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Fecha Publicación: 2015-07-23T00:05:00.001-05:00
Aquí una charla sobre Roland Barthes:

https://www.youtube.com/watch?v=DYmDvawudXY


Fecha Publicación: 2015-07-16T05:46:00.001-05:00
Se presentará mi libro "Fulgor en la niebla":

Día: martes 21 de julio
Hora: 7:00 p.m.
Lugar: Sala Ciro Alegría de la Feria Internacional del Libro

Fecha Publicación: 2015-07-06T18:58:00.000-05:00
Aquí dejo un enlace a una conferencia acerca del concepto de cultura en la ensayística de Mario Vargas Llosa y de Octavio Paz:

 https://www.youtube.com/watch?v=acs3YbGtrW4



Fecha Publicación: 2015-06-28T15:00:00.001-05:00
Presentación de la segunda edición de mi libro "El cántaro y la ola. Una aproximación a la poética de Octavio Paz" y conferencia sobre Mario Vargas Llosa y Octavio Paz frente al concepto de cultura. Día: miércoles 1 de julio Hora: 7:00 p.m. Lugar: Casa de la Literatura Peruana Participan: Enrique Bruce, Selenco Vega y Alejandro Mautino.

Fecha Publicación: 2015-06-07T01:00:00.005-05:00

Fecha Publicación: 2015-05-24T22:58:00.003-05:00


Fecha Publicación: 2015-04-25T17:23:00.001-05:00

Fecha Publicación: 2015-02-28T11:42:00.001-05:00


El pasado jueves 26 de febrero dejó de existir el poeta, traductor y ensayista Eduardo Orrego Acuña (Lima, 1969-2015). Historiador de profesión, Orrego se formó en la Universidad de Hëlidelberg (Alemania) y continuó luego estudios de posgrado en Latin American Studies en Georgetown University (EEUU). Como traductor es conocida su versión al alemán de la poesía de Javier Heraud, que Francisco Campodónico editó en 1994 con el rótulo Yo soy el río que viaja dentro de los hombres. Su interés por la literatura se evidenció con la temprana publicación de su poemario Revelaciones (1991), donde el poeta Antonio Cisneros, en la nota introductoria, anotaba: "Una nostalgia por la infancia perdida, los ritos del retorno, la historia, el mundo de los sueños, son exorcismos contra el paso del tiempo y la distancia. Desdel la reflexión hasta un irónico rap llevan el nuevo sello de este poeta nuevo". Sus ensayos sobre los viajes americanos de Alexander von Humboldt, las reflexiones literarias de Octavio Paz y su larga entrevista al historiador Pablo Macera ameritaron el interés del público lector. El año pasado, Eduardo Orrego Acuña rememoró la faceta de traductor, poeta y ensayista de Javier Sologuren en una brillante conferencia brindada en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana. ¡Que la música de Bach acompañe su viaje eterno! 

Fecha Publicación: 2015-02-17T08:33:00.001-05:00



            El lenguaje no es un reflejo de la realidad, sino que representa esta última a través de un intrincado juego de conceptos. La moderna lingüística cognitiva, además, sustenta que el pensamiento humano es, en gran medida, de índole metafórica. En tal sentido, las metáforas no solo estructuran nuestro pensamiento, sino también guían nuestras acciones en el mundo. Un aspecto, sin duda, relevante es que las metáforas poseen eficacia argumentativa, pues permiten sustentar nuestro punto de vista y desacreditar la perspectiva ideológica de nuestros opositores.

            El reciente caso de la ley pulpín ilustra cómo el término “pulpín”, en tanto expresión metafórica,  permite desacreditar una ley aprobada por el Congreso de la República y quitarle legitimidad en el concierto de la vida social. Originalmente, la mencionada ley tenía como propósito el de incentivar el empleo, por parte de las empresas, de mano de obra no calificada, representada por más de dos millones de jóvenes entre dieciocho y veinticuatro años de edad. Sin embargo, los opositores a dicho marco legal tuvieron la feliz idea de designarla con el nombre de ley pulpín. Dicha denominación tuvo un indudable éxito en los medios de prensa. La metáfora se había convertido en un enunciado de enorme fuerza persuasiva que poseía la solidez de un argumento. Como dicen Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, “No solo la argumentación concreta implica la existencia de clasificaciones, sino que a veces incluso tales clasificaciones permiten descalificar lo que no se inserta en ellas y, por esta razón, parece defectuoso” (2006, p. 208).
            Veamos el origen de la palabra. El término “pulpín” procede de la jerga callejera y remite a una bebida de néctar llamada “pulp” cuya publicidad parecía estaba dirigida a los menores de edad debido a su diseño infantil: “El producto tiene un envase de cartón con una forma semi triangular, buscando darle la forma de un auto, para ello utiliza colores llamativos y dibujos en todo el envase” (Anónimo, 2014). Si seguimos la lógica de los emparejamientos metafóricos establecida por Georges Lakoff y Mark Johnson (1990), podemos afirmar que la ley está dirigida a jóvenes concebidos como seres con falta de inteligencia y, por ello, evidencia la noción de que los muchachos de dieciocho o veinte años de edad son susceptibles de ser manipulados por un discurso que, a la manera de un texto publicitario, tiene como objetivo el de arrasar, de modo encubierto,  con los derechos laborales de los jóvenes.  Por eso, “pulpín" se asoció con el término popular “monse” o “sonso”.
           
