¿Has leído la carta que dejé sobre la mesa?
-¿Cuál carta?
-No te hagas el idiota, muchacho, te pregunté si has leído esa carta.
El anciano mortificado señalaba el papel que antes había examinado el extraño.
-Pero ¿Por qué me insulta? Usted debe guardar su compostura. Soy una pobre oveja descarriada y usted es el representante de Dios, el bendecido.
-Mira muchacho, no me hagas perder la paciencia. Tengo muchas cosas que hacer, muchas cosas en qué ocuparme, y no quiero andar preocupándome por un soplón como tú.
El joven se acercó lentamente al anciano. Su caminar era inofensivo, pausado.
-Disculpe Pastor, yo no quiero que pierda la paciencia…
-¿Entonces?
-Bueno, sí. Leí la carta. Me parece muy mal lo que usted está haciendo con esa jovencita. Es una bajeza. Usted, siendo practicante de la religión, yo no quiero ni pensar en el escándalo que se armaría en el pueblo…
El anciano estalló en cólera al escuchar la reflexión del visitante.
-¡Basta! Ese no es tu problema. ¿Todos somos hombres no? Todos tenemos necesidades…
-Lo sé, pero para eso están las putas, no las jovencitas inofensivas. Usted hace muy mal.
-Perfecto. Quieres dinero ¿Verdad? ¿Cuánto?
-No, no, no. No se moleste, no quiero su cochino dinero. Ya me voy.
-¡Espera!
El pastor lo tomó del cuello creyéndose más fuerte e intento ahorcarlo, sin poder lograrlo
-¡Hey! ¡Viejo de mierda! ¿Qué quieres?
-Que cierres la maldita boca imbécil, ¡Que no digas nada!
El muchacho lo venció rápidamente, lo cogió de sus arrugadas manos y lo empujó al suelo. Nadie sabría lo que pasaría. El joven lleno de rabia se paró frente a un viejo angustiado y desafiante. Uno con ganas de matar y el otro no. Pero, ¿Quién sería quién? El desconocido desistió, volteó, y se marchó, sin embargo, el vencido se puso de pie, tomó la pluma con la que había bajado de su dormitorio y cual puñal quiso clavarla en la espalda del otro, pero fue inútil. El muchacho tomó la misma pluma con la mano derecha, y con la izquierda tomó el cabello del anciano, y la clavó una y otra vez en el rostro de su víctima. Una y otra vez la fina pluma que antes había trazado románticos versos de amor se convertía ahora en un puñal sangrante y letal. Una y otra vez; su frente, sus ojos, sus dientes, su cuello, y finalmente su corazón, su enamorado corazón. Una y otra vez los gritos suplicantes del anciano muriendo en las manos de un desconocido. Y el desconocido era Salvaje.
Al cabo de largos minutos, un silencio desesperante asomó en la escena. El joven limpió su culpa y sus manos con agua, tomó la maldita carta y se fue. No muy lejos encontró a otro hombre, a quién se la entregó a cambio de algunos billetes.
La figura de Salvaje se perdió entre las sombras de la noche, alejándose de todo remordimiento. Caminaba acompañado de las bestias que habitaban su mente y su justiciero corazón.
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Fecha Publicación: 2014-06-11T01:02:00.000-07:00
Y se escuchó en medio de la habitación ese vals que huele a muerte y que me deja siempre con la esperanza de algún día morir por amor, pero morir de verdad, una muerte tierna y acaso lenta: “Alma para conquistarte, corazón para quererte, y vida para vivirla junto a ti”. Y digo que huele a muerte porque no hay amor si no hay muerte. Entonces tarareaba mi boca el ritmo de la canción, que recuerdo, hace años había acompañado mis almuerzos familiares de los domingos y que ahora me envolvía en su lastimero canto, se confundía con el olor a lavanda del ambientador de turno dejándose opacar por un cigarro mal empaquetado –tal vez no era sólo tabaco- y dejaba en el ambiente el inicio de una historia que hoy, miércoles 13 de Febrero de 2008 se empezaba a escribir.
Afuera, dos calles hermanas que lloraban una abrazando a la otra por verse despojadas del pudor y de eso que algunos llaman recato. Las anfitrionas, en su mayoría extranjeras no estaban quietas. Algunas danzaban al compás de la noche y de sus sonidos, del claxon del auto que se aproximaba a ellas, de los gemidos que lanzaban las estrellas, del cielo cómplice del deseo. Otras lucían sus diminutas prendas buscando las miradas de las bestias ansiosas de carne que merodeaban el lugar, y gruñían su lujuria reprimida, esa sensación que la piel de metal de sus esposas les impedían sentir, querían hoy, tocar, besar, lamer la dermis ardiente como el fuego y tersa como las rosas de las doncellas mancilladas una y otra vez por manos ajenas. A veces una mano distinta a la otra. Pero en ocasiones, por la misma mano, tan monstruosa como de costumbre y tan enamorada como siempre.
Quería llorar. Yo mirando los cinco espejos colgados armoniosamente en las paredes de la habitación, quería llorar. Era inexplicable. Aún ahora después de tantos años no logro entender si aquellas lágrimas eran de felicidad por ver mi sueño adolescente a punto de ser realidad, o acaso, la impotencia de no saber qué hacía en medio de ese cuento pornográfico y libidinoso. Probablemente era la canción que seguía acompañando la escena y que, como decía, evocaba casualmente los momentos felices de mi niñez en la casa grande allá en mi pueblo y en compañía de mi ahora destruida familia. Melancolía. Eso era.
Me llamo la atención de todos los edificios que aguardaban en el exterior uno, al que entré, en cuya fachada había un cartel: “El laberinto de Venus”, con letras de neón y una poderosa curiosidad asaltó mi mente. Bien o mal ingresé por el pasadizo central, amplio, oscuro, tal vez débiles bombillas rojas y violetas iluminaban con su tímida luz el piso y alumbraban mis pasos. Iba acompañado de otros tipos. Algunos formales, ternos ladrones de identidad, y otros auténticos lobos hambrientos en sandalias. Yo llevaba sobre mi angustiado cuerpo un short jean, unas Converse y una camisa roja que me regaló mi abuelo. En mi mente dos fotografías tamaño carnet: tetas y culos, para simplificar el nombre de mis musas favoritas. Y en el corazón ansias de sentir placer, y de morir al término de ello.
Me senté en una silla de madera que había en una esquina mientras esperaba y volví a saltar en ese momento y en el tiempo a los minutos anteriores. La canción se había detenido.
-Joven, todavía no puede entrar.
Me dijo una mujer que estaba limpiando una de las habitaciones que tenía la puerta abierta, y a la que sin meditar me atreví a entrar, luego de recorrer de izquierda a derecha el pasadizo y de vigilar impaciente la seducción convertida en dama de todas las princesas negras, hechiceras de amor, prostitutas, como les dice mi madre, las que por 100 soles entregaban su vagina desde tiempos remotos. Ellas, ahora eran varias, muchas, y estaban una en cada puerta invitando a elegirlas, a optar por su cuerpo, a probar de cerca el perfume natural que emanan sus fogosos cabellos. Me tome mi tiempo y al fin de mi paseo no elegí a ninguna. Quería otra cosa. Me paré delante del cuarto donde estaba aquella mujer limpiando, luego de decirme que no ingresara aún, la miré, me sonrió y me dijo:
-¿Primera vez?
La miré con miedo como recogía las botellas que tenían un líquido verde, probablemente el ambientador. No le aseguré, ni le desmentí nada.
-¿Por qué no enciende la luz?
-Aquí es así joven. Todo es a oscuras. Acá se trabaja con esos fluorescentes de colores nomás
-Bueno
-¿Elegís este cuarto?
-Sí
-Listo. Ya viene tu mujer
-¡Espere!
-¿Sí?
-Quiero a Venus
-Pero…
-¿Qué?
-Ya. Ya regreso. La buscaré para ti. Sólo porque me has caído bien. Ya regreso.
La mujer se acercó a mí y me tocó los genitales. Se fue y cerró la puerta. Yo, entonces, quedé en shock. Empezó la canción, de la nada. Fue un momento mágico. Sabía que la que entraría por esa puerta tal vez se llame Lucila o Margarita, pero para mí, y por supuesto, para ella esta noche se llamaría Venus. No se me ocurrió en el momento. Lo había pensado desde que vi el letrero en la puerta del lugar. Luego imaginaba como sería. De hecho más alta que yo. Voluptuosa, vestida de ropas íntimas de color negro. Audaz, coqueta, complaciente. Caliente. Yo ya me había puesto caliente. Me senté en la silla mientras escuchaba el dichoso e inoportuno vals, como decía al inicio de este relato, empecé a llorar mientras la esperaba. Al término de la canción volví a observar el lugar con nerviosismo. Lo comenté, habían muchos espejos y en cada uno de ellos veía mi cara de imbécil, había poca luz y el olor a cigarrillo dejándose vencer por el ambientador de la mujer que había estado limpiando la habitación. Sequé mis lágrimas y me aproximé a la cama. Era cómoda y grande. Y blanca. No me gustó que sea blanca, pues el color blanco es el que más detesto. Todo mostraba un silencioso orden. El baño desde mi posición lucía limpio. El techo queriendo soltar un grito retenido me miraba con tristeza, y adornando cada pedazo del recinto habían cuadros de artistas muy bien preparados. Se fue formando entonces una nube de impaciencia que ocupaba todo el lugar. Explotó cuando alguien empujó lentamente la puerta por donde yo mismo hace quince o veinte minutos había ingresado. La figura de un “alguien” se presentó frente a mí. Estaba cubierto con una sábana negra y no se lograba ver ni su rostro ni su cuerpo. Era una sorpresa. Vi su ojo derecho con atención pues fue lo único sin tapar. Y al fin escuché su voz.
-¿Cuál es tu nombre?
-Llámame Pedro. Tú ¿Quién eres?
-Yo soy Venus
(CONTINUARÁ)

Etiquetas: [amor]  [desamor]  [muerte]  [poema]  [poesía]  
Fecha Publicación: 2014-05-20T10:46:00.000-07:00

Llévame al pasado
miénteme
y dime que la vela aún está encendida
y que aun su calor me dará vida
miénteme
y dime que su luz aún no se apagará
y que aún en mi oscuridad brillará.
¿Por qué lloras?
¿Lloras por recordar?
Calma tu tempestad
y sumérgeme en la memoria que hoy me liberará.

Llévame lejos de aquí
cuéntame
y vuelve las escenas las miradas de euforia
de cada retrato que dejó mi historia
cuéntame
sobre mis huellas a lo largo del camino
que marcaron a su antojo mi destino.
¿Por qué sonríes?
¿Ahora de alegría te ríes?
Abraza mi corazón
y devuélveme la noción de aquello que llamé amor.

Llévame al mañana
recuérdame
como el ave que en su nido pudo el cielo hallar
como el cielo de la tarde que de noche morirá
recuérdame
en cada línea de mi mano que marcan los años
y en cada gota de sangre derramada en vano.
¿Por qué es así la vida?
¿No es mejor vivir sin despedida?
Tócame en mi primavera
antes que mi piel se vuelva de madera.

Llévame cerca de ti
acompáñame
y olvida que estoy en el lugar incorrecto
al lado del mar, o cerca al desierto
acompáñame
hoy, en el futuro y para estar por siempre
en el otoño de Mayo y el estío de Diciembre.
¿Por qué es eterno mi anhelo?
¿Es esta caricia el último beso?
Llévame de tu mano
pues no quiero la vida si no estoy a tu lado.

Etiquetas: [poema]  [poesía]  [soledad]  
Fecha Publicación: 2014-04-30T17:51:00.001-07:00
Estos dos últimos momentos
han sido crueles
de ilusiones, de sueños, de esperanzas
perdidas ilusiones,
imposibles sueños
y falsas esperanzas.
De todo esto me arrepiento
tus intereses
tu llanto, tu sonrisa, tus lamentos
vano llanto,
cáustica sonrisa
y fútiles lamentos.
¡Maldito juramento inhumano que me deja la boca partida
los labios dulces
los ojos húmedos
los odios timados!
Ven y deshace el clamor que hoy retumba
con repiques de campanas mi herido ser
que lacerado imaginó su decadencia
entre el frío denso y parsimonioso
que encontré al salir de mi cabaña
inhabitable mi voz callada te esperaba
no hallé nada, tu figura allí estaba
destrúyeme pues, destruye mi ansiedad
ya el reloj se ha parado, nada servirá.

Han sido estos tres momentos
y tú falsía eres
en el mar, en la tierra, en el cielo
el vanidoso mar,
la humillada tierra
y el supurado cielo.
Mi alma es tal cual el viento
que guarece
mi amor, mi ternura, mi ego
oneroso amor,
esclava ternura,
destruido ego.
¡Maldita estrella que reinas arrogante entre los vivos quejidos
las mañanas grises
el universo eterno
el infierno fulgente!
Ante ti me presento guardando el juicio
que tomó andar descalzo hasta aquí
lleve conmigo mi alegría, que necedad
me engañaste, jamás fui el escogido
tinieblas en aquel cuarto, en mis ojos
frágil confianza, salí, me esfumé
como humo furioso de un cigarrillo
no volveré a creer, cierro mis sentidos
tu mundo y el mío en el olvido.

Serán eternos los momentos
en donde te sueñe
callada, turbada, arrepentida
como nunca callada,
y acaso turbada
o tal vez arrepentida.
Por eso a ti me enfrento
no me tientes
siempre jueves, era 8, en Julio
vallejiano jueves,
apresurado 8
y este gélido Julio.
¡Maldito esfuerzo del autoestima que edifiqué ciegamente
con tus lisonjas
tus permisos
tus pretensiones!
Y mirarás que este día no amaneció
y mintiendo, y a pesar de tus burlas
me dirás que esta vez él me protegió
aunque desterrado de su suelo me veo
la tierra de alguna luz, por ahora
me veras derretido como fui ayer
que solitario estaba en una banca
con fe guardada en el oscuro interior
no, no lo repitas, hoy no saldrá el sol.


Etiquetas: [Gabriel García Márquez Gabo]  [literatura]  [nobel]  
Fecha Publicación: 2014-04-17T17:16:00.000-07:00
Ha muerto el Gabo y con él se van mis esperanzas  de poder conocerlo y darle las gracias por las enseñanzas mostradas a lo largo de su obra literaria, fue un gran mentor para todos aquellos que soñamos con escribir las historias más perfectas. Aún ahora después de tanto tiempo tengo vivas las ganas de visitar Macondo, el paraíso mágico de la literatura latinoamericana. Llora su pueblo imaginario, llora Colombia, llora el mundo. Muere un genio, nace una leyenda. Descanse en paz maestro.




Etiquetas: [somos]  [webtext]  
Fecha Publicación: 2014-03-12T17:04:00.000-07:00
Somos los que fuimos. Los que un día se callaron en medio del desierto. Hartos de llorar y recibir palmazos en el trasero. Somos aquellos que lagrimearon por verse perdidos en el vientre de la madre. Somos el puje de la madre que revienta la panza para multiplicarse, o para valerse de la esperanza que da el mentado alumbramiento. Somos los primeros pasos de ese engendro. Somos sus dedos llenos de miel y manteca. Somos uno del millón y somos peor que cualquiera. Y ese millón que es una parte del todo. Se hunde sin salvación en el océano, náufragos, miserables todos. Allá van, perdiendo la arena que se aleja de sus pies, de sus esperanzas. Somos los que esa tarde llena de pena dejaron sus súplicas inundar la tierra. Y el pobre sol sangrando tuvo que tragarse su misericordia, y voltear los ojos al cielo. Somos, en este momento, su sufrimiento.
Somos los que estamos, los que callamos ante tremenda escena, los que no denunciamos el salvajismo del hombre, los que cual párvulos quedamos atónitos en medio de la guerra entre dos humanos, los que fuimos testigos del alumbramiento del niño de oro que derramó su orina en el manto del universo, los que escondemos sus juguetes con el único fin de que se prive y escucharlo llorar y alimentar nuestro morbo, somos las gárgolas que acechamos su alcoba solitaria por las noches mientras sueña para emprender la pesadilla. Somos y estamos. Y a veces no aprendemos.
Somos los que seremos, los que algún día nos arrepentiremos. Nos echaremos entonces en el jardín del infierno para meditar lo que hasta entonces habremos hecho. Sabremos que el día se escapa de nuestras manos antes de las seis, nos abandona , y entonces hechos porquería, en medio del destierro, moriremos. Y luego, no seremos más esos potros bravíos que saltaban en medio del fuego cuando llegaba el estío, ni seremos más esos soldados del monstruo tragamonedas que esconde tras sus trajes ejecutivos una inteligencia falaz, numeral y se hace rico y ensancha su panza a costas de la ignorancia de quienes entonces fuimos los desgraciados. Fuimos entonces, las pobres cabezas apiladas en la multitud alabando su proeza, más hoy, no somos, hermanos de ayer y de hoy, de la derecha y de la izquierda, de aquí y de allá, escuchen, hermanos, hoy no somos ni mierda.
Etiquetas: [twitter]  
Fecha Publicación: 2014-02-21T16:47:00.000-08:00

Etiquetas: [poema]  [poesía]  
Fecha Publicación: 2014-02-01T17:28:00.000-08:00
Yo sé que tengo el amor
del que no quiere amar.
Yo sé que tengo la tinta
del que no quiere escribir.
Yo sé que tengo la imagen
del que no quiere pintar.
Yo sé que tengo la palabra
del que no quiere hablar.
Yo sé que tengo el sonido
del que no quiere oír.
Yo sé que tengo el anhelo
del que no quiere soñar.
Yo sé que tengo la fe
del que no quiere creer.
Yo sé que tengo la victoria
del que no quiere ganar.
Yo sé que tengo el entusiasmo
del que no se quiere levantar.
Yo sé que tengo el poema
del que no quiere  leer.
Yo sé que tengo la paciencia
del que no quiere esperar.
Yo sé que tengo el defecto
del que no quiere perder.
Yo sé que tengo la agudeza
del que no quiere mirar.
Yo sé que tengo los caminos
del que no quiere andar.
Yo sé que tengo el alimento
del que no quiere comer.
Yo sé que tengo el gozo
del que no quiere disfrutar.
Yo sé que tengo la sonrisa
del que no quiere reír.
Yo sé que tengo el deseo
del que no quiere besar.
Yo sé que tengo el ritmo
del que no quiere bailar.
Yo sé que tengo el aliento
del que no quiere vivir.
Etiquetas: [arte]  [artpop]  [fotografías]  [imagen]  [pop]  [popart]  
Fecha Publicación: 2014-01-22T16:37:00.000-08:00








Etiquetas: [poema]  [reflexión]  
Fecha Publicación: 2014-01-03T17:26:00.000-08:00
¿Quién enlodó de veneno la santa tierra?
¿Quién devoró fieramente los robles que brotaban de mi verde madre?
¿Quién se fumó el cielo azul?
¿Quién las nubes de algodón?
¿Quién tomó del jardín los frutos frescos para volverlos piedra?
¿Quién le inyectó ponzoña a su semilla?
¿Quién apagó el día?
¿Quién enfrió el sol?
¿Quién incendió la noche?
¿Quién congeló la mano de Dios?
¿Quién mi corazón?
¿Quién derramó su oscura saliva
en el eterno océano?
¿Quién paralizó el espíritu de los monstruos del mar?
¿Quién volvió la gripe una epidemia?
¿Quién mató mi inmortalidad?
¿Quién cambió el mercado de flores
por la guerra mundial?
¿Quién murió de hambre?
¿Quién de libertad?
¿Quién mató a su hermano?
¿Quién me intentó matar?
¿Quién congeló mis manos puestas al trabajo?
¿Quién ungió en su boca seca de implorar
el sudor de mis enfados?
¿Quién estalló el volcán?
¿Quién enfrió el verano?
¿Quién en invierno se quiso suicidar?
¿Quién bailó en el velorio del cordero?
¿Quién cantó mientras agonizaba la humanidad?
¿Quién se olvidó de rezar?
¿Quién de amar?
¿Quién ha llorado tanto y tanto
que las faldas me ha venido a mojar?
¿Quién trituró sin pensar
los sueños de cristal?
¿Quién con sus lágrimas inunda mi mundo?
¿Quién dejó en el olvido
al cielo y a sus nubes de sal?
¿Quién llamó a la sequía?
¿Quién al diluvio?
¿Quién no quiere un vaso de agua?
¿Quién una migaja de pan?
¿Quién cambió el rocío de la mañana
por el petróleo y su gas?
¿Quién dejó en el armario
marchito el sufrido geranio?
¿Quién no me dio el beso de buenas noches?
¿Quién no me brindó su mano fraternal?
¿Quién dejó de darme sus abrazos de amistad?
¿Quién quiso mi alma soltar?
¿Quién quiso en la tormenta volar?
¿Quién convirtió en antorchas volátiles a las aves?
¿Quién me aleja de sus alas?
¿Quién me arrastra a su voluntad?
¿Quién llenó de sangre mi demencia animal?
¿Quién se acabó la carne roja
que en la dispensa
ya no reposa
y ya no está más?
¿Quién llenó de vicio la espalda de papá?
¿Quién llenó de lujuria la mente criminal?
¿Quién te obligó a asesinar?
¿Quién a enterrar?
¿Quién a hurtar?
¿Quién a explotar?
¿Quién a mancillar la alfombra celestial?
¿Quién te enseño el árbol de la ciencia y de la verdad?
¿Quién te dio de nuevo la manzana milenario Adán?
¿Quién ahora, te despoja nuevamente de tu paraíso terrenal?
¿Quién, quién, en el Edén no te quiere ver más?
Fui yo. Soy yo. Seré yo.
El hombre que este suelo pudo habitar
y que hoy ve perdida su oportunidad
el culpable de que la vida muerte será
y ahora, dime
¿Quién te podrá salvar?.