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Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [ebisu]  [poemas de amor]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 17 Apr 2014 03:17:00 +0000



Aquella enorme soga que me ata a ti es la pesadumbre
que despilfarra dolor.
He aprendido a estar derrotado,
y me he alimentado de prórrogas.

Ni bajo las copas de los árboles de la estepa se puede estar más abandonado.
Ni en la tibia holgura del poniente se logra calentar la esperanza.

Yo sólo canto. Canto para escuchar mi voz,
mi voz abatida y solemne,
mi voz aplastada por tu disperso encanto
que llueve cada vez menos pero que anega el alma.

Canto o sueño.
Que la enorme soga que une a Izanagi e Izanami, se abandona como ellos,
desde el mediodía en la montaña,
donde el viento claudica ante el amor.
Que en aquél majestuoso santuario donde confluyen los siete cielos del orbe,
vimos el amanecer del verano más próximo a la felicidad.

¿Y qué nos hizo desistir?
¿Acaso la turbamulta de fantasmas que se acopló a la contramarcha?

Y vuelvo a soñar que construimos Amenomihashira,
tan amplia como exigió el destino,
para después rodearla alrededor del mundo.
Pero sabiendo que al término de la infinita vuelta
regresaríamos a mirarnos. A ser Izanagi e Izanami.
Completamente uno.

Nos espera la mirada de Ebisu en el mar de la noche,
en el humilde Lago Negro,
o en el río sin cauce, que trae nada y truena silencio.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [me gusta tu nombre]  [poema del nombre]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  [tu nombre]  
Fecha Publicación: Fri, 14 Feb 2014 18:19:00 +0000



Me colma el cielo, me seduce su temible inmensidad
más que su color sereno.

Me colma el cielo, me seduce el infinito,
pero me maravilla tu nombre.
Por ejemplo, la cruz junto a la absurda letra.

Me colma el cielo pero más me inunda y envuelve
pronunciar la mezcla de jubilosas letras
y sinfónico alfabeto.

Me colma el cielo pero me gusta tu nombre.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2014 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [navidad]  
Fecha Publicación: Tue, 24 Dec 2013 20:18:00 +0000


Sólo hace falta en la nochebuena:

Un poco de tolerancia
Un poco de perdón
Un poco de desprendimiento
Un poco de comprensión.

Otro poco de buena fe
El corazón dispuesto
Compasión y equidad

Un abrazo limpio
Una palabra de aliento.


Es decir: AMOR.




Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [persiana]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 12 Dec 2013 17:01:00 +0000




La persiana que guarda
las contingencias escolares,
heroicos triunfos y profusa amargura,
la infancia preciosa, juventud sagaz y afortunada,
la siembra de libros y la piel esponja.

La persiana que oculta la luz permanente,
la luna que alimenta los sueños con más sueños.

Que guarda las dichas intangibles,
que no esconde las penas, el vacío,
las tormentas ni el caos;
que no abandona la música de los recuerdos,
ni la prosa de los delirios.

La persiana donde la rebeldía perdura y se sostiene,
acomete y confronta;
donde los zapatos transitan experiencias
y las calles acosan e invitan.


La persiana que esconde tribulaciones y exequias,
placeres y desdichas, ojos y ceguera.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [poemas de amor]  [poesía perú]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 05 Dec 2013 15:25:00 +0000



Hoy que vas trepada en el tren de la felicidad,
que de lejos gozas la nieve sin recordar el frío,
y que la vida te da lo que has buscado:
aplomo, lujo, fruto, amante, amor y estilo.

Hoy que llenas tu jardín de colores únicos,
aromas, belleza, holgura, visón, armonía,
certeza y orgullo, miel y lozanía,

no puedo dejar de advertir que todo eso
no es más caro que el amor que alguna vez te di.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [poemas de amor]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  [sobre el amor ya todo se ha escrito]  
Fecha Publicación: Sun, 17 Nov 2013 16:58:00 +0000


Sobre el amor ya todo se ha escrito.
Mas, hay cosas que no tienen explicación.

Por ejemplo:
Falta explicar por qué tantas veces reincido,
falta saber cómo pierdo lo ganado.
Intento encontrar las palabras justas
para explicar tan notorias contradicciones.

En el universo de verbos huecos,
en la maraña de lugares comunes,
en la galaxia de argumentos banales,
soy incapaz de atar la luz con la sombra,
como exigen mi corazón y pensamiento.


En el vasto territorio de ilusiones y promesas,
no es fácil encontrar glosario adecuado,
conveniente elocuencia, razón y sensatez.
Hay bosques insondables de tercas insistencias
que desembocan en mares de inmadurez.


Puedo empezar escribiendo,
por ejemplo:
que no soñé con un lugar en tu cama,
sino con la pradera de tu corazón.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [mariposa]  [poema a la mariposa]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Wed, 06 Nov 2013 20:28:00 +0000



Acuérdate mariposa de los montes,
tu primer vuelo ante la luz del poniente,
tus escasos colores y tu mirada torva.
Acuérdate de tus dominios de entonces,
que no tenían de Alhambra ni Babilonia,
que no paseabas ni patios ni palacios,
sino tu trono en la montaña olvidada.

Acuérdate que letra a letra, con mis versos te hice princesa.
Que barrí la opacidad de tus aposentos con los colores del arco iris.
Acuérdate cómo pinté sol y primavera sobre tus hojas mustias
y te llevé a la cima para que dominaras el mundo.

Acuérdate cómo bañé de besos tus ojos muertos,
cómo abrí tus alas entumecidas de olvido,
acuérdate mariposa de los montes, menuda flama,
cómo inventé las letras que cambiaron tu historia.


Tapicé con flores, mieles y colores tu vuelo
antes que te quemaras en la excesiva llama,

acuérdate mariposa de los montes,
de tus comienzos de timorata oruga.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [aija]  [anquilta]  [bitácora de la felicidad]  [rogger alzamora quijano]  [tiempos idos]  
Fecha Publicación: Thu, 31 Oct 2013 12:41:00 +0000



Calles estrechas, sol y silencio,
plenitud por doquier, niños y vida.

En Aija onírica era un paseo la caminata mínima,
y un deleite ver los tejados humeantes
sobre los recios hombros de la ciudad jolgorio.

Estropicios primaverales, evasiones del colegio,
para contemplar peleas de negros alacranes,
o esperar pacientes que asomaran las lagartijas.

¡Qué tiempos de pañar ullmas entre los quenuales!
Qué primaveras de verdes encajes amarillo trigo,
violeta flor de papa las faldas de la noble Anquilta.
Y así llegaban las lluvias con el preludio neblina.
la escuela se aligeraba, y los adioses de temporada
se borraban con la Navidad y los juguetes nuevos.

Así te recuerdo mejor Aija,
así el consuelo alivia mi alma.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [ausencia]  [días de sal y de muerte]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Fri, 25 Oct 2013 05:54:00 +0000


Todo lo que he vivido sólo a ti te debo,
quedan tus ojos topacio para tanto vacío,
alguna pradera para acampar sin tus brazos,
mientras aprehendo países desconocidos.

Los caminos no son seguros si no voy contigo,
los libros me invitan cada vez poco y menos,
son indispensables unos cuantos amigos
y el notorio agujero que has dejado a mi lado.

La casa, el alba, las flores, la hoguera,
la cama, la urgencia, tus brazos, tu sexo.

Lo mejor de mi vida a ti te debo,
son tesoros que llevo en mis bolsillos,
con la perenne marea de ternura cotidiana
y el dardo de tu mirada clavado en mi alma.

Quedas tú, de vigencia insoslayable,
quedan los caminos mudos y el dolor sin tregua.

Todo podrá dejar de ser y existir,
todo faltará, caerá y oscurecerá,
todo morirá si la muerte asedia.
Todo menos tú, que no matas de olvido.



DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano


Etiquetas: [días de sal y de muerte]  [octubre]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Sun, 20 Oct 2013 16:21:00 +0000



Octubre en Lima es parco y gris
Octubre en Lima es morado, parco y gris
Este octubre en Lima es morado, parco y gris, sin ti.
Se respira el incienso, se elevan plegarias,
pero, para mí esta Lima de octubre es un desierto
morado, parco y ajeno,
donde aguardo al Nazareno de todos,
que a mí me falta
y camino este páramo de nostalgias absurdas
donde tú no estás, pero existes.

