"Carta a una señorita en París" es el segundo cuento del Bestiario de Julio Cortázar, conocido por su excelente tratamiento de lo fantástico con el estilo particular de su primera etapa literaria: frases cortas y lenguaje limpio.
Para quiénes conocen la historia, les dejo esta reseña gráfica ilustrada por Sandra Moreno V. y Carlos Morales R. (Detalles en: Cortázar Flickr)
Carta a una señorita en París [Cuento. Texto completo] Julio Cortázar
Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los ojos como un bando de gorriones.
Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde quizá... Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve.
Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose.
Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas. Entre el primero y segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba trébol en el balcón de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo ponía en el trébol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro... entonces regalaba el conejo ya crecido a la señora de Molina, que creía en un hobby y se callaba. Ya en otra maceta venía creciendo un trébol tierno y propicio, yo aguardaba sin preocupación la mañana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repetía desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método. Usted querrá saber por qué todo ese trabajo, por qué todo ese trébol y la señora de Molina. Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta.
Me decidí, con todo, a matar el conejito apenas naciera. Yo viviría cuatro meses en su casa: cuatro -quizá, con suerte, tres- cucharadas de alcohol en el hocico. (¿Sabe usted que la misericordia permite matar instantáneamente a un conejito dándole a beber una cucharada de alcohol? Su carne sabe luego mejor, dicen, aunque yo... Tres o cuatro cucharadas de alcohol, luego el cuarto de baño o un piquete sumándose a los desechos.)
Al cruzar el tercer piso el conejito se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba, para ayudarme a entrar las valijas... ¿Cómo explicarle que un capricho, una tienda de animales? Envolví el conejito en mi pañuelo, lo puse en el bolsillo del sobre todo dejando el sobre todo suelto para no oprimirlo. Apenas se movía. Su menuda conciencia debía estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un clic final, y que es también un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a lavanda, en el fondo de un pozo tibio.
Sara no vio nada, la fascinaba demasiado el arduo problema de ajustar su sentido del orden a mi valija-ropero, mis papeles y mi displicencia ante sus elaboradas explicaciones donde abunda la expresión «por ejemplo». Apenas pude me encerré en el baño; matarlo ahora. Una fina zona de calor rodeaba el pañuelo, el conejito era blanquísimo y creo que más lindo que los otros. No me miraba, solamente bullía y estaba contento, lo que era el más horrible modo de mirarme. Lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable, no jabonándome las manos para quitarles una última convulsión. Comprendí que no podía matarlo. Pero esa misma noche vomité un conejito negro. Y dos días después uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris.
Usted ha de amar el bello armario de su dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vacías a la espera de mi ropa. Ahora los tengo ahí. Ahí dentro. Verdad que parece imposible; ni Sara lo creería. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis días y mis noches en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la profundidad. De día duermen. Hay diez. De día duermen. Con la puerta cerrada, el armario es una noche diurna solamente para ellos, allí duermen su noche con sosegada obediencia. Me llevo las llaves del dormitorio al partir a mi empleo. Sara debe creer que desconfío de su honradez y me mira dubitativa, se le ve todas las mañanas que está por decirme algo, pero al final se calla y yo estoy tan contento. (Cuando arregla el dormitorio, de nueve a diez, hago ruido en el salón, pongo un disco de Benny Carter que ocupa toda la atmósfera, y como Sara es también amiga de saetas y pasodobles, el armario parece silencioso y acaso lo esté, porque para los conejitos transcurre ya la noche y el descanso.)
Su día principia a esa hora que sigue a la cena, cuando Sara se lleva la bandeja con un menudo tintinear de tenacillas de azúcar, me desea buenas noches -sí, me las desea, Andrée, lo más amargo es que me desea las buenas noches- y se encierra en su cuarto y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza. Los dejo salir, lanzarse ágiles al asalto del salón, oliendo vivaces el trébol que ocultaban mis bolsillos y ahora hace en la alfombra efímeras puntillas que ellos alteran, remueven, acaban en un momento. Comen bien, callados y correctos, hasta ese instante nada tengo que decir, los miro solamente desde el sofá, con un libro inútil en la mano -yo que quería leerme todos sus Giraudoux, Andrée, y la historia argentina de López que tiene usted en el anaquel más bajo-; y se comen el trébol. Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas del salón, los tres soles inmóviles de su día, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles. Miran su triple sol y están contentos. Así es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelación de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos -un poco el sueño de todo dios, Andrée, el sueño nunca cumplido de los dioses-, no así insinuándose detrás del retrato de Miguel de Unamuno, en torno al jarrón verde claro, por la negra cavidad del escritorio, siempre menos de diez, siempre seis u ocho y yo preguntándome dónde andarán los dos que faltan, y si Sara se levantara por cualquier cosa, y la presidencia de Rivadavia que yo quería leer en la historia de López. No sé cómo resisto, Andrée. Usted recuerda que vine a descansar a su casa. No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alteró también por dentro -no es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar así de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha-. Así, Andrée, o de otro modo, pero siempre así.
Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos. De día duermen ¡Qué alivio esta oficina cubierta de gritos, órdenes, máquinas Royal, vicepresidentes y mimeógrafos! Qué alivio, qué paz, qué horror, Andrée! Ahora me llaman por teléfono, son los amigos que se inquietan por mis noches recoletas, es Luis que me invita a caminar o Jorge que me guarda un concierto. Casi no me atrevo a decirles que no, invento prolongadas e ineficaces historias de mala salud, de traducciones atrasadas, de evasión Y cuando regreso y subo en el ascensor ese tramo, entre el primero y segundo piso me formulo noche a noche irremediablemente la vana esperanza de que no sea verdad.
Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han roído un poco los libros del anaquel más bajo, usted los encontrará disimulados para que Sara no se dé cuenta. ¿Quería usted mucho su lámpara con el vientre de porcelana lleno de mariposas y caballeros antiguos? El trizado apenas se advierte, toda la noche trabajé con un cemento especial que me vendieron en una casa inglesa -usted sabe que las casas inglesas tienen los mejores cementos- y ahora me quedo al lado para que ninguno la alcance otra vez con las patas (es casi hermoso ver cómo les gusta pararse, nostalgia de lo humano distante, quizá imitación de su dios ambulando y mirándolos hosco; además usted habrá advertido -en su infancia, quizá- que se puede dejar a un conejito en penitencia contra la pared, parado, las patitas apoyadas y muy quieto horas y horas).
A las cinco de la mañana (he dormido un poco, tirado en el sofá verde y despertándome a cada carrera afelpada, a cada tintineo) los pongo en el armario y hago la limpieza. Por eso Sara encuentra todo bien aunque a veces le he visto algún asombro contenido, un quedarse mirando un objeto, una leve decoloración en la alfombra y de nuevo el deseo de preguntarme algo, pero yo silbando las variaciones sinfónicas de Franck, de manera que nones. Para qué contarle, Andrée, las minucias desventuradas de ese amanecer sordo y vegetal, en que camino entredormido levantando cabos de trébol, hojas sueltas, pelusas blancas, dándome contra los muebles, loco de sueño, y mi Gide que se atrasa, Troyat que no he traducido, y mis respuestas a una señora lejana que estará preguntándose ya si... para qué seguir todo esto, para qué seguir esta carta que escribo entre teléfonos y entrevistas.
Andrée, querida Andrée, mi consuelo es que son diez y ya no más. Hace quince días contuve en la palma de la mano un último conejito, después nada, solamente los diez conmigo, su diurna noche y creciendo, ya feos y naciéndoles el pelo largo, ya adolescentes y llenos de urgencias y caprichos, saltando sobre el busto de Antinoo (¿es Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente?) o perdiéndose en el living, donde sus movimientos crean ruidos resonantes, tanto que de allí debo echarlos por miedo a que los oiga Sara y se me aparezca horripilada, tal vez en camisón -porque Sara ha de ser así, con camisón- y entonces... Solamente diez, piense usted esa pequeña alegría que tengo en medio de todo, la creciente calma con que franqueo de vuelta los rígidos cielos del primero y el segundo piso.
Interrumpí esta carta porque debía asistir a una tarea de comisiones. La continúo aquí en su casa, Andrée, bajo una sorda grisalla de amanecer. ¿Es de veras el día siguiente, Andrée? Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente fácil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para mí este lado del papel, este lado de mi carta no continúa la calma con que venía yo escribiéndole cuando la dejé para asistir a una tarea de comisiones. En su cúbica noche sin tristeza duermen once conejitos; acaso ahora mismo, pero no, no ahora. En el ascensor, luego, o al entrar; ya no importa dónde, si el cuándo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan.
Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejaré esta carta esperándola, sería sórdido que el correo se la entregara alguna clara mañana de París. Anoche di vuelta los libros del segundo estante, alcanzaban ya a ellos, parándose o saltando, royeron los lomos para afilarse los dientes -no por hambre, tienen todo el trébol que les compro y almaceno en los cajones del escritorio. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron, estuvieron en círculo bajo la luz de la lámpara, en círculo y como adorándome, y de pronto gritaban, gritaban como yo no creo que griten los conejos. He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario. El día sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo... En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que serán trece. Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.
"Hace una semana que el tiempo no puede ser peor, y me alegro de ello, porque desde que estoy aquí no he logrado ver un día bueno, sin que algún importuno me lo estropee o me lo robe. Al menos, cuando llueve de firme, cuando nieva, cuando hiela o deshiela, me digo a mí mismo: "Mejor estoy en casa que fuera"; pero si amanece con sol, si todo pronostica un buen día, nunca dejo de exclamar: "He aquí un favor del cielo que podemos usuparnos unos a otros." No hay nada que los hombres no se quiten sin escrúpulos: salud, reputación, alegría, reposo. Por supuesto, casi siempre por necedad, estrechez y mezquindad y, según ellos dicen, con las mejores intenciones. Algunas veces quisiera suplicarles que no se desgarren tan despiadadamente las entrañas."
SOBRE LAS POSIBILIDADES IRRACIONALES DE PENETRACIÓN Y DE ORIENTACIÓN EN UN CUADRO GIORGO DE CHIRICO: EL ENIGMA DEL DÍA (11 DE FEBRERO DE 1933)
Preguntas:
1. ¿Dónde está el mar? - Delante del cuadro y detrás de las chimeneas.
2. ¿Dónde aparecería un fantasma? - Por abajo, ángulo izquierdo, en plena luz.
3. ¿Dónde aparecería un elefante? - Corriendo bajo los arcos, ensangrentado, barritando.
4. ¿Dónde aparecería una cigüeña? - Sobre la chimenea izquierda, llevando un sombrero eminente en el pico.
5. Describir el paisaje que rodea la ciudad - Esta ciudad en la cima de una isla, el mar está muy agitado. Escombros de barco, ahogados. Una locomotora arrastra infatigablemente alrededor de la isla plúmbeos vagones completamente vacíos.
6. ¿Dónde se descubriría agua? - Debajo de la estatua.
7. ¿Dónde se haría el amor? - En la orilla, detrás de la chimenea.
8. ¿Dónde nos masturbaríamos? - En un subterráneo ubicado a la derecha del pedestal, luego en la ventana del palacio. Se deja caer la esperma sobre la plaza.
9. ¿Dónde se defecaría? - En el techo del segundo edificio, frente al mar.
10. Al llegar a la plaza, ¿qué iría usted a ver primero? - Iría a ver el mar entre las dos chimeneas, luego me acostaría bajo el sol a la derecha de los personajes que hablan muy lejos como para poder oír el rumor de sus voces sin comprender lo que dicen.
11. ¿A quién representa la estatua? - A Raimondi.
