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Etiquetas: [Cajón de Sastre]  [Escritos]  [ClásicoZ]  [literatura]  [zombi]  
Fecha Publicación: 2017-06-20T18:20:31Z

Comenzamos una nueva campaña de financiación colectiva para sacar tres libros impresos de literatura hispanozombi. Copio y pego el contenido de la misma (el inicio, al menos):

Desde el Colectivo ClásicoZ continuamos con la ambición de redescubrir a los clásicos de la literatura hispanozombi (sí, repetimos la primera línea de la campaña anterior, la frase nos gustó).

El objetivo de esta campaña es publicar en formato impreso los próximos tres libros del proyecto de literatura hispanozombi ClásicoZ: «La Re-Gente», «Don Juan Zenorio» y «El Zombi del Hortelano». Los libros son versiones zombi de literatura clásica en castellano (de las obras de Leopoldo Alas «Clarín», José Zorrilla y Lope de Vega, respectivamente), de lectura ligera y breves, escritos en prosa con abundante documentación inédita, directa de las pútridas manos de un no-muerto, en un mundo en donde hay relación y continuidad en la historia zombi.

Para esto, os planteamos un modelo de suscripción por un módico precio (¡5 euros por libro!) para acceder a los libros 3, 4 y 5 de la colección ClásicoZ; de esta manera, además, aseguraríamos la continuidad del proyecto.

Espero que se sumen y les guste, claro.

Etiquetas: [Actualidad de España]  [Derecho]  [decreto ley]  [directiva]  [rdl]  [unión europea]  
Fecha Publicación: 2017-06-14T11:40:51Z

Hace unos días se publicó el «Real Decreto-ley 9/2017, de 26 de mayo, por el que se transponen directivas de la Unión Europea en los ámbitos financiero, mercantil y sanitario, y sobre el desplazamiento de trabajadores», que, como pueden observar, recoge un amplio pupurrí de materias. La justificación es que hay que trasponer una serie de directivas europeas. Las directivas, como saben, tienen un plazo para realizar la adaptación del derecho nacional, que hay que cumplir sí o sí. Una mala práctica en la transposición es realizarla mediante Real Decreto-ley, esto es, el plazo es amplio, si se hace por un instrumento que está pensado para la «urgencia», significa que algo se hizo increíblemente mal o que al gobierno no lo interesa para nada la materia o que la misma se discuta en Las Cortes, en ambos casos, algo negativo.

Este RDL comienza mintiendo, así en su exposición de motivos recoge:

«España viene cumpliendo de manera consistente con los objetivos de transposición en plazo comprometidos, desde el inicio del establecimiento de los mismos.

Sin embargo, a lo largo del año 2016, habida cuenta de la prolongación de la situación de Gobierno en funciones, la labor legislativa exigida por la transposición de estas directivas al ordenamiento interno no pudo ser llevada a cabo en estricto cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 21.5 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno.

El incumplimiento de estas obligaciones tiene para nuestro país consecuencias negativas, que comprometen su credibilidad política y pueden llevar a la imposición de multas pecuniarias, con base en lo establecido en el artículo 260.3 del TFUE, por lo que deben emplearse todos los recursos necesarios para evitar un escenario tan desfavorable.

Ante la gravedad de las consecuencias de seguir acumulando retraso en la incorporación al ordenamiento jurídico español de tales directivas, resulta necesario acudir a la aprobación de un Real Decreto-ley para proceder a su transposición, lo que permitirá cerrar los procedimientos de infracción abiertos y con ello evitar la imposición de sanciones económicas a España.»

Luego se sujeta a una doctrina constitucional un poco traída por los pelos, de hecho, la misma menciona no un simple elemento (va tarde), sino la concurrencia de dos al menos:

«(…) En dicha Sentencia apreciamos que la importancia de los intereses en juego existentes en el sector en cuestión era lo que reclamaba una regulación normativa inmediata por los poderes públicos. Esta interpretación es, por lo demás, coherente con nuestra doctrina constitucional en la materia, pues, en relación con la concurrencia del presupuesto habilitante, siempre hemos atendido a la existencia de una justificación material, sin conformarnos con argumentos meramente formales.

En suma, el recurso al decreto-ley como cauce de incorporación al ordenamiento interno del Derecho de la Unión Europea por la mera razón de que hubiera transcurrido el plazo de transposición, sin mayores precisiones, no se adecuaría al presupuesto habilitante de la urgente y extraordinaria necesidad, por lo que constituiría un uso abusivo de una facultad excepcional conforme a la Constitución española como es la legislación de urgencia y conduce a un reforzamiento de la posición institucional del poder ejecutivo en detrimento de la del legislativo, (…), resaltamos que la Constitución reconoce a las Cortes Generales como “las depositarias de la potestad legislativa en su ejercicio ordinario”, pues son ellas las que representan al pueblo español (art. 66.1 CE), y que el Gobierno ejerce la iniciativa legislativa, de conformidad con el art. 87.1 CE, por lo que la potestad que ostenta para dictar decretos-leyes, en virtud del art. 86.1 CE, se configura “como una excepción al procedimiento ordinario de elaboración de las leyes y en consecuencia está sometida en cuanto a su ejercicio a la necesaria concurrencia de determinados requisitos que lo legitiman”.» (FJ 9, pr 6 y 7 de la STC 1/2012)

En el caso que el Constitucional estaba analizando, había un par de procedimientos ya abiertos contra España, usándose el RDL como argumento a favor de que se retiraran, algo que se consiguió parcialmente. Este elemento lo analiza el TC para decir que sí existía una urgencia real (evitar la sanción), además que la materia era de orden económico, algo que está expresamente contemplado para el tema de urgencia.

En el caso del RDL 9/2017 tenemos un tema social (que sí afecta al mercado), uno directamente de mercado y otro sobre tejidos humanos… es difícil apreciar la urgencia en este último desde un punto de vista de la competencia económica. En parte «suena» a que han metido todo en un solo RDL para evitar tener que justificarlos por separado. La exposición de motivos, por otro lado, no habla de ningún proceso concreto contra España; hace referencia al 2016 como un año de inestabilidad… ¿pero cuándo se debieron transponer las directivas en juego? Vamos con el listado de directivas (copio la Disposición Final Segunda del RDL e incorporo enlaces a las normas en cuestión):

  • Directiva 98/26/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de mayo de 1998, sobre la firmeza de la liquidación en los sistemas de pagos y de liquidación de valores, modificada por el Reglamento (UE) n° 648/2012 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 4 de julio de 2012, relativo a los derivados extrabursátiles, las entidades de contrapartida central y los registros de operaciones.
  • Directiva 2013/50/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de octubre de 2013, por la que se modifican la Directiva 2004/109/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre la armonización de los requisitos de transparencia relativos a la información sobre los emisores cuyos valores se admiten a negociación en un mercado regulado, la Directiva 2003/71/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre el folleto que debe publicarse en caso de oferta pública o admisión a cotización de valores, y la Directiva 2007/14/CE de la Comisión por la que se establecen disposiciones de aplicación de determinadas prescripciones de la Directiva 2004/109/CE.
  • Directiva 2014/104/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 26 de noviembre de 2014 que establece determinadas normas por las que se rigen, en virtud del Derecho nacional, las acciones de daños resultantes de las infracciones del Derecho de la competencia de los Estados miembros y de la Unión Europea.
  • Directiva (UE) 2015/565 de la Comisión, de 8 de abril de 2015, por la que se modifica la Directiva 2006/86/CE en lo relativo a determinados requisitos técnicos para la codificación de células y tejidos humanos.
  • Directiva (UE) 2015/566 de la Comisión, de 8 de abril de 2015, por la que se aplica la Directiva 2004/23/CE en lo que se refiere a los procedimientos de verificación de la equivalencia de las normas de calidad y seguridad de las células y los tejidos importados.
  • Directiva 2014/67/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 15 de mayo de 2014, relativa a la garantía de cumplimiento de la Directiva 96/71/CE, sobre el desplazamiento de trabajadores efectuado en el marco de una prestación de servicios, y por la que se modifica el Reglamento (UE) n.º 1024/2012 relativo a la cooperación administrativa a través del Sistema de Información del Mercado Interior («Reglamento IMI»).

Los plazos son amplios y hay que ser conscientes de lo negativo que resulta dejarlo para el último momento. La EM del RDL habla de 2016 como un año perdido, el gobierno sabía que habría elecciones en 2015, de hecho, alargó todo lo que pudo la legislatura y las mismas se convocaron a finales de octubre (27 de octubre), resulta difícil pensar que una directiva no se pudo trasponer antes de esa fecha si el margen fue superior a medio año, esto es, si la directiva ya debía incorporarse seis meses antes de esa fecha, me parece que no está justificado el uso de un RDL alegando que se está fuera de plazo, sería hacer trampas al solitario. Lo siguiente es pensar que el gobierno se conformó el 29 de octubre de 2016 y el presidente es el mismo que antes (básicamente todo el gobierno), con lo que cualquier norma comunitaria que estuviera en plazo de transposición tras unos seis meses de conformación del gobierno (entre abril y junio de este año) parece que resulta excesivo el uso de un instrumento de urgencia cuando se pudo tramitar normalmente (ni siquiera era necesario el trámite de urgencia en Las Cortes).

Vamos por partes, la primera directiva citada (98/26/CE) con sus modificaciones pertinentes debieron ser transpuestas a más tardar el 18 de marzo de 2015, esto es, el gobierno tuvo un largo año para transponerla y el plazo venció 7 meses antes de la convocatoria de elecciones, hablar del 2016 como año perdido es tomarnos el pelo.

La directiva 2013/50/UE debí ser transpuesta antes del 26 de noviembre de 2015, esto es, justo venció su plazo un mes después de la convocatoria de elecciones; el gobierno, el partido con mayoría absoluta y Las Cortes tuvieron, para hacer bien sus deberes, 23 meses enteros. Si no se hizo en plazo es porque al gobierno o a las Cortes no les dio la gana, ahora venir con urgencias apelando al 2016 como año perdido es una burla.

Por su parte, la directiva 2014/104/UE  sí venció en el 2016 (el 27/12/2016), pero es que tuvimos casi todo el 2015 para trasponerla (la directiva se publicó en noviembre de 2014), con lo que, sabiendo todo el tiempo que en ese año habría elecciones, lo mínimo es dejar los «deberes hechos» para ese momento.

Seis meses antes de la convocatoria de las elecciones de 2015 se publicaron las directivas 2015/565 y 2015/566  de la Comisión, cuyos plazo finalizaron en octubre de 2016; en estos casos parece que sí estamos dentro del margen de «no da mucho tiempo», ahora bien, es un tema no económico y de poca urgencia… y si se consideraba así, el gobierno debió sacar el RDL en un mes o dos tras tomar posesión, no siete meses después. (Como extra curioso, la directiva original (2006/86/CE) fue traspuesta por Real Decreto, el Tribunal Supremo anuló el RD por ser una norma de rango insuficiente para tratar el tema por sentencia el 30 de mayo d 2014, en julio el gobierno dictó un RDL que básicamente es un cortapega del RD anulado).

La otra del 2014, la directiva 2014/67/UE, también venció su plazo en la época «sin gobierno» (con gobierno en funciones, que no es lo mismo… de hecho, esas Cortes sí podían legislar), en junio de 2016; la directiva se publicó en mayo de 2014, así que el gobierno tuvo un año largo para mandar un proyecto de ley a las Cortes y hacer las cosas como se debe, hubiese dado tiempo de sobra para aprobar las modificaciones pertinentes y transponer de forma adecuada la directiva.

 

 

Etiquetas: [Actualidad en General]  [elecciones]  [francia]  [legislativas]  
Fecha Publicación: 2017-06-13T09:55:38Z

Actualizo la entrada (19 de junio) para la segunda vuelta:

Tras los resultados de la primera vuelta, la segunda no trajo sorpresas: La République en marche del actual presidente tendrá una mayoría absoluta cómoda

Asamblea nacional francesa tras la segunda vuelta (2017)

Nuevamente, cabe destacar en primer lugar la baja participación: 42,64% (absentismo: 57,36%). En este caso, además, se suma con el alto número de votos en blanco y nulos (2,21% de los votantes, en esta segunda, el 9,87%, casi dos millones de votos). Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron puede ver la Asamblea Nacional y fijarse en sus más de 300 diputados propios o puede mirarla y saber que esa cámara no tiene representantes ni de la mitad de la población francesa con derecho a voto. Puede cuestionar por completo la representatividad o puede actuar como si tuviera la mayoría absoluta real de los ciudadanos. (Por sus declaraciones, hará lo segundo). [Siga leyendo en Elecciones – De Igual a Igual].

Celebrada la primera vuelta de las elecciones legislativas en Francia quedan dos grandes titulares: votaron menos de los que no votaron o, dicho de otra forma, ganó la abstención. El otro titular está en los pocos escaños ya asignados, solo 4 circunscripciones no irán a segunda vuelta. Un pequeño artículo, con los resultados, en Elecciones – De Igual a Igual.

Etiquetas: [Actualidad de España]  [asociacionismo]  [humor gráfico]  [presupuestos participativos]  [tira]  [valladolid]  
Fecha Publicación: 2017-06-13T09:13:46Z

jomra presupuestos participativos deliciasHace unos días (ya casi una semana) se celebró la Asamblea de Zona que incluye Las Delicias, el barrio donde vivo en Valladolid para el tema de los presupuestos participativos… quería escribir sobre el mismo, de forma personal (desahogarme, léanlo así si prefieren), pero no ha salido nada digno, así que les remito a un artículo del Colectivo De Igual a Igual – Delicias en que he participado (poco, con el dibujito y algunas líneas, pero participado finalmente).

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Fecha Publicación: 2017-06-10T09:53:14Z

El Partido Conservador de la primera ministra Theresa May fracasa en su pretensión de aumentar su mayoría absoluta, perdiéndola.

Los habitantes de Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte no están especialmente acostumbrados a los parlamentos con mayoría simple; por la falta de disciplina de voto fuerte dentro de los partidos, ni siquiera les gusta tener mayorías absolutas «bajas». May apostó por unas elecciones anticipadas para fortalecer su posición dentro del parlamento británico, a fin de negociar mejor el Brexit con la UE, y aprovechar el pésimo momento de un partido Laborista que remontó espectacularmente. El sistema mayoritario tiene estas cosas, permite mejorar en votos pero perder escaños sin mucho problema, o lo contrario, incluso. [Continúa leyendo en Elecciones – De Igual a Igual].

