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Fecha Publicación: 2014-11-22T17:22:00.000-08:00
Los defensores del modelo neoliberal desinforman al país. Dicen que el crecimiento económico de los últimos años está sustentado en el propio modelo, lo que equivale a decir que es resultado de las políticas económicas neoliberales. Que la informalidad no es consecuencia del modelo, sino de la ineficiencia del Estado y del sistema político. También dicen que este modelo ha disminuido la vulnerabilidad externa de la economía. Pero, nada de esto es verdad.
 
Las políticas neoliberales no son causa del crecimiento
 
Durante el fujimorato hubo crecimiento económico solo en los años 1993, 1994, 1995 y 1997. Los otros seis de los 10 años de dictadura, fueron de recesión económica. La economía vuelve a crecer a partir del año 2003, reduce su tasa de crecimiento hasta cerca de cero en el año 2009 y vuelve a crecer los años siguientes hasta el año 2013. En total fueron 14 años de crecimiento durante 23 años de neoliberalismo. Pero el crecimiento durante estos 14 años no tienen  relación con las políticas y reformas neoliberales. La razones son las siguientes:
 
1)     Durante el fujimorato se apreció el tipo de cambio real, al mismo tiempo que se liberalizó el comercio. Durante los años 2003-2013 también se apreció el tipo de cambio real desde agosto de 2006 y fue la década en que se firmaron tratados de libre comercio con varios países. Estas «políticas» cambiaria y comercial le quitaron competitividad a la producción y exportación de manufactureras, al mismo tiempo que provocaron una notable penetración de importaciones en el mercado interno. Ni la apertura comercial ni el atraso cambiario fueron, entonces, el motor del crecimiento durante el período neoliberal.
2)     El crecimiento tampoco tuvo como motor la política fiscal. En los años noventa su principal objetivo fue servir la deuda pública externa. Fueron 8 años consecutivos de generación de superávit fiscal primario: 1.5% del PBI, en promedio. En la última década la generación de superávit primario alcanzó el 2.6% del PBI, no obstante que el ratio de deuda a PBI había disminuido significativamente. Los cálculos del déficit estructural también muestran la práctica de una política fiscal contractiva.
3)     La política monetaria tampoco desencadenó el crecimiento, ni en los años noventa ni en la última década. Durante los años noventa la política monetaria restrictiva  encareció el crédito; además, promovió la dolarización del portafolio bancario. El crédito caro no podía generar crecimiento. Por su parte, la dolarización creó un descalce de monedas que, con la crisis que se inicia en 1997-1998 y que eleva el tipo de cambio, provocó quiebras bancarias. De otro lado, la política monetaria de la última década se beneficia de la reforma efectuada en los años 2001-2003, que introduce un esquema institucional basado en metas de inflación, una regla de tasa de interés y una regla de intervenciones esterilizadas en el mercado cambiario. Pero desde el año 2006, la aplicación de este esquema de política se acompaña con sistemáticas reducciones del tipo de cambio real, que afecta a la producción de bienes transables. En ambos período, se estimula la penetración masiva de importaciones.
4)     Tampoco las privatizaciones estimularon el crecimiento económico. Aumentaron las tarifas de los servicios públicos y, con ello, los costos de las empresas. Aquí tampoco puede encontrarse la fuente de crecimiento económico. La apreciación cambiaria y tarifas públicas caras, hizo perder competitividad a los productores privados en los mercados internacionales.
 
La fuente del crecimiento no se encuentra, entonces, en las políticas neoliberales. Estas son contrarias al desarrollo industrial y agrícola, Estas políticas no promovieron la generación de puestos de trabajo estables; mantuvieron estancados los ingresos reales de los maestros empleados públicos y trabajadores, promovieron la informalidad porque desaceleraron el crecimiento de la capacidad productiva per cápita; aumentaron la vulnerabilidad de la economía frente a los shocks externos y acrecentaron la  dependencia de la economía de las importaciones y de la inversión extranjera, y descapitalizaron al país acrecentando el déficit de la balanza de servicios financieros privados.
 
¿Por qué, entonces, hubo crecimiento económico?
 
El crecimiento de la economía durante la década de los noventa y durante la última década, se debió fundamentalmente a la expansión de la demanda mundial y al incremento de los precios de los minerales. Es verdad que las políticas neoliberales cambiaron la estructura de los precios relativos a favor de la explotación y producción de bienes primarios, como la minería, con ventajas naturales de productividad. Pero este cambio en la estructura de precios relativos tampoco hubiera sido suficiente para estimular el crecimiento, si no se hubiera expandido la demanda internacional por las materias primas.
 
Los neoliberales tuvieron suerte. La demanda internacional se recuperó a partir del año 1992 y creció hasta el año 1997. Con la crisis asiática y rusa de 1997-1999, se desaceleró y luego volvió a crecer a partir del año 2002. En este segundo período de crecimiento tuvo participación importante el crecimiento de la economía China, que hizo crecer notablemente los precios de los minerales.
 
No fueron las políticas neoliberales, entonces, la causa del crecimiento económico peruano, sino el crecimiento de la demanda mundial, el crecimiento de los precios de los minerales, y el clima en algunos años. La economía peruana creció, porque crecieron la producción y las exportaciones de bienes primarios, y la producción de los sectores no-transables como la Construcción, el Comercio y los Servicios.
 
A modo de conclusión
 
El motor del crecimiento neoliberal estuvo fuera de las fronteras nacionales. Este motor está ahora apagado, por eso la economía peruana ha dejado de crecer.
 
 
 
 
Publicado en el Diario UNO, el sábado 22 de noviembre.

Fecha Publicación: 2014-11-17T13:57:00.000-08:00
La información difundida por el INEI no refleja lo que realmente está ocurriendo con el crecimiento económico. Como técnicamente no hay recesión, los voceros oficiales del gobierno afirman que el próximo año la economía volvería a crecer a tasas de 5% o 6%.  Pero no habrá manera de crecer a estas tasas si se insiste en el mismo patrón de crecimiento y acumulación de capital. Estudios recientes de la dinámica de la economía internacional revelan que la crisis que empezó en 2008-2009 ha dado lugar a un largo período de estancamiento. No volverá, por lo tanto, un escenario externo con precios altos de los metales, con crecimiento de 4 a 5% promedio anual y con influjos notables de capitales.
 
Estancamiento de largo plazo en el Centro
 
No hay signos de una franca recuperación en los países industrializados. Las tasas de desempleo se mantienen en niveles relativamente elevados y no hay signos claros de que tiendan a disminuir sostenidamente. En ausencia de una clara recuperación, la volatilidad y la incertidumbre dominan a sus mercados financieros.
 
Los efectos de la crisis financiera de 2008-2009 fueron enfrentados primero con políticas monetarias que facilitaron la disponibilidad de dinero y que disminuyeron las tasas de interés de manera notable. Pero no fueron suficientes para impedir la recesión.  El recurso lógico a los estímulos fiscales tampoco terminó con la débil recuperación. Pero aumentaron notablemente los déficits fiscales que junto al estancamiento de la economía real, condujo a una rápida expansión de la deuda pública.
 
La crisis de la deuda soberana en los países de la periferia europea (PIGS), se manifestó como una crisis del Euro. La abundante liquidez que los bancos centrales proporcionaron a estos países, no cambió su situación. Estos países fueron obligados a recortar sus déficits y su deuda para permanecer como miembros de la Eurozona. El conflicto se trasladó de Estados Unidos a Europa, y de la deuda privada a la deuda pública, pero los efectos políticos del problema del déficit fiscal (el reciente triunfo de los republicanos en Estados Unidos, por ejemplo), que es común a ambos, es decir, las presiones por su reducción, está minando las posibilidades de un nuevo estimulo fiscal. El escenario de austeridad y los signos de una tímida recuperación, revelan entonces que “el crecimiento sostenido permanece como una tenue perspectiva a ambos lados del atlántico” (Gualerzi, 2014).   
 
Sin embargo, lo que está en cuestión es si las políticas de ajuste están en el camino del crecimiento sostenido. También está en cuestión el papel de los estímulos fiscales como el mecanismo activador de un crecimiento sostenido. Lo que sostienen diversos analistas es que no está claro que la reanudación del crecimiento ocurra sobre las mismas fuentes y mecanismos que dieron lugar a la expansión económica que caracterizó al periodo de post guerra. Tampoco está claro, como se deduce de diversos análisis sobre la crisis actual, qué sectores liderarán el crecimiento. Lo que es más probable, entonces, es un escenario internacional de estancamiento económico prolongado.
 
El INEI y el optimismo de algunos economistas criollos
 
Dado este escenario internacional, tienen razón aquellos economistas que sostienen que es una ilusión esperar que la economía peruana crezca en los próximos años a tasas de 5 o 6% promedio anual. Pero no tienen razón cuando dicen que el actual enfriamiento de la economía podría revertirse significativamente con solo políticas monetarias y fiscales expansivas. Es lo que piensa, por ejemplo, el FMI para el Perú. La equivocación está en suponer que se puede reanudar el crecimiento sobre las mismas bases que explicaron el auge de económico de la última década. No toman en cuenta que la estructura productiva resultante de este auge, ya no es la misma que la de hace quince o veinte años. El crecimiento primario exportador y liderado por los sectores no-transables, provocó un cambio en la estructura productiva al limitar la expansión de la producción manufacturera y agrícola. En consecuencia, políticas contracíclicas de impulso a la demanda, si bien tienen el signo correcto, podrían derivar, más temprano que tarde, en problemas inflacionarios y de balanza de pagos.
 
Las cifras del INEI no revelan la profundidad de la desaceleración.  La economía está creciendo a tasas cercanas a la unidad, porque crecen los servicios. La producción de la agricultura, la pesca y la manufactura, en conjunto, están decreciendo a tasas de 2.5%, 8.3%, 3.4% y 2% desde mayo de este año. Los únicos sectores que crecen, según las cifras del INEI, son Comercio y Servicios, y lo están haciendo a tasas que en promedio se aproximan al 5%. En estos sectores terciarios los que más crecen son Finanzas y Seguros, Servicios Prestados a Empresas y Restaurantes y Hoteles.
 
Es claro, entonces, que la oferta de producción de bienes está decreciendo con lo cual el producto potencial ya no puede estar creciendo a la tasa de 5%, a menos que para el INEI y para algunos economistas, el producto potencial debe crecer a la tasa que crecen el comercio y los servicios.    
  
A modo de Conclusión
 
Si la tasa de crecimiento del producto potencial se reduce notablemente, las presiones de demanda, originadas por las políticas contracíclicas, generarán presiones, sobre la balanza de pagos y sobre los precios de los bienes. Además, no hay que olvidar que las importaciones representan cerca del 112% de la producción manufacturera y agrícola en conjunto.
 
 
 
 
 
Publicado en el Diario UNO, el sábado 15 de noviembre.

Fecha Publicación: 2014-11-08T13:17:00.000-08:00
La desaceleración del crecimiento ha vuelto a poner en debate las causas de la informalidad. Rafael La Porta y Andrei Shleifer (Informality and development, JEP, Summer 2014), hacen un excelente resumen de las explicaciones más conocidas y difundidas.
 
La crítica explicaciones más difundidas
 
En primer lugar está la explicación que proviene de los trabajos de Hernando de Soto según la cual la informalidad es el resultado de la sobrerregulación estatal. Así, la existencia de altas tasas de informalidad son las que explicaría el lento crecimiento de la productividad. Por lo tanto, eliminando su causa (las barreras a la entrada)  y «formalizando» los títulos de propiedad, se impulsaría el aumento de la productividad y el crecimiento económico. No hay experiencia en el mundo que evidencie que la receta de las desregulaciones haya sido la fuente de los ciclos de crecimiento de las últimas décadas. Precisamente los países donde una parte importante del empleo es informal, implementaron desregulaciones en distintos mercados, en consonancia con el recetario neoliberal.
 
En segundo lugar está la explicación que coincide con la posición del Mckinsey Global Institute y que describe a las empresas informales como como «parásitos que compiten injustamente con las empresas formales respetuosas de la ley». Las empresas y trabajadores informales disfrutan de ventajas evitando las regulaciones y evadiendo impuestos. Esta explicación, como afirma La Porta y Shleifer, es cínica. No toman en cuenta que la casi totalidad de los trabajadores informales tiene baja calificación, bajos ingresos y baja productividad. Tampoco consideran que las empresas informales son las que «emplean» a este tipo de trabajadores.  
 
La informalidad expresa la existencia de pobreza y de una extendida baja calidad en las condiciones de vida de la gran mayoría de los trabajadores. Hay, por lo tanto, una tercera explicación que sigue la ruta de los teóricos del desarrollo (Lewis, Kalecki, Todaro, Ros y otros). Para estos la informalidad es un «subproducto de la pobreza». El mundo formal es opuesto al sector informal. Empresarios y trabajadores informales son de baja calificación y productividad; operan pequeñas empresas con poco capital y sus productos tienen muy poco valor agregado y, por lo tanto, no compiten con los que generan las empresas que usan tecnologías modernas. No son las regulaciones, sino sus montos facturados y su propio atraso tecnológico y baja productividad, los factores que les impiden transitar a la categoría de formales. Las desregulaciones, entonces, no son el camino para impulsar el crecimiento y menos en la coyuntura externa actual. 
       
Estilo de crecimiento e informalidad
 
El crecimiento de la economía ayuda a disminuir la informalidad, pero lentamente, dicen La Porta y Shleifer. Entre 1990 y 2012 el PBI per cápita aumentó 2.1 veces, pero la fuerza laboral creció tan rápido como el producto per cápita; por lo tanto, «gran parte de la absorción de la mano fue hecha por el sector informal». A pesar del alto crecimiento económico de la última década, aumentó la participación de los trabajadores informales en el total del empleo, aunque el nivel del empleo formal aumentó de 5 a 8 millones. Efectivamente, según el INEI, el 74.3% del total de la PEA ocupada en 2012 era informal (57% se encontraba en el sector informal –que participa con 20% en la generación del PBI--  y 17.3% fuera de él).
 
Para La Porta y Shleifer el más importante factor que impide o limita el tránsito hacia la formalidad es la «escasez de empresarios educados». El porcentaje de empresarios y trabajadores informales calificados es muy reducido. La informalidad es alta en los países pobres –dicen estos autores--, porque sus empresarios son improductivos; tienen escasez de oferta de empresarios educados. En consecuencia, para disminuir la informalidad hay que aumentar esta oferta.
 
No hay duda que empresarios y trabajadores informales tienen bajísima productividad y casi ninguna calificación. Pero esta situación es resultado de un estilo de crecimiento y acumulación de capital que no expande la capacidad productiva industrial y agroindustrial, y que no moderniza la agricultura donde se encuentra cerca del 50% del empleo informal. Este estilo de crecimiento que se inicia en 1990, ha aumentado la participación en el empleo de los sectores terciarios (comercio y servicios) de baja productividad. Esta participación pasó de 36.3% en el período 1960-1980, a 53.9% en el período 1990-2010.
 
Estos períodos se diferencian por los distintos ritmos de acumulación de capital per cápita (véase gráfico). En 1960-1980, el stock de capital per cápita aumentó 43.5%, mientras que en el segundo 1990-2010 aumentó solo 10.9%. El más alto crecimiento del capital per cápita ocurrió en los años 2010-2013: aumentó 14.9%. En todo el período 1990-2013, el aumento del capital per cápita fue de 26.9%.
 
