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Fecha Publicación: 2015-07-16T16:57:00.002-07:00
El pasado 14 de julio se presentó en Cusco el libro "Miradas", una antología de relatos de la escritora cusqueña Karina Pachecho. Tuve el honor de ser invitado a comentar el libro, y el texto que sigue es lo que leí esa emotiva noche. Los comentarios son el punto de inicio de un texto más analítico y académico que merece el libro de Karina, será para dentro de poco. Pero comparto desde esta silla las ideas preliminares.
De izquierda a derecha: Karina Pacheco, alguien que no conozco, Tania Castro y yo,luego de la presentación de "Miradas"


Miradas, de Karina Pacheco, el libro de 
senderos que se bifurcan

 Por: Alfredo Herrera Flores

1
Una de las primeras ideas que ha venido a mi mente al leer el último libro de Karina Pacheco, Miradas, es Borges, aquel viejo sabio invidente, mordaz y deslenguado, que deambulaba entre espejos, laberintos y sueños paseando sus obsesiones y buscándose a sí mismo. En su cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan”, Borges hace decir a su personaje: “Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente me pasa me pasa a mí”. Tal vez este pasaje, que recojo sin ningún rigor académico, sea uno de los pocos puntos de encuentro entre la narrativa de Pacheco y el maestro argentino, pero me parece un interesante punto de partida para entender la propuesta literaria de quien, creo, es una de las más interesantes voces de la narrativa cusqueña.
Otra idea que salta de las páginas del libro de Karina es el de la identidad, tema tan complejo para nosotros, que andamos por el mundo cubiertos de marcas culturales indelebles, taras y estereotipos que se mezclan o reflejan en el color de nuestra piel, el idioma que hablamos, la forma de expresar afecto o de servir la comida. No nos gusta reconocernos como indígenas, nuestro mestizaje parece un bosque enmarañado cubierto de sombras y cruzado por espinas, e íntimamente sabemos que no somos occidentales.
Y una tercera idea, tal vez la más importante en este momento, tiene que ver con las emociones. Karina Pacheco es una entrañable y buena amiga, y estoy seguro que todos ustedes tendrán sus propias razones para coincidir conmigo en esto, pues de otro modo no se justificaría nuestra presencia en esta sala para celebrar una nueva fiesta de la palabra, esta alegría de volver a la aventura de internarnos en historias de amor, amistad, misterio y nostalgia que han salido no solo de la vena literaria de nuestra amiga, sino de su corazón.

2
En el complicado y laberíntico cuento de Borges, el protagonista se interna en este jardín infinito, en busca de sí mismo, va tras una explicación que satisfaga su inquietud por conocer su procedencia. Si bien es cierto que toda la literatura es en realidad un proceso de búsqueda sin fin, he pensado en este cuento en específico porque me parece ilustrativo y oportuno para hablar de los caminos que Karina Pacheco ensaya en su narrativa para alcanzar explicaciones a un tema común a todo ser humano: su identidad.
Quienes la conocemos, sabemos de la formación académica de Karina Pacheco. Su experiencia como antropóloga no sólo ha ido consolidando una particular manera de ver, interpretar y entender el mundo, la sociedad, y en particular su cultura, sino que ha dado como producto la publicación de sus ensayos e investigaciones. Esta característica nos pone al frente a una científica social, alguien que tiene la capacidad de ver objetivamente el comportamiento de un hombre en su entorno. Pero esto no es, obviamente, una restricción o una traba para que también pueda expresarse como artista, alguien con la capacidad de abstraer profundamente su entorno social o su experiencia personal, hasta el punto extremo de la intimidad o la extensión alucinante de la ficción.
Estos son los senderos por los que transita nuestra narradora. Y estoy seguro que en cada uno de ellos, que se reflejan en sus ensayos, cuentos y novelas, aparecen nuevos senderos, como nuevas rutas, otras vertientes que la llevan por rumbos desconocidos donde es cuestionada, otra vez inquietada por lo que descubre, ya sea algo nuevo o su propio pasado.
Creo que el libro que hoy presentamos es una clara muestra de esos caminos, senderos, que se bifurcan, pero que a diferencia del laberinto de Borges, donde el desdoblamiento es infinito, en el caso de Miradas, los caminos se interceptan en un punto común: la identidad. El psicoanalista Lacan, explica que el comportamiento de las sociedades es la suma de las individualidades, las que además son anónimas, y que sus discursos van configurando la personalidad de la sociedad a la que pertenecen, con sus heridas, traumas y esperanzas. Esta idea puede ayudarnos a descifrar algunas claves de la narrativa corta de Karina.
El espectro de sus cuentos van desde el referente andino, con su candor (en el sentido de simplicidad de sus historias originales) y su mitología, hasta el caos de lo urbano y la modernidad, donde precisamente el anonimato es el principal ingrediente de la colectividad. Y en este amplio abanico, está la necesidad de búsqueda íntima de la narradora. Lacan acota que cada quien está en constante tránsito, que se traduce en un discurso cultural, y Karina, ni cada uno de nosotros es ajeno a este cambio. Por su parte, Umberto Eco considera que nuestras individuales se representan a través de discursos que solo se pueden interpretar a través de la semiótica, es decir decodificando los significantes de los signos en sus contextos particulares. Estas dos ideas,  finalmente, explicarían por qué Karina Pacheco no oculta su ansia de encontrar su identidad. Sin embargo, igual podría preguntar si esa identidad que busca no es la de su individualidad, sino la de la colectividad a la que ella pertenece, y no se puede sustraer.
Pero esta noche no he venido a complicarme la vida ni menos a complicársela a ustedes. La lectura de “Miradas” ha sido una aventura singular, pues desprendiéndome de esta careta de culterano y presuntuoso, debo confesar que he leído estos cuentos con la inocente emoción de quien devora las páginas para saber cómo es que Juan el Oso descubre que “la vida es la verdad”; o qué pasa finalmente con esas taricayas que son sacadas a la fuerza de su laguna y tienen que vivir en un exilio obligado; o cuál es el misterio que rodea al sonido seductor y mortal que llega de las montañas en luna llena.
Tampoco les voy a contar los finales, esa emoción me la reservo, y cuando ustedes lleguen a los finales que guardan estas páginas, no se acordarán de mí ni de Karina, sino de ustedes mismos, de cuando eran niños, de cuando amaron a alguien, de cuando fueron infieles en su juventud, de cuando eran silvestres e inocentes. Estoy seguro que la curiosidad les va a carcomer los huesos, no faltará alguien que se levante en la soledad de su habitación y compruebe que la sombra que proyecta su cuerpo en la pared sea en realidad la de Juan el Oso, o al despertar de un sueño intranquilo, se toque la espalda bajo las frazadas y sienta la rugosidad del caparazón que aún conserva.

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Hay magia en todo esto. Hay magia en las pinturas de Miguel Araoz que ilustran el libro, y a quien hay que mandarle un fraterno abrazo. Hay cosas increíbles, especialmente el hecho de que este libro haya sido publicado por el Gobierno Regional. Veo que el proyecto busca acercar la cultura a la población a través de la literatura, especialmente a los niños, a los jóvenes, a los maestros; sería bueno que todos nos comprometamos a vigilar que esto suceda.
Quiero agradecer a ustedes por su atención; a Karina, una vez más, por darme la oportunidad de estar a su lado y abrirme más ventanas para verme a mi mismo, para indagar sobre mi identidad andina, y no sabía cómo retribuir esta deferencia. Parte de esa identidad andina nos ordena dar algo cuando recibimos, por miles de años hemos tenido algo en las manos para agradecer. Esta vez te he traído algo sencillo, sin ningún valor material, algo insignificante como objeto, pero que de alguna manera quiere representar lo que soy. Es una miniatura de máscara, con la que solemos cubrir el rostro los danzantes aymaras, y un pequeño trabajo que han modelado Yenine y Josesito y que me lo han encargado para ti.

Fecha Publicación: 2015-07-12T18:23:00.002-07:00
Federico More es el mejor ejemplo de periodismo crítico en el Perú. Aunque en los últimos años no se hable mucho de él, en su tiempo fue protagonista y representante del periodismo más analítico, mordaz, confrontacional y revolucionario. De ideas extremas y posiciones inclaudicables, More encarna el periodismo de principios. Aquí un ilustrativo texto de Dorian Espezúa, publicado en el diario Los Andes, de Puno, que reproducimos en esta silla porque todo es prestado en la vida, como el propio More diría.
Típica pose de More, duro y crítico
Federico More y la formación literaria en el Perú
Escribe: Dorian Espezúa

Federico More fue uno de los principales integrantes del grupo Colónida, de fundamental importancia en la consolidación de la tradición literaria peruana. Con Colónida, la literatura peruana alcanza madurez y se hace verdaderamente peruana, han dicho repetidas veces los historiadores de la literatura peruana. Sin embargo, la figura de More trasciende el campo literario y se expande al plano político, social y cultural. En su peculiar estilo, por ejemplo, no está del todo claro el límite entre periodismo y literatura. More participó de los debates intelectuales con los hombres de su tiempo, con la generación que él calificó de infortunada. Fue amigo, entre otros, de Abraham Valdelomar, que encarna y dirige el movimiento Colónida; del irrepetible Alberto Hidalgo, con quien comparte el estilo panfletario y acusador heredado de Manuel González Prada; de Leonidas Yerovi, el escritor humorista de la costa; de José Carlos Mariátegui, el mejor de nuestros escritores políticos; de José María Eguren, la figura más sorprendente de la literatura peruana; de Luis Varela y Orbegoso (otro maestro del periodismo peruano), que lo llamó: "Una bestia con talento"; de Jorge Basadre, el más grande historiador del Perú; de Enrique López Albújar, José Gálvez Barrenechea, José Diez Canseco, etc.
Creo que no se puede hablar de More si no se toma en cuenta las diferentes andanzas (Igartua: 1994) y facetas de su producción discursiva, que se complementan e interrelacionan entre sí y que todavía falta recopilar y publicar. Un estudio total requiere de un conjunto de investigadores provenientes de diferentes disciplinas académicas que den cuenta de la riqueza de su producción discursiva, imprescindible para conocer la historia de las mentalidades en el Perú. En efecto, en el ensayo de More acerca de las literaturas del Perú se puede rastrear muy bien su concepción de la sociedad, la cultura y la literatura peruana, por lo menos en una etapa. Osmar Gonzales (2006) ha dicho de More que era rebelde y conservador y ha hecho notar su indiscutible antiaprismo, del que sólo se salvó Luis Alberto Sánchez, su discutible anti-indigenismo, su firme anticomunismo y su posición antimodernizadora. A estos antis hay que agregar su visceral antiafronegrismo. El ensayo de More al que nos referimos no deja de tener el estilo duelista, "jocundo, cargado, grácil y ameno" (Aramayo, 2006: 24) o el estilo donde "los adjetivos, los epítetos, las sentencias demoledoras, las acusaciones furibundas, los calificativos inapelables poblaban sus páginas y producían una doble sensación al lector: rechazo y seducción" (Gonzales, 2006: 61). ¿Qué sostenía More en este ensayo? Que la literatura peruana era una consecuencia directa de la sociedad escindida que la producía. En efecto, en el ensayo moreano la posición que ocupa y defiende un sujeto dentro del campo intelectual depende de la posición que ocupa el mismo sujeto en el campo de lo socio-cultural.
More, de origen puneño y provinciano, con un lugar importante dentro del campo intelectual limeñocentrista de la época, constata la profunda escisión o división en todos los órdenes de la vida peruana que se ejemplifica en los rencores políticos, las diferencias económicas, las tradiciones culturales, las actitudes históricas, las lenguas y las castas. More dice que en el Perú de los años 20 o se es limeño o se es incásico, es decir, serrano. Es la época donde sí se puede hablar de un Perú profundo y otro Perú costeño, divididos por la cordillera de los Andes. Hasta los años 20, y a esto no escapa More, la Amazonía sorprendentemente no existe en la reflexión de la intelectualidad peruana, a pesar de ocupar más del 60% del territorio peruano y de ser la cuna de origen de la cultura andina. Para entender mejor la propuesta moreana, hay que ubicar su reflexión en el tránsito del periodo de la República oligárquica al periodo de crisis del estado oligárquico (García-Bedoya: 1990). Desde el punto de vista de More, desde su cronotopo y desde sus ideologemas, no se ha conseguido (todavía) fundir los dos tipos o matrices culturales que nos conforman porque ambas vertientes, aunque por caminos diferentes, desean volver al pasado. Así anti-hispanistas y anti-incásicos son conservadores, retrógradas y carecen de perspectiva. Los proyectos son distintos y apuntan en direcciones opuestas, de manera que se promueve la división. Los limeños apuntan a la colonia y los incásicos al periodo prehispánico, los andinos son rurales y los limeños urbanos. More, a pesar de ser un hombre de derecha convicto y confeso, cree que a pesar de la resistencia a la mezcla y el mestizaje, el porvenir de la sociedad peruana está justamente en el punto de encuentro de estas dos matrices culturales, tal y como lo constatamos hoy, casi cien años después.
Un grupo -los serranos en la terminología moreana, donde también incluye a los selváticos- desciende de la raza hegemónica de rango imperial que conserva su espíritu peculiar, porque, entre otras razones, no ha sido influenciado de manera sustantiva por la cultura africana y china. El ensayo de More revela todos los estereotipos y el imaginario de la época donde se nota claramente un determinismo geográfico e histórico. Así, afirma More, los serranos luchan por su libertad, por librarse del coloniaje y que el clima de la sierra, “enérgicamente modelador", ha conservado "una raza casta y sobria" que usa el quechua, “lengua noble y lírica” y el castellano. En la sierra, el español se ha mezclado sólo con el aborigen, pero la sangre dominante siempre ha sido la de este último. Para la época, estamos hablando de un mestizo apegado a su parte india que contrasta con el mestizo actual, que niega su parte india y se apega a su lado “blanco". De este modo, el serrano es predominantemente indígena en términos raciales y culturales. El resultado es el “indoespañol”, el “mestizo suramericano", de quien se aguarda la nueva forma de vida y de cultura. More está convencido de que la nueva cultura peruana tendrá una matriz predominantemente andina o serrana. Los hombres de los Andes son de un modo distinto, por el rigor “telúrico", y luchan contra el centralismo limeño. Parafraseando a More, la lucha política del Cuzco contra Lima se llama “Regionalismo”. Así, el Cuzco condensa la tradición andina, serrana y rural. Las ciudades de la sierra, según More, fueron abandonadas por los criollos una vez agotada la explotación de sus productos naturales. Esto explicaría por qué el Perú estaría lleno de “aldehuelas menesterosas y ridículas” en las que cien mestizos que siempre andan en pos de un puesto público siguen manteniendo el Coloniaje. Hablamos de una sierra, en su mayor porcentaje, habitada por indios analfabetos y todavía regida por la trinidad embrutecedora del indio; una sierra dividida en castas sociales y con fuerte presencia autoritaria de hacendados.
En el ensayo en cuestión, un representante de la literatura serrana es Percy Gibson. En efecto, More afirma que él es el poeta que mejor ha sentido la sierra, aunque inmediatamente después diga que “no sabe de historia” y agregue que: “En cambio, prodúcenle crisis musicales de inefable subjetivismo, la emoción inmemorial y teosófica de los trigales maduros de color crepuscular o la leyenda que las brujas amargaron" (103). Sin embargo, y a pesar de su explícita inclinación por el mestizaje, no se puede ocultar el marcado sesgo racista desde un lugar de enunciación que evidencia predominantemente un proyecto “civilizador" de lo serrano, que devendría en mestizaje. ¿Por qué More no toma en cuenta a un representante de la sierra que sea mestizo o indio y que escriba en lengua indígena? Es poco probable que More desconociera la tradición colonial en la que, por ejemplo, el teatro se escribía en quechua. Es también difícil demostrar que More conociera la tradición republicana de la escritura en lengua indígena. Sin embargo, por lo que se desprende del ensayo, el periodista puneño intuye que la literatura en lengua indígena en su época se circunscribe a la recopilación de la tradición oral o a la producción mestiza de literatura “popular”. No conoce autores indígenas o mestizos que hayan “escrito" y publicado en lengua indígena.