            Además, Perelman y Olbrechts-Tyteca señalan el papel del ridículo en la argumentación: “El ridículo es lo que merece ser sancionado por la risa (…). Esta última es la transgresión de una regla admitida, una forma de condenar una conducta excéntrica, que no se la juzga bastante grave o peligrosa para reprimirla por medios más violentos” (2006, p. 321-322). Cuando una ley es calificada de “pulpín” se busca provocar la risa en el auditorio, el cual no la tomará en serio porque viola los principios de la lógica, pues un mecanismo legal no puede ser calificado como un sinsentido o un absurdo. Se trata de reírse no solo de un marco jurídico, sino también del Congreso y, por extensión, de la poca legitimidad de los Poderes del Estado que se han desarrollado a espaldas de las demandas del pueblo y no han establecido una auténtica democracia con igualdad de oportunidades para todos.
            La ley pulpín quitaba derechos a los jóvenes, por ejemplo, no admitía la posibilidad del pago de cuenta de tiempo de servicios y establecía el principio de desigualdad en el ámbito laboral. Dicha injusticia y falta de equidad evidencian cuán desigual es la sociedad peruana y de qué manera trata, de modo discriminatorio, a los muchachos entre dieciocho y veinticuatro años negándole oportunidades de ingresar a un puesto de trabajo en igualdad de oportunidades. La metáfora ley pulpín tuvo una repercusión ostensible y desacreditó, desde el punto de vista argumentativo, la seriedad de  dicho marco legal ridiculizándolo y provocando la risa del auditorio. El orador había persuadido a su audiencia a través del acertado uso de un procedimiento metafórico. Al fin y al cabo, el pensamiento humano es, como lo dicen Lakoff y Johnson, de naturaleza metafórica.

Anónimo (2014). “Cónoce de dónde proviene el término ‘chibolo pulpín’” .http://www.rpp.com.pe/2014-12-18-conoce-de-donde-proviene-el-termino-chibolo-pulpin-noticia_752140.html (Recuperado el 17-02-15).
Perelman, Ch. & Olbrechts-Tyteca (2006). Tratado de la argumentación. Madrid: Gredos.

Lakoff, G. & Turner, M. (1990). Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.

Fecha Publicación: 2015-02-13T17:39:00.003-05:00
Dejo un enlace a un video de mi conferencia inaugural del congreso "Jorge Luis Borges y la traducción literaria" que se realizó en Ceará (Brasil) en 2014:

https://www.youtube.com/watch?v=esJd5hnLJMQ

Fecha Publicación: 2015-01-14T05:30:00.000-05:00


El procurador antiterrorista Julio Galindo ha dicho que no ha visto la obra teatral "La cautiva", pero tiene pruebas de que en ella hay apología del terrorismo. En primer lugar, ¿puede alguien opinar, con fundamento, acerca de una obra que no ha visto? ¿Puede una persona, con sensatez y buen juicio, emitir un parecer acerca de un libro que no ha leído? De ninguna manera, primero debería ver la obra. Segundo, es urgente que siga un curso de Teoría Literaria I donde le expliquen qué es una ficción artística. Tercero, es imprescindible que curse una asignatura de Historia del Teatro para que se sitúe históricamente y pueda tener elementos para emitir una opinión justificada. Una ficción no se confronta directamente con la realidad, pues no es una copia de esta. Sin duda, se trata de una verdad de perogrullo y resulta ofensivo que un funcionario que representa al Estado peruano opine de una manera tan irresponsable. Esperemos que la sensatez triunfe y, por lo tanto, el despropósito quede estrangulado en la arena. Una ficción artística puede discutirse con criterios estéticos o sociológicos o políticos, pero no prohibirse porque ello atenta contra la libertad de pensamiento. La controversia es iluminadora cuando se halla bien planteada, pero no la intolerancia ni el autoritarismo.
Etiquetas: [Reseñas]  
Fecha Publicación: 2014-12-21T09:12:00.000-05:00


Profesor universitario, cuentista e investigador de la Universidad de San Marcos, Jorge Valenzuela (Lima, 1962) es uno de los más destacados narradores surgidos en los años ochenta del siglo pasado. Ha publicado cuatro libros de cuentos: Horas contadas (1988), La soledad de los magos (1994), La sombra interior (2006) y Juegos secretos (2011). Asimismo, ha visto la luz su ensayo titulado Principios comprometidos. Mario Vargas Llosa: entre la literatura y política (2013), donde se analiza la teoría del compromiso que se evidencia en la ensayística del autor de La casa verde.

