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Fecha Publicación: 2014-04-19T06:31:00.002-07:00
El sábado pasado el ministro Luis Miguel Castilla dijo en una entrevista a RPP: «rechazo la afirmación de que estamos en piloto automático. Hemos invertido 80 millones de soles (sic) en obras y hemos adjudicado concesiones por más de 12 mil millones de dólares. En solo tres años hemos rebasado al quinquenio anterior».

El ministro atinó con la cifra de las concesiones pero no con la cifra de la inversión pública. En el quinquenio anterior se invirtieron S/. 82,229 millones y en los últimos tres años S/. 81,362 millones. Cuando él era viceministro de hacienda del Alan García, se invirtió, en promedio, 4.5% del PBI; este porcentaje subió en los últimos tres años a 5.2%.
La inversión pública aumentó porque creció el PBI
No mejoró la eficiencia del gasto público, no cambió la metodología de la formulación del presupuesto, no se elaboró un plan de inversiones concertado con las regiones, tampoco se adoptó la regla de oro para el financiamiento de las inversiones, ni se liberaron recursos de la deuda pública para destinarlos a inversión. A pesar de todo esto, la inversión pública aumentó porque operó el piloto automático del crecimiento impulsado por factores internacionales, haciendo crecer la recaudación.
En los últimos ocho años el PBI creció a una tasa de 6.7% promedio anual y, consecuentemente, los ingresos recaudados por la SUNAT aumentaron de 16.1% del PBI en 2001-2005, a 18.7% en 2006-2010 y a 20.1% en 2011-2013. Si los ingresos del tesoro crecieron por factores externos, ¿qué mérito tiene decir que en tres años invertimos el equivalente de la inversión del quinquenio anterior? Además, la inversión pública como porcentaje del PBI que exhibe Castilla es mayor en solo medio punto porcentual que el porcentaje que se alcanzó en los años 1996-1997.  
El crecimiento del PBI no se debe a la política fiscal
El PBI creció impulsado por la demanda externa y los altos precios de los minerales y, porque la expansión del crédito doméstico –-propulsado por el incremento de los préstamos en moneda extranjera— estimuló el crecimiento de los sectores no-transables de Construcción, Comercio y Servicios. La «política fiscal» siguió pasivamente al crecimiento del producto y, por lo tanto, de la recaudación. El ministro Castilla dejó que continuara el crecimiento en piloto automático, pero «prendiéndole velitas» al capital extranjero.
Sin conducción del MEF, el piloto automático primario exportador siguió debilitando el papel de la industria manufacturera y frenando la diversificación productiva. El ministro Castilla no respetó la Hoja de Ruta; por eso no lideró ni lidera la generación de «condiciones para desarrollar mercados internos, así como expandir las exportaciones con mayor procesamiento y contenido tecnológico, en el marco de una economía abierta». Frente a la apreciación monetaria provocada por el influjo de capitales extranjeros, Castilla afirmó que «el Perú debe aprender a vivir con su moneda fuerte», es decir, con la sistemática pérdida de competitividad de los sectores transables.
La tributación minera cayó en lugar de aumentar
El ministro Castilla lideró la elaboración de las leyes del gravamen minero y de la «adecuación» de las normas tributarias existentes, para incrementar la recaudación y socializar parte de las ganancias extraordinarias asociadas los altos precios de los minerales. Lo que se pretendía en el fondo era compensar el agotamiento del «activo» recursos naturales mineros, mediante el mecanismo de la tributación para generar otro «activo» (capital humano e infraestructura social) de tal forma de no perjudicar a las generaciones futuras. 
Las leyes propuestas por Castilla y aprobadas por este gobierno son las responsables de la notable caída del canon minero que se transfiere a las regiones. Las regalías mineras prácticamente desaparecieron al incorporarse como parte de los costos operativos para el cálculo del impuesto a la renta. La tributación interna de la minería disminuyó en 32.5% en 2013. El impuesto a la renta de tercera categoría del sector minero cayó en 45.8%, reduciendo aún más el canon. De otro lado, el gravamen minero recaudado en los dos años pasados equivale, en promedio, a solo el 29.2% de los tres mil millones de soles que se prometió recaudar anualmente. Por último, ¿Castilla sabrá que en los ocho años de su presencia en el MEF las empresas extranjeras remesaron al exterior US $ 76,269 millones por el concepto de utilidades y entraron al país solo US $ 61,411 millones por el concepto de inversión extranjera?.
A modo de conclusión
El ministro ha dicho que este año el crecimiento se ubicará entre 5.5% y 6%, porque confía en el crecimiento de la inversión privada y en el motor externo. Pero, no está tomando en cuenta que, además de la desaceleración de la economía China, el aumento de la tasa de interés en Estados Unidos (asociado a su recuperación), genera dos impulsos recesivos: bajan los precios de los commoditiesporque se contrae su componente especulativo y se van los capitales de países como el nuestro haciendo subir el tipo de cambio y reduciendo el crédito bancario en moneda extranjera.  No dijo nada nuevo en materia de política fiscal. Castilla, al igual que los otros ministros de economía del gobierno de García, heredó un mercado de deuda pública y nuevas reglas fiscales que se introdujeron durante el gobierno de Toledo; y, este es el otro piloto automático que le ha permitido sobrevivir como ministro.
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 19 de abril

Fecha Publicación: 2014-04-12T09:35:00.000-07:00
Hay analistas y economistas que afirman que las transformaciones efectuadas en las dos últimas décadas han generado una economía vigorosa y moderna. Cuanto menos interviene el Estado, dicen, mejor. Por ejemplo, un aficionado a la economía, García Miró, acaba de decir que en el Perú actual no son «necesarios estímulos, fiscal o monetario». Otros, cortesanos del poder económico, repiten lo que dijo Krugman: «si tratas de forzar una diversificación, la economía doméstica va a ser moldeada por la demanda interna y será muy difícil que surjan sectores exportadores exitosos». También hay los que controlan medios, manipulan información y difaman. Por ejemplo, en un spot de un programa de televisión, su indocto conductor le hace decir a Gastón Acurio: «preferiría de ministro de economía a Luis Miguel Castilla y no a Félix Jiménez porque creo en el mercado». Son los mismos que afirman que Krugman «ha desbaratado enfáticamente las ideas» de la diversificación y de la transformación del modelo primario exportador  (véase Lampadia.com).
 
Las fuentes del crecimiento en 1950-1970 y 1990-2008  
El cuadro adjunto muestra la desagregación del crecimiento del producto potencial durante 1950-2008, en sus dos fuentes principales: el aumento de la productividad total de los factores capital y trabajo, (PTF), y la acumulación de estos dos factores.
La contribución de la productividad al crecimiento del producto potencial es mayor en el período 1950-1970 que en el período 1990-2008. De 35.7% en 1950-1960 aumenta a 39.6% en 1960-1970. Este último porcentaje supera a la contribución de cada uno de los factores capital y trabajo (véase Cuadro). La década de 1960, que sigue a la promulgación de la ley de industrialización (1959), registra una notable expansión de la manufactura. El PBI crece, liderado por esta industria, a una tasa de 5.9% promedio anual. Es un crecimiento basado en la productividad porque su contribución es mayor que la que corresponde a cada uno de los factores capital y trabajo. Además, de estos dos factores, el capital es el que aporta más (33.8%).
En los años 80s, de crisis de la  deuda y de políticas macroeconómicas controvertidas, la caída de la productividad casi compensa la contribución al crecimiento de los factores capital y trabajo.
Con la aplicación de las reformas del Consenso de Washington durante el «fujimorato», el crecimiento económico ya no se basa en aumentos sostenidos de la productividad. Su contribución al crecimiento es negativa en 1990-2000 y de 30.0% en 2000-2008. El PBI crece a la tasa de 5.9% promedio anual entre los años 2000 a 2008; pero, a diferencia de lo que ocurre en el período 1960-1970, el crecimiento es liderado por la Minería y los sectores Construcción y Comercio (véase Cuadro).
La contribución del factor trabajo al crecimiento es de 55.5% en 1990-2000 y de 40.3% en 2000-2008. La productividad aporta positivamente solo en 2000-2008, pero con un porcentaje menor. El crecimiento durante 1990-2008 es, por lo tanto, explicado principalmente por la acumulación de factores, y es, además, intensivo en empleo de baja calificación.
Los aumentos en la productividad y la modernización de la economía (que se expresa en los aumentos del capital y de la productividad), son más importantes en el período de expansión manufacturera que en el período de crecimiento neoliberal. En este último período (1990-2008), el crecimiento es relativamente más intensivo en empleo, lo que es compatible con una inversión predominante en Construcción y con el crecimiento de los sectores Comercio y Servicios.  
Crecimiento intensivo en empleo de baja calificación y  productividad
El sesgo hacia el liderazgo de los sectores no transables y terciarios de baja productividad se profundiza en el período 2008-2013, mientras se debilita el liderazgo de la Minería. Durante estos años el PBI crece a la tasa de 6.2% promedio anual. El 84.8% de este crecimiento es explicado por los sectores Construcción, Comercio y Servicios que crecen a las tasa de 11.0%, 7.2% y 6.8%, respectivamente. Los sectores Agropecuario, Pesca y Manufactura crecen, juntos, a la tasa de 4.1% promedio anual. La minería lo hace solo a la tasa de 2.1%.
De acuerdo con información del INEI para el año 2012, el 63.5% del empleo se encuentran en los sectores Construcción, Comercio y Servicios. Este porcentaje aumenta a 87.7% si se le agrega el empleo del sector Agropecuario. En estos cuatro sectores se encuentra la gran mayoría de empresas de «1 a 10 trabajadores». Además, el 70.9% de los trabajadores ocupados se encuentra en este tipo de empresas y tienen un ingreso promedio mensual de solo 824.3 soles. Sin duda alguna, los trabajadores cuyos niveles educativos son de secundaria, primaria y menos (68.4% de la PEA ocupada), se encuentran en los mencionados cuatro sectores y en las empresas de «1 a 10» trabajadores.
A modo de conclusión
El neoliberalismo ha impuesto un estilo de crecimiento extractivista, con escasa innovación y contrario a la diversificación y producción de transables. Es un estilo que usufructúa de los altos precios de los minerales, y es impulsado internamente por sectores no-transables de baja productividad que crecen porque crece el empleo mal pagado con muy baja dotación de capital.
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 12 de abril.

Fecha Publicación: 2014-04-05T16:54:00.000-07:00
El INEI acaba de anunciar que 2007 será el nuevo año base para la elaboración de las cuentas nacionales. La estructura productiva del año base 1994 ya no representaba más la realidad. Las reformas y políticas neoliberales configuraron un estilo de crecimiento primario exportador y contrario a la producción de transables, con su correspondiente estructura productiva. Pero, la composición del PBI de 2007 que nos presenta el INEI, no corresponde a este estilo de crecimiento (véase el cuadro).

Inexplicable estructura del PBI en el año base 2007

El PBI total es la suma del PBI de cada uno de los sectores que lo conforman. Por consiguiente, aquellos sectores que crecen a tasas mayores que la del PBI total deben ser los que ganan participación y lo contrario debe ocurrir con los sectores que crecen a tasas inferiores.
Los sectores que crecieron a tasas superiores a la del PBI (4.49%) durante 1994-2007, fueron: Minería e hidrocarburos (6.3%); Electricidad, gas y agua (5.13%); Agricultura, ganadería y silvicultura (4.8); Comercio (4.51%); y, Construcción (4.5%). Sin embargo, en la estructura del PBI de 2007 que reporta el INEI, solo la Minería e hidrocarburos gana participación. De otro lado, los sectores que crecieron a tasas inferiores a la del PBI son los que extrañamente ganaron o mantuvieron su participación. La manufactura cuya tasa de crecimiento (4.33%) fue menor que la del PBI (4.49%), aumentó su participación de 16% a 16.5%; y, la Pesca que creció a la tasa de 1.6%, mantuvo su participación constante (véase Cuadro).

Los cambios producidos en 1994-2007 se profundizaron en 2007-2013. La Manufactura creció a una tasa (2.94%) mucho menor que la del PBI (6.23%). Los que crecieron a tasas más altas y, por lo tanto, lideraron el crecimiento, fueron: Comercio (7.2%), Otros servicios (7.03%) y Construcción (10.98%). La información para el conjunto del período 1994-2013, vuelve a mostrar el cambio de la estructura del PBI a favor de los sectores terciarios y no-transables. Los únicos sectores que lideraron el crecimiento del PBI –que creció a la tasa de 5.03% promedio anual--, fueron: Comercio (5.35%), Otros servicios (5.15%), Electricidad, gas y agua (5.35%) y Construcción (6.50%).
En resumen, el crecimiento de las dos últimas décadas –que tuvo que hacerle perder participación en el PBI a la Manufactura--, fue liderado por los sectores  terciarios y no-transables, e impulsado desde los mercados internacionales de productos primarios. Su carácter primario exportador se explica no solo por la expansión de la Minería, sino también por los impulsos externos al crecimiento que provinieron de los altos precios de sus productos. Durante 1994-2013 la Minería creció a la tasa de 4.95% promedio anual --menor que la tasa de crecimiento del PBI (5.03%)--, pero sus exportaciones en valores corrientes lo hicieron a la tasa de 15.1%. Hay que señalar, además, que los altos precios de los minerales provocaron una sistemática apreciación cambiaria que le restó competitividad a la producción de transables, haciéndoles perder liderazgo en la generación del PBI y en la multiplicación de ingresos y de empleo.

Sobre la metodología de la elección del año base
La elección de 2007 como nuevo año base de las cuentas nacionales es, además, metodológicamente discutible. Uno de los requisitos que debe reunir un año base, aparte de ser un año reciente y para el que hay suficiente información, es que las condiciones de mercado sean de relativa normalidad y que, por lo tanto, no haya mucha variabilidad en los precios.

Al respecto, los términos de intercambio alcanzaron su pico más alto precisamente en el año 2007 del período 1990-2010. No ocurrió lo mismo en el año 1994. Asimismo, en 2007 el precio de las exportaciones registró un nivel extraordinariamente alto y, como se sabe, es el año previo a la crisis internacional de 2008-2009. En consecuencia, el incremento de la participación de la Minería en el PBI no solo responde a la mayor extracción de minerales sino fundamentalmente a los altos pecios de los productos mineros que exportamos. Además, hay que tomar en cuenta que en el incremento de estos precios que empieza en los años 2005-2006, hay un componente especulativo importante. El aumento notable en la participación de la Minería e hidrocarburos reportada por el INEI, no es neto de este componente especulativo, lo que significa que está sobreestimado.
El INEI explica el aumento de la participación de la Minería e hidrocarburos por la mayor extracción y por sus mejores cotizaciones internacionales; pero no utiliza un razonamiento análogo para explicar, por ejemplo, la disminución de la participación del sector Comercio en el PBI. El valor del comercio al detalle aumentó de manera notable, pero su participación en el PBI, según el INEI, se ha reducido. También sorprende la caída en la participación del sector Construcción (baja de 5.6% a 5.1%), no obstante haber mantenido su liderazgo en el crecimiento económico de las dos últimas décadas.  

A modo de conclusión

El año base 2007 construido por el INEI, oculta que Perú ha pasado, según Dani Rodrik, por un cambio estructural contrario al crecimiento basado en aumentos de la productividad. Los trabajadores se desplazaron hacia actividades de baja calificación laboral y de baja productividad, principalmente porque el crecimiento fue impulsado por los altos precios de los commodities y los influjos de capital de corto plazo.


Publicado en el diario La Primera, el sábado 05 de abril

Fecha Publicación: 2014-03-29T11:17:00.002-07:00
Los actuales dueños del Perú han celebrado las afirmaciones de Paul Krugman en contra de la industrialización y diversificación productiva. Según sus escribidores más connotados, Krugman habría «desbaratado el afán industrializador y de diversificación de la economía, dando por zanjado un debate que desde hace tiempo enrarece el clima de inversiones en Perú».  Estos escribidores metecos dicen que ya no somos un  país primario exportador y que ya estamos «produciendo valor agregado». Por lo tanto, «no hay que asustarse mucho si se debilitan los precios de los commodities», porque –con lo dicho por el nobel—ya no importa el acentuado sesgo primario exportador en la estructura de nuestras exportaciones.

