Te encuentras en la páginas de Blogsperu, los resultados son los ultimos contenidos del blog. Este es un archivo temporal y puede no representar el contenido actual del mismo.
Samuel Beckett es esos escritores que se hacen favoritos a fuerza de intentar entenderlo, entonces se deja el intento y se le disfruta, y entonces sigue siendo enigmático a pesar de la distancia y el tiempo. Hay un texto interesante sobre el autor de "Esperando a Godot" que viene en la Revista Ñ, que vale compartirlo.  |
| Samuel Beckett |
Poco a poco nos vamos alejando del siglo XX y, aunque aún lo tenemos demasiado cerca para verlo desapasionadamente, ya es posible entenderlo como una unidad que comenzó y terminó. Podemos imaginarnos cómo este siglo hermano será visto dentro de varias generaciones, dentro de un puñado de siglos, por ejemplo. Y cuando se arman las listas esenciales de fechas, descubrimientos, batallas, edificaciones y autores, apostamos que en la última categoría estará Samuel Beckett, el flaco y elegante escritor irlandés cuya vida y obra transcurrió en pleno siglo XX. Nació en 1906 en el pueblo de Foxrock de Irlanda (un suburbio de Dublín) y murió en París en el último mes de 1989.
Beckett es mucho más accesible de lo que parece a primera vista. Si uno solo lo conoce por un puñado de sus obras teatrales, como Esperando a Godot y Días Felices, es posible encasillarlo como un autor avant garde, o –para usar una frase aun más detestable– un escritor experimental. Beckett, en su vida y obra, fue una persona llana, directa y honesta. Nunca hizo algo por lograr un efecto o por conseguir un lugar en el mundo literario –aunque sí le interesaba la gloria literaria. Su vida no fue exactamente un sacerdocio –tenía muchos amigos, le gustaba beber, las mujeres, tenía un sentido del humor crudo y escatológico, era muy deportista de joven– pero sí fue marcada por un compromiso casi sagrado para buscar expresar en palabras la realidad de su existencia. Para ver qué se podía hacer con el lenguaje, con la literatura, para expresar con máxima honestidad el dilema humano. Y el dilema humano es, simplemente: ¿que hacemos acá? ¿Cómo pasaremos los días?
Si suscribimos a la teoría de Harold Bloom de la angustia de las influencias, que dice –más a menos– que el problema más grave para un autor en sus inicios es superar los logros de sus antecesores inmediatos, el obstáculo mayor para Beckett fue James Joyce. No hace falta decirlo: Joyce fue un titán que cambió la literatura universal. Ulises (1922) rompió todo. Puede ser que nadie aun haya escrito una novela nueva después. Beckett y Joyce eran irlandeses. Para hacer las cosas más complicadas, Beckett, a los 22 años, conoció a Joyce. Trabajó con él en París, en 1928, cuando había conseguido (Beckett) una beca para ser profesor en el École Normale Supérieure. Se ha dicho que Beckett era secretario de Joyce, pero eso es mentira. Joyce (1882-1941) admiraba a Beckett. Es verdad que Joyce lo reclutó para conseguir prosélitos para su nueva obra, Finnegans Wake (en ese momento llamada A Work in Progress), pero Beckett, por su parte, admiraba tanto a Joyce que usaba zapatos demasiado chicos como para emularlo. Para complicar las cosas más aun, la hija de Joyce se enamoró con Beckett (sin reciprocidad), lo cual terminó causando una ruptura temporaria entre ambos.
Pero lo fundamental es la literatura. Años después, Beckett se dio cuenta, en una revelación que tuvo alrededor de los 40 años, de que si el logro de Joyce fue agregar y agregar y agregarle realidad al mundo a través del lenguaje, el camino que él tenía que tomar era el opuesto: el de sustraer.
Dijo Beckett: “Me di cuenta de que Joyce había ido lo más lejos que se puede en cuanto a conocer tu material. Siempre estaba agregando. Solo hace falta mirar sus borradores para advertirlo. Me di cuenta de que mi camino era vía el empobrecimiento, en la falta de conocimiento y en sacar, en restar en vez de sumar. Cuando conocí a Joyce por primera vez no era mi intención ser escritor. Eso solo vino después, cuando me di cuenta que no servía para enseñar, para ser profesor. Pero recuerdo haber hablado del logro heroico de Joyce. Le tenía mucha admiración. Eso es lo que logró: fue épico, heroico. No podía seguir el mismo camino.”
Entre sus renuncias estuvo el abandono de su lengua materna. Cambió del inglés al francés. Le permitiría –sentía– escribir de una manera más pura, libre de automatismos estilísticos.
Beckett nació en una familia protestante, no rica, pero acomodada, de las afueras de Dublín. Asistió a buenos colegios donde se destacaba como alumno y atleta. Le gustaba el ajedrez, jugaba cricket y al golf. También participaba en carreras cross-country de motos. En su vejez, cuando no podía conciliar el sueño, jugaba en su imaginación las partidas de golf de su adolescencia. Siempre siguió los deportes por televisión. Fue un brillante estudiante de letras en el Trinity College de Dublín, con un talento exquisito para los idiomas. Leía voraz y críticamente de todas las tradiciones. Amaba a su padre y con su madre tuvo una relación complicadísima que lo derivó a varios años de psicoanálisis. Lo curioso es que tuvo que emigrar a Londres para el tratamiento ya que en los años 20 el psicoanálisis era ilegal en Irlanda.
Entre las novias de Beckett, en su primera juventud, estaba una prima hermana y también una de las herederas de la fortuna Guggenheim. Ella, Peggy, le decía Oblomov, por el personaje del la novela homónima de Goncharov que se pasaba los días tirado en un sillón. Como muchos artistas irlandeses de esa época, emigró. Su destino fue París. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en la Resistencia poniendo su vida en riesgo mientras trabajaba para una célula que descifraba y recodificaba mensajes secretos.
Una de las grandes fortunas de Beckett fue su compañera de vida, Suzanne Deschevaux-Dumesnil, seis años mayor que él. La conoció jugando tenis, en un partido de dobles mixtos, a principios de los años 20, pero se unirían después. Como Beckett, Suzanne era austera, reacia a la fama. En sus tortuosos intentos por conseguir una editorial para sus primeras obras, Suzanne fue fundamental. Nunca dejó de creer en él. Y aunque él no le fue totalmente fiel en términos sexuales, estuvieron juntos siempre y hasta el final. Ella murió el 17 de julio de 1989; Beckett duró poco tras su pérdida. Murió en 22 de diciembre de 1989. Dicen que muchos de los diálogos “absurdos” de las obras teatrales de Beckett son casi transcripciones de las conversaciones que tenía con su esposa (se casaron en 1963, aunque vivieron juntos 50 años, incluyendo los años de Resistencia en los campos franceses durante la Segunda Guerra Mundial.)
La fama para Beckett fue una condena y le vino en dos tandas: al estrenar Esperando a Godot, en 1953 y al ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1969.
La literatura, el deseo de ser parte de la literatura, de contribuir a su crecimiento, es algo raro: es tan privado escribir y es tan privado leer... Pero los autores, inevitablemente, son figuras públicas. Beckett murió en un hospicio digno y limpio, bien atendido, pero extremadamente austero. Era un hombre rico. No era tacaño. No necesitaba nada. En su cabeza había un mundo.
Se cumplen 45 años de la muerte de Salvatore Quasimodo, italiano Premio Nobel de Literatura de 1959. vale la pena recordarlo con tres poemas breves que reflejan su fina mirada del erotismo y su sensibilidad lírica.
 |
| Salvatore Quasimodo |
De tierna mujer echada entre las floresSe adivinaba la estación oculta
por el ansia de las lluvias nocturnas,
por los cambios de las nubes en el cielo,
undosas leves cunas;
y yo estaba muerto.Una ciudad suspendida en el aire
era mi último exilio,
y en torno me llamaban
las suaves mujeres de otros tiempos,
y la madre, renovada por los años,
con su dulce mano escogía entre las rosas
y con las más blancas ceñía mi cabeza.
Afuera era de noche
y los astros precisos seguían
ignotos caminos en curvas de oro
y las cosas vueltas fugitivas
me llevaban a rincones secretos
para hablarme de jardines abiertos de par en par
y del sentido de la vida;
pero a mí me dolía la última sonrisa
de tierna mujer echada entre las flores.
En el preciso tiempo humano
Yace en el viento de profunda luz
la amada del tiempo de las palomas.
De mí de aguas de hojas,
sola entre los vivos, oh dilecta,
hablas; y la desnuda noche
tu voz consuela
de lucientes ardores y leticias.
Nos decepcionó la belleza, y la desaparición
de toda forma y memoria,
el lábil movimiento revelado a los afectos
a imagen de los internos fulgores.
Pero de tu sangre profunda,
en el preciso tiempo humano,
renaceremos sin dolor.
Se oye de nuevo el mar
Desde hace muchas noches se oye de nuevo el mar,
leve, arriba y abajo, sobre la arena lisa.
Eco de una voz encerrada en la mente
que resurge del tiempo; y también este
lamento asiduo de gaviotas, o
pájaros de las torres, que abril
empuja hacia la llanura. Ya
estabas junto a mí con esa voz;
y quisiera que a ti también llegase,
ahora, de mí un eco de memoria,
como ese oscuro murmurar del mar.
Dramático último libro del poeta mexicano Javier Sicilia, "Vestigios", quien ha decidido no volver a escribir, luego de sufrir, y seguir sufriendo, la muerte de su hijo hace dos años. El punto final siempre es doloroso, aunque liberador, pero doloroso al fin. Este final lo es aún más, pues Sicilia es uno de los poetas contemporáneos más firmes en el uso del lenguaje, coherente en lo que dice y hace y ético consigo mismo y la palabra. No más poesía de Sicilia ¡QUE BIBA LA POESÍA!
 |
| Sicilia, en una de las marchas contra la violencia |
La nota viene en la
Revista Ñ, de Argentina.
Este poemario, presentado en la Casa del Poeta, recoge los últimos versos de Sicilia, quien dijo retirarse de la poesía tras el asesinato el 28 de marzo de 2011 de su hijo Juan Francisco y de seis jóvenes más por parte del crimen organizado en Temixco, en el estado de Morelos.
"Ya no hay más que decir, el mundo ya no es digno de la palabra", dice el verso dedicado a su hijo en marzo de 2011, cuando fue asesinado con siete personas más en el contexto de la lucha del narcotráfico que azota al país, que con la ofensiva militar lanzada por gobierno contra el crimen organizado, dejó más de 70.000 muertos entre 2006 y 2012.
Sicilia explicó que el asunto de su retirada de la poesía es complejo. "Un poeta vive de sus palabras y del lenguaje de su época. Cuando se degrada esa lengua, no se puede usar. No alcanza", sostuvo.
"Siempre se olvida que el silencio es parte de la palabra. Y hay veces que en un mundo así el silencio dice más que las palabras", añadió este escritor de más de una veintena de libros. Este analista político y crítico del sistema, según lo calificó en la rueda de prensa Sergio Mondragón, dijo que las poesías de su nueva obra son los vestigios de una trayectoria poética de 30 años: "Lo que queda del silencio, de la muerte...".
El escritor contó que los poemas ya estaban escritos cuando se enteró de la muerte de su hijo, tras la cual escribió uno último dedicado a este y luego "ya no tenía ganas de escribir" ni de publicar
Con el fallecimiento de Juan Francisco, Javier Sicilia, admitió que cambió su visión de las cosas y que sus convicciones y los parámetros con los que había caminado hasta entonces se desmoronaron y tuvo que rehacerlos, como el hecho de "redescubrir una fe que se tambalea".
Católico y formado en las Comunidades Eclesiales de Base después de sopesar convertirse en sacerdote, Sicilia aclaró sin embargo que no llegó a dudar de su fe, ya que precisamente "cuando suceden estas cosas" esta "se vuelve un sostén".
Con estudios de Filosofía y Letras y de Ciencias Políticas y Sociales, el escritor dijo creer que su despedida de la poesía sí es definitiva, pero admitió que aún está presente en él: "Uno puede dejar de escribir poemas, pero no puede dejar de mirar, de sentir, de oír como un poeta (...). Y siempre aparecerá".
Previamente, durante la rueda de prensa, Sergio Mondragón apuntó en la misma dirección al asegurar que Sicilia "rezuma poesía en todo lo que hace" y que "no puede dejar de hablar en poesía", emocionándose luego al elogiarle y recordar el suceso de su hijo.
Eduardo Vázquez, quien dijo haber conocido a Sicilia en un taller de poesía, le señaló como su maestro. "Comprendimos que la palabra no era una nueva mercancía, una moneda de cambio", dijo, y lo describió como un poeta religioso y místico, pero también uno público que escribía "con el cuerpo" y que compartió su dolor y les incitó a la acción.
"Reconozcamos que hemos fracasado como país", comentó Vázquez sobre la situación de crimen y otros problemas en México. "Dejemos de delegar la responsabilidad", añadió.
Sicilia señaló por su parte que esos problemas son la corrupción y que "no hay Estado" ni justicia. "Vamos, que el país se está convirtiendo en una fosa común, un gran rastro matadero".
"Entre los criminales y el Estado nos tienen en la indefensión y en la injusticia", sostuvo. El poeta mexicano dijo que el único cambio que ha visto entre los diferentes gobiernos es "en los discursos": "Estos cabrones pueden usar el discurso para legitimarse pero no encarnarlo en la realidad (...). No ha cambiado más que en una retórica vacía, por desgracia. Son la misma basura", denunció.
