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La que sabe, sabe
Todos tenemos una amiga así, pero no todos la percibimos "así".
Es más, ¿quién no ha cometido alguna vez el error, tan de estrógeno, de referirnos a ella como "un pata más", destruyéndola no sólo como sujeto sexual, sino como mujer?
Osea, una persona que nos conoce y que (oh, maravilloso destino) la conoce, tiene mundo, tiene algo de vereda y hasta crucero peatonal, tiene simpatía y la empatía suficiente para comprender tus problemas y cuando no, el cuajo de decirte "Huevón, me rayas" sin pelos en la lengua, como no, como podría agradar a todo el mundo. Que encima lee periódicos, tiene una posición muy particular sobre las cosas y es ácidamente graciosa, para mi afición personal, y le encanta tomarse sus tragos con uno.
Lo he pensado, paralelamente al caso C, me recorrió el cerebro, el corazón y hasta los órganos genitales esa idea. No son ganas, en verdad; con el ritmo de Oficina-Brit-Universidad-Gym (ya les contaré), nuevamente el sexo ha pasado a un tercer y hasta cuarto plano de prioridad, dando paso a mi estabilidad profesional, mi satisfacción emocional y el mantenimiento de mi estupendo rendimiento en campo traviesa. Simplemente, es la curiosidad por explorar una faceta desconocida con esta persona y la seguridad de que, a diferencia de las anteriores ocasiones (todas, en verdad), nuestro trato personal no se dañará en absoluto.
¿Por qué creo lo anterior? En verdad no lo creo, lo siento, y eso significa que estoy plenamente seguro del asunto. En lo que sí creo es que no siento mucho más por ella, más que un cariño profundo, como el de ella hacia mí, más su yapa, su copito de chocolate: Es KAS, tiene que haber KAS, sin compromisos, ataduras, ni problemas. ¿Seguro?
En verdad, no tanto. Seamos honestos: Yo también cometo errores rebosantes de estrógeno, "de calzón" como diría Julai, el mecánico del carro. ¿A qué se debe? Tal vez a la dieta abundante de pollo de mi casa en los primeros años de los noventa, cuando se rumoreaba que el pollo venía relleno de hormonas femeninas.
¿En qué consiste? Tiendo mucho a pensar en quien ocupa el otro lado de mi cama, cada partido que se juega en mi gramado siempre deja algo que sentir, o al menos para postear en este blog. Este caso es para mí, importante, considerando que, en el remoto supuesto de perder a esta mujer en cualquiera de sus facetas, perdería a una de aquellas que sí dejan dolor en su partida. Mal que bien, si bien esta apuesta no es tan fuerte como la prioritaria, también pongo harto en esa ficha, como con el resto de mis amigas de igual rango.
"Yo una vez pensé que tenía que ir al urólogo porque hice el uno simultáneamente con el dos"
- Este post está enteramente dedicado a todos aquellos hombres que tienen que ir al consultorio del urólogo.
Es una de las escenas más memorables de la televisión mundial. Fácil Nunes aprendió de aquí.
Cosas obvias
A veces pienso que hablar es necesario, sobretodo cuando buscas conocer bien a alguien.
No, necesario no, IMPRESCINDIBLE.
Por eso, por ejemplo, siempre suelo darle importancia sentimental (y cuando corresponde o queda, sólo sexual) prioritaria a alguien que he conocido sin demasiado ruido alrededor, con quien haya compartido una conversación chévere a la luz del sol (aun en día nublado hay luz solar, por si acaso).
Sin embargo, siempre he pensado que hay cosas que no requieren expresión o explicación verbal directa, puede que ni siquiera expresión física alguna.
Fuera de las ya conocidas expresiones "inversas" sobre un ex con sentencia absolutoria escrita o algún tipo que le guste, clásica y creo que muy ilustrativa para todos nosotros, son las expresiones de incomodidad o de enojo, sobretodo en público. Es muy difícil que una mujer, salvo que ya esté plenamente hastiada de uno, comience a señalarle los defectos o deslices a uno con palabras abiertas o sacándonos a un lado. Un silencio prolongado, una mirada perdida hacia otro lado, un queco de incomodidad a cada frase que uno suelte, creo que ya es más que suficiente.
Nosotros también solemos ser evidentes, corporales, plenamente expresivos en algo: El interés en alguien. De alguna u otra manera, y aunque por útil uno conscientemente intente reprimirlo, siempre transpiraremos interés por la chica que nos gusta, más que por otra situación en el mundo. Creo que ya explicamos el escenario y porque incluso el amor de pareja puede llegar a ser incluso más importante que el amor filial.
Y lo nuestro no es sólo cosita de miraditas, de coqueteos, cositas así de mera exploración preliminar. Somos de invitar, de llevar, de gastar, de incluirlas en nuestras vidas...
Y bueno, creo que yo he comenzado a quemar mis últimas naves, con la disposición de vencer o morir. Hace unas semanas hablamos de la fiesta de promo, ¿lo recuerdan? En realidad, ciertas preocupaciones estaban disipadas y otras no tanto, entre las últimas estaba el día: Martes. También las cuestiones de los costos estan saldadas, así que no tendré ningún problema de índole material.
Pero, contrariamente a lo que expliqué en dicho post, por ahora se me metió un extraño virus, una extraña gana de ir a recoger a alguien, de llevarla para que me lleve, no sé a donde, no sé para qué. En fin, no crean tampoco que es una persona X, es una persona C en realidad, porque toda D tiene o tuvo antes una C.
Y C es la pareja, y mucho más aunque no muy enterada del asunto esté. Por otro lado, no creo que sea tan despistada, hay cosas bastante bastante obvias, y a mí no me va mucho el plan de hacer cosas porque soy un buen pata, o de tener buenos gestos porque soy un buen hombre. Eso es de muertos de hambre deportiva.
En otros post explicare este caso, que lleva mucho más tiempo del aparente. Es un caso cuyo desarchivamiento es adecuado. Por ahora, creo que será mejor repasar los antecedentes, y lo viejo que estoy.
Creo que la lluvia del otro día me afectó, o comenzó a erosionar el risco. De la misma forma que a Virus en esta canción...
Compárame
Los hombres no expresamos mucho en palabras. Específicamente, no preguntamos sobre ciertas cosas. Simplemente, nos lanzamos con la comparación.
