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Etiquetas: [Actualidad del Perú]  [Pensamientos]  [feminismo]  [heteropatriarcado]  [machismo]  [patriarcado]  
Fecha Publicación: 2017-04-24T17:05:26Z

Lo bueno (y malo) de las salas de espera es que se tienen lecturas viejas para ojear en esos ratos muertos en que uno espera (y desespera) una serie de revistas más bien viejillas; además, uno tiene tiempo de detenerse en columnas o páginas que, de otra manera, no hubiese leído. Así me encontré con «Lo que callamos los hombres» (subtitulado «Cuando somos nosotros los que lloramos») de Carlos Galdós, en su sección «Hombre de a pie» (página 70 del Somos de 11 de febrero de 2017, posteriormente publicada en la web de El Comercio). ¿Por qué me pongo a escribir sobre un texto sin ton ni son de hace ya más de un mes? Porque me parece relevante para explicar cómo asumimos con normalidad el machismo.

Carlos Galdós no es un donanadie en nuestro país (a diferencia de quien suscribe estas líneas, por ejemplo), es un importante presentador de TV y locutor de radio, que lleva una sección más o menos desenfadada en Somos (ojeé varias revistas más para «pillarle» el tono, no sea que le haya malinterpretado en el texto del 11 de febrero, y no, por lo visto «así es»).

¿Qué tiene de especial la columna de marras? En realidad, nos relata una anécdota personal en que el autor termina regalando un anillo a su pareja, el cual hurtó al amigo protagonista de la anécdota. «Nada especial» en un hombre que llora por el amor perdido y otro que se aprovecha de la situación.

La cuestión es que el relato trata con absoluta normalidad una serie de elementos que deberían, si tenemos las «gafas violetas» puestas, hacernos saltar en una. Primero, nos hace pasar por buena gente y «normal» que el tipo percherón del grupo se emborrache y monte una bronca a primeras de cambio: porque eso es lo normal, que le perdonemos todo al borracho y que la bronca sea parte de la actividad de los hombres. «Así es», ¿para qué intentar corregir una conducta claramente asocial y disruptiva si es grandote y gana las peleas? (esto último lo asumo, sino ya no saldrían con él).

Dentro de los roles de género que el heteropatriarcado nos marca, a los hombres se nos prohíbe mostrar nuestros sentimientos (más allá de la agresividad), así que tampoco sabemos afrontarlos o trabajar con ellos, individualmente o en nuestro propio grupo. De hecho, dentro de la anécdota el autor pone en el pensamiento de una vecina que si un hombre llora es «maricón» (otro estereotipo marchado propio del machismo). Galdós (espero que por falta de espacio) no critica ni menciona nada de estos temas; sí me alarma que hace parecer a la chica de la historia casi como mala (y no es capaz de confrontar al amigo en ningún momento, de afearle nada, al menos no nos lo cuenta).

Tenemos a un sujeto que no ha sabido aceptar la ruptura (producida un día después de que le comprara un anillo de compromiso… ¿no se dio cuenta de lo mal que iban las cosas o pensó que con eso lo arreglarían? Bueno, a veces estas cosas sí pasan de un día para otro) y acosa a su expareja. La acosa. Al punto que la mujer en cuestión ha pedido al portero de su edificio que no acepte regalos que vengan de su expareja (como flores). El amigo grande no solo es un liante en los bares cuando se emborracha, sino que es un acosador, algo que, por lo visto, no preocupa a Galdós (al menos no lo suficiente como para afear la conducta en la columna que está escribiendo).

El amigo, claramente machista, ni siquiera puede aceptar que la actual pareja de su antigua enamorada sea «chato, horroroso y menor que ella». Los tres elementos están presentes en nuestra cultura machista, así pues, el hombre, para cumplir sus funciones de protector-padre, tiene que ser mayor que la mujer (nunca se plantea como algo negativo que él sea mayor que ella, en cambio sí la situación contraria) y, por supuesto, la belleza física que responda al canon es la correcta, más allá de cualquier otra consideración. Luego, encima, destaca que era un «misio», con lo que el rol protector queda aún más dañado.

Podríamos pensar que Galdós solo cuenta una anécdota y destaca comportamientos machistas del otro sin asumirlos como propios, que no necesita tacharlos porque son «evidentes en sí mismos», pero la historia contiene dos elementos que me hacen pensar que más bien ni se ha percatado de eso, que se hace el gracioso siendo al menos tan machista como el amigo:

Como mencioné al principio, el autor engaña al amigo para quedarse con la sortija («bótala […]. No guardes nada que te recuerde a ella») a la par que hace lo mismo con su mujer (primero le dice que el amigo llora por su abuela y luego le regala el dichoso anillo, confesando su falta con un chiste en el propio artículo publicado, para una suerte de humillación pública, imagino).

Y porque llega a esta conclusión: «los hombres también lloramos por amor pero, a diferencia de las mujeres, nosotros sí nos deshacemos de las joyas».

Cabe destacar que no se deshizo de la joya a voluntad propia, que tras un año de separación la llevaba consigo y que no era una alhaja que hubiera recibido en regalo, sino que la iba a regalar (por favor, son dos cosas tremendamente diferentes). Así el autor aprovecha para atacar a todas las mujeres por «quedarse» con las dichosas joyas. Además, su amigo no llora por amor, llora desesperado por una obsesión. El autor, de paso, nos muestra lo mal que gestionamos (que nos enseñan a gestionar) estos temas, al punto que el amigo de referencia del protagonista del relato, esto es, Galdós, durante todo el tiempo (tal vez ya por cansancio del tema, que un año de la misma matraca cansan a cualquiera) ve como una molestia el tener que auxiliar al protagonista (al menos nos lo relata así), es incapaz de buscar la ayuda de una tercera persona (su mujer, ahí arriba), sentir empatía (todo el tiempo es una visita a la que hay que soportar y darle puerta en cuanto se pueda) o mostrarse mínimamente solidario, al punto que engaña al amigo por la sortija de marras.

Este tipo de artículos, y que no salten las alarmas ante su contenido, simplemente muestran la necesidad de una consciencia feminista amplia, esas gafas violetas para ver y entender la realidad. Eso y que debemos romper ya los moldes impuestos por el machismo si queremos ser personas sanas en cuanto a nuestros propios sentimientos y la forma de relacionarnos con otros.

Etiquetas: [Actualidad en General]  [elecciones]  [elecciones presidenciales]  [francia]  
Fecha Publicación: 2017-04-24T11:13:23Z

El Parti socialiste (PS), de François Hollande (actual presidente de Francia), con Benoît Hamon como candidato presidencial, se desploma hasta el quinto lugar con un 6,35% (algo menos de 2,3 millones).

Con el voto muy distribuido, el social-liberal Emmanuel Macron de la recién fundada Association pour le renouvellement de la vie politique, que se presentó con el nombre de En Marche! (EM!), se hace con la victoria con el 23,86% de los votos a partidos (algo más de 8,5 millones de votos). La ultraderechista Marine Le Pen, del Front national (FN), consigue que su formación pase a la segunda vuelta por segunda vez (su padre en 2002), aunque con el mejor resultado de su formación (casi 7,7 millones de votos, 21,43%, 3,5 puntos más que en 2012). [continúe leyendo en Elecciones – De Igual a Igual].

Etiquetas: [Actualidad en General]  [csonu]  [Estados Unidos]  [eua]  [guerra]  [historia]  [militarismo]  [onu]  [otan]  [Trump]  
Fecha Publicación: 2017-03-27T22:23:58Z

El presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, justifica el aumento desmesurado en el gasto militar en que ahora Estados Unidos pierde guerras cuando antes era una potencia invencible. Alega que es falta de recursos y una política blanda (ambos puntos, por lo demás, falsos). Vamos a comenzar con un dato importante: Estados Unidos casi siempre gana. Esta es una constante a lo largo de su historia, donde cabe matizar y analizar mucho, claro (qué tipo de conflictos afronta, cuándo entra en los mismos, su papel antes y después y cuáles son sus aliados), pero acá vamos a simplificar todo de forma grosera y simplista.

Antes de continuar, voy a cometer un error común en los artículos de opinión, volver una anécdota una especie de «prueba», pero no me resisto a contarla. Como muchos otros peruanos, tengo bastante familia en Estados Unidos a la que veo más bien poquísimo. Una de las veces, hablando con uno de mis primos más o menos de mi edad (aún en el colegio), me aseguraba y perjuraba que Estados Unidos había ganado las guerras de Vietnam y Corea. Él decía que así se lo habían enseñado en el colegio y yo le respondía que lo había entendido mal. Esta anécdota la he tenido con otros estadounidenses, así que comencé a creer que tienen una visión de la propia historia un poco trastocada. Uno ve el cine de los ochenta y resulta imposible pensar que en Vietnam en realidad fueron derrotados (si ves el de los setenta, en cambio, sí te lo crees, resulta inevitable ver la derrota). Acá podríamos hablar de cómo se transmite el conocimiento, una situación real y todo eso… (Hablando de dar noticias, acá sobre el terrorismo que lo es y el que no lo es). En este artículo me centraré en las «guerras abiertas», no en los apoyos a golpes y similares, cuya lista sería extremadamente larga y no siempre fiable.

Afganistán e Iraq se ponen como guerras «perdidas» por Estados Unidos, al igual que Siria (aunque esta se encuentra en curso). Pero vamos a realizar un pequeño repaso de las últimas guerras en que Estados Unidos ha tenido un papel de parte, y que, en su caso, forman parte de la historia reciente para Trump (nacido en 1946). Estados Unidos fue una de las potencias vencedoras de las dos guerras mundiales, el país, además, también había ocupado Nicaragua (intervenciones continuas, como la de 1912 y luego una ocupación efectiva de 1927 hasta 1933), en periodos similares (1915-1934) las tropas estadounidenses conquistaron Haití, y ganado contra México (durante la revolución mexicana, 1910-1920, Estados Unidos intervino constantemente, tuvieron también una guerra fronteriza, que acabó en la batalla de Juárez), además de que su presencia colonial en Cuba había acabado con el levantamiento de los Independientes de Color (1912), entre otros conflictos dentro de las llamadas guerras bananeras (mediados S. XIX hasta 1934).(Por cierto, para un artículo centrado en las intervenciones de EUA en América, les recomiendo «Cronología: intervenciones militares de EE.UU. en América Latina» en Voltairenet).

Solo una guerra en todo este periodo se puede considerar «derrota», aunque creo que directamente se cuenta poco. Durante la primera guerra mundial se produjo un hecho excesivamente importante que marcaría buena parte del S. XX, esto es, la revolución rusa. Durante la guerra civil (1917-1923) los «aliados» se lanzaron de cabeza en apoyar a los zaristas del ejército blanco, en concreto, Estados Unidos mandó entre 11 mil y 13 mil tropas al país euroasiático; el ejército estadounidense, como la mayoría de los aliados, se retiraron en 1920. Pero, dado el contexto, es difícil verlo como una gran derrota de los aliados.

La guerra de corea (aunque técnicamente no ha acabado, la situamos entre 1950 y 1953) fue el primer gran conflicto de la guerra fría. Estados Unidos y la URSS se dividieron la península coreana, arrebatada al invasor japonés dentro de la II GM. La URSS consideraba que toda la península era del estado socialista afincado en el norte, mientras que EUA veía claro que el paralelo 38º era la separación del país. Norcorea atacó el sur, lo cual da una victoria al bando aliado de Estados Unidos (que participaba muy activamente), inmediatamente Corea del Sur atacó el norte con la intención de echar a los comunistas, en esta ocasión, Corea del Norte resultó victoriosa (con la ayuda de China, la URSS y Mongolia). A veces se pone como «empate» (la situación quedó como justo antes de la guerra), pero no podemos obviar que hubo una clara victoria (repelieron el ataque) y una clara derrota (no consiguieron conquistar Corea del Norte) para Estados Unidos. Ese conflicto hoy sigue teniendo serias consecuencias. Trump debió estudiar esto en el colegio, no creo que diga que fue una victoria de su país (a diferencia de la a veces llamada de forma exagerada segunda guerra de Corea, de 1966 a 1969, que más bien fueron escaramuzas en la frontera, con un joven Trump de 20 años que pidió prórroga por estudios para no alistarse en el ejército; para la guerra de Vietnam, el actual presidente se salvó por un tema médico poco claro).

Oriente próximo es un área geográfica donde poco a poco encontraremos más a las fuerzas estadounidenses, demostrando que no es tanto el integrismo islamista lo que les molesta, sino unos intereses geoestratégicos y económicos lo que les guían (así Arabia Saudí, por poner un sangrante ejemplo, es un gran aliado). En 1958 en Líbano comenzó una guerra civil entre los panarabistas y el gobierno, donde el gobierno pidió asistencia a Estados Unidos que, entre otras cosas, tomó el aeropuerto de Beirut. Cuando la guerra acabó -con victoria del gobierno libanés-, EUA retiró sus tropas. ¿Por qué este pequeño conflicto es importante? Porque fue una de las primeras aplicaciones práctica de la Doctrina Eisenhower (o Doctrina Dulles), donde Estados Unidos definiría su política exterior en la zona como la intervención en cualquier conflicto donde viera la amenaza comunista. A Líbano volverían de la mano de una fuerza internacional de la ONU durante la larga guerra civil (1975-1990, que finalizó con el acuerdo de Taif), fue una intervención bastante puntual en un largo conflicto, consiguiendo sus objetivos (la retirada de la OLP y pararon en gran medida a los contrarios), aunque ni pararon la guerra ni la ocupación Siria, pero se considera victoria porque fueron para lo que fueron.