Etiquetas: [Actualidad de España]  [izquierdas]  [izquierdismo]  [programas]  [psoe]  [socialdemocracia]  [socialdemócratas]  
Fecha Publicación: 2017-05-29T11:11:53Z

«No sabemos lo que propone». Hace nada fueron las primarias en el PSOE, solo tres candidatos compitieron por la secretaría general del partido; como en otras formaciones, primero eligen líder y luego proyecto (en una de las grandes, ahora se eligen en conjunto). Las primarias enfrentaron a la principal baronesa del partido, Susana Díaz, y al ex secretario general, al que le echaron de una forma un tanto rara, Pedro Sánchez, como principales figuras en conflicto; como tercero en discordia estuvo un «exsanchista», Patxi López, otrora Lehendakari y presidente del Congreso de los Diputados.

Sánchez venció. Se habla mucho de él, se escribe mucho sobre el «vuelco» y sobre cómo Díaz sacó menos votos que los avales que presentó, esto último lo muestran como la ruptura entre la militancia y el aparato del partido; no es nada nuevo, el propio Sánchez, el delfín de Díaz y de los viejos barones del PSOE, sacó un porcentaje menor de votos que de avales, esto se debe a que los avales (la facilidad para conseguirlos) los controla el aparato (tiene más llegada, más poder de presión). Allá en el 2014, era casi una broma decir que los afiliados habían elegido al candidato más a la derecha para poder seguir diciendo que el militante socialista era más de izquierdas que su dirección. Esta vez no había ningún candidato «claramente a la izquierda».

La mayoría de medios masivos han mostrado su preferencia por Díaz, descaradamente los más cercanos al propio PSOE (como El País); presentaban de esta forma a Sánchez como un radical de izquierdas intransigente cuyo único plan era echar a Rajoy a toda costa. Que nos avocaría a unas nuevas elecciones (¡qué malo debe ser votar en una democracia representativa!) y que quiere vender al país a los malos independentistas y al comeniños de Podemos, o algo así. Nos repetían, esos periodistas y tertulianos, que «no sabemos lo que propone» pues su único programa es «no es no» (curiosidad: el programa de Sánchez para las primarias se llama «Sí es sí. Por una nueva socialdemocracia», copia en PDF)… durante la campaña las propuestas han brillado por su ausencia, sin dudas fue así, pero los mismos que dicen que «no saben qué hará Sánchez» porque «no propone nada» aplaudían a Díaz que directamente no había presentado programa alguno. En el debate entre los tres candidatos, era la única que no tenía un documento programático. La única. El mismo defecto de Sánchez (esto es, proponer poco en los mítines, solo lugares comunes) lo tenía, sin lugar a dudas, la presidenta andaluza. ¿Sabíamos lo que proponía Díaz? Ah, «mucho PSOE», «100% PSOE», «un PSOE ganador», Si esas son propuestas, apaga y vámonos.

Se decía (dijo y dice, varios miembros míticos del PSOE se bajan ahora del barco acusando a Sánchez de todo menos bonito, qué mal les sientan las elecciones a algunos) que Sánchez era un radical de izquierdas, que quería algo como lo de Benoît Hamon en Francia (¡y mira cómo les fue!, obviando la responsabilidad del gobierno de Hollande y las rupturas internas preelectorales), que era regalar el partido a Podemos y mil cosas más. Para ello, además, señalaban a Sánchez como un perdedor para la izquierda española: por dos veces perdió votos. Bien, esto último es cierto, pero las dos veces anteriores tuvo el total apoyo de la vieja guardia, del aparato del partido, no se enfrentó al mismo sino que era parte de él (por eso fue tan fácil que la misma Ejecutiva que lo mantenía le echara con meras dimisiones de todos los que dejaron de seguirle), en otras palabras, las dos derrotas consecutivas de Sánchez tenían la misma base ideológica y del «aparato» que la anterior derrota de Rubalcaba y de los que ahora apoyaban a Díaz. ¿Qué podemos decir de la caída de la socialdemocracia española y europea? Que su crisis (innegable, desde el PASOK griego hasta la socialdemocracia alemana) viene de sus propios errores, de sus propias alianzas y amistades, de haber defraudado una y otra vez a sus votantes (sobre todo al joven urbano), por eso surgen los Podemos y asimilados, no vienen de una izquierda filocomunista o revolucionaria, sino de unos que se acercan más a la socialdemocracia clásica que lo que hace esa horrible tercera vía y esos «socioliberales» que pueblan los partidos que históricamente fueron socialdemócratas. Rodríguez Zapatero venció a un PP realmente fuerte manteniendo promesas más o menos socialdemócratas, que traicionó a mitad de su mandato (así la reforma del laboral del PP no es la única que nos debe preocupar, miremos a la del 2010).

Quienes insisten en que Sánchez es el candidato de Podemos tal vez olviden que Sánchez no quiso pactar con ese partido junto con IU, lo hizo con Ciudadanos y con un plan muy de derechas (no llevó al huerto a Ciudadanos, fue lo contrario); una y otra vez Sánchez recuerda que Podemos votó con el PP para impedirle ser presidente, y hasta acusó a la estructura de su partido el impedirle un pacto con Podemos (por cierto: son incompatibles ambas máximas de la forma en que las plantea), pero solo tomó valor para «denunciar» esa situación cuando era irreversible, no cuando debía demostrar fortaleza y liderazgo (una razón fortísima para jamás votar por este sujeto). Quienes señalan a Sánchez como candidato preferido por Podemos también obvian los palos que continuamente da el ahora Secretario General a la formación del círculo; tal vez su discurso esté destinado a ganarse nuevamente a los exvotantes del PSOE que comenzaron a votar por IU, Podemos y otras formaciones de ese entorno, que el ganarse a las direcciones de esos partidos; hasta el documento programático de Sánchez tiene una mención expresa a Podemos y movimientos similares donde dice que esas formaciones «no traen consigo una propuesta solvente, creíble y factible para la acción política rectificadora que ahora se requiere» (punto 19, página 6).

Hablando del documento: por favor, qué mal está escrito. Además, se ve que la persona que tenía que revisarlo por última vez no lo hizo con la diligencia debida, al menos hay un par de palabras (una mal escrita y un cambio de tiempo verbal) que salen tachadas y luego corregidas o cambiadas, por no decir que la numeración está mal (así muchos puntos llevan como apartado el 1 cuando les corresponde otros números). El texto carece de índice (que vendría bien en un documento de casi sesenta páginas) y, sobre todo, confunde constantemente un objetivo con una medida, esto es, nos presenta como medidas cosas que son objetivos.

De Sánchez tenemos varias cosas: un programa electoral (de las anteriores elecciones), un pacto con Ciudadanos (un acuerdo programático que iba más allá del «te voto para que gobiernes con estos cuatro requisitos», acuerdo presentado como plato de lentejas al resto de partidos), una breve pero intensa trayectoria y, por supuesto, el programa para las primarias socialistas. Si ya todo lo anterior puede causar que uno «ponga en duda» el izquierdismo de Sánchez, considerándolo como el lugar en el que se posiciona dentro de su propia formación, leyendo el documento se despejan las dudas: Sánchez no ha girado hacia la izquierda. Está donde estuvo. Sí, con más guiños a un trabajo de horizontalidad en el partido (lo que propone para su propia formación), ataques al aparato de la formación y con algo de crítica a la tercera vía y a la socialdemocracia vendida a la agenda neoliberal, pero es lo mínimo en… incluso en un partido socioliberal (lo último, al menos).

No podemos esperar que un partido de izquierdas o incluso de centro aplauda al neoliberalismo, pero si solo se queda en la crítica fácil a esa forma de liberalismo y ni siquiera intenta atacar al capitalismo, pues es más de lo mismo. Los conservadores y el neoliberalismo (representados sobre todo en el PP) es a lo que se enfrenta el PSOE de Sánchez, pero poco más. En gran medida me parece que este programa es una versión reducida del electoral de 2015 (copia en PDF), algo absolutamente lógico teniendo en cuenta que es Sánchez el que defendía ambos. Tal vez dé un paso adelante en algunos temas (en vez de hablar de pluralidad de nacionalidades menciona directamente el estado plurinacional, aunque en ambos casos se habla de soberanía del pueblo español, que quede claro), pero poco más. Sí tiene el de las primarias un apartado que no existe ni podría existir en el electoral, que es el referido a la organización interna del partido.

«[T]anto mercado como es posible, y a tanto Estado como sea necesario.» (punto 28 del programa).

El programa de Sánchez tiene esa cita, que recuerda que pertenece al SPD (normalmente se señala como su autor a Karl Schiller, quien fuera ministro por dicho partido), que resumía el resultado del congreso de 1959 donde los socialdemócratas alemanes rechazaron el marxismo y abrazaron algunas de las tesis liberales (como la democracia representativa y la necesidad del mercado), apostaron por la economía mixta y otros elementos; parecido viraje realizó el PSOE de Felipe González en su día. Ese «lema», por cierto, también la usa Javier Fernández Fernández, el presidente de la Gestora, entre otros muchos del aparato (como digo, González es de las que la defendieron a capa y espada desde el primer momento, ya hace muchos lustros). Todo esto último (desde «rechazan el…») no lo pone el programa, pero aprovecho para recordarlo. La cita la incorporan dentro del recuerdo de qué es el PSOE.

(Como curiosidad extra, si buscan la frase tal cual, en castellano, no pocas veces sale atribuida a Konrad Adenauer, democristiano, excanciller alemán; pero sí, su origen es socialdemócrata,,, y ya, si se quieren lucir, la dicen en versión original: «So viel Markt wie möglich, so viel Staat wie nötig.»).

Antes de entrar con más «chicha» del documento de Sánchez, su hoja de ruta (esa a la que muchos tertulianos niegan la existencia), quiero llamar la atención sobre una parte específica del punto 84: incorpora un impuesto a la productividad de máquinas que «sustituyan a trabajadores». En serio. El PSOE de Sánchez se incorpora a toda una ola de opiniones de «las máquinas nos quitan el trabajo» que obvian una realidad histórica: pasa, pasó y pasará. Esto es, una máquina cosechadora, incorporada hace muchísimo a nuestro sistema productivo, quita más trabajos que cualquier ordenador. Existe un desplazamiento de los trabajos de un tipo a otro y eso de impuestos específicos a la productividad de una máquina suena absurdo, sobre todo cuando quieres impulsar el I+D+i…

Lo que más me ha preocupado del documento es cómo aborda el tema de la inmigración, aunque «parece» ser «antixenófobo», consigue justo lo contrario.

«Por lo tanto, Europa debe replantearse su política migratoria con un plan de inmigración claro que establezca anualmente el número de personas que se pueden acoger, en función del crecimiento previsto. Esto contribuirá a limitar las expectativas de millones de personas que, de otro modo, si no hay mejoras en las condiciones de vida de sus países, seguirán agolpándose a las puertas de las fronteras europeas.» (punto 60).

El problema, para ellos, es que «vienen muchos» y no está claro cuántos dejamos venir, por eso están «agolpándose a las puertas»; en otras palabras, hay un efecto llamada en la falta de control de los flujos migratorios, del cupo europeo. Sí, hablan de mejorar sus países como solución a que vengan (así no «tienen que» venir), lo que resulta contradictorio (o vienen porque creen que hay espacio de sobra o vienen porque no les queda otra). El inmigrante es así un objeto de trabajo y, su caso, una muestra de caridad (acogimiento, porque lo pasas mal en tu país), pero nada más. Sí, en el texto hablan de políticas contra el racismo o leyes para evitar la xenofobia (puntos 62, 63, 154 y 155 -este último especialmente interesante y con un listado de leyes a sacar-, por ejemplo), pero en el momento que señalas las migraciones como algo negativo (eso parece en el punto 54), y por ello abordas como un elemento propio en el programa (todo el apartado 1.1.3, puntos del 59 al 64) en que la idea es «hay que arreglar sus países para que no vengan a Europa» lo que está de fondo es que no los quieres acá. No es «arreglemos sus países porque somos socialistas, solidarios» sino para detener la «presión migratoria». No es lo mismo. Sí, es cierto que habla de flexibilizar el agrupamiento familiar (dentro del cupo, podemos entender) y aumentar o mejorar las regularizaciones de inmigrantes, así como de cerrar los CIE, pero, a la par, quieren reemplazarlos por mecanismos más rápidos y eficaces para las expulsiones. Como un error gordísimo, meten la mejora del procedimiento de asilo (punto 68, algo positivo cómo lo plantean) en el apartado sobre el terrorismo yihadista (el cual, por cierto, cae en el error de pensar que los yihadistas son todos extranjeros).

El texto, que en general es bastante respetuoso con el «legado Zapatero» (por llamarlo de alguna forma), y dentro de la confusión de las políticas laborales con los objetivos (punto 74., donde se habla de «derogar la reforma laboral» del gobierno del PP, obviando la del último PSOE, igual de dañina), cae en algunos errores groseros hasta para un socialdemócrata, encima fuera del punto del mercado laboral, como es el siguiente ejemplo:

«(…) con salarios negociados en función del reparto de la productividad, (…)» (punto 76).

¿Qué significa que los salarios deben negociarse según la productividad? Los salarios son un elemento de lucha que manifiestan el poder de negociación de las partes. El pensar en un mundo en que los salarios se definen de esa manera (en vez de atender, por ejemplo, a la responsabilidad o a la justicia social o cualquier otro criterio) es aceptar esa «agenda neoliberal» que el texto dice criticar.

Dentro de ese «quiero y no puedo» tan propio de los socialdemócratas, sobre todo de aquellos que se unen al «mercado» como necesario, encontramos medidas como la siguiente:

«(…) Anticiparse a la ejecución de los desahucios, asegurando la coordinación entre las Administraciones Locales, los servicios de protección social y la Administración de justicia, para que se garantice un alojamiento digno a todas las personas y familias que como consecuencia de un desahucio sean desalojadas de sus hogares.» (punto 108).

Reconociendo que mejoraría la situación actual y que es una medida que hasta defienden los democristianos, me llama la atención eso de «anticiparse» a los desahucios, donde la historia no es cortar por lo sano con la deuda o poner por encima el derecho a una vivienda digna a una deuda, simplemente se busca que «se garantice un alojamiento digno». Es un entiendo que le eches, pero primero nos aseguramos que tenga a dónde ir. Este «quiero y no puedo» se refleja en varios apartados, como varios puntos del 188 (reforma de la constitución), por ejemplo, cuando proponen que «[l]a modificación del artículo 135» sirva para «garantizar la estabilidad presupuestaria y la estabilidad social», así que la estabilidad presupuestaria se queda en el texto constitucional (la tan criticada reforma del PSOE y el PP, bajo gobierno socialista), pero se matiza un poco. Y es lo que tiene su política económica:

«El error de base en Europa, en el que han participado tanto los socialdemócratas europeos como los socialistas españoles ha consistido en no utilizar políticas contra-cíclicas para salir con bien, tanto económica como socialmente, de la crisis financiera y económica. Las políticas de austeridad han sido un fracaso y hemos de aprender la lección.» (punto 94).