Estos defensores del extractivismo no saben que el vecino del sur desarrolló manufacturas basadas en bienes primarios y que, por ejemplo, Canadá alentó la inversión extranjera en su sector extractivo, pero condicionándola al desarrollo de actividades manufactureras y a transferencias de tecnología.
La descapitalización de la economía
Tampoco les importa la descapitalización del país. Krugman afirmó que es importante incrementar la inversión en educación, pero ellos no agarran el guante. No dicen nada de la notable caída de la tributación minera. De 2011 a 2013 el impuesto a la renta de tercera categoría proveniente de la minería cayó 57.2%. La caída en 2013 fue de 48.6%. En dos años, sin que los precios de los metales llegaran a sus niveles de 2004, dejaron de tributar alrededor de 4,443 millones de soles. El monto del impuesto a la renta que pagó el sector minero en 2013 equivale a 57.6% del que pagó en 2006. Por su parte, el gravamen especial a la minería, que según el actual gobierno ascendería a 3 mil millones de soles, fue de solo 942 millones en 2012 y de 809 millones en 2013. Nada de esto es consistente con el nivel de precios de las exportaciones que en 2013 fue mayor en 49% del que se registró en 2006; tampoco es consistente con el comportamiento de los términos del intercambio: en 2013 se redujo solo en 3.2% respecto de su nivel alcanzado en 2006.
El período 2006-2013 corresponde al boom de precios de los commodities. Durante estos ocho años, las utilidades y dividendos remesados al exterior por las empresas extranjeras (que básicamente operan en el sector minero), ascendieron a US $ 76,289 millones; la inversión extranjera directa fue de US $  61,411 millones, correspondiendo a reinversiones un total de  US $ 38,996 millones. En el conjunto de estos mismos ocho años, el impuesto a la renta correspondiente al sector minero fue de US $ 16,400 millones (47,392 millones de soles). No hay manera de sostener la idea que los activos minerales extraídos y exportados han sido sustituidos por otros activos (capital humano, industria y agroindustria) mediante la tributación. El presupuesto en educación sigue alrededor de 2.9% del PBI desde el segundo gobierno de García, y todos sabemos que gran parte de la infraestructura educativa y de salud se encuentra es situación deplorable, sobre todo en la sierra y selva del país. Por otro lado, seguimos produciendo servicios de baja productividad y con una mano de obra de baja calificación. Los sectores manufactura y agropecuario representan, juntos, el 20.9% del PBI a precios de 1994.
La vulnerabilidad externa de la economía
Los que dicen que ya no somos un país primario exportador y que no necesitamos diversificar nuestra economía, implícitamente aceptan que la desaceleración de la economía China no afectará el crecimiento ni alterará el modelo económico. Pero, cuando el crecimiento Chino se sitúe por debajo del 7% actual y se derrumbe el crecimiento de nuestro país, los dueños del Perú, consistentes con su conducta meteca y antinacional, buscarán otros culpables. No les importará que ante sus ojos los tratados de libre comercio no servirán siquiera como «eventos de relaciones públicas», tal como los calificara Krugman.
El primer ministro Chino, Li Keqiang, dijo que «tolerarían una desaceleración de la expansión económica este año y que procurarían promover reformas que busquen un crecimiento a largo plazo y sostenible». Analistas diversos están haciendo pronósticos sobre los efectos de estas reformas. M. Pettis, por ejemplo, dice que las reformas que conducirán al cambio en el estilo de crecimiento del país Chino, si realmente se efectúan, reducirán su tasa de crecimiento de manera dramática y por varios años. Nadie duda ahora que China no volverá a reproducir sus altas tasas de crecimiento. La situación económica difícil por la que actualmente atraviesa, está provocando que empresas endeudadas se declaren incapaces de servir su deuda. Al respecto, el primer ministro Chino dijo: «somos reacios a ver moratorias de productos financieros, pero algunos casos son difíciles de evitar».
La desaceleración del crecimiento Chino se expresará en nuestro país de dos maneras: caerá la demanda real por los minerales que producimos y le exportamos, y bajarán aún más los precios de estos commodities. Las economías más vulnerables a estos efectos según Craig Botham son: Chile, Colombia, Rusia, Sudáfrica y Perú.  El grado de vulnerabilidad es medido tomando en cuenta el peso de los commoditiesno alimentarios (non-food commodities) en el total de las exportaciones y el peso de las exportaciones a China (véase Ranking EM vulnerability to China, FT, Marzo 13, 2014).     
A modo de Conclusión
La caída de la demanda externa y de los precios de los commodities, reducirá aún más las exportaciones mineras y las inversiones. En ausencia de este impulso externo, se acentuará la disminución de la tasa de crecimiento de PBI. Si se compensa esta ausencia con impulsos internos de demanda, aumentará más el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y se redoblarán las presiones inflacionarias y devaluatorias. ¿Los dueños del Perú caerán en la cuenta que era importante diversificar la economía?
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 29 de marzo.

Fecha Publicación: 2014-03-22T17:32:00.002-07:00
En la conferencia de Paul Krugman del día 19, el moderador le pregunta ¿Es importante destrabar las inversiones para estimular el crecimiento? El nobel le responde, por supuesto que es importante. Es el tipo de preguntas con respuesta incorporada. Pero también le preguntaron, no obstante los datos que él mostró sobre la vergonzosa calidad de la educación en el Perú, si es vital industrializarse. «No; lo que realmente importa  --respondió Krugman-- es que la economía sea más productiva». Cuando le escuché pensé en Finlandia, un país con una economía de servicios y empleo de alta productividad. Mencionó que México ha tenido un crecimiento moderado en los últimos 25 años no obstante haber diversificado la estructura de sus  exportaciones, mientras que el desempeño de Chile fue mejor sin necesidad de diversificar o industrializar sus exportaciones. Chile sigue siendo un país exportador de commoditiescomo Perú, dijo.

Los casos de México, Chile y Perú
Krugman no mencionó que la diversificación de las exportaciones de México está asociada al crecimiento de las industrias maquiladoras con escasos encadenamientos internos. Tampoco dijo que el tratado de libre comercio que firmó con los Estados Unidos provocó un deterioro de su agricultura con pérdidas de activos y empleos notables (véase trabajos de Jaime Ros). Sobre Chile la respuesta de Krugman también fue muy general. No dijo, por ejemplo, que los minerales y las manufacturas representan el 22.6% y el 50%, respectivamente, del total de sus exportaciones. Chile ha desarrollado actividades agroindustriales importantes sobre todo en el sector de alimentos. Sólo las exportaciones de su industria forestal representa el 7.2% del total. También ha desarrollado manufacturas basadas en bienes primarios cuyas exportaciones representan el 25.7% del total.
Perú mantiene de modo casi permanente una estructura de sus exportaciones especializada en bienes primarios. Los productos mineros representan el 55.1% del total de sus exportaciones; y, si le agregamos el petróleo, el gas natural y los productos pesqueros y agrícolas, el porcentaje de los bienes primarios asciende a 73.4%. De otro lado, los productos no tradicionales donde se encuentran las manufacturas representan solo el 26.1%. Por ejemplo, las exportaciones de textiles y de productos agropecuarios con cierto grado de procesamiento, representan el 4.6% y el 8.1% del total, respectivamente. El Perú, entonces, es altamente vulnerable a las fluctuaciones de precios de los minerales. Krugman no lo negaría, no podría negarlo, si manejara estos datos.
La composición del crecimiento
Hay otros hechos que Krugman no tomó en cuenta, porque, como dijo repetidamente, no conoce la economía peruana. El crecimiento del PBI durante el período 2000-2013 fue de 5.8%. El 77.8% de este crecimiento fue explicado por los sectores no transables de Comercio, Construcción, Electricidad y agua, y Otros Servicios. En estas actividades se ubica el 63.5% de la PEA ocupada que en su gran mayoría son de baja calificación y, por lo tanto, de baja productividad. Si se le agrega el empleo ubicado en el sector agricultura, que también es de baja calificación, este porcentaje se eleva a 87.7%. De otro lado, en estos cinco sectores se ubica el grueso de las empresas de 1 a 10 trabajadores donde el ingreso promedio, en 2012, fue, según reciente información del INEI, de solo de 824.3 soles..
Esto quiere decir entonces que la economía peruana es primario exportadora y productora de servicios de bajísima productividad y con casi el 50% de su PEA ocupada en situación de subempleo. ¿Cómo cambiar esta situación?. Es verdad que se requiere una revolución educativa, pero esto no se hace con el 2.9% del PBI que anualmente se presupuesta para el sector Educación. Si a Krugman se le hubiera dado estas cifras, otra habría sido su respuesta. Pero afirmó que hace falta no solo educación y formación de capital, sino también recaudación tributaria más efectiva. Habría que haberle dicho que la participación de la tributación minera en el total de la recaudación, disminuyó con la ley del gravamen minero aprobado por este gobierno en cerca del 50%. 
Pero hay otros datos que hay que tomar en cuenta para evaluar el nivel de vulnerabilidad externa. El Perú ha pasado a importar más de lo que produce en agricultura y manufactura juntos.  Las importaciones representan el 152% de la producción manufactura. Nunca antes el Perú había tenido semejante penetración de las importaciones en su mercado interno, con un vector de exportaciones especializado en bienes primarios y, por lo tanto,  altamente dependiente de las fluctuaciones de sus precios y de la demanda mundial. Desde la crisis internacional de 2008-2009 la balanza de pagos ha dejado de ser superavitaria: en 2013 la cuenta corriente registró un déficit de 5% del PBI.
A modo de conclusión
Durante el periodo 2000-2013 el crecimiento de la propensión a importar (importaciones entre demanda interna) provocó una pérdida de mercado equivalente a un punto porcentual del crecimiento, mientras el coeficiente de exportación (exportaciones entre el PBI) no registró una tendencia creciente: de 17% en 2000 subió hasta 20.5% en 2006 y luego disminuyó hasta alcanzar 17.3% en 2013. Es claro, entonces, que no hay otra ruta que la diversificación para reducir la vulnerabilidad externa y cambiar el estilo de crecimiento basado en exportaciones primarias y en la producción de no transables de baja productividad.
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 22.

Fecha Publicación: 2014-03-15T21:12:00.000-07:00
Mientras el liberalismo combate el intervencionismo del Estado y postula su neutralidad económica, el republicanismo le otorga un papel promotor de la libertad y la democracia y no lo contrapone al mercado. El Estado republicano debe asegurar el ejercicio pleno de la libertad, dotando de condiciones materiales de existencia a todos los que carecen de ellas, promover la virtud cívica y el ejercicio de la ciudadanía, e incorporar mecanismos constitucionales de evaluación y control de los gobernantes elegidos por el pueblo para impedir que gobiernen en función de los intereses de minorías económicas.  Debe, además, promover el desarrollo de mercados y ejercer al mismo tiempo una tarea regulatoria para evitar la acumulación de poder económico. El mercado como institución social puede diseñarse para lograr la expansión de la libertad y democracia. Con el republicanismo, entonces, cambiará el modo de hacer política porque se recuperará su carácter de instrumento de justicia social. Así, una nueva izquierda practicante de un nuevo modo de hacer política, no puede ser estatista ni anti-mercado.
 
Republicanismo y construcción de la Nación
La universalización de la libertad republicana supone la inclusión ciudadana de la mayoría pobre y excluida económica, social y políticamente. Esta exclusión es dramática en países poco integrados o desarticulados como Perú, que responde a un solo Estado pero no constituye una sola Nación. Las elites empresariales y políticas que detentaron el poder de este Estado, perpetuaron la desigualdad de ingresos y de acceso a servicios sociales básicos manteniendo alejada de la modernidad a la población de la sierra y de la selva del país.  Con ello reprodujeron su desarticulación económica, social y política impidiendo la construcción de una Nación o comunidad política de ciudadanos libres y con iguales derechos.
La práctica de una democracia republicana en nuestro país debe, por lo tanto, contribuir también a la construcción de la Nación, generándole condiciones materiales de existencia a los pueblos excluidos de la sierra y de la selva, respetando sus derechos y evitando daños al medio ambiente. Este es el requisito para el ejercicio pleno de su libertad y el fortalecimiento de la democracia. Ahora bien, la ausencia o poco desarrollo de los mercados internos, es la otra cara de la perpetuación de la desigualdad y desarticulación del país. Cuando no hay mercados o estos están poco desarrollados –decimos parafraseando al Marx republicano--, las poblaciones pobres y excluidas no llevan en el bolsillo su conexión con la sociedad.
El mercado como institución social puede tener un papel integrador y, por lo tanto, contribuir, con su expansión y desarrollo a la construcción de una Nación integrada social y políticamente, con igualdad de oportunidades y de acceso a la justicia, educación, salud y servicios básicos. Su diseño institucional debe ser compatible con un orden republicano donde los hombres son libres porque tienen las condiciones materiales para serlo, y con un Estado que promueve activamente el desarrollo de los mercados y que los regula para impedir la acumulación de poder económico que es el origen de la exclusión social y política.
Republicanismo y Globalización económica
Nuestro país llegó a la era de la globalización económica sin terminar de construir la Nación. La acumulación desregulada de capital y de grandes fortunas que caracteriza a esta globalización, ha acentuado la miseria y exclusión social de centenares de millones de personas, convirtiéndose así en una seria amenaza no sólo a la libertad de estas personas, sino también a la autodeterminación soberana de muchos países del llamado tercer mundo.
El modelo económico neoliberal difundido con esta globalización ha acentuado en nuestro país el extractivismo político y económico. La economía funciona con impulsos externos y con actividades primarias que no respetan la ecología y, por lo tanto, los derechos de los pueblos indígenas. No es endógeno ni contribuye a la articulación del país. Su carácter no inclusivo exacerba la crisis de la democracia representativa porque incrementa la desigualdad y los conflictos sociales, al mismo tiempo que perpetúa la exclusión y la ausencia de condiciones materiales de la libertad de dichos pueblos. Tampoco promueve el desarrollo y expansión de mercados internos; su carácter especializado es contrario a la industrialización y la diversificación productiva.
La libertad y la ciudadanía republicanas son incompatibles con las relaciones de dominación y la dependencia material. La desigualdad resultante de la constitución de poderes económicos, atenta contra la libertad y la democracia. De la misma manera, la soberanía de un Estado es incompatible con la dependencia económica de poderes extranjeros. Sin el uso autónomo de sus recursos naturales para el desarrollo nacional, no hay ejercicio pleno de su soberanía. La convivencia democrática en el concierto internacional, en condiciones de igualdad, y con una economía abierta, supone  la existencia de Estados soberanos con condiciones materiales que les permite interactuar libremente.
Entonces, en consonancia con el pensamiento republicano, el carácter nacional de la transformación que requiere nuestro país, tiene que ser una reacción de autodeterminación nacional frente a las presiones de la globalización para desmantelar todos los estándares regulatorios (abaratamiento del costo del trabajo y flexibilización laboral, liberalización total del comercio y de los flujos de capital internacional, estímulos tributarios al capital extranjero, etc.). La autodeterminación nacional, el ejercicio soberano de las políticas económicas y el fortalecimiento de la democracia son incompatibles con esta globalización que especializa y no diversifica el aparato productivo del país.
A modo de conclusión
«Las grandes desigualdades sociales –dice Raventós—son las causas de la falta de libertad. Por esta razón el republicanismo democrático promueve mecanismos institucionales para que la ciudadanía tenga la existencia material, fundamento de la libertad plenamente garantizada». Esto es válido tanto para la libertad del individuo como para la autodeterminación de las naciones.


Publicado en el diario La Primera, el sábado 15 de marzo

Fecha Publicación: 2014-03-08T10:20:00.000-08:00
La defensa de la libertad y los derechos de las personas, así como la construcción de una democracia republicana, deben ser dos de los elementos constitutivos de la nueva izquierda (LP: 01-03-14). La libertad es ausencia de dominación en «presencia de otras gentes, no ausencia de dominación lograda merced al retiro de la vida ciudadana», por lo tanto, supone luchar por la generación de las condiciones materiales para su ejercicio. La democracia republicana, por su parte, es concebida no sólo por la manera en que se instaura (la voluntad general del pueblo), sino también por la manera en que se practica: la división y limitación recíproca de los poderes y la preservación de la pluralidad, pero también la posibilidad que tiene el pueblo –de acuerdo con Pettit-- de disputar las decisiones del gobierno. Para que el gobierno sea del pueblo y para el pueblo, se debe «fomentar la virtud cívica, la ciudadanía activa, los espacios de expresión, de cuidados y control o supervisión sobre los distintos órganos de gobierno, especialmente los representativos y elegidos».
 