Puede leer el texto completo aquí.-

Fecha Publicación: 2015-07-10T22:50:00.001-07:00
Esta entrevista aparecen en el suplemento de Clarín, Revista Ñ, de Argentina, y nos acerca un poco más al último Premio Nobel de Literatura. Ahí va:
Modiano en su estudio
Modiano: el Premio Nobel que quería dejar de escribir
Escribe: Xavi Ayen (La Vanguardia)

El departamento de Patrick Modiano frente al Jardín de Luxemburgo ocupa toda un piso de un edificio noble del distrito sexto de París, con cuadros hasta en los rellanos. Obsequioso, inquieto, sonriente y titubeante, a veces las palabras se le encabalgan en la boca y otras interrumpe sus frases de repente, como corresponde al tímido locuaz que es. La imponente biblioteca del último premio Nobel de Literatura cubre todas las paredes de su estudio. Él se sienta junto a nosotros en un sofá rojo mientras, en la mesa de trabajo, reposan guías telefónicas de los años 30 y 40 que parecen salidas de un álbum de Tintín y que le ayudan a reconstruir –apellidos, establecimientos– esa ciudad que ya solo existe en sus libros.
Saludamos un momento a su hija Zina, directora de cine, casada con un español y que pasa unos días con sus padres. Modiano sigue escribiendo sus novelas a pluma –“por pereza, soy incapaz de pasarlas a la computadora”–, tiene un diván verde como de consulta de psicoanalista y, sobre una escalera, vemos un elegante bastón, pero no es para ayudarle a caminar –está tremendamente ágil– sino para alcanzar los libros de los últimos estantes, que tocan el alto techo de molduras blancas.

Tras la conversación, paseamos con él por su barrio, donde se sienta en una terraza bromeando –“que no se note mucho que es el café de mi juventud perdida”–, y entra, reivindicativo, en la librería Picard & Epona, en su misma calle, que va a cerrar en cinco meses: “Es una catástrofe, han cerrado unas cincuenta librerías en París en los últimos tres años, y en este barrio cada vez quedan menos, ¿que en Barcelona es peor? No puede ser... Las reemplazan todas por tiendas de ropa, hay otra en la plaza Saint-Germain a punto de esfumarse”.
-Su nueva novela, "Para que no te pierdas en el barrio", se origina con un hecho real, ¿verdad? Cuando usted, de niño, fue confiado junto con su hermano a otra mujer, en una mansión de la que entraban y salían visitantes extraños...-Siempre uno se sirve de su propia vida, pero no es autobiográfico sino un relato imaginario. Es verdad que he tenido una infancia extraña, abandonado por mis padres que constantemente me dejaban en casa de amigos suyos a los que yo no conocía. Los niños no se formulan preguntas pero luego te das cuenta de que aquello que viviste no era normal. Un padre que no estaba y una madre actriz que se iba de gira continuamente. En el momento, aquello me parecía natural, pero...
-El protagonista es un escritor solitario, Jean Daragane, que recibe una visita de un extraño, lo que desencadena una investigación sobre su pasado, que ha olvidado.-Es una excusa narrativa para que él revisite su pasado. Y la frase del título proviene de una nota que a mí me escribieron, tal vez no exactamente con esas palabras.
-Daragane comienza a escribir para atraer la atención de una mujer. ¿Por qué empezó usted?-Bueno, en un momento dado, yo no tenía estudios universitarios y tenía que hacer algo en la vida. Con 23 años, no podías pasarte el día sentado en un café. Había tenido a Raymond Queneau de profesor en el instituto, y empecé a escribir así, sin reflexionar, era la única cosa que podía hacer.
-No para atraer a alguien.-No. Para intentar encontrar un equilibrio, vivía en un período de mi vida borroso, difuminado.
-“Acabamos por olvidar aquellos instantes de la vida que nos perturban o que son demasiado dolorosos”, sentencia un personaje. ¿Qué es lo que ha olvidado usted?-Nada, no he olvidado. Hay períodos que había borrado pero vuelven de vez en cuando, en el momento más inesperado, como una especie de estribillo de la memoria.
-Su personaje es un caso extremo: ha olvidado casi toda su infancia, una amnesia casi total.-Había conseguido desembarazarse de sus recuerdos raros y, bruscamente, como una picadura de insecto, sucede algo que se los restituye.
-Es como una novela policíaca donde el enigma es él mismo.-Él se dedica a seguir los pasos de una mujer pero, en realidad, se sigue a sí mismo.
-¿Cómo definiría a Annie Astrand, la mujer misteriosa, de la que el lector acaba enamorado?-Yo también un poco, el novelista es prisionero de las cosas que vivió durante su infancia y lo impactaron. Un gran autor como Dickens estuvo siempre profundamente afectado por el hecho de que su padre hubiera estado en la cárcel. Son temas que te vienen desbocados, sin freno, sin pausa. Los niños son novelistas en estado puro porque tienen una manera de ver las cosas diferente, integrándolas en una lógica personal, modificándolas según una coherencia interna.
-A pesar de la exactitud de los lugares que describe, con la calle y el número y a veces el piso, estamos en un París que ya no existe.-Existen los barrios y los edificios, pero pasear por ellos proporciona una impresión extraña, como si vieras un perro que has tenido en el pasado pero que ahora está disecado. La ciudad se ha vuelto aséptica.
-Vemos, una vez más, cómo los recuerdos no sirven para encontrar la verdad. ¿Recordar es inventar?-Más bien digamos que los recuerdos son fieles para recrear impresiones y atmósferas, no datos concretos.
-¿Qué ha cambiado el Nobel?-No gran cosa. Cuando uno empieza a escribir muy joven, llega a mi edad y de golpe acumula 50 años de oficio, y la impresión terrible de que es un período… Hay varios de mis libros que pertenecen a otras vidas que ya no son la mía. Hay libros que he olvidado, es como si hubieran desaparecido o se hubieran desconectado. Al principio tenía lectores jóvenes de mi edad, otros mayores... ahora casi todos son más jóvenes que yo. El Nobel revuelve todo eso, te acerca a la sensación de final de etapa.
-¿No le cambian las rutinas, la vida?-No, nada, bueno, me identifican más por la calle.
-En las poco más de las cien páginas de la novela, ofrece una exhibición de su estilo, de su voz. Pero extrema la economía de medios, ¿con los años se vuelve usted más sencillo?-Más elíptico, sí. Cuando empecé a escribir fue difícil, era muy joven y tenía dificultades, no sabía cómo explicar las cosas... Redactaba sin espacios, frase tras frase, sin blancos, sin dejar respirar. La naturaleza de la juventud se halla en flagrante contradicción con la escritura, con la concentración y aislamiento que requiere, de joven uno está crispado y no puede escribir de modo distendido. Es como el trabajo de carga en los muelles, uno ve a esos mozos llevar cargas pesadísimas como si nada, porque tienen un sistema para colocarse el peso y distribuirlo bien, pero llegaba gente como yo, que no tenía esa habilidad corporal y el menor peso nos desestabilizaba. De joven, te cuesta alcanzar la serenidad narrativa, debes forzarte mucho, y lo ganas solamente con el tiempo, que te permite sostener el esfuerzo, conseguir más con menos. Mis primeros libros no estaban ventilados, ahora he abierto las ventanas.
-La soledad es un sentimiento muy presente en esta novela.-Sí, a medida que uno escribe y envejece se da cuenta de que esta actividad es solitaria, tomas mayor conciencia de eso. Estás obligado a autodisciplinarte, no tienes reacciones inmediatas sobre lo que haces y esa impresión te invade.
-¿Se desnuda más cuanto mayor se hace?-Sí. Al acabar un libro, me invade la insatisfacción, creo que no hice lo que debía hacer, y empiezo rápidamente otro para tapar ese sentimiento. Un libro acabado no me aporta nunca soluciones. Entonces intento retroceder para avanzar mejor. De joven, me invadía la ilusión, creía que llegaría un momento en que quedaría colmado, ya no tendría más necesidad de escribir porque habría llegado a la meta, a lo que quería hacer. Me impresionaban los escritores que un día dejaban de escribir, los admiraba, me decía: ‘Ah, esos han llegado, es maravilloso’. Pero es más complejo: siempre siento esa picazón, esa insatisfacción, esa angustia de no llegar. Nunca consigo decir lo que quiero. Tengo que seguir.
-¿No hay escritores felices?-No, eso es lo que te hace continuar.
-La cita de Stendhal, que dice que no puede perseguir los hechos, tan solo esbozar su sombra, es, de algún modo, su programa literario.-Lo raro es que, en clase, nos decían que Stendhal se centraba en pequeños hechos verdaderos, pero no, todo es más complejo. Esa frase me impresiona, sí: perseguimos la sombra o el reflejo o las huellas que han dejado los hechos, no los hechos en sí mismos.
-Escribir un libro, dice el protagonista, es dejar señales o guiños a personajes reales, para que los adviertan...-Sí, yo utilizo, por ejemplo, nombres de gente que existe, esperando reacción de los auténticos, gente que traté en mi infancia, gente enigmática de la que he perdido la pista, siempre espero que se den por aludidos y me digan algo. Me funcionó muchos años, pero a mi edad es demasiado tarde, muy difícil, sería gente que ya tendría cien años. Por este libro nadie me ha llamado y está plagado de personajes reales. Es como esas partituras surrealistas o collages en que se metían fragmentos de la vida real.
-El novelista de ficción suprime dos capítulos de su libro. ¿Usted lo hizo?-En esta novela no, pero tengo el vago recuerdo de haberlo hecho en mi primer libro. Tengo otro recuerdo, esta vez intenso, de mis 15 años, escribí una novela, El diablo en el corazón, y la he perdido, pero esa pérdida me ha dejado una sensación extraña, de algo extraviado.
-Usted ha tenido una relación estrecha con dos de las mujeres más fascinantes de nuestros tiempos. ¿Qué es ese libro que hizo con Catherine Deneuve?-Bueno, no está traducido al castellano, es un libro sobre su hermana actriz Françoise Dorléac, muerta en un accidente de coche cuando tenía 25 años.
-Y a Françoise Hardy, a quien le escribió muchas canciones.-Fue por azar, tenía un amigo que trabajaba en una discográfica, en los años 60, escribí mucho para ella, también para otros cantantes. Ahora ya no lo hago, me sabe mal porque mi idea de literatura es cercana a la música, me gustaría haber escrito algo como Les feuilles mortes de Jacques Prevert, que cantó Yves Montand y fue un hit. La música es el arte superior.
-Hombre, pues ahora con el Nobel no le faltarían ofertas para escribir canciones...-¿Usted cree? Ah, ojalá, pero tal vez sea demasiado tarde...

