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Morir frente a un trigal


Este julio se cumplen 118 años
de la muerte de Vincent van Gogh

Vincent Van Gogh tuvo una vida conmovedora y una muerte trágica que selló un periodo artístico muy breve, pero que lo ubicó para siempre en el olimpo de los más grandes representativos del postimpresionismo.Sorprende el hecho de que su vida artística se redujera a solo diez años, desde 1880 cuando tenía 27 años de edad, hasta su muerte, el 29 de julio de 1890, pronto harán 118 años. En esos escasos diez años, Van Gogh produjo más de lo que otros pintores produjeron en toda una vida.
De sus obras conocidas se conservan 840 pinturas y más de mil dibujos, aparte de cientos de acuarelas y litografías. Hay que sumar a ellos las cartas que escribió, sobre todo a su hermano Teodoro, que han servido para construir una de las biografías más conmovedoras de cualquier ser humano dedicado al arte.
Las cartas y su enorme dedicación a la pintura eran una fuga para la dolencia mental que desde mucho antes comenzara a sufrir y de la cual él tenía plena conciencia. Ellas describieron su estado de ánimo, sus razones para pintar cipreses, o las flores de un jarrón o los objetos de una naturaleza muerta. Informan de lo que pensaba, de lo que leía, de las personas que hablaban con él, de los pequeños acontecimientos de su vida cotidiana.



Doce girasoles en un jarrón y Catorce girasoles en un jarrón. El primero está en la Pinacoteca de Munich y el segundo en una colección particular



Millones de copias de sus Doce girasoles, cuyo original se encuentra en la Nueva Pinacoteca de Munich y de sus cipreses adornan las salas de miles de hogares alrededor del mundo. Muestras notables de los árboles que amaba tanto, son Cipreses bajo el cielo estrellado, Campo de trigo y cipreses, Senda con cipreses o Cipreses y dos mujeres. Y de su humanidad y compasión por los humildes son muestras sus Comedores de patatas y su Anciana con cofia entre otras muchas.

El comerciante aprende a pintar

Antes de descubrir su devoción por la pintura, fue comerciante de arte, se dedicó a la enseñanza, fue minero y ayudante de un evangelizador, pero ninguna de estas actividades le reportó una satisfacción espiritual y menos económica.
Nunca concurrió a alguna escuela o academia de pintura. Solo durante su estada en La Haya, a finales de 1881, recibió algunas clases del pintor Antón Mauwe, que era su primo político, y de quien se distanció para siempre a causa de una relación con Sien Hoornik, una mujer poco recomendable que, además, esperaba un hijo de otro hombre.
Tampoco se hizo esperar la reacción de sus padres de quienes también se alejó a causa de esa relación.
Cuando decidió dedicarse a la pintura, comenzó por reproducir paisajes e hizo dibujos de desnudos femeninos. En estos primeros años reprodujo lo que veía y sus trazos no tenían ningún rasgo original. Conoció, merced a las lecturas de numerosos libros, las corrientes del arte imperantes en Europa a fines del siglo XIX y se inclinó por experimentar trazos diferentes.
Así logró imponer su peculiar estilo de pintar los objetos que veía, desde los paisajes amplios y sombríos, hasta las personas de su cercana intimidad, con sus pinceladas cortas de colores vivos.


Sembradores a la puesta del sol. Colección Müller Köller



Apartado de sus padres, se dedicó a pintar paisajes campesinos y trabajadores, de Drenthe, pero al poco tiempo, sintió el impacto de la lejanía y soledad de esta región del norte de Holanda y decidió volver al hogar paterno, que se había trasladado a Nuenen, en Brabante.Aquí encontró inspiración en las tejedoras y sus telares y dedicó días enteros a pintar a los campesinos en pleno trabajo. Los críticos dicen que en esta época, alrededor de 1883, Van Gogh quiso seguir las huellas de Millet, al pintar escenas campesinas bajo los diferentes ángulos que el sol le proporcionaba.
En esta época también descubrió su facultad de manejar los tonos oscuros y sombríos que serían la característica de su producción posterior. En esta época, quizá la más triste y solitaria de su vida, iba por el campo bajo el sol abrasador o cuando llovía o nevaba, metía los pies en el lodo en que estaba convertido el mundo.

La visita de Gauguin

Impresionado por la personalidad de Gauguin, a quien había conocido dos años antes, lo invitó a visitarlo en Arlés, donde se había refugiado una vez más para pintar los cipreses que tanto amaba, los amplios y dorados campos de trigo, las carretas de los campesinos, los puentes sencillos de un solo ojo y los retratos de la gente. En ocasiones, cuando hacía mal tiempo, se quedaba en su cuarto y pintaba su cama, la silla donde había acomodado su pipa, sus zapatos.



Autorretratos. Muestran los efectos de su ataque a Gauguin



A los dos meses de su estada en Arlés, Gauguin fue atacado con una navaja por Van Gogh, quien sufría cada vez más frecuentes accesos de locura. Horas más tarde, arrepentido, Vincent se cortó parte de la oreja derecha con la misma navaja y llevó el trozo sanguinolento envuelto en un sobre a una bella prostituta de la que estaba enamorado. Gauguin abandonó Arlés y nunca volvió a verse con Van Gogh.
Vincent continuaba pintando mientras su salud se deterioraba. Después de una breve estada en París donde vivió en casa de su hermano Theo, a quien entregó abundantes cuadros, partió para Auvers-sur-Oise donde hizo amistad con el doctor Paul Gachet, un antiguo médico del hospital de la Salpetierre, gran aficionado a la pintura.
Vincent alquiló un cuarto en el hospedaje de Arturo Raveaux, en la plaza principal, pero pasaba la mayor parte de su tiempo en casa del doctor Gachet, quien le tenía gran estimación.

Frente a un trigal

Fue el mismo doctor Gachet, quien escribió a Theo una breve nota el 28 de julio de 1890: «Lamento en sumo grado venir a turbar su reposo, pero, sin embargo, creo mi deber el escribirle inmediatamente. Hoy, domingo, han venido a buscarme a las 9 de la noche de parte de su hermano Vicente. Cuando llegué junto a él, lo encontré mal. Se ha herido».
Ese día, Vincent había salido a pintar a una colina desde donde dominaba un dorado campo de trigo. De pronto sacó una pistola y se pegó un balazo en el pecho, debajo de la tetilla derecha. Luego plegó su caballete, regresó a su casa y se acostó en su cama.



Trigal a la puesta del sol. Kunsmuseum de Basilea



Dice Luis Pierard, quizá uno de sus más acuciosos biógrafos: “A pesar de toda una vida de privaciones y de sus terribles sacudidas nerviosas, este campesino brabanzón había conservado una asombrosa robustez física”.
Aún tuvo ánimo para conversar con el doctor Gachet, quien vino a verle:
–Creo que he errado el tiro, doctor, ¿qué piensa usted?
El médico trató de reconfortarlo, pero Vincent prosiguió:
– Ah, bueno… ¿quiere pasarme la pipa que está en el bolsillo del saco?
En la mesa de noche cercana había una carta, la última, para su hermano Theo.
Parte de ella decía: «Pues bien, en mi propio trabajo, arriesgo mi vida, y mi razón se ha disuelto a medias».
En la madrugada del 29 dejó de existir. Se levantó una capilla ardiente y en los cortinados que cubrían las paredes se exhibieron algunas de las más bellas pinturas del difunto, que Theo había dispuesto y que fueron admiradas por algunos pintores que llegaron de París. Fue enterrado en un pequeño cementerio en la colina desde la cual se veían campos de trigo y los cipreses que tanta admiración, respeto y amor le despertaron.



Trigal con amapolas y alondras. Museo Nacional Van Gogh en Amsterdam



En la alcaldía del pueblo, se conserva un documento que da cuenta del deceso.
“Acta de defunción de Vincent Van Gogh:
“Del veintinueve de julio de 1890, a las diez de la mañana, acta de defunción de Vincent Wilhem Van Gogh, artista pintor, soltero, de treinta y siete años de edad, nacido el treinta de marzo de mil ochocientos cincuenta y tres, en Groot Zunder, Holanda, fallecido hoy, a la una y media de la madrugada, en casa del Sr. Ravoux, hotelero, en esta comuna de Auvers–sur–Oise, donde residía momentáneamente, sin domicilio fijo, hijo de Teodoro Van Gogh, fallecido y de Ana Cornelia Carbentu, domiciliada en Leyde, Holanda. La presente acta se levanta de acuerdo a la declaración de Teodoro Van Gogh, comerciante en cuadros, de treinta y tres años de edad, hermano del fallecido, domiciliado en París, cité Pigalle, número ocho, y de Arturo Ravoux, hotelero de edad cuarenta y un años. Alejandro Caffin, alcalde, oficial de estado civil, después de hacer su lectura y comprobado el fallecimiento que abajo firmamos».






Trigal con cipreses. Colección particular




Seis meses más tarde, en París, en enero de 1891, su hermano Theo también dejaba de existir y su cadáver fue llevado en abril de 1914, a reposar junto al del pintor de los girasoles y los cipreses en la colina rodeada de campos de trigo.





Fotos son de ArtHistoria



Cuatro frescas (IX)

Con esta ley todas las mujeres podremos ingresar hasta al exclusivo Club de los Búfalos Mojados. (Supa).

Yo era jefe de Inteligencia, pero no adivino, señor. Yo no me amanecía con el señor presidente. (Salzar Monra).

Si no me dan plata pronto el ministerio del Ambiente estará hasta el huevo. (Egg).

Nosotros estamos bien. Los que están jodidos son los que no tienen carné del partido. (Chirito).

Abre tus brazos al extranjero

Los europeos deben recordar
la hospitalidad latinoamericana


En la primera mitad del siglo pasado, el poeta argentino Ricardo Rojas escribió un poema titulado Abre los brazos al extranjero. Eran tiempos de posguerra cuando algunos criminales alemanes buscaban un refugio para escapar de la justicia internacional que no quería dejarlos sin castigo.


Salzburgo: La bandera de Austria tiene los mismos colores que la peruana




También llegaron otros, como sus antecesores lo habían hecho desde décadas atrás, ya no huyendo de la guerra ni de la justicia, sino en busca de la oportunidad que un nuevo mundo podría ofrecerles cuando Europa estaba castigada por el hambre, las guerras inacabables y la falta de oportunidades.
Buscaban una nueva tierra en nuestro continente para reconstruir o construir sus vidas. La encontraron.
Como en el poema de Ricardo Rojas, América latina y los latinoamericanos de todos los países abrían sus brazos al extranjero que venía pobre, desesperanzado, con la ilusión de encontrar aquí la paz y la oportunidad que en Europa eran tan frágiles.

Encontraron la América

Y aquí, españoles, italianos, alemanes, ingleses y un arcoiris de nacionalidades europeas y también de otros continentes, encontraron en la América latina la posibilidad de hacer fortuna, porque los nativos de aquí somos hospitalarios, generosos, nada egoístas y ellos aprendieron nuestras costumbres, comieron nuestros platos aunque conservaran los suyos, trajeron sus comidas y bebidas y nosotros aprendimos a comerlas y beberlas.