Cuando Donald Trump tenía unos 15 años, en 1961, se produjo una nueva derrota de su país: la invasión a la Bahía de los Cochinos fracasó estrepitosamente. Estaba dudando si incluir este hecho entre las guerras abiertas o no, entre otras cosas porque la participación estadounidense no se hizo con «tropa propia», pero fue tal su intervención que esa Brigada de Asalto 2506 se puede considerar sin mucho problema una tropa plenamente estadounidense (no fue el gobierno de EUA apoyando a un grupo insurgente o descontento, fue EUA armando una brigada, entrenándola, preparando el plan y dándole todo el armamento).

Estados Unidos apoyó, pero no participo directamente, en la Guerra de Indochina del protectorado francés (Unión Indochina hasta 1946, y desde esa fecha la Federación Indochina), contra fuerzas nacionalistas y comunistas (como el Viet Minh, Khmer Issarak o Jemeres Issarak y Pathet Lao; fue Ho Chi Minh, finalmente, quien inició el conflicto directo al ver que ni la abdicación de Bao Dai, emperador de Vietnam, en favor de Ho Chi Minh, era reconocida por los franceses, cuando, en la práctica, Vietnam del norte ya existía… finalmente la URSS reconoce a este Estado y se lía). El resultado es de todos conocido, los franceses comienzan la retirada en 1954, los reinos de Laos y Camboya quedan independizados y se decide partir Vietnam en dos, siendo el norte controlado por el Viet Minh de Ho Chi Minh; la idea es que, en un año tras la retirada francesa, se tenía que celebrar un referendo en ambos estados para ver si se unificaban o no lo hacían; en Vietnam del Sur se produjo una suerte de golpe de Estado (con Ngo Dinh Diem a la cabeza, quien, además, fue apoyado por Estados Unidos) con fraude electoral, se echa a la monarquía de Bao Dai (en el referendo, en algunos distritos, hubo muchos más votos que personas registradas). El gobierno de Diem era una dictadura disfrazada de democracia, que usaba fuerzas paramilitares en el juego sucio contra la oposición.

En el sur se monta el popular Viet Cong (o Frente Nacional de Liberación de Vietnam, FNLV), a cuyos miembros conocemos rápidamente como «Charlie», gracias a que nuestro imaginario está forjado desde el punto de vista cinematográfico estadounidense. La guerra de Vietnam fue larga y dura (1955 a 1975). Vietnam del Norte estaba apoyada por la URSS y China, mientras que Vietnam del Sur lo estuvo por Estados Unidos y otros aliados (de hecho, EUA inició la campaña Más Banderas con el objetivo de agrupar la mayor cantidad de países «libres» contra el Viet Cong, aunque solo fuera un apoyo mínimo, como fue el caso de los 13 médicos militares enviados por la dictadura española de Francisco Franco). EUA estuvo al lado de Vietnam del Sur independientemente de su gobierno (así, la dictadura de facto de Diam acabó con un golpe militar en contra de él, donde fue asesinado, seguido de una dictadura militar, sucedida por un gobierno civil títere de los militares, aunque el gobierno civil se medio impuso finalmente; la represión seguía, eso sí). Estados Unidos no entró, con tropas, desde el comienzo en la guerra (los primeros grandes combates en que participaron fue en 1965), también intentó salir sin reconocer la derrota (con el programa iniciado por Nixon en 1970 de Vietnamización de la guerra, que era volver a la fase de entrenamiento y apoyo a las tropas vietnamitas mientras retiraba las estadounidenses). Esta política no resultó como se esperaba, la guerra se extendió por la península y los bombardeos por parte de EUA crecieron sin demasiado efecto… El alto al fuego de París supuso una detención temporal de la guerra y la salida de Estados Unidos de la misma; en ese acuerdo Vietnam del Sur debía realizar unas elecciones que nunca llevó a cabo; Nixon había renunciado a la presidencia estadounidense (Watergate) y Gerald Ford quería dar carpetazo a esa guerra que tanto afectó a la moral estadounidense (así que la ayuda prometida a los socios indochinos del sur nunca se ejecutaría), dos años después la derrota de Vietnam del Sur era definitiva y al poco tiempo la reunificación se consolidó (1976). Esta fue una gran guerra, con millones de muertos, donde casi sesenta mil fueron tropas estadounidenses, más de trescientos mil heridos volvieron a Estados Unidos generando un clima social desfavorable y conflictivo (muy aprovechado por la derecha, finalmente).

Mientras ocurría esta larga guerra, también hubo otras. Algunas bien cercanas, como la guerra de guerrillas de Tailandia (1965-1983) donde la participación estadounidense casi llega a las 25 mil tropas… a medias realmente; los Estados Unidos tenía a buena parte de su fuerza aérea, concentrada en atacar Vietnam, en Tailandia, la cual sufrió ataques de la guerrilla comunista pero, por lo visto, el conflicto no les interesaba demasiado. Sí daban armas, ayudaban y tal, pero no parece que intervinieran demasiado.

1965 fue un año especialmente movido, así Estados Unidos intervino en la guerra civil dominicana (conocida como revolución del 65 o revolución de abril) con 42 marines y algo más de otras fuerzas, apoyaron al triunvirato militar-golpista (y os gobiernos represivos siguientes) en contra de los constitucionalistas (también apoyaron el siguiente fraude electoral que llevó a Balaguer al triunfo en el 66, un hijo aventajado de Trujillo). Las tropas estadounidenses se quedaron algo más de un año en el país dentro de la Operación Power Pack; no pidieron permiso para entrar o quedarse, ellos simplemente argumentaron que pretendían evitar que la República Dominicana «se vuelva comunista». La OEA intervino luego, tras el «aviso» de EUA llegaron a un acuerdo para montar una Fuerza Internacional que, entre otras cosas, suponía la reducción de la presencia militar estadounidense.

Con una excusa un poco débil, el gobierno de Estados Unidos decidió invadir Panamá para «arrestar» a Noriega en 1990. Recordemos que Noriega siempre fue un agente o colaborador de la CIA (a veces, cuando en Estados Unidos se exigía a su propio gobierno hacer algo contra ese señor, el director de la CIA salía en su defensa, como tuvo que hacer Casey), aunque desde 1984 la relación con el militar venía deteriorándose, por hechos como el cierre de la Escuela de las Américas, entre otros muchos. La intervención ni fue respaldada ni condenada por la ONU o la OEA o nadie… era el patio de recreo de Estados Unidos. La guerra fue rápida, EUA venció, arrestó a Noriega y declaró presidente a Endara (quien había ganado las elecciones del 89). Estados Unidos se quedó en el país y controló el canal hasta 1999 (cumpliendo unos tratados del 77).

A veces se metían, sin más, en otras guerras, como cuando entraron en la guerra de Irán con Iraq (1980-1988), donde apoyó a Iraq con protección para sus petroleros (y los de Kuwait); esto lo acompañaban con ataques a objetivos iraníes, claro. Pocos años más tarde vendría la Guerra del Golfo u Operación Tormenta del Desierto (1990-1991), Iraq pasó a ser el malo de la película y una fuerza internacional, donde destacaban Estados Unidos y Arabia Saudí acabaron con una derrota más o menos rápida de las tropas de Saddam Hussein, desde ahí sería uno de los malos de las películas, con sus infraestructuras rotas y sanciones varias.

En 1991 comenzó una guerra civil que aún continúa, la de Somalia. La ONU mandó una fuerza de paz entre 1992 y 1995 (la UNOSOM I), que no tuvo éxito en capturar a Mohamed Farrah Aidid, ni en pacificar el país ni en nada. En el 95 se retiraron (sobre todo porque los estadounidenses se fueron). Esta también se puede considerar una derrota, aunque tampoco es que Estados Unidos se implicara al ciento por ciento. En 2007 Estados Unidos vuelve a intervenir militarmente, realizando una serie de bombardeos se supone que persiguiendo a miembros de Al Qaeda, sin lograr, por lo visto, su objetivo.

En los movidos Balcanes, Estados Unidos ha metido su mano de forma más directa o indirecta. Dentro del proceso de disolución de Yugoslavia, la OTAN intervino directamente en la Guerra de Bosnia (1992-1995). En el 91 la aún Yugoslavia fue sancionada por el Consejo de Seguridad con un embargo de armas, en Estados Unidos no andaban contentos, querían seguir mandando armamento a Bosnia (el Congreso votó a favor de pedir el levantamiento del embargo, algo que Clinton vetó como presidente, aún así, siguieron mandando armas vía Croacia de forma irregular). La guerra acabó con los Acuerdos de Dayton, donde, entre otras cosas, la IFOR de la OTAN ganaba protagonismo. EUA también participó activamente en la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR). Más adelante, Estados Unidos entraría en otra guerra con Yugoslavia, esta vez por Kósovo (1998-1999), de hecho, los ataques de la OTAN (básicamente EUA) sobre la RFY comenzaron en marzo del 99. Una victoria del bando de Estados Unidos sin duda (finalmente Kósovo se ha independizado aunque no todos los países lo reconocen, comenzando por la propia Serbia).

En otros conflictos con victorias para el bando de los Estados Unidos, este país brindó unos apoyos menores, como en la Rebelión de Simba en 1964 (en lo que ahora es la República Democrática del Congo), lo más interesante de esta acción es que el débil gobierno fue derribado con el apoyo del propio Estados Unidos, subiendo al poder el dictador Mobutu Sese Seko. En la segunda guerra de Shaba (antes y después llamada Katanga) en 1978, EUA vuelve a dar un apoyo más bien pequeño (5 aviones) a la dictadura de Zaire (antes Congo), donde los principales aliados los tenía en belgas y franceses (en la primera guerra de Shaba el apoyo de EUA fue sin tropas de ningún tipo, curiosamente coincidió en el mismo con China, teniendo a la URSS apoyando al otro bando). En 1983 el ejército de Estados Unidos tomó Granada, país de más o menos reciente independencia que acababa de sufrir un golpe de estado por parte de Bishop (con el apoyo de Cuba). Entre 1994 y 1995 se desarrolló la Operación Uphold Democracy, donde Estados Unidos participó en una fuerza de la ONU que intervino en Haití, derrocando a los gobiernos títeres surgidos tras el golpe de unos años atrás, para devolverle el país a Jean-Bertrand Aristide. Por lo que se suele decir, esta misión de la ONU estuvo bien planificada y ejecutada. En el norte de África, un enemigo que se volvió amigo retornó a su posición de enemigo y, con la organización desde la ONU, se invadió rápidamente Libia en 2011. Esta rápida invasión tuvo consecuencias nefastas para el país, abandonado a su suerte… al final han vuelto a intervenir (en 2016) para luchar contra el EIIL.

Pero llegamos a la madre del cordero y tal vez al gran conflicto que tiene en mente Trump cuando habla de «antes ganábamos y ahora ya no», que es la llamada «Guerra contra el terrorismo». Creo que voy a comenzar precisando algunas cosas: estamos metiendo en el mismo saco una serie de acciones y guerras realmente diferenciadas, muchas de ellas han acabado con un claro triunfo de Estados Unidos y sus aliados, pero las consecuencias (incluyendo la victoria) están lejos de lo que en el imaginario estadounidense o les han salido rana, en gran medida porque se está planteando como una guerra convencional lo que evidentemente no lo es, donde no estamos ante un conflicto «entre Estados» sino una entelequia donde toda acción militar cabe siempre y cuando se señale al otro como «terrorista» (un poco como cuando se habla de «guerra contra la droga» o «guerra contra el hambre»). Aprovecho para recomendarles «La “guerra contra el terrorismo”, el derecho internacional humanitario y el estatuto de prisionero de guerra» de Marco Sassòli (2003) y «Tras 15 años de guerra contra el terrorismo, ¿estamos más seguros?» de Parag Khanna y Robert Muggah (2016). Es una guerra cuya victoria es tan esquiva como encontrar al «verdadero escocés» en esa falacia tan conocida.