Fecha Publicación: 2015-07-03T22:08:00.001-07:00
Max Brod se hizo famoso por ser el amigo que no cumplió con los encargos finales de su amigo, Franz Kafka. Bueno o malo, lo cierto es que gracias a esa deslealtad, el mundo puede acceder a una de las obras literarias más importantes de la historia. Ahora, una orden judicial dispone que el legado de Kafka, que Brod conservó incumpliendo los deseos de su amigo Franz, se quedará en Israel a disposición del mundo. La nota viene en El País, de España.
Max Brod y Franz Kafka
Escribe: Juan Carlos Sanz
EL PAIS

Cuando el autor de La metamorfosis falleció había dejado encomendado a su mejor amigo que quemara todos sus manuscritos. Gracias a que Max Brod no cumplió su palabra, la obra en alemán del escritor judío de Praga Franz Kafka (1883-1924) pudo dejar su sello en la literatura universal con textos como El proceso o Carta al padre.La justicia israelí parece haber completado la misión de Brod 91 años después al dictaminar que sus manuscritos, en manos hasta ahora de los herederos de la secretaria del amigo y albacea, deben ser entregados a la Biblioteca Nacional de Israel para que puedan ser consultados por los investigadores y el público en general.
El Tribunal del Distrito de Tel Aviv ha ratificado esta semana el fallo de un tribunal inferior en 2012 favorable a la Biblioteca Nacional. Al desestimar el recurso de los titulares privados de los archivos —con duras palabras sobre su “conducta criminal”— la justicia cierra un largo y complejo pleito que hace honor a una de las novelas más conocidas del escritor.
Nacido bajo el Imperio Austro-Húngaro en la capital de la actual República Checa, Kafka apenas publicó un puñado de relatos durante su corta vida, marcada por las tribulaciones familiares y las enfermedades. Su amigo Brod se ocupó de buscarle a su pesar un lugar en la historia de la cultura mundial, pero tuvo que huir de Praga tras la invasión de la Alemania nazi en 1939.
El albacea del escritor judío acabó su peripecia en la Palestina bajo administración británica, adonde llevó consigo todos los manuscritos de Kafka. A su muerte en Israel en 1968, Brod legó todos sus papeles, incluidos los del autor de El castillo a su secretaria personal, Esther Hoffe, con la obligación de que los entregara a un archivo público: “La Universidad Hebrea de Jerusalén, la Biblioteca Municipal de Tel Aviv u otra institución similar en Israel o en el exterior”. Pero Esther y su hermana Ruth empezaron a gestionar entonces el legado provisional de documentos como una colección privada.
Hoffe tampoco cumplió con la voluntad póstuma y se dedicó a subastar manuscritos y documentos al mejor postor para conseguir elevadas sumas, que se cifran en millones de dólares. Muchas de las decenas de miles de páginas que recibió en custodia acabaron en manos del Archivo de Literatura Alemana, situado en la localidad de Marbach. El resto de los documentos se ocultaron de la vista del público en 10 cajas de seguridad situadas en bancos de Tel Aviv y Zúrich, así como en los muros de la casa de la secretaria.
A su muerte en 2007, Esther Hoffe legó los manuscritos y cartas a sus dos hijas. Fue entonces cuando la Biblioteca Nacional, amparada por el Gobierno de Israel, y las herederas hermanas Hoffe, apoyadas por el Archivo de Literatura Alemana iniciaron el complicado pleito que acaba de cerrarse.

Historia vendida al mejor postor en pública subasta

El tribunal de Tel Aviv que ha fallado a favor de la Biblioteca Nacional de Israel en el proceso sobre la propiedad de los archivos de Franz Kafka se ha expresado en términos inusualmente duros contra los hasta ahora poseedores de los documentos. “Causó una indignante injusticia con la forma en que gestionó el legado literario”, se afirma sobre la conducta de Esther Hoffe, la secretaria de Max Brod, albacea del escritor. Ella recibió el encargo de custodiar los documentos en 1968 a la muerte del mejor amigo del autor.
“Kafka no conoció a Hoffe y nunca habló ni se reunió con ella”, precisa la sentencia. “[La secretaria] No era una persona próxima ni con la que él tuviera una relación familiar”. El tribunal de Tel Aviv sostiene que, mientras el escritor había ordenado la destrucción de su obra tras su muerte, la secretaria de Brod, primero, y las hijas de esta, después, “se dedicaron a venderla al mejor postor en pública subasta”.
En otra argumentación algo más forzada, los jueces israelíes consideran que Brod, que tuvo que huir de Praga en 1939 y refugiarse en lo que hoy es territorio de Israel para escapar de los nazis, “difícilmente hubiese aceptado que su legado hubiese acabado en una institución alemana”. Esther Hoffe y sus hijas vendieron parte de los manuscritos de Kafka valorados en varios millones de dólares al Archivo Nacional de Literatura de Alemania.

Fecha Publicación: 2015-07-02T20:46:00.000-07:00
Al conmemorarse 200 años de la muerte del poeta Mariano Melgar, prócer de la independencia y alto ejemplo de valentía y amor a la patria, en Arequipa, su tierra natal, se desarrollará el Congreso Internacional "Mariano Melgar, 200 años: poesía e independencia". Aquí el programa.
Mariano Melgar
CONGRESO INTERNACIONAL “MARIANO MELGAR, 200 AÑOS: POESÍA E INDEPENDENCIA”

AREQUIPA, 12-14 DE AGOSTO, 2015
Auditorio Mariano Melgar de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), Calle San Agustín, Arequipa 

PROGRAMA
Miércoles 12 de agosto
10:30 am: Inscripciones
11 am: Inauguración. Participan: José Gabriel Valdivia, José Antonio Mazzotti, Goyo Torres, Ruhuan Huarca
11:30 am: Panel I. MELGAR Y EL PROBLEMA DE LA NACION
• Nación criolla e independencia. Una mirada desde la literatura
José Antonio Mazzotti (Tufts University)
• Prolegómenos del problema de la nación en la poesía de Mariano Melgar
José Gabriel Valdivia (Universidad Nacional de San Agustín)
• La poética de Mariano Melgar y la ilusión de las Cortes de Cádiz
Johnny Zevallos Estupiñán (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
1 pm: Almuerzo libre
3 pm: Panel II. POESIA DE INICIOS DEL SIGLO XIX
• Amor, erotismo y muerte en la poesía de Carlos A. Salaverry
Christian Fernández (Louisiana State University)
• Los yaravíes melgarianos y la construcción de la conciencia criolla
Goyo Torres Santillana (Universidad Nacional de San Agustín)
• El carácter ficcional de la poesía de Mariano Melgar
Henry César Rivas Sucari (Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas)
4:30 pm: Panel III. AREQUIPA Y LA EXPERIENCIA REPUBLICANA
• Tradiciones y revoluciones en la literatura arequipeña del siglo XIX. El caso de Lelia (1862) de Ernesto Noboa, hipotexto de Jorge o El hijo del pueblo de María Nieves y Bustamante (1892) Richard Leonardo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos / Universidad San Ignacio de Loyola)
• Clase y mestizaje en dos novelas sobre Arequipa: Jorge, el hijo del pueblo y Ciudad trágica, de Luis A. Loayza, una novela casi desconocida
Mario Suárez Símich (Investigador independiente y novelista)
5:30 pm: Presentación de la novela El tiempo que muere en nuestros brazos, de Mario Suárez Símich. Participan: Maurizio Medo (Investigador independiente), Rocío Ferreira (DePaul University, Chicago) y Mario Suárez Símich
Jueves 13 de agosto
10:30 am: Panel IV. VIDA CULTURAL Y FICCIONES FUNDACIONALES DE LA REPUBLICA
• La Bolsa de Arequipa y Clorinda Matto de Turner. Vida cultural y política
Rocío Ferreira (DePaul University, Chicago)
• La comedia de costumbres como primera ficción fundacional en el Perú
Javier de Taboada Amat y León (UPC / Casa de la Literatura Peruana)• Arequipa en la literatura peruana: un antes y después de Mariano Melgar
Miguel Angel Gonzales Corrales (Revista Náufrago)
12 pm: Mesa redonda: Conversación con los estudiantes de la Escuela de Literatura de la UNSA que participaron en el concurso interno de ponencias sobre Mariano Melgar
1 pm: Almuerzo libre
3 pm: Panel V. AREQUIPA Y SU LITERATURA CONTEMPORÁNEA
• “Panorama de la poesía arequipeña”
Maurizio Medo (Investigador independiente)
• “Ciudad de claro oscuro”: Arequipa en su literatura
Fernando Rivera (Tulane University)
4 pm: Panel VI. ESCENARIOS INDEPENDENTISTAS DE INICIOS DEL SIGLO XIX
• La dinámica de las juntas de gobierno y el grito de independencia de Cangallo (1814)
Teodoro Hampe Martínez (Instituto Panamericano de Geografía e Historia)
• Melgar contemporáneo: una vida entre la experiencia neoclásica y la expectativa republicana
Marcel Velázquez Castro (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
• Arequipa en el proceso de la independencia del Perú. De los pasquines a Bolívar: 1780-1825
Aldo Rafael Medina Gamero (Universidad Privada del Norte / Universidad Continental)
5:30 pm: Panel VII. IMAGINARIOS CONTEMPORANEOS PARA MELGAR
• La ficcionalización del héroe Mariano Melgar en la obra de Alfredo Macedo Arguedas
Giancarla Di Laura (Praire View A&M University, Houston)
• Melgar, entre el imaginario popular y la memoria colectiva en Arequipa
Carlos Vargas Salgado (Whitman College, Washington)
6:30 pm: Recital de poesía en homenaje a Mariano Melgar. Participan: José Gabriel Valdivia, Juan Wilfredo Yufra, Maurizio Medo y José Antonio Mazzotti
Viernes 14 de agosto
10 am: Panel VIII. LA POÉTICA LIBERTARIA DE MELGAR EN MIRAS AL BICENTENARIO
• El mundo al revés en una oda de Melgar y las conexiones literarias de sus fábulas
Milton André Ramos Chacón (Pontificia Universidad Católica del Perú / Universidad Nacional de San Agustín)
• Un hervor aparte. Mariano Melgar y el texto imaginado de las fábulas
Juan Wilfredo Yufra (Universidad Nacional de San Agustín)
• Del Quinto Centenario (1992) al Bicentenario (2010): efeméride, ficción estatal y discurso sobre el futuro
Enrique E. Cortez (Portland State University)
11:30 am: Mesa redonda: Cuarenta años de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, una publicación internacional con sabor arequipeño. Participan: José Antonio Mazzotti (Director de la RCLL), Enrique Cortez (Portland State University), Rocío Ferreira (DePaul University) y José Gabriel Valdivia (UNSA)
12:30 pm: Clausura
1 pm: Almuerzo
Organizado por la Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), la Revista de Crítica Literaria Latinomaericana (RCLL), el Centro de Investigación y Desarrollo Cultural del Sur (CIDECSUR) y el Municipio de Mariano Melgar, Arequipa

