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“Qué es la vida, un frenesí, qué es la vida, una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son” se repetía y repetía, una y otra vez, como un martillo, con dolor, sin detenerse, sin saber exactamente porque, simplemente se repetía y
Y cuando se levantó, ella ya no estaba, se había quedado solo en ese pequeño cuarto; esa rubia de la fiesta del día anterior se volvería en un raro recuerdo, en la única vez que le ligó una de ese tipo, esas que tanto le gustaban, esas blanquitas delgaditas, de cara finita y pelo entre castaño y rub
El sonido de la lluvia le martillaba la cabeza, parecían pasos que venían a ahogarlo. La luz del sol arreciaba, desde su cuarto atisbaba un largo arcoíris, comenzó a ver elefantes morados que caminaban alrededor de este, un hombre azul que lo observaba: se asustó, se metió en su cama, y de repente v
Le salían manzanas de la boca, le brotaban de manera incesante, no podía pronunciar palabra, si había una pequeña abertura entre sus labios, por ahí se colaba una manzana. La chica bonita de rojo venía a socorrerlo, y entonces la lluvia paró, y los pasos cesaron, la chica se fue: nunca más vol
Las figuras eran algo difusas, tal vez hermosas, o tal vez horribles. Conforme se acercaban iban aclarando su belleza. Al estar ya a mi costado era obvio que no había forma de no mirarlas, cuánto tiempo más tendría la dicha de verlas. Siguieron su rumbo, se alejaron poco a poco hasta que ya se volvi
Brotaban luces moradas a su alrededor, no sabía si soñaba. Cuando despertó consumió todo el tiempo. Entonces comió “rosas verdad”. Ese nombre tenía cuando el ser que se las vendió se suicidó por razones que no se saben. Y entonces las luces moradas se hicieron azules. No le importó, abrió su cabeza
Brotaban luces moradas a su alrededor, no sabía si soñaba. Cuando despertó consumió todo el tiempo. Entonces comió “rosas verdad”. Ese nombre tenía cuando el ser que se las vendió se suicidó por razones que no se saben. Y entonces las luces moradas se hicieron azules. No le importó, abrió su cabeza
Caminar solo, con mucha gente alrededor, mirando el suelo, con una garúa que nunca para, con las gotas que se escurren por tu cara, como si fueran lágrimas, hasta parece que estuvieras llorando, sufriendo. Con este cielo plomo de invierno, con ese dolor en el pecho que no tienes forma de quitártelo.
De noche salen las forajidas –como tú las sueles llamar- y caminan frente a nosotros, salen a cazar o ser cazadas, a comer y lubricarse, no son rucas, pero en el fondo talvez quieran serlo, y lo mejor es que les aterraría cobrar.
El dolor me hacía gritar, a lo lejos un gato maullaba y se confundían mi grito con su maúllo, él lloraba por hambre, yo lloraba por que no tenía ni un gato de consuelo.
Leo las hojas de tu mano, el futuro es indecente según me cuenta esta, yo creo que el pasado fue tímido, el presente no existe y el futuro será mejor que el presente…
Veanlo, personas como esta nos hace pensar, quienes somos en realidad.
Lima, al igual que las grandes y más pobladas ciudades del mundo, posee un tráfico que puede desesperar a cualquier conductor. Sin embargo, hay algo que diferencia a nuestra capital de todas las demás ciudades que sufren este problema: la cultura vial. Cuando uno maneja (o camina) en Lima, debe est