(Foto tomada el año pasado)
Era una costumbre que todos los años cuando iba a casa de Mamuska (la casa familiar, la de mi niñez y adolescencia, donde pasé las Navidades más bonitas y memorables) para coordinar las fiestas navideñas, los chibolos del barrio siempre me reciban con un “Elmo, para unos foquitos, pe”, en otras ocasiones me pedían para un par de chelas.
Ellos eran los que embargados por el espíritu navideño, se encargaban voluntariamente de conseguir los cables, recolectar los focos, pintarlos de colores, hacer las conexiones y colocarlos en zigzag a lo largo de todas la cuadra, colgados de los techos de nuestras casas; tarea que de chibolo también realicé.
Este año cuando llegue a casa de Mamuska no había chibolos en la esquina, ni siquiera los más mayores con sus chelas, no había nadie, nadie pidió para los focos. Esta Navidad no hubo luces, ni guirnaldas de papel, ni las ornamentales cajas de regalos colgadas en los cables de los focos.
El 24 volvía a casa de Mamuska para recogerla y pasar la navidad en mi casa, al salir nos encontramos con la señora Jenny, comadre de Mamuska:
Señora Jenny: Hola comadrita, a donde va tan guapa.
Elmo: Buenos días señora.
Señora Jenny: Buenos días hijo.
Mamuska: ¿Cómo está comadrita, qué planes para esta noche?
Señora Jenny: Nada comadrita, me voy a la casa de mi Pedrito a pasarla con mis nietos.
Mamuska: Si comadre, cada año las navidades por acá son más solitarias.
Señora Jenny: Será por que ya no hay niños...
Mamuska: Bueno comadre, Feliz Navidad...
Señora Jenny: Feliz Navidad, comadrita...
Elmo: Feliz Navidad señora.
Terminada la ceremonia de los abrazos, mientras nos dirigíamos al auto volví la vista hacia atrás, vi la calle vacía, sin niños, sin guirnaldas y sin luces.
Una buena costumbre se perdió.