Primero fue el regalo de la navidad de 1989, quien tenía el carrito con luces, hasta que ganaba aquel cuyos padres le habían comprado ese magnífico auto chocable que, empujando el capot de la maletera, volvía a verse intacto (creo que era de Hude). Luego fue la marca del reloj, mochila, yogurt, chocolates, zapatillas o short que llevabas al colegio (estuve en un par donde la ostentación sobrepasaba los límites de la sana competitividad adolescente). Después, estas comparaciones llegaron a tener connotaciones incómodas para un joven y bisoño Raulín Raulón de los noventa.
No, nunca he tenido enamorada.
No, nunca he besado a una chica (ni a un chico, ni a una niña, ni a un niño, ni a una vieja, ni a un viejo, a nadie, a nadie, a nadie!!!!! Ni en la mano, ni en el cachete, ni en la nalga, ni a una chica que está en el cerro San Cristobal mandando besito volado desde el Morro Solar)
Bueno, lo último era faltosamente evidente, considerando que hasta se me hacía difícil saludar con beso en la mejilla a las mujeres. Igual, eso me ponía en los últimos lugares, en la cola del grupo del campeonato, donde no podía atenuar mi situación con comparaciones referidas a cosas como el promedio o cuanto de Coeficiente me había salido en la última prueba, factores poco relevantes cuando uno tiene catorce años. Dos de arena por tres de cal, siempre había un grupo que se jugaba el descenso por nosotros:
Assssssuuu, oye, Raulín le cayó a una chica...
Puta, chochera, yo no me atrevo.
Sí, y la semana antepasada le caí a otra...
Oye, eres todo un genio con las mujeres, ah...
Pero cuenta, ¿después qué?
Esa última pregunta, formulada por alguien que zafó del descenso ese año, pero no evitarlo después (al igual que Boys), daba pie a la mitología personal, otro punto de comparación inocuo.
Y así, pasé mis vivencias con otros hombres comparando expresa, directa o indirectamente, y hasta disputando situaciones de campeonato de diversas materias.
Anda, huevón, ¿facturando tanto no pagan bien?
Así es pues...
Sí, de vez en cuando pasa eso. En el Muñiz pagan 100 cocos a los practicantes, y creo que sólo 300 a los asistentes.
Claro, pero son un hueeeeeeeeeeeeeeevo de ambos en ese estudio.
Y en tu estudio, son pocos, en el suyo también... a ver, ¿cuánto les pagan?
Los cuatro colegas, en el sauna, procuraron taparse lo más posible con sus toallas. Nadie dijo nada, hasta que el más seguro de sí mismo, Javier, practicante de notaria, confesó:
570.
Había inflamado el pecho, inhalado casi toda la escencia de eucalipto del ambiente, hasta que una sonrisa cachacienta de Luis, como la de un ganador de una partida de poker entre narcos, hizo que todo ese aire se le fuera hacia el abdomen.
770, maestrín.
Me quedé callado, sabía que no iba a perder en la disputa, que tampoco iría a la Champions (¿qué decencia habría al recibir premios por quedar segundo sobre cuatro participantes?), pero con la certeza de que a Micky lo dejamos mal parado, a pesar de ser practicante de un renombrado estudio.
235...
Mierda, que explotadores, ¿por qué...?
Dolares.
Ah, chucha.
Habíamos olvidado que Micky la había hecho muy bien en su especialidad, a tal punto de haber comenzado ya a hacer pininos como asistente.
Sí pues, cuñao, yo también 750...
Sólo Micky entendió el chiste de mi frase: Mis labores de asistencia, eran pagadas como de practicante, en un estudio que, pese a su reducido tamaño, facturaba como uno de los Top 5 en Propiedad Intelectual en el país.
No se preocupen, Luis paga el anticucho y la chela, en INDECOPI están pagando mejor...
Saliendo del sauna, seguí comentando del asunto, porque sentía que todavía debía presentar escritos defendiendo mi postura, y no me cansaría hasta convencerlos.
Eso sí, saco el bachillerato rapidito, y si no me suben mínimo a 1400, se pueden ir derechito a la mierda...
Número escuchamos, cantidades de trabajo no sabemos...
Era cierto. Algunos número no eran directamente proporcionales con el trabajo o rendimiento ofrecido.
Y esas son las únicas comparaciones que no nos afectan: Las que nos hacemos nosotros mismos.
Nowember rain (Un hombre flaco bajo la lluvia)
(Es la primera vez que intento un neologismo en inglés. Puristas, disculparme, significa "Recuerdo de ahora". El título alternativo de este post es idea original de Armando Robles Godoy)
Nunca olvido las lluvias vespertinas limeñas. Recuerdo una en Septiembre de 1995, cerca de las 5:30 pm, un día miércoles; no puedo olvidar como esperé su llegada en la segunda mitad de 1997, apenas vuelto a Lima, sabiendo que no era el único, ante el perceptible entusiasmo de los tubos y canales que habían instalado en todos los edificios de la ciudad por el Fenómeno del Niño. Como olvidar el viernes 26-Ene-2001, en ese parque de malecón miraflorino opacado eternamente por el Parque Salazar y su sucesor, cuando pude firmar mi felicidad y decir, aunque suene huachafo, que tuve al sol, sus colores de atardecer y un extraño chubasco veraniego como testigos del sello de un campeonato magnífico.
Estaba redactando un informe acerca de un registro de patente, algo aturdido por mi previsible falta de energía y ánimo, previsible por la visita que había hecho un par de horas antes (Palacio de Justicia, a hablar con secretarios, ¿qué otra explicación podrían pedir?) y aturdido por haber recorrido una vez más un laberinto que ya conocía. Tic............... tic................ tic...........
De no ser porque el jefe estaba rondando todo el piso, como gamonal en período vacacional de su capataz, y porque trabajo rodeado de mujeres llenas de poder, me hubiera desvestido aún cuando mi piel hubiese tenido que tocar documentos. Tic... tic... tic... tic... tic... tic...
Si algo me gusta de mi oficina es que no había abandonado su estructura original de casa acomodada, con su techo de madera a dos aguas, de casa campestre, con su jardín frondoso, con los vecinos de Aurora con su comportamiento "campechano", con las palomas en mancha, bailoteando sobre las cornisas y tablones. Era un día iluminado, hermoso, cualquier día así es hermoso a los ojos de quien sale de las entrañas del Poder Judicial. Tic, tic, tic, tic, tac, tic, tic, tac, tic, tic, tac, tac, tic, tac, tic, tac, tac.