La gran vergüenza del Consejo de Seguridad en cuanto a sus resoluciones que permiten o autorizan el uso de la fuerza la encontramos en las brevísimas que sirvieron como una suerte carta blanca a Estados Unidos para tomar la justicia por su mano y vengar los atentados del 11 de septiembre invadiendo Afganistán, como la 1378 (2001). En el pasado, EUA había apoyado a los señores de la guerra de Afganistán para echar a los soviéticos (años ochenta), pero pronto se les fue de las manos una situación en que los talibanes, de facto, habían tomado el control del país y se estaban organizando nuevas modalidades de terrorismo (en concreto, unos entrenados por ellos previamente), Estados Unidos ya había bombardeado campos de Al Qaeda en 1999 y conseguido resoluciones por parte del CSONU en contra de la organización y el país. Tras los atentados contra varios objetivos estadounidenses, el gigante americano inició, con unos pocos aliados, la invasión a Afganistán, cambio de gobierno y tal. Luego vino el Consejo de Seguridad, dando una suerte de visto bueno a lo que fue una invasión en toda regla, y montó una fuerza internacional para consolidar el cambio de mando y continuar con la guerra, la ISAF, por sus siglas en inglés, montada mediante la resolución nº 1386 (2001). Esta fuerza estaba comandada por los aliados de Estados Unidos y luego la organiza la propia OTAN (donde manda Estados Unidos). La guerra fue mucho más larga de lo esperado (2001-2014), pero no podemos negar que fue una victoria (agridulce, pero victoria) de los Estados Unidos. ¿Que no erradicaron el «terrorismo internacional»? ¡Claro que no! Pero es que ese objetivo era imposible con una acción militar como la emprendida. De hecho, la guerra «volvió» a comenzar, ahora con tintes de civil, esto es, el gobierno contra los talibanes y el llamado Estado Islámico; esta fase es una guerra distinta de la anterior, aunque absolutamente vinculada, claro.

Dentro de este contexto de «guerra contra el terror» (excusas) encontramos una a no tantos kilómetros de la desplegada en Afganistán, nuevamente Iraq vería un largo conflicto que parecía que sería rápido. Así pues, con todas las mentiras habidas y por haber, falseando informes y contra toda indicación, Estados Unidos y sus pocos aliados (en ese primer momento, luego todos se sumaron a la «reconstrucción») invadió Iraq (2003) en una guerra relámpago en la que acabaron con el régimen de Saddam Husein; este hecho fue realizado de espaldas a la ONU, ni siquiera participó la OTAN como tal. Y comenzó la guerra, que será larga y penosa (2003-2011), el problema es que en esta ocasión fue EUA quien llevó el terrorismo a un país que no tenía vínculos con el mismo, Al Qaeda se asentó y, tras su derrota, el llamado Estado Islámico se levantó. Iraq pasó de ser un país con pocos atentados terroristas a encabezar las estadísticas. En lo político, los aliados de EUA y este ya habían conseguido sus principales objetivos, y se veía que en lo económico poco podían rascar más de lo que estaban haciendo, así que se retiraron. El problema se lo dejaron a los iraquíes, la victoria real, basada en las mentiras, era de EUA; una victoria pírrica como se ve en los siguientes acontecimientos (y mucho de lo que pasa en Siria tiene que ver con esta guerra). Esta guerra es un estupendo ejemplo de cómo la guerra genera guerras.

La «guerra contra el terrorismo» se extiende en varios conflictos, con implicación mayor o menor de Estados Unidos, así tenemos el de Paquistán (en el noroeste, desde el 2004, en curso), la nueva fase en Afganistán y, por supuesto, la «guerra contra el Estado Islámico de Iraq y el Levante» (EIIL, Dáesh o Daish; en ningún caso ISIS) que viene desarrollándose desde el 2014. El caldo de cultivo de esta última es pura y dura marca estadounidense, son los remanentes del odio de sus anteriores guerras y lo mal que hicieron las cosas. El «Estado Islámico» no se comporta como un Estado propiamente dicho y ha cambiado la forma de extender su guerra.

A modo de cierre

Cuando Trump dice que antes ganaban todas las guerras y ahora no, no sé a qué se refiere exactamente; puedo imaginarme que en su cabeza tiene todo lo que pasa en Afganistán, Iraq, Siria y demás, en guerras que se están alargando (pero tampoco más que otros conflictos en que se ha enfrascado) o que al cierre vienen con nueva fuerza y partes distintas, pero parecidas.

No, no es un tema de meter más dinero ni más armamento (cada vez las intervenciones son más caras), ni siquiera de mandar más gente. Y es algo que Trump no entiende. Es algo que no comprendieron ni en Corea ni en Vietnam (dos derrotas en la juventud de Trump, miente si se refiere a esa época como de pura victoria para el bando estadounidense). El actual presidente de Estados Unidos es consciente, debe serlo, de que básicamente todas las guerras las gana Estados Unidos (en este repaso son pocas sus derrotas), pero muchas veces las consecuencias de una victoria son dolorosas y generan mucho más en lo negativo que en lo positivo.

Este es un tema de control, poder y dinero, no de defensa de la democracia (no es por nada, pero la cantidad de veces que EUA ha puesto a un dictador o le ha defendido nos podría ocupar varios artículos como este) ni nada que se le parezca, no nos engañemos tampoco con eso.

 

Etiquetas: [Actualidad de España]  [partidos políticos]  [sistema de partidos]  
Fecha Publicación: 2017-03-17T19:02:48Z

En los sistemas representativos como el español, una cosa son los partidos y otra muy distinta los votantes. En realidad, hay pocas razones por las cuales participar en un partido político; ahora tal vez un poco más cuando los procesos internos se han abierto un poco (al menos un poquito) y ya el militante puede decir algo (antes la pescadilla que se mordía la cola era muy descarada, entre los militantes las cabezas de los partidos elegían a los que iban a los congresos y estos votaban a las direcciones, con lo que pocas sorpresas se daban en las grandes formaciones). Pero, una vez abierta esta historia, resulta que los partidos tienen cifras de afiliados realmente bajas; y unos censos más bien inflados.

A Podemos, que favorece mucho el que cualquiera se inscriba y los procesos de participación, se le suele señalar como una formación que al final tiene baja participación, con lo que «tendría» su censo bien inflado. Así, en Vistalegre II, donde se jugaban el proyecto del partido con dos machos alfa en competencia plena (estas cosas animan la participación, se supone), el 33,12% del censo electoral (un poco depurado para la ocasión) votó, en cifra absoluta: 151340. Este dato de votos internos, por cierto, es superior a las primeras primarias del PSOE, esas del 2014 donde ganó Pedro Sánchez (con el apoyo de Susana Díaz), aunque peor en el porcentaje; los casi 130 mil votos supusieron más o menos el 66% de participación. Ese censo, de todas maneras, es increíblemente pequeño para un partido histórico, que ha gobernado España en varias ocasiones, que tenía y tiene gobiernos autonómicos, y que hasta hace no demasiado tiempo (bueno, tal vez ya demasiado), tenía acuerdo de doble militancia con uno de los dos principales sindicatos (UGT).

El Partido Popular nos contaba las maravillas de su sistema y la cantidad de afiliados que tenían; sacaban pecho de los más de ochocientos mil afiliados, siendo con mucho el mayor partido de España. Hace nada han reelegido a Mariano Rajoy (con un sistema, cuando menos, complejo) como líder y a la vez como candidato a la presidencia del gobierno (en el anterior Congreso decidieron que, para evitar complicaciones, siempre uno era el otro). Se supone que para ese Congreso todos los militantes, previamente, habían votado representantes (sin mandato alguno, puesto que aún no habían candidatos, cabe matizar), pero, oh sorpresa, cuando se abren los procesos de primarias en las agrupaciones autonómicas, resulta que el censo no estaba nada actualizado (¿cómo se votó previamente a los representantes en el Congreso?) y las cifras de participación no serán buenas, no pueden serlo.

Un botón de muestra: la agrupación leonesa del PP contaba con más de 13 mil afiliados (nada mal), estos tenían que manifestar su intención de votar, ya los activos bajaron a unos 1550 (casi el 12%) y cuando han visto quién anda al día en la cuota (que es a quien se le puede considerar «de derecho» afiliado con derecho a voto -como extra: dieron un plazo para que los afiliados se pusieran al día con las cuotas, lo cual estuvo bien y por lo visto ha supuesto una inyección extra de dinero-) la cifra del censo leonés se ha quedado en 616 (4,61%). Resumiendo lo que ocurre en Castilla y León, una de las pocas comunidades donde sí hay un enfrentamiento de dos personalidades (el alcalde de Salamanca contra el de León, ambos defienden el mismo proyecto y son hijos del mismo Herrera), al final resulta que sus más de 50 mil afiliados no llegan a 7 mil personas con derecho a voto (6845, en concreto), lo que supone de partida unas primarias donde participarán, como mucho, el 13,37% de los que ellos pensaban que tenían afiliados (en el caso de este partido, además de estar afiliado hay que inscribirse en el censo electoral). Lo que está pasando en Castilla y León no es «raro», en Madrid, con Cifuentes como gran promotora interna de las primarias, se han topado con que se inscribieron para votar el 11,52% de los afiliados apuntados (10888 de 94511), en Valencia fue bastante peor, solo el 5,41% (8052 de 148711) y en Canarias, de los 42 mil afiliados, votaron 3738 (8,9%). Los 800 mil afiliados son una acumulación nunca corregida ni actualizada de quienes alguna vez se han hecho el carné del partido (imagino que es como el censo de bautismos de la Iglesia Católica).

Un partido que no es nuevo, Ciudadanos, pero sí recientemente «importante», sacaba pecho de ser la regeneración democrática para descubrir que no solo tiene un censo electoral pequeño (poco más de 20 mil afiliados en toda España), sino que, al faltar chicha y todo ser tan plano, tampoco participan mucho (34,3%, menos de 7 mil votos emitidos). Albert Rivera se vio coronado por una abrumadora mayoría (hasta cuatro días antes parecía que directamente no tendría competencia) votado por una increíble minoría.

Este problema de «mucho número y poca participación» está muy generalizado, no solo afecta a los partidos políticos, es uno de los grandes males de las asociaciones y de ahí para arriba, contando los principales sindicatos y demás. No es raro, estamos acostumbrados a ser meros consumidores pasivos de todo; incluso hoy en día que se habla tanto del consumidor-creador, donde cualquiera puede «crear y compartir contenido» (que es básicamente lo que estoy haciendo ahora), la realidad tozuda es de unos pocos creando y muchos mirando (como en las obras públicas). Nos insisten en un individualismo competitivo completamente arbitrario, donde nuestro igual es, ante todo, el enemigo; donde la participación política es exclusivamente por interés privado (por favor, ¿cuántas veces el político tal salió diciendo que hasta perdía dinero por dedicarse a lo público y luego terminó reconociendo que le pagaban un sobresueldo en sobres?, y estos casos son los menos alarmantes); donde uno se apunta por un beneficio (la importancia de tener carné) pero, en verdad, no estás para responsabilizarte de nada. Luego nos extrañamos del problema del polizón…

Si bien es un problema generalizado en nuestra sociedad, cabe indicar que es doblemente grave en organizaciones que tienen como fin el concurrir «a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política», además de tener que funcionar de forma democrática (art. 6 de la Constitución española, ni más ni menos); aunque esto segundo no lo comparto (y eso que se ha entendido de forma muy laxa), en tanto que puede ser contrario a la propia ideología política del partido (con lo que la estructura no respondería al ideario; normalmente esto ocurre pero por lo contrario, hablan de democracia pero no se la aplican)… pero me salgo del tema, es grave que las organizaciones cuya propia esencia están en la participación y creación de un proyecto común se vean incapaces de movilizar masas críticas de población, de plantear discusiones y cumplir con su cometido, en vez de generar máquinas meramente electorales para que cuatro se coloquen donde pueden y promuevan, desde ahí, sus propias agendas. Pero no solo se ven incapaces, es que en algunos casos, realmente no quieren nada de eso y se justifican plácidamente en que sus votantes y sus afiliados no son lo mismo, que sus simpatizantes no están «ideologizados» y que apoyan al proyecto sin importar quién mande (olvidando un matiz importante: el proyecto de esa misma formación depende de quién manda, pues es quien lo define); en el fondo, lo único que quieren es que les voten cada cuatro años y no que se metan en la vida interna del partido. No quieren militantes, quieren «fans».

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Fecha Publicación: 2017-03-16T14:27:25Z

Al 95% escrutado, el primer ministro Mark Rutte vuelve a ganar las elecciones al frente del Volkspartij voor Vrijheid en Democratie (Partido Popular por la Libertad y la Democracia, VVD).

Captura de pantalla de NOS

Se elegían 150 escaños para la segunda cámara de los Estados Generales de Países Bajos, esta es la que nombra al primer ministro neerlandés.El reparto es proporcional y se decide en una circunscripción única (esto es, todo el país). La participación fue superior al 80% y existe una fuerte dispersión del voto (sin ir más lejos, el partido ganador tiene algo más de un quinto de la cámara con el 21% de los votos). En la cámara habrá 13 partidos, 2 más que los actuales (entran el ultraderechista FvD y el socialdemócrata Denk).

El Partij van de Arbeid (Partido del Trabajo o Partido Laborista, abreviado como PvdA), segunda fuerza política durante muchos años y socio del gobierno, pasa a ser la séptima formación en el parlamento con 9 escaños (en el 2012 tuvo 38). [Continúe leyendo en Elecciones D=a=].