 
 
 
A modo de Conclusión
 
En consecuencia, este más lento crecimiento del capital per cápita que caracteriza al período neoliberal es lo que explica el alto porcentaje de informalidad en el Perú. No aumenta la participación de la inversión en maquinaria y equipo como en el primer período, porque crece más la inversión en construcción (véase gráfico). Y este relativo rezago de la inversión en maquinaria y equipo se debió a la pérdida de liderazgo de la industria manufacturera en el crecimiento económico.
 
 
 
 
 Publicado en el Diario UNO, el sábado 08 de noviembre

Fecha Publicación: 2014-11-03T05:45:00.004-08:00
Los voceros oficiales del gobierno están pronosticando una franca recuperación de la economía el año 2015; aunque para este año 2014, tanto el MEF como el BCR han bajado notoriamente sus pronósticos y ahora apuestan por un crecimiento alrededor de 3.0%. El 2015 será mejor –dicen- y pronostican una tasa de crecimiento del PBI de 6%. El ministro de economía ha dicho que para impulsar el crecimiento se «reducirán los costos de transacción y la informalidad» (es decir, la sobrerregulación y las trabas y barreras burocráticas). Por su parte, el titular del Banco Central dijo que la economía crecerá 6% el 2015 «solo si se recupera la inversión pública, se realizan a tiempo las concesiones otorgadas y los proyectos mineros no encuentran nuevas trabas».

El contexto externo: estancamiento y desorden global

La desaceleración económica se debe fundamentalmente a un cambio de signo en el contexto externo. La demanda externa por los productos que exportamos no recupera las tasas de crecimiento que registró en los años previos a la crisis de 2008-2009. Los precios de los minerales ya no crecen, y China ha disminuido su tasa de crecimiento hasta cerca del 7%. Por otro lado, Estados Unidos acaba de poner fin a su programa mensual de compras de bonos, no obstante que no se registran aumentos significativos en el empleo y en la producción, ni incrementos notables de la inflación. Aunque todavía mantendrá su tasa de política cerca de cero, es claro que en un futuro cercano elevará las tasas de interés, provocando salida de capitales de los países como el nuestro.

Según J. Bradford DeLong, profesor de economía de la Universidad de Berkeley- California, es muy probable que el desempeño de la economía internacional en los próximos cinco años sea similar al que tuvo durante los últimos dos años. A esto hay que agregarle un escenario político mundial más conflictivo, un desorden global de duración impredecible, asociados al conflicto en Medio Oriente, inestabilidad en Europa por las intervenciones de Rusia en algunos territorios de su antiguo imperio, y los conflictos territoriales en parte de Asia. Este desorden dificultará aún más la recuperación de la economía internacional.

En consecuencia, ni las concesiones otorgadas a tiempo ni los proyectos mineros sin trabas, y menos la reducción de los «costos de transacción», asegurarán un crecimiento sostenido de la economía peruana a partir de 2015 a tasas superiores al 4% promedio anual.

Los efectos de la desaceleración del crecimiento

La tasa de crecimiento del PBI se ha derrumbado: cayó desde 5.1% anual en el primer trimestre de este año a 1.7% en el segundo trimestre. Lo más probable es que el año termine con una tasa de crecimiento por debajo del 3%. Es importante señalar, sin embargo, que esta tasa de crecimiento será sólo el resultado del crecimiento de algunas actividades terciarias de servicios, que aportan muy poco a la generación de capacidad productiva per cápita. La inversión privada en los dos primeros trimestres del año con respecto a similar periodo del año anterior ha disminuido en 1.5%; y, la inversión pública prácticamente no ha crecido (0.5%). Cuando la capacidad productiva per cápita no crece o se estanca, se expande el sector informal y el subempleo.

De otro lado, las exportaciones ya no aumentan como en los años de alto crecimiento del PBI. Entre agosto de 2011 y agosto de 2014, las exportaciones tradicionales se redujeron en 36.4%. Esto explica que la desaceleración de la economía se debe fundamentalmente a la contracción de la producción minera. Por otro lado, en el período comprendido entre diciembre de 2011 y agosto de 2014, las exportaciones de productos no-tradicionales se mantuvieron en una promedio de US$ 929.62 millones mensuales, con leves fluctuaciones y sin tendencia al crecimiento. El estancamiento de estas exportaciones explica el otro factor de la desaceleración económica: la contracción de la producción manufacturera.

Con la desaceleración económica también se desacelera el crecimiento de los ingresos tributarios del Estado. Su tasa de crecimiento se reduce significativamente: de 17.5% en 2011, baja a 11.8% en 2012 y a 6.4% en 2013. Si la tendencia registrada entre los meses de enero y setiembre de este año continúa, la tasa de crecimiento de los ingresos tributarios se ubicara este año alrededor de solo 4%. El monto de la tributación minera durante los tres primeros trimestres del año, es menor en 38.1% del total de la tributación efectuada en similar período del años 2013. Como se comprenderá, este comportamiento de los ingresos tributarios hace peligrar el sostenimiento de los gastos sociales del Estado.  

A modo de conclusión

Los últimos gobiernos, fieles al recetario neoliberal, no aprovecharon la oportunidad para incrementar la inversión pública en infraestructura económica y social. Durante los años 1990-2000, la inversión pública ascendía al 4.4% del PBI. Este porcentaje se redujo ligeramente a 4.3% en los años de alto crecimiento 2003-2013. Durante el segundo gobierno de Alan García se registró el mismo porcentaje de 4.3%, y en los tres años que lleva el gobierno de Humala la inversión pública aumentó hasta representar solo 5.3% del PBI. Dado nada asegura que los ingresos tributarios aumenten como en los años de alto crecimiento económico, no hay razones para esperar que los gastos en inversión pública aumenten de manera sustancial. Finalmente, si la inversión pública crece en magnitudes que permitan sostenerla en 5.3% del PBI, no será suficiente para reproducir el promedio de las tasas de crecimiento económico de la última década.    





Pubicado en el diario UNO, el sábado 1 de noviembre.

Fecha Publicación: 2014-10-25T14:25:00.003-07:00
La economía peruana ya no contará, por mucho tiempo más, con un contexto externo favorable (tasas de interés bajas, crecientes influjos de capital, altos precios de los minerales, y demanda externa en aumento), que fue el motor de su alto crecimiento en la última década, pero también la fuente de su vulnerabilidad ante shocks externos adversos. En consecuencia, ha llegado la hora de cambiar el actual estilo de crecimiento neoliberal. 
 
Baldwin sobre el Plan de diversificación productiva
 
Este cambio no será posible con el plan de «diversificación productiva» del actual gobierno. Esto es lo que le dio a entender Richard Baldwin a su principal promotor, el ministro Ghezzi. El profesor Baldwin --del Graduate Institutede Ginebra y que  estuvo en Lima la semana pasada invitado por la PUCP--, le dijo a Ghezzi que no es posible lograr la diversificación productiva insertando las unidades productivas peruanas en las cadenas de valor de la economía global.
 
Los argumentos de Baldwin fueron elocuentes. No hay capacidad tecnológica y no se puede competir con aquellas economías que se encuentran más cerca de las economías de Estados Unidos, Alemania o Japón que son las que tienen el liderazgo en la tecnología. Sabemos, además, que las estrategias y el dinamismo de las cadenas globales de valor son definidos por las grandes empresas transnacionales. Perú, por lo tanto, no podría actuar activamente en las cadenas. Si la participación en las cadenas globales fuera posible, tampoco permitiría superar la vulnerabilidad externa de la economía, exacerbada por las políticas neoliberales de las últimas décadas.
 
Ghezzi cree que el Estado debe intervenir en la economía solo donde hay «fallas de mercado». No sabe que en la sierra y en la selva del Perú, no hay mercados, y los pocos que existen son reducidos y poco dinámicos. Es posible que tampoco lo supiera Richard Baldwin, pero saberlo no era necesario para sostener una concepción de la intervención del Estado distinta. «Estoy convencido de que cuando se trata del desarrollo de un país –dijo--, es importante que el gobierno se involucre en el proceso de industrialización. Diversificar y generar industrias fuertes debe manejarse igual que desarrollar una nueva área urbana, necesitas a alguien que decida por dónde irán las carreteras, la tuberías y los cables de electricidad».  
 
No sabemos si Ghezzi y Baldwin conversaron sobre los otros dos ejes del plan de «Diversificación Productiva». Sin embargo, queda claro que si Perú no puede participar activamente en las cadenas globales de valor, tampoco tiene sentido su segundo eje: las desregulaciones (Ghezzi las denomina «perfeccionar las regulaciones») en las áreas laboral, de salud y medioambiental. El plan de Ghezzi propone ganar competitividad de manera espuria, abaratando costos mediante desregulaciones.  El tercer eje del plan es más vacuo. Se desea incrementar la productividad sin desarrollar la industria ni la agricultura. La productividad no es concebida como resultado macroeconómico endógeno.
 
¿Diversificación a través de los servicios?
 
Por otro lado, Baldwin propuso como una opción para el Perú, el desarrollo del sector Servicios. Dijo que se podría empezar creando un clúster de servicios en torno a la minería, porque la demanda por estos servicios (ingeniería, logística, finanzas, etc.) ya existe. Mencionó la experiencia de Nueva Zelanda, Noruega y Australia, donde el motor del crecimiento es el mercado interno impulsado por los servicios. Asimismo, propuso desarrollar la agricultura con alto valor agregado.
 
¿Es viable una estrategia de desarrollo a partir de los servicios? En los sectores Servicios y comercio, se encuentra el mayor porcentaje de la PEA ocupada de baja calificación y de baja productividad. Además, la agricultura, básicamente tradicional, es la actividad productiva predominante en las regiones de la sierra y de la selva peruana; y, es un sector que explica un poco más del 30% del empleo, también de baja calificación y productividad. No creo, por lo tanto, que las actividades de servicios sean las impulsoras de la diversificación productiva y los motores de un nuevo estilo de crecimiento. Los servicios con alta productividad (las finanzas, los seguros, los servicios comerciales, la información y las comunicaciones), demandan trabajadores altamente calificados y no tienen capacidad para absorber a los trabajadores no especializados, de baja calificación e informales, que son los que abundan en los sectores terciarios. Las actividades de comercio y otros servicios son los principales «empleadores» de este tipo de trabajadores.
 
La manufactura, en cambio, tiene mayor capacidad de absorción de empleo. Por los encadenamientos que genera, multiplica los empleos y los ingresos, y eleva la productividad del conjunto de la economía. La manufactura es un auténtico motor del crecimiento del producto y de la productividad del trabajo. Como sostiene Kaldor, cuando crece el producto, crece la productividad del trabajo «como resultado de la presencia de rendimientos crecientes a escala en las manufacturas». Por lo tanto, el desarrollo industrial manufacturero es, por esta misma razón, el que permite endogenizar el crecimiento económico.
 
A modo de conclusión
 
«Con la manufactura –dice Rodrik—los países en desarrollo pequeños podrían prosperar a partir de algunos éxitos en la exportación y diversificarse secuencialmente en el tiempo: ahora camisetas, después montaje de televisores y hornos de microondas y así sucesivamente, ascendiendo por la cadena de los conocimientos técnicos y del valor. En cambio, en los servicios el éxito continuo requiere aumentos simultáneos y complementarios de la productividad en el resto de la economía. De modo que sigo siendo escéptico sobre la posibilidad de que un modelo impulsado por los servicios  brinde un crecimiento rápido y buenos puestos de trabajo como sí lo puede hacer la manufactura».
 
 
Publicado en el diario UNO, el sábado 25 de octubre.
 

Fecha Publicación: 2014-10-19T21:32:00.000-07:00
En agosto, al igual que en los meses anteriores, el PBI no crece. La tasa de aproximadamente 1% que registra el INEI solo se explica por el enigmático crecimiento de los sectores terciarios como Financiero y Seguros (12.32%), Servicios Prestados a Empresas (5.81%) y Otros servicios (4.08%) en el que se incluyen los servicios personales. Mientras los sectores primario y secundario no crecen, estas actividades del sector terciario crecen y a tasas altas. Se han vuelto curiosamente contra-cíclicos; actúan como estabilizadores automáticos (hecho que el INEI tiene la obligación de explicar).
 
Estilo de crecimiento e informalidad
 
El crecimiento no puede sostenerse si su motor externo no se recupera. Cuando se apagó este motor externo, se evidenciaron los efectos negativos del crecimiento neoliberal. No hay motores internos en buenas condiciones. No se creció con progreso tecnológico y desarrollo industrial. Se descuidó el agro. Se creció afectando a los sectores transables con una sostenida apreciación del tipo de cambio real. Se estimuló la expansión de los sectores Comercio, Servicios y Construcción que absorben el 63.5% del empleo, mal remunerado y de baja productividad. (Estos sectores explican el 74.2% del PBI. Si le agregamos la agricultura, que sigue siendo básicamente tradicional, los cuatro sectores explican el 87.7% del empleo y el 81.3% del PBI). Se creció desregulando los mercados, en especial el mercado de trabajo; debilitando las organizaciones sindicales; deteriorando la calidad de la educación; y, aumentando la desigualdad. Se creció, en fin, con salarios reales estancados, subordinando los intereses nacionales a los objetivos del capital transnacional y descuidando el desarrollo de los mercados internos.
 
Más de dos décadas de neoliberalismo generó una economía menos industrial y menos agrícola, y más dependiente de importaciones. La notable expansión de las importaciones tuvo que haber limitado y/o desplazado a la producción local manufacturera y agrícola.  Por eso crecieron más las inversiones en construcción que en equipamiento y maquinaria para este tipo de actividades productivas. La acumulación de capital que acompañó al estilo de crecimiento neoliberal no expandió, entonces, la capacidad productiva per cápita, con lo cual tampoco crecieron significativamente las oportunidades de empleo en las actividades transables como la manufactura.
 
Cuando no se expande la capacidad productiva per cápita, la oferta de trabajo no crece a tasas suficientes para absorber el subempleo y reducir la informalidad. Así, después de dos décadas de neoliberalismo el empleo informal sigue siendo alto: 70.5% del empleo total. Más de 11 millones de trabajadores perciben bajos ingresos, tienen baja calificación profesional y solo una fracción reducida de estos trabajadores cuenta con aseguramiento social.
 
El estilo de crecimiento neoliberal mantiene la informalidad, porque no expande la inversión privada local o nacional, no genera cambio técnico endógeno y tampoco estimula el desarrollo de la competitividad internacional sobre la base de la productividad y de salarios reales crecientes. En consecuencia, la desaceleración actual puede conducir al estancamiento económico y con ello al aumento del subempleo y la informalidad.        
 
Desregulación e informalidad
 
Hay economistas, y también aficionados a la economía, que creen que la sostenida desaceleración de la tasa de crecimiento del PBI puede revertirse con más desregulaciones (laborales y ambientales). Están convencidos, por ejemplo, que la informalidad tiene como causa “las regulaciones y la escasa flexibilidad laboral”. No hay relación, para ellos, entre la informalidad y el relativo estancamiento de la capacidad productiva per cápita provocado por el actual estilo de crecimiento.
 
Reducir la informalidad  ---se dice— es requisito fundamental para relanzar el crecimiento. Desregulando el mercado laboral (eliminando el salario mínimo y reduciendo a su mínima expresión los costos no salariales), disminuirá la informalidad, aumentarán las inversiones y la competitividad internacional de las empresas y, por lo tanto, se reactivará la economía.
 
Es falso que los costos no salariares sean altos. Chile tiene un salario mensual promedio de 725 dólares y un costo no salarial de 32%. Perú, por su parte, tiene un salario mensual promedio de 409 dólares y un costo no salarial de 59%. De aquí no se deduce que Perú tenga los costos no-salariales más altos. La lectura correcta debería ser que Perú tiene el salario mensual promedio más bajo. Si el salario promedio de Perú fuera igual al de Chile, los costos no salariales representarían sólo el 33.2%.
 
