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Fecha Publicación: 2015-02-18T13:52:00.001-08:00
Interesante nota que nos cuenta una verdad que ha sido escondida a medias. La mayoría de escritores latinoamericanos tuvieron que modificar parte de sus textos para que la censura franquista no los prohibiera del todo. La nota viene en El Espectador, de Colombia.
Octavio Paz, en las épocas de la censura
Escribe: Víctor Núñez Jaime

Los funcionarios de la Dirección General de Propaganda y la Dirección General de Cultura Popular del Ministerio de Información y Turismo, que se ocupaban de revisar (léase censurar) todo lo que se publicaba en España durante la dictadura de Franco, afilaban la mirada, subrayaban, tachaban y, al final de su lectura, rellenaban siempre el mismo formulario: “¿Ataca al dogma? ¿A la moral? ¿A la Iglesia o a sus Ministros? ¿Al Régimen y a sus instituciones? ¿A las personas que colaboran o han colaborado con el Régimen? ¿Los pasajes censurables califican el contenido total de la obra?”. Uno de los grandes afectados por aquellas preguntas y los subsiguientes cortes y supresiones de pasajes fue el escritor mexicano Octavio Paz (1914-1998).
En julio de 1950, la compañía Editora y Distribuidora Hispanoamericana S.A. (EDHASA) solicitó el permiso para distribuir 200 ejemplares de Libertad bajo palabra de Octavio Paz, publicados en México. El libro fue enviado a dos censores. El primero, Pedro de Lorenzo, dijo en su informe que en seis páginas había “frases o expresiones obscenas, otras irreverentes”. El segundo, Andrés de Lucas, apuntó con letra angulosa: “Versos oscuros y estúpidos con algunas expresiones equívocas. Creo, sin embargo que puede autorizarse por el escaso número de lectores que leerán estos engendros”.
Catorce informes de este estilo, sobre distintos libros del escritor mexicano y Premio Nobel de Literatura 1990, se exhiben hasta el próximo 20 de marzo en el Archivo General de la Administración, ubicado en Alcalá de Henares (Madrid), como parte de la exposición Octavio Paz: Guerra, Censura y Libertad. “La muestra podría dividirse en dos partes: la figura de Octavio Paz y el contexto de sus ideas y su obra en relación con España”, dice Evelia Vega, una de las comisarias, quien trabaja en el archivo dependiente del Ministerio de Educación Cultura y Deporte. En la exposición hay, además, fotografías del autor mexicano durante su estancia en España en 1937, junto a algunos de sus colegas que asistieron al Congreso de Escritores Antifascistas de ese año en Valencia, como el narrador José Mancisidor, el poeta Carlos Pellicer, el músico Silvestre Revueltas o el pintor José Chávez Morado. Y un reportaje gráfico de abril de 1982, cuando Octavio Paz visitó el Ateneo de Madrid.
“¿Ataca al dogma? ¿A la moral? ¿A la Iglesia o a sus Ministros? ¿Al Régimen y a sus instituciones? ¿A las personas que colaboran o han colaborado con el Régimen? ¿Los pasajes censurables califican el contenido total de la obra?”
Dice Eduardo Ruiz Bautista, investigador de la Universidad de Alcalá, que los censores franquistas se caracterizaban por su “servilismo desmedido, exceso de celo, ínfulas de literato frustrado y la crasa ignorancia y competencia lectora que exhibían en muchos de sus juicios y prejuicios”. Cuando en 1955 revisaron el poemario Semillas para un himno, escrito por Paz un año antes, Jesús Garcés señaló en su informe que se trataban de “poesías de un poeta americano, creacionista sin un argumento general. Después de la obra creadora el poeta hace unas traducciones de los poetas Marvell y Gerardo Nerval. Nada que objetar. Autorícese salvo superior parecer”.
Cuenta Jesús Cañete, el otro comisario de la exposición y director del Festival de la Palabra de la Universidad de Alcalá, que “la censura veía a Octavio Paz como alguien peligroso por haber asistido al Congreso Antifascista de Valencia. Quizá porque esa experiencia marcó para siempre al autor de El laberinto de la soledad, tanto en su obra poética como ensayística. Llama la atención que cuando la censura no podía evitar la publicación de algún libro, hacía todo lo posible por demorarla. El 17 de abril de 1973, Círculo de Lectores solicitó autorización para reeditar Los signos en rotación y otros ensayos, que ya había publicado Alianza en 1971. En esta ocasión el lector censor volvió a tachar las referencias que había a la Virgen en el texto dedicado a la obra de Marcel Duchamp (“La novia desnudada por sus solteros”). La editorial protestó argumentando que el libro ya se había editado anteriormente y que detener la impresión le causaba daños económicos. Entonces el censor no pudo impedir su impresión pero sí hizo todo lo posible por retrasarla. El libro no se publicó hasta año y medio más tarde: en septiembre de 1974”.
En 1971, la editorial Seix Barral decidió publicar Las peras del Olmo, un compendio de ensayos del Premio Cervantes 1981. La censura pidió que se suprimiera el texto titulado Aniversario Español. Y así se hizo en su primera edición. La censura, sin embargo, no se conformaría con trocear los libros de Paz. En 1975 se impidió la libre circulación de la revista Plural en España y el editor Pere Gimferrer organizó una protesta pública. Un año después, cuando ya el dictador había muerto, la censura seguía fijándose en los libros de Paz. “Vuelta, poemario de Seix Barral, es poesía surrealista. No me ha gustado. Pero desde el punto de vista jurídico-administrativo, nada que señalar”, dice el informe fechado en aquel año.
Este tratamiento al que fue sometida la obra de Octavio Paz en la España franquista ha despertado un interés mesurado entre los conocedores de la vida y obra del escritor mexicano. “Conocer estos documentos es algo curioso”, dice el filósofo Fernando Savater, “y son una buena anécdota para sumarla a toda la información que ya tenemos sobre Octavio. Son interesantes, también, porque demuestran la mentalidad de esos inquisidores contemporáneos que eran los censores franquistas, cuyos criterios literarios dejaban mucho que desear. Lo sé bien, porque me tocó vivir la censura en todo lo que escribí hasta los 28 o 30 años, la edad que tenía cuando yo murió Franco”.
Para Chus Visor, editor de Visor Libros, “los cortes que se le hicieron a la mayoría de los libros que pasaban por la censura franquista fueron poco importantes para su publicación. De lo contrario, los autores se hubieran negado a publicar. Lo que solía hacerse era cambiar algunas palabras por eufemismos. Y eso te jodía, como autor o editor, pero eras consciente del contexto en el que vivías y podías soportarlo”. Joan Tarrida, director editorial de Galaxia Gutenberg, que en alianza con Círculo de Lectores ha publicado las obras completas de Paz en España, opina que “el hecho de que ahora se conozcan estos informes no aporta gran cosa a la vida y obra del Nobel. Pero sí a la historia cultural de España. Porque demuestra cómo se trataba a los escritores durante la dictadura”.

Fecha Publicación: 2015-02-13T18:47:00.000-08:00
Hace un par de semanas presenté en Cusco el último libro de Boris Espezúa, Máscaras en el aire, el siguiente texto leí, y fue un placer. El texto se publicó el pasado domingo en mi columna El barco ebrio, que acoje el diario Los Andes.
Vladimir Herrera, comentando el libro de Boris (al centro), luego leí yo.



El barco ebrio
Primera lectura a “Máscaras en el aire”, de Boris Espezúa
Escribe: Alfredo Herrera Flores

1
“¿Qué diablos es la poesía en la danza?”, con este verso se inicia el poema “Achachi”, del libro “Máscaras en el aire”, de Boris Espezúa, y más adelante un Ayarachi responde: “vengo de los crepúsculos del tiempo”; y también el Kusillo dice: “Vengo del humo y de los pañuelos que la gente eleva con sus ilusiones”, y el poema termina, diciendo otra vez “¿Qué diablos es la poesía en la danza?”. Y yo me hago la misma pregunta ¿Qué diablos es la poesía en la danza?, o mejor: ¿Qué diablos es la danza en la poesía?, o tal vez deba decir ¿qué diablos hago yo aquí hablando de poesía y danza?
La generosa amistad de Boris debe ser la única razón que me impulsa a acompañarlo en esta su fiesta, aparte de reconocer la calidad de su nuevo libro. Y me cubro de humo y música y palabras, y me invento una máscara diabólica para internarme en este mundo de otro mundo que es la fiesta de la Virgen de la Candelaria en Puno. Intento traspasar la esfera de la magia para que los dioses se apoderen de mi palabra y tenga que decir lo que el viento, la brisa del lago y el relámpago sobre el altipampa quieran decir.
Para quien habla, el nuevo libro de Boris Espezúa es una grata sorpresa. La ignorancia que me envuelve me impide recordar, o reconocer, algún intento similar. Salvo el largo y exquisito poema del viejo y querido don Pepe Ruiz Rosas, “Elogio de la danza”, premiado en México. Recuerdo, busco y recupero unos versos de aquel poema que emocionara mi juventud: “pero así como el canto y la palabra/ y el color y la música y la forma/ tuvo para expresar/ sus emociones/ así en su propio cuerpo la cadencia/ halló de vida y de muerte/ la belleza”.