¿Y de qué me sirven los cirios y aromas?
¿Y qué me queda del incienso de tus promesas?
Soy carne de tu abandono, pero no soy tuyo.
Eres la tierra donde camino, pero no eres mía.

Este octubre soy devoto de tu abrazo,
soy tu feligrés rendido, que te busca
en la multitud de fieles compungidos y agolpados,
y persigue la imagen del Hacedor de lo imposible.

Soy todo lo que imaginas y todo lo que no merezco,
el acólito que hasta hoy venera tu nombre y tus huellas,
y se hunde en la caricia ausente de tus rosadas mejillas.

Soy el vagabundo del octubre morado, parco y ajeno,
el número mil de los silencios,
el vuelo triste de los sahumerios.



DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [canción inútil]  [poema inútil]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Mon, 14 Oct 2013 20:29:00 +0000



El tiempo dulcifica los recuerdos,
el tiempo maquilla la desdicha,
el silencio encubre la tragedia.
El olvido no lo puede todo,

la piel guarda lánguidos rescoldos,
disturbios de febriles deleites,
retornos de yertas sensaciones.

El tiempo avanza y destruye,
El tiempo no tiene retorno.
Esperar puede parecer sensato.

Espera no es valentía.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [alice munro]  [canada]  [demasiada felicidad]  [dimensiones alice munro]  [literatura canadiense]  [nobel de literatura 2013]  [onatrio]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 10 Oct 2013 13:38:00 +0000




Escribe: Rogger Alzamora Quijano


EL RELATO CORTO EN LA CIMA

Alice Ann Munro (Ontario, Canadá, 1931) fue galardonada este jueves con el Premio Nobel de Literatura 2013.

La canadiense, reconocida narradora en lengua inglesa, había sido ya encumbrada como finalista del Premio Príncipe de Asturias de 2011 que ganara Leonard Cohen. Munro es considerada maestra del relato corto contemporáneo "basado en la claridad y el realismo psicológico". No solamente se trata de la primera canadiense que gana el premio de la Academia Sueca, sino también representa brillantemente un género que está ahora -y gracias también a Munro- colocado en la cima de las letras.

Entre sus obras destacan:
Something I’ve Been Meaning to Tell You (1974).
The Love of a Good Woman, 1998 y 2009.
Hateship, Friendship, Courtship, Loveship, Marriage, 2001 y 2007.
Too Much Happiness, 2009 y 2010.

Es una escritora todavía por descubrir especialmente en este lado del mundo, pero esa condición no durará mucho.

Comparto uno de sus deliciosos relatos:

DIMENSIONES
Por: Alice Ann Munro

Doree tenía que coger tres autobuses, uno hasta Kincardine, donde esperaba el de London, donde volvía a esperar el autobús urbano que la llevaba a las instalaciones. Empezaba la excursión el domingo a las nueve de la mañana. Debido a los ratos de espera entre un autobús y otro eran casi las dos de la tarde cuando había recorrido los ciento sesenta y pocos kilómetros. Sentarse en los autobuses o en las terminales no le importaba. Su trabajo cotidiano no era de los de estar sentada. Era camarera del Blue Spruce Inn. Fregaba baños, hacía y deshacía camas, pasaba la aspiradora por las alfombras y limpiaba espejos. Le gustaba el trabajo, le mantenía la cabeza ocupada hasta cierto punto y acababa tan agotada que por la noche podía dormir. Rara vez se encontraba con un auténtico desastre, aunque algunas de las mujeres con las que trabajaba contaban historias de las que ponen los pelos de punta. Esas mujeres eran mayores que ella y pensaban que Doree debía intentar mejorar un poco. Le decían que debía prepararse para un trabajo cara al público mientras fuera joven y tuviera buena presencia. Pero ella se conformaba con lo que hacía. No quería tener que hablar con la gente.
Ninguna de las personas con las que trabajaba sabía qué había pasado. O, si lo sabían, no lo daban a entender. Su fotografía había aparecido en los periódicos, la foto que él había hecho, con ella y los tres niños: el recién nacido, Dimitri, en sus brazos, y Barbara Ann y Sasha a cada lado, mirándolo. Entonces tenía el pelo largo, castaño y ondulado, con rizo y color naturales, como le gustaba a él, y la cara con expresión dulce y tímida, que reflejaba menos cómo era ella que cómo quería verla él.
Desde entonces llevaba el pelo muy corto, teñido y alisado, y había adelgazado mucho. Y ahora la llamaban por su segundo nombre, Fleur. Además, el trabajo que le habían encontrado estaba en un pueblo bastante alejado de donde vivía antes.
Era la tercera vez que hacía la excursión. Las dos primeras, él se había negado a verla. Si se negaba otra vez, ella dejaría de intentarlo. Aunque aceptara verla, a lo mejor no volvería durante una temporada.
No quería pasarse. En realidad, no sabía qué haría.
En el primer autobús no estaba muy preocupada; se limitaba a mirar el paisaje. Se había criado en la costa, donde existía lo que llamaban primavera, pero aquí el invierno daba paso casi sin solución de continuidad al verano. Un mes antes había nieve, y de repente hacía calor como para ir en manga corta. En el campo había charcos deslumbrantes, y la luz del sol se derramaba entre las ramas desnudas.
En el segundo autobús empezó a ponerse un poco nerviosa, y le dio por intentar adivinar qué mujeres se dirigían al mismo sitio. Eran mujeres solas, por lo general vestidas con cierto esmero, quizá para aparentar que iban a la iglesia. Las mayores tenían aspecto de asistir a iglesias estrictas, anticuadas, donde había que llevar falda, medias y sombrero o algo en la cabeza, mientras que las más jóvenes podrían haber formado parte de una hermandad más animada, que permitía los trajes pantalón, los pañuelos de vivos colores, los pendientes y los
cardados.
Doree no encajaba en ninguna de las dos categorías. Durante el año y medio que llevaba trabajando no se había comprado ropa. En el trabajo llevaba el uniforme, y en los demás sitios, vaqueros. Había dejado de maquillarse porque él no se lo consentía, y ahora, aunque podría hacerlo, no lo hacía. El pelo de punta de color maíz no pegaba con su cara lavada y huesuda, pero no importaba.
En el tercer autobús encontró un asiento junto a la ventanilla e intentó mantener la calma leyendo los rótulos, los de los anuncios y los de las calles. Tenía un truco para mantener la cabeza ocupada.
Cogía las letras de cualquier palabra en la que se fijara e intentaba ver cuántas palabras nuevas podía formar con ellas. De «cafetería», por ejemplo, le salían «te», «té», «fea», «cara», «cafre», «rifa», «cate» y…, un momento…, «aire». Las palabras no escaseaban a la salida de la
ciudad, pues el autobús pasaba por delante de vallas publicitarias, tiendas gigantescas, aparcamientos e incluso globos amarrados a los tejados con anuncios de rebajas.
Doree no le había hablado a la señora Sands de sus dos últimas tentativas y probablemente tampoco le hablaría de esta. Según la señora Sands, a quien veía los lunes por la tarde, había que seguir adelante, aunque llevara tiempo, sin forzar las cosas. Ella decía que lo estaba haciendo bien, que estaba descubriendo poco a poco su propia fortaleza.
—Ya sé que te dan ganas de matar a quien te dice esas palabras, pero es verdad —dijo.
Se sonrojó al oírse decir aquello, «matar», pero no quiso empeorarlo disculpándose.
Cuando Doree tenía dieciséis años —de eso hacía siete— iba a ver a su madre al hospital todos los días al salir del colegio. Su madre se recuperaba de una operación en la espalda, que al parecer era grave pero no peligrosa. Lloyd era celador. Tenía algo en común con la madre de Doree: los dos habían sido hippies, aunque Lloyd era unos años más joven. Siempre que tenía tiempo Lloyd entraba a charlar con ella sobre los conciertos y las manifestaciones de protesta
a los que habían asistido, la gente estrambótica que habían conocido, los viajes y colocones que los habían dejado hechos polvo y cosas así. Lloyd caía bien a los pacientes, por sus bromas y porque transmitía seguridad y fuerza. Era fornido, de hombros anchos, y lo suficientemente
serio para que a veces lo tomaran por médico. (No le hacía ninguna gracia; opinaba que gran parte de la medicina era una mentira y que muchos médicos eran unos gilipollas.) Tenía la piel rojiza y sensible, el pelo claro y la mirada insolente.
Un día besó a Doree en el ascensor y le dijo que era una flor en el desierto. Después se rió de lo que había dicho y añadió:
—¿Has visto lo original que puede llegar a ser uno?
—Es que eres poeta, pero no lo sabes —dijo Doree, por cortesía.
La madre de Doree murió una noche, de repente, de una embolia. Tenía muchas amigas, que habrían recogido a Doree —de hecho, se quedó con una de ellas una temporada—, pero ella prefería a su nuevo amigo, Lloyd. Antes de su siguiente cumpleaños estaba embarazada, y poco después casada. Lloyd no se había casado nunca, aunque tenía al menos dos hijos, de cuyo paradero no sabía gran cosa. De todos modos, ya serían mayores. Con la edad, Lloyd había adoptado otra filosofía de vida: creía en el matrimonio y en la fidelidad, pero no en el control de la natalidad. Y le pareció que la península de Sechelt, donde vivían Doree y él, estaba en aquella época demasiado llena de gente: viejos amigos, viejas maneras de vivir, antiguas amantes. Al poco Doree y él se trasladaron a la otra punta del país, a un pueblo que eligieron por el nombre mirando un mapa: Mildmay. No se instalaron en el pueblo; alquilaron una casa en el campo. Lloyd encontró trabajo en una fábrica de helados. Plantaron un jardín. Lloyd sabía mucho de jardinería; también de carpintería, y de cómo encender una estufa de leña y mantener bien un coche viejo.
Nació Sasha.
—Es muy natural —comentó la señora Sands.
—¿Sí? —dijo Doree.
Doree siempre se sentaba en una silla de respaldo recto ante una mesa, no en el sofá, con tapicería de flores y cojines. La señora Sands movió su silla hacia un lado de la mesa, para poder hablar sin ninguna barrera entre las dos.
—Casi me lo esperaba —dijo—. Creo que yo a lo mejor habría hecho lo mismo en tu lugar.
La señora Sands no habría dicho eso al principio. Hace un año, sin ir más lejos, habría sido más prudente, consciente de que Doree se habría sublevado ante la idea de que alguien, algún ser viviente, pudiera ponerse en su lugar. Ahora sabía que Doree se lo tomaría como una manera, una manera humilde incluso, de intentar comprender.
La señora Sands no era como algunas de las demás. No era dinámica, ni delgada, ni guapa. Ni tampoco demasiado mayor. Tenía más o menos la edad que tendría la madre de Doree, pero no el aspecto de una antigua hippy. Llevaba el pelo entrecano muy corto y tenía una verruga en lo alto de un pómulo. Vestía zapatos planos, pantalones holgados y blusas de flores. Aunque fueran de color frambuesa o turquesa, las blusas no transmitían una verdadera preocupación por la ropa; más bien parecía que alguien le había dicho que tenía que arreglarse un poco y ella, obediente, había ido a comprarse algo que pensaba que podía servirle. La amable, impersonal y sincera sobriedad de
la señora Sands despojaba aquellas prendas de todo entusiasmo agresivo, de toda ofensa.
—Pues las dos primeras veces ni lo vi —dijo Doree—. No quiso salir.
—¿Y esta vez sí? ¿Salió?
—Sí, pero apenas lo reconocí.
—¿Había envejecido?
—Supongo. Supongo que ha adelgazado un poco. Y esa ropa. De uniforme. Nunca lo había visto así.
—¿Te pareció una persona diferente?
—No.
Doree se mordió el labio superior, intentando pensar cuál era la diferencia. Estaba tan quieto… Doree nunca lo había visto tan quieto. Ni siquiera pareció darse cuenta de que tenía que sentarse enfrente de ella. Lo primero que le dijo Doree fue: «¿No te vas a sentar?». Y él contestó: «¿Estará bien?».
—Parecía ausente —dijo Doree—. ¿Lo tendrán drogado?
—Quizá le dan algo para mantenerlo estable. Pero la verdad, no lo sé. ¿Entablaron una conversación?
Doree pensó si de verdad había sido una conversación. Le había hecho unas cuantas preguntas, normales, absurdas. ¿Qué tal estaba? (Bien.) ¿Le daban suficiente de comer? (Él creía que sí.) ¿Había algún sitio donde pudiera ir a pasear si le apetecía? (Con vigilancia, sí. Él suponía que podía decirse que era un sitio. Suponía que podía decirse que era pasear.)
—Tienes que tomar el aire —le dijo Doree.
—Es verdad —le dijo Lloyd.
Doree estuvo a punto de preguntarle si tenía amigos. Como le preguntas a tu hijo por el colegio. Como se lo preguntarías a tus hijos, si fueran al colegio.
—Sí, sí —dijo la señora Sands, empujando suavemente la oportuna
caja de kleenex.
A Doree no le hacía falta, tenía los ojos secos. El problema estaba en la boca del estómago. Las náuseas. La señora Sands se limitó a esperar. Era lo bastante lista para no meterse en más honduras.
Y, como si hubiese adivinado lo que Doree estaba a punto de decir, Lloyd le había contado que había un psiquiatra que iba a verlo para hablar con él cada dos por tres.
—Yo le digo que está perdiendo el tiempo —añadió Lloyd—. Yo sé tanto como él.
Fue el único momento en que a Doree le pareció que volvía a ser el de antes. Durante toda la visita el corazón le latió con fuerza. Pensó que igual se desmayaba o se moría. Le cuesta tanto trabajo mirarlo, encajar en su campo de visión a aquel hombre delgado y canoso, inseguro pero frío, que se mueve mecánicamente pero sin coordinación…No le había contado nada de eso a la señora Sands. La señora Sands podría haber preguntado —con mucho tacto— de quién tenía miedo. ¿De él o de sí misma? Pero Doree no tenía miedo. Cuando Sasha tenía un año y medio nació Barbara Ann, y cuando Barbara Ann tenía dos años, tuvieron a Dimitri. Habían elegido el nombre de Sasha entre los dos, y después hicieron un pacto: él elegiría los nombres de los niños y ella los de las niñas.
Dimitri fue el primero con cólicos. Doree pensó que a lo mejor no tenía suficiente leche, o que su leche no era lo bastante nutritiva. ¿O era demasiado nutritiva? Lloyd llevó a una señora de la Liga de La Leche para que hablara con Doree. Pase lo que pase, no le dé ningún biberón complementario, dijo la señora. Eso sería el principio del fin, porque dentro de poco el niño rechazaría el pecho.
No sabía la señora que Doree ya le estaba dando biberones complementarios. Y parecía verdad que el niño los prefería; cada día estaba más tiquismiquis con el pecho. Al cabo de tres meses solo tomaba biberón, y entonces ya no hubo forma de ocultárselo a Lloyd. Doree le dijo que se había quedado sin leche y que había tenido que empezar a darle el complemento. Lloyd le apretujó un pecho y después el otro con frenética determinación, y logró sacarle unas tristes gotitas de leche. La llamó mentirosa. Se pelearon. Él le dijo que era una puta, como su madre. Dijo que las hippies esas eran todas unas putas.
Pronto hicieron las paces. Pero siempre que Dimitri se quejaba de algo, o estaba resfriado, o le daba miedo el conejito que tenía algún niño por mascota, o cuando seguía agarrándose a las sillas a la
edad en que su hermano y su hermana ya andaban solos, salía a relucir el fracaso en lo de darle de mamar.
La primera vez que Doree fue al despacho de la señora Sands, una de las otras mujeres le dio un folleto. En la cubierta había una cruz dorada y varias palabras en morado y oro. «Cuando tu pérdida parece insufrible…» Dentro había una imagen de Jesucristo en colores pálidos y unos caracteres más menudos que Doree no llegó a leer.
Sentada ante la mesa, aferrando el folleto, Doree se echó a temblar. La señora Sands se lo tuvo que arrancar de la mano.
—¿Te lo ha dado alguien? —preguntó la señora Sands.
Doree dijo:
—Esa. —Y señaló con la cabeza la puerta cerrada.
—¿No te interesa?
—Cuando estás fatal es cuando intentan pillarte —dijo Doree, y entonces cayó en la cuenta de que era algo que había dicho su madre cuando fueron a verla al hospital unas señoras con un mensaje parecido—. Se creen que vas a ponerte de rodillas y que todo irá estupendamente.
La señora Sands suspiró.
—Bueno, en realidad no es tan sencillo —dijo.
—Ni siquiera posible —añadió Doree.
—Quizá no.
Nunca hablaban de Lloyd en aquellos días. Doree nunca pensaba en él, si podía evitarlo, y si no podía pensaba en él como si fuera un terrible accidente de la naturaleza.
—Aunque creyera en esas cosas —dijo, refiriéndose a lo que había en el folleto—, solo sería para…
Lo que quería decir era que creer en eso le resultaría muy práctico, pues así podría imaginarse a Lloyd ardiendo en el infierno o algo por el estilo, pero fue incapaz de continuar, porque le parecía una estupidez hablar de algo así. Y porque se lo impedía algo ya muy conocido, una especie de martilleo en la tripa.
Lloyd era partidario de que sus hijos estudiaran en casa. No por razones religiosas —como no creer en los dinosaurios, los hombres de las cavernas, los monos y todas esas cosas—, sino porque quería que estuvieran junto a sus padres y que se adentrasen en el mundo poco a poco y con cuidado, no que los lanzaran a él de golpe. «Es que da la casualidad de que pienso que son mi hijos —decía—. O sea, nuestros hijos, no los hijos del Departamento de Educación.»
Doree no estaba muy segura de poder manejar aquello, pero resulta que el Departamento de Educación tenía sus directrices y sus planes de estudios, que podían encontrarse en la escuela del pueblo. Sasha era un chico inteligente que prácticamente aprendió a leer solo, y los otros dos eran demasiado pequeños para aprender gran cosa. Por las noches y los fines de semana Lloyd le enseñaba a Sasha geografía, el sistema solar, la hibernación de los animales y cómo funciona un coche, tratando cada tema a medida que surgían las preguntas. Sasha enseguida se adelantó a los planes de estudios de la escuela, pero Doree iba a recogerlos de todos modos y lo ponía a hacer los ejercicios a tiempo para cumplir con la ley. Había otra madre del barrio que también educaba a los niños en casa. Se llamaba Maggie y tenía una furgoneta pequeña. Lloyd necesitaba el coche para ir a trabajar y Doree, que no había aprendido a conducir, se alegró cuando Maggie se ofreció a llevarla una vez a la semana para entregar los ejercicios terminados y recoger los nuevos. Naturalmente, se llevaban a todos los niños. Maggie tenía dos chicos. El mayor sufría tantas alergias que la madre tenía que vigilar estrechamente todo lo que comía; por eso le daba clase en casa. Y después Maggie pensó que el pequeño también podía quedarse allí. El niño quería estar con su hermano, y además tenía problemas de asma.
Qué agradecida se sintió Doree, al compararlos con los tres suyos, tan sanos. Lloyd decía que era porque los había tenido de joven, mientras que Maggie había esperado hasta llegar casi a la menopausia. Lloyd exageraba la edad de Maggie, pero era cierto que había esperado. Maggie era optometrista. Su marido y ella habían sido compañeros de trabajo y no tuvieron familia hasta que ella pudo dejar la consulta y encontraron una casa en el campo.
Maggie tenía el pelo entrecano, muy corto y pegado al cráneo. Era alta, de pecho plano, jovial y de ideas fijas. Lloyd la llamaba la Lesbi. Solo a sus espaldas, claro. Bromeaba con ella por teléfono pero a Doree le decía, solo moviendo los labios: «Es la Lesbi». A Doree no le importaba mucho, Lloyd llamaba lesbis a muchas mujeres, pero le daba miedo que a Maggie las bromas le parecieran demasiado amistosas, inoportunas o al menos una pérdida de tiempo.