La concepción republicana del mercado
 
El otro elemento constitutivo de la identidad de la nueva izquierda es la concepción del mercado como institución social que puede diseñarse para lograr la expansión de la libertad y democracia republicanas. Gran parte de la izquierda cometió el error de «cederle» la institución del mercado a la derecha liberal. El neoliberalismo exacerbó este prejuicio de la izquierda al contraponer el mercado al Estado y la economía a la política. Para los neoliberales «la economía domina la vida social y la rentabilidad privada domina la economía». Proponen que el mercado y las empresas privadas operen sin restricciones, con lo cual facilitan la constitución de poderes económicos que limitan la libertad y la democracia: no rinden cuentas a nadie y transforman las democracias en plutocracias.
 
La nueva izquierda tiene que rescatar al mercado del ámbito neoliberal y restituirle, de acuerdo al pensamiento republicano, su carácter de institución social y su capacidad de mecanismo de inclusión social. Como institución social el mercado «permite un amplio rango de diseño institucional». Puede, por ejemplo, como señala David Casassas, introducirse «medidas de política para reforzar la esfera de la existencia social autónoma y de la independencia material de todos los individuos de la sociedad, sin erosionar su posición social como actores económicos libres que son capaces de hacer contratos libre y voluntariamente».
 
En la articulación y reproducción del orden social el mercado tiene importancia fundamental porque permite asignar determinados bienes y recursos de modo descentralizado. Este papel es totalmente compatible con el objetivo de mejorar las condiciones de vida al que todo ser humano aspira y que este mejoramiento –como señalaba Adam Smith y reitera David Casassas-- ocurra en una comunidad plural, diversa y socialmente no fracturada. En otras palabras, el mercado puede permitir la extensión de la libertad y la inclusión social, cuando la sociedad está constituida por individuos libres e iguales, cuando esta sociedad es una comunidad sin dominación social. Este papel del mercado, de acuerdo al pensamiento republicano, se construye políticamente. El Estado tiene el papel de eliminar las fuentes institucionales y sociales de poderes económicos que ponen en riesgo la libertad y derechos de los individuos, y erosionan la esencia de la democracia.
 
El Estado como creador de mercado
 
En sociedades atrasadas donde existen poblaciones y regiones no integradas a la economía de mercado «moderna», donde la «comunidad política territorializada» no ha terminado de construirse, el Estado tiene que asumir su papel de creador de mercados para articular la economía con la geografía y la demografía. En las sociedades desarticuladas y atrasadas, las decisiones descentralizadas de inversión se orientan solo hacia aquellas áreas donde los mercados están desarrollados. La asignación de recursos tiene un problema de orientación; y si el Estado no elimina las restricciones para que esta asignación se extienda a lo largo y ancho de toda la nación, el carácter fracturado y desarticulado de la sociedad se reproduce en el tiempo.
 
El pensamiento liberal y neoliberal no tienen una explicación de cómo se crean los mercados. Tratan de las fallas del mercado, suponiéndolo dado. De acuerdo al pensamiento republicano y a los aportes de K. Polanyi, «la economía de mercado es una forma de organizar la producción y distribución de bienes que exige una organización social y política adecuada a su estructura de funcionamiento. En este sentido es un sistema político-económico cuyo diseño y construcción debe permitir asegurar a cada ciudadano su independencia material y por lo tanto su libertad individual y colectiva». Entonces, el sistema de mercado también puede constituirse en el mecanismo institucional de articulación de la economía con la geografía y demografía en sociedades fracturadas como la peruana. «Para extender la libertad y hacer de los pobres y desposeídos ciudadanos igualmente libres se requiere un Estado fuerte pero democráticamente controlado, contestable y participado».
 
A modo de conclusión
 
El sistema de mercado es un mecanismo institucional que hace posible el avance o retroceso de la libertad. Es posible entonces construirlo para que sea compatible con la libertad y la democracia republicanas. El objetivo de una sociedad libre y justa, no implica la supresión del mercado sino, como recuerda Polanyi, su regulación y adecuación a dicho objetivo. El papel del Estado tiene que ser el de limitar la generación de poderes económicos que «interfieren arbitrariamente en la vida de los demás, o que les permite definir políticamente el funcionamiento o normas de la sociedad».
 
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 8 de marzo

Fecha Publicación: 2014-03-01T15:43:00.001-08:00
Con la crisis de las ideologías (LP: 22.02.14), los partidos políticos pierden identidad porque ya no tienen referentes doctrinarios. Pero esta crisis no cuestiona el ideario democrático ni tampoco pone en duda el papel del mercado. Quizá por esta razón ahora es difícil encontrar agrupaciones de izquierda que se reclamen partidarias de la dictadura del proletariado, que rechacen la práctica democrática y que aboguen por la desaparición de la institución del mercado. En todo esto, aunque de modo general, las organizaciones de izquierda coinciden con las organizaciones denominadas de derecha.
 
La pérdida de identidad de las organizaciones de izquierda, sin embargo, es menos dramática porque puede ser reconstruida con una relectura del pensamiento republicano sobre la libertad, la democracia, el Estado y el mercado, a partir de los valores fundacionales que heredó de la tradición republicana: la emancipación social, el énfasis en lo público y la virtud cívica (Pocock, Dunn, Skinner, Pettit y Viroli). Estos valores fueron empobrecidos durante los siglos XIX y XX con la hegemonía del pensamiento liberal (y neoliberal), que despolitizó y privatizó la vida pública, y propició la generación de asimetrías de poder, afectando la democracia y la libertad.
 
La libertad como no-dominación
 
La concepción republicana de la libertad es distinta de la concepción liberal porque considera al individuo como un ser social que no puede existir totalmente solo. La autonomía individual que reclaman los liberales priva al hombre de la sociabilidad para supuestamente preservar su libertad. El hombre dedicado solo a la realización de sus intereses materiales, carece de interés por su comunidad. El republicanismo es contrario a esta doctrina, que conduce a la tiranía de los individuos y que antepone lo económico a lo político.
 
Los liberales defienden una idea de libertad totalmente formal,  «como simple isonomía frente a la ley y como ausencia de interferencia». Esta libertad sin obstáculos ha terminado convertida –como apunta Eloy García-- «en un mero instrumento de goce material y no en un fin en sí mismo al servicio de los grandes valores humanos». Para el republicanismo la libertad es ausencia de dominación. Las personas no pueden ser libres si no disponen de condiciones materiales de existencia. Para garantizar esta libertad, según Polanyi, debe haber un diseño institucional  o una regulación política-jurídica, y también económica. «Si un Estado está comprometido con el progreso de la causa de la libertad como no-dominación  entre sus ciudadanos --dice Pettit--, no puede menos que adoptar una política que promueva la independencia socioeconómica».
 
La pertenencia en comunidad implica armonizar la libertad y la autonomía con la búsqueda del bien común. Pero, para el republicanismo, como nos recuerda Casassas, la vida social no es un espacio políticamente neutral; «no es un espacio sin relaciones de poder, en donde los actores sociales se limitan a la firma de contratos, libre y voluntariamente». Por lo tanto, la libertad no es exógena a la vida social. Se alcanza y se mantiene por medios políticos, construyendo lo que Adam Smith denominaba cortafuegoscon el fin de impedir la dominación social.
 
El Estado Constitucional y la democracia republicana
 
Si bien el ideario democrático no es teóricamente cuestionado, con la crisis de ideologías la lógica de la política ha sido sustituida por la lógica del poder en el Estado Constitucional. «La lucha por el liderazgo, la dominación y la consecución de un séquito –dice Eloy García-- ha reemplazado a las ideas entendidas como instrumento de transformación desde la razón y la ilusión utópica de una realidad construida en la convivencia colectiva. Y es que sin ideología el Estado Constitucional-representativo fundado en la confrontación política de los partidos, se ve privado de toda su sustancia y reducido a una mera estructura formal de poder destinada a imponer una voluntad a los gobernados».
 
El desplazamiento de la política por la lógica del poder, ha afectado la esencia de la democracia: «los partidos desprovistos de ideología se convierten solo en estructuras de poder». La práctica de la dominación prescinde de la política como «forma de organizar la convivencia colectiva del hombre en comunidad, y anula su carácter de ciudadano». El obrar político del ciudadano se reduce al momento de elegir a sus representantes y cuando los grupos de poder privados asumen el control mediático de la sociedad, se anula en la práctica la libertad de los electores.
 
Se trata entonces de restituir a la democracia constitucional la virtud cívica: «piedra angular de la vida en común en una sociedad civil plural, diferenciada». Esta restitución debe ser acompañada del perfeccionamiento de los controles democráticos que permitan evitar, lo que Antonio Rivera llama, «la patológica oligarquización del Estado o la usurpación del espacio político por una minoría». Nuevos mecanismos de control constitucional de los representantes elegidos por el pueblo y la limitación recíproca de los poderes, incluido el poder económico, harán posible el retorno de la política como lazo de conexión social; el retorno de la virtud cívica o del deber de participar en la esfera política.
 
A modo de conclusión
 
Libertad y Estado republicano democrático no son excluyentes. El Estado democrático debe garantizar los derechos sociales de los ciudadanos y su independencia económica como requisito de su independencia política. Pero se trata de un Estado democráticamente controlado, contestable, que rinde cuentas, y que promueve la participación ciudadana.
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 01 de marzo.

Fecha Publicación: 2014-02-22T10:43:00.000-08:00

Después de la caída del muro de Berlín (1989), el neoliberalismo --doctrina que se había desarrollado a contrapelo del llamado socialismo real--, se impone en casi todos los países del mundo. En realidad, con la crisis del sistema de Bretton Woods, la estanflación de los años 1970 y la crisis de la deuda externa que se inicia en 1982, había concluido el compromiso del Estado con la democracia de velar por los equilibrios macroeconómicos y resolver las injusticias sociales generadas por el funcionamiento de los mercados en los países de democracias constitucionales. Por lo tanto, las políticas neoliberales se imponen desde los años |1979-1980 como salida a estas crisis, y su aplicación se extiende a los países de la periferia, siguiendo el recetario del Consenso de Washington de 1989. Pero, con las tres décadas de aplicación de las políticas neoliberales volvieron los problemas del pasado. La distribución del ingreso se hizo más desigual, originando la proliferación de conflictos sociales y políticos. Los mercados desregulados generaron asimetrías de poder que causaron la crisis internacional de 2008-2009 que aun no termina de resolverse, y que revela el fin de la ideología neoliberal que, entre otras cosas, contrapone y privilegia el mercado frente al Estado, abogando por su total neutralidad económica.    
 
La crisis de las ideologías y del constitucionalismo liberal
 
La caída del muro de Berlín (1989) puso fin a la ideología del colectivismo estatista que servía de sustento a los partidos de izquierda que defendían el voluntarismo colectivo frente al voluntarismo individualista de los neoliberales. Con la crisis terminal de la economía estatal como sistema, se impuso la ideología de los mercados desregulados. Pero, tanto en los países que abandonaron el colectivismo estatista como en las democracias constitucionales, la moda neoliberal en la política aceleró la degradación de los valores, normas, e instituciones concebidas por el liberalismo decimonónico. La caída del Estado denominado socialista, mostraba al mismo tiempo la crisis del Estado constitucional democrático que se había mantenido larvada durante los años de la guerra fría.
 
En el mundo de hoy, entonces, ya no son relevantes las ideologías que compitieron entre sí durante casi un siglo. A la degradación del colectivismo estatista, le siguió la degradación del constitucionalismo liberal y de la democracia representativa. El objetivo de la división de poderes (limitación mutua) pierde sentido cuando el poder ejecutivo anula la capacidad fiscalizadora del legislativo mediante el control absoluto de su bancada y sus aliados; y, cuando el poder judicial violenta su objetivo decimonónico de constituirse en instrumento de garantía de los derechos del sujeto individual. Siguiendo a Eloy García, podemos decir que, cuando la judicatura traspasa los límites de la legalidad positiva y se abre a la interpretación, adquiere la capacidad de imponer reglas informales a los que reclaman justicia, y se somete a los poderes políticos y económicos. Tampoco funciona el objetivo de la representación democrática; los elegidos adquieren vida propia al margen del pueblo o de sus electores. Las campañas electorales han sustituido el debate ideológico y programático por el marketing, y la conformación de oligarquías políticas vinculadas a los poderes económicos, afecta la esencia misma de la democracia y el ejercicio de las libertades.
 
Para el neoliberalismo “fuera del mercado” no hay salvación posible.  La libertad económica de los individuos es la única causa de la prosperidad; por lo tanto, no hay problema social que no lo resuelva el mercado si la libertad económica no es interferida por el Estado.  El Estado no debe limitar, sino facilitar, el poder económico. No hay interés común ni voluntad general, y la sociedad es solo una suma de individuos. En consecuencia, el neoliberalismo socava definitivamente los fundamentos de la democracia que el liberalismo decimonónico había construido. Se degradan así los principios del Estado de Derecho, la propia naturaleza de los derechos del hombre y de su libertad, la legalidad y la juridicidad del poder, la representación democrática y los procesos electorales libres.  En ausencia de interés común, el predominio de los intereses individuales anula el significado de la política como lazo de conexión social e instrumento de justicia. 
 
Estado, estructuras de poder y mercado
 
El liberalismo y el neoliberalismo parten de una base doctrinaria común: defienden el ámbito privado y la neutralidad del Estado.  Para defenderse del poder del Estado proponen la ausencia de sus intervenciones en los asuntos de la economía y el mercado. Este temor al Estado proviene de la previa existencia de Estados como estructuras despóticas de poder que correspondían al antiguo régimen de las monarquías absolutistas. Pasado el tiempo, este miedo al Estado que correspondía a la tradición liberal, reaparece con el totalitarismo del llamado socialismo real que se derrumba en 1989. 
 
Ciertamente, el Estado es una estructura de poder, pero no es la única que existe en nuestras sociedades. Liberales y neoliberales olvidan que en el mercado, en tanto institución social, también se constituyen estructuras de poder que afectan el ejercicio de la libertad y de la democracia representativa.
 
A modo de conclusión
 
La crisis de las ideologías ha revelado, entonces, la necesidad de replantear la concepción de la libertad, de la democracia y del mercado.  La libertad no solo debe definirse como ausencia de interferencia del Estado. Por su parte, la democracia requiere de nuevos mecanismos de control de los electores a sus representantes; y, para que el mercado se constituya en un mecanismo institucional que sirva al ejercicio de la libertad y del progreso social, debe replantear su conexión con el Estado.
 
 
 
 
Publicado en el diario La Primera,  el sábado 22 .
 
 
 
 
Nota:
Mil disculpas a los lectores de este blog por ausentarme cerca de dos semanas debido a problemas de salud. 
 
 

Fecha Publicación: 2014-02-01T10:08:00.000-08:00
El debate suscitado por la compra de EPENSA y ALFA BETA SISTEMAS por parte del Grupo El Comercio, se ha circunscrito a su efecto violatorio de las libertades de expresión e información. Es verdad que al tener ahora una participación de cerca de 80% en el mercado de la prensa escrita y controlar el 79% de los ingresos por publicidad, el Grupo El Comercio ha acrecentado su poder de controlar y administrar información, afectando así libertades constitucionales básicas. Pero, hay que señalar que la violación al artículo 61 de la Constitución de 1993 no solo se da en el mercado de los medios de prensa, sino también en otros mercados.
 
La doctrina neoliberal del mercado
 
La doctrina neoliberal surge como reacción a la instauración del comunismo en 1917 y al ascenso del nazismo en Alemania. Es una reacción contra la «economía estatal». Esta doctrina se aleja del pensamiento liberal clásico porque –como dice Vargas Llosa en su artículo «Liberales y Liberales» (La República, 26 de enero)-- convierte al liberalismo en una doctrina «esencialmente económica, que gira en torno del mercado como una panacea mágica para la resolución de todos los problemas sociales».  Sus más preclaros representantes son Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek de la llamada escuela austriaca. Ambos argumentaban que la privación de la autonomía económica del individuo conduce a la esclavitud política. Estos son los ideólogos de la oposición entre el Estado y el mercado, de la ausencia de intervenciones económicas del Estado en el mercado. Con precios y salarios flexibles, los mercados libres, sin restricciones, asignan eficientemente los recursos generando bienestar general. Como el mercado no puede hacer nada mal, los neoliberales proclaman una intervención estatal especial: la supresión sistemática de toda traba al libre funcionamiento del mercado.
 
Esta doctrina se pone en práctica con Ronald Reagan en los Estados Unidos (1981-1989) y Margaret Thatcher en Gran Bretaña (1979-1990). Sus reformas económicas y sociales --que Vargas Llosa las concibe como «de inequívoca raíz liberal»--, se apoyan precisamente en esa concepción que antepone el mercado al Estado. Reagan desmanteló el compromiso de la democracia con el capitalismo, compromiso que le asignó al Estado el papel de asegurar los equilibrios macroeconómicos y corregir las injusticias sociales derivadas del funcionamiento del mercado. Para Reagan el Estado era el «problema» frente al mercado que encarnaba la «solución». Thatcher siguió el mismo camino. Revelando su franca adhesión a la escuela austriaca llegó a afirmar que «La sociedad no existe. Sólo existen hombres y mujeres individuales».
 