París: Visitar la Basílica del Sagrado Corazón bien vale una misa




Nos mezclamos. Los acompañamos en sus exploraciones por estas tierras exóticas y los tratamos tan bien que se creyeron con derecho a quedarse, casarse, formar hogares al lado de los nuestros, enviar sus hijos a nuestros colegios y cuando abrieron los suyos también los nuestros entraron en ellos. Aprendimos de los extranjeros y ellos aprendieron de nosotros.
Que se sepa, nunca se les pidió condiciones especiales para venir a pasear o para quedarse entre nosotros.
En retribución, el Parlamento Europeo acaba de adoptar una desagradable medida contra los extranjeros que se encuentren ilegalmente en sus países. No solo se trata de la adopción de medidas administrativas contra quienes estén indocumentados sino de sanciones penales, con amenazas de prisión, lo que implica separación de la familias y nuevos problemas para el migrante.

El nuevo Muro de Berlín

Se trata así de instalar un nuevo Muro de Berlín que tanta vergüenza causó a las democracias europeas y del mundo durante décadas por ser el fruto de un sistema dictatorial e inhumano.



Munich: Museo de la ciencia muestra avión de otra guerra




En nuestros países, fundamentalmente en el Perú, no hay restricción para la llegada, permanencia y residencia de los extranjeros. Aquí sí, verdaderamente, se han abierto los brazos al extranjero como lo instaba el generoso poema de Ricardo Rojas.
Nunca nos detuvimos a mirar si el recién llegado venía o no con plata, si era negro o rubio, si tenía los ojos rasgados y la piel amarilla o rosada. Bastaba con que fuera un ser humano. Solo era deseable que no viniera con un alijo de cocaína bajo el brazo a corromper a nuestros niños y jóvenes.
El nuevo Muro de Berlín, extendido ahora alrededor de toda Europa para dividir a los seres humanos de ultramar, prohibirá la llegada de gente modesta que quiere una vida mejor, aprender lo que puede enseñar la vieja Europa.
No lleva problemas sino al contrario. Se dedicará, más bien, con modesta, a resolver las carencias de los europeos. En los países que hoy tienen la suerte de ser ricos, los habitantes ya no quieren ensuciarse las manos con tareas manuales tan esforzadas como la gasfitería, o la cerrajería, las reparaciones eléctricas, la carpintería, la zapatería remendona –vi alguna alojada modestamente en un rincón de un gran supermercado–, y cientos de ocupaciones menores que alivian la vida. En fin, no son un problema, sino una solución.



Colonia: Su catedral fue respetada por las bombas aliadas




Por otra parte, como millones de europeos que han llegado y vivido aquí, para mezclar su sangre con la nuestra, los latinos y otros en el viejo continente están revitalizando una población que estaba en franco proceso de envejecimiento y amenazaba disminuir hasta niveles peligrosos para la conservación de sus naciones.
Si no tenemos inconveniente en recibir a los europeos y hasta el momento, ellos no lo habían tenido, ¿por qué no abrir los brazos ahora, en un mundo globalizado, que mezcla economías, en que los asuntos de unos también afectan a los otros?
¿Por qué dar motivo a que algunos sátrapas amenacen con tomar represalias y expulsar a los extranjeros residentes aquí si allá se concretaran las medidas anunciadas?
¿Por qué no abrir los brazos allá como ya los abrió la América latina desde un pasado que se pierde en la memoria?



Cuatro frescas (VIII)

Dos personas que se aman terminan necesariamente en catricidio. (Casanueva).

El Chemo es muy bueno, oiga usted. Le da la mitad de lo que gana a su viejita. (Senzaburgoña).


¡Ou, lindo país Perú! Aquí los revoltosos capturan a los policías. (Mr. Green Go).

Creí que el “moqueguazo” se iba a controlar con el reparto de alimentos en Huancavelica. (Alba Costra).




Cajamarca, tierra de leche y oro



Allí se inició la segunda etapa
de la historia de la humanidad



Los pobladores de Cajamarca y los cajamarqueses residentes en otras regiones están seguros de que en esa ciudad, el sábado 16 de noviembre de 1532, con la captura de Atahualpa y el consiguiente ofrecimiento de un cuarto lleno de oro y dos de plata, se inició la segunda etapa de la historia de la humanidad.



La tradición mantiene su vigencia




También afirman que el monumento que recuerda ese trágico instante de la historia se encuentra a unos 40 metros de la plaza de Armas de Cajamarca, en el jirón Amalia Puga 722, donde hoy se exhibe como única herencia incaica en la ciudad, el llamado Cuarto del Rescate, que fue colmado de objetos de oro y plata, hasta una línea marcada por la mano alzada del inca en desgracia, quien a pesar de todo, iba a ser sacrificado por la ambición de los conquistadores españoles asombrados de ver tal cantidad de riquezas juntas.
Pero como suele ocurrir, no siempre la riqueza es fuente de bienestar ni de felicidad y los reyes de España, lejos de utilizarla en combatir la miseria de sus pobladores, la emplearon en cristalizar sus ambiciones de conquista hasta crear un reino donde jamás se ponía el sol pero abrió las puertas de la guerra y la desgracia para millones de seres humanos.

El cuarto de piedra
Se trata de un ambiente sin techo, de casi tres metros de alto, 7.6 metros de largo y 5.70 metros de ancho. A cierta altura, probablemente por encima de la cabeza de un hombre de alta estatura hay tres hornacinas adosadas a la pared longitudinal. La mano alzada del inca Atahualpa llegó más arriba de la mitad de las hornacinas y allí fue trazada una línea hasta donde debían llenarse las riquezas que serían el precio de la libertad del monarca.



El cuarto que se llenó de oro y plata




De acuerdo con algunos cronistas españoles de la época, los conquistadores dividieron las riquezas en cinco partes. Cuatro de ellas fueron repartidas entre los conquistadores y el saldo fue enviado a España. Era el quinto que le correspondía al rey.
Cuentan que los asombrados pobladores de Sevilla vieron desfilar 27 carretas arrastradas por bueyes en dirección a la Casa de Contratación del Rey de España, encargada de hacer un inventario. Así quedó testimonio de que llegaron a manos del monarca”38 tinajas de oro de un peso medio de 60 a 25 libras… dos fuentes de oro que pesaron 17 libras… un ídolo a la manera de hombre que pesa 11 libras… 12 figuras de mujer, un hombre enano, una corona y tres carneros… 600 planchas de oro de tres a cuatro palmas de largo que pesaban 130 quintales…”.
Hay que tener en cuenta que la libra equivale a 45 gramos –casi la mitad de un kilo–, una palma a la mano de un adulto estirada y que el quintal tiene cien kilos de peso.
Es decir que solo en las planchas ¡había 13 000 kilos de oro!

Escenario de una matanza
La plaza de Cajamarca, en una de las ciudades peruanas que no fue fundada por los españoles, era triangular, con dos únicas y estrechas vías de ingreso, rodeada por edificios construidos sobre plataformas, entre ellos el Templo de las serpientes, donde se refugiaron los españoles de Francisco Pizarro que preparaban la emboscada contra el Inca.



San Francisco ilumina la noche




El doctor Fernando Cabieses, autor de Narración de una conquista, describe la forma en que los soldados españoles, menos de 200, pero con estruendosas y letales armas que los nativos no habían visto jamás, tomaron posiciones en los edificios vecinos a la plaza. Los españoles tenían varios cañones bajo el mando de Pedro de Candia, arcabuces, ballestas, caballos y feroces mastines de guerra, también animales desconocidos que según las noticias que habían llegado al inca, eran armas nada comparables con las que tenían los ejércitos del Imperio Inca.


Diez mil nativos muertos
La tarde de aquel sábado, cuando los conquistadores capturaron a Atahualpa, los arcabuces y cargas de caballería hicieron una de las matanzas más horrorosas de la historia universal. Quedaron unos diez mil muertos, dato en el que los historiadores no están de acuerdo, ya que las huestes del inca, integrada por oficiales y soldados de su ejército y habitantes de los pueblos vecinos llenaba casi totalmente la plaza y las calles vecinas desde donde pugnaba por entrar a la plaza.



La Catedral muestra su imponencia en la Plaza de Amas






Cuando el padre Valverde clamó venganza porque Atahualpa lanzó la biblia al suelo, Pizarro, a unos treinta metros de distancia del inca, dio la orden y se desencadenó una tormenta de fuego. Los cañones de Pedro de Candia atronaron el espacio aterrorizando a los nativos, mientras los arcabuceros abrían fuego y las ballestas llovían sobre la multitud matando por igual a capitanes reales, soldados y población civil.
Cuenta Fernando Cabieses que una de las paredes de piedra que rodeaban la plaza fue impactada por un cañonazo y que la presión de la multitud que quería huir a toda costa, causó su caída. Por allí salieron en estampida miles de hombres, mujeres, algunas de las cuales llevaban a niños en brazos, y entonces la caballería entró en acción para asesinar en campo abierto a todos aquellos que encontraran a su paso. Cabieses calcula que allí murieron unas diez mil personas.
Mientras tanto, Pizarro con la espada desenvainada aprovechó el pánico y se acercó a Atahualpa acompañado por varios soldados y tras una corta escaramuza en la que uno de sus soldados pretendió acuchillar al inca y falló hiriendo en cambio a su jefe en una mano, el soberano fue dominado y apresado. La escasa sangre que brotó de la mano de Pizarro fue de la única herida que los españoles sufrieron aquella tarde infernal.
Después vendrían las negociaciones por el rescate de Atahualpa que los españoles no respetarían. Ocho meses y diez días después, el 26 de julio de 1533, enjuiciado por un remedo de tribunal integrado solo por españoles, el último inca del Perú sería ahorcado, y las riquezas del rescate más todas las que fueron producto de saqueos fueron enviadas a España, para dilatar una monarquía sustentada en guerras de conquista que aumentarían la miseria de un mundo que ingresaba en una nueva era a costa de la muerte de otro lejano, desconocido imperio.

Tierra de leche y oro
Cajamarca es la ciudad donde la gente vive metida en el paisaje a cinco minutos de la última calle, y es también la pujante urbe de la sierra norte adonde han apuntado sus intereses transnacionales mineras como Yanacocha, y lecheras como la suiza Nestlé y la arequipeña Gloria, cuyas actividades han provocado un resurgimiento económico que, paradójicamente, ha ahondado las diferencias entre ricos y pobres, entre trabajadores que ganan entre 1,000 y 17 mil soles mensuales cuando están directamente contratados y aquellos que, empleados por services y terceros, deben contentarse con 700 u 800 soles mensuales.



Apacible arroyo de San Luis






Elegantes restaurantes llenos y hoteles de todo nivel, tienen en sus puertas mujeres y niños que piden una moneda.
Y en este escenario, una señora le dice a un niño que le pide una moneda: “¿Tu mamá no te enseña a trabajar en lugar de estar pidiendo limosna?”, justamente en el día en que los escolares paseaban por las calles cajamarquinas con cartelones y pancartas que decían “¡No al trabajo de los niños!”.
Pero ese es un caso aislado, al que asistí por casualidad.
La verdad generalizada es que la Cajamarca de hoy es una ciudad próspera. Yanacocha ha construido una excelente carretera pavimentada que sirve a quienes quieran usarla.
Más allá de los fines estrictamente mineros de esa vía, el viajero tendrá que contentarse con las trochas que lo llevan a distintos parajes turísticos o distritos campesinos en busca de hacer negocios.