Mi movimiento fue automático, mi excusa fue buscar una memoria descriptiva en el archivo de la "terraza" (hay veces que tengo que darme excusas a mí mismo, y me preocupa), un azotea acondicionada como fumadero de la gente del estudio. Por un momento pensé que habían regado hasta el segundo y tercer piso, pero las gotas continuas, gruesas, lentas pero seguras, me indicaron otra cosa aún mejor: Una invitación para encender un cigarro.
No sentía frío, sólo una sensación similar a la de volver a ver la luz. Me desaté la corbata, me dejé regar, me dejé iluminar, me sentía una planta tal como un hombre que no come carne durante cinco días y hasta puede alimentarse de monóxido. La lluvia me hizo pensar en lo bien que me siento ahora en comparación a la incertidumbre de hace 365 días, en como parecía una condena al fracaso y la desazón, y como ahora puedo ufanarme, como ahora me siento en lo más gustoso posible.
Luego pensé en como esa noche me liberé, ese día también llovió. Me liberé de un cuento malintencionado, de intentos de protegerme a costa de mi libertad, y decidí dejar mis pulsaciones a su libre albedrío: Te esperé, te busqué, ser tu prisionero era mi libertad. Mientras paseábamos tranquilamente en ese taxi (porque ni a balas te llevaba en combi), estaba lloviendo, como para darle mayor sentido a mi inusitada aparición fantasmal. Fui por tí y pasábamos ese momento a solas, con la lluvia como testigo y firmante.
Abrí los ojos y pensé en las varias ocasiones en las que tuve a la lluvia como agradable visitante de dicho suceso, y no miento si digo que sentí cierto regocijo y agradecimiento por esos gratos momentos, no menos gratos por ser pocos o cada vez más distantes en el tiempo. Era algo que inevitablemente se hacía sentir, y sabía que era así, una frescura, un sabor, un olor a lluvia de verano con tabaco... y es algo que todavía puedo sentir.
La gran diferencia es que al abrir los ojos, y antes de que terminará el chubasco y te mandé un mensaje. Gasté un mensaje como quien dispara al aire sin querer asustar a maleante alguno. Sólo cuatro palabras, y algo más a leer entre líneas de teléfono celular. Cuatro palabras que sabía que eran entendidas, y que no era necesario responder porque con el solo descubrimiento era suficiente.
Hizo falta algo de lluvia para refrescarme la memoria, refrescarme el corazón al menos por un momento, refrecar los sentimientos para que no se enfríen demasiado, aunque suene contradictorio. Los buenos momentos están ahí, no necesitaba estar en el último círculo del infierno para recordarlos, simplemente un buen momento les dio cabida.
Y sí, mandé el mensaje y me quedé mirando el horizonte, cómodo, sin esperar que nada subitamente entorpeciera mi visión del horizonte miraflorino, de un sol que se retiraba derrotado vergonzosamente por el chubasco que comenzaba a cesar. Mire hacia adelante, hacia donde mandé el mensaje de texto, que para Ene-2001 no existía en mi vida, así como esta oficina, y estas sensaciones...
Habla pues, "Fotocopia"
En un sauna, suelen aflorar los máximos orgullos de los hombres, a exhibirse ante su observador favorito: Otro hombre. Pero también suelen aflorar las más tristes vicisitudes, frente a su interlocutor más adecuado: Otro hombre.
"¿Recuerdas lo que sientes cuando tienes que sacar copias? Bueno, así me siento cada vez que intentas acercarte, abrazarme, no sé. Me encanta hablar contigo, somos amigos, pero me siento como si me mandaran a sacar copias cuando intentas eso..." Eso me dijo, cuñao...
Las risas con las que habíamos comenzado la charla cesaron por lo menos en dos de nosotros. Es que no importaba el grado de sinceridad del rechazo, lo que cuenta es el rechazo y sobretodo, la forma en que dejaba ver ella como lo consideraba a él como hombre: Similar a uno de los rituales más tediosos de cualquier oficinista.
Mierda, te comparó con el hecho de que la manden a sacar copias. (Qué constatación tan estúpida, pero servía para romper el silencio).
No, comparó el hecho de KAS contigo con...Nadie pudo dejar de reaccionar, porque alguna vez nos han dicho algo similar, nos han hecho algo similar, o simplemente nos hicieron sentir lo mismo. Nadie dejó de decir lo que sentía, porque en el fondo era una respuesta tardía, la que no pudimos o no quisimos dar en ese momento.
¿Qué harás con ella? No sé si sea fácil eso...
Lo dejaré pasar, ¿qué me queda? Sólo cortarle los regalitos, las huevaditas...
Mándala a la mierda. Califica a una mujer respecto a como te considera como hombre: Si no lo hace, tú tampoco tienes porque tener consideraciones.
Razones para odiar eso de "te presento a alguien"
Tengo un post al respecto aquí. En realidad, es un recopilado de una de varias conversas que tuve al respecto y que, felizmente, tuve a bien dejar atrás.
1) Porque generalmente lo hacen pensando "pobrecito, está solito". Mejor invítame una chela.
2) Porque no me gusta ser mejor amigo de ninguna mujer, y suelen aplicar ese experimental con ese tipo de patas. Sí, para eso están esos engendros.
3) Porque siempre se les ocurre eso cuando uno está en la mejor etapa de su vida profesional y vivencial, cuando te das cuenta que el gato solo se lame mejor. Muy tarde te preocupas por mi soledad, cuando ya construimos un hermoso parque sobre la casa que no querías que derribáramos.
4) Porque hay quien lo hace para que uno se largue de su lado. Me chupo esa, pero no a ella, porque quiero chuparte a tí.
5) Porque a veces, esa misma mujer es la única que tiene la medicina, si es que hay enfermedad. Repito, sólo a tí, no tengo ganas de chupar, sólo de chuparte a tí.
6) Porque no sólo quieren juntarte con alguien a quien sólo conoces de bisteck a cinco cuadras, sino que creen que se parece mucho a tí. Que bien me conoces, ah.
7) Porque generalmente, creen que sus amigas son lo mejor que te puede tocar. Uy, sí, claro, de esas fresotas. Si con mucho esfuerzo soy amigo suyo, imaginen eso con las otras tías...
8) Porque cuando ven que el carrete ya no puede estar peor, te dejan solo con ella. Con esas amistades, para que quiero un serruchero.
9) Porque más pareciera una campaña de reciclaje de la amiga apestada: La más fea, la recientemente choteada, la más tramposa. Lo siento, pero como príncipe, no me merezco quedarme con la última rebanada de la pizza de la noche anterior, guardada en la refri.