Entonces anunció que no volvería a escribir poesía. "Vestigios" es un recuento de poemas de diferentes momentos de la vida del autor con el que "se retira del verso y emprende el camino de la resistencia civil frente a la barbarie y la guerra", señala en su contraportada el libro.
Sicilia, de 57 años, encabezó desde la muerte de su hijo varias caravanas a lo largo del territorio mexicano y en Estados Unidos, a las que se unieron cientos de familiares y amigos de víctimas de la feroz lucha del narcotráfico que vive el país. Ningún punto final ha pesado tanto, dijo de su lado el poeta Eduardo Vázquez, durante la presentación al hablar de la acción civil de Sicilia.
El activismo de Sicilia es "una poesía pública que no se había escrito en este país", indicó. Sicilia "pone punto final a su obra (...) no por un dolor que le ahoga la garganta también por una convicción que nos está cuestionando a todos" y diciendo que "reconozcamos que no estamos haciendo las cosas bien", dijo Vázquez.
"Que más desprecio a la palabra que un país donde la ley no vale nada, donde la justicia no vale nada", añadió Vázquez al reconocer frustración porque "no logramos parar está violencia".
Rodeado de algunos amigos, de su editor y de un pequeño grupo de personas que asistieron a la presentación del libro, Sicilia sólo leyó algunos de sus poemas publicados.
"Una forma de mi poesía, en estos momentos es el silencio. Les pido que lo escuchen", dijo más temprano declaraciones a la prensa mexicana. (AFP, EFE, AGENCIAS)
Es común escuchar entre los jóvenes estudiantes de secundaria si sirven o no para las letras o los números, y de la misma manera manifiestan su odio por la filosofía o las matemáticas, ellos creen que si sirven para uno ya no sirven para lo otro. No deberíamos quejarnos o cuestionarnos porque así los hemos ido formando. Ahora se viene una corriente que promueve eliminar el estudio de la filosofía en la secundaria, el asunto es que no preocupa que los chicos sepan o no quién fue Sócrates o Platón, sino que no sepan pensar. La nota viene desde Argentina, vía Revista Ñ, que habría que tomar en cuenta si no queremos desperdiciar más los talentos y tener en las universidades pequeños robots.
 |
| Estudiantes peruanos ¿pensando o filosofando? |
Por: Ivana Costa
¿Qué lugar debería ocupar la filosofía en la formación de los jóvenes ciudadanos? La pregunta tiene por lo menos 2.500 años y mucha agua ha corrido bajo el puente desde que Platón, en la República, sugirió que la filosofía debía presidir la enseñanza de los futuros gobernantes. Sócrates, cuya escuela rivalizaba con la Academia platónica en Atenas, estaba de acuerdo sobre el objetivo –la filosofía—aunque discrepaba sobre los contenidos puntuales. En esa primera discusión, la filosofía no era todavía una disciplina específica: con ese término Platón se refería a una actitud ante el conocimiento: literalmente, el amor por la sabiduría. Con el tiempo, la filosofía se convirtió en disciplina, con sus métodos, su terminología técnica, su historia y sus reglas de uso. Mientras, la pregunta, con sus matices, ha regresado cada vez que una sociedad se propone fundar el hombre nuevo, la nueva política, la nueva Argentina o –como ahora el gobierno de la ciudad— la Nueva Escuela Secundaria (NES). ¿Y qué lugar debería ocupar en los estudios secundarios? Según el “Material para la consulta” que dio a conocer la Dirección de Planeamiento del ministerio de Educación porteño, la filosofía es prescindente.
De prosperar este proyecto, en la NES, la materia Filosofía que hoy se enseña a chicos de entre 16 y 18 años no será obligatoria: se podrá optar por ésta o Psicología. Las 340 páginas de las Orientaciones para el diseño curricular no aclaran por qué estas dos materias se asocian –en las pérdidas—, ni con qué criterio habría que elegir entre una u otra, dado que tienen objetos de estudio, metodología y campos de acción notablemente diferentes.
La noticia no sorprende a las comunidades de enseñanza de la filosofía, que ya se declararon en estado de alerta. A fines de 2012, en Chile, los participantes del IV Congreso Iberoamericano de Filosofía firmaron una declaración que advierte sobre los “criterios puramente mercantiles” que guían las políticas de educación, “que instrumentalizan a quienes deberían ser beneficiarios de los recursos públicos” dándoles una pura formación “mercantil”. Sigue: es “extremadamente preocupante” que la filosofía se considere “una especie de adorno cultural”, pues esta tendencia acentúa posibles “derivas totalitarias”; una “auténtica emergencia internacional”. El concepto de “adorno cultural” da en la tecla.
De las doce orientaciones del bachillerato que propone la NES, sólo la de Ciencias sociales y Humanidades tendría tres horas semanales de Filosofía, en quinto año. Curiosamente, la orientación en Ciencias naturales tiene más del doble de carga horaria destinada a cuestiones filosóficas, ya que prevé un Taller de Argumentación, de cuatro horas, y la materia Filosofía e historia de la Ciencia, de tres. El primero, dirigido a las habilidades de comunicación y divulgación. La segunda entendiendo el saber como adquisición inseparable de su historia y las cosmovisiones que le dieron sentido. Para todas las demás orientaciones, la filosofía es optativa.
Diversas teorías de la educación podrán esgrimir motivos por los cuales consideran mejor no enseñar a los adolescentes –y nuevos votantes—a razonar correctamente, a distinguir entre razonamiento válido e inválido, a detectar falacias y vicios de la argumentación (temas de la lógica, una de las ramas de la filosofía). Pero el documento del ministerio de Educación porteño no lo hace; al contrario, machaca con la importancia de la “argumentación”. En él leemos que se espera que los estudiantes puedan “identificar y producir argumentaciones”, “expresar una valoración (estética) mediante argumentación”, “recuperar en la argumentación los conocimientos (musicales) adquiridos”, ofrecer “análisis y argumentación fundamentada” (sobre el patrimonio cultural), “asumir posturas críticas y reflexivas” incorporando “argumentaciones y fundamentaciones basadas en los aportes teóricos” (de la informática), “elaborar argumentaciones sobre temas y problemas relevantes” (en ciencias sociales), distinguir “la argumentación racional o emocional” (en publicidad), adquirir capacidad “de argumentación y debate” (en humanidades), y un largo etcétera. El misterio es cómo se supone que los jóvenes alcanzarán ese objetivo si se elimina la materia destinada a enseñarlo. Se me ocurren dos posibilidades: están pensando en un saber intuitivo, un don providencial o cierta luz divina. O están usando la filosofía como adorno cultural.
Hoy se ha hecho el anuncio del ganador del premio Rómulo Gallegos, que se entrega cada dos años a la que los jurados consideran la mejor novela hispanoamericana. El ganador es Eduardo Lalo, de Puerto Rico. La noticia nos interesaba porque un autor nacional, Diego Trellez, estaba entre los finalistas. La primera información viene en nota de EFE:
 |
| Puertorriqueño Eduardo Lalo, ganador con "Simone" |
(EFE). El escritor puertorriqueño Eduardo Lalo fue proclamado hoy ganador de la edición XVIII del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos por su obra “Simone”, con el respaldo unánime del jurado.
Lalo sucede así al argentino Ricargo Piglia, quien venció hace dos años en el que es uno de los premios más destacados en literatura española y a cuya final habían llegado en esta edición once obras de escritores de diez países.
El jurado destacó en su motivación que “esta obra nos presenta un argumento que "intersecta diversas expresiones históricas, sociales, culturales y estéticas de la situación contemporánea“.
Además, resaltó que “Simone” es una obra que comparte “un amplísimo abanico de intuiciones estéticas y afectivas de potencial impacto continental”.
Se anunció hoy al escritor español Antonio Muñoz Molina (1956) como ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Conocido por su novela "El jinete polaco", y últimamente por una serie de ensayos que han renovado la mirada sobre la literatura y la política en Europa, este reconocimiento vuelve a un autor español después de 13 años. Repasamos la nota que viene en El País.  |
| Muñoz Molina, reconocimiento justificado |
Escribe: Jesús Ruiz Mantilla
EL PAIS
Aunque le gusta aterrizar plácidamente y sin hacer ruido en la primavera de Madrid para ver si acaso como va adquiriendo exuberancia lo que hay plantado en su jardín; aunque sale lo justo de casa, montado en su bicicleta, sorteando el tráfico como puede y echando su ojo analítico al vuelo al tiempo que pedalea sin tregua por los azarosos tiempos que han dado lugar a su último y brillante ensayo
Todo lo que era sólido(Seix Barral), hoy,
Antonio Muñoz Molina, no tendrá más remedio que romper sus beligerantes treguas, sus plácidos desvelos, sus rutinas de ojo avizor para dedicarle un día a la alegría del reconocimiento. La de haber recibido esta mañana el
Premio Príncipe de Asturias de las Letras.Ayer estaba en Lyon. Hace dos semanas, en Nueva York, donde le llegaban fuertes rumores de que este año le podía caer a él. Desde hace días, el jurado se planteaba la necesidad de otorgar el galardón a un español, 13 años después de que ningún autor en la lengua de Cervantes lo hubiera recibido, luego del guatemalteco Augusto Monterroso.
Pero con división de opiniones y la sombra de la candidatura del irlandés John Banville, otro autor fascinante. La pugna es algo que al parecer se da en el grupo que debe elegir al premiado con más frecuencia si se trata de un nombre español que si proviene de otros ámbitos. Con la mayoría a su favor ya anoche, salvo sorpresas o prontos de última hora –que nada queda descartado entre las airadas familias de las divisiones literarias en nuestro país-, Muñoz Molina se implantó esta mañana y ha recibido la noticia de su premio en tránsito, recién llegado de Francia, donde ha participado en un festival literario.Según fuentes de la organización, muchos, dentro, desean que la ceremonia del próximo octubre adquiera un fuerte compromiso moral por parte de quien debe dar el gran discurso de la tarde, además del Príncipe. Y Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), con su incuestionable mérito literario, con sus iniciales ya en la memoria, la historia reciente y el zozobrante presente de la gran nómina española de escritores de referencia, destacaba paso a paso entre las preferencias.
La obra del autor de Úbeda, se veía reconocida justamente en la inmensidad de su incansable búsqueda y ambición, en la modernidad de su vigente trascendencia desde que se diera a conocer con su primera novela, Beatus Ille, publicada en 1986, después de una recopilación periodística, El Robinson urbano, en 1984. Con la herida de la guerra comenzó su trayectoria como narrador y con esa misma herida, como le gustaría decir a su querido Miguel Hernández, ha llegado hasta La noche de los tiempos (2009), ese descomunal retrato y examen de conciencia republicano sobre el conflicto civil.
Pero Muñoz Molina ha querido ser un escritor profundamente español sin fronteras. Y de hecho, persigue eso en una obra maestra comoSefarad, narración abierta, texto en tránsito, aliento nómada y sin morada, sobre el drama del exilio, el autoexilio, la expulsión, las raíces, que en gran parte le valió también el pasado año –y no sin polémicas, de nuevo- el Premio Jerusalén.
En medio queda una fascinante indagación en la condición humana con novelas como Beltenebros, El jinete polaco, que fue su gran consagración, Plenilunio, El viento de la luna, donde rinde un emotivo homenaje a la memoria de su padre, Francisco Muñoz Valenzuela, muerto en 2004.
Desde hace años ha sido el miembro de la Real Academia Española más joven en ingresar en la misma. Lo hizo con 39 años. Desde hace tiempo, alterna su vida entre Madrid y Nueva York, junto a su esposa, la escritora Elvira Lindo –con quién se casó en 1994- y con la compañía por relevos de sus cuatro hijos, ya crecidos, Antonio, Arturo, Elena y Miguel.
Esa existencia unida por el Atlántico salpica su obra en libros comoVentanas de Manhattan o su nuevo, efervescente, polémico y duro ensayo Todo lo que era sólido, un repaso a las miserias que nos han conducido hasta el presente. El jazz, la música clásica, su pasión por The Beatles, el arte –se licenció en Historia del Arte por la Universidad de Granada-, las muy tempranas lecturas de Stevenson, de Julio Verne, las más juveniles de Borges, Onetti, las constantes recurrencias a Cervantes, a Galdós, a Joyce, a Proust, como nanas de cabecera, su enfermiza curiosidad por todo lo que se mueve le lleva a ser un articulista de referencia en medios tan dispares como Babelia o las revistas Scherzo y Muy interesante. Y lo que conforma un gusto y una personalidad narradora que nada contra y a favor de corriente por toda su obra.
La tranquila primavera que soñó ha dejado que se cuele por la rendija un paréntesis que quizás altere su karma hasta el otoño, cuando reciba en Oviedo de manos del Príncipe, gran admirador de su obra, el galardón, se ha visto un tanto alterada. Pero Muñoz Molina seguramente nos alumbrará el día que reciba el premio con el firme verbo de su conciencia, con el abrazo de su compromiso para encarar, si la fuerza nos acompaña, con un poco más de claridad el futuro.
Bibliografía
NOVELA
• Beatus Ille, Seix Barral, 1986
• El invierno en Lisboa, Seix Barral, 1987
• Beltenebros, Seix Barral, 1989
• El jinete polaco, Planeta, 1991
• Los misterios de Madrid, Seix Barral, 1992
• El dueño del secreto, novela corta, Seix Barral, 1994
• Ardor guerrero, Alfaguara, 1995
• Plenilunio, Alfaguara, 1997
• Carlota Fainberg, novela corta, Alfaguara, 1999
• En ausencia de Blanca, novela corta, Alfaguara, 2001
• Sefarad, Alfaguara, 2001
• El viento de la Luna, Seix Barral, 2006
• La noche de los tiempos, Seix Barral, 2009
RELATOS
• Las otras vidas, 4 cuentos, Mondadori, 1988.