Camiones de dos pisos
Meses atrás, tanto Gloria como Nestlé, comenzaron a emplear camiones cisternas para el recojo de la leche para poner fin a la tradicional usanza de recogerla en porongos que cada pequeño productor coloca al borde de la carretera que colinda con su chacra.



La pequeña ganadería acumula riqueza




Los campesinos protestaron y reclamaron el regreso de los camiones de plataforma. Y yo, inocentemente, pregunté por qué.



Todos los caminos atraviesan el paisaje






Me dieron su razón:
La señora María Elizabet Villanueva Díaz, viuda, madre de dos jóvenes estudiantes, que tiene una chacrita en San Luis de Polloquito, me contó la razón:
“Vino una empresa de transportes con una combi. Al principio nos entusiasmamos y comenzamos a usarla para nuestros viajes a la ciudad. Pero pronto todo el mudo se cansó. Cobraban tres cincuenta por el pasaje. Reclamamos el regreso de los camiones de la Gloria. Los viajeros van incómodos, pero llegan al mismo sitio por un sol”.
A esos camiones los llaman Cruz del Sur, en alusión a la empresa de ómnibus, porque “tienen dos pisos”, dicen los ingeniosos, “el primero para los porongos y el segundo para los campesinos”.
En efecto, los camiones lecheros llevan pasajeros en su “segundo piso”, a pesar de las recomendaciones y papeletas de la policía.

Desde donde inca miraba
Fundada por los incas en 1370, Cajamarca tiene unos 180 mil habitantes, con una importante proporción de foráneos dedicados al trabajo de las minas y el comercio y ahora es la décima ciudad en importancia comercial y turística del país.
Frente a la misma plaza de Armas, el visitante ya puede comenzar a ver las pocas huellas españolas.
La plaza tiene una fuente de ocho lados de cantería labrada y fue instalada en el mismo sitio a principios del siglo XVIII. Su cuerpo central y la taza están hechos de una sola pieza.



San Francisco en una tarde apacible





En uno de los costados de la Plaza se alza la catedral, construida con piedra volcánica labrada y al frente, el imponente templo de San Francisco, que posee un museo de arte religioso y donde se puede descender hasta unas catacumbas que guardan los restos de los religiosos muertos durante cuatro siglos y medio.
Además, en el centro mismo, se suman al Cuarto del Rescate el admirable complejo arquitectónico de la iglesia de Belén, que contiene, entre otras herencias castellanas el Hospital de Varones, un amplio recinto de bóveda de cañón, cuya planta forma una cruz, y el Hospital de Mujeres, cuya portada impresiona por su delicadeza y profusión de motivos, y por la extraña presencia de dos esculturas femeninas con cuatro senos.
Y para rematar el paseo, uno puede elevarse 500 metros por sobre la plaza luego de superar unos 300 escalones de piedra, hasta el cerro de Santa Apolonia, convertido en mirador de la ciudad y desde donde puede obtenerse también una magnífica vista de la hermosa campiña que la rodea.
Allí en la colina también hay una capillita blanca dedicada a la Virgen de Fátima y la silla del inca, labrada en piedra de una sola pieza y que todos miran reverentes porque es una de los escasos objetos que los conquistadores respetaron y dejaron en su sitio.
Desde esta altura se comprende cómo y por qué se dice que los cajamarqueses viven y son parte del paisaje de esa tierra, donde los cerros huelen a eucalipto y donde la mano del hombre ha llegado hasta sus cumbres para llenarlas de pinos que son, asimismo, una fuente de belleza y de riqueza.




Cuatro frescas (VII)


¡Ay, qué miedo! Si no les vendemos nuestro gas, son capaces de enojarse con nosotros. (Alanchelet).

Esos jóvenes fueron unos artistas para sacarnos la ley por unanimidad. (Cabeza Posada).

Llegaremos en el término de la distancia… o mejor antes. (Soldadonayre).

Yo amo a mi apá, aunque esté en Bolivia. (Teduela).




En la ciudad de la tierra colorada


El misterio de la selva se abraza
con la modernidad del siglo



Un colorido gigante en medio de la pista, que blande un martillo en la mano derecha y un machete en la izquierda le da la bienvenida al visitante que llega a sofocarse bajo los cotidianos 30-33 grados centígrados de la ciudad selvática de Pucallpa, la ciudad de la tierra colorada.



¡Bienvenidos visitantes a la ciudad de tierra roja!




El gigante marca el límite entre los suburbios, que es también el límite entre la lluvia y la sequía, según los pucallpinos conocedores de los detalles de su ciudad.
Cuando llueve aquí, no llueve allá, dicen dispuestos a jurarlo por todos los duendes de la selva.
Y así lo comprobamos cuando una nube gris amenazadora decidió irse más allá y descargó una lluvia torrencial en los predios del aeropuerto y sus cercanías, mientras en la ciudad, que la esperábamos se reabrió el cielo azul para mostrarnos un horizonte de brillantes nubes blancas y su calor de 33 grados.

Ciudad sin taxis
Pucallpa es la ciudad sin taxis. Los automóviles que uno ve están dedicados al servicio colectivo desde el centro hacia los distintos barrios periféricos y viceversa. Y más escasos aún son los automóviles particulares.
En el aeropuerto, los mototaxistas le ofrecen el servicio por cinco soles que se rebajan a cuatro cuando el conductor ve la indiferencia del viajero. El recién llegado tiene que someterse a ese transporte, extraño en casi todos los aeropuertos de las ciudades del Perú.



Tránsito endiabladamente desordenado y encantador




Más allá, en la ciudad, ellos invaden todos los carriles de las calles y se cruzan en medio del ruido de pitos policiales, bocinas y motores con peatones y los escasos automóviles particulares y colectivos.
Será por eso que los pobladores, hombres y mujeres prefieren desplazarse por su cuenta en vehículo propio y se compran una motocicleta, lo cual permite ver lindas chicas en shorts o minis, con blusas escuetas, desplazarse diestramente entre el desordenado tránsito de la segunda ciudad de la selva peruana.



¡Súbete a mi moto!





Cebiches de paiche y de doncella
Es también la acogedora ciudad de los cebiches de paiche y doncella, blancos y sabrosos peces de los ríos que los pescadores pucallpinos atrapan con facilidad en la tranquila corriente del Ucayali.
Es asimismo, la ciudad de las parrilladas que combinan en un solo plato los asados de venado, majaz y sajino, con el tacacho que a su vez es una mezcla de plátano machacado con chicharroncitos de cerdo, que es una delicia para todos los paladares.
El sajino es una suerte de puerco del monte y el majaz un roedor gigante cuya carne es blanca y sabrosa, sobre todo cuando está aderezada con los menjunjes inventados primero por los nativos y luego adornados con las especias criollas de los actuales pobladores de Pucallpa.

Entre un río y una laguna
Pucallpa, con una población de unos 200 mil habitantes, se ha convertido en la más activa ciudad de la selva nororiental, después de Iquitos. Está a 154 metros de altura sobre el nivel del mar, entre las orillas del río Ucayali y las riberas de la laguna de Yarinacocha, el principal atractivo turístico.



El cielo se refleja en sus abundantes aguas




Sobre el Ucayali, está de Pucallpa su puerto, el segundo de la Amazonia peruana después del de Iquitos. Por allí, en barcazas pero también en camiones que utilizan las trochas y la carretera Jorge Basadre, salen diariamente cientos de troncos de árboles centenarios.
El escritor Fernando Vilchez Santisteban dice: “Por donde se mire (en Pucallpa) hay extensas hectáreas de bosques. Los árboles madereros son la principal industria de Pucallpa. Lamentablemente, la tala descontrolada pone en peligro el orden natural. Es frecuente ver bosques talados, forados enormes en medio de árboles amenazados por la deforestación. También es común ver por las carreteras, camiones que circulan cargados con bloques enormes de troncos de árboles, cuya antigüedad puede sobrepasar los cien años. Árboles de caoba, cedro y otras especies se dirigen al mercado ilegal de madera nacional e internacional. La deforestación es un grave problema que no parece tener solución. La ineficacia y el poco control de las autoridades hace que la selva de Ucayali sea el objetivo ideal de las mafias madereras. A estos males se añade las grandes pérdidas de bosques que el boom del caucho trajo consigo en décadas pasadas”.
Los madereros legales, han convertido a Pucallpa en la capital peruana de la industria maderera pero al lado de ella, florece con impunidad la tala y extracción ilegal de las finas maderas pucallpinas que han hecho evidente el riesgo de la deforestación de que habla el amigo Vílchez.

Los otros frutos
Sin embargo, Pucallpa tiene mucho más y lo ofrece generosamente a quien quiera recoger sus frutos y gozarlos.
Allí están por ejemplo, los plátanos, siempre sabrosos y nutritivos si se comen frescos o asados, y la yuca que acompaña todos los platos desde las sopas hasta las parrilladas y que se puede disfrutar hasta sin ninguna compañía.
Además nos regala las frutas -casi todas se pueden encontrar en muchas ciudades del país y del exterior- como las piñas, los mangos, los cocos, la aguajina, la cocona, la carambola, el camucamu, y otros cientos más, que dan origen a jugos con diversas cualidades que van desde el simple refresco hasta su aplicación en usos medicinales y afrodisíacos, ejemplo de los cuales son el chuchuhuasi conocido como RC –usted ya sabe por qué–, el siete raíces, el masato y muchísimos màs.



La lluvia no siempre cae donde amenaza el cielo




Y además, si quiere introducirse en sueños esotéricos, nada más fácil que medio vaso de ayahuasca, eso sí, asistido por un maestro o brujo shipibo que en determinado momento lo arranque de su sueño alucinógeno y lo devuelva a la cruda realidad de una resaca como jamás existió.
En fin, Pucallpa es aún la tierra de las casas sin paredes en los sectores periféricos y las comunidades nativas, es la tierra abierta a la amistad, la comida y las bebidas exóticas y es también la landa misteriosa que oculta mucho de lo que los naturales nos pueden enseñar.



Cuatro frescas (VI)

“Maté al perrito Matías porque creí que era el perro del hortelano” (Congresista Miró Ruiz).

“El que mató a balazos al perrito Matías es un congresista con.. . chalina” (Ciudadano Cain).

“Le dije que no se mordiera la lengua porque podía morir envenenado” (Naca Siqui).

“He traído aquí a la fábrica del mejor papel del mundo para que fabrique papel higiénico” (El hablador).





Vale la pena recordar

A propósito de Dos encuentros con el MRTA

El periodista Bernardino Rodríguez Carpio, a quien envié un correo para solicitarle un recuerdo acerca de aquel episodio que vivimos cuando un grupo de terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) incursionó en el local del Colegio de Periodistas del Perú (CPP) y que relaté en artículo anterior, ha tenido la gentileza de remitirme algunas precisiones que no aparecen en ese texto y que, en homenaje a la verdad merece entregarles. Así que, sin más trámite así lo hago.

