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Fecha Publicación: 2013-06-10T16:51:00.003-05:00

Paseo Baquedano, Iquique. ©Liana Cisneros.
Putre. ©Liana Cisneros.
Tan pronto se cruza la frontera de Perú con Chile nos recibe el desierto de Atacama, el más seco del mundo. Nuestra base es Arica y de ahí tomamos la ruta del desierto hacia Iquique, a 310 km y cuatro horas en bus, ciudad portuaria en el norte de Chile, en la Región de Tarapacá, con una geografía exuberante de montañas de arena en formas caprichosas, arquitectura de la época del esplendor del salitre y playas que ayudan a compensar el calor veraniego. Días después y en otra dirección y altitud partimos para Putre, en el altiplano andino chileno, a 125 km de Arica y 3 horas en bus, un pueblo parecido a tantos otros de Bolivia y Perú, en costumbres, gastronomía y clima, y con una joya, el Parque Nacional Lauca.

Iquique, en el desierto
Plaza de Iquique. ©Liana Cisneros.
Viajar a Iquique es ir al reencuentro con una parte importante de la historia del Perú. Es una región que le perteneció desde la época del incanato hasta fines del siglo XIX. Personajes tan familiares para los peruanos están ligados a esta ciudad, entre ellos el Coronel Alfonso Ugarte, quien además de haber nacido se convirtió en el alcalde, o el General Francisco Bolognesi, que como delegado censal residió en 1875.
Pica. ©Liana Cisneros.

Iquique, que fue primero un centro de poder económico del salitre y luego pesquero, es en la actualidad un ´gran centro comercial´ para Chile y Sudamérica, debido a su gigantesca Zona Franca. Durante el auge de la industria del salitre (1884-1920) ha sido una ciudad con mucho brillo, de esa época queda la arquitectura del Paseo Baquedano (calle peatonal), y de la plaza principal, entre otros. 

Matilla. ©Liana Cisneros.
El Paseo Baquedano se inicia en la Plaza Arturo Prat, al costado del imponente Teatro Municipal (estilo Neoclásico), que al igual que las casas (estilo georgiano) del paseo peatonal y la Torre del Reloj, se construyó con pino oregon importado de Norteamérica. Esta acogedora y colorida calle finaliza en el malecón que va a dar en la playa Cavancha, la más turística y concurrida durante todo el año. Este paseo a pie se hace rodeados de un envidiable paisaje, por un lado, la vegetación del desierto con diferentes tipos de cactus, y por otro, el mar y la playa.
Salitrera Santa Laura. ©Liana Cisneros.

Las antiguas fábricas de salitre son una interesante opción para visitar. A 50 km. de Iquique se encuentran las Oficinas Salitreras Santiago Humberstone & Santa Laura, declaradas Patrimonio de la Humanidad. Santa Laura fue expropiada en 1875 por el gobierno peruano y al finalizar la Guerra del Pacífico fue adquirida por Chile.

Hay muchos pueblos hermosos cercanos a Iquique, como Pica, Matilla o La Tirana. Pica, a 114 km y 4000 hab., quiere decir en quechua 'flor en la arena', y eso es lo que es. En kilómetros de desierto se divisa a lo lejos este pequeño oasis de aguas subterráneas, cuyos atractivos son la belleza de su geografía, sus reparadoras aguas termales y el turismo de aventura. Contrastan con el azul del cielo las flores blancas de los cactus, de las más preciosas. Pica ha sido parte del Camino Inca, y durante el Virreinato del Perú, fue la capital de la cúpula eclesiástica que pertenecía a Arequipa. 

Putre, en el altiplano
Iglesia de Putre. ©Liana Cisneros.
Lago Chungará. ©Rici Lake.
Cae bien dejar el calor del desierto por el altiplano andino. Putre (3500 msnm) es un poblado aymara de 1200 habitantes, en la Región de Arica y Parinacota. Es una cara diferente de Chile, no lo que se está acostumbrado a ver. La cercanía con Bolivia y Perú marca su cotidianidad, y uno se siente transportado a cualquier pueblo andino de estos países. En la plaza de Putre destaca la blanca iglesia, construida en 1670 y restaurada en 1871, declarada Monumento Nacional.

Para los chilenos, acostumbrado a hacer turismo nacional, Putre no es un destino favorito, dicen que ´por la altura y el frío´, y porque en el verano prefieren ir en busca de playas. Si llegan a visitar lo hacen por el día, llegan en la mañana y se van en la tarde.
Parinacota. ©Rici Lake.

La mayor atracción turística de Putre es el Parque Nacional Lauca (137,883 ha.), con zonas de precordillera y altiplano andino de entre 3200 a 6300 msnm. Forma parte de la Red Mundial de Reservas de la Biósfera. Posee una gran riqueza en flora y fauna, lugares de gran interés cultural e histórico, y parajes de gran belleza natural. Es el habitat de más de 130 especies de aves, de vicuñas, vizcachas y cóndores. Dentro del parque se encuentran las áreas silvestres protegidas, el Monumento Natural Salar de Surire, el pueblo de Parinacota (conjunto arquitectónico indígena colonial del siglo XVII), el Lago Chungará, uno de los más altos del mundo, al pie de los volcanes Payachata.