A modo de Conclusión
 
Por último, el deterioro de los estándares laborales y ambientales conspira contra el objetivo de fortalecer la democracia. Adam Smith, en su Teoría de los Sentimientos Morales, publicado en 1759, decía que la «disposición de admirar y a casi reverenciar al rico y al poderoso, y a despreciar o por lo menos, a no prestar atención a las personas pobres y de condición media es, al mismo tiempo, la gran y más importante causa universal de la corrupción de nuestros sentimientos morales» (Parte I, Capítulo III, 3.1).
 
 
 
 
Publicado por el Diario UNO el sábado 18 de octubre

Fecha Publicación: 2014-10-14T09:14:00.000-07:00
La persistencia de la fragmentación «política» así como la presencia de un alto porcentaje de candidatos con antecedentes de corrupción y de actos ilícitos, es atribuida, por una de las explicaciones más sofisticadas, a la existencia de un vasto sector informal popular cuyas necesidades son recogidas por alguno de estos candidatos en una suerte de contrato implícito: me das tu voto y yo a cambio no me inmiscuyo en tu conducta informal pero te ayudo a resolver tus necesidades básicas. Este tipo de contrato implícito prolifera, se dice, porque no hay partidos ni políticos con «propuestas sostenibles de reformas que hayan logrado involucrar a esos sectores mayoritarios». Pero, no se dice por qué no hay esos partidos ni esos políticos.

La explicación alternativa y el neoliberalismo
En nuestro país la corrupción en la «política» tiene una larga historia, pero su generalización a nivel de todos los poderes del Estado hasta el punto de degradar la naturaleza de la función pública, es reciente. Empezó durante el primer gobierno de Alan García  y se exacerbó durante el «fujimorato» y la imposición del neoliberalismo. El inicio de este período de corrupción generalizada coincidió con la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, hechos que dieron lugar a una crisis de las ideologías, principal fuente de identidad de los partidos políticos de ese entonces. Lo que siguió fue una crisis de estos partidos, principales usufructuarios de las ideologías que dominaron gran parte del siglo XX.

Con la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría desapareció el competidor ideológico del modelo constitucional democrático. Esta desaparición facilitó la propagación de los postulados democráticos por casi todos los países del mundo, pero al mismo tiempo, puso al descubierto sus debilidades y, en países como el nuestro con escasa historia democrática, estas debilidades de la democracia constitucional se revelaron en forma más dramática: proliferaron «políticos» y agrupaciones «políticas» que degeneraron y pervirtieron la esencia misma de la democracia. Fue el golpe de muerte a los partidos políticos y/o a sus principios y programas que les dieron origen.
La crisis se exacerbó con la llegada del neoliberalismo que colocó a la libertad económica en el mismo nivel que las demás libertades individuales. Se fomentó el individualismo, desacreditando el interés público, se privatizaron los servicios públicos y se destruyeron funciones sociales importantes del Estado. Los grupos de poder privados penetraron las instituciones de casi todos los poderes del Estado, desnaturalizando el papel de la  función pública. Con el neoliberalismo, entonces, se agudizó la crisis del modelo constitucional democrático en nuestro país: el fomento del individualismo (de la tiranía de los individuos, diría Todorov) puso en peligro el bienestar de toda la sociedad. El funcionamiento real de la democracia se alejó así de los principios que lo inspiran; y la vida política se convirtió en una lucha por el «botín del poder». La lógica de la política como lazo de conexión social fue desplazada como nunca por la lógica del poder y del tráfico mercantil.

El modelo económico neoliberal
El neoliberalismo, además, reforzó un estilo de crecimiento rentista o extractivista, que mantiene a la economía desconectada de la geografía y la demografía, y que tiene efectos sociales y ambientales nocivos. Los conflictos sociales regionales y locales proliferan porque los frutos del crecimiento no se distribuyen por igual. Es un estilo de crecimiento que se funda en la minimización del papel económico del Estado, que fomenta la especialización en la producción y exportación de materias primas, que crea enclaves que no tienen conexiones dinámicas con la economía interna, que no desarrolla los mercados internos y que alimenta la informalidad.

Por lo tanto, el estilo de crecimiento neoliberal no toma en cuenta los intereses de la comunidad nacional de la sierra y de la selva del país, ni de la periferia de las grandes ciudades. Además, el neoliberalismo fomenta una competencia internacional espuria basada en la supresión de los derechos de los trabajadores, el mantenimiento de los salarios reales estancados, y la desatención de los costos medioambientales de la explotación de los recursos primarios.
El neoliberalismo no fortalece, entonces, la institucionalidad democrática. Privilegia las inversiones extranjeras en la actividad primaria exportadora, beneficiándolas con contratos de estabilidad tributaria y otras exoneraciones. Favorece la especialización en actividades primarias sin mayor transformación que dependen de los mercados externos, en lugar de promover la creación y el desarrollo de mercados internos, la diversificación productiva y la innovación.  

En suma, el neoliberalismo ha erosionado la institucionalidad democrática de nuestro país y han vuelto a truncar la culminación de la construcción de un Estado Nacional soberano.
A modo de conclusión

Sin embargo, la crisis descrita no ha desaparecido el principio democrático. Sigue vigente la fuente de su legitimidad. Pero se precisa de reformas que permitan convertir a los electores en ciudadanos, superar la concepción de la democracia como solo un  procedimiento institucionalizado, controlar y vigilar a los representantes elegidos, respetar la diversidad cultural y promover una verdadera descentralización política, y hacer énfasis en la virtud cívica de los ciudadanos y en su participación responsable en los asuntos públicos bajo un marco legal e institucional adecuado. Estas reformas democráticas deben basarse, además, en una concepción de la libertad como no-dominación, y en la consideración del Estado y del mercado como instituciones sociales indispensables y no contrapuestas.



Publicado en el Diario UNO, el sábado 11

Fecha Publicación: 2014-10-04T11:11:00.000-07:00
El proceso electoral que culmina el próximo 5 de octubre, ha revelado no solo la persistencia de la fragmentación «política» (muchos candidatos para una misma presidencia regional o para una misma alcaldía), sino también la presencia de un alto porcentaje de candidatos con antecedentes de conducta corrupta, de violaciones a la legalidad o con  vinculaciones con el narcotráfico. La pregunta que surge de este dato real es: ¿qué deficiencia muestra la democracia peruana para que en una contienda electoral predomine este tipo de candidatos sobre otros con antecedentes honorables? ¿Por qué este tipo de candidatos (que «roban pero hacen obras») logran el apoyo de vastos sectores de la población? El caso paradigmático, conocido por todos, es el del candidato Castañeda a la alcaldía de Lima  Metropolitana denunciado por el caso Comunicore y, después, sorprendentemente absuelto. Este candidato es el favorito de la población frente a la candidata a la reelección Susana Villarán, con una gestión proba, no corrupta, pero a diferencia del primero vilipendiada por la derecha desde que asumió el cargo. 

Dos explicaciones insuficientes
Entre lo que se ha escrito sobre esta situación hay dos explicaciones, a nuestro juicio, insuficientes. En primer lugar, está la explicación más sofisticada, pero circunscrita a Lima Metropolitana. Ese tipo de candidatos tiene el apoyo –aunque solo sea un apoyo bastante pasivo--, porque junto con no afectar a un vasto sector informal de la ciudad, atiende las necesidades básicas de sus sectores populares. La explicación de este apoyo no está ni en la naturaleza corrupta del candidato, ni en la incapacidad de votar «bien» de parte de los sectores que lo apoyan; sino en el hecho que el candidato con sospechas de corrupción y de actos ilícitos, ha sido capaz de «recoger las necesidades de los sectores populares para transformarlas en políticas públicas».  

Los que sostienen esta explicación se adelantan a responder otra pregunta: ¿por qué el honesto y que hace obras (como Susana Villarán, por ejemplo) no tiene el apoyo popular? Se responden, porque no hay partidos ni políticos con «propuestas sostenibles de reformas que hayan logrado involucrar a esos sectores mayoritarios». Pero, no dicen por qué no hay esos partidos ni esos políticos.
La segunda explicación, es trivial y contradictoria. No obstante que los sectores populares saben que su candidato es corrupto, están dispuestos a votar por él. ¿Por qué? Porque no hay élites políticas ni administrativas dignas de imitar ni instituciones inclusivas e igualitarias.  En el Perú las «élites nunca han tenido un comportamiento ejemplar; son excluyentes, prepotentes y abusivas con los sectores populares. Practican la separación social, una forma de «convivencia» paralela con estos sectores populares «informales». La consecuencia es que estos sectores viven entre la legalidad y la ilegalidad, y como no pueden “derrotar a esas elites”, se unen a ellas.  Se sienten incluidos identificándose con el candidato corrupto a través de la mediación de las obras que éste hace. Este nexo entre las elites corruptas y los informales es «lo único que la política puede hacer». Pero, adelantándose a una crítica inmediata, los que sostienen esta explicación dicen: «pensar que todo está perdido sería un error», porque «los excluidos, los discriminados, votan por aquellos candidatos que critican el sistema político y económico  y que cuestionan las desigualdades sociales». ¿En qué quedamos?

Una explicación alternativa a modo de hipótesis
En nuestro país, candidatos y elegidos, ministros, jueces y magistrados, y otros altos funcionarios, en connivencia con sujetos privados, se benefician de los recursos públicos o practican la política de la «puerta giratoria» degradando con este tipo de conducta la naturaleza de la función pública. Esta práctica se hizo más visible y zafia desde los años noventa del siglo XX, con el «fujimorato» que introdujo las reformas y políticas neoliberales. Pero, el inicio del período neoliberal en nuestro país coincidió con la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, hechos que tuvieron un efecto fulminante en las ideologías y que, en países como el nuestro, generó un profundo vacío interpretativo de sus problemas y fenómenos reales. Ser importadores de doctrinas ideo-políticas,  nos dejó desvalidos, acelerando la crisis de sus principales usufructuarios, los partidos políticos; de todos los partidos, porque esa crisis también puso en evidencia las debilidades de la institucionalidad democrática de nuestros países. 

Por lo tanto, cuando el funcionamiento real de la democracia constitucional  choca con los principios que lo inspiran, «una ola de desafección por los mecanismos y prácticas políticas», invade a las democracias.  «En semejante contexto --dice Eloy García— se multiplican los episodios individuales de violación de las reglas de conducta de los gobernantes, en un tiempo en que la perdida de ideología de los partidos convierte a la vida política en una lucha por el botín del poder».
A modo de conclusión

La crisis política por la que atraviesa nuestro país tiene que ver, entonces, con la ausencia de principios ideo-políticos sólidos provocada por la crisis de las ideologías y con la pérdida del sentido de la política y de su arraigo en la población.


Publicado en el Diario UNO el sábado 4 de octubre

Fecha Publicación: 2014-09-27T10:49:00.000-07:00
La Mirada hacia el Futuro del ministro Segura es optimista (véase su artículo con el mismo título publicado el 21-09-2014). Reconoce que los factores externos contribuyeron de manera determinante en el enfriamiento de la economía, pero a renglón seguido afirma que lo peor de la desaceleración ya pasó. ¿Cómo llega a esta conclusión? Los datos del contexto externo no muestran signos de recuperación sostenida. Por ejemplo, los precios del oro y del cobre, principales productos de exportación siguen con una tendencia a la baja. El precio de la onza de oro está disminuyendo después de haber alcanzado el pico de $ 1,881.6 en agosto de 2011 y esta reducción se acelera en lugar de revertirse después de octubre de 2012 cuando su precio alcanzó la cifra de $ 1,781.8. Su precio actual es de $ 1,209.7. De otro lado, el precio de la libra de cobre también registra una tendencia a la baja: de un pico de $ 4.57 en enero de 2011 se ha reducido a $ 3.06 en la última semana de este mes.
 
Si por el lado del sector externo no hay signos de mejora, decir que habrá una recuperación del crecimiento en los próximos meses, en la lógica del ministro, es creer que esto ocurrirá por obra de las «reformas e iniciativas ya en marcha». El ministro cree que las medidas puestas en marcha por Castilla (las desregulaciones ambientales, el abaratamiento de los costos, en especial, del trabajo, la eliminación de la «tramitología» publica) y otras «medidas adicionales en los ámbitos tributario y laboral», serán las nuevas fuentes de crecimiento económico.
 
El olvido del desarrollo industrial
 
En línea con el segundo eje del Plan Nacional de Diversificación Productiva, dice el ministro, elaborarán normas para que las propias entidades públicas diseñen, propongan y remitan «iniciativas de simplificación de sus procesos, en un breve plazo». Al igual que este plan, el ministro Segura no alude en absoluto a la necesidad de apuntalar el desarrollo industrial como la fuente alternativa de generación de crecimiento y modernización del país. Al igual que el anterior ministro, el actual no se atreve a cambiar el actual estilo de crecimiento y acumulación de capital.
El desarrollo industrial es el camino al desarrollo, es la ruta para elevar el nivel de vida de la población. La experiencia histórica lo muestra: Inglaterra, en el siglo XIX; Alemania, Estados Unidlos y Japón, en el siglo XX; y, más recientemente Corea, Taiwán y China. Subordinar la industria manufacturera al modelo primario exportador, es dañar su capacidad de multiplicar los empleos e ingresos. Esto es lo que pasó en los últimos 20 años. La pérdida de liderazgo de la manufactura, afectó el crecimiento de su productividad y debilitó la capacidad de absorción de empleo en sus actividades de alta productividad. El resultado fue que los sectores terciarios de baja productividad continuaron manteniendo una alta participación en el empleo de baja calificación e ingresos.
El crecimiento de la productividad en el período neoliberal
Hay dos factores que explican el crecimiento de la productividad total del trabajo: el efecto crecimiento de la productividad en los mismos sectores y el  efecto reasignación del empleo entre sectores. Cuando la manufactura lidera el crecimiento, de acuerdo con la literatura especializada, la reasignación del empleo ocurre de los sectores de baja productividad hacia sectores con niveles más altos de productividad.
Para evidenciar los efectos de las políticas neoliberales, compararemos el crecimiento de la productividad total del trabajo en los períodos 1950-1975 y 1993-2010. El primero incorpora cerca de dos décadas de un estilo de crecimiento liderado por la industria manufacturera; y, el segundo corresponde al estilo de crecimiento exportador neoliberal, liderado por los sectores primario (minero) y terciario (comercio y servicios).
La industria manufacturera explica un poco más de la quinta parte (21.8%) del crecimiento de la productividad total del trabajo durante el período 1950-1975. El 75.5% del aumento de esta productividad corresponde al efecto crecimiento. La diferencia, el 24.5%, se debe al efecto reasignación. El 25.5% de este último efecto es explicado por la manufactura.
¿Qué ocurre en el período 1993-2010? Se desacelera el crecimiento de la productividad total del trabajo. Mientras en el primer período 1950-1975 crecía a una tasa promedio anual de 3.0%, en el segundo período lo hace sólo a la tasa promedio anual de 1.8%. La manufactura explica solo el 13.6% de este crecimiento. De otro lado, el 87.9% del aumento de la productividad se debe al efecto crecimiento, mientras que sólo el 12.1% se debe al efecto reasignación. Este último efecto es negativo en la manufactura. Los sectores terciarios (comercio y servicios son los que más contribuyeron con la reducción del crecimiento de la productividad total (60.5%) y son los que concentran el efecto reasignación (90.9%). Estos sectores y la construcción, aumentaron su participación en el empleo total. La manufactura, por su parte, perdió importancia. Su contribución total al crecimiento de la productividad fue similar a la del sector construcción, pero registró un efecto reasignación negativo. (Véase F. Jiménez, Empleo y mercado interno en el modelo neoliberal: Una nueva hipótesis sobre el subdesarrollo, 2012).