10) Porque pareciera que yo también soy pieza de reciclaje desde su percepción: El huevón que necesita que le presenten chicas con CV hasta las caiguas. Pucha, como me quieren, no era suficiente con el paporreteo de mis semblanzas en el jai faif.
11) Porque la mayor parte de las veces me las presentan en el lugar y en la hora en la que menos interesado y hábil para conocer a alguien estoy: Una discoteca, después de la medianoche. Insisto, que bien me conocen.
12) Porque es difícil hacerme entender con una chica a la que no sé como hablarle, ni de la que sé como reaccionaría. Sobretodo si es de esas amigas suyas antes mencionadas.
13) Porque en muchos casos, ella tampoco está interesada. Chúpate esa también, agarra esa flor y llévala siempre contigo.
14) Porque la felicidad ajena no es mi felicidad, y la felicidad compartida me ofrece tanta felicidad como una dentadura postiza. Al contrario, puede que tu desgracia sea mi... felicidad.
15) Porque, si es mucho más "fácil" de lo que esperaba, me hace desconfiar demasiado, y suele llegar cuando tengo ganas de algo serio. Y viceversa. Ya eso no es culpa de nadie, saladera nomás.
¿Cuál será el adjetivo correcto para esta situación? ¿Ridícula, triste, inapropiada, enojosa, graciosa, burlesca, patética, desafortunada, enfermiza, anecdótica? Felizmente, siempre hubo algo que hacer cada 31-Oct.
Príncipe
RR: ¿Sabes que L terminó de nuevo con su machuca?
Yoko: ¿Otra vez? No le creo...
RR: Es la segunda con él...
Yoko: Siempre llega a las cuatro, y encima vuelve, luego de proclamar lo contrario...
RR: La conoces recontra bien, ¿siempre quisiste con ella?
Yoko: Ya no, no tengo ganas. Quise, sí, pero con esa cantidad de daño que ha soportado, ya no me queda demasiado para aprovechar.
RR: Podrías ser un gran prospecto para una mujer así...
Yoko: No quiero ser el príncipe de una tía así.
RR: ¿Por qué? Podrías ser lo que necesite para poner orden...
Yoko: Para eso está el imbécil del príncipe azul. A mí no me gusta eso de que las tipas buscan, buscan, buscan, y se tropiezan, se tropiezan y se tropiezan, para luego quedarme con lo que sobra y hacer de eso algo...
RR: Langoy, no sé, tampoco estoy tan bien para rechazarlo...
Yoko: Todos podemos. No me gustan las compras de segunda mano.
RR: ¿De tercera? ¿De cuarta?
Yoko: Menos. Soy bueno, pero no aguanto tantas cosas...
Y ahora que lo pienso bien, ninguno de nosotros podría aguantar a alguien con tanta yaya encima, menos si es que puede hacernos yaya. Eso del príncipe azul, luego de besar hartos sapos, puede ser más complicado de lo que había pensado, pero como que a mucha gente no le importa mucho lo que este personaje del cuento piense o sienta...
No parece ser tan fácil eso del principado. A veces, es arriesgar demasiado, estar entre irse de largo sufriendo un desengaño (que puede ser útil) o quedarse, vivir ahí y cargar con todos los gravámenes, ayudarla a reponer camino y... arriesgarse a tropezar con y por ella, y repetirlo cada vez que lo haga.
Creo que el príncipe de cualquier color se merece algo más seguro, menos tendiente a hacerlo sufrir. Así es la vida, chicas, en algún momento, ya no habrá quien perdone tantos errores ni tanto mal pasado.
Yoko iba como copiloto, Estrómboli prefería echarse un rato en el asiento trasero, cómodamente, como que era el único que podía estar a sus anchas y largas en ese asiento. Ni mi doblez en el Óvalo Higuereta a más de 40 km/h lo inquieto un poquito, así que Yoko decidió colaborar.
Yoko: Estrómboli, mira, esas tipas te van a gustar.
Estrómboli salió de su soponcio esperando ver a Marina Mora con un apellido más rimbombante, más delgada y con más plata. Lo que sus ojos encontraron fueron des travestis faltosamente evidentes, no le quedó otra sino reir.
Estrómboli: Puta madre, parece que será otra reunión de puro calzoncillos.
RR: No me digas que las quieres cargar ¿No puedes acostumbrarte? Si quieres, te dejo mi puesto en el estudio, y así te contactas con la gente de los estudios top en Propiedad Intelectual de Lima, sus hijas estudian en el Villa...
Yoko: Al menos, nos gustaría que te emociones por chicas de verdad, o de aquellas que sí puedes alcanzar...
Estrómboli: ¿Tan rápido te cansaste de tu oficina?
RR: No, pero te veo más interesado que yo en entrar al Club Nacional.
Yoko: Ya Estrón, para pararla, ¿vas a ir a Calamaro o algún concierto?
Estrómboli: Quería ir al de Kylie Minogue...
Yoko: Pensé que no te gustaba...
Estrómboli: No tanto...
RR: Sólo escuchaste tres canciones de ella, las mismas que yo, incluyendo Locomotion...
Estrómboli: Sí, pero tiene unas piernazas...
RR: Carajo, ¿ves, Yoko? Creo que alguien está en celo...
Yoko: Sí, es verdad, para pagar más de 200 mangos por mirarle las piernas a alguien, sí que es un crimen...
RR: Sobretodo contra tí, yo pensé que estabas acostumbrado a gastar montos así para tener piernas alrededor de tu espalda, no sólo frente a tus ojos...
Estrómboli: Pero está bien rica la Minogue... ¿tú no irías, RR?
RR: Prefiero ir al concierto tonero de Duran Duran, aunque estén de super bajada.
Estrómboli: ¿No te gusta Kylie Minogue?
RR: ¡Sí, carajo! ¿Contento? Me encanta ese tipo de mujer, sobretodo chatas y bien puestas, pero una cosa te digo: Soy y he sido capaz de gastar más dinero por ser campeón por mujeres de la vida real, y no por artistas pop, salvo Damaris, pero pesaba 93 kilos para entonces.
Yoko: Es cierto, además, RR me contó que en la facu hay una profe que se le parece bastante, y es mucho más interesante, hace más cosas que cantar Locomotion...
RR: Es internacionalista... y mira, Eston, estudió en el San Silvestre.
Alcanzar fue la palabra clave al llegar al semáforo del colegio Juana Alarco. Seguimos los chongos sociales contra Estrómboli, hasta que él mismo la paró en seco con una razón que hubiera podido valer mucho más que el buen humor de nuestras mofas: Una aclamación en voz alta.