En consecuencia, no se puede afirmar, como lo hace Vargas Llosa, que Reagan y Thatcher «impulsaron la cultura de la libertad de manera extraordinaria». Es imposible preservar la libertad renunciando a la sociabilidad. En la visión atomista del individuo no hay interés común o colectivo que oriente sus decisiones como ciudadano. Por lo tanto, el neoliberalismo pone en riesgo la libertad de los individuos como ciudadanos y, por lo tanto, la democracia.
 
Las asimetrías de poder en el mercado
 
La crisis internacional actual ha demostrado que el funcionamiento libre del mercado no lleva al bienestar general. Pero también ha mostrado que alienta la formación de grupos de poder económico. El Estado intervino para socializar los riesgos y efectos negativos del mercado desregulado, y para mantener el carácter privado e individual de los beneficios financieros y económicos. Es la paradoja del «neoliberalismo de Estado» que privilegia la constitución de individuos y grupos con poder económico que no rinden cuentas a nadie. Además, el neoliberalismo alienta la globalización, lo cual hace posible que los agentes económicos evadan el control político de los Estados nacionales. Es el ideal neoliberal: el Estado y los políticos puestos al servicio de los poderes económicos.
 
Los mercados desregulados tienden, entonces, a generar asimetrías de poder, con individuos o grupos de individuos que acaparan «poder de mercado» y que suelen constituirse en oligarquías político-económicas. Así, las instituciones que genera la desregulación de los mercados, son extractivistas o rentistas, enemigas de la pluralidad y de la democracia, enemigas de la innovación y del cambio. Estas instituciones revelan la existencia de otra paradoja en la praxis neoliberal: se rechaza la intervención del Estado en nombre de la libertad de los individuos, y al mismo tiempo que se dificulta esta libertad con «la libertad sin restricciones que se concede al mercado y a las empresas privadas».
 
El mercado desregulado ya no es la institución social que puede alimentar el encuentro entre individuos libres y civilmente independientes, pero con dimensión social.  Este encuentro, según imaginaba Adam Smith, permitía asegurar  el mejoramiento de las condiciones de vida a que todo ser humano aspira, y que este mejoramiento material ocurra en una comunidad plural, diversa y en ningún caso en una sociedad socialmente fracturada. Para Smith –como nos recuerda David Casassas--, la libertad y la equidad no solo son compatibles, sino que se necesitan mutuamente.
 
A modo de Conclusión   
 
Para regresar al principio de este artículo, el debate sobre la concentración de los medios de prensa escrita debe ampliarse a otros mercados de bienes y servicios, y ayudar a crear consensos sobre medidas específicas como el impulso de una ley de fusiones y concentraciones.
 
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 01 de febrero.
 

Fecha Publicación: 2014-01-26T10:19:00.000-08:00

El corazón del discurso neoliberal sobre lo que ocurre con la inversión privada es la «confianza de los inversionistas» que, según dicen, habría sido erosionada por el propio gobierno del Presidente Humala. El tema de Repsol, aunque ya aclarado; la modernización de la refinería de Talara garantizada por el Estado; la posibilidad, prácticamente descartada, de un apoyo estatal a la inversión en el gasoducto del sur y al desarrollo de la industria petroquímica; la intervención del Presidente «tomando partido» contra la  concentración de la propiedad en la prensa escrita; la  regulación de la pesca; el proyecto de ley de educación que «no toma en cuenta la opinión de los propios involucrados» (léase los propietarios de universidades que no pagan impuestos); en fin, cualquier medida que vaya más allá de las políticas «sociales» y que involucren aumentos «importantes» del gasto público, son todas consideradas desincentivos a la inversión privada, nacional y extranjera, porque generan desconcierto y desconfianza entre los empresarios.
 
La confianza y el aumento de la inversión privada
 
Los neoliberales sostienen que la intervención del gobierno en la economía es inherentemente indeseable. Se sienten los únicos defensores del mercado. No entienden que puede desarrollarse mercados sin demonizar la acción pública. La ideología individualista encarnada por los poderes económicos privados, ha llegado al extremo de dictar contenidos y formas de gobernar, menoscabando la democracia, la legalidad y la propia constitucionalidad de los gobiernos elegidos. Como no admiten la existencia del bien común en una sociedad de individuos libres, contraponen el interés privado al público. Y en esta línea de razonamiento, creen que las decisiones privadas de invertir en una economía de mercado se fundan en la confianza que genera la ausencia de intervenciones gubernamentales.
 
La confianza entendida como no interferencia del Estado no aparee en la literatura especializada como determinante fundamental de la inversión privada.  Desde la crisis de los años treinta del siglo XX, se sabe que ni esta confianza, ni las bajas tasas de interés, ni los recortes de impuestos, determinan el incremento de la inversión. Las empresas producen cantidades que ellas consideran que pueden vender. Si ellas esperan que sus ventas sean crecientes durante una larga serie de años futuros, entonces y solo entonces decidirán invertir para expandir su capacidad productiva. Ni la confianza, ni el recorte de impuestos per se, ni las bajas tasas de interés, aseguran que aumenten las ventas en el mediano y largo plazo.  
 
El actual estancamiento de los mercados externos es, por lo tanto, un obstáculo al aumento de la inversión en economías primario-exportadoras como la nuestra. El gobierno de Humala puede rendirse totalmente ante los reclamos de la CONFIEP, pero no aumentarán las inversiones privadas mientras no haya claros signos de crecimiento sostenido de la demanda externa. De otro lado, en un contexto de salarios reales estancados, tampoco aumentarán sostenidamente las inversiones privadas para el mercado interno. Las empresas que no esperan un sostenido crecimiento de los ingresos, no invertirán aun cuando las tasas de interés se ubiquen en niveles cercados a cero. «Podemos llevar el caballo al agua, pero no podemos obligarle a que se lo tome».
    
La relación inversión pública-inversión privada
 
De acuerdo con el discurso neoliberal deberíamos esperar que en los recientes años de crecimiento, la inversión pública haya desplazado a la inversión privada. Esta hipótesis del «crowding out» no se cumple en nuestro país. Ambos tipos de inversión tienen una misma tendencia ascendente. Sus tasas de crecimiento anuales registran el mismo signo en la gran mayoría de años del período 2000-2013. Es más, en los años en que crece la inversión pública como porcentaje del PBI también crece el respectivo porcentaje de la inversión privada. De 2011 a 2013 estos porcentajes fueron de 4.5%, 5.2% y 5.8% para la inversión pública, y 19.6%, 21.4% y 22.0% para la inversión privada.  
 
La complementariedad que hay entre ambos tipos de inversión no es aceptada por el discurso neoliberal. La inversión pública (en servicios básicos, en infraestructura social y económica, etc.), genera externalidades positivas para la inversión privada. Sin la inversión pública que el Estado realiza en la sierra y selva del país, sería imposible que las inversiones privadas tuvieran la misma orientación. Esta complementariedad se da, no obstante que la parte dinámica del inversión privada es la inversión extranjera que se dirige básicamente a la explotación de los recursos naturales.
 
En el actual escenario de una economía internacional estancada, la combinación adecuada de inversiones públicas e inversiones privadas nacionales orientadas a la transformación industrial del país, es la que aseguraría un rápido y sostenido crecimiento económico. Para que esto ocurra, el gremio industrial debe adquirir autonomía frente a la CONFIEP y promover políticas para relanzar un programa de industrialización de largo plazo.
 
A modo de Conclusión
La reciente crisis internacional ha puesto de relieve la necesidad de pasar de un crecimiento impulsado por la producción de materias primas, a otro cuya sostenibilidad provenga de la expansión de los mercados internos y de la eclosión de la inversión privada nacional.  
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 25. 

Fecha Publicación: 2014-01-19T09:44:00.000-08:00
Durante el periodo enero-noviembre de 2013 el Producto Bruto Interno del país creció en 4,92% y en el periodo anualizado diciembre 2012-noviembre 2013 lo hizo en 4,89%. Estos datos proporcionados por el INEI revelan que no hay indicios de una tendencia ascendente en la tasa de crecimiento del PBI. En noviembre la tasa fue de 4.81% y no de 5% como esperaban Castilla y Velarde; y, en diciembre no habrá el notable repunte que ellos vaticinaron. Lo más probable es que este año 2014 también se frustren las expectativas del ministro Castilla de alcanzar «como mínimo» una tasa de crecimiento de 6%.  Castila cree que 2014 será el año de «la recuperación de la economía mundial», por eso impulsa y apoya la «operación de importantes proyectos mineros y de infraestructura».
 
Cambio de signo en la política monetaria de Estados Unidos
 
Hay tres factores importantes que caracterizarán el entorno internacional y que tendrán efectos en el ritmo de crecimiento de la economía peruana. En primer lugar, el lento y bajísimo crecimiento de la eurozona. En segundo lugar, la recuperación de la economía de los Estados Unidos y el cambio de signo de su política monetaria. Y, en tercer lugar, la desaceleración del crecimiento de la economía China como efecto de las reformas destinadas a cambiar su estilo de crecimiento.
 
El primer factor puede ser asumido como un dato que no tendrá mayores impactos en nuestra economía. El Banco Mundial y el propio Banco Central Europeo pronostican tasas de crecimiento para los próximos tres años por debajo de 1.5%, en promedio, con la advertencia de que «persisten los riesgos que amenazan la recuperación» de los países de la eurozona.
 
¿Qué efectos tendrá el cambio de signo de la política monetaria de Estados Unidos? Aunque su recuperación económica no es todavía notable, la FED ha anunciado que desde enero de este año empezará a reducir la emisión monetaria mensual destinada a la compra de títulos del tesoro y bonos hipotecarios, hasta terminar el año con el cese total de estas compras. Si bien no habrá cambios en la tasa de interés de corto plazo (0.25% anual), la reducción progresiva de la compra de bonos, hipotecarios y del tesoro, dará lugar a incrementos en las tasas de interés de mediano y largo plazo. El aumento de estas tasas elevará el costo del endeudamiento y de los préstamos hipotecarios, con lo cual se afectará a la industria de la construcción que es uno de los motores de la actual recuperación económica de los Estados Unidos. 
 
Pero, la subida de las tasas de interés de mediano y largo plazo también tendrá efectos negativos importantes en las economías emergentes como la peruana. Por un lado, impactará negativamente en los precios de las materias primas porque acrecentará el costo de sus inventarios y eliminará o reducirá su componente especulativo. Estos dos efectos harán bajar sus precios, con lo cual se desacelerará el crecimiento de la economía peruana.  Por otro lado, provocará una salida de capitales financieros, salida que, a su vez, elevará el tipo de cambio y desacelerará el crecimiento del crédito, con lo cual también se desacelerará el crecimiento de la economía peruana. Con precios de las materias primas a la baja y con capitales financieros que se fugan, será imposible replicar tasas iguales o mayores al 6% como las que se registraron en el período 2004-2008.
 
Reformas y desaceleración del crecimiento Chino
 
El pleno del partido comunista Chino efectuado en noviembre del año pasado acordó un conjunto de reformas orientadas a modificar su estilo de su crecimiento económico, es decir, abandonar el estilo liderado por las exportaciones que descuidó los mercados internos y los niveles de vida de los trabajadores y consumidores, en especial, de campesinos y familias rurales. La necesidad de estas reformas se discute desde los años 2006-2007. El carácter insostenible y desbalanceado de su modelo exportador fue denunciado en marzo de 2007 por el entonces primer ministro Wen Jiabao. Bajo este modelo se realizaron gastos en proyectos de inversión masivos con tasas de retorno reales negativas y la deuda aumentó por encima de la capacidad de pago de sus servicios.
 
Las reformas están orientadas precisamente a resolver esos problemas. Se propone desviar recursos del sector económico estatal hacia las pequeñas y medianas empresas, así como incrementar la participación del consumo en la demanda interna. En términos específicos estas reformas suponen, entre otras cosas, cambiar la política de tasas de interés y crediticia, la composición de la asignación de los créditos, estimular la innovación, reformar la propiedad de la tierra y los requisitos de residencia, e instaurar el imperio de la ley. El horizonte temporal de estas reformas se extiende hasta el año 2020.
 
La implementación de las reformas desacelerará el crecimiento chino y con ello presionará a la baja de los precios de las materias primas. De acuerdo con el sinólogo Michael Pettis «la ejecución exitosa de las reformas será exactamente la explicación de por qué las tasas de crecimiento caerán bruscamente».
 
A modo de Conclusión
La desaceleración del crecimiento chino, la disminución de los precios de las materias primas y la salida de capitales del país, son factores que conspiran contra la expectativa de crecimiento de la economía peruana a tasas iguales o superiores al 6% anual. El escenario internacional actual está marcando la hora de la industrializción.
 
 
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 18 de enero

Fecha Publicación: 2014-01-11T09:07:00.000-08:00
El Comercio –grupo económico con un brazo mediático escrito y televisivo-- ha pasado a controlar el 75% de la prensa escrita en el país con la compra de los periódicos que publicaba el grupo Epensa. En Lima el porcentaje de concentración asciende a 83%, según informa el economista Jorge Fernández Baca. Además pasará a controlar el 79% de los ingresos por publicidad de todos los periódicos que circulan a nivel nacional. Estos datos revelan que El Comercio ha violado el artículo 61 de la Constitución de 1993, cuyo segundo párrafo (copia del artículo 134 de la Constitución de 1979), señala: «La prensa, la radio, la televisión y los demás medios de expresión y comunicación social; y, en general, las empresas, los bienes y servicios relacionados con la libertad de expresión y de comunicación, no pueden ser objeto de exclusividad, monopolio ni acaparamiento, directa ni indirectamente, por parte del Estado ni de particulares».
 
La ideología de la tiranía del interés privado
 
El 5 de enero El Comercio respondió a las declaraciones del Presidente Humala contra la concentración de medios y a su propuesta de debatir el tema en el Congreso. El Comercio –que ya había «informado» que Humala había lanzado una «velada amenaza contra la libertad de expresión»-- ahora, respondiendo a sus preguntas (¿Quién amenaza realmente a la libertad de expresión? ¿Aquel grupo empresarial que compra los medios de comunicación o el presidente de la República?), dice: «aquí le dejamos la respuesta, señor presidente: usted. Usted amenaza la libertad de expresión, igual que cualquiera que proponga limitar por ley lo que es parte del derecho a elegir de todos y cada uno de los ciudadanos».
 
Sin remordimiento alguno por su acción anticonstitucional de acaparamiento, El Comercio se justifica afirmando que: «No existe cuota de mercado alguna que no provenga de los ciudadanos que lo escogen y consumen. Los consumidores son los que tienen la última y definitiva palabra a la hora de “concentrar” o “desconcentrar” cuotas de un mercado y la ejercen, de hecho, de manera muy activa y contundente».
 
Este argumento se funda en la llamada soberanía del consumidor, que para la ideología neoliberal es la «soberanía de las fuerzas económicas, encarnadas en la voluntad de los individuos, por encima de la soberanía política». Es, como dice Todorov, una ideología de la tiranía de los individuos que daña los fundamentos de la democracia. «El neoliberalismo pretende impedir que la voluntad general limite la acción de los individuos, y como no admite la existencia de un interés común, reduce la sociedad a la suma de las personas que la componen».
 
Por lo tanto, la soberanía que el neoliberalismo le confiere al individuo, le quita su carácter de ciudadano. (Nótese que El Comercio confunde subliminalmente a «su» consumidor con un ciudadano). En una masa indiferenciada de individuos reducidos a sus intereses económicos, no puede haber ciudadanos. El neoliberalismo tiene una visión atomista del individuo y de sus intereses. No hay un interés común o colectivo que oriente las decisiones del individuo como ciudadano. El neoliberalismo alienta la tiranía de los individuos a expensas de la libertad y soberanía de los ciudadanos. Como es contrario a la soberanía de los ciudadanos, el neoliberalismo debilita la democracia.
 
En esta lógica individualista Hayekiana se encuentra la concepción neoliberal de la libertad sin restricciones del mercado y de las empresas privadas. Por eso El Comercio no cree que acapara, aunque sabe que se ha constituido en poder económico que, en el campo mediático, controla y administra información, afectando la pluralidad informativa, que es un derecho ciudadano.     
 