El colega a quien mencioné como Miguel de los Ríos, es en realidad, Miguel de los Reyes, conocidísimo periodista de deportes que fue el brazo derecho del aún no olvidado Oscar Artacho, hombre de prensa argentino que invadió el Perú con sus comentarios sobre fútbol hace muchos años. Miguel de los Reyes, fallecido hace dos años, fue el primer periodista deportivo en transmitir desde la planta baja del Estadio Nacional, las incidencias de los encuentros de fútnol. Los demás colegas aún no abandonaban la cabina que se les asignaba entonces.
Miguelito de los Reyes era, cuando atacaron la sede del Colegio de Periodistas, Secretario del Consejo Ejecutivo del CPP.

Por su parte, Bernardino Rodríguez recuerda:
“Yo era en esos días Primer vicedecano encargado del Decanato porque el Decano Lucho Loli se encontraba delicado de salud. Tú, Enrique Paredes, el recordado Diógenes Puente de la Vega, redactor de la France Press, quien se fue apresurado porque debía regresar a su oficina, y no recuerdo quien más, integraban el Comité Electoral y se quedaron porque les ofrecí invitarlos a almorzar (con la caja del Colegio, en honor a la verdad).
Yo me demoraba en el Decanato atendiendo algunos asuntos con don Miguel de los Reyes. Tú me hacías señas para que mande a la mierda todo y vayamos al almuerzo, porque el tiempo te ganaba, debías ir luego a AP. Salió don Miguel y entró un huevón que me dijo ¡No se mueva!
Como en esos días habían ido periodistas a pedir información sobre el proceso, electoral creí que me iba a tomar una foto. Parecía que llevaba en alto una cámara fotográfica. No distinguí fácilmente el revólver porque apuntaba al techo. Fue ahí que tú, que me precedías le dijiste "baja, esa huevada, mierda".
Luego de tu salida, me arrodillaron y sentí el cañón en la cabeza, pero alguien dijo "déjalo, sácalo afuera" y salí del despacho con la orden de “no levantar la cabeza, mirada al suelo”.
Afuera en el hall me volvieron a arrodillar. Ahí estaban Paredes, tú, De los Reyes, y todo el personal administrativo.
Recuerdo la ecuanimidad de Enrique Paredes que, arrodillado, nos dijo sonriente a todos "tranquilos, no pasa nada; este es un acto político". Evidentemente estaba mandándoles un mensaje de paz a nuestros verdugos.
¿Me quisieron matar o alguien cambió la orden? Siempre me he preguntado lo mismo y solo hace unos meses me ha asaltado un recuerdo que había olvidado.
He recordado que una semana antes más o menos de ese incidente, pidió hablar conmigo un estudiante universitario no sé si de la Garcilaso o San Marcos. Me dijo que era un refugiado nicaragüense y que necesitaba ayuda. Yo estaba apurado y para evitarme conversaciones y demoras le di la razón cuando hablaba sobre sus luchas pero le dije que del Colegio no podía mover un centavo, imposible.
Me levanté y le dije que de mi bolsillo sí soy dueño absoluto. No sé cuanto le dí, pero recuerdo que fue un dinero elevado para mis posibilidades, que a él, sin embargo, le parecìó poco, según pude observar por su gesto de desagrado.
-Bueno, compañero –me dijo–, esto es solo una muestra de aprecio de su parte.
-Así es -le respondí- cada quien ayuda con lo que puede.
Había borrado esta visita de mi memoria por completo, pero hace poco –cosas prodigiosas que tiene la memoria- manejando mi carro dentro de la ciudad, como un campanazo se me apareció su rostro y el recuerdo de aquel hecho y la certeza de que él ordenó me pasen del decanato adonde estaban todos ustedes y de ahí a la Biblioteca donde nos encerraron.
Es la primera vez que cuento este hecho. Fíjate en la casualidad de tener que contarte esto a tu pedido en una fecha próxima al 20 de mayo, nuestros cumpleaños (*). ¡Y aquí estamos vivos para un nuevo onomástico!

(*) Bernardino y yo nacimos, en años diferentes, por supuesto, el 20 de mayo.


Dos encuentros con el MRTA

Experiencias que uno no quiere repetir

En la ya extensa vida periodística que llevo en mis hombros tuve dos encuentros ocasionales con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que felizmente no resultaron con víctimas sangrientas sino, como es natural, solo en sustos y miedos en determinadas escalas.
Confieso que en ambas situaciones, tuve un despliegue de sangre fría que no tengo, por ejemplo, cuando el avión en que viajo entra en una turbulencia. En aquellas situaciones, sabía, debía mantener la cabeza fría y así, gracias a la divina Providencia, fue así.
La primera en la AP

En el verano de 1984 trabaja en la agencia de noticias norteamericana Associated Press (AP), y aquel día me tocaba el turno de la mañana, es decir, entre 9 a.m. y 3 p.m. en que debía remplazarme Teófilo Caso Oré.
En aquel tiempo no habíamos entrado en la era de las computadoras y para las transmisiones a nuestra central de Nueva York, teníamos que utilizar un teletipo, una máquina en la que lo que escribíamos se convertía en cinta perforada, que luego, enviada por un sistema telegráfico, era rebotada a todos los lugares del mundo si lo ameritaba así la noticia, o simplemente reenviada a las agencias latinoamericanas cuando la noticia solo era de interés continental.
Aproximadamente a las 11.30 de la mañana, me encontraba frente a la máquina de escribir redactando una información que luego sería copiada en el teletipo para enviarse a la central, cuando sonó el timbre de la puerta. En un escritorio delante del mío, el reportero norteamericano Bob Seavey, examinaba los periódicos.
La AP de entonces estaba domiciliada en el crucero de los jirones Cailloma y Huancavelica, a cuatro cuadras de la Plaza de Armas y del palacio de Gobierno, y para ingresar era necesario que cualquiera de los miembros de la redacción hiciera uso de sus llaves para abrir una puerta de seguridad y una reja. Solo si eran conocidos, los visitantes podían ingresar a la redacción y si no, debían identificarse debidamente antes. De lo contrario el redactor o la persona buscada salía hasta la reja para conversar, recibir documentos o, en otro caso, hacer ingresar al visitante.
Pero como siempre hay una excepción en los acontecimientos humanos, esa mañana sonó el timbre y el reportero gráfico argentino Alejandro Balaguer que estaba cerca de la reja atendió a alguien que parecía un estudiante universitario quien dijo que tenía un documento que entregar. Quizá por el hecho de que el redactor en español de turno era yo, Balaguer solo dijo "Lucho, te buscan" y sin esperar que yo me levantara del asiento, abrió la reja.
El visitante entró. Era un joven con unos libros bajo el brazo con un polo claro que avanzó hacia nuestros escritorios. Cuando levanté los ojos vi que había traspuesto la reja otro joven que lucía una guayabera veraniega.
Intrusos con pistolas
El que avanzaba se detuvo frente a mi escritorio y cuando yo esperaba que me extendiera el documento que decía quería entregar, se levantó el polo y mostró una pistola, miré instintivamente hacia la puerta y el otro recién llegado también extraía su arma de debajo de su camisa. En ese momento ingresaron otros dos personajes y luego ordenaron cerrar la puerta de seguridad y la reja.
Escuché el grito del que me amenazaba: "Somos militantes del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. No va a pasar nada señores, si ustedes hacen lo que les vamos a indicar. No teman, levántense con calma y arrímense a la pared. Queremos hacer conocer al mundo la naturaleza de nuestro movimiento y nuestras demandas".
Boy Seavey se levantó con los brazos en alto. Su expresión denotaba el miedo que sentía y que yo justifiqué. Él solo había leído y escrito en inglés sobre las atrocidades que cometían los terroristas peruanos, que no vacilaban en matar a sangre fría a quienes no les obedecieran.
Alejandro Balaguer, que esa mañana había llevado a su esposa, hablaba de una entrevista que tuvo antes con el jefe de los terroristas Víctor Polay, quizá llevado por su propio temor: "Hace dos semanas he estado en Junín con el camarada Polay", repetía a cada instante.
Los terroristas nos hicieron colocar con los brazos frente a la pared, nos examinaron para saber si llevábamos armas. En la fila estábamos Einer Ángeles, laboratorista, Balaguer y señora, Fernando Torres, auxiliar de la oficina, Bob Seavey y yo.

Con la pistola en el cuello
Mientras nos hacían desfilar hacia el laboratorio, el que parecía dirigir el grupo, el que me había amenazado con la pistola, preguntó quién puede escribir un mensaje a la central y Pedro Torres me miró. Usted, dijo el terrorista, me separó del grupo y me hizo sentar ante uno de los dos teletipos. Llamó a uno de lo tres intrusos y le encargó que me leyera el documento que habría de enviar a Nueva York.
Si bien en los primeros momentos del asalto, yo había mantenido una increíble serenidad, pues estaba atento a todo lo que ocurriera y se hablara, en cuanto me senté ante el teletipo estuve a punto de perder la tranquilidad. Sentí el frío de la pistola del terrorista que leía el mensaje en el cuello. Veía que sus manos temblaban y que sus nervios lo hacían repetir una y otra vez la misma frase. Yo volví la cabeza instintivamente cuando sentía que la pistola casi me rozaba la oreja izquierda y él, repentinamente enérgico y colérico me recriminaba: ¡No me mire! ¡Agache la cabeza!
Yo le obedecía pero tenía la mente en dos asuntos. Uno era el escribir sin errores lo que me dictaba a fin de no hacer correcciones porque para hacerlas en el teletipo era necesario pulsar hacia adentro varias veces una palanquita y eso parecía poner nervioso al terrorista. El otro era vigilar las manos temblorosas del que me dictaba un texto preñado de arengas y demandas que sabía en cuanto llegaran a Nueva York se iba a saber que se trataba de un asalto terrorista y no iban a rebotar a ninguna parte del mundo como ellos creían que iba a suceder.
Por fin terminé el texto. Otro joven, hombre también armado con una pistola, se encontraba sentado sobre a una larga mesa ubicada frente a la puerta del laboratorio fotográfico donde habían sido encerrados todos mis compañeros de trabajo. Cuando me hicieron ingresar, vi a Bob echado en un segundo nivel de la mesa del laboratorio, Balaguer y señora estaban juntos en el rincón del laboratorio, Pedro Torres y Einer Ángeles estaban arrimados a las plataformas que sostenían las ampliadoras fotográficas.
No se muevan en 20 minutos

Después de que me empujaron hacia el interior y cerraron la puerta, la voz del cabecilla del grupo advirtió: "No se muevan durante 20 minutos. Nosotros vamos a avisar a la policía para que los venga a rescatar. No muevan la puerta porque dejamos conectado un explosivo".
Desoyendo las advertencias de mis colegas, cuando escuché que se cerraba la puerta de la oficina, comencé a mover la manija lentamente. Para tranquilizarlos les dije ubíquense al fondo y yo me puse detrás del trozo de pared que juzgaba me protegería de una explosión. Di la vuelta a la manija y muy, muy lentamente comencé a abrir la puerta, miré por la rendija y vi dos alambritos que colgaban por el lado exterior de la manija. Terminé de abrir la puerta… y no pasó nada.
Cuando recorrimos la oficina la encontramos pintarrajeada con lemas del MRTA con gruesas letras negras en las paredes y el suelo. Dije: Si hubieran tenido una escalera también hubieran pintado el techo.
Poco después llamaron de Nueva York. Por supuesto, se habían dado cuenta del asalto en cuanto leyeron la primeras líneas del mensaje y en el jamás de los jamases iba a ser rebotado ni como noticia ni como manifiesto a ninguna parte.
El segundo asalto