 
Publicado en el diario UNOI el sábado 27 de setiembre.

Fecha Publicación: 2014-09-20T18:17:00.000-07:00
La renuncia del ministro Castilla se produce en una coyuntura especial. Hay una confluencia de hechos económicos y político-institucionales que podría ser el inicio de una crisis de gobernabilidad de envergadura.

La naturaleza de la actual coyuntura
Por un lado, hay una espectacular caída del crecimiento económico cuyo origen se encuentra en la crisis y el posterior estancamiento de la economía internacional, y en el fin del incremento sostenido de los precios de los minerales que exportamos. El enfriamiento del mercado externo ha puesto en evidencia los límites y debilidades del modelo económico impulsado por las políticas neoliberales. Al efecto negativo sobre el crecimiento del actual contexto externo adverso, se suma la abrupta contracción de la inversión pública en el segundo trimestre de este año. La industria y la agricultura están debilitadas y sin capacidad para impulsar y sostener el crecimiento. La caída sistemática del tipo de cambio real ocurrida en los últimos ocho años, les hizo perder competitividad, al mismo tiempo que produjo una masiva penetración de importaciones que les redujo el mercado interno.

Por otro lado, en país experimenta una profunda crisis institucional, solo comparable a los años en que se puso en evidencia la corrupción del gobierno de Fujimori y Montesinos. Hay evidencia de que se gobierna con ministros que  favorecen a empresas privadas y grupos de poder económico (véase los Cornejoleaks). Pero existe, además, evidencia de corrupción en el poder judicial con el involucramiento de fiscales para favorecer a gobernantes regionales corruptos. Por el lado del Congreso hay una nueva correlación de fuerzas que no favorece al actual gobernante. A todo esto se agrega un proceso electoral para presidentes regionales y alcaldes teñido de participantes indecentes y denuncias de corrupción que llegan hasta los asesinatos de algunos candidatos. El país enfrenta entonces una crisis de su modelo económico y de su institucionalidad democrático-constitucional.
La privatización de la función pública
En el contexto descrito, Castilla, el ayer ministro y tercer personaje más poderoso del país, renuncia para proteger su imagen de ministro «estrella» y no mellar sus vínculos con la «pareja presidencial». Su renuncia fue una forma de  cubrirse y liberarse de una posible censura por parte del Congreso. El señor Castilla estaba en serios problemas. Presentó un proyecto de ley dentro del «paquete reactivador» que favorecía a la Corporación Lindley, representante en el Perú de Coca Cola Company, copiando los argumentos que esta Corporación utilizó en un proceso contra la Municipalidad de Lima. Este proyecto modificaba la Ley de Regulación de Habilitaciones Urbanas y Edificaciones, favoreciendo económicamente a dicha Corporación y perjudicando a SERPAR (Servicios de Parques de Lima). De otro lado, el exministro Castilla fue el que impuso el descuento compulsivo de los independientes para las AFP (norma que acaba de ser derogada). Él fue también el autor de los descuentos o condonaciones millonarias de deudas tributarias a grandes empresas, y el que ha transferido la actividad de estudios y propuestas sobre asociaciones público privadas (APP), que era responsabilidad del MEF, a una empresa privada conocida. Hay más, pero es suficiente para mostrar que este ministro fue el que, con el beneplácito de la «pareja presidencial», promovió la privatización del ejercicio de la función pública y empezó privatizándola en su propio ministerio. La privatización del ejercicio de la función pública y su ejercicio con intermediarios que favorecen a grupos privados, es contrario a su objetivo de servir al bien común y al interés nacional.

La medición del crecimiento económico
El exministro no se pronunció sobre los problemas de medición del PBI. O no se interesó por este tema, o estaba perfectamente enterado. Desde que se cambió el año base venimos señalando nuestras dudas sobre la manera cómo se mide el PBI, sobre todo cómo se mide la producción de aquellas actividades cuya información no se basa en encuestas periódicas especializadas. Es el caso, por ejemplo de la producción del sector «Servicios financieros, seguros y pensiones» que registra altas tasas de crecimiento precisamente cuando se está desacelerando la tasa de crecimiento del PBI (véase gráfico). Si se elimina de la contabilidad del PBI la producción de «Servicios financieros, seguros y pensiones», las tasas  de  crecimiento en  los meses de junio y julio  habrían sido,   aproximadamente, de -0.31% y de 0.57%, en lugar de 0.3% y de 1.16%. El Gráfico muestra que desde junio de 2013, se produce una sorprendente divergencia entre la tasa de crecimiento del PBI y la tasa de crecimiento del sector «Servicios financieros, seguros y pensiones». Este hecho debe estar morigerando la desaceleración de la tasa de crecimiento del PBI. 


A modo de conclusión
Al nuevo ministro de economía le toca la tarea de sincerar las estadísticas del PBI, fortaleciendo la capacidad técnica del INEI. La siguiente tarea es parar la privatización de la función pública. Es importante que haya fiscalización y evaluación de las APP aprobadas antes de su gestión. La información de estas evaluaciones debe publicarse en el portal del MEF. Debe, asimismo, gestionar la inversión pública con un plan de inversiones macroregional y local, para facilitar la expansión de las inversiones privadas nacionales y el desarrollo de mercados internos. Debe apoyar el desarrollo de la industria manufacturera, la agroindustria y la agricultura, para diversificar la estructura productiva del país. Asimismo, debe promover una política cambiaria que no perjudique a los sectores de producción de transables.
 
 
 
Publicado en el Diario UNO el sábado 20 de setiembre

Fecha Publicación: 2014-09-18T17:15:00.002-07:00

Fecha Publicación: 2014-09-13T07:03:00.001-07:00
Hay una concepción difundida sobre las causas de la informalidad que impide, a los que la defienden, comprender los límites que enfrenta el actual estilo de crecimiento. Es la misma concepción que en los años noventa les sirvió para justificar las reformas neoliberales. Sin embargo, cerca de un cuarto de siglo de neoliberalismo no ha sido suficiente para desarrollar una economía más «formal», más diversificada y menos primario exportadora. Como antes, la informalidad laboral es concebida como el «resultado simultáneo de la baja productividad del trabajador que se refleja en sus bajos ingresos y (de) la legislación laboral» (Véase Elmer Cuba, La República, 06-09-14).  Así, las prescripciones de política que se discuten en el actual escenario de desaceleración económica, constituyen una reiteración atemporal: flexibilizar la entrada y salida del mercado laboral, e incrementar la productividad de la economía con la provisión de insumos de baja o inexistente disponibilidad, y con reducción de costos.
 
La informalidad es una consecuencia
La informalidad es una característica de la economía peruana que ha resistido a las reformas y políticas neoliberales de las dos últimas décadas. En el año 2012, según el INEI, el 74.3% del total de la PEA ocupada era informal (57% se encontraba en el sector informal y 17.3% fuera de él). Pero, este sector donde se ubica alrededor de 60% del empleo, participa en la generación del PBI con solo el 20%. El total del empleo informal es, entonces, de bajísima productividad. Son empleos con ingresos precarios y con escasa o ninguna calificación. Nótese, además, que «40% de los hogares peruanos tienen ingresos laborales provenientes del sector informal».
¿Por qué las reformas neoliberales ni el alto crecimiento de cerca de una década «mantuvieron» la informalidad? Ante todo hay que señalar que la causa de la informalidad no está en la supuesta rigidez del mercado laboral, ni en fallas de mercado que no existen, y menos en una legislación laboral que supuestamente fomenta la informalidad del empleo y su baja productividad. La informalidad es una consecuencia de un estilo de crecimiento y acumulación de capital que no expande la capacidad productiva industrial y agroindustrial, y que no moderniza la agricultura donde se encuentra cerca del 50% del empleo del sector informal.
Con las reformas y políticas neoliberales la economía peruana se ha hecho menos industrial y más productora de bienes y servicios no transables, donde se encuentra un alto porcentaje de la PEA ocupada de baja productividad y calificación. El liderazgo del crecimiento por los sectores primario-exportador y de producción de no transables, junto a una sistemática apreciación cambiaria, explican el escaso crecimiento de la intensidad de capital de los últimos años, que ocurrió junto a un proceso de desinstrialización (se redujo la participación de la manufactura en la generación del PBI y del empleo).
La productividad como fenómeno macroeconómico
La baja productividad del sector y del empleo informal no puede ser concebida, entonces,  como uno de los limitantes al crecimiento, sino su consecuencia. La productividad, como fenómeno macroeconómico, es un resultado de la manera como se acumula capital físico. Cuando las inversiones predominantes son en construcción y no en maquinaria y equipo para el desarrollo industrial, se rezaga el crecimiento de la productividad. De acuerdo con la literatura especializada sobre el tema, «el crecimiento de la productividad es en gran medida endógeno, un subproducto de la acumulación de capital y la expansión del producto como consecuencia del progreso técnico incorporado, de la presencia de rendimientos crecientes a escala, de los efectos negativos sobre la productividad de los “excedentes de trabajo” en sectores que no presentan rendimientos crecientes y, especialmente importante en países en desarrollo, del rol de las ganancias de productividad derivadas de la reasignación de la fuerza de trabajo entre sectores» (Ros, 2013. Véase también Verdoorn, Kaldor, McCombi).
Si no aumenta el ratio de capital por trabajador, como ocurrió en nuestro país en gran parte de los últimos veinte años, se limita el crecimiento de la productividad. Esto es así, como señala Ros, porque las innovaciones técnicas que aumentan la productividad no son posibles sin la utilización de mayores cantidades de capital por trabajador y «porque la tasa a la cual una economía puede absorber la invenciones e innovaciones del pasado que todavía están sin explotar está limitada por su tasa de acumulación de capital».
La relación estrecha entre la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo y la tasa de crecimiento de la producción como su determinante, es una característica de la industria manufacturera porque en ella operan los rendimientos crecientes a escala. Por lo tanto, en una economía que crece limitando o frenando el liderazgo de esta industria,  se impide el crecimiento de la productividad. Y, cuando no se expanden y multiplican el empleo y los ingresos en la manufactura (que es un sector que al crecer genera encadenamientos hacia atrás y hacia adelante) debido a la pérdida de su liderazgo en el crecimiento, aumenta la participación de los sectores de baja productividad (comercio y servicios) en el empleo y la producción.
A modo de Conclusión
En consecuencia, para «combatir» la informalidad hay que cambiar el actual estilo de crecimiento y acumulación de capital, restituyéndole el liderazgo a la manufactura. 
 
 
 
Publicado en el Diario UNO el sábado 13 de setiembre

Fecha Publicación: 2014-09-06T23:22:00.000-07:00
En un artículo anterior publicado en este mismo diario, argumentamos por qué las AFP son instituciones económicas extractivistas. Se puede mostrar fácilmente que si los descuentos previsionales de nuestras remuneraciones se depositaran en una cuenta a plazo fijo de un banco o en una cuenta similar a la cuenta de CTS, la capitalización de estos ahorros habría sido mayor que la que contabiliza período tras período las AFP. Además, tendríamos otras ventajas. Con unos requisitos adicionales, podríamos disponer de estos ahorros «forzosos» para invertirlos, por ejemplo, en la compra de un inmueble. También podríamos retirarlos totalmente, sin mayores trámites, si migramos a un empleo en el extranjero. No es esto, sin embargo, todo lo que podría incluir una reforma integral del sistema previsional. En nuestro artículo ya citado, tratamos del contenido de este tipo de  reforma, cuya urgencia es fundamental para evitar que los «dueños» de estas instituciones sigan lucrando con nuestros ahorros (pagando pensiones muy por debajo del salario mínimo y obteniendo rentabilidades como industria muy por encima de las rentabilidades de nuestros ahorros «forzosos»). Son instituciones con notorio poder económico que no fomentan la competencia, no promueven el desarrollo de los mercados, e impiden la constitución de un pilar solidario en el sistema previsional.
 
El significado de extractivismo económico

Las instituciones económicas extractivistas son las que se oponen a la las regulaciones para fomentar la competencia y el desarrollo de otros mercados, las que buscan la ganancia fácil y promueven, por lo tanto, el «rentismo», las que no innovan y buscan aumentos espurios de la productividad promoviendo el abaratamiento del trabajo. La existencia de este tipo de instituciones económicas es una prolongación de las que se desarrollaron durante el período colonial. El extractivismo económico así como el comportamiento cortesano de políticos y periodistas frente al poder económico, no ha tenido solución de continuidad en nuestro país.
Los obrajes de la época colonial son el paradigma del extractivismo económico. Eran industrias «altamente rentables» cuya principal «inversión» consistía en contratar mano de obra «indígena» y retenerla mediante el endeudamiento con el mecanismo de adelanto de salarios y pagos en especie con precios elevados. Con este mecanismo nefasto el trabajador nunca podía pagar sus deudas y estaba condenado a pasar el resto de su vida en los obrajes. Sus deudas crecían más que sus salarios. Los obrajeros, además, se beneficiaron con el trabajo de mano de obra «indígena» condenada por algún delito a prestar servicios forzosos en sus «industrias».
La historia de este tipo de instituciones demuestra que su existencia tiene su origen en el poder político. Son creadas y sostenidas por un poder político también de naturaleza extractivista. Las instituciones económicas extractivistas son fruto, entonces, de instituciones políticas extractivistas. Estas últimas no fomentan el desarrollo ni la profundización de la democracia, no promueven la rendición de cuentas ni el control constitucional efectivo de los gobernantes. Son instituciones que se fundan en el clientelismo y que no desarrollan organizaciones políticas de ciudadanos practicantes de la virtud cívica y el bien común.  Por eso, allí donde predominan las instituciones políticas extractivistas, la administración gubernamental del Estado y las organizaciones políticas, son penetradas por la corrupción.
Los seguros de Salud también son extractivistas
Una institución tan importante, creada para ayudar a proteger la salud de sus afiliados, también actúa en nuestro país como una institución económica extractivista. Es una de las que mejor ha asimilado la práctica de los obrajesde la era colonial. Podríamos decir que estos seguros (que pertenecen a grupos económicos relacionados), son los «obrajes modernos». Los seguros operan con clínicas al «interior» de las cuales se instalan farmacias donde el asegurado, atendido por uno de sus médicos, debe acudir a comprar –con descuento del seguro--  las medicinas que estos recetan.
La similitud con el «obraje colonial» está en que las farmacias de las clínicas que «pertenecen» a un seguro (piense en el que usted pertenece, si está asegurado), elevan los precios de las medicinas en tal magnitud que a veces sale a cuenta comprarlas en una farmacia que opera alrededor de ellas y donde, ciertamente, no se puede aplicar el descuento que le corresponde al asegurado. La pregunta es, entonces: ¿cuál es la ventaja de estar asegurado, es decir, cual es la ventaja de que te descuenten periódicamente de tus remuneraciones con tal fin?
Veamos los datos del cuadro siguiente. Los medicamentos recetados por un médico de la clínica San Felipe tienen un precio total de 1,082.38 soles. Con el descuento del seguro el paciente pagaría 270.6 soles. El precio total de los mismos medicamentos en otras farmacias que operan alrededor de la clínica,  asciende en promedio a 693.87 soles. Si se pudiera aplicar el descuento del seguro comprando las medicinas en cualquiera de estas farmacias, el paciente pagaría solo 173.5 soles. El sobreprecio en la clínica «del» seguro es de 56%.