12. ¿Qué hora es? - Las cuatro y media de la tarde.
13. ¿Quién será la primera persona en llegar a la plaza? ¿De dónde vendrá? ¿Cómo será? ¿Para qué vendrá? - Será un asesino salvado de un naufragio. Vestido como la estatua, con sus guantes, con un látigo en la mano derecha, con una largavista como tahalí, viene para descansar bajo el sol.
14. ¿Cómo imagina usted la estatua de la esposa del personaje que aparece en la plaza? - Está en un cuarto cuyas puertas se abren bajo el primer acto del segundo edificio. Es de oro recubierto con excremento de aves. Lleva en la cabeza un gato negro. Vestida con una casulla verdadera de Viernes Santo, eleva con sus dos manos hacia el gato una custodia que contiene un guijarro en vez de hostia.
15. ¿Qué propaganda se colocaría en el edificio principal de la izquierda? - “Construiré el cielo sobre la tierra” (Santa Teresa)
(Traducido de Le Surréalisme au Service de la Révolution Nos. 5-6 Paris, Mai 1933, pp13 y 15. A esta misma encuesta respondieron André Breton, Yolando Oliviero y Benjamin Péret. / Fuente: Prestigio del Amor – Ediciones del Rectorado PUCP)
Se peut-il qu’Elle me fasse pardonner les ambitions continuellement écrasées, -qu’un jour de succês nous endorme sur la honte de nottre inhabileté fatale?
(O palmes! Diamant! –Amour, force! –plus haut que toutes joies et gloires! – de toutes facons, partout, -démon, dieu, -Jeu-nesse de cet être-ci: moi!)
Que des accidents de féerie scientifique et des mouvements de fraternité sociale soient chéris comme rstitution progressive de la franquise premiére?...
Mais la Vampire qui nous rend gentils commande que nous nous amusions avec ce qu’elle nous laisse, ou qu’autrement nous soyons plus drôles.
Rouler aux blessures, par l’air lassant et la mer; aux supplices, par le silence des eaux et de l’air meurtriers; aux tortures qui rient, dans leur silence attrocement houleux.
ANGUSTIA
¿Puede ser posible que Ella me haga perdonar las ambiciones continuamente aplastadas –que un final acomodado repare las épocas de indigencia –que un día de éxito nos adormezca sobre la vergüenza de nuestra fatal incapacidad?
(¡Oh, palmas! ¡diamante! -¡Amor, fuerza! -¡más alto que todas las alegrías y las glorias! –de todas maneras, en todas partes –demonio, dios –Juventud de este ser: ¡yo!)
¿Cuántos accidentes de hechicería científica y movimiento de fraternidad social son estimados como progresiva restitución de la franqueza inicial?...
Pero la Vampira que nos vuelve amables ordena que nos divirtamos con lo que ella nos deja o que, de lo contrario, seamos más graciosos.
Revolcarse en las heridas, por el aire cansado y el mar; en los suplicios, por el silencio de las aguas y de los aires mortíferos; en las torturas que ríen, en su silencio atrozmente agitado.
Muchos de los que siguen la serie Lost, sin duda tienen el engache por las referencias /enigmáticas/ literarias- explícitas e implícitas - que se desarrollan en el programa. Hasta ahora los títulos que se habían visto transcurrir o que se habían insinuado eran de origen anglosajón mayormente. Pero eso hasta este cuarto capítulo de la IV temporada donde el ya lector estrella "Sawyer" empieza la lectura de "La invención de Morel"* una novela escrita en 1940 por Adolfo Bioy Casares. A menudo comparada con La isla del doctor Moreau, "La invención de Morel" es quizás la obra más famosa del escritor argentino y un ejemplo clásico de la ciencia ficción. La trama: "Un fugitivo, condenado a cadena perpetua, arriba a una isla desierta en algún lugar del Pacífico Sur. Mientras está en la isla, llega un grupo de turistas de los cuales empieza a desconfiar cuando se enamora de una mujer del grupo a la que intenta incesantemente declararle su amor. Pero un fenómeno inexplicable se lo impide". Al leer esto podemos encontrar varios elementos en común con la serie, lo que nos deja una interrogante: si las referencias literarias son el camino para descifrar el misterio de Lost, o tan sólo son detalles lúdicos incluídos por sus creadores.
Aquí les dejo una lista de los títulos hasta ahora involucrados en la serie:
-“La Colina de Watership” (Watership Down) 1972 Richard Adams
-“Una arruga en el tiempo”. (A Wrinckle in time) 1962 Madeleine L’Engle
-“El señor de las moscas” (The Lord of the Flies) 1954William Golding
-“El corazón de las tinieblas” (Heart of Darkness) 1902 Joseph Conrad
-“Alicia en el País de las Maravillas” (Alice in Wonderland) 1865 Lewis Carroll
-"El tercer policía” (The Third Policeman) 1967 Flann O’Brien
-“Otra vuelta de tuerca” (The Turn of the Screw) 1898 Henry James
-"Of mice and men" (De ratones y hombres ) 1937 John Steinbeck
-"The Wonderful Wizard of Oz" 1900 L. Frank Baum
-“La Epopeya de Gilgamesh” (The Epic of Gilgamesh) 2000 aC
-“After all these years” (Después de todos estos años) 1994 Susan Isaacs
-"Hindsights” (Retrospecciones) 1994 Guy Kawasaki
-“An Occurrence at Owl Bridge” (El Acontecimiento del Puente Owl) 1897 Ambrose Bierce
-“Los Hermanos Karamazov” (The Brothers Karamazov) 1880 Fedor Dostoievski
-“Lancelot” 1977 Walker Percy
-“Are you there God? It’s me, Margaret” (¿Estás ahí Dios? Soy yo, Margaret?) 1970 Judy Blame
-“Bad Twin” 2006 Gary Troup (manuscrito)
- "The Stand" (La danza de la muerte) 1978 Stephen King
-“Our Mutual Friend” (Nuestro Amigo Común) 1864 Charles Dickens
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* "La invención de Morel" contó con un prólogo exquisito escrito por Jorge Luis Borges. Para quiénes aún no leen el libro se pueden animar aún más leyendo el texto que Borges preparó para esta gran novela:
A Glenn Gould lo conocí cuando tenía 19 años y me quedé abstractamente fascinada por aquella silueta sobre el piano. Lo busqué en Lima y cuando estuve a punto de conseguir un disco suyo, se esfumó. Así pasaron años hasta que, gracias a youtube encontré distintos videos de Gould. Aún así, en las calles no encontraba nada. Hace unas semanas, visitando las galerías Brasil, sin querer llegué a un puesto, pequeño y nuevo donde encontré los primeros dvds que veía de ese extraordinario pianista.