• Nada del otro mundo, Espasa Calpe, 1993
ENSAYO
• Córdoba de los Omeyas, Planeta, 1991
• La verdad de la ficción, Renacimiento, 1992
• Pura alegría, Alfaguara, 1998
• Max Aub: una mirada española y judía sobre las ruinas de Europa,(conferencia en El Escorial 18.08.1997, cursos de verano en la Universidad Complutense)
• El hombre habitado por la voces, (prólogo a ¡Absalón, Absalón! de Faulkner, Ed. Debate, 1991)
• Sueños realizados: invitación a los relatos de Juan Carlos Onetti, (prólogo a Cuentos completos de Onetti, Alfaguara, 1994)
• Memoria y ficción, (conferencia leída en el ciclo sobre la memoria organizada por José María Ruiz Vargas en 1995)
• La invención de un pasado, (conferencia pronunciada en el Departamento de Lenguas Romanas de la Universidad de Harvard, 23.04.1993)
• Epílogo: Pura alegría, (artículo publicado en ABC en mayo de 1997 con motivo de la publicación de Plenilunio)
• José Guerrero. El artista que vuelve, Diputación Provincial de Granada, 2001
• El atrevimiento de mirar, 9 textos sobre siete pintores y un fotógrafo, Galaxia Gutenberg, 2012
• Todo lo que era sólido, Seix Barral, 2013
Esta es dicen, fecha de la muerte de Nezahualcóyotl, monarca (tlatoani) de Tetzcuco, en el México precolombino. Sabio y sensible, el rey poeta manifestó su alta formación intelectual, respeto por la naturaleza y el hombre, en un conjunto de poemas que se han logrado preservar. Aquí uno.
He Llegado
He llegado aquí,
soy Yoyontzin.
Sólo busco las flores,
sobre la tierra he venido a cortarlas.
Aquí corto ya las flores preciosas,
para mí corto aquellas de la amistad:
son ellas tu ser, oh príncipe,
yo soy Nezahualcóyotl, el señor Yoyontzin.
Ya busco presuroso
mi canto verdadero,
y así también busco
a ti, amigo nuestro.
Existe la reunión:
es ejemplo de amistad.
Por poco tiempo me alegro,
por breve lapso vive feliz
mi corazón en la tierra.
En tanto yo exista, yo, Yoyontzin,
anhelo las flores,
una a una las recojo,
aquí donde vivimos.
Con ansia yo quiero, anhelo,
la amistad, la nobleza,
la comunidad.
Con cantos floridos yo vivo.
Como si fuera de oro,
como un collar fino,
como ancho plumaje de quetzal,
así aprecio
tu canto verdadero:
con él yo me alegro.
¿Quién es el que baila aquí,
en el lugar de la música,
en la casa de la primavera?
Soy yo, Yoyontzin,
¡ojalá lo disfrute mi corazón!
Nezahualcóyotl
Recordando los diez años del fallecimiento de Augusto Monterroso, se suman más palabras en su memoria, a él que poco le gustaban las muchas palabras y usó muy pocas para decir mucho. La nota viene en La Jornada, de México.
 |
| Monterroso, siempre hay palabras en su honor |
Una década sin Monterroso
Por: Esther Andradi
A la memoria de Gloria Pampillo,
escritora, autora de microrrelatos
(Buenos Aires 11/XI/1938- 27/II/2013).
Hace ya una década que Augusto Monterroso, el más reconocido precursor del microrrelato en español, nos dejó para ir a escribir a otra parte. Desde entonces, su presencia creativa, su don de la precisión, sus ocurrencias han quedado para siempre en sus libros. Donde quiera que estuviese irradiaba sentido del humor. Recuerdo haberlo conocido en las jornadas de literatura Centroamericana y del Caribe en Berlín, en 1988, donde contó, muy suelto de cuerpo, que escribía cortito porque era haragán. Hay que imaginarse que si bien el género breve nació con la literatura misma, a fines de los ochenta todavía no existía el microrrelato como género, ni en español ni en ningún otro idioma, y que recién con el correr del tiempo y frente a la obstinada producción literaria de minificción comenzaron a animarse las primeras investigaciones. Desde entonces hasta hoy mucho ha pasado.
El microrrelato rompió definitivamente con la aristocracia de la novela e implantó, libertario, la forma corta. Cuánto menos líneas, mejor. Y en ese ejercicio de síntesis y profundidad, de agilidad e ingenio, se miden los escritores más renombrados junto con los noveles, los jóvenes con los veteranos, provincianos y metropolitanos. El microrrelato es profundamente democrático. Y aunque Monterroso haya abandonado definitivamente placeres y dolores terrenos, el género sigue ahí. Creciendo.
¿Cuánto, cómo, en qué direcciones? Decidí consultarlo con un puñado de especialistas y autores, algunos de ellos convocados por el VII Congreso Internacional de Minificción que tuvo lugar en Berlín los días 1, 2 y 3 de noviembre del año pasado. Alrededor de treinta investigadores, entre los que se encontraban los más reconocidos del género, se reunieron en la Universidad Humboldt y en el Instituto Iberoamericano de la capital alemana. Tres jornadas de intenso intercambio y también de lecturas. Además de la teoría, la narratología y la poética del microrrelato literario en España e Hispanoamérica, se enfatizó la conexión entre microrrelatos e internet, así como las relaciones entre minificción y medios masivos de comunicación.
¿Qué pasó con el microrrelato en esta década, cuáles son sus posibilidades de consolidación editorial, qué variaciones y matices permite a los creadores? Tres especialistas y dos autores responden a mis consultas y atestiguan además la impronta de Augusto Monterroso en el desarrollo del género.
Monterroso, diez años después
Fernando Valls
A Augusto Monterroso le debemos tres libros esenciales para entender la historia de las formas breves, Obras completas (y otros cuentos) (1959), La oveja negra y demás fábulas (1969) y Movimiento perpetuo (1972). Pero la obra del guatemalteco se entiende dentro de una tradición que pasa por Julio Torri, Alfonso Reyes y Juan José Arreola. Para los españoles, su pariente más cercano sería el Max Aub de los Crímenes ejemplares. Toda esta espléndida literatura llegó muy tarde a España, muy pendiente casi en exclusiva de los autores del llamado Boom, aunque en 2000 se le concediera el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Las primeras ediciones españolas de Monterroso datan del inicio de los ochenta en la prestigiosa Seix Barral. Después, sus libros encontraron acogida en otras casas editoriales no menos significativas, como Alfaguara, Anagrama, Muchnik y Alianza, o en colecciones de clásicos como Cátedra. Pero estos saltos, de una editorial a otra, no favorecieron la difusión de su obra. En cambio, los géneros que cultivó, el cuento y el microrrelato, el aforismo y la fábula, han gozado de gran predicamento también entre nosotros. Por ejemplo, las fábulas las han cultivado también con fortuna, por sólo citar dos nombres relevantes, Juan Benet y Luis Goytisolo, y han sido antologadas y estudiadas por Enrique Turpin, en su obra Fábula rasa (Alfaguara).
Su gran prestigio, sin embargo, se lo debe al cultivo del microrrelato, convirtiéndolo en uno de sus grandes maestros. Este nuevo género, que en España ha gozado de un auge progresivo en las últimas décadas, tanto entre escritores consagrados como entre jóvenes que se inician en la escritura, tiene a nuestro escritor como uno de los más leídos y venerados, como prueba el monográfico que le dedicó la revista Quimera, coordinado por Will Corral, en 2003, inmediatamente después de su fallecimiento. Y entre sus estudiosos y valedores contamos con dos de primera categoría, como son Juan Antonio Masoliver Ródenas y Francisca Noguerol, quien le dedicó su tesis doctoral.
Por desgracia, muchos lectores sólo lo conocen por el célebre “El dinosaurio”, hoy por hoy inevitable paradigma entre nosotros del microrrelato, con lo que muchos lectores poco informados no acaban de entender ni el prestigio del autor, ni el interés del género. Me imagino que al gran Monterroso este conocimiento tan atrabiliario y parcial de su obra lo hubiera irritado profundamente y, de haber sido un cisne de engañoso plumaje, quizá le hubieran entrado ganas de cortarle el cuello. En fin.
Fernando Valls. España. Profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona
y organizador del VII Congreso de Internacional Minificción junto a Ottmar Ette,
de la Universidad de Potsdam; Dieter Ingenschay, de la Universidad Humboldt,
y Friedhelm Schmidt-Welle, del Instituto Iberoamericano de Berlín.
Un dinosaurio que no va a desaparecer
Martín Gardella
Le debemos mucho a Monterroso, especialmente quienes amamos leer y escribir microrrelatos. A partir de que su famoso “El dinosaurio” fue considerado el cuento más breve del mundo, se abrió la puerta para el estudio de sus otros textos brevísimos, y con ellos, los de otros autores que también escribían textos de similar longitud. De esta forma, se fue logrando conciencia de la existencia de un género distinto del cuento, llamado microficción o microcuento, en el que los textos de Monterroso pasaron a integrar muchas de las antologías surgidas a partir de esos estudios, donde “El dinosaurio” se citaba como un ejemplo perfecto del uso de la elipsis narrativa.
Muchos autores desafiaron la aventura de escribir un texto que lograra arrebatarle el podio de la brevedad al guatemalteco. Surgieron microcuentos de seis, cinco, cuatro, tres, dos y una palabra, e incluso Monterroso logró bajar su propio récord, con “Nulla dies sine línea”, a solo seis. Pero ninguno alcanzó fama suficiente como para olvidar al dinosaurio.
Brotaron también algunos textos que le rinden homenaje mediante el uso de la paráfrasis. Se escribieron miles de reversiones del dinosaurio monterrosiano, que buscan lograr un desenlace todavía más sorpresivo. Así, al despertar, el protagonista del famoso microrrelato se encuentra con distintos seres reales o imaginarios. Vale citar como ejemplo a Vargas Llosa, que convirtió al dinosaurio en unicornio, y a Carlos Fuentes que lo reemplazó por un cocodrilo. Casi todos los autores de microrrelatos han escrito su propio dinosaurio. Pero ninguna variante pudo superar a la versión original.
Sería injusto, sin embargo, limitar el análisis de Monterroso a las siete palabras de su famoso dinosaurio, porque ha escrito exquisitas fábulas, cuentos, ensayos, novela y artículos periodísticos, todos de una calidad literaria admirable. Pero no caben dudas de que gracias a ese texto, tan importante para la microficción, Monterroso alcanzó la inmortalidad.
Martín Gardella, Argentina. Autor.
Hay más textos sobre Monterroso aquí, en el artículo completo. Prácticamente desconocida para el mundo literario latinoamericano, la actriz Franca Rame, esposa del Premio Nobel de Literatura, Darío Fo, falleció a los 84 años. Es doble noticia para esta silla que es, como la vida, prestada. A su muerte la conocemos. Y es también un homenaje a raíz de lo que rápidamente se sabe de ella. Aquí la escueta y emotiva nota de Reuters.
 |
| Darío Fo y su compañera, Franca Rame |
MILÁN (Reuters) -
La veterana actriz italiana Franca Rame, esposa y musa del dramaturgo y premio Nobel Darío Fo, murió el miércoles a los 84 años, informó la compañía teatral de la pareja.
En el transcurso de una carrera que se extendió durante más de medio siglo, Rame y Fo cautivaron a muchos italianos por su aguda e irreverente sátira política en escena, radio y televisión.
Rame, que sufrió una apoplejía el año pasado, ayudó a la escritura de muchas de las obras de Fo y fue su primera actriz. Los dos se casaron en 1954. La causa de la muerte no se hizo pública.
Nacida en una familia con tradición teatral, Rame apenas tenía ocho días cuando debutó en el escenario en los brazos de su madre.
La obra más famosa de Fo y Rame, la controvertida Muerte accidental de un anarquista, desafió a las instituciones italianas de los 70 acusando abiertamente a la policía de tirar al anarquiza Giuseppe Pinelli por una ventana del cuarto piso de una comisaría y luego afirmar que se había suicidado.
En otra obra, Misterio Buffo, la pareja narra los Evangelios a través de una serie de farsas, una impertinencia que fue criticada por el Vaticano.
Feminista y activista de izquierdas, Rame fue víctima de una brutal violación en grupo en 1973 que según Fo fue un intento de los fascistas de humillarle.
Fo ganó el Nóbel de Literatura en 1997 y fue elogiado por la Academia sueca como un escritor "que emula a los bufones de la Edad Media azotando a la autoridad y defendiendo la dignidad de los pisoteados". El Nobel se lo dedicó a su esposa.
Rame fue elegida senadora en la cámara alta italiana en 2006, pero dimitió dos años después en desacuerdo con las políticas del Gobierno de centroizquierda. (REUTERS)Recobrando un cuento de Juan Carlos Onetti, a propósito de los 19 años de su muerte. |
| Onetti, en pose típica |
El gato
Por: Juan Carlos Onetti
Muchas cosas desagradables se pueden decir o imaginar de John. Pero nunca le sospeché una mentira; tenía demasiado desprecio por la gente para inventarse cualquier fábula que le fuera favorable.
De modo que cuando me contó alegre y bebiendo dry martinis la historia –para mí, sobretodo– de uno de sus casamientos fallidos, no tuve duda. Era, o fue, como mirar y oír una película sin posibilidad de recomienzo ni temor sobre su capacidad de ser creída. Tampoco quedaba agujero para una sonrisa.
Yo llegaba, una semana antes, de París y quería actualizar, confirmar y desechar los rumores que me habían llegado sobre amigos, más o menos comunes, durante mi ausencia.