2
Debo confesar dos cosas: cuando escuchaba algunos fragmentos de este libro, en diferentes lecturas y recitales, me daba la impresión de que los versos de Boris eran sencillos frente a la monumentalidad de una fiesta como la de la Virgen de la Candelaria, y en segundo lugar, debo decir que cuando recibí el libro no tuve más reacción que repasar en silencio cada página, sorprendiéndome en cada una de ellas, con las palabras, las imágenes, el color y la fuerza emocional que transmite el conjunto.
Y es que es lógico. Los breves textos que escuchaba a Boris eran como ver una danzarina caminar por la calle, sola, alejada de su conjunto, yendo con paso apurado a cualquier lugar. Eso no era la fiesta, podía ser una linda muchacha, trajeada y especial, pero no era la fiesta. Aquellos versos eran buenos y bien elaborados, pero aislados no reflejaban la fiesta, el desborde de fe, la fuerza de la peregrinación. Así, recién al leer el libro he comprendido la magnitud del poema.
Aunque no parezca a primera vista, el libro contiene un único, largo y complejo poema. En sus versos discurren, como en nuestros enmarañados circuitos sanguíneos y nerviosos, personajes de las diferentes danzas que se congregan durante la portentosa fiesta, derrochando color, movimiento, emociones y fe. Pero estos personajes no están descritos en los versos, sino que asaltan la inspiración del poeta y aprovechan su voz íntima para decir lo que ellos sienten, piensan y quieren de la fiesta.
Ahí están los kusillos, achachis, ayarachis, chinadiablas, diablos y chinas, caporales, osos, diablos y zampoñistas danzando con euforia, descontrolados, cumpliendo el rito del peregrinaje para llegar a los pies de la Mamita Candelaria y agradecerle por milagros y favores, o pedirle por sanar penas y tormentos. Estos personajes salidos del Ukhu Pacha, del mundo de lo intangible, de lo etéreo, del mundo de la magia y el arte, se apoderan del hombre, de su cuerpo y sus almas, y asaltan el Kai Pacha, el mundo de aquí, de los seres vivos, para instalar el no orden y acercarse al Hanan Pacha, donde moran las deidades.
Esta complejidad, que podría explicar mejor un antropólogo o un yatiri, con la sabiduría y paciencia necesarias para que el entendimiento haga su parte, está escrita en este libro desde la íntima visión del poeta, que debe haber salido también de la esfera del encantamiento para ser parte de la fiesta, del caos.
Un verso dice: “Para que dances con los Awki Pulis tienes que haber escuchado al río, el zumbido de las liciérnagas y conocer el origen de la oruga”. Esto no es ciencia, tampoco es intuición folklórica, no es verdad tampoco mentira, no es la esencia de la fiesta tampoco un remedo de la celebración.
El libro, además del poema que vale la pena leer, contiene fotografías del oportuno ojo de Guido Serruto y acuarelas del fino e interminable pincel de Aurelio Medina, conocido como Moshó. Es un extraño aporte del Gobierno Regional de Puno (para que vean que al Estado sí se le puede sacar dinero para cosas buenas) y ha sido editado por el inteligente y refinado gusto de Elard Serruto.
Deberíamos tener una banda para tocar diana en honor a este libro, deberíamos anunciar con cohetes y salvas la poesía del altiplano, deberíamos convertir estas palabras en ofrenda en honor a la Virgen de la Candelaria y tomar las calles para bailar, que al fin de cuentas, es nuestra sagrada manera de rendir culto a nuestra madre tierra, hoy que la lluvia bendita nos visita y hará que mañana podamos cosechar papas y maíz para compartir y seguir siendo felices.

Fecha Publicación: 2015-02-12T16:10:00.001-08:00
Desde lejos, desde siempre, Máximo Damián vive


Fecha Publicación: 2015-02-11T20:59:00.000-08:00
El siguiente texto se publicó en el diario Los Andes y es una versión periodística del comentario que hizo el poeta Boris Espezúa durante la presentación de mi libro "Mar de la intensidad" (Cascahuesos editores, 2014) en el marco del XIX festival de poesía Enero en la Palabra, en Cusco. Con el agradecimiento del caso, me tomo la libertad de compartirlo.
Una vista del acto de presentación de Mar de la intensidad, con Boris Espezúa


Mar de la intensidad, de Alfredo Herrera Flores

Escribe: Boris Espezúa 

El último 31 de enero, en la ciudad del Cusco, mientras se desarrollaba el XIX festival de Poesía “Enero en la Palabra”, al cual fui invitado, se presentó el último libro de nuestro coetáneo Alfredo Herrera Flores: “Mar de la intensidad”, edición 2014 de Cascahuesos editores. Dicha presentación estuvo a cargo de quien escribe esta nota y de Darwin Bedoya. Aquí el comentario del suscrito, que se leyó en dicha presentación:
Saber si el poeta es el que oye con los ojos y ve con los oídos, seguirá siendo un dilema desde Píndaro hasta nuestros días. Lo cierto es que el poeta es el ser capaz de cifrar sus hallazgos en el deleite del lenguaje. Ese es el caso de Alfredo Herrera, que ha desarrollado la intuición y la vibración de un poeta de fuste, que no sólo siente la poesía como la vitalidad de su ser mismo, sino que es un sereno constructor de imágenes bellas, tiernas, cualitativas, en un planteamiento estético que pareciera encarnarse de luminosidad en equilibradas propuestas poéticas, con destacable dominio del lenguaje, haciendo hablar a los dioses y entender el mundo y a las personas, con el visor de su contemplativo corazón y la trascendencia de los instantes en la pluma.
“Mar de la intensidad“ se suma a poemarios como “Mares” (2002) y “Mare Nostrum”, (2013) con los cuales el poeta había mostrado que el mar es su gran tema, muchos años después del recordado “Montaña de Jade” (1995), con el que obtuvo el Premio Copé de Oro, en el año 1995. Alfredo, al referirse a éstos grandes bosques de agua, que son los mares, tiene los sentidos abiertos de la naturaleza a flor de versos, construye subjetividades ignotas y objetividades volátiles. No es una voz que se refiere al mar como una presencia inabarcable, vacía y obvia, sino todo lo contrario: es una voz atípica que se refiere al mar como un ser complejo, misterioso, contingente y vital y lo hace con maestría y hasta con sabiduría, caracterizado por su búsqueda de respuestas, por su preocupación por el ser humano, el amor y el desamor, que a través del mar busca curar las suertes mal echadas, superar las adversidades con una poesía que redime y transparenta nuestra existencia.
Es imposible saber qué caminos toman los lectores de poesía que dialogan con el contexto y con uno mismo, a través de los márgenes y la intimidad del poeta. Pero, de lo que estamos seguros, es que la poesía recrea y crea conciencia no sólo estética sino de sentido social. Sin negar que la poesía es también ese borde de la incerteza, el filo de una esfera, la labilidad de las cosas cotidianas. En el poemario “Mar de la intensidad” leemos: “Un ave desconocida dice tu nombre en su canto. El aire da vueltas alrededor de tus ojos. De tus ojos florece la fabulosa lágrima que el mar ha olvidado”. Estos versos son no sólo bellos, sino que ven más allá de lo que los críticos llaman, al mirar de los poetas, la entrevisión. El mundo mágico que sólo puede ser visto por seres iluminados de gran estatura versal, como lo fueron Hörderlin, Rimbaud, Oquendo de Amat.
De las seis partes del libro, en la tercera (subtitulada justamente “Mar de la intensidad”), que constituye el núcleo central del poemario, leemos: “Por mis ojos el mar no habla de la Luna. Luna de sangre guarda mis pasos de luz. Noche Marina. Viejo mar innombrable. Aguardo como hace miles de años que el agua de tu alma bañe mis pies”. Los cosmos y los universos del poeta están en el desgarro, en los retintos sueños, por ello la adhesión o compromiso inacabable del poeta es con la soledad, con la naturaleza dimensionada y la humanidad, donde el misterio, el abismo y las sombras iluminadas crean mundos y mares de intensidad en nuestras vértebras y latidos.
Finalmente, quiero permitirme agregar que en el Festival de Poesía “Enero en la palabra” versión 2015, han estado presentes muchos puneños, como Vladimir Herrera, Gloria Mendoza Borda, Alfredo Herrera, Leoncio Luque, Darwin Bedoya, Liliana Quinto, Walter Bedregal, Luis Pacho, Carlos Mendoza, Leo Cáceres y Mariana Espezúa, quienes compartimos con poetas del Cusco, Arequipa y Lima, como Arturo Corcuera, Rosina Valcárcel, Giovanna Pollarolo, quienes dimos lecturas con un público concurrido durante los 04 días del Festival. La delegación puneña reafirmó su presencia como una de las más importantes y permanentes en la poesía nacional. Algunos de ellos, como en el caso de Leoncio Luque, Darwin Bedoya, Alfredo Herrera y el suscrito, presentamos nuestros libros. Además es importante mencionar que en todo momento del festival se rindió homenaje al hermano y querido poeta Luzgardo Medina Egoavil, quien estuvo muchas veces en Puno y admiraba su tradición poética, tal como a nuestro lago. Su partida inesperada nos conmueve y nos alienta para seguir apostando por este oficio humanizador de escribir poesía. Descansa en paz poeta Luzgardo.

Fecha Publicación: 2015-02-02T11:18:00.001-08:00
Por fin el pasado sábado 31 presentamos "Mar de la Intensidad" (Cascahuesos editores) en Cusco. El último día del festival de poesía "Enero en la palabra" sirvió de marco para una presentación en la que logramos reunir diferentes artes. Debo agradecer a los poetas Soledad Araoz, Boris Espezúa y Darwin Bedoya, por sus comentarios sobre el libro; al actor Hugo Contreras que declamó el poema "Romance del deso súbito", a Omar Vargas que acompañó con su extraordinaria guitarra la voz sublime de Gladys Conde, a Dalia Paz, que dramatizó con danza la poesía, mientras la soprano Sonia Cahuana cantaba un tema andino acompañada del maestro Jorge Olazábal en el piano. Hay que agradecer también el trabajo profesional de mi editor, José Córdova y la fotografía de Efraín Altamirano. Fue una grata sorpresa el regalo que envió Niel Palomino, de la revista Textualia. Y por puesto agradecer también a Soledad Araoz Cartagena y Pavel Ugarte, organizadores del festival. Todo esto fue maquinado e impulsado por Yenine Ponce. Agradecido estoy.
En la lectura, Soledad Araoz, me acompañan Boris espezúa y Darwin Bedoya
















Dalia Paz danza, Sonia es acompañada por Jorge















ROMANCE DEL DESEO SÚBITO


Te he seguido ablandándome de muerte
Para que no oyeras mis pasos
Westphalen



Ha de ser que te escribo desde una ciudad
sin nombre, porque sus sílabas han sido
borradas por el delirio y el óxido del verano.
Cada minuto hay una palabra nueva
para decirte lo mismo, desde siempre.
Todo es sólo una palabra, hay que decirla,
pensarla, sin pasado sin futuro. Muy
altas son las palabras, que son y no son,
y son todo y te las digo, con todo. Te
escribo desde estas palabras, tu ciudad,
para que guardes en tu mano mi nombre
y en tus ojos la sombra de voz atroz.

¿Recuerdas? Desde aquí podíamos ver el
amanecer cada vez que nos tocaba
la lluvia en las manos y el rostro a través de
los vidrios, cada vez que tus pardos ojos
se abrían para decirme algo, cada
vez que se cerraban para decir árbol,
mano, mar, casa: palabras de luz y alcohol.
Antes era el extravío, no caminos
ni felicidad, presentimiento, vivir,
entre ceniza y memoria, acusado de
ternura, con una moneda para mi,
para comprarme el olvido o la dicha, un
orgasmo a media tarde y un dulce de pan.

Te escribo de súbito, te escribo sin fin,
sin esperar sonido de campanas, sin
dejar de ver a través de tus palabras.
Nada me advirtió que un gran soplo vendría
del mar cuando tú naciste y la voz de abril
sería la voz de tu boca infantil, voz
de caballito de mar, voz de flor y de
mercurio. Nada había en el aire, nada
en el fuego, salvo la señal que de tu
pelo crecía como una despedida.