¿El problema es que las políticas de austeridad fueron un fracaso (para qué o quién es una subpregunta que dejo para otro momento) o es su propio fundamento lo que atacamos? No es lo mismo. Parece que se quedan en lo superficial, como toda la crítica que hacen al neoliberalismo (sí, atacan una forma del capitalismo, pero no al capitalismo). En fin, la política económica que pretende impulsar Sánchez no tiene, en sí misma, nada de rompedor o de izquierdas (por más que haya cierta confusión en torno a Keynes y los socialdemócratas), por eso una medida como la anterior o la que emplaza a aumentar el mandato del Banco Central Europeo para que tenga como objetivos «asegurar (…) el crecimiento económico y del empleo» (punto 95). El crecimiento económico perpetuo es imposible.

El feminismo, que tiene un apartado propio (el 1.3.1, «El feminismo en la nueva socialdemocracia», puntos 147 a 153), está tratado de forma muy superficial; en varios momentos se mencionan elementos que pueden suponer un avance (como mejorar la corresponsabilidad en la maternidad y paternidad) pero siempre es algo superficial, al punto que machismo (o machista) solo aparecen tres veces en todo el texto; la igualdad de género y la igualdad de oportunidades se mencionan más veces; y eso que comienza bien el punto 147 al reconocer que la igualdad entre hombres y mujeres es previa a cualquier otra consideración para hablar de una sociedad justa. Algo rancio se huele en la forma en que el equipo de Sánchez presenta el feminismo.

Siguiendo con el «quiero y no puedo» (sí, me gusta la expresión y creo que engloba bien el pensamiento de ese PSOE que se aleja de las izquierdas cada vez que puede) nos encontramos con la visión del PSOE de los servicios públicos (y un ejemplo de cómo ven uno de los mercados que merecerían ser renacionalizados):

«Los socialistas priorizaremos y garantizaremos la gestión directa de servicios públicos esenciales. Con carácter general, las Administraciones solo podrán realizar nuevos contratos con entidades privadas para la prestación de servicios públicos cuando se justifique detalladamente su conveniencia desde el punto de vista económico y social, asegurando en todo caso la equidad y la calidad de dichos servicios, e incorporando un sistema riguroso de control y de sanciones para los agentes que no cumplan con los estándares de prestación acordados. En este contexto, nos proponemos impulsar un Libro Blanco de los Servicios del Bienestar Concertados, un análisis comprehensivo de toda la realidad de la concertación de los servicios de bienestar en nuestro país y a todos sus niveles administrativos, con la finalidad de perfeccionar el sistema del que nos hemos dotado y asegurar los criterios de calidad, eficiencia y servicio al bien común que deben tener.» (punto 112).

«Apuesta preferente por la gestión directa de los servicios públicos a través de empresas públicas o mixtas: Los socialistas apostamos por la gestión directa de los servicios públicos, en la medida que contribuyen a la prestación de un servicio a la ciudadanía más eficiente y de mayor calidad y al mantenimiento de empleos más estables y de más calidad. Lo que exige flexibilizar la tasa de reposición en la Administración Municipal.» (punto 180).

«(…) Un mercado de subastas por tecnología de generación [energética], cuya convocatoria correspondería a la autoridad regulatoria, constituiría, en su conjunto, un mercado eléctrico eficiente capaz de revelar los costes medios del abastecimiento eléctrico y contribuiría de manera eficaz al cumplimiento de los objetivos medioambientales que, en la UE, corresponderían a España.» (punto 194).

En el fondo: sí, mejor públicos… pero si eso privados, con gestión pública… pero no con funcionarios, empresas públicas; o, ya puestos, mejor mixtas, porque deben repartirse dividendos… venga, que el Estado lo regule, haga buenas subastas y todos ganamos. El texto, además, es de cara a futuro, lo que ya está, pues… eso. Para no ser demasiado «malo», el punto 112 sí supondría un avance en algunos extremos, pero es una mejora de pura eficiencia y eficacia que cualquier gobierno de cualquier palo (que mantenga servicios concertados o tercerizados) debería realizar. No es algo para aplaudir a un candidato que quería recobrar para la izquierda al PSOE (¡cuando él ni lo es!, claro que el PSOE lleva tiempo lejos de las izquierdas).

No quiero decir que el programa sea todo para tirar al tacho ni que haya líneas más o menos nuevas sobre los cantos del PSOE de los últimos años, aunque algunas cosas positivas suenen a canciones que ya conocemos y que no han sido ciertas, como el replantear las relaciones con el Vaticano, en el texto sí que se habla de acabar con los cuatro acuerdos con la Iglesia Católica (puntos 128 y 167), y sacar a todas las confesiones religiosas de los currículos educativos (punto 166); esta denuncia de los acuerdos con la Santa Sede, que les puede sonar muy radical, ya se encontraba en el programa de 2015 (p. 82), el del aparato de Díaz. Un poco como el tema de la reforma constitucional de corte federalista (puntos 95, 169, 188, entre otros, y pp. 266 y ss. del programa de 2015) o la reforma del sistema electoral (punto 164, presente en los programas del PSOE en 2011 –copia en PDF-, p. 119, y 2015, p. 42)… Sobre la reforma de corte federal, que ellos mismos avisan que no es un proceso constituyente sino simplemente de reforma (punto 186), se ha criticado mucho el tema de la «plurinacionalidad», de hecho, en el debate López preguntó a Sánchez si sabía lo que era una nación.

«(…) Una reforma constitucional federal, manteniendo que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, debe perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado apuntado en el artículo 2 de la Constitución.» (punto 169).

El constituyente español, allá por el 78, se inventó la distinción entre naciones y nacionalidades, en un acuerdo entre las fuerzas nacionalistas españolas (esto es, las españolistas con las no españolistas). Esto de «plurinacional» sí es nuevo (las nacionalidades, además de en la constitución, sí están expresamente mencionadas en la página 271 del programa de 2015), pero no toca, para nada, la soberanía del pueblo español. De hecho, cuando Sánchez habla del tema, siempre menciona el modificar el art. 2 de la constitución («La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.»), no el 1.2 («La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.»); el art. 2 es un ejemplo de «hacer trampas al solitario», se puede mantener perfectamente la unidad en un estado federal (de hecho, últimamente se ponen ejemplos de estados federales donde se prohíbe expresamente, o así lo han entendido sus instancias constitucionales, cualquier proceso de separación para decirle a los catalanes que «eso no se puede»)… pero quería hablar de cosas «positivas» del programa y me he ido por las ramas.

El texto incorpora un «impuesto negativo» sobre la renta (punto 78) que sería una suerte de punto intermedio antes de llegar a una Renta Básica Universal (o su reemplazo práctico); esta medida está lejos de ser «de rojos», recordemos que la primera propuesta seria del mismo vino de la mano de la liberal (y luego conservadora) Juliet Rhys-Williams en Reino Unido, y que el mejor desarrollo de la idea se lo debemos, por un lado, a Milton Friedman (no necesita presentación, padre de una de las tendencias más «libremercado» que podemos encontrar) y, luego, a James Tobin (no necesita mucha presentación, solo recordar que es como el gran profeta del keynesianismo). Evidentemente, por una lectura global del documento, sabemos que no es el modelo de Friedman el propuesto, se parecería más al de Tobin (no hay reemplazo de servicios públicos por la renta), pero tampoco es que concreten mucho, lo plantean como una suerte de intermedio hacia la renta básica (cabe recordar que el Ingreso Mínimo Vital ya lo encontramos en el programa de 2015, p. 96). También apuestan por las 35 horas de trabajo (para el 2020, sin mucho detalle, punto 76).

Un punto interesante (en este camino por ver la parte servida en el vaso) es el que recoge algunos cambios sobre la Seguridad Social, en concreto, el reconocimiento de la necesidad de diversificar las fuentes de financiación de la SS, no puede depender solo de las cotizaciones (punto 116).

Otro que merece mención, ya que está dentro de todo un debate promovido por la derecha que se define como progresista, nos encontramos con un tajante: «Los vientres de alquiler suponen una mercantilización de las mujeres.» (punto 153, casi al final, tras hablar de todo el tema de la maternidad voluntaria). Evita usar el eufemismo «maternidad subrogada» y se posiciona claramente en la línea de mantener y asegurar la no objetivización del cuerpo de la mujer como un recipiente para otros.

Excurso: punto 184, «millennials». Chupito.

Excurso segundo, actualizado: me doy cuenta que hubiese sido más interesante comparar los tres programas, además de recordar que las ponencias para el Congreso (muchas de ellas) estaban participadas por las tres candidaturas… aunque hoy (o ayer) el de la ponencia económica dice «que la defienda otro» ante la avalancha de enmiendas de Sánchez a la misma.

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Fecha Publicación: 2017-05-07T20:55:00Z

Holgada victoria del candidato de En Marche! (EM!) con más del 62% de los votos a candidatos

La fascista Le Pen aceptó la victoria del socioliberal Emmanuel Macron cuando aún queda el 29% del voto por escrutar, pero la distancia es insalvable entre los dos contrincantes en esta segunda vuelta (quedan por contarse unos cuatro millones y la diferencia es de más de seis millones de votos). El exministro de Hollande se vuelve, de esta forma, el presidente más joven de la actual versión de la República francesa. Su movimiento, formado hace un año, tendrá el reto de conformar un grupo fuerte en la cámara. [Continúa leyendo en Elecciones D=a=].

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Fecha Publicación: 2017-05-03T13:34:33Z

Comienzo con una cita el presente artículo porque… porque no entiendo nada. Mejor dicho, eso es lo único que estoy entendiendo: Maduro, incapaz, ha comenzado una huida hacia adelante y atropella hasta a su propia sombra.

El actual presidente venezolano no es Chávez, eso lo dejó claro desde el primer momento. Ni tiene su inteligencia ni su carisma (esto lo más importante cuando se construye el poder desde el personalismo). Comenzó eliminando la disidencia interna para realizar un ataque a todo lo externo. La mala gestión de, básicamente, todo le ha llevado a no tener más aliados que sus manos y la cúpula militar, malo para la democracia, sin dudas. El chavismo de maduro ha perdido la calle (mantiene un apoyo importante, pero ya no mayoritario). [Siga leyendo en De Igual a Igual].

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Fecha Publicación: 2017-05-03T09:49:06Z

Existe cierta obsesión por parte de determinados medios (o los dueños de esos medios) para señalar a cierta izquierda institucional como la culpable de todo, sea por acción u omisión. Resulta al menos «curioso» cuando, en la gran mayoría de los casos, ni gobierna ni está cerca de hacerlo. Incluso es «culpable» de querer llegar al objetivo que tienen todos los partidos: gobernar. Ser la primera fuerza política. En el caso francés veo que se pone mucho énfasis en lo que dice y hace La France Insoumise, plataforma que quedó cuarta en los comicios. Se nos dice, con aire acusador, que Mélechon guarda silencio y que dos tercios de sus militantes se quedarán en casa mientras que solo un tercio votará por el candidato derechista Macron, con lo que serían responsables de no parar a la ultraderechista Le Pen.

Lo primero: una consulta entre la militancia en que, a la postre, se sabe que no dará el triunfo a Le Pen no puede ser leída como una fuga de votos hacia la candidata ultraderechista. Quiero decir, si dos tercios de los votantes de Insoumise lo hacen en blanco o no votan y un tercio votan por Macron, solo con eso, la diferencia entre el candidato de derechas bajo la marca de En Marche! aumenta a más de tres millones sobre la candidata de extrema derecha Le Pen del Front national. Ni siquiera se destaca que en dicha consulta no había opción «Le Pen», estaba excluida esa posibilidad; esto es, o la izquierda apoyaba a Macron o a nadie. Además, este resultado solo muestra a parte de la militancia votando (250 mil de 400 mil), no habla del comportamiento posible de sus votantes. La nota enlazada sí nos incluye otra fuente de información:

«Según un sondeo publicado este martes, un 52% de los votantes de Mélenchon en la primera vuelta apostará por Macron. Un 31% se abstendrá o votará en blanco, mientras que el 17% restante dará su voto a Le Pen.»

Ese 17% (en otras encuestas el 12%, otras lo elevan hasta el 23%) me parece una burrada de voto que salta de una coalición de izquierdas a una de ultraderecha (debemos tener en cuenta que Macron defiende políticas realmente similares a las denunciadas por Insoumise), pero en el fondo están diciendo que la mayoría del voto de Mélenchon se irá a Macron, como pasará con el PS y LR, seguramente. Esto es, los votos de Insoumise, en el peor de los casos, irán a favor de Macron o no le harán daño. Insoumise no será «responsable» del aumento de papeletas en favor de Le Pen. Me pregunto qué se diría si Mélenchon apoyara directamente a Macron y qué reacción generaría en los votantes de LR (sobre todo).

En España se insiste mucho en que los distintos miembros de Unidos Podemos se pronuncien, que si Iglesias (Podemos) guarda silencio, que si es mejor no repetir lo que dijo Garzón (IU; que se mostró claro al apoyar a cualquiera que no sea fascista, incluso a Macron) y volver a recordar el silencio de Podemos…

Lo segundo: es cierto que el candidato de la derechista Les Républicains, François Fillon, apoyó de forma clara a Macron, al igual que el fracasado candidato Benoît Hamon del socialdemócrata Parti socialiste, pero no es menos cierto que entre los votantes de Les Républicains habrá un mayor trasvase de votos a Le Pen que entre los votantes de Insoumise, no solo por la mayor cercanía ideológica, sino porque en parte ya pasó para esta primera vuelta (quiero decir, los problemas de Fillon hicieron que su candidatura se desinflara, y crecieron tanto las de Le Pen como Macron). De hecho, unas encuestas que dicen que el 19% de los votantes de Insoumise votarán por Le Pen nos cuentan que el 33% de los votantes de Fillon irán a la candidata fascista (frente a un 31% que iría a Macron; en otras encuestas el voto a Le Pen se queda en el 30% y a Macron iría el 45%). Esto es, parece que el mayor crecimiento de voto de Le Pen se deberá a LR. De hecho, el apoyo de Fillon a Macron no ha sido aceptado por todo su partido. Aún así, los medios señalan a Mélenchon. Tampoco podemos obviar que Nicolas Dupont-Aignan (de Debout la France, sexto lugar en la primera vuelta, con 1,6 millones de votos; en su momento, él fue parte de UMP) apoya claramente a Le Pen.