John era un inglés conversador y sabía burlarse de todo con despego, a veces lástima, nunca maldad.
Bebimos y hubo un largo silencio: John parecía meditar indeciso con el ceño fruncido.
Dejó su vaso sobre la mesa y me dijo, conservando su actitud de piernas cruzadas y de resuelto perfil:
–Era francesa y tú la conoces. Tal vez lo sepas porque estabamos practicamente casados. Sólo nos faltaba el sacerdote, el juez y la llegada de unos muebles viejos y caros de los que no quería desprenderse. Bisabuelos y abuelos y padres, casi toda la historia de Francia. A mí sólo me importaba ella, Marie. Ya puedes buscar entre todas las Maries que recuerdes. Estaba loco y a veces pensé que era una locura sexual. Verla, bastaba; oler un pañuelo olvidado, bastaba; entrar al baño después de que ya había salido. Nos veíamos todas las semanas, aquí o en París. Dos o tres días seguidos. Ibamos y volvíamos. Y mi deseo aumentaba cada vez y yo me entregaba a él, escarbaba en él; quería más y más. Y cada más era era como un escalón que me impulsaba a pisar otro. Siempre en descenso porque yo sabía que estaba perdiendo salud y cerebro.
Sin dejar de ofrecerme un hombro, hizo una seña a Jeeves y vinieron dos vasos: dry martini para él y un gin tonic para mí. Encendió la pipa (él sabía que fumar apresuraría mi muerte) y estuvo un rato pensando, casi sonriendo con labios que no endulzaba la alegría. Como ocurre siempre en esta clase de cuentos me mantuve en silencio, esperando; fui recompensado, Johny dijo sin mirarme:
–Al gato lo bauticé Edgar. Y no porque fuera un gato negro con símbolos de horror, blancos, en su pecho.
–Una noche en que Marie, como estaba planeado, llegó al aeropuerto. La recibí, tomamos cocteles con la alegría de siempre, brindamos por la felicidad matrimonial. Esto no hace reír pero es cómico. Fuimos a cenar y luego a mi departamento. No te dije, porque no lo sé y tal vez no me importe, que la portera y semipatrona estaba encaprichada conmigo o, simplemente, me odiaba sin pausa. Algo de eso.
Entramos y encendí la luz. Ella no había estado nunca allí. Miró alrededor con una sonrisa que era de aprobación antes de haber nacido. Y vio, vimos, en medio de la gran cama, con su colcha blanca de señorita, un gato negro, grande, gordo. Un gato que yo veía por primera vez y que parecía acostumbrado a ronronear allí. Con las patas dobladas bajo el pecho nos miró con ojos curiosos y volvió a cerrarlos. Hasta hoy no sé cómo pudo haber entrado. Sospecho, apenas. Me adelante para acariciarle el lomo y la garganta y entonces ella explotó. Que echara el gato inmundo, que iba a llenar la cama de pulgas. A gritos y pateando el suelo. Yo encendí un cigarrillo y abrí la puerta. Le dije que me había hecho feliz encontrar por sorpresa que alguien nos daba la bienvenida. Ella me trató de estúpido y golpeó las manos hasta que el gato corrió hacia la puerta y la sombra del pasillo. Bueno, vamos a tomar otro vaso porque ya vasta como prólogo. Lo que ocurrió es simple y para mí muy trabajoso de explicar. En aquel momento resolví que yo nunca podría casarme con aquella mujer; que era imposible vivir con ella, ser feliz con ella. No se lo dije entonces y el resto de la noche, hasta el cansancio de la madrugada pasaron como lo presentíamos y lo deseabamos.
Bebió de un trago, encendió nuevamente la pipa y sonrió alegre y desafiante. Ahora se volvió para mirarme los ojos y dijo:
–Lo que explica para cualquier tipo inteligente porque desde entonces solo he tenido aventuras y me he propuesto que duren poco.
Esta semana se cumplió un aniversario más del fallecimiento de Alejandro Romualdo, a quien siempre recordamos por su Canto Coral a Túpac Amaru que es la libertad". Pero el viejo Romualdo desplegaba también humor y esperanza, en ese tono directo que ha caracterizado su poesía. Aquí un ejemplo, para tenerlo siempre en la memoria.
 |
| Romualdo, cuestionando con la poesía |
Basta ya de agonía. No me importa
la soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara
al mundo. Y a la vida que me toca,
quiero salir, al son de una campana
que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa
con tanto amor. Abrir una alborada
de paz, en paz con todos los mortales,
Y penetre el amor en las entrañas
del mundo. Y hágase la luz a mares.
Déjense de sollozos y peleen
para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por su nombres.
Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
de acabar de llorar mustios collados,
campos de soledad. ¡A otra cosa!
Basta ya de gemidos. No me importa
la soledad de nadie. Tengo ganas
de ir por el sol. Y al aire de este mundo
abrir, de paz en paz, una esperanza.
Alejandro Romualdo
La agencia argentina Argenpress ha publicado mi texto sobre Javier Heraud. Comparto con ustedes el enlace para también visitar esta interesante página con noticias y temas de toda América Latina. (Hay que pulsar en el baner).
El escritor italiano ha vuelto a poner un tema en el debate, y rápidamente le han salido defensores y detractores. A Umberto Eco no le falta razón, la numerosa población estudiantil en las universidades y el conocimiento almacenado en internet, motivan a repensar en el papel de la universidad. Según él, ésta debe volver a ser solo para la élite, como en el pasado ya lejano. La tribuna fue precisamente una universidad, Burgos, España. Acá el resumen de la Revista Ñ, de Clarín, y las primeras reacciones.  |
| Eco recibe distinción y levanta polémica |
En 1977, el semiólogo, escritor y filósofo italiano Umberto Eco escribió Cómo se hace una tesis, un libro que ha servido de consulta para miles de estudiantes universitarios alrededor del mundo. Siguiendo esa lógica, “Cómo administrar una universidad” podría ser el título de la conferencia de prensa que Eco brindó el miércoles en Burgos, España, en la que aseguró que esas instituciones deben ser “para una elite”.
El italiano, nacido en Alessandría en 1932, tiene dos argumentos centrales para semejante afirmación. El primero, el “excesivo número de alumnos” con el que cuentan esas instituciones, según destaca el autor del clásico Apocalípticos e integrados. El segundo, “la sustitución del papel del docente en manos de Internet”. Para el escritor, estos son los motivos por los que las universidades deberían reservarse para pocos. Eco recordó que “las mejores épocas universitarias” fueron en momentos en los que esas instituciones nacidas en la primera Edad Media –la más antigua de Occidente es la de Bologna, en la que Eco fue profesor– abrieron sus puertas a un número acotado de estudiantes.
Eco, que ayer fue investido como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos, sostuvo en su disertación que “el exceso de alumnos entorpece la actividad académica y aboca a las universidades a la crisis”, y agregó que “la progresiva influencia de las nuevas tecnologías ha modificado la relación de los alumnos con los profesores, especialmente desde la explosión de Internet, desde donde se puede acceder a mucha información, lo que en parte sustituye al docente”.
Las afirmaciones del escritor abrieron la polémica en Argentina, un país que dentro de su región se destaca por la masividad de sus universidades gratuitas.
“Me llama la atención que Eco se haya puesto tan reaccionario, es obvio que no vamos a pensar como él”, aseguró la poeta y lingüista Ivonne Bordelois. Mariano Narodowski, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y ex ministro de Educación porteño, aseguró que “hoy la Universidad se enfrenta al desafío de la masividad” y que en ese sentido Eco plantea “el dilema masividad —excelencia” y que “la única forma de resolverlo es que todos puedan cursar estudios superiores pero respetando el mérito”. Según el ex funcionario, “bien administrada, la masividad esconde un tesoro: el aumento de la masa crítica de talento y excelencia”.
Guillermina Tiramonti, politóloga y ex coordinadora del Area Educación y Sociedad de FLACSO, tampoco estuvo de acuerdo con Eco: “Uno puede pensar una Universidad diversificada en la que haya lugar para todos; puede formar a diferentes sectores sociales con diferentes orientaciones, pero abarcando a todos, porque el ideal es conseguir que la mayoría de la población acceda”, sostuvo. Y agregó que “el problema de las universidades no es Internet, sino que no están haciendo el uso debido”.
No es la primera vez que Eco, autor de El nombre de la rosa, levanta polvareda. Esta vez, fue gracias a su idea elitista de la Universidad.
Acaba de anunciarse el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, a favor de la influyente fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz, quien en las últimas décadas ha marcado la pauta de un arte que intenta retratar más allá de cuerpos y objetos detenidos en el tiempo. Pero no a todos les gusta y, como en todas partes, han manifestado sus críticas a este premio, el primero que se entrega de varios a lo largo del año que lleva el nombre de Príncipe de Asturias (ver ABC). Entre las famosas fotografías de la norteamericana está la de John Lennon y Yoko Ono, que la recordamos acá. repasamos también el interesante texto de Natividad Pulido sobre el premio. Recomdable visitar esta otra noticia sobre Leibovitz, en El Mundo cultural.  |
| Yoko y John, por el lente de Leibovitz |
Escribe: Natividad Pulido
Lo más lógico es que
Annie Leibovitz hubiera ganado el
premio Príncipe de Asturias en la modalidad de las
Artes, pues su trabajo es la fotografía. Pero el de este año recayó en
Michael Haneke, que últimamente está
en todas las salsas. El de las
Letras lo obtuvo en 2003 la que fue
su pareja y su gran amor, la escritora Susan Sontag, fallecida un año después de cáncer. Lo ganó ex aequo con Fátima Mernissi. Leibovitz también podría haber sido reconocida con el Príncipe de Asturias de
Ciencias Sociales (su trabajo es todo un compendio de la sociología de las estrellas de la era moderna), el de
Cooperación Internacional (ha colaborado en causas humanitarias) y, rizando el rizo, hasta el de
los Deportes: solo ella podía reunir en Madrid,
de cañas y jugando al futbolín en el madrileño barrio de
Malasaña, a tres magos del balón:
Pelé, Maradona y Zidane, como desveló ABC en un reportaje.
Pero no, Annie Leibovitz
ha sido galardonada esta mañana en Oviedo con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Un premio que también le viene como anillo al dedo, pues si, como dicen, uma imagen vale más que mil palabras, sus instantáneas tienen
un valor incalculable y comunican mejor que el reportaje más certero o el editorial más incisivo. Entre sus
competidores por este galardón estaban también la todopoderosa
Agencia Magnum y
la periodista inglesa Christiane Amanpour. El
Jurado, presidido por el director del
Instituto Cervantes,
Víctor García de la Concha, se decantó finalmente por Leibovitz.
Annie Superstar
Es
tan célebre o más que las personas que retrata. Es
Annie Superstar, aunque es de justicia decir que
su fama de diva se diluye en la distancia corta, donde gana muchos enteros, como pudimos comprobar en
una entrevista que concedió a ABC en 2009 con motivo de la exposición
«Annie Leibovitz. Vida de una fotógrafa 1990-2005», que, tras su paso por
Estados Unidos, París, Londres y Berlín, llegó a la
Sala Alcalá 31 de Madrid. Demostró que es una profesional de los pies a la cabeza. Dio una lección de saber estar, muy alejada de la imagen de estrella caprichosa que siempre la acompaña.
Annie Leibovitz (Waterbury, Connecticut, 1949) es la
fotógrafa mejor pagada del mundo; también una de las más laureadas. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos le otorgó el título de
«Leyenda viva», algo de lo que no muchos mortales pueden presumir. Y la revista
«American Photo» la nombró la f
otógrafa más influyente de nuestro tiempo. Ha trabajado para las mejores revistas (
«Vanity Fair»,
«Vogue»,
«Rolling Stone»...) En 1975 documentó la gira de los Stones por Estados Unidos y Canadá.
Iconos de su carrera
Sos muchos los hitos de su carrera. Así, fue la última en retratar a John Lennon, antes de que éste fuera asesinado en 1980. El 8 de diciembre acudió al apartamento Dakota de Manhattan para hacerle un reportaje para «Rolling Stone». Son suyas las célebres imágenes del Beatle desnudo en la cama junto a su esposa, Yoko Ono, vestida. Horas después Lennon era asesinado. Otra imagen histórica de Leibovitz, convertida ya en icono moderno, es el retrato de una Demi Moore embarazadísima y desnuda en la portada de «Vanity Fair». Muchos la han imitado después.
No hay celebridad que se precie que no haya posado para ella. O dicho de otro modo: no eres una celebridad del todo hasta que Annie Leibovitz no te hace un retrato. Son suyas también las primeras fotografías publicadas de Suri, la hija de Tom Cruise y Katie Holmes, que dieron la vuelta al mundo en una portada de «Vanity Fair». Y consiguió lo que parecía imposible: desnudar, en la portada de la misma revista, a dos de las mujeres más deseadas del momento, Scarlett Johansson y Keira Knightley, junto a un (vestido) Tom Ford. También son celebérrimas sus imágenes de Whoopi Golberg sumergida en una bañera llena de leche o Leonardo DiCaprio con un cisne retorcido en el cuello.
Escándalos más sonados
Pero, a pesar de su fulgurante éxito, no han faltado los escándalos y problemas en su carrera. Fue el caso del retrato que hizo a Miley Cyrus, cuando esta tenía 15 años, cubriendo su busto sólo con una sábana. La propia fotógrafa tuvo que salir al paso con un comunicado en el que dijo que esa instantánea había sido malinterpretada. También muy polémico, su libro «Annie Leibovitz: A Photographer's Life», en el que, entre otras imágenes, incluía la del cadáver de Susan Sontag, quien había fallecido de cáncer en 2004. Ello le supuso un enfrentamiento con el hijo de la escritora. También fotografió Leibovitz a su padre muerto.
