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Etiquetas: [adiós pertinaz]  [letras desquiciadas]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Sat, 12 Jul 2014 04:28:00 +0000


"... que te quise y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser"
(JULIO CORTÁZAR, Rayuela)



Te veo,
y la fotografía no engaña.
Estás parada, desafiante,
con tus ojos tierra,
con tu cabello tormenta,
con el alma indudablemente brillante.

Veo tus dedos tiernos,
provocadores y malvados,
distracción para el osado artista que ha dominado
por un instante el creciente sismo en su cuerpo,
para impregnar tu altiva imagen
en el muro de piedra de la memoria.

Por aquellos tiempos tu incontestable belleza era el sol de mi vida,
el vicio de mis ojos.

Todos te prodigaban venias,
todos te imploraban sonrisas.
Todos te soñaban, todos te gastaban.
Y yo, dueño absurdo de tus miradas,
sombra de tu sombra, iba tras tus deleites
o tras el círculo de tu ineludible perfección,
para morir a tus pies,
perplejo y mudo.

Al pie de la montaña,
rendido ante tus ojos luz,
ante tu nociva sonrisa,
ante la cruel invitación de tu lengua mojada,
me despido.

Me llevo las huellas
de tu abrazo cincelado en mi espalda,
tu historia de belleza y gloria,
de dolor, de retos, de tenacidad marmórea,
de traiciones sucesivas,
de debilidades comprensibles.
Tu necesidad de mi, tu miedo, tus renuncias,
los musgos de la memoria,
los jardines vacíos de nuestras quimeras.
El adiós pertinaz que llovió desde el primer día.

Tú y yo, dos paralelas,
el telón de una historia imposible,
el lamento de una historia feliz.


En este día postrero te recuerdo, piel penumbra,
como una manzana de sombras sugestivas,
de profundos desfiladeros y lejanos goces.
Te recuerdo,
con tus dedos rosados y tibios,
con tus zapatos, testigos de pies pequeños,
con tu cuello delicia y tu ombligo de gala.
Te recuerdo
con tus ojos de azúcar y tus dientes de fiesta.

En este día postrero la luna se quiebra con mi fe,
con mis ganas de creerte,
como se quiebra el sol ante la lluvia.

Y tú, soberana del silencio,
alimento de los sueños,
camino de los extravíos,
luz de los ciegos, paz de los tormentos.
Tú, canto grillo de mi abandono,
luz luciérnaga de mi bosque,
sol soledoso de mi otoño.


Qué trámite intenso el de verte en una foto.
¡Gacela saltarina, mariposa vibrante!
¿Qué despojos debo recoger de los escasos momentos?
¿Qué retazos he de usar para parchar mis desgarros?

Flor admirable, tierra luminosa, campo esperanza.
Todo se ha perdido bajo las costras de las heridas.
Todo se ha hundido en las sombras del olvido.


DE: LETRAS DESQUICIADAS Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [bibliotecas privadas]  [compartir libros]  [cultura es]  [libros]  [nuevos conceptos de libros]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Mon, 23 Jun 2014 04:49:00 +0000









Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Quizá les pasa lo mismo que a mí. Ver en la televisión, periódico o revista, a un entrevistado delante de su estantería atiborrada de libros me parece, por lo general, más una pose superficial y la alharaca de un presunto estilo, que una posición estética acerca del conocimiento, la literatura, la cultura o la vida misma. Un ejercicio del más puro esnobismo.
No me provocan admiración los avaros que guardan, escatiman y recelan sus libros.
Un nuevo concepto de cultura exige compartirla.
Compartir un libro es sembrar cultura, nuevos horizontes para la vida, conocimientos, abrir ante los ojos del lector mundos desconocidos, conceptos distintos.
Compartir libros es un deber fundamental en estos tiempos en que se ve cuán inmensa es la cantidad de gente sin acceso a ellos.
No se puede ser indolente ante la carencia de los demás, máxime si lo que necesitan es el alimento para la mente y el espíritu.
No se puede seguir cerrando los ojos ante los que necesitan y exigen cultura.
A más cultura, menos criminales, menos guerras, menos miseria, menos diferencias sociales. Y por cierto, mayor riqueza en todos los aspectos. Aquella riqueza inagotable del conocimiento humano.
Alguien común y corriente puede tener suficiente con tres o cinco docenas de libros en su biblioteca. Para un intelectual, escritor, ensayista o crítico literario, bastarían de doscientos a quinientos libros. Más de la mitad de ellos pueden ser libros digitales, guardados en los discos duros de su ordenadores. Entonces, aquellos anaqueles repletos de libros de pared a pared, habitaciones repletas de libros, son modas o costumbres obsoletas, exageradas y huachafas.

Otro aspecto tiene que ver con la conservación del planeta.
En un mundo cada más desprotegido, se siguen practicando y promoviendo la obsesión por las bibliotecas privadas, copiosas y fastuosas. La cultura -escasa para la mayoría- es cara, pero en este caso también es ajena.
Si acumular dinero es avaricia, acumular libros es mezquindad. Es incomprensible que cultos, eruditos e intelectuales, actúen como si la cultura fuese un derecho exclusivo de ellos.
La pirámide de la distribución de libros en el mundo tiene como base cientos de millones de gentes sin libros, y en la punta de la pirámide unos pocos dueños de grandísimas bibliotecas privadas. Bibliotecas que significarían, para los que se encuentran en la base de la pirámide, mayores conocimientos, más aprendizaje, mejor comprensión de los problemas del mundo y -en consecuencia- mejores posibilidades de encontrar soluciones.
Pregunto entonces ¿Tiene sentido acumular libros, mientras hay gente -en su mayoría niños y jóvenes- hambrientos de cultura y conocimiento?


EL FUTURO DE LOS LIBROS IMPRESOS

Como todo buen romántico sesentero, no voy a negar que también para mi es delicioso leer un libro impreso. Es especial, además de ser también una experiencia sensorial. Sin embargo, cada vez es más grande la necesidad de buscar alternativas para coadyuvar en la conservación del planeta. Todo papel viene de un árbol, por lo tanto, cada libro impreso contribuye al calentamiento global. Con los millones de libros que se imprimen diariamente en todo el mundo es de imaginar la cantidad de árboles que pierde el planeta por esa causa.
Entendamos entonces la necesidad de la lectura de libros digitales o electrónicos. Sus ventajas saltan a la vista: fácil acceso, menor costo, mayor practicidad, salvaguarda del planeta.
Si uno de los principales objetivos de un autor es escribir para ser leído, entonces no debería importarle si lo hacemos en formato digital. Existe, además, el soporte de mega tiendas y catálogos virtuales: iTunes, iBook, Amazon, Barnes & Noble, Google Play Books, Lulu, etc.
Cada vez es mayor el número de lectores de libros electrónicos y su popularidad va en aumento, pero es necesario promover y difundir esa ruta, también una buena oportunidad para reconciliarse con el planeta

AUTOEDICIÓN, UNA ALTERNATIVA INTERESANTE
Una herramienta para no desdeñar es la autoedición, pues con ella sólo se imprimen los libros por pedido.
Hay autores que se sienten mejor cuanto más numerosa es la edición de sus libros. Y la verdad es que a veces no venden ni la décima parte de lo que imprimieron.
Hay editoriales que buscan hacer caja publicando a autores mediáticos –“divas” de la farándula con escandalosas vidas o con ansias de alimentar sus egos, por ejemplo-, aprovechar el morbo colectivo y así vender sus libros basura, con fines exclusivamente crematísticos.
¿Para qué despilfarrar papel? Si tanto queremos un libro impreso bastará ordenarlo por internet y nos llegará a la puerta de la casa.

CULTURA ES COMPARTIR TUS LIBROS
- ¿Tienes abundantes o demasiados libros? Compártelos.
- No es sano para nadie que los libros languidezcan en las estanterías de bibliotecas privadas.
- Critica y censura a los acopiadores consuetudinarios que prefieren acumular y ostentar sus libros en vez de compartirlos.
- Los libros fueron escritos para leerse. Es imprescindible multiplicar los lectores compartiendo los libros.
- Practica la saludable costumbre de intercambiar libros.
- ¿Quieres comprar un libro digital y no lo encuentras? Cómpralo impreso, pero usado.
- Descargar un libro electrónico original es muy fácil, inmediato, barato (y hasta gratuito) y práctico.
- Solicita siempre formatos digitales de tus libros favoritos. Ello ayudará a multiplicar esta opción y mejorará la oferta de las editoriales.
- A menos que sea un libro fundamental para tu vida, compra un libro, léelo y luego préstalo, con una condición: que después de ser leído sea también prestado con la misma condición. Así el libro viajará indefinidamente de mano en mano.
- Refranes como: “quien presta un libro es un tonto, pero es más tonto quien lo devuelve” o “quien presta un libro pierde un amigo” son arcaicos, ridículos y nocivos en el mundo actual.