Acaba de aparecer Infiernos mínimos (Lima: Campo Letrado, 2014), un racimo de cuentos, algunos extensos y otros breves, que retratan la enfermedad, la soledad y el desamparo del hombre en el mundo. Valenzuela tiene un incuestionable oficio de narrador: emplea frases cortas, introduce un elemento inesperado en la trama y recrea situaciones en espacios cerrados que se constituyen en metáforas de desintegración social.

En “El reencuentro” dos jóvenes mujeres disfrutan de una película de manera amena, entonces un tercer personaje femenino se incorpora en la escena para introducir el desasosiego de modo inopinado. Frente a la necesidad de recuperar el tiempo perdido y la amistad por parte de las dos muchachas, aparece el tópico de  la enfermedad de otro personaje (una mujer que tose de manera extraña), hecho que lleva a establecer contraste entre diversos estados de ánimo. El final imprevisto del relato establece una atmósfera donde se mezclan el terror y la muerte.

En “El enemigo insólito” , el narrador medita en primera persona, se pasea por su habitación sumergido en la más absoluta soledad: “Estoy solo, como en los últimos días, lejos de quienes alguna vez me protegieron, atento a cualquier movimiento, alerta ante algún auto imprevisto, temeroso de alguna sombra veloz” (p. 31). Brota en su mente la calle solitaria de la urbe cubierta por la lluvia y llega a la siguiente conclusión: “Nunca fui, lo que se dice, un hombre de bien ni pretendí serlo” (p. 35). Se trata de un cuento de una ostensible dimensión introspectiva: un ser humano, en el centro de su habitación, que trata de darle algún sentido a su vida. Parece simplemente una aproximación a la orilla de la muerte. Se crea una buena atmósfera: los objetos se impregnan de presentimientos, de presagios. ¿Tiene sentido la existencia?, parece preguntarse el narrador y una posible respuesta negativa a dicha interrogante parece acosarlo de manera interminable.

En “La corbata”, el mejor cuento del libro, la trama es más compleja. Un empresario alquila una habitación de su casa a una mujer que trae a su supuesta pareja, quien, en realidad, es su hermano, sumido en una misteriosa enfermedad, que posee la costumbre de andar luciendo una corbata en situaciones verdaderamente insólitas. Aquí la maestría de Valenzuela hace que los personajes parezcan fantoches arrastrados por un destino irrevocable: cruzan la escena como residuos de seres humanos que caminan sin conocer el rumbo fijo. Sentimiento de degradación unido a la idea de que todos sucumbimos frente a la ineluctable muerte.

Infiernos mínimos es un libro sugerente y bien escrito. La noción que subyace a los relatos es que cada personaje vive su propia desgracia sin poder hacer casi nada para remediarla. La vida transcurre de modo rutinario, pero un suceso imprevisto hace que todo se transforme y, en esa nueva situación, el infierno se vuelve algo real y palpable. No es una simple metáfora, sino un conjunto de hechos (desesperanza, predicción de muerte, por ejemplo) que se impone de modo contundente. Jorge Valenzuela, en tal sentido, sugiere sutilmente la atmósfera e invita al lector a la reflexión sobre el carácter transitorio, no apacible, de la existencia humana.




Fecha Publicación: 2014-12-07T06:46:00.003-05:00




Dejo este enlace al blog de Elton Honores donde aparecen los mejores libros del Perú en literatura fantástica:

http://eltonhonores.blogspot.com/2014/12/los-mejores-libros-peruanos-de-fantasia.html

Fecha Publicación: 2014-09-06T16:37:00.002-05:00
Erick Ramos me ha enviado este enlace a una charla sobre la obra del extraordinario pensador Walter Benjamin:
https://www.youtube.com/watch?v=HbB1tP8FrVI&feature=youtu.be&list=FLqDdLBQYS2G-FZGL1oelctg

Fecha Publicación: 2014-08-21T08:29:00.004-05:00


Fecha Publicación: 2014-08-05T18:51:00.002-05:00


Una entrevista al crítico Abelardo Oquendo, donde pondera la obra de Mario Vargas Llosa, como un hito insoslayable en la segunda mitad del siglo XX:

http://buensalvaje.com/2014/07/15/abelardo-oquendo-aqui-suele-regalarse-el-adjetivo-gran-todo-buen-poeta-es-un-gran-poeta-y-no-es-asi/