Si existe un cierto temor a que el fascismo triunfe en Francia, por favor, dejen de señalar a fuerzas antifascistas y fíjense más en los entornos ideológicos próximos, conservadores que nunca hicieron especial asco a las posiciones de Le Pen en temas como la inmigración. Si el fascismo y el nacionalismo van teniendo alas, no es culpa de una izquierda que no gobierna, de una izquierda que no tiene acceso a los medios de comunicación, sino de unas instituciones, de un gobierno, de unos medios de comunicación que por activa o pasiva terminan incentivando, alimentando, ese fascismo.

Parece que ciertos medios y desde ciertas instancias se quiere señalar a la izquierda por el auge de la ultraderecha para, justamente, causar miedo entre los votantes de izquierdas: miren cómo esos son iguales que los desagradables ultraderechistas, parecen concluir, cuando las encuestas y la realidad electoral nos indican que a la ultraderecha la alimentan las políticas más rancias de la propia derecha, por eso el 33% de los votantes de LR se irá con Le Pen, más de los que aceptan a un exPS como presidente. Por eso Le Pen, además, puede sin despeinarse plagiar a Fillon.

Sí, desde la izquierda, las izquierdas, debemos reflexionar y realizar una fuerte autocrítica en todo lo que está ocurriendo: ¿cómo es posible que los obreros voten soluciones de ultraderecha (o, siquiera, de derecha)? ¿Qué estamos haciendo tan mal para que no consigamos romper el techo de cristal que nos impide gobernar con programas de izquierdas? ¿Por qué en cuanto podemos ocultamos la mano? ¿Por qué hemos perdido la calle? Y mil más; pero no se nos puede acusar de alimentar a la extrema derecha. No como y por las razones que se hace.

Excurso: me robo las palabras de Yanis Varoufakis sobre esta segunda vuelta: «Me niego a formar parte de una generación de progresistas europeos que habrían podido impedir a Le Pen ganar la presidencia de Francia pero no lo hicieron».

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Fecha Publicación: 2017-05-01T22:14:19Z

1 de mayo IgualitoDía internacional de los trabajadores. No es lo mismo que «día del trabajo», conmemoramos la lucha de la clase trabajadora, recordamos a los mártires de Chicago, no del «trabajo». No es lo mismo… Cuando manipulamos las fechas nos podemos permitir el lujo de dar premios a los empleadores «por el día del trabajo»… en fin, vamos al lío: Pedro Pablo Kuczynski, presidente de la República del Perú, no se le ocurrió mejor idea que «repartir las culpas» entre los trabajadores y los empresarios a la hora de analizar la realidad precaria del trabajo en el Perú.

En la nota de Perú21 escrita por Alfredo Luna Victoria Vereau se entrecomillan las siguientes expresiones de nuestro presidente:

«Tenemos un tremendo reto. Estamos viendo que en el mundo la sindicalización se está reduciendo. En EE.UU. la membresía de sindicatos es 12% de la fuerza laboral. Esto se debe al gran cambio en el mercado, la robótica, la competencia de países en costos laborales, la evolución de la tecnología y los trabajos temporales (…).

El trabajador informal, que se resiste a que le quiten el 10% del seguro social y el empleador que se resiste a poner la CTS, hacen que solamente el 25% de la fuerza laboral sea formal. Es un porcentaje bajísimo, es mejor que hace cinco años (18%). Pero todavía estamos muy abajo.

(…)

Hay una gran masa de gente que trabaja por poco, lo que causa que se baje el sueldo de todos. El empleador siempre tiene la tentación de trabajar con trabajadores informales. Según su criterio cuestan menos, pero yo creo que cuestan más».

No puedes poner al mismo nivel de responsabilidad de la informalidad a quien se aprovecha de ella con quien está obligado a sufrirla. En un país como Perú, donde existe un serio problema de acceso al trabajo en condiciones dignas, simplemente mírese lo que está pasando con la forma en que contrata el Estado, donde el CAS ha pasado a ser una suerte de «privilegio» ante el aumento de los contratos de servicios (mercantiles), donde la Ley SERVIR, en lo poco positivo que tiene, es incumplida del todo… y estamos hablando incluso de puestos muy cualificados (no solo en EsSalud, por cierto). La informalidad es absurdamente grande y no depende de la rigidez o no de nuestro Derecho Laboral (¡no es rígido!).

Pero es lo que hace Kuczynski, pone parte de la culpa en el trabajador que no quiere que le retengan el 10%, como si tuviéramos algún poder de negociación como para decirle al jefe: oye, arriésgate a una multa del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo pero no me contrates formalmente, ¡quiero vivir sin gratificaciones ni vacaciones! No, señores, el trabajador (al menos en la gran generalidad de los casos) ni pincha ni corta en la formalidad o informalidad de su contrato de trabajo. Además, es obligación del empresario, del empleador, el contratar correctamente a las personas; aunque un trabajador pidiera ser maltratado, tiene la obligación legal de hacer bien las cosas. No andemos repartiendo culpas a las víctimas de la informalidad.

La baja sindicación no depende, por otra parte, de la temporalidad del trabajo o de la robotización, resulta extraño plantearlo como lo hace el jefe de nuestras fuerzas armadas. En Perú los sindicatos están absolutamente demonizados, el fujimorismo no dejó de atacarles desde principios de los noventa y los siguientes gobiernos repitieron la jugada. Incluso se atentó de forma clara en julio de 2009 cuando el gobierno aprobó un bono especial para los trabajadores públicos que fueran a trabajar los días del paro nacional. Con Humala pareció, en un primer momento (hasta la CGTP convocó una marcha de apoyo, para mí todo un error), que eso se terminaría, que por fin los sindicatos volverían a tener un lugar en nuestra política, pero el propio Humala desandó lo poco que había avanzado (poco, teniendo en cuenta que la elección del primer ministro de trabajo fue una decepción) y rompió con los sindicatos. El sindicalismo en el Perú está perseguido y maltratado, ¿cómo podemos esperar que haya más sindicación? Las normas de negociación colectiva favorecen al empresario y muestran a los sindicatos como inútiles, ¿qué esperamos que ocurra? La competencia en los costes laborales no es entre los trabajadores, no es algo que afecte a la sindicación en sí misma, lo mismo que la robotización…

Todo esto no es un lapsus del presidente, está dentro de la agenda que tiene: flexibilizar y flexibilizar. Parece que algo no funciona, y ese algo son las condiciones de trabajo (que tientan a las dos partes para que terminen prefiriendo la informalidad). Así que estamos ante una nueva «ley pulpín» y una rebaja considerable de derechos (para los nuevos, si quieren, pero es eliminar derechos, es igualar a la baja), los llame el ministro Alfonso Grados como los llame. A todo esto, las principales centrales sindicales del país ya están en pie de guerra contra las medidas de un gobierno que ha tirado por el camino de mentir, pero creo que queda más que claro en cómo ven el mundo de una forma radicalmente distinta cuando Grados en una entrevista no se da por enterado de la suspensión de la CGTP de su participación en la CNT cuando lleva días anunciada (lo de hoy en los medios es un recuerdo de lo ya publicado).

Mientras tanto, los medios afines al capital nos muestran una realidad alternativa. Por favor, fíjense en cómo se presentan las noticias. Nos ponen lo del posible aumento de la Remuneración Mínima Vital (esa que a veces nos dicen que no importa porque nadie cobra esa cantidad, pero luego a la par nos recuerdan que no se puede subir alegremente puesto que es lo que se paga, por ley, en la microempresa, que es la base de nuestra economía; y, aún así, el que más sector informal tiene, cobrando por debajo de la RMV). Vamos a recordar que el RMV subió en el 2016 hasta los 850 soles (una de las últimas medidas de Humala) tras tres años congelado (la subida anterior fue de junio de 2012) y que se pone una noticia como si el MTPE estuviera haciendo grandes cosas por actualizar una renta que ya está tarde en su modificación, mencionado como algo «técnico» que depende de terceros (CNT) en vez de algo que finalmente pueden hacerlo cuando y como quieran, que es una decisión política… y que la cantidad actual es absolutamente insuficiente teniendo en cuenta el costo de la vida.

Excurso: aprovecho esta nota para poner la tira del Primero de Mayo de Igualito.

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Fecha Publicación: 2017-04-24T17:05:26Z

Lo bueno (y malo) de las salas de espera es que se tienen lecturas viejas para ojear en esos ratos muertos en que uno espera (y desespera) una serie de revistas más bien viejillas; además, uno tiene tiempo de detenerse en columnas o páginas que, de otra manera, no hubiese leído. Así me encontré con «Lo que callamos los hombres» (subtitulado «Cuando somos nosotros los que lloramos») de Carlos Galdós, en su sección «Hombre de a pie» (página 70 del Somos de 11 de febrero de 2017, posteriormente publicada en la web de El Comercio). ¿Por qué me pongo a escribir sobre un texto sin ton ni son de hace ya más de un mes? Porque me parece relevante para explicar cómo asumimos con normalidad el machismo.

Carlos Galdós no es un donanadie en nuestro país (a diferencia de quien suscribe estas líneas, por ejemplo), es un importante presentador de TV y locutor de radio, que lleva una sección más o menos desenfadada en Somos (ojeé varias revistas más para «pillarle» el tono, no sea que le haya malinterpretado en el texto del 11 de febrero, y no, por lo visto «así es»).

¿Qué tiene de especial la columna de marras? En realidad, nos relata una anécdota personal en que el autor termina regalando un anillo a su pareja, el cual hurtó al amigo protagonista de la anécdota. «Nada especial» en un hombre que llora por el amor perdido y otro que se aprovecha de la situación.

La cuestión es que el relato trata con absoluta normalidad una serie de elementos que deberían, si tenemos las «gafas violetas» puestas, hacernos saltar en una. Primero, nos hace pasar por buena gente y «normal» que el tipo percherón del grupo se emborrache y monte una bronca a primeras de cambio: porque eso es lo normal, que le perdonemos todo al borracho y que la bronca sea parte de la actividad de los hombres. «Así es», ¿para qué intentar corregir una conducta claramente asocial y disruptiva si es grandote y gana las peleas? (esto último lo asumo, sino ya no saldrían con él).

Dentro de los roles de género que el heteropatriarcado nos marca, a los hombres se nos prohíbe mostrar nuestros sentimientos (más allá de la agresividad), así que tampoco sabemos afrontarlos o trabajar con ellos, individualmente o en nuestro propio grupo. De hecho, dentro de la anécdota el autor pone en el pensamiento de una vecina que si un hombre llora es «maricón» (otro estereotipo marchado propio del machismo). Galdós (espero que por falta de espacio) no critica ni menciona nada de estos temas; sí me alarma que hace parecer a la chica de la historia casi como mala (y no es capaz de confrontar al amigo en ningún momento, de afearle nada, al menos no nos lo cuenta).

Tenemos a un sujeto que no ha sabido aceptar la ruptura (producida un día después de que le comprara un anillo de compromiso… ¿no se dio cuenta de lo mal que iban las cosas o pensó que con eso lo arreglarían? Bueno, a veces estas cosas sí pasan de un día para otro) y acosa a su expareja. La acosa. Al punto que la mujer en cuestión ha pedido al portero de su edificio que no acepte regalos que vengan de su expareja (como flores). El amigo grande no solo es un liante en los bares cuando se emborracha, sino que es un acosador, algo que, por lo visto, no preocupa a Galdós (al menos no lo suficiente como para afear la conducta en la columna que está escribiendo).

El amigo, claramente machista, ni siquiera puede aceptar que la actual pareja de su antigua enamorada sea «chato, horroroso y menor que ella». Los tres elementos están presentes en nuestra cultura machista, así pues, el hombre, para cumplir sus funciones de protector-padre, tiene que ser mayor que la mujer (nunca se plantea como algo negativo que él sea mayor que ella, en cambio sí la situación contraria) y, por supuesto, la belleza física que responda al canon es la correcta, más allá de cualquier otra consideración. Luego, encima, destaca que era un «misio», con lo que el rol protector queda aún más dañado.

Podríamos pensar que Galdós solo cuenta una anécdota y destaca comportamientos machistas del otro sin asumirlos como propios, que no necesita tacharlos porque son «evidentes en sí mismos», pero la historia contiene dos elementos que me hacen pensar que más bien ni se ha percatado de eso, que se hace el gracioso siendo al menos tan machista como el amigo:

Como mencioné al principio, el autor engaña al amigo para quedarse con la sortija («bótala […]. No guardes nada que te recuerde a ella») a la par que hace lo mismo con su mujer (primero le dice que el amigo llora por su abuela y luego le regala el dichoso anillo, confesando su falta con un chiste en el propio artículo publicado, para una suerte de humillación pública, imagino).

Y porque llega a esta conclusión: «los hombres también lloramos por amor pero, a diferencia de las mujeres, nosotros sí nos deshacemos de las joyas».

Cabe destacar que no se deshizo de la joya a voluntad propia, que tras un año de separación la llevaba consigo y que no era una alhaja que hubiera recibido en regalo, sino que la iba a regalar (por favor, son dos cosas tremendamente diferentes). Así el autor aprovecha para atacar a todas las mujeres por «quedarse» con las dichosas joyas. Además, su amigo no llora por amor, llora desesperado por una obsesión. El autor, de paso, nos muestra lo mal que gestionamos (que nos enseñan a gestionar) estos temas, al punto que el amigo de referencia del protagonista del relato, esto es, Galdós, durante todo el tiempo (tal vez ya por cansancio del tema, que un año de la misma matraca cansan a cualquiera) ve como una molestia el tener que auxiliar al protagonista (al menos nos lo relata así), es incapaz de buscar la ayuda de una tercera persona (su mujer, ahí arriba), sentir empatía (todo el tiempo es una visita a la que hay que soportar y darle puerta en cuanto se pueda) o mostrarse mínimamente solidario, al punto que engaña al amigo por la sortija de marras.

Este tipo de artículos, y que no salten las alarmas ante su contenido, simplemente muestran la necesidad de una consciencia feminista amplia, esas gafas violetas para ver y entender la realidad. Eso y que debemos romper ya los moldes impuestos por el machismo si queremos ser personas sanas en cuanto a nuestros propios sentimientos y la forma de relacionarnos con otros.

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Fecha Publicación: 2017-04-24T11:13:23Z

El Parti socialiste (PS), de François Hollande (actual presidente de Francia), con Benoît Hamon como candidato presidencial, se desploma hasta el quinto lugar con un 6,35% (algo menos de 2,3 millones).

Con el voto muy distribuido, el social-liberal Emmanuel Macron de la recién fundada Association pour le renouvellement de la vie politique, que se presentó con el nombre de En Marche! (EM!), se hace con la victoria con el 23,86% de los votos a partidos (algo más de 8,5 millones de votos). La ultraderechista Marine Le Pen, del Front national (FN), consigue que su formación pase a la segunda vuelta por segunda vez (su padre en 2002), aunque con el mejor resultado de su formación (casi 7,7 millones de votos, 21,43%, 3,5 puntos más que en 2012). [continúe leyendo en Elecciones – De Igual a Igual].

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Fecha Publicación: 2017-03-27T22:23:58Z

El presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, justifica el aumento desmesurado en el gasto militar en que ahora Estados Unidos pierde guerras cuando antes era una potencia invencible. Alega que es falta de recursos y una política blanda (ambos puntos, por lo demás, falsos). Vamos a comenzar con un dato importante: Estados Unidos casi siempre gana. Esta es una constante a lo largo de su historia, donde cabe matizar y analizar mucho, claro (qué tipo de conflictos afronta, cuándo entra en los mismos, su papel antes y después y cuáles son sus aliados), pero acá vamos a simplificar todo de forma grosera y simplista.

Antes de continuar, voy a cometer un error común en los artículos de opinión, volver una anécdota una especie de «prueba», pero no me resisto a contarla. Como muchos otros peruanos, tengo bastante familia en Estados Unidos a la que veo más bien poquísimo. Una de las veces, hablando con uno de mis primos más o menos de mi edad (aún en el colegio), me aseguraba y perjuraba que Estados Unidos había ganado las guerras de Vietnam y Corea. Él decía que así se lo habían enseñado en el colegio y yo le respondía que lo había entendido mal. Esta anécdota la he tenido con otros estadounidenses, así que comencé a creer que tienen una visión de la propia historia un poco trastocada. Uno ve el cine de los ochenta y resulta imposible pensar que en Vietnam en realidad fueron derrotados (si ves el de los setenta, en cambio, sí te lo crees, resulta inevitable ver la derrota). Acá podríamos hablar de cómo se transmite el conocimiento, una situación real y todo eso… (Hablando de dar noticias, acá sobre el terrorismo que lo es y el que no lo es). En este artículo me centraré en las «guerras abiertas», no en los apoyos a golpes y similares, cuya lista sería extremadamente larga y no siempre fiable.

Afganistán e Iraq se ponen como guerras «perdidas» por Estados Unidos, al igual que Siria (aunque esta se encuentra en curso). Pero vamos a realizar un pequeño repaso de las últimas guerras en que Estados Unidos ha tenido un papel de parte, y que, en su caso, forman parte de la historia reciente para Trump (nacido en 1946). Estados Unidos fue una de las potencias vencedoras de las dos guerras mundiales, el país, además, también había ocupado Nicaragua (intervenciones continuas, como la de 1912 y luego una ocupación efectiva de 1927 hasta 1933), en periodos similares (1915-1934) las tropas estadounidenses conquistaron Haití, y ganado contra México (durante la revolución mexicana, 1910-1920, Estados Unidos intervino constantemente, tuvieron también una guerra fronteriza, que acabó en la batalla de Juárez), además de que su presencia colonial en Cuba había acabado con el levantamiento de los Independientes de Color (1912), entre otros conflictos dentro de las llamadas guerras bananeras (mediados S. XIX hasta 1934).(Por cierto, para un artículo centrado en las intervenciones de EUA en América, les recomiendo «Cronología: intervenciones militares de EE.UU. en América Latina» en Voltairenet).

Solo una guerra en todo este periodo se puede considerar «derrota», aunque creo que directamente se cuenta poco. Durante la primera guerra mundial se produjo un hecho excesivamente importante que marcaría buena parte del S. XX, esto es, la revolución rusa. Durante la guerra civil (1917-1923) los «aliados» se lanzaron de cabeza en apoyar a los zaristas del ejército blanco, en concreto, Estados Unidos mandó entre 11 mil y 13 mil tropas al país euroasiático; el ejército estadounidense, como la mayoría de los aliados, se retiraron en 1920. Pero, dado el contexto, es difícil verlo como una gran derrota de los aliados.

La guerra de corea (aunque técnicamente no ha acabado, la situamos entre 1950 y 1953) fue el primer gran conflicto de la guerra fría. Estados Unidos y la URSS se dividieron la península coreana, arrebatada al invasor japonés dentro de la II GM. La URSS consideraba que toda la península era del estado socialista afincado en el norte, mientras que EUA veía claro que el paralelo 38º era la separación del país. Norcorea atacó el sur, lo cual da una victoria al bando aliado de Estados Unidos (que participaba muy activamente), inmediatamente Corea del Sur atacó el norte con la intención de echar a los comunistas, en esta ocasión, Corea del Norte resultó victoriosa (con la ayuda de China, la URSS y Mongolia). A veces se pone como «empate» (la situación quedó como justo antes de la guerra), pero no podemos obviar que hubo una clara victoria (repelieron el ataque) y una clara derrota (no consiguieron conquistar Corea del Norte) para Estados Unidos. Ese conflicto hoy sigue teniendo serias consecuencias. Trump debió estudiar esto en el colegio, no creo que diga que fue una victoria de su país (a diferencia de la a veces llamada de forma exagerada segunda guerra de Corea, de 1966 a 1969, que más bien fueron escaramuzas en la frontera, con un joven Trump de 20 años que pidió prórroga por estudios para no alistarse en el ejército; para la guerra de Vietnam, el actual presidente se salvó por un tema médico poco claro).

Oriente próximo es un área geográfica donde poco a poco encontraremos más a las fuerzas estadounidenses, demostrando que no es tanto el integrismo islamista lo que les molesta, sino unos intereses geoestratégicos y económicos lo que les guían (así Arabia Saudí, por poner un sangrante ejemplo, es un gran aliado). En 1958 en Líbano comenzó una guerra civil entre los panarabistas y el gobierno, donde el gobierno pidió asistencia a Estados Unidos que, entre otras cosas, tomó el aeropuerto de Beirut. Cuando la guerra acabó -con victoria del gobierno libanés-, EUA retiró sus tropas. ¿Por qué este pequeño conflicto es importante? Porque fue una de las primeras aplicaciones práctica de la Doctrina Eisenhower (o Doctrina Dulles), donde Estados Unidos definiría su política exterior en la zona como la intervención en cualquier conflicto donde viera la amenaza comunista. A Líbano volverían de la mano de una fuerza internacional de la ONU durante la larga guerra civil (1975-1990, que finalizó con el acuerdo de Taif), fue una intervención bastante puntual en un largo conflicto, consiguiendo sus objetivos (la retirada de la OLP y pararon en gran medida a los contrarios), aunque ni pararon la guerra ni la ocupación Siria, pero se considera victoria porque fueron para lo que fueron.

Cuando Donald Trump tenía unos 15 años, en 1961, se produjo una nueva derrota de su país: la invasión a la Bahía de los Cochinos fracasó estrepitosamente. Estaba dudando si incluir este hecho entre las guerras abiertas o no, entre otras cosas porque la participación estadounidense no se hizo con «tropa propia», pero fue tal su intervención que esa Brigada de Asalto 2506 se puede considerar sin mucho problema una tropa plenamente estadounidense (no fue el gobierno de EUA apoyando a un grupo insurgente o descontento, fue EUA armando una brigada, entrenándola, preparando el plan y dándole todo el armamento).

Estados Unidos apoyó, pero no participo directamente, en la Guerra de Indochina del protectorado francés (Unión Indochina hasta 1946, y desde esa fecha la Federación Indochina), contra fuerzas nacionalistas y comunistas (como el Viet Minh, Khmer Issarak o Jemeres Issarak y Pathet Lao; fue Ho Chi Minh, finalmente, quien inició el conflicto directo al ver que ni la abdicación de Bao Dai, emperador de Vietnam, en favor de Ho Chi Minh, era reconocida por los franceses, cuando, en la práctica, Vietnam del norte ya existía… finalmente la URSS reconoce a este Estado y se lía). El resultado es de todos conocido, los franceses comienzan la retirada en 1954, los reinos de Laos y Camboya quedan independizados y se decide partir Vietnam en dos, siendo el norte controlado por el Viet Minh de Ho Chi Minh; la idea es que, en un año tras la retirada francesa, se tenía que celebrar un referendo en ambos estados para ver si se unificaban o no lo hacían; en Vietnam del Sur se produjo una suerte de golpe de Estado (con Ngo Dinh Diem a la cabeza, quien, además, fue apoyado por Estados Unidos) con fraude electoral, se echa a la monarquía de Bao Dai (en el referendo, en algunos distritos, hubo muchos más votos que personas registradas). El gobierno de Diem era una dictadura disfrazada de democracia, que usaba fuerzas paramilitares en el juego sucio contra la oposición.

En el sur se monta el popular Viet Cong (o Frente Nacional de Liberación de Vietnam, FNLV), a cuyos miembros conocemos rápidamente como «Charlie», gracias a que nuestro imaginario está forjado desde el punto de vista cinematográfico estadounidense. La guerra de Vietnam fue larga y dura (1955 a 1975). Vietnam del Norte estaba apoyada por la URSS y China, mientras que Vietnam del Sur lo estuvo por Estados Unidos y otros aliados (de hecho, EUA inició la campaña Más Banderas con el objetivo de agrupar la mayor cantidad de países «libres» contra el Viet Cong, aunque solo fuera un apoyo mínimo, como fue el caso de los 13 médicos militares enviados por la dictadura española de Francisco Franco). EUA estuvo al lado de Vietnam del Sur independientemente de su gobierno (así, la dictadura de facto de Diam acabó con un golpe militar en contra de él, donde fue asesinado, seguido de una dictadura militar, sucedida por un gobierno civil títere de los militares, aunque el gobierno civil se medio impuso finalmente; la represión seguía, eso sí). Estados Unidos no entró, con tropas, desde el comienzo en la guerra (los primeros grandes combates en que participaron fue en 1965), también intentó salir sin reconocer la derrota (con el programa iniciado por Nixon en 1970 de Vietnamización de la guerra, que era volver a la fase de entrenamiento y apoyo a las tropas vietnamitas mientras retiraba las estadounidenses). Esta política no resultó como se esperaba, la guerra se extendió por la península y los bombardeos por parte de EUA crecieron sin demasiado efecto… El alto al fuego de París supuso una detención temporal de la guerra y la salida de Estados Unidos de la misma; en ese acuerdo Vietnam del Sur debía realizar unas elecciones que nunca llevó a cabo; Nixon había renunciado a la presidencia estadounidense (Watergate) y Gerald Ford quería dar carpetazo a esa guerra que tanto afectó a la moral estadounidense (así que la ayuda prometida a los socios indochinos del sur nunca se ejecutaría), dos años después la derrota de Vietnam del Sur era definitiva y al poco tiempo la reunificación se consolidó (1976). Esta fue una gran guerra, con millones de muertos, donde casi sesenta mil fueron tropas estadounidenses, más de trescientos mil heridos volvieron a Estados Unidos generando un clima social desfavorable y conflictivo (muy aprovechado por la derecha, finalmente).

Mientras ocurría esta larga guerra, también hubo otras. Algunas bien cercanas, como la guerra de guerrillas de Tailandia (1965-1983) donde la participación estadounidense casi llega a las 25 mil tropas… a medias realmente; los Estados Unidos tenía a buena parte de su fuerza aérea, concentrada en atacar Vietnam, en Tailandia, la cual sufrió ataques de la guerrilla comunista pero, por lo visto, el conflicto no les interesaba demasiado. Sí daban armas, ayudaban y tal, pero no parece que intervinieran demasiado.

1965 fue un año especialmente movido, así Estados Unidos intervino en la guerra civil dominicana (conocida como revolución del 65 o revolución de abril) con 42 marines y algo más de otras fuerzas, apoyaron al triunvirato militar-golpista (y os gobiernos represivos siguientes) en contra de los constitucionalistas (también apoyaron el siguiente fraude electoral que llevó a Balaguer al triunfo en el 66, un hijo aventajado de Trujillo). Las tropas estadounidenses se quedaron algo más de un año en el país dentro de la Operación Power Pack; no pidieron permiso para entrar o quedarse, ellos simplemente argumentaron que pretendían evitar que la República Dominicana «se vuelva comunista». La OEA intervino luego, tras el «aviso» de EUA llegaron a un acuerdo para montar una Fuerza Internacional que, entre otras cosas, suponía la reducción de la presencia militar estadounidense.

Con una excusa un poco débil, el gobierno de Estados Unidos decidió invadir Panamá para «arrestar» a Noriega en 1990. Recordemos que Noriega siempre fue un agente o colaborador de la CIA (a veces, cuando en Estados Unidos se exigía a su propio gobierno hacer algo contra ese señor, el director de la CIA salía en su defensa, como tuvo que hacer Casey), aunque desde 1984 la relación con el militar venía deteriorándose, por hechos como el cierre de la Escuela de las Américas, entre otros muchos. La intervención ni fue respaldada ni condenada por la ONU o la OEA o nadie… era el patio de recreo de Estados Unidos. La guerra fue rápida, EUA venció, arrestó a Noriega y declaró presidente a Endara (quien había ganado las elecciones del 89). Estados Unidos se quedó en el país y controló el canal hasta 1999 (cumpliendo unos tratados del 77).

A veces se metían, sin más, en otras guerras, como cuando entraron en la guerra de Irán con Iraq (1980-1988), donde apoyó a Iraq con protección para sus petroleros (y los de Kuwait); esto lo acompañaban con ataques a objetivos iraníes, claro. Pocos años más tarde vendría la Guerra del Golfo u Operación Tormenta del Desierto (1990-1991), Iraq pasó a ser el malo de la película y una fuerza internacional, donde destacaban Estados Unidos y Arabia Saudí acabaron con una derrota más o menos rápida de las tropas de Saddam Hussein, desde ahí sería uno de los malos de las películas, con sus infraestructuras rotas y sanciones varias.

En 1991 comenzó una guerra civil que aún continúa, la de Somalia. La ONU mandó una fuerza de paz entre 1992 y 1995 (la UNOSOM I), que no tuvo éxito en capturar a Mohamed Farrah Aidid, ni en pacificar el país ni en nada. En el 95 se retiraron (sobre todo porque los estadounidenses se fueron). Esta también se puede considerar una derrota, aunque tampoco es que Estados Unidos se implicara al ciento por ciento. En 2007 Estados Unidos vuelve a intervenir militarmente, realizando una serie de bombardeos se supone que persiguiendo a miembros de Al Qaeda, sin lograr, por lo visto, su objetivo.

En los movidos Balcanes, Estados Unidos ha metido su mano de forma más directa o indirecta. Dentro del proceso de disolución de Yugoslavia, la OTAN intervino directamente en la Guerra de Bosnia (1992-1995). En el 91 la aún Yugoslavia fue sancionada por el Consejo de Seguridad con un embargo de armas, en Estados Unidos no andaban contentos, querían seguir mandando armamento a Bosnia (el Congreso votó a favor de pedir el levantamiento del embargo, algo que Clinton vetó como presidente, aún así, siguieron mandando armas vía Croacia de forma irregular). La guerra acabó con los Acuerdos de Dayton, donde, entre otras cosas, la IFOR de la OTAN ganaba protagonismo. EUA también participó activamente en la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR). Más adelante, Estados Unidos entraría en otra guerra con Yugoslavia, esta vez por Kósovo (1998-1999), de hecho, los ataques de la OTAN (básicamente EUA) sobre la RFY comenzaron en marzo del 99. Una victoria del bando de Estados Unidos sin duda (finalmente Kósovo se ha independizado aunque no todos los países lo reconocen, comenzando por la propia Serbia).