Estrómboli: !MIREN, QUE RICAS LAS TIPAS DE ESE CARRO!
"Trágame tierra" pedí en silencio. "Eres un cornudo, Estrómboli, no sé porqué, pero necesito afirmarlo", susurré bajito, mientras me hacía el loco mirando el semáforo, mientras oía risas femeninas dirigidas indiscutiblemente a los ocupantes de este SW.
Maldita sea, normal no querer nada de nada ese día, pero ese "nada de nada" incluye y tiene como razón fundamental evitar quedar como un grandísimo cojudo, menos aún por culpa de un amigo que está en celo; eso no me gustaba ni michi, aunque había algo que me hizo voltear hacia la derecha, algo como la energía que descarga una mirada, simultánea a su risa, que se convertía en sonrisa cómplice al ser sorprendida.
Era la copiloto, que se tapaba la boca, y parecía haber comprendido la situación, trocando burla por empatía decorada por piel canela y ojos almendrados, mientras Estrómboli se reía picarescamente con Yoko, quien intentaba intercambiar algo con la gente del otro carro, un notable sedan lleno de tres chicas. Luz verde, puse el piecito en el acelerador y...
RR (susurrando): Arranca carajo, arranca.
Había olvidado que los SW son más duros que turron de Doña Pepa hecho en Santa Mónica, mientras el seda Kia de aquellas mujeres aceleraba hacia una fiesta o algo así, tal como lo delataban sus casi nulas coberturas de hombros. No, no, no, no, la copiloto no iba a quedarse así, pisé con todo y curvié un poco para evitar la nariz de un volocho que quería entrar a la Av. La Merced.
Estrómboli: Alcánzalas RR, vamos, demuestra el talento sobre el volante.
Dios mande al demonio a los escarabajos, sobretodo cuando ocupan el carril izquierdo, cuyo conductor canturrea baladas de Fernando de Madariaga y me veo forzado a adelantarlos. Aquel Kia negro me llevaba casi una cuadra de distancia, y si no llegaba a tiempo al semáforo de Trilce, me iría a mi casa con un carrete funado que sí me interesó. Son más de las 11, hora ideal para subirle hasta 65 km/h y cruzar la Av. Ernesto Montagne.
Yoko: Este carro debería tener algo mejor en la radio...
RR: Sí, por eso, prefiero a Duran Duran, la canción ideal para persecusiones...
Al momento de llegar al puente, ya las habíamos alcanzado. Las risitas de burla se habían convertido en susurros que miraban hacia este plebeyo SW que, gracias a la adecuación y gracia de su copiloto, la arrechura del ocupante de su asiento trasero y la destreza de su conductor, había equiparado con ese Kia tan bien cuidado, tan Sedan, tan de persona independiente, pero sin una tolva que bien podía convertirse en un asiento trasero King and Queen Size. Esas tres chicas, vestidas mínimamente, maquilladas para ganar, podrían perder ante tres tipos vestidos de negro y rojo, sin mayor intención para esa noche que divertirse sanamente. Crucemos el puente entonces...
RR: Ojalá no vayan a ese sitio de...
Maldito pesimismo mío que me daba la razón, ellas no doblaron en Av. Larco, sino más allá, en el Psje. Los Pinos, ya saben, ahí... el Vale, ahí donde las mujeres van a deshacerse de quienes babean por ellos, con ayuda de tipos que mucho no saben del amor de una mujer y sobre como pelear por él. Esperaba que al menos se fueran a Tumbao...
Yoko: Síguelas nomás, fácil se van a otro lado.
RR: Buena idea...
Entramos a ese pasaje, mientras veíamos su carro ya estacionado y a ellas descendiendo, cruzamos como quien quisiera atropellar a un marica porque macheteó el plan de alguno de nosotroa con una amiga suya hasta la mitad de la cuadra, por donde ellas cruzaban. Vieron el carro, luego a nosotros, y luego entre ellas, y no evitaron carcajearse tanto como cuando Estrómboli las descubrió. La copiloto rio, sí, y no lo disimuló, tampoco disimuló su mirada, ¿para qué? Ya estaba en su territorio...
DOS HORAS DESPUÉS:
Yoko: ¿Se han dado cuenta que Lima es una gran bahía?
RR: Sí, felizmente agarramos un buen punto en el medio para chequear toda la playa, otro día hay que ir al Morro Solar, y ahorita vamos a pasear por la Av. Costanera.
Estrómboli: Sí, se ve de la puta madre, sobretodo el mar. Nadie imaginaría su estado real viéndolo así... me recuerda a ese comercial de Shampoo Sedal de 1988, que tenía un motivo así...
RR: Sedal Azabache, de 1990.
Estrómboli: Ese mismo...
RR: No hay nada que hacer, esta ciudad se deja amar y a la vez, me obliga a jugar al tontonazo con ella...
Yoko: Hablando de tontonazos, que bueno que no seguimos a esas chibolas.
RR: No teníamos con que...
Estrómboli: La hubiésemos hecho, hubiera sacado mi plata...
RR: No creo, no me inspiran confianza las chicas "ladies night", aparte, creo que a Vale Todo van las que han "terminado", y tú sabes, no quiero saber nada con...
Estrómboli: Sí, con esas que andan diciendo que se cansaron y todo eso...
RR: Sí, yo no quería ser el puerquito de nada, por último.
Yoko: Sí, que lo sean los cabros. Invítame un cigarro...
Estrómboli: Y que ellos les inviten los tragos...
Fuimos regresando a la noche de Lima, al ritmo de su horizonte nocturno y las curvas de la Costa Verde.
Manhattan Skyline - David Shire
De mentiritas
20 de Febrero del 2004, azotea del Edificio Tacna-Colmena:
RR: Es algo muy difícil, como todo en la vida. A pesar de todo el conflicto que llenó mi vida gracias a ella, estoy dispuesto a comprártelo...
Estrómboli: Tío, ¿sabes lo que te ha hecho?
RR: Más o menos, y puede que hasta más. Cosas así no se hacen, darme excusas estúpidas para terminar tampoco, pero sé que algo siente por mí, de eso estoy seguro...
Estrómboli: No sabes, ¿verdad? Lo tuyo es puro...
RR: Es cierto, a tientas, como si me hubiera quedado sin ojos. Me gustaría replantear...
Estrómboli: Pareces hembrita, carajo.