Un libro vale por lo que contiene, no por su apariencia o su formato.



Etiquetas: [Berlin]  [Carnaval de las Culturas]  [Karneval der Kulturen]  
Fecha Publicación: Sat, 07 Jun 2014 16:06:00 +0000



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Diez días antes del gran desfile, la noticia en todo Berlín es el Carnaval de las Culturas. En mi clase de alemán, en Volkshochschule, no podía ser de otro modo. Durval el brasileño y Marcin el polaco, están ansiosos por participar. Como en el resto de Berlín, en la escuela conviven armoniosamente culturas tan disímiles como la latinoamericana, iraní, coreana o libanesa; razas, costumbres, tradiciones y lenguas; objetivos, edades e historias. El gran público toma las calles y puede ver gratuitamente muestras culturales de todo tipo, en un ambiente pacífico y efervescente. Bandas y artistas de todo el mundo llegan a este festival y pueden ser vistos de cerca por todos.

De una u otra forma, en estos días las actividades en Berlín giran alrededor del Carnaval, la fiesta urbana que se celebra durante cuatro días e incluye un gran desfile, con bailes, carros alegóricos y la participación multitudinaria de todos los sectores. Grandes empresas auspician grupos, asociaciones culturales y comparsas. Es una forma de resumir la pluralidad de Berlín y su rechazo al racismo, al nacionalismo y toda forma de discriminación.
Inclusión es el concepto principal de este mega evento que se iniciara en 1996. Desde entonces, y aunque el racismo aún persiste, la población berlinesa la combate y arrincona, la confronta y denuncia. Y Karneval der Kulturen es una muestra de ello. La gente puede participar de las comparsas bailando dentro de ellas. Se pueden ver grupos étnicos diversos compartir bailes, danzas, representaciones artísticas y culturales en un mismo espacio. Es muy común ver las comparsas africanas atiborradas de europeos; los grupos musicales o de baile andino latinoamericano, acompañados por asiáticos y europeos, etcétera. El Carnaval de las culturas es heterogéneo, diverso . Es un claro mensaje de repudio a los neo nacionalismos y derechas radicales que, por cierto, todavía subsisten y persisten.


BAJO EL SOL TODOS SOMOS IGUALES

La transculturación, la cultura de la diversidad, la tolerancia y la inclusión hacia otras formas del pensamiento, arte, color de piel, lenguaje, religión o ideología, son las banderas que Werkstatt der Kulturen, organizadora del evento promueve y propugna.
El desfile, pleno de entusiasmo y alegría, se inicia entre la Urbanstraße y Hermannplatz, recorre la Hasenheide, Gneisenaustraße, dobla hacia Yorkstraße y termina en la intersección con Möckernstraße en el histórico barrio de Kreuzberg, aproximadamente a las 21:30 y en medio de la algarabía general.
En el Karneval der Kulturen se mezclan razas y pieles, idiomas, religiones y costumbres. Se trata de la expresión artística que retrata la vida cotidiana en Berlín. No hay distingos, no hay excepciones, no hay exclusiones. La Alemania de estos tiempos convive pacíficamente en su generoso territorio que acoge a todos por igual. En especial en Berlín se puede decir que sus habitantes son ciudadanos del mundo. El Carnaval de las Culturas es la celebración de esa hermandad cotidiana. Son cuatro días de homenajes a la tolerancia y el respeto mutuo.

El Carnaval tiene su corazón entre cuatro hitos principales: Zossener Straße y Blücherstraße para Eurasia -música asiática y europea-; Tempelhofer Ufer y Mehringdamm junto al puente Zossener, para Latinauta -música latina-; Mehringdamm para Farafina -música africana-; y Bazaär Berlin entre Tempelhofer Ufer y Waterloo Ufer. El clima es amigable, las calles hierven de gente: mesitas para beber cerveza -que junto con la caipirinha son las bebidas preferidas-, eventos de teatro, puestas de arte, tiendas de souvenirs, gran variedad de gastronomía de todas partes del mundo, etc, forman parte del alegre paisaje del Carnaval. La gente va y viene, conversando, riendo, aprendiendo, compartiendo, reflejando en cada rincón y en cada espíritu la actual diversidad berlinesa.

Es el Carnaval de las Culturas: la fiesta del respeto por las minorías, la solidaridad con ellos, el respeto y admiración por sus historias, la celebración del internacionalismo y la inmigración, el derribo de las fronteras físicas, culturales, sociales, económicas y raciales.

Fotos y videos: Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [libros de rogger alzamora Quijano]  [poemas de amor]  [poesía]  
Fecha Publicación: Wed, 04 Jun 2014 14:03:00 +0000



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Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [luz de la memoria]  [poema memoria]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Fri, 30 May 2014 03:21:00 +0000



I

El río se hizo leyenda ante el gris gaseoso de aquél día.
Los puentes, uno tras otro iban perdiendo con la distancia.
Las cúpulas y aposentos competían lanzando sus brillos
desde el balcón floreado que se llenaba de gente.

Tu mano me devolvió el aire y tu cercanía la realidad.

El temprano y sereno paisaje emanaba bullicio.
Bendita luz de la memoria, bendita música nostalgia
que hoy retorna pese al virulento golpeteo de las desdichas,
a la cotidiana migraña de renuncias.

La única pesadumbre que soslaya la dicha viene de aquél puente,
que atravesamos sin dejar nuestro señuelo como exige la tradición.
Vimos los más fuertes y coloridos, los viejos y los recientes
y no dejamos uno.

Pasamos sin dejar huella.
Quizá porque con nosotros caminaba el temor.
Quizá por la imponente cercanía de la mezquita.
Quizá por todos los reclamos mudos.
Quizá por los agobios del futuro.

Tus ojos se bañaron con la nostalgia de los tiempos idos.

Pronto estaríamos al borde de la ciudad nueva al caer la tarde.

Dime si no fue un error haber cruzado el puente
sin colocar los señuelos promesa para el regreso.
La rojiza tierra nos dejó sembrar sueños y osadías,
mientras los patos se solazaban sin notar el frío.
Fueron cuarenta minutos junto al río, antes que invadiera la noche.
Fueron cuarenta fotografías que luego olvidaríamos.


II

A través del limpio sol nos avisa el murmullo encrespado del modesto río.
A través de tu limpia mirada veo el escarpado trayecto a la lejana comarca.
Y cantas los versos que hiciera un poeta,
inspirado en la nobleza del señero paisaje
y en alguna historia de corazones partidos.


El aire viene del infinito, como tú.

Los perros notifican su concepto de los límites,
las mariposas besan primero nuestras flores,
la cuesta deja al pueblo y al río a merced de la belleza.
Cuánto daría por repetir esa historia
que hoy parece una profecía que no se va a cumplir.

Triste la tierra del encanto que dejaste atrás,
solitaria y temerosa libélula de pretéritos en la mirada.
Te observo mirando las cumbres,
como reclamando los mismos aires de antaño
cuando el canto de la inocencia,
cuando la melodía del sinsonte.

No importa el lugar para el futuro incierto.
No acallan las voces cuando la soledad oprime.
No termina la causa porque exista ruptura.
No hay olvido que burle la urgencia del pasado.

Bendita luz de la memoria, bendita música nostalgia.



III


¿Y qué hay de la ciudad de nuestros sueños?
Pues debo contarte:
la piel de las naranjas se hizo gris,
los verdes de nuestra casa hoy pintan morado.
La espléndida vista, los tejados rugosos, las calles sinfonía,
las veredas de colores, los supermercados y los bares,
los furtivos cigarrillos que parecían delito.
Todo eso está en las amarillas páginas de un viejo diario,
que leo y releo con la obsesión de la hora nona.

Y sé que puedo recrear cada uno de aquellos momentos
en la maqueta imposible del pasado inconcluso.

Bendita luz de la memoria, bendita música nostalgia.

Todo se hace paz en la vereda de mi vida,
todo parece un mantel para una mesa vacía,
un lienzo precario, una alfombra distinta,
el pasillo interminable, la cocina en madrugada.
Todo se hace paz en el crepúsculo de mi vida,
con tu sol que se ha estacionado,
en algún minúsculo alveolo de mis pulmones,
en la modesta hojarasca de mis versos
o en la premura por un futuro abrupto
que todavía sueño.