A Cortázar lo conozco menos, es decir, no desde hace tanto tiempo. Hace un par de años conseguí "Salvo el crepúsculo", donde al leerlo, me concentré más en los poemas que en los pequeños relatos que también incluye. Hace unos días, retomé el libro, y ya que este año empezó bastante musical, me detuve a leer un pequeña historia que cuenta Cortázar dentro de ese libro.
Aquí se los dejo, realmente es exquisto, para quiénes nos hemos acostumbrado al espacio que se crea cuando uno se pone los audífonos, lo que que Cortázar con su particular manera nos revela en esta historia musical. Además que sin duda, reconoceremos muchos de los autores que a Cortázar le zumbaban en los oídos.
Es curioso cómo llego a enterarme de Pynchon en un comienzo, ahora de su último libro, de las interrogantes en torno a él, su misterio no sólo literario sino personal, su clave de escritura que deambula junto a otros dos referentes bastante distantemente cercanos: Fonseca y McCarthy. Y ahora que lo he semi descubierto pues hay que seguirle el rastro fijo.
Para ver qué tal fijación ocasiona este escritor en algunos: Pynchon Community
Con la noticia que acabo de leer acerca de la publicación de Bolaño Salvaje editado por Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón, me he puesto a recordar mis primeros acercamientos a Bolaño con "Amuleto", con el discurso que dio cuando "Los Detectives Salvajes" ganara el premio Rómulo Gallegos, con sus argumentos de dilexia, de izquierda-derecha. La lectura que hice de "Estrella distante" y el hostigamiento literario que sentía mientras leía "Llamadas teléfonicas", la sorpresa al leer ciertos poemas suyos, la extrañeza que notaba en su perfil, en su entonación cuando vi una entrevista que le hicieron por el 99. La larga estadía en los "Detectives Salvajes", idas y vueltas. Recordando mi rostro al terminar cada capítulo, cada frase, volví a esta muestra pequeña de una entrevista radial al escritor. Acá se las dejo, habla poco, pero dice, si escuchan con cuidado, mucho.
Leer a Vallejo, al Vallejo poeta para todos es un deslumbramiento místico y real, la combinación más estruendosa de la palabra. Sin duda muchos de sus poemas son reconocidos como creaciones extraordinarias. Para mí Vallejo, el Vallejo poeta que me cautivó, llegó tarde, pero llegó con algunos poemas que no se leen mucho como los símbolos cautivantes de este escritor.
Quizás Vallejo, Vallejo narrador para mí, no se había despertado hasta que leí uno de sus cuentos inéditos. La sorpresa fue más que grata, pues descubrí a un Vallejo narrador que exalta un sentimiento cautivante en su prosa que sugiere la asfixia generosa que abriga la sorpresa. El cuento lo leí en una edición llamada: César Vallejo-Novelas y Cuentos Completos (1970) hace unos años atrás. El cuento se titula Viaje alrededor del porvenir y Vallejo involucra temas tan reales de la época de los hacendados plasmando temas tan comunes de entonces como de ahora, el poder, las falsas ilusiones, los intereses económicos, el abuso psicológico, las ambiciones, etc.- de una manera simplemente exquisita y poética.
Si aún no han leído ese estupendo cuento de Vallejo, aquí se los dejo para que renueven su visión hacia este particular escritor.
Las canciones del que no canta es el último poemario de Mario Benedetti donde el escritor viaja por cientos de fragmentos de vacío, de soledades y recuerdos coagulados en la memoria, creando un caleidoscopio de extractos pasados que también son presente, abstraído por la innata e impetuosa necesidad de recuperar lo perdido, pues este poemario nace en recuerdo a su esposa Luz, quién muere tras 60 años, cómo él dice: 60 años de buen amor.
Y si bien la construcción del libro refleja ese sentimiento, Benedetti ahonda en desvaríos más allá del puro amor. Sus angustias también giran en torno a la condición del ser, del transcurso, del tejido que nos hace y deshace, a él, a todos. 3 preferidos:
Soneto del garabato
Somos un garabato de la historia A lo sumo una sombra con señales Y deseos antiguos o casuales Que esperan en la línea divisoria
Nuestra penuria no es obligatoria Y si nos llegan plácemes frugales Desde los cuatro puntos cardinales Creemos que ya estamos en la gloria
Se va entonando poco a poco el alma Y si por fin me alcanzan los amores Dejo mis impaciencias junto al río
Y cuando me rodean con su calma Los enigmáticos alrededores Decido conformarme con lo mío
Reflejos
Casi nunca me busco en un reflejo Pero cuando lo hago me encarnizo Con años arrugas con orejas ¿Fui o seré ese rostro malgastado Esa noticia pálida y sin suerte?
Me miro sin ninguna expectativa Sin interés humilde en lo que soy Pero ¿qué soy inexorablemente? ¿algo que va acercándose al vacío?