No, no se emocionen, ni se molesten ni frunzan el ceño reclamando por lo estúpido de mi decisión de volver con LMS. Eso no tendrá lugar en ningún estado posible del mundo, aparte de haber prescrito hace tiempo hasta la opción de que me lustre las tabas o de una sesión de sexo ultravengador y ultradestructor.
Pero vamos a otros supuestos, de niveles de daño mucho menores y de terceros perjudicados. Por eso, diga lo que diga, pase lo que pase, yo no salgo con nadie que esté en sus 90 días de gracia, ¿qué es eso?
Para todos los que tenemos años de años en primera división, nos es claro que sólo las acciones y hechos son realidad, especialmente con las mujeres. Una que ande diciendo cosas como "Lo detesto", "Ay, es que es súper gilero" y cosas así, especialmente en la cara de uno, mucho no va a dejar que uno siembre flores en su jardín, en el mejor de los casos, al menos no al nivel del Objeto Indirecto del primer enunciado y del Sujeto del segundo.
Peor aún si se trata del novio campeón vigente o el reciente ex. En esos casos, dichas frasecitas son engañamuchachos bien faltosos, si eres muy nuevo también, o si eres uno de esos clasificables en el recuadro de "Mejores amixxxxxx con suspensor de acero". En todos los supuestos antes mencionados, hay alguien que tropieza, y en su afán de seguir hacia adelante, se entierran.
¿Ustedes qué creen? Yo también fui un niño de teta, y sin serlo, también fui engañado con esa y otra artimaña, ayudado mucho por mi instinto volador, que anula todo contacto con la experiencia. El oir quejas de un reciente ex, de un chico cualquiera o del actual campeón sólo sirve para algo: Hacer que los más caídos del palto vayan a "consolar", a "brindar apoyo", a tener "buenos gestos", suponiendo que así ganan algo, posiblemente el cielo.
Generalmente, son inconsistencias. A veces pienso que las mujeres no están satisfechas con el silencio o la acción efectiva, sino que tienen que decir algo, aunque no tenga nada que ver o no sirva para nada.
Por eso, es prudente lo siguiente:
1) Si en alguna salida, ella lo menciona, comiencen a bajar la velocidad. Cambien de tema antes de que se vaya por esa rama, porque al permitir eso, permiten que los disfracen de confesionario.
2) Tratan de presentarse no como un amigo comprensivo, sino como un pata más canchero, más experimentado, a tal punto que puedo hacer alguna gracia de la situación.
3) No muestren interés en una recién vuelta al mercado. Para comenzar, su permanencia o disponibilidad no está asegurada, tampoco crean que se encuentra vulnerable y por eso es más fácil...
4) Traten de monopolizar la conversación, traten de vender lo mejor de su imagen, proyectando además la idea de que hay una generalidad de productos mejores en el mercado.
5) Primera salida o salida dentro de los 90 días, NO HABLAR PARA NADA SOBRE AMOR, porque luego ya saben sobre quién suelta la lengua.
Son sólo unos tips, no sé como más evitar a una recientemente salida de una relación, con ganas locas de dar oportunidades aunque mal le paguen. Sólo recomiendo una última cosa: No gasten así nomás un pago en quien acepta que mal le pagan, no se mezclen con los malos pagadores.
Perder peso
El gordito del salón, ese solía ser yo en mi infancia.
El gordo chancón, ese fui yo en la adolescencia.
El de la foto de arriba soy yo, en Oct-2006. Eran más o menos 85 kilos.
Llegué a adelgazar algo en los últimos años de colegio, como para pasar piola, "el estirón" lo llaman, lo suficiente como para ser campeón o al menos luchar siempre el título. Luego, recuperé y hasta gané, en el momento más bajo de esta existencia (Sept-2003), hasta los 93 kilógramos, con 1.82 de estatura, para que vean la diferencia. Para Octubre 2007, el peso oficial era 86.18 kgs, tal como parece demostrarlo la agripada foto mía de abajo.
Ni recordando, puedo entender el motivo exacto mi reacción hacia la comida provocada en el MP: Una cerrazón jodida de esofago y un apagón del ácido clorihídrico que me duró tres días. Habría sido el asqueo que me producían las fondas aledañas a la Av. Abancay, o el de comer dentro de ese horroroso edificio del estado, y el terror hacia necesitar ir al baño después de la merienda. No, definitivamente no podía tragar, y tampoco quise intentarlo durante tres días. Tres días en los que me castigaría por mi fracaso laboral de entonces, tres días a cambio de toda una vida de fracaso, de tirar promesas al tacho, de defraudar a gente que nunca confió totalmente de todos modos.
Hay muchas cosas que no aclaré en este post de la primer año de este blog. Supongo que recordar es la mejor forma de esclarecer ciertos asuntos, así que sigo.
Pasaron los tres días, tres en los que fui degradado a mesa de partes, y en los cuales el pantalón comenzó a quedarme algo ancho. Bebía, y comencé a sentir la necesidad de comer unos bocaditos de algo irresistible: Brócoli arrebozado con frejoles y arroz. Sólo unos bocaditos, porque mal que bien mi cuerpo seguía cobrándole la deuda a una vida que se había dejado estar tanto, que me tenía trabajando en algo que odiaba.
Entendí el mensaje a punta de castigo: Hay que lucharla más, hay que sangrar de verdad la camiseta. Claro que se podía. Mi crisis de turno con J se debía a no haber pisado el acelerador antes del terremoto. La actual, a mi desidia, la cual se acabaría en las noches, con mis primeras carreras en el Campo de Marte, ciertas sesiones de pesas en mi habitación y así, una forma de transpirar todas las toxinas que adquiría con la luz del sol y un poco después.
El resto, es historia no tan conocida.
Después de cerrar en primera instancia el caso J, sabía que tendría más tiempo individualmente libre, considerando que ya no habría que reservar noches para posibles salidas o abrazos navideños. Aparte, después de haber dobleteado durante una semana entre el MP y el estudio, y de haber corrido como loco de La Capullana hasta INDECOPI antes de que entren en vacaciones, supuse que la única buena forma de reljarme sería hacer ejercicio, todas las noches, desde la hora que llegue hasta las 11 p.m., cuando no tocaba sauna.
En Febrero del presente año, llegué a mi cifra record: 1.82 m., 70 kilos. Entre Octubre del 2007 y Marzo, 16 kilos perdidos, comenzando con ese famoso y controvertido método del ayuno emocional: El fin era quitar el sobrevalor a la comida y modificar el metabolismo, para empalmar después con ejercicios, suprimir una de las tres comidas, pura bebida sin azúcar, puro rostro sin mucha papada.