Todo se hace paz mientras te espero.
Bendita luz de la memoria, bendita música nostalgia.

DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [el juego de la vida]  [relatos de rogger alzamora]  
Fecha Publicación: Mon, 26 May 2014 04:27:00 +0000


Wandor Windor era el primero de la fila. Quería jugar. Los demás lo quedaron mirando. Algunas burlas corrieron. Wandor Windor siempre estaba listo para todas las burlas del mundo. Se alisó el pantalón de polistel marrón sobre los gastados zapatos con soportes. Pilatos siguió eligiendo a sus jugadores. Tú aquí, hey Batán, tú Cacique, necesito un cirujano. Y aunque Pilatos, el todopoderoso alero zurdo tenía el ceño fruncido, los de su equipo estaban chinos de risa. Sabían que Wandor Windor era una garantía. No temía el peligro ni la chanza de los rivales. Medía un metro sesenta pero parecía gigante, inconmensurable. El Indio y su equipo lleno de macheteros y rascapiernas no dejaban pasar pelota ni jugador. Lelo, por ejemplo, era el de los brutales codazos que te dejaban sin aire para toda la vida.
El duelo se vislumbraba ardoroso y sucio.
Estaba en juego -con la media docena de incacolas- algo muy importante que no era fácil explicar, pero que todos parecían entender. En la canchita de tierra del barrio Tres Cruces se jugaría -como siempre- sin árbitro, sin reglas, sin piconerías y sin tiempo.
Wandor Windor había por fin llegado al arco, arrastrando sus pies, contorsionándose al colocar primero una muleta, después la otra. Sus omóplatos le sobresalían en la espalda, su pequeña cabeza rapada se hundía y volvía a aparecer. Su caminar dubitativo y la escuálida sombra que dejaba gotear sobre la tierra muerta, provocaban ironías disimuladas con impacientes calistenias. El Gordo César lanzó un improperio mientras se rascaba la protuberante panza. Wandor Windor no se inmutó.
Los cinco gatos que fuimos testigos del suceso pudimos ver a Wandor Windor remangarse la camisa y cuadrarse bajo los tres palos. Sus piernas aflojadas por la polio, las muletas firmes bajo sus axilas, sus excesivos huesos. Me pareció aún más invencible. Pilatos se paró en el centro, frente a El Indio. Lo miró, y pegando un furibundo bote con la pelota comenzó el partido.
Luego de dos horas y media, trece atajadas suicidas, dos dientes rotos, raspones y magulladuras y el rostro grotesco por las barrosas riadas de sudor, Wandor Windor emergió lentamente. Primero una muleta, después la otra, y se alejó sin apremio.


De: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [días de sal y de muerte]  [el desatino]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 22 May 2014 06:56:00 +0000



Ella andaba por la calle extravío.

Él la esperaba como la araña al insecto.
Sabía que pronto del cielo caería la solitaria diosa.
Ya cuando estaba en la trampa,
hambrienta de olvido bebía los besos del astuto embustero.

Después del amor efímero quedaba el adiós,
y la desfachatez del perverso pirata,
su brillo chafalonía.

Reina, que mató el amor con un petardo de fugaz caricia.
Que tras la risa-fotografía oculta el desatino mayor de su existencia.
Linda apariencia, labial rosado, cejas perfectas,
foto artificio, champaña amarga, retoque soslayo.

Fútil transeúnte de alcobas, se salva para morir matando,
se hunde en su propia mentira, se ahoga en su vaso vacío.



DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano


Etiquetas: [días de sal y de muerte]  [poemas de amor]  [poesía perú]  [rogger alzamora quijano]  [tu voz]  
Fecha Publicación: Sat, 17 May 2014 04:44:00 +0000


Sentado al filo del recuerdo,
mirando el mar desde las arenas, candentes como tu piel.
Con el islote blanco enfrente, la vibrante alegría de los niños retozando,
el mínimo significado de la materia
y la inmensidad del espíritu.
Vaciando mis manos de arena,
mientras hablas de tus abuelos, añoras a tu hermano,
admiras a tu madre y abrazas a tu padre;
contando cada gota de sudor o lágrima que resbala hasta tu pecho.

Mirándote alborozado
mientras tu lengua salta, rosada y ágil en tu boca serena;
cómo tus cabellos negros flotan sin pausa sobre tus hombros
en una danza de contorsiones suntuosas.

Demasiadas palabras y ninguna sensación de tu presencia,
Demasiadas pistas sin dirección ni destino.

Con escucharte decir que me amas me bastaría.
Sé que lo dijiste, pero ¿dónde está el sonido?
¿Por qué el amor no deja evidencias ni la voz tatuajes?
Todo se reduce a imaginar,
todo se evapora con el aire.

Y quisiera escucharte como la primera vez.
Al teléfono la diosa melodía rasgó sus arpegios.
Yo maticé con torpes graves y toscos desatinos.
Nos reímos, lo recuerdo, del milagro y del propósito,
sin saber que ambos se esfumarían en la distancia.

Hoy me siento. Y también me siento solo.
Pero no sólo me siento solo,
la soledad no es angustia,
la soledad es aplastamiento,
inacción, necesidad, urgencia.
Sentirse solo, no solamente es estar solo,
sino sentarse a mirar la soledad
desde una absurda memoria sin evidencias.

Demasiadas palabras y ninguna sensación de tu presencia,
Demasiadas pistas sin dirección ni destino.

Nada me queda de ti, aunque siento que lo tengo todo.
Que tú sabes desde tu almohada que comparto tu cama,
que vivo en tus sueños y camino tu cuerpo.
Que imaginas que me aterra ver lo que no puedo tocar.
Que no me gustan las pesadillas porque siempre se atascan
en un tramo inconcluso y desesperante.
Que tengo tu voz vagando por mi vida.
Sus letras y sonido que retumban con mis latidos,
sus ocultas estrofas que canto en silencio,
la noticia recurrente y crónica de tu existencia,
que me ayuda a vivir,
pero que también me mata.

He probado la sal de tus mejillas,
y saben a gloria, como las promesas.
Entonces me adentro en el rescate de las letras esquivas,
de las noches eternas y las mortales sentencias.

No hay palabra que no me suene a tu voz,
no hay delirio que no me convenza.


DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [bolero]  [goce pagano]  [música]  [salomé pagana]  [salsa]  
Fecha Publicación: Sun, 11 May 2014 00:22:00 +0000


Nota del Editor.- Ayer tarde me llegó desde Bogotá, y por gentileza de mi amigo Jorge Luis Villada, el siguiente artículo publicado en EL TIEMPO de Bogotá acerca del cierre de un legendario santuario de la música y la cultura, del que el mismo Jorge Luis me había contado hace varios años: "El Goce Pagano". Como melómano me conmueve el final de El Goce, como aficionado a las letras el siguiente sabroso artículo firmado por Juan Martín Fierro.

ADIÓS A LA RUMBA SALSERA DE SALOMÉ PAGANA

El famoso local fundado por César Pagano hace 26 años cierra sus puertas.

“El cierre de Salomé es triste y casi trágico. Muere una época”, me dijo el periodista Enrique Santos Calderón al saber la noticia.

No es para menos. El fin de Salomé en Bogotá es como imaginar la muerte de La Troja en Barranquilla, o de Zaperoco en Cali. No se trata de un simple bailadero de salsa, que también lo ha sido y muy bueno por cierto, sino más bien de un verdadero espacio cultural, un patrimonio de los bogotanos. Desde sus inicios, marcó una clara diferencia respecto a los locales tradicionales y ofreció una nueva alternativa a quienes buscaban fiesta con cultura. La rumba en esta ciudad no será la misma de hoy en adelante.

En Salomé gozaron por igual ministros y bailarines anónimos, todos unidos alrededor de una causa y una figura: la música con criterio programada noche a noche por su propietario, el investigador, escritor, gestor y periodista César Villegas, más conocido como César Pagano. ¿Por qué se cierra Salomé? ¿Cómo pudo pasar esto?, son las primeras preguntas que le lanzo.

“La zona rosa de Bogotá ha entrado en decadencia, lo mismo que el concepto de rumba que pregonan las nuevas generaciones. Los muchachos han traído una moda de beber en la calle, con todas las consecuencias de aglomeración, que impide la libre circulación; la basura, el vómito, la discusión y la pelea, con policías presentes. Esta inseguridad, desaseo y peligro espanta a la gente tranquila y gozona de la vida, que es mi clientela. El negocio no venía bien y, para rematar, perdimos un pleito que nos obliga a devolver el inmueble; ese fue el puntillazo”, comenta César, que ha dedicado 40 de sus 72 años al negocio de la rumba.

