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Etiquetas: [Apuntes importantes]  
Fecha Publicación: 2022-03-06T04:07:00.006-05:00

La primera vez que leí a Kafka fue durante mi primer año en la Facultad de Derecho. Fue El proceso, una novela que desarrolla los problemas de un funcionario bancario al enfrentarse a esa quimera llamada justicia. Respecto a esta novela se han realizado estudios en su interpretación, fue llevada al cine, al teatro y es considerada un clásico de la literatura del siglo XX; sin embargo, el hecho que hoy podamos conocerla, se lo debemos a un acto de deslealtad contra su autor.

Naturalmente, la novela antes descrita y muchas otras, se forjaron en la experiencia de Kafka, basada en sus estudios de leyes en la Universidad de Praga donde conoció a Max Brod, su amigo hasta el final de sus días.

Al concluir sus estudios, Kafka realizó sus prácticas en los juzgados, descubriendo dentro del mundo jurídico su pasión por escribir. Por su parte, Brod se dedicó al ser un servidor público, llegando a ocupar cargos políticos posteriormente y haciendo una carrera de escritor algo discreta.

Pese a que ambos tomaron caminos distintos, la comunicación nunca quedo al margen. Constantemente, Kafka y Brod se visitaban e intercambiaban cartas que pueden dar fe, de los lazos de aprecio y hermandad que ambos mantenían.

Pese a tener una genialidad admirable, Kafka no fue un escritor reconocido durante su vida. Cuenta su editor Kurt Wolff en su libro Autores, libros, aventuras que, en octubre de 1923, Kafka recibió la liquidación anual de sus libros publicados. Los resultados eran insignificantes, pues había vendido solo veintisiete libros en un año, número que no fue de su agrado, y es que, la frustración lo invadía, cuestionándose todo y volviéndose un crítico obstinado de su propia obra. Un año después, Kafka murió con tuberculosis.

Antes de Fallecer, Kafka, remitió unas cartas a su amigo Max Brod. En ellas manifestaba su voluntad respecto al destino de sus trabajos literarios:

LOS TESTAMENTOS DE KAFKA

[I]

Queridísimo Max, mi último ruego: quema sin leerlos absolutamente todos los manuscritos, cartas propias y ajenas, dibujos, etcétera, que se encuentren en mi legado (es decir, en cajas de libros, roperos, escritorios de casa y de la oficina, o cualquier otro sitio donde pueda encontrarse algo y te llame la atención), así como todos los escritos o dibujos que tú u otros, a los que debes pedírselo en mi nombre, tengáis en vuestro poder. Deben al menos comprometerse a quemar en persona las cartas que no quieran entregarte.

Tuyo

Franz Kafka

[II]

Querido Max, quizá esta vez no vuelva a levantarme, es muy probable una pulmonía después de un mes de fiebre pulmonar, y ni siquiera el hecho de que lo escriba la ahuyentará, aunque tiene algún poder.

Para ese caso, mi último deseo en relación con todo lo que he escrito:

De todo lo que he escrito son válidos únicamente los libros: La condena, El fogonero, La transformación, En la colonia penitenciaria, El médico rural y el relato Un artista del hambre. (Los pocos ejemplares de Contemplación pueden quedar, no quiero imponerle a nadie el trabajo de destruirlos, pero no ha de reimprimirse nada de ello). Cuando digo que aquellos cinco libros son válidos, no quiero decir que tenga el deseo de que sean reimpresos, ni que hayan de quedar para la posteridad, por el contrario, deberían perderse completamente, éste es mi verdadero deseo. Sólo que, ya que existen, a nadie le impido que los conserve si ése es su deseo.

En cambio todo lo demás que yo he escrito (publicado en revistas, manuscritos o cartas), sin excepción, en la medida en que sea accesible o que se pueda conseguir pidiéndoselo a los destinatarios (tú conoces a la mayoría de los destinatarios, en lo sustancial se trata de la señora Felice M., la señora Julie Wohryzek y la señora  Milena Pollak; sobre todo, no olvides un par de cuadernos que tiene la señora Pollak)—todo eso sin excepción y de preferencia sin ser leído (no te prohíbo a ti que lo veas, aunque preferiría que no lo hicieras, pero no deben verlos ninguna otra persona)—, todo esto ha de ser quemado sin excepción alguna y te ruego que lo hagas lo más pronto posible.

Franz

Correspondencia tomada del libro ¿Éste es Kafka? de Reiner Stach traducido por Luis Fernando Moreno Claros, (Acantilado, pg. 299 – 301).

Ante tamaña evidencia, eran obvias dos cosas. Primero, que Max Brod fue el albacea elegido por Kafka, en cuanto a su trabajo literario. Segundo, que Brod tenía instrucciones específicas respecto a los manuscritos de Kafka y la obligación de cumplirlas; sin embargo, no solo no quemó sus obras, por si no fuera poca tal transgresión, fue publicando progresivamente aquellos textos prohibidos por su autor, incluida aquella novela de la que les hablé en un principio.

¿Traición a Kafka? En mi opinión, Brod se dedicó a promover el talento subvalorado de su amigo en vida, alguien que cayó en el bucle de la depresión y autoexigencia obsesiva, antes de morir.  Si hoy conocemos a Franz Kafka, como lo conocemos, es porque detrás de él, estuvo un tal Max Brod, con quien no debemos ser mezquinos al atribuirle el calificativo de “traidor”. Brod tomó las regalías de las obras de Kafka, a cambio de inmortalizar su nombre. Parece justo.

Hoy, supongo que Kafka y Brod ya habrán discutido el tema que los involucra. Quizá Brod, ya le haya rendido cuentas a Kafka en el mundo de las almas; pero quizás sea este mundo, el que agradezca a Brod por esa osadía, que nos permitió conocer a un referente de la literatura universal.

Etiquetas: [Herencias]  
Fecha Publicación: 2021-12-16T22:27:00.003-05:00

 Los intelectuales racionales y laicos no se ofenden con mucha facilidad.

Las convicciones que no están respaldadas por la razón (razonan) no son poderosas, sino débiles; que alguien que mantiene una posición se ofenda cuando se ve cuestionado es signo de la debilidad y no de la fortaleza de dicha posición. Todos los puntos de vista merecen ser escuchados; el debate, según las reglas de la razón, decidirá cuál de ellos merece vencer.

Por un lado, la clase intelectual que describo considera perracional o irracional la indignación, y sospecha que no es más que un disfraz con el cual se engaña a sí mismo quien tiene una posición de debate débil.

Es muy posible que el intelectual tome partido por los indignados, por lo menos desde el punto de vista ético.

Esta tolerancia es consecuencia de la seguridad que los intelectuales sienten respecto al laicismo racional dentro de cuyos horizontes viven, de su confianza en que puede proporcionar explicación a la mayoría de las cosas.

Hay intelectuales de la clase que describo que, apuntando al “Conócete a ti mismo”, apolíneo, critican y estimulan la crítica de los fundamentos de su propio sistema de creencias. Tal es su confianza en sí mismos que incluso pueden acoger favorablemente los ataques que reciben, sonriendo cuando se los caricaturiza o insulta y respondiendo con el reconocimiento más entusiasta a los golpes más perspicaces e inteligentes. En muchos sentidos se parecen al gran maestro de ajedrez que, seguro de sus facultades, espera encontrar adversarios dignos de él.

Extracto de “Contra la censura”, Debate, pg. 17-19.

Etiquetas: [Apuntes importantes]  
Fecha Publicación: 2021-12-08T03:40:00.008-05:00

A finales del sesenta y seis, John Lennon, fue a una exposición de arte conceptual, en la galería Indica de Londres.

Estando en ese lugar vio algo que le llamó la atención. En un extremo de la galería se encontraba una escalera y sobre ella una lupa. El ejercicio consistía en subir los escalones y utilizar la lupa para ver un escrito pintado en un cuadro colgado en el techo. Jhon lo hizo. Leyó ya palabra “yes”. Conmovido por aquel símbolo de positivismo, preguntó de quién era tan sutil mensaje. La artista era Yoko Ono. Aquella obra fue suficiente para conocerse y enamorarse poco tiempo después.

Años más tarde, viviendo con Yoko, ambos migran a Nueva York. Lennon, fue activamente protestante contra el gobierno de los Estados Unidos. En su disco “Some time in New York City”, hablaba de los sucesos ocurridos la cárcel de Attica, el activismo de Jhon Sinclair. Sumado a ello, se conocía abiertamente sus vínculos con “Las Panteras Blancas”, colectivo político estadounidense de izquierda radical y antirracista.

Lennon, no quería vivir más en Inlgaterra; sin embargo, por su comportamiento, durante muchos años le negaron la famosa “Green card”. A tanta insistencia y con la condición de no seguir con esa actitud rebelde, el gobierno le otorga a mediados del setenta y cinco, la residencia estadounidense, cambiando la vida del “Beatle”.

Con una visión más realizada y madura, lejos de drogas y el nacimiento de su hijo, Lennon viajaba mucho, buscando paz, armonía y tranquilidad. En una de esas incursiones, en las Islas Bermudas, Jhon descubre una flor llamada “Double Fantasy”. Esto le devolvió la inspiración y las ganas de volver a grabar un disco, al que tiempo después tituló con el nombre de aquella flor, que le había impresionado.

La tarde del ocho de diciembre de 1980, a salir de su departamento ubicado en el Edificio Dakota – famoso por la película de terror “Rosemary's Baby”-, acompañado de Yoko, es abordado por un supuesto fan, llamado David Chapman. El sujeto le pidió a Lennon, que le autografiase un disco, aquel con el nombre de flor. El momento fue captado por un fotógrafo aficionado llamado Paul Goresh, capturando en imagen a John Lennon y a quien se convertiría en su asesino, horas después.

Al regresar ese mismo día como a las once de la noche, David Chapman, esperaba a Lennon. Realizó cinco disparos, atentando contra su vida. Después del hecho, el asesino no huyó, se quedó en la escena, leyendo un libro que traía entre manos, “El guardián entre el centeno”, la historia de un personaje con problemas emocionales, tal como él.

La foto de este artículo fue realizada por Yoko, quizás, en su afán de expresar su arte conceptual, constituida por una mesa sobre la cual, reposan los lentes de Lennon, su sangre y un vaso con agua, que él “Beatle”, nunca llegó a beber.