Fecha Publicación: 2013-05-27T20:53:00.000-05:00
Raborg, delante de "Homenaje a Cézanne". Foto ©Liana Cisneros.
Eugenio Raborg, breve antología, exposición en la Galería John Harriman, del Centro Cultural Británico, bajo la curaduría de Élida Román, es una de las mejores sorpresas en la escena artística limeña de los últimos años. Las noventa y un piezas, que incluyen muchas cajitas intervenidas, objetos para ser manipulados, dibujos, pinturas y esculturas, nos llevan a recorrer la historia de un artista trascendente, aunque sin el reconocimiento que se merece en el país.

"Desnudo" (c.1970). Foto ©Manuel Figari.
Raborg es autodidacta, con un profundo conocimiento de las técnicas del arte y las tendencias que lo han marcado. Está influenciado por grandes artistas latinoamericanos, entre otros, como los argentinos Julio LeParc (1928) y Rogelio Polesello (1939), el venezolano Carlos Cruz Diez (1923), y el peruano Gastón Garreaud (1934-2005).

Con un estilo libre, alegre y juguetón, y un sentido del humor fino se rinde a los maestros universales. Desmitifica la Gioconda de Leonardo da Vinci (1452-1519) en sus diferentes versiones. “La Kotosh.conda” lleva ese nombre por los brazos cruzados de la ciudadela de Kotosh en Pampa, Huánuco. “Posee un vidrio fijado con unos platinos de autos Volkswagen y Datsun. Los brazos -cruzados- son de una muñeca. El marco piramidal está sobre un caballete, inspirado en la obra del arquitecto veneciano Carlos Scarpa (1906-1978). Hay algo dadaista y surrealista en la obra", señala. “La Goya.conda” está dedicada al pintor español Francisco de Goya (1746-1828), y la Yoko-onda, a la artista japonesa Yoko Ono (1933), a quien Raborg llama "la Gioconda del siglo XX".

Hay más homenajes, y uno precioso dedicado a Paul Cézanne (1839-1906), “Homenaje a Cézanne”. Un marco de cuadro sin pintar con una manzana roja sobre una repisa (arriba). “La Barbie de Botticelli” está dedicada al maestro italiano Sandro Botticelli (1445-1510), y “Edward Hopper by Raborg” al renombrado pintor estadounidense.

"Bodegón kitsch", 2009. Foto ©Manuel Figari.
Un buen número de piezas son bodegones. “Después de ver bodegones maravillosamente pintados por artistas geniales creí que no podía hacer uno igual, y decidí crear unos a mi manera y estilo", comenta. El “Bodegón kitsch”, una de sus creaciones favoritas, dice que es una clásica alacena limeña. La alacena es colorida, con frutas y verduras falsas sobre una repisa de madera, que en un extremo incluye un diario Trome y en el otro un monedero antiguo. Los bodegones blancos dedicados al pintor italiano Giorgio Morandi (1890-1964) son admirables.

La totalidad de las obras expuestas son de su propiedad. Algo un poco curioso, como hiciera notar el crítico de arte Luis Lama, en la presentación del libro sobre Raborg. “Estoy sorprendido de ver que el 90% de la obra de un artista de la talla de Raborg continúa en su poder y no en colecciones privadas”. 

"Ekeko", 1999. Foto ©Manuel Figari.
"Construcción", 2012. Foto ©Manuel Figari.
Raborg es un reciclador natural. En su universo creativo encuentran lugar los objetos menos imaginados, desde muñecas, abanicos, piezas minúsculas de autos, repuestos de artefactos, trozos de madera tirados a la basura, botellas de plástico, hasta piedras, fierros, y la lista no termina. La “Máquina para pelar higos...(après Leonardo)” es una cajita pequeña hecha con trozos de madera que provienen de cajas de frutas, en la parte inferior lleva un repuesto de TV. "Construcción" y "Ekeko" también las hizo con materiales reciclados.  

El artista limeño puede tardar varios años en crear una obra. El resultado, como cuenta, no es fruto de la casualidad, sino de un proceso rico de reflexión, pensando en todos los detalles e inmerso en lo cotidiano. Lo que hace tiene relación directa con lo que sucede a su alrededor, como se puede notar con las piezas inspiradas en su preocupación por el medio ambiente. “Ozono” se hizo con aerosoles vacíos, ordenados en una repisa; en tanto, "Vacío..." es un conjunto de botellas de plástico transparentes, "que no se sabe si están vacías o ya se usaron. Son desperdicios de lo que usamos", afirma.

El arte... su vida
Raborg es alegría. Foto ©Liana Cisneros.
Eugenio Raborg pinta desde los cuatro años, y dice que seguramente está en sus genes: Uno de sus abuelos era un excelente dibujante, que estudió en la Academia de Dibujo, cuando la dirigía el escritor Ricardo Palma. El pequeño Raborg descubrió la pintura jugando a las escondidas en la casa de una vecina. “Buscando escondite llegué a un cuarto increible de un joven pintor. Después de deslumbrarme salí corriendo para mi casa a buscar el libro "El tesoro de la juventud", en donde encontré algunas pinturas que me inspiraron. En un cartón hice un boceto que pinté con mis ´acuarelas´ de pasta de dientes. Al día siguiente el boceto estaba cubierto de hormigas. A mi padre le gustó ver mi inclinación por la pintura, y al día siguiente me compró mis primeros materiales. A los 8 años había mejorado mucho”, recuerda. De esa época provienen dos pequeñas pinturas, incluidas en la muestra, y que la curadora Román las rescató de un baño de su casa.