Dio la vuelta al mundo el
rifirrafe que, al parecer, tuvo con la mismísima Reina de Inglaterra en 2007. Una
pugna de altura entre dos reinas. Isabel II se enojó cuando Leibovitz le sugirió quitarse la corona durante una sesión fotográfica en el Palacio de Buckingham, hecho que fue inmortalizado por
la BBC, que
tuvo que disculparse, admitiendo que la secuencia emitida era errónea.
Grandes campañas publicitarias
Entre sus últimas grandes campañas,
Disney contrató a Annie Leibovitz para realizar una serie de
fotografías con celebridades interpretando a diferentes
personajes de sus clásicas películas: pasaron ante su objetivo
Penélope Cruz, Roger Federer, Scarlett Johansson, Jennifer López, Beyoncé, Gisele Bündchen, Jessica Biel, Mijaíl Baryshnikov... Asimismo, la firma de lujo
Louis Vuitton la contrató para una campaña, en la que participaron personajes como
André Agassi y Steffi Graf, Francis Ford Coppola y su hija Sofia, el expresidente ruso
Mijaíl Gorbachov, quien aceptó posar con los restos del Muro de Berlín al fondo;
Keith Richards, Sean Connery, los astronautas
Buzz Aldrin, Jim Lovell y Sally Ride...
«Susan (Sontag) era mi mayor fan»
«Me gusta fotografiar a personas que admiro y que me importa lo que hacen. Con mis fotos espero dar una idea de cómo es nuestro tiempo», comentaba a ABC en una entrevista. Así hablaba entonces de su trabajo: «Me gustaría cada vez que hago una foto lograr algo que no se espera. Es una crítica que se ha hecho a veces a mi trabajo:decían que no mostraba nada nuevo. Pero pienso que es suficiente. Lo que ves es lo que consigues... No hay más».
En Sarajevo tuvo algunos problemas con otros fotógrafos, que se preguntaban qué hacía Annie Leibovitz en plena guerra. Ella quitó hierro al asunto: «He aprendido mucho de los fotógrafos de guerra. Quería hacer algo: no era sólo ayudar, sino implicarme». No eludió en aquella entrevista hablar de temas tan personales como su relación con Susan Sontag: «Ella era muy, muy dura. Era muy difícil de complacer. Desde que la conocí, traté de complacerla pero no siempre funcionaba. Estaba subiendo el listón en todo momento. Sabía cómo me estaba implicando y cómo con ella me iba a hacer una persona mejor y una fotógrafa mejor. Estaba preparada para ello. Fueuna crítica muy dura, pero también una gran admiradora, mi mayor fan. Tenía un inmenso apetito de cultura, le encantaba la vida, la adoraba. Era 17 años mayor que yo y era superactiva, mucho más que yo. Siempre iba delante y me dejaba atrás. Era una persona extraordinaria».
Al borde de la bancarrota
Tampoco eludió hablar de los
graves problemas financieros por los que estaba atravesando, pero
negó que hubiera tenido que vender los derechos de algunas de sus imágenes, como se había publicado. Nadie podía entender que, ganando millones de dólares al año, estuviera a punto de perder todos sus bienes si no devolvía
un crédito por 24 millones de dólares. Sus acreedores,
Art Capital Group, en Nueva York. Finalmente
llegaron a un acuerdo. La fotógrafa había solicitado en 2008 un préstamo millonario con el que financió la
deuda contraída tras comprarse varias casas (una de campo en el norte de Nueva York, otra en Greenwich Village, en Manhattan). Tenía también deudas con Hacienda. Annie Leibovitz es
madre soltera de tres hijas: Sarah (a la que tuvo en 2001,
a los 51 años) y las
gemelasSusan y Samuelle, que fueron
gestadas en 2005 por un vientre de alquiler.
Ayer se difundió una encuesta (de las que no me fío mucho) para elegir la mejor novela española del siglo veintiuno. Resultó que "La fiesta del chivo", de Mario Vargas Llosa es la que encabeza la lista. El Nobel arequipeño estaba en la llista porque también es español, ya lo sabemos, pero llama agradablemente a atención de que mantenga su vigencia y calidad literaria frente a muy buenos novelistas españoles (aunque esto en sí no merezca hacer muchas fiestas).
Inmediatamente después ha salido otra encuesta, promovida también por el diario ABC, para determinar la novela más influyente en lo que va del siglo veintiuno, y la respuesta es por demás interesante, Roberto Boleña y su novela "2666" están en primer lugar. Conclusión apresurada y emotiva: de América Latina proviene lo mejor de la narrativa contemporánea e influye mucho más que la que viene de España y sus escritores.
Mejor veamos lo que dicen en ABC.  |
| Roberto Bolaño, influye más que Vargas Llosa en el XXI |
Escribe: Manuel de la Fuente
El pasado domingo, se ponían en ABC unos cuantos puntos sobre las íes de la novela española de los últimos años, de lo que llevamos de siglo narrativamente hablando. Tan español como peruano, Mario Vargas Llosa y su «Fiesta del chivo» salían vencedores en esta lid literaria. Pero también llegaron hasta la redacción de ABC opiniones que abundaban en que la mejor novela en lengua española venía de aquel lado del Atlántico. Y era «2666» de Roberto Bolaño.
Quizá porque, como opina rotundamente el novelista argentino afincado en nuestor país Patricio Pron, «ninguna novela de autor español reciente ha ejercido la influencia de obras como Roberto Bolaño». Añade que «sintetiza y pone punto final a varias de las tendencias dominantes en la novela del siglo XX al tiempo que inaugura otras más propias del siguiente siglo» y «sigue generando efectos a diez años de su publicación».
Y Bolaño y «2666», su novela póstuma, eran las palabras mágicas con las que numerosos escritores suramericanos (y también un buen puñado de españoles) respondían a nuestra pregunta. Entre estos últimos, por ejemplo, Andrés Ibáñez: «Bolaño fue el último de los grandes genios, y uno de los misterios más grandes que ha dado el arte de la novela». Quizá la vida de Bolaño, poco ortodoxa, estuvo casi por encima de su obra, la de un autor de culto, que ya residente en España compaginó el principio de su tarea narrativa) con un trabajo de vigilante nocturno en un camping de Castelldefels, sin ir más lejos.
El también argentino Rodrigo Fresán hilvana esta relación: «El merecido éxito de Bolaño propone, además, una fuerte radiación que trasciende lo estrictamente estricto y que ya resulta tan positiva y arriesgada (a la hora de reflejar el cómo vivir la literatura) como negativa y riesgosa (la ambición de vivir de la literatura apoyado en cierto perfume legendario y mítico que a Bolaño nunca le interesó) potenciando la figura del escritor por encima de su obra».
Ante «2666», la lista de admiradores es larga. Para Isaac Rosa, «no hay ninguna de su ambición en lo que va de siglo», opinión en la que abunda el mexicano Jorge Volpi, en tanto que Andrés Neuman es otra de esas voces nacidas en América pero criadas literariamente a este lado del Charco «2666, una catedral de búsquedas, tramas y lirismo brutal».
Hay otros españoles que admiran esta descomunal obra de Roberto Bolaño: Luis García Jambrina («2666 es, una demoledora alegoría de nuestro tiempo») y Sergi Doria («el testamento de un autor enfermo de literatura»). Tampoco Fernando Rodríguez Lafuente, director de ABC Cultural, escapa al hechizo de Bolaño y «2666»: La consagración del horror contemporáneo. La literatura en estado puro». No faltan los devotos de Bolaño en la mismísima Real Academia, donde su secretario, Darío Villanueva, habla de «2666» como una obra de «monumentalidad póstuma» y Carme Riera subraya lo que la descomunal novela tiene «de innovador en la literatura latinoamericana».
Como hace unas líneas apuntaba Patricio Pron, novelas como «2666» sí que influyen allende las fronteras de la lengua española, como recuerda bien Anna Grau, periodista y escritora que recuerda a Bolaño al hilo de sus tiempos de corresponsal en Nueva York «Allí comprobé que es de los pocos autores hispanos que despiertan un verdadero interés, respeto y hasta perplejidad en el mundo anglosajón».
Novelas españolas y novelas escritas en español. Quizá el poeta y novelista Manuel Vilas sea quien lanza el último y más osado dardo. «2666 demuestra que un escritor en lengua española puede escribir una novela desde la inteligencia , y no el exotismo y el pintoresquismo».
(ABC)
 |
| Reynoso, nuevo homenaje, la Casa invita |
Casa de la Literatura condecora a Oswaldo Reynoso
Distinción institucional de la CASLIT le será entregada el 22 de mayo, a las 7 p.m.
Hace tres años la Casa de la Literatura Peruana instituyó su galardón institucional para distinguir a personajes del mundo literario que hayan realizado significativos aportes a este campo. En esta oportunidad la distinción será otorgada al escritor Oswaldo Reynoso, quien será condecorado “en reconocimiento a su destacada contribución a la literatura peruana, en cuya obra narrativa coinciden diestramente la prosa refinada y la reivindicación del universo urbano popular”.
La ceremonia de entrega de la Distinción Casa de la Literatura Peruana se realizará el miércoles 22 de mayo, a las 7:00 p.m.En la mesa de honor participará el escritor homenajeado; la directora de la CASLIT, Karen Calderón Montoya; y las palabras de honor estarán a cargo de Roberto Reyes Tarazona y Beto Ortiz. El ingreso es libre.
La revista venezolana Letralia, acaba de publicar el texto sobre Javier Heraud, los invito a su lectura. Hay que hacer "click" en la imagen. Como se esperaba, todas las revistas que contienen espacios culturales recuerdan también el aniversario del asesinato del poeta.
Este texto se publica también en la revista Sieteculebras, que sale este mes, precisamente con un homenaje al poeta Javier Heraud. Y se debe publicar también en Venezuela y Argentina. Adelanto mi testimonio debido a la conmemoración de la fecha. Los cincuenta años del asesinato de Heraud se cumplen hoy.
 |
| Mirada de poeta, eterna |
Puerto Maldonado – Lima, último tránsito de Javier Heraud
Por: Alfredo Herrera Flores
He mantenido por algunos años este testimonio en silencio. Las hermanas y el hermano de Javier Heraud me pidieron en su oportunidad discreción y prudencia, y he cumplido. Al recordarse este año el cincuenta aniversario del asesinato del poeta, creo pertinente repasar aquellos momentos inmediatamente anteriores al traslado de los restos del joven Heraud desde la ciudad de Puerto Maldonado, en Madre de Dios, donde estuvo sepultado por 45 años, a Lima, donde ahora descansa, como sabemos, en un cementerio de La Molina.
En abril de 2008 ejercía como presidente del Gobierno Regional de Madre de Dios Santos Kaway Komori, hombre sencillo y tranquilo, hijo de inmigrantes japoneses instalados en la selva madrediocense desde las primeras décadas del siglo veinte; contador público de profesión y viejo político por vocación que lo llevó a ocupar la alcaldía de Puerto Maldonado en más de una oportunidad; fumador y buen bebedor de café. Paciente y confiado, viajero y observador; pero a pesar de la experiencia, ingenuo en los círculos políticos, lo que finalmente hizo que fuera traicionado en su última fase de autoridad. Tuve la oportunidad de trabajar con él, con mucha confianza, en una de las gerencias del gobierno regional. La mañana del 30 de abril me llamó muy temprano para encargarme que recibiera a los hermanos de Javier Heraud, que ese día llegaban a Puerto Maldonado, y los apoyase en todo lo que necesitaran, con mucha prudencia.
Fue un encargo especial. Como todos los lectores contemporáneos, leí a Javier Heraud muy joven, aún en el colegio, y luego admiré su obra y esa breve vida marcada por la imagen del buen hijo y el ímpetu revolucionario, por el ansia de hacer algo por su país y la tragedia de la muerte temprana. Este acercamiento a Heraud se tradujo en mi primer libro, “Etapas del viento y de las mieses”, titulado así precisamente desde un verso suyo, “ah poesía de la flor y la palabra, poesía del viento y de las mieses”. En el acto de presentación del poemario, en Arequipa, el poeta José Ruiz Rosas hizo notar que yo publicaba mi primer libro a la edad en que Javier Heraud había sido asesinado. Guardaba, hasta perderlo en algún traslado, el libro azul de la colección de literatura peruana que se había publicado durante el gobierno militar con la poesía completa de Heraud y unos textos de valoración y crítica, en ese libro descubrí al poeta guerrillero. La imagen de Heraud era como la de un icono flotando en el recuerdo, para mis mayores, y en una suerte de utopía literaria y revolucionaria para mi y los de mi generación. Entonces, conocer de pronto a las hermanas -Cecilia, Victoria, Marcela- y al hermano, Jorge, del poeta era un privilegio especial, y en ese momento no supuse la sorpresa mayor que este encuentro me deparaba.
Los saludé en el aeropuerto, a media mañana, y los acompañé a que se instalaran en el hotel Don Carlos, el viejo hotel de turistas, a orillas del río Tambopata, cuidando no solo de estar en un lugar algo alejado del centro de la ciudad, sino también de no “caer” en algún hotel o restaurante de uno de los hombres que participó en el acribillamiento de Javier y que ahora es dueño precisamente de uno de los mejores hoteles de la ciudad. Junto con ellos estaba Pablo Baraybar, conocido antropólogo forense y un ayudante; con ellos, más el encargado de la Beneficencia Pública de Puerto Maldonado, nos reunimos para elaborar una agenda de trabajo. La primera acción sería ir a visitar la tumba de Javier.