La falacia de la libertad de elegir
 
El Comercio dice: «la libertad de un medio de llegar a tal o cual cuota del mercado no es más que la otra cara del derecho de sus consumidores a elegirlo y no se puede limitar aquella sin restringir al mismo tiempo a este». Defiende el poder que tiene ahora argumentando que así defiende la libertad que tienen los «consumidores» de «comprarlo». ¡La libertad de los consumidores es la otra cara de su libertad de acaparar! Por eso, El Comercio cree que la crítica a su acaparamiento de la propiedad en la prensa es un «ataque» a la inversión privada.  
 
Decir que el «consumidor» es libre para elegir, es una osadía. Los neoliberales, con su rechazo a toda intervención del Estado, desbrozan el camino hacia la configuración de grupos con poder económico que afectan directamente a la democracia y a la soberanía popular. Frente al poder de los medios (escritos y televisivos) que concentran la propiedad, que insisten sobre un mismo «mensaje» o manipulan la información, los ciudadanos «disponemos de poca libertad para formarnos nuestras opiniones y tomar nuestras decisiones».
 
De aquí se deduce que la pluralidad de información y la limitación a la concentración de la propiedad son fundamentales para la democracia. Si se tiene mucho dinero --dice Todorov—es posible «comprarse una cadena de televisión, o cinco, o diez, y emisoras de radio, y periódicos, y hacer que digan lo que queremos para que los consumidores, lectores, oyentes y espectadores piensen lo que queremos. En este caso ya no se trata de democracia, sino de plutocracia, ya no es el pueblo quien tiene el poder, sino sencillamente el dinero. El poderoso puede imponer tranquilamente su voluntad a la mayoría».
 
A modo de Conclusión
En nuestra sociedad los poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) están separados para que se limiten mutuamente; pero, los poderes económico y mediático están banalizando o instrumentalizando estos contrapesos democráticos. Por eso, para fortalecer la democracia hay que limitar todos los poderes, los de Estado y los poderes, económico y mediático.




Publicado en el diario La Primera, el sábado 11 de enero.

Fecha Publicación: 2013-12-28T11:26:00.000-08:00
Ollanta Humala concluye la primera mitad de su gobierno elegido por el voto popular, con una economía menos competitiva, más penetrada por importaciones y menos industrial, y con un crecimiento económico que no se basa en la productividad. Las mismas tendencias que revelamos al final de sus primeros diecisiete meses de su gobierno, con la diferencia de que ahora la tasa de crecimiento económico se encuentra en franco descenso.
 
Economía menos competitiva y menos industrial
 
El gobierno de Humala continuó la política de caída sistemática del tipo de cambio real que empezó con el segundo gobierno de Alan García.  De julio de 2011 a noviembre de 2013 el tipo de cambio real multilateral se redujo en 10.5% y el tipo de cambio real bilateral en 21.5%.  Esta caída continuó, no obstante la desaceleración del crecimiento económico y de la notable reducción del ritmo de crecimiento de las exportaciones como resultado de la crisis internacional de 2008-2009. Los valores del tipo de cambio real a noviembre de este año se encuentran por debajo de los registrados antes de la crisis internacional de 1998-1999.
 
Los exportadores de productos no tradicionales saben que la caída del tipo de cambio real encarece sus productos en los mercados internacionales y, por lo tanto, les hace competir con enorme desventaja en estos mercados. Por otro lado, la caída del tipo de cambio real abarata las importaciones, facilitando su penetración en el mercado interno. En consecuencia, el gobierno de Humala, siguiendo la ruta del segundo gobierno de Alan García, ha acentuado la dependencia de importaciones de nuestra economía, al mismo tiempo que le hizo perder mercado interno a parte importante de los productores nacionales.
 
El valor de la producción manufacturera representa menos del 65.0% del total de importaciones. En otras palabras, las importaciones totales equivalen a más del 155% del valor de la producción manufacturera. En los años 1974-1975, cuando se hablaba del apogeo de una industria adicta a dólares e importaciones, los bienes de consumo duradero, insumos y bienes de capital importados representaban sólo el 55.1% de la producción manufacturera.
 
La desaceleración económica motivada por el actual estancamiento de la economía mundial, muestra que el gobierno de Ollanta Humala no hizo prácticamente nada para fortalecer la economía interna y sus mercados. Siguiendo la ruta tradicional de los gobiernos neoliberales, reeditó en escala mayor la vulnerabilidad externa de la economía. Hay una continua reducción del superávit comercial en los últimos cinco  años y este año 2013 se convertirá en déficit. Por su parte, la cuenta corriente de la balanza de pagos registra un creciente déficit en valor absoluto: pasó de -1.9% del PBI en 2011 pasó a -3.4% en 2012 y a cerca de 5.5% en 2013.
 
El crecimiento no se basa en aumentos en la productividad
 
El crecimiento económico durante la primera mitad del gobierno de Ollanta Humala fue liderado fundamentalmente por el crecimiento de la construcción, del comercio y de los servicios. Este estilo de crecimiento es el que ha predominado durante la última década de alto crecimiento del PBI y el que ha resultado de las políticas neoliberales de los últimos 23 años.
 
Durante los primeros tres trimestres de este año respecto a similar periodo de 2012, el crecimiento del PBI fue de 4.88%. Los sectores que crecieron por encima de este promedio fueron: Construcción (10.50%), Comercio (5.52%), Transporte y Comunicaciones (5.8%), Servicios Prestados a Empresas (6.65%), Restaurantes y Hoteles (6.56%), y Resto de Otros Servicios (5.63%). Todos estos son sectores de producción de no transables, es decir, de producción que no se comercian en los mercados internacionales.  La tasa de crecimiento de la manufactura fue de solo 1.51% y del sector agropecuario de 1.68%. 
 
Los sectores agropecuario, pesca y manufactura contribuyeron con solo el 7.5% del crecimiento del PBI durante los primeros meses de este año (4.88%). El sector minería e hidrocarburos contribuyó con el 1.6%, mientras el 90.9% restante le correspondió a todos los sectores no transables (construcción, comercio, servicios, derechos de importación y otros impuestos).  Por otro lado, la estructura productiva de la economía peruana está caracterizada por el predominio de los sectores no transables que representan el 71.04% del valor total del PBI,  mientras que la producción los sectores manufactura, pesca y agropecuario representan solo el 24,3%. La minería e hidrocarburos participan con el 4.67%. 
 
Los datos anteriores indican que la economía peruana se ha hecho menos industrial y agropecuaria y más productora de no-transables y servicios de baja productividad. En el conjunto de los sectores de servicios, incluido el comercio y la construcción, se encuentran de manera predominante las empresas «de 1 a 10 trabajadores» donde los ingresos y la calificación de los trabajadores son notablemente bajos. El crecimiento, entonces, está impulsado por sectores de baja productividad.
 
A modo de conclusión
 
No hay cambios en el estilo de crecimiento primario exportador, liderado por los sectores no transables de baja productividad. Pero la economía se ha hecho más dependiente de importaciones. La pérdida de mercado interno que han propiciado los últimos cuatro gobiernos neoliberales, no se compensa con el crecimiento de las exportaciones de los productos no tradicionales.
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 28 de diciembre.

Fecha Publicación: 2013-12-21T08:47:00.000-08:00
Piero Ghezzi y José Gallardo responden a mis críticas a su libro «Qué se puede hacer con el Perú…» en dos columnas publicadas en el blog La Mula.pe. Desafortunadamente lo hacen con embustes, argucias y tergiversaciones de mis argumentos. Critican un discurso que ellos construyen luego de adjudicarme su autoría. Así sus columnas adolecen del «síndrome de PISA peruano», porque revelan que no han entendido lo que han leído. Veamos:
1)    Dicen: «No hay discontinuidad de la política macroeconómica durante el gobierno de Toledo, sino un proceso de aprendizaje».
Pregunto: ¿puede haber continuidad entre la política que acentuó la recesión originada por la crisis de 1998-1999 y la política que hizo lo contrario a partir del año 2001? ¿Puede haber continuidad entre la política de deuda basada en crecientes superávit primarios para seguir honrando sus servicios descuidando los gastos en educación y salud, y una política de deuda que buscaba su sostenibilidad modificando su composición y pre-pagando para liberar recursos y destinarlos a mejorar los presupuestos de educación y salud? Si no se hubiera cambiado el esquema institucional de la política macro en los años 2001-2003, el «manejo» de la crisis de 2008-2009 habría sido tan desastroso como el «manejo» de la crisis de 1998-1999 que quebró bancos y aumentó la deuda pública en cerca de mil millones de dólares (para rescatarlos). A esta ausencia de continuidad, ellos lo denominan ¡aprendizaje!
2)    «En el caso de la deuda pública —dicen—, el análisis de Jiménez desafía las leyes de la aritmética. El factor que ha contribuido de manera más significativa a la reducción de la deuda pública (como porcentaje del PBI) es el aumento del denominador».
¿Quién no sabe que el ratio A/B disminuye si B crece más rápido que A? Esto no está en discusión. ¿Por qué entonces recurren a un embuste?  Quizá porque ellos ignoran que durante el gobierno de Toledo se redujo la deuda, se cambió su composición sustituyendo deuda externa por interna, y se reperfilaron sus servicios que el «fujimorato» dejó en cerca de 3.5% del PBI. Todo esto fue posible gracias a la creación del mercado de deuda en soles. Se redujo el riesgo cambiario de la deuda pública y se sentaron las bases de su sostenibilidad. Cuando dicen que, debido a la reciente apreciación del sol, el ratio de deuda a PBI es ahora mayor que si se hubiera quedado toda en dólares, revelan que no entendieron el sentido de la regla de intervenciones cambiarias esterilizadas introducida en los años 2001-2003. ¡Y hablan de aprendizaje! Tampoco parece que entendieron la importancia del esquema de metas de inflación para endogenizar las expectativas, por eso dicen con desparpajo que en la reducción de la inflación contribuyeron «las políticas restrictivas de los 90’s y los bajos salarios chinos mediante su efecto en los precios de las manufacturas». Les faltó decir, ¡también la apreciación del sol y que, por lo tanto, es irrelevante el esquema institucional de metas de inflación!
3)    Jiménez «distorsiona nuestro punto de vista. Somos explícitos en señalar —dicen— que el rezago de los pilares del bienestar (productividad, empleo, distribución) es consecuencia casi inevitable del modelo. Sí tienen relación y lo recalcamos repetidamente en el libro».
Si los problemas en los «pilares del bienestar» tienen relación con las políticas implementadas en la década de los 90’s, entonces «tendríamos que aceptar el oxímoron de que la economía y la institucionalidad de ese período fueron una «luz oscura» o el embuste de que las políticas neoliberales no son responsables del deterioro de los «pilares del bienestar». ¿Dónde está la distorsión? ¿No es un oxímoron decir que las políticas de la década de 1990 son buenas y aceptar, al mismo tiempo, que tienen efectos negativos nada menos que sobre los «pilares del bienestar»? En Introducción a la teoría del crecimiento, los economistas aprendemos que las políticas macro pueden afectar el crecimiento de un país por los canales de la tecnología y de la intensidad de capital. Si lo afectan negativamente, son «malas políticas».
También dicen que «el sesgo anti-exportador del modelo que Jiménez identifica simplemente no existe», porque las exportaciones no-tradicionales se cuadruplicaron en el periodo 2003-2012. Con este mismo criterio ellos deberían afirmar que tampoco hubo sesgo anti-exportador durante el primer gobierno de García porque las exportaciones no tradicionales aumentaron una y media veces en cinco años. Además, la participación de las exportaciones no-tradicionales en el total exportado fue de 27.2% en el período 1985-1990 y solo de 23.3% en el período 2003-2012. ¿Qué les parece?
4)    Jiménez «confunde modelo con institucionalidad. En particular el hecho de que el modelo primario exportador se dé en industrias “extractivas” no implica que las institucionalidad sea “extractiva”»
Otra tergiversación. Tendré que repetir lo que ya he escrito varias veces en este diario. «Las instituciones son extractivistas cuando no incentivan la innovación, cuando erosionan la democracia, cuando evaden la fiscalización y favorecen el desarrollo de la corrupción. Estas instituciones coexisten con instituciones económicas extractivistas que operan extrayendo rentas, sin transformar ni innovar, y que rechazan la regulación de los mercados». Por eso sostengo que tanto el modelo de industrialización sustitutiva de importaciones como el actual modelo primario exportador peruano, operaron con instituciones políticas y económicas extractivistas.
A modo de conclusión
Las fábulas y los embustes impiden construir conocimiento.
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 21 de diciembre.

Fecha Publicación: 2013-12-14T06:39:00.001-08:00
Hay neoliberales que no entienden que desde las instituciones políticas se definen las reglas de juego de las instituciones económicas; ni que las instituciones políticas extractivistas determinan las reglas de juego económicas, formales o informales, extractivistas, es decir, las instituciones económicas extractivistas. Por eso no entienden que las instituciones políticas extractivistas actuales, son funcionales al actual modelo neoliberal primario exportador. ¿Acaso las instituciones económicas extractivistas del actual modelo primario exportador han creado incentivos para el progreso y para la redistribución de los ingresos y del poder económico? ¿Acaso estas instituciones fomentan la innovación y el aumento de la productividad?
 
Las instituciones inclusivas y la industrialización
 
Las instituciones económicas que fomentan la innovación y el aumento generalizado de la productividad, son instituciones que, desarrollando y ampliando el mercado interno, fomentan la diversificación productiva y, por lo tanto, el desarrollo industrial. La existencia de este tipo de instituciones presupone cambiar el actual modelo económico primario exportador. Pero el cambio de este modelo es un tema de decisión política, que se resuelve en la esfera de la política.   
 
Las instituciones políticas actuales son extractivistas, han facilitado la concentración del poder económico y han pervertido la democracia representativa. Por eso decimos que desde la década de 1990 la corrupción se ha convertido en una forma de gobierno. No es que la corrupción sea un fenómeno reciente, sino que por primera vez muchas decisiones de política pública incorporan actos de corrupción explícitos. ¿Recuerdan los vladivideos, el óbolo minero, o algunas asociaciones público-privadas que distribuyen el riesgo asimétricamente perjudicando al erario nacional, o la llamada «inversión» obteniendo rentas con un incremento de las tarifas eléctricas que pagamos todos los consumidores? Estas reglas de juego extractivistas –parafraseando a Acemoglu y Robinson-- están estructuradas por la élite política «para extraer recursos del resto de la sociedad.  
 
Las instituciones políticas extractivistas tienen que ser sustituidas por instituciones políticas inclusivas. Pero, nuevamente, esto se define en la política. Es importante mencionar que las instituciones políticas inclusivas son las que promoverán el cambio de las instituciones económicas extractivistas y, por lo tanto, son las que promoverán el desarrollo industrial.
 
¿La hora de la industrialización?
 
El presidente Ollanta Humala que llegó al poder con el voto de una población que reclamaba el cambio del modelo neoliberal, el fin del extractivismo rentista,  pero que actualmente gobierna con el poder económico neoliberal, acaba de anunciar como ejes de la diversificación y desarrollo industrial bajo responsabilidad del Estado: a) Implementar un observatorio de obstáculos a la inversión privada en actividades industriales para facilitar su expansión; b) Desarrollar un programa de reconversión laboral para acceder a empleos de calidad en la industria y para que las empresas sean más productivas; c) Atraer la inversión extranjera; y, d) Incluir a las regiones menos favorecidas en el proceso de industrialización, dotándolas de infraestructura u otros factores productivos necesarios para realizar actividades industriales.
 
El actual escenario de estancamiento económico mundial revela que ha llegado nuevamente la hora de priorizar el desarrollo de los mercados internos y, por lo tanto, la hora de la industrialización y la diversificación productiva en países como el nuestro. Pero, desafortunadamente los ejes de la industrialización anunciados por el presidente Humala no constituyen una solución de continuidad del modelo neoliberal.  Lo que se haga puede derivar en un proceso espurio y extractivista como lo fue la industrialización por sustitución de importaciones.
 
La Constitución de 1993 puso en desventaja a la inversión privada nacional frente a la extranjera. Para seguir «atrayendo» inversión extranjera directa, hay que modificar esta regla de juego y luego imponerle la condición de industrializar los minerales y otros recursos primarios en aquellas actividades donde ya operan o pretenden operar. Diversificar no significa renunciar a seguir explotando minerales, pero hay que hacerlo en otras condiciones (articulándolo con otros sectores y procesándolos) y con políticas adecuadas.
 
Por otro lado, no aparece como eje del anunciado plan industrial, el mantenimiento de un tipo de cambio real competitivo. El tipo de cambio real actual, bilateral y multilateral, es desfavorable a la manufactura y a otras actividades transables no primarias. Tampoco está como eje de la industrialización el cambio de la matriz energética orientada a la construcción de la soberanía energética del país, ni hay políticas explícitas para desarrollar la industria aprovechando el gas del sur.
 