Sabiendo que su talento y vocación estaban en el arte decidió estudiar economía, profesión que abandonaría después de concluirla. “Mi padre era feliz con mi vocación artística pero mi madre se oponía. A los 16 años, cuando decidí dedicarme de lleno al arte mi padre murió y cambió completamente mi panorama. Me puse a trabajar y ahí estudié Economía. Doce años después murió mi madre, y al encontrarme sin más presiones y responsabilidades retorné al arte”, cuenta.

Chancay I, II, III. 1994. Foto ©Manuel Figari.
Gastón Garreaud, conocido como Chani Garreaud, fue uno de sus guías. "Cuando terminé mi etapa de paisajes, a los 30 años, empecé como a copiar a Chani, en lo geométrico, no en el uso de elementos prehispánicos, y así descubrí a LeParc, a quien cuando conocí en París me invitó a trabajar con él, desistí porque quise regresar al Perú”, sostiene. Por recomendación de Garreaud tomó clases en el taller de la artista Cristina Gálvez (1916-1982). A esa etapa pertenecen sus magníficos desnudos. 

Luego vendrían las muestras colectivas e individuales, dentro y fuera del Perú. En Lima, recuerda con especial cariño su paso por la Galería Ivonne Briceño. “Ivonne era una galerista diferente. Era sensacional. Tenía puntería. Sabía matizar y combinar artistas con mucho nivel con otros que recién emergían”, señala Raborg con nostalgia.

La muestra actual, que seguirá su recorrido por la Galería del Británico en San Juan de Lurigancho, le recuerda a su primera exposición colectiva en el Británico del centro de Lima, a los 14 años, cuando sus profesores eran los pintores Alberto Dávila (1912-1988) y Eduardo Moll (1929), en el colegio San Andrés, antes Anglo-Peruano. Acompaña la muestra el libro Raborg, escrito y editado por Élida Román, con la fotografía de Manuel Figari. Es una publicación voluminosa e imprescindible para conocer el mundo del artista. 
Etiquetas: [Pachacamac]  [Asociación del Circuito Ecoturístico Lomas de Lúcumo]  [Quebrada Verde]  [Lomas de Lúcumo]  
Fecha Publicación: 2012-12-04T15:47:00.003-05:00
Un caracol mimetizado.
Formaciones rocosas en la ruta.
Rocas y caracoles por montones, flores, pájaros, murciélagos y una sábana verde es lo que ofrece Lomas de Lúcumo, a solo 34 km al sur de la ruidosa, gris y atiborrada Lima, en el distrito de Pachacamac. Es un lugar ideal, por la tranquilidad, el verde de la vegetación y el fácil acceso, mediante transporte público y privado, para quienes gustan de una caminata al aire libre y en contacto con la naturaleza. En las 150 hectáreas conviven alrededor de 80 especies de fauna y 240 de flora, entre vizcachas, zorros, halcones, aguiluchos, papayas silvestres, la flor de Amancaes, que se deja ver en junio, y un árbol de Tara, especie nativa usada para tinte y curar algunos males.
Una alfombra vegetal.
Plaza central de Quebrada Verde.

Las Lomas de Lúcumo existen como consecuencia de la acumulación de neblina que alimenta a la verde vegetación. Es un circuito -abierto de agosto a noviembre- precioso, cuidado, seguro y limpio, y que pone a disposición del visitante guías locales. Si no se usa este servicio no hay problema, porque es fácil el recorrido, por lo seguro y bien señalizado, como en cualquier país con rutas de trekking.

El circuito ofrece dos rutas, la de Los Guardianes, la corta, de 4 km, que puede hacerse en un máximo de 3 horas, y la de Los Lúcumos, la larga, de 6 km, que toma alrededor de 5 horas. Ambos recorridos, que se inician a escasas cuadras de la plaza principal del simpático pueblo de Quebrada Verde, han sido diseñados por sus pobladores, organizados en la Asociación del Circuito Ecoturístico Lomas de Lúcumo. Cobran derecho de ingreso, pequeño monto destinado al mantenimiento y la limpieza del circuito.

Envidiable señalización.
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Flores de noviembre.
Al inicio del circuito hay un pequeño complejo, con un restaurante, un Centro de Interpretación (centro de información) y baños, estos últimos provistos de poca o nada de agua. En la ruta de Los Lúcumos hay que atravesar una especie de "túnel", por debajo de la Piedra Padre, en cuyo interior hay murciélagos que vuelan desesperadamente ante la presencia humana. Pasado el "túnel" se empalma con el camino que conduce al punto más alto. Es espectacular si aquí se hace una pausa, porque con una visión de 360 grados es posible divisar, si el día es claro, no solo el río Lurín sino también, al fondo, el mar.

En un día propicio, el Farallón es el punto de encuentro para la práctica de parapente y rapel (descenso vertical por la gigante montaña de piedra). Y hay la posibilidad de acampar en uno de los miradores naturales y dormir bajo la luz de la luna, con una vista privilegiada del valle.

El Farallón.
Agua y fruta son suficientes para el trayecto, además de ropa apropiada y de un juego limpio de sobra, por si toca un día nublado y húmedo. Si no se lleva comida para almorzar se puede terminar ya sea en el restaurante al inicio del circuito o en los tantos en Pachacamac, a 10 minutos en mototaxi de Quebrada Verde.

La "cabeza de carnero".
Algunas de las innumerables rocas representan figuras reconocibles, como la cabeza de carnero, o sapo, y otras más. La caminata se complementa con el agradable olor de la tierra mojada y el silbido de los pájaros. El circuito finaliza en un arenal, donde algunos pobladores han construido sus casas, y en sus huertas se dedican a la crianza de animales, hasta de un Pavo Real, además de cactus y flores.