Fecha Publicación: 2014-07-30T15:34:00.001-05:00


Un interesante documental sobre la vida de Rimbaud:

https://www.youtube.com/watch?v=_fQ85ffdVWs&feature=share

Fecha Publicación: 2014-07-25T23:57:00.001-05:00


En los ensayos de Mario Vargas Llosa se revela la influencia poderosa de la literatura francesa. Es decir, Vargas Llosa descubrió su pasión por la literatura en Francia y leyó a ciertos autores fundamentales como Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Víctor Hugo y Gustave Flaubert. En las obras de estos escritores, encontró los principios esenciales para la creación literaria. Leer mi artículo completo en el siguiente enlace:

http://www.tonosdigital.com/ojs/index.php/tonos/article/view/1131

Fecha Publicación: 2014-07-20T06:57:00.001-05:00
Pierre Bourdieu y Terry Eagleton debaten sobre el polémico concepto de ideología en el mundo actual:

http://ssociologos.com/2014/04/03/entrevista-pierre-bourdieu-y-terry-eagleton-doxa-y-vida-ordinaria-que-significa-hablar/




Fecha Publicación: 2014-07-12T20:58:00.002-05:00




Un valioso video sobre el vanguardismo peruano:

https://www.youtube.com/watch?v=LPVtJmXPJdk

Fecha Publicación: 2014-07-06T05:39:00.004-05:00



Un interesante documental sobre el gran poeta Carlos Germán Belli:

https://www.youtube.com/watch?v=TVbJnyUy7IM




Fecha Publicación: 2014-06-26T09:57:00.003-05:00



Vivió sólo veintiún años y produjo una obra de notable factura. La pregunta que asoma a la mente no resulta nada baladí: ¿cuál es el tipo de poesía que habría escrito si hubiera vivido tres o cuatro décadas más, como alguno de sus ilustres coetáneos? Quizá Javier Heraud (1942-1963) hubiera concebido un poema experimental como aquellos que pergeñó Rodolfo Hinostroza o, si fuera posible, habría mantenido la desnudez de la palabra,  es decir, una poética que lo cautivó hasta el final de su corta  pero fecunda existencia.

Heraud revela un acertado uso del verso corto, de los encabalgamientos y de la musicalidad de la frase. No es banal este hecho: sus poemas se prestan para ser recitados y no sucumben a la tentación del hermetismo. Frente al laboratorio lingüístico de estirpe mallarmeana o a la imaginería onírica (tan típica de los herederos de André Breton), Heraud erige una propuesta de contornos disímiles: no subestima la capacidad interpretativa de su receptor, pero tampoco busca sorprenderlo a través de giros barrocos o de experimentaciones de índole, sin duda, vanguardista.

 En el ámbito de la poesía peruana de los años sesenta, nuestro poeta se sitúa en la tendencia donde se observa el influjo de la poesía de lengua castellana. Heraud --junto a Marco Martos y César Calvo-- muestra un hondo conocimiento de la poesía de Antonio Machado y de Pablo Neruda (sobre todo, el de Odas elementales), y, además, huye del hermetismo de la poesía neosimbolista con ribetes surrealistas, cuya expresión más típica quizá sea Reinos de Jorge Eduardo Eielson en los años cuarenta.

El autor de El río busca la expresión desnuda retomando temas clásicos como el viaje o el retorno al propio hogar; pero lo hace a través del tamiz de un código que, bajo su aparente sencillez, oculta un minucioso trabajo con el ritmo y los recursos figurativos. Por eso, quisiéramos abordar el análisis de la casa como estructura figurativa en la poesía de Javier Heraud.

La casa constituye una de las metáforas más sugestivas. En La poética del espacio, Gaston Bachelard remarca que la casa provee al sujeto de un cuerpo hecho de imágenes dispersas: “Porque la casa es nuestro rincón del mundo. Es (…) nuestro primer universo. Es realmente un cosmos. Un cosmos en toda la acepción del término”[1]. Veamos dos características esenciales que han sido precisadas por el ensayista francés: 1) La casa es, con frecuencia, imaginada como un ser vertical; 2) Ella es concebida como si fuera un ser concentrado que incita a una conciencia de centralidad[2]. ¿Cuáles son las implicancias de los dos rasgos antes mencionados? La casa remite a una oposición de tipo orientacional entre el sótano (asociada a la parte de abajo) y la guardilla (“Ventana que se levanta por encima del tejado de una casa”[3]), vale decir, provee de una organización espacial desde el punto de vista cognitivo. Estar dentro de una morada significa situarse, con estabilidad y justeza, en el mundo.

La casa es una estructura figurativa muy recurrente en algunos poetas peruanos contemporáneos. Por ejemplo, César Vallejo, en Trilce LXI, afirma: “Esta noche desciendo del caballo,/ ante la puerta de la casa, donde/ me despedí con el cantar del gallo./ Está cerrada y nadie responde”. La falta de respuesta que encuentra el locutor evidencia que el hogar se ha desestructurado y que todos duermen para siempre (léase: partieron, de modo súbito, a otro lugar, o han muerto). En Poemas en prosa se alude a “un casa que vive únicamente de hombres, como una tumba” y que se nutre de los seres humanos como sujetos de acción; ella marca el inicio de la existencia del hombre, pero también el fin de la misma, por eso, se asocia, de manera inexorable, con la tumba.