Finalmente --aunque hay otros temas igualmente importantes que no podemos mencionarlos por falta de espacio--, con el diseño regional actual es imposible un desarrollo infraestructural ordenado para facilitar el desarrollo agrícola, agroindustrial e industrial. El desarrollo de la infraestructura del país debe estar atado a una política de reordenamiento territorial, con una nueva demarcación regional.
 
A modo de conclusión
 
Keynes en 1933, decía: «Como la mayoría de los ingleses, he sido educado en el respeto del libre cambio». Pero «mis esperanzas, mis preocupaciones y mis temores han cambiado». Luego aconsejaba «Produzcamos en nuestro país cada vez que sea razonable y convenientemente posible, y sobre todo, dejad que las finanzas sean antes que nada nacionales».
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 14 de diciembre
 

Fecha Publicación: 2013-12-07T09:05:00.000-08:00
La crisis de 2008-2009 ha configurado un escenario externo que está caracterizado por la disminución del crecimiento de la economía mundial, en especial de la economía China; la reducción de los precios de los minerales y el fin de su ciclo ascendente; y, una notable incertidumbre respecto a la tasa de interés y política monetaria de los Estados Unidos que seguirá provocando volatilidad en los mercados financieros, en especial, en los mercados de divisas de los países como el nuestro. Este escenario adverso para la economía peruana  --que para muchos será prolongado-- prácticamente ha apagado el motor de su crecimiento. Las exportaciones totales decrecieron en 2012 y es altamente probable que este año su caída sea mayor.  
 
La desaceleración del crecimiento peruano
 
La tasa de crecimiento del PBI registra una tendencia claramente descendente desde el segundo trimestre de 2010  (véase gráfico). Si el escenario internacional descrito empeora o si solo se prolonga el actual estancamiento de la economía mundial, no hay manera de reeditar las tasas de crecimiento del período previo a la crisis.
 
 
Los sectores no transables (Construcción, Comercio y Otros Servicios) son los únicos que siguen liderando el crecimiento. No obstante, es importante señalar que el crédito interno también se desacelera cuando se apaga el motor externo de la economía; en consecuencia, los sectores no transables tampoco reeditaran las tasas de crecimiento que registraron antes de la crisis de 2008-2009. Aunque los sectores Comercio y Otros Servicios siguen creciendo por encima del promedio, sus tasas ya registran una tendencia decreciente durante los últimos catorce trimestres. El sector más volátil es Construcción, pero también la tendencia de su crecimiento es a la baja.
 
De enero a setiembre el crecimiento del PBI fue de 4.9%, pero básicamente porque crecieron por encima de 5% Construcción (10.5%), Comercio (5.5%), Transportes y Comunicaciones (5.4%), Financiero y Seguros (8.2%), Servicios Prestados a Empresas (6.7%), Restaurantes y Hoteles (6.6%) y Resto de Otros Servicios (5.6%). Todos estos sectores explican el 62.81% del PBI. Visto de otra manera, los sectores transables (Agropecuario, Pesca y Manufactura) que producen fundamentalmente para el mercado interno, explican solo el  24.3% del PBI; mientras que los sectores no transables explican el 71.04% del PBI. A la Minería e Hidrocarburos le corresponde la diferencia: 4.67%.
 
Las ponderaciones y las respectivas tasas de crecimiento sectorial, permiten estimar las tasas de crecimiento de los transables y no transables. En efecto, entre enero y setiembre de este año el grupo de Transables (Agropecuario, Pesca y Manufactura) creció a la tasa de 1.5%, mientras que el grupo de no-Transables lo hizo a la tasa de  5.9%. La tasa de crecimiento de Minería e Hidrocarburos fue de 1.68%. De otro lado, en el tercer trimestre de este año, el 89.6% del crecimiento del PBI (4.4%), fue explicado nada menos que por Otros Servicios, Comercio, Construcción y, Derechos de Importación y Otros impuestos, todos los sectores no-Transables.
 
Transables, importaciones y Crecimiento del PBI
 
Los sectores más afectados por el actual estilo de crecimiento han sido los transables, en especial la industria manufacturera que prácticamente no crece desde el cuarto trimestre de 2011. Las importaciones de bienes y servicios a precios constantes representan el 196.1% de la producción manufacturera. A inicios de la década de 1990, este porcentaje era de 89.4%, en promedio. La penetración de importaciones ha sido espectacular. La propensión a importar bienes y servicios respecto a la producción total de transables (Agropecuario, Pesca y Manufactura) aumentó de 53.9% en 1991, a 82.8% en 1997 y a 103.9% en 2008. En 2012 esta propensión subió a 127.4%.  Si tomamos como referencia el PBI agregado, la propensión a importar bienes y servicios aumentó de 13,.3% en 1991 a 27.8% en 2012. Por último, las importaciones de bienes y servicios como porcentaje del consumo final privado pasaron de un promedio de 20.9% en la primera mitad de la década de 1990 a 42.0% en 2012.
 
La información anterior revela que el actual estilo de crecimiento no solo descuidó el desarrollo de mercados internos, sino que le hizo perder parte importante de los mercados existentes a la producción nacional. En estas condiciones y en el contexto internacional actual, el impulso al crecimiento del PBI mediante la expansión de la demanda interna solo puede generar crecientes déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Durante los años 2004-2007 de alto crecimiento y de precios de los minerales elevados, la cuenta corriente fue superavitaria. Después, desde 2008, la cuenta corriente es deficitaria con la novedad que los déficit son crecientes en valor absoluto: -1.9% en 2011, -3.4% en 2012 y -5.5 en los primeros tres trimestres del presente año.
 
A modo de Conclusión
 
La estructura de precios relativos configurada con las políticas neoliberales, redujo relativamente la inversión en equipamiento, mientras aumentó la inversión en construcción. Esto produjo una relativa reducción de la capacidad productiva per cápita, con lo cual, los aumentos sostenidos del PBI per cápita se traducen en mayores importaciones y, por lo tanto, en crecientes déficit comerciales. Crecer sólo con impulsos de demanda interna, dada la estructura productiva y el escenario internacional actual, es un proceso que tiende a auto-derrotarse, porque genera importantes déficit en la cuenta corriente  de la balanza de pagos.
 
 
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 7 de diciembre 

Fecha Publicación: 2013-11-30T11:38:00.002-08:00
Ghezzi y Gallardo, autores de «Qué se puede hacer con el Perú: ideas para sostener el crecimiento económico de largo plazo», dicen que el desigual desempeño de la economía se explica fundamentalmente por la  existencia de una institucionalidad débil. Sostienen que esta debilidad institucional es «en última instancia la razón por la cual la burocracia y las políticas públicas son imperfectas». Pero, cuando llegan al tema de cómo resolver ese desigual desempeño, afirman que el cambio institucional es un «proceso bastante lento y endógeno» y que, por lo tanto, no hay mucho por hacer en este terreno.
Institucionalidad: ¿débil o extractivista?
Ellos prefieren hablar de debilidad en lugar de extractivismo. Si la institucionalidad explica, entre otras cosas, la ausencia de educación de calidad, la persistencia de la desigualdad y un crecimiento económico que no se basa en aumentos de la productividad, entonces se trata nada más y nada menos que de una institucionalidad extractivista, rentista. Acemoglu y Robinson --cuya visión ellos califican de pesimista--  dicen que «las instituciones políticas extractivistas concentran el poder en manos de una élite reducida y fijan pocos límites al ejercicio de su poder. Las instituciones económicas a menudo están estructuradas por esta élite para extraer recursos del resto de la sociedad. Por lo tanto, las instituciones económicas extractivistas deben depender inherentemente de las instituciones políticas extractivistas». Precisan, además, que las instituciones económicas extractivistas «no crean incentivos para el progreso económico ni redistribuyen simultáneamente la renta y el poder»; en suma, no «fomentan la innovación, ni el aumento de la productividad y de la prosperidad económica».
La «paradoja de la evasión»
Ghezzi y Gallardo dedican el 72.5% de su texto al desarrollo de un diagnóstico en el que se destaca, de manera recurrente, la debilidad institucional como causa del desempeño desigual de la economía. Pero, no tienen propuestas de cambio institucional. Si la institucionalidad –dicen-- es una «variable de estado» (endógena), entonces el cambio puede circunscribirse a cierta burocracia y política pública (sus variables de control o exógenas). «Aquí sí se pueden hacer cambios en el corto y mediano plazo, --dicen». Empero, esta clasificación ad hoc les sirve para oscurecer la «paradoja de la evasión» en la que incurren. Saben que la causa del problema es la débil institucionalidad, pero evaden diseñar «un cambio institucional».
¿Se puede hacer cambios en la burocracia y la política económica sin hacer cambios institucionales?  Para Acemoglu y Robinson, «Es el proceso político lo que determina bajo qué instituciones económicas se vivirá y son las instituciones políticas las que determinan cómo funciona este proceso. Por ejemplo, las instituciones políticas de una nación determinan la capacidad de los ciudadanos de controlar a los políticos e influir en su comportamiento. Esto, a su vez, determina si los políticos son agentes (aunque sea imperfectos) de los ciudadanos o si son capaces de abusar del poder que se les confía o que han usurpado, para amasar sus propias fortunas y seguir sus objetivos personales en detrimento de los de los ciudadanos».
La solución está, entonces, en el campo de la política. Ghezzi y Gallardo construyen sus variables de «estado» y de «control», ignorando el tema del poder político y económico. «El problema fundamental es que necesariamente habrá disputas y conflictos sobre las instituciones económicas—dicen Acemoglu y Robinsos. Diferentes instituciones tienen distintas consecuencias para la prosperidad de una nación, sobre cómo se reparte esa prosperidad y quién tiene el poder». 
Cambios para no cambiar el modelo
Para superar el desigual del desempeño del modelo económico, Ghezzi y Gallardo proponen crear «superburocracias técnicas» en las áreas donde «no existen grupos de interés» (educación, desarrollo rural y lucha contra las actividades delictivas); y, fortalecer el liderazgo del Estado en donde hay diferentes grupos de interés y burocracias calificadas (política fiscal, regional, de competencia y de infraestructura física y social). No proporcionan criterios para mejorar, por ejemplo, la calidad y orientación de la educación o del gasto, pero justifican la clasificación de sus propuestas del «cambio» recurriendo a la teoría de la agencia (o agencia ampliada). 
Pero como han dejado de lado la Política, no se les ocurre imaginar que hay un problema de agencia mayor: el agente (el presidente elegido) en lugar de realizar el mandato del principal(sus electores), gobierna con los que no han sido elegidos, obedeciendo el mandato del poder económico. Hay riesgo moral porque el principal no puede controlar la conducta del agente que eligió, con el agravante que este agente abandona el «programa» con el que fue electo sin remordimientos ni sanciones. El riesgo moral de nuestra actual democracia «es la posibilidad real de que el agente (elegido) tenga un comportamiento indebido o inmoral, y este riesgo aumenta cuando no existen, o son débiles, los mecanismos de control».
A modo de conclusión
Cuando terminé de leer el libro de Ghezzi y Gallardo, me acordé de la novela «El Gatopardo», de Giuseppe Tomasi di Lampedusa que aborda los conflictos sociales y políticos en Sicilia de los años 1860 originados por la expansión de una nueva clase urbana y burguesa. Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, está preocupado por preservar el orden aristocrático y clasista que le da poder. Cuando la crisis se agudiza, su sobrino Tancredi le dice: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie». Después que los cambios se realizan, la vieja aristocracia se mantiene en el poder aliado, a través del matrimonio, con la nueva élite urbana.




Publicado en el diario La Primera, el sábado 30 de noviembre

Fecha Publicación: 2013-11-23T09:35:00.001-08:00
Piero Ghezzi y José Gallardo, autores de «Qué se puede hacer con el Perú: ideas para sostener el crecimiento económico de largo plazo», dicen que «las bondades del modelo económico peruano son evidentes. Aspectos centrales de la reforma estructural peruana como el Estado de derecho, el balance de incentivos, la actividad privada como eje de la organización económica, el rol del mercado como guía de la asignación de recursos, la apertura comercial entre otros, han sido determinantes del éxito de los últimos años».  
Los problemas del modelo y la falacia de su éxito
Pero ellos mismos mencionan un conjunto de problemas que ponen en duda este supuesto éxito. Dicen con razón que el crecimiento no se basa en aumentos de la productividad, que favorece a los sectores no transables, que las brechas tecnológicas y de productividad entre regiones y entre sectores persisten, que no hay mejoras sustantivas en la distribución del ingreso, que los indicadores de calidad educativa son decepcionantes, en fin, que las políticas públicas nacionales y regionales han sido deficientes o inadecuadas por la falta de una «burocracia técnica o de calidad» y, en general, por «la debilidad institucional del país».
¿Puede ser exitoso un modelo que liberaliza el comercio para eliminar el sesgo anti-exportador de la industrialización proteccionista, mejorar el desempeño exportador de la economía y lograr una localización de los recursos más eficiente, cuando en la realidad hace todo lo contrario? Las exportaciones de manufacturas como porcentaje de las exportaciones totales, han disminuido de 25% en 1998 a 15% en 2012. Por otro lado, las importaciones totales representan ahora el 152% de la producción manufacturera, mientras que en los años 1974-1975, cuando se hablaba del apogeo de una industria adicta a importaciones, representaban solo el 55.1%. Tampoco se puede decir que hay una mejor asignación de los recursos cuando el crecimiento, además de ser primario exportador, es liderado por los sectores de Servicios, Comercio y Construcción donde se concentra el empleo de baja productividad y calificación. ¿Qué «balance de incentivos» expresa esto?
El modelo neoliberal también se justificó con el argumento de un aumento de la inversión privada y de su eficiencia. En los años de crecimiento 1959-1967 la inversión privada como porcentaje del PBI fue de 18.7%, y en los años de crecimiento neoliberal 1993-1997 y 2004-2012 se mantuvo en 17.4% y 18.3%, respectivamente. (En estos dos últimos períodos, la inversión pública se redujo de 4.5% a 4.1% del PBI). Tampoco aumentó la eficiencia de la inversión, indicador que en términos macroeconómicos se mide mediante la proporción incremental capital/producto (ICOR, por su sigla en inglés). Cuanto menor es esta proporción, más eficiente es la inversión. El ICOR de 1950-1970 fue de 1.69 mientras que el ICOR de 1990-2008 fue de 2.4. Esto significa que para generar una tasa de crecimiento de 1% anual, antes se requería de una inversión nueva equivalente a 1.7% del PBI, mientras que ahora se requiere de una inversión nueva equivalente a 2.4% del PBI. Además, en todos estos años la relación capital/trabajo casi no crece (el peso de la inversión en construcción aumentó, mientas se redujo el de la inversión en maquinaria y equipo). De otro lado, no se morigeran las asimetrías del mercado para que sea «una guía (eficiente) de la asignación de recursos»; por el contrario, aumentó la concentración y centralización de la producción y de la propiedad (en especial de las tierras).
Finalmente, no se puede decir, sin avergonzarse, que el Estado de Derecho es parte de la reforma estructural neoliberal. La década de 1990 fue de violación sistemática al Estado de Derecho, como lo fueron los años siguientes, en especial el gobierno de Alan García que debe llevar en su conciencia la masacre de Bagua. La práctica neoliberal de la política hizo de la corrupción una forma de gobierno. Se atropelló la división de poderes y se violaron los derechos humanos y de los pueblos originarios.
Instituciones extractivistas acompañan al modelo
Ghezzi y Gallardo afirman que la debilidad institucional que acompaña al modelo, está asociado a «factores más estructurales (y permanentes)». No es serio desvincular la «debilidad institucional» del país del modelo neoliberal. En la lógica de este modelo está la «opción por la ventaja comparativa» de especializar al país en la «extracción» de los recursos y usufructuar de su renta natural; también está la apuesta por un crecimiento exportador en base al mercado externo y al capital extranjero, dejando de lado el desarrollo de los mercados internos (en clara oposición a los modelos de crecimiento endógeno que ellos dicen adherir). Se fomentó así una competitividad espuria «abaratando» el costo del trabajo  («flexibilizando» el mercado laboral). En suma, el modelo neoliberal estimuló la competencia entre países «en desarrollo» por desmantelar sus estándares regulatorios (race to the bottom) para atraer al capital extranjero.
Por lo tanto, la debilidad institucional actual no es ajena sino funcional al modelo neoliberal extractivista. La institucionalidad neoliberal es en este sentido tan extractivista como las instituciones de la colonia. Al decir que sus causas son más «estructurales y permanentes», Ghezzi y Gallardo evaden el tema central planteado por Acemoglu, Robinson y otros autores. 
A modo de conclusión
«Para seguir la ruta del desarrollo –dicen Acemoglu y Robinson—se tiene que resolver algunos problemas políticos básicos. El problema está en quién tiene el Poder(cómo se toman las decisiones, quién toma esas decisiones y por qué los que tienen el poder deciden hacer lo que hacen)». La solución está entonces por el lado de la política y de los procesos políticos. Pero sobre esto trataremos en nuestro próximo artículo.
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 23 de noviembre.