A mediados de noviembre, dos semanas antes de finalizar el período para hacer esta excursión, todavía se  pudo apreciar la intensidad del color de la naturaleza y las flores. Un placer para los sentidos. 

Fotos ©Liana Cisneros.
Etiquetas: [Galería Germán Krüger]  [CC Ricardo Palma]  [Las Pallas]  [Pablo Patrucco]  [Euroidiomas]  [Galería Forum]  [Enlace]  [Eduardo Tokeshi]  [Herbert Rodríguez]  [Patrick Tschudi]  [Lala Rebaza]  [Galería John Harriman]  
Fecha Publicación: 2012-11-24T21:28:00.000-05:00
Lima pasa por un periodo de florecimiento en ciertos campos, y muy visible en el arte. No siempre fue así, es un fenómeno reciente, de la última década. Por ejemplo, se realizan exposiciones de todo tipo y por todos lados, en galerías comerciales, concentradas en tres distritos de la capital (Barranco, Miraflores y San Isidro), en galerías públicas, museos y centros culturales. El acceso, por lo general, es gratuito y el recorrido se puede hacer a pie, lo que ayuda a descubrir una ciudad con barrios, arquitectura y paisajes cotidianos invisibles desde un bus o auto.

La ruta se inició en Barranco, en la exposición de Las Pallas, Aves en el arte popular peruano, siguieron varias muestras en Miraflores: Círculo, de Eduardo Tokeshi, en la Galería Forum; Críptidas, criaturas cotidianas, de Lala Rebaza, en el Centro Cultural Ricardo Palma; Máquinas Sentimentales, de varios artistas, en la Galería John Harriman; Primitivo, de Herbert Rodríguez, en el Espacio de Arte Fundación Euroidiomas; Retrospectiva 1984-2012, de Eduardo Tokeshi, en la Galería Germán Krüger Espantoso. Finalizó el recorrido, cuatro horas después, en San Isidro, en Enlace Arte Contemporáneo, con la muestra Materia oscura, de Pablo Patrucco.

La ruta a pie señalizada en el mapa es una de las opciones a seguir, puede hacerse también a la inversa, empezar en San Isidro y terminar en Barranco, o variar el número de las galerías y exposiciones. Si este es el caso, habría que tomar en cuenta las muestras imperdibles, como las dos de Eduardo Tokeshi y la de Herbert Rodríguez. Ambos artistas vuelven a exponer después de varios años. Las muestras de Tokeshi son complementarias y han requerido un trabajo creativo simultáneo, un proceso que desde fuera podría parecer muy agotador pero para él es estimulante.“Me gusta trabajar en dos proyectos a la vez. Así aprovecho de la viada”, nos decía un tanto eufórico.
 
Aves en el arte popular peruano, de varios artistas. Las Pallas
Es la exposición anual que organiza Mari Solari, dueña de Las Pallas. Las piezas en exhibición que están a la venta han sido elaboradas especialmente para este evento por los más importantes artistas artesanos del Perú, entre ellos la familia ayacuchana Jiménez. Los textiles, telares, obras en madera, piedra y otros se trabajaron la temática de las aves durante un año. La muestra se realiza en la misma casona donde opera la tienda Las Pallas, la misma que ofrece artesanía de envidiable calidad, seleccionada en rincones de todo el país. La casona es una especie de museo, el ´santuario´ de M. Solari dedicado al arte popular peruano. Hasta el 24 de noviembre.
De lunes a sábado de 10:00 am a 6:00 pm. Calle Cajamarca 212, Barranco.

Presenta su producción reciente, pinturas circulares con mucho color y que remiten a cuentos de niños, junto a, entre otros, un retablo original con figuras de papel en color blanco y el mapa del Perú, también blanco, con pequeños soldados de metal. La mayoría de piezas han sido rescatadas de su taller. El sentido lúdico, una característica en la obra de Tokeshi, está más presente que en su Retrospectiva 1984-2012, en el ICPNA. El nombre de la muestra indica el retorno, el cerrar un círculo, un ciclo. “Quería el cierre de una etapa, porque quiero hacer otras cosas”, me decía.
De lunes a viernes de 10:00 am a 8:00 pm. Sábados de 11:00 a 7:00 pm. Av. Larco 1150, Miraflores.

Críptidas, criaturas cotidianas, de Lala Rebaza. Centro Cultural Ricardo Palma
En siete esculturas de criaturas femeninas la ceramista Lala Rebaza (Lima, 1972) explora la complejidad de los sentimientos. “Si bien estas criaturas – críptidas - parecieran provenir de mundos fantásticos, de cuentos y mitologías ancestrales, no lo son. Se trata de una especie de bestiario personal creado por la artista, quien se apropia de los universos mágicos y religiosos más cercanos a su experiencia, para crear seres con forma y nombre propios, casi como en un catálogo de rarezas. En esta ocasión, las críptidas son mujeres –casi niñas- de un aspecto sumamente dulce, sin embargo, recién cuando reparamos en los detalles, en los atributos que portan o en la historia que se relaciona a cada una de ellas, es que advertimos lo terribles sucesos que las atormentan y, por tanto, los complejos sentimientos que, no sólo la artista, sino todos podemos guardar”, sostiene Gabriela Germaná, curadora de la exposición. Hasta el 30 de noviembre.
De lunes a domingo de 11:00 am a 10:00 pm. Av. Larco 770, Miraflores.