Fecha Publicación: 2015-06-26T22:15:00.001-07:00
Otra nota en ABC, de España, esta vez detacando la traducción que hizo don Demetrio Túpac Yupanqui de la segunda parte de El Quijote de la Mancha. Los medios locales no dicen nada, como siempre, y llenan sus páginas con un saludito que un jugador de fútbol hace en quechua, que de seguro lo mandó  a escribir con alguien (propongo que diga por lo menos una frase en quechua en directo, a ver si puede). En fin, esa es otra histoira, mejor leer sobre el extraordinario trabajo de don Demetrio.
Don Demetrio Túpac Yupanqui
Cuatrocientos años después de su publicación, la segunda parte de "Don Quijote de La Mancha" (1615) ha sido traducida al quechua, la lengua nativa más extendida del continente americano y desde ahora uno de los 70 idiomas en los que se puede leer íntegramente la obra insignia de las letras españolas. El artífice de la traducción es el periodista y profesor de quechua Demetrio Túpac Yupanqui, de 91 años, quien explicó que empleó dos años en traducir del español antiguo a su lengua materna los 74 capítulos que componen la segunda parte de la obra más famosa de Miguel de Cervantes.
Túpac Yupanqui, descendiente del inca del mismo nombre que gobernó el Tahuantinsuyo (imperio inca) a finales del siglo XV, ya invirtió otros dos años hace una década para traducir la primera parte del Quijote y conmemorar así el cuarto centenario de la publicación del primer volumen, aparecido en 1605. Con el título «Yachay sapa wiraqucha dun Qvixote Manchamantan» («El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha»), el célebre inicio de la obra de Cervantes dice así en quechua: «Huh k'iti, La Mancha llahta sutiyuhpin, mana yuyarina markapi» («En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme»).
El intérprete del Quijote indicó que «no fue una tarea fácil porque Cervantes usa algunas palabras en español que son difíciles de traducir al quechua. Un ejemplo es el término "hidalgo", que en español significa hijo de noble, pero cuya traducción más similar al quechua refiere a la persona que tiene autoridad en la sociedad, y en ocasiones es mejor respetar la palabra original».
Yupanqui recordó que la adaptación al quechua de «Don Quijote» puede llegar a más de diez millones de personas que actualmente hablan el idioma andino, no solo en los ambientes rurales de Perú y Bolivia, también en otras zonas de Ecuador, Colombia, Argentina y Chile que formaron parte del Tahuantinsuyo. El traductor del Quijote expresó su deseo de que la nueva versión pueda plasmarse en una edición de lujo como la que tuvo el primer volumen, cuyo ejemplar conserva como paño en oro, con coloridas ilustraciones andinas de artistas de Sarhua, distrito de la región peruana de Ayacucho, que presentan a «Don Quijote» bajo una visión andina.
La traducción del Quijote al quechua fue un encargo personal del reportero español y promotor de la Ruta Quetzal, Miguel De la Quadra-Salcedo, quien buscó a Demetrio en su academia de quechua «Yachay Wasi», que regenta en un barrio del Callao, la ciudad portuaria de Lima. «Un día llegó Miguel y, con su acento vasco, me dijo que venía para que le tradujera 'Don Quijote' porque en varias partes como Argentina y Cuzco le dijeron que yo era la persona que mejor lo podía traducir. Me sorprendió, pero le dije que lo haría con la dedicación que merecía la tarea», relató Túpac Yupanqui.
El traductor, originario de la región de Cuzco, recordó que leyó por primera vez el Quijote cuando, con alrededor de 15 años, estudiaba secundaria en el Seminario San Antonio Abad, donde «los profesores españoles tenían mucho interés en difundir la obra de Cervantes». Gracias a la traducción de la primera parte de «Don Quijote», Túpac Yupanqui recibió el pasado año el título inca de «Amauta Capac Apu» (gran maestro y señor) por parte de la asociación «Consejo de los cuatro Incas» que reúne a los descendientes de la realeza del Imperio de los Incas en el Cusco. 

EFE / ABC.
  

Fecha Publicación: 2015-06-24T20:03:00.002-07:00
Una interesante exposición pictórica sobre el encuentro entre el inca Atahualpa y el invasor Francisco Pizarro, que concluyó con el asesinato del inca y marcó el inicio de la conquista del Perú. Mejor ver la nota que viene en ABC, de España, mientras que en el Perú nada se dice al respeto.
Una de las ilustraciones sobre el trascendental encuentro
El Inca y el Conquistador» (museo del Quay Branly) propone una historia comparada de la conquista y caída del imperio inca (1533), a través del «diálogo» entre sus dos grandes protagonistas, el emperador Atahualpa y Francisco Pizarro, el conquistador español. Se trata de un proyecto museístico de carácter pedagógico, que pretender contar, al mismo tiempo, un fallido «diálogo» de «imperios» y «civilizaciones», exponiendo, en paralelo, el estado social, económico, político, cultural y artístico del imperio inca y el imperio español, a mediados del siglo XVI.
La muestra, que puede visitarse hasta el próximo 20 de septiembre, entrelaza las biografías del inca y el conquistador, del que últimas investigaciones han aportado nuevas visiones, a través de 120 obras precolombinas e hispánicas como libros castellanos de la época, orfebrería, tapices, cerámicas y armas.
El imperio inca se encontraba en un estado de agónica guerra civil, víctima de crisis políticas, sociales, culturales y religiosas que reducían su dimensión. El español, en plena exploración del mundo, despuntaba en la vanguardia artística, cultural, política, militar e institucional de la civilización europea.
Con la palabra «imperio», los comisarios de la exposición utilizan la misma palabra para nombrar construcciones históricas de muy distinta naturaleza. Sin problemas de método, la exposición compara las peripecias humanas de los dos grandes protagonistas de aquel «choque» de imperios.
Pizarro es el personaje histórico que con menos de doscientos hombres y medio centenar de caballos consiguió conquistar e imponer su ley (la ley imperial española) a un imperio de poco menos de doce millones de habitantes, dividido en guerras civiles.
Sin duda, la reconstrucción comparada de las armas, herramientas, utensilios de uso doméstico y agrícolas que permiten comprender el grado de civilización que encarnaban Atahualpa y Pizarro y también imaginar un combate francamente desigual. La mera comparación no oculta lo esencial: el hundimiento fáustico del imperio inca estuvo acelerado de manera vertiginosa por la llegada «celeste» de los conquistadores españoles y sus cincuenta caballos. Pero los gérmenes de su caída eran también locales, de carácter cultural y religioso.

Encuentro en Cajamarca

La fecha clave del encuentro entre españoles e incas fue el 16 de noviembre de 1532, el día en el que Pizarro y Atahualpa se reunieron en Cajamarca, que terminó con la captura del inca. Para mejor ilustrar sus propósitos pedagógicos, «El Inca y el Conquistador» se ha dividido en cuatro secciones. De entrada, en la primera sección, se presenta comparativamente el «estado» de los dos campos (imperio inca/imperio español), con breves pinceladas consagradas a sus respectivos líderes, Atahualpa y Pizarro.
En lo más alto de su esplendor, el gran arte y la gran cultura inca produce unas obras muy diferentes a las españolas. La agonía cultural que precedió a la conquista española, siendo respetable, tiene mala comparación con el gran arte y la cultura barroca europea, que Pizarro encarnaba, a su manera, descubriendo, conquistando y colonizando un nuevo continente.
En una segunda sección, el «Inca y el Conquistador» pretende reconstruir el diálogo fallido con el «otro». Se trata de una variación pedagógica de una versión «multicultural» del diálogo entre culturas y civilizaciones. Para Atahualpa, el «otro» (Pizarro, los españoles) fueron seres entre celestes y divinos, con una crueldad propia del panteón de las divinidades de todas las religiones politeístas. Para Pizarro, el «otro» era el reyezuelo de un reino que el conquistador estaba decidido a conquistar a sangre y fuego, si era necesario.
Las guerras civiles entre los pueblos y familias incas tuvieron dimensiones trágicas. Pensar que Pizarro era más «fanático» y «cruel» que Atahualpa es una ilusión semejante. La diferencia esencial entre el inca y el conquistador era cultural: el conquistador poseía, al mismo tiempo, la fuerza de sus caballos (apenas 50, para controlar un «imperio» de doce millones de almas), su espada y su cultura, la cultura de la civilización europea, en uno de sus momentos de gran esplendor.
En una tercera sección, «El Inca y el Conquistador» propone una exposición comparada de objetos, utensilios y obras que intentan comprender acontecimientos íntimos (la muerte de Pizarro y Atahualpa) en el marco del diálogo fallido entre incas y conquistadores. La biblia de un soldado español se confronta con útiles de los incas.
En su cuarta y última sección, «El Inca y el Conquistador» se propone rastrear los orígenes de una sociedad mestiza, fruto del «diálogo de civilizaciones». Paralelismo final sencillamente fallido. Atahualpa y la aristocracia inca no podían imaginar siquiera contraer matrimonio con mujeres españolas y europeas, como sí hicieron Pizarro y sus hombres con las indias (el conquistador con dos princesas incas), con las que se casaban (por la iglesia), transmitiendo a sus hijos la religión, la lengua y la cultura españolas...
La dimensión cultural excepcional de la conquista es ésa: la transmisión de la lengua, la religión, la cultura y la civilización, española y europea. Aunque también dejó muestras de su impulso cainita: Pizarro llegó a gobernador de Nueva Castilla y murió asesinado como consecuencia de las luchas entre los conquistadores en 1941, con más de 60 años.

J. P. Q. ABC, París

Fecha Publicación: 2015-06-23T20:06:00.001-07:00
El poeta brasileño Augusto de Campos (hermano de Haroldo de Campos) se ha convertido en uno de los principales referentes de la poesía visual, o concreta, en América Latina. Aquí la nota que da cuenta que acaba de ganar el Premio de Poesía Pablo Neruda, que se otorga en Chile.
Augusto de Campos


Escribe: Javier García
LA TERCERA

Palabras que forman figuras. Imágenes armadas con letras. La poesía en movimiento. Desde hace medio siglo, el poeta brasileño Augusto de Campos (1931) viene elaborando una poesía que rompe con la tradición del verso puesto en una hoja en blanco.
En la década del 50 Augusto, junto a su hermano Haroldo de Campos y el poeta Décio Pignatari, crearon el movimiento de Poesía Concreta, que estaban en contra de la poesía abstracta y postulaba el diálogo con las artes plásticas y visuales.
Hoy en la mañana, Augusto de Campos fue elegido por unanimidad como el nuevo Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en una ceremonia realizada en la casa La Chascona, y que contó con la presencia del ministro de Cultura. Primera vez, desde su creación en 2004, que se galardona a un poeta de Brasil. Los últimos dos ganadores fueron cubanos: José Kozer (2013) y Reina María Rodríguez (2014).
El jurado compuesto por los autores Silvia Guerra, de Uruguay, Juan Manuel Roca, de Colombia, y los chilenos Carmen Berenguer y Oscar Hahn, eligieron a De Campos por “su larga y fecunda trayectoria, cuya aventura inicio un desplazamiento hacia otros lenguajes como la plástica y la música en un diálogo con lo popular (…) Su énfasis en la poesía visual abrió nuevos caminos a la expresión artística lo mismo a través del videoarte”, fue el acta leída por Juan Manuel Roca.
Augusto de Campos, autor de libros como Poemóbiles (1974) e Caixa Preta (1975), traductor al portugués de obras de E.E. Cummings y Ezra Pound, recibirá 60 mil dólares por el premio. Desde Sao Paulo, De Campos dijo al teléfono: “Agradezco mucho que hayan honrado mi obra y mi trabajo con este premio. Sólo me queda agradecerles este honor. En Chile hay tantos poetas importantes para mí, como el propio Neruda, Vicente Huidobro y Nicanor Parra. Tengo una proximidad poética con ellos muy grande”.
Luego el Premio Nacional, Oscar Hahn, dijo: “Uno de los problemas de la poesía visual es que es difícil presentarla en libros, porque pierde muchísimo. El también tiene hologramas. Y eso quisimos premiar, que la poesía también es plural y que no puede haber una tendencia única dominante que lo aborde todo. Nos gustaría tener una exposición de su obra cuando el poeta nos visite en Chile”. Visita que debería suceder en octubre próximo, cuando la presidenta de la República entregue el premio en La Moneda.  
Mientras, el Ministro de Cultura, Ernesto Ottone Ramírez, agregó que “el premio es un gran aporte para el contexto continental. La poesía de De Campos es uno de los símbolos de quien ha evolucionado en espacios donde el público a veces le cuesta encontrarse con la poesía”.