DE: DEMASIADA FELICIDAD, Alice Munro, Editorial Lumen, 2010, 352 páginas.
Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [la enredadera]  [poema a la lejanía]  [poema al pasado]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Tue, 08 Oct 2013 14:44:00 +0000


Lejos de serenos, serenatas y crepúsculos.
escuela, amigos envidia y noches alcohol.
De amores y pactos, confianza y desilusión.
De misas y de café, de calles deshabitadas.
De cirios dolor en la procesión de la vida.
De notorios desaciertos y pírricas victorias.

Lejos de humos, lisonjas y traiciones,
saña, oprobio, dolores y rencores.
De gloria escolar y niñez apoteósica,
de familia disgregada y vida casquivana.
De lobos con piel de amigos, traición soez.
De molinos gigantes y escueta mies.

Lejos de mi ciudad, pero cerca de mi tierra.
Lejos del ayer, cerca del mar, color, sabor y brisa.
vaho, arena, prisa, rosas, sueños y albricias.

Lejos de mis huesos, pero cerca de mi carne,
sabrosa, experta, traviesa y trepidante,
que se abriga y envuelve al calor de las letras.

Lejos de la memoria, cerca de la vigencia.



DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [ausencia]  [días de sal y de muerte]  [juan rulfo]  [literatura peruana]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Sat, 05 Oct 2013 05:08:00 +0000



¿Dónde estás Rulfo que no te leo?
¿Te quedaste sobre la hamaca del desolado patio
luego del fastuoso sol y el brindis de besos?
Extraño tus desgarros, tus calles secas, tu silencio.
¿Dónde estás Rulfo que no te leo?
¿Te quedaste acaso en la sala jolgorio,
de promisorios desayunos y mortales despedidas,
en el sillón de los desvaríos o en la tina del deleite?

¿Dónde estás Rulfo que no te leo?
También te he buscado bajo las sábanas
donde sus ojos ciruela me prendían fuego.
Te he olido cerca, muy cerca, pero no estabas.
Abandonado estoy sin tu consuelo.
¿Dónde estás Rulfo que no te leo?

Pienso que tal vez en los aposentos del gato.
Él se abrigaba con tus páginas sabrosas,
para saltar sin precaución ni recato
a reclamar su ración de madrugada.

¿Dónde estás, Rulfo de mi zozobra?



DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [el juego de la vida]  [relatos]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Wed, 02 Oct 2013 15:14:00 +0000



Aquel día marchaban los sindicatos ¿recuerdas Ariana? El caos en las calles me enardecía a cada minuto, mientras tú en el restaurante te atascabas entre la rabia y la impaciencia. ¿Qué había en los cielos aquel día para que una promisoria cita de cuasi reconciliación terminara en desdicha? Apenas nos miramos y de pronto ambos estábamos en constelaciones distintas. En lo que sería una fatal premonición, esquivamos el abrazo para optar por tibios remedos de besos en las mejillas.
No ha pasado poco tiempo Ariana, para mí cada día ha sido un paso hacia la muerte.

¿Bebes algo? Dijiste agua. ¿No quieres tomar un trago? Agua, sólo agua. Yo, un café.

El amor puede soportarlo todo, a veces., Quizá por eso seguí tratando de detener la avalancha que se venía sobre nosotros. Me miraste desde tu pedestal, y sólo poco después comenzaste a percibir mi desazón. Ya era tarde. Cuando terminaste de hacerme sentir único culpable de nuestra crisis, yo ya estaba aborreciendo tu soberbia y rebelándome. Un largo silencio se disfrazó de cortesía en presencia del mesero. Apenas se fue, te vi derrumbarte estrepitosamente, todavía sin percatarte que yo me había estado desangrando frente a ti.

Cómo hubiera querido otra vez turbarme con tu mirada.
Volver a derretirme con tus palabras.
Habría dado mi vida por rendirme a tus pies como me gusta.

Es cierto que nos hemos dado lo mejor de cada uno. Fuiste en extremo generosa conmigo, y yo tampoco escatimé nada.
Y sin querer -o queriéndolo- estábamos al borde de la cornisa, resignados ante la inminente caída. En apenas dieciséis semanas perdimos lo que habíamos tardado toda una vida en encontrar. Cada silencio, cada desaire, cada mensaje soterrado o explícito, cada actitud, fueron puñaladas que nos asestamos sin piedad.
Estábamos realizando, Ariana de mi vida y de mi muerte, la tarea de consumar un final que hace poco parecía imposible.

Mientras hablabas yo te miraba: insuperable, insólita, innata. Tus pestañas, largas como plumas de Bennu; tu boca cornalina que siempre me invitó al asombro, tu talle sabroso. Y no pude dejar de añorar la elísea vida que soñamos juntos.

Qué tardes épicas en los campos de Toscana.
Qué disfrute absoluto de árboles y madrugadas.
Las lloviznas de tu aliento azucarado,
las jubilosas alas de tu risa mariposa.

Aquél verano inverosímil y propicio donde, ocultos por la máscara del buen recaudo, fecundamos en una cálida aldea costera la emoción, la pasión y el amor perfecto.

El plácido mar nos regalaba sus cuerdas de arena,
la brisa cómplice nos envolvía en la austera ensenada,
los cormoranes retozaban a la luz de nuestros dientes,
los besos del trepidante sol nos calentaban el alma.

Y en su infructuoso recorrido, mi memoria no pudo olvidar el gélido invierno a orillas del solemne río. Hoy, ese aire congela los recuerdos y las mustias fotografías. En la húmeda arcilla quedaron nuestras huellas y la desfachatez de los petirrojos fisgones.

Se nubla el infinito azul de los aviones.
Convulsiona moribunda la quimera acariciada,
la felicidad y el caos, el disfrute y el tedio,
los extremos dialécticos de una vida juntos.

En buses y calles con nuestra música andina
o subastando los colores de mis lienzos y arquetipos.

Viviendo en un lugar, próximo, propio o ajeno:
soberanos de alguna comarca inhóspita,
o en los bucólicos pagos de nuestros abuelos.

¿Cómo ignorar las furias y enconos, que como galgos iban tras la liebre de nuestras dudas? ¿Cómo hacernos sordos ante la música que duele y seguirá doliendo? Tal vez colocando un negro velo sobre la alfombra de los recuerdos y así, cada día, seguir oscureciendo nuestro ubérrimo pasado. Quizás no dejando que nadie más advierta la sombría faz de nuestro infortunio y que no nos llueva sobre mojado.
Tú y yo alcanzaremos a ver cómo se acaban los tiempos en la orilla del mar del ensueño, o del lago negro al pie de la montaña. Viudos de tacto, quemados de luto.

Ariana, señera luna en las praderas de esta noche, aquella vez y mientras las flamas en ristre de los insurrectos, nuestro amor palidecía anémico, taciturno, desahuciado. Nada pudimos hacer sino despedirnos con desparpajo.
Hoy me queda hablar solo. Acaso estés demasiado lejos ya y nunca sepas de esta soflama. No será inútil, sin embargo, pues quedará tendida al sol en el vasto patio de las letras desquiciadas.


DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
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Fecha Publicación: Tue, 24 Sep 2013 19:49:00 +0000

Aquél 23 de septiembre el día era brillante como tu rostro. Tenías muchas ganas de tejer, como en los viejos tiempos cuando íbamos al campo los domingos por la tarde. Tu ovillo de lana, tu bolso amarillo, tus manos colibríes me dieron una terca ilusión de eternidad. Me senté a hablar contigo y tu optimismo me impulsó a estudiar mejor para el examen de aquella noche en la universidad.

Por la tarde dormiste un poco y regresaste al proyecto del suéter amarillo. Hablamos harto, mientras mirábamos cómo las sombras se hacían sobre la ciudad. Es un lujo, dijiste, tener una cama en el séptimo piso del Hospital. Yo pensé: es un lujo tener una mamá como tú.

Quisiste mandarinas y te las compré.

Quizás no debí haberme ido. Tal vez querías que no me fuera.
Pienso que debí haberme quedado, nada me impedía hacerlo.
Pero me despedí pensando regalarte al día siguiente una buena nota en mi examen de Matemáticas.
El 24 de septiembre, cuando me despertaron poco antes de las cinco de la madrugada, ya habías muerto.

No pude imaginar que el abrazo cotidiano sería la última despedida.

DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano


Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [poemas de amor]  [poesía]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Mon, 23 Sep 2013 05:31:00 +0000


¡Cuánto tuve que andar para llegar hasta tu boca!
Lodazales, páramos y acantilados, amor mío,
y te encontré frente al sol como una flor afable,
cuando mi fortaleza iba claudicando de ausencia.

Transité noches temibles, arenas hirvientes,
pesadillas insepultas, turbias noches, vacías lunas.

Llegué hasta tu casa una tarde color rojo violeta,
torrado y mustio a la intemperie del desamor.
Te conté de celadas y felonías indescifrables,
te mostré mi alma encallecida y displicente.
Y tú, ojos de agua pura, lavaste mi torpe rabia.

No estaba solo en las estepas donde se calcinó mi fe.
Tu estrella taciturna me alumbraba siempre,
la voz de tus caderas sonaba a medianoche,
la cera de tu encanto remendaba mi desánimo.

y pese a mi espíritu herrumbroso y hosco,
guardé los caminos que me llevaron a tu casa.

Habito atrapado en tus besos volcanes,
sediento y ávido de tu susurro inmediato,
partido en dos si no estás a mi lado,
sordo de primaveras si no están tus flores.

Errabundo y volátil cuando no me inspiras.

¡Es tan bello vivir si vivimos juntos!
Bebo tus miradas, la furia de tu lengua rosada,
tu sangre noble de almendra intacta,
tu cuerpo bizarro de pantera enamorada.

No hay temor en mis pies desconfiados.
No hay navaja que corte mi esperanza.

Flor montuna, flor esmeralda,
ya el frío no matará tus besos,
ni el silencio dormirá en tu cama,
manzana carnal, alma iluminada,
ámame oculta y con ningún afán.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano


Etiquetas: [días de sal y de muerte]  [poemas de amor]  [poesía]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Fri, 20 Sep 2013 00:40:00 +0000


¿Recuerdas cuando estábamos enamorados?

Coartábamos el afán de los demás por destruirnos la vida.
Pasábamos sobre odios y envidias para fundar lo nuestro.
Caíamos en el abismal disfrute de la evanescencia.
Nos embriagábamos con el vino de los propósitos.
Construíamos en la casualidad como en una roca.
Bailábamos sobre el fuego sin consumirnos.
Lamíamos nuestras heridas en silencio.
Despreciábamos el tiempo y el dinero.
Hervíamos bajo las sábanas frías.
Burlábamos la fiera inquisición.
Éramos.

Pero:
No se vislumbran milagros.
No soy el amor de tu vida.
No me calientan tus ojos.
No recuerdas mi nombre.
No sacudes mi pecho.
No despiertas conmigo.

Te guardo.
Me toleras.
No somos.

DE: DIAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [el héroe discreto]  [mario vargas llosa]  [perú]  [rogger alzamora quijano]  [vargas llosa nueva novela]  
Fecha Publicación: Sun, 15 Sep 2013 18:07:00 +0000


Escribe: Rogger Alzamora Quijano

"Desgraciadamente, vivimos en un mundo en el que muchas veces la ambición hace que se desmoronen los principios, los valores, y que se delinca sin ningún escrúpulo" declaró Vargas Llosa hace poco.

"Felícito Yanaqué, dueño de la empresa de Transportes Narihualá, salió de su casa aquella mañana, como todos los días de lunes a sábado, a las siete y media en punto, luego de hacer media hora de Qi Gong..." Así empieza el primer capítulo de EL HÉROE DISCRETO, nueva novela de Mario Vargas Llosa, y la primera después de haber recibido el Nobel de Literatura en 2010. Su estreno mundial fue el 12 de septiembre pasado.

Vargas Llosa nos sorprende con una novela situada en Perú, específicamente en Piura y en Lima. Su narrativa, como siempre ágil, comienza con un epígrafe de Jorge Luis Borges: "Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo" (de: El hilo y la fábula). Con este sabio consejo del maestro Borges ya yo estaba atrapado. Comencé a buscar a un Vargas Llosa mejor que aquél de El sueño del Celta.

"Bueno, bueno -dijo por fin (el sargento Lituma) haciendo una mueca que Felícito no llegó a interpretar-. Éstas son las consecuencias del progreso don.
Al ver el desconcierto del transportista, aclaró, sacudiendo la carta que tenía en la mano:
- Cuando Piura era una ciudad pobre, estas cosas no pasaban. ¿A quién se le iba a ocurrir entonces pedirle cupos a un comerciante?"


Vargas Llosa aborda el tema de la delincuencia, la extorsión, el crimen, pero también el de la lealtad, el valor y la lucha en sus principales personajes, gente común, quienes se muestran como los héroes cotidianos que el bullicio de la ciudad oculta cada día. Piura, aquella entrañable ciudad donde Vargas Llosa pasó parte importante de su vida, trae también de regreso algunos recordados personajes 'vargasllosianos', como Lituma, Lucrecia, Rigoberto y Fonchito, trastocados por el tiempo y las nuevas circunstancias. Pareciera que así el escritor buscara también darnos -al menos- la literaria sensación de un retorno a su patria.
La obra narra las vidas paralelas de dos familias comunes: la de Felícito, un pequeño empresario transportista amenazado por extorsionadores que le exigen pagar cupos -a lo que él se niega de plano-; y la de Ismael Carrera, acaudalado viudo, quien sólo quiere retirarse para cumplir su sueño: ser feliz y por fin disfrutar de la vida con Armida, su mucama con quien desea casarse. Ello desata la ira de sus hijos, quienes ven amenazada la fortuna familiar. La alta sociedad, al mismo tiempo que sus hijos, trata de imponerle la cortapisa de sus convencionalismos. Pero Felícito e Ismael, cada uno a su manera, luchan para hacer prevalecer sus principios éticos. EL HÉROE DISCRETO es una novela que trata de rescatar a los héroes comunes, cotidianos, que por lo general pasan desapercibidos en una sociedad cada vez más acostumbrada a la superficialidad. Además, nos devuelve a un Vargas Llosa con aquél fino humor que habíamos casi olvidado.
Burguesía y clase emergente, traición y lealtad, amor y odio, corrupción y ética, ángulos primos desde donde Vargas Llosa ha tejido su sabrosa nueva novela, con un lenguaje vivaz y lleno de los lugares íntimos que, desde luego, guarda en su memoria (por más que a veces no lo parezca). Para mí EL HÉROE DISCRETO está a la altura de La Fiesta del Chivo.
¡Hay motivos para celebrarlo, con un buen seco de chavelo y su poto de chicha, ché guá!

EL HÉROE DISCRETO, Mario Vargas Llosa, Editorial Alfaguara, 2013, Novela, 392 páginas.
ISBN: 9788420414898
Etiquetas: [días de sal y de muerte]  [olvido]  [poema al olvido]  [poemas de amor]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Wed, 11 Sep 2013 12:12:00 +0000




Viajar al olvido, para matar su nombre.
Para no extrañar un minuto de su sonrisa.
Para que no sospeche el amor tenaz que pervive.
Para no reclamar un abrazo, una caricia,
su mirada orquídea, el cielo de su alegría.

Porque tanto pensar y volver a pensar
se va fracturando la resistencia.

Viajar al olvido
para no seguir cargando de calles los pies,
cansado de fiestas, enfermo de lisonjas.
Porque mejor cansado y harto
que intoxicado de recuerdos.

Cerrar la ventana por donde entra
el viento de su nombre cada mañana
con ecos que ahogan de tormentos,
con la resolana de la nostalgia.

Viajar al olvido, hoy, mañana, cuándo,
sin pasaje de retorno.


DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
Etiquetas: [bitácora de la felicidad]  [poema a la nada]  [poemas de amor]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Tue, 10 Sep 2013 04:14:00 +0000


No me faltará nada
porque me esconderé tras tu espalda.
No tendré frío, no me atrapará la soledad,
nada me arrancará de ti ni me quitará tu aliento,
tocaré tu cuerpo y así podrás dormir tranquila.


No me falta nada.
Ya sé que no estás, ya sé que esto no es vida.
No sé si me reclamas cuando estás dormida.
No sé si te hago falta en las madrugadas.

No me falta mas nada, sino tú, princesa,

Podemos vivir siempre bajo la misma espada
No es preciso acabar con la voraz desdicha.
Mil años de diluvio no ahogarán los recuerdos.
Mil años de silencio no matarán las palabras.

Nunca me faltará nada, sino tú, princesa.


DE: BITÁCORA DE LA FELICIDAD Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano


Etiquetas: [crónicas de viaje]  [cusco]  [cuzco]  [Cuzco en 6 días]  [machu picchu]  [machupicchu]  [perú]  [rogger alzamora quijano]  [turismo]  
Fecha Publicación: Mon, 09 Sep 2013 00:03:00 +0000
Cuzco y Machu Picchu son Patrimonios de la Humanidad desde 1983, por la UNESCO.
El Santuario Histórico de Machu Picchu (Montaña Vieja) es desde 2007 considerada por votación mundial una de las "7 Maravillas del Mundo Moderno"


Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Conocer Cuzco, Machu Picchu, y todo el circuito turístico alrededor es prioritario para todo peruano, y puede ser más fácil y cómodo sólo tomando algunas precauciones. Yo no tomé varias, lo admito, pero ese hecho motiva la siguiente crónica, que contiene información importante para un turista nacional promedio, como yo.

Consejo: Si eres turista nacional lleva sí o sí tu DNI, te ahorrará mucho dinero.

Comprar el pasaje en avión es una buena idea, y mejor si se hace con anticipación. Dos o tres meses antes del viaje los precios pueden ser económicos para los peruanos, incluso más que ir en bus. Yo compré por cincuenta dólares ida y vuelta. Viajando en avión gané tiempo, porque salí de Lima a las 7 am y al borde de las 9 am estaba ya en la ciudad imperial, que me recibió con un agradable clima de unos 24 grados centígrados.

Consejo: Es preferible visitar Cuzco, en lo posible, entre la segunda semana de Mayo y tercera de Julio, si deseas mayor comodidad para cumplir tus objetivos. Desde la última semana de julio hasta noviembre en que termina la temporada alta (y el buen clima), colegiales de todo el Perú inundan las ciudades, los trenes, alojamientos y lugares de interés: época de los viajes de promoción. Yo elegí la tercera semana de agosto, así que tuve algunos problemas.

Día 1.- Apenas llegué al aeropuerto de Cuzco, tomé un taxi en el exterior. Le pedí al taxista que me llevara a la calle Pavitos. Me cobró 5 soles. De allí abordé una minivan hacia la ciudad de Urubamba, a menos de dos horas de Cuzco, en pleno Valle Sagrado de los Incas, por 12 soles. Apenas llegué comencé a sentir la paz, encanto y belleza del paisaje. Buena decisión haber elegido aquél lugar (40 dólares la noche, incluido desayuno).

Consejo: Aunque en ningún lugar del planeta se puede estar libre de los delincuentes, puedo decir que guardando las precauciones básicas en todo momento se siente que Cuzco es una ciudad segura.

Día 2.- A Ollantaytambo. También en minivan (o Starex, como las llaman otros), por 4 soles. El recorrido es excepcional, inolvidable, tranquilo. Compré mi Boleto Turísitico (BGT) (hay varias opciones: General: 130 soles, estudiantes extranjeros y turistas internos: 70 soles, estudiantes nacionales -con carnet válido-: 40 soles, y cuzqueños y residentes -con ubigeo en el DNI que consigne Cuzco-: gratis). Yo compré el de 70 soles, válido por 10 días, en la misma boletería de ingreso a la ciudadela de Ollantaytambo. Con ese mismo boleto, además, se puede ingresar a 16 lugares de interés, en Cuzco y el Valle Sagrado (varios de los cuales yo había elegido como prioritarios: Ollantaytambo, Pisac y Chinchero).
Las magníficas ruinas de Ollantaytambo, con su glorioso pasado inca, deslumbran de inmediato. El largo ascenso muestra asombrosos rastros de nuestra orgullosa raza inca. Ollantaytambo requiere al menos tres horas para visitarlo. Yo me regalé casi cinco. Siempre he preferido la calidad de tiempo a la cantidad de destinos. Ollantaytambo merece ser visitada con tranquilidad y atención.
Luego de regresar a la ciudad, almorcé en un lugar con una espectacular vista del río, después caminé las angostas callecitas de la ciudad. Piedra e historia en armonía con clima, naturaleza y silencio-. Al filo de las seis regresé a Urubamba.

Día 3.- A Ollantaytambo, para conseguir mi boleto hacia Machu Picchu. Allí recibí mi primera alerta: el dueño del hotel me dijo la noche anterior que no iba a ser tan fácil. Me dirigí a PERURAIL –a unos trescientos metros de la plaza de Ollantaytambo- que es la empresa de trenes hacia Machu Picchu que dispone de vagones para el turismo interno, llamados Tren Local: 20 soles ida y vuelta. Hay además otras clases en esta empresa: Expedition, desde 124 dólares ida y vuelta, sale una vez al día desde Cuzco y Ollantaytambo; Vistadome, desde 220 dólares ida y vuelta, sale una vez por día, vista panorámica, aire acondicionado, calefacción, etc. y Hiram Bingham, desde 600 dólares ida y vuelta, de lujo. La otra empresa, Inca Rail, tiene clase Turista y Ejecutivo, desde 150 y 250 dólares respectivamente ida y vuelta, y Primera Clase, desde 300 dólares, su servicio más costoso. Hay una clase especial para residentes y trabajadores de la zona.

Consejo: Los boletos de tren se pueden comprar hasta con 3 días de anticipación. Si puedes comprarlo por internet en buena hora, pero a veces en la página web no hay disponibles y en ventanilla sí. Es relativo. Este es el mayor problema pues no existe una regla clara para conseguir boleto de tren. Comprar ese boleto de ida y vuelta es el reto para un turista nacional desde la última semana de Julio hasta Noviembre.

En la ventanilla de PERURAIL me preguntaron si ya tenía el boleto de ingreso a la ciudadela de Machu Picchu. Mi lógica de que lo podía comprar en la ciudad de Ollantaytambo no funcionó, como no funciona la lógica para muchas otras cosas cuando se quiere visitar Machu Picchu. Tenía que ir hasta el Cuzco y comprar mi boleto para ingresar a Machu Picchu en el Ministerio de Cultura, pero eso en lugar de una traba fue una oportunidad. Era temprano, podía usar mi BGT para ir a Pisac y Chinchero, de paso a Cuzco. Así fue. Tomé una minivan hasta Urubamba, y de allí otra a Pisac donde visité el famoso mercado artesanal, que abre sólo jueves y domingo. Valió la pena. Pisac me significó casi tres horas, y Chinchero otro par de horas más, con almuerzo incluido. De allí a Cuzco. Cuando llegué, en el Ministerio de Cultura había tal cola que me asusté. Eran casi las cuatro de la tarde y la atención es hasta las 5 pm. Pero la diosa fortuna acudió en mi ayuda. Rubén, un amigable cuzqueño, me tranquilizó: la cola es para quienes deben registrar a sus niños. Vía su tablet reservó mi boleto por internet. Hecha la reserva me acerqué a la ventanilla y pagué. En menos de un minuto tenía mi boleto para Machu Picchu por 64 soles (para extranjeros cuesta 126 soles). Agradecí a Rubén y regresé a Urubamba a dormir. Al día siguiente tendría que ir muy temprano por el escurridizo boleto de tren. El francés me dijo, en el hotel, que por internet se podía conseguir boletos de tren a 130 dólares. Yo descarté de inmediato tal posibilidad. Estaba fuera de mi presupuesto.

Consejo: El Tren Local sale 5:07, 12:58 y 21:00, de Ollantaytambo a Machu Picchu. Y viceversa: 6:00, 14:55 y 21:30 horas. La ciudadela de Machu Picchu está abierta al público entre las y las 17:30 hrs. El acceso a Huayna Picchu es en dos turnos: 7am y 10 am, y requiere registro previo y pago de 24 soles para toda persona nacional o extranjera, pues sólo hay cupo diario limitado para 400 personas.

Día 4.- Muy temprano en Ollantaytambo. Ya la cola tenía unas 20 personas por cada ventanilla. No todos buscaban los mismos boletos que yo, pero sí la mayoría. Mostré mi boleto de ingreso a Machu Picchu al empleado de PERURAIL para convencerlo de extenderme el de tren. Mientras hacía la fila me enteré de que no había boletos disponibles hasta tres o cuatro días después. En efecto, el empleado me lo confirmó tajantemente. Preocupado, mas no desanimado, hice otra vez la cola -para otra ventanilla-. Aquí tuve más suerte. Karina, una amable empleada, me extendió el boleto para el asiento D-43 (¿no era que no había lugar, ni para ir en intermedio?), pero dijo que era imposible extenderme el boleto de regreso. Me aconsejó comprarlo en Aguas Calientes, para eso tendría que hacer cola desde las 3:00 en ventanilla, dijo. No lo dudé, pese a la incertidumbre que eso significaba. Agradecí a Karina y me fui a buscar una buena comida, que me durara todo el día. ¡Tenía ya mi boleto en el Tren Local a Machu Picchu, por 10 soles!
Estuve en la Terminal de trenes media hora antes de la hora. A las 12:58, el tren comenzó a moverse. El recorrido es fantástico, los paisajes hermosos, buen clima y el Río Urubamba discurriendo junto a nuestro tren (ver mi video en VIMEO y en YOUTUBE). Aquí tuve otro golpe de suerte: en el tren conocí a Daniela, una guía de turistas. Me dio abundante información sobre los secretos para hacer turismo en Cuzco pero, además, me recomendó con su amiga, dueña de un hotel en Aguas Calientes, para que me reservara una habitación allí, cosa que con el entusiasmo no había tenido en cuenta (de no haber sido así, habría sido imposible encontrar una habitación –que resultó cómoda, limpia y con una excelente vista de la ciudad-).
Hora y media después de haber partido de Ollantaytambo, el tren arribó a Aguas Calientes, la ciudad pequeña pero vivaz y encantadora, que se acurruca sin temor al pie de las enormes montañas que la rodean. Pagué los 100 soles del hotel, tomé posesión de mi habitación (hay hoteles de todo precio -hasta de 550 dólares por noche). Luego fui a la ventanilla de PERURAIL. Fue más fácil de lo que había imaginado: obtuve el boleto de retorno en menos de dos minutos y también por 10 soles. Sólo me quedaba comprar el del bus Consettur hacia Machu Picchu, 30 soles ida y vuelta. Estos salen tan pronto como se llenan (y eso no tarda más de 10 minutos).

Consejo: Compra una o dos botellas de agua. En Ollantaytambo cuesta 1.50, en Aguas Calientes 3.00 y en Machu Picchu 10 soles.

La subida hacia Machu Picchu es espectacular. A medida que el bus alcanza más altura, las montañas de enfrente se alzan verdes, enormes, señoriales. Veinte minutos o media hora después se llega a la gran ciudadela. No se puede evitar el asombro por lo que se está viendo. La ansiedad apura también por lo que aún falta verse. El clima era perfecto, unos 23 a 26 grados (se dice que puede haber lluvias aisladas). Había que subir y bajar escaleras incas, pero la emoción logra que la experiencia sea única. Pablo Neruda me atizó con su poesía en medio de mi asombro. Quisiera haber podido quedarme más tiempo, quizá esperar la noche en la majestuosa cumbre, pero a las 17:30 los guarda-parques persuaden a la gente a que se retire. Ha sido una experiencia insuperable, pero no completa. Volveré cuantas veces sea posible.
Llegué a Aguas Calientes al filo de las siete. Ya la oscuridad envolvía a la pequeña ciudad, pero su frenético ritmo se podía ver desde cualquier ángulo. Los lugareños y turistas nacionales y extranjeros se confundían en animadas charlas en los cafés y restaurantes, o en plena calle. Danzantes y músicos celebraban el final del día y presagiaban una espléndida noche en la ciudad agazapada.

Consejo: Si te es posible quédate a dormir en Aguas Calientes. La noche allí es fantástica. La gente se mueve envuelta por la magia del Machu Picchu, de su historia de ingenio, sagacidad, portento y dolor que la increíble ciudad-cumbre simboliza. Una noche en Aguas Calientes es perfecta para cerrar el círculo de ensueño.

Día 5.- Tren a Ollantaytambo. Hermoso amanecer desde la ventana. Hora y media después Ollantaytambo, con sol intenso y aire fresco. De inmediato a Urubamba, a chequear la salida del hotel. Me recibieron con calor familiar. Me sentí de lo mejor. Me había guardado las dos últimas noches para Cuzco. Partí hacia allá.
Llegué a mediodía, para almorzar chicharrones en la calle Pampa del Castillo. Delicioso y diferente. Por la tarde caminé por la ciudad y de noche me fui al Centro Qosqo de Arte Nativo (con mi BGT). A la salida, exquisita cena buffet en un balcón con vista a la Plaza de Armas.

Día 6.- Por la mañana, un buen desayuno en el Mercado San Pedro, luego buscar un city tour para, por la tarde, visitar Qoricancha, Saqsayhuamán, Qenqo, Pukapukara, etc. Interesante circuito, pero nada extraordinario porque hay demasiada gente y ello lo convierte más en un negocio que en un servicio o un disfrute. La próxima vez alquilaré un auto o un taxi para este mismo recorrido. Retorné a la capital inca a las 8pm.

Consejo: En Cuzco hay city tours desde 15 soles -incluye guía- y recorren cada uno de los puntos de la Capital Arqueológica de América consignados en el BGT.

Día 7.- Desayuno en el hotel y chequeo de salida. En Lima a las 14:00 horas. Promesa: regresar pronto.



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Fecha Publicación: Mon, 02 Sep 2013 22:17:00 +0000

Pliegue de luz la madrugada, color pecado tu mirada,
universo que invita al regreso desde tu ombligo hasta mi beso.

No detengo tu mano que me busca como el hambre al pan.

Mundo disperso de duraznos y flores,
fuego intenso de tu boca inquisidora,
mientras la sal de la vida anima el verso,
tu cuerpo de cisne aprende mi arquitectura.

Hambre de tu boca miel tiene mi lengua café,
confabulan el grito furioso y los malvados dientes,
miedo de tu ansiedad, temor de tus aciertos,
ganas de tus colinas, sed de tu acíbar.

Alba de mi noche, uñas de mi carne,
Calle de mis letras, piel para mis dedos.

Voy a comer tu voz y tu olfato, voy a morder tu caricia,
tu corazón y venas salvajes, a llover sobre tu arena.
Voy a bañarme celeste y soberano en el río de tu cintura.

Manzana seductora, luna caliente, montañas turgentes,
azúcar primavera, sábanas encanto, dedos ansia.

Apuras la sangre que tomé de tus labios,
buscas mi fuego olvidado en algún lado.
Acometes mis abismos, buceas mis entrañas,
las locuras de mi lejano mar experiencia.

Y en mis territorios olvidados dejas tu fiel bandera
de jazmín y nácar y un sobrio ramo de estrellas.


Pan de luna tus piernas, devuelven los mordiscos que dejé guardados.
Pan que otra vez tomo en mi boca con un beso de azufre y fuego.

Como he buscado tus arcas y tesoros, como adoro tus caderas de tierna guitarra,
amo el sol caricia de tu boca que miente, enciendo el frío de tus manos desasidas,
acopio cada tramo de tu piel prisionera.

Celebro tus besos y el tapiz de seda de tu lengua.
Tu sola desnudez es hoy mi cosmogonía.


DE: "BITÁCORA DE LA FELICIDAD" Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

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Fecha Publicación: Sun, 25 Aug 2013 00:46:00 +0000




Desde hace tiempo no te soñaba como esta noche. Había logrado estar a salvo de aquel mundo paralelo que son los sueños. Un mundo enemigo del olvido. Un mundo con sus propias desdichas y alucinaciones, un mundo con peores angustias, tristezas y frustraciones que el que vivimos a diario. Un mundo siempre incompleto, que termina cuando queremos que continúe (y viceversa).

A salvo de ti.
Ha corrido más agua por el río de mi vida
.

Hasta hoy que desperté por la madrugada, invadido de abandonos y nostalgias, no me había percatado de mi temor por tu vigencia. Y cuando comencé a soñarte tuve miedo de tu adictiva cercanía. Te sentía respirando mi urgencia, descubriendo mis infortunios, escarbando mis heridas, lastimando una y otra vez con tus reproches. Hasta hoy había podido ocultarte tras la cortina de las excusas propias y ajenas. Hasta hoy.

Tu madre irrumpió para tender a tus pies la alfombra de mi terca espera, para bañarte solamente en las aguas virtuosas de mi amor. Tardé en creerle, pero en los sueños no hay elección. Se sentó junto a ti, mientras peinaba suavemente tus cabellos pluma.

Y tú llorabas.
En tus ojos navegaba mi barco a la deriva.
En tu corazón ya yo no latía
.

Miraste a tu madre sin emoción y le dijiste que habías escuchado ya muchas veces la historia del Fingal de Ossian. Vi retazos: una botella de vino, tu compañero, episodios confusos. Te seguí para recordarte que te cuidaría en todas partes y por el resto de mi vida, pero tú corriste más rápido. Esperé, bajo tormentas peores a las de Las Hébridas, a que dejaras de lanzar rayos sobre mi espalda. Me cansé una y otra vez de esperarte y volví a hacerlo. Pero ahora ya no quiero más.

Y debo olvidarte. Debo, necesito.
No quiero morir este día y los siguientes,
ahogado por mis propias manos angustia.


Me abrazaste hasta quedar incrustada en mi pecho, me llamaste por otro nombre, te devolví el mismo desatino, querías que me fuera a vivir para dejarte vivir, dijiste que la luz del amor ya no nos alumbraba más. Y yo fui despertando a sorbos, convencido que tenías razón.

Una cortina de llanto no te dejó ver
el hermoso paisaje céltico de rocas óptimas
en las cuevas de Uamh-Binn.


No quiero guardar mi memoria de ti. No quiero más vestigios de ti, de aquellas preciosas lunas que guardamos bajo las cobijas de nuestra cama. Quiero tragarme cada gota de nuestros días, cada centímetro de tus pies azules, cada hebra de tus cabellos indios. Quiero ofrecerte el adiós que necesitas hace tiempo, para así servirte la cena que los demás dejaron en tu plato, como espurias pruebas de mi perfidia.

Ya no tengo ganas de recordarte, nos hemos perdido.
Este amor está roto. Rotas las caricias y los recuerdos.
Rotos los planes, rotas las palabras.
Rotos los colores y rotas las flores.

Este amor ya es aquél. Aquél amor extraño, huraño y traidor,
Tierno, reluciente, único. Noble, leal y prístino.
Ya no tengo ganas de recordarte más,
entierro bajo estos versos mi sueño roto.
Ya no tengo ganas de soñarte más. Me voy.
Mataré esta música que duele.


Dejaré este papel al viento, para que nadie lo lea, nadie lo encuentre, para que no siga oscureciendo los sueños de amor de otros. Para que nadie piense que el amor no existe. Para que el mundo todavía guarde la ilusión que nosotros desperdiciamos.

Y tú, princesa de brillo diamante, ve por tu tesoro.
La melodía de la gruta es para los solitarios como yo.


Deja que me vaya por trozos, roto también con este último sueño.
Ya no puedo seguir si tú no sigues. Con tu paciencia se va mi silencio.
Dejaré este poema olvidado y roto del alma.
Aquí quedo roto también yo, sin más resuello, sin fuerzas.
Aquí se va volando lo que siento, libre hasta el cielo.
Aquí queda roto el último sueño.



(Hay una anotación con mano trémula en el vértice inferior de este texto, dice: “Lanzado al viento, después de un mes de la noche del temible sueño”. Y la fecha -que no es necesario consignar).


DE: DÍAS DE SAL Y DE MUERTE Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano

Etiquetas: [40 poemas y otros tantos desmanes]  [poema a la fortuna]  [poesía peruana]  [rogger alzamora quijano]  
Fecha Publicación: Thu, 22 Aug 2013 23:49:00 +0000



Hasta ayer fue igual:
la calle,
la espuma del mar desde el malecón;
los niños volando cometas,
las esperanzas languideciendo con el atardecer.

Hoy nada es casual.
Caminar contigo,
disfrutar,
sentarnos por un café,
una butifarra para dos
y un pastel.

Y no lo es descubrir
la filuda punzada de tus ojos,
Discernir,
callar,
pasar desapercibido.

Sentirme vigilado
y abrazado a la vez.
Atrapado y acariciado.
Saber que nada sé.
Y no quiero saber.

No es casual tener miedo,
despertar sin tocarte.

No es fortuito oír que respiras.



DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © Rogger Alzamora Quijano