El espejo jamás me dice ¡ánimo! Más bien es el programa de un abismo Con pájaros que vuelan invisibles Y rumores del mar que me amenazan
Mejor cierro los ojos y me escondo
Universo de Bolsillo
En este pobre cuerpo cabe todo Alma estómago mollera genitales Corazón pesadillas dudas puños Melancolía y otros espejismos
Somos un universo de bolsillo Sin un sabio capaz de descifrarlo Tenemos islas de lujuria virgen Archipiélagos de esperanzas locas Bahías con desnudos de muchachas Y voces que nos llaman desde lejos
Todo ser es tan único que guarda Los embates del mar en sus pupilas Prepara manos para acariciar Y pies gastados para usar el mundo
Admitámoslo de una vez por todas Somos un universo de bolsillo
Eduardo Chirinos en el 2004 publicó su libro "Los largos oficios inservibles" donde a través de apreciados testimonios cuenta y manifiesta las contingencias de la existencia de los creadores literarios. El autor dice: "Esta miscelánea no es más que una muestra del largo e inservible oficio de escribir poemas: el escaso botín de aquellas horas gastadas en comentar y prologar libros, editar y traducir poemas, registrar encuentros con otros escritores, pensar en voz alta acerca del detino de la poesía y la literatura. Son también un intento de contestar una vieja pregunta. Aunque sea con una vieja y renovada respuesta".
El libro transcurre de manera amena e interesante que nos hace conocer otro lado de los poetas, de la literatura, en sí de la actividad literaria puesta en escena con diversas alteraciones cotidianas, y entre las páginas de esta deslumbrante entrega hay un capítulo muy interesante y propicio, para ahora más que nunca que el mundo cibérnetico está en auge incluso en la literatura, ese capítulo se llama: La pluma fuente y la computadora. Llegando a final del libro Chirinos ahonda en la situación moderna que nos agobia con prejuicios acerca de la renovación en el campo del método literario, sobre todo poético.
En el 2004 Bruno Mendizábal (Lima, 1958) editado por Arturo Higa, publica su primer libro de poemas "San Felipe Blues" que es una versión corregida y aumentada de "Nocturno de San Felipe (Blues)", libro original que fue publicado en 1999 con un tiraje de 70 ejemplares, los cuales fueron obsequiados por Bruno a amigos y conocidos. Esa publicación desde que apareció es inencontrable. El año pasado publicó "Extravío personal".
Acá una muestra de la poética de Mendizábal en "San Felipe Blues" donde quería que los poemas sean: "Como canciones,...son poemas simples,... sin pretensiones". Y donde claramente transmite la esencia de los versos de Emilio Adolfo Westphalen que figuran ahora, de modo explícito y a manera de epígrafe, en "Extravío personal": “No poseer sino/ Unos cuantos recuerdos:/ Todo lo que uno/ Pueda llevarse/ Cuando muere”.
PINBALL QUEEN
En el pinball todo era normal hasta que llegaste tú. Poco a poco, la seda de tus encantos fue enredando mis sentidos. Entonces ya no hubo más máquinas, solo tu secreto que me ha hecho prisionero.
THE ETERNAL BOYS
Los eternos muchachos son los que caminan con shorts y polos delgadísimos por las noches de un verano defectuoso donde me obstino en cuidarme. Ellos pasan con el polo en la mano y si me miran -algo que casi nunca sucede- ven a un solitario que camina y aunque yo quisiera negarlos, ellos están en todos lados para recordarme que son eternos.
MOONGIRL
Siempre te me apareces doblando una esquina de Lince con tu larguísimo cabello que corta el viento y tu sonrisa que remite mi pena a otra época habitada por tu evanescencia. ¿Quién dijo que el barrio estaba desierto si tu mirada etérea lo puebla de iniciáticos personajes? Miro mis venas y me pregunto si el pasado ha vuelto, si en tus ojos está lo venidero.
Hoy tuve la materialización de una de mis tantas coincidencias extra-temporales y destinadas a desconcertar el equilibrio de lo normal con la angustiosa alegría de esa cisrcunstancia que me intriga a averiguar.
Hace muchos años atrás cuando estaba llevando un curso de arte, vi un libro con una ilustración muy particular, al instante me cautivó. Era M. C. Escher (artista holandés) quién es conocido por sus fantásticas xilografías y litografías de figuras imposibles.
Unos días atrás leí un comentario: "Si Cortázar hubiera sido dibujante hubiera sido Escher". Me pareció curiosa esa asociación y la aprobé de inmediato.
Hoy en una librería vi en la vitrina un libro: "Cuentos inolvidables según Cortázar"*. Mi asombro fue que vi la portada, y me quedé mirando, ahí, ahí estaba la materialización de la idea, de esa relación que nunca antes había visto plasmada, la de Cortázar y Escher. En la portada estaba el dibujo que abre esta nota.
Me quedé con esa intriga, y llegando a casa, me puse a investigar si alguien había estudiado la relación Cortázar y Escher, y encontré que sí. Un estudio de Luis Gabriel Stheeman que se llama Acercamiento a Escher-Cortázar, se dice de este artículo:
"El artículo trata de precisar y analizar una serie de semejanzas formales que, mediante un cotejo interdisciplinario, se pueden apreciar entre la obra pictórica de M. C. Escher y algunos relatos de Julio Cortázar. En primer lugar, y con la ayuda de ilustraciones gráficas, se señalan ciertos aspectos constitutivos del tratamiento irónico de la perspectiva en los grabados del pintor holandés. Se advierte cómo la manipulación lúdica del punto de vista va más allá del mero entretenimiento. Las creaciones de Escher no nos llevan simplemente a un engaño transitorio; ponen en cuestión las convenciones de que nos valemos para representarnos de manera expedita aquello que consideramos realidad. El análisis de estas convenciones de la perspectiva pictórica, y de las ambigüedades que ésta conlleva, permite una traslación del lenguaje visual al lenguaje verbal, y abre la posibilidad de aplicar criterios semejantes a la obra literaria de Cortázar. Valiéndose de conocidos relatos del argentino, el estudio pone de manifiesto el empleo que el escritor hace de los pronombres -perspectivas del mundo, puntos de vista- para lograr efectos muy similares a los del pintor holandés; efectos que también superan el simple divertimiento para constituir una denuncia de la Gran Costumbre: cualquier convención que no se autocuestione continuamente."