Puerto Maldonado es una ciudad que no ha crecido al ritmo de otras capitales de departamento. Con solo cien años de existencia, lo que fue una pequeña aldea donde se asentaros buscadores de caucho y oro, madereros, colonizadores, aventureros y religiosos misioneros, en medio de una tupida selva tropical habitada por pequeños grupos de nativos nómades, y en el punto donde se une el río Tambopata al mítico Madre de Dios, llamado por los incas Amarumayo y por los nativos Eori, la ciudad ha crecido con sus anchas calles de tierra y sus casas de madera, enfrentándose a un calor implacable, la falta de agua potable, la hierba feroz, las alimañas, los depredadores de madera y al abandono de los gobiernos que la han mantenido aislada por ochenta de sus cien años. Hoy hay una excelente carretera asfaltada y varios vuelos diarios, una prometedora industria turística y un ambiente festivo propio de las ciudades de la selva. Hay también un creciente movimiento comercial impulsado por migrantes puneños y cusqueños y un desarrollo profesional sostenido por especialistas de todo el país. El viejo pueblo tenía un cementerio, llamado Los Pioneros, que ha quedado ahora en el centro de la ciudad y que de vez en cuando hay que limpiarlo para que la hierba y la maleza no lo devore.
Fuimos al cementerio. En el camino el hermano me recordó que se había cuidado que nadie sepa sobre este viaje, nos fijamos si por la calle venía o no algún periodista. Él sabía que un reportero gráfico de la revista Caretas podría venir, pero no hubo necesidad de establecer un mecanismo de vigilancia, salvo un trabajador de la Beneficencia ubicado en la puerta evitaría que alguien más ingrese a ese camposanto que casi nadie visitaba. Algunas veces, dirigentes políticos y estudiantes organizaban actividades y visitas a la tumba de Javier, recordando su nacimiento o muerte, o algún poeta llegaba para tomarse una foto cerca de la sencilla lápida. Avanzamos por un sendero, entre hierba crecida, con tranquilidad, aunque las hermanas no podían disimular nerviosismo e iban tomadas de la mano. Fue emocionante, la tumba de Javier está en el suelo, cubierta por una losa de cemento, con hierba y flores a su alrededor y sobre ella se ha construido un cobertizo de madera. Sobre la tumba, junto a la lápida, había una hoja de papel donde alguien había escrito “gracias hermanitas, por visitarme”. Unas niñas que habían caminado con nosotros sin que nos diéramos cuenta leyeron el papel en voz alta, con esa voz infantil aparecida de sorpresa, y fue como si las flores hablaran.
Las niñas se fueron corriendo y el silencio cubrió ese pedazo de tierra donde yacía el poeta desde hace 45 años, donde había soportado calor extremo y fría humedad, lluvia y soledad. Ninguna de las hermanas hablaba, una de ellas tomó agua y se sentó en una tumba vecina. Yo estaba paralizado por la emoción, la voz de esas niñas había sonado en mi corazón, o en mi estómago, o en la fibra más íntima de mis huesos, y tampoco podía decir algo. ¿Qué se podría decir? Baraybar comenzó a caminar alrededor de la losa, viendo cómo se podría retirarla para cavar. El hermano me explicó en ese momento que habían venido a llevarse los restos de Javier a Lima, porque su madre así lo quería. Baraybar dijo que tal vez no había mucho que llevar.
La segunda etapa era hacer todo el papeleo necesario para abrir la tumba, conseguir los permisos de la Dirección de Salud para la exhumación y traslado y coordinar con la línea aérea para reservar un espacio para los restos. Habían preparado una pequeña urna para llevarse lo que quedaba de Javier. Acompañé al hermano a la Dirección de Salud y nos atendió el director, el Dr. Salvador Quispe, quien amablemente nos explicó el procedimiento. Si esa misma tarde podía oficializarse el pedido con los requisitos que se necesitaban, al día siguiente él firmaría el permiso. No hubo dificultades en la Beneficencia Pública ni en otra oficina, no recuerdo si fue necesario coordinar con la policía. Fuimos a almorzar y por la tarde se empezaría la tarea de abrir la tumba, a cargo de Baraybar y su ayudante. Esta es tierra muy húmeda, explicaba entre otras cosas, y tal vez ya no se conserve nada del cuerpo de Javier, advirtió.
La tarde no alcanzó para cavar los más de dos metros que se necesitaban para llegar al cuerpo de Javier, que había sido enterrado en un precario cajón y con muy poca ropa. Una ligera lluvia y la oscuridad hicieron que se postergue la labor hasta el día siguiente. No hay mucha información que detalle el entierro de Javier Heraud en el cementerio de Puerto Maldonado. Los testimonios de su padre y de otras personas que vieron el cadáver luego de ser rescatado del río Madre de Dios, dan cuenta del tipo de armas que se usaron para atacar las balsas en las que se desplazaba el poeta con sus compañeros guerrilleros, y luego se confirmó que no fue precisamente la policía la que lideró el ataque, sino aquellos “empresarios” que pensaron que estarían en riesgo sus propiedades o su vida ante la presencia de los revolucionarios. Sin ningún nivel de entendimiento, azuzaron a los vecinos y obligaron a la policía a que los acompañe y entre todos dispararon a las balsas en las que los jóvenes cruzaban el río Madre de Dios. Dispararon a matar con armas de cacería y no respetaron la rendición de los heridos. Luego la policía exhibió su cuerpo acribillado, hubo fotos y todo. Cuando llegó el padre de Javier y comprobó la masacre, se evidenció que la policía poco hizo en este episodio vergonzoso y estuvo, todo el tiempo, al servicio de aquellos empresarios insensatos, asustados y enardecidos. Lo sepultaron en silencio, con lo poco que se pudo conseguir en ese momento en una ciudad que aún no había salido de su condición de poblado.
La figura de Javier Heraud ha marcado mucho la historia y la vida del Perú contemporáneo. Su nombre se repite en plazas, calles, colegios, institutos, mercados, parques infantiles, negocios y asociaciones de todo tipo, en todas las ciudades del Perú, junto con los de héroes como Grau o Bolognesi. Una de las hermanas de Javier había revisado la guía telefónica de Lima e intentado hacer una lista de todo lo que llevara el nombre del poeta, lo que encontró rebasó sus expectativas y abandonó el proyecto. A la imagen de poeta y guerrillero, se ha sumado en los últimos años la de “buen hijo”; las cartas que escribió a su madre desde Cuba, por ejemplo, es leída por profesores y estudiantes como un modelo de responsabilidad y respeto a los padres, de ternura juvenil y madurez intelectual; felizmente su nombre no ha sido manoseado ni usado políticamente, y esperamos que no lo sea. Su obra poética y su tránsito hacia Europa y Cuba, y de allí a la selva peruana, ha sido ya bastante estudiada. Aquella mañana del 30 de abril del 2008 Javier Heraud estaba a punto de cumplir su último tránsito.
Muy temprano volvimos al cementerio. Baraybar y su ayudante ya habían avanzado en el trabajo, con entusiasmo pero sin la esperanza de encontrar algo. Las hermanas estaban pendientes, dando vueltas por el hoyo, empujando un poco de tierra, sirviendo agua, recordando a Javier. “Era un muchacho alto y fuerte, buen mozo, muy tranquilo y juguetón”, dijo una de ellas, otra añadió: “escribió poemas desde muy niño”. Tal vez no decían ninguna novedad, pero la emoción y ternura con que lo recordaban hacían que todo fuera nuevo y especial. No podía ser de otro modo, estaban hablando de su hermanito menor. La mañana iba avanzando, se empezó a cuidar el retiro de la tierra, efectivamente húmeda y apelmazada, con raíces entrecruzadas. Parecía una tarea de arqueólogos. Se había dejado a un lado el pico y la pala y ahora se usaban badilejos y brochas. Todos esperábamos en silencio. Aparecieron, entonces, unos trozos de metal retorcido, a los costados de lo que sería el cuerpo, y unos jirones de tela a la altura de los pies, que se limpiaron con cuidado. La emoción subía por dentro, podía escucharse el palpitar de nuestros corazones. Pedí permiso para tomar unas fotos, me dijeron que mejor no, ellos tampoco lo harían.
El trozo de metal era un clavo y la tela una parte de un atado de ropa que se había enterrado con el cuerpo. De pronto comenzaron a aparecer los huesos, largos y fuertes, como si emergieran impulsados desde el centro de la tierra por una fuerza delicada. Fue una visión indescriptible. El esqueleto completo estaba ahí, descansando, esperando, cuan largo era. Su cabeza estaba inclinada y la cavidad de sus ojos parecía saludarnos. Una raíz se había abierto camino por su boca y salía por un costado del cráneo, tal vez por debajo del parietal, para luego recorrer la tierra hacia la superficie. Mientras Baraybar limpiaba esa zona Cecilia recordó un verso de su hermano, uno que decía algo así como “de mi cuerpo se formará la vida”. Unos minutos después podíamos ver el hermoso esqueleto de Javier, conservado por esa tierra apelmazada, compactada por el paso de los años, generosa con el guerrillero caído, con el poeta joven. Sus clavículas anchas seguían firmes, sus amplias costillas albergaban tierra clara, sus fémures parecían estar a punto de moverse. No eran huesos blancos, grandes y fuertes lo que veía, era la delicada materia de un héroe, de un hombre sano. Baraybar estaba sorprendido, nosotros emocionados. Fue una visión indecible y hermosa, “como una espada en el aire”.
Contemplamos la osamenta por varios minutos. Las hermanas hablaban entre ellas y recordaban al muchachón que abrazaron a los veinte años al despedirse para ir a Cuba. Desde allí escribiría a su madre este retazo de carta ya conocido: “Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tú me criaste honrado y justo, amante de la verdad, de la justicia". Yo pensaba en el privilegio que me tocaba. A esas alturas, a 45 años de la muerte del poeta, que era casi mi edad, ¿cómo es que me reencontraba con el poeta? Son cosas que nadie las piensa y de pronto toca vivirlas. Quienes solamente habíamos leído su poesía y visto sus viejas fotografías, nunca nos imaginamos estar tan cerca de su cuerpo, sus huesos, de esa parte material que aún se conserva a pesar del tiempo, y dan ganas hasta de hablarle, de abrazarle.
Jorge dijo que la urna que habían traído no serviría para llevar el esqueleto de Javier y lo acompañé a buscar un carpintero, ninguna funeraria nos vendería un féretro sin certificado de defunción ni en la medida que se requería. Luego fuimos a la Dirección de Salud a recoger los últimos documentos para organizar el traslado final. En su oficina, el doctor Salvador Quispe, de hablar pausado y modales respetuosos, hizo un preámbulo antes de entregarle a Jorge los documentos, fue como si no quisiera hacerlo. Cuando puso en manos de Jorge esos papeles, sencillos pero necesarios, preguntó: “¿y ahora, a quién le iremos a leer nuestros poemas, a quién le contaremos nuestros sueños?”. Jorge no supo qué contestar. Él, también amable, atinó a repetir que era un pedido expreso de su madre. El doctor Quispe contó brevemente que algunos jóvenes de Puerto Maldonado iban a la tumba de Javier a leer poesía, o como él, a conversarle. Noté que Jorge estaba tan emocionado como yo, pero se despidió. Aun en la puerta el médico dijo: “Lo vamos a extrañar”.
Aunque no parecía, Javier Heraud estaba muy presente en la memoria cotidiana de los habitantes de Puerto Maldonado. Había un pequeño parque con su nombre y un busto, todos sabían que tenían en su ciudad un muerto ilustre. En los escritorios y paredes de muchas oficinas y locales públicos se puede leer el famoso poema de Javier, “Yo no me río de la muerte…” Los guías de turismo nunca dejaban de mencionar la presencia del poeta en su ciudad y hasta en las tiendas de artesanía habían polos con su rostro o cuadritos con sus versos.
Por la tarde se completó la tarea de recuperar el cuerpo de Javier Heraud, se encontraron además algunos clavos y ropa, una camisa y un pantalón, muy maltratados por la humedad. Efectivamente había un fotógrafo de la revista Caretas, que intentó hacer tomas desde fuera del cementerio, y algunos políticos se fueron enterando del traslado, protestaron en una radio local, pero no hubo ningún impedimento para que Javier Heraud emprendiera su último viaje, esta vez acompañado de sus hermanas y su hermano, a reencontrarse con su padre.
La última parte es ya historia más conocida. Los familiares de Heraud velaron una noche sus restos y el día 2 de mayo los sepultaron en privado, no en secreto, en el cementerio Los jardines de la paz, en La Molina.
Han pasado cinco años desde entonces. Es cierto que hay muchos más detalles que recordar, pero ya no es necesario, ya el viaje se ha cumplido, ya el tiempo ha dado la vuelta necesaria, ya se ha comenzado de nuevo. Han pasado 50 años desde el incomprensible asesinato del poeta, nunca se sancionó a los verdaderos asesinos, algunos de ellos aún andan por las calurosas calles de Puerto Maldonado, abanicándose, pero el tiempo hará su parte con ellos. Han pasado 71 años de su nacimiento, tal vez hoy sería un viejo tranquilo y amigable, recibiría en su casa a los jóvenes poetas, quién sabe. Algunos de sus contemporáneos como César Calvo y Antonio Cisneros ya le han dado alcance. Yo me quedaré con el recuerdo de su imagen en mi retina, porque siempre hay cosas que se ven y no se pueden decir con palabras.