En setiembre de 1988, tuve mi segundo encuentro con un grupo, esta vez más numeroso, del MRTA.
Entonces presidía el Comité Electoral del Colegio de Periodistas del Perú ubicado en la avenida Canevaro del distrito de Lince, y esa mañana, me había reunido con los demás miembros del organismo, entre ellos Enrique Paredes y Miguel de los Ríos para adoptar determinados acuerdos de rutina con vistas a las elecciones de la institución.
El decano del Colegio, Bernardino Rodríguez Carpio, había visitado la oficina del Comité Electoral y había invitado a quienes nos encontrábamos allí, a almorzar en un restaurante cercano. Cuando concluimos nuestra tarea fui a la oficina del decanato para urgir a Bernardino salir lo más pronto porque avanzaba la hora de entrar a mis labores, siempre en la Associated Press, que desd hacía poco ocupaba el tercer piso de un edificio en la calle Los Laureles del distrito de San Isidro.
Asalto con metralletas
Repentinamente escuchamos algunos ruidos en al vestíbulo del local pero no les dimos importancia, y –lo recuerdo como si lo hubiera vivido ayer– cuando me dirigía a la puerta, alguien que parecía un periodista exaltado o bromista me enfrentó gritando algo que no entendí de primera intención y yo, que estaba de muy buen humor le dije casi gritando: ¡Baja esa huevada, mierda!
No tardaría en darme cuenta de que la huevada era una pistola que me apuntaba directamente a la cara.
¡Salgan, salgan, carajo!, dijo el visitante, quien vestía un polo azul oscuro y una gorra.
Salí con los brazos en alto y al lado izquierdo de la puerta, sentados en el suelo, encontré a los demás miembros del comité electoral y al personal del Colegio, una diez personas, entre ellas, el periodista Daniel Cumpa, que desempeñaba funciones de administrador, y diseminados por el vestíbulo cinco o seis hombres con el rostro cubierto que esgrimían metralletas.
Me senté al lado de Enrique Paredes.
Mientras tanto en el interior de la oficina del Decano se desarrollaba un drama de cuyos pormenores me enteré después por boca del mismísimo Bernardino Rodríguez:
–Después que tú saliste, (el agresor) me hizo arrodillar en el suelo. Me grito que mirara al suelo y que pusiera las manos en la cabeza. Luego pasaron larguísimos instantes en que yo esperaba que me pegara un tiro en la cabeza.
Pero luego Bernardino salió a hacernos compañía. El dirigente del grupo que ahora estaba rodeado por tres o cuatro sujetos que lucían amenazantes metralletas, blandía la pistola mientras lanzaba sus proclamas por la revolución tupacamarista que iba a derribar al gobierno corrupto que nos regía. Dijo que no nos ocurriría nada malo siempre y cuando obedeciéramos todas sus indicaciones y que nos encerrarían en un local seguro, donde debíamos permanecer hasta cuando viniera la policía, a la cual ellos mismos avisarían del asalto.
Nos alojaron en el local de la biblioteca, que era entonces una instalación provisional, con una ancha puerta de calaminas y con un tragaluz que en condiciones normales hubiera servido para que un hombre pudiera pasar por él.
Yo tenía la experiencia de la anterior visita, así que, después de algunos minutos y cuando ya no se escuchaba ningún ruido que acusara la presencia de los terroristas, les dije que intentáramos abrir la puerta. Todos se opusieron. Entones les propuse hacer una observación a través del tragaluz y arrastramos una mesa, para que alguien, de pie sobre ella, pudiera observar si aún estaban los asaltantes en el local.
Luego de unos diez minutos nos decidimos a abrir la puerta. Era la misma modalidad. Los alambres en la puerta. Pero en un pasadizo cercano a la biblioteca había una caja amenazadora, de donde salían cordones eléctricos.
Bernardino Rodríguez prefirió llamar a la policía y una media hora más tarde teníamos un grupo de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX) mirando en todos los rincones posibles. Nos hicieron escondernos en las oficinas. Luego uno de ellos disparó un proyectil sobre la caja amenazadora y ¡mil papeles volaron por los aires!
Cuando los examinamos descubrimos que eran las papeletas de votación que preparábamos para las próximas elecciones del Colegio.
Esas fueron las dos veces que en un centro de trabajo y un local institucional, ambos periodísticos, sufrimos ataques terroristas que, felizmente, no derivaron en ninguna sangre derramada, lo que sí ocurrió en numerosos otros hechos que martirizaron y llenaron de zozobra al Perú durante 25 años.
Hubo, por supuesto ataques menos pacíficos en otras instalaciones que señalaron claramente del carácter terrorista de la organización que secuestró, mantuvo a civiles desarmados en ‘cárceles del pueblo’ con afán extorsionador y los asesinó.


El Quijote camina en los Andes


Nos habla en quechua desde 2005

“Huh Kiti Mancha Suqupi Chaypa sutinta mana yuyanyta Munanichu…”.
Esto quiere decir en español “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”, algo que todos recordamos sin dudas ni murmuraciones cuando hay ocasión.
Así comienza la edición en quechua de Don Quijote de la Mancha, que se titula Yachay Sapa, wiracocha Dun Quixote Manchamantan, del cual solo se editaron 300 ejemplares que circulan por el mundo, uno de los cuales tengo ante mí. En la parte inferior de la portada en grueso cartoné, como llamaban a los empastes de los libros serios los libreros de antes, está el nombre del autor: Miguel de Cervantes Saavedra Qilqan, en el marco de un arte que firma Sarhua “Adaps” Perú.



Portada de la edición de El Ingenioso Hidalgo en quechua




La portada tiene un grueso marco de hojas y flores en los lados laterales y coloridos rombos y medios rombos en la parte superior e inferior.
Algo que llama a la curiosidad es la falsa portada en lo que sería la página 3 del volumen pero que en realidad figura como página 1, es que aparte del título en grande de la parte superior a continuación del nombre del autor, Miguel de Cervantes Saavedra Qilqan, hay una aparente dedicatoria al Duque de Bejarpah Kamarispa; Gibraleonmanta Marques, Conde de Benalcaç
ar, Peñaresmantapuwan, Alcocer Ilahtamantapis Vizconde, Capilla villasmantapis, Wirquchan, Curiel, Burguillosmanta ima.



Falsa portada de la edición en la página 1




La falsa portada está ilustrada por la carátula de la primera edición del Quijote, que lleva como leyenda a un lado el año 1605 y al otro la palabra watapi (año).
Por lo que aparece allí se puede deducir que la edición está “dirigida al Duque de Béjar, Marqués de Gribaleon, Conde de Barcelona, y Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcocer, Señor de las villas de Capilla, Coriel, y Burgillos”.
Finalmente, se cierra la falsa portada con Manchay Sapanchaska Madridpi, Juan de la Cuesta.

No es novedad
Por supuesto, esto no es una novedad, porque en el momento en que apareció la edición quechua, en noviembre de 2005, fue objeto de una amplia difusión en los medios del Perú y de España donde se presentó en la Casa América de Madrid. Pero a manera de refresco literario les paso estos datos que podrían contribuir a que se publique una versión popular del Quijote en quechua, esta vez sí, para que muchos de nuestros lectores puedan disfrutar de su lectura.
En la contraportada del libro aparece la explicación del trabajo. “A los 400 años de la aparición de Don Quijote”. Gracias a este apéndice sabemos que fue “para el diario El Comercio, un honor y un privilegio” la publicación de este volumen en lengua quechua. Dice, asimismo, que el libro es un homenaje a los quechuahablantes peruanos “que ahora podrán sumarse a los millones de personas leen y disfrutan en su lengua materna, las aventuras y desventuras del Caballero de la Triste Figura”.
La explicación para ubicar al Quijote en los Andes, dice: “Es precisamente esta universalidad de la obra cervantina la que hizo posible graficar y recrear las aventuras quijotescas en nuestros Andes, esta vez con el reconocido estilo de los artesanos de Sarhua, Ayacucho. Llega así, a sus manos, este libro, una verdadera joya que contribuirá a enaltecer y perpetuar el legado del Quijote”.
¡Aplausos!



Los artistas de la comunidad de Sarhua hicieron las ilustraciones




En efecto, según se lee en las notas que anteceden a la novela, el periodista vasco Miguel de la Cuadra-Salcedo, dice que don Aurelio Miró Quesada, reconocido periodista y escritor, recordó en uno de sus libros que a fines de 1607, en la localidad de Pausa, Ayacucho, el corregidor Pedro Salamanca, quiso deslumbrar y agradecer su visita al marqués de Montesclaros, y presentó a la pareja de héroes más conocida del idioma castellano, don Quijote y Sancho Panza, montados en sus tradicionales, un Rocinante serrano y un borrico. Luego salieron a su encuentro un inca seguido por un conjunto de ñustas que cantaban en homenaje al visitante. Desde entonces, la imagen de Don Quijote y su escudero fueron personajes conocidos entre nosotros, de acuerdo con las palabras de Bernardo Roca Rey, uno de los impulsores de la obra.
El autor de la tarea de traducción es el periodista Demetrio Túpac Yupanqui, quien afirma ser descendiente directo de Topa Inca Yupanqui, el octavo inca del imperio, que gobernó entre 1438 y 1471. Demetrio es además de un inca de nuestros tiempos, miembro de la Academia Peruana de la Lengua Quechua, quien tiene en su haber la traducción de la Constitución peruana.

Un libro gigante
A diferencia de las últimas ediciones del Don Quijote hechas en España y en el mundo, el tamaño de la edición quechua es impresionante. Mide 24 por 34 centímetros, es decir lo que casi podríamos llamar un tamaño tabloide reducido, por cuatro centímetros de lomo. Tiene, además 380 páginas y está ilustrada con numerosos dibujos elaborados sobre bocetos de Claudia Burga-Cisneros, por los campesinos de la comunidad de San Juan de Sarhua, según cuya imaginación, los campos y pueblos de La Mancha se parecían a los pueblos andinos y los habitantes de aquella comarca iban vestidos como nuestros campesinos quechuas.



Los autores de las ilustraciones dibujaron personajes andinos




Los artesanos pintores de Sarhua, quienes escucharon y festejaron las aventuras del Quijote, tardaron diez semanas en completar los dibujos que adornan la edición, hecha, por lo demás, en papel cuché mate de 150 gramos.
De este modo, el Quijote que había sido antes traducido a más de 70 idiomas, no podía quedar más tiempo sin una traducción al quechua, idioma del que estuvo y está enamorado Miguel de la Cuadra-Salcedo, quien encontró en la minera Castrovirreyna el apoyo necesario para encargar la traducción a Demetrio Túpac Yupanqui, quien, a la velocidad que la situación lo ameritaba, entregó el trabajo en cinco meses.
Luego fue el diario El Comercio quien asumió la tarea de edición, y el proyecto se materializó en el libro que espera, según mi modesta opinión, una nueva edición que llegue más allá de los 300 lectores que, seguramente, lo tienen hoy como un ejemplar de colección.