Los inicios de Salomé se remontan a 1978, cuando Pagano se instaló en Bogotá después de probar suerte en su natal Medellín con El Goce Pagano, una marca que con los años haría historia en la noche bogotana gracias al legendario local de la carrera 13 con calle 23, y a otros que se abrieron posteriormente en La Macarena y en la avenida Caracas con calle 74, en el norte de la capital.

“Con El Goce, que fue la antesala de Salomé, podemos afirmar que César Pagano generó a su alrededor un movimiento social que incluyó la literatura, el cine, el video, la fotografía y la promoción de nuevas agrupaciones musicales de salsa. El hecho más importante que provocó fue la participación definitiva de la mujer en la rumba. Se abrieron puertas a un nuevo público de la noche: las mujeres. Mujeres solas, en combo, bailando, poniendo música, bebiendo, proponiendo, seduciendo... Se ganó un nuevo espacio para la expresión de todas las mujeres de los diferentes sectores sociales”, afirma Bertha Quintero, percusionista, creadora de orquestas femeninas y subdirectora de Artes del Instituto Distrital de Artes de Bogotá (Idartes).

En marzo de 1988, cuando Salomé Pagana se instaló definitivamente en el local de la carrera 14 con calle 82, se convirtió en el bailadero preferido de artistas, intelectuales, políticos y estudiantes de todos los estratos y todas las edades.

Bruno Díaz, Juan Manuel Roca, Fernando Quiroz, Gloria Triana, William Ospina, Vicky Hernández, Stella Villamizar, Ramón Jimeno, Antonio Caballero, Mauricio Silva, Jorge Alí Triana, Fanny Mikey y Antonio Morales eran infaltables.

“César incorporó a la rumba salsera, bastante escasa e incipiente en la Bogotá de los 70, ingredientes adicionales al mero disfrute musical en medio de copas, valiéndose de análisis estilísticos, referencias históricas, publicaciones y conferencias. Muchos descubrieron la salsa gracias a César, quien halló en ella su propia razón de ser”, recuerda el actor, cantante y exconcejal Bruno Díaz.

Interminable es la lista de artistas colombianos y extranjeros que pasaron por Salomé. Su programación, en la que había días para la música de nuestras costas Caribe y del Pacífico, para el bolero en los ‘Martes de amarte’ y para disfrutar, a capricho de César, de toda clase de géneros, pasando por la música del Brasil, el tango, el flamenco, la música clásica y el jazz.

Entre los artistas y agrupaciones que brillaron en el escenario o como ilustres visitantes, se cuentan la Orquesta Aragón, Elíades Ochoa, Celina y Reutilio, La Orquesta Original de Manzanillo, Polo Montañez, Chucho Valdés, Diego el ‘Cigala’, Javier Colina, Omara Portuondo, Gonzalo Rubalcaba, Tata Güines y César Portillo de la Luz.

Juan Formell, ese coloso de la música cubana fallecido el pasado jueves, fue invitado de honor con su orquesta Los Van Van a descubrir un mural dedicado a ellos en el segundo piso del local. Por Colombia estuvieron Totó La Momposina, Sofronín Martínez, Teresita Gómez, Francisco Zumaqué, el Grupo Bahía de Hugo Candelario, la Banda La República, liderada por Juan Diego Valencia, La 33 y Yuri Buenaventura.

“César tendió la mano a músicos desconocidos de aquí y de afuera, aportando calidad y novedad a la oferta cultural de la ciudad. Salomé fue prácticamente un consulado de Cuba en Colombia, y cuando se radicalizó el bloqueo a la isla, en los 90, más se empeñó en divulgar géneros como la timba, el son y el bolero”, dice la editora Mabel Pachón.

“Salomé es una prolongación de la casa de César, donde no hay espacio para el mal gusto ni para las modas musicales”, complementa el médico paisa Jorge Arango.

Para el empresario y melómano Alfredo Escobar, “el gran aporte de Salomé fue enseñarnos que la rumba y el buen gusto musical sí pueden ir de la mano. César ha sido más un promotor y un difusor que un simple coleccionista. Desde los micrófonos de Salomé siempre dio crédito a los compositores”.

El Stalin de la salsa

Entre las incontables anécdotas que dejan las noches en Salomé, vale recordar que fueron muchísimos los clientes que se acercaron a la consola de sonido a pedirle una canción a César, para luego regresarse a su mesa (o a su casa) con el ego musical herido.

El asunto llegó a tal punto que Enrique Santos le endilgó a Pagano los remoquetes de el ‘Stalin de la salsa’ y el ‘Enver Hoxha de la salsa’, en alusión a su excesivo purismo musical. La frase de Santos, “pida lo que quiera, que él pone lo que le da la gana”, pronto fue de boca en boca.
Famoso también fue el llamado Comité de Salvación Pública del Oído, que con el respaldo de amigos como Jeannette Riveros, Gerardo Reyes, Orlando Bohórquez, Enrique Santos, Alfredo Escobar, Óscar Orjuela y Bertha Quintero, lideró en los 90 la creación del Fram (Frente Antimerengue), cuya consigna era desterrar el lado más comercial de este ritmo dominicano. Más recientemente, a través del Franreg (Frente Antirreguetón Idiotón), Pagano lideró la última de sus cruzadas musicales.

¿Qué hará Pagano después de Salomé? “Debo cambiar de actividad o hacer énfasis en otras tareas para poder subsistir, pues no tengo pensión de ninguna clase. De momento, seguiré con mi programa radial en Javeriana Estéreo y tendré más tiempo para escribir, investigar y dar conferencias. También quisiera que mis entrevistas a tantos músicos cumplieran una función social en los conservatorios, bibliotecas y facultades de música, complementando la formación de los estudiantes”.

¿Hay manera de que Salomé vuelva más adelante?, pregunto. “No lo descarto, pero no quiero cargar todo el peso solo. Quisiera ser más un director artístico y que otros se ocupen del manejo del negocio como tal. Hay algunas propuestas, pero de momento nada se ha concretado. Ya veremos qué pasa”.

Esta noche, cuando termine una época de oro en la rumba bogotana, Pagano soltará en público sus últimas arengas, rendirá homenaje especial a Juan Formell y a Cheo Feliciano, tocará la campana para incitar al baile, saludará uno a uno a sus amigos y presentará a Son de Millo, el conjunto de folclor Caribe liderado por Carlos Ramírez, y al cuarteto de saxofones de Rogelio Castro. Así se despide Salomé, un bailadero auténtico y sabroso donde todos dejamos un trozo de nuestra propia historia.


Juan Martín Fierro

Especial para EL TIEMPO
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Fecha Publicación: Tue, 29 Apr 2014 01:44:00 +0000


Como era previsible,
hay un territorio adonde se han retirado
las aguas de nuestros sueños:

La grieta de Silfra,
su extrema belleza;
como tú, celeste transparente;
como yo, silencio del juglar derrota del verso.

Sabor insondable de la vida,
túnel que oculta tras su belleza la realidad de la ruptura.

Henos aquí, vituperados por el sarcasmo
de los musgos sobre nuestras melenas de lava
en el inhóspito Thingvellir del reposo.

Henos aquí, expuestos a inclemencias y devenires.
Para mirarnos de tan cerca nuestros continentes,
para navegar sobre los sueños del acaso.



De: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano
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Fecha Publicación: Thu, 17 Apr 2014 03:17:00 +0000



Aquella enorme soga que me ata a ti es la pesadumbre
que despilfarra dolor.
He aprendido a estar derrotado,
y me he alimentado de prórrogas.

Ni bajo las copas de los árboles de la estepa se puede estar más abandonado.
Ni en la tibia holgura del poniente se logra calentar la esperanza.

Yo sólo canto. Canto para escuchar mi voz,
mi voz abatida y solemne,
mi voz aplastada por tu disperso encanto
que llueve cada vez menos pero que anega el alma.

Canto o sueño.
Que la enorme soga que une a Izanagi e Izanami, se abandona como ellos,
desde el mediodía en la montaña,
donde el viento claudica ante el amor.
Que en aquél majestuoso santuario donde confluyen los siete cielos del orbe,
vemos el amanecer del verano más próximo a la felicidad.

¿Y qué nos hizo desistir?
¿Acaso la turbamulta de fantasmas que se acopló a la contramarcha?

Y vuelvo a soñar que construimos Amenomihashira,
tan amplia como exigió el destino,
para después rodearla alrededor del mundo,
sabiendo que al término de la infinita vuelta
regresaríamos a mirarnos. A ser Izanagi e Izanami.
Completamente uno.