Cuando estuve en La Paz, Bolivia, pasé algunos momentos muy difíciles, les cuento a unos amigos. En ese entonces, busqué a amigos y otros que no lo eran pero que podrían darme una mano, la mano más firme fue la de Jesús Urzgasti, poeta, novelista y fogueado periodista. Acabo de enterarme de su muerte, hace solo un par de semanas. Urzagasti permitió que ingresara al diario Presencia, hiciera de corrector, editor de información internacional y publicara artículos en el suplemento literario. Nos hicimos muy amigos, compartimos interminables conversaciones y con otros escritores no menos vasos de Singani. Como me suele pasar cuando me entero que un amigo se adelanta, me quedo sin palabras y los recuerdos se agolpan y el corazón late más rápido. Después vendrá más silencio, lo sé.
Entre las cosas que se han escrito sobre él, en estos días, hay un breve homenaje de Julio Ortega y él mismo transcribe unas palabras del propio Urzagasti sobre su identidad. Los dejo con esos dos textos tomados de El Boomeran. El texto completo está en el blog de Ortega. (AHF)  |
| Jesús Urzagasti |
Mi amigo Jesús Urzagasti
Por: Julio Ortega
Casi todos los buenos escritores bolivianos son fatalmente secretos pero el más secreto de todos es Jesús Urzagasti. No digo que fue, aunque haya muerto hace unos días, porque los mejores escritores nacen y viven para siempre en el lenguaje. La lengua española es un buen país para morir, como había previsto Jesús, porque está encendida por las lenguas originarias, y el español de la mezcla es bueno para hablar pero también para callar.
Había nacido en 1941. Trabajó en el diario “Presencia” de 1972 a 1998. Fue jefe de la sección cultural, jefe de redacción y director de Presencia Literaria. En 1969 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim. Es autor de las novelas Tirinea (1967), En el país del silencio (1987), escrita desde tres heterónimos, traducida al inglés y celebrada por Gregory Rabassa como una de las mejores novelas latinoamericanas después del “boom”; De la ventana al parque (reeditada por la UNAM, México) y Los tejedores de la noche. Sus libros de poesía son: Yerubia , La colina que da al mar azul y Frondas nocturnas, con Sulma Montero.
Tenía la intensidad reposada de quien viene de lejos. Había nacido en Campo Pajero, en el Gran Chaco, hijo de agricultores, y era ducho en mitos y agonías de la frontera. Escribía con sobriedad y fludiez, en cláusulas de idas y vueltas, sumando y precisando. Su prosa, como su poesía, es de inmediato reconocible por la autoridad de su dicción, esa objetividad de lo vivo que transcurre con plena suficiencia. Siempre pensé que su escritura era clásica: la forjó una idea de lo imaginario como lo más cierto. Pertenece a la poética de la veracidad, a esa poesía de lo vivo durando en el lenguaje.
La última vez que lo vi fue en el Congreso de la lengua española en Rosario. Me pidieron hacer una sesión sobre la literatura hispánica en contacto con otras lenguas, y pude invitarlo para hablar de su frontera. Fue feliz en esa sesión donde el quechua, el yucateco y el aymara navegaron en español desplegado.
DESDE LA FRONTERA
Por: Jesús Urzagasti
Vine al mundo en la zona sur de Bolivia, vale decir, en una provincia lindante con el Paraguay y la Argentina. Mi lengua materna, el castellano, no fue óbice para que voces de diversa índole se cruzaran por mi camino con sus cadencias nómadas, reanimando así el hemisferio en sombra de tobas, chulupis, chorotis, tapietes y algunos más que no se perdieron del todo porque estamparon su silencio en mi memoria.
En un escenario privado de diccionarios y sin mayor contacto con los libros, el asombro del niño convive con la audacia de los mayores en el ejercicio de nombrar lo visible y lo invisible. Sin este aprendizaje orientarse en la geografía natal es cosa difícil.
En aquellos tiempos, hablar castellano daba un prestigio incierto, porque entre ágrafos se recela por igual del que escribe su nombre y del que no sabe deletrearlo. Dicho de otro modo, neófitos y cristianos compartían la realidad, pero diferían en el modo de usarla; así, aglutinados por una idea pero con palabras entreveradas, decían de una manera y sentían de otra.
Se sabe que hacer visible la realidad mediante la comparación de cosas disímiles, es prodigio de la metáfora. En el caso del lenguaje popular, hablar en sentido figurado supone conocer la realidad y compartir hechos colectivos; quizás en ese detalle nada trivial estriba su mayor complejidad, al menos con relación al lenguaje culto. Las pruebas de este proceso están al alcance de todos:
—Se habla tal como se anda o camina.
—Los sinónimos proponen parecidos o similitudes mediante términos que a la larga significan cosas distintas.
—Ni siquiera los muertos, aún menos los vivos, tienen la exclusividad del pasado.
—Estar callado es una anomalía cuando el idioma no restituye al silencio su remota jerarquía.
Interesante texto aparecido en Jornada, de México, sin muchos comentarios.TRADUCCIÓN DEL POEMA "DIOS", DE VÍCTOR HUGOPor: Abraham Nuncio |
| Víctor Hugo, siempre revisado |
U
En el prólogo, Rafael Argullol habla de esta empresa grandiosa que nos conmueve, anonada, engrandece, suprime, sepulta, hace flotar cuando leemos sus versos alejandrinos y donde late una de las sumas poéticas más portentosas de la historia de la cultura occidental.niversal, casi como la idea o existencia de Dios –según sea el intérprete–, el poema del mismo nombre (“nombre vasto, refractario, inaudito… monstruoso, enorme, ilimitado”), que Víctor Hugo escribió y Tomás Segovia tradujo al castellano fue publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) en el marco de su octogésimo aniversario.
Sólo alguien como Víctor Hugo pudo atreverse a escribir un poema épico sobre tema tan desmesurado e inasible como es el de Dios. Antes lo habían hecho Dante, al adentrarse en el Infierno-Cielo de esa como Babel visitada por unos protagonistas blindados al mal, o como Milton, en su relato de la Caída donde Satán roba cámara a Dios o en la obra opuesta que le siguió, la recuperación del Paraíso perdido donde Jesús, que resiste a toda tentación, es la guía y la vía para acercarse a Dios.
El escritor y editor José María Espinasa hizo la presentación de Dios.Se trata, dijo, de un verdadero acontecimiento, broche de oro a la trayectoria como traductor de uno de los poetas contemporáneos más importantes de lengua española...
El otro presentador fue el filósofo español Agapito Maestre. Asumió como necesaria la lectura de Dios en el mundo occidental donde el paganismo ha sustituido a Dios por cualquier imbecilidad
.
La poeta Minerva Margarita Villarreal, directora de la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina, dio cuenta de cómo a Segovia se le había perdido la edición de la cual estaba traduciendo el poema y del hallazgo que significó para el poeta valenciano nacionalizado mexicano que la misma se encontrara en el fondo bibliográfico de Alfonso Reyes custodiado por esa biblioteca de la universidad pública de Nuevo León. La poeta le había pedido una colaboración para El Oro de los Tigres, colección bajo su responsabilidad, y esa fue el poema de Víctor Hugo. “Como buen republicano era acérrimo ateo. Pero él sabía que yo era creyente. Así que nos regaló Dios…” La casa editora de Tomás Segovia es la que dirige José María Espinasa. Sin embargo, en un gesto de generosidad, el escritor capitalino accedió a que fuera la UANL la que publicara el poema.
Mario Vargas Llosa, en La tentación de lo imposible, su largo ensayo sobreLos miserables, nos hace saber de unPrefacio filosófico
que al cabo Víctor Hugo canjeó por un breve epígrafe del que no se desprende el verdadero sentido que se habría propuesto con esta otra obra magna: no “una novela comprometida, arraigada en una problemática de aquí y ahora, sino la demostración teológico-metafísica de la existencia de una causa primera y el empeño de rastrearla en la ‘infinita’ historia de los hombres”. Si así fue, elemental es afirmar que fue un propósito fallido por subordinado a la propia biografía de Hugo, que fue la de un hombre profundamente comprometido y arraigado en los problemas de su sociedad y de su tiempo y un luchador incesante por la justicia de la que los mexicanos nos beneficiamos cuando el imperio de Luis Napoleón III pretendió que Maximiliano nos rigiera sentado en las bayonetas.
Más tarde Hugo convertiría elPrefacio filosófico
en Dios, su gran poema. Polifonía, ecos de los presocráticos a Platón, de los evangelios a Séneca y Lucrecio a Montaigne a Spinoza a Pascal, evocaciones sagradas, divinidades de todas las mitologías, figuras alegóricas: en sus extremos, del ateísmo el murciélago y del cristianismo el grifo. Las alegorías afirman o niegan a Dios que, como la utopía, aparece y desaparece. Por encima de las voces y el aleteo de las alegorías, la imposibilidad de Dios se presta a una lectura cuando recibe la luz de la poesía.
Una interesante panorámica de Sergio Pitol sobre la novela policial, desde sus incios hasta la actualidad, pasando por los clásicos y repasando nombres e historias. La nota viene en Jornada de México, nosotros la disfrutamos como un misterio ya resuelto.  |
| Imagen repetida en internet por lo ilustrativa del tema |
La novela policialEscribe: Sergio Pitol
La JornadaEn un encuentro de escritores franceses y mexicanos, organizado en agosto de 1977 por el Instituto Francés de la América Latina, sobre las literaturas del secreto, observé que todas las sesiones, salvo una, mencionaban en sus títulos a la novela policial. Confieso de inmediato mi absoluta debilidad por ese género que no sólo me ha proporcionado momentos memorables, sino que como escritor mi deuda es inmensa. Pienso que si un día tuviese que dirigir un taller de narrativa, sugeriría a los alumnos estudiar con atención los procedimientos específicos inventados por los autores de ese género, con la seguridad de que eso les ayudaría a construir una novela con más eficacia que todos los libros de narratología.
En la primera edición del Diccionario de la lengua castellana publicado por la Real Academia Española, una acepción de secreto es: “ lo que cuidadosamente se tiene reservado y oculto”, o “cosa arcana que no se puede concretar o explicar”. Misterio es, pues, en terrenos literarios una palabra fundamental, una referencia obligatoria. No por nada aparece de modo tan abundante en los títulos de novelas policiales: El misterio de Edwin Drood, de Charles Dickens; El misterio de la carretera de Cintra, de Eça de Queiroz; El misterio de Glenith, de Wilkie Collins; El misterio de Cloomber, de Arthur Conan Doyle; El misterio del tren azul, de Agatha Christie y varios más.
Los estudiosos que han rastreado con minucia las fuentes y trazado el árbol genealógico de la literatura policial, han encontrado remotos antepasados de asombroso prestigio; algunas historias bíblicas, el Edipo rey de Sófocles, entre otros.
Durante el siglo XIX, el período de mayor esplendor de la novela, surge el género policial con sus propios atributos y sus procedimientos esenciales. Y desde su nacimiento, apenas desprendido del seno materno, su potencia fue tal que empezó a establecer una presión sobre la novela madre, la oficial, para usar ese adjetivo que alude exclusivamente a la narración no policial. Al hurgar en los orígenes descubrimos que ya antes de La piedra lunar, de Wilkie Collins, considerada por todos como la primera novela del género, hay tramas que contienen los elementos esenciales del relato policial: un crimen, una investigación, el descubrimiento y la captura del criminal, sin afiliarse ortodoxamente al tipo de novela que nos ocupa. Son claros antecedentes del género, sí, pero su intención, sus metas, su atmósfera, se orientan hacia regiones que rebasan con mucho lo policial. El crimen resulta un accidente para transportarnos a reflexiones éticas surgidas del corazón de la novela. Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov son los ejemplos que de inmediato acuden a la memoria.
Hay una novela anterior a las de Dostoievsky, sin crímenes aparatosos, que me parece ya un preludio de lo que está por venir: Las almas muertas, de otro ruso genial, Nikolai Gogol. En ella, un extraño personaje, de nombre Chíchikov, hace su aparición en una pequeña ciudad de la Rusia profunda. Los primeros días de estancia en aquel lugar los emplea en enterarse del carácter, costumbres, fortuna y circunstancias de los terratenientes más opulentos de la región. Poco después, inicia una ronda de visitas. La descripción de esos encuentros constituye la parte magistral de la novela. Gogol nos sitúa frente a un mundo gris, degradado, y a la vez inmensamente paródico. El humor es siempre desbordante y esperpéntico; el lenguaje portentoso y la trama de una originalidad absoluta. El propósito de Chíchikov al visitar a los hacendados es el de comprar almas muertas. En el lenguaje administrativo de la vieja Rusia un alma significaba un siervo. Una propiedad comprendía el número de decietinas de bosques o de tierras cultivables, de animales de tiro o de pastoreo, y también el preciso y detallado de almas con que contaba el propietario. Desde la llegada del fascinante Chíchikov a la región se genera un misterio que va en aumento a medida que proceden sus visitas. ¿Por qué razón invierte su dinero en la compra de siervos ya fenecidos?, ¿qué provecho podría alguien obtener de aquellos difuntos?, ¿cómo podría transportarse ese ejército de seres inexistentes a las propiedades del comprador? No es menester señalar que los primeros sorprendidos fueran los propietarios. La transacción los tienta y a la vez los atemoriza. ¿No había en el hecho de contar a los siervos muertos a partir del último censo, de hacer listas pormenorizadas con sus nombres, sus fechas de nacimiento, estado de salud, tipo de trabajo realizado en la hacienda, un tufillo diabólico? Sin embargo, las artes del melifluo Chíchikov logran siempre estimular la codicia de los terratenientes, quienes terminan irremisiblemente por vender a sus muertos.
