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Fecha Publicación: 2013-05-01T16:15:00.000-07:00




Si hay algo que Pamela adora, son los chocolates -¿a qué mujer no le gustan los chocolates?-. Verla comer es tan divertido como ver una película: primero se limpia muy bien las manos, con especial atención en las uñas (por el manicure), se quita las alhajas, los anillos, las pulseras, luego corta un pedazo de chocolate y lo prueba saboreándolo con fascinación, hace del chocolate trozos que le embarran los dedos, enseguida los lame disfrutando cada mordisco, cada sorbo dulce. Me gusta mirarle la cara de felicidad.

Ariana también la observa.

La idea de tener un hermanito para que acompañe a Ariana ha quedado relegada, al menos por el momento, en tanto aseguremos mejor el futuro para todos. Vivir de alquiler nos está pasando factura. Es como si cada mes tirásemos un poco de dinero por la ventana. Todos los ingresos por todo nuestro trabajo se van así de fácil.

- Deberíamos prenderle una velita a La Sarita. Mi amiga me contó que le hizo el milagro, con su esposo. El pobre estaba sin trabajo, le rezaron bastante y La Sarita les hizo el favor. Deberíamos probar...
- Pero nosotros tenemos trabajo, querida. El asunto es que no nos alcanza. Pero estoy seguro que en algún momento mejorará nuestra situación.
- Eso espero.

Desayuno. Si las noches aquí con largas, los desayunos son lentos y pacíficos. A esta hora Ariana está aún dormida, Pamela y yo hacemos poco ruido, hablamos bajito. No encendemos la radio ni la televisión. Hacemos planes. Conversamos, sí, hacemos esa cosa extraña que los tiempos modernos nos han enseñado a olvidar: conversar. Son apenas cuarenta minutos (un poco más o un poco menos). Hablamos.

¿Y cómo van tus dibujos?, ¿de qué me dijiste que se trataba?
- Es una historia una poco exótica. Trata sobre un hombre que camina por una avenida larga, muy, pero muy larga la avenida. Mira a ambos extremos y nunca ve ni el principio ni el final de la avenida, se pregunta hacia dónde ir, ¿cuál camino o la izquierda o la derecha? Se siente pequeñito, pero luego, se aparece ante él un ser -pienso dibujarlo como si fuera un hombre de humo y fuego, pero con colores suaves para que se note su apariencia - aquel ser le dice que si descubre el final (o el principio) del camino, le concederá tres deseos -es como un genio, pero no es ningún genio- "está bien", le dirá el hombre. El premio le parece increible así que se somete a esa aventura. Había pensado en hacer 50 dibujos para toda la historia, pero aún no me decido. Quizá lo estoy complicando mucho.
- Parece una historia bonita, ojalá que lo termines para poder verlo... ¿el hombre encuentra el final del camino?
- Si, aunque por ahora parece interminable. Ya hice algunos bocetos, pero... no sé... aun falta bastante... Al menos ya he pensado que la historia termine con rayos y relámpagos explotando e iluminando la avenida...


......


Si existe algo extraño en mi familia, eso es nuestro altar.

Comenzó hace muchos años con una mesita en un rincón de la sala. Recuerdo que allí había una fotografía de una niña a la que nunca he conocido. Y no creo que mi hermanos tampoco. No recuerdo haberle preguntado a nuestros padres sobre la niña. Pero si recuerdo que mencionaban algo así como “la pequeñita tendrá frío, hay que ponerle una velita” o “la santita quiere caminar por un parque, le voy a comprar florecitas...”

Así, en algún momento se fue llenando de flores de todos tamaños y formas, inciensos, velas, toda clase de cruces y muchísimas otras ofrendas que se comenzaron a acumularse, hasta que un día comenzamos a ver aquel rincón con respeto y reverencia. Pronto las tías, tíos y demás parientes llegaban con obsequios para la pequeña chiquita que parecía mirar hacia algún lugar que a nosotros nos parecía impreciso, “esto es para la flor de la vida”, “para la niña de los ángeles”. Con los años, preguntar por la imagen era algo prohibido. Nadie sabía quién era, o quién fue, o cómo había llegado a nuestra mesa. Ni siquiera sabíamos bien qué debíamos pedirle o si había algo particular que podríamos pedirle. Y si así fuera, ¿nos lo concedería?, ¿quiénes éramos nosotros para pedirle bendiciones?, ¿quién era ella para escucharnos?, no solo a nosotros, sino a los demás que venían hasta nuestra casa. Siempre había alguien pidiéndole un deseo, un milagro: que cure a un familiar enfermo, un poco de dinero, un trabajo, alguien a quien amar. Y sin embargo, no había un enjambre de personas haciendo cola fuera de la casa, la mayoría se trataban de personas discretas con mucha fe en la vida. Mi padre mismo se acercaba de madrugada a encenderle velas y a murmurar oraciones. Mi madre se encargaba de mantener ordenando el altar, de quitar las flores secas, de limpiar la cera sólida y de encender el incienso. Una tarde llegaban dos señoras muy bien arregladas a pedir tiempo "solamente media horita señora, señor...", y entraban hasta el rincón, justo frente al altar, muy juntas, se sentaban silenciosas, con los rostros serenos y los ojos apretados, las manos apretadas. Rezan. O como aquel otro hombre de barba abundante, Elías, quien llegó de sorpresa una mañana, muy temprano "Luciana esta enfermita, he pedido por mucho tiempo, sólo quiero mirarle a la Patrona y saber si me ha escuchado...", "No señor, es muy temprano...", "No quiero entrar", dijo mientras se le humedecían los ojos y se le partía la voz, "solo quiero verla, no voy a entrar..., no...". efectivamente, el señor Elías miraba desde fuera, un segundo o dos, y se iba. O la joven Amalia que dice que un día había venido (pero nadie la recordaba) y que le habían hecho el milagro y solo había pasado a darle las gracias.


Etiquetas: [relato]  [cuento]  [historias]  
Fecha Publicación: 2013-04-02T14:00:00.001-07:00
Tomado de abzurdahzenizientah.blogspot.com



Todos lo vimos irse. Era sábado en la mañana cuando despertó a nuestros padres (a toda la casa). Escuché el ruido y corrí desde mi habitación a enterarme de las novedades. Lo vi de pie en la puerta que da a la calle. En nuestra casa, las novedades ocurren de madrugada.

- Me voy. Son mis cosas - dijo señalando un bulto sobre el suelo, tranquilamente, como quien da la hora. Nada más que eso. Apenas un comentario casual, con su voz monótona, como quien dice algo por compromiso. Eso era, apenas un aviso, una notificación. Ni siquiera le vi mover la boca para hablar.

Vi a mi padre apretar los puños y torcer el labio, sus ojos se hincharon rabiosos y por un instante pensé que lo golpearía. Aun ahora no puedo imaginar el esfuerzo sobrehumano que debió haber hecho para contenerse y no lanzar los puños ni alzar la voz. Dio la vuelta, caminó con pasos de fantasma, cruzó la cocina, llegó al patio, cogió un pico y una pala y comenzó a escarbar en el jardín un agujero que le tomó todo el día, apenas dió unos sorbos de agua para combatir el cansancio. Sin embargo, creo que padre esperó aquello todo el tiempo. No había, y aun no hay, forma de entablar contacto con Euclides.