Nos espera la mirada de Ebisu en el mar de la noche,
en el humilde Lago Negro,
o en el río sin cauce, que trae nada y truena silencio.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano

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Fecha Publicación: Fri, 14 Feb 2014 18:19:00 +0000



Me colma el cielo, me seduce su temible inmensidad
más que su color sereno.

Me colma el cielo, me seduce el infinito,
pero me maravilla tu nombre.
Por ejemplo, la cruz junto a la absurda letra.

Me colma el cielo pero más me inunda y envuelve
pronunciar la mezcla de jubilosas letras
y sinfónico alfabeto.

Me colma el cielo pero me gusta tu nombre.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [navidad]  
Fecha Publicación: Tue, 24 Dec 2013 20:18:00 +0000


Sólo hace falta en la nochebuena:

Un poco de tolerancia
Un poco de perdón
Un poco de desprendimiento
Un poco de comprensión.

Otro poco de buena fe
El corazón dispuesto
Compasión y equidad

Un abrazo limpio
Una palabra de aliento.


Es decir: AMOR.




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Fecha Publicación: Thu, 12 Dec 2013 17:01:00 +0000




La persiana que guarda
las contingencias escolares,
heroicos triunfos y profusa amargura,
la infancia preciosa, juventud sagaz y afortunada,
la siembra de libros y la piel esponja.

La persiana que oculta la luz permanente,
la luna que alimenta los sueños con más sueños.

Que guarda las dichas intangibles,
que no esconde las penas, el vacío,
las tormentas ni el caos;
que no abandona la música de los recuerdos,
ni la prosa de los delirios.

La persiana donde la rebeldía perdura y se sostiene,
acomete y confronta;
donde los zapatos transitan experiencias
y las calles acosan e invitan.


La persiana que esconde tribulaciones y exequias,
placeres y desdichas, ojos y ceguera.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [poemas de amor]  [poesía perú]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 05 Dec 2013 15:25:00 +0000



Hoy que vas trepada en el tren de la felicidad,
que de lejos gozas la nieve sin recordar el frío,
y que la vida te da lo que has buscado:
aplomo, lujo, fruto, amante, amor y estilo.

Hoy que llenas tu jardín de colores únicos,
aromas, belleza, holgura, visón, armonía,
certeza y orgullo, miel y lozanía,

no puedo dejar de advertir que todo eso
no es más caro que el amor que alguna vez te di.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [poemas de amor]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  [sobre el amor ya todo se ha escrito]  
Fecha Publicación: Sun, 17 Nov 2013 16:58:00 +0000


Sobre el amor ya todo se ha escrito.
Mas, hay cosas que no tienen explicación.

Por ejemplo:
Falta explicar por qué tantas veces reincido,
falta saber cómo pierdo lo ganado.
Intento encontrar las palabras justas
para explicar tan notorias contradicciones.

En el universo de verbos huecos,
en la maraña de lugares comunes,
en la galaxia de argumentos banales,
soy incapaz de atar la luz con la sombra,
como exigen mi corazón y pensamiento.


En el vasto territorio de ilusiones y promesas,
no es fácil encontrar glosario adecuado,
conveniente elocuencia, razón y sensatez.
Hay bosques insondables de tercas insistencias
que desembocan en mares de inmadurez.


Puedo empezar escribiendo,
por ejemplo:
que no soñé con un lugar en tu cama,
sino con la pradera de tu corazón.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [mariposa]  [poema a la mariposa]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Wed, 06 Nov 2013 20:28:00 +0000



Acuérdate mariposa de los montes,
tu primer vuelo ante la luz del poniente,
tus escasos colores y tu mirada torva.
Acuérdate de tus dominios de entonces,
que no tenían de Alhambra ni Babilonia,
que no paseabas ni patios ni palacios,
sino tu trono en la montaña olvidada.

Acuérdate que letra a letra, con mis versos te hice princesa.
Que barrí la opacidad de tus aposentos con los colores del arco iris.
Acuérdate cómo pinté sol y primavera sobre tus hojas mustias
y te llevé a la cima para que dominaras el mundo.

Acuérdate cómo bañé de besos tus ojos muertos,
cómo abrí tus alas entumecidas de olvido,
acuérdate mariposa de los montes, menuda flama,
cómo inventé las letras que cambiaron tu historia.


Tapicé con flores, mieles y colores tu vuelo
antes que te quemaras en la excesiva llama,

acuérdate mariposa de los montes,
de tus comienzos de timorata oruga.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [aija]  [anquilta]  [bitácora de la felicidad]  [rogger alzamora quijano]  [tiempos idos]  
Fecha Publicación: Thu, 31 Oct 2013 12:41:00 +0000



Calles estrechas, sol y silencio,
plenitud por doquier, niños y vida.

En Aija onírica era un paseo la caminata mínima,
y un deleite ver los tejados humeantes
sobre los recios hombros de la ciudad jolgorio.

Estropicios primaverales, evasiones del colegio,
para contemplar peleas de negros alacranes,
o esperar pacientes que asomaran las lagartijas.

¡Qué tiempos de pañar ullmas entre los quenuales!
Qué primaveras de verdes encajes amarillo trigo,
violeta flor de papa las faldas de la noble Anquilta.
Y así llegaban las lluvias con el preludio neblina.
la escuela se aligeraba, y los adioses de temporada
se borraban con la Navidad y los juguetes nuevos.

Así te recuerdo mejor Aija,
así el consuelo alivia mi alma.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [ausencia]  [días de sal y de muerte]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Fri, 25 Oct 2013 05:54:00 +0000


Todo lo que he vivido sólo a ti te debo,
quedan tus ojos topacio para tanto vacío,
alguna pradera para acampar sin tus brazos,
mientras aprehendo países desconocidos.

Los caminos no son seguros si no voy contigo,
los libros me invitan cada vez poco y menos,
son indispensables unos cuantos amigos
y el notorio agujero que has dejado a mi lado.

La casa, el alba, las flores, la hoguera,
la cama, la urgencia, tus brazos, tu sexo.

Lo mejor de mi vida a ti te debo,
son tesoros que llevo en mis bolsillos,
con la perenne marea de ternura cotidiana
y el dardo de tu mirada clavado en mi alma.

Quedas tú, de vigencia insoslayable,
quedan los caminos mudos y el dolor sin tregua.

Todo podrá dejar de ser y existir,
todo faltará, caerá y oscurecerá,
todo morirá si la muerte asedia.
Todo menos tú, que no matas de olvido.



DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano


Etiquetas: [días de sal y de muerte]  [octubre]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Sun, 20 Oct 2013 16:21:00 +0000



Octubre en Lima es parco y gris
Octubre en Lima es morado, parco y gris
Este octubre en Lima es morado, parco y gris, sin ti.
Se respira el incienso, se elevan plegarias,
pero, para mí esta Lima de octubre es un desierto
morado, parco y ajeno,
donde aguardo al Nazareno de todos,
que a mí me falta
y camino este páramo de nostalgias absurdas
donde tú no estás, pero existes.

¿Y de qué me sirven los cirios y aromas?
¿Y qué me queda del incienso de tus promesas?
Soy carne de tu abandono, pero no soy tuyo.
Eres la tierra donde camino, pero no eres mía.

Este octubre soy devoto de tu abrazo,
soy tu feligrés rendido, que te busca
en la multitud de fieles compungidos y agolpados,
y persigue la imagen del Hacedor de lo imposible.

Soy todo lo que imaginas y todo lo que no merezco,
el acólito que hasta hoy venera tu nombre y tus huellas,
y se hunde en la caricia ausente de tus rosadas mejillas.

Soy el vagabundo del octubre morado, parco y ajeno,
el número mil de los silencios,
el vuelo triste de los sahumerios.



DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [canción inútil]  [poema inútil]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Mon, 14 Oct 2013 20:29:00 +0000



El tiempo dulcifica los recuerdos,
el tiempo maquilla la desdicha,
el silencio encubre la tragedia.
El olvido no lo puede todo,

la piel guarda lánguidos rescoldos,
disturbios de febriles deleites,
retornos de yertas sensaciones.

El tiempo avanza y destruye,
El tiempo no tiene retorno.
Esperar puede parecer sensato.

Espera no es valentía.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [alice munro]  [canada]  [demasiada felicidad]  [dimensiones alice munro]  [literatura canadiense]  [nobel de literatura 2013]  [onatrio]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 10 Oct 2013 13:38:00 +0000




Escribe: Rogger Alzamora Quijano


EL RELATO CORTO EN LA CIMA

Alice Ann Munro (Ontario, Canadá, 1931) fue galardonada este jueves con el Premio Nobel de Literatura 2013.