Fecha Publicación: 2013-11-16T11:03:00.001-08:00
El libro «Qué se puede hacer con el Perú: ideas para sostener el crecimiento económico de largo plazo» de Piero Ghezzi y José Gallardo, es un texto con el que vale la pena debatir. Luego de un diagnóstico supuestamente «balanceado» del modelo económico neoliberal, ellos proponen un conjunto de medidas con la idea de que «No tiene sentido arriesgar lo ganado con cambios mayúsculos». Ahora comentaremos solo su «diagnóstico balanceado».
 
Explicación «balanceada» del desempeño de la economía
 
«El buen desempeño que la economía registra desde comienzos de la década de 1990», se explica –dicen--, tanto por factores internos (el programa de estabilización de 1990 que genera «una mayor fortaleza macroeconómica», «el establecimiento de un modelo de crecimiento orientado hacia el mercado que favorece la inversión privada», la «derrota de la subversión, etc.»), como por factores externos («el alto precio de las materias primas de exportación de los últimos 10 años como consecuencia, en gran parte, de la creciente importancia global de la economía China»). «Todo esto, dicen, ha contribuido a un círculo virtuoso de crecimiento, sostenibilidad en el tiempo de las política públicas y paulatino afianzamiento de la institucionalidad democrática».
 
Para «balancear» este diagnóstico optimista, los autores muestran que se ha avanzado poco «en los denominados “pilares del bienestar” de la sociedad». No se ha avanzado en educación y salud de calidad, el crecimiento económico no se basa en aumentos genuinos y generalizados de la productividad, la desigualdad en la distribución del ingreso «sigue siendo alta y persistente», las brechas de bienestar entre las zonas urbanas y del interior del país persisten, etc.
 
Para explicar este «desempeño desigual» de la economía, dan tres razones: a) desconocimiento al inicio de la década de 1990 del «efecto de la globalización sobre el empleo, la productividad y la distribución o el rol de la educación sobre la ventaja comparativa de las naciones»; b) limitación para hacer buenas políticas públicas debido a «la incapacidad de lograr equipos técnicos estables que trabajen en condiciones adecuadas»; y, c) debilidad institucional que impide «garantizar que el crecimiento económico permita mejores posibilidades y oportunidades para segmentos amplios de la población, y mejorar el modelo».
 
Los errores metodológicos del diagnóstico
 
Ghezzi y Gallardo cometen dos errores metodológicos notables: a) suponen que las políticas fiscal, monetaria y cambiaria no tienen solución de continuidad; y, b) suponen que los problemas en los «pilares del bienestar» no tienen relación con las políticas implementadas en la década de 1990. Si estos errores se pasan por alto, tendríamos que aceptar el oxímoron de que la economía y la institucionalidad de ese período fueron una «luz oscura» y un «latrocinio honrado», o el embuste de que las políticas neoliberales no son responsables del deterioro de los «pilares del bienestar».
Primero, las políticas fiscal, monetaria y cambiaria de la década de 1990, no son las mismas que se aplicaron durante el gobierno de Toledo. Sus respectivos esquemas institucionales se reformaron sustantivamente entre 2001 y 2003. Se introdujo el esquema de metas explícitas de inflación, con la tasa de interés de referencia como instrumento de política que reemplazó al control de los agregados monetarios. También se introdujo una regla de intervenciones esterilizadas en el mercado cambiario para morigerar las fluctuaciones del tipo de cambio, abandonando el papel de instrumento antiinflacionario que se le asignó durante el «fujimorato». Además, se creó el mercado de deuda pública en moneda local que permitió pre-pagar la deuda pública externa y generar una curva de rendimiento que sirve de referencia para las emisiones privadas de deuda en moneda local. Esto permitió disminuir el peso de la deuda pública externa. La inflación anual de un dígito y menor, en promedio, al 3.5%, y el bajo ratio de deuda a PBI, se deben a estas reformas.
 
Segundo, la política fiscal de la década de 1990 se orientó a servir la deuda externa, generando superávit primarios en 1991-1993 y 1996-1998, excepto en la «fiesta fiscal reeleccionista» de 1994-1995 cuando estos bajaron a 0.9% y a 0.3%, respectivamente. Esta política afectó al crecimiento al reducir o estancar los gastos en educación y salud, y descuidar la infraestructura social y económica. Además, se desmantelaron las oficinas de planeamiento y estadística sectoriales.
 
La política monetaria también fue contraria al crecimiento porque encareció el crédito. Su costo disminuyó recién con el influjo masivo de capitales. En un contexto caracterizado por bajas tasas de interés internacional, política monetaria doméstica restrictiva y tipo de cambio sobrevaluado, los bancos se endeudaron en el exterior y dolarizaron crecientemente los créditos en el mercado doméstico. La crisis internacional de 1998-1999, produjo una recesión y un «overshooting» cambiario que generó una crisis bancaria. El rescate bancario le costó al gobierno cerca de mil millones de dólares. Las políticas fiscal y monetaria de esa década fueron inoperantes para salir de la recesión, e ineficientes para bajar la inflación a un dígito.
 
Las privatizaciones tampoco tuvieron efectos económicos expansivos. Por el contrario, al cobrar precios de monopolio en electricidad y telefonía, se elevó el costo de producción de las empresas. Tampoco podían ser fuente de crecimiento los sueldos y salarios reales porque se mantuvieron estancados en 37.2% de su valor registrado en 1987, afectando los «pilares del bienestar» de los trabajadores.
 
A modo de conclusión
 
En la década de 1990 la economía creció a tasas, a pesar de las políticas macroeconómicas del Consenso de Washington, solo durante cuatro años (1993, 1994, 1995 y 1997). Este crecimiento fue impulsado por el aumento en los precios de los minerales que coincidió con la recuperación de la economía de Estados Unidos: crecieron a la tasa de 38.2% entre 1991 y 1995; pero entre 1995 y 2002 crecieron solo a la tasa de 1.1% promedio anual.
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 16 de noviembre

Fecha Publicación: 2013-11-09T11:56:00.002-08:00
La economía peruana creció a la tasa de 6.3% promedio anual durante once años, pero solo en cuatro (2004 a 2007) de estos once años se registró superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Antes y después de 2004-2007 se registraron déficit. En el primer semestre de este año el déficit ya alcanzó la cifra de -5.4% del PBI. La razón por la que se registró superávit en los años 2004 a 2007 fue el crecimiento espectacular en el valor de las exportaciones mineras que dio lugar, por primera vez en la historia moderna del país, a cuatro años de superávit comercial equivalente, en promedio, al 7.2% del PBI. Aunque siguen registrándose superávit comerciales en los años 2008 a 2012, su monto equivale, en promedio, a solo 3.7% del PBI. En el periodo 1990-2003, la balanza comercial y la cuenta corriente registraron déficit de -1.5% y -4.7% del PBI, respectivamente.
 
Las extraordinarias ganancias mineras
 
Los superávit comerciales que se registraron durante 2004 a 2012, aunque decrecientes desde que se inicia la crisis internacional en 2008, fueron causados por el espectacular crecimiento de los precios de los minerales. La tasa de crecimiento promedio anual de los precios en los periodos 2002-2007 y 2009-2011 fueron de 23.5% y 24.1%, respectivamente. En el periodo 1995-2002, los precios crecieron a la tasa de 1.1% promedio anual, pero habían crecido notoriamente entre 1991 y 1995.
 
Los altos precios de los minerales generaron ganancias extraordinarias durante los años 2003 a 2012. Hay que tomar en cuenta que durante 1990-2002 la producción minera a precios constantes –según cifras del Banco Central (BC)--, creció a la tasa de 8.1% promedio anual, mientras que en los años 2002-2012 creció a la tasa de solo 2.5%.
 
Si en este último periodo los precios de las exportaciones hubieran crecido a una tasa de 11.1% promedio anual y no a la tasa de 6.8% como supusimos en nuestro artículo anterior, las ganancias extraordinarias de la minería correspondiente a los años 2004-2012, habrían ascendido a US$ 59,462 millones (US$ 6,607 millones anuales), equivalente al 5.3% del PBI. Además, si realmente los precios de los minerales hubieran crecido a dicha tasa, la balanza comercial del periodo habría registrado un déficit promedio de -0.4%.
 
Aunque la cifra estimada de las ganancias extraordinarias podría parecer abultada, esta es mucho menor que los US$ 72,966 millones que se remesaron al exterior durante los años 2004-2012 por el concepto de utilidades de la inversión extranjera directa. Este monto equivalente al 6.6% del PBI. 
 
Con una tasa impositiva extraordinaria de 45% a las ganancias extraordinarias de US$ 6,607 millones anuales (3.3% del PBI de 2012), se habría recaudado 1.5% del PBI. En otras palabras, el gobierno hubiera podido recaudar entre US$ 2,500 a US$ 2,900 millones adicionales por el concepto de impuesto a las ganancias extraordinarias. Este habría sido el caso ideal, pero hubiera bastado que se ponga un piso de US$ 1,000 a US$ 1,500 millones anuales por el concepto de un impuesto a las ganancias extraordinarias.
 
La tributación minera a la baja
 
El gobierno de Humala incumplió un compromiso electoral y cedió a las presiones del poder minero. Aprobó un nuevo régimen tributario a la actividad minera que incluye a) un impuesto especial a la minería aplicable sobre la utilidad operativa de las empresas sin contratos de estabilidad jurídica; b) un Gravamen especial aplicable sobre la utilidad operativa de las empresas con contratos de estabilidad jurídica; y, c) la modificación de la base de cálculo de la regalía minera aplicable a empresas sin contratos de estabilidad jurídica, optándose por la utilidad operativa y ya no por el nivel de las ventas. Además, de acuerdo con esta nueva normatividad, «el monto pagado es deducible como gasto para efectos del impuesto a la renta».
 
Esta nueva normatividad tiene un efecto contractivo sobre el canon que reciben los gobiernos regionales y las municipalidades, puesto que reduce la magnitud de las utilidades para efectos del pago del impuesto a la renta. No hay precedentes en gobiernos democráticos que hayan hecho tamaña concesión al poder minero, afectando a las generaciones futuras al no compensar con impuestos adecuados el agotamiento de los recursos o activos naturales.
 
Por otro lado, de acuerdo con información del BC, la recaudación por el concepto del Gravamen minero ascendió a solo 942 millones de soles en el año 2012; cifra que equivale a solo US$ 357.1 millones y que está muy lejos de los 3 mil millones de soles anuales que según el gobierno permitiría recaudar el citado Gravamen.
 
Además, hasta setiembre de este año la tributación minera (por el concepto de tercera categoría y regularizaciones) disminuyó en 2,591 millones de soles. Mientras entre enero y setiembre de 2012 se recaudaron 5,148 millones de soles, entre enero y setiembre de este año la recaudación fue de solo 2,557 millones de soles. Se produjo una caída de 50.3%. Los pagos por regalías y por el gravamen se redujeron en 16.1% y 17.2%, respectivamente, comparado con lo recaudado entre enero y setiembre de 2012. Este año, sin duda alguna, la recaudación por el gravamen será mucho menor que la cifra correspondiente a 2012.
 
A modo de conclusión
 
El ministro Castilla debe explicar las razones del «incumplimiento» de la promesa de recaudar 3 mil millones de soles con el Gravamen, pues fue él quien lideró la reforma de la tributación minera.
 
 
Nota:
En el rubro Utilidades o pérdidas devengadas de la Renta de Factores del Sector Privado la cifra correspondiente al período 2004-2012 es de US$ 72 966 millones. Como dice el propio Banco Central, este rubro  "Incluye las utilidades y dividendos remesados al exterior más las ganancias no distribuidas". Cuánto de este monto se reinvierte, es otro tema. La Renta de Factores es parte de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, mientras que la Inversión Extranjera Directa(IED) pertenece a la cuenta Financiera y de Capitales. En el período 2004-2012 la IED fue de US$ 55, 416 millones y US$ 38, 698 millones fueron reinversiones.  
 
 
 
 
Publicado en el iario La Primera, el sábado 09 de noviembre 

Fecha Publicación: 2013-11-02T10:37:00.001-07:00
Durante 2001-2012 se creció básicamente por impulsos externos: crece la demanda externa y los precios de los minerales se elevan significativamente. La producción de los Estados Unidos se recupera en 2002 y crece hasta 2004 año en el que alcanza una tasa de 4.4%; y, la economía China crece a tasas cercanas al 10% promedio anual desde el año 2000. De otro lado, los precios de los minerales aumentan desde 2004 con un componente especulativo alto. Hay mucha afluencia de capital extranjero tanto en su forma financiera como de inversión directa. En gran parte de este período, el tipo de cambio real cae de manera dramática hasta alcanzar los niveles que registró antes de la crisis de 1998-1999.
 
Penetración de importaciones y liderazgo de no-transables
 
Las políticas macroeconómicas no fueron las que originaron el significativo crecimiento económico durante este período. Por el contrario, parte importante de estas políticas (la cambiaria y comercial) provocaron una notable pérdida tanto de competitividad de la producción de transables, en especial de la manufacturera, como de pérdida de mercado interno debido a la masiva penetración de importaciones. Es importante recordar que la apreciación cambiaria incrementa los costos de producción de la producción manufactura que usa insumos de origen nacional.
 
Es el período de mayor inserción a la economía mundial, pero al revés, porque Importamos productos manufacturados muy por encima de los que producimos y exportamos a los mercados externos. Las importaciones totales del año 2012 representan más del 160% de la producción manufacturera. Importamos más que lo que producimos en los sectores, agropecuario y manufactura. Esta penetración de importaciones exacerbó el ya reducido mercado interno asociado al estancamiento de los sueldos y salarios.
 
La manufactura perdió liderazgo y el comercio sigue siendo básicamente inter industrial. La reducción de mercado interno afectó el carácter macroeconómico de la productividad, así como la presencia e importancia de rendimientos crecientes y difusión de progreso técnico. La generación de productividad en la manufactura actual se concentra en ramas que tienen poca capacidad de generación y difusión de progreso técnico (pinturas, imprentas, maderas, etc., actividades que están más ligadas a la industria de la construcción).
 
La economía peruana actual crece fundamentalmente porque crecen las actividades no transables de Construcción, Comercio y Otros Servicios. El 83.3% del crecimiento del período 2008-2012 fue explicado por estos sectores. Este porcentaje sube hasta el 90% en los dos primeros trimestres de este año.
 
La economía se ha hecho más vulnerable y dependiente de los eventos externos. Si los precios de los metales volvieran a sus niveles normales, sus efectos en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos, serían notables. Si entre 2004 y 2012 los precios de las exportaciones hubieran crecido a la tasa de 6.8% promedio anual, entonces la balanza comercial de los años 2007-2012 habría registrado déficit.  En el año 2008, en lugar de un superávit de 2.0% se habría registrado un déficit de 6.0% del PBI. Igual habría ocurrido en los años siguientes. Por ejemplo, en el año 2012 se habría registrado un déficit de 5.8% en lugar del superávit de 2.3% del PBI.
 
Los efectos en la capacidad productiva
 
Los límites del crecimiento actual están en el propio patrón de acumulación de capital y en la estructura productiva configurada en las dos décadas de neoliberalismo. En ausencia de impulsos externos, crecer recurriendo a impulsos sostenidos de la demanda interna, generaría fuertes presiones inflacionarias y déficit importantes en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
 
La estructura de precios relativos que se configuró en los últimos 22 años, redujo relativamente la inversión en equipamiento, mientras aumentó la inversión en construcción. Esto ha dado lugar a una relativa reducción de la capacidad productiva per cápita, con lo cual los aumentos sostenidos del PBI per cápita provocarían aumentos significativos de importaciones y, por lo tanto, un creciente déficit comercial.
 
Para mostrarlo, estimamos el déficit de la balanza comercial en 2008, suponiendo un crecimiento sostenido de los precios de las exportaciones a una tasa de 6.8% promedio anual desde el año 2004 (esta tasa corresponde a un período de 13 años). Este método, permite, además, obtener precios de los minerales netos de su componente especulativo que se sitúa entre 20 y 25%.
 