Portada de la primera edición de Don Quijote de 1605



Sería un homenaje y un llamado a leerlo, para los alrededor de 20 millones de quechuahablantes que van por los caminos de los Andes por donde, según los artistas de Sarhua, ya caminaron Don Quijote y su fiel Sancho.



Cuatro Frescas (V)

Dejen todo como está y ocupémonos solo del vientre de Tula. (Castañuelas).

Hay que atrapar a un gerente aunque sea casado. (Chicas del 17).

Vamos a dar una ley que nos permita dormir con el japonés. (Mapache).

A Castañeda habría que condenarlo por bloquear más calles que construcción civil. (Ciudadano Cain).


Un Taller que se desbordó


Cómo actúa la prensa en el juicio a Fujimori

Aunque el tema era “El Caso Fujimori”, los participantes se salieron de las fronteras y preguntaron a los siete periodistas del panel, cuanto se les vino a la mente en cuanto a política empresarial periodística, libertad de prensa y empresa, ética, movimientos terroristas y cómo debe transformarse la percepción del público frente al creciente amarillismo de la prensa.


Fue tema de Taller de Comunicaciones en Tacna




La cita se denominó Taller de Comunicaciones y fue convocado por el rector de la Universidad Nacional Jorge Basadre de Tacna, doctor Juan Guillermo Bornaz Acosta, quien al final condecoró a los periodistas participantes y los nombró profesores honorarios de ese claustro.
Según la convocatoria, el taller consistiría en informar de una parte y preguntar desde la otra sobre las condiciones en que se estaba llevando el juicio, también llamado megajuicio y el juicio más importante del siglo, entre otras denominaciones igualmente calificadoras. Pero la inquietud del público, la mayoría estudiantes de comunicaciones de la universidad tacneña, desbordó el tema.
Los siete periodistas del panel, quienes laboran en diversos medios de la capital, concurrieron el 26 de abril al Taller de Comunicaciones que se desarrolló a lleno completo en el flamante auditorio del Centro Cultural Peruano Norteamericano, para beneplácito de Hernán Eyzaguirre Valdez, director de ese instituto.



Cecilia Valenzuela fue condecorada por el rector Bornaz Acosta



En la cita estuvieron presentes Cecilia Valenzuela, directora de PerúTV.com y La ventana indiscreta, Gilberto Hume, productor de televisión, Luis Eduardo Podestá Núñez, asesor de prensa de la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia y editor del boletín del Poder Judicial Reforma en marcha, y los periodistas judiciales César Romero de La República, Raúl Sánchez, de Perú.21 y Andrés Zúñiga, de Canal 5 de Televisión.
Entre los asistentes, en su mayoría estudiantes de comunicaciones de la Jorge Basadre, estuvieron también abogados, profesores y curiosos atraídos por la amplia difusión periodística con que Radio Uno de Tacna, anunció la reunión.

Cada uno en lo suyo
Cada uno de los periodistas abordó el tema de su especialidad pero las preguntas de los asistentes, a veces relacionadas con los asuntos en discusión o simplemente fuera de ellos, convirtieron el Taller en un ágora de debate abierto en que ningún asunto de interés nacional, internacional o doméstico fue ignorado.



A Luis Podestá también le ligó la gran medalla



Luis Podestá explicó en su primera intervención la forma como la Oficina de Imagen y Prensa del Poder Judicial organizó la cobertura del juicio y describió la amplia difusión que se le da, con el fin de cumplir el principio de publicidad y transparencia que debe rodear al debido proceso, para que la sociedad se entere de los pormenores del suceso, algo que se había logrado y que había motivado los elogios del escritor Mario Vargas Llosa, quien calificó de “impecable” la forma en que se desarrollaba, y de otros observadores internacionales como Roberto Garretón y Juan Méndez.


César Romero y Hernán Eyzaguirre - Andrés Zegarra y el rector Bornaz




Los presentes se mostraron interesados en conocer cuál era la diferencia entre guerrillero y terrorista, inquietud que fue absuelta por Cecilia Valenzuela, al señalar que terrorista es quien ataca de incógnito, y mata indiscriminadamente a beligerantes y a seres inocentes o destruye propiedades estatales y privadas y guerrillero quien forma parte de un grupo uniformado que se enfrenta a fuerzas regulares gubernamentales en batallas abiertas y francas.

Obligados a responder
Los estudiantes hicieron preguntas cruciales como si es posible llegar a que los medios de comunicación alcancen la credibilidad del público, si Fujimori debe ser condenado, en qué forma trabaja el periodismo de investigación y cuál fue el resultado de su actividad, lo que fue explicado por Gilberto Hume, sobre el compromiso de los medios de comunicación con las corrientes políticas, y hasta sobre la forma de encarar las noticias policiales de manera que no ofendan la sensibilidad del lectores y espectadores que fue absuelta por los panelistas César Romero, Raúl Sánchez y Andrés Zúñiga.
Al término de la reunión, Luis Podestá entregó al rector, como donación a la biblioteca de la universidad, cinco volúmenes de su libro Algo que llamamos periodismo.
El éxito de la reunión ha estimulado al rector de la universidad a organizar nuevos talleres con la intervención de personajes de la profesión que les entreguen una cuota de actualización, y elementos de formación ética para que puedan desenvolverse en el oficio con dignidad y solvencia profesional.

La voz de Agencia Justiciahora
Por su parte, la Agencia de prensa Justiciahora, que dirige Óscar Vargas Romero publicó:
Cecilia Valenzuela y Luis Eduardo Podestá recibieron el PREMIO BASADRE EN TACNA
Destacados periodistas también fueron distinguidos por su defensa a la democracia y la peruanidad


El Premio Basadre, inspirado en el lema del célebre historiador tacneño “El Perú es más grande que sus problemas”, fue entregado a la periodista Cecilia Valenzuela, quien dirige el sintonizado programa semanal “La Ventana indiscreta” (Frecuencia Latina Canal 2), y a don Luis Eduardo Podestá, Asesor de Prensa de la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia, en el marco del Primer Taller de Comunicación y Cultura (TCC) que organizó la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmnann, el sábado 26 de abril en la ciudad de Tacna con el auspicio de importantes instituciones regionales
“Es una noticia que llevaré siempre en la primera plana de mi corazón”, dijo la periodista Cecilia Valenzuela al conocer la decisión de la universidad tacneña que organizó el taller “El Caso Fujirmori”, cuyo objetivo era exponer, desde la óptica de la prensa, con la participación de los más destacados periodistas de la prensa nacional, cómo es la cobertura del llamado juicio del siglo.


Los periodistas participantes en el Taller, fueron invitados al anuncio del VII Congreso Nacional del Pisco 2008 que tendrá lugar en Tacna. ¡Hay que ir!..




El galardón que premió a los periodistas que contribuyen al fortalecimiento de la democracia y defienden la peruanidad, también fue concedido a César Romero de La República, Raúl Sánchez de Perú 21 y Andrés Zúñiga de Panamericana TV Canal 5 y a Gilberto Hume, ex editor de Canal N y actual productor de La Ventana Indiscreta.
“No sólo vamos a premiar a los periodistas que luchan contra la corrupción y defienden nuestra identidad nacional, sino a las personalidades y empresas que trabajan con alto nivel de excelencia y responsabilidad social corporativa”, expresó Juan Guillermo Bornaz Acosta, rector del Universidad Nacional Jorge Basadre al revelar que el Premio Basadre será entregado nuevamente en agosto, mes aniversario de la Heroica Ciudad del sur del país.



Las palmeras eternas de Yungay

Desde lejos, y mejor aún, desde lo alto de la colina donde se encuentra el cementerio en cuya cumbre un enorme Cristo blanco abre sus brazos protectores, se pueden ver las cuatro palmeras emblemáticas cuya estatura de edad desconocida sobresale sobre la exuberante vegetación que 38 años atrás fuera barrida por el más catastrófico alud que haya sufrido el Perú.


Cristo blanco que custodia la ciudad sepultada




Allí están las cuatro palmeras que muestran el lugar donde estuvo hasta las 3.27 de la tarde del domingo 31 de mayo de 1970, la plaza de armas de la ciudad de Yungay, ahora rodeadas de un extenso parque fúnebre, en que florecen rosas de todos los colores y donde el silencio de 50 mil muertos se mantiene bajo los reverdecidos jardines.



Cuatro palmeras que persisten el recuerdo


Desde arriba, al oeste, el Cristo blanco extiende su mirada al final de una extensa escalera de piedra, en cuyos tramos han sido instaladas galerías de nichos donde solo reposa el recuerdo de los seres amados, porque sus cuerpos se encuentran abajo, sepultados desde hace 38 años, por una gruesa capa de tierra que hoy la naturaleza ha vuelto a convertir en un jardín.



La vida ha vuelo a florecer en el monumento fúnebre



Las cuatro palmeras de la plaza de armas de la desaparecida Yungay no se encuentran solas.
Alrededor de ellas han florecido otras palmeras que no tienen su historia ni su estatura y ha crecido una vegetación tan agresiva como la misma violencia que enterró la ciudad aquella tarde de la más grande catástrofe que haya sufrido el continente.
Tres de las viejas palmeras se resisten a morir y muestran tallos ennegrecidos por el tiempo. Solo una de ellas exhibe orgullosa un penacho de hojas verdes que agitadas con el viento parece que intentan contagiar con ese aliento vital a sus vecinas.

La nueva Yungay
La ciudad debió ser trasladada a unos dos kilómetros al norte de donde se levanta el actual monumento. La nueva Yungay se encuentra protegida de un posible derrumbe del cercano nevado Huascarán por contrafuertes andinos.

La nueva ciudad también tiene cuatro palmeras en su plaza



La ciudad es el punto inicial de los visitantes que quieren pasar algunos ratos a las orillas de la laguna de Llanganuco o navegar por sus tranquilas aguas en pequeños botes. También es el punto inicial de los turistas de aventura que desean intentar una ascensión al Huascarán, cuya cumbre se alza a 6,768 metros sobre el nivel del mar.
Cerca de esta ciudad se halla el cerro Pan de Azúcar donde el 20 de enero de 1839 se libró la batalla de Yungay junto al río Áncash, que puso fin al intento unificador denominado Confederación Peruano-Boliviana. El general boliviano Andrés de Santa Cruz fue derrotado por el llamado ejército restaurador comandado por el general chileno Manuel Bulnes y los generales peruanos Ramón Castilla, Juan Crisóstomo Torrico, Juan Bautista Eléspuru y Juan Francisco Vidal. Luego de este suceso, el departamento que se llamaba Huaylas, cambió de nombre y se denominó Áncash.