La canadiense, reconocida narradora en lengua inglesa, había sido ya encumbrada como finalista del Premio Príncipe de Asturias de 2011 que ganara Leonard Cohen. Munro es considerada maestra del relato corto contemporáneo "basado en la claridad y el realismo psicológico". No solamente se trata de la primera canadiense que gana el premio de la Academia Sueca, sino también representa brillantemente un género que está ahora -y gracias también a Munro- colocado en la cima de las letras.

Entre sus obras destacan:
Something I’ve Been Meaning to Tell You (1974).
The Love of a Good Woman, 1998 y 2009.
Hateship, Friendship, Courtship, Loveship, Marriage, 2001 y 2007.
Too Much Happiness, 2009 y 2010.

Es una escritora todavía por descubrir especialmente en este lado del mundo, pero esa condición no durará mucho.

Comparto uno de sus deliciosos relatos:

DIMENSIONES
Por: Alice Ann Munro

Doree tenía que coger tres autobuses, uno hasta Kincardine, donde esperaba el de London, donde volvía a esperar el autobús urbano que la llevaba a las instalaciones. Empezaba la excursión el domingo a las nueve de la mañana. Debido a los ratos de espera entre un autobús y otro eran casi las dos de la tarde cuando había recorrido los ciento sesenta y pocos kilómetros. Sentarse en los autobuses o en las terminales no le importaba. Su trabajo cotidiano no era de los de estar sentada. Era camarera del Blue Spruce Inn. Fregaba baños, hacía y deshacía camas, pasaba la aspiradora por las alfombras y limpiaba espejos. Le gustaba el trabajo, le mantenía la cabeza ocupada hasta cierto punto y acababa tan agotada que por la noche podía dormir. Rara vez se encontraba con un auténtico desastre, aunque algunas de las mujeres con las que trabajaba contaban historias de las que ponen los pelos de punta. Esas mujeres eran mayores que ella y pensaban que Doree debía intentar mejorar un poco. Le decían que debía prepararse para un trabajo cara al público mientras fuera joven y tuviera buena presencia. Pero ella se conformaba con lo que hacía. No quería tener que hablar con la gente.
Ninguna de las personas con las que trabajaba sabía qué había pasado. O, si lo sabían, no lo daban a entender. Su fotografía había aparecido en los periódicos, la foto que él había hecho, con ella y los tres niños: el recién nacido, Dimitri, en sus brazos, y Barbara Ann y Sasha a cada lado, mirándolo. Entonces tenía el pelo largo, castaño y ondulado, con rizo y color naturales, como le gustaba a él, y la cara con expresión dulce y tímida, que reflejaba menos cómo era ella que cómo quería verla él.
Desde entonces llevaba el pelo muy corto, teñido y alisado, y había adelgazado mucho. Y ahora la llamaban por su segundo nombre, Fleur. Además, el trabajo que le habían encontrado estaba en un pueblo bastante alejado de donde vivía antes.
Era la tercera vez que hacía la excursión. Las dos primeras, él se había negado a verla. Si se negaba otra vez, ella dejaría de intentarlo. Aunque aceptara verla, a lo mejor no volvería durante una temporada.
No quería pasarse. En realidad, no sabía qué haría.
En el primer autobús no estaba muy preocupada; se limitaba a mirar el paisaje. Se había criado en la costa, donde existía lo que llamaban primavera, pero aquí el invierno daba paso casi sin solución de continuidad al verano. Un mes antes había nieve, y de repente hacía calor como para ir en manga corta. En el campo había charcos deslumbrantes, y la luz del sol se derramaba entre las ramas desnudas.
En el segundo autobús empezó a ponerse un poco nerviosa, y le dio por intentar adivinar qué mujeres se dirigían al mismo sitio. Eran mujeres solas, por lo general vestidas con cierto esmero, quizá para aparentar que iban a la iglesia. Las mayores tenían aspecto de asistir a iglesias estrictas, anticuadas, donde había que llevar falda, medias y sombrero o algo en la cabeza, mientras que las más jóvenes podrían haber formado parte de una hermandad más animada, que permitía los trajes pantalón, los pañuelos de vivos colores, los pendientes y los
cardados.
Doree no encajaba en ninguna de las dos categorías. Durante el año y medio que llevaba trabajando no se había comprado ropa. En el trabajo llevaba el uniforme, y en los demás sitios, vaqueros. Había dejado de maquillarse porque él no se lo consentía, y ahora, aunque podría hacerlo, no lo hacía. El pelo de punta de color maíz no pegaba con su cara lavada y huesuda, pero no importaba.
En el tercer autobús encontró un asiento junto a la ventanilla e intentó mantener la calma leyendo los rótulos, los de los anuncios y los de las calles. Tenía un truco para mantener la cabeza ocupada.
Cogía las letras de cualquier palabra en la que se fijara e intentaba ver cuántas palabras nuevas podía formar con ellas. De «cafetería», por ejemplo, le salían «te», «té», «fea», «cara», «cafre», «rifa», «cate» y…, un momento…, «aire». Las palabras no escaseaban a la salida de la
ciudad, pues el autobús pasaba por delante de vallas publicitarias, tiendas gigantescas, aparcamientos e incluso globos amarrados a los tejados con anuncios de rebajas.
Doree no le había hablado a la señora Sands de sus dos últimas tentativas y probablemente tampoco le hablaría de esta. Según la señora Sands, a quien veía los lunes por la tarde, había que seguir adelante, aunque llevara tiempo, sin forzar las cosas. Ella decía que lo estaba haciendo bien, que estaba descubriendo poco a poco su propia fortaleza.
—Ya sé que te dan ganas de matar a quien te dice esas palabras, pero es verdad —dijo.
Se sonrojó al oírse decir aquello, «matar», pero no quiso empeorarlo disculpándose.
Cuando Doree tenía dieciséis años —de eso hacía siete— iba a ver a su madre al hospital todos los días al salir del colegio. Su madre se recuperaba de una operación en la espalda, que al parecer era grave pero no peligrosa. Lloyd era celador. Tenía algo en común con la madre de Doree: los dos habían sido hippies, aunque Lloyd era unos años más joven. Siempre que tenía tiempo Lloyd entraba a charlar con ella sobre los conciertos y las manifestaciones de protesta
a los que habían asistido, la gente estrambótica que habían conocido, los viajes y colocones que los habían dejado hechos polvo y cosas así. Lloyd caía bien a los pacientes, por sus bromas y porque transmitía seguridad y fuerza. Era fornido, de hombros anchos, y lo suficientemente
serio para que a veces lo tomaran por médico. (No le hacía ninguna gracia; opinaba que gran parte de la medicina era una mentira y que muchos médicos eran unos gilipollas.) Tenía la piel rojiza y sensible, el pelo claro y la mirada insolente.
Un día besó a Doree en el ascensor y le dijo que era una flor en el desierto. Después se rió de lo que había dicho y añadió:
—¿Has visto lo original que puede llegar a ser uno?
—Es que eres poeta, pero no lo sabes —dijo Doree, por cortesía.
La madre de Doree murió una noche, de repente, de una embolia. Tenía muchas amigas, que habrían recogido a Doree —de hecho, se quedó con una de ellas una temporada—, pero ella prefería a su nuevo amigo, Lloyd. Antes de su siguiente cumpleaños estaba embarazada, y poco después casada. Lloyd no se había casado nunca, aunque tenía al menos dos hijos, de cuyo paradero no sabía gran cosa. De todos modos, ya serían mayores. Con la edad, Lloyd había adoptado otra filosofía de vida: creía en el matrimonio y en la fidelidad, pero no en el control de la natalidad. Y le pareció que la península de Sechelt, donde vivían Doree y él, estaba en aquella época demasiado llena de gente: viejos amigos, viejas maneras de vivir, antiguas amantes. Al poco Doree y él se trasladaron a la otra punta del país, a un pueblo que eligieron por el nombre mirando un mapa: Mildmay. No se instalaron en el pueblo; alquilaron una casa en el campo. Lloyd encontró trabajo en una fábrica de helados. Plantaron un jardín. Lloyd sabía mucho de jardinería; también de carpintería, y de cómo encender una estufa de leña y mantener bien un coche viejo.
Nació Sasha.
—Es muy natural —comentó la señora Sands.
—¿Sí? —dijo Doree.
Doree siempre se sentaba en una silla de respaldo recto ante una mesa, no en el sofá, con tapicería de flores y cojines. La señora Sands movió su silla hacia un lado de la mesa, para poder hablar sin ninguna barrera entre las dos.
—Casi me lo esperaba —dijo—. Creo que yo a lo mejor habría hecho lo mismo en tu lugar.
La señora Sands no habría dicho eso al principio. Hace un año, sin ir más lejos, habría sido más prudente, consciente de que Doree se habría sublevado ante la idea de que alguien, algún ser viviente, pudiera ponerse en su lugar. Ahora sabía que Doree se lo tomaría como una manera, una manera humilde incluso, de intentar comprender.