* Y de este libro pues, se cuenta que Cortázar alguna vez en una conferencia dijo:
"¿No es verdad que cada uno tiene su colección de cuentos? Muchas veces me he preguntado cuál es la virtud de ciertos cuentos inolvidables. En el momento los leímos junto con muchos otros, que incluso podían ser de los mismos autores. Y he aquí que los años han pasado y hemos vivido y olvidado tanto; pero esos pequeños, insignificantes cuentos, esos granos de arena en el inmenso mar de la literatura, siguen ahí, latiendo en nosotros. Yo tengo la mía, y podría dar algunos nombres", dijo Cortázar. Y los dio.
En esta edición de Alfaguara podemos encontrar algunos de los títulos que mecionó Cortázar aquella vez. La lista recomendada incluye:
Tlön, Uqbar, Orbis Tertius - Jorge Luis Borges William Wilson - Edgar Allan Poe Un recuerdo navideño - Truman Capote El puente sobre el río del Búho - Ambrose Bierce La lección del maestro - Henry James La muerte de Iván Ilich - León Tolstoi Un sueño realizado - Juan Carlos Onetti La casa inundada - Felisberto Hernández Conejos blancos - Leonora Carrington Extasis - Katherine Mansfield
Hoy recordé la historia de Rubem Fonseca o mi historia con Fonseca, cuando vi la nueva edición de Bufo & Spallanzani(1986) que se editó anteriormente también con el título Pasado Negro. Recordé lo primero que leí de este genial escritor de la novela negra "Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro en mi mano" obra que me cautivó de inmediato por la temática, por su estructura, por la genialiadad que desplayaba Fonseca.
Después de mucho tiempo de haber leído ese libro, un amigo me pidió una sugerencia, un escritor nuevo /para él/ y bueno, sin duda. Abrí la boca y dije Fonseca. Para qué. Ahora este amigo es totalmente un seguidor, acechador de este genial escritor, de él precisamente/de mi amigo/ era la edición (nuevecita) que vi hoy de la novela Bufo & Spallanzani.
Todo esto me hizo recordar que en algún momento hice mi lista de los mejores cuentos, para mí, de Fonseca, no sé dónde habré dejado la lista ni los cuentos, pero recordé uno en particular, uno que a la vista-notando el tema, escapa a la rutina literaria de Fonseca, pero que se desarrolla con la misma maestría. Ahora para quiénes ahondan un poco más se darán cuenta que este cuento pues encierra también todo ese temperamente oscuro, crudo, intenso que Fonseca plasma en sus historias de delitos y amores.
Hace poco que /aún/no conozco a Pablo pero sé de él por lo que escribe y lo que me cuenta. Sin querer he estado siendo testigo de alguna de sus creaciones que se somenten a una búsqueda de la materialización del miedo, el miedo real ante la inminente experiencia sensorial que despierta la poesía y que a la vez, ésta misma intenta componer una explicación ante esas emociones. Esto precisamente lo está sometiendo a la creación de un poemario que aún no lleva nombre, pero que sin duda será para él toda una expulsión poética.
Acá les dejo un par de poemas tentados a estar en su proyecto de poemario:
El año pasado el creador del periodismo gonzo Hunter Thompson (1937-2005), quién colaboró muchos años con la revista Rolling Stones, volvió a las calles con su libro reeditado "Mescalito" el cuál se publicó originalmente en 1991 en una tirada fantasma de 326 ejemplares numerados, sin tapa y el cual al instante se volvió objeto de culto. "Mescalito" es un libro breve que se lee de corrido por el mismo ritmo que marca el autor sin parar hasta terminarlo en un par de horas. Consta de tres relatos en los que Hunter narra sus experiencias con la mescalina en 1969.
De los tres relatos yo me quedo con el último, acá les dejo un extracto de éste:
*Terry Gilliam fue quién hizo la adaptación al cine (1998) de su libro "Fear and Loathing in Las Vegas" protafonizada por Johnny Depp quién hace una brillante interpretación de Hunter. Ver Trailer.
Desde hace mucho leo las creaciones erupcionadas de la mente de este chico y en todo este tiempo /años / Daniel ha demolido varias veces su camino para reconstruirlo una y otra vez. Ese trabajo hoy lo lleva a tener en inédito un proyecto (cerrado) de poemario titulado "Colección de personajes y oportunidades" además de varios poemas acumulados con una constante temática sensorial los cuáles se vuelven infinitos en el campo de la creación.
Acá los dejo con un par de poemas incluídos en "Colección de personajes y oportunidades"
Aire
Encuentras gusto molestándome, no? Te fascina verme fastidiado? Dímelo imbécil de mierda En mi cara y no en tono a los demás Acércate y suelta A ver tu estúpida broma Hacer reír a los demás a costa de una persona callada Hacer reír a los demás a costa de una persona callada? Anda nomás mírate en el espejo Para que veas la horrible persona que reflejas
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Domo del enamorado
Si yo fuera un berseo brioso Cual fósforo que hunde su luz huraña Me quitaría el escudo Y cometería con tu esposa sólo cochinadas Mientras preparo verte arder en llamas
Hace un par de años se publicó Obra poética en prosa y verso de Martín Adán(PUCP 2006) y una de las curiosidades más exquisitas era la reconstrucción incluída de aquél poema misterioso que escribió Martín Adán en 1931, el cuál sólo circuló en versiones manuscritas. Muchos estudios se hicieron sobre el poema que se titula "Aloysius Acker" y sobre todo el aire místico que lo envolvía, por qué Martín Adán lo destruíria, de quíen hablaba, etc.