Nuestro patio era inmenso. Padre trabajó con esfuerzo toda la mañana, lanzando picotazos en la tierra. Unos sorbos de agua, nada más. Madre fue..., una mamá correcta: le preparó desayuno, lo envolvió en una taper. Y le dejó irse.

Recordando un poco de matemáticas, sé que Euclides fue un matemático muy famoso, un genio que escribió varios libros sobre los números y las leyes de los números: "Los Elementos". Confieso no conocer a otro Euclides en el mundo, sin embargo, no constaba, ni a mí, ni a mi hermana, menos a mis padres, que mi hermano hay escogido ese nombre por tan famoso matemático, sino por alguna razón que nos era ajena. Euclides no era su verdadero nombre.

Euclides era una personalidad, un ser que habitaba allí, dentro del cuerpo de mi hermano, le había poseído absolutamente. Le veíamos caminar, ducharse, respirar, leer, comer, en fin, todo aquello que hace un ser humano normal, ir al baño, subir las escaleras, vestirse, cepillarse los dientes, salir a caminar, leer los libros, hablar.

No, hablar no. Euclides apenas hablaba. Cada cierto tiempo susurraba algunas palabras, que si no estabas atento, fácil era decir que no había dicho nada. Cuando era pequeño, nos cuenta una tía, que pensaban que era autista o que padecía alguna enfermedad de la cabeza, y tanto fue el temor que le llevaron a ver un doctor. Asistió (asistimos) durante cuatro meses a sesiones tres veces por semana.

El doctor lo examinaba, le hacía preguntas, le decía que rellene test (los cuales salían siempre con pésimo resultado). "Doctor", dijo en una ocasión, y la palabra se quedó suspendida en el aire un segundo eterno, mientras el Doctor fingía ordenar unos papeles, "ya me voy..."

El doctor explicó que luego de tantas pruebas, solo podía recomendar un tratamiento mucho más intenso que el que había estado llevando a cabo. Un tratamiento con medicamentos tan costosos que mi padre se resignó a llevar el peso de un niño tarado.

- No. No estoy enfermo. Dijo Euclides a modo de despedida. La puerta se cerró tras de él. Era la frase más larga que había pronunciado jamás.

En las consultas, participábamos toda la familia regularmente. Luego de aquel incidente, en la siguiente sesión, el doctor Espinoza nos pidió salir a mi padre y a mí, excepto a nuestra madre “Tiene que saber algo señora..., por favor señor, podría salir un momento con sus hijos”. Allí se quedaron. Hablaron, ¿qué otra cosa podían haber hecho?, Pasaron casi quince minutos. Mi madre salió sollozando y nunca jamás volvimos a terapia. Madre no contó lo que había sucedido. Euclides creció siendo un chico muy inteligente. Las notas en su colegio eran siempre las mejores. Jamás le reportaron algún tipo de problema con sus compañeros, ni con los maestros, ni con nadie.

¿Su pasatiempo?, tallar figurillas en madera, particularmente elefantes. No me costa que haya visto jamás un elefante. A Padre no le gustó nunca le Parque de las Leyendas y nunca nos llevó allí. Euclides se pasaba los días y las noches, las semanas y los meses, en total mutismo, tallando pequeños y no tan pequeños elefantes. Primero los dibujaba en papel, a veces no tenían todas las proporciones que se espera tenga un elefante, pero a todas luces, eran elefantes. Y luego comenzaba.

En casa de mamá, teníamos un elefante de color rojo de unos 45 centímetros de altura: tiene las patas muy juntas, la cola chiquita pegada al trasero, la trompa en intensión de levantarse, las orejas inmensas o los ojos negros pequeñitos inspirando ternura. Lo tenemos junto al Altar.

Aquel día -sábado- Euclides se fue de casa. De ahí en adelante lo veíamos aparecer de vez en cuando, siempre siendo una sombra. Encendíamos la luz de la sala porque algún ruido nos había perturbado, y él estaba allí, recostado en el sillón. No tenía costumbre de beber alcohol y hasta donde sabemos, jamás fue devoto de las drogas ni nada que se parezca. Lo habíamos visto practicar yoga y en otras ocasiones se sumía en tan profundas meditaciones que nadie se atrevía a interrumpirlo.


Fecha Publicación: 2013-02-27T19:47:00.001-08:00



- Oe, préstame veinte soles...

Pienso que su oficio es herir a las personas. Creo haberle visto llevar un revolver, pero no podría afirmarlo. También herir con las palabras.

Mientras las demás chicas buscan maquillaje, zapatos y vestidos bonitos, Roberta busca problemas – o ellos la buscan a ella. Cuando entra a casa saluda con su voz áspera. "Qué hay de comer...", dice mientras apresura el paso hacía la cocina; en seguida le oímos destapar las ollas, husmear en los cajones buscando cubiertos. Vuelve con un plato en la mano, repleto de tanta comida que pensamos nunca terminará de comer. Sin embargo lo hace y en ocasiones, aumenta una nueva porción. Regresa a la cocina y se sirve una jarra de agua, lo bebe de pie, dando grandes tragos que suenan en su garganta como una tubería bombeando agua, cloc, cloc, cloc.

Contrariamente a lo que muchos podrían pensar, Roberta es una mujer bastante pulcra y ordenada, muy sistemática con sus ideas y sus proyectos. Solo está un poco cansada, con hambre y calor.

- Oe, préstame veinte soles. Te pago el sábado.
- Querida hermana, a ti no te doy ni la mano, eres capaz de robarme hasta los dedos...
- Ándate a la mierda. Veinte soles pe. De verdacito, te pago el sábado... - me mira con fiereza, pero también percibo su angustia. Necesita el dinero. Se lo daré, pero primero que sufra un poco.
- Por qué no le pides a tu novio, el drogadicto ese de la otra vez.
- La puta madre oe, bien atorrante eres, no?, son solo veinte lucas – y ante aquel argumento, no se lo puedo negar.
- Está bien, te presto, pero necesito un favor.
- A la mierda, como jodes..., ya pe, que mierda, habla.

Le pedí que se dé tiempo y busque a Giovanna, que le diga que no se olvide del pacto (el que ella, Giovanna, hizo conmigo). A Roberta le costaría demasiado esfuerzo hablarle. No se llevaban bien desde el incidente del tres de mayo, de hace cinco años.

Giovanna era una mujer gorda y terrible, igual que mi hermana. Se conocieron hace mucho tiempo y nunca quedaron claras las condiciones en las que se hicieron amigas. Un día llegó a casa con esa mujer, ambas entraron en la cocina y en poco tiempo arrasaron con nuestras provisiones de la semana.

- Estudia derecho, en la San Marcos - le dijo a mi madre, quien les abrió la puerta y les sirvió un plato de sopa-seca.


......

- Un hermanito sería mucho trabajo, además tampoco tenemos mucho espacio, esta casa es muy pequeña, encima todos los días te pones más gordo George...
- Pero sería bonito que tenga un hermanito con quien jugar. Cuando sea grandecita, se va aburrir, no va tener a quien fastidiar...
- Si, entiendo, pero..., tú sabes cómo estamos. Al menos ya conseguiste lo de ese proyecto.