Mano suspendida en perfecta armonía
con tus gestos y palabras, mano abierta
que convoca y persigue, imposible ansia
y polvo amargo en que viajo por palabras
tuyas. Confuso y violento es el abismo
de tu cuerpo, destino repetido, voz
de tu mano y de tu deseo, confuso
es el roce de mi mejilla en tu pubis,
vana la caricia de la nube extraviada.
Aquí está escrita mi memoria, mi prueba
y tus gemidos convertidos en breves
miramientos y palabras sin retorno.



Fecha Publicación: 2015-01-30T07:29:00.002-08:00
Las historias de amor siempre son subyugantes, misteriosas y casi comunes. Esta vez sale a luz la historia de la artista española que se enamoró perdidamente del poeta Juan Ramón Jiménez, pero las circunstancias no eran las mejores para que se consolide la relación. Ella consideró que no había más que hacer. El dulce de la historia viene en una nota en la Revista Ñ, de Argentina.
El autor de Platero y yo, en Madrid

El diario de la joven que se mató por amor a Juan Ramón Jiménez


Ella tenía 24 y él 51. Se conocieron en un concierto a través de una amiga en común –Olga Bauer– que los presentó en el evento. Ella quedó completamente enamorada, pero él estaba felizmente casado desde hacía dieciséis años. Aún sabiendo que aquel amor sería imposible era tal la fascinación de ella que se ofreció para modelar un busto con la cara de la esposa de él y entabló una franca amistad con la pareja. Así comenzó una relación que terminaría con un disparo en la sien.

Ella es Marga Gil Roësset, escultora, pintora y dibujante española, que el 28 de Julio de 1932 se suicidó por él, Juan Ramón Jiménez. “...Y es que... ya no puedo vivir sin ti... no...ya no puedo vivir sin ti...tú, como si puedes vivir sin mí...debes vivir sin mí”, escribió la artista en un manuscrito que le entregó al autor de Platero y yo poco antes de quitarse la vida ahogada en su amor por él. Es ese diario, en el que confesaba sus deseos, el que será publicado 83 años después con el título de Marga y editado por la Fundación José Manuel Lara.
Aquel trágico jueves Marga pasó por la casa de Madrid del Premio Nobel y le dejó su diario pidiéndole a Juan Ramón: “No lo leas ahora”. Él, enfrascado en sus propios papeles, no le dio importancia en aquel momento. Luego de pasar por su taller y destruir la mayoría de sus obras, la artista se dirigió a Las Rozas, donde vivían unos familiares y con un disparo de la pistola de su abuelo puso fin a su vida.
“Si pensaste al morir que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca”, escribió Juan Ramón en Españoles de tres mundos. La noticia afectó mucho al escritor y a su mujer que apreciaban mucho a “la niña”. Él siempre tuvo la idea de publicar el manuscrito de Marga, pero debido a su exilio de España por la Guerra Civil en 1936, no llegó a hacerlo. En 1939, cuando todavía se encontraba en el extranjero, unos ladrones entraron a su casa y se llevaron, entre otras pertenencias, el diario que permaneció, en parte, perdido.
Ya en su ocaso, Juan Ramón le habló a Francisco Hernández-Pinzón –estrecho colaborador– de su deseo por recuperarlo y darle destino de imprenta. Sin embargo, en 1958, el poeta falleció sin haber materializado aquel deseo.
Finalmente llega el homenaje a Marga en este libro que retrata su conmovedora historia. Se incluyen textos de Juan Ramón y de su esposa Zenobia, fotos, ilustraciones y hasta un perfil de Gil Roësset escrito por su sobrina, Marga Clark.

(Revista Ñ)

Fecha Publicación: 2015-01-28T19:36:00.001-08:00
Este sábado se presenta en Cusco mi libro "Mar de la intensidad" (Cascahuesos editores), y para calentar el ambiente un poema de la sección que da título al libro. Tiene tres versos de inicio, en forma de hayku, y un ejercicio en prosa. La reunión es el Museo Histórico Regional Casa Garcilaso (Plaza Regocijo con calle Heladeros) a las seis de la tarde, como parte dell festival de poesía Enero en la Palabra. Ahí va.



Silencio y tarde

en tus ojos y manos:

crepúsculo y mar.

El mar se calla, habla en silencio con la cadencia de un poema sincero, nadie acude a su mensaje, salvo yo, que levanto la vista en pleno acto carnal y descubro su inmensa ola asesina. El mar es un poema. Nadie lo dicta, salvo la playa cansada, que a su vez se pregunta quién lo trajo hasta aquí.

Tú que lo sabes todo, como un dios dispuesto, responde como el maestro ¿dónde hallaremos la respuesta, dónde la pregunta, di, dónde van a dar estas palabras que son el mar?

No se miente frente a este espectáculo, no hay verdad que alcance a nombrar el crepúsculo, no se puede decir belleza cuando es más que belleza, la certeza de su existencia lo dice todo, pero ¿qué existe? Confiar en el ojo, en la palabra, en la exacta dimensión del horizonte, confiar en la aventura que nos invita al fracaso.

No se puede mentir siendo tan pequeño. La ambición no es suficiente. Mar de la tranquilidad. Hay que desencadenarse. ¡Tú lo sabes! ¡Siempre supiste que el tiempo no dejaría huellas en tu ondulante superficie! Absurdo secreto. Palabra insensata.

Alfredo Herrera Flores

Fecha Publicación: 2015-01-26T16:31:00.000-08:00


La muerte de Luzgardo Medina Egoavil ha reavivado, justificadamente, recuerdos y emociones, los amigos nos hemos vuelto a comunicar, nos hemos enviado abrazos postergados y hemos rebuscados alguna foto, un poema o una frase del bueno de Luzgardo. Sobre su muerte ha venido también un suspiro de sonrisas e íntimos entusiasmos, y hasta algunos recuerdos secretos. Algunos han publicado también poemas de Luzgardo, incluso tratando de forzar algún contenido con la premonición de su muerte, pero en el fondo no es así, como todo ser sensible, Luzgardo amaba la vida y era optimista de corazón, pero la muerte también le inspiraba. Todo poeta es, a su modo, un farsante. Las palabras están para eso. La muerte es nuestra farsa final, como nuestra vida fue también una farsa. Aquí un poema de Luzgardo, de su libro “Bajas pasiones para un otoño azul” (Premio Copé de Bronce 2007), donde el poeta, la vida y la muerte coquetean, en perfecto triángulo amoroso, en medio de una farsa fatal.
Luzgardo leyendo, en foto de El Búho


10.2. Amante sin faz dime adiós sin ninguna excusa

Amante sin nombre amante de rostro lívido
tienes que decirme adiós sin ninguna excusa
antes de que el mal de Alzheimer lo haga por ti

Decir adiós no es generar un conflicto no es
enterrar para siempre el mejor pensamiento
no es condenarnos a la perpetuidad del olvido

Decir adiós es algo así como escribir un poema
un poema largo / un poema largo y refrescante en
donde los que lloran pueden recuperar su pasado

Si te digo adiós es porque mi ocaso ya llega
ya siento su ladrido anónimo asomándose
por el cielo ya siento el canto del fantasma

Amante sin faz amante cosechador de luceros
apagaste la tiniebla la que a diario me asfixia
le pusiste otro dulzor francés a mi costra etérea

Me convertiste en hada y a tu lado hice otra
clase de fortunas que nadie sino tú recuerda
y así te hice conocer el nosotros indistintamente

Nos dimos la tierra y todos los apetitos juntos
supimos que el verano tenía personalidad
cuando hacía brillar nuestra piel con la dicha

Tu amor no lo tiene un papel dulzón y honrado
ni hay testigos que puedan legitimar su armonía
tu amor es más bello que los ojos de un suicida

Fanático amante dime adiós hasta la próxima vida

Luzgardo Medina Egoavil (1959 - 2015)


Fecha Publicación: 2015-01-25T15:28:00.002-08:00
Luzgardo
Por ahora silencio por quien eligió las palabras para hacer un mundo mejor. ¡Biba la poesía!

Fecha Publicación: 2015-01-24T12:45:00.002-08:00
Amigas y amigos, gracias a Enero En la Palabra, podemos presentar mi libro "Mar de la Intensidad" ( Cascahuesos Editores), el próximo sábado 31 a las seis de la tarde en el auditorio del Museo Histórico Regional Casa Garcilaso, los esperamos. Será una buena oportunidad para reencontrarnos.
Invitación y poema, los esperamos