Los que tienen un ejemplar del libro y han podido leer, no sólo el poema, sino las palabras de el crítico y poeta Ricardo Silva-Santisteban quién tuvo a su cargo la edición, prólogo y notas de esta recopilación, quizás tengan ya en claro este -extra-ordinadinario/ poema de Martín Adán.
Para quiénes no, acá les dejo con el poema, desarmado, es lo que pude encontrar:
Hace, quizás tres años, llegó a mí, un supuesto capítulo 0 de Rayuela, un capítulo algo confusamente claro, capítulo que leí varias veces pero al cuál le notaba que algo estaba mal dentro del concepto "capítulo 0", me preguntaba si era ese el inicio apartado de la historia o el inicio dentro del juego y la línea que propone Cortázar ¿sería el primero o quizás el último? Aún así, muchas cosas dentro del texto jugaban en buena armonía con el resto de Rayuela.
Meses atrás, cuando volví al texto, me pregunté si en la red encontraría algo, y me di con la sorpresa que sí, que había mucho acerca de eso, acerca de ese Capítulo 0 de Rayuela, datos que antes no sabía y que hoy comparto para aquellos que aún no lo tenían en cuenta.
Para empezar, se sabe que Julio Cortázar en el año 84 antes de morir a causa de leucemia, cedió - en su testamento -todos sus textos inéditos a su amigo, el poeta y ensayista, Saúl Yurkievich. Cortázar le dejaba la siguiente indicación: “publícalos o destrúyelos, haz lo que creas oportuno”. Yurkievich los conservó. Uno de estos textos, que habían permanecido inédito, consiste en el ya mencionado capítulo que Cortázar eliminó completo antes de finalizar Rayuela, el capítulo número 126 no el primero ni último al parecer. El capítulo perdido se publicó en la Revista Iberoamericana de la Universidad de Pittsburgh en 1973. Yurkievich y Julio Ortega lo recuperaron en su inencontrable edición de Rayuela (Ayacucho, 1980) .
Cortázar dejó este texto, quizás aclare algo:
"Rayuela partió de estas páginas; partió como novela, como voluntad de novela, puesto que existían ya diversos textos breves (como los que dieron luego los capítulos 8 y 132) que estaban buscando aglutinarse en torno a un relato. Sé que escribí de un tirón este capítulo, al que siguió inmediatamente y con la misma violencia el que luego se daría en llamar "Del tablón" (41 en el libro). Hubo así como un primer núcleo en el que se definían las imágenes de Oliveira, de Talita y de Traveler; bruscamente el envión se cortó, hubo una penosa pausa, hasta que con la misma violencia inicial comprendí que debía dejar todo eso en suspenso, volver atrás en una acción de la que poca idea tenía, y escribir, partiendo de los breves textos mencionados, toda la parte de París.
De ese "lado de allá" salté sin esfuerzo al de "acá", porque Traveler y Talita se habían quedado como esperando y Oliveira se reunió llanamente con ellos, tal como se cuenta en el libro; un día terminé de escribir, releí la montaña de papeles, agregué los múltiples elementos que debían figurar en la segunda manera de lecturas, y empecé a pasar todo en limpio; fue entonces, creo, y no en el momento de la revisión, cuando descubrí que este capítulo inicial, verdadera puesta en marcha de la novela como tal, sobraba.
La razón era simple sin dejar de ser misteriosa: yo no me había dado cuenta, a casi dos años de trabajo, que el final del libro, la noche de Horacio en el manicomio, se cumplía dentro de un simulacro equivalente al de este primer capítulo; también allí alguien tendía hilos de mueble a mueble, de cosa a cosa, en una ceremonia tan inexplicable como obvia para Oliveira y para mí. De golpe ya el viejo primer capítulo se volvía reiterativo, aunque de hecho fuese lo contrario; comprendí que debía eliminarlo, sobreponiéndome al amargo trago de retirar la base de todo el edificio. Había como un sentimiento de culpa en esa necesidad, algo como una ingratitud; por eso empecé buscando una posible solución, y al pasar en limpio el borrador suprimí los nombres de Talita y de Traveler, que eran los protagonistas del episodio, pensando que el relativo enigma que así lo rodearía iba a amortiguar el flagrante paralelismo con el capítulo del loquero. Me bastó una relectura honesta para comprender que los hilos no se habían movido de su sitio, que la ceremonia era análoga y recurrente; sin pensarlo más saqué la piedra fundamental, y por lo que he sabido después la casita no se vino al suelo.
Hoy que Rayuela acaba de cumplir un decenio, y que Alfredo Roggiano y su admirable revista nos hacen a ella y a mí un tan generoso regalo de cumpleaños, me ha parecido justo agradecer con estas páginas, que nada pueden agregar (ni quitar, espero) a un libro que me contiene tal como fui en ese tiempo de ruptura, de búsqueda, de pájaros."
A la espera del nuevo libro de poemas de Kerouac inédito en español, podemos ir leyendo este poema:PRIMER LIBRO , que sin duda nos transmite esa auténtica realidad-ficción sin filtros, siendo tal vez nosotros mismos Kerouac, quizás saboreando la esencia de sus creaciones.
Está por salir a la venta en España, Libro de esbozos, el regreso de Jack Kerouac. Un cuaderno de poemas, inédito en castellano, que retrata personajes y situaciones de la América de los 60. “Escritos –explicó el propio Kerouac– en las hojitas de las libretas que llevé conmigo, en el bolsillo de mi chaqueta, desde el verano de 1952 hasta diciembre de 1954”.
Algunos versos incluidos en este nuevo libro:
“Era en noches así/ que yacía con piel/ & vaqueros en California/ a la espera del Apoca- / lipsis & Armagedón,/ preparado, la cabeza en la lámpara,/ los pies en zapatones/ pantalones ceñidos, billetero/ pañuelo navaja apurado,/ sin dinero sin casa/ sin necesidades salvo una lata/ de alubias & la/ responsabilidad de las locomotoras/ en el pegajoso raíl/ de acero”
(“Almacén de Long Island”).