Fecha Publicación: 2015-06-22T13:32:00.000-07:00
Imagen siempre recordada de la Antonelli
Escribe: Gregorio Belinchón

EL PAÍS

Como un juguete roto. Tras haber sufrido una desfiguración por culpa de una mala cirugía estética en 1992, y luchado contra la justicia italiana por una acusación de tráfico de drogas. Sola en su casa. Así murió Laura Antonelli, cuyo cadáver ha sido descubierto por la señora de la limpieza a las ocho de la mañana.
Antonelli ha fallecido a los 74 años, en su casa de Ladispoli, cerca de Roma, muy alejada de sus tiempos de mito erótico europeo —en especial en Italia y España—. Probablemente fue mejor actriz que la mayor parte de las películas que protagonizó, más centradas en la carne que en la interpretación.
Nació con el nombre de Laura Antonaz en Pula (Croacia) que en 1941, en plena guerra mundial, era parte de Italia. De niña se mudó a Roma y llegó a trabajar como profesora de educación física. Pero un anuncio de Coca-cola y su presencia en diversas fotonovelas la llevaron hasta el cine. Con 25 años debutó en la gran pantalla con Le sedicenni. Fue en los setenta cuando triunfó y logró el David di Donatello por Malicia, la película que en 1973 le presentó su rostro a todo el mundo.
Hay que reconocer que lo intentó en el cine de autor, que dejaba contenta a directores como Dino Risi, con quien trabajó en Sexo loco (1973), una película por episodios, en la que ella y Giancarlo Giannini protagonizaban todas las historias, y en Sesso e volentieri (1982); Luchino Visconti (El inocente), o Ettore Scola (Entre en el amor y la muerte, con la que en 1981 obtuvo su segundo David di Donatello). Pero sus grandes éxitos fueron por otro lado: Dios mío, cómo he caído tan bajo, de Luigi Comencini, A su excelencia le gustan las mujeres, Camas calientes, Solo dios sabe la verdad, Me gusta mi cuñada, La jaula o La veneciana. Todas parecían prolongaciones del mito erótico de criada que cimentó con Malicia, de Salvatore Samperi. En realidad, Samperi es un buen espejo de su carrera: con él también hizo Me gusta mi cuñada, Casta y pura y su último trabajo, Malizia 2000 (1991). Samperi, experto en este erotismo de segunda, dirigió en Un amor en primera clase (1980) a la gran rival europea de Antonelli, Sylvia Kristel, más conocida por la saga Emmanuelle.
De Me gusta mi cuñada, uno de los grandes éxitos de Antonelli, Ángel Fernández-Santos escribió: “Es una vieja historia verde, con algunos tonos rosáceos, pero tocada de una pretensión de cinismo que embarulla un poco las cosas a medida, que el filme avanza. La historia del adolescente que recibe de su hermano mayor el encargo de escoltar a su cuñada de los moscones de playa y termina él como único favorecido moscón, es una de las muchas variantes posibles del manantial del Decamerón, solo que las posibilidades del asunto están neutralizadas por un guión insulso y mal construido. Los epígonos de la gran comedia italiana suelen dar pocas veces en la diana. Las joyas del género, procedentes sobre todo de los años cincuenta y primeros sesenta, crearon un estilo, cierta facilidad entre los profesionales italianos para imitarlo y todo ello en un desierto de la imaginación, que ha ido poco a poco degradando el pequeño gran género hasta dejarlo en nada. Una muestra de esa nada es esta película”.
En abril de 1991, la policía encontró 36 gramos de cocaína en la casa de Laura Antonelli, y fue condenada a arresto domiciliario por posesión y tráfico de drogas. La siguiente década la pasó apelando la sentencia hasta que la justicia italiana le dio la razón: la droga era solo para su consumo personal. En noviembre de 1996, por problemas de salud mental, Antonelli fue internada en la sección psiquiátrica de una clínica de Civitavecchia. Nunca más volvió a actuar, a pesar de que le siguieron llegando ofertas.

Fecha Publicación: 2015-06-21T19:16:00.000-07:00
Manuel Vicent ensaya un acercamiento a Borges, y sugiere lo que haría, o diría, el autor de El Aleph en el laberinto de las redes sociales. Interesante texto encontrado en El País, que acomodamos e esta silla, con el respeto y la confianza que se merece Vicent.
Experto en laberitos y frases ingeniosas, Borges estaría en su salsa


Escribe: Manuel Vicent
 
Puede que Jorge Luis Borges aprendiera de Oscar Wilde o tal vez de Bernard Shaw que para alcanzar la fama literaria basta con una frase ingeniosa, malévola, sorprendente, paradójica, polémica, que cabree a los representantes oficiales de la cultura. “A lo largo de mi vida he ido aprendiendo a ser Borges”, dijo casi al final de sus días. Pero no se sabe a qué Borges se refería, porque eran dos: el Borges escritor y el Borges oral. Este último, el de lengua larga e imprevista, fue el que le dio popularidad, un fenómeno que sucedió cuando ya era un anciano coronado por sus admiradores subyugados con el prodigioso cuento universal, El Aleph, escrito con inapelable maestría o con otros relatos laberínticos tallados cada palabra lentamente como sobre una madera de ébano. Pero todas las ficciones, libros de arena, jardines de los senderos que se bifurcan, el oro de los tigres, las historias universales de la infamia, los cuchillos, las sombras y los espejos quedaban oscurecidos por cualquier bordería epatante de ese Borges palabrista. Por ejemplo, al comentar el verso de Fray Luis de León Pongo mi corazón sobre tu llaga, dijo: “Qué verso más raro; da la idea de un asado, ¿no?”. Para pasar a la historia es suficiente una frase que se repita después en los cenáculos y tertulias literarias.
Aunque era refractario a toda la tecnología moderna, hoy Borges habría triunfado más aún en el mundo perverso de Twitter con una maldad de 140 caracteres en los que cupiera el elogio desmedido a escritores menores solo para molestar a los consagrados que podían hacerle sombra; el desprecio al propio idioma castellano, cuyo genio dominaba con una perfección absoluta, hasta el punto de preferir el Quijote leído en inglés; el sarcasmo de zaherir a García Lorca tachándole de poeta andaluz, el de los guardias civiles y gitanos. Y así sucesivamente hasta no dejar títere con cabeza.
Ya sabíamos todo de su vida cuando, de pronto, Borges se convirtió en el paradigma de escritor al que admiras y odias al mismo tiempo. Ha habido otros literatos contradictorios de este estilo, pero Borges fue entre nosotros el primero en partir el alma de sus lectores exquisitos, el que parecía gozar con más ahínco escandalizando con una paradoja reaccionaria a sus devotos progresistas.
Lo sabíamos todo de su infancia en Buenos Aires, de su primer viaje adolescente en 1914 con su familia a Ginebra, de su visita al prostíbulo para iniciarse impulsado por su padre, de su llegada a la España de entreguerras, de su estancia en Mallorca durante un año y de su primer encuentro en Madrid en 1919 con escritores más o menos conocidos que andaban jugueteando con las vanguardias hasta que trabó amistad con Cansinos-Assens, un escritor secundario, nocturno, talmúdico, poseído por la Cábala, al que desde el primer momento consideró su maestro. “Una de sus perversidades”, dice Borges, “consistía en escribir artículos, y hasta libros, en los que prodigaba elogios a autores menores. En aquellos tiempos, Ortega y Gasset estaba en la cumbre de la fama, pero Cansinos no le tenía en cuenta y hablaba mal de él; decía que era un mal filósofo y un pésimo escritor. Yo le debo muchas cosas, entre ellas supo transmitirme su amor por la literatura”.
También parece haberle transmitido el arte de la maledicencia. Cansinos-Assens oficiaba cada noche de dictador en la tertulia del café Comercial y pasaba por ser conocedor de diez idiomas que usaba para traducir directamente del árabe Las mil y una noches y del ruso a Dostoievski, del alemán a Goethe, a Marco Aurelio del griego y del latín y a De Quincey del inglés. Pero algunos decían que, en realidad, solo sabía francés, de donde abrevaba como traductor de Barbusse para asaltar todos los demás idiomas. De la misma forma, algunos maledicentes también dudan todavía de las inmensas lecturas de Borges. ¿Acaso no será debido a su prodigiosa imaginación cultural de ciego tanto acopio de sabiduría secreta extraída de libros imposibles que nunca leyó?
La familia Borges regresó a Buenos Aires en 1921, con el joven literato imbuido de ultraísmo, una vanguardia que al final quedó en nada. Con el tiempo, Borges fue madurando hasta convertirse en un escritor guardián de todos los laberintos, en el poeta de versos de una exactitud matemática mientras veía que ante sus ojos todo el universo adquiría el color ámbar de la ceguera. Después fue ese señorón de traje cruzado al que repelía la grasa popular del peronismo, amigo de Bioy Casares, apacentado por Victoria Ocampo, sentado en el restaurante La Biela o en un salón del hotel Alvear, donde acudían los encorbatados estancieros.
En sus últimos años, cuando ya había escrito relatos admirables y casi secretos se convirtió en el Borges oral, que llegó a España de los años sesenta dispuesto a romper todos jarrones posibles. “Una dictadura no me parece censurable. A simple vista, parece que cortar la libertad está mal, pero la libertad se presta para tantos abusos. Hay libertades que constituyen una forma de impertinencia. Siempre pensé que la democracia era un caos provisto de urnas electorales, ese curioso abuso de la estadística”.
Eran opiniones hirientes pronunciadas en un tiempo en que sus lectores progresistas luchaban en este país por la libertad, contrastadas a su vez con juicios fastuosos, frases siempre paradójicas y cargadas de sinrazón, pero este juego dejó de tener gracia cuando sus lectores exquisitos supieron que apoyaba con su silencio el golpe de los militares argentinos y ponderaba el régimen de Pinochet. ¿Qué hacemos con este hombre, lo admiramos o lo odiamos?, se preguntaban sus rendidos lectores. ¿Es un genio o un impostor?
“No otorgarme el premio Nobel se ha convertido en una costumbre escandinava; desde que nací [el 24 de agosto de 1899] no me lo vienen dando”. Eso mismo piensan los que le aman. No otorgarle el Nobel significaba concedérselo por omisión todos los años. Pero más allá del bien y del mal donde la alta literatura se amasa con cinismo, siempre reinará Borges. Eso mismo creen los que se ven condenados a odiarle.

Fecha Publicación: 2015-06-17T09:03:00.003-07:00
La escritora y periodista argentina está en tiempo de fama justificada, su prosa está marcando, poco a poco, un estilo e influencia en el ámbito latinoamericano y su trabajo recibe premios y reconocimientos. Va bien. Encuentro este breve texto en la edición digital de El País, y creo que vale la pena leerlo para recordar ciertas decisiones que alguna vez tomamos. No sé si para arrepentirnos o no, tal vez solo para recordar.
Ahí, Leila, ella y los libros
CORAJES

Escribe: Leila Guerriero

Saqué un cigarrillo recién bajada del avión, en la puerta del hotel, y él corrió a darme fuego. Me preguntó de dónde era. Cuando respondí me dijo: “¿Has leído a Borges?”. Yo sonreí con sorna: era tan obvio. El tiempo transcurrió rápido en ese país del que no vi nada porque, después de eso, solo pude verlo a él. Cuando regresé a casa, semanas más tarde, no desarmé mi maleta. Durante mucho tiempo contemplé ese amasijo de ropa como quien contempla los cimientos de algo imposible. No vivíamos en la misma ciudad ni en el mismo continente. Pero eran los años ochenta, éramos jóvenes, creíamos que nada tenía consecuencias. Empezamos a encontrarnos aquí y allá, hasta saber qué hacer. Una vez nos quedamos sin dinero y, de todos modos, fuimos a cenar al restaurante más caro de una ciudad elegante. Al terminar pidió la cuenta, la estudió y le dijo al mesero que trajera al chef, un gigante a quien, con su francés de joyería, le explicó lo que pasaba y le ofreció, en prenda de confianza, su pasaporte hasta que regresáramos a pagar. El chef dijo que no hacía falta, se sentó, hablamos durante horas y nos llevó hasta el hotel en camioneta. Viajamos allí, entre cajones de vino, riéndonos en cuatro idiomas, felices por las cinco vidas que no íbamos a vivir. Él era un dandi y un pirata, y ya para entonces casi millonario, pero le gustaba hacer esas cosas: cosas de estudiante. Quería una familia, nietos, paz, la casa grande. ¿Yo? Yo solo quería escribir. Y aún no había comenzado. Un día me llamó, propuso que nos encontráramos. Yo estaba en casa de mis padres. Tardé en responder. Me preguntó, muy suave: “¿Entonces ya no hacemos esas cosas?”, y yo respondí: “No”. “Y así —dice T. S. Eliot— se acaba el mundo. No con un estallido, sino con un sollozo”. Hay cobardías que requieren de coraje.

Fecha Publicación: 2015-06-16T08:17:00.004-07:00
Aparece libro de Eduardo Galeano, a pocos meses de su muerte, una recopilación de textos sobre mujeres a lo largo de la historia de la humanidad. La nota viene en la Revista Ñ, de Argentina.
Galeano y mirada hacia la mujer en la historia
Escribe: Margara Averbach

Este libro, que recopila muchas historias breves de Galeano sobre las mujeres en la historia de la humanidad, aparece poco después de su muerte y en un momento en que el femicidio se ha convertido, por suerte, en tema de conversación y discusión permanente: es un libro necesario.
Como siempre en Galeano, las pequeñas piezas literarias que él trabaja hasta la perfección funcionan por acumulación. Así, aunque cada una puede leerse por separado, giran todas alrededor de una misma temática: en este caso, la falta de libertad, de alegría, de espacio que han tenido siempre las mujeres y la manera en que muchas de ellas (las protagonistas de las historias) respondieron a esa presión con desesperación, sueños, lucha, coraje, sacrificio, arte.
La variedad literaria y estructural de las historias es inmensa: hay desde recuerdos personales en primera persona (intensamente poéticos en muchos casos), hasta personajes históricos que se toman y retoman más de una vez, descripciones de costumbres de mujeres anónimas en civilizaciones lejanas o antiguas y mucho más. Tal vez el centro de este remolino pueda encontrarse en un fragmento que se llama “Yo robo y me roban”, en el que se habla esencialmente del gran tema de Galeano: el poder. En este caso, el poder que los hombres tienen sobre las mujeres y que ciertos pueblos tienen sobre otros y las consecuencias de ese poder en las vidas de todos.
La de Galeano es “literatura de resistencia”, como la llama Edward Said: lo que quiere es contar, gritar incluso, las historias borradas y olvidadas hasta volverlas imprescindibles. En Mujeres , esta misión aparece en “Trótula”: la voz narradora afirma que las primeras escrituras sobre ginecología que redactó esta mujer en tiempos de las Cruzadas es invisible para nosotros porque la Historia “estaba muy ocupada registrando las hazañas de los guerreros” que partían al rescate del Santo Sepulcro.
A veces, con nombres conocidos, Galeano exige un conocimiento previo de la mujer a la que describe porque lo que dice es tan escueto que faltan datos esenciales, como sucede con los fragmentos dedicados a Eva Perón y Violeta Parra. En esos casos, las pequeñas narraciones son no tanto una presentación del personaje como una invitación a acercarse a él, a explorarlo, a descubrirlo.
Algunos ejemplos llenos de belleza: la imagen de las mujeres negras que mandaron en los quilombos (asentamientos de esclavos fugitivos en Brasil) y que se ponían semillas en el pelo para llevarse la futura comida cuando los atacaban las tropas de los esclavistas; la interpretación que hace el autor del Cantar de los Cantares de la Biblia al que considera un homenaje a la diversidad humana por el amor entre un rey y una negra y en el que, según ciertas versiones, la amante de Salomón no dijo “Soy negra pero bella” sino al contrario, “Soy negra y bella”; la fabulosa historia sobre un preso político uruguayo, que recibe un dibujo en una prisión donde están prohibidos los dibujos de mariposas, flores y pájaros: su hija de cinco años le envía un árbol poblado de círculos y le explica que son los ojos de los pájaros escondidos para poder llegar hasta sus manos.
Muchas mujeres del libro tienen que vestirse de hombres para hacer lo que quieren, y mueren o terminan en la cárcel por hacerlo, pero siguen soñando y haciendo incluso contra compañeros revolucionarios que defienden los derechos de todos menos de las mujeres (ahí están la Revolución Francesa y la Rusa para probarlo). Y muchas reciben alabanzas como “escribe como un hombre”, “pelea como un hombre”, “piensa como un hombre” y tienen que descubrir qué es ser mujer a pesar de ellas. El libro se abre con una narradora que usa historias para salvar su vida, la hermosa Scherezade…, y se cierra con una monja de clausura que escribe en una pared del convento, en un lugar escondido: “Dile a Juan que no me olvide”. El recorrido traza una perfecta parábola en la que el lenguaje, el contar es la mejor arma contra el olvido y la condena al silencio.

Fecha Publicación: 2015-06-15T20:37:00.003-07:00
Este breve texto fue escrito hace unos años. Como casi todo lo que he escrito, estaba destinado para iniciar algo que no ha terminado. Ahora que ha sido vuelto a descubrir, lo copio tal cual, con la esperanza de que sirva para algo. Lo más seguro es que cambie, mute, desaparezca o sea el inicio de algo interesante. Pero igual, ahí está, por ahora.


Empezar a escribir
 
Quienes saben, y entienden, que escribir no es un acto sencillo, deben entender también que a lo que se teme no es a la hoja en blanco, sino a uno mismo, a ese espacio vacío que uno es cuando quiere decir algo.

Fecha Publicación: 2015-06-11T21:49:00.000-07:00
Miguel de Cervantes Saavedra acaba de ser nuevamente enterrado, 400 años después de su primer entierro, sin negar ni afirmarse que se trata de él. Aunque los diarios españoles le han dado pocas líneas, la noticia ha rebotado como un hecho curioso más que solemne. Aquí la nota en La Jornada de México; también es recomendable la nota de El Cultural, de España.
"El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto,
llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir" (Cervantes)
Los restos identificados como los del escritor español tras varios meses de excavaciones recibieron sepultura el jueves en la iglesia de San Ildefonso del convento de las Trinitarias, en el barrio de las Letras de Madrid. Se cumplió así la última voluntad del autor de "El Quijote".
El monumento funerario, que atesora los restos del literato español, los de su esposa y los de otras personas enterradas junto a ellos, fue inaugurado por la alcaldesa en funciones de la capital española, Ana Botella. El texto de la lápida fue redactado por la Real Academia Española de la lengua: "Yace aquí Miguel de Cervantes Saavedra 1547-1616. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir". Los versos son de "Los trabajos de Persiles y Segismunda", la última obra de Cervantes.
El autor recibió honores militares como soldado de España por parte de los regimientos del Ejército herederos de los tercios en los que militó.
La búsqueda del enterramiento de Cervantes arrancó entre gran expectación en abril de 2014, cuando un equipo de más de 30 investigadores accedió a la cripta de la iglesia del convento de Las Trinitarias, situada en el céntrico Barrio de las Letras de Madrid.
El autor de "El Quijote" pidió ser enterrado allí como agradecimiento a la orden Trinitaria por haberle librado de los más de cinco años de cautiverio que sufrió en Argel. Pero sus restos fueron reubicados dentro del inmueble debido a unas obras llevadas a cabo a finales del siglo XVII y principios del XVIII.
La pista definitiva surgió el pasado marzo con el hallazgo de un viejo osario en el que se identificaron los restos de 17 personas, entre ellas Cervantes. El forense Francisco Etxeberría, director de los trabajos de búsqueda, aseguró haber identificado los huesos del escritor, aunque sin un aval de pruebas de ADN.
"Son muchas las coincidencias y no hay discrepancias. Todos los miembros del equipo estamos convencidos de que tenemos fragmentos de los restos de Cervantes", anunció en una multitudinaria rueda de prensa que provocó cierta polémica por la ausencia de certezas.
Los restos del escritor español más universal, considerado el autor de la primera novela moderna, formaban parte de un conjunto formado por miles de fragmentos y "esquirlas de huesos" difícil de separar por su fuerte deterioro lo que impidió realizar pruebas de ADN y otros cotejos científicos.
El equipo de búsqueda utilizó un georradar y rayos infrarrojos para rastrear los 200 metros cuadrados de la iglesia del convento, los habitáculos adyacentes, los muros y la cripta, a la que no se accedía desde 1955. Desde hoy, su sepulcro podrá visitarse.
No obstante, los investigadores se mostraron convencidos de que esos fragmentos, debido a su ubicación y la comparativa con otros lugares de enterramiento del convento, eran los de Cervantes.
El autor español murió a los 69 años, tenía la mano izquierda inutilizada por una herida de guerra que sufrió en la batalla de Lepanto (1571), otras dos marcas de arcabuz en el pecho y apenas seis dientes, como él mismo reconoció en uno de sus últimos relatos. Pero ninguna de esas marcas era visible en los huesos encontrados.
Cervantes escribió la icónica obra "Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha", que revolucionó la cultura española y universal. La fama de la novela no llegó hasta mucho después de muerto.
(Tomado de La Jornada)

Fecha Publicación: 2015-06-10T18:49:00.000-07:00
Es buena noticia, es merecido el reconocimiento, es excelente escritor este Padura. La nota la tomo de El País.

Leonardo Padura, merecido premio
Escribe: Mauricio Vicent

Suele bromear Leonardo Padura con que es un escritor muy trabajador pero de imaginación corta. Lo único que hace, asegura, es observar la realidad cubana, mirar lo que pasa en sus calles y le sucede a sus gentes y luego ponerlo todo en hojas de papel que más tarde suelen convertirse en novelas. No es mala definición para bucear en la obra de este novelista habanero nacido en 1955 y creador de la famosa saga policiaca de Mario Conde, un descreído y alcoholizado comisario revolucionario cubano con el que Padura ha diseccionado la Cuba más negra y menos oficial –también la oficial– durante los últimos 25 años. Padura es hoy el novelista más importante e reconocido de su generación, y por ello obtuvo el miércoles el Premio Princesa de Asturias de las Letras, un honor que más que un éxito personal él considera “un triunfo para la literatura cubana”.
“Soy un escritor cubano, pertenezco a una generación que ha vivido y sufrido muchas cosas, buenas y malas, y siento un gran sentido de pertenencia hacia mi ambiente y mi gente en Cuba, así que este premio lo considero un reconocimiento a todo ello”,  dijo desde La Habana al conocer la noticia. Es la primera vez que un escritor cubano gana este premio, por lo que para él tiene un valor muy especial. “El único antecedente es Javier Sotomayor, plusmarquista mundial de salto de altura, que en 1993 obtuvo el Príncipe de Asturias del Deporte. Por eso hoy me siento como si hubiera saltado 2,45”.
“En un momento como este, ante un premio como este, Mario Conde diría: ‘Vamos a gozarla, mi hermano, porque hemos sufrido bastante y nos lo merecemos”, dice un Padura radiante al otro lado del teléfono, tras asegurar que si tuviera “el hígado de Mario Conde” ya hubiera caído “la primera botella de ron” (eran las 7 de la madrugada en la Habana).
Padura es heredero de una larga tradición literaria y ha recogido el testigo de grandes de la literatura cubana como Guillermo Cabrera Infante y Alejo Carpentier, al que considera el maestro de la novela histórica, de cuya metodología es deudor. Infante y Carpentier ganaron el Cervantes, pero la historia de esta edición del premio Princesa de Asturias tiene que ver con Mario Conde —”el bueno”, dice, para diferenciarlo del banquero—. Todo comenzó hace dos décadas, cuando una mañana sin previo aviso recibió la llamada de la entonces editora de Tusquets, Beatriz de Moura, para proponerle publicar su novela ‘Máscaras’, una de las novelas policiacas de la saga, en la que por primera vez se abordó de forma descarnada el mundo marginal y marginado de los homosexuales en la Cuba revolucionaria.
Tras aquella llamada (1996) todo cambió en la vida de Padura, literariamente hablando. De Moura publicó con gran éxito la cuatrilogía Las Cuatro estaciones (Paisaje de Otoño, Pasado Perfecto, Vientos de Cuaresma y Máscaras), con Mario Conde de protagonista en todas ellas, que convirtió al novelista del barrio de Mantilla en el cronista social de Cuba por excelencia y en un escritor de referencia. “Yo crecí como escritor en Tusquets, por eso en gran medida este premio también es de la editorial”, asegura Padura.
Tras la publicación de Las Cuatro estaciones llegaron más novelas de Mario Conde, pero también otros libros soberbios, como ‘La Novela de mi vida’ (uno de los mejores, según buena parte de la crítica), ‘El hombre que amaba a los perros’, en la que sus críticas al estalinismo tienen como telón de fondo el asesinato de León Trotsky por el anarquista español Ramón Mercade, o ‘Herejes’. Conde nunca desapareció, iba y venía a su albur, pero desde el inicio tanto en Cuba como en el resto del mundo sus lectores entendieron que los crímenes para Padura eran lo de menos. “A mí con un muerto me bastaba para toda la novela, con eso tenía para contar la historia que me interesaba”.
A través de las vidas de Conde y de sus castigados amigos, uno de ellos un paralítico veterano de la guerra de Angola, y siguiendo el hilván de unos asesinatos que eran únicamente pretextos para hablar de la realidad más descarnada y habitualmente ausente de los medios oficiales, los cubanos se enteraron de las miserias del mundo habanero de las drogas, de la prostitución masculina y femenina que se ejercía en algunas esquinas de la ciudad, de los intríngulis de los juegos de naipes o del tráfico de obras de arte o de la doble vida que disfrutaban algunos dirigentes comunistas. Y sí, la sociedad cubana fue cambiando a lo largo de los años y Mario Conde lo hizo con ella. Ya en La Neblina del ayer (premio Hammett 2006) el Conde había abandonado la policía y se buscaba la vida vendiendo y comprando libros viejos en moneda dura.
El anuncio del premio le llegó cuando se rueda en La Habana una serie de televisión y una película (producidas por Tornasol) basada en Las Cuatro estaciones. “Es una coincidencia alegre, como también lo es este momento tan especial de Cuba, cuando el diferendo con EE UU parece llegar a su fin”. El éxito de un escritor cubano en su país se mide por el precio alcanzado por sus obras en el mercado negro. Padura está satisfecho. Los libros de Conde llegaron a canjearse por dos latas de leche condensada en los momentos más duros delPeriodo Especial. “Imaginará que despues de eso no hay nada”.