A modo de Conclusión
¿Qué hace el organismo regulador del sistema de Seguros? ¿Qué hace la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP?





Publicado en el Diario UNO el sábado 6 de setiembre.

Fecha Publicación: 2014-08-30T13:04:00.001-07:00
Hace ya bastante tiempo (véase nuestro artículo del 25-05-2013), advertimos que después de junio de 2010 empezó un proceso sostenido de desaceleración del crecimiento de la economía peruana. Las tasas de crecimiento mostraban claramente una tendencia decreciente, aunque no muy pronunciada. Entre julio de 2011 y noviembre de 2013 el promedio de las tasas mensuales anualizadas fue de 5.8%, pero con una tendencia a la baja debido a que en algunos meses de este mismo período, las tasas disminuyeron hasta alrededor de 3%, cifra sólo comparable a las que se registraron en el año 2004. Después de noviembre de 2013 el proceso de enfriamiento económico se agudizó. En el Gráfico 1 se observa una caída en picada de la tasa de crecimiento desde 8.1% en noviembre de 2013 a 0.2% en junio de este año.
Gráfico 1
 
 
La explicación interna de la desaceleración
La desaceleración ocurrida durante los últimos 48 meses se explica, en gran parte, por el estancamiento relativo de la demanda externa por nuestras exportaciones tradicionales y no tradicionales, y, la desaceleración del aumento de los precios de los minerales. A estos hechos se le adicionó, recientemente, el cambio en la política monetaria de los Estados Unidos (menores inyecciones de dinero a su economía mediante la compra de bonos y anuncio de la FED de aumentar su tasa de interés de referencia), que ha dado lugar a salidas de capitales extranjeros de nuestro país. 
Sin embargo, la caída espectacular y sin mayores oscilaciones de la tasa de crecimiento del PBI en los últimos seis meses tiene, además, un explicación interna: la desaceleración notable de la inversión pública que está bajo la responsabilidad del ministro Castilla. En el primer trimestre de este año crece a la tasa de 7.9%,  casi la mitad de la tasa que se registró en el mismo período de 2013 (15.2%); y, en el segundo trimestre de este año cae estrepitosamente a la tasa de -4.5%.  No hubo previsión ni se tomaron las medidas adecuadas para enfrentar oportunamente los efectos negativos del estancamiento de las economías de Europa y Estados Unidos, la desaceleración del crecimiento de China, y la consecuente reducción de los precios de los minerales.
Desde la crisis internacional de 2008-2009 disminuyeron las tasas de crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios y, desde el año 2012 sus montos empiezan a caer en cifras absolutas.  En los primeros dos trimestres de este año disminuyeron en 1.7% y 4.8%, respectivamente. Por su parte, la cuenta corriente de la balanza de pagos registra déficits desde el año 2008 y estos aumentan sostenidamente desde el año 2011. Los déficits son de -1.9% del PBI en 2011, -3-3% en 2012 y -4.5% en 2013. Los déficits registrados en los dos primeros trimestres de 2014 fueron de -5.7% y   de -7.3% del PBI, respectivamente. Castilla no tomó ni sugirió medida alguna para disminuir la vulnerabilidad y dependencia de la economía a factores externos. Mantuvo la especialización primario exportadora y descuidó el desarrollo industrial, agroindustrial y agrícola.
Hay recesión en la Manufactura
Según el INEI el PBI del segundo trimestre de 2014 creció en 1,7% respecto a similar periodo del año anterior, mientras que la producción de la actividad manufacturera se contrajo en 3.4%.  Desde el mes de diciembre de 2013 --con la excepción del mes de febrero de 2014--, la tasa de crecimiento del PBI desestacionalizado ha sido negativa. Son seis meses de contracción aunque no consecutivos, de lo contrario la economía peruana estaría técnicamente en una recesión.
Gráfico 2
 
Hay que mencionar, sin embargo, que la actividad manufacturera sí se encuentra técnicamente en recesión. De acuerdo con el INEI, durante los dos primeros trimestres de 2014 la producción manufacturera disminuyó en 2.3% y 3.2%, respectivamente. El Gráfico 2 muestra que la producción desestacionalizada de la manufactura fue relativamente más pronunciada que la del PBI. La caída de esta producción en 3.5% el segundo trimestre de este año, se explica por la contracción de sus industrias que producen tanto para el mercado interno como para el mercado externo (textil y cuero, productos metálicos, madera y muebles, etc.). 
El papel de la actividad «Servicios financieros, seguros y pensiones»
Desde el primer trimestre de 2013 la producción de la actividad «Servicios financieros, seguros y pensiones» registra tasas de variación crecientes mientras que se desacelera la tasa de crecimiento del PBI. Los dos últimos trimestres de 2014 esta divergencia se acentúa de manera espectacular: el PBI crece a las tasas de 5.1% y 1.7%, mientras la producción de «Servicios financieros, seguros y pensiones» lo hace a las tasas de 14.4% y 15.2%, respectivamente.
Si se elimina de la contabilidad del PBI la producción de «Servicios financieros, seguros y pensiones»  --que no sabemos exactamente cómo se mide--, las tasas de crecimiento durante los primeros trimestres  de este año habrían sido de 4.7% y de 1.1%, en lugar de 5.1 y de 1.7%. 
A modo de Conclusión
La responsabilidad del ministro Castilla en la exacerbación del enfriamiento económico es indiscutible. Castila representa la continuidad neoliberal, mientras que la situación económica por la que atraviesa el país exige una transformación, una solución de continuidad.
 
 
Publicado en el Diario UNO el sábado 30 de agosto

Fecha Publicación: 2014-08-23T11:31:00.001-07:00
El primero de los tres ejes estratégicos del Plan Nacional de Diversificación Productiva (PNDP) es el de la «promoción de la diversificación productiva» cuyo objetivo es «ampliar la canasta exportadora de bienes y servicios de la economía». Se dice que la ampliación de esta canasta se efectuará identificando «actividades donde existan oportunidades exportadoras latentes para orientarla a grandes cadenas de valor mundiales».

Subordinación a la demanda mundial
Los autores del plan no se preguntan si tiene importancia o no para la integración nacional, que la estrategia de estas cadenas de valor se defina fuera del ámbito nacional. El ministro de la producción dice que se trata de evitar la producción de bienes y servicios «sin mayor demanda mundial». En realidad, en el PNDP la diversificación productiva no se orienta a resolver los problemas estructurales del país: la desarticulación sectorial y el atraso industrial, la desconexión de la economía con la geografía y demografía, ni la superación del atraso agrícola para culminar la construcción de la nación.

El concepto de diversificación productiva del PNDP es totalmente limitado; es un concepto derivado, un subproducto de la diversificación de las exportaciones. La diversificación está, por lo tanto, subordinada a la dinámica de la demanda mundial. Así, con la aceptación de participar en las grandes cadenas lideradas por las empresas transnacionales, Ollanta Humala ha abandonado su oferta electoral de integrar económica y socialmente el país mediante la estrategia de desarrollo de mercados internos.  Ha renunciado a la autodeterminación nacional, al subordinar la diversificación de la canasta exportadora a las cadenas de valor global lideradas por las empresas transnacionales.
«Falla de mercado» en ausencia de mercados
En el PNDP se dice que la diversificación productiva se logrará «mediante la corrección de fallas de mercado que son sustantivas en sectores donde existe una importante potencialidad exportadora de bienes y servicios». Hay que suponer que estas fallas existen allí donde existen mercados; por lo tanto, el plan no propone un cambio estructural en el sentido de crear y expandir los mercados allí donde estos no existen.

Como la economía no está articulada con la geografía y demografía del país, los mercados internos son inexistentes y los que existen son larvados y poco dinámicos. Por lo tanto, si no hay mercados no se puede hablar de «fallas de mercado». Si no hay «plata en el bolsillo de la gente» de la sierra y la selva del país, no hay mercados. Para que los habitantes del interior del país lleven su «nexo con la sociedad en el bolsillo» hay que crear y desarrollar mercados internos. 
El PNDP no es pues una propuesta para endogenizar los motores del crecimiento; para situarlos al interior de la economía nacional y promover su integración mediante la creación y desarrollo de mercados. No es, en consecuencia, un plan que busque fundar las ganancias de competitividad internacional en fuentes internas. Este plan propone que la demanda externa siga siendo la prime mover de la economía peruana.

El cuento de las «fallas de mercado»
Como dice el principal promotor del PNDP «hay falla de mercado cuando la mano invisible del mercado no produce resultados eficientes». El lector se preguntará: ¿cuándo produce resultados eficientes el mercado? La respuesta de los que adhieren a la doctrina de las «fallas de mercado» será: cuando hay información perfecta, cuando no hay costos de transacción, cuando no hay externalidades, es decir, cuando el mercado es perfecto o la competencia es perfecta; en estas condiciones los productos idénticos son vendidos a un precio que es igual a su costo marginal.

En consecuencia, toda desviación del mercado respecto del «mercado perfecto» será una «falla de mercado» (debido a que hay externalidades, o monopolios naturales,  o asimetrías de información). Entonces, proponer superar una falla de mercado es proponer acercarlo a un mercado perfecto. Y, de acuerdo con la teoría, cuando los mercados son perfectos «no hay innovación ni diferenciación de los productos». La diversificación productiva del PNDP se funda, por lo tanto, en una fábula.
El papel del Estado en el PNDP

El PNDP «propone –dice su principal promotor— intervenir sólo cuando hay una falla de mercado y cuando el instrumento de política que la corrige genera beneficios mayores a sus costos». Más allá del problema no resuelto en el plan de cómo se efectuará el cálculo de estos beneficios y costos, basar la intervención del Estado únicamente a través de existencias de «fallas de mercado», conduce, como señala John Kay, a «una visión empobrecida de la política, la democracia y la toma de decisiones colectiva».

Los ideólogos de esta doctrina no toman en cuenta que el mercado es una institución social y que, por lo tanto, los bienes y servicios que se transan en el mercado son el resultado de un proceso social, y que también pueden existir decisiones o elecciones económicas esencialmente colectivas que no pueden ser descritas como la «suma de preferencias individuales o personales». 
A modo de conclusión

Entre el Estado y el mercado hay interdependencia, cuya naturaleza depende de las condiciones de cada país. En el nuestro el Estado debe promover un crecimiento integrador del país, con un nuevo modo de crecer basado en la creación y expansión de los mercados internos.

 
Publicado en el diario UNO el sábado 23 de agosto

Fecha Publicación: 2014-08-16T21:08:00.002-07:00
Mediante Decreto Ley No. 25897 del 6 de diciembre de 1992, se creó el sistema privado de pensiones, como una de las reformas neoliberales más importantes. Así, las AFP no fueron creadas por el «libre mercado» sino por el Estado que obligó a los trabajadores a ahorrar en ellas en cuentas individuales de capitalización. El fondo de «ahorro forzoso» que las AFP debían capitalizar, era la base de este modelo previsional que supuestamente aseguraría el bienestar de los trabajadores y sus familias cuando alcanzaran la edad de la jubilación, fallecieran o sufrieran de invalidez. Sin embargo, las AFP, con 21 años de existencia, no han cumplido ni cumplirán este objetivo.

Las AFP actúan como instituciones económicas extractivistas: obligan al grueso de sus afiliados a pensiones por debajo del nivel de subsistencia y extraen toda la renta restante del fondo de «ahorro forzoso» para sus propietarios y grupos económicos relacionados. Cobran comisiones elevadas, no son transparentes, ni promueven la competencia, no posibilitan ni fomentan la participación de sus afiliados en sus directorios y, peor aún, no innovan ni crean valor. Las AFP parasitan en un mercado oligopólico con un marco legal que les permitió a sus propietarios enriquecerse rápidamente. Los datos son elocuentes: 57.1% de los pensionistas de las AFP reciben pensiones menores que el sueldo mínimo de 750 soles; sus ganancias han crecido 3.5 veces más que el porcentaje de capitalización del fondo que administran (8%). 
La indispensable reforma hacia una institución inclusiva
La reforma de este sistema extractivista se planteó en la campaña electoral de 2010-2011, por las mismas razones que hoy se esgrimen. El ataque mediático fue impresionante. Muy pocos defendieron la propuesta de reforma que se encontraba en el plan La Gran Transformación (LGT); el propio Humala «tiró la toalla», como se suele decir. Es y era claro que la manera como se administra el «ahorro forzoso» y el marco legal en el que operan las AFP, es lo que explica por qué el sistema no sirve para la obtención de pensiones dignas. La experiencia internacional, además, ya había mostrado que el sistema previsional privado tenía límites y que, por lo tanto, el Estado no podía desatenderse del tema de las pensiones. Richard Webb ha vuelto a «poner el dedo en la llaga» con un artículo publicado precisamente en el diario que más denostó contra la propuesta de reforma de LGT.
Esta propuesta consistía en un régimen de pensiones sustentado en dos sistemas: a) uno público con un componente contributivo obligatorio (donde se determinaría una pensión básica) y otro no contributivo que hoy es precisamente Pensión 65; y, b) otro privado que serviría de complemento al primero; voluntario, basado en cuentas individuales para trabajadores asalariados e independientes, y con una regulación adecuada para impedir el extractivismo.
Esta propuesta era parecida a la que hizo la Defensoría del Pueblo el año 2005 en su  Informe Defensorial N° 99, titulado «El futuro de los sistemas de pensiones. Hacia una nueva relación entre el sistema público y el privado».  La Defensoría proponía «un esquema que incluya una pensión básica y uniforme a cargo del régimen público y un sistema tipo SPP con contribución adicional obligatoria». La única diferencia con la propuesta de LGT era que en el último sistema la contribución adicional sea obligatoria, mientras que en LGT se planteaba que la contribución adicional sea voluntaria.
Es importante recordar, por su actualidad, las razones que llevaron a la Defensoría a proponer la reforma del sistema de pensiones. Decía que: «1. Los sistemas previsionales de nuestro país atraviesan en la actualidad por una profunda crisis expresada en los montos bajos de las pensiones que éstos otorgan y su escasa cobertura a nivel nacional. Una de las principales causas que explica esta crisis es el modelo de relación alternativa que existen en los sistemas público y privado de pensiones. 2. La creación de las AFP y la relación existente entre el SPP y SNP ha provocado el traslado de un grupo importante de trabajadores activos del sistema público al privado; restando de esta manera la base contributiva que permitía financiar el pago de las pensiones del sistema estatal. 3. Adicionalmente, constituye una causa de la situación actual de los sistemas previsionales, la alta rotación de la mano de obra en nuestro país y la contratación informal de trabajadores; quienes al no estar incluidos en planillas no realizan los aportes de ley».
La propuesta de LGT no descartaba la creación de una AFP estatal para contribuir con la regulación de las comisiones de las AFP privadas; además, se proponía que sobre la base de las comisiones que ahora van directamente a manos de los accionistas de las AFP, se cree un Fondo de Administración Pensionaria, para facilitar la competencia y abrir el mercado a nuevas AFP; y, por último, se proponía la participación de los trabajadores en los directorios de las AFP, en mérito a una obligación derivada del convenio 102 de la OIT sobre seguridad social.
A modo de conclusión
Como paso previo a un reforma total del sistema previsional proponemos al Congreso: a) derogar la  norma que dispuso desde el 1° de agosto pasado la obligatoriedad de los aportes previsionales para los trabajadores independientes; b)  Aprobar una norma que permita a los afiliados retirar íntegramente sus ahorros si deciden no recibir una pensión mensual o cuando emigran definitivamente del país.
 