Recostados en la cama, escuchamos como el agua de la lluvia cae cada vez con mayor intensidad. Suevas sonidos adormecedores inundan la noche. Pamela tiene razón. Quizá no debí dejar ese otro trabajo, por lo menos era un ingreso fijo. Ahora todo depende de los proyectos que consiga. “Quizás si hablo con el supervisor, me restituya en el puesto... No, no soportaré más tiempo en esa empresa”. Un día Arianita se nos enferma y luego qué. El fondo que hicimos se acabó antes de lo esperado. Primero me costó mucho conseguir un proyecto y eso agotó nuestra reserva. Luego llegó Ariana. Cuando sea grande, la llevaré de paseo a...

También escucho la respiración de Pamela mientras es vencida por el sueño.

- Ya verás que todo va salir bien. Solo hay que tener fe en Dios... – y exhala su último aliento, antes de quedar dormida.

......

La gorda Giovana vivió en casa por lo menos un año y pese a la inmensidad de su cuerpo y a lo estruendoso de sus voces, era extraño advertir sus prescencias. Sabíamos que estaban en casa porque de pronto la comida comenzaba a desaparecer. Madre siempre fue muy amable, iba y venía del mercadillo para abastecer nuestras provisiones. Padre poco se pronunció sobre ello.

- Si va vivir aquí no quiero huevadas – Y así, mi padre dejó zanjado el asunto.
- Ya viejo. No pasa nada. Tranquilo nomás.

La mayor virtud de Roberta es vivir de prestado. Cada cierto tiempo aparece por la casa y revuelve nuestra cocina. Cuando la ve llegar, la pobre Pamela pasa los días preocupada por cómo haremos para llegar a fin de mes. Increíblemente, Ariana la adora.
Etiquetas: [relato]  [historias]  
Fecha Publicación: 2013-02-12T19:20:00.001-08:00




Qué sería de mí sin Pamela. Sin ánimo de ser cursi: me ha salvado la vida. No de esa forma mágica que a veces uno imagina viendo novelas o leyendo historias. Lo hizo de un modo tan sencillo: simplemente estuvo en el momento adecuado, del día correcto. Hubo días en los que llegué a creer que me había perdido en el mundo. “Es el abismo”, pensaba desanimado. “Está  esperando algún descuido para abrir sus fauces y tragarme...”. Es cuando uno entiende que no habrá marcha atrás, que ese será el último tramo que habrá que recorrer...

- No has pensado en un hermanito para Ariana? – pregunto.
- Ja, no. Pero si tu cargas la barriga, por mi normal, hasta podríamos tener trillizos... - Pamela sonríe. Siempre sonríe.
- Esta bien, yo me embarazo, si quieres.
- No hables tonterías te he dicho, como te vas a embarazar pues; me haces reír.

.....

Aquella ocasión, mi madre había escogido su propio día para dejarnos. Específicamente nos había dejado un día antes, suponemos que durante la noche. Despertamos temprano en la mañana, mis hermanos y yo caminamos en fila siguiendo a mi padre, hasta su habitación para saludarla y en el lugar donde deberíamos verla dormir – profunda y tormentosamente –, encontramos una nota. Padre la leyó con su voz de caverna.

Hijos míos, esposo mío,

Los quiero, y lo último que deseo es que sufran por culpa mía.
Deseo que no se preocupen por mí, estaré bien; solo piensen que se trata de un largo viaje. Pensaré en ustedes cada momento, porque son lo más importante en mi vida.
Pero entiendan, por favor, que es algo que debo hacer, de otra manera me volveré loca.

Los adora.
Mamá

Sus cartas anteriores habían sido similares. Regresaba a casa luego de algunos días, explicaba que no había querido hacerlo y que nos adoraba demasiado, que no podía vivir sin nosotros, que nos necesitaba tanto, pero tanto que no podía explicarlo. Pero de todas formas se iba. Esa era la constante con nuestra madre. Nunca supimos dónde ha estado o con quién – si es que hay alguien más además de nosotros – o a qué se dedica durante aquellos períodos de ausencia.

En ocasiones anteriores, cuando regresaba a casa, mi padre – y nosotros – la perdonábamos. Padre la quiere demasiado y siempre era el primero en perdonarle. Era él quien salía en su búsqueda. Regresaba a casa apretando las mandíbulas y los ojos llenos de ira.

La primera vez que nos dejó yo aún no había nacido. Mi padre contó que cuando mi madre se embarazó de mí no supo qué hacer. No le dijo a nadie y huyó. Al cabo de dos semanas regresó, pidió perdón a mi padre, a sus padres y a los padres de mi padre. Estos últimos estuvieron molestísimos y no quisieron saber nada de ella, pero a mi padre no le importó. Le perdonó de inmediato. Yo nací y unos meses después se casaron.

Madre escribía versos hermosos los cuales leí recién de grande. Siempre llevaba consigo un cuaderno rojo donde apuntaba todo lo que pensaba -todo aquello que resulta ser insondable para nuestro entendimiento-; la mayoría de sus versos fueron destruidos por ella misma; tampoco sabemos por qué lo hizo. Solo se conservaron algunos apuntes sueltos que ahora guardó con mucha reserva.

Cuando hablaba sobre ella misma decía que había sido poeta, así, en pasado, tampoco daba explicaciones al respecto. Siempre nos dejaba la impresión de que nunca terminaríamos de conocerla. Quizá por eso mi padre la amaba tanto. Él era obrero, cuando no estaba peleando, se rompía los brazos y la espalda abriendo zanjas y levantando muros, siendo una persona tan simple, vería en doña Carmen un ser místico, enigmático, como los ángeles – de quienes sabemos que existen pero jamás vemos. Mi padre había encontrado su ángel.

Nosotros éramos demasiado jóvenes para entender algo de poesía. Quizá por ese desinterés es que mi madre se sentía tan sola. Mi padre hacía lo impensable para alegrarla, sin embargo éramos conscientes que cada día mi madre iba perdiendo el control de sí misma. En ocasiones la veíamos sentada mirando por la ventana ensimismada o con el rostro compungido y terriblemente hermoso, de pronto la oíamos gritar exaltada. Entonces padre corría a socorrerla.

A veces nos provocaba miedo, otras, lástima. Nunca sabíamos que hacer o cómo comportarnos cerca de ella. Generalmente preferíamos evadirla. Sin embargo el día de la madre o en su cumpleaños era otra la historia. Visiblemente hacía un esfuerzo increíble por ser atenta con nosotros, por ser una madre ejemplar. No digo que mi madre haya sido una persona desquiciada. Era ordenada, puntual con los deberes del hogar. Meticulosa con la limpieza, tenía la memoria extremadamente clara, recordaba con asombrosa precisión muchos datos que no podíamos imaginar de dónde o en qué momento lo había aprendido.

Sobre mi piel,
huesos que adorar.
Bajo mi cama,
monstruos bellos como sonrisas.

Así la recuerdo, a través de ese verso.

En aquella oportunidad se había ausentado tres largas semanas. Sonó el timbre, eran las dos de la madrugada, el perro ladró y en seguida comenzó aullar. Era un aullido largo y triste que solo los perros saben hacer. Escuché el timbre por segunda vez, me levanté, bajé las escaleras y cuando llegué a la sala, mi padre y mi madre se abrazaban; mi madre sollozaba y mi padre le hablaba bajito, no sé escuché lo que le decía pero cuando dio la vuela me pidió que prepare una taza de leche caliente. Lo hice y regresé a mi cama.