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Fecha Publicación: 2017-03-08T15:45:45Z
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Fecha Publicación: 2017-03-08T04:58:25Z

Es interesante (y triste) que siempre que sale un colectivo con buenos salarios la opinión publicada nos convenza de que no se lo merecen y deberían bajarse. Porque sí. Dicen que ganan más que, por ejemplo, los médicos o los profesores, ¡cómo será posible!; así que en vez de pedir que le suban a médicos y profesores, lo que pedimos es que se lo bajen a los otros. Les llamamos «privilegiados» aunque no tengamos idea de qué hacen, cómo lo hacen o en qué condiciones lo hacen. Da igual, ganan más que nosotros y que los médicos, algo malo habrá. Los distintos gobiernos (locales o nacionales) recurren a mostrarnos los salarios cada vez que tienen un conflicto con algún grupo de trabajadores especialmente movilizados (desde controladores aéreos hasta personal de limpieza de las corporaciones locales, curiosamente también los profesores –¡¡que secuestran a nuestros hijos!!-, últimamente usados de ejemplo como tope para otras profesiones, han sufrido esta presión y sus condiciones se han reducido bajo el aplauso de muchos que ahora reclaman cosas sobre los sueldos de los estibadores). Siempre nos colocamos desde el punto de vista del consumidor, demostrando lo mal que anda el movimiento obrero y nuestra propia consciencia de clase (sí, somos una panda de alienados). [Continúe leyendo en De Igual a Igual].

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Fecha Publicación: 2017-02-10T16:05:04Z

Esta entrada es un poco cajón de sastre de varios temas con distinta gradación de importancia, pero muy mezclados… vaya por delante. –A todo esto, mientras escribía esta entrada, Barbijaputa sacó una nota titulada «Salir a la calle por nosotras y por todas» que más o menos aborda lo mismo que este artículo, pero bastante mejor expuesto que lo que haré a continuación–.

Cada poco vemos noticias en que se consigue un pequeño triunfo o se visibiliza, de forma positiva, lo que está aún tachado por la sociedad de forma negativa. Estoy hablando de esos hechos que significan victorias del movimiento del feminista o del LGBTQI. Cada vez que alguien hace algo para significar o normalizar uno de estos temas, alguien en alguna parte salta que «no hacía falta», casi siempre desde la mentira de «yo no soy machista/homófobo», pero ven mal el triunfo del feminismo o de la igualdad de trato. Es simple, sí son machistas u homófobos y ese hecho lo sienten como un ataque –y lo es a sus privilegios, en el caso de los varones machistas heterosexuales–. Pero vayamos a la mentada frase: «no hacía falta» o «no era necesario».

En la historieta que desarrollaba la historia de un videojuego muy conocido, descubrimos que una de las protagonistas más queridas era lesbiana; no era una historia de «salida del armario», simplemente se veía a la chica celebrando con su pareja, nada más. La homofobia de los comentarios ante tal revelación, que en nada cambian un ápice ni la historia ni al personaje –como el resto de datos triviales expuestos, como gustos sobre tal o cual, relaciones de parentesco, y de los que nadie se quejó con el «no hacía falta saber…»–, dan para muchos pero muchos artículos. Los más groseros acusaban a la compañía de videojuegos de haberles engañado, haciendo que se encariñaran de un personaje para luego descubrirlo como homosexual, pues perseguían una «agenda gay oculta» –en ningún lado se decía que dicho personaje era heterosexual o asexual o… lo que sea–; estos mismos llamaban al boicot al videojuego y a la compañía, siempre, eso sí, manteniendo que no eran homófobos. Estas reacciones las podemos encontrar a lo largo y ancho de todo el globo, no solo en los países usualmente señalados como retrógrados, conservadores, machistas u homófobos.

Teniendo en cuenta los comentarios, a mí me queda claro que un gesto tan simple como mostrar una situación normal en una pareja homosexual hacía falta. Porque aún esas escenas no son normales; porque aún hay gente que se queja cuando un personaje es homosexual, como si fuera un ataque para sí mismo. Porque aún es una situación no normalizada. –Hace no mucho leí un genial artículo cuyo planteamiento era algo así como «si tienes problemas con los personajes homosexuales, el problema eres tú, no los personajes», pero no lo encuentro… cuando pueda lo enlazo–.

En Estados Unidos ha entrado un presidente absolutamente homófobo y machista; en la mayoría de países, los presidentes responden a estas dos características sin ningún problema, aunque el mandatario pertenezca a movimientos más igualitarios –digamos «de izquierdas»– o incluso se considere feminista o hable de feminismo o de protección de los derechos de las minorías LGBTQI –qué lejos están las palabras de los hechos–. Así que, ante esa realidad, claro que hace falta cualquier elemento que nos permita visibilizar la problemática del machismo y la homofobia, o, por otro lado, cuando se muestran situaciones feministas y de tolerancia desde la absoluta normalidad –como hace la historieta del videojuego; como lo hacen muchos cuentos feministas–.

Últimamente se leen muchos artículos que intentan discriminar la paja del trigo en cuanto a los feminismos, así pues, habría un feminismo «bueno» –el de «antes», el de los «votos»– que cumplió su función y aún tiene un par de reductos donde trabajar y un feminismo «radical», «revanchista», que es «malo», como decía un ilustre escritor, un feminismo que no le sirve a sus hijas –¿y eso?–; quienes hacen esta distinción o no saben de historia o no entienden un pimiento o, en realidad, lo que hacen es proteger los privilegios propios del machismo tal vez en una situación de «machismo con rostro humano» –haciendo una analogía con ese «capitalismo de rostro humano» que nos quieren vender como positivo, que simplemente es atar en corto algunos de los peores efectos del capitalismo–, así habría «mujeres como las de antes» exigiendo una «igualdad razonable» o algo así… Les recomiendo leer a Barbijaputa, artículos como «¿Eres feminista o revanchista?» son muy ilustrativos; de los comentarios también se deduce que «hace falta» toda la pedagogía en ese tipo de artículos, la denuncia descarnada también.

En un suceso reciente, un hombre mató a su hijo para hacerle daño a su mujer –o expareja, ya no estoy seguro– a la par que se suicidaba –se lanzó por la ventana del hospital con el bebé en brazos–, unos cuantos medios hablaron de «violencia machista»; esos medios se llenaron de comentarios pidiendo una rectificación en tanto que la muerte era el bebé y el padre y no la mujer, sin darse cuenta de que la causa era «hacer daño a la mujer» –declarada por él, por lo visto–; en esos comentarios también podía leerse reproches del tipo «cuando una mujer mata a sus hijos, lo más habitual, nunca ponen “violencia feminista”» como parte de la queja de llamar «violencia machista» a ese hecho. Descontando la muerte del bebé, lo peor, tal vez, vino de otros medios, que prefirieron tildar de «tragedia» el suceso, hacer perfiles de la pareja, de lo que pasaban los dos y tal, no era posible encontrar en ese medio una denuncia expresa de la muerte –no, por favor, no se excusen en la «objetividad del periodismo», que sabemos como esos medios titulan cuando un terrorista se inmola y mata a una o varias personas–, incluso en alguno se podía leer entre líneas que la culpa la tenía ella, que le provocó el enfado. Nos ha fastidiado mayo con las flores.

En otro suceso terrible, donde un hombre mata a golpes a un niño en Estados Unidos, los medios pusieron fotografías de la madre y titularon cosas como «Permite que su pareja agreda a su hijo hasta la muerte por robar un trozo de tarta», porque la mala siempre es ella, por permitir que le golpeen o que peguen a otro. Un titular imposible si fuera al revés, porque ahí tendríamos clarísimo que quien tiene la culpa es quien agrede, quien mata. No es una anécdota, es la tónica habitual; así pues, cuando hablamos de violencia sexual contra los hijos –propios o de la pareja–, no pocas veces se mira hacia la mujer –normalmente también víctima de ese abusador, algo que se obvia–, se la tacha lo menos que de cómplice y se cargan todas las culpas a ella, por no proteger a su hijo o hija de ese monstruo de hombre.

Ante esos comentarios, ante esa orientación de muchos medios de noticias, queda claro que «hace falta» más feminismo en todos los medios de comunicación y que cualquier acto reivindicativo y de visibilización es justo y necesario, no algo redundante por sabido.

Mientras nos sorprendemos –y no sé bien por qué– de la medida despenalizadora en Rusia –un país con una tasa de feminicidios bastante alta–, donde básicamente se manda a los «delitos privados» toda la violencia de género y machista, donde la primera vez que una agresión machista sea condenable directamente sale gratis –digamos que solo se condenará a quien violente muchas veces, una es para hacer un «pelillos a la mar»–, tenemos que el cuerpo de la mujer sigue siendo vestido por los prejuicios masculinos, en los grandes medios el pezón femenino sigue estando vetado, y no lo digo solo por la veraneante argentina –creo que era– a la que le exigían que se cubriera el pecho –mientras, evidentemente, los varones pueden lucir el suyo–, sino que en las mal llamadas redes sociales las fotografías en que se muestre un pezón femenino son inmediatamente censuradas por dichosos bots que reproducen las reglas heteropatriarcales de nuestras sociedades.

Siguen criminalizando a las víctimas de acoso sexual –como esas mujeres que muestran el pecho y son inmediatamente toqueteadas, como si el descubrirse fuera una invitación a la violencia sexual, ¡cuántos jueces y policías, periodistas y opinólogos, dudan de la inocencia de esa mujer víctima, se le acusa de buscar la violación al andar con minifalda o «sola»–, siguen cerrando los ojos, cuando no aplaudiendo, toda medida represiva contra la mujer, ¡incluso lo argumentan en favor de su liberación! Así que quieren prohibir determinadas prendas femeninas, total, si ya dicen y norman cómo debe vestir la mujer, ¿por qué nos extrañaríamos de que algunas ropas quedaran inmediatamente descartadas del vestuario permitido en público?

Hace falta más educación en igualdad de género. Y hablo de educación. No puede ser que la inclusión en primaria de un tema como la igualdad cause el revuelo y la lucha en la calle como está ocurriendo en Perú –en Útero.pe han hecho un gran seguimiento del tema, pueden acceder a muchas notas desde la búsqueda del lema del grupo homófobo, #conmishijosnotemetas–, donde una serie de padres se quejan de que a sus niños les enseñen o quieran enseñar que ser machistas y homófobos no está bien –señores, eso es lo que se les quiere enseñar–; se resisten con un argumento que, de base, no es de recibo –el derecho inalienable de los padres a maleducar a sus hijos–, además de otros mil que no resisten al mínimo de evidencia científica –en El Mostrador hicieron un recopilatorio de estudios que, por lo demás, son bastante machistas también, ¿qué significa eso de «más femenino» y por qué celebramos que los hijos de las parejas homosexuales repitan los malos roles de los hijos de las parejas heterosexuales?, pero, bueno, en el fondo transmiten la normalidad del funcionamiento de esas parejas dentro de nuestro sistema–.

Junto con esa educación, junto con los cambios y las reivindicaciones en todas las esferas –desde las calles hasta todo lo demás–, hace falta todo gesto en favor de la igualdad que se haga.

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Fecha Publicación: 2017-02-10T14:39:37Z

Es increíble lo ciegos que podemos ser. Ya sea para defender o para atacar algo. Incluso para darnos cuenta que ya vivimos en esa situación –que criticamos o hemos criticado; en este apartado sin dudas me incluyo más veces de las que me gustaría, pero no por lo que hoy hablaré–. Parece que la opinión publicada –que no pública– se muestra contrariada y horrorizada por el muro que el presidente estadounidense ordena construir y el tema de los visados y la prohibición parcial de refugiados. En la imagen que precede este texto les presento la construcción de «el muro». La fotografía, en la que podemos ver la construcción de un muro de concreto por parte de Naval Mobile Construction Battalions (NMCB) 133 y NMCB-14 en Arizona, fue tomada en 2009 –al ser una foto de la Armada estadounidense, está en dominio público–. No es el que han ordenado, claro, tiene muchos kilómetros de «valla» y otras formas de barreras –unos novecientos kilómetros por ahora, como mínimo–, además de otros tantos de «zonas vigiladas con sensores y otras tecnologías» que serán reemplazados por un material más duro –pueden ver una galería de fotografías de lo que ahora está construido en la frontera en Wikimedia; también pueden usar Google Maps para ver lo que hay construido en muchísimos kilómetros–. [Continúe leyendo en De Igual a Igual.net].

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Fecha Publicación: 2017-01-06T15:17:57Z

De unos meses a esta parte, la reforma electoral está presente en Perú con fuerza vinculada normalmente a una modificación simultánea en la legislación de los partidos políticos. En este pequeño espacio me he manifestado tal vez demasiadas veces sobre estos temas, casi siempre contra lo que postula la mayoría de quienes tienen importantes tribunas o responsabilidades en estas materias.

La bicameralidad es un tema recurrente y varias veces discutido (nuevamente en boga, por acá lo he tratado bastantes veces), así como la democracia interna de los partidos políticos (en este momento, moda en España), los requisitos o para su existencia o para que puedan presentarse a las elecciones o la valla (barrera) electoral… en fin, muchos elementos suelen salir, también el voto voluntario o libre (sobre el cual tengo una opinión bastante tajante, la verdad); sobre esos puntos ya he escrito tal vez demasiado y no me muevo mucho de lo que ya dije en las últimas entradas sobre los mismos (alguna cosa matizaría, claro).