 
 
Publicado en el Diario UNO el sábado 15 de agosto

Fecha Publicación: 2014-08-10T08:59:00.001-07:00
Ollanta Humala inició su cuarto año de gobierno con la bancada de su partido fracturada: siete congresistas renunciaron en rechazo a su práctica autoritaria y por diferencias ideológicas. Pero, en su mensaje por fiestas patrias ante el Congreso de la República, no aludió a este hecho. Fue un mensaje mediocre, nada autocrítico y conservador.
No ha fortalecido la democracia

Su gobierno ha sido cooptado por los poderes fácticos y los grandes grupos económicos, tanto nacionales como extranjeros. Exacerbó la crisis de representación política con la imposición de su candidata a la presidenta del Congreso. Por eso su gobierno es igual a los que le antecedieron. Perdió a siete congresistas porque no cumple con sus promesas. No obstante el rechazo de los trabajadores independientes ha hecho efectiva la retención de parte de sus haberes para las AFP. Favorece al grupo económico que opera en la industria alimentaria y la publicidad al promover un reglamento a «Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes», que según los especialistas desconoce los parámetros técnicos establecidos por la OMS. De oro lado, mantiene sin promulgar el Proyecto de Ley de Evaluación Previa de los Actos de Concentración Empresarial. En realidad, como dejaron entrever los renunciantes a su bancada, Humala es una «interpósita persona»: gobierna según los dictados de su ministro de economía y finanzas, fiel escudero de los grupos de poder.
No dio detalles de las concesiones en megaproyectos

Habló de la importancia de la «Línea 2 del Metro Ate-Callao», del «Gasoducto Sur Peruano», de la «Refinería de Talara», del «aeropuerto de Chinchero», del «Puerto San Martín en Pisco», de la «Red Dorsal de Fibra Óptica», etc., pero no dio detalles de los términos en los que se hicieron las concesiones. Se sabe que en más de un caso no se promovió la competencia, es decir, la presencia de más de un postor. El Congreso de la República y la Contraloría deberían investigar estas y otras concesiones, al igual que la ciudadanía organizada. Hay que evitar que la corrupción siga siendo parte del sistema político y de gobierno, y también hay que evitar que el costo de algunas  de esas inversiones se financie con incrementos en las tarifas públicas que pagan los consumidores.
Humala no ha cumplido su oferta electoral de poner en práctica «una forma republicana de gobierno con mecanismos explícitos de evaluación y control constitucional de los gobernantes». Estos mecanismos, junto a la activa acción cívica de los ciudadanos, son fundamentales para que la política se convierta en una acción de servicio social y no de provecho propio. Ollanta Humala hablaba con ironía cuando dijo: «estamos cumpliendo lo prometido».

Tres años de «piloto automático»
Humala se dedico a administrar el Estado como cualquier otro gobierno. No aprovechó el auge económico para hacer los cambios que ofreció cuando era candidato. Mantuvo estancados los gastos en educación y salud como porcentaje del PBI durante tres años; por ejemplo, la cifra de cerca de 3.0% del PBI del gasto en educación que heredó de Alan García. Por eso su anuncio de aumentar el gasto en educación en alrededor de 0.5% del PBI a partir del próximo año, fue tardío. ¿Por qué va a ser posible este incremento ahora que el crecimiento está en cuestión, si no lo fue antes en pleno auge económico?

Se desaprovecharon tres años para iniciar los cambios en la educación y superar el límite de capital humano que enfrenta las inversiones. Por lo demás, la cifra anunciada es insuficiente dado los problemas por los que atraviesa el sector (infraestructura, sueldos, calidad de los profesores, equipamiento, etc.). Hoy, de no haber operado su gobierno en «piloto automático», el gasto en educación debería estar por encima del 4.0% del PBI. Igual ha ocurrido en salud y seguridad ciudadana. El que definió los montos a gastar desde el inicio de su gobierno fue el ministro Castilla. Este mediatizó el impuesto a las sobreganancias mineras y redujo «Pensión 65» de 250 a 150 soles. De otro lado, la solidez macroeconómica que mencionó Humala no fue fruto de sus tres años de gobierno; lo heredó del gobierno de Toledo. Los encargados de administrar la nueva institucionalidad macroeconómica que heredó su gobierno --Castilla y Velarde-- se durmieron junto al «piloto automático» desde el gobierno de Alan Garcia.
Su plan de diversificación productiva no convence

Humala también anunció que acaba de aprobar «El Plan Nacional de Diversificación Productiva». Dijo que este plan permitirá sostener el crecimiento económico a largo plazo y que el Estado asumirá el «rol de identificar, junto al sector privado, los sectores que tienen el mayor potencial para darles las condiciones necesarias para su despegue». ¿Cómo se procederá a esta identificación? La propuesta repite un error de la política industrial tradicional. Humala ha olvidado su propuesta de «desarrollar mercados locales y regionales internos, para que se desarrolle un mercado nacional y para terminar con la segmentación productiva».
A modo de conclusión

El impulso a la inversión privada y su orientación hacia la agricultura y la industria, según esta estrategia que Humala ha olvidado, provenía de la eliminación de las restricciones de mercado y de financiamiento que esta inversión enfrenta. Las medidas con este fin hacían énfasis en soluciones de mercado, como, por ejemplo, el tema del financiamiento de las inversiones en el mercado de capitales.

 
Publicado en el Diaro UNO, el sábado 09 de agosto.

Fecha Publicación: 2014-07-26T13:48:00.000-07:00
Desde hace ya un buen tiempo en nuestro país se habla de crisis en el sistema de partidos políticos. Se dice que el sistema existente es fragmentado y débil; que los pocos partidos que existen son dirigidos por «caudillos» sin programas o idearios que movilicen a los electores.  La institucionalidad del país, dicen otros, es débil; pero al igual que los primeros, no nos dicen cómo lograr organizaciones fuertes o cuáles serían los elementos fundamentales de un necesario cambio institucional.
En lo que sigue intentaremos brindarle al lector un conjunto de reflexiones --todas discutibles, por cierto--, con el único propósito de iniciar un debate que nos permita construir consensos sobre las soluciones a los problemas que enfrentan las instituciones y la democracia en nuestro país.
Hay una crisis de la democracia constitucional
La corrupción generalizada en todos los ámbitos de la institucionalidad del Estado, está degradando cada vez más el sistema de representación política y el propósito de la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Bajo la democracia constitucional opera una «clase política» (para usar una frase que gusta a muchos) que actúa violentando la idea democrática y provocando el hundimiento de la llamada «representación política».
Los elegidos por el pueblo tienen una «amplia independencia y discrecionalidad», que les permite practicar la impostura. Son «agentes» con un amplio ámbito de decisión propia y que no respetan al «principal» (sus electores). Sin mecanismos eficaces de control, estos «representantes o agentes» operan en un marco institucional donde prevalece la impunidad. De otro lado, la democracia constitucional ha conspirado ella misma, por así decirlo, contra la «virtud cívica», contra la participación ciudadana, contra el interés de los ciudadanos por su comunidad. En suma, «El Estado como forma de institucionalización de la política democrática –dice E. García-- sufre hoy enormes embates que amenazan su estabilidad interna y externa».
Hay una crisis de paradigmas ideológicos
Desde la caída del muro de Berlín, las ideologías que le dieron identidad y programa a los partidos políticos de importante protagonismo en el siglo XX, desaparecieron o, por decir lo menos, perdieron vigencia. Entonces, los partidos vacíos de contenido se convirtieron  en grupos de interés, más privado que público, dirigidos por «políticos profesionales» que  empezaron a operar con una lógica ajena a la democracia y al bien público.  A esto se sumó la lógica neoliberal en el ejercicio de la función pública y de las libertades individuales, que terminó convirtiendo a los partidos –no a todos, por cierto--, en instrumentos de tráfico mercantil.  
Con la crisis de paradigmas, sin embargo, no terminó la práctica de la concepción «weberiana» de la política. Según Weber, el fundamento de la política es el poder; y, «el poder se define  como la capacidad de imponer a un tercero la propia voluntad, bien recurriendo a la fuerza bien a través de otros medios. El poder es, en esencia, dominación». Como señalé en otro artículo periodístico, políticos tradicionales de derecha y de izquierda comparten esta idea; los une el discurso weberiano.
Cuando la política se inserta en  la lógica del poder, en la lucha por el poder, pierde su sentido de quehacer colectivo, pierde su esencia de lazo de conexión social o instrumento de justicia social. Política y  justicia están unidas por el mismo vínculo, por eso no puede haber divorcio entre la ética y la política. La ruptura de este vínculo abre el camino a la corrupción, a la aparición de «buenos políticos», en el sentido de que se hacen del poder fácilmente, pero de conducta inescrupulosa y corrupta. 
El neoliberalismo es contrario al «bien público»
El neoliberalismo hace énfasis en el interés privado individual. Fomenta la minimización del Estado, pero acepta su intervención para socializar las pérdidas de los grupos de poder (recuérdese los rescates bancarios de fines de los noventa), o para reducir sus costos de producción y estimular sus inversiones. En este sentido hay un neoliberalismo de  Estado que le hace perder a la política su carácter de instrumento de justicia social, su orientación hacia la satisfacción del interés público. La experiencia de las últimas décadas nos muestra un espacio público crecientemente copado por el interés privado, entre los que destacan los grupos de poder económico. 
Además, con el neoliberalismo se ha hecho más evidente la sustitución de los ciudadanos por los electores y la conversión de la democracia en solo un procedimiento mediante el cual los electores eligen periódicamente a sus representantes. La concepción atomista del individuo «conduce a una desafección política creciente respecto del interés colectivo». Por eso, al neoliberalismo no le importa la pertenencia de los ciudadanos a una comunidad ni que se posibilite su participación en el control de sus representantes. La discrecionalidad e independencia de estos aumenta con el neoliberalismo.
A modo de Conclusión
Para que sucarácter de lazo de conexión social retorne a la política, tenemos que abandonar la idea de que la política es lucha por el  poder y la dominación. Si la política –como sostienen los republicanos-- es  concebida como instrumento de transformación de una realidad construida en la  convivencia colectiva, no puede ser sino instrumento de justicia social, y esta  es la base de su relación con la ética.
 
 
 
Publicado en el Diario UNO, el sábado 26 de julio

Fecha Publicación: 2014-07-19T14:18:00.002-07:00
Según el INEI, en el mes mayo el PBI creció a la tasa de 1.8%. Si no se tomara en cuenta el crecimiento de la producción de las actividades Financiero y Seguros (12.59%), Servicios prestados a Empresas (6.07%) y Alojamiento y Restaurantes (5.26%), la tasa de crecimiento habría sido de sólo 0.9%. La tendencia a la caída en la tasa de crecimiento es sostenida; así lo revela la evolución del índice del PBI desestacionalizado (véase gráfico). Desde diciembre del año pasado --con excepción del mes de febrero de este año--, la tasa de variación del PBI desestacionalizado ha sido negativa. Si la tendencia decreciente del PBI desestacionalizado continua en los meses de junio y julio, la desaceleración económica se habrá convertido técnicamente en una recesión. Los que piensan que esta tendencia a la recesión se revertirá con el desmantelamiento de los estándares laborales y ambientales, y eliminando trabas burocráticas que frenan las inversiones, tratan ilusamente de curarse en salud.  
 
Los límites del estilo de crecimiento
El actual enfriamiento económico no es un fenómeno de corto plazo y que requiere, por lo tanto, solo de políticas de demanda anti-cíclicas. Los que piensan así, en el fondo confían en el «rebote» de la producción primaria. Son claramente partidarios del actual estilo de crecimiento y confían en su sostenibilidad. Pero esta confianza choca con el fin del crecimiento de los precios de los minerales y con el estancamiento de la economía internacional que continuará en los próximos años. En el mismo lado se encuentran los que promueven una mayor flexibilización del mercado laboral, como los que creen que mejorando el humor y expectativas de los empresarios se estimulará la inversión privada.
Ninguno de estos analistas cae en la cuenta que los límites del estilo de crecimiento se encuentran en el propio patrón de acumulación de capital y en la estructura productiva terciarizada de baja productividad que fue configurada en las casi dos décadas de neoliberalismo.  El crecimiento fue liderado por las exportaciones primarias (minerales) y por los sectores no transables de comercio, servicios y construcción, que generan el 70.5% del PBI y emplean a cerca del 70% de la PEA ocupada. Estos sectores no-transables y el sector agropecuario que es predominantemente tradicional, generan el 79% del PBI y dan empleo al 88.7% de la PEA ocupada que en su gran mayoría es de baja calificación y productividad.
La estructura de precios relativos que configuraron las políticas neoliberales, redujeron relativamente la inversión en maquinaria y equipo para la industria y la agricultura, favoreciendo a la inversión en construcción y en la explotación de productos primarios. El resultado ha sido un lento crecimiento de la capacidad productiva per cápita, junto a una penetración masiva de importaciones que ha desplazado a la producción local. Durante el período 2000-2013, el PBI potencial creció a la tasa de 5.6%, mientras que el producto potencial manufacturero y agropecuario lo hizo sólo a la tasa de 4.8% promedio anual. En consecuencia, aumentos sostenidos del PBI per cápita provocarían aumentos significativos de importaciones y crecientes déficits comerciales.
En otras palabras, sin impulsos externos que estimulen las exportaciones primarias, crecer solo con impulsos de demanda interna generaría, más temprano que tarde, fuertes presiones inflacionarias y/o déficits importantes en la balanza comercial y en la balanza en cuenta corriente. Nótese que durante el primer trimestre de este año se registró una tasa de crecimiento del PBI de 4.8%, junto a un déficit en la cuenta corriente de 6.0% del PBI.   De otro lado, la tasa anual de inflación, correspondiente a los últimos 12 meses (junio 2013 a junio 2014), fue de 3.45%, muy por encima del límite superior de la meta de inflación establecida por el Banco Central.
La responsabilidad de los neoliberales
Es posible que los neoliberales como Castilla ahora estén implorando para que China vuelva a crecer como antes. Recuerden que este ministro dijo, en octubre de 2011: «De verdad le prendo una velita todos los días y rezo para que la China no se nos caiga». No hizo nada para impedir el actual enfriamiento; siguió en piloto automático y gastando «velitas». Todos los economistas neoliberales se negaron a ver las vulnerabilidades y límites del estilo de crecimiento que apuntalaron. Hacerlo habría significado poner en duda a su credo neoliberal y quizá optar por su transformación. 
La década de alto crecimiento fue desaprovechada porque no se construyeron las bases institucionales que determinan los incentivos y apoyos a la inversión privada nacional y extranjera, orientada al desarrollo de la  agricultura, de la agroindustria y de la manufactura. Se requería un nuevo marco legal para poner en igualdad de condiciones a la inversión nacional y extranjera, y promover su orientación hacia actividades de transformación y creación de valor. También se requería un nuevo esquema de financiamiento basado en el mercado de capitales para apoyar las inversiones de las medianas y pequeñas empresas. No se hizo la revolución educativa para elevar los niveles de educación y salud de la población. No se emprendió una auténtica reforma tributaria para evitar la descapitalización del país (salen más capitales que los que entran por inversión extranjera) y aumentar significativamente los presupuestos de educación y salud. No hicieron planes de inversión en infraestructura para ayudar a crear mercados internos con base a un nuevo esquema de regionalización.
A modo de conclusión
Hay más cosas que no se hicieron, pero no se puede dejar de mencionar que los neoliberales justificaron la caída sistemática del tipo de cambio real, con lo cual afectaron la producción de transables y acentuaron el lento crecimiento de la capacidad productiva per cápita.  
 
Publicado en el Diario UNO, el sábado 19 de julio.
 