Los días continuaron como siempre: mi madre mirando por la ventana, ensimismada, nosotros obviando que era capaz de expresar con palabras sus sentimientos. Pero ya no escribía más, y mi padre, amándola incondicionalmente.

....

Es cierto lo que dicen, los hijos te cambian la vida, lo vivo a cada instante.
- Pamela, ¿quieres un poco de helado?
- ...
- ... hace calor, quieres...
- déjame dormir.

Etiquetas: [relato]  [abismo]  [padre]  [puños]  [cuento]  [historias]  
Fecha Publicación: 2013-02-02T16:45:00.000-08:00
Imagen tomada del blog: http://evammedina.blogspot.com/


... le gustaba pelear y, con todo el amor de padre que tenía por mí, se esmeró en enseñarme a utilizar los puños.

Cada fin de semana lo veía regresar a casa ensangrentado y adolorido. Feliz. Madre siempre lo esperaba, le servía un plato con sopa caliente. Se sentaba frente al él, le acariciaba y le limpiaba las heridas. En aquellos momentos teníamos la certeza que el tiempo sería benevolente con él. Imaginábamos que pese a ese estilo de vida, con el pasar de los años, se avejentaría y pasaría sus días sentado en el sofá leyendo algún diario, murmurando insultos, esperábamos verlo doblado y encogido, mientras Madre le limpiaba servía un plato con sopa. Al menos yo lo veía inmortal.

Nada podemos esperar del futuro. “Solo tienes que ponerte fuerte y pensar... esa es la clave, siempre pensar, siempre alerta. Pensar no solo con la cabeza, sino con el cuerpo entero”. Mi padre acabó sus días luchando. Pese a todo lo que se dijo de él luego de su entierro, mi padre amaba la vida más que cualquier cosa en el mundo, como solo lo hacen los grandes.

Les decía, cuando mi padre vio en mi un poco de edad decidió llevarme a sus peleas. Él mismo las organizaba. No eran ese tipo de peleas que se ven en las películas: un círculo de personas apostando y dos hombres con el torso desnudo y las manos forradas de trapos. No. Era un asunto un tanto discreto, una tarde se encontraba con sus amigos – de quienes nunca supe sus nombres ni de donde eran, aunque si recuerdo un poco sus caras, sus gestos y los rugidos que lanzaban – Se ponían a tomar. Yo le observaba desde un rincón.

Se suponía que debía dejarme al cuidado de la señora Flores, en su lugar, me cogía del brazo y jalaba de mí. “Ahora vas a ver, vas a conocer al señor Guillermo”. Le seguía con una mezcla de miedo. Y entusiasmo.

En esas reuniones todos los señores parecían salidos de una película antigua: patillas grandes, anillos de oro gruesos, casacas con los codos parchados, anteojos verdes de marco grueso. La reunión era un jolgorio, un chiste aquí, una broma allá, más risas. Mi padre hacía preguntas las cuales notoriamente irritaban al señor Guillermo. Esperaba un tiempo prudente. Seguían bebiendo, luego volvía sobre la misma pregunta. El señor Guillermo se ponía de pie y comenzaba a soltar toda clase de lisuras, sus grotescas palabras me asustaban tremendamente, los demás señores le detenían “No pe bro...” le decían intentando calmarlo. Al mismo tiempo que mi miedo se hacía presente, mi alegría también afloraba. Mi padre, con toda la calma del mundo, se ponía también de pie y le pedía que no se exalte: “no seas llorona baby...”, “ya vas a ponerte como una princesita...”. Era el fin. O el principio.

Se iban a los puños.

Se enfrascaban en una batalla titánica, la cual, debo confesarlo, me gustaba ver. Me gustaba, particularmente, la agilidad con la que ambos contendientes luchaban. Mi padre es de baja estatura, un metro y sesenta centímetros, pero si de espalda ancha y manos grandes, quizá en otra vida habría sido un criminal, pero ahora no. Solo disfrutaba poner los puños en la cara de alguien. Muy a menudo se enfrentaba a personas que eran más altos, más pesados, y visiblemente más fuertes que él, pero ese detalle no le importaba. Él lo disfrutaba.

Y en un instante, el tipo, el señor Guillermo, está en el suelo, intentando levantarse, sacudiendo la cabeza. Mi padre voltea y me sonríe con una sombra de sangre escurriéndole de la cabeza hasta la barbilla “Me lavo un poco y nos vamos”.

Hasta que llegó la noche de septiembre. “Seguro se han vengado de él...”, le decían a mi madre, pero ella, silenciosa, orgullosa y sobre todo con un estoicismo que nunca volvimos a ver, cumplió con su deber. No lloró, por lo menos no lo vimos llorar. “Jeremías. Te amo”, dijo a modo de despedida. Fue un golpe terrible para la familia.

Se supo que fueron cuatro hombres quienes se presumen, lo sorprendieron fingiendo asaltarlo. Por lo menos eso dijo la policía. Lo dejaron tendido en una calle poco concurrida, arrimado a un poste, como si fuese un ebrio más.

.....

- Este proyecto son dibujos, solo dibujos. La idea es hacer un total de cincuenta, de tal manera que formen una historia...
- Yo creo que te va salir muy bonito. Ojalá que Ariana herede tu arte...
- No, no, Pamelita de mi vida, Arianita será cantante de rock, ya te dije. Un día llegará a casa montada en una moto y llena de tatuajes.
- Ay, cállate, ya no hables tonterías. Mejor ayúdame a cambiarle el pañal.
Etiquetas: [relato]  [Lima]  [cuento]  [historias]  
Fecha Publicación: 2013-01-26T19:13:00.000-08:00



Aquí, este lugar, es la cuidad de Lima. Es un día cualquiera, sin fecha y sin tiempo. Aunque esta hora del día parece un sueño trágico. Mi escritorio esta arrimado contra la ventana y puedo ver la parte alta de los árboles que están al final de la calle; veo un retazo del cielo celeste con sus nubes semejantes a entes vagando en el espacio. Los árboles son la prueba de que un poco más allá existe otra vida –por lo menos la vida de un parque. Desde que vivimos en este barrio, solo he caminado en dirección a ese parque una vez.

Cuando Ariana crezca un poco, la llevaré al parque y le ensañaré a trepar los árboles. De niño yo trepaba árboles, solo una vez me caí y no fue grave. Mi madre se asustó un poco. Mi padre no estaba y nunca lo supo. De haberlo sabido, lo más probable es que me haya gritado. Recuerdo ese día porque luego de caerme, mi madre me dejó ver televisión hasta muy tarde. Ella se quedó dormida y yo cambié los canales hasta un programa de guerra: había explosiones por todas partes, el cielo estaba infestado de explosiones, aviones y paracaidistas. Era un cielo oscuro que se iluminaba con las luces de las explosiones. Luego de caer, los hombres corrían desesperados pero no recuerdo sus voces porque el volumen lo había dejado al mínimo. No quería despertar a mi madre.

No puedo ignorarlo, menos aún evadirlo, pero este clima se ha vuelto demasiado inestable, desesperadamente histérico. Por la ventana se mete una corriente de viento frío que hace volar mis papeles. Si ese mismo viento me sorprendiera en la calle, en una esquina, tendría que esforzarme al caminar, de lo contrario podría hacerme salir disparado por los aires. “Clima de m...”, pocas horas después el sol sale brillando con tal intensidad que hay que utilizar anteojos oscuros para no dañarse la vista.

A veces pienso que este clima se manifiesta como una constante batalla para cada uno de nosotros, para poder seguir en pie. A cada hora, la naturaleza nos reta, se levanta contra nosotros, nos empuja, nos arrastra: un huracán aquí, derrumbe allá, más cerca un terremoto. Ahora mismo que comienzo un nuevo proyecto, cierro las cortinas, aun así percibo el ulular del viento y luego, las gotas gordas de esta miserable lluvia reventándose contra los vidrios de la ventana me transportan al pasado. Inevitablemente, me ausento: “A mi padre le gustaba pelear...”, pienso.

El llanto de mi hija me devuelve al presente. Camino hasta su habitación pero mi mujer, Pamela, ya ha llegado y está meciéndola y besándola. “Bebé, bebé, por qué lloras bebé...”, le canta.

- Parece que será cantante de ópera con esa voz – me dice feliz.
- Yo creo que será cantante de una banda de rock. Yo le quiero poner el nombre a la banda.
- No seas chistoso. Arianita será veterinario, o antropóloga...
- Hey... y ahora quién hace bromas...

La paseamos durante una hora, turnándonos cargarla. Pamela le canta con un susurro; a veces solo tararea una melodía, a veces intenta reproducir el verso de una canción. Yo le hablo, le cuento historias que no comprende. Le hablo de papá, de mis hermanos. Le digo que cuando sea grande la llevaré al parque y le ensañaré a trepar árboles; le digo que le dejaré ver televisión hasta tarde. Por fin se duerme.

- Deberíamos buscar una casa propia, un día la dueña ya no nos dejará quedarnos.
- Por ahora estamos bien Pam. No pienses en eso, de ahí ya vemos.
- Está bien. Entonces, mejor cuéntame sobre tu nuevo proyecto.

Ese es el truco que utiliza Pamela para dormir. No le recrimino nada. Llegamos del trabajo muy cansados y al final del día solo queremos dormir. Ariana es nuestro sol... “A mi padre le gustaba pelear...”.

Fecha Publicación: 2012-12-27T10:58:00.001-08:00

Los zombis están de moda. Aún no he tenido la oportunidad de enfrentarme a uno cara a cara.

 

Mi primer encuentro con los zombis fue con la película "El Regreso de los Muertos Vivientes" (si recuerdo bien, la película tenía un tufillo a comedia), y su incansable grito lamentoso: "cerebro, cerebro…". Algo debía tener el cerebro humano que los calmaba cuando lo comían. Ojo que en aquellos tiempos sólo comían cerebros, con el tiempo comenzaron a devorar carne humana.

 

Quiero hacer notar que el título dice "El Regreso…", lo cual indica que siempre han estado entre nosotros; que están regresando.

 

De un tiempo a esta parte, los muertos vivientes han evolucionado. Por ejemplo, ahora se alimentan mejor; como dije, ahora comen carne o a todo ser vivo que encuentran en su camino -principalmente humanos. Es que en estos tiempos no estamos para desperdiciar nada.

 

También hay que tener en cuenta que el muerto-caminante no es único. Hay variedad: están los muertos naturales, es decir aquellos a quienes no tuvieron otra opción, simplemente ocurrió. Luego están los que fueron mordidos por otro zombi; entonces, entre convulsiones dolorosas y lamentos de amigos, se mueren para luego volver a la no-vida. Así también, los no-vivos-naturales tienen orígenes distintos:

 

Contaminación química. En el "Regreso de los Muertos Vivientes", todo comienza con unos recipientes con productos químicos abandonados por el ejército gringo, los cuales afectan a un par de despistados. Tal vez los productos tenían algún rollo sobre la creación de súper soldados (típico de los gringos). El hecho es que la plaga se extiende. Y de pronto, es hora de correr y luchar.

 

Enfermedad. En el videojuego "Resident Evil", la Corporación Umbrella diseña un súper virus el cual es propagado (quizá intencionalmente), diezmando la población mundial en cuestión de días. Los muertos asaltan las ciudades y a cuantos hombre mujer o niño se cruce. Hay que luchar y correr.

 

Ahora mismo que leo la saga "Juego de Tronos" y descubro que "Los Otros", aparentemente, resultan ser zombis. No cabría otra explicación luego que dos hombres que yacían muertos por varios días se levantan y atacan a un gran Señor de "La Guardia de la Noche". Es necesario prenderles fuego y cortarles la cabeza. A los zombis, no a la Guardia de la Noche.


Cómic. También existen versiones zombis del Capitán América y toda la legión de Marvel.

 

Recuerdo que en el colegio teníamos un amigo de apellido Arévalo, alto, tan flaco y tan feo que le decíamos "muerto fresco". Cuando jugábamos pelota, verlo correr era la risa "cerebro, cerebro…", le gritábamos. Pienso en él como si fuera un zombi. Pero no puede ser, quiero distraerme. Enciendo el iPad y resulta que por lo menos la tercera parte de mis juegos contienen temática zombi. Hay que ametrallarlos, atacarlos con espadas o hechizos, hay que construir defensas para contenerlos, hay que sembrar plantas…

 

La siempre sabionda Wikipedia me dice: "Un zombi es, originalmente, una figura legendaria propia de las regiones donde se práctica el culto vudú. Se trata de un muerto resucitado por medios mágicos por un hechicero para convertirlo en su esclavo. Por extensión, ha pasado a la literatura fantástica como sinónimo de muerto viviente y al lenguaje común para designar en sentido figurado a quien hace las cosas mecánicamente como si estuviera privado de voluntad."

 

Hace unos días hubo una caminata zombi. ¡¡EN LIMA PERÚ!!:

 

La iconografía de rock pesado –como en Iron Maiden-, está lleno de zombis.

 

Anoche la pasé mal, estuve viendo la segunda temporada de "The Walking Dead". Me acosté muy tarde, me arden los ojos y siento que el cuerpo se me desbarata. Estoy hecho un zombi. Ahora mismo estoy bebiendo un café tres veces más cargado de lo que usualmente tomo para exterminar mi letargo.

 

En casa tengo dos mochilas. Una para cuando nos agarre el terremoto -tantas veces pronosticado y tantas veces postergado- y otra para el Apocalipsis zombi.

 


Fecha Publicación: 2012-10-07T21:54:00.001-07:00

Dijeron que este año sería el fin del mundo. Lo interesante, es que en Lima hemos tenido muchos simulacros de sismo: lo más importante de todo, es mantenerse alerta en todo momento.  Un sismo puede llegar en cualquier instante.

Por alguna razón, no recuerdo como inició del año, una mañana me despierto y ya estamos en el mes de agosto. Diecinueve de agosto, luego el veinte, veintiuno... ¿A dónde iremos a parar?. Yo quiero que pare, que se pare el mundo, hoy, ayer, a media noche, a las cuatro de la mañana, cuando sea.  En cualquier instante, que se detenga.

Estoy saltando al vacío; no es un sueño. Caigo. Luego, dos hombres caminan junto a mí. Uno de ellos es cura, me lleva a una iglesia. Yo no quiero entrar. Entro. Hacia el fondo hay gentes rezando, convulsionan al rezar. Pero yo no siento miedo, no siento nada. Me llevan a una habitación donde hay una hilera de camas, perfectamente ordenadas. Me dicen que sí siento necesidad de convulsionar, que lo haga sin temor "aquí todos estamos para ayudarte".

Yo lo que siento es mucho cansancio, pero no quiero dormir, sigo mirando a la gente convulsionar. Quiero irme. El sueño me derrota. Por fin abro los ojos y miro el reloj, son las 1:34 de la tarde. Dónde se ha ido el tiempo. Dónde los días. Quiero que pare, que pare en cualquier instante.

Fecha Publicación: 2012-09-25T22:01:00.004-07:00
A veces no sé qué decir, A veces pareciera que estoy en otro lado.
Aveces pienso que estoy en otro lado.
Del otro lado de las sombras, del otro lado de los abismos.
Como quien espera el silencio.
Como quien se conduce por una carretera vacía, Como quien dice una palabra. Como quien habla con la mirada con la sombra.
Y entonces...
A veces no sé qué decir. A veces pareciera que no estoy diciendo nada. Y de la penumbra surge un cuerpo. Las alas de un ángel, el rostro de un niño. Entonces...


Fecha Publicación: 2012-08-08T12:15:00.001-07:00

Princesa viste un vestido celeste, pero hoy, poco le importa cómo va vestida.



La calle se abre ante ella como si no tuviese final. Tal vez piensa que debería dar media vuelta y regresar a su casa, meterse nuevamente a la cama y olvidar que está a punto de comenzar. Pero no lo hará, muy en el fondo de ella misma sabe que debe continuar.



"Avenida de los Álamos", de denomina aquel lugar. Da un paso. Un perro aullando. Un hombre enciende un cigarro, la luz roja le ilumina la cara "a dónde vas...", le pregunta sin mirarla. Princesa no responde, se queda mirándolo "esta camino no pertenece a nadie..." dice por fin, "no pregunté eso, sino que quiero saber a dónde vas. Quizá quiera ir al mismo lugar". Princesa piensa otra respuesta "no tengo por qué darte explicaciones". El hombre sonríe, "como quieras, entonces sigue adelante...".



Princesa avanza sin quitarle los ojos de encima, el hombre también la sigue con la mirada. Es un duelo de ojos, ninguno de los dos quiere perderlo. Así es que Princesa llega a lo que cree es la mitad de la avenida. Por fin siente la certeza de que ha comenzado un hermoso viaje.



Fecha Publicación: 2012-08-01T12:32:00.001-07:00

El asunto que esperaba llegó como cuando uno se despierta por la mañana. No se es consciente que ya se ha despertado. En un instante, se tienen los ojos abiertos bajo la manta, se siente tibio y dan ganas se continuar recostado, entrecerrar los ojos y tratar de continuar soñando.

 

Es decir, el asunto no tiene nada que ver con continuar descansando. No. Sino todo lo contrario. A cada paso que daba sentía caer las bombas, y explotar rabiosas a su alrededor, salpicando tierra y restos de personas muertas por todas partes. "Pronto me tocará", pensaba. Pero se armaba de valor para seguir dando pasos. A cada instante (que le parecían horas) apretaba el gatillo de su arma, el cual escupía las municiones. Las imaginaba salir veloces y felices al encuentro de cuerpos vivos para arrancarle un poco de piel, un dedo, o para perforarles el alma y acabar con su valor. El asunto iba de mal en peor.

 

Se dio cuenta que estaba en el suelo, rodeado de muchos muertos. Imaginó que conocería a alguno de los chicos que yacían destripados. Aprieta el gatillo otra vez. Y otra vez el asunto mordiéndole los pensamientos "la mierda...", vociferó. Se puso en pie, le dolían las piernas y le ardían los ojos "me habrán dado...", pensó con temor, palpó su cuerpo con cuidado pero no encontró signos de daño. Prosiguió su lenta marcha con el asunto, aun perturbándole. "habré hecho bien", se preguntaba, "...hice bien", se respondía para darse ánimo.

 

Etiquetas: [wonderland]  
Fecha Publicación: 2012-07-21T21:53:00.002-07:00
Una horda de conejos ha invadido los sueños de Paola. Aveces piensa que se despertará pronto, pero sus sueños son agotadoramente extensos.

Cuando corre, los conejos la siguen. Aparecen de pronto rodeándole y quitándole todas sus salidas de escape. Alguno le habla, le dice que no despertará hasta dentro de una hora, que se tranquilice, que pronto todo terminará.

Quien parece ser el líder (se le distingue porque es quien lleva el arma mas grandes), estira una de sus suaves patas y con la voz que le pareció ser la más feliz del mundo, le dice "Paola, pronto querrás volver".

Entonces Paola estira los labios y le enseña la que cree es la mejor de sus sonrisas, luego le escupe lisuras grotescas e hirientes. El líder Conejo levanta una oreja y una ceja. Sonríe. Paola quiere despertar, pero los conejos le sujetan con fuerza y la obligan a mantenerse en Wolderland. Paola grita, pero nadie le oye. Su madre, al otro lado de la puerta, murmura "pobre chica, siempre ha tenido el sueño pesado".



Fecha Publicación: 2012-04-24T20:55:00.002-07:00

entonces siento miedo.

miedo de volver a equivocarme, de no saber si esta vez será lo correcto, de no poder volver atrás, de olvidarme y de olvidarte, de volver a decir lo indecible, de volver a perderte y a perderme.

entonces es cuando me sumergo en las pesadillas, porque ahí todo es posible. el miedo es un elemento decorativo de las noches, una sombre que se diluye como una melodía lejana, o como el aullido misterioso de los perros. como el hambre que devora a los coyotes.

luego, no hay más miedo, sino apenas una mancha en el pantalón.

Etiquetas: [noche]  [breves]  
Fecha Publicación: 2012-04-19T19:56:00.002-07:00

Entonces, lo primero que suelo pensar es que el amor es una estafa, un engaño inventado por alguien para...,  y justo ahí se detienen mis pensamientos.

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Cuando anochece, aparecen las típicas sombras. Sombras que se crean por la luz artificial de los faroles, de las velas que iluminan mi casa. Entonces la música se pone cómoda a mí alrededor.

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Ruido. Música. Sueños interrumpidos, así son las noches en este país.




Fecha Publicación: 2012-03-28T19:30:00.003-07:00
estoy seguro que uno de los dos debe ser el enemigo, o tú o yo. así tiene que ser porque ambos no podemos tener la razón ni ambos podemos estar equivocados. son demasiados años de guerras y de muertes y de reencarnaciones: uno de los dos debe ser el enemigo, o tú o yo. estoy seguro.


Etiquetas: [breve]  
Fecha Publicación: 2012-02-08T17:02:00.000-08:00

He muerto de una piedra lanzada por quién sabe.
Pero quien sabe lo sabe, por eso lo hizo. Sus razones no importan.
Ahí estoy, tendido boca abajo, no puedo ver quienes están mirándome. Al parecer alguno se ríe, pero ninguno se lamenta.
En aquel momento me parece el final perfecto, pero, ojalá alguien me llorase o alguien diga una palabra agradable.
La palabra que me gustaría escuchar en este momento es: levántate y vayamos a tomarnos un café.
Solo escucho murmullos, silabas inteligibles o palabras inconexas.
De pronto me ha entrado un sueño tremendo, estoy bostezando, lo sé porque tengo la boca abierta.
Y me quedo dormido.


Fecha Publicación: 2012-01-25T11:30:00.001-08:00
Ha sido breve. Una pequeñísima historia de amor.

Primero caminamos hasta el restaurante, luego pedimos la cena.
- Deme dos cafés, una empanada y una torta de chocolate.
- Sí señor.
Dos horas más tarde, el amor nos contenía como si fuésemos dos bestias salvajes, aullando, mordiendo, rasguñando, destrozándonos los corazones.

Fecha Publicación: 2012-01-15T19:09:00.000-08:00

Yo: Solo bebí una copa de vino, lo juro

Otro yo: pero hoy volverás a tener pesadillas

Yo: apenas fue un sorbito

Otro yo: ya no le tienes miedo a las pesadillas

Yo: si... digo, no, es que.... de tanto ver sueños extraños he terminado acostumbrándome

Otro yo: entonces también deberías tragarte tus pasitllas

esa noche, cuando por fin logró cerrar los ojos, no soñó nada. pas pastillas jugaron en su contra, se burlaron de él anulándole los sueños. todavía recorba su último sueño: Iba en el omnibus, intentaba concentrase y recordar a dónde estaba yendo, pero veía las calles medio vacias, lo cual se le hizo extraño, entonces pensé que  debía ser un sueño, pero apenas pensó aquello, abrió la boca en un inmenso bostezo el cual le fue nublando la visión. así se quedó dormido y tuvo el sueño más raro que hasta ese momento podía recordar.

Yo: entonces?, qué harás?

Otro yo: lo de siempre - dijo el otro con el tono de su voz llorosa.

Yo: está bien, pero no es para tanto - le respondí tratando de calmarlo.


Fecha Publicación: 2012-01-04T11:11:00.001-08:00

La Paz es un asunto tan raro.

 

Nunca hay nada que decir.

 

-       Otra vez te vas a quedar callado... – protesta Novia.

-       Bueno, nada, es que justo ahorita todo va tan bien que para qué malograrlo con palabras.

-       Ay, qué aburrido que eres...

 

Terminamos de almorzar. Caminamos por la Alameda. El verano ya ha comenzado, el sol brilla poderoso en lo alto y su luz se filtra por las ramas de los árboles, el ambiente es calmado, no hay muchas personas paseando, casi somos los únicos paseando. Caminamos lento, mirándonos de vez en cuando. Intuyo que Novia espera que le diga algo, cualquier cosa, pero no se me ocurre nada. En este instante, solo quiero seguir caminando. El tiempo es fresco, el viento alborota las hojas secas.

 

-       Por qué nunca me quieres contar nada... – pregunta Novia molesta.

-       ... es que no hay nada que contar...

-       Por qué serás así, no es tan difícil decir lo que uno piensa. Aunque, claro, cuando abres la boca solo es para quejarte. No sabes hacer otra cosa...

-       es que...

-       és que qué... ya vez... ni siquiera así dices algo. ¡Habla!

 

Pero Novia da la vuelta y se va. Sé qué debo correr tras ella, pero lo haré el día de mañana. La Paz es un asunto tan raro. Nunca hay nada que decir.

 

Nunca.

 


Fecha Publicación: 2011-12-31T22:20:00.000-08:00

Enero iniciócruel: comenzó con sangre.

La casa vacía fue mi cómplice, uno de los platos voló con la excelente puntería de aterrizar en mi mano. La sangre brotó desde mi piel rota y corrió aguada por todo el fregadero, ardiéndome a la mitad del dedo anular, tiñendo el lavadero de rojo pálido, convirtiendo el atardecer en sangre. Solo me quedé observando como la piel se había arrugado, veía un cráter del cual emanaba el líquido viscoso. Sentía el latir de la sangre fluyendo. Con los dedos de la otra mano alargué la piel hasta cubrir el agujero de la herida. Luego lavendé.

Así comenzó enero.

Además de las pesadillas está el hecho de dormir poco, el de despertar a cada instante como respondiendo a un llamado. Una voz que está siempre cerca, y que proviene de todas partes y de ninguna. Abrir los ojos, buscar la voz, cubrirse el rostro con las sábanas, por centésima vez.

Interminables noches de desasosiego, me llevó a conseguir un cuaderno azul, el cual garabateo con entusiasmo y obsesión. Aun nadie ha visto aquellos trazos, pero imagino que cuando lo hagan preguntarán en qué estaba pensando o qué quiero decir con alguno de ellos, o con alguna de las frases que le acompañan.

Un daño colateral a esta falta de descanso es que no dejo de ver insectos por todas partes, no importa donde esté, o con quienes: siempre veo insectos caminando sobre las mesas, al rededor de los libros, cerca a los platos, junto a la computadora, siempre que vuelvo la vista, corren a esconderse y jamás los encuentro. Entonces rocío veneno en todos los rincones de la casa, en cada escondrijo, en cada grieta donde puedan esconderse: la casa huele a muerte.

Comencé a escribir una historia que se supone la presentaría a un concurso de Novela. La llamé “La Delgada Línea”. Debía ser una historia con harto humor, pero el humor no se me da bien, aún así creo haberlos logrado en algunas partes, otras son un asco. Luego, abandoné el proyecto. Hay tantas ideas que aparecen. Hay tanta historia sueltas por allí esperando ser encontradas. Hay tanto loco suelto por las calles.

Doctor ha comenzado,nuevamente, a insistir enformar una banda de rock and roll. Pienso que si tuviera una banda la llamaría “Ruido Blanco”. Pero no creo que formemos ninguna banda de nada. Ninguno de los dos canta, ninguno de los dos sabe suficiente de música, yo apenas logro sacar un par de canciones en la guitarra acústica. Doctorno tiene una batería. Él prefiere un tipo de música demasiado opresora y oscura, demasiado destructiva, yo prefiero algo un poco más armónico y rítmico, pero ruidosa y agresiva.

Doctor no se da cuenta que la formación de esta supuesta banda es solo un sueño, un medio de escape cuando el estrés nos aprisiona y el barullo de los días nos agobia. Lo curioso de todo es que para hacer rock and roll no se necesita saber mucho de música, ni de saber cantar, solo oler el espíritu adolescente. Solo tener entusiasmo. Estamos viejos.

En tanto, se me ha ocurrido escribir una historia sobre una banda la cual se llamará, obviamente, “Ruido Blanco” y como otros proyectos, éste también permanecerá en silencio.

Mi novia (que en realidad no es mi novia), se ha quedado en casa en dos ocasiones. Ha sido divertido volver a despertar con alguien al lado. Aunque haya sido breve la relación, me ha servido para distraerme, para conversar con alguien que no sea un objeto de mi imaginación.

Cuando ella llega, elportero le mira con atención, “míster, tu flaquita?”, me pregunta con libidinosidad, “que quieres chochera...”, le he respondido,“vete a la mierda” es lo que he pensado.