En ese verano, comencé a sentir mayor comodidad con mis pasos, mayor velocidad, doble energía, dobles ganas de salir a chambear y hasta triples algunos días. Se me había hecho mucho más fácil abordar mujeres y conseguir resultados (igual, un grupo reducido, las mujeres para mí casi no existen en los gimnasios, en los que también soy muy complicado), como si ya no existiera una barrera de manteca. Había perdido el pudor en el vestidor de hombres y en la cancha de fulbito. Seguía fumando, pero ya no me faltaba el aire, ni sentía dolores musculares, y la gripe había perdido su lugar en esta casa. Ni hablar de los caminos que se me abrieron en el Perú, como el de abajo.
Igual, hay gente que me preguntó si no creía que mi empresa era superficial, la más frívola de mi vida, si estaba enfermo o no, si estaba deprimido o no. Gente que, vamos, pertinente, pregunta y se preocupa cuando ya no es necesario, o porque ya no puede o no quiere hacer nada al respecto. Lo importante son las preguntas que se responderan, genéricamente.
1) El hombre gordo es una versión disminuida de la masculinidad, en el más lato sentido de la palabra. ¿Qué siente un hombre que sabe que no es tan capaz de proveer y proteger como otros? Por eso, tal como lo dije en el post aquel, no es una situación sólo de que no me quede algo o algún tipo de frivolidad. Y creo que la conclusión de este post confirma algo muy importante de mi teoría. Si no, que lo confirmen aquellos que me persiguieron horas de horas para ser aconsejados, son seis patas, sólo dos de ellos me siguieron.
2) Sí, mi método, a diferencia de Herbalife, está vetado por todas las organizaciones de salud del mundo: pero después de todo, sólo consiste en pisar el acelerador respecto a las restricciones alimenticias. Señores, una limpieza no es algo permanente ni algo que pueda matarlos, es más bien algo perjudicial para las industrias de alimentos, las mismas que venden hojuelas azucaradas como algo nutritivo o recomiendan tomar tres vasos de leche al día, para no hablar de las carnes.
En realidad, esa parte es básica. Recordemos que comemos para vivir, y no a la inversa.
3) En estas lides se ve a los verdaderos machos. Con cualquier método, son necesarias dos cosas: Constancia, disciplina y creatividad. La segunda para seguir al pie de la letra las indicaciones, y la primera para no dejarse tropezar o caer en el desgano.
En cuanto a la creatividad, si bien es cierto que las indicaciones hay que seguirlas, hay que darle un empujón creativo o buscar salidas novedosas a las tentaciones, como llevar poco dinero para evitar comprar dulces, o echarle trocitos de kión a los dulces que haya en la casa.
4) Quien pretende adelgazar, mal que bien, gasta dinero, sobretodo si quiere hacer de su propósito algo sistemático. Esto va a sonar machista, pero es cierto: Los hombres son los que mejores resultados sacan de ir al gimnasio o de seguir un régimen. ¿Por qué?
No es sólo porque la gordura los afecte más, sino porque ven eso como una inversión; por eso, es difícil escuchar que un hombre deje el gimnasio o haga trampa con una dieta, sobretodo si pagó harto por ella (como yo lo hice, y por eso le saqué todo el jugo).
Creo que los desertores en general, podrían ayudarse mucho pensando en que dejar algo en cierta etapa no significa dejar de pagar por ello, sino que incluye dejar de lado posibilidades de evitar tomar otros sistemas en el futuro, los cuales también podría dejar a medio camino si los toma, formando un círculo vicioso en el que pierde la billetera, el marido, los padres, la salud y, si quieren, la apariencia.
5) Ojo, mantenerse activo no significa sólo hacer ejercicio. Implica también tener el tiempo libre a utilizar en cualquier tipo de actividad, buscar o dedicarse a la chamba, tener el cuerpo y la mente ocupados.
Bueno, siendo el 3 de Noviembre el día de la conmemoración, días antes decido volver por el territorio de la balanza: 72.38 kgs. Más de dos kilos recuperados desde el 9-May de este año, día en el que toda actividad periódica de más de 100 minutos cesó en mi vida. De acuerdo a mi última prueba de sangre, mi colesterol también subió, sigue en un nivel normal, pero esa subida de ocho puntos hasta 179 no me ofrece ninguna garantía.
Hay que evitar la fofez, hay que evitar los males cardiacos, hay que invertir, y sacarle todo el jugo. ¿Gimnasio y dieta de la salamandra nuevamente? Yo creo que sí.
Ampay Rómulo
(¿La mano al pecho? Puta, tío, yo conozco gente que le pondría la mano en el pecho a Lucianita)
(Si les molesta leer sobre cuestiones públicas, pase la página nomás, vaya al post anterior)
Respuestas tontas
¿Por qué reaccionas así ante el rechazo? ¿Por qué no dejarlo atrás y ya?
Porque creo que nadie, en la práctica, está preparado para tomar deportivamente un NO. Porque eso cuesta bastante, y el monto generalmente es irrecuperable. Supongo que una persona de verdad interesada, y no alguien que, tentativamente, intenta y entra para ver como crecen las cosas muy especulativamente, tiene deseos, tiene uno que otro sueño, esperanza, sentimientos ya cimentados. ¿Qué hacer con eso? ¿Cómo bajó de 120 a 70 latidos, sin frenar en seco ni herir mi organismo?
No es una reacción infantil, no creas. Es difícil también el hecho de lidiar con desperdicios, más todavía si multiplicas ese procedimiento, digamos, oh casualidad, por 10, o por 13, para que suene más verídico y coincidente. ¿Qué hacer con esa cantidad de desperdicios, de cosas tan valiosas forzadas a no servir a nada? ¿Unas cuantas islas, para poner frente al Callao un hermoso y muy notorio archipiélago?
¿Por qué rechazas los intentos de ayuda o ánimo?
Porque soy un hombre de hechos reales, no me hables de esperanzas vagas porque persigo realidad. Porque quien generalmente me ofrece buenamente algo de ayuda, aliento, palabras, es porque no puede o no quiere ofrecer más. Porque lo que necesito es oscuro o insondable, o las dos cosas al mismo tiempo.
¿Qué es lo peor que puede hacer alguien en un terremoto? Orar a viva voz, invocando a algo incierto y a algo cierto a la vez: La incertidumbre perturbadora. Por ahí va la cosa. Y por si no lo sabes, estás en el Cinturón de Fuego del Pacífico.
¿Y por qué ahora mostrar o intentar mostrar tanta y tan cortante indiferencia?