Fecha Publicación: 2015-06-09T22:57:00.000-07:00
Con su habitual estilo y posición política respecto al arte, la poesía, la cultura y la sociedad, el chileno Raúl Zurita responde un cuestionario que se publica en la Revista Ñ, de Argentina.
Raúl Zurita, el arte de la poesía y el sarcasmo
Entrevista de Rodolfo Edwards 

–¿Qué es la poesía para usted?–La poesía es un arte bien jodido….o es muy buena o es nada. Es un viaje hacia el interior y también hacia el mundo, donde hay conflictos de baja y alta intensidad.
–En su libro Los países muertos habla de diversos personajes del campo cultural chileno. Bolaño es uno de ellos. ¿Cómo fue su relación con él?–A Bolaño no lo conocí personalmente. Me hubiese gustado mucho conocerlo porque era un atrevido, un tipo lanzado. Si nos hubiésemos conocido, al principio nos habríamos peleado bastante, pero habríamos terminado siendo amigos. Bolaño tenía su corte. Era bastante “estratega” para moverse. 2666 es una novela profundamente imperfecta, tiene cosas insostenibles pero sin embargo uno sale boqueando de ahí.
–¿Qué impresión le causó la lectura de Estrella distante de Bolaño?–Fue muy divertido. Corrí a comprar el libro cuando me contaron pero fue una decepción. Lo de los aviones en el cielo era muy obvio… Esos poemas eran como ver mis borradores. Bolaño no tenía idea de lo que era la escritura en el cielo. Su personaje, Carlos Wieder, jamás hubiese podido escribir esas frases con un avión: hubiese necesitado cinco aviones para escribirlas….Wieder hubiese vomitado hasta las tripas. Es absolutamente inverosímil. Pero yo no creo en la propiedad. Pienso que la poesía, el arte, es de todos. Si alguien publicó algo y a mí me sirve, yo lo uso citando al autor o no citándolo. En un poema a Bolaño lo llamo “RIP Bolaño”. Bolaño era un buen pegador. Pelear con él era un desafío interesante. Su poesía era insufrible. Pero gracias a que fue un hórrido poeta, terminó siendo un buen escritor como Faulkner que era un poeta pésimo y sufría mucho por eso. A Cortázar le pasó lo mismo; el ser malos poetas les causó tal sentimiento de frustración que terminaron escribiendo El sonido y la furia , 2666 o Rayuela.
–¿Cómo nació la idea de escribir un libro como Zurita?–Yo no podría escribir sobre algo que no me haya afectado en forma directa, por eso no soy novelista. En Zurita todos los personajes son reales, transitan escenarios devastados. Mi libro se llama Zurita no porque mi vida tenga algo especial ni porque me agarró un ataque de egolatría.Se llama Zurita porque Zurita es mi dato básico, mi cuerpo, esto que soy. El gran desafío es llegar al fondo de sí mismo pero sin autocompasión y sin falsa solidaridad; todos somos distintas metáforas de más o menos lo mismo. Tenemos los mismos sueños, los mismos deseos…
–¿Qué opina de la antipoesía de Nicanor Parra?–La antipoesía es buenísima para los conflictos de baja intensidad y más dudosa en los conflictos de alta intensidad, donde sí funcionan Homero, Paul Celan, César Vallejo. Ahora estoy leyendo a Antonio Gamoneda que es todo lo contrario de Parra: “Me había equivocado: no hay/palomas extraviadas en la eternidad./No hay eternidad”, dice Gamoneda en un poema y me estremece. Pero yo sin Parra, no sabría nada, no sabría ni pararme.
–¿Y qué pasa con Neruda?–Neruda es un genio pero va a ser redescubierto dentro de doscientos años, como Dante que desapareció de escena por cuatrocientos años. Este no es el momento histórico para entender a Neruda. Este es el momento de Borges. Borges es un gran seductor: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”. Dice ¡la unánime noche! ¡Impresionante! Borges merodea mundos increíbles, nos mete en la paradoja, en el silogismo, en la especulación filosófica. Todo el tiempo te está seduciendo, a diferencia de un Dostoievski que está agonizando de una página a otra y tú agonizas con él, da cuenta de los abismos humanos. Pero volviendo a Neruda: su poseía no tiene fondo, es insondable, es “un naufragio para adentro”. Aunque sus memorias, Confieso que he vivido , son demasiado autoindulgentes y la poesía que publicó hacia el final de su vida no tiene mucho valor, es pura retórica. Su último libro Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena , que termina de escribir en enero de 1973, es una obra maestra y, sin embargo, ha sido el más denostado. Es un panfleto extraordinario.
–¿Actualmente está recitando sus poemas con una banda de rock?–Sí. Con González & Los Asistentes. La pasamos muy bien. Tocamos en universidades y discotecas. También participé hace poco de un homenaje a una banda histórica, Los Electrodomésticos, leyendo una letra de ellos. Siempre me gustó el rock. Soy fan de Janis Joplin.

Lea la entevista completa aquí.

Fecha Publicación: 2015-06-08T20:27:00.003-07:00
Aunque la información ya dio la vuelta al mundo literario, Piglia se sienta en esta silla con el Premio Formentor de las Letras en sus manos, en reconocimiento al conjunto de so obra. Vale el argentino.
Piglia, suma un premio a la fama
Madrid. El escritor argentino Ricardo Piglia fue galardonado hoy con el Premio Formentor de las Letras 2015 por el conjunto de su obra, informaron los organizadores.
El premio, dotado con 50 mil euros (55 mil 500 dólares) será entregado en septiembre en el Hotel Formentor en la isla de Mallorca.
El autor fue galardonado por "una obra narrativa que se desenvuelve armónicamente entre la originalidad y la cultura popular y la tradición más exigente".
"Piglia vuelca en el poso de un ferviente lector la mirada de un crítico literario perspicaz y el conocimiento de un teórico de la literatura", destaca el jurado de este premio, presidido por Basilio Baltasar y formado por Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, y los escritores Félix de Azúa, José Ángel González y Marta Sanz.
El autor señaló que recibe la distinción con alegría y agradecimiento, y añadió que la literatura persiste en la época actual porque "uno de sus horizontes es, justamente, contar cómo sobreviven los hombres en esta intemperie que no tiene fin".
Entre las obras más conocidas de Piglia (1941) están Respiración artificial y La ciudad ausente.

(Tomado de La Jornada, de México)

Fecha Publicación: 2015-06-06T21:04:00.003-07:00
El artista plástico Ángel Cuela captó esta imagen mía durante un encuentro de poesía en Juliaca. Ha sido una agradable sorpresa recibir la caricatura y una brevísima aventura reconocerme. Agradecido estoy por la deferencia.
Este soy yo en la mirada de  Ángel Cuela


Fecha Publicación: 2015-06-04T09:48:00.001-07:00
Encuentro este breve texto en El País, a propósito de la feria de libro que se inaugura allá, en el que el escritor peruano reflexiona sobre la soledad del lector. Tiene razón, si bien la lectura, como la escritura, es un acto solitario, tanto el lector como el escritor no están solos. Con él, con ellos, están todos los lectores y escritores del mundo, como tal vez lo supondría el propio Vallejo. Ahí va el textito.
Narrador Carlos Yushimito en foto de archivo
No estoy de acuerdo con Franzen cuando afirma que la lectura nos enseña a estar solos. Esa soledad solo puede ocurrir, tal vez, en un corazón conservador de blanca sangre protestante. Todo lo contrario ocurre en la lectura profana. La lectura nos educa en la compañía, nos inhabilita, como la primera experiencia del amor, para disfrutar nuevamente de la soledad. Estos días leo a Olson, quien a su vez leía a Melville, quien a su vez leía a Shakespeare, todo ello documentándose —gracias a la materialidad del libro— en los diálogos con que a la manera de viejos monjes, Olson y Melville siguen susurrándonos en las glosas que heredamos de su marginalia. Una nota de Olson apunta con precisión al adjetivo “goético”: el arte que invoca al demonio y, en cuyo nombre, el arpón de Ahab bautiza la blanca espalda de Moby Dick. La lectura puede parecerse al triunfo de un aparente desierto. Pero el lector nunca estará solo en él, ni nunca más en su propio cuerpo. A la pregunta de cualquier inquisidor de soledades le sabrá responder, en su imposible, inatrapable soledad: yo soy legión (oh, ineludible etimología), porque leo, porque en mí habitamos muchos. (Carlos Yushimito)

Fecha Publicación: 2015-05-31T17:00:00.005-07:00
Llamado Marie-René-Auguste-Alexis Leger, de seudónimo Saint-John Perse, fue un poeta francés nacido en una colonia antillana, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1960. Sé que no tengo mucho que decir sobre su poesía, por ahora, pero sí debo reconocer  que la lectura de Anábasis fue importante para mi primera etapa como escritor. Perse nació un 31 de mayo de 1887 y lo recordamos con sus propias palabras. Recordemos que muchos críticos, como José María Valverde (a quien leo un estudio sobre la obra de T. S. Eliot) reconoce a tres poetas y un narrador que al publicar casi simultáneamente sus obras, cambiaron la concepción estética de la literatura con sus libros: James Joyce con "Ulises", T. S. Eliot con "La tierra baldía", César Vallejo con "Trilce" y Saint-John Perse con "Anábasis".
Perse en pose campestre

III
 
Poesía para acompañar la marcha de una recitación en honor del Mar,
Poesía para asistir al canto de una marcha en rededor del mar.
Como la empresa de dar la vuelta al altar y la gravitación del coro en el circuito de la estrofa.
Y este es un canto de mar como jamás fue cantado, y es el Mar en nosotros quien lo cantará:
El mar que llevamos con nosotros hasta la saciedad del aliento y la peroración del suspiro,
El Mar, en nosotros, paseando su sedoso. rumor de alta mar y su frescura de breva por el mundo.
Poesía para aplacar la fiebre de una vigilia ante un periplo de mar. Poesía para mejor vivir nuestra velada en la delicia de mar.
Y este es un sueño en el mar como jamás fue soñado y es el Mar en nosotros quien lo soñará:
El Mar, tejido en nosotros, hasta sus zarzas abisales, el Mar, en nosotros, tejiendo sus grandes horas de luz y sus grandes estelas de tinieblas.
Todo licencia, todo nacimiento, y todo arrepentimiento, ¡el Mar, el Mar! en su aflujo de mar,
En la afluencia de sus burbujas y la sabiduría infusa de su leche, ¡ah! en la ebullición sagrada de su vocales -las santas hijas! ¡las santas hijas!-
El mar mismo todo espuma, como Sibila en flor sobre su silla de hierro...

De Elogios


Fecha Publicación: 2015-05-28T12:43:00.003-07:00
El diario La Jornada da cuenta de los resultados de la investigación que se hace para determinar las causas de la muerte del Premio Nobel de Literatura chileno, Pablo Neruda, ante las especulaciones de que haya sido envenenado durante la dictadura de Pinochet. Los resultados del análisis son ambiguos, no se puede dar una conclusión contundente. Por lo pronto, no se sabrá si Neruda fue asesinado, hay que hacerlo vivir. Aquí un poema suyo sobre la muerte, sobre la vida.
Pablo Neruda
LA MUERTA
Si de pronto no existes,
si de pronto no vives,
yo seguiré viviendo.
No me atrevo,
no me atrevo a escribirlo,
si te mueres.
Yo seguiré viviendo.
Porque donde no tiene voz un hombre
allí, mi voz.
Donde los negros sean apaleados
yo no puedo estar muerto.
Cuando entren en la cárcel mis hermanos
entraré yo con ellos.
Cuando la victoria,
no mi victoria,
sino la gran victoria
llegue
aunque esté mudo debo hablar:
yo la veré llegar aunque esté ciego.
No, perdóname.
Si tú no vives,
si
tú, querida, amor mío,
si tú
te has muerto,
todas las hojas caerán en mi pecho,
lloverá sobre mi alma noche y día,
la nieve quemará mi corazón,
andaré con frío y fuego y muerte y nieve,
mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes,
pero
seguiré vivo,
porque tú me quisiste sobre todas las cosas
indomable,
y, amor, porque tú sabes que soy no sólo un hombre
sino todos los hombres.

Fecha Publicación: 2015-05-25T07:23:00.000-07:00
Interesante texto sobre Santa Teresa de Ávila, aquella religiosa del siglo XVII que decía ser amante de Dios y escribía poemas sobre sus sensaciones, resultó ser más contemporánea de lo que parece. La nota viene en el dominical de La Jornada y vale la pena recordar.