Máquinas Sentimentales, de varios artistas. Galería John Harriman
Colectiva de los artistas Patrick Tschudi (Lima, 1973), Janine Soenens (Lima, 1978), Diego Sabogal (Colombia),  Lilia Villafuerte (Lima), Laura Malinverni (Italia).La muestra reúne cuatro propuestas que exploran el intersticio entre el objeto como signo y la subjetividad como experiencia. De este modo, las representaciones adquieren cualidades de humanidad, los aparatos se vuelven interfaces afectivas, los elementos domésticos se convierten en mensajes a distancia y los dispositivos intentan continuamente un diálogo con las personas y con el mundo que los rodea, de acuerdo con los organizadores. La obra de Patrick Tschudi, en una sala a oscuras, llama la atención. “La idea era trabajar en movimiento. Son gestos cotidianos que hacemos como autómatas. Como una vida plana” (foto a la derecha), nos decía Tschudi. Hasta el 28 de diciembre.
De lunes a sábado de 9:00 am a 9:00 pm. Domingos y feriados de 2:00 pm a 8:00 pm. Jr. Bellavista 527, Miraflores.

H. Rodríguez.
Primitivomarca el retorno del artista Herbert Rodríguez (Lima, 1959) a la técnica y el oficio para presentar su más reciente producción de acrílicos sobre tela en gran formato, en los que volca todo su estilo personal, en juegos de formas primitivistas de colores intensos y contrastados. Tótems, máscaras, altares imaginarios y diseños que afloran de la sangre, de la tierra y de las fiestas populares del Perú. Rodríguez ha sido miembro del Taller Huayco EPS. “Cada vez que lo veo trabajar, su mano endemoniada no deja de trazar líneas ni de cubrir con colores cualquier superficie. Herbert sufre de incontinencia artística, de hemorragia pictórica. Herbert escupe, orina y vomita pintura”, sostiene Elio Martucceli. Hasta el 27 de noviembre. 
De lunes a viernes de 7:00 am a 9:00 pm, sábado de 8:30 am a 6:00 pm. Calle Libertad 130, Miraflores.

Esta muestra representa 28 años de carrera, de estar haciendo, de ser un obstinado”, nos comenta Eduardo Tokeshi (Lima, 1960). Es una exposición que conmueve y estremece, por lo variada y porque desde una perspectiva muy personal, tokeshiana, nos acerca al Perú. Muchas de las piezas pertenecen a coleccionistas privados, y unas pocas siguen en su casa, como Corazones, tres corazones gigantes y llamativos (foto a la derecha). “No los quise vender. Son obras sumamente personales”, señala. La exposición incluye pinturas, dibujos e instalaciones, entre ellas su taller, su espacio de trabajo. Hasta el 16 de diciembre.
De martes a domingo de 11:00 am a 8:00 pm. Av. Angamos Oeste 160, Miraflores.

Azucena. P. Patrucco.
©Enlace.
Reúne la reciente obra del artista Pablo Patrucco (Lima, 1975). Materia oscura “… no es solo un homenaje al trazo detallista del lápiz, al poder expresivo del grafito, ritual casi primitivo-casi romántico, es además una intensa reflexión acerca de ambientes y situaciones subrepticias en el que se mueven las miradas, tanto de quienes observan sin ser vistos como las del observador más atento y descubierto. (…)”, sostiene Daniel Contreras, curador de la muestra. “En realidad casi nunca me ha interesado llegar al hiperrealismo, lo que me encanta y me motiva es crear una propia realidad, un umbral anterior, mi propia realidad filtrarla a través de los ojos y plasmarla con mis manos (… ) Paseo Lima, reviso Lima, consumo Lima todo el tiempo, para tratar de extraer mi propia lectura de la ciudad”. Hasta el 30 de Noviembre.
De lunes a sábado de 11.00 am a 8:00 pm. Av. Pardo y Aliaga 676, San Isidro.

Fotos ©Liana Cisneros, excepto la que lleva crédito.
Etiquetas: [Enlace Arte Contemporáneo]  [Carlos Runcie]  [Ricardo Wiesse]  [Silvia Westphalen]  
Fecha Publicación: 2012-10-12T07:53:00.002-05:00
Silvia Westphalen (1961), Carlos Runcie (1958) y Ricardo Wiesse (1954), artistas peruanos de gran prestigio y reconocimiento, juntos por primera vez en exposición imperdible en la galería Enlace Arte Contemporáneo, en Lima. Westphalen, Runcie (escultores) y Wiesse (pintor) tienen en común su fuente de inspiración, el Perú.

Tierra (2012). C. Runcie.
Miradas diversas, visiones similares y entrelazadas es lo que se observa en la muestra. Hay juego, diálogo y comunicación a través de las formas y los matices. Las piezas de Westphalen y Runcie acogen armoniosamente a las pinturas de Wiesse, como si hubieran sido concebidas en un mismo espacio. Los objetos irradian belleza y sensualidad, también un cierto tipo de poesía y música.

Sin título (2012). R. Wiesse. Foto ©Enlace.
Westphalen parece hacer un viaje de fuera para dentro y para llegar a la esencia de la piedra crea formas caprichosas y canales comunicantes. Runcie parece hacer un viaje a la inversa, del interior al exterior, cuando moldea la arcilla y da forma a lo amorfo. Wiesse, en cambio, se integra al grupo con sus pinturas y a través de ciertas formas y figuras. Un amigo me decía,“Wiesse está en su etapa molecular. Encontró una nueva obsesión”, en referencia a su conocida etapa de paisajes del desierto de la costa peruana. Westphalen y Wiesse vuelven a exponer juntos.
Río Amarillo (2012). S. Westphalen.