Porque no me hiciste nada, por algo llamado indiferencia. Porque no hacerme absolutamente nada en verdad me dolió más que cualquier daño que me hubieses hecho que al menos hubiera intentado perdonar, en nombre de cualquier cosa que pudiera sentir por tí.
¿Cómo se perdona la indiferencia? ¿Cómo se intenta olvidar "nada"? Y creo que mi parte terminará con una pregunta aún más importante: ¿Cómo correspondo a nada, al vacío?
Es el cuestionario más estúpido que he tipeado en mi vida. Todas las respuestas son preguntas en realidad, preguntas sin respuestas satisfactorias.
My very own private adiction
Una teta voladora no identificada sobrevolando el Vacant Lot. No tenía otra forma permitida de tomar ese seno entre esas copas, ahí lo tienen.
Hace semanas, escuché que el buen David Duchovny, Mulder, admitió que él está en lado oscuro de un interés humano: La adicción al sexo. Por dicha afección, decidió internarse en una clínica y llevar un tratamiento, para dejar de pasar sus ratos libre en chats eróticos o andar de husmeacoños por las calles de Jolibud.
Un personaje tan pegado a la búsqueda de una verdad, a tal punto de convertirla en el centro de su vida, como Mulder, me hizo pensar que todos los que hemos pasado por eso, o seguimos ahí sin saberlo o no, tenemos un nivel de "adhesión" a ciertos asuntos. Ahora, este año, con toda la experiencia, buena y mala, acumulada, puedo concluir que toda adicción es perjudicial, incluso la adicción al agua (que puede desencadenar derrames celebrales en ciertos casos). Pero la del agua, definitivamente, no es la mía.
No diré lo mismo que Diegol en su cabecera, sino que iré más allá, a la verdad total. Señor director, señor juez, señor presidente del Tribunal: Soy gravemente adicto a las mujeres. Aunque suene a lema comercial de alguna telenovela protagonizada por Andrés García o Gustavo Bueno, es cierto, y en realidad es más reprochable de lo que pareciera.
Nadie nunca me dijo de lo mal que podía irme por eso porque "uno es varón", sí, "es natural" andar detrás de mujeres para un hombre que se precie de serlo, porque si no "sería medio 'rarito'", ¿no? Jamás pensé que eso tuviera que enfrentarlo de una manera similar. Asimismo, jamás se me advirtió de un posible desastre o simplemente, no leí las señales, y los testigos jamás me advirtieron algo peligroso, parecían divertidos, disfrazando sus complacencia con frases como "es de hombres sufrir", "ya se te pasará" o "eres lindo , encontrarás a alguien muy feliz".
Fui feliz, lo admito, y puede que lo sea ahora. Pero la tórrida felicidad, esa que lo hace sentir a uno más veloz que el viento y más ardiente que el sol, era la felicidad en el período de dependencia. Esos episodios me tuvieron preso, y la vez obsesionado por volver a llegar a esas etapas, de la único forma que conozco: A través de ellas.
Las veces en que pasó por mi mente la idea de que esto podía llegar a ribetes viciosos o de escándalo, simplemente trasladé el costo: No es mi culpa, es culpa de ellas por tener esas miradas, por tener esos rostros, por llevar tan lindo el cabello, por la suave forma que tienen sus vientres, sus brazos, libres de aristas caderas; por decir tantas cosas que me agradan, por hacer que las admire tanto, por querer que sea más y más grande o al menos hacerme pensar eso, por ser tan interesantes y hacerme llegar hasta su nivel, por sonreir tanto y tan abiertamente, que no deja lugar al compromiso, por excitarme de maneras como esta.
Aunque pueda parecer un aventurero que no soy, yo las amo, yo las quiero...
Ni amante del amor, ni enamorado perdidamente de ellas, ni huevadas afines. He estado loco por ellas, por las mujeres de mi vida, por las mujeres de mi muerte y las de mi desgracia. Para mí, todo lo bueno... tiene cara, cabello, piel, frente, ojos, brazos, senos, vientre, trasero, muslos y hasta pies de mujer. Hasta que lo bueno, algo similar al silencio, desaparece con su exceso; y luego, como el nutra sweet, esa dulzura comienza a cobrar no con simples caries...
¿Qué decir de los cambios? Son imprescindibles, inherentes a la vida, pero tantos... Tan superficiales algunos, tan esenciales otros, cambios de formas, de seres dentro de mí, cambios ropa, de rostros, de cabello, de cuerpo, de voz, de forma de hablar. Tantos, que de vez en cuando se me hacía difícil verme sin preguntarme por mi identificación. No sé cuan provechoso haya sido o es este camino, pero de hecho es costo, como esta aún vigente Reestructuración.
No podría usar el mediocre término "mesura". Lo mío es mayor a la comodidad, es estar a mis anchas pensando en los suelos, en lo bien que hago en una constructora y no en la bolsa, en como se me puede caer en cualquier momento el asunto o en como estoy pasando este mes de Octubre, rebosante en mi santoral personal. Ya no quiero causarme risa, mi metamorfosis dejó la etapa José José, y se centra en algo más autónomo: Un hombre, por sí y para sí, y quien ame que la ame, oferta expuesta, anzuelo lanzado y si no pica, pues a comer vegetales.
Y no debería olvidar el presente con el control: Puedo decir que estoy bien, sin temor a equivocarme, sin vértigo, sin adrenalina, pero contento.
Aún así, sé que en cualquier momento puedo estallar otra vez, supongo que para bien. Ya sé en qué carril debe haber combustión. No lo dudo, ya no necesito de cierto estimulante para... No tengo temor a darlo todo nuevamente, pero a su debido momento, en sus debidos plazos y, sobretodo, a quien haga méritos. Ustedes saben, quien juega mal no campeona...
En la guerra del amor... Vale Todo
Tributo al Dr. Borocotó
Sujeto: Mujer de 25 años, demasiado santurrona para mi gusto, tanto que a veces pienso que lo suyo no es más que una aburrida charada. Contadora de una conocida empresa dedicada a auditorías. Pelea la permanencia en primera división, su gran problema es que su santurronería le quema el show con todos los hombres que conoce. Y eso de expresar sueños demasiado almibarados, asusta tanto como utilizar un lenguaje de encerrona pero de Conta.
Estado de la cuestión: Siempre anda diciéndome que no es bueno que esté solo, siempre anda diciéndome que tengo que alegrar mi vida. Y yo, sólo necesito un vídeo del Dr. Borocotó para hacerlo.