¿Hacia un sistema uninominal o mayoritario?

Un politólogo al que sigo bastante, Carlos Meléndez, cuyo tema está vinculado con el electoral, proponía hace un tiempo una serie de reformas profundas (Reformas bicentenario, Nuevas circunscripciones, Sistema binominal y Partidos por impuestos) que cambiarían bastante la lógica actual electoral peruana (lo cual, en principio, no estaría mal). Para centrarnos un poco, Meléndez propone cambiar la asamblea nacional para hacerla más representativa desde dos puntos distintos, por un lado, un cambio en las circunscripciones electorales (unas micro y otras macro, que conviven), siendo estas uninominales o binominales; además, se cambiaría o podría cambiar la forma de elegir a los candidatos (en los binominales, deja abierta la posibilidad de listas cerradas o abiertas a elección del propio partido).

El objetivo principal es el acercar a los electores a sus elegidos, manteniendo un sistema de representación más cercano a la realidad: «crear distritos electorales alrededor de los clústeres económicos existentes», en Nuevas circunscripciones; «dos tipos de distritos según niveles: los “micro” expresan dinámicas al interior de regiones y los “macro” las dinámicas transregionales», en Sistema binominal, donde además se nos señala que este cambio «acercan los legisladores a sus electores, reducen el número de partidos, etc.». Meléndez ve favorable que estas dos legitimidades representadas (micro y macro regional) convivan en una misma cámara, haciendo estéril el debate sobre bicameralidad o unicameralidad (en realidad, más bien, es una forma de defender la unicameralidad de origen mixto, pero sí es participar en este debate, no es plantearlo como una falsa dicotomía, las dos cámaras no solo existen por la diversidad del origen de los parlamentarios, pueden justificarse procedimentalmente también).

Antes de continuar con el politólogo Meléndez, me gustaría saltar por un momento a la columna de Diethell Columbus, Director ejecutivo del Instituto Peruano de Estudios Gubernamentales y Sociales, «La primera reforma electoral ppkausa», que se centra en analizar la propuesta del partido del gobierno, Peruanos por el Kambio (PPK), donde tira también hacia un sistema mayoritario uninominal; fijándonos en la parte de la forma de definir la circunscripción electoral, Columbus asegura que este mecanismo acerca al elegido a sus representados, si bien reconoce que «[…] nada nos garantiza que el sistema uninominal sea la solución a los problemas de representación que tenemos; sin embargo, es preferible arriesgarse con esta propuesta que seguir con un sistema deficiente o que, en el mejor de los casos, cumplió su ciclo». Tenemos, nuevamente, el fundamento de la fiscalización y la relación del elegido con los electores como punto fundamental para apoyar la reforma.

Creo que muchos de estos debates se hacen con la mente demasiado colocada en Lima, por un lado, y en el extranjero, por otro. Me pasa lo segundo sin lugar a dudas (hasta terminológicamente me siento más cómodo con hablar del Congreso como la cámara baja en vez de referirme a todo el parlamento con esa palabra), así pues, cuando hablamos del voto preferente se suele decir que no podemos elegir entre 200 o 400 candidatos, mientras que el uninominal nos lleva a unos pocos, pero la realidad es que al menos en la mayoría del país ya se elige entre unos pocos (son once distritos electorales donde se eligen a tres o menos congresistas, siendo Madre de Dios uninominal)

Hace casi dos años Jaime de Althaus aseguraba, en favor del distrito uninominal y los pocos candidatos: «[el elector e]ntonces puede conocer mejor a los candidatos para escoger mejor, y una vez elegido sabrá quién es su representante, podrá escribirle correos, comunicarle los problemas de su zona, etc. Los canales de representación se restablecen y la democracia se vuelve real, encarnada».

Los objetivos principales, de esta manera, de las reformas propuestas en favor a lo uninominal o lo binominal pasa por la mejora de las relaciones del congresista con los electores, de un mejor funcionamiento de los partidos (tendrán que elegir mejor a sus candidatos, dicen), de una disminución de los partidos (por alianzas para alcanzar la victoria en cada circunscripción, al menos en principio) y de mayor estabilidad (vinculado realmente con los dos puntos anteriores). Meléndez hila más fino al establecer un criterio concreto en la elección de las circunscripciones (que se escapa de la mera población) en dos niveles complementarios, lo que aseguraría una mejor representatividad de los congresistas electos (al menos la base electoral tendría más sentido).

Unas consideraciones prácticas

Antes de ponernos estupendos con el tema de los vínculos entre el elector y el elegido, veamos cómo funciona en la práctica este elemento cuando nos encontramos con autoridades elegidas de manera mayoritaria (presidente de la república, presidentes regionales, alcaldes provinciales y distritales…), ¿existen vínculos como el deseado entre esas autoridades y sus electores? ¿No es un problema fundamental del país el clientelismo? (por cierto, un problema manifestado también en el Congreso y una de las razones por las que se pide la eliminación del voto preferente).

¿Si conocemos quién es nuestro representante podemos escribirle y que él nos conteste? ¡Pero si ya lo conocemos! Sé quiénes son mis 36 representantes, tengo sus correos electrónicos y otras señas de contacto y sé que es absurdo que me comunique con un fujimorista para pedirle lo contrario a lo que su partido (y él mismo) propone. Si tuviera un solo representante, este absurdo se mantiene pero sin posibilidad de acudir a otra persona que pueda estar más cerca a defender mis intereses.

Pero vamos por partes, ¿qué tal funcionan Madre de Dios (uninominal) o los otros distritos binominales que ya existen en Perú (ocho)? ¿Se dan mejor estas relaciones directas? Lo sé, si todos los distritos son así, en realidad el propio sistema incentivaría la práctica de las relaciones… o no, como pasa en la práctica con todas las demás instituciones ejecutivas y mayoritarias. Como ocurre con los consejeros regionales, donde el mayoritario es el sistema que prima absolutamente: de los 274 que hay, 146 se eligieron en circunscripciones uninominales (53,28%) y 82 en distritos binominales (29,93%), esto es, el 83,21% de los elegidos responden al modelo propuesto como mejor y los consejos regionales tienen un serio problema de representatividad (no es solo consecuencia del sistema elegido, sino de la propia cultura política y de las competencias del Consejo Regional; además de la elección de la provincia como circunscripción).

Creo que mi discrepancia está, sobre todo, en el objetivo perseguido: no creo que lo fundamental sea la relación personal (poder comunicarse con el representante electo) como en la representatividad real que se pueda tener; en ningún caso me va a representar alguien que no quería que saliera elegido, la representación se da en sensibilidades y programas, en temas identitarios, que no se resuelven con darle al ganador el cien por ciento de la representación de un distrito o zona. Más allá de que comparto la necesidad de reformular las circunscripciones (algo falla si tienes una de 36 y otra de 1), creo que un sistema mayoritario está pensado para acabar con las discrepancias, con las diferencias fundamentales y ocultar las sensibilidades de las minorías, favorecen un bipartidismo sostenido en el mismo consenso.

En una entrevista a Alfredo Bullard hace ya casi un año, este defendía el sistema uninominal o binominal porque «incentiva[s] las alianzas y el viraje hacia el centro»; como no puede ser de otra forma, estamos ante un objetivo claramente político (toda reforma lo tiene en su base, no son temas técnicos como a veces nos lo quieren presentar), además, el «centro» es como le llamamos al statu quo en realidad; lo que nos está diciendo es que es un sistema que permite que el discurso mayoritario, prosistema, sea una suerte de «discurso único» que a duras penas admite matices (ese es el bipartidismo en el que muchos países viven, mejor o peor). ¿Por qué «incentivar» el «centro» es «bueno»? ¿Por qué queremos crear partidos «atrápalotodo» de difícil definición y lealtad variable para con su propio programa?

Una mirada hacia fuera

¿Por qué presentamos como mejor algo que en realidad oculta otras sensibilidades? No encuentro los enlaces, pero recuerdo las duras críticas a la reforma del sistema parlamentario en Venezuela, que básicamente era dejar la mayoría de los escaños a distritos uninominales.

La práctica de los sistemas uninominales mayoritarios no está tanto en una mejora de la representación sino en la eliminación de las terceras y cuartas fuerzas; en este sentido, ejemplos claros los tenemos en países anglosajones, sea Estados Unidos de América o Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. En EE.UU. han conseguido lo que tanto deseaban: que nos centremos en solo dos partidos para todo (bueno, o casi, de cuándo en cuándo el tercer partido nos sirve como excusa de por qué los demócratas no han ganado en tal o cual colegio electoral, perdiendo así las elecciones en comicios donde, en voto popular, ganaron, como en el 2000 y el 2016). Dos partidos que en todo «lo importante» están de acuerdo o cuyas discrepancias pueden tener que ver más con los intereses locales que con una visión global (más cuando no hay una disciplina de voto estricta).

El caso de Reino Unido nos permite observar la subrepresentación del tercer y cuarto partido, así como dos culturas de voto (para el Parlamento Europeo, que es proporcional, se vota muy distinto; y si el sistema fuera proporcional, la cámara baja no se parecería en nada a la actual pero no nos chocaría el resultado del referendo para la salida de la UE); esto hace que un par de grandes minorías no estén representadas suficientemente en el hemiciclo.

Los dos anteriores son a una vuelta, pero no es la única forma de realizar, así en Francia utilizan un sistema de dos vueltas para elegir su Asamblea Nacional (resultados y explicación para las de 2012), esto permite básicamente excluir al «tercer partido», aunque hablamos de un país con una fuerte dispersión de votos y un sistema de alianzas locales o generales, con lo que se tiende a agruparlos en dos grandes bloques, dejando de lado el resto de partidos. En 2012 lo que permitió fue casi excluir a Front National (FN), que en la primera vuelta consiguió el 13,60% de los votos válidos, quedándose al final con el 0,35% de los representantes de la cámara (2 parlamentarios, ambos obtenidos en la segunda vuelta). Otros partidos también «sufren» la subrepresentación, como el Front de gauche (FG), que con el 6,91% del voto popular en primera vuelta, al final se quedó con el 1,73% de la cámara.

Volviendo a Perú

En el caso peruano pasaría algo similar, estoy convencido (viendo el voto distrital a presidente de la república) o peor, si tenemos en cuenta que en algunos sitios, donde el sistema ya se acerca al uninominal o binominal, gana el voto nulo (Madre de Dios, Pasco y Moquegua… el caso de Madre de Dios casi asusta, la suma de votos nulos y blancos es del 45,35% del voto emitido; cabe decir que en Arequipa, donde se eligen seis, también ganó el nulo y en San Martín -4-, el blanco). Nosotros ya tenemos un problema con la sobrerrepresentación (así, los fujimoristas tienen la mayoría absoluta de la cámara con el 23,63% de los votos emitidos) y con la subrepresentación de las formaciones políticas (traída por la valla electoral; como Meléndez apunta con Cajamarca, pero no solo fue contra Democracia Directa, lo sufrió también Perú Posible; y si usáramos otro método de reparto, se quedó fuera Frente Esperanza cuando pudo entrar).

La desafección a los políticos profesionales no viene tanto por el sistema usado (plurinominal en la mayoría de los casos, uninominal y binominal en nueve) sino por lo que ha sido la práctica tanto dentro de los partidos como cada vez que han alcanzado el poder (legislativo o ejecutivo), junto con un voto obligatorio que simplemente nos deja ver este desinterés en forma de votos nulos y blancos (más del 30% entre esas dos categorías, sin contar ese 18,12% de ausentismo).

La reducción artificial de los partidos políticos (cancelaciones si no se llegan a cierto porcentaje de votos mediante) así como otras obligaciones formales (tener un número altísimo de comités provinciales constituidos a la vez que la constitución del partido, además de querer ponerles más y más requisitos), en vez de favorecer las grandes formaciones con las que sueñan muchos analistas, ha permitido nuevas formas de clientelismo y corrupción, así como la «necesidad» de los partidos de alquiler y alianzas contranaturales solo para atraer votos diversos. Aún así, falta saber para qué queremos grandes maquinarias electorales sin ningún tipo de identidad propia, pues lo que se busca es sumar y sumar y en Perú esto se hace entorno a caudillos.

No sé cómo reducir la representatividad del sistema (llevándolo a uno mayoritario, aunque estén bien definidos las circunscripciones, si son uninominales, solo representan a una parte de las sensibilidades existentes en la circunscripción) puede mejorar un hacer en la política peruana cuya causa principal no se encuentra en el sistema plurinominal sino que está vinculado en nuestra propia cultura política (es esta la que define el sistema electoral, y es el sistema el que perfila la cultura), cuando en la práctica, donde se da este sistema mayoritario o uninominal y binominal no está funcionando nada de lo positivo que parece ofrecer el sistema mayoritario, si bien sus problemas sí se mantienen. No es solo reformar las leyes que rigen los partidos, si los gobiernan los mismos y las viejas formas se ocultan tras las nuevas, no hemos cambiado nada; no es solo modificar la forma en que elegimos, si las opciones no atraen ni a la mitad de los peruanos en muchos casos.