La palabra del amor en palabras de todos los días
 
Escribe: Esther Andradi

No es fácil entenderse con Teresa de Ávila. Sin la curiosidad psicoanalítica o el privilegio del fervor religioso, no es una tentación entrar a esa prosa del siglo XVI que la ignorancia se empeña en corregir. Sin embargo, una vez superado el bloqueo del prejuicio, cuando la mirada se deja llevar por la obra de esta personalidad excepcional, ya no hay regreso, porque esta escritora nacida en Ávila hace quinientos años, elevada a la categoría de santa en 1622, es más contemporánea de lo que cabría esperarse.
¿Qué pueden tener de actualidad literaria las revelaciones de una monja que estaba convencida de tener encuentros amorosos con Dios, y que además los escribía? Fue Teresa quien, al testimoniar los encuentros con su amante en El libro de la vida, introdujo el yo subjetivo en la literatura, saltando a la modernidad en plena Edad Media. Poco después vendría Montaigne y más tarde Rousseau, pero primero la santa, la que no sabía latín, la que escribía porque se lo ordenaba su confesor, y la que “poquita cosa podía hacer” en comparación con los nobles y cultos hombres.
Teresa tenía temple de guerrera. Nacida en 1515 en el seno de una familia de judíos conversos, en una España donde el fundamentalismo religioso se imponía a sangre y fuego, a los siete años se escapó junto a su hermano para ir a evangelizar a los moros, pero no llegó muy lejos. Algún amigo de la familia descubrió muy pronto a los niños y los devolvió a casa. Teresa comprueba muy pronto que en el rol de las mujeres no había lugar para ser soldado de Jesús. Entonces será el amor en vez de la guerra. A los veinte volvió a huir de su casa y se fue al convento. Y aunque el lugar elegido no era de su gusto, por demasiado mundano y frívolo, allí se quedó veinte años hasta que contrajo una grave enfermedad, no se sabe cuál, y entonces se dedicó a lo suyo. Compró una casa con la ayuda de una amiga viuda y allí instaló el primer monasterio, el convento de San José, en Ávila, con una docena de monjas que vivían en la pobreza y practicaban la oración en clausura total. Es la primera de sus “moradas”, la que después iba a conformar la orden de las Carmelitas.
“Y ansí determiné a hacer eso poquito que yo puedo y es en mí”, escribe Teresa.
Comenzó así para Teresa la empresa de las Fundaciones; de la guerra entre “calzadas” y “descalzas”. Una empresa que duró quince años, entre epistolarios y conflictos, y concluyó con la separación de las dos órdenes y la fundación de la orden de las Carmelitas descalzas. Andariega e inquieta, con problemas de salud constantes, Teresa funda diecisiete conventos, y al mismo tiempo escribe Las moradas del castillo interior, El camino de la perfección, y sobre todo El libro de la vida, que cayó en sospecha de la Inquisición, al igual que muchos de quienes la habían apoyado, entre ellos San Juan de la Cruz, aliado en su causa y confesor de uno de los conventos de la orden.
Teresa muere en pleno viaje en medio de visitas organizativas a sus conventos, el 4 de octubre de 1582.
Llama la atención la osadía de Teresa. Hablar de sí misma, hacerse sujeto, y en primera persona, no era natural ni sobreentendido. ¡Mucho menos siendo mujer! Antes de ella, sólo San Agustín había incursionado en la escritura en esa forma. El libro de la vida es su prosa autobiográfica, “llena de atrevimiento, de vitalidad, en agotadora lucha por expresar lo inédito, visiones bellísimas, documento sobre la vida cotidiana de la Castilla del siglo XVI, autorretrato de una personalidad arrolladora y, sobre todo, relato de una pasión, el amor arrebatado, tierno, enigmático y poderoso, entre Santa Teresa y Jesucristo”, según la aguda descripción de su editora, la escritora española Laura Freixas.
“Vi a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal...víale en las manos un dardo de oro, largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba abrasada en amor grande de Dios...” Que el psicoanálisis se regodee con estas confesiones no es extraño, pero además del eros que desborda el texto, lo extraordinario es que Teresa lo haya formulado de esa forma y en su tiempo: su dios tiene cuerpo y voz.
En esa sensualidad, la narradora, la que testimonia, hará el camino de una mujer enamorada. Incertidumbre primero, temor al engaño después, paso a paso hasta la entrega total a esa voz y ese cuerpo divino que se le ofrenda a su vez, y luego su narración en primera persona, pero no como “Querido Diario”, sino con la búsqueda constante del desplazamiento de su propio yo para comunicarse con el amado, y ser una en él. No es poca cosa, si se piensa que ocurrió en el siglo XVI donde las mujeres, aunque fueran monjas y consagradas a dios, tenían derecho alguno y menos a la escritura.
“Querría ya esta alma verse libre; el comer, la mata; el dormir, la congoja; ve que se le pasa el tiempo de la vida pasar en regalo, que parece vive contra natura, pues ya no querría vivir en mí sino en Vos...”
Las conversaciones que Teresa entabla con su amante tienen la frescura de la espontaneidad. No corregía los textos; una prosa enmendada bien podría despertar sospechas... y además, entre ella y su amante no había lugar para secretos: “...rompa vuestra merced esto que he dicho, si le pareciere...y perdóneme, que he estado muy atrevida”.
En el Éxtasis de Santa Teresa, obra cumbre del barroco, de Gian Lorenzo Bernini, una expresión de gozo sensual ilumina el rostro y atraviesa la actitud corporal de la monja. El escultor italiano tenía razón: Teresa la pasaba bien con sus éxtasis. Acaso gracias a ellos pudo sobrevivir y encontrar un refugio para reinventarse en un medio hostil para la creación y las mujeres, como los artistas, que se reconstituyen en cada obra, en cada producción.
Aunque hoy no se hable de éxtasis sino de obsesiones y pasiones. Lo mismo da.

Fecha Publicación: 2015-05-17T20:21:00.000-07:00
La nota viene en La Jornada, de México, y recoge la participación de la escritora y periodista Elena Poniatowska en un encuentro sobre cultura. Mejor repasemos lo dicho por la Premio Cervantes de Literatura.
Poniatowska en un momento de su participación (Francisco Olvera)


Escribe: Ángel Vargas

La Jornada

Sólo la cultura y la educación nos ayudarán a salvar México, insistió este sábado la escritora Elena Poniatowska durante su participación en la séptima Feria de las Culturas Amigas, que se realiza en el Zócalo de la capital del país.
Andamos muy mal, y sí creo que ésa es nuestra salvación, más que el petróleo y los partidos políticos, que todos son una mierdita, opinó.
La escritora y periodista, colaboradora de La Jornada, se dio tiempo para hablar de otros temas con el público al término de su conferencia Leonora en el país surrealista, en la cual se refirió a la relación de la artista inglesa Leonora Carrington (1917-2011) con México, donde vivió desde 1942.
A pregunta expresa de la audiencia, reafirmó que la cultura es de lo más importante que los mexicanos podemos presumir en el contexto internacional, al margen de que puede representar una fuente importante de riqueza.
Mencionó, como ejemplo, lo que el grupo de rock Los Beatles ha hecho por Inglaterra, al volver a colocar a esa nación en el panorama mundial, incluso más que la propia Reina Isabel, de quien, acorde con su estilo, confesó que le caía muy bien, sobre todo por los sombreros que usa.
La charla formó parte de las actividades por el Año Dual México-Reino Unido y tuvo lugar en el pabellón de la ciudad de México, que resultó, por mucho, insuficiente para la cantidad de personas que deseaban ver y escuchar de cerca a Elena Poniatowska.
La ganadora del Premio Cervantes 2014 respondió de buena manera las diversas inquietudes planteadas al término de su exposición, además de firmar ejemplares de su libro Leonora, novela de ficción basada en la vida de aquella pintora y escultora surrealista, de quien fue amiga durante muchos años.
Entre otros aspectos, negó que Leonora Carrington se hubiera casado con el poeta y periodista mexicano Renato Leduc por mera conveniencia, para poder escapar de Europa y, con ello, de la Segunda Guerra Mundial.
Precisó que la artista inglesa lo quiso bien e incluso le escribía cartas muy amorosas, pero se separaron debido a que a Leduc le gustaba mucho estar en las cantinas: Un día le pregunté a Renato que qué había pasado y él me respondió que Leonora hablaba más con el perro que con él.
Recordó, también, cómo al lado del poeta mexicano la artista se hizo mal hablada; por ejemplo, contó cómo ofrecía un chingado tequila o aconsejaba no acercarse a determinado personaje porque era un cabrón, en particular al referirse a un presidente de la República.
Otra de las inquietudes que aclaró fue que Carrington no se enamoró de nuestro país, sino que, poco a poco, lo hizo parte de su vida y lo incluyó en sus pinturas: Comenzó a hacer cosas que tenían que ver con México.
Elena Poniatowska habló del gusto de la creadora surrealista por la naturaleza, así como por fumar, pintar y la cocina; de cómo sembró un árbol de aguacate y mariguana en el jardín de su casa, y la definió como una mujer feminista y fanática de las causas sociales.
Antes, durante su conferencia, la escritora aclaró que su libro Leonora es un homenaje y tributo amoroso a Carrington y que está basado en decenas de entrevistas sostenidas con ella a lo largo de varios años, desde 1957, cuando la visitó por vez primera en su casa de la calle Chihuahua, en la colonia Roma.
Afirmó que la pintora era muy celosa de su aislamiento y odiaba las entrevistas y a los reporteros, al grado de que se le consideraba el mejor secreto guardado de México.

Fecha Publicación: 2015-05-14T22:26:00.003-07:00
Un aniversario más de la muerte del poeta. Recordarlo. Leer su poema al amigo. Ahí está Javier, entero.

poema a un amigo
 
 

    Jueves, día último de la
    infancia
    Jueves, viernes días dulces
    y amargos para el oído
    qué sombra que luces
    qué soles
    descansaban
            en
            tu
            f rente
    qué soles te acercaban
    al pasado,
    jueves,
    doce,
    último, día de
    los lunes
    poesía,
    martes de la
    semana.
    Luis, hermano,
    hoy la humanidad
    me sabe fuerte
    hoy descanso
    en mis ojos
    y en mi voz.

                 28 de junio 1960

Fecha Publicación: 2015-05-10T14:17:00.003-07:00
Ezequiel Martínez recuerda, repasa y reincide, en una nueva reflexión, sobre la traducción de la obra más representativa de Kafka, conocida por todos como La metamorfosis. Se recuerda a Borges, la fama de las traducciones, buenas o malas, y recordamos a Franz, pero sobre todo a Samsa, nuestro insecto más entrañable. La nota viene en la Revista Ñ, de Argentina.
Se cumpen cien años de Kafka y Samsa
La transformación de La metamorfosis
Escribe: Ezequiel Martínez
Revista Ñ

Gregor Samsa, el hombre que un día amaneció convertido en un enorme insecto (o bicho, o parásito, o cucaracha, según la traducción con que se mire), nació al libro en 1915, hace ahora un siglo. Casi el mismo tiempo arrastra el malentendido con el título que hospeda su historia, quizás la más popular de las que escribió Franz Kafka.
“Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es La transformación , y nunca supe por qué a todos se les dio por ponerle La metamorfosis . Es un disparate. Yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán”, dijo Jorge Luis Borges en una entrevista al diario El País de Madrid, publicada el 30 de julio de 1983.
La transformación (sentido exacto del título que le puso Kafka a su relato Die Verwandlung ) fue reivindicada en una edición de Sudamericana en 2005, con la traducción de Juan José del Solar y un contundente análisis a cargo de Jordi Llovet en el que hace un repaso minucioso de esta transformación y sus consecuentes metamorfosis.
En una síntesis estrecha del ensayo de Llovet, la primera aclaración que merece subrayarse es que la traducción literal del término verwandlung es “transformación”, sin excusas. ¿Qué pasó entonces?
La primera versión a otro idioma del relato de Kafka fue al español, aún antes que al francés, al italiano o al inglés. Se publicó en 1925, un año después de la muerte del escritor, en los números 24 y 25 de Revista de Occidente con una traducción anónima (¿de José Ortega y Gasset tal vez, que era su director en ese momento?), donde se divulgó por primera vez el título de La metamorfosis .
El error se multiplicó en el resto de las traducciones alrededor del mundo, a pesar de que la primera versión al inglés a cargo de Willa y Edwin Muir se editó en 1933 como The Transformation , y de que el propio Borges la tituló correctamente en su trabajo para Losada, que sin embargo la publicó en Buenos Aires en 1938 como La metamorfosis .
“El editor –explicó Borges en la misma entrevista– insistió en dejarla así porque ya se había hecho famosa y se la vinculaba a Kafka”. De modo que habrá que echarle la culpa a las leyes del mercado, ese insecto, bicho o parásito que lo transforma todo.