“El término sincronicidades... se concibe y comprende desde el punto de vista del concepto como lo entiende y planteó C. Jung, esto es, como principio de conexión acausal que descubre y engloba significados comunes, concomitante, generales, universales. El concepto alude a la simultaneidad de sucesos, ideas, etc., vinculados por el sentido y orientación pero de manera no causal”, señala Roberto Ascóniga, curador de la muestra.

Las piedras de Westphalen tienen una forma poderosa de relacionarse con el espectador, son piezas magníficas que provocan llevarlas siempre con uno, como si fueran dijes. Los balones gigantes de Runcie provocan, a su vez, jugar a las bochas o saltar sobre ellas. Si Westphalen y Runcie son terrenales, la obra de Wiesse flota con sus formas espermatozoidales.

Silvia Westphalen
Westphalen con una de sus pieza en mármol.
Estudió y trabajó en Italia, Francia, México y Portugal. Fue asistente del escultor portugués Joao Cutileiro. En 1989 ganó el primer premio otorgado por el Club Portugués de Artes: "Ideas, Cultura y Desarrollo" y, en 1998, la I Bienal Nacional de Lima. Silvia ha vivido rodeada de artistas, su padre fue el poeta Emilio Adolfo Westphalen y su madre la pintora Judith Ortiz, pionera del arte abstracto en el Perú. Sus primeras muestras se realizaron en Portugal, y después seguirían Perú y otros países. “Mi trabajo está fuertemente influenciado por el Perú, sobre todo por sus culturas precolombinas y su paisaje agreste y drástico... Estoy particularmente interesada en la forma en que la civilización Inca ha trabajado con piedra y cómo colocaron estructuras de piedra en paisajes... el simbolismo utilizado en cerámicas y textiles precolombinos tienen una gran influencia en mi trabajo”, precisa la artista.

Carlos Runcie
Runcie con su Estela (2012) reciente. 
Primero estudió filosofía y después cerámica, y lo hizo en Perú, Brasil, Italia y Japón. Ha recibido reconocimientos internacionales, entre ellos ha sido becado dos veces por la OEA, en Florencia y Brasilia  como también por la Secretaría General de Desarrollo Social de México. Sus piezas son parte de colecciones públicas y privadas en Estados Unidos y América Latina. Ha sido profesor invitado en universidades en EEUU y Japón. Paralelamente a las exposiciones y a su labor de investigación, mantiene desde el año 1978 un taller de cerámica artística, en el cual produce piezas utilitarias y objetos funcionales de cerámica gres, utilizando materias primas locales y hornos de gas para su cocción (1300ºC). Sus padres, Walter Runcie y Elsa Tanaka de Runcie, son de ascendencias británica y japonesa. Su abuelo paterno Walter O. Runcie Stockhausen, ha sido pionero de la fotografía aérea en el Perú. 

Ricardo Wiesse
Wiesse. Foto ©Antonio Wiesse.
Es uno de los artistas plásticos más constantes de la escena nacional. Su formación artística la realizó en Perú, Inglaterra y Francia. Sus obras se encuentran en museos y colecciones privadas en el Perú y el extranjero. Para acercarse a su trabajo es importante conocer algo de su propia historia, especialmente para entender su etapa dedicada al desierto costero. “La hacienda Buenavista, ubicada en el valle de Chao (La Libertad), era propiedad de la familia de la abuela paterna del artista, y fue, como las demás haciendas costeras que vertebraban el patrimonio de la élite criolla, objeto de la reforma agraria emprendida por el gobierno del general Juan Velasco (1968-1975). De niño, Wiesse vivió sus primeros años en este entorno rural, al que continuó yendo durante la adolescencia. La huella del paisaje costeño, de los arenales silenciosos, el mar y los intermitentes valles, así como su patrimonio arqueológico, había sido impresa de manera indeleble en la sensibilidad del futuro artista plástico”, señala Luis Agusti, en Abstracción y figuración en la obra de Ricardo Wiesse

Fotos ©Liana Cisneros. 
Etiquetas: [Europa del Este]  [Balcanes]  [Goran Bregović]  [Bosnia]  [Yugoslavia]  [Patrice Chereau]  [Kayah]  [Sarajevo]  [Emir Kusturica]  
Fecha Publicación: 2012-09-21T17:48:00.003-05:00
Goran Bregović (Sarajevo, 1950) es, sin lugar a dudas, el músico bosnio de mayor reconocimiento internacional. Su estilo fusiona ritmos de los Balcanes y de Europa del Este, pasando por el folclore tradicional, la música gitana y el rock. Su sólida formación musical y su gran experiencia liderando por 16 años, y desde los 16, el grupo de rock, El Botón Blanco, le han convertido en uno de los músicos más admirados en los Balcanes.

El compositor y músico bosnio ha consolidado su carrera internacional, principalmente, desde su arribo como exiliado a París, tras huir de la guerra en Yugoslavia. En Francia se entregó a otros ritmos y géneros, y ha compuesto música para cine, teatro y ópera. Su influencia ha quedado demostrada en películas ganadoras de importantes festivales, como el de Cannes.
Tiempo de gitanos, de Emir Kusturica.
Film de Patrice Chereau.
Es difícil imaginar Tiempo de gitanos, Sueños de Arizona y Underground, del director serbio Emir Kusturica, o La Reina Margot, del francés Patrice Chereau, sin las bandas sonoras de Bregović. Quién más hubiera podido convertir esas bandas sonoras en inolvidables?