Fecha Publicación: 2014-07-14T07:24:00.001-07:00
El paquete «reactivador», aprobado por el Congreso el jueves 3 de julio, contiene medidas que debilitan la institucionalidad y los mecanismos de fiscalización ambiental y erosionan los efectos disuasivos de las sanciones a infracciones ambientales. Se establece un plazo de 45 días para la emisión de opiniones vinculantes y no vinculantes necesarias para aprobar un Estudio de Impacto Ambiental (EIA); se reduce las multas ambientales a 50% durante tres años; se debilita el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA); pierde importancia el Sistema Nacional de Certificación Ambiental (SENACE); y, se menoscaban las funciones del Ministerio del Ambiente al pasar al Consejo de Ministros la decisión sobre la creación de áreas reservadas y la fijación de los estándares de calidad ambiental. No hay que olvidar, además, que este gobierno no implementa la ley de consulta previa que aprobó el año 2011.
 
La continuidad de la «modernización» neocolonial
El Decreto Supremo N° 060-2013-PCM ya reducía los plazos de los procedimientos para ejecutar proyectos de inversión con «mayor celeridad y menores costos». Esta vez se va más allá: se debilita la institucionalidad de la protección ambiental y la propia capacidad sancionadora del gobierno frente a corporaciones privadas que infringen los estándares ambientales. El objetivo es el mismo: impulsar las inversiones. Los directos beneficiarios de estas medidas son los grandes inversionistas transnacionales que operan en los sectores minería y de hidrocarburos. La concepción de modernización y crecimiento económico del gobierno de Humala se basa en este tipo de inversiones.
Siguiendo a Alan García  --propulsor de esta «modernización» neocolonial--, el gobierno de Humala reduce los estándares laborales y ambientales, y debilita las instituciones encargadas de su regulación, para aumentar la inversión en la extracción de recursos naturales y, de este modo, enfrentar la actual desaceleración en la tasa de crecimiento del PBI. No le importa el costo socio-ambiental de sus medidas; le importa más satisfacer a los grupos de poder económico que usufructúan de la renta que les proporciona la explotación de nuestros recursos naturales. Su apuesta por el crecimiento económico impulsado por las grandes inversiones mineras y de hidrocarburos, facilitadas además por concesiones con poca o ninguna fiscalización, es la expresión de su ideología neocolonial que subordina los intereses nacionales y los derechos de las poblaciones nativas, a los intereses del capital transnacional.
No se busca desarrollar la minería con altos estándares ambientales y laborales, con industrialización de los recursos minerales, con transferencia de tecnología, y con impuestos que compensen el agotamiento de los recursos para no perjudicar a las generaciones futuras de país. Esta sería una ruta democrática y soberana. Por el contrario, el gobierno de Humala ha optado por una acumulación de capital de tipo neocolonial que orienta la inversión privada hacia áreas de complementación económica transnacional, sin progreso tecnológico y con un modelo exportador basado en el «cholo barato», en el desmantelamiento de los estándares laborales y ambientales, y en contratos de estabilidad tributaria que le restan soberanía al Estado.
Extractivismo político y económico
El consonancia con su ideología neocolonial, el gobierno de Humala fomenta la expansión de instituciones económicas extractivistas (que extraen ingresos y riqueza de una parte de la sociedad en beneficio de las élites económicas). Estas instituciones practican la fácil obtención de rentas, pero no lo redistribuyen. Son instituciones que no fomentan la innovación y la adopción de nuevas tecnologías, la creación de actividades productivas manufactureras, la expansión de fábricas industriales, ni menos la mejora de las condiciones de vida y el aumento de los salarios de los trabajadores. Los productores de materias primas son cada vez más ricos, pero esta «riqueza caída el cielo ha hecho muy poco para crear un economía moderna diversificada». Por lo tanto, el tipo de crecimiento y modernización que impulsa este gobierno no puede ser inclusivo. «Las instituciones económicas inclusivas –dicen Acemoglu y Robinson-- fomentan la actividad económica, el aumento de la productividad y la prosperidad económica».
Tampoco se desarrollan instituciones políticas inclusivas. No hay mecanismos que faciliten el control de los políticos y que le permitan a los ciudadanos influir en su comportamiento. No se innova la manera de hacer política, no se distribuye el poder, no hay límites reales al ejercicio de este poder, ni se fortalece la democracia. Por eso el gobierno de Humala no puede ser concebido como el agente de los ciudadanos que lo eligieron para defender sus derechos individuales y colectivos. «Las instituciones políticas extractivistas –dicen Acemoglu y Robinson-- permiten que la élites económicas controlen el poder político para elegir instituciones económicas con menos limitaciones o fuerzas que se opongan». El ejemplo de este tipo de control, es precisamente el paquete «reactivador».
A modo de conclusión
«Con instituciones políticas extractivistas –dicen Acemoglu y Robinson-- quienes ejercen el poder son capaces de establecer instituciones económicas para enriquecerse y aumentar su poder a costa de la sociedad».
 
 
Publicado en el Diario Uno, el sábado 12 de julio.

Fecha Publicación: 2014-06-30T16:01:00.000-07:00
Los datos desestacionalizados del PBI muestran que la economía no crece desde noviembre del año pasado. El desfavorable contexto internacional que se inicia con la crisis de 2008-2009, es su causa fundamental. Los términos del intercambio disminuyeron en 14.0% entre enero de 2013 y abril de 2014; y, las exportaciones totales se redujeron en US$ 4199 millones de 2013 a 2014 (US$ 3871 millones corresponden a los exportaciones tradicionales). Por otro lado, la cuenta corriente de la balanza pagos es deficitaria desde el año 2008 (el más alto déficit del periodo post crisis se registró en el primer trimestre de este año: 6% del PBI).

Desaceleración y estilo de crecimiento

La magnitud del efecto del deterioro del contexto externo sobre el crecimiento de la economía tiene relación directa con el estilo de crecimiento. Cuanto menos diversificado es el aparato productivo y más concentrada en productos primarios es la canasta exportadora de la economía, el impacto del estancamiento internacional sobre el crecimiento del producto será mayor. A mayor especialización en la producción de materias primas, más dependiente es el crecimiento de la demanda externa y más dependiente es la economía de bienes importados.

La especialización de la economía en la «ventaja comparativa de extracción y explotación de recursos naturales», fue promovida por las políticas neoliberales. En consecuencia, la desaceleración de la tasa de crecimiento que experimenta la economía peruana, tiene que ver con el modelo neoliberal implementado en las últimas décadas. Si el aparato productivo y la canasta exportadora fueran más diversificados, los efectos del deterioro del contexto externo en el crecimiento serían mucho menores; es decir, ante una fuente externa de crecimiento que se deteriora, tendríamos fuentes internas que lo sostienen.

La actual desaceleración revela, entonces, la necesidad de cambiar el actual estilo de crecimiento primario exportador, por otro basado en la modernización de la agricultura, y el desarrollo agroindustrial y manufacturero. Para que este cambio ocurra no son suficientes las políticas monetaria y fiscal contra-cíclicas (disminuir la tasa de interés de referencia y aumentar el gasto fiscal). Estas políticas son indispensables para evitar caer en una recesión, pero no son las que en definitiva sustituirán el papel que en el actual estilo de crecimiento desempeñó la demanda externa impulsada por el crecimiento de las economías industrializadas y de China, y los altos precios de los bienes «intensivos en recursos naturales». Tampoco podrán sustituir ni compensar completamente el financiamiento externo relativamente barato y los influjos de capital internacional que caracterizaron al contexto externo anterior a la crisis de 2008-2009.

Política cambiaria para impulsar la diversificación productiva

Las reformas en las políticas, monetaria y fiscal, efectuadas durante los años 2001-2003, crearon las condiciones para la aplicación de políticas contra-cíclicas. Disminuyó la dolarización de las colocaciones y depósitos en el sistema bancario; se redujo el peso de la deuda pública en moneda extranjera, pre-pagándola y sustituyéndola por deuda pública en moneda nacional; aumentaron los recursos del Fondo de Estabilización Fiscal; bajó notoriamente el ratio de deuda pública a PBI; se institucionalizaron la política monetaria basada en metas de inflación y dos reglas de política: una, sobre la tasa de interés como instrumento de política monetaria y otra de intervenciones esterilizadas en el mercado cambiario; y, aumentaron significativamente las reservas internacionales del Banco Central. Como resultado de estas reformas, entonces, se redujeron las posibilidades de una crisis financiera como la que ocurrió a fines de los noventa.

Pero, con la reversión de la política monetaria de los Estados Unidos no solo aumentará el costo del financiamiento o crédito externo, sino que seguirán saliendo capitales del país generando presiones al alza del tipo de cambio. La pregunta entonces es si, en estas condiciones, el Banco Central debe liberarse de su temor a la depreciación. Hasta ahora ha impedido que el tipo de cambio suba y parece estar interesado en mantenerlo en 2.80 soles por dólar. Desde abril de 2013 a febrero de 2014, disminuyó su posición de cambio en cerca de US$ 9500 millones, cifra superior a los US$ 8113 millones de reducción de su posición de cambio entre abril de 2008 y febrero de 2009.

No hay razones para el temor a la depreciación. La autoridad fiscal tiene mayores posibilidades de financiamiento interno en soles que antes, y los riesgos cambiarios en la deuda pública y en la deuda privada son ahora menores por la desdolarización registrada en la última década. Por otro lado, el esquema de metas de inflación y la endogenización de las expectativas inflacionarias han independizado en cierta manera a la inflación de los movimientos en el tipo de cambio. Esta es la otra cara de las mayores posibilidades que ahora existen para aplicar políticas contra-cíclicas. En consecuencia, estas políticas pueden ser acompañadas de una política cambiaria orientada a recuperar la competitividad que los productores nacionales perdieron durante el largo período de apreciación monetaria.

A modo de conclusión

Si el Banco Central deja subir gradualmenteel tipo de cambio, con ese fin, perderá menos reservas internacionales. La posición de cambio del Banco Central en abril de 2013 fue de 49403.4 millones y en solo diez meses se redujo a US$ 39953.4. Una política de depreciación cambiaria rentabilizará la producción de transables, revertirá el déficit en la cuenta corriente, y permitirá a mediano plazo, si se acompaña con políticas de diversificación productiva, modificar el actual estilo de crecimiento.

 

Publicado en el Diario La Primera, el sábado  28 de junio.

 

Fecha Publicación: 2014-06-22T10:19:00.000-07:00
«El país no puede seguir dependiendo de los productos primarios y su exportación. Es la hora de la industria» declaró el presidente de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI). Pero, Ollanta Humala, invitado a la ceremonia por el 118° aniversario de la SNI, les dijo que impulsaría la inversión en sectores que, por el monto de capital que requieren, «son generadores de crecimiento y empleo, como minería, hidrocarburos y telecomunicaciones, entre otros». También ofreció reducir deudas tributarias y sobrecostos laborales, simplificar trámites y disminuir los plazos de los estudios de impacto ambiental para destrabar inversiones. Humala aseguró que con este conjunto de medidas se frenaría la desaceleración económica y se impulsaría el crecimiento.

Los efectos del choque externo adverso

El estancamiento de la economía internacional y, en especial, la desaceleración del crecimiento Chino, desde la crisis de 2008-2009, sigue afectando el crecimiento de la economía peruana. Según información del INEI, la tasa de crecimiento del PBI en abril fue de 2.0%, la más baja desde octubre de 2009 cuando el PBI creció a la tasa de 1,2%. Decreció la producción de los sectores Minería e hidrocarburos (-6.1%), y también de la Manufactura no-primaria (-6.6%). El sector Financiero y de seguros fue el único que creció a la tasa más alta (13.7%), reflejando sin duda la notable expansión del crédito en soles (24.1%). La tasa de crecimiento del crédito en dólares sufrió una contracción espectacular (3.4%). Si descontáramos la participación del sector Financiero y de seguros en la contabilidad del crecimiento del PBI, en el mes de abril este habría  crecido a la tasa de solo 1.4%. Es importante mencionar, además, que los datos desestacionalizados del PBI muestran que hay en curso una recesión en toda regla desde fines del año 2013.

Cuando se estanca la demanda externa por nuestros productos primarios y los precios de los minerales ya no crecen, disminuye el ritmo de la inversión extranjera y nacional, y se desaceleran las exportaciones; cuando suben las tasas de interés externas, salen los capitales del país, se paraliza del endeudamiento externo del sistema bancario y se derrumba el crédito doméstico en moneda extranjera. El impacto depresivo que tiene todo este contexto externo sobre la demanda interna, desacelera el crecimiento del PBI. Los sectores productores de no-transables (construcción, comercio y algunos servicios) pierden liderazgo y la consecuente caída o reducción de los ingresos limita la expansión de la producción del resto de sectores, como la  manufactura no-primaria (principal afectada por el estilo de crecimiento primario exportador).

¿Medidas de oferta ante una caída de la demanda?

El ministro Castila afirmó que el objetivo del paquete reactivador es generar «confianza en los inversionistas para garantizar el crecimiento y el desarrollo del país». Castilla y Humala creen que reduciendo deudas tributarias, moderando las sanciones por infracciones laborales de las empresas y aminorando plazos de los estudios de impacto ambiental, se puede revertir la desaceleración del crecimiento originada por el alza de las tasas de interés externas y el fin del período de altos precios de los minerales.

Ninguna de sus medidas apunta a cambiar la fuente externa del crecimiento por una fuente interna. El propio ministro dijo que sus «medidas son de oferta, que actúan por el lado de la oferta», cuando lo que desacelera el crecimiento de la economía es un problema de demanda. ¿Será posible contrarrestar la caída de la demanda por nuestras exportaciones con medidas que actúan por el lado de la oferta? ¿Se dará cuenta el ministro de este absurdo económico?  La desaceleración económica no se debe a la presencia de restricciones de oferta, sino a restricciones de demanda. Las expectativas pesimistas de los inversionistas tienen que ver con el comportamiento futuro de la demanda externa. Disminuyen sus inversiones porque el comportamiento que esperan les indica que no podrán obtener retornos altos sobre su capital. Cuando el pesimismo sobre el comportamiento futuro de la demanda está a la orden del día, como ocurre ahora en la lógica del actual estilo de crecimiento, los inversionistas evitan arriesgar.

De lo que se trata entonces es de cambiar la fuente de demanda del crecimiento y esto, como afirmó el presidente de la SNI, significa abandonar nuestra dependencia «de los productos primarios y de su exportación».

A modo de conclusión

Hay que señalar, además, que todas las medidas anunciadas están en línea con el carácter extractivista del modelo económico y político neoliberal. Perdonar deudas tributarias por 20 mil millones de soles es una pésima señal a los contribuyentes que cumplen con todas su obligaciones y debilita más las instituciones por el riesgo moral que genera. Reducir sobrecostos laborales flexibilizando la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo, favorece la conducta rentista-extractivista, contraria a la innovación y al aumento de la productividad. Reducir los plazos de los estudios de impacto ambiental atenta contra los derechos de las poblaciones nativas y fomenta el extractivismo económico. Ninguna de estas medidas permitirá construir un Estado menos clientelista; tampoco fortalecerá el sistema fiscal y, ciertamente, no profundizará la democracia y no hará nada para reactivar la economía. Castilla y Humala, al igual que García, son los puntales del extractivismo político y económico en nuestro país.