Desde el Huascarán
De ese mismo Huascarán que enseñorea la región y es el atractivo de miles de visitantes y andinistas, se desprendió una enorme cornisa que cayó con fuerza descomunal sobre la cercana, idílica laguna de Llanganuco, la tarde del 31 de mayo de 1970, a consecuencia de un terremoto de grado 8 Richter, y originó el torrente que arrasó varias ciudades a su paso, entre ellas la sepultada Yungay que visité hace dos semanas.
Los materiales del alud, alrededor de 10 mil metros cúbicos de hielo y rocas del Huascarán, convertidos en un torrente de un kilómetro de ancho y kilómetro y medio de largo, corrieron montaña abajo a una velocidad de unos 200 kilómetros por hora, se dividieron en dos direcciones y arrasaron las ciudades de Yungay y Ranrahirca.
Fue el mayor desastre ocurrido en Sudamérica que dejó solo 3 000 sobrevivientes que aquella tarde de domingo, tras el terremoto se dirigieron en busca de sus hijos y familiares al circo que daba una función en un promontorio, al otro lado del cementerio.



El cementerio en cuya cima se encuentra Cristo fue un refugio


El camposanto también se convirtió en un refugio, cuando numerosos pobladores corrieron a sus alturas, luego de escuchar el ruido atronador del aluvión, “como el de cien aviones juntos”, unos diez minutos antes de que llegara a la ciudad.
Desde allí fueron testigos de la avalancha que como un río de fuego se dirigía hacia el río, arrasando cuanto hallaba en su camino.


Fue el tercer desastre
No fue el único desastre de que la región ha sobrevivido.
El día de los reyes magos, 6 de enero de 1725, recuerda la historia, se celebraba el cumpleaños del alcalde Melchor Puyán, cuando cerca del mediodía ocurrió un violento terremoto que produjo un deslizamiento de nieve del Huandoy. Desapareció el pueblo de Áncash a cuatro kilómetros de Yungay y murieron 1 500 personas.
Más cerca de nuestro recuerdo, el 12 de enero de 1962 a las 6.30 de la mañana se produjo un desprendimiento de hielo y rocas en la pared norte del Huascarán. Desaparecieron los pueblos de Ranrahirca, Armapampa, Sashcash y Uchucoto bajo unos seis millones de toneladas de materiales que sepultaron a unas 3 000 personas.
El de 1970 fue el tercer desastre que recuerda la historia. Desde aquel año quedan los testimonios mudos de grandes peñascos que hasta el 31 de mayo de 1970 estuvieron en las cumbres de la cordillera Blanca, pocas huellas en la tierra, pero muchas en la mente de la gente.
La vida ha reverdecido en lo que fue un manto de lodo endurecido y muestra la generosidad de sus colores en rosales, palmeras nuevas y macizos de hierba sobre la memoria colectiva de una enorme tumba silenciosa.



El cronista César Vallejo que poco conocemos (IV)


70 años de inmortalidad


Esta es la cuarta y final entrega de la serie de cuatro artículos que les prometí como un homenaje al septuagésimo aniversario del tránsito de César Vallejo a la eternidad. Como se verá, el poeta periodista habla de la competencia que es la vida y recurre a ejemplos deportivos, con el lenguaje de su época. El artículo fue publicado en la revista Variedades.





París, agosto de 1927.


La vida como match

Quién vuela más lejos. Quién da mejores puñetazos. Quién nada más. Quién bate el record en tennis, en foot ball, en la duración, en la altura, en el peso, en la resistencia, en la intensidad. Quién hace más dinero. Quién danza más rápidamente. Record de ayuno, de fumador, de filatelista; record de canto, de risa, de piedad, de matrimonio, de divorcios, de asesinatos, de revoluciones...
El sentimiento o quizás sólo el prurito del record, cunde en todas las esferas de la vida. Ya nadie hace nada sin mirar al rival y sin tener en vista la meta que ha de sobrepasar a todas las metas alcanzadas hasta ahora. El aviador vuela, ya no por natural y libre vocación de vuelo, sino por hacer lo que los otros aviadores no han hecho todavía. El danzarín danza, no ya por gana libre y natural de moverse rítmicamente, sino por hacer lo que los demás danzarines no han hecho todavía. El asesino mata, no ya en un rato de violencia, de pasión o de mórbido instinto, sino por hacer lo que los otros asesinos no han hecho todavía. Así en los demás flancos de la existencia. El hombre se mueve por cotejo con el hombre. Es una justa, no ya de fuerzas que se oponen francamente, que sería más noble y humano, sino de fuerzas que se comparan y rivalizan, que es necio y artificioso. Hoy el hombre no puede ya vivir y avanzar por su propia cuenta, es decir, mirando de frente, como lo quiere el orden paralelo de las cosas, sino que vive y se desenvuelve teniendo en cuenta el avance y la vida de los demás, es decir, mirando oblícuamente el horizonte.
En esta sociedad de records y de colmos el criterio dominante es el criterio de cantidad. Se busca la cantidad, mayor o menor para todas las unidades de medida.
La calidad de los actos queda, de este modo, completamente fuera de la vida, o si ella entra para algo, es siempre para medirla por el sistema métrico decimal. En el box un recto es mejor que otro, en el sentido en que hizo inclinar un adarme, en favor del majador, la balanza de la pelea.
En el criterio de record, hasta la gracia, cuando la hay, es apreciada cuantitativamente.
El record como criterio de vida, nos viene del sport. El alma filosófica de este criterio, la cantidad, nos viene de los Estados Unidos, de aquella cultura de "standard", en que hasta las lágrimas se aprecian y valorizan porque ellas son o no pueden ser producidas en serie. En New York, una persona que llorase inmensamente, suministrando lágrimas al infinito, sería una gran fuente industrial, un gran foco de actividad y de vida.
El mundo, conjuntamente con la moda del sport, va adoptando el sentimiento del record para todas las actividades. La vida es un match estupendo, plural, multifacético, como antes fue tenida como una batalla terrible, sangrienta. (Hay quienes prefieren este último carácter de la vida). Las manifestaciones de este matchismo, son innumerables, regocijadas, cómicas, dramáticas, banales, trágicas, metafísicas, místicas, materialistas, científicas. Sus formas y variaciones no son menos diversas. Formas de match puras y típicas, ambiguas y disfrazadas.
En Cannes se prepara para estos días un extraño match de juego de damas, sobre un gran cuadrilátero trazado en una llanura del mediodía y en el que harán de "peones" blancos unas vírgenes campesinas y de "peones" negros otros tantos adolescentes. Dos grandes campeones jugarán esta partida y ella no tendrá nada que envidiar, en gracia fecunda ni en movimiento de eternidad, a las clásicas fiestas de los viñedos suizos de Vevey.
Es el sport, que nos aporta estos arduos valores a la vida. Debido a la boga del sport, el menor acto del hombre es un duelo, expreso o tácito, con el semejante de su prójimo. ¿Estáis de ello contentos? No.
La vida, como match, es una desvitalización de la vida, como diría Antenor Orrego. Pulpa moral del match es la esclavitud y el amujeramiento. Yo no vivo comparándome a nadie ni para vencer a nadie y ni siquiera para sobrepujar a nadie. Yo vivo solidarizándome y, a lo sumo, refiriéndome concéntricamente a los demás, pero no rivalizando con ellos.
No busco batir ningún record. Yo busco en mí el triunfo, libre y universal de la vida. No busco batir el record del hombre sobre el hombre, sino la superación, centrípeta y centrífuga, de la vida. Una cosa es el record de la vida y otra cosa es el triunfo de la vida. La vida no es guerra ni farsa de guerra. Apenas es estímulo y noble emulación. Pero el match reposa, necesariamente, sobre un estímulo y una emulación demasiado externos y estrechos. Este hombre se entrena más porque sabe que a su contendor está, a su vez, mejor entrenado. Dempsey se prepara y trabaja más para pelear con Tunney que para pelear con Wills. En la vida se vive y se avanza, no porque viven y se desenvuelven los otros, sino por el sentimiento, libre y solo de vivir. Si no hubiera más que un hombre en el mundo, ese hombre viviría solo, sin contendores, sin émulos y ni siquiera convivientes.
El match supone, pues, al vecino y al espejo. El match se hace, otras veces, por amor propio, por patriotismo, por ganar dinero, por tantos otros móviles estúpidos y egoístas, en que la malicia del hombre se mezcla al buen sudor del animal.
(Variedades, N. 1021, 24 de setiembre de 1927).



Cuatro frescas (IV)

El dólar volvió a subir porque hice una jugada de la patada. (Crazy Horse).

Para el caballo, errar humanum est. (PPK).

Puedo dar fe de que yo solito, sin la ayuda del japonés, falsifiqué el millón de firmas. (Medeljos).

Y ahora, ¿quién me sacará las castañedas del fuego? (Lucho Locio).


El cronista César Vallejo que poco conocemos (III)




70 años de inmortalidad


Esta es la tercera entrega de una serie de crónicas periodística que el poeta César Vallejo envió al Perú y que fueron publicadas en el diario El Norte de Trujillo, como el artículo de hoy -En la Academia Francesa- y revistas de Lima, como Mundial y Variedades. El artículo que les ofrezco hoy, estuvo precedido por una nota de redacción de la revista Primera Plana en que apareciera publicado, que se incluye para mejor conocimiento del Vallejo periodista.

(*) La crítica de los textos nos autoriza en este y en otros casos a desestimar la datación que traen las crónicas; esta ha sido evidentemente cambiada por la redacción del periódico en un afán de que no perdieran "actualidad". Tal es el caso de la fecha de esta crónica que no concuerda con el texto, escrito, según declara Vallejo, al día siguiente de la elección del novelista Edouard Estaunié (1862-1942) y del criminalista Henri Robert por la Academia Francesa. Les Nouvelles Lltteraires del 17 de noviembre de 1923 traen un comentario de Edmond Jaloux (Deux nouv. acad.) y R. Guillemin publica un artículo titulado L' election de Estaunié a l' Academle en la Semaine Litteraire del primero de diciembre de 1923. Todo ello justifica, en este como en otros casos similares, la inclusión de la crónica dentro del año 1923 (N. del Rec.) (Escrita esta nota encontramos en la versión española del libro El Abogado, de Henri Robert, antiguo Batonnier o Decano de la Orden de los abogados de París, una nota del traductor Jesús Ibrán que confirma nuestra tesis precedente: Robert fue elegido miembro de la Academia de Francia el 15 de noviembre de 1923).