A modo de cierre futuro

Me he dedicado a criticar sin proponer nada, como digo, es un tema que suelo tratar «a la contra», salvo cuando juego con los resultados; para mi gusto al menos una cámara (aceptando que deba existir este tipo de estructura) debe representar cuantas más opciones mejor, esto es, mientras más proporcional sea la cámara, más sensibilidades dentro de la normalidad asimila. Para representar otras minorías se deben buscar, además, fórmulas complementarias (acá entra con sentido un parlamento bicameral o uno unicameral con varias legitimaciones originales), también dar poder real a los entes descentralizados y otras instituciones de representación y participación paralelas, para que el juego no esté únicamente en un parlamento y su relación con un ejecutivo. Pero ya me extenderé en otro momento.

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Fecha Publicación: 2016-12-28T12:08:41Z

Desde 1967 el Estado de Israel comenzó una larga estrategia de colonización de Palestina mediante la implantación de «asentamientos». La ONU en general y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), en particular, por enésima vez, recuerda la ilegalidad de esos asentamientos y la necesidad de su desmantelamiento. Esta vez la resolución 2334 (2016) del CSNU vio la luz (copia local en PDF) con la abstención de Estados Unidos y la aprobación del resto de los Estados miembros (nota de prensa). [Siga leyendo en De Igual a Igual.net].

Etiquetas: [Amenizando]  [Derecho]  [contrato de trabajo]  [derecho del trabajo]  [formación]  [formación y orientación laboral]  [humor]  [humor gráfico]  [tira]  
Fecha Publicación: 2016-11-22T20:19:07Z

jomra_ctiEste curso he tenido el gusto de volver a enseñar en Formación Profesional, en concreto di –durante cinco semanas– tres asignaturas, entre ellas Formación y Orientación Laboral (FOL, en adelante). Dentro de la programación comencé con la Unidad 2: Contrato de Trabajo, y para darla no se me ocurrió mejor idea que hacer una presentación llena de dibujitos hechos por mí –era eso o fusilar a El Roto, Forges, Fontdevila, Vergara y otros–, para ir ilustrando los distintos apartados –mis presentaciones tienen poco texto, solo el título y cuatro cosas más, como mucho… y tiras de humor, que vaya rollos suelto, al menos así se entretienen mientras hablo–. Ya se ha terminado mi sustitución e, imagino, la Unidad está más que dada, así que he decidido subir las tiras que, independientemente de la diapositiva, tienen cierto sentido. He juntado algunas y les he puesto un fondo sencillo y titulitos un poco explicativos –originalmente estaban integradas en la diapositiva–. La que acompaña este párrafo trata sobre las características del contrato y, en concreto, sobre el consentimiento. Clic sobre la imagen para ver la viñeta completa.

Contrato de trabajo: condiciones y otros

Contrato de trabajo: tipos

Contrato de trabajo: cesión de trabajadores

jomra_ct_ettEspero que les gusten y sirvan, si eso. También pueden verlo en esta página en Garabatos.

(Sí, necesito un sistema de galerías mejor).

 

Etiquetas: [Actualidad de España]  [Pensamientos]  [educación]  [sistema educativo]  
Fecha Publicación: 2016-11-18T19:50:04Z

jomra_educacionNo estoy seguro con saber qué les quiero contar en esta nota. Solo sé que quiero «desahogarme» un poco y de forma más bien poco organizada en una variedad de temas que, cada uno de ellos, merecen un artículo en profundidad –mucho más de lo que yo puedo soltar sobre el particular–. Pero acá vamos, voy a hablarles un poco sobre «la educación formal» y algunos problemas que veo –cuando he estado dentro de la misma o desde fuera–, dificultades varias y la frustración constante de sentir que cualquier cosa distinta a lo que ahora se hace es navegar contra corriente.

Estos días en la agenda política española el tema de «la educación» ha saltado por dos lados distintos, uno es el llamamiento a un «pacto por la educación» que reforme lo que es la actual ley –en realidad, que modifique la que reformó la actual– y que sirva «para los próximos veinticinco años» –palabras de un político– y el otro flanco abierto en los medios, uno recurrente, va sobre una «huelga de deberes» en que padres e hijos piden acabar con el trabajo en casa –al menos con la forma y fondo actual–. Aviso: voy a generalizar –tal vez injustamente– mucho.

Los exámenes

He vuelto a tener la suerte de pasar por el sistema formal como profesor; si bien fue durante poco tiempo, siempre es enriquecedor. Y resulta increíblemente triste ver a personas bastante bien preparadas –alumnos de segundo de un ciclo superior, muchos de ellos con otros ciclos y carreras a sus espaldas– absolutamente preocupados por los exámenes. No en el sentido de «me esforzaré para sacar una buena nota» sino enfocados totalmente en qué entra y qué no en la dichosa prueba; en qué tipo de examen será para estudiar de una forma u otra –y discriminar por partes, claro–. A eso hemos llegado: tenemos un sistema que no educa, sino que prepara a su gente a pasar exámenes. No es lo mismo.

En el documental de Where to Invade Next de Moore, en una de las partes, se entrevista con Krista Kiuru –por entonces ministra de educación y comunicaciones de Finlandia–, la cual comenta la gran inutilidad de los «macroexámenes», se refiere a todo tipo de reválida y tal –sí, como el puesto en España con la LOMCE y una clase de examen que en EE.UU. abunda–, ella comenta que se termina enseñando a los chicos a aprobar los exámenes y no a aprender; por eso no tienen ni exámenes ni calificaciones numéricas durante los primeros años de la primaria, sino calificaciones descriptivas del progreso de los alumnos –no es que reemplacen los números por letras, con eso estamos en las mismas–.

También cabe decir que sí tienen, en Finlandia, uno de esos megaexámenes al acabar el bachillerato –que ya es enseñanza posobligatoria–, pero es que los estudios preuniversitarios –ese bachillerato– son absolutamente flexibles y modulares –al punto que se pueden hacer entre dos y cuatro años, aunque están planificados para tres–, y no son el único camino para acceder a la universidad o a los estudios terciarios en general.

Es la sensación que tengo: los exámenes son lo único que importa. A todos, desde los padres hasta los estudiantes… Cuando hablo con otros profesores estos se quejan de lo mismo, de que el alumno pregunte «¿esto entra en el examen?» a primeras de cambio; cuando hablo con los alumnos, su principal preocupación está en cómo aprobar el examen. Lo peor es que esto ocurre incluso donde el peso se da en los trabajos de clase, no en los exámenes.

Así que ese es nuestro primer fracaso: la centralidad del examen. Los exámenes, en general, son la peor forma de evaluar el desempeño de un alumno.

Y si nos fijamos en la tipología de los exámenes, los que más abundan son los de respuesta memorística, lo cual, entre lo malo, es lo peor.

Parece que teníamos claro que el camino era la «evaluación continua», mentando en las distintas reformas educativas, pero a la hora de la verdad el examen manda y es a lo que se dirige la educación, ahí tenemos las reválidas –que son negar el sistema de evaluación continua de forma descarada– y, antes, la selectividad; o las propias oposiciones, base de buena parte de los empleos públicos de este país.

Lo voy a decir alto y claro: los exámenes no sirven. No ayudan a evaluar «cuánto» aprende un alumno ni perfila, siquiera, su manejo de un tema; sino si fue capaz de estudiar «correctamente» para «aprobar» el examen determinado.

Estamos muy obsesionados con los exámenes. Sí, aprobarlos, los aprueban, ¿pero qué han aprendido?

Mucha materia pero todo superficial

Además de lo anterior, un problema es cómo tratamos las asignaturas con respecto al temario que tienen. Esto es, demasiado que dar en poco tiempo; o, mejor dicho, en las excesivas horas que tenemos de clases no da tiempo, ni de lejos, a dar todo el temario existente. O, al menos, no da tiempo a darlo bien. En las carreras, pocas veces dimos todo el temario. Parece que «mis chicos» tienen dos tipos de profesores: los que dan todo el libro aunque no lo den en clase –en otras palabras, te lo estudias en casa– y lo que han dado es todo por encima y los que se dejan la mitad de las cosas sin explicarlas –y se olvidan de su existencia–.

Uno de los mejores profesores que frecuentan el sitio donde voy de voluntario suele poner mucho énfasis en los conceptos, en que se razone sobre ellos, son el núcleo de todo lo demás; nada funciona sin entender los porqués. Él se queja de cómo anda la educación actual pues ha olvidado la existencia y necesidad de esa «sólida base» necesaria para aprender.

Los jóvenes llegan sin conceptos pero con muchos datos en la cabeza, con asignaturas que no comparten conocimiento sino que luchan por el tiempo del alumno, sin bases pero con fórmulas. Así las matemáticas son algo absolutamente mágico, sin lógica ni razón, de respuesta y método único, en vez de esa maravilla tan útil en todos los ámbitos de nuestras vidas. Una pequeña anécdota: he tenido alumnos que se quejan de las mates «porque no tienen lógica», ¡¡de las mates!! Pero, claro, siempre les han enseñado los procedimientos sin explicar las razones, la lógica, detrás de los mismos.

Así que echamos horas y horas en ejercicios sin sentido basados en la repetición y memorización, sin entender nada de lo que estamos haciendo, ni su utilidad –más allá de «aprobar», la base de todo, aunque no lo queramos reconocer–, repetimos mantras que darían lo mismo si fuera la lista de los reyes visigodos o una relación de jugadores históricos del Valladolid. ¿Exagero? Lo siento, pero he escuchado «recitar» lecciones enteras de lengua cuando, quienes las repetían, no entendían la mitad de las palabras que decían, pero respondían correctamente a lo que se les preguntaba. Y hablamos de unas alumnas con buenas notas. Y les he ayudado en mates. Muchas veces.

Pero es que me resulta difícil pensar en una muy buena clase que sea capaz, en tres horas a la semana, de dar todo el temario de cuarto de la ESO de Geografía e Historia de Castilla y León, por poner un ejemplo fácil –una materia separada en 10 bloques, que comienza en el S. XVIII que acaba, claro, en el S. XXI y con vistas a lo que puede pasar en el futuro–. No hablemos ya de Lengua, que ese es otro cantar. Y tienen muchas, pero que muchas, horas de clases –y muy concentradas, 30 horas a la semana en secundaria–. (Para todo esto del tiempo en clase y su distribución, es interesante «Education at a Glance 2016» de la OCDE, en concreto, «Indicator D1. How much time do students spend in the xclassroom?», páginas 380 y siguientes).

En fin, parece que los alumnos deben salir de la enseñanza obligatoria –y de la posobligatoria también– con la cabeza llenísima de datos inconexos e inútiles y sin ningún concepto bien asentado. ¿Que hay buenos colegios, institutos y demás que dan prioridad a los conceptos? Haberlos, haylos, no lo niego ni mucho menos –hay que reconocer el buen trabajo pedagógico con aulas-taller donde, además, se interrelacionan contenidos al punto de estar dando dos o más asignaturas a la vez en el mismo espacio y tiempo–, pero no parece que sea la tendencia del propio sistema, el camino que la propia legislación marca, más allá de toda la retórica que envuelve un significado contrario a lo que la letra dice.

Tiene mucho que ver con la cantidad de horas que metemos de clases, parece una carrera de llenar tiempo de forma más o menos absurda, tanto en las lectivas como en el trabajo en casa; confundiendo una buena disciplina y orden de trabajo con mandar ejercicios a punta pala para poder dar el temario entero, para que sea en un trabajo posterior, en casa, donde los conceptos aparezcan y se asienten. Imposible.

Ya que damos mucha materia en poco tiempo, olvidamos que es totalmente necesario «enseñar a que aprendan», esto es, enseñar las bases de cómo se estudia, de cómo se procesa la información, de cómo se trabaja. No hay tiempo para ello, así que soltamos la parrafada y que los alumnos copien. Más aún, dictamos el subrayado –en serio, eso se hace– y nos quedamos tan panchos. No dotamos a los alumnos de herramientas para que puedan estudiar y nos extrañamos de lo mal que lo hacen, así llegan a cierta edad incapaces de, ante un texto, realizar un resumen en condiciones o, en una clase, tomar los apuntes de forma adecuada –no, no significa escribir cada palabra que el profe ha dicho–.

En Finlandia, uno de los tres mejores sistemas educativos del mundo, no se está más que unas pocas horas en clase –ojo con esto: en primaria tienen entre 3 y 4 horas al día–, casi no hay deberes –no están prohibidos, pero la media, según la OCDE, es de dos horas y media a la semana mientras que en España es de seis horas y media–, así que no es tanto un tema de «tiempos» como de qué y cómo enseñamos, de cuánto contenido queremos meter con calzador o si, por el contrario, nos centramos en procesos y conceptos específicos.

Cuando la no-solución es la repetición

Hay países donde, básicamente, un alumno no puede repetir de curso, como Japón y Noruega; otros, como Finlandia, donde sí se puede, el índice es realmente bajo – 3,8% de los alumnos frente a los más del 32,9% en España; y las repeticiones es una de las cosas que se ven favorecidas en la actual legislación–, la pregunta es por qué pasa esto y qué favorece más al alumno.