Fecha Publicación: 2015-01-23T15:58:00.001-08:00
Murió Pedro Lemebel (Chile, 1952 - 2015). Un texto para mantener la memoria y una foto para recordarlo.
Lemebel y espíritu contestatario
BESAME OTRA VEZ FORASTERO
.......... Ahí está garabateada en el muro de su noche, con sombrero de punto, tacos y cartera roja; sola y hambrienta teje su telaraña azul lado a lado de esta calle de notarías y oficinas, a cinco cuadras de mi barrio. Oscura y delicada saca un cigarrillo; la vieja no fuma, por eso no lo prende, espera la figura del joven, que desde el fondo de la calle avanza al ritmo elástico de las zapatillas, lo piensa mientras se acerca, olfatea el aire roído de la noche buscando ese olor fresco, con los ojos semicerrados por el deleite y el alquitrán de sus pestañas, se pasa la lengua por el descolorido bigote y sueña y pasa borrosa por su entelado cerebro la historia imprecisa de sus quince años. Es la vieja, la madonna con enaguas de franela esperando a los corceles que vengan a comer de su mano; guachito venga les susurra, ya pues mijito les grita, oye cabro cómo tenís el pajarito. Así vocifera la nonagenaria, bien sujeta en las piernas enclenques; venga un ratito mijo, está muy vieja señora, aquí detrasito escóndase conmigo, está muy oscuro señora, siéntese aquí mijo lindo a verse la suerte con esta pobre vieja, aquí en esta escalera helada y sáquese la pichulita, no le tenga miedo a esta anciana leprosa, a este ángel azul, la dulce compañía de los liceanos vírgenes, que llegan solitarios a ofrecerme la fina piel de su sexo; aquí está la abuela milagrosa, que acaricia con su garra de seda el pálpito de la sangre en los prepucios, la vieja de guardia, niñera impúdica lamiendo los penes infantiles, la gallina que empolla quinceañeros, que los arrastra a su cueva de sábanas con mentholatum, hasta la fauce de su útero desdentado; bésame repite acezando, bésame por favor, mi muchacho, mi niño hermoso, que veo alejarse por las membranas rotas de mis cuencas, de mis ojos que te persiguen mientras cruzas la calle, que se rebalsan de agua ligosa y la enorme lágrima la despierta y por un momento mueve la boca sin sonido, baja el escalón, guachito no se vaya, mijito venga, taconea unos acrobáticos pasos y lo pierde en la carrera alérgica del muchacho al doblar la esquina. Entonces vuelve cansada a su peldaño y mira con ojos de agua turbia, tratando de buscar el sol en su tremenda noche. Es la misma señora que riega cardenales en el piso de enfrente, sólo diez metros de aire separan mi ventana de la suya. Durante el día, enmarcada en el alfeizar, teje y espera paciente que el sol se ponga de luto, va hilando los últimos destellos que enreda en su cabeza blanca para verse más hermosa. Escucho oculto en la sombra el "Para Elisa" de su caja de música, me llega distorsionado por los años el timbre de su voz lunática, puedo ver, con los ojos cerrados, el espejo y su cara blanca en la luna dorada de azogue; canta y ríe, se mancha la boca de crayón, se da vueltas lentamente, entonces tengo miedo, miedo de abrir los ojos, miedo de asomarme a la ventana,miedo que me mire, miedo que sus ojos de gallina enferma, rodando calle abajo, alcancen al niño que huye en bicicleta, que desaparece en la perspectiva ruinosa del barrio, porque tuvo asco y al mismo tiempo deseos de subir la escalera de enfrente, de ver de cerca el ojo sumergido que le guiñaba la vieja, quiere ir lejos sobre los pedales porque llegó a tocar la manilla de bronce y se introdujo en la pieza fresca de aspidistras y cortinas de hilo, subió hace un rato la escalera, sucumbiendo al deseo del ojo desvelado llamándolo desde el balconcito, ella le mostró la pierna, bajándose la media de lana entre los cardenales, hizo revolotear sus manos incoloras en el aire indicándole que cruzara; y ya es muy tarde para que el jugoso muchacho se arrepienta, porque descubrió en el baño su pelaje genital, entonces el balconcito es un desafío, y el ojo de la vieja, que cuelga en mitad de la noche, lo hace perder la cabeza; y va y viene, entrando y saliendo de la ventana -¿Qué le pasa que no se sienta?- Es la edad del pavo mujer, no te fijas que pegó el estirón de pronto-. Poca más y se nos casa, poco más un poquito más le pide la vieja y él acepta y se baja los pantalones y le dice toma vieja, cómetelo, mámatelo, así sin dientes, boquita de guagua, mamita, sigue no más, vieja de mierda, así suavecito, más rápido, cuidado que viene, viene un río espeso a inundarte la pieza, una corriente de cloro que me baja del cerebro, borrándome la imagen del espejo, donde la vieja ternera hunde su cabeza entre mis piernas y se aprovecha de ese momento para besarme, clava su lengua con rabia en mi boca y en el paladar me deja, por muchos años, el gusto rancio del pasado.
..... Al paso de los años, se fue juntando el tiempo que dejó la calle desierta; neblinosa, como una película sin argumento, y calendarios gastados por la obsesión del mancebo, el otoño y sus tacos pisando hojas, aguas nubosas y veredas calientes, retumbando en mis oídos su taconeo suelto en el baile de la amanecida. El barrio se hizo viejo y ella observó con sus redomas de suero la sucesión de todas las generaciones; de la abuela muerta al padre anciano, también muerto, al nieto adulto padre de otros niños, también crecidos al ritmo lúgubre de los años, el fatigoso descenso de los ataúdes por las escaleras, tan estrechas, que debían bajar con sogas desde las ventanas, los llantos a medianoche, el gangoso ronquido de los viejos, en fin todos los ocasos fueron presididos desde su ventana; desde aquel tiempo hasta aquí, hablando con temor ahora, porque estoy hablando de mí, rodeado de cruces, en este sillón frente a la ventana, abandonado de todo lo que fui, solamente me da ánimo saber que pronto escucharé su caminar por la calle, porque así regresa todavía; la veo claramente azul rengueando la madrugada, con un resabio a semen en la boca, borrosmente azul cruza el pórtico del edificio y se hunde en el hueco de la escalera, adivino su olor a trapos sucios, la veo abrir cansada la puerta y sentarse en la banqueta tapizada de felpa, la diviso demente meciéndose en la medialuna del espejo, sacándose el sombrero de punto, batiendo el cabello cano y transparente, como una medusa loca, estacionaria en su vicio. Aún ahora, que hace mucho el balcón permanenece cerrado, a los geranios lacres se los fue comiendo el polvo, una tarde fue la última vez que se escuchó su taconeo imparejo camino a la esquina, su pollera de herbario se cerró para siempre en un secreto, mucho hace que su sombra de lagarto no se enrosca en el pilar de la esquina; hace mucho del último recuerdo...
..... Solamente yo tuve conciencia de la resurrección de su cara en mi espejo, el dorado espejo de azogue que rescaté de los despojos cuando la vieja fue sacada sólida y putrefacta, tres meses después de su muerte.


Tomado de aquí.

Fecha Publicación: 2015-01-22T08:52:00.003-08:00
El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal celebra sus 90 años con recitales, entrevistas y homenajes con una energia juvenil y un sentido del humor que es también característica de su obra. Aquí la nota que viene en El País, de España.
Cardenal, en un recital de poesía
"Es muy desagradable tener esta edad", dice el poeta
Escribe: Carlos Salinas
Managua

El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal se reunió la mañana del martes en el Centro Nicaragüense de Escritores, en Managua, para compartir con un grupo de periodistas su torta de 90 años. El poeta aseguró que estaba en la celebración bajo protesta. “Me producen incomodidad los homenajes”, dijo, “pero no los puedo prohibir. Los tolero. Es muy desagradable tener esta edad. ¡A nadie se lo deseo!”.
Sus amigos, seguidores y colaboradores han organizado una serie de eventos en teatros, universidades y festivales para homenajear los 90 años del poeta, una figura íntimamente ligada a la historia reciente de este país centroamericano, quien desde la trinchera de la literatura combatió la dictadura somocista y apoyó con su poesía la revolución popular sandinista, de cuyo Gobierno formó parte en los ochenta como Ministro de Cultura.
La poesía de Cardenal ha estado siempre vinculada con las luchas por los cambios sociales en América Latina, una región dolorosamente desigual en la distribución de la riqueza. “Para mi generación es un icono que resume los valores de libertad, integridad, de pureza y de un enorme compromiso con un país justo, en libertad y transparente”, dijo Hernaldo Zúñiga, cantautor nicaragüense.
Para los escritores nicaragüenses, Cardenal es la voz moral de un país que ha perdido sus valores. “Ernesto tiene este don profético, esta voz profética, un respaldo moral al país ahora que el país es un país donde la gente se preocupa menos de lo que es la ética de la conducta pública. Me parece que estamos en una etapa de baja de los valores”, dijo Sergio Ramírez, amigo íntimo de Cardenal.
A sus 90 años el poeta sigue produciendo, sigue viajando y generando controversia con sus comentarios, como los vertidos tras la elección de Jorge Mario Bergoglio como Papa, una elección que para Cardenal mostraba que “el Vaticano se ha vuelto loco”. O al expresar su opinión sobre la construcción de un canal interoceánico por Nicaragua, una obra que ha catalogado como “monstruosa”. “Ernesto siempre ha tenido una posición de principios, que es lo que está en su poesía, de no ceder, no doblegarse, decir las cosas como son, con absoluta transparencia”, explicó Ramírez.
México ha sido uno de los países que con más cariño ha tratado a Cardenal. El poeta ha sido agasajado por universidades mexicanas y por festivales literarios de ese país. La Universidad Veracruzana le otorgó el título Honoris Causa junto con el escritor uruguayo Eduardo Galeano, además de editar sus obras completas y de convocar a un premio internacional de poesía que lleva el nombre del poeta nicaragüense. “Ernesto es uno de los grandes escritores de nuestro subcontinente latinoamericano, uno de los grandes escritores de la lengua castellana. Es un símbolo para muchos latinoamericanos, justamente por sus dones como escritor, como revolucionario, como místico”, dijo Raúl Arias Lovillo, ex rector de la universidad y amigo del poeta.
Cardenal, que se define como “poeta, sacerdote y revolucionario”, ha obtenido importantes galardones por su trabajo literario, como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, entregado en 2012, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2009) y el Premio a la Paz del Comercio Librero Alemán. Recientemente el poeta ha publicado El cántico cósmico.

Fecha Publicación: 2015-01-19T17:09:00.000-08:00
Ya se publicó el programa del festival de poesía "Enero en la palabra", que llega a sus 19 años, gracias a Soledad Araoz y Pavel Ugarte. Aquí está el programa, que va del miércoles 28 al sábado 31 de enero en el auditorio de la Casa Gaecilaso (calle Heladeros), pero si no se lee bien pueden entrar a este enlace. Tendré la oportunidad de participar en una mesa de lectura el jueves a las 8:55 y presentar mi libro "Mar de la intensidad" el sábado a las 6:00 p.m.. Ahí nos vemos.






Fecha Publicación: 2015-01-19T17:02:00.002-08:00
Como Arguedas, Javier Heraud (19 de enero de 1942 - 15 de mayo de 1963) ha quedado grabado en lo más íntimo de la poesía. Un poema del amigo.

Heraud y mirada juvenil, así es la poesía
Los visitantes de la noche
 
 
    Me has dado de beber
    en tus manos el agua
    que sale de la fuente,
    la fuente para aplacar,
    mi sed de caminante,
    mi sed que corría por
    los campos cubiertos y
    tejidos de sol,
    la fuente para calmar
    mi sed de vida y muerte.
    mi sed de tus manos frescas,
    la fuente clara,
    la fuente que reía con Machado,
    la fuente que me adentraba con sus besos
    Esta fuente ha llenado de piedras
    mi seco corazón,
    la fuente y tus manos.
    el agua que me ofreciste
    a beber aquella tarde de
    Pájaros entre el desierto,
    la fuente y la piedra,
    el amor destruye como la muerte,
    el amor llena de agua fresca mi
    rostro y mi aliento,
    la fuente como un día en tus manos,
    la fuente de la tarde y de la noche,
    la fuente y mi sed,
    tus manos y la fuente de la tarde.

Fecha Publicación: 2015-01-17T17:24:00.004-08:00
Hay que recordar, siempre, al maestro José María Arguedas (18 de enero de 1911 - 28 de noviembre de 1969). Un poema, por favor.
Arguedas y su otra pasión

TEMBLOR

Dicen que tiembla la sombra de mi pueblo;
está temblando porque ha tocado la triste sombra del corazón
de las mujeres.
¡No tiembles, dolor, dolor¡
¡La sombra de los cóndores se acerca!
—¿A qué viene la sombra?
¿Viene en nombre de las montañas sagradas
o a nombre de la sangre de Jesús?
—No tiembles; no estés temblando;
no es sangre; no son montañas;
es el resplandor del Sol que llega a la pluma de los
Cóndores
—Tengo miedo, padre mío.
El Sol quema; quema al ganado; quema las sementeras.
Dicen que en los cerros lejanos
que en los bosques sin fin,
una hambrienta serpiente,
serpiente diosa, hijo del Sol, dorada,
está buscando hombres.
—No es el Sol, es el corazón del Sol,
su resplandor,
su poderoso su alegre resplandor,
que viene en la sombra de los ojos de los cóndores.
No es el Sol, es una luz.
¡Levántate, ponte de pie; recibe ese ojo sin límites!
Tiembla con su luz;
sacúdete como los árboles de la gran selva,
empieza a gritar.
Formen una sola sombra, hombres, hombres de mi pueblo;
todos juntos
tiemblen con la luz que llega.
Beban la sangre áurea de la serpiente dios.
La sangre ardiente llega al ojo de los cóndores,
carga los cielos, los hace danzar,
desatarse y parir, crear.
Crea tú, padre mío, vida;
hombre, semejante mío, querido.





Fecha Publicación: 2015-01-15T14:01:00.001-08:00
No se trata de un nuevo homenaje, sino que los recuerdos son a propósito de la complicada situación política de México, cuya democracia se debilita ante la inoperancia de sus gobernantes para detener la violencia, la corrupción, el narcotráfico y otros males a los que no son ajenos Perú ni la mayoría de países latinoamericanos. La nota viene en el diario La Jornada.
Debate entre Vargas Llosa y Paz sigue vigente


La democracia imperfecta
Escribe: Soledad Loaeza

En 1990 la revista Vuelta organizó un encuentro internacional de intelectuales para discutir en la televisión la democracia como concepto y como práctica política, su historia y su futuro. En ese escenario, Mario Vargas Llosa incurrió en la cólera apenas contenida del anfitrión, Octavio Paz, cuando objetó que se tratara la experiencia mexicana como una excepción en la historia de América Latina. Según el escritor peruano, hoy también español, Paz se equivocaba cuando afirmaba que México había escapado a la dictadura militar que, en cambio, habían vivido la gran mayoría de los países de la región. La excepción podía hacerse porque la élite gobernante había sabido disimular la verdadera naturaleza dictatorial del sistema político y presentarlo ante el mundo como una construcción de origen revolucionario en proceso de formación democrática. Para Vargas Llosa el sistema mexicano era una dictadura camuflada, cuyas características distintivas eran las mismas que definían a las dictaduras militares. Por ejemplo, décadas de permanencia en el poder de un mismo partido y el control, cuando no la represión, de las oposiciones.
La irritación de Paz fue in crescendo porque Vargas Llosa amplió su definición del sistema mexicano con la referencia a su capacidad para reclutar intelectuales, a los que –decía– sobornaba en forma sutil con apoyos a su desarrollo, una retórica de izquierda, la supuesta consideración a sus críticas y una tolerancia efectiva a sus desplantes de libertad. Paz se apresuró a enmendarle la plana a él y a Enrique Krauze, que como moderador de la mesa quiso ilustrar la idea de Vargas Llosa con una alusión a la dictablanda del general Primo de Rivera en España a finales de los años 20. Paz, en tono de amonestación, les dijo que ambos estaban equivocados, y al novelista le señaló, en aras de la precisión, que él –Paz– había hablado de dominación hegemónica.
En esos momentos las afirmaciones de Vargas Llosa fueron escuchadas con desconfianza por la izquierda mexicana, que le reprochaba haber abrazado el liberalismo versión Hernando de Soto, rabiosamente antiestatista y crítico del nacionalismo. Ahora, sin embargo, es desde esa zona del espectro ideológico que se recupera la frase dictadura perfecta. El éxito de la película que lleva ese título habla de la frustración que extiende una ancha sombra sobre la muy imperfecta democracia mexicana que hemos construido.
Largo es el camino que hemos recorrido desde aquel encuentro de Vuelta. Ciertamente, el PRI está de regreso, pero no el sistema político aquel que Vargas Llosa quiso redefinir, y que no pocos funcionarios y políticos intentan restablecer hoy, al menos en sus prácticas más lamentables. Una restauración completa es imposible, aun cuando los priístas en el poder hayan adoptado la actitud de que aquí no ha pasado nada. Por ejemplo, los actores del drama que es nuestra vida política han cambiado; muchos de ellos no existían en 1990, y las estrategias y el comportamiento de los que existían eran distintos a los de ahora, porque las reglas del juego también son otras. Pensemos nada más en la fuerza que han adquirido grupos sociales independientes, que influyen mal que bien sobre las decisiones del gobierno; o en la transformación que ha experimentado el PAN, que en 1990 apenas empezaba a saborear las mieles del poder, y que ahora no logra deshacerse de la amargura de la derrota. Hace 25 años Acción Nacional todavía podía aspirar a movilizar al electorado con promesas de cambio, apoyarse en la imaginación del votante y prometer un gobierno mejor a cualquier priísta: honesto, eficaz, cercano a la ciudadanía. Lo mismo podría decirse de la izquierda, que entonces parecía tener la posibilidad, primero, de recrear, y luego, de mantener viva la coalición cardenista. Ahora sabemos cómo gobiernan. Ya no pueden jugar con nuestra imaginación.
El desarrollo de nuestras fuerzas políticas ha sido muy distinto del esperado, y ahora son tan responsables las oposiciones como el gobierno del desencanto con la democracia que se ha apoderado de buena parte de la opinión pública. Peor todavía, los efectos desastrosos de la política contra el crimen organizado sobre los derechos humanos y los monstruosos asesinatos de Ayotzinapa son situaciones equiparables a las que generó la represión brutal que ejercieron las dictaduras militares. De tal manera que habrá muchos que piensen que la comparación de Vargas Llosa es tan válida hoy como podía serlo cuando primero la estableció. De ser así, las imperfecciones de nuestra democracia no serían de orden constitucional, sino algo mucho más profundo que las leyes no han podido extirpar ni contener, que tiene que ver con nuestra comprensión del ser humano, de su dignidad, del inexcusable respeto a su integridad. Mientras no incorporemos estos principios a nuestra democracia, ésta no será más que una pobre imitación de una experiencia que nos sigue siendo ajena.

Fecha Publicación: 2015-01-14T13:46:00.002-08:00
Texto hallado en Revista Ñ, del diario argentino Clarín. Iba a decir algo, pero mejor los dejo en la lectura.
El primer paso de la crítica literaria es leer bien

Escribe: Matías Sierra Bradford*
REVISTA Ñ

La crítica es una operación de traducción: nos convierte en el escritor del lector que somos. Un lector que existe una sola vez, para cada libro abierto. Cada novela facilita una vida de lector; la vida breve de una flor (unos días) o de una luciérnaga (un mes o dos). El crítico quiere serle fiel a ese lector único que un libro va creando, a los murmullos que intercambian. A la par, el ejercicio de la crítica incita al lector a tener una conversación consigo mismo –es lo que no pocos lectores buscan evitar– para eventualmente abrir una nueva conversación alrededor de una obra.
La incipiente singularidad del lector está en manos de la singularidad del libro que lee, y detectarla y describirla es uno de los fines de la crítica. El atajo lo procura el estilo (aún en los escritores que lo rechazan como principio rector), que es según el romanista e hispanista austríaco Leo Spitzer el desvío, la manera en que un escritor se aleja del uso común del lenguaje, por medio de ciertas preferencias sintácticas y léxicas, de insistencias, de lo que Spitzer llama centros afectivos.
La lectura es un acto enigmático siempre, y ese enigma se cristaliza cuando al lector le llegan, como en raptos de inspiración dignos de novelista, frases acerca del libro que lee y que se siente impulsado a anotar. Son esas frases, y no su nombre, las que determinan su autoridad, o mejor, su grado de persuasión. Para un crítico, una manera útil de generar frases es hacer de cuenta que una novela tiene un secreto, o más de uno.
El gusto es el factor decisivo, pero ¿es productivo que un crítico se limite a aclarar si le agradó o no una novela? Cuando alguien dice “me gusta”, advertía C. S. Lewis, no es lo mismo para un best-séller del que no recordará nada y que no tiene la intención de releer, por ejemplo, que para un libro que ha releído en cuatro oportunidades. Si “gustar” es la palabra adecuada para el primer caso, sostenía, habrá que buscar otra para definir el segundo.
A veces un crítico no se intranquiliza si un objeto no lo atrae de inmediato; se fía en que la familiaridad –la frecuentación– suplirá el trabajo del gusto. (Es sorprendente lo poco que confían en su gusto algunos lectores, con qué risible convicción creen en la inhabilidad del criterio propio.) Como sea, los cuatro puntos cardinales de un crítico son el asombro, el placer y sus reversos, mientras orbita alrededor de ellos la perplejidad. Igual que la primera vez, la lectura conserva su mentado poder transformador: nunca sabremos a ciencia cierta quién seremos por el resto de nuestros días.
La Primera Ley de la Crítica según el historiador de la literatura George Saintsbury es: “B no es malo porque no se parece a A, no importa lo bueno que A sea”. Idea que conduce hacia un punto revelador: qué es lo que un crítico señala como digno de encomio o rechazo. Esos valores –la conciliación acerca de un puñado de valores– determinan el ingreso a un canon o la excomunión transitoria. Un canon –un mapa político– siempre en obra, corregido, aumentado o abreviado rigurosa o indulgentemente. En paralelo, el dictamen de Gershom Scholem acerca de lo canónico deja afuera a la mayoría de lo publicado: aquello que invita a una exégesis interminable.
A su modo, cada novela responde a la siguiente pregunta: de dónde saca un lector o un crítico la noción de qué es una buena novela, qué la convierte en tal. Se lee, en efecto, para averiguarlo. ¿Conviene decirle a un lector que está ante un gran libro? ¿No equivale a decirle que le van a contar un chiste graciosísimo, antes de contárselo? Nada hay más alejado de la lectura que la expectativa impuesta, lo imperativo.
Una cuestión más callada son las suposiciones acerca de la ingenuidad del otro. Habiéndolo visto al escritor capaz de frases notables, el lector juzga que ha habido una distracción, o un inofensivo acto de pereza, cuando se cruza en ese mismo libro con una oración hecha de lugares comunes. Algo análogo sucede cada vez que un novelista crea un personaje deliberadamente odioso o tedioso y se arriesga a ser incomprendido.
Entre tanto, la identificación con un personaje deforma el juicio (antes de que se forme), por eso nunca abundó el crítico-prodigio, en minoría de edad. Y tal vez se apresura un escritor si se ofende porque un crítico ha expresado algo que le resulta demasiado ambiguo –un presunto ataque velado– mientras el crítico sólo intentaba decir algo novedoso, fiel a su lectura. Si la crítica es difícil de hacer bien y que se entienda bien, en buena parte se debe a que su potencia descansa en la cuerda que tensan la claridad y la ambigüedad.
Es sabido que cuantos más espacios en blanco y elipsis siembre una novela, más fértil será el campo de interpretación para el lector, más razones tendrá para celebrar su papel de lector. Y es verdad que hay interpretaciones que un crítico no confiesa para que no lo crean loco (rol para el que no está, en teoría, autorizado). Rige un acuerdo tácito que establece que un crítico no puede decir cualquier cosa; es como si en literatura estuviéramos ante algo más profundo que la libertad.
No faltan los críticos que leen con desatención como gozando de un privilegio. Y en otro orden de cosas, ciertas opiniones por él mismo emitidas ponen al crítico en una posición incómoda, por aparentar una sapiencia arrogante, aunque quizá sólo se le ocurrieron como se le ocurrieron oraciones más insípidas, y el aire de vanidad no tendría por qué quitarles a sus palabras una visión particular o simple puntería. Lo curioso es que al usar ciertos sustantivos abstractos –belleza, sutileza, etc.– un crítico imagina estar usando términos técnicos. A algunos críticos la magia estilística –de un Baudelaire, un Empson– les facilita cierta impunidad en el juicio. Pero tiene algo inhumano el crítico objetivo, imparcial, excesivamente justo. Es probablemente en la diversidad y graduación de prejuicios –allí están Edmund Wilson y Borges para revalidarlo– que se define un espíritu crítico.
En ocasiones da la impresión de que la calidad de un comentario –basta recordar a Blanchot, Barthes– depende de cuánto está dispuesto a arriesgar quien lo escribe. La buena crítica ha sido siempre el secreto mejor guardado de la literatura, la que no reniega de las líneas del poeta Yeats: “Sólo lo que no enseña, lo que no grita, lo que no condesciende, lo que no explica, sólo eso es irresistible”.
De la Los críticos más luminosos –los ya mencionados, y Eliot, Pritchett, Kermode, Praz, Starobinski– son sensatos y a la vez impredecibles, virtudes que garantizan que sus lecturas sean siempre generosas.
*Escritor, traductor y critico. Es autor, entre otros, de “La biblioteca ideal”.

Fecha Publicación: 2015-01-10T15:26:00.002-08:00
El siguiente texto se publica en el último número de la revista Sieteculebras, ha sufrido pequeñas modificiaciones porque sirvió también para ser leído en la presentación del libro, en el marco de la Feria Internacional del libro de Cusco, y de la Feria del libro de Juliaca.
Portada y contraportada del libro de Guevara


Nueva edición de “Cazador de gringas y otros cuentos”, de Mario Guevara

Por: Alfredo Herrera Flores

No son muchos los libros peruanos de poesía, narrativa o ensayo que han merecido varias ediciones y traducciones, menos aún aquellos de autores que no han hecho de Lima su lugar de residencia, su centro de operaciones u oficina de relaciones públicas, y desde sus lugares de origen o trabajo insisten y persisten en hacer de la literatura una forma de vida. Aunque hay ejemplos notables en ciudades como Cusco, donde escritores e investigadores producen arte y ciencia y desde donde se extiende su influencia (mencionemos por ejemplo a Carmen Escalante y Ricardo Valderrama, antropólogos con libros varias veces reeditados y traducidos a muchos idiomas) sigue siendo una rareza la reedición de un libro.
Otro ejemplo es el de Mario Guevara y su libro “Cazador de gringas y otros cuentos”, que ha llegado a la quinta edición bajo el sello de editorial San Marcos (Lima, 2014). Esta nueva edición retoma la publicación original de 1995, hace 19 años, y el propio autor la considera como la definitiva. Hay que anotar que algunas ediciones, como la cuarta, han tenido varias reimpresiones y el cuento que da título al libro ha sido reproducido en revistas, antologías, páginas electrónicas, folletos y generado muchos estudios críticos, tanto literarios como sociológicos o antropológicos, e incluso ha inspirado documentales y películas. Añadiremos también que el libro también ha sido pirateado y reproducido sin autorización o conocimiento del autor en varias oportunidades.
No estamos, entonces, frente a una novedad literaria, sino ante un texto que se consolida como un clásico de la literatura peruana. No creo que esta calificación sea pretensiosa o exagerada; Mario Guevara ni su obra, a estas alturas de la historia, necesitan de favores de la crítica o halagos vaporosos para ser considerados dentro del canon de la literatura peruana contemporánea.
Pero en este proceso, en este sinuoso y siempre incierto camino del arte y la literatura, Mario Guevara ha sufrido de un mal cultural que no tiene nombre pero podría denominarse el síndrome de la obra única, que se  manifiesta cuando solo un elemento, o una parte, de un conjunto, de una obra, se hace importante, visible o distintivo. En este libro aparece, al final, un cuento que había sido publicado seis años antes de la primera edición, en 1989, en el número 2 de la revista de arqueología “Origen”. En “Cazador de gringas”,  en él se cuentan los avatares del brichero, de aquel cusqueño, andino o peruano, que ha hecho del enamoramiento y seducción de extranjeras un oficio, una forma de ganarse la vida; la incorporación del personaje y su denominación en la literatura los formaliza para el uso común del término, aunque no se incorpore a los diccionarios.
Pero el libro contiene otros ocho cuentos tan o más interesantes que el del brichero, como “Patrick”, una historia circular donde un fiscal encuentra en el banquillo de los acusados al compañero de escuela que lo agredió y ve la oportunidad de la postergada venganza, o como “Guía para turistas”, donde se ilustra el panorama de la realidad nacional (crisis económica, delincuencia, prostitución) a través de un sarcástico monólogo de un pseudo guía de turismo, o “La obsesión de Nico Bilbao”, donde se aborda el mito del Paititi y la eterna frustración de quienes buscan la ciudad perdida de los incas o se pierden en su búsqueda.
También llaman la atención dos cuentos muy breves: “El parecido”, un juego de imágenes y repeticiones en pocas líneas desde la inocente mirada de una niña andina, y “Zona de emergencia”, corta y contundente historia sobre la crisis sicológica que sufren los militares en su lucha contra el terrorismo.
¿Pero qué pasaba en el país, y en Cusco hace 25 años? Pasaba pues que la crisis económica y el terrorismo nos agobiaban al punto de marcar la concepción del mundo de la generación que en esos años empezaba a madurar. En las páginas de este libro están reflejadas estas visiones a través de la metáfora dura, salvaje y doliente de la visión de Guevara. Hay otros dos cuentos que llaman la atención: “Todo un perro” y “De la llegada del señor presidente”. En el primero se habla de las dramáticas consecuencias del terrorismo en un ex soldado, en el segundo de la historia de todo un pueblo de la selva que se prepara para recibir al presidente de la república, de quien no tienen idea quién es, pero un hecho fortuito hará que los pobladores no lo reciban, en venganza el presidente castiga al pueblo con el olvido, con un nuevo olvido. Estas dos narraciones, también en segunda persona, ponen al lector en los extremos de lo que pasaba en Cusco en aquellas dramáticas décadas finales del siglo veinte.
A pesar de la fama y el reconocimiento que le ha dado el brichero como personaje literario y Guevara sea considerado como el pionero del tema en el ámbito de la literatura, incluso de la sociología, es necesario ver a Guevara más bien como un pionero de la literatura urbana del Cusco. A través de sus relatos Guevara enfrenta un nuevo Cusco desde adentro, desde la experiencia del joven que también recorre cantinas, se aprovecha de las gringas, recuerda a compañeros de colegio o es testigo de los delirios de profesionales frustrados, militares traumados o policías corruptos. Este enfrentar el cambio se ilustra en la segunda persona con que Guevara desarrolla sus historias. “Al verte parece que el tiempo vuelve atrás”, dice al iniciar el cuento “Patrick”, y ese será el hilo común en las otras historias, el hablarle al personaje, no al lector, sino al otro, a ese que está detrás del Cusco urbano que todos suponen conocer.
La nueva edición de “Cazador de gringas y otros cuentos” permitirá que se entienda mejor, por ejemplo, la naturaleza del término brichero, pero sobre todo ayudará a que se entienda mejor a una ciudad como Cusco, que desde hace 25 años o más prospera, o se estanca, según el cristal con que se mire, en su propio laberinto.

Fecha Publicación: 2015-01-09T20:33:00.003-08:00
La nueva presentación de nuestro tenor Juan Diego Flórez en España ha vuelto a despertar la admiración que siente el público por él, a quien califican como el "número 1" en su especialidad. Una elogiosa nota en el diario El País ilustra la emoción que genera su presencia en los escenarios españoles, considerando que se trata de la "eclosión cultural latina".
Tenor Juan Diego Flórez (aqpradio)
"La eclosión cultural latina tenía que llegar algún día"

Escribe: Jesús Ruiz Mantilla

Cuando uno escucha la voz de quilate aterciopelado que luce Juan Diego Flórez (Lima, 1971), no sólo recupera a través de su canto las esencias de los mejores; no únicamente reconoce el estilo, la prodigiosa técnica, el flujo extraño de una insólita personalidad que le ha valido ser calificado como el número uno en su especialidad belcantista. También vislumbra, aparte del eco melódico de Chabuca Granda, a la que acompañó su padre músico, la cabal sensibilidad de un muchacho —hoy ya figura madura, triunfante, consagrada y en plenitud— que no ha dado una patada a su conciencia callejera de talento rescatado en mitad de las penurias, de vida en los límites, entre escombros, marginación, pillería, necesidad y convivencia con trileros, buscavidas y travestis de barrio.
Entre los márgenes de la inevitable condena limeña que sufren muchos, emergió un gran divo. Un antes y un después en la época dorada de las voces latinas en el mundo, que ya ha marcado época. Mañana se presenta en el Teatro Real, con un recital organizado por Juventudes Musicales, acompañado por el español cómplice de su aventura solidaria, el director Pablo Mielgo, al frente de la orquesta que rige como titular, la Sinfónica de Baleares. En el programa: repertorio francés, el mismo al que se ha encomendado Flórez en su último disco, L’amour (Decca), tras cinco años de no lanzar nada al mercado.
"El peruano es calificado como el número uno en su género belcantista"
Llegan los dos de la sede de Naciones Unidas en Ginebra, donde juntos ofrecieron un recital con una orquesta de jóvenes latinoamericanos —la formación Harmonia— formados a orillas de los sistemas, donde había buena presencia de la iniciativa que Flórez ha puesto en marcha en su país —Sinfonía por el Perú—, con la determinante inspiración de José Antonio Abarca desde Venezuela. Nobleza y raíces obligan: “Las cosas van mejor, pero el crecimiento y la riqueza de las cifras, aunque ahora haya disminuido, no alcanza a paliar la desigualdad de la calle. Existen muchos espacios vulnerables, la gente convive entre basuras y falta de estructuras que propicien el desarrollo”, denuncia el artista.

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Fecha Publicación: 2015-01-07T15:58:00.001-08:00
El arte, las ideas y las palabras, como la vida, siempre se abren paso.

Francisco Olea

Tornoe (Imágenes tomadas de El Comercio)


Solidaridad con "Charlie Hebdo"

Fecha Publicación: 2015-01-07T04:23:00.001-08:00
Dos historias protagonizadas por periodistas, han sido premiadas con el Premio de Novela Nadal, en España, el primero en otorgarse en el año. La nota viene en el diario ABC.
Vales (izquierda) y Carranza, en la ceremonia del premio (Vanguardia)
Si el año pasado el Premio N adal, decano de las letras españolas, celebró su 70 aniversario ensalzando el recuerdo de Carmen Laforet y galardonando a la autora valenciana Carmen Amoraga, el premio ha vuelto esta noche sobre sus pasos para recuperar su espíritu fundacional y reconocer al escritor y traductor José C. Vales (Zamora, 1965).
El zamorano, casi un recién llegado a la ficción tras estrenarse en 2013 con la novela «El Pensionado de Neuwelke» (Planeta), se colocó anoche por delante de los 335 manuscritos presentados a concurso de la mano de «Cabaret Biarritz», atípica novela de intriga que recrea la investigación de una serie de crímenes en los años 20 del siglo XX y con la que el escritor se llevó los 18.000 euros que acompañan al galardón.
El jurado, formado en esta ocasión por Germán Gullón, Lorenzo Silva, Andrés Trapiello, Clara Sánchez y Emili Rosales, ha destacado la originalidad de la estructura y el sentido del humor de una novela que es al mismo tiempo crónica periodística y relato de investigación y con la que Vales recrea, a partir la transcripción de una treintena de entrevistas, las pesquisas de Georges Miet, un escritor francés que pergeña folletines por encargo para la editorial La Fortune y al que su editor envía a Biarritz para investigar la muerte de una joven en 1925. Un extraño suceso que sacudirá la bulliciosa y despreocupada ciudad costera y sobre el que Miet, empujado por sus ínfulas literarias, deberá arrojar un poco de luz para conseguir publicar su primera novela «seria».
Licenciado en Filología Hispánica y especializado en filosofía y estética romántica, Vales cambia así de época y de registro después de debutar con una primera novela, «El Pensionado de Neuwalke», en la que rendía homenaje a la literatura romántica de Jane Austen, Wilkie Collins y Anthony Trollope. En este caso, el autor zamorano aprovecha la investigación y la transcripción de las entrevistas para retratar la sociedad de los felices años veinte y colocar la lupa sobre el periodo de entreguerras, colocando así el interés argumental no en el crimen, sino en todo aquello que lo rodea. "La idea es simple pero honesta, una idea que saqué de un cuento de Dickens en el que ofrecía a una serie de personas un banquete y una historia. Esto es todo", ha dicho Vales, quien ha señalado que todos los personajes, ya sean nobles, buscavidas, princesas rusas exiliadas o "flappers" conforman "un gran cabaret" en el que el único que conoce la verdad de lo sucedido es el lector.
Para Lorenzo Silva, portavoz del jurado, "Cabaret Biarritz" es una "extraña sinfonía bufa" que recuerda en ciertos momentos a otros títulos como "La verdad sobre el caso Savolta" de Eduardo Mendoza. "No sé si sería capaz de empeñarme en una novela demasiado seria", ha bromeado Vales.
Pese a que «Cabaret Biarritz» es sólo su segunda novela, Vales siempre ha mantenido una estrecha relación con la literatura, ya sea en su faceta de antólogo y editor —suyas son la más recientes ediciones de clásicos como «Cuentos de Navidad» de Dickens o del «Frankenstein» de MaryShelley— o como traductor especialmente vinculado a la editorial Impedimenta, donde se ha encargado de las traducciones de «La juguetería errante», de EdmundCrispin;«La hija del optimista» de Eudora Welty;«Diario del año de la peste», de Daniel Defoe; o «Mapp yLucia», de E. F. Benson, entre otras.
De hecho, el autor ha querido citar a Ignació Agustí a la hora de recoger el premio para recordar que el Nadal es un premio que buscaba "despertar a los novelistas dormidos". "Y yo soy uno de ellos", ha asegurado el escritor.

Un Pla para Verdaguer

Andreu Carranza, por su parte, se ha llevado los 6.000 euros del 48 Premio Josep Pla de narrativa en catalán con «El poeta del poble», novelización de la agitada y controvertida vida de Jacint Verdaguer, «Príncipe de los poetas» al que Carranza retrata convertido ya en consejero del Marqués de Comillas para dar cuenta del auge y caída de un personaje polémico y poliédrico. Así, pasando por sus viajes, su relación con la Iglesia, los exorcismos o sus intereses esotéricos. “Era un poeta al que la gente veneraba, pero su vida era una tortura constante”, ha explicado Carranza, a quien la vida de este “gran poeta” ha entusiasmado hasta el punto de dedicarle una novela que muestra ese debate constante "entre la lira y el cáliz" que definió a Verdaguer.
Autor de títulos como «El desert de l’oblit», «Anjub. Confessions d’un bandoler», «L’hivern del Tigre» o «Imprenta Babel» y galardonado con el premio SantJoan de novela, entre otros,Carranza suma así un nuevo hito a un carrera que vivió uno de sus mayores logros con la publicación de «La clau Gaudí», novela firmada a cuatro a manos junto a Esteban Martín y fenómeno editorial con varias traducciones en el que el arquitecto catalán se convertía en protagonista de una intriga histórica similar a la que despacha Dan Brown.

Fecha Publicación: 2015-01-02T16:01:00.002-08:00


NOCTURNO

Para Carmen Escalante y
Ricardo Valderrama
Repentina.
En teoría, esperanza.
Radical.
La noche es siempre la misma
aunque desemboque de diferente día.

Humana,
con su clima y su ansia,
se demora también
y desaparece, en teoría.

No hay dios que detenga
ni día que la niegue. Noche:
hondísima, callada, ardiente, cómplice,
oquedad íntima donde la poesía alumbra.



DETALLE DE CLAROSCURO

Cuál es la sombra, cuál el cuerpo,
quién va primero quién después.

Yo te sigo,
me adelanto, te espero, te veo, te sigo.

Cerca – lejos.

Pero no es con mis ojos que te acompaño,
es con esta fiesta que se precipita
hasta mi mano.

No preguntes.
Te sigo.

Al pasar al otro lado, a la oscuridad,
seguiré siendo tu blanca sombra.

(AHF, "Mar de la intensidad", Cascahuesos editores, 2014)


Fecha Publicación: 2015-01-01T14:32:00.002-08:00
Portada diseñada por Omar Suri


MAR DE LA INTENSIDAD, nuevo libro de Alfredo Herrera

Por: Luzgardo Medina Egoavil


El libro de Alfredo Herrera, “Mar de la intensidad” (Cascahuesos editores, 2014), se inicia con 11 canciones de amor pleno/ Un paralelo del amor hacia la mujer y amor al mar. Dos motores fortísimos que en todos los tiempos del tiempo movió a la humanidad. El mar permitió a la gente y más, precisamente, a los aventureros ir de un lado a otro con la esperanza de encontrar siempre un algo maravilloso. Del mismo modo una mujer es un océano de posibilidades, un grandioso camino de ilusiones y de acertijos, quien sepa navegar en ella, quien sepa caminar por sus resquicios y quien logre interpretar tantos enigmas podrá al final encontrar ese algo maravilloso.
Mar y mujer son dos grandes misterios que por todo el tiempo del tiempo, por todas las batallas perdidas, por todos los muertos ignorados, por todas las palabras resucitadas, por todas las semillas que jamás darán flores, por todos los besos insólitos dados en una playa anónima o en un hotel de una sola ventana, por todos los dictámenes de quienes son dictadores, por todos los aforismos del infinito y del amor, por todos los orgasmos de la estética y por los orgasmos de las doncellas devastadas, por todas las estrellas que alcanzaron a tocar las puertas de la poemática en constante desequilibrio. Mar y mujer son dos grandes misterios que el poeta Alfredo Herrera con particular originalidad aborda, idealiza la realidad y le da un lirismo a modo de salmodias bíblicas, todo pareciera ser una oda, un poema laudatorio o mayúsculamente una elegía.
Desde su libro Montaña de jade con el que logró el Premio COPE de Oro, su poesía ha tomado un nuevo rumbo que repitiendo, por ejemplo, noche, noches, flores, astros, lunas, besos, sombras, aves, palabras, tierra, espacio, universo, ha logrado crear una estela herreriana que es una recreación de la pasión amorosa, es la misma vibración exacta que un ser humano intenta decir con las palabras más ajustadas a su cosmovisión o a su fuerza expresiva. Mar de la intensidad es este libro que parte de lo real y viaja más allá de los sufrimientos y de todas las oraciones dichas antes de ir a dormir. Este viaje que realiza Herrera apela intuitivamente o ciegamente a esas fuerzas genésicas y no busca dar mayor explicación porque él mismo no quiere explicar.
Su yo se expande como una lluvia indetenible, nadie puede detener aquella enunciación que viene de lo imposible. Su verso y su prosa poética no tienen moldes ni conocen los parámetros, salen como pedradas desde el fondo de la garganta, mejor dicho, desde lo más hondo del recuerdo. Sí, es eso, el recuerdo que tanto lo inunda, el recuerdo que nos hace analizar las cosas de otro modo o con otro entusiasmo, el recuerdo que nos da la vitalidad, aunque en otros casos el recuerdo nos empequeñece o nos anula por completo. Ese manantial o ese fortín de recuerdos anima al poeta a apelar a su fecundidad versal que plantea una fantástica metamorfosis de trasvasa todo.
La sección nocturnos son, para mi gusto personal, muy hermosos. Aquí hay un diálogo con la noche a modo de alabanza. El corazón del mundo es la noche. El origen de los significados es la noche. El nacimiento de la cronología es la misma noche. El cielo de la noche es larguísimo, gordísimo, aterrador y posee la furia delo indecible. Veamos: “La bondad permite levantar la mirada y leer en la/ preciosista caligrafía de las estrellas la desnudada/ tristeza de la noche”.
Los versos marcan una cadencia, tiene unos ejes rítmicos. Se fusionan el tema (la noche) y otros elementos que el poeta considera oportuno atraparlos. Es así que no deja nada para el olvido, hasta la misma muerte pasa lentamente por las páginas y lo inevitable se convierte en la médula espinal de este poemario.
Herrera, como buen vate que es, recrea y profundiza su realidad interna que, como dije, tiene un nutrimento: lo real externo (hablamos de la noche y su mundo vívido). Definitivamente el creador maneja un discurso que parte de la intuición y nos presenta la diversidad de lo real. Cada poema es una recapitulación simbólica de la vida con todas sus erosiones, con todos sus antagonismos y con ese tañido que proviene de diferentes campanarios.

