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  Tocaron a la puerta cuando Mauricio y yo mirábamos la televisión sentados en la sala del departamento. Mauricio primero miró extrañado la puerta de madera que acababa de sonar y luego me vio a mí como diciendo ''¿quién será a esta hora?''. Se paró del sofá y se acercó hacia la

Debo confesar que siempre me ha encantado que mi papá me lleve a la heladería D’Onofrio; esa que queda en frente del parque Kennedy, en Miraflores. Realmente lo disfruto por dos motivos: el primero es que me encantan los helados y el segundo, es que muy pocas veces veo a mi papá

Ella cierra la puerta al salir y te deja solo en la habitación con esa noticia que parece un elefante en enfrente de tu cama. Tú sigues sentado allí, sobre las sábanas tendidas que huelen a lavanda y con las manos apoyadas sobre el suave colchón. Te pones de pie y escuchas que t

El frío de la espesa neblina que asomaba en la alborada serrana le entraba por la piel y por los huesos hasta llegarle al mismísimo tuétano; ella titiritaba de frío sin poder frotarse los brazos para darse un poco de calor. El perfume del césped que alfombraba todo el paisa

Él estaba seguro que ese trabajo algún día lo mataría. Pero la blanca señora no le llegaría por algún tipo de estrés emocional o problema congénito en el corazón sino por la antigüedad de la casona en la que trabajaba. Creo que este temor merece una explicación. Él laboraba en u

Cuando me desperté, todo estaba oscuro. Sobre el rostro, tenía una especie de venda que casi no me permitía abrir los ojos. Inútilmente intenté ponerme de pie, apoyando mi nariz sobre el suelo que olía a polvo y a madera quemada. Sin embargo, casi de inmediato comprendí que

Su mamá le había dicho alguna vez, "no tengas miedo a los fantasmas hijo. Hay que tener más miedo a los vivos que a los muertos".   Él asintió con la cabeza sin decirle palabra alguna, con la incredulidad de quien no es capaz de comprender que en el futuro se en

Nunca quise que nuestra discusión terminara en puertas abiertas y maletas cerradas. Sin embargo, ahora tenía que soportar verte parada en el marco de la puerta, pisando el felpudo que irónicamente decía “Bienvenidos”. Ahí estabas tú, a punto de ser devorada para siempre por un rectángulo de

Como Paolo y Francesca –le dije– yo, contigo, en donde sea.

Buscaba a la mujer perfecta cuando de pronto me enamoré.

Cuando te veo por las mañanas peinarte frente al espejo, soy testigo de cómo los cabellos, atrapados en tu cepillo rosa, lloran desconsoladamente intentando en vano cogerse de tu cabeza o de otro cabello, pero el ineludible sino fatal los recoge en el frío mármol del lavadero. Y

Te levantas de la cama y miras a tu alrededor. Aún es de noche. Te preguntas qué hora será. Tocas con tus pies descalzos la sucia alfombra y te incorporas en el medio de la habitación. No comprendes todavía dónde estás pero dentro de ti puedes sentir el suave rumor del miedo. Es

Y si toda nuestra vida fuera el sueño de un Dios, qué nos pasaría el día en que ese Dios despierte…  Acaso podríamos ser reales…

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Nuevamente la Editorial Irreverentes ha tenido a bien invitarme a participar en su última selección de microrrelatos. El cuento que les envié es una versión revisada de uno que dio título a mi primer libro (Cuarto desnudo), publicado en Lima en 1996. Trata de unas hormigas, una pareja en una