La señora Sands no era como algunas de las demás. No era dinámica, ni delgada, ni guapa. Ni tampoco demasiado mayor. Tenía más o menos la edad que tendría la madre de Doree, pero no el aspecto de una antigua hippy. Llevaba el pelo entrecano muy corto y tenía una verruga en lo alto de un pómulo. Vestía zapatos planos, pantalones holgados y blusas de flores. Aunque fueran de color frambuesa o turquesa, las blusas no transmitían una verdadera preocupación por la ropa; más bien parecía que alguien le había dicho que tenía que arreglarse un poco y ella, obediente, había ido a comprarse algo que pensaba que podía servirle. La amable, impersonal y sincera sobriedad de
la señora Sands despojaba aquellas prendas de todo entusiasmo agresivo, de toda ofensa.
—Pues las dos primeras veces ni lo vi —dijo Doree—. No quiso salir.
—¿Y esta vez sí? ¿Salió?
—Sí, pero apenas lo reconocí.
—¿Había envejecido?
—Supongo. Supongo que ha adelgazado un poco. Y esa ropa. De uniforme. Nunca lo había visto así.
—¿Te pareció una persona diferente?
—No.
Doree se mordió el labio superior, intentando pensar cuál era la diferencia. Estaba tan quieto… Doree nunca lo había visto tan quieto. Ni siquiera pareció darse cuenta de que tenía que sentarse enfrente de ella. Lo primero que le dijo Doree fue: «¿No te vas a sentar?». Y él contestó: «¿Estará bien?».
—Parecía ausente —dijo Doree—. ¿Lo tendrán drogado?
—Quizá le dan algo para mantenerlo estable. Pero la verdad, no lo sé. ¿Entablaron una conversación?
Doree pensó si de verdad había sido una conversación. Le había hecho unas cuantas preguntas, normales, absurdas. ¿Qué tal estaba? (Bien.) ¿Le daban suficiente de comer? (Él creía que sí.) ¿Había algún sitio donde pudiera ir a pasear si le apetecía? (Con vigilancia, sí. Él suponía que podía decirse que era un sitio. Suponía que podía decirse que era pasear.)
—Tienes que tomar el aire —le dijo Doree.
—Es verdad —le dijo Lloyd.
Doree estuvo a punto de preguntarle si tenía amigos. Como le preguntas a tu hijo por el colegio. Como se lo preguntarías a tus hijos, si fueran al colegio.
—Sí, sí —dijo la señora Sands, empujando suavemente la oportuna
caja de kleenex.
A Doree no le hacía falta, tenía los ojos secos. El problema estaba en la boca del estómago. Las náuseas. La señora Sands se limitó a esperar. Era lo bastante lista para no meterse en más honduras.
Y, como si hubiese adivinado lo que Doree estaba a punto de decir, Lloyd le había contado que había un psiquiatra que iba a verlo para hablar con él cada dos por tres.
—Yo le digo que está perdiendo el tiempo —añadió Lloyd—. Yo sé tanto como él.
Fue el único momento en que a Doree le pareció que volvía a ser el de antes. Durante toda la visita el corazón le latió con fuerza. Pensó que igual se desmayaba o se moría. Le cuesta tanto trabajo mirarlo, encajar en su campo de visión a aquel hombre delgado y canoso, inseguro pero frío, que se mueve mecánicamente pero sin coordinación…No le había contado nada de eso a la señora Sands. La señora Sands podría haber preguntado —con mucho tacto— de quién tenía miedo. ¿De él o de sí misma? Pero Doree no tenía miedo. Cuando Sasha tenía un año y medio nació Barbara Ann, y cuando Barbara Ann tenía dos años, tuvieron a Dimitri. Habían elegido el nombre de Sasha entre los dos, y después hicieron un pacto: él elegiría los nombres de los niños y ella los de las niñas.
Dimitri fue el primero con cólicos. Doree pensó que a lo mejor no tenía suficiente leche, o que su leche no era lo bastante nutritiva. ¿O era demasiado nutritiva? Lloyd llevó a una señora de la Liga de La Leche para que hablara con Doree. Pase lo que pase, no le dé ningún biberón complementario, dijo la señora. Eso sería el principio del fin, porque dentro de poco el niño rechazaría el pecho.
No sabía la señora que Doree ya le estaba dando biberones complementarios. Y parecía verdad que el niño los prefería; cada día estaba más tiquismiquis con el pecho. Al cabo de tres meses solo tomaba biberón, y entonces ya no hubo forma de ocultárselo a Lloyd. Doree le dijo que se había quedado sin leche y que había tenido que empezar a darle el complemento. Lloyd le apretujó un pecho y después el otro con frenética determinación, y logró sacarle unas tristes gotitas de leche. La llamó mentirosa. Se pelearon. Él le dijo que era una puta, como su madre. Dijo que las hippies esas eran todas unas putas.
Pronto hicieron las paces. Pero siempre que Dimitri se quejaba de algo, o estaba resfriado, o le daba miedo el conejito que tenía algún niño por mascota, o cuando seguía agarrándose a las sillas a la
edad en que su hermano y su hermana ya andaban solos, salía a relucir el fracaso en lo de darle de mamar.
La primera vez que Doree fue al despacho de la señora Sands, una de las otras mujeres le dio un folleto. En la cubierta había una cruz dorada y varias palabras en morado y oro. «Cuando tu pérdida parece insufrible…» Dentro había una imagen de Jesucristo en colores pálidos y unos caracteres más menudos que Doree no llegó a leer.
Sentada ante la mesa, aferrando el folleto, Doree se echó a temblar. La señora Sands se lo tuvo que arrancar de la mano.
—¿Te lo ha dado alguien? —preguntó la señora Sands.
Doree dijo:
—Esa. —Y señaló con la cabeza la puerta cerrada.
—¿No te interesa?
—Cuando estás fatal es cuando intentan pillarte —dijo Doree, y entonces cayó en la cuenta de que era algo que había dicho su madre cuando fueron a verla al hospital unas señoras con un mensaje parecido—. Se creen que vas a ponerte de rodillas y que todo irá estupendamente.
La señora Sands suspiró.
—Bueno, en realidad no es tan sencillo —dijo.
—Ni siquiera posible —añadió Doree.
—Quizá no.
Nunca hablaban de Lloyd en aquellos días. Doree nunca pensaba en él, si podía evitarlo, y si no podía pensaba en él como si fuera un terrible accidente de la naturaleza.
—Aunque creyera en esas cosas —dijo, refiriéndose a lo que había en el folleto—, solo sería para…
Lo que quería decir era que creer en eso le resultaría muy práctico, pues así podría imaginarse a Lloyd ardiendo en el infierno o algo por el estilo, pero fue incapaz de continuar, porque le parecía una estupidez hablar de algo así. Y porque se lo impedía algo ya muy conocido, una especie de martilleo en la tripa.
Lloyd era partidario de que sus hijos estudiaran en casa. No por razones religiosas —como no creer en los dinosaurios, los hombres de las cavernas, los monos y todas esas cosas—, sino porque quería que estuvieran junto a sus padres y que se adentrasen en el mundo poco a poco y con cuidado, no que los lanzaran a él de golpe. «Es que da la casualidad de que pienso que son mi hijos —decía—. O sea, nuestros hijos, no los hijos del Departamento de Educación.»
Doree no estaba muy segura de poder manejar aquello, pero resulta que el Departamento de Educación tenía sus directrices y sus planes de estudios, que podían encontrarse en la escuela del pueblo. Sasha era un chico inteligente que prácticamente aprendió a leer solo, y los otros dos eran demasiado pequeños para aprender gran cosa. Por las noches y los fines de semana Lloyd le enseñaba a Sasha geografía, el sistema solar, la hibernación de los animales y cómo funciona un coche, tratando cada tema a medida que surgían las preguntas. Sasha enseguida se adelantó a los planes de estudios de la escuela, pero Doree iba a recogerlos de todos modos y lo ponía a hacer los ejercicios a tiempo para cumplir con la ley. Había otra madre del barrio que también educaba a los niños en casa. Se llamaba Maggie y tenía una furgoneta pequeña. Lloyd necesitaba el coche para ir a trabajar y Doree, que no había aprendido a conducir, se alegró cuando Maggie se ofreció a llevarla una vez a la semana para entregar los ejercicios terminados y recoger los nuevos. Naturalmente, se llevaban a todos los niños. Maggie tenía dos chicos. El mayor sufría tantas alergias que la madre tenía que vigilar estrechamente todo lo que comía; por eso le daba clase en casa. Y después Maggie pensó que el pequeño también podía quedarse allí. El niño quería estar con su hermano, y además tenía problemas de asma.
Qué agradecida se sintió Doree, al compararlos con los tres suyos, tan sanos. Lloyd decía que era porque los había tenido de joven, mientras que Maggie había esperado hasta llegar casi a la menopausia. Lloyd exageraba la edad de Maggie, pero era cierto que había esperado. Maggie era optometrista. Su marido y ella habían sido compañeros de trabajo y no tuvieron familia hasta que ella pudo dejar la consulta y encontraron una casa en el campo.
Maggie tenía el pelo entrecano, muy corto y pegado al cráneo. Era alta, de pecho plano, jovial y de ideas fijas. Lloyd la llamaba la Lesbi. Solo a sus espaldas, claro. Bromeaba con ella por teléfono pero a Doree le decía, solo moviendo los labios: «Es la Lesbi». A Doree no le importaba mucho, Lloyd llamaba lesbis a muchas mujeres, pero le daba miedo que a Maggie las bromas le parecieran demasiado amistosas, inoportunas o al menos una pérdida de tiempo.