Fecha Publicación: 2014-12-28T14:30:00.001-08:00
El siguiente texto lo escribí para la presentación del libro "Cambio de circunstancias", de Juan Messco Sinchi. En realidad hubo dos presentaciones, la primera en el marco de la feria del libro de Cusco, en noviembre, y la segunda en una íntima y emotiva reunión bajo la primera lluvia torrencia de la temporada, e diciembre, en la sala del Museo de la Casa Concha. El texto, por supuesto, sufrió las modificaciones del caso, y este hay que considerarlo como el final.
Detalle de la portada del libro,, no encontré fotos de la presentación



Juan Messco, nuevas circunstancias

Por: Alfredo Herrera Flores

A propósito del título del libro de Juan Messco, “Cambio de circunstancias”, se hace fácil jugar con la palabra y sus significados. Esta es una nueva circunstancia, otra situación, casi un nuevo accidente, en la que Juan nos ha reunido para conversar precisamente sobre su libro.
La presencia de Juan Messco en el proceso de la poesía cusqueña de los últimos años no es desconocida. Hace un año, o un poco más, el propio Juan Messco me alcanzó una plaqueta que titulaba precisamente “Cambio de circunstancias” y en otra ocasión vi una breve selección poética en la que se podían leer sus versos. Y desde un distancia mayor, Mario Pantoja menciona a Messco en su antología de poesía cusqueña contemporánea, “Piedra sobre piedra”, pero considera que su discurso poético está en plena formación.
Ahora, leyendo su libro, y conociéndolo mejor, entiendo que lo de atreverse no era solamente cuestión de decisiones editoriales, sino de actitudes frente a un contexto cultural en general, y literario en particular. Creo que mi amigo tenía razón: Juan Messco es un atrevido. Su presencia en esta feria es una muestra de ese espíritu atrevido. Como muchos, está ofendido porque a pesar de ser uno de los protagonistas de la feria no ha sido invitado y también le ha indignado el trato que se le ha dado a los escritores cusqueños. Como ya dije, yo también me cuelo a la fiesta gracias a Juan, quien sí ha tenido la delicadeza y amabilidad de invitarme, de invitarnos, con una tarjeta. Este atrevimiento, esa audacia, no es imprudencia ni malcriadez, es personalidad, y al mismo tiempo un buen ejemplo a seguir.
Decíamos que la presencia de Juan Messco en el panorama literario cusqueño no es nuevo, ya a fines de los ochenta y principios de los noventa publicaba y participaba de lecturas, de las reuniones literarias y la bohemia local, pero algo había en su personalidad que fue postergando la publicación de un conjunto orgánico de su poesía. “Cambio de circunstancias”, el libro que ahora disfrutamos, es ese libro esperado. Pero para efectos del comentario y la inicial crítica que podemos hacer al libro, ya nos enfrentamos a un problema: determinar la naturaleza, la intimidad de su poética, pues Messco es firme y fino para enfrentarse a la poesía, que es también su motivo y destino.
El libro se inicia con un verso clave: “la poesía/ pone un trazo de luz/ en la sombra”. Nos preguntamos: ¿Cuál es la luz, cuál la sombra? ¿Es el poeta la sombra, y sobrevive gracias a la luz, que es la poesía? ¿Es la poesía la sombra, y el poeta introduciéndose en ella la ilumina? Estas preguntas, obviamente, no tendrán respuestas, es una motivación y predisposición tanto al lenguaje como al mensaje. Tenemos los lectores el derecho, la libertad y la facilidad de saltarnos estas preguntas, no hacerle caso a las trampas de la poesía y seguir leyendo para ser felices.
Pero inmediatamente se nos invita a la intimidad. El poema “Circunstancias” se inicia con el siguiente verso: “En el caminar se descubren afectos”. Lo que sentimos gracias a los afectos es una de las manifestaciones más íntimas y seguras del ser humano, y nadie más que cada ser humano, en su intimidad, sabe reconocer si esos afectos son sinceros o no, permanentes o circunstanciales, y es aquí donde encontramos una segunda clave: las circunstancias, es decir, las situaciones casuales dentro de un determinado contexto, son las que van a determinar nuestro sentimiento; el cambio de esas circunstancias harán también que los sentimientos se trastoquen.
La primera parte del libro nos lleva por esos caminos inesperados, oscuros o sinuosos que nos marcan las circunstancias y los afectos, los sentimientos, con un denominador común: la desconfianza, la inseguridad de esos afectos y sentimientos. El poema 6 dice en su totalidad, con un tono de reflexión y un aire de melancolía: “¿Quién deja su pena y canta a los demás?/ miente Juan/ algunos aseguran salvar su farsa/ no siempre/ el primero gana como el último”. Entendamos que el poeta intenta penetrar el difícil espacio de los sentimientos humanos, pero no es posible, la tarea queda siempre para el individuo y sus circunstancias.
En la segunda parte del poemario, desde poemas independientes, el poeta mantiene el espíritu  de su visión, pero extiende su reflexión al grupo, generaliza al hombre, no lo hace social pero sí universal. Como un silogismo dice: “(los hombres confunden sus horizontes/  tocando cielo o infierno)”. Ese es el espacio que intenta abarcar la poesía de Messco, pero finalmente es su condición de individuo la que predomina y retorna, en la tercera parte, al sentimiento indivisible, pero compartible: el amor. Llama gratamente la atención la forma sencilla con que Messco aborda el tema. Los poemas son breves y ensaya una prosa fina y sutil, y en su reflexión no se enfrenta a nada, sino al propio amor.
La tercera sección del libro, “Salvedades”, es la parte medular del poemario, lo que confirma la intención de hacer del conjunto una unidad. Ahí encontramos el poema “Cambio de circunstancias” y en su parte final los versos que podrían resumir la condición del poeta frente a la transformación de sentimientos como producto de momentos específicos: “nada puedo cambiar/ menos la sombra/ que arrastro”.  Inevitablemente volvemos al primer verso. El poeta tal vez quiera decir que a pesar de la poesía, de ese trazo de luz, no se puede derrotar a la sombra, la que cada uno tiene consigo, la que el hombre habrá de arrastrar hasta el final de sus días.
Hay versos logrados en este libro de Juan Messco. Como producto final, me hace pensar en la poesía de otro poeta interesante cusqueño, notablemente ausente en esta feria, Iván Yauri, que también parece elaborar sus versos palabra por palabra, cuidando que digan lo que significan en el lugar correcto de la frase.  Messco y Yauri comparten también una posición política que se asumió en los violentos años ochenta y que no deja de manifestarse en su poesía. En el caso de Juan, hay versos que parecen venir de aquellos años y de esa actitud contestaría e izquierdista que parece no pasar de moda y son parte del poema central: “cambio de circunstancias/ a tu lado       hasta las patas/ con una botella de ron/ sin aguafiestas     sin penas/ ni certificados”.
No sabría entre qué extremos de la tradición poética cusqueña ubicar a la obra de Juan Messco, ha trabajado con seriedad y firmeza este libro, toca esperar más de él, tal vez más atrevimiento. Lo conocemos lo suficiente para suponer que debe haber mayor producción aún bajo la almohada, en cuadernos u hojas sueltas, por eso la confianza con que recibimos su libro.
Es oportuno decirlo, que a Juan Messco se le tiene un afecto especial, por eso de las circunstancias, pues ha compartido aulas con mi esposa en la vieja San Antonio Abad, escuchando hablar de antropología y buscando hablar de literatura, y su forma concreta y directa de decir algunas cosas lo ha hecho más cercano a los sinceros que a los celosos o resentidos.
Suelo repetir lo que un crítico literario decía en un ensayo sobre poesía: “si tu amigo ha leído un poema hay que felicitarlo, si ha escrito un poema hay que abrazarlo y si ha escrito un libro hay que hacer una fiesta por él. Eso pretendo hacer con estas breves palabras, no en afán de presentación analítica sino en afán de sumarme a su fiesta.  Más adelante, otras circunstancias serán las que nos reúnan en torno a la poesía, para celebrarla y, en su nombre, celebrar la vida.


Fecha Publicación: 2014-12-21T16:33:00.002-08:00
A 25 años de la muerte de Samuel Beckett (1906 -1989), Premio Nobel de Literatura de 1969, un par de poemas más.
Samuel Beckett en pose de esperando a él mismo

    Enueg II

    Mundo mundo mundo mundo
    Y el rostro serio nublado
    Contra el atardecer.

    De morituris nihil nisi.
    Tímidamente el rostro deshaciéndose
    Ya demasiado tarde para enlutar el cielo
    Que se hace rojo con el atardecer
    Temblando a lo lejos lentamente.

    Verónica mundi
    Verónica munda
    Por amor de Jesús, dános un velo.

    Sudando como Judas
    Cansado de la muerte
    Y de los policías
    Los pies en mermelada
    Sudando en abundancia
    El corazón en mermelada el humo más frutal
    El viejo corazón el viejo corazón
    Que estalla extra congreso
    Te lo aseguro doch
    Tendido en Puente O'Connell
    Viendo con grandes ojos unos tulipanes del atardecer
    Los verdes tulipanes
    Brillando al volver la esquina como un ántrax
    Brillando sobre las barcazas de Guinness.

    El armónico el rostro
    Ya demasiado tarde para dar brillo al cielo
    Doch doch te lo aseguro.



    Canción

    Vejez es estar de cuclillas
    Agazapado en el hogar
    Temblando porque la bruja
    Ponga el perol en la cama
    Y traiga el ponche
    Ella llega en las cenizas
    Quien amada no fue conquistada
    O conquistada no fue amada
    O algún otro pesar
    Llega a las cenizas
    Como en esa vieja luz
    El rostro en las cenizas
    Esa vieja luz de una estrella
    Otra vez en la tierra.