“Ninguna bomba/ atómica hará saltar América/ por los aires, América/ en sí es una bomba/ abocada a explotar/ desde dentro”
Aquellos que no conocen el trabajo de McCarthy y recién lo han (casi) conocido a través de la película que los hnos. Coen han llevado a lo grande el año pasado, consagrándose hace poco con los premios Oscar, quizás se animen a averiguar algo más de este auténtico y original escritor norteamericano, quién, para algunos, revela cierto parentesco con la narrativa de William Faulkner, con la rebelión del hombre ante la adversidad.
Su último libro The Road, está siendo aclamado y hace poco me dijeron que éste era una obra maestra, terrible y conmovedora.
Acá les dejo un extracto de la novela traducido por Luis Murillo Font quien ha sido literalmente fiel al texto, así que podremos ver como se asoma el estilo de Comar McCarthy casi con el mismo resplandor que el original.
El año pasado José Miguel Herbozo ganó la versión 2007 del Premio Nacional PUCP, con el poemario titulado Los ríos en invierno. Les dejo acá una muestra, un poema, que para mí, se escapa un tanto del equilibrio de la segunda mitad (tácita) del libro, pero que en su escape precisamente cautiva. Coincidencia que ese poema se llame Fuga.
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(fuga)
- De pronto me cansé de girar sobre este lado de las cosas:
la pared llena de imágenes los cuadros de instantes que se incendian
tan harta de internarme debajo de las mesas
tan solo oscuridad sobre la noche, un hábito fantasma que nos lleva de pie hasta el recinto mismo donde la paz inanimada aqueja,
y un cuerpo replegado allí en sus límites sometido ante los bordes de la niebla.
La casa vacía me silencia y todo en mí se enciende
ya no resisto habitarme donde nada de mí me pertenece.
Por eso salgo a buscarme, aquí no estoy nada tranquila; ya te lo dije, sufro la falta de espacio y cuando eso sucede prefiero en la ciudad perderme o escuchar el sonido del mar y las piedras. Tanto me cuesta volver, que ahora no puedo, no me atrevo a dejarme llevar por esas sensaciones, así que prefiero reemplazarlas. Con un viaje siempre encuentras algo nuevo que sentir y ves como todo pasa o se queda, .......pero de manera pasiva.
– Eso es mejor a veces, evitar las sensaciones violentas – cuando resplandeciente una sombra inunda al otro, mientras ella desde adentro intenta decir después de todo cómo en trampas que nos juega la suerte hay hábitos de furia y de miseria y una suma al decir que nos arrastra pero nunca afuera; eso que se dice un trompo la acumulación de absurdo y angustia en la cabeza–.
– Mientras sueño el mar me inunda, todo afuera Permanece completamente estable, una respuesta a mis ganas de escapar, de salir de inmediato pero también lentamente, sorda a la necesidad.
No sé lo que busco cuando presiento el agua de la mañana el sueño separando, la mirada y el contacto de mis ojos cerrados ...........hurgando en mi cabeza, un retorno constante al agua siempre un no ser de los límites renueva – pero siempre perseguido y solo– ese sueño del que nadie despierta:
puro miedo y vacío ascendentes más allá de todas las fronteras
puro miedo y vacío de decir con los límites al hombro
y en el medio de la niebla está uno solo aunque lo ajeno adentro ...............y aquí aquello que me inunda y me reclama de vuelta.
–Puedo intentar otras cosas, es perfecto para empezar todo de nuevo…
–Haz lo que quieras con eso. Sí te lo digo ya no es mío.
Lo único que llevo de aquí son mis dudas –sería muy bonito sentirlo así de paja–.
No importa hacia donde te arrastre el viento (Sí. Pero me gustaría ver a Séneca en este lugar) La sabiduría consiste en mantener los ojos abiertos durante la caída (¿Bloques sónicos de desesperación?) Estudiar en las estaciones de policía Meditar durante los fines de semana sin dinero (Tópicos que has de repetir, dijo la voz en off, sin considerarte desdichado) Ciudades supermercados fronteras (¿Un Séneca pálido? ¿Un bistec sobre el mármol?) De la angustia aún no hemos hablado (Basta ya. Dialéctica obscena) Ese vigor irreversible que abrasará tus derroteros
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Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor Con otro, en la vida cabina telefónica de aquel Almacén de la Tepeyac, creí que el mundo Se acababa para mí. Un tipo alto y flaco y Con el pelo largo y una verga larga que no esperó Más de una cita para penetrarla hasta el fondo. No es algo serio, dijo ella, pero es La mejor manera de sacarte de mi vida. Parménides García Saldaña tenía el pelo largo y hubiera Podido ser el amante de Lisa, pero algunos Años después supe que había muerto en una clínica psiquiátrica O que se había suicidado. Lisa ya no quería Acostarse más con perdedores. A veces sueño Con ella y la veo feliz y fría en un México Diseñado por Lovecraft. Escuchamos música (Canned Heat, uno de los grupos preferidos De Parménides García Saldaña) y luego hicimos El amor tres veces. La primera se vino dentro de mí, La segunda se vino en mi boca y la tercera, apenas un hilo De agua, un corto hilo de pescar, entre mis pechos. Y todo En dos horas, dijo Lisa. Las dos peores horas de mi vida, Dije desde el otro lado del teléfono.
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La poesía entra en el sueño como un buzo en el lago. La poesía, más valiente que nadie, entra y cae a plomo en un lago infinito cono Loch Ness o turbio e infausto como el lago Batalón. Contempladla desde el fondo: un buzo inocente envuelto en las plumas de la voluntad. La poesía entra en el sueño como un buzo muerto en el ojo de Dios.