En Poemas humanos se afirma: “Mi casa, por desgracia, es una casa,/ un suelo por ventura, donde vive/ con su inscripción mi cucharita amada,/ mi querido esqueleto ya sin letras,/ la navaja, un cigarro permanente”. Aquí se trata de la morada de la cotidianidad, donde el locutor recuerda el papel de los objetos que lo acompañan en su trajinar por el mundo. Tenemos la personificación de estos últimos: el uso del diminutivo “cucharita” asociado al adjetivo “amada” de alta connotación afectiva se ve reforzada por el funcionamiento del calificativo “querido” que está al lado de “esqueleto” como si este fuera un sujeto pensante y carente de “letras”, vale decir, sumergido en la carencia. Además, cabe mencionar otros dos elementos cotidianos: el cigarro permanente y la navaja. Es indudable que la casa es aquí una metáfora de la desolación y del desamparo; pero también, de la persistencia de la vida por encima de los óbices que nos pone el tiempo en el camino. Se subraya que la casa es un espacio permanente donde se revela las carencia, pero también la pertinacia del sujeto que lucha y trata de vencer los más disímiles obstáculos en el trajinar de la existencia.

Pasemos, ahora, al abordaje de la casa en la poesía de Heraud. Nuestra propuesta subraya que las metáforas, metonimias y otras figuras retóricas traducen estructuras cognitivas y procesos mentales que han sido estudiados por George Lakoff, Mark Johnson[4] y Mark Turner[5] en relación con la poesía lírica como género discursivo.

A)LA CASA COMO UNA MANZANA Y EL PENSAR FIGURATIVO EN EL RÍO (1960)

            En El río se manifiesta la casa en dos momentos: en el primero, predomina el pensar antitético; en el segundo, prepondera la sinécdoque como estructura de pensamiento. En ambos casos se observa el funcionamiento de metáforas. En el poema inicial que da título al poemario se percibe, en la parte 6, una alusión a la morada de los hombres:

Yo soy el río que viaja por las casas,

            mesa o silla colgada

yo soy el río que viaja dentro de los hombres,

            árbol fruta

            rosa piedra

            mesa corazón

            corazón y puerta

            retornados.



            Precisemos la estructura cognitiva. La horizontalidad del fluir del agua del río-yo poético se opone a la verticalidad de la casa que representa, en este caso, al ser humano. Dicha antítesis se refuerza con otra oposición: el viaje y su dinamismo, frente a la casa y su estabilidad. Viajar por las casas significa entrar no solo a la  morada de los hombres, sino también percibir el caos (“mesa o silla colgada”) opuesto al equilibrio que porta el río en su impetuosidad. Luego, observamos cómo se pasa de la casa (un objeto exterior, perceptible por los sentidos) a la interioridad de los seres humanos. Se trata de un viaje por el mundo interior de aquellos que habitan en la casa. Por eso se afirma que la mesa retorna desde el caos al orden instaurado por el río de la vida.

            En este poemario, hay un poema cuyo título es, sin duda, ilustrativo: “Mi casa”. Aquí prevalece el pensar sinecdóquico donde la parte representa al todo.  El texto argumenta que un cuarto personifica a la casa:

            Mi cuarto es una

manzana,

con sus libros,

con su

cáscara,

con su cama

tierna para

la noche dura.

Mi cuarto es el

de todos,

es decir,

con su

lamparín que

me permite reír

al lado de Vallejo,

que me permite ver

la luz eterna de

Neruda.



Podemos realizar, en tal sentido, un emparejamiento metafórico:

MI CASA ES LA NATURALEZA

Mi cuarto es una manzana

La cáscara del cuarto es la de la manzana

Los libros del cuarto son libros de la naturaleza



La primera (aquella que está escrita íntegramente con mayúsculas) es la megametáfora, que cubre como un paraguas todas las demás metáforas más específicas. Se trata de una totalidad ordenada o de un conjunto de elementos organizados que porta la percepción del locutor personaje respecto de su casa, la cual es imaginada como si fuera un recinto de la naturaleza.

Esta concepción de Heraud indica que la morada del ser humano es la del espacio natural y allí el poeta puede entregarse al placer de la lectura, alejado del mundanal ruido cotidiano. Por eso, el lamparín del cuarto (que se asocia con la claridad de la naturaleza) “permite  reír/ al lado de Vallejo” y calibrar  “la luz eterna de Neruda”. La relación con el poeta de Santiago de Chuco se da a partir del humor que se desprende de los versos de Vallejo leídos por el yo poético; el vínculo con el rapsoda chileno se evidencia a través de una valoración muy diáfana: “Neruda es la luz permanente de la poesía”. El autor de Los heraldos negros es, para Heraud, sinónimo de atmósfera cotidiana y de una relación horizontal entre el emisor y el receptor, matizada por el contenido humorístico de los versos leídos; en cambio, el artífice de Residencia en la tierra es visto con mayor solemnidad y carácter majestuoso, pues posee una “luz eterna”, vale decir, esta jamás fenecerá en el tiempo venidero. 