En otros conflictos con victorias para el bando de los Estados Unidos, este país brindó unos apoyos menores, como en la Rebelión de Simba en 1964 (en lo que ahora es la República Democrática del Congo), lo más interesante de esta acción es que el débil gobierno fue derribado con el apoyo del propio Estados Unidos, subiendo al poder el dictador Mobutu Sese Seko. En la segunda guerra de Shaba (antes y después llamada Katanga) en 1978, EUA vuelve a dar un apoyo más bien pequeño (5 aviones) a la dictadura de Zaire (antes Congo), donde los principales aliados los tenía en belgas y franceses (en la primera guerra de Shaba el apoyo de EUA fue sin tropas de ningún tipo, curiosamente coincidió en el mismo con China, teniendo a la URSS apoyando al otro bando). En 1983 el ejército de Estados Unidos tomó Granada, país de más o menos reciente independencia que acababa de sufrir un golpe de estado por parte de Bishop (con el apoyo de Cuba). Entre 1994 y 1995 se desarrolló la Operación Uphold Democracy, donde Estados Unidos participó en una fuerza de la ONU que intervino en Haití, derrocando a los gobiernos títeres surgidos tras el golpe de unos años atrás, para devolverle el país a Jean-Bertrand Aristide. Por lo que se suele decir, esta misión de la ONU estuvo bien planificada y ejecutada. En el norte de África, un enemigo que se volvió amigo retornó a su posición de enemigo y, con la organización desde la ONU, se invadió rápidamente Libia en 2011. Esta rápida invasión tuvo consecuencias nefastas para el país, abandonado a su suerte… al final han vuelto a intervenir (en 2016) para luchar contra el EIIL.

Pero llegamos a la madre del cordero y tal vez al gran conflicto que tiene en mente Trump cuando habla de «antes ganábamos y ahora ya no», que es la llamada «Guerra contra el terrorismo». Creo que voy a comenzar precisando algunas cosas: estamos metiendo en el mismo saco una serie de acciones y guerras realmente diferenciadas, muchas de ellas han acabado con un claro triunfo de Estados Unidos y sus aliados, pero las consecuencias (incluyendo la victoria) están lejos de lo que en el imaginario estadounidense o les han salido rana, en gran medida porque se está planteando como una guerra convencional lo que evidentemente no lo es, donde no estamos ante un conflicto «entre Estados» sino una entelequia donde toda acción militar cabe siempre y cuando se señale al otro como «terrorista» (un poco como cuando se habla de «guerra contra la droga» o «guerra contra el hambre»). Aprovecho para recomendarles «La “guerra contra el terrorismo”, el derecho internacional humanitario y el estatuto de prisionero de guerra» de Marco Sassòli (2003) y «Tras 15 años de guerra contra el terrorismo, ¿estamos más seguros?» de Parag Khanna y Robert Muggah (2016). Es una guerra cuya victoria es tan esquiva como encontrar al «verdadero escocés» en esa falacia tan conocida.

La gran vergüenza del Consejo de Seguridad en cuanto a sus resoluciones que permiten o autorizan el uso de la fuerza la encontramos en las brevísimas que sirvieron como una suerte carta blanca a Estados Unidos para tomar la justicia por su mano y vengar los atentados del 11 de septiembre invadiendo Afganistán, como la 1378 (2001). En el pasado, EUA había apoyado a los señores de la guerra de Afganistán para echar a los soviéticos (años ochenta), pero pronto se les fue de las manos una situación en que los talibanes, de facto, habían tomado el control del país y se estaban organizando nuevas modalidades de terrorismo (en concreto, unos entrenados por ellos previamente), Estados Unidos ya había bombardeado campos de Al Qaeda en 1999 y conseguido resoluciones por parte del CSONU en contra de la organización y el país. Tras los atentados contra varios objetivos estadounidenses, el gigante americano inició, con unos pocos aliados, la invasión a Afganistán, cambio de gobierno y tal. Luego vino el Consejo de Seguridad, dando una suerte de visto bueno a lo que fue una invasión en toda regla, y montó una fuerza internacional para consolidar el cambio de mando y continuar con la guerra, la ISAF, por sus siglas en inglés, montada mediante la resolución nº 1386 (2001). Esta fuerza estaba comandada por los aliados de Estados Unidos y luego la organiza la propia OTAN (donde manda Estados Unidos). La guerra fue mucho más larga de lo esperado (2001-2014), pero no podemos negar que fue una victoria (agridulce, pero victoria) de los Estados Unidos. ¿Que no erradicaron el «terrorismo internacional»? ¡Claro que no! Pero es que ese objetivo era imposible con una acción militar como la emprendida. De hecho, la guerra «volvió» a comenzar, ahora con tintes de civil, esto es, el gobierno contra los talibanes y el llamado Estado Islámico; esta fase es una guerra distinta de la anterior, aunque absolutamente vinculada, claro.

Dentro de este contexto de «guerra contra el terror» (excusas) encontramos una a no tantos kilómetros de la desplegada en Afganistán, nuevamente Iraq vería un largo conflicto que parecía que sería rápido. Así pues, con todas las mentiras habidas y por haber, falseando informes y contra toda indicación, Estados Unidos y sus pocos aliados (en ese primer momento, luego todos se sumaron a la «reconstrucción») invadió Iraq (2003) en una guerra relámpago en la que acabaron con el régimen de Saddam Husein; este hecho fue realizado de espaldas a la ONU, ni siquiera participó la OTAN como tal. Y comenzó la guerra, que será larga y penosa (2003-2011), el problema es que en esta ocasión fue EUA quien llevó el terrorismo a un país que no tenía vínculos con el mismo, Al Qaeda se asentó y, tras su derrota, el llamado Estado Islámico se levantó. Iraq pasó de ser un país con pocos atentados terroristas a encabezar las estadísticas. En lo político, los aliados de EUA y este ya habían conseguido sus principales objetivos, y se veía que en lo económico poco podían rascar más de lo que estaban haciendo, así que se retiraron. El problema se lo dejaron a los iraquíes, la victoria real, basada en las mentiras, era de EUA; una victoria pírrica como se ve en los siguientes acontecimientos (y mucho de lo que pasa en Siria tiene que ver con esta guerra). Esta guerra es un estupendo ejemplo de cómo la guerra genera guerras.

La «guerra contra el terrorismo» se extiende en varios conflictos, con implicación mayor o menor de Estados Unidos, así tenemos el de Paquistán (en el noroeste, desde el 2004, en curso), la nueva fase en Afganistán y, por supuesto, la «guerra contra el Estado Islámico de Iraq y el Levante» (EIIL, Dáesh o Daish; en ningún caso ISIS) que viene desarrollándose desde el 2014. El caldo de cultivo de esta última es pura y dura marca estadounidense, son los remanentes del odio de sus anteriores guerras y lo mal que hicieron las cosas. El «Estado Islámico» no se comporta como un Estado propiamente dicho y ha cambiado la forma de extender su guerra.

A modo de cierre

Cuando Trump dice que antes ganaban todas las guerras y ahora no, no sé a qué se refiere exactamente; puedo imaginarme que en su cabeza tiene todo lo que pasa en Afganistán, Iraq, Siria y demás, en guerras que se están alargando (pero tampoco más que otros conflictos en que se ha enfrascado) o que al cierre vienen con nueva fuerza y partes distintas, pero parecidas.

No, no es un tema de meter más dinero ni más armamento (cada vez las intervenciones son más caras), ni siquiera de mandar más gente. Y es algo que Trump no entiende. Es algo que no comprendieron ni en Corea ni en Vietnam (dos derrotas en la juventud de Trump, miente si se refiere a esa época como de pura victoria para el bando estadounidense). El actual presidente de Estados Unidos es consciente, debe serlo, de que básicamente todas las guerras las gana Estados Unidos (en este repaso son pocas sus derrotas), pero muchas veces las consecuencias de una victoria son dolorosas y generan mucho más en lo negativo que en lo positivo.

Este es un tema de control, poder y dinero, no de defensa de la democracia (no es por nada, pero la cantidad de veces que EUA ha puesto a un dictador o le ha defendido nos podría ocupar varios artículos como este) ni nada que se le parezca, no nos engañemos tampoco con eso.

 

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Fecha Publicación: 2017-03-17T19:02:48Z

En los sistemas representativos como el español, una cosa son los partidos y otra muy distinta los votantes. En realidad, hay pocas razones por las cuales participar en un partido político; ahora tal vez un poco más cuando los procesos internos se han abierto un poco (al menos un poquito) y ya el militante puede decir algo (antes la pescadilla que se mordía la cola era muy descarada, entre los militantes las cabezas de los partidos elegían a los que iban a los congresos y estos votaban a las direcciones, con lo que pocas sorpresas se daban en las grandes formaciones). Pero, una vez abierta esta historia, resulta que los partidos tienen cifras de afiliados realmente bajas; y unos censos más bien inflados.

A Podemos, que favorece mucho el que cualquiera se inscriba y los procesos de participación, se le suele señalar como una formación que al final tiene baja participación, con lo que «tendría» su censo bien inflado. Así, en Vistalegre II, donde se jugaban el proyecto del partido con dos machos alfa en competencia plena (estas cosas animan la participación, se supone), el 33,12% del censo electoral (un poco depurado para la ocasión) votó, en cifra absoluta: 151340. Este dato de votos internos, por cierto, es superior a las primeras primarias del PSOE, esas del 2014 donde ganó Pedro Sánchez (con el apoyo de Susana Díaz), aunque peor en el porcentaje; los casi 130 mil votos supusieron más o menos el 66% de participación. Ese censo, de todas maneras, es increíblemente pequeño para un partido histórico, que ha gobernado España en varias ocasiones, que tenía y tiene gobiernos autonómicos, y que hasta hace no demasiado tiempo (bueno, tal vez ya demasiado), tenía acuerdo de doble militancia con uno de los dos principales sindicatos (UGT).

El Partido Popular nos contaba las maravillas de su sistema y la cantidad de afiliados que tenían; sacaban pecho de los más de ochocientos mil afiliados, siendo con mucho el mayor partido de España. Hace nada han reelegido a Mariano Rajoy (con un sistema, cuando menos, complejo) como líder y a la vez como candidato a la presidencia del gobierno (en el anterior Congreso decidieron que, para evitar complicaciones, siempre uno era el otro). Se supone que para ese Congreso todos los militantes, previamente, habían votado representantes (sin mandato alguno, puesto que aún no habían candidatos, cabe matizar), pero, oh sorpresa, cuando se abren los procesos de primarias en las agrupaciones autonómicas, resulta que el censo no estaba nada actualizado (¿cómo se votó previamente a los representantes en el Congreso?) y las cifras de participación no serán buenas, no pueden serlo.

Un botón de muestra: la agrupación leonesa del PP contaba con más de 13 mil afiliados (nada mal), estos tenían que manifestar su intención de votar, ya los activos bajaron a unos 1550 (casi el 12%) y cuando han visto quién anda al día en la cuota (que es a quien se le puede considerar «de derecho» afiliado con derecho a voto -como extra: dieron un plazo para que los afiliados se pusieran al día con las cuotas, lo cual estuvo bien y por lo visto ha supuesto una inyección extra de dinero-) la cifra del censo leonés se ha quedado en 616 (4,61%). Resumiendo lo que ocurre en Castilla y León, una de las pocas comunidades donde sí hay un enfrentamiento de dos personalidades (el alcalde de Salamanca contra el de León, ambos defienden el mismo proyecto y son hijos del mismo Herrera), al final resulta que sus más de 50 mil afiliados no llegan a 7 mil personas con derecho a voto (6845, en concreto), lo que supone de partida unas primarias donde participarán, como mucho, el 13,37% de los que ellos pensaban que tenían afiliados (en el caso de este partido, además de estar afiliado hay que inscribirse en el censo electoral). Lo que está pasando en Castilla y León no es «raro», en Madrid, con Cifuentes como gran promotora interna de las primarias, se han topado con que se inscribieron para votar el 11,52% de los afiliados apuntados (10888 de 94511), en Valencia fue bastante peor, solo el 5,41% (8052 de 148711) y en Canarias, de los 42 mil afiliados, votaron 3738 (8,9%). Los 800 mil afiliados son una acumulación nunca corregida ni actualizada de quienes alguna vez se han hecho el carné del partido (imagino que es como el censo de bautismos de la Iglesia Católica).

Un partido que no es nuevo, Ciudadanos, pero sí recientemente «importante», sacaba pecho de ser la regeneración democrática para descubrir que no solo tiene un censo electoral pequeño (poco más de 20 mil afiliados en toda España), sino que, al faltar chicha y todo ser tan plano, tampoco participan mucho (34,3%, menos de 7 mil votos emitidos). Albert Rivera se vio coronado por una abrumadora mayoría (hasta cuatro días antes parecía que directamente no tendría competencia) votado por una increíble minoría.

Este problema de «mucho número y poca participación» está muy generalizado, no solo afecta a los partidos políticos, es uno de los grandes males de las asociaciones y de ahí para arriba, contando los principales sindicatos y demás. No es raro, estamos acostumbrados a ser meros consumidores pasivos de todo; incluso hoy en día que se habla tanto del consumidor-creador, donde cualquiera puede «crear y compartir contenido» (que es básicamente lo que estoy haciendo ahora), la realidad tozuda es de unos pocos creando y muchos mirando (como en las obras públicas). Nos insisten en un individualismo competitivo completamente arbitrario, donde nuestro igual es, ante todo, el enemigo; donde la participación política es exclusivamente por interés privado (por favor, ¿cuántas veces el político tal salió diciendo que hasta perdía dinero por dedicarse a lo público y luego terminó reconociendo que le pagaban un sobresueldo en sobres?, y estos casos son los menos alarmantes); donde uno se apunta por un beneficio (la importancia de tener carné) pero, en verdad, no estás para responsabilizarte de nada. Luego nos extrañamos del problema del polizón…

Si bien es un problema generalizado en nuestra sociedad, cabe indicar que es doblemente grave en organizaciones que tienen como fin el concurrir «a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política», además de tener que funcionar de forma democrática (art. 6 de la Constitución española, ni más ni menos); aunque esto segundo no lo comparto (y eso que se ha entendido de forma muy laxa), en tanto que puede ser contrario a la propia ideología política del partido (con lo que la estructura no respondería al ideario; normalmente esto ocurre pero por lo contrario, hablan de democracia pero no se la aplican)… pero me salgo del tema, es grave que las organizaciones cuya propia esencia están en la participación y creación de un proyecto común se vean incapaces de movilizar masas críticas de población, de plantear discusiones y cumplir con su cometido, en vez de generar máquinas meramente electorales para que cuatro se coloquen donde pueden y promuevan, desde ahí, sus propias agendas. Pero no solo se ven incapaces, es que en algunos casos, realmente no quieren nada de eso y se justifican plácidamente en que sus votantes y sus afiliados no son lo mismo, que sus simpatizantes no están «ideologizados» y que apoyan al proyecto sin importar quién mande (olvidando un matiz importante: el proyecto de esa misma formación depende de quién manda, pues es quien lo define); en el fondo, lo único que quieren es que les voten cada cuatro años y no que se metan en la vida interna del partido. No quieren militantes, quieren «fans».