Algunos de sus discos son imprescindibles para penetrar en la cultura de los balcanes. Kayah & Bregović (1999), realizado con la cantante y compositora polaca Kayah, es una joya que se convirtió en uno de los discos más populares de todos los tiempos en Polonia. Hace más de una década que salió a la venta y hasta ahora se escucha con frecuencia en países de esa región.

Con su Orquesta de Bodas y Funerales (Goran Bregović and Weddings and Funerals Orchestra) ha recorrido y conquistado Europa, Asia, Norte y Sudamérica.

Bodas y Funerales, cine, teatro y ópera
La Orquesta de Bodas y Funerales toca música gitana, canciones tradicionales búlgaras, entre otros, con la ayuda de una guitarra eléctrica, y de otros instrumento de percusión, como también de viento y metal, cuerdas y de las maravillosas voces de las hermanas búlgaras, Daniela y Ludmila Radkova. Lo que producen todos ellos es una música explosiva, con una fuerza aplastante, que sacude y seduce. Pero también refresca la memoria con sonidos familiares de bodas y entierros de varias culturas, como la judía, cristiana y musulmana.

Bregović es el alma de la banda y de sus conciertos. Dirige, baila y toca varios instrumentos, vestido impecablemente de blanco. Las presentaciones de la orquesta son coloridas y el público queda rendido. Con la Orquesta de Bodas y Funerales, Bregović ha pisado innumerables escenarios, y hasta ha cerrado uno de los más importantes festivales de jazz, el de Montreal.
Ludmila Radkova.
Daniela Radkova.
Goran Bregović toca principalmente la guitarra, instrumento que escogió, dice, porque los guitarristas tenían más éxito con las chicas en su época de juventud. “En aquellos tiempos, el Rock tenía un rol primordial en nuestras vidas. Era la única forma de poder hacer oír nuestra voz, y de expresar públicamente nuestro descontento sin arriesgarnos de ir a parar a la cárcel (o algo parecido) ...”. Con su banda, El Botón Blanco, se hizo conocido en los Balcanes y Europa del Este.

Las películas que hizo con Emir Kusturica, a fines de 1980 y mediados de 1990, y con quien formó un verdadero tandem, pusieron los reflectores en su trabajo como compositor, lo mismo que hizo La Reina Margot, del cineasta francés Patrice Chereau. “Una de las mejores cosas de las películas de Emir es que muestran la vida tal y como es -. Lleno de agujeros, dudas y hechos inesperados. Es este el lado imperfecto y desorganizado que yo quería preservar sobre todo”, señala.

En el teatro colaboró con Silencio de los Balcanes (1997), un proyecto multimedia del esloveno Tomaz Pandur, realizado en Tesalónica (Grecia). Escribió la música para Hamlet, una colaboración con el Teatro Stabile de Trieste, lo mismo que para La cruzada de los niños, comisionado por el director italiano Marco Bailani y el Festival Novecento en Palermo.
Álbum Kayah & Bregović
Bregović es uno de los músicos más buscados por sus pares de todas partes. Ha colaborado con Iggy Pop (EEUU), con las fallecidas Ofra Haza (Israel) y Cesaria Evora (Cabo Verde), al igual que con Scott Walker (Reino Unido), Setzen Aksu (Turquía), George Dalaras (Grecia), Kayah (Polonia), entre otros.

Incursionó en la ópera con La Karmen con un final feliz (2004), ópera gitana con sello balcánico, interpretada por los músicos de la Orquesta de Bodas y Funerales. Ha sido  presentada en muchos países, en tres países de América Latina (Argentina, Chile y Mexico).

Fotos ©Liana Cisneros (excepto tres), tomadas en el concierto de Goran Bregović y la Orquesta de Bodas y Funerales, en el Volkshaus de Zúrich, Suiza.
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Fecha Publicación: 2012-08-28T23:11:00.004-05:00
Calle céntrica de Montevideo.
Atardecer en la región norcentral.
Uruguay es pequeño, en términos geográficos (176,000 km²) y demográficos (3´251,526 hab.), y muy tranquilo, tal vez por eso tiende a pasar desapercibido. Sin embargo, después de la primera visita, este pequeño y tranquilo país, se convierte en uno de los favoritos. 

En Uruguay todavía se respira a civismo. Los peatones tienen derechos más no los autos. El agua de caño es bebible, como en Suiza. Los uruguayos suelen decir lo que piensan y gustan de opinar. Donde hay dos uruguayos hay tres opiniones, comentan. Discuten sin dejar de ser cálidos y amigables. Es un territorio para explorar y disfrutar, y es más que Punta del Este, el destino turístico más conocido.

Montevideo: acogedora y atractiva
Librería Más Puro Verso.
Librería Oriente y Occidente.
Montevideo es agradable, con una extensa Rambla (o malecón), a orillas del Río de la Plata. Es una ciudad manejable, segura e impregnada de una vida cultural rica. Abundan librerías imperdibles, como Más Puro Verso, o Oriente y Occidente. La primera, en un edificio histórico (1917) y emblemático, construido en fierro y vidrio por el arquitecto Leopoldo J. Tosi. La segunda, en otro edificio lindo, ofrece una interminable lista de libros usados, que se ojean sentados cómodamente y con una música deliciosa de fondo.