Publicado en el Diario La Primera, el sábado 22 de junio


Fecha Publicación: 2014-06-14T09:53:00.001-07:00
Las políticas neoliberales de las últimas dos décadas han exacerbado los problemas históricos del subdesarrollo de Perú, en lugar de resolverlos: una estructura productiva heterogénea con escaso desarrollo industrial y una canasta exportadora dominada por los productos primarios. Precisamente durante los años del neoliberalismo, la canasta exportadora de Perú se hizo menos diversificada y, por lo tanto, más concentrada en productos primarios: el «índice de Herfindahl-Hiirschman» que mide el grado de diversificación de productos de la canasta exportadora pasó de 0.33 en 1990, a 0.28 en 2000 y a 0.27 en 2010. (Bolivia pasó de un índice de 0.42 en 1990 a 0.46 en 2010). El escaso desarrollo industrial que revela esta canasta, concentrada en productos primarios, se expresa, además, en una baja participación de las exportaciones con alto valor agregado en las exportaciones manufactureras: 7% en promedio en el periodo 1990-2010, por debajo de Paraguay (9%), de Bolivia (11%) y de Ecuador (18%). El reducido valor agregado en las exportaciones manufactureras, revela, además, su escasa capacidad competitiva en los mercados internacionales. El «índice de rendimiento industrial competitivo modificado (IRICM)» que expresa el desempeño competitivo de la industria manufactura de Perú con relación a otros países, pasó de 0.24 en 1990 a 0.36 en 2010, pero se encuentra muy por debajo de Chile  (0.50), de México (0.70) y de Brasil (0.72) (véase Torres y Gilles, 2013).
 
Para cambiar esta situación y con ello el actual estilo de crecimiento y acumulación de capital, es necesario diversificar el aparato productivo, pero los ejes de esta diversificación deben ser el desarrollo industrial manufacturero y la modernización de la agricultura.
 
Política cambiaria como política de industrialización
 
La liberalización comercial y financiera, por un lado, y el apreciación del tipo de cambio real, por otro, configuran un escenario contrario al desarrollo de la producción manufactura y, por lo tanto, de transables internacionalmente. Este es el escenario que predominó en casi todos los años de neoliberalismo en Perú, con excepción del breve período 2002-2006, durante los cuales se impidió la caída del tipo de cambio real. Aumentaron las exportaciones durante los últimos años de alto crecimiento económico, pero básicamente por el impulso proveniente de los altos precios de los minerales. Por su parte, los efectos positivos del crecimiento de las exportaciones no-tradicionales, fueron más que compensados por la masiva penetración de importaciones que desplazó a la producción manufacturera local.
 
Por las razones anteriores, no hay manera de contrarrestar el actual enfriamiento económico ---causado por la desaceleración de la economía internacional (en especial de China) y el fin de la tendencia creciente de los precios de los commodities— sino se opta por políticas de industrialización de nuevo tipo. Una de estas políticas –-la más importante en la coyuntura actual--, es una política cambiaria que dé certidumbre a los productores manufactureros y agro-industriales y que los haga competitivos en los mercados internacionales. Esta es la política de tipo de cambio real estable y competitivo, que debe sustituir a la actual adoptada por la autoridad monetaria y que ha permitido la reducción sistemática del tipo de cambio real, no obstante tener una regla de intervenciones cambiarias esterilizadas.
 
El papel del tipo de cambio en Chile y México
 
Hay experiencias exitosas de países que optaron por un tipo de cambio real alto y estable. Son conocidos los casos de algunos países del Este del Asia y de China, pero que también utilizaron, entre otras, las políticas comerciales de protección temporal para sus industrias nacientes. Sin embargo, son más ilustrativas las experiencias ocurridas en la región de Latinoamérica, precisamente en las décadas de predominio de las políticas neoliberales.
 
Tenemos el caso de Chile que optó por la liberalización comercial, pero que desde 1982 hasta fines de los noventa, lo acompañó con un tipo de cambio real alto y con restricciones a los movimientos de capital de corto plazo. Entre 1982 y 1988 el peso chileno se depreció en casi 120%. Sobre el crecimiento excepcional de sus exportaciones, Ffrench-Davis (2004) dice: «tan notable desempeño estuvo asociado, durante las últimas dos décadas, a políticas heterodoxas más bien activas que procuraron preservar un tipo de cambio real competitivo y generar capacidad exportadora, en contraste con la implantación, únicamente, de reformas económicas ortodoxas, como ocurrió en los setenta».
 
El otro caso es el de México con un Tratado de Libre Comercio y reformas neoliberales. Después de la crisis de 1994-1995, se inició un proceso de recuperación de su economía que coincidió con el ciclo expansivo de la economía norteamericana, pero que fue impulsado fundamentalmente con un tipo de cambio real alto «heredado de los ajustes cambiarios que ocurrieron durante la crisis. Esta feliz combinación de factores se revierte a principios de siguiente década (2000-2010), cuando reaparece la tendencia a la sobrevaluación cambiaria y se produce la recesión de la economía de los Estados Unidos» (Ros, 2004). México, como Chile, tiene ahora una canasta exportadora más diversificada con productos manufacturados, que le ha dado –-como dice Ros— mayor flexibilidad y capacidad de respuesta a las fluctuaciones de los mercados financieros y del comercio internacional.
 
A modo de conclusión
 
Un tipo de cambio real alto y competitivo, es, en la coyuntura y el grado de desarrollo actual de Perú, uno de los instrumentos fundamentales de industrialización y, por lo tanto, de diversificación de su capacidad productiva y de su canasta exportadora.
 
 
 
Publicado en el Diario La Primera el sábado 14 de junio.

Fecha Publicación: 2014-06-07T10:54:00.000-07:00
El cambio del actual estilo de crecimiento presupone la transformación de la estructura productiva, esto es, la expansión y modernización de los sectores agrícola, manufacturero y de servicios transables. Cuando cambie la composición de lo que produce nuestro país, inexorablemente cambiará la composición de sus exportaciones y su participación, como economía abierta, en el comercio mundial. La pregunta entonces es: ¿cómo efectuar esta transformación productiva? Los que dicen que un eje de la «diversificación productiva» es la inserción de empresas nacionales en las cadenas globales de valor para «ampliar la canasta exportadora», nos hipotecan a sus principales actores: las grandes empresas trasnacionales cuyas estrategias impactan en los flujos de comercio internacional. Estas empresas deciden las estrategias en todas las etapas de las redes globales de producción y, por cierto, no aseguran su articulación con la economía interna, por lo que sus efectos distributivos y sus impactos sobre el desarrollo no son evidentes (Kosacoff y López, 2008). Además, la dinámica de la innovación se sitúa básicamente fuera de las fronteras de los países, limitando así los impactos de la cadena exportadora sobre el resto de la economía (Cimoli, 2005).
 
La carrera hacia el fondo (Race to the Bottom)
 
Por otro lado, una incorporación relativamente exitosa en las cadenas globales de valor, no es necesariamente durable porque pueden surgir nuevas y más atractivas fuentes de producción en países en desarrollo que ofrecen costos laborales y de insumos más bajos. La globalización ha hecho que los eslabones de la cadena puedan relocalizarse, y la posibilidad de hacerlo es mayor con la exacerbación de la competencia entre productores y exportadores de manufacturas intensivas en trabajo: todos tratan de contener los costos desregulando mercados para mantenerse atractivos a las inversiones extranjeras y empresas transnacionales. Este tipo de competencia, conocida como «a race to the bottom» (una carrera hacia el fondo) (Palley, 2011), ha conducido al estancamiento de los salarios reales, al deterioro de las condiciones de vida de las mayorías y a la política del «perro del hortelano» que deteriora el medio ambiente y perjudica a las poblaciones nativas. La carrera hacia el fondo es, entonces, consustancial a la constitución de las cadenas globales de valor. 
 
En esta lógica de la globalización se propone como segundo eje de la «diversificación productiva», la eliminación de «sobrecostos y regulaciones inadecuadas para incrementar la rentabilidad y la inversión de las empresas». Se trata –dicen sus autores- de «perfeccionar la regulaciones en las áreas laboral, salud y medioambiental».
 
Sabemos que con el desmantelamiento de los estándares regulatorios en las dos décadas de neoliberalismo,  se estancaron los salarios reales, aumentaron notoriamente las tarifas públicas (teléfono, electricidad, etc.), y se reprodujo una estructura del empleo de baja calificación y productividad. El 71% del empleo se ubica en empresas «De 1 a 10 personas», donde el ingreso promedio mensual es de 938.3 soles. De otro lado, el 68.4% del empleo tiene primaria y secundaria, y sólo el 16.5% tiene educación universitaria. La estructura productiva, por lo tanto, también está dominada por actividades de baja productividad y altamente intensivas en trabajo poco calificado (comercio, servicios, construcción y agricultura, que explican el 81.3% del PBI y el 87.7% del empleo).
 
Bajo estas condiciones internas, y apoyándose en mayores desregulaciones y reducciones de costos laborales, se pretende insertar las unidades productivas nacionales a las cadenas globales de valor. ¿Ayudará esto a superar las fallas estructurales de la economía peruana? No lo sabemos, pero el momento para hacerlo tampoco es oportuno. La crisis de las economías de los países del centro limita la posibilidad de sostener el crecimiento económico participando en redes globales de valor. 
 
El eje de la expansión de la productividad
 
Los autores de la propuesta de «diversificación productiva» le adicionan como tercer eje la expansión de la «productividad en todos los sectores, mediante difusión tecnológica, apoyo al desarrollo de clústeres, implementación de parques industriales, desarrollo de proveedores y diagnósticos regionales». La concepción de la productividad que está en la base de esta propuesta, es estática y exógena al estilo de crecimiento y acumulación de capital. Por ello no se menciona a la industrialización en la propuesta de «diversificación productiva».
 
La expansión de la productividad es un macro-fenómeno fundamentalmente endógeno, cuando el crecimiento es liderado por las actividades industriales. Es un subproducto de un patrón de acumulación de capital y del crecimiento del PBI –-dice Ros, 2013— como consecuencia del progreso técnico incorporado, de la presencia de rendimientos crecientes a escala y, especialmente en países en desarrollo, del rol de las ganancias de productividad derivadas de la reasignación de la fuerza de trabajo entre sectores. La generación de rendimientos crecientes se asocia a la industria manufacturera porque en ésta  las posibilidades de diferenciación y de surgimiento de nuevos procesos y productos no tiene límites –al igual que los cambios en la organización social de la producción--, pero además porque el dinamismo de los otros sectores productivos es el resultado del dinamismo industrial (Jiménez, 1999).
 
A modo de conclusión
 
Los tres ejes de la «diversificación productiva» analizados, son propuestas de cambio para que todo siga como está. Es el «gatopardismo» neoliberal, pues su máximo exponente ha dicho con claridad que su propuesta de «diversificación productiva no quiere generar cambios en los principios del modelo económico».
 
 
Publicado en el Diario La Primera, el sábado 7 de junio.

Fecha Publicación: 2014-05-31T13:16:00.000-07:00
La diversificación productiva debe tener como propósito endogenizar el crecimiento económico para integrar el país y resolver sus problemas estructurales. Lo que el país produce y vende en los mercados internacionales, pero también en el mercado nacional, revela el tipo de estructura productiva que tiene y la manera como crece y acumula capital. Estructura productiva y estilo de crecimiento explican lo que ocurre con la productividad promedio y con las productividades sectoriales. Lo que produce y vende con esta estructura y estilo de crecimiento revela, además, si el país tiene capacidad para alcanzar el nivel de la tecnología de los países más desarrollados. Por lo tanto, cuando la estructura y el estilo de crecimiento no favorecen a la producción de transables (agricultura, agroindustria y manufactura) y se crece con el liderazgo de los sectores no-transables de baja productividad y de la exportación de minerales,  se refuerza este rasgo estructural con todos sus efectos negativos sobre el empleo y la productividad, se mantiene la desconexión de la economía con la geografía y demografía,  y se acrecienta la vulnerabilidad externa de la economía. Por eso, la política de diversificación debe orientarse a transformar esta estructura y a endogenizar el estilo de crecimiento y acumulación de capital.  

Las fallas de mercado y la política de diversificación

Hacer dependiente la política de diversificación de las fallas de mercado es reduccionismo puro. Si bien se orienta a superar algunos problemas críticos de los países subdesarrollados (insuficiencia de oferta y calidad educativa, déficit de infraestructura, gastos públicos reducidos en investigación y desarrollo, ausencia de programas de mejoramiento de la calidad de la mano de obra, etc.),  deja de lado otros temas, igual o más importantes, como son las fallas estructurales de la economía (la ausencia de mercados internos, las desarticulaciones y heterogeneidades tecnológicas entre sectores, la desconexión de las poblaciones de la sierra y de la selva de la economía moderna, el atraso de la agricultura, etc.). Este enfoque reduccionista es, por esta razón, funcional al modelo económico neoliberal.

El enfoque de diversificación para endogenizar el crecimiento económico, es mucho más amplio.  Enfocarse sólo en las fallas de mercado tiene, además, otros problemas. Para empezar no hay fallas donde no hay mercados; hay que crearlos para integrar el país y para que el tipo de trabajo que realizan las personas exprese el grado de su conexión con la sociedad. De otro lado, el enfoque de las fallas de mercado supone que los modelos de mercados competitivos son básicamente correctos. Estos modelos hacen énfasis en la conducta de los agentes orientada a la maximización de beneficios, y no toman en cuenta que hay otros objetivos de la empresa privadas, como el aumento de su participación en el mercado, o la existencia de inversionistas que privilegian el corto plazo en la evaluación de sus posibilidades de beneficios (véase, por ejemplo, Nelson y Pack, 1998). Además, el enfoque de las fallas de mercado es supply side. No basta con enfrentar los problemas de oferta de factores, de insumos y de tecnología. Hay que resolver también los problemas de demanda de estos factores. Y en este tema, ciertamente, tiene papel importante la intervención del Estado.

Por último, como señalan Hausmann y Rodrik (2003), hay fallas del propio sector privado como el denominado problema del autodescubrimiento, y que es el caso que explica por qué las inversiones privadas para diversificar la economía no se expanden por la sierra y la selva del país. Los inversionistas vacilan en invertir en nuevas actividades porque temen asumir todos los costos de un fracaso posible o terminar compartiendo las ganancias con competidores que aparecieron después. Por eso, dicen Hausmann y Rodrik, se requiere que el Estado intervenga limitando la competencia en las nuevas actividades. 

El entono internacional y la política de diversificación

La política de diversificación no puede ser la misma de la época de la sustitución de importaciones. Otro era el entorno internacional en el que operaban los gobiernos y las empresas. El actual entorno internacional de mercados libres es funcional al estilo de crecimiento que reproduce los problemas estructurales de la economía. Por lo tanto, la política de diversificación productiva debe privilegiar el contexto nacional. Hay que integrar la economía y sociedad, reduciendo al mismo tiempo su vulnerabilidad externa. 

La propuesta de vincular la economía a las cadenas de valor y de comercio internacional, no es, por lo tanto, la solución a los problemas de la economía peruana. No resuelve, por ejemplo, el problema de la dependencia de la economía de las fluctuaciones en los mercados internacionales.

De otro lado, la literatura sobre el tema de las cadenas revela que hay una relación desigual entre las empresas internacionales grandes y las empresas pequeñas de países como el nuestro. Las primeras «deciden donde comprar, donde invertir, y donde localizar la actividad industrial»; por lo tanto, el rendimiento de los pequeños productores depende de las decisiones de las grandes empresas. Y, lo que es más grave, estas grandes empresas determinan las políticas económicas y de comercio de nuestros países.  

A modo de conclusión

El actual entorno internacional pone límites a la política de diversificación. Para contrarrestarlos hay enraizar los motores del crecimiento en los mercados internos, sin olvidar que en el contexto internacional actual el tipo de cambio es uno de los principales instrumentos de la diversificación productiva.

 
Publicado en el diario La Primera el sábado 31 de mayo.