La sucesiva intensificación del misterio y de la demora por aclararlo es el procedimiento que se convertirá más tarde en esencial para estructurar una novela policial. Ante el avance del misterio, el lector tratará de asirse a cualquier detalle para descifrar los designios de los protagonistas, para orientarse un poco, al menos. Por más caricaturescos que sean los retratos de los personajes, el planteamiento de las situaciones, el avance preciso y detallado de la narración y lo disparatado de los diálogos, Gogol nos coloca siempre en la realidad, aunque se trate de una realidad deformada, estilizada, martirizada; una realidad enemiga de lo que conocemos como tal; nada en esa estructura nos hace pensar que nos movemos en los dominios de la literatura fantástica. Al final, nos enteramos de que Chíchikov es un impostor con antecedentes delictuosos que pretende hacer una magna estafa hipotecando como seres vivientes las almas muertas que ha comprado.
Más cercano a la literatura policial se encuentra Dickens. En efecto, el inglés tiene un pie clavado en esa novedosa forma narrativa. Su último libro, por desgracia inconcluso, El misterio de Edwin Drood, desarrolla una trama tenebrosa estructurada de acuerdo con las novedosas reglas creadas por el género policial. Víktor Sklovsky señala en Teoría de la prosa, ese libro capital del formalismo ruso, que buena parte de sus novelas, en especial La pequeña Dorrit, están compuestas a base de varias líneas temáticas que contienen uno o varios misterios, para luego, antes de llegar al final, hacerlas convergir en un cauce general, llegar a una apoteosis y resolver todos los enigmas.
Según Sklovski, los dos procedimientos fundamentales de la novela de misterio consisten en un retardamiento voluntario de las soluciones y en un “extrañamiento” radical que al distanciarnos de los acontecimientos narrados atenúa cualquier emoción. El pathos desmedido que había devastado zonas inmensas del Dickens juvenil aparece en su último período siempre contenido. Lo asesinatos no nos alteran, sino que sólo acrecientan nuestro interés en la lectura; sus crímenes, como los de Las mil y una noches, carecen de sangre verdadera, al grado que una novela policial con un único asesinato no resulta tan apetecible como la que contiene dos o más crímenes subsidiarios. Por otra parte, la voluntaria detención de la acción, su parsimonia, derivará en un refuerzo de la atención, en esa espera nerviosa de soluciones que se conoce con el nombre de suspense.
Decimonónica de origen
Las dos fechas fundacionales de esta literatura son: 1841, año en que Edgar Allan Poe publicó Los crímenes de la calle Morgue, donde aparecen con toda precisión algunos mecanismos del género, y 1868, en que se publicó La piedra lunar, de Wilkie Collins, la primera novela policial reconocida como tal, la más extraordinaria según T. S. Elliot, Chesterton y Borges, donde el enigma es resuelto por un inspector, personaje que iba a constituirse en un elemento distintivo e indispensable a estas narraciones.
Poe, lo sabemos todos, fue un escritor genial. El relato de investigación policial no habría podido surgir de mejores manos. El autor estadunidense aprovecha el vasto acervo de misterios madurado y difuso en la literatura anterior y los somete a un deslumbrante método de investigación especulativa. El género nace, pues, con una aureola de alta intelectualidad. Poe crea los mecanismos adecuados para detectar las motivaciones que han llevado a alguien a cometer un crimen y descubrir al culpable por medio de razonamientos meramente intelectuales. Con él nace un método y también una figura esencial para la literatura del futuro: el investigador privado. El protagonista de los relatos de Poe es el elegante caballero Auguste Dupin, un dandy refinado, que a sus diversos placeres añade el estudio de la mentalidad criminal. Dupin es el primero de una larga fila de gentlemen necesarios para la investigación del crimen. Durante cien años o más permanecerá viva esa estirpe de personajes excepcionalmente bien vestidos, refinados gourmets, conocedores de la buena literatura, coleccionistas de obras de arte. Su educación perfecta los aleja de la vulgaridad del entorno policíaco y les permite, en cambio, acceder al humor, ese don que los dioses administran sólo a sus predilectos. Algunos poseen títulos de nobleza y se mueven como peces en el agua en los salones más inaccesibles, como Lord Whimsey, el detective de Dorothy l. Sayers; otros proceden de la vida académica –Oxford o Cambridge–, como Nigel Strangeweays, el de Nicholas Blake, o son poseedores de fortunas familiares como Sherlock Holmes, el de Conan Doyle; Poirot, el de la Christie, o Nero Wolfe, el de Rex Stout. De un modo u otro todos ellos se solazan en la excentricidad, les deleita derrotar a los inspectores de la policía, ponerlos en ridículo, demostrar la ineficacia de sus métodos, su carencia de imaginación, la falta tanto de cultura como de maneras; parecería que se empeñan en su labor detectivesca sólo para poner en evidencia a aquellos pobres diablos a sueldo del Estado.
En ese punto –pero sólo en ése–, puesto que en lo demás son del todo antitéticos, coinciden con una corriente de detectives privados, surgidos, varias décadas después de las experiencias del refinado Auguste Dupin, de los estratos más desapacibles de la sociedad estadunidense, representados, sobre todo, por el Sam Spade de Dashiell Hammett, o el Philip Marlowe de Raymond Chandler, los héroes duros de los años treinta o cuarenta.
El texto completo se lee
aquí.
La verdad es que no sé si antes se han juntado Susana Baca y Eva Ayllón para cantar o dar un espectáculo, tal vez sí. Pero esta vez sí estarán juntas en el Festival La Mar de Músicas que se desarrollará en julio en Cartagena, España, el que estará dedicado al Perú. Un lujo el que tendrán los españoles pues además estarán Micky Gonzales, Cumbia All Stars y otros más, junto a la extraordinaria Sinead O`Connor y otro tanto de estrellas europeas y africanas. La nota viene en el Cultural de El Mundo.
 |
| Susana Baca en nombre del Perú |
Dice la nota de El Mundo:
Sinead O'Connor será la encargada de inaugurar la 19ª edición del festival La Mar de Músicas. El certamen, que se celebrará en Cartagena del 19 al 27 de julio, centrará su mirada en Perú. La Mar de Músicas ha confeccionado un programa basado en las músicas populares, que recoge tanto el folclore como aquellos sonidos que, basados en la tradición, innovan con nuevos elementos.
Representando al país andino estarán Susana Baca, que recibirá el premio del festival "por su labor de difusión de los ritmos afroperuanos", ha señalado la organización; Eva Ayllón, exponente de la música criolla; y Novalima, grupo histórico que estableció las bases de la música moderna en Perú. La cumbia peruana que tan popular se hizo en los años 70 estará representada por Cumbia All Star y grupos renovadores como Dengue Dengue Dengue y Chicha Libre. Fuera de todo género estará en Cartagena el hombre de los mil rostros musicales peruanos: Miki González.
Como es habitual, no sólo habrá música del país invitado. El festival hará un recorrido por Europa, África y América a través de sus sonidos. Un total de 33 conciertos, cinco más que el año pasado, de los que ocho serán estrenos y únicos conciertos en España. Estreno y único concierto en España será el que ofrezca O'Connor. La irlandesa, que arrancará su gira mundial, vendrá a presentar su último disco, 'How About I Be Me (And You Be You)?'. También actuarán por primera vez en nuestro país el inglés Sam Lee, la modelo y atleta africana Imany y el holandés Nynke.
Grupos nacionales
'La Mar Nuestra' (o lo que es lo mismo, los grupos españoles que actuarán en el certamen) tiene esta edición una gran representación: Muchachito Bombo Infierno, Tomasito, Albert Plá, La Pandilla Voladora, Silvia Pérez Cruz presentando '11 de novembre', Buika con 'La Noche más larga', La Bien Querida con 'Ceremonia', La Pegatina, La Mala Rodríguez y los djs alicantinos Mangaporhombro.
Desde el otro lado del Atlántico llegarán Julieta Venegas y Javiera Mena, encargadas junto a La Mala de clausurar el festival. También cruzarán el charco Lucas Santtana (Brasil); Gregory Porter, Julia Holter y Eli Paperboy Reed (Estados Unidos); Ondatrópica y Monsieur Periné (Colombia).
La programación del festival, cuyas entradas ya están a la venta, se completará con propuestas portuguesas como Carminho y Antonio Zambujo, las dos nuevas voces del fado, y africanas (Skip & Die, BCUC).
Junot Díaz saborea la fama, el dinero y los lectores han caído en sus redes de solo tres libros, y al anunciar un nuevo volumen de cuentos narra su drama personal de la creación. Meses sin poder producir o sin poder lograr el cuento esperado, drama que en palabras de Díaz, ganador del Premio Pulitzer, se hacen sinceras, mientras que la mayoría trata de disfrazar el proceso o los lectores no terminan de entenderlo. La entrevista completa viene en El Cultural, de España.  |
| Junto Díaz, la escritura siempre es difícil |
El escritor debe ser receptivo a todo, menos a la autocrítica Entrevista de Sam Anderson Unas semanas antes de la publicación del libro en Estados Unidos, Junot Díaz y yo nos reunimos un par de horas en un bar de Midtown, en Nueva York; le resultó muy difícil sentarse por culpa de su espalda, pero hablamos de escribir bien, de escribir mal y sobre la misteriosa (pero siempre evidente) diferencia entre las dos. Lo que sigue es una versión condensada de nuestra conversación.
-¿Qué le inspira? ¿Cuál fue la idea original de su último libro, Así es como la pierdes...?
-Quería narrar el proceso de evolución de un tramposo, de un infiel, un tipo que descubre, por primera vez, lo que es la ética y comienza a imaginar a las mujeres como seres humanos.
-¿Y cómo fue la escritura?
-Miserable. Miserable. Las historias no querían venir...
-¿Cuántas historias creó?
-Le diré algo... Puedo nombrar las historias previas a la “Guía de amor para infieles” antes de que el propio relato llegase. Hubo una historia llamada “Primo”, que iba a ser el final del libro y resultó un fracaso miserable. Pasé seis meses intentándolo y no lo logré. Había una historia titulada “Santo Domingo Confidencial”, que también quise que fuese la historia final, y le dediqué un año. Debí de haber escrito un centenar de páginas, pero fue otro fárrago de disparates. Escribí además un cuento en el que un niño es enviado a la República Dominicana mientras que su hermano se está muriendo de cáncer y su madre no puede hacerse cargo de él. Se llamaba “Confesiones de un adolescente Sanky-Panky” y fue incluso peor que todas las demás juntas, otra chapuza de cincuenta páginas.
-Eso debe de resultar difícil.
-Desde luego, por eso no quiero volver a hacerlo otra vez.
Autocrítica y creación
-Existe un clásico en las clases creativas de redacción que dice que tenemos que aprender a silenciar a nuestros editores interiores. Yo nunca he entendido cómo es posible desligar la crítica y la creatividad. ¿Cómo lo controla usted?
-Acaba de plantear uno de los más espinosos problemas de nuestro trabajo:
uno necesita hacer autocrítica, porque sin ella no se puede escribir, pero en realidad a menudo la autocrítica es lo que frena la creación. Quizá es que soy demasiado exigente. Es un enorme obstáculo, la verdad. No me hace mejor, me hace peor, desde luego, y no más valiente. Tengo un defecto de carácter....
-Así que vuelve a su dura crítica paternalista, militante.
- Es mi padre.
-De acuerdo, invitemos a su padre: Quiero escuchar su opinión sobre el mal escritor Junot Díaz. ¿Cuáles son los errores que comete?
-En primer lugar, la caracterización sin sentido. Personajes aburridos, como fideos pasados. Y los comportamientos, y pensamientos e intereses que atribuyo a los personajes. Estos conflictos de 80 años de edad, olvidados bajo el sol, simple papel de periódico, donde los problemas son tan ridículamente subatómicos que tienes que convocar a todos los miembros del CERN para detectar cuál es la pieza que falla. Simplemente va, tío. Ya sabe, me obligo, y al obligarme, pierdo todo lo que me interesa de mi trabajo, todo lo que es interesante para mí, para nadie más; Dios lo sabe, no puedo hablar de eso. Lo que resulta más interesante en mi trabajo es la manera en que, mientras estoy escribiendo a tope me siento relajado: estoy creando, y siento que todas mis facultades están en plena acción.
No quiero conseguir una cita, no quiero a alguien que me abrace, no quiero que nadie lo lea, ni que nadie me quiera. Sólo quiero escribir.Lea la entrevista completa aquí. El 2007, un 25 de este mes cruel, se fue José Watanabe, poeta querido por todos y admirado por más. Quienes tuvimos el placer de compartir con él mesa y palabras recordamos su fino humor y sus tranquilas formas de convencimiento. Sorprende (no debería) que haya jóvenes que de pronto, si se menciona al poeta, reciten sus versos. Hay que recordarlo, pues, con sus propias palabras.
 |
| José Watanabe en vieja foto y tranquila mirada |
La mantis religiosaMi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm de
mis ojos
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palo seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza
cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Esta tampoco supone que última
palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.
Poema del inocenteBien voluntarioso es el sol
en los arenales de Chicama.
Anuda, pues, las cuatro puntas del pañuelo sobre tu cabeza
y anda tras la lagartija inútil
entre esos árboles ya muertos por la sollama.
De delicadezas, la del sol la más cruel
que consume árboles y lagartijas respetando su cáscara.
Fija en tu memoria esa enseñanza del paisaje,
y esta otra:
de cuando acercaste al árbol reseco un fosforito trivial
y ardió demasiado súbito y desmedido
como si fuera de pólvora.
No te culpes, quién iba a calcular tamaño estropicio!
Y acepta: el fuego ya estaba allí,
tenso y contenido bajo la corteza,
esperando tu gesto trivial, tu mataperrada.
Recuerda, pues, ese repentino estrago (su intraducible belleza)
sin arrepentimientos
porque fuiste tú, pero tampoco.
Así
en todo.
José Watanabe