La basura se recoge a caballo.
También abundan museos y centros culturales. En la Ciudad Vieja destacan el Museo Torres García, con una extensa colección de la obra del pintor Joaquín Torres García (1874-1949), creador de un estilo identificable, entre sus creaciones populares está el mapa de América del Sur al revés. El Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) es un lugar lleno de vida, en el que confluye una colección de arte latinoamericano con artesanías ganadoras de concursos anuales. El Museo Gurbich, del judío lituano-uruguayo José Gurbich (1927-1974), es un rincón especial. El Centro Cultural de España no solo ofrece muestras interesantes sino también un menú delicioso en su pequeño restaurante, y a precios asequibles. En la Plaza Fabini se encuentra otro centro cultural, El Subte, con obras de artistas contemporáneos uruguayos (y extranjeros) de reconocida trayectoria, entre ellos Wifredo Díaz Valdéz y Luis Camnitzer.

El Café Brasilero.
La Rambla o malecón.
El tradicional Café Brasilero (1877) invita a quedarse conversando o leyendo los diarios. Era el preferido de la bohemia, frecuentado todavía por el escritor Eduardo Galeano, aunque ya no con su entrañable amigo Mario Benedetti. A unas cuadras está el puerto, que en los últimos años ha pasado por una visible transformación, un ejemplo es el  Mercado del Puerto, en donde se come las típicas carnes uruguayas, entre otros. 

Hay alojamientos de todo tipo. El hotel Palacio, en la Ciudad Vieja, es una alternativa. Está en un edificio antiguo con cierto encanto. Los pocos pisos se conectan a través de un bellísimo ascensor de la década de 1920. Las habitaciones son sencillas pero agradables, a precios cómodos, más tratándose de una ciudad costosa. La atención de los dueños, una familia simpática y muy servicial, es invaluable.

Colonia del Sacramento: entre Montevideo y Buenos Aires
El barrio antiguo, uno de los más bonitos en América Latina, combina varios estilos arquitectónicos (portugués, español y post-colonial), Patrimonio de la Humanidad. Marcello Mastroianni se encargó de eternizarla “De eso no se habla” (1993), de María Luisa Bemberg. Fue la primera ciudad fundada en Uruguay (1680), un siglo antes que Montevideo. Sus calles empedradas cobran vida con los cafés con terrazas, y en el otoño los colores de los árboles y casas contrastan maravillosamente. Está a tres horas en barco de Buenos Aires, y a tres horas en bus de Montevideo. Los turistas la visitan por el día, en parte porque es posible recorrerla y por el costo de los hoteles, que son bastante costosos.

Tacuarembó: Gardel y ecoturismo
Para los uruguayos Carlos Gardel nació en Tacuarembó, departamento norcentral, donde hay un museo dedicado al mítico tanguero. “De nuestros artistas buenos los argentinos se adueñan y de los que no lo son los presentan como rioplatenses”, me decía riéndose una uruguaya.

Los Laureles, camino a Bichadero.
Cascada Armúa.
Pasamos por Tacuarembó camino a los Laureles, la “sierra” uruguaya (300 msnm), para hacer ecoturismo con una docena de personas, en su mayoría nacionales. Es un circuito relativamente nuevo y no tan fácil de acceder, una experiencia diferente e inolvidable. Está a ocho horas en bus de Montevideo.

Nos hospedamos en el Establecimiento Bichadero, de los esposos Darío Fros y Serrana Rodríguez. Dario es hijo de inmigrantes alemanes y brasileños. Por tres generaciones las casi 500 hectáreas de tierras estuvieron dedicadas a la ganadería, pero desde hace algunos años, y en periodos determinados, están dedicadas al turismo. Bichadero es parte de un grupo de pequeños productores rurales en busca de otros ingresos, debido a la baja productividad de sus tierras.
 
Serrana, preparando uno de sus platos.
Darío, Serrana y sus tres hijas (Alicia, Marcela y Clara) son unos excelentes anfitriones. Es fácil sentirse en casa. Algo que realmente se aprecia es la cotidianidad y frescura con que reciben al visitante. Las salidas diarias a los alrededores se hacen con guías de Bichadero o de otro establecimiento, son los mejores conocedores de la región, sin olvidar a Clara, la última de los Fros Rodríguez, de siete años, que es toda una amazona. Ella y su hermana Marcela van a la escuela, a varios kilómetros de distancia, a caballo. Bichadero está en "medio de la nada".

Los Fros Rodríguez, junto con otros “gauchos” vecinos, acondicionaron varios senderos para atraer a los apasionados por la naturaleza, las cabalgatas, la gran variedad de aves y bosques nativos, y las caminatas, que para algunos no son nada exigentes. La cascada Armúa, cuya historia está relacionada con la trágica muerte (suicidio) de una esposa engañada hace 50 años, está a solo hora y media a pie. 

Casi el cien por ciento de lo que se consume en Bichadero es producido ahí, desde el pan recién hecho hasta la mantequilla y los vegetales. Las carnes provienen de la crianza de animales al aire libre. Lo único que viene de fuera es el aceite, la harina de trigo, el azúcar y el arroz. Serrana se lució con un exquisito plato para despedirnos, Cordero al Vino, acompañado de papas con crema de leche y hierbas aromáticas. 

Fotos ©Liana Cisneros.