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Fecha Publicación: 2017-03-16T14:27:25Z

Al 95% escrutado, el primer ministro Mark Rutte vuelve a ganar las elecciones al frente del Volkspartij voor Vrijheid en Democratie (Partido Popular por la Libertad y la Democracia, VVD).

Captura de pantalla de NOS

Se elegían 150 escaños para la segunda cámara de los Estados Generales de Países Bajos, esta es la que nombra al primer ministro neerlandés.El reparto es proporcional y se decide en una circunscripción única (esto es, todo el país). La participación fue superior al 80% y existe una fuerte dispersión del voto (sin ir más lejos, el partido ganador tiene algo más de un quinto de la cámara con el 21% de los votos). En la cámara habrá 13 partidos, 2 más que los actuales (entran el ultraderechista FvD y el socialdemócrata Denk).

El Partij van de Arbeid (Partido del Trabajo o Partido Laborista, abreviado como PvdA), segunda fuerza política durante muchos años y socio del gobierno, pasa a ser la séptima formación en el parlamento con 9 escaños (en el 2012 tuvo 38). [Continúe leyendo en Elecciones D=a=].

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Fecha Publicación: 2017-03-08T15:45:45Z
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Fecha Publicación: 2017-03-08T04:58:25Z

Es interesante (y triste) que siempre que sale un colectivo con buenos salarios la opinión publicada nos convenza de que no se lo merecen y deberían bajarse. Porque sí. Dicen que ganan más que, por ejemplo, los médicos o los profesores, ¡cómo será posible!; así que en vez de pedir que le suban a médicos y profesores, lo que pedimos es que se lo bajen a los otros. Les llamamos «privilegiados» aunque no tengamos idea de qué hacen, cómo lo hacen o en qué condiciones lo hacen. Da igual, ganan más que nosotros y que los médicos, algo malo habrá. Los distintos gobiernos (locales o nacionales) recurren a mostrarnos los salarios cada vez que tienen un conflicto con algún grupo de trabajadores especialmente movilizados (desde controladores aéreos hasta personal de limpieza de las corporaciones locales, curiosamente también los profesores –¡¡que secuestran a nuestros hijos!!-, últimamente usados de ejemplo como tope para otras profesiones, han sufrido esta presión y sus condiciones se han reducido bajo el aplauso de muchos que ahora reclaman cosas sobre los sueldos de los estibadores). Siempre nos colocamos desde el punto de vista del consumidor, demostrando lo mal que anda el movimiento obrero y nuestra propia consciencia de clase (sí, somos una panda de alienados). [Continúe leyendo en De Igual a Igual].

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Fecha Publicación: 2017-02-10T16:05:04Z

Esta entrada es un poco cajón de sastre de varios temas con distinta gradación de importancia, pero muy mezclados… vaya por delante. –A todo esto, mientras escribía esta entrada, Barbijaputa sacó una nota titulada «Salir a la calle por nosotras y por todas» que más o menos aborda lo mismo que este artículo, pero bastante mejor expuesto que lo que haré a continuación–.

Cada poco vemos noticias en que se consigue un pequeño triunfo o se visibiliza, de forma positiva, lo que está aún tachado por la sociedad de forma negativa. Estoy hablando de esos hechos que significan victorias del movimiento del feminista o del LGBTQI. Cada vez que alguien hace algo para significar o normalizar uno de estos temas, alguien en alguna parte salta que «no hacía falta», casi siempre desde la mentira de «yo no soy machista/homófobo», pero ven mal el triunfo del feminismo o de la igualdad de trato. Es simple, sí son machistas u homófobos y ese hecho lo sienten como un ataque –y lo es a sus privilegios, en el caso de los varones machistas heterosexuales–. Pero vayamos a la mentada frase: «no hacía falta» o «no era necesario».

En la historieta que desarrollaba la historia de un videojuego muy conocido, descubrimos que una de las protagonistas más queridas era lesbiana; no era una historia de «salida del armario», simplemente se veía a la chica celebrando con su pareja, nada más. La homofobia de los comentarios ante tal revelación, que en nada cambian un ápice ni la historia ni al personaje –como el resto de datos triviales expuestos, como gustos sobre tal o cual, relaciones de parentesco, y de los que nadie se quejó con el «no hacía falta saber…»–, dan para muchos pero muchos artículos. Los más groseros acusaban a la compañía de videojuegos de haberles engañado, haciendo que se encariñaran de un personaje para luego descubrirlo como homosexual, pues perseguían una «agenda gay oculta» –en ningún lado se decía que dicho personaje era heterosexual o asexual o… lo que sea–; estos mismos llamaban al boicot al videojuego y a la compañía, siempre, eso sí, manteniendo que no eran homófobos. Estas reacciones las podemos encontrar a lo largo y ancho de todo el globo, no solo en los países usualmente señalados como retrógrados, conservadores, machistas u homófobos.

Teniendo en cuenta los comentarios, a mí me queda claro que un gesto tan simple como mostrar una situación normal en una pareja homosexual hacía falta. Porque aún esas escenas no son normales; porque aún hay gente que se queja cuando un personaje es homosexual, como si fuera un ataque para sí mismo. Porque aún es una situación no normalizada. –Hace no mucho leí un genial artículo cuyo planteamiento era algo así como «si tienes problemas con los personajes homosexuales, el problema eres tú, no los personajes», pero no lo encuentro… cuando pueda lo enlazo–.

En Estados Unidos ha entrado un presidente absolutamente homófobo y machista; en la mayoría de países, los presidentes responden a estas dos características sin ningún problema, aunque el mandatario pertenezca a movimientos más igualitarios –digamos «de izquierdas»– o incluso se considere feminista o hable de feminismo o de protección de los derechos de las minorías LGBTQI –qué lejos están las palabras de los hechos–. Así que, ante esa realidad, claro que hace falta cualquier elemento que nos permita visibilizar la problemática del machismo y la homofobia, o, por otro lado, cuando se muestran situaciones feministas y de tolerancia desde la absoluta normalidad –como hace la historieta del videojuego; como lo hacen muchos cuentos feministas–.

Últimamente se leen muchos artículos que intentan discriminar la paja del trigo en cuanto a los feminismos, así pues, habría un feminismo «bueno» –el de «antes», el de los «votos»– que cumplió su función y aún tiene un par de reductos donde trabajar y un feminismo «radical», «revanchista», que es «malo», como decía un ilustre escritor, un feminismo que no le sirve a sus hijas –¿y eso?–; quienes hacen esta distinción o no saben de historia o no entienden un pimiento o, en realidad, lo que hacen es proteger los privilegios propios del machismo tal vez en una situación de «machismo con rostro humano» –haciendo una analogía con ese «capitalismo de rostro humano» que nos quieren vender como positivo, que simplemente es atar en corto algunos de los peores efectos del capitalismo–, así habría «mujeres como las de antes» exigiendo una «igualdad razonable» o algo así… Les recomiendo leer a Barbijaputa, artículos como «¿Eres feminista o revanchista?» son muy ilustrativos; de los comentarios también se deduce que «hace falta» toda la pedagogía en ese tipo de artículos, la denuncia descarnada también.

En un suceso reciente, un hombre mató a su hijo para hacerle daño a su mujer –o expareja, ya no estoy seguro– a la par que se suicidaba –se lanzó por la ventana del hospital con el bebé en brazos–, unos cuantos medios hablaron de «violencia machista»; esos medios se llenaron de comentarios pidiendo una rectificación en tanto que la muerte era el bebé y el padre y no la mujer, sin darse cuenta de que la causa era «hacer daño a la mujer» –declarada por él, por lo visto–; en esos comentarios también podía leerse reproches del tipo «cuando una mujer mata a sus hijos, lo más habitual, nunca ponen “violencia feminista”» como parte de la queja de llamar «violencia machista» a ese hecho. Descontando la muerte del bebé, lo peor, tal vez, vino de otros medios, que prefirieron tildar de «tragedia» el suceso, hacer perfiles de la pareja, de lo que pasaban los dos y tal, no era posible encontrar en ese medio una denuncia expresa de la muerte –no, por favor, no se excusen en la «objetividad del periodismo», que sabemos como esos medios titulan cuando un terrorista se inmola y mata a una o varias personas–, incluso en alguno se podía leer entre líneas que la culpa la tenía ella, que le provocó el enfado. Nos ha fastidiado mayo con las flores.

En otro suceso terrible, donde un hombre mata a golpes a un niño en Estados Unidos, los medios pusieron fotografías de la madre y titularon cosas como «Permite que su pareja agreda a su hijo hasta la muerte por robar un trozo de tarta», porque la mala siempre es ella, por permitir que le golpeen o que peguen a otro. Un titular imposible si fuera al revés, porque ahí tendríamos clarísimo que quien tiene la culpa es quien agrede, quien mata. No es una anécdota, es la tónica habitual; así pues, cuando hablamos de violencia sexual contra los hijos –propios o de la pareja–, no pocas veces se mira hacia la mujer –normalmente también víctima de ese abusador, algo que se obvia–, se la tacha lo menos que de cómplice y se cargan todas las culpas a ella, por no proteger a su hijo o hija de ese monstruo de hombre.

Ante esos comentarios, ante esa orientación de muchos medios de noticias, queda claro que «hace falta» más feminismo en todos los medios de comunicación y que cualquier acto reivindicativo y de visibilización es justo y necesario, no algo redundante por sabido.

Mientras nos sorprendemos –y no sé bien por qué– de la medida despenalizadora en Rusia –un país con una tasa de feminicidios bastante alta–, donde básicamente se manda a los «delitos privados» toda la violencia de género y machista, donde la primera vez que una agresión machista sea condenable directamente sale gratis –digamos que solo se condenará a quien violente muchas veces, una es para hacer un «pelillos a la mar»–, tenemos que el cuerpo de la mujer sigue siendo vestido por los prejuicios masculinos, en los grandes medios el pezón femenino sigue estando vetado, y no lo digo solo por la veraneante argentina –creo que era– a la que le exigían que se cubriera el pecho –mientras, evidentemente, los varones pueden lucir el suyo–, sino que en las mal llamadas redes sociales las fotografías en que se muestre un pezón femenino son inmediatamente censuradas por dichosos bots que reproducen las reglas heteropatriarcales de nuestras sociedades.

Siguen criminalizando a las víctimas de acoso sexual –como esas mujeres que muestran el pecho y son inmediatamente toqueteadas, como si el descubrirse fuera una invitación a la violencia sexual, ¡cuántos jueces y policías, periodistas y opinólogos, dudan de la inocencia de esa mujer víctima, se le acusa de buscar la violación al andar con minifalda o «sola»–, siguen cerrando los ojos, cuando no aplaudiendo, toda medida represiva contra la mujer, ¡incluso lo argumentan en favor de su liberación! Así que quieren prohibir determinadas prendas femeninas, total, si ya dicen y norman cómo debe vestir la mujer, ¿por qué nos extrañaríamos de que algunas ropas quedaran inmediatamente descartadas del vestuario permitido en público?

Hace falta más educación en igualdad de género. Y hablo de educación. No puede ser que la inclusión en primaria de un tema como la igualdad cause el revuelo y la lucha en la calle como está ocurriendo en Perú –en Útero.pe han hecho un gran seguimiento del tema, pueden acceder a muchas notas desde la búsqueda del lema del grupo homófobo, #conmishijosnotemetas–, donde una serie de padres se quejan de que a sus niños les enseñen o quieran enseñar que ser machistas y homófobos no está bien –señores, eso es lo que se les quiere enseñar–; se resisten con un argumento que, de base, no es de recibo –el derecho inalienable de los padres a maleducar a sus hijos–, además de otros mil que no resisten al mínimo de evidencia científica –en El Mostrador hicieron un recopilatorio de estudios que, por lo demás, son bastante machistas también, ¿qué significa eso de «más femenino» y por qué celebramos que los hijos de las parejas homosexuales repitan los malos roles de los hijos de las parejas heterosexuales?, pero, bueno, en el fondo transmiten la normalidad del funcionamiento de esas parejas dentro de nuestro sistema–.

Junto con esa educación, junto con los cambios y las reivindicaciones en todas las esferas –desde las calles hasta todo lo demás–, hace falta todo gesto en favor de la igualdad que se haga.

Etiquetas: [Actualidad en General]  [Estados Unidos]  [machismo]  [Trump]  
Fecha Publicación: 2017-02-10T14:39:37Z

Es increíble lo ciegos que podemos ser. Ya sea para defender o para atacar algo. Incluso para darnos cuenta que ya vivimos en esa situación –que criticamos o hemos criticado; en este apartado sin dudas me incluyo más veces de las que me gustaría, pero no por lo que hoy hablaré–. Parece que la opinión publicada –que no pública– se muestra contrariada y horrorizada por el muro que el presidente estadounidense ordena construir y el tema de los visados y la prohibición parcial de refugiados. En la imagen que precede este texto les presento la construcción de «el muro». La fotografía, en la que podemos ver la construcción de un muro de concreto por parte de Naval Mobile Construction Battalions (NMCB) 133 y NMCB-14 en Arizona, fue tomada en 2009 –al ser una foto de la Armada estadounidense, está en dominio público–. No es el que han ordenado, claro, tiene muchos kilómetros de «valla» y otras formas de barreras –unos novecientos kilómetros por ahora, como mínimo–, además de otros tantos de «zonas vigiladas con sensores y otras tecnologías» que serán reemplazados por un material más duro –pueden ver una galería de fotografías de lo que ahora está construido en la frontera en Wikimedia; también pueden usar Google Maps para ver lo que hay construido en muchísimos kilómetros–. [Continúe leyendo en De Igual a Igual.net].