DE: DEMASIADA FELICIDAD, Alice Munro, Editorial Lumen, 2010, 352 páginas.
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Fecha Publicación: Tue, 08 Oct 2013 14:44:00 +0000


Lejos de serenos, serenatas y crepúsculos.
escuela, amigos envidia y noches alcohol.
De amores y pactos, confianza y desilusión.
De misas y de café, de calles deshabitadas.
De cirios dolor en la procesión de la vida.
De notorios desaciertos y pírricas victorias.

Lejos de humos, lisonjas y traiciones,
saña, oprobio, dolores y rencores.
De gloria escolar y niñez apoteósica,
de familia disgregada y vida casquivana.
De lobos con piel de amigos, traición soez.
De molinos gigantes y escueta mies.

Lejos de mi ciudad, pero cerca de mi tierra.
Lejos del ayer, cerca del mar, color, sabor y brisa.
vaho, arena, prisa, rosas, sueños y albricias.

Lejos de mis huesos, pero cerca de mi carne,
sabrosa, experta, traviesa y trepidante,
que se abriga y envuelve al calor de las letras.

Lejos de la memoria, cerca de la vigencia.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
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Fecha Publicación: Sat, 05 Oct 2013 05:08:00 +0000



¿Dónde estás Rulfo que no te leo?
¿Te quedaste sobre la hamaca del desolado patio
luego del fastuoso sol y el brindis de besos?
Extraño tus desgarros, tus calles secas, tu silencio.
¿Dónde estás Rulfo que no te leo?
¿Te quedaste acaso en la sala jolgorio,
de promisorios desayunos y mortales despedidas,
en el sillón de los desvaríos o en la tina del deleite?

¿Dónde estás Rulfo que no te leo?
También te he buscado bajo las sábanas
donde sus ojos ciruela me prendían fuego.
Te he olido cerca, muy cerca, pero no estabas.
Abandonado estoy sin tu consuelo.
¿Dónde estás Rulfo que no te leo?

Pienso que tal vez en los aposentos del gato.
Él se abrigaba con tus páginas sabrosas,
para saltar sin precaución ni recato
a reclamar su ración de madrugada.

¿Dónde estás, Rulfo de mi zozobra?



DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
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Fecha Publicación: Wed, 02 Oct 2013 15:14:00 +0000



Aquel día marchaban los sindicatos ¿recuerdas Ariana? El caos en las calles me enardecía a cada minuto, mientras tú en el restaurante te atascabas entre la rabia y la impaciencia. ¿Qué había en los cielos aquel día para que una promisoria cita de cuasi reconciliación terminara en desdicha? Apenas nos miramos y de pronto ambos estábamos en constelaciones distintas. En lo que sería una fatal premonición, esquivamos el abrazo para optar por tibios remedos de besos en las mejillas.
No ha pasado poco tiempo Ariana, para mí cada día ha sido un paso hacia la muerte.

¿Bebes algo? Dijiste agua. ¿No quieres tomar un trago? Agua, sólo agua. Yo, un café.

El amor puede soportarlo todo, a veces., Quizá por eso seguí tratando de detener la avalancha que se venía sobre nosotros. Me miraste desde tu pedestal, y sólo poco después comenzaste a percibir mi desazón. Ya era tarde. Cuando terminaste de hacerme sentir único culpable de nuestra crisis, yo ya estaba aborreciendo tu soberbia y rebelándome. Un largo silencio se disfrazó de cortesía en presencia del mesero. Apenas se fue, te vi derrumbarte estrepitosamente, todavía sin percatarte que yo me había estado desangrando frente a ti.

Cómo hubiera querido otra vez turbarme con tu mirada.
Volver a derretirme con tus palabras.
Habría dado mi vida por rendirme a tus pies como me gusta.

Es cierto que nos hemos dado lo mejor de cada uno. Fuiste en extremo generosa conmigo, y yo tampoco escatimé nada.
Y sin querer -o queriéndolo- estábamos al borde de la cornisa, resignados ante la inminente caída. En apenas dieciséis semanas perdimos lo que habíamos tardado toda una vida en encontrar. Cada silencio, cada desaire, cada mensaje soterrado o explícito, cada actitud, fueron puñaladas que nos asestamos sin piedad.
Estábamos realizando, Ariana de mi vida y de mi muerte, la tarea de consumar un final que hace poco parecía imposible.

Mientras hablabas yo te miraba: insuperable, insólita, innata. Tus pestañas, largas como plumas de Bennu; tu boca cornalina que siempre me invitó al asombro, tu talle sabroso. Y no pude dejar de añorar la elísea vida que soñamos juntos.

Qué tardes épicas en los campos de Toscana.
Qué disfrute absoluto de árboles y madrugadas.
Las lloviznas de tu aliento azucarado,
las jubilosas alas de tu risa mariposa.

Aquél verano inverosímil y propicio donde, ocultos por la máscara del buen recaudo, fecundamos en una cálida aldea costera la emoción, la pasión y el amor perfecto.

El plácido mar nos regalaba sus cuerdas de arena,
la brisa cómplice nos envolvía en la austera ensenada,
los cormoranes retozaban a la luz de nuestros dientes,
los besos del trepidante sol nos calentaban el alma.

Y en su infructuoso recorrido, mi memoria no pudo olvidar el gélido invierno a orillas del solemne río. Hoy, ese aire congela los recuerdos y las mustias fotografías. En la húmeda arcilla quedaron nuestras huellas y la desfachatez de los petirrojos fisgones.

Se nubla el infinito azul de los aviones.
Convulsiona moribunda la quimera acariciada,
la felicidad y el caos, el disfrute y el tedio,
los extremos dialécticos de una vida juntos.

En buses y calles con nuestra música andina
o subastando los colores de mis lienzos y arquetipos.

Viviendo en un lugar, próximo, propio o ajeno:
soberanos de alguna comarca inhóspita,
o en los bucólicos pagos de nuestros abuelos.

¿Cómo ignorar las furias y enconos, que como galgos iban tras la liebre de nuestras dudas? ¿Cómo hacernos sordos ante la música que duele y seguirá doliendo? Tal vez colocando un negro velo sobre la alfombra de los recuerdos y así, cada día, seguir oscureciendo nuestro ubérrimo pasado. Quizás no dejando que nadie más advierta la sombría faz de nuestro infortunio y que no nos llueva sobre mojado.
Tú y yo alcanzaremos a ver cómo se acaban los tiempos en la orilla del mar del ensueño, o del lago negro al pie de la montaña. Viudos de tacto, quemados de luto.

Ariana, señera luna en las praderas de esta noche, aquella vez y mientras las flamas en ristre de los insurrectos, nuestro amor palidecía anémico, taciturno, desahuciado. Nada pudimos hacer sino despedirnos con desparpajo.
Hoy me queda hablar solo. Acaso estés demasiado lejos ya y nunca sepas de esta soflama. No será inútil, sin embargo, pues quedará tendida al sol en el vasto patio de las letras desquiciadas.


DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano