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Los geniales Picasso y Miró por partida doble


Fecha Publicación: 2011-10-26T15:23:00.115+02:00

Dos magníficas muestras se realizan en dos museos importantes suizos, en Zúrich y Basilea, con obras de artistas imprescindibles del impresionismo y modernismo. En el Kunsthaus Zúrich está Miró, Monet y Matisse: La Colección Nahmad, y en la Fundación Beyeler, en Basilea, Dalí, Magritte, Miró – Surrealismo en París. Arriba, la primera foto es en el Kunsthaus y las dos siguientes en la Fundación Beyeler. ©Liana Cisneros.

En ambas brillan dos genios españoles, el malagueño Pablo Picasso en el Kunsthaus, y el catalán Joan Miró en la Fundación Beyeler. Son únicas y han sido concebidas y desarrolladas por los propios museos. Es una excelente oportunidad para revivir una época gloriosa del arte y también para presenciar obras que no han sido mostradas públicamente en conjunto, como las de la Colección Nahmad. Ambas exposiciones son complementarias, y los artistas, aunque en su mayoría son los mismos, en el Kunsthaus están ausentes el suizo Alberto Giacometti y el español Salvador Dalí, que según los organizadores lo hicieron a propósito. Arriba, foto 1/Picasso: Femme couchée à la mèche blonde, ©Kunsthaus Zürich; 2/Miró: Peinture/"escargot, femme, fleur, étoile" (Pintura/Caracol, mujer, flor, estrella), ©Fondation Beyeler.

Es emocionante, sin duda, recorrer las salas de ambas muestras, y la sensación que produce es parecida a Medianoche en París, la película de Woody Allen con la que el cineasta se rinde a la ciudad luz y a artistas como Picasso, Dalí, Henri Toulosse-Lautrec, Buñuel, y otros, que convirtieron a París en un imán del arte contemporáneo.

Kunsthaus Zúrich: Del impresionismo a los clásicos modernos
Las más de 100 obras que forman parte de la muestra, las que se podrán ver hasta el próximo 15 enero, pertenecen a la colección privada de la familia Nahmad, con sede en Mónaco, y es el resultado de un trabajo dedicado a coleccionar arte durante dos generaciones, que se inició en los años 1960 por los hermanos Joseph, Ezra y David. Arriba, foto 1/Monet: Le Palais Contarini (El palacio Contarini); 2/Kandinsky: Studie zu "Improvisation 3" (Estudio sobre la "improvisación 3"). ©Kunsthaus Zürich.

“Es la extraordinaria calidad de la colección que se hizo evidente en el montaje. Nuestra selección no es una simple recolección de flores, por el contrario, revela las preferencias distintivas por ciertas épocas, artistas y temas específicos”, sostiene Christopher Becker (a la izquierda. Foto ©Liana Cisneros), director del Kunsthaus y curador de la muestra, al justificar las razones por escoger la Colección Nahmad.

El impresionismo está representado por los franceses Claude Monet, Edgar Degas, Pierre-Auguste Renoir y Toulosse-Lautrec. El cubismo de 1920 y 1930 por Picasso, Juan Gris, Fernand Léger, y Georges Braque, la abstracción por Wassily Kandinsky, Kazimir Malevich y Piet Mondrian, y el surrealismo por Giorgio Chirico, René Magritte, Yves Tanguy, Max Ernst y Miró.








Destacan los retratos de Amadeo Modigliani, que va más allá de las figuras de cuello largo. Henri Matisse deslumbra por su colorido y luminosidad. Una de las atracciones de la muestra es el Petit Pierrot aux Fleurs (Arlequín con flores) de Picasso, pieza pocas veces vista en público. Es el retrato de su hijo Paulo con el que pagó al cirujano Antoine Gosset la operación de su hijo. Arriba, foto 1/Modigliani: Paul Guillaume; 2/Matisse: Retrato au manteau bleu; 3/Picasso: Petit Pierrot aux Fleurs; 4/Ernst: Loplop. ©Kunsthaus Zürich.

Completa la exposición un grueso catálogo en color (alemán e inglés), que contiene ensayos y una entrevista con Helly Nahmad, en la que cuenta la historia de su familia y la creación de la colección.

Fundación Beyeler (Riehen, Basilea): Surrealismo en París
La ambiciosa muestra, abierta hasta el 29 de enero del año próximo, reúne obras de artistas pertenientes al surrealismo o que se asociaron a él, y se centra en las formas innovadoras de expresión que desarrollaron y usaron. En las casi 300 obras y manuscritos de 40 artistas hay pinturas, objetos y esculturas, obras en papel, fotografías, manuscritos y ediciones originales, piezas de joyería y cuatro películas. Se inicia con el precursor del surrealismo, el grecoitaliano Giorgio de Chirico, y termina en una sala dedicada a Dalí. Arriba, foto 1/Chirico: Le mauvais génie d´un roi (El mal genio de un rey); 2/Picasso: L´atelier du peintre/La fenêtre ouverte (El estudio del artista/La ventana abierta; 3/Dalí: Rêve causé par le vol d´une abeille autour d´une pomme-grenade, une seconde avant l´éveil (Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada, un segundo antes de despertar). ©Fondation Beyeler.

“Profundamente conmovido por la experiencia de la Primera Guerra Mundial y bajo el liderazgo de su principal teórico, André Breton, el surrealismo desarrolló enfoques innovadores y dio forma a un arte que aprovechó la imaginación poética, el mundo de los sueños y el inconsciente. Sus ídolos fueron, entre otros, Sigmund Freud y muchos escritores y poetas, tales como el Marqués de Sade, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Edgar Allan Poe”, puntualizan los organizadores sobre el influyente movimiento artístico.






La espectacularidad de la obra de Miró saltan a la vista, también las esculturas y pinturas de Ernst. Miró está representado por Peinture/Le cheval de cirque, (Pintura/El caballo del circo), Ernst por La femme chancelante/La femme penchée), (La mujer vacilante/La mujer inclinada). Yves Tanguy con Los últimos días. Alberto Giacometti está presente con esculturas y bocetos en papel. Además, hay una interesante selección de fotografías de Man Ray, Raoul Ubac, Dora Maar, y Eli Lotar, como también películas de Luis Buñuel y Ray y otros. Arriba, foto 1/Miró: Peinture/Le cheval de cirque; 2/Giacometti: Femme égorgée (Mujer asesinada); 3/René Magritte: La grande guerre (La gran guerra); 4/Ray: Indestructible object (Objeto indestructible). ©Fondation Beyeler.

A la realización de la muestra han contribuido una lista extensa de instituciones internacionales, entre museos, galerías de arte, y colecciones privadas, dentro de esta última están la de André Breton y su primera esposa, Simone Collinet, y de Peggy Guggenheim, que raras veces ha salido de su sede en Venecia.

El catálogo, en alemán e inglés, ofrece una introducción al surrealismo, reproduce las obras expuestas, contiene varios ensayos y una cronología de este movimiento. La próxima para de la muestra será el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas, Bélgica, de marzo a julio de 2012.

Dos obras sagradas de Mario Botta en Suiza


Fecha Publicación: 2011-10-14T16:20:00.080+02:00

Mario Botta (Mendrisio, 1943), uno de los arquitectos suizos con mayor reconocimiento nacional e internacional, ha convertido algunos de sus diseños en obras de arte y en una referencia de la arquitectura contemporánea, gracias a su estilo geométrico que conjuga el espacio, la geografía y la luz.

Botta, influenciado por dos grandes arquitectos del siglo XX: Le Corbusier y Louis Kahn, con quienes colaboró cuando todavía era un estudiante, es profeta en su tierra. Sus diseños de casas, bancos, iglesias, museos, instituciones públicas y privadas están por toda Suiza, principalmente en el Tesino, región de la que proviene y en la que sigue viviendo. El Museo Jean Tinguely de Basilea (arriba, foto 1), la Estación de Funicular de Cardada, la Biblioteca del Convento de los Capuchinos de Lugano, el Banco del Estado de Friburgo, el edificio de Swisscom de Bellinzona, el Tschuggen Bergoase Spa de Arosa (foto 2, contigua al museo), la Escenografía de la Ópera de Zúrich, la Residencia de Ancianos de Novazzano, las iglesias San Juan Bautista de Mogno y Santa Maria degli Angeli del Monte Tamaro, son algunas de sus creaciones.







La variedad de diseños y una trayectoria de dos décadas le abrieron las puertas para su incursión en el extranjero. A la Casa de la Cultura André Malraux en Chambéry (Francia) le siguieron el Museo de Arte de la Universidad de Quinghua en Beijing (China), la galería de arte Watari-um en Tokio (Japón), el Museo de Arte Moderno de Trento y Rovereto (Italia), el Museo de Arte Moderno de San Francisco (EEUU), la Torre Kyobo de Seúl (Corea del Sur), la Biblioteca Municipal de Dortmund (Alemania), la Sinagoga Cymbalista de Tel Aviv (Israel), entre otros. Arriba, foto 1/Catedral de Évry (Francia), 2/El MOMA de San Francisco, 3/La Sinagoga de Tel Aviv.

Con el reconocimiento que goza y los innumerables premios internacionales recibidos sorprende que todavía no le hayan otorgado el Pritzker, el galardón más prestigioso en el campo de la arquitectura, y que ya obtuvieron sus compatriotas Peter Zumthor y Jacques Herzog y Pierre de Meuron.

Sus obras sagradas en Suiza
Las iglesias San Juan Bautista y Santa Maria degli Angeli, ambas en el Tesino, son dos joyas arquitectónicas que sobresalen, entre otros, por sus formas curvilíneas, las mismas que también están en muchas de sus obras. Son recintos sagrados sobrios, elegantes, sofisticados y a la vez sencillos, y lugares de peregrinaje turístico.

“Me fascinan las iglesias porque en ellas tienes la sensación de ser el protagonista. En realidad, deberías ser capaz de entrar en una iglesia y sentir que estás en el centro del universo”, sostiene el arquitecto.

La iglesia San Juan Bautista
Está situada en el caserío de Mogno (1180 msnm), en las montañas del valle Maggia. Se puede llegar por bus, media hora desde Locarno, y a pie, alrededor de cuatro horas desde Bignasco. La ruta a pie es muy bonita, combina montañas, antiguos caminos de piedra y pueblos pintorescos. Debajo, foto 1/Bignasco, 2/Menzonio, 3/Peccia, 4/Fusio.







El origen de la iglesia de Botta está en el alud que destruyó Mogno en 1986. La construcción es ovalada con techo oblicuo acristalado por donde entra la luz natural. No tiene ventanas. El material usado es el mármol y granito provenientes de la zona.







Está decorada con rayas de color blanco y negro, y en el interior, además de rayas hay cuadrados que se asemejan a un tablero de ajedrez. El recinto es pequeño, caben unas quince personas, que hace difícil estar a solas, ya que hay gente que entra y sale permanentemente, aún así reina la tranquilidad.

La iglesia Santa Maria degli Angeli
Se ubica en la cima del Alpe Foppa (1567 msnm), en el parque de diversiones Monte Tamaro, del millonario suizo Egidio Cattaneo, quien comisionó a Botta la construcción de la iglesia en memoria de su esposa fallecida. El arquitecto tesinés tuvo libertad absoluta en el diseño y la ubicación. El material de construcción usado, piedras locales, se mimetiza con el color de la tierra y ayuda a encajar armoniosamente con la geografía. En el primer nivel, empezando de arriba, una plataforma horizontal lleva hacia un pequeño cubo, mirador, de barras de metal con una cruz (arriba, foto 4), que prolonga la vista hasta el infinito, o hasta la montaña de enfrente.

Curvas proporcionales unen los dos niveles y se comunican por dos escaleras al aire libre y por otra estrecha interna en cuyo techo (debajo, foto 1) está pintado un ciprés gigante negro que termina en la sala principal y se une al fresco de dos manos extendidas (foto 2), en color azul, ambas obras del destacado pintor italiano Enzo Cucchi. En el recinto también hay veintidós paneles con ventanas de vidrio e iconografía mariana (foto 3). Por las lunas transparentes de las ventanas se filtra la luz natural y el paisaje, provocando una conexión estrecha con el exterior. Egidio Cattaneo, Mario Botta y Enzo Cucchi, los tres protagonistas de este proyecto, quedaron eternizados en una gran campana que se suspende en uno de los lados.







Hay dos vías de llegada, una con el teleférico desde la ciudad de Rivera y que dura veinte minutos, y otra a pie, cuyo punto inicial es en el Monte Lema (1624 msnm) y tarda casi seis horas. Esta ruta, a diferencia de la que lleva a pie a la iglesia de Mogno, se hace por montañas, dos de ellas bastante verticales para subir: el Gradiccioli (1936 msnm) y el Tamaro (1961 msnm). La vista está dominada por la inmensidad de la naturaleza y por ciudades suizas e italianas, ubicadas a ambos lados de la frontera.

Las seis primeras fotos provienen del internet, las 20 restantes, de las iglesias suizas y del recorrido a pie, fueron tomadas por
Liana Cisneros.

Esta vez si llegó Polanski al Festival de Zúrich


Fecha Publicación: 2011-09-28T09:27:00.118+02:00

El cineasta franco-polaco Roman Polanski, bastante conmovido, recibió por fin este martes el premio de honor (Tribute Award) que hace dos años le otorgó el Festival de Cine de Zúrich, y que no pudo recibir en su momento porque al pisar territorio suizo fue arrestado, acusado por presunto abuso sexual cometido décadas atrás en Estados Unidos. Fotos de R. Polanski ©Liana Cisneros.

Su pesadilla terminó y el destacado director escogió al festival como el vehículo para reconciliarse con un país que tanto quiere. En su breve discurso agradeció primero a sus carceleros de la prisión donde permaneció durante varios meses. “Hay muchos momentos de estos dos años que prefiero olvidar, pero me gustaría agradecer a todos aquellos que me ayudaron a superar esta prueba, en particular al personal de la prisión, que se esforzó por hacer mis estancia más llevadera, dijo. Se despidió en medio de calurosos aplausos y poniendo música en los oídos de los suizos presentes en el auditorio: “amo venir a Suiza y lo seguiré haciendo”.

Polanski fue sin duda una fuerte inyección publicitaria para el séptimo Festival de Cine de Zúrich (22.09-2.10), evento que lucha por conquistar su lugar y no quedar relegado a la sombra de los dos festivales suizos más importantes: Locarno y Friburgo. A la entrada del cine Corso, sede central del festival, innumerables fotógrafos y periodistas se apostaron desde temprano para ver a Polanski caminar por la alfombra verde y recibir su premio.

Además de Polanski, hay otros nombre que brillan en estos días soleados en la capital financiera suiza. El domingo estuvo el británico Jeremy Irons, esta noche le toca el turno al estadounidense Sean Penn, y en los próximos días estarán los directores, el canadiense Paul Haggis y el mexicano Alejandro Gonzalez Iñárritu, los tres últimos para ser homenajeados. Fotos de J. Irons ©Liana Cisneros.

Irons presentó su última película, Margin call, que co-protagoniza con Kevin Spacey. A su paso por el festival se mostró simpático, amable y con buen humor. Firmó autógrafos, respondió preguntas de los medios, y se quedó con el público para ver la película.

Uno de los ganchos de este año es la sección Gala Premiers, con películas estrenadas recientemente en festivales internacionales. Una de ellas es Un método peligroso (Dangerous method), del canadiense David Cronenberg, que trata sobre la amistad y ruptura entre el padre del psicoanálisis, el austriaco Sigmund Freud, y el psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung. El elenco liderado por Viggo Mortensen, Michael Fassbender, Keira Knightley y Vincent Cassel hace un magnífico trabajo. El film se conecta perfectamente con el festival y la ciudad, ya que parte de la historia transcurre en Zúrich y Küsnacht, lugares donde vivió Jung, aunque por cuestiones de escenario tuvieron que filmar alrededor del Lago de Constanza (Alemania). Otras más con entradas agotadas son: Shame, del británico Steve McQueen; Contagion y Restless, de los estadounidenses Steven Soderbergh y Gus van Sant, respectivamente; y Melancholia, del danés Tiers von Trier.




En la Sección Internacional compiten por el premio mayor, el Golden Eye, trece largometrajes, y entre las favoritas están: la iraní Circumstance (arriba, foto 1, seguida por la de Las acacias y Vaquero), de Maryam Keshavarz; las argentinas Las Acacias, de Pablo Giogelli y Vaquero, de Juan Menujín; la española El color del océano, de Maggie Peren; la noruega Happy, Happy, de Anne Sewitsky; la sudafricana Beauty, de Oliver Hermanus; la rusa Gromozeka, de Vladimir Kott, entre otros.

En la sección Nuevos Horizontes Turquía es el país invitado, con seis largometrajes y 8 cortos, todos producidos recientemente por jóvenes directores. Entre los largometrajes imperdibles están: Broken mussels (al inicio de este párrafo, foto 1) de Seyfettin Tokmak; Our grand despair (foto 2), de Seyfi Teoman; y Ecumenopolis: City without limits, de Imre Azem. Fotos de las películas ©7. Festival de Cine de Zúrich.

Cine latinoamericano
Si bien la presencia del cine latinoamericano es limitada no falta. Además de las dos argentinas de la sección internacional de largometrajes compiten dos documentales también en la sección Internacional: Cordero de Dios, de la mexicana Alejandra Sánchez; y O samba que mora em mim, de la brasileña Georgia Guerra-Peixe. En los últimos años no han faltado películas argentinas en competencia, y al respecto le pregunto al Director Artístico, Karl Spoerri. Con una sonrisa de sorpresa, dice no hay una razón, pero podría estar relacionado con que hace unos años Argentina fue país invitado de la sección Nuevos Horizontes. Rápidamente, y sabiendo de mi origen, me comenta que La teta asustada, de Claudia Llosa, compitió en 2009, después de ganar el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín.

Las acacias, primer largometraje de Giogelli, es la historia del camionero Rubén que en su ruta entre Asunción (Paraguay) y Buenos Aires, llevando madera, recoge a Jacinta y su hija de ocho meses, Anahí. El viaje parece demasiado largo en un inicio, pero ya no cuando, poco a poco, comienza a surgir una relación entre los tres. El film llega al festival con dos premios importantes obtenidos en los últimos festivales de Cannes (Caméra d’Or) y San Sebastian (Horizontes Latinos). Se esperaba a su director pero no llegó.

Vaquero, ópera prima de Juan Menujín (al costado, foto ©Liana Cisneros), director, guionista y protagonista del film, es la historia de Julián Lamar, un actor neurótico que busca trabajar en un Western norteamericano que se filmará en Argentina. Menujín reconoce que su película tiene parte de él. “Tiene un montón. No es autobiográfica, pero las mismas preguntas que Lamar se hace han dado vuelta también en mi cabeza”. El film, estrenado ya en los festivales de cine de Buenos Aires (Bafici) y Toronto, seguirá su recorrido por otros más. De Zúrich se va a Río (Brasil), y luego a Estocolmo (Suecia), Varsovia (Polonia) y Cartagena (Colombia).

El documental Cordero de Dios es la historia de Jesús, un joven mexicano que a los 12 años fue violado por un cura católico. O samba que mora em mim trata sobre la vida de los habitantes de la favela Morro da Mangueira, en Río de Janeiro. El film rescata el lado positivo de la gente, y no cae en los tópicos recurrentes de violencia y crimen con que es conocida esta favela.

Daniel Barenboim cierra el Festival de Lucerna


Fecha Publicación: 2011-09-23T23:39:00.103+02:00

El Festival de Lucerna de Verano no pudo finalizar mejor (18.09) su edición de este año que con la brillante interpretación de Die Walküre (La valquiria), de Richard Wagner (1813-1883), a cargo del director argentino-israelí Daniel Barenboim (1942) y la Staatskapelle Berlin.

Al apasionante drama musical de Wagner se unieron la soprano sueca Nina Stemme, el tenor alemán Peter Seiffert y el bajo coreano Kwangchul Youn. El dúo europeo dominó la presentación, pero el cantante coreano, dotado de una voz potente, a veces rígida, concentró gran atención.

En la primera parte, Barenboim, intercambió sus roles de director y pianista. Sus solos de piano eran breves y únicamente al inicio de los cinco movimientos, luego se incorporaba rápidamente al podio para dirigir. Anotaciones, una serie de versiones orquestales que Barenboim comisionó al legendario Pierre Boulez (1925) en 1975 cuando dirigía la Orquesta de París. Anotaciones incluyó las versiones originales para piano que Boulez compuso cuando tenía 20 años. Las cinco primeras fotos ©Priska Ketterer, Lucerne Festival.

Barenboim ha sido una de las estrellas principales del Festival de Lucerna. Realizó cuatro presentaciones, una con la Orquesta West-Eastern Divan (al costado, ambas fotos. ©Peter Fischli, Lucerne Festival), y tres con la Staatskapelle Berlin, bajo su dirección desde 1992. El repertorio incluyó música de Ludwig van Beethoven, Wolfgang Amadeus Mozart, Franz Liszt, Anton Bruckner, además de los dos antes mencionados.

Barenboim es un ferviente admirador y claro defensor del compositor alemán Richard Wagner, asociado con el nazismo y músico predilecto de Adolfo Hitler. “Algún día debemos liberar a Wagner de ese fardo... Es que los nazis y Hitler vieron en Wagner un profeta propio... Esto influye sobre la percepción de Wagner que tiene mucha gente”, viene repitiendo el músico.

Ha dedicado su vida a la música, y antes de cumplir los diez años había sido considerado un fenómenos musical. A los cinco años empezó a tomar clases de piano, a los siete dio su primer concierto, a los diez debutó en Europa y Estados Unidos. A los diez años llegó a vivir en Israel con su familia. Después de seguir una educación musical esmerada tomó clases de piano con la célebre maestra belga Nadia Boulanger, la misma que había formado a otros importantes músicos, entre ellos, a su compatriota Astor Piazzola y al propulsor del minimalismo, el estadounidense Philipp Glass. A punto de cumplir los setenta años es el músico latinoamericano más prominente, reconocido internacionalmente y premiado por doquier.

Es un músico prolífico y versátil, a la extensa lista de discos de música clásica se suman los grabado con otros ritmos: Mi Buenos Aires querido (1996), una selección de tangos interpretados por él, Rodolfo Mederos y Héctor Console; Brazilian Raphsody (2000), con temas de Antonio Carlos Jobim, Heitor Villa-Lobos y Milton Nascimento; y Tribute to Ellington (1999), con varios músicos y la voz maravillosa de Dianne Reeves (y Don Byron). Además ha escrito El sonido es vida. El poder de la música (2008), y es co-autor de Paralelismos y paradojas, conversaciones con Edward Said, entre otros.

El músico que quiere componer el mundo
Barenboim fundó, junto con el filósofo palestino Edward Said, la Orquesta West-Eastern Divan, que reúne a jóvenes músicos árabes e israelitas. El nombre de la orquesta ha salido de la colección de poemas del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) llamada West-Eastern Divan (Diván de Oriente y Occidente, 1819).

“Esta orquesta lleva el mensaje de que tenemos que acostumbrarnos a vivir juntos. Este maldito conflicto no es ni militar, ni político. Es un conflicto humano de dos pueblos que están profundamente convencidos de tener el derecho de vivir en el mismo pequeño pedazo de tierra. Es muy difícil resolverlo”, decía en una entrevista, el músico que ahora también es ciudadano palestino.

La Orquesta West-Eastern Divan (fotos ©Peter Fischli, Lucerne Festival), que desde el 2002 tiene su base en Sevilla (España), se reúne cada verano para ensayar y después salir en gira mundial. La repercusión de este proyecto es invaluable y los premios no se han hecho esperar. Barenboim y Edward Said recibieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2002, también el Bundesverdienstkreuz Grosses, el más alto tributo a una persona que no es un jefe de Estado. En 2006 ganó el premio Kulturgroschen, el Premio de la Paz de la Fundación Korn y Gerstenmann. Naciones Unidas lo nombró Mensajero de la Paz. Con ese mismo espíritu de tolerancia que le caracteriza ha creado jardines de infancia musical en Ramala y Berlín.

Una iniciativa argentina acaba de postularlo para el Premio Nobel de la Paz de este año, por su contribución a la reconciliación en Medio Oriente a través de la música, un premio que en su caso, contrario a algunos que lo obtuvieron, estaría más que merecido.

Bruno Ganz y Roberto Bolaño juntos


Fecha Publicación: 2011-09-18T21:40:00.116+02:00

La consolidación de la figura mítica del escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003) sigue en ascenso. Es el autor latinoamericano más traducido de los últimos años en Estados Unidos, y su obra inspira, de sur a norte, a escritores, cineastas, escultores, pintores y académicos. Los homenajes póstumo de diversa índole se multiplican, y es así que el genial actor suizo Bruno Ganz (1941) leyó textos de su novela 2666 hace unos días en Zúrich. Foto 1/B. Ganz ©Liana Cisneros, 2/R. Bolaño ©Efe.

El evento, realizado en la ciudad natal de Ganz y en una fecha simbólica para los chilenos, el 11 de septiembre, ha sido organizado por la prestigiosa revista Du, que además su edición de septiembre dedica a Bolaño, en un Kaufleuten abarrotado por un público de diferentes edades que fue en busca de estas dos grandes figuras del arte.

Bruno Ganz, quien hizo su aparición con barba blanca y lentes redondos, se enfrascó inmediatamente en la lectura en alemán de algunos textos de la segunda parte de 2666, centrada en Amalfitano, un profesor de filosofía de origen chileno, y su mundo. Con su voz teatral ayudó a emerger a personajes cercanos al protagonista, a su ex esposa Lola, a su hija Rosa, y también a ciudades, a Barcelona, Pamplona, Zaragoza, San Sebastián, Santiago de Compostela y París. Después de leer de corrido y de pie durante hora y cuarto, Ganz, se retiró en medio de fuertes aplausos.

Lo usual es verlo en la pantalla gigante o en festivales de cine pero no leyendo públicamente a un autor latinoamericano, aunque es sabido que sus intereses van más allá del cine y el teatro. Se ha involucrado en varios proyectos, dos de ellos (Il canto sospeso, de Luigi Nono y Egmont de Ludwig van Beethoven) con el director musical italiano Claudio Abbado y la Orquesta Filarmónica de Berlín. En su disco Wenn Wasser wäre, producido por Mafred Eicher, fundador del reputado sello alemán ECM, recita poemas de TS Eliot (EEUU, 1888-1965) y Seferis Giorgos (Grecia, 1900-1971) con fragmentos de la música de György Kurtág (Hungría, 1926), Giya Kancheli (Georgia, 1935) y Xydakis Nikos (Grecia, 1952). Foto ©Liana Cisneros.

Es el actor suizo mejor posicionado en la retina y memoria de los cinéfilos y eso gracias a sus roles protagónicos en El amigo americano y Las alas del deseo (al costado, en blanco y negro), de Wim Wenders; Nosferatu, de Werner Herzog; La eternidad y un día, de Theo Angelopoulos; La marquesa de O..., de Éric Rohmer; Youth Without Youth, de Francis Ford Coppola; Vitus, de Fredi M. Murer; El hundimiento (foto a color), de Oliver Hirschbiegel; Colores en la oscuridad, de Sophie Heldman.

El peso del mito Bolaño
El autor de Estrella distante (1996), Los detectives salvajes (1998), Nocturno de Chile (2000), Una novelita lumpen (2002), 2666 (2004), El Tercer Reich (2010), Putas asesinas (2001), El gaucho insufrible (2003), El secreto del mal (2007), entre otros, se ha convertido indudablemente en una marca deseada.

La galería Kurimanzutto inauguró recientemente, en la capital mexicana, la muestra Estrella distante, con pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones inspiradas en su obra. Participan alrededor de cuarenta artistas: los estadounidenses Carl Andre y Patti Smith, el brasileño Cildo Meireles, el argentino Rirkrit Tiravanija, los mexicanos Carlos Amorales y Miguel Calderón, la libanesa Akram Zaatari, y otros más. La muestra empezó su recorrido en la galería Regen Project en Los Ángeles (EEUU).

Ya está en proceso la primera película sobre la obra de Bolaño. La cineasta chilena Alicia Scherson está trabajando en El futuro, película basada en Una novelita lumpen. La coproducción chileno-alemana, protagonizada por el mexicano Gael García Bernal, sería estrenada el próximo año.

Si bien la obra de Bolaño es ampliamente valorada es en Estados Unidos en donde la crítica lo subió a la cima, y casi lo ha canonizado como el Che Guevara de la literatura latinoamericana. En ese país cuenta con una legión envidiable de seguidores, desde la escritora Susan Sontag (1933-2004) que dijo que era “el más influyente y admirado novelista en lengua española de su generación”. La cantante y poeta Patti Smith (al costado, © J. Lizón/Efe) dice que 2666 “es la primera obra maestra del siglo XXI... Es la novela del nuevo milenio”. La popular presentadora de TV Oprah Winfrey escribió, antes del lanzamiento en inglés de 2666: Al sostener en público una copia en prueba de 2666 me sentía como si tuviese la nueva entrega de Harry Potter en un colegio. Hasta media docena de extraños se acercaron para preguntarme por lo último de un autor al que admiraban profundamente”.

Los elogios y el agresivo marketing son solo algunos de los elementos que ayudado a crear el mito alrededor del autor chileno. El escritor hondureño Horacio Castellanos Moya sostiene que además jugó un papel importante el hecho de que las editoriales buscaban a un escritor latinoamericano para reemplazar a Gabriel García Márquez en el mercado en inglés. Sarah Pollack, profesora de la City University de Nueva York, da en el blanco. “El genio creativo de Bolaño, su atractiva biografía, su experiencia personal en el golpe de Pinochet, la calificación de algunas de sus obras como novelas de las dictaduras del Cono Sur y su muerte en 2003 a causa de una falla hepática a sus cincuenta años de edad contribuyeron a "producir" la figura del autor para la recepción y el consumo en Estados Unidos, incluso antes de que se propagara la lectura de sus obras”, sostiene Pollack en su ensayo Latin America Translated (Again): Roberto Bolaño´s The Savage Detectives in the United States.

Sin embargo, el Premio Nobel de Literatura 2010, el peruano Mario Vargas Llosa, rescata lo relacionado con este fenómeno del mito y considera que más bien eso ha servido para potenciar el reconocimiento de una obra donde hay originalidad y calidad.

La Meca de la música clásica


Fecha Publicación: 2011-09-14T16:49:00.079+02:00

Dos grandes maestros de la música clásica del siglo XX, Claudio Abbado (Italia, 1933) y Pierre Boulez (Francia, 1925), y una audiencia de cerca de cien mil personas cada año, algunas venidas especialmente de China, Japón, Estados Unidos e Inglaterra, han convertido el Festival de Lucerna de Verano en la Meca, donde lo único que importa es la devoción por la música. Fotos 1/Fachada del KKL ©Liana Cisneros, 2/C. Abbado, 3/P. Boulez.

El festival, cuyos orígenes está en un concierto que el legendario director italiano Arturo Toscanini (al costado) dio en 1938, acoge a las mejores orquestas y a los célebres directores y solistas. Aquí debutó el admirado director venezolano Gustavo Dudamel, junto a la Sinfónica de la Juventud Simón Bolívar, apadrinado nada menos que por Abbado.

El Festival de Verano (10 de agosto-18 de septiembre), encabezado por Abbado y Boulez, incluye este año 34 conciertos sinfónicos, además de música de cámara y eventos de solistas, y está dedicado al tema de la noche. En estas semanas ya han actuado las filarmónicas de Viena, Berlín e Israel, la Orquesta Sinfónica de Chicago y la Orquesta de Cámara de Europa. También los directores Simon Rattle, Zubin Mehta (en foto dirigiendo), Bernard Haitink, Daniel Harding, Riccardo Muti, Barenboim y Tan Dun y los jóvenes Yannick Nézet-Séguin y Vladimir Jurowski (al lado de Mehta). Entre los solistas estuvieron los pianistas Radu Lapu, Maurizio Pollini, Jean-Yves Thibaudet y Yefim Bronfman, y la violinista Anne-Sophie Mutter.

En la serie Debut actuaron ocho de los nueve jóvenes músicos, los chelistas Mi Zhou (China) y Leonard Elschenbroich (Alemania), la acordeonista Ksenija Sidorova (Latvia), la pianista Anna Vinnitskaya (Rusia), el violinista Michael Barenboim (Francia), y queda para los próximos días el violinista ruso Eugene Ugorski (arriba, al costado de Mi Zhou). En los más de 40 años de historia de esta serie han debutado figuras destacadas, entre ellas las chelistas Jacqueline du Pré (Francia, 1965) y Sol Gabetta (Argentina, 2001), y el barítono suizo Kurt Widmer (1967).

Para los días que vienen quedan más nombres conocidos, dos de los platos fuertes: el compositor austriaco residente, Georg Friedrich Haas (a la izquierda), con su ópera de cámara Nacht (Noche), y el director y pianista argentino-israelí Daniel Barenboim, quien clausurará en compañía de la Staatskapelle de Berlin.

Además, el festival contagió, más que el año pasado, a la ciudad de Lucerna, y llevó varios eventos a otros espacios cerrados y al aire libre, diferentes del elegante auditorio del KKL. El público pudo disfrutar de la Noche-Balcánica, Noche-Tango y del festival en las calles, con grupos de Asia, Africa y Europa. Al costado, foto 1/Sidare (Irak), 2/Adesa (Ghana) de la sección el ´Festival de Lucerna en las calles´.

Una muestra de los que tocaron
El pianista italiano Maurizio Pollini (1942) presentó Perspectivas Pollini 1 y 2, sonatas de Beethoven y obras comisionadas. En Perspectivas 1 (17 Agosto) incluyó El rumor del tiempo, compuesto por su compatriota Giacomo Manzoni (1932) para el festival, basado en textos rusos, alemanes, e italianos. En la interpretación le acompañaron Anna Prohaska (soprano), Christophe Desjardins (viola), Alain Damiens (clarinete) y Daniel Ciampolini (batería), una melodía perturbadora e impregnada de cierta frialdad. “La elección de los textos revela a Manzoni no sólo que es artísticamente multifacético, sino que también es un compositor poco interesado en el prestigio de su técnica que en el mundo de las experiencias personales. En lugar de centrar la atención en su oficio de composición, lo que toma en cuenta es la función comunicativa de la música, la idea de hablar con sus colegas a través del trabajo”, resume con acierto Mark Schulze Steiner.

El holandés Bernard Johan Herman Haitink (1929) dirigió la Orquesta de Cámara de Europa (25 agosto) con obras de Johannes Brahms, uno de sus músicos favoritos. Obertura Trágica en R Menor y Sinfonía No. 4, op. 98 fueron interpretadas con maestría, aunque la última probablemente ha sido una de las versiones más sublimes, dramática, pasional, con aires de pasacalle y con un final contundente.

El director suizo Édouard Charles Dutoit (1936) llegó con la Orquesta de Filadelfia (27 agosto), y en la primera parte con un invitado especial, el pianista francés Jean-Yves Thibaudet (1961), para Concierto para Piano y Orquesta No. 2, de Franz Liszt (Austria, 1811-1886), una obra dividida en seis partes e interpretada de corrido, con movimientos que resaltaron los solos de piano y de la orquestación. Finalizó el concierto con Sinfonía fantástica, de Hector Berlioz (Francia, 1803-1886), una obra lenta, melancólica y emocional, inspirada en los sentimientos que Berlioz experimentó cuando se enamoró de la actriz irlandesa Harriet Smithson.

El italiano Riccardo Muti (1941) dirigió la Orquesta Sinfónica de Chicago (29 de agosto). En la primera parte con Sinfonía en Mi de Paul Hindemith (Alemania, 1895-1963) resaltaron los movimientos marciales, de gran fanfarria, desconcertantes y desordenados, pero fáciles de seguir. El concierto cerró con Aus Italien op. 16, de Richard Strauss (Alemania, 1864-1949), entre valses y marchas y con un final apoteósico. Strauss se inspiró en un viaje por varias ciudades de Italia.

Fotos ©Lucerne Festival, excepto la primera que está mencionada al inicio.

De la carpintería a los museos y galerías


Fecha Publicación: 2011-09-05T11:59:00.120+02:00






Desarmar y rearmar con creatividad e imaginación lúdica objetos de madera de uso cotidiano es lo que caracteriza el trabajo del escultor uruguayo Wifredo Díaz Valdéz (1932), quien en estos días expone por primera vez en Suiza. La muestra Construir Desconstruyendo está en el Museo Daros de Zúrich hasta el 6 de noviembre. Foto 1, de izquierda a derecha, ©Daros.

Díaz Valdéz rescata del abandono y desuso muebles, cajas, puertas, ruedas para darles atemporalidad, con la ayuda de clavijas y bisagras. En este proceso creativo confluyen destreza, precisión y talento de maestro carpintero, que de no ser así le sería casi imposible moldear trozos de madera impenetrables como el quebracho.






Las obras expuestas poseen un marcado simbolismo, y buscan hasta cierto punto contacto físico con el público. Se necesitan abrir minúsculas puertas o manipular el exterior para ver la transformación y metamorfosis que sufrieron en su “alma”. El pie de una lámpara es una nave espacial (al inicio de este párrafo, foto 1. ©Daros). Un trozo de quebracho es una especie de instrumento musical de fino acabado (Foto 2/Estela roja, 1997. ©Daros). Recipientes para beber el tradicional mate son esculturas extrañas y abstractas. Las bochas (foto 3), pelotas con las que se juega ese deporte popular en Uruguay desde principios del siglo XX, son como piezas de Lego, y un ´palo de gallinero´ es una bellísima obra, completamente alejada de su uso original (foto 4).

Díaz Valdéz es autodidacta, estudió hasta tercer año de secundaria, llegó al arte a través de la carpintería, oficio que aprendió de adolescente en su remoto pueblo natal, Treinta y Trés. A los treinta años comenzó a hacer tallados en madera, explorando e investigando el origen del material.

Su evolución de la carpintería a la escultura se dio de manera progresiva y por un golpe de suerte. Quiso aprender dibujo pero no era posible, sus manos estaban muy dañadas por el uso de herramientas de carpintería. ... iba al Círculo de Bellas Artes tratando de aprender dibujo y cuando vio [el profesor Jorge Damiani] que era tan torpe para manejarme con el lápiz me preguntó lo que hacía. Digo ´yo soy carpintero.´ Y me preguntó si él podía ver algo de lo que hacía... Le llevo un trabajito y a él le llama mucho la atención. Y me dice ´Pero esto está muy bien, esto es muy original, formidable. ¿Tenés más? ¿Puedo ir a tu casa? Quiero ver más. Bueno, yo me quedé paralizado, no tenía respuesta... Y después de que él fuera a mi casa y viera mis trabajos, me sugirió hacer una exposición, cuenta en una extensa entrevista para el catálogo de Daros. El resto es historia.

De paso por Zúrich, Díaz Valdéz reflexiona sobre ese proceso de esta manera: “La artesanía se define por ser utilitaria y el arte por los espacios. Esta pieza, señalando La Rueda (1988), lo hizo un campesino generacionalmente de la época de mis abuelos y son mis nietos quienes tendrían que recuperarla y darle otro ciclo de vida. Artesanía y arte se entrelazan gracias a la evolución en el tiempo.”

En sus inicios, los críticos querían saber cuál había sido su escuela y trataban de etiquetarlo, algunos no tardaron en colocarlo cerca del deconstruccionismo. Un día, en medio de una presentación, comentaron que seguramente era un lector y admirador de Jacques Derrida (Argelia-Francia, 1930-2004), influyente pensador y filósofo contemporáneo, el padre del deconstruccionismo. “¿Quién es? No lo conozco”, recuerda que dijo.

La mayoría de sus exposiciones, individuales y colectivas, se han realizado en su país, sin embargo el reconocimiento traspasó las fronteras. Ha sido homenajeado con el Premio Nacional Pedro Figari del Banco Central del Uruguay (1999) y en 1992 con el Mid American arts Alliance (MAAA), Kansas City, Estados Unidos, entre otros. Sus obras ya están en el Museo Nacional de Artes Visuales, Museo Paraguayo de Arte Contemporáneo, Fundación San Telmo (Buenos Aires), Fundación Museo de Bellas Artes de Caracas, Colección BID (Washington), Colección Banco Central (Montevideo), entre otros. Díaz Valdéz rodeado de su esposa, Ilda Villanueva, y del director de Daros, Hans-Michael Herzog.

La política presente en su obra
El aspecto político está muy presente en su obra, plasmado claramente en América del Sur (1997), un pájaro con las alas encadenadas. “Uruguay, país democrático de larga data, salía de una traumática dictadura militar. Si mirábamos más allá casi toda América del Sur tenía gobiernos dictatoriales. Con esta obra quise graficar que éramos ricos, con capacidad de volar pero no podíamos hacerlo”, sostiene. Su obra Butaca (1984), o silla de burócrata como gusta llamarla, “es un recipiente que provoca celos o intrigas porque se puede llevar o quitar. Es el recipiente de un hombre transitorio a desplazar”, comenta con su humor tan uruguayo.

Durante la dictadura militar uruguaya muchos tuvieron que dejar el país, Díaz Valdéz se quedó. Me encerré y no participé en nada hasta que volvió la democracia. No mostré mi trabajo. Mi actitud era de no participar en nada oficial, porque lo que se manejaba como oficial era fraudulento”, puntualiza. Uruguay volvió a la democracia en 1985. “Los uruguayos venimos de una tradición democrática, de discusiones en los bares. Todos participan en la toma de decisiones, se invita y consulta a los partidos y a la población. El presidente José Mujica no ha prohibido nuestras libertades. Es muy importante su rol, es creíble en todos los planos. Es un campesino con solvencia ética que parece haberse formado en un convento por lo austero que es”, manifiesta.

Fotos ©Liana Cisneros, excepto tres que están mencionadas arriba.

Hungría, un país imperdible


Fecha Publicación: 2011-08-29T13:51:00.084+02:00






Hungría es un país sumamente atractivo e interesante, atrapa de inmediato, más en días soleados cuando resalta la belleza de las ciudades y los paisajes. El idioma inentendible, que no se parece a otro, no es una barrera. Los simpáticos y acogedores húngaros entablan comunicación a través de gestos y muchos hablan otros idiomas. No es un país con mar pero tiene su ´mar´, el lago Balaton. También tiene el lago termal curativo más grande de Europa, en Hévíz. El río Danubio es una presencia vital y un medio de transporte eficiente. Qué decir de la deslumbrante Budapest, o de las calles empedradas de Zsentendre, o de la magnífica Pécs, o del arte que está por todos lados.

El esplendor de Budapest
Budapest es una ciudad deslumbrante e intensa. En términos arquitectónicos es grandiosa y monumental. A veces parece infinita y cuesta abarcar el panorama con la mirada. Los puentes, el parlamento
(en primera fila de fotos, 2/fachada del parlamento en la otra orilla del río Danubio), los baños termales y otras edificaciones son de una época de boato. En el Mercado Central, un edificio de fines del siglo XIX, premiado internacionalmente (en segunda fila de fotos, la fachada del mercado y en foto contigua un puesto de venta con condimentos locales), confluyen colores, olores y sabores que salen de los productos frescos y secos, de los panes y pasteles recién hechos, y de las frutas y vegetales. Hay también puestos de venta de ropa y recuerdos húngaros y restaurantes.

Cuando se comenta con algunos húngaros que Budapest es una ciudad bella, agradecen el cumplido con humildad y agregan que está descuidada y sucia. Aun así no deja de ser bella. En estos días hay dos exposiciones que valen la pena visitar. En el Museo de Bellas Artes, en la Plaza de los Héroes, está la muestra Los ocho, incluye las obras de ocho pintores húngaros (Róbert Berény, Dezső Czigány, Béla Czóbel, Károly Kernstok, Ödön Márffy, Dezső Orbán, Bertalan Pór, Lajos Tihanyi) que crearon su propio estilo -a inicios del siglo XX- inspirados en el arte francés moderno, en los fauvistas, en Matisse y Cézanne. Los ocho pintores coincidieron en una misma época con otros artistas y pensadores reconocidos, entre ellos el poeta Endre Ady, los compositores Béla Bartók y Zoltán Kodály y el filósofo György Lukács. A pocas cuadras de Bellas Artes, en el Parque de la Ciudad o Parque Városliget, está la exposición al aire libre Arte en el Lago, con esculturas de veinticinco artistas europeos sumergidas en el agua, en un escenario espectacular, al frente del Castillo Vajdahunyad (arriba, foto 1/Esperando por pájaros, Josef Bernhardt; 2/Lazo redondeado, Zenó Kelemen).

Szentendre, la herencia serbia
Szentendre, en español San Andrés, es un pueblo a 25 km de Budapest, al que se puede ir en tren, barco -a través del Danubio-, y bicicleta. Parte de su encanto radica en las calles empedradas, la arquitectura, las casas de colores -muchas de ellas convertidas en galerías de arte-, y torres de iglesias que sobresalen. Iglesias ortodoxas (foto 1, de izquierda a derecha) y una comunidad serbia son la contribución de los inmigrantes serbios llegados hace varios siglos atrás escapando de la guerra. En las calles céntricas hay cafés, restaurantes y heladerías en terrazas acogedoras. Las varias galerías de arte venden joyas, ropa y otros productos diseñados por artistas locales y de la capital. En una de las pequeñas calles se encuentra el museo del mazapán.

Pécs, la herencia turca
Pécs (se pronuncia Peich) tiene, entre otras, la influencia turca, resultado de 150 años de ocupación del imperio Otomano. Los restos de baños turcos, la fachada de la ahora iglesia católica antes una gran mezquita, y la mezquita Gazi Kasim Pasha, son algunos de los legados de esa época. Es una joya arquitectónica de variados estilos, que dejaron la dominación de los romanos y mogoles. Pécs empieza a recuperar protagonismo después de décadas de exclusión, que se reforzó al ser nombrada Capital Europea el año pasado. La preciosa sinagoga, el mausoleo romano, la antigua farmacia Szerecsen (1764) hoy una tienda de productos exquisitos regionales pero conservando el mobiliario, o las casas en cuyos jardines colocan cerámicas y esculturas para la venta (Belsokert Galeria) son algunos de los lugares que hay que considerar durante la visita. Llegamos, por casualidad, el día en que se celebraba la noche larga de los museos, una oportunidad para recorrer los más de doce museos y galerías de arte. Fue como tomar un curso acelerado de cultura húngara. Hubieron conciertos, bailes y danzas tradicionales y modernas.

Pécs también es Zsolnay, la fábrica de porcelana, cerámica, y azulejos, que en el siglo XX se convirtió en la mayor empresa del imperio Austro Húngaro. Es una marca pionera del diseño artístico, con obras en diversas partes de Hungría. Está por ejemplo el techo de colores del Mercado Central de Budapest. La fábrica Zsolnay en Pécs sigue produciendo algunas cosas, aunque en menor cantidad. Al lado de la fábrica está el Museo Zsolnay en donde se puede ver las mejores piezas de su trabajo. La ciudad posee una variedad de obras Zsolnay, desde fuentes de agua (al costado, foto 1), el techo del edificio Art Nouveau del Correo (arriba al inicio de este bloque, foto 5) monumentos y una colección de obras en la municipalidad (al costado de la fuente).

Lago Balaton, el mar de los húngaros





Es el lago más grande de Europa Central, de un color verde claro poco usual. La superficie es plana hasta bien avanzada la orilla, parece una gran piscina (foto 2/bañistas en el lago). Alrededor del lago hay innumerables pueblos pintorescos (foto 3) y resorts, algunos en decadencia otros en mejores condiciones. Hay muchas opciones para hacer senderismo, los caminos conectan con bosques, y pueblos, como Badacsony, Balatonfüred, Fonyód, Keszthely, Siófok, Tihany.

Hévíz, el lago termal más grande de Europa





La razón de ser de Hévíz es el lago medicinal de agua caliente más extenso de Europa (alrededor de 5 ha), en medio de un bosques de 50 hectáreas. La vida cotidiana está en función del lago. Los turistas llegan por miles durante todo el año, buscando la cura para sus males reumáticos. Es conocido a nivel internacional desde finales del siglo XVIII. Llegamos a Hévíz a las 19:00 horas y acababan de cerrar el ingreso al lago. Por suerte una señora húngara generosa (arriba, Éva Kielmayer) convenció al gerente para que podamos visitar las instalaciones (a la derecha de E. K.) donde todavía habían bañistas.

Fotos ©Liana Cisneros

Tres días de música de los Alpes europeos


Fecha Publicación: 2011-08-19T11:12:00.106+02:00






Excelentes músicos de varios países alpinos de Europa se dieron cita días atrás (12-14 de agosto) en Altdorf, la capital del Cantón Uri, en Suiza, para el séptimo Festival Internacional de Música Alpentöne. Participaron artistas de Alemania, Eslovenia, Francia, Italia, Austria, Suiza y otros países.

El Alpentöne, que se realiza cada dos años desde 1999, es un festival singular en el que se permite todos los enfoques con la condición de que estos tengan alguna relación con los Alpes. El folk -o música folclórica- es el estilo base desde el cual se hacen las mezclas y fusiones con el jazz, clásico y otros géneros. También se incluyen historias orales, en un intento por preservar la cultura alpina, y un poco de humor.


Abundan los instrumentos de viento, como el acordeón, la flauta, el clarinete, el serpentón, la tuba, la gaita y la cornamusa. Los sonidos que se producen son variados y a veces inesperados e inusuales, al igual que la forma de algunos de los instrumentos. Los conciertos de este año se llevaron a cabo mayoritariamente en las noches, uno detrás de otro, dando tiempo al público para caminar -en el centro de la ciudad-, de un local a otro, del Teatro Uri a la iglesia San Martin, al Lehnplatz, a la Casa del Arte (Haus für Kunst) o al Bar Costa Rica, en donde la música se prolongaba hasta la madrugada.






Uri es uno de los cantones más montañosos de Suiza, y es ahí donde se originó la leyenda de Guillermo Tell. La sede del festival, Altdorf, está impregnada de la figura del mítico ballestero del siglo XIV que luchó por la independencia suiza. En el corazón de la ciudad está el monumento de Tell y su hijo (izquierda), además de restaurantes y otros que llevan su nombre.

El Alpentöne es un evento pequeño, dirigido principalmente a la población del cantón Uri (35,200 hab.). La infraestructura hotelera de Altdorf, una ciudad de 8,800 habitantes, no soportaría la invasión de miles de visitantes más. Aun así, los que vienen de otras partes de Suiza tienen que alojarse en los contados hoteles de pueblos cercanos. “Nos enteramos de este festival por casualidad. Hace varios años regresando de unas vacaciones en las montañas paramos en Altdorf y nos encontramos con este increible evento. Desde entonces no dejamos de venir”, señala una pareja de Zúrich.

Los habitantes de Altdorf, y del resto del cantón, son más amables que en otras partes de Suiza. “Tienen que tratar bien a los turistas porque de lo contrario no volverán”, me comenta un suizo de Baar. El cantón no posee grandes industrias y el turismo es su principal fuente de ingresos.

Estos son algunos de los grupos que participaron en el festival.
Ziegler-Baumann Ensemble (Suiza). Con un flauta japonesa, piano y clarinete, y una instalación de sonido (grabación en vivo) con fragmentos de textos e historias de varios lugares de Suiza (Brienz, Goms, Grisones, Glarus, Nidwalden, Obwalden) llevaron a viajar por una geografía imaginaria.

Alta Capella - Les haulz et les bas (Alemania/Turquía/EEUU/Francia/ Gran Bretaña). Música antigua exquisita en un escenario especial, la iglesia de San Martin. El serpentón del francés Michel Godard y la percusión del turco Maurat Coskun aportaron sonidos delicados.

Otto Lechner & Casal Quartett (Austria/Suiza). Lechner, destacado y admirado acordeonista austriaco, y el cuarteto suizo Casal reinterpretaron la música del clásico Joseph Haydn con un toque de jazz.

Musicbanda Franui (Austria). Composiciones clásicas de Franz Schubert, Johannes Brahms y Gustav Mahler, algunas cantadas, otras con textos hablados y una dosis de humor. Franui es el nombre de un pueblo austriaco de Tirol del Este, de donde proviene la mayoría de la banda.

Maja Osojnik Band (Eslovenia/Austria). Maya Osojnik, cantante, compositora y flautista eslovena es el alma del grupo. Los cuatro músicos tocaron temas tradicionales de Eslovenia, precedidas por sus respectivas historias. Maya vive desde hace muchos años en Viena (Austria) y canta en esloveno para no olvidar su idioma.

Alpentöne Blaorchester (Francia/Austria/ Italia/Suiza). La orquesta del festival, fundada en 2009 con músicos del cantón Uri, debutó acompañada de reconocidos músicos, dos de ellos destacados del jazz, Michel Godard y Wolfgang Puschnig, de estos últimos interpretó sus composiciones.

Música a orillas del Reuss










No podía faltar, como es usual en Suiza, una iniciativa que asociara arte y cultura con naturaleza. En el último día hubo una caminata con música alrededor del río Reuss (Klangspaziergang im Reussdelta). Los diferentes grupos se colocaron en un área de dos kilómetros y tocaron -por hora y media- para un público familiar. El día fue soleado y el paisaje incomparable: en un parque de Flüelen, la segunda ciudad de Uri, al costado del río Reuss y del lago de los Cuatro Cantones. Arriba, de izquierda a derecha, foto 1/Alpini Vernähmlasssig (Suiza), 2/Die Strottrotern in Blech (Austria), 3/Luke´s (Suiza), 4/Handorgel (Suiza), 5/Trío vocal Norn (Suiza), 6/Dúo Ur(i)-Klang (Suiza).

Ritmos variados estuvieron presente. Matthias Ziegler (primero de la izquierda) se sumergió en el siglo XVI con un tema del español Diego Ortiz. El grupo suizo Luke´s puso rock, y para sorpresa con un cajón peruano, instrumento originario de la costa. Alpenjodeln und Balkandudeln (Austria/Bosnia Herzegovina), al igual que las alemanas de Passauer Saudiandi - Gstanzi y las suizas del Trío vocal Norn pusieron un poco de todo, hasta de locura. El dúo Ur(i) – Klang, con los típicos Alpenhorn, interpretaron temas de la suiza alpina. Foto 2/Passauer Saudiandi - Gstanzi, 3/Alpenjodeln und Balkandudeln).

Fotos ©Liana Cisneros.

Film sobre terremoto en Chile compite por el Leopardo de Oro en Locarno


Fecha Publicación: 2011-08-12T12:12:00.047+02:00

El año del tigre, película del chileno Sebastián Lelio (1974) que compite por el Leopardo de Oro en el Festival de Cine Locarno, si bien se basa en hechos ocurridos en su país el año pasado podría haber salido de una de las novelas de su compatriota Hernán Rivera Letelier (1950).

El film narra la historia de Manuel, un preso que se fuga de la prisión luego del terremoto. En medio de la catástrofe regresa a su casa para buscar a su mujer e hija y no las encuentra. Desolado va en busca de su madre y la encuentra muerta. Deambula y sobrevive con lo que puede, intentando huir de su propia desolación y de una situación que le confronta con su nueva libertad.

El año 2010 fue un año violento, como el tigre del horóscopo chino. El terremoto en Chile hizo emerger a los protagonistas del film. “El maremoto arrastró un tigre de circo en su jaula y muchos presos se fugaron de las cárceles”, comenta Lelio en Locarno, antes del estreno mundial de su película, una de las veinte que compite en la sección Concorso Internazionale. “De alguna manera, el tigre y el preso son uno, hay una especie de conexión primaria muy directa entre ambos.”

La película fue filmada en el lugar de los hechos, en el sur de Chile. “Íbamos adaptándonos a la realidad y a partir de esas escenas adaptamos el guión. Los diálogos se realizaron en el lugar de la catástrofe y bajo la tensión del momento”, señala Lelio. “Queríamos que la devastación se viera con algo de belleza, haciendo una reverencia a lo ocurrido. Tuvimos el cuidado de no explotar la situación, sentimos que lo hicimos con respeto, pero también con la urgencia de filmar en escenarios reales”, precisa. El film tiene escenas memorables, como cuando Manuel entierra a su madre en pleno bosque y el cuerpo es cubierto de hojas que parecen láminas plateadas.

El año del tigre, tercer largometraje del cineasta chileno, después de La sagrada Familia (2005) y Navidad (2009), está impregnado de mística, religiosidad popular y metáforas, que se refuerza con una canción pegajosa y repetitiva del éxodo de la tierra de Canaán, la tierra prometida. Se desarrolla al borde de la ficción y el documental.

La actuación del actor chileno Luis Dibo como Manuel es destacada, muy compenetrado con su personaje. “Con Sebastian trabajamos arduo. Fuimos armando el personaje y el lenguaje corporal, que está al borde del precipicio, tratando de mantenerse vivo y de comprender el grado de devastación externa e interna. Era como ir a cazar cada día, Sebastian era como mi domador”, comenta Dibo (en la foto junto a Lelio).

El protagonista, que por coincidencia trabajó hace años en un circo, vio por primera vez terminada El año del tigre en Locarno y no pudo ocultar cierto nerviosismo y angustia. “Es que para mi fue desgarrador hacer esta película”, confiesa al terminar la proyección y arropado por los aplausos del público.

Con este film Chile vuelve al Concorso Internazionale de Locarno después de cuarentidos años, ya que en 1969, una película con un título parecido, Tres tristes tigres de Raúl Ruiz, ganó el Leopardo de Oro.

El genio de Gerard Depardieu
Gérard Depardieu estuvo en Locarno para recibir tributo, el que también estuvo dirigido al cineasta francés muerto Maurice Pialat (1925-2003), representado por su viuda, Sylvie.

“Gérard Depardieu y Maurice Pialat está entre las grandes asociaciones en la historia del cine. Cuatro excelentes películas en conjunto, una extraordinaria colaboración artística y de amistad, que hemos querido celebrar este año en Locarno, porque admiramos la obra de Maurice Pialat, porque le echamos de menos, y porque Gérard Depardieu, la superestrella del cine francés, sigue estando para sorprendernos”, resumía Olivier Père, director artístico del festival, de esta dupla que hizo Loulou (1980), Police (1985), Sous le Soleil de Satan (1987) y Le Garçu (1995).

“Es muy distinto cuando el cine busca alcanzar un matiz que roza lo imponderable. Maurice Pialat decía que los mejores films nunca se verán, que están hechos de aquello que la cámara no registra, antes de “Acción” y después de “Corten”. Quería abolir el ritual que encuadra cada escena: claqueta, acción, etc. Pocas veces tuve ese sentimiento. En Loulou, Gérard Depardieu y yo sentíamos el momento en el que había que comenzar la escena. La cámara se encendía sin prevenirnos. Una mañana, mientras discutíamos en un café, la cámara se puso a filmar. Fue extraordinario caer tan abruptamente en la escena”, decía Isabelle Huppert hace unos años.







Depardieu y Sylvie Paliat participaron en un conversatorio público, abarrotado de gente que quería ver y escuchar a este gigante de la actuación. Habló principalmente del cine de Paliat. No es tan grande como aparece en sus películas. Sorprendentemente estaba relajado y mostró su lado simpático. De buen humor contestó las varias preguntas que le hicieron. Por lo visto, está pasando por un buen momento. Tiene novia, está enamorado y feliz, me comentó un cineasta francés.

La edición 64 del Festival de Cine de Locarno llegará a su fin este sábado (3-13 de agosto), y ha sido el escenario para homenajear a grandes nombres del cine, entre ellos Abel Ferrara, Isabelle Huppert, Claudia Cardinale, Bruno Ganz (al costado con O. Père), y otros más. Por otro lado, el festival dedicó una gran retrospectiva al cine del estadounidense Vincente Minnelli y en la sección Open Doors se enfocó en India, país que desembarcó con muchos películas y una nutrida delegación.

Las dos primeras fotos y la última ©Festival de Cine de Locarno, las restantes ©Liana Cisneros.

La fiesta del cine en Locarno


Fecha Publicación: 2011-08-06T13:06:00.120+02:00

“Cuando voy a Líbano siento miedo y termino cambiando de hotel hasta cuatro veces”, es lo primero que dice la directora libanesa Danielle Arbid -quien vive en Francia desde hace dos décadas- al introducirnos en Hotel Beirut, película con la que compite por el Leopardo de Oro en la 64 edición del Festival de Cine de Locarno, que se realiza hasta el sábado 13 de agosto.

Hotel Beirut es una historia de amor entre una joven cantante libanesa y un abogado francés, de quien hay sospechas de ser un espía.
El ambiente que se vive en mi país, señala la cineasta, está mezclado de paranoia y miedo, a causa de las guerras y los conflictos dentro y con países vecinos, que han impregnado la vida cotidiana. Ese ambiente se ve claramente reflejado en su película, al igual que intrigas, pasión, violencia y deseo. “Todo en Líbano es pasional, si no se entiende así se tiene problemas”, precisa la ya ganadora de premios en Locarno. Arbid comenta que tuvieron dificultades con el rodaje porque “las autoridades no querían que incluyéramos el tema de espías, querían solo una historia de amor. Foto 1/la actriz libanesa Darine Hamze, protagonista de Hotel Beirut; 2/una escena de la película.

Hotel Beirut compite en la sección Concorso Internazionale con diecinueve películas más, entre las que destacan dos latinoamericanas, Abrir puertas y ventanas (Argentina), de Milagros Mumenthaler (foto 1); y El año del Tigre (Chile), de Sebastián Leilo (foto 2); que se proyectarán en los próximos días. En este grupo también están la rumana-húngara Din dragoste cu cele mai bune intentii, de Adrian Sitaru; la francesa Les Chants de Mandrin, de Rabah Ameur-Zaïmeche; la israelí Hashoter de Nadav Lapid; y la suiza Vol spécial, de Fernand Melgar.

El Festival del Cine de Locarno, uno de los más célebres de Europa, continúa atrayendo, por segundo año consecutivo y de la mano del director artístico Oliver Père (foto 3), producciones taquilleras y comerciales que antes estaban ausentes. Es así que con el blockbuster Super 8,
producida por Steven Spielberg y dirigida por J. J. Abrams (EEUU), se inauguró en la acostumbrada Piazza Grande, frente a ocho mil espectadores. Asimismo, el estreno europeo del film Cowboys & Aliens, de Jon Favreau (EEUU), que será presentado por sus protagonistas (Harrison Ford, Daniel Craig y Olivia Wilde), también se proyectará en la Piazza Grande. Sin embargo, para la alegría de su público fiel, el festival todavía mantiene un considerable porcentaje de producciones independientes y de directores por conocer.

El público de la Piazza Grande escogerá la película ganadora de un total de dieciocho en competencia, entre ellas están La Havre, del finlandés Aki Kaurismäki (foto 1); Sport des Filles, de la francesa Patricia Mazuy (foto 2/Bruno Ganz protagoniza este film); Mourir auprès de toi, de Spike Jonze y Simon Cahn; Saya Zamurai, de Hitoshi Matsumoto; Bachir Lazhar, de Philippe Falardeau; Et si on vivait tous ensemble?, de Stéphane Robelin; y Friends with Benefits, de Will Gluck.

La sección Cineasti del Presente, en la que compiten catorce films (documental y ficción), está dedicado a directores que han realizado sus dos primeras producciones. Están incluidos los argentinos Santiago Mitre con El estudiante y Gastón Solnicki con Papirosen (foto 1); el italiano Simone Rapisarda Casanova con El árbol de las fresas (foto 2); el chino Jie Han con Hello! Shu Xian Sheng.
Raya Martin, el joven y popular cineasta filipino, es uno de los miembros del jurado.






La sección Pardi di Domani (Leopardo del Mañana), que busca a nuevos talentos (cortos y medio), está dividida en dos competencias: una para las producciones suizas y otra para producciones internacionales. En esta última, de las veintisiete tres son sudamericanas: Domingo violeta (Ecuador), de Ana Cristina Barragán (arriba, foto 1); Mens sana in corpore sano (Brasil), de Juliano Dornelles (foto 2); y Praça Walt Disney (Brasil), de Sergio Oliveira y Renata Pinhero (foto 3).

Ya empezaron a llegar algunas de las celebridades invitadas, como Abel Ferrara, Leslie Caron, Gopalakrishnan Adoor, Harrison Ford, Daniel Craig y Olivia Wilde. En los siguientes días lo harán Isabelle Huppert, Claudia Cardinale, Gérard Depardieu, Bruno Ganz, la finlandesa Kati Outinen, el ruso Guskov Aleksei, el japonés Hitoshi Matsumoto, el albanés Anri Sala, la española Maribel Verdú, y otros más.

Las diez fotos de escenas de películas
©Festival de Cine de Locarno, las cinco restantes ©Liana Cisneros.

La monumentalidad minimalista de Serra


Fecha Publicación: 2011-07-28T14:59:00.042+02:00

Con una enorme pared de acero (300 x 900.4 x 20.3 cm) llamada Fernando Pessoa (2007-2008), en honor al escritor portugués, abre la exposición Brancusi-Serra, que la Fundación Beyeler, en Basilea (Suiza), acoge hasta el próximo 21 de agosto. Es una pieza monumental y minimalista de dimensiones poéticas. En las figuras caprichosas que se reflejan en ambos lados radica sutileza, magia y fuerza. Richard Serra (Estados Unidos, 1939) le puso Pessoa porque en ese momento leía uno de sus libros.

“Hace dos décadas vi por primera vez una exposición de Serra, y me marcó. Me preguntaba por qué me gustó y afectó tanto. Creo que es porque sentí su obra en todo el cuerpo”, me comenta la suiza Trudi Müller, y continúa, “tenía que venir a esta muestra. No sabía nada de Brancusi, aunque debo admitir que ambos combinan muy bien”.

Constantin Brancusi (Rumanía, 1876-1957) y Richard Serra son dos de los más grandes escultores del siglo XX, el primero fallecido hace varias décadas, el segundo vivo y en su mejor momento. La manera de concebir el arte es algo que conecta con naturalidad a ambos artistas, el propio Brancusi resume con precisión. “La simplicidad no es un fin en el arte, pero se llega a la simplicidad, a pesar de sí mismo, al abordar el verdadero sentido de las cosas.” Foto 1/Brancusi, 2/Serra, 3/Musa dormida de Brancusi, 4/Delineador de Serra.

Brancusi es para Serra una de sus dos grandes influencias, junto al suizo Alberto Giacometti. “Cuando vivía en París [1964-1965] no había hecho aún una escultura pero iba al taller de Brancusi casi a diario por una buena parte de un mes y ahí dibujaba. Miré su trabajo como un manual de posibilidades.”

Así como hay afinidades también hay diferencias, en cuanto a la forma, tamaño y acabado. Las piezas de Brancusi son pequeñas, finamente pulidas y trabajadas casi a la perfección, en variados materiales (madera, mármol, bronce, yeso, onix, piedra), mientras que las de Serra son -en su mayoría- gigantes de acero (y una en caucho) clamando por grandes espacios y contacto con la gente. Las cuarenta esculturas de Brancusi son una retrospectiva de sus más de cuatro décadas de trabajo, las diez de Serra pertenecen a diferentes etapas.

De Brancusi no podían faltar El beso (1907-1908), la fálica Princesa X (1915-1916), El pájaro (1923/1947), Musa dormida [I] (1910), Columna sin final (1918), entre otras. Su sección se complementa con veinte fotografías originales que muestran el proceso creativo del artista. Abajo, foto 1/El beso, 2/Princesa X, 3/El pájaro, 4/Columna sin final.












De Serra están Cinturones (1966-1967, en caucho y tubos de neón), Olson (1986), La consecuencia de la consecuencia (2011), Castillo de naipes (1969), Delineador (1974-1975), y más. Finaliza con varios trabajos en papel y tres videos en blanco y negro, producidos por Serra cuando se dedicada al cine. Arriba, foto 1/Cinturones, 2/Olson/La consecuencia de la consecuencia, 4/Castillo de naipes.

Brancusi-Serra, que desde el 10 de octubre estará en el Museo Guggenheim de Bilbao, es una de las exposiciones más atractivas de esta temporada. El ambiente es tranquilo y confortable, las varias salas se comunican internamente entre ellas, y a través de ventanas que dan al exterior llega la belleza de la vida rural de Riehen, un distrito en las afueras de Basilea, cerca de la frontera con Alemania.






Obra y público como un todo
El acercamiento a Richard Serra es singular. Su obra monumental se completa con la presencia y contacto del público, lo que se convierte en una experiencia única, personal, y con cierta carga de angustia, especialmente cuando se camina por dentro de sus figuras circulares y curvas, como sucede con A matter of time (La materia del tiempo), exposición permanente en el Museo Guggenheim de Bilbao (a la izquierda).

“Cuando miro hacia atrás veo una vida dedicada a intentar crear un lenguaje que provoque sensaciones inesperadas y que trata de introducir al espectador en la propia obra de arte. Sin el público, las obras carecen de valor. Es un trabajo que ha evolucionado con el tiempo y en el que la relación con el espacio y el contexto siempre ha sido fundamental. Yo no puedo concebir una obra sin pensar dónde va a estar situada y sin pensar en el individuo que se va a enfrentar a ella. Supongo que eso es lo que la hace diferente”, señalaba hace unos meses.

Serra, hijo de padre español y madre rusa, ganador de reconocimientos y premios internacionales, es uno de los escultores vivos más cotizados. Sus obras están dentro y fuera de museos, en espacios públicos y privados de varios países. Su obra es controversial y no responde a lo que el mercado y las subastas esperan.

Estudió literatura y arte, se dedicó al cine, la pintura y el dibujo, antes de centrarse en la escultura, pero siempre se ha mostrado abierto a otras manifestaciones artísticas. Con los músicos Philip Glass y Steve Reich, y otros más, se embarcó en el minimalismo y fue parte de la vida intensa y creativa de la Nueva York de los setenta y setenta. A fines de los sesenta, Reich presentó un espectáculo multimedia llamado Anti-Illusion (Anti-ilusión). “Los practicantes del conocido como arte minimalista -en concreto, el artista conceptual Sol LeWitt y los escultores Richard Serra y Donald Judd- respondieron instintivamente a lo que estaba haciendo Reich. Las afinidades que era posible percibir entre los despliegues geométricos de módulos musicales de Reich, los despliegues de cubos blancos de LeWitt y los despliegues geométricos de planchas y barras de Serra pusieron en circulación musical el término minimalismo”, sostiene Alex Ross en su libro El ruido eterno (The rest is noise), 2009.

Las trece primeras fotos ©Fundación Beyeler, las cuatro últimas ©Liana Cisneros.

La agridulce Nueva Delhi


Fecha Publicación: 2011-07-13T11:52:00.067+02:00







De Nueva Delhi, la capital de India, se podría decir que es una megaciudad agridulce, con defectos y virtudes como otras muchas. Es intensa y se mueve entre un pasado histórico rico y una modernidad caótica. Los más de 20 millones de habitantes se hacen notar y sentir por donde se vaya, al igual que la suciedad y la contaminación.









Es una ciudad llena de color, y su belleza resalta con los contrastes de luz. Los templos hindúes, al igual que los budistas, mezquitas, fortalezas u otros monumentos históricos, aunque un poco descuidados, lo menos que producen es admiración y deleite, más aun cuando el ámbar del ocaso los envuelve y magnifica sus formas.

Las calles y avenidas están atestadas de autos, buses, bicicletas, triciclos y motocarros, que producen un ruido incesante con sus bocinas. Es necesario abstraerse si se quiere recorrer la ciudad a pie, una costumbre poco frecuente y a veces no muy agradable, por las constantes presiones de los conductores de vehículos. Es frecuente reaccionar a la defensiva para no terminar desilusionado o engañado, especialmente a la hora de pagar por el transporte a los motocarristas y taxistas, que teniendo medidores prefieren poner un precio que hay que negociar.

El verano puede ser tan caliente, a veces supera los 40 grados centígrados, que provoca salir corriendo hacia algún lugar fresco, de preferencia al norte y al pie del Himalaya. Mcleod Ganj, en el municipio de Dharamsala, es una interesante opción que combina tranquilidad, naturaleza y cantos-rezos de los monjes budistas del templo Thekchen Chöling. En esta pequeña ciudad vive el Dalai Lama y los miles de tibetanos exiliados.

No importa las veces que se haya visitado esta ciudad las imágenes que quedaron en el cerebro están ahí y muchas se repiten con similaridad, mezcla de la grandiosa arquitectura y las escenas callejeras de todo tipo, de ciclistas transportando acrobáticamente cartón, cajas y latas de aceite y más.






Nueva Delhi sigue entre las ciudades más contaminadas del planeta, junto con Ciudad de México y Pekín, aunque es innegable la puesta en marcha en las últimas décadas del plan de arborización para convertirla en una ciudad verde. Este esfuerzo municipal parece coincidir con lo que la paisajista estadounidense Kathryn Gustafson (1951) sostiene: “Para encontrar espacios verdes, la gente no tiene por qué irse a la montaña. Todo tiene que estar en la ciudad. Todas las ciudades padecen el mismo problema, no tienen suficientes espacios verdes. Si queremos que sean sostenibles, la gente tiene que encontrar lo que necesita dentro”.

En la actualidad, y en comparación a una década atrás, es una ciudad costosa, principalmente en el sector hotelero. En promedio, las habitaciones de los hoteles cuestan más de lo que el servicio vale. Esto mismo ha venido ocurriendo con otras ciudades de países emergentes en desarrollo, como Sao Paulo (Brasil) o Johanesburgo (Sudáfrica), por citar dos ejemplos.

Pasado y presente






La ciudad proporciona un amplio abanico de posibilidades para explorarla, dependiendo del interés y motivación que se tenga. Las atracciones turísticas conocidas hay que verlas aunque sea una vez: la tumba de Humayun (arriba, foto 1), la Puerta de India, el Raj Ghat o memorial de Mahatma Gandhi, el Museo Gandhi (el fresco de la foto 2) y el Templo de Loto o Templo Bahai (foto 3), entre otros.







Un lugar ideal para escapar del ruido callejero y dejarse invadir por el ruido de los pájaros es el Jardín Lodi (Lodi Garden), un parque de 36 hectáreas, verde y con restos arquitectónicos bellísimos (las tres fotos de arriba). Es un oasis, a pocos metros de una gran avenida (Lodi Road), en una zona residencial y cerca del más caro mercado de la ciudad, Khan Market. En el Lodi Garden se encuentran las tumbas de Mohammed Shah, el último gobernante de la dinastía Sayyid, también la del último sultán de Delhi, Sikander Lodi, ambas construidas en los siglos XV y XVI. La población le da diferentes usos. Muchos empiezan o terminan el día con una larga caminata, otros prefieren correr o ir con sus familias a pasar la tarde jugando o conversando. Es el lugar propicio para descansar, leer u observar lo que sucede a su alrededor desde una de las bancas.







A pocas cuadras se encuentra la Tumba de Safdarjang (las tres fotos finales), construido en el siglo XVIII, inspirado en uno de los símbolos arquitectónicos del país, el Taj Mahal. El estilo arquitectónico pertenece a la etapa tardía del imperio Mogol, musulmanes que llegaron de Turquía en el siglo XVI y reinaron India durante tres siglos. La tumba está en medio de un parque, con canales de agua dirigidos a cuatro edificios.

Ai Weiwei por todas partes


Fecha Publicación: 2011-06-11T07:22:00.029+02:00

La detención del artista chino Ai Weiwei (Pekín, 1957), en abril pasado por parte del régimen de su país, en vez de invisibilizarlo lo ha convertido en uno de los artistas vivos más reconocidos y omnipresentes. Su nombre se multiplica, al igual que las exposiciones sobre su rica y variada obra. En simultáneo se puso en marcha una campaña internacional exigiendo su libertad. Foto 1 ©Andrew Dunkley, 2/A. Weiwei en Williamsburg, Brooklyn, 1983, ©Ai Weiwei.

Hace unas semanas, el artista indio Anish Kapoor le dedicó su instalación Leviathan en el Gran Palais de París, la reciente Bienal de Venecia impulsó la campaña que pide su libertad, al igual que galerías y museos en muchos países vienen haciendo. Sus esculturas de animales del horóscopo chino se exhiben en el Parque Central de Nueva York y en la Casa Somerset en Londres. También hay exposiciones en más ciudades, entre ellas Berlín, Londres y Zurich.

Entrelazado (Interlacing) es el nombre de la muestra que hace poco inauguró el Fotomuseum Winterthur (Cantón Zurich) y que se podrá ver hasta el 21 de agosto. Es la primera gran exposición de fotografías y vídeos del artista chino. Sobresale el Ai Weiwei comunicador y ese es el hilo conductor de la interesante muestra. A través de fotos en color y blanco y negro Weiwei presenta escenas cotidianas que fotografió cuando vivió en Estados Unidos, aunque dominan imágenes de ciudades chinas. Una sala está dedicada a videos que produjo y compartió en sus blogs y Twitter.
















A través de sus fotos, Weiwei, habla de las ciudades y su transformación, de la búsqueda de las víctimas del terremoto, de la destrucción de su estudio de Shangai, del proyecto Documenta Cuento de hadas, de la plaza de Tiananmen o la Torre Eiffel. Cualquier cosa que le interese se convierte en fotografía o film: carreteras, calles, barrios, construcciones, personas, etc. Primera fila de fotos, 1/Estudio de perspectiva -Tiananmen, 1995-2010, ©Ai Weiwei); 2/Fake Design, Beijing, de su Blog; 3/Estudio de perspectiva -La torre Eiffel, 1995-2010, ©Ai Weiwei). Tercera fila, fotos 7-8/Paisajes provisionales, 2002-2008, ©Ai Weiwei; foto 9/Anton Wei, Lorimer Avenue Apartment, Brooklyn, 1983, ©Ai Weiwei.

El Fotomuseum presenta a Weiwei “como red social, como empresa, como activista, como voz política, como contenedores sociales, como agente provocador”. La muestra ha sido organizada en estrecha coordinación con Weiwei, a quien se esperaba para la inauguración, lo que lamentablemente no sucedió debido a su arresto.

Ai Weiwei es una especie de Leonardo da Vinci moderno, un artista multimedia por excelencia. Es escultor, arquitecto, fotógrafo, ceramista, escritor, editor, cineasta, curador, blogero, diseñador, documentalista, activista, crítico y un gran provocador. Su obra es bastante variada. Diseñó (foto 1 ©Ai Weiwei) El Nido (Estadio Olímpico de Pekín 2008), junto con los arquitectos Jacques Herzog y Pierre de Mouron. Esautor de las cien mil semillas de girasol de porcelana, pintadas a mano para la Tate Modern de Londres (foto 2 ©Reuters). Para la instalación de Documenta en Kassel (Alemania) llevó a 1001 chinos de diferentes regiones y culturas de su país. Weiwei vive para el arte, posee una inagotable curiosidad y una inspiración ilimitada. Su vida es el arte y el arte su vida.

Ai Weiwei nació en la capital china, creció en la provincia de Xinjiang, al otro extremo del país, porque su padre, el renombrado poeta chino Ai Qing (1910-1996), fue desterrado ahí por Mao Zedong. “Vivíamos en una aldea muy apartada. Él [mi padre] iba a trabajar todos los días y pensaba que no era bueno que sus hijos leyeran, porque en China el futuro estaba muy claro, cualquiera que tuviera cultura o conocimientos sería castigado. No podías decir lo que pensabas porque te llevaría a la muerte. Así que mi padre no dejaba que nadie de la familia leyera”, contaba en una entrevista para Ivorypress. Foto ©Ai Weiwei.

Ai Weiwei volvió a vivir en Pekín después de la muerte de Mao y estudió en la escuela de cine, junto con el renombrado cineasta Zhang Yimou. Con todas las limitaciones que habían durante la Revolución Cultural él pudo leer libros de pintores y artistas occidentales, como Van Gogh, Degas, Manet más. En 1981 se fue a vivir en EEUU, la mayor parte en Nueva York, ahí estudió en la Parsons School of Design, y también ahí conoció y entabló amistad con el respetado poeta estadounidense Allen Ginsberg, al igual que con otros artistas. En 1993 regresó a China, se reinsertó en la vida artística y cultural y desde entonces ha sido un claro y frontal crítico de la situación de su país, una referencia, una voz que tiene mucho que decir y demostrar después de que las autoridades chinas lo dejen libre.

NOTA: El pasado 22 de junio las autoridades chinas dejaron en libertad -parcial- bajo fianza a Ai Weiwei.

Katmandú, la sombra de lo que fue?


Fecha Publicación: 2011-06-05T19:47:00.068+02:00






Lo primero que uno encuentra al llegar a Katmandú, capital de Nepal, es una ciudad irrespirable por la contaminación y el polvo, caótica -en términos de tráfico vehicular y planificación-, ruidosa, sucia y sobre poblada (millón y medio de habitantes). Las calles, por lo general, no tienen veredas, y por ellas circulan automóviles, mini buses o tuk tuk, bicicletas y peatones. Es un paraíso de la piratería, se puede comprar desde el disco de moda, la película por estrenarse, hasta artículos y ropa de marcas conocidas que no tienen fábricas, tiendas u oficinas en el país. Todo esto dista de la imagen idílica que los jóvenes hippies difundieron en los años sesenta, cuando llegaban por miles, como en peregrinaje, buscando la tranquilad, belleza, exotismo y una vida a precios regalados.

Así como abundan los aspectos negativos abundan y se multiplican los positivos. No es una ciudad violenta o donde hay que andar a la defensiva. Se puede recorrer sus calles y los diferentes barrios, a pie o en algún medio de transporte, con tranquilidad. Cuando se pregunta si hay robos, la respuesta es casi un piropo si se tiene en mente ciudades complicadas como la capital mexicana o Johanesburgo. “Pueden ocurrir después de las diez de la noche o cuando se apague la luz eléctrica”, me comentaba un empleado de hotel.






El nombre de Katmandú proviene de Kaasthamandap (siglo II d. C.), templo de madera, construido sin el uso de otros materiales. Según la leyenda la madera proviene de un solo árbol. Madera y ladrillo son dos materiales comunes en la construcción nepalí; esta combinación más el estilo hacen que Katmandú y ciudades cercanas posean una belleza arquitectónica singular, los incontables templos hinduistas y budistas y los palacios son algunos ejemplos. Así no sorprende que varios sitios históricos hayan sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco o que el origen de la pagoda, popular construcción en países budistas de Asia, esté aquí. Araniko, artista y maestro nacido en el Valle de Katmandú, llevó al exterior este estilo. En el siglo XIII construyó pagodas en China (Pekín, Tibet), alguna de ellas sigue en pie.

A dos pareja de amigos nepaleses (Ratan y Puspa/foto 1), Gopal y Kamala/foto 2) debo el haberme acercado a Katmandú y el valle de manera balanceada, y percibiendo las complejidades propias de ciudades hasta cierto punto desbordadas. Con Ratan y Puspa recorrimos Katmandú, barrios y calles llenos de sus compatriotas. Los mercados son una fiesta viva de colores, por los vegetales, frutas y otros productos. En los puestos ambulantes de la plaza Durbar, el corazón histórico de la ciudad, una máscara antigua puede costar más de mil dólares. “Ese precio es estúpido. Para nosotros esas máscaras no tienen el mismo valor, no nos gustan, gustan más a los turistas”, me decía Ratan un poco molesto. Si los templos son lugares que no hay que dejar de visitar, el Swayambhunath o templo de los monos, es imperdible (al lado). Está en la cima de una pequeña montaña, desde donde se observa toda la ciudad. El templo es de los más visitados y siempre hay gente asistiendo a las diferentes ceremonias.

Katmandú y el valle generan un mosaico de escenas mágicas y únicas que revelan su riqueza cultural. La clave es detenerse a observar lo que se presenta delante de los ojos. Mientras se camina aparece una banda de músicos precediendo un matrimonio tradicional (debajo, fotos 1, 2), un cargador de agua (foto 3) o vegetales (foto 5), o cientos de palomas en plena calle (foto 7), entre otros.











Con Gopal y Kamala recorrimos parte del valle de Katmandú. A solo unos kilómetros de la capital el paisaje es otro, mucha vegetación y los pulmones respiran aire limpio. Visitamos la estatua del dios Shiva (43.5 mts), recientemente inaugurada (al costado, foto 2). A pocos metros de la estatua hay un pequeño santuario y un Spa para relajarse con los variados tratamientos. Un buen negocio que salió de la cabeza de un empresario indio, y que, según Gopal, podría convertirse en la Meca de los creyentes del hinduismo, religión mayoritaria en Nepal.

Pasamos por varios templos, por un parque en donde se ruedan películas de bajo presupuesto, por una montaña cortada en dos por una diosa, según la leyenda para liberar el agua del lago, y llegamos a la espectacular ciudad de Bhaktapur. Almorzamos en Le café Nyatapola, en una esquina de la plaza Durbar. La comida rica, pero mi paladar todavía recuerda el sabor de un postre sencillo: yogurt natural de Bhaktapur, el mejor del país, con obleas de arroz crudo, perfecto para la digestión.
Terminamos en un pueblo del valle en el que mis amigos viven parte del año (izquierda, fotos 1, 2). Entramos en la casa de una de sus vecinas, al rato comenzaron a llegar más. Una de ellas, la mayor, dijo que era raro conocer a una nepalesa, se refería a mi, con quien no podía comunicarse en nepalí. Calidez, amabilidad, generosidad y alegría son algunas de las características de los nepaleses.

Las tres plazas Durbar

















La magnificencia histórica y artística se encuentran en las plazas Durbar de Patán (arriba, primera fila de cuatro fotos), Katmandú (segunda fila) y Bhaktapur (tercera fila). Siglos atrás fueron los tres centros religiosos y políticos más importantes del país. Las tres plazas, Patrimonio de la Humanidad, se encuentran en el corazón de sus respectivos cascos antiguos. Todas conservan innumerables maravillas arquitectónicas, construidas entre los siglos XII y XVIII, como templos, palacios y museos, que cobran vida con la presencia de los visitantes.

Philip Glass a la carta


Fecha Publicación: 2011-05-27T23:06:00.047+02:00

Pocos días atrás (22.05) finalizó en Zúrich el Festival Philip Glass. Con esto, la ciudad se rindió por una semana a uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Fue una especie de Philip Glass (Estados Unidos, 1937) a la carta. Se presentó en varios recitales (solo y acompañado), en un conversatorio, y se puso en escena su ópera In the penal colony. Foto 1/Glass en el Kaufleuten, 2/en el Theater der Künste.






En el recital que dio solo en el Kaufleuten apareció en el escenario discretamente y sin perder tiempo anunció el primer tema y luego pasó rápidamente al piano. Habló únicamente cuando presentó los temas incluidos en el programa. Con Six Etudes, Mud Rush, Metamorphoses, Dreaming awake salieron esos sonidos característicos y reconocibles del estilo de Glass. Era cuestión de cerrar los ojos para dejarse llevar hacia ese universo. Musicalizó el poema Wichita Vortex Sutra de Allen Ginsberg, recitado por el poeta antes de morir, que forma parte del disco Hydrogen Jukebox (1993) y está centrado en textos antibélicos. Con Night in the balcony (Noche en el balcón), una pieza corta deliciosa para piano, Glass se despidió. Arriba, fotos en el Keufleuten.

Glass estudió en la prestigiosa Escuela Juilliard (Juilliard Scholl) de Nueva York y en París con la legendaria Nadia Boulanger, al igual que otros distinguidos músicos, entre ellos el estadounidense Aaron Copland, el rumano Dinu Lipatti y los latinoamericanos Daniel Barenboim, Egberto Gismonti, Astor Piazzolla.

Su poco interés por la música europea lo llevó a abrirse a otros estilos y culturas musicales. Se nutrió de ellos y fueron la clave en su evolución y en el encuentro de su propio estilo. Glass rompió con la tradición e introdujo ritmos radicales en Occidente. “Yo quería romper tradiciones, algo que en Francia no se consideraba como música. Por eso y para tocarla tuve que volver a Estados Unidos”, contó. De regreso en Nueva York no pudo vivir de su música y tuvo que trabajar como taxista y fontanero por muchos años. Después de ganar prestigio fracasó económicamente con uno de sus proyectos, y nuevamente volvió a las calles de Nueva York como taxista.

Glass es uno de los abanderados, junto a Steve Reich (EEUU, 1936), de esa revolución musical que se conoce como minimalismo, y que él prefiere llamar “música con estructuras repetitivas. “Gran parte de su obra inicial estaba basada en la reiteración ampliada de fragmentos melódicos breves y elegantes que entraban y salían de un tapiz fonético, o, para decirlo de otra forma, sumergía al oyente en una especie de clima sonoro que gira, da vueltas, rodea y se desarrolla, resume su biografía.

India es vital en su trayectoria. Su acercamiento a la música de ese país empezó en París, por casualidad, cuando empezó a trabajar como asistente de dos grandes maestros, el sitarista y compositor Ravi Shankar y el tablista Alla Rakha. Passages es el fruto de la colaboración entre Glass y Shankar, una joya musical. Es alrededor de su relación con la música de India que giró el conversatorio entre Glass y el tablista y percusionista indio Trilok Gurtu en el Museum Rietberg, en el marco de la exposición sobre 800 años de pintura india.






Glass y Gurtu hablaron con pasión de su trabajo. Tienen curiosidades similares por la exploración de nuevas y variadas rutas, aunque ambos provienen de culturas musicales diferentes, Glass del lado académico y Gurtu del lado práctico. Al respecto, Gurtu contó una anécdota. Cuando quise estudiar en el Berklee College of Music fui rechazado porque no tenía diplomas, en cambio ahora me piden que vaya a dar clases. Fue su madre, la cantante Shobha Gurtu, su primera impulsora y formadora. El conversatorio, que duró menos de lo que se hubiera querido por lo interesante de los temas tratados, dio espacio a Gurtu para tocar la tabla y explicar algunos conceptos básicos y además demostrar el parecido entre los ritmos brasileños, africanos e indios. Foto 3, contigua a las de los perfiles de ambos músicos, ©Rici Lake.

El Festival Philip Glass terminó con la puesta en escena de su ópera En la colonia penal (In the penal colony) en el Theater der Künste. La obra está basada en Colonia penal de Frank Kafka sobre la ejecución arbitraria de un prisionero, tema que mantiene actualidad y, como los organizadores señalaron, se trata de la culpabilidad y la inocencia, y de lo bueno y malo de matar. En un escenario pequeño y austero, aunque pudo durar menos de hora y media, los protagonistas, el tenor inglés Michael Bennett (Visitante) y el barítono estadounidense Herbert Perry (Oficial), brillaron, y sus gestos y voces magníficos. La música estuvo a cargo de la Orquesta de Cámara de Zúrich (Zürcher Kammer Orchestra), bajo la dirección del italiano Andreas Molino. Al inicio de este párrafo, fotos 1 & 2/Johannes Dietschi © Hochschulkommunikation ZHdK.

Philip Glass es más que música
Sus composiciones musicales y operísticas (Einstein on the beach, Satyagraha, Akhnaten, The voyage) ya son consideradas clásicas, y se interpretan por todas partes y sin importar la diferencias generacionales. “Estoy sorprendido de ver con que facilidad los jóvenes tocan mis obras, que dos o tres décadas atrás hubiera sido imposible porque yo tampoco las tocaba bien”, dijo relacionando su experiencia de varias semanas con jóvenes músicos en Suiza.

Películas como La bella y la bestia (Jean Cocteau), Kundun (Martin Scorsese), Las Horas (Stephen Daldry), El ilusionista (Neil Burger), Koyaanisqatsi (Godfrey Reggio), Cassandras´s dream (Woody Allen), o Drácula (Tod Browning) no serían las mismas sin las bandas sonoras de Glass. Algunas de sus obras son el resultado de la colaboración con una gran variedad de artistas, como la escritora Doris Lessing, el compositor y poeta Leonard Cohen, los músicos David Bowie, Brian Eno, Paul Simon, Linda Ronstadt, Yo-Yo Ma.

Su acercamiento con América Latina se refleja en dos discos notables: Itaipú y Águas da Amazônia. Itaipú es una sinfonía cantada que compuso en 1989 para homenajear a Itaipú, la gigantesca represa ubicada entre Paraguay y Brasil. El texto es en Guaraní y la música que emerge fusiona sonidos de origen indígena y occidental. Águas da Amazônia compuso Glass y lo interpretado por el singular grupo brasileño Uakti, que fue una iniciativa de la compañía de ballet Grupo Corpo de Belo Horizonte.

Fotos © Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito y las caratulas de dos discos.

El Hermann Hesse pintor


Fecha Publicación: 2011-05-17T08:40:00.040+02:00






El alemán, nacionalizado suizo, Hermann Hesse (1877-1962), figura central de la literatura del siglo XX, era un dotado de talentos, además de novelista, poeta y editor fue pintor. Esta última actividad es la que menos se conoce, a pesar de que a ella se dedicó por más de cuatro décadas. Su pintura ocupa un lugar especial en el Museo Hermann Hesse de Montagnola, un pueblo alpino de la suiza italiana, en el Cantón Tesino.

A los cuarenta años empezó a pintar auto-retratos y paisajes y luego siguió con acuarelas y otros. Lo que comenzó como parte de una terapia para salir de una crisis interna se convirtió en una de las actividades que más placer le dio, especialmente luego de mudarse a Montagnola. “Es maravilloso pintar; a uno le hace más feliz y más paciente. Y cuando se termina, los dedos no quedan negros como después de escribir, pero sí rojos y azules”, decía Hesse.

Su mundo pictórico estaba influenciado por lo que tenía a su alrededor: cuevas, sótanos excavados en la roca y ocultos en el bosque, viñedos, iglesias y pequeños pueblos. Sus pinturas formaban parte de algunas de sus obras literarias, como el cuento Piktors Verwandlungen, dedicado a su segunda esposa Ruth Wenger, o su novela El último verano de Klingsor. Lo mismo hizo con los poemas que vendía para recaudar fondos para la biblioteca de prisioneros de guerra que él dirigía. A sus amigos y familiares regalaba manuscritos con ilustraciones coloridas o les escribía cartas decoradas.

Hesse era hijo de madre suiza y padre estonio y vivió en Suiza sesenta de sus ochenta y cinco años, en Basilea, Berna y el Tesino, pero es en Montagnola en donde encontró su hogar y se sintió más a gusto. Ahí escribía, pintaba y hacía jardinería. “He vivido en Montagnola innumerables momentos maravillosos y le debo mucha gratitud a ese pueblo y a sus alrededores. He cantado mi himno a esas montañas, a sus bosques y viñas. He utilizado cientos de cuadernos de dibujo y tubos de color para rendir homenaje en forma de acuarelas a las viejas casonas, bosques de castaños y montañas vecinas”, escribió dos años antes de morir.

En Montagnola vivió en dos casas, ambas ahora de uso privado. Al llegar alquiló parte de lo que era la Casa Camuzzi, en ella permaneció doce años, y sus últimos treinta años los pasó en la Casa Rossa. Desde 1997 la torre medieval que pertenecía a la Casa Camuzzi donde vivió se convirtió en el Museo y Fundación Hermann Hesse.

Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura (1946), es reconocido por sus innumerables obras escritas, entre ellas las novelas Peter Camenzind, Bajo la rueda, Demian, El lobo estepario, Narciso y Goldmundo, El juego de los abalorios, y la magnífica Siddharta.

La vida suiza de Hesse en su museo
El Museo Hermann Hesse está en el centro de Montagnola y conserva los objetos e instrumentos que el artista utilizó, tanto para la escritura como para la pintura, al igual que los presentes recibidos. En las salas se puede ver los libros de su biblioteca, alfombras, algunas de las ropas que usó a diario, fotos en blanco y negro, sus pinturas, su máquina de escribir y miles de cartas que recibió de sus familiares, amigos y lectores, y que trató de contestar todas.





En el sótano del museo hay una sala en la que se proyecta un documental. Es un material que abre la puerta a una serie de aspectos de la vida del gran artista, sus preocupaciones, su familia, sus amigos, y sobre su apoyo a compatriotas que huían de la Alemania nazi. Entre sus amigos estaban nombres tan emblemáticos como Bertolt Brecht, Thomas Mann, Sigmund Freud y Konrad Adenauer.

Para los dos mil habitantes de Montagnola Hesse es el hijo predilecto que contribuyó a transformar la vida del lugar. El poco movimiento y dinamismo que muestra en la actualidad se debe en parte al museo de su antiguo habitante, el principal atractivo para los turistas y a solo quince minutos en bus de la ciudad de Lugano.

El Café Boccadoro (al costado), que está a unos metros del museo, es el punto de encuentro de los visitantes, de la población y de los eventos que organiza la Fundación Hesse. Es un ambiente agradable que honra la figura de Hesse.

Cuando el Museo empezó a funcionar la Municipalidad de Montagnola puso en marcha la ruta de senderismo Hermann Hesse, cuyo recorrido dura aproximadamente hora y media. Se inicia en el museo y termina en la Casa Rossa. Las once paradas que forman parte de la ruta ofrecen información, y vincula los sitios favoritos, sus casas, el bosque donde solía pintar y caminar, y el cementerio en donde reposan sus restos, en el pueblo contiguo de Gentilino. A unos metros de su tumba se encuentra la de otro destacado escritor alemán, Hugo Ball, amigo de Hesse y uno de los fundadores del Dadaísmo. Al costado del cementerio está la iglesia de San Abundio, a la que para llegar hay que seguir una alameda dividida por alargados cipreses que le dan un aire extraño al paisaje.

Fuente de información y diez primeras fotos ©Museum y Fondazione Hermann Hesse Montagnola, resto de fotos ©Liana Cisneros.

Ocho siglos de pintura india en Zurich


Fecha Publicación: 2011-05-07T07:05:00.091+02:00

El camino de los maestros. Los grandes artistas de India, 1100-1900´, exposición que el Museo Rietberg inauguró recientemente (1 mayo-21 agosto) en Zurich, es un fascinante e interesante acercamiento a la historia de la pintura de India. Ochocientos años comprimidos en 240 pinturas de 40 grandes maestros, cuyo legado ha contribuido a enriquecer la identidad nacional que hoy se conoce en el mundo.

La exposición es especial y única. “Es el resultado de décadas de cuidadosa investigación. Para identificar a cada uno de los artistas se tuvo que descifrar las firmas de tamaño microscópico, buscar los registros de los artistas por nombres y genealogía, o hacer comparaciones sistemáticas de estilos”, señala Jorrit Britschgi, director del proyecto y curador de la muestra.

Paisajes, animales, íconos de la religión hindú, guerras, sultanes o emperadores quedaron registrados y emergen ante los ojos. Las obras poseen una belleza y delicadeza extraordinarias. Abundan en destalles, los mismos que pueden captarse con ayuda de lupas. La muestra abre con manuscritos del siglo XII, y cierra con pinturas del siglo XX en gran formato, en las que se observa la influencia de la fotografía.
Los cuarenta artistas son hombres. ¿Dónde estaban las mujeres. No habían pintoras? La respuesta es sí habían, lamentablemente no pudieron identificar un número suficiente para presentarlas. El mundo de cada pintor está respaldado por varias de sus obras. No hay un acercamiento cronológico, más bien han usado otras consideraciones, una de ellas las territoriales. Fig. 1/Autoretratos y retratos de artistas (Daulat); 2/El Príncipe Salim en su trono (Manohar y Mansur); 3/Krishna jugando a la gallina ciega (Manaku); 4/Raja Balwant Singh de Jasrota contemplando una pintura con el pintor Nainsukh (atribuido a Nainsukh); 5/Dialéctica (´Abu’l Hasan). Fotos ©Museum Rietberg Zürich.

Algunos artistas son parte de una misma familia y lo que queda resaltado son las diferencias de estilos. “Si, por ejemplo, uno ve las carreras de los dos hermanos Manaku y Nainsukh quienes fueron capacitados en el taller de su padre en Guler, las diferencias son interesantes. Considerando que Manaku quedó más cerca del estilo de la pintura tradicional de su padre, Nainsukh se estableció en otra corte y desarrolló allí su propio lenguaje pictórico único, que destaca en el uso de nuevos elementos naturalistas”, sostiene el responsable de la curaturía.

La muestra revela, además, el contexto que rodeaba a los maestros, los desplazamientos o viajes que hacían dentro y fuera de India. El pintor Farrokh Beg (1580-1619) se formó en Jorasán, en el centro de Asia, y trabajó en Kabul (Afganistán), Lahore (Pakistán), Bijapur y Agra (India), en busca, entre otros, de mecenas que apoyaran su carrera.

El Museo Rietberg concibió la muestra, en un principio, sólo para verse en Zurich, pero después, y dada su trascendencia, el Museo Metropolitano de Nueva York se unió y la alojará a partir de septiembre, aunque en un ochenta por ciento. Las obras provienen de préstamos de más de cuarenta instituciones, entre museos, galerías de arte y colecciones privadas, de India, Europa, Estados Unidos y Medio Oriente.

La puesta en escena se complementa con las luces, los colores y el piso. Los espacios dedicados a cada uno de los pintores están divididos con una especie de biombos en color azul, naranja, verde y amarillo. La primera sala es un espacio dinámico en el que se mezclan delicadas cortinas blancas para separar el recinto para eventos en vivo, con los materiales y productos que los pintores usaron, y un video con niños, producido conjuntamente con un colegio suizo.

Una ambiciosa publicación de dos volúmenes en inglés, que podría servir como base para futuras investigaciones, acompaña la exposición. En una de las salas se puede ver la película del cineasta indio Amit Dutta, Works of an Indian Painter, sobre Nainsukh (1710-1778), el más grande pintor indio del siglo XVIII. La obra del destacado artista es recreada, en ese proceso visual las imágenes se cargan de magnetismo y parecen tomar vida propia.

Por la densidad y abundancia de información, la visita requiere unas cuantas horas. A esto hay que añadir que la lista de eventos a realizarse mientras dure la exposición es extensa. Uno de los eventos más esperados es el conversatorio entre dos excelentes músicos contemporáneos: El estadounidense Philip Glass y el indio Trilok Gurtu, este último finalizará con un concierto de Tabla.

Percepciones indias
Los periodistas indios Baradwaj Rangan (Chenai), Aveek Sen (Calcuta) y Swaminathan Kalidas (Delhi), críticos de arte venidos especialmente para la inauguración, estaban felices y orgullosos. “No hemos tenido en India una muestra como la del Rietberg, que abarcara tantos siglos y tantos pintores talentosos. Las exposiciones que tenemos con frecuencia incluyen algunas partes de nuestra historia de la pintura”, señalaba Kalidas, quien espera que este proyecto pueda ser visto en su país. De izquierda a derecha: Baradwaj, Aveek y Kalidas, respectivamente.

Aveek Sen, especialista en arte europeo, me describía sus sensaciones con una marcada sensibilidad e intensidad. Es una experiencia maravillosa. Es algo surreal ver el arte de mi país, algo que es profundamente familiar en formas y detalles, en un país extranjero (Suiza), presentado en alemán, y en el museo donde Richard Wagner compuso mi ópera favorita (Tristán e Isolda)”. En tanto Baradwaj Rangan precisó lo siguiente: “Es una exposición fantástica, porque revalora a pintores negados en su tiempo, y rescata el arte y las técnicas pictóricas cotidianos, por los que creo se han ido perdiendo un poco la admiración, tal vez porque están ahí sobreexpuestos todo el tiempo.”

Fotos ©Liana Cisneros, con excepción de cinco que pertenecen al Museo Rietberg.

Semana Santa al ritmo de Mitsuko Uchida


Fecha Publicación: 2011-04-25T23:49:00.049+02:00

Cuando en estos días las noticias que provienen de Japón todavía son desalentadoras y trágicas ver en concierto a la pianista Mitsuko Uchida (1948) es motivo de celebración, de la vida, la belleza y la música. La excelencia de Uchida se deja sentir permanentemente, y no fue la excepción cuando interpretó el Quinteto en Mi Bemol Mayor para Piano, Oboe, Clarinete, Trompa y Fagot op.16, de Ludwig van Beethoven, en una de sus dos presentaciones en el Festival de Semana Santa de Lucerna (9-17 abril).

La pianista japonesa es reconocida por tocar con majestuosidad obras de Beethoven, uno de sus compositores favoritos. Beethoven (1770-1827) compuso su quinteto para piano, a fines del siglo XVIII, inspirado en el Quinteto en Mi Bemol Mayor KV 452 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

Uchida estuvo acompañada de cuatro músicos de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera (Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks), entre ellos el español Ramón Ortega Quero (oboe). Uchida, quien tocó solo en la primera parte, impregnó su actuación de sutileza, precisión y elegancia, y de ráfagas de entusiasmo al sumergirse en ciertos momentos de los segmentos que componen la obra. Se retiró en medio de intensos aplausos. La segunda parte fue conducida únicamente por ocho músicos de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, quienes interpretaron el Octeto para dos Violines, Viola, Violonchelo, Contrabajo, Clarinete, Trompa y Fagot del austriaco Franz Schubert (1797-1828).

Mitsuko Uchida nació en las afueras de Tokio (1948) y a los doce años se fue a vivir en Austria para recibir una esmerada educación musical. Sus interpretaciones de Mozart, Franz Schubert, Alban Berg, Arnold Schoenberg, Anton Webern y Pierre Boulez también son celebradas, y con algunas de ellas ha ganado premios internacionales importantes.

Durante este corto festival se realizaron trece conciertos, los cuales atrajeron a a casi 15,000 personas. El director holandés Bernard Haitink (arriba) y la Orquesta de Cámara de Europa destacaron, entre otros.

Daniel Barenboim y muchos más en el Festival de Verano
Una vez finalizado el Festival de Semana Santa, la atención y los esfuerzos comienza a centrarse en el tan esperado Festival de Verano, que este año se realizará del 10 de agosto al 18 de septiembre. Parece que todo está listo y en una semana se pondrán a la venta las entradas para los conciertos y otros eventos.

Como es usual, el festival reúne a lo mejor de lo mejor, entre orquestas, directores y solistas. Algunos conciertos son simplemente imperdibles, como los de los directores Claudio Abbado y Pierre Boulez, dos gigantes que son la marca del festival, o los varios conciertos del director argentino-israelí Daniel Barenboim, junto con la Orquesta West-Eastern Divan o al lado de la Staatskapelle Berlin. La familia Barenboim -en conjunto- se instalará por un rato en el festival, debido a que Elena Bashkirova, destacada pianista rusa y esposa del director latinoamericano, al igual que el hijo de ambos, Michael (violinista), harán sus respectivas presentaciones.

Algunas de las orquestas que desfilarán por el festival son las filarmónicas de Berlin, Viena e Israel y la Sinfónica de Chicago. Dentro de la lista de directores están Daniel Harding, Riccardo Muti, Charles Dutoit, Simon Rattle y Zubin Mehta. Entre los solistas estarán los pianistas Maurizio Pollini, Hélène Grimaud, Jean-Yves Thibaudet, Tzimon Barto, las sopranos Christine Schäfer y Barbara Hannigan, la violinista Anne-Sophie Mutter, y la lista no termina. Sin olvidar a los más de 100 jóvenes músicos de todo el mundo que conforman la Academia del Festival que dirige Boulez.

El tema del próximo festival es la ´noche. “Se centrará en compositores visionarios y soñadores, místicos y maestros de los sonidos oscuros. Dedicado a la oscuridad y el inconsciente, música que en sí misma es el arte de la noche”, explicaban los directivos. Se explorarán cinco aspectos diferentes de la noche, uno de ellos el modelo ´de las tinieblas a la luz´ con Beethoven y sus sucesores, otro sobre Anton Bruckner, el gran místico entre los sinfonistas, e Insomnio. Este último desarrollado por la artista suiza Charlotte Hug, una de las dos ´estrellas invitadas´ al festival. Hug instalará en el Museo de Arte de Lucerna su muestra musical-visual Insomnio, también dirigirá una mesa redonda sobre la relación de la falta de sueño y la música, tocará la viola, improvisará con su voz, y presentará junto con la Academia del Festival su nueva composición, Nachtplasmen, para orquesta y vídeo.

Charlotte Hug, que vive entre Londres y Zurich es una apasionada de su trabajo, y al hablar irradia vitalidad y energía contagiantes. Comentó que su proyecto para el festival es transdisciplinario (y no interdisciplinario) porque los elementos, visibles e invisibles, que hacen parte de la música se compenetran hasta fusionarse indivisiblemente. El boceto que diseñó para esta ocasión captura sus ideas (arriba. Foto ©Liana Cisneros).
Fotos ©Lucerne Festival.

En Bután la vida en función del budismo (III)


Fecha Publicación: 2011-04-17T12:37:00.122+02:00














Estupas blancas, templos y monasterios en medio de las montañas, banderas de oración coloridas moviéndose al ritmo del viento son algunas de las imágenes que se asocian con Bután y que, de cierta manera, provocan ir detrás de ellas. Una vez ahí esas imágenes se multiplican y adquieren cierto misterio cuando las nubes y la bruma las alcanzan. Otras escenas también son constantes: Niños con túnicas rojas memorizando las oraciones budistas (debajo, foto 1), monjes yendo de un pueblo a otro (foto contigua), o muchachas con el cabello corto y que van camino a convertirse en monjas (foto 3). En los más de 2,000 templos y monasterios viven alrededor de 6,000 monjes.






La vida cotidiana está profundamente articulada con las historias, leyendas, mitos y creencias budistas. Es difícil saber cual es cual, o donde se inicia una y termina otra. Todo se ve bajo el prisma del budismo: El arte, la cultura, la política. Buda o el Guru Padmasambhava, más conocido como Guru Rinpoche, y otros más, son deidades cuyas representaciones están por todas partes. Los Dzongs (fuerte/monasterio) funcionan divididos en dos: Una mitad para oficinas de la administración pública y la otra para templos y monasterios.





Las banderas de oración de cinco colores están colocadas en los más variados sitios. El blanco representa el sol y la luna, el amarillo la atmósfera, el rojo el agua, el verde el fuego y el azul la tierra. “Se cree que las banderas de oración son llevadas por el viento para difundir la buena voluntad y la compasión en todos los espacios para beneficiar a todos. Se colocan en puntos altos estratégicos desde donde se puede ver un río, y siguiendo una creencia de que las oraciones serán transportadas con el viento a la deriva por el río en su largo viaje. Sin embargo, si las banderas se cuelgan en fechas astrológicas y dirección desfavorables, se cree que podrían traer resultados negativos”, cuenta Lily Wangchuhuk en Facts about Bhutan: The land of the Thunder Dragon.










Algunos de los templos y monasterios, unos más espectaculares que otros, se encuentran en el oeste del país, en Paro, Timpu y Punakha, varios de ellos a más de 2,000 msnm. Algunos tienen una ubicación privilegiada, en medio de una montaña desde donde no podría haber mejor vista del paisaje o a la orilla de los ríos. El Dzong Punakha (arriba, foto 7), o Palacio de la Felicidad, está en la confluencia de los ríos Mo (femenino y tranquilo) y Po (masculino y movido). En tanto, el monasterio Taktsang o Tiger's Nest (Nido del Tigre), uno de los más sagrados, está en una montaña en el Valle de Paro, que de lejos parece inaccesible (foto 8). Llegar hasta ahí toma aproximadamente hora y media a pie, pero hay caballos para quienes no quieren caminar. En los templos están los más exquisitos rituales religiosos, que al igual que la belleza de los mismos sólo pueden quedar archivados en la memoria porque está prohibido tomar fotos.

La población reza y hace girar las ruedas de oración tantas veces como come, y su día a día está influenciado por la astrología. “Los butaneses consultan astrólogos y, en consecuencia, realizan rituales en todas las ocasiones importantes, para el nacimiento, la muerte, el matrimonio, funciones oficiales, ceremonias en la casa, antes de salir de viaje o cuando se sienten mal. La tradición butanesa está impregnada de su patrimonio budista”, precisa Wangchuhuk en su libro, una de las pocas publicaciones con acceso a información relevante sobre su país.

Chimi Lhakhang o el templo de la fertilidad






El templo Chimi Lhakhang se encuentra en el Valle de Gangtey (1,200 msnm), en medio de plantaciones de arroz que hay que atravesar. Es uno de los templos más visitados por parejas que quieren tener hijos. El templo está dedicado al lama Drukpa Kunley, conocido por su vigor sexual y comportamiento escandaloso. Dicen que a fines del siglo XV dramatizaba sus enseñanzas sobre esos temas, en parte por eso lo llaman el Loco Divino.












La fertilidad está representada por el pene, que es además un símbolo de la buena suerte. Está pintado en las fachadas de casas de ricos o pobres, en las tiendas como llaveros, máscaras o reproducciones en madera. “Es lo mejor para la suerte. Es algo bueno para nosotros”, me comentaba una vendedora de objetos de arte y antigüedades. El 'original' por su tamaño está en el valle de Paro (arriba, foto 2). “Para tener suerte hay que cargarlo”, me decía el guía que me acompañó.

Fotos ©Liana Cisneros.

Bután único y similar a otros (II)


Fecha Publicación: 2011-04-09T18:45:00.137+02:00











Bután es un país único y a la vez similar a otros. Los diseños de los textiles se parecen a los de los países andinos. Las tierras agrícolas en degradé son iguales a los milenarios andenes (arriba, foto 2). La fortaleza de Drugyal Dzong de Paro (foto 6), construida en 1646, recuerda a la fortaleza de Kuelap, construida por la cultura peruana Chachapoyas seis siglos antes.

Las montañas, el tamaño de su territorio y el multilingüismo nos llevan a Suiza. Los butaneses tienen cuatro idiomas oficiales, de los cuales dos se hablan ampliamente: el Dzongkha y el Lhotshamkha o nepalí. En tanto, el Bumthangkha lo hablan en el centro y el Tshanglakha en el este. En las ciudades principales (Paro y Thimphu) es posible comunicarse en inglés, idioma que los niños aprenden en la escuela.






Cómo visten los butaneses? Están obligados a usar la ropa tradicional en lugares públicos. Las mujeres la Kira (al inicio de este párrafo, foto 1), vestido de dos piezas que cubre el cuerpo entero, y los hombres el Gho (foto 2), una camisa hasta las rodillas. En ocasiones usan botas (foto 3) con una franja que identifica su rango en la sociedad: amarillo para el rey, naranja para los ministros y viceministros, rojo para los funcionarios del gobierno, azul para los parlamentarios y verde para el resto de la población.

















Hay un rostro que identifica a los butaneses? No. Hay muchos rostros con rasgos que son el resultado de la mezcla con grupos étnicos de los países vecinos (India, Nepal, Tibet). En varias ocasiones me comentaron que parecía butanesa. “Si usaras Kira no habría ninguna duda”, me dijo una persona. Esos rostros variados atrapan la atención. A los butaneses no les molesta ser fotografiados, aun así es mejor preguntarles primero, a cambio piden ver sus imágenes en las pantallas de las cámaras digitales.

Qué comen? Picante y arroz en las tres comidas. Uno de los platos más deliciosos es el nabo cocido con queso. Por lo general, se alimentan de vegetales, porque como budistas no deberían matar animales. Sin embargo, es posible comprar carnes frescas y chorizos en los mercados. No pescan por no matar peces, pero importan pescado de India. Los mercados semanales de productos frescos, como el de los sábados de Paro, son una forma para conocer los productos que consumen.

Y el arte y la cultura? Están por todas partes e impregnados de la religión. En la pequeña Biblioteca Nacional de Timpu abundan libros sobre budismo, y en las contadas salas están sus íconos religiosos. La música y danza están presentes en las celebraciones y festivales de todo el país. Hay tres géneros musicales: Zhungdra (temas tradicionales y clásicos), Boedra (temas folclóricos) y Rigsar (temas modernos), que combina instrumentos tradicionales y modernos, como el teclado electrónico. Este último gusta mucho a los jóvenes.

La industria cinematográfica es casi inexistente, como las salas de cine. En algunas ciudades las funciones de cine se realizan en carpas improvisadas al aire libre (al costado, foto 1). Hay contados cineastas, a Rapey Khandu (foto 2) lo conocí mientras recorría Paro. Pero Bután es con frecuencia escenario de rodaje de películas extranjeras. El pequeño Buda, de Bernardo Bertolucci, es un ejemplo. Hay pocos museos, el más importante está en Paro y condensa la historia del país. Tampoco abundan galerías de arte, encontré y visité dos, una en Paro y otra en Timpu.

Tshechus o festival de Paro










Antes de viajar a Bután vale la pena mirar el calendario de festivales anuales para coincidir con uno de ellos. El Tshechus de Paro es de los más impresionantes. Es el festival religioso de la ciudad que se realiza durante la primavera, este año tocó a mediados de marzo. Hasta hace unos años se realizaba en el patio del Rinpung Dzong (fortaleza/monasterio), ahora, debido a la gran cantidad de asistentes, se pasó a unos metros más allá. El espectáculo es magnífico, por las danzas con máscaras, la vestimenta bordada, los colores, y el ambiente. La pequeña ciudad de Paro está de fiesta. Los niños, jóvenes y mayores se visten con elegancia y hay una feria con productos de todo el país.

En el día central la ceremonia empieza en la madrugada (2:30am), con el colgado del thongdroel (banderola gigante con imágenes de divinidades) por unas horas, hasta que la gente de las largas colas reciba la bendición. La población vive este momento con mucha emoción. Por la mañana del mismo día, y sin el thongdroel, retoman la presentación de las danzas esperadas.

Fotos ©Liana Cisneros

Bután, entre la globalización y dos gigantes (I)


Fecha Publicación: 2011-04-02T12:18:00.187+02:00











Los butaneses dicen que lo que les une es la religión (budismo) y el ají o chile. El budismo ha logrado impregnar todos los estamentos de la sociedad, como el picante a las comidas. Está enclavado entre los poderosos India y China. En solo cinco décadas saltó de la Edad Media a un tipo de modernidad, y de tener un ingreso per cápita de $ 51 en los años sesenta a $ 1,852 en 2008. Ese mismo año se convirtió, luego de la primera elección, en monarquía parlamentaria.






Es conocido como el reino de la felicidad, principalmente por la puesta en marcha de su modelo de desarrollo de la Felicidad Interior Bruta (FIB), cuyos pilares son: El desarrollo socioeconómico equitativo y sostenible; la preservación y promoción de la cultura; la conservación del medio ambiente; y el buen gobierno. A estos pilares se suman nueve indicadores o componentes de la felicidad colectiva: bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, estándares de vida y gobierno”, sostiene la butanesa Lily Wangchhuk en Facts about Bhutan: The Land of the Thunder Dragon.


Algunos dicen que la FIB es puro marketing. Tiene algo de eso, pero al margen de esta calificación lo concreto es que incluye variables esenciales para alcanzar el bienestar humano, que difieren del modelo basado sólo en el crecimiento económico del Producto Bruto Interno (PBI), usado por la mayoría de países. Este pequeño país, en tamaño (38,395 km2) y población (683,407 hab.), muestra que es posible diseñar un modelo de desarrollo de una manera creativa, aunque éste no sea una alternativa al capitalismo.










Bután es una fiesta de colores fuertes y contrastantes. Es limpio, verde y con paisajes increiblemente bellos. Hace un tiempo prohibió el uso de bolsas plásticas, una de las medidas para proteger el medio ambiente. No se ve miseria, pobreza sí, pero no es chocante. La mayoría de la población vive en casas construidas al estilo butanés, de madera y con ventanas y puertas pintadas con motivos salidos de sus innumerables historias y leyendas. Las personas son muy simpáticas, amables, acogedoras, alegres y con sentido del humor.

En el 2004 le declaró la guerra al tabaco. Se prohibió su comercialización y consumo. La adicción al tabaco se reemplazó por otra, la Dorma (al costado, foto 1), una nuez que se mastica con una sustancia blanca o rosada que al mezclarse en la boca tiñe la lengua y los dientes de un rojo intenso. “El efecto que se siente al masticar por primera vez es como después de haber ingerido mucho alcohol, pero eso pasa y uno se acostumbra”, me comenta Sangay Chophel, el guía que me acompañó durante mi visita (foto 2/delante del monasterio Tiger´s Nest (Nido del Tigre), junto a Sangay y Needup Kaldeen. © Bertel Aukema).






La economía de Bután depende de la agricultura, el turismo y la venta de energía hidroeléctrica a India. Exporta papas, manzanas y naranjas a Bangladesh ( foto 1/agricultores sembrando papa). El comercio es igual como en otros países (fotos 2, 3/tiendas típicas), en menor escala y en locales al estilo butanés. El turismo goza de un gran dinamismo. Hábilmente está dirigido a un sector con poder adquisitivo. De la cuota diaria obligatoria que paga el turista para ingresar una parte va al Estado y otra al resto de la cadena (agencias de viajes, hoteles, restaurantes, guías). No es posible viajar a Bután de manera independiente, excepto los ciudadanos de India y de algún otro país vecino. La organización de la visita requiere de la ayuda de una agencia de viajes nacional o extranjera. La cuota diaria cubre las principales necesidades del turista (hoteles, comidas, visitas a templos y museos, viajes dentro del país). El alojamiento es, por lo general, en hoteles confortables de tres estrellas. Hay también hoteles cinco estrellas, para aquellos que pueden pagar un importante suplemento, ya que la noche en una habitación doble cuesta cerca de mil quinientos dólares. Desde que el visitante pisa territorio butanés los guías de turismo se hacen cargo de toda su estadía.

Complejo como otros países
El hecho de que Bután tenga su modelo de la felicidad no significa que sea el paraíso. Es un país, como cualquier otro, con contradicciones y complejidades. La globalización y su ubicación geopolítica marcan el día a día, principalmente con India, cuya presencia es fuerte y visible desde hace más de cuatro décadas. Las carreteras son construidas por empresas indias, los obreros son indios, al igual que los expendedores de gasolina. Los militares butaneses han sido formados en India. Hay libre circulación de personas de ambos países. India es el mayor donante, con el 50% de ayuda para el desarrollo. Hasta hace poco la política exterior de Bután la dirigía India. La moneda nacional, el Ngultrum (NU), está a la par con la Rupia india, aceptada en los establecimientos.

Bután exporta el 80% de su producción de energía eléctrica a India. Del porcentaje que sobra el 70% va a 123,000 hogares y a las fábricas de cemento indias en el sur. “Desde una perspectiva político-económica, el modelo de Bután es uno de los de recursos de extracción neocolonial. El crecimiento en la producción de energía hidroeléctrica no puede ser el único criterio para medir el éxito”, sostiene el experto nepalí Dipak Gyawali, vice-presidente del Comité Técnico del Programa Mundial de Evaluación del Agua de la ONU. Bután tendrá que pensar dentro de poco en otras alternativas para generar sus ingresos, la fuerza y el volumen de sus ríos comienzan a disminuir.

Bután, en su afán por unificar el país bajo una sola cultura e idioma, ha provocado la expulsión en los años noventa del 20% (110,000) de butaneses de origen nepalí. Un problema que hasta ahora no ha sido resuelto. Miles de ellos continúan viviendo como refugiados en Nepal. La ONU ha venido reubicándoles en algunos países desarrollados, pero a cambio el grupo se está desarticulando.

Cuesta imaginar el futuro de Bután. Podrá seguir semi alejado del mundo globalizado? Lo concreto es que el mundo ya se instaló en el país, a través del internet, de los más de 60 canales de TV internacionales, de los celulares, entre otros. (Foto 1/en vez de semáforos hay casetas con policías de tránsito, a pedido de la población).

Fotos ©Liana Cisneros

Tallin, ciudad luminosa


Fecha Publicación: 2011-02-27T11:20:00.077+01:00











La capital de Estonia, Tallin, es otra ciudad europea que conserva muy bien su pasado medieval conviviendo con su presente. Los siglos XIII y XXI se interrelacionan armoniosamente y a su estilo. Es una de las más hermosas de Europa, llena de luz y de vida. Las edificaciones, unas más lindas que otras, casas medievales, con sótanos que sirvieron para protegerse durante las guerras, se han convertido en la actualidad en simpáticos restaurantes, cafés, y talleres de artistas.





Es la más poblada del país (alrededor de 400,000 hab.), y este año es la Capital Europea de la Cultura, junto a su vecina Turku (Finlandia). El casco histórico es patrimonio mundial de la Unesco. Ambas designaciones se justifican plenamente. Todo a su alrededor es para deleite de los sentidos, el arte y la cultura al alcance: Los espacios abiertos, las plazas amplias, las fachadas de los edificios y las puertas de las viviendas en inagotables colores y diseños, los café tradicionales, los 33 museos, las 40 galerías de arte y las 15 iglesias de diferentes credos (católica, luterana, ortodoxa rusa, judía).













Estonia ha sido siempre una perla deseada por los países vecinos. Su dominación ha ido cambiado de nombre y cultura, que empezó con los daneses (siglo XIII), y le siguieron los suecos, los alemanes y finalmente los rusos. De la segunda dominación rusa se liberó no hace mucho, con la caída del Muro de Berlín. La historia ha mostrado empecinadamente que las dominacaciones producen traumas nada fáciles de superar, y Estonia no es la excepción, como cuenta la joven escritora finlandesa Sofi Oksanen, de padre finlandés y madre estonia, autora del muy premiado libro Purga, en un reciente reportaje de Babelia (El País). Sus abuelos maternos fueron deportados en su propio país y eso transformó, entre otras cosas, su relación. “Los teléfonos estaban intervenidos y no podías hablar de nada abiertamente; sin contar con que encargar la conferencia telefónica era un proceso delicado. Las cartas se censuraban y no podías escribir de ciertas cosas. Mis cartas infantiles, por supuesto, no lo eran. Pero mi madre y mis parientes tenían un código: hacían unas marcas que convertían la frase en todo lo contrario”.

Tallin tiene una ubicación estratégica entre Escandinavia y Rusia, con fluido intercambio desde hace mucho. En 1870 ya funcionaba la ruta del ferrocarril Tallin-San Petersburgo. Se encuentra a 80 km al sur de Helsinki, la capital de Finlandia, a una hora en barco. Los finlandeses la consideran como parte de su país, van allí de compras, porque es más barato, en especial las bebidas alcohólicas. Los gigantescos barcos van llenos de finlandeses, más en un fin de semana.

El legado cultural de la dominación extranjera sigue en pie. Desde la ciudad alta o Toompea se tiene una vista magnífica de esta herencia, como también de los pintorescos techos rojos. En Toompea está el castillo, antiguamente la sede religiosa hoy el Parlamento, construido por los daneses. La Catedral de Alexander Nevski es una construcción rusa (1894-1900) en estilo renacentista. En el barrio de Kadriorg está el palacio que lleva el mismo nombre, construido en 1718 por mandato del Zar Pedro el Grande.

En Tallin es fácil sentirse a gusto, la gente es amable y alegre. El recibimiento a los turistas es con vestimentas tradicionales, y almendras fritas con gengibre, azúcar y pimienta. Si se dispone de tiempo se puede recorrer la ciudad a pie. Es una especie de museo al aire libre. El Pasaje de Santa Catalina (en Vene y Müürivahe), por ejemplo, no hay que dejar de visitar. En este atractivo pasaje se encuentran muchos talleres de artesanos.

Luego de recorrer la ciudad, una buena opción es almorzar -comida típica nacional- en el restaurante Vanaema J´uures (calle Rataskaevu 10-12), a pocas calles del Pasaje de Santa Catalina. Es un sótano de una casa de la Edad Media que tuvo diversos usos. La comida es deliciosa y los platos servidos generosamente, sin olvidar la atención del simpático personal. Se puede empezar con una cacerola de papas (debajo), cocidas al horno con queso de cabra, tomates, comino, eneldo, perejil, leche y huevos. De segundo: Filete de salmón al horno y en crema de queso, pepino encurtido y eneldo. Y terminar con el postre con receta de la abuela, Kake de Rubarbo, parecido al Strudel, y acompañado de frutilla fresca en los contornos del plato.

Martha Argerich en concierto histórico


Fecha Publicación: 2011-02-20T20:02:00.064+01:00

La pianista argentina Martha Argerich (1941), una de las más célebres a nivel internacional, se presentó hace unos días (09.02) en el auditorio del KKL de Lucerna, junto al violonchelista ruso Mischa Maisky (1948) y la Orquesta Sinfónica de Lucerna (Luzerner Sinfonieorchester), dirigida por el estonio Neeme Järvi (1937), en un concierto histórico, en presencia de autoridades rusas y suizas, con el que se dio inicio al festival de la cultura rusa y a las celebraciones del 65 Aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

El recital empezó con la Luzerner Sinfonieorchester (LSO) y un tema del compositor checo Antonín Dvořák (1841-1904), Scherzo capriccioso, que Järvi dirigió bailando al ritmo del vals que emergía por momentos. El dúo Argerich-Maisky (foto Stephanie Argerich), formado hace treinta años, llegó para interpretar Romantic Offering, del ruso Rodion Shchedrin (1932), compuesto especialmente para ambos hace unos meses. Shchedrin es un compositor de larga y fructífera trayectoria. Sus obras han sido interpretadas no solo en su país, sino también en Estados Unidos y Europa. Ya en los años 60 Leonard Bernstein, con la Filarmónica de Nueva York, dirigió algunas de sus obras. Shchedrin creció rodeado de grandes nombres de la música de su país, entre ellos Dmitri Shostakóvich (1906-1975), de quien ahora lo consideran su sucesor.

En el Doble Concierto para Piano, Violonchelo y Orquesta Argerich y Maisky son los protagonistas indudables. Una obra densa en la que prevalece el caos, la delicadeza de los solos (piano y violonchelo) y los golpes secos de los platillos o cimbales ideales para sacar a la audiencia del estado de ensoñación. Al finalizar, Shchedrin, visiblemente emocionado, se subió al escenario para inundar de flores a Argerich y Maisky.

Argerich y Maisky volvieron después de la pausa con Sonata para Violonchelo y Piano, del compositor belga francés César Franck (1822-1890). De otra manera nos hicieron flotar y tocar la cima, para luego dejarnos con la sensación de querer seguir escuchándolos, lo que no sucedió porque el concierto finalizó con la LSO y la Sinfonía Nr. 9 de Shostakóvich.

El programa presentado en Lucerna se repitió la semana pasada en otras salas europeas: en el Auditorium Giovanni Agnelli de Turín (Italia), en el Festpielhaus Baden-Baden (Alemania), y en el Théâtre des Champs-Élysées de París.

La dama del cabello gris
Martha Argerich nació en Argentina, pero pertenece a ese grupo de artistas que no provienen de un lugar, sino de todos. Su territorio es la música. Argerich vive más de medio siglo -de sus 70- en el extranjero, principalmente en Europa. Empezó a tocar el piano casi al mismo tiempo de empezar a caminar, ya que a los cuatro años dio su primer concierto. El General Juan Domingo Perón ha tenido que ver con su formación como pianista e hizo posible que estudiara con los maestros Friedrich Gulda en Viena (Austria) y Madeleine Lipatti y Nikita Magaloff en Suiza. (Foto de archivo).

“...Tenía un poco más de 12 años, había tocado en el Colón y Perón me había dado una cita en la residencia presidencial. Mamá preguntó si podía acompañarme y le dijeron que sí, por supuesto. Yo no era muy peronista... ; me acuerdo de que siempre estaba pegando por todos lados papelitos que decían ‘Balbín-Frondizi’. Él nos recibió y me preguntó: ‘¿Y adónde querés ir, ñatita?’. Y yo quería ir a Viena, para estudiar con Friedrich Gulda. A él le gustó que no quisiera ir a Estados Unidos. Lo más cómico fue que mi mamá, para congraciarse, le dijo que a mí me encantaría tocar un concierto en la UES [Unión de Estudiantes Secundarios]. Y parece que yo debo haber puesto una cara bastante reveladora de que la idea no me gustaba porque Perón le empezó a seguir la corriente a mamá, diciéndole «por supuesto señora, vamos a organizarlo», mientras me guiñaba un ojo y, por debajo de la mesa, me hacía con un dedo que no. El la estaba cargando a mamá y a mí me tranquilizaba. Se dio cuenta de que yo no quería. Fantástico, ¿no? Y le dio un trabajo a mi papá. Lo nombró agregado económico en Viena. Y a mamá le dijo que le parecía que ella también era muy inteligente, emprendedora y capaz y le consiguió otro puesto en la embajada”. En revista Clásica nº 133, Buenos Aires, 1999.

Alex Ross, crítico de música clásica de The New Yorker y autor del indispensable libro The rest is noise (El ruido eterno) sostiene: “Argerich tiene cualidades que rara vez confluyen en una sola persona: es una pianista de complicada agilidad técnica, es una mujer carismática, con una reputación enigmática, es una intérprete desafectada cuya lengua materna es la música. Esta última puede ser la calidad que la distingue. Muchos pianistas tocan grandes octavas dobles, muchos pianistas se fotografían bien. Pero pocos tienen la naturalidad del fraseo infalible que les permite incorporar la música en lugar de interpretarlo”.

Argerich ha tocado con una larga lista de renombrados músicos y directores de orquesta de todas partes. Es reconocida como una de las mejores intérpretes de Chopin, Liszt, Bach, Schumann, Ravel y Prokofiev, aunque en su repertorio no faltan temas de compositores latinoamericanos, principalmente de sus compatriotas Alberto Ginastera o Astor Piazzolla. Ha ganado los más codiciados premios internacionales, es promotora de músicos jóvenes, e inspiración para documentales, como el realizado por el cineasta franco suizo Georges Gachot, Martha Argerich: Conversación nocturna.

Cecilia Bartoli y tres mexicanos en Le Comte Ory


Fecha Publicación: 2011-02-11T16:07:00.085+01:00






La mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli marca claramente su ingreso en el escenario y lo transforma. Hace unos días se presentó en la Opernhaus Zürich (Ópera de Zúrich) como la Condesa Adèle en la ópera Le Comte Ory (El Conde Ory), escrita por su compatriota Gioachino Rossini (1792-1868). Bartoli, una de las más mejores mezzosopranos de todos los tiempos, casi logra hipnotizar con sus movimientos, sus dotes actorales y su voz.

Le Comte Ory, ópera cómica de dos actos, situada en la Francia del siglo XIII, reunió durante seis funciones (enero-febrero) a un destacado reparto de artistas internacionales, entre ellos tres mexicanos: el tenor Javier Camarena (Conde Ory), la soprano Rebeca Olvera (Isolier), y el barítono Armando Piña (Coryphée). Segunda foto de arriba, Camarena y Olvera en sus respectivos roles.






El argumento de esta ópera es hilarante. El Conde Ory se hace pasar por un sabio ermitaño que ofrece consejos a las mujeres de un pueblo francés que se quedaron solas, porque sus maridos están en la guerra de las cruzadas. Isolier, el paje de Ory, está enamorado de la Condesa Adèle, quien había jurado castidad mientras su hermano sigue en la guerra. El Conde Ory también está enamorado de la Condesa, quien le pide consejos para curar su penas y éste le recomienda enamorarse, ella lo hace de Isolier. Ory, vestido de religiosa, y tratando de ganar el amor de Adèle, llega al castillo pidiendo hospicio, junto a más de una decena de hombres. Al principio y al final es desenmascarado.

“Es un lujo trabajar al lado de Cecilia Bartoli. Es la primera vez que lo hacemos juntos y en roles protagónicos. La conocí en una presentación de Juan Diego Flórez, luego me escuchó y aquí estoy”, sostuvo Camarena, mientras firma autógrafos y se deja tomar fotos junto a sus admiradores.

Bartoli tampoco ahorra elogios cuando habla de sus dos compañeros mexicanos: “Ambos actúan maravillosamente. Javier hace un papel demandante, en el que actúa y canta, y Olvera está perfecta como Isolier”. Bartoli pasa por su mejor momento, con una agenda que no le deja tiempo libre. No sólo se presenta en las óperas más importantes, sino también graba discos, escoge cuidadosamente su repertorio, da conciertos. En persona es encantadora, paciente y muy dispuesta para con la gente que se acerca.

Le Comte Ory es una obra montada impecablemente. La escenografía juega creativamente con los límites de los espacio. Una plataforma sube y baja al sótano haciendo los cambios de personajes y objetos pesados, como autos. La música está a cargo de la Orquesta La Scintilla de la Ópera de Zúrich, dirigida por el músico chino Muhai Tang (al costado solo).

Cuando llega mi turno para hablar con Cecilia Bartoli, luego de responder un par de preguntas, me comenta que como latinoamericana debería sentirme orgullosa de las actuaciones de Camarena, Olvera y Piña. “Celebramos que hay muy buenos cantantes latinoamericanos, pero necesitamos más. Que sigan viniendo, por favor...”, señalaba con una sonrisa generosa.

Le Comte Ory es una de las casi 40 óperas que escribió Rossini. No es de las más conocidas o valoradas, sin embargo, su ligereza, humor y picardía atemporal la convierte en una de las favoritas del público, que agotó las entradas con anticipación.

Camarena, decía que interpretar al Conde Ory ha sido un gran reto, porque le exigía agudos, partituras y sutilezas al mismo tiempo. “En términos de actuación no es complejo, porque lo que prevalece es la picardía y la lujuria, que están, por cierto, en el límite para no hacer del Conde Ory un personaje detestable o vulgar, sino que de risa. Ory es un perdedor siempre... y me encanta toda la gama y facetas que confluyen”, precisó.

Olvera es una presencia constante en la Opernhaus Zürich. Hace unos meses, por ejemplo, actuó en L´elisir d´amore, junto al tenor peruano Juan Diego Flórez. Ella, Camarena y Bartoli viven en Zúrich desde hace unos años, esta última porque está casada con un suizo. Foto a la izquierda, Camarena y Olvera después de la función.

Las primeras ocho fotos son de Jef Rabillon, tomadas para la Opernhaus Zürich.