Pero a fines de mayo ya todo había terminado. Aquel fin de semana estuve de permiso, Ex me ha despertado muy de mañana: "ya me tengo que ir...", dijo, "está bien, pero cuando volverás..., mañana?". Respondió algo que no le escuché, pero yo sabía que ya no regresaría.

Desde hace un par de años nos habíamos perdido el rastro. Durante todo ese tiempo no he querido saber detalles, para qué..., de qué me habría servido saber nada. A veces, ignorar las cosas nos haces felices... o falsamente felices.

Mayo ha sido un mes extraño. Me han dolido demasiado las piernas, como si estuviera en cuclillas todo el tiempo, como si me hubieran pateado en las rodillas, o como si el peso del mundo me estaría doblando en dos.

Ex, antes de irse, me ha dicho, también, que estoy demasiado delgado, “estás más flaco de lo que te conocía, ¿has perdido peso?. De repente deberías ir con un doctor...”, pero ahora, justo ahora, es cuando me siento más fuerte.

Alfin me he mudado.

Es el último piso de un edificio inmenso, altísimo, donde apenas escucho a personas hacer ruido. Aun así, siempre despierto de mal humor, odiando el mundo, odiando todo lo que se me cruza, odiando todas las palabras que escucho, todos los gestos que quieren tener conmigo personas hipócritas y sin vergüenzas. Odio todos los malditos días, esta vida de mierda, aprieto play al mp3 y me desconecto del mundo, apago un poco el cerebro y me dejo caer al abismo de las melodías.

La primera vez que dormí en la casa nueva, sentí que el edificio entero se estaba cayendo de lado. El viento del invierno golpeaba con fuerza las enormes ventanas. Y el vértigo, el delicioso vértigo devorando mis tripas...

Doctor ha llamado, vuelve a insistir en formar la banda.

Ahora he comenzado con la lectura de “Las Crónicas del Lobo Blanco”. Qué mejor escape que una buena lectura, es la historia de Elric de Melniboné, el último emperador de Ymrryr, la ciudad Bella.

Y mientras avanzo leyendo, comienzo a darme cuenta que los recuerdos son solo eso: recuerdos, que si no hacemos que nuestros “dones” se desarrollen, se perderán o se estropearán.

Habría un concurso de novela gráfica. Entonces se me ocurrió la idea de participar. Comenzaría otro proyecto, pero este sería diferente pues contaría con la ayuda de alguien que dice saber dibujar:

- Habla, lo hacemos?- le pregunté y contestó que sí.

“Chévere pz, al toke nomás”, me dijo, “como en los viejos tiempos...

Le dejé libros para que los estudie, pero nunca hicimos nada. Apenas unos muy malos bocetos los cuales, finalmente, se perdieron. Una horrible sensación de vejez me cogió desprevenido: Yo no quiero ser así, es decir, como las demás personas, nunca en mi vida quiero ser así: saber si tal o cual equipo ganó no sé qué copa o si Magaly ampayó a no sé quien, o enterarme de noticias estúpidas. Yo quiero utilizar, todo lo que me sea posible, el cerebro, seguir pensando hasta que se me caiga la cabeza al suelo de tanto pensar. No quiero que se me estropeen los pocos dones que todavía me quedan.

Flaca y Tío se casaron, finalmente.

El gordo y yo viajamos al Surpara la celebración:pequeña y simpática, los niños entonando canciones religiosas, de esas que siempre provocan entusiasmo y felicidad en quienes las escuchan. Luego cruzamos la avenida y entramos al local de la fiesta. Qué pena que poca gente fue, de haber ido más, habría sido un juergón. Pero la pasamos bien.

Las fiestas, para mí, siempre han sido un problema: Imagina por un momento que tienes un amigo de la parte más exótica de Asia. Un día te invita a su casa almorzar y sirven toda clase de insectos y reptiles que nunca habías visto. Así me siento cada vez que soy invitado a una fiesta. “No es nada personal, el problema soy yo”.

Fin de mes: Por fin vacaciones. Aun así, trabajé en casa, nada grave ni urgente, pero trabajo, al fin y al cabo.

Estuve enfermo cinco días, no sé que fue, un poco de fiebre, un poco de nauseas, sin apetito. Una sintomatía un poco rara, me sentía mal, pero no tanto como para tumbarme, pero tampoco lo suficientemente bien, como para hacer los deberes.

Compré un pliego de papel de molde blanco, escribí allí mi obra monumental.

La verdad es que había dejado las medicinas. Un día de desperté y me dije "G, no es posible que sigas así, deja esas capsulas...", y las deje. Por eso estuve enfermo tanto tiempo.

Desde hace unos días estoy de vacaciones (es la segunda semana de las dos semanas anuales que me corresponden por vacaciones): Pocas personas recuerdan que hoy es mi cumpleaños. Una persona me llamó para preguntarme si era mi cumpleaños y luego me saludó. Otra persona llamó para pedirme un favor “y aprovecho para desearte un feliz cumpleaños...”, luego recibí dos mensajes de texto. Son las 11:59 pm, por fin el puto día se ha terminado, por suerte nadie más se acordó ni escribieron al facebook. Ha sido uno de los mejores días de este año de mierda.

El Búho nunca ha festejado su cumpleaños, esta vez lo festejamos. Me tomé tres chilcanos, mi cuerpo pedía más, tuve que entrar al baño a echarme agua y pensar un poco: “no más trago, no más trago, no más trago...”. La fiesta acabó temprano; en casa, nuevamente me cuesta dormir, lo peor (siempre tendré que repetirlo) es sentirse agotado.

Este año fui a tres fiestas (creo recordar que solo han sido tres). En las fiestas hay que reírse demasiado. Yo no quiero reírme, no me provoca. Ahora mismo la risa se me antoja una de las expresiones más falsas que te pueda imaginar, todos se ríen: dicen algo (risas), hacen algo (risas). A mí me hace reír la ironía.

La tercera fiesta fue en casa de la Señora, fue su cumpleaños. Llegué con la Morena, solo bailamos una canción. Pero en realidad lo que me gustó fue bailar con la Flaca: bailamos salsa. Yo no bailo salsa, tampoco ella (fue tan obvio realizar aquella danza improvisada y descoordinada, y eso fue lo que lo hizo divertido. Mientras trataba de soltarme de sus brazos ella me seguía el “ritmo” y daba vueltas y vueltas.

Debo reconocerlo, la Morena es un chica guapa, aunque a veces pienso que tiene dentro una bronca o un no sé qué, que no puedo entender. Quizá por eso suele ser un poco esquiva, su cordialidad me parece un poco seca.

Y, asi pues, la vida continúa con su propia dinámica enfermiza y descorazonada, su propia manera de enredarnos en con sus absurdas comedias y su insípida esperanza. Pero así es la vida, de otra forma no lo sería.

Soñé: Es una habitación, algunas estructuras metalicas me rodean, las paredes son transparentes, puedo ver hacia fuera, pero nadie puede verme aquí dentro. El sol es brilloso, el calor es intenso, me ubico debajo de una ducha, el agua se desparrama por el suelo. Me esfuerzo en abrir los ojos. Fuerza. Despierto.

Amanece, es otro año.