Como afirman Lakoff y Johnson[6], la estructuración metafórica de los conceptos es de carácter parcial. Por ejemplo, cuando decimos que “las teorías son edificios”, estamos eligiendo algún aspecto (o más de uno) de estos últimos que se puedan homologar a las teorías. Los edificios tienen bases arquitectónicas y poseen una sólida construcción asentada en estas; de la misma manera, las teorías tienen una base filosófica y un corpus de categorías y conceptos sustentados en aquella. Sin embargo, dejamos de lado otros componentes de los edificios, por ejemplo, que tienen ventanas o escaleras; vale decir, nuestro pensamiento jerarquiza la información y realiza, por lo tanto, un proceso de discriminación resaltando algunos elementos de un objeto y dejando a otros componentes del mismo en la penumbra.

En la metáfora “mi cuarto es una manzana” se privilegia que las paredes del primero son como la cáscara de la segunda porque protegen de la noche fría al ser humano, de la misma manera que la cáscara protege la pulpa de la manzana. Se obvia el aspecto comestible de la fruta para privilegiar la estructura de esta provista de una parte exterior que guarece la interioridad de la manzana. De modo análogo, el cuarto preserva el mundo interior del sujeto, quien se solaza leyendo a Vallejo y Neruda.

B)LA CASA MUERTA EN EL VIAJE (1961)

            La diferencia entre El río y El viaje en lo que concierne a la metáfora de la casa es ostensible: hemos pasado del reino de la vida al de la muerte. La manzana se ha convertido, de modo súbito, en “un manzano que yace seco/ ahora por el grito/ y el cemento”. Se trata de una reflexión del locutor respecto de la agresividad del discurso modernizador[7]que intenta derribar la casa (vale decir, destruir la naturaleza) empleando camiones con el fin de construir quizá más oficinas, espacios burocráticos donde la espontaneidad del sujeto creador se esfume entre la monotonía de un conjunto de mudos escritores: “yo he vivido siempre/ entre camiones / y oficinas,/ yo he vivido entre/ ruinas todo el tiempo”. Aquí se percibe la lucha, en el mundo representado, entre el ámbito natural y el de las relaciones laborales. El poeta está ubicado al lado de sus moras y granadas, aunque también ha convivido entre las redes de impersonales oficinas. Las personas que derriban la casa se sitúan en el espacio burocratizado. Allí aparece la muerte como una imposición del poder del discurso modernizador que reemplaza a la naturaleza con cemento, destrozando la vieja morada donde se albergaban los recuerdos, vale decir, el pasado del yo poético[8], inagotable fuente de creatividad literaria. El presente, marcado por la agresividad del canon modernizador, se impone por encima de la voluntad del locutor personaje, quien únicamente observa que están destrozando parte de su propia vida almacenada  entre las habitaciones de aquella casa.

En las expresiones “Mi corazón se quedó/ con mi casa muerta”, “Pero mataron mi casa,/ mi dormitorio con su/ alta ventana mañanera”, observamos un emparejamiento metafórico:

MATAR LA CASA ES MATAR EL CORAZÓN DEL POETA

Matar el dormitorio del poeta  es sumergir a este en la oscuridad

Derribar el manzano es hacer que el poeta sólo vea un tronco triste que llora

            Líneas antes, hemos citado a Bachelard, quien plantea que la casa constituye un cosmos para el sujeto y manifiesta una centralidad, alrededor de la cual se sitúan los demás elementos. En el poema de Heraud, el corazón equivale a la casa porque comparte con esta su noción de centralidad. Por ello, destruir la morada significa hacer que el locutor quede desprovisto de todo centro como si estuviera navegando a la deriva y contemplando una invasión externa: ya no queda nada del granado ni de las moras ni del manzano, que sólo “llora sus manzanas/ y sus niños”.

            Derruir la casa es hacer que la interioridad del locutor se convierta en un rompecabezas, en un cúmulo de fragmentos que flota a la deriva, casi sin noción de centralidad. El poeta afirma que ha vivido no solo en su casa, sino también entre oficinas y camiones; sin embargo, considera que las ruinas lo han acompañado a lo largo de su existencia, de ahí que sea esencial obtener un poco de pintura y de granizo, quizá para reconstruir su casa y renovarla indefinidamente.

Al final del poema, el locutor plantea su proyecto personal: cambiar las palmeras antiguas, la granada arrojada en la batalla, la mora, por el granizo y la pintura. Se trata de optar por otro tipo de modernización (que llamaremos “periférica”) sustentada en el desarrollo de la creatividad del ser humano y opuesta radicalmente a la modernización hegemónica que no respeta la relación afectiva entre el individuo y su casa como reservorio interminable de recuerdos.