Etiquetas: [Actualidad del Perú]  [Pensamientos]  [elecciones]  [sistema electoral]  
Fecha Publicación: 2017-01-06T15:17:57Z

De unos meses a esta parte, la reforma electoral está presente en Perú con fuerza vinculada normalmente a una modificación simultánea en la legislación de los partidos políticos. En este pequeño espacio me he manifestado tal vez demasiadas veces sobre estos temas, casi siempre contra lo que postula la mayoría de quienes tienen importantes tribunas o responsabilidades en estas materias.

La bicameralidad es un tema recurrente y varias veces discutido (nuevamente en boga, por acá lo he tratado bastantes veces), así como la democracia interna de los partidos políticos (en este momento, moda en España), los requisitos o para su existencia o para que puedan presentarse a las elecciones o la valla (barrera) electoral… en fin, muchos elementos suelen salir, también el voto voluntario o libre (sobre el cual tengo una opinión bastante tajante, la verdad); sobre esos puntos ya he escrito tal vez demasiado y no me muevo mucho de lo que ya dije en las últimas entradas sobre los mismos (alguna cosa matizaría, claro).

¿Hacia un sistema uninominal o mayoritario?

Un politólogo al que sigo bastante, Carlos Meléndez, cuyo tema está vinculado con el electoral, proponía hace un tiempo una serie de reformas profundas (Reformas bicentenario, Nuevas circunscripciones, Sistema binominal y Partidos por impuestos) que cambiarían bastante la lógica actual electoral peruana (lo cual, en principio, no estaría mal). Para centrarnos un poco, Meléndez propone cambiar la asamblea nacional para hacerla más representativa desde dos puntos distintos, por un lado, un cambio en las circunscripciones electorales (unas micro y otras macro, que conviven), siendo estas uninominales o binominales; además, se cambiaría o podría cambiar la forma de elegir a los candidatos (en los binominales, deja abierta la posibilidad de listas cerradas o abiertas a elección del propio partido).

El objetivo principal es el acercar a los electores a sus elegidos, manteniendo un sistema de representación más cercano a la realidad: «crear distritos electorales alrededor de los clústeres económicos existentes», en Nuevas circunscripciones; «dos tipos de distritos según niveles: los “micro” expresan dinámicas al interior de regiones y los “macro” las dinámicas transregionales», en Sistema binominal, donde además se nos señala que este cambio «acercan los legisladores a sus electores, reducen el número de partidos, etc.». Meléndez ve favorable que estas dos legitimidades representadas (micro y macro regional) convivan en una misma cámara, haciendo estéril el debate sobre bicameralidad o unicameralidad (en realidad, más bien, es una forma de defender la unicameralidad de origen mixto, pero sí es participar en este debate, no es plantearlo como una falsa dicotomía, las dos cámaras no solo existen por la diversidad del origen de los parlamentarios, pueden justificarse procedimentalmente también).

Antes de continuar con el politólogo Meléndez, me gustaría saltar por un momento a la columna de Diethell Columbus, Director ejecutivo del Instituto Peruano de Estudios Gubernamentales y Sociales, «La primera reforma electoral ppkausa», que se centra en analizar la propuesta del partido del gobierno, Peruanos por el Kambio (PPK), donde tira también hacia un sistema mayoritario uninominal; fijándonos en la parte de la forma de definir la circunscripción electoral, Columbus asegura que este mecanismo acerca al elegido a sus representados, si bien reconoce que «[…] nada nos garantiza que el sistema uninominal sea la solución a los problemas de representación que tenemos; sin embargo, es preferible arriesgarse con esta propuesta que seguir con un sistema deficiente o que, en el mejor de los casos, cumplió su ciclo». Tenemos, nuevamente, el fundamento de la fiscalización y la relación del elegido con los electores como punto fundamental para apoyar la reforma.

Creo que muchos de estos debates se hacen con la mente demasiado colocada en Lima, por un lado, y en el extranjero, por otro. Me pasa lo segundo sin lugar a dudas (hasta terminológicamente me siento más cómodo con hablar del Congreso como la cámara baja en vez de referirme a todo el parlamento con esa palabra), así pues, cuando hablamos del voto preferente se suele decir que no podemos elegir entre 200 o 400 candidatos, mientras que el uninominal nos lleva a unos pocos, pero la realidad es que al menos en la mayoría del país ya se elige entre unos pocos (son once distritos electorales donde se eligen a tres o menos congresistas, siendo Madre de Dios uninominal)

Hace casi dos años Jaime de Althaus aseguraba, en favor del distrito uninominal y los pocos candidatos: «[el elector e]ntonces puede conocer mejor a los candidatos para escoger mejor, y una vez elegido sabrá quién es su representante, podrá escribirle correos, comunicarle los problemas de su zona, etc. Los canales de representación se restablecen y la democracia se vuelve real, encarnada».

Los objetivos principales, de esta manera, de las reformas propuestas en favor a lo uninominal o lo binominal pasa por la mejora de las relaciones del congresista con los electores, de un mejor funcionamiento de los partidos (tendrán que elegir mejor a sus candidatos, dicen), de una disminución de los partidos (por alianzas para alcanzar la victoria en cada circunscripción, al menos en principio) y de mayor estabilidad (vinculado realmente con los dos puntos anteriores). Meléndez hila más fino al establecer un criterio concreto en la elección de las circunscripciones (que se escapa de la mera población) en dos niveles complementarios, lo que aseguraría una mejor representatividad de los congresistas electos (al menos la base electoral tendría más sentido).

Unas consideraciones prácticas

Antes de ponernos estupendos con el tema de los vínculos entre el elector y el elegido, veamos cómo funciona en la práctica este elemento cuando nos encontramos con autoridades elegidas de manera mayoritaria (presidente de la república, presidentes regionales, alcaldes provinciales y distritales…), ¿existen vínculos como el deseado entre esas autoridades y sus electores? ¿No es un problema fundamental del país el clientelismo? (por cierto, un problema manifestado también en el Congreso y una de las razones por las que se pide la eliminación del voto preferente).

¿Si conocemos quién es nuestro representante podemos escribirle y que él nos conteste? ¡Pero si ya lo conocemos! Sé quiénes son mis 36 representantes, tengo sus correos electrónicos y otras señas de contacto y sé que es absurdo que me comunique con un fujimorista para pedirle lo contrario a lo que su partido (y él mismo) propone. Si tuviera un solo representante, este absurdo se mantiene pero sin posibilidad de acudir a otra persona que pueda estar más cerca a defender mis intereses.

Pero vamos por partes, ¿qué tal funcionan Madre de Dios (uninominal) o los otros distritos binominales que ya existen en Perú (ocho)? ¿Se dan mejor estas relaciones directas? Lo sé, si todos los distritos son así, en realidad el propio sistema incentivaría la práctica de las relaciones… o no, como pasa en la práctica con todas las demás instituciones ejecutivas y mayoritarias. Como ocurre con los consejeros regionales, donde el mayoritario es el sistema que prima absolutamente: de los 274 que hay, 146 se eligieron en circunscripciones uninominales (53,28%) y 82 en distritos binominales (29,93%), esto es, el 83,21% de los elegidos responden al modelo propuesto como mejor y los consejos regionales tienen un serio problema de representatividad (no es solo consecuencia del sistema elegido, sino de la propia cultura política y de las competencias del Consejo Regional; además de la elección de la provincia como circunscripción).

Creo que mi discrepancia está, sobre todo, en el objetivo perseguido: no creo que lo fundamental sea la relación personal (poder comunicarse con el representante electo) como en la representatividad real que se pueda tener; en ningún caso me va a representar alguien que no quería que saliera elegido, la representación se da en sensibilidades y programas, en temas identitarios, que no se resuelven con darle al ganador el cien por ciento de la representación de un distrito o zona. Más allá de que comparto la necesidad de reformular las circunscripciones (algo falla si tienes una de 36 y otra de 1), creo que un sistema mayoritario está pensado para acabar con las discrepancias, con las diferencias fundamentales y ocultar las sensibilidades de las minorías, favorecen un bipartidismo sostenido en el mismo consenso.

En una entrevista a Alfredo Bullard hace ya casi un año, este defendía el sistema uninominal o binominal porque «incentiva[s] las alianzas y el viraje hacia el centro»; como no puede ser de otra forma, estamos ante un objetivo claramente político (toda reforma lo tiene en su base, no son temas técnicos como a veces nos lo quieren presentar), además, el «centro» es como le llamamos al statu quo en realidad; lo que nos está diciendo es que es un sistema que permite que el discurso mayoritario, prosistema, sea una suerte de «discurso único» que a duras penas admite matices (ese es el bipartidismo en el que muchos países viven, mejor o peor). ¿Por qué «incentivar» el «centro» es «bueno»? ¿Por qué queremos crear partidos «atrápalotodo» de difícil definición y lealtad variable para con su propio programa?

Una mirada hacia fuera

¿Por qué presentamos como mejor algo que en realidad oculta otras sensibilidades? No encuentro los enlaces, pero recuerdo las duras críticas a la reforma del sistema parlamentario en Venezuela, que básicamente era dejar la mayoría de los escaños a distritos uninominales.

La práctica de los sistemas uninominales mayoritarios no está tanto en una mejora de la representación sino en la eliminación de las terceras y cuartas fuerzas; en este sentido, ejemplos claros los tenemos en países anglosajones, sea Estados Unidos de América o Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. En EE.UU. han conseguido lo que tanto deseaban: que nos centremos en solo dos partidos para todo (bueno, o casi, de cuándo en cuándo el tercer partido nos sirve como excusa de por qué los demócratas no han ganado en tal o cual colegio electoral, perdiendo así las elecciones en comicios donde, en voto popular, ganaron, como en el 2000 y el 2016). Dos partidos que en todo «lo importante» están de acuerdo o cuyas discrepancias pueden tener que ver más con los intereses locales que con una visión global (más cuando no hay una disciplina de voto estricta).

El caso de Reino Unido nos permite observar la subrepresentación del tercer y cuarto partido, así como dos culturas de voto (para el Parlamento Europeo, que es proporcional, se vota muy distinto; y si el sistema fuera proporcional, la cámara baja no se parecería en nada a la actual pero no nos chocaría el resultado del referendo para la salida de la UE); esto hace que un par de grandes minorías no estén representadas suficientemente en el hemiciclo.

Los dos anteriores son a una vuelta, pero no es la única forma de realizar, así en Francia utilizan un sistema de dos vueltas para elegir su Asamblea Nacional (resultados y explicación para las de 2012), esto permite básicamente excluir al «tercer partido», aunque hablamos de un país con una fuerte dispersión de votos y un sistema de alianzas locales o generales, con lo que se tiende a agruparlos en dos grandes bloques, dejando de lado el resto de partidos. En 2012 lo que permitió fue casi excluir a Front National (FN), que en la primera vuelta consiguió el 13,60% de los votos válidos, quedándose al final con el 0,35% de los representantes de la cámara (2 parlamentarios, ambos obtenidos en la segunda vuelta). Otros partidos también «sufren» la subrepresentación, como el Front de gauche (FG), que con el 6,91% del voto popular en primera vuelta, al final se quedó con el 1,73% de la cámara.

Volviendo a Perú

En el caso peruano pasaría algo similar, estoy convencido (viendo el voto distrital a presidente de la república) o peor, si tenemos en cuenta que en algunos sitios, donde el sistema ya se acerca al uninominal o binominal, gana el voto nulo (Madre de Dios, Pasco y Moquegua… el caso de Madre de Dios casi asusta, la suma de votos nulos y blancos es del 45,35% del voto emitido; cabe decir que en Arequipa, donde se eligen seis, también ganó el nulo y en San Martín -4-, el blanco). Nosotros ya tenemos un problema con la sobrerrepresentación (así, los fujimoristas tienen la mayoría absoluta de la cámara con el 23,63% de los votos emitidos) y con la subrepresentación de las formaciones políticas (traída por la valla electoral; como Meléndez apunta con Cajamarca, pero no solo fue contra Democracia Directa, lo sufrió también Perú Posible; y si usáramos otro método de reparto, se quedó fuera Frente Esperanza cuando pudo entrar).

La desafección a los políticos profesionales no viene tanto por el sistema usado (plurinominal en la mayoría de los casos, uninominal y binominal en nueve) sino por lo que ha sido la práctica tanto dentro de los partidos como cada vez que han alcanzado el poder (legislativo o ejecutivo), junto con un voto obligatorio que simplemente nos deja ver este desinterés en forma de votos nulos y blancos (más del 30% entre esas dos categorías, sin contar ese 18,12% de ausentismo).

La reducción artificial de los partidos políticos (cancelaciones si no se llegan a cierto porcentaje de votos mediante) así como otras obligaciones formales (tener un número altísimo de comités provinciales constituidos a la vez que la constitución del partido, además de querer ponerles más y más requisitos), en vez de favorecer las grandes formaciones con las que sueñan muchos analistas, ha permitido nuevas formas de clientelismo y corrupción, así como la «necesidad» de los partidos de alquiler y alianzas contranaturales solo para atraer votos diversos. Aún así, falta saber para qué queremos grandes maquinarias electorales sin ningún tipo de identidad propia, pues lo que se busca es sumar y sumar y en Perú esto se hace entorno a caudillos.

No sé cómo reducir la representatividad del sistema (llevándolo a uno mayoritario, aunque estén bien definidos las circunscripciones, si son uninominales, solo representan a una parte de las sensibilidades existentes en la circunscripción) puede mejorar un hacer en la política peruana cuya causa principal no se encuentra en el sistema plurinominal sino que está vinculado en nuestra propia cultura política (es esta la que define el sistema electoral, y es el sistema el que perfila la cultura), cuando en la práctica, donde se da este sistema mayoritario o uninominal y binominal no está funcionando nada de lo positivo que parece ofrecer el sistema mayoritario, si bien sus problemas sí se mantienen. No es solo reformar las leyes que rigen los partidos, si los gobiernan los mismos y las viejas formas se ocultan tras las nuevas, no hemos cambiado nada; no es solo modificar la forma en que elegimos, si las opciones no atraen ni a la mitad de los peruanos en muchos casos.

A modo de cierre futuro

Me he dedicado a criticar sin proponer nada, como digo, es un tema que suelo tratar «a la contra», salvo cuando juego con los resultados; para mi gusto al menos una cámara (aceptando que deba existir este tipo de estructura) debe representar cuantas más opciones mejor, esto es, mientras más proporcional sea la cámara, más sensibilidades dentro de la normalidad asimila. Para representar otras minorías se deben buscar, además, fórmulas complementarias (acá entra con sentido un parlamento bicameral o uno unicameral con varias legitimaciones originales), también dar poder real a los entes descentralizados y otras instituciones de representación y participación paralelas, para que el juego no esté únicamente en un parlamento y su relación con un ejecutivo. Pero ya me extenderé en otro momento.