Monumento a Vallejo frente al Teatro Segura

En la Academia Francesa

Todos sabemos que los Inmortales de Francia son, en sillones, cuarenta, número quizá excesivo para tales unidades de infinito. Cuarenta inmortales en efecto constituyen grey, y la grey supone idea de domesticidad y limitación en tiempo y en espacio. No sin lógica se imagina al símbolo por excelencia de la Eternidad, Dios, como uno solo y nada más que uno. Pero, se dirá, en razón, que no vivimos en las calvas zonas sin linderos, sino nada menos que en Francia, en este luzorama de Alsacias y Lorenas, de ententes y reparaciones. Entonces estamos de acuerdo. Cuarenta inmortales.
Mas de aquí que en la sesión de ayer estaban diez sillones vacantes, por muerte de seis de sus dueños -ya que también los inmortales tienen sus sutilezas con la ley de lo cambiante en lo absoluto-, y por no haberse incorporado aún cuatro elegidos. Ayer se reunieron los treinta dólmenes expeditos en persona, y, al separarse, eran treinta y dos, por elección del criminalista Henri Roberty del novelista Edouard Estaunié. La sesión para esta elección, que como ninguna otra, estuvo plena del total de los académicos expeditos, fue presidida por Jules Cambon, director en ejercicio de la compañía.
Llovía ligeramente. La multitud llenaba la cúpula, numerosa en escritores, periodistas, mujeres, militares. Antes de la sesión, a la una de la tarde, la muchedumbre errante en los corredores, se estremece, y rebota una voz de lengua en lengua:
- Los mariscales.
Es el vencedor del Kaiser, el Aquilino Foch. Se le aclama. Él agradece con su sonrisa pálida de héroe.
Luego ingresa Barthou. Identificó sus vidrios de ripio y sus largos mostachos a la funerala de ahora, con lo fotográficos que guardo obscuramente en la memoria. Luego ingresa un semblante vivaz y sonriente que, al descubrirse, muestra una calva dura, lleva monóculo.. y en un sobretodo negro envuelve la magrez de su figura.
- ¿Quién es? - pregunto.
- Henri de Regnier.
Entonces, pues, este era Henri de Regnier.
- ¿Y éste otro? - vuelvo a interrogar a mi vecino, señalando a un marcial y fuerte cofrade, que avanza a paso firme y rápido, conversando con un joven que se le parece. Varias voces cuchichean:
- Jean Richepin viene con su hijo.
Cuando Jean Richepin llega, los Inspectores del orden, desconociéndole y creyéndole periodista, le exigen su tarjeta de la prensa. El humorista de notarios y filisteos responde con un gesto amplio e imperioso:
- Soy el mariscal Richepin.
El público celebra el rasgo de color, y le inciensa. Después vienen otros y otros inmortales. Los últimos en ingresar al Instituto son Raimundo Poincaré y Anatole France. Vienen juntos. La multitud saluda y dobla todas sus rodillas... Sugestivo paralelo el de ambos grandes. El expresidente de la República aparece presuroso, poseído de su ingénita agitación de hombre de Estado, agitación que le corre ahora por toda la frente, por los párpados, la pera y por el álgebra austera de la calva. En cambio, M. Bergeret avanza reposado, sonriendo abiertamente; en su pálida figura parece haberse ya puesto a secar, al aire de la Serenidad, que es el aire más puro y omniciente del espíritu, la ironía tritícea de su vida. De aqueste recinto, al final de la sesión de la Academia, tornará, como vino, con su largo gabán obscuro, alegre, sencillo y despreocupado como un niño, sumerso siempre en la simple dulzura de vivir, de ser únicamente. En tanto, el primer ministro saldrá de ahí, tan apresurado y tempestuoso como entró e irá a los Elíseos, a auscultar la sesión de los Embajadores, y luego irá a husmear el rastro de las pólvoras quemadas, por dónde sigue, a qué gruta penetra. Y en qué dirección mira... Sugestivo paralelo el de estos dos grandes. El uno, el de la pera, va de adentro para afuera; de afuera para adentro opera el otro. Aquí la ilustración. El Jefe de Gabinete, de improviso, al tomar los asientos, trata de obscurecerse ante Anatole France y le cede el paso, diciéndole sonriente:
- El Gobierno se inclina ante el Genio.
El autor de la "Rebelión de los Ángeles" acata el homenaje, con encantadora modestia, y pasa a ocupar su sillón, entre el coro de potestades que, como todos sabemos, son inmortales a pesar de ser cuarenta, y que a pesar del gesto poincareano, son cuarenta, con los tres mariscales y Jorge Clemenceau.
(El Norte, 15 de febrero de 1924)



Cuatro frescas (III)

Tuvimos un candidato de la patada que ha ascendido a presidente de las patadas. (Lora)

Cuando rebuzna, el burro pone el grito en el cielo. (Marcelo Martínez: Asnología, en Mistinoticias).

El cerdo polígamo no sabe cuántas cerdas tiene. (Marcelo Martínez en Mistinoticias).

Una patada más y ¿solo el apra salvará al Perú? (Ciudadano Cain).


El cronista César Vallejo que poco conocemos (II)




70 años de inmortalidad


Esta es la segunda entrega de una serie de cuatro artículos en homenaje al poeta César Vallejo en el septuagésimo aniversario de su muerte.
Algunos periodistas recordamos en febrero de 1992 los cien años del nacimiento del poeta. Hoy, vamos a evocar los 70 años de su tránsito hacia la inmortalidad.


Entonces como ahora, recordaremos sus versos torturados y torturantes “Aparta de mí este cáliz”, sus “le daban duro con un palo y duro también con una soga”, sus “Y el hombre, pobre, pobre” y finalizado que hubo ese martirio, vemos su imagen rodeada por la gloria de su eternidad.
Una delegación de la Universidad Nacional de Trujillo, donde Vallejo estudió, recordará este martes 15 de abril con un Coloquio Internacional. Entre las destacadas figuras que hablarán de Vallejo estará el francés André Coyné, el pionero de los estudios vallejianos. Las ceremonias no se circunscribirán al alma máter de Vallejo sino que marchará hacia la sierra, a Santiago de Chuco la tierra natal del Cholo Vallejo, que nos dio tanta poesía, con tanta ternura, con tanta dureza, con severo escarnio, para enseñarnos que de esa masa está hecho el hombre.
Como nos hemos propuesto hacer conocer al Vallejo periodista, les entrego hoy La flama del recuerdo, una crónica de la llama votiva que los franceses encendieron cuando los rescoldos de la primera guerra se enfriaban pero nadie creía en la paz duradera. Próximamente tendrán ante sus ojos En la Academia Francesa y La vida como match, que guardaba en mi archivo y de donde deben salir para no solo sumarme al homenaje que el Perú rinde al poeta, sino para dar a conocer una faz de su actividad que quizá no era conocida por muchos compatriotas. He incluido algunas notas, la procedencia y las fechas en que tales crónicas fueron publicadas en el Perú.





París, noviembre de 1923

La flama del recuerdo


Son las siete de la tarde de un domingo de otoño. Vengo de las calles, donde dejo gallardetes, música, cívicas gusaneras, clanes de escarapelas, a los que les crece, de alarmante manera, un órgano undécimo: la espada. Vengo, pues, salpicado de patriotismo hasta el propio cuello de mi abrigo, torno dejando en las calles a "Juan Jacobo en hacerío, y a las burlas tirándole de su soledad, como a un tonto".
Afuera, en la plaza de l' Etoile, dejo a los franceses celebrando el aniversario del armisticio de 1918, uno de los tantos espasmos, que no el último, de la guerra eviterna entre los hombres. En aquella plaza ha quedado, cosechada sólo el día de hoy, una era botánica frondosa, amontonada por la piedad, hermana de la injusticia. Forastero efecto me ha producido, no sabría decir por qué, tal era vegetal, gigantesca, casi pétrea a pesar de las flores, pero no. Antes bien, tanta rama fresca acaso logra ahí deshumanizar un poco las ceremonias patrióticas en lo que éstas segregan de lágrimas y de bilis, de malicia e hipocresía.
En aquella plaza queda también, desde hoy, encendida La Flama del Recuerdo, luz simbólica que arderá en mecha viva, día y noche, a la cabecera de la tumba del Soldado Desconocido, figurando el alma de Francia que, en la memoria de sus héroes, vela por el porvenir de un mundo mejor. Gabriel Boily puede estar satisfecho de que tal haya tomado limo objetivo su épica idea asaz poética. Ahí arderá esa llama, cebada de un aceite de paz y de amor, aunque vigilante y, a la larga, barbada de tinieblas. Su lámpara será una corona de laureles, y su corte en la vigilia misteriosa, será un señorío de espadas, cuyas empuñaduras se acuestan iay! en la boca abierta de un cañón. ¡La Flama del Recuerdo!
Francia constata en esta llama, la llama de su fe en un mundo mejorado por su esfuerzo. Tiene razón. Ello fluye del espectáculo mismo de esa vela hierática ardiendo; de esos huesos recogidos al azar en los predios malditos; de esas flores, de esos aceros dormidos, que acuestan sus empuñaduras en la boca abierta de un cañón, como en la almohada hecha de una esfera de sombra. Ello también fluye de los últimos cinco años de prueba; de los nuevos barrotes rotos en las jaulas; de los totemenes (sic) detractados; de los rebeldes prejuicios; de la sorda función biliosa irreductible; de cuanto Francia pone ahora en combustión, en la flama de un recuerdo de rencor. Su fe en un mundo mejorado por su esfuerzo, late en todo eso, invívita y sagrada, y en la figura casi nazarena de M. Raimundo Poincaré. El mundo, en especial América, aguarda, pues, mucho de amor y paz futura, fija la mirada en esta flama del recuerdo, en este ojo quemante del pasado. ¡Vaya con el aceite pío lampadario, cómo humea!
(El Norte, 18 de febrero de 1924).



El cronista César Vallejo que poco conocemos


70 años de inmortalidad

Algunos periodistas que recordamos en febrero de 1992 los cien años del nacimiento de César Vallejo, nos toca hoy evocar el 70º aniversario de su tránsito hacia la inmortalidad. Entonces como ahora, recordamos sus versos torturados y torturantes “Aparta de mí este cáliz”, sus “le daban duro con un palo y duro también con una soga”, sus “Y el hombre, pobre, pobre” y finalizado que hubo ese martirio, vemos su imagen rodeada por la gloria de su eternidad.
Este 15 de abril, resonará de nuevo y con mayor razón aquel “me moriré en París con aguacero, un día del cual guardo ya el recuerdo” cuando las instituciones del Perú recuerden el jueves lluvioso en que el poeta más grande que tenemos dejó este mundo.
Pero ahora nos toca recordar al poco conocido Vallejo periodista, que envió desde París artículos para su publicación en el diario El Norte de Trujillo, o las revistas Variedades y Mundial.
Creo que merecen conocerse, ochenta años después, lo que el poeta escribió para informar a sus semejantes, la forma como vio los acontecimientos que describe, con lenguaje no ajeno al periodismo pero tampoco privado de su vena poética, demostrativo de su enorme cultura.



A

Monumento a César Vallejo en el centro de Lima



Vallejo o los editores de Mundial, número 385, del 28 de octubre de 1927, incluyeron una sumilla precedente al texto. Les obsequio a continuación, Los funerales de Isadora Duncan. En próximas entregas les enviaré La flama del recuerdo. En la Academia Francesa y La vida como match, que guardaba en mi archivo y de donde deben salir para no solo sumarme al homenaje que el Perú rinde al poeta, sino para dar a conocer una faz de su actividad que quizá no era conocida por muchos compatriotas. He incluido algunas notas, la procedencia y las fechas en que tales crónicas fueron publicadas en el Perú.

Desde París

Los funerales de Isadora Duncan

Por César Vallejo

El evangelio de una primitiva de California. - La bailarina de los pies desnudos. - La gran artista y la mujer dramática. - Una Invitación a Maeterlinck para engendrar un genio. - Esposa de Mr. Singer y esposa de un poeta proletario. - Suicidio de un marido y ahogo de los hijos en el Sena. - Un tremendo caso esquillano. - El misticismo pagano de la carne. - Vida y muerte de aquella que reveló en frisos Inmortales el e