Resulta importante plantear que la modernización hegemónica implica una visión premoderna de cariz algo autoritario, porque no respeta la actitud crítica del sujeto  y no le permite a este tomar conciencia de su pasado reflexionando sobre su propia historia: la de su familia y la de su entorno colectivo. Destruir la casa es impedir al sujeto tomar conciencia de su historicidad y de su rol en el mundo. Le quita al yo poético la posibilidad de reconstruir, desde un presente, las aristas del  pasado.

La modernización periférica que propugna el locutor personaje, respeta el carácter intransferible de cada ser humano y pone de relieve la necesidad de que la casa cambie de rostro creativamente, pero siga albergando los recuerdos que alimentan la interioridad del hablante.

C) LA CASA FRENTE AL VERANO Y EL OTOÑO EN ESTACIÓN REUNIDA (1961)  

            En Estación reunida, la casa entra en correlación con la dinámica de las estaciones. El locutor recusa la presencia del verano y espera, con insistencia, el advenimiento del otoño. El estío, sin duda, causa estragos, pues se trata de una estación donde prepondera el desencanto y en la cual se producen las discusiones familiares y se halla ausente la tranquilidad: “(Mamá, tal vez tú ya/ lo sepas/ pero el verano no/ me gusta,/ es fofo y dulce y/ no me agradan lo helados/ ofrecidos)”. Nadie ríe en la casa durante el verano;  el yo poético sueña con cortar, provisto de una espada, los brazos del “verano seco y pegajoso”.

            La casa representa el cosmos desde donde se contempla el paso del tiempo. El verano es un agente amenazante que causa tedio e impide el despertar creativo del sujeto, quien aguarda el otoño, porque la primavera implica un “sueño desechado”, y el invierno, un “fruto no nacido”.

            Intentemos otro emparejamiento metafórico con el propósito de precisar la totalidad organizada de los conceptos del poeta:

LA CASA ES RUTINA Y CANSANCIO EN EL VERANO

La recurrente desarmonía en la casa se produce en el verano

El yo poético se halla fatigado en su casa durante el verano



            El otoño representa la posibilidad de salir de ese tedio y abre la plena realización del ser humano, quien puede, en contacto con la naturaleza,  ejercer libremente su creatividad.

CODA

            Javier Heraud es un autor de indiscutible actualidad. Resulta sorprendente cómo un poeta de tanta precocidad pudo erigir una obra de madurez y provista de una gran capacidad sugestiva a través de una minuciosa orquestación de las palabras. Quizá haya sido por esa gran capacidad de lectura que tenía Heraud, pues él conocía al dedillo la obra de T.S. Eliot, de Machado y Neruda. Ahora que volvemos a leer El río, El viaje y Estación reunida encontramos una sensibilidad y una fe en la palabra poética que permite retornar a ciertos temas de la literatura universal enriquecidos notablemente por la vena de un auténtico creador.











[1] Bachelard, Gaston. La poética del espacio. México, D.F.: 1983, p. 34.

[2] Ibídem, p. 48.

[3] www.rae.es (17-05-2010, 16:33 p.m.)

[4] Cf. Lakoff, George [y] Mark Johnson. Metaphors We Live By. Chicago: The University of Chicago Press, 2003.

[5] Cf. Lakoff, George [y] Mark Turner. More Than Cool Reason.  A Field Guide of Poetic Metaphor. Chicago: The University of Chicago Press, 1989.


[6] Lakoff, George [y] Mark Johnson. Op. Cit., p. 52.

[7] Entendemos, sobre la base de la propuesta de Miguel Ángel Huamán, la modernidad como un “modelo simbólico y de representación surgido de la crítica al antiguo, se sostiene en la racionalidad, en una  nueva sensibilidad y en nociones diferenciales del tiempo, el espacio y la existencia; en términos de la cultura es el proyecto de sociedad y vida humana que está en curso, cuyo proceso se remonta al Renacimiento y a la Ilustración” (Literatura y cultura. Lima: Fondo Editorial de la Facultad de Letras de la UNMSM, 1993, p. 51); en cambio, la modernización implica, como dice Huamán, los procesos por los cuales se implementan los ideales de la modernidad y comprenden la producción tecnológica y los cambios en las costumbres de los individuos y en el entorno natural y social de la vida. En el poema de Heraud, los gritos y el cemento están respetando el discurso de la modernización. Puede haber “modernización” sin “modernidad”, o sea, la aplicación de nuevas tecnologías a partir de una visión autoritaria que no permite el desarrollo de la actitud crítica del sujeto moderno ni la división de poderes tan típico de la modernidad.


[8] El locutor personaje, que habla en primera persona, recibe también el nombre de “yo poético”.

Fecha Publicación: 2014-06-05T21:21:00.001-05:00
A los vegetales se entra
con hambre de animal longevo y apacible, y lentamente
se acaba
la lechuga.