Está claro que una persona que no sabe ni leer –hablo de analfabetismo funcional– no debería estar en secundaria con doce años, la cuestión es qué respuesta se ha dado para evitar esa situación, no quedarnos en la superficie y decir «que repita». Sigo con el país norteño, en su caso lo que tienen es un sistema de personalización en la educación que detecta los problemas individuales y los trabaja directamente, con lo cual se permite al alumno «recuperar» lo que no ha alcanzado y continuar con sus compañeros, salvo casos extremos donde se percibe que lo mejor es que repita todo el curso. En la educación postsecundaria preuniversitaria nos encontramos con un sistema modular puro –al punto que está planeado para 3 cursos académicos pero hay alumnos que lo acaban en dos y otros en cuatro, cada quien a su ritmo– y en la secundaria hay un curso optativo.

Si uno de cada tres repiten, el problema es del sistema; si encima terminan pasando porque no queda otra –ese «imperativo legal»– el hecho de haber repetido no les ha ayudado en absolutamente nada, incluso les puede haber perjudicado socialmente.

Personalmente no veo mal la repetición de una asignatura, lo de un curso lo dudo más, pero centrémosnos en repetir un contenido que no se ha asimilado. ¿Qué problema hay en España? No es tanto que el alumno pase sin los conocimientos mínimos –conceptuales, de procedimiento, memoria y demás– por «imperativo legal» –como se dice y recuerda en esos casos– sino la falta de un verdadero apoyo para que ese alumno «recupere» y consiga las competencias que no ha adquirido en el tiempo determinado para ello. Así tenemos alumnos que van repitiendo y pasando sin agregar nuevas competencias y que van arrastrando cada vez más problemas; además de ser señalados de forma negativa por el resto de la comunidad educativa y social –ese, el repetidor–; a la par, tenemos personas que deben repetir todo un curso –todas y cada una de las asignaturas– porque ha fallado dos. Sí, dos muy importantes –lengua y matemática–, pero ¿de qué le sirve a esa persona, que le está costando dos asignaturas fundamentales, volver a ver materias en que ha podido sacar muy buenas notas? ¿Aporta algo?

Repetir todo un curso académico carece de sentido cuando: a) las materias no están interrelacionadas –no hay una enseñanza global, sino estanca–; b) si un alumno promociona con asignaturas de otros años, puede llevar dos lengua o dos historia a la vez y parece que no hay «prerrequisitos» para ninguna asignatura. Además, eso no lo hacemos en segundo de bachillerato ni en la universidad, ¿por qué sí en el resto de los estudios?

No estoy negando el problema –personas sin conocimientos suficientes para promocionar al final de un curso académico– sino la solución aplicada; ¿dónde estuvo el apoyo durante todo el curso para evitar esos suspensos?, ¿de qué sirve que por dos o tres asignaturas una persona repita el total del temario de un año, contando en las que se esforzó?, ¿de qué sirve que hoy repita si mañana no podrá, pasando con menos esfuerzo que el empleado el año que repitió?

Para ir acabando, un popurrí

De los libros de texto ya me he quejado en otras ocasiones, así que en esta me remito a lo previamente señalado en notas como «¿Libros de texto? Acabemos con ellos» (2013). Ahora podría añadir el retroceso que supone el acceso al aula de las tabletas digitales y los libros de texto que no son más que versiones en PDF del físico, con suscripción anual, eso sí.

Creo que no tenemos claro qué y cómo queremos la educación, juntamos ideas contradictorias en un mismo sistema y, al verlo fallar, nos quedamos anonadados preguntándonos si el error está en no poner más horas de clase, más exámenes, más controles, más tecnología, sin darle una vuelta a lo básico, a lo primordial. Ya que menciono lo de la tecnología, y es el segundo párrafo en que lo traigo, tiene mucho que ver con cómo introducimos los cambios en el aula: los queremos para mañana. Pero ¿hemos reciclado al personal docente? ¿Les hemos permitido tener tiempo para reestructurar sus clases? O, en un tiempo más bien breve, les hemos dicho que cambien por completo la tecnología que usaban en clase sin mucha más explicación –o, peor, con lo de «estamos en el S. XXI, usa esto»–. Construimos las casas por el tejado y nos quejamos de qué endebles quedan.

Vinculado con lo anterior, pero con una perspectiva global: ¿los profesores han participado en los cambios que se impondrán en todo el sistema? No se puede hacer una buena reforma educativa sin contar con los profesores –y con los que les enseñan a ellos, a nosotros–, de hecho, da absolutamente igual lo que pongas en la ley si te encuentras con una clara resistencia en su aplicación –no son pocos los que indican que fue allí donde más falló la denostada LOGSE–.

Hace no mucho leía a un educador social quejarse de las charlas, de cómo ningún educador social las avala como un buen método para tratar determinados temas y cómo son lo más demandado por los institutos; y también lo que más hacen. Mejor eso que nada, al final todos concluimos. Pues igual hay que dar dos pasos atrás y plantearnos todo el camino y dejar ese «mejor eso que nada» para cuando, realmente, no haya nada que hacer más que tirar para adelante con lo poco que tenemos. Pero no es el caso.

No sé, cada vez que pienso en este tema, recuerdo a Iván Illich y Everett Reimer –en una nota de 2007 recogí un trabajo para la didáctica de FOL en que partía de lo que ellos proponen… más o menos–, o Freire… pero es que hasta cuando lees a Célestin Freinet te das cuenta de lo lejos que estamos de aplicar metodologías en clase, introducidas por el propio sistema, que sean más útiles para el estudiante –y la sociedad en su conjunto–, cuando en muchos casos llevan señaladas desde hace casi 90 años. Y aquí hago autocrítica: cuántas veces he terminado dando una clase de la forma en que no me gustaría que me la diesen a mí.

En fin, hay mucho que trabajar en esta materia, comenzando por la búsqueda de la finalidad de la educación, que tal vez no estemos todos en la misma página –pregunten un día en su entorno de cuál debe ser dicha finalidad y se sorprenderán con algunas respuestas– ni tengamos por qué estarlo; pero, al menos, una vez que sepamos qué educación queremos podamos construirla desde la base y con unos medios adecuados para el fin que buscamos.

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Fecha Publicación: 2016-11-04T21:13:23Z

jomra_indigterrorismoestadoUno de los grandes problemas que tenemos cuando intentamos abordar determinados temas penales, está en que la mera sospecha ya priva de humanidad al presunto delincuente. Así pues, nos cuesta ver en esa persona, victimatario de otra, a una víctima a su vez cuando se comete un delito contra ella. Ponemos por delante, de esta manera, el «se lo buscó» o «se lo merece» al propio Estado de Derecho –lo peor es que lo hacemos levantando la bandera del mismo–; en otras ocasiones, y no pocas cuando hablamos de temas como el terrorismo o ya el racismo y la xenofobia han cubierto de porquería a un grupo humano determinado, con un «si lo han arrestado es que algo habrá hecho» y lo rematamos con el increíblemente idiota «todos son iguales».

En Perú vivimos, con el tema de Sendero Luminoso, MRTA y otros grupos de esa misma índole, una criminalización amplia de las izquierdas; ya puede decir misa la CVR o cualquier juzgado, si en el discurso quedó lo de «había terroristas ahí», en el imaginario colectivo la culpa es de todos los que estaban cerca. ¿Que no había? Da igual. No es raro lo que pasa con la historieta sobre la matanza de Barrios Altos, reproduce un discurso en que las víctimas son culpables por sospecha y se dejan caer insinuaciones que ningún bien hacen a, bueno, nada que no sea el discurso rancio de «hay que matar a todos». Pero voy a dar un paso más: incluso cuando vemos las correcciones que le hacen a ese relato –bien sustentadas en lo que sí fueron los hechos, los culpables y las víctimas–, que rompe una lanza en favor de no dejar caer sospechas ni culpabilizar a las víctimas de nada, se comete un error de bulto: pareciera que si hubiese terroristas en el grupo, el terrorismo de Estado –representado en el Grupo Colina– sí es válido.

Si queremos hablar de Estado de Derecho, si queremos hablar de Derechos Humanos –en ambos casos, con sus mayúsculas bien puestas– nos debe dar absolutamente igual si las personas que se estaban juntando lo hacían por Sendero o por las tuberías del barrio –para la indignación personal no da igual, claro, pero para el tema de los DD.HH. dí debe darlo–, da igual si entre los abatidos en una masacre había o no había alguno de SL, lo que nos interesa es si se procedió correctamente o no. Nos interesa saber si el Estado se comportó como una banda terrorista o respetó los DD.HH. Es difícil, lo sé, el primer sentimiento que nos acude cuando pensamos en el terrorismo es en acabar con él, con la lacra en vidas humanas que cuesta, pero el fuego no se combate con fuego y el Estado no es el portador de la venganza.

Sin dudas, es importante –y varios lo han hecho muy bien– limpiar la memoria de quienes fueron víctimas de un Estado opresor, pero aunque todos y cada uno de los muertos en la matanza de Barrios Altos fueran senderistas, emerretistas o de cualquier otra guerrilla o grupo terrorista de ese momento, o una banda de matones de barrio, no justifica en ningún momento el proceder del Estado: el envío de un destacamento clandestino de ejecución extrajudicial.

En el momento que las acciones del Estado las valoramos diferentes si sospechamos que alguien «pueda» ser de un grupo terrorista –y permitimos cualquier tipo de represión, contando la de «fuera de la ley»– que cuando la víctima es cualquier otra persona, hemos abierto la puerta a todo tipo de abusos, estamos dando carta blanca a que el Estado haga lo que le plazca saltándose la legalidad vigente o cambiándola de tal forma que pierda completamente su sentido. Además, no solo la abrimos para los casos de terrorismo, sino para cualquiera –¿inmigrantes?, por qué no; ¿de otra religión?, claro; ¿rojos?, todos terroristas… sí, como aquel poema de Martin Niemöller atribuido constantemente a Bertolt Brecht–. Por eso hay que tener mucho cuidado en estos casos: no solo debemos aclarar los hechos y quiénes fueron las víctimas, sino que resulta importante recordar que, aunque fueran posibles terroristas, la matanza estuvo mal desde todo punto de vista del Estado de Derecho –como mínimo–; obviar esta segunda parte es entrar en el juego de justificar matanzas siempre y cuando haya posibles «elementos a eliminar» entre los muertos… por esto mismo resulta tan difícil defender ante la opinión pública lo incorrectas que fueron matanzas como las del Penal Miguel Castro Castro. Y así piensa tanta y tanta gente en nuestro país, que sigue dando votos a un partido que se enorgullece de una lucha antiterrorista que debería, más bien, avergonzarles.

Por supuesto, este tipo de pensamiento ha ido calando en todos los países más o menos democráticos, al punto que a comienzos del 2000, tras «ese» 11-S, una expresión peyorativa como «Derecho Penal del Enemigo» pasó a estar no solo justificada en los corros policiales y represivos, sino santificada por medios de comunicación y aceptada por la población, que preferirá con mucho la muerte de un inocente a que un culpable pueda quedar libre. Así engendros como Guantánamo –a Obama le quedan cuatro noticiarios y no lo ha cerrado– hasta tienen buena prensa en muchos sectores.

Ese es un ejemplo facilón de lo que les estoy hablando, pero nos pasa lo mismo cuando en Venezuela a cualquiera que no esté con Maduro se le tacha de golpista y ya, por arte de magia, se le puede reprimir sin ningún problema; también ocurre en países como España, donde los CIE demuestran que al extranjero, al diferente, se le puede tratar como una no persona –y así lo dejó claro la Unión Europea cuando firmó con Turquía el tema de los refugiados–, o donde un candidato a Lehendakari le negó la calidad de víctima del terrorismo a una mujer que había perdido a su hermano por parte de un atentado terrorista simplemente porque el victimatario fue el terrorismo de Estado –GAL– y la víctima presuntamente era etarra.

Es lo que hacemos: reservamos los derechos humanos para las personas y decidimos que unos seres humanos son personas y otras son no-personas, estas últimas pierden, en ese momento, todos sus DD.HH. –lógico, ya no son personas– y con ellas el Estado puede hacer lo que le venga en gana; el Estado o cualquier ángel vengador en su nombre –como pasa en la frontera de Estados Unidos con esas patrullas «antiinmigrantes»– .

Cuando nos fijamos en la inocencia o culpa de la víctima, en realidad estamos justificando enteramente esta perversión del sistema penal: si es culpable de algo, deja de tener derechos.

Si nos saltamos, con esa lógica, la base de los derechos humanos –toda persona los tiene independientemente de ellas mismas, sus deseos o acciones–, estos derechos dejan de existir como universales y se vuelven una capa de protección para unos pocos. Entramos, además, en un juego perverso donde las víctimas –sus familias– deben demostrar su «no culpabilidad» de algo que, en ningún caso, justificaría el trato que se les ha dado –insisto, en casos como el de Barrios Altos hablamos de una matanza perpetrada por el terrorismo del Estado, un grupo militar que actuaba por fuera de la ley; eso es condenable siempre–.

Si creemos realmente que la violencia terrorista no tiene justificación alguna, dejemos de abrir las puertas al terrorismo de Estado. Debemos evitar el «Derecho Penal de Autor» –que es pervertir, en el fondo, el sentido de los DD.HH.– y, evidentemente, no debemos justificar que el Estado actúe en contra de sus propias leyes.

Etiquetas: [Actualidad de España]  [investidura]  [psoe]  [rajoy]  
Fecha Publicación: 2016-10-26T19:47:59Z

jomra_ueru160222Arrancó una nueva sesión de investidura, la segunda de Mariano Rajoy esta legislatura. Creo que el título de esta nota, una broma descontextualizando y parafraseando a Mariano Rajoy, presidente en funciones y pronto presidente a secas –bueno, no, que es «del gobierno»–, con eso de «pueden ir al Diario de Sesiones del anterior discurso de investidura» que en un momento soltó para dejar claro que sería una intervención corta porque, en el fondo, ya lo había dicho todo en agosto, no es la mejor forma de iniciar un artículo serio… pero es que con esa frase no miente y no es equívoca: básicamente ha ofrecido lo mismo. Los pactos se repiten –con Coalición Canarias y con Ciudadanos–, aunque esta vez no hubo foto –nota: en los mentideros se dice que Ciudadanos pidieron una foto entre los dos jefes, reafirmando un pacto que dieron por muerto tras la investidura fracasada de hace unos meses y que el Partido Popular les dijo que no era necesario, que llamaran otro día, si eso–, los partidos implicados dan por bueno el acuerdo pasado –Ciudadanos saca pecho de que ellos han acordado 150 medidas y el PSOE ninguna–. No, no es nada nuevo que ante el parlamento el líder de un partido diga que quiere pactos –algo que nunca ha cumplido y que ya avisa que de derogar, nada– ni es nada nuevo el triunfalismo del PP sobre el empleo o la corrupción –en serio; pueden leer todo el texto aquí–. ¿Cómo es que no estamos, entonces, ante una nueva investidura fracasada y rumbo a votar en diciembre? [continúa leyendo en De Igual a Igual].

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Fecha Publicación: 2016-10-20T07:12:09Z

No sé cómo, se me pasó colgar por aqui esto (siendo un proyecto en que participo):
Hace algo más de un año -en agosto se cumplió- iniciamos «oficialmente» este proyecto de literatura hispanozombi, con el objetivo de dejar de morder por ahí y rescatar, de las profundas catacumbas, los clásicos hispanos en su versión más auténtica, la zombi -como explicamos en el nosotres de esta web-. No podemos olvidar que nuestra primera campaña, para sacar el Zid, no fue del todo bien -es un eufemismo para decir «no salió»-, sin dudas, por nuestros propios errores y, claro, porque el público no estaba listo para la zombiverdad… o algo así. En octubre de 2015, de todas maneras, salió a la luz nuestra primera obra: Yantar de mio Zid Zampeador. A estas alturas el libro ha tenido ya una minirreimpresión. [Siga leyendo en Colectivo ClásicoZ, tu sitio de literatura hispanozombi].

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Fecha Publicación: 2016-09-26T08:29:27Z

El pasado domingo 25 de septiembre de 2016 se celebraron elecciones autonómicas en dos comunidades españolas, en el País Vasco (Euskadi o Euskal Herria) y en Galicia (Galiza). Elegían a sus parlamentos autonómicos (que, a su vez, eligen al presidente de la Comunidad). Estas elecciones, más que nunca, tienen una trascendencia importante en el plano estatal, en tanto que aún no se constituye el gobierno central, en donde parecía que todos estaban a la «espera» de los resultados autonómicos. Se pueden resumir, ambas contiendas, de la siguiente manera: mantenimiento de los gobiernos existentes (el PP en Galicia, que revalida la mayoría absoluta, mejorando el resultado electoral; y el PNV, que mejora en escaños y se distancia de la segunda fuerza) y que el PSOE (en sus versiones autonómicas) pierde fuerza, importancia y demás. Por mera coincidencia, en ambas elecciones se elegían a 75 parlamentarios. [Continúa leyendo en Elecciones-D=a=].

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Fecha Publicación: 2016-09-14T21:48:31Z

jomra_cogervotosHoy se publica la intención de voto en Euskadi, que da cierto «vuelco» con respecto a las generales… este tipo de comunidades realmente vota algo diferente entre las autonómicas y las generales puesto que el voto útil se entiende de una manera muy distinta. La Comunidad Autónoma del País Vasco tiene un sistema particular en el reparto de escaños entre las distintas circunscripciones (los tres territorios históricos que conforman la comunidad): todos tienen los mismos: 25 escaños. Cada provincia, así, tiene el 33% de la cámara independientemente de su peso real en cuanto a la población. Vamos a los dos extremos:  Álava tiene 25 parlamentarios, los mismos que Vizcaya, cuando la primera representa al 14,78% de la población y la segunda al 52,47%. Además, los electores de los tres territorios, históricamente, han votado distinto (ciertos partidos podían ser segundos en una circunscripción y cuartos en otra, sin problemas), pero esto poco a poco va cambiando. Las razones del cambio las dejo para otro momento o gente más competente. [Continúa leyendo en Elecciones-D=a=].

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Fecha Publicación: 2016-09-06T07:38:39Z

Llevo unos cuántos días queriendo hablar un poco de la investidura y todo lo que rodea el circo en el que vivimos, pero los acontecimientos, en general, sobrepasan mi capacidad de poder explicar algo medio coherente y, sobre todo, de poder plantear posibles soluciones a lo que ocurre. (A decir verdad, algo puse sobre el acuerdo PP-Ciudadanos en mi bitácora, concentrado en la materia laboral). Para todos esos lectores de lares distintos a España (o los de esta tierra pero que han tenido a bien no seguir las noticias durante su descanso estival), un breve resumen «a mi manera» del tema de la investidura: [continúa leyendo en De Igual a Igual].

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Fecha Publicación: 2016-08-29T17:31:49Z

Prometiendo empleoNo sé si saldrá elegido Mariano Rajoy para los próximos cuatro años o si tendremos otras elecciones en que todos seguiremos tercamente votando algo más o menos parecido a lo de ahora, pero sí sé que lo pactado (pdf) entre las dos derechas estatales representadas en el hemiciclo no resulta beneficioso para los trabajadores, aunque por la entradilla parezca que lucharán por todos nosotros. Reza el pacto, como objetivos en la intervención sobre el «mercado de trabajo»:

«(…) reducir el desempleo, especialmente el de larga duración; acabar con la precariedad, fomentando la creación de empleo estable y de calidad; y potenciar el capital humano con unas políticas activas de empleo y formación verdaderamente eficaces»

Ciudadanos aboga por el «Contrato Único» (digan lo que digan, es uno temporal para todas y todos, llamándole indefinido) mientras que el PP aseguran que han reducido a cuatro los tipos de contrato existentes, así que en el pacto lo que hacen es ir a tres tipos de contrato: indefinido, temporal y de formación (punto 36).

Habría que entrar en la letra pequeña, pero más o menos lo que hacen es unificar los tres temporales existentes (por circunstancias eventuales, por obra o servicio y por sustitución) en uno solo. Estos tres tipos (reales) responden a razones distintas (aumento de producción, un trabajo muy concreto a desarrollar o para reemplazar a otra persona) que dan derechos y deberes distintos también; todo eso se iguala en un contrato que durante un año tiene una indemnización por finalización de 12 días el primer año (lo que hay ahora) y 16 días el segundo (y 20 días si hay un tercer año). Lo que tenemos es un claro incentivo para que la duración de este tipo de contrato temporal no exceda el año, pues se disuade el mantenimiento de un trabajador por más tiempo.

Reza el acuerdo que este tipo se podrá firmar «cuando concurra una necesidad temporalmente limitada» (vamos, como ahora). A falta de convenio sectorial, el tiempo máximo es de dos años (el convenio colectivo lo puede ampliar hasta tres)… evidentemente, cuando hay una sustitución (y ahora tiene su propio tipo). la misma no puede estar limitado por este tiempo, así que lo dejan abierto al plazo en que el trabajador sustituido tiene derecho a reserva de puesto de trabajo. Al final podemos hablar de un solo tipo y encontrarnos con un montón de matices que responden a los tipos de antes… como pasa con el de formación, que tiene dos subtipos.

Bien, el temporal, además, viene con una petición de mejorar la «tutela judicial efectiva» para que no se abuse de él; voy a recordar que los actuales contratos temporales también son causales y que esto se incumple con una facilidad bárbara, al punto que varios ministros sin pudor declaran cosas como que es normal que para «probar» a un trabajador se le contrate de forma temporal (pues no, eso va contra la ley); y el problema no está en la «tutela judicial efectiva» sino en las administraciones laborales, que no hacen nada cuando ven que un empresario tiene la mitad de su plantilla con contratos temporales o en la Inspección Laboral, que no está funcionando bien en este apartado.

Una medida más, relacionada con los contratos laborales, es que tendrán una bonificación en la cuota de la Seguridad Social por contingencias comunes de hasta 500 euros todos los meses durante cuatro años. Ojo con esto: se premia cambiar contratos de temporales en indefinidos. Les puede sonar bien, pero es que, teniendo en cuenta el panorama de las bonificaciones y que, al menos en el pacto, no se limitan, casi es una invitación para que todo trabajador comience con un contrato temporal y luego se le convierta el contrato.

En el pacto incluyen que los despidos que no sean por finalización del contrato temporal se rigen por las normas comunes (resolución por causas objetivas, despido disciplinario, improcedencia…); exactamente lo que pasa ahora (deben de haber sudado mucho firmando este duro compromiso).

Voy a saltarme un par y hablar del punto 39, que es básicamente crear un sistema de incentivos negativos y positivos en las cotizaciones según el uso de los contratos temporales y fijos o, mejor dicho, el despedir a mucha gente en los fijos; esto solo afecta a la cotización por desempleo. El problema es que es una medida de difícil articulación por la forma en que se propone (según la media de los contratos temporales/fijos del sector y otros indicadores) con lo que permitirá jugar mucho con los números… y a ratos suena que será absolutamente inútil cuando se incluye esta frase: «El diseño de esta medida se realizará de forma que no perjudique la creación de nuevas empresas y el desarrollo de nuevos sectores productivos». En otras palabras, todo lo que se ha insistido de la causalidad de los contratos temporales se va al mundo de las buenas intenciones cuando parece que las causas serán «cuando el empresario quiera» (recuerdo esa época en que una causa para los contratos temporales era «nuevo producto» o «nuevo servicio», algo atroz aprobado por ese PSOE que consiguió que UGT le odiara).

En el punto 37 hablan de poner un periodo de preaviso para cuando no hayas superado la prueba de 15 días… siempre y cuando el periodo de prueba supere los seis meses. ¿Saben qué está «mal» con esa medida? El punto de partida: el Estatuto de los Trabajadores tiene un plazo máximo de 6 meses para este periodo si hablamos de titulados superiores y el CC no dice otra cosa (que lo puede ampliar; pero no es muy común); el actual gobierno se inventó un tipo contractual (indefinido; que por lo visto no se ve afectado por el pacto) que tiene un periodo de prueba de un año para cualquiera. Voy a recordar que esta es la máxima precarización: durante ese año te pueden echar por «no pasar la prueba». Ahora, en realidad, te dicen que tienes derecho a preaviso. Pues bien, qué mejora.

Otra de las propuestas estrellas del liberalismo está presente en el documento: la «mochila austriaca» (y que estuvo en el pacto de Ciudadanos con el PSOE). Simplemente prevén su creación (como fondo de capitalización individual). Es una de las medidas que incluso Rodríguez Zapatero intentó y el PP lo tuvo en su programa; la idea es que con ellas se favorece la movilidad laboral, entre otras cosas… pero en España no hay un problema de movilidad laboral, de hecho, el abuso de los contratos temporales y la poca duración de los fijos generan el problema contrario: poca inversión en capital humano por la alta rotación de los trabajadores; así que tenemos que se quiere traer una medida de un país con una tasa bajísima de desempleo que busca que la gente salga de su zona de comodidad sin perder derechos (la indemnización) para aplicarla en una situación completamente distinta. Y nos la venden como una forma de acabar con la dualidad de temporales-fijo cuando no tiene mucho que ver. Esa medida, para poder practicarse, requiere un cambio total del modelo de indemnización por la pérdida del trabajo, lo cual no cuadra con lo que previamente se ha mencionado para los contratos temporales (salvo que sea paralelo).

El punto sobre la igualdad de género en las empresas es tan genérico que no merece la pena ni mencionarlo. Y es una pena. Pero resulta acorde con lo machistas y, a la vez, bienquedas que son las dos formaciones que han firmado el pacto.

Tres cuartos de lo mismo sobre todas las medidas de «activación del empleo»; tal vez la única positiva (aunque mencionada de forma tan ambigua o, al menos, tan condicional) sea la primera del punto 42 (aumento de la cobertura para parados de larga duración).