Generar en 2008 el mismo producto per cápita de 1987 (5398.5 soles constantes), habría implicado un déficit comercial de -4.3% del PBI. Ambos años son picos del ciclo económico. Por lo tanto, niveles superiores de PBI per cápita con base en aumentos significativos de la capacidad productiva, serían imposibles sin aun aumento sustancial de déficit comercial y del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
 
A modo de conclusión
 
La actividad primaria exportadora  no crea demanda interna suficiente para apoyar un crecimiento capaz de crear empleos socialmente deseables, y está sujeta a fluctuaciones del mercado internacional. Además, este estilo de crecimiento no ha resuelto la desconexión de la economía con la geografía y la demografía; por el contrario, los ha exacerbado. Los enclaves mineros dañan el medio ambiente y las condiciones de vida de las poblaciones circundantes.
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 02 de noviembre.

Fecha Publicación: 2013-10-26T08:48:00.001-07:00
Martín Tanaka cierra el debate sobre Neoliberalismo y Republicanismo (ver LR: 13-10-2013), sin responder a nuestros argumentos. Pero, lo hace con afirmaciones que no explica y que en algunos casos carecen de rigor teórico, todas para defender la «lógica neoliberal».
 
(1)    Después de las crisis de 1998-2002 y de 2008-2009, «me parece claro que predicar la libertad irrestricta de los mercados y la minimización del papel del Estado –dice Tanaka-- suena descabellado. Lo interesante es que en esto coinciden, en lo teórico, tanto derechas como izquierdas».
 
Esta afirmación presupone que existe una dicotomía Estado-Mercado, que niega la realidad. El Estado no tiene por qué contraponerse al mercado. Es verdad que el Estado debe establecer regulaciones contra las asimetrías de poder que se generan en los mercados, pero también ha sido y es promotor de la creación de mercados. Polanyi (1944) decía que los mercados habían sido formados desde los inicios del capitalismo por acciones deliberadas del Estado. La historia también enseña que detrás de los riesgos más audaces y de las grandes innovaciones –como señala Mariana Mazzucato (2013)-- ha estado presente el Estado.
 
(2)    Para la derecha –según Tanaka-- «las reformas centradas en la liberalización de los mercados y en la promoción del crecimiento» corresponden a la primera etapa «de un proceso más ambicioso de reformas, que deberían consolidarse con una segunda fase, con énfasis en la equidad, mejoras en la distribución del ingreso y el fortalecimiento de las instituciones»
 
Las reformas neoliberales han generado una economía más vulnerable y dependiente de factores externos, menos industrial y menos agropecuaria, y más productora de servicios predominantemente de baja productividad, y con una distribución del ingreso más desigual y, por lo tanto, más expuesta al conflicto social. Decir que el neoliberalismo es «promotor del crecimiento» es sólo una afirmación. Los que criticamos al neoliberalismo no somos opuestos al crecimiento; pero sabemos diferenciar entre un estilo de crecimiento que acrecienta la vulnerabilidad externa de la economía, y un estilo de crecimiento enraizado en la expansión de los mercados internos y en la diversificación productiva. Basarse en el desarrollo de los mercados internos no significa dejar de exportar o de cerrarse al mundo. De acuerdo con esta concepción alternativa del crecimiento, el sistema de comercio global debe servir al desarrollo interno y los mercados domésticos no pueden descuidarse por la búsqueda de ventajas competitivas internacionales como lo hace el neoliberalismo.
 
(3)    «Desde la izquierda –dice Tanaka--, lo que se busca es cambiar de lógica, recuperando espacio para la planificación, el control y la iniciativa del Estado, especialmente en áreas “estratégicas”».
 
Tanaka sigue preso de su razonamiento dicotómico Estadio-Mercado. Según él, la derecha reivindica el Mercado y la izquierda el Estado. Tanaka ha leído el plan La Gran Transformacióncon esta visión dicotómica. Por eso no ha entendido que el Estado que allí se propone, debe ser promotor activo del desarrollo de mercados internos y de la expansión de la inversión privada nacional. Y, como para promover el desarrollo se requiere recursos, es necesario reformar el sistema tributario y controlar la energía y otros recursos naturales. El Estado debe compensar el agotamiento de estos recursos con la creación de otros activos para no perjudicar a las generaciones futuras del país. La derecha no es la «propietaria» del mercado. Tanaka no acepta la existencia de un camino alternativo al neoliberal; no entiende que es posible desarrollar una economía de mercado y ciudadanía, con un marco institucional y regulatorio adecuado o funcional.
 
(4)    «Es justo resaltar –dice Tanaka-- que por lo general no se plantea un retorno al pasado populista, sino que ese renovado protagonismo estatal se ubica dentro de los márgenes de la disciplina fiscal y de los equilibrios macroeconómicos, es decir, parcialmente dentro del canon del “Consenso de Washington”».
 
Ubicar a la propuesta alternativa al neoliberalismo dentro del canon del Consenso de Washington, es un descuido académico y hasta un atrevimiento. La disciplina fiscal que se aplicó desde el «fujimorato» sirvió para pagar puntualmente los servicios de la deuda externa, recortando los gastos en educación, salud, seguridad social e infraestructura pública. Es el mismo tipo de política que hoy imponen los países del centro Europeo y el FMI, a los países de la periferia europea. Es la misma monserga de los equilibrios macroeconómicos que los neoliberales lo entienden a su manera. En la alternativa al neoliberalismo, se propone (a) una regla fiscal contra cíclica y un manejo de la deuda que evite el riesgo de refinanciamiento y que base la sostenibilidad fiscal en el predominio de la deuda pública en soles; (b) una regla monetaria contra cíclica de tasa de interés, cuya eficiencia supone el desarrollo del mercado de capitales apuntalado por el mercado de deuda pública doméstica en soles; y, (c) una regla de política de intervenciones cambiarias que se oriente a mantener un tipo de cambio real estable y competitivo, para promover el desarrollo industrial y la diversificación productiva.
 
A modo de Conclusión
 
Hubiera sido interesante saber si Tanaka también adhiere al republicanismo, si piensa que hay tradición republicana en el Perú y si comparte la indefinición de republicanismo de Vergara.
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 26 de octubre

Fecha Publicación: 2013-10-19T08:05:00.001-07:00
Martin Tanaka (LR: 06-1013), afirma que el problema no está tanto en las políticas neoliberales del Consenso de Washington sino en el “fundamentalismo” en su implementación. «Vistas las cosas así –dice--, me parece que en Perú el neoliberalismo ha tenido éxitos evidentes (crecimiento, reducción de la pobreza sin aumento de la desigualdad), que han permitido que muchos peruanos sean más ciudadanos (conscientes de sus derechos y deberes), aunque su aplicación haya sido escamoteada por sus componentes autoritarios y corruptos y ciertamente también por la debilidad de nuestras instituciones y valores republicanos».
Extractivismo neoliberal, poder económico y corrupción
Tanaka no refuta mis argumentos. Se le ha mostrado que el crecimiento reciente no es inédito; que cualquier tipo de crecimiento reduce la pobreza monetaria; que el atraso cambiario y la espectacular penetración de importaciones han afectado la competitividad y mercado interno de la manufactura; que se ha crecido con sueldos y salarios estancados y que, por lo tanto, ha aumentado la desigualdad; que se cercenaron los derechos laborales de los trabajadores; que la política de gasto afectó la calidad e infraestructura de la educación, la salud y la seguridad social; y, que el  crecimiento reciente no habría sido posible sin altos precios de los minerales y sin una demanda externa sostenida. Nada de esto puede ser considerado un éxito y, sin embargo, Tanaka insiste en que los «éxitos del neoliberalismo son evidentes».
La apertura comercial indiscriminada, la apreciación monetaria y el contexto externo favorable acentuaron la especialización de la economía peruana en la producción y exportación de minerales, que “resultó” ser su principal ventaja comparativa. Se siguió la pauta neoliberal según la cual los países se especializan, no se diversifican. Ahora somos un país menos industrial y agrícola, y más exportador de minerales y productor de servicios de baja productividad. Pero, si se para el «motor externo», se para el «carro» del crecimiento. Por otro lado, el extractivismo primario exportador opera porque existen instituciones políticas extractivistas donde campea la corrupción. Estas instituciones facilitan la penetración del poder económico privado en todas las esferas de la administración gubernamental del Estado.
El extractivismo, el poder económico y la corrupción son enemigos del republicanismo. «La república –dice Pocock- resulta por completo imposible allí donde las oligarquías, los gentiluomini, adquieren demasiado poder. Con el poder de estas oligarquías, no puede haber gobierno libre». Cuando Tanaka dice que «los éxitos del neoliberalismo fueron escamoteados por sus componentes autoritarios y corruptos y ciertamente también por la debilidad de nuestras instituciones y valores republicanos», no parece entender que esos «componentes autoritarios y corruptos» son los que debilitan a las «instituciones y valores republicanos». Al respecto, Pocock, comentando los Discursos de Maquiavelo, dice: «Las instituciones dependen de la atmosfera moral y las mismas leyes que operan el bien en un pueblo no corrupto, producen efectos contrarios a los deseados cuando la corrupción se ha impuesto». Entonces, en una atmósfera corrupta, las instituciones públicas son penetradas por el interés privado; los gobernantes y políticos practican la impostura; las deberes públicos en los distintos poderes del Estado, se negocian; y, la ley no impide la arbitrariedad y los privilegios.
El neoliberalismo es anti-republicano
El neoliberalismo ha erosionado los fundamentos institucionales de la ciudadaníaal desmantelar los estándares laborales y sociales básicos, y al fomentar la concentración del poder económico privado y su injerencia en el gobierno «disputándole al Estado su inalienable derecho a definir la utilidad pública». Con el neoliberalismo la democracia «representativa» se ha convertido en caricatura: «gobiernan los que no ganan las elecciones» (problema del agente-principal).
Por lo tanto, decir que «los éxitos del neoliberalismo han permitido que muchos peruanos sean más ciudadanos», es suponer «que es imposible percibir la luz, sin antes percibir la oscuridad».  No hay manera de mostrar que el neoliberalismo ha ampliado la ciudadanía entre los peruanos. Se desmantelaron los derechos de los trabajadores, se generalizaron las prácticas clientelares en la competencia política, no hay derecho universal a la educación y la salud, se criminaliza la protesta social, no se respeta los derechos de los pueblos cuando se hacen concesiones mineras o petroleras y, los gobiernos elegidos practican la impostura y sirven a los grupos de poder.
El neoliberalismo, además, ha despolitizado y privatizado la vida pública. El interés privado domina sobre el interés público («la actividad pública es un instrumento al servicio de los fines privados»); hay asimetrías de poder en los mercados; no hay virtud cívica (los comportamientos individualistas menoscaban el «compromiso con el bien público»); no hay igualdad jurídica; y, los mecanismos de control de los gobernantes y la independencia de los poderes del Estado han sido dañados por la corrupción y los caudillos.
A modo de conclusión
Lo que hay de ciudadanía y virtud cívica en nuestro país, se desarrolla contra la fuerza y resistencia del neoliberalismo, contra el mercado desregulado y el interés privado que «arrinconan a la virtud y a la solidaridad».
 
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 19 de octubre.

Fecha Publicación: 2013-10-12T16:31:00.000-07:00
Martin Tanaka ha escrito en el diario La República (LR) dos columnas sobre nuestro artículo «Neoliberalismo y Republicanismo(LP: 14-09-13)». Por la importancia que tienen sus críticas sobre el tema en debate, responderé de manera puntual.
(1)    En su columna de LR: 29-09-13, dice: «Para Jiménez, el crecimiento 1959-67 sería más “sano” porque fue liderado por el sector manufacturero y estuvo acompañado de mejoras en los ingresos de los trabajadores, mientras que el reciente se basa en sectores extractivos con ingresos laborales estancados. ¿Qué hacer? (…) En la línea de lo propuesto en “La Gran Transformación”, se apunta a promover un crecimiento más diversificado en general y la industrialización en particular». 
La asociación que hace Tanaka entre el carácter del crecimiento 1959-67 y la propuesta industrialista de La Gran Transformación, puede conducir a confusiones. Es verdad que el neoliberalismo se impone como crítica al proceso industrialista de los años 1960 y 1970. Pero, el crecimiento asociado a este proceso y el crecimiento neoliberal, son, ambos, extractivistas o rentistas. En el primero se gana lo que gasta el Estado y en el segundo se aprovecha la renta de los recursos naturales en un contexto de precios altos de los metales y de una sostenida demanda externa. En consecuencia, los dos estilos de crecimiento son recusables. Finalmente, sobre las propuestas políticas, sociales y económicas de La Gran Transformación, documento más vilipendiado que leído, sólo debo decir que reivindica las ideas republicanas.
(2)    En la misma columna, afirma: «parte de (los) supuestos “éxitos” (del neoliberalismo en Perú) serían consecuencia de iniciativas planteadas por “economistas críticos con el neoliberalismo” entre 2001-2003, con lo cual Jiménez reivindica su participación como funcionario dentro del gobierno de Alejandro Toledo».
Mi participación personal en esas “iniciativas” no viene a cuento. Sin embargo, lo que dice Tanaka puede inducir a un silogismo elemental: si eran “sus críticos”, entonces no deberían haber participado en un gobierno neoliberal; o, si se aceptaron las reformas que sus críticos impulsaron, entonces el neoliberalismo es suficientemente flexible. Este tipo de razonamiento no ayuda a comprender los procesos históricos. Muchos peruanos luchamos junto con Toledo para salir del fujimorismo sátrapa, que desfalcó al Estado y practicó la corrupción como forma de gobierno. El gobierno de Toledo fue, entonces, el resultado de un proceso político que abrió la posibilidad de hacer cambios en democracia. Pero, como ya ocurrió antes en nuestro país, algunos «cambios» se truncaron y otros se mediatizaron. Después, Alan García acentuó el neoliberalismo. El fujimorismo y el alanismo son los que más daño le han hecho a la política (en su acepción republicana).
(3)    En su columna de LR: 06-10-13, dice: «El término “neoliberalismo” se presta a malos entendidos. Por lo general, se le atribuyen sentidos intrínsecamente negativos, y esto tiene cierta razón de ser: muchos gobiernos neoliberales han sido muy corruptos e ineficientes, en particular el fujimorismo ha ayudado a crear la asociación neoliberalismo=autoritarismo=corrupción (…) Sin embargo, hay muchos gobiernos que pueden considerarse ilustraciones emblemáticas del neoliberalismo que no han sido autoritarios ni particularmente corruptos (Chile, Brasil, Colombia, etc.). Mas todavía, podría decirse que ellos implementaron reformas fundamentales para el logro de un crecimiento sostenido, reducciones de pobreza, fortalecimiento de instituciones, incluso, de políticas de desarrollo que buscan la diversificación productiva y menor dependencia de recursos naturales».
Primero, el fujimorismo no fue autoritario sino “dictatorial”, fue un gobierno que cometió crímenes de lesa humanidad. Segundo, el neoliberalismo no es un término, es una doctrina que propone la eliminación de las intervenciones públicas en la economía, la desregulación de los mercados y la eclosión del interés individual por encima del interés público. Específicamente propone liberalizar el comercio y desarrollar un modelo exportador basándose en las «ventajas comparativas» y las ganancias de competitividad abaratando el costo del trabajo. «Según la nueva vulgata –-dice Todorov— el Estado solo debe intervenir para favorecer el libre funcionamiento del mercado, allanar los conflictos sociales y mantener el orden público. Su papel consistiría no en limitar, sino en facilitar el poder económico».
Es cierto que el recetario neoliberal se aplicó parcialmente en algunos países: por ejemplo, se mantuvieron empresas estatales “estratégicas”, se limitó el flujo de capitales para tener autonomía en el manejo de la política monetaria y cambiaria, y no se desregularon todos los mercados. Sin embargo, en estos mismos países las medidas neoliberales han generado problemas. Por ejemplo, en Brasil se dice que la apreciación cambiaria y los salarios bajos son una amenaza contra la industria; en Chile hay evidencia de una regresión en la distribución del ingreso y protestas contra las bajas pensiones que otorgan las AFP; y, en Colombia no hay trabajos estables, los sindicatos están destruidos y el agro está en crisis.
A modo de conclusión
«La mejor manera de entender el neoliberalismo –dice Tanaka-- es relacionarlo con el llamado “Consenso de Washington”». ¿Acaso no está enterado que el decálogo de medidas de este Consenso es precisamente neoliberal?
 
Publicado en el diario La Primera, el sábado 12 de octubre.