A la carne se va distinto, se ingresa a ella
con ansia orgánica, casi disputándola
como si fuera carne
del día de la resurrección, y se acaba
el bife.

Recuerdas:
para que tú vivieras
tu familia depredaba la tierra para ti,
pollos patos reses cuyes cabritos carne
para convalecer y durar.

El alimento en la boca te relaciona
con el mundo. Hay días de felino
y días de paquidermo. Hoy sean bienvenidas
las benéficas ensaladas, la suave soya y las frutas
aunque tarde:
ya cincuenta años que comes carne
y estás eructando miedo.

Pero hay días que no tienes carnes ni vegetales
sino arena en la lengua. Te explicas: tal vez has comido
una sequedad inicial, insidiosa, de pecho, y nunca
se acaba, el desierto
nunca se acaba.
Etiquetas: [Reseñas]  
Fecha Publicación: 2014-03-31T08:54:00.000-05:00




         Poeta nacido en Cataluña y catedrático universitario, Santiago Montobbio (Barcelona, 1966) ha publicado un poemario que lleva por título La poesía es un fondo de agua marina (Barcelona: Los libros de la frontera, 2012. 339 pp.) Integrante del grupo de poetas españoles de los años noventa, Montobbio es heredero de autores como Jaime Gil de Biedma, Jorge Luis Borges y Octavio Paz. Ha publicado Ética confirmada (1990), Tierras(1996), Los versos del fantasma(2003), El anarquista de los bengalas(2005), entre otros. Se trata de una lírica neosimbolista con aportes del surrealismo y que medita en torno al acto de hacer poesía. De ello da testimonio La poesía es un fondo de agua marina. Quizá un verso de Paz resuma la poética de Montobbio: “La vida está al borde del abismo siempre”. En La poesía es un fondo… se observa esta concepción: los poemas se hallan al borde del abismo, son sinónimo de erosión, de lodo y respiro. En el primer caso, está la idea del desgaste del poema merced al accionar del tiempo; en el segundo, el hecho de que los versos busquen retratar el lado oscuro del ser humano; en el tercero se hace ostensible la idea de que el poema significa una manera por la cual el poeta se aferra a la cruda existencia. A veces se evidencia la concepción surrealista: “No sé/ si esto es un sueño o un poema. Pero/ espero en un olivo” (p. 30). En otras ocasiones, el hacedor puede pergeñar con precisión una experiencia vital en su obra: “Pero cuando el poeta lo dice/ queda clavado en sus palabras,/ exacto y preciso” (p. 238). El poema 40 es muy ilustrativo de la poética de Montobbio:


ITALIA Y FRANCIA, LA ESPADA Y LA CAMPANA,
lugares donde respirar y donde estar,
más exactamente: estar en casa.
Viajar es siempre falso. No se viaja.
No escapa uno de sí mismo
ni encuentra nada que no esté ya en sus adentros
ni habrá lugar en que le esperen misterios
sino estaba ya para ellos predispuesto.
Viajar no es nada. No se viaja.
Dentro de uno mismo la vida ya se cumple
y se realiza. El adentro es embrión,
es latido, es semilla. Tierra única.
Más Italia y Francia y el Mediterráneo
antiguo y libre (porque el mar es siempre libre)
y el amor y los veranos y los tiempos que recuerdo
como infancias todavía respiradas
en el libre aire de la noche
que no aúlla. Italia, Francia, el amor,
tu alma y tu cara. Por encima,
debajo, sobre, siempre en las palabras.



                En este texto se percibe un rechazo a la idea de viaje como una acción por la cual el ser humano busca escapar de sí mismo. El poema emplea una estructura antitética y es claramente argumentativo. El locutor busca refutar la idea de que el viaje implique la posibilidad de acceder a un determinado conocimiento. “Francia” e “Italia” terminan convertidos en palabras a las cuales el poeta pueda acceder y con las cuales puede crear una obra de arte.  Sin duda, el verdadero conocimiento, para Montobbio, está en uno mismo. Este poema trae a la memoria otro escrito por Octavio Paz (“Ejercicio preparatorio”), donde se afirma “Quiero morir en mi cama”, es decir, se recusa la idea de viajar o de desplazarse como Don Quijote a través de un abanico de lugares.

                La poesía es un fondo de agua marina confirma que Montobbio es un poeta fiel a la palabra y diestro en el manejo del ritmo. Los juegos metafóricos y la reflexión sobre el lenguaje poético hacen de esta poesía una obra altamente sugestiva y merece ser considerada, con mayor atención, por la crítica especializada.

Fecha Publicación: 2014-03-15T09:27:00.002-05:00


Aquí dejo el enlace a una conferencia sobre Francisco Bendezú que ofrecí en la Casa de la Literatura Peruana:

http://www.youtube.com/watch?v=y7DVFB2QEes